Oficial | “Locura” por ir a verlas en el Metropolitano

(Fuente: Getty imágenes)

🟦 La RFEF ha informado de que ya se han vendido más de 45.000 entradas para el encuentro en España y Alemania en el coliseo colchonero.

📰 UN CLAMOR NACIONAL QUE YA LLENA EL METROPOLITANO Y EL CORAZÓN DE UN PAÍS ENTERO 📰

(Fuente: RFEF )

El fútbol femenino en España ya no es una promesa. Es una certeza. Es una identidad. Es una bandera que flamea con la misma fuerza que el orgullo de un país que ha aprendido —por fin— a reconocerse en la grandeza de sus mujeres. Este martes 25 de noviembre, en Madrid, la Real Federación Española de Fútbol confirmó un dato que no es una cifra más: más de 45.000 entradas vendidas para el encuentro entre España y Alemania en el Estadio Metropolitano.
Cuarenta y cinco mil motivos para creer. Cuarenta y cinco mil voces que ya resuenan antes de que el balón eche a rodar.

Y lo celebraron junto a dos símbolos del presente que ya escriben historia: Fiamma Benítez, orgullo rojiblanco y del futuro de España, y Vicky López, talento generacional del FC Barcelona y de nuestra selección. Dos jóvenes líderes que representan al país que viene, al país que decide no esperar más.

Pero en medio de este acto solemne, lleno de ilusión y patriotismo deportivo, surgió una frase que no sólo define el momento, sino que explica por qué España está donde está. La exinternacional Claudia Zornoza, en declaraciones a As con Marta Griñán, dejó caer una verdad que atraviesa generaciones como un rayo de conciencia: “Ahora hay más niñas jugando al fútbol, por eso mereció la pena el Mundial”.

Ahí está todo.
Ahí está España.
Ahí está el motor que nos impulsa hacia adelante y ya nada las puede detener, seamos realistas.

Ninguna nación se define sólo por sus títulos. Se define por lo que inspira en la gente que viene detrás. Y si hoy hay niñas en cada barrio, en cada colegio, en cada campo de tierra, jugando con ilusión y convencidas de que pueden llegar a vestir la Roja… es porque las heroínas de 2023, de 2024, de 2025 y de todo lo que está por venir les abrieron el camino a golpe de talento y orgullo.

España no sólo ganó un Mundial. España ganó futuro.
Ganó autoestima.
Ganó un lugar en el gran mapa del deporte universal.

El fútbol femenino español ya no es la alternativa: es la referencia.
Ya no es el sueño: es el camino.

Que una final de la Liga de Naciones reúna a más de 45.000 personas es un gesto de modernidad deportiva, pero también de identidad nacional. El Metropolitano no será sólo un estadio: será un grito común.
Un canto a un deporte que ha dejado de pedir permiso y ahora exige su sitio.

Porque cuando España se juega algo —sea una clasificación, un amistoso o un simple encuentro de preparación— lo hace con alma de campeón. Y su gente lo sabe. Lo siente y acude en masa, con una dosis muy elevada de orgullo.

El fútbol femenino español ya no se mira desde arriba ni desde fuera. Se vive desde dentro. Se vive desde la piel y se siente como un deber patriótico.

Fiamma Benítez, madrileña adoptiva del Metropolitano, representa al espíritu de la lucha diaria, del talento que arde, de la entrega sin excusas.
Vicky López simboliza el genio precoz, la elegancia, la creatividad que España siempre soñó con tener.

Dos jugadoras jóvenes, dos banderas en movimiento, dos orgullos nacionales.
Están en los actos oficiales porque ellas ya son España.

Pero junto a ellas están Alexia, Aitana, Cata Coll, Jennifer Hermoso o Mapi León, custodiando la bandera rojigualda con valor .

Y detrás de todas nuestras heroínas, millones de españoles que ya han decidido que este fútbol también es suyo y les importa.

Cuando Claudia Zornoza dice que “mereció la pena”, no habla de un torneo.
Habla de una vida dedicada a un sueño.
Habla de entrenar en campos vacíos y ver ahora estadios repletos.
Habla de una generación que empujó para que las niñas no tuvieran que pedir permiso para jugar.

Lo que ellas hicieron —las que estuvieron antes, las que batallaron sin focos— fue un acto patriótico.
Un servicio al país.
A la sociedad.
A la igualdad.
Al deporte.

Si hoy España puede presumir de ser potencia es porque ellas soñaron en pleno silencio. Y porque las niñas que juegan hoy lo hacen ya sin miedo al que dirán.

España está construyendo un patriotismo sano, deportivo, moderno.
Un patriotismo que no excluye: inspira.
Que no divide: une.
Que no se grita contra nadie: se grita por todas.

Cuando España salte al césped del Metropolitano, no será sólo un equipo representando a un país.
Será un país representándose a sí mismo.

Un país que ya no acepta que el fútbol femenino sea tratado como una categoría menor.
Un país que exige respeto, visibilidad, inversión, voz.
Un país que se ha enamorado de su equipo, de sus jugadoras, de su estilo, de su coraje.

Y sí, un país que siente orgullo patrio cuando ve a España ganar, competir o simplemente aparecer en el césped con la camiseta roja.

Los 45.000 aficionados que ya han llenado más de medio Metropolitano no van a ver un partido.
Van a participar en un movimiento.

España está despertando una pasión colectiva que ya no tiene vuelta atrás.
El fútbol femenino es ya un símbolo de modernidad, progreso, igualdad y orgullo nacional.

Porque cuando una niña de 6 años se pone la camiseta de la Selección y dice “yo quiero ser como ellas”, España gana.
Cuando una familia entera compra entradas para ver a la Roja, España gana.
Cuando un estadio entero canta el himno y se abraza para apoyar a nuestras jugadoras, España gana.

Y cuando nuestras futbolistas miran a la grada y ven ese océano rojo… España gana, aunque el marcador diga otra cosa.

Habrá un país mirándose al espejo y gustándose.
Habrá un país que se reconoce en sus mujeres.
Habrá un país que dice: “Estamos aquí. Hemos llegado y no nos iremos nunca.”

Porque es contra Alemania, un gigante histórico.
Porque España quiere seguir creciendo.
Porque las jugadoras sienten que el país está detrás.
Porque los estadios llenos no son casualidad: son compromiso.
Porque cada entrada vendida es un grito que dice: “Seguimos, creemos y apostamos.”

Este partido importa porque EXPRESA algo.
Porque DEFIENDE algo.
Porque CELEBRA algo.
Porque PROMETE algo.

Porque es contra Alemania, un gigante histórico.
Porque España quiere seguir creciendo.
Porque las jugadoras sienten que el país está detrás.
Porque los estadios llenos no son casualidad: son compromiso.
Porque cada entrada vendida es un grito que dice: “Seguimos,creemos y apostamos.”

Que ruja el Metropolitano.
Que avance la Roja.
Que el país se encienda.
Y que el mundo tome nota:
España ya es potencia. Y ya es orgullo.
La patria del fútbol femenino ya tiene nombre y su nombre es España.

El fútbol femenino en España ya no es una promesa. Es una certeza. Es una identidad. Es una bandera que flamea con la misma fuerza que el orgullo de un país que ha aprendido —por fin— a reconocerse en la grandeza de sus mujeres. Este martes 25 de noviembre, en Madrid, la Real Federación Española de Fútbol confirmó un dato que no es una cifra más: más de 45.000 entradas vendidas para el encuentro entre España y Alemania en el Estadio Metropolitano.
Cuarenta y cinco mil motivos para creer. Cuarenta y cinco mil voces que ya resuenan antes de que el balón eche a rodar.

Y lo celebraron junto a dos símbolos del presente que ya escriben historia: Fiamma Benítez, orgullo rojiblanco y del futuro de España, y Vicky López, talento generacional del F.C. Barcelona y de nuestra selección. Dos jóvenes líderes que representan al país que viene, al país que decide no esperar más.

Pero en medio de este acto solemne, lleno de ilusión y patriotismo deportivo, surgió una frase que no sólo define el momento, sino que explica por qué España está donde está. La exinternacional Claudia Zornoza, en declaraciones a As con Marta Griñán, dejó caer una verdad que atraviesa generaciones como un rayo de conciencia: “Ahora hay más niñas jugando al fútbol, por eso mereció la pena el Mundial”.

Ahí está todo.
Ahí está España.
Ahí está el motor que nos impulsa hacia adelante y ya nada las puede detener, seamos realistas.

Ninguna nación se define sólo por sus títulos. Se define por lo que inspira en la gente que viene detrás. Y si hoy hay niñas en cada barrio, en cada colegio, en cada campo de tierra, jugando con ilusión y convencidas de que pueden llegar a vestir la Roja… es porque las heroínas de 2023, de 2024, de 2025 y de todo lo que está por venir les abrieron el camino a golpe de talento y orgullo.

España no sólo ganó un Mundial. España ganó futuro.
Ganó autoestima.
Ganó un lugar en el gran mapa del deporte universal.

El fútbol femenino español ya no es la alternativa: es la referencia.
Ya no es el sueño: es el camino.

Que una final de la Liga de Naciones reúna a más de 45.000 personas es un gesto de modernidad deportiva, pero también de identidad nacional. El Metropolitano no será sólo un estadio: será un grito común.
Un canto a un deporte que ha dejado de pedir permiso y ahora exige su sitio.

Porque cuando España se juega algo —sea una clasificación, un amistoso o un simple encuentro de preparación— lo hace con alma de campeón. Y su gente lo sabe. Lo siente y acude en masa, con una dosis muy elevada de orgullo.

El fútbol femenino español ya no se mira desde arriba ni desde fuera. Se vive desde dentro. Se vive desde la piel y se siente como un deber patriótico.

Fiamma Benítez, madrileña adoptiva del Metropolitano, representa al espíritu de la lucha diaria, del talento que arde, de la entrega sin excusas.
Vicky López simboliza el genio precoz, la elegancia, la creatividad que España siempre soñó con tener.

Dos jugadoras jóvenes, dos banderas en movimiento, dos orgullos nacionales.
Están en los actos oficiales porque ellas ya son España.

Pero junto a ellas están Alexia, Aitana, Cata Coll, Jennifer Hermoso o Mapi León, custodiando la bandera rojigualda con valor .

Y detrás de todas nuestras heroínas, millones de españoles que ya han decidido que este fútbol también es suyo y les importa.

Cuando Claudia Zornoza dice que “mereció la pena”, no habla de un torneo.
Habla de una vida dedicada a un sueño.
Habla de entrenar en campos vacíos y ver ahora estadios repletos.
Habla de una generación que empujó para que las niñas no tuvieran que pedir permiso para jugar.

Lo que ellas hicieron —las que estuvieron antes, las que batallaron sin focos— fue un acto patriótico.
Un servicio al país.
A la sociedad.
A la igualdad.
Al deporte.

Si hoy España puede presumir de ser potencia es porque ellas soñaron en pleno silencio. Y porque las niñas que juegan hoy lo hacen ya sin miedo al que dirán.

España está construyendo un patriotismo sano, deportivo, moderno.
Un patriotismo que no excluye: inspira.
Que no divide: une.
Que no se grita contra nadie: se grita por todas.

Cuando la Roja salte al césped del Metropolitano, no será sólo un equipo representando a un país.
Será un país representándose a sí mismo.

Un país que ya no acepta que el fútbol femenino sea tratado como una categoría menor.
Un país que exige respeto, visibilidad, inversión, voz.


Un país que se ha enamorado de su equipo, de sus jugadoras, de su estilo, de su coraje.

Y sí, un país que siente orgullo patrio cuando ve a España ganar, competir o simplemente aparecer en el césped con la camiseta roja.

Los 45.000 aficionados que ya han llenado más de medio Metropolitano no van a ver un partido.
Van a participar en un movimiento.

España está despertando una pasión colectiva que ya no tiene vuelta atrás.
El fútbol femenino es ya un símbolo de modernidad, progreso, igualdad y orgullo nacional.

Porque cuando una niña de 6 años se pone la camiseta de la Selección y dice “yo quiero ser como ellas”, España gana.
Cuando una familia entera compra entradas para ver a la Roja, España gana.
Cuando un estadio entero canta el himno y se abraza para apoyar a nuestras jugadoras, España gana.

Y cuando nuestras futbolistas miran a la grada y ven ese océano rojo… España gana, aunque el marcador diga otra cosa.

Habrá un país mirándose al espejo y gustándose. Habrá un país que se reconoce en sus mujeres.
Habrá un país que dice: “Estamos aquí. Hemos llegado y no nos iremos nunca.”

Porque es contra Alemania, un gigante histórico.
Porque España quiere seguir creciendo.
Porque las jugadoras sienten que el país está detrás.
Porque los estadios llenos no son casualidad: son compromiso.
Porque cada entrada vendida es un grito que dice: “Seguimos. Creemos. Apostamos.”

Este partido importa porque EXPRESA algo.
Porque DEFIENDE algo.
Porque CELEBRA algo.
Porque PROMETE algo.

Porque es contra Alemania, un gigante histórico.
Porque España quiere seguir creciendo.
Porque las jugadoras sienten que el país está detrás.
Porque los estadios llenos no son casualidad: son compromiso.
Porque cada entrada vendida es un grito que dice: “Seguimos,creemos y apostamos.”

Que ruja el Metropolitano.
Que avance “La Roja”
Que el país se encienda.
Y que el mundo tome nota:
España ya es potencia. Y ya es orgullo.
La patria del fútbol femenino ya tiene nombre y su nombre es España.

(Fuente: Getty imágenes)

Comentarios

Deja un comentario

More posts