La crónica | El ONA da la campanada en Zubieta

(Fuente: FC Barcelona Women)

🔷 El Badalona Women firmó una noche para la historia del fútbol femenino catalán y español al tumbar en la prórroga a la Real Sociedad, rompiendo todos los pronósticos y colándose por primera vez en las semifinales de la Copa de la Reina gracias al tanto decisivo de Itzi Pinillos (0-1) en la prórroga.

Los onces |

Real Sociedad |

Julia Arrula

Claudia Florentino

Ainhoa Moraza

Nahia Aparicio

Elene Guridi

Andreia Jacinto

Mirari Uria

Nerea Eizagirre (C)

Cecilia Marcos

Emma Ramírez

Klara Cahynová

ONA |

María López

Sonia García (C)

Estefanía Banini

Elena Julve

Loreta Kullashi

Itziar Pinillos

Lorena Navarro

Ana González

Celya Barclais

Cristina Cubedo

Nerea Carmona

El duelo al detalle |

(Fuente: “El Partido de Manu”)

El equipo dirigido por Arturo Ruiz salió al terreno de juego con una determinación inequívoca, consciente de que la Copa de la Reina no concede segundas oportunidades y de que el contexto competitivo —un cruce ante un rival de inferior categoría en términos clasificatorios, pero cargado de ilusión— exigía marcar territorio desde el primer instante. Las futbolistas realistas parecían haber interiorizado el guion antes incluso de que el balón echara a rodar: dominio, control, presión alta y velocidad en la circulación. Nada de especulación. Nada de tanteo. Desde el pitido inicial, la Real Sociedad impuso un ritmo que hablaba de jerarquía, de oficio y de un equipo acostumbrado a manejar escenarios de máxima exigencia.

Ese dominio temprano no fue una cuestión meramente estética o territorial, sino que se tradujo de inmediato en amenaza real sobre la portería rival. Antes de que el cronómetro alcanzara siquiera el primer minuto de juego, Emma Ramírez protagonizó la primera gran sacudida del encuentro. La extremo realista, eléctrica y valiente, recibió en banda izquierda, encaró sin dudar y, tras acomodarse el balón con sutileza, conectó un potente zurdazo que se estrelló con violencia en el poste izquierdo de la portería defendida por María López. El sonido seco del balón golpeando la madera resonó en Zubieta como un aviso inequívoco: la Real había salido a morder.

La jugada, más allá de su desenlace, fue una declaración de intenciones. Reflejaba a la perfección la puesta en escena del conjunto txuri-urdin: extremos abiertos, laterales largos, centro del campo escalonado y una presión tras pérdida asfixiante que impedía cualquier intento de pausa por parte del FC Levante LP Badalona Women. La Real no solo quería el balón; quería hacerlo suyo en campo contrario, imponer su ritmo y desgastar mentalmente a un rival que, desde el inicio, se vio obligado a correr detrás de la pelota.

Cinco minutos después de aquel primer aviso, llegó una acción que levantó al público de sus asientos y que, durante unos segundos, pareció abrir el marcador. Cecilia Marcos, una de las futbolistas con mayor talento diferencial del plantel realista, culminó una brillante jugada colectiva con una definición tan delicada como precisa. La acción nació en campo propio, con una salida limpia desde atrás, apoyos constantes y una circulación rápida que desarmó la primera línea de presión visitante. El balón fue viajando de pie en pie hasta encontrar a Cecilia, que leyó a la perfección el movimiento de la portera y optó por una vaselina exquisita, una de esas definiciones que engrandecen el juego.

El balón se coló mansamente en la portería, y durante un instante, Zubieta celebró lo que parecía el merecido premio a un arranque arrollador. Sin embargo, la alegría duró poco. La asistente levantó el banderín, señalando fuera de juego. El gol no subió al marcador. La decisión generó protestas inmediatas desde el banquillo local, con Arturo Ruiz reclamando una revisión de VAR, convencido de que la posición de su futbolista podía ser legal. No era una protesta airada, sino la lógica reacción de un entrenador que sentía que su equipo había hecho méritos suficientes para adelantarse.

La repetición, sin embargo, disipó cualquier atisbo de duda. Las imágenes mostraron con claridad que Cecilia estaba adelantada en el momento exacto en el que recibía el pase. La definición, tan bella como inapelable, quedó reducida a una anécdota estética, a una obra de arte invalidada por el rigor del reglamento. Agua de borrajas. El marcador seguía sin moverse, aunque la sensación de superioridad realista era ya abrumadora.

Lejos de acusar el golpe anímico que a veces supone ver anulado un gol, las futbolistas de Arturo Ruiz no bajaron el pie del acelerador. Todo lo contrario. Redoblaron esfuerzos, incrementaron la presión y mantuvieron un nivel de intensidad que hacía muy complicado cualquier intento de reacción del conjunto catalán. El Badalona Women se veía constantemente empujado hacia su propio campo, incapaz de enlazar más de dos pases seguidos sin que una camiseta blanquiazul apareciera para interceptar, anticipar o forzar el error.

El plan de la Real Sociedad era claro y se ejecutaba con precisión quirúrgica: presión alta coordinada, líneas juntas, basculaciones rápidas y una ocupación racional de los espacios. El centro del campo, liderado por futbolistas con capacidad para leer el juego y sostener el ritmo, se erigía como el verdadero motor del equipo. Cada recuperación era una invitación a volver a atacar, a someter de nuevo a un rival que apenas encontraba oxígeno.

Durante ese tramo inicial, el Levante Badalona prácticamente no existió en ataque. Sus intentos de salida al contragolpe eran neutralizados antes incluso de cruzar la línea divisoria. Las delanteras visitantes se encontraban aisladas, sin apoyos, obligadas a pelear balones largos que siempre acababan en poder de la zaga realista.

El equipo local defendía hacia adelante, con valentía y convicción, consciente de que su superioridad no solo era técnica, sino también física y mental.

Con el paso de los minutos, el partido entró en una fase ligeramente más pausada. La Real Sociedad seguía dominando, pero el ritmo frenético del inicio dio paso a un control más posicional, a una gestión inteligente de los tiempos. El equipo local sabía que no hacía falta precipitarse, que el partido estaba donde quería. Aun así, el Badalona tuvo un momento, breve pero significativo, en el que logró asomarse al área rival y generar su mejor ocasión de la primera mitad.

La jugada nació de un pequeño desajuste defensivo, uno de los pocos que se permitieron las realistas en todo el primer tiempo. Emma, muy adelantada en su posición, dejó un espacio a su espalda que fue aprovechado por Estefanía Banini. La argentina, referencia ofensiva y alma creativa del conjunto catalán, recibió el balón con metros por delante y sin una defensora inmediata que la encimara. Durante unos segundos, pareció que el Badalona podía castigar a la Real en una de esas acciones aisladas que tantas veces deciden eliminatorias coperas.

Sin embargo, Banini optó por una solución individual. En lugar de buscar un pase que pudiera generar una ocasión más clara, decidió disparar desde fuera del área. El lanzamiento, potente pero poco preciso, no encontró portería. Julia Arrula, bien colocada, siguió la trayectoria del balón sin necesidad de intervenir. La ocasión quedó en un simple susto, en un recordatorio de que incluso el equipo más dominante debe mantenerse alerta.

Ese fue, en esencia, el único momento de cierta zozobra para la Real Sociedad en toda la primera mitad. A partir de ahí, el encuentro volvió a caer en el cauce que más favorecía a las locales. El Badalona, incapaz de sostener el balón o de progresar con claridad, se replegó aún más, aceptando un papel reactivo que evidenciaba la diferencia de nivel entre ambos conjuntos.

A medida que el primer tiempo avanzaba, la Real fue apagándose ligeramente en términos de intensidad, no por falta de ambición, sino por una gestión consciente del esfuerzo. El partido, y la eliminatoria, estaban bajo control. Julia Arrula apenas tuvo trabajo. Su presencia bajo palos fue casi testimonial, limitada a ordenar a su defensa y a participar en la salida de balón cuando la presión rival lo permitía. Las realistas defendían bien, atacaban mejor y transmitían una sensación de solidez que invitaba al optimismo.

Desde el banquillo, Arturo Ruiz observaba con atención, tomando notas mentales y administrando recursos. El técnico realista había optado por reservar a varias piezas clave, consciente de la exigencia del calendario y de la importancia de dosificar esfuerzos. Paula Fernández, auténtico faro del equipo y una de las futbolistas más determinantes de la temporada, aguardaba su oportunidad. También Intza, en un estado de forma sobresaliente, así como Aiara y las jóvenes Isasisasmendi y Chacón, dos de las grandes esperanzas de la cantera, especialmente en el plano ofensivo.

Esa gestión de plantilla hablaba no solo de la confianza de Arturo Ruiz en el once inicial, sino también de una visión a medio plazo. La Copa es un torneo traicionero, pero también una oportunidad para construir grupo, para implicar a todas las futbolistas y para dosificar cargas sin perder competitividad. La Real, en ese sentido, parecía tenerlo todo bajo control.

El primer tiempo se fue consumiendo sin sobresaltos, con la Real dominando el juego, el territorio y las sensaciones, y con un Badalona resistente, digno, pero claramente superado en la mayoría de los registros. El marcador, eso sí, seguía sin reflejar esa superioridad. Y en el fútbol, especialmente en una competición como la Copa de la Reina, ese detalle nunca es menor.

Porque si algo enseña este torneo es que los partidos no se ganan por merecimientos, sino por goles. Y aunque la Real había hecho méritos suficientes para irse al descanso por delante, la realidad era tozuda: el 0-0 seguía presidiendo el electrónico. Una circunstancia que, lejos de generar ansiedad, parecía reforzar la concentración del conjunto local, consciente de que el camino correcto ya estaba trazado.

El descanso se acercaba con la sensación de que el partido, más temprano que tarde, terminaría cayendo del lado realista si el guion se mantenía. La Real había demostrado superioridad en la clasificación liguera, sí, pero también sobre el césped. Había impuesto su ritmo, su idea y su jerarquía. Solo faltaba el gol. Ese detalle, siempre caprichoso, que separa el dominio del desenlace.

Y mientras el primer tiempo llegaba a su fin, Zubieta respiraba fútbol. Un fútbol de control, de paciencia y de convicción. Un fútbol que, aunque todavía no había encontrado premio, dejaba claro que el equipo de Arturo Ruiz estaba dispuesto a escribir su propio relato en esta edición de la Copa de la Reina, sin concesiones y con la ambición intacta.

Las 22 protagonistas tuvieron quince minutos para descansar y reorganizarse de cara al segundo tiempo, pues el resultado gafas lo dejaba todo abierto para la segunda mitad.

La segunda parte arrancó con una sensación reconocible, casi un eco de lo vivido en los primeros compases del encuentro, aunque con un matiz evidente: menos vértigo y más control. La Real Sociedad volvió a asumir el mando desde el inicio del segundo acto, instalándose en campo rival y empujando al Levante LP Badalona Women hacia un repliegue cada vez más profundo. Sin embargo, esa superioridad territorial no encontraba una traducción clara en forma de ocasiones manifiestas. El dominio era real, pero la precisión en los últimos metros comenzaba a ser el gran debe del conjunto txuri-urdin.

El Badalona, fiel a su plan, aceptaba el guion con disciplina defensiva. Líneas juntas, ayudas constantes y una concentración máxima para resistir el empuje local. Cada ataque realista encontraba una maraña de piernas, un cuerpo interpuesto o una decisión defensiva acertada. La Real circulaba el balón con paciencia, pero sin la chispa necesaria para desarmar un bloque que se sentía cómodo defendiendo cerca de su área.

En ese contexto, una acción a balón parado pareció ofrecer una oportunidad para romper la monotonía. Elene Guridi, siempre inteligente en la gestión de los tiempos y los espacios, provocó una falta peligrosa en la frontal del área. Nerea Eizagirre, capitana y faro creativo del equipo, tomó el balón con la naturalidad de quien entiende el juego en clave colectiva y cedió el lanzamiento a Cecilia Marcos. El disparo superó la barrera con limpieza, pero se marchó desviado, sin encontrar la portería defendida por María López. Fue una ocasión clara, aunque insuficiente para alterar el equilibrio del marcador.

Con el reloj avanzando y el partido anclado en una dinámica de control estéril, Arturo Ruiz decidió mover ficha. En el minuto 55, el técnico realista dio entrada a Intza Egiguren y Aiara Agirrezabala, dos de las futbolistas más en forma de la plantilla, ambas con el inconfundible sello Zubieta. El mensaje era claro: aumentar el ritmo, refrescar ideas y añadir verticalidad a un ataque que empezaba a perder sorpresa.

La entrada de ambas futbolistas revitalizó parcialmente a la Real, pero el partido seguía resistiéndose. Y entonces, cuando parecía que el encuentro avanzaba sin sobresaltos, llegó una acción aislada que estuvo a punto de cambiarlo todo. En el minuto 65, Elena Julve encontró al espacio a Lice Chamorro, que se plantó sola ante Julia Arrula y definió con frialdad. El balón acabó en la red, pero el tanto fue invalidado por fuera de juego. La delantera estaba ligeramente adelantada sobre Emma, y la jugada quedó anulada.

La Real Sociedad respiró aliviada, pero el susto dejó huella. Porque apenas unos instantes después, el Badalona volvió a golpear en la misma zona. Moraza permitió la progresión de Julve por línea de fondo, y la atacante visitante puso un centro tenso al segundo palo donde apareció Celya Barclais. El remate, con la pierna izquierda, salió defectuoso, casi un semifallo, pero suficiente para encender todas las alarmas. Segunda librada consecutiva para la Real, que empezaba a comprobar que la Copa no perdona las concesiones.

La respuesta local no se hizo esperar. Lucía Pardo, incisiva desde su entrada, encaró por banda, ganó línea de fondo y encontró en la frontal del área a Intza Egiguren. La centrocampista de Anoeta amagó el disparo en primera instancia, engañando a la defensa, pero su remate final fue bloqueado y se marchó a córner. Era una jugada de manual, una acción que reflejaba la intención realista de volver a imponer su autoridad.

El tiempo siguió corriendo, y el partido comenzó a adquirir ese aroma tan reconocible de las eliminatorias coperas: tensión creciente, nervios contenidos y la sensación de que cualquier detalle podía decidirlo todo. Cuando todo parecía encaminado hacia una prórroga inevitable, llegó la jugada más polémica del encuentro.

Un buen centro al área encontró a Claire Lavogez, que cayó dentro del área en pugna con una defensora. Intza Egiguren fue la primera en señalar el punto de penalti, y la árbitra no dudó en sancionar la acción. El Levante Badalona solicitó la revisión mediante VAR, utilizando una de las dos opciones disponibles, pero tras la comprobación, la decisión se mantuvo. Penalti para la Real Sociedad. Una oportunidad de oro para evitar el tiempo extra.

La responsabilidad recayó en Lucía Pardo. La futbolista tomó el balón con determinación, pero el lanzamiento fue demasiado blando, carente de potencia y colocación. María López, atenta y segura, detuvo el disparo sin excesivos problemas. El fallo fue un golpe durísimo para la Real, tanto en lo anímico como en lo simbólico. El partido se escapaba hacia la prórroga.

Sin tiempo para más, el pitido final de los noventa minutos reglamentarios confirmó lo inevitable: la eliminatoria se decidiría en el tiempo extra.

Las fuerzas, llegados a ese punto, eran las justas. El desgaste acumulado se hizo evidente, y durante la primera parte de la prórroga ambos equipos optaron por la prudencia. Nadie quería cometer el error definitivo. El miedo a perder superó durante muchos minutos el deseo de ganar. El resultado fue un tramo anodino, sin llegadas claras, sin ritmo y con demasiadas interrupciones.

Pero la segunda parte de la prórroga ofreció un guion diferente. La Real salió con otra energía, como si hubiera guardado fuerzas para ese último cuarto de hora decisivo. Aiara Agirrezabala comenzó a encontrar espacios por banda y a ganar metros con cada acción. En una de esas llegadas, la berasategiarra alcanzó línea de fondo y colgó un balón peligroso al área. El cuero quedó suelto, embarrado, y Lucía Pardo lo recogió para estrellarlo contra la madera. El poste volvió a negar el gol a la Real.

Arturo Ruiz agotó entonces sus reclamaciones de VAR, pero no había infracción alguna que señalar. El partido seguía vivo.

Y cuando mejor estaba la Real, cuando parecía más cerca el gol local, llegó el mazazo definitivo. El Levante Badalona penetró por banda izquierda, aprovechando una acción defensiva floja de Florentino. El centro fue preciso, al corazón del área pequeña. Arrula y Aparicio lograron despejar en primera instancia, pero el balón cayó muerto en el segundo palo. Allí apareció Itzi Pinillos, exjugadora del Madrid CFF, que remató a placer para firmar el 01 en el minuto 113.

El silencio se apoderó de Zubieta. El Badalona había golpeado cuando menos se esperaba, dejando a la Real sin apenas margen de maniobra.

Las txuri-urdin no se rindieron. Buscaron el empate con más corazón que cabeza. Lo tuvieron cerca. Lavogez conectó un cabezazo peligroso, pero el balón se marchó por encima del larguero. Fue la última gran ocasión. Con esa acción se cerró el partido en el País Vasco.

El ONA culminaba así una gesta sin precedentes para una entidad que alcanzó la élite en 2022 bajo el nombre de Levante Las Planas.

El Badalona Women frenaba en seco las aspiraciones de una Real Sociedad que había levantado este título en Granada en 2019, precisamente ante el Atlético de Madrid, y se llevaba la penúltima plaza disponible para unas semifinales que ya serán a doble partido.

Una noche histórica para el fútbol modesto. Una noche cruel para la Real. Y una prueba más de que la Copa de la Reina, fiel a su esencia, no entiende de jerarquías ni de merecimientos, solo de goles y momentos.

(Fuente: RFEF)

📋 Ficha técnica |

Real Sociedad de Fútbol: J. Arrula, Emma (Lucía, min. 66), Apari, Florentino, Moraza, Cahynová, Andreia (P. Fernández, min. 95), E. Guridi (Intza, min. 56), N. Eizagirre (cap.) (L. Pardo, min. 66), Cecilia (Aiara, min. 56) y Mirari (Lavogez, min. 84).

ONA: María, Itzi, Nerea C., C. Cubedo, S. Majarín (cap.) (Irina, min. 106), Barclais, Ana G. (Junge, min. 90+1), Lorena (M. Llompart, min. 46), E. Julve (Paula, min. 90+1), Banini (Jankovska, min. 71) y Kullashi (L. Chamorro, min. 46).

Árbitra: Alicia Espinosa. Ha amonestado a la local Moraza y a la visitante Barclais con tarjeta amarilla.

Incidencias: Partido correspondiente a la eliminatoria de los cuartos de final de la Copa de la Reina Iberdrola 2025-2026 entre la Real Sociedad de Fútbol y el ONA que se ha celebrado en una superficie de hierba natural.

Goles |
0-1 Itzi Pinillos 113’ ⚽️

Vídeo |

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