Carta abierta

(Fuente: ESPN )

Artículo de opinión personal:

España está en la final del Mundial 2023

Ya lo dijo Einstein, el tiempo es relativo. No fluye siempre al mismo ritmo. De hecho, una hora puede sentirse como un instante o como una eternidad.

Entre otras cuestiones, su velocidad depende de lo que estemos realizando: todos sabemos que no es lo mismo estar una hora disfrutando de un recital de nuestro artista favorito que estar una hora haciendo una fila para un tedioso trámite. En el primer caso, el tiempo pasa volando. En el segundo, parece no avanzar. Una hora son siempre 60 minutos, pero la percepción puede ser muy diferente.

En el año 2005, los psicólogos Marc Wittmann y Sandra Lenhoff de la Universidad Ludwig Maximilian de Munich realizaron un estudio para investigar este fenómeno. Encuestaron a 499 personas de entre 14 y 94 años para conocer cómo percibían que se movía el tiempo. Les pidieron que le otorgaran una puntación a cada período de tiempo determinado según lo rápido que pensaban que transcurría.

A partir de los resultados, observaron que, para duraciones cortas, como una semana o mes, la percepción de velocidad no aumentaba significativamente para las personas mayores. Es decir, no variaba con la edad. Sin embargo, en relación a los períodos más extensos (años o décadas), sí se encontraron diferencias: los adultos tienden a sentir que el tiempo transcurre a mayor velocidad.

Esa sensación me viene persiguiendo durante todo el certamen mundialista que está teniendo lugar en territorio oceánico, aún recuerdo con nitidez aquel partido de octavos de final de la penúltima edición que se celebró en Francia y en la que tras una primera fase, con más luces que sombras, España se clasificó para la primera ronda eliminatoria después de una histórica victoria ante Sudáfrica por 3-1, una derrota ante Alemania y un empate a cero, y gracias, ante China, llegábamos a octavos.

Una vez allí, la diosa fortuna quiso que las chicas de el discutido Jorge Vilda se vieran las caras a un sólo partido frente a la todopoderosa USA, que defendía título en Le Havre contra nosotras.

Era el partido de su vida para la Selección. Para Estados Unidos una prueba más hasta el objetivo, estar de nuevo en la final de un Mundial. Aún así, Jill Ellis alineó a todas las estrellas para el choque de octavos. La idea era salir al choque lo más enchufadas posibles y lograr romper el marcador cuanto antes. Vilda, en cambio, tenía otro trabajo muy diferente con su equipo. La Roja debía lograr parar a las poderosas rivales desde el principio. El técnico apostó de nuevo por un once atrevido de inicio, otra vez con jóvenes sobre el césped.

La idea estaba clara desde el principio: errores atrás, ninguno. El balón tenía que estar lo más lejos posible de la portería de Paños. Sin tiempo para creérselo, Guijarro tuvo la primera ocasión. La centrocampista del Barcelona tiró como si fuera el último balón de su vida, pero se estrelló en la cara de Lavelle. No duró ni cinco minutos la tranquilidad. Todos los sueños de La Roja se diluyeron cuando Heath se fue por la banda derecha y entró al área como por su casa. Mapi León, en su intento por frenarla, la derribó y la colegiada pitó penalti. Rapione anotó la pena máxima y el público de Stade Auguste-Delaune estalló.

Cuando más cuesta arriba se le había puesto a La Roja apareció Lucía. La asturiana, muy a su estilo guerrero, logró robar un balón a Sauerbrunn al borde del área, se la dio a Jenni y su golpeo con la derecha fue el bonito de su carrera. Por toda la escuadra entró el balón, como ella siempre había soñado. Por eso es la jugadora con más calidad de esta selección. Por eso sus jugadas han dado la vuelta al mundo durante este Mundial.

España logró reiniciar de nuevo el partido. Sin embargo, el sufrimiento no daba tregua. Sobre todo, la capitana Rapinoe por la banda izquierda hizo mucho daño. Fue una tortura para Corredera, Paños, Irene… El vendaval no paraba. España sobrevivía como podía. Sólo había dos jugadoras de rojo que ponían el picante. Eran Lucía y Jenni contra el mundo.

Cuando mejor estaba el equipo, Vilda tuvo que mover obligado el once debido a un golpe de Losada, que se retiró entre lágrimas. Se perdía el partido de su vida. Nahikari entró para ser la jugadora referente en punta. España seguía viva y dando guerra. Solo quedaban 45 minutos para lograr el mayor hito de la historia, forzar la prórroga ante un gigante. La Selección salió con seriedad y contundencia. Mapi e Irene compenetradas a la perfección, Leila y Corredera sin perder ni un momento el sitio. La clave iba a estar en esa parcela. A las norteamericanas les costaba encontrar huecos. Lavelle y Mewes probaron desde lejos a Paños. Después fue Guijarro la que estuvo a punto de sorprender con un tiro cruzado. La Roja lo intentaba una vez tras otra con balones largos a Lucía García.

partido llegó a un punto muerto, cualquier cosa podía pasar. Y pasó lo peor: penalti otra vez. Torrecilla, en su afán de frenar a Lavelle, golpeó mínimamente a la centrocampista. Fue un roce, un toque que no impidió que la estadounidense diera tres pasos más hasta caer. La árbitra revisó la acción y el VAR fue dura con España, demasiado para la ligereza de la entrada. De nuevo, otra vez Rapinoe, ponía por delante a Estados Unidos. Quedaban minutos y España demostró que no iba a tirar los brazos. En la última acción, de hecho, España pidió un penalti sobre Irene Paredes cuando iba a golpear. Esta vez no hubo ni penalti ni revisión. España no es EE UU, ya se sabe.

Pero las españolas fueron guerreras. Hicieron bajar de su nube a la mejor selección del mundo. La hicieron mojarse sobre el barro. Esta vez no pudo ser, pero la historia está para cambiarla. Se ha abierto una puerta que estaba cerrada con llave y ahora solo falta disfrutar de esto tan bonito que es fútbol. España tiene aptitud y actitud. El presente es de EE UU, el futuro es nuestro.

El futuro era nuestro, qué razón tenia esa última frase, porque sólo dos años después nos plantamos en la Eurocopa con la sensación de que podíamos hacer algo grande, pero las lesiones antes de empezar a competir de Jenni Hermoso y Alexia Putellas, maldición, mermaron las opciones de la nación rojigualda de manera notable.

Pese a todo, hicimos un gran papel en la primera fase al ganar por 4-1 a Finlandia, caer luego con estrépito ante Alemania en un día aciago para la guardameta Sandra Paños, regaló un gol, y una victoria en el último partido ante Dinamarca por 0-1 con un golazo de la rojiblanca Marta Cardona en los últimos minutos y, aunque casi me dio algo, pasábamos a cuartos de final del torneo continental

En esa ronda eliminatoria nos esperó precisamente el rival de este último partido del Mundial, Inglaterra.

La propia Inglaterra remonta ante España (2-1) en su eliminatoria de cuartos de final de la Eurocopa femenina 2022. De nuevo se queda la Roja fuera de un torneo en las eliminatorias, pero esta vez lo hace de forma más amarga, después de haber acariciado el pase a semifinales ante nada menos que las anfitrionas.
Sí que alcanzó España la semifinal en 1997, pero lo hizo desde la fase de grupos. Los duelos del ‘KO’ se le siguen atragantando a la selección española femenina, a pesar de dejar una sensación de equipo competitivo como ya hiciera en el pasado Mundial ante EE.UU.

las ‘pross’ les queda ahora esperar en Sheffield a la vencedora del duelo entre Suecia y Bélgica.
El técnico español, Jorge Vilda, introdujo tres novedades y una de ellas, Marta Cardona, a punto estuvo de inaugurar el marcador en la prolongación de un remate de cabeza de Patri Guijarro en un saque de esquina.
La Roja femenina tenía en el balón parado un ‘nicho’ ante la prevista superioridad ofensiva de las anfitrionas, espoleadas por la numerosa presencia de aficionados en el estadio de Brighton.
Los fans ingleses y su selección se encontraron un rival sin complejos, que poco a poco se quiso hacer con el control del ritmo en el centro del campo y se animaba con disparos desde la frontal, como Mariona Caldentey.
Al menos Inglaterra no se encerraba atrás, obligada por su condición de anfitriona y para darle una alegría a los suyos. Eso hacía que el partido tuviera un ritmo fluido. Incluso les anularon un gol de White en una jugada a balón parado por fuera de juego previo de Bronze.
Una única ocasión clara que reflejó también la seriedad defensiva de España. Las españolas trataron de minimizar las pérdidas innecesarias y mostraron contundencia en los cruces en los primeros 45 minutos de máxima igualdad.

Las pupilas de Sarina Wiegman, que reaparecía tras superar un positivo en COVID-19, tomaron nota de la primera parte y en la reanudación presionaron más intensamente la salida del balón española.

Una segunda parte en la que Vilda intentó un revulsivo con Athenea del Castillo, la revelación, en sustitución de Marta Cardona. La dorsal 10 la lio en cuanto tuvo un balón claro.
Del Castillo dribló a Daly para penetrar en el área y ceder atrás a Esther González, que batió con frialdad a Earps con un tiro raso (minuto 53).
La entrenadora neerlandesa de Inglaterra trató de hacer reaccionar a su equipo con la entrada de Russo en lugar de White, que había sido la máxima goleadora del torneo hasta ese momento.
Entró también Ella Toone porque Inglaterra se veía más contra las cuerdas que reaccionando. La meta Earps casi se ‘come’ un centro de Athenea que se envenenó con el efecto hacia la portería.
Eso sí hizo despertar a Inglaterra que al menos encontraba la manera de llegar a la meta de Sandra Paños con ocasiones a balón parado. A España le tocaba apretar en defensa y se fue Esther González para que entrara Shelia García.
La recién ingresada tuvo también una buena ocasión con un balón suelto en el punto de penalti que salvó la central Bright en la ayuda a Earps. Pero lo que llegó fue el empate en un balón colgado al área española, cabeceado por Russo y rematado en boca de gol por Toons (minuto 84).

Un gol no sin polémica, porque España reclamó falta sobre Irene Paredes y el VAR no lo consideró así en la revisión. La prórroga se asomaba y llegó a pesar de los intentos de ambos conjuntos.
Pero a los seis minutos de iniciada la misma un misil de Stanway desde fuera del área se hizo imposible para Paños y se convirtió en el segundo de Inglaterra, para delirio de Brighton (minuto 96).
Jorge Vilda reaccionó dando entrada a Amaiur Sarriegi, que se quedó con la miel en los labios ante Dinamarca. La delantera ‘txuri urdin’ reemplazó a Mariona Caldentey, que se había quedado como ‘falso nueve’ tras la marcha de Esther.
Sarriegi tuvo una buena ocasión que se fue lamiendo el poste. En la segunda parte de la prórroga le acompañó Lucía García, del Athletic, dando color vasco a la delantera española. Aunque fue Aitana Bonnmatí la que envió el primer aviso de España.
La propìa Sarriegi tuvo la siguiente y España se volcó en ataque, dejando a las inglesas el papel de asediadas en defensa ante su propia afición.
Pero el gol del milagro no llegó, ni con la portera Sandra Paños subiendo a rematar los córners. De nuevo se le atraganta una eliminatoria a la selección española ante el país que luego se haría con el título.

Ahora, un año después, parece que a España no hay quien la tumbe. Ni los enredos de palacio ni las rivales, acaso una Japón en su día que fue la bofetada del espabile. Pero en las rondas eliminatorias, esas en las que nunca había vencido en ningún gran torneo en toda su historia, el equipo de Vilda pone la ley y las normas. Nadie mejor que Salma, una atleta del balón, una futbolista que aunque salga desde el banquillo rompe tantas cinturas como defensas, soplo de aire fresco, tal vez ciclón. Ella es el argumento que explica que a callo y a voluntad no hay quien pueda con España. Suiza le empató en octavos y como respuesta se llevó otros cuatro goles. Países Bajos le igualó en el tiempo de añadido y como castigo se llevó el tanto definitivo en la prórroga. Y Suecia, ya en semis, puso las tablas cuando al duelo le quedaba un suspiro, ese que capitalizó Olga Carmona a la salida de un saque de esquina; pase de Tere Abelleira hacia atrás y zurriagazo centrado pero que tocó el larguero y la red, gol del triunfo y final del Mundial que te va, ahora a la espera de rival, de Inglaterra o de Australia. Éxtasis español sobre el tapete, llantos de euforia, abrazos, melés y festejos, un triunfo para paladear que se reescribe la historia.

Lo cierto es que el juego de España se entiende al compás del pulso del Barça, de ese cruyffismo que destila Vilda y esa repartición del esférico que pregonan sus jugadoras; hasta siete azulgrana salieron de la partida en la semifinal. Retoques del seleccionador, en cualquier caso, que desde que dio con la tecla en octavos ante Suiza ya no se sale del molde. Eso sí, al fin dio cabida a Alexia, jugadora marcapasos de la selección, aunque todavía con falta de minutos y ritmo en las piernas; fueron 10 meses los que estuvo sin mimar a la pelota por una rotura de ligamentos en la rodilla. No extrañó, sin embargo, que el balón se repartiera entre las botas españolas, tuya-mía, de aquí para allá, toco y me voy… Pero faltaba velocidad y profundidad, también triangulaciones y encontrar a la tercera jugadora, pero sobre todo a una extremo que buscara la carrera a la espalda de las defensas y una delantera que estirara el campo porque Esther se quedó en el banquillo.

Resulta que Suecia, despreocupada por atacar porque entendió que le alcanzaría con alguna acción a balón parado o transición, acaso una segunda jugada tras despeje, quizá con una genialidad de Rolfö —como ese remate a centro de Bjorn que Cata escupió a tiempo—, jugó a desdibujar a España, a tratar de negarle su fútbol de posesión y posición. Apretó arriba para incomodar la salida española desde la raíz, del mismo modo que, superada su primera línea defensiva, todas se recomponían a toda mecha, obligada la ley de que siempre se ha de estar entre el balón y su portería. Un bloque, una roca, un rival de difícil digestión. Y España adoleció de ritmo en el pase y sobre todo profundidad, fútbol demasiado lento, solo agitado por Mariona —la más lista de la clase, la que interpreta el juego como nadie— y sus cambios de orientación, también por alguna virguería de Aitana y Alexia —se festejaron con un oooh colectivo sus recortes, que dejaron sentadas a las rivales—, además de por Olga Carmona, carrilera de luces largas que se animó con un par de disparos, como ese que le cuchicheó al poste pero por fuera. Aunque, pícara ella, se guardaría uno para el final.

Trató de estirar un poco las líneas Suecia tras el entreacto, balones a los espacios que dejaban las carrileras de España a sus espaldas, carreras y diagonales que agigantaban a Suecia por momentos. Sprints y zigzagueos de Rolfö, desmarques de ruptura de Asllani y algún disparo puntual de Blackstenius, nada que inquietara a Cata Coll y su sangre fría, la que le permite utilizar tan bien las manoplas como los pies. La reacción de España llegó desde el banquillo, pues Vilda sentó a Alexia —enfado morrocotudo el suyo— para dar cabida a Salma, a la que situó de delantera para retrasar a Jenni. Argucia que pretendía recuperar el fútbol de control y pase de Jenni, también de catapulta, porque sus desplazamientos, como ocurriera frente a Países Bajos, eran crema para las carreras de Salma Paralluelo, única en hacer tartamudear a la defensa rival, ya preocupada por los metros que debía correr hacia atrás. O retrasaban las líneas o le hacían falta, como esa en la frontal que Mariona golpeó con el pie torcido. “¡Qué mal!”, gritó con rabia, pero Salma tenía más.

Una diagonal de la Bolt de España valía para alcanzar el área, para que reconvirtiera las piedras en balones, para que Jenni sacara un centro y Alba Redondo rematara a la remanguillé, incluso desde el suelo, para enviar el balón a la red. Aunque por fuera. Erupción española, volcán de juego más vertical de lo que acostumbra, Salma como aguijón, pues también probó un par de disparos que chocaron ante la abigarrada defensa rival. Pero a la tercera fue la vencida, un gol, una chuchería. Comenzó la jugada Olga con una apertura hacia Jenni, que se sacó de la chistera un control con el exterior y un centro envenenado al segundo palo que la defensa sueca pudo rechazar de mala manera. Balón huérfano; balón de Salma, que sacó la caña de pescar y la diestra a tiempo, que engatilló el balón para enviarla al fondo de la red. Era el minuto 80. Pero Suecia no se rindió, balones al área y España hacia atrás. Pase atrás de Rolfö y Blomqvist, que bate a Cata Coll y empata el partido 1-1 en el minuto 87 La prórroga parecía inevitable. Pero una carrera de Mariona acabó en córner y de ahí llegó la estrategia, el pase de Tere y el tanto definitivo de Olga tan solo dos minutos más tarde. Al borde de los 90 reglamentarios. Porque en este Mundial los partidos se acaban cuando lo dice España, al menos por ahora.

El próximo 20 de agosto de 2023, en Sidney, nos jugamos la posibilidad de bordar una estrella en nuestra camiseta, si ganamos, no lo digo muy alto al ser muy supersticioso, pero ahí va a estar España, en un partido que no soñábamos con alcanzar jamás, pero con eso no me vale.

La nación ibérica ha llegado a la capital australiana para ganar, porque está en su ADN tener coraje y corazón para dar y tomar, es una oportunidad única.

Inglaterra es favorita en el partido por el título como campeona de la Eurocopa y la Finalissima, pero dar por muerta a España es demasiado osado y sólo demuestra que no se conoce bien a “La Roja”, Podemos ganar, claro que sí, y lo vamos a intentar hasta el final, a sí que el que no crea en las chicas de nuestro país, que no venga, con todo el cariño se lo digo.

«Estamos en una puta final, es increíble”, sentenció Jenni Hermoso en zona mixta después de tumbar a Suecia en semifinales y esta muy bien descrito, si esto esto es un sueño que nadie me despierte, se lo ruego.

Escríbanos la historia que está por venir y ¡Viva España!, así me despido de todos ustedes en este artículo de opinión personal, que no suelo redactar, pero la ocasión lo exigía.

(Fuente: FIFA)

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