⬛️ La guardameta del Athletic Club fue clave para que el Athletic Club consiguiera su primer triunfo (0-1) en el Di Stéfano. La arquera, que debutó con el cuadro bilbaíno, entró a los siete minutos de juego por la lesión de Adriana Nanclares y realizó ocho paradas de mucho mérito para ser la MVP del encuentro.
El Athletic Club logró ganar por primera vez en su historia en el Di Stéfano (0-1) en un choque que arrancó con la lesión de Adriana Nanclares. A los dos minutos de juego, un centro desde la banda de Athenea lo fue atrapar la guardameta de Miranda de Ebro, con tan mala fortuna para ella, que recibió en la cabeza el impacto de la rodilla de su compañera Nerea Benito. La arquera tuvo que ser sustituida por una contusión cerebral, y en su lugar entró Olatz Santana (Hernani, 8 de mayo de 1997), la protagonista inesperada. La guipuzcoana, que llegó al conjunto vasco este pasado verano procedente de la Real Sociedad, no había jugado ningún solo minuto como rojiblanca ni en Liga F Moeve ni en Copa de la Reina. Era su debut como leona, y quería aprovechar su oportunidad.
“El contexto que se me ha dado no era el mejor por la lesión de mi compañera Adriana, pero tienes que estar preparada y en el momento que haga falta dar la talla”, expresó la arquera posteriormente en rueda de prensa. La guardameta se mostró segura bajo palos, eficaz con los pies, y fue ganando confianza con el paso de los minutos. Weir tuvo una muy clara con un remate desde dentro del área, pero la escocesa se encontró con la magnífica respuesta de Olatz Santana, que con una gran intervención con el pie mandó la pelota a saque de esquina. Además, por alto también se mostró infranqueable, sacando constantemente los envíos al corazón del área. La portera volvió a mostrar sus reflejos en la segunda mitad, cuando, de nuevo, impidió que Weir anotara.
También se animó Linda Caicedo, pero la colombiana se estrelló contra una formidable Olatz Santana. Con el gol del Athletic Club, las madridistas se volcaron aún más sobre la meta visitante, pero la arquera guipuzcoana se hizo aún más grande evitando con el pecho el tanto de Alba Redondo, y sacando un potente disparo de Toletti a la desesperada. En total ocho paradas, cuatro de ellas desde dentro del área, para darle los tres puntos a su equipo. Con el pitido final, todas sus compañeras fueron a abrazarla. “Ha sido un momento muy especial. Todos los días me siento muy arropada, pero hoy con más euforia porque nos hemos llevado los tres puntos”, respondió la arquera, que no pudo contener las lágrimas al acabar el encuentro y ser la MVP del partido.
Su entrenador, Javier Lerga, también quiso dedicarle unas palabras al terminar el choque. “Muy contentos por ella. Porque era la única jugadora que todavía no había tenido la oportunidad de jugar. No era un escenario ni una situación nada fácil, pero ha respondido por creces. Nos ha ayudado muchísimo a conseguir estos tres puntos”, confesó el técnico al acabar el duelo. Natural de Hernani, Olatz Santana inició su carrera en el club de su localidad, donde estuvo tres años, antes de pasar por el Añorga KKE, con el que fue campeona de liga en Segunda División y la SD Eibar, ascendiendo a Reto Iberdrola. Sus buenas actuaciones con el cuadro armero llamaron la atención de la Real Sociedad, que la fichó en 2019 para el filial, con el que subió a Primera Nacional.
Precisamente, en Zubieta coincidió con su actual compañera en el Athletic Club, Adriana Nanclares, y su debut en la élite fue dos años después, en 2021, en un duelo ante el club bilbaíno. En el primer equipo de la Real Sociedad dejó buenas amigas, y fue un ejemplo para las más jóvenes. “Julia Arrula es como mi hermana pequeña. Al final, pasas muchas horas con tu competencia como con el resto de la gente. Siempre hay días y días menos buenos. Siempre es importante sentirte parte de un grupo y arropada”, confesó. Este verano cambió las rayas azul y blancas por las rojiblancas, firmando hasta 2026. Y, tras una primera parte de la temporada donde no estuvo oportunidades, Olatz Santana supo aprovechar su momento para tener su primera gran noche en Primera.
“Tienes que trabajar día a día pensando que tu oportunidad va a llegar”, respondió la guardameta. Su equipo continúa ya va 7º clasificado con 23 puntos, encontrándose en su mejor momento de la temporada tras acumular diez encuentros seguidos sin perder (seis victorias y cuatro empates) entre todas las competiciones. “Hubo un cambio de staff este verano, que requería de adaptación. Necesitábamos tiempo, pero el equipo desde el principio ha salido a darlo todo, y las cosas van saliendo”, declaró la guardameta, que ya ha contribuido a las nueve porterías a 0 del cuadro vasco a lo largo del curso. En el horizonte espera el Costa Adeje Tenerife en Liga F Moeve y el FC Barcelona en la Supercopa. “Es un rival muy duro, pero no es imposible”, concluyó la portera.
🟣 La futbolista del FC Barcelona, Ewa Pajor, recogió el trofeo a la Player of the month de diciembre en Liga F Moeve, y su ítem especial de FC 26, que se puede disfrutar en el videojuego de EA SPORTS. La polaca, que es la máxima goleadora de la competición con 15 tantos, sumó dos durante el mes de diciembre.
El pasado lunes, 12 de enero de 2026, se desveló la jugadora del mes de diciembre: ‘Player of the month’. Una acción para la que EA SPORTS eligió desde la temporada pasada a Liga F para convertirse en el campeonato femenino pionero en estrenar este galardón a la futbolista con mejor actuación y estadísticas mensuales en la Primera División española votada por los aficionados. La competición española se unió a otras cinco ligas masculinas que ya ofrecían este galardón de la mano de EA SPORTS: LALIGA EA SPORTS, Premier League, Serie A, Bundesliga y Ligue 1. Tras las respectivas votaciones, la ganadora fue Ewa Pajor, que se une a Claudia Pina (noviembre), Edna Imade (octubre) y Luany (septiembre).
La futbolista polaca se impuso a las otras seis jugadoras nominadas: Eva Navarro (Real Madrid CF), Rosa Márquez (Sevilla FC), Ainhoa Marín (Deportivo Abanca), Malou Marcetto (Madrid CFF), Carla Andrés (SD Eibar) y Daniela Agote (Athletic Club). La jugadora del conjunto blaugrana disputó 145 minutos repartidos en los dos partidos del mes de diciembre en Liga F Moeve.
En ese tiempo, a la atacante le dio tiempo a marcar dos goles, uno ante el Costa Adeje Tenerife y otro frente al Badalona Women en el derbi catalán.
La ariete ya es la máxima goleadora de Liga F Moevecon 15 goles en trece encuentros, siendo clave para que el FC Barcelona sea líder de la competición con 42 puntos. La polaca recogió el trofeo, junto con el ítem especial de FC 26, en el estadio Johan Cruyff en los prolegómenos del encuentro adelantado de la decimoséptima jornada ante el Atlético de Madrid, en una victoria por 5-0.
Con esta acción, EA SPORTS continúa mostrando su firme apuesta por la promoción del fútbol femenino, y concretamente, convirtiendo a la competición española en pionera a nivel mundial en este tipo de acciones.
El madrileño, 1 de febrero de 1983, es un auténtico referente en los banquillos con más de una década de experiencia y éxitos en la Liga Profesional de Fútbol Femenino y llega tras medio curso de asueto como comentarista en Onda Madrid y Disney Plus tras su marcha de la Real Sociedad de Fútbol.
Titulado en Magisterio inició su trayectoria profesional en el Club Atlético de Madrid Femenino, con el que conquistó la Liga Iberdrola 2018-2019 en la última jornada después de una lucha de 30 fechas contra el todopoderoso Fútbol Club Barcelona y fue también finalista de la Copa de la Reina.
Durante la temporada 2020-2021 formó parte del cuerpo técnico de Tiago Mendes, entrenador del Vitória de Guimarães. En el mes de octubre, después de haber dirigido al equipo en tres encuentros, Tiago presentó su dimisión debido a discrepancias con la directiva, una decisión que provocó también la salida de Sánchez Vera del club.
En enero de 2021 regresó al Atlético de Madrid Femenino para sustituir a Dani González, quien no estaba logrando los resultados esperados por la entidad. Sánchez Vera permaneció en el cargo hasta el final de la temporada: conquistó la Supercopa de España en Almería, derrotando por 3-0 al Levante Unión Deportiva en la gran final, pero el equipo perdió puntos importantes en la Liga y finalizó en cuarta posición, quedándose fuera de los puestos de acceso a la Liga de Campeones y al término del curso, puso fin a su etapa en el club de su vida.
Tras un periodo de reflexión alejado de los banquillos, el verano de 2022 marcó un nuevo punto de inflexión en la trayectoria de José Luis Sánchez Vera. El fútbol, que nunca se detiene, volvió a llamar a su puerta en forma de reto mayúsculo. En el mes de julio, el Levante U.D. y el técnico madrileño alcanzaron un acuerdo que unía sus caminos durante las dos siguientes temporadas con un objetivo tan ambicioso como complejo: devolver al club valenciano al lugar que históricamente había ocupado en la élite del fútbol femenino nacional.
La misión no era sencilla. El Levante afrontaba una etapa de profunda transformación institucional y deportiva, marcada por la necesidad de redefinir su identidad competitiva tras varios cursos irregulares. A ello se sumaba una reestructuración casi total de la plantilla, con salidas de gran calado que alteraban el equilibrio del vestuario y obligaban a comenzar prácticamente desde cero. Entre las marchas más significativas destacaba la de Sandie Toletti, centrocampista francesa y pieza capital en el engranaje del equipo, que abandonó la disciplina granota para incorporarse al Real Madrid, símbolo inequívoco de los cambios estructurales que estaba viviendo el fútbol femenino español.
En ese contexto de reconstrucción, Sánchez Vera aceptó el desafío con la convicción de quien entiende el fútbol como un proceso, no como un resultado inmediato.
Su llegada al banquillo granota supuso también la configuración de un cuerpo técnico con un marcado carácter identitario. Como segunda entrenadora figuraba Érika Vázquez, histórica futbolista del Athletic Club y una de las grandes pioneras del fútbol femenino profesional en España. Su presencia no era únicamente simbólica: representaba la conexión entre generaciones, la memoria viva de un deporte que había crecido desde la precariedad hasta la profesionalización, y un valor añadido en liderazgo, experiencia y conocimiento del vestuario.
Desde el primer día, el Levante de Sánchez Vera comenzó a construir una nueva narrativa. Lejos de la urgencia cortoplacista, el equipo fue asentando principios claros: orden táctico, competitividad, solidez defensiva y una apuesta firme por el colectivo como eje vertebrador del proyecto. El camino estuvo plagado de dificultades, ajustes y aprendizaje, pero también de señales inequívocas de crecimiento. Jornada a jornada, el Levante recuperó credibilidad, respeto y ambición.
Los frutos de ese trabajo no tardaron en llegar. Durante las dos temporadas al frente del conjunto valenciano, Sánchez Vera logró devolver al Levante al primer plano competitivo del panorama nacional. El equipo consiguió la clasificación para la fase previa de la UEFA Women’s Champions League, un hito que reafirmaba la recuperación deportiva del club y lo situaba nuevamente entre los aspirantes a competir en Europa.
Además, alcanzó el subcampeonato de la Supercopa de España, quedándose a las puertas del título en un torneo que reunía a la élite del fútbol femenino nacional.
Más allá de los resultados, su etapa en el Levante dejó una huella profunda en la estructura del club. Se consolidó un proyecto reconocible, con identidad propia y una cultura competitiva renovada. El vestuario recuperó confianza, la afición volvió a sentirse representada y el Levante reafirmó su condición de histórico del fútbol femenino español. Era el cierre natural de un ciclo exitoso, y también el preludio de un nuevo desafío.
Finalizada su etapa en Valencia, Sánchez Vera decidió poner fin a su etapa en el banquillo granota para emprender un nuevo rumbo. El siguiente destino no era menor: la Real Sociedad. En el verano de 2024, el club donostiarra y el entrenador alcanzaron un acuerdo que unía sus caminos por, al menos, tres temporadas. La apuesta era clara y ambiciosa.
La Real Sociedad buscaba consolidarse de manera definitiva entre los grandes referentes de la Liga F y recuperar protagonismo tanto a nivel nacional como europeo.
El proyecto reunía todos los ingredientes para ilusionar. Una plantilla de gran nivel, una estructura sólida y un entorno exigente pero comprometido con el crecimiento del fútbol femenino. Para Sánchez Vera, suponía la oportunidad de aplicar su experiencia acumulada en proyectos de reconstrucción y alto rendimiento, con el objetivo de devolver al conjunto txuri-urdin a las posiciones de privilegio de la liga española femenina.
Sin embargo, el fútbol, en su naturaleza imprevisible, no siempre responde a los planes trazados sobre el papel. Lo que comenzó como un reto ilusionante fue derivando, con el paso de los meses, en una situación cada vez más compleja. El equipo mostró fases de buen juego y competitividad, pero la regularidad nunca terminó de asentarse. Los resultados comenzaron a alejarse de las expectativas iniciales y la clasificación reflejaba una posición incómoda para un club que aspiraba a pelear por plazas europeas.
El tramo final de la temporada se convirtió en un periodo especialmente delicado. Diez partidos consecutivos sin conocer la victoria encendieron todas las alarmas en Zubieta. La dinámica negativa no solo afectaba al marcador, sino también a la confianza del grupo y al clima general del proyecto. La exigencia histórica de la Real Sociedad y las aspiraciones marcadas por la junta directiva chocaban con una realidad deportiva adversa.
En abril, el club emitió un comunicado oficial anunciando que José Luis Sánchez Vera no continuaría al frente del equipo una vez finalizara la temporada. La decisión, fruto de un análisis profundo de la situación, ponía fin de manera anticipada a una vinculación que había sido concebida como un proyecto a medio y largo plazo. El objetivo inicial del entrenador —restaurar la solidez del conjunto y recuperar las aspiraciones europeas, incluida la clasificación para la Champions League— no llegó a materializarse.
La combinación de rendimiento irregular, una posición baja en la tabla y las altas expectativas depositadas por la dirección deportiva terminó por precipitar el desenlace.
No fue una ruptura abrupta, sino el cierre de una etapa marcada por la dificultad de alinear tiempos, resultados y ambición institucional.
Así concluyó una etapa más en la carrera de Sánchez Vera, un técnico acostumbrado a navegar entre la exigencia, la reconstrucción y la presión inherente a los proyectos de alto nivel.
Su trayectoria, marcada por éxitos, desafíos y decisiones complejas, refleja con claridad la evolución del fútbol femenino español: un entorno cada vez más competitivo, profesionalizado y exigente, donde los márgenes de error se reducen y la gestión del proceso es tan determinante como el resultado inmediato.
Lejos de definir un final, su salida de la Real Sociedad se inscribe como un nuevo capítulo dentro de una carrera que ha demostrado capacidad de adaptación, liderazgo y compromiso con el crecimiento del fútbol femenino. En un deporte en constante transformación, la figura de Sánchez Vera permanece ligada a los procesos de construcción, a los proyectos con identidad y a la convicción de que el fútbol, incluso en la derrota, deja siempre aprendizaje, legado y camino por recorrer.
El ex del San Roque ha firmado un contrato que le unirá a la entidad que preside Alfredo Ulloa por lo que resta de temporada y una campaña más.
Ahora, José Luis llega al Madrid CFF, club con la cantera exclusivamente femenina más grande de toda Europa, con el objetivo de hacer reverdecer viejos laureles que se dieron entre 2022 y 2024, cuando estuvo peleando por entrar en la Liga de Campeones Femenina.
Sánchez Vera debutará en el equipo capitalino jugando a domicilio en Ipurúa frente a la Sociedad Deportiva Eibar en la decimosexta jornada liguera para sustituir en el cargo a Javier Aguado.
⬛️ Las azulgranas se impusieron por 5-0 al Atlético de Madrid en el partido de la decimoséptima jornada de Liga F Moeve, adelantada por la disputa de la Supercopa de España. Alexia Putellas, que fue la MVP del partido, Claudia Pina, con un doblete, Esmee Brugts y Salma marcaron los goles del encuentro.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) January 14, 2026
El Fútbol Club Barcelona y el Atlético de Madrid saltaron al terreno de juego con dos onces de máxima jerarquía para uno de los duelos más exigentes de la Liga F.
(Fuente: “El Partido de Manu”)
El conjunto azulgrana arrancó con Cata Coll bajo palos; defensa para Ona Batlle, Paredes, María León y Brugts; en el centro del campo, Alexia Putellas, Patri Guijarro y Clàudia Pina; y en ataque, Sydney Schertenleib, Pajor y Vicky López, con Pere Romeu al frente desde el banquillo.
Por su parte, el Atlético de Madrid inició el encuentro con Lola Gallardo, capitana, en portería; línea defensiva formada por Medina, Xènia y Menayo; Alexia Fernández y Bøe Risa en la sala de máquinas; acompañadas por Jensen, J. Bartel y Fiamma; y en posiciones más ofensivas Rosa Otermín y María Portales, en el once dispuesto por el técnico rojiblanco.
pesar de ser jornada intesemanal, partido adelantado a la decimoséptima jornada de liga, por la disputa de la Supercopa de España Iberdrola la semana que viene, no era día de guardarse nada.
Antes del inicio del duelo, Ewa Pajor recogió el premio a la Player of the month de diciembre. Además, Mapi León recibió la camiseta conmemorativa por sus 300 partidos como blaugrana.
El conjunto culé solo tardó cuatro minutos en abrir el marcador. Clara Serrajordi robó una pelota en campo contrario y combinó con Claudia Pina. La atacante encontró a Alexia Putellas, que se sacó un derechazo desde dentro del área para superar a Lola Gallardo y mandar la pelota al fondo de la red para abrir la lata con el 1-0.
La doble Balón de Oro fue la MVP del encuentro. Trece minutos después llegó el segundo, con la firma de Claudia Pina. La de Moncada y Reixach se sacó un magnífico disparo desde fuera del área que tocó en el larguero antes de doblar la ventaja en el electrónico con el 2-0 en el minuto 13.
El Atlético de Madrid intentó reaccionar, pero sin suerte, al tiempo que las de Viti iban igualando el compromiso en lo que a intensidad se refiere.
Las locales no bajaban en pistón y las de Víctor Martín, aunque lo intentaban, veían muy lejos el área de Cata Coll. No en vano, llegados a la media hora, nueve remates locales, siete de ellos a puerta por ninguno de las rojiblancas que corrían persiguiendo sombras. En ese intervalo hasta la media parte las colchoneras contenían algo más el ciclón del líder.
Sobretodo en cuanto a ocasiones, cerrando algo mejor las líneas por dentro. Lo del balón ya era otra cosa ya que el Atlético salía a cuentagotas y obviamente más lastrado físicamente de correr tras el esférico.
Poco antes de llegar al descanso, tendría otra muy clara Claudia Pina con un disparo cruzado con la derecha que se marchaba fuera por poco.
Pajor, la pichichi de esta Liga F, tendría la última de la primera parte con un disparo con la zurda que atrapó una Lola Gallardo muy protagonista para su equipo que ni lo estaba pasando nada bien en Cataluña.
Ninguno de los dos entrenadores movió ficha en el descanso y el segundo acto empezó como terminó el primero. Con un Barça dominante y que ya producía peligro en ataque. Claudia Pina tendría la primera ocasión antes de llegar al minuto de la reanudación y la polaca Eva Pajor perdonaría el tercero en un claro remate en el área pequeña que se le marchaba arriba.
Antes de llegar al cuarto de hora del segundo tiempo, el Barça sentenciaría el partido con el tercer gol del encuentro. Sería la neerlandesa Esmee Brugts en una acción individual que acabó definiendo con su zurda para anotar y poner el 3-0 en el minuto 59 de este clásico de la Primera División Femenina.
Era el minuto sesenta cuando Pere Romeu introdujo un triple cambio con la entrada de Aïcha Cámara, Kika y Carla Julià al campo. Carla Julià, MVP del pasado sábado ante el Madrid CFF, repetía en esa posición de interior derecha batiéndose en duelo con Andrea Medina y las ayudas de Macarena Portales.
Precisamente Maca sería una de las dos sustituidas por Víctor Martín para dar entrada a Luany y Natalia. Con las locales viviendo casi en el área contraria, Claudia Pina anotaría su doblete particular tras aprovechar el rechace de Lola Gallardo a disparo de Pajor para hacer el 4-0 en el 74, pero ahí no terminó el calvario rojiblanco.
A falta de once minutos para el final se produciría una de las grandes noticias del choque.
El regreso de Salma Paralluelo lesionada con la selección en aquella semifinal de la Nations League ante Suecia. Ovación de gala para el regreso de la delantera a los terrenos de juego. Precisamente sería la maña quien, tras un intento anterior sin éxito, culminaría la goleada azulgrana con el con el 5-0 definitivo.
Era el minuto 92 de partido y el regreso de la internacional no pudo ser de mejor manera. Aprovechó un buen pase de Pajor para culminar por bajo una manita en la que el conjunto de Pere Romeu no ha tenido rival en el Atlético.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) January 14, 2026
Con esta contundente victoria, el Barcelona se consolida como líder de la Liga Profesional de Fútbol Femenino y aprovecha el tropiezo del Real Madrid por 0-1 ante el Athletic Club para conseguir “media competición”, pues el líder con 45 unidades en su casillero, esto es, aventaja en 18 puntos a un Atlético de Madrid que es cuarto en la Liga F Moeve y ya piensa en la visita del Espanyol a Alcalá de Henares como clavo ardiendo al que aferrarse de cara al sueño europeo.
📋 Ficha técnica |
Barcelona : Coll; Ona Batlle (Aïcha 60′), Paredes (Torrejón 69′), Mapi León, Brugts; Sydney Schertenleib (60′ Kika), Clara Serrajordi, Alexia; Vicky López (60′ Carla Julià), Ewa Pajor, Clàudia Pina (Salma 79′).
Atlético de Madrid : Lola Gallardo; Alexia, Xènia Pérez, Carmen Menayo, Andrea Medina; Julia Bartel (Peñalvo 71′), Boe Risa, Fiamma Benítez; Macarena Portales (Luany 70′), Synne Jensen (Chinchilla 81′), Rosa Otermin.
Incidencias: Partido correspondiente a la decimoséptima jornada de la Liga F Moeve 2025-2026 entre el Barcelona y el Atlético de Madrid que se ha disputado en el Estadi Johan Cruyff sobre una superficie de hierba natural delante de 3.529 espectadores.
Vídeo |
💯 El FC Barcelona venció y Salma Paralluelo regresó con gol
⬛️ El técnico madrileño remplazará a Javier Aguado en el Fernando Torres de Fuenlabrada.
El Madrid CFF, semifinalista de la Copa de la Reina en 2021, hará próximamente oficialel fichaje de José Luis Sánchez Vera para el primer equipo tras la destitución de Javier Aguado.
El club afincado en el Fernando Torres apuesta por un entrenador campeón de Liga F, Supercopa de España y Copa de la Reina Iberdrola para liderar una nueva etapa basada en la identidad, el tiempo y el crecimiento sostenido y llega acompañado por Erika Vázquez, exjugadora del Athletic Club, como asistente técnica.
Hay fichajes que se explican con una frase. Y hay otros —los importantes— que necesitan una historia. El Madrid CFF ha elegido a José Luis Sánchez Vera como nuevo entrenador del primer equipo y, con ello, ha tomado una decisión que va más allá del corto plazo.
No responde a la urgencia ni al ruido. Responde a una convicción: construir desde el banquillo un proyecto reconocible, coherente y fiel a su identidad.
Sánchez Vera no llega solo para entrenar, llega para ordenar un relato, sostener un proceso y darle continuidad a una idea de fútbol que el Madrid CFF ha defendido desde su origen, además ya sabe lo que es dirigir a futbolistas del plantel como Anita Marcos, a la que hizo debutar en la élite, Andonova y Nuria Mendoza, estas dos últimas en su era como granota.
⸻
El nuevo mister no llega solo para entrenar. Llega para ordenar un relato, sostener un proceso y darle continuidad a una idea de fútbol que el Madrid CFF ha defendido desde su origen.
El ex de la Real Sociedad de Fútbol no promete resultados inmediatos. Promete método, trabajo y coherencia y según ha podido saber “El Partido de Manu”, en exclusiva, dirigió en la mañana del 14 de enero de 2026 su primera sesión de trabajo después de ser presentado en Aldehuela.
Para entender este fichaje hay que entender al club. El Madrid CFF no nació grande, pero sí fiel a una idea. Creció sin atajos, apostando por el fútbol femenino cuando aún no era tendencia y construyendo su camino desde la convicción.
José Luis Sánchez Vera ha construido una de las trayectorias más singulares, coherentes y reconocibles del fútbol femenino español contemporáneo. Más allá de los títulos, de los ascensos o de los contextos institucionales tan distintos en los que ha trabajado, existe un hilo conductor perfectamente identificable en todos los equipos que ha dirigido: una idea de juego profundamente trabajada, adaptable al contexto competitivo, pero sustentada siempre en una serie de principios estructurales, emocionales y tácticos que definen su manera de entender el fútbol. Analizar el estilo de los equipos de Sánchez Vera no consiste únicamente en describir sistemas o dibujos, sino en comprender una concepción integral del juego que abarca la gestión del vestuario, la preparación del partido, el uso del balón, la ocupación de los espacios, la relación con la presión ambiental y la lectura de cada fase del juego como parte de un todo orgánico.
Desde sus primeras experiencias en el fútbol femenino de élite, Sánchez Vera mostró una inclinación clara por construir equipos competitivos desde la solidez colectiva. Sus conjuntos rara vez han sido caóticos o desordenados. Incluso en contextos de inferioridad presupuestaria o estructural, sus equipos han transmitido una sensación constante de control, entendiendo el control no como monopolio absoluto de la posesión, sino como capacidad para gobernar los ritmos del partido. Esta es una de las claves fundamentales de su estilo: la prioridad no es tener el balón por tenerlo, sino saber cuándo, dónde y para qué se utiliza. En ese sentido, sus equipos han sido tradicionalmente muy difíciles de desarmar, porque están pensados para minimizar errores no forzados y para maximizar la eficiencia en cada acción.
Uno de los rasgos más repetidos en los equipos dirigidos por Sánchez Vera es la importancia del orden defensivo como punto de partida del juego. No se trata de una defensa pasiva ni reactiva, sino de una estructura defensiva activa, que condiciona al rival y lo empuja hacia zonas previamente estudiadas.
Sus equipos suelen defender en bloque medio o medio-bajo, con líneas juntas y distancias cortas entre jugadoras, evitando que el rival pueda progresar por dentro con comodidad. La prioridad es cerrar carriles interiores, proteger la frontal del área y obligar a jugar por fuera, donde se activa una presión orientada, no especialmente alta, pero sí muy coordinada.
Este comportamiento defensivo no responde a una falta de ambición ofensiva, sino a una lectura muy clara del contexto competitivo del fútbol femenino español, especialmente en las temporadas en las que dirigió a equipos que no partían como favoritos. Sánchez Vera entiende que la defensa no es solo un mecanismo de contención, sino una herramienta para atacar mejor. Al recuperar el balón en zonas concretas y con el rival desorganizado, sus equipos han encontrado muchas de sus mejores situaciones ofensivas. De ahí la importancia que da a la transición defensa-ataque, probablemente una de las fases mejor trabajadas en todos sus proyectos.
Cuando sus equipos recuperan el balón, la primera decisión es casi siempre vertical. Existe una clara intención de progresar rápidamente si el contexto lo permite, buscando a jugadoras ofensivas bien perfiladas o atacando el espacio libre a la espalda de la defensa rival. No obstante, esta verticalidad no es descontrolada. Si la primera opción no es clara, el equipo no duda en reiniciar, en asegurar la posesión y en reorganizarse. Esta dualidad entre verticalidad y pausa es otra de las señas de identidad del técnico madrileño: saber alternar registros sin perder la identidad.
En fase ofensiva organizada, los equipos de Sánchez Vera han mostrado una evolución notable a lo largo de los años. En sus primeras etapas, el juego tendía a ser más directo, con ataques relativamente cortos y un peso importante del juego exterior. Las bandas han sido históricamente una vía fundamental para sus equipos, tanto para progresar como para finalizar. Extremos abiertas, laterales con recorrido y centros laterales bien trabajados han formado parte del paisaje habitual de sus equipos. Sin embargo, con el paso del tiempo, se ha percibido una mayor riqueza en el juego interior, con mediocampos más técnicos y una mejor ocupación de los espacios entre líneas.
Aun así, incluso en sus versiones más elaboradas con balón, Sánchez Vera no ha sido nunca un entrenador de posesiones largas estériles. Sus equipos rara vez encadenan pases sin intención. Cada circulación tiene un objetivo claro: atraer, fijar y liberar espacios. La paciencia con el balón existe, pero siempre subordinada a la búsqueda de ventajas. En ese sentido, se aprecia un trabajo táctico muy detallado en la colocación de las interiores, en los desmarques de ruptura de las delanteras y en la sincronización de los movimientos ofensivos.
Otro elemento clave en el estilo de los equipos de Sánchez Vera es la importancia del compromiso colectivo. Sus equipos se caracterizan por una altísima implicación defensiva de todas las jugadoras, incluidas las futbolistas más ofensivas. La presión tras pérdida, sin ser asfixiante ni constante, está muy bien medida
La llegada de Sánchez Vera no supone una ruptura, sino una continuidad elevada. El club no busca un salvador ni un golpe de efecto. Busca un constructor, alguien capaz de consolidar lo logrado y dar un paso más sin perder la esencia.
Sánchez Vera entiende el banquillo como algo más que un lugar desde el que se dan órdenes. Desde ahí se transmite calma, claridad y confianza. Sus equipos rara vez se descomponen, saben a qué juegan incluso en los momentos difíciles y compiten desde el orden y el compromiso colectivo.
En un entorno cada vez más exigente, su liderazgo sereno y cercano aporta al Madrid CFF algo fundamental: estabilidad emocional.
No hay alardes ni dogmas rígidos. El método de trabajo de Sánchez Vera se basa en la pedagogía diaria, en la repetición consciente de conceptos y en la gestión honesta de los roles. Entrenar no es solo preparar partidos, sino educar futbolistas, acompañar procesos y sostener al grupo cuando el contexto aprieta.
Exigente sin ser opresivo, cercano sin ser complaciente, su liderazgo conecta con una forma de entender el fútbol femenino desde el respeto y el conocimiento profundo del vestuario.
En esta nueva etapa, que se extenderá por lo que queda de curso más otra campaña completa, el ex del Atlético de Madrid se ha rodeado de gran parte del staff técnico que le secundó en su periplo por el Levante Unión Deportiva.
Con experiencia en la élite y una sensibilidad especial en el trato con las futbolistas, su presencia añade valor humano y futbolístico a un proyecto que entiende el cuerpo técnico como una pieza clave del crecimiento colectivo.
El fichaje de un entrenador siempre envía un mensaje. Este es inequívoco: el club cree en el trabajo, cree en el proceso y cree en el talento que ya tiene. Con Sánchez Vera llega un liderazgo que escucha, observa y exige con sentido.
El objetivo no es correr más, sino pensar mejor. Competir desde la identidad y crecer sin perder el rumbo.
La serenidad no está reñida con la ambición. Sánchez Vera la entiende como una construcción organizada, no como una carrera descontrolada. Mejorar con el paso de las jornadas, competir contra cualquiera y ser reconocible incluso en la derrota forman parte de su idea de éxito.
Ese es el reto que asume en el Madrid CFF y también la promesa implícita de esta nueva etapa.
El fútbol femenino español vive un momento de transición, crecimiento y exigencia.
En ese escenario, figuras técnicas como Sánchez Vera resultan imprescindibles: entrenadores que entienden el juego, el vestuario y el proceso sin confundir progreso con prisa.
El Madrid CFF no ha fichado solo a un entrenador, ha adquirido una forma de entender el fútbol, una ética de trabajo y una convicción profunda en el tiempo como herramienta.
En el fútbol femenino, eso no es un fichaje más, sino una declaración de principios.
El Johan Cruyff volverá a vestirse de gran escenario la tarde del miércoles 14 de enero, a partir de las 19:00 horas, para acoger uno de esos partidos que explican por sí solos la dimensión competitiva y emocional de la Liga F Moeve, un duelo adelantado de la decimoséptima jornada en el que FC Barcelona y Atlético de Madrid cruzan caminos en un momento clave del calendario, condicionado por la inminente disputa de la Supercopa de España en Castellón, pero cargado de historia, rivalidad y lecturas deportivas profundas.
Frente a frente estarán dos de los grandes nombres del fútbol femenino español, dos proyectos con identidad propia y ambición estructural, aunque inmersos en dinámicas bien distintas: el conjunto blaugrana, líder sólido de la competición con 42 puntos, y el cuadro rojiblanco, cuarto clasificado con 27, obligado a reaccionar para no descolgarse definitivamente de los puestos que dan acceso a la próxima UEFA Women’s Champions League.
El Barcelona llega a la cita instalado en una sensación de dominio casi permanente, sustentado en una regularidad que le ha permitido enlazar once encuentros consecutivos sin conocer la derrota entre todas las competiciones y firmar una primera vuelta de campeonato en la que únicamente ha concedido una derrota liguera. A pesar de las ausencias de peso, con Patri Guijarro reincorporándose progresivamente al grupo y las bajas confirmadas de Graham Hansen y Aitana Bonmatí, el equipo azulgrana vuelve a demostrar la profundidad de su proyecto apostando por el talento del filial, una seña de identidad que refuerza su hegemonía estructural más allá de los nombres propios. La recuperación de Salma, lista para el choque, añade una pieza más a un engranaje ofensivo que continúa marcando diferencias y que ya fue determinante en el precedente de la primera vuelta, cuando las de la Ciudad Condal se impusieron con un contundente 0-6 en territorio madrileño, en una tarde firmada por Esmee Brugts, Patri Guijarro, Ewa Pajor, Alexia Putellas, Vicky López y Laia Aleixandri, exrojiblanca y protagonista emocional de una rivalidad que siempre deja huella.
En el lado opuesto comparece un Atlético de Madrid que atraviesa una fase de resultados adversos, especialmente en Liga F Moeve, donde no gana desde el pasado 16 de noviembre y acumula seis partidos consecutivos sin conocer la victoria, una racha que contrasta con la resiliencia mostrada en la Copa de la Reina, competición en la que logró el billete para los cuartos de final desde el punto de penalti. El empate 5-5 ante la Real Sociedad en la última jornada fue una montaña rusa emocional que dejó al descubierto tanto el potencial ofensivo como las fragilidades defensivas del equipo de Víctor Martín, y que sirvió además como punto de partida para Priscila Chinchilla, uno de los refuerzos llamados a aportar energía y desequilibrio en la segunda mitad del curso. Sin embargo, el técnico rojiblanco deberá gestionar un escenario exigente con las bajas de Sheila Guijarro y Gio Queiroz, en una visita a Barcelona que históricamente ha sido terreno hostil, pero que también ha ofrecido capítulos memorables para la entidad madrileña.
Porque la historia entre ambos equipos es extensa y significativa. Desde 2013,
FC Barcelona y Atlético de Madrid se han enfrentado en treinta y siete ocasiones oficiales entre todas las competiciones, con un balance claramente favorable a las blaugranas, que suman veinticinco victorias, por siete empates y cinco triunfos rojiblancos. El último de estos llegó el 1 de junio de 2021, cuando el Atlético, entonces dirigido por José Luis Sánchez Vera, se impuso por 4-3 en Alcalá en un partido que permanece como uno de los grandes recuerdos competitivos del club madrileño frente a su gran rival. Desde entonces, el dominio azulgrana ha sido casi absoluto, reforzado esta misma temporada con la goleada de la séptima fecha de la Liga F Moeve en Alcalá de Henares por 0-6.
Era un día poco habitual para disfrutar de la Liga Profesional de Fútbol Femenino, se adelantó este Real Madrid vs Athletic Club por la participación de ambos en la Supercopa de España, pero será una fecha especial para el conjunto rojiblanco por el modo en el que terminó.
el enfrentamiento correspondiente a la Jornada 17 de la Liga F Moeve entre Real Madrid y Athletic Club, el conjunto blanco saltó al terreno de juego con Misa en portería, acompañada en la defensa por Shei, Rocío, M. Méndez y Yasmim, mientras que Angeldahl, Irune y Weir comandaban el centro del campo, con Eva Navarro, Athenea e Iris Ashley buscando desequilibrar en la ofensiva. Por su parte, el Athletic Club alineó a A. Nanclares bajo los palos, con Bibi, Landaluze, Nerea B. y Elexpuru en la línea defensiva; M. Zubieta y Valero en el doble pivote; S. Ortega, Gurtubay y Vilariño en la mediapunta, y Azkona como referencia en ataque. En el banquillo madridista aguardaban Pau Quesada, Laia, Pau C., Toletti, Däbritz, Redondo, Bennison, Linda C., Holmgaard, Andersson, Lakrar y Silvia Cristóbal, mientras que el Athletic contaba con O. Santana, Maddi, Sanadri, L. Baños, Pinedo, Nerea Nevado, Campos, Eider, Agote y Thais.
El duelo se presentaba emocionante desde el inicio, con ambos equipos buscando consolidar posiciones en la tabla y ofrecer espectáculo en el Alfredo Di Stéfano a partir de las 19:00 horas.
✅ Todo preparado entre Real Madrid y Athletic para abrir la J17 de #LigaFMoeve
El Athletic Club conquistó el Di Stéfano (0-1) con un solitario tanto de Sara Ortega en la segunda mitad. La MVP del partido fue Olatz Santana. La arquera, que entró a los siete minutos por la lesión de Nanclares, realizó ocho paradas para asaltar el estadio del conjunto blanco, inexpugnable hasta la fecha.
Este arranque que atrapa al lector no es más que el arranque de un duelo que tiene una relevancia especial para las leonas que han sido protagonistas de una victoria inesperada ante el mejor club del siglo XX.
El Estadio Alfredo Di Stéfano, Madrid — Noche de invierno. Un estadio que durante años ha visto reinar a las fuerzas de la élite absoluta del fútbol español femenino, un templo donde la precisión, la táctica y el impulso ofensivo del Real Madrid se había erigido como paradigma de dominio. Una pista donde el equipo blanco, bajo la batuta de Pau Quesada, había tejido una temporada hasta entonces casi impecable en la Liga F: con 11 victorias, dos empates y apenas dos derrotas, una senda ofensiva que había firmado 35 goles y una defensa que apenas había concedido 10 tantos en 15 partidos — cifras que hablaban de una maquinaria implacable en el campeonato doméstico. 
Pero en la fría tarde del 13 de enero de 2026, esa historia aparentemente escrita se enfrentó a un capítulo que nadie en Madrid vio venir. Contra todo pronóstico, contra la lógica de las estadísticas y tras una racha de éxitos rotundos, el Real Madrid fue desafiado por un Athletic Club que llegó al Di Stéfano con hambre, ambición y una fe inquebrantable en sus posibilidades. Lo que en apariencia era una visita más para el equipo vasco en su periplo liguero se convirtió en una gesta histórica que retumbará en la memoria del fútbol femenino español por años.
Desde el inicio, esa noche apuntaba a algo especial. El Athletic Club, dirigido por Javi Lerga, no era, sobre el papel, favorito para arrebatar puntos en el feudo del Real Madrid, un equipo que tradicionalmente había dominado el duelo en sus últimas confrontaciones y que llegaba con ritmo de triunfo, acumulando un dominio aplastante en casa.  Pero las dinámicas del fútbol, en su esencia más pura, siempre conservan espacio para lo imposible, para lo insospechado.
Apenas transcurridos dos minutos de partido, un giro dramático a la narrativa se presentó como un presagio de lo que estaba por venir: Adriana Nanclares, portera titular del Athletic, sufrió una conmoción tras un choque intenso al intentar atajar un centro rival. El impacto de ese momento fue inmediato. En un abrir y cerrar de ojos, la portería de las leonas se quedó bajo la custodia de Olatz Santana, quien, sin saberlo aún, estaba a punto de escribir su nombre con letras indelebles en la historia del club. 
Santana, llamada a la meta en circunstancias desafortunadas pero absolutamente decisivas, reaccionó con serenidad desde el primer instante. La vida —y más aún el fútbol— suele recompensar a quienes responden con coraje ante la adversidad, y allí estaba ella: una guardameta que no solo ocupaba el puesto de una compañera lesionada, sino que estaba a punto de convertirse en la protagonista de una epopeya futbolística. Su presencia bajo palos, su intuición felina para las atajadas y su compostura reflejaban una mezcla de temple y talento que desafiaba cualquier guion prudente.
Mientras la grada se acomodaba para presenciar lo que se suponía sería una prueba más de fuerza del Real Madrid, el choque comenzó con un dominio natural de las locales: posesión sostenida, presión alta y movimientos ofensivos que buscaban desbordar con precisión.
Pero por cada embestida blanca, Santana respondía con reflejos que encendían la ansiedad en el banquillo rival. Era como si el tiempo se desacelerara cada vez que una jugadora del Athletic Club se enfrentaba uno contra uno con la arquera vasca, y su presencia se erigía en un muro invisible que no podía ser derribado.
Al Madrid le costó en exceso encontrar las vías para atacar el bloque bajo rival. No fue hasta pasado el minuto 20 cuando Iris Ashley, después de recibir un pase en profundidad de Irune Dorado, perdonó en el mano a mano ante la guardameta suplente. Weir, tras un buen centro de Eva Navarro ya en el tramo final, desperdició otra interesante situación dentro del área chutando directamente a las manos de Olatz Santana. Fueron las únicas llegadas reseñable en un primer tiempo plomizo en ambos equipos, tanto como la lluvia que caía sobre Valdebebas y se alcanzó el entretiempo con un 0-0 que lo dejaba todo pendiente de resolución de cara al segundo y definitivo acto.
La ahistoria de esta victoria épica, por supuesto, no se narra solo desde el arco. En la medular, el Athletic se mostró equilibrado, recogiendo balones y equilibrando la necesaria defensa con una valentía admirable. Y fue precisamente tras una pérdida de balón en la zona alta de ataque por parte de Caroline Weir, que hasta ese momento había sido una de las protagonistas del Real Madrid en la temporada, que el Athletic encontró su momento decisivo.
Corría el minuto 64 cuando Sara Ortega, con un golpe de creatividad y audacia que encarnaba el espíritu de las leonas vascas, recogió un balón suelto en la frontal del área. Su golpeo no solo fue certero, sino magistral: un zurdazo colocado con una precisión quirúrgica que primero acarició el poste y luego terminó colándose al fondo de la red de la portería de Misa para abrir la lata con el 0–1 en el tanteador.
💥 ¡QUÉ ZAPATAZO DE SARA ORTEGA PARA ADELANTAR AL ATHLETIC!
Esto acabó desatando un rugido ensordecedor tanto en el césped como en las gradas.  Fue un gol que no solo quebraba la igualdad del marcador, sino que también rompía con cualquier atisbo de conformismo. Un gol que, en su ejecución y contexto, se transformaba en símbolo de valentía.
A partir de ese instante, el partido tomó tintes de una batalla visceral. El Real Madrid, un coloso forjado en victorias y dominio territorial, se encontró con la necesidad urgente de responder.
Pero el Athletic no había venido solo a aguantar; venía a desafiar y a confirmar que el fútbol no entiende de favoritismos ni estadísticas. Y ahí estaba Santana, una y otra vez, levantándose como guardiana de una esperanza que se resistía a menguar.
Cuando las jugadoras del Real Madrid lanzaban sus intentos desde dentro del área, Santana respondía con paradas que solo pueden describirse como milagros tácticos. En verdad, la presión de un disparo intempestivo podía quebrar a cualquier arquera, pero ella mantenía la calma incluso cuando el destino parecía conspirar con la escuadra rival.
Y cuando el balón estaba a punto de cruzar la línea, ahí estaba Laida Landaluze, una defensa vasca que encarnaba el espíritu colectivo, evitando el gol blanco con decisiones propias de un gladiador en el fragor del combate.
El Real Madrid lo intentó con todo: ajustes tácticos, cambios ofensivos como la entrada de Alba Redondo para imprimir aún más peligro en el último tercio del campo, y combinaciones que buscaban el empate desde distintos ángulos. Sin embargo, cada vez que la pelota se aproximaba al área pequeña del Athletic Club , un muro conformado por compromiso defensivo y la figura colosal de Santana emergía para frustrar cada intento.
Con cada parada decisiva y con cada bloqueo defensivo, el Athletic Club se mantenía vivo, alimentando no solo la esperanza del gol de Ortega, sino la certeza de que esa noche no sería una más. El paso de los minutos convirtió esa resistencia en épica, y la épica en realidad tangible. Fue un momento donde el fútbol, en su esencia más pura, mostraba que no siempre gana el favorito, sino aquel que se arriesga, que cree, que lucha y que jamás se rinde.
Sandie Toletti, en el dique seco por lesión desde noviembre, hizo su regreso intentando poner una marcha más al ataque. Por sus botas pasó el último disparo local, que se encontró con la enésima parada de la portera visitante.
El Real Madrid no aprovecha la jornada adelantada para poner aún más tierra de por medio con la Real Sociedad y se queda con las 35 unidades con las que clausuraba la primera vuelta.
Las madridistas volverán a competir este próximo sábado 17, a las 12:00, en la Ciudad Deportiva de Buñol contra el Levante Unión Deportiva . Será su último partido antes de poner rumbo a Castellón para disputar el primer título de la temporada: la Supercopa de España frente al Atlético de Madrid en un derbi de semifinales.
(Fuente: Liga F Moeve)
Por su parte, el Athletic Club de Javi Lerga demostró que este curso va de menos a más y tras un arranque muy complicado ya es séptimo en la Primera División Femenina con 23 puntos en su zurrón, próxima estación, viajar a Canarias para verse las caras con las guerras del Costa Adeje Tenerife Egatesa.
(Fuente: Liga F Moeve)
📋 Ficha técnica |
Real Madrid (0): Misa; Shei García (Alba Redondo 74′), Rocío, María Méndez, Yasmim (Holmgaard 56′); Irune Dorado (Toletti 82′), Angeldahl (Däbritz 56′); Eva Navarro (Pau Comendador 46′), Weir, Athenea (Linda Caicedo 56′); Iris Ashley.
Árbitra: Trujillano Gallardo (Colegio Andaluz). Amonestó a Valero (minuto 14) y Eva Navarro (minuto 37).
Estadio: Alfredo Di Stéfano (Valdebebas). Asistencia: 656 espectadores a un partido entre el Real Madrid y el Athletic Club que se ha disputado sobre una superficie de hierba natural.
Goles |
0-1 Sara Ortega 65’ ⚽️
Vídeo |
🌟 Unas estelares Olatz Santana y Sara Ortega guían al Athletic a su primera victoria en el Alfredo Di Stéfano
El final de una etapa nunca es un simple comunicado cuando se trata de un club que ha hecho de la resistencia, la identidad y la supervivencia una forma de vida. La salida de Javier Aguado como primer entrenador del Madrid CFF no es solo el cierre de un ciclo deportivo, es el punto y seguido de una historia construida en silencio, sin focos, sin presupuestos deslumbrantes y sin red, pero con una idea clara de competición, de pertenencia y de dignidad futbolística. En un ecosistema cada vez más polarizado como el de la Liga F, donde la brecha entre los grandes proyectos y los clubes de estructura modesta se ensancha temporada tras temporada, el paso de Aguado por el banquillo del equipo afincado en Fuenlabrada debe analizarse desde una perspectiva profunda, contextualizada y honesta, porque su rendimiento no puede medirse únicamente en resultados puntuales, sino en la capacidad del equipo para sostenerse, competir y mantenerse fiel a una identidad reconocible en condiciones estructuralmente adversas.
Javier Aguado aterrizó en el Madrid CFF en un contexto complejo, heredando un club que había logrado consolidarse en la élite del fútbol femenino español a base de trabajo, ingenio y una gestión deportiva extremadamente afinada. El Madrid CFF no es un club diseñado para dominar, sino para sobrevivir en un entorno hostil, donde cada temporada es un ejercicio de reinvención. En ese marco, el rendimiento de un entrenador no se evalúa por títulos ni por clasificaciones europeas, sino por su capacidad para maximizar recursos, potenciar futbolistas, construir un equipo competitivo y evitar que la realidad presupuestaria se traduzca en una condena deportiva. Aguado asumió ese reto desde el primer día, con una idea clara de orden, pragmatismo y adaptación constante.
Desde el punto de vista estrictamente competitivo, el Madrid CFF de Javier Aguado fue un equipo reconocible. No siempre brillante, no siempre vistoso, pero sí consistente en su planteamiento. La prioridad fue, desde el inicio, dotar al equipo de una estructura sólida que le permitiera competir cada partido con opciones reales de sumar puntos, independientemente del rival. En una liga donde muchos equipos modestos se ven arrastrados a propuestas defensivas extremas o a renuncias excesivas, el Madrid CFF de Aguado encontró un punto intermedio: defender bien sin dejar de competir con balón cuando el contexto lo permitía.
El rendimiento defensivo fue uno de los pilares fundamentales de su etapa. Aguado construyó un equipo que entendía muy bien las distancias entre líneas, que sabía cuándo replegar y cuándo saltar a la presión, y que rara vez se descomponía de manera colectiva. Incluso en partidos ante rivales de enorme potencial ofensivo, el Madrid CFF mostró una capacidad notable para mantenerse dentro del partido durante muchos minutos, evitando goleadas estructurales y compitiendo hasta el tramo final. Esto no es un dato menor en un campeonato donde la diferencia de talento individual puede traducirse en resultados abultados si no existe una organización sólida.
La evolución del equipo a lo largo de las temporadas bajo la dirección de Aguado también es un aspecto clave para valorar su rendimiento. Lejos de estancarse, el Madrid CFF mostró fases de crecimiento, especialmente en la comprensión del juego con balón. Sin disponer de grandes perfiles creativos de manera constante, el equipo fue capaz de articular ataques coherentes, de encontrar salidas limpias desde atrás en determinados contextos y de aprovechar con inteligencia las transiciones ofensivas. La verticalidad, bien entendida, fue una de las señas de identidad del equipo, no como recurso desesperado, sino como herramienta estratégica.
El trabajo de Aguado con plantillas profundamente condicionadas por la rotación constante de jugadoras es otro de los grandes indicadores de su rendimiento. El Madrid CFF ha sido históricamente un club vendedor, un trampolín para futbolistas que, tras rendir a buen nivel, daban el salto a proyectos con mayor capacidad económica. Cada verano suponía una reconstrucción casi completa del equipo, obligando al cuerpo técnico a empezar de nuevo, a integrar perfiles jóvenes, a acelerar procesos de adaptación y a competir sin margen de error. En ese contexto, mantener al equipo fuera de los puestos de descenso y, en muchos momentos, en una zona relativamente tranquila de la clasificación, es un mérito considerable.
La gestión de jugadoras jóvenes fue uno de los aspectos más destacados del paso de Aguado por el club. Bajo su dirección, muchas futbolistas encontraron continuidad, confianza y un marco competitivo que favoreció su crecimiento. El Madrid CFF se consolidó como un espacio donde el talento emergente podía desarrollarse sin la presión extrema de los grandes clubes, pero con un nivel de exigencia alto. Aguado supo equilibrar la necesidad de resultados con la obligación estructural del club de apostar por perfiles jóvenes, algo que no siempre es compatible en una liga tan exigente.
Desde el punto de vista táctico, el rendimiento del equipo estuvo marcado por la flexibilidad. Aguado no fue un entrenador dogmático. Adaptó sistemas, alturas de bloque y comportamientos según el rival y el momento de la temporada. Se vieron defensas de cuatro y de cinco, mediocampos más físicos o más técnicos según las piezas disponibles, y distintas soluciones ofensivas para paliar la falta de gol en determinados tramos. Esta capacidad de adaptación es especialmente relevante en un equipo que no puede permitirse fichajes correctivos en invierno
Desde las pistas de fútbol sala de Montcada i Reixach hasta el césped del Camp Nou, Claudia Pina Medina ha construido una carrera marcada por la precocidad, el talento natural para el gol y una capacidad poco común para adaptarse y evolucionar. Delantera voraz, canterana ejemplar y símbolo de una generación que ha hecho del Barça una referencia mundial, Pina representa la mezcla perfecta entre formación, ambición y ADN competitivo. Este es el retrato completo de una futbolista que empezó marcando goles antes incluso de saber hasta dónde podía llegar.
(Fuente: Liga F Moeve)
Claudia Pina Medina nació el 12 de agosto de 2001 en Moncada i Reixach, un municipio barcelonés donde el fútbol no era todavía un camino evidente para una niña, pero sí una pasión imposible de contener. Sus primeros pasos no fueron sobre hierba natural, sino en el fútbol sala, un detalle que resulta clave para entender muchas de las virtudes que hoy definen su juego.
En espacios reducidos, con menos tiempo para decidir y mayor exigencia técnica, Pina empezó a desarrollar esa relación casi íntima con el balón que la distingue: controles orientados precisos, golpeos rápidos y una lectura del juego impropia de su edad.
(Fuente: Liga F Moeve)
Ese talento no pasó desapercibido. En 2011, cuando apenas tenía diez años, los ojeadores del RCD Espanyol la detectaron y la incorporaron a su estructura de formación. Fue el primer gran salto de su vida deportiva y, al mismo tiempo, el inicio de una trayectoria marcada por decisiones valientes y retos constantes. Dos años después, en 2013, el Fútbol Club Barcelona llamó a su puerta.
Con solo 12 años, Pina ingresó en el equipo infantil-alevín del Barça, un entorno altamente competitivo en el que no solo debía destacar, sino también adaptarse a una exigencia diaria muy superior.
(Fuente: Liga F Moeve)
La adaptación fue inmediata y contundente. En su segunda temporada como azulgrana, Claudia Pina firmó una cifra que hoy todavía se recuerda como una de las grandes barbaridades goleadoras del fútbol base: 100 goles en 20 partidos. Un promedio de cinco tantos por encuentro que no solo ayudó al equipo a conquistar el campeonato de liga juvenil, sino que situó su nombre en todas las agendas del fútbol femenino español. No era solo una goleadora compulsiva; era una jugadora capaz de decidir partidos por sí sola, de aparecer en los momentos clave y de convertir cada balón suelto en una amenaza.
(Fuente: RFEF)
Ese crecimiento acelerado desembocó, de manera natural, en su debut con el primer equipo. En enero de 2018, con apenas 16 años y cinco meses, Claudia Pina disputó su primer partido oficial con el Barça femenino. Con ese estreno, se convirtió en la jugadora más joven en vestir la camiseta del primer equipo en un partido oficial, un récord que habla tanto de su talento como de la confianza que el club depositó en ella desde muy temprano. En un vestuario plagado de referentes y futbolistas consagradas, Pina comenzó a aprender, observar y sumar minutos en silencio, consciente de que su proceso debía ser gradual.
(Fuente: UEFA)
El verano de 2020 marcó un punto de inflexión en su carrera. En junio, el FC Barcelona anunció la renovación de Claudia Pina hasta 2023, una muestra clara de que el club la consideraba una pieza estratégica de futuro. Sin embargo, apenas un mes después, llegó una decisión tan inteligente como necesaria: su cesión al Sevilla FC durante la temporada 2020-2021. El objetivo era claro: ganar minutos, asumir responsabilidades y competir cada semana como titular en la élite.
En Sevilla, Pina dio un paso adelante decisivo. Se convirtió en una de las titulares habituales del conjunto andaluz, acumulando 32 partidos oficiales entre Liga y Copa. Sus números —10 goles y siete asistencias— reflejan impacto, pero no cuentan toda la historia. En un equipo con menos dominio del balón que el Barça, Claudia tuvo que adaptarse a contextos más físicos, a partidos de mayor desgaste y a situaciones en las que el margen de error era mínimo. Esa experiencia la hizo más completa, más resistente y más consciente de los diferentes registros que exige el fútbol profesional.
(Fuente: Liga F Moeve)
Paralelamente a su carrera en clubes, la trayectoria de Claudia Pina con la selección española ha sido igualmente precoz y brillante. Con solo 14 años, fue convocada por primera vez por Toña Is para la selección sub-16, un hito que confirmaba su condición de talento generacional. En septiembre de 2016 llegó su debut con la selección sub-17 en un torneo UEFA disputado en la República Checa, y lo hizo de manera arrolladora: cinco goles en el torneo, incluido un triplete en su primer partido. Poco después, disputó su primer encuentro oficial en un Mundial sub-17, frente a Jordania, marcando también en su debut.
A finales de 2017, su nombre apareció en una estadística que sorprendió incluso a los más expertos: Claudia Pina fue la máxima goleadora de las selecciones nacionales de la UEFA, sumando mujeres y hombres, con 16 goles en el año natural. Un dato que resume a la perfección su instinto, su regularidad y su capacidad para rendir en cualquier contexto competitivo.
(Fuente: Liga F Moeve))
Con el paso de los años, Pina ha ido asentándose de nuevo en la estructura del FC Barcelona, integrándose en una de las mejores plantillas del mundo. En un equipo dominador, de posesión larga y presión alta, su perfil encaja de forma natural, pero también le exige una evolución constante.
(Fuente: RFEF)
Ya no basta con marcar; hay que interpretar espacios, asociarse, presionar, entender cuándo acelerar y cuándo pausar. Y en ese proceso, Claudia ha demostrado una madurez creciente.
(Fuente: UEFA)
Fuera del terreno de juego, su figura también ha adquirido nuevas dimensiones. Su participación como embajadora en la Queens League con el equipo XBuyer TEAM la ha acercado a nuevos públicos y ha reforzado su imagen como referente de una generación que vive el fútbol desde múltiples plataformas, combinando élite deportiva y visibilidad mediática sin perder autenticidad.
(Fuente: UEFA)
Desde el punto de vista estrictamente futbolístico, Claudia Pina es una delantera con alma de goleadora clásica y recursos modernos. Su posición natural es la de atacante, pero su versatilidad le permite actuar tanto como delantera centro como partiendo desde banda, especialmente desde el costado izquierdo, donde puede perfilarse hacia dentro y buscar el disparo con su pierna dominante.
(Fuente: Getty imágenes)
Una de sus principales virtudes es el remate. Pina finaliza con ambos pies, aunque destaca especialmente por la rapidez de ejecución: necesita muy poco tiempo para armar el golpeo, lo que la convierte en una amenaza constante dentro del área. Su pasado en fútbol sala se nota en los controles orientados en espacios reducidos y en la capacidad para resolver situaciones de uno contra uno en pocos metros.
(Fuente: UEFA)
A nivel táctico, es una jugadora inteligente. Sabe atacar el primer palo, leer segundas jugadas y aparecer desde atrás para sorprender a las defensoras. No es una delantera estática; se mueve constantemente entre líneas, arrastra marcas y genera espacios para sus compañeras. En equipos dominadores como el Barça, su lectura del timing para desmarcarse es especialmente valiosa.
(Fuente: UEFA)
En el apartado asociativo, ha evolucionado notablemente. Si en categorías inferiores destacaba casi exclusivamente por su capacidad goleadora, hoy es una futbolista mucho más completa, capaz de combinar en corto, descargar de espaldas y participar en la circulación ofensiva. Su paso por el Sevilla fue clave para mejorar en este aspecto, obligándola a intervenir más en la construcción y no solo en la finalización.
Defensivamente, Pina aporta trabajo y presión. No es una jugadora física en el sentido tradicional, pero compensa con intensidad, anticipación y compromiso. En sistemas de presión alta, su primer paso y su capacidad para orientar la salida rival son muy útiles.
(Fuente: RFEF )
Como área de mejora, su reto principal sigue siendo la regularidad en minutos y continuidad, algo condicionado por la enorme competencia en el FC Barcelona. También puede seguir creciendo en el juego aéreo y en la toma de decisiones en contextos de máxima velocidad, aunque su progresión en estos aspectos es evidente.
Claudia Pina es, en definitiva, una futbolista hecha en La Masia en el sentido más profundo del término: talento cultivado, paciencia, aprendizaje y una ambición silenciosa que se manifiesta cada vez que pisa el área. Una delantera que ya ha escrito capítulos importantes de su historia, pero que todavía parece estar lejos de su techo. En un fútbol femenino que avanza a pasos agigantados, su nombre sigue siendo sinónimo de gol, futuro y Barça.
Y como toda historia que se escribe desde la excelencia colectiva, la carrera de Claudia Pina también se mide en títulos, en celebraciones compartidas y en noches europeas que han ido forjando su carácter competitivo. Porque aunque su recorrido ha estado marcado por la juventud y la paciencia, su palmarés ya habla el lenguaje de las grandes.
Con el Fútbol Club Barcelona, Claudia Pina ha formado parte de la etapa más gloriosa de la historia del club en el fútbol femenino. Ha levantado múltiples Ligas, siendo testigo y protagonista de una hegemonía sostenida en el tiempo, donde el Barça no solo gana, sino que domina, impone y redefine los estándares del juego. A esas ligas se suman Copas de la Reina, títulos que condensan la exigencia del KO, la presión de los partidos decisivos y la necesidad de aparecer cuando no hay red de seguridad.
Pero si hay un trofeo que eleva cualquier carrera a una dimensión superior, ese es la UEFA Women’s Champions League. Claudia Pina ha saboreado la gloria europea con el Barça, formando parte de una generación que ha convertido al club azulgrana en una potencia continental, respetada y temida en todos los estadios de Europa. No todas las futbolistas pueden decir que han tocado el cielo europeo antes de cumplir los 25 años; Pina sí.
A ese palmarés colectivo se suman Supercopas de España, títulos que reflejan la continuidad del éxito y la capacidad del equipo para reinventarse cada temporada, y que consolidan una vitrina que no deja de crecer. Cada medalla, cada foto con el trofeo, ha sido también una lección de competitividad, de exigencia diaria y de pertenencia a un grupo irrepetible.
(Fuente: Liga F )
En categorías inferiores de la selección española, su historial tampoco se queda atrás. Campeonatos, torneos UEFA, distinciones goleadoras y un reconocimiento temprano como una de las grandes referencias ofensivas del país. Ser la máxima goleadora de selecciones UEFA en un año natural, sumando fútbol masculino y femenino, no es una anécdota: es una declaración de talento puro y consistencia competitiva.
(Fuente: RFEF)
Y sin embargo, lo más poderoso del palmarés de Claudia Pina no está solo en lo que ya ha ganado, sino en cuándo lo ha ganado. Muy joven. Muy pronto. Con margen de crecimiento. Con la sensación permanente de que su mejor versión aún está por venir.
Porque Claudia Pina no es únicamente una futbolista con títulos; es una futbolista moldeada por ellos. Cada liga la ha hecho más exigente, cada Champions más ambiciosa, cada cesión y cada regreso más consciente de su lugar en el fútbol. Ha aprendido a ganar desde el banquillo y desde el césped, a celebrar siendo protagonista y a construir en silencio cuando tocaba esperar.
(Fuente: Liga F Moeve)
El cierre de su historia, por ahora, no es una conclusión, sino una promesa.
La de una delantera que creció marcando goles en pistas de fútbol sala, que rompió registros en el fútbol base, que debutó antes que nadie con el Barça y que entendió que el verdadero éxito no es llegar rápido, sino quedarse. Claudia Pina Medina ya tiene palmarés de campeona, memoria de aprendiz y hambre de futbolista grande.
(Fuente: Fútbol Club Barcelona)
Y mientras el Barça siga atacando, mientras España siga buscando talento y mientras el fútbol femenino continúe escribiendo su revolución, su nombre seguirá apareciendo donde siempre ha sabido estar: cerca del gol, cerca de los títulos y en el corazón de una generación que juega para hacer historia.
🟫 El cuadro blanco y el bilbaíno se medirán este martes 13 de enero a las 19:00 horas en el estadio Alfredo Di Stéfano en el partido adelantado de la decimoséptima jornada de Liga F Moeve. Las madridistas llevan siete partidos seguidos sin perder, mientras que el Athletic Club no pierde desde el 12 de octubre de 2025.
La celebración de la Supercopa de España Iberdrola 2026 en Castellón ha alterado el ecosistema de la Liga Profesional de Fútbol Femenino, teniendo que adelantar dos compromisos de la decimoséptima jornada, uno de ellos este Real Madrid versus Athletic Club en Valdebebas.
(Fuente: Real Madrid)
El duelo se celebrará este próximo martes, 13 de enero de 2026, desde las 19:00 horario peninsular, sobre el césped del Estadio Alfredo Di Stéfano.
DAZN es la OTT británica que tiene los derechos de arena de la Primera División Femenina hasta 2027 y ya ha confirmado que este evento será ofrecido gratis en la plataforma para aquellos aficionados que tengan una cuenta gratuita que se consigue con una simple dirección de correo electrónico.
Hay partidos que no necesitan presentación porque se explican solos desde el contexto, desde la historia reciente, desde la temperatura competitiva que desprenden ambos equipos cuando se cruzan en un mismo horizonte. Este es uno de ellos. El choque entre el conjunto blanco y el Athletic Club no es solo una jornada más en el calendario de la Liga F Moeve, ni siquiera un duelo entre dos equipos en buena dinámica; es una radiografía perfecta del momento que vive la competición, de la consolidación de proyectos que ya no miran al futuro sino al presente, y de una rivalidad que, sin ser histórica en términos de títulos, se ha ido cargando de significado con cada enfrentamiento, con cada pulso, con cada partido que ha dejado huella en la memoria colectiva del fútbol femenino español. Blancas y zurigorris vuelven a encontrarse cuando ambas atraviesan uno de los mejores tramos de la temporada, cuando los números acompañan, cuando la confianza se palpa en cada entrenamiento y cuando el margen de error comienza a estrecharse peligrosamente para quienes aspiran a algo más que competir.
(Fuente: Liga F Moeve)
El conjunto madrileño llega a este enfrentamiento instalado en la segunda posición de la tabla con 35 puntos, una cifra que no solo habla de regularidad, sino de autoridad. Ocho puntos de ventaja sobre el cuarto clasificado y a solo siete del liderato, el equipo dirigido por Pau Quesada ha construido una temporada sólida, madura, con una identidad clara que se sostiene tanto en los resultados como en las sensaciones. No es un segundo puesto circunstancial ni producto de una racha aislada; es la consecuencia directa de un proyecto que ha sabido crecer, resistir golpes y, sobre todo, convertir cada partido en una declaración de intenciones. Las blancas llegan al duelo tras imponerse por 2-0 al Sevilla FC en su último compromiso, un triunfo que no hizo sino reforzar una dinámica imponente: siete partidos consecutivos sin conocer la derrota entre todas las competiciones, con un balance de seis victorias y un empate que habla de un equipo en plena comunión consigo mismo, convencido de su plan y de su capacidad para imponerlo ante cualquier rival.
(Fuente: Liga F Moeve)
Especialmente intimidante resulta su rendimiento como local. El cuadro madrileño es, junto al FC Barcelona, el único equipo que ha ganado todos sus partidos en casa esta temporada, un dato que no admite matices ni interpretaciones. Pleno de victorias, un solo gol encajado ante su afición y la sensación constante de que su estadio se ha convertido en un territorio prácticamente inexpugnable.
(Fuente: Liga F Moeve)
Cada visita es una prueba de resistencia, cada rival sabe que para salir con vida necesita rozar la perfección. No es casualidad, es trabajo, es orden, es compromiso colectivo. Incluso las ausencias, que no son menores, no han conseguido resquebrajar esa fortaleza. Merle Frohms, Maëlle Lakrar, Antonia Silva, Sandie Toletti, Tere Abelleira —aún en proceso de recuperación de una grave lesión de cruzado—, Signe Bruun y Lotte Keukelaar no estarán disponibles para este encuentro, una lista de bajas que en cualquier otro contexto podría suponer un obstáculo insalvable, pero que este equipo ha sabido absorber con naturalidad, demostrando profundidad de plantilla y una resiliencia que define a los grandes conjuntos.
Frente a ellas se planta un Athletic Club que ha vuelto a hacer del carácter, de la constancia y del orgullo competitivo su bandera. Las bilbaínas aterrizan en la cita ocupando la octava posición de la Liga F Moeve con 20 puntos, tras empatar sin goles frente al FC Badalona Women en su último compromiso liguero. Un empate que, lejos de ser interpretado como un freno, sirvió para prolongar una dinámica extraordinaria: nueve partidos consecutivos sin perder entre la competición liguera y la Copa de la Reina, con un balance de cinco victorias y cuatro empates que confirma que este Athletic es un equipo incómodo, rocoso, difícil de doblegar y plenamente consciente de sus virtudes. No es un equipo que deslumbre por cifras goleadoras, pero sí uno que sabe competir cada balón como si fuera el último, que entiende los partidos largos y que no se descompone cuando el guion no le es favorable.
(Fuente: Getty imágenes)
Las de Javier Lerga también llegan con ausencias importantes. Irene Oguiza, Estefa, Patricia Zugasti y Jone Amezaga no podrán estar disponibles, lo que obliga al cuerpo técnico a reajustar piezas y a confiar, una vez más, en la profundidad y el compromiso de un grupo que ha demostrado saber adaptarse a la adversidad. En Bilbao nadie entiende el fútbol sin sacrificio, sin esfuerzo colectivo, sin una identidad reconocible, y este equipo no es una excepción. Cada baja es una oportunidad para otra jugadora, cada dificultad un motivo más para reforzar la cohesión del vestuario.
La historia reciente entre ambos conjuntos añade una capa más de emoción al enfrentamiento. Se han medido en trece ocasiones, con un balance claramente favorable al combinado blanco, que suma once triunfos, por solo dos victorias del Athletic Club. Pero esas dos victorias no son anecdóticas ni olvidables. La primera llegó en los cuartos de final de la Copa de la Reina de la temporada 2019/2020, cuando el conjunto vasco se impuso por 2-1 en un partido cargado de tensión y simbolismo. La segunda se produjo en la competición liguera en la temporada 2021/2022, con un contundente 2-0 que demostró que, cuando el Athletic encuentra su momento, es capaz de golpear incluso a los proyectos más sólidos. Son recuerdos que permanecen, cicatrices competitivas que alimentan el respeto mutuo y la alerta permanente.
En la presente temporada, blancos y zurigorris ya se han visto las caras. Fue en la séptima jornada de la Liga F Moeve, en un escenario tan emblemático como San Mamés. Aquel día, el club madrileño firmó una actuación de autoridad y se llevó la victoria por 1-4, con un doblete de Weir, un gol en propia puerta de Ane Campos y un tanto de Iris Ashley. El Athletic encontró su premio en un espectacular lanzamiento de falta de Nerea Nevado, un gol que levantó a la grada y que simbolizó la rebeldía de un equipo que, incluso en la derrota, se niega a bajar los brazos. Aquel partido dejó muchas lecturas, muchas enseñanzas y la sensación de que este cruce todavía tenía capítulos por escribir.
(Fuente: Liga F Moeve)
Además, el destino podría volver a cruzarlos en la Copa de la Reina si ambos conjuntos superan sus respectivas eliminatorias, un detalle que añade un componente casi narrativo a este enfrentamiento, como si el calendario se empeñara en juntar dos caminos que parecen destinados a encontrarse una y otra vez. Cada partido entre ambos es un examen de madurez, una prueba de carácter y una oportunidad para reafirmar aspiraciones.
Y es que más allá de los números, de las rachas y de las estadísticas, este duelo se sostiene sobre algo mucho más profundo: la convicción de dos equipos que creen en lo que hacen, que han construido su identidad desde lugares distintos pero igualmente válidos, y que llegan al choque sabiendo que no hay margen para la indiferencia. El conjunto blanco defiende su fortaleza como local, su condición de aspirante real a todo, su ambición de seguir presionando al liderato. El Athletic Club defiende su orgullo, su resistencia, su capacidad para incomodar a cualquiera y su deseo de demostrar que las buenas dinámicas no son casualidad.
El escenario está preparado, las piezas colocadas, las historias cruzadas esperando un nuevo capítulo. Cuando el balón eche a rodar, todo lo anterior se convertirá en pasado y solo quedará el presente, ese instante en el que se decide si la lógica se impone o si el fútbol vuelve a recordar que siempre guarda espacio para la épica, para la sorpresa y para los partidos que, sin necesidad de títulos en juego, se ganan un lugar en la memoria. Ese presente que se abre paso cuando el balón comienza a rodar no surge de la nada. Es el resultado de semanas, meses y, en algunos casos, años de trabajo silencioso, de decisiones acertadas y de una idea compartida que se ha ido puliendo partido a partido. En el caso del conjunto blanco, cada encuentro ha servido para reafirmar una personalidad competitiva que hoy se manifiesta con naturalidad. No es un equipo que viva de la inspiración momentánea, sino de la convicción colectiva. Su segundo puesto en la clasificación no es una fotografía estática, es una película en constante movimiento, alimentada por la regularidad, por la capacidad de gestionar los distintos escenarios que plantea la temporada y por una madurez competitiva que se refleja tanto en los grandes partidos como en aquellos encuentros trampa que suelen marcar la diferencia a final de curso.
La dinámica actual del equipo de Pau Quesada es la de un conjunto que ha aprendido a ganar sin necesidad de brillar en exceso, pero que también sabe hacerlo cuando el partido exige valentía, ritmo y ambición ofensiva. Siete partidos consecutivos sin perder no se sostienen únicamente desde la calidad individual; se construyen desde el equilibrio, desde la solidaridad defensiva y desde la lectura precisa de cada momento del juego. Incluso con bajas de peso, el grupo ha sabido reinterpretarse, encontrar soluciones internas y mantener intacta su competitividad. Esa es una de las señales inequívocas de los equipos llamados a pelear por todo: la ausencia de excusas.
El factor campo adquiere aquí una dimensión casi simbólica. Ganar todos los partidos como local, encajar un solo gol en casa, no es solo una estadística favorable, es un mensaje lanzado al resto de la competición. Cada rival que cruza ese umbral sabe que no solo se enfrenta a once jugadoras, sino a una estructura que funciona, a una grada que empuja y a una sensación de seguridad que se contagia. El estadio se convierte en refugio y en fortaleza, en el lugar donde el equipo se reconoce y se reafirma. Para el Athletic Club, romper esa racha sería algo más que sumar puntos: sería un golpe de autoridad, una declaración de que su buen momento no entiende de escenarios ni de contextos.
(Fuente: Liga F Moeve)
Las bilbaínas llegan con esa mentalidad. Nueve partidos sin perder entre Liga y Copa no son fruto de la casualidad ni de un calendario benévolo. Son el reflejo de un equipo que ha sabido reinventarse, que ha encontrado estabilidad en un campeonato exigente y que ha hecho de la consistencia su principal virtud. El empate sin goles ante el FC Badalona Women en la última jornada puede parecer, desde fuera, un resultado discreto, pero para este Athletic supuso una prueba más de su solidez defensiva, de su capacidad para competir incluso cuando el acierto de cara a puerta no acompaña. Alargar la racha, seguir sumando, mantenerse firme: esa es la hoja de ruta. octava posición con 20 puntos sitúa al conjunto vasco en una zona de la tabla que, sin ser protagonista de los titulares, habla de un equipo fiable, difícil de superar y siempre dispuesto a complicar la vida a cualquiera. El Athletic no necesita dominar la posesión para sentirse cómodo, ni marcar primero para creer en la victoria. Su fútbol se construye desde la paciencia, desde el orden y desde la convicción de que cada partido tiene su momento. Esa lectura pausada del juego es la que le ha permitido encadenar resultados positivos y mantenerse con vida en dos competiciones.
Las ausencias, como siempre, forman parte del relato. Irene Oguiza, Estefa, Patricia Zugasti y Jone Amezaga no estarán disponibles, y su falta se notará, pero no condicionará la esencia del equipo. El Athletic es, por definición, un conjunto coral, donde el protagonismo se reparte y donde cada jugadora entiende su rol dentro de un sistema que prioriza el colectivo. Las bajas obligan a ajustar, a reinventar pequeños detalles, pero no alteran el espíritu competitivo que define a este grupo.
Cuando ambos equipos se miran de frente, la historia reciente aparece inevitablemente como telón de fondo. Trece enfrentamientos previos construyen una narrativa que, aunque inclinada hacia el lado blanco, no está exenta de episodios de resistencia y de rebelión por parte del Athletic.
Once victorias del conjunto madrileño podrían sugerir una superioridad clara, pero el fútbol rara vez se explica solo con cifras. Las dos victorias bilbaínas tienen un peso específico enorme porque llegaron en momentos clave, porque rompieron pronósticos y porque demostraron que, en este cruce, nadie puede dar nada por hecho.
Especialmente significativo fue aquel duelo de cuartos de final de la Copa de la Reina 2019/2020. Un partido cargado de tensión, de nervios y de emoción, en el que el Athletic supo competir con inteligencia y corazón para imponerse por 2-1 y dejar fuera a uno de los proyectos más ambiciosos del momento. Aquella noche quedó grabada como un ejemplo de que la Copa es territorio de sorpresas, pero también como un recordatorio de que el Athletic, cuando se siente desafiado, responde con carácter.
El conjunto blanco afronta la cita con la serenidad de quien sabe que ha hecho muchas cosas bien, pero también con la urgencia silenciosa de quien no puede permitirse fallar. La clasificación aprieta por arriba, el liderato no está tan lejos como para renunciar a él, pero tampoco tan cerca como para relajarse. Cada victoria es una declaración, cada tropiezo una oportunidad perdida. En casa, donde el equipo ha construido una fortaleza casi inexpugnable, la responsabilidad se transforma en determinación. No se trata solo de ganar, sino de seguir convenciendo, de reafirmar una identidad que se ha consolidado con el paso de las jornadas.
La victoria liguera de la temporada 2021/2022, un 2-0 incontestable, añadió otro capítulo a esa historia de resistencia. Fue un partido en el que el conjunto vasco se mostró sólido, contundente y eficaz, anulando las virtudes del rival y explotando sus propios recursos con precisión. No fue un triunfo aislado, sino la confirmación de que el Athletic sabe cómo hacer daño a este rival cuando encuentra el contexto adecuado.
Más reciente aún es el enfrentamiento de esta misma temporada, en la séptima jornada de la Liga F Moeve. San Mamés fue testigo de un duelo intenso, de esos que no se olvidan fácilmente. El 1-4 final a favor del club madrileño reflejó la pegada y la eficacia de las blancas, pero también dejó imágenes de un Athletic combativo, orgulloso, capaz de levantarse incluso cuando el marcador no acompaña. El doblete de Weir fue decisivo, la acción desafortunada de Ane Campos en propia puerta inclinó aún más la balanza y el tanto de Iris Ashley terminó de cerrar el partido. Pero el gol de Nerea Nevado, de falta directa, fue algo más que una diana: fue un grito de orgullo, una muestra de que este Athletic nunca se rinde.
Ese partido dejó heridas abiertas y lecciones aprendidas. Para el conjunto blanco, la confirmación de que su plan funciona incluso en escenarios hostiles. Para el Athletic, la certeza de que, ajustando detalles, compitiendo al límite, el margen entre ambos no es insalvable. Cada enfrentamiento suma información, experiencia y motivación para el siguiente.
Y como si el calendario quisiera seguir tejiendo esta historia, la posibilidad de un nuevo cruce en la Copa de la Reina aparece en el horizonte. Si ambos equipos superan sus respectivas eliminatorias, el destino volverá a reunirlos en una competición donde la épica se multiplica y donde cada partido es una final anticipada. Esa posibilidad añade una tensión extra, una sensación de que este duelo liguero es solo una pieza más de un puzzle mayor, de una rivalidad que se está construyendo a base de partidos intensos y memorables.
En este contexto, el enfrentamiento que se avecina adquiere una dimensión que va más allá de los puntos en juego. Es una prueba de fuego para la solidez del conjunto blanco en casa, una oportunidad para el Athletic de confirmar que su buena dinámica no entiende de favoritismos. Es un choque de estilos, de identidades y de ambiciones. Un partido que se juega también en lo emocional, en la memoria reciente y en la convicción de cada vestuario.
Hay encuentros que se juegan mucho antes de que el balón toque el césped, en la cabeza de las futbolistas, en la memoria de los vestuarios y en la intuición de quienes saben leer el fútbol como una historia que nunca se repite del todo. Este es uno de esos partidos. Porque cuando el conjunto blanco y el Athletic Club se preparan para verse las caras, no solo repasan esquemas o analizan vídeos; también revisitan sensaciones, recuerdan episodios pasados y calibran lo que está en juego más allá del marcador. La buena dinámica de ambos equipos no es un simple dato estadístico, es un estado de ánimo colectivo, una forma de encarar cada sesión de trabajo con la convicción de que el esfuerzo tiene recompensa.
Para las blancas, este partido representa la oportunidad de seguir consolidando su condición de aspirante real al título. El segundo puesto, los 35 puntos, la distancia con el cuarto clasificado y la cercanía relativa al liderato no son números que pesen, pero sí que empujan. Cada jornada es una ocasión para presionar, para no fallar, para seguir enviando mensajes claros al resto de la competición. Ganar en casa se ha convertido casi en una obligación autoimpuesta, no desde la presión externa, sino desde la ambición interna. Este equipo ha aprendido a convivir con esa exigencia, a transformarla en estímulo y a utilizarla como motor.
El Athletic, por su parte, llega liberado de ese peso, pero cargado de una responsabilidad diferente: la de demostrar que su racha no es circunstancial, que su crecimiento es real y que su identidad competitiva tiene recorrido. Nueve partidos sin perder no se defienden solos; hay que refrendarlos cada fin de semana, en cada campo, ante cada rival. Visitar el feudo de uno de los equipos más sólidos de la Liga F Moeve es un desafío, sí, pero también una oportunidad. Porque pocas cosas refuerzan más un proyecto que competir de tú a tú en escenarios exigentes y salir con la sensación de haber estado a la altura.
El pulso del partido se intuye intenso, cargado de matices. El conjunto blanco buscará imponer su ritmo, aprovechar la fortaleza que ha mostrado como local y castigar cualquier error con la precisión que le ha caracterizado en las últimas jornadas. El Athletic, fiel a su esencia, tratará de cerrar espacios, de incomodar, de alargar el partido hasta llevarlo a un terreno donde cada duelo individual cobre importancia. Será un choque de paciencia contra determinación, de iniciativa contra resistencia, de ambición declarada contra orgullo competitivo.
Las ausencias volverán a aparecer como un factor narrativo, pero no determinante. Las blancas han demostrado que pueden adaptarse a un contexto sin nombres importantes, que el colectivo está por encima de las individualidades y que el sistema es lo suficientemente sólido como para absorber bajas sensibles. La recuperación de Tere Abelleira avanza, pero su ausencia sigue recordando que este equipo también ha tenido que aprender a sobreponerse a golpes duros, a lesiones que alteran planes y a reajustes que ponen a prueba la profundidad de la plantilla. Cada partido sin ella es, en cierto modo, un ejercicio de madurez.
En el Athletic, las bajas obligan a apelar una vez más al carácter. No es la primera vez que este grupo se enfrenta a un escenario adverso, ni será la última. La historia del club está plagada de ejemplos de resiliencia, de equipos que han sabido competir contra todo y contra todos. Esa herencia pesa, pero también impulsa. Cada jugadora que salte al campo lo hará sabiendo que representa algo más que a sí misma, que forma parte de una cadena que se extiende en el tiempo y que se alimenta de valores reconocibles.
El recuerdo del enfrentamiento en San Mamés sigue presente, no como una herida abierta, sino como un aprendizaje. Para el conjunto blanco, aquel 1-4 confirmó que su propuesta funciona incluso en ambientes exigentes, que sabe gestionar la presión de escenarios grandes y que puede golpear con contundencia cuando encuentra espacios. Para el Athletic, fue una llamada de atención, una invitación a ajustar detalles, a corregir errores y a reafirmar su identidad sin renunciar a la ambición. El gol de Nerea Nevado, de falta directa, sigue siendo una imagen recurrente, un recordatorio de que este equipo tiene recursos, talento y orgullo.
La posible repetición del duelo en la Copa de la Reina añade una capa extra de tensión. Saber que este no es un cruce aislado, que podría haber más capítulos en el horizonte, condiciona la forma de afrontar el partido. No se trata solo de ganar o perder, sino de enviar mensajes, de marcar territorio, de dejar claro que, pase lo que pase, este enfrentamiento no se olvida fácilmente. Cada acción, cada duelo, cada gesto adquiere un significado mayor cuando se piensa en lo que puede venir después.
Y en medio de todo, la Liga F Moeve sigue su curso, exigiendo regularidad, castigando cualquier despiste y premiando a quienes saben mantenerse firmes en los momentos clave. Este partido se inserta en ese contexto de máxima exigencia, donde cada punto cuenta y donde los márgenes se reducen jornada tras jornada. Para las blancas, sumar de tres es una necesidad estratégica; para el Athletic, puntuar sería un refuerzo emocional enorme, una confirmación de que su camino es el correcto.
El fútbol femenino español vive un momento de madurez, de crecimiento sostenido, y partidos como este son el mejor escaparate de esa evolución. Dos equipos en forma, dos proyectos sólidos, dos identidades claras enfrentándose sin complejos. No hay artificios, no hay promesas vacías: hay fútbol, hay competición y hay una historia que sigue escribiéndose cada vez que blancas y zurigorris comparten césped.
La cuenta atrás avanza, el escenario se llena de significado y la expectativa crece. Porque cuando el balón vuelva a rodar, todo lo construido hasta ahora —las rachas, las estadísticas, los precedentes— quedará en suspenso durante noventa minutos que prometen ser intensos, disputados y cargados de emoción.
Porque hay partidos que no necesitan adornos ni promesas grandilocuentes para justificar su importancia. Basta con observar el momento exacto en el que se cruzan los caminos de ambos equipos, con entender el punto de madurez al que han llegado y con leer entre líneas lo que cada uno se juega cuando salta al césped. Este duelo entre blancas y zurigorris pertenece a esa categoría de encuentros que explican una temporada entera, que condensan meses de trabajo en noventa minutos y que dejan huella más allá del resultado final.
(Fuente: Liga F Moeve)
Este equipo ha aprendido a competir desde la madurez, a entender que no todos los partidos se ganan del mismo modo y que, en ocasiones, la paciencia es tan importante como el talento. Las bajas han obligado a reajustes, a nuevas jerarquías, a asumir roles diferentes, y lejos de debilitar al grupo, lo han fortalecido. Cada ausencia ha sido un reto, cada reto una oportunidad para crecer. El colectivo ha respondido, y eso se nota en el campo, en la seguridad con la que se mueven las piezas, en la confianza con la que se toman decisiones incluso en los momentos de mayor tensión.
El Athletic Club llega a este escenario con una narrativa distinta, pero no menos poderosa. Su buena dinámica no responde a un pico puntual de rendimiento, sino a una línea ascendente construida desde la constancia y el compromiso. Nueve partidos sin perder no se explican solo desde lo futbolístico; hablan de un vestuario unido, de una idea clara y de una capacidad notable para competir en contextos diversos. Este Athletic ha aprendido a sobrevivir, a resistir y a golpear cuando se presenta la ocasión. No necesita dominar para sentirse cómodo, ni imponer para sentirse fuerte. Su fortaleza reside en la convicción de que, mientras el partido siga abierto, todo es posible.
Visitar el campo de uno de los equipos más sólidos de la Liga F Moeve no intimida a un grupo acostumbrado a los desafíos. Al contrario, lo estimula. Porque pocas cosas definen mejor a este Athletic que su capacidad para crecer en la dificultad, para convertir cada obstáculo en una motivación adicional. Las bajas forman parte del camino, pero no alteran el espíritu competitivo. Cada jugadora que entra sabe que tiene una responsabilidad, que representa una forma de entender el fútbol y que cada duelo es una oportunidad para reafirmar esa identidad.
(Fuente: UEFA)
La historia compartida entre ambos equipos actúa como un eco constante. Trece enfrentamientos, once victorias blancas y dos triunfos bilbaínos dibujan un marco claro, pero no determinante. Porque en el fútbol, y especialmente en el fútbol femenino, la historia pesa lo justo. Sirve para recordar, para aprender, para respetar, pero nunca para sentenciar. Las victorias del Athletic, especialmente aquellas logradas en contextos de máxima exigencia como la Copa de la Reina, siguen siendo un recordatorio de que este cruce nunca es previsible. Que la lógica puede imponerse, sí, pero que siempre hay espacio para la épica.
El recuerdo del 1-4 en San Mamés esta temporada añade picante al duelo. Aquella tarde dejó claro que el conjunto blanco sabe castigar, que tiene recursos ofensivos y que no tiembla en escenarios grandes. Pero también dejó la sensación de que el Athletic, incluso en la derrota, fue fiel a sí mismo. El gol de Nerea Nevado, ejecutado con precisión desde la falta directa, sigue siendo una imagen simbólica: la de un equipo que no se resigna, que pelea hasta el final y que siempre busca dejar su huella.
Este nuevo enfrentamiento no es una revancha en sentido estricto, pero sí una oportunidad para reescribir el guion. Para las blancas, la ocasión de reafirmar su dominio y de seguir construyendo una temporada que apunta alto. Para las zurigorris, el desafío de demostrar que su crecimiento es real, que pueden competir de tú a tú incluso en los escenarios más exigentes y que su buena dinámica no entiende de etiquetas ni de favoritismos.
El contexto de la Liga F Moeve amplifica cada emoción. Es una competición que no perdona la irregularidad, que exige constancia y que premia a quienes saben mantenerse firmes cuando llegan los momentos decisivos. Este partido se inscribe en ese tramo de la temporada donde cada jornada pesa un poco más, donde los puntos se vuelven más valiosos y donde las sensaciones pueden marcar el devenir de las semanas siguientes. Ganar refuerza, perder obliga a reaccionar, empatar deja preguntas abiertas. Nada es neutro.
Y en medio de todo eso está el espectador, el aficionado que entiende que este tipo de partidos no se miden solo por el marcador final. Son encuentros que se viven, que se sienten, que se recuerdan. Partidos que condensan rivalidad sana, respeto mutuo y ambición compartida. Blancas y zurigorris representan dos formas de competir, dos identidades claras que se encuentran en un punto común: la voluntad de no ceder ni un centímetro.
Cuando el balón eche a rodar, todo lo anterior se transformará en presente puro. Las rachas quedarán suspendidas, las estadísticas perderán peso y solo importará lo que ocurra en el césped. Cada carrera, cada duelo, cada decisión contará. Y cuando el partido termine, más allá del resultado, quedará la sensación de haber asistido a uno de esos enfrentamientos que explican por qué este deporte sigue emocionando, por qué la Liga F Moeve crece y por qué el fútbol femenino se ha ganado, a base de partidos como este, el derecho a ser vivido con intensidad y pasión.
Porque hay citas que no se pueden contar después, que hay que vivirlas mientras suceden. Y este cara a cara entre blancas y zurigorris es una de ellas. Un partido que reúne forma, historia, ambición y carácter. Un duelo que no admite distracciones, que exige atención plena y que promete escribir un nuevo capítulo en una rivalidad que sigue creciendo. El escenario está listo, las protagonistas preparadas y el fútbol, una vez más, dispuesto a recordarnos que los grandes partidos no se explican: se juegan.