⬛️ Las azulgranas se impusieron por 5-0 al Atlético de Madrid en el partido de la decimoséptima jornada de Liga F Moeve, adelantada por la disputa de la Supercopa de España. Alexia Putellas, que fue la MVP del partido, Claudia Pina, con un doblete, Esmee Brugts y Salma marcaron los goles del encuentro.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) January 14, 2026
El Fútbol Club Barcelona y el Atlético de Madrid saltaron al terreno de juego con dos onces de máxima jerarquía para uno de los duelos más exigentes de la Liga F.
(Fuente: “El Partido de Manu”)
El conjunto azulgrana arrancó con Cata Coll bajo palos; defensa para Ona Batlle, Paredes, María León y Brugts; en el centro del campo, Alexia Putellas, Patri Guijarro y Clàudia Pina; y en ataque, Sydney Schertenleib, Pajor y Vicky López, con Pere Romeu al frente desde el banquillo.
Por su parte, el Atlético de Madrid inició el encuentro con Lola Gallardo, capitana, en portería; línea defensiva formada por Medina, Xènia y Menayo; Alexia Fernández y Bøe Risa en la sala de máquinas; acompañadas por Jensen, J. Bartel y Fiamma; y en posiciones más ofensivas Rosa Otermín y María Portales, en el once dispuesto por el técnico rojiblanco.
pesar de ser jornada intesemanal, partido adelantado a la decimoséptima jornada de liga, por la disputa de la Supercopa de España Iberdrola la semana que viene, no era día de guardarse nada.
Antes del inicio del duelo, Ewa Pajor recogió el premio a la Player of the month de diciembre. Además, Mapi León recibió la camiseta conmemorativa por sus 300 partidos como blaugrana.
El conjunto culé solo tardó cuatro minutos en abrir el marcador. Clara Serrajordi robó una pelota en campo contrario y combinó con Claudia Pina. La atacante encontró a Alexia Putellas, que se sacó un derechazo desde dentro del área para superar a Lola Gallardo y mandar la pelota al fondo de la red para abrir la lata con el 1-0.
La doble Balón de Oro fue la MVP del encuentro. Trece minutos después llegó el segundo, con la firma de Claudia Pina. La de Moncada y Reixach se sacó un magnífico disparo desde fuera del área que tocó en el larguero antes de doblar la ventaja en el electrónico con el 2-0 en el minuto 13.
El Atlético de Madrid intentó reaccionar, pero sin suerte, al tiempo que las de Viti iban igualando el compromiso en lo que a intensidad se refiere.
Las locales no bajaban en pistón y las de Víctor Martín, aunque lo intentaban, veían muy lejos el área de Cata Coll. No en vano, llegados a la media hora, nueve remates locales, siete de ellos a puerta por ninguno de las rojiblancas que corrían persiguiendo sombras. En ese intervalo hasta la media parte las colchoneras contenían algo más el ciclón del líder.
Sobretodo en cuanto a ocasiones, cerrando algo mejor las líneas por dentro. Lo del balón ya era otra cosa ya que el Atlético salía a cuentagotas y obviamente más lastrado físicamente de correr tras el esférico.
Poco antes de llegar al descanso, tendría otra muy clara Claudia Pina con un disparo cruzado con la derecha que se marchaba fuera por poco.
Pajor, la pichichi de esta Liga F, tendría la última de la primera parte con un disparo con la zurda que atrapó una Lola Gallardo muy protagonista para su equipo que ni lo estaba pasando nada bien en Cataluña.
Ninguno de los dos entrenadores movió ficha en el descanso y el segundo acto empezó como terminó el primero. Con un Barça dominante y que ya producía peligro en ataque. Claudia Pina tendría la primera ocasión antes de llegar al minuto de la reanudación y la polaca Eva Pajor perdonaría el tercero en un claro remate en el área pequeña que se le marchaba arriba.
Antes de llegar al cuarto de hora del segundo tiempo, el Barça sentenciaría el partido con el tercer gol del encuentro. Sería la neerlandesa Esmee Brugts en una acción individual que acabó definiendo con su zurda para anotar y poner el 3-0 en el minuto 59 de este clásico de la Primera División Femenina.
Era el minuto sesenta cuando Pere Romeu introdujo un triple cambio con la entrada de Aïcha Cámara, Kika y Carla Julià al campo. Carla Julià, MVP del pasado sábado ante el Madrid CFF, repetía en esa posición de interior derecha batiéndose en duelo con Andrea Medina y las ayudas de Macarena Portales.
Precisamente Maca sería una de las dos sustituidas por Víctor Martín para dar entrada a Luany y Natalia. Con las locales viviendo casi en el área contraria, Claudia Pina anotaría su doblete particular tras aprovechar el rechace de Lola Gallardo a disparo de Pajor para hacer el 4-0 en el 74, pero ahí no terminó el calvario rojiblanco.
A falta de once minutos para el final se produciría una de las grandes noticias del choque.
El regreso de Salma Paralluelo lesionada con la selección en aquella semifinal de la Nations League ante Suecia. Ovación de gala para el regreso de la delantera a los terrenos de juego. Precisamente sería la maña quien, tras un intento anterior sin éxito, culminaría la goleada azulgrana con el con el 5-0 definitivo.
Era el minuto 92 de partido y el regreso de la internacional no pudo ser de mejor manera. Aprovechó un buen pase de Pajor para culminar por bajo una manita en la que el conjunto de Pere Romeu no ha tenido rival en el Atlético.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) January 14, 2026
Con esta contundente victoria, el Barcelona se consolida como líder de la Liga Profesional de Fútbol Femenino y aprovecha el tropiezo del Real Madrid por 0-1 ante el Athletic Club para conseguir “media competición”, pues el líder con 45 unidades en su casillero, esto es, aventaja en 18 puntos a un Atlético de Madrid que es cuarto en la Liga F Moeve y ya piensa en la visita del Espanyol a Alcalá de Henares como clavo ardiendo al que aferrarse de cara al sueño europeo.
📋 Ficha técnica |
Barcelona : Coll; Ona Batlle (Aïcha 60′), Paredes (Torrejón 69′), Mapi León, Brugts; Sydney Schertenleib (60′ Kika), Clara Serrajordi, Alexia; Vicky López (60′ Carla Julià), Ewa Pajor, Clàudia Pina (Salma 79′).
Atlético de Madrid : Lola Gallardo; Alexia, Xènia Pérez, Carmen Menayo, Andrea Medina; Julia Bartel (Peñalvo 71′), Boe Risa, Fiamma Benítez; Macarena Portales (Luany 70′), Synne Jensen (Chinchilla 81′), Rosa Otermin.
Incidencias: Partido correspondiente a la decimoséptima jornada de la Liga F Moeve 2025-2026 entre el Barcelona y el Atlético de Madrid que se ha disputado en el Estadi Johan Cruyff sobre una superficie de hierba natural delante de 3.529 espectadores.
Vídeo |
💯 El FC Barcelona venció y Salma Paralluelo regresó con gol
⬛️ El técnico madrileño remplazará a Javier Aguado en el Fernando Torres de Fuenlabrada.
El Madrid CFF, semifinalista de la Copa de la Reina en 2021, hará próximamente oficialel fichaje de José Luis Sánchez Vera para el primer equipo tras la destitución de Javier Aguado.
El club afincado en el Fernando Torres apuesta por un entrenador campeón de Liga F, Supercopa de España y Copa de la Reina Iberdrola para liderar una nueva etapa basada en la identidad, el tiempo y el crecimiento sostenido y llega acompañado por Erika Vázquez, exjugadora del Athletic Club, como asistente técnica.
Hay fichajes que se explican con una frase. Y hay otros —los importantes— que necesitan una historia. El Madrid CFF ha elegido a José Luis Sánchez Vera como nuevo entrenador del primer equipo y, con ello, ha tomado una decisión que va más allá del corto plazo.
No responde a la urgencia ni al ruido. Responde a una convicción: construir desde el banquillo un proyecto reconocible, coherente y fiel a su identidad.
Sánchez Vera no llega solo para entrenar, llega para ordenar un relato, sostener un proceso y darle continuidad a una idea de fútbol que el Madrid CFF ha defendido desde su origen, además ya sabe lo que es dirigir a futbolistas del plantel como Anita Marcos, a la que hizo debutar en la élite, Andonova y Nuria Mendoza, estas dos últimas en su era como granota.
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El nuevo mister no llega solo para entrenar. Llega para ordenar un relato, sostener un proceso y darle continuidad a una idea de fútbol que el Madrid CFF ha defendido desde su origen.
El ex de la Real Sociedad de Fútbol no promete resultados inmediatos. Promete método, trabajo y coherencia y según ha podido saber “El Partido de Manu”, en exclusiva, dirigió en la mañana del 14 de enero de 2026 su primera sesión de trabajo después de ser presentado en Aldehuela.
Para entender este fichaje hay que entender al club. El Madrid CFF no nació grande, pero sí fiel a una idea. Creció sin atajos, apostando por el fútbol femenino cuando aún no era tendencia y construyendo su camino desde la convicción.
José Luis Sánchez Vera ha construido una de las trayectorias más singulares, coherentes y reconocibles del fútbol femenino español contemporáneo. Más allá de los títulos, de los ascensos o de los contextos institucionales tan distintos en los que ha trabajado, existe un hilo conductor perfectamente identificable en todos los equipos que ha dirigido: una idea de juego profundamente trabajada, adaptable al contexto competitivo, pero sustentada siempre en una serie de principios estructurales, emocionales y tácticos que definen su manera de entender el fútbol. Analizar el estilo de los equipos de Sánchez Vera no consiste únicamente en describir sistemas o dibujos, sino en comprender una concepción integral del juego que abarca la gestión del vestuario, la preparación del partido, el uso del balón, la ocupación de los espacios, la relación con la presión ambiental y la lectura de cada fase del juego como parte de un todo orgánico.
Desde sus primeras experiencias en el fútbol femenino de élite, Sánchez Vera mostró una inclinación clara por construir equipos competitivos desde la solidez colectiva. Sus conjuntos rara vez han sido caóticos o desordenados. Incluso en contextos de inferioridad presupuestaria o estructural, sus equipos han transmitido una sensación constante de control, entendiendo el control no como monopolio absoluto de la posesión, sino como capacidad para gobernar los ritmos del partido. Esta es una de las claves fundamentales de su estilo: la prioridad no es tener el balón por tenerlo, sino saber cuándo, dónde y para qué se utiliza. En ese sentido, sus equipos han sido tradicionalmente muy difíciles de desarmar, porque están pensados para minimizar errores no forzados y para maximizar la eficiencia en cada acción.
Uno de los rasgos más repetidos en los equipos dirigidos por Sánchez Vera es la importancia del orden defensivo como punto de partida del juego. No se trata de una defensa pasiva ni reactiva, sino de una estructura defensiva activa, que condiciona al rival y lo empuja hacia zonas previamente estudiadas.
Sus equipos suelen defender en bloque medio o medio-bajo, con líneas juntas y distancias cortas entre jugadoras, evitando que el rival pueda progresar por dentro con comodidad. La prioridad es cerrar carriles interiores, proteger la frontal del área y obligar a jugar por fuera, donde se activa una presión orientada, no especialmente alta, pero sí muy coordinada.
Este comportamiento defensivo no responde a una falta de ambición ofensiva, sino a una lectura muy clara del contexto competitivo del fútbol femenino español, especialmente en las temporadas en las que dirigió a equipos que no partían como favoritos. Sánchez Vera entiende que la defensa no es solo un mecanismo de contención, sino una herramienta para atacar mejor. Al recuperar el balón en zonas concretas y con el rival desorganizado, sus equipos han encontrado muchas de sus mejores situaciones ofensivas. De ahí la importancia que da a la transición defensa-ataque, probablemente una de las fases mejor trabajadas en todos sus proyectos.
Cuando sus equipos recuperan el balón, la primera decisión es casi siempre vertical. Existe una clara intención de progresar rápidamente si el contexto lo permite, buscando a jugadoras ofensivas bien perfiladas o atacando el espacio libre a la espalda de la defensa rival. No obstante, esta verticalidad no es descontrolada. Si la primera opción no es clara, el equipo no duda en reiniciar, en asegurar la posesión y en reorganizarse. Esta dualidad entre verticalidad y pausa es otra de las señas de identidad del técnico madrileño: saber alternar registros sin perder la identidad.
En fase ofensiva organizada, los equipos de Sánchez Vera han mostrado una evolución notable a lo largo de los años. En sus primeras etapas, el juego tendía a ser más directo, con ataques relativamente cortos y un peso importante del juego exterior. Las bandas han sido históricamente una vía fundamental para sus equipos, tanto para progresar como para finalizar. Extremos abiertas, laterales con recorrido y centros laterales bien trabajados han formado parte del paisaje habitual de sus equipos. Sin embargo, con el paso del tiempo, se ha percibido una mayor riqueza en el juego interior, con mediocampos más técnicos y una mejor ocupación de los espacios entre líneas.
Aun así, incluso en sus versiones más elaboradas con balón, Sánchez Vera no ha sido nunca un entrenador de posesiones largas estériles. Sus equipos rara vez encadenan pases sin intención. Cada circulación tiene un objetivo claro: atraer, fijar y liberar espacios. La paciencia con el balón existe, pero siempre subordinada a la búsqueda de ventajas. En ese sentido, se aprecia un trabajo táctico muy detallado en la colocación de las interiores, en los desmarques de ruptura de las delanteras y en la sincronización de los movimientos ofensivos.
Otro elemento clave en el estilo de los equipos de Sánchez Vera es la importancia del compromiso colectivo. Sus equipos se caracterizan por una altísima implicación defensiva de todas las jugadoras, incluidas las futbolistas más ofensivas. La presión tras pérdida, sin ser asfixiante ni constante, está muy bien medida
La llegada de Sánchez Vera no supone una ruptura, sino una continuidad elevada. El club no busca un salvador ni un golpe de efecto. Busca un constructor, alguien capaz de consolidar lo logrado y dar un paso más sin perder la esencia.
Sánchez Vera entiende el banquillo como algo más que un lugar desde el que se dan órdenes. Desde ahí se transmite calma, claridad y confianza. Sus equipos rara vez se descomponen, saben a qué juegan incluso en los momentos difíciles y compiten desde el orden y el compromiso colectivo.
En un entorno cada vez más exigente, su liderazgo sereno y cercano aporta al Madrid CFF algo fundamental: estabilidad emocional.
No hay alardes ni dogmas rígidos. El método de trabajo de Sánchez Vera se basa en la pedagogía diaria, en la repetición consciente de conceptos y en la gestión honesta de los roles. Entrenar no es solo preparar partidos, sino educar futbolistas, acompañar procesos y sostener al grupo cuando el contexto aprieta.
Exigente sin ser opresivo, cercano sin ser complaciente, su liderazgo conecta con una forma de entender el fútbol femenino desde el respeto y el conocimiento profundo del vestuario.
En esta nueva etapa, que se extenderá por lo que queda de curso más otra campaña completa, el ex del Atlético de Madrid se ha rodeado de gran parte del staff técnico que le secundó en su periplo por el Levante Unión Deportiva.
Con experiencia en la élite y una sensibilidad especial en el trato con las futbolistas, su presencia añade valor humano y futbolístico a un proyecto que entiende el cuerpo técnico como una pieza clave del crecimiento colectivo.
El fichaje de un entrenador siempre envía un mensaje. Este es inequívoco: el club cree en el trabajo, cree en el proceso y cree en el talento que ya tiene. Con Sánchez Vera llega un liderazgo que escucha, observa y exige con sentido.
El objetivo no es correr más, sino pensar mejor. Competir desde la identidad y crecer sin perder el rumbo.
La serenidad no está reñida con la ambición. Sánchez Vera la entiende como una construcción organizada, no como una carrera descontrolada. Mejorar con el paso de las jornadas, competir contra cualquiera y ser reconocible incluso en la derrota forman parte de su idea de éxito.
Ese es el reto que asume en el Madrid CFF y también la promesa implícita de esta nueva etapa.
El fútbol femenino español vive un momento de transición, crecimiento y exigencia.
En ese escenario, figuras técnicas como Sánchez Vera resultan imprescindibles: entrenadores que entienden el juego, el vestuario y el proceso sin confundir progreso con prisa.
El Madrid CFF no ha fichado solo a un entrenador, ha adquirido una forma de entender el fútbol, una ética de trabajo y una convicción profunda en el tiempo como herramienta.
En el fútbol femenino, eso no es un fichaje más, sino una declaración de principios.
El Johan Cruyff volverá a vestirse de gran escenario la tarde del miércoles 14 de enero, a partir de las 19:00 horas, para acoger uno de esos partidos que explican por sí solos la dimensión competitiva y emocional de la Liga F Moeve, un duelo adelantado de la decimoséptima jornada en el que FC Barcelona y Atlético de Madrid cruzan caminos en un momento clave del calendario, condicionado por la inminente disputa de la Supercopa de España en Castellón, pero cargado de historia, rivalidad y lecturas deportivas profundas.
Frente a frente estarán dos de los grandes nombres del fútbol femenino español, dos proyectos con identidad propia y ambición estructural, aunque inmersos en dinámicas bien distintas: el conjunto blaugrana, líder sólido de la competición con 42 puntos, y el cuadro rojiblanco, cuarto clasificado con 27, obligado a reaccionar para no descolgarse definitivamente de los puestos que dan acceso a la próxima UEFA Women’s Champions League.
El Barcelona llega a la cita instalado en una sensación de dominio casi permanente, sustentado en una regularidad que le ha permitido enlazar once encuentros consecutivos sin conocer la derrota entre todas las competiciones y firmar una primera vuelta de campeonato en la que únicamente ha concedido una derrota liguera. A pesar de las ausencias de peso, con Patri Guijarro reincorporándose progresivamente al grupo y las bajas confirmadas de Graham Hansen y Aitana Bonmatí, el equipo azulgrana vuelve a demostrar la profundidad de su proyecto apostando por el talento del filial, una seña de identidad que refuerza su hegemonía estructural más allá de los nombres propios. La recuperación de Salma, lista para el choque, añade una pieza más a un engranaje ofensivo que continúa marcando diferencias y que ya fue determinante en el precedente de la primera vuelta, cuando las de la Ciudad Condal se impusieron con un contundente 0-6 en territorio madrileño, en una tarde firmada por Esmee Brugts, Patri Guijarro, Ewa Pajor, Alexia Putellas, Vicky López y Laia Aleixandri, exrojiblanca y protagonista emocional de una rivalidad que siempre deja huella.
En el lado opuesto comparece un Atlético de Madrid que atraviesa una fase de resultados adversos, especialmente en Liga F Moeve, donde no gana desde el pasado 16 de noviembre y acumula seis partidos consecutivos sin conocer la victoria, una racha que contrasta con la resiliencia mostrada en la Copa de la Reina, competición en la que logró el billete para los cuartos de final desde el punto de penalti. El empate 5-5 ante la Real Sociedad en la última jornada fue una montaña rusa emocional que dejó al descubierto tanto el potencial ofensivo como las fragilidades defensivas del equipo de Víctor Martín, y que sirvió además como punto de partida para Priscila Chinchilla, uno de los refuerzos llamados a aportar energía y desequilibrio en la segunda mitad del curso. Sin embargo, el técnico rojiblanco deberá gestionar un escenario exigente con las bajas de Sheila Guijarro y Gio Queiroz, en una visita a Barcelona que históricamente ha sido terreno hostil, pero que también ha ofrecido capítulos memorables para la entidad madrileña.
Porque la historia entre ambos equipos es extensa y significativa. Desde 2013,
FC Barcelona y Atlético de Madrid se han enfrentado en treinta y siete ocasiones oficiales entre todas las competiciones, con un balance claramente favorable a las blaugranas, que suman veinticinco victorias, por siete empates y cinco triunfos rojiblancos. El último de estos llegó el 1 de junio de 2021, cuando el Atlético, entonces dirigido por José Luis Sánchez Vera, se impuso por 4-3 en Alcalá en un partido que permanece como uno de los grandes recuerdos competitivos del club madrileño frente a su gran rival. Desde entonces, el dominio azulgrana ha sido casi absoluto, reforzado esta misma temporada con la goleada de la séptima fecha de la Liga F Moeve en Alcalá de Henares por 0-6.
Desde las pistas de fútbol sala de Montcada i Reixach hasta el césped del Camp Nou, Claudia Pina Medina ha construido una carrera marcada por la precocidad, el talento natural para el gol y una capacidad poco común para adaptarse y evolucionar. Delantera voraz, canterana ejemplar y símbolo de una generación que ha hecho del Barça una referencia mundial, Pina representa la mezcla perfecta entre formación, ambición y ADN competitivo. Este es el retrato completo de una futbolista que empezó marcando goles antes incluso de saber hasta dónde podía llegar.
(Fuente: Liga F Moeve)
Claudia Pina Medina nació el 12 de agosto de 2001 en Moncada i Reixach, un municipio barcelonés donde el fútbol no era todavía un camino evidente para una niña, pero sí una pasión imposible de contener. Sus primeros pasos no fueron sobre hierba natural, sino en el fútbol sala, un detalle que resulta clave para entender muchas de las virtudes que hoy definen su juego.
En espacios reducidos, con menos tiempo para decidir y mayor exigencia técnica, Pina empezó a desarrollar esa relación casi íntima con el balón que la distingue: controles orientados precisos, golpeos rápidos y una lectura del juego impropia de su edad.
(Fuente: Liga F Moeve)
Ese talento no pasó desapercibido. En 2011, cuando apenas tenía diez años, los ojeadores del RCD Espanyol la detectaron y la incorporaron a su estructura de formación. Fue el primer gran salto de su vida deportiva y, al mismo tiempo, el inicio de una trayectoria marcada por decisiones valientes y retos constantes. Dos años después, en 2013, el Fútbol Club Barcelona llamó a su puerta.
Con solo 12 años, Pina ingresó en el equipo infantil-alevín del Barça, un entorno altamente competitivo en el que no solo debía destacar, sino también adaptarse a una exigencia diaria muy superior.
(Fuente: Liga F Moeve)
La adaptación fue inmediata y contundente. En su segunda temporada como azulgrana, Claudia Pina firmó una cifra que hoy todavía se recuerda como una de las grandes barbaridades goleadoras del fútbol base: 100 goles en 20 partidos. Un promedio de cinco tantos por encuentro que no solo ayudó al equipo a conquistar el campeonato de liga juvenil, sino que situó su nombre en todas las agendas del fútbol femenino español. No era solo una goleadora compulsiva; era una jugadora capaz de decidir partidos por sí sola, de aparecer en los momentos clave y de convertir cada balón suelto en una amenaza.
(Fuente: RFEF)
Ese crecimiento acelerado desembocó, de manera natural, en su debut con el primer equipo. En enero de 2018, con apenas 16 años y cinco meses, Claudia Pina disputó su primer partido oficial con el Barça femenino. Con ese estreno, se convirtió en la jugadora más joven en vestir la camiseta del primer equipo en un partido oficial, un récord que habla tanto de su talento como de la confianza que el club depositó en ella desde muy temprano. En un vestuario plagado de referentes y futbolistas consagradas, Pina comenzó a aprender, observar y sumar minutos en silencio, consciente de que su proceso debía ser gradual.
(Fuente: UEFA)
El verano de 2020 marcó un punto de inflexión en su carrera. En junio, el FC Barcelona anunció la renovación de Claudia Pina hasta 2023, una muestra clara de que el club la consideraba una pieza estratégica de futuro. Sin embargo, apenas un mes después, llegó una decisión tan inteligente como necesaria: su cesión al Sevilla FC durante la temporada 2020-2021. El objetivo era claro: ganar minutos, asumir responsabilidades y competir cada semana como titular en la élite.
En Sevilla, Pina dio un paso adelante decisivo. Se convirtió en una de las titulares habituales del conjunto andaluz, acumulando 32 partidos oficiales entre Liga y Copa. Sus números —10 goles y siete asistencias— reflejan impacto, pero no cuentan toda la historia. En un equipo con menos dominio del balón que el Barça, Claudia tuvo que adaptarse a contextos más físicos, a partidos de mayor desgaste y a situaciones en las que el margen de error era mínimo. Esa experiencia la hizo más completa, más resistente y más consciente de los diferentes registros que exige el fútbol profesional.
(Fuente: Liga F Moeve)
Paralelamente a su carrera en clubes, la trayectoria de Claudia Pina con la selección española ha sido igualmente precoz y brillante. Con solo 14 años, fue convocada por primera vez por Toña Is para la selección sub-16, un hito que confirmaba su condición de talento generacional. En septiembre de 2016 llegó su debut con la selección sub-17 en un torneo UEFA disputado en la República Checa, y lo hizo de manera arrolladora: cinco goles en el torneo, incluido un triplete en su primer partido. Poco después, disputó su primer encuentro oficial en un Mundial sub-17, frente a Jordania, marcando también en su debut.
A finales de 2017, su nombre apareció en una estadística que sorprendió incluso a los más expertos: Claudia Pina fue la máxima goleadora de las selecciones nacionales de la UEFA, sumando mujeres y hombres, con 16 goles en el año natural. Un dato que resume a la perfección su instinto, su regularidad y su capacidad para rendir en cualquier contexto competitivo.
(Fuente: Liga F Moeve))
Con el paso de los años, Pina ha ido asentándose de nuevo en la estructura del FC Barcelona, integrándose en una de las mejores plantillas del mundo. En un equipo dominador, de posesión larga y presión alta, su perfil encaja de forma natural, pero también le exige una evolución constante.
(Fuente: RFEF)
Ya no basta con marcar; hay que interpretar espacios, asociarse, presionar, entender cuándo acelerar y cuándo pausar. Y en ese proceso, Claudia ha demostrado una madurez creciente.
(Fuente: UEFA)
Fuera del terreno de juego, su figura también ha adquirido nuevas dimensiones. Su participación como embajadora en la Queens League con el equipo XBuyer TEAM la ha acercado a nuevos públicos y ha reforzado su imagen como referente de una generación que vive el fútbol desde múltiples plataformas, combinando élite deportiva y visibilidad mediática sin perder autenticidad.
(Fuente: UEFA)
Desde el punto de vista estrictamente futbolístico, Claudia Pina es una delantera con alma de goleadora clásica y recursos modernos. Su posición natural es la de atacante, pero su versatilidad le permite actuar tanto como delantera centro como partiendo desde banda, especialmente desde el costado izquierdo, donde puede perfilarse hacia dentro y buscar el disparo con su pierna dominante.
(Fuente: Getty imágenes)
Una de sus principales virtudes es el remate. Pina finaliza con ambos pies, aunque destaca especialmente por la rapidez de ejecución: necesita muy poco tiempo para armar el golpeo, lo que la convierte en una amenaza constante dentro del área. Su pasado en fútbol sala se nota en los controles orientados en espacios reducidos y en la capacidad para resolver situaciones de uno contra uno en pocos metros.
(Fuente: UEFA)
A nivel táctico, es una jugadora inteligente. Sabe atacar el primer palo, leer segundas jugadas y aparecer desde atrás para sorprender a las defensoras. No es una delantera estática; se mueve constantemente entre líneas, arrastra marcas y genera espacios para sus compañeras. En equipos dominadores como el Barça, su lectura del timing para desmarcarse es especialmente valiosa.
(Fuente: UEFA)
En el apartado asociativo, ha evolucionado notablemente. Si en categorías inferiores destacaba casi exclusivamente por su capacidad goleadora, hoy es una futbolista mucho más completa, capaz de combinar en corto, descargar de espaldas y participar en la circulación ofensiva. Su paso por el Sevilla fue clave para mejorar en este aspecto, obligándola a intervenir más en la construcción y no solo en la finalización.
Defensivamente, Pina aporta trabajo y presión. No es una jugadora física en el sentido tradicional, pero compensa con intensidad, anticipación y compromiso. En sistemas de presión alta, su primer paso y su capacidad para orientar la salida rival son muy útiles.
(Fuente: RFEF )
Como área de mejora, su reto principal sigue siendo la regularidad en minutos y continuidad, algo condicionado por la enorme competencia en el FC Barcelona. También puede seguir creciendo en el juego aéreo y en la toma de decisiones en contextos de máxima velocidad, aunque su progresión en estos aspectos es evidente.
Claudia Pina es, en definitiva, una futbolista hecha en La Masia en el sentido más profundo del término: talento cultivado, paciencia, aprendizaje y una ambición silenciosa que se manifiesta cada vez que pisa el área. Una delantera que ya ha escrito capítulos importantes de su historia, pero que todavía parece estar lejos de su techo. En un fútbol femenino que avanza a pasos agigantados, su nombre sigue siendo sinónimo de gol, futuro y Barça.
Y como toda historia que se escribe desde la excelencia colectiva, la carrera de Claudia Pina también se mide en títulos, en celebraciones compartidas y en noches europeas que han ido forjando su carácter competitivo. Porque aunque su recorrido ha estado marcado por la juventud y la paciencia, su palmarés ya habla el lenguaje de las grandes.
Con el Fútbol Club Barcelona, Claudia Pina ha formado parte de la etapa más gloriosa de la historia del club en el fútbol femenino. Ha levantado múltiples Ligas, siendo testigo y protagonista de una hegemonía sostenida en el tiempo, donde el Barça no solo gana, sino que domina, impone y redefine los estándares del juego. A esas ligas se suman Copas de la Reina, títulos que condensan la exigencia del KO, la presión de los partidos decisivos y la necesidad de aparecer cuando no hay red de seguridad.
Pero si hay un trofeo que eleva cualquier carrera a una dimensión superior, ese es la UEFA Women’s Champions League. Claudia Pina ha saboreado la gloria europea con el Barça, formando parte de una generación que ha convertido al club azulgrana en una potencia continental, respetada y temida en todos los estadios de Europa. No todas las futbolistas pueden decir que han tocado el cielo europeo antes de cumplir los 25 años; Pina sí.
A ese palmarés colectivo se suman Supercopas de España, títulos que reflejan la continuidad del éxito y la capacidad del equipo para reinventarse cada temporada, y que consolidan una vitrina que no deja de crecer. Cada medalla, cada foto con el trofeo, ha sido también una lección de competitividad, de exigencia diaria y de pertenencia a un grupo irrepetible.
(Fuente: Liga F )
En categorías inferiores de la selección española, su historial tampoco se queda atrás. Campeonatos, torneos UEFA, distinciones goleadoras y un reconocimiento temprano como una de las grandes referencias ofensivas del país. Ser la máxima goleadora de selecciones UEFA en un año natural, sumando fútbol masculino y femenino, no es una anécdota: es una declaración de talento puro y consistencia competitiva.
(Fuente: RFEF)
Y sin embargo, lo más poderoso del palmarés de Claudia Pina no está solo en lo que ya ha ganado, sino en cuándo lo ha ganado. Muy joven. Muy pronto. Con margen de crecimiento. Con la sensación permanente de que su mejor versión aún está por venir.
Porque Claudia Pina no es únicamente una futbolista con títulos; es una futbolista moldeada por ellos. Cada liga la ha hecho más exigente, cada Champions más ambiciosa, cada cesión y cada regreso más consciente de su lugar en el fútbol. Ha aprendido a ganar desde el banquillo y desde el césped, a celebrar siendo protagonista y a construir en silencio cuando tocaba esperar.
(Fuente: Liga F Moeve)
El cierre de su historia, por ahora, no es una conclusión, sino una promesa.
La de una delantera que creció marcando goles en pistas de fútbol sala, que rompió registros en el fútbol base, que debutó antes que nadie con el Barça y que entendió que el verdadero éxito no es llegar rápido, sino quedarse. Claudia Pina Medina ya tiene palmarés de campeona, memoria de aprendiz y hambre de futbolista grande.
(Fuente: Fútbol Club Barcelona)
Y mientras el Barça siga atacando, mientras España siga buscando talento y mientras el fútbol femenino continúe escribiendo su revolución, su nombre seguirá apareciendo donde siempre ha sabido estar: cerca del gol, cerca de los títulos y en el corazón de una generación que juega para hacer historia.
🟫 El cuadro blanco y el bilbaíno se medirán este martes 13 de enero a las 19:00 horas en el estadio Alfredo Di Stéfano en el partido adelantado de la decimoséptima jornada de Liga F Moeve. Las madridistas llevan siete partidos seguidos sin perder, mientras que el Athletic Club no pierde desde el 12 de octubre de 2025.
La celebración de la Supercopa de España Iberdrola 2026 en Castellón ha alterado el ecosistema de la Liga Profesional de Fútbol Femenino, teniendo que adelantar dos compromisos de la decimoséptima jornada, uno de ellos este Real Madrid versus Athletic Club en Valdebebas.
(Fuente: Real Madrid)
El duelo se celebrará este próximo martes, 13 de enero de 2026, desde las 19:00 horario peninsular, sobre el césped del Estadio Alfredo Di Stéfano.
DAZN es la OTT británica que tiene los derechos de arena de la Primera División Femenina hasta 2027 y ya ha confirmado que este evento será ofrecido gratis en la plataforma para aquellos aficionados que tengan una cuenta gratuita que se consigue con una simple dirección de correo electrónico.
Hay partidos que no necesitan presentación porque se explican solos desde el contexto, desde la historia reciente, desde la temperatura competitiva que desprenden ambos equipos cuando se cruzan en un mismo horizonte. Este es uno de ellos. El choque entre el conjunto blanco y el Athletic Club no es solo una jornada más en el calendario de la Liga F Moeve, ni siquiera un duelo entre dos equipos en buena dinámica; es una radiografía perfecta del momento que vive la competición, de la consolidación de proyectos que ya no miran al futuro sino al presente, y de una rivalidad que, sin ser histórica en términos de títulos, se ha ido cargando de significado con cada enfrentamiento, con cada pulso, con cada partido que ha dejado huella en la memoria colectiva del fútbol femenino español. Blancas y zurigorris vuelven a encontrarse cuando ambas atraviesan uno de los mejores tramos de la temporada, cuando los números acompañan, cuando la confianza se palpa en cada entrenamiento y cuando el margen de error comienza a estrecharse peligrosamente para quienes aspiran a algo más que competir.
(Fuente: Liga F Moeve)
El conjunto madrileño llega a este enfrentamiento instalado en la segunda posición de la tabla con 35 puntos, una cifra que no solo habla de regularidad, sino de autoridad. Ocho puntos de ventaja sobre el cuarto clasificado y a solo siete del liderato, el equipo dirigido por Pau Quesada ha construido una temporada sólida, madura, con una identidad clara que se sostiene tanto en los resultados como en las sensaciones. No es un segundo puesto circunstancial ni producto de una racha aislada; es la consecuencia directa de un proyecto que ha sabido crecer, resistir golpes y, sobre todo, convertir cada partido en una declaración de intenciones. Las blancas llegan al duelo tras imponerse por 2-0 al Sevilla FC en su último compromiso, un triunfo que no hizo sino reforzar una dinámica imponente: siete partidos consecutivos sin conocer la derrota entre todas las competiciones, con un balance de seis victorias y un empate que habla de un equipo en plena comunión consigo mismo, convencido de su plan y de su capacidad para imponerlo ante cualquier rival.
(Fuente: Liga F Moeve)
Especialmente intimidante resulta su rendimiento como local. El cuadro madrileño es, junto al FC Barcelona, el único equipo que ha ganado todos sus partidos en casa esta temporada, un dato que no admite matices ni interpretaciones. Pleno de victorias, un solo gol encajado ante su afición y la sensación constante de que su estadio se ha convertido en un territorio prácticamente inexpugnable.
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Cada visita es una prueba de resistencia, cada rival sabe que para salir con vida necesita rozar la perfección. No es casualidad, es trabajo, es orden, es compromiso colectivo. Incluso las ausencias, que no son menores, no han conseguido resquebrajar esa fortaleza. Merle Frohms, Maëlle Lakrar, Antonia Silva, Sandie Toletti, Tere Abelleira —aún en proceso de recuperación de una grave lesión de cruzado—, Signe Bruun y Lotte Keukelaar no estarán disponibles para este encuentro, una lista de bajas que en cualquier otro contexto podría suponer un obstáculo insalvable, pero que este equipo ha sabido absorber con naturalidad, demostrando profundidad de plantilla y una resiliencia que define a los grandes conjuntos.
Frente a ellas se planta un Athletic Club que ha vuelto a hacer del carácter, de la constancia y del orgullo competitivo su bandera. Las bilbaínas aterrizan en la cita ocupando la octava posición de la Liga F Moeve con 20 puntos, tras empatar sin goles frente al FC Badalona Women en su último compromiso liguero. Un empate que, lejos de ser interpretado como un freno, sirvió para prolongar una dinámica extraordinaria: nueve partidos consecutivos sin perder entre la competición liguera y la Copa de la Reina, con un balance de cinco victorias y cuatro empates que confirma que este Athletic es un equipo incómodo, rocoso, difícil de doblegar y plenamente consciente de sus virtudes. No es un equipo que deslumbre por cifras goleadoras, pero sí uno que sabe competir cada balón como si fuera el último, que entiende los partidos largos y que no se descompone cuando el guion no le es favorable.
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Las de Javier Lerga también llegan con ausencias importantes. Irene Oguiza, Estefa, Patricia Zugasti y Jone Amezaga no podrán estar disponibles, lo que obliga al cuerpo técnico a reajustar piezas y a confiar, una vez más, en la profundidad y el compromiso de un grupo que ha demostrado saber adaptarse a la adversidad. En Bilbao nadie entiende el fútbol sin sacrificio, sin esfuerzo colectivo, sin una identidad reconocible, y este equipo no es una excepción. Cada baja es una oportunidad para otra jugadora, cada dificultad un motivo más para reforzar la cohesión del vestuario.
La historia reciente entre ambos conjuntos añade una capa más de emoción al enfrentamiento. Se han medido en trece ocasiones, con un balance claramente favorable al combinado blanco, que suma once triunfos, por solo dos victorias del Athletic Club. Pero esas dos victorias no son anecdóticas ni olvidables. La primera llegó en los cuartos de final de la Copa de la Reina de la temporada 2019/2020, cuando el conjunto vasco se impuso por 2-1 en un partido cargado de tensión y simbolismo. La segunda se produjo en la competición liguera en la temporada 2021/2022, con un contundente 2-0 que demostró que, cuando el Athletic encuentra su momento, es capaz de golpear incluso a los proyectos más sólidos. Son recuerdos que permanecen, cicatrices competitivas que alimentan el respeto mutuo y la alerta permanente.
En la presente temporada, blancos y zurigorris ya se han visto las caras. Fue en la séptima jornada de la Liga F Moeve, en un escenario tan emblemático como San Mamés. Aquel día, el club madrileño firmó una actuación de autoridad y se llevó la victoria por 1-4, con un doblete de Weir, un gol en propia puerta de Ane Campos y un tanto de Iris Ashley. El Athletic encontró su premio en un espectacular lanzamiento de falta de Nerea Nevado, un gol que levantó a la grada y que simbolizó la rebeldía de un equipo que, incluso en la derrota, se niega a bajar los brazos. Aquel partido dejó muchas lecturas, muchas enseñanzas y la sensación de que este cruce todavía tenía capítulos por escribir.
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Además, el destino podría volver a cruzarlos en la Copa de la Reina si ambos conjuntos superan sus respectivas eliminatorias, un detalle que añade un componente casi narrativo a este enfrentamiento, como si el calendario se empeñara en juntar dos caminos que parecen destinados a encontrarse una y otra vez. Cada partido entre ambos es un examen de madurez, una prueba de carácter y una oportunidad para reafirmar aspiraciones.
Y es que más allá de los números, de las rachas y de las estadísticas, este duelo se sostiene sobre algo mucho más profundo: la convicción de dos equipos que creen en lo que hacen, que han construido su identidad desde lugares distintos pero igualmente válidos, y que llegan al choque sabiendo que no hay margen para la indiferencia. El conjunto blanco defiende su fortaleza como local, su condición de aspirante real a todo, su ambición de seguir presionando al liderato. El Athletic Club defiende su orgullo, su resistencia, su capacidad para incomodar a cualquiera y su deseo de demostrar que las buenas dinámicas no son casualidad.
El escenario está preparado, las piezas colocadas, las historias cruzadas esperando un nuevo capítulo. Cuando el balón eche a rodar, todo lo anterior se convertirá en pasado y solo quedará el presente, ese instante en el que se decide si la lógica se impone o si el fútbol vuelve a recordar que siempre guarda espacio para la épica, para la sorpresa y para los partidos que, sin necesidad de títulos en juego, se ganan un lugar en la memoria. Ese presente que se abre paso cuando el balón comienza a rodar no surge de la nada. Es el resultado de semanas, meses y, en algunos casos, años de trabajo silencioso, de decisiones acertadas y de una idea compartida que se ha ido puliendo partido a partido. En el caso del conjunto blanco, cada encuentro ha servido para reafirmar una personalidad competitiva que hoy se manifiesta con naturalidad. No es un equipo que viva de la inspiración momentánea, sino de la convicción colectiva. Su segundo puesto en la clasificación no es una fotografía estática, es una película en constante movimiento, alimentada por la regularidad, por la capacidad de gestionar los distintos escenarios que plantea la temporada y por una madurez competitiva que se refleja tanto en los grandes partidos como en aquellos encuentros trampa que suelen marcar la diferencia a final de curso.
La dinámica actual del equipo de Pau Quesada es la de un conjunto que ha aprendido a ganar sin necesidad de brillar en exceso, pero que también sabe hacerlo cuando el partido exige valentía, ritmo y ambición ofensiva. Siete partidos consecutivos sin perder no se sostienen únicamente desde la calidad individual; se construyen desde el equilibrio, desde la solidaridad defensiva y desde la lectura precisa de cada momento del juego. Incluso con bajas de peso, el grupo ha sabido reinterpretarse, encontrar soluciones internas y mantener intacta su competitividad. Esa es una de las señales inequívocas de los equipos llamados a pelear por todo: la ausencia de excusas.
El factor campo adquiere aquí una dimensión casi simbólica. Ganar todos los partidos como local, encajar un solo gol en casa, no es solo una estadística favorable, es un mensaje lanzado al resto de la competición. Cada rival que cruza ese umbral sabe que no solo se enfrenta a once jugadoras, sino a una estructura que funciona, a una grada que empuja y a una sensación de seguridad que se contagia. El estadio se convierte en refugio y en fortaleza, en el lugar donde el equipo se reconoce y se reafirma. Para el Athletic Club, romper esa racha sería algo más que sumar puntos: sería un golpe de autoridad, una declaración de que su buen momento no entiende de escenarios ni de contextos.
(Fuente: Liga F Moeve)
Las bilbaínas llegan con esa mentalidad. Nueve partidos sin perder entre Liga y Copa no son fruto de la casualidad ni de un calendario benévolo. Son el reflejo de un equipo que ha sabido reinventarse, que ha encontrado estabilidad en un campeonato exigente y que ha hecho de la consistencia su principal virtud. El empate sin goles ante el FC Badalona Women en la última jornada puede parecer, desde fuera, un resultado discreto, pero para este Athletic supuso una prueba más de su solidez defensiva, de su capacidad para competir incluso cuando el acierto de cara a puerta no acompaña. Alargar la racha, seguir sumando, mantenerse firme: esa es la hoja de ruta. octava posición con 20 puntos sitúa al conjunto vasco en una zona de la tabla que, sin ser protagonista de los titulares, habla de un equipo fiable, difícil de superar y siempre dispuesto a complicar la vida a cualquiera. El Athletic no necesita dominar la posesión para sentirse cómodo, ni marcar primero para creer en la victoria. Su fútbol se construye desde la paciencia, desde el orden y desde la convicción de que cada partido tiene su momento. Esa lectura pausada del juego es la que le ha permitido encadenar resultados positivos y mantenerse con vida en dos competiciones.
Las ausencias, como siempre, forman parte del relato. Irene Oguiza, Estefa, Patricia Zugasti y Jone Amezaga no estarán disponibles, y su falta se notará, pero no condicionará la esencia del equipo. El Athletic es, por definición, un conjunto coral, donde el protagonismo se reparte y donde cada jugadora entiende su rol dentro de un sistema que prioriza el colectivo. Las bajas obligan a ajustar, a reinventar pequeños detalles, pero no alteran el espíritu competitivo que define a este grupo.
Cuando ambos equipos se miran de frente, la historia reciente aparece inevitablemente como telón de fondo. Trece enfrentamientos previos construyen una narrativa que, aunque inclinada hacia el lado blanco, no está exenta de episodios de resistencia y de rebelión por parte del Athletic.
Once victorias del conjunto madrileño podrían sugerir una superioridad clara, pero el fútbol rara vez se explica solo con cifras. Las dos victorias bilbaínas tienen un peso específico enorme porque llegaron en momentos clave, porque rompieron pronósticos y porque demostraron que, en este cruce, nadie puede dar nada por hecho.
Especialmente significativo fue aquel duelo de cuartos de final de la Copa de la Reina 2019/2020. Un partido cargado de tensión, de nervios y de emoción, en el que el Athletic supo competir con inteligencia y corazón para imponerse por 2-1 y dejar fuera a uno de los proyectos más ambiciosos del momento. Aquella noche quedó grabada como un ejemplo de que la Copa es territorio de sorpresas, pero también como un recordatorio de que el Athletic, cuando se siente desafiado, responde con carácter.
El conjunto blanco afronta la cita con la serenidad de quien sabe que ha hecho muchas cosas bien, pero también con la urgencia silenciosa de quien no puede permitirse fallar. La clasificación aprieta por arriba, el liderato no está tan lejos como para renunciar a él, pero tampoco tan cerca como para relajarse. Cada victoria es una declaración, cada tropiezo una oportunidad perdida. En casa, donde el equipo ha construido una fortaleza casi inexpugnable, la responsabilidad se transforma en determinación. No se trata solo de ganar, sino de seguir convenciendo, de reafirmar una identidad que se ha consolidado con el paso de las jornadas.
La victoria liguera de la temporada 2021/2022, un 2-0 incontestable, añadió otro capítulo a esa historia de resistencia. Fue un partido en el que el conjunto vasco se mostró sólido, contundente y eficaz, anulando las virtudes del rival y explotando sus propios recursos con precisión. No fue un triunfo aislado, sino la confirmación de que el Athletic sabe cómo hacer daño a este rival cuando encuentra el contexto adecuado.
Más reciente aún es el enfrentamiento de esta misma temporada, en la séptima jornada de la Liga F Moeve. San Mamés fue testigo de un duelo intenso, de esos que no se olvidan fácilmente. El 1-4 final a favor del club madrileño reflejó la pegada y la eficacia de las blancas, pero también dejó imágenes de un Athletic combativo, orgulloso, capaz de levantarse incluso cuando el marcador no acompaña. El doblete de Weir fue decisivo, la acción desafortunada de Ane Campos en propia puerta inclinó aún más la balanza y el tanto de Iris Ashley terminó de cerrar el partido. Pero el gol de Nerea Nevado, de falta directa, fue algo más que una diana: fue un grito de orgullo, una muestra de que este Athletic nunca se rinde.
Ese partido dejó heridas abiertas y lecciones aprendidas. Para el conjunto blanco, la confirmación de que su plan funciona incluso en escenarios hostiles. Para el Athletic, la certeza de que, ajustando detalles, compitiendo al límite, el margen entre ambos no es insalvable. Cada enfrentamiento suma información, experiencia y motivación para el siguiente.
Y como si el calendario quisiera seguir tejiendo esta historia, la posibilidad de un nuevo cruce en la Copa de la Reina aparece en el horizonte. Si ambos equipos superan sus respectivas eliminatorias, el destino volverá a reunirlos en una competición donde la épica se multiplica y donde cada partido es una final anticipada. Esa posibilidad añade una tensión extra, una sensación de que este duelo liguero es solo una pieza más de un puzzle mayor, de una rivalidad que se está construyendo a base de partidos intensos y memorables.
En este contexto, el enfrentamiento que se avecina adquiere una dimensión que va más allá de los puntos en juego. Es una prueba de fuego para la solidez del conjunto blanco en casa, una oportunidad para el Athletic de confirmar que su buena dinámica no entiende de favoritismos. Es un choque de estilos, de identidades y de ambiciones. Un partido que se juega también en lo emocional, en la memoria reciente y en la convicción de cada vestuario.
Hay encuentros que se juegan mucho antes de que el balón toque el césped, en la cabeza de las futbolistas, en la memoria de los vestuarios y en la intuición de quienes saben leer el fútbol como una historia que nunca se repite del todo. Este es uno de esos partidos. Porque cuando el conjunto blanco y el Athletic Club se preparan para verse las caras, no solo repasan esquemas o analizan vídeos; también revisitan sensaciones, recuerdan episodios pasados y calibran lo que está en juego más allá del marcador. La buena dinámica de ambos equipos no es un simple dato estadístico, es un estado de ánimo colectivo, una forma de encarar cada sesión de trabajo con la convicción de que el esfuerzo tiene recompensa.
Para las blancas, este partido representa la oportunidad de seguir consolidando su condición de aspirante real al título. El segundo puesto, los 35 puntos, la distancia con el cuarto clasificado y la cercanía relativa al liderato no son números que pesen, pero sí que empujan. Cada jornada es una ocasión para presionar, para no fallar, para seguir enviando mensajes claros al resto de la competición. Ganar en casa se ha convertido casi en una obligación autoimpuesta, no desde la presión externa, sino desde la ambición interna. Este equipo ha aprendido a convivir con esa exigencia, a transformarla en estímulo y a utilizarla como motor.
El Athletic, por su parte, llega liberado de ese peso, pero cargado de una responsabilidad diferente: la de demostrar que su racha no es circunstancial, que su crecimiento es real y que su identidad competitiva tiene recorrido. Nueve partidos sin perder no se defienden solos; hay que refrendarlos cada fin de semana, en cada campo, ante cada rival. Visitar el feudo de uno de los equipos más sólidos de la Liga F Moeve es un desafío, sí, pero también una oportunidad. Porque pocas cosas refuerzan más un proyecto que competir de tú a tú en escenarios exigentes y salir con la sensación de haber estado a la altura.
El pulso del partido se intuye intenso, cargado de matices. El conjunto blanco buscará imponer su ritmo, aprovechar la fortaleza que ha mostrado como local y castigar cualquier error con la precisión que le ha caracterizado en las últimas jornadas. El Athletic, fiel a su esencia, tratará de cerrar espacios, de incomodar, de alargar el partido hasta llevarlo a un terreno donde cada duelo individual cobre importancia. Será un choque de paciencia contra determinación, de iniciativa contra resistencia, de ambición declarada contra orgullo competitivo.
Las ausencias volverán a aparecer como un factor narrativo, pero no determinante. Las blancas han demostrado que pueden adaptarse a un contexto sin nombres importantes, que el colectivo está por encima de las individualidades y que el sistema es lo suficientemente sólido como para absorber bajas sensibles. La recuperación de Tere Abelleira avanza, pero su ausencia sigue recordando que este equipo también ha tenido que aprender a sobreponerse a golpes duros, a lesiones que alteran planes y a reajustes que ponen a prueba la profundidad de la plantilla. Cada partido sin ella es, en cierto modo, un ejercicio de madurez.
En el Athletic, las bajas obligan a apelar una vez más al carácter. No es la primera vez que este grupo se enfrenta a un escenario adverso, ni será la última. La historia del club está plagada de ejemplos de resiliencia, de equipos que han sabido competir contra todo y contra todos. Esa herencia pesa, pero también impulsa. Cada jugadora que salte al campo lo hará sabiendo que representa algo más que a sí misma, que forma parte de una cadena que se extiende en el tiempo y que se alimenta de valores reconocibles.
El recuerdo del enfrentamiento en San Mamés sigue presente, no como una herida abierta, sino como un aprendizaje. Para el conjunto blanco, aquel 1-4 confirmó que su propuesta funciona incluso en ambientes exigentes, que sabe gestionar la presión de escenarios grandes y que puede golpear con contundencia cuando encuentra espacios. Para el Athletic, fue una llamada de atención, una invitación a ajustar detalles, a corregir errores y a reafirmar su identidad sin renunciar a la ambición. El gol de Nerea Nevado, de falta directa, sigue siendo una imagen recurrente, un recordatorio de que este equipo tiene recursos, talento y orgullo.
La posible repetición del duelo en la Copa de la Reina añade una capa extra de tensión. Saber que este no es un cruce aislado, que podría haber más capítulos en el horizonte, condiciona la forma de afrontar el partido. No se trata solo de ganar o perder, sino de enviar mensajes, de marcar territorio, de dejar claro que, pase lo que pase, este enfrentamiento no se olvida fácilmente. Cada acción, cada duelo, cada gesto adquiere un significado mayor cuando se piensa en lo que puede venir después.
Y en medio de todo, la Liga F Moeve sigue su curso, exigiendo regularidad, castigando cualquier despiste y premiando a quienes saben mantenerse firmes en los momentos clave. Este partido se inserta en ese contexto de máxima exigencia, donde cada punto cuenta y donde los márgenes se reducen jornada tras jornada. Para las blancas, sumar de tres es una necesidad estratégica; para el Athletic, puntuar sería un refuerzo emocional enorme, una confirmación de que su camino es el correcto.
El fútbol femenino español vive un momento de madurez, de crecimiento sostenido, y partidos como este son el mejor escaparate de esa evolución. Dos equipos en forma, dos proyectos sólidos, dos identidades claras enfrentándose sin complejos. No hay artificios, no hay promesas vacías: hay fútbol, hay competición y hay una historia que sigue escribiéndose cada vez que blancas y zurigorris comparten césped.
La cuenta atrás avanza, el escenario se llena de significado y la expectativa crece. Porque cuando el balón vuelva a rodar, todo lo construido hasta ahora —las rachas, las estadísticas, los precedentes— quedará en suspenso durante noventa minutos que prometen ser intensos, disputados y cargados de emoción.
Porque hay partidos que no necesitan adornos ni promesas grandilocuentes para justificar su importancia. Basta con observar el momento exacto en el que se cruzan los caminos de ambos equipos, con entender el punto de madurez al que han llegado y con leer entre líneas lo que cada uno se juega cuando salta al césped. Este duelo entre blancas y zurigorris pertenece a esa categoría de encuentros que explican una temporada entera, que condensan meses de trabajo en noventa minutos y que dejan huella más allá del resultado final.
(Fuente: Liga F Moeve)
Este equipo ha aprendido a competir desde la madurez, a entender que no todos los partidos se ganan del mismo modo y que, en ocasiones, la paciencia es tan importante como el talento. Las bajas han obligado a reajustes, a nuevas jerarquías, a asumir roles diferentes, y lejos de debilitar al grupo, lo han fortalecido. Cada ausencia ha sido un reto, cada reto una oportunidad para crecer. El colectivo ha respondido, y eso se nota en el campo, en la seguridad con la que se mueven las piezas, en la confianza con la que se toman decisiones incluso en los momentos de mayor tensión.
El Athletic Club llega a este escenario con una narrativa distinta, pero no menos poderosa. Su buena dinámica no responde a un pico puntual de rendimiento, sino a una línea ascendente construida desde la constancia y el compromiso. Nueve partidos sin perder no se explican solo desde lo futbolístico; hablan de un vestuario unido, de una idea clara y de una capacidad notable para competir en contextos diversos. Este Athletic ha aprendido a sobrevivir, a resistir y a golpear cuando se presenta la ocasión. No necesita dominar para sentirse cómodo, ni imponer para sentirse fuerte. Su fortaleza reside en la convicción de que, mientras el partido siga abierto, todo es posible.
Visitar el campo de uno de los equipos más sólidos de la Liga F Moeve no intimida a un grupo acostumbrado a los desafíos. Al contrario, lo estimula. Porque pocas cosas definen mejor a este Athletic que su capacidad para crecer en la dificultad, para convertir cada obstáculo en una motivación adicional. Las bajas forman parte del camino, pero no alteran el espíritu competitivo. Cada jugadora que entra sabe que tiene una responsabilidad, que representa una forma de entender el fútbol y que cada duelo es una oportunidad para reafirmar esa identidad.
(Fuente: UEFA)
La historia compartida entre ambos equipos actúa como un eco constante. Trece enfrentamientos, once victorias blancas y dos triunfos bilbaínos dibujan un marco claro, pero no determinante. Porque en el fútbol, y especialmente en el fútbol femenino, la historia pesa lo justo. Sirve para recordar, para aprender, para respetar, pero nunca para sentenciar. Las victorias del Athletic, especialmente aquellas logradas en contextos de máxima exigencia como la Copa de la Reina, siguen siendo un recordatorio de que este cruce nunca es previsible. Que la lógica puede imponerse, sí, pero que siempre hay espacio para la épica.
El recuerdo del 1-4 en San Mamés esta temporada añade picante al duelo. Aquella tarde dejó claro que el conjunto blanco sabe castigar, que tiene recursos ofensivos y que no tiembla en escenarios grandes. Pero también dejó la sensación de que el Athletic, incluso en la derrota, fue fiel a sí mismo. El gol de Nerea Nevado, ejecutado con precisión desde la falta directa, sigue siendo una imagen simbólica: la de un equipo que no se resigna, que pelea hasta el final y que siempre busca dejar su huella.
Este nuevo enfrentamiento no es una revancha en sentido estricto, pero sí una oportunidad para reescribir el guion. Para las blancas, la ocasión de reafirmar su dominio y de seguir construyendo una temporada que apunta alto. Para las zurigorris, el desafío de demostrar que su crecimiento es real, que pueden competir de tú a tú incluso en los escenarios más exigentes y que su buena dinámica no entiende de etiquetas ni de favoritismos.
El contexto de la Liga F Moeve amplifica cada emoción. Es una competición que no perdona la irregularidad, que exige constancia y que premia a quienes saben mantenerse firmes cuando llegan los momentos decisivos. Este partido se inscribe en ese tramo de la temporada donde cada jornada pesa un poco más, donde los puntos se vuelven más valiosos y donde las sensaciones pueden marcar el devenir de las semanas siguientes. Ganar refuerza, perder obliga a reaccionar, empatar deja preguntas abiertas. Nada es neutro.
Y en medio de todo eso está el espectador, el aficionado que entiende que este tipo de partidos no se miden solo por el marcador final. Son encuentros que se viven, que se sienten, que se recuerdan. Partidos que condensan rivalidad sana, respeto mutuo y ambición compartida. Blancas y zurigorris representan dos formas de competir, dos identidades claras que se encuentran en un punto común: la voluntad de no ceder ni un centímetro.
Cuando el balón eche a rodar, todo lo anterior se transformará en presente puro. Las rachas quedarán suspendidas, las estadísticas perderán peso y solo importará lo que ocurra en el césped. Cada carrera, cada duelo, cada decisión contará. Y cuando el partido termine, más allá del resultado, quedará la sensación de haber asistido a uno de esos enfrentamientos que explican por qué este deporte sigue emocionando, por qué la Liga F Moeve crece y por qué el fútbol femenino se ha ganado, a base de partidos como este, el derecho a ser vivido con intensidad y pasión.
Porque hay citas que no se pueden contar después, que hay que vivirlas mientras suceden. Y este cara a cara entre blancas y zurigorris es una de ellas. Un partido que reúne forma, historia, ambición y carácter. Un duelo que no admite distracciones, que exige atención plena y que promete escribir un nuevo capítulo en una rivalidad que sigue creciendo. El escenario está listo, las protagonistas preparadas y el fútbol, una vez más, dispuesto a recordarnos que los grandes partidos no se explican: se juegan.
🟧 El fútbol femenino español se detiene. Este miércoles, el Estadi Johan Cruyff se convierte en el epicentro de la emoción, la historia y la ambición: Barcelona y Atlético de Madrid se enfrentan en un clásico que trasciende el marcador, donde cada pase, cada parada y cada gol es una declaración de poderío y de identidad. No es solo un partido: es la cita obligada de la Liga F Moeve, el choque que explica por qué este deporte ya no es promesa, sino presente imparable.
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La Liga F Moeve vuelve a detener el tiempo. Lo hace cuando el calendario se pliega a la grandeza de los nombres propios, cuando el fútbol femenino español se mira al espejo de su propia historia y reconoce que hay partidos que no necesitan artificio alguno para elevarse a la categoría de acontecimiento. Fútbol Club Barcelona contra Atlético de Madrid no es solo un enfrentamiento entre dos clubes, ni siquiera entre dos aspirantes al título: es el clásico contemporáneo del balompié femenino en España, la rivalidad que ha definido una era, el pulso que ha marcado el crecimiento competitivo, mediático y emocional de una liga que hoy se sabe observada, seguida y respetada.
(Fuente: DAZN)
Este miércoles 14 de enero de 2025, a las 19:00 horas en el Estadi Johan Cruyff, el fútbol femenino español vuelve a citarse con uno de esos duelos que explican por sí solos por qué el camino recorrido ha merecido la pena. El partido, adelantado en el calendario por la participación de ambos clubes en la próxima Supercopa de España Iberdrola que se disputará en Castellón del 20 al 24 de enero de 2026, llega además con el aliciente añadido de saberse visible, accesible y abierto. La confirmación oficial de la cobertura televisiva, con DAZN emitiendo el encuentro tanto en Movistar Ellas Vamos (dial 66) como en abierto a través de su aplicación —con el único requisito de disponer de una cuenta gratuita— convierte este clásico en una invitación directa al gran público, en una ventana privilegiada para que miles de personas se asomen, quizá por primera vez, a la élite del fútbol femenino nacional.
No es un detalle menor. La visibilidad ha sido siempre una de las grandes batallas de esta disciplina, y que uno de los tres partidos emitidos en abierto cada jornada sea precisamente este Barcelona–Atlético de Madrid es una declaración de intenciones. La Liga F Moeve entiende que su producto estrella no puede esconderse, que debe mostrarse sin complejos, confiando en la fuerza de su relato y en la calidad de sus protagonistas.
Porque protagonistas hay muchas, y de primerísimo nivel. Sobre el césped del Johan Cruyff se cruzarán trayectorias, generaciones y estilos que han moldeado la identidad competitiva de la liga. Desde la seguridad bajo palos de Cata Coll y Lola Gallardo hasta la jerarquía defensiva de Laia Aleixandri y Andrea Medina; desde el talento precoz y desbordante de Vicky López hasta la experiencia y el colmillo internacional de futbolistas como Maca Portales o Ewa Pajor; desde la potencia, el descaro y la promesa de Luany hasta ese ecosistema coral que el Barcelona ha perfeccionado hasta convertirlo en un modelo exportable. No es solo una suma de nombres, es una constelación de historias que se entrecruzan durante noventa minutos.
El contexto competitivo no podría ser más elocuente. El equipo dirigido por Pere Romeu llega a la cita como líder sólido de la Primera División Femenina, con 42 puntos de 45 posibles, una cifra que habla de regularidad, de hambre y de una ambición intacta incluso después de haberlo ganado casi todo. Solo la Real Sociedad, en Zubieta y por la mínima, ha sido capaz de arañarles tres puntos en lo que va de temporada. El resto ha sido un dominio casi absoluto, una sucesión de victorias que culminó recientemente con una goleada histórica por 12-1 ante el Madrid CFF, un resultado que no solo elevó la moral del vestuario, sino que envió un mensaje claro al resto de aspirantes: el Barcelona no negocia su condición de favorito.
Ganar este partido adelantado tendría además un efecto clasificatorio directo. Una victoria azulgrana dejaría prácticamente descartado al Atlético de Madrid de una hipotética pelea por el título, abriendo una brecha que, a estas alturas del curso, podría resultar insalvable. No es solo un clásico, es un cruce de caminos para la temporada.
Enfrente, el Atlético de Madrid de Víctor Martín llega con la urgencia de quien sabe que este tipo de partidos pueden redefinir dinámicas. Las rojiblancas atraviesan una fase irregular, con resultados que no terminan de consolidar sus aspiraciones, pero también con destellos de un potencial ofensivo que sigue siendo temible. El reciente empate 5-5 ante la Real Sociedad en Alcalá de Henares es el mejor ejemplo de esa dualidad: una capacidad goleadora incuestionable, combinada con una fragilidad defensiva que les ha impedido dar el salto definitivo en la clasificación. Cuartas con 27 puntos, a cuatro de las donostiarras, las colchoneras saben que sumar en Barcelona no solo sería un golpe anímico monumental, sino una forma de reengancharse a la lucha por la tercera plaza.
Pero si este partido se juega también en la memoria colectiva es porque la historia entre ambos clubes pesa, y pesa mucho. El balance global favorece al Barcelona, con 29 victorias, 10 empates y solo 7 triunfos rojiblancos, pero reducir esta rivalidad a una estadística sería injusto. Hay enfrentamientos que marcan épocas, y este es uno de ellos.
Todo comenzó a adquirir un tono casi legendario en la temporada 2016-2017, cuando el Atlético de Madrid arrebató el título liguero al Barcelona en la última jornada, inaugurando una etapa de hegemonía rojiblanca que se prolongaría durante tres temporadas consecutivas. Aquellas ligas, culminadas en escenarios de máxima tensión, forjaron el carácter competitivo de ambos equipos y elevaron el nivel de exigencia de la competición. La temporada 2018-2019, con aquel 1-3 en Zubieta que coronó a las entonces entrenadas por Sánchez Vera, quedó grabada como uno de los grandes hitos de la historia del fútbol femenino español.
Desde entonces, el Barcelona ha construido una dinastía, pero el Atlético ha sido siempre ese rival incómodo, ese espejo que devuelve la imagen de un pasado no tan lejano en el que las fuerzas estaban más equilibradas. Las rojiblancas fueron uno de los últimos equipos capaces de derrotar al actual subcampeón de Europa, con aquel inolvidable 4-3 en Alcalá de Henares en la temporada 2020-2021.
También le eliminaron en las semifinales de la Supercopa de España 2021 en Almería, en una tanda de penaltis agónica que desembocó en una final ganada al Levante UD por 3-0, una final que trascendió lo deportivo y dejó una de las imágenes más emotivas que se recuerdan: Virginia Torrecilla y Amanda Sampedro levantando juntas el trofeo, símbolo de resistencia, de compañerismo y de humanidad, en plena recuperación de la centrocampista balear de un tumor cerebral.
Más recientemente, ambos equipos se midieron en la final de la Copa de la Reina, con victoria blaugrana por 2-0 en Huesca, reafirmando la supremacía actual del Barcelona, pero sin borrar la sensación de que cada enfrentamiento entre estos dos gigantes es una historia abierta. En la primera vuelta de la presente temporada, el 0-6 en Alcalá de Henares fue un golpe duro para el Atlético, una herida que sigue escociendo y que añade un componente de revancha emocional a este nuevo capítulo.
Y así, con todo ese bagaje a cuestas, el Johan Cruyff se prepara para volver a ser escenario de un duelo que trasciende el resultado. Porque estos partidos no se juegan solo para ganar tres puntos; se juegan para reafirmar identidades, para medir proyectos, para escribir una línea más en una rivalidad que ha acompañado el crecimiento del fútbol femenino español desde sus cimientos modernos.
Cuando el balón eche a rodar, lo hará cargado de pasado y de futuro. De las gradas al césped, de las pantallas a los hogares, este Barcelona–Atlético de Madrid volverá a recordarnos que hay encuentros que explican una liga entera. Que hay clásicos que no necesitan ser anunciados, porque se anuncian solos.
Y que, durante noventa minutos, el fútbol femenino español volverá a ocupar el centro del escenario, con la convicción de quien sabe que ya no es promesa, sino presente incontestable.
Este lunes, 12 de enero de 2026, se ha desvelado la ganadora del ‘Player of the month’ del mes de diciembre en Liga F Moeve, otorgado a la futbolista del Fútbol Club Barcelona, Ewa Pajor.
La delantera polaca sumó 2 goles ante el Costa Adeje Tenerife Egatesa y el Badalona Women y ya es la máxima goleadora de la competición liguera.
A sus 29 años de edad, 3 de diciembre de 1996, la canterana del KKPK Medyk Konin se ha adjudicado su segundo M.V.P. de la Liga Profesional de Fútbol Femenino que se une al que levantó el pasado mes de abril.
El miércoles 24 de diciembre quedó oficialmente abierto el proceso de votaciones para designar a la jugadora del mes de diciembre en la Liga F Moeve, el galardón ‘Player of the Month’ impulsado por EA SPORTS que, desde la pasada temporada, distingue a la futbolista con mayor impacto competitivo, rendimiento estadístico y peso decisivo en la Primera División del fútbol femenino español. Una iniciativa que no solo reconoce la excelencia individual, sino que refuerza el posicionamiento de la Liga F como una competición pionera a nivel mundial en la integración de premios oficiales asociados al rendimiento deportivo, equiparándose a las grandes ligas masculinas que ya cuentan con este reconocimiento de la mano de la desarrolladora estadounidense, como LALIGA EA SPORTS, la Premier League, la Serie A, la Bundesliga o la Ligue 1.
La Liga F se convirtió así en el primer campeonato femenino del mundo en estrenar este galardón mensual, consolidando su apuesta por la visibilidad, la profesionalización y la generación de referentes reconocibles para la afición, los medios de comunicación y las nuevas generaciones de futbolistas. En este contexto, el mes de diciembre presentaba una terna de nominadas de enorme nivel competitivo, reflejo de la diversidad de perfiles, clubes y realidades que conviven en la máxima categoría del fútbol femenino español. Las siete futbolistas seleccionadas por EA SPORTS fueron Ewa Pajor, del FC Barcelona; Eva Navarro, del Real Madrid CF; Rosa Márquez, del Sevilla FC; Ainhoa Marín, del Deportivo Abanca; Malou Marcetto, del Madrid CFF; Carla Andrés, de la SD Eibar; y Daniela Agote, del Athletic Club.
Siete nombres propios que representan distintas formas de entender el juego, distintos contextos competitivos y distintos roles dentro de sus respectivos equipos, pero todas ellas unidas por un denominador común: su capacidad para marcar diferencias en un mes corto, condicionado por el calendario y por la exigencia acumulada de la competición. Finalmente, tras el proceso de votación y valoración del impacto deportivo, la ganadora fue la delantera del FC Barcelona Ewa Pajor, que se alzó con el reconocimiento de jugadora del mes de diciembre y se convirtió así en la cuarta futbolista distinta en recibir el galardón en la presente temporada, tras Luany en septiembre, Edna Imade en octubre y Claudia Pina en noviembre.
La elección de Ewa Pajor no responde únicamente a una suma de cifras, sino a la confirmación de una tendencia: la de una futbolista que ha elevado el estándar ofensivo de la Liga F y que se ha consolidado como una de las delanteras más determinantes del panorama europeo.
Durante el mes de diciembre, la atacante polaca disputó 145 minutos repartidos en los dos encuentros ligueros del FC Barcelona, en los que logró anotar dos goles decisivos frente al Costa Adeje Tenerife y al FC Badalona Women, demostrando una vez más su eficacia, su lectura de los tiempos del partido y su capacidad para aparecer en los momentos clave.
Más allá del dato puntual del mes, el impacto de Pajor se enmarca en una temporada sobresaliente. La delantera es, a estas alturas del curso, la máxima goleadora de la Liga F Moeve, liderando la clasificación de goleadoras con 15 tantos en 13 partidos disputados. A estos registros se suman tres asistencias en un total de 934 minutos, lo que arroja una cifra demoledora: Ewa Pajor participa directamente en un gol cada 62 minutos. Un dato que no solo habla de su instinto rematador, sino de su influencia global en el juego ofensivo del FC Barcelona.
El premio ‘Player of the Month’ correspondiente a diciembre supone, además, una mejora del ítem de la futbolista en el ecosistema de EA SPORTS, reforzando la conexión entre el rendimiento real y su representación en el entorno digital, y subrayando el compromiso de la compañía con la promoción del fútbol femenino y, de manera específica, de la Liga F Moeve como referente internacional. Este reconocimiento no es un simple gesto simbólico, sino una pieza más en la construcción de un relato competitivo en el que las futbolistas ocupan el centro de la escena, con nombres, rostros y trayectorias reconocibles para el gran público.
Ewa Pajor, que luce el dorsal 17 en el FC Barcelona, encarna a la perfección el perfil de delantera moderna total, capaz de adaptarse a distintos registros ofensivos y de integrarse con naturalidad en un modelo de juego dominador, exigente y altamente estructurado como el del conjunto blaugrana. Su principal virtud, la que define su carrera desde sus primeros pasos en el fútbol profesional, es una extraordinaria inteligencia para interpretar el juego sin balón. Pajor no necesita acumular contactos para ser determinante; su lectura de los espacios, su capacidad para atacar el primer y el segundo palo, y su intuición para anticiparse a la defensa rival la convierten en una amenaza constante dentro del área.
A nivel técnico, la delantera polaca destaca por una finalización precisa y variada.
Es capaz de marcar con ambas piernas, de rematar de primeras, de definir en espacios reducidos y de resolver situaciones de uno contra uno con una frialdad impropia de una futbolista que, pese a su experiencia, sigue en plena madurez competitiva. Su golpeo es limpio, seco y ajustado, y su capacidad para orientar el cuerpo en el momento del disparo le permite generar ángulos imposibles incluso ante defensas bien posicionadas.
Desde el punto de vista táctico, Pajor aporta una comprensión profunda de los automatismos colectivos. No es una delantera estática ni limitada al área; sabe caer a banda, fijar centrales, arrastrar marcas y generar espacios para la llegada de las centrocampistas. En el sistema del Barcelona, su movilidad resulta clave para desordenar bloques defensivos y para ofrecer líneas de pase constantes en zonas de finalización. Su trabajo sin balón, tanto en fase ofensiva como defensiva, la convierte en una pieza fundamental en la presión alta del equipo, donde su capacidad para orientar la salida rival y activar la presión colectiva es tan valiosa como sus goles.
En el plano físico, Ewa Pajor combina potencia y resistencia. Su zancada larga le permite atacar el espacio con ventaja, mientras que su fortaleza en el choque la hace competitiva en duelos individuales dentro del área. No es una futbolista explosiva en el sentido clásico, pero sí tremendamente eficiente en la repetición de esfuerzos, lo que le permite mantener un alto nivel de intensidad durante los minutos que permanece en el terreno de juego.
A todo ello se suma una fortaleza mental que explica su regularidad y su capacidad para rendir bajo presión. Pajor es una futbolista acostumbrada a competir en escenarios de máxima exigencia, tanto a nivel de clubes como con la selección polaca, y esa experiencia se traduce en una toma de decisiones serena, en una mentalidad competitiva constante y en una ambición que no entiende de relajación incluso cuando los números la sitúan en lo más alto. Su liderazgo no siempre es vocal, pero sí evidente a través del ejemplo, del compromiso y de la responsabilidad que asume en los momentos decisivos.
El galardón de jugadora del mes de diciembre será entregado a Ewa Pajor en los prolegómenos del encuentro entre el FC Barcelona y el Atlético de Madrid, programado para el miércoles 14 de enero a las 19:00 horas en el Johan Cruyff. Un partido de alto voltaje competitivo que se ha adelantado en el calendario debido a la celebración de la Supercopa de España 2026 en Castellón, y que servirá como escenario ideal para rendir homenaje a una futbolista que simboliza la excelencia ofensiva de la Liga F.
Con este reconocimiento, Ewa Pajor se une a una lista de ganadoras que refleja el talento y la diversidad del campeonato, y refuerza su condición de referente dentro y fuera del terreno de juego.
Su impacto trasciende lo estadístico y se proyecta como un símbolo del crecimiento del fútbol femenino, de la profesionalización de la Liga F y de la capacidad de esta competición para generar figuras que marcan época.
En un mes como diciembre, corto en partidos pero intenso en exigencia, la delantera polaca ha vuelto a demostrar que el gol no es una cuestión de volumen, sino de oportunidad, lectura y determinación.
Que la grandeza de una futbolista no se mide solo en cifras acumuladas, sino en su capacidad para decidir partidos, elevar el nivel colectivo y sostener el pulso competitivo de su equipo.
Ewa Pajor no solo ha sido la mejor jugadora de diciembre.
Ha sido la confirmación de que el gol, cuando se combina con inteligencia, trabajo y ambición, se convierte en un lenguaje universal. Y en la Liga F Moeve, ese lenguaje habla cada vez más claro, con nombres propios que ya forman parte de su historia. Porque cuando el fútbol femenino encuentra a sus referentes, el presente se engrandece y el futuro se acelera.
Y Pajor, con el 17 a la espalda y el gol como bandera, sigue escribiendo páginas que ya son memoria viva del campeonato.
⬜️ Hay futbolistas que llegan al Atlético de Madrid y otras que nacen siguen colchoneras, caso de nuestra protagonista.
(Fuente: Liga F)
Rosa Otermín Abella (Alcorcón, 2 de octubre de 2000) pertenece al segundo grupo. Rojiblanca de cuna, criada en el fútbol de barrio y formada en la cantera colchonera, su historia es la de una jugadora que tuvo que marcharse lejos para entender que su sitio estaba, inevitablemente, en casa. Un viaje de ida y vuelta que hoy la consolida como una de las laterales izquierdas más fiables y polivalentes de la Liga F Moeve.
(Fuente: Liga F)
Aunque nació en Alcorcón, Rosa creció en Fuensalida, el municipio toledano donde empezó a darle patadas al balón. Allí se forjó su carácter competitivo y su amor por un fútbol directo, vertical, ofensivo. Era delantera, goleadora y decisiva.
(Fuente: Getty imágenes)
Con apenas 14 años, en 2015, dio el salto que toda niña rojiblanca sueña: ingresó en las categorías inferiores del Atlético de Madrid. En el Atlético C ocupó la posición de delantera y no tardó en destacar. Tanto, que en su primera temporada fue convocada por la selección española sub-17 para entrenamientos, mientras su equipo se proclamaba campeón del Grupo I de Preferente Madrileña.
Rosa fue la máxima goleadora del equipo con 26 tantos, un dato que explica mejor que cualquier adjetivo su impacto inmediato. Ese mismo curso cerró el año como subcampeona de España sub-16 con la selección de Madrid, cayendo únicamente ante Cataluña.
La temporada 2016-2017 marcó un punto de inflexión. Rosa ascendió al Atlético de Madrid B y comenzó a transformar su juego. Sin perder llegada, empezó a retrasar su posición. En abril se proclamó campeona de España sub-18, firmando una asistencia decisiva en la final ante Cataluña para que Ana Marcos anotara el gol del título.
El Atlético de Madrid B terminó tercero en Segunda División y Rosa fue elegida jugadora revelación del equipo, confirmando que no era solo una atacante con gol, sino una futbolista completa.
(Fuente: Liga F Moeve)
En la 2017-2018 su evolución continuó. Pasó definitivamente al centro del campo y empezó a actuar en pretemporada con el primer equipo. Incluso llegó su primer gol con el Atlético de Madrid absoluto, en un amistoso ante el Albi francés.
Ese año debutó oficialmente en Primera División: sustituyó a Esther González en el minuto 87 ante el Santa Teresa. Era el inicio de algo que parecía destinado a consolidarse.
(Fuente: Liga F)
En la temporada 2018-2019 obtuvo ficha del primer equipo. Dio una asistencia a Alex Chidiac ante el EDF Logroño y celebró un nuevo título de Liga, aunque alternó convocatorias con el filial, con el que logró el ascenso a la nueva Primera B. La temporada terminó con el golpe amargo de la final de Copa de la Reina perdida ante la Real Sociedad.
Y entonces llegó la decisión más dura: salir del Atlético de Madrid a fin de aprender.
(Fuente: Liga F Moeve)
El 6 de agosto de 2019 se anunció la rescisión de su contrato y su fichaje por el Real Betis. Fue su particular erasmus futbolístico. Dos temporadas en Sevilla, jugando con regularidad, asumiendo responsabilidad defensiva y aprendiendo a competir en escenarios adversos, peleando por la permanencia.
En 2021 dio otro paso adelante fichando por el Sevilla.Allí encontró estabilidad, un proyecto sólido y continuidad. Se asentó definitivamente como lateral izquierda, con mayor proyección ofensiva y lectura táctica. Tres temporadas en la zona media de la tabla terminaron de pulir a una futbolista madura, fiable y preparada para volver.
el verano de 2024, Rosa Otermín regresó al Atlético de Madrid. Ya no era la niña de la cantera. Era una futbolista hecha.
(Fuente: Atlético de Madrid)
Rosa volvió para sumar, competir y sentir, de nuevo, que el escudo que defendía era el suyo.
Bajo las órdenes de Víctor Martín, disputó la titularidad del lateral izquierdo con Andrea Medina, adaptándose también como extremo izquierdo en los primeros meses por las lesiones del equipo. El Atlético logró la clasificación para la Champions League en la última jornada y alcanzó la final de la Copa de la Reina, confirmando una temporada de alto nivel competitivo.
(Fuente: Liga F Moeve)
Su trayectoria internacional acompaña su crecimiento. Debutó con la sub-16 en 2015 firmando un partido inolvidable ante Escocia: tres goles en una victoria por 6-0. España fue campeona del torneo.
Con la sub-19, levantó la Eurocopa y participó en varias fases finales, demostrando su versatilidad y comprensión táctica. Una futbolista capaz de jugar como delantera, centrocampista o lateral, siempre con profundidad, velocidad y anticipación.
En la sub-17, fue titular indiscutible en el Europeo de República Checa, jugando todos los partidos como lateral izquierda. España cayó en la final ante Alemania en los penaltis.
(Fuente: Liga F Moeve)
✨Palmarés de Rosa Otermín:
Liga F (Primera División Femenina) • Atlético de Madrid: 2017-18, 2018-19 • ⬆️ Ascenso a Primera B • Atlético de Madrid B: 2018-19 • 🥈 Finalista Copa de la Reina • Atlético de Madrid: 2019, 2025
Con selecciones • 🏆 Eurocopa Sub-19 • España: 2018 • 🏆 Torneo de Desarrollo UEFA Sub-16 • España: 2015 • 🥈 Subcampeona de Europa Sub-17 • España: 2017 • 🥈 Subcampeona de España Sub-16 • Selección de Madrid: 2015 • 🏆 Campeona de España Sub-18 • Selección de Madrid: 2017
Porque hay regresos que no se miden en kilómetros ni en contratos. Hay regresos que se miden en latidos. En recuerdos. En una camiseta heredada, en una bufanda vieja, en una mano de padre señalando el césped mientras dice: “Mira bien, esto no es solo fútbol. Esto es el Atleti.”
Rosa Otermín no volvió al Atlético de Madrid en el verano de 2024. Rosa regresó a casa.
Y para entender lo que significa ese regreso hay que volver atrás. Mucho más atrás que cualquier debut en Primera División, que cualquier convocatoria con la selección, que cualquier final o clasificación europea. Hay que volver al origen. Al punto exacto en el que el fútbol dejó de ser solo un juego y se convirtió en identidad.
En cada acción defensiva, una transición o un repliegue, ya sabía reconocer un escudo. El rojiblanco. El de las rayas que no se eligen, se heredan. El que no se explica, se siente.
Ese escudo se lo enseñó su padre, Agustín.
(Fuente: Liga F)
Agustín no le habló del Atlético como se habla de un club.
Le habló como se habla de una forma de estar en el mundo. De resistir. De no rendirse. De competir incluso cuando todo parece perdido. De levantarse siempre una vez más.
Entrar en la cantera del Atlético de Madrid con 14 años no fue un golpe de suerte. Fue la consecuencia natural de una obsesión bien entendida. Rosa era delantera. Tenía gol. Tenía hambre. Tenía esa forma tan atlética de no conformarse nunca.
Cada gol en Preferente, cada carrera, cada convocatoria con la selección sub-17, eran pasos hacia un lugar que ella ya conocía emocionalmente antes de pisarlo profesionalmente.
Pero el Atlético no regala nada. Nunca lo ha hecho. Y Rosa aprendió pronto que amar un escudo no te garantiza un sitio. Te obliga a merecerlo todos los días.
Por eso aceptó cada reconversión. Cada cambio de rol. Cada decisión que la alejaba del foco pero la acercaba al equipo. De delantera a centrocampista. De centrocampista a lateral.
(Fuente: X)
De protagonista a engranaje. De promesa a jugadora útil que hoy en día destaca con el catorce en Alcalá de Henares.
Ese proceso, silencioso y a veces ingrato, es profundamente rojiblanco. Porque en el Atlético nadie brilla solo, se hace en conjunto o no se resplandece.
Puede que Rosa gane más títulos, que juegue más finales, que su carrera la lleve a otros escenarios; el fútbol es movimiento, pero hay una verdad que nadie le puede quitar: Rosa Otermín volvió al Atlético de Madrid siendo futbolista y siendo rojiblanca. En un fútbol cada vez más fugaz, mercantil y desarraigado, su regreso es casi revolucionario, porque el Atlético no es un lugar por el que se pasa, sino un lugar al que se vuelve.
(Fuente: “El Partido de Manu”)
Y Rosa volvió por su padre, por la niña que fue, por la futbolista que es y, sobre todo, por el escudo que nunca dejó de sentir suyo.
🟧 La Liga F Moeve entra en uno de esos territorios donde el calendario deja de ser una simple sucesión de fechas para convertirse en un relato en sí mismo, una cadena de partidos que explican no solo la clasificación, sino el momento histórico de una competición que ha aprendido a mirarse al espejo, a reconocerse como producto, como espectáculo y como patrimonio deportivo y cultural. Con la publicación oficial de los horarios y la cobertura televisiva de las jornadas 17 y 18 de la Liga Profesional de Fútbol Femenino, el campeonato se adentra en el corazón del invierno competitivo, en esa franja del curso donde se separan las aspiraciones reales de los deseos, donde el cansancio convive con la ambición y donde cada punto empieza a pesar más de lo que indica la tabla.
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Son dos jornadas que llegan encadenadas, casi superpuestas en el imaginario del aficionado, y que dibujan un mapa completo del ecosistema Liga F Moeve: partidos entre gigantes históricos, duelos directos por Europa, choques por la permanencia, clásicos regionales, viajes largos, horarios estratégicos y una cobertura televisiva que vuelve a subrayar la centralidad de DAZN como columna vertebral del proyecto, acompañada por ventanas en abierto que refuerzan la visibilidad y el alcance del fútbol femenino en todo el territorio. Todo ocurre en apenas dos semanas, entre el martes 13 de enero y el domingo 1 de febrero, pero lo que está en juego va mucho más allá del corto plazo.
La jornada 17 se presenta como una jornada partida, extendida en el tiempo, casi quirúrgicamente diseñada para sostener la atención y repartir el foco. Arranca de forma excepcional un martes, el 13 de enero, a las 19:00 horas, con uno de esos partidos que condensan pasado, presente y futuro: el Real Madrid recibe al Athletic Club en un duelo que enfrenta a dos concepciones distintas del crecimiento en el fútbol femenino, dos proyectos con identidades claras y dos equipos que saben que cada enfrentamiento directo es una oportunidad para marcar territorio. El Alfredo Di Stéfano se convierte en escenario de un choque con aroma de gran cita, retransmitido por DAZN, en el que el conjunto blanco busca afianzar su posición en la zona noble mientras el Athletic, fiel a su ADN competitivo, mide su capacidad de resistir y golpear en uno de los campos más exigentes del campeonato.
Veinticuatro horas después, el miércoles 14 de enero, a la misma hora, las 19:00, el foco se traslada a Barcelona. El FC Barcelona recibe al Atlético de Madrid en un partido que, por sí solo, explica la última década del fútbol femenino español. Es el duelo entre el equipo que ha redefinido la excelencia y el club que ha sido durante años su gran antagonista, su espejo y su estímulo. Un Barça–Atleti que ya es un clásico contemporáneo, cargado de historia reciente, de finales, de eliminatorias europeas y de noches inolvidables, vuelve a escena con la transmisión de DAZN como escaparate global, consciente de que cada capítulo añade una capa más a una rivalidad que ha elevado el nivel de toda la liga.
La jornada se despliega definitivamente el domingo 25 de enero, con una franja matinal que concentra tensión y diversidad competitiva. A las 12:00 horas, la Real Sociedad se mide al Eibar en un duelo de proximidad geográfica y de estilos contrastados, con cobertura compartida entre DAZN, GOL, TEN y EITB, una apuesta clara por maximizar la difusión y acercar el partido a públicos distintos. Es uno de esos encuentros que definen trayectorias silenciosas, donde cada punto puede ser oro en la lucha por consolidarse en la zona media o escapar de la presión de la parte baja.
A la misma hora, el RCD Espanyol recibe al Deportivo Abanca en un partido que respira tradición, historia y necesidad. Dos clubes con peso simbólico, con aficiones exigentes y con el recuerdo permanente de lo que significa competir en la élite. El duelo, retransmitido por DAZN, se presenta como una batalla de fondo, de esas que rara vez ocupan grandes titulares pero que sostienen la narrativa real del campeonato.
También a las 12:00, el Sevilla FC se enfrenta al Levante UD en un choque que une dos proyectos con aspiraciones claras de crecimiento. El conjunto andaluz, apoyado en su fortaleza como local, busca reafirmar su identidad ante un Levante que históricamente ha sabido competir con valentía y personalidad. DAZN vuelve a ser el canal que articula el relato.
La tarde del domingo continúa a las 16:00 horas con dos partidos en paralelo que amplían el espectro emocional de la jornada. El Madrid CFF recibe al Costa Adeje Tenerife en un duelo que pone frente a frente a dos equipos acostumbrados a construir desde la constancia y la inteligencia competitiva, mientras que, a la misma hora, el Granada CF se mide al Athletic Club, cerrando para las leonas una semana intensa tras su visita a Madrid. Ambos encuentros, retransmitidos por DAZN, refuerzan la sensación de una liga viva, plural y profundamente competitiva.
El telón de la jornada 17 cae a las 18:00 horas con el enfrentamiento entre el Granada CF y el Atlético de Madrid, un partido que une la frescura de un proyecto emergente con la experiencia de un aspirante habitual, y que vuelve a situar al conjunto rojiblanco en el centro de un calendario exigente y sin concesiones.
Sin apenas tiempo para respirar, la Liga F Moeve enlaza con la jornada 18, que se convierte en una auténtica maratón de fútbol femenino concentrada en un solo fin de semana, con especial protagonismo del sábado 31 de enero y el domingo 1 de febrero. El sábado arranca fuerte a las 12:00 horas con dos partidos simultáneos. Por un lado, el Atlético de Madrid recibe al Granada CF en un duelo que, en apenas días, se convierte en una suerte de eliminatoria emocional, una doble confrontación que mide la capacidad de adaptación y lectura de ambos cuerpos técnicos. Por otro, el Levante UD se enfrenta al Madrid CFF en un choque que puede redefinir aspiraciones y que vuelve a contar con la cobertura de DAZN como hilo conductor.
La tarde del sábado eleva la intensidad. A las 16:15 horas, el Athletic Club recibe al RCD Espanyol en un partido con ecos de fútbol clásico, de estadios históricos y de aficiones que entienden el fútbol como identidad. La cobertura se amplía con DAZN, GOL, TEN y 3Cat, reforzando el compromiso con la difusión en abierto y la diversidad territorial. Apenas cuarenta y cinco minutos después, a las 17:00, el Sevilla FC se mide al Real Sociedad en un duelo que promete ritmo, ambición y una batalla táctica de alto nivel, nuevamente con DAZN como plataforma principal.
El domingo 1 de febrero se convierte en una auténtica liturgia dominical del fútbol femenino. A las 12:00 horas, el Deportivo Abanca recibe al Real Madrid en un partido que enfrenta la resistencia y el orgullo de Riazor con la ambición estructural del conjunto blanco, mientras que, en paralelo, el Costa Adeje Tenerife se enfrenta al Eibar en un choque clave para la zona media-baja de la tabla. Ambos encuentros se emiten por DAZN, consolidando una franja matinal ya habitual para el aficionado.
A las 13:00 horas, en horario peninsular, el Levante Las Planas se mide a la Real Sociedad en un partido marcado con asterisco, recordatorio de la complejidad logística y televisiva de una liga que se adapta, se ajusta y se reinventa constantemente.
La jornada, y casi el relato completo de estas dos semanas, se cierra a las 16:30 horas con uno de los grandes escaparates del campeonato: el FC Barcelona recibe al Sevilla FC en un duelo que combina la hegemonía azulgrana con la valentía de un rival que no renuncia a competir en ningún escenario. DAZN pone el broche a una jornada que resume la esencia de la Liga F Moeve: continuidad, ambición, visibilidad y relato.
Así, en apenas quince días, la Liga F Moeve se explica a sí misma. En los horarios, en los canales, en los cruces y en los contextos. No es solo fútbol. Es industria, es narrativa, es memoria y es futuro. Es la confirmación de que el campeonato femenino español no solo se juega, sino que se cuenta, se emite y se construye jornada a jornada, partido a partido, como una historia colectiva que ya nadie puede ignorar.
Y es precisamente en esa concatenación de partidos, horarios y emisiones donde la Liga F Moeve demuestra que ha alcanzado una madurez que ya no necesita proclamarse, porque se percibe. Cada franja horaria tiene un sentido, cada día de la semana una intención, cada ventana televisiva una lectura estratégica. No hay improvisación: hay arquitectura. Las jornadas 17 y 18 no son solo dos fechas en el calendario, son una radiografía del estado actual del fútbol femenino profesional en España, una instantánea que mezcla tradición y modernidad, centralización y apertura, grandes focos y relatos periféricos que ya no viven en la sombra.
El hecho de que la jornada 17 se inicie entre semana no es anecdótico. Martes y miércoles se convierten en días de fútbol femenino de primer nivel, normalizando una presencia que durante décadas fue excepcional. El Real Madrid–Athletic y el FC Barcelona–Atlético de Madrid no se esconden en el fin de semana: ocupan el prime time de invierno, a las 19:00 horas, en una franja históricamente reservada para los grandes eventos del deporte masculino. Es una declaración de intenciones. La Liga F Moeve no pide permiso, ocupa espacio, reclama atención y responde con contenido.
Ese Barça–Atlético de Madrid del miércoles 14 de enero no es solo un partido más. Es una cápsula de memoria reciente. Es el eco de finales de Copa, de Supercopas, de duelos europeos, de temporadas donde ambos clubes elevaron el listón hasta hacerlo casi inalcanzable para el resto. Es también un examen para el presente: para el Barça, que convive con la obligación de ganar siempre; para el Atlético, que transita entre la reconstrucción y la ambición intacta. La retransmisión de DAZN no solo muestra el partido, lo contextualiza, lo internacionaliza, lo inserta en una narrativa global donde el fútbol femenino español ya no es una nota al pie, sino un capítulo central.
La jornada dominical del 25 de enero actúa como un gran mosaico. Seis partidos repartidos entre la mañana y la tarde, con historias cruzadas y objetivos divergentes. La simultaneidad de encuentros a las 12:00 horas refuerza esa sensación de liga viva, de competición que obliga al aficionado a elegir, a mirar resultados, a seguir narrativas paralelas. Real Sociedad–Eibar, Espanyol–Deportivo, Sevilla–Levante… tres partidos, tres contextos distintos, una misma urgencia: competir, sumar, sostenerse.
La presencia de GOL, TEN, EITB y 3Cat junto a DAZN no es solo una suma de logos en una gráfica oficial. Es la materialización de una estrategia de difusión que entiende el fútbol femenino como servicio público, como contenido que debe estar disponible, accesible y territorialmente diverso. Cada emisión en abierto es una puerta que se abre, una audiencia potencial que se incorpora, una niña que descubre que ese partido también habla de ella.
La tarde del domingo completa el círculo con encuentros que, sin el brillo mediático de los grandes duelos, sostienen el tejido competitivo del campeonato. Madrid CFF–Costa Adeje Tenerife es un ejemplo perfecto de lo que se ha consolidado en la Liga F Moeve: proyectos que, lejos de la precariedad de otros tiempos, han construido identidad, metodología y respeto competitivo. Granada–Athletic añade el componente emocional de una afición que ha vuelto a creer y de un club histórico que nunca negocia el esfuerzo. Todo se emite, todo se cuenta, todo importa.
Y cuando la jornada 17 aún resuena, la 18 aparece casi sin transición, como si la liga se negara a bajar el pulso. El sábado 31 de enero concentra buena parte de la acción y lo hace desde el mediodía. Atlético de Madrid–Granada y Levante–Madrid CFF abren la jornada a las 12:00 horas, reforzando esa idea de continuidad narrativa: mismos equipos, nuevos escenarios, lecturas tácticas distintas. Lo que ocurrió una semana antes ya no sirve, porque el contexto ha cambiado. Así funciona una liga adulta.
La franja de tarde del sábado es especialmente simbólica. Athletic–Espanyol a las 16:15, con emisión ampliada, conecta directamente con la memoria colectiva del fútbol español. Son clubes que entienden el fútbol femenino como una extensión natural de su historia, no como un apéndice. Sevilla–Real Sociedad, apenas cuarenta y cinco minutos después, añade ritmo y contraste, sur y norte, propuestas distintas bajo una misma competición que ya no se define por un único modelo de juego.
El domingo 1 de febrero es, directamente, un manifiesto. Cinco partidos repartidos entre la mañana y la tarde, con el Real Madrid visitando A Coruña, el Costa Adeje Tenerife recibiendo al Eibar, el Levante Las Planas enfrentándose a la Real Sociedad en un horario marcado por la logística televisiva, y el gran cierre en el Johan Cruyff con el FC Barcelona–Sevilla. Es un día que resume la Liga F Moeve en todas sus dimensiones: geográfica, competitiva, emocional y mediática.
Ese Barça–Sevilla de las 16:30 no es solo el último partido de la jornada 18. Es un escaparate. Es la confirmación de que el fútbol femenino español ha aprendido a cerrar fines de semana con autoridad, con un producto reconocible y una audiencia fiel. DAZN no solo retransmite: acompaña, contextualiza, construye relato. Y ese relato ya no se limita al resultado.
En conjunto, las jornadas 17 y 18 son una prueba de estrés superada. Una demostración de que la Liga F Moeve puede sostener un calendario exigente, diversificado, con partidos entre semana, fines de semana saturados y múltiples ventanas de emisión sin perder coherencia ni identidad. Es la liga como sistema, no como suma de partidos aislados.
Y quizá ahí reside lo verdaderamente épico.
No en un gol concreto, no en una clasificación puntual, sino en la sensación de continuidad. En la certeza de que el fútbol femenino profesional en España ya no depende de momentos excepcionales, sino de una rutina competitiva sólida, televisada, narrada y compartida. Las jornadas 17 y 18 no prometen un clímax inmediato, pero sí algo más importante: la confirmación de que la Liga F Moeve ha entrado definitivamente en esa fase donde cada jornada cuenta porque forma parte de una historia mayor, una historia que ya se escribe sin complejos y a la vista de todos.
🟫El conjunto granota venció por 2-3 al DUX Logroño en Las Gaunas para lograr su primera victoria de la temporada. Por su parte, el Atlético de Madrid y la Real Sociedad se repartieron los puntos (5-5) en Alcalá.
La decimoquinta jornada de Liga F Moeve, la última antes de que termine la primera vuelta, arrancó el sábado 10 de enero con dos partidos a las 12:00h, el Alhama CF ElPozo 0 – SD Eibar 1 y el Atlético de Madrid 5 – Real Sociedad 5, un duelo directo por entrar en los puestos de Champions. Por su parte, a las 15:00h se disputó en Lezama el Athletic Club 0 – FC Badalona Women 0. La jornada continuó a las 17:00h con el Real Madrid CF 2 – Sevilla FC 0, mientras que los encuentros del sábado concluyeron a las 19:00h con el FC Barcelona 12 – Madrid CFF 1. Por su parte, el domingo 11 de enero hubo tres partidos a las 12:00h: Deportivo Abanca 1 – Costa Adeje Tenerife 1, DUX Logroño 2 – Levante UD 3, choque clave por la permanencia, y RCD Espanyol 0 – Granada CF 2. Todos los encuentros se pudieron ver por DAZN, mientras que el duelo entre el equipo rojiblanco y el donostiarra también se emitió por Gol Play, TEN y EITB.
La jornada sabatina y dominical dejó una de esas páginas que explican por sí solas por qué la Liga F sigue creciendo en emoción, narrativa y trascendencia competitiva, una fecha marcada por el vértigo de los resultados, por los goles imposibles, por las paradas decisivas, por los silencios cargados de emoción antes del pitido inicial y por una sensación compartida: cada partido pesa, cada punto cuenta y cada historia importa. Desde Alhama hasta el Johan Cruyff, desde Lezama hasta Valdebebas, el fin de semana fue un viaje completo por todos los estados de ánimo que puede ofrecer el fútbol femenino de élite.
El sábado arrancó al mediodía en tierras murcianas con un duelo de enorme carga emocional y competitiva entre el Alhama CF ElPozo y la SD Eibar, un choque directo en la lucha por la permanencia que comenzó con un respetuoso y sentido minuto de silencio en memoria de Carmen, esposa de Juan Araujo, delegado del conjunto armero, y de Fernando Martín y sus tres hijos, un momento que recordó que el fútbol, antes que espectáculo, es comunidad y humanidad compartida. Con el balón ya en juego, el Eibar mostró desde el inicio una actitud valiente y decidida, consciente de que sumar en ese escenario podía marcar un antes y un después en su temporada. Las armeras buscaron el gol con insistencia, especialmente a través de Laura Camino, siempre activa entre líneas, y de Arene Altonaga, que tuvo la ocasión más clara del primer acto con un remate que parecía destinado a colarse, pero que encontró la firme respuesta de Sol, segura y felina sobre la misma línea de gol. El Alhama resistió y trató de salir con velocidad, pero tras el descanso fue de nuevo el Eibar el que dio un paso adelante, acumulando llegadas y sensaciones positivas. Mireia Masegur estuvo cerca de romper el empate, aunque otra vez Sol apareció para sostener a las locales. El partido parecía encaminarse hacia un desenlace ajustado, con Vega rozando el gol en el segundo palo al contragolpe, hasta que el destino del encuentro se decidió desde los once metros. Carmen Álvarez, líder ofensiva y emocional del equipo, provocó una pena máxima y asumió la responsabilidad sin titubeos, transformándola con frialdad para firmar el 0-1 definitivo. Un gol que valió tres puntos de oro, que alejan al Eibar de la zona de descenso y que confirmaron a Carmen como la MVP de un duelo cargado de significado.
Casi sin tiempo para asimilar ese primer impacto, la atención se trasladó a uno de los grandes escenarios del fútbol femenino español para vivir un partido que ya forma parte de la memoria colectiva de la competición. Atlético de Madrid y Real Sociedad se citaron en un duelo con aroma de Champions, de esos que justifican cualquier expectativa previa y que terminan superándola. El encuentro fue un intercambio constante de golpes, un ejercicio de valentía ofensiva y una oda al talento. Apenas habían transcurrido seis minutos cuando Intza aprovechó una pelota suelta dentro del área para adelantar a la Real Sociedad, encendiendo la mecha de un partido que no daría tregua. La respuesta del Atlético fue inmediata y espectacular, con un golazo de Jensen que devolvió la igualdad al marcador y reafirmó la vocación ofensiva de las rojiblancas. A partir de ahí, el choque se convirtió en un carrusel emocional. Luany aprovechó un error en la zaga txuri-urdin para culminar la remontada local, pero antes del descanso apareció la figura de Edna Imade para cambiarlo todo. La internacional española conectó primero un certero remate tras un gran centro de Emma Ramírez y, poco después, volvió a golpear con un potente testarazo tras un saque de esquina, dando la vuelta al marcador y dejando claro que la Real no había venido a especular. En la segunda mitad, Júlia Bartel se inventó un gol de bandera para igualar de nuevo el encuentro, demostrando la calidad individual que atesoran ambos equipos. El Atlético volvió a adelantarse con un tanto de Amaiur, mientras que Jensen, en una noche especialmente inspirada ante su exequipo, firmó el quinto gol colchonero. Pero la Real Sociedad no se rindió. Emma Ramírez recortó distancias y, cuando el partido parecía inclinarse definitivamente hacia el lado local, Edna Imade apareció una vez más para firmar el 5-5 definitivo, completando una actuación memorable que le valió el MVP del partido. Un empate que supo a victoria para el espectáculo y que confirmó el excelente momento de dos equipos llamados a pelear por todo.
La tarde continuó en Lezama con un duelo muy distinto en ritmo y resultado, pero igualmente intenso en su desarrollo. Athletic Club y FC Badalona Women protagonizaron un choque cerrado, táctico y de detalles, en el que cada ocasión fue un pequeño tesoro. Ane Campos tuvo la primera gran oportunidad del encuentro con un disparo potente que obligó a María Valenzuela a lucirse con una parada de enorme mérito. Las visitantes respondieron con una ocasión de Irina Uribe, demostrando que no habían viajado para encerrarse. Tras el descanso, el Athletic movió el banquillo con la entrada de Maite Valero, Naia Landaluze y Sara Ortega, buscando cambiar el ritmo del partido y encontrar más profundidad en ataque. Las bilbaínas dieron un paso adelante, acumulando llegadas, como el chut de Ane Elexpuru que se marchó por encima del larguero, pero el gol se resistía. La ocasión más clara fue para Lice Chamorro, MVP del partido, que sacó un disparo que parecía destinado a romper el empate, pero se encontró con la intervención providencial de Nanclares, que salvó con el pie cuando el balón ya se colaba. En los últimos minutos, el Athletic lo intentó con todo, incluso tuvo el gol en la cabeza de Ane Azkona, pero de nuevo María Valenzuela apareció para mantener el 0-0. Un reparto de puntos que dejó sensaciones encontradas y que reflejó la igualdad extrema de la competición.
Ya entrada la tarde, el Di Stéfano fue testigo de un triunfo sólido y trabajado del Real Madrid CF ante un Sevilla FC que llegaba en buena dinámica y con la intención de poner a prueba a uno de los aspirantes al título. El conjunto blanco tomó la iniciativa desde el inicio, aunque la primera ocasión clara fue para las visitantes, con un tanto de Fatou Kanteh que fue anulado por fuera de juego. La magia apareció en las botas de Caroline Weir, que firmó una actuación sobresaliente y decisiva. La escocesa se inventó una ruleta exquisita para filtrar un pase que dejó sola a Linda Caicedo, y la colombiana no perdonó, sacándose un zurdazo imparable para abrir el marcador. Apenas seis minutos después, Athenea aprovechó un error defensivo del Sevilla para asistir de nuevo a Weir, que definió con precisión desde dentro del área para colocar el 2-0. El Real Madrid pudo ampliar la ventaja antes del descanso, pero se encontró con una inspirada Esther Sullastres, que evitó un marcador más amplio. En la segunda parte, Isa Álvarez salvó un gol bajo palos y la guardameta sevillista volvió a ser protagonista al detener un penalti lanzado por Angeldahl, manteniendo a su equipo con vida hasta el final. Pese a ello, el triunfo se quedó en casa y confirmó el buen momento del conjunto merengue, con Caroline Weir como MVP indiscutible.
El sábado se cerró con una auténtica tormenta de goles en el Johan Cruyff, donde el FC Barcelona firmó una de esas actuaciones que quedan grabadas en la historia reciente de la Liga F. El Madrid CFF sufrió desde el inicio el vendaval blaugrana, que a los nueve minutos ya había abierto el marcador por medio de Ewa Pajor. La delantera polaca repitió pocos minutos después, demostrando su instinto goleador y su capacidad para aparecer en el lugar exacto. La MVP del encuentro fue Carla Julià, autora de un golazo espectacular que encendió aún más a la grada. Antes de la media hora, Sydney Schertenleib se sumó a la fiesta, y antes del descanso Ewa Pajor completó su hat-trick con un certero cabezazo. Esmee Brugts también encontró el premio del gol, mientras que Núria Mendoza, en propia puerta, anotó el séptimo tanto de un Barcelona absolutamente desatado. En la segunda mitad, Emilie Nautnes logró recortar diferencias para el conjunto madrileño, pero la reacción fue inmediata. Alexia Putellas, desde el punto de penalti, volvió a ampliar la ventaja, Ewa Pajor firmó su cuarto gol de la noche, Ainoa Gómez aprovechó sus minutos para sumarse al festival, Sydney Schertenleib completó su doblete y Claudia Pina cerró la goleada con un testarazo desde el primer palo para el definitivo 12-1. Un resultado contundente que cerró la primera vuelta para el Barça con una declaración de intenciones rotunda.
El domingo no bajó el pulso emocional. En Riazor, Deportivo Abanca y Costa Adeje Tenerife se repartieron los puntos en un duelo intenso y lleno de matices. Millene Cabral abrió el marcador a los doce minutos tras recibir un gran pase de Ainhoa Marín, desatando la alegría local. Las visitantes intentaron reaccionar, especialmente a través de Paulina Gramaglia, pero sin éxito. La mala noticia para el Deportivo llegó antes del descanso con la lesión de la propia Millene, un golpe duro para las gallegas. En la segunda mitad, Yerai Martín, que debutaba en el banquillo tinerfeño, movió ficha dando entrada a Koko, y la apuesta no pudo salir mejor. La costamarfileña tardó apenas un minuto en meter un centro perfecto al segundo palo que Clau Blanco controló y convirtió en el empate. La sevillana, MVP del encuentro, sostuvo a su equipo y estuvo cerca de culminar la remontada, pero Inês Pereira realizó una intervención milagrosa sobre la línea de gol para mantener el 1-1. Un empate que aleja al Deportivo del descenso y mantiene al Costa Adeje Tenerife en una meritoria quinta posición.
También al mediodía, en Las Gaunas, se vivió un duelo dramático por la permanencia entre DUX Logroño y Levante UD, un partido que tuvo de todo y que se decidió por detalles. El Levante golpeó pronto con un tanto de Raiderlin Carrasco, que remató un centro preciso de Érika González. El conjunto riojano no se vino abajo y buscó el empate con insistencia, con ocasiones de Dona Scannapieco y Sandra García, aunque sin fortuna. Antes del descanso, Ana Franco amplió la ventaja visitante, pero la reacción local fue inmediata y contundente. Catalina Ongaro aprovechó un rechace de Tarazona para recortar diferencias y, poco después, Mawete firmó el empate de cabeza, desatando la locura en la grada. En la segunda mitad, ambos equipos se lanzaron a por la victoria, conscientes de lo que había en juego, y fue el Levante el que terminó encontrando el premio. Tarazona se sacó un auténtico golazo para firmar el 2-3 definitivo y convertirse en la MVP del partido, dando tres puntos vitales a su equipo en la lucha por la salvación.
La jornada dominical se completó con el triunfo del Granada CF en el campo del RCD Espanyol, un partido marcado por la solidez defensiva y la eficacia andaluza. Browne tuvo la primera ocasión del encuentro para las locales, pero su remate se estrelló en el lateral de la red. Lauri Requena respondió con un cabezazo que atrapó Romane Salvador. La lesión de Júlia Guerra a la media hora fue un contratiempo para el Granada, que supo rehacerse tras el descanso. En la segunda mitad, Ariadna Mingueza se sacó un latigazo desde dentro del área para abrir el marcador, un gol que fue revisado por una posible falta pero que finalmente subió al electrónico. Chika Hirao sostuvo a su equipo con seguridad bajo palos y, ya en el tramo final, Vera Molina, recién ingresada al campo, puso el 0-2 definitivo para certificar la victoria. Ambos equipos quedaron igualados en la clasificación con 16 puntos, en una zona de la tabla donde cada resultado puede cambiarlo todo.
Así se cerró una jornada intensa, vibrante, llena de historias cruzadas, de protagonistas inesperadas y de otras que ya son habituales, de goles que levantaron al público de sus asientos y de paradas que valieron puntos. Una jornada que confirmó que la Liga F vive uno de sus momentos más apasionantes, con la clasificación apretada, con la lucha por Europa al rojo vivo y con la pelea por la permanencia cargada de dramatismo. Pero el fútbol no se detiene, y cuando aún resuenan los ecos de esta fecha, el calendario ya señala el próximo gran capítulo.
La emoción continúa, y lo hace con una jornada 17 adelantada por la celebración de la Supercopa de España Iberdrola, una semana que promete volver a sacudir los cimientos de la competición. El martes 13 de enero, a las 19:00 horas, Valdebebas acogerá un duelo de alto voltaje entre el Real Madrid y el Athletic Club, dos equipos con ambición, historia y una rivalidad creciente, un partido que puede marcar el rumbo de la zona alta de la tabla.
Apenas veinticuatro horas después, el miércoles 14 de enero de 2026, a partir de las 19:00 horas en el Johan Cruyff, el Fútbol Club Barcelona y el Atlético de Madrid volverán a verse las caras en uno de esos enfrentamientos que definen temporadas, un choque entre gigantes, entre estilos, entre dos proyectos que aspiran a todo.
El balón volverá a rodar, las gradas volverán a rugir y la Liga F volverá a demostrar que su grandeza no entiende de pausas. Porque esto no se detiene. Porque cada jornada es una promesa. Y porque la emoción, como el fútbol, siempre continúa.
⬛️ La Liga F Moeve, obligada a reescribir su propio calendario: la Supercopa de España Femenina 2026 irrumpe en enero y convierte la jornada 17 en el primer gran nudo competitivo del nuevo añoS
El fútbol femenino español entra en 2026 con el pulso acelerado, con el calendario al límite y con la sensación inequívoca de que el primer gran título del año no solo se juega sobre el césped, sino también en los despachos, en las parrillas televisivas y en la capacidad de adaptación de una competición que sigue creciendo a un ritmo vertiginoso.
La Liga F Moeve se ha visto obligada a reprogramar dos encuentros de la decimoséptima jornada del curso 2025-2026, la segunda de la segunda vuelta, como consecuencia directa de la celebración de la Supercopa de España Femenina Iberdrola, un torneo que vuelve a colocarse en el centro del ecosistema competitivo y mediático del fútbol femenino nacional.
La Supercopa, concebida como el escaparate del poderío deportivo de la élite, mide al campeón de la Liga Profesional de Fútbol Femenino y al campeón de la Copa de la Reina frente al segundo y tercer clasificado del campeonato liguero. En esta edición de 2026, los cuatro nombres propios que concentran el foco del fútbol femenino español son el Fútbol Club Barcelona, el Real Madrid, el Atlético de Madrid y el Athletic Club. Cuatro entidades históricas, cuatro escudos de enorme peso social y deportivo y cuatro proyectos que encarnan, cada uno a su manera, la evolución de la Primera División Femenina en los últimos años.
La Real Federación Española de Fútbol informó oficialmente el pasado 16 de diciembre de 2025 de que la siguiente edición de la Supercopa se celebraría en Castellón, concretamente en el Skyfi Castalia, después de que fracasara la idea impulsada por el ente federativo, presidido por Rafael Louzán, de exportar el torneo a Arabia Saudí, siguiendo el modelo instaurado en el fútbol masculino.
(Fuente: Liga F Moeve)
La decisión devolvió la competición al territorio nacional y reforzó el vínculo entre el torneo y la afición local, apostando por un escenario que concentrará durante varios días la atención del fútbol femenino español.
Del 20 al 24 de enero de 2026, Castellón se convertirá en capital del fútbol femenino. Allí se disputarán las semifinales y la gran final de un torneo que no solo pone en juego el primer título oficial del año, sino que también sirve como termómetro competitivo en un tramo clave de la temporada. Barcelona, Real Madrid, Atlético de Madrid y Athletic Club lucharán por levantar un trofeo que, más allá del metal, simboliza hegemonía, ambición y continuidad en la élite.
La historia de la Supercopa de España Femenina es, como la del propio fútbol femenino en España, una historia de avances, pausas, reinicios y consolidación. Entre 1997 y 2000 se disputaron cuatro ediciones del torneo bajo un formato clásico que enfrentaba al campeón de Liga y al campeón de la Copa de la Reina. San Vicente C. F. F. se alzó con la primera edición, C. A. Málaga conquistó la segunda, Eibartarrak F. T. logró la tercera y el Levante U. D., tras absorber al San Vicente, ganó la última. Aquellas ediciones, aunque fundamentales para entender los orígenes del torneo, arrastran todavía dudas sobre su oficialidad plena, un reflejo de la fragilidad institucional que durante años acompañó al fútbol femenino.
Tras un largo periodo sin disputarse, la Supercopa regresó en 2019, ya bajo un nuevo paradigma. El torneo adoptó el formato de ‘Final Four’, reuniendo a los dos equipos finalistas de la Copa de la Reina y a los dos primeros clasificados de la Primera División Femenina. En caso de coincidencia, el billete se otorgaba al mejor clasificado en Liga que no hubiera disputado la final copera. Las semifinales cruzan al campeón de Copa con el subcampeón de Liga y al campeón de Liga con el subcampeón de Copa, replicando el modelo del campeonato masculino y dotando al torneo de una lógica competitiva clara y reconocible.
Desde entonces, la Supercopa se ha convertido en territorio prácticamente exclusivo del Fútbol Club Barcelona, que domina el palmarés moderno y ha elevado el listón competitivo del torneo. El conjunto azulgrana es el máximo ganador de la Supercopa de España Femenina, con cinco títulos en su palmarés: 2020, 2022, 2023, 2024 y 2025. A distancia aparecen el Levante, con dos títulos heredados de la etapa de San Vicente, el Atlético de Madrid, campeón en 2021, y los históricos triunfos de C. A. Málaga y SD Eibar en los albores del torneo. La edición de 2026 se presenta, por tanto, como una nueva oportunidad para que el Barcelona prolongue su hegemonía o para que alguno de sus rivales rompa el guion establecido.
Los protagonistas de esta Supercopa 2026 llegan con credenciales bien definidas que auguran emociones de alto voltaje.
El Fútbol Club Barcelona comparece como campeón de la Liga F y de la Copa de la Reina, ejerciendo su doble condición de dominador absoluto del fútbol femenino español. El Real Madrid lo hace como subcampeón de la Liga F 2024-2025, consolidado ya como alternativa real y estable en la élite.
El Atlético de Madrid accede como subcampeón de la Copa de la Reina y tercer clasificado liguero, representando la resistencia histórica y competitiva de un club acostumbrado a los grandes escenarios. El Athletic Club, cuarto clasificado, completa el cartel con su identidad innegociable, su apuesta por el talento propio y su capacidad para competir en contextos de máxima exigencia.
Las semifinales ya tienen fecha y hora marcadas en rojo en el calendario. El martes 20 de enero se disputará el Real Madrid CF frente al Atlético de Madrid, un duelo cargado de rivalidad, memoria reciente y pulsos tácticos.
Un día después, el miércoles 21 de enero, el FC Barcelona se medirá al Athletic Club en una semifinal que enfrentará estilos, filosofías y tradiciones futbolísticas muy distintas. La gran final se celebrará el sábado 24 de enero a las 19:00 horas, con cobertura televisiva de RTVE, garantizando así una difusión en abierto que refuerza la visibilidad del torneo y del fútbol femenino.
Esta concentración de partidos de máximo nivel ha tenido un impacto directo en el desarrollo normal de la Liga F Moeve. La patronal se ha visto obligada a intervenir y a reprogramar dos encuentros de la jornada 17 para evitar solapamientos, sobrecargas y conflictos logísticos en un calendario ya de por sí exigente. La decisión no es menor: la jornada 17 marca el inicio real de la segunda vuelta y suele ser un punto de inflexión competitivo, donde se reajustan objetivos, se miden dinámicas y se empieza a definir la lucha por los puestos europeos y la permanencia.
Ante esta situación, la Liga F ha determinado adelantar el FC Barcelona vs Atlético de Madrid al miércoles 14 de enero de 2025, a las 19:00 horas, en el Johan Cruyff. Apenas 24 horas antes, el martes 13 de enero, se habrá disputado otro encuentro de enorme atractivo: el Real Madrid vs Athletic Club, también a las 19:00 horas, en el Alfredo Di Stéfano.
Dos partidos que, por sí solos, podrían encabezar cualquier jornada liguera y que ahora se convierten en el preludio inmediato de una Supercopa que monopolizará la atención mediática en la segunda quincena de enero.
La reprogramación no solo altera rutinas deportivas, sino también estrategias de comunicación y consumo audiovisual.
DAZN, titular de los derechos televisivos de la Liga F, ha informado a los medios de comunicación incluidos en su base de datos, entre ellos “El Partido de Manu”, de que ambos encuentros adelantados se emitirán en abierto y de manera gratuita a través de su aplicación. Los aficionados únicamente necesitarán registrarse con un correo electrónico para acceder al plan free, una decisión que refuerza la apuesta por la accesibilidad y la expansión de audiencias en un momento clave de la temporada.
El resto de la jornada 17, seis encuentros en total, se disputará durante el fin de semana del 25 y 26 de enero de 2026, una vez concluida la Supercopa. Entre ellos destaca el Real Sociedad de Fútbol vs Sociedad Deportiva Eibar, que contará con la cobertura de TEN TV, canal disponible en la TDT y habitual socio del fútbol femenino en abierto. La fragmentación de la jornada es el reflejo de una competición viva, sometida a tensiones externas, pero también capaz de adaptarse y de ofrecer producto competitivo prácticamente sin interrupción.
Enero de 2026 se presenta así como un mes bisagra, un periodo donde confluyen pasado, presente y futuro del fútbol femenino español. La Supercopa no es solo un torneo: es un escaparate, un laboratorio competitivo y un altavoz mediático. La Liga F Moeve, por su parte, demuestra que su crecimiento conlleva decisiones complejas y ajustes inevitables, pero también oportunidades para reforzar su narrativa, su alcance y su impacto social.
Castellón será testigo de la lucha por el primer título oficial del año, pero también del pulso entre modelos deportivos, de la consolidación de audiencias y del avance de un fútbol femenino que ya no se conforma con sobrevivir en los márgenes. La jornada 17, alterada y reescrita, pasará a la historia como el primer gran sacrificio de un calendario que ya piensa en grande.
Y mientras el balón empiece a rodar en el Johan Cruyff, en el Alfredo Di Stéfano y, días después, en el Skyfi Castalia, el mensaje será claro: el fútbol femenino español no se detiene, ni siquiera cuando el calendario se pone cuesta arriba. Porque cuando hay títulos en juego, historia por escribir y millones de miradas pendientes, el espectáculo siempre encuentra la forma de abrirse paso.
🟫 El Deportivo Abanca y el Costa Adeje Tenerife se repartieron los puntos (1-1) en el estadio de Riazor. Millene Cabral abrió el marcador a los doce minutos de juego, pero Clau Blanco, que fue la MVP del choque, igualó el duelo en la segunda mitad. Yerai Martín debutó en el banquillo del equipo tinerfeño.
Este domingo 11 de enero, a las 12:00 horas, la Liga F Moeve se detiene en A Coruña. No es un partido más. No puede serlo. Deportivo Abanca y Costa Adeje Tenerife se citan en el estadio de Riazor en un duelo que cierra la primera vuelta del campeonato, que marca simbólicamente el inicio real del nuevo año competitivo y que enfrenta a dos equipos con realidades diferentes, pero con una misma necesidad: confirmar quiénes son y hacia dónde quieren ir.
El fútbol femenino español entra en enero con la sensación de que todo está todavía abierto. La clasificación empieza a estirarse por arriba, pero no termina de romperse. Por abajo, cada punto vale oro. En medio, los partidos como este adquieren un peso específico enorme, porque no solo suman o restan en la tabla, sino que construyen estados de ánimo, discursos y futuros.
Riazor será el escenario. Un estadio histórico. Un estadio que, en el caso del Deportivo Abanca, se ha convertido en algo más que una casa: es un refugio, un lugar donde el equipo gallego se transforma, donde se siente fuerte, protegido, competitivo. No es una percepción, son datos. El conjunto coruñés ha conseguido el 92% de sus puntos como local, siendo el quinto mejor equipo de la categoría en casa. Una cifra que define su temporada y que explica por qué cada partido en A Coruña se vive como una oportunidad de oro.
Enfrente estará un Costa Adeje Tenerife que llega en uno de sus mejores momentos del curso, tanto en lo deportivo como en lo institucional, aunque con el vértigo propio de los cambios importantes. El equipo tinerfeño ha perdido solo uno de sus últimos ocho partidos, se ha clasificado para los cuartos de final de la Copa de la Reina y afronta este encuentro con un nuevo entrenador en el banquillo: Yerai Martín, que sustituye a Eder Maestre en un movimiento que ha sacudido el mercado invernal.
Y todo ello en un contexto clasificatorio muy concreto: el Tenerife tenía la opción de engancharse aún más a la lucha por la tercera posición liguera, especialmente después del espectacular 5-5 firmado en Alcalá de Henares por Atlético de Madrid y Real Sociedad, un empate que dejó puntos por el camino de dos rivales directos y que abrió una rendija de oportunidad para el conjunto canario.
“Queremos empezar bien el año. Es el último partido de la primera vuelta. Tenemos mucha confianza en todo el grupo”. Las palabras de Fran Alonso en la previa no son una frase hecha. Son una declaración de intenciones. El Deportivo Abanca sabe que este partido es una frontera simbólica. No define la temporada, pero sí la orienta.
Enero siempre ha sido un mes traicionero en el fútbol. Después del parón, las dinámicas se enfrían, los cuerpos tardan en arrancar, las cabezas aún están en modo vacaciones. Pero también es un mes de oportunidades, de reset, de nuevos comienzos. Y el Dépor quiere que este 2026 (o temporada en curso) empiece con un mensaje claro: en Riazor no se regala nada.
El estadio herculino se ha convertido en uno de los campos más complejos de la Liga F. No solo por el entorno, por la historia o por la presión ambiental, sino por cómo el equipo ha sabido adaptar su identidad a ese escenario. El Deportivo Abanca es un equipo que compite mejor cuando se siente arropado, cuando puede manejar los ritmos del partido, cuando no tiene que asumir riesgos excesivos lejos de casa.
Los números lo avalan: ese 92% de los puntos logrados como local no es casualidad. Es el resultado de una construcción consciente. Fran Alonso ha trabajado para que su equipo entienda Riazor como una extensión de su personalidad: intensidad medida, orden defensivo, aprovechamiento de los momentos y una conexión emocional con la grada que marca diferencias.
No es casualidad que sea el quinto mejor local de la Liga F. Por delante solo aparecen equipos con presupuestos, plantillas y estructuras muy superiores. El Deportivo ha hecho de su estadio una trinchera competitiva.
Deportivo Abanca llega a este partido con la sensación de estar cumpliendo con su hoja de ruta. No sin dificultades, no sin momentos de duda, pero con una coherencia reconocible. El equipo gallego no es exuberante, no presume de fútbol brillante ni de goleadas. Presume de solidez, de compromiso colectivo y de saber quién es.
Fran Alonso ha construido un equipo que entiende el contexto de la Liga F. Un equipo que sabe que cada punto cuenta, que cada error se paga caro y que la supervivencia pasa por minimizar riesgos. Esa filosofía se refleja en su comportamiento como local y visitante, pero especialmente en Riazor.
En casa, el Deportivo se siente con licencia para competir de tú a tú contra casi cualquiera. No porque sea superior, sino porque sabe cómo incomodar. Presiona mejor, ajusta líneas, reduce espacios y encuentra en la grada un impulso emocional que eleva el nivel individual de muchas futbolistas.
El vestuario llega convencido. No hay grandes alardes, pero sí una confianza tranquila. “Tenemos mucha confianza en todo el grupo”, insiste Fran Alonso. No es una confianza basada en rachas, sino en el trabajo diario. En saber que, incluso cuando no salen las cosas, el equipo responde.
Este partido, además, tiene un componente simbólico: es el último de la primera vuelta. Cerrar la primera mitad del campeonato con una victoria en casa sería un golpe anímico enorme. Significaría empezar el año con buen pie, reforzar la idea de fortaleza como local y mirar la segunda vuelta con una base sólida.
el Deportivo Abanca representa la estabilidad y la continuidad, el Costa Adeje Tenerife llega a Riazor como el ejemplo perfecto de equipo en transición… pero con resultados. El conjunto tinerfeño atraviesa un gran momento deportivo: solo una derrota en los últimos ocho partidos, clasificación para cuartos de final de Copa de la Reina y una posición liguera que invita a mirar hacia arriba.
Pero enero no ha sido un mes tranquilo en la isla. Todo lo contrario. El mercado invernal ha traído movimientos importantes, empezando por el banquillo. La salida de Eder Maestre, un técnico con una identidad muy marcada y con un recorrido largo en el club, supuso un punto de inflexión. Su sustituto, Yerai Martín, asume el reto en un contexto exigente.
“Es un paso importante para mí porque es un club grande del fútbol femenino”, afirmó el nuevo entrenador en su presentación. No es una frase menor. Reconoce la dimensión del Tenerife en el ecosistema del fútbol femenino español y la responsabilidad que conlleva sentarse en ese banquillo.
El partido de Riazor será su estreno oficial. No hay mejor ni peor escenario: debutar fuera de casa, en un estadio grande, ante un rival fuerte como local. Es una prueba de fuego inmediata, una oportunidad para empezar a construir su discurso desde el primer día.
Más allá del cambio de entrenador, el Costa Adeje Tenerife llega con una ambición renovada. La clasificación lo permite. Los resultados recientes lo avalan. Y el contexto de la jornada lo invita.
El empate 5-5 entre Atlético de Madrid y Real Sociedad en Alcalá de Henares fue un terremoto emocional en la zona alta de la tabla. Dos equipos llamados a pelear por Europa se dejaron puntos en un partido tan espectacular como caótico. Y ahí apareció el Tenerife, con la posibilidad real de engancharse aún más a la lucha por la tercera posición liguera.
Ese matiz cambia por completo la lectura del partido. No se trata solo de sumar, de mantener la racha o de adaptarse al nuevo entrenador. Se trata de aprovechar una oportunidad. De enviar un mensaje al resto de la liga: el Tenerife está ahí, quiere estar ahí y tiene argumentos para competir.
Ese contexto añade presión, pero también motivación. Las jugadoras son conscientes de lo que hay en juego. Un triunfo en Riazor no solo sería un gran resultado por el escenario, sino un paso adelante en términos de ambición competitiva.
El mercado de invierno ha sido especialmente movido para el Costa Adeje Tenerife. Además del cambio en el banquillo, el club ha vivido ajustes en la plantilla que redefinen su estructura.
Se han producido las salidas de Milagros Martín y Amani, dos futbolistas que formaban parte del núcleo del equipo. Dos perfiles diferentes, pero que dejan huecos que obligan a reajustar roles y responsabilidades dentro del vestuario.
En el capítulo de llegadas, destaca la incorporación de Violeta Quiles, lateral procedente de la Real Sociedad. Una jugadora con experiencia en contextos de alta exigencia, con recorrido por un club que ha competido en Europa y con un perfil que encaja en la idea de un Tenerife más ambicioso.
Su llegada no es casual. Responde a una necesidad táctica, pero también a una intención clara: reforzar el equipo para la segunda vuelta, dotarlo de más alternativas y elevar el nivel competitivo en posiciones clave.
Este Deportivo Abanca – Costa Adeje Tenerife es, en el fondo, un choque de inercias. El equipo gallego se apoya en su fortaleza como local, en la estructura, en el orden. El Tenerife llega impulsado por la dinámica positiva, por la ilusión del cambio y por la ambición clasificatoria.
Tácticamente, se intuye un partido muy medido. El Deportivo no va a regalar espacios. Sabe que el Tenerife tiene talento para castigar a campo abierto. Fran Alonso apostará por un bloque compacto, por cerrar líneas de pase y por explotar los momentos de transición.
El Tenerife, por su parte, deberá gestionar su ansiedad. No es fácil debutar como entrenador en este contexto. Yerai Martín tendrá que decidir cuánto arriesgar, cuánto mantener de la estructura anterior y cuánto introducir de su propia idea. El equilibrio será clave.
Más allá de los puntos, este partido define narrativas. Para el Deportivo, es la oportunidad de reafirmar que Riazor es un bastión, que el equipo compite, que está preparado para una segunda vuelta exigente. Para el Tenerife, es la ocasión de demostrar que el cambio no es una ruptura, sino una evolución; que el equipo puede aspirar a más.
El horario, el escenario, el contexto clasificatorio… todo invita a pensar en un partido con carga emocional. No será probablemente un duelo de ida y vuelta descontrolado. Será un partido de detalles, de momentos, de lecturas.
El encuentro se podrá seguir en DAZN y Movistar+, dos plataformas que siguen apostando por visibilizar la Liga F y que convierten partidos como este en escaparates nacionales. Riazor, con su imagen imponente, es un escenario perfecto para mostrar el crecimiento del fútbol femenino.
La retransmisión permitirá contextualizar el momento de ambos equipos, el debut de Yerai Martín, la fortaleza del Deportivo en casa y la lucha por las posiciones altas. Es un partido que, sin ser un clásico ni un derbi, condensa muchas de las claves de la temporada.
El domingo al mediodía, cuando el balón eche a rodar en Riazor, no solo empezará un partido. Empezará algo más grande: la segunda mitad emocional de la temporada. El Deportivo Abanca quiere empezar el año como terminó el anterior: compitiendo, creyendo, haciéndose fuerte en casa. El Costa Adeje Tenerife quiere confirmar que su gran momento no es casual, que el cambio de entrenador no frena la ambición y que la tercera posición no es una utopía.
Riazor dictará sentencia durante 90 minutos. Y la Liga F seguirá escribiendo su historia, jornada a jornada, partido a partido, con encuentros como este, donde nada es accesorio y todo importa.
(Fuente: Costa Adeje Tenerife Egatesa)
El duelo |
(Fuente: Costa Adeje Tenerife Egatesa)
😍 La Liga F vuelve 😍
🔜 NEXT GAME
🏆 Liga F Moeve | Temporada 2025-2026
✨ Jornada 15 | Día de partido ✨
🔥 Deportivo Abanca vs Costa Adeje Tenerife Egatesa 🔥
Desde el pitido inicial, Deportivo ABANCA demostró que quería dominar el juego en casa. Las locales presionaron con orden, movieron el balón hacia delante con claridad y consiguieron adelantarse pronto gracias a Millene en el minuto 12, que aprovechó una jugada trenzada para batir a la portera Nay Cáceres y así abrir la lata con el 1-0 que daba ventaja a las gallegas.
⚽️ GOOOOOOOOOOOOOL do #DéporABANCA! GO🔵⚪🔵OL de Millene!
Esa diana no solo levantó a la grada, sino que también reforzó la confianza de un Dépor que, tras el parón de mitad de temporada, arrancó el año con ganas de escalar posiciones y respirar más tranquilos en la tabla. El gol fue un guiño a esa ambición, aunque también marcó el momento en el que el partido cambió de ritmo.
Lejos de acusar el golpe, el Costa Adeje Tenerife Egatesa buscó una reacción inmediata y empezó a acumular llegadas al área rival. Gramaglia volvió a generar peligro con un cabezazo que se marchó por el lateral de la portería defendida por Inés Pereira.
Aleksandra puso un balón preciso para la delantera argentina, que no llegó a tiempo para rematar, y en el minuto 32, Natalia Ramos probó fortuna con un disparo que fue directo a las manos de la guardameta local.
En el tramo final de la primera mitad, el encuentro ganó en tensión. En el minuto 45, el técnico del Dépor Abanca solicitó la revisión de una acción en el FVS tras una falta de Patri Gavira, mostrando la tarjeta para pedir la revisión, aunque la colegiada indicó que no había nada punible y ordenó continuar el juego. El primer tiempo se cerró con tres minutos de añadido y ventaja mínima para el conjunto gallego al descanso.
Tras la reanudación, el equipo visitante quería reaccionar en el debut de Yerai Martín después de haber visto como el Atlético de Madrid y la Real Sociedad de Fútbol habían empatado (5-5) en Alcalá de Henares.
La segunda parte arrancó con protagonismo inmediato del conjunto local. En los primeros veinte segundos tras la reanudación, el Dépor Abanca volvió a generar una acción de peligro, poniendo a prueba a la defensa del Costa Adeje Tenerife Egatesa en el inicio del segundo tiempo.
En el minuto 59, el técnico Yerai Martín solicitó revisión en el FVS tras un agarrón sobre Patri Gavira, reclamando una acción que consideró punible. La colegiada estudió la jugada, pero no señaló nada, permitiendo que el juego continuara mientras el conjunto blanquiazul seguía buscando el empate. La defensa tinerfeña volvió a mostrarse sólida. Patri Gavira se destacó con una acción providencial, evitando el intento del segundo gol de las locales y manteniendo al Costa Adeje Tenerife Egatesa con vida en el partido.
El técnico Yerai Martín realizó el primer cambio en su equipo: entró Koko Ange en lugar de Paola H.D. (66’), buscando refrescar el ataque y aumentar la intensidad ofensiva en los minutos decisivos. La insistencia blanquiazul dio fruto en el minuto 67, cuando Clau Blanco logró igualar el partido amén del 1-1 en el minuto 67 con un gol que encendió la esperanza de las guerreras y despertó la reacción ofensiva del equipo.
Koko Ange activó el ataque blanquiazul, sus internadas con velocidad por banda creaban una y otra vez peligro, fruto de ello, un centro de Aleksandra Zaremba al área pequeña local, lo remataba a bocajarro Gramaglia pero Inés Pereira salvaba in extremis a su equipo. Mari José ingresó al campo en lugar de S. Ouzraoui y en el minuto 88, una falta peligrosa que lanzaba Natalia Ramos supuso el último intento tinerfeño por lograr dar la vuelta al marcador.
Para Deportivo ABANCA, sumar en casa siempre es valioso en la lucha por mantener la categoría y dar confianza al proyecto blanquiazul que actualmente navega en la decimotercera posición de la élite.
Tras un intenso primer partido de 2026, el Costa Adeje Tenerife Egatesa cierra la primera vuelta de competición con un nuevo punto, ya son 25 en total que le permiten estar instalado en la quinta plaza de la Liga F Moeve.
(Fuente: Costa Adeje Tenerife Egatesa)
A pesar de no haber podido sacar rédito del encuentro entre el Atlético y la Real Sociedad de Fútbol, el representativo canario no se rinde a y con la estadística de solo haber perdido un encuentro lejos de la isla, ante el F.C. Barcelona, promete dar que hablar.
El próximo domingo, primer encuentro de la segunda vuelta en casa ante el Athletic Club (12:00 horario peninsular).
(Fuente: Liga F Moeve)
📋 Ficha técnica |
Deportivo Abanca: Inés Pereira, Samara (Paula Novo 46´); Vera; Paula G. Olaya (Redru 73´); Espe Pizarro (Latorre 77´); Millene (Lucía Rivas 45´); Ainhoa M.; Raquel G; Elena (Marina Artero 77´); Lucía M.
Costa Adeje Tenerife Egatesa: Nay Cáceres, Cinta R., Paola H.D. (Koko Ange 66´), S. Ouzraoui (Mari José 80´); Aleksandra; S. Castelló; Ramos; Clau Blanco; Elba; Patri Gavira y Gramagia.
Árbitra: Ainara Andrea Acevedo, asistida en las bandas por Raquel Díaz y Elena Martínez. Amonestaron con amarilla a las locales: Espe Pizarro (16´); Samara (22´), Raquel G. (86´). Para las visitantes: Koko Ange (76´); Mari Jose (89’) con amarilla.
Incidencias: Decimoquinta jornada de Liga F Moeve, disputado en el Estadio Abanca Riazor sobre una superficie de hierba natural.
Goles |
1-0 Milene Cabral 11’ ⚽️ 1-1 Clau Blanco 67’ ⚽️
Vídeo |
⚪🔵 El duelo blanquiazul de la J15 terminó en empate
El domingo 11 de enero, cuando el reloj marque las 12:00 del mediodía y el invierno siga apretando en buena parte del país, el fútbol femenino volverá a convertirse en refugio, en relato y en pulso vital para dos equipos que caminan sobre la delgada línea que separa la tranquilidad de la inquietud, la estabilidad de la urgencia. El RCD Espanyol y el Granada CF se citan en un duelo que, más allá de los puntos, de la clasificación o de las estadísticas, habla de identidades en construcción, de procesos que buscan consolidarse y de la necesidad casi íntima de seguir creyendo. El partido, retransmitido por DAZN, será uno de esos encuentros que no siempre ocupan portadas ruidosas, pero que sostienen la columna vertebral de una competición, porque en ellos se dirime algo más profundo: quién logra asentarse, quién consigue tomar aire y quién empieza a mirar al futuro inmediato con un poco más de calma.
El Espanyol llega a esta jornada situado en la novena posición de la tabla con 16 puntos, una ubicación que, sin ser definitiva ni cómoda del todo, sí refleja un camino de trabajo sostenido, de crecimiento progresivo y de identidad reconocible. El equipo dirigido por Sara Monforte ha encontrado en esta temporada una mezcla de compromiso colectivo, solidez emocional y una idea clara de lo que quiere ser. No es casualidad que la entrenadora castellonense, en la antesala del encuentro, haya querido poner el foco en lo humano antes que en lo táctico. “Soy muy afortunada de venir a trabajar aquí. Es un grupo muy unido, de muy buenas personas. Me han reafirmado que el grupo y el equipo están por encima de las individualidades”, destacó en rueda de prensa. No es una frase lanzada al azar ni un recurso retórico. En el Espanyol actual, esa idea es una realidad palpable sobre el césped.
Porque el Espanyol de Sara Monforte es un equipo que compite desde el bloque, desde la solidaridad y desde la convicción de que cada esfuerzo cuenta. Incluso en un contexto complicado por las bajas de larga duración de Amaia Martínez y Laura Martínez, dos futbolistas importantes dentro de la estructura del equipo, el conjunto blanquiazul ha sabido reinventarse, reajustar roles y encontrar respuestas colectivas. No hay dramatismo en el discurso, sino aceptación del reto y confianza en las que están. Esa manera de afrontar la adversidad define mucho mejor a este Espanyol que cualquier dato frío.
El equipo catalán ha ido sumando puntos con paciencia, consciente de que su objetivo pasa por asentarse en la categoría, por construir una base sólida que le permita mirar a la zona media con ambición, pero también con realismo. Cada partido es un pequeño paso, cada empate una pieza que encaja en el puzle de la permanencia, cada victoria un recordatorio de que el trabajo bien hecho suele encontrar recompensa. Llegar a esta jornada con 16 puntos y en novena posición no es casualidad; es el resultado de una temporada en la que el Espanyol ha sabido competir incluso en contextos adversos, sostenerse cuando el viento soplaba en contra y aprovechar sus momentos con inteligencia.
Enfrente estará un Granada CF que llega con 13 puntos, apenas tres menos que su rival, pero con una sensación anímica distinta. Las diferencias en la clasificación son mínimas, pero el momento emocional pesa, y mucho.
El equipo dirigido por Irene Ferreras no gana desde el 1 de noviembre, una racha que empieza a convertirse en una losa, no tanto por lo que dice la tabla como por lo que supone en términos de confianza. El Granada necesita reencontrarse con el triunfo, volver a sentir la alegría de sumar de tres, romper una dinámica que amenaza con arrastrarlo hacia una pelea incómoda en la zona baja.
Sin embargo, reducir al Granada a una simple racha negativa sería injusto y simplista. El conjunto andaluz es un equipo con identidad, con una propuesta clara y con futbolistas que saben lo que es competir en la élite. Irene Ferreras ha construido un grupo que no renuncia a jugar, que intenta ser protagonista con balón y que, pese a los resultados recientes, sigue creyendo en su plan. El problema, como tantas veces ocurre en el fútbol, no siempre está en lo que se hace, sino en lo que no termina de llegar: el gol en el momento oportuno, la acción defensiva decisiva, ese pequeño detalle que cambia la historia de un partido.
Para el Granada, este encuentro representa una oportunidad y, al mismo tiempo, un desafío emocional.
Jugar a domicilio, ante un Espanyol que se siente cómodo en su estadio y que llega con una dinámica más estable, no es sencillo. Pero precisamente por eso el partido adquiere un valor especial. Ganar en un escenario así supondría un punto de inflexión, una inyección de confianza que podría marcar el inicio de una segunda vuelta distinta, más acorde al potencial real del equipo.
El historial entre ambos conjuntos añade una capa más de interés al duelo. Espanyol y Granada se han enfrentado en cuatro ocasiones en la máxima categoría, con un balance equilibrado: una victoria para el conjunto blanquiazul, dos empates y un triunfo para las andaluzas. La temporada pasada fue el reflejo perfecto de esa igualdad, con un encuentro ganado por cada equipo. No hay hegemonías claras, no hay antecedentes que inclinen la balanza de forma definitiva. Cada partido entre Espanyol y Granada ha sido una historia distinta, y el de este domingo promete no ser la excepción.
Ese equilibrio histórico habla de dos proyectos que, desde realidades distintas, han sabido competir de tú a tú. El Espanyol, con una tradición y una masa social importantes, busca consolidarse en la élite femenina con un modelo sostenible y reconocible. El Granada, por su parte, representa el crecimiento del fútbol femenino en Andalucía, la apuesta por un proyecto que quiere asentarse entre los mejores sin perder su identidad. Cuando ambos se encuentran, el resultado suele ser
Porque más allá del resultado, este Espanyol–Granada es un recordatorio de lo que hace grande a esta competición: la igualdad, la lucha constante y la sensación de que cada partido importa. Y cuando el último balón se detenga, cuando el marcador quede fijado y las jugadoras se retiren al vestuario, quedará la certeza de haber asistido a uno de esos encuentros que, sin hacer ruido, explican perfectamente qué es y hacia dónde camina el fútbol feme
El regreso de la Liga F Moeve tras el parón invernal tenía en este RCD Espanyol – Granada C.F. un escenario perfecto para recordar la intensidad, la pasión y la calidad del fútbol femenino español. Desde las primeras horas de la tarde, el estadio local comenzaba a llenarse de aficionados que regresaban con ansias de fútbol después de varias semanas sin competición. Los colores blanquiazules inundaban las gradas, los cánticos se mezclaban con la brisa invernal, y la emoción se palpaba en cada rincón: los rostros de jóvenes, veteranos, familias enteras y seguidores fieles reflejaban la expectación por volver a vivir la magia de la Liga F Moeve en vivo.
Antes de que el balón rodara, un instante cargado de respeto y solemnidad unió a todos los presentes: un emotivo minuto de silencio en memoria de Fernando Martín, entrenador del Valencia Femenino B, y sus tres hijos. Las jugadoras, alineadas en el centro del campo, con la cabeza inclinada y los ojos húmedos, mostraron respeto absoluto, mientras la grada guardaba un silencio profundo, interrumpido solo por suspiros, algún murmullo contenido y la sensación de que el fútbol trasciende lo meramente competitivo. Fue un momento de emoción genuina que dejó claro que, detrás de cada partido, hay historias humanas que nos conectan y nos recuerdan la importancia de cada día, cada encuentro y cada gesto de solidaridad.
El pitido inicial marcó el inicio de un partido que pronto se convirtió en un pulso táctico entre dos equipos muy bien preparados. Los primeros minutos fueron de tanteo: el Espanyol buscaba controlar la pelota, moverla con paciencia por el centro y las bandas, y encontrar espacios para generar peligro; mientras que el Granada esperaba su momento, observando cada movimiento, cada pase y cada intento de penetración para poder aprovechar cualquier error.
La primera acción clara del encuentro llegó por parte de Browne, quien, con decisión, conectó un remate potente que se estrelló contra el lateral de la red. El sonido del impacto, seguido de un suspiro de frustración entre los aficionados locales, marcó el inicio de un juego intenso. La réplica visitante no tardó: Lauri Requena, con un testarazo dentro del área, buscó sorprender a la portera local, Romane Salvador, pero esta se mantuvo firme, atrapando el balón sin dificultad y enviando un mensaje claro de que la portería del Granada no sería fácil de vulnerar.
El juego se intensificó y cada balón dividido generaba tensión. El Granada intentó aprovechar los balones parados, buscando desestabilizar la defensa del Espanyol, mientras Chika Hirao, la portera visitante, mostraba seguridad y reflejos que salvaban a su equipo en varias ocasiones. La grada local, consciente de la importancia de cada acción, animaba con más fuerza, mientras que los seguidores visitantes celebraban cada intervención de Hirao como un triunfo en sí mismo.
El Espanyol respondió con intentos de profundidad por la banda de Ona Baradad, quien buscaba conectar con las delanteras y generar espacios. La presión local era constante, con jugadoras que corrían incansablemente, ofrecían apoyo en cada pase y mostraban un compromiso total con el equipo. Sin embargo, la defensa del Granada se mantenía sólida, anticipando movimientos, cerrando líneas de pase y evitando que los remates locales encontraran portería.
Un momento de preocupación llegó alrededor de la hora de partido: Júlia Guerra sufrió una lesión que obligó a la entrenadora local a introducir a Paula Perea.
La reacción inmediata de la defensa fue clave: Perea se incorporó con concentración total, ocupando los espacios necesarios y manteniendo la estructura defensiva del Espanyol. Este cambio demostró la importancia de tener jugadoras preparadas y la capacidad de adaptación táctica de los equipos de la Liga F Moeve.
Mientras tanto, Cristina Baudet se mantuvo como un constante peligro para la portería visitante. Su primer intento, un centro-chut interceptado por la defensa, mostró su capacidad de generar peligro desde la media distancia. Poco después, un disparo directo que fue desviado por Chika Hirao terminó en saque de esquina, reflejando la intensidad de un partido en el que cada jugada podía cambiar el marcador.
El descanso llegó con un marcador de 0-0, pero con la sensación de que el segundo tiempo iba a ser decisivo.
Las jugadoras regresaron a la cancha con energías renovadas, conscientes de que cada acción contaba y de que la concentración absoluta sería la clave para definir el resultado. La entrada de Ainoa Campo por el Espanyol buscaba reforzar la medular, equilibrar el juego y ofrecer nuevas opciones de ataque, mientras que el Granada mantenía su estructura y buscaba un momento para sorprender.
El punto de inflexión llegó pasado el minuto 60: Ariadna Mingueza, con instinto asesino en el área, aprovechó un balón suelto y lanzó un disparo potente y colocado que terminó en gol. La revisión por una posible falta de Andrea Gómez sobre Laia Ballesté mantuvo a todos en vilo, pero finalmente el árbitro validó la acción para abrir la lata con el 0-1 que ponía en ventaja al equipo que hoy vestía de rosa.
La grada visitante estalló de alegría, mientras las jugadoras del Granada celebraban abrazadas, conscientes de la importancia de un gol que rompía la igualdad y otorgaba ventaja a su equipo.
El Espanyol intentó reaccionar de inmediato. La entrada de Judit Pablos tenía un objetivo claro: generar peligro en el área rival y forzar un empate que mantuviera las esperanzas del conjunto blanquiazul.
Sin embargo, Chika Hirao continuó mostrando su dominio bajo palos, interceptando disparos, atajando balones imposibles y demostrando por qué su actuación fue crucial para asegurar la ventaja mínima de su equipo. Cada parada suya era una lección de técnica y concentración, y cada despeje generaba confianza en sus compañeras para mantener la presión ofensiva sobre un Espanyol cada vez más desesperado por marcar.
El Espanyol tuvo otra oportunidad clara con Cristina Baudet, cuyo disparo desde el pico del área se estrelló en el larguero. La tensión se palpaba en el estadio: los aficionados locales contenían la respiración, conscientes de que un empate podía cambiar por completo el desarrollo del partido.
Cada movimiento, cada pase y cada intento ofensivo reflejaba la intensidad con la que las jugadoras locales afrontaban la vuelta de la Liga F Moeve, buscando no solo competir, sino también ofrecer espectáculo y mantener el orgullo en su estadio.
Finalmente, la entrada de Vera Molina resultó decisiva.Con determinación, encontró el hueco perfecto y marcó el 0-2 definitivo, sellando la victoria del Granada C.F. La celebración fue un estallido de emociones: abrazos entre jugadoras, gritos de júbilo y una sensación de alivio y orgullo que recorría todo el banquillo visitante por culpa de un 0-2 que resultó definitivo en el minuto 97 del alargue en la segunda mitad .
Cada acción de Molina reflejaba precisión, concentración y talento, cerrando un encuentro en el que el Granada supo mantener la ventaja, resistir los embates del Espanyol y aprovechar sus oportunidades con frialdad y eficacia.
El partido no solo ofreció goles y emociones; fue un ejemplo de la intensidad, la preparación y la calidad de la Liga F Moeve.
Cada intervención de las porteras, cada remate, cada pase y cada reacción reflejaban el compromiso de las jugadoras con su equipo y con la competición. La victoria del Granada, por 0-2, encapsuló la esencia del fútbol femenino: esfuerzo, talento, estrategia y emociones auténticas que conectan a jugadoras, técnicos y aficionados en un mismo latido.
El regreso de la Liga F Moeve tras el parón invernal no pudo haber sido más significativo: un partido marcado por respeto, emoción, tensión y goles decisivos, que recordó a todos por qué esta competición es cada vez más seguida, admirada y respetada. La victoria visitante no solo fue un triunfo en el marcador, sino también un reflejo de la preparación física y mental, de la disciplina táctica y del talento individual que caracteriza a las jugadoras de la Liga F.
Con esta victoria, que no es menor, el cuadro andaluz termina la primera vuelta con cierta tranquilidad al ubicarse duodécimo en la tabla clasificatoria gracias a sus 16 unidades.
El Espanyol cae ante las rojiblancas dada su excesiva pasividad en la línea defensiva y a pesar de que es un equipo muy inestable sabe que todavía está a tiempo de reaccionar al ser undécimo, lejos del descenso, y ya prepara a conciencia la visita que rendirá al Centro Deportivo Alcalá de Henares para medirse si Atlético de Madrid el próximo fin de semana.
(Fuente: Liga F Moeve)
📋 Ficha técnica |
RCD Espanyol Fem: Romane Salvador; Lucía Vallejo, Júlia Guerra (Paula Perea, 32′), Laia Ballesté, Ari Doménech; Cristina Baudet, Ana Torrodà, Mar Torras (Ainoa Campo, 46′), Ona Baradad (Judit Pablos, 70′); Phoenetia Browne (Ángeles del Álamo, 59′), Paula Arana (Naima García, 59′)
Granada CF Fem: Chika Hirao; Cristina Postigo, Juliana, Alba Pérez, Manoly Baquerizo; Ariadna Mingueza (Miku, 83′), Leles, Lauri Requena, Blanca Muñoz; Linnéa Laupstad (Ameyaa, 62′), Laura Pérez (Gómez, 62′)
Árbitra: Ainara Andrea Acevedo Dudley (Colegio catalán)
Tarjetas amarillas: Mar Torras (37′) Success (84′)
Tarjetas rojas: No hubo.
Incidencias: Partido correspondiente a la jornada número quince de la Liga F Moeve 2025-2026 que han disputado el Espanyol y el Granada en la Ciudad Deportiva Dani Jarque sobre una superficie de hierba natural.
Goles |
0-1 Ari Mingueza 63’ ⚽️ 0-2 Vera Molina 93’ ⚽️
Vídeo |
✈️ El Granada CF consigue su tercera victoria a domicilio esta temporada
No es un partido más. No puede serlo. No lo será. Porque cuando el balón eche a rodar en Logroño, no solo se enfrentarán el DUX Logroño y el Levante UD. Se enfrentarán dos estados de ánimo, dos urgencias, dos silencios acumulados durante meses y una misma necesidad compartida: ganar por primera vez. Ganar para respirar. Ganar para creer. Ganar para no desaparecer demasiado pronto de una temporada que, para ambas entidades, se ha convertido ya en una carrera de fondo con el corazón acelerado desde el primer kilómetro.
La Liga F Moeve alcanza uno de esos puntos de inflexión que no siempre se reflejan en la clasificación, pero que determinan el destino de los equipos. Este DUX Logroño – Levante UD es uno de ellos. Un partido que, aunque se dispute en enero, se vive como si fuera mayo. Un duelo que huele a final anticipada, a choque directo por la supervivencia, a esos encuentros que nadie quiere jugar… pero que todos recuerdan cuando la historia termina.
Porque los números son tan fríos como contundentes: son los dos únicos equipos que aún no conocen la victoria en lo que va de campeonato. Porque la clasificación no miente: 15ª posición para el DUX Logroño con 6 puntos, 16ª para el Levante UD con solo 2. Porque el margen de error es mínimo. Porque perder no solo es dejar de sumar, es ceder terreno anímico, confianza y tiempo. Y porque empatar, aunque alivie, sabe a poco cuando el calendario no espera.
Las Gaunas será escenario de una mañana de fútbol cargada de tensión. Un estadio que conoce el sufrimiento, que ha vivido ascensos soñados y descensos dolorosos, y que ahora vuelve a ser refugio y trinchera.
El DUX Logroño sabe que su salvación pasa por hacerse fuerte en casa, por convertir su estadio en un lugar incómodo, en una frontera que no se cruce sin pagar peaje. El Levante UD, por su parte, llega con la urgencia de quien necesita romper una dinámica antes de que se convierta en condena.
La Liga F Moeve 2024-2025 ha demostrado, una vez más, que la igualdad en la zona baja es tan feroz como imprevisible. Cada punto vale oro. Cada gol es una moneda de cambio. Cada jornada sin ganar pesa el doble. En ese escenario, DUX Logroño y Levante UD han ido acumulando frustraciones, pequeños golpes, partidos que se escaparon por detalles, por errores, por falta de acierto… o simplemente por no haber sabido cerrar los momentos clave.
El DUX Logroño ha convivido durante meses con la sensación de estar siempre cerca, pero nunca lo suficientemente lejos del peligro. Ha sumado empates que supieron a alivio momentáneo, pero que no terminaron de cambiar la narrativa. Seis puntos que mantienen viva la esperanza, sí, pero que no permiten despistes. Cada jornada sin victoria es una oportunidad perdida para dar un golpe encima de la mesa.
El Levante UD vive una situación todavía más extrema. Dos puntos en el casillero, una mochila cada vez más pesada y una racha que ha encendido todas las alarmas. Cuatro derrotas consecutivas, y lo que es aún más preocupante: sin marcar un solo gol en esos encuentros. El silencio ofensivo se ha convertido en una losa. Un equipo histórico del fútbol femenino español, acostumbrado a competir, a luchar por objetivos ambiciosos, se encuentra ahora mirando hacia abajo, buscando respuestas en medio de la tormenta.
mercado de invierno ha sido, para el conjunto riojano, algo más que una ventana de fichajes. Ha sido una declaración de intenciones. Una sacudida al vestuario. Un mensaje claro: aquí no se baja los brazos.
La salida de Natalia Cebolla marcó el inicio de una etapa nueva. Una decisión difícil, cargada de simbolismo, que evidenció que el club estaba dispuesto a tomar decisiones valientes para cambiar el rumbo. Y a partir de ahí, llegó la revolución.
Cuatro incorporaciones que no solo refuerzan la plantilla, sino que amplían el horizonte competitivo del equipo. Milagros Martín, Margarita Giménez y Catalina Ongaro, tres futbolistas argentinas que aportan carácter, intensidad y una cultura futbolística donde competir es una forma de vida. Y Dona Scannapiedo, delantera francesa, llamada a ser una referencia ofensiva en un equipo que necesita goles como el aire que respira.
Todas ellas podrían debutar o, al menos, entrar en la convocatoria de Héctor Blanco, un técnico que ha asumido el reto de reconstruir al equipo en pleno vuelo. Blanco sabe que este partido no es solo una oportunidad para sumar tres puntos. Es el momento de integrar a las nuevas piezas, de enviar un mensaje al grupo, de demostrar que el DUX Logroño está vivo, que tiene argumentos y que no se resigna a su posición.
La afición lo sabe. El vestuario lo siente. Las Gaunas será un hervidero de nervios, ilusión y expectativa. Porque una victoria no solo permitiría al DUX Logroño distanciarse del último puesto, sino también iniciar una nueva narrativa: la del equipo que reaccionó a tiempo.
Hablar del Levante UD femenino es hablar de una de las entidades más representativas del fútbol femenino español. Un club acostumbrado a pelear por Europa, a levantar títulos, a ser referente. Por eso, ver al equipo en la última posición, sin victorias y con apenas dos puntos, resulta tan impactante como doloroso para su entorno.
La dinámica negativa ha golpeado la confianza del grupo. Cuatro derrotas consecutivas que han ido erosionando la moral, y una sequía goleadora que se ha convertido en obsesión. Porque cuando el gol no llega, todo pesa más: los errores defensivos, las decisiones arbitrales, las ocasiones falladas, los minutos que pasan sin premio.
Pero el Levante UD no es un equipo rendido. Viaja a Logroño con la determinación de quien sabe que este partido puede marcar un antes y un después. Ganar en Las Gaunas supondría mucho más que tres puntos: sería romper la racha, recuperar autoestima y engancharse de lleno a la pelea por la salvación.
El vestuario granota sabe que no hay excusas. Que el margen se estrecha. Que el tiempo corre. Y que, en partidos como este, no importa el pasado ni el escudo, sino el presente y la capacidad de competir noventa minutos al límite.
allá de lo táctico, este DUX Logroño – Levante UD es un duelo profundamente psicológico. La gestión de los nervios, la presión del resultado, el miedo a perder y la ansiedad por ganar jugarán un papel determinante.
El primer gol, si llega, puede cambiarlo todo. Puede liberar a quien lo marque y hundir al rival… o generar todavía más tensión. Cada duelo, cada balón dividido, cada decisión arbitral será vivida con el corazón en la boca. No habrá tiempo para especular. No habrá margen para errores groseros.
Héctor Blanco deberá encontrar el equilibrio entre la prudencia y la ambición. Integrar caras nuevas sin romper la estructura. Dar confianza sin perder solidez. El Levante, por su parte, necesitará paciencia, pero también colmillo. Saber sufrir, pero también atreverse.
El escenario no es menor. Las Gaunas es un estadio que empuja, que aprieta, que entiende de batallas difíciles. La afición del DUX Logroño sabe lo que está en juego y responderá. Porque en partidos así, el público también juega.
DAZN llevará este duelo a todos los hogares, mostrando una realidad de la Liga F que va más allá de los focos habituales. La lucha por la permanencia, el fútbol de supervivencia, la épica de quienes pelean desde abajo también construyen la grandeza de una competitiva.
Cuando el árbitro pite el inicio, se acabará el análisis. Se acabarán las cuentas. Se acabará el pasado reciente. Quedarán solo once contra once, un balón y una verdad incómoda: alguien saldrá reforzado y alguien quedará aún más tocado.
Para el DUX Logroño, ganar significaría confirmar que el cambio era necesario y acertado. Para el Levante UD, supondría volver a creer. Para ambos, perder sería un golpe durísimo. Para la Liga F Moeve, este partido es un recordatorio de que la emoción no solo vive en la parte alta de la tabla.
Porque hay encuentros que no deciden títulos, pero definen destinos. Y este, en Las Gaunas, es uno de ellos.
(Fuente: Liga F Moeve)
🏆 Liga F Moeve | Temporada 2025-2026
🔜 NEXT GAME
✨ Duelo por la permanencia ✨
🔥 DUX Logroño 🆚 Levante Unión Deportiva🔥
🗓️ Domingo, 11 de enero de 2026
⏰ 12:00 horario peninsular
📺 DAZN
🏟️ Estadio Municipal de Las Gaunas
(Fuente: Liga F Moeve)
El duelo al detalle |
(Fuente: Liga F Moeve)
Los onces |
Miralles
Colomina
Marta Masferrer
Cata
Scannapieto
Isina
Mila Martín
Falfan
Mawete
Sandra
Rebecca
XI confirmado. Estas son las jugadoras que defenderán hoy nuestros colores frente al Levante UD. pic.twitter.com/ryLzMB2xE0
El balón empezó a rodar en Las Gaunas con el peso de toda una temporada concentrado en cada pase, en cada carrera, en cada gesto de ansiedad apenas disimulada. El DUX Logroño y el Levante Unión Deportiva llegaban al mediodía riojano agarrados a la misma urgencia, a la misma necesidad de romper una palabra que se había vuelto incómoda, casi prohibida: victoria.
Ninguno de los dos la conocía aún en la Liga F Moeve y el choque se presentaba como una frontera emocional, como ese tipo de partido que no solo suma o resta puntos, sino que redefine estados de ánimo, discursos internos y miradas al calendario. El césped de Las Gaunas, todavía frío por la mañana de enero, iba a ser testigo de una batalla sin red.
El DUX Logroño saltó al campo con un once que era, en sí mismo, una declaración de intenciones. Héctor Blanco apostó desde el inicio por tres de los rostros nuevos del mercado invernal: Catalina Ongaro, Dona Scannapieco y Milagros Martín. Tres futbolistas llamadas a cambiar el pulso ofensivo de un equipo que necesitaba energía, fe y determinación.
Frente a ellas, un Levante UD herido, pero no resignado, consciente de que cada jornada sin ganar estrechaba un poco más el margen de maniobra. Antes de que el fútbol tomara la palabra, el estadio guardó un respetuoso minuto de silencio en memoria de Fernando Martín y sus tres hijos, y de Delia Bullido, exjefa de prensa del conjunto granota. Fue un instante de recogimiento absoluto, de esos que recuerdan que el deporte también se detiene para honrar la vida y la memoria, y que dejó un poso de solemnidad que acompañó al partido desde el primer segundo.
Cuando el balón se puso en juego, fue el Levante UD quien pareció entender antes la dimensión del momento. Las visitantes salieron con un punto más de agresividad, adelantaron líneas y comenzaron a mover la pelota con intención, buscando los espacios a la espalda de la defensa riojana. El DUX Logroño trataba de asentarse, de no precipitarse, pero el Levante olió pronto la inseguridad inicial y decidió morder.
Apenas habían transcurrido siete minutos cuando llegó el primer golpe del partido, un golpe que silenció momentáneamente Las Gaunas y recordó a las locales lo cruel que puede ser el fútbol cuando no se está atento desde el inicio.
Érika González recibió el balón en una zona intermedia del ataque levantinista, levantó la cabeza y vio el desmarque de Raiderlin Carrasco. El envío fue preciso, medido, de esos que no necesitan fuerza sino intención. La pelota viajó al interior del área y Carrasco, con la frialdad de quien sabe que no habrá muchas oportunidades, armó un zurdazo seco, raso, que sorprendió a la defensa riojana y se coló lejos del alcance de Miralles en el minuto 7 de juego.
El 0-1 subió al marcador como un mazazo temprano, como una confirmación de que el Levante había venido a jugarse algo más que el orgullo.
El gol no calmó a las visitantes, al contrario, las reafirmó. Durante varios minutos siguieron dominando el ritmo del partido, encontrando espacios y generando la sensación de que el segundo tanto podía llegar en cualquier momento.
De hecho, Érika González estuvo muy cerca de firmarlo. La asturiana, omnipresente desde el inicio, se desmarcó con inteligencia y conectó un remate que se perdió por muy poco junto al palo, arrancando un suspiro colectivo en la grada.
El DUX Logroño sufría, trataba de recomponerse, de no perder la cabeza, mientras el Levante mostraba una versión sólida, segura, consciente de que estaba ante una oportunidad inmejorable para romper su mala racha.
Poco a poco, sin embargo, el conjunto riojano fue encontrando oxígeno. No fue un dominio claro ni inmediato, pero sí una progresiva sensación de que el partido podía equilibrarse si lograban sobrevivir al primer vendaval. Dona Scannapieco fue una de las primeras en rebelarse contra el guion.
La delantera francesa recibió de espaldas, se giró y probó fortuna con un disparo que se marchó alto, pero que sirvió para enviar un mensaje: el DUX Logroño también estaba en el partido.
Ese intento fue el inicio de una fase en la que las locales comenzaron a creer un poco más, a adelantar metros y a mirar con más frecuencia la portería de Andrea Tarazona.
Antes del descanso, el DUX Logroño vivió sus mejores minutos del primer tiempo. Mawete, siempre peligrosa en el juego aéreo, estuvo a punto de firmar el empate tras un cabezazo que parecía destinado a la red, pero la zaga levantinista logró despejar el balón prácticamente bajo la misma línea de gol, en una acción que pudo cambiar el signo del encuentro. Poco después, Sandra García se animó con un disparo tras un envío de falta lateral.
El chut llevaba intención, pero Tarazona se mostró segura y blocó el balón sin demasiados apuros, transmitiendo tranquilidad a su defensa.
Cuando parecía que el descanso iba a llegar con la mínima ventaja visitante, el Levante UD volvió a golpear.
Bascu encontró un espacio entre líneas y filtró un balón preciso para Ana Franco, que apareció desde segunda línea para ampliar la ventaja de las de Orriols en el 49.
El 0-2 fue un jarro de agua fría para Las Gaunas, una sensación de déjà vu para un DUX Logroño que había vivido demasiadas veces esta temporada el castigo justo cuando empezaba a reaccionar. Pero si algo definió a este partido fue su capacidad para romper inercias, para desafiar lógicas aparentemente establecidas.
Lejos de rendirse, el conjunto riojano encontró en el golpe una razón para reaccionar. Catalina Ongaro, una de las caras nuevas, fue el símbolo de esa fe inquebrantable.
La argentina no dio un balón por perdido, fue a por una pelota que parecía morir en el área y, con determinación y picardía, logró recortar distancias antes del descanso amén del 1-2 en el minuto 51 del alargue.
Su gol no solo devolvió al DUX Logroño al partido, sino que encendió la grada, despertó al equipo y cambió por completo el clima emocional del encuentro.
Y cuando todavía resonaba el eco de ese tanto, llegó el momento que nadie esperaba tan pronto. Milagros Martín desbordó por la izquierda, levantó la cabeza y puso un envío medido al corazón del área.
Allí apareció Mawete, que no perdonó. Su remate fue certero, contundente, imposible para Tarazona y logró la remontada en el 56 de un duelo muy disputado e intenso.
El 2-2 al término del primer tiempo fue una explosión colectiva, una liberación. En cuestión de minutos, el DUX Logroño había pasado del abatimiento a la euforia, del 0-2 al empate, demostrando que, al menos en espíritu, estaba muy lejos de ser un equipo rendido.
El descanso llegó con las espadas en todo lo alto y con la sensación de que cualquier cosa podía pasar. La segunda parte comenzó con un ritmo algo más contenido, fruto quizá del desgaste emocional de los primeros cuarenta y cinco minutos.
Ana Franco fue la primera en avisar tras la reanudación con un cabezazo desde dentro del área que Miralles atrapó con mucha seguridad, en una acción que recordó que el Levante seguía teniendo argumentos para hacer daño.
El partido entró entonces en una fase de alternativas, de intentos, de pequeñas batallas en cada metro del campo. El DUX Logroño movió el banquillo buscando energía y soluciones. Margarita Giménez debutó con la camiseta riojana, sumándose a una mañana cargada de estrenos, y Mia Asenjo aportó frescura en ataque.
Precisamente Asenjo tuvo una buena ocasión con un disparo que se marchó por encima de la portería de Tarazona, en uno de esos remates que nacen de la fe y del deseo de ser protagonista.
La tensión era palpable. Cada falta se protestaba, cada córner se defendía como si fuera el último. Rebeca llegó incluso a celebrar un gol que habría desatado la locura en Las Gaunas, pero la acción fue invalidada por posición de fuera de juego, devolviendo el partido a ese delicado equilibrio que amenazaba con romperse en cualquier momento.
Ambos equipos lo intentaban, conscientes de que un empate sabía a poco, pero también de que un error podía ser definitivo.
Y el error, o más bien el acierto, llegó cuando el reloj empezaba a apretar. A falta de cuatro minutos para el final, el Levante UD encontró el camino al gol definitivo. Raiderlin Carrasco volvió a ser protagonista, esta vez como asistente, encontrando a Érika González en una posición franca para instalar el 2-3 definitivo en el luminoso sobre el 86 de la contienda .
La asturiana, que había sido un martillo constante durante todo el partido, controló, armó la pierna derecha y sacó un disparo ajustado al primer palo. Miralles se estiró, pero el balón iba demasiado colocado. El 2-3 fue un golpe seco, definitivo, de esos que dejan sin aire.
El silencio se apoderó de Las Gaunas durante unos segundos eternos.
El DUX Logroño lo intentó en los minutos finales, empujado más por el corazón que por la claridad, pero el Levante supo resistir, cerrar espacios y proteger una ventaja que valía oro. Cuando el árbitro señaló el final, las visitantes celebraron una victoria largamente esperada, la primera de la temporada, un triunfo que les permite apretar la lucha por la permanencia y recuperar la fe.
Para el DUX Logroño, la derrota fue cruel, especialmente por la forma en la que se produjo y por el esfuerzo realizado para remontar un 0-2 adverso.
Pero también dejó señales de vida, destellos de un equipo que no se rinde, que compite y que, con las nuevas incorporaciones, empieza a construir una identidad más combativa.
El fútbol, caprichoso y despiadado, dictó sentencia en una mañana de emociones desbordadas. El Levante UD se marchó de Logroño con los tres puntos y con la sensación de haber encontrado, al fin, un punto de apoyo en mitad del abismo.
El DUX Logroño se quedó con las manos vacías, pero con la certeza de que, mientras exista esa capacidad de levantarse, la historia aún no está escrita.
El antiguo EDF Logroño es penúltimo, decimoquinto con solo 6 puntos en su casillero particular de 45 unidades posibles hasta la fecha.
Porque hay partidos que se pierden en el marcador, pero que siembran algo más profundo.
Y hay victorias, como esta del Levante en Las Gaunas, que no solo suman, sino que devuelven la vida a las de Orriols que sonríen por primera vez este curso y sueñan con la salvación que ahora se encuentra a tan solo a cuatro guarismos de la salvación que marca el Alhama ElPozo al término de la primera vuelta con nueve puntos.
(Fuente: Liga F Moeve)
📋 Ficha técnica |
DUX Logroño: M. Miralles, M. Masferrer, Rebeca, Milagros Martín (Iria Castro, 79’), Andrea Colomina (Margarita Giménez, 57’), Sandra Perera (Paula Partido, 87’), D. Falfán, Catalina Ongaro (Justina Morcillo, 80’), Isina (C), F. Musolo Mawete, D. Scannapieco (Mía Asenjo, 57’). Levante UD: Andrea Tarazona, Teresa Mérida, Eva Alonso, María Gabaldón (E. Le Guilly, 71’), Alharilla (C), Dolores Silva, Carolina Marín, Ainhoa Bascuñán (Zipporah Agama, 80’), Raiderlin Carrasco, Érika González, Ana Franco.
Amonestaciones: Érika González (min. 77), Carolina Marín (min. 90) Ana Franco (min. 95), Levante UD; Sandra Perera (min. 77), DUX Logroño con tarjeta amarilla.
Incidencias: Partido correspondiente a la decimoquinta jornada de la Liga Profesional de Fútbol Femenino (Liga F Moeve) que han disputado el DUX Logroño y el Levante Unión Deportiva en el Estadio Municipal de Las Gaunas sobre una superficie se hierba natural.
🟧 El reparto de los ingresos por derechos de televisión de la temporada 2024/25 vuelve a poner cifras a una realidad ya conocida: la Liga F avanza en visibilidad y estabilidad, pero todavía se encuentra lejos de convertir su impacto deportivo y social en un verdadero motor económico. Más allá del FC Barcelona y el Real Madrid, la igualdad es la nota dominante en el fútbol femenino profesional español.
Los ingresos procedentes de los derechos audiovisuales se han convertido en uno de los principales indicadores para medir el grado de desarrollo de una competición profesional. En el caso de la Liga F, los datos correspondientes a la temporada 2024/25 ofrecen una imagen clara del punto en el que se encuentra el fútbol femenino español: crecimiento sostenido, mayor presencia mediática y una estructura aún en proceso de consolidación.
El reparto alcanza a los 16 clubes que conforman la categoría y presenta una característica fundamental: la escasa diferencia económica entre la mayoría de los equipos, un rasgo que distingue a la Liga F respecto a otras grandes ligas europeas.
En lo más alto del ranking aparece el FC Barcelona, que lidera los ingresos por derechos de televisión con 509.000 euros. La entidad azulgrana, referente indiscutible del fútbol femenino a nivel internacional, capitaliza su éxito deportivo, su proyección global y su presencia habitual en las grandes citas europeas.
En segunda posición se sitúa el Real Madrid, con 433.000 euros, consolidado ya como uno de los polos de atracción mediática de la competición. A pesar de su corta trayectoria en el fútbol femenino, el club blanco se ha convertido en uno de los principales activos audiovisuales de la Liga F.
Completa el podio el Atlético de Madrid, con 342.000 euros, una cifra que refleja su condición de club históricamente asentado en la élite, aunque todavía a cierta distancia de los dos grandes referentes mediáticos del campeonato.
A partir del cuarto puesto, la clasificación de ingresos muestra una notable compresión. Levante UD (317.000 €), Real Sociedad (309.000 €), Athletic Club (289.000 €), CD Tenerife (282.000 €) y Madrid CFF (282.000 €) forman un bloque en el que las diferencias son mínimas.
En este tramo de la tabla se concentran proyectos consolidados, con estabilidad deportiva y presencia continuada en la máxima categoría, pero sin una traducción económica diferencial en el reparto televisivo. La igualdad es tal que la distancia entre el cuarto y el octavo clasificado apenas supera los 35.000 euros.
Destaca especialmente el caso del Madrid CFF, que, sin el respaldo de una gran estructura masculina, logra situarse al nivel de clubes con mayor tradición, confirmando la importancia del rendimiento deportivo y la continuidad en la élite
Del noveno al duodécimo puesto aparecen clubes con un fuerte arraigo en el fútbol español: Sevilla FC (273.000 €), SD Eibar (263.000 €), Valencia CF (258.000 €) y Real Betis (257.000 €).
Las cifras reflejan una realidad cada vez más habitual en la Liga F: el peso histórico del escudo no garantiza, por sí solo, un mayor retorno audiovisual en el fútbol femenino. El producto sigue construyendo su propio camino, con dinámicas y audiencias propias.
Cierran la tabla Badalona Women y RCD Espanyol (249.000 €), Granada CF (243.000 €) y RC Deportivo (232.000 €). Aun así, la distancia entre el último clasificado y la zona media es reducida.
De hecho, entre el cuarto y el decimosexto puesto apenas hay 85.000 euros de diferencia, un dato especialmente significativo que confirma que los derechos de televisión, a día de hoy, no generan grandes desigualdades económicas en la competición.
El análisis conjunto deja una conclusión clara:
la Liga F ha logrado estabilizar su reparto audiovisual, pero los derechos de televisión todavía no actúan como un factor decisivo de crecimiento para la mayoría de los clubes.
La igualdad económica favorece la competitividad deportiva, pero también pone de relieve uno de los grandes retos pendientes del fútbol femenino profesional en España: transformar la visibilidad en ingresos estructurales suficientes para consolidar proyectos a largo plazo
La Liga F continúa dando pasos en su proceso de profesionalización. La presencia en televisión es mayor, la calidad deportiva sigue creciendo y el interés social se mantiene en ascenso. El siguiente objetivo pasa por fortalecer el valor del producto audiovisual y dotar a los clubes de una base económica más sólida.
Los datos de la temporada 2024/25 no solo describen una realidad presente, sino que marcan el camino de futuro: convertir la exposición en sostenibilidad y el seguimiento en impulso económico, para que el crecimiento del fútbol femenino español sea tan firme fuera del campo como ya lo es sobre el césped.
La era en la que Edna Imade iluminaba cada fin de semana los estadios de la Liga Profesional de Fútbol Femenino ha llegado a su punto final.
No es una despedida cualquiera, ni una simple transferencia más en el mercado internacional: es el cierre de un ciclo que marcó una época reciente del fútbol femenino español, el adiós de una futbolista que transformó el ruido en goles, el miedo en determinación y la supervivencia en ambición. A los 25 años, nacida el 5 de octubre del año 2000, la ariete que aprendió a correr antes incluso de tener un hogar estable deja atrás la competición que la consagró como una de las delanteras más determinantes del panorama nacional, tras un recorrido vital y deportivo que desafía cualquier relato convencional.
Edna Imade no se marcha por la puerta de atrás ni envuelta en el silencio. Se va tras haber sido protagonista, tras haber dejado cifras, recuerdos, tardes imposibles y una huella emocional profunda en una liga que todavía está aprendiendo a reconocerse a sí misma. Su salida de España se produce en un contexto complejo, marcado por decisiones estratégicas, movimientos de mercado de primer nivel y la inevitabilidad del fútbol moderno. La atacante se encontraba cedida en la Real Sociedad de Fútbol, histórica campeona de la Copa de la Reina en 2019, por el Bayern de Múnich, uno de los gigantes del fútbol europeo, que había apostado fuerte por su talento apenas unos meses antes.
El pasado mercado estival fue decisivo. El Bayern de Múnich desembolsó 400.000 euros para hacerse con los derechos de Edna Imade, pagando esa cantidad al Granada Club de Fútbol, consciente de que estaba incorporando a una delantera en plena explosión, con margen de crecimiento y con un perfil físico y competitivo muy demandado en el fútbol alemán.
Sin embargo, el club bávaro también entendió que la jugadora deseaba continuar su progresión en España, en un entorno que conocía, donde se había ganado el respeto de rivales, entrenadores y aficiones. Por ello, ambas partes acordaron una cesión a la Real Sociedad hasta el 30 de junio de 2026, una operación que parecía perfecta para todos: el Bayern protegía su inversión, la Real reforzaba su ataque con una goleadora contrastada y Edna seguía siendo protagonista en la Liga F Moeve.
Pero el fútbol rara vez sigue el guion previsto. El mercado invernal alteró por completo los planes. La salida de Leah Schüller rumbo al Manchester United dejó al Bayern de Múnich con un vacío ofensivo inmediato que necesitaba ser cubierto con urgencia. Ante esa situación, el club alemán se vio obligado a repescar a Edna Imade antes de tiempo, acelerando un regreso que no estaba previsto para esta temporada y provocando el final abrupto de su etapa en la Liga Profesional de Fútbol Femenino.
Así, la “23” de Guipúzcoa —convertida ya en un símbolo reconocible en Zubieta y en toda la competición— cerraba su capítulo español de forma anticipada, dejando una sensación agridulce entre quienes habían aprendido a admirarla.
Para entender la magnitud de esta despedida hay que retroceder varios años, mucho antes de los focos, de los contratos millonarios y de las noches europeas. Edna Imade llegó a España en 2019, pero su desembarco en la élite no fue inmediato.
Como tantas otras futbolistas, tuvo que construir su camino desde categorías inferiores, lejos de los grandes escenarios. Su debut en la máxima categoría no se produciría hasta 2023, cuando el Granada Club de Fútbol decidió incorporarla a su plantilla procedente del Club Polideportivo Cacereño, equipo de la Primera RFEF.
Aquella decisión cambiaría para siempre la historia reciente del club nazarí y, de paso, la carrera de la propia Edna.
Bajo la confianza de Roger Lamesa, Edna Imade no solo encontró minutos, sino un contexto en el que explotar todas sus virtudes. Potente, agresiva en el área, incansable en la presión y con un instinto goleador feroz, se convirtió en la jugadora revelación del campeonato. Gol a gol, partido a partido, fue sosteniendo a un Granada que luchaba por mantenerse en la categoría y que encontró en su delantera a un faro en medio de la tormenta. Aquella temporada no fue solo una cuestión de números, sino de impacto: Edna marcaba cuando más se necesitaba, aparecía en los momentos de máxima tensión y asumía responsabilidades impropias de una debutante en la élite.
La salvación del Granada fue, en gran parte, una obra colectiva cimentada sobre los goles de Edna Imade. Y cuando el club andaluz logró estabilizarse, ella no se conformó. Un año después, ya con galones, lideró a las rojiblancas hasta una histórica sexta posición, peleando por entrar en Europa casi hasta la última jornada.
Aquella campaña confirmó que lo suyo no había sido una casualidad. Edna ya no era una promesa: era una realidad consolidada, una delantera capaz de condicionar planes defensivos rivales y de elevar el techo competitivo de su equipo.
Su paso posterior por la Real Sociedad añadió nuevas capas a su historia.
En un club con aspiraciones europeas, exigencia constante y una identidad muy marcada, Edna asumió un rol protagonista desde el primer momento. Supo adaptarse a un entorno diferente, a nuevas responsabilidades tácticas y a una presión mediática mayor. Y lo hizo sin perder su esencia. Su despedida de la Liga F Moeve fue tan caótica como memorable: un partido en Alcalá de Henares frente al Atlético de Madrid que terminó 5-5, una auténtica locura futbolística, en el que Edna firmó un hat-trick para la historia.
Tres goles en un duelo frenético, como si el fútbol le hubiese reservado ese último acto para que se marchara dejando claro quién era.
Las cifras respaldan el relato. En total, Edna Imade celebró 27 dianas en 65 compromisos en la élite del fútbol femenino español. Números que, más allá de su valor estadístico, representan noches de resistencia, tardes de esperanza y una regularidad que pocas delanteras lograron sostener en tan poco tiempo. Cada gol fue un paso más en una historia que empezó mucho antes del balón.
Porque Edna no solo llegó a la Península Ibérica para jugar al fútbol: llegó en patera junto a su madre, Floren, cargando con un pasado de supervivencia que nunca ha olvidado y que explica, en parte, su carácter indomable sobre el césped.
Hoy, la Liga Profesional de Fútbol Femenino pierde a una de sus figuras más representativas de los últimos años. Cada fin de semana se extrañará a la dorsal número doce de “La Roja” corriendo al espacio, peleando cada balón dividido y celebrando goles con rabia y gratitud. Su ausencia deja un vacío competitivo y emocional en una liga que todavía está construyendo su memoria colectiva. Sin embargo, el fútbol es cíclico, y los caminos siempre se cruzan.
(Fuente: Liga F Moeve)
Edna podría volver a pisar la capital española si el Atlético de Madrid logra superar al Manchester United en el Playoff de la UEFA Women’s Champions League, ya que el rival de las colchoneras en unos hipotéticos cuartos de final sería el Bayern de Múnich, su nuevo equipo, el mismo que ahora la acoge como una de sus grandes apuestas de presente y futuro.
El tiempo será testigo de lo que venga después. De si Edna Imade conquista Alemania como conquistó España. De si sus goles vuelven a decidir eliminatorias europeas. De si su nombre sigue escribiéndose con mayúsculas en el fútbol continental. Pero lo que nadie podrá borrar es lo que dejó atrás: una liga mejor de lo que la encontró, clubes que crecieron con ella y una historia que demuestra que el talento, cuando se mezcla con resiliencia, puede romper cualquier frontera. Porque Edna Imade no se va solo como una goleadora: se va como un símbolo de todo lo que el fútbol femenino puede llegar a ser cuando la oportunidad se encuentra con el coraje.
El sábado 10 de enero, cuando el reloj marque las siete de la tarde y el invierno ya haya asentado su silencio sobre Sant Joan Despí, el Johan Cruyff volverá a convertirse en un escenario donde el tiempo parece comprimirse, donde pasado, presente y futuro del fútbol femenino español se dan la mano durante noventa minutos que siempre pesan más de lo que indica el calendario. FC Barcelona y Madrid CFF se citan en un partido que, más allá de la clasificación, encierra muchas de las tensiones emocionales, históricas y competitivas que han ido moldeando la Liga F Moeve en los últimos años. Un duelo que se podrá seguir a través de DAZN y Movistar+, pero que, como ocurre con los grandes encuentros, se juega también en la memoria colectiva de una competición que ha crecido a base de relatos como este.
El Barcelona llega al nuevo año con la obligación autoimpuesta de ganar siempre, una exigencia que no se negocia y que se ha convertido en parte estructural de su identidad. Líderes al cierre del parón navideño, las azulgranas han transitado la primera mitad del curso con la autoridad de quien sabe que cada partido es una reválida pública, un examen permanente frente a rivales que se miden contra el mejor equipo de Europa como si fuera una final. En el Johan Cruyff no se juega solo para sumar tres puntos; se juega para sostener una hegemonía, para reafirmar una manera de entender el fútbol que ha trascendido resultados y ha convertido cada encuentro en una declaración estética y competitiva.
Pero este Barcelona no llega intacto al regreso liguero. Las ausencias pesan, no solo en lo futbolístico sino en lo simbólico. Patri Guijarro, Salma Paralluelo y Aitana Bonmatí, nombres que definen una era, no estarán disponibles, y su sola mención basta para entender la magnitud del desafío. No es habitual hablar de un Barça sin el pulso de Patri en la base, sin la verticalidad eléctrica de Salma ni la inteligencia total de Aitana, una futbolista que ha elevado el concepto de centrocampista a una categoría casi filosófica. A ello se suma la duda de Cata Coll, una guardameta que representa la continuidad de una portería históricamente exigente y que ha sabido hacer suyo un puesto donde cada error se amplifica bajo el foco del favoritismo. El Barça, aun así, no se detiene. No puede. La estructura está diseñada para resistir, para reinventarse, para seguir avanzando incluso cuando algunas de sus piezas más brillantes faltan al tablero.
Enfrente estará un Madrid CFF que ha aprendido a vivir sin complejos, que ha hecho de la estabilidad y del trabajo silencioso una forma de competir contra cualquiera. Séptimas en la tabla, con 23 puntos y la mirada puesta en unos puestos europeos que no son una quimera sino una ambición razonable, las madrileñas llegan al Johan Cruyff en uno de los mejores momentos de su temporada. El triunfo antes de Navidad ante el Eibar en la Copa de la Reina no fue solo un billete a la siguiente ronda; fue una confirmación de carácter, una victoria trabajada que reforzó la idea de que este equipo sabe sufrir, sabe levantarse y sabe competir cuando el contexto se vuelve incómodo.
El Madrid CFF ha perdido solo uno de sus últimos cuatro partidos ligueros, una racha que no se construye por casualidad. Es el resultado de una propuesta coherente, de una plantilla que entiende lo que quiere su entrenador y de un grupo que ha encontrado en la regularidad su principal virtud. Javier Aguado ha dotado al equipo de una identidad reconocible, basada en el orden, en la solidaridad defensiva y en la capacidad de castigar al rival cuando se abren espacios. No es un equipo que viva de fogonazos; es un conjunto que crece partido a partido, que sabe leer los momentos y que no se descompone ante escenarios de máxima exigencia.
Y el Johan Cruyff lo es. Jugar allí implica asumir que el balón no será siempre propio, que la presión será alta, constante, casi asfixiante, y que cada error puede convertirse en una ocasión en contra. Pero también implica la oportunidad de escribir una página que no todos pueden firmar. El Madrid CFF ya sabe lo que es ganar al Barcelona. Aquella tarde del 21 de mayo de 2023, en el estadio Fernando Torres, permanece como un hito imborrable. No fue solo una victoria por 2-1; fue la demostración de que incluso los gigantes pueden caer, de que el fútbol femenino español tiene espacio para la sorpresa y de que la distancia entre proyectos, aunque real, no es insalvable cuando se conjugan convicción, orden y valentía.
Ese recuerdo flota inevitablemente en el ambiente, aunque nadie lo mencione en voz alta. Para el Barça, es una advertencia silenciosa: la historia no garantiza el futuro. Para el Madrid CFF, es una fuente de confianza: ya se ha hecho antes, se puede volver a intentar. No se trata de nostalgia ni de revancha, sino de la certeza de que los partidos se juegan, no se heredan. Cada balón dividido, cada transición, cada parada, construirá un relato nuevo, independiente de lo ocurrido hace casi dos años.
El contexto competitivo añade capas al enfrentamiento. La Liga F Moeve ha entrado en una fase donde cada jornada empieza a pesar doble. El margen de error se reduce, las dinámicas se consolidan y los objetivos se definen con mayor claridad. Para el Barcelona, ganar es una obligación que no admite matices. Cualquier tropiezo se analiza con lupa, se convierte en debate nacional y alimenta el discurso de quienes esperan una grieta en su dominio. Para el Madrid CFF, puntuar en el Johan Cruyff sería un golpe de autoridad, un mensaje claro a sus competidores directos y una inyección de confianza para afrontar la segunda mitad del curso con aspiraciones renovadas.
El partido se jugará, además, en un contexto emocional particular. El regreso tras el parón navideño siempre es un territorio incierto. Las rutinas se rompen, el ritmo competitivo se interrumpe y el primer partido del año funciona como un termómetro inmediato. No hay tiempo para ajustes progresivos. Desde el primer minuto, el Barcelona buscará imponer su circulación, su presión tras pérdida, su ocupación racional de los espacios. El Madrid CFF, por su parte, tratará de resistir ese primer envite, de no conceder ventajas tempranas y de encontrar, poco a poco, su sitio en el partido.
En este tipo de encuentros, los detalles adquieren una importancia capital. Una salida limpia desde atrás, una cobertura bien ejecutada, una falta lateral defendida con concentración absoluta. El Barcelona ha construido gran parte de su hegemonía desde la precisión, desde la capacidad de minimizar errores y maximizar virtudes. El Madrid CFF sabe que su margen es menor, que necesitará un partido casi perfecto para competir hasta el final. Pero también sabe que el fútbol no entiende de imposibles cuando se juega con convicción.
El Johan Cruyff, con su cercanía al césped y su atmósfera particular, amplifica cada acción. El público, acostumbrado a la excelencia, empuja sin estridencias pero con una exigencia constante. No es un estadio hostil, pero sí es un lugar donde el visitante siente que cada segundo sin balón es una prueba de resistencia mental. Para el Madrid CFF, gestionar esa presión será tan importante como cualquier planteamiento táctico.
A medida que avancen los minutos, el partido irá escribiendo su propio guion. Puede que el Barcelona encuentre pronto el camino al gol y trate de convertir el encuentro en un ejercicio de control. Puede que el Madrid CFF resista, se haga fuerte y logre llevar el partido a un terreno más incómodo, donde el paso del tiempo juegue a su favor. En cualquier caso, será un duelo de voluntades, de interpretaciones del juego y de estados de ánimo.
Más allá del resultado, este partido habla del momento que vive el fútbol femenino español. De una liga donde el líder convive con proyectos que crecen, que se organizan y que compiten con argumentos. De un campeonato que ya no se explica solo desde la superioridad de uno, sino desde la capacidad de los demás para desafiarla. Barcelona y Madrid CFF representan dos realidades distintas, pero complementarias, necesarias para que la competición siga avanzando.
Cuando el árbitro señale el final, el marcador dirá una cosa y la clasificación reflejará otra. Pero lo que quedará será la sensación de haber asistido a un nuevo capítulo de una historia en construcción. Un sábado de enero, a las siete de la tarde, en el Johan Cruyff, donde el fútbol femenino volverá a demostrar que su grandeza no depende solo de los títulos, sino de la capacidad de cada partido para contar algo que merezca ser recordado.
(Fuente: Getty Imágenes)
✨ Vuelve la Liga Profesional de Fútbol Femenino ✨
🏆 Liga F Moeve 2025-2026
🔥 F.C. Barcelona 🆚 Madrid CFF 🔥
⏰ 19:00 horario peninsular
📺 DAZN 1 (Dial 70)
🏟️ Estadi Johan Cruyff , Barcelona
(Fuente: Getty Imágenes)
#LigaFMoeve | #BarçaMadridCFF
Los onces |
Era su primer gol con el primer equipo. Un momento que jamás olvidará. La celebración, contenida pero emocionada, contrastaba con el cansancio del rival. El Johan respondió con un aplauso sincero. Porque incluso en una goleada descomunal, hay espacio para las historias personales.
El Barcelona llegaba a este encuentro con una aparente fragilidad que, paradójicamente, lo hacía todavía más temible. No estaban en el once inicial Mapi León, Cata Coll ni Ona Batlle, las tres con el alta médica en la previa pero resguardadas inicialmente en el banquillo. Tampoco figuraban en la convocatoria Laia Aleixandri ni Caroline Graham Hansen, y la enfermería seguía alojando nombres capitales como Aitana Bonmatí, Patri Guijarro y Salma Paralluelo.
Cualquier otro equipo habría acusado semejante lista de ausencias. Este Barcelona, no.
Porque el Barça femenino actual no es solo una suma de individualidades excepcionales. Es una estructura, una idea, un modelo de juego tan interiorizado que sobrevive a las lesiones y a las rotaciones. Un equipo que no necesita presentarse con todos sus cromos para imponer su ley. Un colectivo que ha convertido la excelencia en costumbre y la ambición en rutina.
Las cifras lo avalaban: 42 puntos sobre 45 posibles, una única derrota —el 1-0 en Zubieta ante la Real Sociedad— y la sensación permanente de que cada partido es una oportunidad para enviar un mensaje al resto de la competición. Además, el contexto competitivo empujaba: entre semana esperaba el Atlético de Madrid, en una jornada adelantada por la participación de ambos en la Supercopa de España en Castellón. No había margen para la relajación.
Enfrente, el Madrid CFF llegaba con la mochila cargada de orgullo, pero también con la crudeza de una Liga que no perdona errores ante los gigantes. El conjunto madrileño, históricamente reconocido como uno de los equipos que mejor presiona de la Liga F, afrontaba el duelo con la intención de competir, de resistir y, sobre todo, de no traicionarse a sí mismo.
Pero la distancia entre ambos proyectos, hoy por hoy, es abismal. No por falta de trabajo, ni de identidad, ni de compromiso en el club presidido por Alfredo Ulloa, sino por una realidad estructural que atraviesa al fútbol femenino español: presupuestos, profundidad de plantilla, capacidad de rotación y experiencia en la élite europea.
El reto era mayúsculo. Y el escenario, imponente. El Johan Cruyff, convertido ya en un teatro habitual de exhibiciones, acogía el partido con la sensación de que algo grande podía suceder. Lo que nadie imaginaba —ni siquiera los más optimistas culés— era la magnitud del vendaval que estaba a punto de desatarse.
Barcelona dejó claro que no había concesiones. Ritmo altísimo, posesión asfixiante, presión tras pérdida milimétrica y una voracidad ofensiva que no admite treguas. El plan de Pere Romeu fue ejecutado con una precisión quirúrgica.
El Madrid CFF apenas tuvo tiempo para asentarse. Cada intento de salida era abortado. Cada balón dividido caía del lado azulgrana. El equipo madrileño se vio obligado a correr detrás del balón, a defender muy cerca de su área y a resistir una marea que no dejaba respirar.
No había desconfianza en el Barça, pero sí respeto. Y el respeto, en este equipo, se traduce en no levantar el pie del acelerador.
Los primeros avisos llegaron pronto. Brugts y Alexia Putellas comenzaron a encontrar espacios, a probar desde fuera, a medir la resistencia visitante. El Madrid CFF sufría, reculaba, trataba de achicar agua. Pero las grietas empezaban a aparecer.
Corría el minuto 9 cuando el partido dio su primer giro definitivo. Un pase de Serrajordi encontró a Ewa Pajor, que atacó el espacio con determinación. La polaca encaró, regateó a Paola Ulloa y definió a placer para abrir la lata con el 1-0.
El Johan celebró, pero lo hizo con la naturalidad de quien sabe que aquello era solo el comienzo.
Lejos de gestionar la ventaja, el Barça apretó más. Quiso más. A los 20 minutos, Alexia puso un centro medido, Serrajordi lo peinó, Ulloa despejó como pudo… y de nuevo apareció Pajor, la depredadora del área, para empujar el balón casi sin querer, 2-0 y el golpe ya era serio.
Y apenas cuatro minutos después, emergió una de las historias más simbólicas de la tarde.
Carla Julià, lateral izquierda de formación, tuvo que actuar como extremo derecha por necesidades del guion.
Lejos de esconderse, la canterana firmó una acción de pura calidad. Ganó el balón, se inventó un caño delicioso y sacó un zurdazo imposible para Paola Ulloa para el 3-0 en el minuto 21.
Cada intento de reacción era sofocado antes de nacer. Cada balón recuperado se perdía casi de inmediato. El campo se inclinaba, y lo hacía de manera irreversible. El Barça había convertido el partido en un monólogo.
Un ejercicio de dominio absoluto en el que la pelota circulaba con velocidad, los apoyos aparecían siempre a tiempo y la presión tras pérdida funcionaba como una red que atrapaba cualquier conato de salida madrileña. No había espacios. No había pausas. No había refugio.
El cuarto golpe no tardó en llegar, y lo hizo de la forma más cruel para un equipo que ya estaba al borde del colapso. Una indecisión en la salida de balón del Madrid CFF fue castigada sin contemplaciones. Serrajordi, atenta, intensa y decidida, robó el balón, dejó atrás a Mónica Hickmann con un caño que simbolizaba el desajuste defensivo visitante y definió con un zurdazo seco y colocado para el 4-0 en el 25 de juego.
No era solo el marcador. Era la forma. El Madrid CFF ya no defendía con orden, sino por instinto. Achicaba agua como podía, pero cada despeje caía en pies azulgranas. Cada línea se hundía un poco más. El plan inicial había quedado pulverizado
El conjunto local era ya un auténtico huracán. El Johan Cruyff vibraba con cada ataque, consciente de estar presenciando algo extraordinario. Y en medio de ese torbellino apareció otra protagonista.
En la banda, el cuerpo técnico del Madrid CFF buscaba soluciones que no llegaban. El daño era estructural. El Barça atacaba por fuera y por dentro, con desmarques constantes, con llegadas desde segunda línea y con una movilidad que desbordaba cualquier intento de ajuste.
Lejos de bajar el ritmo, el Barcelona siguió acelerando. Y de nuevo Carla Julià fue protagonista. La joven futbolista, hiperactiva, incisiva y valiente, firmó una acción que simbolizaba su crecimiento futbolístico. Recibió, levantó la cabeza y puso un centro al corazón del área. Allí, como si el tiempo se detuviera, apareció Ewa Pajor.
La polaca conectó un remate de cabeza impecable, imposible para la capitana visitante. 5-0 en el minuto 37 del partido.
El Johan explotó de júbilo. Pajor celebró con rabia contenida. El Madrid CFF, mientras tanto, ya solo pensaba en que el descanso llegara cuanto antes.
Pero el Barcelona no estaba dispuesto a conceder ni un segundo de alivio. La conexión Serrajordi–Pajor volvió a aparecer, como una pesadilla recurrente para la zaga madrileña. Centro preciso de la catalana, desmarque perfecto de la polaca y remate a la jaula. 6-0. La manita ya era historia, pero el marcador seguía creciendo.
El tramo final del primer acto se convirtió en una sucesión de escenas difíciles de asimilar. Brugts, en el minuto 43, puso un centro que nadie llegó a tocar, pero que terminó directamente en el fondo de las mallas ante la estupefacción del banquillo visitante. El balón parecía guiado por una fuerza invisible en el 7-0.
Y cuando parecía que el descanso pondría fin al castigo, llegó uno de esos momentos que resumen la crueldad del fútbol.
El pitido que señalaba el final del primer tiempo fue casi un alivio. Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con una sensación inequívoca: el Barcelona había firmado una de las primeras partes más demoledoras de su historia, mientras que el Madrid CFF había sido arrollado por una realidad imposible de maquillar.
El marcador no solo reflejaba superioridad. Reflejaba una brecha estructural, un choque de mundos, un ejercicio de poder absoluto.
El descanso llegó como un refugio momentáneo para un Madrid CFF noqueado, que necesitaba algo más que instrucciones tácticas para recomponerse. El marcador era una losa, pero el fútbol —incluso en las tardes más crueles— siempre deja espacio para el orgullo, para el gesto simbólico, para la resistencia mínima que dignifica la derrota.
En el otro vestuario, Pere Romeu no se permitió la complacencia. El técnico azulgrana entendió que el partido ya no se jugaba solo en el resultado, sino en el mensaje. Y el mensaje del Barcelona en este 2026 era inequívoco: no se negocia la ambición.
El entrenador culé redefinió la defensa tras el descanso. Dio entrada a Ona Batlle y Mapi León, ambas saliendo de lesión. No era solo una cuestión de rotación o de carga de minutos; era una declaración de intenciones. El Barcelona quería seguir compitiendo como si el marcador estuviera en blanco, Sin embargo, el fútbol siempre guarda ironías.
Apenas cuatro minutos después de la reanudación, el Madrid CFF encontró un pequeño resquicio de luz en medio de la tormenta. Poljak ganó la partida a Batlle, atacando el espacio con decisión. El balón llegó a Nautnes, que se anticipó a Mapi León y batió a Font con frialdad. 7-1en el minuto 49.
Gol de Nautnes. Gol del Madrid CFF. ⚽️ 7-1 | ⏱️ 49’ | #BarçaMadridCFF
Fue el gol del honor. Un tanto que no cambiaba la historia del partido, pero sí ofrecía una imagen distinta del Madrid CFF: la de un equipo que, aun derrotado, no se rindió del todo. Durante unos instantes, el encuentro pareció entrar en una fase de pausa, casi de cortesía que duró muy poco. El Barcelona no tardó en recordar quién mandaba. Tres minutos después, una acción dentro del área terminó con un penalti cometido por Antonsdóttir sobre Carla Julià. La joven canterana, omnipresente durante toda la tarde, volvió a ser determinante.
Alexia Putellas asumió la responsabilidad. Serenidad, liderazgo y precisión. La capitana no falló y puso el 8-1 en el minuto 52. El Johan volvió a rugir. No había espacio para la duda ni para la compasión. El duelo seguía siendo desigual, sin paliativos.
Pasada la hora de juego, el partido abrió una ventana para los cambios. Entraron en el campo Ainoa Gómez y Martret, dos nombres llamados a dejar su huella en una tarde que ya era histórica.
El Barcelona no bajó el ritmo. Al contrario. Cada jugadora que ingresaba lo hacía con la determinación de quien sabe que está ante una oportunidad irrepetible.
La protagonista absoluta del partido seguía siendo Ewa Pajor. La delantera polaca firmó su cuarto gol tras una gran conducción de Kika Nazareth y un centro preciso de la portuguesa. Pajor atacó el balón con el instinto de las grandes goleadoras y lo envió a la red. 9-1 en el minuto 58.
Al borde de la hora de juego, cualquier atisbo de emoción había desaparecido. No era una cuestión de rivalidad. Era un ejercicio de poder.
La comparación era inevitable. Por la mañana, el Atlético de Madrid y la Real Sociedad habían ofrecido un vibrante 5-5, un partido lleno de alternativas, tensión y emoción. En el Johan, en cambio, el guion era otro. Aquí no había suspense. Solo una exhibición.
El minuto 68 dejó una de esas imágenes que justifican el fútbol más allá del marcador. Ainoa Gómez, canterana, aprovechó un balón suelto en el área tras un córner y lo envió al fondo de la red. 10-1.
La cuenta no se detuvo ahí. Sydney Schertenleib, que ya había marcado en la primera mitad, volvió a aparecer con un gran disparo desde dentro del área. El balón superó a Paola Ulloa, que poco más podía hacer en una tarde para el olvido por culpa del 11-1.
La penúltima escena llegó con la firma de Clàudia Pina. La atacante se unió a la fiesta con un testarazo potente, imposible para la guardameta visitante. El público cantó gol por última vez en la velada, cuando el reloj marcaba el minuto 81. 12-1.
Pudo haber llegado el decimocuarto. La canterana azulgrana estrelló una falta directa en la cruceta, en una de las últimas acciones del partido. No quiso entrar. Quizá el fútbol decidió poner un límite simbólico a una tarde que ya había cruzado todas las fronteras.
El Madrid CFF estaba exhausto. Cada llegada azulgrana era una amenaza real. La defensa, desbordada desde hacía mucho, ya solo podía esperar el final.
(Fuente: Liga F Moeve)
El pitido final certificó una de las mayores goleadas de la historia del Barcelona femenino. La segunda mejor marca del club. La tercera mejor de la Liga F Moeve.
(Fuente: Liga F Moeve)
📋 Ficha técnica |
FC Barcelona: Gemma, Paredes ( 45’ Mapi León), Sydney, Marta, Alexia (60’ Pina), C. Serrajordi (60’ Martret), Pajor, Kika, AÏcha (45’ Ona Batlle), Brugts (61’ Ainoa Gómez), Carla Julià.
Madrid CFF: Paola, Mendoza, Villafañe, Monica, Allegra (62’ Alba Ruiz), Marina (73’ Serrano), Marcetto, Hildur, Melgard, Nautnes, Sosa (62’ Freja).
Este sábado 10 de enero de 2026, a las 17:00 horas, cuando la tarde empiece a caer sobre Valdebebas y el frío invernal envuelva el estadio Alfredo Di Stéfano, la Liga F Moeve volverá a ofrecer uno de esos partidos que explican por sí solos el momento de una competición que no deja de crecer en intensidad, calidad y significado. Real Madrid CF y Sevilla FC se citan en un duelo que va mucho más allá de la jornada que marca el calendario. Es un choque entre dos equipos en plena forma, dos proyectos que han sabido resistir los golpes, aprender de las caídas y construir una identidad competitiva que hoy los sitúa como protagonistas de la temporada. Un partido que no necesita artificios para justificarse, porque su peso reside en todo lo que lo rodea: la clasificación, las dinámicas, la historia compartida y la sensación de que cada minuto puede ser decisivo.
El Real Madrid llega a esta cita asentado en la segunda posición de la tabla con 32 puntos, mirando de frente a la cabeza de la clasificación y consciente de que cada jornada es una oportunidad para reforzar su candidatura a todo. Seis partidos consecutivos sin perder entre todas las competiciones han consolidado la sensación de un equipo que ha encontrado equilibrio, madurez y una confianza que se transmite desde el primer pase. No se trata únicamente de resultados, sino de cómo se han construido. El Real Madrid ha aprendido a dominar partidos desde diferentes registros, a sufrir cuando el contexto lo exige y a imponer su ritmo cuando el escenario lo permite. Ese aprendizaje, acumulado partido a partido, ha convertido al conjunto blanco en uno de los equipos más sólidos y fiables del campeonato.
El Alfredo Di Stéfano, escenario habitual de las grandes tardes del fútbol femenino madridista, será testigo de un nuevo capítulo en esa evolución. Jugar en casa, con la familiaridad del entorno y la certeza de conocer cada rincón del terreno de juego, añade un matiz especial a un partido que exige máxima concentración desde el primer minuto. El Real Madrid sabe que no puede permitirse concesiones, porque enfrente tendrá a un rival que llega sin complejos, con argumentos sólidos y con la convicción de que este tipo de encuentros son oportunidades para dar un salto cualitativo.
El Sevilla FC aterriza en Madrid como sexto clasificado con 24 puntos, a solo seis de los puestos de Champions, y con una racha liguera que invita al optimismo. Aunque el equipo hispalense llega tras caer en los octavos de final de la Copa de la Reina, esa eliminación no ha empañado el gran momento que vive en la competición doméstica, donde no conoce la derrota desde el pasado 19 de octubre. Seis partidos ligueros consecutivos sin perder son la prueba de un crecimiento sostenido, de un equipo que ha sabido reinventarse tras los momentos difíciles y que ha encontrado en la regularidad su principal fortaleza.
Este Sevilla no es un invitado inesperado en la parte noble de la tabla, sino un equipo que ha trabajado para estar ahí. Cada punto sumado ha sido una declaración de intenciones, una forma de demostrar que el proyecto tiene bases firmes y que la ambición no es una palabra vacía. La cercanía de los puestos de Champions actúa como un motor silencioso, como una meta que se intuye alcanzable si el equipo mantiene su nivel competitivo. Visitar el Alfredo Di Stéfano no es una misión sencilla, pero tampoco es un obstáculo insalvable para un Sevilla que ha demostrado saber competir lejos de casa.
Las palabras de Sara Holmgaard en la previa del encuentro resumen a la perfección el espíritu con el que el Real Madrid afronta este duelo: “Tenemos que empezar el partido con un nivel muy alto, jugar muy rápido y ser fuertes en defensa”. No es una frase lanzada al azar, sino una declaración de principios. Empezar fuerte, imponer ritmo y sostenerse desde la solidez defensiva son las claves que han permitido al conjunto blanco encadenar resultados positivos y mantenerse en la pelea por los objetivos más ambiciosos. Holmgaard pone voz a una idea colectiva, a una convicción compartida por un vestuario que sabe que la exigencia no da tregua.
La historia entre Real Madrid y Sevilla FC añade una dimensión extra al enfrentamiento. Ambos conjuntos se han visto las caras en once ocasiones, con un balance favorable al equipo merengue: ocho victorias, un empate y dos triunfos para el conjunto hispalense. Es una estadística que marca tendencia, pero que no determina el presente. El fútbol, especialmente en una competición tan viva como la Liga F, no entiende de certezas absolutas. Aun así, los precedentes pesan, y más aún cuando los recuerdos más recientes son contundentes. La pasada temporada, el Real Madrid se impuso en ambos duelos, primero con un 4-1 y después con un rotundo 0-4, resultados que dejaron claro el potencial ofensivo del equipo blanco y su capacidad para castigar cualquier error.
Pero el Sevilla que llega a este partido no es exactamente el mismo que cayó la temporada pasada. Ha ganado experiencia, ha reforzado su identidad y ha aprendido a competir desde la paciencia. Su racha liguera sin derrotas es una muestra de ello. Cada partido ha sido una prueba superada, un paso más en un camino que se construye desde la constancia. La eliminación copera, lejos de hundir al equipo, puede actuar como un elemento catalizador, como una herida que empuja a reaccionar y a concentrar todas las energías en la competición doméstica.
El choque de dinámicas convierte este partido en un duelo de alto voltaje. El Real Madrid llega con la seguridad que otorga una racha positiva en todas las competiciones y con la ambición de no perder terreno en la lucha por la cima. El Sevilla, por su parte, aterriza con la confianza que nace de saberse competitivo, de no perder desde hace meses en Liga y de estar a solo seis puntos de un objetivo tan ilusionante como la Champions. Dos rachas, dos impulsos, dos maneras de entender el momento que se encontrarán sobre el césped del Alfredo Di Stéfano.
El factor televisivo amplifica aún más la importancia del encuentro. DAZN y Movistar+ ofrecerán el partido en directo, llevando este duelo a miles de hogares y confirmando el crecimiento del fútbol femenino como producto deportivo de primer nivel. No es solo un partido más en la parrilla, es una cita marcada para quienes siguen la Liga F con atención, para quienes entienden que estos enfrentamientos construyen la narrativa de la temporada. El espectador no solo asistirá a un choque entre dos equipos en forma, sino a un relato en tiempo real, a una historia que se escribirá minuto a minuto.
En el césped, cada duelo individual tendrá un significado especial. Cada carrera, cada disputa, cada balón dividido será una pequeña batalla dentro de una guerra más amplia. El Real Madrid buscará imponer su ritmo desde el inicio, mover el balón con velocidad y aprovechar los espacios, mientras que el Sevilla intentará resistir, leer el partido y castigar cualquier concesión. Será un pulso táctico, físico y emocional, donde la gestión de los momentos será tan importante como la calidad individual.
La clasificación añade presión, pero también ilusión. Para el Real Madrid, una victoria supondría reforzar su posición en la segunda plaza y seguir presionando a los equipos que ocupan la cima. Para el Sevilla, puntuar en Valdebebas sería un golpe de autoridad, una confirmación de que su racha no es circunstancial y de que puede mirar de frente a los grandes de la Liga. Cada punto cuenta, cada resultado deja huella, y ambos equipos lo saben.
Este partido no se entiende sin el contexto de una Liga F Moeve cada vez más competitiva, donde los márgenes son mínimos y donde cualquier detalle puede cambiar el rumbo de la temporada. Real Madrid y Sevilla representan dos modelos distintos, pero igualmente ambiciosos. Uno, consolidado en la élite y con la presión constante de ganar. El otro, en pleno crecimiento, con el hambre de quien sabe que está ante una oportunidad histórica. Ese contraste es lo que convierte este duelo en algo especial.
Cuando el reloj marque las 17:00 y el balón empiece a rodar, todo lo demás quedará en suspenso. Las rachas, los precedentes, las declaraciones previas se diluirán para dejar paso a la verdad del juego.
Noventa minutos donde el talento, la disciplina y el carácter marcarán la diferencia. Noventa minutos en los que cada acción contará y en los que el espectador sentirá que algo importante está en juego.
Noventa minutos donde el talento, la disciplina y el carácter marcarán la diferencia. Noventa minutos en los que cada acción contará y en los que el espectador sentirá que algo importante está en juego.
Porque este Real Madrid CF – Sevilla FC no es solo un partido de Liga F. Es una invitación a detenerse, a mirar con atención y a dejarse atrapar por una competición que no deja de crecer.
El choque en profundidad |
(Fuente: UEFA)
😍 Espectáculo
🔜 NEXT GAME
🏆 Liga F Moeve 2025-2026
🚀 Matchday 15 |Día de partido
🔥 Real Madrid 🆚 Sevilla Fútbol Club 🔥
⏰ 17:00 horario peninsular
📺 Movistar Plus Vamos 2
🏟️ Estadio Alfredo Di Stéfano, Valdebebas
Desde los primeros instantes en Valdebebas, el partido se dibujó como un ejercicio de paciencia y jerarquía para el Real Madrid, que asumió el mando del balón y del territorio con naturalidad, mientras el Sevilla FC Femenino trataba de ordenar sus líneas, ajustar alturas y resistir el primer oleaje blanco en un escenario exigente como el Alfredo Di Stéfano. Las madridistas se instalaron pronto en campo rival, moviendo la pelota con fluidez, alternando apoyos cortos y cambios de orientación, buscando abrir una defensa visitante que, pese a las dificultades iniciales, logró sostenerse durante los primeros minutos gracias a su disciplina táctica y a la lectura defensiva de su última línea.
En ese contexto de dominio territorial del conjunto local, la primera acción que alteró el guion llegó desde el talento individual de Linda Caicedo, que en una arrancada eléctrica fue capaz de superar rivales y romper líneas, dejando una primera advertencia de lo que estaba por venir. Fue una jugada aislada, pero suficiente para encender la grada y recordar que, incluso cuando el equipo todavía no había encontrado su mejor ritmo colectivo, la calidad diferencial podía desequilibrar el encuentro en cualquier momento.
Sin embargo, contra lo que podía esperarse por la inercia inicial, el Sevilla logró crecer con el paso de los minutos. Las hispalenses, lejos de replegarse en exceso, comenzaron a manejar la posesión durante el primer cuarto de hora, enlazando pases con criterio y obligando al Real Madrid a ajustar su presión. Kanteh empezó a aparecer como referencia ofensiva, ofreciendo desmarques y fijando a la zaga blanca, y fue precisamente ella quien protagonizó la primera situación clara del partido al rematar desviado un centro lateral de Morcillo. La acción estaba invalidada por fuera de juego, pero sirvió para generar las primeras protestas en la grada y para reflejar cierto nerviosismo en un Real Madrid que, por momentos, parecía desconectado de la intensidad que el encuentro requería.
Ese tramo del partido dejó una sensación incómoda para el público local, que reclamaba mayor determinación a las suyas. El Sevilla se sentía cómodo por momentos, encontraba apoyos interiores con Iris Arnaiz y Rosa Márquez, y lograba que el partido se jugase lejos de su área, algo fundamental para sus intereses. Pero el fútbol, tantas veces, se decide en acciones puntuales, y cuando el Real Madrid activó su talento diferencial, el escenario cambió de forma abrupta.
La reacción blanca no se hizo esperar, y llegó de la manera más brillante posible. Caroline Weir recibió entre líneas un pase preciso de Holmgaard, orientó el control con maestría y dejó atrás a Iris Arnaiz con una ruleta de manual que levantó al público de sus asientos. La escocesa, con la pausa que define a las grandes futbolistas, avanzó unos metros y filtró un pase milimétrico al espacio para Linda Caicedo. La colombiana atacó el balón con decisión y, con un zurdazo certero, batió a Sullastres para firmar el 1-0 en el minuto 23, alcanzando su gol número 30 con la camiseta del Real Madrid. El tanto llegó en un momento en el que el Sevilla estaba atravesando su mejor fase, y tuvo un efecto psicológico inmediato en el desarrollo del encuentro.
🤩 Cuando se juntan Caroline Weir y Linda Caicedo pasan cosas como esta
La celebración fue reveladora: lejos de conformarse, Athenea del Castillo reclamó a sus compañeras ir a por más, consciente de que el golpe había abierto una grieta en la estructura defensiva visitante. El gol, más que tranquilizar al Real Madrid, activó su versión más agresiva. El equipo elevó la presión, aceleró la circulación del balón y empezó a encontrar espacios entre líneas con mayor facilidad.
Cinco minutos después, esa sensación de dominio se tradujo en el segundo tanto. Athenea del Castillo, incisiva y desequilibrante desde la banda, encontró a Caroline Weir en una llegada desde segunda línea. La escocesa definió con precisión para poner el 2-0 en el minuto 28, certificando el mejor momento del Real Madrid en el partido. Las blancas se sentían cómodas, mandaban en el ritmo y amenazaban con un resultado más amplio antes del descanso.
Weir volvió a probar fortuna poco después en un lanzamiento de falta directa que obligó a Sullastres a intervenir con solvencia para despejar el balón, una acción que empezó a dibujar el papel clave que tendría la guardameta sevillista en el desarrollo posterior del encuentro. El Sevilla, tocado pero no hundido, logró llegar al descanso con solo dos goles de desventaja, un resultado que aún le permitía aferrarse a la esperanza.
Las jugadoras se marcharon a vestuarios con una cómoda ventaja para un Real Madrid que estaba sabiendo aprovechar el contexto de la jornada, marcada por el empate a cinco goles entre Atlético de Madrid y Real Sociedad en Alcalá de Henares, un resultado que abría una oportunidad clara para consolidarse en la zona alta de la clasificación. El subcampeón de la Copa de la Reina de 2023 tenía ante sí la posibilidad de comenzar 2026 con autoridad, y la segunda mitad se presentaba como una oportunidad para sentenciar.
DESCANSO | Caen las nervionenses al término de la primera mitad.
Tras la reanudación, el Real Madrid volvió a golpear, esta vez a balón parado. Nada más comenzar el segundo tiempo, Esther Martín-Pozuelo evitó el tercer tanto sacando un balón sobre la misma línea de gol tras un saque de esquina, en una acción defensiva crucial que mantuvo al Sevilla con vida. Fue un aviso claro de lo que estaba por venir: el conjunto blanco salió decidido a cerrar el partido cuanto antes.
El ritmo del encuentro tras el descanso fue alto y dinámico. El Real Madrid se volcó en ataque, acumulando llegadas y obligando al Sevilla a un esfuerzo defensivo constante. Las locales llegaban con frecuencia al área rival, combinando por dentro y por fuera, mientras que las visitantes trataban de resistir y encontrar alguna salida aislada, casi siempre a través de Kanteh, que fue la principal vía ofensiva sevillista en este periodo.
Las ocasiones se sucedían, pero el tercer gol se resistía. Sullastres se convirtió en la gran protagonista del Sevilla, interviniendo con acierto en varias acciones y sosteniendo a su equipo en los momentos más delicados. El partido pudo quedar definitivamente sentenciado en el minuto 80, cuando Athenea del Castillo, tras una acción individual de mucho talento, provocó un penalti de Raquel Morcillo dentro del área. Angeldahl asumió la responsabilidad desde los once metros, pero la guardameta sevillista volvió a imponerse, deteniendo el lanzamiento y manteniendo el 2-0 en el marcador.
El penalti fallado no frenó el empuje del Real Madrid, que siguió buscando el tercer tanto con insistencia. Athenea volvió a rozar el gol en una nueva ocasión, pero Sullastres achicó bien los espacios y el disparo se marchó fuera, prolongando la resistencia de un Sevilla que, pese al sufrimiento, no bajó los brazos en ningún momento.
El pitido final certificó un triunfo sólido del Real Madrid en el Alfredo Di Stéfano en el primer partido de Liga F de 2026.
Un triunfo que pudo ser más amplio por las numerosas ocasiones generadas, especialmente en la segunda mitad, pero que reflejó la superioridad blanca a lo largo del encuentro. El Sevilla FC Femenino, pese a la derrota, mostró momentos de reacción y se sostuvo en el partido gracias a las intervenciones de Sullastres y al esfuerzo colectivo, aunque volvió a marcharse sin premio en un contexto complicado para el proyecto de David Losada.
Con estos tres puntos, el Real Madrid alcanza los 35 en la clasificación, consolidándose en la segunda plaza del campeonato de la regularidad y reafirmando su candidatura a pelear en la zona alta. El Sevilla, por su parte, se marcha de vacío de Valdebebas y se mantiene sexto con 24 puntos, a la espera de que se complete el grueso de la jornada, todavía en busca de la estabilidad necesaria para dar un paso adelante competitivo.
(Fuente: Liga F Moeve)
📋 Ficha técnica |
Real Madrid (2): Misa; Eva Navarro (Shei García 70′), María Méndez, Andersson, Holmgaard; Däbritz, Angeldahl; Athenea, Weir (Pau Comendador 70′), Linda Caicedo (Irune 61′); Alba Redondo (Iris Ashley 61′).
🟧 El Athletic Club y el FC Badalona Women comenzaron el año con la pólvora mojada (0-0). Lice Chamorro fue la MVP del encuentro. Las bilbaínas mantienen su buena dinámica y acumulan nueve encuentros seguidos sin perder entre Liga F Moeve y Copa de la Reina, mientras que las visitantes siguen en media tabla.
El sábado, 10 de enero de 2026, a las 15:00 horario peninsular, las Instalaciones de Lezama volverá a convertirse en un territorio donde la Liga F Moeve se explica desde la emoción, la constancia y la memoria. El Athletic Club recibe al FC Badalona Women en un duelo que, aunque pueda parecer discreto en el calendario, encierra muchas más capas de las que sugiere la clasificación. Apenas tres puntos separan a ambos equipos en la tabla, pero el contexto, las trayectorias recientes, las inercias emocionales y la historia compartida convierten este partido en una frontera simbólica entre dos realidades que se observan de reojo, sabiendo que lo que ocurra durante esos noventa minutos puede marcar el rumbo de la segunda mitad de la temporada.
El Athletic llega a este encuentro tras un parón navideño que no ha hecho sino reforzar su sensación de fortaleza. Las leonas se marcharon al descanso invernal como uno de los equipos más en forma del campeonato, construyendo su momento desde la regularidad, la fiabilidad defensiva y una identidad que no entiende de atajos. Siete partidos consecutivos sin perder en Liga F Moeve no son una casualidad, sino la consecuencia directa de un trabajo sostenido, de un grupo que ha sabido competir incluso cuando el brillo no ha sido máximo y que ha encontrado en la constancia su mejor aliada. A ese tramo liguero se suma, además, el triunfo en los octavos de final de la Copa de la Reina, un torneo que en Bilbao siempre se vive con un respeto casi ceremonial, consciente de lo que representa en la historia del fútbol femenino español y en la propia narrativa del club.
El Athletic de Javi Lerga ha aprendido a ganar desde el equilibrio. No es un equipo que viva exclusivamente del golpe emocional ni de la inspiración puntual, sino uno que construye sus partidos desde una estructura reconocible, desde la solidaridad colectiva y desde una lectura madura de los momentos. Cada victoria, cada empate, cada punto sumado en esta racha sin derrotas ha ido reforzando una sensación interna: la de estar ante un grupo que cree, que se reconoce y que sabe perfectamente qué quiere ser en esta Liga F cada vez más exigente. El parón no ha roto esa dinámica; al contrario, la ha consolidado como una promesa latente, como una energía contenida a punto de liberarse en cuanto vuelva a rodar el balón.
Frente a este Athletic en pleno crecimiento aparece un FC Badalona Women que llega a Bilbao con una temporada que, sin grandes titulares, está construida desde la solidez y el realismo. Las de Marc Ballester ocupan la décima posición con 16 puntos, una cifra que las sitúa diez por encima de los puestos de descenso y que les permite mirar el calendario con una mezcla de tranquilidad y ambición contenida. No es poca cosa, en una Liga F Moeve cada vez más competitiva, haber alcanzado el parón con ese colchón, sabiendo que cada punto ganado ha sido fruto de un esfuerzo colectivo y de una identidad que ha ido consolidándose partido a partido.
El Badalona también estará en la siguiente ronda de la Copa de la Reina, un dato que refuerza la idea de que este equipo no se limita a sobrevivir, sino que compite y responde cuando el escenario lo exige.
Su temporada no está construida desde el ruido, sino desde la constancia silenciosa, desde la capacidad de sumar en los partidos clave y de resistir cuando el contexto se vuelve adverso. En ese sentido, su visita a Bilbao no es un trámite ni una excursión, sino una oportunidad real de medir hasta dónde puede llegar este proyecto en la segunda vuelta.
El mercado invernal, siempre cargado de matices emocionales, también ha dejado su huella en el Badalona. La salida de Margarita Giménez rumbo al DUX Logroño no es un detalle menor. Las despedidas a mitad de temporada siempre obligan a reajustar dinámicas, roles y automatismos, especialmente cuando se trata de futbolistas que han tenido peso en el vestuario. La incógnita ahora reside en cómo absorberá el equipo esa ausencia y qué respuesta ofrecerá en un escenario tan exigente como el que plantea el Athletic. A veces, estas salidas generan dudas; otras, activan respuestas colectivas inesperadas. Y en ese terreno de lo imprevisible, el Badalona se mueve con una determinación que no siempre se percibe desde fuera.
La historia entre ambos equipos añade otra capa de profundidad a este enfrentamiento. Ocho precedentes oficiales construyen un relato claramente inclinado hacia el lado bilbaíno, con siete victorias para el Athletic y un único triunfo para el conjunto catalán. Es una estadística que pesa, que se cuela en la previa aunque nadie la mencione explícitamente, y que alimenta tanto la confianza de unas como el deseo de revancha de otras. La temporada pasada, sin ir más lejos, los dos duelos cayeron del lado de las leonas, ambos con idéntico resultado: 1-0. Marcadores ajustados, partidos cerrados, encuentros donde cada detalle fue decisivo y donde el Athletic supo gestionar mejor los tiempos, las emociones y los espacios.
Ese doble 1-0 es, quizá, el mejor resumen de lo que suele ocurrir cuando estos dos equipos se cruzan. No hay goleadas ni partidos rotos, sino duelos de tensión sostenida, de resistencia mutua, de pequeñas batallas que se deciden por una acción puntual, una lectura defensiva acertada o una transición bien ejecutada. Y ese antecedente convierte el choque del sábado en algo más que un partido de Liga: lo transforma en un nuevo capítulo de una rivalidad silenciosa, construida desde la repetición de esfuerzos y la memoria de lo ocurrido.
El contexto clasificatorio refuerza aún más esa sensación de frontera. Tres puntos de distancia son suficientes para marcar una diferencia emocional enorme, pero también lo bastante escasos como para que todo pueda cambiar en una sola tarde. Para el Athletic, una victoria significaría consolidar su posición, prolongar su racha positiva y enviar un mensaje claro al resto de la Liga: este equipo no se conforma con haber llegado bien al parón, quiere seguir creciendo. Para el Badalona, puntuar en Bilbao supondría una inyección de confianza brutal, una confirmación de que su temporada puede aspirar a algo más que la tranquilidad clasificatoria y de que es capaz de competir de tú a tú ante uno de los equipos más en forma del campeonato.
El escenario televisivo también juega su papel. DAZN volverá a ser testigo de un partido que, lejos de los focos de los grandes duelos mediáticos, condensa la esencia más pura de la Liga F Moeve: proyectos que se construyen desde el trabajo diario, entrenadoras y entrenadores que apuestan por la coherencia, plantillas que saben que cada jornada es una oportunidad para redefinir su relato. No es un partido pensado para el espectador ocasional, sino para quien entiende que el fútbol femenino se disfruta en los matices, en las historias que se tejen semana a semana, en los equipos que crecen lejos del ruido.
El Athletic y el Badalona llegan a este sábado con caminos distintos, pero con una misma convicción: nadie regala nada en esta Liga. Las leonas quieren convertir su buen momento en algo más que una racha, quieren transformarlo en identidad duradera, en una segunda vuelta que las mantenga mirando hacia arriba. El Badalona, por su parte, quiere demostrar que su décima posición no es un techo, sino un punto de partida, y que incluso en campos históricamente adversos es posible escribir capítulos nuevos.
Cuando el balón eche a rodar a las 15:00 horas, todas esas capas —la clasificación, la racha, la historia, las ausencias, las ambiciones— se fundirán en una sola realidad. Noventa minutos donde cada duelo individual contará, donde cada balón dividido será una declaración de intenciones y donde el pasado pesará solo lo justo, porque en el fútbol, como en la vida, todo se decide en el presente. Y cuando el partido avance, cuando el cansancio aparezca y el marcador aún esté abierto, será imposible no sentir que algo importante está en juego, algo que va más allá de los puntos.
Porque este Athletic Club – FC Badalona Women no es solo un partido de sábado por la tarde. Es la confirmación de que la Liga F Moeve se construye desde encuentros como este, desde la tensión contenida, desde la promesa de que cualquier detalle puede cambiarlo todo.
Es una invitación al espectador a no mirar el reloj, a no dar nada por sentado, a quedarse y observar cómo dos equipos, separados por apenas tres puntos y por muchas historias, se enfrentan para demostrar quién está preparado para dar el siguiente paso. Y cuando llegue el pitido final, pase lo que pase, quedará la sensación de haber asistido a uno de esos partidos que no necesitan artificios para justificar su importancia, porque su valor reside precisamente en eso: en la certeza de que perderse este cara a cara sería perderse una parte esencial de lo que hace grande al fútbol femenino.
El duelo al detalle |
🔥 ¡A por el primer partido de la @LigaF_oficial del 2026!
Antes de arrancar el choque, las jugadoras de ambos equipos guardaron un minuto de silencio en memoria de Fernando Martín, entrenador del Valencia femenino B y sus tres hijos. La primera ocasión del partido fue para el conjunto vasco. Ane Elexpuru robó una pelota en el área contraria, y conectó con Ane Campos. La delantera se sacó un potente disparo desde el punto de penalti, pero se encontró con la magnífica respuesta de María Valenzuela, que sacó una gran mano para mandar la pelota a saque de esquina. El FC Badalona Women se animó en busca del gol con un centro al segundo palo, pero el chut de Irina Uribe se perdió fuera. Pese a la insistencia de ambos equipos, el marcador no se movió al término de la primera mitad, con las defensas como grandes protagonistas del primer tiempo.
Tras el paso por vestuarios, Javier Lerga movió el banquillo con tres cambios. Maite Valero, Naia Landaluze y Sara Ortega entraron al terreno de juego para ganar más presencia en ataque. Las ocasiones no tardaron en llegar, y, de nuevo, Ane Elexpuru se animó con un chut que se perdió por encima del larguero. Sara Ortega también lo intentó con un pase para Clara Pinedo, pero la mediapunta no estuvo afortunada y la pelota fue directamente a las manos de María Valenzuela, que se mantenía muy segura bajo palos. Las visitantes también tuvieron las suyas. La más clara estuvo en las botas de Lice Chamorro. La delantera paraguaya, que fue la MVP del partido, recibió un balón dentro del área y se sacó un disparo que se encontró con el pie de Nanclares, que evitó el tanto de manera providencial.
El Antes de arrancar el choque, las jugadoras de ambos equipos guardaron un minuto de silencio en memoria de Fernando Martín, entrenador del Valencia femenino B y sus tres hijos. La primera ocasión del partido fue para el conjunto vasco. Ane Elexpuru robó una pelota en el área contraria, y conectó con Ane Campos. La delantera se sacó un potente disparo desde el punto de penalti, pero se encontró con la magnífica respuesta de María Valenzuela, que sacó una gran mano para mandar la pelota a saque de esquina. El FC Badalona Women se animó en busca del gol con un centro al segundo palo, pero el chut de Irina Uribe se perdió fuera. Pese a la insistencia de ambos equipos, el marcador no se movió al término de la primera mitad, con las defensas como grandes protagonistas del primer tiempo.
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Sin goles al término de la primera mitad, aunque el Athletic ha tenido varias ocasiones para adelantarse.
Tras el paso por vestuarios, Javier Lerga movió el banquillo con tres cambios. Maite Valero, Naia Landaluze y Sara Ortega entraron al terreno de juego para ganar más presencia en ataque. Las ocasiones no tardaron en llegar, y, de nuevo, Ane Elexpuru se animó con un chut que se perdió por encima del larguero. Sara Ortega también lo intentó con un pase para Clara Pinedo, pero la mediapunta no estuvo afortunada y la pelota fue directamente a las manos de María Valenzuela, que se mantenía muy segura bajo palos. Las visitantes también tuvieron las suyas. La más clara estuvo en las botas de Lice Chamorro. La delantera paraguaya, que fue la MVP del partido, recibió un balón dentro del área y se sacó un disparo que se encontró con el pie de Nanclares, que evitó el tanto de manera providencial.
⬛️ La ex del Atlético de Madrid volverá a cambiar de escenario en la élite del fútbol femenino internacional. La internacional brasileña, una de las futbolistas más determinantes de la última década en Europa y Estados Unidos, dejará el Chicago Red Stars para convertirse en nueva jugadora del San Diego Wave en las próximas fechas.
Una operación que se encuentra ya en su fase final y que vuelve a situar a “El Partido de Manu” un paso por delante del resto, confirmando una vez más la fiabilidad de un medio que se ha acostumbrado a anticipar movimientos de mercado antes que nadie, siempre desde el respeto al tiempo de las protagonistas y bebiendo de fuentes directas y contrastadas dentro del ecosistema del fútbol femenino internacional.
La noticia, adelantada en exclusiva por “El Partido de Manu” supone un nuevo capítulo en la carrera de una futbolista que dejó huella en el Atlético de Madrid, que se consolidó como referente en la NWSL y que ahora afronta un reto ambicioso en uno de los proyectos más sólidos y reconocibles del fútbol femenino estadounidense.
Ludmila no es una jugadora más. No lo fue nunca. Ni en Brasil, ni en España, ni en Estados Unidos. Tampoco lo será ahora en San Diego. Su nombre arrastra historia, contexto, rendimiento y una manera muy concreta de entender el juego: velocidad, verticalidad, desborde y carácter competitivo. Su fichaje por el Wave no responde a una oportunidad de mercado aislada, sino a una apuesta deportiva clara por una futbolista capaz de marcar diferencias inmediatas en una liga que exige impacto desde el primer minuto.
Este movimiento no puede entenderse sin mirar atrás, sin repasar la trayectoria de Ludmila Da Silva, sin contextualizar su paso por el Atlético de Madrid, su influencia en el crecimiento del fútbol femenino español y su posterior consolidación en la NWSL como una de las atacantes más respetadas del campeonato. Tampoco puede separarse del momento que vive “El Partido de Manu”, un medio que ha hecho de la anticipación, la credibilidad y el rigor sus principales señas de identidad.
Porque esta exclusiva no es un hecho aislado. Es la continuación de una línea editorial que ya dio en el clavo con movimientos como las llegadas de Amaiur Sarriegui o Maca Portales al Atlético de Madrid, cuando todavía eran simples rumores en corrillos y pasillos, y que hoy se confirman como ejemplos de una forma de trabajar que prioriza la información bien contrastada frente a la prisa por publicar.
Ludmila llegó al Atlético de Madrid en un momento clave de la historia reciente del club rojiblanco. Era una apuesta internacional, una futbolista diferente, explosiva, con una capacidad de desborde que no abundaba en la Liga Iberdrola de entonces. Su impacto fue inmediato. No solo por los goles, que llegaron, sino por todo lo que generaba a su alrededor. Defensas condicionadas, espacios liberados, partidos que cambiaban de guion en cuanto recibía el balón y encaraba.
Durante su etapa en el Atlético, Ludmila se convirtió en una de las futbolistas más reconocibles del equipo. Fue parte activa de un proyecto que peleó títulos, que se midió de tú a tú con los grandes de Europa y que ayudó a consolidar al club como una referencia estable en la élite. Su fútbol conectó con la grada, con el vestuario y con una manera de competir muy identificable con el ADN atlético.
Pero también fue una etapa exigente, intensa, marcada por la presión competitiva y por la evolución constante del fútbol femenino español. Ludmila siempre respondió desde el compromiso y la profesionalidad, incluso en los momentos más complejos. Su salida del Atlético no fue un adiós cualquiera. Fue el cierre de una etapa importante tanto para la jugadora como para el club, y el inicio de una nueva aventura que la llevó al otro lado del Atlántico.
La NWSL apareció como el siguiente paso lógico. Una liga en expansión, con un ritmo altísimo, con estadios llenos y con una exigencia física y mental diferente a la europea. Ludmila aterrizó en el Chicago Red Stars con la etiqueta de futbolista contrastada, pero también con el desafío de adaptarse a un contexto completamente distinto. Y lo hizo. No sin dificultades, como le ocurre a cualquier jugadora que cruza continentes, pero con la personalidad suficiente para hacerse un nombre propio.
En Chicago, Ludmila aportó experiencia, liderazgo ofensivo y una amenaza constante por banda. Su juego encajó en una liga que valora la verticalidad y la intensidad, y su presencia fue clave en muchos tramos de la competición. Sin embargo, el fútbol femenino, como cualquier deporte profesional, es movimiento constante. Los proyectos evolucionan, las prioridades cambian y las jugadoras buscan entornos donde seguir creciendo y sintiéndose importantes.
Es ahí donde aparece el San Diego Wave. Un club joven, pero con una identidad muy clara desde su nacimiento. Un proyecto que ha sabido atraer talento, construir una base sólida y conectar con su afición desde el primer día. San Diego no es una plaza cualquiera en la NWSL. Es un destino ambicioso, con aspiraciones reales y con una estructura que cuida cada detalle.
La llegada de Ludmila encaja perfectamente en ese contexto. No es un fichaje de relleno. Es una incorporación estratégica. Una futbolista que aporta experiencia internacional, que conoce la liga, que entiende la exigencia del día a día y que puede marcar diferencias tanto como titular como en momentos clave desde el banquillo. Su perfil complementa una plantilla pensada para competir por todo.
Desde El Partido de Manu, la información se ha trabajado con cautela, respeto y confirmaciones cruzadas. La operación está avanzada y, salvo giro inesperado, se hará oficial en las próximas fechas. No se trata de una filtración apresurada ni de una especulación. Es una exclusiva construida sobre hechos, conversaciones y un conocimiento profundo del mercado internacional.
Y aquí es donde el medio vuelve a reivindicar su lugar.
“El Partido de Manu” no compite por ser el más rápido, sino por ser el más fiable. Por contar las historias antes de que se hagan públicas, pero cuando están listas para ser contadas. Por explicar el porqué de los movimientos, no solo el qué. Por dar contexto, memoria y sentido a un fútbol femenino que necesita análisis tanto como titulares.
La credibilidad no se construye de un día para otro. Es el resultado de años de trabajo, de presencia constante, de escuchar más de lo que se habla y de respetar los tiempos del deporte y de las personas que lo protagonizan. Anticipar fichajes como los de Amaiur Sarriegui o Maca Portales al Atlético de Madrid no fue casualidad. Fue consecuencia directa de una red de fuentes fiables, de una lectura correcta del mercado y de una manera honesta de ejercer el periodismo deportivo.
Esta exclusiva sobre Ludmila Da Silva se suma a esa trayectoria. No para alimentar el ego del medio, sino para reafirmar una forma de hacer las cosas. Porque detrás de cada noticia hay horas de trabajo invisible, de comprobaciones, de silencios necesarios y de decisiones editoriales que no siempre son fáciles.
Ludmila afronta ahora un nuevo reto. San Diego será su casa en esta nueva etapa, un lugar donde volver a sentirse protagonista, donde seguir compitiendo al máximo nivel y donde aportar todo lo que su fútbol aún tiene por ofrecer. A sus 30 años, llega en plena madurez deportiva, con un bagaje que pocas futbolistas pueden igualar y con la ambición intacta.
Para el fútbol femenino, este tipo de movimientos son una muestra más de su crecimiento. Jugadoras que se mueven entre continentes, ligas que compiten por atraer talento, proyectos que se consolidan y medios especializados que acompañan ese proceso desde la información y el análisis.
“El Partido de Manu” cerró 2025 con 37.073 visitas y 24,2 mil visitantes únicos, unas cifras que no son solo números, sino reflejo de una comunidad que crece, que confía y que encuentra en este espacio una manera diferente de entender y contar el fútbol femenino. Un crecimiento sostenido y significativo respecto a los 20,5 mil visitantes registrados en 2024, que confirma que el camino elegido es el correcto.
No es solo una cuestión de audiencias. Es una cuestión de identidad. De saber quién eres, por qué cuentas lo que cuentas y para quién lo haces. De poner en valor el fútbol femenino desde el conocimiento, la pasión y el respeto. De entender que cada exclusiva no es un fin en sí mismo, sino parte de una historia más grande que se construye día a día.
Ludmila Da Silva cambiará Chicago por San Diego, el mercado se mueve y así los proyectos evolucionan.
Y El “Partido de Manu” seguirá ahí, anticipando, contextualizando y contando antes que nadie las historias que importan. Porque cuando las fuentes son fiables y el compromiso es real, el tiempo acaba dando la razón.
El Atlético de Madrid llega a esta batalla en la 4ª posición de la Liga F Moeve con 26 puntos, sabiendo que una victoria no solo le permitiría recortar distancias, sino también lanzar un mensaje de autoridad tras un mes de diciembre irregular en lo liguero. Las rojiblancas se fueron al parón navideño sin conocer la victoria en sus dos últimos compromisos de Liga, aunque sí con el orgullo intacto tras el triunfo en la tanda de penaltis ante el Alhama en la Copa de la Reina, una clasificación que sostuvo al equipo en la competición del KO y reforzó su carácter competitivo en momentos de máxima presión. El inicio de año supone, por tanto, un examen de madurez para un Atlético que sabe que estos partidos son los que definen temporadas y marcan jerarquías.
Enfrente estará una Real Sociedad lanzada, tercera clasificada con 30 puntos, que también selló su billete para los cuartos de final de la Copa de la Reina y que llega a Madrid en uno de los mejores momentos de su curso. El conjunto dirigido por Arturo Ruiz ha encontrado una línea de regularidad y confianza que le ha permitido firmar una racha notable, con solo una derrota en sus últimos nueve encuentros, un dato que refleja la solidez y la fiabilidad de un equipo que ha sabido competir tanto en escenarios favorables como en contextos adversos. Para las donostiarras, ganar en casa de un rival directo supondría un golpe casi definitivo en la pelea por las plazas de privilegio.
El mercado invernal también ha dejado su huella en ambos vestuarios, añadiendo un componente emocional y simbólico a la previa. En el Atlético de Madrid se ha producido la baja de Gaby García, mientras que la llegada de Priscilla Chinchilla representa una apuesta por reforzar el frente ofensivo y aportar nuevas soluciones a un equipo que busca reencontrarse con su mejor versión. En la Real Sociedad, el duelo estará marcado por las despedidas: Violeta Quiles ya no forma parte del proyecto y Edna Imade disputará su último partido como txuri-urdin, un detalle que añade un plus de emoción y motivación a un encuentro ya de por sí cargado de significado.
El CTA de la RFEF ha estimado oportuno que la encarga de impartir justicia en este duelo sea Elena Peláez Arnillas, colegiada de 31 años que es natural de Palencia y pertenece al Comité Castellano-Leonés.
Y como telón de fondo, la historia. Porque más allá del presente inmediato, los enfrentamientos entre Atlético de Madrid y Real Sociedad dibujan un relato que habla de hegemonía rojiblanca, pero también de resistencia y evolución donostiarra. Desde la temporada 2010/2011, ambos equipos se han visto las caras en numerosas ocasiones y el balance es contundente: 21 victorias del Atlético de Madrid, 6 empates y 8 triunfos de la Real Sociedad.
Un dato que recuerda el peso histórico del conjunto madrileño en este cruce, pero que no garantiza nada cuando el balón empieza a rodar y el contexto es tan exigente como el actual
Y como telón de fondo, la historia. Porque más allá del presente inmediato, los enfrentamientos entre Atlético de Madrid y Real Sociedad dibujan un relato que habla de hegemonía rojiblanca, pero también de resistencia y evolución donostiarra. Desde la temporada 2010/2011, ambos equipos se han visto las caras en numerosas ocasiones y el balance es contundente: 21 victorias del Atlético de Madrid, 6 empates y 8 triunfos de la Real Sociedad. Un dato que recuerda el peso histórico del conjunto madrileño en este cruce, pero que no garantiza nada cuando el balón empieza a rodar y el contexto es tan exigente como el actua
Con todo ello sobre la mesa, el partido se presenta como mucho más que tres puntos: es una prueba de carácter, una oportunidad para marcar territorio y un capítulo clave en la carrera por estar entre la élite europea la próxima temporada. Noventa minutos de máxima intensidad, de detalles que deciden, de duelos individuales y decisiones colectivas que pueden inclinar la balanza de toda una campaña. El sábado, en Madrid, el fútbol femenino español vivirá uno de esos partidos que no se olvidan, de los que se juegan con la cabeza, el corazón y la historia empujando desde la grada.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) January 10, 2026
XI de la RSO | Julia Arrula, Ainhoa Moraza, Apari, Paula Fernández, Andreia Jacinto, Lucía Rodríguez, Intza, Emma Ramírez, Aiara, Cahynová y Edna Imade.
La Liga F Moeve tenía razón cuando diseñó un cartel para promocionar este evento con un tablero de ajedrez en el que habían diferentes piezas sobre un techo con el logo de la Liga de Campeones Femenina, pues eso era lo que estaba en liza sobre el césped de Alcalá de Henares y parece que las jugadoras de ambos equipos lo sabían al regalarnos un partido de alto voltaje que pasa ya a los libros de historia de la Liga Profesional de Fútbol Femenino.
(Fuente: Liga F Moeve)
El club rojiblanco lleno de ausencias tras las salidas de Gaby y Ana, en la Real, la vuelta de Edna al Bayern por fin de cesión, volvían a la competición tras el parón navideño. En mención especial tenemos el debut de Priscila Chinchilla como nueva jugadora del Atlético de Madrid.
Antes del inicio de partido se guardó un minuto de silencio por la muerte en el sufragio de Indonesia, del entrenador de fútbol femenino del Valencia Club de Fútbol, Fernando Martín, tal y como había declarado la patronal para todos los compromisos que cerrarán esta primera vuelta.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) January 10, 2026
El adiós de Edna Imade a la Primera División Femenina será largamente recordado por todo lo que ha dejado antes de partir a Alemania para unirse al club que tiene sus derechos desde el pasado mercado estival, el Bayern de Múnich, que la ha repescado a mitad de año.
Participando en ataque el Atlético de Madrid, se llevó un mazazo en los primeros minutos de juego cuando un centro al área de Aiara para la Real Sociedad de Fútbol fue la génesis de una acción desdicha en la que un fallo de comunicación entre Lauren Leal y Lola Gallardo a la hora de proteger el esférico provocó un mal despeje de la central brasileña que le entregó el balón a Intza, que no desperdició el regalo de la exjugadora del Madrid CFF para abrir la lata con el 0-1 en el 6 de encuentro.
Las de Víctor Martín, no obstante, encajaron bien el golpe y se lanzaron a por el empate. Fiamma chutó alto a los diez minutos y Jensen no falló en un contragolpe. Recibió el balón de Bartel para romper a Lucía Rodríguez con una bicicleta finalizada hacia fuera con un espectacular zurdazo a la escuadra contraria que fue imposible para la guardameta visitante y el 1-1 hacía que todo volviera a empezar de cero en el minuto 11 para delirio de un grupo de peñas que se situaron en el único fondo del Centro Deportivo Alcalá de Henares que cuenta con grada.
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Había partido. Mucho más del que cualquiera de las personas asistentes a Alcalá pudieran imaginar en ese momento.
(Fuente: “El Partido de Manu”)
La propia Jensen forzó una buena estirada de Arrula poco después y fue Luany la que aprovechó una mala entrega de Moraza a su portera para robar el cuero y subir el 2-1 al marcador en una acción de pilla de la exjugadora del Gremio para adelantar a las de Viti en el 23, pura samba.
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De nuevo un error en la defensa rojiblanca, en este caso Silvia Lloris dejaba sola a una jugadora rival sola en banda derecha que ponía un perfecto para una definición maravillosa de Edna Imade para poner el empate con el 2-2 en el 29. Llegaba con un córner, aparentemente sin peligro que se envenenó en beneficio de la ariete guipuzcoana, todo estaba equilibrado.
Si parpadeabas, te lo perdías. Moraza dio un pase en largo a Andreia, Lloris falló en el despeje y la portuguesa encontró a Emma en el extremo diestro, desde donde puso un centro delicioso que Edna, al primer toque, convirtió en gol. La delantera con orígenes Marroquíes y nigerianos ponía en ventaja al campeón de la Copa de la Reina en 2019 en el 31 de este primer encuentro de 2026.
Las 22 protagonistas se marcharon al túnel de vestuarios con una entrevista a pie de campo con Lucía Rodríguez y el estreno del dron para enriquecer la cobertura que ofrecía en abierto Gol Play a través de la TDT y todo estaba pendiente de resolución de cara al segundo y definitivo acto en Álcala de Henares, pues la renta donostiarra era exigua.
Tras la reanudación, no tardó en reaccionar el bicampeón de la Copa de la Reina gracias a un gol espectacular de Julia Bartel en una acción de pizarra a la salida de un córner que botó Vilde Bøe Risa y la nórdica se asoció velozmente con Alexia Fernández para que la exjugadora del Granada encontrase libre de marca a la centrocampista del Chelsea que marcó el 3-3 en el minuto 47.
👌 Júlia Bartel culmina la jugada de pizarra a la perfección
Amaiur Sarriegui y culminaba por fin la remontada del Atlético de Madrid, 4-3, desde la banda izquierda de Andrea Medina venía el peligro, intentó despejar la defensa rival que puso un caramelito a la española que enganchó con fuerza y acabó en la red, era el tanto con el que la dorsal veinte le pidió perdón a su ex, mientras el respetable agitaba las banderas que se habían repartido en los prolegómenos de un Centro Deportivo de Alcalá que estaba casi lleno.
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Festival de goles y no solo goles, sino de golazos, ponía distancia Jensen, con un doblete en el partido que hacía fuerte al Atlético de Madrid y ya estaban a dos goles de distancia amén del 5-3.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) January 10, 2026
Duró poco la alegría un minuto más tarde en el 65, la Real Sociedad ponía en el 5-4, la falta de comunicación en defensa puso la desesperación en un centro bajo que aprovechó Emma Ramírez para ajusticiar a Lola Gallardo prácticamente a renglón seguido, era el minuto 64 para dar esperanza a las de Arturo Ruiz que quería darle un disgusto a su ex equipo.
Ante su despedida inminente de la Real Sociedad, Edna quería dejar huella hasta el final y vaya si lo aprovechó, el agujero que dejó Medina en banda, dejó a la jugadora de la Real Sociedad poner un centro, sola, rematado por Edna Imade , que hacía un hat-trick y ponía el empate en un tanteador que reflejaba un impresionante 5-5 en el minuto 78 que resultaría definitivo.
Lola Gallardo también tuvo su momento de gloria cuando en el 89 sacó la mano para desviar a córner un potente chut de la propia Imade cuando el esférico ya se colaba
La mañana estuvo llena de goles y es difícil de explicar para alguien que no haha visto el encuentro o no esté leyendo esta crónica, porque este partido fue único.
(Fuente: Liga F Moeve)
Con este empate a cinco, que se recomienda incluso ver en diferido a través de la app de DAZN, la Real Sociedad suma ya 31 unidades en su casillero en la despedida de la exjugadora del Cacereño y le sirve para mantener los cuatro guarismos de distancia con un Atlético de Madrid que aglutina 27 puntos en su casillero y ya piensa en el próximo duelo que le obliga a viajar a Cataluña para medirse ante el todopoderoso Fútbol Club Barcelona en el Johan Cruyff.
Atlético de Madrid: Gallardo (cap.), Alexia, Lloris, Lauren Leal (Xènia, min. 76), Medina, Bøe Risa (M. Portales, min. 76), J. Bartel, Luany (P. Chinchilla, min. 92), Fiamma, Jensen y Amaiur (Celia, min. 86).
Real Sociedad: J. Arrula, Emma {Arola A., min. 70 (L. Pardo, min. 96)}, Lucía, Apari, Moraza (cap.) (Florentino, min. 89), Aiara, Cahynová, P. Fernández, Andreia, Intza (N. Eizagirre, min. 70) y Edna Imade.
Árbitra: Elena Peláez. Ha amonestado a la local Medina y a la visitante Lucía Rodríguez con tarjeta amarilla.
Incidencias: Partido correspondiente a la decimoquinta jornada de la Liga F Moeve 2025-2026 que han disputado el Atlético de Madrid y la Real Sociedad de Fútbol en el Centro Deportivo Alcalá de Henares sobre una superficie de hierba natural.
✨ Prime Video desvela el tráiler oficial de la película Los hermanos demolición ✨
Prime Video ha desvelado el tráiler oficial de su nueva película Original Los hermanos demolición, una comedia de acción potenciada por la química arrolladora de su dúo protagonista, Dave Bautista (Trap House) y Jason Momoa (Aquaman y el reino perdido). Los hermanos demolición es una historia sobre la hermandad, la familia, la redención, la masculinidad y el enfrentarse a las partes de tu pasado de las que intentaste huir. La películaha conseguido unir a ambos actores, que siempre habían querido trabajar juntos. Sorprendentemente emotiva y con mucho humor a lo largo del camino, Los hermanos demolición se estrenará el 28 de enero de 2026 enPrime Video, en más de 240 países y territorios de todo el mundo.
En esta comedia de acción, dos hermanastros distanciados, Jonny (Jason Momoa) y James (Dave Bautista), se ven obligados a reunirse tras la misteriosa muerte de su padre. Mientras se disponen a descubrir la verdad, salen a la luz secretos ocultos y se ponen a prueba las lealtades, desvelando una conspiración que puede destrozar a su familia. Juntos, están dispuestos a destruir cualquier cosa que se interponga en su camino.
(Fuente: Liga F Moeve)
Este sábado 10 de enero de 2026, a las 17:00 horas, cuando la tarde empiece a caer sobre Valdebebas y el frío invernal envuelva el estadio Alfredo Di Stéfano, la Liga F Moeve volverá a ofrecer uno de esos partidos que explican por sí solos el momento de una competición que no deja de crecer en intensidad, calidad y significado. Real Madrid CF y Sevilla FC se citan en un duelo que va mucho más allá de la jornada que marca el calendario. Es un choque entre dos equipos en plena forma, dos proyectos que han sabido resistir los golpes, aprender de las caídas y construir una identidad competitiva que hoy los sitúa como protagonistas de la temporada. Un partido que no necesita artificios para justificarse, porque su peso reside en todo lo que lo rodea: la clasificación, las dinámicas, la historia compartida y la sensación de que cada minuto puede ser decisivo.
El Real Madrid llega a esta cita asentado en la segunda posición de la tabla con 32 puntos, mirando de frente a la cabeza de la clasificación y consciente de que cada jornada es una oportunidad para reforzar su candidatura a todo. Seis partidos consecutivos sin perder entre todas las competiciones han consolidado la sensación de un equipo que ha encontrado equilibrio, madurez y una confianza que se transmite desde el primer pase. No se trata únicamente de resultados, sino de cómo se han construido. El Real Madrid ha aprendido a dominar partidos desde diferentes registros, a sufrir cuando el contexto lo exige y a imponer su ritmo cuando el escenario lo permite. Ese aprendizaje, acumulado partido a partido, ha convertido al conjunto blanco en uno de los equipos más sólidos y fiables del campeonato.
El Alfredo Di Stéfano, escenario habitual de las grandes tardes del fútbol femenino madridista, será testigo de un nuevo capítulo en esa evolución. Jugar en casa, con la familiaridad del entorno y la certeza de conocer cada rincón del terreno de juego, añade un matiz especial a un partido que exige máxima concentración desde el primer minuto. El Real Madrid sabe que no puede permitirse concesiones, porque enfrente tendrá a un rival que llega sin complejos, con argumentos sólidos y con la convicción de que este tipo de encuentros son oportunidades para dar un salto cualitativo.
El Sevilla FC aterriza en Madrid como sexto clasificado con 24 puntos, a solo seis de los puestos de Champions, y con una racha liguera que invita al optimismo. Aunque el equipo hispalense llega tras caer en los octavos de final de la Copa de la Reina, esa eliminación no ha empañado el gran momento que vive en la competición doméstica, donde no conoce la derrota desde el pasado 19 de octubre. Seis partidos ligueros consecutivos sin perder son la prueba de un crecimiento sostenido, de un equipo que ha sabido reinventarse tras los momentos difíciles y que ha encontrado en la regularidad su principal fortaleza.
Este Sevilla no es un invitado inesperado en la parte noble de la tabla, sino un equipo que ha trabajado para estar ahí. Cada punto sumado ha sido una declaración de intenciones, una forma de demostrar que el proyecto tiene bases firmes y que la ambición no es una palabra vacía. La cercanía de los puestos de Champions actúa como un motor silencioso, como una meta que se intuye alcanzable si el equipo mantiene su nivel competitivo. Visitar el Alfredo Di Stéfano no es una misión sencilla, pero tampoco es un obstáculo insalvable para un Sevilla que ha demostrado saber competir lejos de casa.
Las palabras de Sara Holmgaard en la previa del encuentro resumen a la perfección el espíritu con el que el Real Madrid afronta este duelo: “Tenemos que empezar el partido con un nivel muy alto, jugar muy rápido y ser fuertes en defensa”. No es una frase lanzada al azar, sino una declaración de principios. Empezar fuerte, imponer ritmo y sostenerse desde la solidez defensiva son las claves que han permitido al conjunto blanco encadenar resultados positivos y mantenerse en la pelea por los objetivos más ambiciosos. Holmgaard pone voz a una idea colectiva, a una convicción compartida por un vestuario que sabe que la exigencia no da tregua.
La historia entre Real Madrid y Sevilla FC añade una dimensión extra al enfrentamiento. Ambos conjuntos se han visto las caras en once ocasiones, con un balance favorable al equipo merengue: ocho victorias, un empate y dos triunfos para el conjunto hispalense. Es una estadística que marca tendencia, pero que no determina el presente. El fútbol, especialmente en una competición tan viva como la Liga F, no entiende de certezas absolutas. Aun así, los precedentes pesan, y más aún cuando los recuerdos más recientes son contundentes. La pasada temporada, el Real Madrid se impuso en ambos duelos, primero con un 4-1 y después con un rotundo 0-4, resultados que dejaron claro el potencial ofensivo del equipo blanco y su capacidad para castigar cualquier error.
Pero el Sevilla que llega a este partido no es exactamente el mismo que cayó la temporada pasada. Ha ganado experiencia, ha reforzado su identidad y ha aprendido a competir desde la paciencia. Su racha liguera sin derrotas es una muestra de ello. Cada partido ha sido una prueba superada, un paso más en un camino que se construye desde la constancia. La eliminación copera, lejos de hundir al equipo, puede actuar como un elemento catalizador, como una herida que empuja a reaccionar y a concentrar todas las energías en la competición doméstica.
El choque de dinámicas convierte este partido en un duelo de alto voltaje. El Real Madrid llega con la seguridad que otorga una racha positiva en todas las competiciones y con la ambición de no perder terreno en la lucha por la cima. El Sevilla, por su parte, aterriza con la confianza que nace de saberse competitivo, de no perder desde hace meses en Liga y de estar a solo seis puntos de un objetivo tan ilusionante como la Champions. Dos rachas, dos impulsos, dos maneras de entender el momento que se encontrarán sobre el césped del Alfredo Di Stéfano.
El factor televisivo amplifica aún más la importancia del encuentro. DAZN y Movistar+ ofrecerán el partido en directo, llevando este duelo a miles de hogares y confirmando el crecimiento del fútbol femenino como producto deportivo de primer nivel. No es solo un partido más en la parrilla, es una cita marcada para quienes siguen la Liga F con atención, para quienes entienden que estos enfrentamientos construyen la narrativa de la temporada. El espectador no solo asistirá a un choque entre dos equipos en forma, sino a un relato en tiempo real, a una historia que se escribirá minuto a minuto.
En el césped, cada duelo individual tendrá un significado especial. Cada carrera, cada disputa, cada balón dividido será una pequeña batalla dentro de una guerra más amplia. El Real Madrid buscará imponer su ritmo desde el inicio, mover el balón con velocidad y aprovechar los espacios, mientras que el Sevilla intentará resistir, leer el partido y castigar cualquier concesión. Será un pulso táctico, físico y emocional, donde la gestión de los momentos será tan importante como la calidad individual.
La clasificación añade presión, pero también ilusión. Para el Real Madrid, una victoria supondría reforzar su posición en la segunda plaza y seguir presionando a los equipos que ocupan la cima. Para el Sevilla, puntuar en Valdebebas sería un golpe de autoridad, una confirmación de que su racha no es circunstancial y de que puede mirar de frente a los grandes de la Liga. Cada punto cuenta, cada resultado deja huella, y ambos equipos lo saben.
Este partido no se entiende sin el contexto de una Liga F Moeve cada vez más competitiva, donde los márgenes son mínimos y donde cualquier detalle puede cambiar el rumbo de la temporada. Real Madrid y Sevilla representan dos modelos distintos, pero igualmente ambiciosos. Uno, consolidado en la élite y con la presión constante de ganar. El otro, en pleno crecimiento, con el hambre de quien sabe que está ante una oportunidad histórica. Ese contraste es lo que convierte este duelo en algo especial.
Cuando el reloj marque las 17:00 y el balón empiece a rodar, todo lo demás quedará en suspenso. Las rachas, los precedentes, las declaraciones previas se diluirán para dejar paso a la verdad del juego.
Es la promesa de un duelo intenso, de ritmo alto, de defensas exigidas al límite y de ataques dispuestos a romper cualquier equilibrio. Es, en definitiva, uno de esos encuentros que recuerdan por qué el fútbol femenino merece ser visto, seguido y celebrado. Y cuando llegue el pitido final, gane quien gane, quedará la sensación de haber asistido a una cita imprescindible, de esas que no se explican del todo con palabras, pero que se quedan grabadas en la memoria de quien decidió no perdérsela.
Noventa minutos donde el talento, la disciplina y el carácter marcarán la diferencia. Noventa minutos en los que cada acción contará y en los que el espectador sentirá que algo importante está en juego.
Porque este Real Madrid CF – Sevilla FC no es solo un partido de Liga F. Es una invitación a detenerse, a mirar con atención y a dejarse atrapar por una competición que no deja de crecer.
⬛️ La Primera División Femenina da un nuevo paso adelante en su apuesta por la innovación y la mejora continua del producto audiovisual en las retransmisiones de sus partidos, con la incorporación de un dron de última generación en los encuentros más destacados de la competición, a partir de la Jornada 15, que se disputa este fin de semana. Una iniciativa pionera en el fútbol español que permitirá ofrecer al espectador una experiencia televisiva más inmersiva y diferencial.
La Liga F Moeve da un nuevo paso adelante en su apuesta por la innovación audiovisual con la incorporación progresiva de un recurso tecnológico de última generación que comenzará a integrarse en las retransmisiones más relevantes de la competición. Este avance se estrenará de manera oficial en el encuentro correspondiente a la Jornada 15, que enfrentará al Atlético de Madrid y a la Real Sociedad en la Ciudad Deportiva de Alcalá de Henares, a partir de las 12:00 horas, y que contará con la cobertura en directo de DAZN y TEN, Gol Play y ETB1.
La gran novedad será el uso de un dron DJI Mini 5 Pro, un dispositivo de última generación autorizado específicamente para el sobrevuelo de personas y diseñado para producciones audiovisuales de alto nivel.
Gracias a este dron, la Liga F podrá ofrecer imágenes aéreas espectaculares y únicas, con una perspectiva similar a la de una skycam, aportando nuevos ángulos de visión que enriquecerán la narrativa visual del juego y permitirán acercar aún más la acción al espectador.
Se trata de una herramienta pensada para reforzar la experiencia televisiva, poner en valor el ritmo, los espacios y las acciones del fútbol femenino y alinearse con los estándares técnicos de las grandes competiciones internacionales.
El dispositivo operará principalmente en las zonas exteriores del terreno de juego, con incursiones puntuales para el seguimiento de determinadas jugadas, siempre bajo estrictos protocolos de seguridad. En ningún caso sobrevolará las gradas ni las áreas, y mantendrá una altura aproximada de 20 metros mientras el balón esté en juego.
Todo el despliegue contará con las máximas garantías técnicas y operativas, respaldadas por la amplia experiencia de Mediapro en la utilización de este tipo de recursos en otras competiciones y grandes eventos deportivos.
Con esta iniciativa, la Liga F reafirma su compromiso por seguir elevando la calidad de sus retransmisiones, innovar en la producción audiovisual y ofrecer un producto cada vez más atractivo, moderno y competitivo. Una apuesta firme por la visibilidad, la excelencia y la proyección del fútbol femenino, acercándolo al aficionado desde todas las perspectivas posibles y consolidando su crecimiento tanto a nivel deportivo como mediático.
Además, la jornada que cierra la primera vuelta del campeonato estará marcada por un emotivo gesto de homenaje y recuerdo.
La patronal ha decretado un minuto de silencio en todos los encuentros en memoria de Fernando Martín, ex técnico del Valencia Club de Fútbol (Primera RFEF), fallecido de manera trágica en un naufragio mientras se encontraba de viaje en Indonesia junto a sus tres hijos. Un suceso devastador que ha conmocionado profundamente a toda la comunidad del fútbol femenino.
A este acto de respeto se sumarán los clubes, las futbolistas y las árbitras, que se unirán en todos los estadios en un mismo gesto de homenaje y recogimiento.
La Liga F, junto a todos sus integrantes, quiere así acompañar en el dolor a una familia golpeada por una tragedia de enorme magnitud, compartir su duelo y mostrar el lado más humano y solidario del fútbol en unos momentos de luto e inmenso dolor.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) January 9, 2026
El duelo entre el Atlético de Madrid y la Real Sociedad se juega antes de saltar al césped. En las convocatorias de ambos equipos se esconden relatos de reconstrucción, de continuidad, de ausencias que pesan y de nombres que emergen para sostener proyectos con ambición.
Dos listas que no solo anuncian un partido de Liga F, sino un choque de momentos vitales, de identidades bien definidas al y de caminos que se cruzan en plena exigencia competitiva.
El enfrentamiento entre el Atlético de Madrid Femenino y la Real Sociedad se presenta como uno de esos partidos que explican una temporada entera, y las convocatorias de ambos equipos funcionan como un espejo perfecto de sus respectivos estados de ánimo. En el lado rojiblanco, la lista para este encuentro llega marcada por el empate 2-2 ante la SD Eibar, un resultado que dejó sensaciones ambiguas y que aceleró la necesidad de reajustar piezas en un equipo que vive en pleno proceso de transición. Las salidas de Gaby García, traspasada al América, y de Ana Vitória, rumbo al Corinthians, han cerrado dos etapas importantes en la estructura del vestuario, dejando vacíos que no se llenan únicamente con nombres, sino con tiempo, liderazgo y nuevos equilibrios. A todo ello se suma la lesión de larga duración de Gio Queiroz, una ausencia que ha golpeado directamente al plan ofensivo y ha obligado al club a reaccionar con rapidez. Ara
En ese contexto aparece Priscila Chinchilla, incorporada para reforzar el ataque y ya integrada en la convocatoria como una solución inmediata más que como una apuesta a medio plazo. Su presencia simboliza la urgencia competitiva del Atlético, la necesidad de encontrar nuevas vías para amenazar en ataque y de recuperar la energía y la verticalidad perdidas. Junto a ella, el regreso de Alexia Fernández aporta experiencia y orden a una defensa que viene de sufrir y que deberá elevar su nivel ante un rival exigente. La continuidad de futbolistas jóvenes como Celia, Alba o Claudia confirma que el cuerpo técnico mantiene su apuesta por un bloque en crecimiento, mientras que la repetición de Luany en la lista refuerza la sensación de que ya no se trata de una aparición puntual, sino de una alternativa real en el frente ofensivo. La presencia de Miñambres completa una convocatoria diseñada para un partido largo, con necesidad de fondo de armario y capacidad de adaptación.
En el otro lado del tablero, la Real Sociedad llega con una convocatoria que respira coherencia, estabilidad y fidelidad a un modelo que lleva años construyéndose. La presencia de Estensoro y Arrula en la portería garantiza seguridad y continuidad, mientras que una defensa liderada por nombres como Moraza, Claudia Florentino, Apari y Lucía Rodríguez refleja experiencia, solidez y un profundo conocimiento del juego. El centro del campo vuelve a ser el corazón del equipo txuri-urdin, con futbolistas como Emma Ramírez, Aira, Paula Fernández y Guridi sosteniendo el equilibrio, acompañadas por el talento joven de Jacinto e Intza y por la creatividad y jerarquía de Nerea Eizaguirre, auténtico faro del juego ofensivo.
La convocatoria de la Real se completa con un ataque variado y lleno de matices, donde conviven la experiencia internacional de Lavogez, la potencia de Cahynová, la inteligencia de movimientos de Lucía Pardo y la frescura de Mirari, junto a la amplitud que aportan Cecilia Marcos y Arola Aparicio. Edna Imade emerge como uno de los nombres más peligrosos de la lista, una futbolista capaz de romper partidos desde la velocidad y el desborde, y que encarna a la perfección el perfil ofensivo de una Real Sociedad que sabe competir sin renunciar a su identidad.
Así, el partido se dibuja como un choque de narrativas. El Atlético de Madrid, en plena reconfiguración, buscando respuestas inmediatas sin perder su ADN competitivo. La Real Sociedad, asentada en un proyecto sólido, confiada en su modelo y en una convocatoria que mezcla experiencia y talento joven con naturalidad.
Dos listas que hablan de caminos distintos, pero que convergen en un mismo punto: la necesidad de competir, de imponer carácter y de demostrar que, más allá de las ausencias y los nombres propios, la identidad sigue siendo el arma más poderosa en la Liga F Moeve.
🟢 El canal temático de RTVE dará cobertura a duelo entre rojiblancas y al nuevo clásico del fútbol femenino español.
El pasado 7 de enero de 2026, en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, la Real Federación Española de Fútbol, sorteó los duelos de cuartos de final de la Copa de la Reina Iberdrola.
(Fuente: RFEF)
En dicho evento quedaron algunos interrogantes por despejar amén de los horarios y la pertinente cobertura televisiva para ellos.
El ente que preside Rafael Louzán ha emitido un comunicado de prensa en el que revela que los ocho emparejamientos resultantes contarán con cobertura televisiva, algo impensable hace tan solo unos cursos, lo que demuestra que el fútbol femenino si suscita interés.
Hay competiciones que no se juegan solo con balón. Hay torneos que se disputan con memoria, con herencia, con el peso de los años y con la emoción de cada paso dado por quienes construyeron el camino antes. La Copa de S. M. la Reina Iberdrola es una de ellas. Un torneo que no entiende de rutina ni de previsión, que se alimenta de lo inesperado y que convierte cada eliminatoria en un relato único, irrepetible, profundamente ligado a la identidad del fútbol femenino español.
Los cuartos de final ya están aquí. Y lo hacen con una hoja de ruta clara, definida, oficial, marcada por el sorteo celebrado el pasado 7 de enero, y visualizada en una imagen que resume lo que está por venir: escudos históricos, horarios señalados en rojo y la promesa de cuatro duelos que volverán a colocar a la Copa en el centro del escenario.
🚨 𝗛𝗢𝗥𝗔𝗥𝗜𝗢𝗦 𝗖𝗢𝗡𝗙𝗜𝗥𝗠𝗔𝗗𝗢𝗦
⏰ Estas son las fechas y las horas de los partidos de los cuartos de final de la #CopaDeLaReinaIberdrola.
Durante dos noches consecutivas, el miércoles 4 de febrero y el jueves 5 de febrero, los ocho equipos supervivientes del torneo saltarán al césped con un único objetivo: alcanzar las semifinales de la competición más antigua y simbólica del fútbol femenino nacional.
Y lo harán con una certeza compartida: la Copa no se juega, se sobrevive.
Hablar de la Copa de la Reina es hablar de las raíces del fútbol femenino español. Es hablar de un torneo que ha crecido en paralelo al propio desarrollo de la competición doméstica, que ha sabido adaptarse a los tiempos sin perder su esencia, y que hoy, bajo el paraguas de la RFEF y con el impulso de patrocinadores como Iberdrola, vive uno de sus momentos de mayor visibilidad y prestigio.
Cada ronda es una ceremonia. Cada cruce, una oportunidad para reivindicar trayectorias, para ajustar cuentas pendientes o para abrir capítulos inéditos. Los cuartos de final no son una excepción. Al contrario: son el punto exacto donde la Copa se vuelve seria, donde ya no hay margen para el error y donde cada decisión pesa.
En este contexto, la hoja de ruta ya está marcada. Los horarios, definidos. Las cámaras, preparadas. Y la audiencia, expectante.
La competición arrancará el miércoles 4 de febrero, una jornada que abrirá el telón de los cuartos de final con dos partidos de enorme peso simbólico y deportivo. Dos enfrentamientos que resumen la diversidad, la riqueza y la intensidad del fútbol femenino español.
El primer latido de los cuartos de final llegará desde Madrid. A las 18:30 horas, el balón echará a rodar en un duelo que respira tradición, carácter y respeto mutuo: Atlético de Madrid frente a Athletic Club.
Dos clubes históricos. Dos formas de entender el fútbol. Dos escudos que no necesitan presentación.
El Atlético de Madrid, uno de los grandes protagonistas de la Copa en la última década, afronta esta eliminatoria con el recuerdo aún fresco de noches coperas memorables. El conjunto rojiblanco ha hecho de este torneo un territorio reconocible, un espacio donde ha sabido crecer, competir y levantar títulos.
Frente a él, el Athletic Club, emblema del fútbol femenino estatal, referencia indiscutible de cantera, identidad y fidelidad a un modelo propio. Las leonas llegan a los cuartos con la convicción de quien sabe que la Copa es un escenario donde su historia pesa y su camiseta impone.
El duelo, además, podrá seguirse en directo y en abierto a través de Teledeporte, reafirmando el compromiso del ente público con el fútbol femenino y con una competición que forma parte del patrimonio deportivo nacional.
Apenas media hora después, a las 19:00 horas, llegará el segundo duelo del miércoles. Un enfrentamiento que simboliza el crecimiento sostenido de proyectos consolidados en la élite: Madrid CFF frente a CD Tenerife Femenino.
El Madrid CFF, habitual protagonista de las fases avanzadas del torneo en los últimos años, afronta esta cita como una oportunidad para seguir afianzando su papel competitivo en el panorama nacional. La Copa se ha convertido para el conjunto madrileño en un espacio de reivindicación, donde el equipo ha demostrado personalidad, ambición y una identidad reconocible.
Enfrente estará el CD Tenerife Femenino, representante del fútbol canario y ejemplo de constancia y trabajo a largo plazo. El conjunto isleño llega a los cuartos con la ilusión intacta y la motivación de quien sabe que cada eliminatoria copera es una oportunidad para hacer historia.
Un duelo de estilos, de ritmos y de emociones, que completará una primera jornada de cuartos marcada por la diversidad de propuestas futbolísticas y por la igualdad competitiva, siendo cubierto por RadioTelevisión Canaria.
Si el miércoles abre el camino, el jueves 5 de febrero de 20 lo culmina. Dos partidos.
Dos historias. Y un cierre que, como manda la tradición, reservará el foco principal para el gran clásico del fútbol español.
La tarde del jueves arrancará a las 19:00 horas con un duelo que enfrenta a dos proyectos sólidos, reconocibles y profundamente competitivos: Real Sociedad frente al ONA.
La Real Sociedad, club con una arraigada tradición futbolística y una clara apuesta por su sección femenina, afronta esta eliminatoria con la ambición de volver a situarse entre las mejores del torneo. El conjunto txuri-urdin ha hecho de la Copa un escenario donde su fútbol asociativo y su competitividad suelen emerger con fuerza.
El Badalona Women, por su parte, representa la evolución constante, la adaptación y la ambición de un proyecto que no renuncia a competir de tú a tú ante cualquier rival. La Copa ofrece al conjunto catalán una plataforma ideal para mostrar su crecimiento y su capacidad para desafiar pronósticos.
Un partido que se podrá seguir a través de los canales oficiales de la RFEF, consolidando la apuesta federativa por la difusión integral de la competición.
Y como colofón, como cierre perfecto para dos noches de fútbol copero, llegará el partido que trasciende la competición: el Clásico.
A las 21:00 horas, el Real Madrid CF y el Fútbol Club Barcelona se enfrentarán en los cuartos de final de la Copa de la Reina Iberdrola. Un duelo que concentra miradas, atención mediática y una carga simbólica que va más allá del pase a semifinales.
El Clásico es siempre un acontecimiento. En la Copa, lo es aún más. Porque aquí no hay margen para el error. Porque aquí no hay ida y vuelta. Porque aquí, un solo partido decide quién sigue y quién se despide.
El encuentro podrá seguirse en directo a través de Teledeporte, garantizando una cobertura amplia, detallada y accesible para toda la audiencia.
La imagen oficial que acompaña estos cuartos de final no es solo un cartel. Es una declaración de intenciones. En ella, los escudos se alinean, los horarios se ordenan y la Copa preside el relato. Es el punto de partida visual de una eliminatoria que promete emociones fuertes, noches memorables y nuevos capítulos para la historia del torneo.
Bajo el lema #CopaDeLaReinaIberdrola, la competición se prepara para vivir uno de sus momentos más esperados. Ocho equipos. Cuatro partidos. Dos días y un solo objetivo compartido: seguir soñando. Los cuartos de final no son un final. Son un umbral. El lugar donde la Copa comienza a mostrar su verdadero rostro. Donde los detalles deciden. Donde cada acción puede convertirse en recuerdo.
En estas dos jornadas el balompié practicado por mujeres estará en el primer plano y quizá por eso sea la segunda profesión que eligen las jóvenes a día de hoy, según un reciente estudio de Addeco.
La Copa de la Reina Iberdrola vuelve a llamar y el fútbol, como siempre, responde.
El Club Atlético de Madrid, bicampeón de la Copa de la Reina Iberdrola, ha informado oficialmente de la marcha de su plantilla de Ana Vitória Angélica Kliemaschewsk de Araújo tras alcanzar un acuerdo para su traspaso.
Este movimiento no puede coger por sorpresa a los lectores, pues este medio ya lo adelantó en exclusiva en un artículo en el que también aseguró que Silvia Lloris no iría a Rayadas de Monterrey.
La exjugadora del PSG es la segunda baja que sufre el vigente subcampeón de la Copa de la Reina después de la salida de Gaby García al América y despeja el centro del campo, donde hay efectivos de sobra para los planes de Víctor Martín Alba.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) January 9, 2026
La internacional brasileña será recordada por un gol que le hizo al Real Madrid en el Alfredo Di Stéfano en un 2-3 que ayudó al equipo a alcanzar la tercera plaza hace dos temporadas, aunque luego se cayó en la fase previa ante el Rosenborg en Londres.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) January 9, 2026
La que fuese estrella del Benfica (2019-2023) deja la Primera División Femenina tras casi dos años, llegó en enero de 2024 desde Francia y en ese lapso temporal ha podido disputar un total de 51 encuentros de índole oficial como la elástica colchonera y desde la entidad que preside Lola Romero se le ha querido agradecer los servicios prestados y su entrega en cada compromiso.
La internacional absoluta por Brasil fue finalista en los Juegos Olímpicos de París 2024 y a sus 25 años regresa al Corinthians, donde ya exhibió su talento en la campaña 2017-2018.
Por último, hemos de hacer constar que la venta de la jugadora natural de Rondonópolis es la última que se prevé en la capital española, a la que llegó recientemente la ex del Zenit, Priscila Chinchilla, para apuntalar la parcela ofensiva ante la baja larga duración de Gio Queiroz.
🚨El fútbol femenino vuelve a latir con fuerza en el arranque del nuevo año y lo hace con un partido que trasciende la jornada y el calendario. Este sábado 10 de enero a las 12:00 horas, el Centro Deportivo Alcalá de Henares se convierte en escenario de un duelo decisivo por Europa, un choque de altura entre Atlético de Madrid y Real Sociedad, cuarto contra tercero, separados por apenas cuatro puntos y con la Champions League del próximo curso como horizonte inmediato. El encuentro podrá seguirse en directo a través de DAZN, GolPlay, TEN y EITB, una señal clara de la magnitud de una cita que reúne tensión competitiva, contexto histórico y un presente cargado de matices. 🚨
El Atlético de Madrid llega a esta batalla en la 4ª posición de la Liga F Moeve con 26 puntos, sabiendo que una victoria no solo le permitiría recortar distancias, sino también lanzar un mensaje de autoridad tras un mes de diciembre irregular en lo liguero. Las rojiblancas se fueron al parón navideño sin conocer la victoria en sus dos últimos compromisos de Liga, aunque sí con el orgullo intacto tras el triunfo en la tanda de penaltis ante el Alhama en la Copa de la Reina, una clasificación que sostuvo al equipo en la competición del KO y reforzó su carácter competitivo en momentos de máxima presión. El inicio de año supone, por tanto, un examen de madurez para un Atlético que sabe que estos partidos son los que definen temporadas y marcan jerarquías.
Enfrente estará una Real Sociedad lanzada, tercera clasificada con 30 puntos, que también selló su billete para los cuartos de final de la Copa de la Reina y que llega a Madrid en uno de los mejores momentos de su curso. El conjunto dirigido por Arturo Ruiz ha encontrado una línea de regularidad y confianza que le ha permitido firmar una racha notable, con solo una derrota en sus últimos nueve encuentros, un dato que refleja la solidez y la fiabilidad de un equipo que ha sabido competir tanto en escenarios favorables como en contextos adversos. Para las donostiarras, ganar en casa de un rival directo supondría un golpe casi definitivo en la pelea por las plazas de privilegio.
El mercado invernal también ha dejado su huella en ambos vestuarios, añadiendo un componente emocional y simbólico a la previa. En el Atlético de Madrid se ha producido la baja de Gaby García, mientras que la llegada de Priscilla Chinchilla representa una apuesta por reforzar el frente ofensivo y aportar nuevas soluciones a un equipo que busca reencontrarse con su mejor versión. En la Real Sociedad, el duelo estará marcado por las despedidas: Violeta Quiles ya no forma parte del proyecto y Edna Imade disputará su último partido como txuri-urdin, un detalle que añade un plus de emoción y motivación a un encuentro ya de por sí cargado de significado.
El CTA de la RFEF ha estimado oportuno que la encarga de impartir justicia en este duelo sea Elena Peláez Arnillas, colegiada de 31 años que es natural de Palencia y pertenece al Comité Castellano-Leonés.
Y como telón de fondo, la historia. Porque más allá del presente inmediato, los enfrentamientos entre Atlético de Madrid y Real Sociedad dibujan un relato que habla de hegemonía rojiblanca, pero también de resistencia y evolución donostiarra. Desde la temporada 2010/2011, ambos equipos se han visto las caras en numerosas ocasiones y el balance es contundente: 21 victorias del Atlético de Madrid, 6 empates y 8 triunfos de la Real Sociedad. Un dato que recuerda el peso histórico del conjunto madrileño en este cruce, pero que no garantiza nada cuando el balón empieza a rodar y el contexto es tan exigente como el actual.
Con todo ello sobre la mesa, el partido se presenta como mucho más que tres puntos: es una prueba de carácter, una oportunidad para marcar territorio y un capítulo clave en la carrera por estar entre la élite europea la próxima temporada. Noventa minutos de máxima intensidad, de detalles que deciden, de duelos individuales y decisiones colectivas que pueden inclinar la balanza de toda una campaña. El sábado, en Madrid, el fútbol femenino español vivirá uno de esos partidos que no se olvidan, de los que se juegan con la cabeza, el corazón y la historia empujando desde la grada.
Liga F Moeve 2025-2026 entra en una fase decisiva con la disputa de su decimoquinta jornada, una fecha marcada en rojo en el calendario no solo por su peso competitivo, sino también por la amplia cobertura televisiva en abierto que permitirá a la afición seguir de manera gratuita algunos de los encuentros más relevantes del fin de semana. El sábado 10 y el domingo 11 de enero de 2026 se concentran cuatro partidos clave que, por contexto histórico, situación clasificatoria, potencial deportivo y relevancia mediática, representan una radiografía perfecta del momento que atraviesa el fútbol femenino profesional en España. Atlético de Madrid y Real Sociedad, Real Madrid y Sevilla FC, FC Barcelona y Madrid CFF, así como Deportivo Abanca y Costa Adeje Tenerife Egatesa, protagonizan una jornada que combina tradición, proyectos consolidados, ambición competitiva y lucha por objetivos muy distintos, pero igualmente trascendentales dentro del ecosistema de la Liga F.
El sábado se abrirá con uno de los encuentros más reconocibles del fútbol femenino nacional en la última década, el Atlético de Madrid frente a la Real Sociedad, que se disputará a las 12:00 horas y podrá seguirse en directo y en abierto a través de TEN TV. El choque en el Centro Deportivo Alcalá de Henares —escenario habitual de las rojiblancas— enfrenta a dos clubes que han construido una identidad propia en la élite y que, pese a los cambios estructurales vividos en los últimos años en la Liga F, continúan siendo referencias deportivas, institucionales y emocionales para sus respectivas aficiones. El Atlético de Madrid llega a esta decimoquinta jornada con la necesidad de reafirmar su candidatura a los puestos europeos en una temporada marcada por la exigencia, la renovación parcial de la plantilla y la obligación de competir de tú a tú con los grandes presupuestos del campeonato. El conjunto rojiblanco, histórico campeón de Liga y habitual protagonista en la UEFA Women’s Champions League, afronta cada jornada como una final en un campeonato cada vez más igualado, donde los márgenes de error se han reducido drásticamente.
La Real Sociedad, por su parte, mantiene su apuesta por un modelo reconocible, basado en el talento joven, la continuidad de un bloque competitivo y una identidad futbolística que prioriza la posesión, la presión alta y el juego combinativo. El duelo ante el Atlético representa para el conjunto donostiarra una oportunidad de oro para consolidarse en la zona noble de la clasificación y confirmar que su proyecto sigue siendo uno de los más sólidos de la Liga F Moeve. El hecho de que el partido se emita en abierto a través de TEN TV añade un componente simbólico adicional, al permitir que una audiencia más amplia pueda disfrutar de un enfrentamiento que históricamente ha ofrecido partidos intensos, igualados y cargados de emoción, con duelos individuales de alto nivel y contextos tácticos muy ricos.
La mañana del sábado, por tanto, se presenta como una invitación directa a seguir el fútbol femenino desde primera hora, reforzando uno de los grandes objetivos de la Liga F Moeve en esta temporada: aumentar la visibilidad, normalizar los horarios y facilitar el acceso gratuito a partidos de alto interés. La presencia de TEN TV como ventana en abierto refuerza el mensaje de crecimiento y democratización del producto, en una jornada que simboliza el equilibrio entre la expansión mediática y la preservación de la identidad deportiva de la competición.
Ya en la tarde del sábado, a las 17:00 horas, el foco se desplazará al encuentro entre el Real Madrid y el Sevilla FC, que se disputará en horario peninsular y podrá verse gratuitamente a través del canal Movistar Ellas Vamos 2, en el dial 51. Este partido, además de su relevancia deportiva, tiene un valor estratégico enorme dentro del plan de difusión de la Liga F Moeve, al combinar la fuerza mediática del Real Madrid con la tradición y el peso histórico del Sevilla FC, dos entidades que representan polos distintos pero complementarios del fútbol español. El Real Madrid, consolidado como uno de los grandes motores de crecimiento del fútbol femenino en términos de audiencia, impacto internacional y estructura profesional, afronta la decimoquinta jornada con la presión inherente a su condición de aspirante al título y con la obligación de mantener un ritmo competitivo constante en una temporada larga y exigente.
El Sevilla FC, por su parte, llega a este partido con el objetivo de reafirmar su evolución como proyecto estable en la Liga F, capaz de competir con solvencia frente a los grandes y de sumar puntos clave para asegurar la permanencia con antelación. El conjunto andaluz ha ido construyendo en las últimas temporadas una identidad reconocible, apoyada en el trabajo colectivo, la solidez defensiva y la capacidad de adaptación a distintos contextos de partido. El enfrentamiento ante el Real Madrid, emitido en abierto, supone una oportunidad inmejorable para mostrar esa evolución ante una audiencia amplia, reforzando el posicionamiento del Sevilla FC como un club comprometido con el desarrollo del fútbol femenino y con una base de afición cada vez más implicada.
El horario de las 17:00 horas se ha convertido en una franja estratégica para la Liga F Moeve, al permitir una transición natural entre el fútbol de base, el fútbol formativo y el fútbol profesional, favoreciendo el consumo familiar y la presencia de nuevas generaciones frente a la pantalla. La emisión gratuita a través de Movistar Ellas Vamos 2 subraya el compromiso de las plataformas televisivas con la visibilidad del fútbol femenino, integrándolo en una oferta deportiva diversa y accesible, en la que la calidad del espectáculo es el principal reclamo.
El sábado se cerrará con uno de los platos fuertes de la jornada, el enfrentamiento entre el Fútbol Club Barcelona y el Madrid CFF, programado para las 19:00 horas y retransmitido en directo y de forma gratuita por DAZN 1, en el dial 70. Este partido simboliza como pocos la evolución de la Liga F Moeve en los últimos años, al enfrentar al club que ha marcado una era en el fútbol femenino europeo con uno de los proyectos más representativos del crecimiento sostenido desde la base. El FC Barcelona, vigente referente internacional, afronta cada partido como una exhibición de identidad, talento y ambición, consciente de que su presencia eleva el nivel competitivo del campeonato y actúa como escaparate global del fútbol femenino español.
El Madrid CFF, por su parte, representa la esencia de un club nacido y desarrollado exclusivamente en torno al fútbol femenino, con una trayectoria marcada por la resiliencia, el trabajo silencioso y la capacidad de competir frente a gigantes estructurales. El duelo ante el FC Barcelona, en un contexto de emisión gratuita, ofrece al Madrid CFF una plataforma excepcional para visibilizar su proyecto, su filosofía y el talento de su plantilla, al tiempo que permite al público general apreciar la diversidad de modelos que conviven en la Liga F Moeve.
El horario nocturno del sábado refuerza la idea de evento, de cita destacada dentro del fin de semana deportivo, y la apuesta de DAZN por ofrecer el partido de forma gratuita encaja con una estrategia clara de fidelización de audiencias, expansión del alcance y consolidación del fútbol femenino como producto premium accesible.
La retransmisión en abierto de un partido del FC Barcelona sigue siendo, jornada tras jornada, uno de los principales motores de crecimiento de la Liga F Moeve, atrayendo tanto a seguidores habituales como a espectadores ocasionales que descubren la competición a través de estos encuentros emblemáticos.
La decimoquinta jornada se cerrará el domingo 11 de enero de 2026 con el partido entre el Deportivo Abanca y el Costa Adeje Tenerife Egatesa, que se disputará a las 12:00 horas y podrá verse en directo y de manera gratuita a través de DAZN 1. Este encuentro, aunque a menudo situado fuera de los grandes focos mediáticos, representa uno de los duelos más significativos en la lucha por la permanencia y la estabilidad en la Liga F Moeve.
El Deportivo Abanca, histórico del fútbol gallego y símbolo del arraigo territorial del fútbol femenino, afronta cada partido en casa como una oportunidad para reforzar su identidad y sumar puntos vitales en una competición extremadamente exigente.
El Costa Adeje Tenerife Egatesa, por su parte, continúa siendo uno de los proyectos más sólidos y reconocibles fuera de la península, con una trayectoria marcada por la constancia, la planificación a largo plazo y la capacidad de competir en contextos adversos. El viaje a Galicia en esta decimoquinta jornada supone un reto logístico y deportivo, pero también una oportunidad para reafirmar la competitividad del equipo y su compromiso con los valores que han definido su crecimiento en la Liga F.
La emisión en abierto de este partido en la mañana del domingo refuerza el mensaje de que la Liga F Moeve no se limita a los grandes nombres, sino que apuesta por dar visibilidad a todos los clubes, independientemente de su posición en la clasificación o de su impacto mediático. Este enfoque integral es uno de los pilares sobre los que se construye la actual estrategia de la competición, consciente de que el crecimiento sostenible pasa por fortalecer el conjunto, no solo a las individualidades.
En conjunto, los cuatro partidos gratuitos de la decimoquinta jornada configuran un relato coherente y ambicioso sobre el estado actual del fútbol femenino profesional en España. La diversidad de horarios, plataformas y contextos deportivos refleja una liga madura, capaz de ofrecer contenido de calidad a lo largo de todo el fin de semana y de adaptarse a las distintas realidades de su audiencia. Desde el Atlético de Madrid contra la Real Sociedad en la mañana del sábado, pasando por el Real Madrid frente al Sevilla FC en la tarde, el FC Barcelona ante el Madrid CFF en el prime time del sábado y el Deportivo Abanca contra el Costa Adeje Tenerife Egatesa en la mañana del domingo, la jornada ofrece un recorrido completo por los distintos paisajes competitivos de la Liga F Moeve.
La apuesta por la emisión en abierto de estos encuentros no es casual, sino parte de una estrategia deliberada para consolidar el fútbol femenino como un producto accesible, atractivo y sostenible. En un contexto de creciente profesionalización, la visibilidad se convierte en un activo clave, y la decimoquinta jornada de la Liga F Moeve 2025-2026 ejemplifica cómo la combinación de calidad deportiva, planificación televisiva y compromiso institucional puede generar un impacto positivo tanto en términos de audiencia como de percepción social.
Cada uno de los partidos gratuitos de esta jornada aporta una narrativa propia, pero todos convergen en un mismo objetivo: seguir construyendo una liga fuerte, diversa y reconocible, capaz de competir en el escenario europeo y de inspirar a nuevas generaciones de futbolistas y aficionados. La decimoquinta jornada no es solo una fecha más en el calendario, sino un escaparate del presente y del futuro del fútbol femenino en España, una demostración de que la Liga F Moeve ha alcanzado un nivel de madurez que le permite mirar al futuro con ambición, confianza y una identidad cada vez más definida.
Sábado, 10 de enero de 2026:
Atlético de Madrid vs Real Sociedad (12:00 horas) 📺 TEN TV
Real Madrid vs Sevilla Fútbol (17:00 horario peninsular) 📺 Movistar Ellas Vamos 2 (Dial 51) ) 🟢 Partido gratuito Fútbol Club Barcelona vs Madrid CFF (19:00 horario peninsular) 📺 DAZN 1 (Dial 70) ) 🟢 Partido gratuito
Domingo, 11 de enero de 2026:
Deportivo Abanca vs Costa Adeje Tenerife Egatesa (12:00 horario peninsular) 📺 DAZN 1 🟢 Partido gratuito
Atletico Madrid’s Spanish forward #20 Amaiur Sarriegi (L) vies for the ball with Hacken’s Swedish midfielder #25 Alice Bergstrom during the UEFA Women’s Champions League qualification third round leg 2 football match between Atletico Madrid and BK Hacken at the Centro Deportivo Wanda in Alcala de Henares, near Madrid on September 18, 2025. (Photo by Oscar DEL POZO / AFP) (Photo by OSCAR DEL POZO/AFP via Getty Images)
⬛️ Regresa la acción a la Primera División Femenina tras un largo parón navideño con encuentros de enjundia como un Barcelona versus Madrid CFF, un Athletic Club – Ona y un Atlético de Madrid vs Real Sociedad que sabe a Europa.
Nuestra querida Liga Moeve, como máximo exponente del fútbol femenino español, atraviesa uno de los periodos más estratégicos de su calendario: la breve pero intensa pausa entre el cierre de la primera fase de la temporada 2025‑26, marcada por el último partido del año 2025 el 13 de diciembre, y la reanudación de la competición el 10 de enero de 2026, tras un paréntesis de exactamente 28 días.
Este intervalo, que a simple vista podría parecer corto comparado con los largos parones estivales, adquiere una importancia vital para clubes, jugadoras, entrenadores, medios y aficionados, ya que constituye un momento de equilibrio entre descanso físico, planificación estratégica y preparación competitiva de cara a la segunda mitad del campeonato.
El 13 de diciembre de 2025 se disputó la última jornada de la primera vuelta de la Liga F Moeve, dejando definidas posiciones parciales, líderes de clasificación y la primera aproximación a la lucha por los puestos europeos y la permanencia. Los resultados de esta jornada fueron cruciales para perfilar los objetivos de cada equipo durante la segunda mitad de la temporada: • FC Barcelona se consolidó nuevamente como líder, reafirmando su hegemonía con un juego sólido, talento internacional y profundidad en plantilla. • Atlético de Madrid Femenino y Real Madrid Femenino mostraron un rendimiento consistente, situándose en la parte alta de la clasificación, manteniendo intactas sus aspiraciones por disputar títulos y competir internacionalmente. • Equipos como el Granada Femenino y el DUX Logroño libraron auténticas batallas por escapar de los puestos de descenso, demostrando la creciente competitividad en el mediocampo y la lucha por la permanencia.
Además de los números, este cierre de primera mitad dejó momentos históricos y destacables: goles decisivos en el último minuto, récords individuales de jugadoras jóvenes y actuaciones colectivas que evidenciaron la evolución técnica y táctica de la Liga F Moeve.
En conclusión, aunque 28 días pueden parecer breves, este intervalo es crítico para la estructura, competitividad y narrativa de la Liga F Moeve.
Cada semana está estratégicamente diseñada para optimizar descanso, preparación, planificación y visibilidad, asegurando que el fútbol femenino español continúe creciendo en calidad, alcance y relevancia mediática.
La pausa invernal marca un momento de transición, un espacio donde clubes, jugadoras y aficionados se preparan para el capítulo final de la temporada, donde cada partido será decisivo y cada jornada contará para consolidar a la Liga F Moeve como una de las competiciones femeninas más competitivas y profesionales del mundo.
La Liga F Moeve, referente del fútbol femenino profesional en España, retoma la competición tras un parón invernal de 28 días, desde el último partido de 2025 (13 de diciembre) hasta la primera jornada de 2026 (10 de enero), un periodo clave para recuperación física, ajustes tácticos y planificación estratégica de los clubes.
La pausa ha servido para consolidar entrenamientos específicos, integración de jugadoras y reflexión sobre objetivos de la segunda vuelta.
(Fuente: UEFA)
El regreso a la competición tras el parón invernal de 28 días no solo representa la reanudación de los partidos, sino también un momento clave para evaluar cómo los equipos han ajustado su preparación, su estrategia y su capacidad de adaptación.
En este contexto, el Atlético de Madrid, con la incorporación de Priscila Chinchilla, se prepara para reactivar su plan ofensivo y reforzar su presión en el último tercio del campo.
(Fuente: I.A)
La ex del Zenit, conocida por su capacidad de desborde, precisión en el remate y visión de juego, añade un elemento táctico que permite al Atlético diversificar su ataque, alternando entre transiciones rápidas y combinaciones elaboradas. Su llegada tiene impacto inmediato en la rotación de delanteras, la distribución de minutos y la estrategia de generación de oportunidades, ofreciendo al cuerpo técnico más alternativas para ajustar el planteamiento según el rival y las circunstancias del partido.
En Tenerife, la incorporación de Violeta Quiles introduce creatividad, velocidad y profundidad por las bandas, elementos que permiten a las jugadoras del centro del campo encontrar opciones de pase más efectivas y generar superioridad en zonas ofensivas. Quiles, con su capacidad para asociarse con compañeras en el último tercio y ejecutar cambios de ritmo que rompen defensas estructuradas, se convierte en un recurso táctico esencial para el equipo insular, que busca ascender posiciones en la tabla tras una primera vuelta marcada por la competitividad y la necesidad de consolidar resultados.
En DUX Logroño, la cesión de Milagros Martín desde Tenerife aporta dinamismo, movilidad y alternativas ofensivas que pueden redefinir la manera en que el equipo aborda los partidos. Su integración no solo influye en el ataque, sino también en la presión inicial y en la recuperación del balón, aspectos que se combinan con la estructura existente del Logroño para mejorar la efectividad en transiciones y aumentar la capacidad de sorpresa frente a rivales directos. Martín, con su experiencia en el fútbol insular y su adaptación rápida a distintos sistemas tácticos, representa un valor añadido en términos de estrategia y flexibilidad.
El Alhama ElPozo vs S.D. Eibar, primer partido de la reanudación, sirve como ejemplo de cómo la preparación invernal puede impactar el rendimiento. Alhama, con su capacidad para dominar el mediocampo y ejecutar combinaciones rápidas, busca capitalizar la recuperación física de sus jugadoras clave y establecer control sobre el ritmo del partido desde los primeros minutos. Eibar, por su parte, se centra en la solidez defensiva, la presión selectiva y la capacidad de aprovechar los errores rivales para generar contragolpes efectivos. El análisis de esta confrontación permitirá evaluar la eficacia de los ajustes tácticos realizados durante el parón y cómo la preparación física influye en la resistencia y ejecución de jugadas complejas.
El Athletic Club contra ONA, con su cobertura en DAZN 1, refleja la importancia de la identidad de juego y la continuidad táctica. Athletic, históricamente fuerte en presión alta y organización colectiva, busca mantener la intensidad y cohesión que le caracteriza. ONA, consciente de las fortalezas del rival, implementa estrategias defensivas compactas y transiciones rápidas para maximizar sus oportunidades. La comparación entre la primera y segunda mitad de la temporada permitirá analizar la efectividad de los ajustes realizados, especialmente en aspectos defensivos y en la generación de superioridad numérica en ataque.
En el enfrentamiento entre Real Madrid y Sevilla, el análisis táctico resalta la capacidad de adaptación de ambos equipos. Real Madrid combina experiencia y juventud, utilizando posesión y circulación rápida para desarmar defensas organizadas. Sevilla, con resiliencia y coordinación, busca generar oportunidades a partir de la presión y los espacios creados por el rival. La vuelta tras la pausa invernal permite evaluar cómo la preparación específica, los ajustes tácticos y la recuperación física impactan en la efectividad y consistencia de los equipos, mientras se observa la influencia de los refuerzos confirmados en otros clubes como modelo estratégico para optimizar la plantilla.
(Fuente: Liga F Moeve)
El duelo Barcelona vs Madrid CFF, con su emisión en Movistar Ellas Vamos, representa una confrontación donde la historia, la técnica y la estrategia convergen. Barcelona, líder absoluto de la competición, mantiene su estilo basado en control de posesión y presión tras pérdida, mientras que Madrid CFF busca equilibrar defensa sólida con contragolpes efectivos.
Este partido, más allá de los puntos en juego, se convierte en un referente de análisis para entender cómo la integración de refuerzos y la preparación invernal pueden influir en la capacidad de ejecutar sistemas complejos bajo presión, la gestión de fatiga y la eficiencia ofensiva.
El DUX Logroño vs Levante U.D, con la presencia de Milagros Martín, ofrece un ejemplo concreto de cómo un refuerzo puede transformar la dinámica de un equipo.
Martín no solo aporta creatividad en el último tercio, sino también movilidad constante, capacidad de recuperación de balón y opciones de pase que amplían el abanico táctico del Logroño.
El Levante, con su presión alta y juego vertical, deberá ajustar la coordinación defensiva y la comunicación entre líneas para contrarrestar el impacto de esta incorporación, evidenciando cómo los fichajes invernales pueden cambiar el desarrollo de un partido.
En los encuentros simultáneos Espanyol vs Granada y Deportivo Abanca vs Costa Adeje Tenerife Egatesa, la atención se centra en la adaptación de los equipos a la intensidad competitiva tras la pausa y la integración de nuevas jugadoras como Violeta Quiles en Tenerife. Su velocidad y capacidad de ruptura de líneas defensivas se convierten en un recurso clave para el equipo insular, influyendo en la organización del rival y la toma de decisiones en situaciones ofensivas y defensivas. El Espanyol y el Granada, conscientes de estas variables, implementan estrategias que equilibran defensa, presión y generación de oportunidades, mostrando cómo el análisis táctico previo y la preparación invernal son determinantes en la segunda vuelta.
El mercado de fichajes invernal, abierto del 2 al 30 de enero, resalta la importancia de una estrategia selectiva y de calidad.
Los tres refuerzos confirmados hasta la fecha representan movimientos calculados que buscan maximizar impacto táctico y rendimiento inmediato. Priscila Chinchilla en Atlético de Madrid, Violeta Quiles en Tenerife y Milagros Martín en el DUX Logroño ejemplifican cómo la integración de talento puede redefinir ofensivas, mejorar la cohesión de equipo y ofrecer alternativas estratégicas a los entrenadores, con repercusiones tanto en resultados como en desarrollo de jugadoras emergentes y planificación de rotaciones.
Parrilla televisiva |
Sábado, 10 de enero de 2026
Atlético de Madrid vs Real Sociedad (12:00 horas) 📺 TEN TV
Alhama ElPozo vs Sociedad Deportiva Eibar (12:00 horas) 📺 DAZN 2 (Dial 71) 🟢 Partido gratuito
Athletic Club vs ONA (15:00 horario peninsular) 📺 DAZN 1 (Dial 70) ) 🟢 Partido gratuito
Real Madrid vs Sevilla Fútbol (17:00 horario peninsular) 📺 Movistar Ellas Vamos 2 (Dial 51) ) 🟢 Partido gratuito
Fútbol Club Barcelona vs Madrid CFF (19:00 horario peninsular) 📺 DAZN 1 (Dial 70) ) 🟢 Partido gratuito
Domingo, 11 de enero de 2026
DUX Logroño vs Levante Unión Deportiva (12:00 horario peninsular) 📺 App de DAZN ) 🟢 Partido gratuito
Deportivo Abanca vs Costa Adeje Tenerife Egatesa (12:00 horario peninsular) 📺 DAZN 1 🟢 Partido gratuito
Espanyol de Barcelona vs Granada Club de Fútbol (12:00 horario peninsular) 📺 DAZN 2 ) 🟢 Partido gratuito
🟫 En un duelo que promete ser más que un simple partido, Atlético de Madrid Femenino y Real Sociedad medirán fuerzas en la 15ª jornada de la Liga F Moeve, en un enfrentamiento donde la historia reciente, la intensidad táctica y la ambición por los puestos altos de la tabla se entrelazan. Con ambos equipos peleando por consolidarse en los primeros puestos, cada balón, cada acción ofensiva y cada transición defensiva adquirirá un valor épico, convirtiendo el encuentro en un espectáculo que encarna la esencia del fútbol femenino español.
Cada año trae consigo nuevas formas de reencontrarnos con el pasado. Unas veces, a través de descubrimientos arqueológicos que obligan a reescribir cronologías, y otras, mediante grandes proyectos museísticos que devuelven al primer plano figuras que creíamos sobradamente conocidas. En 2025, la historia ha vuelto a concentrar su atención en un nombre propio: Tutankamón.
La inauguración del Gran Museo Egipcio (GEM), cerca de las pirámides de Guiza, ha sido el detonante de este renovado interés. Concebido como el mayor museo del mundo dedicado a una sola civilización, el GEM ofrece una experiencia inédita: por primera vez desde el descubrimiento de su tumba en 1922, se exhiben todas las piezas relacionadas con Tutankamón en un mismo lugar.
El recinto albergará en total alrededor de 45.000 objetos, de los cuales cerca de 5.000 corresponden a los tesoros dorados del joven faraón hallados en su tumba intacta. Hasta ahora, estas piezas —que van desde su icónica máscara funeraria hasta amuletos, mobiliario y carros ceremoniales— estaban dispersas en distintas salas o guardadas en los almacenes del antiguo museo. Ahora conviven en una misma exposición.
Tutankamón fue un rey de la dinastía XVIII del antiguo Egipto que ascendió al trono alrededor del año 1333 a. C., con apenas 8 o 9 años de edad, y reinó hasta aproximadamente 1323 a. C. Originalmente llamado Tutankatón, su nombre reflejaba la reforma religiosa de su padre, Akenatón, que había intentado imponer el culto exclusivo al dios solar Atón. Sin embargo, Tutankamón y sus consejeros principales —entre ellos, el influyente Ay y el general Horemheb— restauraron la antigua religión y el culto tradicional a los antiguos dioses, especialmente a Amon, revirtiendo las reformas del período de Amarna y devolviendo la capital a Tebas.
El joven rey también emitió decretos para reparar templos dañados, restituir cultos y privilegios sacerdotales, así como para devolver las antiguas tradiciones al lugar que siempre habían ocupado. Aunque su reinado fue breve y su gobierno estuvo condicionado por sus asesores, estas acciones fueron clave para restablecer la ortodoxia religiosa en Egipto tras años de profundos cambios. Tutankamón murió inesperadamente hacia los 18 o 19 años, lo que explica que su tumba en el Valle de los Reyes fuera relativamente modesta en comparación con las de otros faraones, y que su legado político quedara eclipsado por el de figuras más poderosas.
Sin embargo, la excepcional conservación de su tumba —descubierta por Howard Carter en 1922— convirtió su sepultura en uno de los hallazgos arqueológicos más importantes del siglo XX y en la razón principal por la que hoy es el faraón más famoso del mundo.
Este año, otros personajes del pasado también han ocupado espacios relevantes en la agenda cultural y social.
El auge global del desarrollo personal, por ejemplo, nos ha llevado a revisar a los autores estoicos, con Zenón de Citio o Epicteto como figuras principales. La filosofía estoica, con su énfasis en la virtud como bien supremo, el control de las pasiones y la resiliencia ante las adversidades, ha encontrado un público contemporáneo necesitado de herramientas para enfrentar una época de incertidumbres políticas, sociales y ambientales.
También, más contemporánea, Frida Kahlo ha vuelto a situarse en el centro de atención al convertirse una obra suya ‘El sueño (La cama)’ en la más cara jamás vendida por una mujer, y la más cara jamás vendida por un artista latinoamericano. Este acontecimiento ha reabierto discusiones sobre la valoración del arte latinoamericano y el legado de las artistas mujeres en el panorama global, al mismo tiempo que ha llevado a nuevas generaciones a redescubrir su obra más allá de la anécdota biográfica.
Y, cómo no, el salto de Miguel de Cervantes a la gran pantalla, en ‘El cautivo’ (2025) de Alejandro Amenábar, ha sido uno de los acontecimientos culturales más comentados del año. La película explora uno de los episodios menos conocidos de su vida: el cautiverio en Argel.
Pero el caso de Tutankamón destaca por una razón fundamental: su historia sirve de puente entre la arqueología, el patrimonio y la divulgación contemporánea. El despliegue de su ajuar funerario en un mismo espacio, acompañado de recursos actualizados, permite comprender el sentido profundo de aquellos objetos que durante décadas fueron percibidos como simples obras maestras del arte antiguo.
(Fuente: I.A.)
El Atlético de Madrid Femenino llega a este enfrentamiento cargado de historia, de experiencia reciente y de un deseo inquebrantable de reafirmarse en casa. Su temporada ha estado marcada por altibajos, momentos de brillantez ofensiva y fases en las que la solidez defensiva ha puesto a prueba su temple, pero el ADN del equipo rojiblanco —esa mezcla de garra, ambición y carácter— le ha permitido mantenerse entre los favoritos de la Liga F Moeve.
Con 26 puntos acumulados y una cuarta posición que lo mantiene cerca del podio, las rojiblancas saben que una victoria no solo significaría tres puntos más, sino un golpe de autoridad frente a un rival directo y una reafirmación de su capacidad para dominar los duelos de altura. En sus enfrentamientos previos con la Real Sociedad, el Atlético ha sabido imponer su juego con eficacia, con victorias ajustadas y contundentes que han cimentado la confianza de jugadoras y afición. La memoria colectiva de estos duelos se traduce en un impulso añadido: cada balón dividido, cada carrera por banda, cada pase filtrado y cada disparo a portería se convierte en una oportunidad para reafirmar la supremacía y mantener la ventaja psicológica que el club ha forjado con años de competitividad intensa. La afición, consciente de la importancia de cada segundo, de cada jugada y de cada grito compartido, se convertirá en un factor determinante que empuje a las jugadoras rojiblancas a mantener la concentración, a exigir la perfección táctica y a luchar por la victoria desde el primer instante.
Frente a ellas, la Real Sociedad presenta un perfil diferente pero igualmente peligroso, una mezcla de disciplina táctica, rigor defensivo y capacidad para sorprender al adversario en el momento preciso. Con 30 puntos y el tercer puesto en la tabla, las donostiarras se acercan al partido con la determinación de quien ha construido su temporada sobre la consistencia, la lectura fría de los tiempos del juego y la capacidad para ejecutar transiciones rápidas que se convierten en armas letales frente a defensas adelantadas. La Real Sociedad ha demostrado una inteligencia competitiva que combina la paciencia en la construcción, la precisión en el último pase y la eficacia en la definición de oportunidades. Su estrategia se basa en neutralizar al rival, aprovechar desajustes momentáneos y mantener un orden defensivo que permita, al menor descuido del adversario, golpear con contundencia. Esa dualidad entre la potencia ofensiva del Atlético y la capacidad de reacción, control y contraataque de la Real Sociedad promete un duelo de estilos que elevará la tensión del encuentro a niveles épicos.
El choque entre ambas escuadras no se reduce únicamente a la estadística ni al puesto en la tabla: es un enfrentamiento que refleja la esencia misma de la Liga F Moeve, donde la intensidad, la pasión y la estrategia se combinan en cada acción. El Atlético de Madrid, con su ADN combativo, buscará dominar el balón, controlar el ritmo del juego y generar ocasiones de peligro mediante combinaciones rápidas, cambios de orientación y una presión constante que intente desbordar la organización defensiva rival. La Real Sociedad, por su parte, se apoyará en su solidez, en su capacidad para leer el juego y en la eficiencia de sus transiciones para castigar cualquier error, buscando un equilibrio entre defensa férrea y ataque calculado que pueda poner en aprietos a un Atlético expuesto en su afán ofensivo. Cada pase, cada corte defensivo y cada disparo a puerta cobrará una dimensión más amplia: se convertirá en un acto que puede decidir no solo un partido, sino la percepción de fuerza y superioridad de un equipo frente a otro.
La épica de este enfrentamiento reside también en la narrativa que se desprende del contexto histórico y reciente: el Atlético de Madrid ha conseguido victorias memorables frente a la Real Sociedad, demostrando capacidad de imponer su juego incluso en campos difíciles; la Real Sociedad, en cambio, llega con hambre de romper esa tendencia y de demostrar que su consistencia y estrategia pueden doblegar incluso al equipo más combativo. Cada jugadora siente la responsabilidad de honrar la camiseta que defiende, de cumplir con el plan táctico diseñado por su cuerpo técnico y de interpretar con precisión la dinámica emocional del encuentro. La presión, la motivación y la ambición se combinan en cada acción, generando un partido donde la historia se escribirá en tiempo real, donde cada balón dividido y cada transición rápida puede convertirse en una escena épica digna de recordar.
Más allá de la táctica, los números y las estadísticas, este duelo simboliza la esencia del fútbol femenino en España: la posibilidad de presenciar un espectáculo lleno de pasión, rivalidad y talento. La jornada 15 de la Liga F Moeve promete un enfrentamiento que se definirá por la intensidad con la que ambos equipos jueguen, por la capacidad de resistir bajo presión, por la eficacia en la definición y por la inteligencia táctica para leer los momentos decisivos. Cuando el árbitro dé el pitido inicial, comenzará un relato vibrante donde Atlético y Real Sociedad se batirán no solo por los puntos, sino por la supremacía simbólica, por la demostración de fuerza y por la posibilidad de grabar un capítulo épico en la historia reciente del fútbol femenino español. Que ruede el balón, que se enciendan los corazones y que todos los amantes del fútbol sean testigos de un partido que, sin duda, será recordado como un duelo de titanes, donde cada jugadora será protagonista de una narrativa que combina historia, emoción y ambición en cada minuto.
Edna Imade (Marruecos, 5 de octubre de 2000) es una futbolista profesional española de origen nigeriano que juega como delantera en el F. C. Bayern de Múnich.
(Fuente: Liga F Moeve)
Edna Imade habla de goles, de partidos, de tácticas, de entrenamientos, de cifras que hoy la colocan entre las mejores delanteras de la Liga F, pero cuando baja la voz y elige las palabras con cuidado, cuando el fútbol deja de ser presente y se convierte en consecuencia, siempre aparece la misma figura: su madre. “La verdadera final la ha jugado ella”, dice Edna, y no es una frase hecha, es una convicción que atraviesa toda su vida. Porque antes de que existiera un balón, antes de que hubiera un campo, una portería o una grada, hubo una mujer caminando por el desierto, embarazada, con miedo, con determinación, con una promesa silenciosa hecha a dos hijos que aún no habían nacido: sobrevivir.
Floren estaba embarazada de mellizos cuando decidió marcharse. Edna y Paul viajaban ya con ella, aún sin saber que su vida iba a comenzar en tránsito. Nigeria quedaba atrás con todo lo que eso significa: la familia, la tierra, la identidad, un marido que nunca pudo acompañarlos y que acabaría encarcelado y deportado. Marruecos fue la primera parada, pero no fue refugio, fue espera, fue dolor, fue miedo. Allí nacieron Edna y su hermano, y allí Floren vivió tres meses que su hija define sin rodeos como “un infierno”. Después llegó la patera, el mar, la incertidumbre, y finalmente España. Algeciras. Tierra firme. Un lugar desconocido que acabaría siendo hogar.
Edna ha escuchado esa historia mil veces. La ha escuchado hasta aprenderla de memoria, pero no se ha acostumbrado nunca a ella. Cada vez que la cuenta, vuelve a doler. “Llegamos a Algeciras y a partir de ahí nos ayudó mucha gente, Cáritas, personas que no nos conocían de nada”, recuerda. En sus palabras no hay victimismo, hay agradecimiento. “Nunca he pasado hambre, nunca he pasado frío. Todo ha sido gracias a mi madre y a la gente que nos ayudó. Gracias a ellos hoy estoy donde estoy”. En ese “donde estoy” cabe mucho más que una carrera deportiva. Cabe una vida digna. Cabe la posibilidad de soñar.
Su familia en España se reduce a tres nombres: Floren, Paul y ella. Nada más. Nada menos. “Es la única familia que tengo aquí. Los quiero con toda mi alma”. En ese triángulo se sostiene todo. El fútbol, los estudios, la ambición, la estabilidad emocional. Después de Algeciras llegó Carmona, Sevilla, y con Carmona llegó el balón. Antes probó otras cosas: gimnasia, flamenco. Nada funcionó. “No era nada elástica”, dice entre risas, como si el destino ya estuviera avisando de que su camino iba por otro lado. El patio del recreo fue su primer estadio. Allí entendió que la pelota no era un juego más, era un idioma.
Jugaba con niños, y jugaba mejor que muchos. Escuchó insultos, etiquetas, palabras que intentan frenar a las niñas que se salen del guion. “Machorra”, “pareces un chico”. No le importó. O no tanto. Porque cuando eliges primero, cuando marcas diferencias, el ruido se apaga. Empezó como central. Alta, fuerte, dominante. “Yo era una bigarda”, dice riéndose, sin perder nunca ese humor que la acompaña incluso cuando habla de lo más duro. Era defensa porque ahí nadie pasaba. Hasta que un día le dijeron que ya no podía seguir jugando con chicos. Y ahí apareció el fútbol sala, el Santa Ana, una nueva etapa que parecía definitiva.
Pero la vida, como el fútbol, siempre tiene giros inesperados. La Tapia Cup de Málaga cambió su destino. Alguien la vio. Alguien entendió que aquello no era solo potencia, que había fútbol para once. Nervión fue el siguiente paso. Málaga CF después. Cacereño más tarde. Y en Cáceres no solo creció como futbolista, también como persona. Allí estudió, se formó, pensó en el futuro. Técnica en Enseñanza y Animación Sociodeportiva. Quiromasaje. Porque Edna siempre ha sabido algo que no todas las futbolistas tienen claro desde tan jóvenes: el fútbol es frágil. “Es corto. Más aún en mujeres. Lesiones, maternidad… hay que tener un plan B”.
Ese plan B no le quitó ambición al plan A. Al contrario. Veinte goles en dos temporadas en Cáceres fueron la puerta definitiva. Agosto de 2023. Granada CF. Liga F. El sueño. El mismo que empezó en un patio de colegio, el mismo que parecía imposible para una niña nacida en tránsito, hija de una mujer que cruzó un desierto embarazada. Su debut fue una declaración de intenciones: gol, victoria, Los Cármenes. “Tenía el presentimiento de que iba a marcar”. Y marcó. Su madre estaba allí. Todo tenía sentido.
paso de Edna Imade por el Granada Club de Fútbol no puede explicarse únicamente con goles, cifras o estadísticas, aunque todas ellas existan y sean relevantes. Su llegada al conjunto nazarí en el verano de 2023 supuso mucho más que un fichaje: fue la materialización de un sueño largamente perseguido, la confirmación de una promesa íntima y silenciosa que la propia Edna se había hecho siendo niña, cuando jugaba descalza en el patio de un colegio andaluz sin saber si algún día existiría un lugar para ella en el fútbol profesional. Granada no fue solo un club; fue un punto de llegada y, al mismo tiempo, un nuevo punto de partida.
Cuando Edna firmó por el Granada CF, el equipo acababa de ascender a Liga F. El contexto no era sencillo. Un recién ascendido siempre vive entre la ilusión y la incertidumbre, entre el entusiasmo de haber llegado y el vértigo de mantenerse. Para Edna, aquel escenario tenía un significado especial: era su primera experiencia en la élite, la Primera División que había imaginado desde pequeña y que durante años pareció lejana, casi inalcanzable. Llegaba después de dos temporadas sobresalientes en el Cacereño, donde había marcado veinte goles y había demostrado no solo capacidad goleadora, sino también una fortaleza mental poco común. Granada apostó por ella sabiendo que no fichaba únicamente a una delantera, sino a una futbolista construida desde la resistencia.
La adaptación fue rápida, pero no automática. Edna aterrizó en un vestuario nuevo, con dinámicas distintas, con un nivel de exigencia superior y con la presión añadida de un equipo que sabía que cada punto iba a ser vital para la permanencia. Desde el primer día entendió que su rol no iba a limitarse a marcar goles. Había que correr, presionar, pelear, asumir duelos constantes, convivir con la frustración y sostener al equipo en los momentos de mayor dificultad. En ese contexto, su debut en Liga F fue casi un relato simbólico: Granada recibía a la Real Sociedad en Los Cármenes y Edna, en su estreno en la máxima categoría, marcó el gol de la victoria. Un tanto que no solo valió tres puntos, sino que confirmó que estaba preparada para ese escenario.
(Fuente: RFEF)
Aquel gol fue mucho más que una buena carta de presentación. Fue una liberación emocional. Edna lo ha explicado después con palabras sencillas, pero cargadas de significado: tenía el presentimiento de que iba a marcar. No fue una cuestión de arrogancia, sino de intuición, de sentir que todo lo vivido hasta entonces tenía que desembocar en algo así. En la grada estaba su madre, Floren, la misma que había cruzado el Sáhara embarazada, la misma que había llegado en patera a España buscando una vida mejor para sus hijos. Ese gol, celebrado con rabia y emoción, fue también un homenaje silencioso a todo ese camino.
La temporada, sin embargo, no fue un camino recto. Tras ese inicio prometedor, el Granada CF comenzó a experimentar la dureza de la Liga F. Los partidos se sucedían con una exigencia física y mental enorme, y el equipo entró en una dinámica complicada. Edna, como el resto del grupo, tuvo que aprender a convivir con la frustración, con partidos en los que el esfuerzo no se traducía en resultados, con momentos en los que la confianza se ponía a prueba. Para una futbolista debutante en la élite, ese proceso puede ser devastador. Para Edna, fue formativo.
Durante ese primer curso, su aportación fue irregular en términos goleadores, pero constante en trabajo y compromiso. Sufrió, aprendió y creció. Hubo partidos en los que tuvo que adaptarse a posiciones distintas, asumir responsabilidades defensivas, jugar de espaldas, pelear cada balón como si fuera el último. No siempre fue reconocida por los números, pero sí por el cuerpo técnico y por sus compañeras, que encontraron en ella una futbolista fiable, fuerte y solidaria. El Granada CF, como equipo, llegó a la última jornada jugándose la permanencia. La presión era máxima. El margen de error, inexistente.
(Fuente: RFEF)
Y entonces llegó Ipurua. Última jornada. Partido decisivo ante la SD Eibar. Granada necesitaba ganar para seguir en Liga F. En ese contexto, Edna volvió a aparecer. Marcó uno de los goles del triunfo que certificó la permanencia. Fue un momento de alivio colectivo, de celebración contenida, de emoción acumulada durante meses. Para Edna, aquel gol tuvo un valor especial: significaba que su primer año en Primera División no había sido en vano, que había aportado en el momento más crítico, que su esfuerzo tenía sentido.
Ese final de temporada marcó un antes y un después en su relación con el club. Edna no solo había debutado en la élite; había ayudado a sostener al Granada CF en ella. La experiencia, dura y exigente, le dejó una enseñanza clara: si quería crecer, debía dar un paso más. Y ese paso llegó en su segunda temporada, ya con el aprendizaje interiorizado y con una confianza renovada.
El curso siguiente mostró a una Edna Imade distinta. Más madura. Más segura. Más consciente de sus virtudes. Desde el inicio de la temporada, su impacto fue inmediato. Los goles comenzaron a llegar con una regularidad que sorprendió incluso a ella misma. En apenas once jornadas, ya había superado los registros de toda la temporada anterior. Siete goles. Tercera máxima goleadora de la Liga F. Un salto cuantitativo y cualitativo que no se explica por una sola razón, sino por la suma de muchos factores.
Uno de ellos fue la confianza del cuerpo técnico. La llegada de Arturo Ruiz supuso un cambio importante. El entrenador entendió rápidamente el potencial de Edna y le transmitió un mensaje claro: creía en ella. Esa confianza se tradujo en continuidad, en claridad de rol y en un cambio de posición que resultó decisivo. Edna dejó progresivamente la banda para ocupar posiciones más centradas, más cercanas al área, donde sus cualidades físicas, su potencia y su capacidad para atacar espacios podían marcar la diferencia. El cambio de chip fue inmediato. Edna empezó a sentirse delantera centro. A jugar como tal y a pensar como tal.
El paso de Edna Imade por el Granada Club de Fútbol no puede explicarse únicamente con goles, cifras o estadísticas, aunque todas ellas existan y sean relevantes. Su llegada al conjunto nazarí en el verano de 2023 supuso mucho más que un fichaje: fue la materialización de un sueño largamente perseguido, la confirmación de una promesa íntima y silenciosa que la propia Edna se había hecho siendo niña, cuando jugaba descalza en el patio de un colegio andaluz sin saber si algún día existiría un lugar para ella en el fútbol profesional. Granada no fue solo un club; fue un punto de llegada y, al mismo tiempo, un nuevo punto de partida.
Cuando Edna firmó por el Granada CF, el equipo acababa de ascender a Liga F. El contexto no era sencillo. Un recién ascendido siempre vive entre la ilusión y la incertidumbre, entre el entusiasmo de haber llegado y el vértigo de mantenerse. Para Edna, aquel escenario tenía un significado especial: era su primera experiencia en la élite, la Primera División que había imaginado desde pequeña y que durante años pareció lejana, casi inalcanzable. Llegaba después de dos temporadas sobresalientes en el Cacereño, donde había marcado veinte goles y había demostrado no solo capacidad goleadora, sino también una fortaleza mental poco común. Granada apostó por ella sabiendo que no fichaba únicamente a una delantera, sino a una futbolista construida desde la resistencia.
La adaptación fue rápida, pero no automática. Edna aterrizó en un vestuario nuevo, con dinámicas distintas, con un nivel de exigencia superior y con la presión añadida de un equipo que sabía que cada punto iba a ser vital para la permanencia. Desde el primer día entendió que su rol no iba a limitarse a marcar goles. Había que correr, presionar, pelear, asumir duelos constantes, convivir con la frustración y sostener al equipo en los momentos de mayor dificultad. En ese contexto, su debut en Liga F fue casi un relato simbólico: Granada recibía a la Real Sociedad en Los Cármenes y Edna, en su estreno en la máxima categoría, marcó el gol de la victoria. Un tanto que no solo valió tres puntos, sino que confirmó que estaba preparada para ese escenario.
Aquel gol fue mucho más que una buena carta de presentación. Fue una liberación emocional. Edna lo ha explicado después con palabras sencillas, pero cargadas de significado: tenía el presentimiento de que iba a marcar. No fue una cuestión de arrogancia, sino de intuición, de sentir que todo lo vivido hasta entonces tenía que desembocar en algo así. En la grada estaba su madre, Floren, la misma que había cruzado el Sáhara embarazada, la misma que había llegado en patera a España buscando una vida mejor para sus hijos. Ese gol, celebrado con rabia y emoción, fue también un homenaje silencioso a todo ese camino.
La temporada, sin embargo, no fue un camino recto. Tras ese inicio prometedor, el Granada CF comenzó a experimentar la dureza de la Liga F. Los partidos se sucedían con una exigencia física y mental enorme, y el equipo entró en una dinámica complicada. Edna, como el resto del grupo, tuvo que aprender a convivir con la frustración, con partidos en los que el esfuerzo no se traducía en resultados, con momentos en los que la confianza se ponía a prueba. Para una futbolista debutante en la élite, ese proceso puede ser devastador. Para Edna, fue formativo.
Durante ese primer curso, su aportación fue irregular en términos goleadores, pero constante en trabajo y compromiso. Sufrió, aprendió y creció. Hubo partidos en los que tuvo que adaptarse a posiciones distintas, asumir responsabilidades defensivas, jugar de espaldas, pelear cada balón como si fuera el último. No siempre fue reconocida por los números, pero sí por el cuerpo técnico y por sus compañeras, que encontraron en ella una futbolista fiable, fuerte y solidaria. El Granada CF, como equipo, llegó a la última jornada jugándose la permanencia. La presión era máxima. El margen de error, inexistente.
Y entonces llegó Ipurua. Última jornada. Partido decisivo ante la SD Eibar. Granada necesitaba ganar para seguir en Liga F. En ese contexto, Edna volvió a aparecer. Marcó uno de los goles del triunfo que certificó la permanencia. Fue un momento de alivio colectivo, de celebración contenida, de emoción acumulada durante meses. Para Edna, aquel gol tuvo un valor especial: significaba que su primer año en Primera División no había sido en vano, que había aportado en el momento más crítico, que su esfuerzo tenía sentido.
Ese final de temporada marcó un antes y un después en su relación con el club. Edna no solo había debutado en la élite; había ayudado a sostener al Granada CF en ella. La experiencia, dura y exigente, le dejó una enseñanza clara: si quería crecer, debía dar un paso más. Y ese paso llegó en su segunda temporada, ya con el aprendizaje interiorizado y con una confianza renovada.
El curso siguiente mostró a una Edna Imade distinta. Más madura. Más segura. Más consciente de sus virtudes. Desde el inicio de la temporada, su impacto fue inmediato.
Los goles comenzaron a llegar con una regularidad que sorprendió incluso a ella misma. En apenas once jornadas, ya había superado los registros de toda la temporada anterior. Siete goles. Tercera máxima goleadora de la Liga F. Un salto cuantitativo y cualitativo que no se explica por una sola razón, sino por la suma de muchos factores. paso de Edna Imade por el Granada Club de Fútbol no puede explicarse únicamente con goles, cifras o estadísticas, aunque todas ellas existan y sean relevantes. Su llegada al conjunto nazarí en el verano de 2023 supuso mucho más que un fichaje: fue la materialización de un sueño largamente perseguido, la confirmación de una promesa íntima y silenciosa que la propia Edna se había hecho siendo niña, cuando jugaba descalza en el patio de un colegio andaluz sin saber si algún día existiría un lugar para ella en el fútbol profesional. Granada no fue solo un club; fue un punto de llegada y, al mismo tiempo, un nuevo punto de partida.
Cuando Edna firmó por el Granada CF, el equipo acababa de ascender a Liga F. El contexto no era sencillo. Un recién ascendido siempre vive entre la ilusión y la incertidumbre, entre el entusiasmo de haber llegado y el vértigo de mantenerse. Para Edna, aquel escenario tenía un significado especial: era su primera experiencia en la élite, la Primera División que había imaginado desde pequeña y que durante años pareció lejana, casi inalcanzable. Llegaba después de dos temporadas sobresalientes en el Cacereño, donde había marcado veinte goles y había demostrado no solo capacidad goleadora, sino también una fortaleza mental poco común. Granada apostó por ella sabiendo que no fichaba únicamente a una delantera, sino a una futbolista construida desde la resistencia.
La adaptación fue rápida, pero no automática. Edna aterrizó en un vestuario nuevo, con dinámicas distintas, con un nivel de exigencia superior y con la presión añadida de un equipo que sabía que cada punto iba a ser vital para la permanencia. Desde el primer día entendió que su rol no iba a limitarse a marcar goles. Había que correr, presionar, pelear, asumir duelos constantes, convivir con la frustración y sostener al equipo en los momentos de mayor dificultad. En ese contexto, su debut en Liga F fue casi un relato simbólico: Granada recibía a la Real Sociedad en Los Cármenes y Edna, en su estreno en la máxima categoría, marcó el gol de la victoria. Un tanto que no solo valió tres puntos, sino que confirmó que estaba preparada para ese escenario.
Aquel gol fue mucho más que una buena carta de presentación. Fue una liberación emocional. Edna lo ha explicado después con palabras sencillas, pero cargadas de significado: tenía el presentimiento de que iba a marcar. No fue una cuestión de arrogancia, sino de intuición, de sentir que todo lo vivido hasta entonces tenía que desembocar en algo así. En la grada estaba su madre, Floren, la misma que había cruzado el Sáhara embarazada, la misma que había llegado en patera a España buscando una vida mejor para sus hijos. Ese gol, celebrado con rabia y emoción, fue también un homenaje silencioso a todo ese camino.
La temporada, sin embargo, no fue un camino recto. Tras ese inicio prometedor, el Granada CF comenzó a experimentar la dureza de la Liga F. Los partidos se sucedían con una exigencia física y mental enorme, y el equipo entró en una dinámica complicada. Edna, como el resto del grupo, tuvo que aprender a convivir con la frustración, con partidos en los que el esfuerzo no se traducía en resultados, con momentos en los que la confianza se ponía a prueba. Para una futbolista debutante en la élite, ese proceso puede ser devastador. Para Edna, fue formativo.
Durante ese primer curso, su aportación fue irregular en términos goleadores, pero constante en trabajo y compromiso. Sufrió, aprendió y creció. Hubo partidos en los que tuvo que adaptarse a posiciones distintas, asumir responsabilidades defensivas, jugar de espaldas, pelear cada balón como si fuera el último. No siempre fue reconocida por los números, pero sí por el cuerpo técnico y por sus compañeras, que encontraron en ella una futbolista fiable, fuerte y solidaria. El Granada CF, como equipo, llegó a la última jornada jugándose la permanencia. La presión era máxima. El margen de error, inexistente.
Y entonces llegó Ipurua. Última jornada. Partido decisivo ante la SD Eibar. Granada necesitaba ganar para seguir en Liga F. En ese contexto, Edna volvió a aparecer. Marcó uno de los goles del triunfo que certificó la permanencia. Fue un momento de alivio colectivo, de celebración contenida, de emoción acumulada durante meses. Para Edna, aquel gol tuvo un valor especial: significaba que su primer año en Primera División no había sido en vano, que había aportado en el momento más crítico, que su esfuerzo tenía sentido.
Ese final de temporada marcó un antes y un después en su relación con el club. Edna no solo había debutado en la élite; había ayudado a sostener al Granada CF en ella. La experiencia, dura y exigente, le dejó una enseñanza clara: si quería crecer, debía dar un paso más. Y ese paso llegó en su segunda temporada, ya con el aprendizaje interiorizado y con una confianza renovada.
El curso siguiente mostró a una Edna Imade distinta. Más madura. Más segura. Más consciente de sus virtudes. Desde el inicio de la temporada, su impacto fue inmediato. Los goles comenzaron a llegar con una regularidad que sorprendió incluso a ella misma. En apenas once jornadas, ya había superado los registros de toda la temporada anterior. Siete goles. Tercera máxima goleadora de la Liga F. Un salto cuantitativo y cualitativo que no se explica por una sola razón, sino por la suma de muchos factores.
Uno de ellos fue la confianza del cuerpo técnico. La llegada de Arturo Ruiz supuso un cambio importante. El entrenador entendió rápidamente el potencial de Edna y le transmitió un mensaje claro: creía en ella. Esa confianza se tradujo en continuidad, en claridad de rol y en un cambio de posición que resultó decisivo. Edna dejó progresivamente la banda para ocupar posiciones más centradas, más cercanas al área, donde sus cualidades físicas, su potencia y su capacidad para atacar espacios podían marcar la diferencia. El cambio de chip fue inmediato. Edna empezó a sentirse delantera centro. A jugar como tal. A pensar como tal.
A nivel colectivo, el Granada CF también dio un paso adelante. El equipo ganó solidez, confianza y estabilidad. Edna encontró una conexión especial con Laura Pérez, máxima asistente de la Liga F. La relación entre ambas se convirtió en uno de los pilares ofensivos del equipo. Tres de los siete goles de Edna llegaron tras asistencias de Laura, pero más allá de los números, lo que se consolidó fue una comprensión mutua, una química que se percibía en cada movimiento, en cada desmarque, en cada pase filtrado.
(Fuente: Liga F Moeve)
Ese crecimiento individual y colectivo situó al Granada CF en una posición mucho más cómoda en la clasificación. El equipo se alejó del descenso y comenzó a mirar hacia arriba, sin complejos. Edna, mientras tanto, se convirtió en una de las referencias ofensivas de la Liga F. Su nombre empezó a aparecer en conversaciones, en nominaciones, en análisis. Fue candidata a jugadora del mes. Apareció en el FIFA. Se convirtió en referente para muchas niñas que acudían a Los Cármenes o que la veían en los colegios cuando el club realizaba actividades sociales.
Pero el paso de Edna por el Granada CF no se mide solo en lo que ocurre dentro del campo. Se mide también en su impacto humano, en su manera de representar los valores del club, en su historia personal, que conecta de forma natural con la identidad de una ciudad acostumbrada a la mezcla, a la resistencia y a la memoria. Edna encajó en Granada porque Granada entendió su historia. Porque es una futbolista que no olvida de dónde viene, que valora cada oportunidad y que no da nada por sentado.
A nivel personal, su etapa en el Granada CF le permitió consolidarse no solo como futbolista, sino como mujer adulta, consciente de la importancia de la formación, del equilibrio y del futuro. Mientras marcaba goles en Liga F, seguía formándose, ampliando horizontes, pensando en el día después del fútbol. Esa mentalidad, heredada de una madre que tuvo que planificar la supervivencia en circunstancias extremas, se convirtió en uno de sus mayores activos.
Edna Imade no sabe cuánto durará su etapa en el Granada CF, pero sí sabe que el club ocupa un lugar central en su historia. Fue el equipo que le abrió las puertas de la élite. El lugar donde debutó, sufrió, aprendió y se consolidó. El escenario donde entendió que su sueño no era una excepción, sino una realidad construida con esfuerzo. Granada fue, y es, el espacio donde Edna dejó de ser promesa para convertirse en presente.
Cada gol suyo en Los Cármenes lleva implícita una historia más larga que el propio partido. Una historia que empieza mucho antes de que el balón ruede. Y en ese relato, el Granada CF no es un capítulo más: es el capítulo en el que Edna Imade se confirmó como futbolista de Primera División, como referente del fútbol femenino y como símbolo de que los sueños, incluso los más improbables, pueden encontrar su lugar.
La cesión de Edna Imade a la Real Sociedad de Fútbol fue, más que un simple movimiento de mercado, una estación decisiva en una carrera que ya venía marcada por la resistencia, la adaptación y la capacidad de crecer en contextos exigentes. Cuando la delantera llegó a San Sebastián procedente del Bayern de Múnich, lo hizo con la sensación de estar ante una oportunidad que no era menor ni transitoria, sino profundamente formativa. No aterrizaba en un club cualquiera: llegaba a una Real ambiciosa, estructurada, con una identidad futbolística clara y con la exigencia constante de competir en la parte alta de la tabla y en escenarios europeos. Era un entorno ideal para una futbolista que siempre ha entendido el fútbol como un espacio de aprendizaje continuo.
Desde sus primeros días en Zubieta, Edna asumió que la cesión no era un paréntesis, sino un examen diario. Se integró en un vestuario con jerarquías consolidadas y con un estilo de juego que exigía precisión, lectura táctica y compromiso colectivo. Lejos de limitarse a esperar oportunidades, se ganó minutos desde el trabajo invisible: presión alta, desmarques constantes, capacidad para fijar centrales y una energía que encajó con la identidad competitiva del equipo. Su impacto fue progresivo, pero constante, hasta convertirse en una pieza reconocible dentro del sistema.
Los números comenzaron a acompañar ese proceso de adaptación. Edna fue acumulando partidos, titularidades y minutos, apareciendo tanto en Liga F como en los compromisos europeos del conjunto txuri-urdin. En el campeonato doméstico firmó una cifra sostenida de goles y asistencias que no solo reflejaban su capacidad para finalizar, sino también su aportación al juego colectivo. Sumó goles decisivos, participó en acciones clave y se convirtió en una amenaza permanente para las defensas rivales, alternando apariciones como referencia ofensiva con movimientos desde zonas intermedias. A lo largo de la temporada, sus registros ofensivos —goles, ocasiones creadas, duelos ganados— hablaron de una futbolista en clara progresión, cada vez más cómoda en contextos de alta exigencia.
Más allá de los números, su paso por la Real Sociedad estuvo marcado por una evolución evidente en su juego. Edna aprendió a convivir con defensas más cerradas, a interpretar mejor los tiempos del partido y a asumir responsabilidades en escenarios de presión máxima, especialmente en partidos europeos donde el margen de error es mínimo. En Anoeta y fuera de casa, su figura fue creciendo hasta convertirse en una de las delanteras más reconocibles del equipo, no solo por lo que marcaba, sino por lo que generaba para las demás.
Esa evolución no pasó desapercibida en Múnich. El Bayern siguió de cerca cada paso de su cesión, consciente de que Edna estaba respondiendo al reto con madurez y rendimiento. Y entonces el contexto cambió de forma abrupta. La salida de Lea Schüller, que puso rumbo al Manchester United Women, dejó al Bayern sin una de sus referencias ofensivas y obligó al club alemán a reaccionar con rapidez. En ese escenario, la progresión de Edna y su rendimiento en la Real Sociedad se convirtieron en un argumento irrefutable. El Bayern decidió repescarla antes de tiempo, interrumpiendo la cesión para reincorporarla a su plantilla y cubrir una necesidad inmediata en ataque.
La decisión fue, en sí misma, una confirmación del impacto de Edna en San Sebastián. No todas las cesiones terminan con una llamada anticipada del club de origen, y menos aún en un gigante europeo como el Bayern de Múnich. Para la Real Sociedad, supuso perder a una futbolista que ya formaba parte del equilibrio ofensivo del equipo; para Edna, fue la prueba definitiva de que su trabajo estaba siendo reconocido al más alto nivel.
Su etapa en la Real Sociedad, aunque más corta de lo inicialmente previsto, dejó una huella clara. Dejó números, sí, pero sobre todo dejó sensaciones: la de una delantera capaz de competir en contextos de élite, de adaptarse a distintos estilos y de responder cuando el escenario se vuelve exigente. La cesión cumplió su función con creces. Edna se marchó de San Sebastián más completa, más segura y con la certeza de que estaba preparada para dar el siguiente paso.
Así, su regreso anticipado al Bayern no fue una ruptura, sino una consecuencia lógica. Consecuencia de los goles marcados, de los minutos asumidos, de los partidos competidos y de una progresión que convirtió una cesión en una plataforma de lanzamiento. La Real Sociedad fue el lugar donde Edna Imade confirmó que su crecimiento no tenía techo inmediato; el Bayern, al repescarla antes de tiempo tras la marcha de Lea Schüller al Manchester United Women, simplemente reconoció una realidad que ya se había construido sobre el césped.
(Fuente: Real Sociedad de Fútbol)
En el Estadio de Zubieta están inmersos en la lucha por acceder a los puestos ligueros que dan plaza a jugar la ronda preliminar de la Liga de Campeones Femenina la temporada que viene, marchándose al parón navideño en tercera posición con 30 unidades en el zurrón, a tan solo dos de un Real Madrid que sigue la estela del todopoderoso Fútbol Club Barcelona, quien domina la Primera División Femenina como es habitual.
La exjugadora del Club Polideportivo Cacereño y el Málaga Club de Fútbol podrá despedirse del conjunto guipuzcoano unos días después de Reyes en el compromiso que enfrentará a la Real Sociedad de Fútbol a domicilio (Alcalá de Henares) frente al Club Atlético de Madrid en un duelo directo por la Liga de Campeones que emitirá en abierto TEN TV (12:00 horario peninsular) en abierto a través de la TDT el 10 de enero de 2026.
(Fuente: Liga F Moeve)
Hay delanteras que marcan goles. Hay otras que marcan destinos. Edna está hecha para lo segundo.
La que fuese futbolista del Málaga CFF en la temporada 2019-2020, ha de ser definida como una atacante muy polivalente que puede actuar tanto como referencia en la parcela ofensiva como extremo por ambos costados, sobresaliendo en el rectángulo de juego por su velocidad, gran disparo de larga y media distancia que posee un potente juego aéreo en las acciones a balón parado.
Ya solo nos quedan noventa minutos para ver a la internacional española en categoría absoluta brillando en la Liga F Moeve y después habrá que conformase con verla defender la elástica de “La Roja”, que no es poco.
⬜️ En la previa del Atlético de Madrid–Real Madrid de la Supercopa de España en Arabia Saudí, Enrique Cerezo defendió el formato del torneo frente a las críticas y puso el acento en su impacto económico, recordando que parte de los ingresos generados se reinvierten en el conjunto del fútbol español, incluido el desarrollo del fútbol femenino y las categorías no profesionales.
El presidente del Atlético de Madrid respalda el modelo económico del torneo en la previa del derbi ante el Real Madrid y recuerda que los beneficios generados por la Supercopa no solo impactan en el fútbol profesional masculino, sino que también se reinvierten en el desarrollo del fútbol femenino, el fútbol base y las categorías no profesionales, uno de los principales argumentos frente a las críticas por la sede del campeonato.
La Supercopa de España volvió a situarse en el centro del debate en la previa del Atlético de Madrid–Real Madrid disputado en Arabia Saudí. Más allá de lo estrictamente deportivo, la elección de la sede y el formato del torneo suscitan cada año críticas por su celebración fuera de territorio español. En ese contexto, Enrique Cerezo, presidente del Atlético de Madrid, defendió el modelo económico del campeonato y el impacto positivo que, según los organizadores, tiene para el conjunto del fútbol español, recordando que parte de los ingresos generados por la Supercopa se destinan al fútbol femenino y a otras áreas estructurales del deporte.
El presidente del Atlético de Madrid respalda el modelo económico del torneo en la previa del derbi ante el Real Madrid y recuerda que los beneficios generados por la Supercopa no solo impactan en el fútbol profesional masculino, sino que también se reinvierten en el desarrollo del fútbol femenino, el fútbol base y las categorías no profesionales, uno de los principales argumentos frente a las críticas por la sede del campeonato.
Durante su comparecencia previa al encuentro, en declaraciones a Movistar Plus, Cerezo centró su intervención principalmente en el plano deportivo, en la importancia del título y en la oportunidad que supone el torneo para el Atlético de Madrid. Sin embargo, sus palabras se enmarcaron en un discurso más amplio que conecta con la postura oficial de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), que ha defendido reiteradamente que los beneficios económicos derivados del acuerdo con Arabia Saudí no se limitan a los clubes participantes, sino que se redistribuyen en distintos niveles del fútbol nacional.
En ese sentido, desde la RFEF se ha explicado que una parte significativa de los ingresos obtenidos por la Supercopa se reinvierte en el fútbol no profesional, en programas de desarrollo del fútbol base y en el impulso del fútbol femenino, una de las áreas estratégicas del crecimiento del fútbol español en los últimos años. Este argumento ha sido utilizado como respuesta a quienes cuestionan el traslado del torneo al extranjero, subrayando que el impacto económico del campeonato trasciende el corto plazo y el foco mediático del fútbol masculino de élite.
fútbol femenino, en particular, se ha convertido en uno de los ejes centrales de esa defensa. La federación ha insistido en que los recursos generados por competiciones como la Supercopa permiten sostener y ampliar inversiones en estructuras, competiciones y ayudas económicas que contribuyen a la profesionalización progresiva del fútbol femenino y a la mejora de las condiciones de clubes y jugadoras. Aunque Cerezo no realizó una cita literal centrada exclusivamente en esta cuestión, su defensa del formato se alinea con ese planteamiento general, que vincula la expansión internacional del torneo con un retorno económico que beneficia a todo el ecosistema del fútbol español.
La celebración de la Supercopa en Arabia Saudí ha estado rodeada de controversia desde su traslado, tanto por motivos deportivos como sociales y económicos. Frente a esas críticas, los defensores del modelo insisten en que el acuerdo permite generar ingresos muy superiores a los que obtendría el torneo en territorio nacional, lo que abre la puerta a una mayor redistribución de recursos. En ese reparto, según la RFEF, no solo entran los clubes profesionales, sino también federaciones territoriales, categorías inferiores y el fútbol femenino, que necesita una base económica sólida para consolidar su crecimiento.
Cerezo, como presidente de uno de los clubes participantes, respaldó esa visión en la previa del derbi, insistiendo en la importancia de entender la Supercopa no solo como un evento puntual, sino como una pieza clave dentro de una estrategia económica más amplia. Una estrategia que, según sus defensores, permite reforzar la competitividad del fútbol español y sostener áreas que, sin ese respaldo económico, tendrían mayores dificultades para desarrollarse.
De este modo, el debate en torno a la Supercopa vuelve a evidenciar la tensión entre la dimensión deportiva y la económica del fútbol moderno. Mientras las críticas se centran en la sede y el formato, los responsables institucionales y los clubes apelan al impacto global del torneo y a su capacidad para generar recursos que, más allá del escaparate del fútbol masculino, también alcanzan al fútbol femenino y a la base del sistema.
Un argumento que, una vez más, se sitúa en el centro de la defensa del modelo en Arabia Saudí, ya que el torneo aporta 26 millones de euros a repartir entre la Primera División Femenina y el balompié no profesional, donde ya no está la Liga F desde 2022.
🟢 La exjugadora delEibar abandona el Heliodoro Rodríguez López tras media temporada y brillará en el conjunto bávaro.
El Club Deportivo Tenerife Femenino, semifinalista de la Copa de la Reina Iberdrola en 2022 ha anunciado oficialmente el adiós de Amani Kakouman Bernadette.
🤍💙 |OFICIAL|
Amani emprende un nuevo reto profesional lejos de la isla 🤝
El conjunto blanquiazul y la centrocampista marfileña separan sus caminos tras hacerse efectivo el pago de su cláusula para incorporarse al @FCBfrauen.
El representativo canario y la internacional absoluta por Costa de Marfil separan caminos después de que se haya hecho efectivo el pago de la cláusula de rescisión de la futbolista en este mercado de invierno. La internacional marfileña pone así fin a su etapa como blanquiazul para iniciar un nuevo desafío en el fútbol alemán, bajo el escudo del Bayern de Múnich. “Es un paso más en mi carrera, estoy muy agradecida al club y a mis compañeras por la oportunidad y porque he aprendido mucho en estos meses. Me voy siendo mejor jugadora y sobre todo mejor persona. Gracias también a la afición porque su apoyo durante la temporada ha sido increíble” señaló la centrocampista. Amani llegó al conjunto tinerfeño el pasado mes de julio de 2025 procedente de la SD Eibar y, en apenas unos meses, se convirtió en una de las jugadoras más destacadas del equipo. Su impacto fue inmediato, aportando equilibrio, carácter y calidad al centro del campo, además de un compromiso absoluto con el grupo y con la camiseta. Desde su debut, la centrocampista marfileña fue protagonista tanto dentro como fuera del terreno de juego. Su inicio de temporada no pudo ser más significativo, estrenándose como goleadora en Liga F Moeve ante el Sevilla FC y siendo elegida MVP, en un tanto cargado de emoción que dedicó a su padre. Amani supo conectar desde el primer momento con el vestuario y con la afición, convirtiéndose en una pieza clave (doce titularidades y más de mil minutos) en una temporada de alto nivel para el club.
“Creo que ese partido contra el Sevilla fue uno de los momentos más bonitos que he vivido aquí. Era el día después de mi cumpleaños y pude marcar y dedicarle el gol a mi padre, fue algo muy especial” expresó Amani visiblemente emocionada. El broche a su etapa como blanquiazul llegó en el último partido del año 2025, en la Copa de la Reina, donde volvió a demostrar su jerarquía marcando el primer gol del encuentro, precisamente en Sevilla, despidiéndose del Costa Adeje Tenerife Egatesa con el mismo sello que la ha acompañado durante toda su estancia: trabajo, personalidad y determinación. Desde el club blanquiazul se agradece a Amani su profesionalidad, su entrega y su implicación durante el tiempo que ha defendido sus colores. Su crecimiento y el interés de un club del prestigio internacional del Bayern de Múnich son motivo de orgullo para la entidad y reflejan el valor del proyecto deportivo que se sigue construyendo desde la isla. El presidente del CD Tenerife Femenino, Sergio Batista, ha expresado que “desde el club le deseamos a Amani la mayor de las suertes en esta nueva etapa de su carrera, tanto a nivel profesional como personal. Esta siempre será su casa y esperamos que todo vaya bien en el nuevo reto que emprende lejos de Tenerife.
La futbolista de 28 años fue pretendida por el Club Atlético de Madrid en el pasado mercado estival cuando aún era armera, pero las elevadas pretensiones de la Sociedad Deportiva Eibar frustraron un acuerdo que estaba avanzando y la exjugadora del DUX Logroño (2022-2023) acabó reforzando al conjunto azul y blanco
Nacida el 5 de septiembre de 1997 en Dougbafla (Costa de Marfil), se ha consolidado como una pieza fundamental en la medular del equipo blanquiazul desde su llegada en el verano de 2025 procedente de la S.D. Eibar, aportando equilibrio, energía y calidad a un Tenerife que ha apostado por ella como piedra angular de su estructura táctica en el centro del campo.
Amani no es solo una jugadora física y aguerrida, sino que encarna el perfil de mediocentro moderno: con un despliegue físico notable, fortaleza en los duelos uno contra uno, velocidad y potencia para imponerse en disputas tanto en campo propio como en transición, y con capacidad técnica para recibir, conducir y distribuir el juego con criterio. Su estatura y complexión —1,64 m de altura y un físico compacto— le permiten posicionarse con solidez en el campo, proteger el balón bajo presión, girar con rapidez y facilitar la progresión del juego a sus compañeras con pases cortos precisos, conducciones directas y rotaciones rápidas de la pelota
La africana con la camiseta del Tenerife destacaba por un perfil que combina funciones defensivas y ofensivas en el mediocampo con una gran inteligencia táctica. Su lectura del juego es sobresaliente: anticipa las acciones del rival, posiciona su cuerpo para cortar líneas de pase, y cuando el equipo tiene el balón reorganiza la estructura ofensiva con criterio, ofreciendo salidas limpias desde atrás, conduciendo al primer pase vertical o redistribuyendo el balón para mantener la posesión. Esa capacidad de transición la convierte en un mediocentro útil tanto para recuperar como para generar juego.
Técnicamente, Amani presenta un dominio del balón firme que le permite controlar situaciones de alta presión, recolocar la pelota y lanzar conducciones que rompen las primeras líneas defensivas. Su habilidad en el pase corto es precisa, con un porcentaje de acierto elevado para los estándares de la Liga F, y su visión de juego le posibilita realizar pases largos que abren el campo hacia bandas o liberan a jugadoras de ataque en posiciones más adelantadas. Aunque no es una mediapunta clásica, su versatilidad en la construcción de juego es clave para integrarse tanto en sistemas que priorizan la posesión como en aquellos que buscan progresar con velocidad y verticalidad. 
Defensivamente, Amani sobresale por su agresividad medida y su capacidad para interrumpir las jugadas del rival. Su velocidad de reacción y su lectura le permiten anticipar pases, interceptar balones y ejecutar entradas limpias que frenan contragolpes peligrosos, convirtiéndose en un punto de equilibrio defensivo para su equipo. Además, no rehúye los contactos físicos: su capacidad de salto y fuerza en el choque la hacen competitiva en duelos aéreos y cuerpo a cuerpo. Su porcentaje de contribución defensiva comparado con otras mediocentros la sitúa entre las jugadoras que más aportan en labores de recuperación y contención. 
En ataque, aunque su tendencia prioritaria no es la finalización, Amani aporta presencia y peligro desde media distancia con remates potentes cuando las situaciones lo permiten. Esto quedó patente en encuentros como el que disputó ante el Athletic Club Femenino, donde estuvo muy activa en las áreas de creación e incluso protagonizó intentos de disparo desde fuera del área, mostrando confianza para encarar y probar al rival desde posiciones lejanas. 
Las estadísticas de la temporada 2025-2026 consolidan su perfil de jugadora completa: promedia un alto número de minutos por partido (más de 1.000 minutos en Liga F), ha anotado goles y disputado encuentros con un rendimiento consistente, ha visto tarjetas en algunas ocasiones por su intensidad competitiva, y su presencia en el equipo es habitual como titular prácticamente en todos los encuentros disputados. Esto refuerza su rol como líder en la medular del Tenerife, con cifras que muestran su regularidad y su importancia tanto en tareas de recuperación como en contribución ofensiva.
Lo que Amani aporta al CD Tenerife femenino con la camiseta azul y blanca trasciende las estadísticas básicas: imprime carácter, perseverancia y una ética de trabajo que contagia a sus compañeras. Su profesionalismo y compromiso se reflejan en su constante implicación en cada jugada, ya sea presionando al rival para recuperar la posesión o descargando con balones precisos para iniciar fases de ataque. Su versatilidad táctica le permite adaptarse fluida y naturalmente a diferentes esquemas de juego, ya sea como mediocentro defensiva en formaciones que priorizan la solidez o como mediocentro de enlace en sistemas más ofensivos que buscan fluidez entre líneas.
Bernadette Amani Kakounan con el número 8 del Club Deportivo Tenerife Femenino es una mediocampista completa, con capacidad física, inteligencia táctica, técnica depurada y compromiso competitivo que la convierten en una pieza clave para su equipo. Su impresionante trabajo sin balón, su liderazgo silencioso, su serenidad para manejar el tempo del juego y su agresividad medida en defensa la hacen una jugadora indispensable en el molde moderno del mediocampo: una futbolista que no solo recupera y distribuye el juego, sino que también ayuda a construirlo desde atrás con criterio y precisión en cada fase de partido.
Estas virtudes han llamado la atención de José Barcala, técnico español del Bayern de Múnich que ha conseguido que el elenco teutón abone el importe íntegro de su cláusula de rescisión en este mercado de invierno.
✍️🔴⚪ Die FC Bayern Frauen verpflichten die ivorische Nationalspielerin Bernadette Amani. Die 28-jährige Mittelfeldakteurin unterschreibt einen Vertrag bis 2029.
El Bayern ya repescó a Edna Imade de su cesión a la Real Sociedad de Fútbol antes de tiempo tras la marcha de Lea Schüller al Manchester United Women.
Bianca Rech, directora de fútbol femenino del FC Bayern: «Bernadette es una jugadora extremadamente fuerte y compacta que convence por su velocidad, estabilidad, pero también por su juego de pases seguros. Trae mucha tranquilidad al centro del campo y, como líder del juego de Costa de Marfil, siempre pone al equipo en primer lugar. Bernadette es muy abierta, dispuesta a aprender y muestra una notable curiosidad por seguir desarrollándose. Apreciamos especialmente su carácter comprometido y orientado al trabajo en equipo. Por lo tanto, estamos muy contentos de que se haya decidido por el Bayern y esperamos pasar tiempo juntos”.
Francisco De Sá Fardilha, director deportivo del conjunto alemán : «Bernadette aportará mucha energía y asertividad a nuestro juego. Con su inteligencia de juego, también aumenta nuestro riesgo ofensivo, tanto en ataques rápidos como en la configuración controlada del juego. Su capacidad para jugar permanentemente al más alto nivel de intensidad es particularmente valiosa para nosotros. Estamos convencidos de que desarrollarán aún más su potencial y lo elevarán a un nuevo nivel con nosotros».
«El cambio al FC Bayern me llena de gran alegría – para mí es un sueño hecho realidad. El club es una de las asociaciones más reconocidas del mundo y también goza de una gran reputación en mi país de origen. Mi objetivo es integrarme rápidamente en las próximas semanas y devolver la confianza depositada en mí con fuertes actuaciones. Me considero una verdadera jugadora de equipo. Por lo tanto, para mí, la cooperación y el éxito del equipo son lo primero. Quiero dar lo mejor de mí todos los días», declaró la jugadora.
Amani ya está en Múnich y ha firmado un contrato hasta el próximo 30 de junio de 2029, como mínimo y su debut en la Frauen-Bundesliga podría llevar ante el Red Bull Leipzig que está programado para el 25 de enero de 2026.
La salida de Amani del Costa Adeje Tenerife rumbo al Bayern de Múnich, tras el abono íntegro de su cláusula de rescisión, supone un punto de inflexión profundo en la temporada del conjunto azul y blanco, no solo por lo que representa la pérdida de una futbolista capital en términos estrictamente futbolísticos, sino por el momento competitivo en el que se produce y por el contexto estructural y emocional que rodea al club. El Tenerife llega al último encuentro de la primera vuelta en Riazor ante el Deportivo Abanca situado en la quinta posición con 24 puntos, plenamente inmerso en la pelea con el Atlético de Madrid y la Real Sociedad por el tercer puesto que da acceso a la fase previa de la próxima edición de la Liga de Campeones Femenina, y lo hace justo cuando se ve obligado a redefinir el corazón de su juego, la medular, sin la futbolista que había ejercido como ancla, metrónomo, sostén defensivo y primer eslabón creativo del equipo. Para Yerai Martín, nuevo técnico azul y blanco, el reto es mayúsculo, pero también abre un abanico de posibilidades tácticas, estratégicas y de gestión de grupo que, bien trabajadas, pueden no solo minimizar el impacto de la marcha de la internacional africana, sino incluso reconfigurar al Tenerife como un equipo más imprevisible, coral y adaptable a distintos contextos de partido.
Amani no era una centrocampista más dentro del ecosistema del Costa Adeje Tenerife. Su peso iba mucho más allá de los minutos jugados o de los datos estadísticos. Era la futbolista que daba sentido a la estructura, la que equilibraba al equipo cuando este se partía, la que corregía errores ajenos con su lectura del juego y su capacidad para ocupar espacios, la que sostenía el bloque medio cuando las líneas se adelantaban y la que ofrecía una salida limpia cuando el rival presionaba alto. Su perfil físico, su agresividad bien entendida, su capacidad para ganar duelos y su inteligencia posicional permitían al Tenerife asumir riesgos en otros sectores del campo, liberar a las interiores para saltar líneas o a las laterales para proyectarse con profundidad. Sin Amani, el equipo pierde de golpe una garantía de estabilidad, pero también se ve obligado a mirarse al espejo y a preguntarse qué tipo de equipo quiere ser en este tramo decisivo de la temporada.
Yerai Martín, que conoce bien la idiosincrasia del club y el perfil de las futbolistas de la plantilla, tiene varias vías para cubrir la baja, y ninguna de ellas pasa por buscar un reemplazo idéntico, porque simplemente no existe dentro del vestuario una jugadora que reproduzca exactamente el mismo impacto en todas las fases del juego. La clave, por tanto, no está en sustituir a Amani, sino en redistribuir sus funciones, fragmentar su influencia en varias piezas y redefinir los automatismos colectivos para que el equipo no dependa de una única futbolista para sostenerse en la medular. Esto implica una intervención profunda tanto en el plano táctico como en el psicológico, porque la salida de una líder silenciosa como Amani también deja un vacío en términos de jerarquía y confianza interna.
Una de las primeras opciones que tiene el técnico azul y blanco es apostar por una solución continuista en cuanto a dibujo, manteniendo el sistema base que venía utilizando el equipo, pero ajustando roles y responsabilidades. En este escenario, la clave estaría en identificar a la jugadora con mayor capacidad para asumir el rol de mediocentro posicional, aunque sea desde un perfil distinto. Puede tratarse de una futbolista menos física pero más ordenada tácticamente, o de una jugadora con buen primer pase y lectura defensiva que, arropada por una doble ayuda constante de las interiores, permita sostener el eje central. Este enfoque exige un trabajo muy fino en las distancias entre líneas y en las coberturas, porque sin la capacidad de Amani para llegar a todo, el equipo debe ser más compacto, reducir espacios y bascular de manera más coordinada.
Otra vía, quizá más ambiciosa, pasa por modificar la estructura del centro del campo, abandonando la idea de un pivote único para apostar por un doble mediocentro más simétrico, donde dos futbolistas compartan responsabilidades defensivas y de inicio de juego. Este ajuste puede aportar mayor seguridad sin balón y facilitar la salida en corto ante equipos que presionan alto, como es habitual en determinados tramos de partido contra rivales de la zona alta. En este contexto, Yerai Martín puede buscar perfiles complementarios: una mediocentro más destructiva, encargada de la contención y la vigilancia, y otra con mayor capacidad para organizar, girar el juego y conectar con las delanteras. Este reparto de funciones, bien trabajado, puede compensar la ausencia de Amani y dotar al equipo de una estructura más sólida y menos dependiente de individualidades.
También existe la posibilidad de que el técnico opte por un enfoque más dinámico, apostando por un centro del campo de mayor movilidad, con interiores que intercambian posiciones constantemente y una presión más alta para evitar que el rival tenga tiempo y espacio para explotar la zona central. En este modelo, el Tenerife renunciaría parcialmente al control pausado del juego para convertirse en un equipo más agresivo tras pérdida, que intenta recuperar el balón lo más arriba posible y atacar en transiciones rápidas. Esta opción puede ser especialmente interesante teniendo en cuenta el perfil de algunos rivales directos y el hecho de que, en la lucha por el tercer puesto, cada detalle cuenta y cada partido puede convertirse en un ejercicio de supervivencia competitiva.
El partido ante el Deportivo Abanca en Riazor, último de la primera vuelta, adquiere en este contexto un valor simbólico y estratégico enorme. El conjunto gallego, que suele hacerse fuerte en casa y que plantea partidos de alta intensidad, pondrá a prueba desde el primer minuto la nueva configuración del centro del campo tinerfeño. Sin Amani, el Tenerife deberá ser especialmente cuidadoso en la gestión de los tiempos del partido, en la protección de la frontal del área y en la salida de balón bajo presión. Yerai Martín tendrá que decidir si apuesta por un planteamiento más conservador, priorizando el orden y el equilibrio, o si utiliza el encuentro como una oportunidad para lanzar un mensaje de confianza al grupo, apostando por una versión valiente y proactiva pese a la ausencia de su mediocentro titular.
Más allá de las soluciones estrictamente tácticas, hay un aspecto fundamental que el nuevo técnico debe abordar: la gestión emocional del vestuario. La salida de una jugadora como Amani, en mitad de una temporada tan ilusionante, puede generar una mezcla de sentimientos contradictorios, desde la frustración por perder a una compañera clave hasta el orgullo por ver cómo una futbolista del proyecto da el salto a uno de los gigantes del fútbol europeo. Yerai Martín tiene la oportunidad de transformar esta situación en un estímulo colectivo, reforzando la idea de que el Tenerife es un club que forma, potencia y proyecta talento, y que el éxito individual de una jugadora es también el éxito del grupo.
En este sentido, el discurso interno será tan importante como las decisiones sobre el césped. El técnico debe convencer a sus futbolistas de que la clasificación actual no es fruto de una sola pieza, sino del trabajo colectivo, de la coherencia del proyecto y de la capacidad del equipo para competir cada fin de semana. La lucha con el Atlético de Madrid y la Real Sociedad por el tercer puesto es una batalla de regularidad, de resistencia mental y de adaptación constante, y el Tenerife, incluso sin Amani, sigue teniendo argumentos para mantenerse en esa pelea hasta el final.
Desde un punto de vista estratégico, la baja de Amani también puede empujar al club a explorar el mercado, ya sea en forma de fichaje o de promoción interna. Sin embargo, cualquier incorporación debe responder a una idea clara de juego y a una necesidad real, no a una reacción impulsiva. Yerai Martín, como nuevo técnico, tiene margen para evaluar con calma las opciones, analizar el rendimiento de las futbolistas disponibles y decidir si el equipo necesita un refuerzo específico o si puede reinventarse con lo que ya tiene en casa. En ocasiones, las grandes transformaciones nacen precisamente de las ausencias, de la obligación de buscar soluciones donde antes no se miraba.
En el terreno puramente competitivo, el desafío para el Tenerife será mantener su identidad sin perder eficacia. La medular es el motor del equipo, y sin Amani ese motor debe funcionar de otra manera, quizá con menos potencia individual pero con mayor sincronización colectiva. La presión coordinada, las ayudas constantes, la ocupación racional de los espacios y la claridad en la toma de decisiones serán aspectos clave en este nuevo escenario. Yerai Martín tendrá que afinar cada detalle, porque en una Liga tan igualada, cualquier desajuste puede marcar la diferencia entre sumar tres puntos o dejarse opciones por el camino.
El duelo de Riazor puede ser el primer gran examen de esta nueva etapa. En un estadio exigente, ante un rival que no regala nada y con la presión añadida de cerrar la primera vuelta en puestos europeos, el Tenerife tendrá que demostrar que es capaz de adaptarse, de competir y de seguir creciendo pese a las adversidades. Si el equipo sale reforzado de ese partido, no solo en términos de resultado sino de sensaciones, el mensaje será claro: la marcha de Amani duele, pero no detiene el camino.
En última instancia, lo que Yerai Martín puede hacer para cubrir la baja de la africana no se resume en una sola decisión ni en una única solución. Se trata de un proceso complejo, que implica redefinir roles, ajustar sistemas, gestionar emociones y proyectar confianza. El Tenerife está ante una encrucijada que puede marcar el devenir de su temporada y, quizá, de su proyecto a medio plazo. Si el técnico logra convertir esta pérdida en una oportunidad para fortalecer al grupo y diversificar sus recursos, el equipo no solo seguirá vivo en la lucha por el tercer puesto, sino que puede salir de esta experiencia con una identidad aún más sólida y madura, preparada para competir de tú a tú con los grandes y para seguir escribiendo su propia historia en la élite del fútbol femenino español.
🤍💙 |LIGA F|
¡Este domingo volvemos a domicilio con el primer partido del año! 💪🏻⚽️
🟧 Mientras el fútbol masculino español aceptaba viajar miles de kilómetros para vender su identidad a cambio de millones, la Supercopa de España Iberdrola eligió otro camino. No por casualidad, no por imposición, sino por convicción. En un tiempo en el que casi todo se puede deslocalizar, este torneo decidió quedarse. En Castellón. En territorio hispano. En el lugar donde el fútbol todavía se entiende como un acto cultural, social y colectivo. Esta no es solo la historia de una Supercopa. Es la historia de una resistencia silenciosa.
Existen decisiones que no llenan titulares inmediatos, que no provocan ruedas de prensa ruidosas ni contratos millonarios, pero que con el paso del tiempo adquieren una dimensión histórica. La Supercopa de España Iberdrola celebrada en Castellón pertenece a esa categoría de acontecimientos que, cuando se miran con perspectiva, funcionan como un espejo incómodo para el fútbol masculino y como una declaración de principios para el fútbol femenino. Porque mientras uno eligió el camino del desarraigo, el otro decidió quedarse. Y quedarse, hoy, es casi un acto revolucionario.
Durante décadas, la Supercopa de España fue mucho más que un simple título. Era el punto de partida emocional de una temporada, el reencuentro con los estadios tras el verano, el primer pulso serio entre los grandes del curso anterior. Campeón de Liga contra campeón de Copa del Rey. Ida y vuelta. Agosto. Calor. Expectación contenida. Un trofeo que no pretendía ser grandilocuente, pero que cumplía una función simbólica muy clara: abrir el año futbolístico en casa, ante tu gente, en tus estadios, con tus códigos.
Ese modelo, imperfecto pero reconocible, se mantuvo durante años y acabó por consolidarse como una tradición más del calendario deportivo español. No hacía falta venderlo al mundo. No hacía falta justificarlo con balances económicos. Existía porque tenía sentido.
Todo empezó a cambiar cuando el fútbol español —en su versión masculina— comenzó a mirarse en el espejo de la globalización sin filtros. En 2018, la Real Federación Española de Fútbol decidió modificar el formato histórico de la Supercopa. Primero cayó la ida y vuelta. Luego, el propio concepto de inicio de temporada. El torneo pasó a ser un único partido, descontextualizado del calendario, celebrado en enero y, por primera vez, fuera de España.
Tánger, enero de 2019. Barcelona contra Sevilla. Un 2-1 que quedó para las estadísticas, pero que abrió una puerta que ya no se volvería a cerrar. Aquella edición fue presentada como una excepción, como una oportunidad de expansión, como una prueba piloto. Pero el fútbol rara vez da marcha atrás cuando descubre que puede monetizar su identidad.
A partir de ahí, la transformación fue total. Final a cuatro. Semifinales. Final. Campeones y subcampeones de Liga y Copa. Un producto más televisivo, más exportable, más vendible. Y, sobre todo, mucho más rentable. Arabia Saudí apareció como el socio ideal para este nuevo modelo: infraestructuras, ambición geopolítica, interés por el fútbol europeo y, por encima de todo, dinero. Mucho dinero.
Treinta millones de euros por edición. Un contrato que garantizaba ingresos a la Federación y a los clubes participantes. Un acuerdo que, con el tiempo, se ampliaría hasta al menos 2030, con conversaciones abiertas para prolongarlo aún más. La Supercopa dejó de ser un torneo español jugado en España para convertirse en un evento español jugado en otro continente.
Las justificaciones fueron múltiples: internacionalización de la marca, crecimiento del fútbol español, nuevos mercados, oportunidades económicas. Argumentos legítimos desde un punto de vista empresarial, pero profundamente problemáticos desde una perspectiva cultural y deportiva. Porque el precio de esa globalización fue el desapego. El alejamiento del aficionado local. La normalización de jugar competiciones nacionales lejos de su propio país.
Mientras todo eso ocurría en el fútbol masculino, la Supercopa de España Iberdrola crecía en paralelo, todavía en construcción, todavía buscando su lugar, pero con una ventaja que el otro ya había perdido: la capacidad de decidir qué quería ser, optando por la inteligencia y quedarse en la Península Ibérica.
(Fuente: Liga F Moeve)
No fue una decisión menor ni automática. En un contexto en el que el fútbol femenino empieza a generar interés internacional, audiencias crecientes y oportunidades comerciales, la tentación de repetir el modelo masculino estaba ahí. Exportar el torneo. Buscar sedes exóticas. Convertir la Supercopa en un escaparate global. Pero algo ocurrió que marca una diferencia fundamental: los clubes hablaron. Y dijeron no.
Atlético de Madrid, Real Madrid y Barcelona —los tres grandes protagonistas de la Supercopa en Castellón— se negaron de común acuerdo a trasladar el torneo fuera del territorio hispano. Y ese “no” tuvo un valor especial porque no fue impuesto desde arriba, sino construido desde dentro. Encabezados por el Real Madrid, que fue el primero en expresar con claridad que no estaba dispuesto a disputar la Supercopa femenina fuera de España, los clubes trazaron una línea roja que el fútbol masculino había cruzado hace tiempo.
No era solo una cuestión logística. Era una cuestión de identidad. De coherencia. De mensaje.
Porque el fútbol femenino, todavía en proceso de consolidación social, no puede permitirse perder el vínculo con su gente. No puede alejarse de quienes han sostenido su crecimiento desde la base, desde los campos modestos, desde las gradas que no salen en las fotos. Jugar la Supercopa en Castellón no es una decisión neutra: es una declaración de intenciones.
Castellón no es un enclave casual. No es un destino turístico global ni un centro financiero. Es una ciudad que representa al fútbol como tejido social, como evento compartido, como celebración cercana. Llevar allí la Supercopa es reforzar la idea de que el fútbol femenino pertenece al territorio, no a un mercado abstracto.
Mientras el fútbol masculino acepta con naturalidad disputar un título nacional a miles de kilómetros de sus aficionados, el femenino se planta y dice que no todo vale. Que no todo se compra. Que hay límites que no se cruzan.
Y en ese contraste se construye el verdadero valor de esta Supercopa.
No es solo un torneo. Es una frontera moral. Un espejo que devuelve al fútbol masculino una imagen incómoda de sí mismo. Porque demuestra que otra decisión era posible. Que el traslado a Arabia Saudí no era inevitable. Que hubo un momento en el que se pudo elegir quedarse. Y no se hizo.
El fútbol femenino, con menos recursos, menos focos y menos poder institucional, ha sido capaz de marcar un camino que el masculino abandonó. Y eso dice mucho más de su presente que cualquier cifra de audiencia o patrocinio.
Aquí no hay ingenuidad. Nadie ignora que el dinero importa. Que los ingresos sostienen estructuras. Que la profesionalización exige recursos. Pero también es cierto que no todos los ingresos son iguales ni todas las decisiones son neutras. Hay formas de crecer sin renunciar a la identidad. Hay maneras de internacionalizar sin deslocalizar.
La Supercopa Iberdrola en Castellón es la prueba de ello.
Y por eso este torneo importa. Porque no solo se juega un título. Se juega una idea de fútbol. Se juega el derecho a decidir qué se quiere ser antes de que otros lo decidan por ti. Se juega la memoria futura de un deporte que todavía está a tiempo de aprender de los errores ajenos.
El balón rodará, habrá goles, celebraciones y derrotas. Pero cuando todo termine, lo que quedará no será solo un campeón. Quedará la certeza de que, al menos una vez, el fútbol español eligió quedarse en casa.
No fue una decisión menor ni automática. En un contexto en el que el fútbol femenino empieza a generar interés internacional, audiencias crecientes y oportunidades comerciales, la tentación de repetir el modelo masculino estaba ahí. Exportar el torneo. Buscar sedes exóticas. Convertir la Supercopa en un escaparate global. Pero algo ocurrió que marca una diferencia fundamental: los clubes hablaron. Y dijeron no.
Atlético de Madrid, Real Madrid y Barcelona —los tres grandes protagonistas de la Supercopa en Castellón— se negaron de común acuerdo a trasladar el torneo fuera del territorio hispano. Y ese “no” tuvo un valor especial porque no fue impuesto desde arriba, sino construido desde dentro. Encabezados por el Real Madrid, que fue el primero en expresar con claridad que no estaba dispuesto a disputar la Supercopa femenina fuera de España, los clubes trazaron una línea roja que el fútbol masculino había cruzado hace tiempo.
No era solo una cuestión logística. Era una cuestión de identidad. De coherencia. De mensaje.
Porque el fútbol femenino, todavía en proceso de consolidación social, no puede permitirse perder el vínculo con su gente. No puede alejarse de quienes han sostenido su crecimiento desde la base, desde los campos modestos, desde las gradas que no salen en las fotos. Jugar la Supercopa en Castellón no es una decisión neutra: es una declaración de intenciones.
Castellón no es un enclave casual. No es un destino turístico global ni un centro financiero. Es una ciudad que representa al fútbol como tejido social, como evento compartido, como celebración cercana. Llevar allí la Supercopa es reforzar la idea de que el fútbol femenino pertenece al territorio, no a un mercado abstracto.
Mientras el fútbol masculino acepta con naturalidad disputar un título nacional a miles de kilómetros de sus aficionados, el femenino se planta y dice que no todo vale. Que no todo se compra. Que hay límites que no se cruzan.
Y en ese contraste se construye el verdadero valor de esta Supercopa.
No es solo un torneo. Es una frontera moral. Un espejo que devuelve al fútbol masculino una imagen incómoda de sí mismo. Porque demuestra que otra decisión era posible. Que el traslado a Arabia Saudí no era inevitable. Que hubo un momento en el que se pudo elegir quedarse. Y no se hizo.
El fútbol femenino, con menos recursos, menos focos y menos poder institucional, ha sido capaz de marcar un camino que el masculino abandonó. Y eso dice mucho más de su presente que cualquier cifra de audiencia o patrocinio.
Aquí no hay ingenuidad. Nadie ignora que el dinero importa. Que los ingresos sostienen estructuras. Que la profesionalización exige recursos. Pero también es cierto que no todos los ingresos son iguales ni todas las decisiones son neutras. Hay formas de crecer sin renunciar a la identidad. Hay maneras de internacionalizar sin deslocalizar.
La Supercopa Iberdrola en Castellón es la prueba de ello.
Y por eso este torneo importa. Porque no solo se juega un título. Se juega una idea de fútbol. Se juega el derecho a decidir qué se quiere ser antes de que otros lo decidan por ti. Se juega la memoria futura de un deporte que todavía está a tiempo de aprender de los errores ajenos.
El balón rodará, habrá goles, celebraciones y derrotas. Pero cuando todo termine, lo que quedará no será solo un campeón. Quedará la certeza de que, al menos una vez, el fútbol español eligió quedarse en casa y nada de eso acaeció.
Ocurrió, en cambio, algo mucho más interesante: los clubes hablaron entre ellos. Y cuando los clubes hablan, cuando construyen consensos y fijan límites, el fútbol avanza de otra manera. Atlético de Madrid, Barcelona y Real Madrid —rivales históricos, competidores feroces— encontraron un punto común que iba más allá del césped. Decidieron que la Supercopa femenina no debía salir de España. Y lo hicieron sabiendo que ese “no” tenía consecuencias.
Porque decir no al traslado implica renunciar a ingresos potenciales. Implica resistir presiones. Implica asumir que crecer más despacio puede ser, a largo plazo, crecer mejor. Implica confiar en que el valor del fútbol femenino no depende de su exotización ni de su exportación forzada, sino de la calidad de su producto y de la conexión con su entorno.
Que el Real Madrid fuera el primero en expresar esa negativa no es un detalle menor. El club que simboliza como ningún otro la globalización del fútbol, la marca planetaria, el negocio a escala mundial, fue el que marcó la línea. Y eso convierte la decisión en algo todavía más revelador. Porque demuestra que no se trata de una postura romántica o marginal, sino de una reflexión estratégica sobre qué modelo de fútbol femenino se quiere construir.
El contraste con la Supercopa masculina es inevitable y, al mismo tiempo, incómodo. Porque evidencia que allí donde el fútbol masculino ya no se pregunta casi nada, el femenino todavía se interroga. Allí donde uno asume, el otro debate. Allí donde uno acepta, el otro decide.
Arabia Saudí no es solo una sede lejana. Es un símbolo. Representa un modelo de relación entre deporte, poder y dinero que ha generado críticas constantes desde el ámbito de los derechos humanos, la igualdad de género y la instrumentalización del fútbol como herramienta de lavado de imagen. El fútbol masculino español decidió convivir con ese contexto, minimizarlo, encapsularlo bajo la etiqueta de “acuerdo institucional” y seguir adelante.
El fútbol femenino español, en cambio, entendió que no podía permitirse esa disonancia. No podía reivindicar la igualdad, la visibilidad de las mujeres, el empoderamiento a través del deporte, y al mismo tiempo trasladar su principal torneo a un país donde esos derechos siguen profundamente limitados. No podía pedir coherencia a la sociedad sin aplicársela a sí mismo.
La Supercopa Iberdrola en Castellón es, por tanto, una decisión profundamente política en el sentido más noble del término: define un posicionamiento. Dice dónde se quiere estar y dónde no. Dice qué alianzas se consideran aceptables y cuáles no encajan con el relato que se quiere construir.
Y ese relato importa. Importa para las jugadoras, que no son piezas intercambiables en un tablero global, sino referentes sociales. Importa para las niñas que llenan las gradas y que entienden el fútbol femenino como algo cercano, posible, propio. Importa para los territorios que reciben estos eventos y que ven cómo el deporte puede ser una herramienta de cohesión y visibilidad sin necesidad de convertirse en un espectáculo deslocalizado.
Castellón, en ese sentido, no es solo una sede. Es una elección narrativa. Es llevar la Supercopa a un lugar donde el fútbol femenino no llega como una gira internacional, sino como una celebración compartida. Donde las jugadoras pueden sentir el pulso del público, donde las aficiones pueden reconocerse en lo que ocurre en el campo, donde el torneo no es una postal lejana, sino una experiencia vivida.
Hay algo profundamente significativo en que, mientras la Supercopa masculina se juega en horarios pensados para otros mercados, la femenina se dispute pensando en el público local. En las familias. En las escuelas de fútbol. En las niñas que podrán decir “yo estuve allí”. Esa diferencia no se mide en millones, pero construye futuro.
El fútbol femenino no está exento de riesgos. La tentación de copiar modelos exitosos es enorme. La presión por generar ingresos, por atraer patrocinadores, por crecer rápido, es real. Pero precisamente por eso, decisiones como esta Supercopa en territorio hispano funcionan como anclas. Como recordatorios de que no todo crecimiento es sano y de que no toda expansión es progreso.
El modelo masculino demuestra que una vez cruzada cierta línea es muy difícil volver atrás. Hoy resulta casi impensable que la Supercopa masculina regrese de forma estable a España. El contrato se extiende, se renueva, se normaliza. La crítica se diluye. El debate desaparece. El fútbol se adapta al calendario de otro país y aprende a vivir con esa contradicción.
El fútbol femenino todavía está a tiempo de no cometer ese error.
Por eso esta Supercopa Iberdrola tiene algo de advertencia y algo de promesa. Advertencia de lo que ocurre cuando el dinero se convierte en el único criterio. Promesa de que todavía es posible construir un modelo diferente, más coherente, más arraigado, más humano.
No se trata de idealizar ni de oponer pureza a profesionalización. Se trata de entender que el fútbol femenino tiene una oportunidad histórica: aprender de los errores del masculino sin necesidad de repetirlos. Construir un crecimiento propio, no un reflejo. Decidir antes de que decidan por él.
Y en esa decisión, Castellón se convierte en un símbolo. En una especie de línea divisoria entre dos formas de entender el fútbol español contemporáneo. De un lado, el fútbol que se desplaza sin mirar atrás. Del otro, el que se queda para mirar a los ojos a su gente.
Cuando ruede el balón y se proclame un campeón, habrá estadísticas, análisis tácticos, debates deportivos. Pero el verdadero legado de esta Supercopa estará en otro lugar. Estará en haber demostrado que no todo está perdido. Que todavía hay margen para elegir. Que todavía hay torneos que pueden decir “hasta aquí”.
El fútbol femenino español no ha elegido el camino fácil. Ha elegido el coherente. Y eso, en el contexto actual, es casi un acto épico.
Y esa épica no se construye con discursos grandilocuentes ni con campañas de marketing cuidadosamente diseñadas. Se construye, casi siempre, en silencio. En reuniones donde se decide no aceptar una oferta. En conversaciones incómodas donde alguien dice que no todo vale. En momentos en los que se entiende que el fútbol no es solo un producto, sino un relato compartido que deja huella.
La Supercopa de España Iberdrola en Castellón pertenece a esa estirpe de decisiones que no buscan el aplauso inmediato, pero que con el tiempo se convierten en referencia. Porque cuando dentro de unos años se vuelva la vista atrás para analizar cómo se consolidó el fútbol femenino en España, este torneo aparecerá como uno de esos puntos de inflexión discretos pero determinantes. No por quién la ganó, sino por dónde se jugó. Y por qué.
El fútbol femenino español ha vivido demasiadas veces a la sombra de lo que hacía el masculino. Ha heredado estructuras, calendarios, formatos y hasta problemas que no le pertenecían. Durante años se le pidió paciencia, comprensión, sacrificio. Se le exigió crecer sin recursos, profesionalizarse sin apoyo, competir sin escaparate. Y, paradójicamente, ahora que empieza a tener capacidad de decisión, ha demostrado una madurez que el fútbol masculino perdió por el camino.
Porque decidir quedarse en España no es una decisión conservadora. Es una decisión valiente. Conservador habría sido copiar el modelo existente sin cuestionarlo. Valiente es preguntarse si ese modelo es realmente el que conviene. Valiente es entender que la globalización no es inevitable, que se puede internacionalizar una marca sin expatriar el alma.
El fútbol femenino no necesita jugar en Arabia Saudí para ser global. Necesita ser auténtico. Necesita ser reconocible. Necesita que quien lo vea, desde dentro o desde fuera, entienda que hay una coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Y esa coherencia empieza por no llevar tu principal torneo a un contexto que contradice los valores que reivindicas.
Hay algo profundamente simbólico en ver a jugadoras que representan la lucha por la igualdad disputar un título en un país donde esa lucha sigue siendo una excepción. El fútbol masculino decidió convivir con esa contradicción. El femenino ha decidido evitarla. No porque sea moralmente superior, sino porque es consciente de su papel social. Porque sabe que cada gesto suyo tiene un impacto que va más allá del marcador.
Las jugadoras no son ajenas a esto. No viven en una burbuja. Saben dónde juegan, por qué juegan y qué significa hacerlo allí. Para muchas de ellas, el fútbol ha sido una herramienta de emancipación, de visibilidad, de conquista de espacios históricamente vetados. Disputar la Supercopa en Castellón, ante un público cercano, en un entorno reconocible, refuerza ese vínculo entre el deporte y la sociedad que lo sostiene.
No es lo mismo levantar un trofeo ante una grada que te siente como propia que hacerlo en un estadio neutral, lejano, donde el contexto lo domina todo menos el fútbol. No es lo mismo celebrar con niñas que te ven cada fin de semana que hacerlo ante un público que consume el evento como un producto más. No es lo mismo construir referentes en casa que exportarlos sin raíces.
Por eso esta Supercopa no es solo una victoria institucional o una anécdota logística. Es un mensaje al futuro. Un aviso de que el fútbol femenino español no quiere convertirse en una copia tardía del masculino, sino en una alternativa real. Que no quiere repetir sus errores, sino aprender de ellos. Que no quiere hipotecar su identidad a cambio de una rentabilidad inmediata.
Hay quien dirá que esto cambiará. Que cuando el fútbol femenino genere aún más dinero, las decisiones serán otras. Que la presión comercial acabará imponiéndose. Puede ser. Pero incluso si ese día llega, lo que nadie podrá borrar es que hubo un momento en el que se eligió distinto. Que hubo un punto en el camino en el que se dijo “hasta aquí”.
Y ese recuerdo importa. Importa porque establece un precedente. Porque demuestra que los clubes pueden ponerse de acuerdo para proteger algo más que sus intereses individuales. Porque enseña que la Federación puede acompañar decisiones que no maximizan ingresos a corto plazo, pero sí legitimidad a largo. Porque muestra que el fútbol femenino tiene voz propia.
Castellón quedará asociado a esa idea. No como una sede provisional, sino como un lugar donde el fútbol femenino español decidió mirarse al espejo y reconocerse. Donde entendió que su fortaleza no estaba en parecerse al fútbol masculino, sino en ofrecer algo diferente. Algo más cercano. Más honesto. Más humano.
El público de El Partido de Manu entiende bien este tipo de gestos. Entiende que el fútbol no se explica solo con estadísticas ni con balances económicos. Se explica con símbolos, con decisiones, con relatos que construyen memoria colectiva. Y la Supercopa de España Iberdrola en territorio hispano es uno de esos relatos que merecen ser contados con calma, con profundidad y con emoción.
Porque habla de lo que fuimos, de lo que somos y, sobre todo, de lo que todavía podemos ser.
Mientras el fútbol masculino español sigue jugando su Supercopa lejos de casa, atrapado en contratos a largo plazo que ya casi nadie discute, el femenino ha dejado claro que aún está a tiempo de decidir su camino. Que aún puede elegir quedarse. Que aún puede decir que el fútbol, antes que un negocio global, es un acto cultural que pertenece a su gente.
Y eso, en un mundo que empuja constantemente hacia la deslocalización, tiene algo de épico. De resistencia tranquila. De victoria invisible.
Cuando dentro de unos años alguien pregunte cuándo el fútbol femenino español empezó a caminar con paso propio, no habrá una única respuesta. Pero entre ellas estará esta Supercopa. Este “no” dicho a tiempo. Esta decisión de quedarse en casa cuando el dinero llamaba a la puerta.
Porque a veces, la mayor conquista del fútbol no está en irse lejos, sino en saber quedarse.
🟦 Cada temporada, cuando el calendario se detiene y el fútbol femenino entra en el paréntesis invernal, surge la misma pregunta en despachos, redacciones y vestuarios: ¿cómo volverá el equipo tras las Navidades? En el caso del Atlético de Madrid Femenino, la respuesta no se construye desde el mito ni desde una épica puntual, sino desde una constante competitiva forjada durante más de una década. Esta nota de prensa analiza, con perspectiva histórica y datos deportivos, cómo ha respondido el conjunto rojiblanco al regreso a la competición tras el parón navideño, desmontando tópicos, detectando patrones reales y explicando por qué el Atlético rara vez se cae cuando el invierno aprieta.
El próximo jueves 8 de enero a las 21:45 horas, en Telecinco, comienza la cuarta edición de ‘GH DÚO’ que se inaugurará con los primeros concursantes confirmados: Anita Williams, Raquel Salazar, Antonio Canales, Belén Rodríguez, Carmen Borrego, Cristina Piaget y Sonia Madoc.
De la mano de Jorge Javier Vázquez e Ion Aramendi viviremos una nueva edición con las galas semanales, jueves y domingo respectivamente y complementadas de dos señales en directo con la casa, resúmenes diarios y votaciones gratuitas en Mediaset Infinity. Además de la última hora del reality y contenido exclusivo en Telecinco.es y redes sociales.
Además de conocer en la propia gala con quienes formarán la pareja o trío, cada uno de ellos ha elegido quién les defenderá desde plató.
Anita Williams. La influencer conocida por su participación en ‘La isla de las tentaciones 8’ junto al que era su pareja, José Carlos Montoya; y su trayectoria por ‘Supervivientes 2025’ ha elegido a su amiga Candela como su defensora.
Raquel Salazar. Participante del exitoso formato de Cuatro ‘Los Gipsy Kings’ se ve embarcada en esta nueva aventura y lo hace de la mano de su hija Noemí Salazar, quién será su defensora en plató.
Antonio Canales. El bailaor de fama internacional vivió su primera experiencia en el reality más extremo de la televisión, ‘Supervivientes 2021’. Manuel Jiménez, amigo y compañero lo defenderá en plató.
Belén Rodríguez. La periodista y colaboradora de televisión experta en televisión aterriza por primera vez en el mundo del reality. Nacido en el seno de familia de periodistas e hija de la popular. Su amiga Esperanza Gracia será su defensora en plató.
Carmen Borrego. Hija menor de María Teresa Campos y hermana de Terelu Campos, tras un breve paso por ‘Supervivientes 2024’, ‘GH DÚO’ comenzará su segunda experiencia en el mundo de la telerrealidad, una nueva aventura que “marcará un antes y un después” en su vida. En el reality seguirá la estela de su hijo, José María Almoguera, participante de ‘GH DÚO 3’ y su defensor en plató.
Cristina Piaget. La actriz y top model participará en ‘GH DÚO’ debutando en un reality y con su amiga, Laura Arjona como su defensora.
Sonia Madoc. Conocida por su gran fama en su álbum ‘Yo quiero bailar’ junto a Sonia y Selena, participará en el reality por primera vez. Su primera experiencia será defendida desde plató por Jorge Moreno, periodista y colaborador de televisión.
Además de completar al lista de concursantes y confirmar quiénes formarán pareja o trío en el reality, se propondrá el primer juego a sus protagonistas con una prueba que pondrá en pantalla la habilidad y su destreza. Los ganadores podrán instalarse en la suite, una estancia especial de la casa con multitud de privilegios.
GRAN ESTRENO ✨
Y viene muy fuerte… 🔥 🤩 Revelación del casting completo, descubrimos los DÚOS o trios 🥳 Las ganadoras María Jesús Ruiz y Lucía Sánchez en plató 🎲 Un juego con el acceso a la suite y sus privilegios como recompensa
El Atlético de Madrid Femenino logró consolidarse en la Primera División tras años de ascensos y ajustes, y rápidamente pasó de ser un equipo en construcción a una referencia nacional e internacional. La temporada 2010-11, ya en la élite, mostró a un equipo decidido a afirmarse, combinando disciplina táctica con un desarrollo progresivo de sus jugadoras jóvenes. No siempre los resultados fueron espectaculares, pero la estructura del equipo permitió que las derrotas fueran transitorias y que las victorias, cuando llegaban, construyeran confianza y cohesión. En estas primeras temporadas, el Atlético demostró un equilibrio defensivo notable, manteniendo una portería relativamente segura y trabajando el juego colectivo como base para un rendimiento futuro que no dependiera de actuaciones individuales aisladas. A nivel ofensivo, la plantilla comenzó a desarrollar verticalidad y creatividad, aunque el dominio de los equipos históricos de la liga todavía limitaba la regularidad de los triunfos.
Con la temporada 2012-13, el Atlético comenzó a mostrar signos de consolidación en ataque, complementando la defensa sólida con transiciones rápidas y capacidad para explotar los espacios en la medular rival. La combinación de táctica, esfuerzo físico y mentalidad competitiva hizo que el equipo comenzara a aparecer con más frecuencia en los puestos de honor de la tabla, aunque todavía sin alcanzar la cima absoluta. El aprendizaje de cada jornada y la exposición a rivales de alta exigencia fueron claves para desarrollar una identidad de resiliencia y adaptación que luego definiría su carácter post-navidad.
El punto de inflexión llegó en la temporada 2016-17, cuando el Atlético de Madrid Femenino alcanzó su primer campeonato de liga en la máxima categoría. Esta temporada fue histórica no solo por el título, sino por la forma en que el equipo equilibró rendimiento ofensivo y defensivo: una defensa organizada y pocas concesiones permitieron que los goles en contra fueran mínimos, mientras que un ataque ágil y preciso aprovechaba cada oportunidad. La victoria consolidó al club en la élite y demostró que la construcción histórica basada en disciplina, táctica y desarrollo de jugadoras jóvenes podía traducirse en resultados tangibles y sostenibles. En ese contexto, la vuelta tras la pausa navideña dejó patente que el Atlético era capaz de mantener la intensidad y la concentración, utilizando enero y febrero como meses de ajuste fino y consolidación, en lugar de depender de arrancadas espectaculares para sostener su posición en la clasificación.
Las temporadas 2017-18 y 2018-19 continuaron la senda de excelencia. Con la consolidación de la plantilla, la mejora en los mecanismos ofensivos y la capacidad de mantener la portería a salvo, el Atlético revalidó el título y se convirtió en una fuerza indiscutible. La clave seguía siendo la combinación de solidez defensiva, velocidad en transición y eficacia ofensiva, algo que los equipos rivales encontraron difícil de superar. La gestión de los meses post-navidad se convirtió en un patrón: el equipo regresaba de la pausa con concentración intacta, aprovechando los partidos iniciales para reafirmar conceptos tácticos y consolidar posiciones sin perder consistencia ni cometer errores graves.
La temporada 2019-20, aunque interrumpida por circunstancias extraordinarias a nivel global, mostró cómo el Atlético había creado una cultura de resiliencia que trascendía resultados inmediatos. Incluso cuando los partidos fueron suspendidos o pospuestos, la estructura del club permitió mantener la preparación física y mental, y las jugadoras continuaron desarrollando la coordinación entre defensa y ataque, aprendiendo a sostener la competitividad en condiciones de incertidumbre. Esta capacidad de adaptación es uno de los factores que ha permitido al equipo mantener su identidad competitiva hasta la actualidad.
En la temporada 2020-21, con la reanudación de la liga y la vuelta a la normalidad, el Atlético de Madrid Femenino demostró que su identidad ofensiva y defensiva estaba plenamente consolidada. La defensa seguía siendo organizada, con bloque medio sólido y capacidad para cerrar espacios a rivales de primer nivel, mientras que la ofensiva combinaba precisión y verticalidad, con jugadas colectivas que explotaban la movilidad de las delanteras y la creatividad del centro del campo. La estructura táctica del equipo permitió que incluso cuando se enfrentaban a rivales superiores en ciertos tramos del partido, el Atlético no perdiera el control, evitando rachas negativas y sumando puntos de manera constante.
La temporada 2021-22 confirmó que el Atlético había aprendido a manejar los altibajos post-navideños. Los primeros partidos tras el parón sirvieron para ajustar la carga física y recuperar automatismos tácticos. La media de puntos por partido tras Navidad se situó en torno a 1,5, con partidos ajustados que reflejaban la importancia de la defensa y la eficiencia ofensiva. Las derrotas fueron raras y siempre por márgenes mínimos, mientras que las victorias se cimentaban en una mezcla de estrategia y concentración. Este equilibrio permitió al equipo mantener posiciones altas en la tabla y competir de manera efectiva frente a rivales directos, reafirmando que la pausa invernal no suponía un retroceso, sino un espacio de consolidación.
En la temporada 2022-23, el Atlético reforzó la idea de que los meses posteriores a Navidad son críticos para sostener el ritmo de la segunda mitad del campeonato. Con ajustes tácticos precisos y una planificación de la rotación de jugadoras que permitía recuperar a las piezas claves, el equipo mantuvo la eficiencia defensiva, limitando goles en contra, y continuó desarrollando su capacidad ofensiva mediante transiciones rápidas y ataques bien coordinados. La consistencia en la ejecución de los principios tácticos permitió que incluso los partidos ajustados se resolvieran a favor del Atlético en varias ocasiones, mostrando que la estabilidad y la estrategia a largo plazo son más importantes que las rachas de victorias inmediatas.
La temporada 2023-24 y la 2024-25 reforzaron esta identidad. Tras la pausa navideña, el equipo volvió con victorias contundentes, empates estratégicos y derrotas mínimas, manteniendo una media de puntos por partido suficiente para conservar el control de la tabla y la presión sobre rivales directos. La defensa seguía organizada, con un bloque sólido y coordinación entre líneas, mientras que la ofensiva combinaba creatividad, velocidad y eficiencia. Cada partido tras el parón funcionaba como termómetro del estado físico, táctico y psicológico del equipo, y la vuelta a la competición demostraba que el Atlético podía sostener su identidad y su competitividad incluso en momentos de máxima exigencia. La preparación, la cohesión del vestuario y la planificación estratégica permitieron que los meses de enero y febrero funcionaran como un laboratorio de consolidación, donde se ajustaban conceptos, se probaban variantes y se mantenía la presión sobre los rivales.
El histórico de enfrentamientos del Atlético contra la Real Sociedad añade una capa adicional de complejidad y relevancia. Los cruces entre ambos equipos han sido siempre equilibrados, con ligera ventaja para el Atlético en victorias totales, pero con un porcentaje significativo de empates y marcadores ajustados. La Real Sociedad ha desarrollado un estilo posicional y paciente, buscando aprovechar errores y mantener la posesión, mientras que el Atlético ha impuesto verticalidad, agresividad y control defensivo. Los partidos disputados en Alcalá de Henares han reforzado la ventaja local del Atlético, demostrando que el equipo es capaz de consolidar resultados y mantener la presión en los partidos clave del primer tramo del año. La combinación de historia, táctica y rendimiento hace que el próximo partido del sábado 10 de enero de 2025, a las 12:00 horas, con cobertura en abierto por TEN TV, sea un examen del estado real del Atlético tras el parón, donde la identidad competitiva se mide tanto en defensa como en ataque y donde la consistencia histórica se pone a prueba frente a un rival directo por puestos europeos.
Y así, temporada tras temporada, el Atlético de Madrid Femenino ha demostrado que no se mide únicamente por los títulos que adornan su historia, ni por los goles que celebran las gradas, sino por su capacidad de sostener la excelencia cuando otros equipos flaquean, por su resiliencia tras el parón invernal, por la solidez defensiva que impide derrumbes y por la verticalidad ofensiva que siempre encuentra una grieta en la defensa rival. Cada enero se convierte en un espejo donde se refleja su identidad: un bloque construido con paciencia, disciplina y ambición, capaz de absorber la presión, adaptarse a los cambios y mantener la competitividad al máximo nivel. La historia y las cifras muestran que el Atlético no teme a la pausa, sino que la convierte en una oportunidad para afinar sus mecanismos, para consolidar conceptos y para preparar el terreno de la segunda mitad de la temporada. Por eso, cuando el próximo sábado 10 de enero de 2025 se mida a la Real Sociedad en Alcalá de Henares, con la cobertura en abierto de TEN TV, no solo estará jugando tres puntos. Estará desplegando años de aprendizaje, estrategia y carácter en cada pase, en cada presión y en cada ataque; un test de su identidad histórica y un recordatorio de que, en el fútbol femenino español, el Atlético de Madrid Femenino no se limita a competir, sino que escribe su propio relato de excelencia, resiliencia y determinación, partido tras partido, invierno tras invierno, desafío tras desafío. Y esa, sin duda, es la verdadera grandeza de un equipo que ha aprendido a convertir la historia en victoria y el invierno en su aliado más fiel.
El Club Atlético de Madrid, bicampeón de la Copa de la Reina Iberdrola, se ha dirigido por correo electrónico a sus socios con vistas al trascendental duelo frente a la Real Sociedad, un encuentro marcado en rojo dentro del calendario rojiblanco.
(Fuente: “El Partido de Manu”)
La visita del conjunto donostiarra se presenta como un partido clave en la lucha por los puestos europeos del equipo madrileño, más allá de que todavía reste más de media temporada por disputarse. Conscientes de la importancia del choque y de la elevada demanda de entradas, desde la entidad presidida por Lola Romero se ha hecho un llamamiento a la responsabilidad de los socios.
¡Últimas entradas disponibles para el partidazo ante la Real Sociedad de este sábado en Alcalá! 🔴⚪
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) January 7, 2026
En el mensaje remitido, el club solicita a aquellos aficionados que ya hayan canjeado su invitación y finalmente no puedan acudir al encuentro, que lo comuniquen con antelación para proceder a la anulación de dichas entradas. El objetivo no es otro que permitir que otro seguidor rojiblanco pueda ocupar ese asiento y disfrutar del ambiente que se espera en las gradas, especialmente teniendo en cuenta la limitación de aforo.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) January 4, 2026
Y es que el Centro Deportivo Alcalá de Henares, escenario del partido, cuenta con una capacidad máxima de 2.700 espectadores, una cifra que suele quedarse corta dada la habitual respuesta de la afición para acompañar al equipo dirigido por Víctor Martín Alba.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) January 8, 2026
“Una vez más, nuestros socios se han volcado con el equipo y esperamos un gran ambiente en las gradas del Centro Deportivo Alcalá de Henares, además de varias sorpresas para los asistentes”, señalaba el comunicado enviado por el club.
(Fuente: Atlético de Madrid)M.
Por ello, el Atlético de Madrid recuerda que, en caso de no poder asistir tras haber canjeado la invitación, los socios deberán enviar un correo electrónico a ticketing@atleticodemadrid.com , con el asunto “Anular invitación”, antes de mañana viernes 9 de enero a las 20:00 horas.
Asimismo, el club advierte de que, dado el carácter limitado del aforo y por respeto al resto de socios, aquellos casos en los que un socio no acuda al partido tras haber reservado su entrada podrán conllevar la restricción del derecho a canjear futuras invitaciones durante la presente temporada, en cualquiera de los equipos y categorías de la entidad.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) January 2, 2026
El Atlético de Madrid versus Real Sociedad, que además se emitirá gratis y en abierto a través de TEN TV desde las 12:00 horas en la TDT, ofrecerá numerosos alicientes para los asistentes: firmas de Gio Queiroz y Luany Da Silva al término del encuentro, la visita de Indi y Mady, sorpresas durante el descanso y el reparto de banderas conmemorativas.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) January 6, 2026
En lo estrictamente deportivo, el conjunto rojiblanco está prácticamente “obligado” a sumar los tres puntos. Actualmente cuarto en la clasificación de la Liga F Moeve con 26 puntos, el Atlético se encuentra a cuatro unidades de la Real Sociedad y a seis de la segunda plaza, ocupada por el Real Madrid, que se ha convertido en el gran objetivo del tres veces campeón de la Primera División Femenina de aquí a final de temporada.
🟫 Los clubes de Liga F Moeve regresan a la competición este fin de semana (10-11 de enero) tras el parón navideño. El FC Barcelona es líder de la competición con 39 puntos, mientras que el DUX Logroño, 6 puntos, y el Levante UD, con 2 puntos, ocupan los puestos de descenso, y todavía no conocen la victoria.
🟦 Amazon MGM Studios confirma nuevos miembros del reparto de la próxima serie de Tomb Raider, entre los que se encuentran Sigourney Weaver y Jason Isaacs
Como se anunció anteriormente, la serie de Prime Video estará protagonizada por Sophie Turner como Lara Croft, con Phoebe Waller-Bridge como creadora, guionista, productora ejecutiva y co-showrunner junto a Chad Hodge como co-showrunner y productor ejecutivo.
Amazon MGM Studios ha anunciado a los nuevos miembros del reparto que participarán en la nueva serie Tomb Raider de Prime Video. Entre ellos se encuentran nombres como Sigourney Weaver (Avatar), Jason Isaacs (The White Lotus), Celia Imrie (La diplomática) y Bill Paterson (La casa del dragón), entre otros. La serie está basada en la mítica franquicia de videojuegos que sigue las aventuras de la famosa arqueóloga Lara Croft.
La actriz Sophie Turner (Juego de tronos) ha confesado: “He sido fan de Tomb Raider y del personaje de Lara desde hace mucho tiempo. Siempre me ha parecido una mujer muy valiente en un mundo dominado por hombres. ¡Un verdadero ejemplo a seguir!”
La creadora, guionista, productora ejecutiva y co-showrunner Phoebe Waller-Bridge (Fleabag) ha declarado: “Tomb Raider cuenta con una gran cantidad de personajes icónicos. Estoy encantada de haber podido llevar a la pantalla a algunos de los favoritos tanto personales como de los fans, y al mismo tiempo presentar a algunos nuevos granujas creados por nosotros. ¡Ni en mis mejores sueños me imaginé este reparto!”
Peter Friedlander, Head of Amazon MGM Studios, ha comentado: “Tomb Raider siempre se ha caracterizado por su narrativa audaz y sus personajes inolvidables, y estos nuevos miembros del reparto aportan una profundidad y una solemnidad increíbles a la serie. Con talentos como Sigourney Weaver y Jason Isaacs uniéndose al elenco, estamos elevando este mundo de formas nuevas y emocionantes, y no podemos esperar a que nuestra audiencia global de Prime Video descubra este próximo capítulo de Tomb Raider”.
El reparto confirmado para los icónicos personajes de la franquicia de videojuegos Tomb Raider está formado por: Martin Bobb-Semple (All American: Homecoming) como Zip, el amigo de toda la vida de Lara Croft y su soporte tecnológico; Jason Isaacs interpretará a Atlas DeMornay, el tío de Lara; y Bill Paterson tendrá el papel de Winston, el mayordomo de la familia Croft.
Completan el reparto Jack Bannon (Pulso) como Gerry, el piloto personal de Lara y un coleccionista compulsivo de snacks; John Heffernan (Un caballero en Moscú) será David, un funcionario gubernamental agotado que se ve envuelto en el inusual mundo de Lara; Celia Imrie interpreta a Francine, la directora de desarrollo del Museo Británico, enfocada únicamente en recaudar fondos y copas de champán; Paterson Joseph (Wonka) será Thomas Warner, un alto funcionario del gobierno encargado de limpiar un caos monumental; Sasha Luss (Latency) como Sasha, una nueva adversaria de Lara, feroz y profundamente competitiva; Juliette Motamed (Halo) será Georgia, una conservadora dedicada y meticulosa del Museo Británico, comprometida con la preservación “correcta” de la historia; Sigourney Weaver en el papel de Evelyn Wallis, una mujer misteriosa y de gran influencia, interesada en explotar el talento de Lara; y August Wittgenstein (Infiel) interpretará a Lukas, un saqueador ilegal que comparte más historia con Lara de lo que parece.
Como se anunció anteriormente, la serie está protagonizada por Sophie Turner como Lara Croft y liderada por Phoebe Waller-Bridge (Fleabag), quien ejerce como creadora, guionista, productora ejecutiva y co-showrunner, junto a Chad Hodge como co-showrunner y productor ejecutivo. A ellos se une Jonathan Van Tulleken, que dirigirá la serie y actuará también como productor ejecutivo.
La serie cuenta con la producción ejecutiva de Amazon MGM Studios, Crystal Dynamics, Phoebe Waller-Bridge y Jenny Robins a través de Wells Street Films; Dmitri M. Johnson, Michael Lawrence Goldberg y Timothy I. Stevenson a través de Story Kitchen; Michael Scheel; y Legendary Television. La coproducción ejecutiva está a cargo de Matt McInnis y Jan R. Martin como productores.
La serie de Tomb Raider se podrá ver en exclusiva en Prime Video. Los suscriptores de Prime en España pueden disfrutar de ofertas, envíos gratuitos y entretenimiento, todo en una misma suscripción por tan solo 4,99€ al mes o 49,90€ al año. Además, se ofrece a los estudiantes una suscripción con descuento por solo 24.95€ al año a través de Prime Student, que incluye una prueba gratuita de 90 días.
El regreso del campeonato, la batalla por Europa y la lucha por sobrevivir: la Liga F Moeve se reanuda para cerrar la primera vuelta y abrir un 2026 decisivo.
Tras el parón navideño, la Liga F Moeve vuelve a latir con fuerza. Regresa el fútbol, regresan las urgencias, las ilusiones renovadas y las cuentas pendientes. El campeonato doméstico femenino afronta este fin de semana una jornada clave, la decimoquinta, que no solo pone el punto final a la primera vuelta, sino que marca el inicio de un segundo tramo de temporada en el que cada punto comienza a pesar como una losa… o a valer su peso en oro.
Han pasado semanas de reflexión, ajustes y promesas de año nuevo. Algunas plantillas han aprovechado el parón para curar heridas físicas y emocionales; otras, para reforzarse, reordenarse o simplemente tomar aire. Pero a partir de ahora ya no hay margen para el error. La Liga F Moeve entra en su fase decisiva y lo hace con todos los frentes abiertos: el liderato, la pelea por Europa, la zona media comprimida y una lucha por la permanencia que amenaza con convertirse en un drama de largo recorrido.
El Fútbol Club Barcelona fue el último equipo en marcharse de vacaciones… y también el primero en dejar claro que, una temporada más, será el rival a batir. Las azulgranas cerraron el año como líderes indiscutibles del campeonato, con 39 puntos, un balance casi inmaculado y la sensación de haber construido una ventaja no solo numérica, sino también psicológica.
El conjunto blaugrana ha vuelto a imponer su sello: dominio del balón, presión alta, profundidad por bandas y una capacidad ofensiva que desborda cualquier esquema defensivo. Pero más allá de los números, el Barça ha transmitido autoridad. Cada jornada ha sido una declaración de intenciones, y su duelo de este sábado ante el Madrid CFF servirá para medir si el parón ha alterado, siquiera mínimamente, ese estado de gracia.
Porque en la Liga F Moeve nadie regala nada. Y menos aún cuando el calendario empieza a apretar.
Si el liderato parece tener dueña, la pelea por las plazas europeas es un auténtico campo de minas. El Real Madrid CF y la Real Sociedad ocupan actualmente las dos primeras posiciones que dan acceso a competición continental, pero lo hacen con una ventaja mínima y con varios equipos respirándoles en la nuca.
El Atlético de Madrid, el Costa Adeje Tenerife, el Sevilla FC y el Madrid CFF forman un grupo perseguidor que no se resigna. Cada jornada es una oportunidad para asaltar el podio, y cualquier tropiezo puede tener consecuencias irreversibles.
En este contexto, el gran foco del fin de semana apunta directamente al Atlético de Madrid – Real Sociedad, uno de esos partidos que trascienden la clasificación y se convierten en un auténtico examen de madurez competitiva.
Este sábado, el Centro Deportivo Alcalá de Henares será escenario de un choque mayúsculo. Rojiblancas y donostiarras se ven las caras con una plaza europea en juego, en un duelo que puede marcar un antes y un después en la temporada de ambos conjuntos.
El Atlético de Madrid llega con la necesidad de reafirmar su proyecto. Tras un inicio irregular, el conjunto colchonero ha ido encontrando estabilidad, pero necesita dar un golpe sobre la mesa ante un rival directo. Ganar a la Real Sociedad no solo significaría sumar tres puntos vitales, sino también enviar un mensaje al resto de aspirantes.
La Real, por su parte, ha sido una de las grandes revelaciones del curso. Sólida, competitiva, valiente y con una identidad muy marcada, el equipo donostiarra quiere demostrar que su presencia en la zona noble no es casualidad. Sacar algo positivo de Madrid sería reafirmar su candidatura europea.
Es, sin duda, uno de esos partidos que definen temporadas.
Otro de los grandes encuentros de la jornada se vivirá en Valdebebas. El Real Madrid CF recibe al Sevilla FC en un choque de estilos y necesidades distintas, pero con un denominador común: la ambición.
Las blancas saben que no pueden permitirse relajaciones si quieren mantener su posición privilegiada en la tabla. Cada partido en casa es una obligación, pero también una trampa si no se afronta con la máxima concentración.
El Sevilla, por su parte, se ha consolidado como uno de los equipos más incómodos del campeonato. Competitivo, ordenado y con talento para castigar cualquier error, el conjunto andaluz quiere seguir soñando con Europa y sabe que dar la sorpresa en Madrid puede cambiarlo todo.
En la zona media de la tabla, el Athletic Club es uno de los nombres propios del momento. El conjunto bilbaíno llega a esta jornada en plena racha positiva, tras tres victorias consecutivas, una dinámica que ha disparado la confianza y ha devuelto la sonrisa a San Mamés.
Las rojiblancas reciben al FC Badalona Women con el objetivo de prolongar ese buen momento y cerrar la primera vuelta con sensaciones inmejorables. La solidez defensiva, el compromiso colectivo y la conexión con su afición están siendo claves en esta reacción que ha reactivado al equipo.
La clasificación refleja una Liga F Moeve tremendamente igualada en su tramo central. RCD Espanyol y FC Badalona Women, ambos con 16 puntos, comparten una zona donde cada jornada puede suponer un salto cualitativo o una caída peligrosa.
El Espanyol recibe al Granada CF en un duelo que puede marcar el rumbo de ambos equipos en el inicio de la segunda vuelta. El Badalona, por su parte, afronta una prueba exigente en Bilbao, consciente de que cualquier punto lejos de casa tiene un valor incalculable.
Si la pelea por Europa es feroz, la batalla por evitar el descenso es directamente despiadada. Aquí no hay margen para el error ni para las medias tintas. Cada punto puede ser la diferencia entre la salvación y el abismo.
El Alhama CF ElPozo marca actualmente la permanencia, pero lo hace con una ventaja mínima. Por detrás, la SD Eibar, el Granada CF y el Deportivo Abanca viven en una tensión constante, conscientes de que cualquier mala racha puede arrastrarlas a la zona roja.
Y justo ahí aparece el DUX Logroño, un equipo que todavía no conoce la victoria en la temporada. El conjunto riojano ha sufrido, ha competido y ha resistido, pero necesita resultados urgentes. Está a solo tres puntos del Alhama, y este domingo tiene una oportunidad de oro.
El duelo entre el DUX Logroño y el Levante UD es, sin exagerar, una auténtica final por la supervivencia. Dos equipos heridos, necesitados y conscientes de que el tiempo empieza a agotarse.
El Logroño busca su primer triunfo del curso, ese que puede cambiarlo todo: la dinámica, la confianza, el discurso. El Levante, colista con apenas dos puntos, necesita reaccionar ya si no quiere que la distancia sea insalvable.
No es solo un partido. Es una prueba de carácter, de fe y de resistencia emocional.
La decimoquinta jornada de la Liga F Moeve no es una más. Es el cierre de una primera vuelta que ha confirmado la competitividad del campeonato y el inicio de un año que promete emociones fuertes, giros inesperados y finales de infarto.
Cada estadio, cada balón dividido, cada gol puede tener consecuencias que se arrastren hasta el final de temporada. Porque a partir de ahora, ya no hay excusas. La Liga F Moeve entra en su momento de la verdad.
Sábado 10 de enero • 12:00h | Alhama CF ElPozo – SD Eibar • 12:00h | Atlético de Madrid – Real Sociedad • 15:00h | Athletic Club – FC Badalona Women • 17:00h | Real Madrid CF – Sevilla FC • 19:00h | FC Barcelona – Madrid CFF
Domingo 11 de enero • 12:00h | Deportivo Abanca – Costa Adeje Tenerife • 12:00h | DUX Logroño – Levante UD • 12:00h | RCD Espanyol – Granada CF
El Club Atlético de Madrid, actualmente cuarto en la tabla clasificatoria de la Liga Profesional de Fútbol Femenino ha anunciado que ha sido capaz de alcanzar un acuerdo con el América Femenil para ejecutar el traspaso de Gaby García.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) January 7, 2026
Como habéis podido leer en artículos anteriores escritos en este medio, la exjugadora del Deportivo Abanca ya se encontraba en territorio azteca a la espera de cerrar su llegada al conjunto azulcrema.
Según la información que sabiamente aportó nuestra compañera de AS, Marta Griñan, la futbolista natural de Tunapuy se ligará con la entidad que preside Héctor González por dos temporadas con opción a un curso adicional.
La exjugadora de la Real Sociedad de Fútbol es la primera baja que sufre el conjunto colchonero en este mercado de invierno tras la llegada de Priscila Chinchilla, ex del Zenit para reforzar el ataque.
A sus 28 años de edad la vinotinto se despide de Alcalá de Henares, donde llegó en 2023 y lo hará habiendo jugado un total de 88 partidos de índole oficial en los que fue capaz de marcar 11 tantos y levantó la Copa de la Reina en Butarque frente al Real Madrid.
Nació al sur del continente, donde comenzó a forjar sus sueños. Con ganas de seguir creciendo, cruzó océanos para conquistar nuevas tierras y, para escribir un nuevo capítulo en su historia, llegó a América… 📖✨
Hay decisiones que no se miden solo en minutos jugados ni en estadísticas frías. Hay futbolistas cuya importancia no se entiende únicamente desde el pase, el corte o la llegada al área, sino desde algo más difícil de cuantificar: el orden invisible que sostienen. Gaby García fue durante años una de esas futbolistas para el Atlético de Madrid Femenino. No siempre la más mediática, no siempre la más celebrada, pero casi siempre la que hacía que todo tuviera sentido. Por eso su marcha al América Femenil no es solo una salida más en la planificación deportiva; es una grieta estructural que obliga a replantear el corazón del equipo. Y en esa grieta aparece, de nuevo, la figura de Víctor Martín, un entrenador que ya ha demostrado que entiende el fútbol no como una suma de piezas, sino como un organismo vivo que debe adaptarse para sobrevivir.
La línea medular del Atlético de Madrid Femenino ha sido históricamente un espacio de equilibrio. Un territorio donde el equipo encontraba su identidad competitiva, su capacidad para resistir, para morder, para sostener partidos largos y emocionalmente exigentes. Gaby García representaba esa idea como pocas. No era una centrocampista de fuegos artificiales, pero sí una futbolista que sabía cuándo acelerar y cuándo frenar, cuándo cerrar una herida y cuándo abrir una vía de escape. Su fútbol era una forma de liderazgo silencioso, de esas que se notan más cuando desaparecen que cuando están.
La pregunta, por tanto, no es simplemente quién ocupará su puesto en el once. La pregunta es cómo se recompone un centro del campo cuando se va la futbolista que daba coherencia al sistema. Y esa pregunta no tiene una respuesta única, ni inmediata, ni cómoda. Obliga a Víctor Martín a mirar su plantilla no como un catálogo de nombres, sino como un mapa de posibilidades.
Porque el Atlético no pierde solo una mediocentro. Pierde una referencia posicional, una correctora de errores ajenos, una futbolista capaz de interpretar el partido desde la pausa. Y eso condiciona todo: la altura de la línea defensiva, la agresividad de la presión, la libertad de las interiores, incluso el perfil de las delanteras que mejor encajan.
Víctor Martín no es un entrenador de soluciones rápidas. Su trayectoria demuestra que cree en los procesos, en la lectura profunda del contexto y en la adaptación progresiva. Por eso, la recomposición de la medular no pasa necesariamente por buscar una “nueva Gaby García”, porque ese tipo de comparaciones suelen ser trampas conceptuales. Pasa por redefinir el centro del campo como un espacio colectivo, donde varias futbolistas compartan responsabilidades que antes recaían en una sola.
En ese escenario, el nombre de Vilde Bøe Risa emerge como uno de los pilares sobre los que puede reconstruirse el equilibrio. La centrocampista noruega no es una copia funcional de Gaby García, pero sí una futbolista con una comprensión táctica del juego que la convierte en una pieza clave. Su capacidad para interpretar espacios, para colocarse bien sin necesidad de correr más de la cuenta, para ofrecer siempre una línea de pase limpia, encaja en la idea de un Atlético que quiere seguir siendo competitivo sin perder orden.
Bøe Risa aporta algo fundamental en este nuevo contexto: serenidad. Y la serenidad en el centro del campo es un valor estratégico. Permite que el equipo no se parta, que las transiciones no se conviertan en un intercambio de golpes constante, que la defensa no quede expuesta. Con ella, Víctor Martín puede optar por un doble pivote más posicional, donde la noruega actúe como eje sobre el que giran las demás.
Pero el Atlético no puede ni debe reconstruir su medular desde una única figura. El adiós de Gaby García abre la puerta a una redistribución de roles, y ahí aparece Ana Vitória. La brasileña es una centrocampista de otro registro, más asociativa, más creativa, con mayor tendencia a mirar hacia adelante. En el nuevo escenario, su papel puede adquirir una dimensión diferente. Ya no solo como interior que conecta líneas, sino como una futbolista que asume más peso en la salida de balón, especialmente si el equipo decide apostar por una estructura más flexible.
El reto con Ana Vitória no es futbolístico, sino de equilibrio. Porque darle más protagonismo implica protegerla mejor a su espalda. Y ahí entra la lectura táctica de Víctor Martín: cómo combinar perfiles para que el talento no se convierta en vulnerabilidad.
En este proceso de recomposición, las futbolistas jóvenes dejan de ser un complemento para convertirse en una posibilidad real. Júlia Bartel, por ejemplo, representa una oportunidad estratégica. Su juventud no es una desventaja, sino una ventaja en un momento de redefinición. Bartel no carga con la mochila de “sustituir a nadie”. Puede crecer en un sistema que se está reformulando, aprender roles mixtos, adaptarse a distintas alturas del campo.
Víctor Martín ha demostrado en otras etapas que sabe acompañar este tipo de procesos. No se trata de lanzar a una joven al vacío, sino de integrarla progresivamente en una estructura que la proteja y la potencie. Bartel puede ser interior, puede ser mediapunta, puede incluso retrasar su posición en determinados contextos. Esa versatilidad es oro en un centro del campo que busca nuevas respuestas.
La recomposición de la medular también obliga a repensar el sistema. El Atlético de Madrid Femenino ha oscilado entre el 4-3-3 y el 4-2-3-1, dependiendo de rivales y momentos de la temporada. Sin Gaby García, el 4-3-3 tradicional pierde a su ancla más fiable, pero gana en dinamismo si se ajustan las piezas. Un doble pivote puede ofrecer más control en fases defensivas, mientras libera a una tercera centrocampista para pisar zonas de influencia ofensiva.
Aquí aparece otra variable fundamental: el contexto emocional del equipo. Gaby García no solo era una futbolista importante por su juego, sino por lo que representaba dentro del vestuario. Su marcha obliga a que otras líderes emerjan. Y el liderazgo en el centro del campo no siempre se expresa con brazaletes, sino con decisiones en momentos críticos del partido.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) January 7, 2026
Víctor Martín sabe que recomponer una medular no es solo una cuestión táctica. Es una cuestión de jerarquías, de confianza, de asumir responsabilidades. En ese sentido, el entrenador tiene ante sí una oportunidad tan compleja como estimulante: construir un centro del campo más coral, menos dependiente de una sola figura, pero igual de competitivo.
Porque el Atlético de Madrid Femenino no puede permitirse perder identidad. Su ADN competitivo se basa en la solidez, en la capacidad de sufrir sin descomponerse, en la lectura inteligente de los partidos. La nueva medular debe seguir sosteniendo esos valores, aunque cambien los nombres y los matices.
El adiós de Gaby García no marca el final de una etapa, sino el inicio de otra. Y las etapas nuevas siempre generan incertidumbre. Pero también generan espacio para la creatividad, para la evolución, para descubrir soluciones que antes no eran necesarias.
Víctor Martín no busca replicar el pasado. Busca interpretarlo y transformarlo. Entiende que el fútbol es un organismo que se adapta o se rompe. Y en esa adaptación, el centro del campo será el laboratorio donde se defina el futuro inmediato del Atlético de Madrid.
El Atlético de Madrid Femenino llega a Alcalá de Henares consciente de que el partido ante la Real Sociedad no es uno más. No es un entrenamiento, no es una jornada más de Liga F Moeve; es un duelo definitorio, un choque que puede determinar quién ocupa la tercera plaza y quién tiene la posibilidad de disputar la fase previa de la Liga de Campeones Femenina el curso siguiente.
Para Víctor Martín, el desafío va más allá de preparar un once competitivo: consiste en recomponer el corazón del equipo, la medular, después de la marcha de Gaby García, la venezolana que durante años sostuvo la organización del juego con un equilibrio silencioso pero crucial. Cada decisión que tome el entrenador este sábado tendrá repercusiones inmediatas y a largo plazo, porque el partido exige equilibrio, creatividad, resistencia y liderazgo, todo a la vez.
Sin Gaby, el Atlético pierde a quien dictaba el ritmo, quien interpretaba el juego como si cada pase, cada desplazamiento, cada ajuste de posición fuera un acto de arquitectura futbolística. La primera adaptación pasa por reconocer que la medular debe transformarse en un sistema más coral, donde la responsabilidad no recaiga en un solo punto, sino que se distribuya entre varias piezas que se complementen. Vilde Bøe Risa se perfila como la ancla. Su lectura del espacio, su inteligencia posicional y su capacidad para proteger la espalda de compañeras que se incorporan al ataque la convierten en el eje sobre el que se puede reconstruir la organización del equipo. Ante la Real Sociedad, que tradicionalmente presiona con intensidad en el centro del campo y busca cortar la salida de balón desde atrás, Risa puede actuar como un muro de contención, equilibrando la línea defensiva y ofreciendo seguridad para que las interiores se proyecten con confianza.
Ana Vitória, por su parte, puede asumir un rol más creativo, con libertad para conectar líneas y asistir a las delanteras. Víctor Martín debe establecer mecanismos claros de protección para que la brasileña no quede expuesta en las transiciones rápidas que la Real Sociedad suele generar. El Atlético necesitará que cada movimiento ofensivo tenga soporte defensivo inmediato: es un reto de coordinación, comunicación y timing. Ana Vitória debe entender que la libertad que se le otorga viene acompañada de responsabilidad colectiva, y la conexión con Risa será fundamental para que cada pase hacia adelante no suponga una pérdida que rompa la estructura.
El entrenador también tiene a su disposición a Júlia Bartel, joven con proyección y capacidad de adaptación. Bartel puede ocupar un rol flexible, alternando entre interior más defensiva o mediapunta que conecte el centro del campo con el ataque. Su energía, su ritmo y su lectura intuitiva serán vitales para mantener la intensidad que exige un partido clave en Alcalá de Henares, donde el calor del público local y la presión del rival pueden tensionar cualquier estructura inestable. Víctor Martín puede planificar movimientos de rotación en el centro, permitiendo que Bartel cubra espacios dejados por Ana Vitória o complemente a Risa en tareas de recuperación.
El planteamiento táctico general también debe ajustarse. El Atlético podría optar por un 4-3-3 ligeramente modificado, con Risa como pivote central, Ana Vitória e interiores más ofensivas situadas por delante, o incluso un 4-2-3-1 donde el doble pivote combine experiencia y juventud, proporcionando seguridad defensiva y creatividad ofensiva al mismo tiempo. La clave será la transición entre fases: cómo se construye desde atrás, cómo se conecta con las alas y cómo se protege el espacio entre líneas cuando la Real Sociedad presiona alto. Víctor Martín deberá insistir en que las jugadoras comprendan sus zonas, que los apoyos sean inmediatos y que la medular no se descomponga en ningún momento crítico.
El aspecto emocional es igualmente decisivo. La ausencia de Gaby García puede percibirse como un vacío difícil de suplir, no solo en lo táctico sino en lo psicológico. Aquí Víctor Martín debe ser entrenador y líder emocional: comunicar confianza, reforzar el sentido de equipo y asegurar que cada centrocampista comprenda que ahora su voz, sus movimientos y su visión de juego son esenciales para la victoria. No se trata de reemplazar a Gaby, sino de crear una red de responsabilidad compartida que mantenga la cohesión bajo presión.
El sábado 10 de enero, a las 12:00, el Atlético enfrentará a una Real Sociedad que llega con argumentos sólidos en transición, con velocidad por fuera y creatividad por dentro. La medular rojiblanca tendrá que equilibrar agresividad y control, presión y paciencia, anticipación y cobertura. Cada balón perdido, cada pase impreciso, puede ser castigado por un rival que conoce los espacios. Por eso la elección de Risa, Ana Vitória y Bartel como ejes estratégicos no es casual; es una declaración de intención: el Atlético quiere sostenerse, avanzar y, al mismo tiempo, generar oportunidades claras para sus delanteras.
El trabajo de Víctor Martín incluye también la adaptación de las interiores y de las bandas. Las jugadoras que tradicionalmente cubrían parte de la presión de Gaby García deberán ampliar su radio de acción, anticipar situaciones de peligro y convertirse en prolongaciones de la medular. El concepto de juego se amplía: ya no es un triángulo en el centro, sino una red flexible que respira, se ajusta y protege tanto la posesión como la estructura defensiva. La coordinación será esencial: si Risa sube, Bartel baja; si Ana Vitória recibe presión, las interiores deben ofrecerse como apoyo; si el equipo pierde el balón, la transición defensiva debe ser inmediata.
Cada balón parado se convierte en un test para la medular reconstruida. La Real Sociedad aprovechará cualquier desajuste, cualquier hueco dejado por la ausencia de Gaby García, para intentar marcar la diferencia. Víctor Martín debe prever estas situaciones y entrenarlas, distribuyendo responsabilidades de marcaje, cobertura y anticipación. La comunicación será clave: gritos, señas, lecturas rápidas de juego y confianza en la capacidad de cada jugadora para ejecutar su rol bajo presión.
El partido de Alcalá de Henares no solo define puntos en la tabla, sino también el primer ensayo real de la medular sin su referencia histórica. Es un laboratorio táctico y psicológico al mismo tiempo. Cada pase, cada presión, cada desplazamiento medido tendrá consecuencias inmediatas. Víctor Martín sabe que el margen de error es mínimo y que la capacidad de adaptación del equipo marcará no solo el resultado del sábado, sino la confianza con la que se afrontarán los partidos restantes hacia la tercera plaza.
La recomposición de la medular pasa también por la gestión de minutos y energías. La intensidad de Liga F Moeve exige que las futbolistas mantengan un equilibrio físico y mental constante. Bartel y otras jóvenes deben entender cuándo acelerar y cuándo mantener la estructura; Risa y Ana Vitória deben calibrar esfuerzo, recuperación y lectura del rival para sostener el equipo durante los 90 minutos. Cada decisión en el centro del campo repercute directamente en la capacidad ofensiva y defensiva, y Víctor Martín debe anticipar escenarios de presión alta, transiciones rápidas y ataques posicionales de la Real Sociedad.
Finalmente, el duelo del sábado tiene un componente simbólico que excede el contexto deportivo: representa el primer gran desafío tras la marcha de Gaby García, un momento que puede consolidar la transición del equipo hacia una medular más coral y resiliente. Si el Atlético consigue organizar su centro del campo, mantener equilibrio, controlar fases críticas y generar peligro constante, el mensaje será claro: el equipo no depende de un solo nombre, sino de una estructura dinámica, inteligente y colectiva.
Víctor Martín, desde su posición en el banquillo, debe ser director de orquesta, estratega y líder emocional. La adaptación de la medular no es una reacción improvisada, sino un plan que combina experiencia, juventud, inteligencia táctica y comunicación constante. Cada jugadora debe entender que su papel es esencial y que juntas pueden llenar el vacío dejado por Gaby García con creatividad, coordinación y determinación.
El resultado del partido puede abrir o cerrar la puerta a la tercera plaza, pero más allá de los puntos, el verdadero desafío está en demostrar que la línea medular del Atlético de Madrid Femenino puede reinventarse, sostener al equipo y marcar la diferencia. Si Risa, Ana Vitória, Bartel y el resto de las centrocampistas ejecutan su rol con precisión, inteligencia y liderazgo, el Atlético no solo se adaptará al adiós de su venezolana estrella, sino que saldrá fortalecido, con una medular más coral, flexible y lista para afrontar el resto de la temporada con ambición europea.
Aunque, para ser sinceros, todo parece indicar que Ana Vitória, ex del PSG, concretará en las próximas fechas su partida rumbo al Corinthians ante la falta de minutos en el esquema del ex director técnico del Madrid CFF.
🟧 Este miércoles 7 de enero, EA SPORTS dio a conocer los nominados y nominadas al equipo del año, premios conocidos como TOTY (Team of the Year), donde los aficionados podrán elegir a los mejores del 2025 hasta el 11 de enero. Liga F Moeve está representada con siete clubes y dieciséis futbolistas.
✨EA SPORTS FC Team of the Year 2025: el reconocimiento global que conecta a la afición con las estrellas del fútbol femenino y eleva el impacto de Liga F Moeve ✨
(Fuente: Liga F Moeve)
Hay momentos en el fútbol que no se anuncian con un pitido inicial ni se deciden con un gol en el último minuto, pero que, cuando ocurren, dejan una huella igual de profunda. Momentos que no se juegan sobre el césped, pero que determinan cómo se mira el juego, quién ocupa el centro del relato y quién deja de ser una nota al margen. El Team of the Year femenino de EA SPORTS FC 2025 es uno de esos momentos. No porque sea un premio más, ni porque pertenezca únicamente al universo del videojuego, sino porque funciona como un espejo global en el que el fútbol femenino se observa a sí mismo y, esta vez, se reconoce con nitidez, con orgullo y con una certeza que ya no admite discusión: está aquí para quedarse, y Liga F Moeve es una de sus grandes protagonistas.
Cuando EA SPORTS abrió las votaciones el miércoles 7 de enero, no solo activó uno de los eventos más esperados del calendario digital. Activó una conversación mundial. Millones de aficionados y aficionadas comenzaron a mirar listas, a debatir nombres, a comparar trayectorias, a defender colores y a votar con algo más que un clic. Porque votar en el Team of the Year no es solo elegir una carta para el juego; es tomar partido por una forma de entender el fútbol, por una liga, por una historia que se ha ido escribiendo durante años, muchas veces en silencio, muchas veces a contracorriente.
El Team of the Year nació como un reconocimiento, pero con el tiempo se ha convertido en un lenguaje común. Un idioma que hablan quienes consumen fútbol desde la grada, desde la televisión, desde el móvil o desde la consola. Un espacio donde el rendimiento deportivo se traduce en iconos, donde el talento se convierte en referencia y donde la excelencia deja de ser abstracta para tomar forma concreta, votable, compartida. Durante mucho tiempo, ese idioma fue casi exclusivamente masculino. No por falta de fútbol femenino, sino porque el sistema tardó en mirarlo de frente. Pero cuando lo hizo, cuando el fútbol femenino entró de manera estructural en el universo EA SPORTS FC, ya no hubo marcha atrás.
La creación del Team of the Year femenino no fue un gesto cosmético. Fue una consecuencia lógica de una realidad que había superado cualquier resistencia cultural. El fútbol femenino crecía en audiencias, en profesionalización, en impacto social y en calidad competitiva. Las grandes citas internacionales llenaban estadios, las ligas nacionales se fortalecían y las futbolistas se convertían en referentes globales. El videojuego, que siempre ha sido reflejo de su tiempo, entendió que no podía seguir contando solo una parte de la historia.
Desde entonces, cada edición del TOTY femenino ha ido ganando peso, legitimidad y profundidad. Al principio fue una ventana. Después, un escaparate. Hoy es un archivo vivo del fútbol femenino contemporáneo. Una forma de fijar la memoria anual del juego, de decirle al mundo quiénes fueron las futbolistas que marcaron el ritmo, que sostuvieron equipos, que decidieron partidos y que construyeron relatos colectivos.
Y en esa memoria, Liga F Moeve aparece cada vez con más fuerza.
La edición de 2025 no es una excepción brillante; es una confirmación. Dieciséis futbolistas nominadas procedentes de siete clubes distintos de la liga española. Athletic Club, Atlético de Madrid, FC Barcelona, Real Madrid CF, Costa Adeje Tenerife, Real Sociedad y FC Badalona Women. Nombres que no responden a una única lógica de poder, sino a un ecosistema diverso, competitivo y reconocible. Y entre esas dieciséis futbolistas, diez españolas. Diez jugadoras formadas, consolidadas o proyectadas desde una liga que ha sabido crecer sin perder identidad.
Este dato, por sí solo, ya explica muchas cosas. Explica que Liga F Moeve no es solo una liga que importa talento, sino una liga que lo crea. Que no vive únicamente de grandes nombres internacionales, sino que produce futbolistas capaces de competir en la élite mundial. Que conecta de forma natural con la selección nacional y que alimenta un círculo virtuoso entre base, rendimiento y reconocimiento.
El Team of the Year no pregunta por presupuestos ni por historias institucionales. Pregunta por impacto. Por presencia. Por influencia real en el juego. Y cuando los votos empiezan a acumularse, cuando las miradas se dirigen una y otra vez hacia las mismas futbolistas, lo que emerge es una verdad sencilla y poderosa: la liga española está en el centro del fútbol femenino global porque su fútbol se ve, se entiende y se valora.
No es casualidad que el corazón del Team of the Year femenino 2025 lata al ritmo de centrocampistas formadas o consolidadas en Liga F Moeve. El estilo de juego español, basado en el control del balón, la inteligencia táctica y la lectura colectiva, ha encontrado en el fútbol femenino un espacio de expresión plena. Alexia Putellas, Aitana Bonmatí, Patri Guijarro, Vicky López, Fiamma Benítez, Caroline Weir. Nombres distintos, generaciones distintas, roles distintos. Una misma capacidad para ordenar el juego y para explicar por qué esta liga marca tendencia.
Pero el relato no se agota en el centro del campo. La defensa también tiene nombre propio. Futbolistas que sostienen estructuras, que interpretan el juego desde la anticipación y que entienden el fútbol como un ejercicio de responsabilidad colectiva. Y arriba, el gol. El desequilibrio. La emoción. Delanteras que deciden partidos, que conectan con la grada, que hacen del fútbol un espectáculo sin renunciar a la eficacia. Desde figuras consolidadas a talentos emergentes, desde clubes dominantes a proyectos históricos, la Liga F aparece completa, reconocible, plural.
El Team of the Year femenino tiene un impacto que va mucho más allá de la semana de votaciones. Es un fenómeno mediático que multiplica la visibilidad de las jugadoras, que coloca a las ligas en conversaciones globales y que genera una narrativa compartida entre aficionados de distintos países. Durante esos días, los nombres de las futbolistas circulan por redes sociales, medios de comunicación y comunidades digitales. Se debaten, se defienden, se comparan. Y en ese proceso, la liga a la que pertenecen se convierte en parte del argumento.
Desde el punto de vista económico, el impacto es silencioso pero real. Una nominación al Team of the Year refuerza la marca personal de una futbolista, aumenta su proyección internacional y la sitúa en un escaparate que atrae patrocinadores, medios y oportunidades. Para clubes y ligas, supone una validación de su proyecto y una herramienta estratégica en un mercado cada vez más competitivo.
Pero quizá el impacto más profundo sea el cultural. El Team of the Year femenino normaliza la excelencia. Sitúa a las futbolistas en el mismo plano simbólico que durante décadas ocupó exclusivamente el fútbol masculino. Para las nuevas generaciones, crecer votando, jugando y celebrando cartas TOTY femeninas no es un acto excepcional; es lo normal. Y esa normalidad es revolucionaria.
Liga F Moeve entiende bien ese valor. Por eso su presencia en el Team of the Year no se vive solo como un logro, sino como una responsabilidad. Estar en el centro del relato implica sostenerlo, cuidarlo y proyectarlo hacia el futuro. Implica seguir invirtiendo en estructuras, en profesionalización, en sostenibilidad. Implica no conformarse con haber llegado, sino asumir que el verdadero reto es permanecer.
El fútbol femenino ha recorrido un camino largo y, en muchos tramos, invisible. Ha crecido a base de convicción, de trabajo y de una pasión que no siempre encontró altavoz. Hoy, iniciativas como el Team of the Year femenino de EA SPORTS FC funcionan como ese altavoz global que durante tanto tiempo faltó. No sustituyen al fútbol real, pero lo amplifican. No crean talento, pero lo reconocen. No escriben la historia desde cero, pero ayudan a fijarla.
Y cuando esa historia se mira desde España, desde Liga F Moeve, la imagen es clara. Una liga que ya no necesita presentaciones. Una liga que no pide sitio, sino que lo ocupa. Una liga que ha entendido que el fútbol femenino no es una promesa futura, sino un presente sólido, competitivo y emocionante.
El Team of the Year femenino 2025 no es el final de nada. Es una estación más en un viaje que continúa. Pero es una estación importante. De esas que, con el tiempo, se recuerdan como el momento en que muchas cosas dejaron de ser discusión y pasaron a ser evidencia.
Porque cuando el mundo vota, cuando el mundo elige, cuando el mundo reconoce, y Liga F Moeve está ahí, en el centro de la conversación, el mensaje es inequívoco: el fútbol femenino ya no camina a la sombra de nadie. Y la liga española es una de las luces que marcan el camino.
ese camino que hoy ilumina Liga F Moeve no nació de un día para otro. Se construyó a base de partidos jugados en campos secundarios, de futbolistas que entrenaban sin focos, de clubes que sostuvieron proyectos cuando aún no había retorno inmediato, de aficiones pequeñas pero fieles que entendieron antes que nadie que el fútbol femenino no necesitaba permiso para existir, solo espacio para crecer. El Team of the Year femenino recoge ahora ese recorrido y lo traduce en una imagen global, reconocible, compartida en todos los rincones del mundo donde alguien enciende una consola o abre una aplicación para votar.
Porque ahí reside una de las grandes verdades de este reconocimiento: no es un premio que baja desde una torre de marfil, sino una elección construida desde abajo, desde la suma de miles de miradas distintas que coinciden en algo esencial. Que el fútbol femenino importa. Que estas jugadoras importan. Que las ligas que las sostienen importan. Y cuando esa suma de miradas señala de forma tan clara hacia Liga F Moeve, el mensaje trasciende cualquier frontera.
El Team of the Year femenino no entiende de contextos locales, pero los necesita. No pregunta de dónde viene cada jugadora, pero convierte su origen en parte del relato. Cada voto es una pequeña declaración de intenciones. Cada nominación, un gesto de complicidad. Cada elección final, una forma de decirle al fútbol femenino que ya no camina solo. Que hay una comunidad global dispuesta a sostenerlo, a discutirlo, a celebrarlo.
En ese espacio simbólico, Liga F Moeve ha encontrado algo más que visibilidad. Ha encontrado pertenencia. Pertenece al grupo de ligas que marcan el pulso del fútbol femenino moderno. Pertenece al relato de excelencia que se escribe año a año. Pertenece al presente del juego y, por extensión, a su futuro inmediato.
No se trata únicamente de títulos, de presupuestos o de estrellas mediáticas. Se trata de coherencia. De identidad. De un modelo que ha sabido crecer sin perder su esencia, que ha entendido que el espectáculo no está reñido con el rigor, que la emoción no está reñida con la táctica y que el fútbol femenino, cuando se le permite ser, es capaz de generar relatos tan poderosos como cualquier otro.
El Team of the Year femenino de EA SPORTS FC 2025 actúa como una cápsula del tiempo. Dentro de unos años, cuando se mire atrás, esta edición servirá para entender dónde estaba el fútbol femenino en este momento exacto. Y cuando alguien pregunte qué ligas sostenían ese crecimiento, qué campeonatos alimentaban ese nivel competitivo, qué países exportaban talento y estilo, la respuesta incluirá, sin matices ni asteriscos, a Liga F Moeve.
Quizá esa sea la victoria más importante. No la que se celebra con confeti ni la que se mide en trofeos, sino la que se consolida en la percepción colectiva. La de ser reconocida como una liga que no solo acompaña el crecimiento del fútbol femenino, sino que lo impulsa. Que no espera a que el futuro llegue, sino que lo construye partido a partido, jugadora a jugadora, voto a voto.
El fútbol femenino ha aprendido a convivir con la paciencia, pero también con la determinación. Ha aprendido a avanzar sin estridencias, pero sin dar un paso atrás.
Y hoy, cuando el Team of the Year femenino coloca el foco sobre tantas futbolistas de Liga F Moeve, lo que se ilumina no es solo su talento individual, sino el camino compartido que las ha traído hasta aquí.
Porque el reconocimiento, cuando llega, no borra el esfuerzo previo. Lo valida. Y cuando ese reconocimiento es global, popular y transversal, como el del Team of the Year, la validación se convierte en certeza.
Certeza de que el fútbol femenino ya no necesita explicarse. Certeza de que Liga F Moeve no es una promesa, sino una realidad consolidada. Certeza de que el juego, cuando se abre a todas sus voces, es más rico, más justo y más emocionante.
Y así, sin ruido, sin necesidad de grandes proclamaciones, el Team of the Year femenino 2025 deja una verdad escrita entre líneas, clara y definitiva:
El fútbol femenino no está llamando a la puerta del mundo, sino que ya está dentro y la Liga F Moeve, hoy, juega en el centro del salón.
Las mejores defendiendo el fuerte de #LigaFMoeve 🧤🧱
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) January 3, 2026
Hay compromisos que pueden llegar a ser trascendentales para el devenir de un curso y ese es el caso del Atlético de Madrid – Real Sociedad de Fútbol con el que se dará carpetazo a la primera vuelta .
El próximo sábado, 10 de enero de 2026, a partir de las 12:00 horario peninsular, se celebrará en Alcalá de Henares (TEN TV, Gol Stadium y DAZN ), un pulso directo por el tercer puesto de la Liga Profesional de Fútbol Femenino.
Tras el pertinente parón por las fiestas navideñas, el balompié practicado por mujeres retorna a nuestras vidas para ofrecernos un espectáculo entre dos equipos que saben lo que es ganar la Copa de la Reina Iberdrola en hasta tres ocasiones.
El elenco de Víctor Martín Alba se reencuentra con sus fans después de despedir el 2025 con un agónico pase a los cuartos de final del torneo del K.O. ante el Alhama ElPozo en el Estadio José Kubala con una gran actuación de Patri Larqué en la tanda de penaltis, detuvo dos lanzamientos, para llevar a las suyas a la antepenúltima ronda.
Por su parte, la Real Sociedad de Fútbol que comanda Arturo Ruiz, ex del Atlético de Madrid, no padeció tanto para deshacerse del Deportivo Abanca con un 1-4 en el Estadio de Riazor amén a un doblete de Edna Imade.
Estos capítulos fueron los últimos antes de que el tiempo se detuviera temporalmente y el balón dejara de rodar como consecuencia de las fiestas navideñas.
Este lapso temporal dejo espacio para que en “El Partido de Manu” tuvieran cabida los grandes reportajes sobre jugadoras de época, caso de Gio Queiroz, Ludmila Da Silva o Priscila Borja, por citar algunos ejemplos relevantes.
La Liga F Moeve nos regalará después del Día de Reyes (6 de enero) uno de esos partidos que no necesitan adornos para justificarse, que se explican solos desde la historia, desde la clasificación y desde el presente competitivo de dos proyectos que miran a Europa con ambición y sin complejos.
El Atlético de Madrid y la Real Sociedad de Fútbol se citan en la jornada que abre el año 2026 en la Primera División Femenina española, en un choque que destila aroma a UEFA Women’s Champions League, a tarde grande, a termómetro real de aspiraciones.
Cuarto contra tercero. Veintiséis puntos frente a treinta. Colchoneras contra donostiarras. Madrid contra Gipuzkoa. Dos maneras de entender el fútbol, dos estilos reconocibles, dos vestuarios que saben lo que es competir en escenarios de máxima exigencia.
El fútbol femenino español se da la bienvenida al nuevo año con un duelo de enjundia, de esos que marcan tendencias, que dejan lecturas profundas y que no entienden de neutralidad emocional una vez rueda el balón.
No es un partido cualquiera. No lo es por la clasificación, comprimida y exigente. No lo es por la trayectoria reciente de ambos equipos. No lo es por la memoria de enfrentamientos directos que han ido construyendo una rivalidad deportiva sólida, respetuosa, creciente.
Y no lo es porque, en el fondo, late una pregunta que atraviesa todo el encuentro: ¿quién está preparada para dar el salto definitivo hacia la élite continental?
El campeonato español de élite vive uno de los momentos más competitivos de su historia. Lejos quedan los años de duopolios incontestables o de temporadas previsibles. Hoy, cada jornada es una prueba de madurez, cada partido es un examen táctico y emocional, y cada punto se paga con sangre, sudor y una convicción colectiva innegociable.
En ese escenario emerge este Atlético de Madrid – Real Sociedad como un partido frontera. Frontera entre la primera vuelta y el nuevo año. Frontera entre el grupo que sueña con todo y el que aspira a consolidarse. Frontera, también, entre dos clubes que han decidido no vivir de la nostalgia, sino construir futuro.
La Real Sociedad llega tercera con 30 puntos, instalada con firmeza en la zona noble, sosteniendo una regularidad que habla de proyecto, de identidad y de un vestuario que ha aprendido a competir sin complejos en cualquier campo. El Atlético de Madrid, cuarto con 26 unidades, persigue a las donostiarras con hambre, con la sensación de que el equipo está en plena fase de crecimiento y que este tipo de partidos son exactamente el escenario que necesita para reivindicarse.
Hablar del Atlético de Madrid, actual subcampeón de la Copa de la Reina Iberdrola, es hacerlo es hacerlo de uno de los pilares históricos de la profesionalización del fútbol femenino en España. Campeonas de Liga, habituales en Europa, referentes competitivos durante más de una década, las rojiblancas viven en esta temporada 2025-2026 un proceso tan exigente como ilusionante: el de reafirmarse sin renunciar a su ADN.
(Fuente: Liga F Moeve)
El Atlético llega a este encuentro como cuarto clasificado, con 26 unidades que resumen una primera mitad de curso intenso, irregular en algunos tramos, pero cargada de señales positivas. El equipo capitalino ha sabido competir, ha sabido sufrir y ha sabido reconstruirse tras momentos de duda.
Y lo ha hecho desde una seña de identidad clara: la solidaridad defensiva, el compromiso colectivo y la capacidad de crecer en los grandes escenarios.
Este partido ante la Real Sociedad es, para el Atlético, algo más que tres puntos y eso es innegable
Es una oportunidad para reengancharse de lleno a la pelea por la Champions, para enviar un mensaje al campeonato y para confirmar que el proyecto está listo para asumir retos mayores. En casa, ante su gente, con el peso de la historia como aliada, las colchoneras saben que este tipo de partidos definen temporadas.
La Real Sociedad de Fútbol ha dejado de ser una promesa para convertirse en una aspirante muy fuerte y seria que oposita a acceder a la zona de privilegio al ser tercera con promesa. Es una realidad consolidada. Terceras con 30 puntos, las donostiarras han construido en los últimos años un modelo reconocible, coherente y profundamente competitivo. Un equipo que no depende de una sola futbolista, que entiende el juego desde lo colectivo y que ha sabido crecer sin perder su esencia.
(Fuente: Liga F Moeve)
Las de San Sebastián llegan a esta icónica cita con con la serenidad de quien sabe lo que hace. Con la confianza de quien ha demostrado que puede competir de tú a tú ante cualquiera. Con la ambición, además, de dar un golpe sobre la mesa en un campo históricamente exigente. Ganar en casa del Atlético no es solo sumar tres puntos: es reafirmar candidatura, es ganar respeto, es mandar un mensaje directo a Europa.
Este partido es también una prueba de carácter para las txuri-urdin. Porque mantenerse en el podio de la Liga F exige algo más que buen juego: exige resistencia emocional, capacidad para gestionar la presión y personalidad para responder en los momentos clave y el estreno de 2026 es, sin duda, uno de esos momentos.
No hace falta mirar muy lejos para entender por qué este Atlético – Real Sociedad tiene aroma a UEFA Women’s Champions League. Basta observar la clasificación, el ritmo competitivo, la ambición de ambos clubes y el tipo de futbolistas que pisan el césped.
Es un partido que podría darse perfectamente en una ronda europea, por intensidad, por exigencia táctica y por nivel emocional.
Ambos equipos saben que los duelos directos son decisivos en una Liga tan ajustada. No solo por los puntos, sino por el impacto anímico que generan. Ganar a un rival directo refuerza, impulsa, legitima. Perder, en cambio, obliga a remar contracorriente.
Por eso este partido se juega también en la cabeza, en la gestión de los tiempos, en la lectura de los momentos.
El Atlético de Madrid se presenta como un equipo intenso, vertical por momentos, con capacidad para alternar registros. Un conjunto que entiende el sacrificio como virtud y que ha hecho de la competitividad su bandera. La Real Sociedad, por su parte, apuesta por un fútbol más asociativo, más paciente, con una circulación cuidada y una presión organizada que busca ahogar al rival desde la inteligencia táctica.
Ese choque de estilos es uno de los grandes atractivos del encuentro. ¿Impondrá el Atlético su ritmo y su fortaleza emocional? ¿Logrará la Real Sociedad dominar desde el balón y desde la pausa?
El partido promete respuestas, ajustes, duelos individuales y decisiones estratégicas que pueden marcar la diferencia.
No es menor el detalle de que este partido sirva para dar la bienvenida al 2026 dentro de la Primera División Femenina. Abrir un nuevo año competitivo siempre tiene una carga simbólica especial. Es el momento de los propósitos, de las reafirmaciones, de los mensajes al futuro. Y hacerlo con un partido de este calibre eleva aún más el significado.
Para el espectador neutral, este Atlético – Real Sociedad es una invitación perfecta. No hace falta ser seguidor de uno u otro club para entender lo que está en juego. Basta amar el fútbol, apreciar la competición y dejarse llevar por un duelo que promete ritmo, emoción y narrativa.
(Fuente: Liga F Moeve)
La Liga F Moeve necesita partidos así. Partidos que expliquen por sí solos el crecimiento del campeonato, la calidad de sus equipos y la intensidad de la pelea por Europa. Partidos que sirvan como escaparate, como carta de presentación, como argumento irrefutable de que el fútbol femenino español vive una edad de oro competitiva.
Atlético de Madrid y Real Sociedad no solo juegan por tres puntos. Juegan por estatus, por identidad, por futuro. Juegan por confirmar que están preparadas para seguir escribiendo capítulos importantes en la historia reciente del fútbol femenino.
Cuando el balón eche a rodar, todo lo anterior quedará en segundo plano. La clasificación, los discursos, las previsiones. Solo quedará el fútbol. Noventa minutos —quizá alguno más— para decidir quién golpea primero en este 2026 que comienza. Noventa minutos para emocionarse, para sufrir, para celebrar. Noventa minutos que justifican por sí solos sentarse, mirar y no apartar la vista.
(Fuente: Liga F Moeve)
Porque este Atlético de Madrid – Real Sociedad no es solo un partido. Es una declaración de intenciones. Es un duelo de Champions en clave Liga F.
Es la mejor manera posible de darle la bienvenida al nuevo año en la despedida de Edna Imade del conjunto vasco tras ser repescada por el Bayern de Múnich por el segundo tramo de temporada y la presentación en sociedad de Priscila Chinchilla, ex del Zenit de San Petersburgo, con la rojiblanca.
Y nadie que ame el fútbol debería perder de vista un partido que promete tanto, seamos sinceros.
Atlético de Madrid y Real Sociedad han ido construyendo, casi sin estridencias pero con constancia, uno de los enfrentamientos más interesantes del fútbol femenino español contemporáneo. No hablamos de una rivalidad nacida del antagonismo clásico o de la geografía, sino de una rivalidad competitiva, forjada a base de temporadas compartiendo objetivos, escalones de crecimiento y ambiciones europeas.
Durante la última década, ambos clubes han coincidido en la élite y han ido alternando roles: el Atlético como potencia consolidada durante años; la Real Sociedad como proyecto emergente primero y como realidad competitiva después.
Cada enfrentamiento ha servido para medir distancias, para comprobar evoluciones y, sobre todo, para normalizar que el duelo entre colchoneras y donostiarras ya no es asimétrico.
En los primeros enfrentamientos, el Atlético imponía su mayor experiencia, su oficio competitivo y una plantilla acostumbrada a manejar escenarios de presión máxima.
MADRID, SPAIN – NOVEMBER 12: Players of Atletico de Madrid (from L ro R) Andrea Medina, Fiamma Benitez, Gaby Garcia celebrates a goal during the UEFA Women’s Champions League 2025/26 league phase match between Club Atletico de Madrid and Juventus FC at Centro Deportivo Alcala de Henares on November 12, 2025 in Madrid, Spain. (Photo by Alberto Gardin/Eurasia Sport Images/Getty Images)
Pero con el paso de las temporadas, la Real Sociedad fue cerrando la brecha: primero compitiendo, luego puntuando y, finalmente, mirando a las rojiblancas a los ojos sin complejos.
Los últimos duelos directos han sido especialmente significativos: partidos cerrados, marcadores ajustados, detalles mínimos decidiendo resultados. Encuentros donde la Real ha demostrado que sabe sufrir en campos difíciles y donde el Atlético ha tenido que recurrir a su carácter histórico para imponerse.
Esa igualdad creciente es uno de los grandes ingredientes de este partido. Porque cuando dos equipos se acostumbran a verse en la zona alta, cada enfrentamiento deja de ser uno más.
Se convierte en referencia, espejo y en un termómetro real que puede marcar el devenir de una campaña.
Este Atlético de Madrid – Real Sociedad es también un fascinante choque de modelos futbolísticos. No opuestos de forma radical, pero sí claramente diferenciados en matices, prioridades y lectura del juego.
El Atlético de Madrid ha construido su identidad histórica desde la competitividad. A lo largo de los años ha sabido adaptarse a diferentes entrenadoras, generaciones y contextos, pero siempre ha mantenido una base innegociable: orden, sacrificio y contundencia emocional.
En la temporada 2025-2026, el equipo ha evolucionado hacia un modelo más flexible. Capaz de alternar presión alta con bloque medio, de castigar transiciones rápidas y de proteger ventajas cuando el partido lo exige. No es un equipo que monopolice la posesión, pero sí uno que sabe cuándo y cómo hacer daño.
El Atlético actual entiende el partido como una sucesión de momentos. Sabe que no necesita dominar siempre, pero sí ser certero cuando aparece su oportunidad. Defensivamente sólido, emocionalmente fuerte y tácticamente disciplinado, el conjunto rojiblanco convierte cada duelo directo en una batalla estratégica.
Ante la Real Sociedad, el Atlético buscará probablemente imponer ritmo, intensidad y escenarios incómodos, obligando a las donostiarras a tomar decisiones bajo presión. Ganar segundas jugadas, proteger los carriles y castigar cualquier pérdida en salida serán claves.
La Real Sociedad representa otro camino hacia la élite. Un camino basado en la construcción del juego, la ocupación racional de los espacios y una presión bien organizada que nace más de la lectura que de la agresividad.
El equipo txuri-urdin se siente cómodo con balón, pero no lo convierte en un fin en sí mismo. Su posesión es funcional: busca atraer, mover, desorganizar. Defiende desde la estructura y ataca desde la sincronización. Es un equipo que rara vez se parte y que entiende el partido como un ejercicio colectivo.
En este contexto, visitar al Atlético supone un desafío mayúsculo: mantener la calma cuando el entorno aprieta, evitar pérdidas comprometidas y no caer en el intercambio de golpes que favorece a las colchoneras. Si la Real consigue imponer su ritmo, hacer correr al rival y encontrar ventajas entre líneas, tendrá mucho ganado.
Este duelo táctico es uno de los grandes atractivos del partido. No hay recetas mágicas. Habrá ajustes, fases dominantes alternas y una batalla silenciosa en los banquillos entre Víctor Martín y Arturo Ruiz
Uno de los grandes cambios del fútbol femenino español en los últimos años es que la UEFA Women’s Champions League ha dejado de ser una utopía para convertirse en un objetivo tangible para varios clubes. Atlético de Madrid y Real Sociedad son dos de los mejores ejemplos.
El Atlético sabe lo que es competir en Europa. Ha vivido noches grandes, eliminatorias exigentes y aprendizajes duros. La Champions forma parte de su ADN reciente. Volver a ella no es solo una aspiración deportiva, sino una necesidad estructural y simbólica.
Para la Real Sociedad, Europa representa el siguiente paso natural. El premio a un proyecto bien construido, a una idea sostenida en el tiempo. Clasificarse para la Champions no sería un accidente, sino la confirmación de que el camino elegido es el correcto.
Por eso este partido pesa tanto en clave continental. Porque los duelos directos entre aspirantes son los que marcan la diferencia al final de temporada. Porque ganar a un rival directo no solo suma puntos: resta ilusión al otro.
Además, el contexto europeo influye en la mentalidad. Jugar este tipo de partidos es una preparación real para lo que vendrá.
Ritmo alto, decisiones rápidas, margen de error mínimo. En ese sentido, este Atlético versus Real Sociedad es casi un ensayo general de Champions en versión de la, cada vez, más adictiva Liga F Moeve.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) January 4, 2026
Es un duelo que se vende solo, que no necesita artificios y que permite contar historias más allá del resultado. Para televisiones, radios y plataformas digitales, es una oportunidad de oro para mostrar el nivel real de la competición.
Además, partidos así ayudan a consolidar hábitos de consumo. Invitan a quedarse, a repetir, a seguir la Liga F con regularidad. El espectador que entra por un Atlético contra la Real Sociedad puede quedarse por muchos otros.
También es un encuentro que refuerza la narrativa colectiva del campeonato: una Liga donde no hay partidos de transición, donde cada jornada importa y donde los proyectos intermedios ya no se conforman con competir, sino que quieren ganar y crecer.
Cuando se analice la temporada 2025-2026 en su conjunto, este partido aparecerá subrayado. Porque los duelos directos en la zona alta no solo definen clasificaciones, sino trayectorias emocionales.
Para el Atlético, ganar significaría confirmar que el equipo está listo para volver a mirar hacia arriba sin complejos. Para la Real Sociedad, hacerlo supondría reforzar su posición y enviar un mensaje claro: este proyecto no se va a desinflar.
(Fuente: Liga F Moeve)
Perder, en cambio, no sería definitivo, pero sí obligaría a reaccionar, a ajustar, a reconstruir discurso. Por eso la tensión será máxima desde el primer minuto.
Todo está preparado. El contexto, la historia, la clasificación y el momento convergen en un partido que explica por qué la Liga F Moeve es hoy una de las competiciones más atractivas del panorama europeo.
Atlético de Madrid y Real Sociedad se enfrentan para abrir el 2026 con un mensaje claro: aquí no se viene a especular. Se viene a competir, a crecer y a creer.
Para el espectador neutral, no hay excusas. Este es uno de esos partidos que justifican sentarse, mirar y dejar que el fútbol haga el resto, bienvenidos al espectáculo en estado puro.
La Copa de S.M. la Reina Iberdrola 2025-2026 ha entrado oficialmente en su tramo decisivo. El sorteo de los cuartos de final, celebrado bajo el amparo de la Real Federación Española de Fútbol, ha dibujado un escenario de máxima exigencia deportiva, enorme carga simbólica y profunda trascendencia competitiva, confirmando una vez más que el torneo del K.O. del fútbol femenino español sigue siendo el espacio donde confluyen la tradición, la épica, la oportunidad y el vértigo.
(Fuente: Liga F Moeve)
Con los ocho equipos clasificados ya definidos, el campeonato afronta una ronda que no solo decidirá los nombres de los semifinalistas, sino que reordenará el relato de la temporada, pondrá a prueba proyectos consolidados y ofrecerá a clubes históricos y emergentes la posibilidad de escribir una página imborrable en su trayectoria. El sorteo ha deparado los siguientes emparejamientos de cuartos de final: • Club Atlético de Madrid vs Athletic Club • Real Sociedad de Fútbol vs ONA • Real Madrid CF vs FC Barcelona • Madrid CFF vs CD Tenerife Femenino
(Fuente: RFEF)
El Salón Luis Aragonés, escenario en el que se ha celebrado el sorteo, ha contando con la presencia de Lola Romero, directora de fútbol femenino del Club Atlético de Madrid, y Marina Rivas, jugadora del Madrid CFF, quienes, además, han ejercido como manos inocentes para conformar los cruces.
Romero habló del prestigio que tiene la Copa de la Reina, el primer título que el club consiguió en la élite del fútbol nacional, y también recordó con cariño la final que ganaron de manera agónica ante el Real Madrid en el año 2023 bajo la lluvia de Butarque.
Por su parte, Rivas habló sobre la actuación de las suyas en la pasada edición, cayendo por la mínima ante el, a la postre, campeón; y se mostró con mucha ambición por lo que se vislumbra en el horizonte.
Al pertenecer todos los conjuntos clasificados a la Liga F, el sorteo ha consistido en establecer los partidos de cuartos de final teniendo en cuenta la primera bola extraída para saber cuál de ellos ejercerá como local. Los enfrentamientos establecidos para los cuartos de final se disputarán los días 3, 4 y 5 del próximo mes de febrero de 2026 con horarios y cobertura televisiva aún por confirmar.
Cuatro eliminatorias, un solo partido, margen mínimo para el error y una conclusión inequívoca: la Copa de la Reina 2025-2026 ya no admite especulación. Cada balón, cada decisión y cada minuto adquieren ahora valor de sentencia.
La Copa de la Reina no es un torneo más. Es, desde su creación, el espacio donde el fútbol femenino español ha aprendido a narrarse a sí mismo, donde generaciones de futbolistas han encontrado su primera gran oportunidad y donde los grandes clubes han consolidado su legado. En la edición 2025-2026, ese ADN se mantiene intacto, pero con un contexto distinto: el crecimiento estructural del fútbol femenino, la profesionalización plena de la Liga F, la internacionalización de las plantillas y una atención mediática sin precedentes.
(Fuente: Liga F Moeve)
Estos cuartos de final representan, por tanto, una fotografía exacta del momento actual del fútbol femenino español: conviven los gigantes históricos, los proyectos en expansión, los clubes de identidad clara y aquellos que han convertido la Copa en su territorio natural. No hay invitadas. Todas las clasificadas han llegado aquí por mérito propio y todas saben que, a partir de ahora, el torneo no perdona.
(Fuente: Liga F Moeve)
El primer emparejamiento del sorteo enfrenta a Club Atlético de Madrid y Athletic Club, dos entidades profundamente ligadas a la historia de la Copa de la Reina y al desarrollo del fútbol femenino en España. Es un cruce que trasciende lo deportivo y se adentra en el terreno de la identidad, el carácter y la tradición.
El Atlético de Madrid llega a estos cuartos como uno de los proyectos más reconocibles del panorama nacional, con una trayectoria reciente marcada por títulos, finales y una competitividad constante en todas las competiciones. La Copa ha sido, históricamente, un torneo fetiche para el conjunto rojiblanco, que ha sabido utilizarla tanto como plataforma de consolidación como de reivindicación en momentos de transición.
Frente a él estará el Athletic Club, símbolo de cantera, pertenencia y continuidad, uno de los clubes que mejor representan la esencia del fútbol femenino español. Su relación con la Copa de la Reina es profunda y duradera, marcada por finales memorables, eliminatorias épicas y una capacidad recurrente para elevar su rendimiento en este tipo de contextos.
Este cruce promete ser una batalla de estilos y emociones: la intensidad rojiblanca frente a la solidez y el orgullo zurigorri. Un partido donde el ritmo, la presión y la gestión emocional jugarán un papel determinante. No hay antecedentes recientes que permitan establecer un favorito claro en formato eliminatorio. La Copa iguala, equilibra y despoja de jerarquías.
Enfrente aparece el Badalona, heredero de una tradición copera que ha sabido reinventarse y adaptarse a los nuevos tiempos. Su presencia en estos cuartos no es casualidad, sino el reflejo de un proyecto que ha encontrado en la Copa un espacio ideal para competir sin complejos. Para el club catalán, esta eliminatoria representa una oportunidad histórica de dar un salto cualitativo y reafirmar su lugar en la élite.
(Fuente: Liga F Moeve)
La segunda eliminatoria empareja a Real Sociedad de Fútbol y el ONA dos proyectos con trayectorias muy distintas, pero unidos por una ambición común: seguir creciendo a través de la Copa.
La Real Sociedad se ha consolidado en los últimos años como uno de los clubes más fiables y competitivos del fútbol femenino español, con un modelo reconocible, apuesta firme por el talento joven y una relación cada vez más estrecha con su afición. La Copa de la Reina ha sido escenario de momentos importantes para el conjunto txuri-urdin, que ve en esta edición una oportunidad real de volver a situarse entre las mejores.
— FC Badalona Women (Aka ONA) (@elnostreclub) January 7, 2026
Será un duelo marcado por el equilibrio táctico, la paciencia y la gestión de los momentos clave. En eliminatorias así, la Copa suele premiar a quien mejor interpreta el contexto, más allá del nombre o el escudo.
Ya conocemos a nuestro rival en los cuartos de final de la Copa de la Reina ⚽
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) January 7, 2026
El sorteo ha querido reservar uno de sus momentos más impactantes para los cuartos de final: Real Madrid CF y FC Barcelona se enfrentarán en una eliminatoria directa, con todo lo que ello implica a nivel deportivo, simbólico y mediático.
El Clásico del fútbol femenino español es ya uno de los grandes acontecimientos del calendario internacional, y su aparición en una ronda de cuartos de final de la Copa de la Reina eleva el torneo a una dimensión extraordinaria. No es solo un partido; es un evento que concentra atención global, narrativa histórica y una rivalidad en constante evolución.
El FC Barcelona llega como referente absoluto del fútbol femenino europeo, con una trayectoria reciente que ha marcado estándares y ha redefinido la excelencia competitiva. La Copa de la Reina, sin embargo, siempre ha sido un territorio exigente incluso para los grandes dominadores, y el formato de partido único introduce un factor de riesgo ineludible.
El Real Madrid, por su parte, afronta esta eliminatoria como una oportunidad de reafirmación y crecimiento, consciente de que la Copa es el escenario ideal para desafiar jerarquías y acelerar procesos. El Clásico copero es, para el conjunto blanco, una prueba de madurez competitiva y un termómetro de su evolución.
Este enfrentamiento concentrará focos, audiencias y expectativas, pero también exigirá una gestión emocional impecable. En la Copa, el Clásico no admite redención: solo hay un camino, y es ganar.
La cuarta eliminatoria de cuartos enfrenta a Madrid CFF y C.D. Tenerife Femenino, dos clubes que han construido su identidad desde la constancia, el trabajo y la capacidad de competir desde contextos complejos.
El Madrid CFF es, desde hace años, un habitual del ecosistema competitivo de la Copa, un club que ha sabido utilizar este torneo para visibilizar talento, desafiar pronósticos y consolidar su proyecto. Jugar los cuartos de final supone una nueva oportunidad de avanzar y de seguir escribiendo su propia historia copera.
El Costa Adeje Tenerife Egatesa llega con la ilusión intacta y la experiencia acumulada de haber competido en escenarios exigentes.
La Copa ha sido tradicionalmente un espacio fértil para el conjunto canario, capaz de crecerse ante rivales de mayor presupuesto y de convertir cada eliminatoria en un reto emocional y deportivo.
Este cruce encarna como pocos el espíritu del torneo: igualdad, ambición y la posibilidad real de alcanzar unas semifinales históricas. En partidos así, la Copa suele recordar que el fútbol no entiende de etiquetas.
Con los cuartos de final ya definidos, la Copa de la Reina Iberdrola 2025-2026 entra en una fase donde cada detalle cuenta. El formato de eliminatoria directa, la acumulación de partidos, la gestión de plantillas y el componente emocional adquieren un peso específico. No hay margen para el error ni espacio para la especulación.
(Fuente: Liga F Moeve)
Estos cuartos de final reúnen todos los ingredientes que han convertido a la Copa en un torneo único: rivalidades históricas, proyectos emergentes, clásicos de alcance global y eliminatorias donde el contexto puede cambiarlo todo en noventa minutos.
(Fuente: Getty imágenes)
Más allá de los emparejamientos, este sorteo confirma una realidad incuestionable: la Copa de la Reina es el gran relato coral del fútbol femenino español. Un torneo que no solo reparte títulos, sino que construye memoria, impulsa proyectos y conecta generaciones.
(Fuente: Liga F Moeve)
La edición 2025-2026 se adentra en su tramo decisivo con un cuadro que refleja la diversidad, la riqueza y el nivel competitivo alcanzado por el fútbol femenino en España. Desde los grandes referentes hasta los clubes que sueñan con su primera semifinal, todos comparten ahora un mismo horizonte: seguir vivos en la Copa de la Reina Iberdrola.
(Fuente: Liga F Moeve)
Estos cuartos de final no son solo una ronda más. Son una radiografía exacta del momento que vive el fútbol femenino en España: competitivo, diverso, emocionalmente poderoso y cada vez más seguido.
El camino hacia el título ya está marcado. A partir de ahora, la Copa de la Reina no promete nada: lo exige todo.
(Fuente: Liga F Moeve)
La Copa de la Reina Iberdrola 2025-2026 entra así en una fase donde la historia y el futuro se dan la mano, donde cada partido puede convertirse en un recuerdo imborrable y donde el torneo reafirma su condición de corazón emocional del calendario.
El camino hacia el título ya está trazado. La historia, como siempre, está por escribirse.
Cuando el mercado ofrecía una salida dorada rumbo a Rayadas de Monterrey, Silvia Lloris decidió mirar al escudo y quedarse. En pleno invierno, su continuidad se convirtió en el mejor regalo posible para un Atlético de Madrid bicampeón de la Copa de la Reina: una futbolista que entiende el proyecto, siente el club y vuelve a demostrar que, más allá de las ofertas, hay decisiones que se toman con el corazón y con la ambición intacta de seguir haciendo historia en rojiblanco.
Silvia Lloris (Murcia, 15 de mayo de 2004) ha tenido que tomar una de las decisiones más importantes de su carrera deportiva en este parón navideño en la Liga Profesional de Fútbol Femenino, permanecer para pertenecer.
La campeona de Europa en categoría sub-20 con la Selección Española de Fútbol fue objeto de deseo del Real Madrid cuando brillaba en las filas de un Levante Unión Deportiva y ella eligió mudarse a la capital española, pero para vestir la colchonera.
🥳 ¡Silvia Lloris celebra el primero que mete con la camiseta rojiblanca!
Silvia Lloris y la decisión que vale un título más: quedarse para seguir construyendo la historia del Atlético de Madrid, así se puede resumir lo que la futbolista murciana eligió entre turrones y guirnaldas en 2025.
Hay decisiones que no necesitan ser explicadas porque se entienden solas. Decisiones que no se anuncian con estruendo, ni con comunicados grandilocuentes, pero que resuenan durante años en la memoria colectiva de un club.
En el fútbol, donde el ruido del mercado suele taparlo todo, elegir quedarse es, muchas veces, el acto más revolucionario de todos. Y eso es exactamente lo que ha hecho Silvia Lloris. En pleno mercado invernal, con la posibilidad real de cruzar el Atlántico y vestir la camiseta de Rayadas de Monterrey, una de las grandes potencias del fútbol femenino en América, la centrocampista valenciana miró al escudo, al vestuario, al proyecto y decidió permanecer en el Atlético de Madrid.
Una elección que trasciende lo contractual y que se convierte, por derecho propio, en el mejor regalo posible para un club que ya sabe lo que es ganar, resistir y volver a ganar: el bicampeón de la Copa de la Reina.
Porque quedarse no siempre es lo más fácil. Quedarse implica renunciar a la comodidad de un nuevo comienzo, a la promesa de un salario mayor, a la experiencia exótica de otro fútbol y otro continente.
❝Es un placer para mí defender estos colores por lo que representan y la historia que llevan detrás❞
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) July 4, 2024
Quedarse es asumir el peso de la responsabilidad, aceptar el desafío de seguir compitiendo en un entorno exigente, convivir con la presión diaria de un escudo que no permite relajaciones. En el Atlético de Madrid, quedarse es comprometerse con una forma de entender el fútbol y la vida. Y Silvia Lloris, que llegó al club para crecer y terminó convirtiéndose en una pieza esencial del engranaje rojiblanco, ha vuelto a demostrar que su relación con el Atlético no es circunstancial, sino profundamente identitaria.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) October 24, 2024
El contexto no podía ser más simbólico. El Atlético de Madrid Femenino atraviesa una etapa de madurez competitiva, una fase en la que los títulos ya no son una excepción, sino una obligación. El doblete reciente en la Copa de la Reina no solo consolidó al equipo como uno de los grandes dominadores del fútbol español, sino que reforzó una idea: este Atlético no se conforma con el presente, quiere seguir ampliando su legado.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) May 15, 2025
Y en ese proyecto, las jugadoras que entienden el peso de la historia y el valor del compromiso son tan importantes como cualquier fichaje de relumbrón. La continuidad de Silvia Lloris encaja exactamente ahí, en esa lógica invisible que no siempre aparece en las estadísticas, pero que sostiene a los equipos campeones.
(Fuente: UEFA?
Hablar de Silvia Lloris es hablar de una futbolista que ha sabido crecer desde la discreción. No es una jugadora de grandes titulares estridentes ni de gestos sobreactuados. Su fútbol se explica mejor desde la constancia, la inteligencia táctica y la capacidad para interpretar los tiempos del partido.
El vestuario rojiblanco entiende bien el valor de estas decisiones. En un fútbol femenino que crece a gran velocidad, donde las carreras son cada vez más internacionales y los movimientos de mercado más frecuentes, las jugadoras que deciden quedarse se convierten en referentes silenciosos. No porque rechacen el progreso, sino porque eligen construirlo desde dentro. Silvia Lloris se suma así a esa estirpe de futbolistas que entienden que los títulos no se sostienen solo con talento, sino con continuidad, con conocimiento mutuo, con automatismos que solo se adquieren con el tiempo.
(Fuente: Liga F Moeve)
En un fútbol cada vez más acelerado, Lloris aporta pausa. En un deporte donde el físico y la intensidad son imprescindibles, ella añade lectura, orden y equilibrio. Su rol en el centro del campo del Atlético ha sido el de esas jugadoras que cosen al equipo sin reclamar protagonismo, que sostienen la estructura para que otras puedan brillar. Y ese tipo de futbolistas son, casi siempre, las más difíciles de sustituir.
El interés de Rayadas de Monterrey no era casual. El club mexicano lleva años construyendo un proyecto ambicioso, con inversión, identidad y resultados. La Liga MX Femenil se ha convertido en un destino atractivo para futbolistas europeas, no solo por las condiciones económicas, sino por la competitividad creciente y el impacto mediático. Para Silvia Lloris, la opción de marcharse representaba un salto internacional, una experiencia vital distinta y un reconocimiento implícito a su rendimiento. Tenía sentido. Era una oportunidad legítima. Y, sin embargo, no fue suficiente para romper el vínculo con el Atlético de Madrid.
El mercado invernal suele ser un periodo de incertidumbre, de rumores, de movimientos que alteran equilibrios. Para el Atlético de Madrid, esta vez, ha sido también un momento de reafirmación. Mantener a Silvia Lloris no es solo retener a una futbolista clave; es consolidar una idea de club. Es decirle al fútbol que el proyecto rojiblanco tiene argumentos suficientes para convencer, para seducir desde dentro, para ofrecer algo más que un contrato.
(Fuente: Atlético de Madrid)
Porque hay algo en el Atlético que no se puede explicar desde fuera. Algo que se aprende en el día a día, en los entrenamientos, en los viajes, en los partidos sufridos, en las remontadas imposibles y en las derrotas que duelen más que en ningún otro sitio. El Atlético no es un club que prometa caminos fáciles. Es un club que exige compromiso total, que te pide estar incluso cuando el cuerpo y la cabeza dicen basta.
Quedarse en el Atlético es aceptar esa exigencia como parte de la identidad propia. Y Silvia Lloris ha demostrado que esa identidad ya forma parte de ella.
La Copa de la Reina, competición fetiche para el Atlético de Madrid, funciona aquí como telón de fondo emocional. El bicampeonato no solo habla de un equipo ganador, sino de un grupo que ha sabido reinventarse, adaptarse a los cambios y mantener la ambición intacta. En ese contexto, cada decisión individual tiene un impacto colectivo. La continuidad de Lloris refuerza la sensación de estabilidad, de proyecto sólido, de vestuario comprometido. Es un mensaje hacia dentro, para las compañeras, y hacia fuera, para rivales y aficionados: este Atlético no se desarma en invierno, no se debilita cuando llegan las ofertas. Al contrario, se reafirma.
(Fuente: DAZN)
Desde el punto de vista deportivo, su permanencia ofrece certezas a un equipo que aspira a todo. Lloris conoce el sistema, entiende los mecanismos defensivos y ofensivos, se adapta a distintos roles en el centro del campo y aporta una regularidad fundamental en una temporada larga y exigente. Pero más allá de lo táctico, su presencia aporta liderazgo tranquilo, ejemplo diario y una conexión con el club que no se improvisa. En un fútbol cada vez más profesionalizado, ese tipo de liderazgo es oro puro.
(Fuente: Liga F Moeve)
Hay también una lectura simbólica que no debe pasarse por alto. El Atlético de Madrid ha construido gran parte de su identidad reciente sobre la idea de resistencia, de lucha contra contextos adversos, de fidelidad a unos valores que van más allá del resultado inmediato. En el femenino, esa identidad se ha traducido en un proyecto que, pese a las dificultades estructurales del fútbol español, ha sabido mantenerse en la élite y competir de tú a tú con cualquiera. La decisión de Silvia Lloris encaja perfectamente en ese relato. Es una elección que habla de pertenencia, de confianza en el camino elegido y de ambición a largo plazo.
Para la afición, su continuidad es un motivo de orgullo. En un tiempo en el que los ídolos parecen efímeros, ver a una jugadora apostar por el club refuerza el vínculo emocional con el equipo. La grada entiende estas cosas. Entiende que no todas las decisiones se miden en cifras, que hay gestos que construyen identidad. Y quedarse, cuando se podría haber partido, es uno de esos gestos que se recuerdan.
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En el futuro, cuando se repasen las trayectorias, esta decisión aparecerá como uno de esos puntos de inflexión silenciosos.
No habrá una fecha exacta ni una foto icónica, pero sí la certeza de que, en un invierno concreto, una jugadora decidió quedarse y eso fortaleció a un equipo campeón. El Atlético de Madrid seguirá compitiendo, ganando y perdiendo, como todos.
Pero lo hará con la tranquilidad de saber que tiene futbolistas que creen en el proyecto tanto como el club cree en ellas.
Silvia Lloris ha elegido quedarse. Y en el Atlético de Madrid, donde la palabra compromiso tiene un peso específico, esa elección vale tanto como un título. Es el mejor regalo para un bicampeón de la Copa de la Reina que no se conforma con mirar al pasado, sino que sigue escribiendo su historia con decisiones firmes, silenciosas y profundamente rojiblancas.
(Fuente: UEFA)
consolidarse durante cuatro temporadas en el Levante UD, donde acumuló un total de 77 partidos oficiales y se convirtió en una de las defensoras más fiables del proyecto granota, su carrera dio un giro decisivo en el verano de 2024, cuando el Atlético de Madrid apostó por su fichaje como parte de una renovación estratégica de la línea defensiva. Su etapa en Valencia había estado marcada por una progresión constante, por la asimilación temprana de responsabilidades competitivas y por una madurez impropia de su edad, hasta el punto de convertirse en una futbolista reconocible tanto por su regularidad como por su carácter competitivo, una seña de identidad que terminaría encajando de manera natural con el ADN rojiblanco.
Su llegada al Atlético coincidió con un periodo de transición en el club, en el que se buscaba reforzar la estructura defensiva con perfiles jóvenes pero contrastados, capaces de sostener el ritmo competitivo de la Liga F y, al mismo tiempo, de asumir la exigencia europea. Tras su participación en el Mundial sub-20, del que regresó con un notable crecimiento competitivo y una experiencia internacional que amplió su lectura del juego, se hizo rápidamente con el puesto de titular. No fue una adaptación progresiva ni una irrupción tímida: desde sus primeros encuentros dejó claro que estaba preparada para liderar desde atrás, imponiendo presencia, orden y una intensidad que elevó el nivel de la zaga colchonera.
Bajo la dirección de Víctor Martín, el Atlético de Madrid encontró en ella una defensora capaz de sostener el sistema desde múltiples registros. Su temporada de debut se cerró con cuatro goles, una cifra especialmente significativa para una futbolista cuya posición principal es la defensa, pero que explica bien una de sus mayores virtudes: la capacidad para influir en ambas áreas. Su aportación ofensiva no responde únicamente a situaciones aisladas de balón parado, sino a una lectura inteligente de los tiempos de llegada, a una agresividad bien medida para atacar segundos balones y a una determinación clara cuando detecta espacios en la frontal o en el segundo palo.
El curso colectivo del Atlético estuvo marcado por luces y sombras, pero también por una notable resiliencia competitiva. El equipo logró clasificarse para la Liga de Campeones en la última jornada de liga, culminando una remontada clasificatoria que reforzó la identidad competitiva del grupo. Además, alcanzó la final de la Copa de la Reina, demostrando solvencia en eliminatorias a partido único, aunque se quedó a las puertas del éxito. En el plano europeo, la eliminación en la ronda previa de la Liga de Campeones y la caída en semifinales de la Supercopa dejaron un sabor agridulce, pero también expusieron el margen de crecimiento de un proyecto en el que ella fue una de las piezas más fiables a lo largo de la temporada.
Desde el punto de vista del scouting, su perfil responde al de una defensora moderna, completa y con un alto grado de competitividad. En el plano defensivo destaca por su agresividad controlada en el duelo, tanto en campo abierto como en espacios reducidos. Es una futbolista que no rehúye el contacto, que mide bien cuándo anticipar y cuándo temporizar, y que rara vez queda mal perfilada en situaciones de uno contra uno. Su lectura corporal de la atacante rival le permite orientar las acciones hacia zonas menos peligrosas, cerrando líneas de pase interiores y obligando a jugar por fuera, donde se siente especialmente cómoda defendiendo.
En el juego aéreo es dominante, no solo por capacidad física sino por timing y determinación. Ataca el balón con convicción, tanto en acciones defensivas como ofensivas, y transmite seguridad al resto de la línea cuando el equipo defiende en bloque bajo. Esta fortaleza se traslada también a las jugadas de estrategia ofensiva, donde su capacidad para ganar el primer contacto y prolongar la acción genera segundas jugadas que el equipo sabe aprovechar.
Con balón, su evolución ha sido especialmente notable desde sus últimas temporadas en el Levante hasta su consolidación en el Atlético. No es una defensora limitada a despejar o jugar en corto por compromiso: posee una salida de balón limpia, con capacidad para romper líneas mediante pases tensos al interior o cambios de orientación bien ejecutados. Su toma de decisiones es, en general, madura y eficiente; rara vez se precipita, entiende cuándo acelerar el juego y cuándo pausar para reorganizar al equipo. Esta fiabilidad en la circulación permite al Atlético iniciar ataques desde atrás sin renunciar al control, incluso bajo presión alta del rival.
A nivel táctico, interpreta con solvencia distintos sistemas defensivos. Puede rendir tanto en una línea de cuatro como en una defensa de tres centrales, adaptándose a los ajustes del entrenador sin perder eficacia. En defensa adelantada muestra una buena coordinación con la línea, controla bien la espalda y corrige con rapidez cuando el equipo pierde el balón en zonas comprometidas. En bloque bajo, se muestra disciplinada, mantiene la concentración durante largos tramos sin balón y no pierde la referencia del marcaje ni del espacio.
Su carácter competitivo es uno de sus grandes diferenciales. Transmite liderazgo desde el comportamiento, no tanto desde el gesto exagerado, sino desde la constancia, la fiabilidad y la intensidad sostenida. Es una futbolista que eleva el nivel de exigencia del entorno, que no desconecta y que responde bien en escenarios de máxima presión, como finales o partidos decisivos por objetivos. Esa mentalidad se refleja también en su regularidad física, con una notable capacidad para sostener el ritmo competitivo a lo largo de la temporada.
En el plano emocional, su perfil encaja con el de una futbolista que entiende el peso del escudo y la responsabilidad de competir en un club como el Atlético de Madrid. Su adaptación rápida al contexto rojiblanco no fue casual, sino consecuencia de una personalidad competitiva alineada con los valores históricos del club: intensidad, compromiso colectivo y mentalidad ganadora. Esta identificación con el entorno ha facilitado su integración en el vestuario y su crecimiento como referente defensivo a medio plazo.
Su margen de mejora sigue siendo amplio. En el aspecto ofensivo, puede incrementar aún más su influencia si afina la selección de momentos para incorporarse al ataque y mejora la precisión en el último pase tras conducción. Defensivamente, el reto pasa por seguir puliendo la gestión del riesgo en anticipaciones muy agresivas ante rivales de máxima velocidad, especialmente en competiciones europeas donde el ritmo es más alto y el error se penaliza con mayor severidad.
En conjunto, su primer año en el Atlético de Madrid confirma que su fichaje no fue una apuesta de futuro sin retorno inmediato, sino una incorporación de rendimiento presente.
Con apenas unas temporadas en la élite, ya se ha consolidado como una defensora titular en un equipo aspirante a títulos, con impacto real en los resultados y una identidad de juego reconocible. Su trayectoria, desde la regularidad silenciosa en el Levante hasta la exposición máxima en el Atlético y en competiciones internacionales, dibuja el perfil de una futbolista destinada a ser protagonista en los próximos años del fútbol femenino español.
consolidación de su figura en el Atlético de Madrid no puede entenderse únicamente desde el rendimiento inmediato, sino desde la forma en la que ha ido ampliando su radio de influencia dentro del equipo. A medida que avanzó la temporada, su papel dejó de limitarse a la ejecución estricta de tareas defensivas para convertirse en un eje de equilibrio estructural. El equipo comenzó a apoyarse en su fiabilidad para sostener riesgos ofensivos mayores, sabiendo que detrás existía una futbolista capaz de corregir, ordenar y sostener situaciones de transición defensiva complejas. Esa confianza colectiva se tradujo en un Atlético más atrevido con balón, especialmente en los tramos decisivos de la temporada en los que se jugaba la clasificación europea.
En el contexto del modelo de Víctor Martín, su perfil encaja especialmente bien por su capacidad para interpretar el juego desde la inteligencia posicional. No es una defensora rígida ni mecánica; entiende el fútbol como un sistema de relaciones y no como una suma de acciones aisladas. Cuando el Atlético construye desde atrás, su colocación suele ser ligeramente escalonada respecto a su pareja de central o al lateral más cercano, facilitando líneas de pase diagonales que rompen la primera presión rival. Esa pequeña ventaja posicional, casi imperceptible para el espectador casual, es clave para evitar pérdidas en zonas comprometidas y para permitir que el equipo progrese con control.
(Fuente: Teledeporte)
Uno de los aspectos más interesantes de su evolución es la gestión de los ritmos del partido. En encuentros de alta exigencia emocional, como eliminatorias o partidos decisivos por objetivos, ha demostrado una notable capacidad para enfriar el juego cuando el contexto lo exige. No se precipita en la salida de balón, no busca pases heroicos innecesarios y prioriza la seguridad colectiva sobre el lucimiento individual. Esta madurez competitiva, adquirida en parte durante su experiencia en el Levante y reforzada en torneos internacionales de categorías inferiores, la sitúa en un escalón distinto al de otras defensoras jóvenes que aún están en proceso de aprendizaje emocional.
Su contribución goleadora, con cuatro tantos en su primera temporada como colchonera, merece un análisis específico porque revela mucho de su mentalidad. No se trata de goles circunstanciales ni fortuitos, sino de acciones en las que demuestra determinación, lectura del espacio y valentía para asumir protagonismo ofensivo. En acciones a balón parado, su comportamiento es agresivo pero inteligente: ataca el primer palo con potencia cuando la jugada lo requiere, pero también sabe fijar defensoras para liberar espacios a compañeras con mejor remate. En jugadas de segunda línea, aparece con timing preciso, aprovechando rechaces o desajustes defensivos para finalizar con contundencia.
Desde el punto de vista físico, su rendimiento se apoya en una base sólida que le permite sostener duelos continuos sin perder claridad mental. No es una futbolista explosiva en el sentido clásico, pero sí posee una potencia funcional muy bien aplicada al juego real. Su zancada es eficiente, su capacidad para repetir esfuerzos es alta y su resistencia le permite mantener la intensidad defensiva incluso en los minutos finales, cuando muchos partidos se deciden. Esta fortaleza física, combinada con una buena lectura del juego, reduce la necesidad de acciones desesperadas y minimiza el riesgo de faltas innecesarias cerca del área.
En el juego uno contra uno, especialmente ante delanteras móviles, muestra una virtud cada vez más valorada en el fútbol femenino moderno: la capacidad para defender sin lanzarse. Sabe temporizar, orientar y esperar el momento adecuado para intervenir, utilizando el cuerpo y el posicionamiento antes que el tackle agresivo. Esta cualidad no solo reduce el riesgo de ser superada, sino que permite que el bloque defensivo se reorganice y que las ayudas lleguen en el momento justo. En este sentido, su comprensión del juego colectivo supera con claridad la media de su generación.
Cuando el Atlético defiende en bloque medio o bajo, su concentración es constante. No se desconecta de la jugada, mantiene siempre la referencia visual de balón y marca, y ajusta su posición en función de los movimientos del resto de la línea. Esta disciplina táctica fue especialmente visible en los partidos de Copa de la Reina, donde el margen de error era mínimo y cada acción defensiva podía decantar una eliminatoria. Su fiabilidad en estos escenarios contribuyó de manera directa a que el equipo alcanzara la final del torneo.
La experiencia de la ronda previa de la Liga de Campeones, pese a la eliminación, supuso también un aprendizaje relevante en su proceso de crecimiento. En esos partidos, el ritmo, la exigencia técnica y la velocidad de ejecución fueron superiores a los de la competición doméstica. Lejos de verse superada, respondió con personalidad, asumiendo responsabilidades y manteniendo un nivel competitivo acorde al contexto. Estas vivencias, aunque dolorosas desde el punto de vista colectivo, son fundamentales para el desarrollo de futbolistas llamadas a competir de manera habitual en el escenario europeo.
En comparación con otras defensoras de la Liga F, su perfil destaca por el equilibrio entre contundencia y criterio. No es la central más veloz ni la más técnica, pero combina ambas facetas con una eficacia notable. Frente a defensoras más agresivas pero menos ordenadas, ofrece fiabilidad. Frente a perfiles más elegantes pero menos intensos, aporta carácter. Esa síntesis la convierte en una pieza muy valiosa para equipos con aspiraciones altas, donde el error individual tiene un coste elevado.
A nivel de liderazgo, su influencia se manifiesta de forma progresiva. No necesita llevar el brazalete para ejercer autoridad; su liderazgo se construye desde el ejemplo, desde la regularidad y desde la exigencia silenciosa. Corrige, orienta y acompaña a sus compañeras, especialmente a las más jóvenes, contribuyendo a una cohesión defensiva que se ha convertido en una de las fortalezas del Atlético en los momentos clave de la temporada.
Mirando al futuro, su proyección apunta a un rol cada vez más central en el proyecto rojiblanco y en el panorama del fútbol femenino español. Si mantiene esta línea de crecimiento, está llamada a ser una defensora de referencia tanto a nivel de club como en el contexto internacional. Su combinación de juventud, experiencia acumulada, mentalidad competitiva y margen de mejora la sitúa en una posición privilegiada para seguir evolucionando en un entorno de máxima exigencia.
Su historia, desde la constancia silenciosa en el Levante hasta la exposición total en el Atlético de Madrid, es la de una futbolista que ha sabido construir su carrera desde la coherencia y el trabajo. No ha necesitado atajos ni picos de rendimiento aislados; su crecimiento ha sido sostenido, lógico y respaldado por el rendimiento en el campo. En un fútbol cada vez más analizado y exigente, perfiles como el suyo adquieren un valor diferencial: futbolistas capaces de sostener proyectos, de competir en escenarios límite y de representar una idea clara de juego y de carácter.
siguiente paso en su evolución tiene que ver con la forma en la que ha comenzado a asumir, de manera casi natural, un rol de correctora global dentro del sistema. A medida que el Atlético fue afinando automatismos y elevando el nivel de riesgo ofensivo, su figura se volvió esencial para equilibrar al equipo en fase de pérdida. Es la futbolista que detecta antes que nadie cuándo una jugada se rompe, cuándo una presión ha sido superada y cuándo es necesario retroceder unos metros para proteger el espacio a la espalda. Esa lectura temprana, muchas veces invisible para el espectador, es uno de los rasgos que diferencian a las defensoras buenas de las realmente determinantes.
En situaciones de transición defensiva, su comportamiento es especialmente valioso. No entra en pánico ni se precipita; analiza rápidamente la disposición de las atacantes rivales y el posicionamiento de sus propias compañeras para decidir si debe salir al duelo o temporizar. Esta capacidad de decidir en décimas de segundo reduce el impacto de los contraataques rivales y permite que el equipo recupere su estructura. En un fútbol cada vez más rápido y vertical, esta virtud se convierte en un activo estratégico de primer nivel.
Otro aspecto que ha experimentado una evolución notable es su comunicación dentro del campo. Sin ser una futbolista estridente, su lenguaje corporal y sus indicaciones son claras, constantes y eficaces. Ordena la línea defensiva, ajusta alturas y corrige perfiles, especialmente en momentos de acumulación de centros laterales o de ataques sostenidos del rival. Esta comunicación no solo mejora el rendimiento colectivo, sino que transmite seguridad al resto del equipo, un factor psicológico clave en partidos de alta presión.
En la salida de balón bajo presión, su serenidad es uno de sus mayores valores. Cuando el rival aprieta con agresividad, no se limita a jugar en horizontal o a despejar sin criterio. Analiza el posicionamiento de las mediocampistas, detecta apoyos interiores y es capaz de filtrar pases que superan líneas, rompiendo la presión y permitiendo que el equipo avance con ventaja. En este sentido, su juego conecta con una tendencia clara del fútbol femenino de élite, donde las defensoras ya no son meras ejecutoras defensivas, sino piezas fundamentales en la construcción del juego.
Su relación con el lateral del mismo perfil es otro punto fuerte del sistema. Entiende cuándo debe cerrar hacia dentro para permitir la proyección ofensiva de su compañera y cuándo debe mantenerse abierta para proteger el carril. Esta coordinación reduce los desajustes y permite al Atlético atacar con mayor profundidad sin quedar excesivamente expuesto. En defensas de tres centrales, su capacidad para interpretar el rol de central exterior o central más fija amplía las posibilidades tácticas del equipo.
El contexto competitivo de la temporada también ha servido para reforzar su carácter. Los momentos de frustración, como la eliminación europea o la derrota en la final de la Copa de la Reina, lejos de debilitarla, parecen haber consolidado su mentalidad. En declaraciones posteriores a esos partidos, su discurso se centró más en el aprendizaje y en la responsabilidad colectiva que en la decepción, una muestra de madurez emocional que no siempre es habitual en futbolistas jóvenes con protagonismo creciente.
Desde el punto de vista del scouting avanzado, su perfil presenta indicadores muy interesantes en términos de consistencia. Mantiene un alto porcentaje de duelos defensivos ganados, una tasa baja de errores no forzados y una fiabilidad elevada en pases bajo presión. Estos datos, combinados con el análisis visual, refuerzan la percepción de que su impacto va más allá de acciones puntuales destacadas; su valor reside en la acumulación de pequeñas decisiones correctas a lo largo de los noventa minutos.
En el plano internacional, su experiencia en categorías inferiores y su rendimiento en contextos de máxima exigencia la sitúan como una candidata natural a integrarse de forma estable en dinámicas de selección absoluta. Su perfil encaja bien en sistemas que priorizan el orden defensivo, la salida limpia de balón y la capacidad para sostener partidos largos y complejos. Además, su experiencia europea, aunque todavía limitada en número de partidos, aporta un bagaje valioso de cara a futuros ciclos competitivos.
La comparación con defensoras históricas del Atlético de Madrid permite entender mejor su impacto potencial. Sin replicar exactamente el estilo de ninguna, comparte con las grandes referentes rojiblancas del pasado reciente una combinación de intensidad, fiabilidad y compromiso colectivo. Su capacidad para adaptarse a distintos contextos de partido y para mantener un nivel alto de concentración la coloca en una línea de continuidad con esas figuras que han marcado época en el club.
A nivel formativo, su trayectoria es un ejemplo de progresión bien gestionada. No quemó etapas de manera precipitada ni se estancó en contextos cómodos. Cada cambio de escenario supuso un desafío mayor, asumido con naturalidad y respaldado por el rendimiento. Este recorrido refuerza la idea de que su crecimiento no es coyuntural, sino estructural, basado en hábitos de trabajo, en inteligencia competitiva y en una comprensión profunda del juego.
El futuro inmediato plantea nuevos retos: la consolidación definitiva en competiciones europeas, la posibilidad de asumir mayores responsabilidades dentro del vestuario y la exigencia de mantener el nivel en un entorno donde la competencia interna es alta. Sin embargo, su perfil invita al optimismo. Ha demostrado capacidad para adaptarse, para aprender de los errores y para crecer en escenarios de máxima presión.
En una época en la que el fútbol femenino español sigue ampliando su visibilidad y su nivel competitivo, figuras como la suya representan un tipo de futbolista especialmente valioso: sólida, fiable, con carácter y con una comprensión del juego que va más allá de lo puramente físico o técnico. Su historia no es la de una irrupción fugaz, sino la de una construcción paciente y coherente, destinada a sostener proyectos ambiciosos y a dejar huella a largo plazo.
El palmarés de Silvia Lloris no se explica desde la acumulación masiva de títulos, sino desde una trayectoria construida en escenarios de alta exigencia competitiva, con presencia constante en fases finales y en equipos protagonistas del fútbol femenino español. Formada y consolidada en la élite con el Levante UD, disputó durante cuatro temporadas un total de 77 encuentros oficiales, participando en campañas en las que el conjunto granota se mantuvo como un rival incómodo para los grandes y como un habitual de la zona media-alta de la tabla, asentándose en la Liga F y compitiendo con regularidad en eliminatorias nacionales. Su crecimiento en ese contexto le permitió adquirir experiencia estructural, continuidad competitiva y una madurez táctica que sería determinante para el siguiente salto de su carrera.
Ese salto llegó en el verano de 2024 con su fichaje por el Atlético de Madrid, un movimiento que la situó de lleno en la pelea por los grandes objetivos. En su primera temporada como rojiblanca se convirtió rápidamente en titular tras su regreso del Mundial sub-20, asentándose como una de las defensoras más fiables del equipo. A nivel colectivo, ese curso dejó hitos relevantes en su palmarés: clasificación para la Liga de Campeones lograda en la última jornada de liga, subcampeonato de la Copa de la Reina tras alcanzar la final y presencia en la Supercopa de España, donde el Atlético alcanzó las semifinales. Aunque la eliminación en la ronda previa de la Champions impidió ampliar su experiencia continental, esa participación forma parte ya de su bagaje competitivo en torneos UEFA, un valor añadido en la carrera de cualquier futbolista de su perfil.
En el plano internacional, su palmarés se completa con su participación en competiciones de selecciones inferiores, destacando su presencia en el Mundial sub-20, una experiencia que reforzó su carácter competitivo y su exposición al máximo nivel internacional, y que terminó de consolidarla como una futbolista preparada para asumir responsabilidades en clubes aspirantes a títulos.
Sus estadísticas como rojiblanca refuerzan la dimensión de su impacto. En su primer año con el Atlético de Madrid firmó cuatro goles oficiales desde la defensa, una cifra notable que subraya su influencia en ambas áreas. Más allá del número, varios de esos tantos tuvieron un peso simbólico y emocional importante, especialmente el golazo de larga distancia que marcó en Alcalá de Henares en el derbi ante el Real Madrid. Un disparo lejano, potente y preciso, que superó a Misa Rodríguez y que se convirtió en una de las imágenes de la temporada, pese a que el Atlético terminó cayendo por 1-2 en un partido marcado por el doblete de Linda Caicedo. Aquel gol no solo evidenció su calidad técnica y su personalidad para asumir riesgos, sino también su capacidad para aparecer en los grandes escenarios, incluso cuando el contexto era adverso.
El valor de su permanencia en el Atlético de Madrid adquiere una dimensión especial si se tiene en cuenta el fuerte interés mostrado por clubes internacionales como Monterrey. En un mercado cada vez más globalizado y competitivo, donde las ofertas económicas y deportivas llegan desde múltiples frentes, su decisión de quedarse refuerza la identidad del proyecto rojiblanco y envía un mensaje claro de compromiso y ambición compartida. Apostar por continuar no es solo una elección profesional, es una declaración de intenciones: la de una futbolista que cree en el crecimiento del equipo, que quiere ser parte central de su evolución y que entiende que los proyectos sólidos se construyen con continuidad, carácter y liderazgo.
(Fuente: Liga F Moeve)
Silvia Lloris representa ese tipo de futbolista que da sentido a los procesos largos, que convierte la confianza del club en rendimiento sobre el césped y que encarna una idea de pertenencia cada vez más valiosa en el fútbol moderno. Su palmarés, todavía en construcción, no se mide únicamente en trofeos levantados, sino en finales jugadas, clasificaciones logradas, partidos decisivos disputados y decisiones firmes tomadas en momentos clave. Que haya decidido quedarse cuando otros llamaban a su puerta no es un detalle menor: es una victoria silenciosa del Atlético de Madrid y una promesa de que lo mejor de su historia rojiblanca aún está por escribirse.
Su llegada a España se produjo en 2017 cuando el Deportivo Abanca la sedujo y firmó procedente del Estudiantes de Guárico Fútbol Club y en Galicia se exhibió con la camiseta del cuadro gallego en el que por entonces también militaban estrellas de la talla de Misa Rodríguez, Teresa Abelleira o Athenea del Castillo.
La internacional absoluta por Venezuela se salió en la Ciudad Deportiva de Abegondo y fue “robada” por la Real Sociedad de Fútbol que entrenaba Natalia Arroyo.
La actual directora técnica del Aston Villa explotó las virtudes de la mediocampista y su despliegue llamó la atención de un Atlético de Madrid que pagó su traspaso con el aval de su antiguo representante Roberto Ricobaldi, quien pasó a la disciplina colchonera al igual que la ex del Deportivo de La Coruña.
El tres veces campeón de la Liga Profesional de Fútbol Femenino destacó su juego aéreo y la definió como «polivalente en medio campo, contundente en defensa y con mucha calidad en el juego ofensivo».
En el club rojiblanco fue titular habitual en la posición de mediocentro y fue elegida mejor jugadora del mes de enero de 2024.
Cayeron eliminadas en la semifinal de la Supercopa y en el mes de febrero tuvieron varios duelos directos en liga en los que no se obtuvieron buenos resultados y se distanciaron de los puestos de cabeza. Tras la eliminación de Copa en semifinales y un mal resultado liguero Manolo Cano fue destituido y lo sustituyó el entrenador del segundo filial Arturo Ruiz. Encadenaron varias victorias consecutivas y finalmente lograron el objetivo de clasificarse para la Liga de Campeones tras ser terceras en liga.
En su segundo año siguió siendo la pivote defensivo titular del equipo, siendo una de las jugadoras con más minutos disputados.
El Atlético de Madrid, dirigido este año por Víctor Martín, se clasificó para la Liga de Campeones en la última jornada y alcanzó la final de la Copa de la Reina, aunque cayó en la ronda previa de la competición europea y en la semifinal de la Supercopa de España.
En su tercera temporada de rojiblanca volvió a ser titular indiscutible, siendo una de las futbolistas que más minutos acumula sobre el terreno de juego.
De 28 años, la futbolista ya se habría sometido a los exámenes médicos correspondientes, paso previo a firmar su contrato con el equipo de Ángel Villacampa para reforzar al América en el mercado invernal.
García quedaba libre el próximo 30 de junio de 2026 y todo hacía indicar que Lola Romero no tendría previsto proponerle una extensión de su vínculo, al encontrarse trabajando en la llegada de una centrocampista nórdica a petición de Víctor Martín Alba, por lo que su partida no será tan traumática.
En lo que llevamos de campaña, casi toda la primera vuelta en la Liga F Moeve, la ocho ha disputado 21 encuentros entre todas las competiciones para hacer un total de ochenta con el actual subcampeón de la Copa de la Reina Iberdrola e incluso celebró cinco dianas que sumadas a las de otros años hacen un global de once.
A pesar de que ha sido una titular asidua desde su aterrizaje, muchos son los que piensan que podría haber tenido un papel aún más importante, defraudando al respetable en ocasiones, algo que también sucedió con otra ex realista como es Maitane López, ahora en Estados Unidos.
📝@maiitane9, refuerzo para el centro del campo rojiblanco hasta 2⃣0⃣2⃣3⃣
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) July 5, 2021
Según indica el periodista azteca Andrés Islas, la vinotinto se encuentra ya en la zona de Coapa, donde se ubica el Centro de Alto Rendimiento del Club América y aguarda a que en Madrid notifiquen oficialmente su adiós para empezar a pensar en clave azulcrema y su debut llegaría en la segunda jornada del Torneo Clausura donde Las Águilas se batirán el cobre ante el Tijuana el próximo sábado, 11 de enero de 2026, a las 05:00 horario peninsular en el Estadio Caliente.
El periplo de Gaby en el Atlético de Madrid es agua pasada y en los despachos se trabaja a destajo para intentar que su traspaso no agite la tranquilidad de Viti y según hemos podido saber en “El Partido de Manu”, se explora la opción de comprar a Júlia Bartel toda vez que la exjugadora del Barcelona termine su cesión en la capital de parte del Chelsea Football Club, en una operación a la que hemos de estar pendientes en los próximos meses.
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El fútbol femenino internacional asiste a uno de esos movimientos que, sin necesidad de oficialidad inmediata, ya se perciben como inevitables y profundamente significativos. Gabriela Antonia García Segura, internacional venezolana y actual centrocampista del Atlético de Madrid, firmará en las próximas horas por el Club América Femenil, una de las entidades más poderosas y emblemáticas de la Liga MX Femenil.
La información, adelantada por Fox Sports MX, ha sido refrendada por voces de enorme credibilidad en el periodismo deportivo español como Irati Vidal (TEN TV) y Sandra Sánchez Riquelme (DAZN y Disney Plus), consolidando así un fichaje que conecta continentes, proyectos y narrativas futbolísticas de primer nivel.
‼️Confirmado: Gaby García, nueva jugadora del América.
Tal y como adelanta FOX, la venezolana pondrá fin a su etapa como jugadora del Atleti y se incorporará al conjunto mexicano de forma inminente. https://t.co/1ug3U2MefT
Nacida el 2 de abril de 1997 en Tunapuy, Venezuela, Gabriela García —conocida en el césped simplemente como Gaby— es una futbolista cuya trayectoria siempre ha estado marcada por la precocidad, la constancia y una comprensión del juego impropia de su edad. Internacional con la selección venezolana desde 2014, su nombre quedó grabado muy pronto en la memoria del fútbol sudamericano e internacional tras proclamarse campeona en dos Campeonatos Sudamericanos Sub-17 y, sobre todo, tras firmar una actuación histórica en el Mundial Sub-17 de 2014, donde se convirtió en la Bota de Oro del torneo. A partir de ahí, su carrera internacional se consolidó con la disputa de un Mundial Sub-20 y tres Copas América con la selección absoluta de la Vinotinto, convirtiéndose en una de las figuras más reconocibles del fútbol venezolano femenino de la última década.
Gaby García es nueva jugadora del América Femenil. La ex del Atlético de Madrid ya está en Coapa.
La mediocampista llega a apuntalar el equipo de Ángel Villacampa.
Su llegada al Atlético de Madrid en 2023, procedente del Deportivo Abanca, respondió a una necesidad clara del conjunto rojiblanco: encontrar una futbolista capaz de dotar de equilibrio, fiabilidad y orden táctico a un centro del campo en plena reconstrucción. Desde el primer momento, Gaby García encajó como una pieza estructural del proyecto. No fue una jugadora de focos ni de grandes titulares, pero sí una de esas futbolistas imprescindibles para que un equipo compita con regularidad al máximo nivel. Su etapa como colchonera culminó con uno de los momentos más especiales del club en los últimos años, la conquista de la Copa de la Reina Iberdrola en Butarque, un título en el que su papel fue fundamental como sostén del equipo en los partidos de mayor exigencia competitiva.
Los números respaldan esa percepción interna que siempre se tuvo de ella dentro del vestuario y del cuerpo técnico. Gabriela García ha disputado más de 70 partidos oficiales con el Atlético de Madrid, superando los 5.500 minutos de juego, convirtiéndose además en la jugadora de campo con más minutos acumulados del equipo en la primera parte de la presente temporada. A ello se suman cuatro goles anotados, una cifra notable para una futbolista cuyo rol principal ha sido el de mediocampista defensiva, y un rendimiento sostenido en duelos, posicionamiento y lectura táctica que la convirtieron en una garantía constante.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) November 1, 2025
Su disponibilidad física fue otro de sus grandes valores, con un impacto mínimo de las lesiones y una presencia casi ininterrumpida en las alineaciones.
Con una estatura de 1,85 metros, Gaby García destaca por su imponente presencia física, su fortaleza en el juego aéreo y su capacidad para cerrar espacios en la medular. Sin embargo, su mayor virtud siempre ha sido la inteligencia táctica, el saber estar en cada fase del juego y la capacidad para interpretar lo que el partido necesita en cada momento.
Aunque su función principal ha sido defensiva, su aportación ofensiva, especialmente en acciones a balón parado, añadió un matiz diferencial a su juego. Ese equilibrio entre contundencia y lectura es lo que la convirtió en una futbolista tan valorada por sus entrenadores, hasta el punto de que Víctor Martín Alba, técnico del Atlético de Madrid, llegó a subrayar públicamente su importancia destacando su regularidad, su preparación constante y su fiabilidad absoluta con un mensaje tan sencillo como revelador: “Es una jugadora muy importante, siempre preparada para ayudar y cumpliendo”.
🚨¡ÚLTIMO MOMENTO!🚨
Gaby García es nueva jugadora del América Femenil. ✍️
La Venezolana llega procedente del Atlético de Madrid. 👊
Ahora, su carrera da un giro rumbo a México. De acuerdo con el reportero Andrés Islas, Gabriela García ya ha superado las pruebas físicas con el Club América y su debut está previsto para este mismo sábado, en la Jornada 2 del Clausura 2026.
Llega al conjunto azulcrema en pleno ritmo competitivo, tras haber sido la futbolista con más minutos en el Atlético durante la primera parte del curso, un factor clave para una entidad que siempre aspira a competir por el título. Para el América, su fichaje supone la incorporación de experiencia internacional, liderazgo inmediato y una pieza de equilibrio para el centro del campo, reforzando una plantilla diseñada para dominar en la Liga MX Femenil.
El movimiento también tiene un fuerte componente histórico. Hasta la fecha, solo dos futbolistas venezolanos habían vestido la camiseta del Club América, ambos en la rama masculina
🇻🇪 La mediocampista Gaby García es nueva jugadora de @AmericaFemenil y ya está en Coapa. 🦅
El primero fue el delantero Ricardo David Páez, llegado desde San Luis como refuerzo para la Copa Libertadores de 2003. El segundo, el defensa central Oswaldo Vizcarrondo, fichado en 2012 como una de las grandes apuestas del club tras una inversión superior a los cinco millones de dólares, aunque su etapa en el Nido fue breve. Gabriela García se convertirá así en la primera futbolista venezolana en la historia del Club América Femenil, ampliando la huella de la Vinotinto en una de las instituciones más influyentes del fútbol continental.
Desde la perspectiva de “El Partido de Manu”, la salida de Gabriela García supone el cierre de una etapa y la apertura de una transición medida y estratégica en el Atlético de Madrid.
According to @FOXSports Club América has secured the signing of Venezuela 🇻🇪 international Gaby García!
El hueco que deja la ocho no será cubierto en este mercado de invierno, una decisión coherente con la planificación deportiva del club, que apunta al mercado veraniego para incorporar a una centrocampista de perfil similar, capaz de actuar también como pivote, de origen nórdico y que actualmente brilla en otro conjunto de la Liga F Moeve, no muy lejos de Alcalá de Henares.
Una operación pensada con calma, visión de futuro y la convicción de que las grandes estructuras se sustituyen con inteligencia, no con urgencia.
Gabriela García se despide del Atlético de Madrid como llegó: sin estridencias, con profesionalidad y dejando una huella profunda en el funcionamiento del equipo. Su legado no se mide únicamente en títulos o estadísticas, sino en la confianza que transmitía cada vez que pisaba el césped, en la sensación de orden que aportaba al colectivo y en la certeza de que siempre estaría donde el equipo la necesitara.
🍬 𝐂𝐚𝐫𝐚𝐦𝐞𝐥𝐢𝐭𝐨 de Fiamma Benítez ⚒️ 𝐂𝐚𝐛𝐞𝐳𝐚𝐳𝐨 impecable de Gaby García
Ahora, el fútbol la conduce a México, a un nuevo desafío en una liga en crecimiento constante, mientras el Atlético mira al futuro sabiendo que el paso de Gaby García por el club ya forma parte de su historia reciente.
Descrita como la fuerza emergente del actual subcampeón de la Copa de la Reina Iberdrola, la de Tolosa se ha consolidado como una de las figuras con mayor potencial, presente y futuro del balompié practicado por mujeres en España.
(Fuente: Getty imágenes)
Amaiur Sarriegi Isasa (San Sebastián, 13 de diciembre de 2000) es a sus 26 años de edad una atacante icónica de la Liga F Moeve.
(Fuente: UEFA)
Su trayectoria es ascendente en el fútbol femenino español. Nacida en Tolosa, su recorrido profesional la llevó desde las canteras vascas hasta vestir la camiseta del Atlético de Madrid Femenino, uno de los equipos más competitivos de Europa.
Técnica depurada, visión de juego y personalidad firme son algunas de las características que definen a Sarriegi. Sin embargo, su historia no solo se resume en estadísticas. Detrás de cada pase decisivo y cada sprint se encuentra una jugadora que ha trabajado con disciplina para transformar su pasión en excelencia deportiva.
Amaiur Sarriegi no llegó al fútbol de élite por azar ni por un golpe de fortuna. Su camino, como el de tantas futbolistas formadas lejos de los grandes focos, se construyó desde abajo, con paciencia, constancia y una progresión sostenida que fue moldeando a una jugadora completa, competitiva y preparada para asumir retos mayores. Su historia comienza en el País Vasco, una tierra con una profunda tradición futbolística y con uno de los ecosistemas de fútbol femenino más sólidos del Estado, donde clubes históricos han trabajado durante décadas en la formación de talento desde edades tempranas.
Sus primeros pasos los dio en el Añorga KKE, uno de los clubes de referencia del fútbol femenino vasco en categorías inferiores. El Añorga no es solo un equipo, sino una auténtica cantera de futbolistas, un espacio de formación integral donde muchas jugadoras han aprendido no solo a competir, sino a entender el juego, a convivir en un vestuario exigente y a desarrollar una mentalidad profesional desde edades muy tempranas. En ese entorno comenzó a forjarse Amaiur, destacando pronto por su capacidad técnica, su inteligencia en el juego y una personalidad competitiva que la diferenciaba dentro del grupo.
Durante sus años en categorías inferiores, su crecimiento fue constante. En la categoría cadete, Amaiur dio un salto evidente en rendimiento y madurez futbolística. Ya no era solo una promesa, sino una jugadora capaz de marcar diferencias, de asumir responsabilidades y de influir en el juego colectivo. Su lectura de los espacios, su llegada desde segunda línea y su capacidad para finalizar jugadas empezaron a convertirla en una pieza clave para su equipo. Ese rendimiento no pasó desapercibido y le abrió la puerta al equipo B del Añorga, un paso decisivo que marcaba la transición entre el fútbol formativo y el competitivo.
El salto al filial supuso un cambio importante. El ritmo de juego, la exigencia física y la responsabilidad eran mayores, pero Amaiur respondió con naturalidad. Su adaptación fue rápida, mostrando una madurez impropia de su edad y una capacidad notable para entender lo que requería cada partido. Esa progresión le permitió alcanzar uno de los primeros hitos de su carrera: el debut con el primer equipo del Añorga en Primera Nacional durante la temporada 2015-2016. Era el premio a años de trabajo silencioso y, al mismo tiempo, el inicio de una nueva etapa en la que empezaba a asomarse al fútbol sénior de máximo nivel.
Ese debut no fue anecdótico. Supuso una confirmación de que estaba preparada para competir en categorías superiores. Amaiur no se limitó a cumplir, sino que empezó a consolidarse como una futbolista fiable, capaz de aportar tanto en el juego ofensivo como en el equilibrio del equipo. Su presencia en el campo transmitía seguridad y ambición, dos cualidades que terminarían definiendo su carrera.
El siguiente gran paso llegó en el verano de 2017, cuando fichó por el Athletic Club B, uno de los filiales más competitivos y exigentes del fútbol femenino español. Integrarse en la estructura del Athletic no es una cuestión menor. El club bilbaíno posee una identidad muy marcada, una filosofía reconocible y una presión constante por el rendimiento, incluso en sus equipos filiales. Para Amaiur, aquel fichaje representaba una oportunidad extraordinaria para seguir creciendo, pero también un desafío que exigía regularidad, carácter y capacidad de adaptación.
Durante tres temporadas, Amaiur defendió la camiseta del Athletic Club B en Primera Nacional, convirtiéndose en una de las jugadoras más determinantes del equipo. Su rendimiento fue notablemente constante, una cualidad especialmente valorada en el fútbol de formación avanzada. Temporada tras temporada, logró superar la barrera de los diez goles, una cifra muy significativa para una futbolista con perfil de centrocampista ofensiva o mediapunta, capaz de generar juego y, al mismo tiempo, de finalizarlo.
Más allá de los números, su influencia en el equipo fue creciendo. Amaiur se convirtió en una futbolista alrededor de la cual giraba gran parte del juego ofensivo del filial. Su capacidad para aparecer entre líneas, para filtrar pases decisivos y para llegar al área en el momento justo la transformaron en una amenaza constante para las defensas rivales. Esa regularidad goleadora hablaba no solo de talento, sino de una mentalidad competitiva sólida y de una comprensión profunda del juego.
La temporada 2018-2019 supuso un punto de inflexión colectivo. El Athletic Club B logró el ascenso a la nueva categoría Reto Iberdrola, la Segunda División femenina de España, un logro que situaba al equipo en un escenario más exigente y con mayor visibilidad. Amaiur fue una pieza importante en ese ascenso, aportando goles, liderazgo y continuidad en el rendimiento. El salto de categoría confirmaba que su progresión no se había detenido y que estaba preparada para competir en un entorno todavía más competitivo.
El curso 2019-2020 fue, en muchos aspectos, uno de los más significativos de su etapa en el filial rojiblanco. A nivel individual, firmó una temporada sobresaliente, marcando 13 goles y convirtiéndose en la máxima goleadora del equipo. Su capacidad para decidir partidos, para aparecer en los momentos clave y para asumir galones dentro del vestuario quedó patente a lo largo del campeonato. A nivel colectivo, el Athletic Club B se proclamó campeón de su grupo, en una temporada que quedaría marcada para siempre por la irrupción de la pandemia de Covid-19, que obligó a suspender la competición cuando aún restaban ocho jornadas por disputarse.
Aquel campeonato tuvo un sabor agridulce. Por un lado, confirmaba el excelente trabajo del equipo y el crecimiento de jugadoras como Amaiur; por otro, la suspensión de la competición privó al grupo de cerrar la temporada sobre el terreno de juego. Sin embargo, el rendimiento mostrado hasta ese momento fue suficiente para validar el éxito del proyecto y el nivel competitivo del filial.
Esa misma temporada trajo consigo otro hito fundamental en la carrera de Amaiur Sarriegi: su debut con el primer equipo del Athletic Club en Primera División. El 19 de octubre, frente al Real Betis, Amaiur dio el salto definitivo a la élite del fútbol femenino español. No era un paso menor. Vestir la camiseta del primer equipo del Athletic en la máxima categoría supone una responsabilidad enorme, tanto por la historia del club como por la exigencia de su afición y de su estructura deportiva.
A lo largo de esa temporada, Amaiur disputó cuatro partidos en Primera División, una experiencia que le permitió conocer de primera mano el nivel de la élite, el ritmo de los partidos, la exigencia táctica y la importancia de cada detalle. Aquellos minutos fueron una inversión de futuro, un aprendizaje acelerado que completaba su etapa formativa y la preparaba para afrontar nuevos retos.
El recorrido de Amaiur Sarriegi hasta ese punto es el reflejo de una progresión construida con coherencia. Desde el Añorga KKE hasta el Athletic Club, pasando por filiales, ascensos, campeonatos y debuts en la máxima categoría, su carrera no ha estado marcada por atajos, sino por una evolución sostenida. Cada etapa cumplió una función concreta en su desarrollo como futbolista: la formación técnica, la adaptación al fútbol sénior, la regularidad competitiva, el liderazgo dentro del equipo y, finalmente, el contacto con la élite.
(Fuente: Liga F Moeve)
Este camino explica, en gran medida, la jugadora que es hoy. Una futbolista con fundamentos sólidos, con experiencia en diferentes contextos competitivos y con una mentalidad preparada para asumir desafíos mayores. Su historia también es representativa de una generación de futbolistas que han crecido al mismo tiempo que lo hacía el fútbol femenino en España, aprovechando estructuras cada vez más profesionalizadas, pero sin perder el vínculo con los clubes de base que hicieron posible su desarrollo.
En un fútbol cada vez más exigente y globalizado, el recorrido de Amaiur Sarriegi pone en valor la importancia de la formación, la paciencia y la constancia. No se trata solo de talento, sino de saber construir una carrera paso a paso, entendiendo cada etapa como una oportunidad de aprendizaje. Desde los campos del Añorga hasta los estadios de Primera División, su trayectoria es la de una futbolista que ha sabido crecer sin perder la esencia, preparada para seguir escribiendo capítulos importantes en su carrera deportiva.
Desde su llegada a San Sebastián, Amaiur Sarriegi no solo se incorporó a la Real Sociedad Femenina como una futbolista más: comenzó, casi sin que nadie lo supiera aún, un proceso de construcción identitaria que terminaría marcando una era. Su historia en el club txuri-urdin es la de una delantera que creció a la par que el equipo, que maduró mientras la Real reclamaba su lugar entre la élite y que, a través de goles, movimientos, liderazgo y momentos decisivos, acabó convirtiéndose en uno de los nombres propios del fútbol femenino español de la primera mitad de la década.
La temporada 2020-2021 supuso un punto de inflexión tanto para la Real Sociedad como para la propia Amaiur. Su fichaje por el club donostiarra, procedente del Athletic Club, se produjo en un contexto complejo: el fútbol femenino vivía una transformación estructural, con plantillas en proceso de profesionalización y con equipos que buscaban consolidar proyectos ambiciosos sin perder identidad.
Desde el primer día, Amaiur encajó en la idea de juego de la Real. No fue un encaje inmediato desde el nombre, sino desde el perfil futbolístico: una delantera móvil, con capacidad para atacar el espacio, con olfato goleador y una lectura del juego que le permitía asociarse y generar ventajas más allá del área. Aquella primera temporada fue, sencillamente, explosiva.
En 26 partidos de liga marcó 12 goles, una cifra que no solo la colocó entre las máximas goleadoras del campeonato, sino que la convirtió en una de las grandes revelaciones de toda la Primera División. Cada tanto suyo parecía confirmar que la Real había acertado con una apuesta que combinaba presente y futuro. No eran goles aislados o circunstanciales: eran goles que sostenían puntos, que abrían partidos cerrados y que transmitían una sensación de fiabilidad ofensiva que el equipo llevaba tiempo buscando.
la primera temporada fue la de la sorpresa, la 2021-22 fue la de la confirmación absoluta. Amaiur no solo mantuvo el nivel: lo elevó. El club lo entendió así desde el principio y decidió convertirla en una de las caras visibles del proyecto. Su renovación hasta 2025 fue un mensaje claro al vestuario y a la competición: la Real quería crecer alrededor de futbolistas como ella.
El gesto simbólico fue igual de potente: se le otorgó el dorsal número 7, un número históricamente reservado a jugadoras con peso específico, con liderazgo y con responsabilidad ofensiva. Amaiur asumió ese rol sin estridencias, pero con una madurez que sorprendió incluso dentro del club.
En el terreno de juego, la respuesta fue rotunda. Firmó la mejor temporada de su carrera hasta ese momento amén de 17 goles y 9 asistencias.
(Fuente: Liga F Moeve)
Pero más allá de las cifras individuales, su impacto fue decisivo en el rendimiento colectivo. La Real Sociedad alcanzó la segunda posición en la clasificación liguera, firmando la mejor temporada de su historia hasta ese momento y logrando la primera clasificación para la UEFA Women’s Champions League.
Amaiur fue protagonista directa de ese hito. Sus goles no llegaron en contextos cómodos, sino en partidos clave, ante rivales directos, en momentos donde la presión era máxima. Supo convivir con el foco mediático y con las expectativas crecientes, demostrando una capacidad competitiva que la consolidó como una de las delanteras más fiables del campeonato.
La temporada 2022-2023 no fue una repetición mecánica de la anterior. Fue, en realidad, el curso en el que Amaiur terminó de definirse como atacante total. Ya no era solo una goleadora: era una futbolista que entendía los tiempos del partido, que sabía cuándo acelerar y cuándo pausar, cuándo atacar el primer palo y cuándo aparecer entre líneas.
Combinó con regularidad en liga, mantuvo su cuota goleadora y se convirtió en una amenaza constante para cualquier esquema defensivo. Su movilidad desordenaba a las defensas rivales; sus desmarques generaban espacios para las segundas líneas; su trabajo aéreo añadía una dimensión extra al ataque realista.
Ese curso confirmó que su proyección no era coyuntural. Amaiur se consolidó como una de las piezas creativas y finales del conjunto donostiarra, participando de forma activa en la rotación ofensiva del primer equipo y manteniendo una regularidad que muy pocas delanteras jóvenes eran capaces de sostener en la élite.
La Real Sociedad no solo tenía una goleadora: tenía una futbolista alrededor de la cual se podía estructurar el juego ofensivo.
temporada 2023-24 representó para Amaiur Sarriegi un punto de inflexión menos evidente en los titulares, pero profundamente significativo en su evolución como futbolista. Fue un curso marcado por los contrastes: la Real Sociedad vivió una campaña irregular en liga, pero alcanzó uno de los hitos más importantes de su historia reciente al clasificarse para la final de la Copa de la Reina. En ese contexto complejo, Amaiur volvió a demostrar que su valor iba mucho más allá de las cifras puramente goleadoras.
Desde el inicio del campeonato, la delantera asumió un rol de referencia estable dentro del once. Ya no era la jugadora revelación ni la joven promesa en crecimiento: era una futbolista consolidada, una de las líderes silenciosas del vestuario, una pieza imprescindible en el engranaje ofensivo del equipo. Su titularidad habitual fue la confirmación de la confianza absoluta del cuerpo técnico en su capacidad para sostener el ataque incluso en los momentos más delicados.
Participó en 23 partidos de liga, una cifra que refleja su continuidad y fiabilidad física en una temporada exigente. En términos goleadores, cerró el curso con 2 goles en competición liguera, un registro modesto en comparación con campañas anteriores, pero que no debe analizarse de forma aislada. La Real Sociedad atravesó una fase de reajuste colectivo, con cambios en dinámicas ofensivas, menor producción global y una mayor exigencia táctica para las delanteras, obligadas a trabajar más lejos del área y a priorizar el juego asociativo.
En ese escenario, Amaiur destacó por su versatilidad. Supo adaptarse a distintos roles: como referencia ofensiva, como segunda punta, como apoyo constante para las llegadas desde segunda línea. Su lectura del juego y su capacidad para ofrecer soluciones en ataque combinado fueron fundamentales para sostener al equipo en los tramos más irregulares del campeonato.
La liga terminó con la Real Sociedad en séptima posición, un resultado que quedó por debajo de las expectativas generadas en años anteriores. Sin embargo, el verdadero relato de la temporada se escribió en la Copa de la Reina. Partido a partido, eliminatoria a eliminatoria, el equipo fue creciendo en competitividad, carácter y ambición, hasta alcanzar una final histórica.
(Fuente: Liga F Moeve)
Amaiur fue una figura clave en ese camino. No siempre desde el gol, pero sí desde el trabajo invisible: fijando centrales, liberando espacios, presionando la salida de balón rival y apareciendo en los momentos donde el equipo necesitaba respirar. Su liderazgo, cada vez más evidente, se expresó en gestos, en actitud y en una conexión especial con la grada, que reconocía en ella a una futbolista comprometida con el escudo.
Ese curso fue, en definitiva, el de la consistencia. El de una delantera joven que entendió que crecer también implica atravesar momentos menos brillantes sin perder influencia ni identidad. Esa regularidad y esa madurez acabaron otorgándole una visibilidad creciente más allá de San Sebastián, reforzando su estatus dentro del panorama nacional.
La temporada 2024-25 fue el cierre de un ciclo. Sin que todavía se supiera oficialmente que sería su último año como txuri-urdin, el curso estuvo impregnado de una sensación de culminación, de madurez plena, de futbolista preparada para un nuevo desafío.
Desde el primer tramo de la temporada, Amaiur recuperó protagonismo goleador. Volvió a sentirse cómoda en el área, a encontrar espacios con naturalidad y a imponer su instinto en los metros finales. A lo largo del curso, firmó 13 goles en todas las competiciones, una cifra que reflejó no solo su eficacia, sino también su capacidad para aparecer en partidos decisivos.
Entre sus actuaciones más destacadas se encuentra un doblete ante el Granada CF, una exhibición de oportunismo, lectura del área y contundencia que recordó a la mejor versión de la delantera. Además, fue protagonista en competiciones del KO, marcando goles decisivos en la Supercopa y en la Copa de la Reina, confirmando su condición de jugadora para las grandes citas.
💬 Amaiur Sarriegi, jugadora de la Real Sociedad: "Mirábamos hacia arriba por el buen comienzo y el logro del año pasado, pero ahora tenemos que enfocarnos en el día a día". @amaiursarriegi@RealSociedadFEM
La Real Sociedad cerró la temporada en sexta posición en la Liga F, un resultado competitivo que devolvió al equipo a la zona noble del campeonato tras el curso anterior. En la Supercopa, el conjunto donostiarra volvió a alcanzar las semifinales, consolidando su presencia habitual entre los equipos más fuertes del fútbol femenino español.
Amaiur fue, una vez más, una de las referencias ofensivas del equipo. Su rol combinó experiencia y ambición: lideró a las más jóvenes, sostuvo al equipo en los momentos de dificultad y asumió la responsabilidad cuando el balón quemaba. Ya no necesitaba reivindicarse; su trayectoria hablaba por ella.
(Fuente: Liga F Moeve)
El 4 de julio de 2025 se confirmó oficialmente su fichaje por el Atlético de Madrid, poniendo fin a una etapa de cinco temporadas en la Real Sociedad. El anuncio no fue solo una noticia de mercado: fue el cierre de un capítulo fundamental en la historia reciente del club y en la carrera de la futbolista.
Amaiur se marchó dejando un legado tangible y simbólico. En cifras, acumuló 55 goles con la camiseta txuri-urdin, repartidos a lo largo de competiciones nacionales e internacionales. En impacto, dejó algo más difícil de cuantificar: una forma de entender el juego ofensivo, una referencia para futuras generaciones y la certeza de que la Real Sociedad había sido capaz de formar y sostener a una de las delanteras más completas del campeonato durante un lustro.
Su paso por San Sebastián fue el de una futbolista que llegó para crecer y acabó marchándose como una de las grandes protagonistas de la historia moderna del club. Fue testigo y partícipe de la primera clasificación para la Champions League, de finales coperas, de noches europeas y de temporadas que consolidaron a la Real Sociedad de Fútbol como un proyecto estable y ambicioso.
La historia de Amaiur en la Real Sociedad no se explica únicamente a través de goles o clasificaciones. Se explica desde la evolución: de revelación a líder, de promesa a referencia, de joven talento a futbolista madura preparada para asumir nuevos retos en uno de los grandes del país.
San Sebastián fue el escenario donde se construyó una delantera total. Y aunque su camino continuó lejos de Zubieta, la huella que dejó permanece inscrita en la memoria colectiva del club, en las gradas de Anoeta y en cada aficionada y aficionado que la vio crecer, celebrar, resistir y despedirse con la serenidad de quien sabe que ha cumplido una etapa esencial de su carrera.
Para comprender en toda su dimensión la etapa de Amaiur Sarriegi en la Real Sociedad es imprescindible entender el contexto del club en el que se desarrolló. La Real no era, en 2020, un gigante consolidado del fútbol femenino español, pero sí un proyecto en plena ebullición: una estructura que apostaba por la estabilidad, por la identidad de juego y por la construcción a medio y largo plazo.
Amaiur llegó en el momento exacto. Su crecimiento individual se entrelazó con el crecimiento colectivo del equipo. No fue una futbolista que aterrizara en un ecosistema ya terminado, sino una que ayudó a definirlo. La Real Sociedad fue evolucionando desde un equipo competitivo hacia un conjunto con ambición europea, y Amaiur estuvo presente en cada uno de esos pasos.
En ese sentido, su figura se convirtió en un símbolo del proyecto. Representaba la apuesta por el talento nacional, por jugadoras capaces de asumir responsabilidades desde jóvenes y por un modelo ofensivo que no se limitaba a la eficacia, sino que buscaba también la propuesta, la presión alta y el protagonismo con balón.
Uno de los aspectos más relevantes —y a menudo menos visibles— de la trayectoria de Amaiur en la Real Sociedad fue su evolución táctica. En su primera temporada, su rol estaba claramente definido: atacar el área, finalizar jugadas, aprovechar espacios y ser la referencia ofensiva. Con el paso de los años, su papel se volvió mucho más complejo.
Los distintos cuerpos técnicos fueron adaptando su posición y funciones según las necesidades del equipo. Amaiur aprendió a jugar:
como delantera centro clásica, fijando centrales y atacando centros laterales; como segunda punta, cayendo a zonas intermedias para asociarse; e incluso como atacante que partía desde banda, generando superioridades y liberando el carril central.
Su movilidad se convirtió en un problema constante para las defensas rivales. No era una delantera estática: sabía cuándo abandonar el área para atraer marcas y cuándo aparecer en el momento justo. Esa inteligencia táctica fue clave para que la Real Sociedad pudiera variar registros ofensivos sin perder profundidad.
Especialmente a partir de la temporada 2022-23, su influencia en el juego sin balón fue tan importante como su aportación directa en goles. Presionaba con criterio, lideraba la primera línea defensiva y entendía perfectamente cuándo activar al bloque. Ese trabajo silencioso explica por qué su presencia en el once fue innegociable incluso en temporadas con menor producción goleadora.
Amaiur nunca fue una futbolista de grandes gestos mediáticos ni de declaraciones grandilocuentes. Su liderazgo fue siempre orgánico, construido desde el día a día, desde el ejemplo y desde la constancia. Con el paso de las temporadas, se convirtió en una de las voces respetadas del vestuario, especialmente para las jugadoras más jóvenes que llegaban al primer equipo.
Ese liderazgo se manifestó de múltiples formas:
en su compromiso con los entrenamientos, en su actitud en los momentos de dificultad, en su capacidad para asumir responsabilidades sin necesidad de ser la protagonista constante.
Cuando la Real Sociedad atravesó fases irregulares, Amaiur fue una de las futbolistas que sostuvo al grupo desde la estabilidad emocional. No era solo una delantera que marcaba goles; era una jugadora que entendía los tiempos del proyecto y que sabía convivir con la exigencia sin romper el equilibrio interno.
Toda etapa histórica se construye a partir de momentos concretos. En el caso de Amaiur, su paso por la Real Sociedad estuvo marcado por una serie de partidos que quedaron grabados en la memoria colectiva del club.
La temporada 2021-2022, en particular, dejó varias actuaciones que explican por qué fue considerada una de las delanteras más determinantes del campeonato. Sus goles en encuentros directos por la zona alta de la tabla no solo aportaron puntos: enviaron un mensaje claro al resto de la liga. La Real Sociedad no era una aspirante circunstancial; era un equipo preparado para competir por todo.
En competiciones del KO, Amaiur demostró una capacidad especial para aparecer en los momentos decisivos. Ya fuera en eliminatorias de Copa de la Reina o en partidos de Supercopa, su instinto competitivo se intensificaba. Goles que rompían empates, acciones que cambiaban inercias y una presencia constante en las áreas rivales en los tramos finales de los partidos.
Ese gen competitivo fue especialmente visible en su última temporada, cuando sus tantos en Supercopa y Copa de la Reina reafirmaron su condición de futbolista para grandes escenarios. No todos los goles pesan lo mismo, y muchos de los suyos tuvieron un valor simbólico añadido.
conexión entre Amaiur y la afición de la Real Sociedad se construyó de forma progresiva y sincera. No fue inmediata ni impostada. Se forjó a través del tiempo, de la regularidad y del compromiso visible en el campo.
Anoeta —y, antes, Zubieta— fue testigo de su crecimiento. La grada reconocía en ella a una futbolista que sentía el escudo, que celebraba los goles con intensidad contenida y que asumía las derrotas con responsabilidad. Esa identificación generó un vínculo especial, basado más en el respeto que en la idolatría, pero no por ello menos profundo.
Con el paso de los años, su figura se convirtió en una de las más representativas del equipo. No solo por su rendimiento, sino porque simbolizaba una etapa de crecimiento colectivo que la afición vivió con orgullo: clasificaciones históricas, noches europeas y la sensación de que la Real Sociedad Femenina había llegado para quedarse entre las mejores.
Cuando se anunció su fichaje por el Atlético de Madrid, el sentimiento dominante no fue el de sorpresa, sino el de comprensión. Tras cinco temporadas de crecimiento continuo, Amaiur había alcanzado un punto de madurez que pedía un nuevo desafío. La Real Sociedad había sido el lugar donde se había consolidado como futbolista de élite; el siguiente paso exigía otro contexto competitivo.
El adiós no estuvo marcado por rupturas ni conflictos. Fue un cierre de ciclo natural, casi inevitable. La Real perdía a una de sus grandes referentes, pero lo hacía con la satisfacción de haber sido parte fundamental de su desarrollo. Amaiur, por su parte, se marchaba dejando una huella clara, sin deudas pendientes.
El anuncio del fichaje por el Atlético de Madrid cerró un ciclo de cinco años con la Real. No fue un adiós dramático, pero sí cargado de simbolismo.
Representó el paso de una futbolista que creció dentro de un proyecto a otra etapa donde su capacidad y experiencia serían puestas a prueba en un club con aspiraciones europeas más consolidadas.
El 4 de julio de 2025 marcó oficialmente la transición. Los medios, afición y compañeros reconocieron su impacto, no solo por goles y asistencias, sino por el carácter, la profesionalidad y la influencia silenciosa en el vestuario. Su marcha dejó un hueco que tardaría en cubrirse, y un ejemplo a seguir para las jóvenes promesas que la miraban como referente.
Cinco temporadas, 55 goles, finales, clasificación europea y un liderazgo silencioso conforman un recorrido que no termina con su salida. La Real Sociedad sigue evolucionando, pero lleva consigo la marca de una futbolista que definió una era, inspiró a las jóvenes y consolidó un proyecto ambicioso.
(Fuente: Getty imágenes)
El paso de Amaiur Sarriegi por San Sebastián es, sin duda, un capítulo que quedará en los libros de historia del club, no como un episodio aislado, sino como la historia de una delantera que creció con su equipo, que enfrentó desafíos y que, al marcharse, lo hizo dejando una huella imborrable.
(Fuente: UEFA)
principios de julio de 2025, el Atlético de Madrid confirmó la llegada de Amaiur Sarriegi, cerrando un fichaje que no solo tenía un significado individual, sino también estratégico para el club colchonero. La incorporación de la delantera no se interpretó únicamente como un refuerzo más en la plantilla, sino como una apuesta táctica y conceptual: el Atlético buscaba una jugadora capaz de aportar movilidad, gol y conectividad con el mediocampo, elementos que en la ofensiva rojiblanca se habían identificado como áreas a potenciar.
La presentación oficial del fichaje subrayó varias intenciones clave. En primer lugar, se destacó su capacidad para sumarse a la línea ofensiva de manera flexible, no limitada a ser una finalizadora estática, sino una futbolista capaz de combinar con interiores, desplazarse a bandas, atraer marcas y abrir espacios para compañeras. En segundo lugar, se enfatizó su experiencia en competición nacional e internacional, incluyendo Champions League, finales de Copa de la Reina y Supercopas, lo que reforzaba la idea de traer a alguien acostumbrado a la presión y a la exigencia de los grandes escenarios.
A nivel de percepción pública, el fichaje tuvo un impacto inmediato. La afición colchonera vio en Amaiur a una jugadora contrastada, con historial goleador y capacidad de generar desequilibrio, aspectos que encajaban perfectamente con la identidad competitiva que el club busca proyectar en la Liga F y en competiciones europeas.
inicio de la temporada 2025-26 mostró que, aunque Amaiur ya había demostrado calidad y experiencia, la adaptación a un nuevo entorno no es inmediata. La dinámica del Atlético, la presión mediática, el volumen de partidos y la intensidad de entrenamientos exigieron ajustes físicos, tácticos y mentales.
En las primeras jornadas, su participación combinó titularidad con apariciones desde el banquillo, un patrón que permitió al cuerpo técnico integrar su perfil sin alterar la fluidez del sistema ya establecido. Esta rotación temprana fue una herramienta clave: permitía a Amaiur sumar minutos, familiarizarse con compañeras y responsabilidades, y al mismo tiempo mantener la competitividad del equipo en cada partido.
A nivel individual, los entrenamientos iniciales se centraron en:
Sincronización con las interiores: aprender los tiempos y distancias de pases y desmarques. Movilidad ofensiva: ajustar los desmarques y la profundidad a la presión defensiva rival. Defensa posicional: adaptarse a la línea de presión alta del Atlético y a la organización defensiva tras pérdida.
Este proceso evidenció que, aunque su adaptación requería paciencia, el impacto positivo era inmediato, especialmente en términos de participación en goles y asistencias.
medida que avanzaban las primeras jornadas de la Liga F 2025-26, quedó claro que Amaiur Sarriegi no solo estaba adaptándose físicamente, sino también mental y tácticamente al entorno rojiblanco. La presión de jugar en un club con aspiraciones europeas y la exigencia de rendir de inmediato pueden resultar abrumadoras para cualquier futbolista, incluso para una con experiencia internacional y varios años en la élite como Amaiur. Sin embargo, su proceso de integración mostró tres cualidades fundamentales: paciencia, versatilidad y visión de juego.
En cada entrenamiento, su capacidad de entender los movimientos del equipo, tanto en fase ofensiva como defensiva, se convirtió en una herramienta clave para Víctor Martín. Los entrenadores destacaban su rapidez para asimilar esquemas de presión, transición y rotación ofensiva, aspectos que no siempre son fáciles de dominar para una jugadora que llega de otro sistema táctico.
El cuerpo técnico también reconoció su inteligencia en la toma de decisiones. Su lectura del juego le permitió entender cuándo debía arrastrar centrales, cuándo bajar a recibir entre líneas o cuándo buscar desmarques interiores. Esa versatilidad no solo incrementaba la profundidad ofensiva del Atlético, sino que además abría alternativas estratégicas para Víctor Martín, capaz de variar esquemas sin alterar la identidad ofensiva del equipo.
este primer tramo de la temporada, Amaiur combinó titularidad con participaciones desde el banquillo, un patrón que resultó fundamental para su adaptación. La alternancia entre arrancar los partidos y entrar en segunda mitad permitió que la delantera:
Sumara minutos de calidad sin la presión de jugar siempre como referencia absoluta, Gestionara su físico y carga de trabajo, dado el ritmo intenso de la Liga F, Se adaptara progresivamente a la dinámica colectiva de ataque y defensa del equipo.
Además, la rotación le permitió observar y aprender de otras jugadoras con roles complementarios, consolidando su conocimiento de los movimientos colectivos y las sinergias necesarias para rendir en el esquema colchonero.
El entrenador Víctor Martín valoró estas cualidades de manera positiva, considerando a Amaiur una opción recurrente en la rotación ofensiva. Su presencia en el banquillo no era vista como un castigo, sino como un recurso táctico y una forma de mantener el equilibrio competitivo del equipo a lo largo de la temporada.
Aunque en fase de adaptación, la aportación directa de Amaiur al marcador fue notable desde los primeros encuentros. Su capacidad de generar peligro se tradujo en goles y asistencias clave, que no solo aumentaban las opciones ofensivas del Atlético, sino que también servían como indicador de que la jugadora estaba encontrando su sitio en la plantilla.
Entre sus aportaciones más destacadas de las primeras jornadas se cuentan: Finalizaciones tras desmarques interiores, que reflejaban su instinto goleador y la capacidad de encontrar espacios entre las líneas rivales. Asistencias a compañeras desde posiciones centrales y de banda, demostrando su comprensión de los movimientos del equipo y su visión de juego. Participación en fases de presión alta, donde su movilidad complicaba la salida de balón de los rivales y generaba oportunidades de gol a través de recuperaciones rápidas.
Estos primeros indicadores mostraban que Amaiur no era solo una incorporación para cubrir un hueco en la plantilla, sino una jugadora capaz de añadir nuevas dimensiones al ataque rojiblanco.
La percepción de la afición colchonera respecto a Amaiur se consolidó positivamente durante esta primera temporada. Más allá de goles y asistencias, los seguidores reconocieron su compromiso con el club, su actitud profesional y su capacidad para integrarse en la dinámica del equipo.
Tras catorce jornadas ligueras, casi ls totalidad de la primera vuelta, la veinte ha demostrado estar ya como en casa en Alcalá de Henares y la ausencia de Gio Queiroz por una grave lesión en el peroné provocarán que la exjugadora del Athletic Club tenga que dar un paso al frente y echarse el equipo a las espaldas en lo que a conversión de goles se refiere
Amaiur no solo impactó en el terreno de juego; también se convirtió en referente silencioso dentro del vestuario, apoyando a jugadoras jóvenes y nuevas incorporaciones con su profesionalidad, disciplina y actitud ejemplar. Su experiencia en finales, competiciones europeas y partidos de alta presión le permitió aportar seguridad y liderazgo, consolidando un vínculo positivo con la afición, que la identificó como una jugadora comprometida, capaz de generar soluciones y aportar valor colectivo. Su primera temporada en el Atlético de Madrid fue, en esencia, un proceso de adaptación convertido en consolidación, en el que demostró que puede ser decisiva, versátil, inteligente tácticamente y capaz de liderar con el ejemplo, proyectándose como una pieza clave para las próximas temporadas, una delantera total que combina gol, visión de juego, movilidad y liderazgo silencioso, destinada a dejar una huella indeleble tanto en el club como en el fútbol femenino español.
La internacional absoluta por Costa Rica fue anunciada como nueva estrella del conjunto capitalino el pasado 3 de enero de 2026 para fortalecer el ataque ante la baja por lesión de Gio Queiroz, ex del Madrid CFF.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) January 5, 2026
La futbolista llegó en calidad de agente libre tras acabar su vínculo con el Zenit ruso y después se pasar el pertinente reconocimiento médico firmó hasta 2027 e incluso se desplazó a Alcalá de Henares para saludar a sus nuevas compañeras en el gimnasio.
Pri, como le gusta ser llamada también hizo acto de presencia en el Estadio Metropolitano para efectuar la sesión fotográfica con el chandal del equipo capitalino y adentrarse en el túnel de vestuarios.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) January 5, 2026
Una vez allí, con el departamento de comunicación presente, posó con su nueva camiseta que llevará el dorsal número 16 a la espalda y el nombre de P. Chinchilla en la parte superior.
La que fuese jugadora del Pachuca mejicano hereda así un dorsal que había quedado huérfano a la marcha de Rash Ajibade en el mercado estival para incorporarse al PSG, quien al contarle que el Atlético de Madrid, fue eliminado de la Women’s Champions League en la fase de liga.
Cuando, en la primera jornada de 2021, Rasheedat Ajibade cruzó el túnel hacia el césped con la camiseta rojiblanca del Atlético de Madrid Femenino, pocos podían prever que aquella adquisición modesta en apariencia terminaría convirtiéndose en una de las figuras más determinantes de la historia moderna del club.
Nacida el 8 de diciembre de 1999 en Nigeria, Ajibade llegó a España con apenas 21 años desde el club noruego Avaldsnes IL para reforzar el ataque atlético. Lo que vino después fue más que una simple adaptación: fue el comienzo de una trayectoria que marcaría un antes y un después en la narrativa rojiblanca y, por extensión, en la historia del fútbol femenino español.
Ajibade aterrizó en Madrid el 1 de enero de 2021 con un perfil todavía en construcción. El Atlético de Madrid, siempre ambicioso en la Liga F, vio en ella una jugadora con gran potencia física, versatilidad ofensiva (capaz de jugar por las bandas o como centrocampista ofensiva) y una lectura de juego que podía encajar con los esquemas de un equipo acostumbrado a pelear por títulos.
Su debut llegó apenas cinco días después, en un clásico madrileño disputado frente al Rayo Vallecano. Fue un momento de adaptación más que de impacto inmediato: los minutos fueron escasos, pero suficientes para vislumbrar un talento que iría cruzando etapas con determinación. 
Desde el principio, Ajibade se conectó con la afición por su ética de trabajo, su compromiso con el club y su deseo de trascender, virtudes que la hicieron querida incluso antes de convertirse en figura. Lo que marcó la diferencia con su paso en el Atlético no fue un único gol o un único partido —sino una trayectoria en constante ascenso, algo inusual en fichajes foráneos jóvenes en la liga española de aquel momento.
A diferencia de algunas contrataciones extranjeras que explotan de inmediato o se diluyen con el tiempo, Ajibade construyó su legado a través de consistencia, regularidad y evolución continua. En apenas cuatro temporadas y media, llegó a disputar más de 100 partidos con la elástica rojiblanca, cifra que la sitúa entre los jugadores más utilizados de esa etapa moderna del club.
Pero la influencia de Ajibade no se limitó a sus estadísticas individuales. En la última jornada de la Liga F, con la clasificación para la UEFA Women’s Champions League en juego, fue ella quien marcó el gol decisivo para certificar ese objetivo.
Este hecho no solo aseguró un hito competitivo para el club —el regreso a la Champions después de varias temporadas— sino que elevó la figura de Ajibade como símbolo de momentos clave.
Además de sus éxitos en el ámbito de clubes, su estatus internacional con las Super Falcons de Nigeria también creció en paralelo, siendo nominada al premio de Jugadora Africana del Año en los CAF.
En agosto de 2025, Ajibade tomó un paso trascendental en su carrera al fichar por Paris Saint-Germain Féminines, con un contrato hasta 2027. Este movimiento marcó el final de su etapa en el Atlético de Madrid y el inicio de un nuevo capítulo en una de las ligas más competitivas de Europa. 
Su salida representó un momento de reflexión para la afición atlética: ver partir a una jugadora que no solo había sido clave dentro del campo, sino que también había encarnado el espíritu competitivo y el estilo de juego que caracteriza al club. Tras esa despedida, la huella que deja Ajibade trasciende estadísticas —es una huella de identidad, resiliencia y crecimiento internacional.
Más allá de goles y apariciones, Ajibade también simboliza algo más profundo: la internacionalización del Atlético de Madrid Femenino y su capacidad para atraer y desarrollar talento global. Su presencia durante varias temporadas ayudó al club a consolidar una propuesta ofensiva más dinámica y globalizada, abriendo puertas para otras jugadoras africanas y de diversos continentes en la Liga F.
Su figura también ha sido una inspiración para jugadoras jóvenes de Nigeria y de África en general, demostrando que el camino desde ligas menos mediáticas puede conducir a protagonismo en equipos europeos de primer nivel. El hecho de que haya sido nominada a premios continentales y haya liderado tanto a su selección como a su club en momentos decisivos sitúa su carrera como un puente entre realidades futbolísticas distintas.
Ahora, la centroamericana coge el relevo de la nigeriana amén de su dorsal y tendrá que luchar con coraje y corazón para encajar en el equipo colchonero, algo que es difícil de conseguir a mitad de temporada y que otras figuras de renombre, caso de Deyna Castellanos (2020), Laurent (2021) o Ajara (2021), no consiguieron a pesar de las grades esperanzas que había depositadas en ella cuando se pusieron la zamarra de un club que es tres veces campeón de la Liga F Moeve.
La Real Federación Española de Fútbol (RFEF) ha anunciado oficialmente que cubrirá el sorteo protocolario de los cuartos de final de la Copa de S.M. la Reina Iberdrola el próximo miércoles, 7 de enero de 2026, a partir de las 16:30 horario peninsular en su canal de YouTube (RFEF TV).
La plataforma Wosti está pendiente de la programación televisiva día a día desde 2020 y es el grupo líder en información relacionada con la guía de retransmisiones deportivas.
La información es siempre contrastada y de calidad respecto a los canales que emiten los partidos de fútbol y otros eventos deportivos que son muy demandados por la audiencia.
A tenor de lo anteriormente mencionado, que no es baladí, sabemos que Teledeporte también acudirá a la Ciudad del Fútbol de Las Rozas para emitir el sorteo a través de la TDT.
En el Salón de Actos Luis Aragonés los ocho equipos que consiguieron superar la fase de octavos de final, léase, Athletic Club, Atlético de Madrid, Real Madrid, Fútbol Club Barcelona, Badalona Women, Costa Adeje Tenerife Egatesa, Real Sociedad y Madrid CFF, conocerán su hoja de ruta en el torneo.
Porque la Copa, cuando entra en su fase decisiva, deja de ser una competición y se convierte en un relato.
La RFEF, presidida por Rafael Louzán, ha querido dotar a la jornada de un simbolismo especial. El sorteo se celebrará a la limón con el de la Copa del Rey MAPFRE, en una de esas tardes en las que el fútbol masculino y el femenino comparten escenario, foco y trascendencia.
El orden no será casual y a las 13:00 horas, se conocerán primero los emparejamientos de los cuartos de final de la Copa del Rey.
Y cuando la emoción haya recorrido los pasillos, cuando los titulares hayan empezado a escribirse y el eco de los cruces masculinos aún resuene en la sala, llegará el turno de ellas.
Atrás quedan los octavos de final. Un fin de semana intenso, de goles, de emoción y de eliminatorias que recordaron por qué este torneo tiene un lugar especial en el corazón del fútbol femenino español.
Ocho equipos que representan tradición, presente y futuro. Ocho proyectos que han entendido que la Copa no concede treguas y que cada partido puede ser el último.
Los cuartos de final de la Copa de la Reina Iberdrola se disputarán a partido único, sin red, sin margen de error.
Los encuentros tendrán lugar los días 3, 4 y 5 de febrero, en una semana que se antoja decisiva no solo para la Copa, sino para el calendario global del fútbol femenino español.
Porque el contexto importa. Y este año, más que nunca, el calendario aprieta y la exigencia se multiplica.
Todos los caminos conducen a un mismo punto, un mismo horizonte que guarda un mismo sueño.
La gran final de la Copa de la Reina Iberdrola se disputará en el Estadio de Gran Canaria, un escenario que espera convertirse en epicentro del fútbol femenino nacional, en lugar de peregrinación para aficiones, jugadoras y relatos.
Pero antes de pensar en finales, hay que sobrevivir a los cruces. Y para llegar a Gran Canaria, primero hay que pasar por febrero.
El sorteo de cuartos llega, además, con un factor añadido que añade tensión, narrativa y dificultad: la Supercopa de España Iberdrola que atañe al Atlético de Madrid, Real Madrid, Barcelona y Athletic Club.
En este punto de la competición, no hay rivales cómodos. No hay cruces menores. No hay eliminatorias de trámite. • El Barcelona, vigente dominador del fútbol nacional, sabe que la Copa es terreno minado. • El Real Madrid, en plena construcción de una identidad ganadora, ve en este torneo una oportunidad de oro. • El Atlético de Madrid, con su ADN copero, entiende mejor que nadie lo que significa sobrevivir a una eliminatoria. • El Athletic Club, fiel a su esencia, compite siempre desde el orgullo. • La Real Sociedad, con una de las canteras más fértiles del país, quiere volver a sentirse grande. • El Madrid CFF, ejemplo de resistencia y ambición. • El Costa Adeje Tenerife, capaz de convertir su casa en una fortaleza. • El Badalona, dispuesto a seguir rompiendo pronósticos.
Cada bola encierra una historia posible. Cada cruce, un relato distinto y todos los partidos ofrecen la opción de cambiar las dinámicas de un curso.
Este torneo te obliga a no mirar más allá del siguiente desafío porque la línea entre la clasificación o la eliminación es muy fina.
La Copa de la Reina es un torneo aje no se explica, únicamente se siente con pasión y tensión.
Es el torneo donde los favoritos caen, donde las sorpresas crecen, donde los detalles deciden. Donde una parada, un rebote o un silencio en la grada pueden escribir páginas que duren décadas.
El sorteo es muy importante porque la Copa de la Reina no se juega, más bien se vive y el 7 de enero volveremos a disfrutar de su magia con los cruces de los cuartos de final.
El FC Barcelona es el actual campeón del torneo tras imponerse al Atlético de Madrid en una trepidante final que cayó del lado blaugrana por dos goles a cero gracias a un doblete de Claudia Pina. Además, el conjunto catalán es el que más Copas de la Reina ha ganado en la historia con once entorchados.
Del resto de equipos que continúan con vida en esta edición 2025/26, los únicos que saben lo que es ganar el título son el Atlético de Madrid (2016 y 2023) y la Real Sociedad (2019)
El DUX Logroño ha anunciado oficialmente que ha sido capaz de alcanzar un acuerdo en firme con el Club Deportivo Tenerife Femenino para ejecutar la cesión de Milagros Martín.
La operación es la primera que efectúa el conjunto riojana en este periodo invernal y va a unir a la canterana del Platense hasta el próximo 30dejuniode2026, como máximo.
🤍💙 |CLUB|
Milagros Martín, cedida al @DUXLogrono hasta final de temporada.
La joven futbolista argentina continuará su desarrollo deportivo en el conjunto de @LigaF_oficial 💪🏻
La zaguera sudamericana llegó al Heliodoro Rodríguez López el pasado 7 de junio de 2025 y hasta ahora formó parte del filial azul y blanco de Primera RFEF.
La nueva futbolista del DUX Logroño ha de ser descrita como una defensora muy joven y de gran proyección que sobresale en el césped por su versatilidad puede actuar tanto de interior por el flanco zurdo como de enganche, y su excelso regate en las acciones de uno contra uno.
Milagros es internacional absoluta con la Selección de Argentina, habiendo disputado la Copa América de Ecuador 2025 en la que su nación alcanzó las semifinales y acabó tercera con una plaza asegurada en los Juegos Panamericanos.
Milagros Martín, lateral izquierda argentina de 18 años cedida por el Costa Adeje Tenerife, puede aportar al DUX Logroño un perfil joven pero muy interesante, especialmente por su proyección ofensiva desde el carril zurdo.
Es una futbolista zurda, con vocación de ataque, que destaca por su capacidad para incorporarse con profundidad, dar amplitud al juego y poner centros con criterio, algo que puede enriquecer el juego exterior del equipo. A nivel técnico se siente cómoda con balón, tiene buen primer control y capacidad para progresar por banda, enlazando con las jugadoras de ataque. Pese a su juventud, ya ha tenido experiencia internacional con Argentina, lo que le aporta un punto de madurez competitiva poco habitual a su edad, y ha competido en un contexto exigente como la Liga F, aunque con minutos limitados en Tenerife. Defensivamente responde al perfil de lateral moderno: es rápida, intensa en el uno contra uno y con margen de crecimiento en aspectos tácticos y de colocación, algo lógico en una jugadora en formación. Para el DUX Logroño supone una cesión con valor inmediato y también de futuro, ya que puede ofrecer profundidad, energía y alternativas por la izquierda, al tiempo que gana continuidad y protagonismo en un contexto que puede favorecer su evolución.
El debut de Milagros a las órdenes de Héctor Blanco en la decimoquinta fecha ante el Levante Unión Deportiva en Las Gaunas en lo que será un duelo clave por la salvación.
Primer refuerzo en el mercado de invierno para el DUX Logroño 🍇
La internacional argentina Milagros Martín llega al club riojano cedida por el Costa Adeje Tenerife de Liga F, hasta el final de este temporada.
⬛️ En un estadio donde el ruido lo envuelve todo —el murmullo previo, el golpe seco del balón, el estallido del gol— existe una historia construida desde el silencio. La de Sergio Javier Fernández García, 43 años, sordera bilateral profunda del 73%, conocido por todos como SAR. Una historia que comenzó con Abel Resino, encontró su reflejo definitivo en Lola Gallardo y terminó fundiéndose para siempre con los colores rojiblancos del Atlético de Madrid Femenino. Desde la temporada 2012-2013, desde que Lola se enfundó la elastina colchonera, SAR no ha faltado a una sola cita como local. Ni una. Porque hay sonidos que no se escuchan con los oídos, pero retumban para siempre en el alma.
Uno encuentra historias que no se explican con datos, ni con estadísticas, ni siquiera con títulos. Hay historias que se cuentan mejor desde el latido, desde la emoción, desde ese lugar intangible donde el fútbol deja de ser un juego para convertirse en identidad. La historia de Sergio Javier Fernández García —SAR para todos— pertenece a ese territorio sagrado.
Un territorio donde el silencio no es ausencia, sino otra forma de presencia.
Donde una portera, Lola Gallardo, se convierte en referente vital. Donde un club, el Atlético de Madrid, es casa. Y donde el fútbol femenino deja de ser una disciplina para convertirse en un lenguaje universal.
SAR nació en una sociedad que durante demasiado tiempo no supo escuchar a quienes no podían oír. Con una sordera bilateral profunda del 73%, su relación con el mundo siempre estuvo mediada por miradas, gestos, vibraciones, intuiciones. Pero el fútbol apareció pronto en su vida como un idioma sin barreras. Un idioma que no necesitaba sonido para ser entendido. De joven, como tantos otros, empezó a fijarse en Abel Resino. No era casualidad. Abel, portero sobrio, seguro, silencioso, representaba esa figura casi estoica que transmite calma incluso cuando todo alrededor parece ruido. En la portería, como en la vida, hay quienes hablan poco pero dicen mucho.
Aquella admiración temprana por Abel Resino fue el primer hilo invisible que unió a SAR con la portería, con la figura del guardián, con esa posición tan solitaria como determinante. Años después, ese hilo encontraría su continuidad natural en una mujer que marcaría su vida para siempre: Lola Gallardo.
Cuando Lola Gallardo llegó al Atlético de Madrid Femenino en la temporada 2012-2013, el proyecto aún estaba construyéndose, buscándose a sí mismo, reclamando su lugar en la historia. Nadie podía imaginar entonces que aquella guardameta andaluza, joven pero con una personalidad arrolladora, iba a convertirse no solo en una de las grandes referentes del club, sino en un símbolo emocional para aficionados como SAR. Desde el primer momento, algo conectó. No fue un gesto concreto, ni una parada espectacular. Fue la manera de estar. La forma de mandar sin gritar. La capacidad de transmitir seguridad desde el silencio.
Para alguien como SAR, que ha aprendido a leer el mundo sin sonido, Lola representaba una figura reconocible. Una líder que no necesitaba palabras para hacerse entender. Cada colocación, cada orden dada con la mirada, cada salida valiente, cada choque asumido como parte del oficio, era un mensaje claro. El fútbol también se puede sentir desde dentro.
Desde aquel momento, SAR no volvió a perderse un solo partido como local del Atlético de Madrid Femenino. Ni uno. Da igual el rival, la hora, el contexto, la clasificación, el clima o el estado de ánimo. Estar allí se convirtió en un acto casi ritual. El estadio pasó a ser un espacio donde el silencio no pesaba, donde la comunión con el equipo se producía a otro nivel.
Donde el fútbol femenino, tantas veces invisibilizado, encontraba en su mirada una validación profunda.
El paso de los años consolidó esa relación. Lola Gallardo creció con el club, y el club creció con ella. Llegaron los títulos, las noches históricas, los partidos que cambiaron la percepción del fútbol femenino en España.
Y SAR estuvo allí. Siempre. Viviendo cada encuentro con una intensidad que no necesita decibelios. Aprendiendo a leer el partido en los cuerpos, en las trayectorias, en las reacciones del banquillo. En las celebraciones que no hacen ruido, pero lo dicen todo.
Hubo un momento clave en esa historia compartida: la marcha de Lola al Olympique de Lyon.
Para muchos, un paso lógico. Para otros, una despedida dolorosa. Para SAR, una mezcla de orgullo y vacío. Ver a su referente dar el salto al club más poderoso del fútbol femenino europeo era la confirmación de que aquel vínculo no estaba basado en la cercanía, sino en la admiración profunda.
En Lyon, Lola Gallardo alcanzó la cima. La temporada 2019-2020 quedó marcada para siempre en su carrera con la conquista de la UEFA Women’s Champions League. Un título que no solo engrandeció su palmarés, sino que reafirmó su lugar en la élite mundial.
SAR siguió cada paso de aquella aventura europea como pudo. Sin sonido, pero con atención absoluta. Sabía que aquel éxito también era, de alguna manera, compartido. Porque cuando un referente triunfa, quienes se reflejan en él también avanzan un poco más.
Y entonces llegó el regreso. El retorno a casa. A Alcalá de Henares. Al Atlético de Madrid. A la capitanía. Lola Gallardo volvió no solo como portera, sino como emblema. Como líder total. Como referencia para una nueva generación. Y SAR volvió a ocupar su lugar en la grada, como si nunca se hubiera ido. Como si el tiempo se hubiera plegado sobre sí mismo.
Bajo la dirección de Víctor Martín Alba, el Atlético de Madrid Femenino entró en una nueva etapa. Un proyecto renovado, con nuevas ideas, nuevas jugadoras, nuevas ambiciones. Pero con un pilar inamovible: la figura de Lola Gallardo. Para SAR, verla portar el brazalete era la confirmación de todo aquello que había sentido desde el principio. El liderazgo también puede ser silencioso. También puede ser inclusivo. También puede ser profundamente humano.
Cada partido en casa se convirtió en una ceremonia. SAR llegaba con antelación, observaba el calentamiento, analizaba gestos, posiciones, dinámicas. No necesitaba escuchar las consignas para entenderlas. El fútbol se había convertido en un lenguaje corporal, casi coreográfico y Lola Gallardo seguía siendo el centro de gravedad emocional.
La historia de SAR no es solo la de un aficionado fiel. Es la de una forma distinta de vivir el deporte. Es la prueba de que el fútbol femenino no solo rompe barreras de género, sino también barreras sensoriales. Que el estadio puede ser un lugar de pertenencia incluso cuando el mundo no siempre ha sido accesible. Que una jugadora puede inspirar no solo por lo que gana, sino por cómo está.
En una sociedad que mide la pasión en ruido, SAR demuestra que el compromiso verdadero no necesita estridencias. Que estar siempre es una forma de amar. Que no perderse ni un solo partido como local durante más de una década no es una anécdota, sino una declaración de principios. Y que Lola Gallardo, más allá de títulos y estadísticas, ha sido para él un faro constante.
Porque hay historias que no se escuchan. Se sienten. Y esta, la de SAR, Lola Gallardo y el Atlético de Madrid Femenino, es una de ellas. Una historia donde el silencio grita más fuerte que cualquier cántico. Una historia que demuestra que el fútbol, cuando es auténtico, no necesita sonido para cambiar vidas.
Era un día poco habitual para disfrutar de la Liga Profesional de Fútbol Femenino, se adelantó este Real Madrid vs Athletic Club por la participación de ambos en la Supercopa de España, pero será una fecha especial para el conjunto rojiblanco por el modo en el que terminó.
el enfrentamiento correspondiente a la Jornada 17 de la Liga F Moeve entre Real Madrid y Athletic Club, el conjunto blanco saltó al terreno de juego con Misa en portería, acompañada en la defensa por Shei, Rocío, M. Méndez y Yasmim, mientras que Angeldahl, Irune y Weir comandaban el centro del campo, con Eva Navarro, Athenea e Iris Ashley buscando desequilibrar en la ofensiva. Por su parte, el Athletic Club alineó a A. Nanclares bajo los palos, con Bibi, Landaluze, Nerea B. y Elexpuru en la línea defensiva; M. Zubieta y Valero en el doble pivote; S. Ortega, Gurtubay y Vilariño en la mediapunta, y Azkona como referencia en ataque. En el banquillo madridista aguardaban Pau Quesada, Laia, Pau C., Toletti, Däbritz, Redondo, Bennison, Linda C., Holmgaard, Andersson, Lakrar y Silvia Cristóbal, mientras que el Athletic contaba con O. Santana, Maddi, Sanadri, L. Baños, Pinedo, Nerea Nevado, Campos, Eider, Agote y Thais.
El duelo se presentaba emocionante desde el inicio, con ambos equipos buscando consolidar posiciones en la tabla y ofrecer espectáculo en el Alfredo Di Stéfano a partir de las 19:00 horas.
✅ Todo preparado entre Real Madrid y Athletic para abrir la J17 de #LigaFMoeve
El Athletic Club conquistó el Di Stéfano (0-1) con un solitario tanto de Sara Ortega en la segunda mitad. La MVP del partido fue Olatz Santana. La arquera, que entró a los siete minutos por la lesión de Nanclares, realizó ocho paradas para asaltar el estadio del conjunto blanco, inexpugnable hasta la fecha.
Este arranque que atrapa al lector no es más que el arranque de un duelo que tiene una relevancia especial para las leonas que han sido protagonistas de una victoria inesperada ante el mejor club del siglo XX.
El Estadio Alfredo Di Stéfano, Madrid — Noche de invierno. Un estadio que durante años ha visto reinar a las fuerzas de la élite absoluta del fútbol español femenino, un templo donde la precisión, la táctica y el impulso ofensivo del Real Madrid se había erigido como paradigma de dominio. Una pista donde el equipo blanco, bajo la batuta de Pau Quesada, había tejido una temporada hasta entonces casi impecable en la Liga F: con 11 victorias, dos empates y apenas dos derrotas, una senda ofensiva que había firmado 35 goles y una defensa que apenas había concedido 10 tantos en 15 partidos — cifras que hablaban de una maquinaria implacable en el campeonato doméstico. 
Pero en la fría tarde del 13 de enero de 2026, esa historia aparentemente escrita se enfrentó a un capítulo que nadie en Madrid vio venir. Contra todo pronóstico, contra la lógica de las estadísticas y tras una racha de éxitos rotundos, el Real Madrid fue desafiado por un Athletic Club que llegó al Di Stéfano con hambre, ambición y una fe inquebrantable en sus posibilidades. Lo que en apariencia era una visita más para el equipo vasco en su periplo liguero se convirtió en una gesta histórica que retumbará en la memoria del fútbol femenino español por años.
Desde el inicio, esa noche apuntaba a algo especial. El Athletic Club, dirigido por Javi Lerga, no era, sobre el papel, favorito para arrebatar puntos en el feudo del Real Madrid, un equipo que tradicionalmente había dominado el duelo en sus últimas confrontaciones y que llegaba con ritmo de triunfo, acumulando un dominio aplastante en casa.  Pero las dinámicas del fútbol, en su esencia más pura, siempre conservan espacio para lo imposible, para lo insospechado.
Apenas transcurridos dos minutos de partido, un giro dramático a la narrativa se presentó como un presagio de lo que estaba por venir: Adriana Nanclares, portera titular del Athletic, sufrió una conmoción tras un choque intenso al intentar atajar un centro rival. El impacto de ese momento fue inmediato. En un abrir y cerrar de ojos, la portería de las leonas se quedó bajo la custodia de Olatz Santana, quien, sin saberlo aún, estaba a punto de escribir su nombre con letras indelebles en la historia del club. 
Santana, llamada a la meta en circunstancias desafortunadas pero absolutamente decisivas, reaccionó con serenidad desde el primer instante. La vida —y más aún el fútbol— suele recompensar a quienes responden con coraje ante la adversidad, y allí estaba ella: una guardameta que no solo ocupaba el puesto de una compañera lesionada, sino que estaba a punto de convertirse en la protagonista de una epopeya futbolística. Su presencia bajo palos, su intuición felina para las atajadas y su compostura reflejaban una mezcla de temple y talento que desafiaba cualquier guion prudente.
Mientras la grada se acomodaba para presenciar lo que se suponía sería una prueba más de fuerza del Real Madrid, el choque comenzó con un dominio natural de las locales: posesión sostenida, presión alta y movimientos ofensivos que buscaban desbordar con precisión.
Pero por cada embestida blanca, Santana respondía con reflejos que encendían la ansiedad en el banquillo rival. Era como si el tiempo se desacelerara cada vez que una jugadora del Athletic Club se enfrentaba uno contra uno con la arquera vasca, y su presencia se erigía en un muro invisible que no podía ser derribado.
Al Madrid le costó en exceso encontrar las vías para atacar el bloque bajo rival. No fue hasta pasado el minuto 20 cuando Iris Ashley, después de recibir un pase en profundidad de Irune Dorado, perdonó en el mano a mano ante la guardameta suplente. Weir, tras un buen centro de Eva Navarro ya en el tramo final, desperdició otra interesante situación dentro del área chutando directamente a las manos de Olatz Santana. Fueron las únicas llegadas reseñable en un primer tiempo plomizo en ambos equipos, tanto como la lluvia que caía sobre Valdebebas y se alcanzó el entretiempo con un 0-0 que lo dejaba todo pendiente de resolución de cara al segundo y definitivo acto.
La ahistoria de esta victoria épica, por supuesto, no se narra solo desde el arco. En la medular, el Athletic se mostró equilibrado, recogiendo balones y equilibrando la necesaria defensa con una valentía admirable. Y fue precisamente tras una pérdida de balón en la zona alta de ataque por parte de Caroline Weir, que hasta ese momento había sido una de las protagonistas del Real Madrid en la temporada, que el Athletic encontró su momento decisivo.
Corría el minuto 64 cuando Sara Ortega, con un golpe de creatividad y audacia que encarnaba el espíritu de las leonas vascas, recogió un balón suelto en la frontal del área. Su golpeo no solo fue certero, sino magistral: un zurdazo colocado con una precisión quirúrgica que primero acarició el poste y luego terminó colándose al fondo de la red de la portería de Misa para abrir la lata con el 0–1 en el tanteador.
💥 ¡QUÉ ZAPATAZO DE SARA ORTEGA PARA ADELANTAR AL ATHLETIC!
Esto acabó desatando un rugido ensordecedor tanto en el césped como en las gradas.  Fue un gol que no solo quebraba la igualdad del marcador, sino que también rompía con cualquier atisbo de conformismo. Un gol que, en su ejecución y contexto, se transformaba en símbolo de valentía.
A partir de ese instante, el partido tomó tintes de una batalla visceral. El Real Madrid, un coloso forjado en victorias y dominio territorial, se encontró con la necesidad urgente de responder.
Pero el Athletic no había venido solo a aguantar; venía a desafiar y a confirmar que el fútbol no entiende de favoritismos ni estadísticas. Y ahí estaba Santana, una y otra vez, levantándose como guardiana de una esperanza que se resistía a menguar.
Cuando las jugadoras del Real Madrid lanzaban sus intentos desde dentro del área, Santana respondía con paradas que solo pueden describirse como milagros tácticos. En verdad, la presión de un disparo intempestivo podía quebrar a cualquier arquera, pero ella mantenía la calma incluso cuando el destino parecía conspirar con la escuadra rival.
Y cuando el balón estaba a punto de cruzar la línea, ahí estaba Laida Landaluze, una defensa vasca que encarnaba el espíritu colectivo, evitando el gol blanco con decisiones propias de un gladiador en el fragor del combate.
El Real Madrid lo intentó con todo: ajustes tácticos, cambios ofensivos como la entrada de Alba Redondo para imprimir aún más peligro en el último tercio del campo, y combinaciones que buscaban el empate desde distintos ángulos. Sin embargo, cada vez que la pelota se aproximaba al área pequeña del Athletic Club , un muro conformado por compromiso defensivo y la figura colosal de Santana emergía para frustrar cada intento.
Con cada parada decisiva y con cada bloqueo defensivo, el Athletic Club se mantenía vivo, alimentando no solo la esperanza del gol de Ortega, sino la certeza de que esa noche no sería una más. El paso de los minutos convirtió esa resistencia en épica, y la épica en realidad tangible. Fue un momento donde el fútbol, en su esencia más pura, mostraba que no siempre gana el favorito, sino aquel que se arriesga, que cree, que lucha y que jamás se rinde.
Sandie Toletti, en el dique seco por lesión desde noviembre, hizo su regreso intentando poner una marcha más al ataque. Por sus botas pasó el último disparo local, que se encontró con la enésima parada de la portera visitante.
El Real Madrid no aprovecha la jornada adelantada para poner aún más tierra de por medio con la Real Sociedad y se queda con las 35 unidades con las que clausuraba la primera vuelta.
Las madridistas volverán a competir este próximo sábado 17, a las 12:00, en la Ciudad Deportiva de Buñol contra el Levante Unión Deportiva . Será su último partido antes de poner rumbo a Castellón para disputar el primer título de la temporada: la Supercopa de España frente al Atlético de Madrid en un derbi de semifinales.
(Fuente: Liga F Moeve)
Por su parte, el Athletic Club de Javi Lerga demostró que este curso va de menos a más y tras un arranque muy complicado ya es séptimo en la Primera División Femenina con 23 puntos en su zurrón, próxima estación, viajar a Canarias para verse las caras con las guerras del Costa Adeje Tenerife Egatesa.
(Fuente: Liga F Moeve)
📋 Ficha técnica |
Real Madrid (0): Misa; Shei García (Alba Redondo 74′), Rocío, María Méndez, Yasmim (Holmgaard 56′); Irune Dorado (Toletti 82′), Angeldahl (Däbritz 56′); Eva Navarro (Pau Comendador 46′), Weir, Athenea (Linda Caicedo 56′); Iris Ashley.
Árbitra: Trujillano Gallardo (Colegio Andaluz). Amonestó a Valero (minuto 14) y Eva Navarro (minuto 37).
Estadio: Alfredo Di Stéfano (Valdebebas). Asistencia: 656 espectadores a un partido entre el Real Madrid y el Athletic Club que se ha disputado sobre una superficie de hierba natural.
Goles |
0-1 Sara Ortega 65’ ⚽️
Vídeo |
🌟 Unas estelares Olatz Santana y Sara Ortega guían al Athletic a su primera victoria en el Alfredo Di Stéfano
El final de una etapa nunca es un simple comunicado cuando se trata de un club que ha hecho de la resistencia, la identidad y la supervivencia una forma de vida. La salida de Javier Aguado como primer entrenador del Madrid CFF no es solo el cierre de un ciclo deportivo, es el punto y seguido de una historia construida en silencio, sin focos, sin presupuestos deslumbrantes y sin red, pero con una idea clara de competición, de pertenencia y de dignidad futbolística. En un ecosistema cada vez más polarizado como el de la Liga F, donde la brecha entre los grandes proyectos y los clubes de estructura modesta se ensancha temporada tras temporada, el paso de Aguado por el banquillo del equipo afincado en Fuenlabrada debe analizarse desde una perspectiva profunda, contextualizada y honesta, porque su rendimiento no puede medirse únicamente en resultados puntuales, sino en la capacidad del equipo para sostenerse, competir y mantenerse fiel a una identidad reconocible en condiciones estructuralmente adversas.
Javier Aguado aterrizó en el Madrid CFF en un contexto complejo, heredando un club que había logrado consolidarse en la élite del fútbol femenino español a base de trabajo, ingenio y una gestión deportiva extremadamente afinada. El Madrid CFF no es un club diseñado para dominar, sino para sobrevivir en un entorno hostil, donde cada temporada es un ejercicio de reinvención. En ese marco, el rendimiento de un entrenador no se evalúa por títulos ni por clasificaciones europeas, sino por su capacidad para maximizar recursos, potenciar futbolistas, construir un equipo competitivo y evitar que la realidad presupuestaria se traduzca en una condena deportiva. Aguado asumió ese reto desde el primer día, con una idea clara de orden, pragmatismo y adaptación constante.
Desde el punto de vista estrictamente competitivo, el Madrid CFF de Javier Aguado fue un equipo reconocible. No siempre brillante, no siempre vistoso, pero sí consistente en su planteamiento. La prioridad fue, desde el inicio, dotar al equipo de una estructura sólida que le permitiera competir cada partido con opciones reales de sumar puntos, independientemente del rival. En una liga donde muchos equipos modestos se ven arrastrados a propuestas defensivas extremas o a renuncias excesivas, el Madrid CFF de Aguado encontró un punto intermedio: defender bien sin dejar de competir con balón cuando el contexto lo permitía.
El rendimiento defensivo fue uno de los pilares fundamentales de su etapa. Aguado construyó un equipo que entendía muy bien las distancias entre líneas, que sabía cuándo replegar y cuándo saltar a la presión, y que rara vez se descomponía de manera colectiva. Incluso en partidos ante rivales de enorme potencial ofensivo, el Madrid CFF mostró una capacidad notable para mantenerse dentro del partido durante muchos minutos, evitando goleadas estructurales y compitiendo hasta el tramo final. Esto no es un dato menor en un campeonato donde la diferencia de talento individual puede traducirse en resultados abultados si no existe una organización sólida.
La evolución del equipo a lo largo de las temporadas bajo la dirección de Aguado también es un aspecto clave para valorar su rendimiento. Lejos de estancarse, el Madrid CFF mostró fases de crecimiento, especialmente en la comprensión del juego con balón. Sin disponer de grandes perfiles creativos de manera constante, el equipo fue capaz de articular ataques coherentes, de encontrar salidas limpias desde atrás en determinados contextos y de aprovechar con inteligencia las transiciones ofensivas. La verticalidad, bien entendida, fue una de las señas de identidad del equipo, no como recurso desesperado, sino como herramienta estratégica.
El trabajo de Aguado con plantillas profundamente condicionadas por la rotación constante de jugadoras es otro de los grandes indicadores de su rendimiento. El Madrid CFF ha sido históricamente un club vendedor, un trampolín para futbolistas que, tras rendir a buen nivel, daban el salto a proyectos con mayor capacidad económica. Cada verano suponía una reconstrucción casi completa del equipo, obligando al cuerpo técnico a empezar de nuevo, a integrar perfiles jóvenes, a acelerar procesos de adaptación y a competir sin margen de error. En ese contexto, mantener al equipo fuera de los puestos de descenso y, en muchos momentos, en una zona relativamente tranquila de la clasificación, es un mérito considerable.
La gestión de jugadoras jóvenes fue uno de los aspectos más destacados del paso de Aguado por el club. Bajo su dirección, muchas futbolistas encontraron continuidad, confianza y un marco competitivo que favoreció su crecimiento. El Madrid CFF se consolidó como un espacio donde el talento emergente podía desarrollarse sin la presión extrema de los grandes clubes, pero con un nivel de exigencia alto. Aguado supo equilibrar la necesidad de resultados con la obligación estructural del club de apostar por perfiles jóvenes, algo que no siempre es compatible en una liga tan exigente.
Desde el punto de vista táctico, el rendimiento del equipo estuvo marcado por la flexibilidad. Aguado no fue un entrenador dogmático. Adaptó sistemas, alturas de bloque y comportamientos según el rival y el momento de la temporada. Se vieron defensas de cuatro y de cinco, mediocampos más físicos o más técnicos según las piezas disponibles, y distintas soluciones ofensivas para paliar la falta de gol en determinados tramos. Esta capacidad de adaptación es especialmente relevante en un equipo que no puede permitirse fichajes correctivos en invierno