Misa alcanzó contra el Granada las 80 porterías a cero con el Real Madrid y ha viajado a Castellón sabiendo que podrá ampliar su leyenda como merengue, con el que cumplirá 200 encuentros. en la primera semifinal de la Supercopa de España Iberdrola, precisamente ante el Atlético de Madrid, con el que fue campeona de la Liga F en 2017, 2018 y 2019, si Pau Quesada estima oportuno ponerla en el once titular.
La ganadora del Trofeo Zamora en 2021 y 2023 protagonizó hace ya cinco años un episodio conocido como “Misma pasión” al ser víctima de un deplorable acoso en redes sociales tras celebrar una victoria europea del equipo masculino a costa del Liverpool (3-1) en plena pandemia del coronavirus.
La canaria festejó ese éxito al compartir en su cuenta de Twitter, ahora X, una imagen suya junto con la de Marco Asensio, autor del segundo gol ante los ingleses. «Misma pasión», escribió en el tuit en el que citaba al equipo masculino y femenino del Madrid.
La publicación poco duró en Twitter ya que la portera del conjunto blanco se vio obligada a borrarla después de recibir numerosos insultos machistas e hirientes que no se pueden tolerar en pleno siglo XXI.
Marco Asensio no vivió ajeno a lo que Misa Rodríguez tuvo que sufrir que sufrir por celebrar la victoria ante el Liverpool y el gol que marcó. El futbolista del primer equipo masculino quiso mostrar su apoyo a su compañera y colgó un mensaje de apoyo en la redes sociales para salir en su defensa. «Misma pasión. Que nada ni nadie te impida decir los que piensas», escribió el por entonces jugador blanco.
Este desafortunado episodio reforzó su vínculo madridista y desde entonces se ha convertido en un símbolo para la afición del Estadio Alfredo Di Stéfano, ayudada por sus grandes intervenciones y el amor que demostró por la entidad desde su llegada.
Ahora, favorecida por la lesión de su compañera Frohms, ha recuperado la titularidad en el conjunto blanco y buscará en Castellón ser bicentenaria en el choque de semifinales ante el Atlético de Madrid (19:15 horario peninsular, Teledeporte) y querrá celebrarlo con el pase a la gran final, pero antes tendría que frenar el empuje ofensivo de las colchoneras, que bajo el liderazgo ofensivo de Luany Da Silva o Amaiur Sarriegui, dos goleadoras asiduas, anhelan por encima de todo, poner fin a una racha de nueve compromisos oficiales sin ganar.
Sea como fuere, este choque de trenes entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid es una cita ineludible para los amantes del fútbol femenino español, pues una plaza en el partido por el título está en liza y la emoción es desbordante, de eso no hay duda.
⬛️ El fútbol no siempre concede segundas oportunidades, pero sí señala escenarios donde todo puede cambiar. Castalia, estadio de memoria popular y tradición competitiva, acoge una semifinal de Supercopa de España que trasciende el formato y el calendario. Real Madrid y Atlético de Madrid se enfrentan en un derbi sin red, a partido único, con una final en el horizonte y con la certeza de que solo una de las dos saldrá reforzada de una noche que promete tensión, emoción y relato. Pau Quesada y Misa Rodríguez pusieron voz, pulso y contexto a una cita que ya pertenece al imaginario de la temporada.
La Supercopa de España no concede margen para la especulación. Es un torneo breve, incisivo, diseñado para separar con rapidez a quienes sostienen el pulso competitivo bajo presión de quienes necesitan tiempo para construir certezas. En ese formato comprimido, cada error pesa más, cada acierto se amplifica y cada decisión adquiere una dimensión definitiva.
Para el Real Madrid, esta semifinal ante el Atlético no es solo un acceso a una final. Es una prueba de madurez, de identidad y de capacidad para sostener su discurso futbolístico cuando el contexto aprieta. Para el Atlético, es la oportunidad de volver a demostrar que en los escenarios cerrados, donde la táctica y el carácter se imponen, sigue siendo un rival incómodo, feroz y plenamente competitivo.
El formato de partido único elimina cualquier cálculo. No hay vuelta, no hay corrección posterior. Noventa minutos —y lo que venga después— para imponer una idea, resistir la del rival y escribir el siguiente capítulo de un derbi que ya no entiende de dinámicas largas, sino de momentos decisivos.
La elección de Castalia como sede no es menor. Castellón no es una plaza neutra; es una ciudad con una relación histórica con el fútbol, con un estadio que ha vivido ascensos, descensos y noches de identidad colectiva. Llevar allí una semifinal de Supercopa femenina no es solo una decisión logística, es una declaración de intenciones: descentralizar, expandir y conectar el fútbol femenino de élite con territorios donde la pasión es genuina y constante.
Pau Quesada lo expresó con claridad al valorar el escenario como “magnífico”, destacando no solo la entidad del rival, sino el contexto que rodea al partido. Castalia, recordó, es un estadio que se llenaba incluso en categorías inferiores, un símbolo de fidelidad y pertenencia. Ese mismo espíritu es el que se espera en una noche donde las gradas no solo acompañarán, sino que amplificarán cada acción del juego.
El llamamiento es claro: que el estadio se llene, que acudan escuelas de fútbol femenino, familias, aficionados de ambos equipos y público neutral. Que Castalia sea una fiesta del fútbol, un escaparate donde la Supercopa no sea solo un trofeo, sino una experiencia compartida.
Hablar de Real Madrid–Atlético es hablar de un partido que se explica por sí mismo. Un derbi no entiende de clasificaciones previas ni de etiquetas externas. Es un enfrentamiento que se rige por códigos propios, donde la emoción y el contexto suelen neutralizar cualquier favoritismo teórico.
Quesada fue tajante al respecto: “A partido único cualquier rival te puede ganar. No hay favoritos en el derbi”. Sus palabras no responden a la prudencia habitual del discurso previo, sino a una lectura realista de los precedentes recientes, donde los resultados han oscilado entre victorias, empates y derrotas, reflejando la igualdad estructural de este cruce.
En un derbi, la gestión emocional es tan importante como el planteamiento táctico. La capacidad para sostener el plan cuando el rival aprieta, para no descomponerse en los tramos de mayor exigencia y para interpretar correctamente los momentos del partido marca la diferencia. Y ahí, la experiencia acumulada en este tipo de encuentros adquiere un valor incalculable.
Real Madrid llega a esta semifinal con una sensación de crecimiento constante, aunque no exenta de desafíos. Quesada reconoció que el equipo ha tenido ritmo y continuidad, pero también partidos en los que el rival ha llevado al límite cada fase del juego. En esos contextos, apuntó, se hace necesaria una mayor contundencia y madurez, aspectos que forman parte del proceso natural de un grupo que sigue evolucionando.
Lejos de mostrar inquietud, el técnico transmitió tranquilidad. Su discurso se apoya en el trabajo diario, en la profesionalidad del grupo y en la convicción de que incluso cuando los resultados no acompañan o el juego se atasca, el compromiso y la ética competitiva de las jugadoras sostienen el proyecto.
Esa confianza no nace de la retórica, sino de la observación cotidiana. De lunes a sábado, insistió, el equipo trabaja con una intensidad que le permite afrontar estos escenarios con seguridad. La semifinal no es un examen aislado, sino la consecuencia de hábitos construidos en cada entrenamiento, en cada partido de liga, en cada momento no marcado en rojo en el calendario.
Uno de los mensajes más relevantes del discurso de Quesada fue la naturalización del torneo. La Supercopa no se aborda como un paréntesis, sino como una extensión del trabajo habitual. Los partidos se encaran del mismo modo, independientemente del contexto o del rival. Esa coherencia metodológica es, para el cuerpo técnico, una garantía de preparación real.
“No porque el Barça esté a diez puntos”, explicó, se altera la exigencia interna. Cada once inicial asume el partido como un examen, ya sea ante el Levante en liga o ante el Atlético en una semifinal. La presión y la intensidad no se negocian. Cambia el escenario, pero no el compromiso.
Esa mentalidad es especialmente relevante en torneos cortos, donde la capacidad de replicar comportamientos estables en contextos extraordinarios suele marcar la diferencia entre avanzar o quedarse en el camino. análisis del rival fue preciso y sin adornos. Quesada subrayó dos rasgos fundamentales del Atlético: su capacidad para mover el balón y su velocidad en los metros finales. Jugadoras como Fiamma representan una amenaza constante en la búsqueda de espacios, en la ruptura y en la transición ofensiva.
Controlar esos aspectos será clave para el Real Madrid, pero el planteamiento no pasa únicamente por neutralizar, sino por imponer su propio estilo. El técnico se mostró convencido de que el equipo llega preparado para ello, con las ideas claras y con la confianza necesaria para llevar el partido al terreno que más le conviene.
La semifinal, por tanto, se perfila como un duelo de identidades: la propuesta de posesión y ritmo frente a la capacidad atlética y la verticalidad. Un choque donde cada ajuste táctico puede inclinar la balanza.
Más allá del resultado, la semifinal representa una nueva oportunidad para consolidar el crecimiento del fútbol femenino en España. La descentralización de las sedes, la ocupación de estadios históricos y la visibilidad de partidos de alto nivel contribuyen a normalizar una realidad que ya no es promesa, sino presente.
Quesada lo expresó desde una perspectiva integradora: que vengan aficionados de ambos equipos, que el estadio se llene, que el espectáculo sea compartido. El derbi como confrontación deportiva, sí, pero también como celebración de un deporte que sigue ampliando su base social.
Pau Quesada compareció en la rueda de prensa previa con el tono de quien entiende la magnitud del momento, pero no se deja arrastrar por él. No hubo grandilocuencia impostada ni refugio en tópicos. Su primera valoración del encuentro situó la semifinal exactamente donde debe estar: como un escenario privilegiado, exigente y estimulante.
“Unas semifinales es un escenario magnífico”, señaló, subrayando tanto el contexto competitivo como la entidad del rival. Castalia, el Atlético, la Supercopa y el formato a partido único conforman, en su visión, un conjunto que “lo tiene todo para disfrutar del partido, de los 90 minutos e ir a por ello”. En esa frase se condensa una idea clave: disfrutar no es relajarse, sino asumir la exigencia máxima con ambición y determinación.
La sensación que transmite el técnico es la de un grupo preparado para convivir con la presión, para reconocerla y convertirla en motor competitivo. No hay ansiedad por el resultado inmediato, sino deseo de que el balón eche a rodar, de que el partido empiece y permita al equipo expresarse.
Uno de los puntos más relevantes de su intervención fue el análisis honesto del rendimiento del equipo a lo largo de la temporada. Quesada no se refugió en una lectura complaciente. Reconoció que el Real Madrid ha tenido ritmo y continuidad, pero también encuentros en los que el rival ha elevado tanto la exigencia que ha obligado al equipo a explorar sus propios límites.
“Hay partidos en los que el rival te lleva al límite”, explicó, apuntando a la necesidad de mayor contundencia y madurez en determinados tramos. No se trata de una crítica aislada, sino de una reflexión estructural: los partidos grandes no se ganan solo desde la propuesta, sino desde la capacidad de gestionar momentos adversos, de sostener el plan cuando el margen de error se reduce al mínimo.
Ese aprendizaje, insistió, forma parte del proceso. Y en ese proceso, el cuerpo técnico encuentra tranquilidad en el trabajo diario. La referencia constante al lunes a sábado no es casual: es ahí donde se construyen las respuestas que luego aparecen —o no— en los escenarios decisivos.
Quesada puso el acento en aquello que no siempre se ve desde fuera: la ética de trabajo del grupo. “Es un grupo magnífico de jugadoras”, afirmó, destacando que incluso cuando los resultados no se dan o el juego se atasca, el compromiso y la profesionalidad del vestuario ofrecen garantías.
Ese tipo de discurso no busca justificar tropiezos, sino contextualizarlos. En proyectos en crecimiento, la regularidad no se mide únicamente en marcadores, sino en la estabilidad del trabajo, en la coherencia del día a día y en la capacidad del grupo para sostener una identidad incluso en fases menos brillantes.
Para el entrenador, esa es la base sobre la que se construye la confianza. No una confianza ciega, sino una confianza fundamentada en hábitos sólidos y en la respuesta colectiva ante la dificultad.
Uno de los momentos más significativos de la rueda de prensa llegó al abordar el contexto externo, concretamente las referencias a su nombre en otros ámbitos del club. Quesada fue claro y directo: el día a día del equipo es “magnífico” y la comunión interna es difícil de encontrar.
“Tenemos unas semifinales dentro”, afirmó, como recordatorio de que el presente competitivo exige máxima concentración. El fútbol, explicó, no permite perder el foco por elementos ajenos al trabajo inmediato. En un calendario exigente y en un contexto de alta exposición, la capacidad de aislarse del ruido externo se convierte en una ventaja competitiva.
Ese mensaje no solo habla de su gestión personal, sino de la cultura que intenta consolidar en el vestuario: atención plena al aquí y ahora, respeto por el proceso y claridad absoluta en las prioridades.
En su análisis del formato del torneo, Quesada dejó una de las reflexiones más estructurales de la comparecencia. La Supercopa, pese a su carácter rápido y decisivo, no altera la manera de encarar los partidos. No hay preparación especial en términos emocionales ni metodológicos. Lo que se hace en una semifinal se entrena y se exige también en un partido de liga aparentemente ordinario.
“Esos pequeños hábitos de los días que no están marcados en rojo en el calendario”, explicó, son los que permiten demostrar si un equipo está realmente preparado. La frase encierra una visión profunda del alto rendimiento: los momentos extraordinarios no se improvisan, se reproducen.
La presión, la intensidad y la profesionalidad no dependen del rival ni de la distancia en la clasificación. Cada once que salta al campo asume el partido como un examen, independientemente de que enfrente esté el Levante o el Atlético en una semifinal.
Preguntado por el papel de favorito, Quesada desactivó el concepto con contundencia. En un derbi y a partido único, sostuvo, la etiqueta carece de valor real. Los precedentes recientes lo confirman: victorias, empates y derrotas se han repartido sin una tendencia clara.
“No sirve para nada”, sentenció sobre la palabra favorito. Más allá de la frase, la idea de fondo es clara: confiar en supuestas jerarquías previas es una trampa en partidos de este tipo. La única certeza es la incertidumbre, y la única respuesta válida es la preparación.
Ese enfoque conecta con una visión pragmática del fútbol: lo que ocurre en el campo se decide en la gestión de los detalles, no en los relatos previos.
Preguntado por el papel de favorito, Quesada desactivó el concepto con contundencia. En un derbi y a partido único, sostuvo, la etiqueta carece de valor real. Los precedentes recientes lo confirman: victorias, empates y derrotas se han repartido sin una tendencia clara.
“No sirve para nada”, sentenció sobre la palabra favorito. Más allá de la frase, la idea de fondo es clara: confiar en supuestas jerarquías previas es una trampa en partidos de este tipo. La única certeza es la incertidumbre, y la única respuesta válida es la preparación.
Ese enfoque conecta con una visión pragmática del fútbol: lo que ocurre en el campo se decide en la gestión de los detalles, no en los relatos previos.
El técnico cerró su intervención volviendo al escenario. Castalia no es solo un campo neutral; es un espacio con tradición, con memoria futbolística y con una afición acostumbrada a responder. Quesada expresó su deseo de que el estadio se llene, de que acudan seguidores de ambos equipos y de que el fútbol femenino aproveche esta oportunidad para seguir ampliando su alcance social.
La mención a las escuelas de fútbol femenino no es anecdótica. Representa una mirada a largo plazo, una comprensión de que estos partidos no solo se juegan para ganar un trofeo, sino para inspirar, consolidar y normalizar.
Y, con una sonrisa implícita en el discurso, añadió un matiz final: “si son más madridistas, mejor”. Una frase que humaniza el mensaje y conecta con la esencia del derbi.
Hay cifras que no necesitan adornos. Doscientos partidos con una misma camiseta no son un dato estadístico; son una declaración de pertenencia, de constancia y de compromiso sostenido en el tiempo. Este martes, en el escenario de una semifinal de Supercopa y en medio de un derbi de máxima exigencia, Misa Rodríguez alcanzará esa cifra redonda con la camiseta del Real Madrid, convirtiendo el partido en un hito personal y colectivo.
No es una efeméride menor. En un club joven en su sección femenina, donde muchas historias aún se están escribiendo, alcanzar los 200 partidos sitúa a Misa en una dimensión simbólica: la de referente estructural, la de futbolista que ha atravesado distintas etapas del proyecto y que hoy ejerce como capitana en uno de los momentos de mayor madurez competitiva del equipo.
Misa compareció ante los medios con la serenidad de quien se siente preparada. Su primera valoración fue directa, sin rodeos: “Tenemos muchas ganas de que empiece ya el partido de mañana”. En esa frase se resume el estado anímico del vestuario: foco, ilusión y una voluntad clara de darlo todo en un escenario que exige máxima concentración.
No hubo exceso de emoción ni dramatización del contexto. La capitana habló desde la normalidad del alto rendimiento, desde la convicción de un grupo que sabe lo que se juega, pero que no se deja paralizar por ello. El foco está puesto en el partido, en la ejecución y en la posibilidad de volver a alcanzar una final, un objetivo que el Real Madrid ya reconoce como parte de su horizonte natural.
La evolución de Misa en esta temporada no es casual. Ella misma explicó que el trabajo comenzó mucho antes de que rodara el balón. “A nivel personal me preparé muy bien este verano”, señaló, subrayando la importancia de la planificación, la autocrítica y la búsqueda consciente de su mejor versión.
Esa preparación ha tenido un reflejo claro en el rendimiento y en el rol que desempeña dentro del equipo. Portar el brazalete de capitana no es un elemento decorativo; implica liderazgo, responsabilidad y una presencia constante en los momentos clave. Para Misa, esta temporada está siendo “muy especial”, no solo por el rendimiento individual, sino por la vivencia colectiva del día a día junto a sus compañeras.
Su discurso se aleja del yo para centrarse en el nosotras. Disfrutar del trabajo diario, acompañar al grupo y crecer juntas forman parte de una visión madura del liderazgo, basada más en la coherencia que en el protagonismo.
Uno de los mensajes más repetidos por la capitana fue la tranquilidad del vestuario. Lejos de nerviosismo o ansiedad, el grupo afronta la semifinal con confianza. “Estamos muy tranquilas, con ganas de que ruede el balón”, afirmó, subrayando una sensación de preparación interior que no siempre es visible desde fuera.
Esa calma no es pasividad. Es la consecuencia de un trabajo sostenido, de una convivencia diaria que ha fortalecido los vínculos y de una claridad colectiva respecto a lo que se quiere hacer en el campo. La confianza en poder llegar a “una final más” no nace de la presunción, sino de la experiencia reciente y del convencimiento de que el equipo tiene herramientas para competir al máximo nivel.
Misa también valoró de forma positiva el hecho de que la Supercopa se dispute fuera de Madrid. Tras ediciones anteriores concentradas en la capital, llevar el torneo a otras comunidades autónomas amplía el alcance del fútbol femenino y refuerza su carácter nacional.
“Es bonito que se haga en otras comunidades”, destacó, reconociendo la importancia de acercar este tipo de partidos a nuevos públicos. Castalia, en ese sentido, se convierte en un punto de encuentro entre tradición futbolística y presente competitivo, un escenario donde el fútbol femenino sigue consolidando su espacio propio.
Al igual que su entrenador, Misa evitó cualquier referencia a favoritismos. La semifinal se reduce a una certeza: son 90 minutos, y serán muy difíciles. En ese marco, las jerarquías previas pierden relevancia. Lo único que importa es lo que ocurra sobre el césped.
“Ojalá estar donde merecemos estar”, expresó, proyectando una aspiración que va más allá del resultado inmediato. Merecer estar en la final implica competir, sostener la identidad y responder en los momentos decisivos. Es una idea que conecta con el discurso del cuerpo técnico y que refuerza la coherencia interna del proyecto.
En un club que sigue construyendo su historia en el fútbol femenino, Misa Rodríguez representa la continuidad. Ha sido testigo y protagonista de la evolución del equipo, de sus primeras grandes citas y de su consolidación entre la élite nacional.
Los 200 partidos no son un punto de llegada, sino una marca en el camino. Una señal de que el proyecto avanza, de que existen referentes claros y de que la identidad del Real Madrid femenino se apoya en futbolistas que han crecido junto al escudo.
No se trata solo de un partido; es un derbi con todas las letras. Real Madrid y Atlético de Madrid se enfrentan en una ciudad neutral, Castellón, pero la intensidad de la rivalidad trasciende la geografía. Cada encuentro entre estos dos clubes refleja décadas de competición, historia de ciudad, orgullo de afición y narrativa deportiva que trasciende los resultados individuales.
El Real Madrid femenino, con un proyecto relativamente reciente, se enfrenta a un Atlético que ya ha consolidado su experiencia en escenarios decisivos. Ese contraste añade un componente de lectura histórica al choque: juventud y construcción frente a madurez y consolidación, ambición frente a jerarquía. Pero la cancha es democrática: a los 90 minutos todo se iguala, y la historia solo sirve como telón de fondo.
Los últimos enfrentamientos reflejan la naturaleza imprevisible del derbi. La estadística se mueve entre victorias, empates y derrotas para ambos equipos, con márgenes estrechos y partidos definidos por detalles tácticos o individuales. Esa igualdad explica por qué Pau Quesada y Misa Rodríguez evitan hablar de favoritos: en un derbi y a partido único, las etiquetas externas carecen de sentido.
Los precedentes muestran, además, cómo ambos equipos son capaces de adaptarse, de variar su propuesta y de reaccionar ante escenarios cambiantes. Esa capacidad de respuesta será crucial en Castalia: quién sepa imponerse, controlar los momentos críticos y leer correctamente los tiempos del partido dominará el resultado final.
El Real Madrid llega con un plan definido: controlar el ritmo, imponer posesión y mantener la solidez defensiva frente a la verticalidad rival. La premisa principal es limitar los espacios para las delanteras atléticas, especialmente aquellas con velocidad y capacidad de desmarque como Fiamma, y neutralizar la transición rápida del Atlético.
Al mismo tiempo, el equipo busca imponer su estilo: presión alta coordinada, circulación rápida y búsqueda constante de superioridades en zona de ataque. Cada línea tiene responsabilidades claras: la defensa debe anticipar, el medio debe conectar, y la delantera debe ser eficiente y decisiva en las ocasiones que se generen.
Quesada enfatizó la importancia de la madurez y la contundencia en momentos críticos, recordando que el control emocional y la inteligencia táctica pueden inclinar la balanza en un partido donde cada detalle cuenta.
Atlético presenta un desafío inverso: velocidad, movilidad y precisión en la última zona. Su estrategia se basa en encontrar huecos, explotar desmarques y buscar ruptura inmediata tras recuperación de balón. El equipo madrileño combina la verticalidad con la coordinación colectiva para generar presión y oportunidades rápidas.
El derbi, por tanto, será una prueba de contraste: posesión y método frente a intensidad y ruptura. Los pequeños detalles —errores de control, pérdidas en zona crítica o decisiones en transición— tendrán un peso enorme en el desenlace.
aspecto psicológico de un derbi a partido único es tan determinante como el táctico. La presión, la ansiedad o la euforia pueden aparecer de manera abrupta. El Real Madrid, liderado por Quesada y Misa, ha trabajado en la gestión de la tensión, en la concentración y en la capacidad de aislarse de factores externos.
Los mensajes del técnico y de la capitana reflejan una cultura de calma activa: energía concentrada en el juego, confianza en los hábitos de entrenamiento y atención plena a cada jugada. Ese enfoque puede marcar la diferencia frente a un Atlético que también ha demostrado experiencia en la gestión de escenarios de alta presión.
Más allá de lo estrictamente deportivo, esta semifinal es un mensaje para el fútbol femenino: descentralización de los torneos, visibilidad de partidos de élite fuera de la capital y consolidación de referentes en el campo. Castalia se convierte en un escaparate para aficiones, escuelas de fútbol y público neutral, fortaleciendo la percepción de que el fútbol femenino es espectáculo, historia y cultura deportiva.
El Real Madrid y el Atlético no solo compiten por un lugar en la final: proyectan su influencia, consolidan su imagen y contribuyen a normalizar la competitividad femenina en estadios de primera categoría. Cada acción en el césped tiene un eco más allá del resultado.
La combinación de historia, estrategia y psicología condensa la tensión de un torneo a partido único. La semifinal en Castalia será un choque de estilos, liderazgos y experiencias. Cada equipo tiene su narrativa: uno construye, otro impone; uno madura en el día a día, otro capitaliza la experiencia. Pero el resultado se definirá por la ejecución, la claridad táctica y la determinación en los momentos críticos.
En ese sentido, el Real Madrid tiene claros sus objetivos: imponer identidad, controlar el balón, limitar los espacios del rival y sostener la calma cuando el partido exija su máximo nivel. El Atlético tiene su propia hoja de ruta: buscar ruptura, velocidad y eficacia en transición. El choque será un examen no solo de talento individual, sino de coordinación colectiva y de resiliencia psicológica.
Castalia se prepara para vivir una noche histórica. El césped, las gradas, cada pasillo del estadio se llenan de significado. No es un simple encuentro: es un derbi de máxima tensión, una semifinal de Supercopa que condensa la temporada en noventa minutos de puro fútbol. El Real Madrid y el Atlético se citan en un escenario que mezcla historia y modernidad, tradición y ambición, pasión y profesionalidad. Cada jugadora que pise el terreno de juego estará escribiendo un capítulo más en la narrativa de sus equipos y, en el caso de Misa Rodríguez, de su propia leyenda.
El estadio, que en otras épocas se llenaba incluso con partidos de Tercera, vuelve a abrir sus puertas a un espectáculo de élite. El llamado es a las aficiones de ambos clubes, a las escuelas de fútbol femenino y a quienes aman este deporte: que la pasión colectiva sea el aliento que eleve a las jugadoras y marque el pulso de una semifinal que promete tensión, dramatismo y épica.
el corazón de este Real Madrid se encuentra Misa Rodríguez, capitana y referente. Alcanzar los 200 partidos con el club es mucho más que un número; es la representación tangible de constancia, dedicación y evolución. Su liderazgo se percibe en cada palabra, en cada gesto y en la confianza que transmite al vestuario. La cifra redonda coincide con uno de los momentos de mayor exigencia competitiva del club: una semifinal de Supercopa ante un rival directo y a partido único, donde el resultado define la posibilidad de tocar la final.
Misa no solo encarna el presente, sino que simboliza la construcción de identidad de un equipo que busca consolidarse entre la élite. Su mensaje de calma, concentración y disfrute del trabajo diario resume la filosofía que ha sostenido al Real Madrid durante esta temporada: la combinación de esfuerzo, profesionalidad y cohesión como fórmula para afrontar los retos más difíciles.
el corazón de este Real Madrid se encuentra Misa Rodríguez, capitana y referente. Alcanzar los 200 partidos con el club es mucho más que un número; es la representación tangible de constancia, dedicación y evolución. Su liderazgo se percibe en cada palabra, en cada gesto y en la confianza que transmite al vestuario. La cifra redonda coincide con uno de los momentos de mayor exigencia competitiva del club: una semifinal de Supercopa ante un rival directo y a partido único, donde el resultado define la posibilidad de tocar la final.
Misa no solo encarna el presente, sino que simboliza la construcción de identidad de un equipo que busca consolidarse entre la élite. Su mensaje de calma, concentración y disfrute del trabajo diario resume la filosofía que ha sostenido al Real Madrid durante esta temporada: la combinación de esfuerzo, profesionalidad y cohesión como fórmula para afrontar los retos más difíciles.
El Real Madrid–Atlético es más que un partido: es un choque de estilos y filosofía. Por un lado, el Real Madrid apuesta por la posesión, la construcción pausada y el control de los espacios; por otro, el Atlético responde con intensidad, verticalidad y velocidad en la transición. Los noventa minutos definirán quién puede sostener mejor su propuesta y quién consigue imponer su narrativa en el césped.
La gestión de la presión será determinante. En un derbi y a partido único, cualquier detalle, cualquier decisión individual o colectiva puede definir el desenlace. La concentración, la capacidad de leer el juego y la serenidad ante la adversidad son tan importantes como la calidad técnica.
simboliza la expansión del fútbol femenino en España. Llevar la Supercopa a Castellón permite conectar con nuevas audiencias, visibilizar el talento de las jugadoras y consolidar una narrativa de crecimiento que trasciende la competición. Cada acción, cada gol y cada intervención refuerza la idea de que el fútbol femenino no es solo un espectáculo deportivo, sino también un fenómeno cultural y social en expansión.
Castalia se convierte en un escenario donde la historia y el presente se entrelazan. La pasión de la afición, la concentración de las jugadoras y la tensión de los noventa minutos se mezclan para crear un relato épico que quedará en la memoria colectiva.
Todo lo anterior converge hacia un objetivo: la final de la Supercopa. No es un concepto abstracto ni una ambición lejana; es el destino inmediato. El Real Madrid y el Atlético compiten por alcanzarla, y cada acción sobre el césped es un paso hacia esa meta. La semifinal es la frontera que separa la posibilidad de la realidad. Y en esa frontera, solo la preparación, la cohesión y la capacidad de imponer identidad decidirán quién cruza al otro lado.
Para Misa Rodríguez, para Pau Quesada y para todas las jugadoras, la final no es solo un objetivo: es la confirmación de un proyecto, la recompensa de un trabajo diario y la oportunidad de dejar una huella imborrable en la historia del club.
La narrativa no está completa sin la afición. Castalia espera llenar sus gradas, y el aliento colectivo será un motor fundamental. Que vengan seguidores de ambos clubes, que se sientan parte del espectáculo y que conviertan cada acción en un pulso emocional compartido. La semifinal no se juega solo entre once contra once: la grada será parte del relato, amplificando cada instante y elevando la épica de un encuentro que ya pertenece al imaginario del fútbol femenino español.
El mensaje de Quesada y Misa es claro: profesionalidad, concentración y disfrute del juego. Pero también es una invitación: que la pasión y la fidelidad se unan para construir un recuerdo que trascienda el marcador y quede grabado en la memoria de todos.
La semifinal de Supercopa en Castalia es, en definitiva, un relato de historia, identidad, profesionalidad y emoción concentrada en 90 minutos. Es la síntesis de una temporada, la prueba de carácter de un equipo en construcción y la confirmación del crecimiento del fútbol femenino en España.
Cada jugada, cada decisión y cada intervención sobre el césped tiene un peso simbólico. Cada mirada de Misa Rodríguez, cada instrucción de Pau Quesada y cada aplauso de la afición se suman a la narrativa de un derbi que no se olvida. Y al final de la noche, solo una pregunta tendrá respuesta inmediata: quién merece estar en la final.
Ese será el capítulo final de la noche, pero también un nuevo inicio en la historia de un club que sigue construyendo su identidad, una jugadora que sigue consolidando su legado y una afición que sigue ampliando su pasión.
El conjunto blanco ha participado en cuatro ediciones de la Supercopa hasta la fecha, donde siempre ha tenido al Barcelona como verdugo. Cayeron ante las azulgrana en semifinales en 2022 (0-1, en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas); en 2023 (1-3, en el estadio Romano de Mérida); en 2024 (0-4, en el estadio Butarque de Leganés); y en la final de 2025 (0-5, en el estadio Butarque de Leganés).
⬛️ El Atlético de Madrid activa el modo Supercopa Iberdrola con la mirada puesta en la gloria. Este martes 20 de enero, a las 19:15 horas, las rojiblancas se medirán al Real Madrid en una semifinal que promete ser un choque de titanes, un derbi madrileño cargado de emoción, tensión y ambición, donde cada pase, cada carrera y cada decisión sobre el césped del Estadio Castalia de Castellón de la Plana puede marcar la diferencia entre la gloria y la derrota. Bajo la batuta de Víctor Martín, el equipo colchonero busca proyectar la versión más competitiva, sólida y equilibrada de la temporada, mientras jugadoras como Amaiur Sarriegi transmiten la ilusión y la unión de un vestuario dispuesto a dejarlo todo por un título que puede redefinir la historia reciente del club.
El Atlético de Madrid activa oficialmente su modo Supercopa de España Iberdrola. Este martes 20 de enero, a las 19:15 horas, el Estadio Castalia de Castellón de la Plana se convertirá en el escenario de un derbi madrileño que ya se perfila como uno de los encuentros más intensos y apasionantes de la temporada.
Las rojiblancas se medirán al Real Madrid en la primera semifinal de un torneo que no solo representa un título, sino también la oportunidad de consolidar su ambición, demostrar su solidez y reafirmar la identidad que las ha definido desde hace años: un Atlético de Madrid competitivo, disciplinado y capaz de sobreponerse a cualquier adversidad.
El torneo, que en apenas unas ediciones ha logrado consolidarse como uno de los hitos del calendario femenino español, ofrece a los equipos participantes no solo la posibilidad de levantar un trofeo, sino de situarse en el epicentro de la narrativa futbolística nacional. Para el Atlético de Madrid, la Supercopa Iberdrola no es una competición más; es un terreno donde se conjugan historia, rivalidad y el desafío de superar los límites que cada temporada impone. Desde su creación, el club ha forjado una reputación de resiliencia y competitividad, y esta edición llega como la oportunidad de reafirmar ese legado, de dejar una huella imborrable y de disputar un derbi que, por su intensidad y significado, trasciende la estadística y el resultado.
La preparación para el torneo comenzó el lunes 19 de enero en el Centro Deportivo Alcalá de Henares, donde el equipo rojiblanco realizó una sesión de entrenamiento que sirvió como antesala de lo que se espera sea un choque de máxima exigencia física y táctica. Víctor Martín, técnico del Atlético de Madrid, ofreció sus impresiones a los medios, enfatizando la necesidad de equilibrio: “Va a ser un partido de máximo nivel y tendremos que estar bien en los momentos que no tengamos la posesión. Hay que estar muy conectadas a las situaciones que va dando el partido, tanto en ataque como en defensa”.
La reflexión del técnico trasciende la simple preparación física: es un llamamiento a la concentración, al análisis constante del juego y a la adaptación instantánea a las circunstancias del partido. Cada balón perdido, cada espacio concedido o cada oportunidad de ataque será crucial en un encuentro donde los detalles serán determinantes. En este contexto, la disciplina táctica y la conexión entre líneas se presentan como factores decisivos para poder superar a un rival que, por su nombre y ambición, no se conformará con menos que la victoria.
Entre las jugadoras, Amaiur Sarriegi encarna la ilusión y el compromiso del vestuario. Sus palabras reflejan no solo la expectativa por la competición, sino la cohesión del grupo: “Al ser una nueva competición lo que nos genera es ilusión y ganas. Veo al vestuario más unido que nunca”. La importancia del encuentro, según la propia futbolista, radica en la combinación de factores: “Es un derbi, es una semifinal de Supercopa y hay un título en juego. Creo que no hay favoritos, será un derbi muy disputado en el que marquen la diferencia los pequeños detalles”.
El derbi madrileño entre Atlético y Real Madrid posee un trasfondo histórico y emocional que lo convierte en mucho más que un simple partido. A lo largo de los últimos años, ambos equipos han protagonizado enfrentamientos memorables, caracterizados por la intensidad, la rivalidad y la pasión de sus aficiones. Cada encuentro es una narrativa en sí misma: la tensión del duelo directo, la exigencia táctica, la velocidad de las transiciones y la precisión en los últimos metros son elementos que construyen un relato donde la gloria se define por la constancia y la determinación.
El Atlético de Madrid llega a Castellón con la intención de desplegar una versión de sí mismo que ha sido constante a lo largo de la temporada. Bajo la dirección de Víctor Martín, el equipo ha mostrado equilibrio, capacidad de presión y un juego asociativo que permite combinar la agresividad defensiva con la creatividad ofensiva. La preparación física y psicológica de las jugadoras busca garantizar que cada acción en el terreno de juego sea ejecutada con claridad, disciplina y determinación, conscientes de que un título como la Supercopa Iberdrola exige no solo talento, sino inteligencia táctica, resistencia y unidad grupal.
La Supercopa de España Iberdrola no solo es un título; es un escenario donde se ponen a prueba los talentos individuales y la cohesión de equipo, y el Atlético de Madrid femenino llega con un plantel lleno de figuras que, temporada tras temporada, han demostrado su capacidad de elevarse en los momentos decisivos. Jugadoras como Amaiur Sarriegi, Silvia Lloris , Luany y Carmen Menayo no solo representan calidad técnica, sino también liderazgo, resiliencia y compromiso.
Cada una aporta matices diferentes al juego: Sarriegi, con su visión de juego y capacidad de anticipación, es capaz de interceptar jugadas clave y generar transiciones rápidas que pueden desequilibrar a cualquier rival; Silva Lloris combina contundencia defensiva con una salida limpia desde el fondo; Luany , con su despliegue físico y precisión en el pase, se convierte en una pieza vital para sostener el equilibrio entre defensa y ataque; y Carmen Menayo ofrece experiencia, lectura de juego y personalidad para mantener la calma en los momentos de máxima presión.
A lo largo de la temporada, el Atlético de Madrid ha construido un estilo reconocible: presión alta, líneas compactas y una capacidad constante de adaptación a diferentes rivales.
El equipo rojiblanco ha demostrado que sabe leer los partidos, ajustarse a los contextos de juego y mantener la solidez incluso en los momentos de adversidad. Cada victoria ha sido fruto de una planificación meticulosa, de la combinación entre talento individual y esfuerzo colectivo, y del liderazgo de Víctor Martín, quien ha logrado que sus jugadoras entiendan que la competencia no se gana solo con calidad técnica, sino con disciplina, inteligencia táctica y compromiso emocional.
El derbi frente al Real Madrid representa, en este sentido, un desafío que trasciende la táctica. La rivalidad entre ambos clubes ha crecido en intensidad con cada enfrentamiento, convirtiendo cada partido en un acontecimiento que genera expectativas tanto en la afición como en los medios. El Real Madrid, con su propio estilo de juego, plantea un reto complejo: velocidad en transición, posesión cuidadosa y un enfoque ofensivo que obliga al Atlético a mantener concentración absoluta durante los 90 minutos. La estrategia rojiblanca para este encuentro, tal como anticipa Víctor Martín, pasa por la conexión entre líneas, el equilibrio constante entre defensa y ataque y la capacidad de aprovechar los momentos de desequilibrio que inevitablemente surgirán en un derbi.
El Atlético de Madrid también cuenta con una ventaja que va más allá del talento individual: la química entre sus jugadoras. El vestuario, según palabras de Amaiur Sarriegi, se encuentra más unido que nunca, un factor que puede ser decisivo en partidos de alta tensión. La unión del grupo permite que las jugadoras se apoyen mutuamente en situaciones críticas, que mantengan la moral alta y que respondan con eficacia ante cualquier adversidad. En un partido donde los pequeños detalles marcarán la diferencia, esa cohesión emocional y psicológica se convierte en un recurso invaluable, capaz de transformar una acción defensiva en un contraataque letal o un error en una recuperación que cambie el ritmo del encuentro.
En cuanto al planteamiento táctico, el Atlético de Madrid ha trabajado intensamente para afrontar un rival que combina creatividad ofensiva con solidez defensiva. Las sesiones de entrenamiento en Alcalá de Henares han incluido simulaciones de presión alta, ejercicios de transición rápida y ensayos de jugadas estratégicas en las que la sincronización y la precisión son determinantes.
Cada jugadora conoce su rol, pero también comprende la importancia de la flexibilidad: adaptarse a los movimientos del rival, anticipar las situaciones y tomar decisiones instantáneas que puedan generar ventajas. Este nivel de preparación refleja la profesionalidad del equipo y la seriedad con la que afronta un torneo que, por su carácter eliminatorio, no permite margen de error.
El derbi madrileño en la Supercopa Iberdrola no es solo un enfrentamiento entre dos equipos; es un choque de identidades, estilos y ambiciones. Para el Atlético de Madrid, representa la oportunidad de reafirmar su posición como uno de los clubes más competitivos del fútbol femenino español, de demostrar que su proyecto va más allá de la temporada y de dejar una huella imborrable en la historia reciente del club. Cada pase, cada recuperación, cada disparo a portería será observado con atención, no solo por la afición, sino por aquellos que siguen el desarrollo del fútbol femenino con pasión y criterio, conscientes de que un derbi de estas características tiene capacidad de cambiar el relato de toda una temporada.
La historia reciente de los enfrentamientos entre el Atlético de Madrid y el Real Madrid en el fútbol femenino ha ido construyéndose a golpe de partidos intensos, de duelos cerrados y de emociones contenidas hasta el último minuto. No es una rivalidad que se base únicamente en la proximidad geográfica o en el peso institucional de ambos clubes, sino en la ambición compartida de dominar el panorama nacional y de consolidarse como referentes en una disciplina que ha crecido de manera exponencial en los últimos años. Cada derbi ha dejado imágenes imborrables: disputas al límite, celebraciones contenidas, silencios tensos en las gradas y miradas que reflejan la magnitud de lo que está en juego. En este contexto, la semifinal de la Supercopa Iberdrola adquiere una dimensión especial, casi fundacional, porque no solo decide el acceso a una final, sino que contribuye a escribir un nuevo capítulo en la historia de esta rivalidad.
La Supercopa Iberdrola, concebida como un escaparate del máximo nivel competitivo del fútbol femenino español, se ha consolidado como una competición de prestigio creciente. Para los clubes participantes, supone una oportunidad única de medir fuerzas en un formato corto, exigente y sin margen de error. Cada edición ha elevado el listón, tanto en términos de calidad futbolística como de atención mediática, y ha servido para proyectar el talento de las jugadoras y la solidez de los proyectos deportivos. En este escenario, el Atlético de Madrid comparece con la responsabilidad que otorga su trayectoria y con la convicción de que está preparado para competir de tú a tú contra cualquier rival.
El viaje a Castellón de la Plana no es un simple desplazamiento logístico; es el tránsito simbólico hacia un territorio donde todo se decide en noventa minutos. La expedición rojiblanca parte con la serenidad de quien ha trabajado con rigor y con la ilusión de un grupo que cree firmemente en sus posibilidades. En cada maleta, además del material deportivo, viajan las horas de entrenamiento, las charlas tácticas, las correcciones minuciosas y las conversaciones internas que refuerzan la confianza colectiva. El Estadio Castalia espera como un escenario neutral, pero cargado de significado, dispuesto a acoger un duelo que promete intensidad desde el primer minuto.
En la víspera del partido, el ambiente es de expectación contenida. No hay lugar para la euforia desmedida, pero tampoco para la duda. El mensaje es claro: competir como se ha hecho desde el inicio de la temporada, tal y como subrayó Víctor Martín en rueda de prensa. Esa continuidad en el rendimiento, esa coherencia entre discurso y hechos, es una de las principales fortalezas del Atlético de Madrid. El equipo sabe quién es, sabe cómo quiere jugar y sabe qué necesita para ganar. En un torneo corto como la Supercopa Iberdrola, esa claridad de ideas puede marcar la diferencia entre avanzar o quedarse en el camino.
La preparación psicológica ha sido uno de los ejes centrales en los días previos al encuentro. Víctor Martín ha insistido en la importancia de gestionar las emociones, de mantener la cabeza fría y de interpretar correctamente cada fase del partido. En un derbi, los impulsos pueden jugar una mala pasada, y por ello el cuerpo técnico ha trabajado en la necesidad de transformar la tensión en energía positiva, de canalizar la adrenalina hacia la concentración y de entender que la paciencia puede ser tan decisiva como la agresividad bien entendida.
El Atlético de Madrid quiere competir, pero también quiere dominar los tiempos del partido, imponer su ritmo y obligar al rival a jugar en escenarios incómodos.
El Real Madrid, consciente de la magnitud del reto, se presenta como un adversario exigente, con capacidad para alternar posesiones largas con ataques verticales y con jugadoras capaces de decidir un partido en una sola acción. Este contexto obliga al Atlético a extremar la atención defensiva, a cerrar líneas de pase y a ser contundente en las disputas. Al mismo tiempo, el equipo rojiblanco sabe que deberá ser valiente con balón, aprovechar los espacios y no renunciar a su identidad ofensiva. La Supercopa no se gana solo resistiendo; se gana también atacando con criterio, confianza y determinación.
La afición colchonera, aunque no siempre visible en masa en las gradas, acompaña al equipo con una fidelidad que se percibe en cada mensaje, en cada muestra de apoyo y en cada conversación previa al partido. El Atlético de Madrid femenino ha construido una relación sólida con su hinchada, basada en el esfuerzo, la cercanía y la sensación de pertenencia. Cada jugadora es consciente de que representa algo más que un escudo: representa una historia, una forma de entender el fútbol y una lucha constante por mantenerse en la élite. Esa responsabilidad, lejos de ser una carga, se convierte en un motor que impulsa al equipo en los momentos decisivos.
El martes 20 de enero, cuando el balón eche a rodar en el Estadio Castalia, comenzará un partido que promete ser mucho más que una semifinal. Será una prueba de carácter, de madurez y de ambición. Será un derbi madrileño con aroma a historia, un enfrentamiento donde cada acción contará y donde los pequeños detalles, tal y como anticipó Amaiur Sarriegi, pueden decidir el destino de un título. El Atlético de Madrid ya sueña con la Supercopa Iberdrola, y ese sueño se alimenta de trabajo, de unión y de la convicción de que, en noches como esta, la épica no se anuncia: se construye minuto a minuto sobre el césped.
La memoria competitiva del Atlético de Madrid femenino está construida sobre noches decisivas, sobre partidos en los que la presión no paralizó, sino que afiló los sentidos y reforzó la identidad colectiva. Semifinales, finales, encuentros límite en los que el margen de error se redujo a la mínima expresión y en los que el equipo supo responder con carácter, orden y una fe inquebrantable en su manera de competir. Esa memoria no se enseña en una pizarra ni se entrena únicamente en el césped; se transmite en el vestuario, en las miradas cómplices entre compañeras, en la experiencia acumulada de quienes ya han vivido situaciones similares y saben que, cuando todo se equilibra, el fútbol termina premiando a quien mejor entiende el contexto emocional del partido.
La Supercopa Iberdrola, en ese sentido, representa un desafío particular. No hay fase de grupos, no hay margen para corregir errores en jornadas posteriores. Todo se condensa en un único encuentro, en una semifinal que puede abrir la puerta a la gloria o cerrar de golpe el camino al título. El Atlético de Madrid afronta este formato con una mentalidad que ha ido puliendo con el paso del tiempo: respeto máximo al rival, confianza absoluta en el trabajo realizado y una lectura inteligente de los momentos del partido. Saber cuándo acelerar, cuándo pausar, cuándo asumir riesgos y cuándo protegerse es parte de ese aprendizaje que diferencia a los equipos competitivos de los verdaderamente ganadores.
En las horas previas al encuentro, el discurso interno es uniforme. No hay mensajes contradictorios ni promesas grandilocuentes. La consigna es clara y directa: competir, estar juntas, sostener el plan de partido y confiar en que las oportunidades llegarán. Víctor Martín ha construido su liderazgo desde la coherencia y la serenidad, evitando el ruido externo y focalizando toda la atención en lo que ocurre dentro del grupo. Su manera de entender el fútbol se refleja en un Atlético de Madrid reconocible, que no renuncia a la intensidad, pero que tampoco se deja arrastrar por el vértigo de los partidos grandes.
El Estadio Castalia, testigo neutral del derbi madrileño, se prepara para acoger una semifinal que atraerá miradas más allá de los aficionados habituales. La Supercopa Iberdrola se ha convertido en un escaparate del crecimiento del fútbol femenino, y partidos como este refuerzan esa percepción. La calidad sobre el césped, la tensión competitiva y la carga simbólica del enfrentamiento contribuyen a consolidar una competición que ya no necesita presentaciones. Para las jugadoras, saltar al campo en este contexto supone asumir una responsabilidad añadida: la de representar no solo a su club, sino también el nivel de una liga que ha sabido evolucionar y ganar protagonismo.
El Atlético de Madrid llega a esta cita con la determinación de quien entiende que las oportunidades no se repiten indefinidamente. Cada temporada ofrece nuevos retos, nuevos rivales y nuevos escenarios, y cada título tiene un valor único. La Supercopa Iberdrola no es un trofeo menor; es una declaración de intenciones, una forma de marcar territorio y de enviar un mensaje claro al resto de competidores. Ganarla implica demostrar regularidad, fortaleza mental y capacidad para rendir en los momentos de máxima exigencia.
En este contexto, el papel de las líderes del vestuario adquiere una relevancia especial. Son ellas quienes, en los momentos de duda, sostienen al grupo; quienes recuerdan la importancia de mantener la calma y de confiar en el plan establecido. Son también quienes entienden que un derbi no se gana solo con talento, sino con sacrificio, solidaridad defensiva y una atención permanente a los detalles. Cada repliegue, cada cobertura, cada duelo individual suma en la construcción de un resultado que, llegado el tramo final, puede depender de una sola acción.
El Real Madrid, como rival, exige al Atlético de Madrid su mejor versión. No hay espacio para la complacencia ni para la improvisación. Cada fase del juego estará sometida a una exigencia máxima, y cualquier desconexión puede resultar decisiva. Por ello, el mensaje de Víctor Martín sobre la necesidad de estar “muy conectadas” cobra un significado especial. La conexión no es solo táctica; es emocional, es colectiva, es la capacidad de sentir el partido como un todo y de responder de manera coordinada a cada estímulo.
Cuando llegue el momento de pisar el césped, el Atlético de Madrid sabrá que no está solo. Detrás de cada jugadora hay un proyecto, una afición y una historia que empuja. La Supercopa Iberdrola aparece en el horizonte como un objetivo tangible, pero también como un símbolo de todo el camino recorrido. El sueño rojiblanco no nace el día del partido; se construye en cada entrenamiento, en cada decisión y en cada gesto de compromiso. Y en Castellón, frente al Real Madrid, ese sueño buscará tomar forma en noventa minutos que prometen ser intensos, exigentes y cargados de significado.
cuenta atrás avanza inexorablemente y, a medida que se acerca la hora del partido, el tiempo parece adquirir una densidad distinta. Cada minuto previo al pitido inicial se vive con una intensidad especial, como si el reloj marcara algo más que segundos: marca expectativas, nervios contenidos y la conciencia plena de que todo está a punto de comenzar. En el interior del Atlético de Madrid femenino no hay lugar para la improvisación. Todo está previsto, medido y trabajado, pero aun así existe ese espacio intangible que solo aparece antes de los grandes partidos, ese silencio cargado de significado en el que cada jugadora se reencuentra consigo misma y con el motivo que la ha traído hasta aquí.
El vestuario, en esas horas previas, se convierte en un refugio y en un punto de partida. Las miradas se cruzan con complicidad, las palabras son pocas pero precisas, y los gestos adquieren una relevancia casi simbólica. Ajustarse las botas, colocarse la camiseta, escuchar las últimas indicaciones del cuerpo técnico… todo forma parte de un ritual que se repite, pero que nunca es exactamente igual. Porque no todos los partidos son iguales, y esta semifinal de la Supercopa Iberdrola no es una más en el calendario. Es un derbi, es una eliminatoria, es la posibilidad real de jugar una final y de pelear por un título.
Víctor Martín, fiel a su estilo, transmite serenidad. No necesita elevar la voz ni recurrir a grandes discursos. Su mensaje es claro, directo y coherente con todo lo trabajado durante la temporada. Recuerda los principios básicos, insiste en la importancia del equilibrio, en la necesidad de estar juntas cuando el rival tenga el balón y de ser valientes cuando aparezcan los espacios. Habla de concentración, de paciencia y de confianza. Sabe que el partido tendrá fases, que habrá momentos de dominio y otros de resistencia, y que la clave estará en interpretar correctamente cada uno de ellos.
La salida al césped del Estadio Castalia es uno de esos instantes que quedan grabados en la memoria. El terreno de juego aparece como un escenario imponente, preparado para acoger una batalla deportiva que concentra talento, ambición y orgullo. Las jugadoras del Atlético de Madrid pisan el campo con paso firme, conscientes de la responsabilidad que asumen, pero también del privilegio que supone disputar un partido de esta magnitud. Frente a ellas, el Real Madrid, un rival que exige respeto y máxima atención desde el primer segundo.
El derbi madrileño, incluso en terreno neutral, conserva toda su carga emocional. No importa el lugar; importa lo que representa. Dos escudos, dos proyectos y dos maneras de entender el crecimiento del fútbol femenino se enfrentan con un objetivo común: alcanzar la final de la Supercopa Iberdrola. En ese contexto, las palabras de Amaiur Sarriegi resuenan con fuerza: no hay favoritos. Y no los hay porque, en partidos así, las jerarquías previas se diluyen y todo se decide en el césped, en la capacidad de competir, de resistir y de aprovechar los pequeños detalles.
El Atlético de Madrid sabe que esos detalles pueden aparecer en cualquier momento: una recuperación alta, una acción a balón parado, una transición rápida o una jugada individual. Para estar preparadas, las rojiblancas han trabajado cada escenario posible, conscientes de que la Supercopa no concede segundas oportunidades. La intensidad defensiva, la solidaridad entre líneas y la precisión en los últimos metros serán factores determinantes para inclinar la balanza.
A nivel simbólico, este partido representa también una reafirmación del camino recorrido por el Atlético de Madrid femenino. Un camino construido con paciencia, con esfuerzo y con una identidad clara. La Supercopa Iberdrola aparece como una meta deseable, pero también como un reflejo del crecimiento sostenido del equipo. Competir en este escenario, con esta exigencia y frente a este rival, es la confirmación de que el proyecto rojiblanco sigue vivo, ambicioso y plenamente comprometido con la excelencia.
Cuando el árbitro se dispone a señalar el inicio del encuentro, el silencio previo se transforma en expectación. Todo está listo. Las semanas de trabajo, las sesiones de entrenamiento, las charlas tácticas y las reflexiones individuales confluyen en ese instante preciso. El balón está a punto de echar a rodar y, con él, se activan las emociones, la tensión competitiva y la posibilidad real de escribir una nueva página en la historia del club.
El Atlético de Madrid ya sueña con la Supercopa Iberdrola, pero sabe que los sueños, en el fútbol, solo se sostienen con hechos. Y el primer paso para convertir ese sueño en realidad comienza aquí, en Castellón, en un derbi madrileño que promete ser intenso, igualado y profundamente significativo. Todo está preparado para que la épica encuentre su escenario y para que, una vez más, el fútbol decida.
partir del pitido inicial, todo lo construido previamente deja de ser teoría para convertirse en realidad tangible. El partido se despliega como un relato vivo, cambiante, en el que cada acción adquiere un valor multiplicado por el contexto. El Atlético de Madrid es consciente de que una semifinal de la Supercopa Iberdrola no se juega únicamente con las piernas, sino también con la cabeza y con el corazón. La gestión de los ritmos, la lectura de los espacios y la capacidad de mantener la concentración a lo largo de los noventa minutos serán tan importantes como la calidad técnica o el acierto de cara a portería.
En este tipo de encuentros, el paso del tiempo no se mide solo en minutos, sino en sensaciones. Hay fases en las que el dominio territorial puede inclinarse hacia uno u otro lado, momentos en los que el balón parece quemar y otros en los que la paciencia se convierte en la mejor aliada. El Atlético de Madrid ha trabajado para sentirse cómodo en todos esos escenarios. Sabe defender en bloque bajo si es necesario, pero también sabe adelantar líneas, presionar alto y asumir la iniciativa cuando el partido lo exige. Esa versatilidad táctica es uno de los grandes activos del equipo y una de las razones por las que llega a esta semifinal con argumentos sólidos.
El derbi frente al Real Madrid, además, plantea un duelo psicológico permanente. Cada choque, cada disputa y cada decisión arbitral tiene un impacto emocional que puede alterar el desarrollo del partido. En ese contexto, la experiencia acumulada por el Atlético de Madrid en competiciones de alto nivel se convierte en un factor diferencial. Saber convivir con la presión, aceptar los momentos de dificultad y no perder la fe en el plan de partido es una lección aprendida a lo largo de los años y transmitida de generación en generación dentro del vestuario.
El valor de una posible victoria trasciende el acceso a la final. Significaría confirmar que el Atlético de Madrid sigue siendo un equipo preparado para competir por títulos, capaz de imponerse en escenarios de máxima exigencia y de responder cuando el margen de error es inexistente. Significaría también reforzar la identidad del grupo, consolidar la confianza y enviar un mensaje claro al resto de competidores: el Atlético está aquí para luchar por todo.
Pero incluso en el caso de que el partido se decida por detalles mínimos, el enfoque del equipo rojiblanco permanece inalterable. La Supercopa Iberdrola es un reflejo de un proceso más amplio, de un proyecto que no se define por un solo resultado, sino por una manera constante de competir. Esa perspectiva no resta ambición; al contrario, la fortalece. Porque entender el fútbol desde la continuidad y no desde la urgencia permite afrontar los grandes partidos con una mezcla equilibrada de hambre y serenidad.
La posible final aparece en el horizonte como una recompensa, pero no como una obsesión. El mensaje interno es claro: el camino se construye partido a partido, acción a acción. Antes de pensar en levantar un trofeo, hay que merecerlo sobre el césped. Y para merecerlo, el Atlético de Madrid deberá mostrar su versión más comprometida, solidaria y competitiva. La que ha definido su trayectoria reciente y la que le ha permitido mantenerse en la élite del fútbol femenino español.
En ese sentido, la Supercopa Iberdrola funciona también como un espejo del crecimiento colectivo. Cada edición reúne a equipos con proyectos sólidos, con estructuras profesionales y con una visión clara de futuro. El Atlético de Madrid no es ajeno a esa evolución y participa en ella con la responsabilidad de un club histórico y con la ambición de seguir marcando el paso. Llegar a la final sería un paso más en ese camino, una confirmación de que el trabajo realizado tiene sentido y proyección.
A medida que el partido avanza, la narrativa se va escribiendo sola. Hay silencios que pesan, ocasiones que se celebran casi como goles y esfuerzos defensivos que valen tanto como una acción ofensiva decisiva. En esos momentos, el Atlético de Madrid se reconoce a sí mismo: un equipo que no se rinde, que compite hasta el último segundo y que entiende el fútbol como un ejercicio colectivo de resistencia y ambición.
La Supercopa Iberdrola, en definitiva, no es solo un torneo. Es un escenario donde se ponen a prueba los proyectos, las identidades y las convicciones. Para el Atlético de Madrid femenino, esta semifinal frente al Real Madrid es una oportunidad de reafirmarse, de demostrar que el sueño está respaldado por trabajo y de seguir escribiendo una historia que no se conforma con el pasado, sino que mira de frente al futuro.
◼️ El Real Madrid CF y el Atlético de Madrid se medirán el martes 20 de enero a las 19:15h en el estadio de Castalia (Castellón) para darle el pistoletazo de salida a la Supercopa de España. El encuentro de semifinales se podrá ver en directo a través de RTVE y TV3. La final será el sábado 24 de mayo
La Supercopa de España femenina de 2026 levanta el telón en Castellón de la Plana con la solemnidad de los grandes acontecimientos y con la promesa de una semana que aspira a quedar grabada en la memoria colectiva del fútbol femenino español. Del 20 al 24 de enero, la capital de la Plana Alta se convierte en epicentro deportivo, institucional y emocional de una competición que ya no es solo un título en juego, sino un símbolo de la evolución, la visibilidad y la madurez de un fútbol que ha aprendido a caminar, a resistir y a brillar bajo los focos. La cuarta edición del formato concentrado de la Supercopa llega envuelta en narrativa, con cuatro clubes históricos, una sede comprometida y una semifinal inaugural que reúne todos los ingredientes de un clásico moderno: Real Madrid CF y Atlético de Madrid frente a frente, un derbi que trasciende lo competitivo para instalarse en el territorio de lo identitario.
El martes 20 de enero, a las 19:15 horas, el Estadio de Castalia acogerá el primer gran choque del torneo y decidirá el nombre del primer finalista del primer título oficial de la temporada. No es un partido más. Es un duelo que condensa rivalidad, trayectorias cruzadas, urgencias deportivas y una historia reciente marcada por la alternancia, la igualdad y la tensión permanente. El Real Madrid y el Atlético de Madrid vuelven a mirarse a los ojos en un escenario neutral, con un trofeo en el horizonte inmediato y con la presión añadida de saber que cada detalle, cada acción y cada decisión puede inclinar el relato hacia un lado u otro.
El conjunto blanco llega a Castellón como segundo clasificado de la Liga F Moeve, respaldado por una dinámica positiva y por la sensación de haber encontrado estabilidad competitiva en el tramo central de la temporada. El equipo dirigido desde el banquillo por un proyecto que busca consolidarse entre la élite afronta la Supercopa como una oportunidad para reafirmar su crecimiento y para sumar un título que aún se le resiste. Sin embargo, el camino hacia la final no estará exento de obstáculos. El Real Madrid comparece en la cita con un parte médico que condiciona su planificación y obliga a reajustes significativos. Las bajas de Merle Frohms, Antonia Silva, Tere Abelleira —aún inmersa en la recuperación de su lesión de ligamento cruzado—, Signe Bruun y Lotte Keukelaar reducen el margen de maniobra y exigen soluciones desde la profundidad de la plantilla y desde la gestión emocional del grupo.
Aun así, el equipo blanco se presenta con argumentos futbolísticos sólidos, con una identidad reconocible y con la ambición intacta. La Supercopa representa una prueba de madurez, un escenario ideal para medir la capacidad del Real Madrid de competir en eliminatorias directas, donde el contexto pesa tanto como el juego y donde la experiencia, la lectura de los tiempos y la gestión de los momentos críticos resultan determinantes. La semifinal ante el Atlético no solo es una puerta hacia la final, sino también un termómetro para calibrar el estado real del proyecto en el marco de las grandes citas.
Enfrente estará un Atlético de Madrid que llega a Castellón con un discurso distinto, marcado por la necesidad y por el deseo de reencontrarse con su mejor versión en una temporada irregular. Fuera de los puestos europeos en la clasificación liguera, el conjunto rojiblanco encuentra en la Supercopa una oportunidad para redefinir su relato competitivo, para sacudirse dudas y para reconectar con una competición que ya sabe lo que es ganar. El recuerdo del título conquistado en la temporada 2020/2021, con una contundente victoria por 3-0 ante el Levante UD, sigue formando parte del imaginario reciente del club y actúa como recordatorio de que el Atlético es un equipo construido para competir en escenarios de máxima exigencia.
El equipo colchonero afronta la semifinal con una única baja confirmada, la de Gio Queiroz, lo que permite al cuerpo técnico trabajar con un bloque prácticamente completo y con múltiples alternativas tácticas. Esa disponibilidad se convierte en un factor diferencial en un partido donde el equilibrio se presume extremo y donde la capacidad de variar registros puede resultar decisiva. El Atlético llega, además, reforzado por el precedente más inmediato: fue el conjunto rojiblanco quien se llevó los tres puntos en el último enfrentamiento entre ambos equipos, disputado en la segunda jornada de la Liga F Moeve.
Aquel encuentro, celebrado en Alcalá, condensó muchas de las constantes que definen este derbi. Lauren Leal adelantó al Atlético en la primera mitad, Sara Däbritz igualó el marcador tras el descanso con una falta directa que evidenció la calidad individual del conjunto blanco, y cuando el partido parecía encaminarse hacia el reparto de puntos, apareció Luany para inclinar la balanza del lado rojiblanco y sellar una victoria que tuvo un profundo impacto anímico. Ese triunfo no solo reforzó la confianza del Atlético, sino que volvió a subrayar una tendencia estadística que pesa sobre el imaginario colectivo del enfrentamiento.
Real Madrid y Atlético de Madrid se han medido en catorce ocasiones oficiales desde la creación de la sección blanca, con un balance que refleja la competitividad y la paridad del duelo: cuatro victorias para el Real Madrid, cuatro empates y seis triunfos para el Atlético. Más revelador aún es el dato reciente: el club blanco solo ha logrado una victoria en los últimos ocho enfrentamientos frente a su rival capitalino, una estadística que añade presión y que convierte la semifinal de Castellón en una oportunidad para romper dinámicas y reescribir inercias.
El contexto competitivo se amplía con la mirada puesta en la otra semifinal, que enfrentará al FC Barcelona y al Athletic Club el miércoles 21 de enero a las 19:00 horas. Dos estilos, dos tradiciones y dos maneras de entender el fútbol femenino que completan un cartel de alto nivel y que garantizan que la final del sábado 24 de enero, programada también a las 19:00 horas, reunirá a dos equipos que habrán superado pruebas de máxima exigencia. La Supercopa se presenta, así, como un concentrado de rivalidades, historias cruzadas y proyectos deportivos en distintos momentos de su evolución.
Más allá del césped, la Supercopa de España femenina de 2026 se desarrolla en un contexto marcado por la emoción y por la responsabilidad institucional. La Semana de las Supercampeonas, organizada con motivo de la celebración del torneo, estaba concebida como un espacio de encuentro entre fútbol, historia y sociedad, con actividades culturales y educativas destinadas a reforzar el vínculo entre la competición y la ciudadanía. Sin embargo, la actualidad ha impuesto un tono distinto. El trágico accidente ferroviario ocurrido en Córdoba ha provocado la suspensión del acto de inauguración de la exposición sobre la historia de la Supercopa, prevista para las 17:00 horas en la Casa del Caragols de Castellón de la Plana, así como la cancelación de la visita al CEIP Bisbe Climent en la que iba a participar la seleccionadora nacional, Sonia Bermúdez.
La Real Federación Española de Fútbol ha querido trasladar, en este contexto, su más sentido pésame a los familiares y amigos de las personas fallecidas, así como su apoyo y ánimo a todas las personas afectadas por el suceso. Un gesto que subraya que el deporte no vive ajeno a la realidad social y que la Supercopa, pese a su carácter festivo y competitivo, se celebra desde el respeto y la empatía.
En el plano estrictamente deportivo, el Comité Técnico de Árbitros de la RFEF ha designado a Paola Cebollada y a Elisabeth Calvo para dirigir las semifinales del torneo, una elección que refuerza el protagonismo del arbitraje femenino en las grandes citas. Paola Cebollada, colegiada aragonesa, será la encargada de impartir justicia en el derbi del martes entre Real Madrid y Atlético de Madrid, a partir de las 19:15 horas. Estará asistida por Iragartze Fernández y Raquel Díaz en las bandas, con Elena Peláez como cuarta árbitra y Alexia Mayer como quinta, configurando un equipo arbitral experimentado y preparado para gestionar un partido de alta intensidad emocional y competitiva.
El miércoles, en la semifinal entre FC Barcelona y Athletic Club, la responsabilidad recaerá sobre Elisabeth Calvo, árbitra madrileña, que contará con Andrada Alomán y Victoria Miralles como asistentes, Alicia Espinosa como cuarta árbitra y Adriana García como quinta. Dos equipos arbitrales que simbolizan el avance y la consolidación del arbitraje femenino en el fútbol español y que tendrán un papel clave en el desarrollo de un torneo donde cada decisión adquiere una dimensión especial.
La Supercopa de España femenina de 2026 arranca, por tanto, con un derbi madrileño que es mucho más que una semifinal. Es el punto de partida de una semana que aspira a celebrar el fútbol, a honrar su historia reciente y a proyectar su futuro. Castellón se prepara para acoger emociones, rivalidades y relatos que se escribirán a noventa minutos —o más— y que volverán a demostrar que el fútbol femenino español ha alcanzado un grado de madurez que le permite mirar de frente a sus grandes escenarios. Y en el centro de ese escenario, Real Madrid y Atlético de Madrid se disponen a disputar algo más que un billete para la final: se disponen a disputar un nuevo capítulo de una rivalidad que ya forma parte esencial del patrimonio competitivo del fútbol femenino nacional.
El martes cae la noche sobre Castellón de la Plana con la sensación de que algo trascendente está a punto de suceder. El Estadio de Castalia, escenario habitual de batallas deportivas y testigo de innumerables historias, se transforma en el corazón palpitante del fútbol femenino español. Las gradas se preparan para acoger a dos aficiones que, aun lejos de la capital, trasladan consigo la intensidad emocional de un derbi que nunca entiende de distancias ni de neutralidades. La Supercopa no concede margen para la espera ni para el tanteo prolongado: es una competición diseñada para el impacto inmediato, para la tensión sostenida desde el primer minuto, y el Real Madrid CF y el Atlético de Madrid lo saben desde el mismo instante en que pisan el césped.
El partido se construye desde las narrativas que rodean a ambos equipos. Para el Real Madrid, la Supercopa representa una oportunidad de reafirmación institucional y deportiva. Desde la creación de la sección femenina, el club blanco ha recorrido un camino acelerado, marcado por la inversión, la profesionalización y la ambición de situarse en la cúspide del fútbol nacional e internacional. Cada participación en un torneo oficial de estas características se convierte en un examen público, en una oportunidad para demostrar que el proyecto no solo crece en términos estructurales, sino que también es capaz de responder en los momentos de máxima exigencia.
La ausencia de varias futbolistas clave obliga al Real Madrid a mirar hacia dentro, a activar recursos internos y a confiar en la solidez del colectivo. La baja de Merle Frohms afecta a la portería, una posición de enorme peso psicológico en partidos de eliminación directa. La ausencia de Antonia Silva condiciona el eje defensivo, mientras que la de Tere Abelleira priva al equipo de una pieza fundamental en la organización del juego, una futbolista capaz de equilibrar, ordenar y dar sentido al ritmo del partido. A estas ausencias se suman las de Signe Bruun y Lotte Keukelaar, reduciendo opciones ofensivas y obligando a redefinir roles en la zona de ataque.
Sin embargo, el Real Madrid se presenta con la convicción de que los grandes equipos se construyen también desde la adversidad. La Supercopa se convierte en un escenario para que otras jugadoras asuman protagonismo, para que el colectivo se imponga sobre las individualidades y para que el equipo demuestre que su crecimiento no depende únicamente de nombres propios. El derbi ante el Atlético es, en este sentido, una prueba de carácter, una oportunidad para romper la tendencia reciente y para enviar un mensaje al resto de competidores.
Atlético de Madrid, por su parte, aterriza en Castellón con un discurso más introspectivo, marcado por la necesidad de reencontrarse con sensaciones positivas en un curso que no ha seguido el guion esperado. Acostumbrado a pelear por los puestos altos de la tabla y a competir en escenarios europeos, el conjunto rojiblanco atraviesa un momento de transición que ha generado dudas y preguntas. La Supercopa aparece como un punto de inflexión potencial, como un espacio donde redefinir objetivos y recuperar la identidad competitiva que ha caracterizado históricamente al club.
La experiencia acumulada en este tipo de torneos se convierte en un activo de valor incalculable para el Atlético. Saber gestionar la presión, entender los tiempos del partido y asumir que cada error puede ser definitivo forma parte del ADN competitivo del conjunto rojiblanco. El recuerdo del título conquistado en la temporada 2020/2021 no es solo una anécdota histórica, sino una referencia tangible de que el Atlético sabe cómo recorrer el camino hasta el final cuando el formato lo exige. Aquella final ante el Levante UD, resuelta con un contundente 3-0, permanece como un hito que refuerza la confianza del vestuario y que alimenta la ambición de repetir la gesta.
El derbi se convierte, además, en un duelo de estilos y de lecturas tácticas. El Real Madrid busca construir desde la posesión, desde la iniciativa y desde la ocupación racional de los espacios, mientras que el Atlético se siente cómodo alternando fases de control con transiciones rápidas, aprovechando la velocidad y la agresividad en campo contrario. En un partido de estas características, el equilibrio entre riesgo y seguridad se vuelve determinante, y cada decisión desde el banquillo puede alterar el desarrollo del encuentro.
La historia reciente entre ambos equipos añade capas de tensión al relato. Catorce enfrentamientos oficiales, un balance favorable al Atlético y una tendencia reciente que pesa sobre el Real Madrid configuran un escenario donde la estadística se convierte en un elemento narrativo más. El dato de que el club blanco solo haya ganado uno de los últimos ocho derbis no pasa desapercibido y actúa como un estímulo adicional para un equipo que busca cambiar su relación con este tipo de partidos. Para el Atlético, en cambio, esa misma estadística refuerza la confianza y consolida la sensación de que el derbi es un terreno donde suele moverse con soltura.
El último precedente, el partido de la segunda jornada de la Liga F Moeve, se convierte en referencia obligada. Aquel encuentro en Alcalá dejó imágenes y sensaciones que aún resuenan en la memoria de ambas plantillas. El gol inicial de Lauren Leal marcó el tono del partido, la respuesta de Sara Däbritz desde la estrategia evidenció la calidad individual del Real Madrid y la aparición decisiva de Luany en los minutos finales confirmó la capacidad del Atlético para resolver partidos ajustados. Ese choque sintetizó muchas de las constantes que se esperan en Castellón: igualdad, alternancia en el dominio y desenlaces que se deciden por detalles.
La Supercopa, sin embargo, introduce variables nuevas. No hay margen para el error, no existe la posibilidad de corregir en jornadas posteriores y el contexto emocional se intensifica. Cada duelo se vive como una final anticipada, y el peso del resultado se proyecta más allá del propio torneo. Ganar la Supercopa no solo significa levantar un título, sino también enviar un mensaje al resto de la competición, reforzar la autoestima del grupo y construir un relato positivo que acompañe al equipo durante el resto de la temporada.
Mientras el foco mediático se centra en el derbi, el torneo avanza con la certeza de que el miércoles se vivirá otro enfrentamiento de alto voltaje entre el FC Barcelona y el Athletic Club. Dos equipos con identidades muy marcadas, con trayectorias históricas profundas y con ambiciones claras de alcanzar la final. El Barcelona, dominador del panorama nacional e internacional en las últimas temporadas, afronta la Supercopa con la exigencia de quien parte como favorito en cada competición que disputa. El Athletic, por su parte, representa la tradición, la resistencia y la capacidad de competir desde la identidad propia, dispuesto a desafiar jerarquías y a reivindicar su lugar entre los grandes.
La final del sábado 24 de enero se vislumbra en el horizonte como el colofón de una semana intensa, cargada de emociones y de simbolismo. Dos semifinales, cuatro equipos, un único título y un escenario que se consolida como sede de referencia para el fútbol femenino. Castellón de la Plana asume el reto con responsabilidad institucional y con la voluntad de ofrecer un entorno a la altura de la competición, reforzando la conexión entre el territorio y el deporte femenino de élite.
En paralelo a lo deportivo, la Supercopa de España femenina se desarrolla bajo el prisma de la responsabilidad social y del compromiso institucional. La suspensión de los actos previstos dentro de la Semana de las Supercampeonas, como el acto inaugural de la exposición histórica y la visita al CEIP Bisbe Climent, introduce un tono de sobriedad y de respeto que atraviesa el conjunto del evento. La Real Federación Española de Fútbol ha querido dejar claro que el fútbol no es ajeno a la realidad y que, en momentos de duelo, la prioridad es acompañar y mostrar solidaridad con las personas afectadas.
Este contexto dota a la competición de una dimensión adicional, recordando que el deporte, además de espectáculo y competición, es también un espacio de encuentro, de valores y de humanidad. La Supercopa se celebra desde el respeto, con la conciencia de que cada partido se juega en un marco más amplio, donde la emoción deportiva convive con la empatía y la responsabilidad colectiva.
El papel del arbitraje adquiere especial relevancia en este escenario. La designación de Paola Cebollada y Elisabeth Calvo para dirigir las semifinales subraya el compromiso de la RFEF con el desarrollo y la visibilidad del arbitraje femenino en las grandes citas. Paola Cebollada, al frente del derbi madrileño, afronta un desafío de máxima exigencia, consciente de que cada decisión será analizada con lupa y de que la gestión emocional del partido resultará tan importante como la aplicación del reglamento. Su equipo arbitral, compuesto por Iragartze Fernández, Raquel Díaz, Elena Peláez y Alexia Mayer, conforma un bloque preparado para responder a las demandas de un partido de alta tensión.
El miércoles, Elisabeth Calvo liderará el equipo arbitral en la segunda semifinal, acompañada por Andrada Alomán, Victoria Miralles, Alicia Espinosa y Adriana García. Dos designaciones que reflejan la confianza del Comité Técnico de Árbitros en el talento y la preparación de sus colegiadas, y que refuerzan la imagen de una Supercopa alineada con los valores de igualdad y profesionalización que definen al fútbol femenino actual.
A medida que avanza la semana, la Supercopa de España femenina se consolida como algo más que un torneo de pretemporada avanzada o un título menor. Es un escaparate, un punto de encuentro y un termómetro del estado del fútbol femenino en España. Cada edición suma capas de significado, construye tradición y refuerza la sensación de que el camino recorrido ha merecido la pena. En Castellón, el fútbol femenino se mira a sí mismo con orgullo, consciente de sus avances y de sus retos, dispuesto a seguir creciendo desde la competición, la visibilidad y el compromiso.
Y en el centro de todo, el derbi madrileño del martes se erige como el primer gran capítulo de una historia que se escribirá a lo largo de cinco días intensos. Noventa minutos, quizá más, decidirán qué equipo avanza hacia la final y cuál deberá regresar a casa con la sensación de una oportunidad perdida. En ese margen estrecho se concentrarán años de historia reciente, expectativas, frustraciones y sueños. La Supercopa arranca, y con ella, un nuevo episodio del fútbol femenino español dispuesto a dejar huella.
La Supercopa de España femenina avanza hacia su desenlace con la solemnidad de los torneos que entienden su propio peso histórico. Cada jornada en Castellón de la Plana añade densidad narrativa a una competición que ya no se explica únicamente por el valor del trofeo, sino por todo lo que lo rodea, lo que lo precede y lo que lo proyecta hacia el futuro. El fútbol femenino español se reconoce a sí mismo en este formato concentrado, en esta sucesión de partidos que obligan a convivir con la presión, con la exposición mediática y con la exigencia de rendir cuando el margen de error desaparece por completo.
El derbi madrileño que abre la Supercopa se convierte, inevitablemente, en el eje emocional del torneo. Real Madrid y Atlético de Madrid no solo se juegan el pase a la final, sino también una parte de su relato de la temporada. Para el equipo blanco, la semifinal representa la posibilidad de consolidar un proceso de crecimiento que busca traducirse en títulos y en legitimidad competitiva. Para el conjunto rojiblanco, el partido adquiere tintes de reivindicación, de reafirmación identitaria y de reconexión con una esencia competitiva que históricamente ha definido al club.
El fútbol femenino español ha aprendido, en los últimos años, a convivir con estos relatos cruzados, con esta acumulación de significados que convierten cada gran partido en algo más que un simple enfrentamiento deportivo. La Supercopa actúa como espejo de esa evolución. Ya no se trata únicamente de jugar bien, sino de gestionar la expectativa, de responder ante la mirada de una audiencia cada vez más amplia y de asumir que cada gesto, cada resultado y cada decisión forman parte de un ecosistema en constante observación.
En este contexto, Castellón se transforma en una ciudad anfitriona que asume su papel con naturalidad y compromiso. El Estadio de Castalia no es solo un recinto deportivo, sino un espacio simbólico donde confluyen trayectorias, aspiraciones y memorias. Durante cinco días, la ciudad se integra en el pulso del fútbol femenino nacional, acogiendo a equipos, cuerpos técnicos, árbitras, personal federativo y aficiones que comparten un mismo objetivo: vivir y construir una competición que ya forma parte del calendario emocional del deporte español.
La final del sábado 24 de enero, fijada para las 19:00 horas, se presenta como el punto culminante de este viaje. Dos equipos llegarán hasta ese último partido tras superar pruebas exigentes, conscientes de que la Supercopa no concede premios menores ni reconoce trayectorias pasadas. La final se decide en noventa minutos —o en lo que el reglamento determine— y exige una concentración absoluta, una gestión perfecta de los tiempos y una capacidad para sostener la presión hasta el último instante. Ganar la Supercopa significa inaugurar el palmarés de la temporada, pero también inscribir el nombre del club en una narrativa que se construye año a año.
La presencia del FC Barcelona y del Athletic Club en la otra semifinal completa un cartel que refuerza la dimensión histórica del torneo. El Barcelona, referente indiscutible del fútbol femenino contemporáneo, llega a Castellón con la responsabilidad implícita de quien ha marcado una era. Cada partido del conjunto azulgrana se analiza desde el prisma de la excelencia, y cada competición se convierte en un nuevo examen para un proyecto que ha elevado el listón competitivo a niveles inéditos. El Athletic Club, por su parte, encarna la tradición, el arraigo y la fidelidad a una identidad que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos sin perder su esencia. Su presencia en la Supercopa es también una reivindicación de la diversidad de modelos que conviven en el fútbol femenino español.
El torneo, además, se desarrolla bajo una conciencia institucional que atraviesa todas sus capas. La suspensión de los actos previstos dentro de la Semana de las Supercampeonas, motivada por el trágico accidente ferroviario ocurrido en Córdoba, imprime un tono de respeto y sobriedad que acompaña a la competición. La Real Federación Española de Fútbol ha querido subrayar, con su mensaje de condolencia y apoyo, que el fútbol no se entiende al margen de la realidad social y que, incluso en el marco de un gran evento deportivo, la empatía y la humanidad ocupan un lugar central.
Este gesto institucional no resta importancia al torneo, sino que lo contextualiza. La Supercopa se celebra desde el respeto, con la conciencia de que el deporte forma parte de una sociedad compleja, atravesada por alegrías y tragedias. En ese equilibrio entre celebración y recogimiento se construye también la madurez del fútbol femenino, capaz de asumir su visibilidad y su responsabilidad en igual medida.
El arbitraje, elemento esencial en cualquier competición de alto nivel, adquiere una relevancia especial en este escenario. Las designaciones de Paola Cebollada y Elisabeth Calvo para dirigir las semifinales simbolizan el avance del arbitraje femenino y su integración plena en los grandes eventos del calendario nacional. No se trata solo de impartir justicia, sino de gestionar partidos de alta carga emocional, de mantener el control en contextos de máxima presión y de garantizar que el desarrollo del juego se ajuste a los principios de equidad y rigor que exige la competición.
Paola Cebollada, al frente del derbi madrileño, asume una responsabilidad que va más allá de lo técnico. Su actuación, respaldada por un equipo arbitral experimentado, será clave para sostener el ritmo del partido y para garantizar que el protagonismo recaiga en las futbolistas. Elisabeth Calvo, en la segunda semifinal, afronta un desafío similar, consciente de que cada decisión se inscribe en un contexto de máxima exposición mediática. Ambas colegiadas representan una generación de árbitras que han crecido al mismo ritmo que el fútbol femenino y que hoy forman parte indiscutible de sus grandes escenarios.
A medida que la Supercopa se acerca a su desenlace, el torneo reafirma su condición de punto de encuentro entre pasado, presente y futuro. El recuerdo del título conquistado por el Atlético de Madrid en la temporada 2020/2021 convive con la ambición de clubes que buscan estrenar su palmarés. La historia reciente se entrelaza con los nuevos relatos que se escriben en Castellón, y cada partido añade una página más a un libro que sigue en construcción.
La Supercopa de España femenina no es solo el primer título de la temporada. Es una declaración de intenciones, un escaparate del nivel competitivo alcanzado y una celebración del camino recorrido. En Castellón de la Plana, durante cinco días, el fútbol femenino español se mira a sí mismo con ambición y con memoria, consciente de que cada edición del torneo refuerza su legitimidad y su proyección.
Cuando el balón ruede en la final del sábado, todo lo vivido en las jornadas previas convergerá en un único objetivo. Las semifinales, las historias cruzadas, las decisiones arbitrales, los contextos emocionales y las expectativas acumuladas encontrarán su síntesis en noventa minutos decisivos. Solo un equipo levantará el trofeo, pero todos los participantes formarán parte de una Supercopa que vuelve a confirmar que el fútbol femenino español ha alcanzado una dimensión irreversible.
Así, la edición de 2026 queda marcada desde su inicio por un derbi madrileño de alto voltaje, por una organización comprometida, por un contexto institucional sensible y por la certeza de que cada partido disputado en Castellón contribuye a consolidar una competición que ya es patrimonio del deporte español. La Supercopa se juega, se siente y se recuerda. Y en ese recuerdo colectivo, cada palabra, cada acción y cada resultado ocupan un lugar que trasciende el marcador.
⬛️ El conjunto tinerfeño goleó por 5-0 al Athletic Club en el Heliodoro Rodríguez López en uno de los grandes partidos de la Jornada 16 de Liga F Moeve. Por su parte, el FC Badalona Women venció por 1-0 al Deportivo Abanca, y el Granada CF ganó por 1-0 al DUX Logroño, que sigue siendo el único equipo que no conoce la victoria.
La decimosexta jornada de la Liga F Moeve se presentó como un umbral simbólico y competitivo, una frontera invisible pero determinante entre lo que fue y lo que aspira a ser la temporada 2025/2026 del fútbol femenino español. Con el inicio de la segunda vuelta, el campeonato entró en una fase donde las inercias dejan de ser promesas y pasan a convertirse en obligaciones, donde cada punto pesa más que nunca y donde los relatos empiezan a adquirir una forma definitiva. El fin de semana del sábado 17 y domingo 18 de enero no fue uno más en el calendario: fue una declaración colectiva del estado real de la competición, un espejo fiel de sus tensiones, sus aspiraciones y sus batallas abiertas, desde la lucha por el título hasta la pelea descarnada por la permanencia.
Todos los encuentros pudieron seguirse a través de DAZN, plataforma que volvió a ejercer como columna vertebral audiovisual del campeonato, consolidando su papel central en la difusión del fútbol femenino de élite en España. Además, el partido entre el Alhama CF ElPozo y el FC Barcelona amplió su alcance al emitirse también en Gol Play, TEN y 3Cat, reforzando la visibilidad de una jornada que se desplegó de manera coral, simultánea y total. La Liga F volvió a mostrarse como un producto sólido, diverso y cargado de matices, capaz de ofrecer relatos múltiples en cada franja horaria y en cada estadio.
La jornada arrancó el sábado con dos partidos que ya anticiparon la intensidad emocional y competitiva del fin de semana. En el Estadi Ciutat de València, el Levante UD recibió al Real Madrid CF en un encuentro marcado desde antes de que rodara el balón por el recuerdo y la emoción. Antes del inicio del choque, ambos equipos y el público presente guardaron un minuto de silencio en memoria de Delia Bullido, exjefa de comunicación del Levante UD, en un gesto que recordó una vez más que el fútbol femenino es también comunidad, memoria y vínculo humano. El respeto y la solemnidad dieron paso a un partido vibrante, lleno de ritmo, de alternativas y de detalles que acabaron decantando la balanza.
El Real Madrid volvió a demostrar su capacidad para competir en escenarios exigentes y su madurez creciente dentro de la Liga F Moeve. Apenas once minutos necesitó el conjunto blanco para abrir el marcador. Athenea del Castillo, incisiva, veloz y decisiva, aprovechó una acción ofensiva para adelantar a su equipo y marcar el tono del partido. La futbolista cántabra, que acabaría siendo reconocida como la MVP del encuentro, no se conformó con ese primer golpe y volvió a aparecer poco después para firmar el segundo tanto tras recibir un pase medido de Sara Däbritz. El Real Madrid parecía encarrilar el partido con autoridad, pero el Levante UD se negó a aceptar un papel secundario.
Las locales reaccionaron con carácter y orgullo. Érika González estuvo a punto de recortar distancias con un potente disparo que se estrelló en el larguero, un aviso que preludió el gol levantinista. El rechace cayó en los pies de Dolores Silva, que desde larga distancia se sacó un lanzamiento preciso para batir a la guardameta madridista y devolver a su equipo al partido. El Ciutat de València volvió a creer, y antes del descanso, Érika González volvió a encontrarse con la madera, en una de esas acciones que pueden cambiar el signo de un encuentro.
La segunda parte mantuvo el mismo guion de intensidad y alternativas. El Real Madrid buscó sentenciar y tuvo en las botas de Pau Comendador una ocasión clara para el tercer tanto, pero nuevamente el larguero se interpuso en el camino del gol. El Levante UD lo intentó hasta el pitido final, empujado por su afición y por la sensación de que el empate era posible, pero el marcador ya no se movió. El triunfo por 1-2 permitió al conjunto blanco iniciar la segunda vuelta con una victoria de peso, mientras que el Levante se quedó con la sensación de haber competido de tú a tú ante uno de los grandes del campeonato.
De manera paralela, en la Ciudad Deportiva del Granada CF, el conjunto nazarí continuó construyendo uno de los relatos más sólidos del inicio de 2026. El Granada CF se impuso por 1-0 al DUX Logroño en un partido trabajado, intenso y cargado de simbolismo. Antes del inicio del choque, Cristina Postigo recibió una camiseta conmemorativa por alcanzar los 150 encuentros como granadinista, un reconocimiento que reforzó el vínculo entre el club y una futbolista que representa la identidad y la constancia del proyecto andaluz.
El partido comenzó con un DUX Logroño atrevido, que salió mejor y generó la primera ocasión clara con un remate de Mawete que se marchó fuera por poco. El conjunto riojano, que vivía además el debut de Salomé Prat, mostró personalidad y ambición en los primeros compases. Laura Sánchez tuvo que emplearse a fondo para enviar a córner un peligroso disparo de falta directa de Milagros Martín, en una acción que evidenció la igualdad del duelo. Sin embargo, fue el Granada CF quien logró golpear primero y de manera definitiva.
El único tanto del encuentro llegó desde el punto de penalti. Laura Pérez recibió un agarrón de Annelie Leitner dentro del área, y la colegiada no dudó en señalar la pena máxima. La propia Laura Pérez asumió la responsabilidad y convirtió el lanzamiento con seguridad, adelantando al conjunto nazarí en el marcador. En la segunda mitad, el Granada supo gestionar su ventaja con inteligencia. Manoly Baquerizo, incansable por banda y elegida MVP del choque, fue una constante amenaza, mientras que Ariadna Mingueza estuvo cerca de ampliar la ventaja. El DUX Logroño lo intentó, pero no encontró el camino del gol. Con esta victoria, el Granada CF arrancó el año con dos triunfos en dos partidos y sin encajar goles, consolidando una dinámica que refuerza sus aspiraciones.
La tarde del sábado continuó en Alcalá de Henares con uno de los resultados más significativos de la jornada. El Atlético de Madrid cayó por 0-1 ante el RCD Espanyol en un partido que volvió a poner de manifiesto la capacidad del conjunto blanquiazul para competir en escenarios complejos. Las de Sara Monforte salieron mejor al partido y lograron incluso anotar un tanto que fue anulado por una falta previa de Ángeles del Álamo sobre Lauren Leal, una decisión que generó protestas pero que mantuvo el marcador intacto.
El Atlético trató de imponer su juego y tuvo ocasiones claras para adelantarse. Amaiur estuvo muy cerca de marcar con un cabezazo que se estrelló en la madera, mientras que Jensen probó fortuna con un disparo que encontró la segura respuesta de Romane Salvador. El partido se movía en márgenes estrechos, con alternativas y tensión creciente. En la segunda mitad, el Espanyol encontró el premio a su insistencia. Anna Torrodà, que firmó una actuación sobresaliente y fue elegida MVP del encuentro, ejecutó una falta directa magistral que sorprendió a Lola Gallardo y se coló en la portería rojiblanca para establecer el 0-1.
El gol obligó al Atlético a lanzarse al ataque en busca del empate. Andrea Medina tuvo una ocasión clara desde dentro del área, pero su remate se marchó por encima del larguero. Las rojiblancas lo intentaron hasta el final, pero el Espanyol supo resistir con orden y personalidad para llevarse tres puntos de enorme valor. La derrota dejó al Atlético con sensaciones encontradas, mientras que el conjunto catalán reforzó su discurso competitivo con una victoria de prestigio.
La jornada sabatina se cerró en Ipurua, donde el Madrid CFF firmó una victoria importante por 1-3 ante la SD Eibar en el estreno de José Luis Sánchez Vera en el banquillo del equipo madrileño. El partido comenzó con dominio visitante en cuanto a ocasiones, pero fue el Eibar quien golpeó primero. Carmen Álvarez aprovechó una pelota a la espalda de la defensa y superó a Paola Ulloa con una vaselina perfecta, desatando la alegría local.
El Madrid CFF no se descompuso y salió decidido tras el descanso. En apenas tres minutos, Emilie Nautnes igualó el encuentro tras recibir un pase de Kamilla Melgard, iniciando una remontada que marcaría el resto del partido. Poco después, la propia Melgard se sacó un potente disparo desde fuera del área para poner el 1-2 en el marcador. El Eibar intentó reaccionar, pero el golpe fue duro. El definitivo 1-3 llegó nuevamente de las botas de Emilie Nautnes, que completó su doblete al contragolpe tras recibir un pase de Anita Marcos, que regresaba a la competición tras superar su lesión. La noruega fue reconocida como la MVP del choque en una noche que marcó un nuevo comienzo para el Madrid CFF.
El domingo amaneció con la sensación de que la decimosexta jornada de la Liga F Moeve aún tenía capítulos decisivos por escribir, historias capaces de redefinir la lectura global del campeonato y de proyectar nuevas tensiones hacia la segunda vuelta. Tras una jornada sabatina cargada de contrastes, el fútbol femenino español volvió a desplegarse en distintos puntos del mapa con una misma pulsión competitiva, consciente de que cada resultado empezaba a adquirir un valor estructural dentro de la clasificación. La Liga entraba en una fase donde los matices dejan de ser anecdóticos y pasan a ser determinantes, donde la regularidad se convierte en virtud y donde el margen para el error se estrecha de manera irreversible.
En el Artés Carrasco, el Alhama CF ElPozo recibió al FC Barcelona en un partido que concentró miradas, focos y análisis. El conjunto murciano, instalado en la zona baja de la clasificación pero aferrado a su identidad competitiva, afrontó el encuentro con un plan claro y con la convicción de que resistir también es una forma de competir. El FC Barcelona, por su parte, compareció como líder indiscutible del campeonato, consciente de que cada desplazamiento es una prueba de su capacidad para sostener la excelencia en contextos diversos y exigentes. El partido pudo verse tanto en DAZN como en Gol Play, TEN y 3Cat, ampliando su alcance y reforzando su condición de cita destacada del fin de semana.
Desde el inicio, el Alhama CF ElPozo dejó claro que no iba a conceder espacios ni facilidades. Sol Belotto se erigió en protagonista bajo palos, frustrando una y otra vez los intentos azulgranas y sosteniendo a su equipo en los primeros compases del encuentro. El Barcelona acumuló posesión, generó llegadas y buscó el desequilibrio, pero se encontró con una defensa ordenada y con una guardameta inspirada que retrasó el primer golpe. No fue hasta el minuto 22 cuando el conjunto catalán logró romper la resistencia local. Kika Nazareth, omnipresente y decisiva, ejecutó un saque de esquina preciso que encontró a Claudia Pina en el segundo palo. La atacante controló el balón con temple y fusiló a la portera con un disparo potente que inauguró el marcador.
El gol no descompuso al Alhama, que se mantuvo fiel a su plan de partido y logró llegar al descanso con una desventaja mínima. El esfuerzo colectivo, la concentración defensiva y la capacidad para sufrir mantuvieron viva la esperanza local durante buena parte del encuentro. En la segunda mitad, Sol Belotto volvió a convertirse en un muro, evitando que el Barcelona ampliara su ventaja en varias acciones claras. Sin embargo, la calidad individual del conjunto azulgrana terminó imponiéndose. Graham Hansen aprovechó un pase medido de Vicky López para doblar la ventaja y cerrar el partido. Kika Nazareth, determinante en la generación de juego y en la estrategia, fue reconocida como la MVP del choque. Pese a la derrota, el Alhama CF ElPozo continuó marcando la permanencia, reforzando la idea de que su lucha sigue viva y definida por la competitividad.
A la misma hora, en el Estadi Municipal de Badalona, el FC Badalona Women y el Deportivo Abanca protagonizaron un duelo directo, cargado de tensión y de importancia clasificatoria. El conjunto catalán no pudo comenzar mejor el encuentro. A los dos minutos de juego, Irina Uribe aprovechó un balón largo de María Llompart y una mala salida de Inês Pereira para enviar el balón al fondo de la red y adelantar a su equipo. El gol tempranero condicionó el desarrollo del partido y obligó al Deportivo a asumir riesgos desde muy pronto.
El Badalona buscó ampliar su ventaja y estuvo cerca de hacerlo con un disparo de Elena Julve que no encontró portería. En el área contraria, María Valenzuela se mostró segura para neutralizar un intento de Paula Gutiérrez, manteniendo el equilibrio defensivo de su equipo. Antes del descanso, María Llompart estuvo a punto de firmar el segundo tanto con un remate que se marchó rozando el poste, en una acción que pudo haber cambiado el guion del encuentro.
En la segunda mitad, el Deportivo Abanca dio un paso al frente en busca del empate. Las gallegas aumentaron la intensidad ofensiva, pero se encontraron con una zaga catalana sólida, bien organizada y liderada por una imperial Cristina Cubedo, que fue reconocida como la MVP del partido. Cada intento visitante fue neutralizado con orden y contundencia, en un ejercicio de resistencia colectiva que permitió al Badalona sostener su ventaja. Itziar Pinillos logró anotar el segundo tanto para el conjunto local, pero la acción fue anulada, manteniendo el marcador en un ajustado 1-0 que no se movió hasta el final. El triunfo reforzó la posición del Badalona y dejó al Deportivo con la sensación de haber rozado el empate sin llegar a concretarlo.
El domingo continuó en el Heliodoro Rodríguez López, escenario de una de las actuaciones más contundentes y simbólicas de la jornada. El Costa Adeje Tenerife firmó un triunfo rotundo por 5-0 ante el Athletic Club en un partido que tuvo múltiples lecturas. Para el conjunto canario, supuso una exhibición colectiva y la confirmación de un crecimiento sostenido. Para Yerai Martín, fue la primera victoria al frente del equipo, un hito que añadió una capa emocional al encuentro. El Athletic, por su parte, se vio superado en un escenario donde el rival fue capaz de convertir cada oportunidad en una declaración de intenciones.
El Costa Adeje Tenerife se adelantó a los dieciocho minutos con un gran gol de Paola Hernández, que aprovechó un centro al área de Sakina Diki para batir a la guardameta visitante. El tanto desató al equipo local, que comenzó a jugar con confianza y determinación. El Athletic intentó reaccionar por medio de Clara Pinedo, pero se encontró con una defensa sólida que neutralizó cada intento. El paso por vestuarios no alteró el dominio local. A la hora de juego, Elba Vergés amplió la ventaja tras aprovechar un error de Olatz Santana, dejando el partido muy cuesta arriba para las visitantes.
La sentencia llegó poco después en las botas de Aleksandra Zaremba, que confirmó el recital ofensivo del conjunto canario. El cuarto tanto tuvo la firma de Koko, que aprovechó un pase de Violeta Quiles, quien debutaba con el Costa Adeje Tenerife en una noche inolvidable. El festival goleador se cerró con el tanto de Iratxe, que estableció el 5-0 definitivo y selló una victoria que resonó en toda la clasificación. El Heliodoro celebró un triunfo que reforzó la autoestima del equipo y subrayó su capacidad para competir al máximo nivel.
La decimosexta jornada se cerró en Sevilla, con un duelo que tenía implicaciones directas en la lucha por los puestos de Champions. El Sevilla FC recibió a la Real Sociedad en un partido que terminó con victoria visitante por 0-2 y que permitió al conjunto donostiarra ampliar a seis puntos su ventaja en la clasificación. Las de Arturo Ruiz salieron mejor al partido, buscando con insistencia la portería defendida por Sullastres. La guardameta sevillista se convirtió en protagonista en los primeros compases, sosteniendo a su equipo con intervenciones de mérito que evitaron un marcador más amplio.
Antes del descanso, Lucía Pardo estuvo cerca de inaugurar el marcador, pero nuevamente se encontró con una inspirada Sullastres. El Sevilla resistió y llegó al intermedio con opciones intactas, pero la Real Sociedad mantuvo su plan y su convicción. La entrada de Intza tras el descanso añadió frescura y profundidad al ataque txuri-urdin. A la hora de juego, Claire Lavogez aprovechó un balón suelto dentro del área para adelantar a su equipo. El esférico tocó en la espalda de Sullastres antes de entrar, en una acción desafortunada para la guardameta que no empañó su gran actuación.
El 0-2 definitivo llegó desde el segundo palo. Nerea Eizagirre, capitana y referente de la Real Sociedad, remató con precisión un envío medido desde la banda de Intza para confirmar la victoria. La centrocampista fue reconocida como la MVP del duelo, liderando a su equipo en un partido clave para consolidar sus aspiraciones europeas. El pitido final certificó una victoria que reforzó la candidatura donostiarra y cerró una jornada cargada de significado.
Con todos los partidos disputados, la decimosexta jornada de la Liga F Moeve se consolidó como un punto de inflexión en la temporada. Los resultados dibujaron nuevas jerarquías, reforzaron proyectos y expusieron debilidades. La segunda vuelta comenzó con claridad, con mensajes contundentes y con la certeza de que cada partido será, a partir de ahora, una batalla decisiva. El fútbol femenino español volvió a demostrar su riqueza narrativa, su competitividad y su capacidad para ofrecer emociones intensas en cada fin de semana. La Liga F avanzó un paso más, consciente de que su historia se escribe jornada a jornada, partido a partido, y que cada capítulo cuenta.
⬛️ La semifinal de la Supercopa de España Iberdrola entre el Atlético de Madrid y el Real Madrid, uno de los encuentros con mayor expectación del fútbol femenino nacional, comenzó con quince minutos de retraso respecto al horario inicialmente previsto debido a incidencias logísticas detectadas en los momentos previos al inicio del partido. La situación, que generó dudas entre parte del público y la audiencia televisiva, no respondió a una modificación del calendario ni a una decisión estructural de la competición, y no se repitió en la otra semifinal, disputada por el Barcelona al día siguiente.
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La semifinal de la Supercopa de España Iberdrola entre el Atlético de Madrid y el Real Madrid, uno de los encuentros con mayor expectación del fútbol femenino nacional, comenzó con quince minutos de retraso respecto al horario inicialmente previsto debido a incidencias logísticas detectadas en los momentos previos al inicio del partido. La situación, que generó dudas entre parte del público y la audiencia televisiva, no respondió a una modificación del calendario ni a una decisión estructural de la competición, y no se repitió en la otra semifinal, disputada por el FC Barcelona al día siguiente.
Según fuentes de la Real Federación Española de Fútbol (RFEF), el retraso fue consecuencia de una evaluación operativa realizada a pie de campo, en coordinación entre el equipo arbitral, los responsables de seguridad del estadio y la producción televisiva, al comprobar que no se daban todavía las condiciones óptimas para garantizar un inicio ordenado y seguro del encuentro.
Entre los factores que motivaron esta decisión figuraron problemas en los accesos al recinto, con llegada tardía de parte del público y del personal acreditado, así como ajustes de última hora en la producción audiovisual, especialmente relevantes en un partido de alta demanda mediática y con una ventana de emisión muy ajustada. Ante este escenario, y siguiendo los protocolos habituales en competiciones oficiales, la organización optó por demorar el saque inicial durante quince minutos, priorizando el correcto desarrollo del evento por encima del cumplimiento estricto del horario.
La decisión fue puntual, preventiva y consensuada, y tuvo como único objetivo evitar incidencias mayores durante el transcurso del partido, tanto en el plano deportivo como en el organizativo.
La segunda semifinal de la Supercopa Iberdrola, disputada al día siguiente y con el FC Barcelona como protagonista, no presentó ningún tipo de incidencia previa, por lo que el encuentro comenzó a la hora establecida. Los accesos al estadio se desarrollaron con normalidad, la operativa de seguridad estuvo plenamente controlada y la producción televisiva ya se encontraba ajustada tras la experiencia del día anterior.
Desde la organización se insiste en que no existió trato diferenciado entre equipos, ni una aplicación desigual de criterios.
Simplemente, no hubo razones técnicas ni logísticas que justificaran un retraso en la segunda semifinal.
La RFEF subraya que el retraso del Atlético–Real Madrid fue un incidente aislado, correctamente gestionado y sin impacto en el desarrollo global de la Supercopa Iberdrola, que continuó su programación con absoluta normalidad hasta la final.
En el contexto del crecimiento sostenido del fútbol femenino, con estadios cada vez más llenos, mayor atención mediática y una producción televisiva más compleja, este tipo de ajustes puntuales forman parte de la gestión habitual de grandes eventos deportivos, siempre bajo el criterio de preservar la seguridad, la calidad de la emisión y la integridad de la competición.
La Supercopa de España Iberdrola volvió a confirmar así su consolidación como una de las grandes citas del calendario, con un seguimiento creciente y una exigencia organizativa acorde a su relevancia.
⬛️ La Supercopa de España Femenina abre su edición más simbólica con un partido que ya pertenece a la historia antes de disputarse. Atlético de Madrid y Real Madrid se enfrentan por primera vez en este torneo, en una semifinal que no solo decide un finalista, sino que mide proyectos, ambiciones y el lugar que ocupa hoy el derbi madrileño en el mapa del fútbol femenino español. En Castellón, bajo la mirada de todo el país, el fútbol femenino se examina a sí mismo en un duelo de máxima exigencia.
La primera semifinal de la Supercopa de España Iberdrola 2026 de inflexión. Un cruce que llega cargado de simbolismo, de contexto histórico y de implicaciones deportivas que van mucho más allá del resultado inmediato. Atlético de Madrid y Real Madrid se citan en un escenario neutral, con un título en juego, en una competición diseñada para enfrentar a la élite, y lo hacen por primera vez en este torneo. El dato, aparentemente simple, esconde una realidad profunda: el derbi femenino ha alcanzado una madurez competitiva que ya no admite lecturas menores. Este no es un partido de crecimiento, es un partido de confirmación.
El Atlético de Madrid llega a la Supercopa como un club históricamente acostumbrado a estas citas. Su sección femenina fue durante años el referente competitivo del fútbol español junto al FC Barcelona, acumulando títulos de Liga, finales y presencia constante en las grandes decisiones. El Real Madrid, en cambio, representa la aceleración del tiempo: un proyecto joven que ha reducido en pocos años distancias históricas y que hoy se presenta en igualdad de condiciones para competir por cualquier trofeo nacional. La semifinal enfrenta, por tanto, dos formas de llegar al mismo punto: la continuidad frente a la consolidación acelerada.
Lo que podemos esperar del partido es, ante todo, un encuentro de tensión sostenida, donde el margen de error será mínimo y la lectura emocional tendrá tanto peso como la táctica. No es un choque diseñado para la especulación prolongada. Es una semifinal, a partido único, con la final esperando. La gestión de los tiempos será clave, pero también lo será la capacidad de cada equipo para interpretar el contexto: cuándo acelerar, cuándo contener, cuándo asumir riesgos y cuándo protegerse. En este tipo de partidos, el fútbol se vuelve más mental que nunca.
Desde el punto de vista competitivo, el Atlético de Madrid afronta la semifinal con una identidad reconocible. Su estructura colectiva, su capacidad para competir en escenarios de máxima exigencia y su experiencia en partidos decisivos le otorgan una ventaja intangible, pero real. El Atlético sabe jugar este tipo de encuentros. Sabe convivir con la presión, sabe sufrir sin perder el orden y sabe esperar su momento. Es un equipo que entiende que una semifinal no siempre se gana dominando, sino resistiendo, interpretando y golpeando en el instante adecuado.
El Real Madrid, por su parte, llega con la ambición de quien siente que este tipo de partidos ya no son un techo, sino una obligación. El crecimiento del proyecto blanco ha sido sostenido y evidente, y su presencia en la Supercopa ya no se percibe como una novedad, sino como una consecuencia lógica de su rendimiento. El equipo blanco afronta la semifinal con la convicción de que puede imponer su fútbol, de que puede dominar escenarios complejos y de que está preparado para asumir el peso emocional de un derbi con título en juego.
Tácticamente, lo que podemos esperar es un duelo de estilos bien definidos, pero no rígidos. El Real Madrid buscará tener más control del balón, instalarse en campo contrario y construir desde la circulación y la movilidad. Su reto será convertir ese dominio potencial en ventajas reales, evitando que la posesión se vuelva estéril ante un rival que se siente cómodo defendiendo en bloque medio o bajo. La clave estará en la velocidad de ejecución, en la precisión entre líneas y en la capacidad para no desordenarse tras pérdida.
El Atlético, en cambio, planteará un partido donde el orden defensivo y la agresividad en la recuperación serán fundamentales. No renunciará al balón cuando pueda tenerlo, pero no lo buscará como un fin en sí mismo. Su plan pasa por minimizar riesgos, cerrar espacios interiores y castigar cualquier desajuste del rival con transiciones rápidas y verticales. En este contexto, cada duelo individual adquiere una dimensión estratégica: ganar una disputa puede significar activar un contraataque decisivo.
El ritmo del partido será otro factor determinante. Si el encuentro se acelera en exceso, el riesgo de errores aumenta. Si se ralentiza demasiado, la tensión puede jugar en contra de quien tenga la iniciativa. Ambos equipos deberán gestionar no solo el marcador, sino también la ansiedad inherente a una semifinal de Supercopa. Aquí entra en juego la experiencia colectiva, la lectura desde el banquillo y la capacidad para ajustar durante el partido sin romper la estructura.
Más allá de lo estrictamente futbolístico, esta semifinal tiene una carga simbólica enorme. Es la confirmación de que el derbi madrileño femenino ya es un acontecimiento central del calendario nacional. No es un partido satélite, no es una rivalidad en construcción: es una realidad consolidada. La Supercopa lo certifica al situarlo como puerta de entrada a un título. El mensaje es claro: el fútbol femenino español ya tiene múltiples polos de poder, y Madrid es uno de ellos.
El contexto mediático amplifica esta realidad. La cobertura televisiva, el seguimiento en redes sociales y el interés generado en torno al partido reflejan un cambio estructural en la percepción del fútbol femenino. Este no es un partido que se explica desde la pedagogía; se explica desde la competitividad. El foco ya no está en el crecimiento, sino en el rendimiento. Y eso cambia por completo la narrativa.
También podemos esperar un partido cargado de matices emocionales. Para muchas futbolistas, esta será su primera semifinal de Supercopa; para otras, una más en su carrera. Esa diferencia se nota en la gestión de los momentos críticos: un penalti, una ocasión fallada, un error defensivo. La capacidad para resetear mentalmente tras cada acción será clave. En partidos así, el fútbol se decide tanto en la cabeza como en las piernas.
El escenario, Castellón, añade una capa adicional. Jugar lejos de casa neutraliza parcialmente el factor campo, pero no elimina la presión. El ambiente será intenso, equilibrado, exigente. No habrá refugio emocional en la localía. Todo se decide en el césped, en la lectura del juego y en la capacidad para sostener la tensión durante noventa minutos —o más, si el partido lo exige—.
Lo que está en juego no es solo una final. Está en juego el relato de la temporada. Ganar esta semifinal significa enviar un mensaje al resto del fútbol español: estamos preparadas para competir por todo. Perderla implica asumir que todavía hay escalones por subir. En ese equilibrio entre ambición y realidad se moverá el partido.
En definitiva, de la primera semifinal de la Supercopa de España Femenina entre Atlético de Madrid y Real Madrid podemos esperar un partido intenso, táctico, emocionalmente exigente y cargado de significado histórico. Un encuentro que no se resolverá por acumulación de méritos, sino por la capacidad para interpretar los momentos. Un derbi que no necesita artificios para ser grande, porque su grandeza reside precisamente en lo que representa: la consolidación definitiva del fútbol femenino de élite en España.
Si algo define a esta primera semifinal de la Supercopa de España es que no admite simplificaciones. No es un partido que pueda explicarse únicamente desde la tabla clasificatoria, ni desde el balance de enfrentamientos previos, ni siquiera desde el momento de forma inmediato. Es un partido que exige una lectura más profunda, casi estructural, porque enfrenta a dos equipos que han aprendido a competir desde lugares distintos y que ahora convergen en un mismo punto de exigencia máxima. Lo que podemos esperar, por tanto, es un duelo donde cada fase del juego tenga un significado específico y donde la capacidad de adaptación será tan decisiva como el plan inicial.
Desde el inicio, el partido estará marcado por una tensión contenida. Ninguno de los dos equipos saldrá a desordenarse. En una semifinal a partido único, el primer objetivo es sobrevivir al contexto. Esto implica asegurar líneas, evitar errores tempranos y entender rápidamente qué tipo de partido se está jugando. El Real Madrid tratará de asumir la iniciativa desde el balón, pero sin la ansiedad de dominar por dominar. Su reto será encontrar el equilibrio entre controlar y no exponerse. Cada pérdida mal gestionada puede convertirse en una oportunidad directa para un Atlético que vive cómodo en la transición.
El Atlético de Madrid, consciente de ello, planteará un inicio de partido donde el orden sea innegociable. No se trata de replegarse sin más, sino de elegir bien los momentos para saltar a la presión y los momentos para cerrar espacios. La semifinal exige inteligencia colectiva. El Atlético no necesita robar alto constantemente; le basta con provocar dudas, con incomodar la circulación rival y con obligar al Real Madrid a tomar decisiones bajo presión. En ese terreno, el Atlético se mueve con soltura.
Uno de los grandes interrogantes del partido será cómo evolucione el centro del campo. Ahí se librará una batalla silenciosa pero decisiva. El Real Madrid intentará generar superioridades interiores, mover el balón con rapidez y atraer para luego encontrar espacios. El Atlético buscará cortar líneas de pase, reducir el tiempo de ejecución y convertir cada recepción rival en una acción incómoda. Si el centro del campo blanco logra imponer su ritmo, el partido puede inclinarse hacia un escenario de control territorial. Si el Atlético consigue romper esa fluidez, el encuentro se transformará en una sucesión de fases fragmentadas, mucho más favorables a su planteamiento.
En este tipo de partidos, el factor emocional aparece de manera inevitable. El derbi introduce una carga extra que no siempre se percibe desde fuera, pero que condiciona cada acción. Una entrada, una protesta, una falta táctica pueden alterar el tono del encuentro. Aquí será clave la gestión arbitral, pero también la madurez de los equipos para no dejarse arrastrar por la tensión. El Atlético, por su experiencia histórica, suele manejar bien estos escenarios. El Real Madrid, por su parte, ha demostrado en los últimos años una evolución clara en su capacidad para competir bajo presión, aunque este tipo de partidos siguen siendo una prueba definitiva.
Otro elemento a tener en cuenta es la profundidad de las plantillas y la gestión de los cambios. En una semifinal de Supercopa, los minutos finales suelen ser decisivos. El desgaste físico, acumulado por la intensidad y la tensión, abre espacios que no existen en el primer tiempo. Lo que podemos esperar es un partido que se decida en detalles tardíos: una acción a balón parado, una transición bien ejecutada, una decisión acertada desde el banquillo. La lectura del partido en el último tercio será determinante.
Históricamente, los derbis madrileños femeninos han tendido a resolverse en márgenes estrechos. No suelen ser partidos de grandes goleadas ni de dominio absoluto. Son encuentros donde el equilibrio es la norma y donde el resultado final suele reflejar más la eficacia que la superioridad. Esa tendencia refuerza la idea de que esta semifinal no se decidirá por acumulación de ocasiones, sino por la capacidad de convertir una oportunidad clave en ventaja definitiva.
La Supercopa, además, introduce un matiz específico: no hay margen de corrección. No hay partido de vuelta. No hay contexto liguero que permita compensar una derrota. Todo se concentra en noventa minutos —o en la prórroga, si es necesaria—. Este formato favorece a los equipos que saben gestionar la incertidumbre, que no se descomponen si el partido no sigue el guion previsto y que mantienen la estructura incluso en escenarios adversos. En ese sentido, el Atlético parte con una ligera ventaja histórica, pero el Real Madrid llega con una ambición que compensa cualquier déficit de experiencia.
El impacto del partido trasciende lo deportivo. Esta semifinal será analizada como un termómetro del estado actual del fútbol femenino español. La calidad del juego, la intensidad, la gestión táctica y la respuesta del público formarán parte del juicio colectivo sobre el momento que vive la competición. No se trata solo de quién gane, sino de cómo se compite. Un partido de alto nivel reforzará la narrativa de crecimiento sostenido; un partido trabado o excesivamente conservador abrirá debates sobre el siguiente paso evolutivo del torneo.
La dimensión institucional también está presente. La Supercopa es una apuesta estratégica por concentrar la élite y generar eventos de alto impacto mediático. Que la primera semifinal sea un derbi madrileño no es casualidad: es la constatación de que el fútbol femenino español ya no gira en torno a un único eje. Madrid reclama su espacio, y este partido es una declaración de intenciones. El ganador no solo accede a una final; se posiciona simbólicamente en el mapa del poder competitivo.
A nivel narrativo, el partido se construye como un choque de legitimidades. El Atlético defiende su condición de club históricamente dominante en el fútbol femenino nacional. El Real Madrid defiende su derecho a ocupar ese mismo espacio desde un proyecto que ha demostrado solvencia y ambición. No hay impostura en ninguno de los dos discursos. Por eso el partido resulta tan atractivo: porque no enfrenta a un favorito claro contra un aspirante, sino a dos realidades consolidadas que buscan imponerse en el mismo escenario.
También podemos esperar un partido donde el balón parado tenga un peso específico. En encuentros tan equilibrados, las acciones a balón parado suelen convertirse en armas decisivas. La concentración defensiva, la ejecución ofensiva y la segunda jugada pueden definir el desenlace. Aquí, la disciplina y la atención al detalle serán claves. Un solo despiste puede ser definitivo.
En los minutos finales, si el marcador sigue ajustado, el partido entrará en una fase donde la gestión emocional será absoluta. El miedo a perder convivirá con el deseo de ganar. Ahí se deciden las grandes semifinales. No gana siempre quien mejor juega, sino quien mejor entiende el momento. Quien acepta el riesgo justo, quien no se precipita y quien mantiene la lucidez cuando el entorno empuja al error.
En definitiva, de esta primera semifinal de la Supercopa de España entre el Atlético de Madrid y el Real Madrid podemos esperar un partido de máxima exigencia, de lectura compleja y de resolución incierta, un encuentro que no se explicará solo desde el marcador, sino desde todo lo que representa. Un derbi que ya no necesita contexto para justificarse, porque su sola existencia en este escenario confirma que el fútbol femenino español ha alcanzado un punto de madurez irreversible. El significado histórico de esta primera semifinal de la Supercopa de España entre el Atlético de Madrid y el Real Madrid va mucho más allá del resultado inmediato. Independientemente de quién alcance la final, el partido marca un antes y un después en la narrativa del fútbol femenino nacional. No es una exageración afirmar que este cruce simboliza la entrada definitiva del derbi madrileño en la categoría de grandes partidos por títulos, un estatus que durante años estuvo reservado a otros enfrentamientos y que ahora se consolida con naturalidad y legitimidad propias.
La Supercopa, concebida como un escaparate de excelencia, actúa aquí como catalizador. No se limita a reunir a los mejores equipos de la temporada anterior; los obliga a enfrentarse en un contexto de máxima visibilidad y exigencia. Que Atlético de Madrid y Real Madrid se crucen en este escenario confirma que ambos proyectos han alcanzado una estabilidad competitiva que los sitúa en el núcleo duro del fútbol femenino español. Este partido no es una excepción en el calendario: es una consecuencia lógica del camino recorrido por ambos clubes.
Desde una perspectiva histórica, el Atlético llega a esta semifinal con el peso de la tradición. Durante años fue el gran antagonista del FC Barcelona, el equipo que sostuvo la competitividad de la Liga cuando el dominio azulgrana comenzaba a consolidarse. Esa experiencia en escenarios límite ha forjado una identidad muy concreta: la del equipo que sabe competir cuando el margen es mínimo. El Atlético entiende este tipo de partidos no como una oportunidad puntual, sino como una obligación estructural. Su presencia en la Supercopa responde a esa lógica.
El Real Madrid, en cambio, representa una evolución distinta del mismo ecosistema. Su ascenso competitivo ha sido rápido, pero no improvisado. Cada temporada ha añadido capas de complejidad, profundidad y solvencia a su proyecto. Llegar a una semifinal de Supercopa frente al Atlético no es un punto de llegada, sino una estación intermedia en un proceso que aspira a la normalidad competitiva en la élite. La importancia de este partido para el Real Madrid radica en confirmar que ya no solo está preparado para competir, sino también para decidir.
La proyección hacia la final amplifica esta dimensión histórica. El ganador no solo se jugará un título; se enfrentará a la posibilidad de redefinir su estatus inmediato. Una victoria en la Supercopa tiene un impacto simbólico desproporcionado respecto a su valor estadístico. Marca el inicio del año competitivo, condiciona percepciones y construye relatos que acompañan al equipo durante meses. Por eso esta semifinal se juega también en el terreno de la narrativa: quién impone su relato, quién sale reforzado y quién queda obligado a reaccionar.
El contexto del otro lado del cuadro, con FC Barcelona y Athletic Club, añade aún más peso a este cruce. La final será, previsiblemente, un partido de máxima exigencia, independientemente del rival. Esto obliga a los equipos a gestionar la semifinal con una doble mirada: ganar hoy sin hipotecar mañana. La gestión de esfuerzos, la administración del riesgo y la lectura estratégica del partido están condicionadas por esa proyección. Nadie quiere llegar a la final debilitado, pero nadie puede permitirse pensar en ella sin haber superado antes el obstáculo inmediato.
Desde el punto de vista estructural, esta semifinal confirma algo que ya se intuía: el fútbol femenino español ha entrado en una fase de pluralidad competitiva real. Ya no existe un único eje narrativo. El crecimiento de proyectos sólidos ha generado un escenario donde los títulos se disputan entre varios actores con argumentos legítimos. El Atlético y el Real Madrid encarnan esa pluralidad desde perspectivas distintas, pero complementarias. Su enfrentamiento en la Supercopa es la prueba de que el sistema funciona, de que la competitividad no es una excepción, sino una tendencia.
El impacto de este partido también se proyecta sobre el público. Para la afición, esta semifinal es una invitación a asumir el fútbol femenino desde la misma lógica emocional que el masculino: rivalidad, tensión, expectativa, triunfo y frustración. Ya no se trata de acompañar un proceso, sino de vivir un evento. El derbi en la Supercopa no se consume como una experiencia pedagógica, sino como un espectáculo de alto nivel. Esa transformación del vínculo emocional es uno de los grandes logros silenciosos del crecimiento reciente del fútbol femenino.
A nivel mediático, el partido funcionará como un espejo. Lo que ocurra en el césped —la intensidad, el ritmo, la calidad del juego— será utilizado para evaluar el estado actual de la competición. La Supercopa no solo entrega un trofeo; construye discurso. Esta semifinal será analizada al detalle, no solo por su resultado, sino por lo que diga sobre el presente y el futuro inmediato del fútbol femenino español. En ese sentido, Atlético y Real Madrid cargan con una responsabilidad que trasciende a sus propios intereses.
El desarrollo del partido, sea cual sea, contribuirá a fijar estándares. Si el encuentro es intenso, competitivo y bien resuelto, reforzará la idea de que el fútbol femenino nacional está preparado para sostener grandes eventos de manera regular. Si el partido se decide por detalles mínimos, confirmará la igualdad creciente entre los proyectos. Y si el nivel táctico y emocional está a la altura de lo esperado, el mensaje será claro: este tipo de partidos han llegado para quedarse.
La Supercopa, como formato, se legitima precisamente a través de encuentros como este. La concentración de talento, la reducción del margen de error y la visibilidad mediática convierten cada partido en un examen colectivo. El Atlético y el Real Madrid lo saben, y por eso afrontan la semifinal no solo como una oportunidad deportiva, sino como una declaración institucional. Ganar es importante, pero competir bien es imprescindible.
En última instancia, esta semifinal se inscribe en un proceso más amplio: el de la construcción de una memoria colectiva del fútbol femenino. Los grandes partidos son los que fijan recuerdos, los que se evocan con el paso del tiempo como puntos de referencia. Atlético de Madrid y Real Madrid están a punto de escribir uno de esos capítulos. No porque sea el primer derbi, sino porque es el primero que se juega con un título como horizonte inmediato en este contexto específico.
Por todo ello, lo que podemos esperar de esta primera semifinal de la Supercopa de España es mucho más que un resultado. Podemos esperar un partido que defina narrativas, que consolide identidades y que marque un punto de inflexión en la percepción del derbi madrileño femenino. Un encuentro que será recordado no solo por quién gane, sino por lo que simboliza: la entrada definitiva del fútbol femenino español en una etapa de madurez competitiva plena.
Y precisamente porque hay partidos que marcan época, esta semifinal se inscribe en una categoría distinta, casi fundacional. No es únicamente el primer cruce entre Atlético de Madrid y Real Madrid en una Supercopa; es el momento en el que ambas entidades se reconocen, de forma implícita pero definitiva, como iguales en la lucha por los grandes títulos. El contexto no permite medias tintas: aquí no hay margen para esconderse detrás del proceso, ni para refugiarse en el futuro. El presente exige respuesta inmediata.
En ese sentido, el partido actúa como una radiografía del estado real de ambos proyectos. Más allá de discursos institucionales, presupuestos o planes estratégicos, la Supercopa obliga a competir en condiciones de máxima exposición. Todo lo que no esté bien trabajado aparece amplificado. Las virtudes se vuelven determinantes; las debilidades, visibles. El Atlético y el Real Madrid llegan a esta semifinal sabiendo que cada decisión será interpretada como una señal del lugar que ocupan en la jerarquía actual del fútbol femenino español.
El Atlético afronta el encuentro desde una identidad profundamente arraigada en la cultura competitiva. Su historia reciente está marcada por la necesidad de sobrevivir en escenarios hostiles, de competir contra estructuras dominantes y de hacerlo sin perder su esencia. Esa experiencia se traduce en una manera muy concreta de entender este tipo de partidos: sin urgencias innecesarias, pero con una claridad absoluta sobre cuándo y cómo golpear. El Atlético no necesita imponer una narrativa estética; su narrativa es la eficacia.
El Real Madrid, por su parte, llega a esta semifinal con la ambición de consolidar su relato. Ya no se trata de demostrar crecimiento, sino de confirmar madurez. El club blanco ha superado la fase de aprendizaje acelerado y se encuentra en el punto en el que se le exige algo más que competir bien. Se le exige decidir, imponerse y asumir el peso simbólico de las grandes noches. La Supercopa ofrece ese escenario, y esta semifinal es la prueba más directa de esa transición.
El choque entre ambas mentalidades convierte el partido en un ejercicio de ajedrez emocional. Cada tramo del encuentro estará cargado de significado. Un inicio dominado por el Real Madrid no implicará necesariamente superioridad definitiva; una fase de control atlético no será sinónimo de repliegue pasivo. Todo deberá interpretarse en clave de estrategia a largo plazo dentro del propio partido. La lectura será tan importante como la ejecución.
La gestión del tiempo será otro factor clave. En partidos de esta naturaleza, los minutos no pesan igual. Hay momentos para acelerar y momentos para pausar. Saber cuándo enfriar el partido y cuándo tensarlo al máximo es una habilidad que separa a los equipos competitivos de los equipos decisivos. En ese terreno, el Atlético ha construido buena parte de su identidad. El Real Madrid, en cambio, buscará imponer un ritmo que le permita reducir la incertidumbre y acercar el partido a un escenario de control progresivo.
La dimensión psicológica se intensifica a medida que el partido avanza. A partir del minuto sesenta, cada acción adquiere un valor exponencial. Una ocasión fallada no es solo una oportunidad perdida; es un mensaje al rival. Un error defensivo no es solo una descoordinación; es una grieta emocional. En ese tramo del partido, la capacidad para sostener la concentración será determinante. La semifinal no perdona lapsos, porque no hay tiempo para corregirlos.
Si el partido llega igualado a los últimos minutos, el escenario se vuelve casi simbólico. El derbi entra entonces en una dimensión donde el fútbol se mezcla con la historia, con la memoria reciente y con las expectativas acumuladas. Cada balón dividido se convierte en una declaración de intenciones. Cada falta, cada saque de esquina, cada interrupción es una oportunidad para inclinar la balanza. Es en ese punto donde se deciden los partidos que se recuerdan.
La posible prórroga, si llega, añadiría una capa adicional de épica. El desgaste físico y emocional coloca a las jugadoras frente a sus propios límites. Ya no se trata solo de ejecutar un plan, sino de sostenerlo cuando el cuerpo empieza a fallar. En ese escenario, la fortaleza mental y la cohesión colectiva adquieren un valor absoluto. Los equipos no ganan solo por talento; ganan por resistencia, por convicción y por la capacidad de mantenerse fieles a su identidad en condiciones extremas.
Todo ello refuerza la idea de que esta semifinal no es un episodio aislado, sino un punto de inflexión. El fútbol femenino español se encuentra en una fase en la que los grandes partidos ya no se explican por la novedad, sino por la necesidad. Necesidad de competir, de ganar, de consolidar proyectos y de responder a una audiencia cada vez más exigente. Atlético de Madrid y Real Madrid asumen ese rol con naturalidad, y esa naturalidad es, quizá, el mayor síntoma de crecimiento del ecosistema.
Cuando se analice este partido con el paso del tiempo, no se recordará únicamente el resultado. Se recordará el contexto, la tensión, la sensación de estar ante algo que trasciende lo inmediato. Se recordará como el día en que la Supercopa dejó de ser solo un torneo y se convirtió en un escenario de legitimación definitiva para las grandes rivalidades del fútbol femenino.
Porque los títulos se ganan en el marcador, pero las épocas se construyen en partidos como este. Y esta primera semifinal entre Atlético de Madrid y Real Madrid pertenece, sin discusión, a esa categoría: la de los encuentros que no solo se juegan, sino que definen.
De cara a la semifinal de la Supercopa de España, y teniendo en cuenta las plantillas previstas para 2026, el escenario más plausible es un partido en el que ambos equipos apuesten por onces de máxima fiabilidad competitiva, priorizando experiencia, equilibrio y capacidad para sostener la presión de un cruce a partido único.
En el Atlético de Madrid Femenino, el once más coherente se articularía a partir de un sistema 4-2-3-1, muy reconocible en contextos de alta exigencia. Bajo palos, Lola Gallardo seguiría siendo la referencia indiscutible, no solo por rendimiento, sino por liderazgo y lectura de partido en escenarios límite. La línea defensiva estaría formada por Andrea Medina en el lateral derecho, aportando profundidad controlada; una pareja de centrales compuesta por Lauren Leal y Xènia Pérez, con un perfil complementario entre contundencia y anticipación; y Carmen Menayo en el lateral izquierdo, priorizando la fiabilidad defensiva sin renunciar a una salida limpia de balón.
Por delante de la defensa, el doble pivote lo formarían Vilde Bøe Risa y Fiamma Benítez, una combinación que permite al Atlético sostener el partido desde la inteligencia táctica. Bøe Risa asumiría el rol de equilibrio, orden y primera salida, mientras que Fiamma aportaría llegada, pausa en campo rival y capacidad para conectar líneas. En la línea de tres mediapuntas, el Atlético optaría por Synne Jensen partiendo desde el costado derecho, Julia Bartel como mediapunta central con libertad para aparecer entre líneas, y Luany desde el sector izquierdo, aportando desequilibrio, velocidad y una amenaza constante en situaciones de uno contra uno, especialmente pensada para castigar los espacios que deje el Real Madrid en transición defensiva. Como referencia ofensiva, Macarena Portales actuaría como punta móvil, con capacidad para fijar centrales, atacar el primer palo y generar ventajas para las llegadas desde segunda línea.
En el Real Madrid Femenino, el planteamiento más probable pasaría por un 4-3-3 orientado al control del balón y la ocupación racional de los espacios. En la portería, Misa Rodríguez sería la titular, no solo por jerarquía, sino por su capacidad para sostener al equipo en momentos de presión alta rival. La defensa se estructuraría con Shei García en el lateral derecho, aportando profundidad y agresividad ofensiva; una pareja de centrales formada por María Méndez y Maëlle Lakrar, equilibrando salida limpia y solidez en el duelo; y Sara Holmgaard en el lateral izquierdo, con un perfil más ofensivo y recorrido continuo.
En el centro del campo, el Real Madrid alinearía a Sandie Toletti como eje posicional, encargada de dar orden y proteger a la defensa; Sara Däbritz como interior de recorrido, capaz de sostener el ritmo alto y llegar al área; y Caroline Weir como pieza clave del sistema, con libertad para moverse entre líneas, generar ventajas y asumir la responsabilidad creativa en los metros finales. En ataque, Athenea del Castillo ocuparía el extremo derecho para explotar su velocidad y desborde, Alba Redondo actuaría como referencia ofensiva, combinando movilidad y capacidad rematadora, y Eva Navarro partiría desde la izquierda, ofreciendo diagonales constantes y llegada desde segunda línea.
Con estos onces, el partido se perfila como un choque de identidades muy definidas: un Atlético preparado para castigar cada error desde la disciplina táctica y la transición, y un Real Madrid orientado a imponer ritmo, posesión y control territorial.
Dos formas distintas de entender el juego, enfrentadas en un contexto donde no hay margen para el error y donde cada decisión, desde la alineación inicial hasta el último cambio, puede decidir el pase a la final.
La única vez que el Atlético de Madrid Femenino ha conquistado la Supercopa fue en 2021. Se proclamó campeón tras imponerse al Levante Unión Deportiva en el Estadio Juegos del Mediterráneo por 0-3.
El Real Madrid todavía no sabe lo que es ganar la Supercopa de España y volverá a intentarlo. En la última edición, se impuso a la Real Sociedad en las semifinales (3-2), pero perdieron la final contra las culés con una goleada por 0-5.
⬛️ Por primera vez en la historia de la Supercopa de España Femenina, dos gigantes madrileños, Real Madrid y Atlético de Madrid, cruzan sus caminos en un duelo que promete ser legendario. Castellón de la Plana se convierte en el epicentro de un choque que trasciende el césped, una batalla de estilos, pasión y legado que marcará un antes y un después en el fútbol femenino español.
La Supercopa de España Femenina 2026 llega con una carga simbólica y deportiva que pocos eventos pueden igualar.
El Real Madrid, club que en apenas unos años ha cimentado una estructura sólida y ambiciosa para su sección femenina, se enfrenta al Atlético de Madrid, una entidad histórica que ha forjado su reputación en la máxima élite del fútbol español.
Este enfrentamiento no es simplemente un partido: es un choque de filosofías, una confrontación entre el empuje de la cantera y la consolidación de un proyecto que ya se ha ganado su lugar en la historia.
Desde el pitido inicial, Castellón vivirá un espectáculo que mezcla el rigor táctico con la intensidad emocional. Las gradas del estadio SkyFi Castalia están preparadas para recibir a miles de aficionados que saben que presenciarán un momento único: la primera vez que estos dos colosos madrileños se encuentran en la Supercopa.
La expectación no se limita a España; los ojos del fútbol europeo femenino están puestos en este duelo que podría redefinir la narrativa de la temporada.
El Real Madrid Femenino, pese a ser un proyecto relativamente joven en comparación con otros gigantes europeos, ha construido un equipo que combina juventud, talento y ambición. Desde su integración oficial en la estructura del club en 2020, el conjunto merengue ha escalado posiciones hasta consolidarse como un competidor regular en la Liga F y en torneos nacionales. Su filosofía de juego se centra en la posesión, la verticalidad y la presión alta, con entrenadoras que han sabido extraer lo mejor de cada jugadora. Figuras como [jugadora destacada] han llevado el escudo merengue a niveles de competitividad inéditos para la entidad femenina. Por otro lado, el Atlético de Madrid Femenino representa la tradición, la constancia y la resiliencia.
Con múltiples títulos de Liga y Copas de la Reina en su palmarés, las rojiblancas han demostrado una capacidad única para competir al más alto nivel. Su estilo se basa en una defensa sólida, transición rápida y una intensidad física que desgasta a cualquier rival.
Este choque en la Supercopa es, en muchos sentidos, la síntesis de estas dos historias: juventud contra experiencia, proyecto emergente contra consolidación, innovación táctica contra fuerza tradicional. Es un derbi que no solo tiene peso local, sino que simboliza la creciente competitividad del fútbol femenino en España y Europa.
La edición 2026 de la Supercopa femenina se disputa en un formato de semifinales y final, reuniendo a los cuatro mejores equipos del fútbol español. Castellón se convierte en un escenario histórico, donde la organización ha preparado no solo el espectáculo en el campo, sino un entorno cultural que celebra el fútbol femenino: zonas de animación, actividades para aficionados, cobertura mediática de primer nivel y un ambiente que refleja la magnitud del evento.
Real Madrid y Atlético, la Supercopa representa más que un trofeo: es un test de carácter y capacidad para imponer estilo frente a rivales de primerísimo nivel. Cada balón, cada jugada y cada decisión táctica se convierte en un acto de narrativa deportiva que los aficionados seguirán con atención minuciosa.
Analizando el choque desde el punto de vista táctico, el partido presenta un fascinante enfrentamiento de estilos. El Real Madrid Femenino apuesta por presión alta, posesión intensa, circulación rápida y búsqueda constante de espacios entre líneas, con la clave en cómo las mediocampistas logran conectar con las delanteras y mantener un ritmo que desestabilice la defensa rojiblanca. Por su parte, el Atlético de Madrid Femenino se apoya en una fortaleza defensiva, contraataques verticales y cohesión en bloque bajo, con la capacidad de cerrar líneas y generar transiciones rápidas como factor determinante para neutralizar la creatividad blanca. El duelo entre las porteras también será crucial: la seguridad bajo los palos y la capacidad de organizar la defensa desde atrás pueden inclinar la balanza en un encuentro tan equilibrado.
El derbi madrileño no solo moviliza a los aficionados; es un fenómeno social. Redes sociales, medios de comunicación y plataformas como DAZN y RTVE amplifican cada detalle, convirtiendo el choque en un evento de relevancia nacional. La visibilidad del fútbol femenino sigue creciendo, y partidos de esta magnitud consolidan la idea de que la pasión por el fútbol femenino puede rivalizar con la masculina. Los patrocinadores, las marcas y las instituciones deportivas se vuelcan con la Supercopa, conscientes de que este tipo de enfrentamientos refuerzan la imagen de un fútbol femenino en plena expansión y con capacidad de generar emociones, historias y récords que permanecerán en la memoria de aficionados y profesionales durante años.
Este derbi no es solo un partido; es una narrativa en movimiento, un relato de esfuerzo, talento y determinación que trasciende los límites de un estadio. La Supercopa de España Femenina 2026 se convierte así en un escenario donde la historia se escribe con cada pase, cada interceptación y cada disparo. Las aficionadas y aficionados vivirán un evento que combina la tensión del derbi con la épica de un torneo que premia la excelencia deportiva y la ambición estratégica de dos de los clubes más emblemáticos del país. La ciudad de Castellón y su estadio SkyFi Castalia se transforman en un lugar de peregrinación futbolística, un templo donde se celebran no solo los goles, sino también la perseverancia, el trabajo en equipo y la pasión por el deporte femenino.
El derbi madrileño que enfrenta al Real Madrid Femenino y al Atlético de Madrid no solo es una confrontación de clubes; es un choque de trayectorias y de visiones sobre lo que debe ser el fútbol femenino en España y Europa. La estructura de ambos equipos refleja una planificación meticulosa, con un equilibrio entre experiencia y juventud, entre talento emergente y referentes consolidados que marcan la diferencia en partidos de máxima exigencia.
El Real Madrid Femenino llega al choque con una plantilla que combina técnicas depuradas y creatividad ofensiva, con jugadoras capaces de transformar un balón dividido en una oportunidad clara de gol en cuestión de segundos.
Atlético de Madrid Femenino, por su parte, se ha consolidado a lo largo de los años como un equipo de referencia en la Liga F, con un estilo de juego caracterizado por la presión intensa, la defensa organizada y la capacidad de ejecutar transiciones rápidas con gran eficacia. La portera [nombre destacada], con reflejos excepcionales y liderazgo en la línea defensiva, se erige como un pilar que infunde seguridad y confianza a sus compañeras. La pareja de centrales [nombres de centrales] combina contundencia y anticipación, bloqueando rutas de ataque y obligando al adversario a buscar alternativas creativas. En el mediocampo, la combinación de fuerza, lectura de juego y capacidad de recuperación convierte a las rojiblancas en un equipo capaz de imponer su ritmo incluso frente a rivales con posesión prolongada, equilibrando intensidad física y precisión táctica.
El enfrentamiento entre estas dos plantillas, en el contexto de la Supercopa, adquiere matices estratégicos que van más allá de la simple comparación de talentos individuales. La gestión del espacio, la capacidad de anticipar movimientos y la toma de decisiones en situaciones de presión determinarán quién se impone en un duelo de igual a igual. La planificación de los entrenadores también será clave: cómo gestionar la energía de sus jugadoras, cómo explotar debilidades y cómo mantener la concentración durante los momentos de máxima tensión marcará la diferencia entre avanzar a la final o quedar eliminado. Las estadísticas recientes de enfrentamientos entre ambos clubes en Liga y Copa reflejan la paridad que caracteriza el duelo: los encuentros suelen definirse por detalles mínimos, con partidos ajustados que han dejado registros de goles tempraneros, remontadas y actuaciones individuales decisivas.
Más allá del terreno de juego, este derbi tiene un impacto social y mediático sin precedentes. La cobertura en directo por RTVE a través de Teledeporte
permitirá que miles de espectadores sigan cada movimiento, mientras que las redes sociales amplifican la narrativa con comentarios, análisis y reacciones inmediatas. Los hashtags oficiales del torneo ya se han convertido en tendencia en distintas plataformas, mostrando cómo el fútbol femenino está consolidando su presencia en la conversación global. Los patrocinadores y marcas asociadas, conscientes de la relevancia del evento, han desarrollado campañas que resaltan la igualdad, el talento y la pasión de las jugadoras, contribuyendo a visibilizar un deporte que crece en aficionados y reconocimiento internacional.
La preparación del Real Madrid y del Atlético para este duelo ha incluido sesiones de videoanálisis, estudios de patrones de juego del adversario y simulaciones tácticas para prever escenarios posibles durante el encuentro. La atención al detalle se evidencia en la forma en que ambos cuerpos técnicos han trabajado la estrategia ofensiva, las coberturas defensivas y la transición entre líneas. En partidos de este calibre, un pase mal medido, una pérdida de balón o un error defensivo pueden decidir el destino del encuentro, y cada equipo ha invertido tiempo y recursos en minimizar estos riesgos. La intensidad de los entrenamientos, combinada con la concentración mental y la preparación física, refleja la ambición de ambos clubes por alzarse con la Supercopa y consolidar su posición en la historia del fútbol femenino español.
El derbi en Castellón también es un reflejo del crecimiento institucional y mediático del fútbol femenino en España. La RFEF ha apostado por convertir la Supercopa en un evento que combine deporte, cultura y espectáculo, con actividades complementarias que involucran a la comunidad, a los jóvenes aficionados y a los clubes locales. Las gradas del estadio SkyFi Castalia se preparan para recibir a miles de espectadores, creando un ambiente que mezcla tensión, emoción y pasión. Esta experiencia fortalece no solo la presencia de las jugadoras, sino también la percepción pública de que el fútbol femenino tiene la misma capacidad de generar emociones intensas que los grandes clásicos masculinos.
La magnitud del derbi se refleja también en los preparativos logísticos y en la planificación de seguridad y medios de comunicación. Los clubes han coordinado desplazamientos, entrenamientos previos y conferencias de prensa, asegurando que cada detalle se ejecute con precisión. Los periodistas deportivos se preparan para cubrir cada minuto del partido, mientras que los analistas tácticos elaboran informes que serán utilizados en debates, programas de televisión y redes sociales.
La expectación es máxima, y cada acción dentro y fuera del campo contribuye a construir la narrativa de un encuentro histórico que quedará grabado en la memoria de los aficionados.
En el plano emocional, el duelo entre Real Madrid y Atlético trasciende el deporte. Las jugadoras representan no solo a sus clubes, sino también a generaciones de niñas y jóvenes que ven en ellas un modelo a seguir. Cada pase, cada gol y cada intervención defensiva tiene un valor simbólico que va más allá del resultado: inspira, motiva y refuerza la idea de que el fútbol femenino es un espacio donde la excelencia, la disciplina y la pasión encuentran reconocimiento y visibilidad. La Supercopa 2026 se convierte así en un escenario de reivindicación, donde el esfuerzo y la dedicación se traducen en un espectáculo de alto nivel que consolida la identidad y el prestigio de ambos equipos.
El análisis del derbi no estaría completo sin considerar el impacto de las estrategias individuales de las jugadoras clave. Las mediocampistas creativas del Real Madrid tienen la capacidad de cambiar el ritmo del partido con un pase preciso o un desmarque oportuno, mientras que las delanteras del Atlético pueden definir el encuentro con una acción aislada que rompa la defensa rival. La lectura del juego, la anticipación y la ejecución bajo presión serán factores determinantes en un partido donde cada detalle cuenta. La preparación psicológica de las jugadoras también es fundamental: mantener la concentración y la confianza durante los noventa minutos puede marcar la diferencia entre la victoria y la derrota.
Además, el derbi madrileño sirve como termómetro para medir la evolución de la Liga F y la competitividad del fútbol femenino en España. La calidad de los equipos, la intensidad del juego y la cobertura mediática consolidan un modelo que pone al deporte femenino en el primer plano, mostrando que la pasión, la estrategia y el talento no tienen género.
La Supercopa de España se convierte así en una vitrina de excelencia, donde se demuestra que el fútbol femenino puede generar rivalidad, espectáculo y emoción a la altura de cualquier clásico europeo.
El choque en Castellón, con Real Madrid y Atlético frente a frente, promete ser un hito histórico, no solo por la calidad deportiva, sino por la narrativa que genera: un derbi que mezcla historia, talento, ambición y espectáculo. La intensidad de la preparación, la planificación táctica y el impacto social del evento consolidan la Supercopa como un torneo que va más allá del resultado, elevándose a la categoría de fenómeno cultural que trasciende las fronteras del fútbol y llega al corazón de la sociedad. Cada jugada, cada pase y cada gol serán recordados como parte de una historia que se escribe en tiempo real, una historia que marcará la temporada y reforzará la importancia del fútbol femenino en España y en Europa.
derbi madrileño entre Real Madrid Femenino y Atlético de Madrid en la Supercopa de España 2026 no solo es un enfrentamiento de clubes, sino un episodio histórico que encapsula la evolución del fútbol femenino en España. La magnitud del choque se evidencia en cada detalle: desde la preparación del estadio SkyFi Castalia hasta la planificación logística que permite que aficionados de todas partes del país se reúnan para presenciar lo que será un acontecimiento épico. Cada balón, cada jugada y cada decisión táctica contribuyen a una narrativa que se desarrolla en tiempo real, convirtiendo la semifinal en un evento que trasciende el deporte y se proyecta como fenómeno cultural.
En términos tácticos, el encuentro se presenta como un duelo de estrategias contrastantes que pondrá a prueba la capacidad de ambos equipos para adaptarse sobre la marcha. El Real Madrid Femenino buscará imponer su estilo de juego basado en la posesión, el control del ritmo y la presión constante sobre el adversario, utilizando la amplitud del campo para generar espacios y crear oportunidades de gol. Su capacidad para mantener el balón en zonas de peligro y combinar rapidez en los desplazamientos con inteligencia en la distribución será determinante. Por su parte, el Atlético de Madrid desplegará un enfoque basado en la solidez defensiva, la intensidad en la recuperación y la velocidad en los contragolpes. El bloque compacto de las rojiblancas obligará al Real Madrid a encontrar soluciones creativas para romper líneas, mientras que cualquier pérdida de balón podría derivar en transiciones rápidas que amenacen seriamente la portería rival.
Históricamente, los enfrentamientos entre estos dos clubes en otras competiciones han mostrado una competitividad extrema, con partidos que se deciden por detalles mínimos. Aunque nunca se habían medido en la Supercopa femenina, la rivalidad madrileña ya ha dejado episodios memorables en la Liga F y la Copa de la Reina. Los partidos previos han demostrado que ambos equipos poseen resiliencia, capacidad de reacción y determinación para imponerse en situaciones de máxima presión. Esta historia previa añade un componente emocional adicional al choque, pues cada equipo llega con la intención de demostrar su supremacía madrileña en un torneo que reúne a los mejores del país.
El desarrollo de la semifinal promete ser un espectáculo de intensidad y ritmo elevado. La táctica del Real Madrid buscará dominar el balón y controlar el tempo, alternando entre ataques elaborados y combinaciones rápidas que generen desajustes en la defensa atlética. La capacidad para leer las transiciones, aprovechar la amplitud y mantener la cohesión defensiva será crucial. Por su parte, el Atlético de Madrid planteará un partido de contención, bloque sólido y velocidad en los contraataques. Cada recuperación de balón será una oportunidad para sorprender, y la disciplina colectiva será fundamental para resistir la presión del rival. La interacción entre estas estrategias dará lugar a un juego dinámico, con idas y vueltas constantes, que mantendrá al espectador al borde del asiento.
La proyección hacia la final es otra dimensión que eleva la tensión de la semifinal. Ambos clubes saben que avanzar representa no solo la posibilidad de conquistar un título, sino también de consolidar su prestigio y reforzar su influencia en el fútbol femenino nacional. La presión mediática y la expectativa social añaden capas adicionales de importancia: el torneo se sigue en directo por DAZN y RTVE, con cobertura completa en redes sociales y medios de comunicación, lo que convierte cada acción en un acontecimiento de repercusión inmediata. La expectación es máxima, y el resultado tendrá un impacto significativo en la narrativa de la temporada.
Además del desarrollo táctico y la proyección deportiva, el derbi madrileño tiene un fuerte componente simbólico y social. La presencia de miles de aficionados en Castellón refuerza la idea de que el fútbol femenino ha alcanzado una etapa de consolidación y visibilidad que lo equipara con los grandes eventos deportivos. Las gradas se llenan de color, pasión y energía, convirtiendo cada jugada en un momento de emoción compartida que fortalece la conexión entre clubes y seguidores. La cobertura mediática, con retransmisiones en directo, análisis y comentarios, permite que el espectáculo trascienda las fronteras del estadio y llegue a todos los rincones del país.
La Supercopa de España Femenina 2026 se convierte así en un escenario donde convergen historia, estrategia, emoción y proyección institucional. Castellón se transforma en el epicentro de un fenómeno que combina la intensidad deportiva con el espectáculo social, reforzando la posición del fútbol femenino como un referente de excelencia, igualdad y pasión.
Cada minuto del partido contribuye a escribir una narrativa que será recordada como un momento definitorio en la historia del derbi madrileño y del torneo.
El choque en sí mismo refleja la evolución del deporte femenino en España, donde los equipos no solo buscan resultados, sino también consolidar un modelo de profesionalización, visibilidad y calidad competitiva. La planificación táctica, la intensidad del juego y la atención al detalle muestran que el fútbol femenino ha alcanzado un nivel de complejidad y sofisticación comparable al masculino, con equipos capaces de analizar, adaptarse y ejecutar estrategias con precisión milimétrica. Este derbi es, en última instancia, una demostración de que el fútbol femenino no solo genera espectáculo, sino que también construye historia y legado.
A medida que se acerca el pitido inicial, la expectativa alcanza su punto máximo. La emoción de los aficionados, la cobertura mediática y la magnitud institucional del torneo se combinan para crear un ambiente único. Cada acción en el campo tendrá repercusiones inmediatas, y cada decisión táctica podrá definir el rumbo del partido. La semifinal se convierte en un microcosmos de la ambición, la estrategia y la pasión que caracterizan al fútbol femenino, un escenario donde se prueba la capacidad de los equipos para imponerse, adaptarse y trascender.
La Supercopa de España Femenina 2026, con su formato de semifinales y final, representa mucho más que un título: es un símbolo del crecimiento, la profesionalización y la visibilidad del fútbol femenino. Real Madrid y Atlético de Madrid encarnan esta evolución, y su enfrentamiento sirve como referente para toda una generación de jugadoras, entrenadores y aficionados que ven en este derbi un ejemplo de competitividad, emoción y excelencia. El partido promete ser recordado como un hito, no solo por el resultado, sino por la manera en que se desarrolla: un espectáculo donde cada pase, cada recuperación y cada ataque contribuyen a una narrativa épica que eleva la historia del fútbol femenino madrileño y español.
La narrativa del derbi se enriquece con la presencia de un público que participa activamente en la construcción de la historia. Las gradas del SkyFi Castalia, llenas de aficionados de ambos equipos, generan un ambiente donde la tensión, la emoción y la pasión se sienten en cada rincón. La interacción entre jugadores, técnicos y espectadores refuerza la dimensión épica del encuentro, convirtiéndolo en un espectáculo que trasciende el deporte y se proyecta como fenómeno cultural, social e institucional.
En conclusión, la semifinal entre Real Madrid y Atlético de Madrid en la Supercopa de España Femenina 2026 es mucho más que un simple partido: es un evento que combina historia, táctica, emoción y espectáculo, un derbi que definirá no solo quién avanza a la final, sino también cómo se percibe y se vive el fútbol femenino en España. Cada acción, cada decisión y cada instante contribuyen a un relato épico que quedará grabado en la memoria de los aficionados, reforzando la relevancia de ambos clubes y consolidando el prestigio de la Supercopa como torneo de referencia en el panorama nacional e internacional.
🟫 La jornada 16 cierra un bloque competitivo intenso, ordena la clasificación antes del parón y permite al fútbol femenino español tomar aire antes de volver a latir con fuerza en Castellón, donde entre el 20 y el 24 de enero Atlético de Madrid, Real Madrid, Fútbol Club Barcelona y Athletic Club se disputarán la Supercopa de España Iberdrola 2026.
Liga F Moeve se detiene. Lo hace tras una jornada 16 que no solo deja resultados y una clasificación clara, sino que fotografía el estado real del campeonato en uno de sus puntos más significativos de la temporada. No es un simple alto en el camino. Es una pausa consciente, casi necesaria, después de semanas de máxima exigencia, viajes, desgaste físico y tensión competitiva. Un punto y seguido que invita a desconectar ligeramente, pero nunca a mirar hacia otro lado, porque en menos de 48 horas el fútbol femenino español volverá a reclamar el foco con la Supercopa de España Iberdrola 2026, que se celebrará en Castellón entre el 20 y el 24 de enero, con cuatro protagonistas que condensan poder, historia y ambición: FC Barcelona, Real Madrid, Atlético de Madrid y Athletic Club.
Antes de que ese nuevo relato comience, la Liga deja sobre la mesa una verdad difícil de discutir: el campeonato ya tiene una jerarquía definida, con el FC Barcelona marcando el ritmo desde lo más alto, el Real Madrid consolidado como alternativa firme, una zona europea comprimida y una lucha por la permanencia que promete tensión hasta el último suspiro.
Tras dieciséis jornadas —diecisiete partidos disputados en algunos casos— la clasificación de la Liga F Moeve refleja no solo los puntos acumulados, sino la identidad competitiva de cada proyecto.
El Fútbol Club Barcelona encabeza la tabla con 48 puntos en 17 partidos y un diferencial goleador que impresiona: +77. Más allá de la cifra, el dato resume una temporada en la que el conjunto azulgrana ha vuelto a convertir la excelencia en costumbre. Gana, domina, golea y transmite la sensación de estar siempre un paso por delante del resto. No hay ansiedad en su juego, no hay urgencia: hay convicción, automatismos y una plantilla que parece moverse en otra velocidad competitiva.
El liderazgo del Barça no es coyuntural. Es estructural. Y esta primera mitad de campeonato vuelve a situarlo como el rival a batir en todos los frentes, incluida una Supercopa en la que llegará, una vez más, como referencia.
En la segunda posición aparece el Real Madrid CF, con 38 puntos en 17 partidos y un diferencial de +25. El equipo blanco ha dado un paso más en su proceso de maduración. Ya no se trata solo de competir o de consolidarse en la élite: ahora el Real Madrid administra ventajas, sabe sufrir y resuelve partidos cerrados, como demuestra su victoria a domicilio ante el Levante UD en esta jornada.
El segundo puesto no es casual. Es la consecuencia de una plantilla más profunda, de un discurso competitivo más estable y de una ambición que ya no se esconde. La Supercopa será una prueba inmediata para medir hasta dónde ha llegado este Real Madrid frente a los grandes escenarios.
regularidad como bandera
El tercer escalón del podio lo ocupa la Real Sociedad, con 34 puntos en 16 partidos y un diferencial positivo de +17. El conjunto donostiarra ha construido su temporada desde la regularidad, la fiabilidad defensiva y la capacidad para competir cada partido como si fuera único. No siempre brilla, pero casi nunca falla.
Justo detrás aparece el Costa Adeje Tenerife, cuarto con 28 puntos en 16 partidos y +16 de diferencia de goles. El equipo tinerfeño es, quizá, una de las historias más sólidas del curso. Su contundente victoria por 5-0 en esta jornada no solo refuerza su posición, sino que confirma que el proyecto sigue creciendo desde una identidad clara y un rendimiento colectivo notable.
Quinto en la clasificación, el Atlético de Madrid suma 27 puntos en 17 partidos, con un diferencial de +12. Su posición es tan incómoda como reveladora. Está cerca de la zona noble, pero no termina de instalarse en ella con la autoridad que su historia reciente sugiere.
La derrota en esta jornada por 1-0 deja al conjunto rojiblanco ante una realidad clara: cada partido cuenta, cada error pesa, y la Supercopa se presenta como una oportunidad inmediata para resetear sensaciones, competir por un título y recuperar impulso emocional.
sexto al duodécimo puesto se despliega una franja de la tabla marcada por la irregularidad y la lucha constante. • Madrid CFF (6.º, 26 puntos) • Sevilla FC (7.º, 24 puntos) • Athletic Club (8.º, 23 puntos) • FC Badalona Women (9.º, 20 puntos) • RCD Espanyol (10.º, 19 puntos) • Granada CF (11.º, 19 puntos) • SD Eibar (12.º, 17 puntos)
Son equipos que alternan momentos de alto nivel con fases de dificultad, pero que mantienen una idea común: competir siempre, incluso cuando el contexto no acompaña. El Athletic Club, octavo, será uno de los protagonistas de la Supercopa, y lo hará desde una posición liguera que no refleja del todo su potencial competitivo.
la parte baja, la clasificación se aprieta y duele: • Deportivo Abanca (13.º, 14 puntos) • Alhama CF ElPozo (14.º, 9 puntos) • Dux Logroño (15.º, 6 puntos) • Levante UD (16.º, 5 puntos)
Cada jornada es una final. Cada gol encajado o fallado puede marcar una temporada. El Levante, pese a competir, sigue sin encontrar premio suficiente. El DUX Logroño resiste. El Alhama lucha. El Deportivo intenta reconstruirse. El parón llega aquí como un arma de doble filo: descanso físico, sí, pero también tiempo para pensar.
La jornada 16 dejó resultados ajustados, marcadores cortos en muchos casos y una sensación general de liga madura, competitiva y exigente: • Granada CF 1 – 0 DUX Logroño • Levante UD 1 – 2 Real Madrid CF • Atlético de Madrid 0 – 1 RCD Espanyol • SD Eibar 1 – 3 Madrid CFF • Deportivo Abanca 0 – 2 FC Barcelona • FC Badalona Women 1 – 0 Deportivo Abanca • Costa Adeje Tenerife 5 – 0 Athletic Club • Sevilla FC 0 – 2 Real Sociedad
Marcadores que explican posiciones, pero también dinámicas. El Barça gana incluso cuando no necesita brillar. El Real Madrid responde fuera de casa. La Real Sociedad golpea con autoridad. El Costa Adeje firma la goleada de la jornada. El Atlético tropieza. Y en la zona baja, cada victoria se celebra como oxígeno puro.
Con la clasificación ordenada y la jornada cerrada, la Liga F Moeve entra ahora en un tiempo de pausa activa. No es desconexión total. Es recuperación física, ajuste mental y reencuadre emocional. Las futbolistas bajan pulsaciones, los cuerpos técnicos analizan, los clubes respiran.
Pero el calendario no permite relajarse demasiado. Porque el fútbol femenino español no se apaga: cambia de escenario.
Entre el 20 y el 24 de enero, Castellón será el epicentro del fútbol femenino nacional con la disputa de la Supercopa de España Iberdrola 2026. Cuatro equipos. Cuatro estilos. Cuatro historias que se cruzan en un formato breve, intenso y sin margen de error: • FC Barcelona • Real Madrid • Atlético de Madrid • Athletic Club
La Supercopa no es solo un título. Es estado de ánimo, es escaparate, es termómetro competitivo. Llega justo después del parón liguero, cuando el cuerpo agradece el descanso, pero la mente necesita estímulo. Y no hay estímulo mayor que un torneo corto, con rivales directos y un trofeo en juego.
Para el Barça, es la oportunidad de reafirmar su dominio. Para el Real Madrid, de medir su crecimiento. Para el Atlético, de reencontrarse consigo mismo. Para el Athletic, de demostrar que su identidad sigue viva en los grandes escenarios.
La jornada 16 no cierra nada, pero lo explica casi todo. Define jerarquías, anticipa batallas y prepara el terreno para lo que viene. La Liga F Moeve se toma un respiro, consciente de que ha ofrecido intensidad, emoción y competitividad. Ahora toca desconectar ligeramente, recuperar energías y mirar hacia Castellón.
Porque en menos de 48 horas, el balón volverá a rodar y cuando lo haga, ya no será el turno de la Liga F, sino de Supercopa. Y será, una vez más, fútbol femenino en estado puro.
◼️ El conjunto vasco venció por 0-2 al Sevilla Fútbol Club para mantenerse en la 3ª posición de Liga F Moeve con 34 puntos, seis por encima del cuarto clasificado. Esther Sullastres, en propia puerta, y Nerea Eizagirre, que fue la MVP del partido marcaron los tantos del cuadro txuri-urdin.
A las 16:00 horas de este domingo 18 de enero, cuando el sol de invierno caiga oblicuo sobre el césped del Estadio Jesús Navas y la ciudad de Sevilla empiece a entrar en ese estado de calma tensa que precede a los grandes acontecimientos, el fútbol femenino español cerrará su fin de semana con un partido que, bajo una apariencia de jornada regular, esconde una carga competitiva, simbólica y clasificatoria enorme. Sevilla FC y Real Sociedad se enfrentan en un duelo que no solo mide dos proyectos consolidados de la Primera División, sino que se conecta de manera directa y casi inevitable con lo ocurrido apenas unas horas antes en otro punto del país: la contundente victoria del Costa Adeje Tenerife por 5-0 ante el Athletic Club. Un resultado que ha sacudido la zona alta de la tabla y que ha comprimido, hasta límites casi asfixiantes, la pelea por las posiciones que conducen a Europa, a la élite continental, a esa Liga de Campeones que ya no es un sueño lejano sino una posibilidad real para varios clubes que han decidido dejar de mirar hacia abajo y empezar a hacerlo hacia arriba.
Porque este Sevilla–Real Sociedad no se juega en el vacío. Se juega con la clasificación en la mano, con el eco de los goles del Heliodoro aún resonando en los despachos y vestuarios, con la sensación de que cada punto empieza a pesar más que nunca y de que cada jornada es un pequeño punto de inflexión en una temporada que está alcanzando su madurez competitiva. El Tenerife, con su exhibición ante el Athletic, ha lanzado un mensaje nítido: está preparado para competir por algo más grande. Y ese mensaje interpela directamente a equipos como la Real Sociedad, que desde hace años coquetea con la élite y quiere dar el salto definitivo, y también al Sevilla, que ha construido un proyecto ambicioso, estable y reconocible, decidido a no resignarse al papel de comparsa en la lucha por los puestos nobles.
El contexto es fundamental para entender la magnitud de este partido. El triunfo del Tenerife no es solo una goleada aislada; es una declaración de intenciones que reordena mentalmente la clasificación. El Athletic Club, rival directo en esa franja alta-media, ha quedado tocado, y eso abre una ventana de oportunidad para quienes sepan aprovecharla. En ese escenario, Sevilla y Real Sociedad saltan al campo sabiendo que los tres puntos no son solo tres puntos: son una respuesta, una reafirmación, una forma de decir “seguimos aquí” en una carrera en la que ya no basta con competir bien, sino que hay que ganar, y hacerlo con convicción.
El Sevilla FC llega a esta cita con la necesidad de reaccionar. La derrota ante el Real Madrid CF por 2-0 en la última jornada fue un golpe duro, no tanto por el resultado en sí, comprensible ante uno de los gigantes del campeonato, sino por la sensación de que el equipo de David Losada no logró imponer su personalidad durante demasiados tramos del encuentro. Las sevillistas habían encadenado una serie de actuaciones sólidas que las habían colocado en una posición expectante, pero el tropiezo en Valdebebas recordó que, en esta liga, el margen de error es mínimo. Volver a la senda del triunfo no es solo una cuestión de puntos, sino de identidad, de recuperar esa confianza colectiva que se construye a partir del juego y de la competitividad.
David Losada ha sido, desde su llegada, un arquitecto paciente. Ha moldeado un Sevilla reconocible, intenso, valiente, capaz de competir de tú a tú con prácticamente cualquier rival. Sin embargo, para este partido deberá hacerlo sin dos piezas importantes: Gemma Gili y Jassina Blom, ambas bajas confirmadas. La ausencia de Gemma Gili, futbolista de jerarquía, lectura táctica y capacidad para ordenar el centro del campo, supone un reto estratégico considerable. Su liderazgo silencioso, su capacidad para aparecer en los momentos clave y para equilibrar al equipo en fases de dominio rival no es fácil de sustituir. Jassina Blom, por su parte, aporta dinamismo, llegada y una energía constante que suele contagiar al grupo. Sin ellas, el Sevilla deberá reinventarse, encontrar nuevas sinergias y apoyarse aún más en el colectivo.
Pero si algo ha demostrado este Sevilla es que sabe crecer desde la adversidad. El Jesús Navas se ha convertido en un fortín emocional, en un espacio donde el equipo se siente respaldado, donde la presión se transforma en estímulo. Las jugadoras saben que este es uno de esos partidos que definen temporadas, que marcan el pulso anímico de un grupo. Ganar a la Real Sociedad no sería solo un triunfo ante un rival directo; sería un golpe sobre la mesa, una manera de reivindicar que el Sevilla está preparado para luchar por algo más que la permanencia holgada.
Enfrente estará una Real Sociedad que llega a Sevilla con la moral alta, pese al empate 5-5 frente al Atlético de Madrid en la última jornada. Aquel partido fue una montaña rusa emocional, un espectáculo ofensivo que dejó claro que el conjunto donostiarra tiene talento, carácter y una capacidad de respuesta admirable. Empatar cinco veces con uno de los equipos más poderosos del campeonato no es casualidad; es el reflejo de un equipo que cree en su idea y que no se rinde, incluso cuando el partido parece escaparse.
Eso sí, la Real Sociedad afronta este duelo en un momento de transición. La salida de Edna Imade ha dejado un vacío evidente en la estructura ofensiva. Edna no solo aportaba goles; ofrecía profundidad, amenaza constante y una referencia clara en ataque. Sin ella, el equipo de Arturo Ruiz ha tenido que redistribuir responsabilidades, buscar nuevas soluciones y apostar por un juego más coral. Hasta ahora, la respuesta ha sido positiva, pero el desafío de Sevilla pondrá a prueba esa adaptación.
Arturo Ruiz, joven técnico pero ya curtido en este tipo de escenarios, ha sido claro en su mensaje: “Vamos a intentar llevarnos los tres puntos en Sevilla”. No es una frase hecha. Es una declaración de intenciones que encaja con la filosofía de un entrenador que no concibe los partidos desde la especulación. La Real Sociedad quiere ser protagonista, incluso lejos de Zubieta. Quiere imponer su ritmo, su circulación, su capacidad para encontrar espacios entre líneas. Sin embargo, también tendrá que gestionar bajas importantes: María Molina y Maren Lezeta no estarán disponibles, lo que limita las opciones en determinadas zonas del campo y obliga a una gestión cuidadosa de los esfuerzos.
La historia entre ambos equipos añade una capa más de profundidad al relato. Sevilla FC y Real Sociedad se han enfrentado en veintiún ocasiones, con un balance que refleja la igualdad y la rivalidad creciente: siete triunfos para las sevillistas, cuatro empates y diez victorias para el conjunto donostiarra. No es un historial desequilibrado; es una narrativa de alternancias, de partidos cerrados, de momentos decisivos. Cada nuevo enfrentamiento reescribe esa historia, añade un capítulo más a una rivalidad que, sin ser clásica, ha ido ganando peso específico en la última década.
Y todo esto ocurre bajo la sombra alargada del 5-0 del Tenerife al Athletic Club. Ese resultado ha sido una sacudida en la clasificación y en la percepción general del campeonato. El Tenerife no solo ganó; dominó, convenció y se posicionó como un aspirante real a las plazas europeas. Para Sevilla y Real Sociedad, ese marcador actúa como un recordatorio incómodo: no hay margen para la complacencia. Mientras unos celebran, otros se ven obligados a reaccionar. La lucha por entrar en la Liga de Campeones, aunque aún lejana en términos matemáticos, ya se ha instalado en el imaginario colectivo de varios clubes, y cada partido se analiza desde esa óptica.
El Athletic Club, derrotado de manera contundente, pierde terreno en esa carrera, y eso abre una puerta que alguien tendrá que cruzar. El Sevilla, con su proyecto en crecimiento, y la Real Sociedad, con su ambición histórica, saben que estos son los partidos que marcan la diferencia. No basta con competir bien contra los grandes; hay que ganar los duelos directos, hay que sumar de tres cuando el calendario ofrece estas oportunidades.
El encuentro, además, se podrá seguir en directo a través de DAZN y Movistar+, lo que garantiza una visibilidad máxima y una atención mediática acorde a la importancia del choque. No es un detalle menor. La exposición, la narrativa, el relato que se construye alrededor de estos partidos también influye en la percepción de los proyectos. Ganar en un escenario televisado, con audiencia nacional, refuerza la identidad y el discurso interno de los clubes.
Desde el punto de vista táctico, se espera un partido intenso, con fases muy diferenciadas. El Sevilla intentará aprovechar el empuje inicial, la energía del público y la verticalidad de sus transiciones. La Real Sociedad, por su parte, buscará controlar el ritmo, imponer su circulación y castigar cualquier desajuste defensivo. Las ausencias obligarán a ambos técnicos a ajustar piezas, a tomar decisiones que pueden ser determinantes. En partidos así, los detalles —una presión bien ejecutada, una acción a balón parado, un error no forzado— adquieren una relevancia casi desproporcionada.
Pero más allá de lo táctico, este Sevilla versus Real Sociedad es un partido de estados de ánimo, de convicciones profundas. Es el tipo de encuentro que define discursos internos, que refuerza o cuestiona certezas. Para el Sevilla, ganar significaría confirmar que el tropiezo ante el Real Madrid fue solo un accidente en el camino. Para la Real Sociedad, sumar tres puntos en Sevilla sería una demostración de madurez, una prueba de que el equipo puede competir y ganar lejos de casa incluso en momentos de transición.
Y todo ello se entrelaza con la imagen del Tenerife celebrando goles, con el Athletic intentando recomponerse, con la clasificación apretándose en la zona alta. La Primera División femenina vive un momento de efervescencia competitiva, y partidos como este son el mejor reflejo de esa realidad. No hay partidos de trámite. No hay jornadas inocuas. Cada encuentro es una pieza más de un puzzle complejo en el que todos luchan por posicionarse.
Cuando el árbitro dé el pitido inicial en el Jesús Navas, no solo comenzará un partido; se activará una cadena de significados, de consecuencias que irán más allá de los noventa minutos.
Sevilla y Real Sociedad jugarán por los puntos, sí, pero también por algo más intangible: por el derecho a sentirse parte de la conversación europea, por la legitimidad de soñar con la Liga de Campeones en una temporada en la que el Tenerife ya ha demostrado que los sueños, cuando se trabajan, pueden empezar a tomar forma de goleada.
El duelo al detalle |
(Fuente: Liga F Moeve)
🏆 Liga F Moeve | Temporada 2025-2026
😍 Duelo de la zona alta
🔥 Sevilla Fútbol Club vs Real Sociedad de Fútbol 🔥
El sol caía sobre la ciudad con esa luz engañosa que no quema pero pesa, una luz que se posa sobre el césped como si también quisiera ver el partido, como si supiera que hay tardes que no se juegan solo por tres puntos, sino por algo más profundo, algo que no siempre aparece en la clasificación pero que queda grabado en la memoria de quienes estuvieron allí y de quienes, incluso a kilómetros de distancia, sintieron que ese encuentro tenía algo distinto. Sevilla y Real Sociedad se miraban de frente, dos maneras de entender el fútbol, dos historias que se cruzan, dos ambiciones que no siempre se proclaman a gritos pero que se notan en la forma de pisar el campo, en la tensión de los primeros controles, en la forma en la que una portera ajusta los guantes o una capitana mira de reojo al banquillo antes del pitido inicial.
Saltaron al terreno de juego con la idea clara de hacerse con los tres puntos, pero también con la certeza íntima de que nadie iba a regalar nada. El Sevilla, arropado por su gente, sabía que cada partido en casa es una batalla por la dignidad competitiva, por sostener el relato de un equipo que quiere crecer desde la resistencia y el orden. La Real Sociedad, el club txuri-urdin, llegaba con el poso de los equipos que se saben fuertes, que se saben en buena dinámica, que han aprendido a dominar los tiempos sin necesidad de acelerarlos, con esa calma peligrosa que solo tienen los conjuntos que se sienten seguros de su plan.
Desde los primeros minutos quedó claro el guion inicial. La Real quiso mandar, quiso ser protagonista con balón, quiso instalarse en campo rival y convertir el partido en una sucesión de oleadas controladas. El Sevilla aceptó el desafío desde la solidez, desde la concentración, desde esa idea tan sevillista de resistir primero para elegir luego el momento de golpear. No había pasado demasiado tiempo cuando llegó la primera sacudida del partido, una de esas acciones que no acaban en gol pero que avisan, que anuncian que la tarde va a exigir atención plena.
Un saque de esquina botado con intención, con rosca medida, con esa trayectoria que invita a la central a abandonar su zona y atacar el espacio. Claudia Florentino apareció desde atrás, poderosa, decidida, ganando la posición dentro del área. El remate fue limpio, franco, con todo el cuerpo acompañando el gesto, pero el balón se perdió por encima del larguero. No fue una ocasión cualquiera: fue una declaración de intenciones. La Real Sociedad había venido a jugar cerca del área, a hacer daño en acciones a balón parado, a demostrar que también sabe imponer su físico y su timing.
El Sevilla no se descompuso. Siguió fiel a su estructura, con líneas juntas, con una vigilancia constante sobre las segundas jugadas. Pero la Real insistía. Otro córner, otra acción ensayada, otra pelota colgada con veneno. Esta vez fue Mirari quien se animó, la ariete que no duda cuando huele balón suelto. El remate salió mordido, tocó en Fatou Kanteh, desvió su trayectoria y obligó a la defensa sevillista a conceder otro saque de esquina. Era un asedio medido, sin estridencias, pero constante.
Cecilia Marcos comenzaba a generar peligro por el costado, apareciendo entre líneas, girándose con inteligencia, obligando a la zaga local a bascular una y otra vez. Cada vez que recibía, el estadio contenía el aliento, consciente de que ahí había desequilibrio, pausa, último pase. En el otro lado del tablero, Rosa Márquez intentaba poner orden, darle sentido al juego de las hispalenses, conectar defensa y ataque, ser ese faro que permite respirar cuando el rival aprieta.
Y entonces apareció ella. Esther Sullastres. Imperial. Atenta. Concentrada. Con esa serenidad que solo tienen las porteras que entienden el partido como un ejercicio de paciencia. Cada centro lateral encontraba sus manos o su voz, cada balón dividido tenía su grito de mando, cada acercamiento de la Real se topaba con la sensación de que para marcar había que hacer algo extraordinario. No bastaba con llegar; había que convencer al destino.
La Real probó también desde fuera. Lucía Pardo armó la pierna con decisión, un disparo potente, seco, de esos que buscan sorprender, que buscan el bote traicionero. Pero la guardameta sevillista se quedó el remate con seguridad, sin alardes, sin conceder segundas opciones. Era su partido. Lo estaba sintiendo. Lo estaba jugando desde la cabeza antes incluso que desde los reflejos.
Precisamente Lucía Pardo volvió a aparecer poco después, esta vez tras un envío al área que parecía llevar su nombre. El balón cruzó el área, buscó su desmarque, encontró su cuerpo, pero la zaga sevillista se mostró infranqueable. Cada despeje era una victoria pequeña, cada bloqueo un recordatorio de que el fútbol también se gana defendiendo.
Así fueron cayendo los minutos, con la Real llevando la iniciativa y el Sevilla resistiendo con orgullo, con disciplina, con una solidaridad que se palpaba en cada ayuda defensiva. No hubo goles, pero hubo partido. No hubo celebración, pero hubo tensión. El pitido que marcó el final de los primeros cuarenta y cinco minutos llegó como un suspiro colectivo: 0-0 en el marcador, todo por decidir, todo abierto.
DESCANSO | No se mueve el marcador al término de la primera mitad:
El paso por vestuarios fue un punto de inflexión silencioso. Arturo Ruiz, desde el banquillo visitante, entendió que el partido pedía un matiz distinto, una chispa nueva, una variación que rompiera el equilibrio sin romper el plan. Decidió mover ficha. Intza entró por Lucía Pardo. Cambio de ritmo, cambio de perfil, cambio de amenaza. Pero el fútbol, caprichoso, no espera a que los entrenadores desarrollen sus ideas con calma.
Nada más arrancar la segunda parte, llegó el golpe inesperado. Andreia Jacinto cayó lesionada. Un cambio obligado. Un contratiempo que obligaba a reajustar piezas sobre la marcha. Klára Cahynová entró en su lugar, asumiendo la responsabilidad con la naturalidad de quien sabe que los partidos importantes no avisan antes de exigirte.
El Sevilla trató de estirarse, de ganar metros, de sacudirse por momentos el dominio vasco. Pero la Real no perdió la compostura. Siguió tocando, siguió esperando, siguió construyendo su oportunidad con paciencia de orfebre. El partido avanzaba hacia esa zona peligrosa en la que un detalle lo cambia todo, en la que un rebote, un mal despeje, una décima de segundo de duda puede decidirlo.
Y entonces llegó la jugada que rompió el equilibrio, que alteró el relato, que convirtió la tarde en una historia que ya no podía contarse en voz baja. Cerca de la media hora de juego, Emma Ramírez metió una pelota dentro del área. No fue un centro espectacular, no fue una acción aislada de genialidad. Fue fútbol.
Fue insistencia. Fue leer el momento. El esférico quedó suelto, flotando en esa tierra de nadie que separa la gloria del despeje salvador.
Lo que ocurrió después pertenece a esa categoría de goles que no se celebran de inmediato porque antes hay un segundo de incredulidad. El disparo salió con intención, buscando portería, buscando premio. La pelota se estrelló en el palo, con ese sonido seco que paraliza el tiempo. El rebote fue cruel, caprichoso, injusto incluso. Golpeó en la espalda de Esther Sullastres, que había hecho un partido monumental, y terminó entrando en la portería para abrir la lata con el 0–1 en el minuto 61 de juego .
No hubo error. No hubo fallo. Hubo mala fortuna. De esa que no entiende de méritos.
El estadio se quedó mudo por un instante. La Real Sociedad de Fútbol celebró. El Sevilla miró al suelo. El fútbol había decidido inclinarse.
gol no solo alteró el marcador, alteró el estado de ánimo del partido. Alteró las respiraciones, los gestos, las miradas que se cruzaban entre las futbolistas buscando una explicación que el fútbol nunca concede. Esther Sullastres permaneció unos segundos en el suelo, no por dolor físico, sino por ese impacto invisible que dejan los goles crueles, los que llegan después de haberlo hecho todo bien. Se levantó con dignidad, ajustó de nuevo los guantes, miró al frente. No había reproche en su gesto, solo la aceptación estoica de quien entiende que ser portera es convivir con la injusticia sin perder el carácter.
La Real Sociedad, consciente de lo que acababa de suceder, entendió que ese era el momento exacto para dar un paso más.
El cero a uno no era solo ventaja, era legitimación del plan. Era la confirmación de que la paciencia había tenido recompensa. Y como hacen los equipos que están en buena dinámica, no se conformaron. No bajaron el ritmo. No se refugiaron en el resultado. Buscaron el segundo con la misma naturalidad con la que habían buscado el primero.
El Sevilla, herido pero no derrotado, trató de reaccionar desde el orgullo. Las sevillistas comenzaron a adelantar líneas, a arriesgar un poco más en la presión, a buscar envíos rápidos que rompieran la estructura visitante. Cada balón largo era una súplica, cada llegada al área una esperanza. Pero la Real Sociedad estaba cómoda. Se sentía fuerte. Se sentía madura.
En medio de ese intercambio de intenciones llegó la polémica. Una acción dentro del área que levantó los brazos del banquillo visitante y encendió los murmullos en la grada. Una disputa, un contacto, una caída. El conjunto vasco pidió penalti con convicción, con la seguridad de quien cree haber visto la oportunidad de cerrar el partido desde los once metros. El tiempo se detuvo otra vez, esta vez no por un disparo al palo, sino por la espera.
El Football Video Support entró en escena. La colegiada caminó hacia la banda, revisó la acción, la observó desde todos los ángulos. Fueron segundos largos, tensos, incómodos. El fútbol moderno tiene estas pausas que parecen eternas, estos momentos en los que el público ya no sabe si protestar, si esperar, si respirar. Finalmente, la decisión fue clara: no había penalti. El juego continuaría. La Real aceptó la resolución sin excesivo dramatismo. Sabía que el partido seguía estando donde quería.
Y entonces apareció la futbolista que convierte los partidos buenos en partidos recordados. La líder silenciosa. La centrocampista que entiende el juego como un espacio para mandar incluso cuando no se toca el balón. Nerea Eizagirre, la MVP del partido, decidió que era el momento de dejar su firma.
La jugada nació en la banda. Intza, recién ingresada, interpretó el espacio con inteligencia. No centró por centrar. Esperó el movimiento. Midió el tiempo. El envío fue tenso, preciso, dirigido al segundo palo, ese lugar al que llegan las que saben leer el fútbol antes que nadie. Y allí estaba Nerea. Llegando. Atacando el espacio con determinación. Golpeando el balón con el alma.
El remate fue limpio, inapelable. No hubo rebote. No hubo fortuna. Hubo ejecución. El balón besó la red y el 0–2 subió al marcador como una sentencia allá por el minuto 72 de la contienda.
Fue un gol de líder, de capitana emocional, de futbolista que entiende que los partidos importantes se cierran cuando el rival aún respira.
La Real Sociedad celebró con contención, con abrazos sinceros pero sin estridencias. Sabían que habían hecho el trabajo. Sabían que habían sido superiores sin necesidad de humillar.
Sabían que ese gol no solo valía tres puntos, sino una declaración de estatus. El Sevilla, mientras tanto, acusó el golpe. Dos goles en contra, uno cruel y otro definitivo, pesan como una losa en las piernas.
Aún así, las sevillistas no dejaron de intentarlo. Empujadas por su público, por ese orgullo que no se negocia, buscaron recortar distancias en los minutos finales. Hubo centros, hubo llegadas, hubo intentos desesperados. Pero ya no era el mismo partido. La Real había bajado la persiana con oficio, gestionando el tiempo, leyendo cada situación con la serenidad de quien sabe que el reloj también juega.
El pitido final llegó sin sobresaltos, pero con significado. Confirmó el triunfo de las de Arturo Ruiz, un triunfo trabajado, maduro, de equipo que ha aprendido a competir en escenarios complejos. La Real Sociedad seguía en buena dinámica, consolidada en la tercera posición de la Liga F Moeve con 34 puntos, seis por encima de su perseguidor. No era solo una cifra. Era una declaración de regularidad, de ambición sostenida.
Mientras las jugadoras se saludaban, mientras el césped comenzaba a vaciarse de tensión, quedaba la sensación de haber asistido a algo más que un partido. Quedaba el recuerdo de Esther Sullastres, gigante incluso en la derrota. Quedaba el liderazgo de Nerea Eizagirre, marcando el camino. Quedaba la certeza de que hay equipos que crecen cuando el calendario aprieta.
Cuando el estadio empezó a vaciarse y el murmullo se transformó en pasos dispersos, el partido seguía latiendo en el aire. Hay encuentros que acaban con el pitido final y hay otros que continúan durante horas, porque no se explican solo por el marcador, sino por todo lo que han puesto en juego. Este Sevilla–Real Sociedad pertenecía a ese segundo grupo. No fue un choque de fuegos artificiales ni un intercambio salvaje de golpes; fue una partida larga, estratégica, de esas que se deciden cuando una entiende mejor que la otra qué momento está viviendo.
El Sevilla se quedó en el césped unos instantes más. Algunas jugadoras con las manos en las caderas, otras mirando al suelo, otras levantando la vista hacia la grada como buscando una respuesta que el fútbol no siempre devuelve. No había sensación de desastre, pero sí de oportunidad perdida. Porque el equipo había competido. Porque había resistido durante muchos minutos a uno de los conjuntos más sólidos del campeonato. Porque había tenido en Esther Sullastres a una guardiana extraordinaria que sostuvo el partido hasta que el azar decidió intervenir.
La portera sevillista simbolizó como pocas la crudeza de este deporte. Noventa minutos impecables, una actuación de manual, y un gol encajado que no pertenece al error sino a la fatalidad. El balón que golpea el palo, rebota en la espalda y entra es una imagen que persigue, que se repite en la cabeza, que no se olvida fácilmente. Pero también es una imagen que define a quienes saben convivir con ella y seguir adelante. Sullastres lo hizo. Sin aspavientos. Sin dramatismo. Como se hacen las cosas importantes.
Enfrente, la Real Sociedad caminaba con otro gesto. No de euforia desbordada, sino de satisfacción serena. La satisfacción de quien reconoce el valor de lo conseguido porque sabe lo difícil que es. Ganar fuera de casa, en un campo exigente, dominando sin imponerse a la fuerza, golpeando cuando el partido lo pide, es una señal inequívoca de madurez competitiva.
El equipo de Arturo Ruiz no ganó porque tuviera más ocasiones claras, ni porque arrasara, ni porque desbordara. Ganó porque entendió el partido desde el primer minuto. Porque supo que el 0-0 inicial no era un problema. Porque aceptó que había que insistir sin desesperarse. Porque confió en que el fútbol, tarde o temprano, suele premiar a quien más tiempo permanece en campo rival con orden y paciencia.
Y cuando el partido pidió decisiones, las tomó. El cambio de Intza no fue un gesto menor. Fue lectura. Fue comprensión del ritmo. Fue aportar una amenaza distinta cuando el Sevilla empezaba a encontrar cierta estabilidad. Y de esa decisión nació el segundo gol, el que cerró el encuentro, el que convirtió el dominio en victoria.
El tanto de Nerea Eizagirre merece detener el tiempo. No solo por la ejecución, sino por lo que representa. Llegar al segundo palo, atacar el espacio justo, rematar con convicción cuando el partido se está jugando en los márgenes, es un gesto de futbolista grande. De esas que aparecen cuando hay que aparecer. De esas que no necesitan acumular protagonismo durante todo el partido para ser determinantes cuando llega el momento exacto.
Nerea no solo marcó un gol. Firmó un liderazgo. Confirmó su estatus. Demostró por qué es la brújula emocional y futbolística de esta Real Sociedad que ha dejado de ser promesa para convertirse en realidad sostenida. No es casualidad que fuera la MVP. Hay premios que no necesitan explicación.
El contexto engrandece aún más el triunfo. Tercera posición de la Liga F Moeve. Treinta y cuatro puntos. Seis de ventaja sobre su perseguidor. No es una cifra aislada. Es una fotografía del momento. Es la constatación de que este equipo ha construido algo sólido, reconocible, respetado. Que ya no se habla de la Real Sociedad como sorpresa, sino como actor principal. Que cada jornada suma no solo puntos, sino credibilidad.
Y en ese crecimiento hay una palabra que define el partido de Sevilla: continuidad. La Real no fue brillante a ratos y ausente a otros. Fue constante. No tuvo picos exagerados ni valles profundos. Supo que el partido era largo y lo jugó como tal. Esa es una virtud que solo se adquiere con experiencia y con convicción en la idea.
Para el Sevilla, el encuentro deja lecturas duras pero necesarias. La sensación de haber hecho muchas cosas bien y no haber obtenido recompensa es una de las más difíciles de gestionar. Pero también es una señal de que el camino no está equivocado. Competir así contra uno de los equipos más en forma del campeonato no es un accidente. Es una base. Es un punto de partida.
El fútbol femenino, además, gana cuando se juegan partidos así. Intensos, tácticos, con respeto mutuo, con protagonistas claras, con narrativas que van más allá del resultado. Porque estos encuentros construyen memoria colectiva. Construyen referentes. Construyen historias que se cuentan después, cuando ya no importan tanto los puntos, sino lo que se aprendió en el proceso.
Y al final, cuando todo se apaga, cuando el césped vuelve a ser solo césped y las camisetas regresan al vestuario, queda una imagen grabada. La Real Sociedad marchándose de Sevilla con paso firme, con la sensación de haber superado una prueba más en su camino. Y el Sevilla quedándose con la certeza de que, incluso en la derrota, hay partidos que te hacen crecer.
Porque el fútbol no siempre premia al que más lo merece. Pero siempre deja huella en quien lo entiende.
Y este partido, jugado sin alardes pero con verdad, quedará como uno de esos encuentros que explican una temporada. De esos que, cuando todo termine, alguien recordará y dirá: ahí, en Sevilla, la Real Sociedad confirmó que estaba preparada. Y el Sevilla demostró que no se rinde, ni siquiera cuando el destino decide jugar en contra.
Así se escriben las historias que no necesitan épica impostada. Así se construyen los equipos que aspiran a algo más.
(Fuente: Liga F Moeve)
📋 Ficha técnica |
Sevilla Fútbol Club: Sullastres, Débora, Alice (Hagel, 91’), Isa Álvarez, Raquel (Andrea Álvarez, 83’), Alicia, Iris (Júlia Torres, 83’), Rosa Márquez, Cortés (Esther, 62’), Inma Gabarro y Kanteh (Wifi, 83’).
Real Sociedad de Fútbol: Estensoro, Florentino, Moraza, Apari, Paula Fernández, Lucía Pardo (Intza, DES), Andreia Jacinto (Cahynová, 51’) Emma (Guridi, 83’), Lavogez, Cecilia Marcos (Aiara, 69’) y Mirari.
Incidencias: Encuentro correspondiente a la jornada 16ª de la Liga F, disputado en el Estadio Jesús Navas de la Ciudad Deportiva José Ramón Cisneros Palacios de Sevilla sobre una superficie de hierba natural.