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  • La previa | Madrid CFF vs Alhama C.F.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️ Donde late la permanencia y arde la ambición: mediodía de fe en el Fernando Torres.

    El sábado, 21 de febrero de 2026, a las 12:00, bajo la luz limpia del mediodía, el estadio Fernando Torres abrirá el fin de semana con un partido que es mucho más que un cruce de calendario en la Liga F Moeve. El Madrid CFF y el Alhama CF ElPozo se enfrentarán en un duelo que podrá seguirse por DAZN y RTVE Play, pero cuya verdadera dimensión se medirá en algo menos tangible que los puntos: la confianza, la urgencia y la convicción.

    Es un choque de estados de ánimo, de trayectorias recientes que pesan como una mochila invisible, de necesidades que aprietan el pecho y obligan a correr un metro más, a disputar un balón dividido como si en ese gesto se condensara toda la temporada.

    El Madrid CFF comparece en la cita instalado en la mitad de la tabla con 27 puntos, una posición que en apariencia ofrece estabilidad pero que, observada de cerca, revela inquietud. El empate sin goles ante el Atlético de Madrid en la última jornada confirmó la competitividad del equipo, su capacidad para sostener el orden y minimizar riesgos, pero también subrayó un problema que comienza a ser estructural: la falta de victoria. Cinco encuentros consecutivos sin ganar entre todas las competiciones no son una simple racha pasajera; son una señal que obliga a revisar mecanismos, a cuestionar automatismos y a reforzar la confianza colectiva.

    El conjunto dirigido por Sánchez Vera ha construido durante el curso una identidad basada en la organización táctica, en la presión coordinada tras pérdida y en una ocupación racional de los espacios que prioriza el equilibrio. Sin embargo, en las últimas semanas, esa solidez no ha ido acompañada de eficacia ofensiva. El equipo llega, pero no termina; amenaza, pero no concreta.

    El Madrid CFF deberá redistribuir responsabilidades ofensivas, potenciar la llegada desde segunda línea y quizá apostar por mayor movilidad en el frente de ataque para desordenar a la zaga rival. El reto no es solo táctico; es mental. El equipo necesita reencontrarse con la sensación de superioridad que convierte la posesión en amenaza real, que transforma la paciencia en oportunidad y no en rutina estéril.

    En el otro lado del campo estará el Alhama CF ElPozo, un equipo que llega herido pero no derrotado. Catorce partidos consecutivos sin ganar en la Liga F Moeve constituyen una losa difícil de ignorar. La clasificación lo refleja con crudeza: 15ª posición y 9 puntos. Sin embargo, la distancia con la permanencia es de apenas uno. Ese dato, tan frío en apariencia, es el combustible emocional del vestuario murciano. Porque estar a un punto de la salvación en medio de una dinámica tan adversa implica que, pese a todo, el objetivo sigue al alcance. El equipo de Randri García ha vivido semanas de frustración acumulada, de partidos competidos que se escapan por detalles mínimos, de errores puntuales que se pagan con dureza en una categoría donde cada desajuste se castiga. Pero también ha mostrado capacidad de resistencia, de mantenerse en la pelea cuando el contexto invita a la resignación.

    Las ausencias de Elsa Gómez, Aldrith Quintero y Encarni Jiménez condicionarán el plan visitante. Tres jugadoras que aportan profundidad de plantilla, alternativas en distintas demarcaciones y soluciones en momentos específicos del partido no estarán disponibles. Ante ese escenario, el Alhama deberá apostar por la compacidad, por reducir distancias entre líneas y por hacer del orden defensivo su punto de partida. La supervivencia, en este tipo de encuentros, comienza por la concentración. Cada despeje, cada cobertura, cada ayuda lateral tendrá un valor multiplicado. El margen de error es mínimo cuando la clasificación aprieta y la confianza necesita estímulos inmediatos.

    Los antecedentes entre ambos conjuntos ofrecen un relato favorable al equipo madrileño: tres enfrentamientos previos, tres victorias del Madrid CFF. En el partido de ida, el conjunto capitalino se impuso con claridad por 1-4 en territorio murciano, explotando las transiciones y mostrando una pegada que ahora echa en falta. Sin embargo, el fútbol no concede garantías históricas. Los partidos se juegan en el presente, en el estado de forma actual, en la gestión emocional del momento. Aquella goleada es un recuerdo que puede servir de referencia táctica, pero no asegura nada en un escenario donde las dinámicas han evolucionado.

    Desde el punto de vista estratégico, el duelo se decidirá en varios frentes interconectados. En la zona ancha, el Madrid CFF intentará imponer ritmo y circulación, mover el balón con velocidad suficiente para desarticular un bloque que previsiblemente se ordenará en repliegue medio-bajo. Si consigue atraer y cambiar de orientación con precisión, generará situaciones de uno contra uno en banda y espacios para la llegada de interiores. El Alhama, por su parte, buscará densidad en el carril central, cerrar líneas de pase interiores y forzar a su rival a centros laterales donde la defensa pueda imponerse en el juego aéreo. La transición defensiva será otro factor crítico: el equipo murciano no puede permitirse pérdidas en salida que activen la presión alta local. El Madrid CFF, en cambio, encontrará en la recuperación en campo contrario una vía directa para generar ocasiones sin necesidad de elaboración prolongada. El balón parado, finalmente, puede convertirse en un elemento diferencial. En partidos de marcador corto y tensión elevada, una acción a balón detenido suele inclinar la balanza.

    Más allá de la pizarra, el componente psicológico será determinante. El Madrid CFF juega con la presión de quien siente que la temporada puede escaparse hacia una zona tibia sin premio adicional. La mitad de tabla no es un fracaso, pero tampoco satisface ambiciones mayores. Cada jornada sin victoria aumenta la ansiedad, cada ocasión fallada se acumula en la memoria reciente. El Alhama, en cambio, juega con la presión existencial del descenso. Pero esa misma urgencia puede convertirse en energía competitiva si logra sostener el partido en equilibrio durante el primer tramo. En escenarios así, el tiempo es un aliado para quien resiste y un enemigo para quien no concreta.

    El horario, a las 12:00 del mediodía, añade una dimensión simbólica. La luz es directa, sin artificios. No hay margen para esconder errores bajo la noche. Todo se observa con nitidez: los gestos de frustración, las celebraciones, las dudas. El estadio Fernando Torres será el marco de un examen público que abrirá el fin de semana con foco nacional, amplificado por la retransmisión en DAZN y RTVE Play. La exposición multiplica la responsabilidad.

    En términos de escenarios posibles, el partido ofrece múltiples bifurcaciones. Una victoria convincente del Madrid CFF rompería la racha negativa, devolvería serenidad al vestuario y reafirmaría su superioridad histórica ante el Alhama.

    Un encuentro cerrado y prolongado en el empate trasladaría la ansiedad al equipo local, obligándolo a asumir riesgos crecientes. Un gol tempranero del conjunto murciano alteraría por completo el guion, forzando al Madrid CFF a volcarse y ofreciendo al Alhama la posibilidad de defender con el marcador a favor, una circunstancia psicológicamente poderosa para quien lucha por la permanencia.

    En definitiva, 27 puntos frente a 9, mitad de tabla frente a zona de descenso, cinco partidos sin ganar frente a catorce.

    La aritmética parece inclinar el análisis previo, pero el fútbol rara vez se somete dócilmente a la lógica estadística. Se impone quien gestiona mejor el momento, quien interpreta la presión como impulso y no como carga.

    La gran noticia que rodea de algún modo a este compromiso es la flamante citación de Sandra Villafañe, central del Madrid CFF, con la Selección Española en categoría absoluta por vez primera en su trayectoria deportiva, algo que ha sido una de las grandes sorpresas de las campeonas del Mundo en 2023 para esta primera ventana de clasificación de 2026, válida para buscar un billete al próximo torneo intercontinental que tendrá lugar en Brasil en el periodo estival de 2027.

    El sábado al mediodía, cuando el balón comience a rodar, no solo se disputarán tres puntos. Se pondrán en juego la credibilidad de un proyecto que quiere volver a ganar y la esperanza de otro que se aferra a la permanencia con determinación. Ganará quien convierta la necesidad en energía y la duda en convicción. Porque en este tipo de partidos no siempre vence quien llega mejor; a veces lo hace quien entiende que no hay mañana y actúa en consecuencia.

    🔜 NEXT GAME

    🏆 Liga F Moeve

    🙌🏻 Matchday 21 | Día de partido

    🔥 Madrid CFF 🆚 Alhama Club de Fútbol ElPozo 🔥

    🏳️‍🌈 Amor por los colores

    ✨ Temporada 2025-2026 ✨

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📅 Sábado, 21 de febrero de 2026

    📺 DAZN 1 (Dial 70 de Movistar Plus) & RTVE Play en abierto

    🏟️ Estadio Fernando Torres, Fuenlabrada

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Oficial | El futuro ya está aquí: regresan Salma y Misa, pero la nueva España mira a Villafañe y Aguirrezabala

    (Fuente: RFEF)

    ◼️ Vuelven Salma Paralluelo y Misa Rodríguez, dos nombres propios que elevan el pulso competitivo de una selección española que sigue viviendo entre la memoria dorada y la exigencia permanente, pero la noticia que sacude el ecosistema del fútbol femenino español es otra: el debut con las campeonas del mundo de Sandra Villafañe y Aiara Aguirrezabala, dos defensas que simbolizan el relevo, la profundidad y la ambición estructural de una generación que no quiere vivir de 2023, sino construir 2027.

    Tras la reciente consecución de la Nations League, el camino de la Selección continúa y lo hace para poner rumbo a la Copa Mundial de Fútbol Femenino Brasil 2027. La hoja de ruta comienza ante Islandia y Ucrania.

    Enmarcadas en el grupo A3, las de Sonia Bermúdezaspiran a conseguir una plaza para defender el título de vigentes campeonas del mundo conseguido en Australia y Nueva Zelanda en 2023.

    La posibilidad de bordar la segunda estrella sobre el escudo comienza en Castellón, el martes, 3 de marzo ante el combinado islandés (19h) y continúa en Antalya (Turquía), el sábado 7 de marzo frente a la selección ucraniana (18:00 horario peninsular).

    Castellón celebrará en unos días las fiestas de la Magdalena. Declaradas de Interés Turístico Internacional y se alargan durante nueve días. En las jornadas previas, en las que la emoción de los preparativos y la ilusión por lo que está por llegar se juntan, la Selección llega a la localidad para llenarla de fútbol y de pasión

    Entre romerías, mascletás, desfiles y al grito de «Magdalena Vitol» cobran vida las calles de la localidad valenciana que empezarán a vibrar desde la llegada de las internacionales, con su magia y con su talento. Un equipo que brillará con fuerza en una localidad festiva ya iluminada ante el corazón de la Magdalena. La reina de las Fiestas de Castelló, Clara Sanz Sobrinoy la reina infantilAna Colón Sastriques, han sido las encargadas de desvelar los nombres de las convocadas que encenderán Castellón.

    La lista presentada para la fase de clasificación del Mundial 2027 no es simplemente una enumeración de nombres, es una declaración de intenciones de la Selección Española Femenina de Fútbol, la campeona del mundo en 2023 que aprendió que el éxito no es un punto de llegada, sino un estado de tensión permanente. España no puede permitirse la autocomplacencia, no puede vivir de la foto de Sídney, no puede instalarse en el relato épico de aquella final que cambió la historia. Ahora compite contra el desgaste, contra el paso del tiempo, contra la presión de defender un estatus que antes era aspiracional y hoy es obligatorio. Y en ese contexto regresan dos futbolistas que alteran cualquier ecuación táctica: Salma, potencia vertical y desequilibrio emocional, y Misa, guardiana de reflejos felinos y liderazgo silencioso. Pero, por encima del ruido mediático del retorno, emergen dos apellidos que obligan a mirar hacia delante: Villafañe y Aguirrezabala.

    El regreso de Salma no es solo la vuelta de una atacante diferencial; es la recuperación de una amenaza estructural. Su capacidad para atacar el espacio en rupturas diagonales, su aceleración en los primeros cinco metros y su lectura para perfilar el cuerpo antes del disparo reordenan el plan ofensivo. España, que tantas veces monopoliza el balón, necesita profundidad real, no solo posesión ornamental.

    Salma ofrece eso: amenaza constante al intervalo entre lateral y central, posibilidad de atacar segundo palo con violencia, capacidad para ganar duelos individuales sin necesidad de combinaciones largas. En un equipo que a veces corre el riesgo de enamorarse de la circulación horizontal, su verticalidad es un antídoto.

    Misa, por su parte, no solo vuelve para competir por la titularidad; vuelve para elevar el estándar. En la portería no hay jerarquías eternas, hay estados de forma. Y Misa, cuando está conectada, es una portera que no solo para, sino que transmite seguridad a la línea defensiva. Su juego de pies permite iniciar desde atrás sin renunciar al riesgo controlado; su dominio del área pequeña reduce la ansiedad en centros laterales; su comunicación ordena alturas y coberturas. En un fútbol femenino cada vez más físico y directo en determinados tramos, contar con una guardameta capaz de sostener al equipo en fases de repliegue es decisivo.

    Sin embargo, el verdadero mensaje de la convocatoria no está únicamente en los regresos, sino en las incorporaciones. Sandra Villafañe representa el perfil de central moderna que el fútbol contemporáneo exige: agresiva en la anticipación, con capacidad para defender lejos del área y con criterio para filtrar el primer pase que rompe líneas. No es una central conservadora; es una defensora que entiende el juego como construcción. Su debut no es un premio simbólico, es la constatación de que España busca centrales que no solo despejen, sino que piensen. En una selección que quiere mantener la identidad asociativa, la primera paseadora del balón es la zaga. Y ahí Villafañe puede convertirse en pieza estratégica.

    Aiara Aguirrezabala, por su parte, aporta un matiz diferente. Es una defensora con lectura posicional exquisita, disciplinada en la ocupación de carriles interiores y con capacidad para corregir en carrera. Su presencia amplía el abanico de soluciones en escenarios de partido donde el rival transita con velocidad. España, que acostumbra a adelantar laterales y a situar mediocentros en campo contrario, necesita centrales y laterales que puedan sostener grandes espacios a la espalda. Aiara ofrece fiabilidad en esas situaciones de riesgo controlado. Su debut no es circunstancial; es una inversión en estabilidad futura.

    Las claves de la lista se pueden sintetizar en tres vectores: continuidad competitiva, renovación estructural y especialización funcional. Continuidad porque el bloque vertebral que ganó el Mundial se mantiene, con referentes que sostienen la identidad. Renovación porque el relevo generacional no puede esperar a que el desgaste aparezca; debe anticiparse. Y especialización porque cada vez más los partidos se deciden en detalles microtácticos: una presión coordinada, una cobertura bien temporizada, un perfil corporal que facilita la salida limpia.

    En portería, la competencia entre Misa, Nanclares y Enith eleva el nivel interno. No se trata solo de quién juega, sino de cómo se entrena. Una selección campeona necesita entrenamientos de élite, y eso se consigue con futbolistas que se exigen mutuamente. Misa aporta experiencia en escenarios de máxima presión; Nanclares y Enith, hambre y reflejos. La portería deja de ser un territorio de comodidad para convertirse en un laboratorio de excelencia.

    En defensa, el abanico es amplio: laterales de recorrido, centrales con salida limpia, perfiles capaces de actuar en línea de cuatro o en estructuras más asimétricas. La inclusión de Villafañe y Aguirrezabala no es anecdótica: permite rotaciones sin que el modelo se resienta. España puede alternar defensa adelantada con bloque medio sin perder coherencia. Puede sostener una presión alta sabiendo que detrás hay velocidad correctora. Puede, incluso, ajustar a contextos europeos donde la transición es más vertical.

    En el centro del campo, la riqueza técnica es patrimonio histórico de esta selección. La presencia de futbolistas capaces de gobernar el ritmo, de pausar o acelerar según el contexto, garantiza que el plan no se diluya en la precipitación. Pero el centro del campo necesita también equilibrio defensivo. Y ahí es donde la coordinación con la línea defensiva resulta crucial. Villafañe y Aguirrezabala no solo defienden; facilitan que las mediocampistas puedan posicionarse más arriba sin que el equipo se parta.

    En ataque, el retorno de Salma amplía las alternativas. España puede optar por extremos naturales que fijen laterales o por atacantes que interioricen y generen superioridades en carriles centrales. Salma, por su polivalencia, permite ambas cosas. Puede arrancar desde banda y atacar diagonal, o puede situarse más centrada y castigar en transición. Su presencia condiciona al rival, obliga a repliegues más rápidos y libera espacios para segundas líneas.

    Pero más allá de la táctica, esta convocatoria tiene una dimensión emocional. Las campeonas del mundo ya no son la sorpresa; son el referente. Cada rival jugará contra ellas con la motivación extra de tumbar al campeón. Eso exige una mentalidad de hambre permanente. La inclusión de debutantes refresca esa energía. Las que llegan no están saturadas de elogios ni de finales; llegan con la ilusión intacta, con la necesidad de demostrar que pertenecen a este nivel. Esa tensión competitiva es saludable.

    Villafañe y Aguirrezabala encarnan también un mensaje hacia la estructura del fútbol español: el talento defensivo existe y se desarrolla. Durante años se habló del ADN ofensivo, del toque, de la creatividad. Ahora se reivindica la defensa como arte y como ciencia. Anticipar no es destruir; es interpretar antes que el rival. Y ambas futbolistas tienen esa cualidad: leen el juego con segundos de ventaja.

    El reto inmediato es la clasificación para el Mundial 2027, pero el horizonte es más amplio. España quiere consolidar un ciclo, no vivir de un pico histórico. Para eso necesita competencia interna, profundidad de plantilla y adaptación a distintos registros. Necesita poder ganar partidos dominando la posesión y también saber sufrir en bloques bajos. Necesita cerrar encuentros cuando el marcador es estrecho y también saber abrirlos cuando el rival se encierra. En todos esos escenarios, la defensa adquiere un peso específico.

    El regreso de Misa refuerza la idea de que no hay puestos blindados; hay rendimiento. El retorno de Salma recuerda que el talento diferencial marca diferencias en eliminatorias cerradas. Y el debut de Villafañe y Aguirrezabala simboliza que el futuro no se improvisa, se construye con decisiones valientes. Esta lista no es conservadora; es estratégica.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    España no se mira al espejo de 2023 para recrearse; se mira para exigirse. La memoria del título es un combustible, pero también una presión. Las nuevas convocadas llegan sin el peso de aquella final, pero con la responsabilidad de sostener el legado. En esa tensión entre pasado glorioso y futuro ambicioso se mueve esta convocatoria.

    Y si algo define a las grandes selecciones es su capacidad para regenerarse sin perder identidad. España parece estar en ese proceso: mantiene su esencia combinativa, pero incorpora perfiles más físicos, más versátiles, más preparados para escenarios híbridos. Villafañe y Aguirrezabala no son solo nombres nuevos; son piezas que amplían el mapa táctico.


    La lista presentada para la fase de clasificación del Mundial 2027 no es simplemente una enumeración de nombres, es una declaración de intenciones de la Selección Española Femenina de Fútbol, la campeona del mundo en 2023 que aprendió que el éxito no es un punto de llegada, sino un estado de tensión permanente. España no puede permitirse la autocomplacencia, no puede vivir de la foto de Sídney, no puede instalarse en el relato épico de aquella final que cambió la historia. Ahora compite contra el desgaste, contra el paso del tiempo, contra la presión de defender un estatus que antes era aspiracional y hoy es obligatorio. Y en ese contexto regresan dos futbolistas que alteran cualquier ecuación táctica: Salma, potencia vertical y desequilibrio emocional, y Misa, guardiana de reflejos felinos y liderazgo silencioso. Pero, por encima del ruido mediático del retorno, emergen dos apellidos que obligan a mirar hacia delante: Villafañe y Aguirrezabala.

    El regreso de Salma no es solo la vuelta de una atacante diferencial; es la recuperación de una amenaza estructural. Su capacidad para atacar el espacio en rupturas diagonales, su aceleración en los primeros cinco metros y su lectura para perfilar el cuerpo antes del disparo reordenan el plan ofensivo. España, que tantas veces monopoliza el balón, necesita profundidad real, no solo posesión ornamental. Salma ofrece eso: amenaza constante al intervalo entre lateral y central, posibilidad de atacar segundo palo con violencia, capacidad para ganar duelos individuales sin necesidad de combinaciones largas. En un equipo que a veces corre el riesgo de enamorarse de la circulación horizontal, su verticalidad es un antídoto.

    Misa, por su parte, no solo vuelve para competir por la titularidad; vuelve para elevar el estándar. En la portería no hay jerarquías eternas, hay estados de forma. Y Misa, cuando está conectada, es una portera que no solo para, sino que transmite seguridad a la línea defensiva. Su juego de pies permite iniciar desde atrás sin renunciar al riesgo controlado; su dominio del área pequeña reduce la ansiedad en centros laterales; su comunicación ordena alturas y coberturas. En un fútbol femenino cada vez más físico y directo en determinados tramos, contar con una guardameta capaz de sostener al equipo en fases de repliegue es decisivo.

    Sin embargo, el verdadero mensaje de la convocatoria no está únicamente en los regresos, sino en las incorporaciones. Sandra Villafañe representa el perfil de central moderna que el fútbol contemporáneo exige: agresiva en la anticipación, con capacidad para defender lejos del área y con criterio para filtrar el primer pase que rompe líneas. No es una central conservadora; es una defensora que entiende el juego como construcción. Su debut no es un premio simbólico, es la constatación de que España busca centrales que no solo despejen, sino que piensen. En una selección que quiere mantener la identidad asociativa, la primera paseadora del balón es la zaga. Y ahí Villafañe puede convertirse en pieza estratégica.

    Aiara Aguirrezabala, por su parte, aporta un matiz diferente. Es una defensora con lectura posicional exquisita, disciplinada en la ocupación de carriles interiores y con capacidad para corregir en carrera. Su presencia amplía el abanico de soluciones en escenarios de partido donde el rival transita con velocidad. España, que acostumbra a adelantar laterales y a situar mediocentros en campo contrario, necesita centrales y laterales que puedan sostener grandes espacios a la espalda. Aiara ofrece fiabilidad en esas situaciones de riesgo controlado. Su debut no es circunstancial; es una inversión en estabilidad futura.

    Las claves de la lista se pueden sintetizar en tres vectores: continuidad competitiva, renovación estructural y especialización funcional. Continuidad porque el bloque vertebral que ganó el Mundial se mantiene, con referentes que sostienen la identidad. Renovación porque el relevo generacional no puede esperar a que el desgaste aparezca; debe anticiparse. Y especialización porque cada vez más los partidos se deciden en detalles microtácticos: una presión coordinada, una cobertura bien temporizada, un perfil corporal que facilita la salida limpia.

    En portería, la competencia entre Misa, Nanclares y Enith eleva el nivel interno. No se trata solo de quién juega, sino de cómo se entrena. Una selección campeona necesita entrenamientos de élite, y eso se consigue con futbolistas que se exigen mutuamente. Misa aporta experiencia en escenarios de máxima presión; Nanclares y Enith, hambre y reflejos. La portería deja de ser un territorio de comodidad para convertirse en un laboratorio de excelencia.

    En defensa, el abanico es amplio: laterales de recorrido, centrales con salida limpia, perfiles capaces de actuar en línea de cuatro o en estructuras más asimétricas. La inclusión de Villafañe y Aguirrezabala no es anecdótica: permite rotaciones sin que el modelo se resienta. España puede alternar defensa adelantada con bloque medio sin perder coherencia. Puede sostener una presión alta sabiendo que detrás hay velocidad correctora. Puede, incluso, ajustar a contextos europeos donde la transición es más vertical.

    En el centro del campo, la riqueza técnica es patrimonio histórico de esta selección. La presencia de futbolistas capaces de gobernar el ritmo, de pausar o acelerar según el contexto, garantiza que el plan no se diluya en la precipitación. Pero el centro del campo necesita también equilibrio defensivo. Y ahí es donde la coordinación con la línea defensiva resulta crucial. Villafañe y Aguirrezabala no solo defienden; facilitan que las mediocampistas puedan posicionarse más arriba sin que el equipo se parta.

    En ataque, el retorno de Salma amplía las alternativas. España puede optar por extremos naturales que fijen laterales o por atacantes que interioricen y generen superioridades en carriles centrales. Salma, por su polivalencia, permite ambas cosas. Puede arrancar desde banda y atacar diagonal, o puede situarse más centrada y castigar en transición. Su presencia condiciona al rival, obliga a repliegues más rápidos y libera espacios para segundas líneas.

    Pero más allá de la táctica, esta convocatoria tiene una dimensión emocional. Las campeonas del mundo ya no son la sorpresa; son el referente. Cada rival jugará contra ellas con la motivación extra de tumbar al campeón. Eso exige una mentalidad de hambre permanente. La inclusión de debutantes refresca esa energía. Las que llegan no están saturadas de elogios ni de finales; llegan con la ilusión intacta, con la necesidad de demostrar que pertenecen a este nivel. Esa tensión competitiva es saludable.

    Villafañe y Aguirrezabala encarnan también un mensaje hacia la estructura del fútbol español: el talento defensivo existe y se desarrolla. Durante años se habló del ADN ofensivo, del toque, de la creatividad. Ahora se reivindica la defensa como arte y como ciencia. Anticipar no es destruir; es interpretar antes que el rival. Y ambas futbolistas tienen esa cualidad: leen el juego con segundos de ventaja.

    El reto inmediato es la clasificación para el Mundial 2027, pero el horizonte es más amplio. España quiere consolidar un ciclo, no vivir de un pico histórico. Para eso necesita competencia interna, profundidad de plantilla y adaptación a distintos registros.

    Necesita poder ganar partidos dominando la posesión y también saber sufrir en bloques bajos. Necesita cerrar encuentros cuando el marcador es estrecho y también saber abrirlos cuando el rival se encierra. En todos esos escenarios, la defensa adquiere un peso específico.

    📋 Lista completa |

    Guardametas
    • Misa Rodríguez
    • Adriana Nanclares
    • Enith Salón

    Defensas
    • Laia Codina
    • María Méndez
    • Sandra Villafañe
    • Martina Fernández
    • Aiara Aguirrezabala
    • Lucía Corrales
    • Jana Fernández
    • Ona Batlle
    • Olga Carmona

    Centrocampistas
    • Alexia Putellas
    • Mariona Caldentey
    • Fiamma Benítez
    • Patri Guijarro
    • Vicky López
    • Clara Serrano

    Delanteras
    • Eva Navarro
    • Inma Gabarro
    • Claudia Pina
    • Salma Paralluelo

    • Athenea del Castillo
    • ⁠Edna Imade
    • ⁠Ornella Vignola

    El regreso de Misa refuerza la idea de que no hay puestos blindados; hay rendimiento. El retorno de Salma recuerda que el talento diferencial marca diferencias en eliminatorias cerradas. Y el debut de Villafañe y Aguirrezabala simboliza que el futuro no se improvisa, se construye con decisiones valientes. Esta lista no es conservadora; es estratégica.

    España no se mira al espejo de 2023 para recrearse; se mira para exigirse. La memoria del título es un combustible, pero también una presión. Las nuevas convocadas llegan sin el peso de aquella final, pero con la responsabilidad de sostener el legado. En esa tensión entre pasado glorioso y futuro ambicioso se mueve esta convocatoria.

    Y si algo define a las grandes selecciones es su capacidad para regenerarse sin perder identidad. España parece estar en ese proceso: mantiene su esencia combinativa, pero incorpora perfiles más físicos, más versátiles, más preparados para escenarios híbridos. Villafañe y Aguirrezabala no son solo nombres nuevos; son piezas que amplían el mapa táctico.

    El mensaje es claro: la campeona del mundo no se detiene. Regresan referentes que multiplican el techo competitivo, debutan defensas que fortalecen la base estructural, y el conjunto avanza hacia 2027 con la convicción de que el éxito pasado no garantiza nada. Cada convocatoria es un examen, cada partido una prueba de madurez. Y en esa dinámica, España quiere ser más fuerte atrás para seguir siendo temible arriba. Porque los títulos se celebran, pero las hegemonías se trabajan.

  • La crónica | El United castiga al Atlético de Madrid

    (Fuente: UEFA Women’s Champions League )

    ◼️ Las británicas se impusieron por 2-0 en el encuentro de vuelta a un Atlético de Madrid que hizo un buen curso europeo y mereció más en la eliminatoria.

    La previa |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El Leigh Sport Village dictaba sentencia para el Manchester United Women y el Club Atlético de Madrid en la vuelta del playoff de acceso a los cuartos de final de la Liga de Campeones Femenina, si es que la eliminatoria no había quedado vista para sentencia en Alcalá de Henares, donde las británicas se impusieron por 0-3 en un duelo que dejó la lesión de LCA de Silvia Lloris.

    Este resultado fue una herida abierta para las de José Herrera y esa lesión aún supuraba pus en el avión que las llevó a Manchester e interpelaba la historia reciente del Atlético de Madrid, a su carácter competitivo y a esa identidad rojiblanca que tantas veces ha encontrado en la épica un salvoconducto hacia lo imposible. La remontada no es un recurso retórico en el imaginario colchonero; es una categoría moral. Y en esta vuelta de octavos de final de la UEFA Women’s Champions League, el equipo se aferra precisamente a eso: a la convicción de que mientras haya noventa minutos por delante, la historia no estaba escrita del todo

    golpe de la ida fue duro, crudo, incontestable en el marcador. Tres zarpazos de un United clínico, vertical, competitivo, que supo castigar cada desajuste y cada transición mal protegida. Pero el fútbol europeo no se resuelve en un solo acto; se construye en duelos de ida y vuelta, en escenarios donde el contexto emocional transforma el rendimiento. Y ahí es donde el Atlético quiere hacerse fuerte. Porque si algo ha cambiado en las últimas semanas es la energía del grupo desde la llegada de José Herrera al banquillo. Las rojiblancas solo han perdido uno de los cinco encuentros disputados bajo su dirección, una secuencia que, sin ser definitiva, sí apunta a una reconfiguración anímica: bloque más compacto, líneas más juntas, mayor disciplina en la presión tras pérdida y una búsqueda más clara de profundidad por bandas.

    La fase de grupos dejó al Atlético en la undécima posición con siete puntos, fruto de dos victorias, un empate y tres derrotas. Un balance irregular, condicionado por momentos de desconexión y por la dificultad para sostener la intensidad en escenarios de máxima exigencia. Sin embargo, también evidenció que el equipo compite cuando encuentra ritmo alto y orden estructural. En los encuentros ganados, el Atlético mostró una versión agresiva en campo rival, con laterales profundos y una mediapunta capaz de activar el último pase entre líneas. En el empate, supo resistir en bloque medio y seleccionar mejor los momentos de presión. Las derrotas, en cambio, llegaron cuando el equipo se partió, cuando la distancia entre defensa y centro del campo se amplió y las transiciones defensivas quedaron expuestas.

    El presente inmediato añade matices. El reciente 0-0 ante el Madrid CFF en la Liga F Moeve dejó sensaciones encontradas: solidez defensiva, sí, pero también falta de filo en los últimos metros. A ese partido no pudieron acudir Carmen Menayo ni Silvia Lloris, esta última lesionada del ligamento cruzado, una ausencia que trasciende lo puramente táctico. Lloris no es solo una central; es una referencia en salida de balón, una jugadora que permite progresar con limpieza desde atrás y que ordena la línea con jerarquía. Su baja obliga a reajustar mecanismos, a simplificar en algunos tramos y a extremar la concentración en las vigilancias.

    El dato histórico pesa: el Atlético solo ha alcanzado los cuartos de final en una ocasión, en la temporada 2019/2020. Aquella clasificación se convirtió en un símbolo de crecimiento, en la constatación de que el club podía competir de tú a tú con la élite continental. Repetir ese hito ahora, tras un 0-3 adverso, multiplicaría su valor simbólico. No se trata únicamente de avanzar de ronda; se trata de reescribir el relato europeo reciente, de romper la inercia que ha impedido consolidar al equipo entre las ocho mejores del continente.

    Enfrente, el Manchester United llega con la autoridad de quien ha construido una dinámica casi inexpugnable. Once partidos consecutivos sin perder en todas las competiciones hablan de estabilidad competitiva, de un modelo asentado bajo la dirección de Marc Skinner. En la fase de grupos sumaron doce puntos, con cuatro victorias y dos derrotas, finalizando en la sexta posición. Más allá de la clasificación, hay un dato que define su identidad: siete porterías a cero en once encuentros de esta Champions, incluida la fase previa. Es un equipo que concede poco, que defiende con orden, que reduce los espacios interiores y que penaliza con contundencia cualquier error estructural del rival.

    El United no especula; gestiona. Sabe cuándo acelerar y cuándo pausar. Sus extremos atacan el espacio con determinación, sus interiores temporizan con criterio y su línea defensiva rara vez pierde la referencia de las marcas. En los dos enfrentamientos previos ante el Atlético esta temporada —0-1 en la fase de grupos y 0-3 en la ida de estos octavos— el patrón fue similar: control emocional, eficacia en las áreas y superioridad en las transiciones. No necesitó dominar de forma abrumadora; le bastó con interpretar mejor los momentos del partido.

    Ahí reside el desafío rojiblanco. Para remontar tres goles ante un equipo que apenas concede, no basta con corazón; se necesita precisión quirúrgica. El Atlético deberá asumir riesgos calculados, adelantar líneas sin desprotegerse, presionar alto sin perder la espalda y, sobre todo, maximizar cada ocasión generada. El primer gol será capital, no solo por su impacto aritmético sino por su carga psicológica. Un tanto temprano alteraría el guion previsto por el United, obligándole a gestionar un escenario de mayor estrés competitivo.

    Tácticamente, el encuentro invita a un planteamiento valiente pero equilibrado. Es previsible que el Atlético busque amplitud para ensanchar el bloque inglés, generando situaciones de uno contra uno en banda y cargando el área con mayor presencia en segunda línea. La circulación deberá ser más rápida que en la ida, evitando conducciones innecesarias que permitan al United replegar. En fase defensiva, la clave estará en las vigilancias sobre las receptoras entre líneas y en la protección de la frontal, zona desde la que el conjunto inglés ha generado ventajas en los duelos previos.

    El componente emocional no es accesorio; es estructural. La palabra “épica” no se invoca por costumbre sino por necesidad. El Atlético necesita convertir el estadio en un catalizador, en un espacio donde cada recuperación sea celebrada como un gol y cada duelo ganado refuerce la convicción colectiva. La narrativa del partido no puede construirse desde la ansiedad, sino desde la determinación. Noventa minutos son suficientes para marcar tres goles si el equipo logra sostener intensidad, concentración y claridad en la toma de decisiones.

    La historia reciente ofrece advertencias y estímulos. El 0-3 es una losa estadística, pero no una sentencia irrevocable. En el fútbol europeo, las remontadas existen cuando convergen tres factores: eficacia temprana, solidez estructural y resiliencia emocional. El Atlético deberá evitar conceder; un gol del United elevaría la exigencia a cotas casi inalcanzables. Por eso, el equilibrio entre ataque y control será el eje vertebrador del plan.

    El premio no es menor. En cuartos espera el Bayern de Múnich Femenino, uno de los proyectos más consolidados del continente. Pensar en ese cruce puede parecer prematuro, pero también funciona como horizonte motivacional. Superar al United no solo abriría la puerta a una nueva ronda; colocaría al Atlético en una posición de reivindicación internacional, de confirmación de su crecimiento competitivo.

    En este contexto, cada detalle adquiere dimensión estratégica: la gestión de las faltas laterales, la precisión en el balón parado, la lectura de los cambios desde el banquillo. José Herrera deberá interpretar los tiempos del partido con audacia y prudencia a partes iguales. Saber cuándo arriesgar con una doble punta, cuándo reforzar el centro del campo, cuándo apostar por piernas frescas para sostener la presión. La eliminatoria no se resolverá solo en el césped; también en la capacidad del cuerpo técnico para anticipar escenarios.

    Pero más allá de la pizarra, el partido se decidirá en la convicción íntima de las futbolistas. En la certeza de que cada carrera tiene sentido, de que cada duelo puede inclinar la balanza. El Atlético no puede controlar el pasado —ese 0-3 que aún duele—, pero sí puede definir su respuesta. Y esa respuesta debe ser coherente con su identidad histórica: intensidad, solidaridad, ambición.

    “El Partido de Manu” no entiende de imposibles, entiende de contextos. Y el contexto es claro: el Atlético necesita tres goles y una portería imbatida para forzar la prórroga; cuatro para clasificar directamente. Necesita transformar la presión en combustible, no en lastre. Necesita que el primer balón dividido sea una declaración de intenciones y que el último minuto encuentre al equipo creyendo con la misma fuerza que en el primero.

    La épica no garantiza victorias, pero construye caminos hacia ellas. El Metropolitano será testigo de un intento de reescritura, de un equipo que se niega a aceptar el desenlace sin presentar batalla. Porque si algo define al Atlético es esa obstinación por competir hasta el límite.

    (Fuente: Getty imágenes

    🔜 NEXT GAME

    🏆 UEFA Women’s Champions League

    🏴󠁧󠁢󠁥󠁮󠁧󠁿 – 🇪🇸

    🔥Manchester United Women 🆚 Atlético de Madrid 🔥

    🙌🏻 Playoffs | Partido de vuelta

    😍 Temporada 2025-2026😍

    🤩 Matchday | Día de partido

    ⏰ 21:00 horario peninsular

    📺 Disney Plus

    🏟️ Leigh Sports Village, Manchester

    Y en noches como esta, cuando Europa observa y el margen de error es inexistente, solo queda una opción: creer, insistir y pelear cada segundo como si fuera el último. Si la historia ha de cambiar, que sea desde la convicción innegociable de que ningún 0-3 es definitivo mientras haya corazón rojiblanco latiendo sobre el césped.

    El duelo al detalle |

    Los onces |

    Todo se preparó para una noche de alto voltaje continental con el Manchester United Women ejerciendo como local y presentando un once reconocible, competitivo y en plena dinámica ascendente, formado por Tullis-Joyce bajo palos con el dorsal 91, una línea defensiva integrada por la capitana Le Tissier (4), Lundkvist (5), Park (8) y Malard (9) en funciones de amplitud y recorrido, un centro del campo articulado por Naalsund (16) y Janssen (17) como doble eje de equilibrio y lanzamiento, con Zigiotti (18) aportando llegada y lectura entre líneas, Hinata (20) como foco creativo y Turner (21) acompañando a Schüller (24) en la amenaza ofensiva, mientras que el Atlético de Madrid Femenino, visitante en territorio inglés y obligado a remar contracorriente, saltó al césped con Lola Gallardo (1), capitana y referencia emocional, en la portería; una zaga compuesta por Medina (3), Lauren Leal (4) y Xènia (5) con Menayo (11) incorporándose con vocación de profundidad; un centro del campo donde Alexia (23) y Bøe Risa (6) asumieron la dirección y la pausa, Fiamma (21) y Jensen (7) ofrecieron dinamismo y recorrido, y arriba J. Bartel (17) junto a Amaiaur (20) representaron la ambición de gol rojiblanca, todo ello enmarcado en una circunstancia cromática tan insólita como reveladora del detalle competitivo de la noche, ya que el conjunto inglés se vio obligado a vestir íntegramente de negro, recurriendo a su tercer uniforme, debido a la combinación elegida por las colchoneras: camiseta Nike noventa de color azul para el equipo de campo y, en un giro inesperado, Lola Gallardo viajando y compareciendo con la elástica de portera naranja en lugar de la amarilla que contaba con el visto bueno previo de la UEFA, una modificación que alteró el equilibrio visual previsto y forzó al United a oscurecer su presencia sobre el verde, añadiendo un matiz simbólico a un duelo ya cargado de tensión competitiva, estrategia y narrativa europeo.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El milagro rojiblanco era una misión casi imposible, pero el arranque del duelo fue muy esperanzador para las de Alcalá de Henares. En los primeros compases de juego fue el tres veces campeón de la Liga F Moeve el que le puso una marcha más y a punto estuvo de ponerse por delante en el marcador.

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    La noche europea que debía ser una reivindicación terminó convirtiéndose en un ejercicio de resistencia emocional para el Atlético de Madrid Femenino, que se despidió de la UEFA Women’s Champions League tras volver a caer en territorio inglés ante un Manchester United Women sólido, clínico y competitivo hasta el último detalle, en un escenario que fue apagando, poco a poco, la llama de la épica rojiblanca hasta convertirla en un rescoldo de orgullo herido; porque si algo tuvo el primer tiempo fue intención colchonera, un arranque que no entendía de resignaciones y que encontró muy pronto una asociación prometedora entre Amaiur y Jensen, dos voluntades decididas a golpear primero, con esa jugada hilvanada al borde del área que dejó a la atacante noruega en posición franca, perfilada para cruzar el disparo, obligando a Tullis-Joyce a intervenir con firmeza para desactivar lo que habría sido el primer paso hacia la remontada soñada, un aviso que no quedó aislado, ya que Lauren Leal se sumó a la rebelión con un cabezazo que buscaba romper inercias, elevar pulsaciones y recordar que el Atlético no había viajado a Manchester para contemporizar sino para competir, aunque enfrente comenzaba a desperezarse un United consciente de su ventaja y de su momento, que respondió con un chut de Schüller que exigió a Lola Gallardo, siempre capitana en la adversidad, siempre reflejo y liderazgo bajo palos, sosteniendo a las suyas cuando el intercambio de golpes empezaba a adquirir ritmo europeo; el partido se movía en una tensión eléctrica, con transiciones que amenazaban con romper la estructura de ambos bloques, hasta que cerca de la media hora la precisión inglesa encontró premio en una acción bien trenzada por Naalsund que terminó con Zigiotti apareciendo en el momento exacto, atacando el espacio entre líneas y definiendo con contundencia para mandar el balón al fondo de la red de la portería que defendía brillantemente Lola Gallardo, pero la ex del Lyon no pudo hacer nada ante el remate de la sueca y esta abrió la lata con el 10 en el minuto 28 de una primera mitad en la que las visitantes estaban siendo mejores, pero esta diana cambió la narrativa de un plumazo y dejaba la épica en un ejercicio de pura fe.

    Este gol no solo ampliaba la ventaja en el marcador de la noche sino que ensanchaba la brecha emocional de la eliminatoria, obligando al Atlético a reinventar su esperanza sobre la marcha, a buscar oxígeno en la creatividad de Fiamma, que asumió galones y pidió cada balón con la determinación de quien se niega a bajar los brazos, probando fortuna y topándose una y otra vez con la seguridad de la arquera local, erigida en muro infranqueable para cualquier conato de reacción rojiblanca; el reloj avanzaba y la sensación de urgencia se mezclaba con la necesidad de no descomponerse, pero antes del descanso llegó el golpe que terminó de inclinar labalanza a favor de las británicas cuando Jess Park en el minuto 41 del primer tiempo recibió en la frontal, levantó la cabeza apenas una fracción de segundo y soltó un disparo seco, preciso, que se coló en la escuadra de la meta colchonera para significar el 20 definitivo en un latigazo que silenció cualquier atisbo de remontada y que instaló la eliminatoria en un territorio casi inalcanzable, obligando al Atlético a convivir con la crudeza de un marcador que hablaba de distancia, de eficacia rival y de una montaña cada vez más empinada, cerrando así un primer tiempo que fue tránsito desde la ilusión inicial hasta la realidad descarnada, desde el intento valiente hasta la constatación de que el United estaba dispuesto a administrar su ventaja con autoridad.

    El marcador global era ya por entonces de cinco a cero y las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con una ventaja muy cómoda para las inglesas, pero aún restaban cuarenta y cinco minutos por delante en el Reino Unido.

    El Bayern de Múnich aguardaba al vencedor de este duelo en los cuartos de final y salvó milagro el nuevo equipo de Edna Imade se mediría al elenco de Mark Skinner.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Ya en la segunda mitad, lejos de entregarse, el Atlético intentó sostener su dignidad competitiva, con Júlia Bartel elevándose para cabecear un balón que buscaba alterar el guion y con Schüller respondiendo en transición, recordando que el conjunto inglés no iba a especular ni a replegarse sin más, manteniendo la amenaza constante sobre la portería de Gallardo, en un duelo que permanecía abierto en términos de ritmo aunque cada vez más resuelto en términos clasificatorios, con el paso de los minutos erosionando la fe visitante y enfriando el pulso del encuentro, mientras las rojiblancas insistían, empujaban, probaban desde fuera y desde dentro, pero chocaban una y otra vez contra la guardameta local, infranqueable, segura, dueña del tempo defensivo de su equipo; Lola Gallardo volvió a emerger con un paradón a Schüller que evitó un castigo aún mayor y Park estrelló un balón en el palo, como si el partido quisiera recordar que la diferencia pudo ser más amplia, mientras el banquillo rojiblanco apostaba por savia nueva dando entrada a Lydia Rodríguez y Natalia Peñalvo, dos canteranas que simbolizan el futuro y que pisaron el césped europeo en medio de la adversidad, aprendiendo en el fuego competitivo lo que significa medirse a la élite continental, en un tramo final donde el cansancio y la frustración empezaron a mezclarse hasta desembocar, a falta de seis minutos, en la expulsión de Xènia Pérez por doble amarilla, una acción que cerró definitivamente cualquier posibilidad de reacción y que dejó al Atlético con diez, luchando más por orgullo que por clasificación, aceptando que la eliminatoria estaba sentenciada y que la Champions se escapaba una temporada más, no sin antes dejar sobre el césped la huella de un equipo que, aunque superado por la eficacia y la consistencia del Manchester United, compitió hasta donde le alcanzaron las fuerzas y se despidió de la máxima competición europea con la amargura del resultado pero también con la certeza de que la experiencia acumulada, el aprendizaje de noches como esta y la aparición de nuevas protagonistas deberán ser el punto de partida para volver, más fuertes y más preparadas, a desafiar a Europa.

    La rojiblancas se despiden de la máxima competición continental de manera algo cruel, viviremos un Manchester United versus Bayern de Múnich en la siguiente ronda y en Alcalá de Henares ya se preparan para centrar todos sus esfuerzos en conseguir recuperar esa desventaja de diez puntos respecto a la Real Sociedad de Fútbol, que actualmente es tercera en la tabla clasificatoria y el gran sueño del curso en clave india son las semifinales de la Copa de la Reina Iberdrola ante el Costa Adeje Tenerife Egatesa.

    El Atlético de Madrid visitará al Sevilla Fútbol Club en Nervión antes de que nos metamos de lleno en el primer parón FIFA de 2026 y además la UEFA ya ha anunciado de manera oficial que la temporada 2027- 2028 el campeón y el subcampeón de la Liga Profesional de Fútbol Femenino tendrán acceso directo a la fase de liga de la Women’s Champions League.

    (Fuente: UEFA Women’s Champions League )

    📋 Ficha técnica |

    Manchester United Women: Phallon Tullis-Joyce, Millie Turner, Dominique Janssen, Maya Le Tissier, Hanna Lundkvist (Gabby George, min. 64), Lisa Naalsund, Hinata Miyazawa, Julia Zigiotti Olme (Simi Awujo, min. 45), Melvine Malard, Jessica Park (Jessica Anderson, min. 77) y Lea Schüller (Ellen Wangerheim, min. 54)

    Atlético de Madrid: Lola Gallardo, Alexia Fernández, Carmen Menayo (Lydia Rodríguez, min. 57), Andrea Medina (Rosa Otermín, min. 64), Xènia Pérez, Lauren, Fiamma Benítez (Kathrine Kühl, min. 64), Vilde Bøe Risa (Natalia Peñalvo, min. 57), Júlia Bartel, Amaiur Sarriegi (Luany, min. 73) y Synne Jensen.

    Árbitra: Stéphanie Frappart
    Tarjetas amarillas
    Lea Schüller (min. 19), Carmen Menayo (min. 33), Hanna Lundkvist (min. 50), Xènia Pérez (min. 74), Lauren (min. 75)
    Tarjetas rojas:
    Xènia Pérez (min. 84)

    Goles |

    1-0 Zigiotti Olme 27’ ⚽️
    2-0 Jess Park 41’ ⚽️

    Vídeo:

    https://youtu.be/0VyDCaQ6SsE?si=BQhSTh93h0SGi4MI

    (Fuente: “El Partido de Manu”)
  • La crónica | El Arsenal sella su pase a los cuartos de final la Women’s Champions League

    (Fuente: UEFA)

    ◼️ Russo y Mariona desatan la tormenta perfecta: el Arsenal aplasta al Leuven y cita al Chelsea en cuartos tras vencer en el Emirates por 3-1.

    Publicidad de Disney Plus

    La nueva serie original de Disney+, Si es martes, es asesinato, llegará en exclusiva a la plataforma el próximo 31 de marzo, consolidando la apuesta del servicio por la ficción española de alto nivel dentro del género de misterio y crimen. Protagonizada por Álex García, Inma Cuesta, Ana Wagener, Pedro Casablanc y Biel Montoro, la serie combina intriga, humor y tensión en un escenario tan reconocible como evocador: la ciudad de Lisboa, convertida en tablero de un enigma criminal que sacude las vacaciones de un grupo de turistas españoles.

    Antes de su estreno en plataforma, la serie celebrará su presentación mundial en la 29ª edición del Festival de Málaga, que tendrá lugar del 6 al 15 de marzo. Si es martes, es asesinato se proyectará fuera de concurso dentro de las proyecciones especiales de la sección oficial, reforzando su posicionamiento como una de las apuestas más destacadas de la temporada en el panorama audiovisual español.

    La producción está desarrollada en colaboración con el grupo LAZONA, responsable de éxitos como Ocho apellidos vascos, y cuenta con un sólido equipo creativo. La serie ha sido creada por Carlos Vila, artífice de Los misterios de Laura, y está dirigida por Salvador Calvo, ganador del Goya a Mejor Dirección por Adú y responsable de títulos como 1898. Los últimos de Filipinas, Valle de Sombras y La Fiera. La dirección se completa con Abigail Schaaff, conocida por su trabajo en El Ministerio del Tiempo. La cabecera de la serie, ya disponible junto con el póster oficial, ha sido creada con ilustraciones de Laura Pacheco, aportando una identidad visual distintiva y coherente con el tono de misterio de la ficción.

    Rodada íntegramente en Lisboa, la serie aprovecha algunos de los enclaves más emblemáticos de la capital portuguesa como telón de fondo, integrando la ciudad en la narrativa como un elemento más del suspense. Además del reparto principal, el elenco se completa con intérpretes de reconocido prestigio como Luisa Gavasa, ganadora del Goya a Mejor Actriz de Reparto por La Novia; Carmen Ruiz; Belén López; Saida Benzal; Gorka Lasaosa; Xavi Lite; Carla Campra; Mia Zafra; Raquel Pérez; Álvaro de Juana y Sonia Castelo. La producción incorpora también talento portugués, con la participación de Paulo Pires y Adriano Carvalho, reforzando la autenticidad local del relato.

    La trama arranca con un viaje organizado a Lisboa protagonizado por un variado grupo de turistas españoles que buscan disfrutar de una semana de descanso en un hotel con cierto aire decadente. Sin embargo, lo que prometía ser una escapada convencional se transforma abruptamente cuando uno de los viajeros aparece muerto al día siguiente de su llegada. El crimen desencadena una investigación improvisada por parte de cuatro miembros del grupo, apasionados de las novelas policiacas y los misterios, que deciden aplicar sus conocimientos detectivescos para descubrir quién está detrás del asesinato, incluso si el responsable pudiera encontrarse entre ellos mismos.

    A medida que avanzan en sus pesquisas, los protagonistas deberán enfrentarse no solo a la policía local y a una creciente lista de sospechosos, sino también a la amenaza de ser expulsados del viaje y a los secretos personales que cada uno oculta. Con el tiempo en su contra y la presión de tener que abandonar la ciudad, el grupo se verá obligado a acelerar la resolución del enigma antes de que el asesino pueda escapar impune.

    Con esta combinación de misterio clásico, tensión contemporánea y un entorno internacional cuidadosamente integrado en la narrativa, Si es martes, es asesinato se perfila como una de las propuestas más sólidas de la temporada en la ficción española, reforzando la estrategia de producción original de Disney+ y ampliando su catálogo con una historia que promete intriga, giros inesperados y un marcado componente coral.

    Encuentro de ida |

    El duelo al detalle |

    (Fuente: UEFA)

    Bajo un cielo plomizo, rasgado por ráfagas de viento que parecían bajar desde el norte de Londres con vocación de sabotaje, el templo del Arsenal Women volvió a latir en clave continental. No era una noche cualquiera de calendario europeo: era la confirmación de un estatus, la defensa de una corona, la administración de una ventaja que en el fútbol jamás se puede dar por descontada hasta que el árbitro decreta el final. El 4-0 logrado en Bélgica la semana anterior ante el OH Leuven Women había dibujado una eliminatoria aparentemente sentenciada, pero la historia de la UEFA Women’s Champions League está escrita con tinta de advertencias: ningún partido de vuelta es un simple trámite, ningún rival europeo se entrega antes de competir, ningún campeón puede permitirse la relajación cuando el escudo pesa lo que pesa.

    La lluvia no fue un detalle ambiental: fue un personaje. Densa, persistente, incómoda. Golpeaba los rostros, empapaba las camisetas, aceleraba el balón sobre un césped que, por momentos, parecía más una pista de patinaje que un terreno diseñado para la precisión técnica. El viento añadía un elemento caótico, alterando trayectorias aéreas, traicionando cálculos defensivos, obligando a las porteras a recalibrar cada intervención. Era una noche de resistencia física y mental, una prueba de jerarquía competitiva. Y en ese escenario, el 3-1 final —7-1 en el global— no solo confirmó el pase a cuartos, sino que reafirmó la identidad de un equipo que entiende la Champions como un territorio propio y que ya vislumbra en el horizonte un duelo eléctrico frente al Chelsea Women, rival londinense, adversario histórico, examen de máxima exigencia.

    Sin embargo, durante los primeros compases, el partido tuvo matices que desafiaron la narrativa cómoda del trámite.

    El Leuven, liberado por la desventaja acumulada, decidió competir sin miedo. Más suelto, más valiente que en la ida, buscó presionar alto, incomodar la salida desde atrás, aprovechar cualquier error provocado por el viento traicionero. Y a los veinte minutos, el fútbol estuvo a punto de escribir un giro inesperado. Un balón largo, aparentemente controlable, descendió con una trayectoria alterada por la meteorología. Laia Codina midió mal el bote, quizá engañada por el efecto del viento, y Jada Conijnenberg leyó la oportunidad como lo hacen las delanteras que huelen sangre. Se filtró a la espalda de la defensa y se plantó sola ante Daphne van Domselaar. El estadio contuvo la respiración. El disparo fue firme, decidido, buscando el ángulo. Pero Van Domselaar se erigió en muralla: achicó con valentía, extendió el brazo en el momento exacto y desvió el remate con una intervención de puro instinto y técnica depurada. Aquella parada no alteró el marcador global, pero sí evitó que el encuentro entrara en una dimensión psicológica distinta. Fue un recordatorio de que las campeonas no solo atacan: también sobreviven.

    El gol del Arsenal llegó poco después y tuvo la firma de la eficacia. La jugada nació desde la circulación paciente, moviendo al Leuven de lado a lado, obligándolo a bascular en un terreno pesado. El balón terminó en zona intermedia, en ese espacio incómodo entre lateral y central donde las delanteras inteligentes hacen daño. Alessia Russo atacó ese intervalo con determinación. Recibió perfilada, apenas necesitó un toque para acomodar el esférico y, ante la salida de Lowiese Seynhaeve, optó por la sorpresa. En lugar de buscar el palo largo, eligió el corto. Un disparo raso, potente, ejecutado con precisión quirúrgica, que se coló entre la guardameta y el poste. La lluvia aceleró la superficie del balón; la portera reaccionó tarde y se abrió la lata en el minuto 23 de la primera mitad por medio de una Alessia Russo que hizo el 10.

    El 5-0 en el global. Fue un gol de lectura rápida, de mentalidad depredadora, de delantera que no necesita dos ocasiones para marcar. Russo no celebró con exageración: abrió los brazos, miró al cielo oscuro, consciente de que la tarea estaba encarrilada pero no terminada.

    Lejos de hundirse, el Leuven respondió con dignidad competitiva. Tras la media hora, construyó su mejor secuencia ofensiva de la eliminatoria. Toques rápidos en tres cuartos, apoyos constantes, movilidad coordinada para desordenar la línea defensiva local. La acción culminó en los pies de Sara Pusztai, que encontró espacio en la frontal. El disparo fue más colocado que potente, buscando el rincón. Van Domselaar llegó a tocarlo, pero el balón, resbaladizo por la lluvia, se le escapó bajo el guante y terminó cruzando la línea y así se equilibró la balanza amén al 11 de Sára Pusztai en el minuto 29 del cara a cara.

    Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con una renta global muy favorable para las británicas, pero aún restaban cuarenta y cinco minutos por delante en el Reino Unido.

    El empate no alteraba el destino global, pero sí premiaba la valentía visitante y recordaba que la Champions castiga cualquier mínima imprecisión.

    El encuentro entró entonces en un tramo espeso, condicionado por el estado del campo y la meteorología. Las combinaciones eran más difíciles, los controles exigían concentración absoluta, los centros se convertían en lotería aérea. En ese contexto, la jerarquía debía imponerse a través de detalles. Y el detalle decisivo llegó superada la hora de juego. Caitlin Foord, incisiva toda la noche, encaró por banda con potencia y determinación. Superó a su defensora, ganó línea de fondo y forzó el contacto dentro del área. El penalti fue claro. Sin protestas convincentes, sin dudas.

    La ex culé, Mariona Caldentey, tomó el balón con una serenidad que contrastaba con la tormenta que azotaba el estadio. Colocó el esférico con cuidado, retrocedió los pasos reglamentarios, fijó la mirada en Seynhaeve. La carrera fue breve, el golpeo preciso: interior del pie, raso, ajustado al palo derecho. La portera se lanzó al lado contrario. La red volvió a vibrar con el 21 uen el minuto 65 de partido.

    La arquera se lanzó al lado contrario. La red volvió a vibrar. 2-1. Un penalti ejecutado con maestría técnica y fortaleza mental, de esos que demuestran por qué las campeonas gestionan mejor los momentos críticos.

    A partir de ahí, el Arsenal olió el cierre definitivo. El Leuven, desgastado física y emocionalmente, comenzó a conceder espacios.

    Russo y Foord pusieron a prueba de nuevo a Seynhaeve, que evitó un marcador más abultado durante varios minutos.

    Pero cuando el reloj se acercaba a los noventa, llegó el golpe final, la rúbrica estética. Balón en tres cuartos, recepción de Russo de espaldas. Control orientado con el muslo, giro eléctrico sobre su eje, un amague que dejó a la central descolocada. En un espacio mínimo, generó la ventaja. El disparo, cruzado y potente, salió desde el giro con una violencia técnica admirable y se incrustó en la red sin opción de respuesta para la guardameta visitante para que en el minuto 90 fuera Alessia Russo la que celebrase su doblete y instalara el definitivo 31 en este encuentro de vuelta.

    El pitido final no trajo sorpresa, pero sí confirmó una narrativa: el Arsenal, incluso bajo lluvia y viento, incluso ante un rival que compitió con orgullo, supo gestionar la eliminatoria con profesionalidad y carácter.

    El 7-1 global no es solo un número; es la expresión de una superioridad sostenida en dos partidos, de una plantilla que combina talento individual y disciplina colectiva, de un proyecto que entiende que cada ronda es un paso más hacia la defensa del título continental.

    Ahora, el siguiente capítulo ya tiene nombre propio: Chelsea. Un duelo londinense en cuartos de final que trasciende lo deportivo, que mezcla rivalidad doméstica y ambición europea, que promete intensidad táctica y emocional. Si esta noche sirvió para algo más que certificar el pase, fue para recordar que las campeonas no negocian su identidad ni siquiera bajo tormenta. En condiciones extremas, cuando el viento desordena y la lluvia complica, sobreviven las que saben quiénes son.

    Y este Arsenal, bajo el cielo oscuro de Londres, volvió a demostrar que en la Champions no compite para participar: compite para reinar.

    Goles |

    1-0 Alessia Russo 23’ ⚽️
    1-1 Sára Pusztai 32’ ⚽️
    2-1 Mariona Caldentey (P.) 63’ ⚽️
    3-1 Alessia Russo 90’ ⚽️

    Vídeo |

    https://youtu.be/0ZR4zDS9z0g?si=zGI94YRGEXg1n7oS

  • El Real Madrid se clasifica a los cuartos de Champions

    (Fuente: UEFA)

    ◼️ El conjunto blanco venció por 2-0 al París FC con los goles de Feller y N’Dongala en propia puerta en la vuelta de los cuartos de final de la Champions. Las madridistas hicieron bueno el 2-3 del encuentro de ida para clarificarse a la siguiente ronda, donde se medirán al FC Barcelona.

    La previa |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El corazón de la capital volverá a latir al ritmo de la gran noche europea cuando el Real Madrid CF reciba al París FC el miércoles 18 de febrero a las 18:45 horas en el estadio Alfredo Di Stéfano, ese escenario que ya ha aprendido a respirar Champions, a saborear la tensión de los himnos y a transformarse en fortaleza cuando la historia llama a la puerta. Será la vuelta del playoff que concede billete a los cuartos de final de la UEFA Women’s Champions League, la frontera simbólica entre las aspirantes y las verdaderas contendientes al trono continental. Y el Real Madrid llega con ventaja, con ese 2-3 conquistado en suelo parisino que no es solo un resultado, sino un acto de autoridad, un aviso de que este equipo quiere dejar de ser promesa para convertirse en realidad consolidada en Europa.

    La ida fue una declaración de intenciones. En tierras francesas, el conjunto blanco no se encogió ante el ambiente, ni ante el empuje de un rival con historia, ni ante la presión de saber que en Europa cada error se paga con crudeza. Salió a competir con determinación, con personalidad, con esa mezcla de talento y carácter que empieza a definir a esta generación. Y aparecieron los nombres propios que sostienen la ilusión madridista: Melanie Weir, Athenea del Castillo y Linda Caicedo. Tres goles, tres golpes sobre la mesa, tres razones para creer. Cada tanto fue un mensaje cifrado que atravesó el continente: el Real Madrid está listo para discutir su lugar entre las grandes.

    Ese 2-3 otorga una ventaja estratégica clara. A las madridistas les basta la victoria o el empate en casa para sellar el pase. Pero en noches así no se juega a especular. Se juega a imponer. Se juega a dominar. Se juega a escribir. El estadio Alfredo Di Stéfano, convertido en templo de las grandes citas femeninas del club, será testigo de un duelo que no admite medias tintas. Porque aunque el marcador favorece a las blancas, el París FC viaja con la convicción de quien sabe que un gol cambia todo, que una eliminatoria europea nunca está cerrada hasta el último silbido.

    El Real Madrid aterriza en esta cita tras haber demostrado también su autoridad doméstica. Viene de imponerse con claridad al Alhama CF ElPozo por 0-3 en la Liga F Moeve, una victoria que refuerza sensaciones y que confirma que el equipo llega con la maquinaria engrasada. En la fase de grupos de la Champions terminó en séptima posición con 11 puntos, una cifra que habla de regularidad, de capacidad competitiva y de un crecimiento sostenido. No fue un tránsito sencillo, pero fue firme. Cada punto sumado fue una piedra más en la construcción de este proyecto europeo.

    Sin embargo, no todo son luces en la previa. El parte médico y las ausencias obligan a ajustar el plan. Merle Frohms no estará disponible, una baja sensible bajo palos. Tampoco podrá contar el técnico con Antonia Silva. Y duele especialmente la situación de Tere Abelleira, todavía en proceso de recuperación de su lesión de ligamento cruzado, una ausencia que trasciende lo táctico porque Tere es identidad, es equilibrio, es faro en la sala de máquinas. A ellas se suman Signe Bruun y Lotte Keukelaar, que tampoco podrán participar. Son piezas que condicionan, que obligan a reconfigurar estructuras y a redistribuir responsabilidades. Pero si algo ha demostrado este Real Madrid es que cuando una puerta se cierra, otra jugadora emerge para reclamar su espacio.

    Enfrente estará el París FC, dirigido por Sandrine Soubeyrand, una figura histórica del fútbol francés que conoce cada rincón de este tipo de escenarios. El conjunto parisino finalizó la fase de grupos en décima posición con 8 puntos, una trayectoria irregular que, sin embargo, no desmerece su potencial competitivo. Llega además tras encadenar tres derrotas consecutivas en todas las competiciones, una racha que erosiona la confianza pero que también puede convertirse en combustible emocional. Los equipos heridos son imprevisibles. Y el París FC tiene argumentos para soñar con la remontada.

    En el partido de ida, Kaja Korosec y Maeline Mendy —que apareció en los minutos finales para recortar distancias— marcaron los goles franceses. Fueron tantos que mantuvieron viva la eliminatoria y que recuerdan que el Real Madrid deberá defender con concentración máxima cada balón parado, cada transición, cada segundo balón en la frontal. La historia también juega su papel. El París FC, conocido hace trece años como Juvisy, no alcanza unos cuartos de final desde entonces. Esa sequía es un aliciente poderoso. Hay generaciones que crecen con el deseo de romper barreras heredadas.

    El enfrentamiento del miércoles será el quinto capítulo de esta rivalidad. El balance hasta ahora refleja cuatro duelos previos con una victoria para el Real Madrid, un empate y dos triunfos para las francesas. Un historial equilibrado que subraya la paridad y que convierte esta cita en desempate simbólico, en oportunidad para inclinar la balanza. No se trata solo de avanzar. Se trata de enviar un mensaje al continente.

    Y en el horizonte espera el FC Barcelona, gigante europeo, campeón, referencia absoluta del fútbol femenino en el continente. El ganador de esta eliminatoria se cruzará con el conjunto azulgrana en cuartos de final. Ese dato añade una capa adicional de dramatismo y de ambición. Porque eliminar al París FC no solo significaría estar entre las ocho mejores, sino abrir la puerta a un clásico europeo con aroma de revancha, de rivalidad nacional trasladada al escenario continental.

    Pero antes de pensar en futuros cruces, el Real Madrid debe sellar su presente. Debe gestionar la ventaja sin renunciar a su identidad. Debe entender que los partidos de vuelta exigen inteligencia emocional. Controlar los tiempos, elegir cuándo acelerar y cuándo pausar, saber sufrir si el rival aprieta. La experiencia en estas lides se construye partido a partido, y cada eliminatoria superada añade una capa de madurez.

    La noche promete intensidad desde el primer minuto. El París FC necesitará marcar y eso puede abrir espacios. Ahí, la velocidad de Linda Caicedo puede convertirse en puñal. La capacidad de Athenea para desbordar en uno contra uno puede romper líneas. La visión y el golpeo de Weir pueden marcar la diferencia desde segunda línea. Son recursos que, bien gestionados, pueden inclinar definitivamente la eliminatoria.

    Pero también habrá que vigilar el aspecto defensivo. La coordinación en la línea, la gestión de las vigilancias, la concentración en acciones a balón parado. En Europa, los detalles son sentencia. Un despeje mal medido, una marca perdida, un balón dividido no atacado con determinación pueden cambiar el destino de una temporada.

    El estadio Alfredo Di Stéfano será más que un escenario; será un actor. El aliento de la afición, el eco del himno, la presión ambiental. Cada elemento suma. El Real Madrid busca alcanzar los cuartos de final por segunda vez en su historia. No es un dato menor. Es la constatación de un crecimiento estructural. De un proyecto que empezó hace pocos años y que ya compite de tú a tú con entidades de larga tradición europea.

    Y en esta narrativa épica, cada jugadora escribe su propia línea. Las veteranas aportan temple. Las jóvenes, atrevimiento. El cuerpo técnico, estrategia. La institución, respaldo. Todo converge en una tarde de febrero que puede marcar un antes y un después.

    El fútbol femenino europeo vive una expansión sin precedentes. La UEFA Women’s Champions League se ha convertido en escaparate global. Las audiencias crecen. La exigencia aumenta. Y el Real Madrid quiere ocupar su lugar en esa élite. No como invitado ocasional, sino como contendiente habitual.

    El París FC, por su parte, representa la resistencia, la tradición francesa que busca recuperar protagonismo. La figura de Sandrine Soubeyrand en el banquillo simboliza ese puente entre pasado y presente. Sabe que necesitará un plan valiente. Presión alta, verticalidad, eficacia. No hay margen para especular.

    La clave, probablemente, residirá en el control del centro del campo. En quién imponga el ritmo. En quién consiga que el partido se juegue donde más le conviene. Si el Real Madrid logra instalarse en campo rival, si consigue circular con fluidez y generar superioridades en banda, la eliminatoria puede inclinarse pronto. Si el París FC logra incomodar, forzar pérdidas y activar transiciones rápidas, el nerviosismo puede asomar.

    Pero las grandes noches europeas se definen también por la gestión emocional. Por la capacidad de mantener la calma cuando el ruido aumenta. Por la convicción de que el trabajo previo respalda cada decisión. El Real Madrid llega con ventaja, con argumentos y con ambición. El París FC llega con urgencia y con orgullo.

    El miércoles 18 de febrero, a las 18:45, el balón volverá a rodar y todo lo dicho se reducirá a noventa minutos —o más— de verdad cruda. El premio: un lugar entre las ocho mejores de Europa y un cruce de alto voltaje ante el FC Barcelona. El desafío: confirmar que el crecimiento del Real Madrid no es anecdótico, sino estructural.

    Y cuando el árbitro señale el inicio, cuando el estadio contenga el aliento, cuando cada pase pese como una declaración, sabremos que estamos ante una de esas noches que definen proyectos. Porque en la Champions no se juega solo por avanzar. Se juega por pertenecer. Y el Real Madrid quiere pertenecer a la élite. Con carácter. Con talento. Con historia en construcción

    🏆 UEFA Women’s Champions League

    🩷 Ronda de Playoffs | Partido de vuelta

    🙌🏻 Temporada 2025-2026

    🔥 Real Madrid vs Paris Football Club 🔥

    📅 Miércoles, 18 de febrero de 2026

    ⏰ 21:00 horario peninsular

    📺 Disney Plus

    🏟️ Estadio Alfredo Di Stéfano, Valdebebas

    (Fuente; Liga F Moeve)

    El duelo al detalle |

    Los onces |

    Las noches europeas no admiten matices tibios, y mucho menos cuando el himno de la UEFA Women’s Champions League resuena sobre dos escudos que cargan historia, ambición y presente competitivo. En el rectángulo de juego se citaban el Real Madrid Femenino y el Paris FC, dos proyectos que han crecido al calor de estructuras sólidas y que, más allá de la etiqueta de favorito o aspirante, comparecían con una declaración de intenciones escrita en la pizarra y rubricada en la alineación inicial. Los onces no eran una simple enumeración de nombres: eran un manifiesto táctico, una radiografía de prioridades y una promesa de intensidad.

    El conjunto blanco dispuso de inicio a Misa bajo palos, capitana y referencia emocional, custodio de un área que en Europa adquiere dimensiones psicológicas distintas. Por delante, una línea que mezclaba jerarquía y lectura posicional: Eva Navarro en un rol de amplitud y recorrido, M. Méndez aportando salida limpia desde atrás, Lakrar como central de contundencia aérea y corrección al espacio, y Yasmim proyectando profundidad por el carril zurdo. En la medular, el triángulo dibujaba equilibrio y creatividad: Weir como faro entre líneas, Däbritz administrando los ritmos con criterio germánico, y Angeldahl sosteniendo la estructura con despliegue físico y golpeo desde media distancia. En los costados ofensivos, Athenea y Linda Caicedo —ese desborde eléctrico que altera sistemas— flanqueaban a Feller, punta de movilidad constante, encargada de fijar centrales y atacar el intervalo entre lateral y zaguera.

    La fotografía inicial del Paris FC no se quedaba atrás en intenciones. Chavas asumía la responsabilidad en portería, respaldada por una zaga donde N’Dongala y Ould Hocine ofrecían cierre por los carriles, con Greboval y Bogaert en el eje, mezcla de agresividad en el duelo y capacidad para anticipar. En el centro del campo, Liaigre y Korošec tejían la primera red de presión, secundadas por Garbino y Picard en funciones de apoyo y ruptura, mientras Le Moguedec aportaba recorrido para llegar en segunda línea. En la punta, Mateo, capitana, encarnaba la amenaza principal, una delantera acostumbrada a interpretar cuándo caer a banda y cuándo atacar el punto de penalti.

    El arranque del encuentro se explicaba desde esas elecciones. El Real Madrid buscó instalarse en campo contrario con una salida asimétrica: Yasmim ganando metros para convertir el dibujo en una suerte de 3-2 en fase ofensiva, con Méndez basculando hacia dentro y Angeldahl incrustándose para ofrecer línea de pase. La intención era clara: atraer la primera presión francesa y activar a Weir entre líneas, obligando a Liaigre y Korošec a decidir si saltar o proteger la espalda de sus centrales. Cada recepción de la escocesa tenía el peso específico de las noches grandes; cada giro suyo era un desafío al orden visitante.

    El Paris FC respondió con una presión coordinada en bloque medio-alto, Mateo orientando la salida hacia el costado menos natural, mientras Garbino y Picard cerraban líneas interiores. El plan consistía en forzar envíos laterales y activar transiciones rápidas tras recuperación. En ese escenario, la figura de Le Moguedec se tornaba clave: su lectura para romper desde segunda línea buscaba sorprender a una defensa blanca que, al adelantar metros, asumía riesgos calculados.

    Athenea, desde el perfil derecho, comenzó a ganar duelos individuales, obligando a Ould Hocine a medir cada entrada con precisión quirúrgica. Linda Caicedo, por el lado contrario, alternaba apoyos cortos con desmarques diagonales, tratando de arrastrar a Greboval y generar el carril interno para la llegada de Däbritz. Feller, inteligente en la ocupación de espacios, fijaba a Bogaert y abría pasillos para la irrupción de Weir. El guion no tardó en mostrar su lógica: posesión blanca, repliegue estructurado francés, y una tensión latente que convertía cada balón dividido en una batalla.

    Sin embargo, Europa no se decide solo en la pizarra. Se decide en la gestión emocional de los primeros compases, en la capacidad para transformar la ansiedad en precisión. Misa, atenta, intervino con seguridad en los primeros acercamientos, transmitiendo calma a una defensa que debía vigilar los movimientos de Mateo al primer palo. Del otro lado, Chavas demostró reflejos ante un disparo lejano de Angeldahl, recordando que el margen de error en esta competición es mínimo.

    El choque adquirió pronto una cadencia intensa. Cada recuperación francesa encontraba a Garbino acelerando por dentro, cada repliegue blanco se articulaba con la voz de Méndez ordenando alturas. La medular se convirtió en un tablero de ajedrez donde Weir y Korošec medían tiempos, donde Däbritz y Liaigre alternaban apoyos y coberturas, y donde Angeldahl y Le Moguedec competían en despliegue. No era un partido de concesiones amplias, sino de microespacios, de ventajas microscópicas que podían decantar una eliminatoria.

    La alineación inicial explicaba también la intención estratégica a largo plazo. El banquillo blanco, con nombres como Frohms, Antonia Silva, Rocío, Toletti o Redondo, ofrecía variantes para modificar el dibujo, ya fuera reforzando el centro del campo o potenciando la verticalidad. El Paris FC, con opciones como Sissoko, Davis, Azzaro o Jedlińska, disponía de recursos para sostener la presión o alterar el frente ofensivo. Pero en ese arranque, todo se reducía al pulso inmediato, al impacto de los once elegidos.

    El balón circulaba con mayor frecuencia por los dominios del Real Madrid, pero el Paris FC mostraba una resiliencia competitiva notable. Cada despeje era seguido por una línea que avanzaba metros, cada falta táctica cortaba el ritmo sin caer en descontrol. La Champions, en su versión femenina, ha evolucionado hacia un escenario donde la preparación física y la inteligencia colectiva pesan tanto como el talento individual, y este duelo lo confirmaba con cada transición.

    La grada, consciente del momento, acompañaba cada avance con un murmullo creciente. Athenea encaraba, recortaba hacia dentro y buscaba el disparo; Linda amagaba con la zurda y filtraba un pase al espacio; Weir pedía calma y cambio de orientación. En el otro extremo, Mateo se desmarcaba al límite del fuera de juego, esperando ese envío vertical que quebrara la línea. El partido era un equilibrio delicado entre paciencia y vértigo.

    Así comenzó esta noche europea: con dos onces que no solo alineaban futbolistas, sino ideas; con dos entrenadores que, desde la elección de nombres, delineaban un relato táctico; y con la certeza de que, en la Champions, cada detalle —una cobertura a tiempo, un control orientado, una presión coordinada— puede convertirse en el punto de inflexión que escriba la historia.

    Las noches de la UEFA Women’s Champions League no se juegan, se resisten, se administran y, cuando llega el momento exacto, se conquistan. El Real Madrid Femenino lo sabía. Había regresado al Alfredo Di Stéfano con un 2-3 del partido de ida, una ventaja tan valiosa como frágil, y enfrente aguardaba un Paris FC herido en el orgullo, dispuesto a convertir cada balón dividido en una frontera. No era solo una vuelta de octavos; era una afirmación de estatus, un paso más en la madurez competitiva de un proyecto que ya no quiere ser invitado en Europa, sino protagonista con voz propia.

    El guion se empezó a escribir a los cincuenta segundos, cuando Linda Caicedo, puro instinto competitivo, atacó el espacio con esa mezcla de desparpajo y determinación que no entiende de edades ni contextos. Recibió, perfiló y disparó. El balón llevaba intención, llevaba el mensaje de quien quiere cerrar la eliminatoria sin dilaciones. Pero apareció Chavas, exmadridista, con la memoria intacta y los reflejos tensados, para desviar el remate y recordar que el partido no se regalaría. Era la primera advertencia, el primer latido fuerte de una noche que prometía emociones densas.

    Cinco minutos después, el encuentro cambió de eje. Greboval derribó a Feller cuando la francesa encaraba con ventaja manifiesta. La acción fue clara, el contexto inequívoco: última defensora, ocasión manifiesta de gol. Roja directa.

    El Di Stéfano rugió con la convicción de que el viento soplaba a favor. El Paris FC quedaba en inferioridad numérica casi desde el arranque, y la eliminatoria, ya inclinada por el 2-3 de la ida, parecía deslizarse hacia una pendiente favorable para las blancas. Pero la Champions no se decide en el papel; exige precisión en el momento exacto.

    El Real Madrid asumió el control con paciencia, intentando ensanchar el campo y obligar al bloque francés a bascular hasta el límite. Weir buscó el golpeo desde la frontal en una falta directa que encontró la barrera. Angeldahl lo intentó desde media distancia con un disparo que se elevó por encima del larguero. El dominio era claro, la superioridad evidente, pero faltaba el detalle definitivo, ese gol que disolviera cualquier atisbo de duda y convirtiera la grada en celebración anticipada.

    La jugada que pudo cambiarlo todo llegó pasada la media hora. Centro al área, mano de Picard en el intento de despeje. Penalti. El estadio contuvo la respiración. Weir asumió la responsabilidad desde los once metros, con la serenidad de quien ha firmado noches grandes en este torneo. Pero enfrente estaba Chavas, que leyó la intención, aguantó hasta el último instante y voló con precisión quirúrgica para detener la pena máxima. El balón rechazado cayó lejos del peligro inmediato, pero dejó una sensación incómoda: el billete a cuartos seguía en el bolsillo por el resultado global, sí, pero el partido pedía un gol que blindara la clasificación.

    El descanso llegó con esa mezcla de control y deuda pendiente. Pau Quesada movió ficha tras la reanudación: Toletti entró por Weir. No fue solo un cambio nominal; fue una reconfiguración del engranaje. Con la francesa en el campo, Angeldahl encontró una socia más cercana para progresar por dentro y, desde esa nueva sociedad, empezó a conectar con Eva Navarro con mayor frecuencia y ventaja posicional.

    El minuto 54 marcó el punto de inflexión. Angeldahl levantó la cabeza y dibujó un envío tenso, medido al centímetro, hacia la derecha. Eva Navarro, la de Yecla, atacó el espacio con convicción, controló con la intención de dañar y, sin precipitarse, puso un centro raso, cargado de sentido. Feller apareció donde deben aparecer las delanteras que entienden el oficio: entre central y lateral, un paso por delante, un segundo antes.

    Su remate fue seco, orientado, imparable. El balón besó la red y el Di Stéfano explotó. No era solo el 10; era la tranquilidad que se materializaba, la certeza de que el trabajo encontraba recompensa en el minuto 54.

    Con el marcador a favor y superioridad numérica, el Real Madrid empezó a jugar con mayor fluidez. Las líneas se adelantaron, la circulación ganó velocidad, y el Paris FC, obligado a resistir, comenzó a acusar el desgaste. A la hora de juego, Linda Caicedo volvió a hacer lo que mejor sabe: encarar, perfilar y definir. Recibió en ventaja, se internó en el área y ajustó el disparo con determinación. El balón terminó en el fondo de la red tras un autogol de N’Dongala, ampliando la distancia y confirmando que la eliminatoria ya no admitía suspense amén del 20 que fue definitivo en el 67 del encuentro de vuelta de este playoff.

    En la recta final, con el partido bajo control, Quesada administró esfuerzos y reforzó la estructura con las entradas de Sara Holmgaard, Sheila García, Alba Redondo y Hanna Bennison. Minutos para consolidar, para mantener la concentración y para saborear una clasificación que se convertía en la tercera presencia en cuartos de final de la Champions en la historia del club.

    El Alfredo Di Stéfano despidió a las suyas con la sensación de que el equipo ha aprendido a gestionar este tipo de contextos: golpe temprano, adversidad puntual —ese penalti fallado—, reajuste táctico y sentencia sin estridencias.

    (Fuente: UEFA )

    Ahora espera el FC Barcelona Femení en la siguiente ronda, un cruce que no necesita adjetivos añadidos. Pero esa es otra historia. La de esta noche fue la confirmación de un crecimiento sostenido, de una plantilla que combina talento joven y experiencia competitiva, de un cuerpo técnico que supo leer los tiempos y ajustar cuando el partido lo exigía.

    Porque las noches europeas no se regalan. Se trabajan, se sufren y se celebran. Y el Real Madrid, con el pulso firme y la convicción intacta, escribió una más en su ascenso continental, con goles que no solo movieron el marcador, sino que consolidaron una identidad competitiva que ya no entiende de complejos, sino de ambición.

    El Real Madrid se medirá al Barcelona en los cuartos de final de Champions. La ida será el 24 o 25 de marzo en el Alfredo Di Stéfano. La vuelta, el jueves 2 de abril y, presumiblemente, en el Camp Nou. El único enfrentamiento europeo entre ambos fue en la temporada 2021-2022, también en la misma ronda.

    📋 Ficha técnica |

    Real Madrid (2): Misa; Eva Navarro, Lakrar, María Méndez, Yasmim (Holmgaard 72′); Däbritz, Angeldahl (Bennison 86′), Weir (Toletti 46′); Athenea, Feller (Shei García 72′), Linda Caicedo (Alba Redondo 87′).

    Paris FC (0): Chavas; N’Dongala, Ouid Hocine (Sylla 78′), Greboval, Bogaert, Llaigre (Jedlinska 64′); Garbino (Davis 10′), Korošec, Picard (Mendy 78′), Le Moguedec (Sangare 64′); Mateo.

    Árbitra: Iuliana Demetrescu (Rumanía). Amonestó a María Méndez (minuto 82) y expulsó a Greboval (minuto 5).

    Estadio: Alfredo Di Stéfano (Madrid). Asistencia: 1.558 espectadores

    Goles |

    1-0 Naomie Feller 53’ ⚽️

    2-0 N’Dongala (P.P) 66’ ⚽️

  • La previa | Real Madrid vs Paris F.C.

    (Fuente; Liga F Moeve?

    ◼️ El Di Stéfano dicta sentencia en la vuelta de los playoffs de la Champions .

    El corazón de la capital volverá a latir al ritmo de la gran noche europea cuando el Real Madrid CF reciba al París FC el miércoles 18 de febrero a las 18:45 horas en el estadio Alfredo Di Stéfano, ese escenario que ya ha aprendido a respirar Champions, a saborear la tensión de los himnos y a transformarse en fortaleza cuando la historia llama a la puerta. Será la vuelta del playoff que concede billete a los cuartos de final de la UEFA Women’s Champions League, la frontera simbólica entre las aspirantes y las verdaderas contendientes al trono continental. Y el Real Madrid llega con ventaja, con ese 2-3 conquistado en suelo parisino que no es solo un resultado, sino un acto de autoridad, un aviso de que este equipo quiere dejar de ser promesa para convertirse en realidad consolidada en Europa.

    La ida fue una declaración de intenciones. En tierras francesas, el conjunto blanco no se encogió ante el ambiente, ni ante el empuje de un rival con historia, ni ante la presión de saber que en Europa cada error se paga con crudeza. Salió a competir con determinación, con personalidad, con esa mezcla de talento y carácter que empieza a definir a esta generación. Y aparecieron los nombres propios que sostienen la ilusión madridista: Melanie Weir, Athenea del Castillo y Linda Caicedo. Tres goles, tres golpes sobre la mesa, tres razones para creer. Cada tanto fue un mensaje cifrado que atravesó el continente: el Real Madrid está listo para discutir su lugar entre las grandes.

    Ese 2-3 otorga una ventaja estratégica clara. A las madridistas les basta la victoria o el empate en casa para sellar el pase. Pero en noches así no se juega a especular. Se juega a imponer. Se juega a dominar. Se juega a escribir. El estadio Alfredo Di Stéfano, convertido en templo de las grandes citas femeninas del club, será testigo de un duelo que no admite medias tintas. Porque aunque el marcador favorece a las blancas, el París FC viaja con la convicción de quien sabe que un gol cambia todo, que una eliminatoria europea nunca está cerrada hasta el último silbido.

    El Real Madrid aterriza en esta cita tras haber demostrado también su autoridad doméstica. Viene de imponerse con claridad al Alhama CF ElPozo por 0-3 en la Liga F Moeve, una victoria que refuerza sensaciones y que confirma que el equipo llega con la maquinaria engrasada. En la fase de grupos de la Champions terminó en séptima posición con 11 puntos, una cifra que habla de regularidad, de capacidad competitiva y de un crecimiento sostenido. No fue un tránsito sencillo, pero fue firme. Cada punto sumado fue una piedra más en la construcción de este proyecto europeo.

    Sin embargo, no todo son luces en la previa. El parte médico y las ausencias obligan a ajustar el plan. Merle Frohms no estará disponible, una baja sensible bajo palos. Tampoco podrá contar el técnico con Antonia Silva. Y duele especialmente la situación de Tere Abelleira, todavía en proceso de recuperación de su lesión de ligamento cruzado, una ausencia que trasciende lo táctico porque Tere es identidad, es equilibrio, es faro en la sala de máquinas. A ellas se suman Signe Bruun y Lotte Keukelaar, que tampoco podrán participar. Son piezas que condicionan, que obligan a reconfigurar estructuras y a redistribuir responsabilidades. Pero si algo ha demostrado este Real Madrid es que cuando una puerta se cierra, otra jugadora emerge para reclamar su espacio.

    Enfrente estará el París FC, dirigido por Sandrine Soubeyrand, una figura histórica del fútbol francés que conoce cada rincón de este tipo de escenarios. El conjunto parisino finalizó la fase de grupos en décima posición con 8 puntos, una trayectoria irregular que, sin embargo, no desmerece su potencial competitivo. Llega además tras encadenar tres derrotas consecutivas en todas las competiciones, una racha que erosiona la confianza pero que también puede convertirse en combustible emocional. Los equipos heridos son imprevisibles. Y el París FC tiene argumentos para soñar con la remontada.

    En el partido de ida, Kaja Korosec y Maeline Mendy —que apareció en los minutos finales para recortar distancias— marcaron los goles franceses. Fueron tantos que mantuvieron viva la eliminatoria y que recuerdan que el Real Madrid deberá defender con concentración máxima cada balón parado, cada transición, cada segundo balón en la frontal. La historia también juega su papel. El París FC, conocido hace trece años como Juvisy, no alcanza unos cuartos de final desde entonces. Esa sequía es un aliciente poderoso. Hay generaciones que crecen con el deseo de romper barreras heredadas.

    El enfrentamiento del miércoles será el quinto capítulo de esta rivalidad. El balance hasta ahora refleja cuatro duelos previos con una victoria para el Real Madrid, un empate y dos triunfos para las francesas. Un historial equilibrado que subraya la paridad y que convierte esta cita en desempate simbólico, en oportunidad para inclinar la balanza. No se trata solo de avanzar. Se trata de enviar un mensaje al continente.

    Y en el horizonte espera el FC Barcelona, gigante europeo, campeón, referencia absoluta del fútbol femenino en el continente. El ganador de esta eliminatoria se cruzará con el conjunto azulgrana en cuartos de final. Ese dato añade una capa adicional de dramatismo y de ambición. Porque eliminar al París FC no solo significaría estar entre las ocho mejores, sino abrir la puerta a un clásico europeo con aroma de revancha, de rivalidad nacional trasladada al escenario continental.

    Pero antes de pensar en futuros cruces, el Real Madrid debe sellar su presente. Debe gestionar la ventaja sin renunciar a su identidad. Debe entender que los partidos de vuelta exigen inteligencia emocional. Controlar los tiempos, elegir cuándo acelerar y cuándo pausar, saber sufrir si el rival aprieta. La experiencia en estas lides se construye partido a partido, y cada eliminatoria superada añade una capa de madurez.

    La noche promete intensidad desde el primer minuto. El París FC necesitará marcar y eso puede abrir espacios. Ahí, la velocidad de Linda Caicedo puede convertirse en puñal. La capacidad de Athenea para desbordar en uno contra uno puede romper líneas. La visión y el golpeo de Weir pueden marcar la diferencia desde segunda línea. Son recursos que, bien gestionados, pueden inclinar definitivamente la eliminatoria.

    Pero también habrá que vigilar el aspecto defensivo. La coordinación en la línea, la gestión de las vigilancias, la concentración en acciones a balón parado. En Europa, los detalles son sentencia. Un despeje mal medido, una marca perdida, un balón dividido no atacado con determinación pueden cambiar el destino de una temporada.

    El estadio Alfredo Di Stéfano será más que un escenario; será un actor. El aliento de la afición, el eco del himno, la presión ambiental. Cada elemento suma. El Real Madrid busca alcanzar los cuartos de final por segunda vez en su historia. No es un dato menor. Es la constatación de un crecimiento estructural. De un proyecto que empezó hace pocos años y que ya compite de tú a tú con entidades de larga tradición europea.

    Y en esta narrativa épica, cada jugadora escribe su propia línea. Las veteranas aportan temple. Las jóvenes, atrevimiento. El cuerpo técnico, estrategia. La institución, respaldo. Todo converge en una tarde de febrero que puede marcar un antes y un después.

    El fútbol femenino europeo vive una expansión sin precedentes. La UEFA Women’s Champions League se ha convertido en escaparate global. Las audiencias crecen. La exigencia aumenta. Y el Real Madrid quiere ocupar su lugar en esa élite. No como invitado ocasional, sino como contendiente habitual.

    El París FC, por su parte, representa la resistencia, la tradición francesa que busca recuperar protagonismo. La figura de Sandrine Soubeyrand en el banquillo simboliza ese puente entre pasado y presente. Sabe que necesitará un plan valiente. Presión alta, verticalidad, eficacia. No hay margen para especular.

    La clave, probablemente, residirá en el control del centro del campo. En quién imponga el ritmo. En quién consiga que el partido se juegue donde más le conviene. Si el Real Madrid logra instalarse en campo rival, si consigue circular con fluidez y generar superioridades en banda, la eliminatoria puede inclinarse pronto. Si el París FC logra incomodar, forzar pérdidas y activar transiciones rápidas, el nerviosismo puede asomar.

    Pero las grandes noches europeas se definen también por la gestión emocional. Por la capacidad de mantener la calma cuando el ruido aumenta. Por la convicción de que el trabajo previo respalda cada decisión. El Real Madrid llega con ventaja, con argumentos y con ambición. El París FC llega con urgencia y con orgullo.

    El miércoles 18 de febrero, a las 18:45, el balón volverá a rodar y todo lo dicho se reducirá a noventa minutos —o más— de verdad cruda. El premio: un lugar entre las ocho mejores de Europa y un cruce de alto voltaje ante el FC Barcelona. El desafío: confirmar que el crecimiento del Real Madrid no es anecdótico, sino estructural.

    Y cuando el árbitro señale el inicio, cuando el estadio contenga el aliento, cuando cada pase pese como una declaración, sabremos que estamos ante una de esas noches que definen proyectos. Porque en la Champions no se juega solo por avanzar. Se juega por pertenecer. Y el Real Madrid quiere pertenecer a la élite. Con carácter. Con talento. Con historia en construcción

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    🩷 Ronda de Playoffs | Partido de vuelta

    🙌🏻 Temporada 2025-2026

    🔥 Real Madrid vs Paris Football Club 🔥

    📅 Miércoles, 18 de febrero de 2026

    ⏰ 21:00 horario peninsular

    📺 Disney Plus

    🏟️ Estadio Alfredo Di Stéfano, Valdebebas

    (Fuente; Liga F Moeve)
  • Oficial | La Real Sociedad se lleva el derbi vasco y hubo tablas en el madrileño tras la vigésima jornada

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🟧 El cuadro txuri-urdin venció por 0-2 al Athletic Club en Lezama para llevarse el derbi vasco. Por su parte, el Atlético de Madrid y el Madrid CFF firmaron las tablas (0-0) en el derbi madrileño.

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    Once ideal de la vigésima jornada según Sofascore |

    🧤 Portera
    • C. Hirao (Granada CF Femenino) – 9.5

    🛡 Defensas
    • C. R. Blanco (Tenerife Femenino) – 8.5
    • B. Andersson (Real Madrid Femenino) – 8.4
    • I. Paredes (FC Barcelona Femení) – 8.9
    • E. Vergés (Levante UD Femenino) – 8.4
    • B. Muñoz (Granada CF Femenino) – 7.6

    🎯 Centrocampistas
    • E. Brugts (FC Barcelona Femení) – 8.9
    • S. Toleti (Real Madrid Femenino) – 7.8
    • P. Guijarro (FC Barcelona Femení) – 9.5
    • F. Kanteh (Sevilla FC Femenino) – 7.5

    ⚽ Delantera
    • L. Moral (Sevilla FC Femenino) – 8.8

    (Fuente: Liga F Moeve)

    La vigésima jornada de la Liga F Moeve no fue simplemente una sucesión de resultados en un calendario que avanza con precisión matemática hacia la primavera. Fue, en realidad, un fin de semana de pulsaciones altas, de mensajes cruzados en la clasificación, de porterías blindadas y delanteras desatadas, de derbis con memoria y silencios que pesaron más que cualquier marcador. Fue una de esas fechas que, cuando uno la observa con perspectiva, entiende que el campeonato empieza a definirse en los matices. Y lo hizo, además, con la conciencia de que el tiempo aprieta, porque la jornada 21 asoma ya en el horizonte como la última estación antes de que la Selección Española de Fútbol Femenina, vigente campeona del mundo, subcampeona de Europa y doble ganadora de la Liga de Naciones, cambie el foco y active el modo clasificación hacia la Copa del Mundo de 2027 en Brasil.

    El sábado amaneció con fútbol desde el mediodía. En Palamós, el FC Badalona Women recibió al Costa Adeje Tenerife en un duelo que exigía precisión competitiva. El conjunto tinerfeño respondió con autoridad, imponiéndose por 0-2 en un partido que tuvo de todo: polémica, penalti, paradas de mérito y una sensación creciente de equipo sólido que sabe sufrir cuando el contexto se vuelve espeso. Hubo una acción dentro del área que las visitantes reclamaron como mano de Nerea Carmona, pero la colegiada mantuvo el criterio y dejó seguir. Son esas decisiones que cambian estados de ánimo. Pasada la media hora, la falta de Fatou Dembele sobre Lice Chamorro señaló el punto fatídico. María Llompart asumió la responsabilidad, pero Noelia Ramos sostuvo a las suyas con una intervención de reflejos y temple. La guardameta no solo detuvo el penalti: construyó una narrativa. Portería a cero, liderazgo silencioso y un mensaje claro: este Tenerife compite desde la convicción defensiva.

    Antes del descanso, el partido ya había mostrado su partitura ofensiva. Lice Chamorro y Violeta Quiles rozaron el gol, pero el acierto se reservó para el segundo acto. En la reanudación, Elba Vergés leyó con inteligencia un envío de falta de Natalia Ramos y definió con autoridad ante María Valenzuela. El 0-2 definitivo llegó tras un envío lateral que Clau Blanco convirtió en sentencia. No fue un resultado casual. Fue la confirmación de un equipo que mantiene el invicto en este 2026 y que se mueve en la clasificación con la determinación de quien no quiere mirar atrás.

    A la misma hora, en territorio nazarí, el Granada CF Femenino volvió a demostrar que su inicio de año no es una racha, sino una identidad. El 1-0 frente al Levante UD Femenino tuvo aroma de madurez competitiva. Antes del pitido inicial, Lauri Requena recibió el homenaje por sus 150 partidos como granadinista. No es un dato menor. Es la representación de un proyecto que construye desde la continuidad. En el césped, el partido fue equilibrado. Ana Franco probó desde la distancia, Chika Hirao sostuvo con siete intervenciones de mérito, y el choque se movió en esa fina línea que separa el empate del golpe definitivo. El centro de Laura Pérez, la lectura de Andrea Gómez en el punto de penalti y el remate de cabeza que significó el 1-0 sintetizaron la tarde: precisión, convicción y ventaja mínima bien administrada. El Levante lo intentó, con Alharilla y de nuevo Ana Franco, pero el marcador no se movió. El Granada suma y sigue, sin derrotas en 2026, construyendo una narrativa de resiliencia.

    La tarde avanzó y en Riazor el Deportivo Abanca recibió a un Sevilla FC Femenino que atraviesa un momento de eficacia quirúrgica. El 0-4, emitido también en abierto por RTVE Play, no admite demasiadas interpretaciones: el conjunto hispalense fue contundente. Vera Martínez avisó, Sullastres respondió, y el primer tiempo se movió entre intentos aislados. Pero en la segunda mitad, el Sevilla desplegó su libreto ofensivo. La falta ensayada que terminó con el remate de Lucía Moral ‘WIFI’ abrió la puerta. A partir de ahí, el partido se inclinó. Moral firmó un doblete con olfato y timing, Fatou Kanteh añadió profundidad y Andrea Álvarez cerró la goleada. Segunda victoria consecutiva por idéntico resultado. El mensaje es claro: el Sevilla no solo gana, sino que golpea con contundencia.

    A las 18:30, el foco se trasladó al Johan Cruyff. El FC Barcelona Femení firmó un 4-0 ante la SD Eibar Femenino en un partido que comenzó con un emotivo minuto de silencio por el padre de Marta Torrejón. El fútbol también es memoria. En el césped, el Barça fue reconocible: dominio, amplitud, precisión en los últimos metros. Brugts filtró para Ewa Pajor, que definió con clase. De nuevo Brugts encontró a Pina para el segundo. Patri Guijarro, MVP, añadió un latigazo lejano que amplió la ventaja. Irene Paredes, desde el córner, cerró la goleada. El Barça no solo suma tres puntos; reafirma su jerarquía en cada línea.

    El domingo arrancó con otro golpe de autoridad. El Real Madrid Femenino venció 0-3 al Alhama CF ElPozo, en un partido emitido también por Teledeporte. A los nueve minutos, Hanna Bennison abrió el marcador tras una acción coral. Sandie Toletti transformó el penalti que amplió la renta y Alba Redondo sentenció nada más comenzar la segunda mitad. Misa Rodríguez sostuvo la portería a cero con intervenciones decisivas. Las de Pau Quesada consolidan la segunda posición y proyectan estabilidad en un tramo decisivo del campeonato.

    El derbi vasco entre Athletic Club Femenino y Real Sociedad Femenino tuvo color txuri-urdin. El 0-2, con goles de Aiara Agirrezabala y Paula Fernández desde el punto de penalti, mantiene a la Real en la tercera posición con 44 puntos. Fue un partido de detalles: intensidad, duelos individuales, gestión emocional. La Real supo aprovechar sus momentos. El Athletic lo intentó, pero la eficacia visitante marcó la diferencia.

    En Cornellà, el RCD Espanyol Femenino y el DUX Logroño firmaron un 1-1 cargado de tensión por la permanencia. Penalti convertido por Laia Ballesté a lo panenka, respuesta de Isina desde los once metros, intervenciones decisivas y un punto que, en este tramo, sabe a supervivencia estratégica.

    Y el cierre, el derbi madrileño. El Atlético de Madrid Femenino y el Madrid CFF empataron 0-0 en un partido donde Paola Ulloa fue determinante con seis paradas. Amaiur rozó el gol, la madera intervino, y el marcador resistió. Fue un empate con lectura táctica: equilibrio, prudencia, respeto mutuo.

    Así concluyó una jornada que deja la clasificación en ebullición y que anticipa un punto de inflexión inmediato. Porque la jornada 21 no será una más. Será la última antes del paréntesis internacional en el que la Selección Española, vigente campeona del Mundial de Australia y Nueva Zelanda 2023, subcampeona continental y doble campeona de la Liga de Naciones, inicie la fase de clasificación rumbo a la Copa del Mundo 2027 en Brasil. Y eso, en el calendario emocional del fútbol femenino español, no es un detalle administrativo: es una transición de élite. Las internacionales cambiarán el chip, las miradas se dirigirán a los compromisos oficiales, y la Liga F entrará en pausa con la sensación de haber alcanzado un punto de máxima exigencia competitiva.

    Porque cuando el campeonato doméstico se detiene para dar paso al desafío mundialista, cada punto sumado pesa el doble. Cada portería a cero, cada goleada, cada empate sufrido se convierte en capital competitivo. La jornada 20 no solo entregó resultados; entregó certezas, dudas, reivindicaciones y advertencias. Y con la jornada 21 a la vista, la Liga F se prepara para un último capítulo antes de que el foco se tiña de rojo y amarillo y España vuelva a mirar al mundo con ambición de revalidar su lugar en la cima.

  • La crónica | Atlético y Madrid CFF firman tablas en Alcalá

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⚫️ El Atlético de Madrid y el Madrid CFF se repartieron los puntos (0- nos yuyu vi me 0) en el derbi madrileño. Las locales generaron mucho peligro, pero se estrellaron con una formidable Paola Ulloa, que fue la MVP del partido. Las rojiblancas se alejan de los puestos de Champions, y las visitantes se quedan en media tabla.

    La previa |

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    El Atlético de Madrid llega a la cita instalado en la quinta posición con 31 puntos, a diez de la tercera plaza que marca la frontera europea y que, aunque exigente, no es inalcanzable en términos matemáticos. La diferencia obliga a un cierre de campeonato prácticamente perfecto, a un margen de error mínimo y a una regularidad que hasta ahora ha sido intermitente. El conjunto rojiblanco aterriza en el derbi con el desgaste competitivo de haber disputado la ida del playoff de Champions, un contexto que añade complejidad a la gestión física y mental del encuentro. El calendario no concede treguas y el Atlético está aprendiendo a convivir con esa doble exigencia: rendir en Europa y no descuidar la carrera doméstica. Ese equilibrio será determinante.

    Desde el punto de vista estructural, el Atlético ha mostrado durante la temporada una identidad reconocible: un bloque compacto, con presión coordinada en campo rival cuando la situación lo permite y con transiciones verticales que buscan aprovechar la potencia y la profundidad de sus extremos. El equipo ha alternado sistemas —desde el 4-3-3 clásico hasta variantes con doble pivote y mediapunta— en función del rival y del contexto competitivo, pero mantiene una premisa constante: intensidad en la recuperación tras pérdida y agresividad en los duelos individuales. En casa, además, se ha consolidado como el quinto mejor local de la categoría, un dato que no es anecdótico. Alcalá se ha convertido en un escenario donde el Atlético eleva su nivel de concentración, donde los primeros veinte minutos suelen marcar territorio y donde la presión ambiental, aunque no masiva, sí es cualitativamente influyente.

    La única duda en el cuadro rojiblanco es Gio Queiroz, una futbolista que, por perfil, altera dinámicas. Su capacidad para desbordar en el uno contra uno, para fijar lateral y extremo rivales y para generar superioridades en el último tercio convierte cualquier posible ausencia en un elemento táctico de peso. Si no estuviera disponible al cien por cien, el cuerpo técnico deberá decidir si opta por una solución de perfil similar —verticalidad y amplitud— o si, por el contrario, apuesta por un interior que permita acumular más juego por dentro y liberar a la lateral para proyectarse. Son decisiones que no solo afectan a un nombre propio, sino a la arquitectura completa del ataque.

    En términos clasificatorios, el Atlético se mueve en una zona de tensión controlada. Está lo suficientemente lejos del liderato como para no depender de sí mismo en la pelea por el título, pero lo suficientemente cerca de los puestos europeos como para mantener la llama competitiva encendida. Diez puntos respecto a la tercera plaza no son una brecha definitiva, pero sí exigen una secuencia prolongada de victorias. El derbi, en ese sentido, no es solo una cuestión de orgullo; es una obligación estratégica. Perder puntos en casa frente a un rival de la zona media sería un golpe en la línea de flotación de las aspiraciones europeas. Ganarlos, en cambio, permitiría presionar a los equipos que ocupan posiciones superiores y enviar un mensaje de resiliencia tras el esfuerzo continental.

    Frente a ellas estará un Madrid CFF que vive un momento de transición, de redefinición y de búsqueda de estabilidad. Décimo clasificado con 26 puntos, el conjunto visitante llega tras encadenar cuatro derrotas consecutivas entre todas las competiciones, una dinámica que ha erosionado la confianza y que ha colocado el foco sobre el proyecto. Desde la llegada de José Luis Sánchez Vera, el equipo solo ha conseguido una victoria, un dato que refleja la complejidad del proceso de ajuste. Cambiar automatismos, modificar estructuras y asimilar nuevos conceptos en plena competición nunca es sencillo. El derbi aparece como una oportunidad para revertir inercias, para romper la secuencia negativa y para reivindicar competitividad ante un rival de máximo nivel.

    Tácticamente, el Madrid CFF ha oscilado entre un planteamiento más reactivo, priorizando la organización defensiva y el bloque medio-bajo, y momentos de presión más adelantada cuando el marcador lo ha exigido. Es el séptimo mejor equipo a domicilio, un indicador que sugiere que, lejos de casa, el equipo se siente cómodo asumiendo un rol más expectante, explotando las transiciones y buscando castigar errores en salida. En este contexto, el partido en Alcalá podría dibujar un escenario claro: el Atlético con mayor posesión territorial, intentando fijar al rival en campo propio, y el Madrid CFF esperando el momento exacto para lanzar contragolpes con precisión quirúrgica.

    Las bajas de Anita Marcos y Bárbara López condicionan la planificación visitante. Anita, por su capacidad para atacar el espacio y para ofrecer soluciones de referencia en el área, es una pieza que facilita el juego directo y las segundas jugadas. Bárbara, en cambio, aporta equilibrio en zonas intermedias, lectura táctica y capacidad de distribución. Sin ellas, el entrenador deberá reconfigurar su once buscando compensaciones: quizá reforzando el centro del campo para ganar densidad, quizá apostando por una delantera más móvil que obligue a las centrales rojiblancas a salir de zona. En cualquier caso, el margen de error será reducido.

    El precedente de esta temporada añade un matiz emocional significativo. En el Fernando Torres, ambos equipos firmaron un empate 1-1 en un encuentro marcado por la intensidad y por fases de dominio alterno. Aquella igualdad dejó la sensación de que los detalles decidirían cualquier nuevo enfrentamiento. Un balón parado, una transición mal defendida, una acción individual. El derbi de este domingo parece destinado a moverse en parámetros similares: equilibrio táctico, duelos individuales determinantes y una batalla mental que puede inclinar la balanza.

    El componente psicológico no debe subestimarse. El Atlético llega con la carga emocional de la competición europea, con la exigencia interna de no descolgarse de la lucha por la tercera plaza y con la presión implícita de jugar en casa. El Madrid CFF aterriza con la urgencia de cortar la racha negativa, con el deseo de validar el trabajo del nuevo cuerpo técnico y con la motivación extra que siempre ofrece un derbi. En estos contextos, la gestión de los primeros minutos resulta clave. Un gol tempranero puede reconfigurar completamente el plan de partido, obligar a asumir riesgos y alterar el guion previsto.

    Desde la perspectiva estratégica, el Atlético deberá cuidar especialmente las vigilancias defensivas en transición. Cuando un equipo que quiere dominar se enfrenta a otro que puede sentirse cómodo esperando, la pérdida mal gestionada se convierte en un arma del rival. La coordinación entre lateral y extremo en el momento de la subida, el equilibrio del pivote para cerrar líneas de pase interiores y la comunicación constante entre centrales serán aspectos críticos. Además, el balón parado puede adquirir un peso específico elevado. En partidos cerrados, una acción a balón detenido bien ejecutada marca diferencias. La calidad en el golpeo y la agresividad en el remate serán factores a observar.

    En el caso del Madrid CFF, la clave residirá en su capacidad para sostener el bloque sin perder profundidad. Defender noventa minutos en campo propio es inviable; elegir cuándo presionar alto y cuándo replegar será una decisión táctica determinante. Si consigue incomodar la salida rojiblanca y forzar errores en zona de inicio, podrá generar ocasiones sin necesidad de largas posesiones. Asimismo, la eficacia en las pocas oportunidades que tenga será decisiva. En escenarios de inferioridad territorial, el porcentaje de acierto debe ser alto.

    El derbi también es un choque de narrativas institucionales. El Atlético representa un proyecto consolidado, con experiencia en la élite, con participaciones europeas y con una estructura competitiva asentada. El Madrid CFF encarna la resiliencia de un club que ha sabido crecer en la máxima categoría, que compite con recursos más limitados y que ha demostrado, en temporadas anteriores, capacidad para incomodar a gigantes. Esa asimetría no garantiza nada, pero sí añade contexto. En el fútbol femenino español, los márgenes se han estrechado. La competitividad se ha democratizado. Y cualquier exceso de confianza se paga.

    En términos de gestión de cargas, el cuerpo técnico rojiblanco tendrá que decidir si rota o si mantiene el bloque habitual. La cercanía del compromiso europeo puede invitar a dosificar minutos, pero el valor estratégico del derbi puede inclinar la balanza hacia un once de máxima fiabilidad. Esa decisión no solo afecta al rendimiento físico, sino también al mensaje interno: priorizar la liga, proteger jugadoras clave o asumir riesgos calculados. Cada opción tiene implicaciones.

    El ambiente en Alcalá promete ser intenso. Aunque no se trate de un estadio de gran capacidad, el simbolismo del derbi multiplica la energía. El apoyo desde la grada puede convertirse en un factor emocional que empuje en momentos de duda. Para el Madrid CFF, gestionar esa presión ambiental será parte del desafío. La concentración en acciones defensivas, la comunicación constante y la disciplina táctica deberán imponerse al ruido.

    En el plano individual, habrá duelos que pueden marcar el ritmo del encuentro. Las bandas serán un campo de batalla estratégico. Si el Atlético logra imponerse en el uno contra uno y generar centros laterales con continuidad, forzará a la zaga visitante a defender en situaciones de desventaja. Si, por el contrario, el Madrid CFF consigue cerrar pasillos exteriores y obligar al rival a circular por dentro sin profundidad, reducirá el volumen de ocasiones claras. En el centro del campo, la batalla por las segundas jugadas y por el control de los ritmos será igualmente determinante. El equipo que consiga imponer su tempo tendrá ventaja estructural.

    El momento de la temporada añade dramatismo. Con la jornada veinte en disputa, cada punto comienza a tener un peso específico mayor. Las aspiraciones europeas, la consolidación en la zona media, la tranquilidad clasificatoria: todo se define en estas semanas. El Atlético sabe que no puede permitirse desconexiones. El Madrid CFF sabe que necesita una reacción que estabilice el proyecto. El derbi ofrece un escenario ideal para reescribir dinámicas.

    La transmisión por DAZN amplificará el foco mediático. La visibilidad del fútbol femenino ha crecido y los derbis son escaparates que trascienden lo estrictamente deportivo. La narrativa, las historias cruzadas, las trayectorias individuales y el contexto competitivo se entrelazan para ofrecer un producto que combina táctica, emoción y reivindicación. Para las jugadoras, es también una oportunidad de proyectar liderazgo, carácter y personalidad en un escenario de máxima exposición.

    Si el Atlético impone su jerarquía, si logra traducir su mayor experiencia competitiva en dominio efectivo y en contundencia en las áreas, dará un paso firme en su persecución de la tercera plaza. Si el Madrid CFF consigue sostener el pulso, minimizar errores y golpear en los momentos precisos, no solo sumará puntos; enviará un mensaje de resiliencia y capacidad de reacción. En los derbis, a menudo, el estado de forma se relativiza. La motivación y la concentración pueden equilibrar diferencias.

    No será un partido neutro. Será un choque de estilos, de urgencias y de ambiciones. Será una prueba de carácter para el Atlético tras la exigencia europea. Será un examen de identidad para el Madrid CFF en plena reconstrucción. Será, en definitiva, un capítulo más en la historia reciente del fútbol femenino madrileño, una historia que se escribe con intensidad, con profesionalismo y con una competitividad creciente.

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    LigaFMoeve | #AtletiMadridCFF

    El domingo, cuando el balón eche a rodar a las 18:30, todo lo previo quedará en análisis y proyecciones. Solo importarán las decisiones en décimas de segundo, la precisión en el pase final, la coordinación en la basculación defensiva y la sangre fría en el área. El derbi madrileño no admite tibiezas. Exige convicción. Exige personalidad. Y, sobre todo, exige creer que cada duelo, cada carrera y cada balón dividido puede ser el que incline la balanza. Porque en un campeonato que entra en su tramo decisivo, los partidos grandes no solo se juegan: se sienten, se disputan y se recuerdan. Y este Atlético de Madrid – Madrid CFF promete ser uno de ellos.

    El duelo en detalle |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🔜 NEXT GAME

    🏆 Liga F Moeve

    ✨ Temporada 2025-2026 ✨

    🙌🏻 Matchday 20 | Día de partido

    🤩 Derbi madrileño

    🔥 Atlético de Madrid 🆚 Madrid CFF 🔥

    📅 Domingo, 15 de febrero de 2026

    ⏰ 18:30 horario peninsular

    📺 DAZN 1 (Dial 70 de Movistar Plus)

    🏟️ Centro Deportivo Alcalá de Henares, Madrid

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Los onces |

    Atlético de Madrid |

    El derbi madrileño entre el Atlético de Madrid Femenino y el Madrid CFF vuelve a colocar frente a frente dos proyectos con identidad propia dentro de la Liga F. En el Estadio Centro Deportivo Alcalá de Henares, el conjunto rojiblanco presenta un once reconocible, con mezcla de jerarquía, equilibrio en sala de máquinas y profundidad ofensiva. La portería estará bajo el liderazgo de Lola Gallardo, capitana y referencia emocional del vestuario; por delante, una línea defensiva con Medina, Lauren Leal, Xènia y Rosa Otermín buscará sostener el bloque alto y proyectarse en amplitud. En el centro del campo, Alexia Fernández , Boe Risa y Kühl aportarán control, lectura táctica y llegada, mientras que Fiamma, Gio y Amaiaur asumirán la responsabilidad ofensiva en un duelo que exige precisión, carácter y personalidad desde el primer minuto.

    Madrid CFF |

    El Madrid CFF comparece en el derbi ante el Atlético de Madrid Femenino con un once que combina experiencia en la columna vertebral y movilidad en los carriles exteriores, apostando por un bloque competitivo capaz de alternar presión media con salidas verticales. Desde la portería, Ulloa asume la responsabilidad bajo palos; por delante, una estructura defensiva con Prola, Mónica, Esther Laborde y Alba Ruiz buscará sostener el orden sin renunciar a la anticipación. En la zona ancha, Allegra Poljak y Antonsdóttir aportarán recorrido y equilibrio, mientras que Kamila Melgard y Ángela Sosa conectarán con el frente ofensivo, donde Núria Mendoza y Sandra Villafañe encarnan la amenaza en los metros finales. Un equipo preparado para competir cada duelo y para convertir el derbi en un escenario de máxima exigencia táctica.

    La Real Sociedad de Fútbol no dio tregua en la lucha por Europa y venció por 0-2 en el derbi vasco al Athletic Club sobre el césped de Lezama, un resultado que unido al triunfo del Sevilla por 0-4 en Riazor ante el Deportivo Abanca, por lo que las de José Herrera tenían poco margen de maniobra.

    El Madrid CFF, por su parte, vive una temporada de transición después de la reciente llegada de José Luis Sánchez Vera, pero antes de empezar con la planificación del próximo año quiere ir ganando confianza en duelos de relevancia y esta visita a Alcalá de Henares ofrecía una oportunidad única para el equipo independiente.

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    Olía a Liga F Moeve y el cielo de Madrid amaneció con esa luz limpia y engañosa que precede a las grandes batallas deportivas. No era una final, no había trofeo en juego, pero sí algo mucho más íntimo y visceral: el orgullo, la jerarquía simbólica de la capital, la necesidad de imponerse en el territorio propio. Porque un derbi no se juega, se sobrevive. Y este, el enfrentamiento entre el Atlético de Madrid Femenino y el Madrid CFF en la siempre exigente Liga F Moeve, fue un pulso sostenido, un combate de nervios, una sucesión de golpes y respuestas que solo careció del estruendo del gol para alcanzar la categoría de leyenda. Lo tuvo todo: tensión, ocasiones, heroínas bajo palos, delanteras incansables, una grada expectante y un final que dejó la sensación de que el fútbol, a veces, es poesía contenida.

    Ambos equipos saltaron al césped con la convicción inequívoca de que los tres puntos no eran negociables. No hubo tanteo, no hubo especulación. Desde el primer balón dividido se percibió que nadie iba a replegarse en su guarida. El Atlético, vestido de rojiblanco, cargaba además con una motivación añadida: antes del pitido inicial, las futbolistas colchoneras exhibieron una camiseta de apoyo a Silvia Lloris, lesionada de gravedad del ligamento cruzado. Ese gesto, silencioso y cargado de significado, añadió una capa emocional al partido. No era solo un derbi; era también un acto de unión, una promesa implícita de competir por quien no podía estar.

    En el once rojiblanco destacaba una noticia esperada: Gio Queiroz, tras dejar atrás su lesión y después de haber sumado minutos en Champions, estrenaba titularidad. Su sola presencia alteraba el mapa ofensivo del Atlético. Vertical, eléctrica, imprevisible, su retorno dotaba de amplitud y descaro a un equipo que necesitaba dinamita en los últimos metros. El Madrid CFF, por su parte, se presentó sin complejos, con una idea clara: incomodar, presionar alto cuando fuera posible y castigar cualquier desajuste.

    La primera gran sacudida llegó temprano y fue un aviso serio. Alba Ruiz, incisiva desde el costado, se animó con un centro-chut que se envenenó en su trayectoria. El balón, describiendo una parábola traicionera, superó la estirada de Lola Gallardo y se estrelló violentamente contra el larguero. El sonido metálico resonó como un disparo en el estadio. Fue un suspiro colectivo, un instante suspendido en el que el Atlético sintió el vértigo del 0-1. El Madrid CFF había golpeado primero, aunque el marcador siguiera virgen.

    Ese aviso no fue un hecho aislado. Emilie Nautnes probó fortuna con un disparo más tímido, bien resuelto por Lola Gallardo, siempre sobria, siempre atenta. La guardameta rojiblanca, capitana y referente, transmitía seguridad en cada intervención. Mientras tanto, Kathrine Møller Kühl intentaba aportar claridad con un chut que se marchó desviado. El partido había entrado en una fase vibrante, de ida y vuelta, donde las áreas comenzaban a sentirse amenazadas.

    Alba Ruiz volvió a aparecer, eléctrica, insistente, como un relámpago que no se resigna a desaparecer tras el primer destello. Su lanzamiento, potente, tampoco encontró portería, pero sí dejó claro que el Madrid CFF no estaba dispuesto a asumir un papel secundario. El Atlético entendió el mensaje y respondió elevando la intensidad. A la media hora, el conjunto rojiblanco decidió que era momento de asediar.

    Primero fue Amaiur Sarriegi, siempre hambrienta, quien se giró dentro del área y conectó un disparo que obligó a Paola Ulloa a estirarse con reflejos felinos. La guardameta del Madrid CFF empezaba a escribir su nombre en la crónica. No tardaría en consolidarlo. Poco después, Rosa Otermín probó desde lejos con un lanzamiento que llevaba intención, pero volvió a encontrarse con los guantes firmes de Ulloa. El duelo entre delanteras y porteras se convertía en el eje narrativo del encuentro.

    La última gran ocasión del primer acto fue para Esther Laborde. La atacante del Madrid CFF se encontró en posición franca, pero Lola Gallardo respondió con la serenidad de quien ha vivido mil batallas. Blocó el esférico y, con él, contuvo la amenaza antes del descanso. El 0-0 al intermedio no era síntoma de esterilidad, sino de resistencia. Dos equipos lanzados, dos porterías defendidas con orgullo.

    Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con el marcador aún pendiente de ser inaugurado, pero todavía restaban cuarenta y cinco minutos de pura pasión por delante en Alcalá de Henares.

    Tras el paso por vestuarios, el guion no cambió; se intensificó. El Atlético introdujo a Júlia Bartel para ganar presencia en la medular. Más control, más pausa en la construcción, más capacidad para sostener la presión alta. El objetivo era claro: empujar al Madrid CFF hacia su área y convertir el dominio territorial en ocasiones claras.

    Amaiur volvió a emerger como figura central. Un cabezazo suyo, potente, parecía destinado a romper el equilibrio, pero Paola Ulloa volvió a volar. La mano que desvió el balón a córner fue de una plasticidad extraordinaria. Era ya una exhibición. Minutos después, la propia Amaiur repitió intentona, pero el balón se perdió fuera. La sensación crecía: el gol estaba madurando.

    Y entonces llegó el minuto 65, ese instante que pudo cambiarlo todo. Un envío largo a la espalda de la defensa encontró a Amaiur en carrera. Control, disparo, respuesta de Ulloa. El rechace cayó a Synne Jensen, que remató con decisión. De nuevo, Ulloa, milagrosa, salvó a su equipo con un paradón que arrancó aplausos incluso de la grada rival. Y cuando el balón parecía cruzar la línea tras el tercer intento, Sandra Villafañe apareció en la misma línea de gol para despejar de chilena. Fue una escena de vértigo, una triple ocasión que condensó la esencia del derbi: entrega, dramatismo, heroicidad.

    El Atlético no bajó los brazos. Sheila Guijarro ingresó para aportar frescura y presencia ofensiva. También Bárbara López sumó minutos en el tramo final, buscando esa chispa que inclinara la balanza. El Madrid CFF resistía con orden, apoyado en una Paola Ulloa que ya era la MVP moral del encuentro. Cada intervención suya era una declaración de intenciones: aquí no se pasa.

    La última gran ocasión fue para Synne Jensen. Desde la frontal, armó un disparo que llevaba rabia y determinación, pero el balón se elevó por encima del larguero. Fue el último latido de un partido que no tuvo goles, pero sí alma. El pitido final dejó una mezcla de frustración y orgullo. Porque el fútbol, a veces, niega el premio, pero nunca niega la emoción.

    Y aquí es donde, si me permitís, tomo la palabra al estilo de “El Partido de Manu”. Porque más allá del empate, hay que mirar el contexto, la tabla, la carrera de fondo que es la Liga F Moeve. El Atlético de Madrid se queda en la sexta posición con 32 puntos.

    A doce de la zona Champions. Doce puntos que no son solo una cifra; son un desafío, una montaña que exige regularidad, ambición y fe. El equipo rojiblanco compitió como grande, asedió como aspirante y defendió como bloque unido. Pero en esta liga no basta con merecer. Hay que concretar. Y ese es el siguiente paso.

    El Madrid CFF, por su parte, se instala en la octava plaza con 27 puntos. Sólido, competitivo, capaz de mirar de frente a cualquiera. Este empate no es un consuelo; es una demostración de identidad. Supieron sufrir, supieron golpear cuando pudieron y encontraron en Paola Ulloa a una guardiana inexpugnable.

    El derbi terminó sin goles, sí. Pero que nadie se equivoque: fue un espectáculo trepidante, una batalla sin tregua, un recordatorio de que el fútbol femenino en Madrid late con fuerza propia. A veces el marcador no refleja la magnitud de lo vivido. Y este 0-0, lejos de ser un vacío, fue un relato lleno de tensión, de épica contenida, de oportunidades que rozaron la red y de porterías defendidas con honor. Porque hubo partidos que se ganan con goles. Y hay otros, como este, que se ganan con memoria.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El Atlético de Madrid ya piensa en remontar ese playoff de “octavos de final”, por así llamarlos, ante un Manchester United que le ganó por 2-1 al London City en la Women’s Super League y tiene una ventaja de cero a tres, pero las de José Herrera se caracterizan por nunca dejar de creer.

    Por su parte, el Madrid CFF, que volverá a Fuenlabrada con la sensación de haber obtenido un valioso botín, se medirá el próximo fin de semana al Alhama ElPozo, que busca la permanencia en la élite, sobre la maltrecha hierba del Fernando Torres.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    Atlético de Madrid: Lola Gallardo, Medina, Lauren Leal, Xènia, R. Otermín (58’ Luany), Alexia, Boe Risa, Kühl (45’ Júlia Bartel), Fiamma, Gio (58’ Jensen), Amaiur (75’ Sheila Guijarro). 


    Madrid CFF: Paola Ulloa, Mendoza, Vilafañe, Monica, Esther, Alba, Allegra, Hildur, Melgard (86’ Bárbara López), Nautnes (62’ Andonova), Ángela Sosa (70’ Olofsson). 

    Árbitra: Alicia Espinosa Rios, que amonestó con tarjeta amarilla a la rojiblanca Júlia Bartel en el minuto 53 del segundo tiempo.

    Estadio: Centro Deportivo Alcalá de Henares, Madrid

    Goles |

    No hubo

    Vídeo |

  • La crónica | El United sobrevive al rugido de Parris y remonta al sol del mediodía

    (Fuente: “El Partido de Manu)

    ◼️ El Manchester United Women se impone por 2-1 al London City Lionesses en el Leigh Sports Village en un duelo de la Barclays Women’s Super League que se desarrolla con un guion más complejo e imprevisible de lo que sugiere la clasificación previa. El conjunto local, obligado a madurar con calma el partido tras el golpe emocional inicial de Nikita Parris, termina encontrando la remontada a través de Jess Park y Millie Turner. Esta última ha sido decisiva, tanto en área propia como rival, y ha acabado siendo reconocida como mejor jugadora del encuentro.

    Publicidad de Netflix

    NETFLIX DESVELA EL TRÁILER DE ESA NOCHE. ESTRENO EL 13 DE MARZO

    planazo, pero no siempre todo es tan bonito como te lo pintan. Netflix ha desvelado hoy el tráiler y nuevas imágenes de Esa noche, que se estrena a nivel global el 13 de marzo.

    La serie de 6 episodios está protagonizada por Clara Galle (Ni una más, Olympo), Claudia Salas (Salvador, Furia) y Paula Usero (Las abogadas, Manual para señoritas). Completan el reparto Nüll García (La fiera, Punto Nemo), Pedro Casablanc (Salvador, Querer) y Alícia Falcó (El refugio atómico, Dímelo bajito).

    Durante unas vacaciones familiares en República Dominicana, Elena (Clara Galle) atropella a un hombre con su coche. Desesperada y asustada, llama a sus hermanas, Paula (Claudia Salas) y Cris (Paula Usero), pidiendo ayuda. Al llegar, deben decidir cómo afrontar el accidente, porque no pueden soportar la idea de que su hermana menor vaya a la cárcel, dejando a su única sobrina sin su madre. ¿Hasta dónde estarán dispuestas a llegar para ayudar a proteger a su familia? Esa noche obliga a tres hermanas a enfrentarse a la profundidad del amor, el peso de la lealtad y los límites que se pueden alcanzar por la familia.

    La serie, basada en la novela superventas del Sunday Times de Gillian McAllister y producida por Txintxua Films S.L. para Netflix, ha sido creada por Jason George (Narcos, Into The Night), quien también ejerce como productor ejecutivo junto con Marian Fernández Pascal(IntimidadAmama). George también firma los guiones junto a Lara Sendim (Los renglones torcidos de Dios, El inocente), que además ejerce como productora creativa. La dirección está a cargo de Jorge Dorado (MindscapeThe Head) y Liliana Torres (MamíferaKimeres).

    Txintxua Films S.L. es una productora cinematográfica fundada por el director Asier Altuna y la productora Marian Fernández Pascal en Trintxerpe, Pasaia (País Vasco). Especializada en cine de raíz cultural, ha destacado con películas como Amama (2015) y Dantza (2018) y series como Intimidad (2022). Su compromiso con la autenticidad y la calidad la ha convertido en un referente del cine vasco contemporáneo

    Vídeo |

    https://youtu.be/AA0baHiKQXE

    El duelo al detalle |

    (Fuente: London City Lionesses)

    🔴 Manu López & Helena con Hache

    Los onces |

    Lo que se vivió en Leigh no fue simplemente un partido más de la temporada, ni siquiera fue solo una remontada trabajada en casa; fue una narrativa completa sobre el control, el vértigo, la memoria y la gestión emocional del tiempo competitivo. El fútbol —y en esto insistiría cualquiera que haya escuchado alguna vez a Manu desgranar un encuentro con ese tono entre analítico y confesional que ha convertido a “El Partido de Manu” en una pequeña escuela sentimental del juego— no se explica únicamente en los goles, sino en los procesos que los anteceden, en los espacios que se abren antes de que el balón los atraviese y en las decisiones que se toman una fracción de segundo antes de que el estadio contenga la respiración. Y si a esa lectura pausada le añadimos la mirada fresca, directa, casi generacional de Helena con Hache —capaz de traducir una cobertura defensiva en un gesto viral sin banalizar el concepto— el resultado es una narración que respira fútbol por los cuatro costados, que entiende la pizarra pero también el pulso, que analiza pero no enfría.

    Sin embargo, lo verdaderamente interesante del arranque no fue la autoridad con la que el United quiso apropiarse del balón, sino la forma en que el London City decidió no aceptar un papel secundario. Lejos de refugiarse en un bloque bajo resignado, el conjunto visitante apareció con un plan ofensivo nítido, vertical y quirúrgicamente orientado hacia los laterales rivales. La amplitud ofensiva comenzó a generar incomodidad, especialmente cuando Freya Godfrey encontró metros por la derecha. Allí, en ese carril que el United había adelantado para atacar, el London City detectó una grieta. Helena lo habría explicado con esa mezcla de espontaneidad y precisión: “Si subes tanto, tienes que correr igual de rápido hacia atrás”. Y eso fue exactamente lo que empezó a ocurrir.

    En el minuto 5 se produjo el primer gran giro emocional. Godfrey recibió abierta, levantó la cabeza y dibujó un centro medido al corazón del área. No fue un envío precipitado, fue un gesto técnico cargado de intención: balón tenso, altura perfecta, dirección hacia el espacio entre central y lateral. Allí apareció Nikita Parris, atacando el intervalo con determinación, anticipando el movimiento defensivo y ganando la posición con inteligencia corporal. Su remate de cabeza, ejecutado a muy corta distancia, no fue solo un golpeo; fue una declaración simbólica.

    El 0-1 no representaba únicamente la ventaja visitante, sino el eco de su pasado como mancuniana y abría la lata a las primeras de cambio

    0-1 no representaba únicamente la ventaja visitante, sino el eco de su pasado como red devil, sus 25 goles en 56 partidos, la memoria de Leigh que ahora se transformaba en silencio. El estadio quedó suspendido durante un segundo más largo de lo habitual. Manu lo habría descrito como “ese instante en el que el fútbol te recuerda que las historias nunca se escriben en línea recta”.

    Tras el gol, lejos de replegarse, el London City atravesó su mejor tramo competitivo. La circulación visitante era ágil, los apoyos constantes, la presión tras pérdida eficaz hasta el punto de asfixiar la salida local. En el minuto 12, Godfrey volvió a aparecer, esta vez con un disparo potente desde el interior del área que obligó a intervenir a Tullis-Joyce con reflejos firmes. Cuatro minutos después, Jana Fernández probó desde lejos tras asistencia de Parris, rozando el segundo. El United dominaba el mapa de posesión, pero no el de las ocasiones. Esa contradicción empezaba a instalar una duda en la grada.

    El equipo local intentó acelerar transiciones, buscar a Jess Park entre líneas, activar desmarques más verticales, pero se encontró con una estructura defensiva visitante ordenada con precisión casi quirúrgica. Saki Kumagai gestionaba alturas, Kennedy corregía coberturas y las laterales cerraban carriles interiores con disciplina. Cada intento de progresión profunda era neutralizado antes de convertirse en amenaza real. El partido entró en una fase en la que el dominio territorial no encontraba traducción ofensiva clara.

    Y entonces, como tantas veces en la élite, apareció el momento individual. Minuto 30. Recuperación intermedia, activación rápida hacia Jess Park. La mediapunta recibió, giró sobre su eje y emprendió una conducción larga, atravesando líneas con determinación. No fue una carrera descontrolada; fue una lectura de espacios en tiempo real. Las centrocampistas visitantes intentaron cerrarle el paso, pero Park protegió la pelota con el cuerpo, midió la distancia y, al alcanzar la frontal, armó un disparo seco, potente, ajustado al poste. El balón viajó con una trayectoria limpia, imposible para Lete que se tradujo en el 1-1 en el minuto 30 de juego y tocaba empezar desde cero.

    El 11 no solo restableció el marcador; reconfiguró la energía emocional del encuentro. El estadio explotó, no tanto por el empate en sí, sino por la sensación de que el United había encontrado su punto de apoyo psicológico.

    A partir de ahí, el choque se volvió más físico, más fragmentado, con faltas constantes que interrumpían el ritmo. Riviere vio tarjeta amarilla, Parris recibió entradas duras, y la primera parte concluyó con una sensación de equilibrio frágil. Como diría Manu, “cuando el partido se rompe en duelos, ya no manda la pizarra, manda el carácter”.

    Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con las tablas imperando en el tanteadot con toda la emoción trasladada al segundo y definitivo acto en suelo británico.

    Tras la reanudación, el segundo tiempo comenzó con un United más agresivo, elevando líneas, acelerando circulación y monopolizando la posesión con intensidad renovada. Las entradas de Lundkvist y Zigiotti Olme aportaron energía en banda y centro del campo. El juego se instaló en territorio visitante.

    El London City aceptó el repliegue en bloque medio, buscando sobrevivir desde la disciplina posicional y activando transiciones con Parris como referencia.

    En el 51’, la ex del United obligó nuevamente a intervenir a la portera local con un remate raso que mantuvo viva la amenaza.

    Pero el asedio local crecía. Corners, centros laterales, segundas jugadas. Le Tissier ganaba peso en salida y distribución, empujando metros al equipo. El partido entró en esa fase en la que cada balón parado parece anunciar algo decisivo. Y en el minuto 80 llegó el desenlace táctico. Falta lateral, centro medido al punto de penalti. Millie Turner atacó el espacio con determinación, se impuso en el salto y conectó un cabezazo firme, descendente, imposible para la guardameta hispana y la remontada se culminó amén del 21 sobre el minuto 80 de juego, justo cuando el compromiso agonizaba.

    El dos a uno fue solo la culminación de la remontada; fue la expresión de la constancia estratégica. Bajo el sol de Leigh, el United celebró no solo el gol, sino la gestión del proceso.

    Los minutos finales mostraron a un London City obligado a adelantar líneas, a acelerar ataques que hasta entonces había gestionado con pausa. Godfrey intentó liderar la reacción con conducciones verticales y centros tensos, pero la defensa local respondió con solidez. El pitido final confirmó una lectura clara: el United sobrevivió al impacto inicial, ajustó estructuras y decidió desde el balón parado.

    Y es aquí donde la memoria reciente conecta esta historia con otra escena europea. Porque apenas tres días antes, el 12 de febrero de 2026, las británicas habían asaltado Alcalá de Henares con un 0-3 ante el Atlético de Madrid en la ida del playoff de la Liga de Campeones Femenina. Aquel partido, en territorio rojiblanco, mostró una versión visitante clínicamente efectiva, capaz de golpear en transición, dominar áreas y gestionar los tiempos con frialdad competitiva. Si en Alcalá la superioridad se tradujo en contundencia sin concesiones, en Leigh la victoria fue distinta: más trabajada, más emocional, más pedagógica.

    Helena lo resumiría quizá en un vídeo de un minuto: “En Alcalá fue eficacia total; en Leigh fue resiliencia”. Manu añadiría: “Lo que diferencia a los equipos grandes no es solo cómo atacan, sino cómo atraviesan los momentos adversos”. En ambos escenarios, el hilo conductor es la gestión de la inercia. En uno, el golpe temprano abrió el camino hacia un 0-3 incontestable; en el otro, el golpe recibido obligó a recomponer, a sostener la fe competitiva hasta encontrar el segundo impacto.

    Así, el fútbol vuelve a recordarnos que no siempre vence quien domina cada tramo, sino quien interpreta mejor los cambios de ritmo emocional. En Leigh, el Manchester United entendió que el partido no se le escapaba por un gol encajado. En Alcalá, las británicas demostraron que pueden convertir cada transición en sentencia. Dos contextos distintos, una misma conclusión: la élite no perdona desconexiones, pero premia la lectura estratégica del tiempo. Y cuando esa lectura se convierte en convicción colectiva, el resultado suele inclinarse hacia quien sabe esperar su momento.

    Con este triunfo en la recta final, el Manchester United suma ya 34 unidades y sigue al acecho del liderato que ostenta actualmente el Manchester City con 42 guarismos, todo ello, mientras que el London City se marcha de vacío de su visita al Leigh Sports Village y es sexto en la tabla de la Women’s Super League.

    Las de Eder Maestre buscarán la reválida el próximo 23 de febrero en la F.A. Cup en la quinta ronda en una eliminatoria que le medirá con el Tottenham Spurs.

    📋 Ficha técnica |

    Manchester United: P. Tullis-Joyce, J. Riviere (L. Drury 71’), (c) M. L. Tissier, G. George (Hanna Lundkvist 46’), M. Turner, H. Miyazawa, L. Naalsund, S. Awujo (Julia Zigiotti Olme 46’), J. Park, E. Wangerheim (D. Janssen 63’), L. Schüller.
    London City Lionesses: E. Lete, P. Pattison, A. Kennedy, W. Sangaré, J. Fernandez (T. Goldie 87’), G. Geyoro (J. E. Roddar 80’), (c) S. Kumagai, S. Franssi (I. Goodwin 64’), D. van de Donk (K. Asllani 63’), F. Godfrey, N. Parris (M. Rylov 80’).

    Estadio: Leigh Sports Village, Gran Mánchester. Capacidad de 12.000 espectadores.

    Árbitra: Ross Martins

    Goles |

    0-1 Parris 5’ ⚽️
    1-1 Jess Park 30’ ⚽️
    2-1 Turner 80’ ⚽️

    Vídeo |

    https://youtu.be/wHKspdTsOnw?si=JcZQt3V5myf74tQc

  • La crónica | Reinado donostiarra en Lezama

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️ ¡El campeón de la Copa de la Reina en 2019 suma y sigue! El elenco de Arturo Ruiz doblegaron por 0-2 al Athletic Club en el gran derbi vasco.

    Publicidad de Disney Plus

    RENTAL FAMILY (FAMILIA DE ALQUILER) | LA PELÍCULA DE SEARCHLIGHT PICTURES LLEGA EL 15 DE ABRIL A DISNEY+

    Rental Family, la película de Searchlight Pictures escrita y dirigida por HIKARI y protagonizada por el ganador del  premio Oscar® Brendan Fraser, llega el 15 de abril a Disney+.

    Ambientada en el Tokio actual, Rental Family sigue a un actor estadounidense (Brendan Fraser) que lucha por encontrar un propósito en la vida hasta que consigue un trabajo inusual: trabajar para una agencia japonesa de «familias de alquiler», interpretando papeles de suplente para desconocidos. A medida que se sumerge en el mundo de sus clientes, comienza a establecer vínculos genuinos que difuminan las líneas entre la actuación y la realidad. Al enfrentarse a las complejidades morales de su trabajo, redescubre el propósito, la pertenencia y la tranquila belleza de las relaciones humanas.

    Tras su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Toronto, Rental Family ha sido aclamada por el público y la crítica obteniendo numerosos premios del público en festivales como Chicago, Woodstock, Middleburg, Hawaii y Heartland. La película ha sido denominada como “universalmente resonante” (Clayton Davis, Variety) y “conmovedora y divertida” (Frank Scheck, The Hollywood Reporter). Cuenta con el distintivo Verified Hot en Rotten Tomatoes® con un 96 % en el Popcornmeter y un 88 % de críticas Certified Fresh en el Tomatometer.

    Rental Family también cuenta con las interpretaciones del nominado al Emmy® Takehiro Hira, Mari Yamamoto, la debutante Shannon Mahina Gorman y Akira Emoto. Escrita por HIKARI y Stephen Blahut, la película está producida por Eddie Vaisman,Julia Lebedev(Sight Unseen Pictures), y Shin Yamaguchi (Knockonwood).

    Los estrictos controles parentales garantizan que Disney+ siga siendo una experiencia adecuada para todos los miembros de la familia. Los suscriptores pueden crear varios perfiles por cuenta, con la opción de establecer PIN de perfil y clasificaciones de contenidos por perfil a través del control parental.

    Vídeo |

    https://youtu.be/d6TcMrzXCsA?si=TEdkOWdQ_0Y9niLN

    La previa |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🔴⚪️ 🆚 🔵⚪️ |

    Hay partidos que se juegan por puntos. Otros, por orgullo. Y luego están los que se disputan por identidad. El domingo 15 de febrero a las 12:00 del mediodía, cuando el balón empiece a rodar, el norte del fútbol español volverá a latir al unísono con un derbi que no entiende de medias tintas. En San Mamés —catedral de emociones, territorio de memoria colectiva— el Athletic Club Femenino y la Real Sociedad Femenino escribirán un nuevo capítulo de una rivalidad que trasciende lo clasificatorio, que se arraiga en la cultura y que convierte cada duelo en un acto de afirmación competitiva. Es la vigésima jornada de la Liga F, pero el contexto eleva el encuentro a categoría de acontecimiento.

    LigaFMoeve | #DerbiVasco

    Porque es un derbi vasco. Porque es mediodía de fútbol grande. Porque el foco mediático lo acompaña y porque, además, se verá en múltiples ventanas: DAZN, GolPlay, EITB y, con especial valor simbólico por su emisión en abierto en la TDT, en TEN TV, donde la narración de Iván Fanlo y el análisis de Júlia Cortina aportarán rigor, pedagogía y una mirada experta que ha contribuido a consolidar el relato del fútbol femenino en televisión abierta.

    El derbi vasco no es solo una confrontación deportiva. Es una conversación histórica entre Bilbao y Donostia, entre dos modelos de construcción, entre dos filosofías que comparten raíces y compiten por hegemonía territorial. El Athletic, asentado en la mitad de la tabla con 26 puntos, llega en un momento de irregularidad competitiva: solo una victoria en los últimos cinco compromisos. La Real Sociedad, tercera clasificada con 41 puntos, atraviesa una fase de consolidación estructural: una sola derrota en los últimos ocho partidos disputados y una secuencia doméstica en este inicio de 2026 que mantiene intacta su condición de invicta en Primera División con tres triunfos y dos empates. Dos dinámicas distintas. Un mismo escenario. Una misma urgencia emocional.

    En clave rojiblanca, el desafío es doble: reactivar sensaciones y sostener la competitividad en un contexto de bajas sensibles. Bibiane Schulze, Irene Oguiza, Estefa, Patricia Zugasti y Jone Amezaga apuntan a no llegar a la cita, lo que condiciona la arquitectura del once y obliga a ajustes de perfiles. La ausencia de Schulze resta presencia en eje defensivo y salida limpia desde atrás; la de Oguiza impacta en la capacidad de gobernar ritmos y activar a las interiores; la de Amezaga reduce profundidad y desborde en carril. No son nombres intercambiables sin coste táctico. Son piezas con incidencia directa en la estructura. En un derbi, cada ausencia multiplica su peso.

    El Athletic ha construido históricamente su identidad desde la intensidad, la presión organizada y la verticalidad bien medida. Cuando el equipo consigue sincronizar alturas de presión y cerrar líneas interiores, es capaz de incomodar a cualquiera. Sin embargo, la irregularidad reciente ha tenido que ver con la dificultad para sostener ventajas y con fases de desconexión en tramos intermedios de partido. El reto frente a la Real pasa por compactar líneas, reducir distancias entre sectores y elevar el porcentaje de acierto en el último tercio. El derbi no admite tibieza en áreas: contundencia defensiva y precisión ofensiva.

    Enfrente, la Real Sociedad de Arturo Ruiz exhibe madurez competitiva. Más allá de la eliminación copera —episodio que no ha erosionado el rendimiento liguero—, el equipo txuri-urdin ha mostrado consistencia en fases sin balón y criterio en la gestión de posesiones largas. La tercera plaza no es circunstancial: responde a una regularidad sostenida y a una capacidad de adaptación que ha permitido sumar en escenarios diversos. Las donostiarras no podrán contar con María Molina ni con Maren Lezeta, dos ausencias que impactan en profundidad de plantilla y variantes tácticas, pero el bloque ha demostrado recursos para compensar bajas mediante rotaciones inteligentes y ajustes posicionales.

    Desde la pizarra, el partido promete una disputa por el control del centro del campo. El Athletic necesitará densidad interior para evitar que la Real instale posesiones prolongadas que desorganicen su bloque. La Real, por su parte, buscará amplitud y cambios de orientación que obliguen a basculaciones largas, desgastando a las laterales bilbaínas y generando superioridades en el lado débil. El equilibrio entre presión alta y repliegue medio será determinante. Si el Athletic logra robar en campo rival y acelerar transiciones, podrá activar a sus atacantes en situaciones ventajosas. Si la Real consigue superar la primera línea de presión con pases verticales limpios, encontrará espacios entre líneas.

    El precedente de la primera vuelta, un 1-1 que dejó sensación de igualdad estructural, funciona como advertencia: los detalles deciden. En aquel encuentro hubo fases de dominio alterno, momentos de repliegue intensivo y acciones puntuales que marcaron el resultado. El derbi de este domingo parece destinado a una lógica similar: márgenes estrechos, duelos individuales de alto voltaje y un componente emocional que condicionará la toma de decisiones. La gestión de los primeros quince minutos será clave. Un gol tempranero puede alterar por completo el plan estratégico.

    El componente psicológico adquiere relevancia máxima. Para el Athletic, el derbi es oportunidad de reenganche competitivo y de reivindicación ante su público. Para la Real, es ocasión de consolidar posición europea y de enviar mensaje de autoridad territorial. La presión ambiental en San Mamés no es un factor menor. El estadio transforma energía en impulso y exige concentración absoluta al visitante. La comunicación defensiva, la lectura de segundas jugadas y la disciplina táctica serán esenciales para neutralizar el contexto.

    Mención específica merece la cobertura en abierto de TEN TV. En un ecosistema mediático donde la visibilidad del fútbol femenino es un vector estratégico de crecimiento, la labor pedagógica y narrativa que realizan Iván Fanlo y Júlia Cortina ha contribuido a acercar el análisis táctico al gran público sin renunciar al rigor. Fanlo imprime ritmo y contextualización histórica; Cortina aporta lectura de juego, identificación de patrones y explicación de microdetalles posicionales. Esa combinación eleva la experiencia del espectador y consolida una cultura de seguimiento informada. Que un derbi vasco se pueda ver en abierto en la TDT amplifica su impacto social y refuerza la normalización del fútbol femenino en parrilla generalista.

    Cuando el árbitro señale el inicio, el análisis quedará en segundo plano. Solo contará la ejecución. El Athletic buscará intensidad, orgullo y reacción. La Real, madurez, consistencia y confirmación. En noventa minutos caben todas las narrativas, pero solo una prevalecerá en el marcador. Y en un derbi vasco, el marcador no es un dato: es memoria.

    Volviendo al césped, la Real Sociedad llega con métricas de rendimiento que avalan su momento: eficiencia en área propia, mejora en conversión de ocasiones y estabilidad en duelos a domicilio. El reto en Bilbao será sostener esa consistencia en un entorno de máxima exigencia. Las ausencias de Molina y Lezeta pueden limitar rotaciones en determinados sectores, por lo que la gestión de cargas y la toma de decisiones en cambios durante la segunda mitad cobrarán relevancia. Un banquillo bien activado puede decidir el tramo final.

    El Athletic, por su parte, necesita recuperar contundencia en balón parado. En partidos cerrados, la estrategia se convierte en palanca diferencial. La coordinación en bloqueos, la calidad en el golpeo y la agresividad en el remate pueden inclinar la balanza. Asimismo, será imprescindible controlar las vigilancias defensivas cuando se proyecten laterales. La Real castiga pérdidas mal gestionadas con transiciones rápidas y ocupación inteligente del área.

    Seis futbolistas que han vestido la camiseta del eterno rival añadirán una capa emocional adicional. En los derbis, el pasado pesa. La motivación se multiplica cuando hay historia compartida. Esas trayectorias cruzadas alimentan narrativas, pero también exigen profesionalismo para aislar la carga emocional y ejecutar con precisión táctica. La experiencia en contextos de alta presión puede ser un activo determinante.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    La franja horaria del mediodía introduce variables físicas específicas. Ritmo de activación, gestión de energía y concentración temprana son factores a monitorizar. Un inicio dubitativo puede penalizar en un escenario donde la intensidad será máxima desde el primer duelo. El equipo que imponga su tempo inicial enviará un mensaje de autoridad.

    Clasificatoriamente, el choque tiene implicaciones directas en la carrera por Europa. La Real defiende tercera plaza; el Athletic busca estabilidad en zona media y una reacción que evite deslizamientos indeseados. Cada punto en la jornada veinte adquiere peso estructural. No es momento de especulación. Es momento de convicción.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Tácticamente, el partido puede oscilar entre fases de control realista y momentos de intercambio vertical. La lectura de Arturo Ruiz desde el banquillo, su capacidad para ajustar alturas de presión y para introducir perfiles que cambien dinámica, será observada con lupa. Del lado bilbaíno, la respuesta a las bajas marcará la creatividad del planteamiento: reforzar interior, apostar por amplitud o buscar un bloque más compacto con salida directa.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El derbi vasco es cultura competitiva. Es tradición, pero también modernidad táctica. Es cantera y es proyecto. Es identidad y es ambición. El domingo, bajo la mirada atenta de miles de espectadores en el estadio y de una audiencia multiplicada por la emisión en DAZN, GolPlay, EITB y TEN TV, se disputará algo más que un resultado.

    Se pondrá en juego el pulso del norte, la consolidación de un modelo y la reivindicación de un territorio futbolístico que ha sido motor histórico del fútbol femenino español.

    🔜 NEXT GAME

    🏆 Liga F Moeve |

    🤩 Temporada 2025-2026 |

    🔥 Athletic Club 🆚 Real Sociedad de Fútbol 🔥

    ✨ Matchday 19 | Día de partido ✨

    🙌🏻 Derbi vasco

    🗓️ Domingo, 15 de febrero de 2026

    📺 TEN TV

    🏟️ Instalaciones de Lezama , Vizcaya

    Los onces |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    A la Real Sociedad de Fútbol, campeona de la Copa de la Reina Iberdrola 2018-2019 empieza a ponérsele cara de candidato serio a entrar en Europa, no en vano, es tercero en la tabla clasificatoria y sigue los pasos de un Real Madrid que venció por 0-3 en Lorca frente al Alhama ElPozo en un duelo que se celebró a la misma hora.

    En un derbi que fue declarado como el partido “Prime” de jornada veinte amén de la presencia del dron por parte de la Liga Profesional de Fútbol Femenino, los prolegómenos del encuentro que dividía al País Vasco en dos, estuvieron marcados por el sentido homenaje que recibió la centrocampista Itxaso Uriarte, quien se desvinculó recientemente del Athletic Club y en el arranque de su carrera en la élite defendió los colores de la Real Sociedad de Fútbol y le brindaron un Aurresku, danza vasca muy solemne que se baila en público y es interpretada a modo de reverencia por un txistulari, músico que toca un txistu y tamboril, junto a un dantzari (bailarín). 

    Fue la calma que dio paso a la tempestad que suele rodear a este tipo de choques.

    Arturo Ruiz, que no pudo contar con Apari, volvió a dejar en el banquillo a Nerea Eizagirre y sólo cambió a Andreia por Pardo respecto al pasado triunfo liguero. Sí jugó de inicio Moraza una vez más para celebrar su partido 100 como txuri urdin.

    La primera mitad tuvo aroma txuri urdin en Lezama, que tuvo buena entrada pero no se llenó. No fue un dominio apabullante pero sí fue mejor la Real Sociedad , con una enorme Lavogez en punta, que iba a abrir brecha en el marcador además. La primera ocasión fue para Andreia Jacinto, pero la centrocampista portuguesa conectó un remate muy céntrico que a duras penas puso en aprietos a Nanclares.

    Al cuarto de hora de juego, léase, el minuto 15, se destapó el tarro de las esencias gracias a que Claire Lavogez pivotó de manera excelsa en un saquea de banda, aguantando el balón de espaldas, cedió en ventaja en el momento justo para la carrera de Aiara, que se coló hasta la cocina y batió por bajo y al palo corto a la internacional absoluta por España para abrir la lata con el 01 que silenció a la afición local que animaba con un megáfono en ese fondo.

    Con esta ventaja, el equipo de San Sebastián comenzó estar más cómodo el conjunto txuri urdin, con dominio de Paula Fernández en la medular y tratando de lanzar a Emma por el carril derecho. En una jugada de esas llegaría el penalti. Lucía centró un balón al segundo palo, Aiara llegó para cabecear y volver a colgarla. Ahí apareció Lavogez, adelantándose a todas, y la defensora Landaluze le golpeó la pierna intentando despejar. No lo vio en directo pero, pedido por la Real Sociedad , la colegiada revisó la acción durante cinco minutos largos y terminó señalando pena máxima, pese a las protestas de las rojiblancas. No estaba la capitana en el campo y ya falló en Copa la Real sin ella, pero esta vez la responsabilidad la tomó Paula Fernández, que no iba a dudar para convertir el 02 del encuentro pasada la media hora de juego y tiró por tierra el planteamiento de las leonas sobre el minuto 35 de una primera mitad que fue dominada de principio a fin por las foráneas.

    El Athletic Club se revolvió y trató de recortar distancias antes del descanso. En una buena acción combinativa, Pinedo probó fortuna desde lejos con un disparo que se marchó fuera. 

    Tomaron muchos riesgos las locales en la salida de balón y estuvo cerca la Real Sociedad de cazar algún esférico peligroso, pero sin más se llegó al entretiempo. 

    Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con una cómoda ventaja a favor de las donostiarras, pero en un derbi confiarse puede ser un arma de doble filo y Arturo Ruiz tenía muy claro que eso no podía suceder, tal y como dejó claro Moraza en una entrevista a pie de campo antes de ingresar a la caseta.

    Las 22 protagonistas tuvieron quince minutos de asueto antes de remotar la acción en el derbi y aún quedaban cuarenta y cinco minutos de pura emoción por vivir en Vizcaya.

    El descanso no apaciguó el incendio competitivo; al contrario, lo reavivó desde la pizarra. El técnico bilbaíno entendió que el escenario exigía intervención inmediata y ejecutó un doble cambio nada más reanudarse el juego. Ane Azkona y Elene Gurtubay irrumpieron en el césped con la misión explícita de alterar la inercia, aportar desborde, profundidad y, sobre todo, imprevisibilidad en el último tercio. El mensaje era inequívoco: el empate no servía, la resignación estaba prohibida y el derbi exigía un plus emocional que debía traducirse en vértigo ofensivo.

    El Athletic Club adelantó metros, comprimió el campo y buscó amplitud para ensanchar la estructura defensiva donostiarra. Los centros laterales comenzaron a sucederse, algunos desde posiciones muy forzadas, otros tras conducciones más elaboradas, pero la zaga txuri urdin respondió con una disciplina táctica impecable. Las centrales dominaron el juego aéreo, las laterales temporizaron con inteligencia y el bloque medio achicó espacios interiores para impedir recepciones limpias entre líneas. Cada balón colgado encontraba una cabeza visitante o una intervención segura de la guardameta, y cada segunda jugada era disputada con una concentración que evidenciaba la madurez competitiva de un equipo que sabía exactamente qué partido estaba jugando.

    Pasada la hora de encuentro, la tensión alcanzó un punto crítico. Las entradas comenzaron a llegar una fracción de segundo tarde, los duelos se endurecieron y el derbi mostró su rostro más áspero. Maite Zubieta vio la tarjeta amarilla tras una acción contundente, síntoma claro de que los nervios estaban empezando a erosionar la lucidez local. El Athletic, impulsado por su público, jugaba ya más con el corazón que con la cabeza; la Real, en cambio, administraba el reloj con oficio, ralentizando cada saque de banda, cada falta a favor, cada transición que invitara a pausar el ritmo y enfriar la embestida rojiblanca.

    Los cambios se sucedieron en ambos banquillos, ajustes de piernas frescas y de perfiles tácticos destinados a sostener o a dinamitar el resultado, según el color de la camiseta. Sin embargo, el marcador permaneció inmutable. La Real supo dormir el partido con una gestión casi quirúrgica del tempo, escondiendo la pelota cuando era necesario, alternando posesiones largas con envíos directos para aliviar la presión y celebrando cada despeje como si fuera un gol. El 0-2 no solo resistía: se consolidaba como una declaración de autoridad en territorio enemigo.

    Cuando el pitido final confirmó la victoria visitante, la lectura trascendió los noventa minutos. El triunfo en Lezama no era uno más; era un golpe simbólico y clasificatorio. La Real Sociedad dio un salto cualitativo en la tabla, afianzándose en la zona noble y reforzando su candidatura europea con una exhibición de pragmatismo y personalidad. Venía de imponerse por 2-0 al ONA en Zubieta y encadenaba así una dinámica de solidez que la catapultaba hasta las 44 unidades en un curso especialmente fértil. La tercera plaza liguera, defendida con diez puntos de ventaja sobre el Atlético de Madrid dirigido por José Herrera —que aún debía disputar el derbi capitalino frente al Madrid CFF en Alcalá de Henares—, adquiría un valor estratégico enorme antes de afrontar la próxima estación del calendario, con el Espanyol en el horizonte previo al primer parón FIFA de 2026.

    En el lado opuesto, el golpe fue severo para el Athletic. La derrota no solo frenaba sus aspiraciones inmediatas, sino que subrayaba una carencia recurrente: la falta de pegada en los momentos determinantes. Tres jornadas sin sumar victoria comenzaban a pesar en la moral y en la clasificación, empujando al equipo hacia la décima plaza de una Liga F Moeve cada vez más exigente en la zona media. Con 26 puntos en su casillero y el descenso todavía a una distancia prudente, la urgencia no era matemática, pero sí emocional y competitiva.

    El próximo compromiso ante la Sociedad Deportiva Eibar, en un envite que será emitido en abierto por TEN TV, se presentaba como una oportunidad ineludible para reaccionar, recomponer el ánimo y evitar que la herida abierta por el eterno rival se convierta en cicatriz profunda.

    Así, los tres puntos viajaron a Donostia con el peso simbólico de un derbi conquistado y el valor tangible de una clasificación que empieza a perfilar objetivos mayores. En Lezama quedó la sensación de que el Athletic compitió con orgullo pero sin la contundencia necesaria, mientras la Real exhibió una madurez que la acerca a cotas europeas. El fútbol, caprichoso y despiadado en estas citas, volvió a recordar que en los partidos grandes no basta con intentarlo: hay que saber golpearse primero, resistir después y gestionar finalmente el silencio del estadio rival como la más dulce de las melodías.

    📋 Ficha técnica |

    Athletic Club: A. Nanclares, Elexpuru, Landaluze, Eider, Nerea B. (Nerea Nevado, min. 60), M. Zubieta (Oguiza, min. 78), L. Baños (Gurtubay, min. 46), S. Ortega, Pinedo (cap.) (Vilariño, min. 71), Agote y Campos (Azkona, min. 46).

    Real Sociedad: J. Arrula, Emma (Arola A., min. 58), Lucía, Florentino, Moraza (cap.), Aiara, P. Fernández, Cahynová, Andreia (L. Pardo, min. 75), Intza (Cecilia, min. 88) y Lavogez (Mirari, min. 74).

    Árbitra: Elena Peláez. Ha amonestado a las locales M. Zubieta y Oguiza y a las visitantes Florentino y P. Fernández con tarjeta amarilla.

    Incidencias | Partido correspondiente a la vigésima jornada de la Liga Profesional de Fútbol Femenino (Liga F Moeve) que ha enfrentado al Athletic Club y la Real Sociedad de Fútbol sobre una superficie de hierba natural en las Instalaciones de Lezama.

    Goles |

    0-1 Aiara Aguirrezabala 15’ ⚽️

    0-2 Paula Fernández (P.) 35’ ⚽️

    Vídeo |