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  • La previa | Athletic Club vs Real Sociedad

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️ Hay partidos que paralizan ciudades. Otros que ordenan clasificaciones. Y luego están los que atraviesan generaciones, los que se sienten en la piel antes incluso de que el balón empiece a rodar. Este domingo a las 12:00, el norte volverá a latir con un derbi que es identidad, orgullo y territorio: el Athletic Club Femenino y la Real Sociedad Femenino se citan en la vigésima jornada de la Liga F en un choque que trasciende los puntos y se instala en la memoria colectiva del fútbol vasco. Bilbao y Donostia frente a frente. Tradición contra ambición europea. Intensidad rojiblanca ante el momento de madurez txuri-urdin. El derbi que detiene el reloj y acelera el corazón. Y que, además, podrá vivirse en abierto a través de TEN TV, con la narración vibrante de Iván Fanlo y el análisis preciso de Júlia Cortina, llevando la pasión del norte a cada hogar a través de la TDT.

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    RENTAL FAMILY (FAMILIA DE ALQUILER) | LA PELÍCULA DE SEARCHLIGHT PICTURES LLEGA EL 15 DE ABRIL A DISNEY+

    Rental Family, la película de Searchlight Pictures escrita y dirigida por HIKARI y protagonizada por el ganador del  premio Oscar® Brendan Fraser, llega el 15 de abril a Disney+.

    Ambientada en el Tokio actual, Rental Family sigue a un actor estadounidense (Brendan Fraser) que lucha por encontrar un propósito en la vida hasta que consigue un trabajo inusual: trabajar para una agencia japonesa de «familias de alquiler», interpretando papeles de suplente para desconocidos. A medida que se sumerge en el mundo de sus clientes, comienza a establecer vínculos genuinos que difuminan las líneas entre la actuación y la realidad. Al enfrentarse a las complejidades morales de su trabajo, redescubre el propósito, la pertenencia y la tranquila belleza de las relaciones humanas.

    Tras su estreno mundial en el Festival Internacional de Cine de Toronto, Rental Family ha sido aclamada por el público y la crítica obteniendo numerosos premios del público en festivales como Chicago, Woodstock, Middleburg, Hawaii y Heartland. La película ha sido denominada como “universalmente resonante” (Clayton Davis, Variety) y “conmovedora y divertida” (Frank Scheck, The Hollywood Reporter). Cuenta con el distintivo Verified Hot en Rotten Tomatoes® con un 96 % en el Popcornmeter y un 88 % de críticas Certified Fresh en el Tomatometer.

    Rental Family también cuenta con las interpretaciones del nominado al Emmy® Takehiro Hira, Mari Yamamoto, la debutante Shannon Mahina Gorman y Akira Emoto. Escrita por HIKARI y Stephen Blahut, la película está producida por Eddie Vaisman,Julia Lebedev(Sight Unseen Pictures), y Shin Yamaguchi (Knockonwood).

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    Vídeo |

    https://youtu.be/d6TcMrzXCsA?si=TEdkOWdQ_0Y9niLN

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Hay partidos que se juegan por puntos. Otros, por orgullo. Y luego están los que se disputan por identidad. El domingo 15 de febrero a las 12:00 del mediodía, cuando el balón empiece a rodar, el norte del fútbol español volverá a latir al unísono con un derbi que no entiende de medias tintas. En San Mamés —catedral de emociones, territorio de memoria colectiva— el Athletic Club Femenino y la Real Sociedad Femenino escribirán un nuevo capítulo de una rivalidad que trasciende lo clasificatorio, que se arraiga en la cultura y que convierte cada duelo en un acto de afirmación competitiva. Es la vigésima jornada de la Liga F, pero el contexto eleva el encuentro a categoría de acontecimiento.

    Porque es un derbi vasco. Porque es mediodía de fútbol grande. Porque el foco mediático lo acompaña y porque, además, se verá en múltiples ventanas: DAZN, GolPlay, EITB y, con especial valor simbólico por su emisión en abierto en la TDT, en TEN TV, donde la narración de Iván Fanlo y el análisis de Júlia Cortina aportarán rigor, pedagogía y una mirada experta que ha contribuido a consolidar el relato del fútbol femenino en televisión abierta.

    El derbi vasco no es solo una confrontación deportiva. Es una conversación histórica entre Bilbao y Donostia, entre dos modelos de construcción, entre dos filosofías que comparten raíces y compiten por hegemonía territorial. El Athletic, asentado en la mitad de la tabla con 26 puntos, llega en un momento de irregularidad competitiva: solo una victoria en los últimos cinco compromisos. La Real Sociedad, tercera clasificada con 41 puntos, atraviesa una fase de consolidación estructural: una sola derrota en los últimos ocho partidos disputados y una secuencia doméstica en este inicio de 2026 que mantiene intacta su condición de invicta en Primera División con tres triunfos y dos empates. Dos dinámicas distintas. Un mismo escenario. Una misma urgencia emocional.

    En clave rojiblanca, el desafío es doble: reactivar sensaciones y sostener la competitividad en un contexto de bajas sensibles. Bibiane Schulze, Irene Oguiza, Estefa, Patricia Zugasti y Jone Amezaga apuntan a no llegar a la cita, lo que condiciona la arquitectura del once y obliga a ajustes de perfiles. La ausencia de Schulze resta presencia en eje defensivo y salida limpia desde atrás; la de Oguiza impacta en la capacidad de gobernar ritmos y activar a las interiores; la de Amezaga reduce profundidad y desborde en carril. No son nombres intercambiables sin coste táctico. Son piezas con incidencia directa en la estructura. En un derbi, cada ausencia multiplica su peso.

    El Athletic ha construido históricamente su identidad desde la intensidad, la presión organizada y la verticalidad bien medida. Cuando el equipo consigue sincronizar alturas de presión y cerrar líneas interiores, es capaz de incomodar a cualquiera. Sin embargo, la irregularidad reciente ha tenido que ver con la dificultad para sostener ventajas y con fases de desconexión en tramos intermedios de partido. El reto frente a la Real pasa por compactar líneas, reducir distancias entre sectores y elevar el porcentaje de acierto en el último tercio. El derbi no admite tibieza en áreas: contundencia defensiva y precisión ofensiva.

    Enfrente, la Real Sociedad de Arturo Ruiz exhibe madurez competitiva. Más allá de la eliminación copera —episodio que no ha erosionado el rendimiento liguero—, el equipo txuri-urdin ha mostrado consistencia en fases sin balón y criterio en la gestión de posesiones largas. La tercera plaza no es circunstancial: responde a una regularidad sostenida y a una capacidad de adaptación que ha permitido sumar en escenarios diversos. Las donostiarras no podrán contar con María Molina ni con Maren Lezeta, dos ausencias que impactan en profundidad de plantilla y variantes tácticas, pero el bloque ha demostrado recursos para compensar bajas mediante rotaciones inteligentes y ajustes posicionales.

    Desde la pizarra, el partido promete una disputa por el control del centro del campo. El Athletic necesitará densidad interior para evitar que la Real instale posesiones prolongadas que desorganicen su bloque. La Real, por su parte, buscará amplitud y cambios de orientación que obliguen a basculaciones largas, desgastando a las laterales bilbaínas y generando superioridades en el lado débil. El equilibrio entre presión alta y repliegue medio será determinante. Si el Athletic logra robar en campo rival y acelerar transiciones, podrá activar a sus atacantes en situaciones ventajosas. Si la Real consigue superar la primera línea de presión con pases verticales limpios, encontrará espacios entre líneas.

    El precedente de la primera vuelta, un 1-1 que dejó sensación de igualdad estructural, funciona como advertencia: los detalles deciden. En aquel encuentro hubo fases de dominio alterno, momentos de repliegue intensivo y acciones puntuales que marcaron el resultado. El derbi de este domingo parece destinado a una lógica similar: márgenes estrechos, duelos individuales de alto voltaje y un componente emocional que condicionará la toma de decisiones. La gestión de los primeros quince minutos será clave. Un gol tempranero puede alterar por completo el plan estratégico.

    El componente psicológico adquiere relevancia máxima. Para el Athletic, el derbi es oportunidad de reenganche competitivo y de reivindicación ante su público. Para la Real, es ocasión de consolidar posición europea y de enviar mensaje de autoridad territorial. La presión ambiental en San Mamés no es un factor menor. El estadio transforma energía en impulso y exige concentración absoluta al visitante. La comunicación defensiva, la lectura de segundas jugadas y la disciplina táctica serán esenciales para neutralizar el contexto.

    Mención específica merece la cobertura en abierto de TEN TV. En un ecosistema mediático donde la visibilidad del fútbol femenino es un vector estratégico de crecimiento, la labor pedagógica y narrativa que realizan Iván Fanlo y Júlia Cortina ha contribuido a acercar el análisis táctico al gran público sin renunciar al rigor. Fanlo imprime ritmo y contextualización histórica; Cortina aporta lectura de juego, identificación de patrones y explicación de microdetalles posicionales. Esa combinación eleva la experiencia del espectador y consolida una cultura de seguimiento informada. Que un derbi vasco se pueda ver en abierto en la TDT amplifica su impacto social y refuerza la normalización del fútbol femenino en parrilla generalista.

    Cuando el árbitro señale el inicio, el análisis quedará en segundo plano. Solo contará la ejecución. El Athletic buscará intensidad, orgullo y reacción. La Real, madurez, consistencia y confirmación. En noventa minutos caben todas las narrativas, pero solo una prevalecerá en el marcador. Y en un derbi vasco, el marcador no es un dato: es memoria.

    Volviendo al césped, la Real Sociedad llega con métricas de rendimiento que avalan su momento: eficiencia en área propia, mejora en conversión de ocasiones y estabilidad en duelos a domicilio. El reto en Bilbao será sostener esa consistencia en un entorno de máxima exigencia. Las ausencias de Molina y Lezeta pueden limitar rotaciones en determinados sectores, por lo que la gestión de cargas y la toma de decisiones en cambios durante la segunda mitad cobrarán relevancia. Un banquillo bien activado puede decidir el tramo final.

    El Athletic, por su parte, necesita recuperar contundencia en balón parado. En partidos cerrados, la estrategia se convierte en palanca diferencial. La coordinación en bloqueos, la calidad en el golpeo y la agresividad en el remate pueden inclinar la balanza. Asimismo, será imprescindible controlar las vigilancias defensivas cuando se proyecten laterales. La Real castiga pérdidas mal gestionadas con transiciones rápidas y ocupación inteligente del área.

    Seis futbolistas que han vestido la camiseta del eterno rival añadirán una capa emocional adicional. En los derbis, el pasado pesa. La motivación se multiplica cuando hay historia compartida. Esas trayectorias cruzadas alimentan narrativas, pero también exigen profesionalismo para aislar la carga emocional y ejecutar con precisión táctica. La experiencia en contextos de alta presión puede ser un activo determinante.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    La franja horaria del mediodía introduce variables físicas específicas. Ritmo de activación, gestión de energía y concentración temprana son factores a monitorizar. Un inicio dubitativo puede penalizar en un escenario donde la intensidad será máxima desde el primer duelo. El equipo que imponga su tempo inicial enviará un mensaje de autoridad.

    Clasificatoriamente, el choque tiene implicaciones directas en la carrera por Europa. La Real defiende tercera plaza; el Athletic busca estabilidad en zona media y una reacción que evite deslizamientos indeseados. Cada punto en la jornada veinte adquiere peso estructural. No es momento de especulación. Es momento de convicción.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Tácticamente, el partido puede oscilar entre fases de control realista y momentos de intercambio vertical. La lectura de Arturo Ruiz desde el banquillo, su capacidad para ajustar alturas de presión y para introducir perfiles que cambien dinámica, será observada con lupa. Del lado bilbaíno, la respuesta a las bajas marcará la creatividad del planteamiento: reforzar interior, apostar por amplitud o buscar un bloque más compacto con salida directa.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El derbi vasco es cultura competitiva. Es tradición, pero también modernidad táctica. Es cantera y es proyecto. Es identidad y es ambición. El domingo, bajo la mirada atenta de miles de espectadores en el estadio y de una audiencia multiplicada por la emisión en DAZN, GolPlay, EITB y TEN TV, se disputará algo más que un resultado. Se pondrá en juego el pulso del norte, la consolidación de un modelo y la reivindicación de un territorio futbolístico que ha sido motor histórico del fútbol femenino español.

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    🏆 Liga F Moeve |

    🤩 Temporada 2025-2026 |

    🔥 Athletic Club 🆚 Real Sociedad de Fútbol 🔥

    ✨ Matchday 19 | Día de partido ✨

    🙌🏻 Derbi vasco

    🗓️ Domingo, 15 de febrero de 2026

    📺 TEN TV

    🏟️ Instalaciones de Lezama , Vizcaya

  • La previa | Derbi: Atlético de Madrid vs Madrid CFF

    (Fuente: DAZN)

    ◼️ El fútbol tiene memoria, tiene cicatrices y tiene cuentas pendientes. Pero, sobre todo, tiene territorios. Y cuando dos equipos de una misma ciudad se miran a los ojos, lo que está en juego va mucho más allá de tres puntos. Este domingo 15 de febrero a las 18:30 horas, en el Centro Deportivo Alcalá de Henares, el pulso de la capital volverá a latir con fuerza con el derbi entre el Atlético de Madrid Femenino y el Madrid CFF, correspondiente a la vigésima jornada de la Liga F. No es un partido más. No puede serlo. Porque en un campeonato que entra en su fase decisiva, porque la clasificación aprieta, porque la ambición no entiende de cansancio y porque el orgullo madrileño siempre añade una capa emocional que lo transforma todo, este encuentro se erige como uno de los grandes focos del fin de semana. El derbi madrileño cierra la jornada, sí, pero puede abrir un nuevo capítulo en la narrativa competitiva de ambos proyectos.

    El Atlético de Madrid llega a la cita instalado en la quinta posición con 31 puntos, a diez de la tercera plaza que marca la frontera europea y que, aunque exigente, no es inalcanzable en términos matemáticos. La diferencia obliga a un cierre de campeonato prácticamente perfecto, a un margen de error mínimo y a una regularidad que hasta ahora ha sido intermitente. El conjunto rojiblanco aterriza en el derbi con el desgaste competitivo de haber disputado la ida del playoff de Champions, un contexto que añade complejidad a la gestión física y mental del encuentro. El calendario no concede treguas y el Atlético está aprendiendo a convivir con esa doble exigencia: rendir en Europa y no descuidar la carrera doméstica. Ese equilibrio será determinante.

    Desde el punto de vista estructural, el Atlético ha mostrado durante la temporada una identidad reconocible: un bloque compacto, con presión coordinada en campo rival cuando la situación lo permite y con transiciones verticales que buscan aprovechar la potencia y la profundidad de sus extremos. El equipo ha alternado sistemas —desde el 4-3-3 clásico hasta variantes con doble pivote y mediapunta— en función del rival y del contexto competitivo, pero mantiene una premisa constante: intensidad en la recuperación tras pérdida y agresividad en los duelos individuales. En casa, además, se ha consolidado como el quinto mejor local de la categoría, un dato que no es anecdótico. Alcalá se ha convertido en un escenario donde el Atlético eleva su nivel de concentración, donde los primeros veinte minutos suelen marcar territorio y donde la presión ambiental, aunque no masiva, sí es cualitativamente influyente.

    La única duda en el cuadro rojiblanco es Gio Queiroz, una futbolista que, por perfil, altera dinámicas. Su capacidad para desbordar en el uno contra uno, para fijar lateral y extremo rivales y para generar superioridades en el último tercio convierte cualquier posible ausencia en un elemento táctico de peso. Si no estuviera disponible al cien por cien, el cuerpo técnico deberá decidir si opta por una solución de perfil similar —verticalidad y amplitud— o si, por el contrario, apuesta por un interior que permita acumular más juego por dentro y liberar a la lateral para proyectarse. Son decisiones que no solo afectan a un nombre propio, sino a la arquitectura completa del ataque.

    En términos clasificatorios, el Atlético se mueve en una zona de tensión controlada. Está lo suficientemente lejos del liderato como para no depender de sí mismo en la pelea por el título, pero lo suficientemente cerca de los puestos europeos como para mantener la llama competitiva encendida. Diez puntos respecto a la tercera plaza no son una brecha definitiva, pero sí exigen una secuencia prolongada de victorias. El derbi, en ese sentido, no es solo una cuestión de orgullo; es una obligación estratégica. Perder puntos en casa frente a un rival de la zona media sería un golpe en la línea de flotación de las aspiraciones europeas. Ganarlos, en cambio, permitiría presionar a los equipos que ocupan posiciones superiores y enviar un mensaje de resiliencia tras el esfuerzo continental.

    Frente a ellas estará un Madrid CFF que vive un momento de transición, de redefinición y de búsqueda de estabilidad. Décimo clasificado con 26 puntos, el conjunto visitante llega tras encadenar cuatro derrotas consecutivas entre todas las competiciones, una dinámica que ha erosionado la confianza y que ha colocado el foco sobre el proyecto. Desde la llegada de José Luis Sánchez Vera, el equipo solo ha conseguido una victoria, un dato que refleja la complejidad del proceso de ajuste. Cambiar automatismos, modificar estructuras y asimilar nuevos conceptos en plena competición nunca es sencillo. El derbi aparece como una oportunidad para revertir inercias, para romper la secuencia negativa y para reivindicar competitividad ante un rival de máximo nivel.

    Tácticamente, el Madrid CFF ha oscilado entre un planteamiento más reactivo, priorizando la organización defensiva y el bloque medio-bajo, y momentos de presión más adelantada cuando el marcador lo ha exigido. Es el séptimo mejor equipo a domicilio, un indicador que sugiere que, lejos de casa, el equipo se siente cómodo asumiendo un rol más expectante, explotando las transiciones y buscando castigar errores en salida. En este contexto, el partido en Alcalá podría dibujar un escenario claro: el Atlético con mayor posesión territorial, intentando fijar al rival en campo propio, y el Madrid CFF esperando el momento exacto para lanzar contragolpes con precisión quirúrgica.

    Las bajas de Anita Marcos y Bárbara López condicionan la planificación visitante. Anita, por su capacidad para atacar el espacio y para ofrecer soluciones de referencia en el área, es una pieza que facilita el juego directo y las segundas jugadas. Bárbara, en cambio, aporta equilibrio en zonas intermedias, lectura táctica y capacidad de distribución. Sin ellas, el entrenador deberá reconfigurar su once buscando compensaciones: quizá reforzando el centro del campo para ganar densidad, quizá apostando por una delantera más móvil que obligue a las centrales rojiblancas a salir de zona. En cualquier caso, el margen de error será reducido.

    El precedente de esta temporada añade un matiz emocional significativo. En el Fernando Torres, ambos equipos firmaron un empate 1-1 en un encuentro marcado por la intensidad y por fases de dominio alterno. Aquella igualdad dejó la sensación de que los detalles decidirían cualquier nuevo enfrentamiento. Un balón parado, una transición mal defendida, una acción individual. El derbi de este domingo parece destinado a moverse en parámetros similares: equilibrio táctico, duelos individuales determinantes y una batalla mental que puede inclinar la balanza.

    El componente psicológico no debe subestimarse. El Atlético llega con la carga emocional de la competición europea, con la exigencia interna de no descolgarse de la lucha por la tercera plaza y con la presión implícita de jugar en casa. El Madrid CFF aterriza con la urgencia de cortar la racha negativa, con el deseo de validar el trabajo del nuevo cuerpo técnico y con la motivación extra que siempre ofrece un derbi. En estos contextos, la gestión de los primeros minutos resulta clave. Un gol tempranero puede reconfigurar completamente el plan de partido, obligar a asumir riesgos y alterar el guion previsto.

    Desde la perspectiva estratégica, el Atlético deberá cuidar especialmente las vigilancias defensivas en transición. Cuando un equipo que quiere dominar se enfrenta a otro que puede sentirse cómodo esperando, la pérdida mal gestionada se convierte en un arma del rival. La coordinación entre lateral y extremo en el momento de la subida, el equilibrio del pivote para cerrar líneas de pase interiores y la comunicación constante entre centrales serán aspectos críticos. Además, el balón parado puede adquirir un peso específico elevado. En partidos cerrados, una acción a balón detenido bien ejecutada marca diferencias. La calidad en el golpeo y la agresividad en el remate serán factores a observar.

    En el caso del Madrid CFF, la clave residirá en su capacidad para sostener el bloque sin perder profundidad. Defender noventa minutos en campo propio es inviable; elegir cuándo presionar alto y cuándo replegar será una decisión táctica determinante. Si consigue incomodar la salida rojiblanca y forzar errores en zona de inicio, podrá generar ocasiones sin necesidad de largas posesiones. Asimismo, la eficacia en las pocas oportunidades que tenga será decisiva. En escenarios de inferioridad territorial, el porcentaje de acierto debe ser alto.

    El derbi también es un choque de narrativas institucionales. El Atlético representa un proyecto consolidado, con experiencia en la élite, con participaciones europeas y con una estructura competitiva asentada. El Madrid CFF encarna la resiliencia de un club que ha sabido crecer en la máxima categoría, que compite con recursos más limitados y que ha demostrado, en temporadas anteriores, capacidad para incomodar a gigantes. Esa asimetría no garantiza nada, pero sí añade contexto. En el fútbol femenino español, los márgenes se han estrechado. La competitividad se ha democratizado. Y cualquier exceso de confianza se paga.

    En términos de gestión de cargas, el cuerpo técnico rojiblanco tendrá que decidir si rota o si mantiene el bloque habitual. La cercanía del compromiso europeo puede invitar a dosificar minutos, pero el valor estratégico del derbi puede inclinar la balanza hacia un once de máxima fiabilidad. Esa decisión no solo afecta al rendimiento físico, sino también al mensaje interno: priorizar la liga, proteger jugadoras clave o asumir riesgos calculados. Cada opción tiene implicaciones.

    El ambiente en Alcalá promete ser intenso. Aunque no se trate de un estadio de gran capacidad, el simbolismo del derbi multiplica la energía. El apoyo desde la grada puede convertirse en un factor emocional que empuje en momentos de duda. Para el Madrid CFF, gestionar esa presión ambiental será parte del desafío. La concentración en acciones defensivas, la comunicación constante y la disciplina táctica deberán imponerse al ruido.

    En el plano individual, habrá duelos que pueden marcar el ritmo del encuentro. Las bandas serán un campo de batalla estratégico. Si el Atlético logra imponerse en el uno contra uno y generar centros laterales con continuidad, forzará a la zaga visitante a defender en situaciones de desventaja. Si, por el contrario, el Madrid CFF consigue cerrar pasillos exteriores y obligar al rival a circular por dentro sin profundidad, reducirá el volumen de ocasiones claras. En el centro del campo, la batalla por las segundas jugadas y por el control de los ritmos será igualmente determinante. El equipo que consiga imponer su tempo tendrá ventaja estructural.

    El momento de la temporada añade dramatismo. Con la jornada veinte en disputa, cada punto comienza a tener un peso específico mayor. Las aspiraciones europeas, la consolidación en la zona media, la tranquilidad clasificatoria: todo se define en estas semanas. El Atlético sabe que no puede permitirse desconexiones. El Madrid CFF sabe que necesita una reacción que estabilice el proyecto. El derbi ofrece un escenario ideal para reescribir dinámicas.

    La transmisión por DAZN amplificará el foco mediático. La visibilidad del fútbol femenino ha crecido y los derbis son escaparates que trascienden lo estrictamente deportivo. La narrativa, las historias cruzadas, las trayectorias individuales y el contexto competitivo se entrelazan para ofrecer un producto que combina táctica, emoción y reivindicación. Para las jugadoras, es también una oportunidad de proyectar liderazgo, carácter y personalidad en un escenario de máxima exposición.

    Si el Atlético impone su jerarquía, si logra traducir su mayor experiencia competitiva en dominio efectivo y en contundencia en las áreas, dará un paso firme en su persecución de la tercera plaza. Si el Madrid CFF consigue sostener el pulso, minimizar errores y golpear en los momentos precisos, no solo sumará puntos; enviará un mensaje de resiliencia y capacidad de reacción. En los derbis, a menudo, el estado de forma se relativiza. La motivación y la concentración pueden equilibrar diferencias.

    No será un partido neutro. Será un choque de estilos, de urgencias y de ambiciones. Será una prueba de carácter para el Atlético tras la exigencia europea. Será un examen de identidad para el Madrid CFF en plena reconstrucción. Será, en definitiva, un capítulo más en la historia reciente del fútbol femenino madrileño, una historia que se escribe con intensidad, con profesionalismo y con una competitividad creciente.

    El domingo, cuando el balón eche a rodar a las 18:30, todo lo previo quedará en análisis y proyecciones. Solo importarán las decisiones en décimas de segundo, la precisión en el pase final, la coordinación en la basculación defensiva y la sangre fría en el área. El derbi madrileño no admite tibiezas. Exige convicción. Exige personalidad. Y, sobre todo, exige creer que cada duelo, cada carrera y cada balón dividido puede ser el que incline la balanza. Porque en un campeonato que entra en su tramo decisivo, los partidos grandes no solo se juegan: se sienten, se disputan y se recuerdan. Y este Atlético de Madrid – Madrid CFF promete ser uno de ellos.

    (Fuente: Liga F Moeve)

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    ✨ Temporada 2025-2026 ✨

    🙌🏻 Matchday 20 | Día de partido

    🤩 Derbi madrileño

    🔥 Atlético de Madrid 🆚 Madrid CFF 🔥

    📅 Domingo, 15 de febrero de 2026

    ⏰ 18:30 horario peninsular

    📺 DAZN 1 (Dial 70 de Movistar Plus)

    🏟️ Centro Deportivo Alcalá de Henares, Madrid

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • La crónica | El Sevilla desconecta la buena racha blanquiazul y toma Riazor

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️ Exhibición hispalense. Las dirigidas por David Losada se impusieron por 0-4 a un Deportivo que pagó cara la goleada en Fuenlabrada.

    La previa |

    🤝 Manu López & Helena con Hache

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El fútbol siempre regresa a los escenarios donde la memoria pesa y la hierba guarda historias, y este sábado 14 de febrero a las 16:00 horas el pulso competitivo de la Liga F Moeve vuelve a latir con fuerza en el Estadio de Estadio Abanca-Riazor, donde el Deportivo Abanca y el Sevilla FC Femenino medirán fuerzas en un duelo que trasciende la mera suma de tres puntos y se proyecta como un capítulo determinante en la construcción emocional y competitiva de la temporada. La cita, con emisión confirmada en DAZN y en RTVE Play, sitúa el foco mediático en A Coruña, donde confluyen dos dinámicas ascendentes, dos modelos reconocibles y dos vestuarios que llegan reforzados tras victorias contundentes en la última jornada. El fútbol femenino español, en plena consolidación estructural, encuentra en este tipo de enfrentamientos un escaparate perfecto de su evolución táctica, su profundidad de plantilla y su capacidad de generar relato, porque lo que se pondrá en juego en Riazor no es únicamente la clasificación, sino también la reafirmación de identidades.

    El conjunto gallego comparece ante su afición con la autoridad que concede un 1-6 a domicilio frente al Madrid CFF, una goleada que no solo impacta por la magnitud del marcador, sino por la forma en que se produjo: ritmo alto, verticalidad agresiva, ocupación racional de los carriles interiores y una eficiencia notable en el último tercio. El Deportivo Abanca firmó en Matapiñonera uno de los recitales ofensivos más redondos de su campaña, combinando amplitud y profundidad, alternando juego directo con secuencias elaboradas y explotando con inteligencia los intervalos entre lateral y central. Esa actuación, además de reforzar la confianza colectiva, envió un mensaje claro al resto de la categoría: el equipo blanquiazul no solo administra su ventaja de once puntos sobre el descenso, sino que aspira a seguir creciendo en ambición competitiva. Ese colchón clasificatorio, lejos de adormecer, ha servido como plataforma de estabilidad para un grupo que ha sabido convivir con bajas sensibles y aun así mantener una identidad reconocible.

    Porque no conviene obviar el contexto de ausencias con el que el Deportivo afrontó su último compromiso y con el que, previsiblemente, deberá gestionar también el duelo ante el Sevilla. Cris Martínez continúa de baja por maternidad, una circunstancia que trasciende lo deportivo y que habla de la normalización de procesos vitales en el fútbol profesional femenino; Carlota Suárez, Henar Muiña, Bárbara López, Hilda Magaia y Millene Cabral no estuvieron disponibles en la anterior jornada, configurando un escenario en el que el cuerpo técnico tuvo que recomponer estructuras y ajustar roles. La respuesta fue sobresaliente. Desde el punto de vista táctico, el equipo mostró flexibilidad para alternar sistemas —oscilando entre un 4-2-3-1 en fase ofensiva y un 4-4-2 en repliegue medio— y supo optimizar el rendimiento de las jugadoras disponibles, especialmente en los perfiles exteriores, donde la capacidad de desborde y la lectura de centros al segundo palo marcaron diferencias.

    Riazor, además, no es un escenario neutro. El Deportivo puede presumir de ser el séptimo mejor local de la categoría, un dato que adquiere dimensión cuando se analiza en clave de rendimiento acumulado: intensidad sostenida en los primeros quince minutos, presión tras pérdida coordinada y una capacidad notable para activar a la grada como factor emocional. La sinergia entre equipo y afición se ha convertido en uno de los pilares del proyecto, y cada tarde en A Coruña tiene algo de reivindicación histórica, de recuperación de un espacio simbólico que durante décadas fue territorio casi exclusivo del fútbol masculino. Hoy, el Deportivo Abanca convierte ese estadio en un laboratorio de crecimiento colectivo, donde la solidez defensiva —basada en la reducción de distancias entre líneas y la agresividad en el duelo individual— convive con una vocación ofensiva cada vez más madura.

    Enfrente estará un Sevilla FC que llega en la sexta posición con 30 puntos, a once de los puestos que otorgan acceso a la Liga de Campeones, y que también aterriza en Galicia con la moral reforzada tras un contundente 4-0 ante el Athletic Club Femenino. Aquel triunfo, más allá del resultado, fue una declaración de intenciones. El equipo dirigido por David Losada completó uno de sus partidos más equilibrados del curso, combinando rigor defensivo con pegada ofensiva, y el propio técnico lo sintetizó con claridad meridiana: “Estamos ante el partido más completo de la temporada en nuestro estadio”. La frase no fue una exageración retórica; respondió a una puesta en escena coral, con circulación fluida en el primer pase, laterales profundos y una presión adelantada que asfixió la salida rival.

    El Sevilla ha construido su temporada sobre una base de orden estructural y competitividad constante. Desde el punto de vista táctico, el bloque andaluz se caracteriza por su capacidad para alternar ritmos, por su disciplina en el repliegue y por su verticalidad cuando recupera en campo contrario. La sexta posición refleja un rendimiento sostenido, aunque la distancia de once puntos respecto a las plazas de Champions subraya la necesidad de convertir partidos exigentes como el de Riazor en oportunidades de recorte. Cada desplazamiento, por tanto, adquiere una dimensión estratégica: sumar fuera de casa ante un rival en dinámica positiva no solo aporta puntos, sino que refuerza la candidatura a consolidarse en la zona noble de la tabla.

    También el Sevilla deberá gestionar ausencias. Alba Cerrato no estuvo en el último encuentro, y Jassina Blom continúa recuperándose de su lesión de ligamento cruzado, una baja de peso que obliga a redistribuir responsabilidades en el centro del campo. La ausencia de Blom, por su capacidad de abarcar metros y sostener transiciones, modifica el equilibrio interior del equipo y exige un esfuerzo adicional en la coordinación de ayudas y coberturas. Sin embargo, la respuesta ante el Athletic demostró que la plantilla dispone de recursos para absorber golpes y mantener competitividad. La amplitud de banquillo, la versatilidad posicional y la cohesión del grupo han sido factores diferenciales en el crecimiento sevillista esta temporada.

    El cruce de dinámicas positivas en Riazor plantea un escenario de alta exigencia táctica. El Deportivo, fuerte en casa y con confianza ofensiva renovada, buscará imponer un ritmo alto desde el inicio, consciente de que la energía de los primeros compases puede condicionar el desarrollo posterior. El Sevilla, por su parte, tratará de modular el tempo, evitar intercambios de golpes descontrolados y explotar los espacios a la espalda de la defensa gallega cuando el partido se abra. La batalla en el centro del campo será decisiva: quien consiga gobernar la zona intermedia, orientar la presión y acelerar o pausar según convenga, tendrá gran parte del trabajo hecho.

    Desde una perspectiva estratégica más amplia, el encuentro encierra lecturas clasificatorias relevantes. Para el Deportivo, consolidar su condición de séptimo mejor local implica reforzar la distancia respecto a la zona roja y proyectar la sensación de que el objetivo de la permanencia —si bien todavía matemáticamente no resuelto— está cada vez más cerca de materializarse. Para el Sevilla, sumar en Riazor significaría mantener la presión sobre los equipos que ocupan plazas europeas y, sobre todo, confirmar que el 4-0 al Athletic no fue un episodio aislado, sino la expresión de una madurez competitiva creciente.

    La dimensión emocional tampoco es menor. El 14 de febrero, fecha simbólica en el calendario, Riazor se convertirá en un espacio donde la pasión por el fútbol femenino se exprese con intensidad. La retransmisión simultánea en DAZN y RTVE Play amplifica el alcance del evento y contribuye a consolidar la visibilidad de la Liga F Moeve en el panorama audiovisual español. Cada pase, cada duelo, cada transición será observado por miles de aficionados que encuentran en este campeonato no solo entretenimiento, sino también un relato de progreso, profesionalización y ruptura de techos históricos.

    En el plano individual, el partido ofrecerá duelos de alto voltaje. Las delanteras deportivistas, inspiradas tras el festival goleador ante el Madrid CFF, medirán su eficacia frente a una defensa sevillista que viene de dejar la portería a cero. Las mediocampistas andaluzas, obligadas a suplir la ausencia de Blom, deberán multiplicarse en tareas de equilibrio y distribución. Las laterales de ambos equipos, fundamentales en la construcción ofensiva, protagonizarán carreras constantes que pondrán a prueba la resistencia y la lectura táctica de sus oponentes directas. Cada emparejamiento será un microcosmos dentro del macrorelato del partido.

    No es exagerado afirmar que Riazor será un laboratorio de tendencias. El Deportivo intentará consolidar su versión más ambiciosa, esa que combina pragmatismo defensivo con osadía ofensiva. El Sevilla buscará demostrar que su crecimiento no es coyuntural, sino estructural, y que está preparado para competir de tú a tú en cualquier escenario. La tensión competitiva, lejos de paralizar, promete elevar el nivel de ejecución técnica y de concentración táctica.

    En definitiva, el Deportivo Abanca–Sevilla FC del sábado a las 16:00 no es solo un enfrentamiento entre dos equipos que vienen de ganar; es la confluencia de proyectos en expansión, de vestuarios resilientes ante las adversidades y de aficiones que encuentran en el fútbol femenino un espacio de identidad y orgullo. Riazor será el epicentro de una tarde que puede redefinir inercias, ajustar ambiciones y añadir un nuevo capítulo a la narrativa vibrante de la Liga F Moeve.

    Cuando el balón eche a rodar y la grada empuje, cada acción llevará implícita la carga de semanas de trabajo invisible, de estrategias diseñadas al milímetro y de sueños que se miden en puntos, pero también en convicción. Y en ese cruce de convicciones, solo un equipo podrá imponer su relato sobre el césped coruñés.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🏆 Liga F Moeve |

    ✨ Temporada 2025-2026 |

    🙌🏻 Matchday 19 | Día de partido

    🔥 Deportivo Abanca 🆚 Sevilla Fútbol Club 🔥

    ⏰ 16:00 horario peninsular

    📺 DAZN y RTVE Play

    🏟️ Estadio Abanca-Riazor, A Coruña

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    Los onces |

    LigaFMoeve | #DéporABANCASevillaFC

    En una semana muy especial, ya que el próximo jueves, 19 de febrero de 2026, se celebrará el Día Internacional contra la LGTBIfobia, la Liga Profesional de Fútbol Femenino ha decido apoyar la causa con su tercera campaña de “Amor por los colores”, el balompié se ha empeñado en demostrar una vez más que es impredecible.

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    El Deportivo Abanca venía de brillar con luz propia en el Estadio Fernando Torres de Fuenlabrada al imponerse por 1-6 al Madrid CFF, buscaba dar continuidad a su buena racha en la visita a Riazor de un Sevilla Fútbol Club que este curso ha ido de menos a más y ahela subirse al tren europeo junto a Real Sociedad, Costa Adeje Tenerife Egatesa y Atlético de Madrid.

    El partido arranca en A Coruña con esa liturgia tan reconocible de las tardes grandes de la Liga F en el Estadio de Riazor: el murmullo grave de la grada cercana, el olor a césped recién peinado por la humedad atlántica y una tregua inesperada del cielo, que después de semanas de lluvias intensas concede un respiro azul, casi simbólico, para que el fútbol vuelva a sentirse protagonista. No es un escenario cualquiera; es un estadio que respira historia, que impone desde la arquitectura y que exige carácter. Y el Deportivo de La Coruna Femenino lo sabe. Ha construido buena parte de su identidad reciente en casa, donde ha sumado más del sesenta por ciento de sus puntos, y donde el equipo se transforma, se expande y compite con una convicción que no siempre logra replicar lejos del mar.

    Desde el primer minuto se percibe una intención clara del conjunto gallego: instalarse en campo rival a través de circulaciones largas, paciente elaboración en primera línea y búsqueda constante de amplitud. No hay precipitación, pero sí determinación. La pelota viaja de central a central, de central a lateral, y de ahí a banda con la idea fija de ensanchar el campo y activar a sus extremos, especialmente a Ainhoa Marin y Olaya Rodriguez, dos perfiles que entienden el desborde como una forma de resistencia. Cuando reciben, lo hacen abiertas, pegadas a la cal, obligando al rival a decidir entre saltar y desordenarse o esperar y conceder metros.

    El Sevilla FC Femenino, dirigido por David Losada, responde con un bloque medio disciplinado, compacto entre líneas, que prioriza el orden antes que la presión alta. No rehúye la posesión cuando la recupera, pero tampoco la idolatra. Entiende el contexto emocional del partido: Riazor empuja, el Deportivo aprieta y cualquier desajuste puede convertirse en una ola imposible de contener. Por eso, el plan sevillista pasa por controlar el ritmo, enfriar los impulsos locales y administrar cada transición con criterio. No se trata solo de jugar bien; se trata de jugar inteligente.

    Los primeros compases están marcados por interrupciones constantes, faltas tácticas y duelos intensos que fragmentan el ritmo. En el minuto 2, Esther Martin-Pozuelo recibe una falta en zona defensiva tras intentar girarse bajo presión. Es un aviso temprano: el partido será físico, de contactos reiterados, de disputa permanente en cada balón dividido. No hay concesiones gratuitas. Cada metro se pelea como si fuera el último.

    El tono no baja. Lucia Rivas, Vera Martinez y Samara Ortiz protagonizan varias acciones defensivas al límite, cruzando a banda para cortar conducciones sevillistas que intentan progresar por fuera. El encuentro, en este tramo inicial, es más territorial que profundo. Se juega en campo del Sevilla durante varios minutos, pero sin ocasiones claras. Es una batalla por la posición, por la iniciativa, por la narrativa del choque.

    La primera aproximación clara llega desde el balón parado. En el minuto 8, el Deportivo fuerza un córner tras una jugada insistente por la izquierda. El saque es cerrado, tenso, buscando el primer palo. La pelota viaja con intención y encuentra la cabeza de Raquel Garcia, que se anticipa a su marca y conecta un remate potente, aunque muy escorado.

    El balón toma dirección de portería, besa el aire con peligro y obliga a la guardameta sevillista a reaccionar con reflejos felinos, chocando la pelota junto al palo derecho. No es gol, pero es un mensaje. El Deportivo avisa: está dispuesto a convertir cada acción en una declaración de intenciones.

    Tras las jugadas comentadas, vendría los mejores momentos del Sevilla. En el minuto 25 ya empezaba a asomarse el conjunto rojiblanco sobre la portería del Deportivo, siendo Martín-Pozuelo la que tendría en sus botas la primera oportunidad para su equipo. Turno del Deportivo de emplearse a fondo en la defensa ante el plan que introdujo el Sevilla: pasar a la ofensiva. Lucía Moral probaría fortuna con un disparo raso al palo derecho que fue detenido por Yohana. Isabel Álvarez quería ser participe de la ofensiva del conjunto visitante, pero su intento se fue al lateral de la red.
    Los minutos finales terminaría de la misma forma que empezó. Un fallo grosero en la salida de balón del Sevilla, propiciaría una llegada peligrosa de Lucía Rivas, no obstante, su disparo fue a las manos de la portera sevillista.

    Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con el marcador sin movimiento alguno y todo habría de decidirse en el segundo y definitivo acto en territorio gallego.

    El comienzo de la segunda parte en el Estadio de Riazor tuvo algo de giro argumental, de cambio de papeles silencioso pero profundo, como si el descanso hubiese servido no solo para ajustar piezas en la pizarra sino para alterar la energía emocional del encuentro. Si la primera mitad había estado marcada por el empuje local, por la voluntad del Deportivo de La Coruna Femenino de imponer su ritmo y su territorialidad, el reinicio mostró a un Sevilla FC Femenino más decidido, más fino en la lectura de los espacios y, sobre todo, más convencido de que el partido podía inclinarse definitivamente a su favor si encontraba el momento exacto para golpear.

    Y ese momento comenzó a gestarse en una acción aparentemente aislada, una falta lateral provocada por Rosa Marquez tras una conducción inteligente, protegiendo el balón con el cuerpo y forzando el contacto en una zona donde el balón parado podía convertirse en oro táctico. No era una infracción escandalosa, pero sí lo suficientemente cercana al área y escorada hacia el perfil derecho del ataque sevillista como para activar los mecanismos de estrategia trabajados durante la semana. En ese tipo de acciones se mide la madurez competitiva de un equipo: no se trata solo de colgar un balón al área, sino de ejecutar una coreografía previamente ensayada, donde cada movimiento tiene una intención y cada desmarque busca arrastrar una marca.

    El Sevilla se organizó con calma. Varias jugadoras se situaron en la frontal y en el corazón del área, fijando a las centrales del Deportivo y obligando a Yohana a ajustar la colocación de su línea defensiva. El murmullo en la grada creció, consciente de que esos segundos previos a la ejecución suelen ser más tensos que la propia acción. El balón fue colocado con precisión milimétrica. La mirada cómplice entre lanzadora y receptoras anticipaba que no sería un envío directo y previsible.

    El saque fue en corto, rompiendo la expectativa inicial. El balón viajó apenas unos metros hacia la banda, donde aguardaba Esther Martin-Pozuelo con espacio para perfilarse. Ese gesto, tan simple en apariencia, desordenó la primera línea defensiva del Deportivo, que había preparado su repliegue para un centro inmediato al área. Esther levantó la cabeza con serenidad, leyó el movimiento de sus compañeras y detectó el desmarque preciso en el intervalo entre central y lateral. No optó por el centro bombeado; eligió la solución más dañina: un pase raso, tenso, medido al milímetro, que atravesó la zona de mayor densidad defensiva como una cuchilla quirúrgica.

    Allí apareció la exjugadora del Atlético de Madrid, que fue clave en 2023 en la final de la Copa de la Reina, Lucía Moral, a la que todos conocemos como Wifi para sacar provecho de una falta ensayada en la pizarra en la que Esther Martín Pozuelo aparecía por la banda para asistir a la canterana del Córdoba CFF que exhibió su alma de nueve para arrancar aparente fuera de foco, amagó con atacar el primer palo y, en el último instante, frenó levemente para ganar la espalda de su marcadora directa. Ese microsegundo de ventaja fue suficiente para permitirle conectar un beso envenenado al esférico y abrir la lata al firmar el 01 en el tanteador en el minuto 55 y romper el equilibrio reinante, a pesar de que Yohana reaccionó con reflejos notables. Se lanzó con rapidez, logró rozar el balón con la mano izquierda en un intento desesperado por desviar su trayectoria, pero la precisión del remate había sido milimétrica. El esférico, pese al leve contacto, mantuvo la dirección y terminó superando la línea de gol con esa sensación amarga que tienen las acciones en las que la portera lo da todo y aún así no es suficiente.

    La portera lo da todo y aun así no es suficiente. El tanto subió al marcador y el silencio momentáneo en Riazor fue el reconocimiento involuntario de la calidad de la jugada. No había sido un error grosero del Deportivo; había sido una ejecución estratégica impecable del Sevilla.

    El gol no solo alteró el resultado, sino también el paisaje emocional del partido. El Sevilla, que ya había mostrado señales de crecimiento antes del descanso, encontró en esa acción la confirmación de que su plan era viable. Por ocasiones y por empuje, las visitantes habían merecido dar un paso adelante en el marcador, y ese tanto parecía responder a una lógica acumulativa: llegadas más claras, transiciones mejor interpretadas y una sensación de amenaza constante cada vez que lograban conectar con sus perfiles ofensivos.

    A partir de ahí, el duelo adquirió un tono distinto. El Deportivo se vio obligado a adelantar líneas con mayor exposición, a asumir riesgos en salida y a acelerar la circulación. El Sevilla, en cambio, se sintió cómodo gestionando la ventaja parcial, replegando en bloque medio y buscando transiciones rápidas para castigar los espacios que comenzaban a abrirse. Cada recuperación sevillista era una amenaza latente; cada balón dividido se convertía en una disputa cargada de tensión.

    El gol de Wifi no fue un destello aislado, sino la culminación de una secuencia de intenciones bien ejecutadas. La falta provocada por Rosa Márquez, la lectura estratégica de Esther Martín-Pozuelo y la definición clínica de la delantera sintetizaron la esencia competitiva del Sevilla en ese tramo del encuentro: inteligencia, sincronización y contundencia. En partidos de esta naturaleza, donde el equilibrio es frágil y cada detalle cuenta, las acciones a balón parado suelen marcar la diferencia, y esta no fue la excepción.

    El Deportivo, herido en su orgullo y empujado por su público, intentó reaccionar con más corazón que claridad en los minutos posteriores. Las bandas volvieron a activarse, las laterales se proyectaron con mayor frecuencia y los centros comenzaron a multiplicarse. Sin embargo, el Sevilla defendió con disciplina, cerrando carriles interiores y obligando a las locales a buscar soluciones desde posiciones menos favorables.

    La sensación era que el encuentro había entrado en una fase de resistencia y gestión, donde cada decisión táctica pesaba tanto como la inspiración individual.

    Con el paso de los minutos, la intensidad no disminuyó. Al contrario, se transformó en una lucha estratégica donde el Sevilla supo administrar tiempos y espacios con madurez. El tanto de Wifi no solo reflejaba la calidad de su definición, sino también la convicción colectiva de un equipo que había entendido cómo competir en un escenario exigente. Si el fútbol es un juego de momentos, el Sevilla había elegido el suyo con precisión quirúrgica.

    Así, el inicio de la segunda parte quedó marcado por ese cambio de papeles que a veces define los partidos grandes: quien resistía pasó a dominar; quien proponía se vio obligado a reaccionar. Y en el centro de ese giro, una jugada de estrategia ejecutada con brillantez, un pase raso imposible de interceptar y una definición propia de quien entiende el área como su territorio natural. Porque en el fútbol de alto nivel, los detalles no son accesorios; son decisivos en este tipo de partidos.

    reloj avanzaba hacia el minuto 67 en el Estadio de Riazor y el partido ya se movía en una dimensión claramente emocional.

    El cero a uno había hecho daño, no solo por el marcador sino por la sensación de autoridad que transmitía el Sevilla FC Femenino. El Deportivo de La Coruna Femenino, obligado a adelantar líneas, comenzaba a dejar espacios en los intervalos interiores, justo ahí donde las futbolistas con lectura y timing diferencial pueden convertir un partido equilibrado en una sentencia.

    Y la protagonista volvió a ser la misma. Lucia Moral, conocida en el ecosistema futbolístico como “Wifi”, estaba firmando una actuación de delantera total: movilidad constante, desmarques diagonales para atacar la espalda de las centrales y una frialdad impropia de su juventud. La jugada del segundo tanto nace de un contexto táctico reconocible: recuperación en campo propio, transición limpia y un pase vertical que rompe líneas.

    La autora intelectual fue Gema Gili. La centrocampista detectó el momento exacto en el que la línea defensiva gallega estaba desajustada tras una pérdida en campo contrario. Sin necesidad de controlar en exceso, perfiló el cuerpo y filtró un balón interior quirúrgico, con la tensión justa para superar a la mediocentro rival y la precisión necesaria para dejar a su delantera en ventaja. No fue un pase largo al espacio abierto; fue un envío milimétrico entre central y lateral, al corazón de la estructura defensiva.

    Wifi atacó el pase con determinación, temporizó el control orientándolo hacia su pierna dominante y, cuando se plantó ante Yohana Gomez, resolvió con la naturalidad de quien vive el área como un hábitat propio. No buscó potencia excesiva. Esperó el gesto de la guardameta, abrió ligeramente el empeine y definió cruzado, ajustado al palo largo. Yohana se estiró, pero el disparo llevaba la rosca y la colocación suficientes para superar su alcance. El balón besó la red con un sonido seco, definitivo, era el 02 en el minuto 68, pero hubo más.

    Ese segundo golpe tuvo un impacto psicológico inmediato. El Deportivo, dirigido por Fran Alonso, acusó el impacto. Las líneas se separaron unos metros más de lo habitual, los apoyos comenzaron a llegar medio segundo tarde y el lenguaje corporal evidenciaba frustración. En partidos de esta naturaleza, el componente mental es tan determinante como el táctico, y el Sevilla olió la sangre competitiva.

    Lejos de contemporizar, el conjunto andaluz mantuvo el pie en el acelerador. La ventaja no modificó su plan; al contrario, lo reforzó. Presión tras pérdida, transiciones rápidas y laterales profundas para ensanchar el campo. Apenas tres minutos después del cero a dos, el partido volvió a romperse.

    La acción del tercer tanto es un manual de contragolpe bien ejecutado. El Deportivo, volcado en campo rival, pierde un balón en zona de tres cuartos. Recuperación inmediata del Sevilla y mirada vertical. Isabel Alvarez levantó la cabeza y, sin oposición directa, lanzó un envío kilométrico a la espalda de la defensa. El pase superó líneas con precisión milimétrica, cayendo en la zona exacta donde una atacante puede correr sin mirar atrás.

    Quien leyó el desmarque con inteligencia fue Fatou Kanteh. Arrancó la ex del Villarreal y el Sporting de Huelva desde posición aparentemente controlada por su marcadora, pero midió a la perfección el momento de la ruptura. Ganó la carrera con potencia y, cuando quedó sola frente a Yohana, mostró sangre fría. En lugar de precipitarse, aguantó una fracción de segundo el achique de la portera y definió con un toque sutil, elevando ligeramente el balón para evitar el contacto. La pelota superó a la guardameta y terminó dentro con suavidad cruel el 03 en el 71 de este cara a cara.

    Ese tercer tanto no fue solo un golpe en el marcador; fue una declaración de superioridad en la gestión de los espacios. El Sevilla había castigado cada desajuste con una precisión quirúrgica. Fatou, con esa definición, se consolidaba como la referencia ofensiva del equipo, una futbolista con un ratio goleador que la convierte en diferencial en esta temporada. Su lectura de los contragolpes y su capacidad para decidir en carrera marcan diferencias en escenarios de máxima exigencia.

    Con el partido ya inclinado de manera irreversible, el Deportivo Abanca comenzó a mostrar signos evidentes de agotamiento físico y emocional.

    Las transiciones defensivas eran cada vez más lentas y la estructura colectiva se desdibujaba ante el empuje visitante. El Sevilla, lejos de especular, seguía atacando con ambición.

    En el minuto 89 llegó el epílogo, una acción que sintetiza el estado anímico de ambos conjuntos. Balón dividido en zona intermedia, indecisión en la zaga gallega y aparición fulgurante de Andrea Alvarez. La atacante leyó la duda defensiva con instinto depredador, robó la cartera a la última defensora y, al ver adelantada a Yohana, tomó una decisión valiente: golpeó desde larga distancia, sin necesidad de aproximarse más.

    El disparo fue potente, con una trayectoria parabólica que sorprendió por su ejecución y por el contexto. Yohana, ex del Club Deportivo Tacón, retrocedió desesperadamente, pero no tuvo margen de maniobra. El balón se incrustó en la red, sellando el 0-4 definitivo en el 89.

    Un tanto de esos que aspiran a gol de la jornada, no solo por la factura técnica sino por el oportunismo competitivo.

    El pitido final confirmó una victoria rotunda del Sevilla, construida desde la eficacia en las áreas y la inteligencia táctica.

    El Deportivo, que había competido con dignidad en fases del encuentro, terminó superado por la contundencia visitante.

    En Riazor quedó la sensación de que el fútbol, cuando se decide por detalles bien ejecutados, no concede segundas oportunidades. Y el Sevilla supo aprovechar cada una de las que tuvo.

    Con este triunfo, que vale su peso en oro a estas alturas de temporada, el Sevilla Fútbol Club suma ya 33 unidades en su casillero que le sitúan temporalmente quinto, no en vano, el Atlético de Madrid todavía tiene que recibir en Alcalá de Henares al Madrid CFF en la jornada dominical, y mientras tanto el Deportivo ha sido incapaz de dar continuidad a su buena dinámica y se queda ubicado en la duodécima plaza de la Liga F Moeve con tan solo 20 puntos, siguiente parada, visitar al Levante Unión Deportiva en Orriols.

    📋 Ficha técnica |

    Deportivo Abanca : Yohana; S.Ortíz (Elena Vázquez), M.Barth, R.García (Bárbara), V.Martínez; P.Gutiérrez (Eva Dios), Lucía Martínez (Monteagudo), O.Enrique; Lucía Rivas (Marisa), E.Pizarro y A. Marín.

    Sevilla FC Femenino: Sullastres; Alice, Iris, Isa Álvarez, Esther; Alicia Redondo (Julia Torres), Rosa Márquez, Millaray Cortes (Gemma); Kanteh(Andrea Álvarez), Raquel (Alba López), Wifi (Hagel).

    Tarjetas: Lucía Martínez, Paula Gutiérrez, Lucía Rivas, Esperanza Pizarro; Alicia Redondo, Raquel García fueron amonestadas con amarilla.

    Rojas: No hubo

    Árbitra: Paola Cebollada López

    Goles |

    0-1 Lucía Moral “Wifi” 52’ ⚽️
    0-2 Lucía Moral “Wifi” 68’ ⚽️
    0-3 Fatou Kanteh 71’ ⚽️
    0-4 Andrea Álvarez 89’ ⚽️

    Vídeo |

  • La crónica | El Costa Adeje Tenerife conquista Palamós y sigue en racha

    (Fuente: Costa Adeje Tenerife Egatesa)

    🔲 ¡Triunfo azul y blanco! Las guerreras de Yeray Martin se impusieron por 0-2 al ONA con las dianas de Elba Vergés y Clau Blanco, pero antes Noelia detuvo un penalti.

    La previa |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El sábado 14 de febrero a las 12:00 horas, con las cámaras de DAZN como testigo y el pulso competitivo de la Liga F Moeve marcando el ritmo de la temporada, FC Badalona Women y Costa Adeje Tenerife protagonizarán un enfrentamiento que trasciende la simple jornada liguera y se adentra en el territorio de las aspiraciones europeas, la consolidación de proyectos y la confirmación de identidades. No es un partido más. Es un cruce entre dos semifinalistas de la Copa de la Reina, dos equipos que han demostrado personalidad competitiva en el torneo del KO y que ahora trasladan ese impulso a un campeonato doméstico que vive uno de sus tramos más determinantes. La clasificación comprime sueños y presiona errores: el conjunto catalán llega en séptima posición con 26 puntos, igualado con otros tres aspirantes que también otean la zona noble, mientras que el cuadro tinerfeño es cuarto con 33, a ocho unidades de los puestos que dan acceso a la próxima edición de la Champions League. Esa brecha, todavía salvable pero exigente, convierte cada encuentro en una final encubierta. 

    El FC Badalona Women encara la cita con la convicción de quien ha construido su temporada desde la regularidad y el compromiso colectivo. Veintiséis puntos no son fruto del azar; son la consecuencia de un equipo que ha sabido competir en escenarios diversos, que ha encontrado mecanismos para sumar incluso cuando el juego no fluía con naturalidad y que ha hecho del orden táctico una herramienta de supervivencia y crecimiento. Sin embargo, la acumulación de efectivos mermados condiciona la planificación del choque. Antonia Canales, lesionada del ligamento cruzado, continúa su proceso de recuperación y representa una ausencia sensible tanto por su peso futbolístico como por su liderazgo emocional. A ella se suman Núria Garrote, Berta Pujadas y María Llompart, todas fuera de la convocatoria prevista, lo que obliga al cuerpo técnico a reconfigurar piezas y roles. No es una circunstancia menor: en un calendario apretado, la profundidad de plantilla se convierte en un activo decisivo. La buena noticia para el conjunto catalán es el regreso de Ana González tras cumplir ciclo de tarjetas; su vuelta amplía opciones en la parcela ofensiva y devuelve una referencia capaz de fijar centrales, atacar espacios y aportar contundencia en el área rival.

    El Costa Adeje Tenerife, por su parte, aterriza en la península con una narrativa diferente pero igualmente potente. Desde la llegada de Yerai Martín al banquillo, el equipo ha experimentado una transformación competitiva que se traduce en números incontestables: invicto con tres victorias y tres empates entre todas las competiciones. Más allá de la estadística, lo que ha cambiado es la sensación de control. El conjunto canario ha adquirido una estructura más reconocible, con fases de presión mejor coordinadas y una salida de balón más elaborada que le permite gobernar ritmos. La cuarta plaza no es una casualidad, sino el resultado de una evolución sostenida. Aun así, el equipo también afronta bajas relevantes: Pisco, Aithiara Carballo y Carlota Suárez no estarán disponibles, lo que obligará a ajustes en el entramado defensivo y en la gestión de bandas, zonas donde el Tenerife suele encontrar profundidad y desborde.

    El precedente inmediato añade un componente emocional que intensifica la previa. En el partido de ida, disputado en el Heliodoro Rodríguez López, el marcador reflejó un 2-2 vibrante, un intercambio de golpes que simbolizó la igualdad estructural entre ambos proyectos. Aquel encuentro dejó lecturas claras: el Badalona supo resistir en un contexto adverso, mientras que el Tenerife mostró su capacidad para reaccionar y sostener la iniciativa ofensiva. El empate no resolvió nada, pero dibujó un mapa de fortalezas y debilidades que ahora reaparecen como referencias estratégicas.

    Desde el punto de vista táctico, el duelo se perfila como una batalla por el centro del campo y por la gestión de los intervalos entre líneas. El Badalona ha destacado por su disciplina en bloque medio, compactando espacios y lanzando transiciones rápidas cuando recupera. Con las bajas en defensa, la coordinación de la línea posterior será fundamental para contener los movimientos interiores del Tenerife, un equipo que ha mejorado en la ocupación racional de carriles y en la circulación paciente hasta encontrar superioridades. La presencia de Ana González puede ser determinante para capitalizar cualquier recuperación alta o error en salida rival. En partidos de este perfil, la eficacia en las áreas suele inclinar la balanza.

    El Tenerife, bajo la batuta de Yerai Martín, ha reforzado su identidad ofensiva sin descuidar la consistencia defensiva. La racha de invencibilidad no se explica únicamente por la capacidad goleadora, sino por la reducción de concesiones en momentos críticos. El equipo ha sabido sufrir cuando el guion lo exigía y ha mostrado madurez para gestionar ventajas. En un campo exigente y ante un rival que pelea por acercarse a la zona europea, la inteligencia competitiva será tan relevante como la calidad técnica. Mantener la serenidad en los primeros compases, evitar pérdidas en zonas comprometidas y explotar la amplitud pueden ser las claves para erosionar la estructura catalana.

    La dimensión psicológica tampoco es un factor menor. Ambos conjuntos llegan reforzados por su condición de semifinalistas de Copa, un logro que legitima su ambición y que envía un mensaje al resto de la liga: están preparados para competir contra cualquiera. Esa confianza, sin embargo, debe canalizarse adecuadamente. El Badalona necesita transformar la energía de su público en impulso sostenido, evitando la ansiedad si el marcador no se mueve con rapidez. El Tenerife, en cambio, debe aislarse del contexto y ejecutar su plan con frialdad quirúrgica, consciente de que cada punto suma en la carrera por acercarse a la Champions.

    En términos clasificatorios, el encuentro tiene implicaciones inmediatas. Para el Badalona, ganar significaría no solo sumar tres puntos vitales, sino también enviar una señal de autoridad frente a un rival directo y estrechar la distancia con la zona europea. En una tabla comprimida, un triunfo puede modificar percepciones y dinámicas. Para el Tenerife, la victoria consolidaría la cuarta plaza y mantendría viva la presión sobre los puestos de privilegio. Incluso un empate, dependiendo de otros resultados, podría tener valor estratégico, pero el contexto invita a pensar en un partido abierto, con ambición por ambos lados.

    El componente narrativo del sábado está cargado de simbolismo. Es un cruce entre la resiliencia y la inercia positiva, entre la reconstrucción obligada por las lesiones y la consolidación de un proyecto revitalizado por un cambio de dirección técnica. Es también un escaparate para futbolistas que buscan reivindicarse en un campeonato cada vez más competitivo y mediático. La retransmisión por DAZN amplifica el alcance del espectáculo y sitúa el foco sobre dos plantillas que han trabajado en silencio para ganarse su espacio.

    En última instancia, el balón dictará sentencia, pero la previa anticipa un choque de alta densidad competitiva, con detalles tácticos determinantes y con el peso de la clasificación como telón de fondo. El recuerdo del 2-2 en el Heliodoro Rodríguez López actúa como advertencia: ningún error quedará impune, ninguna ventaja será definitiva hasta el pitido final. Badalona Women y Costa Adeje Tenerife se miran de frente, conscientes de que el margen de error se estrecha y de que cada jornada acerca o aleja el sueño europeo. El sábado, a mediodía, no solo se disputarán tres puntos; se pondrá a prueba la solidez de dos aspirantes que han decidido no conformarse con ser revelación y que ahora aspiran a convertirse en protagonistas permanentes del relato de la Liga F Moeve.

    (Fuente; Liga F Moeve)

    🏆 Liga F Moeve | #AmorPorLosColores

    🙌🏻 Vigésima jornada | Matchday 20

    🔥 ONA 🆚 Costa Adeje Tenerife Egatesa 🔥

    📅 Sábado, 14 de febrero de 2026

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 DAZN 1 (Dial 70 de Movistar Plus)

    📻 Atlántico Radio

    🏟️ Estadio Municipal de Palamós, Costa Brava

    LigaFMoeve | #FCBadalonaCostaAdejeTenerife

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Los onces |

    Maria Valenzuela
    Itzi
    Nerea
    S. Majarín
    Barcais
    Ana González
    Llopart
    L. Chamorro
    E. Julve
    Banini
    Irina

    Suplentes:
    Carla (26), Jankovska (8), Kullashi (14), Paula (17), Lorena (19), Junge (24), Rojo (31)

    Noelia Ramos Fatou D. Moreno S. Ouzraoui V. Quiles Aleksandra S. Castelló N. Ramos Clau Blanco Elba Patri Gavira (C).

    Suplentes:vNay Cáceres, Koko Ange, Cinta R., Paola Hernández, Bicho, Iratxe, Gramaglia.

    (Fuente: Badalona Women)

    Un duelo que mide a dos de los cuatro semifinalistas de la Copa de la Reina Iberdrola 2026 es garantía de espectáculo y este ONA versus Club Deportivo Tenerife Femenino no iba a ser una excepción, más bien todo lo contrario.

    El Costa Adeje Tenerife arrancó el encuentro en el Municipal Palamós – Costa Brava con presencia constante en campo rival. Las jugadoras dirigidas por Yerai Martín presionaban y robaban en el centro del terreno de juego para buscar con velocidad la portería local defendida por María López Valenzuela.

    En el minuto 11, tras un mano a mano dentro del área del FC Badalona Women, el técnico del conjunto tinerfeño reclamó un posible penalti. La colegiada acudió al FVS, pero declinó la solicitud finalmente.

    Tras varios acercamientos de las blanquiazules, una jugada polémica dentro del área visitante fue señalada como penalti a favor del cuadro catalán amén a un derribo de Fatou Dembelé sobre Irina Uribe y la responsabilidad de ejecutar el lanzamiento desde los once pasos lo asumió María Llompart, una auténtica especialista en este lance durante su etapa en el Villarreal, pero Noelia Ramos le adivinó las intenciones a las centrocampistas y sacó una mano salvadora para mantener el cero a cero en el ecuador de la primera mitad.

    Metidos de lleno en el tiempo de prolongación de la primera mitad, cuando el reloj ya amenazaba con enviar a ambos equipos al vestuario y el partido transitaba por ese territorio incierto en el que cada detalle adquiere un peso desmedido, el Costa Adeje Tenerife hilvanó la combinación más lúcida de todo su primer acto sobre el césped de la Costa Brava.

    La jugada nació con paciencia, creció con intención y terminó con determinación: una secuencia de pases bien trazados que desordenó a la zaga local y abrió una rendija en el corazón del área. Allí apareció Violeta Quiles, leyendo el espacio con inteligencia, perfilando el cuerpo y conectando un remate franco que, por centímetros y por la intervención providencial de la defensa, no encontró el destino que ya imaginaban las visitantes. Fue la ocasión más clara del conjunto insular en los primeros cuarenta y cinco minutos, un destello de precisión en un duelo de alta tensión táctica, justo antes de que el colegiado señalara el camino a la caseta.

    Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con el marcador todavía reflejando el resultado gafas (0-0) y todo habría de decidirse en el segundo y definitivo acto en Palamós y en ese momento la mejor era la guardameta visitante.

    Tras el paso por vestuarios, el conjunto blanquiazul regresó al césped con una marcha más, decidido a convertir su ambición en ventaja tangible. Apenas habían transcurrido unos compases del segundo acto cuando llegaron dos avisos casi consecutivos que estremecieron a la zaga del Badalona. Primero fue Castelló quien, con determinación y lectura del espacio, atacó la espalda de la defensa y obligó a la guardameta local a intervenir con reflejos. Sin tiempo para recomponerse, el ONA volvió a verse exigido en el minuto 47: Clau Blanco irrumpió con potencia, presionó arriba, encaró sin titubeos y buscó el gol con un remate cargado de intención que, una vez más, se quedó sin recompensa.

    El dominio visitante se hacía evidente en la intensidad de cada duelo y en la sensación de peligro constante. La entrada de Koko e Iratxe en el minuto 65 no fue un simple ajuste táctico, sino un golpe de efecto que alteró el ritmo del encuentro. Su energía y verticalidad desbordaron el entramado defensivo local y actuaron como antesala del tanto tinerfeño, un gol que terminó por neutralizar el buen hacer del ONA y cambió el pulso emocional del partido, confirmando que la insistencia blanquiazul había encontrado, por fin, el camino hacia la red.

    Cuando se alcanzó el minuto 66, un centro de Natalia Ramos a balón parado, lo controló Elba Vergés dentro del área para finalizar con el exterior de su pie derecho y adelantar a las tinerfeñas, logrando así su tercer gol de la temporada que servía para abrir la lata con el 01 en una acción en el que las de Marc Ballester pecaron de fragilidad atrás, seamos conscientes de ello.

    En el minuto 72 de partido, cuando el encuentro comenzaba a adentrarse en ese tramo decisivo en el que cada acción pesa el doble y los equipos sienten cómo el reloj acelera el pulso colectivo, se gestó una jugada que terminó por marcar el rumbo definitivo de la tarde. Todo nació en la banda derecha, territorio fértil durante muchos minutos para las visitantes, que habían encontrado allí una vía constante de progresión. Aleksandra Zaremba recibió en ventaja, levantó la cabeza y temporizó con inteligencia, esperando la llegada de Sandra Castelló, siempre dispuesta a ofrecer una línea de pase y a dotar de continuidad al ataque. La combinación entre ambas fue tan precisa como vertical: un intercambio ágil, medido al milímetro, que desarboló a la defensa rival y abrió un pasillo hacia el área.

    La canterana hispano-polaca, con personalidad y sangre fría impropias de su juventud, perfiló el cuerpo y dibujó un centro tenso, cargado de intención, que atravesó la zona caliente con música de gol. El balón viajó con la altura exacta, ni demasiado bombeado ni excesivamente raso, buscando el punto idóneo entre centrales y lateral, ese espacio que solo las delanteras con instinto saben atacar. Allí apareció Clau Blanco, ex del Madrid CFF, leyendo la trayectoria con la determinación de quien conoce el oficio y huele la sentencia. Ajustó el movimiento, ganó la posición y, sin titubeos, conectó un remate certero que superó a Valenzuela y besó la red con autoridad para establecer un 02 que fue un mazazo para las catalanas.

    Ya en el minuto 89, cuando el partido ya transitaba por ese territorio de nervios tensos y miradas al cronómetro, Iratxe fue amonestada con la primera cartulina amarilla del conjunto tinerfeño, una acción que simbolizaba el esfuerzo acumulado, la intensidad sostenida y la voluntad de no conceder ni un centímetro en el tramo definitivo. Fue una falta táctica, de esas que se entienden dentro del contexto competitivo, en un momento en el que cada transición podía alterar el desenlace. El colegiado añadió cinco minutos más, un último suspiro para la esperanza local y una prueba final de resistencia para las visitantes, que supieron gestionar la ventaja con oficio, repliegue ordenado y lectura inteligente de los tiempos. Y cuando el reloj agotó su margen, la árbitra señaló el final en el Municipal Palamós-Costa Brava, certificando la victoria del conjunto blanquiazul, un triunfo trabajado, maduro y de enorme valor clasificatorio.

    El resultado no solo confirmó su buen momento, sino que reforzó su posición en la tabla. Con 31 unidades en su casillero, el equipo tinerfeño continúa defendiendo con solvencia la cuarta plaza, consolidando su candidatura a los puestos europeos y ampliando a cinco puntos la distancia respecto al Atlético de Madrid, que afrontará su compromiso dominical ante el Madrid CFF en Alcalá de Henares con la presión añadida de no poder fallar si quiere recortar diferencias. Además, el triunfo blanquiazul introduce un matiz estratégico en la lucha por Europa, al intensificar la exigencia sobre la Real Sociedad, que observa cómo la pugna por las posiciones continentales se comprime y eleva su temperatura competitiva.

    En contraste, el ONA atraviesa un momento de incertidumbre. Con este resultado, acumula ya quince días sin conocer la victoria en la Liga Profesional de Fútbol Femenino, una racha que erosiona la confianza y que le ha llevado a descender hasta la octava plaza con 26 puntos. La igualdad del campeonato no concede treguas, y cada tropiezo tiene consecuencias inmediatas en la clasificación.

    El conjunto local deberá reencontrarse con su mejor versión el próximo fin de semana, cuando visite a un DUX Logroño que pelea por la permanencia en la élite y que convertirá su estadio en un escenario de máxima exigencia.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Será un duelo de necesidades cruzadas, donde el ONA buscará recuperar sensaciones y puntos, consciente de que la temporada entra en una fase decisiva en la que cada detalle puede marcar la diferencia entre cumplir los objetivos o verlos desvanecerse.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    FC Badalona Women: María, Majarin, Llompart (Junge 80’), Irina, Banini (Paula 68’), Julve, Itzi, Chamorro, Ana G. (Lorena 68’), Barclais y Carmona.

    Costa Adeje Tenerife Egatesa: Noelia Ramos, Aleksandra, Elba, Fatou . D, Patri Gavira, Clau Blanco, Moreno, N. Ramos, S. Castelló, V. Quiles (Koko 65’) y S. Ouzraoui (65’).

    Árbitra: Beatriz Cuesta asistida por Marta Villanueva y Misty Kovari. Amonestaron a las locales Ana G. (53’) y a la visitante Iratxe (89’) con tarjeta amarilla.


    Incidencias: Vigésima jornada de Liga F Moeve, disputado en el Municipal Palamós-Costa Brava que se ha celebrado en una superficie de hierba natural.

    Vídeo |

  • La previa | Badalona vs Costa Adeje Tenerife Egatesa

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🔲 El sábado 14 de febrero a las 12:00 horas, con las cámaras de DAZN como altavoz nacional, la Liga F Moeve se detiene ante un duelo que huele a Europa y late con pulso de Copa: FC Badalona Women y Costa Adeje Tenerife, dos semifinalistas de la Copa de la Reina, cruzan ambición, rachas y cicatrices en un partido que puede redefinir la zona alta. Las catalanas, séptimas con 26 puntos y castigadas por las bajas, desafían a un conjunto tinerfeño cuarto, invicto desde la llegada de Yerai Martín y decidido a recortar distancias con la Champions League. No es solo una jornada más: es una declaración de intenciones.

    El sábado 14 de febrero a las 12:00 horas, con las cámaras de DAZN como testigo y el pulso competitivo de la Liga F Moeve marcando el ritmo de la temporada, FC Badalona Women y Costa Adeje Tenerife protagonizarán un enfrentamiento que trasciende la simple jornada liguera y se adentra en el territorio de las aspiraciones europeas, la consolidación de proyectos y la confirmación de identidades. No es un partido más. Es un cruce entre dos semifinalistas de la Copa de la Reina, dos equipos que han demostrado personalidad competitiva en el torneo del KO y que ahora trasladan ese impulso a un campeonato doméstico que vive uno de sus tramos más determinantes. La clasificación comprime sueños y presiona errores: el conjunto catalán llega en séptima posición con 26 puntos, igualado con otros tres aspirantes que también otean la zona noble, mientras que el cuadro tinerfeño es cuarto con 33, a ocho unidades de los puestos que dan acceso a la próxima edición de la Champions League. Esa brecha, todavía salvable pero exigente, convierte cada encuentro en una final encubierta.

    El FC Badalona Women encara la cita con la convicción de quien ha construido su temporada desde la regularidad y el compromiso colectivo. Veintiséis puntos no son fruto del azar; son la consecuencia de un equipo que ha sabido competir en escenarios diversos, que ha encontrado mecanismos para sumar incluso cuando el juego no fluía con naturalidad y que ha hecho del orden táctico una herramienta de supervivencia y crecimiento. Sin embargo, la acumulación de efectivos mermados condiciona la planificación del choque. Antonia Canales, lesionada del ligamento cruzado, continúa su proceso de recuperación y representa una ausencia sensible tanto por su peso futbolístico como por su liderazgo emocional. A ella se suman Núria Garrote, Berta Pujadas y María Llompart, todas fuera de la convocatoria prevista, lo que obliga al cuerpo técnico a reconfigurar piezas y roles. No es una circunstancia menor: en un calendario apretado, la profundidad de plantilla se convierte en un activo decisivo. La buena noticia para el conjunto catalán es el regreso de Ana González tras cumplir ciclo de tarjetas; su vuelta amplía opciones en la parcela ofensiva y devuelve una referencia capaz de fijar centrales, atacar espacios y aportar contundencia en el área rival.

    El Costa Adeje Tenerife, por su parte, aterriza en la península con una narrativa diferente pero igualmente potente. Desde la llegada de Yerai Martín al banquillo, el equipo ha experimentado una transformación competitiva que se traduce en números incontestables: invicto con tres victorias y tres empates entre todas las competiciones. Más allá de la estadística, lo que ha cambiado es la sensación de control. El conjunto canario ha adquirido una estructura más reconocible, con fases de presión mejor coordinadas y una salida de balón más elaborada que le permite gobernar ritmos. La cuarta plaza no es una casualidad, sino el resultado de una evolución sostenida. Aun así, el equipo también afronta bajas relevantes: Pisco, Aithiara Carballo y Carlota Suárez no estarán disponibles, lo que obligará a ajustes en el entramado defensivo y en la gestión de bandas, zonas donde el Tenerife suele encontrar profundidad y desborde.

    El precedente inmediato añade un componente emocional que intensifica la previa. En el partido de ida, disputado en el Heliodoro Rodríguez López, el marcador reflejó un 2-2 vibrante, un intercambio de golpes que simbolizó la igualdad estructural entre ambos proyectos. Aquel encuentro dejó lecturas claras: el Badalona supo resistir en un contexto adverso, mientras que el Tenerife mostró su capacidad para reaccionar y sostener la iniciativa ofensiva. El empate no resolvió nada, pero dibujó un mapa de fortalezas y debilidades que ahora reaparecen como referencias estratégicas.

    Desde el punto de vista táctico, el duelo se perfila como una batalla por el centro del campo y por la gestión de los intervalos entre líneas. El Badalona ha destacado por su disciplina en bloque medio, compactando espacios y lanzando transiciones rápidas cuando recupera. Con las bajas en defensa, la coordinación de la línea posterior será fundamental para contener los movimientos interiores del Tenerife, un equipo que ha mejorado en la ocupación racional de carriles y en la circulación paciente hasta encontrar superioridades. La presencia de Ana González puede ser determinante para capitalizar cualquier recuperación alta o error en salida rival. En partidos de este perfil, la eficacia en las áreas suele inclinar la balanza.

    El Tenerife, bajo la batuta de Yerai Martín, ha reforzado su identidad ofensiva sin descuidar la consistencia defensiva. La racha de invencibilidad no se explica únicamente por la capacidad goleadora, sino por la reducción de concesiones en momentos críticos. El equipo ha sabido sufrir cuando el guion lo exigía y ha mostrado madurez para gestionar ventajas. En un campo exigente y ante un rival que pelea por acercarse a la zona europea, la inteligencia competitiva será tan relevante como la calidad técnica. Mantener la serenidad en los primeros compases, evitar pérdidas en zonas comprometidas y explotar la amplitud pueden ser las claves para erosionar la estructura catalana.

    La dimensión psicológica tampoco es un factor menor. Ambos conjuntos llegan reforzados por su condición de semifinalistas de Copa, un logro que legitima su ambición y que envía un mensaje al resto de la liga: están preparados para competir contra cualquiera. Esa confianza, sin embargo, debe canalizarse adecuadamente. El Badalona necesita transformar la energía de su público en impulso sostenido, evitando la ansiedad si el marcador no se mueve con rapidez. El Tenerife, en cambio, debe aislarse del contexto y ejecutar su plan con frialdad quirúrgica, consciente de que cada punto suma en la carrera por acercarse a la Champions.

    En términos clasificatorios, el encuentro tiene implicaciones inmediatas. Para el Badalona, ganar significaría no solo sumar tres puntos vitales, sino también enviar una señal de autoridad frente a un rival directo y estrechar la distancia con la zona europea. En una tabla comprimida, un triunfo puede modificar percepciones y dinámicas. Para el Tenerife, la victoria consolidaría la cuarta plaza y mantendría viva la presión sobre los puestos de privilegio. Incluso un empate, dependiendo de otros resultados, podría tener valor estratégico, pero el contexto invita a pensar en un partido abierto, con ambición por ambos lados.

    El componente narrativo del sábado está cargado de simbolismo. Es un cruce entre la resiliencia y la inercia positiva, entre la reconstrucción obligada por las lesiones y la consolidación de un proyecto revitalizado por un cambio de dirección técnica. Es también un escaparate para futbolistas que buscan reivindicarse en un campeonato cada vez más competitivo y mediático. La retransmisión por DAZN amplifica el alcance del espectáculo y sitúa el foco sobre dos plantillas que han trabajado en silencio para ganarse su espacio.

    En última instancia, el balón dictará sentencia, pero la previa anticipa un choque de alta densidad competitiva, con detalles tácticos determinantes y con el peso de la clasificación como telón de fondo. El recuerdo del 2-2 en el Heliodoro Rodríguez López actúa como advertencia: ningún error quedará impune, ninguna ventaja será definitiva hasta el pitido final. Badalona Women y Costa Adeje Tenerife se miran de frente, conscientes de que el margen de error se estrecha y de que cada jornada acerca o aleja el sueño europeo. El sábado, a mediodía, no solo se disputarán tres puntos; se pondrá a prueba la solidez de dos aspirantes que han decidido no conformarse con ser revelación y que ahora aspiran a convertirse en protagonistas permanentes del relato de la Liga F Moeve.

    🏆 Liga F Moeve | #AmorPorLosColores

    🙌🏻 Vigésima jornada | Matchday 20

    🔥 ONA 🆚 Costa Adeje Tenerife Egatesa 🔥

    📅 Sábado, 14 de febrero de 2026

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 DAZN 1 (Dial 70 de Movistar Plus)

    📻 Atlántico Radio

    🏟️ Estadio Municipal de Palamós, Costa Brava

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Oficial | Dónde ver el Atlético de Madrid vs Madrid CFF

    (Fuente: Movistar Plus)

    ◼️ El derbi madrileño regresa con aroma a batalla estratégica y cuentas pendientes. El Atlético de Madrid Femenino recibe al Madrid CFF en un choque que trasciende la tabla: orgullo capitalino, estilos antagónicos y tres puntos que pueden alterar la inercia competitiva. Intensidad sin concesiones, duelos individuales de alto voltaje y un pulso táctico donde cada transición y cada balón parado pueden inclinar la balanza. Madrid se parte en dos durante 90 minutos.


    La vigésima jornada de la Liga Profesional de Fútbol Femenino, cuarta fecha de la segunda vuelta en esta apasionante Primera División Femenina 2025-2026, se presenta como uno de esos puntos de inflexión capaces de redefinir aspiraciones, consolidar proyectos y, sobre todo, volver a demostrar por qué la Liga F Moeve se ha consolidado como la tercera competición doméstica más relevante del planeta en el fútbol femenino, únicamente por detrás de la liga estadounidense y la inglesa. El calendario ha querido que este tramo decisivo del campeonato llegue envuelto en un mensaje institucional de enorme calado social bajo el lema “pasión por los colores”, una campaña impulsada por la patronal que preside Beatriz Álvarez Mesa con el propósito de visibilizar el Día Internacional contra la LGTBIfobia en el deporte, reforzando así el compromiso estructural de la competición con la diversidad, la inclusión y el respeto como pilares irrenunciables de la identidad de la Liga F. Pero más allá del contexto simbólico y del posicionamiento institucional, la jornada adquiere un magnetismo competitivo indiscutible con la disputa de un derbi madroño de alta tensión en la zona noble de la tabla clasificatoria entre el Atlético de Madrid Femenino y el Madrid CFF, un enfrentamiento que combina tradición reciente, rivalidad creciente, estilos antagónicos y una trascendencia clasificatoria que lo convierte en una cita ineludible incluso para el espectador neutral.

    El choque tendrá lugar este domingo 15 de febrero de 2026 a partir de las 18:30 en horario peninsular español y se disputará en el Centro Deportivo Alcalá de Henares, en Madrid, convertido ya en fortín rojiblanco y escenario habitual de los partidos como local del Atlético. La producción televisiva correrá a cargo de la OTT británica DAZN, que lo ofrecerá a través de DAZN 1 —dial 70 de Movistar Plus+— y además, en un movimiento estratégico que subraya la vocación expansiva del torneo, el encuentro podrá verse en abierto para todos aquellos aficionados que dispongan de una cuenta gratuita en la plataforma tras registrarse con su correo electrónico, una decisión que busca maximizar la audiencia potencial y convertir este derbi en escaparate del crecimiento cualitativo y cuantitativo de la Liga F Moeve.

    La combinación de reivindicación social, atractivo competitivo y accesibilidad audiovisual configura así un producto integral que trasciende el mero partido de fútbol para transformarse en un acontecimiento deportivo y cultural de primer orden.

    Desde el punto de vista estrictamente futbolístico, el precedente inmediato añade un matiz de equilibrio y cuentas pendientes. En la primera vuelta, disputada en el Estadio Fernando Torres de Fuenlabrada, el marcador reflejó un empate 1-1 en un duelo de alta intensidad emocional. Aquel día fue Allegra Poljak quien adelantó al conjunto independiente en el minuto 54, aprovechando un desajuste defensivo para golpear primero y trasladar la presión a las rojiblancas, que reaccionaron con determinación hasta que Fiamma Benítez, en el minuto 82, logró rescatar un punto para el Atlético culminando una fase de acoso final que evidenció la resiliencia competitiva del bloque colchonero. Ese empate no solo dejó la sensación de igualdad, sino que abrió una narrativa de rivalidad que ahora encuentra su segundo capítulo con mucho más en juego, porque la clasificación empieza a estrechar márgenes y cada detalle adquiere peso estructural en la lucha por Europa y por consolidar posiciones en el top ten.

    Sin embargo, si ampliamos el foco a la tendencia histórica reciente en el campeonato de la regularidad, el dominio rojiblanco ha sido notorio: los últimos cinco enfrentamientos ligueros entre ambos han caído del lado del Atlético, incluido un contundente 0-3 en Fuenlabrada donde la dupla ofensiva conformada por Gio Garbellini y Luany desarticuló al entramado defensivo del Madrid CFF con una exhibición de verticalidad, movilidad entre líneas y eficacia en el último tercio. Ese patrón estadístico aporta un componente psicológico que no puede obviarse, porque en los derbis los antecedentes pesan tanto como la pizarra y el estado de forma. En el cómputo global, desde que el Madrid CFF alcanzara la élite en 2010, se han registrado 17 enfrentamientos oficiales en Primera División con un balance de diez victorias para el Atlético, seis empates y tan solo un triunfo para el conjunto ahora dirigido por José Luis Sánchez Vera, cifras que subrayan la dificultad histórica del cuadro independiente para imponerse a su vecino, pero que al mismo tiempo alimentan el deseo de romper la inercia y reescribir la narrativa competitiva.

    El contexto clasificatorio añade una capa adicional de dramatismo. El Atlético de Madrid ocupa actualmente la quinta posición con 31 puntos, situado a tan solo dos unidades del Costa Adeje Tenerife Egatesa, sorprendente cuarto clasificado que se ha erigido como revelación parcial del curso, y a diez puntos de la Real Sociedad, que cierra los puestos europeos y representa el gran objetivo estratégico del conjunto rojiblanco de aquí a final de temporada.

    La distancia no es insalvable, pero exige regularidad, contundencia y, sobre todo, convertir el Centro Deportivo Alcalá de Henares en un bastión inexpugnable. Por su parte, el Madrid CFF transita por una dinámica más irregular que lo ha llevado a la décima plaza con 26 puntos, a seis del Atlético y todavía lejos del rendimiento que exhibió entre 2022 y 2025, etapa en la que fue capaz incluso de derrotar al Barcelona por 2-1 en Fuenlabrada y de mantenerse hasta las últimas jornadas en la pugna por el podio liguero, quedándose a las puertas de disputar la fase previa de la UEFA Women’s Champions League. Aquella versión ambiciosa y competitiva es la referencia que el club desea recuperar, y este derbi se presenta como una de sus últimas oportunidades para reengancharse a la pelea por posiciones europeas antes de que la brecha se ensanche de forma definitiva.

    En el plano táctico, el enfrentamiento adquiere tintes de duelo de estilos entre José Herrera y Sánchez Vera, dos técnicos con concepciones diferenciadas del juego. El Atlético ha construido su identidad reciente sobre una estructura sólida en bloque medio, transiciones verticales y una explotación intensiva de la velocidad en banda, mientras que el Madrid CFF ha alternado fases de presión alta con momentos de repliegue organizado buscando salir con criterio desde atrás. La gestión de los espacios intermedios, la capacidad para neutralizar la primera línea de pase rival y la eficacia en balón parado pueden convertirse en variables decisivas en un choque que, por su naturaleza de derbi, suele desbordar los guiones preestablecidos y premiar al equipo que mejor administre las emociones.

    Además, el partido estará inevitablemente marcado por los reencuentros. En el Madrid CFF militan actualmente figuras con pasado rojiblanco como Ángela Sosa Martín, leyenda del Metropolitano y ex del Levante, cuya experiencia y liderazgo en la medular aportan pausa y lectura táctica, y Mónica Hickmann, que defendió la camiseta del Atlético en 2017. En el bando colchonero también existen vínculos cruzados: Luany y Gio, protagonistas del citado 0-3, conocen bien la estructura del club independiente, y junto a ellas han adquirido peso específico fichajes como Silvia Lloris, Synne Jensen y Sheila Guijarro, piezas que han elevado el techo competitivo del equipo y que ahora asumen la responsabilidad de sostener la candidatura europea. Estos cruces biográficos añaden una dimensión emocional que intensifica la narrativa del derbi y refuerza el atractivo para el espectador.

    Todo ello sucede en un marco donde la Liga F Moeve continúa consolidando su posicionamiento internacional, impulsada por acuerdos audiovisuales estratégicos y por una progresiva profesionalización de estructuras.

    La apuesta de DAZN por emitir el encuentro en abierto no es un gesto aislado, sino parte de una estrategia orientada a ampliar la base de seguidores y a captar al público neutral que busca fútbol de alto nivel, ritmo competitivo y contextos emocionales potentes. Y pocos escenarios cumplen mejor esos requisitos que un derbi capitalino con aspiraciones europeas en juego, precedentes encendidos y un mensaje institucional que conecta deporte y valores.

    Para el espectador que aún duda, la ecuación es clara: rivalidad histórica, urgencia clasificatoria, talento individual contrastado, un marco reivindicativo que trasciende el césped y la posibilidad de acceder gratuitamente a la retransmisión. La combinación convierte este Atlético de Madrid contra Madrid CFF en mucho más que noventa minutos; es un capítulo clave en la narrativa de la temporada 2025-2026, un termómetro real de ambiciones y un escaparate del momento que atraviesa el fútbol femenino español. En un campeonato donde cada jornada redefine jerarquías y donde la lucha por Europa se ha comprimido hasta límites inesperados, perderse este derbi sería renunciar a presenciar uno de los pulsos más significativos del curso.

    El domingo, Madrid volverá a dividirse en dos colores, y la Liga F Moeve ofrecerá al mundo una nueva demostración de su crecimiento competitivo y social.

    🏆 Liga F Moeve

    ✨ Temporada 2025-2026 ✨

    🙌🏻 Matchday 20 | Día de partido

    🤩 Derbi madrileño

    🔥 Atlético de Madrid 🆚 Madrid CFF 🔥

    📅 Domingo, 15 de febrero de 2026

    ⏰ 18:30 horario peninsular

    📺 DAZN 1 (Dial 70 de Movistar Plus)

    🏟️ Centro Deportivo Alcalá de Henares, Madrid

    (Fuente: DAZN)
  • Oficial | Habrá nueva lista de “La Roja” el 20 de febrero

    (Fuente: FIFA)

    ◼️ La seleccionadora nacional, Sonia Bermúdez, dará a conocer los nombres de las convocadas para la primera ventana de 2026.

    El próximo viernes, 20 de febrero de 2026, quedará marcado en rojo en el calendario del fútbol femenino español.

    A las 11:30 horas, a través de los canales oficiales de la Real Federación Española de Fútbol, se hará pública la lista de jugadoras convocadas por la seleccionadora Sonia Bermúdez para iniciar el camino de clasificación hacia la Copa Mundial Femenina de la FIFA Brasil 2027. Será el punto de partida formal de un nuevo ciclo competitivo que, aunque mira hacia Sudamérica, hunde sus raíces en un presente extraordinario: la Selección española es vigente campeona del mundo, subcampeona de Europa y bicampeona de la UEFA Women’s Nations League, una triple condición que la sitúa en la cúspide del fútbol internacional y que multiplica la exigencia en cada convocatoria, en cada partido y en cada concentración.

    Una hora después de hacerse pública la lista, a las 12:30 horas, la seleccionadora comparecerá ante los medios de comunicación en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, sede federativa y epicentro operativo del fútbol español.

    Allí, en un escenario que ya es sinónimo de grandes anuncios y decisiones estratégicas, Sonia Bermúdez detallará los criterios deportivos, el estado físico de las internacionales y la planificación de una ventana decisiva en la que España disputará sus dos primeros compromisos oficiales de la fase de clasificación. La expectación es máxima: tres meses después de conquistar un nuevo título continental, las internacionales regresan a la competición oficial con el objetivo inequívoco de dar el primer paso hacia la defensa del cetro mundial logrado en 2023.

    Encuadrada en el Grupo A3 de la fase de clasificación europea, la Selección española buscará sumar los primeros seis puntos ante Islandia y Ucrania. El formato no admite distracciones: cada encuentro es una final en miniatura y cada detalle puede resultar determinante en el cómputo global. España parte como cabeza de serie, avalada por su condición de número uno del ranking FIFA y por una trayectoria reciente que la ha convertido en referencia táctica, competitiva y estructural dentro del fútbol femenino mundial. Sin embargo, el respeto a los rivales es absoluto y el discurso interno insiste en la necesidad de construir la clasificación desde la humildad competitiva y el rigor estratégico.

    El primer compromiso de este nuevo trayecto tendrá lugar el martes 3 de marzo, a las 19:00 horas, en el Estadio Municipal de Castalia, en Castellón. El escenario no es casual. La elección de Castalia responde a la voluntad de acercar la Selección a diferentes territorios del país, consolidando el vínculo emocional con la afición y reforzando la dimensión social del proyecto. Allí, ante su público, España se medirá a Islandia en un duelo que combina simbolismo y exigencia. Simbolismo, porque será el estreno oficial de la fase clasificatoria rumbo a Brasil 2027; exigencia, porque el combinado islandés ha demostrado en los últimos años una notable evolución competitiva, con un bloque sólido, físico y disciplinado que sabe minimizar espacios y castigar errores.

    Cuatro días después, el 7 de marzo a las 20:00 horas, España afrontará su segundo encuentro del grupo ante Ucrania en el Mardan Antalyaspor, en Antalya (Turquía). El desplazamiento añade un componente logístico relevante: adaptación a un entorno distinto, gestión de cargas y recuperación en una ventana internacional comprimida. Ucrania, por su parte, representa un perfil de rival diferente, con capacidad para alternar fases de repliegue intensivo con transiciones rápidas. Para el cuerpo técnico español, el análisis de ambos partidos ha comenzado mucho antes de la convocatoria pública: seguimiento individualizado de jugadoras rivales, estudio de patrones tácticos, simulaciones estratégicas y planificación de microciclos específicos.

    El contexto competitivo en el que España inicia esta clasificación es, sencillamente, histórico. La Selección llega como vigente campeona del mundo tras conquistar el título en 2023 en Australia y Nueva Zelanda, un hito que supuso la primera estrella para el fútbol femenino español.

    Aquella conquista no fue un destello aislado, sino la culminación de un proceso estructural que combinó talento generacional, apuesta institucional y consolidación metodológica. Desde entonces, lejos de acomodarse, el equipo ha ampliado su palmarés con una ambición sostenida: es subcampeona de la Eurocopa y bicampeona de la UEFA Women’s Nations League, reafirmando su dominio en el contexto europeo y su consistencia en torneos de alta presión.

    Ser campeonas del mundo implica una doble responsabilidad. Por un lado, la deportiva: cada rival eleva su nivel ante la vigente campeona, cada partido se convierte en una referencia y cada detalle es analizado con lupa. Por otro, la simbólica: España ya no compite únicamente por resultados, sino también por legado, por modelo y por continuidad. Defender el título en Brasil 2027 significaría bordar la segunda estrella en el escudo y consolidar una era dorada irrepetible. Pero ese horizonte comienza en lo inmediato, en los noventa minutos de Castalia y en el siguiente desafío en Antalya.

    Sonia Bermúdez afronta su comparecencia del 20 de febrero con la complejidad inherente a cualquier lista: equilibrio entre experiencia y renovación, gestión de estados físicos, reconocimiento al rendimiento en clubes y adaptación a un plan de juego específico para los rivales del grupo. La Selección cuenta con una base consolidada que ha competido en los grandes escenarios internacionales, pero también con una generación emergente que presiona por oportunidades. La profundidad de plantilla es una de las grandes fortalezas del proyecto: múltiples perfiles para cada posición, variantes tácticas y capacidad para modificar sistemas en función del contexto del partido.

    En términos estratégicos, España ha consolidado una identidad reconocible: dominio del balón, amplitud en fase ofensiva, laterales con vocación profunda, centrocampistas capaces de gestionar ritmos y una presión tras pérdida coordinada que reduce la exposición defensiva.

    No obstante, el cuerpo técnico ha demostrado flexibilidad para adaptarse a distintos escenarios competitivos. En torneos recientes, el equipo ha sabido alternar posesiones largas con ataques más verticales, introducir dobles pivotes para proteger ventajas o reforzar carriles interiores ante bloques cerrados. Esa versatilidad será clave en la fase de clasificación, donde cada rival presenta un perfil distinto.

    El partido ante Islandia en Castellón adquiere una dimensión emocional añadida. Será el reencuentro de la Selección con su afición en un partido oficial tras la conquista de la Nations League. La comunión entre equipo y público se ha convertido en un activo estratégico: estadios llenos, apoyo constante y una atmósfera que potencia el rendimiento colectivo. La elección de Castalia subraya la voluntad de descentralizar grandes eventos y fortalecer la implantación territorial del fútbol femenino. El impacto social tras el Mundial de 2023 ha multiplicado licencias, audiencias y visibilidad mediática, generando un ecosistema más robusto y profesionalizado.

    Desde el punto de vista clasificatorio, sumar seis puntos en esta primera ventana sería un mensaje inequívoco. No solo consolidaría el liderazgo en el Grupo A3, sino que permitiría gestionar con mayor margen las siguientes ventanas internacionales. Sin embargo, el discurso interno insiste en la importancia de focalizarse en el proceso y no en el resultado acumulado. La experiencia reciente en competiciones de máximo nivel ha enseñado al grupo que la excelencia se construye desde la repetición rigurosa de automatismos y la concentración sostenida.

    La condición de subcampeona de Europa añade una capa adicional de análisis. España demostró en la Eurocopa una capacidad competitiva extraordinaria, alcanzando la final y confirmando su hegemonía continental.

    Aunque el desenlace no culminó con el título, el recorrido evidenció la madurez táctica del equipo y su resiliencia en escenarios de máxima presión. Esa experiencia refuerza la mentalidad colectiva: la Selección no solo sabe ganar, sino también gestionar la adversidad y convertir derrotas en aprendizaje estructural.

    La bicampeona de la UEFA Women’s Nations League ha consolidado, además, un dominio sostenido en el nuevo formato competitivo europeo. Revalidar el título no es una tarea menor: exige regularidad, profundidad de plantilla y capacidad para sostener el rendimiento en ventanas sucesivas. España ha demostrado que su éxito no depende de un momento puntual, sino de un modelo estable. Esa estabilidad es el principal aval con el que inicia la carrera hacia Brasil 2027.

    El horizonte sudamericano introduce elementos simbólicos poderosos. Brasil es sinónimo de historia futbolística, de pasión y de legado. Defender allí el título mundial supondría un reto mayúsculo en un entorno de alta exigencia ambiental y competitiva. Pero antes de pensar en el escenario global, la Selección Española de Fútbol debe transitar con solvencia la fase europea. El Grupo A3 es el primer filtro y cada punto suma en una carrera que se extenderá a lo largo de los próximos meses.

    La narrativa que acompaña este inicio de clasificación no es únicamente deportiva. Es también generacional. Muchas de las internacionales que levantaron el trofeo en 2023 alcanzan ahora un punto de madurez competitiva óptimo. A su lado, nuevas jugadoras irrumpen con hambre y talento. La gestión del vestuario, la cohesión interna y la claridad en los roles serán determinantes. En este sentido, la experiencia de Sonia Bermúdez como exinternacional y su conocimiento del entorno federativo aportan un valor diferencial en la conducción del grupo.

    El 20 de febrero, cuando se anuncien los nombres a las 11:30 horas, comenzará oficialmente un nuevo capítulo. Cada convocatoria es una fotografía del momento competitivo del país: refleja el estado de la liga doméstica, el rendimiento en competiciones europeas de clubes y la evolución de las jóvenes promesas. La comparecencia posterior en Las Rozas permitirá profundizar en los matices: posibles regresos, ausencias por lesión, apuestas estratégicas y objetivos concretos para la ventana de marzo.

    (Fuente: UEFA)

    Castellón será el primer escenario del sueño de bordar la segunda estrella. La imagen de la estrella conquistada en 2023 permanece fresca en la memoria colectiva, pero el fútbol no concede créditos eternos. La defensa del título exige renovación constante del compromiso y la ambición. España parte como favorita en su grupo, pero el favoritismo solo se valida en el césped. La Nations League, la Eurocopa y el Mundial forman parte del pasado inmediato; la clasificación para Brasil 2027 es el presente tangible.

    El desplazamiento a Antalya para medirse a Ucrania completará una primera semana de máxima intensidad. Gestión de viajes, adaptación a superficies y control de cargas serán factores críticos. El cuerpo técnico ha diseñado un plan minucioso para optimizar la recuperación entre partidos, conscientes de que el rendimiento físico puede inclinar la balanza en encuentros cerrados.

    En definitiva, la Selección española inicia su camino hacia la Copa Mundial Femenina de la FIFA Brasil 2027 con el aval de un palmarés extraordinario: campeona del mundo, subcampeona de Europa y bicampeona de la UEFA Women’s Nations League. Pero más allá de los títulos, lo que define este proyecto es su ambición estructural. El 20 de febrero se conocerán los nombres; el 3 y el 7 de marzo comenzará la acción.

    En Castalia arrancará oficialmente la defensa de un legado que se escribió el pasado 20 de agosto de 2023 en Sídney con el gol de Olga Carmona ante Inglaterra.

  • Oficial | ‘Amor Por Los Colores’, la campaña de Liga F contra la LGTBIfobia en el deporte

     ◼️ Con motivo del Día Internacional contra la LGTBIfobia en el deporte, que se celebrará el próximo miércoles 19 de febrero, Liga F reactiva su campaña ‘Amor Por Los Colores’ en favor de la inclusión social, el respeto y la diversidad.

    Por tercera temporada consecutiva, que se dice pronto, la Primera División Femenina ha decidido volcarse en la lucha contra la LGTBIfobia en el deporte, algo que no debería existir ya en pleno siglo XXI.

     El próximo jueves 19 de febrero se conmemora el Día Internacional contra la LGTBIfobia en el Deporte, una fecha clave para concienciar a la sociedad sobre la importancia de la inclusión social, el respeto y la diversidad en todos los ámbitos deportivos. El deporte debe ser un espacio seguro, libre de prejuicios y discriminación, donde todas las personas puedan desarrollarse con plena libertad.

    La homofobia ha sido y sigue siendo una realidad presente en el deporte y en la sociedad en general, limitando derechos fundamentales y generando situaciones de rechazo, discriminación e incluso violencia hacia las personas LGBTIQ+. Por este motivo, Liga F reafirma su compromiso con la visibilidad, la igualdad y la erradicación de cualquier forma de intolerancia, utilizando el fútbol como herramienta de transformación social.

    Un año más, la competición reactiva la campaña ‘Amor por los Colores’, un llamamiento al respeto, la igualdad y la diversidad, con el objetivo de generar un entorno más inclusivo y tolerante dentro y fuera de los terrenos de juego.

    En el marco de esta iniciativa, durante la Jornada 20 (14 y 15 de febrero) y la Jornada 21 (21 y 22 de febrero), se desarrollarán diferentes acciones en las que los colores de la bandera arcoíris tendrán un papel protagonista en las principales plataformas de comunicación de Liga F: televisión, web y redes sociales, amplificando el mensaje y llegando a un público cada vez más amplio. Además, se repartirán miles de cordones con los colores arcoíris entre futbolistas, cuerpos técnicos, entrenadores, árbitras, medios de comunicación y aficionados que acudan a los encuentros durante los dos fines de semana de la campaña, como símbolo visible de apoyo y compromiso con la diversidad.

    La campaña contará también con un importante altavoz en dos encuentros destacados del calendario: el derbi vasco entre Athletic Club y Real Sociedad, (domingo 15 de febrero a las 12:00h en Lezama), y el Granada CF vs FC Barcelona, (sábado 21 de febrero a las 18:15h en el estadio Nuevo Los Cármenes). Ambos partidos servirán como escaparate para reforzar el mensaje y maximizar su impacto social.

    Con esta iniciativa, la Liga F invita a toda la comunidad del fútbol y a la sociedad en general a sumarse a la campaña ‘Amor por los Colores’, convencida de que el fútbol tiene el poder de unir, educar y contribuir activamente a la erradicación de cualquier forma de discriminación.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    La camiseta ‘Amor Por Los Colores’, concebida como símbolo vertebrador de la nueva campaña institucional de la Liga F Moeve para la temporada 2025-2026, se erige como una de las iniciativas más significativas del calendario competitivo y social del fútbol femenino español en el presente curso. No se trata únicamente de una prenda deportiva ni de un elemento promocional asociado a una fecha concreta, sino de un manifiesto textil que condensa valores, memoria, compromiso y proyección de futuro. La competición nacional ha querido dotar a esta acción de un carácter emblemático, presentando oficialmente la elástica como una creación exclusiva de la diseñadora madrileña Be Fernández, cuya trayectoria en el ámbito de la ilustración, el muralismo y la pintura contemporánea conecta con el lenguaje visual urbano, con la reivindicación social y con una sensibilidad artística que dialoga de forma directa con las transformaciones culturales del deporte actual.

    Desde el primer trazo conceptual, la camiseta ‘Amor Por Los Colores’ nace con la voluntad de trascender el terreno de juego para situarse en el espacio simbólico de la representación. La pieza combina los colores de la bandera arcoíris —históricamente vinculada a la reivindicación de los derechos del colectivo LGBTIQ+— con una composición central en la que aparecen dos mujeres junto a un balón y una bota de fútbol. Esta escena, lejos de ser un recurso estético accesorio, sintetiza la idea de unión, diversidad y fuerza colectiva que impulsa al fútbol femenino contemporáneo. La imagen proyecta compañerismo, igualdad y complicidad; habla de equipo y de comunidad; sugiere que el deporte no es únicamente competición, sino también red, refugio y espacio de encuentro. En la narrativa visual de la prenda, el balón no es solo el objeto que articula el juego, sino el punto de convergencia de historias, identidades y trayectorias vitales que encuentran en el césped un territorio compartido.

    La elección de Be Fernández como autora de la elástica no es casual ni responde únicamente a criterios de notoriedad artística. Su obra, reconocida por la utilización del color como herramienta de expresión emocional y política, ha explorado a lo largo de los años la representación de mujeres fuertes, autónomas y protagonistas de su propio relato. En esta camiseta, su lenguaje plástico se adapta a la superficie textil sin perder potencia conceptual. Los tonos vibrantes del arcoíris no aparecen fragmentados ni desdibujados, sino integrados en un conjunto armónico que transmite energía y optimismo. La composición evita la estridencia y apuesta por una claridad visual que permite identificar de inmediato el mensaje: amor, respeto y diversidad como pilares innegociables del deporte. La artista, con su firma, no solo avala la pieza desde el punto de vista creativo, sino que la dota de un discurso coherente con su trayectoria profesional, reforzando así la dimensión cultural de la campaña.

    La presentación oficial de la camiseta se enmarca en la conmemoración del Día Internacional contra la LGBTIQ+fobia en el Deporte, que se celebrará el próximo miércoles 19 de febrero. La elección de esta fecha aporta a la iniciativa un contexto histórico y reivindicativo que amplifica su significado. No es un gesto aislado ni una acción oportunista vinculada al calendario comercial; es una declaración explícita de posicionamiento institucional frente a una problemática persistente en múltiples disciplinas deportivas. La lucha contra la homofobia, la bifobia y la transfobia continúa siendo uno de los grandes retos estructurales del deporte global, donde todavía se registran episodios de discriminación, invisibilización y violencia simbólica o verbal hacia deportistas y profesionales del colectivo LGBTIQ+. En este escenario, la Liga F Moeve asume un rol activo y decide convertir la camiseta ‘Amor Por Los Colores’ en el emblema visible de un compromiso que aspira a ser sostenido en el tiempo.

    El mensaje que se desprende de la campaña es claro y deliberado: el fútbol femenino debe consolidarse como un espacio seguro, libre de prejuicios y sin discriminación. La prenda no solo busca sensibilizar a la afición, sino también interpelar a clubes, jugadoras, cuerpos técnicos y estructuras organizativas para reforzar una cultura de respeto transversal. El deporte, entendido como fenómeno social de enorme impacto mediático y emocional, posee una capacidad singular para modelar actitudes y generar referentes. Cuando una competición profesional adopta públicamente una postura inequívoca frente al odio, envía una señal poderosa a la sociedad. En este caso, la camiseta actúa como vehículo narrativo que transforma un mensaje institucional en una imagen concreta, visible en estadios, retransmisiones televisivas y plataformas digitales.

    La estrategia de implementación de la campaña se desarrollará en dos escenarios de máxima visibilidad dentro del calendario competitivo. La Ciudad Deportiva de Lezama abrirá sus puertas el domingo 15 de febrero a las 12:00 horas para acoger el derbi vasco entre el Athletic Club y la Real Sociedad, un enfrentamiento con fuerte carga histórica y emocional en el panorama del fútbol femenino español. La elección de este partido no responde únicamente a criterios deportivos, sino también a su relevancia territorial y a la intensidad simbólica que caracteriza los duelos entre ambos clubes. En un contexto de rivalidad deportiva sana y tradicional, la presencia de la camiseta ‘Amor Por Los Colores’ añade una capa adicional de significado: la confrontación en el campo no excluye el respeto fuera de él; la pasión competitiva es compatible con la defensa compartida de valores inclusivos.

    El segundo gran escenario será el estadio Nuevo Los Cármenes, donde el Granada CF recibirá al FC Barcelona el sábado 21 de febrero a las 18:15 horas. Este encuentro, que enfrenta a uno de los proyectos emergentes de la categoría con uno de los referentes consolidados del fútbol femenino europeo, ofrece una plataforma mediática de alto alcance. La visibilidad que generan partidos de esta magnitud multiplica el impacto del mensaje y refuerza la idea de que la inclusión no es un asunto periférico, sino central en la identidad de la competición. En ambos casos, la campaña aspira a convertir el estadio en un espacio pedagógico, donde la imagen de la camiseta dialogue con pancartas, acciones de sensibilización y contenidos audiovisuales difundidos por los canales oficiales de la liga y de los clubes implicados.

    La narrativa institucional que acompaña a la camiseta subraya que la lucha contra la homofobia sigue siendo uno de los grandes desafíos en el mundo del deporte. A pesar de los avances normativos y culturales de las últimas décadas, persisten barreras estructurales que dificultan la plena visibilidad de deportistas LGBTIQ+ en determinadas disciplinas, especialmente en aquellas tradicionalmente asociadas a modelos de masculinidad hegemónica. El fútbol femenino, por su propia historia y por la diversidad de sus protagonistas, ha desempeñado en muchos casos un papel pionero en la normalización de identidades y orientaciones diversas. Sin embargo, la consolidación de esa cultura inclusiva requiere acciones constantes y coherentes. La camiseta ‘Amor Por Los Colores’ se inserta en esa lógica de continuidad y pretende reforzar un posicionamiento inequívoco de la competición frente a cualquier forma de odio.

    Desde una perspectiva comunicativa, la campaña articula una combinación de elementos visuales, narrativos y experienciales. La prenda actúa como pieza central, pero su alcance se amplía mediante la difusión en redes sociales, entrevistas a jugadoras, testimonios de referentes y contenidos pedagógicos que explican el significado del Día Internacional contra la LGBTIQ+fobia en el Deporte. La coherencia entre forma y fondo resulta clave: el diseño colorido y expresivo de Be Fernández se alinea con un discurso institucional que habla de amor, respeto y transformación social. No se trata de un mensaje abstracto, sino de una invitación concreta a rechazar cualquier manifestación de discriminación en las gradas, en los vestuarios y en los entornos digitales.

    El concepto de “Amor Por Los Colores” funciona, además, como metáfora doble. Por un lado, alude a los colores del arcoíris y a su significado histórico en la reivindicación de derechos. Por otro, evoca los colores de cada club, de cada escudo y de cada camiseta que compone la pluralidad de la competición. En ese cruce semántico se inscribe la idea de que la diversidad no fragmenta, sino que enriquece; que la identidad colectiva de la liga se construye a partir de la suma de diferencias. Así, la campaña invita a entender el fútbol femenino como un espacio donde caben todas las orientaciones, identidades y expresiones, sin que ello suponga merma alguna de competitividad o profesionalidad.

    La dimensión simbólica de la camiseta se potencia al situarla en el centro de partidos de alta expectación. Cuando las jugadoras saltan al terreno de juego portando un emblema que reivindica la inclusión, se convierten en portavoces de un mensaje que trasciende el resultado. Cada pase, cada gol y cada celebración se inscriben en una narrativa más amplia, donde el espectáculo deportivo convive con el compromiso social.

    La presencia de la prenda en retransmisiones televisivas y fotografías oficiales amplifica su alcance, convirtiéndola en imagen recurrente de la jornada y, potencialmente, en icono de la temporada.

    En términos estratégicos, la Liga F Moeve refuerza con esta iniciativa su posicionamiento como competición comprometida con la transformación social. El fútbol femenino español ha experimentado en los últimos años un crecimiento notable en audiencia, profesionalización y reconocimiento internacional.

    Ese crecimiento conlleva también una responsabilidad: la de utilizar la plataforma mediática para promover valores democráticos y de convivencia. La camiseta ‘Amor Por Los Colores’ sintetiza esa ambición y la traduce en un objeto tangible que puede ser visto, compartido y recordado.

    La campaña, en definitiva, aspira a consolidar la idea de que el deporte no es un espacio neutral ajeno a las dinámicas sociales, sino un escenario privilegiado para impulsar cambios culturales. Al presentar la camiseta como emblema oficial de la temporada 2025-2026, la competición envía un mensaje claro: la diversidad no es una tendencia pasajera ni un eslogan circunstancial, sino un principio estructural. En un contexto donde todavía se registran episodios de discriminación, la apuesta por el amor y el respeto adquiere un valor estratégico y ético. La elástica diseñada por Be Fernández se convierte así en símbolo de una liga que entiende el fútbol femenino como herramienta de compromiso social y como motor de transformación, convencida de que cada partido puede ser también una declaración de principios y que cada color, lejos de dividir, suma en la construcción de un deporte más justo, inclusivo y libre.

    (Fuente: Liga F Moeve)

  • La crónica | El Manchester United vuelve a ganar en Alcalá de Henares

    (Fuente: UEFA Women’s Champions League )

    ◼️ El conjunto madrileño cayó por 0-3 ante el Manchester United en la ida del playoff de acceso a los cuartos de Champions. Elisabeth Terland, Melvine Malard y Julia Zigiotti Olme anotaron los tres tantos del cuadro inglés.

    La previa |

    (Fuente: Getty imágenes)

    El fútbol europeo no siempre concede segundas oportunidades, pero cuando lo hace suele exigir algo más que talento: exige memoria, carácter y la capacidad de sostener una idea cuando el partido empuja en contra. El Atlético de Madrid vuelve a citarse con la Women’s Champions League en uno de esos encuentros que no se juegan solo con los pies, sino con el peso de lo que fue, de lo que se desea volver a ser y de lo que todavía está por conquistar. Enfrente, un Manchester United que ha aprendido a competir desde la solidez, desde el control de los silencios del partido, desde una madurez defensiva que lo ha llevado, por primera vez en su historia, a mirar de frente una fase eliminatoria continental con autoridad y sin complejos.

    El precedente inmediato aún arde. El United se impuso por la mínima en la jornada 2 gracias a una volea de Fridolina Rolfö en la primera parte, un gesto técnico seco, definitivo, que bastó para decidir un encuentro cerrado, de detalles microscópicos, donde cada duelo fue una frontera y cada balón dividido una pequeña final. Aquel 0-1 no solo otorgó tres puntos: instaló una narrativa. El Atlético salió herido pero no roto, consciente de que había competido de tú a tú ante uno de los bloques más fiables del torneo, y el United confirmó que su crecimiento europeo no es una promesa, sino una realidad tangible, avalada por números y sensaciones. 

    Porque los datos, cuando se sostienen en el tiempo, también cuentan historias. El Manchester United llega a Alcalá de Henares como líder de la clasificación, con cuatro victorias en la fase liga y tres partidos consecutivos sin encajar un solo gol. Territorio desconocido, sí, porque jamás había alcanzado esta instancia, pero territorio conquistado con una convicción impropia de un debutante. Un equipo que ha entendido que en Europa no basta con atacar bien: hay que defender el área, gestionar ventajas cortas, resistir cuando el contexto aprieta. Y en eso, el United ha sido impecable.

    El Atlético, mientras tanto, camina con una mezcla de ambición y memoria. Sabe lo que es alcanzar los cuartos de final de la Women’s Champions League, lo hizo en la temporada 2019/2020, la única vez que logró atravesar esta frontera. Aquella campaña permanece como un faro, como un recordatorio de que el club rojiblanco puede instalarse entre la élite si sostiene su identidad competitiva durante noventa minutos —y más allá—. El equipo español ha firmado una fase liga notable en términos ofensivos, con 13 goles en seis partidos, confirmándose como uno de los ataques más productivos del torneo, una máquina capaz de generar ocasiones desde múltiples alturas y registros.

    Y ahí reside una de las grandes tensiones de esta eliminatoria: la colisión entre una de las defensas más fiables del campeonato y uno de los ataques más incisivos. El Manchester United protege su área como un santuario; el Atlético la asedia como quien sabe que el gol no es un accidente, sino una consecuencia de insistir, de cargar el área, de ganar segundas jugadas, de creer hasta el último rechace. El fútbol europeo, en noches así, suele premiar a quien mejor interpreta esos márgenes invisibles.

    Sin embargo, este Atlético llega con una ausencia que altera no solo la pizarra, sino el alma del equipo. Luany no estará. La delantera rojiblanca cumple sanción tras ser expulsada ante el Lyon en Francia, una baja de enorme peso simbólico y táctico. Luany no es solo desborde y verticalidad; es amenaza constante, es la futbolista que estira al rival, que obliga a la defensa contraria a retroceder cinco metros, que convierte cada balón largo en una opción real de ventaja. Su expulsión en territorio francés dejó una herida que todavía supura, y su ausencia obliga al Atlético a reinventar su forma de atacar, a buscar soluciones colectivas donde antes había desequilibrio individual.

    Sin Luany, el Atlético pierde profundidad pura, pero puede ganar matices. La responsabilidad ofensiva se redistribuye, las llegadas desde segunda línea cobran aún más valor, el primer y segundo balón se convierten en un campo de batalla imprescindible. Ganar altura con y sin pelota será una prioridad absoluta, porque solo desde ahí el equipo podrá activar a sus atacantes y sostener ataques largos que incomoden a un United cómodo defendiendo bajo. Cada saque lateral, cada balón dividido, cada rechace en la frontal puede ser el inicio de la jugada que cambie la eliminatoria.

    El escenario también importa. El Centro Deportivo de Alcalá de Henares no es solo una sede: es un refugio competitivo. Allí, el Atlético ha construido muchas de sus noches europeas más sólidas, alimentándose de la cercanía, del ritmo, de la sensación de que cada metro del campo se defiende como propio. Convertir el impulso de casa en continuidad competitiva será una de las claves emocionales del encuentro. No basta con empezar fuerte; hay que sostener la intensidad cuando el partido entra en zonas grises, cuando el reloj avanza y el marcador no se mueve.

    El Manchester United, por su parte, llegará con un plan claro: enfriar el partido cuando sea necesario, proteger los costados, cerrar líneas interiores y castigar cualquier desajuste en transición. Su juego por fuera es una de sus grandes armas. Los extremos empujan, fijan, obligan a los laterales rivales a decidir entre saltar o proteger la espalda. Defender centros laterales será una prueba constante para el Atlético, que deberá ajustar basculaciones y temporizar ayudas para evitar que el área se convierta en un territorio de acumulación peligrosa.

    Hay, además, una dimensión psicológica imposible de ignorar. El gol inicial puede definir el relato del partido. Si marca primero el Atlético, el encuentro se abrirá, la grada empujará y el United se verá obligado a asumir riesgos que no forman parte de su zona de confort. Si golpea antes el conjunto inglés, el partido entrará en un terreno de control, de pausas, de transiciones medidas, donde cada error rojiblanco puede ser definitivo. Gestionar esa presión será tan importante como cualquier ajuste táctico.

    Los antecedentes también juegan su papel. El Atlético ha ganado cuatro de sus últimas cinco eliminatorias a doble partido en competiciones UEFA, una estadística que habla de competitividad, de saber manejar los tiempos largos de una eliminatoria, de entender que no todo se decide en un solo gesto. El Manchester United, en cambio, ha vivido dos precedentes: una victoria y una derrota. Suficiente experiencia para no ser ingenuo, pero todavía en proceso de aprendizaje en este tipo de escenarios.

    Y sobre todo, está el contexto mayor. Con el Bayern München esperando al ganador, la eliminatoria adquiere un valor añadido. No es solo avanzar: es proyectarse. Es saber que cada esfuerzo, cada duelo ganado, cada balón bloqueado puede acercar a una cita con uno de los gigantes del continente. Europa no regala nada, pero respeta a quien compite sin concesiones.

    El Atlético de Madrid sabe que esta noche no podrá apoyarse en Luany, sancionada tras aquella expulsión ante el Lyon que todavía duele. Sabe que tendrá que multiplicarse, que deberá atacar mejor y defender aún más concentrado. Pero también sabe que estas son las noches que definen un proyecto, las que separan a los equipos correctos de los equipos memorables. El Manchester United, firme, sólido, sin complejos, llega dispuesto a confirmar que su irrupción europea no es circunstancial.

    Cuando el balón eche a rodar el jueves 16 de octubre a las 18:45 horas, con Disney Plus como ventana al mundo, ya no importarán los precedentes, ni las estadísticas, ni siquiera las etiquetas. Importará quién se atreve a imponer su ritmo, quién resiste mejor la presión y quién entiende que la Champions no se juega: se sobrevive. Y solo después, se gana.

    Y en esa supervivencia, casi siempre silenciosa, se esconden los matices que separan a los equipos que simplemente participan de los que dejan huella. Porque la Women’s Champions League no perdona distracciones ni permite jugar a medio gas, y el Atlético de Madrid lo sabe mejor que nadie. Cada una de sus comparecencias europeas ha sido un ejercicio de resistencia emocional, de adaptación constante, de entender que el margen de error se reduce hasta convertirse en una línea invisible. Frente al Manchester United, ese margen será aún más estrecho, porque el rival no concede espacios gratuitos ni se desordena por impulsos.

    El United ha construido su identidad continental desde la disciplina. No es un equipo exuberante en posesión, ni necesita monopolizar el balón para sentirse cómodo. Su fortaleza reside en la lectura colectiva de los momentos del partido, en la sincronía de su bloque defensivo, en la capacidad para cerrar pasillos interiores y obligar al rival a jugar donde menos daño hace. Tres partidos sin encajar gol en la fase liga no son una casualidad, sino la consecuencia de un plan bien ejecutado, de una estructura que protege el área y reduce el número de ocasiones claras concedidas. Cada centro lateral es defendido como si fuera el último, cada duelo aéreo se pelea con una convicción casi obsesiva.

    Para el Atlético, romper ese muro exigirá algo más que insistencia. Exigirá precisión, paciencia y una lectura muy fina de los tiempos del partido. Sin Luany —ausente por sanción tras su expulsión ante el Lyon en Francia, una acción que todavía pesa en la memoria colectiva del equipo—, el ataque rojiblanco pierde una referencia vertical clara, una amenaza permanente al espacio que obligaba a las defensas rivales a retroceder y estirarse. Esa ausencia modifica la geometría ofensiva del Atlético y obliga a encontrar soluciones distintas: más circulación por dentro, mayor protagonismo de las llegadas desde segunda línea, una ocupación del área más coral y, sobre todo, una gestión impecable del primer y segundo balón.

    Porque ahí puede estar una de las claves invisibles del duelo. Ganar la segunda jugada es ganar territorio, es instalarse en campo rival, es someter al adversario a una defensa prolongada que erosiona la concentración. El Atlético deberá ser agresivo en esas disputas, elevar la altura de su presión tras pérdida y evitar que el United pueda salir limpio en transición. Cada balón dividido será una declaración de intenciones, cada duelo ganado una pequeña victoria emocional que alimente la fe colectiva.

    El United, consciente de esa amenaza, tratará de evitar que el partido se juegue en ese terreno caótico que tanto favorece al Atlético. Buscará pausas, enfriar el ritmo cuando sea necesario, dormir el encuentro durante tramos para desesperar al rival y castigar cualquier desajuste con transiciones rápidas. Su juego exterior, con extremos incisivos y laterales que acompañan, será un arma constante. Defender la espalda del lateral, temporizar ayudas y evitar centros cómodos será un trabajo innegociable para la zaga rojiblanca, que no puede permitirse pérdidas de concentración en el área.

    Manchester United Women: Phallon Tullis-Joyce; Sandberg, Le Tissier, Janssen, Rivière; Jessica Park, Zigiotti-Olme, Miyazawa; Malard, Terland y Wangerheim (Simi Awujo 82’)

    La gestión emocional volverá a ser determinante. El Atlético necesita canalizar la energía de jugar en casa sin precipitarse, sin convertir la urgencia en ansiedad. Transformar el empuje inicial en continuidad competitiva, sostener la intensidad cuando el partido se espese, cuando el marcador no se mueva y el reloj empiece a pesar. En esas fases, la ausencia de Luany puede sentirse con mayor crudeza, porque es precisamente en los momentos de bloqueo cuando las individualidades suelen desbloquear partidos. Sin ella, el Atlético deberá confiar aún más en su estructura, en la convicción colectiva de que el gol llegará si el plan se ejecuta con fidelidad.

    El recuerdo de la temporada 2019/2020 planea como un eco constante. Aquella campaña, el Atlético alcanzó los cuartos de final por única vez en su historia, demostrando que podía competir de tú a tú con la élite europea. No fue un camino sencillo, pero sí uno construido desde la identidad, desde la fe en una idea clara de juego y desde la capacidad de sufrir sin perder el orden. Repetir aquella hazaña no es solo un objetivo deportivo; es una reafirmación del proyecto, una manera de decir que aquel logro no fue una excepción, sino un punto de partida.

    Para el Manchester United, en cambio, esta eliminatoria representa la oportunidad de consolidar su crecimiento continental. Clasificado por primera vez para esta fase, el conjunto inglés sabe que cada paso que dé será histórico. No carga con el peso de las comparaciones ni con la obligación de repetir gestas pasadas, pero sí con la ambición de demostrar que su presencia en la élite no es circunstancial. Llegar a Alcalá de Henares como líder, con una defensa casi impenetrable y una confianza construida partido a partido, le permite afrontar el choque sin complejos, con la serenidad de quien sabe exactamente a qué quiere jugar.

    El contexto añade una capa más de intensidad. Con el Bayern München esperando al ganador, el premio es tan grande como el riesgo. Avanzar significa entrar en una dimensión superior de la competición, medirse a uno de los gigantes del continente, asumir que cada partido será una prueba máxima. Pero para llegar ahí hay que sobrevivir primero a este cruce, a esta noche que promete ser larga, densa, cargada de detalles.

    El fútbol europeo suele decidirse en gestos mínimos. Un despeje mal orientado, una falta lateral defendida con un segundo de retraso, una transición mal temporizada. El Atlético deberá minimizar esos errores, consciente de que el United castiga con eficacia quirúrgica cualquier concesión. La disciplina táctica será tan importante como la valentía ofensiva, y el equilibrio entre ambas determinará el signo del partido.

    Y, sin embargo, más allá de los esquemas y las estadísticas, hay algo profundamente humano en noches como esta. Está la sensación de que cada jugadora representa algo más que su rol individual, de que cada carrera, cada entrada, cada celebración conecta con una historia mayor. El Atlético juega también por reivindicar su lugar en Europa, por demostrar que sigue siendo un competidor incómodo, capaz de desafiar a cualquiera. El United juega por consolidar su irrupción, por escribir su propia narrativa continental.

    Europa siempre ha sido un territorio de emociones extremas para el conjunto rojiblanco. Allí donde se han escrito algunas de sus páginas más gloriosas y también algunas de sus noches más crueles. Allí donde el margen de error se reduce a la mínima expresión y cada detalle adquiere un valor incalculable. Allí donde ahora, una vez más, las de José Herrera se juegan mucho más que una clasificación. 

    El camino hasta este cruce no ha sido sencillo ni indulgente. El Atlético llegaba a Francia sabiendo que visitar al Olympique Lyonnais Féminin —ahora Olympique Lyonnes— siempre supone una prueba de máxima exigencia. 

    La derrota por 3-0 fue dura, incontestable en el marcador, y estuvo marcada además por la expulsión de Luany, que vio la tarjeta roja directa tras un gesto antirreglamentario que condicionó el resto del encuentro.

    Aquella noche en suelo galo parecía destinada a ser un punto final. Pero no lo fue.

    Hay ciudades que, sin proponérselo, se convierten en símbolos. Alcalá de Henares, cuna de Cervantes, es desde hace años uno de los refugios emocionales del Atlético de Madrid Femenino. Allí, donde el equipo ha construido algunas de sus noches europeas más memorables, vuelve a citarse la historia.

    La expectación es máxima. No solo por el rival, no solo por el momento, sino porque el Atlético ha demostrado que sabe competir en Europa cuando el contexto aprieta. Ya lo hizo en la ronda preliminar, cuando eliminó al BK Häckencon una remontada que quedará grabada en la memoria colectiva: 2-1 en el Centro Deportivo de Alcalá de Henares, en una noche de convicción, orgullo y carácter.

    Ese triunfo fue algo más que una clasificación. Fue una declaración de intenciones.

    El destino, caprichoso, ha querido que el Atlético vuelva a medirse a un club británico en una eliminatoria a 120 minutos —o más—, evocando recuerdos que aún resuenan en la memoria rojiblanca.

    El fútbol europeo del Atlético no puede entenderse sin mirar atrás. En octubre de 2021, todavía bajo los efectos de la pandemia, el conjunto madrileño vivió una de sus eliminaciones más dolorosas. Aquella vez, el verdugo fue el Chelsea, que dejó fuera al Atlético por un global de 3-1 en una eliminatoria marcada por la crueldad del destino.

    Tres penaltis fallados, tres oportunidades perdidas y un golpe emocional que marcó un antes y un después.

    El United, consciente de esa amenaza, tratará de evitar que el partido se juegue en ese terreno caótico que tanto favorece al Atlético. Buscará pausas, enfriar el ritmo cuando sea necesario, dormir el encuentro durante tramos para desesperar al rival y castigar cualquier desajuste con transiciones rápidas. Su juego exterior, con extremos incisivos y laterales que acompañan, será un arma constante. Defender la espalda del lateral, temporizar ayudas y evitar centros cómodos será un trabajo innegociable para la zaga rojiblanca, que no puede permitirse pérdidas de concentración en el área.

    La gestión emocional volverá a ser determinante. El Atlético necesita canalizar la energía de jugar en casa sin precipitarse, sin convertir la urgencia en ansiedad. Transformar el empuje inicial en continuidad competitiva, sostener la intensidad cuando el partido se espese, cuando el marcador no se mueva y el reloj empiece a pesar. En esas fases, la ausencia de Luany puede sentirse con mayor crudeza, porque es precisamente en los momentos de bloqueo cuando las individualidades suelen desbloquear partidos. Sin ella, el Atlético deberá confiar aún más en su estructura, en la convicción colectiva de que el gol llegará si el plan se ejecuta con fidelidad.

    El recuerdo de la temporada 2019/2020 planea como un eco constante. Aquella campaña, el Atlético alcanzó los cuartos de final por única vez en su historia, demostrando que podía competir de tú a tú con la élite europea. No fue un camino sencillo, pero sí uno construido desde la identidad, desde la fe en una idea clara de juego y desde la capacidad de sufrir sin perder el orden. Repetir aquella hazaña no es solo un objetivo deportivo; es una reafirmación del proyecto, una manera de decir que aquel logro no fue una excepción, sino un punto de partida.

    Para el Manchester United, en cambio, esta eliminatoria representa la oportunidad de consolidar su crecimiento continental. Clasificado por primera vez para esta fase, el conjunto inglés sabe que cada paso que dé será histórico. No carga con el peso de las comparaciones ni con la obligación de repetir gestas pasadas, pero sí con la ambición de demostrar que su presencia en la élite no es circunstancial. Llegar a Alcalá de Henares como líder, con una defensa casi impenetrable y una confianza construida partido a partido, le permite afrontar el choque sin complejos, con la serenidad de quien sabe exactamente a qué quiere jugar.

    El contexto añade una capa más de intensidad. Con el Bayern München esperando al ganador, el premio es tan grande como el riesgo. Avanzar significa entrar en una dimensión superior de la competición, medirse a uno de los gigantes del continente, asumir que cada partido será una prueba máxima. Pero para llegar ahí hay que sobrevivir primero a este cruce, a esta noche que promete ser larga, densa, cargada de detalles.

    El fútbol europeo suele decidirse en gestos mínimos. Un despeje mal orientado, una falta lateral defendida con un segundo de retraso, una transición mal temporizada. El Atlético deberá minimizar esos errores, consciente de que el United castiga con eficacia quirúrgica cualquier concesión. La disciplina táctica será tan importante como la valentía ofensiva, y el equilibrio entre ambas determinará el signo del partido.

    Y, sin embargo, más allá de los esquemas y las estadísticas, hay algo profundamente humano en noches como esta. Está la sensación de que cada jugadora representa algo más que su rol individual, de que cada carrera, cada entrada, cada celebración conecta con una historia mayor. El Atlético juega también por reivindicar su lugar en Europa, por demostrar que sigue siendo un competidor incómodo, capaz de desafiar a cualquiera. El United juega por consolidar su irrupción, por escribir su propia narrativa continental.

    Europa siempre ha sido un territorio de emociones extremas para el conjunto rojiblanco. Allí donde se han escrito algunas de sus páginas más gloriosas y también algunas de sus noches más crueles. Allí donde el margen de error se reduce a la mínima expresión y cada detalle adquiere un valor incalculable. Allí donde ahora, una vez más, las de José Herrera se juegan mucho más que una clasificación. 

    El camino hasta este cruce no ha sido sencillo ni indulgente. El Atlético llegaba a Francia sabiendo que visitar al Olympique Lyonnais Féminin —ahora Olympique Lyonnes— siempre supone una prueba de máxima exigencia. 

    La derrota por 3-0 fue dura, incontestable en el marcador, y estuvo marcada además por la expulsión de Luany, que vio la tarjeta roja directa tras un gesto antirreglamentario que condicionó el resto del encuentro.

    Aquella noche en suelo galo parecía destinada a ser un punto final. Pero no lo fue.

    Hay ciudades que, sin proponérselo, se convierten en símbolos. Alcalá de Henares, cuna de Cervantes, es desde hace años uno de los refugios emocionales del Atlético de Madrid Femenino. Allí, donde el equipo ha construido algunas de sus noches europeas más memorables, vuelve a citarse la historia.

    La expectación es máxima. No solo por el rival, no solo por el momento, sino porque el Atlético ha demostrado que sabe competir en Europa cuando el contexto aprieta. Ya lo hizo en la ronda preliminar, cuando eliminó al BK Häckencon una remontada que quedará grabada en la memoria colectiva: 2-1 en el Centro Deportivo de Alcalá de Henares, en una noche de convicción, orgullo y carácter.

    Ese triunfo fue algo más que una clasificación. Fue una declaración de intenciones.

    El destino, caprichoso, ha querido que el Atlético vuelva a medirse a un club británico en una eliminatoria a 120 minutos —o más—, evocando recuerdos que aún resuenan en la memoria rojiblanca.

    El fútbol europeo del Atlético no puede entenderse sin mirar atrás. En octubre de 2021, todavía bajo los efectos de la pandemia, el conjunto madrileño vivió una de sus eliminaciones más dolorosas. Aquella vez, el verdugo fue el Chelsea, que dejó fuera al Atlético por un global de 3-1 en una eliminatoria marcada por la crueldad del destino.

    Tres penaltis fallados, tres oportunidades perdidas y un golpe emocional que marcó un antes y un después.

    La vieja Europa central ya no manda; ahora mandan los campeonatos que han entendido que el fútbol femenino no se sostiene solo con tradición, sino con planificación, profesionalización y visibilidad.

    Inglaterra llega a este liderato desde una lógica reconocible. La Women’s Super League es, desde hace años, la liga con mayor músculo financiero, la que mejor ha integrado a los grandes clubes masculinos en el desarrollo femenino, la que antes profesionalizó estructuras y la que ha logrado atraer talento global de manera sostenida. Chelsea, Arsenal y Manchester United no solo compiten; condicionan.

    reflejo de una liga que ha convertido la Champions en un objetivo natural, no en una excepción gloriosa. Inglaterra no improvisa: exporta un modelo.

    España, en cambio, ha llegado aquí desde otro lugar. Su ascenso no ha sido lineal ni cómodo. Ha sido más caótico, más político, más emocional.

    La Liga F Moeve, heredera de una profesionalización tardía pero intensa, ha crecido a contracorriente, superando conflictos institucionales, tensiones laborales, desigualdades presupuestarias y una narrativa constante de cuestionamiento. Y, sin embargo, aquí está: a menos de medio punto del liderazgo continental, con tres clubes aún en pie, con una selección campeona del mundo que ha cambiado para siempre la percepción internacional del fútbol español, y con un ecosistema que empieza a ser leído desde fuera como algo más que una promesa.

    El ranking UEFA no premia la estética ni la narrativa; premia resultados.

    Cada victoria, cada empate, cada clasificación, cada ronda superada suma puntos que se agregan durante varias temporadas. Por eso este segundo puesto de España no es un fogonazo: es la consecuencia directa de los títulos del FC Barcelona, de las semifinales recurrentes, de las buenas actuaciones del Atlético de Madrid en ciclos anteriores, del crecimiento del Real Madrid como proyecto estable, y del hecho de que, por primera vez, la liga española compite en profundidad, no solo desde un club hegemónico.

    La temporada actual es, en este sentido, una oportunidad histórica. Para que España arrebate la primera posición del ranking a Inglaterra no hace falta un milagro, pero sí una conjunción precisa de acontecimientos deportivos. La lógica es clara: España debe sumar más puntos que Inglaterra en el cómputo europeo del curso.

    Eso implica que los clubes españoles avancen más rondas, ganen más partidos y, crucialmente, que los clubes ingleses caigan antes o sumen menos. Cada eliminación inglesa y cada victoria española estrechan o invierten la balanza. Con ambos países manteniendo a sus tres representantes, el margen de maniobra existe y es real.

    Si, por ejemplo, un club español alcanza la final de la Champions y otro se queda en semifinales, mientras que Inglaterra pierde uno de sus equipos en cuartos y otro en semifinales, el diferencial puede volcarse. Los coeficientes no entienden de nombres ni de escudos: solo de resultados acumulados.

    Y aquí España juega con una baza clave: la regularidad reciente del FC Barcelona, que ya no solo gana, sino que arrasa, y que suele garantizar una lluvia constante de puntos. A eso se suma un Atlético de Madrid que ha recuperado competitividad continental y un Real Madrid que, aun en construcción, empieza a sumar experiencia europea de manera sostenida.

    Inglaterra, por su parte, depende de que su tridente mantenga el pulso. Chelsea ha sido históricamente fiable, pero no invencible. Arsenal vive una reconstrucción intermitente.

    El Manchester City alterna picos de excelencia con caídas inesperadas. El margen es estrecho y la presión, creciente. Porque liderar el ranking ya no es un privilegio invisible: ahora es un objetivo explícito, una bandera simbólica de supremacía europea.

    Arrebatarle el primer puesto a Inglaterra supondría, para España, mucho más que un cambio de número en una tabla. A nivel deportivo, consolidaría a la Liga F Moeve como la referencia estructural del fútbol femenino europeo. El ranking UEFA no solo determina prestigio: condiciona plazas europeas, accesos directos a fases avanzadas, cabezas de serie y, en última instancia, la capacidad de planificación de los clubes. Ser primera federación implica mayor estabilidad competitiva y menos dependencia de rondas preliminares traicioneras.

    Pero el impacto va más allá del reglamento. Ser número uno en Europa sería la confirmación estadística de algo que ya se percibe en el juego: que España no solo produce talento, sino que lo sostiene, lo potencia y lo hace competir al máximo nivel. Y aquí entra un elemento clave que mencionas y que no es menor: según un estudio reciente, la Liga F Moeve es considerada la tercera mejor competición femenina regular del mundo. Esa clasificación, que suele situar por delante a la NWSL estadounidense y a la WSL inglesa, no se basa únicamente en títulos, sino en equilibrio competitivo, calidad media de los equipos, desarrollo de jugadoras, impacto internacional y regularidad del espectáculo.

    Si España alcanza el primer puesto del ranking UEFA mientras su liga es ya evaluada como la tercera mejor del mundo, el mensaje es potentísimo: la Liga F no solo es formadora ni solo es exportadora de talento, sino que es competitiva, atractiva y decisiva en Europa. Eso reforzaría su posición en negociaciones de derechos audiovisuales, atraerá patrocinadores internacionales, facilitará la llegada de futbolistas de élite y, sobre todo, consolidará un relato que durante años le fue negado: el de ser una liga central, no periférica.

    Desde un punto de vista histórico, sería también una inversión de jerarquías.

    Durante décadas, España miró a Alemania y Francia como modelos inalcanzables, y a Inglaterra como un experimento avanzado. Hoy es Inglaterra la que mira de reojo a España, consciente de que el fútbol femenino español ha encontrado una identidad propia basada en la técnica, la posesión, la lectura táctica y una cantera que no deja de producir talento diferencial. 

    El dominio del FC Barcelona no ha empobrecido el ecosistema; lo ha obligado a crecer.

    Este ranking, además, refleja una tendencia más amplia: la concentración del poder europeo. Las diez primeras federaciones muestran una brecha cada vez mayor con el resto. Pero dentro de esa élite, la pelea ya no es coral: es un duelo. Inglaterra contra España. Modelo anglosajón frente a modelo mediterráneo. Inversión privada masiva frente a integración progresiva en estructuras históricas. Ambas vías son válidas, pero solo una puede liderar.

    La temporada actual, por tanto, no es una más. Es un punto de inflexión potencial. 

    Cada partido europeo de un club español ya no es solo suyo: es un acto colectivo que empuja a toda una liga y a toda una federación. Cada gol en Champions tiene ahora un peso simbólico añadido. 

    Y eso, para una Liga F Moeve que ha luchado tanto por reconocimiento, es una oportunidad irrepetible.

    Si España logra culminar este asalto al primer puesto, el impacto no será efímero.

    No se tratará de un liderazgo anecdótico, sino de la confirmación de un ciclo. 

    Un ciclo en el que el fútbol femenino español ha pasado de ser promesa a ser estándar. En el que ya no se compara, sino que se mide a los demás.

    Y en el que el ranking UEFA deja de ser una aspiración lejana para convertirse en una consecuencia lógica de todo lo que se ha construido.

    Lo que muestra esa imagen, en definitiva, no es solo una clasificación. Es el mapa de un cambio de era. Y España está a un paso, a unos cuantos partidos, a unas cuantas noches europeas bien jugadas, de escribir una de las páginas más decisivas de su historia futbolística.

    Cuando el balón comience a rodar a las 18:45 horas del jueves 16 de octubre, con la señal de Disney Plus llevando la imagen al resto del continente, todo se reducirá a noventa minutos —o más— de tensión pura. El Atlético, sin Luany, deberá reinventarse sin traicionarse. El Manchester United, sólido y paciente, intentará imponer su lógica fría. Y en ese choque de estilos, de historias y de ambiciones, la Women’s Champions League volverá a recordar por qué este torneo no entiende de favoritismos, solo de supervivientes.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🔜 NEXT GAME

    🏆 UEFA Women’s Champions League

    🔥 Atlético de Madrid 🆚 Manchester United Women 🔥

    🇪🇸 vs 🏴󠁧󠁢󠁥󠁮󠁧󠁿

    🙌🏻 Playoffs | Partido de ida

    😍 Temporada 2025-2026😍

    🤩 Matchday | Día de partido

    ⏰ 21:00 horario peninsular

    📅 Jueves, 12 de febrero de 2026

    📺 Disney Plus

    🏟️ Centro Deportivo Alcalá de Henares, Madrid

    (Fuente: X)

    Los onces |

    Atlético de Madrid Femenino – Once inicial

    Lola Gallardo (capitana)

    Medina

    Lauren Leal

    Menayo

    Sheila Lloris

    Alexia

    Vilde Bøe Risa

    J. Bartel

    Fiamma

    Jensen

    Amaiur

    Manchester United Women – Once inicial

    Tullis-Joyce

    Sandberg

    Le Tissier (capitana)

    Janssen

    Park

    Malard

    Terland

    Zigiotti

    Wangerheim

    Hinata

    Riviere

    Noche grande en Alcalá de Henares. Noche de eliminatoria, de tensión europea y de cuentas pendientes con la historia. El Atlético de Madrid y el Manchester United Women se citaron en la ida de un cruce que no admite matices: noventa minutos para inclinar la balanza antes del asalto definitivo, con el Bayern München aguardando al vencedor. Y en ese contexto de máxima exigencia, fue el conjunto inglés quien golpeó primero.

    Un zurdazo de volea de Fridolina Rolfö en la primera mitad, ejecutado con precisión quirúrgica tras una acción de segundo balón, bastó para sellar un 0-1 de enorme valor estratégico en la jornada 2 de la fase eliminatoria.

    El arranque ya anticipaba un duelo de identidades muy definidas. El Atlético formó de inicio con Lola Gallardo bajo palos; defensa para Medina, Lauren Leal, Menayo y Sheila Lloris; un centro del campo articulado por Alexia, Vilde Bøe Risa y J. Bartel; y un tridente ofensivo compuesto por Fiamma, Jensen y Amaiur. Un once reconocible, con vocación vertical, amplitud por fuera y capacidad de activar a su ‘9’ con envíos tempranos y rupturas a la espalda.

    El Manchester United respondió con Tullis-Joyce en portería; Sandberg, Le Tissier, Janssen y Riviere en la línea defensiva; Park como ancla; Malard, Terland y Zigiotti en el engranaje ofensivo interior; con Wangerheim y Hinata aportando dinamismo y desequilibrio en los carriles. Un bloque compacto, agresivo en la presión tras pérdida y extraordinariamente fiable en campo propio.

    Porque si algo define a este United es su solidez. La fase eliminatoria es territorio desconocido para el equipo inglés —clasificado por primera vez esta temporada—, pero su carta de presentación intimida: cuatro victorias en la fase liga, tres partidos sin encajar gol y liderato de su grupo gracias a una estructura defensiva prácticamente inexpugnable. No es casualidad. El conjunto de Manchester defiende hacia delante, reduce espacios interiores y protege su área con una disciplina colectiva que convierte cada repliegue en una declaración de autoridad.

    Enfrente, el Atlético se aferra a la memoria competitiva. El recuerdo de la 2019/2020 —única temporada en la que alcanzó los cuartos de final— late como referencia y estímulo. Además, el dato ofensivo avala su ambición: 13 goles en seis partidos en la fase liga, uno de los registros más altos del torneo. Potencia arriba, convicción en los duelos y experiencia en eliminatorias: no en vano, las rojiblancas han superado cuatro de sus últimas cinco rondas a doble partido en competiciones UEFA. El United, en cambio, presenta un balance equilibrado en sus antecedentes: una eliminatoria ganada y otra perdida.

    El choque, por tanto, planteaba un contraste fascinante: la contundencia defensiva inglesa frente a la capacidad productiva madrileña. Y en ese pulso de modelos, fue el detalle técnico —una volea perfecta de Rolfö, ejecutada sin concesiones— el que decantó una primera batalla marcada por la precisión, la paciencia y la gestión emocional. La eliminatoria queda abierta, pero el mensaje es inequívoco: el margen es mínimo y cada error, en este escenario, se paga a precio de oro europeo.

    José Herrera apostó por un 5-4-1: Gallardo; línea de cinco con Medina, Menayo, Lauren, Lloris y Alexia; centro del campo con Sarriegi, Bartel y Bøe Risa, y Synne Jensen como referencia con apoyo de Amaiur desde banda. United, en cambio, repitió 4-3-3 con Melvine Malard, Elisabeth Terland y Wangerheim arriba. El plan rojiblanco, pensado para proteger su área y correr, duró tres minutos: un pase horizontal muy blando de Bøe Risa en salida acabó en los pies de Malard, que robó, filtró para Terland y la noruega, recortó con celeridad y envió el esférico al fondo de las mallas para abrir la lata en el minuto 3 de juego con el 01, fue un golpe duro de realidad para las españolas.

    A raíz del tanto encajado, al Atlético le costó varios minutos recomponerse desde el punto de vista estructural y emocional. El equipo perdió altura en la presión y tardó en volver a sincronizar sus líneas, pero comenzó a detectar resquicios cuando Fiamma Iannuzzi y Amaiur decidieron descender metros para recibir entre líneas, a la espalda del doble pivote inglés. Ese ajuste permitió a las rojiblancas progresar con mayor continuidad, especialmente a través de las conducciones agresivas de Fiamma, que atacó el intervalo interior-derecho, y de un par de desmarques profundos de Amaiur por el carril derecho, obligando a la defensa del United a replegar y a correr hacia su propia portería.

    Sin embargo, esas aproximaciones no se tradujeron en ocasiones manifiestas. Faltó precisión en el último pase, timing en la descarga y, sobre todo, presencia de la segunda línea desde la frontal para cargar el área o amenazar con disparo exterior. El Atlético consiguió pisar campo rival con más frecuencia, pero no logró transformar esa superioridad posicional en situaciones de remate limpio.

    El Manchester United, por su parte, gestionó el tramo con pragmatismo y amenazó con ampliar la ventaja en una transición culminada por Terland. La delantera definió con eficacia, pero la acción quedó invalidada por fuera de juego tras la revisión del VAR, manteniendo el 0-1 y la eliminatoria en un margen todavía abierto.

    El error de Vilde se pagó muy caro, demasiado, en una eliminatoria que aún estaba en su amanecer, pero ya pintaba muy mal en clave rojiblanca.

    Con el paso de los minutos, el encuentro fue mutando hacia un escenario que favorecía claramente al Manchester United. Lo que en los primeros compases había sido un intercambio relativamente equilibrado de golpes, con el Atlético intentando sostenerse a partir de su energía tras el primer tanto encajado, comenzó a inclinarse progresivamente hacia el dominio estructural del conjunto inglés. El 4-3-3 visitante, que en fase defensiva había mostrado orden y disciplina, empezó a desplegar también su capacidad para gobernar el carril central con una ocupación racional de los espacios y una circulación que, sin ser vertiginosa, sí resultaba lo suficientemente precisa como para erosionar la organización rojiblanca.

    Zigiotti, Miyazawa y Jessica Park encontraron grietas cada vez más evidentes a la espalda del doble escalón que formaban Bøe Risa y Bartel. La primera línea de presión del Atlético llegaba tarde, y cuando conseguía orientar la salida hacia un costado, el United lograba activar rápidamente el pase interior hacia el tercer hombre. Ahí apareció con insistencia la figura de Miyazawa, flotando entre líneas, perfilándose con el cuerpo abierto y atacando el intervalo entre mediocentro y central. Zigiotti, con su capacidad para llegar desde segunda línea, arrastraba marcas y fijaba a las interiores rojiblancas, mientras que Park ofrecía apoyos constantes para facilitar la continuidad de la jugada. El resultado fue una superioridad progresiva en la zona ancha, no tanto en volumen de posesión como en calidad de las recepciones.

    El foco ofensivo del United se desplazó entonces hacia un sector muy concreto: el espacio entre Alexia y Sheila Lloris. Detectaron que la basculación del Atlético no siempre era simétrica y que, cuando Alexia saltaba a presionar por dentro, quedaba un pasillo vulnerable a la espalda de la lateral. Allí empezaron a insistir con una reiteración casi metódica, alternando apoyos al pie con rupturas diagonales. Cada vez que el balón llegaba a Miyazawa en posición intermedia, la estructura rojiblanca se veía obligada a decidir entre cerrar el carril central o proteger la banda, y en esa duda se generaba la fractura.

    De esa insistencia nació el segundo golpe de la noche. La acción se inició con una conducción interior de Miyazawa, que avanzó sin oposición directa tras superar la primera línea de presión. Con el Atlético retrocediendo en bloque medio y sin lograr ajustar las distancias entre líneas, la japonesa encontró el momento exacto para filtrar un pase profundo hacia el costado izquierdo, donde Malard había temporizado su desmarque. La atacante controló orientada hacia dentro, encaró a Lloris, amagó el centro y ejecutó un recorte seco que desestabilizó a la defensora. Con el ángulo abierto, definió con un disparo cruzado al palo largo, imposible para Lola Gallardo. En la misma acción, la central rojiblanca cayó al suelo tras el esfuerzo defensivo, evidenciando molestias que le impidieron continuar. El tanto no solo significaba el 02 en el minuto 39 de una primera mitad que no reflejaba el esfuerzo local por ningún lado.

    El tramo final de la primera parte dejó una imagen clara: el United controlando los ritmos, gestionando la ventaja con madurez competitiva y castigando cada desajuste; el Atlético, en cambio, obligado a recomponer piezas, tocado por la lesión y por el peso psicológico de un marcador adverso que alteraba el plan inicial. El cero a dos no era únicamente una diferencia numérica; simbolizaba el dominio de un modelo que, sin estridencias, había sabido detectar y explotar los puntos débiles del rival con eficacia quirúrgica.

    Poco después, casi sin tiempo para poder indagar sobre cómo se encontraba Lloris, las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con una gran renta para las británicas, pero aún restaban cuarenta y cinco minutos por delante en Alcalá de Henares.

    Tras el paso por vestuarios, el Atlético regresó al césped con una determinación distinta, casi urgente. La lectura del primer tiempo había sido clara: el equipo necesitaba recuperar metros, comprimir al Manchester United en su propio campo y asumir riesgos calculados si quería alterar el rumbo de la eliminatoria. Herrera movió piezas sin cambiar nombres de inmediato, pero sí modificando alturas y responsabilidades. Los laterales se proyectaron con mucha mayor agresividad, fijando a las extremas inglesas y ensanchando el campo. Bøe Risa asumió definitivamente el timón junto a Bartel, alternando apoyos cortos con cambios de orientación para acelerar la circulación. Fiamma dejó de partir tan abierta y comenzó a actuar prácticamente como mediapunta, flotando entre centrales y mediocentros rivales, mientras Jensen y Amaiur ajustaron sus movimientos para atacar el área con más convicción, cargando el segundo palo y buscando la caída del balón en zonas de remate.

    El cambio de escenario fue evidente. El Atlético empezó a instalarse en territorio rival con continuidad, forzando pérdidas del United en salida gracias a una presión coordinada y a una mejor ocupación de los intervalos interiores. Las rojiblancas encontraron, por fin, situaciones claras que no habían aparecido en el primer acto. Amaiur conectó una volea franca dentro del área tras un centro lateral, pero Sandberg apareció providencial para interceptar cuando el balón buscaba portería. Fiamma, incisiva y cada vez más influyente, logró perfilarse dentro del área tras una pared rápida y soltó un disparo potente que se marchó a córner tras rozar en una defensora. La sensación de asedio crecía, y el United comenzaba a replegar con más frecuencia de la deseada.

    La ocasión más rotunda llegó a balón parado. Vilde Bøe Risa asumió la responsabilidad en una falta directa desde la frontal, ligeramente escorada. Su golpeo fue perfecto, superando la barrera y buscando la escuadra con precisión milimétrica. El estadio contuvo el aliento hasta que Phallon Tullis-Joyce, en un ejercicio de elasticidad y reflejos extraordinarios, voló hacia su palo izquierdo y desvió el balón con la punta de los dedos.

    (Fuente: Disney Plus)

    La intervención, de categoría internacional, evitó un 1-2 que, por sensaciones y volumen de juego en ese tramo, habría resultado coherente con el mérito rojiblanco. La fortuna, sin embargo, sonrió a las visitantes en el momento clave.

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    Lejos de desanimarse, el Atlético intensificó su empuje. En el minuto 69, un error poco habitual de Le Tissier en salida abrió una ventana inesperada. Jensen recuperó y penetró en el área con ventaja numérica, pero optó por un pase generoso hacia Amaiur en lugar de finalizar. Janssen leyó la intención con rapidez y cortó la línea de pase cuando el estadio ya celebraba el tanto. El rechace cayó a Fiamma, que armó el disparo con rapidez y acarició el gol local, pero el balón se marchó por centímetros. La sensación de que el partido podía cambiar en cualquier instante se hizo palpable.

    Consciente de que no podía guardarse nada, Herrera agotó recursos ofensivos. Sheila Guijarro ingresó para aportar presencia física en el área y Gio Queiroz volvió a pisar el césped frente al rival ante el que sufrió una grave lesión tiempo atrás, en un regreso cargado de simbolismo. Amaiur y Jensen abandonaron el terreno de juego después de un esfuerzo generoso; esta última, antes de salir, tuvo el tanto en una volea estética que pasó cerca del larguero. Gio dejó destellos de velocidad y desborde, confirmando que su recuperación física avanza en buena dirección, y Guijarro fijó centrales para generar espacios en segunda jugada.

    Sin embargo, el Manchester United demostró por qué su recorrido europeo esta temporada se sostiene sobre una mezcla de eficacia y contundencia. Cuando el Atlético más volcaba el juego hacia adelante, las inglesas encontraron espacios para castigar. Malard, incisiva durante todo el encuentro, firmó su segunda asistencia con un envío medido que dejó a Zigiotti-Olme en posición franca. La mediocampista definió con serenidad, ampliando la ventaja hasta el 03 definitivo en el minuto 84 del choque y acabó dejando al Atlético en una situación límite en su camino hacia los cuartos de final. El golpe fue severo, tanto por el marcador como por el momento en que llegó.

    Pese a todo, la identidad competitiva del Atlético no se quebró. El equipo continuó intentando reducir distancias hasta el último minuto, impulsado por la convicción de que las eliminatorias se juegan a 180 minutos y de que la historia europea del club se ha construido a partir de la resistencia y la fe. El reto ahora se traslada a suelo británico, donde la misión será remontar ante un rival que combina solidez defensiva y pegada en transición. Mientras haya margen matemático, habrá esperanza.

    (Fuente: UEFA Women’s Champions League )

    Ese es el punto de partida para una vuelta que exigirá precisión, valentía y máxima concentración, pues esto es la Liga de Campeones Femenina.

    📋 Ficha técnica |

    Atlético de Madrid Femenino: Lola Gallardo; Medina, Lauren Leal (Xènia Pérez, min. 39), Menayo, Sheila Lloris; Bøe Risa, J. Bartel, Alexia; Fiamma, Jensen (Gio Queiroz, min. 78), Amaiur (Sheila Guijarro, min. 78).

    Estadio: Centro Deportivo Wanda Alcalá de Henares.

    Incidencias: Partido correspondiente a la ida de la fase eliminatoria de la UEFA Women’s Champions League. Se guardó un minuto de silencio antes del inicio. Entrada con gran presencia de aficionados visitantes.

    Goles |

    0-1 Terland 3’ ⚽️

    0-2 Malard 39’ ⚽️

    0-3 Ziglotti 81’ ⚽️

    Vídeo |

    https://youtu.be/3PueAqaQNpA?si=Eii-VFQdQcdyzQri

  • Oficial | Gio recibe el alta médica

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🔲 La exjugadora del Arsenal y el Madrid CFF regresa a la disciplina colchonera tras superar un grave contratiempo en el peroné allá por el mes de octubre.

    El fútbol, en su versión más cruda y luminosa a la vez, es una sucesión de instantes que pueden alterar el rumbo de una temporada, de una carrera, incluso de una vida deportiva.

    Hay momentos que condensan toda la épica y toda la fragilidad de este deporte en una sola acción: un choque fortuito, un mal apoyo, un grito que corta el aire helado de una noche europea. Aquella segunda jornada de la fase de liga de la Women’s Champions League, frente al Manchester United, quedó marcada en la memoria colectiva del Atlético de Madrid Femenino no solo por el desafío competitivo ante un gigante emergente del fútbol inglés, sino por la imagen de Gio Queiroz Costa Garbellini tendida sobre el césped, con el gesto desencajado y el silencio estremecedor de quienes intuían que algo grave había ocurrido. La brasileña, una de las piezas diferenciales del proyecto rojiblanco, había sufrido una fractura de peroné que la apartaría durante meses de aquello que da sentido a su identidad: competir, desbordar, sonreír con el balón cosido al pie.

    Desde aquel instante, el calendario dejó de medirse en jornadas y pasó a contarse en fases de recuperación, en plazos médicos, en sesiones de fisioterapia y en pequeños hitos que solo quienes atraviesan una lesión de esa magnitud pueden dimensionar. Porque una fractura de peroné no es únicamente un parte clínico. Es una ruptura en el ritmo vital de una futbolista explosiva, vertical, que vive del cambio de dirección, del uno contra uno, de la aceleración súbita que desequilibra sistemas defensivos completos. El peroné, hueso largo y aparentemente secundario frente a la tibia, adquiere en el alto rendimiento una relevancia estructural decisiva: estabiliza el tobillo, soporta cargas dinámicas y participa en cada gesto técnico que implica potencia y precisión. La lesión de Gio no solo comprometía su temporada; interpelaba a la planificación deportiva, al equilibrio táctico del equipo y, sobre todo, a la resiliencia emocional de una jugadora que había encontrado en el Atlético de Madrid un espacio para reafirmar su talento en el contexto europeo.

    El diagnóstico fue claro, contundente, sin espacio para eufemismos: fractura de peroné. El parte médico, difundido con la sobriedad que exige el respeto por los tiempos clínicos, abría un periodo de incertidumbre en el que el quirófano, la inmovilización y la posterior readaptación se convertían en protagonistas invisibles de la temporada rojiblanca. Aquella noche europea ante el Manchester United, en el marco de una Women’s Champions League que exige el máximo nivel competitivo, dejó un sabor agridulce. Mientras el equipo trataba de recomponerse anímicamente para afrontar el resto del encuentro, el foco se desplazaba inevitablemente hacia la brasileña, que abandonaba el terreno de juego asistida, con el dolor físico mezclado con la frustración de quien sabe que el trabajo acumulado durante meses queda en suspenso.

    La historia de Gio Queiroz en el Atlético de Madrid es la historia de una futbolista que aporta desborde, imaginación y carácter. Nacida en São Paulo, formada en el ecosistema competitivo del fútbol brasileño, su carrera ha estado marcada por una madurez precoz y una proyección internacional que la llevó a competir en algunas de las ligas más exigentes del mundo. Su llegada al conjunto rojiblanco representó la incorporación de un perfil diferencial en banda: una atacante capaz de romper líneas, de atacar el espacio con inteligencia y de asumir responsabilidades en contextos de máxima presión. Su impacto no se mide únicamente en estadísticas, sino en la manera en que obliga a las defensas a replegarse, en cómo genera superioridades y en la electricidad que imprime al juego ofensivo del equipo.

    Por eso, la lesión ante el Manchester United no fue solo una baja más en la enfermería. Supuso la ausencia de un recurso estratégico clave en la fase de liga de la Women’s Champions League, una competición que no concede margen de error y en la que cada punto, cada acción, cada detalle cuenta. El Atlético de Madrid Femenino, acostumbrado a competir con carácter en escenarios europeos, tuvo que reconfigurar su estructura ofensiva sin una de sus principales armas en el uno contra uno. La planificación táctica se adaptó, otras futbolistas asumieron protagonismo, pero el vacío que deja una jugadora de las características de Gio trasciende lo meramente posicional.

    La recuperación, en estos casos, es un proceso tan físico como mental. Tras la intervención quirúrgica y el periodo inicial de inmovilización, comenzó un trabajo meticuloso de rehabilitación. Los servicios médicos y el cuerpo técnico diseñaron un plan individualizado, ajustado a los plazos biológicos de consolidación ósea y a la necesidad de recuperar no solo la funcionalidad, sino la confianza en cada apoyo, en cada salto, en cada giro. La readaptación al césped es, para una futbolista de banda, un proceso especialmente delicado: implica reentrenar la musculatura estabilizadora, trabajar la propiocepción y reintroducir progresivamente los gestos explosivos que caracterizan su juego.

    Durante meses, mientras el equipo competía en la Liga F y avanzaba en sus objetivos nacionales e internacionales, Gio trabajaba en la sombra. Las imágenes compartidas por el club mostraban sesiones de gimnasio, ejercicios de fortalecimiento, trabajo en piscina, carrera continua sin balón y, poco a poco, los primeros contactos con el esférico. Cada avance era celebrado internamente como una pequeña victoria. Porque en el alto rendimiento, la paciencia es una virtud tan necesaria como la ambición. Y la brasileña demostró ambas. Lejos de caer en el desánimo, convirtió la lesión en un reto personal, en un proceso de aprendizaje sobre su propio cuerpo y sobre la capacidad de resistir cuando el foco mediático se apaga y la rutina se vuelve exigente y silenciosa.

    El regreso a los entrenamientos parciales con el grupo marcó un punto de inflexión. El momento en que volvió a vestirse con la indumentaria de campo, a pisar el césped con botas y a integrarse en dinámicas colectivas, fue celebrado con una mezcla de prudencia y entusiasmo. El cuerpo técnico gestionó cuidadosamente las cargas, consciente de que una recuperación precipitada puede comprometer meses de trabajo. Se trataba de reconstruir no solo la estructura ósea, ya consolidada, sino la seguridad competitiva de una futbolista cuya principal virtud es la agresividad positiva en el desborde.

    El día en que recibió el alta médica definitiva no fue un simple trámite administrativo. Fue la culminación de un proceso largo, exigente, cargado de incertidumbres y superaciones cotidianas. El comunicado del club, anunciando que Gio Queiroz estaba disponible para el partidazo de esa noche, sintetizaba meses de esfuerzo en una frase breve, pero cargada de significado. “Ha recibido el alta y está disponible”. Detrás de esa disponibilidad hay horas interminables de trabajo invisible, conversaciones con fisioterapeutas, evaluaciones médicas, controles de carga y un compromiso inquebrantable de la jugadora con su propia recuperación.

    Su regreso a una convocatoria del Atlético de Madrid tras superar una fractura de peroné es mucho más que la vuelta de una atacante talentosa. Es la recuperación de una pieza emocional en el vestuario, de una sonrisa contagiosa, de una energía que se transmite en cada entrenamiento. El grupo, que acompañó a Gio en todo el proceso, recibe ahora de vuelta a una compañera fortalecida por la adversidad. En el deporte de élite, las lesiones graves suelen actuar como filtros que redefinen la jerarquía interna, que ponen a prueba la cohesión del colectivo y que exigen una respuesta coral. El Atlético supo sostener a su futbolista en el momento más complejo, y ahora recoge el fruto de esa apuesta por el cuidado integral.

    Desde el punto de vista táctico, el retorno de Gio amplía las variantes ofensivas del equipo. Su capacidad para jugar a pierna natural o cambiada, para atacar tanto por fuera como por dentro, permite al cuerpo técnico diseñar escenarios de partido más flexibles. En competiciones de alta exigencia, contar con una jugadora capaz de romper bloqueos defensivos en contextos cerrados es un activo estratégico. Además, su experiencia internacional aporta madurez en escenarios de presión, especialmente en competiciones europeas donde los detalles marcan la diferencia.

    Pero más allá del análisis puramente deportivo, el regreso de Gio simboliza la esencia del Atlético de Madrid Femenino: resistencia, carácter, capacidad de levantarse. La historia reciente del club está jalonada de momentos en los que la adversidad se transforma en impulso. La fractura de peroné sufrida ante el Manchester United en aquella segunda jornada de la fase de liga de la Women’s Champions League pudo haber sido un punto de inflexión negativo. Sin embargo, se ha convertido en un relato de superación que fortalece la identidad colectiva.

    En el vestuario, las conversaciones en los días previos a su reaparición estaban cargadas de ilusión contenida. No se trataba solo de sumar una jugadora más a la lista de convocadas, sino de reincorporar una historia de resiliencia al proyecto común. El fútbol femenino, en su crecimiento constante y en su consolidación como espectáculo de alto nivel, necesita referentes que encarnen estos procesos de lucha silenciosa. Gio, con su juventud y su experiencia internacional, representa esa nueva generación que combina talento, profesionalidad y una mentalidad competitiva inquebrantable.

    El recuerdo de la acción ante el Manchester United, con la dureza del choque y la inmediata preocupación de compañeras y rivales, permanece como un punto de partida narrativo. Desde allí hasta el anuncio de su regreso hay un trayecto que habla de ciencia aplicada al deporte, de planificación meticulosa y de acompañamiento psicológico. La gestión de una lesión de este calibre en el contexto de una temporada exigente requiere coordinación multidisciplinar: médicos, fisioterapeutas, readaptadores, preparadores físicos y cuerpo técnico trabajan en sinergia para optimizar cada fase del proceso.

    (Fuente: UEFA)

    El alta médica no significa simplemente que el hueso ha consolidado; implica que la jugadora ha superado pruebas funcionales, que tolera cargas de entrenamiento equiparables a las del grupo y que está preparada para asumir el estrés competitivo de un partido oficial. En el caso de una futbolista como Gio, cuyo juego se basa en la explosividad, el control de riesgos es fundamental. Por ello, su inclusión en la convocatoria es el resultado de evaluaciones exhaustivas y de una progresión cuidadosamente monitorizada.

    El Atlético de Madrid Femenino, en su comunicado celebrando el regreso, no solo informa; reafirma una filosofía de cuidado y exigencia. La entidad ha apostado en los últimos años por profesionalizar todos los procesos vinculados al rendimiento, y la gestión de la lesión de Gio es un ejemplo de esa estructura sólida. El club entiende que el éxito deportivo se construye también desde la prevención, la recuperación y el acompañamiento integral de sus futbolistas.

    Para la propia Gio, volver a sentirse parte activa de una convocatoria tras meses de ausencia es una reivindicación personal. Cada paso dado en el túnel hacia el vestuario, cada conversación previa al partido, cada mirada cómplice con sus compañeras tiene un valor añadido. La lesión no solo interrumpió su continuidad competitiva; le obligó a detenerse, a observar desde fuera, a analizar el juego con otra perspectiva.

    Muchas futbolistas reconocen que los periodos de inactividad forzada amplían su comprensión táctica del equipo. No es descabellado pensar que la brasileña regresa con una lectura del juego aún más madura, enriquecida por meses de observación y reflexión.

    El público rojiblanco, siempre exigente y apasionado, recibe la noticia con entusiasmo. La grada, que sufrió con su lesión ante el Manchester United, celebra ahora su recuperación como un triunfo colectivo. En un deporte cada vez más globalizado, donde las distancias geográficas se reducen pero la presión mediática aumenta, la conexión emocional entre jugadora y afición adquiere un valor diferencial. Gio ha sentido ese respaldo durante todo el proceso, a través de mensajes, muestras de cariño y gestos que trascienden el terreno de juego.

    El regreso a una convocatoria no garantiza minutos inmediatos ni protagonismo instantáneo. El cuerpo técnico gestionará su reintroducción competitiva con criterio, priorizando la estabilidad física y la integración progresiva en dinámicas de partido. Pero el simple hecho de volver a figurar en la lista oficial es un hito simbólico que marca el cierre de una etapa y el inicio de otra. La narrativa de la temporada se reescribe con su nombre nuevamente disponible.

    En términos de planificación deportiva, recuperar a una jugadora del perfil de Gio en el tramo decisivo de competiciones puede alterar escenarios. La profundidad de plantilla es un factor crítico en torneos de alta intensidad, y el Atlético suma ahora una alternativa que puede inclinar partidos cerrados. La versatilidad de la brasileña permite, además, adaptarse a distintos sistemas: puede integrarse en un 4-3-3 clásico, actuar como extremo en un 4-2-3-1 o incluso desempeñarse como segunda punta en contextos específicos.

    Sin embargo, más allá de esquemas y pizarras, lo que subyace en este regreso es una historia de voluntad. La fractura de peroné ante el Manchester United, en aquella segunda jornada de la fase de liga de la Women’s Champions League, pudo haber sembrado dudas sobre su continuidad a corto plazo. En cambio, ha fortalecido su determinación y ha consolidado su vínculo con el Atlético de Madrid.

    Las grandes trayectorias deportivas no se construyen solo con goles y asistencias, sino con la capacidad de atravesar el dolor y regresar más fuertes.

    Hoy, con el alta médica en la mano y la convocatoria confirmada, Gio Queiroz Costa Garbellini vuelve a sentirse futbolista en plenitud.

    El camino ha sido largo, exigente, pero profundamente transformador. El Atlético de Madrid Femenino recupera talento, energía y desequilibrio. El fútbol europeo recupera a una atacante que entiende el juego como un espacio de libertad y desafío constante. Y la historia, esa que comenzó con un silencio angustioso ante el Manchester United, encuentra ahora un capítulo luminoso: el del regreso, el de la resiliencia convertida en impulso, el de una jugadora que vuelve para escribir nuevas páginas épicas con la camiseta rojiblanca.

    (Fuente: Atlético de Madrid)