Oficial | España cumple dos años como vigente campeona del mundo

(Fuente: RTVE Play )

📌 20 de agosto de 2025: España celebra dos años como campeona del Mundial de Australia & Nueva Zelanda 2023.

La Selección Española de Fútbol conmemora este 20 de agosto de 2025 el segundo aniversario de su gesta más gloriosa: la conquista del Mundial de Australia y Nueva Zelanda en 2023.

Un título histórico que marcó un antes y un después en el deporte español, situando a España en la cima planetaria y despertando una pasión inédita en torno al fútbol femenino. Dos años después, aquella estrella bordada en el escudo sigue brillando con la misma intensidad, como símbolo de orgullo, superación y futuro.

Hace dos años, el 20 de agosto de 2023, el Estadio Olímpico de Sídney fue testigo de la mayor gesta jamás lograda por el fútbol femenino español. España, tras un torneo impecable, se plantó en la final del Mundial contra Inglaterra, vigente campeona de Europa. Allí, en un duelo de poder a poder, emergió la figura de Olga Carmona para rubricar con un zurdazo inolvidable el gol que valió la primera estrella mundial.

El pitido final fue mucho más que el cierre de un partido: fue el inicio de una nueva era. Millones de españoles vibraron en directo con una hazaña que trascendió lo deportivo y se convirtió en un fenómeno social, capaz de unir a generaciones enteras en torno a una misma emoción.

impacto del título mundial no se midió únicamente en trofeos o estadísticas, sino en la transformación cultural y social que provocó. Aquel 20 de agosto no solo cambió la vida de las 23 futbolistas convocadas: cambió la percepción de todo un país sobre el fútbol femenino.

Desde entonces, los estadios comenzaron a llenarse con mayor asiduidad, las audiencias televisivas rompieron récords y los clubes de la Liga F experimentaron un auge sin precedentes en licencias de cantera femenina. El fútbol femenino dejó de ser una promesa de futuro para convertirse en una realidad imparable del presente.

El gol de Carmona se convirtió en póster en las habitaciones de miles de niñas. La sonrisa de Aitana Bonmatí levantando el trofeo fue portada en los periódicos de todo el planeta. Alexia Putellas, referente mundial, ejerció de capitana de una selección que ya no tenía nada que demostrar, salvo que podía competir y vencer a cualquiera.

La estrella conseguida en Australia y Nueva Zelanda no fue un punto final, sino un punto de partida. Desde entonces, España ha sabido consolidar su condición de potencia mundial. La consecución de la primera Nations League en 2024 refrendó el dominio, al igual que la clasificación brillante para la Eurocopa 2025 en Suiza, donde la Roja llegaba este verano como gran favorita.

Lejos de conformarse con la gloria pasada, las futbolistas han mantenido un discurso de ambición y profesionalidad. “Ganar fue maravilloso, pero lo más difícil es mantenerse”, resumía Irene Paredes en vísperas del torneo continental. Y esa mentalidad es la que ha permitido a España pasar de ser campeona del mundo a aspirar a instaurar una auténtica hegemonía.

Pero esta historia no puede entenderse sin mirar hacia atrás. Antes de Sídney, hubo décadas de lucha silenciosa, de pioneras que jugaron en campos de tierra, de generaciones que abrieron camino sin focos ni contratos profesionales. Mujeres que, a pesar de la falta de reconocimiento, sembraron la semilla que germinaría en 2023.

El Mundial fue también un tributo a ellas: a las primeras internacionales de los años 80, a las futbolistas que disputaron la Eurocopa de 1997, a las que clasificaron por primera vez a un Mundial en 2015, a las que resistieron los obstáculos para que hoy el fútbol femenino español sea referencia global.

En ese sentido, el título de 2023 fue tanto una victoria presente como un acto de justicia histórica.

Nadie olvida aquel 20 de agosto: el gol de Carmona en el minuto 29, la tensión hasta el final, las paradas salvadoras, las lágrimas al escuchar el himno tras el pitido final. La imagen de las campeonas levantando la Copa del Mundo quedará para siempre junto a los grandes hitos deportivos de España: el oro olímpico de Barcelona 92, el Mundial masculino de 2010, los triunfos de Nadal, Gasol o Carolina Marín.

Ese día, España se miró al espejo y se descubrió potencia mundial en el deporte más global.

Dos años después, España afronta un desafío aún mayor: mantenerse en lo más alto. Ya no es la selección que sorprendió al mundo, ahora es el rival a batir. Cada partido se convierte en un examen, cada torneo en una obligación de refrendar su dominio.

Pero lejos de intimidar, esa presión parece alimentar al grupo. “El fútbol femenino español ha llegado para quedarse en la élite”, repite Alexia Putellas. Y los hechos lo demuestran: la cantera sigue produciendo talento, los clubes crecen, las competiciones nacionales se profesionalizan y la selección mantiene un núcleo sólido que combina veteranía y juventud.

El 20 de agosto de 2025 no es solo una fecha en el calendario: es un recordatorio de lo que significa soñar y conquistar lo imposible. Dos años después, España sigue celebrando aquel título como si fuera ayer, porque el tiempo no ha erosionado la emoción, sino que la ha multiplicado.

La estrella bordada en la camiseta es un faro que ilumina cada paso, un símbolo de identidad que acompaña a la Roja en cada partido. Hoy, como hace dos años, millones de españoles vuelven a emocionarse al recordar aquella tarde mágica de Sídney.

Este aniversario es mucho más que un recuerdo: es un compromiso con el futuro. España celebra dos años como campeona del mundo sabiendo que el fútbol femenino ha cambiado para siempre y que la generación que lo conquistó será recordada eternamente.

El 20 de agosto de 2023 será siempre el día en que España tocó el cielo. El 20 de agosto de 2025 es el día en que confirmamos que esa estrella no se apaga, que sigue brillando en cada niña que sueña con jugar en la selección, en cada aficionado que se emociona con el equipo y en cada partido que demuestra que el fútbol femenino ya es patrimonio nacional.

Dos años no son nada cuando el recuerdo sigue tan vivo como el primer día. Cierro los ojos y aún escucho el rugido de Sídney, aún veo la zancada de Olga Carmona, aún siento el escalofrío de aquella copa alzada al cielo australiano. Fue un gol que valió un título, sí, pero también fue el golpe de martillo que derribó todos los techos de cristal que quedaban por romper.

Hoy, España mira atrás con orgullo y adelante con esperanza. Porque aquella victoria no fue un accidente, sino el reflejo de un país que decidió creer en sus jugadoras, en su fútbol y en su capacidad de competir contra cualquiera.

La estrella bordada en el pecho no es un adorno: es una promesa. Promesa de futuro, de hegemonía, de seguir soñando en grande. El reto es enorme: mantenerse en lo más alto, escribir nuevas páginas de gloria, enseñar a quienes vienen detrás que la cima es alcanzable.

El 20 de agosto de 2023 fue el día en que España conquistó el mundo. El 20 de agosto de 2025 es el día en que recordamos que la historia sigue escribiéndose. Y yo, como tantos millones, solo puedo decir: gracias. Gracias a estas jugadoras por hacernos creer, por emocionarnos, por demostrarnos que el fútbol, en femenino, también es patrimonio de España.

Y que nadie lo dude: esta selección no ha dicho su última palabra.

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