◼️ No fue un partido. Fue una declaración. Una exhibición de jerarquía, ritmo y fútbol total que convirtió la segunda semifinal de la Copa de Campeones Femenina en un relato de una sola dirección. El Arsenal Women, implacable desde el primer minuto, desbordó por completo al ASFAR Rabat Women con un 6-0 rotundo, una goleada que habla tanto de la ambición londinense como del punto exacto en el que el fútbol no admite concesiones. Gol a gol, presión a presión, las ‘Gunners’ firmaron una noche que las impulsa directamente a la gran final ante Corinthians, con la sensación de haber llegado a Londres para mandar.
Los primeros compases no dejaron goles, pero sí mensajes. El Arsenal movía el balón con paciencia, sin ansiedad, como quien sabe que el tiempo juega a su favor. ASFAR, ordenado, intentaba resistir, consciente de que cada minuto sin encajar reforzaba su confianza.
Pero había algo en el lenguaje corporal de las londinenses que anticipaba lo inevitable. No había prisas, pero sí determinación. No había nervios, pero sí hambre.
El Arsenal estaba midiendo. Y cuando un equipo de este calibre mide, es porque ya ha decidido dónde va a golpear.
El primer gol llegó como llegan los goles de los equipos grandes: sin estridencias, casi sin aviso. Una posesión larga, horizontal, diseñada no para avanzar metros sino para desordenar estructuras. El ASFAR basculaba, cerraba, se ayudaba. Pero cada desplazamiento lateral era una pequeña concesión.
El balón viajó de un lado a otro hasta que apareció el espacio. No fue un fallo evidente. Fue una microrrotura, una desconexión mínima entre central y lateral, suficiente para que el Arsenal encontrara profundidad. El centro fue preciso, tenso, al corazón del área. Y allí, el remate. Limpio. Inapelable.
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El 1-0 no fue un golpe devastador, pero sí fue el primer aviso serio. La semifinal ya tenía dueño territorial en el minuto 8 de juego, el duelo no era tan equilibrado como el que midió al mediodía al Gotham con el Corinthians (0-1).
Cuatro minutos más tarde, la ventaja se duplicó cuando Maanum se giró y disparó a bocajarro. Caldentey marcó el tercero poco después, transformando con sangre fría un penalti tras una mano de Zineb Redouani dentro del área para poner el 2-0 en el 12, poco antes del primer cuarto de hora.
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En ese momento, la semifinal empezó a deslizarse peligrosamente hacia un escenario que ASFAR quería evitar a toda costa: el partido largo, el desgaste, la sensación de estar siempre persiguiendo sombras.
Con dos goles de ventaja, el Arsenal no bajó el ritmo. Tampoco lo desató sin sentido. Hizo lo que hacen los equipos que saben competir: administrar la superioridad sin renunciar a la identidad.
La circulación fue aún más fluida. Las líneas, más cortas. El ASFAR, por momentos, ya no defendía para robar, sino para limitar daños. Cada llegada inglesa era una amenaza latente.
La semifinal, poco a poco, empezaba a parecerse a un monólogo para el actual campeón de la Liga de Campeones Femenina.
El tercer gol llegó justo cuando ASFAR empezaba a pensar en el descanso como refugio. Y llegó de la manera más dolorosa: con fútbol asociativo, con precisión quirúrgica, con la sensación de que el Arsenal estaba jugando en otra dimensión.
La jugada fue una coreografía perfecta. Pase interior, apoyo, devolución, desmarque. El ASFAR quedó partido por la mitad durante un segundo. Fue suficiente. La llegada desde segunda línea culminó la acción con autoridad para poner el 3-0 en el 41 que mataba el encuentro de algún modo.
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pitido que señalaba el final de la primera parte sonó casi como un alivio para ASFAR Rabat. El marcador era duro, pero el castigo podía haber sido mayor. Para el Arsenal, en cambio, el descanso fue una pausa incómoda, una interrupción de un flujo que dominaba por completo.
Las londinenses se marcharon al vestuario sin euforia. Con la seriedad de quien sabe que el trabajo no está terminado.
Y lo que vendría después confirmaría que el Arsenal no entiende de medias tintas.
La imagen de las londinenses al volver al césped fue reveladora. No hubo repliegue conservador ni gesto alguno que indicara administración del resultado. Las líneas siguieron altas, el bloque compacto, la presión activa. El mensaje era claro: no se trata de ganar, sino de cómo se gana.
En ese punto del partido, el Arsenal ya no competía contra el ASFAR Rabat, sino contra una idea más abstracta: la de no traicionarse a sí mismo. Los equipos grandes no entienden las semifinales como trámites ni las goleadas como excusas para bajar el ritmo. Las entienden como escenarios donde se construye reputación.
El ASFAR Rabat, consciente de la situación, intentó introducir matices. Adelantó tímidamente su bloque, buscó posesiones más largas, trató de respirar con el balón. Pero cada intento encontraba un obstáculo inmediato. El Arsenal no solo recuperaba rápido: recuperaba bien. Siempre con una jugadora perfilada para el siguiente pase, siempre con una línea de progresión clara.
A esas alturas, el mayor desafío para el ASFAR no era táctico ni físico, sino psicológico. Defender durante largos tramos, correr detrás del balón, encajar goles sin margen de respuesta va erosionando convicciones. El fútbol de élite no perdona las dudas, y el Arsenal se alimenta de ellas.
Cada control marroquí era observado. Cada pase lateral, presionado. Cada despeje, devuelto de inmediato. El partido se jugaba casi exclusivamente en campo del ASFAR, que ya no encontraba salida ni refugio.
El cuarto gol no tuvo la belleza estructural del tercero ni la contundencia psicológica del segundo. Tuvo algo diferente, quizá más revelador: la lógica aplastante del dominio.
Llegó tras una secuencia prolongada de ataques. Centro lateral rechazado, balón suelto, segunda jugada mal defendida. El Arsenal, atento, atacó el espacio con determinación. El disparo fue potente, directo, sin necesidad de florituras.
Ese gol fue el que terminó de transformar la semifinal en un ejercicio de control absoluto. No quedaba espacio para el milagro ni para la épica desde el lado marroquí. Solo para la resistencia y el aprendizaje en el minuto 61 de juego.
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Con el 4-0 en el marcador, el Arsenal mostró quizá su rasgo más definitorio: la ausencia total de complacencia. No hubo gestos de exceso ni celebraciones desmedidas. Hubo concentración, orden y continuidad .
El equipo se movía como una unidad orgánica. Las distancias entre líneas eran mínimas. Las coberturas, automáticas. La ocupación del área rival, constante pero racional. No atacaban todas al mismo tiempo; atacaban las necesarias.
El ASFAR Rabat seguía intentando competir. Cada duelo ganado era celebrado como una pequeña victoria. Cada posesión larga, una forma de reafirmarse. Pero el Arsenal siempre volvía a tomar el control, como una marea que retrocede solo para volver con más fuerza.
El quinto tanto llegó cuando el partido ya estaba completamente decantado, pero no por ello perdió significado.
Al contrario. Fue el gol que convirtió la semifinal en un festival futbolístico sin crueldad.
La jugada nació desde atrás, con calma, con una circulación que parecía casi didáctica. El ASFAR trató de cerrar espacios, pero el Arsenal encontraba siempre una línea más. El pase final dejó a la atacante en una posición franca. La definición fue precisa, casi serena.
El 5-0 en el no provocó abatimiento en las marroquíes, sino una resignación digna. Sabían que el rival era superior y lo aceptaron sin renunciar a su identidad en el minuto 66 de la semifinal.
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Llegados a este punto, el ASFAR Rabat ya jugaba otro partido. Uno invisible para el marcador, pero fundamental para su historia. El de mantener la dignidad, el de seguir compitiendo pese a la evidencia.
El equipo marroquí no se descompuso. No perdió el orden. No recurrió a la dureza. Entendió que aquella noche no era para ganar, sino para aprender. Y esa lectura, en contextos así, también es una victoria silenciosa.
El sexto gol fue la consecuencia natural de todo lo anterior. No un castigo añadido, sino el cierre lógico de una noche sin concesiones. El Arsenal encontró espacio una vez más, combinó con paciencia y atacó el área con determinación. El remate final puso el broche definitivo cuando el luminoso andaba ya por el minuto 75, a un cuarto de hora para el noventa .
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El marcador ya no importaba. Importaba la sensación. Y la sensación era inequívoca: el Arsenal había convertido la semifinal en un manifiesto futbolístico.
Cuando la árbitra señaló el final del partido, no hubo saltos ni gestos desmedidos. El Arsenal celebró con sobriedad. Porque los equipos grandes no celebran semifinales; celebran finales.
Las jugadoras del ASFAR Rabat se saludaron entre sí y con sus rivales. Habían sido superadas, sí, pero también habían formado parte de un escenario que impulsa el crecimiento del fútbol femenino global.
Y ahora, el último capítulo. En la final aguarda el Corinthians, coloso brasileño, campeón sudamericano, símbolo de otra escuela, de otra cultura futbolística. Europa contra Brasil. Método contra talento. Precisión contra improvisación.
El Arsenal llega lanzado, con una goleada que no solo lo impulsa, sino que lo define. Ha dicho quién es y cómo quiere competir. Ahora le queda demostrarlo en el escenario definitivo.
La Copa de Campeones Femenina ya tiene final. Y el mundo del fútbol femenino, un nuevo pulso que observar.
Este miércoles, 28 de enero de 2026, a las 19:00 horario peninsular el Brentford Stadium será testigo de un enfrentamiento histórico: Arsenal Women, campeonas de Europa, contra ASFAR, las dominadoras africanas, en la segunda semifinal de la FIFA Women’s Champions Cup. Más que un partido, es un choque de culturas, estilos y ambiciones que promete escribir un nuevo capítulo en la historia del fútbol femenino global.
La FIFA Women’s Champions Cup 2026 es más que un torneo; es un nuevo paradigma del fútbol femenino de clubes, una competición que une campeonas de todas las confederaciones en una lucha directa por la supremacía mundial. Con seis equipos invitados, representando a UEFA, CAF, CONCACAF, CONMEBOL, AFC y OFC, la cita se concibe como un preludio del futuro Mundial de Clubes Femenino, con premio récord en la historia del fútbol femenino y cobertura global sin precedentes.
Este torneo simboliza un paso decisivo en la globalización del deporte, donde ya no basta con dominar una liga local o continental; la auténtica hegemonía se mide en enfrentamientos directos entre continentes. En este contexto, la semifinal entre Arsenal y ASFAR representa la verdadera prueba de fuego para ambas escuadras: una batalla donde historia, tradición, audacia y estrategia se entrelazan.
El Arsenal Women a esta semifinal con la fuerza de su historia: múltiples títulos de liga inglesa, copas nacionales y, especialmente, la UEFA Women’s Champions League 2025, lograda tras derrotar al FC Barcelona por 1–0 en una final que combinó disciplina defensiva y explosión ofensiva.
Este triunfo europeo marcó el regreso del Arsenal al trono continental 18 años después de su primer título, consolidando a las Gunners como una potencia no solo local, sino global.
Su última temporada europea mostró la capacidad de manejar partidos de alta tensión: desde goleadas contra Lyon y Real Madrid hasta victorias ajustadas ante rivales de primer nivel. La profundidad de plantilla y la inteligencia táctica son evidentes en cada línea: defensas seguras, mediocampo creativo y delanteras con instinto goleador.
El estilo del Arsenal basa en posesión, ritmo controlado y transiciones rápidas. Su estructura permite alternar entre presión alta y ataques verticales con extremos veloces. La experiencia continental les otorga capacidad para adaptarse a contextos de alta presión, manejar la ansiedad del partido y neutralizar ataques rivales sin perder agresividad ofensiva.
Jugadoras clave aportan técnica, visión y liderazgo, equilibrando juventud con veteranía. La cohesión y disciplina táctica son el sello que ha permitido a Arsenal superar obstáculos y mantener un rendimiento sobresaliente en los momentos decisivos de la Champions League. ASFAR Women, desde Marruecos, representa el ascenso del fútbol africano femenino. Campeonas nacionales repetidas veces y vencedoras de la CAF Women’s Champions League 2025, ASFAR ha demostrado consistencia y capacidad para enfrentar rivales de alto nivel. Su victoria frente al campeón asiático —Wuhan Chegu Jiangda WFC— en cuartos de final consolidó su posición como contendientes globales.
La semifinal ante Arsenal no es solo una oportunidad deportiva, sino un momento histórico: por primera vez, un club africano tiene la posibilidad real de disputar una final mundial contra la élite europea, demostrando que el fútbol africano femenino ha alcanzado madurez competitiva y táctica.
El ASFAR combina intensidad física, disciplina defensiva y velocidad en las transiciones ofensivas. Sus jugadoras clave poseen experiencia internacional, desde mundiales sub‑20 hasta torneos africanos, aportando madurez y calma en momentos de presión.
Su juego se caracteriza por ataques rápidos, presión alta en zonas estratégicas y robustez en defensa, buscando aprovechar cada desajuste del rival. La capacidad de adaptarse a distintas situaciones de partido y su mentalidad audaz hacen de ASFAR un rival impredecible y peligroso, incluso para equipos consolidados como el Arsenal.
Mañana no se juega solo un partido de fútbol. Mañana, cuando Corinthians y Gotham FC salten al césped londinense, el fútbol femenino de clubes entrará en un territorio que hasta ahora solo había podido imaginarse en abstracto. Durante décadas, el deporte avanzó por caminos paralelos, separados por océanos, calendarios, culturas y modelos de crecimiento. Europa construyó su hegemonía continental. Estados Unidos consolidó una industria. Sudamérica defendió el alma, la calle, la pasión y la resiliencia. Todo eso convivía, pero nunca chocaba de frente, nunca se ponía a prueba en igualdad de condiciones, nunca se miraba a los ojos en una semifinal mundial organizada bajo el sello de la FIFA. Eso cambia mañana. Corinthians y Gotham FC no representan únicamente a dos clubes. Representan dos continentes, dos tradiciones, dos maneras de entender el fútbol femenino y, sobre todo, dos visiones sobre hacia dónde debe caminar el juego en los próximos veinte años. Esta semifinal no es un accidente del calendario. Es una consecuencia histórica. El resultado de una acumulación de procesos, luchas, inversiones, convicciones y sacrificios que desembocan en noventa minutos —o quizá más— que marcarán un antes y un después. Corinthians llega a esta semifinal como llega siempre a los grandes escenarios: con el peso de un escudo que no permite medias tintas. En Brasil, Corinthians no es un club más. Es una institución que se define por la resistencia, por la identificación popular, por la idea de que el fútbol no pertenece a una élite sino a la gente. Ese ADN, trasladado al fútbol femenino, ha construido una hegemonía sudamericana pocas veces vista. Desde su consolidación como proyecto competitivo, el Corinthians femenino ha entendido que ganar no es suficiente; hay que ganar representando algo, sosteniendo una identidad reconocible, imponiendo respeto incluso antes de que ruede el balón. El Corinthians femenino ha aprendido a convivir con la presión extrema. Cada Libertadores jugada, cada final nacional disputada, cada clásico ganado ha reforzado una mentalidad que hoy es su mayor fortaleza: la convicción absoluta de que los partidos grandes no se negocian, se afrontan. No hay vértigo escénico. No hay complejos ante escudos extranjeros. Hay una certeza interior, casi innegociable, de que el equipo siempre estará en partido, incluso cuando el contexto sea adverso. Ese convencimiento se refleja en su manera de competir. Corinthians no necesita dominar el balón durante largos tramos para sentirse cómodo. Tampoco se descompone si debe defender bajo, cerrar espacios, resistir oleadas. Es un equipo que entiende los tiempos del partido con una madurez impropia de quien aún está escribiendo su historia global. Sabe cuándo acelerar, cuándo enfriar, cuándo golpear y cuándo esperar. En torneos cortos, esa lectura del juego es oro puro. Frente a ellas estará Gotham FC, la expresión más nítida del nuevo fútbol femenino estadounidense. Gotham no es el equipo que vive de la tradición ni de la nostalgia de la selección campeona del mundo. Es un proyecto moderno, ambicioso, construido con una lógica casi quirúrgica, pensado para competir en contextos internacionales donde ya no basta con el físico, la intensidad o el talento individual. Gotham ha entendido algo fundamental: el fútbol femenino global se ha igualado, y para marcar diferencias hay que dominar todos los registros del juego. Gotham llega a esta semifinal con una identidad clara, pero flexible. Es un equipo que puede presionar alto, pero también gestionar la posesión. Que puede imponer ritmo, pero sabe bajar revoluciones cuando el partido lo exige. Que tiene jugadoras acostumbradas a escenarios de máxima exigencia, tanto en clubes como en selecciones, y que ha incorporado una cultura competitiva donde perder no es una opción asumible, sino un problema a corregir. A diferencia de Corinthians, Gotham no carga con una herencia popular tan pesada. Su fortaleza no nace de la calle, sino de la estructura. De la planificación. De la convicción de que el fútbol femenino merece ser tratado como un producto de élite, con todos los recursos necesarios para alcanzar el máximo nivel. Eso no lo hace menos pasional; lo hace más metódico. Gotham compite desde el análisis, desde el estudio del rival, desde la preparación minuciosa de cada escenario posible. Y ahí reside uno de los grandes atractivos de esta semifinal: el choque de mentalidades. Corinthians juega con el corazón blindado por la experiencia continental. Gotham juega con la cabeza entrenada para escenarios globales. Ninguna de las dos llega por casualidad. Ninguna está fuera de lugar. Ambas se han ganado el derecho a estar aquí desde caminos distintos, pero igual de legítimos. El partido, además, se disputa en Londres, un territorio simbólico. Europa, cuna del fútbol moderno y actual epicentro del desarrollo femenino, actúa como escenario neutral de un duelo intercontinental que parecía imposible hace apenas unos años. No es casualidad. Es una declaración de intenciones. El fútbol femenino ya no pertenece a un solo continente. Ya no se explica desde una única narrativa. Es un ecosistema global, y esta semifinal es una de sus primeras manifestaciones puras. Desde el punto de vista táctico, el enfrentamiento promete una riqueza pocas veces vista. Corinthians probablemente apostará por un bloque sólido, compacto, con líneas juntas y transiciones rápidas. No buscará un intercambio constante de golpes. Intentará llevar el partido a un terreno donde la experiencia, la lectura emocional y la eficacia marquen la diferencia. Gotham, en cambio, intentará imponer ritmo, amplitud, circulación rápida y presión tras pérdida. Buscará desgastar, mover, obligar a Corinthians a tomar decisiones incómodas. La batalla del mediocampo será clave. Ahí se decidirá si el partido se juega a la velocidad que quiere Gotham o al tempo que prefiere Corinthians. También será fundamental la gestión de los momentos posteriores al gol, si lo hay. Corinthians sabe proteger ventajas como pocos equipos. Gotham sabe reaccionar ante la adversidad. El que imponga su narrativa emocional tendrá medio camino recorrido. Pero más allá de lo táctico, este partido se juega en una dimensión simbólica. Para Corinthians, ganar significaría demostrar que Sudamérica no solo compite, sino que puede liderar el fútbol femenino global. Que su dominio continental no es un fenómeno aislado, sino una base sólida desde la que aspirar a todo. Para Gotham, alcanzar la final sería la confirmación de que el modelo estadounidense, evolucionado y adaptado, sigue siendo una referencia mundial, ahora también en torneos organizados fuera de su órbita habitual. Las jugadoras lo saben. No hace falta que nadie se lo recuerde. En cada entrenamiento previo, en cada charla técnica, en cada momento de concentración, la sensación es la misma: están ante algo que trasciende el resultado inmediato. Están escribiendo historia. Están poniendo cimientos. Están abriendo una puerta que ya no se cerrará. Mañana, cuando el balón empiece a rodar, todo lo que hoy es relato se convertirá en acción. El ruido desaparecerá. Quedarán las decisiones, los duelos, los errores, los aciertos. Quedará la verdad del fútbol. Pero pase lo que pase, gane quien gane, esta semifinal ya habrá cumplido una misión irreversible: demostrar que el fútbol femenino de clubes ha entrado definitivamente en su era mundial. Con el Emirates Stadium del Arsenal como epicentro simbólico, la FIFA ha lanzado un órdago económico que, aunque todavía lejos de las cifras obscenas del fútbol masculino, marca un antes y un después irreversible en la valoración real del fútbol femenino de clubes. No es solo una cuestión de dinero; es una cuestión de mensaje. De jerarquía. De intenciones. Por primera vez, el máximo organismo del fútbol mundial ha puesto cifras encima de la mesa que obligan a todos —clubes, federaciones y confederaciones— a replantearse el lugar que ocupa el fútbol femenino en la economía global del deporte. La cifra ha retumbado en los despachos de medio mundo como un trueno seco y definitivo: 2,3 millones de dólares, algo más de 2,1 millones de euros, para el equipo que levante el trofeo el próximo 1 de febrero. Nunca antes un club femenino había recibido un premio individual tan alto por ganar una competición. Nunca. Es un récord absoluto. El subcampeón, lejos de marcharse con las manos vacías, ingresará un millón de dólares, mientras que los otros dos semifinalistas se asegurarán 200.000. Incluso los equipos que no aspiraban al título desde el inicio, como Auckland United o Wuhan Chegu Jiangda, ya han asegurado 100.000 dólares simplemente por estar presentes. Participar ya no es simbólico. Participar ya paga. Son cifras que marean si se observan desde la óptica histórica del fútbol femenino, un deporte que durante décadas sobrevivió entre presupuestos mínimos, salarios invisibles y una precariedad estructural normalizada. FIFA ha decidido romper ese techo de cristal de un solo golpe, con un torneo breve, concentrado, casi quirúrgico, pero con un impacto económico inmediato que supera incluso a competiciones mucho más largas y consolidadas.
comparación con la UEFA Women’s Champions League resulta inevitable. El organismo europeo ha realizado esfuerzos titánicos en los últimos años, incrementando premios y visibilidad, pero su modelo sigue fragmentando las recompensas en función de victorias, empates y fases superadas. Un equipo que complete un torneo perfecto en Europa puede rondar entre 1,4 y 1,6 millones de euros en total. FIFA, con un torneo relámpago de solo seis equipos, ya supera esa cifra máxima de un plumazo. No es solo una mejora: es un cambio de paradigma. Y cuando el foco se desplaza hacia Sudamérica, el relato adquiere una dimensión aún más reveladora. La Copa Libertadores Femenina 2025 otorgó al campeón cerca de dos millones de dólares, una cifra que por fin se acerca a los estándares que FIFA plantea ahora y que confirma algo fundamental: Sudamérica ha entendido que sin inversión no hay crecimiento, y que sin crecimiento no hay futuro competitivo. Corinthians llega a esta semifinal no solo como un gigante deportivo, sino como el producto de una región que ha decidido apostar en serio por su fútbol femenino. Sin embargo, la comparación sigue siendo cruel cuando se cruza definitivamente la frontera hacia el fútbol masculino. El ganador de la Champions League masculina de 2026 podría embolsarse solo por disputar la final alrededor de 25 millones de euros, acumulando más de 100 millones a lo largo del torneo. La diferencia sigue siendo abismal. Dolorosa. Innegable. Pero incluso ahí hay una lectura nueva: por primera vez, el fútbol.
(Fuente: FIFA)
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Hubo un instante —apenas un segundo suspendido en el aire húmedo de Londres— en el que nadie celebró nada. Ni las que habían ganado, ni las que habían perdido, ni siquiera quienes estaban allí para certificar el resultado. El pitido final no fue un estallido: fue un acto solemne. Porque lo que acababa de terminar no era solo un partido. Era el primer partido de la historia de la Intercontinental Femenina. Y eso, incluso antes de entenderlo, se siente.
El marcador dirá para siempre 0–1. Dirá que Corinthians venció. Dirá que NJ se quedó sin gol. Dirá que fue un resultado corto, austero, casi minimalista. Pero el marcador miente cuando la historia es más grande que los números. Porque esta noche no se jugaba por un título más: se jugaba por el derecho a existir en igualdad de memoria.
La FIFA lo llamó Women’s Champions Cup. Los documentos oficiales hablarán de formato, de calendarios, de confederaciones. Pero el fútbol —el de verdad— lo bautizó de otra forma: el día en que el mundo femenino se atrevió a mirarse de frente y decir “ya estamos aquí”.
Londres 2026 no fue una sede. Fue un punto de encuentro. Europa dejó de ser el centro para convertirse en el cruce. América llegó desde dos orillas distintas, con dos formas opuestas de entender el juego y una misma ambición: escribir la primera página.
El césped estaba perfecto. Como siempre. Como debe estar cuando sabes que no puedes fallar. Porque el error, esta vez, no era perder: era no estar a la altura del momento.
Desde Sudamérica llegó Corinthians, con su escudo pesado, con su historia cargada de Libertadores, con esa forma tan brasileña de jugar al fútbol femenino: mezcla de rigor competitivo y orgullo popular, de talento trabajado y convicción colectiva. No viajaron solo para ganar. Viajaron para representar a todo un continente que lleva décadas produciendo talento sin pedir permiso.
Desde Norteamérica apareció NJ, heredero de una liga que profesionalizó antes que nadie, que entendió antes que nadie que el fútbol femenino no era un anexo sino un motor. NJ no era solo un club: era la expresión del modelo, del músculo, de la estructura, del fútbol como industria bien construida. No estaban allí por azar. Estaban allí porque el sistema los había empujado hasta ese lugar.
Y entre ambos, el vacío. Ese espacio simbólico donde antes no había nada. Donde antes no se enfrentaban campeonas de confederaciones. Donde antes el fútbol femenino miraba con cierta envidia cómo los hombres levantaban trofeos intercontinentales mientras ellas seguían luchando por reconocimiento.
Esta noche, por primera vez, ese vacío desapareció.
No hubo himno histórico previo. No hubo nostalgia porque no había pasado. Todo era presente. Todo era estreno. Todo era frágil y poderoso a la vez, como solo lo son las cosas que nacen grandes.
La Intercontinental Femenina no empezó con una goleada ni con un partido desbordado de épica clásica. Empezó como empiezan las cosas importantes: con tensión, con miedo a equivocarse, con la conciencia de que cada gesto iba a ser observado, archivado, recordado.
Las jugadoras lo sabían. En la forma de mirar al césped. En la manera de ajustar el brazalete. En cómo se gritaban entre ellas sin estridencias, como si el respeto por el momento obligara a bajar medio tono la voz.
Porque no se trataba solo de ganar. Se trataba de ser dignas del primer capítulo.
El fútbol femenino ha tenido muchos “primeros” forzados, improvisados, mal contados. Este no. Este estaba preparado. Este tenía logo, patrocinador, relato global. Este tenía una foto pensada para durar décadas. Y esa foto —la jugadora de Corinthians de rodillas, puños cerrados, grito al cielo— ya no pertenece al partido. Pertenece a la historia.
Pero antes de llegar ahí, antes del grito, antes del gol, antes incluso del primer pase, hubo algo más importante: la certeza compartida de que nada volvería a ser igual después.
Porque cuando una competición nace con vocación global, cuando la FIFA pone su sello y el mundo responde, el fútbol femenino deja de pedir sitio. Lo ocupa.
Y así, sin fuegos artificiales, sin exageraciones impostadas, comenzó el partido que no necesitaba ser perfecto para ser eterno.
El balón echó a rodar y con él, empezó oficialmente la historia de la Intercontinental Femenina.
fútbol femenino no llegó hasta aquí por inercia. Llegó por insistencia. Por años de empujar puertas que no estaban cerradas, sino simplemente ignoradas. La Intercontinental Femenina no nació de una idea romántica, sino de una evidencia imposible de seguir esquivando: el juego ya era global, los títulos ya eran continentales, las campeonas ya existían… solo faltaba atreverse a enfrentarlas.
Durante décadas, el fútbol femenino vivió fragmentado. Europa mirándose a sí misma. América del Norte creciendo hacia dentro. Sudamérica compitiendo con menos focos pero con una identidad feroz. Asia y África llamando a la puerta. Todo existía, pero nada se cruzaba. La historia estaba escrita en paralelo, nunca en común.
La FIFA entendió —tarde, pero entendió— que no se puede hablar de universalidad sin choque de mundos. Que no hay grandeza sin riesgo. Que no basta con coronar reinas regionales si nunca las sientas en la misma mesa. La Women’s Champions Cup fue concebida como eso: una mesa compartida, incómoda al principio, inevitable después.
No era una prueba piloto. No era un torneo amistoso de prestigio. Era una declaración estructural. Un mensaje directo a federaciones, clubes, ligas y mercados: el fútbol femenino ya no iba a ser contenido local con relato global, sino competición global con consecuencias reales.
Por eso el primer partido importaba tanto.
Corinthians no llegó a Londres por casualidad ni por marketing. Llegó como llega quien sabe competir en torneos largos, quien ha aprendido a sobrevivir a eliminatorias hostiles, a viajes eternos, a arbitrajes distintos, a contextos adversos. El Corinthians femenino es heredero de una cultura que entiende el fútbol como lucha y celebración al mismo tiempo. Un club que no separa el éxito del sufrimiento. Que no concibe ganar sin haber resistido antes.
Su camino hasta aquí estaba lleno de partidos donde el control nunca fue absoluto, pero la fe sí. Donde cada victoria era menos estética que funcional, menos brillante que sólida. Un equipo construido para no romperse. Para aguantar. Para esperar su momento.
En el otro lado, NJ representaba algo radicalmente distinto. No mejor ni peor. Distinto. El producto de una liga pensada desde el inicio para sostenerse. Estadios, audiencias, salarios, planificación, ciencia del deporte. NJ era el reflejo de un ecosistema que apostó antes y más fuerte. Un club donde cada detalle está medido, donde la preparación es tan importante como la inspiración.
Su fútbol habla el idioma de la presión alta, de la ocupación racional del espacio, de la intensidad sostenida. No hay pausas largas. No hay improvisaciones excesivas. Hay método. Hay convicción en el plan.
Ese choque —resistencia contra estructura, tradición popular contra profesionalización industrial— era el verdadero corazón del partido. No un duelo de jugadoras, sino de formas de entender el camino hasta la élite.
Y Londres era el lugar perfecto para ese cruce. Ciudad de imperios, de migraciones, de fútbol importado y exportado, de culturas superpuestas. Nadie podía sentirse completamente local. Todas estaban, en cierto modo, de paso. Como si el estadio fuera una frontera neutral donde las identidades podían enfrentarse sin complejos.
El calentamiento ya dejaba pistas. Corinthians ocupaba su espacio con una seriedad casi ritual. Gestos cortos, miradas largas, silencio concentrado. NJ, en cambio, se movía con energía visible, con comunicación constante, con cuerpos que parecían necesitar entrar rápido en temperatura para no perder filo.
No había nervios descontrolados. Había conciencia.
Las capitanas se saludaron con respeto, sin teatralidad. No había rivalidad previa que exagerar. Esta no se heredaba. Esta se estaba creando.
Cuando el árbitro dio la señal, el balón no salió disparado. Rodó con prudencia. Como si también él entendiera que no era una noche para el vértigo inicial, sino para la construcción lenta de algo que debía sostenerse.
(Fuente/ “El Partido de Manu”)
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(Fuente: “El Partido de Manu”)
El partido empezó a existir de verdad cuando dejó de mirarse al espejo.Hasta entonces había sido respeto, cálculo, tanteo. Pero hay un momento —siempre lo hay— en el que el fútbol decide avanzar aunque la historia pese. Ese instante llegó cuando NJ entendió que no bastaba con mover el balón: había que romper algo. Y Corinthians comprendió que no podía limitarse a resistir: debía advertir.
Fue el Gotham quien dio el primer paso hacia el riesgo. Aceleró una circulación interior, buscó el pase vertical entre líneas, obligó a la defensa brasileña a retroceder dos metros más de lo que quería. No fue una ocasión clara, pero fue una señal. El mensaje era nítido: estamos aquí para mandar.
Corinthians respondió como responden los equipos que no se asustan: con una falta táctica en campo rival, con una pausa larga antes de sacar, con una mirada al banquillo que decía “todo está bajo control”. El fútbol sudamericano tiene esa sabiduría antigua de saber cuándo no jugar.
El ritmo empezó a subir sin volverse loco. NJ insistía por las bandas, especialmente por el costado derecho, donde encontraba ventaja física y llegadas constantes al último tercio. Centros tensos, segundos balones, presión tras pérdida. El plan era claro: asfixiar hasta que algo cediera.
Pero Corinthians no se rindió y esperaba atrás a hilvanar contragolpes ante el dominio territorial de las locales que adolecían de pegada en la zona ofensiva.
Cada despeje era una exhalación colectiva. Cada recuperación, un pequeño triunfo invisible. El bloque se movía compacto, casi coreografiado, como si el equipo estuviera unido por una cuerda que nadie podía romper sin romperse también.
El partido empezó entonces a llenarse de detalles. Una entrada al límite. Un choque que dolió más de lo necesario. Una protesta que duró un segundo de más. El fútbol femenino, tantas veces acusado de suavidad injusta, estaba mostrando su versión más adulta y más cruda. No había concesiones.
NJ tuvo la más clara del primer tramo en una acción que resumía su identidad: presión alta, robo inmediato, disparo desde la frontal. El balón salió rozando el poste. No hubo lamento exagerado. Hubo frustración contenida. Sabían que esas oportunidades no abundarían.
Corinthians respondió minutos después con una transición lenta pero letal. No corrieron: eligieron. Dos pases, cambio de orientación, llegada al área. El remate fue bloqueado, pero el aviso quedó flotando en el aire como una amenaza tranquila.
El público empezó a entender que estaba ante un partido que no se entregaría fácilmente. No era un espectáculo de consumo rápido. Era una obra que exigía atención. Silencio cuando tocaba. Murmullo cuando algo se intuía. Aplauso sobrio para una buena acción defensiva. El estadio había entrado en el código del partido.
El primer tiempo avanzó así, con NJ acumulando posesión sin desordenarse y Corinthians acumulando razones para creer. Cada minuto sin gol era una victoria psicológica para las brasileñas. Cada ataque sin premio, una pregunta que empezaba a pesar en la cabeza norteamericana.
Al descanso se llegó sin goles, pero con el marcador emocional ya inclinado hacia un lado: el que había sabido sufrir sin perder identidad.
El túnel de vestuarios fue un paréntesis tenso. No hubo euforia ni alarma. Hubo ajustes. NJ necesitaba más profundidad real. Corinthians sabía que su momento llegaría si el partido se abría un poco más.
Y el fútbol, que siempre escucha cuando le hablan con honestidad, decidió conceder ese momento.
La segunda parte comenzó con una NJ más directa, menos paciente. Aumentó el ritmo, forzó situaciones, buscó el error ajeno con insistencia. Corinthians aguantó los primeros envites como quien aguanta una tormenta conocida. Cuerpo bajo, mente fría.
Hasta que el partido cambió de textura y empezó a sonreír a las sudamericanas de forma paulatina.
Una pérdida en zona intermedia. Un balón dividido que esta vez cayó del lado brasileño. Un primer control orientado hacia adelante. Y de repente, el campo se hizo largo. Muy largo.
El gol que desniveló el marcador no llegó por casualidad ni por un acto aislado: nació de una asociación clásica y profunda entre experiencia y lectura colectiva. Cuando el balón circuló hacia el centro del campo y un pase vertical buscó la espalda defensiva, Tamires, veterana del equipo y alma de la construcción brasileña, supo exactamente cuándo y dónde soltar el balón. Su asistencia fue un pase quirúrgico desde el espacio abierto hacia el interior del área, con precisión milimétrica y lectura anticipada de la jugadora que tendría el destino de la historia en sus botas.
La pelota llegó al pie de Gabi Zenotti justo en el instante en que el tiempo parecía contener la respiración. Zenotti no necesitó ajustar demasiado: su primer toque fue una declaración de intenciones, orientando la trayectoria del balón hacia el lugar donde solo puede ir un disparo hecho con la seguridad de quien conoce el peso del momento. El impacto fue pura técnica, un zurdazo que buscó y encontró el rincón derecho de la portería, dejando sin respuesta a la guardameta Berger, quien llegó a rozar el esférico, pero no pudo evitar la debacle del Gotham amén del 0–1 en el minuto 83 de juego que rompió al fin el equilibrio reinante.
— Corinthians Futebol Feminino (@SCCPFutFeminino) January 28, 2026
Ese 0-1 no fue solo un gol: fue la firma de Tamires y Zenotti en la primera página de una historia que quedará inscrita en las crónicas eternas del fútbol femenino. 
El Gotham no dejó de creer, sino que el Corinthians empezó a saber cómo doblegar a las norteamericanas, eso fue lo que cambió el duelo que entró en un desenlace frenético.
El Corinthians se ordenó con la serenidad de quien ha vivido finales antes. Las líneas se ajustaron con una precisión casi matemática. El bloque se hizo corto, pero no bajo; solidario, pero no pasivo. No defendían el área: defendían la historia que acababan de inaugurar.
NJ reaccionó como reaccionan los equipos con orgullo competitivo. No hubo reproches internos ni miradas perdidas. Hubo ajuste táctico, hubo empuje, hubo fe. Aumentaron la altura de la presión, arriesgaron con laterales más profundos, buscaron superioridades por fuera para castigar el repliegue brasileño.
El partido entró entonces en su fase más delicada: esa en la que cada pérdida puede ser fatal y cada recuperación puede ser redentora. Corinthians entendió que no necesitaba el segundo gol, pero sí necesitaba evitar el empate con una convicción absoluta.
El Gotham comprendió que no bastaba con llegar: había que golpear con precisión quirúrgica.
Las ocasiones no llovieron. Porque los partidos históricos no suelen regalar abundancia. Regalan tensión.
Un centro despejado in extremis. Un disparo bloqueado con el cuerpo entero. Un córner defendido como si fuera el último. Cada acción llevaba consigo una carga simbólica que trascendía el marcador. El público, ya plenamente consciente de estar asistiendo a algo irrepetible, acompañaba con una mezcla de nervio y respeto. No había ansiedad en las gradas. Había atención.
El reloj avanzaba con lentitud cruel. Para las locales cada minuto era una oportunidad que se escapaba. Para Corinthians, cada minuto era una confirmación silenciosa. El banquillo brasileño vivía el partido con los puños cerrados, sin aspavientos, como quien sabe que la contención también es una forma de poder.
Y entonces llegó el tramo final. Ese territorio donde el fútbol se decide más por carácter que por esquema.
El Gotham lanzó su última ofensiva todo lo que tenía. Balones colgados, llegadas desde segunda línea, duelos aéreos forzados. Corinthians respondió con oficio antiguo: despejes largos, faltas inteligentes, pausas medidas. No se escondieron. Se afirmaron.
Cuando el árbitro miró el reloj y llevó el silbato a la boca, no hubo carrera hacia adelante ni súplica desesperada. Hubo aceptación. El pitido final fue breve , seco y definitivo en el minuto 98 del cara a cara.
Las jugadoras de Corinthians se abrazaron sin descontrol, con una emoción densa, casi grave, consciente, como si cada una supiera que aquel gesto no era solo celebración, sino confirmación. Sabían lo que habían ganado, sí, pero sobre todo sabían dónde lo habían ganado, en qué escenario, en qué noche y bajo qué mirada del mundo. NJ, derrotado pero digno, permaneció unos segundos sobre el césped, sin prisas por marcharse, mirando alrededor con esa expresión que solo aparece cuando se comprende que se ha perdido algo importante, pero también que se ha sido parte imprescindible de su construcción. La imagen quedó fijada para siempre: Gabi Zenotti de rodillas, los puños cerrados, el grito abierto al cielo londinense, no celebrando únicamente un gol, sino el camino, la llegada, la elección silenciosa del fútbol que la señaló para escribir el primer nombre. No era solo una futbolista festejando; era una época inaugurándose.
La Intercontinental Femenina ya tenía relato, ya tenía fecha, ya tenía un escudo vencedor y una memoria propia, y con ello, algo aún más valioso: futuro. Porque desde ese instante, cada campeona continental sabrá que existe algo más allá de su frontera, cada final regional se jugará mirando al horizonte con ambición renovada, y cada niña que contemple esa imagen entenderá que el fútbol femenino no solo se juega, sino que se hereda. Londres no fue testigo de una final cualquiera; fue el escenario exacto del momento en que el fútbol femenino dejó de explicarse en plural disperso y comenzó, por fin, a contarse como una sola historia compartida.
(Fuente: FIFA)
Mientras la tarde se cerraba sobre la alegría visitante, Corinthians sabe que la historia no se detiene. Las brasileñas, primeras vencedoras de la Intercontinental Femenina, aguardarán ahora en la gran final a las ganadoras de la segunda semifinal, el duelo que enfrentará al Arsenal, estandarte del fútbol europeo, y al ASFAR, representante del continente africano y símbolo de una expansión imparable. El torneo, recién nacido, ya se prepara para su siguiente cruce de mundos, confirmando que este nuevo escenario no solo ha llegado para quedarse, sino para seguir ampliando el mapa, el relato y la ambición del fútbol femenino global.
Mañana no se juega solo un partido de fútbol. Mañana, cuando Corinthians y Gotham FC salten al césped londinense, el fútbol femenino de clubes entrará en un territorio que hasta ahora solo había podido imaginarse en abstracto. Durante décadas, el deporte avanzó por caminos paralelos, separados por océanos, calendarios, culturas y modelos de crecimiento. Europa construyó su hegemonía continental. Estados Unidos consolidó una industria. Sudamérica defendió el alma, la calle, la pasión y la resiliencia. Todo eso convivía, pero nunca chocaba de frente, nunca se ponía a prueba en igualdad de condiciones, nunca se miraba a los ojos en una semifinal mundial organizada bajo el sello de la FIFA.
Eso cambia mañana.
Corinthians y Gotham FC no representan únicamente a dos clubes. Representan dos continentes, dos tradiciones, dos maneras de entender el fútbol femenino y, sobre todo, dos visiones sobre hacia dónde debe caminar el juego en los próximos veinte años. Esta semifinal no es un accidente del calendario. Es una consecuencia histórica. El resultado de una acumulación de procesos, luchas, inversiones, convicciones y sacrificios que desembocan en noventa minutos —o quizá más— que marcarán un antes y un después.
Corinthians llega a esta semifinal como llega siempre a los grandes escenarios: con el peso de un escudo que no permite medias tintas. En Brasil, Corinthians no es un club más. Es una institución que se define por la resistencia, por la identificación popular, por la idea de que el fútbol no pertenece a una élite sino a la gente. Ese ADN, trasladado al fútbol femenino, ha construido una hegemonía sudamericana pocas veces vista. Desde su consolidación como proyecto competitivo, el Corinthians femenino ha entendido que ganar no es suficiente; hay que ganar representando algo, sosteniendo una identidad reconocible, imponiendo respeto incluso antes de que ruede el balón.
El Corinthians femenino ha aprendido a convivir con la presión extrema. Cada Libertadores jugada, cada final nacional disputada, cada clásico ganado ha reforzado una mentalidad que hoy es su mayor fortaleza: la convicción absoluta de que los partidos grandes no se negocian, se afrontan. No hay vértigo escénico. No hay complejos ante escudos extranjeros. Hay una certeza interior, casi innegociable, de que el equipo siempre estará en partido, incluso cuando el contexto sea adverso.
Ese convencimiento se refleja en su manera de competir. Corinthians no necesita dominar el balón durante largos tramos para sentirse cómodo. Tampoco se descompone si debe defender bajo, cerrar espacios, resistir oleadas. Es un equipo que entiende los tiempos del partido con una madurez impropia de quien aún está escribiendo su historia global. Sabe cuándo acelerar, cuándo enfriar, cuándo golpear y cuándo esperar. En torneos cortos, esa lectura del juego es oro puro.
Frente a ellas estará Gotham FC, la expresión más nítida del nuevo fútbol femenino estadounidense. Gotham no es el equipo que vive de la tradición ni de la nostalgia de la selección campeona del mundo. Es un proyecto moderno, ambicioso, construido con una lógica casi quirúrgica, pensado para competir en contextos internacionales donde ya no basta con el físico, la intensidad o el talento individual. Gotham ha entendido algo fundamental: el fútbol femenino global se ha igualado, y para marcar diferencias hay que dominar todos los registros del juego.
Gotham llega a esta semifinal con una identidad clara, pero flexible. Es un equipo que puede presionar alto, pero también gestionar la posesión. Que puede imponer ritmo, pero sabe bajar revoluciones cuando el partido lo exige. Que tiene jugadoras acostumbradas a escenarios de máxima exigencia, tanto en clubes como en selecciones, y que ha incorporado una cultura competitiva donde perder no es una opción asumible, sino un problema a corregir.
A diferencia de Corinthians, Gotham no carga con una herencia popular tan pesada. Su fortaleza no nace de la calle, sino de la estructura. De la planificación. De la convicción de que el fútbol femenino merece ser tratado como un producto de élite, con todos los recursos necesarios para alcanzar el máximo nivel. Eso no lo hace menos pasional; lo hace más metódico. Gotham compite desde el análisis, desde el estudio del rival, desde la preparación minuciosa de cada escenario posible.
Y ahí reside uno de los grandes atractivos de esta semifinal: el choque de mentalidades. Corinthians juega con el corazón blindado por la experiencia continental. Gotham juega con la cabeza entrenada para escenarios globales. Ninguna de las dos llega por casualidad. Ninguna está fuera de lugar. Ambas se han ganado el derecho a estar aquí desde caminos distintos, pero igual de legítimos.
El partido, además, se disputa en Londres, un territorio simbólico. Europa, cuna del fútbol moderno y actual epicentro del desarrollo femenino, actúa como escenario neutral de un duelo intercontinental que parecía imposible hace apenas unos años. No es casualidad. Es una declaración de intenciones. El fútbol femenino ya no pertenece a un solo continente. Ya no se explica desde una única narrativa. Es un ecosistema global, y esta semifinal es una de sus primeras manifestaciones puras.
Desde el punto de vista táctico, el enfrentamiento promete una riqueza pocas veces vista. Corinthians probablemente apostará por un bloque sólido, compacto, con líneas juntas y transiciones rápidas. No buscará un intercambio constante de golpes. Intentará llevar el partido a un terreno donde la experiencia, la lectura emocional y la eficacia marquen la diferencia. Gotham, en cambio, intentará imponer ritmo, amplitud, circulación rápida y presión tras pérdida. Buscará desgastar, mover, obligar a Corinthians a tomar decisiones incómodas.
La batalla del mediocampo será clave. Ahí se decidirá si el partido se juega a la velocidad que quiere Gotham o al tempo que prefiere Corinthians. También será fundamental la gestión de los momentos posteriores al gol, si lo hay. Corinthians sabe proteger ventajas como pocos equipos. Gotham sabe reaccionar ante la adversidad. El que imponga su narrativa emocional tendrá medio camino recorrido.
Pero más allá de lo táctico, este partido se juega en una dimensión simbólica. Para Corinthians, ganar significaría demostrar que Sudamérica no solo compite, sino que puede liderar el fútbol femenino global. Que su dominio continental no es un fenómeno aislado, sino una base sólida desde la que aspirar a todo. Para Gotham, alcanzar la final sería la confirmación de que el modelo estadounidense, evolucionado y adaptado, sigue siendo una referencia mundial, ahora también en torneos organizados fuera de su órbita habitual.
Las jugadoras lo saben. No hace falta que nadie se lo recuerde. En cada entrenamiento previo, en cada charla técnica, en cada momento de concentración, la sensación es la misma: están ante algo que trasciende el resultado inmediato. Están escribiendo historia. Están poniendo cimientos. Están abriendo una puerta que ya no se cerrará.
Mañana, cuando el balón empiece a rodar, todo lo que hoy es relato se convertirá en acción. El ruido desaparecerá. Quedarán las decisiones, los duelos, los errores, los aciertos. Quedará la verdad del fútbol. Pero pase lo que pase, gane quien gane, esta semifinal ya habrá cumplido una misión irreversible: demostrar que el fútbol femenino de clubes ha entrado definitivamente en su era mundial.
Con el Emirates Stadium del Arsenal como epicentro simbólico, la FIFA ha lanzado un órdago económico que, aunque todavía lejos de las cifras obscenas del fútbol masculino, marca un antes y un después irreversible en la valoración real del fútbol femenino de clubes. No es solo una cuestión de dinero; es una cuestión de mensaje. De jerarquía. De intenciones. Por primera vez, el máximo organismo del fútbol mundial ha puesto cifras encima de la mesa que obligan a todos —clubes, federaciones y confederaciones— a replantearse el lugar que ocupa el fútbol femenino en la economía global del deporte.
La cifra ha retumbado en los despachos de medio mundo como un trueno seco y definitivo: 2,3 millones de dólares, algo más de 2,1 millones de euros, para el equipo que levante el trofeo el próximo 1 de febrero. Nunca antes un club femenino había recibido un premio individual tan alto por ganar una competición. Nunca. Es un récord absoluto. El subcampeón, lejos de marcharse con las manos vacías, ingresará un millón de dólares, mientras que los otros dos semifinalistas se asegurarán 200.000. Incluso los equipos que no aspiraban al título desde el inicio, como Auckland United o Wuhan Chegu Jiangda, ya han asegurado 100.000 dólares simplemente por estar presentes. Participar ya no es simbólico. Participar ya paga.
Son cifras que marean si se observan desde la óptica histórica del fútbol femenino, un deporte que durante décadas sobrevivió entre presupuestos mínimos, salarios invisibles y una precariedad estructural normalizada. FIFA ha decidido romper ese techo de cristal de un solo golpe, con un torneo breve, concentrado, casi quirúrgico, pero con un impacto económico inmediato que supera incluso a competiciones mucho más largas y consolidadas.
🔥 Gotham Football Club 🆚 Corinthians 🔥
La comparación con la UEFA Women’s Champions League resulta inevitable. El organismo europeo ha realizado esfuerzos titánicos en los últimos años, incrementando premios y visibilidad, pero su modelo sigue fragmentando las recompensas en función de victorias, empates y fases superadas. Un equipo que complete un torneo perfecto en Europa puede rondar entre 1,4 y 1,6 millones de euros en total. FIFA, con un torneo relámpago de solo seis equipos, ya supera esa cifra máxima de un plumazo. No es solo una mejora: es un cambio de paradigma.
Y cuando el foco se desplaza hacia Sudamérica, el relato adquiere una dimensión aún más reveladora. La Copa Libertadores Femenina 2025 otorgó al campeón cerca de dos millones de dólares, una cifra que por fin se acerca a los estándares que FIFA plantea ahora y que confirma algo fundamental: Sudamérica ha entendido que sin inversión no hay crecimiento, y que sin crecimiento no hay futuro competitivo. Corinthians llega a esta semifinal no solo como un gigante deportivo, sino como el producto de una región que ha decidido apostar en serio por su fútbol femenino.
Sin embargo, la comparación sigue siendo cruel cuando se cruza definitivamente la frontera hacia el fútbol masculino. El ganador de la Champions League masculina de 2026 podría embolsarse solo por disputar la final alrededor de 25 millones de euros, acumulando más de 100 millones a lo largo del torneo. La diferencia sigue siendo abismal. Dolorosa. Innegable. Pero incluso ahí hay una lectura nueva: por primera vez, el fútbol.
◼️ Liga F y PANINI han presentado este martes el álbum oficial de cromos de Liga F Moeve 2025/2026, una colección que alcanza su cuarta edición consecutiva y que se ha consolidado como una referencia imprescindible del fútbol femenino en España. El acto contó con la presencia de Beatriz Álvarez, presidenta de Liga F, Lluís Torrent, director general de PANINI en España, y una amplia representación de futbolistas: Eunate Astralaga, Claudia Florentino, Sheila Guijarro, Poljak, Estefanía Banini, María de Alharilla, Patri Gavira, Lauri Requena, Ainoa Campo, y Belén Martínez.
Desde la creación de Liga F como primera liga profesional de fútbol femenino en nuestro país, el álbum oficial de PANINI ha acompañado de forma paralela el crecimiento de la competición, convirtiéndose en un reflejo de su evolución, de la profesionalización del campeonato y del papel protagonista de sus futbolistas. Liga F Moeve se ha consolidado como referente a nivel nacional e internacional, siendo según la FIFA la tercera mejor liga del mundo en su informe Global Bechmarking Report, por detrás de la inglesa y de la estadounidense y continúa ampliando su base de aficionados, su visibilidad mediática y su impacto social.
El evento estuvo conducido por la periodista Andrea Segura que dio paso a la presentación de las principales novedades de esta edición y los protagonistas de este. La presidenta de Liga F, Beatriz Álvarez, destacó que “este álbum refleja el momento que vive nuestra competición: una liga en crecimiento, referente a nivel internacional y con futbolistas que ya son inspiración para miles de niñas y niños”. Además, la máxima mandataria de la competición subrayó el valor de la alianza con PANINI como “un compañero de viaje fundamental para seguir acercando el fútbol femenino a la afición y poner en valor el talento de nuestras jugadoras”, y agradeció la presencia de las futbolistas como “el gran altavoz que hay en Liga F porque el fútbol femenino no es una moda. Ha llegado para quedarse”.
Por su parte, el director general de PANINI en España, Lluís Torrent, puso en valor la evolución de la colección, que alcanza ya su cuarta edición, y presentó las principales novedades del álbum 2025/2026. “Es el cuarto año seguido que presentamos esta colección. Quiero resaltar nuestro compromiso para colaborar en el crecimiento de la competición. Queda camino, pero liga y PANINI vamos a continuar juntos”, afirmó. Una colección que cuenta con 48 páginas y 432 cromos base, y que incorpora nuevas series especiales como ENERGY MOEVE, dedicada a las 27 jugadoras ‘top’ del campeonato; FLOW, con los fichajes más destacados de la temporada; y FEELING, que rinde homenaje a las duplas más icónicas de la liga.
El álbum mantiene las ya consolidadas series como FRESH, con las jóvenes promesas; PREMIUM, con un once de gala; y MAXIPREMIUM, en homenaje a Aitana Bonmatí, la triple Balón de Oro. Además, y como novedad más destacada de esta nueva temporada, cada equipo cuenta con una jugadora protagonista dentro de la colección regular, representada con un cromo de material especial, y todos los clubes cuentan con una futbolista en la portada del álbum. Precisamente, las jugadoras de Liga F, las grandes protagonistas de la competición fueron también las verdaderas protagonistas del acto.
El acto contó con la amplia presencia de diez jugadoras. La capitana del Levante UD, María de Alharilla, fue la primera en intervenir confesando cómo hace junto a sus hijos la colección. “Es una pasada. Sentirte un poquito más profesional son estas cosas. Nunca me imaginaba poder abrir un sobre y que saliera yo”, afirmó. La guardameta de la SD Eibar e internacional con la Selección española, Eunate Astralaga, valoró su cromo especial. “Yo hacía colecciones, y jamás me había imaginado hacer una colección y tener un cromo especial”. Y, Claudia Florentino, central de la Real Sociedad confesó cual es el cromo que más le ha costado conseguir. “Mucho orgullo e ilusión de que los niños crezcan con nosotras como referentes”, respondió.
También estuvo presente Patri Gavira, defensa del Costa Adeje Tenerife, que expresó su satisfacción por todo el apoyo que están teniendo de la afición tinerfeña. “Hemos dado un paso importante jugando esta temporada en el Heliodoro. Tenemos una afición increíble”, valoró. Por su parte, Ainoa Campo, centrocampista del RCD Espanyol, confesó que “me haría especial ilusión encontrar el cromo de Amaia Martínez, que es mi compañera de piso y es como mi hija”, mientras que la delantera del Alhama ElPozo, Belén Martínez, confesó su ilusión por salir en la colección. “Somos un equipo muy humilde y verte compitiendo contra campeonas del mundo es un orgullo. De pequeña coleccionaba los cromos de hombres y antes era impensable que las mujeres pudieran salir en una colección”.
Tampoco faltó al acto la capitana del Granada CF, Lauri Requena, que se emocionó al hablar de la importancia de ser una referente para las más pequeñas. “Todos mis familiares son fans. No hay manera más bonita de dar visibilidad que salir en un cromo”. Y, la defensa del Madrid CFF, Allegra Poljak, no dudó en contar cómo vivió cuando le dijeron que iba a ser portada del álbum. “Me puse muy feliz cuando me dijeron que salía en la portada. En Serbia no existen cromos, y yo cuando puedo llevo a mi casa”. El FC Badalona Women también tuvo representación con la centrocampista Estefanía Banini, que confesó “que siempre preguntan en Argentina por esta colección. Llevo un álbum al que me haga el mejor asado”. Por último, Sheila Guijarro, delantera del Atlético de Madrid declaró que “es un orgullo ver como avanza el fútbol femenino y poder llevarnos estos recuerdos”.
🎙️ El director general de Panini, Lluís Torrent: “Es el cuarto año seguido que presentamos esta colección. Quiero resaltar nuestro compromiso para colaborar en el crecimiento de la competición".#PaniniLigaFpic.twitter.com/fI0LZ0ZlZN
La colección oficial de cromos ya está a la venta con el pack de lanzamiento con el álbum y cuatro sobres reafirmando el compromiso de PANINI y Liga F con el crecimiento del fútbol femenino. Ambas entidades siguen trabajando en busca de crear un proyecto común donde las futbolistas continúen siendo referentes para las más pequeñas en una competición que no para de crecer.
Además, Lluis Torrent, en nombre de Panini, quiso recordar que todas las colecciones se pueden terminar, haciendo falta únicamente redactarles un escrito con aquellos cromos que nos resten para llenar el álbum.
Ha saltado la sorpresa en el Heliodoro Rodríguez López amén del acuerdo alcanzado entre el Club Deportivo Tenerife Femenino y María José Pérez González para llevar a término su desvinculación del Costa Adeje Tenerife Egatesa.
(Fuente: Costa Adeje Tenerife Egatesa)
La operación ha sorprendido a propios y extraños ya que la dorsal número diecisiete tenía contrato en vigor con la insulares hasta el próximo 30 de junio de 2026.
La canterana del Centre d’Esports Sabadell es una auténtica leyenda viva de las guerreras y parte del escudo de la entidad que preside Sergio Batista, sin lugar a dudas.
La veterana ariete nació en Santa Cruz de Tenerife en 1984 y entiende perfectamente lo que significa el representativo canario al que llegó en 2013.
(Fuente: Costa Adeje Tenerife Egatesa)
Desde entonces, su nombre quedó ligado de manera inseparable al crecimiento de la entidad, convirtiéndose en una pieza clave del proyecto desde sus cimientos y en una futbolista irrepetible para varias generaciones de aficionados y jóvenes futbolistas que crecieron viendo a la futbolista natural de Añaza.
(Fuente: Laliga)
Uno de los capítulos imborrables de esta historia se escribió en junio de 2015. En una eliminatoria decisiva para el ascenso a la máxima categoría, donde se superó al Real Betis en una fecha ya histórica para el club. Mari Jose fue protagonista absoluta, firmando tres goles en los dos partidos, guiando al equipo hacia un ascenso que marcó un antes y un después en el fútbol femenino canario.
Desde aquel logro, María José Pérez defendió la camiseta blanquiazul en Primera División de manera ininterrumpida, con la única excepción de la temporada 2016/17, en la que militó en el Levante UD. A su regreso, volvió a ser faro y referencia dentro y fuera del terreno de juego, acumulando más de 300 partidos oficiales con el Costa Adeje Tenerife y convirtiéndose en la máxima goleadora histórica del club gracias a 92 dianas, casi nada.
(Fuente: Costa Adeje Tenerife Egatesa)
Más allá de los números, su legado se mide en liderazgo, profesionalidad y amor por unos colores. Desde su llegada en 2013, Mari Jose ha sido fundamental en la consolidación del proyecto deportivo, formando parte del camino que llevó al equipo hasta la actual Liga F Moeve, y demostrando en cada momento su máximo respeto y amor por esta profesión, convirtiéndola en una futbolista legendaria.
Por cuestiones de agenda deportiva, será la próxima semana cuando María José Pérez y el presidente de la entidad, Sergio Batista, ofrecerán una rueda de prensa conjunta para despedir ante los medios de comunicación para a una futbolista que ha escrito para la eternidad su nombre en la historia del fútbol femenino de la isla y del archipiélago. La entidad blanquiazul se despide de una jugadora que ha sido mucho más: ha sido identidad, ejemplo y orgullo para el club, para Tenerife y para Canarias.
Su huella permanecerá para siempre en la historia blanquiazul y desde el club se le desea la mayor de las suertes tanto en lo personal como en lo profesiones.
Habrá que estar muy pendientes de las redes sociales de la exjugadora del Puebla Extramadura (2006-2008) para saber que camiseta vestirá a sus 41 años, pues aún tiene mucho fútbol en sus botas.
⬛️ La Liga F ya ha superado el millón de seguidores en sus redes sociales. TikTok, con más de 700.000 seguidores lidera el ranking, seguida por Instagram (155K), YouTube (97,8K) y X (34,4K). El canal de WhatsApp, estrenado esta temporada, ha alcanzado los 24.000 seguidores, mientras que LinkedIn supera los 5.000.
El crecimiento de Liga F no solo se ve cada fin de semana sobre el césped, sino también en redes sociales, con el firme objetivo de ir creando una comunidad cada vez más fuerte alrededor del fútbol femenino, con una apuesta por el contenido audiovisual que permite a los aficionados conocer más de cerca a la competición y sus futbolistas. Este curso ya se ha superado el millón de seguidores entre todas las redes sociales de Liga F. El ranking lo lidera TikTok, que ya ha superado los 704.146 seguidores, convirtiéndose en la liga femenina a nivel mundial con mayor ratio de engagement/impresiones en esta red social. Precisamente, y gracias a ese contenido atractivo, dinámico y fácil de consumir, Liga F fue nominada en 2023 y 2025 a los TikTok Publisher Awards en la categoría “Sports Publisher of the Year”.
Por su parte, Instagram, que ya alcanza los 155.085 seguidores, se ha convertido en referente gracias a su conexión con la audiencia y su diversidad de formatos para llegar al máximo número posible de aficionados. Le sigue el canal de YouTube, que ya suma más de 97.800 seguidores, consolidándose a nivel mundial, ofreciendo los resúmenes de los partidos y contenidos innovadores con los clubes y sus futbolistas como protagonistas. En el resto de plataformas, X ha logrado llegar a los 34.400 seguidores con una cobertura de todos los encuentros de la competición, manteniéndose como un canal informativo y de actualidad. Precisamente, esta nueva temporada Liga F apostó por el contenido directo y cercano a los usuarios poniendo en marcha el canal de WhatsApp, donde en apenas medio curso liguero ya ha llegado a los 24.039 seguidores.
También ha crecido LinkedIn, que con 5.084 seguidores refuerza la proyección institucional y profesional de Liga F. Este alcance en el entorno digital refleja el crecimiento sostenido y continuo que se vive en la competición y que conjuntamente está desarrollando la intuición con la ayuda de clubes y futbolistas, creando una comunidad sólida que trasciende más allá del terreno de juego.
⬛️ La capitana culé y estrella de la Selección Española presentado oficialmente el logotipo personal de Alexia Putellas, un símbolo que trasciende el diseño gráfico para consolidar la dimensión global de la futbolista española como referente absoluto del fútbol femenino contemporáneo.
Alexia Putellas Segura presentará de manera oficial el venidero 2 de febrero de 2026 un nuevo emblema junto a Nike que ha sido creado en exclusiva por la multinacional estadounidense y que funciona como
un monograma identitario que combina la inicial de Alexia con su dorsal más representativo, el 11, integrado en una estructura visual que evoca una corona. Un guiño directo a su liderazgo, su influencia dentro y fuera del campo y a un palmarés que la sitúa entre las grandes figuras de la historia del fútbol.
Este movimiento refuerza la relación estratégica entre Nike y Alexia Putellas, atleta exclusiva de la marca y una de las caras más reconocibles de sus campañas globales. La creación de un logo propio la coloca en un selecto grupo de deportistas que han logrado trascender su disciplina para convertirse en iconos culturales con identidad visual propia.
El logotipo debutará en una colección específica de productos Nike, que incluirá botas de fútbol personalizadas, ropa de entrenamiento y piezas lifestyle, diseñadas para reflejar el estilo, la personalidad y la trayectoria de la doble Balón de Oro. No se trata únicamente de una línea comercial, sino de una declaración de intenciones: el fútbol femenino ocupa ya un espacio central en la narrativa deportiva mundial.
Desde Nike destacan que el diseño busca “representar la excelencia, la constancia y el impacto de Alexia en una generación entera”, valores que la jugadora encarna tanto en el Barcelona como en la Selección Española.
Con este lanzamiento, Alexia Putellas da un paso más en la construcción de su marca personal, consolidando su figura como líder deportiva, referente social y símbolo de una nueva era para el fútbol femenino, donde el talento, la visibilidad y la identidad propia caminan de la mano.
El nuevo logotipo exclusivo de Nike Putellas es un monograma ingenioso y elegante que entrelaza magistralmente tu inicial (A) y tu número de camiseta (11) para formar una corona. Se trata de un guiño directo a tu apodo más utilizado,«La Reina», que refleja tu estatus real en el fútbol mundial.
Alexia Putellas se convertirá oficialmente en atleta exclusiva de Nike, uniéndose a un grupo selecto de futbolistas que tienen su propia identidad, junto a figuras como Erling Haaland, Kylian Mbappé y, próximamente, Sam Kerr. El nuevo logotipo forma parte de una colección completa para Putellas, que incluye ropa y botas.
🟫 No habló durante meses. Observó en silencio cómo el nombre de José Herrera ascendía desde los márgenes del análisis hasta el centro exacto del foco rojiblanco. Y cuando el Atlético de Madrid —tricampeón de la Liga F Moeve, bicampeón de la Copa de la Reina Iberdrola, institución sin tiempo para el aprendizaje— anunció a su nuevo entrenador, Francis Díaz decidió hacerlo. Por primera vez. Con matices, con memoria, con afecto y con una advertencia implícita. El Partido de Manu accede en exclusiva a las primeras palabras públicas del mentor que mejor conoce al técnico que hoy se sienta en uno de los banquillos más exigentes del fútbol femenino europeo.
Hay entrenadores que nacen en la pizarra y otros que se forjan en el ruido. José Herrera pertenece, sin discusión, a la primera estirpe. Su llegada al Atlético de Madrid no es la culminación de una carrera lineal, sino el punto de máxima exposición de un recorrido silencioso, casi subterráneo, marcado por el análisis exhaustivo, la obsesión táctica y una fe casi académica en el plan. Por eso, quizá, las primeras palabras que mejor lo definen no proceden de un comunicado oficial ni de una sala de prensa abarrotada, sino de alguien que lo vio crecer cuando todavía no había foco, ni urgencia, ni escudos que pesaran toneladas.
Francis Díaz lo tuvo a su lado. No como rival, no como observador externo, sino como segundo entrenador. Como analista primero, como apoyo después, como pupilo siempre. Compartieron vestuario, sesiones interminables de vídeo, derrotas que dolieron más de lo previsto y una experiencia muy rica para el ex del Betis que, en exclusiva para este medio, ha roto su silencio.
El método del heredero: Francis Díaz rompe su silencio para ensalzar a José Herrera, nuevo entrenador del Atlético de Madrid.
José Herrera no llega al Atlético de Madrid por impulso ni por coyuntura. Llega por convicción. Por una trayectoria construida con paciencia, método y una comprensión profunda del juego que se fue gestando lejos de los focos, en el lugar donde se forman los entrenadores que entienden el fútbol como una ciencia aplicada. Así lo describe Francis Díaz, director técnico y ex del Betis, que tuvo a Herrera como su segundo cuando ambos militaban en el equipo azul y blanco y que ahora observa, con orgullo contenido, cómo su pupilo alcanza la primera línea.
“Es un entrenador metódico, con mucho perfil analista”, resume Díaz, y en esa frase se condensa una identidad. Herrera pertenece a una generación de técnicos que no improvisan el éxito, que lo construyen. Que creen en el plan como punto de partida y en la preparación como ventaja competitiva. Su fútbol nace antes del partido, en el estudio minucioso del rival, en la detección de patrones, en la anticipación de escenarios.
Para Díaz, esa es una de sus grandes fortalezas. Herrera diseña los partidos con una profundidad poco habitual, apoyándose en el análisis exhaustivo del oponente y en la capacidad de adaptar sus ideas a cada contexto competitivo. No hay soluciones universales en su libreto. Hay respuestas específicas. Y eso, en el fútbol moderno, marca la diferencia.
“Basa sus planes de partido en mucho análisis rival”, insiste, subrayando una virtud que encaja de lleno con la exigencia actual del Atlético de Madrid. Un club que pelea hasta el final en todas las competiciones, que se enfrenta a rivales cada vez más preparados y que necesita entrenadores capaces de reducir el margen de error al mínimo. Herrera ofrece eso: control, orden, claridad estratégica.
Pero su perfil no se agota en la pizarra. Díaz también pone en valor su crecimiento humano dentro del cuerpo técnico, su capacidad para integrarse en dinámicas complejas y su evolución progresiva en la gestión diaria. “En la gestión de vestuario tiene un nivel medio”, explica, y lo hace desde una lectura constructiva, entendiendo ese punto como una base sólida sobre la que seguir creciendo. Herrera no llega al Atlético como un técnico inmaduro, sino como alguien que ya ha vivido procesos reales, que ha compartido vestuarios exigentes y que entiende la importancia del equilibrio interno.
Su recorrido profesional ha sido coherente. Lento, quizá, para los estándares de un fútbol que a menudo quema etapas, pero profundamente formativo. Durante años fue analista, observador privilegiado del juego, alguien que aprendió a leer el fútbol desde la distancia, desde el detalle. Esa etapa le permitió adquirir una comprensión global que hoy forma parte de su ADN como entrenador.
Y cuando llegó el momento de dar el paso fuera, de asumir responsabilidades mayores, Herrera lo hizo sin atajos. La experiencia no fue sencilla, pero sí formativa. Para Díaz, ese periodo resultó clave en su evolución. Le permitió contrastar ideas, enfrentarse a contextos distintos y fortalecer su carácter profesional. Cada paso, incluso los más complejos, sumó.
“Espero que le haya servido para mejorar algunos factores importantes”, apunta Díaz, con la serenidad de quien sabe que el aprendizaje real rara vez es inmediato. Herrera llega ahora al Atlético con una mochila cargada de conocimiento, con vivencias que lo han preparado para un entorno de máxima exigencia y con la humildad necesaria para seguir creciendo.
El club rojiblanco, con tres Ligas y dos Copas en su palmarés reciente, no se entrega a la improvisación. Su apuesta por Herrera responde a una lectura estratégica: la necesidad de un entrenador capaz de sostener la competitividad desde el método, de preparar cada partido con rigor y de dotar al equipo de una identidad reconocible incluso en los momentos de mayor presión.
Francis Díaz lo tiene claro. El José Herrera que hoy se sienta en el banquillo del Atlético no es solo su antiguo segundo. Es un entrenador hecho, preparado y listo para asumir uno de los mayores desafíos del fútbol femenino español. Un estratega que ha aprendido desde abajo y que ahora tiene la oportunidad de demostrarlo en la cima.
Esta es la primera fotografía. La del elogio, la del reconocimiento y el origen, aunque Francis reconoce que el Atlético es un club histórico y como tal exigente.
No es una crítica devastadora. Es una advertencia honesta. Porque Díaz no habla desde la distancia, sino desde la experiencia compartida en la ambos vivieron una etapa el representativo canario que fue muy bueno y que apunto estuvo de acabar en una plaza europea que hubiera sido única, pero el proyecto no terminó de consolidarse ante la fuerza de tres grandes transatlánticos como el Atlético de Madrid, el Barcelona o el Real Madrid, que disponen de mayor poderío financiero.
“Espero que le haya servido para mejorar algunos factores importantes”, confiesa Díaz. Y en esa frase hay algo más que deseo. Hay convicción. La sensación de que el aprendizaje llegó por la vía más dura, pero llegó y que, a fin de cuentas, José está delante del desafío más importante, pero se encuentra listo para brillar.
El Atlético de Madrid es un club que vive en la frontera constante entre la exigencia interna y la expectativa externa. Que ha construido una identidad ganadora en el fútbol femenino español. Que ha sabido reinventarse tras cada ciclo, pero siempre desde la ambición. Y que ahora deposita su confianza en un entrenador que no responde al perfil clásico del líder carismático, sino al del estratega meticuloso.
José Herrera no llega para revolucionar el relato, sino para intervenir en la estructura. Para ordenar. Para optimizar. Para competir desde el detalle. Su reto no será tanto diseñar planes de partido brillantes —eso ya lo sabe hacer— como aprender a leer lo que el plan no puede prever. El gesto de una futbolista. El bajón anímico tras un gol encajado. El momento exacto en el que el partido exige romper el guion.
Ahí se jugará su credibilidad, pero Francis Díaz no duda en el veredicto global. “En resumen, buen estratega, pero debe mejorar en lecturas y comprensión del juego”. No hay condena. Hay diagnóstico. Y quizá, también, una forma de protección. Porque decirlo ahora, antes del primer partido, es una manera de situar el debate en el lugar correcto. No en la expectativa irreal, sino en el proceso real.
Que nadie espere de Herrera un entrenador de gestos grandilocuentes o discursos inflamados. Su fútbol nace en la pantalla, en el análisis, en la repetición. Pero si algo aprendió en el camino —y si algo espera Francis Díaz que haya aprendido— es que el fútbol de élite no se gana solo con preparación. Se gana interpretando el caos.
El Atlético de Madrid le ofrece el escenario definitivo para demostrarlo. Un banquillo con historia reciente, con títulos, con presión. Un club que no perdona la duda, pero que recompensa la convicción. Herrera llega con el respeto interno del trabajo bien hecho y con la incógnita externa de su capacidad de adaptación.
Esta es solo la primera capa del relato. La voz del mentor, el origen del técnico que ha recogido el fruto de mucho esfuerzo al desembarcar en Alcalá de Henares.
La historia, como el partido, acaba de empezar y este reportaje, como todo buen partido de fútbol se detiene temporalmente aquí, pero aún queda la segunda parte, que no llegará hasta después de su debut como colchonero ante el Granada Club de Fútbol este próximo 31 de enero de 2026.
🔵 La presentación de la Colección oficial de cromos de PANINI de Liga F Moeve se podrá seguir en directo a través del canal oficial de YouTube de la competición. Una puesta en escena que contará con la presencia de Beatriz Álvarez, presidenta de la competición, Lluís Torrent, director general de PANINI en España, y diez futbolistas.
La cuarta edición de la Colección de Cromos de Liga F Moeve, que ya está a la venta en kioscos, puntos de venta autorizados y online en la web oficial de PANINI, se presentará de manera oficial este próximo martes, 27 de enero de 2026, a las 17:00 horario peninsular , en un acto que tendrá lugar en la sede de Liga F y que se podrá seguir en directo a través del canal de YouTube de la competición. El evento contará con la presencia de Beatriz Álvarez, presidenta de Liga F, Lluís Torrent, director general de PANINI en España, representantes de los clubes y diez futbolistas ya confirmadas: Eunate Astralaga, guardameta internacional de la SD Eibar, Claudia Florentino, defensa de la Real Sociedad, Sheila Guijarro, delantera del Atlético de Madrid, Allegra Poljak, defensa del Madrid CFF, Estefanía Banini, centrocampista del Badalona Women, María de Alharilla, defensa del Levante UD, Patri Gavira, el cerrojo del Costa Adeje Tenerife, Lauri Requena, delantera del Granada CF, Ainoa Campo, centrocampista del RCD Espanyol, y Belén Martínez, atacante del Alhama ElPozo.
El acto, que estará conducido por la periodista y narradora de los partidos de Liga F, Andrea Segura, pondrá en valor el respaldo constante de PANINI para el crecimiento del fútbol femenino profesional y la labor de Liga F para convertirse en una competición referente a nivel nacional e internacional.
Este nuevo álbum cuenta con 48 páginas y 358 cromos. La Colección de Cromos llega con muchas novedades para los coleccionistas, con nuevas series especiales y protagonistas destacadas de cada club, buscando darles el valor que se merecen. Como novedad, todos los clubes están representados en la portada con una futbolista y, además, del cromo individual de las jugadoras, el de los entrenadores y datos estadísticos, esta edición también presenta series de cromos especiales. Una puesta en escena que será el pistoletazo de salida para continuar una temporada más con este vínculo entre PANINI y Liga F de inmortalizar a las estrellas de la competición en cada cromo.
La colección oficial de cromos Panini de la Liga F se ha consolidado en las últimas temporadas como uno de los productos más representativos del crecimiento, la visibilidad y la normalización del fútbol femenino profesional en España. No se trata únicamente de un álbum de cromos, sino de una herramienta cultural y emocional que permite a aficionados, familias y seguidores del deporte femenino participar activamente en la construcción de memoria colectiva de la competición. Coleccionar la Liga F es, en esencia, una forma de reconocer a las futbolistas, a los clubes y a la propia liga como protagonistas de primer nivel del deporte español, trasladando al formato Panini —históricamente ligado al fútbol masculino— una experiencia que durante décadas fue demandada por el público.
Hacer la colección comienza con la adquisición del álbum oficial Panini de la Liga F, editado con licencia oficial de la Liga Profesional de Fútbol Femenino. El álbum está diseñado con un cuidado especial en lo visual y lo narrativo, incorporando no solo los espacios para los cromos de jugadoras y cuerpos técnicos, sino también textos explicativos, datos de contexto, imágenes institucionales y una estructura que refuerza la identidad de cada club. Cada uno de los equipos que compiten en la Liga F cuenta con su sección propia, donde aparecen las futbolistas de la plantilla, el escudo, el entrenador o entrenadora y, en algunos casos, cromos especiales dedicados a referentes del vestuario o a jugadoras jóvenes llamadas a marcar época. Este planteamiento convierte el álbum en una especie de anuario oficial de la temporada, con valor más allá del propio acto de coleccionar.
Una vez se dispone del álbum, el siguiente paso es la compra de sobres de cromos. Los cromos de la Liga F se comercializan en sobres cerrados, cada uno con varios cromos en su interior, que se distribuyen de forma aleatoria. Estos sobres pueden adquirirse en quioscos, librerías, tiendas especializadas, grandes superficies y también a través de la tienda online oficial de Panini. El precio del sobre suele situarse en una franja accesible, pensada para un consumo progresivo, lo que permite que la colección se vaya completando poco a poco, fomentando la continuidad y la ilusión semana a semana. Además de los sobres individuales, Panini ofrece packs de inicio, blísteres con varios sobres, cajas completas y promociones puntuales que facilitan arrancar la colección con una base sólida de cromos.
A medida que se abren sobres y se pegan cromos en el álbum, aparece uno de los elementos fundamentales de cualquier colección Panini: los cromos repetidos. En la colección de la Liga F, este aspecto adquiere un valor especialmente social, ya que fomenta el intercambio entre aficionados y aficionadas que comparten un interés común por el fútbol femenino. Intercambiar cromos no solo es una manera eficaz de completar el álbum sin disparar el gasto, sino también una forma de generar comunidad en torno a la liga. En colegios, clubes, familias, encuentros organizados y grupos en redes sociales, el intercambio se convierte en una extensión natural del consumo del producto y refuerza el sentimiento de pertenencia a un movimiento que acompaña el crecimiento de la Liga F.
Desde el punto de vista económico, completar la colección de cromos de la Liga F supone una inversión variable, que depende de factores como el número total de cromos de la edición, la suerte en la apertura de sobres, la intensidad del intercambio y la adquisición puntual de cromos sueltos para cerrar el álbum. Panini no establece un coste cerrado para completar la colección, ya que el sistema de distribución es aleatorio, pero sí ofrece herramientas para optimizar el proceso, como la posibilidad de adquirir cajas completas de sobres o packs promocionales. En cualquier caso, el valor de la colección no se mide únicamente en términos económicos, sino en la experiencia acumulada durante el proceso y en el significado simbólico de dar visibilidad a una competición que sigue creciendo temporada tras temporada.
Uno de los elementos más atractivos y diferenciales de la colección de la Liga F es la incorporación de promociones y recompensas oficiales, entre las que destaca la posibilidad de conseguir el balón oficial de la Liga F, uno de los objetos más deseados por las y los aficionados. Este balón, idéntico al que se utiliza en los partidos oficiales de la competición, representa un premio de alto valor emocional, ya que conecta directamente el acto de coleccionar con la práctica real del fútbol. Panini articula el acceso a este tipo de premios a través de campañas promocionales específicas que se desarrollan durante el periodo de vigencia de la colección.
El funcionamiento habitual de estas promociones se basa en la aparición de códigos, letras o elementos especiales impresos en el reverso de determinados cromos. A lo largo de la colección, el coleccionista puede ir reuniendo estas letras hasta completar una palabra clave establecida por Panini para esa temporada. Una vez se consigue dicha combinación, el participante debe seguir las instrucciones oficiales de la promoción, que normalmente implican el registro en una plataforma digital o el envío de los datos solicitados dentro del plazo establecido en las bases legales. Cumplidos estos pasos, se accede a sorteos o sistemas de premios entre los que se encuentra el balón oficial de la Liga F, además de otros artículos vinculados al fútbol femenino.
Este sistema de recompensas añade una capa adicional de emoción y convierte la colección en una experiencia activa, donde cada sobre abierto puede tener una doble importancia: avanzar en el álbum y acercarse a un premio exclusivo. Para el público infantil y juvenil, pero también para coleccionistas adultos comprometidos con el fútbol femenino, la posibilidad de ganar el balón oficial refuerza la conexión emocional con la liga y prolonga el interés por la colección durante toda la temporada. No es solo coleccionar por completar, sino coleccionar para participar, para sentirse parte de algo más grande.
En conjunto, la colección de cromos Panini de la Liga F es una propuesta que combina tradición, pedagogía deportiva, consumo cultural y reivindicación. Es una forma de apoyar la liga, de poner nombre y rostro a sus protagonistas y de construir un relato compartido que acompaña el desarrollo del fútbol femenino profesional en España. Comprar sobres, intercambiar cromos, seguir las promociones y aspirar a recompensas como el balón oficial no es únicamente una actividad lúdica: es una manera de implicarse, de consumir deporte femenino y de contribuir a que la Liga F tenga el espacio que merece también en los rituales clásicos del fútbol.
Y todo este recorrido, que empieza con la apertura de un sobre y termina con un álbum lleno de nombres, escudos y recuerdos, tiene además un punto de encuentro imprescindible que ningún aficionado o aficionada a la Liga F debería perderse. La presentación oficial de la colección, el acto en el que se pone rostro, voz y contexto a este proyecto, es también una declaración de intenciones sobre el presente y el futuro del fútbol femenino profesional en España. Por eso, seguir en directo a través del canal oficial de YouTube de la Liga F —la patronal presidida por Beatriz Álvarez, una de las figuras clave en el impulso institucional y mediático de la competición— no es un simple complemento, sino una parte fundamental de la experiencia. Es ahí donde se explica el sentido de la colección, donde se visibiliza a las protagonistas y donde se refuerza el mensaje de que la Liga F es una realidad sólida, ambiciosa y en constante crecimiento.
Estar ahí, verlo, compartirlo y difundirlo es también una forma de apoyar a la liga, a sus clubes y a sus futbolistas. Porque coleccionar la Liga F no acaba al pegar el último cromo: continúa siguiendo sus pasos, acompañando sus hitos y formando parte activa de todo lo que representa.
Sentirme como una niña feliz con sus cromos, empieza la colección, y ellas🥹💙❤️ pic.twitter.com/VjFZAvBNIC