Oficial | España cierra 2025 en la cima del mundo

(Fuente: RFEF)

🟦 Las jugadoras de “La Roja” son las protagonistas de una generación para recordar que aventaja en 37.31 puntos a USA, que es segunda en el ranking mundial.

La historia del fútbol femenino español acaba de escribir uno de sus capítulos más emocionantes y trascendentales. La Selección Española de Fútbol, actual campeona de casi todo —del mundo, de subcampeona de Europa y flamante ganadora de la Nations League— cerrará el año 2025 instalada con autoridad en el número uno del ranking FIFA, con 2094.89 puntos que consolidan un ciclo competitivo jamás visto en nuestro deporte. Un reinado que no se explica solo desde los títulos: nace de una identidad, una generación irrepetible y una conexión emocional con un país que aprendió a soñar con ellas… y que ya no quiere despertar.

España termina el año por delante de potencias históricas como Estados Unidos (2057.58), Alemania, Inglaterra, Suecia o Francia.
La distancia con las norteamericanas —durante décadas dominadoras absolutas del fútbol mundial— es simbólicamente tan importante como matemáticamente clara: 37.31 puntos que representan algo más que un número. Representan un cambio de era.

Porque España no ha conquistado el mundo a través del músculo o la imposición física, sino con una identidad que ya forma parte del patrimonio emocional del deporte: presión asfixiante, asociaciones que parecen trazos coreografiados, agresividad en la recuperación, paciencia infinita cuando el partido lo exige, valentía para arriesgar cuando otros temen caer. El balón, siempre el balón. No como herramienta: como brújula. Como declaración de intenciones. Como la forma más pura de contar quiénes somos.

Este 2025 ha sido un año tejido con gestas. España defendió su corona europea como si la historia le perteneciera desde siempre. Ganó la Nations League con autoridad y una serenidad que asusta. Firmó victorias que quedan grabadas como cicatrices gloriosas sobre las potencias tradicionales. Y cada vez que el equipo celebró, lo hizo con ese gesto que ya reconocemos incluso sin ver sus caras: el gesto de quien sabe que no está tocando techo, sino abriendo una puerta. Hay generaciones que nacen para competir y otras que nacen para trascender. Esta ya ha elegido su destino.

Las jugadoras —esas que aparecen en las imágenes alzando trofeos, sonriendo con una mezcla de orgullo y responsabilidad— son las narradoras silenciosas de esta epopeya. No hace falta nombrarlas una a una; basta con verlas jugar para entender que han construido una hermandad que trasciende la táctica. Han unido experiencia y juventud en un pacto invisible que las convierte en algo más que un equipo: en una idea. En una marea roja que, cuando avanza, parece imposible de detener.

Y alrededor, un país rendido. Estadios que vibran, audiencias que baten récords, generaciones completas de niñas que ya no imaginan un futuro donde el fútbol femenino sea desconocido, sino uno donde ellas mismas llevan los colores de su selección en un gran torneo. Cada partido de España es un acontecimiento nacional, cada gol un abrazo colectivo, cada título un espejo donde mirarnos con orgullo.

Cuando el ranking llega, cuando la FIFA ordena el mundo y escribe “España — 2094.89 puntos” en lo más alto, no es solo un cierre de año: es un acto simbólico. Es la confirmación oficial de algo que todos sentimos hace tiempo. Que el centro de gravedad del fútbol femenino se ha desplazado. Que la potencia más creativa, más dominante, más completa, más emocionante está aquí. Que este país, que hace no tanto era un susurro en la élite, hoy es un rugido que llena estadios enteros.

No sabemos qué traerá 2026. El deporte no ofrece garantías, y el éxito puede ser volátil. Pero si algo ha quedado claro este año es que España ya no compite para demostrar que pertenece a la élite: compite para hacer historia. Para escribir capítulos que aún no existen. Para llevar la frontera del juego a un lugar donde nadie ha estado antes.

Y mientras cae el telón de 2025, en algún lugar, quizá en un campo de entrenamiento vacío, un balón rueda despacio sobre la hierba. Es el recordatorio silencioso de todo lo que ha pasado… y de todo lo que está por venir. España termina el año siendo la número uno del mundo.

Y lo hace con la sensación, casi poética, de que apenas estamos presenciando el comienzo de un reinado destinado a perdurar.

España cerró el año como cierran los grandes imperios: con las cifras escritas en piedra y la sensación de que ni siquiera los números alcanzan para explicar lo que verdaderamente ocurrió sobre el césped. 17 partidos. 14 victorias, 2 empates y 1 sola derrota. 50 goles marcados. 13 recibidos. Un registro que no parece de una selección humana, sino de un equipo mitológico, construido con la determinación de quienes saben que están escribiendo un capítulo que se leerá durante generaciones.

Porque detrás de esas cifras hay algo que no se puede medir: la manera. La forma en la que España ganó, la forma en la que resistió, la forma en la que volvió a levantarse incluso cuando el mundo quiso dudar. Hay selecciones que suman victorias; España, en 2025, las creó. Las moldeó. Las transformó en relatos épicos que quedarán grabados en la memoria colectiva. Cada triunfo fue una pieza más de una obra que se construyó a golpe de talento, sacrificio y una fe absoluta en un fútbol que combina precisión quirúrgica con un arrojo casi poético.

Los 50 goles a favor no son simplemente medio centenar de celebraciones: son la prueba de una maquinaria ofensiva que se mueve al ritmo de un país entero. Cincuenta veces en las que el balón cruzó la línea para recordarle al mundo que España juega con un lenguaje propio, un idioma hecho de pases, diagonales, fintas y valentía. Cada gol fue un latido más de un equipo que ya no se conforma con ganar, sino que busca emocionar, dominar y trascender.

Los 13 goles en contra, más que una estadística defensiva, representan la resistencia. La solidez de un grupo que cuando debe defender lo hace con la misma intensidad con la que ataca, que entiende el esfuerzo colectivo como un pacto inquebrantable. En esos 13 goles está el precio inevitable de competir al máximo nivel, pero también está la historia de un equipo que sabe responder ante cada golpe con un rugido aún más fuerte.

Las 14 victorias son estaciones en un viaje que cambió la percepción internacional del fútbol femenino. Cada una con su estilo: algunas arrolladoras, otras pacientes, muchas hermosas, algunas sufridas. Las 2 igualdades son capítulos donde la épica se fraguó en la resistencia, donde España demostró que incluso cuando el triunfo no aparece, la identidad no se pierde. Y la única derrota —esa nota singular en un pentagrama casi perfecto— se convirtió en un recordatorio de que los grandes equipos no se definen por lo que les golpea, sino por la manera sublime en que responden después.

Porque España, tras ese tropiezo, no dudó. No tembló, no retrocedió, avanzó y creció para volverse aún más fuerte después de la dramática tanda de penaltis en la final de la Europa ante Inglaterra.

El año termina con la imagen de una capitana levantando un trofeo que brilla como un símbolo de un tiempo nuevo, de una era en la que España dejó de mirar hacia arriba para descubrir que ya estaba allí, en lo más alto. Termina con un vestuario que sabe que ha cambiado la historia. Con una afición que ha aprendido a latir al ritmo de este equipo. Con rivales que han entendido que ya no existe margen para dudar: España es la referencia, la vara de medir, la cima que todos quieren escalar.

Y mientras cae la última página del calendario, las cifras siguen ahí, inmutables, gigantescas, casi imposibles.

Pero lo que realmente deja sin aliento no son los números, sino lo que implican. Un año de dominio, de belleza, de convicción. Un año en el que esta selección convirtió cada partido en una declaración de poder y cada minuto en un poema competitivo.

España cierra 2025 como cierre un campeón absoluto: con el mundo a sus pies y el futuro esperando, impaciente, a ver qué nueva hazaña escribirá este equipo que ya juega en el territorio de la leyenda.

(Fuente: “El Partido de Manu”)

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