🟧 El conjunto merengue ya escogió esta combinación en el año 2012-2013.
El Real Madrid, Adidas y el regreso de un color que nunca se fue, así se podría anticipar la información que les desarrollaremos en los siguientes párrafos.
Hay colores que no se eligen, simplemente regresan y es que cuando el Real Madrid decide mirar atrás, no lo hace por nostalgia, sino por convicción. Porque solo los gigantes pueden permitirse caminar hacia el futuro sin renegar de su pasado. Y porque hay camisetas que no son tela, sino memoria. Historia. Identidad.
Según ha adelantado el portal especializado Footy Headlines, en Valdebebas ya se trabaja codo con codo con Adidas en la confección de las nuevas elásticas que vestirá el Real Madrid Club de Fútbol en la temporada 2026-2027, la primera del ciclo post-Mundial 2026 en categoría masculina.
Y entre los bocetos, las conversaciones y los archivos rescatados del pasado, emerge con fuerza un nombre propio, un tono, una declaración de intenciones: el verde oscuro.
Un verde profundo. Un verde con historia. Un verde que vuelve para recordar quién fue el Madrid… y quién está decidido a seguir siendo.
Cada uniforme del club blanco es un manifiesto silencioso, una pieza de museo en potencia, un relato cosido hilo a hilo con noches europeas, goles eternos y decisiones que trascienden lo estético para instalarse en lo simbólico. Por eso, cuando desde Alemania se filtra que Adidas prepara para la campaña 2026-2027 una equipación visitante verde oscuro, el ruido no es superficial: es estructural.
No se trata de una ocurrencia cromática.No es una moda pasajera. Es un regreso al pasado con mirada de futuro.
El tono, según la información publicada, respondería al nombre interno de “Aurora Ivy”, un verde elegante, sobrio, con profundidad histórica. Un color que Adidas ya ha utilizado en otras grandes entidades del fútbol europeo y que en el Real Madrid conecta directamente con una de las camisetas más recordadas del siglo XXI: la segunda equipación de la temporada 2012-2013.
Hablar del verde del Real Madrid es hablar inevitablemente del curso 2012-2013. Una temporada marcada por contrastes, por heridas abiertas y por una de las equipaciones más icónicas de la era moderna.
Aquel Madrid de José Mourinho, competitivo, feroz, inconformista, vestía de verde oscuro en Europa como quien se enfunda una armadura distinta para la batalla continental. Era el Madrid que mezclaba la experiencia de Cristiano Ronaldo con la explosión de Karim Benzema, el talento joven de Varane, la electricidad de Di María y la autoridad silenciosa de Xabi Alonso.
Fue el Madrid que cayó en semifinales de Champions ante el Borussia Dortmund de Klopp. Fue el Madrid que sufrió… pero dejó huella. Fue el Madrid que, incluso en la derrota, construyó identidad.
Aquella camiseta verde no fue una más. Fue ruptura, osadía, carácter. Y hoy, más de una década después, Adidas y el club parecen dispuestos a rescatar ese espíritu para una nueva era.
Dentro del universo de la marca alemana, existe una categoría reservada solo para unos pocos elegidos: los “clubes premium”. Entidades con peso histórico, impacto global y una capacidad única para marcar tendencia dentro y fuera del campo.
El Real Madrid está en la cúspide de ese selecto grupo dada su trayectoria en fútbol masculino, pues en el femenino se escapó el primer título en Butarque (2023) a manos del Atlético de Madrid con un gol antológico de Estefanía Banini, ahora en el Badalona.
Por eso no sorprende que el verde “Aurora Ivy” no se limite únicamente a la camiseta visitante. Según las mismas informaciones, detalles en verde podrían aparecer también en la equipación local del Madrid tras el Mundial de 2026, introduciendo una narrativa visual compartida entre ambos uniformes.
El blanco seguirá siendo blanco, pero el verde volverá a hablar en Valdebebas.
Aquí el relato adquiere una dimensión nueva. Y profundamente simbólica.
De confirmarse este diseño, la temporada 2026-2027 marcaría un hito silencioso pero histórico: sería la primera vez que el Real Madrid femenino vista una equipación verde oscuro.
Nunca antes el equipo femenino había utilizado una gama cromática de este tipo. No por falta de identidad, sino por una cuestión temporal. La última vez que el club apostó por ese verde fue en 2012-2013… ocho años antes de que Florentino Pérez decidiera dar el salto definitivo al fútbol femenino, integrando en 2020 al entonces Club Deportivo Tacón en la estructura del Real Madrid.
El verde, por tanto, no solo vuelve, sino que aterriza por primera vez en la Liga F Moeve.
Y lo hace para un equipo que ha crecido a velocidad de vértigo, que ya compite en Europa y que representa el futuro de una sección estratégica para el club. Un color histórico para una sección joven. Una herencia compartida.
Nada en el Real Madrid es casual. Y menos aún una camiseta.
En Valdebebas, corazón operativo del club, se diseña mucho más que fútbol. Se diseñan mensajes. Se construyen símbolos. Y allí, según las informaciones, Adidas y el club trabajan “mano a mano” en una equipación que verá la luz, si se cumplen los plazos habituales, en mayo de 2026.
Será entonces cuando el madridismo conozca oficialmente una camiseta que promete dividir opiniones, generar debate y, sobre todo, marcar el inicio emocional de una nueva temporada.
Porque en el Real Madrid, la camiseta no cierra un curso, sino qie abre un ciclo.
Desde Defensa Central apuntan que no habrá anuncio oficial antes de esa primavera de 2026. El club sabe manejar los tiempos. Sabe cuándo hablar. Y sabe, sobre todo, cuándo dejar que el silencio construya expectativa.
Porque cada filtración alimenta el relato. Cada imagen conceptual multiplica el impacto. Cada debate anticipado prepara el terreno.
El Real Madrid volverá a vestirse de verde. No para recordar lo que fue, sino para subrayar lo que nunca ha dejado de ser.
A lo largo de su historia, el club blanco ha entendido el poder del color como pocos. Porque cada desviación del blanco nuclear ha sido siempre un acto consciente, una ruptura medida, un gesto de autoridad. El verde, el negro, el morado, el rosa, el naranja o el rojo no han sido jamás caprichos: han sido declaraciones de intenciones.
El verde oscuro pertenece a esa estirpe y es color que impone. Que conecta con la noche europea. Que dialoga mejor con el silencio previo a un himno que con el ruido de una presentación comercial. Por eso, cuando el Real Madrid decide recuperarlo, lo hace sabiendo que activa un resorte emocional profundo en varias generaciones de aficionados.
El verde oscuro siempre ha sido, en el imaginario madridista, un tono continental. Un color asociado a los grandes desplazamientos, a los estadios históricos, a los partidos donde el escudo pesa más que la camiseta y donde el pasado empuja al presente.
En 2012-2013, aquella segunda equipación verde fue utilizada como uniforme de guerra. No buscaba gustar. Buscaba competir. Y en esa sobriedad encontró su fuerza.
Recuperarlo en la era post-Mundial 2026 no es casualidad. El fútbol europeo entra en una nueva fase: más global, más fragmentada, más exigente.
Y el Real Madrid, fiel a su ADN, responde con un símbolo que habla de jerarquía, de memoria y de continuidad.
Mundial de 2026 marcará un antes y un después en el fútbol moderno. Por formato, por impacto mediático y por la reconfiguración del calendario y del negocio global. Los grandes clubes ya trabajan pensando en ese punto de inflexión.
La temporada 2026-2027 no será una más. Será la primera campaña completa tras la Copa del Mundo, el inicio de un nuevo relato competitivo y comercial. Y en ese contexto, la camiseta adquiere un valor fundacional: es la primera imagen del futuro.
El verde “Aurora Ivy”, integrado como visitante y presente también en detalles de la local, funcionaría como hilo conductor de esa transición. Un color que une pasado y futuro. Una paleta que no rompe con el blanco, sino que lo acompaña, lo enmarca y lo realza.
Porque si hay algo que el Real Madrid ha construido con paciencia desde 2020 es una idea clara: una sola identidad, dos equipos, un mismo escudo. El masculino y el femenino no caminan en paralelo; caminan juntos.
Que el equipo femenino vista por primera vez una equipación verde oscuro no es un detalle menor. Es un acto de integración simbólica. Es decirle al mundo que toda la historia del club también les pertenece.
El verde no será un préstamo. Será una herencia.
Para una sección que ya ha vivido noches europeas, que ya ha disputado clásicos, que ya ha llenado estadios y que ya forma parte del relato competitivo del continente, vestir un color histórico supone entrar definitivamente en la sala de trofeos simbólica del club.
En una era donde las equipaciones se convierten en prendas urbanas, en objetos de moda y en símbolos culturales, el verde oscuro tiene una ventaja estratégica: es elegante, combinable y atemporal. Funciona en el estadio y fuera de él. En el césped y en la calle.
El Real Madrid lo sabe. Adidas lo sabe. Y el mercado global lo espera.
No es casual que otros colores “disruptivos” —como el rosa, el naranja o el rojo— hayan sido utilizados en los últimos años con enorme éxito comercial. El verde se suma a esa tradición, pero con un valor añadido: la memoria.
Todo apunta a mayo de 2026, como casi siempre en este tipo de temas .
Ese será el momento en que el club muestre al mundo su nueva piel. Cuando el misterio se convierta en imagen. Cuando el verde deje de ser concepto y pase a ser tela.
Hasta entonces, habrá meses de espera. De renders no oficiales. De debates en redes. De nostalgia y de proyección.
Pero el mensaje ya está ahí: el pasado vuelve porque el presente está preparado para sostenerlo.
⬛️ Macarena Portales y el Atlético de Madrid: una historia de amor que nació en la cuna, se curtió en el exilio y regresó para quedarse y jugar la Champions.
La historia de Amanda Sampedro dijimos que era puro sentimiento rojiblanco, lo de Macarena Portales pertenece a una dimensión todavía más profunda: la pasión heredada, la que no se aprende ni se negocia, la que simplemente se lleva dentro desde antes de entender qué es el fútbol.
Macarena Portales nació en Madrid el 2 de agosto de 1998, en una ciudad donde el balón marca rutinas y los colores se transmiten de generación en generación. En su caso, el rojo y el blanco fueron familia, barrio y cultura. El Atlético de Madrid no fue un club al que llegar más tarde: fue un punto de partida.
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Criada en Fuenlabrada, Maca comenzó jugando fútbol sala en Alcorcón y Móstoles. Aquellos pabellones, donde el balón corre más rápido que las ideas, moldearon su esencia futbolística: técnica, velocidad mental, descaro y valentía para encarar. Antes de aprender a correr la banda, aprendió a pensar rápido.
Con solo 13 años, dio el salto al fútbol 7 y al fútbol 11 para integrarse en la cantera del Atlético de Madrid. Allí empezó a entender que vestir ese escudo significaba algo más que jugar bien: significaba competir cada día, respetar el esfuerzo y no rendirse nunca. Se formó como extrema, aprendió a jugar por ambos costados y absorbió una identidad que ya era suya.
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En 2013, se proclamó campeona de España sub-16 con la selección madrileña y recibió uno de los premios a mejor deportista de la Unión de Federaciones Deportivas Madrileñas. Era el primer gran aviso: Maca no solo sentía el fútbol, también estaba preparada para él.
Tras cinco años en el Atlético, en 2015 llegó una de las decisiones más complejas de su carrera: fichar por el Madrid CFF cuando este aún estaba en Segunda División y pese a todo la paisana de Fernando Torres, los dos nacieron en la misma localidad, aprendió el fútbol de la resistencia: partidos trabados, defensas cerradas, campos exigentes. Allí empezó a forjar carácter competitivo, a entender que el talento debía imponerse incluso cuando el contexto no acompañaba.
Ese aprendizaje le abrió las puertas del Fundación Albacete, donde debutó en Primera División. El salto a la élite fue inmediato y exigente. Maca se ganó minutos, confianza y continuidad, demostrando que podía competir al máximo nivel.
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La temporada siguiente jugó en el Zaragoza C. F. F., donde disputó 18 partidos de liga y marcó tres goles. Fue una etapa de consolidación, de crecimiento silencioso, de entender mejor los tiempos del juego y la importancia de cada acción.
En 2018, fichó por el Sevilla FC, un club donde su fútbol encontró un escaparate ideal. En Nervión destacaron su gran técnica, capacidad de desborde y velocidad, actuando desde ambos costados del ataque. Jugó 18 partidos y anotó un gol, pero, más allá de los números, dejó huella por su estilo reconocible y su atrevimiento constante.
Sevilla supuso una confirmación: Maca ya no era solo una promesa, era una futbolista de Primera División plenamente reconocible.
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Entre 2019 y 2021, Macarena Portales regresó al Madrid CFF, ya convertida en una jugadora madura, con recorrido y experiencia en la élite. Sin embargo, el contexto del fútbol femenino español todavía arrastraba desigualdades estructurales.
Afectada por la lista de compensación del convenio colectivo, Maca no podía fichar por otro club español sin que este indemnizara al Madrid CFF con 25.000 euros. Aquella situación, ajena al césped, condicionó su carrera y la obligó a mirar fuera y ahí entró la Serie A.
En 2021, Maca fichó por el Inter de Milán, convirtiéndose en una de las futbolistas españolas que buscaron en el extranjero la libertad que no encontraban en casa. En la Serie A italiana, disputó 16 partidos, adaptándose a otro ritmo, otro idioma y otra cultura futbolística.
Italia le dio perspectiva. Le permitió crecer lejos del ruido, reforzar su madurez y comprobar que su fútbol también era válido fuera de España. Aquella experiencia, breve pero intensa, la fortaleció mentalmente.
Su sueño de vestir la camiseta que habían defendido jugadoras como Priscila Borja, también con pasado en el Madrid CFF, le distanciaba de seguir los pasos de la brasileña Ludmila Da Silva, ahora en Estados Unidos, pero solo era una cuestión de percepción.
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De 2022 a 2024, Macarena Portales defendió la camiseta del Valencia C. F. y esa narrativa fue la de dos temporadas de estabilidad, de continuidad competitiva y de liderazgo silencioso. Maca se convirtió en una jugadora fiable, capaz de aportar equilibrio, profundidad y compromiso en contextos difíciles.
La ex del Madrid CFF no dejaba de crecer en territorio nacional y pese a su dilatada trayectoria aún era joven y sobre todo veloz, una cualidad difícil de encontrar en la Primera División Femenina.
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En Valencia consolidó su versión más completa: menos impulsiva, más inteligente, sin perder nunca el desborde que la definía.
En la temporada 2023-2024 fue seducida por el proyecto del Badalona y allí vestida de azul dio un gran salto a nivel cualitativo a las órdenes de Ferrán Cabello.
(Fuente: Liga F)
En el cuadro catalán aumentó sus prestaciones, pero sus números no se explicaban únicamente en goles o asistencias, sino en una suma constante de presencias, acciones repetidas, esfuerzos acumulados y decisiones tomadas en cada partido que, vistas en conjunto, dibujaban el retrato de una jugadora imprescindible. En Badalona, Maca no fue una cifra aislada en una estadística colectiva: fue una constante. Su temporada se construyó a base de partidos completos o casi completos, de titularidades reiteradas, de minutos sostenidos semana tras semana, de una presencia casi ininterrumpida en las convocatorias y de una confianza del cuerpo técnico que se tradujo en continuidad real, no simbólica.
Desde las primeras jornadas, su nombre apareció con regularidad en el once inicial, ocupando indistintamente cualquiera de los dos costados del ataque, lo que ya marcaba un primer dato relevante: la versatilidad. Maca acumuló números en forma de adaptabilidad, algo que no siempre se cuantifica en tablas estadísticas pero que define el valor real de una futbolista. Jugó abierta, jugó a pie natural y a pierna cambiada, apareció como extrema clásica y como interior exteriorizada, y en todos esos registros sostuvo un volumen alto de intervenciones ofensivas. Sus partidos se movieron en cifras constantes de centros intentados, de duelos uno contra uno buscados, de conducciones largas para estirar al equipo y de apoyos cortos para facilitar la salida limpia desde atrás.
En términos de participación ofensiva, Maca fue una de las jugadoras del Levante Badalona con mayor número de acciones decisivas previas al último pase. No siempre figuró como asistente directa, pero sí como origen. Sus números reales estuvieron en la secuencia: recibir, atraer, fijar al lateral y al extremo rival, soltar en ventaja y volver a ofrecer línea de pase. Esa repetición, jornada tras jornada, elevó su conteo de intervenciones útiles por partido y convirtió su banda en una zona de producción constante. Cada encuentro sumaba nuevas acciones al acumulado invisible de su temporada: desbordes que acababan en córner, centros forzados que generaban segundas jugadas, faltas provocadas en campo rival que permitían al equipo respirar y ordenarse.
(Fuente: Liga F Moeve)
En el apartado físico, los números de Maca se reflejaron en su capacidad para sostener esfuerzos largos. Sus partidos raramente se redujeron a apariciones puntuales. Acumuló tramos largos de juego sin sustitución, lo que habla de confianza, pero también de resistencia. Sus kilómetros recorridos por encuentro, especialmente en fase defensiva, la situaron entre las jugadoras exteriores más comprometidas del equipo. No fue una extrema desconectada del repliegue. Sumó números en retornos, en ayudas al lateral, en persecuciones largas cuando el bloque se veía obligado a correr hacia atrás. Esa suma silenciosa de esfuerzos construyó una temporada completa, no brillante en destellos aislados, pero sí sólida en continuidad.
En términos de goles, su aportación no se midió tanto en grandes cifras como en momentos concretos. Sus números anotadores fueron funcionales al equipo: goles que abrían partidos, que empataban encuentros o que consolidaban ventajas mínimas.
No acumuló estadísticas infladas, pero sí eficacia contextual. Cada tanto suyo tuvo peso específico dentro del relato de los partidos. A ello se añadieron cifras de disparos generados por partido, muchos de ellos tras conducción propia, otros tras llegadas al segundo palo, una de sus especialidades menos visibles pero más constantes.
(Fuente: Liga F)
En cuanto a asistencias, su temporada en Badalona dejó números que reflejan una verdad clara: Maca fue generadora más que ejecutora. Sus pases previos al gol, los llamados penúltimos pases, se repitieron con frecuencia. En más de una ocasión, su acción previa rompió líneas y permitió que la jugada terminara en gol aunque su nombre no apareciera en la estadística final. Ese tipo de números, que no siempre se registran oficialmente, definieron su impacto real. Fue una jugadora que sumó valor en cada posesión prolongada, en cada ataque posicional, en cada transición rápida donde su velocidad servía para ganar metros y tiempo.
Defensivamente, Maca acumuló cifras notables en robos en campo rival y en intercepciones en banda. No por volumen exagerado, sino por oportunidad. Sus robos solían producirse tras lectura, no tras choque, lo que indica inteligencia táctica.
Esa faceta elevó su conteo de recuperaciones útiles, aquellas que permiten atacar inmediatamente después. A lo largo de la temporada, ese número creció hasta convertirla en una de las exteriores más completas del equipo, capaz de sumar en ambas fases sin perder identidad ofensiva.
En cuanto a disciplina y fiabilidad, sus números fueron también elocuentes. Pocas sanciones, escasas ausencias por motivos no físicos, regularidad en entrenamientos y partidos. Su ratio de disponibilidad fue alto, un dato clave en una plantilla que necesitaba estabilidad. Cuando el Levante Badalona buscó continuidad, Maca fue uno de los nombres recurrentes. Ese número, el de la confianza, no aparece en ninguna tabla, pero se mide en alineaciones consecutivas y en minutos sostenidos.
La temporada también dejó cifras emocionales, aunque no se puedan medir con exactitud. El número de veces que pidió el balón en momentos difíciles, la cantidad de acciones que asumió cuando el equipo necesitaba oxígeno, los partidos en los que fue punto de apoyo para las más jóvenes. Esos números no se cuentan, pero se sienten. Y en Badalona, Maca fue una futbolista que acumuló presencia, peso y significado.
(Fuente: Liga F)
Su paso por el Levante Badalona puede resumirse en una idea numérica clara: suma. Suma partidos, suma minutos, suma acciones, suma soluciones. No fue una jugadora de estadísticas aisladas, sino de volumen sostenido. Cada jornada añadió una capa más a una temporada que, vista en frío, muestra una línea ascendente de confianza y rendimiento. Y vista en caliente, explica por qué su nombre volvió a aparecer en el radar del Atlético de Madrid.
Porque cuando se analizan los números de Maca en Badalona en versión texto, sin columnas ni gráficos, lo que aparece es el retrato de una futbolista completa, constante y preparada. Una jugadora que no necesitó cifras espectaculares para demostrar que estaba lista para volver. Que convirtió cada partido en una unidad de medida. Que transformó el acumulado de pequeños números en una gran cifra final: la de estar preparada para regresar a casa.
(Fuente: Liga F)
Macarena Portales volvió al Atlético de Madrid no como una niña de cantera, sino como una futbolista hecha, curtida, consciente de lo que significa vestir esa camiseta. Volvió con experiencia en España e Italia, con cicatrices deportivas y con la certeza de que su sitio siempre estuvo allí.
(Fuente: RFEF)
Su regreso es una historia de identidad, de resistencia y de justicia poética. Porque algunas futbolistas no llegan al Atlético: regresan.
Hoy, Maca representa la banda, el desborde, el sacrificio y la pasión. Representa a todas las que tuvieron que marcharse para poder volver. Y representa, sobre todo, una idea muy concreta del Atlético de Madrid: la de quienes nunca dejan de creer.
(Fuente: Liga F Moeve)
El final de una historia no siempre coincide con el último partido ni con el último fichaje. A veces el final verdadero es un punto de quietud, un instante en el que todo lo vivido adquiere sentido de golpe, como si cada paso anterior hubiera estado conduciendo exactamente a ese lugar. El regreso de Macarena Portales al Atlético de Madrid pertenece a esa categoría de finales que no cierran, sino que completan. No es un punto y aparte. Es una frase que por fin encuentra su verbo.
Porque para entender de verdad lo que significa que Maca vuelva al Atlético no basta con mirar la cronología de su carrera ni con repasar los clubes que marcaron su camino. Hay que entender el peso de lo recorrido, el desgaste acumulado, la suma de partidos jugados sin foco, la paciencia aprendida a base de no rendirse. Hay que comprender que hay futbolistas cuyo valor no se mide en picos de brillo inmediato, sino en trayectorias que resisten el tiempo. Y Macarena Portales es una de ellas.
Su regreso no responde a una necesidad puntual ni a una urgencia de mercado. Responde a una lógica profunda, casi inevitable. A la lógica de un club que reconoce a quienes han demostrado, lejos de casa, que entienden lo que significa competir cada semana. A la lógica de una futbolista que nunca dejó de ser atlética, incluso cuando el escudo que llevaba en el pecho era otro. Porque hay identidades que no se sustituyen: se ponen en pausa.
Durante años, Maca fue sumando partidos como quien va dejando señales en un camino largo. Cada temporada añadió una capa nueva a su juego. Cada contexto distinto le enseñó algo que luego reaparecería, silenciosamente, en su forma de competir. Aprendió a sobrevivir en estructuras precarias, a destacar sin protección, a sostener equipos desde la banda cuando el partido pedía pulmón más que aplauso. Aprendió que el fútbol no siempre devuelve lo que das de inmediato, pero que siempre acaba devolviéndolo si insistes lo suficiente.
En Badalona, esa insistencia alcanzó una forma definitiva. No porque fuera el lugar más visible ni el más cómodo, sino porque fue el escenario perfecto para demostrarlo todo sin decirlo. Allí, Maca convirtió cada partido en una declaración implícita. No levantó la voz, no exigió protagonismo, no reclamó titulares. Jugó. Jugó mucho. Jugó bien. Jugó siempre. Y en esa repetición constante se escondía el mensaje más poderoso: estaba preparada.
Preparada físicamente, porque sostuvo el esfuerzo sin caer. Preparada tácticamente, porque supo leer cada partido con una madurez que solo dan los años. Preparada mentalmente, porque no se desconectó cuando el contexto apretó. Y preparada emocionalmente, porque entendió que aquel tramo final de su camino no era un destino menor, sino una prueba definitiva. Badalona no fue una estación de paso. Fue un espejo.
(Fuente: Liga F Moeve)
Cuando el Atlético volvió a mirar su nombre, no vio nostalgia. Vio coherencia. Vio números que no gritaban, pero que se acumulaban con una solidez imposible de ignorar. Vio una futbolista que había aprendido a sumar sin restar, a competir sin reclamar, a sostener sin desaparecer. Vio a alguien que conocía la casa, pero que ya no necesitaba aprenderla. Porque el Atlético no se aprende dos veces. Se lleva dentro o no se lleva.
El regreso de Maca también habla de algo más grande que una carrera individual. Habla de una generación de futbolistas que crecieron en un fútbol que todavía no estaba preparado para ellas. De jugadoras que tuvieron que construir su camino sin garantías, sin estabilidad, sin la certeza de que el esfuerzo sería recompensado. Maca pertenece a esa generación intermedia, puente entre dos épocas. La que tuvo que irse para poder volver. La que entendió que el talento, sin constancia, no basta. Y que la constancia, sin identidad, tampoco.
(Fuente: Getty Imágenes)
Por eso su vuelta al Atlético tiene algo de reparación simbólica. No como ajuste de cuentas, sino como cierre natural. Como reconocimiento a una forma de estar en el fútbol que encaja perfectamente con la historia del club. El Atlético siempre ha sido el lugar de quienes no se rinden cuando el camino se empina. El lugar de quienes entienden que el orgullo no se negocia, que la camiseta pesa y que hay que estar dispuesto a sostenerla incluso cuando quema.
Maca vuelve sabiendo todo eso. Vuelve sin ingenuidad, pero sin perder la pasión. Vuelve con la serenidad de quien ya ha demostrado lo que tenía que demostrar. Vuelve para competir, para sumar, para estar. No vuelve a buscarse. Vuelve a ofrecerse.
Y en ese gesto hay algo profundamente épico. No una épica de grandes gestos, sino de coherencia vital. La épica de quien nunca dejó de creer, incluso cuando tuvo que seguir creyendo lejos. La épica de quien entendió que el camino largo también conduce a casa.
Porque hay historias que no necesitan un final feliz estridente. Les basta con llegar al lugar correcto. Y Macarena Portales, después de todo lo vivido, ha llegado exactamente ahí.
Y cuando una futbolista vuelve al lugar donde todo empezó, no lo hace para recuperar el tiempo perdido, porque el tiempo nunca se pierde cuando se vive de verdad. Lo hace para resignificarlo. Para darle sentido. Para mirar hacia atrás sin nostalgia y hacia delante sin miedo. El regreso de Macarena Portales al Atlético de Madrid es eso: una resignificación completa de su recorrido. No hay arrepentimiento en lo vivido, no hay atajos imaginados, no hay versiones alternativas de la historia. Hay aceptación, orgullo y una certeza madura de haber hecho lo que había que hacer para llegar hasta aquí con la cabeza alta.
Porque Maca no vuelve buscando protección. Vuelve ofreciendo fiabilidad. No vuelve para que le expliquen qué significa competir en un club exigente, porque lleva años haciéndolo en contextos donde cada partido era una reválida. Vuelve con el conocimiento íntimo de quien ha jugado sabiendo que el error se paga caro, que la titularidad no se regala y que el respeto se gana con continuidad. Y esa continuidad es, precisamente, la cifra más poderosa de su carrera.
Hay futbolistas cuya trayectoria se explica con picos. Apariciones fulgurantes, temporadas brillantes, momentos icónicos. La de Maca se explica con una línea larga y firme. Una línea que atraviesa clubes, ciudades, países y realidades distintas sin romperse. Esa línea está hecha de partidos jugados aunque el cuerpo doliera, de minutos asumidos cuando el contexto no acompañaba, de decisiones tomadas sin aplauso. Y esa línea, cuando se observa completa, conduce inevitablemente al mismo punto: el Atlético de Madrid.
(Fuente: Liga F Moeve)
El Atlético no es un club que entienda el fútbol como una suma de talentos aislados. Lo entiende como una estructura emocional, como un compromiso colectivo que se sostiene en el tiempo. Por eso hay regresos que encajan con naturalidad, sin necesidad de forzarlos. El de Maca es uno de ellos. Porque su manera de jugar, de competir y de sostenerse encaja con una idea muy concreta de lo que significa vestir esa camiseta. Una idea donde el esfuerzo no se negocia, donde la identidad se demuestra cada semana y donde el orgullo no se declama: se ejerce.
Cuando Maca pisa de nuevo el entorno rojiblanco, no lo hace con la ansiedad de quien siente que tiene que demostrarlo todo en el primer minuto. Lo hace con la serenidad de quien sabe que su carrera ya habla por ella. Sabe que cada entrenamiento es una oportunidad, no un juicio. Sabe que cada partido suma, no define. Esa calma es fruto de los años, de los viajes, de los contextos exigentes. Es fruto de haber entendido que el fútbol no siempre recompensa rápido, pero sí recompensa bien.
Su regreso también es una victoria silenciosa para todas las futbolistas que han recorrido caminos similares. Para las que se marcharon jóvenes sin saber si volverían. Para las que tuvieron que demostrar su valía una y otra vez en escenarios distintos. Para las que entendieron que el crecimiento no siempre es visible desde fuera. Maca vuelve llevando consigo esas historias, esas trayectorias paralelas, esa memoria colectiva de un fútbol femenino que se construyó a base de insistir.
(Fuente: “El Partido de Manu@)
Y hay algo profundamente atlético en eso. Porque el Atlético de Madrid siempre ha sido refugio de quienes creen cuando otros dudan. De quienes resisten cuando el contexto aprieta. De quienes entienden que la grandeza no siempre está en ganar fácil, sino en no rendirse nunca. Maca encarna esa idea sin necesidad de subrayarla. La encarna en su forma de correr la banda, en su manera de volver a defender cuando las piernas pesan, en su decisión de seguir ofreciéndose incluso cuando el balón no llega.
El cierre de esta historia no es un punto final, sino un punto de equilibrio. Un lugar donde todo lo vivido adquiere coherencia. Donde la niña de cantera y la futbolista adulta se reconocen sin conflicto. Donde el pasado no pesa como carga, sino como base. Maca vuelve sabiendo que no necesita repetir nada. Solo continuar.
Y eso, en el fondo, es lo más épico de todo. No el regreso en sí, sino la manera en que se produce. Sin ruido. Sin urgencia. Sin dramatismo. Con la naturalidad de quien ha recorrido el camino completo y puede, por fin, sentarse a jugar donde siempre quiso estar.
Porque hay historias que no necesitan ser exageradas para ser grandes. Les basta con ser honestas. Y la de Macarena Portales lo es. Honesta en su recorrido, honesta en sus números, honesta en su identidad. Una historia que no se explica con un instante, sino con una suma larga de momentos. Una historia que no termina, sino que se asienta.
Y mientras el Atlético sigue construyendo su presente y su futuro, Maca ya forma parte de ese relato. No como promesa, no como apuesta, sino como certeza. Como una futbolista que entiende el juego, el club y el significado profundo de vestir una camiseta que no se lleva solo sobre el pecho, sino dentro.
Porque al final, cuando se apagan los focos y se revisa el camino completo, lo que queda no son los titulares ni las cifras aisladas. Lo que queda es la coherencia. Y en esa coherencia, Macarena Portales ha encontrado su lugar definitivo.
(Fuente; Atlético de Madrid)
Y en ese punto exacto donde la coherencia se impone al ruido, donde el recorrido pesa más que el destello, aparece la dimensión más profunda del regreso de Macarena Portales al Atlético de Madrid: la de la pertenencia consciente. Porque no todas las futbolistas que vuelven lo hacen sabiendo exactamente quiénes son. Muchas regresan buscando algo que perdieron por el camino. Maca no. Maca vuelve sabiendo lo que ganó en cada etapa, incluso en aquellas que parecían alejarla del lugar al que ahora regresa. Vuelve con la claridad de quien ya no necesita preguntarse si este es su sitio, porque lo ha comprobado en ausencia.
El fútbol, cuando se vive durante tantos años en contextos cambiantes, enseña una lección que no aparece en los manuales: la identidad no se construye solo donde empiezas, sino también donde resistes. Y Maca resistió. Resistió en clubes donde el margen de error era mínimo. Resistió en temporadas donde la estabilidad era un lujo. Resistió en ligas donde cada partido exigía demostrar de nuevo lo que ya se había demostrado mil veces. Y en esa resistencia fue moldeando una versión de sí misma mucho más sólida que cualquier promesa temprana.
(Fuente: Liga F Moeve)
Por eso, cuando vuelve al Atlético, no trae consigo la ansiedad de quien quiere convencer, sino la serenidad de quien sabe que su juego ya convence por acumulación. Sus números no necesitan ser explicados con grandilocuencia porque se sostienen solos. No hay picos artificiales ni rachas que maquillen el recorrido. Hay temporadas completas, hay minutos de verdad, hay partidos jugados de principio a fin. Hay una fiabilidad que se ha convertido en su rasgo más reconocible.
En el Atlético, esa fiabilidad adquiere un valor especial. Porque es un club que exige presencia constante, que no se conforma con apariciones esporádicas, que necesita futbolistas dispuestas a sostener el esfuerzo incluso cuando el partido no invita al lucimiento. Maca encaja ahí porque ha aprendido a hacerlo. Porque sus números en Badalona, y antes en Valencia, en Italia, en cada estación de su camino, hablan de una jugadora que no desaparece cuando el contexto se vuelve incómodo. Al contrario: aparece más.
Hay algo casi invisible, pero profundamente determinante, en la manera en que Maca entiende el juego. No concibe la banda como un espacio aislado, sino como una arteria del equipo. Sabe cuándo debe estirar, cuándo debe cerrar, cuándo debe acelerar y cuándo debe frenar. Esa lectura, que se traduce en números de posicionamiento, de apoyos, de retornos y de intervenciones sin balón, es una de las razones por las que su regreso no es solo lógico, sino necesario. El Atlético no recupera solo una extrema. Recupera una futbolista que entiende el fútbol como un sistema interconectado.
(Fuente: Atlético de Madrid)
Y esa comprensión no surge de la nada. Surge de haber jugado en equipos con necesidades distintas, de haber sido solución en contextos diversos, de haber tenido que adaptarse sin perder identidad. Maca nunca dejó de ser la futbolista de banda con desborde y velocidad, pero aprendió a añadir capas a su juego. Aprendió a decidir mejor, a medir esfuerzos, a elegir momentos. Aprendió, en definitiva, a competir.
(Fuente: Atlético de Madrid)
Cuando se observa su trayectoria completa, se entiende que su regreso al Atlético no es un gesto romántico, sino un acto de madurez. No vuelve para reencontrarse con la niña que fue, sino para consolidar a la futbolista que es. Vuelve para aportar desde la experiencia, desde la lectura, desde la constancia. Vuelve sabiendo que el escudo pesa, pero también sabiendo que ella está preparada para sostener ese peso.
(Fuente: Liga F Moeve)
Y hay algo profundamente simbólico en ese gesto. Porque el Atlético de Madrid, históricamente, ha sido el lugar de quienes entienden el valor del esfuerzo prolongado. De quienes saben que las victorias más importantes no siempre son las más inmediatas. De quienes construyen desde abajo, desde la repetición, desde la convicción. Maca encaja en esa historia no porque haya nacido atlética —que lo hizo—, sino porque ha vivido como tal incluso cuando no vestía de rojiblanco.
(Fuente: Liga F)
Su regreso también redefine el concepto de éxito. No como una línea recta, sino como un recorrido coherente. No como una llegada temprana, sino como una permanencia merecida. Maca no vuelve porque el tiempo le haya dado la razón de forma automática. Vuelve porque nunca dejó de trabajar para que ese regreso tuviera sentido. Porque cada partido jugado lejos de casa fue una inversión. Porque cada temporada sumó algo que hoy la convierte en una futbolista más completa.
(Fuente: Liga F Moeve)
Y así, sin necesidad de proclamas, su historia se asienta como una de esas que explican mejor que ninguna qué significa el fútbol cuando se vive desde dentro. No como espectáculo puntual, sino como oficio, como vocación, como identidad. Maca no es una futbolista de relatos grandilocuentes, sino de trayectorias sólidas. Y esas trayectorias, cuando encuentran su punto de retorno, generan una épica distinta. Más silenciosa. Más profunda. Más duradera.
(Fuente: Atlético de Madrid)
El cierre de esta historia no necesita fuegos artificiales. Le basta con la imagen de una futbolista entrando al campo con la certeza de estar donde siempre quiso estar y donde siempre trabajó para estar. Le basta con la idea de continuidad. Con la sensación de que todo encaja. Con la convicción de que el camino largo también conduce a casa.
(Fuente: Liga F Moeve)
Porque al final, cuando se repasan los números, los partidos, las temporadas y los contextos, lo que queda es una verdad simple y poderosa: Macarena Portales nunca dejó de ser Atlético. Solo estaba completando el camino necesario para volver siéndolo de verdad.
(Fuente: Liga F Moeve)
Y ese regreso, construido paso a paso, partido a partido, es mucho más que un final. Es una afirmación. Una de esas que no se gritan, pero que resuenan durante mucho tiempo.
La temporada 2025‑2026 del Atlético de Madrid Femenino gira en torno a la recuperación de Giovana “Gio” Queiroz, cuya grave lesión sufrida el 17 de octubre en la derrota por 0‑1 ante el Manchester United obligó a cirugía y la deja fuera de combate durante gran parte del curso, mientras en el horizonte del fútbol femenino español se ciernen también los tiempos de baja de otra de las grandes figuras del fútbol mundial, Aitana Bonmatí. El regreso de Gio —probablemente entre febrero y marzo de 2026— será una pieza clave para las aspiraciones rojiblancas en Liga F y en Europa.
Giovana “Gio” Queiroz Costa Garbelini, internacional brasileña y referente ofensiva del Atlético de Madrid, vivió uno de los momentos más frustrantes de su carrera profesional cuando una dura entrada de la defensa Dominique Janssen, revisada tras acción del VAR, impactó sobre su pierna durante el choque de la segunda jornada de la Liga de Campeones Femenina ante el Manchester United, lo que derivó en una fractura transindesmal del peroné, justo por encima del tobillo, una de las lesiones más delicadas para un futbolista que basa su juego en la velocidad, la explosividad y el desequilibrio individual en carrera.
La confirmación de la lesión por parte del Atlético de Madrid supuso también la confirmación de una cirugía que se llevó a cabo en los días siguientes al partido y que puso el contador a cero para un largo período de recuperación y rehabilitación. Este tipo de fractura, que afecta la articulación entre tibia y peroné, suele requerir no solo la intervención quirúrgica para alinear correctamente los fragmentos óseos y asegurar la estabilidad de la sindesmosis, sino también una fase de rehabilitación estructurada que combina inmovilización inicial, terapia física, fortalecimiento muscular, trabajo propioceptivo y la progresiva reintegración a cargas más altas de entrenamiento.
Las estimaciones médicas, basadas en la evolución de lesiones similares y en el seguimiento de casos de alto rendimiento, sitúan el periodo de baja de Gio entre cuatro y cinco meses, que pueden incluso extenderse ligeramente si se prioriza la seguridad y el regreso sin riesgos de recaída. Si se contempla que la lesión se produjo el 17 de octubre de 2025, los plazos más optimistas de recuperación sitúan su vuelta a los entrenamientos entre finales de febrero y marzo de 2026 y su retorno a la competición oficial —con ritmo de partido completo— a partir de mediados o finales de marzo, siempre condicionado a la respuesta de su tobillo a la carga física y al trabajo intenso de readaptación.
Este escenario, realista y prudente, representa para el Atlético de Madrid un desafío tanto deportivo como humano. Gio no es solo una jugadora con cifras: es una pieza que aporta desequilibrio, ruptura de líneas rivales y una amenaza constante a la espalda de las defensas, cualidades que no se sustituyen fácilmente en el fútbol moderno. Su baja ha implicado replantear la estructura ofensiva del equipo, con la alternancia de alternativas como Synne Jensen o el reajuste táctico de Víctor Martín, con más presencia de combinaciones desde las bandas y un aumento del protagonismo de otras jugadoras del plantel en el frente de ataque.
A pesar de los esfuerzos colectivos por mantener el rendimiento, el vacío que deja Gio se nota en contextos de máxima exigencia: tanto en la Liga F Moeve como en el tramo inicial de la Champions League, donde la falta de una referencia ofensiva pura obliga a replanteamientos constantes de estrategia y a exprimir al máximo la versatilidad de las jugadoras disponibles. Este tipo de adaptación es inevitable cuando una pieza central del ataque se pierde por varios meses, y añade presión sobre los tiempos de recuperación y gestión de cargas para que el equipo pueda mantener su competitividad sin riesgo de lesiones secundarias por sobrecarga.
En el entorno del fútbol femenino español, este foco sobre Gio se contextualiza en un momento en el que muchos equipos lidian con desafíos físicos de sus figuras. El FC Barcelona, por ejemplo, atraviesa también una fase de ausencia prolongada de Aitana Bonmatí, la centrocampista catalana y tres veces Balón de Oro, quien sufrió una fractura de peroné en un entrenamiento con la selección española el 30 de noviembre de 2025, lo que la obligó a pasar por el quirófano y a asumir un proceso de recuperación estimado alrededor de cinco meses.
Aunque cada lesión y cada trayectoria de recuperación son únicas, los casos de Gio y Aitana comparten elementos técnicos y psicológicos: la necesidad de gestionar tiempos con prudencia médica, de equilibrar expectativas competitivas con la salud a largo plazo, y de mantener el ánimo competitivo ante adversidades que pueden definir el destino de una temporada entera. Bonmatí, en sus declaraciones recientes, ha expresado su intención de volver a jugar antes de que termine la temporada y ve su lesión como una oportunidad para “volver mejor”, con la mente enfocada en recuperar ritmo y contribuir al tramo final del calendario azulgrana.
Para Gio, el regreso entre febrero y marzo de 2026 es plausible desde un punto de vista clínico y deportivo, pero con matices: su vuelta a los entrenamientos colectivos dependerá de cómo responda a la progresión de cargas, su adaptación a cambios de ritmo, su confianza en el apoyo del tobillo y, fundamentalmente, de que no haya ninguna complicación que retrase su incorporación. Más allá del simple calendario, lo realmente decisivo será su capacidad para competir a pleno rendimiento sin miedo a una recaída, algo que los equipos médicos y técnicos del Atlético saben que puede marcar la diferencia entre un regreso funcional y un aporte determinante en partidos clave de Liga F o fases decisivas de la Champions.
(Fuente: Atlético de Madrid)
Este foco en la salud y el rendimiento va de la mano de una gestión cuidadosa del resto de la plantilla, que ha tenido que enfrentarse a otros contratiempos físicos durante el último tramo del año, pero ninguno tan trascendental como la ausencia de Gio o de una figura mundial como Aitana en otro gran club. La capacidad de resiliencia colectiva, la profundidad de banquillo y la capacidad de adaptación táctica son ahora factores en el centro de la narrativa futbolística de la temporada.
A medida que febrero de 2026 se acerque, el entorno atlético mirará con atención la evolución de la delantera brasileña en cada fase de recuperación: desde los primeros trotes sin dolor hasta la participación con balón en espacios reducidos, pasando por el ejercicio competitivo en entrenamientos y finalmente, el retorno a la lista de convocados para un partido oficial.
Esa progresión será seguida por los aficionados, la prensa y los propios rivales, porque el regreso de una jugadora de la calidad de Gio tiene el potencial de cambiar dinámicas de partidos, de reactivar la ofensiva rojiblanca y de devolver a uno de los equipos más competitivos de la Liga F al nivel que mostró antes de su lesión.
En términos humanos, la situación de Gio también ilustra la dureza de la carrera de un futbolista profesional: la necesidad de equilibrio entre ambición y paciencia, entre fortaleza mental y respeto por los procesos biológicos, y entre el deseo de volver rápido y el deber de volver bien. El Atlético de Madrid, en este sentido, no solo busca recuperar una jugadora, sino también resguardar su futuro competitivo en una temporada que aún tiene muchos capítulos por escribir.
La vuelta de Gio en la ventana estimada de febrero‑marzo de 2026 no es una fecha fija inamovible, sino un objetivo en constante reevaluación, condicionado a la evolución día a día de una lesión cuyo tratamiento y rehabilitación han de ser gestionados con la máxima prudencia.
Si las señales que vienen de su trabajo de recuperación continúan siendo positivas, su regreso será una noticia esperada y celebrada, no solo por el Atlético sino por todo el fútbol femenino español, que siempre encuentra en las historias de superación deportiva un motor para seguir elevando el nivel y la emoción del juego.
(Fuente: “El Partido de Manu”) Instantánea tomada en el descanso de la prórroga de la fase previa de la UEFA Women’s Champions League entre el Atlético de Madrid y el BK Hacken.
📋 A solo cinco días de cerrar el calendario de 2025, “El Partido de Manu” alcanza los 23,9 mil visitantes, frente a los 20,5 mil de 2024, un crecimiento del 16,6% que no es solo una cifra: es la prueba de que el fútbol femenino genera interés real, fidelidad y una comunidad que sigue creciendo cuando se trabaja con identidad, rigor y pasión.
🔥23,9 mil razones para creer: cuando el fútbol femenino encuentra su espacio y su público 🔥
‼️Refuerzo de lujo: Amaiur Sarriegi ya es jugadora del Atlético de Madrid, como adelantó @manu209523.
✍🏼 La delantera vasca, que llega libre este verano, ha firmado por dos temporadas con el conjunto rojiblanco. pic.twitter.com/OY2IggyWEI
A cinco días de que termine 2025, El Partido de Manu alcanza los 23,9 mil visitantes frente a los 20,5 mil de 2024, un crecimiento que no se mide solo en números sino en algo mucho más profundo: la confirmación de que el fútbol femenino, cuando se cuenta con rigor, identidad y convicción, no solo interesa, sino que construye comunidad, memoria y futuro.
El crecimiento de El Partido de Manu en 2025 no es una casualidad estadística ni un fenómeno aislado dentro de un gráfico de analítica web. Es la consecuencia directa de una forma de entender el periodismo deportivo, de una apuesta editorial sostenida en el tiempo y de una convicción que ha guiado al medio durante años: el fútbol femenino merece un espacio propio, exclusivo, constante y tratado con la misma profundidad con la que históricamente se ha narrado el fútbol masculino. Pasar de 20,5 mil visitantes en 2024 a 23,9 mil en 2025, cuando aún faltan cinco días para cerrar el año, supone un incremento cercano al 17%, una cifra que en el contexto actual de los medios digitales no solo es positiva, sino reveladora.
Este crecimiento adquiere aún más valor cuando se analiza desde la perspectiva de un medio que no vive del ruido puntual, de la viralidad efímera ni del titular fácil, sino de la continuidad, la especialización y la fidelidad. El Partido de Manu no ha crecido porque el fútbol femenino esté de moda durante un mes concreto ni porque una competición haya concentrado la atención mediática durante un periodo corto. Ha crecido porque lleva años construyendo un relato propio, coherente y reconocible, y porque ha decidido ser exclusivamente fútbol femenino en un ecosistema donde todavía hoy esa decisión sigue siendo minoritaria.
Los datos son claros: 3.400 visitantes más que el año anterior. Pero detrás de esa cifra hay algo más importante que el número absoluto. Hay lectores que regresan, que identifican el medio como un lugar de referencia, que saben que aquí el fútbol femenino no es un complemento ni un apéndice, sino el centro del discurso. Ese aumento no se produce desde el vacío, sino desde una base ya consolidada, lo que convierte el crecimiento en una señal de madurez más que en un simple pico coyuntural.
La imagen del mapa que acompaña estos datos refuerza visualmente una idea clave: El Partido de Manu ya no es solo un medio leído en un punto concreto, sino un espacio que ha traspasado fronteras. El predominio de España como núcleo principal de visitantes no sorprende, porque es donde el proyecto tiene su raíz natural y donde la Liga F, las competiciones europeas y la selección generan mayor volumen de interés. Pero el tono verde extendido por buena parte del mapa mundial muestra algo igualmente relevante: el fútbol femenino se consume, se sigue y se analiza desde múltiples lugares, y existe una audiencia internacional que encuentra en este medio una forma de entender el juego que no siempre halla en los grandes portales generalistas.
(Fuente: “El Partido de Manu”)
Ese mapa no es solo un recurso visual; es una metáfora del alcance del proyecto. Países teñidos de verde claro, otros con presencia más puntual, zonas donde el tráfico es menor pero existe. Todo suma. Todo habla de un medio que ha ido construyendo su audiencia sin prisa, sin estridencias y sin traicionar su identidad. En un contexto donde muchos proyectos digitales nacen con la urgencia de crecer rápido, El Partido de Manu ha optado por crecer bien.
El hecho de que este incremento se produzca a solo cinco días de terminar 2025 añade un matiz significativo. No es el cierre definitivo del año, sino una fotografía casi completa de lo que ha sido el ejercicio.
El Atleti ata a Amaiur Sarriegi hasta 2027, como adelantó @manu209523 y confirmó Relevo, y comienza su última operación renove.
En el punto de mira: otras estrellas nacionales de Liga F. Habrá más fichajes y varias salidas. Como la de Ajibade. https://t.co/MlGsAWBATs
Y esa fotografía muestra una tendencia clara al alza. No hay un estancamiento, no hay una pérdida de interés, no hay un retroceso tras un posible pico anterior. Hay continuidad y hay avance. Eso, en el periodismo especializado, es uno de los indicadores más fiables de que el proyecto funciona.
El fútbol femenino ha vivido en los últimos años una expansión evidente en términos de competiciones, visibilidad y profesionalización, pero esa expansión no siempre ha ido acompañada de un tratamiento mediático acorde.
Muchos medios han aumentado su cobertura de forma puntual, vinculada a grandes torneos o a éxitos concretos, pero han reducido el foco cuando la actualidad se vuelve más cotidiana. El Partido de Manu, en cambio, ha estado ahí también en el día a día, en los partidos menos mediáticos, en los procesos largos, en las temporadas completas, en las historias que no siempre ocupan titulares en otros lugares.
Ese compromiso se refleja en el crecimiento de visitantes. No es un crecimiento impulsado por un solo contenido viral, sino por una suma de artículos, análisis, crónicas y piezas editoriales que han ido construyendo una relación de confianza con la audiencia. El lector sabe qué va a encontrar cuando entra en El Partido de Manu: profundidad, contexto, memoria y una mirada que entiende el fútbol femenino como parte de una historia más amplia.
Además, el crecimiento de 2025 respecto a 2024 se produce en un año especialmente exigente en términos informativos. La saturación de contenidos deportivos, la fragmentación de audiencias y el consumo rápido de información juegan en contra de los medios que apuestan por textos largos y análisis elaborados. Que, aún así, el número de visitantes aumente de forma clara es una señal inequívoca de que existe un público dispuesto a leer, a detenerse y a volver.
Este aumento también tiene una lectura simbólica importante: demuestra que la especialización no limita el alcance, sino que lo define. Durante años se ha repetido que los medios especializados en fútbol femenino tendrían un techo bajo en términos de audiencia. Los datos de El Partido de Manu contradicen esa idea.
El crecimiento sostenido indica que el público existe y que responde cuando se le ofrece un producto coherente y honesto.
En ese sentido, el paso de 20,5 mil a 23,9 mil visitantes no es solo una mejora cuantitativa, sino cualitativa. Significa más lectores, sí, pero también más impacto, más responsabilidad y más capacidad para seguir construyendo un relato propio dentro del periodismo deportivo. Cada nuevo visitante es una oportunidad de ampliar la comunidad, de reforzar el discurso y de seguir demostrando que el fútbol femenino no necesita compararse con nada para justificar su existencia mediática.
(Fuente: “El Partido de Manu”)
El mapa adjunto, con su distribución global, también invita a reflexionar sobre el papel del idioma y la narrativa. El español se ha convertido en una lengua clave para el consumo de fútbol femenino, no solo por la Liga F Moeve y la Selección Española de Fútbol, sino por la creciente presencia de lectoras y lectores en América Latina y otros territorios. El Partido de Manu se sitúa en ese cruce de caminos, ofreciendo una mirada que conecta realidades distintas a través de un mismo lenguaje futbolístico.
Este crecimiento, además, llega después de años de trabajo silencioso, de persistencia y de convicción. No es el resultado de una estrategia oportunista, sino de una línea editorial que ha sabido mantenerse fiel a sí misma incluso cuando el contexto no era favorable. En ese sentido, los 23,9 mil visitantes de 2025 son también un reconocimiento implícito a esa constancia.
Mirando hacia adelante, estos datos no deben entenderse como un punto de llegada, sino como una base sólida sobre la que seguir construyendo. El cierre de 2025 con este incremento refuerza la idea de que el camino elegido es el correcto y de que existe margen para seguir creciendo sin renunciar a la identidad que ha definido al medio desde sus inicios.
Porque, al final, lo que reflejan estas cifras no es solo un aumento de tráfico, sino algo mucho más valioso: la consolidación de El Partido de Manu como un espacio necesario dentro del ecosistema del fútbol femenino. Un lugar donde el juego se analiza, se recuerda y se proyecta hacia el futuro con la seriedad y la pasión que merece.
Esa dimensión internacional, aunque todavía en desarrollo, es uno de los elementos que refuerzan la lectura positiva del crecimiento. No se trata solo de sumar más visitas en el mismo territorio, sino de ampliar el radio de influencia del medio. Cada punto verde en el mapa representa una historia distinta, una persona que ha llegado al contenido desde otro país, otro campeonato, otra realidad futbolística. Y todas ellas encuentran en El Partido de Manu un lenguaje común.
(Fuente: “El Partido de Manu”)
El hecho de que el crecimiento se produzca en el tramo final del año también es relevante desde el punto de vista editorial. No responde a una coyuntura concreta ni a un evento puntual concentrado en un mes específico. Es el resultado acumulado de doce meses de trabajo, de publicaciones regulares, de seguimiento continuo. Llegar a los últimos cinco días de 2025 con una mejora clara respecto a 2024 indica que el interés no se ha agotado con el paso del tiempo, sino que se ha mantenido e incluso reforzado.
En términos periodísticos, esto permite una lectura optimista pero también responsable. El crecimiento implica nuevas expectativas, nuevas exigencias y una mayor atención sobre el contenido. Cada nuevo lector trae consigo una mirada distinta y una demanda implícita de calidad. Mantener esa confianza será uno de los retos futuros del medio, pero los datos actuales invitan a pensar que la base está bien construida.
Hay otro elemento fundamental en este análisis: la coherencia editorial. El Partido de Manu ha mantenido una línea reconocible, sin giros bruscos ni cambios oportunistas de enfoque. Esa coherencia es uno de los factores que explican por qué el crecimiento es sostenido y no volátil. El lector sabe qué esperar, y esa previsibilidad, lejos de ser negativa, genera seguridad y fidelidad.
El aumento de visitantes también refleja un cambio más amplio en la percepción del fútbol femenino como producto informativo. Cada vez más personas buscan análisis, contexto y profundidad, y no solo resultados rápidos. En ese sentido, El Partido de Manu se ha situado en una posición adelantada, apostando desde hace tiempo por un tipo de contenido que ahora empieza a ser más demandado.
Si se observa la evolución de 2024 a 2025 como una línea temporal, el crecimiento no es abrupto ni desproporcionado, sino progresivo. Esa progresión es una de las señales más fiables de salud de un proyecto digital. No hay dependencia excesiva de picos externos ni caídas pronunciadas tras ellos. Hay una base que se amplía poco a poco, lector a lector.
Además, el carácter exclusivamente dedicado al fútbol femenino no ha supuesto una limitación, sino una ventaja competitiva. En un ecosistema mediático donde muchos contenidos son generalistas y superficiales, la especialización se convierte en un valor diferencial. El lector que busca fútbol femenino sabe que aquí no tendrá que filtrar información ni adaptarse a un enfoque secundario. Todo está pensado desde y para ese deporte.
El mapa mundial, en este contexto, funciona casi como un símbolo de esa especialización bien entendida. No se trata de llegar a todo el mundo sin matices, sino de ofrecer un contenido tan definido que pueda ser relevante para personas muy distintas entre sí. Esa paradoja —cuanto más específico es el enfoque, más universal puede resultar— se refleja en la distribución geográfica de los visitantes.
A cinco días del cierre de 2025, las cifras invitan a una reflexión serena, no triunfalista. El crecimiento es significativo, pero también es una invitación a seguir trabajando con la misma exigencia. El fútbol femenino continúa evolucionando, y el periodismo que lo acompaña debe hacerlo al mismo ritmo. El Partido de Manu ha demostrado en este periodo que es capaz de adaptarse sin perder su esencia, de crecer sin diluir su identidad.
En última instancia, el paso de 20,5 mil a 23,9 mil visitantes es la constatación de algo que va más allá de un balance anual. Es la prueba de que existe un espacio real para proyectos periodísticos comprometidos con el fútbol femenino, de que hay una audiencia que valora la profundidad y de que la constancia, aunque a veces parezca invisible, termina dando frutos.
(Fuente: “El Partido de Manu)
Y cuando esos frutos se reflejan en un mapa que se va tiñendo poco a poco de verde, en cifras que crecen de forma sostenida y en una comunidad que se amplía sin perder su esencia, el mensaje es claro: el camino elegido no solo tiene sentido, sino que está más vivo que nunca.
El Partido de Manu llega al final de 2025 no como un proyecto que busca validación, sino como uno que empieza a recoger los frutos de una apuesta clara. Los números no se utilizan aquí como un argumento vacío, sino como una herramienta para entender el recorrido y para reafirmar el sentido del camino elegido. No se trata de crecer por crecer, sino de crecer bien.
Y crecer bien, en este caso, significa seguir contando el fútbol femenino con profundidad, con memoria y con una mirada propia. Significa seguir apostando por textos que no se consumen en segundos, sino que invitan a detenerse. Significa seguir creyendo que hay lectoras y lectores dispuestos a acompañar ese esfuerzo.
A cinco días de cerrar el año, el balance es claro: el proyecto está vivo, en expansión y con una comunidad que se amplía sin perder su esencia.
El mapa se va tiñendo poco a poco, las cifras crecen y, sobre todo, la convicción se refuerza. Porque cuando un medio especializado crece de esta manera, no es solo una buena noticia para quien lo impulsa; es una buena noticia para todo el fútbol femenino, que necesita espacios así para seguir construyendo su propio relato.
Y ese relato, lejos de estar completo, acaba de entrar en una nueva fase. Una fase en la que cada lectura cuenta, cada visita suma y cada persona que decide quedarse contribuye a que el proyecto siga avanzando. Porque el fútbol femenino, contado con honestidad y ambición, no solo merece ser leído: merece ser acompañado.
⬛️ Teledeporte estrena las fiestas con el XXIX Torneo Internacional LALIGA FC FUTURES y un menú deportivo sin precedentes que sirve como entretenimiento mientras carecemos de la Primera División Femenina que tanto amamos.
Teledeporte, el canal temático deportivo de RTVE, amplía estas fiestas su oferta de programación con un abanico de citas únicas para los aficionados al deporte, que van desde la cantera del fútbol hasta los históricos saltos de esquí de Año Nuevo en Garmisch-Partenkirchen, pasando por el Rally Dakar y la recuperación de las grandes emisiones de Mundiales, con un énfasis especial en el mejor fútbol femenino y los últimos acontecimientos de la Liga F Moeve. Entre todos estos eventos, destaca por primera vez en abierto la transmisión del XXIX Torneo Internacional LALIGA FC FUTURES, que se celebrará entre el 27 y el 29 de diciembre de 2025 en el Estadio de Gran Canaria de Las Palmas, ofreciendo más de 40 partidos en los que competirán algunas de las canteras más prestigiosas del mundo, incluyendo a Real Madrid, Barcelona, Atlético de Madrid, Athletic Club de Bilbao, Paris Saint-Germain, Inter de Milán, Juventus y Liverpool, entre otros. Este torneo, tradicionalmente un referente del fútbol base sub‑13, permitirá a los espectadores acercarse al mejor talento joven en directo, con la narración de Andrés Rubio y Fernando Orea, que guiarán a la audiencia a través de cada encuentro con la experiencia y pasión que caracterizan la cobertura de Teledeporte.
(Fuente: RTVE)
arranque del torneo coincide con un momento vibrante para la Liga F Moeve 2025‑26, que ha mantenido a los seguidores en vilo desde el inicio de la temporada. Tras la histórica primera victoria del Real Madrid sobre el Barcelona por 1‑3 en Montjuic, los focos se centran ahora en la ambición de los equipos de volver a brillar en competiciones internacionales. El Atlético de Madrid Femenino, tras un verano cargado de preparación y refuerzos estratégicos, regresa a la UEFA Women’s Champions League, donde espera consolidar su proyección en el escenario europeo, defendiendo la calidad de la Liga F Moeve y reafirmando su presencia entre los grandes del continente. Esta conjunción de fútbol base y profesional, que se podrá seguir de manera única en Teledeporte, refuerza la estrategia de RTVE de ofrecer una programación diversa, completa y comprometida con los valores del deporte, combinando emoción, formación y espectáculo.
Las retransmisiones del XXIX Torneo Internacional LALIGA FC FUTURES permitirán al público seguir de cerca la evolución de jóvenes promesas que podrían convertirse en futuras estrellas del fútbol mundial. Cada partido supone una oportunidad para observar la técnica, la estrategia y la entrega de jugadores sub‑13 que, además de competir por el título, aprenden los valores fundamentales de la deportividad, el trabajo en equipo y la pasión por el fútbol. Teledeporte ha trabajado para ofrecer una cobertura completa, con horarios que permiten disfrutar de todos los partidos y un enfoque narrativo que sitúa a los espectadores en el corazón de la acción, desde el calentamiento inicial hasta la celebración final del campeonato. Este despliegue refleja el compromiso de RTVE por visibilizar el deporte femenino y el fútbol de cantera, integrando ambos en la parrilla navideña con un estilo fresco, cercano y educativo.
La Nochevieja en Teledeporte promete ser vintage y emotiva, con un recuerdo especial para los aficionados que revivirán el histórico España‑Malta de la Navidad de 1983, con doce goles como doce campanadas que homenajean al legendario narrador José Ángel de la Casa, recientemente fallecido en 2025. La emisión conjunta con La 2 permitirá revivir este partido con un enfoque documental y narrativo que rescata la memoria histórica del fútbol español, al tiempo que introduce a nuevas generaciones en los hitos más significativos de nuestro deporte. Además, el canal recupera los saltos de esquí de Garmisch-Partenkirchen del 1 de enero, una tradición navideña que no se podía ver en abierto desde 2011, con la narración de Paco Grande y los comentarios técnicos de Pablo Egea, ofreciendo a los espectadores un arranque de año cargado de adrenalina y belleza deportiva.
Paralelamente, Teledeporte continúa con su programación dedicada a los grandes hitos mundiales. El 1 de enero se emitirá un maratón de partidos históricos de España en el Mundial de Sudáfrica 2010, incluyendo España‑Paraguay de cuartos de final, España‑Alemania en semifinales y la gran final contra Países Bajos, para que los aficionados revivan la gesta de la selección española. El 2 de enero se proyectará la final del Mundial de Qatar 2022 entre Argentina y Francia, garantizando así un recorrido completo por los momentos más icónicos de la historia reciente del fútbol internacional. Con este planteamiento, Teledeporte refuerza su compromiso de combinar emoción, análisis y contexto histórico, ofreciendo a los espectadores un contenido de calidad que educa, entretiene y conecta generaciones de aficionados.
El Rally Dakar 2026 también formará parte de este despliegue navideño y de Año Nuevo. Desde el 3 de enero, el canal ofrecerá un resumen diario de casi dos horas de duración, presentando lo mejor de cada etapa, con Marc Martín al frente de la narración y análisis de los puntos clave de la competición. Esta cobertura permitirá a los seguidores vivir la intensidad de la carrera desde Arabia Saudí, destacando los retos físicos y estratégicos de los participantes y la espectacularidad de los paisajes que atraviesan, consolidando la programación de Teledeporte como una ventana imprescindible para los amantes de los deportes de motor.
En paralelo, la Liga vuelve el 3 de enero y, con ella, programas emblemáticos como Estudio Estadio, que ofrecerá resúmenes de las jornadas con Felipe del Campo y el primer debate con Juan Carlos Rivero. Esta continuidad refuerza la posición de Teledeporte como referente informativo y de entretenimiento deportivo, combinando la cobertura de eventos en directo con análisis profundo, entrevistas y reportajes que contextualizan cada acontecimiento y enriquecen la experiencia del espectador. La confluencia de fútbol femenino, fútbol base, rallies y competiciones históricas convierte a la programación navideña del canal en un mosaico completo de deporte, emoción y tradición.
El XXIX Torneo Internacional LALIGA FC FUTURES no solo refleja el compromiso de Teledeporte con el fútbol base, sino que también se inscribe en un contexto más amplio de apoyo al deporte femenino y a la formación de jóvenes talentos. Las canteras de clubes como Real Madrid, Barcelona, Atlético de Madrid o Athletic Club de Bilbao muestran el potencial de sus futuras estrellas, mientras que los equipos internacionales como Paris Saint-Germain, Inter de Milán, Juventus o Liverpool aportan competitividad y diversidad al torneo, ofreciendo un escaparate único para la observación de estrategias, técnicas y valores deportivos en acción. Cada encuentro es un laboratorio de fútbol, una lección de formación y una celebración de la pasión que rodea a este deporte a nivel global.
La importancia del torneo sub‑13 en Teledeporte se complementa con la narración y el análisis de Andrés Rubio y Fernando Orea, que aportan conocimiento, cercanía y emoción, conectando con la audiencia y transmitiendo la intensidad de cada acción, gol o parada. Esta cobertura permite a las familias, entrenadores y aficionados disfrutar de un espectáculo formativo y competitivo sin precedentes, siguiendo de cerca los pasos de jóvenes que podrían marcar el futuro del fútbol mundial. La programación convierte cada jornada en una experiencia única, donde se combinan aprendizaje, emoción y espectáculo, en sintonía con los valores que RTVE y LaLiga buscan promover en el fútbol base.
Mientras tanto, la Liga F Moeve 2025‑26 continúa ofreciendo momentos memorables que capturan la atención del público. La primera victoria del Real Madrid sobre el Barcelona por 1‑3 en Montjuic abrió un nuevo capítulo en la rivalidad histórica de ambos clubes y marcó un hito en la temporada, ofreciendo a los aficionados un ejemplo del crecimiento competitivo y estratégico de los equipos femeninos en la liga española. Paralelamente, el Atlético de Madrid Femenino se prepara para defender su lugar en la UEFA Women’s Champions League, mostrando el equilibrio entre tradición, aspiración internacional y consolidación de talento en el fútbol femenino español. La combinación de estos logros con la cobertura del torneo LALIGA FC FUTURES convierte la programación navideña de Teledeporte en un escaparate completo de fútbol, desde la cantera hasta la élite profesional.
El cierre de la cobertura navideña y deportiva de Teledeporte se proyecta con un enfoque en la formación, el análisis y la emoción de las historias individuales. En este sentido, “El Partido de Manu” se prepara para lanzar el próximo 26 de diciembre un emotivo reportaje sobre el sueño rojiblanco de Maca Portales Nieto, poniendo en valor la trayectoria de jóvenes promesas y su influencia en la cantera y el fútbol femenino profesional. Esta pieza se presenta como un complemento perfecto a la cobertura del torneo LALIGA FC FUTURES, reforzando la narrativa de RTVE sobre la importancia de la formación, la pasión y la proyección de los talentos deportivos. Además, el sorteo de la Copa de la Reina Iberdrola, que se celebrará el 7 de enero de 2026 a las 16:30 hora peninsular, contará con la participación de clubes como Atlético de Madrid, Barcelona, Real Madrid, ONA (Badalona Women), Athletic Club, Madrid CFF, Costa Adeje Tenerife Egatesa y Real Sociedad, consolidando así un inicio de año cargado de emoción, expectativa y alta competición para el fútbol femenino español.
(Fuente: Getty imágenes)
🔥Alexia Putellas llevará su historia a la gran pantalla: nace la biopic “Alexia”, el nuevo hito audiovisual del fútbol femenino 🔥
Alexia Putellas, la futbolista española más mediática del momento y referente global del deporte femenino, verá cómo su trayectoria y vida personal se transforman en un largometraje de ficción que se estrenará previsiblemente en el primer semestre de 2027, según ha adelantado nuestro querido compañero de “Marca”, David Menayo.
(Fuente: RFEF)
Tras consolidarse como la capitana del Barcelona y la jugadora con más internacionalidades con la selección española, así como protagonista de la exitosa serie documental Alexia, Labor Omnia Vincit en 2022, la estrella de Mollet del Vallès se prepara para protagonizar un nuevo proyecto que promete superar la repercusión del documental de Netflix sobre el Mundial femenino 2023, que fue galardonado con un Grammy, así como la serie de Prime Video centrada en su figura. La cinta, titulada simplemente Alexia, busca combinar ficción, emoción y un relato inspirador sobre la superación, la pasión y los desafíos que enfrentan las futbolistas profesionales, especialmente en un contexto donde la igualdad de género sigue siendo un objetivo en el mundo del deporte.
En el ámbito mediático y de influencia, Alexia Putellas es una auténtica referente. Con 5,3 millones de seguidores en redes sociales, la capitana del Barcelona se ha convertido en imagen de marcas globales como Nike, Cupra, Allianz, Spotify, Oakley y Unilever, y además ha fundado su propia institución, Eleven, destinada a promover el deporte y la formación de jóvenes futbolistas. Esta proyección mediática convierte su historia en un atractivo natural para el cine, permitiendo que la película alcance no solo a aficionados del fútbol, sino a un público general interesado en relatos de superación, liderazgo y empoderamiento femenino.
El proyecto cinematográfico estará dirigido por Lucía Alemany, reconocida por su capacidad de construir historias íntimas y universales en largometrajes como Pídeme lo que quieras, Mari(dos), Vida perfecta y La inocencia, entre otros.
La dirección de Alemany aporta un enfoque sensible y cercano que permitirá trasladar al espectador la esencia de la vida de Alexia Putellas, desde sus primeros pasos en el fútbol hasta su consolidación como estrella internacional. El guion estará escrito por Valentina Viso, conocida por su participación en proyectos como Esto no es Suecia, La voluntaria, No me gusta conducir, Uno para todos, Matar al padre, María (y los demás) y Tres días en familia, y por Daniel González, cuya experiencia incluye títulos como Campamento Garra de Oso, Mamen Mayo, Citas Barcelona, La mujer dormida, Donde caben dos, El círculo y Sé quién eres. Esta dupla de guionistas aportará un equilibrio entre la emoción, la narrativa dramática y la autenticidad del entorno deportivo, construyendo un relato que no solo entretenga, sino que inspire a futuras generaciones de futbolistas y aficionados.
La película, con una duración aproximada de 90 minutos, contará la historia de una niña apasionada por el fútbol que desafía las barreras de género y las dificultades económicas para cumplir su sueño de convertirse en futbolista profesional. A través de esta narrativa, la biopic abordará temas esenciales como la discriminación en el deporte, los retos que enfrentan las jóvenes deportistas y la perseverancia necesaria para alcanzar la élite. La elección de un formato de ficción permitirá explorar con mayor libertad la dimensión emocional de la vida de Alexia, así como los conflictos y alegrías que marcan la carrera de cualquier atleta de alto rendimiento. El objetivo es presentar no solo a la estrella del Barcelona y la selección española, sino también a la niña que soñaba con patear un balón, enfrentándose a adversidades y superándolas con determinación y talento.
(Fuente: Paris 2024)
El rodaje de Alexia está previsto para el año 2026, con un presupuesto aproximado de tres millones de euros, y contará con la producción de LaCima Producciones, responsable de largometrajes como Tardes de soledad, El año del descubrimiento y El cerro de los dioses, y Lazona Films, productora de éxitos como Ocho apellidos vascos, Ocho apellidos catalanes, Ocho apellidos marroquíes, Días de cine, No habrá paz para los malvados, Operación Camarón o Sin cobertura. A este equipo se suma You First Originals, filial de la agencia que representa a Alexia y que recientemente ganó un Emmy por el documental #SeAcabó: Diario de las campeonas, así como la colaboración de Movistar Plus+ y el soporte del Instituto Catalán de las Empresas Culturales. Esta combinación de productoras y apoyo institucional garantiza un proyecto sólido, con experiencia en la industria y capacidad para alcanzar un impacto internacional significativo.
Alexia Putellas, nacida en Mollet del Vallès, ha desarrollado su carrera en clubes como Sabadell, Espanyol, Levante y Barcelona, además de representar a la selección catalana y la selección española. Con 31 años, es la futbolista española con más títulos en su historial: nueve Ligas, diez Copas de la Reina, cinco Supercopas de España y tres Champions League a nivel de clubes; un Mundial, dos Nations League y dos Europeos Sub’18 a nivel de selección. Entre sus reconocimientos individuales destacan dos Balones de Oro, dos The Best y dos UEFA Women’s Player, consolidando su estatus como una de las deportistas más laureadas y reconocidas a nivel mundial. La película pretende reflejar tanto estos logros como las dificultades personales y profesionales que han marcado su trayectoria, presentando un relato completo y honesto de la vida de una atleta de élite.
(Fuente: UEFA)
La cinta Alexia se presenta como una oportunidad única para combinar deporte, cine y cultura, al mismo tiempo que consolida el impacto de la futbolista como icono social. El largometraje busca superar el éxito de producciones previas, incluyendo el documental de Netflix sobre el Mundial femenino 2023, galardonado con un Grammy, y la serie de Prime Video que retrataba aspectos de su vida y trayectoria deportiva. Con la biopic, el espectador podrá adentrarse en la dimensión humana de Alexia Putellas, conociendo sus motivaciones, sacrificios, éxitos y derrotas, así como su contribución a la visibilidad del fútbol femenino a nivel global.
(Fuente: RFEF)
En términos de narrativa cinematográfica, la película explorará los desafíos que enfrentan las jóvenes deportistas en España y el mundo, incluyendo la discriminación de género, las dificultades económicas y la falta de oportunidades en categorías inferiores. La historia de Alexia servirá como espejo de estas realidades, mostrando cómo la pasión, la perseverancia y el talento pueden abrir caminos incluso en contextos adversos. Al mismo tiempo, el guion incorporará elementos de ficción para potenciar la emoción, manteniendo la esencia auténtica de la vida de la futbolista y respetando su legado deportivo y social.
(Fuente: DAZN)
El proyecto también se perfila como un vehículo para promover el fútbol femenino, consolidando la imagen de Alexia como líder y referente. La película tendrá un enfoque didáctico y motivador, enfatizando los valores del deporte, la importancia del trabajo en equipo y la resiliencia frente a la adversidad. Además, permitirá visibilizar a otros actores clave en su carrera, como entrenadores, compañeros y familiares, construyendo un relato completo y humano que trasciende el ámbito estrictamente deportivo.
(Fuente: RFEF)
Este período navideño marca un momento sin precedentes para los aficionados al deporte en España, con Teledeporte ofreciendo un menú completo que integra fútbol base, fútbol femenino, eventos históricos y competiciones internacionales, permitiendo que la audiencia siga los mejores momentos de la temporada, desde los hitos de la Liga F Moeve hasta el talento emergente de los jóvenes sub‑13, en categoría masculina, consolidando al canal como un referente indispensable para el seguimiento del deporte en todas sus dimensiones.
🔲El miércoles 24 de diciembre, EA SPORTS puso en marcha las votaciones para designar a la POTM de diciembre en Liga F Moeve, un campeonato que se convirtió la temporada pasada en la primera competición femenina a nivel mundial en contar con esta acción. El lunes , 12 de enero de 2026, se desvelará la ganadora.
En una Liga que ya no camina, sino que avanza con paso firme hacia la historia, diciembre se convirtió en un mes de nombres propios, de goles que pesan más allá del marcador y de gestos que definen una competición que sigue marcando el camino del fútbol femenino mundial. La Liga F Moeve, pionera, ambiciosa y consciente de su papel como referente internacional, volvió a situarse en el centro del foco global con la apertura de las votaciones para designar a la Player of the Month de diciembre, un reconocimiento que trasciende lo individual para convertirse en un símbolo de crecimiento, visibilidad y legitimación del talento femenino en la élite. El miércoles 24 de diciembre, EA SPORTS activó el proceso que culminará el próximo lunes 12 de enero con el anuncio oficial de la ganadora, cerrando así un nuevo capítulo de una iniciativa que ya forma parte del ADN de la competición y que confirma, una vez más, que la Liga F no sigue tendencias: las crea.
Porque si hoy el galardón de Jugadora del Mes es una realidad consolidada en el fútbol femenino, es en gran medida gracias a una decisión que cambió el rumbo del deporte. La pasada temporada, la Liga F Moeve fue elegida por EA SPORTS para convertirse en la primera competición femenina del mundo en estrenar la elección de la Player of the Month, un paso que rompió barreras y que situó al campeonato español en la vanguardia absoluta del ecosistema futbolístico internacional. No fue un gesto aislado ni una acción puntual de marketing, sino una apuesta estructural por la igualdad, la visibilidad y el reconocimiento del rendimiento deportivo femenino en condiciones equiparables a las grandes ligas masculinas. De esta manera, la Liga F se integró en un selecto grupo de competiciones que ya contaban con este galardón de la mano de EA SPORTS, compartiendo espacio con LALIGA EA SPORTS, la Premier League, la Serie A, la Bundesliga y la Ligue 1, consolidando un mensaje inequívoco: el fútbol femenino ya no es el futuro, es el presente.
La continuidad de esta iniciativa en la presente temporada no solo refuerza ese mensaje, sino que lo amplifica. EA SPORTS ha seguido apostando por esta campaña pionera, reafirmando su compromiso con el crecimiento del fútbol femenino y con una Liga F Moeve que no deja de expandirse en relevancia, impacto mediático y calidad competitiva. Cada mes, el galardón se convierte en una fotografía del momento que vive la competición, en un reflejo del talento que emerge desde clubes históricos y proyectos en expansión, desde aspirantes al título hasta equipos que escriben su propia narrativa de superación. Y en este recorrido mensual, los nombres de las ganadoras anteriores ya forman parte del relato colectivo de la temporada.
Luany, futbolista del Atlético de Madrid, fue la primera en alzar el trofeo en el mes de septiembre, inaugurando un curso que prometía emociones fuertes desde el inicio. En octubre, el reconocimiento viajó hasta Donostia para recaer en Edna Imade, símbolo del crecimiento de la Real Sociedad y de la capacidad de la Liga F para generar referentes diversos y transversales. Noviembre, por su parte, coronó a Claudia Pina, jugadora del FC Barcelona, una de las figuras más determinantes del panorama europeo y mundial, cuya elección reforzó la idea de que el galardón no distingue por escudos, sino por rendimiento, impacto y liderazgo sobre el césped. Con estas precedentes, diciembre se presentaba como un mes clave, cargado de partidos decisivos, narrativas cruzadas y actuaciones individuales que reclamaban su espacio en la historia reciente del campeonato.
Tras la disputa de las primeras catorce jornadas de la Liga F Moeve, el mes de diciembre dejó una huella profunda en la clasificación, en las aspiraciones de los equipos y en el pulso competitivo de una liga cada vez más exigente. Siete futbolistas emergieron como candidatas al reconocimiento de Player of the Month, siete nombres que representan la diversidad, la riqueza y la profundidad del talento que alberga la competición. Desde gigantes históricos hasta proyectos en consolidación, desde goleadoras consagradas hasta jugadoras que irrumpen con fuerza, las nominadas encarnan la esencia de una Liga F que se construye desde múltiples realidades, pero con una ambición común.
El FC Barcelona, dominador de las últimas temporadas y referente europeo, aporta a la lista a Ewa Pajor, una futbolista que ha convertido la eficacia en su seña de identidad. La delantera polaca volvió a demostrar durante el mes de diciembre por qué es una de las atacantes más temidas del continente, sumando dos goles que no solo engrosaron su cuenta personal, sino que resultaron decisivos para mantener el pulso competitivo de un equipo acostumbrado a vivir bajo la presión de la excelencia permanente. Pajor no es solo una goleadora; es una jugadora que interpreta los tiempos del partido, que castiga cada desajuste defensivo y que encarna la mentalidad ganadora de un club que ha hecho de la regularidad su bandera. Su nominación es el reflejo de un mes sólido, eficaz y alineado con los estándares más altos del fútbol de élite.
Desde el Real Madrid CF, Eva Navarro se erige como una de las grandes protagonistas del mes. La futbolista blanca destacó en los dos encuentros disputados durante diciembre, siendo una pieza clave en el engranaje ofensivo del equipo. Navarro representa a una generación de jugadoras que han crecido con la ambición de competir al máximo nivel y que han encontrado en la Liga F el escenario perfecto para desarrollar su talento. Su impacto va más allá de los números: es una jugadora que desequilibra, que ofrece soluciones en contextos complejos y que asume responsabilidades en los momentos decisivos. Su presencia entre las nominadas simboliza el crecimiento sostenido del proyecto del Real Madrid en el fútbol femenino y su capacidad para generar referentes propios.
El Sevilla FC, uno de los clubes históricos del fútbol español, aporta a la terna a Rosa Márquez, una futbolista que ha sabido convertir cada minuto en una declaración de intenciones. Durante el mes de diciembre, Márquez sumó un gol que fue mucho más que una cifra estadística: fue la expresión de un equipo que compite, que cree y que construye su identidad desde el esfuerzo colectivo y el talento individual. Rosa Márquez encarna el espíritu de un Sevilla que ha encontrado en la Liga F un espacio para reivindicar su lugar, para crecer desde la base y para ofrecer al campeonato jugadoras capaces de marcar la diferencia en cualquier contexto.
El Deportivo Abanca, representante de una afición fiel y apasionada, ve reflejado su trabajo en la nominación de Ainhoa Marín, autora de dos goles durante el mes de diciembre. Marín es una futbolista que combina instinto, determinación y compromiso, y que ha sabido asumir el rol de referencia ofensiva en un equipo que lucha cada jornada por consolidarse en la élite. Sus goles no solo suman puntos; construyen confianza, alimentan el proyecto y refuerzan el vínculo entre el equipo y su entorno. En una Liga F cada vez más competitiva, la presencia de Ainhoa Marín entre las nominadas es un reconocimiento al trabajo silencioso, constante y profundamente significativo de clubes que crecen desde la perseverancia.
El Madrid CFF, uno de los proyectos más estables y reconocibles del fútbol femenino español, aporta a la lista a Malou Marcetto, una futbolista que firmó dos tantos en diciembre y que volvió a demostrar su capacidad para aparecer en los momentos clave. Marcetto es sinónimo de equilibrio, de lectura de juego y de impacto directo en el resultado. Su nominación refleja no solo su rendimiento individual, sino la coherencia de un proyecto que ha sabido consolidarse en la Liga F desde una identidad clara, apostando por el talento, la continuidad y el desarrollo sostenible.
Desde la SD Eibar, Carla Andrés emerge como una de las historias más inspiradoras del mes. Con un gol marcado en diciembre, Andrés representa la esencia de una Liga F que da espacio a todos los relatos, que permite que equipos de menor presupuesto compitan de tú a tú y que ofrece a jugadoras comprometidas la oportunidad de brillar en el escaparate nacional. Su nominación es un reconocimiento al esfuerzo colectivo del Eibar y a la capacidad de la competición para generar héroes cotidianos, figuras que construyen su impacto desde la constancia y el compromiso.
Completa la lista Daniela Agote, futbolista del Athletic Club, que firmó tres goles durante el mes de diciembre, convirtiéndose en la máxima anotadora entre las nominadas. Agote simboliza la tradición, la cantera y la identidad de un club que ha hecho del fútbol femenino una extensión natural de su filosofía. Sus tres tantos no solo reflejan un momento de forma excepcional, sino la capacidad del Athletic para seguir produciendo talento competitivo, comprometido y profundamente arraigado a sus valores. En una Liga F que celebra la diversidad de modelos, la presencia de Agote es una reivindicación del trabajo a largo plazo y de la importancia de las raíces.
A partir del miércoles 24 de diciembre, y hasta el domingo 28 del mismo mes, todos los aficionados al fútbol femenino tienen la oportunidad de participar activamente en la elección de la Player of the Month de diciembre. Este proceso de votación no es solo un mecanismo de elección; es una herramienta de participación, un puente entre la competición y su comunidad, una forma de reconocer que el crecimiento del fútbol femenino se construye también desde la implicación de quienes lo siguen, lo apoyan y lo defienden cada jornada. La votación abierta refuerza el carácter democrático del galardón y consolida el vínculo emocional entre las jugadoras y la afición.
El desenlace llegará el lunes 12 de enero, fecha en la que se desvelará oficialmente la ganadora a través de los canales oficiales de EA SPORTS y Liga F Moeve. La futbolista elegida recibirá el trofeo en los prolegómenos de un partido, en un acto que simboliza la integración plena de este reconocimiento en la liturgia del fútbol profesional. No será solo un premio individual, sino una celebración colectiva, una imagen que quedará inscrita en la memoria visual de la temporada y que reforzará la narrativa de una Liga F que no deja de crecer en impacto, prestigio y relevancia.
Diciembre, con su carga simbólica de cierre y balance, ha vuelto a demostrar que la Liga F Moeve vive un momento histórico. La elección de la Player of the Month no es un gesto aislado, sino una manifestación de un proyecto que entiende el fútbol femenino como un espacio de excelencia, igualdad y ambición global.
Las siete nominadas representan mucho más que goles o estadísticas: son el reflejo de una competición diversa, competitiva y profundamente viva, que sigue escribiendo su historia partido a partido, mes a mes, jugadora a jugadora. Y mientras el reloj avanza hacia el anuncio final, la Liga F vuelve a situarse donde merece: en el centro del relato del fútbol mundial.
⬛️ El Atlético de Madrid ya ha decidido mirar al futuro desde la portería: dos fichajes, un relevo planificado y la continuidad incuestionable de su capitana, quien desea acabar su carrera en Alcalá de Henares.
(Fuente: DAZN)
Hay decisiones que no se anuncian con comunicados ni se filtran con urgencia, pero que definen un proyecto mucho más que cualquier fichaje estrella. Decisiones que se toman con tiempo, con perspectiva y con la convicción de que el éxito sostenido no nace de la improvisación. El Atlético de Madrid ha tomado una de esas decisiones. Y afecta al corazón silencioso del equipo, a la posición que sostiene todo cuando el margen se reduce a un gesto: la portería.
El club rojiblanco trabaja ya con una hoja de ruta clara para la próxima temporada y para el medio plazo: incorporar a dos nuevas porteras, rejuvenecer la demarcación y elevar la competencia interna, sin que ello suponga, en ningún caso, poner en cuestión el liderazgo ni la continuidad de Lola Gallardo, capitana, referente y uno de los grandes símbolos del Atlético moderno.
Según ha podido saber “El Partido de Manu”, el Atlético ya ha tomado la decisión de que Patricia Larqué no continuará cuando finalice su contrato en junio de 2026.
Una determinación que llega pese a que la guardameta firmó uno de los episodios más memorables de la temporada rojiblanca en los octavos de final de la Copa de la Reina frente al Alhama ElPozo, cuando detuvo dos penaltis decisivos en una eliminatoria de máxima tensión que sostuvo al equipo en el momento más crítico.
(Fuente: Liga F Moeve)
Aquella actuación quedará en la memoria reciente del club, pero no altera una planificación que se viene trabajando desde hace meses. En la misma línea se encuentra Sheila Guijarro, que tampoco seguirá en Alcalá de Henares el próximo curso, pese a contar con contrato en vigor.
Estas salidas no responden a un juicio puntual ni a un episodio concreto, sino a una visión estructural del proyecto. El Atlético quiere rejuvenecer el arco, liberar espacio competitivo y anticiparse a un escenario que los grandes clubes no esperan a que sea urgente. Porque en la portería, llegar tarde suele pagarse caro.
En este contexto, conviene subrayarlo con claridad: la continuidad de Lola Gallardo no está en duda. Ni deportiva, ni contractual, ni emocionalmente. El Atlético es uno de los equipos menos goleados de la Liga F Moeve, y ese dato se explica en gran parte por su figura. Gallardo sigue siendo determinante, jerárquica, influyente dentro y fuera del campo. Campeona de Europa con el Olympique de Lyon en 2020, internacional, capitana y líder indiscutible del vestuario, su papel en el presente y en la temporada 2026-2027 está garantizado. El club y la jugadora comparten un deseo claro: que Gallardo pueda colgar los guantes en Madrid, donde es emblema y referencia.
El argumento que maneja la dirección deportiva para acometer esta reestructuración es estrictamente de planificación por edad, pensando en el medio y largo plazo, sin cuestionar su rendimiento actual. No se trata de sustituirla, sino de acompañarla, de proteger su legado y de construir un contexto competitivo que permita una transición natural cuando llegue el momento.
(Fuente: Liga F Moeve)
Con esta premisa, el nuevo director deportivo rojiblanco, Beni Rubido, ya maneja una lista de nombres que destacan tanto por su rendimiento como por su proyección en la Liga F Moeve. Entre ellos aparece Adriana Nanclares, una de las guardametas más regulares del campeonato en los últimos años, con experiencia, fiabilidad y una progresión sostenida que la ha situado entre las porteras más valoradas del panorama nacional. Su perfil encaja en la idea de portera preparada para competir desde el primer día, sin necesidad de adaptación.
Junto a ella emerge Eunate Astrágala, uno de los grandes talentos jóvenes del fútbol español. Internacional en categorías inferiores, con un recorrido destacado y una madurez competitiva que ha ido creciendo temporada tras temporada, Astrágala representa la apuesta de futuro: una portera con margen de desarrollo, preparada para aprender en un contexto de máxima exigencia y para asumir responsabilidades de manera progresiva.
(Fuente: Liga F Moeve)
Otro de los nombres que está encima de la mesa es el de Misa Rodríguez, cuyo contrato con el Real Madrid finaliza en junio. Su situación contractual, unida a las buenas relaciones que mantiene con las altas esferas rojiblancas, convierte su regreso al Atlético en una opción realista y no en una utopía. Experiencia en la élite, conocimiento profundo de la Liga F y carácter competitivo hacen de su perfil uno de los más relevantes del mercado.
(Fuente: DAZN)
La lista de seguimiento se completa con Andrea Tarazona, actualmente en el Levante Unión Deportiva, una portera joven que ha demostrado crecimiento, regularidad y capacidad para sostener partidos en contextos exigentes, y con María Valenzuela, guardameta del Badalona, cuya progresión constante y rendimiento fiable no han pasado desapercibidos para un club que valora especialmente la estabilidad en una posición tan sensible.
(Fuente: Liga F Moeve)
Todo este movimiento no responde a una urgencia, sino a una convicción. El Atlético de Madrid entiende que los grandes proyectos se construyen tomando decisiones incómodas a tiempo, que la portería no es solo un puesto, sino una cultura, y que proteger a una capitana como Lola Gallardo también implica rodearla de competencia, de futuro y de continuidad. No se busca una heredera inmediata, sino un ecosistema sólido que permita sostener el presente y preparar el mañana sin rupturas traumáticas.
(Fuente: Liga F Moeve)
La planificación de la portería es, en realidad, una declaración de intenciones profunda sobre cómo el Atlético entiende hoy el fútbol femenino. El club ya no actúa por reacción, sino por anticipación; no espera a que el cambio sea inevitable, sino que lo prepara con tiempo y respeto. Quiere una portería que dialogue con su capitana, que la respalde y que esté lista para asumir el testigo cuando llegue el día. Porque Gallardo no es solo una portera: es memoria, liderazgo e identidad. Y cuidar su legado también es pensar en lo que vendrá.
(Fuente: UEFA)
Por eso esta historia no va únicamente de fichajes. Va de cultura de club, de una manera de entender el tiempo y la responsabilidad en el fútbol femenino. Va de un Atlético que quiere seguir siendo reconocible, fiable, incómodo para el rival y competitivo en todos los escenarios. Un Atlético que sabe que los proyectos duraderos se sostienen desde atrás, desde la seguridad, desde la certeza de que, cuando todo se estrecha y el estadio enmudece, hay alguien bajo palos preparado para responder. Y ahí, el Atlético de Madrid ha decidido no improvisar.
Hay victorias que se celebran y victorias que explican. En la historia de cualquier equipo grande, las segundas son las que de verdad construyen algo duradero, las que no necesitan confeti ni euforia inmediata porque su valor está en lo que dejan atrás y en lo que abren por delante.
La del 1-2 ante el Atlético de Madrid en enero de 2025 pertenece sin duda a ese segundo grupo. Fue un derbi incómodo, tenso, áspero, de esos que no se ganan por inspiración sino por madurez.
No fue solo un resultado ni un triunfo más en la tabla. Fue una cifra redonda alcanzada casi sin ruido. Fue la victoria número cien del Real Madrid Femenino en la Liga F. Un punto de inflexión silencioso que confirmó algo que llevaba tiempo flotando en el ambiente: que este proyecto, joven en edad pero adulto en exigencia, había aprendido a competir antes incluso de aprender a ganar títulos.
El dato, integrado en el contexto de su corta pero intensa historia, es tan contundente como revelador.
(Fuente: Club Deportivo Tacón)
Desde su origen como Club Deportivo Tacón hasta su consolidación definitiva como Real Madrid, el equipo ha disputado alrededor de ciento cincuenta y cuatro partidos de Liga, con un balance que no admite demasiadas interpretaciones: más de ciento catorce victorias, apenas una veintena larga de empates y algo más de dos decenas de derrotas. Un setenta y cuatro por ciento de triunfos en competición doméstica. Una cifra que no miente y que coloca al Real Madrid Femenino, por pura estadística, entre los grandes del campeonato desde el mismo momento en que nació.
(Fuente: Getty imágenes)
Pero para entender de verdad qué significa llegar hasta ahí, hay que mirar más allá de los números y volver al principio. Y el principio no fue blanco.
La temporada 2019-2020 no figura en los palmarés oficiales del Real Madrid Femenino, pero vive incrustada en su ADN competitivo. Aquella plantilla que compitió bajo el nombre de Club Deportivo Tacón fue, en realidad, el embrión real del proyecto actual. Un equipo joven, expuesto, valiente por momentos y frágil por otros, que tuvo que aprender a sobrevivir en la élite sin la protección del escudo más exigente del mundo. La operación que culminó con la absorción del Tacón por parte del Real Madrid, aprobada bajo la presidencia de Florentino Pérez por una cantidad cercana a los trescientos mil euros, no supuso una desaparición inmediata de la entidad creada por Ana Rosell.
(Fuente: Getty imágenes)
Antes de mutar, aquel equipo tuvo que competir durante un año bajo ese nombre, mantener la categoría y demostrar que merecía ocupar una plaza en la Primera División. La permanencia, certificada en un curso extraño y abruptamente interrumpido por la pandemia, permitió que el Real Madrid asumiera la plaza con una base ya profesionalizada.
El 1 de julio de 2020, la absorción se hizo oficial y comenzó una nueva era. Pero el aprendizaje ya estaba hecho. Y las cicatrices también.
Desde el primer partido como Real Madrid Femenino en la temporada 2020-2021, la exigencia cambió de manera radical. Ya no bastaba con competir bien ni con sobrevivir. Había que ganar. Y ese tránsito no fue inmediato ni sencillo. El 4 de octubre de 2020, en la primera jornada de la entonces Liga Iberdrola, el Barcelona visitó Valdebebas por primera vez para enfrentarse al Real Madrid. Aquella mañana marcó un antes y un después.
El 0-4 final, con goles de Patri Guijarro, un desafortunado tanto en propia puerta de Misa Rodríguez, Lieke Martens y Alexia Putellas, fue una bofetada de realidad. Una demostración cruda de la distancia que aún separaba al nuevo proyecto blanco de la referencia absoluta del fútbol femenino español y europeo.
Aquel golpe, lejos de hundir al equipo dirigido entonces por David Aznar, hoy integrado en las categorías inferiores de la selección española, sirvió como punto de partida. El Real Madrid Femenino no fue brillante durante toda la temporada, pero sí fue eficaz.
Supo construir una regularidad competitiva que le permitió terminar en segunda posición, por delante de clubes con mayor tradición en la élite como el Atlético de Madrid, el Levante o la Real Sociedad. No fue un camino estético ni perfecto, pero fue sólido. Y esa solidez, en un proyecto recién nacido, valía casi tanto como un título.
Año tras año, el equipo fue acumulando victorias, experiencias y capas de madurez hasta alcanzar ese número simbólico de los cien triunfos ligueros. Y lo hizo en un escenario cargado de significado. Un derbi ante el Atlético de Madrid, uno de los rivales que más ha medido el crecimiento del proyecto desde sus inicios, disputado en Alcalá de Henares el 5 de enero de 2025. El 1-2 final, con una actuación decisiva de Linda Caicedo, no fue solo una victoria más. Fue una confirmación. La delantera colombiana, símbolo de la nueva generación del fútbol mundial, resolvió un partido incómodo y adulto, muy distinto a aquellos primeros derbis en los que el Real Madrid aún parecía un invitado a la mesa de los grandes.
Aquel triunfo, además, cerraba un círculo: el primer derbi oficial había caído del lado rojiblanco en Valdebebas gracias a un solitario gol de Van Dongen. Este, en cambio, hablaba de otra cosa. De crecimiento. De método. De madurez.
hay trayectorias que solo se entienden cuando se observan con perspectiva, sin prisa, sin ruido, sin la urgencia del resultado inmediato.
El Real Madrid Femenino ha disputado, desde su irrupción en la élite del fútbol español, aproximadamente 154 partidos en Liga F. De ellos, ha ganado 114, ha empatado 16 y ha perdido 24. Un balance que, expresado en porcentaje, se traduce en algo tan contundente como difícil de ignorar: casi tres de cada cuatro partidos ligueros terminan con victoria blanca, lo que se traduce en un 74 % de triunfos.
En un campeonato cada vez más profesionalizado, con clubes históricos, proyectos consolidados y plantillas profundas, esa cifra no es un accidente. Tampoco es fruto de un solo año brillante ni de una racha aislada. Es la consecuencia directa de una regularidad sostenida en el tiempo, algo especialmente significativo en un equipo joven, sometido desde su nacimiento a una exigencia que no admite etapas de transición largas.
Disputar 154 partidos de Liga F no es solo acumular encuentros. Es atravesar temporadas completas, contextos cambiantes, lesiones, renovaciones de plantilla, cambios tácticos y momentos de duda. Es convivir con la rutina del campeonato doméstico, donde cada fin de semana exige concentración máxima.
En ese recorrido, el Real Madrid Femenino ha aprendido a ganar de muchas maneras. Ha vencido partidos dominando con balón, imponiendo ritmo y profundidad. Ha ganado otros desde la solidez defensiva, esperando el momento adecuado. Y también ha sabido sobrevivir en encuentros incómodos, de esos que no lucen, pero que suman.
Las 114 victorias no responden a un único patrón. Son el reflejo de una adaptabilidad progresiva, de un equipo que ha ido madurando su lectura del juego temporada tras temporada.
Ganar 114 partidos de 154 coloca al Real Madrid Femenino en una élite estadística indiscutible dentro del campeonato. No es una cifra habitual para un club sin títulos ligueros. Y ahí reside una de las claves de este proyecto: su capacidad para sostener el rendimiento incluso cuando los grandes trofeos aún no han llegado.
Cada victoria ha sido un ladrillo más en una construcción silenciosa. Muchas llegaron ante rivales de la zona media y baja, partidos donde la obligación de ganar era total. Otras se produjeron frente a equipos directos, encuentros donde la clasificación, el prestigio y la narrativa de la temporada estaban en juego.
Si hay una herida que sigue abierta en la historia reciente del Real Madrid Femenino, esa tiene nombre y lugar: Butarque, Copa de la Reina 2023. Aquella tarde, el equipo blanco rozó su primer gran título. Lo tuvo cerca, lo saboreó durante muchos minutos y lo perdió de la forma más cruel. El Atlético de Madrid, rival histórico y espejo incómodo, resistió, sufrió y encontró en un instante puntual la chispa que cambió la historia.
Una falta directa ejecutada de manera magistral por Estefanía Banini, hoy centrocampista del ONA, detuvo el tiempo y forzó una prórroga que desembocó en una tanda de penaltis.
⚽️ ¡𝗚𝗢𝗢𝗢𝗢𝗢𝗢𝗢𝗢𝗢𝗢𝗢𝗢𝗢𝗟!
Golazo de Banini para empatar el partido en el último suspiro y volver loca a la afición de Butarque.
Allí, las jugadoras de Manolo Cano fueron más frías. Para el Real Madrid, aquella final fue una lección brutal. No tanto por la derrota en sí, sino por la manera en que se perdió. Porque desde ese día, el club entendió que competir ya no era suficiente, que estar cerca tampoco lo era. Que el siguiente escalón exigía temple, oficio y una frialdad que solo se adquiere a base de golpes.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) May 27, 2023
La Supercopa de España ha reproducido durante años un patrón similar. Llegar, competir, pero chocar una y otra vez con un Barcelona dominante, estructuralmente superior y acostumbrado a decidir finales. Marcadores abultados, sensaciones de distancia, noches difíciles como la del 22 de enero de 2025 en Butarque, donde el Barça volvió a imponerse con un contundente 5-0.
Esas derrotas expusieron sin maquillaje la diferencia entre ambos proyectos, pero también dejaron una enseñanza incómoda y necesaria: para ganar finales no basta con llegar.
Hay que llegar preparado emocionalmente. El Barcelona jugaba esos partidos con la naturalidad de quien ya ha estado allí muchas veces. El Real Madrid lo hacía con la tensión de quien siente que cada final es histórica. Esa diferencia no se entrena en una semana. Se construye con tiempo, con derrotas y con frustración.
En Europa, el crecimiento ha sido más progresivo y, en cierto modo, más pedagógico. La UEFA Women’s Champions League se convirtió pronto en el espacio donde el Real Madrid entendió qué significa realmente la élite. Superar fases de grupos, competir eliminatorias, alcanzar cuartos y semifinales no fue fruto de la casualidad. Fue el resultado de un proceso de endurecimiento. Europa enseñó al equipo a sufrir lejos de casa, a sostener partidos largos, a convivir con la presión ambiental y a asumir que cada error se paga. El Emirates Stadium fue una de esas aulas duras. Allí, una Alessia Russo soberbia lideró al Arsenal hacia las semifinales, antes de que las londinenses sorprendieran al Barcelona en la final de Lisboa con un gol de Blackstenius en el minuto setenta y cuatro.
Para el Real Madrid, aquella eliminación fue otra lección más en el camino: en la élite continental no basta con competir bien, ni siquiera con competir mejor durante muchos minutos. Hay que ser implacable.
Y, sin embargo, pocos días antes de hincar la rodilla en territorio británico, el Real Madrid logró lo que durante años pareció imposible. Tumbar al Barcelona en la Liga F. Y hacerlo, además, a domicilio.
El 1-3 de Montjuïc, en marzo de 2025, no fue solo la primera victoria oficial del Real Madrid Femenino ante el Barça. Fue una ruptura narrativa. Un golpe simbólico. Una demostración de que el dominio no es eterno y de que la historia también se escribe rompiendo estadísticas. Aquel partido condensó todo el camino recorrido: la paciencia acumulada, las goleadas encajadas, la resistencia mental, la capacidad para saber sufrir cuando tocaba y golpear cuando se podía. Ganar en Montjuïc fue tan importante como alcanzar las cien victorias ligueras. Todo formaba parte del mismo proceso.
(Fuente: Getty imágenes)
A partir de ese día, el Clásico dejó de ser un muro infranqueable para convertirse en un desafío. Durante años, cada enfrentamiento con el Barcelona parecía una prueba de que el proyecto aún estaba lejos. Aquel 1-3 cambió la percepción interna y externa. El Real Madrid ya no jugó pensando en no perder, sino en ganar. Y esa diferencia mental es, muchas veces, la frontera entre competir y vencer.
Hoy, el Real Madrid Femenino puede mirar sus números con orgullo y, al mismo tiempo, con conciencia de lo que falta. Más de ciento catorce victorias en Liga F, presencia constante en la Champions, finales nacionales disputadas, un Clásico ganado, una identidad cada vez más reconocible. Pero también noches como Butarque, derrotas en Supercopa, aprendizajes europeos. Porque la historia no se mide solo en cifras, sino en contextos. En tardes que duelen y en noches que liberan.
(Fuente: Liga F Moeve)
Toda esta evolución ha estado sostenida por protagonistas que no siempre ocupan los focos, pero que han dado continuidad y sentido al proyecto. Liderazgos silenciosos, futbolistas constantes, jugadoras que han entendido el peso del escudo y lo han asumido sin estridencias.
El Real Madrid Femenino ha crecido alrededor de una idea clara: el bloque por encima de la individualidad, sin renunciar al talento diferencial para decidir partidos.
En sus primeros años quiso jugar como se espera que juegue el Real Madrid, dominando y atacando. Con el tiempo, entendió que la élite exige adaptabilidad. Hoy sabe jugar partidos abiertos y cerrados, defender en bloque bajo, salir rápido, dominar cuando puede y resistir cuando toca. Esa evolución táctica, no siempre lineal pero sí constante, es una de sus victorias silenciosas.
(Fuente: UEFA )
Por eso ya no se le puede juzgar como un proyecto emergente. Ya no vale con competir bien ni con llegar. Ahora toca ganar títulos. Pero cuando lleguen —porque llegarán— no se entenderán sin este camino. Sin Tacón. Sin Butarque. Sin las derrotas en Supercopa. Sin las noches europeas. Sin Montjuïc. Sin la victoria número cien. Porque este equipo ha aprendido algo esencial: que ganar es importante, pero saber perder es lo que te prepara para hacerlo cuando de verdad importa.
(Fuente: Getty imágenes)
El Real Madrid Femenino pertenece a ese grupo de equipos que no nacen sabiendo ganar, sino que aprenden a hacerlo mientras cargan con un apellido que no admite excusas. Ganar con este escudo nunca es solo ganar. Es demostrar, convencer y justificar cada paso. Y en ese equilibrio incómodo entre la exigencia histórica y la juventud del proyecto, el Real Madrid Femenino sigue escribiendo su historia desde la persistencia, no desde la épica inmediata.
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Y así, cuando el futuro llegue con sus desafíos y sus finales, este equipo lo hará con una certeza interior: que ha recorrido el camino largo, el difícil, el que no se salta etapas. Que ha aprendido a caer sin romperse y a levantarse con más conocimiento.
Y entonces, cuando el balón vuelva a rodar en una gran noche blanca, cuando el estadio contenga la respiración y el escudo pese como nunca, resonará algo más que la ambición.
Resonará la memoria y con ella, la esperanza eterna del madridismo, esa que dice que el final siempre puede ser glorioso, porque “como no te voy a querer, como no te voy a querer, si fuiste campeón de Europa una y otra vez”.
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Y cuando el camino vuelva a empinarse —porque siempre lo hace— el Real Madrid Femenino sabrá que ya ha estado ahí. Que ya caminó sin red, que ya perdió cuando dolía, que ya aprendió cuando nadie miraba. Que las cien victorias no son una meta, sino una prueba de resistencia superada. Que lo verdaderamente importante no es cuántas veces ganó, sino todo lo que fue capaz de sostener antes de hacerlo.
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Este equipo ya no corre detrás de la historia: la empuja. Con pasos aún jóvenes, sí, pero con una convicción adulta. Sabe que el escudo no promete facilidades, promete exigencia. Y que cada derrota asumida, cada noche europea sufrida, cada final perdida, ha sido una página necesaria para llegar hasta aquí.
(Fuente: Laliga)
Porque el Real Madrid no se explica solo por lo que conquista, sino por lo que insiste. Y este Real Madrid Femenino insiste. Insiste en competir, en volver, en levantarse sin ruido y en crecer sin atajos. Insiste en honrar un apellido que pesa, pero que también empuja.
⬛️ Con las jugadoras del FC Badalona Women (ONA) , Itziar Pinillos, Lorena Navarro y Elena Julve, como protagonistas, Liga F y PUMA lanzan la campaña ‘Amiga Visible’ para poner en valor a las mujeres que inspiran y acompañan a las futbolistas. Una iniciativa que da voz a los pilares fundamentales de las jugadoras y que apuesta por fomentar la visibilidad de las protagonistas y avanzar hacia un futuro más igualitario.
En estas fechas tan simbólicas del calendario, cuando el año se aproxima a su fin y la Navidad actúa como un punto de encuentro emocional, la Liga F vuelve a demostrar que el fútbol femenino es mucho más que lo que ocurre durante noventa minutos sobre el césped. Es un espacio de vínculos, de memoria, de agradecimientos y de caminos compartidos. En este contexto nace la campaña ‘Amiga Visible’, una iniciativa impulsada por Liga F junto a PUMA que aprovecha el espíritu navideño para invitar a las jugadoras a mirar hacia atrás, a su alrededor y hacia dentro, y a señalar públicamente a aquellas personas que han sido y siguen siendo fundamentales en su desarrollo personal y profesional. Personas que no siempre ocupan titulares, que no siempre aparecen en las fotos oficiales, pero que sostienen, empujan y acompañan cada paso de las futbolistas en su trayectoria vital y deportiva.
‘Amiga Visible’ no es solo una acción puntual, sino una declaración de intenciones.
Es la reafirmación de que el fútbol femenino se construye en red, en comunidad, desde el compañerismo, la referencia y el apoyo familiar. En esta edición, las protagonistas son tres jugadoras del FC Badalona Women: Itziar Pinillos, Lorena Navarro y Elena Julve, tres perfiles distintos, tres historias personales únicas y tres maneras complementarias de entender el significado de acompañar y ser acompañada.
Cada una de ellas regala el balón oficial de la competición a la mujer o mujeres que considera pilares clave en su carrera, un gesto cargado de simbolismo que conecta el objeto más representativo del juego con los valores humanos que sostienen el fútbol femenino.
Itziar Pinillos decide mirar a su alrededor y escoger a sus propias compañeras de equipo, esas futbolistas con las que comparte entrenamientos diarios, viajes, victorias, derrotas, silencios en el vestuario y celebraciones íntimas. En un deporte colectivo como el fútbol, donde el rendimiento individual siempre está atravesado por el grupo, Pinillos reivindica la importancia del día a día compartido. Sus compañeras no solo son socias en el terreno de juego, sino confidentes, apoyos emocionales y referentes constantes.
Son las primeras que entienden una mala semana, las que celebran un progreso invisible, las que empujan cuando las fuerzas flaquean. Al regalarles el balón oficial de la Liga F, Itziar devuelve simbólicamente todo aquello que recibe a diario: compromiso, esfuerzo, solidaridad y una amistad construida desde el sudor y la convivencia.
Lorena Navarro, por su parte, dirige su mirada hacia una figura histórica del fútbol femenino español e internacional: Vero Boquete. Su elección trasciende lo personal para convertirse en un reconocimiento colectivo. Vero Boquete representa a una generación de pioneras que lucharon cuando apenas había focos, cuando el fútbol femenino no tenía el reconocimiento ni las estructuras actuales. “Una persona que ha luchado mucho por el fútbol femenino.
Cuando nosotras éramos pequeñas salía Vero y era la imagen del fútbol”, afirma la madrileña, sintetizando en una frase lo que significó para tantas niñas ver a una futbolista abrir caminos en contextos adversos. Para Lorena, Boquete no es solo una referente deportiva, sino un símbolo de resistencia, valentía y ambición. Su trayectoria internacional, su liderazgo y su capacidad para elevar el nivel del fútbol femenino han servido de inspiración directa para muchas jugadoras que hoy compiten en la élite. El balón que Lorena entrega a Vero Boquete es, en realidad, un homenaje a todas las que hicieron posible que hoy exista una Liga F profesional, visible y en crecimiento.
El tercer ejemplo lo aporta Elena Julve, cuya elección conecta de manera directa con el núcleo familiar. Elena decide regalar el balón a su abuela María, la mujer que la ha acompañado a todos lados, que ha estado presente en cada paso de su camino y sin la cual, como reconoce la propia jugadora, nunca hubiera llegado a ser futbolista profesional. En esta historia, el fútbol se entrelaza con la vida cotidiana, con los cuidados, los sacrificios silenciosos y el amor incondicional. La figura de la abuela como apoyo constante recuerda que el deporte de alto nivel no se construye únicamente desde los clubes y las competiciones, sino también desde las casas, los trayectos interminables, las meriendas rápidas y la fe ciega en un sueño que parecía lejano. Elena pone voz a tantas futbolistas que han tenido en sus familias el pilar fundamental para perseverar cuando el camino parecía cuesta arriba.
Estos tres relatos, diferentes en forma pero unidos en fondo, simbolizan la importancia de las personas que acompañan a las deportistas en su desarrollo personal y profesional. ‘Amiga Visible’ nace precisamente con ese objetivo: reforzar la visibilidad del fútbol femenino destacando el papel esencial que desempeñan las compañeras, las referentes históricas y los familiares en el crecimiento, la confianza y la proyección de las futbolistas. Es una campaña que desplaza el foco del individualismo al colectivo, que amplía el relato del deporte para incluir a todas esas figuras que sostienen la carrera de una jugadora más allá del césped.
Con esta iniciativa, la Liga F continúa una línea de trabajo coherente con su identidad: dar voz a las jugadoras, permitirles contar sus historias en primera persona y generar espacios donde el fútbol femenino se explique desde la experiencia vivida. No se trata solo de resultados o clasificaciones, sino de trayectorias humanas, de referentes visibles y de agradecimientos necesarios. En un contexto donde el fútbol femenino sigue creciendo en impacto mediático y social, estas campañas ayudan a consolidar un relato propio, basado en valores y en una mirada inclusiva del deporte.
Por su parte, PUMA refuerza con ‘Amiga Visible’ su firme compromiso con el fútbol femenino. La marca no se limita a vestir a las jugadoras o a poner su logotipo en los estadios, sino que se implica activamente en iniciativas que promueven la igualdad, la visibilidad y el reconocimiento del trabajo de las futbolistas.
La alianza entre Liga F y PUMA se consolida así como un ejemplo de colaboración estratégica orientada a impulsar el presente y el futuro del fútbol femenino, entendiendo que el crecimiento del deporte pasa también por construir narrativas sólidas y emocionales.
Ambas entidades, Liga F y PUMA, continúan trabajando de manera conjunta para fomentar la visibilidad de las protagonistas y avanzar hacia un futuro más igualitario. Un futuro donde las niñas que hoy sueñan con ser futbolistas encuentren referentes cercanos, historias en las que verse reflejadas y un ecosistema que las acompañe desde la base hasta la élite. ‘Amiga Visible’ se inserta en ese horizonte, recordando que el fútbol femenino no avanza en solitario, sino gracias a una comunidad amplia y diversa que cree, apoya y empuja.
La campaña adquiere además un significado especial al desarrollarse en plena Navidad, un periodo tradicionalmente asociado a la familia, los recuerdos y los regalos con valor emocional. En estas fechas, el balón deja de ser solo un objeto deportivo para convertirse en un símbolo de unión, de transmisión de valores y de sueños compartidos. El gesto de regalar el balón oficial de la Liga F a una compañera, a una referente o a una abuela conecta el juego con la gratitud, el reconocimiento y la memoria.
Y es precisamente en este cierre de año, cargado de emoción y de balance, donde el fútbol femenino encuentra una oportunidad única para seguir entrando en los hogares, en las conversaciones familiares y en las ilusiones de los más pequeños. Porque si algo demuestra ‘Amiga Visible’ es que el fútbol femenino se aprende, se siente y se comparte desde edades tempranas, desde referentes visibles y desde productos que acercan la competición a la vida cotidiana.
Por eso, en este cierre épico, la Liga F invita a soñar también desde el lado más ilusionante de la Navidad. En estas fiestas, los más pequeños de la casa pueden incluir en sus cartas a Papá Noel, que llegará el 25 de diciembre de 2025, o a los Reyes Magos de Oriente, que harán lo propio el 6 de enero de 2026, un deseo muy especial: el balón oficial de la Liga F Moeve de esta temporada.
Un regalo que no solo permite jugar, sino también sentirse parte de la competición, de sus valores y de sus protagonistas. Para facilitar la tarea a los ayudantes de Santa Claus y a los pajes reales, basta con darles una pista muy concreta: este producto se puede encontrar en la web de la Liga Profesional de Fútbol Femenino por tan solo 20 euros, convirtiéndose en una opción accesible y cargada de significado.
Además, quienes quieran completar la experiencia o apostar por diferentes opciones, también pueden encontrar el balón oficial del curso pasado, ahora rebajado a 7 euros, una oportunidad perfecta para seguir jugando y aprendiendo sin renunciar a la calidad. Y para aquellas familias que deseen llevar el fútbol femenino más allá del césped y compartirlo alrededor de una mesa, existe también el juego demesa de la Primera División Femenina, una iniciativa de Borrás disponible por 36 euros, que permite recrear en familia los valores del torneo, conocer a los dieciséis equipos que forman la élite y descubrir a las protagonistas desde una perspectiva lúdica y educativa. Un juego pensado para aprender, compartir y entender que el fútbol femenino es también compañerismo, estrategia, igualdad y respeto.
Así, entre campañas como ‘Amiga Visible’, gestos cargados de simbolismo y regalos que transmiten valores, la Liga F cierra el año reafirmando su compromiso con un fútbol femenino cada vez más visible, más cercano y más presente en la vida de las personas. Un fútbol que se juega en los estadios, pero también en las casas, en las cartas a Papá Noel, en la ilusión de los Reyes Magos y en cada balón que rueda impulsado por sueños que, gracias a referentes visibles y apoyos incondicionales, hoy están más vivos que nunca.
🔲 Hay anuncios que no solo cambian presupuestos, sino que alteran el pulso de una época. Hay decisiones que no se miden únicamente en cifras, sino en el eco que dejan en generaciones enteras. La UEFA ha anunciado oficialmente que destinará mil millones de euros al fútbol femenino entre 2025 y 2030, y con ese gesto, el máximo organismo del fútbol europeo no solo pone dinero sobre la mesa: pone una declaración de intenciones, una enmienda al pasado y una promesa al futuro. Porque competiciones como la Champions League Femenina y la nueva Europa Cup ya no quieren sobrevivir en los márgenes, quieren ocupar el centro del relato, el lugar que se han ganado en el campo, en las gradas y en la conciencia colectiva del deporte europeo.
El anuncio llega como un golpe seco, de esos que obligan a levantar la cabeza y mirar alrededor para comprobar si lo que se ha oído es real.
Mil millones de euros en cinco años. Una inversión sin precedentes en la historia del fútbol femenino europeo. No es un parche, no es un gesto simbólico, no es una campaña de imagen: es un plan estructural que pretende cambiar la arquitectura misma del fútbol practicado por mujeres en Europa. Infraestructuras, competiciones, formación, visibilidad, profesionalización, sostenibilidad económica, derechos audiovisuales, apoyo a clubes, federaciones y ligas nacionales. Todo cabe dentro de una cifra que, por primera vez, no se pronuncia con miedo, sino con ambición.
⚽ We're committing €1bn to women’s football by 2030.
Durante décadas, el fútbol femenino ha vivido en una contradicción permanente: crecía en talento, en nivel competitivo y en interés social, pero lo hacía con recursos mínimos, con estructuras frágiles y con una exposición mediática muy inferior a la que merecía. La UEFA lo sabe. Las federaciones lo saben. Los clubes lo saben. Y, sobre todo, lo saben las futbolistas, que han sido las grandes arquitectas de este crecimiento a pulso, sosteniendo el edificio con su rendimiento mientras los cimientos financieros se construían lentamente. Este anuncio no borra el pasado, pero sí reconoce que el presente exige otra velocidad y que el futuro no puede seguir esperando.
La Champions League Femenina es el mejor ejemplo de esa tensión entre lo que el torneo es y lo que aún puede llegar a ser. En los últimos años, la competición ha ofrecido partidos memorables, estadios llenos, audiencias crecientes y una narrativa deportiva de altísimo nivel.
Equipos históricos y proyectos emergentes han elevado el listón competitivo, han creado rivalidades reconocibles y han consolidado figuras que ya forman parte del imaginario del fútbol europeo. Sin embargo, ese crecimiento se ha producido muchas veces pese a las limitaciones estructurales, no gracias a su ausencia. La inversión anunciada por la UEFA pretende cerrar esa brecha: convertir la excelencia deportiva en un producto sólido, sostenible y globalmente reconocible.
La nueva Europa Cup, llamada a convertirse en el segundo gran torneo continental de clubes, aparece en este contexto como una pieza clave. No se trata solo de añadir una competición al calendario, sino de ampliar el ecosistema competitivo, de ofrecer más oportunidades deportivas a más clubes, de generar ingresos, experiencias internacionales y visibilidad para proyectos que hasta ahora quedaban fuera del gran foco europeo. La apuesta económica de la UEFA reconoce que el crecimiento del fútbol femenino no puede depender únicamente de la élite más alta, sino que necesita una base amplia, diversa y competitiva que alimente todo el sistema.
Esta cuantía es, en realidad, una inversión en credibilidad. Durante años, el discurso institucional ha hablado de igualdad, de impulso, de compromiso. Ahora ese discurso se traduce en números, en planes, en calendarios y en responsabilidades. Porque invertir es también comprometerse a gestionar bien, a distribuir con criterio, a evaluar resultados y a corregir errores. La UEFA se coloca así en una posición de liderazgo que ya no admite medias tintas: el fútbol femenino europeo entra en una fase en la que ya no basta con crecer, hay que consolidar, profesionalizar y proteger lo construido.
El impacto de esta decisión se sentirá en múltiples niveles. En los clubes, que podrán planificar a medio y largo plazo con mayor seguridad económica, invertir en estructuras profesionales, mejorar condiciones laborales, retener talento y atraer nuevas generaciones de futbolistas. En las ligas nacionales, que recibirán un impulso indirecto pero decisivo, elevando el nivel competitivo interno y reforzando su atractivo comercial. En las federaciones, que tendrán más herramientas para desarrollar el fútbol base, la formación de entrenadoras y entrenadores, árbitras y personal especializado. Y, por supuesto, en las futbolistas, que verán cómo su carrera deportiva se asienta sobre bases más sólidas y dignas.
Pero hay algo aún más profundo que el dinero no puede medir del todo: el cambio de percepción. Cuando el máximo organismo del fútbol europeo decide destinar una cifra histórica al fútbol femenino, está enviando un mensaje claro a patrocinadores, medios de comunicación, instituciones y sociedad en general. Está diciendo que este fútbol no es una promesa futura, sino una realidad presente; que no es un complemento, sino una parte esencial del ecosistema futbolístico; que no necesita compararse constantemente con el fútbol masculino para justificar su existencia, porque tiene valor propio, identidad propia y un recorrido que merece ser contado con la misma ambición.
En este punto, la visibilidad se convierte en un eje central. No basta con que existan grandes partidos si no se cuentan bien, si no se emiten en horarios dignos, si no se analizan con rigor, si no se narran con emoción y contexto. La inversión de la UEFA apunta también a ese territorio intangible pero decisivo: el relato. El fútbol femenino necesita cámaras, micrófonos, periodistas especializados, producción de calidad y espacios de análisis que lo traten con la seriedad que exige el alto rendimiento. Porque cuando el relato acompaña al juego, el crecimiento se multiplica.
El anuncio llega, además, en un momento clave para el fútbol femenino europeo, tras años de torneos internacionales que han marcado un antes y un después en términos de audiencias, asistencia a estadios y conversación social. El público ha respondido. Las niñas y adolescentes han encontrado referentes. Los clubes han entendido que invertir en fútbol femenino no es una carga, sino una oportunidad deportiva y de marca. La UEFA recoge ahora todo ese impulso y lo convierte en un plan estructurado que aspira a que este crecimiento no sea una ola pasajera, sino una marea constante.
Desde una perspectiva histórica, este compromiso económico marca un punto de inflexión comparable a los grandes momentos fundacionales del fútbol europeo moderno. Así como en su día la creación y expansión de las competiciones continentales masculinas redefinió el mapa del fútbol, esta inversión tiene el potencial de redefinir el lugar del fútbol femenino en la estructura deportiva y cultural de Europa. No se trata solo de igualar cifras, sino de corregir décadas de infrafinanciación y de acelerar procesos que, de otro modo, tardarían generaciones en completarse.
El reto, ahora, es inmenso. Porque invertir también implica responsabilidad. Habrá que decidir cómo se distribuyen los recursos, qué proyectos se priorizan, cómo se garantiza que el crecimiento sea equilibrado y no genere nuevas desigualdades internas. Habrá que vigilar que el dinero llegue a donde tiene que llegar, que no se quede en la superficie, que se traduzca en mejores condiciones reales para quienes sostienen el fútbol femenino día a día. Y habrá que hacerlo con transparencia, con diálogo constante con clubes, ligas, futbolistas y agentes del sector.
En este escenario, la Champions League Femenina se perfila como el gran escaparate, pero también como el laboratorio donde se medirán los resultados de esta apuesta. Más partidos de alto nivel, mayor competitividad entre ligas, estadios más grandes, premios económicos más elevados, producción audiovisual de primer nivel. Todo ello contribuirá a que el torneo no solo crezca en prestigio, sino que se consolide como una referencia global del fútbol de clubes. La Europa Cup, por su parte, tendrá la misión de democratizar ese crecimiento, de abrir puertas, de ofrecer experiencias europeas a proyectos que hasta ahora miraban la élite desde lejos.
Este anuncio también interpela directamente a los medios de comunicación. Porque una inversión de esta magnitud exige una cobertura acorde.
Exige análisis, seguimiento, memoria histórica y mirada crítica. Exige contar no solo los resultados, sino los procesos. Exige explicar por qué este dinero importa, qué cambia, qué se espera y qué se debe exigir. El fútbol femenino ya no puede ser tratado como una noticia puntual o como un fenómeno anecdótico: forma parte de la agenda central del deporte europeo.
Hay, además, una dimensión simbólica que no puede pasarse por alto. Durante mucho tiempo, las futbolistas han escuchado que “todavía no es rentable”, que “hay que ir poco a poco”, que “no se puede forzar el crecimiento”. La UEFA, con este anuncio, responde de forma contundente: el crecimiento no solo es posible, es necesario. Y para que sea sostenible, hay que invertir de verdad. No cuando todo esté hecho, sino precisamente para que pueda hacerse.
El periodo 2025-2030 se convierte así en una ventana histórica. Cinco años que pueden redefinir estructuras, acelerar procesos y consolidar un modelo que sirva de referencia global. Europa asume el liderazgo, consciente de que el fútbol femenino es uno de los espacios de mayor potencial de crecimiento del deporte en las próximas décadas. No solo en términos económicos, sino en valores, en diversidad, en impacto social y en conexión con nuevas audiencias.
En el fondo, este anuncio habla de algo más que fútbol. Habla de oportunidades, de reconocimiento, de justicia deportiva. Habla de niñas que hoy empiezan a jugar sabiendo que existe un camino real, profesional y valorado. Habla de clubes que pueden soñar sin miedo a la precariedad. Habla de una Europa futbolística que decide mirarse al espejo y apostar por todo su talento, no solo por una parte.
Como diría “El Partido de Manu”, este no es un final feliz, es un comienzo exigente. El dinero no marca goles, no gana títulos, no llena estadios por sí solo.
Pero crea el contexto para que todo eso ocurra. La UEFA ha puesto las cartas sobre la mesa. Ha dicho, alto y claro, que el fútbol femenino merece más visibilidad, más oportunidades y más progreso. Ahora empieza el partido de verdad: el de convertir un billón de euros en un legado que no se mida solo en balances, sino en historia.