
📌 ¡Por el bien de todos! La actitud de la punta del Manchester City en la celebración dejó mucho que desear y no “pega”.

La Eurocopa Femenina de Suiza 2025 quedará en la historia como una de las ediciones más competitivas, emocionantes y seguidas de todos los tiempos. Con estadios llenos, audiencias récord en televisión y un despliegue técnico y humano sin precedentes, el torneo demostró que el fútbol femenino no solo ha llegado para quedarse, sino que se reinventa y consolida en cada cita internacional. España e Inglaterra protagonizaron una final vibrante, jugada con entrega, táctica e intensidad, que terminó en empate sin goles tras 120 minutos de igualdad máxima. El título se decidió en una tanda de penales dramática que coronó a las inglesas como campeonas de Europa.
Pero lo que debía ser una noche para recordar por la grandeza del espectáculo futbolístico y la evolución de un deporte cada vez más global, quedó parcialmente ensombrecida por una escena innecesaria, insensible y desafortunada protagonizada por Chloe Kelly, delantera del Manchester City y autora del penalti decisivo. Tras marcar el gol que otorgaba a Inglaterra su segundo título continental, Kelly corrió directa hacia la portera española Cata Coll, que aún estaba incorporándose del suelo. La atacante inglesa gesticuló con los brazos en alto, gritó frente al rostro de la guardameta balear y se mostró visiblemente exaltada a escasos centímetros de su rival, ignorando completamente su estado emocional.
🔹 Una escena que no representa al fútbol femenino que admiramos |
Esa imagen, repetida en bucle en televisión, redes sociales y crónicas gráficas, no tardó en generar reacciones encontradas. Algunos, desde la óptica puramente competitiva, la defendieron como una expresión de júbilo irrefrenable tras alcanzar la gloria. Pero para muchos otros —y especialmente dentro del entorno del fútbol femenino— fue una manifestación de falta de respeto, una ruptura dolorosa con los valores que han caracterizado históricamente esta disciplina.
Porque el fútbol femenino ha sido durante años un refugio de valores que en otros ámbitos del deporte se han ido difuminando: solidaridad, empatía, humildad, respeto por el adversario. Ha sido, y sigue siendo, una comunidad que no solo lucha por el reconocimiento deportivo y la igualdad estructural, sino que también se define por su manera de convivir con la victoria y con la derrota. No es casual que tantos aficionados y aficionadas se sientan identificados con este modelo. El fútbol femenino ha dado ejemplo, durante décadas, de que se puede competir con todo… sin perder la humanidad.
En ese contexto, la celebración de Chloe Kelly no es solo un mal gesto puntual, sino una señal preocupante: la posible infiltración de actitudes más propias del marketing agresivo, de la egolatría sin filtro, de la provocación banal. No es que Kelly no tenga derecho a celebrar —por supuesto que sí—, sino que hay formas de hacerlo sin pasar por encima de quien acaba de vivir uno de los momentos más duros de su carrera. Y Cata Coll, portera del FC Barcelona y símbolo de la nueva generación de futbolistas españolas, no merecía ser humillada.
📌 Cata Coll: la dignidad silenciosa ante el estruendo !
Basta con mirar la expresión de Coll. Sentada en el césped, con la mirada perdida y las manos en la cara, apenas tuvo tiempo de reaccionar cuando la atacante inglesa pasó por delante celebrando a pleno pulmón. No hubo respuesta. Ni un solo reproche, ni una queja. Solo el silencio de quien ha aprendido a perder con grandeza, y a asumir la frustración sin convertirla en resentimiento.
No es la primera vez que la mallorquina protagoniza escenas de entereza. En los Juegos Olímpicos de París 2024, también quedó eliminada en penales en una semifinal durísima ante Brasil. Aquella vez, fue la delantera Priscila quien convirtió el penalti decisivo. Y lo que ocurrió después es un ejemplo que contrasta con el gesto de Kelly: Priscila, lejos de dirigirse a la arquera rival, corrió hacia sus compañeras, celebró con sobriedad y no buscó ni un solo segundo hacer de la derrota ajena parte de su gloria. Fue un momento de triunfo colectivo, sin arrogancia, sin personalismo.
📌 El recuerdo incómodo de Megan Rapinoe |
Si viajamos un poco más atrás en el tiempo, hay otro precedente que genera controversia: la celebración de Megan Rapinoe en el Mundial de Francia 2019. La futbolista estadounidense, una de las figuras más carismáticas y polémicas de la última década, fue criticada por su gesto de brazos abiertos y mentón elevado tras marcar goles clave. Pero Rapinoe, al menos, encuadró su actitud dentro de un discurso mayor: defensa de los derechos de las mujeres, reivindicación social, lucha por la igualdad salarial. Podía gustar más o menos, pero tenía un marco ideológico y una coherencia con su activismo.
Chloe Kelly, en cambio, no representa ninguna causa más allá de sí misma. Su gesto no fue político, ni simbólico, ni reivindicativo. Fue una demostración de euforia carente de sensibilidad, que transforma un momento de gloria deportiva en una escena incómoda de superioridad mal entendida.
El gesto de Kelly puede parecer menor si se analiza de forma aislada. Pero en el contexto de un deporte en plena transformación, con millones de niñas mirando, con generaciones futuras tomando nota, la forma en que se gana es tan importante como la victoria misma. El fútbol femenino tiene ante sí el reto de seguir creciendo sin dejar atrás su identidad. De competir al más alto nivel sin importar lo que “vende”, sino lo que construye.
No se trata de convertir a las futbolistas en seres inmaculados ni de prohibir la emoción. Al contrario. Se trata de proteger esa esencia que ha hecho del fútbol femenino un modelo diferente, y muchas veces mejor. Esa esencia que dice que el rival no es un enemigo, que el éxito no se construye sobre la derrota del otro, que celebrar no equivale a humillar.
Hay que decirlo con claridad: lo que hizo Chloe Kelly no representa al fútbol femenino que admiramos. Y si bien ella no es ni la primera ni la última en cometer un error así, es importante señalarlo para que no se normalice. Para que la próxima vez, otra futbolista —quizás incluso la propia Kelly— entienda que el mayor logro no es marcar un gol, sino estar a la altura de lo que ese gol significa para todas.
Inglaterra es campeona de Europa, y lo es con justicia. Nadie lo discute. Su camino hasta la final fue sólido, su rendimiento colectivo incuestionable, su plantilla repleta de talento y experiencia. El título es merecido, y debe celebrarse. Pero ese mérito no debe ser empañado por un gesto que no engrandece a nadie.
Celebrar sí. Provocar, no. Ganar, siempre. Humillar, nunca. Esa es la diferencia entre ser campeona… y ser ejemplo.
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