Autor: Manuel López Fernández

  • Reportaje | Edna Imade es la nómada del gol

    (Fuente: Bayern de Múnich)

    🟧 La campeona de la Liga de Naciones con España tiene tras de sí una historia de superación única.

    Edna Imade (Marruecos, 5 de octubre de 2000) es una futbolista profesional española de origen nigeriano que juega como delantera en el F. C. Bayern de Múnich.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Edna Imade habla de goles, de partidos, de tácticas, de entrenamientos, de cifras que hoy la colocan entre las mejores delanteras de la Liga F, pero cuando baja la voz y elige las palabras con cuidado, cuando el fútbol deja de ser presente y se convierte en consecuencia, siempre aparece la misma figura: su madre. “La verdadera final la ha jugado ella”, dice Edna, y no es una frase hecha, es una convicción que atraviesa toda su vida. Porque antes de que existiera un balón, antes de que hubiera un campo, una portería o una grada, hubo una mujer caminando por el desierto, embarazada, con miedo, con determinación, con una promesa silenciosa hecha a dos hijos que aún no habían nacido: sobrevivir.

    Floren estaba embarazada de mellizos cuando decidió marcharse. Edna y Paul viajaban ya con ella, aún sin saber que su vida iba a comenzar en tránsito. Nigeria quedaba atrás con todo lo que eso significa: la familia, la tierra, la identidad, un marido que nunca pudo acompañarlos y que acabaría encarcelado y deportado. Marruecos fue la primera parada, pero no fue refugio, fue espera, fue dolor, fue miedo. Allí nacieron Edna y su hermano, y allí Floren vivió tres meses que su hija define sin rodeos como “un infierno”. Después llegó la patera, el mar, la incertidumbre, y finalmente España. Algeciras. Tierra firme. Un lugar desconocido que acabaría siendo hogar.

    Edna ha escuchado esa historia mil veces. La ha escuchado hasta aprenderla de memoria, pero no se ha acostumbrado nunca a ella. Cada vez que la cuenta, vuelve a doler. “Llegamos a Algeciras y a partir de ahí nos ayudó mucha gente, Cáritas, personas que no nos conocían de nada”, recuerda. En sus palabras no hay victimismo, hay agradecimiento. “Nunca he pasado hambre, nunca he pasado frío. Todo ha sido gracias a mi madre y a la gente que nos ayudó. Gracias a ellos hoy estoy donde estoy”. En ese “donde estoy” cabe mucho más que una carrera deportiva. Cabe una vida digna. Cabe la posibilidad de soñar.

    Su familia en España se reduce a tres nombres: Floren, Paul y ella. Nada más. Nada menos. “Es la única familia que tengo aquí. Los quiero con toda mi alma”. En ese triángulo se sostiene todo. El fútbol, los estudios, la ambición, la estabilidad emocional. Después de Algeciras llegó Carmona, Sevilla, y con Carmona llegó el balón. Antes probó otras cosas: gimnasia, flamenco. Nada funcionó. “No era nada elástica”, dice entre risas, como si el destino ya estuviera avisando de que su camino iba por otro lado. El patio del recreo fue su primer estadio. Allí entendió que la pelota no era un juego más, era un idioma.

    Jugaba con niños, y jugaba mejor que muchos. Escuchó insultos, etiquetas, palabras que intentan frenar a las niñas que se salen del guion. “Machorra”, “pareces un chico”. No le importó. O no tanto. Porque cuando eliges primero, cuando marcas diferencias, el ruido se apaga. Empezó como central. Alta, fuerte, dominante. “Yo era una bigarda”, dice riéndose, sin perder nunca ese humor que la acompaña incluso cuando habla de lo más duro. Era defensa porque ahí nadie pasaba. Hasta que un día le dijeron que ya no podía seguir jugando con chicos. Y ahí apareció el fútbol sala, el Santa Ana, una nueva etapa que parecía definitiva.

    Pero la vida, como el fútbol, siempre tiene giros inesperados. La Tapia Cup de Málaga cambió su destino. Alguien la vio. Alguien entendió que aquello no era solo potencia, que había fútbol para once. Nervión fue el siguiente paso. Málaga CF después. Cacereño más tarde. Y en Cáceres no solo creció como futbolista, también como persona. Allí estudió, se formó, pensó en el futuro. Técnica en Enseñanza y Animación Sociodeportiva. Quiromasaje. Porque Edna siempre ha sabido algo que no todas las futbolistas tienen claro desde tan jóvenes: el fútbol es frágil. “Es corto. Más aún en mujeres. Lesiones, maternidad… hay que tener un plan B”.

    Ese plan B no le quitó ambición al plan A. Al contrario. Veinte goles en dos temporadas en Cáceres fueron la puerta definitiva. Agosto de 2023. Granada CF. Liga F. El sueño. El mismo que empezó en un patio de colegio, el mismo que parecía imposible para una niña nacida en tránsito, hija de una mujer que cruzó un desierto embarazada. Su debut fue una declaración de intenciones: gol, victoria, Los Cármenes. “Tenía el presentimiento de que iba a marcar”. Y marcó. Su madre estaba allí. Todo tenía sentido.

    paso de Edna Imade por el Granada Club de Fútbol no puede explicarse únicamente con goles, cifras o estadísticas, aunque todas ellas existan y sean relevantes. Su llegada al conjunto nazarí en el verano de 2023 supuso mucho más que un fichaje: fue la materialización de un sueño largamente perseguido, la confirmación de una promesa íntima y silenciosa que la propia Edna se había hecho siendo niña, cuando jugaba descalza en el patio de un colegio andaluz sin saber si algún día existiría un lugar para ella en el fútbol profesional. Granada no fue solo un club; fue un punto de llegada y, al mismo tiempo, un nuevo punto de partida.

    Cuando Edna firmó por el Granada CF, el equipo acababa de ascender a Liga F. El contexto no era sencillo. Un recién ascendido siempre vive entre la ilusión y la incertidumbre, entre el entusiasmo de haber llegado y el vértigo de mantenerse. Para Edna, aquel escenario tenía un significado especial: era su primera experiencia en la élite, la Primera División que había imaginado desde pequeña y que durante años pareció lejana, casi inalcanzable. Llegaba después de dos temporadas sobresalientes en el Cacereño, donde había marcado veinte goles y había demostrado no solo capacidad goleadora, sino también una fortaleza mental poco común. Granada apostó por ella sabiendo que no fichaba únicamente a una delantera, sino a una futbolista construida desde la resistencia.

    La adaptación fue rápida, pero no automática. Edna aterrizó en un vestuario nuevo, con dinámicas distintas, con un nivel de exigencia superior y con la presión añadida de un equipo que sabía que cada punto iba a ser vital para la permanencia. Desde el primer día entendió que su rol no iba a limitarse a marcar goles. Había que correr, presionar, pelear, asumir duelos constantes, convivir con la frustración y sostener al equipo en los momentos de mayor dificultad. En ese contexto, su debut en Liga F fue casi un relato simbólico: Granada recibía a la Real Sociedad en Los Cármenes y Edna, en su estreno en la máxima categoría, marcó el gol de la victoria. Un tanto que no solo valió tres puntos, sino que confirmó que estaba preparada para ese escenario.

    (Fuente: RFEF)

    Aquel gol fue mucho más que una buena carta de presentación. Fue una liberación emocional. Edna lo ha explicado después con palabras sencillas, pero cargadas de significado: tenía el presentimiento de que iba a marcar. No fue una cuestión de arrogancia, sino de intuición, de sentir que todo lo vivido hasta entonces tenía que desembocar en algo así. En la grada estaba su madre, Floren, la misma que había cruzado el Sáhara embarazada, la misma que había llegado en patera a España buscando una vida mejor para sus hijos. Ese gol, celebrado con rabia y emoción, fue también un homenaje silencioso a todo ese camino.

    La temporada, sin embargo, no fue un camino recto. Tras ese inicio prometedor, el Granada CF comenzó a experimentar la dureza de la Liga F. Los partidos se sucedían con una exigencia física y mental enorme, y el equipo entró en una dinámica complicada. Edna, como el resto del grupo, tuvo que aprender a convivir con la frustración, con partidos en los que el esfuerzo no se traducía en resultados, con momentos en los que la confianza se ponía a prueba. Para una futbolista debutante en la élite, ese proceso puede ser devastador. Para Edna, fue formativo.

    Durante ese primer curso, su aportación fue irregular en términos goleadores, pero constante en trabajo y compromiso. Sufrió, aprendió y creció. Hubo partidos en los que tuvo que adaptarse a posiciones distintas, asumir responsabilidades defensivas, jugar de espaldas, pelear cada balón como si fuera el último. No siempre fue reconocida por los números, pero sí por el cuerpo técnico y por sus compañeras, que encontraron en ella una futbolista fiable, fuerte y solidaria. El Granada CF, como equipo, llegó a la última jornada jugándose la permanencia. La presión era máxima. El margen de error, inexistente.

    (Fuente: RFEF)

    Y entonces llegó Ipurua. Última jornada. Partido decisivo ante la SD Eibar. Granada necesitaba ganar para seguir en Liga F. En ese contexto, Edna volvió a aparecer. Marcó uno de los goles del triunfo que certificó la permanencia. Fue un momento de alivio colectivo, de celebración contenida, de emoción acumulada durante meses. Para Edna, aquel gol tuvo un valor especial: significaba que su primer año en Primera División no había sido en vano, que había aportado en el momento más crítico, que su esfuerzo tenía sentido.

    Ese final de temporada marcó un antes y un después en su relación con el club. Edna no solo había debutado en la élite; había ayudado a sostener al Granada CF en ella. La experiencia, dura y exigente, le dejó una enseñanza clara: si quería crecer, debía dar un paso más. Y ese paso llegó en su segunda temporada, ya con el aprendizaje interiorizado y con una confianza renovada.

    El curso siguiente mostró a una Edna Imade distinta. Más madura. Más segura. Más consciente de sus virtudes. Desde el inicio de la temporada, su impacto fue inmediato. Los goles comenzaron a llegar con una regularidad que sorprendió incluso a ella misma. En apenas once jornadas, ya había superado los registros de toda la temporada anterior. Siete goles. Tercera máxima goleadora de la Liga F. Un salto cuantitativo y cualitativo que no se explica por una sola razón, sino por la suma de muchos factores.

    Uno de ellos fue la confianza del cuerpo técnico. La llegada de Arturo Ruiz supuso un cambio importante. El entrenador entendió rápidamente el potencial de Edna y le transmitió un mensaje claro: creía en ella. Esa confianza se tradujo en continuidad, en claridad de rol y en un cambio de posición que resultó decisivo. Edna dejó progresivamente la banda para ocupar posiciones más centradas, más cercanas al área, donde sus cualidades físicas, su potencia y su capacidad para atacar espacios podían marcar la diferencia. El cambio de chip fue inmediato. Edna empezó a sentirse delantera centro. A jugar como tal y a pensar como tal.

    El paso de Edna Imade por el Granada Club de Fútbol no puede explicarse únicamente con goles, cifras o estadísticas, aunque todas ellas existan y sean relevantes. Su llegada al conjunto nazarí en el verano de 2023 supuso mucho más que un fichaje: fue la materialización de un sueño largamente perseguido, la confirmación de una promesa íntima y silenciosa que la propia Edna se había hecho siendo niña, cuando jugaba descalza en el patio de un colegio andaluz sin saber si algún día existiría un lugar para ella en el fútbol profesional. Granada no fue solo un club; fue un punto de llegada y, al mismo tiempo, un nuevo punto de partida.

    Cuando Edna firmó por el Granada CF, el equipo acababa de ascender a Liga F. El contexto no era sencillo. Un recién ascendido siempre vive entre la ilusión y la incertidumbre, entre el entusiasmo de haber llegado y el vértigo de mantenerse. Para Edna, aquel escenario tenía un significado especial: era su primera experiencia en la élite, la Primera División que había imaginado desde pequeña y que durante años pareció lejana, casi inalcanzable. Llegaba después de dos temporadas sobresalientes en el Cacereño, donde había marcado veinte goles y había demostrado no solo capacidad goleadora, sino también una fortaleza mental poco común. Granada apostó por ella sabiendo que no fichaba únicamente a una delantera, sino a una futbolista construida desde la resistencia.

    La adaptación fue rápida, pero no automática. Edna aterrizó en un vestuario nuevo, con dinámicas distintas, con un nivel de exigencia superior y con la presión añadida de un equipo que sabía que cada punto iba a ser vital para la permanencia. Desde el primer día entendió que su rol no iba a limitarse a marcar goles. Había que correr, presionar, pelear, asumir duelos constantes, convivir con la frustración y sostener al equipo en los momentos de mayor dificultad. En ese contexto, su debut en Liga F fue casi un relato simbólico: Granada recibía a la Real Sociedad en Los Cármenes y Edna, en su estreno en la máxima categoría, marcó el gol de la victoria. Un tanto que no solo valió tres puntos, sino que confirmó que estaba preparada para ese escenario.

    Aquel gol fue mucho más que una buena carta de presentación. Fue una liberación emocional. Edna lo ha explicado después con palabras sencillas, pero cargadas de significado: tenía el presentimiento de que iba a marcar. No fue una cuestión de arrogancia, sino de intuición, de sentir que todo lo vivido hasta entonces tenía que desembocar en algo así. En la grada estaba su madre, Floren, la misma que había cruzado el Sáhara embarazada, la misma que había llegado en patera a España buscando una vida mejor para sus hijos. Ese gol, celebrado con rabia y emoción, fue también un homenaje silencioso a todo ese camino.

    La temporada, sin embargo, no fue un camino recto. Tras ese inicio prometedor, el Granada CF comenzó a experimentar la dureza de la Liga F. Los partidos se sucedían con una exigencia física y mental enorme, y el equipo entró en una dinámica complicada. Edna, como el resto del grupo, tuvo que aprender a convivir con la frustración, con partidos en los que el esfuerzo no se traducía en resultados, con momentos en los que la confianza se ponía a prueba. Para una futbolista debutante en la élite, ese proceso puede ser devastador. Para Edna, fue formativo.

    Durante ese primer curso, su aportación fue irregular en términos goleadores, pero constante en trabajo y compromiso. Sufrió, aprendió y creció. Hubo partidos en los que tuvo que adaptarse a posiciones distintas, asumir responsabilidades defensivas, jugar de espaldas, pelear cada balón como si fuera el último. No siempre fue reconocida por los números, pero sí por el cuerpo técnico y por sus compañeras, que encontraron en ella una futbolista fiable, fuerte y solidaria. El Granada CF, como equipo, llegó a la última jornada jugándose la permanencia. La presión era máxima. El margen de error, inexistente.

    Y entonces llegó Ipurua. Última jornada. Partido decisivo ante la SD Eibar. Granada necesitaba ganar para seguir en Liga F. En ese contexto, Edna volvió a aparecer. Marcó uno de los goles del triunfo que certificó la permanencia. Fue un momento de alivio colectivo, de celebración contenida, de emoción acumulada durante meses. Para Edna, aquel gol tuvo un valor especial: significaba que su primer año en Primera División no había sido en vano, que había aportado en el momento más crítico, que su esfuerzo tenía sentido.

    Ese final de temporada marcó un antes y un después en su relación con el club. Edna no solo había debutado en la élite; había ayudado a sostener al Granada CF en ella. La experiencia, dura y exigente, le dejó una enseñanza clara: si quería crecer, debía dar un paso más. Y ese paso llegó en su segunda temporada, ya con el aprendizaje interiorizado y con una confianza renovada.

    El curso siguiente mostró a una Edna Imade distinta. Más madura. Más segura. Más consciente de sus virtudes. Desde el inicio de la temporada, su impacto fue inmediato.

    Los goles comenzaron a llegar con una regularidad que sorprendió incluso a ella misma. En apenas once jornadas, ya había superado los registros de toda la temporada anterior. Siete goles. Tercera máxima goleadora de la Liga F. Un salto cuantitativo y cualitativo que no se explica por una sola razón, sino por la suma de muchos factores.
    paso de Edna Imade por el Granada Club de Fútbol no puede explicarse únicamente con goles, cifras o estadísticas, aunque todas ellas existan y sean relevantes. Su llegada al conjunto nazarí en el verano de 2023 supuso mucho más que un fichaje: fue la materialización de un sueño largamente perseguido, la confirmación de una promesa íntima y silenciosa que la propia Edna se había hecho siendo niña, cuando jugaba descalza en el patio de un colegio andaluz sin saber si algún día existiría un lugar para ella en el fútbol profesional. Granada no fue solo un club; fue un punto de llegada y, al mismo tiempo, un nuevo punto de partida.

    Cuando Edna firmó por el Granada CF, el equipo acababa de ascender a Liga F. El contexto no era sencillo. Un recién ascendido siempre vive entre la ilusión y la incertidumbre, entre el entusiasmo de haber llegado y el vértigo de mantenerse. Para Edna, aquel escenario tenía un significado especial: era su primera experiencia en la élite, la Primera División que había imaginado desde pequeña y que durante años pareció lejana, casi inalcanzable. Llegaba después de dos temporadas sobresalientes en el Cacereño, donde había marcado veinte goles y había demostrado no solo capacidad goleadora, sino también una fortaleza mental poco común. Granada apostó por ella sabiendo que no fichaba únicamente a una delantera, sino a una futbolista construida desde la resistencia.

    La adaptación fue rápida, pero no automática. Edna aterrizó en un vestuario nuevo, con dinámicas distintas, con un nivel de exigencia superior y con la presión añadida de un equipo que sabía que cada punto iba a ser vital para la permanencia. Desde el primer día entendió que su rol no iba a limitarse a marcar goles. Había que correr, presionar, pelear, asumir duelos constantes, convivir con la frustración y sostener al equipo en los momentos de mayor dificultad. En ese contexto, su debut en Liga F fue casi un relato simbólico: Granada recibía a la Real Sociedad en Los Cármenes y Edna, en su estreno en la máxima categoría, marcó el gol de la victoria. Un tanto que no solo valió tres puntos, sino que confirmó que estaba preparada para ese escenario.

    Aquel gol fue mucho más que una buena carta de presentación. Fue una liberación emocional. Edna lo ha explicado después con palabras sencillas, pero cargadas de significado: tenía el presentimiento de que iba a marcar. No fue una cuestión de arrogancia, sino de intuición, de sentir que todo lo vivido hasta entonces tenía que desembocar en algo así. En la grada estaba su madre, Floren, la misma que había cruzado el Sáhara embarazada, la misma que había llegado en patera a España buscando una vida mejor para sus hijos. Ese gol, celebrado con rabia y emoción, fue también un homenaje silencioso a todo ese camino.

    La temporada, sin embargo, no fue un camino recto. Tras ese inicio prometedor, el Granada CF comenzó a experimentar la dureza de la Liga F. Los partidos se sucedían con una exigencia física y mental enorme, y el equipo entró en una dinámica complicada. Edna, como el resto del grupo, tuvo que aprender a convivir con la frustración, con partidos en los que el esfuerzo no se traducía en resultados, con momentos en los que la confianza se ponía a prueba. Para una futbolista debutante en la élite, ese proceso puede ser devastador. Para Edna, fue formativo.

    Durante ese primer curso, su aportación fue irregular en términos goleadores, pero constante en trabajo y compromiso. Sufrió, aprendió y creció. Hubo partidos en los que tuvo que adaptarse a posiciones distintas, asumir responsabilidades defensivas, jugar de espaldas, pelear cada balón como si fuera el último. No siempre fue reconocida por los números, pero sí por el cuerpo técnico y por sus compañeras, que encontraron en ella una futbolista fiable, fuerte y solidaria. El Granada CF, como equipo, llegó a la última jornada jugándose la permanencia. La presión era máxima. El margen de error, inexistente.

    Y entonces llegó Ipurua. Última jornada. Partido decisivo ante la SD Eibar. Granada necesitaba ganar para seguir en Liga F. En ese contexto, Edna volvió a aparecer. Marcó uno de los goles del triunfo que certificó la permanencia. Fue un momento de alivio colectivo, de celebración contenida, de emoción acumulada durante meses. Para Edna, aquel gol tuvo un valor especial: significaba que su primer año en Primera División no había sido en vano, que había aportado en el momento más crítico, que su esfuerzo tenía sentido.

    Ese final de temporada marcó un antes y un después en su relación con el club. Edna no solo había debutado en la élite; había ayudado a sostener al Granada CF en ella. La experiencia, dura y exigente, le dejó una enseñanza clara: si quería crecer, debía dar un paso más. Y ese paso llegó en su segunda temporada, ya con el aprendizaje interiorizado y con una confianza renovada.

    El curso siguiente mostró a una Edna Imade distinta. Más madura. Más segura. Más consciente de sus virtudes. Desde el inicio de la temporada, su impacto fue inmediato. Los goles comenzaron a llegar con una regularidad que sorprendió incluso a ella misma. En apenas once jornadas, ya había superado los registros de toda la temporada anterior. Siete goles. Tercera máxima goleadora de la Liga F. Un salto cuantitativo y cualitativo que no se explica por una sola razón, sino por la suma de muchos factores.

    Uno de ellos fue la confianza del cuerpo técnico. La llegada de Arturo Ruiz supuso un cambio importante. El entrenador entendió rápidamente el potencial de Edna y le transmitió un mensaje claro: creía en ella. Esa confianza se tradujo en continuidad, en claridad de rol y en un cambio de posición que resultó decisivo. Edna dejó progresivamente la banda para ocupar posiciones más centradas, más cercanas al área, donde sus cualidades físicas, su potencia y su capacidad para atacar espacios podían marcar la diferencia. El cambio de chip fue inmediato. Edna empezó a sentirse delantera centro. A jugar como tal. A pensar como tal.

    A nivel colectivo, el Granada CF también dio un paso adelante. El equipo ganó solidez, confianza y estabilidad. Edna encontró una conexión especial con Laura Pérez, máxima asistente de la Liga F. La relación entre ambas se convirtió en uno de los pilares ofensivos del equipo. Tres de los siete goles de Edna llegaron tras asistencias de Laura, pero más allá de los números, lo que se consolidó fue una comprensión mutua, una química que se percibía en cada movimiento, en cada desmarque, en cada pase filtrado.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Ese crecimiento individual y colectivo situó al Granada CF en una posición mucho más cómoda en la clasificación. El equipo se alejó del descenso y comenzó a mirar hacia arriba, sin complejos. Edna, mientras tanto, se convirtió en una de las referencias ofensivas de la Liga F. Su nombre empezó a aparecer en conversaciones, en nominaciones, en análisis. Fue candidata a jugadora del mes. Apareció en el FIFA. Se convirtió en referente para muchas niñas que acudían a Los Cármenes o que la veían en los colegios cuando el club realizaba actividades sociales.

    Pero el paso de Edna por el Granada CF no se mide solo en lo que ocurre dentro del campo. Se mide también en su impacto humano, en su manera de representar los valores del club, en su historia personal, que conecta de forma natural con la identidad de una ciudad acostumbrada a la mezcla, a la resistencia y a la memoria. Edna encajó en Granada porque Granada entendió su historia. Porque es una futbolista que no olvida de dónde viene, que valora cada oportunidad y que no da nada por sentado.

    A nivel personal, su etapa en el Granada CF le permitió consolidarse no solo como futbolista, sino como mujer adulta, consciente de la importancia de la formación, del equilibrio y del futuro. Mientras marcaba goles en Liga F, seguía formándose, ampliando horizontes, pensando en el día después del fútbol. Esa mentalidad, heredada de una madre que tuvo que planificar la supervivencia en circunstancias extremas, se convirtió en uno de sus mayores activos.

    Edna Imade no sabe cuánto durará su etapa en el Granada CF, pero sí sabe que el club ocupa un lugar central en su historia. Fue el equipo que le abrió las puertas de la élite. El lugar donde debutó, sufrió, aprendió y se consolidó. El escenario donde entendió que su sueño no era una excepción, sino una realidad construida con esfuerzo. Granada fue, y es, el espacio donde Edna dejó de ser promesa para convertirse en presente.

    Cada gol suyo en Los Cármenes lleva implícita una historia más larga que el propio partido. Una historia que empieza mucho antes de que el balón ruede. Y en ese relato, el Granada CF no es un capítulo más: es el capítulo en el que Edna Imade se confirmó como futbolista de Primera División, como referente del fútbol femenino y como símbolo de que los sueños, incluso los más improbables, pueden encontrar su lugar.

    La cesión de Edna Imade a la Real Sociedad de Fútbol fue, más que un simple movimiento de mercado, una estación decisiva en una carrera que ya venía marcada por la resistencia, la adaptación y la capacidad de crecer en contextos exigentes. Cuando la delantera llegó a San Sebastián procedente del Bayern de Múnich, lo hizo con la sensación de estar ante una oportunidad que no era menor ni transitoria, sino profundamente formativa. No aterrizaba en un club cualquiera: llegaba a una Real ambiciosa, estructurada, con una identidad futbolística clara y con la exigencia constante de competir en la parte alta de la tabla y en escenarios europeos. Era un entorno ideal para una futbolista que siempre ha entendido el fútbol como un espacio de aprendizaje continuo.

    Desde sus primeros días en Zubieta, Edna asumió que la cesión no era un paréntesis, sino un examen diario. Se integró en un vestuario con jerarquías consolidadas y con un estilo de juego que exigía precisión, lectura táctica y compromiso colectivo. Lejos de limitarse a esperar oportunidades, se ganó minutos desde el trabajo invisible: presión alta, desmarques constantes, capacidad para fijar centrales y una energía que encajó con la identidad competitiva del equipo. Su impacto fue progresivo, pero constante, hasta convertirse en una pieza reconocible dentro del sistema.

    Los números comenzaron a acompañar ese proceso de adaptación. Edna fue acumulando partidos, titularidades y minutos, apareciendo tanto en Liga F como en los compromisos europeos del conjunto txuri-urdin. En el campeonato doméstico firmó una cifra sostenida de goles y asistencias que no solo reflejaban su capacidad para finalizar, sino también su aportación al juego colectivo. Sumó goles decisivos, participó en acciones clave y se convirtió en una amenaza permanente para las defensas rivales, alternando apariciones como referencia ofensiva con movimientos desde zonas intermedias. A lo largo de la temporada, sus registros ofensivos —goles, ocasiones creadas, duelos ganados— hablaron de una futbolista en clara progresión, cada vez más cómoda en contextos de alta exigencia.

    Más allá de los números, su paso por la Real Sociedad estuvo marcado por una evolución evidente en su juego. Edna aprendió a convivir con defensas más cerradas, a interpretar mejor los tiempos del partido y a asumir responsabilidades en escenarios de presión máxima, especialmente en partidos europeos donde el margen de error es mínimo. En Anoeta y fuera de casa, su figura fue creciendo hasta convertirse en una de las delanteras más reconocibles del equipo, no solo por lo que marcaba, sino por lo que generaba para las demás.

    Esa evolución no pasó desapercibida en Múnich. El Bayern siguió de cerca cada paso de su cesión, consciente de que Edna estaba respondiendo al reto con madurez y rendimiento. Y entonces el contexto cambió de forma abrupta. La salida de Lea Schüller, que puso rumbo al Manchester United Women, dejó al Bayern sin una de sus referencias ofensivas y obligó al club alemán a reaccionar con rapidez. En ese escenario, la progresión de Edna y su rendimiento en la Real Sociedad se convirtieron en un argumento irrefutable. El Bayern decidió repescarla antes de tiempo, interrumpiendo la cesión para reincorporarla a su plantilla y cubrir una necesidad inmediata en ataque.

    La decisión fue, en sí misma, una confirmación del impacto de Edna en San Sebastián. No todas las cesiones terminan con una llamada anticipada del club de origen, y menos aún en un gigante europeo como el Bayern de Múnich. Para la Real Sociedad, supuso perder a una futbolista que ya formaba parte del equilibrio ofensivo del equipo; para Edna, fue la prueba definitiva de que su trabajo estaba siendo reconocido al más alto nivel.

    Su etapa en la Real Sociedad, aunque más corta de lo inicialmente previsto, dejó una huella clara. Dejó números, sí, pero sobre todo dejó sensaciones: la de una delantera capaz de competir en contextos de élite, de adaptarse a distintos estilos y de responder cuando el escenario se vuelve exigente. La cesión cumplió su función con creces. Edna se marchó de San Sebastián más completa, más segura y con la certeza de que estaba preparada para dar el siguiente paso.

    Así, su regreso anticipado al Bayern no fue una ruptura, sino una consecuencia lógica. Consecuencia de los goles marcados, de los minutos asumidos, de los partidos competidos y de una progresión que convirtió una cesión en una plataforma de lanzamiento. La Real Sociedad fue el lugar donde Edna Imade confirmó que su crecimiento no tenía techo inmediato; el Bayern, al repescarla antes de tiempo tras la marcha de Lea Schüller al Manchester United Women, simplemente reconoció una realidad que ya se había construido sobre el césped.

    (Fuente: Real Sociedad de Fútbol)

    En el Estadio de Zubieta están inmersos en la lucha por acceder a los puestos ligueros que dan plaza a jugar la ronda preliminar de la Liga de Campeones Femenina la temporada que viene, marchándose al parón navideño en tercera posición con 30 unidades en el zurrón, a tan solo dos de un Real Madrid que sigue la estela del todopoderoso Fútbol Club Barcelona, quien domina la Primera División Femenina como es habitual.

    La exjugadora del Club Polideportivo Cacereño y el Málaga Club de Fútbol podrá despedirse del conjunto guipuzcoano unos días después de Reyes en el compromiso que enfrentará a la Real Sociedad de Fútbol a domicilio (Alcalá de Henares) frente al Club Atlético de Madrid en un duelo directo por la Liga de Campeones que emitirá en abierto TEN TV (12:00 horario peninsular) en abierto a través de la TDT el 10 de enero de 2026.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Hay delanteras que marcan goles. Hay otras que marcan destinos. Edna está hecha para lo segundo.

    La que fuese futbolista del Málaga CFF en la temporada 2019-2020, ha de ser definida como una atacante muy polivalente que puede actuar tanto como referencia en la parcela ofensiva como extremo por ambos costados, sobresaliendo en el rectángulo de juego por su velocidad, gran disparo de larga y media distancia que posee un potente juego aéreo en las acciones a balón parado.

    Ya solo nos quedan noventa minutos para ver a la internacional española en categoría absoluta brillando en la Liga F Moeve y después habrá que conformase con verla defender la elástica de “La Roja”, que no es poco.

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Oficial | Cerezo defiende la Supercopa en Arabia Saudí y subraya que parte de sus ingresos se destinan al fútbol femenino

    (Fuente: Getty imágenes)

    ⬜️ En la previa del Atlético de Madrid–Real Madrid de la Supercopa de España en Arabia Saudí, Enrique Cerezo defendió el formato del torneo frente a las críticas y puso el acento en su impacto económico, recordando que parte de los ingresos generados se reinvierten en el conjunto del fútbol español, incluido el desarrollo del fútbol femenino y las categorías no profesionales.

    El presidente del Atlético de Madrid respalda el modelo económico del torneo en la previa del derbi ante el Real Madrid y recuerda que los beneficios generados por la Supercopa no solo impactan en el fútbol profesional masculino, sino que también se reinvierten en el desarrollo del fútbol femenino, el fútbol base y las categorías no profesionales, uno de los principales argumentos frente a las críticas por la sede del campeonato.

    La Supercopa de España volvió a situarse en el centro del debate en la previa del Atlético de Madrid–Real Madrid disputado en Arabia Saudí. Más allá de lo estrictamente deportivo, la elección de la sede y el formato del torneo suscitan cada año críticas por su celebración fuera de territorio español. En ese contexto, Enrique Cerezo, presidente del Atlético de Madrid, defendió el modelo económico del campeonato y el impacto positivo que, según los organizadores, tiene para el conjunto del fútbol español, recordando que parte de los ingresos generados por la Supercopa se destinan al fútbol femenino y a otras áreas estructurales del deporte.

    El presidente del Atlético de Madrid respalda el modelo económico del torneo en la previa del derbi ante el Real Madrid y recuerda que los beneficios generados por la Supercopa no solo impactan en el fútbol profesional masculino, sino que también se reinvierten en el desarrollo del fútbol femenino, el fútbol base y las categorías no profesionales, uno de los principales argumentos frente a las críticas por la sede del campeonato.

    Durante su comparecencia previa al encuentro, en declaraciones a Movistar Plus, Cerezo centró su intervención principalmente en el plano deportivo, en la importancia del título y en la oportunidad que supone el torneo para el Atlético de Madrid. Sin embargo, sus palabras se enmarcaron en un discurso más amplio que conecta con la postura oficial de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), que ha defendido reiteradamente que los beneficios económicos derivados del acuerdo con Arabia Saudí no se limitan a los clubes participantes, sino que se redistribuyen en distintos niveles del fútbol nacional.

    En ese sentido, desde la RFEF se ha explicado que una parte significativa de los ingresos obtenidos por la Supercopa se reinvierte en el fútbol no profesional, en programas de desarrollo del fútbol base y en el impulso del fútbol femenino, una de las áreas estratégicas del crecimiento del fútbol español en los últimos años. Este argumento ha sido utilizado como respuesta a quienes cuestionan el traslado del torneo al extranjero, subrayando que el impacto económico del campeonato trasciende el corto plazo y el foco mediático del fútbol masculino de élite.

    fútbol femenino, en particular, se ha convertido en uno de los ejes centrales de esa defensa. La federación ha insistido en que los recursos generados por competiciones como la Supercopa permiten sostener y ampliar inversiones en estructuras, competiciones y ayudas económicas que contribuyen a la profesionalización progresiva del fútbol femenino y a la mejora de las condiciones de clubes y jugadoras. Aunque Cerezo no realizó una cita literal centrada exclusivamente en esta cuestión, su defensa del formato se alinea con ese planteamiento general, que vincula la expansión internacional del torneo con un retorno económico que beneficia a todo el ecosistema del fútbol español.

    La celebración de la Supercopa en Arabia Saudí ha estado rodeada de controversia desde su traslado, tanto por motivos deportivos como sociales y económicos. Frente a esas críticas, los defensores del modelo insisten en que el acuerdo permite generar ingresos muy superiores a los que obtendría el torneo en territorio nacional, lo que abre la puerta a una mayor redistribución de recursos. En ese reparto, según la RFEF, no solo entran los clubes profesionales, sino también federaciones territoriales, categorías inferiores y el fútbol femenino, que necesita una base económica sólida para consolidar su crecimiento.

    Cerezo, como presidente de uno de los clubes participantes, respaldó esa visión en la previa del derbi, insistiendo en la importancia de entender la Supercopa no solo como un evento puntual, sino como una pieza clave dentro de una estrategia económica más amplia. Una estrategia que, según sus defensores, permite reforzar la competitividad del fútbol español y sostener áreas que, sin ese respaldo económico, tendrían mayores dificultades para desarrollarse.

    De este modo, el debate en torno a la Supercopa vuelve a evidenciar la tensión entre la dimensión deportiva y la económica del fútbol moderno. Mientras las críticas se centran en la sede y el formato, los responsables institucionales y los clubes apelan al impacto global del torneo y a su capacidad para generar recursos que, más allá del escaparate del fútbol masculino, también alcanzan al fútbol femenino y a la base del sistema.

    Un argumento que, una vez más, se sitúa en el centro de la defensa del modelo en Arabia Saudí, ya que el torneo aporta 26 millones de euros a repartir entre la Primera División Femenina y el balompié no profesional, donde ya no está la Liga F desde 2022.

    (Fuente: RFEF)
  • Oficial | El Costa Adeje Tenerife se despide de una Amani que recala en el Bayern de Múnich

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🟢 La exjugadora del Eibar abandona el Heliodoro Rodríguez López tras media temporada y brillará en el conjunto bávaro.

    El Club Deportivo Tenerife Femenino, semifinalista de la Copa de la Reina Iberdrola en 2022 ha anunciado oficialmente el adiós de Amani Kakouman Bernadette.

    El representativo canario y la internacional absoluta por Costa de Marfil separan caminos después de que se haya hecho efectivo el pago de la cláusula de rescisión de la futbolista en este mercado de invierno. La internacional marfileña pone así fin a su etapa como blanquiazul para iniciar un nuevo desafío en el fútbol alemán, bajo el escudo del Bayern de Múnich.
    “Es un paso más en mi carrera, estoy muy agradecida al club y a mis compañeras por la oportunidad y porque he aprendido mucho en estos meses. Me voy siendo mejor jugadora y sobre todo mejor persona. Gracias también a la afición porque su apoyo durante la temporada ha sido increíble” señaló la centrocampista.
    Amani llegó al conjunto tinerfeño el pasado mes de julio de 2025 procedente de la SD Eibar y, en apenas unos meses, se convirtió en una de las jugadoras más destacadas del equipo. Su impacto fue inmediato, aportando equilibrio, carácter y calidad al centro del campo, además de un compromiso absoluto con el grupo y con la camiseta.
    Desde su debut, la centrocampista marfileña fue protagonista tanto dentro como fuera del terreno de juego. Su inicio de temporada no pudo ser más significativo, estrenándose como goleadora en Liga F Moeve ante el Sevilla FC y siendo elegida MVP, en un tanto cargado de emoción que dedicó a su padre. Amani supo conectar desde el primer momento con el vestuario y con la afición, convirtiéndose en una pieza clave (doce titularidades y más de mil minutos) en una temporada de alto nivel para el club.


    “Creo que ese partido contra el Sevilla fue uno de los momentos más bonitos que he vivido aquí. Era el día después de mi cumpleaños y pude marcar y dedicarle el gol a mi padre, fue algo muy especial” expresó Amani visiblemente emocionada.
    El broche a su etapa como blanquiazul llegó en el último partido del año 2025, en la Copa de la Reina, donde volvió a demostrar su jerarquía marcando el primer gol del encuentro, precisamente en Sevilla, despidiéndose del Costa Adeje Tenerife Egatesa con el mismo sello que la ha acompañado durante toda su estancia: trabajo, personalidad y determinación.
    Desde el club blanquiazul se agradece a Amani su profesionalidad, su entrega y su implicación durante el tiempo que ha defendido sus colores. Su crecimiento y el interés de un club del prestigio internacional del Bayern de Múnich son motivo de orgullo para la entidad y reflejan el valor del proyecto deportivo que se sigue construyendo desde la isla.
    El presidente del CD Tenerife Femenino, Sergio Batista, ha expresado que “desde el club le deseamos a Amani la mayor de las suertes en esta nueva etapa de su carrera, tanto a nivel profesional como personal. Esta siempre será su casa y esperamos que todo vaya bien en el nuevo reto que emprende lejos de Tenerife.

    La futbolista de 28 años fue pretendida por el Club Atlético de Madrid en el pasado mercado estival cuando aún era armera, pero las elevadas pretensiones de la Sociedad Deportiva Eibar frustraron un acuerdo que estaba avanzando y la exjugadora del DUX Logroño (2022-2023) acabó reforzando al conjunto azul y blanco

    Nacida el 5 de septiembre de 1997 en Dougbafla (Costa de Marfil), se ha consolidado como una pieza fundamental en la medular del equipo blanquiazul desde su llegada en el verano de 2025 procedente de la S.D. Eibar, aportando equilibrio, energía y calidad a un Tenerife que ha apostado por ella como piedra angular de su estructura táctica en el centro del campo.

    Amani no es solo una jugadora física y aguerrida, sino que encarna el perfil de mediocentro moderno: con un despliegue físico notable, fortaleza en los duelos uno contra uno, velocidad y potencia para imponerse en disputas tanto en campo propio como en transición, y con capacidad técnica para recibir, conducir y distribuir el juego con criterio. Su estatura y complexión —1,64 m de altura y un físico compacto— le permiten posicionarse con solidez en el campo, proteger el balón bajo presión, girar con rapidez y facilitar la progresión del juego a sus compañeras con pases cortos precisos, conducciones directas y rotaciones rápidas de la pelota

    La africana con la camiseta del Tenerife destacaba por un perfil que combina funciones defensivas y ofensivas en el mediocampo con una gran inteligencia táctica. Su lectura del juego es sobresaliente: anticipa las acciones del rival, posiciona su cuerpo para cortar líneas de pase, y cuando el equipo tiene el balón reorganiza la estructura ofensiva con criterio, ofreciendo salidas limpias desde atrás, conduciendo al primer pase vertical o redistribuyendo el balón para mantener la posesión. Esa capacidad de transición la convierte en un mediocentro útil tanto para recuperar como para generar juego.

    Técnicamente, Amani presenta un dominio del balón firme que le permite controlar situaciones de alta presión, recolocar la pelota y lanzar conducciones que rompen las primeras líneas defensivas. Su habilidad en el pase corto es precisa, con un porcentaje de acierto elevado para los estándares de la Liga F, y su visión de juego le posibilita realizar pases largos que abren el campo hacia bandas o liberan a jugadoras de ataque en posiciones más adelantadas. Aunque no es una mediapunta clásica, su versatilidad en la construcción de juego es clave para integrarse tanto en sistemas que priorizan la posesión como en aquellos que buscan progresar con velocidad y verticalidad. 

    Defensivamente, Amani sobresale por su agresividad medida y su capacidad para interrumpir las jugadas del rival. Su velocidad de reacción y su lectura le permiten anticipar pases, interceptar balones y ejecutar entradas limpias que frenan contragolpes peligrosos, convirtiéndose en un punto de equilibrio defensivo para su equipo. Además, no rehúye los contactos físicos: su capacidad de salto y fuerza en el choque la hacen competitiva en duelos aéreos y cuerpo a cuerpo. Su porcentaje de contribución defensiva comparado con otras mediocentros la sitúa entre las jugadoras que más aportan en labores de recuperación y contención. 

    En ataque, aunque su tendencia prioritaria no es la finalización, Amani aporta presencia y peligro desde media distancia con remates potentes cuando las situaciones lo permiten. Esto quedó patente en encuentros como el que disputó ante el Athletic Club Femenino, donde estuvo muy activa en las áreas de creación e incluso protagonizó intentos de disparo desde fuera del área, mostrando confianza para encarar y probar al rival desde posiciones lejanas. 

    Las estadísticas de la temporada 2025-2026 consolidan su perfil de jugadora completa: promedia un alto número de minutos por partido (más de 1.000 minutos en Liga F), ha anotado goles y disputado encuentros con un rendimiento consistente, ha visto tarjetas en algunas ocasiones por su intensidad competitiva, y su presencia en el equipo es habitual como titular prácticamente en todos los encuentros disputados. Esto refuerza su rol como líder en la medular del Tenerife, con cifras que muestran su regularidad y su importancia tanto en tareas de recuperación como en contribución ofensiva.

    Lo que Amani aporta al CD Tenerife femenino con la camiseta azul y blanca trasciende las estadísticas básicas: imprime carácter, perseverancia y una ética de trabajo que contagia a sus compañeras. Su profesionalismo y compromiso se reflejan en su constante implicación en cada jugada, ya sea presionando al rival para recuperar la posesión o descargando con balones precisos para iniciar fases de ataque. Su versatilidad táctica le permite adaptarse fluida y naturalmente a diferentes esquemas de juego, ya sea como mediocentro defensiva en formaciones que priorizan la solidez o como mediocentro de enlace en sistemas más ofensivos que buscan fluidez entre líneas.

    Bernadette Amani Kakounan con el número 8 del Club Deportivo Tenerife Femenino es una mediocampista completa, con capacidad física, inteligencia táctica, técnica depurada y compromiso competitivo que la convierten en una pieza clave para su equipo. Su impresionante trabajo sin balón, su liderazgo silencioso, su serenidad para manejar el tempo del juego y su agresividad medida en defensa la hacen una jugadora indispensable en el molde moderno del mediocampo: una futbolista que no solo recupera y distribuye el juego, sino que también ayuda a construirlo desde atrás con criterio y precisión en cada fase de partido.

    Estas virtudes han llamado la atención de José Barcala, técnico español del Bayern de Múnich que ha conseguido que el elenco teutón abone el importe íntegro de su cláusula de rescisión en este mercado de invierno.

    El Bayern ya repescó a Edna Imade de su cesión a la Real Sociedad de Fútbol antes de tiempo tras la marcha de Lea Schüller al Manchester United Women.

    Bianca Rech, directora de fútbol femenino del FC Bayern: «Bernadette es una jugadora extremadamente fuerte y compacta que convence por su velocidad, estabilidad, pero también por su juego de pases seguros. Trae mucha tranquilidad al centro del campo y, como líder del juego de Costa de Marfil, siempre pone al equipo en primer lugar. Bernadette es muy abierta, dispuesta a aprender y muestra una notable curiosidad por seguir desarrollándose. Apreciamos especialmente su carácter comprometido y orientado al trabajo en equipo. Por lo tanto, estamos muy contentos de que se haya decidido por el Bayern y esperamos pasar tiempo juntos”.

    Francisco De Sá Fardilha, director deportivo del conjunto alemán : «Bernadette aportará mucha energía y asertividad a nuestro juego. Con su inteligencia de juego, también aumenta nuestro riesgo ofensivo, tanto en ataques rápidos como en la configuración controlada del juego. Su capacidad para jugar permanentemente al más alto nivel de intensidad es particularmente valiosa para nosotros. Estamos convencidos de que desarrollarán aún más su potencial y lo elevarán a un nuevo nivel con nosotros».

    «El cambio al FC Bayern me llena de gran alegría – para mí es un sueño hecho realidad. El club es una de las asociaciones más reconocidas del mundo y también goza de una gran reputación en mi país de origen. Mi objetivo es integrarme rápidamente en las próximas semanas y devolver la confianza depositada en mí con fuertes actuaciones. Me considero una verdadera jugadora de equipo. Por lo tanto, para mí, la cooperación y el éxito del equipo son lo primero. Quiero dar lo mejor de mí todos los días», declaró la jugadora.

    Amani ya está en Múnich y ha firmado un contrato hasta el próximo 30 de junio de 2029, como mínimo y su debut en la Frauen-Bundesliga podría llevar ante el Red Bull Leipzig que está programado para el 25 de enero de 2026.

    La salida de Amani del Costa Adeje Tenerife rumbo al Bayern de Múnich, tras el abono íntegro de su cláusula de rescisión, supone un punto de inflexión profundo en la temporada del conjunto azul y blanco, no solo por lo que representa la pérdida de una futbolista capital en términos estrictamente futbolísticos, sino por el momento competitivo en el que se produce y por el contexto estructural y emocional que rodea al club. El Tenerife llega al último encuentro de la primera vuelta en Riazor ante el Deportivo Abanca situado en la quinta posición con 24 puntos, plenamente inmerso en la pelea con el Atlético de Madrid y la Real Sociedad por el tercer puesto que da acceso a la fase previa de la próxima edición de la Liga de Campeones Femenina, y lo hace justo cuando se ve obligado a redefinir el corazón de su juego, la medular, sin la futbolista que había ejercido como ancla, metrónomo, sostén defensivo y primer eslabón creativo del equipo. Para Yerai Martín, nuevo técnico azul y blanco, el reto es mayúsculo, pero también abre un abanico de posibilidades tácticas, estratégicas y de gestión de grupo que, bien trabajadas, pueden no solo minimizar el impacto de la marcha de la internacional africana, sino incluso reconfigurar al Tenerife como un equipo más imprevisible, coral y adaptable a distintos contextos de partido.

    Amani no era una centrocampista más dentro del ecosistema del Costa Adeje Tenerife. Su peso iba mucho más allá de los minutos jugados o de los datos estadísticos. Era la futbolista que daba sentido a la estructura, la que equilibraba al equipo cuando este se partía, la que corregía errores ajenos con su lectura del juego y su capacidad para ocupar espacios, la que sostenía el bloque medio cuando las líneas se adelantaban y la que ofrecía una salida limpia cuando el rival presionaba alto. Su perfil físico, su agresividad bien entendida, su capacidad para ganar duelos y su inteligencia posicional permitían al Tenerife asumir riesgos en otros sectores del campo, liberar a las interiores para saltar líneas o a las laterales para proyectarse con profundidad. Sin Amani, el equipo pierde de golpe una garantía de estabilidad, pero también se ve obligado a mirarse al espejo y a preguntarse qué tipo de equipo quiere ser en este tramo decisivo de la temporada.

    Yerai Martín, que conoce bien la idiosincrasia del club y el perfil de las futbolistas de la plantilla, tiene varias vías para cubrir la baja, y ninguna de ellas pasa por buscar un reemplazo idéntico, porque simplemente no existe dentro del vestuario una jugadora que reproduzca exactamente el mismo impacto en todas las fases del juego. La clave, por tanto, no está en sustituir a Amani, sino en redistribuir sus funciones, fragmentar su influencia en varias piezas y redefinir los automatismos colectivos para que el equipo no dependa de una única futbolista para sostenerse en la medular. Esto implica una intervención profunda tanto en el plano táctico como en el psicológico, porque la salida de una líder silenciosa como Amani también deja un vacío en términos de jerarquía y confianza interna.

    Una de las primeras opciones que tiene el técnico azul y blanco es apostar por una solución continuista en cuanto a dibujo, manteniendo el sistema base que venía utilizando el equipo, pero ajustando roles y responsabilidades. En este escenario, la clave estaría en identificar a la jugadora con mayor capacidad para asumir el rol de mediocentro posicional, aunque sea desde un perfil distinto. Puede tratarse de una futbolista menos física pero más ordenada tácticamente, o de una jugadora con buen primer pase y lectura defensiva que, arropada por una doble ayuda constante de las interiores, permita sostener el eje central. Este enfoque exige un trabajo muy fino en las distancias entre líneas y en las coberturas, porque sin la capacidad de Amani para llegar a todo, el equipo debe ser más compacto, reducir espacios y bascular de manera más coordinada.

    Otra vía, quizá más ambiciosa, pasa por modificar la estructura del centro del campo, abandonando la idea de un pivote único para apostar por un doble mediocentro más simétrico, donde dos futbolistas compartan responsabilidades defensivas y de inicio de juego. Este ajuste puede aportar mayor seguridad sin balón y facilitar la salida en corto ante equipos que presionan alto, como es habitual en determinados tramos de partido contra rivales de la zona alta. En este contexto, Yerai Martín puede buscar perfiles complementarios: una mediocentro más destructiva, encargada de la contención y la vigilancia, y otra con mayor capacidad para organizar, girar el juego y conectar con las delanteras. Este reparto de funciones, bien trabajado, puede compensar la ausencia de Amani y dotar al equipo de una estructura más sólida y menos dependiente de individualidades.

    También existe la posibilidad de que el técnico opte por un enfoque más dinámico, apostando por un centro del campo de mayor movilidad, con interiores que intercambian posiciones constantemente y una presión más alta para evitar que el rival tenga tiempo y espacio para explotar la zona central. En este modelo, el Tenerife renunciaría parcialmente al control pausado del juego para convertirse en un equipo más agresivo tras pérdida, que intenta recuperar el balón lo más arriba posible y atacar en transiciones rápidas. Esta opción puede ser especialmente interesante teniendo en cuenta el perfil de algunos rivales directos y el hecho de que, en la lucha por el tercer puesto, cada detalle cuenta y cada partido puede convertirse en un ejercicio de supervivencia competitiva.

    El partido ante el Deportivo Abanca en Riazor, último de la primera vuelta, adquiere en este contexto un valor simbólico y estratégico enorme. El conjunto gallego, que suele hacerse fuerte en casa y que plantea partidos de alta intensidad, pondrá a prueba desde el primer minuto la nueva configuración del centro del campo tinerfeño. Sin Amani, el Tenerife deberá ser especialmente cuidadoso en la gestión de los tiempos del partido, en la protección de la frontal del área y en la salida de balón bajo presión. Yerai Martín tendrá que decidir si apuesta por un planteamiento más conservador, priorizando el orden y el equilibrio, o si utiliza el encuentro como una oportunidad para lanzar un mensaje de confianza al grupo, apostando por una versión valiente y proactiva pese a la ausencia de su mediocentro titular.

    Más allá de las soluciones estrictamente tácticas, hay un aspecto fundamental que el nuevo técnico debe abordar: la gestión emocional del vestuario. La salida de una jugadora como Amani, en mitad de una temporada tan ilusionante, puede generar una mezcla de sentimientos contradictorios, desde la frustración por perder a una compañera clave hasta el orgullo por ver cómo una futbolista del proyecto da el salto a uno de los gigantes del fútbol europeo. Yerai Martín tiene la oportunidad de transformar esta situación en un estímulo colectivo, reforzando la idea de que el Tenerife es un club que forma, potencia y proyecta talento, y que el éxito individual de una jugadora es también el éxito del grupo.

    En este sentido, el discurso interno será tan importante como las decisiones sobre el césped. El técnico debe convencer a sus futbolistas de que la clasificación actual no es fruto de una sola pieza, sino del trabajo colectivo, de la coherencia del proyecto y de la capacidad del equipo para competir cada fin de semana. La lucha con el Atlético de Madrid y la Real Sociedad por el tercer puesto es una batalla de regularidad, de resistencia mental y de adaptación constante, y el Tenerife, incluso sin Amani, sigue teniendo argumentos para mantenerse en esa pelea hasta el final.

    Desde un punto de vista estratégico, la baja de Amani también puede empujar al club a explorar el mercado, ya sea en forma de fichaje o de promoción interna. Sin embargo, cualquier incorporación debe responder a una idea clara de juego y a una necesidad real, no a una reacción impulsiva. Yerai Martín, como nuevo técnico, tiene margen para evaluar con calma las opciones, analizar el rendimiento de las futbolistas disponibles y decidir si el equipo necesita un refuerzo específico o si puede reinventarse con lo que ya tiene en casa. En ocasiones, las grandes transformaciones nacen precisamente de las ausencias, de la obligación de buscar soluciones donde antes no se miraba.

    En el terreno puramente competitivo, el desafío para el Tenerife será mantener su identidad sin perder eficacia. La medular es el motor del equipo, y sin Amani ese motor debe funcionar de otra manera, quizá con menos potencia individual pero con mayor sincronización colectiva. La presión coordinada, las ayudas constantes, la ocupación racional de los espacios y la claridad en la toma de decisiones serán aspectos clave en este nuevo escenario. Yerai Martín tendrá que afinar cada detalle, porque en una Liga tan igualada, cualquier desajuste puede marcar la diferencia entre sumar tres puntos o dejarse opciones por el camino.

    El duelo de Riazor puede ser el primer gran examen de esta nueva etapa. En un estadio exigente, ante un rival que no regala nada y con la presión añadida de cerrar la primera vuelta en puestos europeos, el Tenerife tendrá que demostrar que es capaz de adaptarse, de competir y de seguir creciendo pese a las adversidades. Si el equipo sale reforzado de ese partido, no solo en términos de resultado sino de sensaciones, el mensaje será claro: la marcha de Amani duele, pero no detiene el camino.

    En última instancia, lo que Yerai Martín puede hacer para cubrir la baja de la africana no se resume en una sola decisión ni en una única solución. Se trata de un proceso complejo, que implica redefinir roles, ajustar sistemas, gestionar emociones y proyectar confianza. El Tenerife está ante una encrucijada que puede marcar el devenir de su temporada y, quizá, de su proyecto a medio plazo. Si el técnico logra convertir esta pérdida en una oportunidad para fortalecer al grupo y diversificar sus recursos, el equipo no solo seguirá vivo en la lucha por el tercer puesto, sino que puede salir de esta experiencia con una identidad aún más sólida y madura, preparada para competir de tú a tú con los grandes y para seguir escribiendo su propia historia en la élite del fútbol femenino español.

  • Oficial | Castellón como frontera moral del fútbol español: la Supercopa que decidió quedarse en casa cuando el dinero llamaba a la puerta

    (Fuente: RFEF)

    🟧 Mientras el fútbol masculino español aceptaba viajar miles de kilómetros para vender su identidad a cambio de millones, la Supercopa de España Iberdrola eligió otro camino. No por casualidad, no por imposición, sino por convicción. En un tiempo en el que casi todo se puede deslocalizar, este torneo decidió quedarse. En Castellón. En territorio hispano. En el lugar donde el fútbol todavía se entiende como un acto cultural, social y colectivo. Esta no es solo la historia de una Supercopa. Es la historia de una resistencia silenciosa.

    Existen decisiones que no llenan titulares inmediatos, que no provocan ruedas de prensa ruidosas ni contratos millonarios, pero que con el paso del tiempo adquieren una dimensión histórica. La Supercopa de España Iberdrola celebrada en Castellón pertenece a esa categoría de acontecimientos que, cuando se miran con perspectiva, funcionan como un espejo incómodo para el fútbol masculino y como una declaración de principios para el fútbol femenino. Porque mientras uno eligió el camino del desarraigo, el otro decidió quedarse. Y quedarse, hoy, es casi un acto revolucionario.

    Durante décadas, la Supercopa de España fue mucho más que un simple título. Era el punto de partida emocional de una temporada, el reencuentro con los estadios tras el verano, el primer pulso serio entre los grandes del curso anterior. Campeón de Liga contra campeón de Copa del Rey. Ida y vuelta. Agosto. Calor. Expectación contenida. Un trofeo que no pretendía ser grandilocuente, pero que cumplía una función simbólica muy clara: abrir el año futbolístico en casa, ante tu gente, en tus estadios, con tus códigos.

    Ese modelo, imperfecto pero reconocible, se mantuvo durante años y acabó por consolidarse como una tradición más del calendario deportivo español. No hacía falta venderlo al mundo. No hacía falta justificarlo con balances económicos. Existía porque tenía sentido.

    Todo empezó a cambiar cuando el fútbol español —en su versión masculina— comenzó a mirarse en el espejo de la globalización sin filtros. En 2018, la Real Federación Española de Fútbol decidió modificar el formato histórico de la Supercopa. Primero cayó la ida y vuelta. Luego, el propio concepto de inicio de temporada. El torneo pasó a ser un único partido, descontextualizado del calendario, celebrado en enero y, por primera vez, fuera de España.

    Tánger, enero de 2019. Barcelona contra Sevilla. Un 2-1 que quedó para las estadísticas, pero que abrió una puerta que ya no se volvería a cerrar. Aquella edición fue presentada como una excepción, como una oportunidad de expansión, como una prueba piloto. Pero el fútbol rara vez da marcha atrás cuando descubre que puede monetizar su identidad.

    A partir de ahí, la transformación fue total. Final a cuatro. Semifinales. Final. Campeones y subcampeones de Liga y Copa. Un producto más televisivo, más exportable, más vendible. Y, sobre todo, mucho más rentable. Arabia Saudí apareció como el socio ideal para este nuevo modelo: infraestructuras, ambición geopolítica, interés por el fútbol europeo y, por encima de todo, dinero. Mucho dinero.

    Treinta millones de euros por edición. Un contrato que garantizaba ingresos a la Federación y a los clubes participantes. Un acuerdo que, con el tiempo, se ampliaría hasta al menos 2030, con conversaciones abiertas para prolongarlo aún más. La Supercopa dejó de ser un torneo español jugado en España para convertirse en un evento español jugado en otro continente.

    Las justificaciones fueron múltiples: internacionalización de la marca, crecimiento del fútbol español, nuevos mercados, oportunidades económicas. Argumentos legítimos desde un punto de vista empresarial, pero profundamente problemáticos desde una perspectiva cultural y deportiva. Porque el precio de esa globalización fue el desapego. El alejamiento del aficionado local. La normalización de jugar competiciones nacionales lejos de su propio país.

    Mientras todo eso ocurría en el fútbol masculino, la Supercopa de España Iberdrola crecía en paralelo, todavía en construcción, todavía buscando su lugar, pero con una ventaja que el otro ya había perdido: la capacidad de decidir qué quería ser, optando por la inteligencia y quedarse en la Península Ibérica.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    No fue una decisión menor ni automática. En un contexto en el que el fútbol femenino empieza a generar interés internacional, audiencias crecientes y oportunidades comerciales, la tentación de repetir el modelo masculino estaba ahí. Exportar el torneo. Buscar sedes exóticas. Convertir la Supercopa en un escaparate global. Pero algo ocurrió que marca una diferencia fundamental: los clubes hablaron. Y dijeron no.

    Atlético de Madrid, Real Madrid y Barcelona —los tres grandes protagonistas de la Supercopa en Castellón— se negaron de común acuerdo a trasladar el torneo fuera del territorio hispano. Y ese “no” tuvo un valor especial porque no fue impuesto desde arriba, sino construido desde dentro. Encabezados por el Real Madrid, que fue el primero en expresar con claridad que no estaba dispuesto a disputar la Supercopa femenina fuera de España, los clubes trazaron una línea roja que el fútbol masculino había cruzado hace tiempo.

    No era solo una cuestión logística. Era una cuestión de identidad. De coherencia. De mensaje.

    Porque el fútbol femenino, todavía en proceso de consolidación social, no puede permitirse perder el vínculo con su gente. No puede alejarse de quienes han sostenido su crecimiento desde la base, desde los campos modestos, desde las gradas que no salen en las fotos. Jugar la Supercopa en Castellón no es una decisión neutra: es una declaración de intenciones.

    Castellón no es un enclave casual. No es un destino turístico global ni un centro financiero. Es una ciudad que representa al fútbol como tejido social, como evento compartido, como celebración cercana. Llevar allí la Supercopa es reforzar la idea de que el fútbol femenino pertenece al territorio, no a un mercado abstracto.

    Mientras el fútbol masculino acepta con naturalidad disputar un título nacional a miles de kilómetros de sus aficionados, el femenino se planta y dice que no todo vale. Que no todo se compra. Que hay límites que no se cruzan.

    Y en ese contraste se construye el verdadero valor de esta Supercopa.

    No es solo un torneo. Es una frontera moral. Un espejo que devuelve al fútbol masculino una imagen incómoda de sí mismo. Porque demuestra que otra decisión era posible. Que el traslado a Arabia Saudí no era inevitable. Que hubo un momento en el que se pudo elegir quedarse. Y no se hizo.

    El fútbol femenino, con menos recursos, menos focos y menos poder institucional, ha sido capaz de marcar un camino que el masculino abandonó. Y eso dice mucho más de su presente que cualquier cifra de audiencia o patrocinio.

    Aquí no hay ingenuidad. Nadie ignora que el dinero importa. Que los ingresos sostienen estructuras. Que la profesionalización exige recursos. Pero también es cierto que no todos los ingresos son iguales ni todas las decisiones son neutras. Hay formas de crecer sin renunciar a la identidad. Hay maneras de internacionalizar sin deslocalizar.

    La Supercopa Iberdrola en Castellón es la prueba de ello.

    Y por eso este torneo importa. Porque no solo se juega un título. Se juega una idea de fútbol. Se juega el derecho a decidir qué se quiere ser antes de que otros lo decidan por ti. Se juega la memoria futura de un deporte que todavía está a tiempo de aprender de los errores ajenos.

    El balón rodará, habrá goles, celebraciones y derrotas. Pero cuando todo termine, lo que quedará no será solo un campeón. Quedará la certeza de que, al menos una vez, el fútbol español eligió quedarse en casa.

    No fue una decisión menor ni automática. En un contexto en el que el fútbol femenino empieza a generar interés internacional, audiencias crecientes y oportunidades comerciales, la tentación de repetir el modelo masculino estaba ahí. Exportar el torneo. Buscar sedes exóticas. Convertir la Supercopa en un escaparate global. Pero algo ocurrió que marca una diferencia fundamental: los clubes hablaron. Y dijeron no.

    Atlético de Madrid, Real Madrid y Barcelona —los tres grandes protagonistas de la Supercopa en Castellón— se negaron de común acuerdo a trasladar el torneo fuera del territorio hispano. Y ese “no” tuvo un valor especial porque no fue impuesto desde arriba, sino construido desde dentro. Encabezados por el Real Madrid, que fue el primero en expresar con claridad que no estaba dispuesto a disputar la Supercopa femenina fuera de España, los clubes trazaron una línea roja que el fútbol masculino había cruzado hace tiempo.

    No era solo una cuestión logística. Era una cuestión de identidad. De coherencia. De mensaje.

    Porque el fútbol femenino, todavía en proceso de consolidación social, no puede permitirse perder el vínculo con su gente. No puede alejarse de quienes han sostenido su crecimiento desde la base, desde los campos modestos, desde las gradas que no salen en las fotos. Jugar la Supercopa en Castellón no es una decisión neutra: es una declaración de intenciones.

    Castellón no es un enclave casual. No es un destino turístico global ni un centro financiero. Es una ciudad que representa al fútbol como tejido social, como evento compartido, como celebración cercana. Llevar allí la Supercopa es reforzar la idea de que el fútbol femenino pertenece al territorio, no a un mercado abstracto.

    Mientras el fútbol masculino acepta con naturalidad disputar un título nacional a miles de kilómetros de sus aficionados, el femenino se planta y dice que no todo vale. Que no todo se compra. Que hay límites que no se cruzan.

    Y en ese contraste se construye el verdadero valor de esta Supercopa.

    No es solo un torneo. Es una frontera moral. Un espejo que devuelve al fútbol masculino una imagen incómoda de sí mismo. Porque demuestra que otra decisión era posible. Que el traslado a Arabia Saudí no era inevitable. Que hubo un momento en el que se pudo elegir quedarse. Y no se hizo.

    El fútbol femenino, con menos recursos, menos focos y menos poder institucional, ha sido capaz de marcar un camino que el masculino abandonó. Y eso dice mucho más de su presente que cualquier cifra de audiencia o patrocinio.

    Aquí no hay ingenuidad. Nadie ignora que el dinero importa. Que los ingresos sostienen estructuras. Que la profesionalización exige recursos. Pero también es cierto que no todos los ingresos son iguales ni todas las decisiones son neutras. Hay formas de crecer sin renunciar a la identidad. Hay maneras de internacionalizar sin deslocalizar.

    La Supercopa Iberdrola en Castellón es la prueba de ello.

    Y por eso este torneo importa. Porque no solo se juega un título. Se juega una idea de fútbol. Se juega el derecho a decidir qué se quiere ser antes de que otros lo decidan por ti. Se juega la memoria futura de un deporte que todavía está a tiempo de aprender de los errores ajenos.

    El balón rodará, habrá goles, celebraciones y derrotas. Pero cuando todo termine, lo que quedará no será solo un campeón. Quedará la certeza de que, al menos una vez, el fútbol español eligió quedarse en casa y nada de eso acaeció.

    Ocurrió, en cambio, algo mucho más interesante: los clubes hablaron entre ellos. Y cuando los clubes hablan, cuando construyen consensos y fijan límites, el fútbol avanza de otra manera. Atlético de Madrid, Barcelona y Real Madrid —rivales históricos, competidores feroces— encontraron un punto común que iba más allá del césped. Decidieron que la Supercopa femenina no debía salir de España. Y lo hicieron sabiendo que ese “no” tenía consecuencias.

    Porque decir no al traslado implica renunciar a ingresos potenciales. Implica resistir presiones. Implica asumir que crecer más despacio puede ser, a largo plazo, crecer mejor. Implica confiar en que el valor del fútbol femenino no depende de su exotización ni de su exportación forzada, sino de la calidad de su producto y de la conexión con su entorno.

    Que el Real Madrid fuera el primero en expresar esa negativa no es un detalle menor. El club que simboliza como ningún otro la globalización del fútbol, la marca planetaria, el negocio a escala mundial, fue el que marcó la línea. Y eso convierte la decisión en algo todavía más revelador. Porque demuestra que no se trata de una postura romántica o marginal, sino de una reflexión estratégica sobre qué modelo de fútbol femenino se quiere construir.

    El contraste con la Supercopa masculina es inevitable y, al mismo tiempo, incómodo. Porque evidencia que allí donde el fútbol masculino ya no se pregunta casi nada, el femenino todavía se interroga. Allí donde uno asume, el otro debate. Allí donde uno acepta, el otro decide.

    Arabia Saudí no es solo una sede lejana. Es un símbolo. Representa un modelo de relación entre deporte, poder y dinero que ha generado críticas constantes desde el ámbito de los derechos humanos, la igualdad de género y la instrumentalización del fútbol como herramienta de lavado de imagen. El fútbol masculino español decidió convivir con ese contexto, minimizarlo, encapsularlo bajo la etiqueta de “acuerdo institucional” y seguir adelante.

    El fútbol femenino español, en cambio, entendió que no podía permitirse esa disonancia. No podía reivindicar la igualdad, la visibilidad de las mujeres, el empoderamiento a través del deporte, y al mismo tiempo trasladar su principal torneo a un país donde esos derechos siguen profundamente limitados. No podía pedir coherencia a la sociedad sin aplicársela a sí mismo.

    La Supercopa Iberdrola en Castellón es, por tanto, una decisión profundamente política en el sentido más noble del término: define un posicionamiento. Dice dónde se quiere estar y dónde no. Dice qué alianzas se consideran aceptables y cuáles no encajan con el relato que se quiere construir.

    Y ese relato importa. Importa para las jugadoras, que no son piezas intercambiables en un tablero global, sino referentes sociales. Importa para las niñas que llenan las gradas y que entienden el fútbol femenino como algo cercano, posible, propio. Importa para los territorios que reciben estos eventos y que ven cómo el deporte puede ser una herramienta de cohesión y visibilidad sin necesidad de convertirse en un espectáculo deslocalizado.

    Castellón, en ese sentido, no es solo una sede. Es una elección narrativa. Es llevar la Supercopa a un lugar donde el fútbol femenino no llega como una gira internacional, sino como una celebración compartida. Donde las jugadoras pueden sentir el pulso del público, donde las aficiones pueden reconocerse en lo que ocurre en el campo, donde el torneo no es una postal lejana, sino una experiencia vivida.

    Hay algo profundamente significativo en que, mientras la Supercopa masculina se juega en horarios pensados para otros mercados, la femenina se dispute pensando en el público local. En las familias. En las escuelas de fútbol. En las niñas que podrán decir “yo estuve allí”. Esa diferencia no se mide en millones, pero construye futuro.

    El fútbol femenino no está exento de riesgos. La tentación de copiar modelos exitosos es enorme. La presión por generar ingresos, por atraer patrocinadores, por crecer rápido, es real. Pero precisamente por eso, decisiones como esta Supercopa en territorio hispano funcionan como anclas. Como recordatorios de que no todo crecimiento es sano y de que no toda expansión es progreso.

    El modelo masculino demuestra que una vez cruzada cierta línea es muy difícil volver atrás. Hoy resulta casi impensable que la Supercopa masculina regrese de forma estable a España. El contrato se extiende, se renueva, se normaliza. La crítica se diluye. El debate desaparece. El fútbol se adapta al calendario de otro país y aprende a vivir con esa contradicción.

    El fútbol femenino todavía está a tiempo de no cometer ese error.

    Por eso esta Supercopa Iberdrola tiene algo de advertencia y algo de promesa. Advertencia de lo que ocurre cuando el dinero se convierte en el único criterio. Promesa de que todavía es posible construir un modelo diferente, más coherente, más arraigado, más humano.

    No se trata de idealizar ni de oponer pureza a profesionalización. Se trata de entender que el fútbol femenino tiene una oportunidad histórica: aprender de los errores del masculino sin necesidad de repetirlos. Construir un crecimiento propio, no un reflejo. Decidir antes de que decidan por él.

    Y en esa decisión, Castellón se convierte en un símbolo. En una especie de línea divisoria entre dos formas de entender el fútbol español contemporáneo. De un lado, el fútbol que se desplaza sin mirar atrás. Del otro, el que se queda para mirar a los ojos a su gente.

    Cuando ruede el balón y se proclame un campeón, habrá estadísticas, análisis tácticos, debates deportivos. Pero el verdadero legado de esta Supercopa estará en otro lugar. Estará en haber demostrado que no todo está perdido. Que todavía hay margen para elegir. Que todavía hay torneos que pueden decir “hasta aquí”.

    El fútbol femenino español no ha elegido el camino fácil. Ha elegido el coherente. Y eso, en el contexto actual, es casi un acto épico.

    Y esa épica no se construye con discursos grandilocuentes ni con campañas de marketing cuidadosamente diseñadas. Se construye, casi siempre, en silencio. En reuniones donde se decide no aceptar una oferta. En conversaciones incómodas donde alguien dice que no todo vale. En momentos en los que se entiende que el fútbol no es solo un producto, sino un relato compartido que deja huella.

    La Supercopa de España Iberdrola en Castellón pertenece a esa estirpe de decisiones que no buscan el aplauso inmediato, pero que con el tiempo se convierten en referencia. Porque cuando dentro de unos años se vuelva la vista atrás para analizar cómo se consolidó el fútbol femenino en España, este torneo aparecerá como uno de esos puntos de inflexión discretos pero determinantes. No por quién la ganó, sino por dónde se jugó. Y por qué.

    El fútbol femenino español ha vivido demasiadas veces a la sombra de lo que hacía el masculino. Ha heredado estructuras, calendarios, formatos y hasta problemas que no le pertenecían. Durante años se le pidió paciencia, comprensión, sacrificio. Se le exigió crecer sin recursos, profesionalizarse sin apoyo, competir sin escaparate. Y, paradójicamente, ahora que empieza a tener capacidad de decisión, ha demostrado una madurez que el fútbol masculino perdió por el camino.

    Porque decidir quedarse en España no es una decisión conservadora. Es una decisión valiente. Conservador habría sido copiar el modelo existente sin cuestionarlo. Valiente es preguntarse si ese modelo es realmente el que conviene. Valiente es entender que la globalización no es inevitable, que se puede internacionalizar una marca sin expatriar el alma.

    El fútbol femenino no necesita jugar en Arabia Saudí para ser global. Necesita ser auténtico. Necesita ser reconocible. Necesita que quien lo vea, desde dentro o desde fuera, entienda que hay una coherencia entre lo que se dice y lo que se hace. Y esa coherencia empieza por no llevar tu principal torneo a un contexto que contradice los valores que reivindicas.

    Hay algo profundamente simbólico en ver a jugadoras que representan la lucha por la igualdad disputar un título en un país donde esa lucha sigue siendo una excepción. El fútbol masculino decidió convivir con esa contradicción. El femenino ha decidido evitarla. No porque sea moralmente superior, sino porque es consciente de su papel social. Porque sabe que cada gesto suyo tiene un impacto que va más allá del marcador.

    Las jugadoras no son ajenas a esto. No viven en una burbuja. Saben dónde juegan, por qué juegan y qué significa hacerlo allí. Para muchas de ellas, el fútbol ha sido una herramienta de emancipación, de visibilidad, de conquista de espacios históricamente vetados. Disputar la Supercopa en Castellón, ante un público cercano, en un entorno reconocible, refuerza ese vínculo entre el deporte y la sociedad que lo sostiene.

    No es lo mismo levantar un trofeo ante una grada que te siente como propia que hacerlo en un estadio neutral, lejano, donde el contexto lo domina todo menos el fútbol. No es lo mismo celebrar con niñas que te ven cada fin de semana que hacerlo ante un público que consume el evento como un producto más. No es lo mismo construir referentes en casa que exportarlos sin raíces.

    Por eso esta Supercopa no es solo una victoria institucional o una anécdota logística. Es un mensaje al futuro. Un aviso de que el fútbol femenino español no quiere convertirse en una copia tardía del masculino, sino en una alternativa real. Que no quiere repetir sus errores, sino aprender de ellos. Que no quiere hipotecar su identidad a cambio de una rentabilidad inmediata.

    Hay quien dirá que esto cambiará. Que cuando el fútbol femenino genere aún más dinero, las decisiones serán otras. Que la presión comercial acabará imponiéndose. Puede ser. Pero incluso si ese día llega, lo que nadie podrá borrar es que hubo un momento en el que se eligió distinto. Que hubo un punto en el camino en el que se dijo “hasta aquí”.

    Y ese recuerdo importa. Importa porque establece un precedente. Porque demuestra que los clubes pueden ponerse de acuerdo para proteger algo más que sus intereses individuales. Porque enseña que la Federación puede acompañar decisiones que no maximizan ingresos a corto plazo, pero sí legitimidad a largo. Porque muestra que el fútbol femenino tiene voz propia.

    Castellón quedará asociado a esa idea. No como una sede provisional, sino como un lugar donde el fútbol femenino español decidió mirarse al espejo y reconocerse. Donde entendió que su fortaleza no estaba en parecerse al fútbol masculino, sino en ofrecer algo diferente. Algo más cercano. Más honesto. Más humano.

    El público de El Partido de Manu entiende bien este tipo de gestos. Entiende que el fútbol no se explica solo con estadísticas ni con balances económicos. Se explica con símbolos, con decisiones, con relatos que construyen memoria colectiva. Y la Supercopa de España Iberdrola en territorio hispano es uno de esos relatos que merecen ser contados con calma, con profundidad y con emoción.

    Porque habla de lo que fuimos, de lo que somos y, sobre todo, de lo que todavía podemos ser.

    Mientras el fútbol masculino español sigue jugando su Supercopa lejos de casa, atrapado en contratos a largo plazo que ya casi nadie discute, el femenino ha dejado claro que aún está a tiempo de decidir su camino. Que aún puede elegir quedarse. Que aún puede decir que el fútbol, antes que un negocio global, es un acto cultural que pertenece a su gente.

    Y eso, en un mundo que empuja constantemente hacia la deslocalización, tiene algo de épico. De resistencia tranquila. De victoria invisible.

    Cuando dentro de unos años alguien pregunte cuándo el fútbol femenino español empezó a caminar con paso propio, no habrá una única respuesta. Pero entre ellas estará esta Supercopa. Este “no” dicho a tiempo. Esta decisión de quedarse en casa cuando el dinero llamaba a la puerta.

    Porque a veces, la mayor conquista del fútbol no está en irse lejos, sino en saber quedarse.

    (Fuente: RFEF)
  • Oficial | El invierno que no congela al Atlético: radiografía histórica de las colchoneras tras la Navidad

    (Fuente: Getty imágenes)

    🟦 Cada temporada, cuando el calendario se detiene y el fútbol femenino entra en el paréntesis invernal, surge la misma pregunta en despachos, redacciones y vestuarios: ¿cómo volverá el equipo tras las Navidades? En el caso del Atlético de Madrid Femenino, la respuesta no se construye desde el mito ni desde una épica puntual, sino desde una constante competitiva forjada durante más de una década. Esta nota de prensa analiza, con perspectiva histórica y datos deportivos, cómo ha respondido el conjunto rojiblanco al regreso a la competición tras el parón navideño, desmontando tópicos, detectando patrones reales y explicando por qué el Atlético rara vez se cae cuando el invierno aprieta.

    Publicidad de Mediaset

    Cómo y cuándo ver GH Dúo: Esto es todo lo que debes saber sobre el concurso

    El próximo jueves 8 de enero a las 21:45 horas, en Telecinco, comienza la cuarta edición de ‘GH DÚO’ que se inaugurará con los primeros concursantes confirmados: Anita Williams, Raquel Salazar, Antonio Canales, Belén Rodríguez, Carmen Borrego, Cristina Piaget y Sonia Madoc.

    De la mano de Jorge Javier Vázquez e Ion Aramendi viviremos una nueva edición con las galas semanales, jueves y domingo respectivamente y complementadas de dos señales en directo con la casa, resúmenes diarios y votaciones gratuitas en Mediaset Infinity. Además de la última hora del reality y contenido exclusivo en Telecinco.es y redes sociales.

    Además de conocer en la propia gala con quienes formarán la pareja o trío, cada uno de ellos ha elegido quién les defenderá desde plató.

    Anita Williams. La influencer conocida por su participación en ‘La isla de las tentaciones 8’ junto al que era su pareja, José Carlos Montoya; y su trayectoria por ‘Supervivientes 2025’ ha elegido a su amiga Candela como su defensora.

    Raquel Salazar. Participante del exitoso formato de Cuatro ‘Los Gipsy Kings’ se ve embarcada en esta nueva aventura y lo hace de la mano de su hija Noemí Salazar, quién será su defensora en plató.

    Antonio Canales. El bailaor de fama internacional vivió su primera experiencia en el reality más extremo de la televisión, ‘Supervivientes 2021’. Manuel Jiménez, amigo y compañero lo defenderá en plató.

    Belén Rodríguez. La periodista y colaboradora de televisión experta en televisión aterriza por primera vez en el mundo del reality. Nacido en el seno de familia de periodistas e hija de la popular. Su amiga Esperanza Gracia será su defensora en plató.

    Carmen Borrego. Hija menor de María Teresa Campos y hermana de Terelu Campos, tras un breve paso por ‘Supervivientes 2024’, ‘GH DÚO’ comenzará su segunda experiencia en el mundo de la telerrealidad, una nueva aventura que “marcará un antes y un después” en su vida. En el reality seguirá la estela de su hijo, José María Almoguera, participante de ‘GH DÚO 3’ y su defensor en plató.

    Cristina Piaget. La actriz y top model participará en ‘GH DÚO’ debutando en un reality y con su amiga, Laura Arjona como su defensora.

    Sonia Madoc. Conocida por su gran fama en su álbum ‘Yo quiero bailar’ junto a Sonia y Selena, participará en el reality por primera vez. Su primera experiencia será defendida desde plató por Jorge Moreno, periodista y colaborador de televisión.

    Además de completar al lista de concursantes y confirmar quiénes formarán pareja o trío en el reality, se propondrá el primer juego a sus protagonistas con una prueba que pondrá en pantalla la habilidad y su destreza. Los ganadores podrán instalarse en la suite, una estancia especial de la casa con multitud de privilegios.

    LigaFMoeve #AtletiRealSociedad

    (Fuente: Getty imágenes)

    El Atlético de Madrid Femenino logró consolidarse en la Primera División tras años de ascensos y ajustes, y rápidamente pasó de ser un equipo en construcción a una referencia nacional e internacional. La temporada 2010-11, ya en la élite, mostró a un equipo decidido a afirmarse, combinando disciplina táctica con un desarrollo progresivo de sus jugadoras jóvenes. No siempre los resultados fueron espectaculares, pero la estructura del equipo permitió que las derrotas fueran transitorias y que las victorias, cuando llegaban, construyeran confianza y cohesión. En estas primeras temporadas, el Atlético demostró un equilibrio defensivo notable, manteniendo una portería relativamente segura y trabajando el juego colectivo como base para un rendimiento futuro que no dependiera de actuaciones individuales aisladas. A nivel ofensivo, la plantilla comenzó a desarrollar verticalidad y creatividad, aunque el dominio de los equipos históricos de la liga todavía limitaba la regularidad de los triunfos.

    Con la temporada 2012-13, el Atlético comenzó a mostrar signos de consolidación en ataque, complementando la defensa sólida con transiciones rápidas y capacidad para explotar los espacios en la medular rival. La combinación de táctica, esfuerzo físico y mentalidad competitiva hizo que el equipo comenzara a aparecer con más frecuencia en los puestos de honor de la tabla, aunque todavía sin alcanzar la cima absoluta. El aprendizaje de cada jornada y la exposición a rivales de alta exigencia fueron claves para desarrollar una identidad de resiliencia y adaptación que luego definiría su carácter post-navidad.

    El punto de inflexión llegó en la temporada 2016-17, cuando el Atlético de Madrid Femenino alcanzó su primer campeonato de liga en la máxima categoría. Esta temporada fue histórica no solo por el título, sino por la forma en que el equipo equilibró rendimiento ofensivo y defensivo: una defensa organizada y pocas concesiones permitieron que los goles en contra fueran mínimos, mientras que un ataque ágil y preciso aprovechaba cada oportunidad. La victoria consolidó al club en la élite y demostró que la construcción histórica basada en disciplina, táctica y desarrollo de jugadoras jóvenes podía traducirse en resultados tangibles y sostenibles. En ese contexto, la vuelta tras la pausa navideña dejó patente que el Atlético era capaz de mantener la intensidad y la concentración, utilizando enero y febrero como meses de ajuste fino y consolidación, en lugar de depender de arrancadas espectaculares para sostener su posición en la clasificación.

    Las temporadas 2017-18 y 2018-19 continuaron la senda de excelencia. Con la consolidación de la plantilla, la mejora en los mecanismos ofensivos y la capacidad de mantener la portería a salvo, el Atlético revalidó el título y se convirtió en una fuerza indiscutible. La clave seguía siendo la combinación de solidez defensiva, velocidad en transición y eficacia ofensiva, algo que los equipos rivales encontraron difícil de superar. La gestión de los meses post-navidad se convirtió en un patrón: el equipo regresaba de la pausa con concentración intacta, aprovechando los partidos iniciales para reafirmar conceptos tácticos y consolidar posiciones sin perder consistencia ni cometer errores graves.

    La temporada 2019-20, aunque interrumpida por circunstancias extraordinarias a nivel global, mostró cómo el Atlético había creado una cultura de resiliencia que trascendía resultados inmediatos. Incluso cuando los partidos fueron suspendidos o pospuestos, la estructura del club permitió mantener la preparación física y mental, y las jugadoras continuaron desarrollando la coordinación entre defensa y ataque, aprendiendo a sostener la competitividad en condiciones de incertidumbre. Esta capacidad de adaptación es uno de los factores que ha permitido al equipo mantener su identidad competitiva hasta la actualidad.

    En la temporada 2020-21, con la reanudación de la liga y la vuelta a la normalidad, el Atlético de Madrid Femenino demostró que su identidad ofensiva y defensiva estaba plenamente consolidada. La defensa seguía siendo organizada, con bloque medio sólido y capacidad para cerrar espacios a rivales de primer nivel, mientras que la ofensiva combinaba precisión y verticalidad, con jugadas colectivas que explotaban la movilidad de las delanteras y la creatividad del centro del campo. La estructura táctica del equipo permitió que incluso cuando se enfrentaban a rivales superiores en ciertos tramos del partido, el Atlético no perdiera el control, evitando rachas negativas y sumando puntos de manera constante.

    La temporada 2021-22 confirmó que el Atlético había aprendido a manejar los altibajos post-navideños. Los primeros partidos tras el parón sirvieron para ajustar la carga física y recuperar automatismos tácticos. La media de puntos por partido tras Navidad se situó en torno a 1,5, con partidos ajustados que reflejaban la importancia de la defensa y la eficiencia ofensiva. Las derrotas fueron raras y siempre por márgenes mínimos, mientras que las victorias se cimentaban en una mezcla de estrategia y concentración. Este equilibrio permitió al equipo mantener posiciones altas en la tabla y competir de manera efectiva frente a rivales directos, reafirmando que la pausa invernal no suponía un retroceso, sino un espacio de consolidación.

    En la temporada 2022-23, el Atlético reforzó la idea de que los meses posteriores a Navidad son críticos para sostener el ritmo de la segunda mitad del campeonato. Con ajustes tácticos precisos y una planificación de la rotación de jugadoras que permitía recuperar a las piezas claves, el equipo mantuvo la eficiencia defensiva, limitando goles en contra, y continuó desarrollando su capacidad ofensiva mediante transiciones rápidas y ataques bien coordinados. La consistencia en la ejecución de los principios tácticos permitió que incluso los partidos ajustados se resolvieran a favor del Atlético en varias ocasiones, mostrando que la estabilidad y la estrategia a largo plazo son más importantes que las rachas de victorias inmediatas.

    La temporada 2023-24 y la 2024-25 reforzaron esta identidad. Tras la pausa navideña, el equipo volvió con victorias contundentes, empates estratégicos y derrotas mínimas, manteniendo una media de puntos por partido suficiente para conservar el control de la tabla y la presión sobre rivales directos. La defensa seguía organizada, con un bloque sólido y coordinación entre líneas, mientras que la ofensiva combinaba creatividad, velocidad y eficiencia. Cada partido tras el parón funcionaba como termómetro del estado físico, táctico y psicológico del equipo, y la vuelta a la competición demostraba que el Atlético podía sostener su identidad y su competitividad incluso en momentos de máxima exigencia. La preparación, la cohesión del vestuario y la planificación estratégica permitieron que los meses de enero y febrero funcionaran como un laboratorio de consolidación, donde se ajustaban conceptos, se probaban variantes y se mantenía la presión sobre los rivales.

    El histórico de enfrentamientos del Atlético contra la Real Sociedad añade una capa adicional de complejidad y relevancia. Los cruces entre ambos equipos han sido siempre equilibrados, con ligera ventaja para el Atlético en victorias totales, pero con un porcentaje significativo de empates y marcadores ajustados. La Real Sociedad ha desarrollado un estilo posicional y paciente, buscando aprovechar errores y mantener la posesión, mientras que el Atlético ha impuesto verticalidad, agresividad y control defensivo. Los partidos disputados en Alcalá de Henares han reforzado la ventaja local del Atlético, demostrando que el equipo es capaz de consolidar resultados y mantener la presión en los partidos clave del primer tramo del año. La combinación de historia, táctica y rendimiento hace que el próximo partido del sábado 10 de enero de 2025, a las 12:00 horas, con cobertura en abierto por TEN TV, sea un examen del estado real del Atlético tras el parón, donde la identidad competitiva se mide tanto en defensa como en ataque y donde la consistencia histórica se pone a prueba frente a un rival directo por puestos europeos.

    Y así, temporada tras temporada, el Atlético de Madrid Femenino ha demostrado que no se mide únicamente por los títulos que adornan su historia, ni por los goles que celebran las gradas, sino por su capacidad de sostener la excelencia cuando otros equipos flaquean, por su resiliencia tras el parón invernal, por la solidez defensiva que impide derrumbes y por la verticalidad ofensiva que siempre encuentra una grieta en la defensa rival. Cada enero se convierte en un espejo donde se refleja su identidad: un bloque construido con paciencia, disciplina y ambición, capaz de absorber la presión, adaptarse a los cambios y mantener la competitividad al máximo nivel. La historia y las cifras muestran que el Atlético no teme a la pausa, sino que la convierte en una oportunidad para afinar sus mecanismos, para consolidar conceptos y para preparar el terreno de la segunda mitad de la temporada. Por eso, cuando el próximo sábado 10 de enero de 2025 se mida a la Real Sociedad en Alcalá de Henares, con la cobertura en abierto de TEN TV, no solo estará jugando tres puntos. Estará desplegando años de aprendizaje, estrategia y carácter en cada pase, en cada presión y en cada ataque; un test de su identidad histórica y un recordatorio de que, en el fútbol femenino español, el Atlético de Madrid Femenino no se limita a competir, sino que escribe su propio relato de excelencia, resiliencia y determinación, partido tras partido, invierno tras invierno, desafío tras desafío. Y esa, sin duda, es la verdadera grandeza de un equipo que ha aprendido a convertir la historia en victoria y el invierno en su aliado más fiel.

    🏆 Liga F Moeve | Temporada 2025-2026

    ✨ Duelo por Europa ✨

    🔥 Atlético de Madrid 🆚 Real Sociedad de Fútbol 🔥

    📅 Sábado, 10 de enero de 2026

    🤩 Matchday 15 | Día de Partido

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 TEN TV

    🏟️ Centro Deportivo Alcalá de Henares, Madrid

    (Fuente: X)
  • Oficial | El Atlético “ruega” la cancelación de las entradas de los aficionados asuntes

    (Fuente: Atlético de Madrid)

    🟫 La medida se toma teniendo en cuenta la limitación de aforo en Alcalá de Henares.

    El Club Atlético de Madrid, bicampeón de la Copa de la Reina Iberdrola, se ha dirigido por correo electrónico a sus socios con vistas al trascendental duelo frente a la Real Sociedad, un encuentro marcado en rojo dentro del calendario rojiblanco.

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    La visita del conjunto donostiarra se presenta como un partido clave en la lucha por los puestos europeos del equipo madrileño, más allá de que todavía reste más de media temporada por disputarse. Conscientes de la importancia del choque y de la elevada demanda de entradas, desde la entidad presidida por Lola Romero se ha hecho un llamamiento a la responsabilidad de los socios.

    En el mensaje remitido, el club solicita a aquellos aficionados que ya hayan canjeado su invitación y finalmente no puedan acudir al encuentro, que lo comuniquen con antelación para proceder a la anulación de dichas entradas. El objetivo no es otro que permitir que otro seguidor rojiblanco pueda ocupar ese asiento y disfrutar del ambiente que se espera en las gradas, especialmente teniendo en cuenta la limitación de aforo.

    Y es que el Centro Deportivo Alcalá de Henares, escenario del partido, cuenta con una capacidad máxima de 2.700 espectadores, una cifra que suele quedarse corta dada la habitual respuesta de la afición para acompañar al equipo dirigido por Víctor Martín Alba.

    “Una vez más, nuestros socios se han volcado con el equipo y esperamos un gran ambiente en las gradas del Centro Deportivo Alcalá de Henares, además de varias sorpresas para los asistentes”, señalaba el comunicado enviado por el club.

    (Fuente: Atlético de Madrid)M.

    Por ello, el Atlético de Madrid recuerda que, en caso de no poder asistir tras haber canjeado la invitación, los socios deberán enviar un correo electrónico a ticketing@atleticodemadrid.com , con el asunto “Anular invitación”, antes de mañana viernes 9 de enero a las 20:00 horas.

    Asimismo, el club advierte de que, dado el carácter limitado del aforo y por respeto al resto de socios, aquellos casos en los que un socio no acuda al partido tras haber reservado su entrada podrán conllevar la restricción del derecho a canjear futuras invitaciones durante la presente temporada, en cualquiera de los equipos y categorías de la entidad.

    El Atlético de Madrid versus Real Sociedad, que además se emitirá gratis y en abierto a través de TEN TV desde las 12:00 horas en la TDT, ofrecerá numerosos alicientes para los asistentes: firmas de Gio Queiroz y Luany Da Silva al término del encuentro, la visita de Indi y Mady, sorpresas durante el descanso y el reparto de banderas conmemorativas.

    En lo estrictamente deportivo, el conjunto rojiblanco está prácticamente “obligado” a sumar los tres puntos. Actualmente cuarto en la clasificación de la Liga F Moeve con 26 puntos, el Atlético se encuentra a cuatro unidades de la Real Sociedad y a seis de la segunda plaza, ocupada por el Real Madrid, que se ha convertido en el gran objetivo del tres veces campeón de la Primera División Femenina de aquí a final de temporada.

    Un partido decisivo, dentro y fuera del campo, que vuelve a poner de manifiesto el creciente respaldo de la afición al fútbol femenino rojiblanco.

    (Fuente: X)
  • Oficial | Regresa la Liga F Moeve después de Navidad

    (Fuente: Liga F Moeve )

    🟫 Los clubes de Liga F Moeve regresan a la competición este fin de semana (10-11 de enero) tras el parón navideño. El FC Barcelona es líder de la competición con 39 puntos, mientras que el DUX Logroño, 6 puntos, y el Levante UD, con 2 puntos, ocupan los puestos de descenso, y todavía no conocen la victoria.

    Publicidad de Amazon Prime Video

    🟦 Amazon MGM Studios confirma nuevos miembros del reparto de la próxima serie de Tomb Raider, entre los que se encuentran Sigourney Weaver y Jason Isaacs

    Como se anunció anteriormente, la serie de Prime Video estará protagonizada por Sophie Turner como Lara Croft, con Phoebe Waller-Bridge como creadora, guionista, productora ejecutiva y co-showrunner junto a Chad Hodge como co-showrunner y productor ejecutivo.

    Amazon MGM Studios ha anunciado a los nuevos miembros del reparto que participarán en la nueva serie Tomb Raider de Prime Video. Entre ellos se encuentran nombres como Sigourney Weaver (Avatar), Jason Isaacs (The White Lotus), Celia Imrie (La diplomática) y Bill Paterson (La casa del dragón), entre otros. La serie está basada en la mítica franquicia de videojuegos que sigue las aventuras de la famosa arqueóloga Lara Croft.

    La actriz Sophie Turner (Juego de tronos) ha confesado: “He sido fan de Tomb Raider y del personaje de Lara desde hace mucho tiempo. Siempre me ha parecido una mujer muy valiente en un mundo dominado por hombres. ¡Un verdadero ejemplo a seguir!”

    La creadora, guionista, productora ejecutiva y co-showrunner Phoebe Waller-Bridge (Fleabag) ha declarado: “Tomb Raider cuenta con una gran cantidad de personajes icónicos. Estoy encantada de haber podido llevar a la pantalla a algunos de los favoritos tanto personales como de los fans, y al mismo tiempo presentar a algunos nuevos granujas creados por nosotros. ¡Ni en mis mejores sueños me imaginé este reparto!”

    Peter Friedlander, Head of Amazon MGM Studios, ha comentado: “Tomb Raider siempre se ha caracterizado por su narrativa audaz y sus personajes inolvidables, y estos nuevos miembros del reparto aportan una profundidad y una solemnidad increíbles a la serie. Con talentos como Sigourney Weaver y Jason Isaacs uniéndose al elenco, estamos elevando este mundo de formas nuevas y emocionantes, y no podemos esperar a que nuestra audiencia global de Prime Video descubra este próximo capítulo de Tomb Raider”.

    El reparto confirmado para los icónicos personajes de la franquicia de videojuegos Tomb Raider está formado por: Martin Bobb-Semple (All American: Homecoming) como Zip, el amigo de toda la vida de Lara Croft y su soporte tecnológico; Jason Isaacs interpretará a Atlas DeMornay, el tío de Lara; y Bill Paterson tendrá el papel de Winston, el mayordomo de la familia Croft.

    Completan el reparto Jack Bannon (Pulso) como Gerry, el piloto personal de Lara y un coleccionista compulsivo de snacks; John Heffernan (Un caballero en Moscú) será David, un funcionario gubernamental agotado que se ve envuelto en el inusual mundo de Lara; Celia Imrie interpreta a Francine, la directora de desarrollo del Museo Británico, enfocada únicamente en recaudar fondos y copas de champán; Paterson Joseph (Wonka) será Thomas Warner, un alto funcionario del gobierno encargado de limpiar un caos monumental; Sasha Luss (Latency) como Sasha, una nueva adversaria de Lara, feroz y profundamente competitiva; Juliette Motamed (Halo) será Georgia, una conservadora dedicada y meticulosa del Museo Británico, comprometida con la preservación “correcta” de la historia; Sigourney Weaver en el papel de Evelyn Wallis, una mujer misteriosa y de gran influencia, interesada en explotar el talento de Lara; y August Wittgenstein (Infiel) interpretará a Lukas, un saqueador ilegal que comparte más historia con Lara de lo que parece.

    Como se anunció anteriormente, la serie está protagonizada por Sophie Turner como Lara Croft y liderada por Phoebe Waller-Bridge (Fleabag), quien ejerce como creadora, guionista, productora ejecutiva y co-showrunner, junto a Chad Hodge como co-showrunner y productor ejecutivo. A ellos se une Jonathan Van Tulleken, que dirigirá la serie y actuará también como productor ejecutivo.

    La serie cuenta con la producción ejecutiva de Amazon MGM Studios, Crystal Dynamics, Phoebe Waller-Bridge y Jenny Robins a través de Wells Street Films; Dmitri M. Johnson, Michael Lawrence Goldberg y Timothy I. Stevenson a través de Story Kitchen; Michael Scheel; y Legendary Television. La coproducción ejecutiva está a cargo de Matt McInnis y Jan R. Martin como productores.

    La serie de Tomb Raider se podrá ver en exclusiva en Prime Video. Los suscriptores de Prime en España pueden disfrutar de ofertas, envíos gratuitos y entretenimiento, todo en una misma suscripción por tan solo 4,99€ al mes o 49,90€ al año. Además, se ofrece a los estudiantes una suscripción con descuento por solo 24.95€ al año a través de Prime Student, que incluye una prueba gratuita de 90 días.

    El regreso del campeonato, la batalla por Europa y la lucha por sobrevivir: la Liga F Moeve se reanuda para cerrar la primera vuelta y abrir un 2026 decisivo.

    Tras el parón navideño, la Liga F Moeve vuelve a latir con fuerza. Regresa el fútbol, regresan las urgencias, las ilusiones renovadas y las cuentas pendientes. El campeonato doméstico femenino afronta este fin de semana una jornada clave, la decimoquinta, que no solo pone el punto final a la primera vuelta, sino que marca el inicio de un segundo tramo de temporada en el que cada punto comienza a pesar como una losa… o a valer su peso en oro.

    Han pasado semanas de reflexión, ajustes y promesas de año nuevo. Algunas plantillas han aprovechado el parón para curar heridas físicas y emocionales; otras, para reforzarse, reordenarse o simplemente tomar aire. Pero a partir de ahora ya no hay margen para el error. La Liga F Moeve entra en su fase decisiva y lo hace con todos los frentes abiertos: el liderato, la pelea por Europa, la zona media comprimida y una lucha por la permanencia que amenaza con convertirse en un drama de largo recorrido.

    El Fútbol Club Barcelona fue el último equipo en marcharse de vacaciones… y también el primero en dejar claro que, una temporada más, será el rival a batir. Las azulgranas cerraron el año como líderes indiscutibles del campeonato, con 39 puntos, un balance casi inmaculado y la sensación de haber construido una ventaja no solo numérica, sino también psicológica.

    El conjunto blaugrana ha vuelto a imponer su sello: dominio del balón, presión alta, profundidad por bandas y una capacidad ofensiva que desborda cualquier esquema defensivo. Pero más allá de los números, el Barça ha transmitido autoridad. Cada jornada ha sido una declaración de intenciones, y su duelo de este sábado ante el Madrid CFF servirá para medir si el parón ha alterado, siquiera mínimamente, ese estado de gracia.

    Porque en la Liga F Moeve nadie regala nada. Y menos aún cuando el calendario empieza a apretar.

    Si el liderato parece tener dueña, la pelea por las plazas europeas es un auténtico campo de minas. El Real Madrid CF y la Real Sociedad ocupan actualmente las dos primeras posiciones que dan acceso a competición continental, pero lo hacen con una ventaja mínima y con varios equipos respirándoles en la nuca.

    El Atlético de Madrid, el Costa Adeje Tenerife, el Sevilla FC y el Madrid CFF forman un grupo perseguidor que no se resigna. Cada jornada es una oportunidad para asaltar el podio, y cualquier tropiezo puede tener consecuencias irreversibles.

    En este contexto, el gran foco del fin de semana apunta directamente al Atlético de Madrid – Real Sociedad, uno de esos partidos que trascienden la clasificación y se convierten en un auténtico examen de madurez competitiva.

    Este sábado, el Centro Deportivo Alcalá de Henares será escenario de un choque mayúsculo. Rojiblancas y donostiarras se ven las caras con una plaza europea en juego, en un duelo que puede marcar un antes y un después en la temporada de ambos conjuntos.

    El Atlético de Madrid llega con la necesidad de reafirmar su proyecto. Tras un inicio irregular, el conjunto colchonero ha ido encontrando estabilidad, pero necesita dar un golpe sobre la mesa ante un rival directo. Ganar a la Real Sociedad no solo significaría sumar tres puntos vitales, sino también enviar un mensaje al resto de aspirantes.

    La Real, por su parte, ha sido una de las grandes revelaciones del curso. Sólida, competitiva, valiente y con una identidad muy marcada, el equipo donostiarra quiere demostrar que su presencia en la zona noble no es casualidad. Sacar algo positivo de Madrid sería reafirmar su candidatura europea.

    Es, sin duda, uno de esos partidos que definen temporadas.

    Otro de los grandes encuentros de la jornada se vivirá en Valdebebas. El Real Madrid CF recibe al Sevilla FC en un choque de estilos y necesidades distintas, pero con un denominador común: la ambición.

    Las blancas saben que no pueden permitirse relajaciones si quieren mantener su posición privilegiada en la tabla. Cada partido en casa es una obligación, pero también una trampa si no se afronta con la máxima concentración.

    El Sevilla, por su parte, se ha consolidado como uno de los equipos más incómodos del campeonato. Competitivo, ordenado y con talento para castigar cualquier error, el conjunto andaluz quiere seguir soñando con Europa y sabe que dar la sorpresa en Madrid puede cambiarlo todo.

    En la zona media de la tabla, el Athletic Club es uno de los nombres propios del momento. El conjunto bilbaíno llega a esta jornada en plena racha positiva, tras tres victorias consecutivas, una dinámica que ha disparado la confianza y ha devuelto la sonrisa a San Mamés.

    Las rojiblancas reciben al FC Badalona Women con el objetivo de prolongar ese buen momento y cerrar la primera vuelta con sensaciones inmejorables. La solidez defensiva, el compromiso colectivo y la conexión con su afición están siendo claves en esta reacción que ha reactivado al equipo.

    La clasificación refleja una Liga F Moeve tremendamente igualada en su tramo central. RCD Espanyol y FC Badalona Women, ambos con 16 puntos, comparten una zona donde cada jornada puede suponer un salto cualitativo o una caída peligrosa.

    El Espanyol recibe al Granada CF en un duelo que puede marcar el rumbo de ambos equipos en el inicio de la segunda vuelta. El Badalona, por su parte, afronta una prueba exigente en Bilbao, consciente de que cualquier punto lejos de casa tiene un valor incalculable.

    Si la pelea por Europa es feroz, la batalla por evitar el descenso es directamente despiadada. Aquí no hay margen para el error ni para las medias tintas. Cada punto puede ser la diferencia entre la salvación y el abismo.

    El Alhama CF ElPozo marca actualmente la permanencia, pero lo hace con una ventaja mínima. Por detrás, la SD Eibar, el Granada CF y el Deportivo Abanca viven en una tensión constante, conscientes de que cualquier mala racha puede arrastrarlas a la zona roja.

    Y justo ahí aparece el DUX Logroño, un equipo que todavía no conoce la victoria en la temporada. El conjunto riojano ha sufrido, ha competido y ha resistido, pero necesita resultados urgentes. Está a solo tres puntos del Alhama, y este domingo tiene una oportunidad de oro.

    El duelo entre el DUX Logroño y el Levante UD es, sin exagerar, una auténtica final por la supervivencia. Dos equipos heridos, necesitados y conscientes de que el tiempo empieza a agotarse.

    El Logroño busca su primer triunfo del curso, ese que puede cambiarlo todo: la dinámica, la confianza, el discurso. El Levante, colista con apenas dos puntos, necesita reaccionar ya si no quiere que la distancia sea insalvable.

    No es solo un partido. Es una prueba de carácter, de fe y de resistencia emocional.

    La decimoquinta jornada de la Liga F Moeve no es una más. Es el cierre de una primera vuelta que ha confirmado la competitividad del campeonato y el inicio de un año que promete emociones fuertes, giros inesperados y finales de infarto.

    Cada estadio, cada balón dividido, cada gol puede tener consecuencias que se arrastren hasta el final de temporada. Porque a partir de ahora, ya no hay excusas. La Liga F Moeve entra en su momento de la verdad.

    Sábado 10 de enero
    • 12:00h | Alhama CF ElPozo – SD Eibar
    • 12:00h | Atlético de Madrid – Real Sociedad
    • 15:00h | Athletic Club – FC Badalona Women
    • 17:00h | Real Madrid CF – Sevilla FC
    • 19:00h | FC Barcelona – Madrid CFF

    Domingo 11 de enero
    • 12:00h | Deportivo Abanca – Costa Adeje Tenerife
    • 12:00h | DUX Logroño – Levante UD
    • 12:00h | RCD Espanyol – Granada CF

  • Oficial | El Atlético de Madrid traspasa a Gaby García

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ La centrocampista se marcha al América donde firmará por dos años.

    El Club Atlético de Madrid, actualmente cuarto en la tabla clasificatoria de la Liga Profesional de Fútbol Femenino ha anunciado que ha sido capaz de alcanzar un acuerdo con el América Femenil para ejecutar el traspaso de Gaby García.

    Como habéis podido leer en artículos anteriores escritos en este medio, la exjugadora del Deportivo Abanca ya se encontraba en territorio azteca a la espera de cerrar su llegada al conjunto azulcrema.

    Según la información que sabiamente aportó nuestra compañera de AS, Marta Griñan, la futbolista natural de Tunapuy se ligará con la entidad que preside Héctor González por dos temporadas con opción a un curso adicional.

    La exjugadora de la Real Sociedad de Fútbol es la primera baja que sufre el conjunto colchonero en este mercado de invierno tras la llegada de Priscila Chinchilla, ex del Zenit para reforzar el ataque.

    A sus 28 años de edad la vinotinto se despide de Alcalá de Henares, donde llegó en 2023 y lo hará habiendo jugado un total de 88 partidos de índole oficial en los que fue capaz de marcar 11 tantos y levantó la Copa de la Reina en Butarque frente al Real Madrid.

    Hay decisiones que no se miden solo en minutos jugados ni en estadísticas frías. Hay futbolistas cuya importancia no se entiende únicamente desde el pase, el corte o la llegada al área, sino desde algo más difícil de cuantificar: el orden invisible que sostienen. Gaby García fue durante años una de esas futbolistas para el Atlético de Madrid Femenino. No siempre la más mediática, no siempre la más celebrada, pero casi siempre la que hacía que todo tuviera sentido. Por eso su marcha al América Femenil no es solo una salida más en la planificación deportiva; es una grieta estructural que obliga a replantear el corazón del equipo. Y en esa grieta aparece, de nuevo, la figura de Víctor Martín, un entrenador que ya ha demostrado que entiende el fútbol no como una suma de piezas, sino como un organismo vivo que debe adaptarse para sobrevivir.

    La línea medular del Atlético de Madrid Femenino ha sido históricamente un espacio de equilibrio. Un territorio donde el equipo encontraba su identidad competitiva, su capacidad para resistir, para morder, para sostener partidos largos y emocionalmente exigentes. Gaby García representaba esa idea como pocas. No era una centrocampista de fuegos artificiales, pero sí una futbolista que sabía cuándo acelerar y cuándo frenar, cuándo cerrar una herida y cuándo abrir una vía de escape. Su fútbol era una forma de liderazgo silencioso, de esas que se notan más cuando desaparecen que cuando están.

    La pregunta, por tanto, no es simplemente quién ocupará su puesto en el once. La pregunta es cómo se recompone un centro del campo cuando se va la futbolista que daba coherencia al sistema. Y esa pregunta no tiene una respuesta única, ni inmediata, ni cómoda. Obliga a Víctor Martín a mirar su plantilla no como un catálogo de nombres, sino como un mapa de posibilidades.

    Porque el Atlético no pierde solo una mediocentro. Pierde una referencia posicional, una correctora de errores ajenos, una futbolista capaz de interpretar el partido desde la pausa. Y eso condiciona todo: la altura de la línea defensiva, la agresividad de la presión, la libertad de las interiores, incluso el perfil de las delanteras que mejor encajan.

    Víctor Martín no es un entrenador de soluciones rápidas. Su trayectoria demuestra que cree en los procesos, en la lectura profunda del contexto y en la adaptación progresiva. Por eso, la recomposición de la medular no pasa necesariamente por buscar una “nueva Gaby García”, porque ese tipo de comparaciones suelen ser trampas conceptuales. Pasa por redefinir el centro del campo como un espacio colectivo, donde varias futbolistas compartan responsabilidades que antes recaían en una sola.

    En ese escenario, el nombre de Vilde Bøe Risa emerge como uno de los pilares sobre los que puede reconstruirse el equilibrio. La centrocampista noruega no es una copia funcional de Gaby García, pero sí una futbolista con una comprensión táctica del juego que la convierte en una pieza clave. Su capacidad para interpretar espacios, para colocarse bien sin necesidad de correr más de la cuenta, para ofrecer siempre una línea de pase limpia, encaja en la idea de un Atlético que quiere seguir siendo competitivo sin perder orden.

    Bøe Risa aporta algo fundamental en este nuevo contexto: serenidad. Y la serenidad en el centro del campo es un valor estratégico. Permite que el equipo no se parta, que las transiciones no se conviertan en un intercambio de golpes constante, que la defensa no quede expuesta. Con ella, Víctor Martín puede optar por un doble pivote más posicional, donde la noruega actúe como eje sobre el que giran las demás.

    Pero el Atlético no puede ni debe reconstruir su medular desde una única figura. El adiós de Gaby García abre la puerta a una redistribución de roles, y ahí aparece Ana Vitória. La brasileña es una centrocampista de otro registro, más asociativa, más creativa, con mayor tendencia a mirar hacia adelante. En el nuevo escenario, su papel puede adquirir una dimensión diferente. Ya no solo como interior que conecta líneas, sino como una futbolista que asume más peso en la salida de balón, especialmente si el equipo decide apostar por una estructura más flexible.

    El reto con Ana Vitória no es futbolístico, sino de equilibrio. Porque darle más protagonismo implica protegerla mejor a su espalda. Y ahí entra la lectura táctica de Víctor Martín: cómo combinar perfiles para que el talento no se convierta en vulnerabilidad.

    En este proceso de recomposición, las futbolistas jóvenes dejan de ser un complemento para convertirse en una posibilidad real. Júlia Bartel, por ejemplo, representa una oportunidad estratégica. Su juventud no es una desventaja, sino una ventaja en un momento de redefinición. Bartel no carga con la mochila de “sustituir a nadie”. Puede crecer en un sistema que se está reformulando, aprender roles mixtos, adaptarse a distintas alturas del campo.

    Víctor Martín ha demostrado en otras etapas que sabe acompañar este tipo de procesos. No se trata de lanzar a una joven al vacío, sino de integrarla progresivamente en una estructura que la proteja y la potencie. Bartel puede ser interior, puede ser mediapunta, puede incluso retrasar su posición en determinados contextos. Esa versatilidad es oro en un centro del campo que busca nuevas respuestas.

    La recomposición de la medular también obliga a repensar el sistema. El Atlético de Madrid Femenino ha oscilado entre el 4-3-3 y el 4-2-3-1, dependiendo de rivales y momentos de la temporada. Sin Gaby García, el 4-3-3 tradicional pierde a su ancla más fiable, pero gana en dinamismo si se ajustan las piezas. Un doble pivote puede ofrecer más control en fases defensivas, mientras libera a una tercera centrocampista para pisar zonas de influencia ofensiva.

    Aquí aparece otra variable fundamental: el contexto emocional del equipo. Gaby García no solo era una futbolista importante por su juego, sino por lo que representaba dentro del vestuario. Su marcha obliga a que otras líderes emerjan. Y el liderazgo en el centro del campo no siempre se expresa con brazaletes, sino con decisiones en momentos críticos del partido.

    Víctor Martín sabe que recomponer una medular no es solo una cuestión táctica. Es una cuestión de jerarquías, de confianza, de asumir responsabilidades. En ese sentido, el entrenador tiene ante sí una oportunidad tan compleja como estimulante: construir un centro del campo más coral, menos dependiente de una sola figura, pero igual de competitivo.

    Porque el Atlético de Madrid Femenino no puede permitirse perder identidad. Su ADN competitivo se basa en la solidez, en la capacidad de sufrir sin descomponerse, en la lectura inteligente de los partidos. La nueva medular debe seguir sosteniendo esos valores, aunque cambien los nombres y los matices.

    El adiós de Gaby García no marca el final de una etapa, sino el inicio de otra. Y las etapas nuevas siempre generan incertidumbre. Pero también generan espacio para la creatividad, para la evolución, para descubrir soluciones que antes no eran necesarias.

    Víctor Martín no busca replicar el pasado. Busca interpretarlo y transformarlo. Entiende que el fútbol es un organismo que se adapta o se rompe. Y en esa adaptación, el centro del campo será el laboratorio donde se defina el futuro inmediato del Atlético de Madrid.

    El Atlético de Madrid Femenino llega a Alcalá de Henares consciente de que el partido ante la Real Sociedad no es uno más. No es un entrenamiento, no es una jornada más de Liga F Moeve; es un duelo definitorio, un choque que puede determinar quién ocupa la tercera plaza y quién tiene la posibilidad de disputar la fase previa de la Liga de Campeones Femenina el curso siguiente.

    Para Víctor Martín, el desafío va más allá de preparar un once competitivo: consiste en recomponer el corazón del equipo, la medular, después de la marcha de Gaby García, la venezolana que durante años sostuvo la organización del juego con un equilibrio silencioso pero crucial. Cada decisión que tome el entrenador este sábado tendrá repercusiones inmediatas y a largo plazo, porque el partido exige equilibrio, creatividad, resistencia y liderazgo, todo a la vez.

    Sin Gaby, el Atlético pierde a quien dictaba el ritmo, quien interpretaba el juego como si cada pase, cada desplazamiento, cada ajuste de posición fuera un acto de arquitectura futbolística. La primera adaptación pasa por reconocer que la medular debe transformarse en un sistema más coral, donde la responsabilidad no recaiga en un solo punto, sino que se distribuya entre varias piezas que se complementen. Vilde Bøe Risa se perfila como la ancla. Su lectura del espacio, su inteligencia posicional y su capacidad para proteger la espalda de compañeras que se incorporan al ataque la convierten en el eje sobre el que se puede reconstruir la organización del equipo. Ante la Real Sociedad, que tradicionalmente presiona con intensidad en el centro del campo y busca cortar la salida de balón desde atrás, Risa puede actuar como un muro de contención, equilibrando la línea defensiva y ofreciendo seguridad para que las interiores se proyecten con confianza.

    Ana Vitória, por su parte, puede asumir un rol más creativo, con libertad para conectar líneas y asistir a las delanteras. Víctor Martín debe establecer mecanismos claros de protección para que la brasileña no quede expuesta en las transiciones rápidas que la Real Sociedad suele generar. El Atlético necesitará que cada movimiento ofensivo tenga soporte defensivo inmediato: es un reto de coordinación, comunicación y timing. Ana Vitória debe entender que la libertad que se le otorga viene acompañada de responsabilidad colectiva, y la conexión con Risa será fundamental para que cada pase hacia adelante no suponga una pérdida que rompa la estructura.

    El entrenador también tiene a su disposición a Júlia Bartel, joven con proyección y capacidad de adaptación. Bartel puede ocupar un rol flexible, alternando entre interior más defensiva o mediapunta que conecte el centro del campo con el ataque. Su energía, su ritmo y su lectura intuitiva serán vitales para mantener la intensidad que exige un partido clave en Alcalá de Henares, donde el calor del público local y la presión del rival pueden tensionar cualquier estructura inestable. Víctor Martín puede planificar movimientos de rotación en el centro, permitiendo que Bartel cubra espacios dejados por Ana Vitória o complemente a Risa en tareas de recuperación.

    El planteamiento táctico general también debe ajustarse. El Atlético podría optar por un 4-3-3 ligeramente modificado, con Risa como pivote central, Ana Vitória e interiores más ofensivas situadas por delante, o incluso un 4-2-3-1 donde el doble pivote combine experiencia y juventud, proporcionando seguridad defensiva y creatividad ofensiva al mismo tiempo. La clave será la transición entre fases: cómo se construye desde atrás, cómo se conecta con las alas y cómo se protege el espacio entre líneas cuando la Real Sociedad presiona alto. Víctor Martín deberá insistir en que las jugadoras comprendan sus zonas, que los apoyos sean inmediatos y que la medular no se descomponga en ningún momento crítico.

    El aspecto emocional es igualmente decisivo. La ausencia de Gaby García puede percibirse como un vacío difícil de suplir, no solo en lo táctico sino en lo psicológico. Aquí Víctor Martín debe ser entrenador y líder emocional: comunicar confianza, reforzar el sentido de equipo y asegurar que cada centrocampista comprenda que ahora su voz, sus movimientos y su visión de juego son esenciales para la victoria. No se trata de reemplazar a Gaby, sino de crear una red de responsabilidad compartida que mantenga la cohesión bajo presión.

    El sábado 10 de enero, a las 12:00, el Atlético enfrentará a una Real Sociedad que llega con argumentos sólidos en transición, con velocidad por fuera y creatividad por dentro. La medular rojiblanca tendrá que equilibrar agresividad y control, presión y paciencia, anticipación y cobertura. Cada balón perdido, cada pase impreciso, puede ser castigado por un rival que conoce los espacios. Por eso la elección de Risa, Ana Vitória y Bartel como ejes estratégicos no es casual; es una declaración de intención: el Atlético quiere sostenerse, avanzar y, al mismo tiempo, generar oportunidades claras para sus delanteras.

    El trabajo de Víctor Martín incluye también la adaptación de las interiores y de las bandas. Las jugadoras que tradicionalmente cubrían parte de la presión de Gaby García deberán ampliar su radio de acción, anticipar situaciones de peligro y convertirse en prolongaciones de la medular. El concepto de juego se amplía: ya no es un triángulo en el centro, sino una red flexible que respira, se ajusta y protege tanto la posesión como la estructura defensiva. La coordinación será esencial: si Risa sube, Bartel baja; si Ana Vitória recibe presión, las interiores deben ofrecerse como apoyo; si el equipo pierde el balón, la transición defensiva debe ser inmediata.

    Cada balón parado se convierte en un test para la medular reconstruida. La Real Sociedad aprovechará cualquier desajuste, cualquier hueco dejado por la ausencia de Gaby García, para intentar marcar la diferencia. Víctor Martín debe prever estas situaciones y entrenarlas, distribuyendo responsabilidades de marcaje, cobertura y anticipación. La comunicación será clave: gritos, señas, lecturas rápidas de juego y confianza en la capacidad de cada jugadora para ejecutar su rol bajo presión.

    El partido de Alcalá de Henares no solo define puntos en la tabla, sino también el primer ensayo real de la medular sin su referencia histórica. Es un laboratorio táctico y psicológico al mismo tiempo. Cada pase, cada presión, cada desplazamiento medido tendrá consecuencias inmediatas. Víctor Martín sabe que el margen de error es mínimo y que la capacidad de adaptación del equipo marcará no solo el resultado del sábado, sino la confianza con la que se afrontarán los partidos restantes hacia la tercera plaza.

    La recomposición de la medular pasa también por la gestión de minutos y energías. La intensidad de Liga F Moeve exige que las futbolistas mantengan un equilibrio físico y mental constante. Bartel y otras jóvenes deben entender cuándo acelerar y cuándo mantener la estructura; Risa y Ana Vitória deben calibrar esfuerzo, recuperación y lectura del rival para sostener el equipo durante los 90 minutos. Cada decisión en el centro del campo repercute directamente en la capacidad ofensiva y defensiva, y Víctor Martín debe anticipar escenarios de presión alta, transiciones rápidas y ataques posicionales de la Real Sociedad.

    Finalmente, el duelo del sábado tiene un componente simbólico que excede el contexto deportivo: representa el primer gran desafío tras la marcha de Gaby García, un momento que puede consolidar la transición del equipo hacia una medular más coral y resiliente. Si el Atlético consigue organizar su centro del campo, mantener equilibrio, controlar fases críticas y generar peligro constante, el mensaje será claro: el equipo no depende de un solo nombre, sino de una estructura dinámica, inteligente y colectiva.

    Víctor Martín, desde su posición en el banquillo, debe ser director de orquesta, estratega y líder emocional. La adaptación de la medular no es una reacción improvisada, sino un plan que combina experiencia, juventud, inteligencia táctica y comunicación constante. Cada jugadora debe entender que su papel es esencial y que juntas pueden llenar el vacío dejado por Gaby García con creatividad, coordinación y determinación.

    El resultado del partido puede abrir o cerrar la puerta a la tercera plaza, pero más allá de los puntos, el verdadero desafío está en demostrar que la línea medular del Atlético de Madrid Femenino puede reinventarse, sostener al equipo y marcar la diferencia. Si Risa, Ana Vitória, Bartel y el resto de las centrocampistas ejecutan su rol con precisión, inteligencia y liderazgo, el Atlético no solo se adaptará al adiós de su venezolana estrella, sino que saldrá fortalecido, con una medular más coral, flexible y lista para afrontar el resto de la temporada con ambición europea.

    Aunque, para ser sinceros, todo parece indicar que Ana Vitória, ex del PSG, concretará en las próximas fechas su partida rumbo al Corinthians ante la falta de minutos en el esquema del ex director técnico del Madrid CFF.

  • Oficial | Ya se puede votar para elegir el Team of the Year (2025) en la Liga F Moeve

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🟧 Este miércoles 7 de enero, EA SPORTS dio a conocer los nominados y nominadas al equipo del año, premios conocidos como TOTY (Team of the Year), donde los aficionados podrán elegir a los mejores del 2025 hasta el 11 de enero. Liga F Moeve está representada con siete clubes y dieciséis futbolistas.

    EA SPORTS FC Team of the Year 2025: el reconocimiento global que conecta a la afición con las estrellas del fútbol femenino y eleva el impacto de Liga F Moeve

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Hay momentos en el fútbol que no se anuncian con un pitido inicial ni se deciden con un gol en el último minuto, pero que, cuando ocurren, dejan una huella igual de profunda. Momentos que no se juegan sobre el césped, pero que determinan cómo se mira el juego, quién ocupa el centro del relato y quién deja de ser una nota al margen. El Team of the Year femenino de EA SPORTS FC 2025 es uno de esos momentos. No porque sea un premio más, ni porque pertenezca únicamente al universo del videojuego, sino porque funciona como un espejo global en el que el fútbol femenino se observa a sí mismo y, esta vez, se reconoce con nitidez, con orgullo y con una certeza que ya no admite discusión: está aquí para quedarse, y Liga F Moeve es una de sus grandes protagonistas.

    Cuando EA SPORTS abrió las votaciones el miércoles 7 de enero, no solo activó uno de los eventos más esperados del calendario digital. Activó una conversación mundial. Millones de aficionados y aficionadas comenzaron a mirar listas, a debatir nombres, a comparar trayectorias, a defender colores y a votar con algo más que un clic. Porque votar en el Team of the Year no es solo elegir una carta para el juego; es tomar partido por una forma de entender el fútbol, por una liga, por una historia que se ha ido escribiendo durante años, muchas veces en silencio, muchas veces a contracorriente.

    El Team of the Year nació como un reconocimiento, pero con el tiempo se ha convertido en un lenguaje común. Un idioma que hablan quienes consumen fútbol desde la grada, desde la televisión, desde el móvil o desde la consola. Un espacio donde el rendimiento deportivo se traduce en iconos, donde el talento se convierte en referencia y donde la excelencia deja de ser abstracta para tomar forma concreta, votable, compartida. Durante mucho tiempo, ese idioma fue casi exclusivamente masculino. No por falta de fútbol femenino, sino porque el sistema tardó en mirarlo de frente. Pero cuando lo hizo, cuando el fútbol femenino entró de manera estructural en el universo EA SPORTS FC, ya no hubo marcha atrás.

    La creación del Team of the Year femenino no fue un gesto cosmético. Fue una consecuencia lógica de una realidad que había superado cualquier resistencia cultural. El fútbol femenino crecía en audiencias, en profesionalización, en impacto social y en calidad competitiva. Las grandes citas internacionales llenaban estadios, las ligas nacionales se fortalecían y las futbolistas se convertían en referentes globales. El videojuego, que siempre ha sido reflejo de su tiempo, entendió que no podía seguir contando solo una parte de la historia.

    Desde entonces, cada edición del TOTY femenino ha ido ganando peso, legitimidad y profundidad. Al principio fue una ventana. Después, un escaparate. Hoy es un archivo vivo del fútbol femenino contemporáneo. Una forma de fijar la memoria anual del juego, de decirle al mundo quiénes fueron las futbolistas que marcaron el ritmo, que sostuvieron equipos, que decidieron partidos y que construyeron relatos colectivos.

    Y en esa memoria, Liga F Moeve aparece cada vez con más fuerza.

    La edición de 2025 no es una excepción brillante; es una confirmación. Dieciséis futbolistas nominadas procedentes de siete clubes distintos de la liga española. Athletic Club, Atlético de Madrid, FC Barcelona, Real Madrid CF, Costa Adeje Tenerife, Real Sociedad y FC Badalona Women. Nombres que no responden a una única lógica de poder, sino a un ecosistema diverso, competitivo y reconocible. Y entre esas dieciséis futbolistas, diez españolas. Diez jugadoras formadas, consolidadas o proyectadas desde una liga que ha sabido crecer sin perder identidad.

    Este dato, por sí solo, ya explica muchas cosas. Explica que Liga F Moeve no es solo una liga que importa talento, sino una liga que lo crea. Que no vive únicamente de grandes nombres internacionales, sino que produce futbolistas capaces de competir en la élite mundial. Que conecta de forma natural con la selección nacional y que alimenta un círculo virtuoso entre base, rendimiento y reconocimiento.

    El Team of the Year no pregunta por presupuestos ni por historias institucionales. Pregunta por impacto. Por presencia. Por influencia real en el juego. Y cuando los votos empiezan a acumularse, cuando las miradas se dirigen una y otra vez hacia las mismas futbolistas, lo que emerge es una verdad sencilla y poderosa: la liga española está en el centro del fútbol femenino global porque su fútbol se ve, se entiende y se valora.

    No es casualidad que el corazón del Team of the Year femenino 2025 lata al ritmo de centrocampistas formadas o consolidadas en Liga F Moeve. El estilo de juego español, basado en el control del balón, la inteligencia táctica y la lectura colectiva, ha encontrado en el fútbol femenino un espacio de expresión plena. Alexia Putellas, Aitana Bonmatí, Patri Guijarro, Vicky López, Fiamma Benítez, Caroline Weir. Nombres distintos, generaciones distintas, roles distintos. Una misma capacidad para ordenar el juego y para explicar por qué esta liga marca tendencia.

    Pero el relato no se agota en el centro del campo. La defensa también tiene nombre propio. Futbolistas que sostienen estructuras, que interpretan el juego desde la anticipación y que entienden el fútbol como un ejercicio de responsabilidad colectiva. Y arriba, el gol. El desequilibrio. La emoción. Delanteras que deciden partidos, que conectan con la grada, que hacen del fútbol un espectáculo sin renunciar a la eficacia. Desde figuras consolidadas a talentos emergentes, desde clubes dominantes a proyectos históricos, la Liga F aparece completa, reconocible, plural.

    El Team of the Year femenino tiene un impacto que va mucho más allá de la semana de votaciones. Es un fenómeno mediático que multiplica la visibilidad de las jugadoras, que coloca a las ligas en conversaciones globales y que genera una narrativa compartida entre aficionados de distintos países. Durante esos días, los nombres de las futbolistas circulan por redes sociales, medios de comunicación y comunidades digitales. Se debaten, se defienden, se comparan. Y en ese proceso, la liga a la que pertenecen se convierte en parte del argumento.

    Desde el punto de vista económico, el impacto es silencioso pero real. Una nominación al Team of the Year refuerza la marca personal de una futbolista, aumenta su proyección internacional y la sitúa en un escaparate que atrae patrocinadores, medios y oportunidades. Para clubes y ligas, supone una validación de su proyecto y una herramienta estratégica en un mercado cada vez más competitivo.

    Pero quizá el impacto más profundo sea el cultural. El Team of the Year femenino normaliza la excelencia. Sitúa a las futbolistas en el mismo plano simbólico que durante décadas ocupó exclusivamente el fútbol masculino. Para las nuevas generaciones, crecer votando, jugando y celebrando cartas TOTY femeninas no es un acto excepcional; es lo normal. Y esa normalidad es revolucionaria.

    Liga F Moeve entiende bien ese valor. Por eso su presencia en el Team of the Year no se vive solo como un logro, sino como una responsabilidad. Estar en el centro del relato implica sostenerlo, cuidarlo y proyectarlo hacia el futuro. Implica seguir invirtiendo en estructuras, en profesionalización, en sostenibilidad. Implica no conformarse con haber llegado, sino asumir que el verdadero reto es permanecer.

    El fútbol femenino ha recorrido un camino largo y, en muchos tramos, invisible. Ha crecido a base de convicción, de trabajo y de una pasión que no siempre encontró altavoz. Hoy, iniciativas como el Team of the Year femenino de EA SPORTS FC funcionan como ese altavoz global que durante tanto tiempo faltó. No sustituyen al fútbol real, pero lo amplifican. No crean talento, pero lo reconocen. No escriben la historia desde cero, pero ayudan a fijarla.

    Y cuando esa historia se mira desde España, desde Liga F Moeve, la imagen es clara. Una liga que ya no necesita presentaciones. Una liga que no pide sitio, sino que lo ocupa. Una liga que ha entendido que el fútbol femenino no es una promesa futura, sino un presente sólido, competitivo y emocionante.

    El Team of the Year femenino 2025 no es el final de nada. Es una estación más en un viaje que continúa. Pero es una estación importante. De esas que, con el tiempo, se recuerdan como el momento en que muchas cosas dejaron de ser discusión y pasaron a ser evidencia.

    Porque cuando el mundo vota, cuando el mundo elige, cuando el mundo reconoce, y Liga F Moeve está ahí, en el centro de la conversación, el mensaje es inequívoco: el fútbol femenino ya no camina a la sombra de nadie. Y la liga española es una de las luces que marcan el camino.

    ese camino que hoy ilumina Liga F Moeve no nació de un día para otro. Se construyó a base de partidos jugados en campos secundarios, de futbolistas que entrenaban sin focos, de clubes que sostuvieron proyectos cuando aún no había retorno inmediato, de aficiones pequeñas pero fieles que entendieron antes que nadie que el fútbol femenino no necesitaba permiso para existir, solo espacio para crecer. El Team of the Year femenino recoge ahora ese recorrido y lo traduce en una imagen global, reconocible, compartida en todos los rincones del mundo donde alguien enciende una consola o abre una aplicación para votar.

    Porque ahí reside una de las grandes verdades de este reconocimiento: no es un premio que baja desde una torre de marfil, sino una elección construida desde abajo, desde la suma de miles de miradas distintas que coinciden en algo esencial. Que el fútbol femenino importa. Que estas jugadoras importan. Que las ligas que las sostienen importan. Y cuando esa suma de miradas señala de forma tan clara hacia Liga F Moeve, el mensaje trasciende cualquier frontera.

    El Team of the Year femenino no entiende de contextos locales, pero los necesita. No pregunta de dónde viene cada jugadora, pero convierte su origen en parte del relato. Cada voto es una pequeña declaración de intenciones. Cada nominación, un gesto de complicidad. Cada elección final, una forma de decirle al fútbol femenino que ya no camina solo. Que hay una comunidad global dispuesta a sostenerlo, a discutirlo, a celebrarlo.

    En ese espacio simbólico, Liga F Moeve ha encontrado algo más que visibilidad. Ha encontrado pertenencia. Pertenece al grupo de ligas que marcan el pulso del fútbol femenino moderno. Pertenece al relato de excelencia que se escribe año a año. Pertenece al presente del juego y, por extensión, a su futuro inmediato.

    No se trata únicamente de títulos, de presupuestos o de estrellas mediáticas. Se trata de coherencia. De identidad. De un modelo que ha sabido crecer sin perder su esencia, que ha entendido que el espectáculo no está reñido con el rigor, que la emoción no está reñida con la táctica y que el fútbol femenino, cuando se le permite ser, es capaz de generar relatos tan poderosos como cualquier otro.

    El Team of the Year femenino de EA SPORTS FC 2025 actúa como una cápsula del tiempo. Dentro de unos años, cuando se mire atrás, esta edición servirá para entender dónde estaba el fútbol femenino en este momento exacto. Y cuando alguien pregunte qué ligas sostenían ese crecimiento, qué campeonatos alimentaban ese nivel competitivo, qué países exportaban talento y estilo, la respuesta incluirá, sin matices ni asteriscos, a Liga F Moeve.

    Quizá esa sea la victoria más importante. No la que se celebra con confeti ni la que se mide en trofeos, sino la que se consolida en la percepción colectiva. La de ser reconocida como una liga que no solo acompaña el crecimiento del fútbol femenino, sino que lo impulsa. Que no espera a que el futuro llegue, sino que lo construye partido a partido, jugadora a jugadora, voto a voto.

    El fútbol femenino ha aprendido a convivir con la paciencia, pero también con la determinación. Ha aprendido a avanzar sin estridencias, pero sin dar un paso atrás.

    Y hoy, cuando el Team of the Year femenino coloca el foco sobre tantas futbolistas de Liga F Moeve, lo que se ilumina no es solo su talento individual, sino el camino compartido que las ha traído hasta aquí.

    Porque el reconocimiento, cuando llega, no borra el esfuerzo previo. Lo valida. Y cuando ese reconocimiento es global, popular y transversal, como el del Team of the Year, la validación se convierte en certeza.

    Certeza de que el fútbol femenino ya no necesita explicarse.
    Certeza de que Liga F Moeve no es una promesa, sino una realidad consolidada.
    Certeza de que el juego, cuando se abre a todas sus voces, es más rico, más justo y más emocionante.

    Y así, sin ruido, sin necesidad de grandes proclamaciones, el Team of the Year femenino 2025 deja una verdad escrita entre líneas, clara y definitiva:

    El fútbol femenino no está llamando a la puerta del mundo, sino que ya está dentro y la Liga F Moeve, hoy, juega en el centro del salón.

    🔥 Vota aquí |

    https://toty.easports.com/en-gb?utm_campaign=fc26_hd_ww_ic_socsp_twt_fc-26-toty-partner-ligaf-x&utm_source=twitter&utm_medium=social&cid=87783&ts=1767815563265

  • Oficial | Cris Librán, a préstamo en el Servette

    (Fuente: Servette)

    ⬛️ La internacional española jugará en Suiza hasta final de curso.

    Hace escasas fechas en “El Partido de Manu” os regalamos un espectacular reportaje sobre Cris Librán y la internacional española en categorías inferiores vuelve a ser noticia.

    (Fuente: Getty imágenes)

    La Juventus de Turínñ, octava clasificada en la fase de liga de la UEFA Women’s Champions League, ha anunciado oficialmente que opta por ceder a la joven de 19 años al Servette FCCF.

    La operación es la segunda que efectúa el conjunto helvético tras la renovación de Daïna Bourma por dos temporadas.

    La “21” llegó a Italia en el pasado mercado estival después de que la entidad transalpina le pagase la cláusula de compensación al Madrid Club de Fútbol Femenino.

    En este primer tramo de curso, la campeona de Europa en categoría sub-19 con la Selección Española de Fútbol no era titular para las Bianconere y a las órdenes de Massimiliano Canzi solo había tenido 121 minutos en la Serie A.

    La situación fue seguida de cerca por Marta Peiró Giménez, directora deportiva española del club suizo y acabó convenciéndola para mudarse a Les Grenat en busca de continuidad.

    En Turín saben que es un diamante en bruto y por eso tiene contrato en vigor hasta el próximo 30 de junio de 2028, lo que le permitirá tener una reválida en el Stadio La Marmora-Pozzo al vencer este préstamo.

    (Fuente: Juventus de Turín Women)

    El dos veces campeón de la Swiss Women’s Cup (2023 y 2024) refuerza su parcela ancha con una centrocampista de corte ofensivo muy joven que sobresale el césped por ser una enganche que domina a la perfección el uno contra uno, es poderosa en el juego aéreo a pesar de su menuda estatura y posee una gran visón de juego que le auguran un futuro dorado.

    Cris vivirá así su segunda experiencia fuera de la Liga F Moeve en tan solo seis meses, pero en el Servette FC Chênois Fémenin no se sentirá extraña, pues compartirá vestuario con Asun Martinez, Paula Serrano, Paloma Lázaro y Enith Salón.

    Librán llega a un equipo grande que está en plena expansión y dinámica ascendente, actualmente es líder de la Swiss Women’s Super League por delante del Grasshopper Club Zürich y el Young Boys, ganándole a este último en la duodécima jornada por 1-0.

    El debut de la canterana del Madrid CFF con su nuevo equipo podría llegar el próximo 7 de febrero de 2025 ante el Zúrich si el ex técnico del Sevilla Fútbol Club, Cristian Toro, lo estima oportuno.