Categoría: Actualidad

  • Reportaje | Anita Marcos, el gol hecho carne

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ Hay futbolistas que nacen con talento, otras que nacen con disciplina y unas pocas que nacen con algo mucho más difícil de enseñar: hambre. Hambre de gol, hambre de competir, hambre de no desaparecer cuando el foco se apaga. Ana Marcos pertenece a esa estirpe. La suya no es una historia de irrupción fulgurante ni de alfombra roja, sino una travesía larga, áspera, construida a base de goles en campos secundarios, de esperas interminables, de decisiones valientes y de una fe innegociable en el área. Porque Ana no llegó al fútbol femenino español por la puerta grande: llegó por la puerta lateral, la misma que defendió de niña antes de colocarse los guantes, antes de volver a pisar el área y antes de entender que su destino estaba allí donde el balón quema.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Nació en Sevilla, pero Sevilla fue apenas un prólogo. A muy corta edad se mudó a Madrid y fue en los barrios donde empezó a forjarse una futbolista que aún no sabía que lo sería. En el Santa María Caridad, el club de su barrio, Ana comenzó jugando en categoría prebenjamín, sin focos, sin promesas, sin discursos. Primero fue lateral izquierdo, aprendiendo a medir tiempos y espacios; después fue guardameta, entendiendo la soledad del error y la responsabilidad de ser la última; más tarde alternó ambas posiciones hasta que el fútbol, con esa lógica silenciosa que solo él conoce, la devolvió definitivamente al lugar donde su instinto era más cruel y más certero: la delantera. No fue una decisión estética ni estratégica, fue una necesidad biológica. Ana necesitaba atacar.

    (Fuente: Getty imágenes)

    En categoría alevín los números empezaron a desbordar cualquier libreta: 63 goles en dos temporadas, ascenso a categoría preferente y convocatoria con la Selección Sub-12 de Madrid. No celebraba mirando a la grada, celebraba hacia dentro, como quien confirma que sigue el camino correcto.

    En infantiles la historia se repitió con aún más peso: 67 goles en dos temporadas, capitana de un equipo mixto, liderazgo natural sin alzar la voz, mandando desde el choque y desde la presencia. Era la futbolista que siempre estaba donde dolía, la que no pedía permiso para rematar, la que no negociaba el esfuerzo.

    (Fuente: Madrid CFF)

    La temporada 2014-2015 supuso el primer aviso serio al sistema. Ana fichó por el C. F. Pozuelo de Alarcón para competir en categoría Sub-16 y lo que ocurrió allí fue directamente extraordinario: 73 goles en 24 partidos. Una cifra que no admite contexto ni excusas. Con solo 14 años fue convocada por el primer equipo para disputar un partido de Copa y recibió también la llamada de la Selección Madrileña Sub-16. El fútbol empezó a pronunciar su nombre con respeto, aunque todavía en voz baja.

    En la 2015-2016, con apenas 15 años, dio un paso que no todas se atreven a dar: fichó por el primer equipo del Torrelodones C. F., en Segunda División. Allí el fútbol ya no era formativo, era adulto, físico, despiadado. Ana respondió como siempre: 26 partidos, 16 goles, regularidad y personalidad. Volvió a ser convocada tanto por la selección Sub-16 de Madrid como por la de España, confirmando que ya no era una promesa, sino una realidad en construcción.

    La temporada 2016-2017 la llevó al Atlético de Madrid, al equipo B, en Segunda División, y allí comenzó uno de los aprendizajes más duros de su carrera: saber esperar. Debutó el 4 de septiembre de 2016 ante el Club Deportivo Tacón en un empate a dos goles y marcó. Siempre marcaba. Cerró el curso con 18 goles en 23 partidos, fue la máxima goleadora del equipo y el filial terminó tercero del grupo V. Fue convocada por la Selección Sub-18 de Madrid para disputar el campeonato territorial, que ganaron gracias a un gol suyo, y debutó también con el primer equipo del Atlético en la final de la Copa de la Reina, entrando en el último minuto de una derrota por 4-1 ante el FC Barcelona. No hubo épica allí, pero sí carácter.

    (Fuente: Getty imágenes)

    En la 2017-2018 explotó definitivamente en cifras: 23 partidos, 23 goles con el Atlético B. El 10 de septiembre de 2017 debutó en Primera División con el primer equipo rojiblanco, entrando en el último minuto ante la Real Sociedad, y volvió a sumar minutos ante el Sporting de Huelva. El Atlético se proclamó campeón de Liga y el equipo B fue segundo, solo por detrás del Tacón. Ana entendió entonces que el fútbol de élite no siempre premia al que más marca, sino al que más resiste.

    (Fuente: Getty imágene)

    La temporada 2018-2019 supuso la confirmación institucional: ficha con el primer equipo, alternando convocatorias con partidos en el filial. Debutó en la Liga de Campeones el 31 de octubre de 2018 ante el Wolfsburgo en una derrota durísima por 6-0, sustituyendo a Olga García, y su entrenador destacó públicamente su capacidad de trabajo y proyección. El 22 de noviembre de 2018 llegó el instante que la colocó para siempre en la memoria rojiblanca: entró en el minuto 62 ante el Rayo Vallecano, con el partido empatado y el liderato en juego, y dos minutos después marcó su primer gol en Primera División con un remate de tacón tras pase de Olga García.

    Un gol bello, inesperado y decisivo. El Atlético volvió a ganar la Liga, Ana dio una asistencia clave en la última jornada ante la Real Sociedad, fue subcampeona de la Copa de la Reina y, con el equipo B, logró el ascenso a la nueva Primera B siendo máxima goleadora con 13 tantos en 13 partidos.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Además, marcó los dos goles del Atlético en la final de la Copa Nacional de la RFFM.

    El 16 de febrero de 2020, tras un partido ante el Levante, sus compañeras la mantearon. El gesto no fue casual. Un día después se hizo oficial su cesión al Celtic Football Club. Debutó el 21 de febrero ante el todopoderoso Glasgow City, titular, mandando un cabezazo al poste. La pandemia detuvo el mundo, regresó al Atlético para disputar los cuartos de final de la Champions ante el Barcelona y en septiembre volvió a Glasgow para continuar su cesión. Allí marcó su primer gol el 1 de noviembre de 2020 ante el Hearts en una victoria por 10-0, firmó un doblete ante el Hibernian y disputó siete partidos de liga antes del parón navideño.

    (Fuente: Getty imágenes)

    En enero de 2021 concluyó su etapa en Escocia tras 9 partidos y 3 goles y fue cedida al Valencia Club de Fútbol.

    Debutó el 24 de enero ante el Deportivo y marcó el único gol del partido ante el Eibar el 22 de mayo. En agosto de 2021 fue traspasada al Sporting de Huelva y allí volvió a sentirse delantera total: 26 partidos de liga, 10 goles, máxima goleadora del equipo. En la Copa de la Reina disputó los cinco encuentros, anotó cuatro goles, firmó un histórico triplete ante el Real Madrid en el campo municipal de La Orden y marcó en el minuto 121 de la prórroga ante el Madrid CFF el gol que clasificó a las espartanas para la fase final. Cerró la temporada como subcampeona de la Copa de la Reina.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Este pasado mercado estival se anunció su incorporación al Madrid CFF, cumpliéndose por fin el viejo anhelo de Alfredo Ulloa, que durante casi una década había perseguido la idea de vestir de rosa y blanco a una futbolista criada en la cultura del gol y del sacrificio. Procedente del Valencia, Ana llegaba al club con la cantera exclusivamente femenina más grande de Europa como una delantera contrastada, campeona de la Liga F en dos ocasiones con el Atlético de Madrid, campeona de Europa Sub-19 en 2017 tras disputar la fase final en Irlanda del Norte, y máxima goleadora del Atlético B entre 2017 y 2019.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Ambidiestra , poderosa en el juego aéreo, inteligente en el desmarque, asociativa y depredadora del área, una delantera moderna, ideal para equipos que buscan juego directo, transiciones rápidas o centros laterales. Una futbolista que no necesita muchas ocasiones, solo la suya.

    Ana Marcos no es la historia de un gol, es la historia de todos los goles que no salieron en portada. De los que se marcaron para sobrevivir, de los que se marcaron para esperar, de los que se marcaron cuando nadie miraba.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    En el firmamento del fútbol femenino español brilla una estrella cuyo nombre resuena con fuerza: Ana “Anita” Marcos.

    Con aproximadamente 30 goles en Primera División, ha esculpido su leyenda desde los campos del Sporting de Huelva hasta los días gloriosos con el Valencia CF, y ahora emprende su nueva odisea en el Madrid CFF, lista para seguir escribiendo capítulos imborrables en la historia del deporte. Cada gol suyo no es solo un número; es un rugido de ambición, un relámpago de talento y una prueba de que la pasión puede transformar la historia en epopeya.

    Su palmarés es un códice de victorias y hazañas. Con el Atlético de Madrid, conquistó la Primera División en las temporadas 2017‑18 y 2018‑19, y llevó a su equipo a finales de Copa de la Reina, dejando una estela de gloria imborrable. En el ámbito internacional, con la Selección Española Sub‑19, se proclamó bicampeona de Europa en 2017 y 2018, confirmando que su nombre estaba destinado a la inmortalidad futbolística.

    La diez no solo juega; forja leyendas. Cada carrera hacia el área rival, cada disparo al arco y cada celebración son versos en un poema épico que inspira a generaciones enteras. Su historia no se mide solo en goles o títulos, sino en la fuerza con la que ha transformado cada desafío en gloria, demostrando que, en el corazón del fútbol femenino, su nombre permanecerá como símbolo de coraje, talento y pasión indomable.

    En un fútbol que corre, que olvida, que pasa página, Anita sigue atacando el primer palo, cayendo y levantándose, esperando el centro como quien espera su momento. Porque el hambre no se negocia, el área no miente y hay futbolistas que no necesitan focos para existir. Ana Marcos sigue ahí. Y cuando llegue el balón, como siempre, no preguntará.

    (Fuente: Liga F Moeve)

  • Oficial | El reencuentro que vivirá el Atlético en Europa

    (Fuente: UEFA)

    🟧 El conjunto rojiblanco se medirá a una “vieja conocido” por una plaza en cuartos de final.

    El mercado de fichajes empieza a agitarse a nivel internacional y eso va a afectar a la Liga de Campeones Femenina en los nuevos playoffs.

    El Manchester United Women es actualmente cuarto en la WSL (Women’s Super League) con 21 puntos y según determinó el sorteo de la UEFA se enfrentará al Club Atlético de Madrid.

    El conjunto británico ha anunciado oficialmente este sábado, 27 de diciembre de 2025, que ha alcanzado un acuerdo en firme con la franquicia estadounidense del San Diego Wave para el traspaso de Hanna Lundkvist (Suecia, 17 de julio de 2002).

    La joven de 23 años de edad jugó en el conjunto rojiblanco desde 2022 hasta 2024, un lapso temporal que le sirvió a la canterana del AIK Fotboll para vestir la zamarra colchonera durante 41 encuentros de índole oficial incluso llegó a alzar la Copa de la Reina en 2023 ante el Real Madrid.

    La 27 fue reclutada por Óscar Fernández, ex del Madrid CFF, en el mercado invernal de 2021 y debutó en un compromiso de Liga F ante el Villarreal.

    Tras la marcha del técnico del banquillo su protagonismo se fue reduciendo paulatinamente y además fue víctima de una lesión grave antes de la Copa del Mundo 2023 de Australia y Nueva Zelanda.

    La exjugadora del Hammarby IF se mudó a California para jugar como local en el Snapdragon Stadium del San Diego, anteriormente citado.

    Lundkvist ha de ser descrita como una lateral moderna y muy versátil que puede actuar tanto de lateral diestro como en el zurdo sin bajar el rendimiento y sobresale en el césped por su gran lectura táctica y poderío físico en un sistema de cuatro zagueras.

    El equipo de Víctor Martín puede contrarrestar su juego doblando su banda izquierda y si el esférico llega a sus botas realizar una presión coordina, atacando su espalda en las acciones de ataque.

    El reencuentro de la internacional absoluta por Suecia, con la que jugó la pasada Eurocopa de Suiza 2025, volverá a pisar Alcalá de Henares el próximo jueves, 12 de febrero de 2026, a partir de las 21:00 horas en un duelo que emite Disney Plus, al igual que la vuelta en Inglaterra.

    Resulta crucial para el Atlético de Madrid eliminar al United en ese playoff de la UEFA Women’s Champions League para así estar presente en los cuartos de final ante el Bayern de Múnich para acumular puntos en el coeficiente de cara al Mundial de Clubes de 2028.

  • Oficial | El Player of the Month en la Liga F Moeve en 2025

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🔲 Ya van tres años de reconocimiento mensual talento y un retrato preciso del fútbol femenino español.

    En un fútbol femenino español en plena transformación estructural, el galardón Player of the Month de la Liga F Moeve se ha consolidado como una de las herramientas más fiables para interpretar el pulso real de la competición. Más allá del reconocimiento individual, el premio mensual ofrece una lectura inmediata y concreta del rendimiento, del impacto competitivo y de la evolución del juego en la Primera División Femenina.

    Desde su instauración en la temporada 2022-2023, coincidiendo con el nacimiento oficial de la Liga F como competición profesional, el Player of the Month ha acompañado el crecimiento del campeonato como un indicador estable de excelencia deportiva. Tres temporadas después, el galardón no solo ha ganado visibilidad, sino también credibilidad analítica, convirtiéndose en una referencia tanto para aficionadas y aficionados como para cuerpos técnicos, analistas y medios de comunicación.

    El año natural 2025 representa uno de los ejercicios más completos y significativos desde la creación del premio. A través de sus ganadoras mensuales, la Liga F ha mostrado una competición más diversa, más abierta en perfiles futbolísticos y más consciente de la importancia del contexto a la hora de valorar el rendimiento.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Este premio ha nacido con la profesionalización de una Liga F Moeve que continúa al alza.

    Player of the Month comenzó a entregarse de manera oficial en la temporada 2022-23, el primer curso completo de la Liga F como liga profesional independiente, bajo el paraguas de la Liga Profesional de Fútbol Femenino.

    Desde su origen, el galardón fue concebido con una doble función: Reconocer el rendimiento individual mensual, evitando que el foco se concentrara únicamente en premios de final de temporada. Generar narrativa competitiva continua, dotando a la liga de hitos regulares que acompañaran su crecimiento mediático.

    A diferencia de otros reconocimientos históricos del fútbol femenino español, el Player of the Month introdujo una lógica nueva: premiar impactos acotados en el tiempo, sin depender del prestigio previo, del palmarés o del estatus del club.

    Con el paso de las temporadas, el premio ha evolucionado desde un enfoque inicialmente más ligado al dato goleador hacia una valoración más compleja, donde se tienen en cuenta:

    • Influencia real en los resultados
    • Peso táctico dentro del sistema del equipo
    • Contexto competitivo del club en cuestión

    En 2025, esta madurez del galardón resulta especialmente evidente y ha servido para definir la popularidad de la Liga F Moeve.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Durante el año natural 2025, el Player of the Month ha sido concedido en ocho ocasiones, a siete futbolistas diferentes, pertenecientes a cinco clubes, una cifra que refleja con claridad la diversidad creciente del campeonato.

    La lista de premiadas es, por sí sola, una radiografía del momento actual de la Liga F:

    Linda Caicedo (Real Madrid) – enero Gift Monday (Costa Adeje Tenerife) – febrero Gio (Giovana Queiroz) (Atlético de Madrid) – marzo Ewa Pajor (FC Barcelona) – abril Clàudia Pina (FC Barcelona) – mayo Luany (Atlético de Madrid) – septiembre Edna Imade (Real Sociedad) – octubre Clàudia Pina (FC Barcelona) – noviembre

    La repetición de Clàudia Pina como única doble galardonada del año y la presencia de clubes con realidades muy distintas refuerzan la idea de que el premio ha sabido adaptarse a la complejidad competitiva de la liga.

    (Fuente: Liga F Moeve )

    El primer Player of the Month de 2025 recayó en Linda Caicedo, en un mes en el que el Real Madrid necesitaba certezas competitivas tras un tramo irregular. La internacional colombiana asumió ese rol con naturalidad, convirtiéndose en el eje ofensivo del equipo durante enero.

    Su premio no respondió únicamente a cifras de goles o asistencias, sino a su capacidad para sostener el ataque, generar desequilibrio constante y asumir responsabilidad en momentos de máxima exigencia. Caicedo representó a la perfección el perfil de futbolista joven llamada a liderar proyectos ambiciosos en la Liga F.

    El galardón de febrero tuvo un significado especial. Gift Monday, del Costa Adeje Tenerife, fue premiada tras un mes de rendimiento sobresaliente en un equipo que compite habitualmente lejos de los focos.

    Su distinción reforzó uno de los principios fundacionales del Player of the Month: premiar impacto, no jerarquía. Monday destacó por su eficiencia extrema, su capacidad para convertir pocas oportunidades en goles decisivos y su liderazgo ofensivo en partidos de máxima igualdad.

    Fue, además, un premio que visibilizó el trabajo de clubes que construyen su competitividad desde la resistencia, el orden y la eficacia.

    Ya en marzo, el reconocimiento fue para Giovana “Gio” Queiroz, símbolo del proceso de reajuste del Atlético de Madrid. En un mes clave para recuperar estabilidad, Gio se convirtió en la futbolista que dio sentido al juego rojiblanco.

    Su Player of the Month premió un perfil menos evidente, pero fundamental: el de la jugadora que ordena, conecta y equilibra, permitiendo que el equipo vuelva a reconocerse en su estilo.

    El mes de abril confirmó la plena integración de Ewa Pajor en el engranaje del FC Barcelona. Su premio fue la constatación de que incluso en un equipo dominante, el impacto individual sigue siendo determinante.

    Ewa Pajor no solo aportó goles, sino que elevó el rendimiento colectivo, mejoró la ocupación de espacios y potenció a las jugadoras de segunda línea. Su Player of the Month fue un reconocimiento al impacto dentro de la excelencia, una categoría especialmente exigente.

    El primer galardón de Clàudia Pina en 2025 llegó en mayo, tras un mes marcado por una eficiencia sobresaliente. Capaz de decidir partidos en pocos minutos, su rendimiento puso en valor un perfil cada vez más determinante en el fútbol moderno.

    El premio reconoció su capacidad para maximizar cada intervención, su versatilidad ofensiva y su influencia directa en los momentos clave del tramo final de la temporada.

    Tras el parón veraniego, septiembre trajo consigo el reconocimiento a Luany, una de las grandes incorporaciones del Atlético de Madrid. Su adaptación inmediata al ritmo competitivo y su impacto desde el primer mes la convirtieron en una de las protagonistas del inicio de la temporada 2025-26.

    Su Player of the Month simbolizó el valor de las incorporaciones bien integradas y el inicio de un nuevo ciclo competitivo en el conjunto rojiblanco.

    El galardón de octubre fue para Edna Imade, en uno de los premios más representativos del espíritu del Player of the Month. La delantera de la Real Sociedad fue reconocida por su capacidad para liderar ofensivamente al equipo, marcar diferencias en partidos ajustados y sostener al conjunto txuri-urdin en la clasificación.

    Fue un premio al liderazgo silencioso, al rendimiento constante y a la importancia de las futbolistas que hacen competitivos a sus equipos semana tras semana.

    El año se cerró, a falta del premio de diciembre, con el segundo Player of the Month de 2025 para Clàudia Pina. Su doble reconocimiento confirmó su consolidación como una de las futbolistas más influyentes del campeonato.

    La repetición del galardón subrayó su regularidad, su crecimiento sostenido y su capacidad para impactar en distintos momentos de la temporada, algo que muy pocas jugadoras logran mantener a lo largo de un año natural completo.

    El Player the Month se ha convertido en algo más que un premio. Es una herramienta narrativa, analítica y simbólica que ayuda a explicar la Liga F Moeve en toda su complejidad.

    En 2025, el galardón ha reconocido talento, impacto, contexto y liderazgo, reflejando una competición más madura, más diversa y más consciente de su propio crecimiento.

    Desde figuras internacionales hasta futbolistas que sostienen proyectos desde la constancia, el Player of the Month se consolida como uno de los grandes termómetros del fútbol femenino español y como un espejo fiel del momento que vive la Liga F, que ahora cuenta con el patrocinio de Moeve.

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Oficial | El tridente de la regularidad (Atlético) es más letal que la parcela ofensiva del Real Madrid

    (Fuente: Getty imágenes)

    🚨 En una era dominada por el impacto inmediato, por el highlight viral y por la jugada final que decide un partido, el fútbol corre el riesgo de olvidar algo esencial: el juego se gana mucho antes del gol. En ese territorio previo —el de la construcción, la continuidad y la generación colectiva de ventajas— es donde se asienta el tridente formado por Fiamma, Luany y Vilde Bøe Risa, un trío que no necesita estridencias para imponerse en los números y, sobre todo, en el desarrollo real del juego. 🚨

    (Fuente: Liga F Moeve)

    En el fútbol femenino contemporáneo, tan expuesto al juicio inmediato y al dictado constante del resultado, existe una tendencia cada vez más marcada a identificar la superioridad con el golpe final, con la jugada que decide, con el talento que irrumpe y resuelve. Sin embargo, ese enfoque suele olvidar una verdad esencial del juego: los partidos se ganan mucho antes del último toque. Se ganan en la manera de ocupar los espacios, en la capacidad de sostener una idea durante noventa minutos, en la repetición consciente de mecanismos que permiten llegar al área rival una y otra vez sin depender de la inspiración puntual. Desde esa perspectiva nace el estudio independiente realizado por “El Partido de Manu”, un análisis que no surge de un informe oficial ni de una base de datos cerrada, sino de unos números aislados publicados en Instagram por los compañeros de Post United. Precisamente por su sencillez, esos datos abrieron la puerta a una lectura más profunda, más honesta y menos condicionada por el relato dominante.

    Partidos jugados, goles y asistencias. Nada más. Ningún contexto añadido. Ninguna interpretación prefabricada. Y, sin embargo, al colocar esas cifras una junto a otra, al compararlas sin prejuicios ni jerarquías asumidas, apareció una diferencia que va mucho más allá del marcador final.

    El tridente formado por Fiamma Benítez, Luany y Vilde Bøe Risa acumulaba más partidos, más contribuciones totales y, sobre todo, más asistencias que el tridente del Real Madrid compuesto por Caroline Weir, Alba Redondo y Linda Caicedo. Ese detalle, aparentemente secundario, se convirtió en el eje de todo el análisis. Porque las asistencias no hablan solo de gol. Hablan de construcción, de lectura colectiva, de fútbol compartido.

    El Real Madrid presenta un tridente de enorme talento individual, capaz de decidir encuentros de máxima exigencia. Weir aporta jerarquía y último pase, Linda Caicedo desequilibra desde la potencia y la verticalidad, y Alba Redondo interpreta el área con inteligencia y eficacia. Es un tridente pensado para resolver, para castigar el error rival, para aprovechar el espacio cuando el partido se rompe. Su fútbol es directo en su impacto y brillante en su desenlace. Pero ese mismo perfil hace que gran parte del peso creativo recaiga en acciones concretas, en momentos específicos, en jugadas donde el talento individual es el factor determinante. Cuando esas jugadoras aparecen, el Real Madrid gana partidos. Cuando el contexto las limita, el equipo necesita apoyarse en otros mecanismos.

    El tridente de la regularidad responde a una lógica diferente. No busca tanto el golpe definitivo como la acumulación constante de ventajas. Fiamma no es solo una finalizadora, sino una futbolista que fija centrales, descarga de cara y entiende cuándo acelerar y cuándo sostener la posesión. Luany equilibra el juego ofensivo con una naturalidad poco común, repartiendo su impacto entre goles y asistencias y adaptándose al ritmo que pide cada encuentro. Vilde Bøe Risa, desde una posición menos expuesta, actúa como el engranaje que da coherencia a todo el sistema, ordenando la circulación, eligiendo los momentos de llegada y asegurando que el equipo no se parta cuando ataca. Esa combinación de perfiles permite que la construcción del juego no dependa de una sola jugadora ni de una sola vía.

    Los números aislados de “Post United”, reinterpretados desde el análisis independiente de “El Partido de Manu”, muestran que este tridente suma quince asistencias frente a las diez del Real Madrid. Cinco pases de gol más que no se explican por azar ni por contexto puntual, sino por una manera distinta de entender el ataque.

    El tridente de la regularidad no solo llega al gol, sino que fabrica las condiciones para que ese gol sea posible desde diferentes zonas del campo. Construye más porque interviene más, porque conecta más líneas y porque reparte mejor las responsabilidades creativas. No hay una única llave para abrir la defensa rival; hay varias, y todas funcionan de forma coordinada.

    Esa capacidad de construir se traduce también en una mayor estabilidad competitiva. A lo largo de una temporada, los equipos no solo se enfrentan a grandes citas, sino a partidos incómodos, a semanas de desgaste, a encuentros donde el ritmo es bajo y el margen mínimo. En ese contexto, el tridente de la regularidad ofrece algo fundamental: fiabilidad. Su impacto no fluctúa de forma brusca. No necesita un escenario grande para aparecer. Juega bien cuando el partido es brillante y cuando es espeso. Y eso, en términos de competición, significa puntos, continuidad y confianza colectiva.

    El tridente del Real Madrid, en cambio, vive más expuesto a la narrativa del momento. Sus actuaciones están amplificadas por el foco mediático y por la exigencia permanente de decidir. Esa presión no invalida su calidad, pero sí condiciona su lectura desde fuera. Se espera de él el gesto definitivo, no el proceso. Y ahí es donde la comparación se vuelve reveladora. Mientras uno es evaluado por su capacidad de resolver, el otro es analizado por su capacidad de sostener. Mientras uno destaca por el impacto inmediato, el otro lo hace por la influencia prolongada.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El estudio de “El Partido de Manu” no pretende establecer jerarquías absolutas ni negar el valor del talento diferencial. Pretende, simplemente, recordar que el fútbol es un juego de continuidad. Que construir bien no siempre genera titulares espectaculares, pero sí equipos competitivos.

    Que las asistencias, las conexiones y el reparto de responsabilidades son indicadores tan valiosos como el gol final.

    Y que, cuando se observan los datos sin ruido, cuando se contextualizan y se leen desde el juego, el tridente de Fiamma, Luany y Vilde aparece como un ejemplo claro de cómo la regularidad puede convertirse en una forma de dominio.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    A partir de una publicación sencilla en Instagram, este análisis independiente ha querido desmontar una idea asumida: que el equipo que más decide es necesariamente el que mejor juega. A veces, el que mejor juega es el que más construye, el que más opciones genera, el que convierte cada ataque en un proceso compartido.

    En ese terreno, el tridente de la regularidad no solo compite con el Real Madrid, sino que lo supera en un aspecto clave del juego moderno. Construye más fútbol.

    Y en un deporte donde ganar es consecuencia directa de repetir bien las cosas muchas veces, construir más no es un matiz. Es una ventaja estructural.

    (Fuente: Liga F)

    Datos :

    Tridente del Atlético |

    Partidos totales: 67
    • Goles: 22
    • Asistencias: 15
    • Contribuciones de gol: 37

    Distribución:
    • Fiamma: 10G + 6A = 16
    • Luany: 7G + 7A = 14

    • Vilde: 5G + 2A = 7
    (Fuente: Liga F Moeve)

    Tridente del Real Madrid |

    Partidos totales: 60 Goles: 23 Asistencias: 10 Contribuciones de gol: 33

    Distribución:

    Weir: 10G + 3A = 13 Alba: 7G + 2A = 9 Linda: 6G + 5A = 11

    (Fuente: UEFA)
  • Oficial | Luto en el Valencia Club de Fútbol por el trágico fallecimiento de Fernando Martín

    (Fuente: Liga F)

    🟧 El fútbol valenciano y, en especial, el Valencia Club de Fútbol Femenino, amanecen hoy sumidos en la consternación. La desaparición de Fernando Martín, entrenador del Valencia Femenino B y formador histórico de la Academia, en un trágico naufragio ocurrido en aguas de Indonesia, ha teñido de luto a una entidad que llora la posible pérdida de uno de sus hombres de casa, un educador vocacional y una figura profundamente querida en el vestuario.

    El Valencia Club de Fútbol Femenino atraviesa horas de profunda conmoción tras conocerse la desaparición de Fernando Martín, entrenador del equipo femenino B, en el naufragio de una embarcación turística ocurrido la pasada noche cerca de la isla de Padar, en las proximidades del enclave turístico de Labuan Bajo, al este de Bali (Indonesia).

    En la embarcación viajaban once personas, entre ellas varios miembros de una misma familia que disfrutaban de unos días de vacaciones durante el periodo navideño. A bordo se encontraban la hija del propietario del restaurante El Coso del Mar, Enrique Ortuño; su marido, Fernando Martín; y sus cuatro hijos. Según las informaciones facilitadas hasta el momento, la madre y una de las hijas han sido rescatadas con vida, mientras que Fernando Martín y los otros tres menores continúan desaparecidos, a la espera de confirmación oficial por parte de las autoridades locales.

    La noticia ha caído como un golpe seco en el seno del club valencianista. Fuentes del Valencia han reconocido encontrarse en estado de shock, pendientes de cualquier comunicación oficial que permita esclarecer el desenlace de una tragedia que ha sobrecogido a todo el entorno deportivo.

    Fernando Martín, de 44 años, había asumido esta temporada la dirección del Valencia Femenino B, equipo que compite en Tercera RFEF, con la misión de recuperar la categoría y seguir alimentando el primer equipo con talento joven formado en casa. Su nombramiento respondía a una apuesta clara del club por la continuidad, el conocimiento interno y el trabajo de base.

    Y es que Fernando Martín era, ante todo, un hombre de la casa. Su trayectoria en la Academia del Valencia CF se extendía a lo largo de nueve temporadas, trabajando desde categorías Infantil hasta Juvenil. Él mismo explicaba cómo le llegó la oportunidad de incorporarse al fútbol femenino del club:
    «El club buscó en la escuela algún perfil como el mío que pudiese ayudar a las chicas a mejorar y cambiar la dinámica. Entrar en el fútbol femenino es algo muy ilusionante».

    Convencido del valor de la formación y del crecimiento personal, Fernando Martín defendía una forma de entender el fútbol ligada a la educación y al acompañamiento:
    «Me he podido formar muy bien tanto profesional como personalmente. Es una academia profesional, con jugadores increíbles y con instalaciones inmejorables», relataba al describir su paso por la cantera valencianista.

    Más allá de Mestalla y de la Ciudad Deportiva, Fernando Martín también desarrollaba su vocación docente como coordinador de la sede de GM Football Academy en Valencia, donde trasladaba su pasión por la enseñanza a las aulas. Creía firmemente en la formación continua de los entrenadores, incluso más allá de las titulaciones oficiales:
    «Es clave seguir evolucionando, conocer nuevas metodologías y entender cómo cambia el fútbol». Quienes compartieron esa etapa con él destacan su cercanía, su compromiso y su ilusión constante por ayudar a otros a crecer.

    La pasada temporada formó parte del cuerpo técnico del Valencia CF Femenino en la Liga F como segundo entrenador, en una etapa en la que coincidió con Anita Marcos, hoy jugadora del Madrid CFF. Dentro del vestuario dejó una huella que va más allá de lo deportivo. Compañeras y jugadoras lo recuerdan como una persona accesible, generosa y profundamente humana, alguien que cuidaba del grupo como una familia y que, incluso fuera del campo, mantenía ese vínculo invitando a las futbolistas a compartir momentos juntos en su restaurante.

    El Valencia Club de Fútbol Femenino, el fútbol valenciano y la comunidad deportiva permanecen hoy unidos en el dolor, pendientes de las labores de búsqueda y del comunicado oficial de las autoridades, mientras el recuerdo de Fernando Martín —formador, entrenador y persona— resuena con fuerza en cada rincón del club.

  • Oficial | Once nombres para la eternidad: el día en que el fútbol femenino habló español y el mundo tuvo que escuchar

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ Hay onces que se leen y onces que se sienten. Este no se anuncia: se impone. La IFFHS ha puesto negro sobre azul lo que el fútbol llevaba tiempo susurrando y ya no puede callar: el centro del mundo, en 2025, no está en un estadio concreto ni en una liga dominante, sino en una idea de juego que habla español, piensa rápido y no pide permiso. Cuatro futbolistas españolas sostienen el mejor equipo del planeta como quien sostiene una época entera, no desde el ruido sino desde el balón, desde la inteligencia, desde una forma de jugar que ha convertido el talento en sistema y la ambición en costumbre. No es un premio, es una fotografía histórica. No es una moda, es un legado que empieza a escribirse en presente.

    Hay imágenes que no necesitan contexto porque ellas mismas ya son contexto, porque no informan: sentencian. Hay gráficos que no se consumen, se contemplan. Hay onces que no se discuten, se recuerdan. Y el once que la IFFHS eleva como Mejor Equipo Mundial Femenino de 2025 pertenece a esa estirpe rara y poderosa de fotografías que, dentro de diez, veinte o treinta años, seguirán diciendo lo mismo que dicen hoy: aquí pasó algo irrepetible. No es solo una alineación. No es solo un reconocimiento. Es una declaración histórica. Es el instante exacto en el que el fútbol femenino dejó de pedir permiso y se sentó en la mesa de los gigantes con la voz firme, el balón bajo el brazo y una bandera —la española— ondeando con una fuerza que ya no admite matices ni excusas.

    Porque en ese once ideal del mundo hay talento alemán, liderazgo inglés, solidez internacional… pero hay, sobre todo, alma española. Hay una columna vertebral que no se explica sin La Masia, sin el barro de la Liga F, sin generaciones que crecieron viendo partidos sin cámaras y hoy juegan finales con el planeta mirando. Hay nombres que ya no son solo futbolistas, sino símbolos. Y hay una verdad que atraviesa la imagen como un relámpago: España ha conquistado el centro del mundo futbolístico femenino.

    En el centro exacto del campo, donde se decide todo, donde el juego respira y se ordena, aparece Patri Guijarro como aparece siempre: sin ruido, sin necesidad de levantar la voz, gobernando el tiempo como si fuera una propiedad privada. A su alrededor, Alexia Putellas y Aitana Bonmatí dibujan una constelación que ya no pertenece a una época concreta, sino a la historia completa del fútbol.

    Once ideal del 2025 | Hampton, Keet, Williamson, Paredes, Bronze, Alexia Putellas, Patri Guijarro, Aitana Bonmatí, Bühl, Russo y Mariona Caldentey.

    No son tres nombres puestos juntos por casualidad. Son tres formas distintas de entender la excelencia, tres caminos que confluyen en una misma idea: jugar mejor que nadie. Alexia es la memoria, la resistencia, la capitana que volvió del abismo para recordar al mundo que el talento también sabe sufrir. Aitana es el presente que no espera turno, la futbolista total que corre, piensa, manda y decide con una naturalidad que asusta. Patri es el equilibrio perfecto, la inteligencia que no sale en los resúmenes pero sostiene los títulos.

    Y cuando el fútbol mundial mira esa medular, no ve solo a tres centrocampistas. Ve un método. Ve una escuela. Ve una forma de entender el juego que ha cambiado jerarquías y ha obligado a todos los demás a adaptarse. Porque ya no se trata de correr más, ni de chocar más fuerte. Se trata de pensar mejor, de ocupar mejor los espacios, de saber cuándo acelerar y cuándo congelar el partido hasta que el rival se canse de perseguir sombras. España no solo ha ganado. España ha convencido. Y eso, en fútbol, es lo más difícil.

    A su lado, en la defensa, Irene Paredes levanta una muralla que no necesita gritos para imponer respeto. Su presencia es la de quien ha visto pasar los años, las derrotas y las dudas, y ha salido de todas ellas con la cabeza más alta. Irene no defiende solo un área. Defiende una generación entera. Defiende a las que estuvieron antes y no tuvieron focos. Defiende la idea de que el liderazgo también se construye desde la serenidad. Junto a ella, el sistema se ordena, la línea se adelanta, el equipo cree. Porque cuando Irene está, todo parece posible.

    Y más allá, en la banda, Mariona Caldentey representa esa rareza maravillosa que solo el fútbol español sabe producir: futbolistas que no se pueden encasillar, que no obedecen a una sola función, que entienden el juego como un lienzo abierto. Mariona es sacrificio y talento, es ida y vuelta, es inteligencia táctica y rebeldía creativa. Es la jugadora que aparece donde no se la espera y decide cuando el partido parece atascado. Su presencia en este once mundial no es un premio puntual. Es la confirmación de una carrera construida a base de constancia, lectura del juego y compromiso absoluto con el colectivo.

    Cuatro españolas en el mejor once del mundo. Cuatro. Y ninguna está ahí por marketing, por cuota o por narrativa amable. Están porque no se puede contar el fútbol de 2025 sin ellas. Porque cuando la IFFHS mira el planeta entero y elige, elige fútbol. Y el fútbol, hoy, habla español.

    Alrededor de ellas, el once se completa con nombres que engrandecen aún más el contexto. Klara Bühl aporta la electricidad alemana, la capacidad de romper partidos desde la banda con una verticalidad que castiga cualquier despiste. Alessia Russo es potencia, instinto, gol y trabajo invisible, la delantera que fija centrales y libera espacios para que el equipo respire. Leah Williamson simboliza el liderazgo moderno, la defensa que construye desde atrás con elegancia y lectura. Lucy Bronze sigue siendo el estándar físico y competitivo, una futbolista que ha redefinido el lateral derecho durante más de una década. Franziska Kett aporta juventud, proyección y descaro. Hannah Hampton, desde la portería, representa la nueva generación de guardametas completas, seguras, dominadoras del área y del juego con los pies.

    Pero incluso rodeadas de estrellas de ese calibre, las españolas no se diluyen. Brillan más. Porque no necesitan imponerse individualmente. Se imponen colectivamente. Porque su fútbol no es un destello aislado, sino un sistema que funciona, una idea que se reproduce, una cultura que se transmite.

    Este once mundial no nace de la nada. Es el resultado de años de lucha silenciosa, de estructuras que se fueron creando a base de insistencia, de entrenadoras y entrenadores que creyeron cuando nadie miraba, de futbolistas que se quedaron cuando era más fácil marcharse. Es la consecuencia directa de haber entendido que el fútbol femenino no necesitaba parches, sino proyectos. Que no necesitaba titulares vacíos, sino inversión, respeto y continuidad. Y España, con errores, con conflictos, con heridas aún abiertas, ha conseguido algo que parecía imposible: transformar una revolución social en hegemonía deportiva.

    Por eso esta imagen no es solo una foto bonita para redes. Es un documento histórico. Es la prueba gráfica de que el fútbol femenino ya no es promesa, es presente consolidado. Y de que España, guste más o menos, se ha convertido en referencia mundial. Las niñas que hoy empiezan a jugar no sueñan con imitar. Sueñan con continuar. Porque el camino ya está abierto. Porque ya hay nombres propios que han llegado hasta donde nadie había llegado antes.

    El once de la IFFHS es, en el fondo, una fotografía del poder. De quién manda. De quién marca el ritmo. Y en 2025, el poder no se ejerce desde la fuerza bruta, sino desde la inteligencia, la técnica, la comprensión profunda del juego. Desde la capacidad de hacer que el balón viaje más rápido que las piernas. Desde la valentía de querer la pelota incluso cuando quema.

    España ha enseñado al mundo que se puede ganar de otra manera. Que se puede competir sin renunciar a la identidad. Que se puede ser favorita y jugar como si no lo fueras. Y las futbolistas españolas incluidas en este once son las embajadoras perfectas de esa idea. No hablan mucho. Juegan. Y cuando juegan, todo cobra sentido.

    Quizá dentro de unos años, cuando este 2025 sea solo una fecha en el calendario, alguien vuelva a mirar esta imagen y entienda de verdad lo que significó. Que no fue un premio aislado. Que no fue una moda. Que fue el momento exacto en el que el fútbol femenino español dejó de compararse y empezó a medirse consigo mismo. El día en que ya no importó contra quién se jugaba, sino cómo se jugaba. El día en que el mundo aceptó, sin discusión posible, que el fútbol femenino tenía nuevas dueñas del balón.

    Y entonces, como ahora, bastará con mirar al centro del campo para entenderlo todo. Allí estarán, eternas, Alexia, Patri y Aitana. Tres nombres. Tres estilos. Una misma bandera. Y una certeza imposible de borrar: el fútbol femenino ya tiene una edad de oro, y habla español.

  • Reportaje | Ángela Sosa Martín

    (Fuente: Getty imágenes)

    La internacional española en categoría absoluta milita actualmente en el Madrid CFF y fue la mejor jugadora de la Liga F en la temporada 2017-2018.

    Ángela Sosa Martín (Sevilla, 16 de enero de 1993) es una futbolista española que destaca por su polivalencia en el centro del campo, donde puede desempeñarse con solvencia en cualquiera de sus posiciones. Actualmente milita en el Madrid CFF y es internacional absoluta con la Selección Española de Fútbol.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Ampliamente conocida por este medio (“El Partido de Manu”) la andaluza nos concedió una entrevista antes de marcharse del Atlético de Madrid para recalar en el Real Betis Balompié Féminas.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Ángela Sosa creció desde pequeña rodeada de balones, aunque sus primeros pasos en el deporte no estuvieron ligados al fútbol, sino al atletismo. No fue hasta más adelante cuando decidió orientarse definitivamente hacia el fútbol, iniciando su formación en la cantera del Sporting de Huelva. Sin embargo, su debut en categoría sénior se produjo con el Sevilla FC en 2009.

    Aquella temporada coincidió con una ampliación de la Superliga femenina, competición a la que el Sevilla FC fue invitado junto a otros clubes. En la primera fase, el conjunto sevillista quedó encuadrado en el grupo C, finalizando en quinta posición de un total de siete equipos, lo que le dejó fuera de la lucha por el título. En la segunda fase, el Sevilla concluyó en segunda posición, también entre siete participantes, logrando así la clasificación para la Copa de la Reina, donde el equipo fue eliminado en los octavos de final.

    En la temporada 2010/11, el Sevilla FC terminó cuarto en el grupo C, igualmente compuesto por siete equipos, y en la segunda fase finalizó en la quinta posición del mismo grupo. Para la campaña 2011/12, el formato de la competición cambió a un grupo único de 18 equipos, un contexto en el que el Sevilla no logró mantener la categoría y descendió a Segunda División.

    Lejos de abandonar el proyecto, Ángela Sosa tuvo un papel destacado en la temporada 2011/12 con el objetivo de regresar a la máxima categoría.

    El 13 de mayo de 2012 protagonizó uno de los momentos más recordados de aquella etapa al marcar un gol olímpico en el campo del Oiartzun y, en el partido decisivo del curso, asumió la responsabilidad de lanzar y convertir un penalti, a pesar de su juventud, contribuyendo de forma decisiva al regreso del equipo a Primera División.

    En la temporada 2012/13, el Sevilla FC logró mantener la categoría tras finalizar la liga en la duodécima posición. Ángela Sosa fue una de las futbolistas más destacadas del equipo, participando en 23 encuentros y anotando tres goles, consolidándose como una pieza importante en el centro del campo sevillista.

    El 1 de agosto de 2013, con apenas 20 años, Sosa alcanzó un acuerdo para incorporarse al Sporting de Huelva, denominado esa temporada Fundación Cajasol por motivos de patrocinio.

    El club onubense resaltó en su comunicado oficial su notable capacidad para la creación de juego, su calidad técnica y su excelente golpeo de balón. La campaña resultó muy positiva tanto a nivel colectivo como individual: Sosa contribuyó con nueve goles y ayudó al equipo a clasificarse para la Copa de la Reina. Su rendimiento le valió además ser una de las tres futbolistas nominadas en su demarcación en el Fútbol Draft, y diversos medios de comunicación la señalaron como una de las piezas clave del éxito del conjunto.

    En la temporada siguiente dio el salto al Atlético de Madrid, con un traspaso que se hizo oficial el 25 de julio de 2014.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Debutó con el conjunto rojiblanco el 7 de septiembre de 2014 en un empate sin goles frente al Rayo Vallecano. Su primer gol llegó el 4 de noviembre de ese mismo año, en la victoria por 3-1 ante la Fundación Albacete.

    (Fuente: Laliga)

    El 26 de abril de 2015, el Atlético de Madrid logró por primera vez en su historia la clasificación para la Liga de Campeones Femenina de la UEFA al finalizar la liga en segunda posición. En la Copa de la Reina, el equipo fue eliminado en semifinales por el Sporting de Huelva, antiguo club de Sosa. A lo largo de esa temporada, Ángela Sosa y Silvia Meseguer fueron las únicas futbolistas que disputaron la totalidad de los partidos de liga, reflejo de su importancia y regularidad dentro del equipo.

    Ángela Sosa destaca por su visión de juego y excelente precisión de pase, con un índice estimado alrededor del 87 %, lo que la convierte en una gestora ideal de la posesión. Domina tanto los pases cortos que rompen líneas como los que llegan al área rival con criterio .
    Tiene una gran capacidad para regatear en espacios reducidos, con agilidad, control y dominio del balón muy superiores (scores también cercanos a 86–88 según métricas proxy). Es difícil de despojar y capaz de crear ventaja en duelos uno a uno.
    Su capacidad física es una de las áreas más débiles: carece de fortaleza en duelos físicos y presenta puntuaciones bajas en saltos o juegos aéreos (aproximadamente 47 en precisión de cabeza). Esto se hace especialmente notorio en centros al área o despejes de balón parado.
    Desde su llegada al Levante U.D. en julio de 2023, asumió el papel de referente del centro del campo y capitana. Adaptó rápidamente sus cualidades técnicas al sistema del Levante, encajando como creadora desde el primer momento y demostrando confianza y liderazgo .

    (Fuente: Laliga)

    En el centro del campo es ideal para equipos que priorizan la posesión, el control del ritmo y la creación desde líneas intermedias. Su liderazgo y lectura de juego la convierten en una pieza clave de valor intangible dentro de cualquier plantilla. Sin embargo, su menor fortaleza física y baja capacidad aérea suponen limitaciones tácticas en ciertos contextos.

    (Fuente: Laliga)

    Ángela Sosa destaca por su visión de juego y excelente precisión de pase, con un índice estimado alrededor del 87 %, lo que la convierte en una gestora ideal de la posesión. Domina tanto los pases cortos que rompen líneas como los que llegan al área rival con criterio .

    (Fuente: Getty imágenes)


    Tiene una gran capacidad para regatear en espacios reducidos, con agilidad, control y dominio del balón muy superiores (scores también cercanos a 86–88 según métricas proxy).

    (Fuente: Getty imágenes)

    Es difícil de despojar y capaz de crear ventaja en duelos uno a uno.
    Su capacidad física es una de las áreas más débiles: carece de fortaleza en duelos físicos y presenta puntuaciones bajas en saltos o juegos aéreos (aproximadamente 47 en precisión de cabeza). Esto se hace especialmente notorio en centros al área o despejes de balón parado.
    Desde su llegada al Levante U.D. en julio de 2023, asumió el papel de referente del centro del campo y capitana. Adaptó rápidamente sus cualidades técnicas al sistema del Levante, encajando como creadora desde el primer momento y demostrando confianza y liderazgo.

    En el centro del campo es ideal para equipos que priorizan la posesión, el control del ritmo y la creación desde líneas intermedias. Su liderazgo y lectura de juego la convierten en una pieza clave de valor intangible dentro de cualquier plantilla. Sin embargo, su menor fortaleza física y baja capacidad aérea suponen limitaciones tácticas en ciertos contextos.

    (Fuente: Getty imágenes)

    La temporada 2024/2025 fue el reflejo de esa recuperación total. Disputó 21 partidos en Liga F, anotando un gol y repartiendo dos asistencias, consolidándose nuevamente como jugadora de confianza en los momentos clave. Su experiencia en el Levante permitió al equipo mantener un nivel competitivo alto, a pesar de las dificultades, y su presencia en el campo ofreció un ejemplo de liderazgo silencioso y determinante, recordando que el fútbol femenino, más allá del talento, requiere sacrificio, consistencia y compromiso.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Finalmente, la temporada 2025/2026 marcó un nuevo capítulo en la carrera de Ángela Sosa, con su traspaso al Madrid CFF. Su incorporación fue recibida como un refuerzo clave para el club madrileño, que busca consolidarse entre los equipos de la parte alta de la clasificación.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Desde el inicio, Sosa ha sido titular indiscutible, participando en cinco partidos y anotando un gol. Su rol en el equipo vuelve a tener pinceladas de liderazgo, aportando experiencia, control del juego y capacidad para desequilibrar en zona ofensiva. Con contrato hasta junio de 2026, su llegada simboliza no solo un paso importante en su carrera, sino también una inyección de calidad y madurez para un proyecto que aspira a consolidarse en la élite de la Liga F.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Más allá de las estadísticas, Ángela Sosa representa una generación de futbolistas que ha vivido la transformación del fútbol femenino español: desde canteras humildes y competiciones irregulares hasta estadios llenos, reconocimiento internacional y un nivel profesional consolidado. Su trayectoria es un ejemplo de constancia, talento y resiliencia, y su influencia trasciende los goles y las asistencias. Es el reflejo de cómo el esfuerzo, la disciplina y la pasión por el fútbol pueden convertir a una futbolista en referente dentro y fuera del campo, dejando una huella imborrable en la historia de la Liga F y en la memoria de todos los aficionados al fútbol femenino en España.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Ángela Sosa debutó con la Selección Española sub-17 el 21 de octubre de 2008, en la victoria frente a Croacia durante la fase de clasificación del Campeonato Europeo. En esta categoría disputó un total de tres partidos.

    A pesar de su destacado rendimiento con el Atlético de Madrid, su ausencia en las convocatorias de la selección absoluta fue objeto de debate entre varios especialistas en fútbol femenino. Finalmente, Sosa debutó con la Selección Absoluta el 8 de noviembre de 2018 en un amistoso contra Polonia, que España ganó 3-1.

    El 20 de mayo de 2019, Jorge Vilda anunció la lista de convocadas para el Mundial, en la que Sosa no fue incluida, una decisión que generó numerosas críticas por parte de la prensa deportiva. Tras el Mundial, fue convocada en agosto para un partido amistoso tras la baja por lesión de una compañera, pero tuvo que renunciar debido a una cirugía menor que ya tenía programada.

    Su primer partido oficial con la selección absoluta llegó el 8 de octubre de 2019, en la victoria por 1-5 ante la República Checa, en la segunda jornada de clasificación para la Eurocopa 2021, entrando como suplente en el minuto 71.

    Y es que Ángela Sosa no necesita presentación: campeona de Liga F con el Atlético de Madrid, vencedora de la Supercopa de España y medallista en competiciones nacionales, además de haber sido una pieza clave en la selección española desde la sub-17 hasta la absoluta. Su recorrido deja claro que hablamos de una mediocentro de talla internacional, capaz de marcar diferencias en cualquier terreno de juego.

    Desde “El Partido de Manu” podemos confirmar que, pese a los vaivenes de su carrera, la exjugadora del Betis aún tiene mucho fútbol en sus botas. Tanto es así que el Madrid CFF estaría valorando seriamente ofrecerle una renovación por un año más, siempre que ambas partes lo consideren oportuno.

    Porque Ángela Sosa no solo acumula títulos y experiencia: sigue siendo un referente dentro y fuera del campo, y su pasión por el juego sigue intacta. Y eso, amigos, es lo que marca la diferencia entre una carrera brillante y una leyenda viva del fútbol femenino español.

    (Fuente: Getty imágenes)
  • Oficial Athenea del Castillo coge el testigo de Jenni Hermoso

    (Fuente: Getty imágenes)

    🟧 La delantera blanca despedirá el 2025 dando las campanadas, algo que ya hizo exjugadora del Pachuca en el 2023.

    La internacional española y campeona del mundo será la gran protagonista de la Nochevieja cántabra desde la Colegiata de Santillana del Mar

    Athenea del Castillo Beivide (Solares, Cantabria; 24 de octubre de 2000), futbolista internacional española y actual delantera del Real Madrid Club de Fútbol, será la encargada de dar las Campanadas de Fin de Año 2025 en Cantabria Televisión, junto al presentador Adrián Fernández. La emisión supondrá un nuevo hito tanto para la cadena autonómica como para el deporte femenino cántabro.

    La jugadora se convierte así en la primera futbolista cántabra campeona del mundo que protagoniza este tradicional evento televisivo para despedir el año desde su tierra. Con esta elección, Cantabria Televisión refuerza su apuesta por referentes deportivos y sociales que representan los valores de esfuerzo, igualdad y orgullo regional.

    retransmisión de las Campanadas alcanza este año su undécima edición, consolidándose como una de las citas televisivas más emblemáticas de la comunidad. Al igual que en ediciones anteriores, el evento se celebrará en un enclave patrimonial de primer nivel: la Colegiata Románica de Santillana del Mar, uno de los monumentos más reconocidos y visitados de Cantabria.

    Athenea del Castillo se suma así a una destacada lista de protagonistas que han marcado anteriores Nocheviejas en la cadena, entre los que figuran Lidia Ruiz Salmón, Paz Herrera, Nando Agüeros, los Hermanos Cossío, el elenco de la serie “Cuando el Río Suena”, Agustín Molleda, Jorge Pérez y Alicia Peña, Javier Castillo “Poty”, el cantante Raúl Fuentes o la actriz Teresa Gareche.

    Nacida en Solares, Athenea creció entre su localidad natal y el Barrio Pesquero de Santander. Desde los 11 años comenzó a jugar al fútbol en la Sociedad Deportiva Reocín, bajo las diferentes denominaciones del club, incluida su etapa asociada al Real Racing Club de Santander.

    Su debut en la Primera División femenina se produjo el 8 de septiembre de 2019 frente al Espanyol con el Deportivo Abanca, y su primer gol en la élite llegó el 19 de enero de 2020.

    Muy pronto fue reconocida como una de las grandes promesas del fútbol español, junto a su compañera Teresa Abelleira, convirtiéndose ambas en referentes del conjunto gallego.

    Tras una primera temporada brillante, en la que el equipo finalizó en cuarta posición, Athenea vivió un curso más complicado que culminó con el descenso del Deportivo Abanca. Al término de su contrato firmó por el Real Madrid Club de Fútbol, con el que dio el salto definitivo al fútbol europeo de primer nivel y a la Liga de Campeones.

    Athenea debutó con la selección española absoluta el 23 de octubre de 2020. En las eliminatorias para el Mundial de 2023 disputó seis partidos y anotó un gol, siendo autora del tercer tanto en la contundente victoria por 7-0 frente a Hungría.

    En la Copa Mundial de Australia y Nueva Zelanda fue titular en la victoria ante Costa Rica, formando parte del histórico equipo que se proclamó Campeón del Mundo, un logro sin precedentes para el fútbol femenino español y, en su caso, también para el deporte cántabro.

    La retransmisión de las Campanadas comenzará alrededor de las 23:45 horas, y podrá seguirse a través de la TDT, Facebook y YouTube de Cantabria Televisión. El evento será la antesala del programa especial de Año Nuevo, con el que la cadena celebrará su 18º aniversario, recordando a los artistas y grupos que han participado en sus tradicionales galas musicales con una selección de las mejores actuaciones.

    Athenea del Castillo recoge así el testigo de Jenni Hermoso, gran protagonista de las Campanadas de 2023-2024 en La 1 de RTVE junto a Ramón García y la cantante Ana Mena. Aquella aparición lanzó un mensaje claro de igualdad y visibilidad, y la elección de Athenea para despedir el año en Cantabria continúa esa misma línea.

    Su presencia en una cita tan simbólica confirma que el fútbol femenino sigue ganando espacio en la vida cotidiana, en la cultura popular y en los grandes eventos televisivos, reflejando una realidad social en constante avance.

    (Fuente: Getty imágenes)
  • Oficial | Sevilla inmortaliza a Olga Carmona dando su nombre al Centro Deportivo de Sevilla Este en un emotivo homenaje a la campeona del mundo

    (Fuente: Netflix)

    🟧 La ciudad de Sevilla ha querido dejar una huella permanente en su geografía deportiva dedicando el Centro Deportivo de Sevilla Este a Olga Carmona, campeona del mundo con la selección española y referente internacional del fútbol femenino, en un acto cargado de simbolismo, memoria y compromiso con la igualdad en el deporte.

    Sevilla ha escrito este lunes una nueva página en su historia deportiva con la dedicación oficial del Centro Deportivo de Sevilla Este a Olga Carmona, futbolista sevillana, campeona del mundo en 2023 y autora del gol que cambió para siempre la historia del fútbol femenino español.

    Desde hoy, viernes, 26 de diciembre de 2025, una de las instalaciones municipales más importantes de la capital andaluza llevará el nombre de una deportista que encarna el esfuerzo, el talento y la ambición de toda una generación.

    (Fuente: RFEF)

    El acto institucional, celebrado en las propias instalaciones del complejo deportivo, reunió a representantes del Ayuntamiento de Sevilla, autoridades deportivas, familiares, amigos, vecinas y vecinos del distrito, así como a numerosas niñas y niños de escuelas deportivas municipales. Todos ellos fueron testigos de un homenaje que trasciende lo simbólico y que consolida a Olga Carmona como una figura ya inseparable del patrimonio deportivo de la ciudad.

    (Fuente: UEFA)

    Durante su intervención, el Ayuntamiento subrayó que la rotulación del recinto como Centro Deportivo Municipal Olga Carmona responde a “un reconocimiento justo y necesario” a una deportista que ha llevado el nombre de Sevilla a la cima del deporte mundial. “Olga representa los valores del deporte sevillano: trabajo, humildad, compromiso y valentía. Su historia es también la historia de muchas niñas que hoy sueñan con ser futbolistas”, señalaron desde el Consistorio.

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    La decisión de dedicar un espacio público de estas características a una mujer deportista fue destacada como un paso firme en la visibilización del deporte femenino y en la creación de referentes reales para las nuevas generaciones. En este sentido, las autoridades municipales incidieron en que “los nombres que ocupan nuestros espacios públicos construyen memoria colectiva y transmiten valores”, y que el de Olga Carmona simboliza un presente y un futuro más igualitario.

    (Fuente: Liga F(

    Visiblemente emocionada, Olga Carmona tomó la palabra para agradecer un homenaje que definió como “uno de los mayores honores de su vida”. “Que un centro deportivo de mi barrio, de mi ciudad, lleve mi nombre es algo que nunca imaginé. Aquí se forman sueños, se aprende a competir y a compartir, y ojalá muchas niñas y niños que entren por estas puertas crean que pueden llegar tan lejos como se propongan”, expresó la futbolista, arrancando un largo aplauso del público.

    (Fuente: Real Madrid)

    Carmona quiso acordarse especialmente de su familia, de sus entrenadores de base y de todas las personas que la acompañaron en sus primeros pasos en el fútbol, recordando que “nadie llega solo” y que el éxito es siempre el resultado de un trabajo colectivo. También lanzó un mensaje directo a las jóvenes deportistas: “Que nadie os diga que el fútbol no es para vosotras”.

    (Fuente: FIFA)

    El Centro Deportivo de Sevilla Este es una de las instalaciones municipales con mayor actividad de la ciudad, punto neurálgico del deporte base y del día a día de cientos de familias. Con campos de fútbol, pistas polideportivas y programas de formación deportiva, el complejo se convierte ahora en un espacio cargado de significado, asociado a una figura que ha hecho historia desde la humildad y el compromiso.

    (Fuente: Liga F)

    Olga Carmona, formada en el fútbol andaluz y consolidada como una de las mejores laterales izquierdas del panorama internacional, es campeona del mundo con la selección española y una de las futbolistas más reconocidas de su generación. Su gol en la final del Mundial de 2023 permanece ya en la memoria colectiva del deporte español, y su trayectoria continúa siendo ejemplo de constancia y excelencia.

    (Fuente: PSG)

    Con este gesto, Sevilla no solo rinde homenaje a una campeona del mundo, sino que reivindica el papel del deporte femenino como motor de transformación social. El nombre de Olga Carmona quedará así ligado para siempre a un espacio donde se cultivan valores, se forjan ilusiones y se construye el futuro del deporte sevillano.

  • Reportaje | Lola Gallardo es un emblema del Atlético de Madrid

    (Fuente: Liga F)

    ⬛️ La arquera andaluza es campeona de la Liga de Campeones Femenina y capitanea a las rojiblancas.

    (Fuente; Getty imágenes)

    Lola Gallardo no se explica desde una estadística ni desde una alineación. A Lola Gallardo hay que contarla como se cuentan las historias que se quedan, las que atraviesan una época y la definen. Como se cuentan las leyendas que no siempre fueron perfectas, pero sí imprescindibles. La portera que gritó antes de que la escucharan. La capitana que sostuvo cuando tocaron tormentas. La mujer que eligió pelear incluso cuando sabía que podía perder.

    (Fuente: X)

    Hay futbolistas que pasan por los clubes y hay futbolistas que construyen clubes. Lola Gallardo pertenece a la segunda categoría. Y por eso, cuando se habla del Atlético de Madrid femenino, su nombre aparece sin necesidad de ser pronunciado. Está en el césped, en las placas, en los silencios antes de un penalti y en las manos levantadas después de una parada imposible.

    (Fuente: Liga F)

    Su historia empieza lejos de los focos, como casi todas las que acaban siendo grandes. En Mairena del Aljarafe, en campos donde el fútbol todavía no tenía apellido femenino y donde una niña se abría paso entre niños porque el balón no entendía de etiquetas. Lola no nació portera: se hizo. La portería fue una consecuencia, casi un accidente, una lesión ajena que la empujó bajo los palos. Y ahí apareció algo que ya no se fue nunca: la personalidad. El mando. La voz. Ese desparpajo que no se entrena y que convierte a una jugadora en referencia.

    El Sevilla fue el siguiente paso lógico, pero también un aprendizaje duro. Aquel fútbol femenino aún estaba en construcción, y Lola creció a la vez que crecía la competición. Descensos, cambios de formato, ascensos forzados, Superligas ampliadas… Todo era inestable salvo ella. Mientras el entorno se movía, Lola se afirmaba. Tanto que ya entonces empezó a ser señalada como promesa. Y casi sin darse cuenta, dejó de serlo.

    El salto al Sporting de Huelva fue breve pero formativo. Una temporada para curtirse, para medir lo que significaba sostener un equipo desde atrás, para entender que una portera vive expuesta y que cada error pesa el doble. Encajó goles, sí. Pero también aprendió a levantarse. Y ese aprendizaje fue clave para lo que vino después.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Porque el Atlético de Madrid no fue solo un fichaje. Fue un encuentro. Un lugar donde su carácter encontró espejo. Un club que estaba empezando a creerse grande en el fútbol femenino y una portera dispuesta a empujar ese crecimiento. Desde su debut, Lola fue algo más que una guardameta. Fue liderazgo, continuidad, identidad.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Las primeras temporadas fueron de construcción. Terceros puestos, eliminaciones duras, pasos que parecían pequeños pero que estaban levantando cimientos. Mientras tanto, Lola crecía. En rendimiento, en jerarquía, en voz. Hasta convertirse en capitana. Y ahí el relato cambia.

    (Fuente: RFEF)

    Porque el Atlético campeón no se entiende sin ella. Las ligas llegaron. Tres. Cada una distinta. Cada una con su propio peso emocional. La primera, como una ruptura con la historia. La confirmación de que aquello ya no era un proyecto, sino una realidad. La segunda, como la consolidación. La tercera, como la resistencia frente a un Barcelona cada vez más poderoso.

    (Fuente: Liga Iberdrola)

    En todas estuvo Lola. Parando, mandando, sosteniendo. Siendo la última cuando tocaba sufrir y la primera en celebrar cuando se ganaba. También perdiendo finales. También equivocándose. Como aquella Copa de la Reina ante la Real Sociedad. El error. El perdón público. El golpe emocional. Y la respuesta del vestuario. Amanda Sampedro diciendo lo que el Atlético ya sabía: que Lola Gallardo era emblema y memoria. Que había regalado ligas. Que nadie podía borrar eso.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    La llegada de Sari van Veenendaal fue una prueba más. Competencia directa. Alternancia. Champions para una, liga para otra. Una lesión inoportuna. La pandemia. El parón. El subcampeonato. Y finalmente, la despedida. Ocho temporadas después, Lola salía del Atlético dejando una huella tan grande que el club decidió fijarla en piedra. Una placa. Un paseo. Un reconocimiento que no se concede a cualquiera.

    (Fuente: Laliga )

    Lyon fue el premio y también la frustración. Campeona de Europa, sí. Pero desde la sombra. Con pocos minutos. Con la sensación de que aquello no era hogar. Y Lola volvió. Porque hay regresos que no son retrocesos, sino reafirmaciones. El Atlético volvió a ser su sitio.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El segundo ciclo fue distinto. Más maduro. Más complejo. Alternancias con Lindahl. Derrotas durísimas. Aquella final de Supercopa perdida 7-0 que marcó un punto de inflexión. A partir de ahí, Lola volvió a hacerse gigante. Titular indiscutible. Capitán con galones heredados. Referente en un equipo que buscaba reencontrarse.

    Y llegó la Copa de la Reina de 2023. Butarque. El Real Madrid. Un 2-0 en contra. El tiempo que se acaba. La remontada. Los penaltis. Dos paradas. Dos. Y la imagen de Lola celebrando como se celebran las redenciones. No por revancha, sino por justicia emocional. Porque el fútbol también sabe devolver lo que quita.

    La temporada 2023-24 fue la del Zamora. La de la regularidad. La de sostener cuando el equipo se deshacía. Cambio de entrenador. Racha final. Clasificación para Champions. Mejor jugadora del mes. Y otra vez Lola, apareciendo cuando el relato podía romperse.

    (Fuente: Getty imágenes)

    En la 2024-2025 siguió siendo lo que siempre fue: fiabilidad. Quince porterías a cero. Segunda mejor portera del campeonato. Otra final de Copa. Otra clasificación europea. No todo se gana, pero todo se pelea.

    Y en paralelo, la selección. El conflicto. La negativa. El no cuando era más fácil decir sí. Lola fue una de las que se plantó. De las que entendió que había batallas que iban más allá de un torneo. De las que asumió el coste personal. No estuvo en el Mundial que España ganó, pero estuvo en el cambio que lo hizo posible. Y eso también es legado.

    Porque ser leyenda no es solo levantar trofeos. Es sostener valores. Es poner el cuerpo cuando tiembla el sistema. Es elegir la dignidad aunque duela. Lola Gallardo hizo eso. Y lo pagó. Y lo volvería a hacer.

    Hoy, cuando el Atlético de Madrid femenino sale al campo, hay algo de Lola en cada portera que grita, en cada defensa que confía, en cada niña que se pone los guantes sin pedir permiso. Su historia no es perfecta. Por suerte. Es humana. Llena de caídas, de regresos, de decisiones difíciles.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Por eso Lola Gallardo no es solo una gran portera. Es una era. Una forma de estar. Una manera de entender el Atlético. Y cuando algún día no esté bajo los palos, seguirá estando. En la memoria. En la identidad. En ese lugar donde viven las leyendas que no se discuten.

    Hay algo en la portería que define a quienes la habitan. Es un lugar de soledad y de exposición, donde no existe el refugio del grupo cuando llega el error. Lola entendió eso muy pronto. Por eso nunca fue una portera silenciosa. Gritó, ordenó, mandó. Se hizo visible. Y esa visibilidad fue también una forma de protección colectiva. Con ella, la defensa sabía que había alguien al mando. Que el equipo tenía columna vertebral.

    Su liderazgo nunca fue impostado. No nació de un brazalete, sino de la coherencia. Lola lideró cuando era joven y cuando fue veterana. Lideró en la victoria y, sobre todo, en la derrota. En los días en los que el Atlético celebraba títulos, pero también en aquellos en los que parecía quedarse a medio camino de todo. Ahí fue donde más se la necesitó. Y ahí apareció.

    El Atlético de Madrid femenino ha vivido muchas transformaciones en poco tiempo. De equipo emergente a campeón, de alternativa a referencia, de proyecto ilusionante a club obligado a competir con gigantes estructurales. En todas esas fases, Lola fue un hilo conductor. Cambiaron entrenadores, compañeras, sistemas y objetivos. Ella permaneció. Y cuando se fue, dolió. Y cuando volvió, el club se reconoció a sí mismo.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Hay futbolistas que representan una idea táctica. Otras, una época de éxito. Lola Gallardo representa una identidad. La del esfuerzo sostenido. La de la resistencia frente a contextos adversos. La de la competitividad sin estridencias. Nunca fue la más mediática. Nunca necesitó serlo. Su prestigio se construyó desde la fiabilidad. Desde la constancia. Desde la sensación de seguridad que solo transmiten las grandes porteras.

    En los momentos clave, su figura se agrandó. En eliminatorias europeas, en finales de Copa, en partidos decisivos por la Liga de Campeones. Incluso cuando el Atlético cayó en rondas previas o se quedó a las puertas, Lola fue una de las razones por las que estuvo ahí. Porque para competir contra los mejores, necesitas una portera que te mantenga con vida. Y ella lo hizo durante más de una década.

    También fue puente entre generaciones. Compartió vestuario con las pioneras y con las nuevas referentes. Vio crecer a futbolistas jóvenes y asumió el rol de guía sin paternalismo. Enseñando desde el ejemplo. Desde la exigencia diaria. Desde la normalidad del trabajo bien hecho.

    Y fuera del campo, Lola entendió pronto que el fútbol femenino no se limitaba a lo que ocurría los domingos. Que había una responsabilidad añadida. Cuando llegó el conflicto con la selección, eligió el camino más incómodo. No el más popular. No el más rentable. Eligió el que creía justo. Y lo hizo sabiendo que podía costarle torneos, visibilidad, reconocimiento. Lo hizo igual.

    España ganó un Mundial sin ella en el campo, pero no sin su lucha. Sin la de todas. Y la historia, con el tiempo, pondrá cada cosa en su sitio. Porque hay victorias que no se celebran con medallas, pero cambian estructuras enteras. Y Lola Gallardo fue parte activa de ese cambio.

    Su carrera, vista en conjunto, es un relato de coherencia. De alguien que nunca traicionó lo que era. Que se fue cuando sintió que debía irse. Que volvió cuando supo que su lugar seguía estando ahí. Que aceptó la competencia sin dramatismos. Que entendió su rol en cada etapa. Y que nunca dejó de rendir.

    Por eso, cuando se habla de leyendas rojiblancas, su nombre no necesita debate. Está en las cifras, sí: ligas, copas, Zamoras, partidos, porterías a cero. Pero sobre todo está en el recuerdo colectivo. En esa sensación de tranquilidad cuando el rival se plantaba solo. En esa imagen de brazos abiertos organizando una defensa. En esa mirada fija antes de un penalti decisivo.

    Lola Gallardo es parte del crecimiento del fútbol femenino español. Parte del Atlético de Madrid moderno. Parte de una generación que empujó para que las cosas fueran mejores, aunque no siempre lo pareciera. Y eso no se mide en títulos. Se mide en legado.

    Algún día, cuando otras porterías se ocupen y otros nombres llenen las crónicas, alguien preguntará quién fue Lola Gallardo. Y la respuesta no será corta. Porque no se puede resumir una historia así en una frase. Habrá que contarla despacio. Como se cuentan las historias importantes.

    Porque al final, cuando todo se ha contado, cuando las fechas se confunden y los títulos se ordenan en vitrinas, lo único que permanece es la huella. Y la de Lola Gallardo no es una huella cualquiera: es una marca profunda, grabada en la historia del Atlético de Madrid y en la evolución misma del fútbol femenino español.

    Hablar de Lola Gallardo es hablar de tiempo. De resistencia. De permanecer cuando otros pasan. De sostener cuando todo tiembla. De estar cuando el relato aún no era grande y seguir estando cuando ya lo era. Porque Lola no llegó a un Atlético campeón: ayudó a construirlo. Y eso la convierte en leyenda.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Desde aquella niña que se puso los guantes casi por casualidad en Mairena del Aljarafe hasta la capitana que levantó títulos, sostuvo finales y paró penaltis decisivos, hay una línea invisible que no se rompe nunca: la convicción. Lola Gallardo nunca jugó a esconderse. Nunca fue una portera de perfil bajo. Mandó, gritó, ordenó, lideró. Asumió la responsabilidad de la portería como se asume una vocación, sabiendo que ahí no hay excusas ni refugios.

    Su carrera es también la historia del crecimiento del fútbol femenino en España. De campos secundarios a estadios llenos. De estructuras precarias a competiciones profesionales. Y en cada etapa, Lola estuvo. En el Sevilla que ascendía y descendía mientras ella aprendía a competir. En el Sporting de Huelva que le enseñó lo que significaba sobrevivir en Primera. Y, sobre todo, en el Atlético de Madrid que pasó de aspirante a campeón con ella bajo los palos.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Ocho temporadas en una primera etapa que ya es historia del club. Tres Ligas conquistadas —2016-17, 2017-18 y 2018-19— que cambiaron para siempre el estatus del Atlético femenino. Una Copa de la Reina en 2016 que rompió una barrera psicológica venciendo al Barcelona. Subcampeonatos, eliminaciones crueles, noches europeas durísimas. Y siempre Lola. Siempre ahí. Como segunda portera menos goleada, como tercera, como referencia constante. Como capitana.

    Su palmarés no se entiende sin contexto, pero impresiona incluso cuando se enumera:
    — 3 Ligas de Primera División con el Atlético de Madrid
    — 2 Copas de la Reina (2016 y 2023)
    — 1 Liga de Campeones de la UEFA con el Olympique de Lyon
    — Trofeo Zamora como portera menos goleada de la Liga F (2023-24)
    — Múltiples presencias en los onces de oro del Fútbol Draft
    — Más de 100 partidos oficiales con el Atlético de Madrid, reconocidos con placa propia en el Paseo de las Leyendas del Metropolitano.

    Pero reducir a Lola Gallardo a una lista sería injusto. Porque también están los días malos. El error en la final de Copa ante la Real Sociedad y el perdón público, sincero, humano. La competencia con Sari van Veenendaal. La lesión. La pandemia. La salida del club cuando aún tenía mucho que dar. El Lyon, la Champions ganada desde la sombra, la decisión de volver porque el éxito sin identidad no basta.

    Y están, sobre todo, las decisiones que no aparecen en los palmarés. El “no” a la selección cuando decir “sí” era lo fácil. La renuncia al Mundial que España ganó, no por falta de nivel, sino por coherencia. Por dignidad. Por pelear condiciones que hoy disfrutan otras. Lola Gallardo no levantó esa Copa del Mundo, pero ayudó a construir el camino que la hizo posible. Y eso también es ganar.

    Su regreso al Atlético fue una reafirmación. Volvió para competir, no para vivir del pasado. Alternó, sufrió derrotas durísimas, como aquella final de Supercopa perdida por 7-0 que marcó al equipo. Y respondió como responden las líderes: con rendimiento. Con regularidad. Con carácter. Recuperó la capitanía, sostuvo al equipo cuando se descomponía y volvió a levantar un título en 2023 parando dos penaltis en una final que parecía perdida. Ahí, en ese instante, se cerraba un círculo.

    Las últimas temporadas la confirmaron como lo que siempre fue: fiabilidad. Quince porterías a cero en una Liga. Segunda mejor portera del campeonato. Clasificaciones europeas agónicas. Un Atlético que cambiaba de entrenador, de discurso, de objetivos. Y Lola, otra vez, siendo el ancla.

    Por eso, cuando se habla de ella, no se habla solo de una portera. Se habla de una forma de entender el Atlético de Madrid. De competir sin alardes. De sufrir sin rendirse. De levantarse siempre. Lola Gallardo es parte del ADN rojiblanco moderno. Una figura que une generaciones, que explica por qué el Atlético femenino es lo que es hoy.

    El día que cuelgue los guantes —porque ese día llegará— su nombre no desaparecerá del vestuario. Estará en las charlas previas, en las niñas que se ponen los guantes por primera vez, en las porterías defendidas con rabia y orgullo. Estará en la memoria del club, que es el único lugar donde viven las leyendas de verdad.

    Porque hay futbolistas que ganan títulos. Y hay futbolistas que dejan algo más profundo: identidad, carácter, legado.
    Lola Gallardo pertenece a ese segundo grupo.

    Y por eso su historia no se cierra, se queda por siempre grabada en la memoria roja y blanca.

    (Fuente: Getty imágenes)