
◼️ El exjugador del Osasuna estuvo siguiendo por Teledeporte el Atlético de Madrid vs Athletic Club de Copa de la Reina.
Raúl García Escudero no quiso perderse la emoción que siempre nos ofrece la Copa de la Reina Iberdrola.
La tarde noche del 4 de febrero de 2026 dejó una de esas imágenes que no hacen ruido en los marcadores, que no alteran clasificaciones ni generan debates arbitrales, pero que explican mejor que cualquier discurso hacia dónde camina el fútbol contemporáneo y, en particular, el fútbol femenino español. Raúl García Escudero, exjugador de fútbol masculino, uno de los nombres propios más reconocibles del balompié nacional del siglo XXI, sorprendió al entorno del fútbol femenino con un gesto tan sencillo como profundamente simbólico: compartir en sus historias de Instagram que estaba siguiendo desde su casa el partido de cuartos de final de la Copa de la Reina entre el Atlético de Madrid y el Athletic Club, un encuentro que terminó con victoria rojiblanca por 4-1.
Así como lo leen. Sin estridencias, sin comunicados, sin campañas publicitarias ni discursos prefabricados. Un gesto cotidiano que, precisamente por eso, adquirió un valor extraordinario.
Porque Raúl García no es un exjugador cualquiera. Es una leyenda viva de LaLiga EA Sports, un futbolista que marcó una época en dos de los clubes más emblemáticos del fútbol español, Atlético de Madrid y Athletic Club, y que representa como pocos esa figura del profesional competitivo, comprometido, incómodo para el rival, generoso con los suyos y respetado incluso por quienes lo sufrieron durante años. Que alguien con ese recorrido, con ese peso histórico, con esa autoridad moral dentro del vestuario y fuera de él, se detenga a mirar, compartir y respaldar el fútbol femenino español, tiene una lectura que va mucho más allá de una simple historia en redes sociales.
El canterano del Club Atlético Osasuna, formado desde 2003 en Tajonar como centrocampista, debutó en Primera División en octubre de 2004 con el equipo pamplonés, mostrando desde sus primeros pasos ese carácter competitivo que acabaría definiendo su carrera. En junio de 2007 dio el salto al Atlético de Madrid, un club en plena reconstrucción, necesitado de líderes, de perfiles que entendieran el esfuerzo como una forma de identidad. Allí, Raúl García encontró su hábitat natural. Durante ocho temporadas en el conjunto rojiblanco levantó siete títulos oficiales y se consolidó como una de las piezas más fiables y determinantes del proyecto colchonero: dos UEFA Europa League, dos Supercopas de Europa, dos Copas del Rey, una Primera División de España y dos Supercopas de España adornan un palmarés que habla de regularidad, longevidad y competitividad al más alto nivel.
En agosto de 2015 firmó por el Athletic Club, en una de esas decisiones que solo se entienden desde el respeto por la tradición y la identidad. En Bilbao, Raúl García se transformó definitivamente en delantero, multiplicó su impacto en el área rival y volvió a levantar títulos, sumando una Copa del Rey y una Supercopa de España con los leones. Se retiró el 25 de mayo de 2024 vistiendo la camiseta rojiblanca de San Mamés, cerrando una trayectoria profesional que acumuló 152 goles oficiales, una cifra extraordinaria para un futbolista que no fue delantero puro durante buena parte de su carrera.
Más allá de los títulos, los números de Raúl García lo sitúan en una dimensión histórica. Es el tercer futbolista, tras Raúl González Blanco y Lionel Messi, en marcar cien goles en Liga habiendo alcanzado al menos los quinientos encuentros ligueros. Además, ocupa el tercer puesto en la lista de jugadores con más partidos en la historia de la Primera División española, solo por detrás de Andoni Zubizarreta y Joaquín Sánchez. Casi nada. Datos que no solo hablan de talento, sino de fiabilidad, resistencia, compromiso y una ética profesional que le permitió mantenerse en la élite durante dos décadas.
Fue un futbolista que siempre estuvo en el radar de los seleccionadores. Luis Aragonés lo tuvo en su agenda para la Eurocopa 2008, y Vicente del Bosque lo convocó por primera vez el 29 de agosto de 2014 para el amistoso ante Francia y el partido clasificatorio para la Eurocopa 2016 frente a Macedonia del Norte. Debutó como titular el 4 de septiembre de 2014 en el Estadio de Francia, en un encuentro amistoso que terminó 1-0, y volvió a ser titular el 18 de noviembre de ese mismo año frente a Alemania en Balaídos. Su etapa internacional fue breve, pero coherente con una carrera marcada por la competencia feroz en una de las generaciones más brillantes del fútbol español.
Sin embargo, reducir a Raúl García a cifras, títulos y estadísticas sería quedarse en la superficie. Porque si algo explica la unanimidad con la que es querido tanto en San Mamés como en el Metropolitano es su forma de estar en el fútbol. Su entrega innegociable, su liderazgo silencioso, su capacidad para asumir roles distintos sin perder identidad, y una educación exquisita que le convirtió en un referente dentro y fuera del campo. Humilde, cercano, de gran corazón, con una bondad que quienes le han tratado destacan de forma recurrente, Raúl García siempre entendió el fútbol como un espacio colectivo, no como un escaparate individual.
Y es precisamente desde ese lugar desde donde cobra sentido su respaldo explícito al fútbol femenino español. Porque no se trata de una pose, ni de una moda, ni de un gesto oportunista. Se trata de coherencia. De alguien que ha vivido el fútbol desde dentro, que conoce las dificultades estructurales, las desigualdades históricas y la importancia de los apoyos simbólicos para consolidar un proyecto. Ver a Raúl García siguiendo un partido de la Copa de la Reina entre Atlético de Madrid y Athletic Club no es solo una anécdota curiosa: es una declaración de principios. Es la normalización definitiva de que el fútbol femenino merece atención, respeto y seguimiento por sí mismo, no como apéndice ni como concesión.
El partido en cuestión, un Atlético de Madrid–Athletic Club de cuartos de final, añadía además una carga emocional evidente. Dos clubes que marcaron su carrera, dos camisetas rojiblancas que defendió con orgullo y carácter, enfrentadas ahora en el máximo torneo del fútbol femenino nacional.
Que eligiera ese encuentro, que lo compartiera públicamente, refuerza la idea de continuidad histórica entre el fútbol masculino y femenino de los clubes, una continuidad que durante años fue ignorada o directamente negada.
Este tipo de gestos se inscriben en un movimiento más amplio que, aunque todavía insuficiente, ha ido ganando peso en los últimos años. Cada vez son más los futbolistas varones de élite que han entendido que el crecimiento del fútbol femenino no es una amenaza, sino una oportunidad para el deporte en su conjunto. Andrés Iniesta, por ejemplo, ha sido un defensor constante del fútbol femenino, destacando públicamente el talento y la evolución del juego, y mostrando su apoyo a la selección española femenina en momentos clave. Xavi Hernández, desde su rol como entrenador y referente intelectual del fútbol, ha insistido en la necesidad de invertir, visibilizar y respetar el fútbol femenino como parte integral del ecosistema futbolístico.
Gerard Piqué, más allá de las controversias que siempre acompañan su figura, ha impulsado proyectos de visibilidad y profesionalización del deporte femenino desde una perspectiva empresarial, contribuyendo a que se hable de sostenibilidad, audiencias y formatos con la misma seriedad que en el fútbol masculino. Juan Mata ha sido otro ejemplo constante de apoyo, participando en campañas, asistiendo a partidos y utilizando sus redes sociales para amplificar la voz del fútbol femenino, siempre desde un tono respetuoso y comprometido.
A nivel internacional, figuras como Lionel Messi han mostrado en diversas ocasiones su admiración por el crecimiento del fútbol femenino, celebrando éxitos de selecciones y clubes, mientras que jugadores como Marcus Rashford, Antoine Griezmann o Kylian Mbappé han compartido públicamente su respaldo a compañeras de selección y a grandes citas del calendario femenino. Son gestos que, sumados, ayudan a construir una cultura deportiva más inclusiva y justa.
Pero lo de Raúl García tiene un matiz particular. Porque no es un jugador en activo buscando alinearse con una tendencia dominante. Es un exfutbolista retirado, con su legado ya escrito, con su lugar asegurado en la historia del fútbol español. Su gesto no busca rédito personal. Busca, simplemente, mostrar apoyo. Y en esa sencillez reside su potencia.
El fútbol femenino español atraviesa un momento de auge evidente. El crecimiento de la Liga F, la consolidación de la Copa de la Reina como un torneo con identidad propia, el impacto internacional de la selección española y la progresiva mejora de las condiciones laborales de las futbolistas dibujan un escenario esperanzador. Sin embargo, ese crecimiento sigue necesitando aliados. Necesita referentes masculinos que, desde el respeto y la normalidad, contribuyan a derribar prejuicios, a ampliar audiencias y a legitimar un espacio que durante décadas fue marginado.
La imagen de Raúl García viendo un partido femenino en su casa, como cualquier aficionado más, tiene un valor pedagógico enorme. Transmite la idea de que el fútbol femenino no necesita un trato condescendiente, sino atención genuina. Que se puede disfrutar, analizar y vivir con la misma pasión que cualquier otro partido. Que forma parte del mismo relato histórico del deporte.
Leyenda en Madrid y en Bilbao, Raúl García representa una generación de futbolistas que entendió el sacrificio como una virtud y la colectividad como un principio. Que ahora, ya retirado, siga ejerciendo liderazgo desde gestos cotidianos habla de una comprensión profunda del fútbol como fenómeno cultural y social. Su apoyo al fútbol femenino no es un punto y aparte en su trayectoria, sino una extensión lógica de lo que siempre fue: un profesional íntegro, comprometido con el juego y con las personas que lo hacen posible.
En un contexto en el que el fútbol femenino todavía lucha por ocupar el espacio que merece en medios, conversaciones y estructuras, cada gesto cuenta. Y cuando ese gesto viene de alguien con la autoridad, el respeto y la trayectoria de Raúl García Escudero, su impacto se multiplica.
No es exagerado afirmar que estas pequeñas acciones ayudan a construir el futuro del deporte. Un futuro en el que ver un partido de la Copa de la Reina no sea noticia por quién lo ve, sino por lo que ocurre en el campo. Un futuro en el que el apoyo al fútbol femenino sea tan natural que deje de ser noticia.
Hasta que llegue ese día, conviene detenerse y señalar estos momentos. Porque explican mejor que cualquier discurso que el cambio ya está en marcha. Y porque demuestran que el fútbol, cuando se vive desde la honestidad y el respeto, tiene la capacidad de unir generaciones, géneros y tradiciones bajo una misma pasión. Raúl García, con una simple historia de Instagram, volvió a dejar claro que las leyendas no solo se construyen con goles y títulos, sino también con valores.

Deja un comentario