
◼️ No fue un partido. Fue una declaración. Una exhibición de jerarquía, ritmo y fútbol total que convirtió la segunda semifinal de la Copa de Campeones Femenina en un relato de una sola dirección. El Arsenal Women, implacable desde el primer minuto, desbordó por completo al ASFAR Rabat Women con un 6-0 rotundo, una goleada que habla tanto de la ambición londinense como del punto exacto en el que el fútbol no admite concesiones. Gol a gol, presión a presión, las ‘Gunners’ firmaron una noche que las impulsa directamente a la gran final ante Corinthians, con la sensación de haber llegado a Londres para mandar.
El duelo al detalle |

🏆 FIFA Women’s Champions Cup 2026™
🔥 Arsenal Women 🆚 ASFAR 🔥
🤝 Segunda semifinal
📅 Miércoles, 28 de enero de 2026
⏰ 19:00 horario peninsular
📺 APP de DAZN
🏟️Brentford Community Stadium, Londres

Los primeros compases no dejaron goles, pero sí mensajes. El Arsenal movía el balón con paciencia, sin ansiedad, como quien sabe que el tiempo juega a su favor. ASFAR, ordenado, intentaba resistir, consciente de que cada minuto sin encajar reforzaba su confianza.
Pero había algo en el lenguaje corporal de las londinenses que anticipaba lo inevitable. No había prisas, pero sí determinación. No había nervios, pero sí hambre.
El Arsenal estaba midiendo. Y cuando un equipo de este calibre mide, es porque ya ha decidido dónde va a golpear.
El primer gol llegó como llegan los goles de los equipos grandes: sin estridencias, casi sin aviso. Una posesión larga, horizontal, diseñada no para avanzar metros sino para desordenar estructuras. El ASFAR basculaba, cerraba, se ayudaba. Pero cada desplazamiento lateral era una pequeña concesión.
El balón viajó de un lado a otro hasta que apareció el espacio. No fue un fallo evidente. Fue una microrrotura, una desconexión mínima entre central y lateral, suficiente para que el Arsenal encontrara profundidad. El centro fue preciso, tenso, al corazón del área. Y allí, el remate. Limpio. Inapelable.
El 1-0 no fue un golpe devastador, pero sí fue el primer aviso serio. La semifinal ya tenía dueño territorial en el minuto 8 de juego, el duelo no era tan equilibrado como el que midió al mediodía al Gotham con el Corinthians (0-1).
Cuatro minutos más tarde, la ventaja se duplicó cuando Maanum se giró y disparó a bocajarro. Caldentey marcó el tercero poco después, transformando con sangre fría un penalti tras una mano de Zineb Redouani dentro del área para poner el 2-0 en el 12, poco antes del primer cuarto de hora.
En ese momento, la semifinal empezó a deslizarse peligrosamente hacia un escenario que ASFAR quería evitar a toda costa: el partido largo, el desgaste, la sensación de estar siempre persiguiendo sombras.
Con dos goles de ventaja, el Arsenal no bajó el ritmo. Tampoco lo desató sin sentido. Hizo lo que hacen los equipos que saben competir: administrar la superioridad sin renunciar a la identidad.
La circulación fue aún más fluida. Las líneas, más cortas. El ASFAR, por momentos, ya no defendía para robar, sino para limitar daños. Cada llegada inglesa era una amenaza latente.
La semifinal, poco a poco, empezaba a parecerse a un monólogo para el actual campeón de la Liga de Campeones Femenina.
El tercer gol llegó justo cuando ASFAR empezaba a pensar en el descanso como refugio. Y llegó de la manera más dolorosa: con fútbol asociativo, con precisión quirúrgica, con la sensación de que el Arsenal estaba jugando en otra dimensión.
La jugada fue una coreografía perfecta. Pase interior, apoyo, devolución, desmarque.
El ASFAR quedó partido por la mitad durante un segundo. Fue suficiente. La llegada desde segunda línea culminó la acción con autoridad para poner el 3-0 en el 41 que mataba el encuentro de algún modo.
pitido que señalaba el final de la primera parte sonó casi como un alivio para ASFAR Rabat. El marcador era duro, pero el castigo podía haber sido mayor. Para el Arsenal, en cambio, el descanso fue una pausa incómoda, una interrupción de un flujo que dominaba por completo.
Las londinenses se marcharon al vestuario sin euforia. Con la seriedad de quien sabe que el trabajo no está terminado.
Y lo que vendría después confirmaría que el Arsenal no entiende de medias tintas.
La imagen de las londinenses al volver al césped fue reveladora. No hubo repliegue conservador ni gesto alguno que indicara administración del resultado. Las líneas siguieron altas, el bloque compacto, la presión activa. El mensaje era claro: no se trata de ganar, sino de cómo se gana.
En ese punto del partido, el Arsenal ya no competía contra el ASFAR Rabat, sino contra una idea más abstracta: la de no traicionarse a sí mismo. Los equipos grandes no entienden las semifinales como trámites ni las goleadas como excusas para bajar el ritmo. Las entienden como escenarios donde se construye reputación.
El ASFAR Rabat, consciente de la situación, intentó introducir matices. Adelantó tímidamente su bloque, buscó posesiones más largas, trató de respirar con el balón. Pero cada intento encontraba un obstáculo inmediato. El Arsenal no solo recuperaba rápido: recuperaba bien. Siempre con una jugadora perfilada para el siguiente pase, siempre con una línea de progresión clara.
A esas alturas, el mayor desafío para el ASFAR no era táctico ni físico, sino psicológico. Defender durante largos tramos, correr detrás del balón, encajar goles sin margen de respuesta va erosionando convicciones. El fútbol de élite no perdona las dudas, y el Arsenal se alimenta de ellas.
Cada control marroquí era observado. Cada pase lateral, presionado. Cada despeje, devuelto de inmediato. El partido se jugaba casi exclusivamente en campo del ASFAR, que ya no encontraba salida ni refugio.
El cuarto gol no tuvo la belleza estructural del tercero ni la contundencia psicológica del segundo. Tuvo algo diferente, quizá más revelador: la lógica aplastante del dominio.
Llegó tras una secuencia prolongada de ataques. Centro lateral rechazado, balón suelto, segunda jugada mal defendida. El Arsenal, atento, atacó el espacio con determinación. El disparo fue potente, directo, sin necesidad de florituras.
Ese gol fue el que terminó de transformar la semifinal en un ejercicio de control absoluto. No quedaba espacio para el milagro ni para la épica desde el lado marroquí. Solo para la resistencia y el aprendizaje en el minuto 61 de juego.
Con el 4-0 en el marcador, el Arsenal mostró quizá su rasgo más definitorio: la ausencia total de complacencia. No hubo gestos de exceso ni celebraciones desmedidas. Hubo concentración, orden y continuidad .
El equipo se movía como una unidad orgánica. Las distancias entre líneas eran mínimas. Las coberturas, automáticas. La ocupación del área rival, constante pero racional. No atacaban todas al mismo tiempo; atacaban las necesarias.
El ASFAR Rabat seguía intentando competir. Cada duelo ganado era celebrado como una pequeña victoria. Cada posesión larga, una forma de reafirmarse. Pero el Arsenal siempre volvía a tomar el control, como una marea que retrocede solo para volver con más fuerza.
El quinto tanto llegó cuando el partido ya estaba completamente decantado, pero no por ello perdió significado.
Al contrario. Fue el gol que convirtió la semifinal en un festival futbolístico sin crueldad.
La jugada nació desde atrás, con calma, con una circulación que parecía casi didáctica. El ASFAR trató de cerrar espacios, pero el Arsenal encontraba siempre una línea más. El pase final dejó a la atacante en una posición franca. La definición fue precisa, casi serena.
El 5-0 en el no provocó abatimiento en las marroquíes, sino una resignación digna. Sabían que el rival era superior y lo aceptaron sin renunciar a su identidad en el minuto 66 de la semifinal.
Llegados a este punto, el ASFAR Rabat ya jugaba otro partido. Uno invisible para el marcador, pero fundamental para su historia. El de mantener la dignidad, el de seguir compitiendo pese a la evidencia.
El equipo marroquí no se descompuso. No perdió el orden. No recurrió a la dureza. Entendió que aquella noche no era para ganar, sino para aprender. Y esa lectura, en contextos así, también es una victoria silenciosa.
El sexto gol fue la consecuencia natural de todo lo anterior. No un castigo añadido, sino el cierre lógico de una noche sin concesiones. El Arsenal encontró espacio una vez más, combinó con paciencia y atacó el área con determinación. El remate final puso el broche definitivo cuando el luminoso andaba ya por el minuto 75, a un cuarto de hora para el noventa .
El marcador ya no importaba. Importaba la sensación. Y la sensación era inequívoca: el Arsenal había convertido la semifinal en un manifiesto futbolístico.
Cuando la árbitra señaló el final del partido, no hubo saltos ni gestos desmedidos. El Arsenal celebró con sobriedad. Porque los equipos grandes no celebran semifinales; celebran finales.
Las jugadoras del ASFAR Rabat se saludaron entre sí y con sus rivales. Habían sido superadas, sí, pero también habían formado parte de un escenario que impulsa el crecimiento del fútbol femenino global.
Y ahora, el último capítulo. En la final aguarda el Corinthians, coloso brasileño, campeón sudamericano, símbolo de otra escuela, de otra cultura futbolística. Europa contra Brasil. Método contra talento. Precisión contra improvisación.
El Arsenal llega lanzado, con una goleada que no solo lo impulsa, sino que lo define. Ha dicho quién es y cómo quiere competir. Ahora le queda demostrarlo en el escenario definitivo.
La Copa de Campeones Femenina ya tiene final.
Y el mundo del fútbol femenino, un nuevo pulso que observar.
Goles |
1-0 Blacktenius 8’ ⚽️
2-0 Frida Maanun 12’ ⚽️
3-0 Mariona Caldentey (P.) 22’ ⚽️
4-0 Olivia Smith 41’ ⚽️
5-0 Alessia Russo 66’ ⚽️
6-0 Alessia Russo 76’ ⚽️
📋 Ficha técnica |
Borbe; Holmberg, Laia Codina, Wubben-Moy, Hinds; Pelova, Caldentey, Maanum, Smith; Mead, Blackstenius 
Suplentes usadas:
Caitlin Foord (45′), Kim Little (45′), Katie McCabe (61′), Alessia Russo (60′), Cloe Kelly (77’).
ASFAR Rabat WomenTitulares:
Errmichi; Boukhami, Aït El Haj, Rabbah (c), Redouani; Sanaa, Saïd, Erroudany, Benzina; Lahmari, Tagnaout.
Cambios:El Madani (75′), Gnammi (70′), entre otras sustituciones del banquillo.

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