
🟦 La Selección completa en el feudo rojiblanco el entrenamiento oficial previo a la vuelta de la final de la UWNL ante Alemania.
Cerrar el año levantando un título. No existe una frase que resuma mejor el latido actual del fútbol español que esa. España, que en este 2025 ya puede presumir de haber tocado el cielo como subcampeona de Europa y, además, de haber alcanzado la cúspide universal como número uno del ranking FIFA, se presenta ante su propio destino con el hambre intacta, voraz, irreductible. Una selección que ha aprendido a vivir en la élite y que ahora necesita confirmar, una vez más, que este tiempo les pertenece. Segunda final en apenas cuatro meses. Segunda final consecutiva de esta UEFA Women’s Nations League que, por momentos, parece escrita por ellas y para ellas. La ambición no se negocia: revalidar el título, doblegar a Alemania y celebrar en Madrid, en casa, ante su gente, en un Metropolitano que ya respira final aunque falten horas para que el balón eche a rodar mañana, martes 2 de diciembre, a las 18:30h, en directo por La 1 de RTVE. Una fecha, una hora y un estadio que ya se han convertido en mantra colectivo.
Sobre el césped, la última sesión de entrenamiento no fue un trámite, sino un juramento tácito. Sonia Bermúdez, heredera y continuadora del legado, dirigió la preparación con la firmeza con la que una líder conduce a un ejército antes de entrar en combate. Intensidad, precisión, concentración, miradas que no buscan distracción porque saben exactamente lo que está en juego. España afinó automatismos, revisó detalles tácticos, pulió movimientos con y sin balón, reforzó la estructura defensiva y la fluidez ofensiva con la que espera desarmar a una Alemania que jamás concede nada, que jamás se rinde, que vive históricamente en ese lugar donde ganar siempre parece lo normal. Pero España quiere reescribir el refrán. Quiere demostrar que no siempre gana Alemania. Quiere demostrar que este juego también se escribe con el nombre de estas futbolistas.
No obstante, la final llega herida, con un vacío imposible de disimular en la sala de máquinas. Aitana Bonmatí, tres veces Balón de Oro, cerebro y pulso de este equipo, abandonó ayer la concentración después de que los servicios médicos de la RFEF confirmaran lo que nadie quería ni imaginar: una fractura de peroné en la pierna izquierda durante el entrenamiento en Las Rozas. Una acción fortuita, un mal apoyo, un dolor que inmediatamente reveló algo más grave. La centrocampista de San Pere de Ribes ha vivido un año tan brillante como cruel; la meningitis vírica que la apartó del inicio de la Eurocopa fue el primer golpe, esta nueva lesión es el segundo. Ella, que lo juega todo, que lo sostiene todo, que lo interpreta todo, no podrá estar en esta final. Su ausencia no detiene al grupo, lo endurece. La herida se transforma en combustible.
Con su baja, de las 25 convocadas inicialmente por Bermúdez —dos más de las permitidas por UEFA para esa primera lista tras sustituir a Montse Tomé después de perder la final continental ante Inglaterra— solo una jugadora tendrá que quedar fuera, presumiblemente la guardameta Eunate Astrálaga. La lógica señala que Fiamma Benítez, que en principio iba a ser una de las descartadas, verá cómo el destino la llama, cómo la oportunidad se abre frente a ella. Fiamma en el Metropolitano. Fiamma en casa. Fiamma, quizá, acompañando a Alexia Putellas en la medular como brújula, como nueva luz donde antes estaba Aitana. El fútbol siempre deja huecos, pero también abre puertas.
El grupo no pierde calma. Irene Paredes, capitana, voz firme en rueda de prensa, recordó que una baja duele, pero que este equipo no funciona por nombres individuales sino por un sistema de creencia mutua. Que en Alemania se sufrió, sí, que la primera parte costó, que defender un 0-0 fuera de casa no fue cómodo, pero que resistieron juntas, que trabajan juntas, que han llegado hasta aquí porque se sostienen unas a otras cuando el viento sopla en contra. Alemania es poderosa, es histórica, es ocho veces campeona de Europa, pero España también es campeona. España también sabe sufrir. España también sabe ganar.
Sonia Bermúdez secundó esa energía. No negó lo evidente —la baja de Aitana es enorme—, pero insistió en que esta selección tiene recursos, variantes, inteligencia y versatilidad para seguir siendo dominante. Que buscan más posesión, más ritmo, más control. Que han estudiado a Alemania, que han trabajado soluciones, que el Estadio Metropolitano lleno con 70.000 almas va a empujar, a rugir, a sostener cuando las piernas tiemblen y el corazón exija más de lo que parece posible. Una final es un territorio donde el detalle define la gloria. Una pérdida, un regate, un pase dividido, una ocasión bajo palos como la que salvó Paredes en la ida. España sabe que la excelencia en lo pequeño puede significar una celebración interminable.
Y como si la noche necesitara un latido adicional, la música también será parte del relato. Iberdrola, socio patrocinador de la Selección, ha hecho posible que La La Love You convierta el descanso en una fiesta emocional. El Metropolitano escuchará El principio de algo, aquella canción que las jugadoras adoptaron tras ganar a Alemania y meterse en la final de la Eurocopa. Ahora sonará ante todo el estadio, ante toda la afición, como un ritual de memoria, de pasado reciente que quiere repetirse en presente dorado. Una final con fútbol, con energía, con música, con identidad. Una final que puede elevar otra vez a España al trono.
Quedan horas. Menos de un día. El aire ya huele a partido grande. Las calles de Madrid, las gradas del estadio, las piernas de las jugadoras saben que la historia vuelve a llamar. España puede cerrar el año levantando un título. España puede revalidar la Nations League. España puede, ante Alemania, ante el mundo, demostrar que no es una casualidad, sino una era.
El resto será fútbol. El resto será gloria o aprendizaje. Pero esta Selección ya está preparada. Ya ha elegido camino.
Ya ha decidido que quiere ganar. Y cuando un equipo cree —cuando un país entero late detrás— no hay refrán que dicte quién triunfa.
Mañana, a las 18:30, horario peninsular en el Metropolitano, se escribe la próxima página y puede ser eterna.
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