
🟧 El líder y último ganador de la Liga F se impuso por 12-1 al Madrid CFF en el Johan Cruyff.

El sábado 10 de enero, cuando el reloj marque las siete de la tarde y el invierno ya haya asentado su silencio sobre Sant Joan Despí, el Johan Cruyff volverá a convertirse en un escenario donde el tiempo parece comprimirse, donde pasado, presente y futuro del fútbol femenino español se dan la mano durante noventa minutos que siempre pesan más de lo que indica el calendario. FC Barcelona y Madrid CFF se citan en un partido que, más allá de la clasificación, encierra muchas de las tensiones emocionales, históricas y competitivas que han ido moldeando la Liga F Moeve en los últimos años. Un duelo que se podrá seguir a través de DAZN y Movistar+, pero que, como ocurre con los grandes encuentros, se juega también en la memoria colectiva de una competición que ha crecido a base de relatos como este.
El Barcelona llega al nuevo año con la obligación autoimpuesta de ganar siempre, una exigencia que no se negocia y que se ha convertido en parte estructural de su identidad. Líderes al cierre del parón navideño, las azulgranas han transitado la primera mitad del curso con la autoridad de quien sabe que cada partido es una reválida pública, un examen permanente frente a rivales que se miden contra el mejor equipo de Europa como si fuera una final. En el Johan Cruyff no se juega solo para sumar tres puntos; se juega para sostener una hegemonía, para reafirmar una manera de entender el fútbol que ha trascendido resultados y ha convertido cada encuentro en una declaración estética y competitiva.
Pero este Barcelona no llega intacto al regreso liguero. Las ausencias pesan, no solo en lo futbolístico sino en lo simbólico. Patri Guijarro, Salma Paralluelo y Aitana Bonmatí, nombres que definen una era, no estarán disponibles, y su sola mención basta para entender la magnitud del desafío. No es habitual hablar de un Barça sin el pulso de Patri en la base, sin la verticalidad eléctrica de Salma ni la inteligencia total de Aitana, una futbolista que ha elevado el concepto de centrocampista a una categoría casi filosófica. A ello se suma la duda de Cata Coll, una guardameta que representa la continuidad de una portería históricamente exigente y que ha sabido hacer suyo un puesto donde cada error se amplifica bajo el foco del favoritismo. El Barça, aun así, no se detiene. No puede. La estructura está diseñada para resistir, para reinventarse, para seguir avanzando incluso cuando algunas de sus piezas más brillantes faltan al tablero.
Enfrente estará un Madrid CFF que ha aprendido a vivir sin complejos, que ha hecho de la estabilidad y del trabajo silencioso una forma de competir contra cualquiera. Séptimas en la tabla, con 23 puntos y la mirada puesta en unos puestos europeos que no son una quimera sino una ambición razonable, las madrileñas llegan al Johan Cruyff en uno de los mejores momentos de su temporada. El triunfo antes de Navidad ante el Eibar en la Copa de la Reina no fue solo un billete a la siguiente ronda; fue una confirmación de carácter, una victoria trabajada que reforzó la idea de que este equipo sabe sufrir, sabe levantarse y sabe competir cuando el contexto se vuelve incómodo.
El Madrid CFF ha perdido solo uno de sus últimos cuatro partidos ligueros, una racha que no se construye por casualidad. Es el resultado de una propuesta coherente, de una plantilla que entiende lo que quiere su entrenador y de un grupo que ha encontrado en la regularidad su principal virtud. Javier Aguado ha dotado al equipo de una identidad reconocible, basada en el orden, en la solidaridad defensiva y en la capacidad de castigar al rival cuando se abren espacios. No es un equipo que viva de fogonazos; es un conjunto que crece partido a partido, que sabe leer los momentos y que no se descompone ante escenarios de máxima exigencia.
Y el Johan Cruyff lo es. Jugar allí implica asumir que el balón no será siempre propio, que la presión será alta, constante, casi asfixiante, y que cada error puede convertirse en una ocasión en contra. Pero también implica la oportunidad de escribir una página que no todos pueden firmar. El Madrid CFF ya sabe lo que es ganar al Barcelona. Aquella tarde del 21 de mayo de 2023, en el estadio Fernando Torres, permanece como un hito imborrable. No fue solo una victoria por 2-1; fue la demostración de que incluso los gigantes pueden caer, de que el fútbol femenino español tiene espacio para la sorpresa y de que la distancia entre proyectos, aunque real, no es insalvable cuando se conjugan convicción, orden y valentía.
Ese recuerdo flota inevitablemente en el ambiente, aunque nadie lo mencione en voz alta. Para el Barça, es una advertencia silenciosa: la historia no garantiza el futuro. Para el Madrid CFF, es una fuente de confianza: ya se ha hecho antes, se puede volver a intentar. No se trata de nostalgia ni de revancha, sino de la certeza de que los partidos se juegan, no se heredan. Cada balón dividido, cada transición, cada parada, construirá un relato nuevo, independiente de lo ocurrido hace casi dos años.
El contexto competitivo añade capas al enfrentamiento. La Liga F Moeve ha entrado en una fase donde cada jornada empieza a pesar doble. El margen de error se reduce, las dinámicas se consolidan y los objetivos se definen con mayor claridad. Para el Barcelona, ganar es una obligación que no admite matices. Cualquier tropiezo se analiza con lupa, se convierte en debate nacional y alimenta el discurso de quienes esperan una grieta en su dominio. Para el Madrid CFF, puntuar en el Johan Cruyff sería un golpe de autoridad, un mensaje claro a sus competidores directos y una inyección de confianza para afrontar la segunda mitad del curso con aspiraciones renovadas.
El partido se jugará, además, en un contexto emocional particular. El regreso tras el parón navideño siempre es un territorio incierto. Las rutinas se rompen, el ritmo competitivo se interrumpe y el primer partido del año funciona como un termómetro inmediato. No hay tiempo para ajustes progresivos. Desde el primer minuto, el Barcelona buscará imponer su circulación, su presión tras pérdida, su ocupación racional de los espacios. El Madrid CFF, por su parte, tratará de resistir ese primer envite, de no conceder ventajas tempranas y de encontrar, poco a poco, su sitio en el partido.
En este tipo de encuentros, los detalles adquieren una importancia capital. Una salida limpia desde atrás, una cobertura bien ejecutada, una falta lateral defendida con concentración absoluta. El Barcelona ha construido gran parte de su hegemonía desde la precisión, desde la capacidad de minimizar errores y maximizar virtudes. El Madrid CFF sabe que su margen es menor, que necesitará un partido casi perfecto para competir hasta el final. Pero también sabe que el fútbol no entiende de imposibles cuando se juega con convicción.
El Johan Cruyff, con su cercanía al césped y su atmósfera particular, amplifica cada acción. El público, acostumbrado a la excelencia, empuja sin estridencias pero con una exigencia constante. No es un estadio hostil, pero sí es un lugar donde el visitante siente que cada segundo sin balón es una prueba de resistencia mental. Para el Madrid CFF, gestionar esa presión será tan importante como cualquier planteamiento táctico.
A medida que avancen los minutos, el partido irá escribiendo su propio guion. Puede que el Barcelona encuentre pronto el camino al gol y trate de convertir el encuentro en un ejercicio de control. Puede que el Madrid CFF resista, se haga fuerte y logre llevar el partido a un terreno más incómodo, donde el paso del tiempo juegue a su favor. En cualquier caso, será un duelo de voluntades, de interpretaciones del juego y de estados de ánimo.
Más allá del resultado, este partido habla del momento que vive el fútbol femenino español. De una liga donde el líder convive con proyectos que crecen, que se organizan y que compiten con argumentos. De un campeonato que ya no se explica solo desde la superioridad de uno, sino desde la capacidad de los demás para desafiarla. Barcelona y Madrid CFF representan dos realidades distintas, pero complementarias, necesarias para que la competición siga avanzando.
Cuando el árbitro señale el final, el marcador dirá una cosa y la clasificación reflejará otra. Pero lo que quedará será la sensación de haber asistido a un nuevo capítulo de una historia en construcción. Un sábado de enero, a las siete de la tarde, en el Johan Cruyff, donde el fútbol femenino volverá a demostrar que su grandeza no depende solo de los títulos, sino de la capacidad de cada partido para contar algo que merezca ser recordado.

✨ Vuelve la Liga Profesional de Fútbol Femenino ✨
🏆 Liga F Moeve 2025-2026
🔥 F.C. Barcelona 🆚 Madrid CFF 🔥
⏰ 19:00 horario peninsular
📺 DAZN 1 (Dial 70)
🏟️ Estadi Johan Cruyff , Barcelona

#LigaFMoeve | #BarçaMadridCFF
Los onces |
Era su primer gol con el primer equipo. Un momento que jamás olvidará. La celebración, contenida pero emocionada, contrastaba con el cansancio del rival. El Johan respondió con un aplauso sincero. Porque incluso en una goleada descomunal, hay espacio para las historias personales.
Gemma
Paredes
Sydney
Marta
Alexia
Clàudia Serrajordi
Pajor
Kika
Aïcha
Brugts
Carla Julià
Paola Ulloa
Nuria Mendoza
Sandra Villafañe
Mónica Hickmann
Allegra Poljak
Malou Marcetto
Marina Rivas
Hildur Antonsdóttir
Kamilla Melgard
Emilie Nautnes
Ángela Sosa
El Barcelona llegaba a este encuentro con una aparente fragilidad que, paradójicamente, lo hacía todavía más temible. No estaban en el once inicial Mapi León, Cata Coll ni Ona Batlle, las tres con el alta médica en la previa pero resguardadas inicialmente en el banquillo. Tampoco figuraban en la convocatoria Laia Aleixandri ni Caroline Graham Hansen, y la enfermería seguía alojando nombres capitales como Aitana Bonmatí, Patri Guijarro y Salma Paralluelo.
Cualquier otro equipo habría acusado semejante lista de ausencias. Este Barcelona, no.
Porque el Barça femenino actual no es solo una suma de individualidades excepcionales. Es una estructura, una idea, un modelo de juego tan interiorizado que sobrevive a las lesiones y a las rotaciones. Un equipo que no necesita presentarse con todos sus cromos para imponer su ley. Un colectivo que ha convertido la excelencia en costumbre y la ambición en rutina.
Las cifras lo avalaban: 42 puntos sobre 45 posibles, una única derrota —el 1-0 en Zubieta ante la Real Sociedad— y la sensación permanente de que cada partido es una oportunidad para enviar un mensaje al resto de la competición. Además, el contexto competitivo empujaba: entre semana esperaba el Atlético de Madrid, en una jornada adelantada por la participación de ambos en la Supercopa de España en Castellón. No había margen para la relajación.
Enfrente, el Madrid CFF llegaba con la mochila cargada de orgullo, pero también con la crudeza de una Liga que no perdona errores ante los gigantes. El conjunto madrileño, históricamente reconocido como uno de los equipos que mejor presiona de la Liga F, afrontaba el duelo con la intención de competir, de resistir y, sobre todo, de no traicionarse a sí mismo.
Pero la distancia entre ambos proyectos, hoy por hoy, es abismal. No por falta de trabajo, ni de identidad, ni de compromiso en el club presidido por Alfredo Ulloa, sino por una realidad estructural que atraviesa al fútbol femenino español: presupuestos, profundidad de plantilla, capacidad de rotación y experiencia en la élite europea.
El reto era mayúsculo. Y el escenario, imponente. El Johan Cruyff, convertido ya en un teatro habitual de exhibiciones, acogía el partido con la sensación de que algo grande podía suceder. Lo que nadie imaginaba —ni siquiera los más optimistas culés— era la magnitud del vendaval que estaba a punto de desatarse.
Barcelona dejó claro que no había concesiones. Ritmo altísimo, posesión asfixiante, presión tras pérdida milimétrica y una voracidad ofensiva que no admite treguas. El plan de Pere Romeu fue ejecutado con una precisión quirúrgica.
El Madrid CFF apenas tuvo tiempo para asentarse. Cada intento de salida era abortado. Cada balón dividido caía del lado azulgrana. El equipo madrileño se vio obligado a correr detrás del balón, a defender muy cerca de su área y a resistir una marea que no dejaba respirar.
No había desconfianza en el Barça, pero sí respeto. Y el respeto, en este equipo, se traduce en no levantar el pie del acelerador.
Los primeros avisos llegaron pronto. Brugts y Alexia Putellas comenzaron a encontrar espacios, a probar desde fuera, a medir la resistencia visitante. El Madrid CFF sufría, reculaba, trataba de achicar agua. Pero las grietas empezaban a aparecer.
Corría el minuto 9 cuando el partido dio su primer giro definitivo. Un pase de Serrajordi encontró a Ewa Pajor, que atacó el espacio con determinación. La polaca encaró, regateó a Paola Ulloa y definió a placer para abrir la lata con el 1-0.
El Johan celebró, pero lo hizo con la naturalidad de quien sabe que aquello era solo el comienzo.
Lejos de gestionar la ventaja, el Barça apretó más. Quiso más. A los 20 minutos, Alexia puso un centro medido, Serrajordi lo peinó, Ulloa despejó como pudo… y de nuevo apareció Pajor, la depredadora del área, para empujar el balón casi sin querer, 2-0 y el golpe ya era serio.
Y apenas cuatro minutos después, emergió una de las historias más simbólicas de la tarde.
Carla Julià, lateral izquierda de formación, tuvo que actuar como extremo derecha por necesidades del guion.
Lejos de esconderse, la canterana firmó una acción de pura calidad. Ganó el balón, se inventó un caño delicioso y sacó un zurdazo imposible para Paola Ulloa para el 3-0 en el minuto 21.
El Johan se puso en pie. No solo por el gol, sino por el mensaje: aquí hay futuro, aquí hay cantera, aquí hay jerarquía.
El Madrid CFF ya estaba grogui. Pero el vendaval no había terminado. Ni mucho menos.
Cada intento de reacción era sofocado antes de nacer. Cada balón recuperado se perdía casi de inmediato. El campo se inclinaba, y lo hacía de manera irreversible. El Barça había convertido el partido en un monólogo.
Un ejercicio de dominio absoluto en el que la pelota circulaba con velocidad, los apoyos aparecían siempre a tiempo y la presión tras pérdida funcionaba como una red que atrapaba cualquier conato de salida madrileña. No había espacios. No había pausas. No había refugio.
El cuarto golpe no tardó en llegar, y lo hizo de la forma más cruel para un equipo que ya estaba al borde del colapso. Una indecisión en la salida de balón del Madrid CFF fue castigada sin contemplaciones. Serrajordi, atenta, intensa y decidida, robó el balón, dejó atrás a Mónica Hickmann con un caño que simbolizaba el desajuste defensivo visitante y definió con un zurdazo seco y colocado para el 4-0 en el 25 de juego.
No era solo el marcador. Era la forma. El Madrid CFF ya no defendía con orden, sino por instinto. Achicaba agua como podía, pero cada despeje caía en pies azulgranas. Cada línea se hundía un poco más. El plan inicial había quedado pulverizado
El conjunto local era ya un auténtico huracán. El Johan Cruyff vibraba con cada ataque, consciente de estar presenciando algo extraordinario. Y en medio de ese torbellino apareció otra protagonista.
En la banda, el cuerpo técnico del Madrid CFF buscaba soluciones que no llegaban. El daño era estructural. El Barça atacaba por fuera y por dentro, con desmarques constantes, con llegadas desde segunda línea y con una movilidad que desbordaba cualquier intento de ajuste.
Lejos de bajar el ritmo, el Barcelona siguió acelerando. Y de nuevo Carla Julià fue protagonista. La joven futbolista, hiperactiva, incisiva y valiente, firmó una acción que simbolizaba su crecimiento futbolístico. Recibió, levantó la cabeza y puso un centro al corazón del área. Allí, como si el tiempo se detuviera, apareció Ewa Pajor.
La polaca conectó un remate de cabeza impecable, imposible para la capitana visitante. 5-0 en el minuto 37 del partido.
El Johan explotó de júbilo. Pajor celebró con rabia contenida. El Madrid CFF, mientras tanto, ya solo pensaba en que el descanso llegara cuanto antes.
Pero el Barcelona no estaba dispuesto a conceder ni un segundo de alivio. La conexión Serrajordi–Pajor volvió a aparecer, como una pesadilla recurrente para la zaga madrileña. Centro preciso de la catalana, desmarque perfecto de la polaca y remate a la jaula. 6-0. La manita ya era historia, pero el marcador seguía creciendo.
El tramo final del primer acto se convirtió en una sucesión de escenas difíciles de asimilar. Brugts, en el minuto 43, puso un centro que nadie llegó a tocar, pero que terminó directamente en el fondo de las mallas ante la estupefacción del banquillo visitante. El balón parecía guiado por una fuerza invisible en el 7-0.
Y cuando parecía que el descanso pondría fin al castigo, llegó uno de esos momentos que resumen la crueldad del fútbol.
El pitido que señalaba el final del primer tiempo fue casi un alivio. Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con una sensación inequívoca: el Barcelona había firmado una de las primeras partes más demoledoras de su historia, mientras que el Madrid CFF había sido arrollado por una realidad imposible de maquillar.
El marcador no solo reflejaba superioridad. Reflejaba una brecha estructural, un choque de mundos, un ejercicio de poder absoluto.
El descanso llegó como un refugio momentáneo para un Madrid CFF noqueado, que necesitaba algo más que instrucciones tácticas para recomponerse. El marcador era una losa, pero el fútbol —incluso en las tardes más crueles— siempre deja espacio para el orgullo, para el gesto simbólico, para la resistencia mínima que dignifica la derrota.
En el otro vestuario, Pere Romeu no se permitió la complacencia. El técnico azulgrana entendió que el partido ya no se jugaba solo en el resultado, sino en el mensaje. Y el mensaje del Barcelona en este 2026 era inequívoco: no se negocia la ambición.
El entrenador culé redefinió la defensa tras el descanso. Dio entrada a Ona Batlle y Mapi León, ambas saliendo de lesión. No era solo una cuestión de rotación o de carga de minutos; era una declaración de intenciones. El Barcelona quería seguir compitiendo como si el marcador estuviera en blanco, Sin embargo, el fútbol siempre guarda ironías.
Apenas cuatro minutos después de la reanudación, el Madrid CFF encontró un pequeño resquicio de luz en medio de la tormenta. Poljak ganó la partida a Batlle, atacando el espacio con decisión. El balón llegó a Nautnes, que se anticipó a Mapi León y batió a Font con frialdad. 7-1en el minuto 49.
Fue el gol del honor. Un tanto que no cambiaba la historia del partido, pero sí ofrecía una imagen distinta del Madrid CFF: la de un equipo que, aun derrotado, no se rindió del todo. Durante unos instantes, el encuentro pareció entrar en una fase de pausa, casi de cortesía que duró muy poco.
El Barcelona no tardó en recordar quién mandaba. Tres minutos después, una acción dentro del área terminó con un penalti cometido por Antonsdóttir sobre Carla Julià. La joven canterana, omnipresente durante toda la tarde, volvió a ser determinante.
Alexia Putellas asumió la responsabilidad. Serenidad, liderazgo y precisión. La capitana no falló y puso el 8-1 en el minuto 52. El Johan volvió a rugir. No había espacio para la duda ni para la compasión. El duelo seguía siendo desigual, sin paliativos.
Pasada la hora de juego, el partido abrió una ventana para los cambios. Entraron en el campo Ainoa Gómez y Martret, dos nombres llamados a dejar su huella en una tarde que ya era histórica.
El Barcelona no bajó el ritmo. Al contrario. Cada jugadora que ingresaba lo hacía con la determinación de quien sabe que está ante una oportunidad irrepetible.
La protagonista absoluta del partido seguía siendo Ewa Pajor. La delantera polaca firmó su cuarto gol tras una gran conducción de Kika Nazareth y un centro preciso de la portuguesa. Pajor atacó el balón con el instinto de las grandes goleadoras y lo envió a la red. 9-1 en el minuto 58.
Al borde de la hora de juego, cualquier atisbo de emoción había desaparecido. No era una cuestión de rivalidad. Era un ejercicio de poder.
La comparación era inevitable. Por la mañana, el Atlético de Madrid y la Real Sociedad habían ofrecido un vibrante 5-5, un partido lleno de alternativas, tensión y emoción. En el Johan, en cambio, el guion era otro. Aquí no había suspense. Solo una exhibición.
El minuto 68 dejó una de esas imágenes que justifican el fútbol más allá del marcador. Ainoa Gómez, canterana, aprovechó un balón suelto en el área tras un córner y lo envió al fondo de la red. 10-1.
La cuenta no se detuvo ahí. Sydney Schertenleib, que ya había marcado en la primera mitad, volvió a aparecer con un gran disparo desde dentro del área. El balón superó a Paola Ulloa, que poco más podía hacer en una tarde para el olvido por culpa del 11-1.
La penúltima escena llegó con la firma de Clàudia Pina. La atacante se unió a la fiesta con un testarazo potente, imposible para la guardameta visitante. El público cantó gol por última vez en la velada, cuando el reloj marcaba el minuto 81. 12-1.
Pudo haber llegado el decimocuarto. La canterana azulgrana estrelló una falta directa en la cruceta, en una de las últimas acciones del partido. No quiso entrar. Quizá el fútbol decidió poner un límite simbólico a una tarde que ya había cruzado todas las fronteras.
El Madrid CFF estaba exhausto. Cada llegada azulgrana era una amenaza real. La defensa, desbordada desde hacía mucho, ya solo podía esperar el final.

El pitido final certificó una de las mayores goleadas de la historia del Barcelona femenino. La segunda mejor marca del club. La tercera mejor de la Liga F Moeve.

📋 Ficha técnica |
FC Barcelona: Gemma, Paredes ( 45’ Mapi León), Sydney, Marta, Alexia (60’ Pina), C. Serrajordi (60’ Martret), Pajor, Kika, AÏcha (45’ Ona Batlle), Brugts (61’ Ainoa Gómez), Carla Julià.
Madrid CFF: Paola, Mendoza, Villafañe, Monica, Allegra (62’ Alba Ruiz), Marina (73’ Serrano), Marcetto, Hildur, Melgard, Nautnes, Sosa (62’ Freja).
Árbitra: Olatz Rivera Olmedo
Goles|
1-0 Ewa Pajor 9’ ⚽️
2-0 Ewa Pajor 21’ ⚽️
3-0 Carla Júlia 25’ ⚽️
4-0 Sídney 28’ ⚽️
5-0 Ewa Pajor 38’ ⚽️
6-0 Brugts 43’ ⚽️
7-0 Nuria Mendoza (P.P.) 45’⚽️
7-1 Nautness 49’ ⚽️
8-1 Alexia Putellas (P.) 52’ ⚽️
9-1 Ewa Pajor 58’ ⚽️
10-1 Ainhoa Gómez 68’ ⚽️
11-1 Sydney 71’ ⚽️
12-1 Claudia Pina 81’ ⚽️
Vídeo |






























