Categoría: Fútbol Europeo

  • Oficial | La Liga F Moeve despide el año (2025) celebrando un curso histórico para el fútbol femenino

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ Con el inicio de un nuevo año, desde Liga F queremos mirar atrás para hacer balance de 2025 y agradecer y celebrar junto a toda la familia del fútbol femenino un curso que ha dejado momentos para la historia. Futbolistas, clubes, directivos, cuerpos técnicos, árbitras, aficiones, operadores audiovisuales, medios de comunicación e instituciones han sido parte esencial de un año que confirma que el fútbol femenino en España sigue creciendo con paso firme. Queremos agradecer especialmente a nuestros patrocinadores: Moeve, PUMA, Volkswagen, GSK, EA Sports, Mahou, Solán de Cabras, PANINI y Educa Borrás, por acompañarnos en este camino.

    La Liga Profesional de Fútbol Femenino ha emitido de manera oficial una nota de prensa, de carácter institucional, en la que lanza un mensaje positivo en relación a la Primera División Femenina.

    El 2025 ha sido el año en el que el fútbol femenino español confirmó de una vez por todas su madurez desde su llegada al nivel profesional en 2022.

    El fútbol femenino español cierra 2025 con la sensación inequívoca de haber cruzado una frontera histórica. No ha sido solo una temporada más ni un simple ejercicio competitivo: ha sido un año de consolidación, de afirmación y de identidad. Un año en el que el crecimiento dejó de ser promesa para convertirse en realidad estructural; en el que los números acompañaron al relato, y el relato encontró respaldo en los hechos.

    Desde los estadios hasta las pantallas, desde las categorías de base hasta la élite internacional, desde los barrios hasta los grandes escenarios, el fútbol femenino ha vivido un curso que ya forma parte del imaginario colectivo del deporte español. Un año en el que Liga F se reafirmó como uno de los motores principales de ese avance, marcando el pulso competitivo, social y cultural de una disciplina que no deja de crecer.

    En lo estrictamente deportivo, la temporada 2024-2025 dejó imágenes que ya son patrimonio emocional del fútbol femenino. Goles celebrados como manifiestos, estadios en pie, niñas mirando al césped con los ojos muy abiertos y futbolistas conscientes de que cada partido es también una responsabilidad histórica.

    La Liga F Moeve vivió un curso marcado por la competitividad, la calidad técnica y el salto cualitativo en el juego. Una competición cada vez más exigente, más profesional y más atractiva, que ha elevado el estándar colectivo y ha situado al campeonato español entre los grandes referentes internacionales.

    El crecimiento fue sostenido y transversal. No se limitó a un solo club, a un solo partido o a un solo momento. Fue un proceso continuo que se manifestó en todos los ámbitos: en la asistencia a los estadios, en las audiencias televisivas, en el seguimiento digital, en la base federada y en la percepción social del fútbol femenino como un deporte plenamente integrado en la agenda deportiva nacional.
    En el plano competitivo, el FC Barcelona volvió a ejercer su hegemonía en el ámbito nacional. El conjunto azulgrana firmó una temporada sobresaliente, conquistando los principales títulos domésticos y manteniendo un nivel de excelencia que sigue marcando el camino del fútbol femenino europeo.

    Aunque no pudo revalidar la UEFA Women’s Champions League tras caer en la final ante el Arsenal, el Barça volvió a demostrar su fortaleza estructural, su capacidad competitiva y su influencia en el panorama internacional. Una derrota que no empaña un ciclo histórico, sino que refuerza la idea de que el fútbol femenino vive hoy en un contexto de máxima exigencia y competitividad global.

    A nivel individual, el dominio azulgrana se reflejó también en los grandes reconocimientos internacionales. Aitana Bonmatí volvió a escribir su nombre en la historia al conquistar su tercer Balón de Oro consecutivo, consolidándose como una de las grandes figuras del fútbol mundial y como un símbolo del talento que emerge de Liga F.

    Los premios The Best, al igual que otros galardones internacionales, subrayaron la influencia del campeonato español en la élite global, confirmando que Liga F no solo produce grandes equipos, sino también futbolistas que marcan época.

    Uno de los grandes hitos de la temporada fue el espectacular crecimiento del seguimiento del fútbol femenino. La audiencia televisiva de Liga F experimentó un incremento del 90 % respecto a la campaña anterior, un dato que refleja no solo mayor visibilidad, sino también un interés sostenido y creciente por la competición.

    El fútbol femenino volvió a llenar grandes estadios y a romper barreras simbólicas. El clásico entre el FC Barcelona y el Real Madrid congregó a 36.275 espectadores en el Estadi Olímpic Lluís Companys, en una demostración de que los grandes eventos femeninos ya forman parte del calendario emocional de la afición.

    Otros clubes también dieron pasos decisivos en esta dirección. El Costa Adeje Tenerife y el DUX Logroño apostaron por la apertura de grandes recintos, ampliando el alcance del espectáculo y reforzando el vínculo con su entorno social. El derbi vasco entre la Real Sociedad y el Athletic Club superó los 10.000 espectadores en Anoeta, confirmando la profunda conexión entre el fútbol femenino y territorios con una fuerte tradición futbolística.

    Cada grada llena, cada aplauso, cada pancarta fue una declaración colectiva: el fútbol femenino ya no es una excepción, es una costumbre.

    crecimiento del fútbol femenino no se mide solo en títulos o audiencias, sino también en la base. En 2025, España superó las 107.000 jugadoras federadas, una cifra histórica que confirma el impacto real del fútbol femenino en la sociedad y su capacidad para inspirar a niñas y jóvenes en todo el país.

    Este dato sitúa al fútbol como el segundo deporte femenino con mayor número de licencias, consolidando su papel como una de las principales herramientas de igualdad, inclusión y desarrollo deportivo.

    La influencia del fútbol femenino trasciende el ámbito deportivo. La última encuesta del Grupo Adecco, ¿Qué quieres ser de mayor?, revela que futbolista es la segunda profesión más deseada entre las niñas españolas, un indicador poderoso del cambio cultural que se está produciendo.

    Hoy, miles de niñas sueñan con ser futbolistas porque han visto a otras lograrlo. Porque tienen referentes. Porque sienten que ese camino es posible.

    El año 2025 también estuvo marcado por los éxitos y emociones de la selección española. El combinado nacional cerró el año en el primer puesto del ranking FIFA, reafirmando su condición de referencia mundial.

    España rozó la gloria continental al caer en la final de la Eurocopa ante Inglaterra en una dramática tanda de penaltis, y volvió a demostrar su carácter competitivo al revalidar la UEFA Nations League por segunda vez consecutiva.

    Uno de los momentos más simbólicos del año se vivió en el Riyadh Air Metropolitano, donde 55.853 espectadores arroparon a la selección en su victoria ante Alemania. Una noche que trascendió el resultado y se convirtió en una reivindicación colectiva del momento histórico que vive el fútbol femenino español.

    La selección no solo gana partidos: representa un modelo, una identidad y un espejo en el que se miran miles de jugadoras y aficionados.

    salto digital: una comunidad global

    El crecimiento del fútbol femenino también se reflejó con fuerza en el entorno digital. Liga F vivió en 2025 un crecimiento histórico en redes sociales, superando los 864.000 seguidores, lo que supone un incremento superior al 180 % respecto a la temporada anterior.

    Más de 117 millones de visualizaciones consolidaron una comunidad digital amplia, diversa y comprometida, que interactúa, debate y construye relato en torno a la competición. El fútbol femenino ya no solo se vive en el estadio o frente al televisor: se comparte, se comenta y se amplifica en tiempo real.

    Este ecosistema digital se ha convertido en una herramienta clave para conectar con nuevas audiencias, especialmente jóvenes, y para proyectar los valores del fútbol femenino más allá del terreno de juego.

    Nada de este crecimiento sería posible sin el trabajo constante de los clubes. En 2025, las entidades que forman parte de Liga F continuaron avanzando en la mejora de sus estructuras, en la profesionalización de sus plantillas y cuerpos técnicos, y en el fortalecimiento de sus proyectos deportivos y sociales.

    La inversión en instalaciones, en personal especializado y en planificación estratégica ha sido fundamental para elevar el nivel competitivo y garantizar un crecimiento sostenible. El fútbol femenino avanza cuando lo hace de forma colectiva, con visión a largo plazo y compromiso real.

    A este esfuerzo se suma la implicación de patrocinadores e instituciones que creen en el presente y el futuro del fútbol femenino, entendiendo que no se trata solo de apoyar un deporte, sino de formar parte de un movimiento social transformador.

    Desde Liga F, el cierre de 2025 no es un punto final, sino un punto de partida. El nuevo año se afronta con ilusión, ambición y responsabilidad, conscientes del camino recorrido y del que aún queda por recorrer.

    El compromiso es claro: seguir mejorando la competición, fortalecer el producto deportivo, avanzar hacia un fútbol femenino más profesional, sostenible, igualitario y cercano a la sociedad. Un fútbol que no pierda su esencia mientras sigue creciendo. Un fútbol que siga siendo inspiración y oportunidad.

    Porque el fútbol femenino ya no pide permiso.
    Porque ya no camina sola.
    Porque cada pase, cada gol y cada aplauso construyen algo que va más allá del marcador.

    El futuro del fútbol femenino no es una promesa: es una realidad que se escribe cada fin de semana, en cada entrenamiento, en cada niña que se pone unas botas por primera vez.

    Gracias a las futbolistas, a los clubes, a las aficiones, a las instituciones y a todas las personas que creen y empujan este proyecto.
    Gracias por formar parte de este camino común.
    Gracias por seguir construyendo, entre todos, una historia que ya es imparable.

    Porque cuando el fútbol femenino avanza, avanza toda una sociedad.
    Y porque lo mejor, todavía, está por venir.

    En último término, no por ello menos importante, hemos de señalar que el primer post que nuestros queridos lectores se van a encontrar en el nuevo año será un reportaje sobre la carrera de Gio Garbellini, delantera brasileña del Club Atlético de Madrid, cuyo lanzamiento ya se encuentra programado a nivel digital.

    ¡Feliz Año 2026!

  • Oficial | El F.C. Barcelona es el campeón de invierno en la Liga F Moeve 2025-2026

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ A falta de una jornada para finalizar la primera vuelta liguera, las azulgranas se marchan al parón navideño en la 1ª posición de Liga F Moeve con 39 puntos y con una única derrota cosechada, tras las primeras catorce jornadas disputadas. Además, el FC Barcelona puede presumir de ser el equipo con más goles a favor, 62 marcados, y el que menos tantos ha recibido, 3 tantos en contra.

    Publicidad de HBO Max

    Ralph Fiennes cede el testigo de Voldemort a Cillian Murphy y opina que verle como villano de ‘Harry Potter’ en la nueva serie de HBO es «una idea maravillosa» de

    Vídeo |

    https://youtu.be/cGtI2MuCfTw?si=FxKc2VY1t7csVFMZ

    Ralph Fiennes, el actor de Voldemort, ha dado su bendición a Cillian Murphy para que se haga cargo del papel del infame villano de ‘Harry Potter’ en caso de que el ganador del Óscar por ‘Oppenheimer’ quiera participar en la próxima serie de televisión de HBO. En las últimas semanas han circulado rumores en Internet que afirman que Murphy está siendo considerado para el papel de Lord Voldemort.

    Ralph Fiennes apareció por primera vez como Lord Voldemort en Harry Potter y el cáliz de fuego (2005) y volvió a dar vida al villano en otras tres películas de la saga. Años antes de que HBO anunciara el reinicio de Harry Potter como serie de televisión, el actor ya había expresado en una entrevista con Variety que le encantaría regresar al papel del que no debe ser nombrado.

    Ahora, sin embargo, Fiennes ha mostrado su respaldo a una posible nueva elección para el personaje. Durante una reciente entrevista en el programa Watch What Happens Live, de Bravo, el actor bendijo abiertamente uno de los nombres que más suenan para encarnar a Voldemort en la serie:

    “Cillian es un actor fantástico. Es una sugerencia maravillosa. Estaría totalmente a favor de Cillian. Sí”.

    Además, otro nombre destacado ha comenzado a circular en relación con el reparto de la serie: Mark Rylance, ganador del Óscar, estaría siendo considerado por HBO para interpretar a Albus Dumbledore, según diversas informaciones. Por el momento, Warner Bros. no ha confirmado oficialmente ningún otro detalle sobre el elenco de la producción.

    Fiennes no ha aclarado si estaría dispuesto o no a regresar en esta nueva adaptación televisiva, pero sus declaraciones sugieren que no tendría inconveniente en volver a trabajar con J.K. Rowling, autora de la saga, después de que HBO la defendiera públicamente en medio de la polémica por sus posturas tránsfobas.

    Rowling continúa estrechamente involucrada en el desarrollo de la serie de HBO, a pesar de la controversia persistente en torno a sus opiniones sobre el sexo biológico y las personas trans. En octubre de 2022, Fiennes ya salió en su defensa en una entrevista con The New York Times, donde afirmó:

    “J.K. Rowling ha escrito estos grandes libros sobre el empoderamiento, sobre niños pequeños que se encuentran a sí mismos como seres humanos. Trata de cómo te conviertes en un ser humano mejor, más fuerte, más centrado moralmente. El abuso verbal dirigido a ella es repugnante, es atroz. Puedo entender que haya gente enfadada por lo que dice sobre las mujeres, pero no se trata de una fascista obscena y ultraderechista. Es simplemente una mujer que dice: ‘Soy una mujer y siento que soy una mujer y quiero poder decir que soy una mujer’. Entiendo de dónde viene, aunque yo no sea mujer”.

    La Liga Profesional de Fútbol Femenino (LPFF) ha anunciado oficialmente este 30 de diciembre de 2025, a través de una nota de prensa, que el Fútbol Club Barcelona es el nuevo campeón de invierno del torneo.

    A falta de una jornada para el desenlace del primer tramo de curso, que va de la primera jornada hasta la decimoquinta fecha, y es que la ventaja del conjunto blaugrana tiene 39 unidades de 41 posibles hasta ahora, siete más que el segundo clasificado que el Real Madrid Club de Fútbol.

    La única derrota de las de Pere Romeu llegó en el Estadio de Zubieta por 1-0 ante la Real Sociedad de Fútbol con un gol de penalti de Edna Imade en la novena jornada, lo que hace que las catalanas hayan firmado un primer tramo casi perfecto.

    Las subcampeonas de Europa han ganado todos sus partidos como local en el Estadi Johan Cruyff y le sacan los siete puntos anteriores mencionados al mejor club del siglo XX.

    Además, el vigente ganador de la Supercopa de España Iberdrola es el que ve puerta con más asiduidad amén de sus 4,43 goles por encuentro y atrás es sólido, pues Cata Coll es la que menos veces ha recogido el esférico de sus mallas con 3 dianas encajadas en 1.260 minutos ligueros en este arranque de curso.

    Curiosamente, el club catalán es el único equipo que todavía no ha encajado ningún gol en casa. El FC Barcelona también lidera la pelea por ser la máxima goleadora de la competición. Ewa Pajor, con 11 tantos, es la futbolista que más goles ha anotado en lo que llevamos de curso. Seguida de la también blaugrana Claudia Pina, que ha marcado 10 goles. Vicky López, con 7 tantos, y Aitana Bonmatí, que lleva 6 goles, también están entre las cinco máximas goleadoras. Respecto a lucha por ser la máxima asistente de Liga F Moeve, Mapi León, Vicky López y Kika Nazareth, comparten la tercera posición con cinco pases de gol cada una. Por su parte.

    la gran cantidad de lesiones que están afectando al FC Barcelona esta temporada, Pere Romeu no ha dudado en darle oportunidades a jugadoras del filial. Sydney Schertenleib (645 minutos) obtuvo ficha del primer equipo en verano, mientras que, Clara Serrajordi (561 minutos) y Aïcha Camara (615 minutos) también consiguieron dorsal del primer equipo tras el cierre del mercado veraniego. Ambas están dando un magnífico rendimiento. Además de esas tres futbolistas, otras tres jugadoras de la cantera blaugrana han tenido la oportunidad de debutar en Liga F Moeve. Martine Fenger ha jugado 20 minutos en tres partidos, Ainoa Gómez ha disputado 14 minutos en un encuentro y Carla Julià ha sumado 191 minutos y un gol en cuatro choques.

    La primera vuelta culminará este próximo sábado, 10 de enero de 2025, a partir de las 19:00 horario peninsular, en territorio catalán en un envite ante el Madrid CFF, que emitirá DAZN en directo desde el Johan Cruyff .

    El tres veces ganador de la Liga de Campeones Femenina tiene un registro histórico favorable a sus intereses gracias a nueve triunfos en los diez últimos cara a cara.

    La única proeza del conjunto capitalino se produjo el pasado 21 de mayo de 2023 en el Estadio Fernando Torres de Fuenlabrada (2-1) por culpa de un doblete de Racheal Kundananji, ahora en las filas del Bay Football Club que hizo estéril el tanto de Alexia Putellas.

    Crónica del encuentro |

    https://elpartidodemanu.com/2023/05/20/el-madrid-cff-hace-historia-ante-el-campeon/

    Aquella proeza acabó con 719 días de imbatibilidad culé y acaeció mientras que Manu López, quien les escribe, formaba parte del departamento de comunicación del cuadro blanco y rosa ( 2022-2025)

    La Liga F Moeve tiene habilitado un botón en su página web oficial (https://ligaf.es), donde los fans podrán adquirir sus tickets para dicho evento.

    El Barcelona siempre ha sido campeón de invierno desde que el fútbol femenino es profesional (2022) y para encontrar un líder distinto nos tememos que retrotraer al curso 2018-2019, cuando el Atlético de Madrid estuvo al frente de la por entonces llamada Liga Iberdrola.

  • Oficial | La Liga F saca a relucir el talento de Luany

    (Fuente: Liga F)

    🟧 El ente que preside Beatriz Álvarez Mesa presume de la estrella colchonera antes de cerrar el año 2025.

    (Fuente: UEFA)

    Luany Vitória da Silva Rosa (Nova Iguaçu, 3 de febrero de 2003) es una futbolista que en temporada y media ya se ha metido a la afición colchonera en el bolsillo.

    (Fuente: Liga F)

    La joven de 22 años fue la revelación de la Primera División Femenina cuando llegó, casi sin hacer ruido, al Madrid CFF, en calidad de cedida por parte del OL Reign de Estados Unidos.

    En Fuenlabrada fue creciendo de manera paulatina con el 22 a la espalda e hizo olvidar a una Rachael Kundananji que se traspasó al Bay Football Club en una operación astronómica.

    La exjugadora del Gremio se unió a una Gio Queiroz que aterrizó en el Fernando Torres a préstamo por parte del Arsenal en invierno y formó una dupla letal a ritmo de Samba que dejó al elenco rosa y blanco a las puertas de Europa.

    La sudamericana marcó seis goles y dio cinco asistencias en 23 partidos de índole oficial que le sirvieron para su entrenador, Víctor Martín, que ya sabía que se iría al Atlético de Madrid a final de temporada, la convenciera para mudarse con él y la propia Garbellinl a Alcalá de Henares para hacer historia de rojiblanco.

    (Fuente: Liga F)

    La canterana del Fluminense debutó con su nuevo equipo rojiblanco en Liga de Campeones el 4 de septiembre, con la mala suerte de lesionarse a los pocos minutos de saltar al campo y acabar el encuentro con derrota por penaltis ante el Rosenborg.

    Estuvo dos meses recuperándose de la lesión y reaparición en noviembre de ese mismo año.

    Fue cogiendo ritmo y confianza a medida que avanzó la temporada y terminó siendo una de las jugadoras más determinantes al final de la campaña, llegando a debutar con la selección brasileña.El Atlético de Madrid se clasificó para la Liga de Campeones en la última jornada y alcanzó la final de la Copa de la Reina, aunque cayó en Huesca frente al Barcelona.

    Empezó la temporada 2025-2026 de manera brillante, marcando en los cinco primeros partidos en los que participó, incluyendo el gol de la victoria en el derbi contra el Real Madrid y forzando y marcando el penalti en el último minuto del partido de vuelta de la fase previa de la Liga de Campeones, permitiendo que el equipo llegase a la prórroga y pasase a la fase final.

    Su buen inicio de temporada la hizo ganadora del premio a la mejor jugadora de la Liga F del mes de septiembre que la llevaron a lo más alto en la psique de la afición.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Antes de su gol, Luany ya había destacado con sus constantes carreras a la espalda de la defensa del Real Madrid, igual que su compañera de ataque y selección, Gio. Según los datos de Sofascore, la prometedora atacante dio 41 toques de balón, registró un 83% de precisión en el pase, regateó en cinco ocasiones y disparó en dos. La segunda vez, el balón besó las mallas, igual que ella besó el escudo del Atlético durante la celebración.’

    (Fuente: Liga F Moeve)

    “Ha sido un gol para ganar el partido y poder ayudar al equipo me ha dado mucha alegría”, afirmó Luany tras ser preguntada por su eufórica celebración: “Era muy importante para nosotras ganar el derbi y también para la afición y estamos felices”, afirmó.

    La futbolista brasileña del Atlético de Madrid, Luany, ha dado unas palabras después de ver dos tarjetas rojas en los dos encuentros más recientes de su equipo.

    (Fuente: Liga F Moeve €

    La ariete, que fue expulsada en el duelo de Champions frente al OL Lyonnes y, días después, volvió a dejar a su equipo con una jugadora menos en el partido de Copa de la Reina ante Alhama ElPozo que su equipo se llevó en la tanda de penaltis amén a una gran actuación bajo palos de Patricia Larqué.

    Luany explicó que su intención siempre es aportar y dar lo máximo sobre el terreno de juego, aunque en esta ocasión las cosas no salieron como esperaba. “A veces realmente las ganas de ayudar se nos van de las manos y no salen como imaginamos, pero ojalá nos clasifiquemos”, señaló, mostrando su deseo de que el equipo logre los objetivos marcados.

    Pese a los contratiempos, la futbolista dejó claro que el grupo sigue centrado en las competiciones que siguen vivas. “Seguimos buscando nuestros objetivos en la Champions y la Copa de la Reina”, afirmó la brasileña.

    (Fuente: DAZN?

    Por último, Luany subrayó la importancia de aprender de los errores y mirar hacia adelante. “Ahora toca descansar, reflexionar, respirar y volver al trabajo para regresar bien y seguir ayudando a nuestro Atleti”, dejando en claro que su intención es volver más fuerte y aportar desde la responsabilidad.

    Tras este doble contratiempo, Da Silva, tendrá unas jornadas para la reflexión, aprender de los errores y atemperar un carácter que en ocasiones le juega malas pasadas.

    La Liga F Moeve de Beatriz Álvarez ha querido rendirle tributo a Luany este 30 de diciembre de 2025 al publicar en sus redes sociales un vídeo que recopila los mejores tantos firmados con la zamarra rojiblanca para que nadie olvide su enorme talento y calidad técnica.

    La cinta muestra que Luany ha anotado cinco grandes tantos que definen un año: la huella que ha dejado en la Primera División Femenina (Liga F Moeve) con el Atlético de Madrid.

    Hay goles que valen puntos, goles que deciden partidos y goles que quedan grabados en la memoria colectiva. Y luego están aquellos que explican una temporada entera, que definen el carácter de una futbolista y que resumen el porqué de su importancia dentro de un proyecto deportivo. Los cinco mejores goles de Luany en la Liga F Moeve 2025 con el Atlético de Madrid pertenecen a esta última categoría.

    La delantera brasileña no solo ha sido una pieza clave en el engranaje ofensivo rojiblanco: ha sido una jugadora capaz de cambiar el ritmo emocional de los partidos, de aparecer cuando el contexto exigía liderazgo ofensivo y de convertir el talento individual en rendimiento colectivo. En una Liga F cada vez más competitiva, física y táctica, Luany ha encontrado el equilibrio perfecto entre potencia, intuición, lectura de espacios y determinación.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Este repaso a sus cinco mejores goles no es solo un ejercicio estético. Es una radiografía del impacto real de Luany en el Atlético de Madrid durante 2025.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El derbi madrileño ante el Real Madrid fue uno de los partidos más exigentes de la temporada. Igualado, intenso, con alternancias constantes y con la tensión propia de los encuentros que marcan trayectorias. En ese contexto, Luany volvió a demostrar que es una futbolista diseñada para los grandes escenarios.

    Minuto 83. El Atlético empuja, el partido se comprime y cada balón en el área se convierte en una oportunidad o en una amenaza. Luany ataca el espacio con determinación, se anticipa a su marca y define con precisión quirúrgica al segundo palo. No hay gesto exagerado, no hay celebración desmedida: hay convicción, oficio y personalidad.

    Ese gol no solo decidió el partido. Reafirmó el carácter competitivo del Atlético y consolidó a Luany como referencia ofensiva en los momentos límite.

    Frente al Madrid CFF, Luany dejó claro desde el inicio que no iba a conceder tiempo ni espacio. Minuto 15. Recibe perfilada, orienta el control y ejecuta un disparo cruzado que se ajusta al poste con una naturalidad engañosa.

    Es un gol que resume muchas de sus virtudes:
    • Lectura temprana de la jugada
    • Capacidad para perfilarse en espacios reducidos
    • Precisión en la finalización
    • Confianza plena en su gesto técnico

    Ese tanto cambió el guion del encuentro y obligó al rival a modificar su planteamiento. Luany no solo marcó: condicionó el partido desde el inicio, algo fundamental en la dinámica del Atlético durante la temporada.

    (Fuente: Getty imágenes (

    El desplazamiento a Logroño fue una prueba de madurez para el equipo. Campo exigente, rival intenso y necesidad de no conceder margen. Luany asumió el protagonismo desde el primer momento.

    Primero, provocando un penalti tras atacar el área con agresividad y determinación. Después, asumiendo la responsabilidad desde los once metros, sin titubeos, con una ejecución limpia y contundente.

    Pero su actuación no se quedó ahí. Más tarde, llegó el segundo: un remate dentro del área tras una jugada trabajada, atacando el primer palo con potencia y convicción. Ese doblete fue más que una estadística: fue una declaración de liderazgo ofensivo, una muestra de que Luany puede sostener al equipo en contextos complejos.

    Dentro de una Liga F donde cada vez es más difícil encontrar huecos en bloque bajo, Luany añadió una variante fundamental a su repertorio: el disparo lejano.

    Recibe fuera del área, protege el balón, se perfila y suelta un disparo potente que sorprende a la guardameta rival. Es un gol de decisión rápida, de confianza absoluta en sus capacidades y de lectura del contexto: cuando el área está cerrada, la solución está en el golpeo.

    Este tanto amplió el registro ofensivo del Atlético y obligó a los rivales a replantear su forma de defender, abriendo espacios para el resto de atacantes.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Y si hay un gol que explica la conexión de Luany con el equipo, es este. Una jugada larga, paciente, con circulación fluida y movilidad constante. El Atlético atrae, fija, acelera… y Luany aparece en el lugar exacto.

    Control, pausa y definición cruzada. Sin violencia, sin urgencia. Con inteligencia y calma. Es el gol que mejor refleja su crecimiento táctico y su integración total en el sistema.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    No es solo una finalización. Es el último eslabón de una cadena colectiva perfectamente ejecutada.

    Los cinco goles seleccionados no son casualidad. Responden a una temporada en la que Luany ha sido:
    • Referencia ofensiva
    • Generadora de espacios
    • Amenaza constante al espacio
    • Recurso en partidos cerrados
    • Solución en momentos críticos

    Su influencia va más allá de las cifras. Ha elevado el nivel competitivo del equipo, ha permitido al Atlético sostener partidos desde la iniciativa o desde la resistencia y ha aportado un perfil ofensivo diferente en una Liga F cada vez más exigente.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Los cinco mejores goles de Luany en la Liga F Moeve 2025 no son cinco acciones aisladas. Son cinco capítulos de una misma historia: la de una futbolista que ha sabido adaptarse, crecer y decidir.

    En el Atlético de Madrid, Luany ha encontrado el escenario perfecto para desplegar su fútbol. Y la Liga F ha ganado una protagonista capaz de convertir cada balón en una amenaza y cada partido en una oportunidad para dejar huella.

    Porque hay temporadas que se explican con números.
    Y hay temporadas que se explican con goles como los de Luany.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Vídeo |

  • Oficial | El Bayern recuperará a Edna

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🟧 El conjunto germano ha decidido “cortar” el préstamo de la exjugadora del Granada.

    El Bayern de Múnich, que fue rival del Club Atlético de Madrid en la fase de liga de la UEFA Women’s Champions League (2-2), ya le ha comunicado de manera oficial a la Real Sociedad de Fútbol que activará una cláusula en el contrato de la internacional absoluta por la Selección Española a fin de “repescarla” antes de lo que estaba previsto.

    El gran rendimiento de la dorsal número veintitrés en San Sebastián ha llevado a José Barcala a solicitar a la dirección deportiva del transatlántico alemán su vuelta a territorio bávaro para la segunda mitad del curso.

    La exjugadora del Granada Club de Fútbol fue comprada al cuadro andaluz durante el pasado mercado estival a cambio del importe íntegro de su cláusula de rescisión cifrada en 400.000 euros y la firmó hasta 2029.

    (Fuente: Bayern de Múnich)

    Este movimiento inesperado desde Alemania supone un duro varapalo para el proyecto de Arturo Ruiz, pues de golpe y porrazo va a perder a una de sus figuras más importantes y esta no podrá cumplir el vínculo que la unía al conjunto de San Sebastián hasta el próximo 30 de junio de 2026 y será una baja sensible para la campeona de la Copa de la Reina Iberdrola en 2019.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    En el Estadio de Zubieta están inmersos en la lucha por acceder a los puestos ligueros que dan plaza a jugar la ronda preliminar de la Liga de Campeones Femenina la temporada que viene, marchándose al parón navideño en tercera posición con 30 unidades en el zurrón, a tan solo dos de un Real Madrid que sigue la estela del todopoderoso Fútbol Club Barcelona, quien domina la Primera División Femenina como es habitual.

    (Fuente: RFEF)

    La exjugadora del Club Polideportivo Cacereño y el Málaga Club de Fútbol podrá despedirse del conjunto guipuzcoano unos días después de Reyes en el compromiso que enfrentará a la Real Sociedad de Fútbol a domicilio (Alcalá de Henares) frente al Club Atlético de Madrid en un duelo directo por la Liga de Campeones que emitirá en abierto TEN TV (12:00 horario peninsular) en abierto a través de la TDT el 10 de enero de 2026.

    La futbolista con nacionalidad tanto Marroquí como nigeriana, aunque es ya internacional absoluta por España y ganó la Liga de Naciones, se ha destapado como una de las jugadoras más desequilibrantes de la Liga F Moeve.

    Imade fue decisiva para tumbar al Fútbol Club Barcelona en el Estadio de Zubieta por 1-0 a comienzos de la temporada con un gol desde los once metros y con siete dianas más en 14 compromisos dentro de la Liga Profesional de Fútbol Femenino, siendo clave también para acceder a los cuartos de final de la Copa de la Reina ante el Deportivo en Riazor (1-4).

    (Fuente: RFEF)

    Su ratio de goles 0,89 tantos por partido, unos registros de enjundia que le han servido como aval para que en germanania anticipen su llegada seis meses.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Con minutos a su espalda hasta la fecha, la ariete de “La Roja” ha sido la primera en agitar el mercado invernal en España, en el que ya sabemos por ejemplo que Ana Vitória se marchará traspasada al Corinthians o que pese al interés de Rayadas por hacerse con sus servicios, Silvia Lloris no saldrá del Atlético de Madrid.

    El Bayern de Múnich ha decidido recuperar antes de tiempo a su jugadora después de perder recientemente a su delantera Lea Schüller, que el 1 de enero se incorporará al Manchester United. La responsable del conjunto femenino de la entidad alemana Bianca Rech ha reconocido que «Edna ha evolucionado muy bien los últimos meses, ha tenido una excelente primera mitad de temporada» y ha expresado «nuestro sincero agradecimiento a la Real Sociedad por su confianza y cooperación».

    (Fuente: Real Sociedad de Fútbol)

    En la web del club alemán también se recogen unas declaraciones de la todavía jugadora txuri-urdin. «Estoy muy contenta de formar parte ya del Bayern. Tengo muchas ganas de empezar, conocer a mis nuevas compañeras y desarrollarme tanto a nivel personal como deportivo. He adquirido una valiosa experiencia en los últimos meses y ahora estoy orgullosa de poder jugar en este gran club. Mi objetivo es integrarme rápidamente, apoyar al equipo al máximo y celebrar los éxitos con mis compañeras. Tengo muchas ganas de jugar la Champions League y quizás algún día jugar en el Allianz Arena; siempre he soñado con eso».

    (Fuente: RFEF)

    La atacante de 25 años podrá jugar la UEFA Women’s Champions League con las bávaras el próximo 24 o 25 de marzo ante el ganador del cuarto playoff de octavos de final entre el Atlético de Madrid y el anteriormente citado Manchester United.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Desde Carmona hasta la élite europea. Málaga, Cacereño, Granada y ahora Bayern. Imade ha ido sumando escalones hasta llegar a uno de los grandes del continente. En noviembre, además, debutó con la Selección Española en la final de la Liga de Naciones ante Alemania, confirmando un año de crecimiento continuo.

    (Fuente: RFEF)

    La salida de Lea Schuller al Manchester United ha acelerado los tiempos. El Bayern necesitaba gol y jerarquía y ha decidido apostar por una jugadora que viene hecha y probada en la Liga F Moeve.

    Edna Imade ya no espera su oportunidad: va a por ella y ahora buscará brillar en la Frauen-Bundesliga en la que su Bayern aventaja en seis puntos al Wolfsburgo y su carta de presentación será subrayada por los 25 goles que celebró el pasado año con la camiseta del Granada Club de Fútbol.

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Oficial | Recapitulación del 2025 en la Liga F Moeve

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🟧 Cuando el calendario de 2025 se apaga y el fútbol femenino español mira hacia el futuro, la Liga F no cierra un año cualquiera. Cierra un ciclo. Cierra un tiempo de consolidación, de madurez competitiva, de contradicciones estructurales, pero también de avances irreversibles. Cierra un año en el que el balón rodó con más talento, más intensidad y más exigencia que nunca, mientras alrededor del césped se libraba otra batalla silenciosa: la del reconocimiento, la visibilidad, la estabilidad y el respeto. La Liga F de 2025 no puede explicarse únicamente con resultados, clasificaciones o títulos. Se explica con historias, con nombres propios, con estadios que empezaron a llenarse, con niñas que se vieron reflejadas en referentes reales y con futbolistas que, semana tras semana, sostuvieron el crecimiento del campeonato incluso cuando el contexto no siempre acompañó.

    (Fuente: Atlético de Madrid)

    Porque 2025 fue el año en el que la Liga F confirmó que ya no es una promesa, sino una realidad competitiva. El nivel futbolístico alcanzó cotas históricas. Los partidos dejaron de ser previsibles. La distancia entre la élite y la clase media se redujo. Equipos que antes sobrevivían ahora compiten. Futbolistas jóvenes irrumpieron con personalidad. Veteranas sostuvieron el pulso con jerarquía. Y el campeonato se convirtió, definitivamente, en un producto deportivo de primer nivel, aunque todavía pendiente de una estructura mediática y económica acorde a su valor real.

    El curso 2024-2025, que marcó buena parte del año natural, dejó imágenes que ya forman parte del imaginario colectivo del fútbol femenino español. Estadios llenos en partidos clave. Remontadas que hablaron de carácter. Golazos que recorrieron redes sociales. Clásicos con tensión real. Derbis que se jugaron como finales. Y, sobre todo, una sensación compartida: la Liga F es emocionante porque es competitiva, porque es imprevisible y porque sus protagonistas juegan con una verdad que conecta con el público.

    El FC Barcelona volvió a ser el referente, pero ya no desde la comodidad. Cada victoria fue trabajada, cada partido exigió concentración máxima. El dominio azulgrana se sostuvo sobre talento, sí, pero también sobre una exigencia interna que elevó el nivel general del campeonato. Porque competir contra el Barça obliga a crecer. Obliga a mejorar. Obliga a no rendirse antes de tiempo. Y en 2025, muchos equipos dejaron de ir a “resistir” y empezaron a ir a “jugar”.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El Real Madrid dio pasos firmes hacia la consolidación. Ya no fue solo un proyecto en construcción, sino un equipo capaz de sostener ritmos altos, competir en escenarios hostiles y asumir la presión de tener que ganar. El Atlético de Madrid recuperó su ADN competitivo, ese que no se mide solo en títulos, sino en identidad, en intensidad, en saber sufrir y en nunca bajar los brazos. La Real Sociedad confirmó su modelo de cantera y fútbol reconocible. El Levante, el Madrid CFF, el Athletic Club, el Tenerife o el Granada aportaron personalidad, valentía y propuestas distintas que enriquecieron la Liga.

    2025 fue también el año de las futbolistas. De las que marcaron diferencias y de las que sostuvieron silenciosamente el crecimiento del campeonato. Del liderazgo de Alexia Putellas en su regreso pleno. De la madurez de Patri Guijarro. De la irrupción definitiva de jóvenes que ya no piden paso, sino que lo toman. De delanteras que convirtieron cada jornada en una amenaza constante. De defensoras que elevaron el nivel táctico y físico del campeonato. De porteras que decidieron partidos y sostuvieron proyectos enteros.

    (Fuente: RFEF)

    Pero más allá del césped, la Liga F vivió en 2025 un año de contrastes. El crecimiento deportivo no siempre fue acompañado por estabilidad institucional. La negociación de derechos televisivos, la visibilidad mediática irregular, la necesidad de horarios dignos y la falta de una narrativa unificada siguieron siendo asignaturas pendientes. Y aun así, el fútbol femenino resistió. Resistió porque sus protagonistas creen. Porque sus clubes apuestan. Porque su afición responde. Porque el talento es demasiado evidente como para ser ignorado.

    Cada jornada de 2025 dejó pequeñas grandes historias. Partidos jugados bajo la lluvia con gradas llenas. Minutos de silencio que se convirtieron en aplausos. Celebraciones que nacieron del esfuerzo colectivo. Niñas pidiendo camisetas al final de los encuentros. Familias enteras descubriendo que el fútbol femenino no es una alternativa, sino fútbol en mayúsculas. Y todo eso construye algo más grande que una clasificación: construye cultura deportiva.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El año natural también estuvo marcado por la conexión inevitable entre Liga F y selección. Muchas futbolistas llevaron el pulso competitivo del campeonato al escenario internacional. Y eso reforzó una idea clave: no hay éxito internacional sin una liga fuerte. Cada partido disputado en España es una inversión en el futuro del fútbol femenino. Cada mejora en condiciones, cada avance estructural, cada paso hacia la profesionalización real tiene impacto directo en el rendimiento, la salud y la longevidad de las carreras deportivas.

    2025 fue, además, un año de reivindicación silenciosa. Las futbolistas siguieron entrenando, compitiendo y mejorando mientras alrededor se debatía su valor. Y respondieron como siempre: jugando mejor. Demostrando que el fútbol femenino no necesita discursos vacíos, sino apoyo real. Que no necesita comparaciones, sino oportunidades. Que no pide privilegios, sino condiciones justas.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    La Liga F cerró el año con la sensación de estar en una encrucijada histórica. Porque el talento ya está. El nivel competitivo ya está. El interés del público ya está. Lo que falta es dar el siguiente paso con valentía y compromiso. Apostar de verdad por horarios accesibles. Garantizar emisiones estables. Construir relatos que expliquen, emocionen y fidelicen. Entender que el fútbol femenino no es una moda, sino una parte esencial del presente y del futuro del deporte.

    (Fuente: Liga F Moeve)5

    El nivel físico alcanzado en 2025 fue uno de los indicadores más claros de esa evolución. Los partidos sostuvieron intensidades altas durante más minutos. Las distancias recorridas aumentaron. Las segundas partes dejaron de ser un espacio de supervivencia para convertirse en un territorio donde se deciden encuentros. Eso no ocurre por casualidad. Ocurre cuando hay preparación, profesionalidad y ambición.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El aspecto táctico también dio un salto evidente. La variedad de registros se amplió. Equipos que dominan desde la posesión convivieron con otros que explotan la transición, el balón parado o el repliegue ordenado. No hay un único modelo ganador. Y eso enriquece la competición, la hace imprevisible, obliga a pensar y a adaptarse. Obliga, en definitiva, a competir mejor.

    Pero quizá el cambio más profundo fue emocional. La Liga F empezó a creerse lo que es. Y cuando una competición se cree a sí misma, cambia la manera en que se presenta al mundo. Cambia el lenguaje, cambia la ambición, cambia la relación con el entorno. Ya no se habla solo de “dar visibilidad”, sino de exigir espacio. No se pide atención: se reclama coherencia.

    Las futbolistas, protagonistas absolutas de este proceso, cerraron 2025 con una mezcla de cansancio y orgullo. Cansancio por un año exigente, intenso, sin tregua. Orgullo por haber sostenido el crecimiento incluso cuando no todo acompañó. Por haber competido cada jornada sabiendo que cada partido es una oportunidad para consolidar lo construido.

    El fútbol femenino español llegó a este final de año con referentes claros, pero también con una base amplia y diversa. Ya no depende de dos o tres nombres. Tiene profundidad. Tiene generaciones que se solapan. Tiene futuro. Y eso es lo que convierte a la Liga F en algo más que una competición: la convierte en un proyecto de país deportivo.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Mirar a 2026 es mirar a una oportunidad. A un año que debe ser el de la consolidación definitiva. El de la estabilidad televisiva. El de los estadios más llenos. El de las canteras reforzadas. El de las futbolistas protegidas y escuchadas. El de una Liga F que se crea su propio relato y lo defienda con orgullo. Porque si algo ha demostrado 2025 es que el fútbol femenino no retrocede. Avanza incluso cuando el viento no siempre sopla a favor.

    Este cierre de año no es un punto final. Es una coma larga. Una pausa para mirar atrás con orgullo y hacia adelante con ambición. La Liga F de 2025 deja goles, partidos y títulos. Pero deja, sobre todo, una certeza: el fútbol femenino español merece apoyo, respeto y continuidad. No como promesa, sino como realidad.

    Y 2026 no debe ser solo el año que viene. Debe ser el año en el que todo lo construido encuentre el respaldo que necesita para no detenerse nunca.

    (Fuente: UEFA)
  • Oficial | Fútbol y estudios, una combinación con vistas al futuro

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📌 Compaginar el fútbol profesional con los estudios es una realidad cada vez más presente en Liga F. Gracias al II Convenio Colectivo firmado la pasada temporada entre Liga F y los sindicatos FUTPRO, Futbolistas ON y CCOO, la formación académica se ha convertido en un pilar fundamental para el desarrollo integral de las futbolistas. Un compromiso que, en esta campaña, se traduce en la concesión de 33 becas de ayuda al estudio.

    • Cuando el fútbol también educa: las becas que sostienen el futuro de las futbolistas de Liga F

    En el fútbol femenino español hay goles que no suben al marcador, ascensos que no aparecen en la clasificación y títulos que no se celebran con confeti. Son victorias silenciosas, íntimas, que se libran lejos del césped, entre apuntes subrayados, madrugones interminables y una certeza compartida por muchas jugadoras: el fútbol no es eterno. En ese espacio, donde la élite deportiva convive con la realidad laboral futura, se inscriben las becas de formación impulsadas por Liga F, un programa que ha permitido que 33 futbolistas de siete clubes —Atlético de Madrid, Athletic Club, Real Sociedad, RCD Espanyol, SD Eibar, Deportivo Abanca y Granada CF— puedan seguir construyendo su futuro académico sin renunciar al presente competitivo.

    No se trata solo de ayudas económicas. Es una declaración de intenciones. Un mensaje claro en un ecosistema que durante décadas obligó a elegir: o estudias, o juegas. Hoy, en cambio, el fútbol femenino español empieza a decir algo distinto: se puede —y se debe— hacer ambas cosas.

    Durante años, el relato del fútbol femenino ha estado marcado por la precariedad, la falta de profesionalización y la incertidumbre. Incluso hoy, en plena consolidación de Liga F como competición profesional, la realidad sigue siendo desigual. No todas las carreras deportivas garantizan estabilidad económica a largo plazo. No todas las trayectorias están blindadas frente a lesiones graves. No todas las futbolistas llegan a la élite mediática.

    Por eso, la formación académica no es un complemento: es una necesidad estructural. Y en ese contexto, las becas de Liga F actúan como un andamio invisible que sostiene carreras paralelas. Mientras los focos iluminan los partidos del fin de semana, entre semana hay jugadoras que cambian las botas por apuntes, los vestuarios por aulas y las sesiones de vídeo por prácticas universitarias.

    Entre ellas está Lucía Martínez, centrocampista del Deportivo Abanca, criminóloga en formación y ejemplo de una generación que se niega a hipotecar su futuro.

    Lucía Martínez (Madrid, 27 de noviembre de 2001) no concibe el fútbol como una burbuja aislada del mundo real. Quizá por eso, incluso cuando su carrera deportiva empezó a exigirle cada vez más, nunca dejó de mirar más allá del césped. “En el fútbol femenino nos sentimos muy agradecidas de contar con esta beca”, explica con serenidad, consciente de que no todas las generaciones anteriores tuvieron esa oportunidad.

    La centrocampista llegó al Deportivo Abanca en el mercado de invierno de 2024. Aterrizó en Galicia con la temporada ya en marcha, sin tiempo para adaptaciones progresivas, y aun así fue una pieza clave en un equipo que, en apenas seis meses, logró el ascenso a Liga F. El salto a la máxima categoría coincidió con un momento vital exigente: entrenamientos de élite, viajes, presión competitiva… y estudios universitarios presenciales.

    Porque Lucía no eligió el camino fácil.

    “Yo opté por la universidad de manera presencial cuando apenas empezaba en el fútbol profesional”, recuerda. Una decisión que, en su contexto, implicaba renuncias diarias. Mientras muchas compañeras optaban por modalidades online —más flexibles, menos exigentes en lo logístico— ella decidió mantenerse en el aula física, convencida de que esa experiencia formativa también la construiría como persona.

    La clave, dice, ha sido la disciplina cotidiana. No las gestas heroicas, sino la constancia. “Entrenando por las mañanas y estudiando por las tardes, cada día un poco, se puede sacar”. No hay romanticismo en su discurso. Hay método. Hay sacrificio. Hay una aceptación madura de que nada valioso llega sin esfuerzo.

    Elegir Criminología no fue casual. Es una disciplina que exige análisis, comprensión de contextos sociales complejos, capacidad de observación y pensamiento crítico. Virtudes que, curiosamente, también definen su juego sobre el campo. Lucía es una centrocampista que lee bien los partidos, que interpreta los espacios, que anticipa. En el aula, ocurre algo similar: analiza conductas, estudia sistemas, intenta entender por qué ocurren las cosas.

    Para ella, el estudio no es solo un plan B. Es una parte esencial de su identidad. “Más allá del fútbol, muchas jugadoras necesitamos un plan alternativo. Por si te lesionas, por si el fútbol se acaba antes de lo esperado, o simplemente para cuando termine tu carrera deportiva”.

    En ese sentido, la beca de Liga F representa mucho más que un apoyo económico. “Te puede asegurar un futuro lejos del fútbol. Es una apuesta total por la formación y, sobre todo, por el crecimiento personal de cada una”. La palabra crecimiento aparece varias veces en su discurso. No habla solo de títulos ni de salidas profesionales. Habla de evolucionar, de ampliar horizontes, de no quedar atrapada en una única identidad.

    Lucía es consciente de su rol como referente, especialmente para las futbolistas más jóvenes que empiezan a asomarse al profesionalismo. A ellas les lanza un mensaje directo, sin adornos: “No hay que olvidarse nunca de que el fútbol, en algún momento, acaba”.

    No lo dice desde el miedo, sino desde la lucidez. Y añade una idea poderosa, casi filosófica: “Siempre hay que tener la posibilidad de ser una persona camaleónica, de adaptarse. De que si el día de mañana no te apetece seguir con lo que ha sido tu vida en los últimos años, tengas la opción real de iniciar otra etapa”.

    Esa capacidad de transformación es, quizá, una de las grandes conquistas del fútbol femenino actual. Ya no se trata solo de jugar mejor, de llenar estadios o de ganar visibilidad mediática. Se trata de construir trayectorias vitales completas, donde el deporte no anule el resto de dimensiones de la persona.

    El caso de Lucía no es una excepción aislada. Forma parte de un ecosistema en crecimiento, donde cada vez más clubes y estructuras entienden que cuidar a una futbolista no es solo prevenir lesiones o mejorar su rendimiento físico. Es también acompañarla en su desarrollo académico y personal.

    Las becas de Liga F funcionan como una política de cuidado a largo plazo. Reconocen una realidad incómoda pero necesaria: el fútbol femenino, aunque profesional, sigue siendo frágil en muchos aspectos. Y frente a esa fragilidad, la educación actúa como red de seguridad.

    En clubes como el Deportivo Abanca, ese acompañamiento se traduce en comprensión, flexibilidad y apoyo institucional. No siempre es fácil cuadrar horarios, exámenes, viajes y entrenamientos. Pero cuando existe voluntad estructural, el equilibrio es posible.

    Lucía no idealiza el proceso. Hay días de cansancio extremo, semanas en las que todo se acumula, momentos de duda. Pero también hay una satisfacción profunda en saber que cada paso que da, tanto dentro como fuera del campo, suma.

    no aparecen en las estadísticas. No generan titulares inmediatos ni se celebran con aplausos. Son silenciosas, íntimas, y a menudo incomprendidas desde fuera. Parar, por ejemplo. Detener una carrera deportiva cuando todo empuja a seguir. Escuchar al cuerpo, pero sobre todo a la cabeza. En un entorno históricamente marcado por la exigencia constante y la autoexplotación emocional, Anna Torrodà tomó una de las decisiones más valientes que puede tomar una futbolista profesional: priorizarse.

    Corría febrero de 2024 cuando la centrocampista catalana decidió hacer una pausa por salud mental. No abandonó el fútbol para siempre, pero sí se permitió algo que durante mucho tiempo fue un tabú: reconocer que no estaba bien. Y en ese proceso, hubo algo que nunca estuvo en duda. “Nunca ha estado en mi cabeza el dejar de estudiar”.

    Anna Torrodà (Barcelona, 21 de enero de 2000) habla de los estudios con la misma claridad con la que analiza un partido. Sin rodeos. Sin romanticismos innecesarios. “Nosotras tenemos que seguir trabajando después del fútbol, y el tener algo de estudios lo veo imprescindible”. No es una frase aprendida. Es una convicción construida con el tiempo, con la experiencia y con la observación de muchas compañeras que, al colgar las botas, se encontraron sin red.

    Mientras su carrera deportiva atravesaba uno de los momentos más delicados, sus estudios siguieron siendo una constante. CAFYD (Ciencias de la Actividad Física y del Deporte) es el grado que cursa en modalidad semipresencial, una fórmula que, aunque más flexible que la presencial pura, no está exenta de sacrificios.

    “Las prácticas las hago presencial y la teoría online, y poco a poco me lo estoy sacando”, explica. Ese “poco a poco” es clave. No hay prisas. No hay comparaciones. Hay un ritmo propio, adaptado a una realidad compleja donde los fines de semana rara vez son libres y donde el descanso suele ser negociable.

    “No hay finde que descanse”, confiesa sin dramatizar. Relata, casi como una anécdota, cómo una asignatura le coincidió con un fin de semana sin liga y aprovechó ese pequeño respiro para viajar a Madrid y completar prácticas presenciales. La escena es reveladora: mientras el calendario deportivo concede una tregua mínima, la formación ocupa inmediatamente ese espacio.

    En ese contexto, la beca de Liga F adquiere una dimensión especial. No es solo un apoyo económico. Es una señal de reconocimiento institucional a una realidad muchas veces invisibilizada. “Para mí es un lujo que Liga F nos dé esta ayuda”, afirma con gratitud.

    Porque estudiar cuesta dinero, pero también cuesta energía, tiempo y estabilidad emocional. Y cuando una futbolista atraviesa un proceso de recuperación mental, cada apoyo cuenta. La beca no elimina las dificultades, pero las hace más llevaderas. Reduce la presión. Permite respirar.

    Anna no se limita a estudiar por estudiar. Tiene claro que quiere seguir vinculada al deporte una vez finalice su etapa como jugadora. Por eso, además de CAFYD, está cursando el UEFA B de entrenadora. Una doble vía que le abre múltiples escenarios: entrenadora, preparadora física, formadora.

    “Ya sea a nivel de entrenadora o preparadora física, que siempre me ha encantado, donde salga la oportunidad”, comenta. No hay una obsesión por el cargo ni por el estatus. Hay un deseo genuino de permanecer en un entorno que conoce, desde otro rol, con otras herramientas.

    RCD Espanyol ha jugado un papel clave en este proceso. Lejos de poner obstáculos, el club ha facilitado su crecimiento formativo y le ha abierto las puertas del cuerpo técnico. Actualmente forma parte del staff del Infantil S13 A, una experiencia que le permite aplicar lo aprendido y empezar a construir una identidad profesional más allá del césped.

    “El que una mujer quiera ser entrenadora está muy bien visto en el club”, explica con ilusión. Cuando comunicó su intención de formarse como técnica, la respuesta fue unánime: apoyo total. Desde el entrenador del primer equipo hasta la dirección deportiva, pasando por su propia entrenadora, todos celebraron la iniciativa.

    Este respaldo no es menor. Durante décadas, el acceso de las mujeres a los banquillos ha estado lleno de barreras implícitas. Falta de referentes, de oportunidades, de confianza institucional. Cada paso que da una futbolista hacia la formación como entrenadora es también un paso colectivo.

    historia de Anna Torrodà es especialmente significativa porque rompe varios estigmas al mismo tiempo. Demuestra que parar no es fracasar, que cuidar la salud mental es compatible con la ambición profesional y que la formación no es una distracción, sino una herramienta de empoderamiento.

    Su mensaje a las futbolistas más jóvenes es claro y contundente: “El fútbol dura lo que dura, así que nunca abandonaría los estudios”. No hay medias tintas. No hay promesas irreales. Hay una verdad sencilla, dicha desde la experiencia.

    En un deporte que durante años exigió sacrificios unilaterales, Anna representa una nueva forma de estar. Una futbolista que se escucha, que se cuida y que entiende que su valor no se agota en los 90 minutos.

    Aunque sus trayectorias, edades y disciplinas académicas sean distintas, hay algo que une a las 33 jugadoras beneficiarias de las becas de Liga F: la conciencia de que el fútbol, por muy profesional que sea, no puede ser el único pilar sobre el que se construya una vida.

    En la próxima parte del reportaje, esa idea tomará forma a través de otra historia marcada por la vocación, el esfuerzo diario y la gestión del tiempo extremo: la de Eunate Astralaga, portera de la SD Eibar, estudiante de Enfermería y campeona de la Nations League.

    Hay carreras universitarias que exigen tiempo. Otras, presencia. Algunas, ambas cosas de forma casi incompatible con el deporte de alto rendimiento. Enfermería pertenece a esa categoría especialmente compleja, donde la teoría no basta y la práctica es innegociable. Clases presenciales, laboratorios, prácticas clínicas, turnos exigentes. Y aun así, Eunate Astralaga no dudó.

    “Es complicado porque es una carrera muy práctica, donde tienes que estar bastante en clase”, explica con naturalidad. La dificultad no está solo en el contenido académico, sino en la logística diaria. Entrenar por las mañanas, como exige el fútbol profesional, y estar en el aula a horas similares es, en muchos casos, un rompecabezas imposible. Pero Eunate decidió intentarlo.

    Eunate Astralaga (Berango, 30 de noviembre de 2005) forma parte de una generación de futbolistas que ya no vive la formación como una rareza individual, sino como un camino compartido. En sus clases de Enfermería coinciden otras jugadoras de Liga F. “Con Daniela Agote este año he estado en varias clases. Con Nerea Nevado entramos juntas… poco a poco lo intentamos llevar. Te motiva porque no te ves sola”.

    La frase es reveladora. No verse sola cambia todo. Convierte la dificultad en reto colectivo, el cansancio en complicidad, el esfuerzo en algo compartido. En un deporte donde durante años muchas futbolistas tuvieron que esconder que estudiaban —por miedo a parecer menos comprometidas—, ahora la formación se vive como algo que suma.

    La guardameta, cedida actualmente en la SD Eibar, tomó una decisión estratégica desde el inicio de la carrera: completar el primer año entero y luego dividir el segundo en dos cursos. Un ritmo más lento que el de sus compañeras de clase, sí, pero infinitamente más sostenible.

    “Tus compañeras completan la carrera antes, pero yo seguiré así para intentar sacármelo”, afirma con convicción. No hay frustración en sus palabras. Hay aceptación. Entiende que su camino es distinto, y que comparar tiempos no tiene sentido cuando las circunstancias tampoco lo son.

    Esa madurez resulta especialmente llamativa teniendo en cuenta su edad. A sus 19 años, Eunate ya ha sido campeona de la Nations League con la Selección española, ha debutado en la élite y se ha consolidado como una de las porteras con mayor proyección del fútbol español. Y aun así, no concibe el éxito deportivo como excusa para abandonar la formación.

    Cuando habla de la beca de Liga F, lo hace sin rodeos: “Es una gozada que nos puedan ayudar de esa manera”. En su caso, la ayuda no es simbólica. Es concreta. Reduce el estrés económico, permite organizar mejor el calendario académico y, sobre todo, envía un mensaje claro: estudiar no penaliza tu carrera deportiva.

    Eunate tiene muy interiorizada esa idea desde casa. “Mis padres me lo han inculcado, y yo siempre lo he querido. Por si el fútbol va mal, tener algo a lo que agarrarte”. No es una visión pesimista, sino realista. El fútbol, incluso en su versión más exitosa, está lleno de incertidumbre. Lesiones, cambios de club, decisiones técnicas, ciclos que se cierran de forma abrupta.

    La Enfermería, en cambio, representa estabilidad, vocación y una forma distinta de cuidar. Curar fuera del campo lo que dentro se rompe.

    La SD Eibar ha sido un aliado fundamental en este proceso. “Siempre que necesito ir a clase, sí o sí, me han apoyado”, agradece. No es un detalle menor. En un deporte donde los horarios son rígidos y las exigencias constantes, contar con un club que entienda la formación como parte del proyecto integral de la jugadora marca la diferencia.

    Ese apoyo se traduce en permisos, comprensión y una cultura interna que no penaliza la ambición académica. Porque estudiar Enfermería no es un capricho: es una elección que requiere compromiso institucional.

    Como Lucía y Anna, Eunate también es consciente de su papel como referente. Su consejo a las futbolistas más jóvenes es honesto y empático: “Por mucho que cueste, que creas que no tienes tiempo o que no se puede compaginar, que lo intenten sacar”. Reconoce que hay días en los que estudiar no apetece, pero ofrece una lectura distinta: “Aunque estudiar a veces no apetezca, viene bien para despejarse”.

    Esa frase resume una verdad poco contada: la formación no solo prepara para el futuro, también equilibra el presente. Ofrece una identidad complementaria, una salida mental, una sensación de control en un entorno donde muchas decisiones no dependen de ti.

    Lucía Martínez, Anna Torrodà y Eunate Astralaga no son excepciones aisladas. Son el rostro visible de un cambio de paradigma en el fútbol femenino español. Las becas de Liga F no solo ayudan a 33 jugadoras concretas. Están sentando un precedente cultural.

    Durante años, la narrativa dominante exigía una entrega total al fútbol, incluso a costa del futuro. Hoy, la élite femenina empieza a cuestionar ese modelo. Empieza a decir que el rendimiento deportivo no está reñido con el crecimiento académico. Que una futbolista puede aspirar a más de una cosa sin que eso reste compromiso.

    Los siete clubes implicados —Atlético de Madrid, Athletic Club, Real Sociedad, RCD Espanyol, SD Eibar, Deportivo Abanca y Granada CF— forman parte de una red que, poco a poco, entiende que el éxito no se mide solo en puntos, sino también en vidas sostenibles.

    Durante demasiado tiempo, el fútbol femenino vivió atrapado en una contradicción silenciosa. Por un lado, se exigía profesionalidad absoluta: rendimiento, sacrificio, disponibilidad total. Por otro, no se ofrecían estructuras sólidas que garantizasen un futuro más allá del césped. El resultado fue una generación de futbolistas obligadas a vivir en el corto plazo, a estirar carreras sin red y a enfrentarse, al final, a un vacío difícil de llenar.

    Las becas de formación impulsadas por Liga F no solucionan todos los problemas estructurales del fútbol femenino español, pero sí representan un punto de inflexión. Un cambio de mirada. Una forma distinta de entender qué significa cuidar a una futbolista profesional.

    El paso de la semi-profesionalidad a una liga reconocida como profesional ha sido un avance histórico. Sin embargo, la profesionalización real no se mide únicamente en salarios, retransmisiones o patrocinios. Se mide también en la capacidad de las instituciones para pensar en el después. En aceptar que una carrera deportiva es limitada en el tiempo y que el éxito no debería pagarse con incertidumbre futura.

    Las 33 jugadoras beneficiarias de estas becas no representan una élite aislada. Son el reflejo de una realidad amplia: futbolistas que entrenan como profesionales, compiten al máximo nivel y, al mismo tiempo, estudian grados universitarios exigentes, másteres, ciclos formativos o titulaciones técnicas. Lo hacen porque quieren, pero también porque saben que lo necesitan.

    En ese sentido, la educación deja de ser un plan de emergencia para convertirse en parte del proyecto vital de la futbolista.

    El paso de la semi-profesionalidad a una liga reconocida como profesional ha sido un avance histórico. Sin embargo, la profesionalización real no se mide únicamente en salarios, retransmisiones o patrocinios. Se mide también en la capacidad de las instituciones para pensar en el después. En aceptar que una carrera deportiva es limitada en el tiempo y que el éxito no debería pagarse con incertidumbre futura.

    Las 33 jugadoras beneficiarias de estas becas no representan una élite aislada. Son el reflejo de una realidad amplia: futbolistas que entrenan como profesionales, compiten al máximo nivel y, al mismo tiempo, estudian grados universitarios exigentes, másteres, ciclos formativos o titulaciones técnicas. Lo hacen porque quieren, pero también porque saben que lo necesitan.

    En ese sentido, la educación deja de ser un plan de emergencia para convertirse en parte del proyecto vital de la futbolista.

    Durante años, muchas futbolistas ocultaron que estudiaban. Temían ser percibidas como menos ambiciosas, menos centradas, menos “profesionales”. Hoy, ese estigma empieza a romperse. No del todo, pero de forma visible.

    Que una centrocampista estudie Criminología, que otra pause su carrera por salud mental mientras se forma como entrenadora, que una portera de la selección curse Enfermería sin renunciar a la élite… todo eso envía un mensaje poderoso: no hay una única forma válida de ser futbolista profesional.

    El fútbol femenino gana cuando sus jugadoras son personas completas, con intereses diversos, con herramientas para decidir, con capacidad crítica y con opciones reales cuando el balón deja de rodar.

    Quizá el mayor valor de estas becas no esté en el presente, sino en el futuro. En las niñas y adolescentes que hoy empiezan a jugar al fútbol con referentes distintos. Referentes que no solo marcan goles o levantan títulos, sino que hablan abiertamente de estudiar, de parar cuando hace falta, de pensar a largo plazo.

    El mensaje es claro: no tienes que elegir entre tus sueños. Puedes amar el fútbol y, al mismo tiempo, construirte fuera de él. Puedes aspirar a la élite sin hipotecar tu futuro. Puedes ser ambiciosa sin ser imprudente.

    Ese cambio cultural es lento, pero ya está en marcha.

    En un contexto donde el deporte profesional tiene cada vez más impacto social, iniciativas como estas sitúan a Liga F en una posición relevante. No como simple organizadora de una competición, sino como agente activo en la construcción de un modelo más justo y sostenible.

    Invertir en formación es invertir en estabilidad. En salud mental. En igualdad real. Porque durante décadas, el fútbol masculino contó con redes económicas que permitían una transición más cómoda tras la retirada. El femenino, no. Corregir esa desigualdad no es un gesto simbólico: es una cuestión de justicia estructural.

    Las becas de Liga F no aparecen en los resúmenes de los domingos ni en las estadísticas oficiales. No suman puntos ni títulos. Pero sostienen algo mucho más profundo: vidas.

    Sostienen a Lucía cuando vuelve a casa tras entrenar y se sienta a estudiar Criminología.
    Sostienen a Anna cuando decide cuidarse y seguir formándose para quedarse en el fútbol desde otro lugar.
    Sostienen a Eunate cuando encadena entrenamientos, clases prácticas y sueños que van más allá de la portería.

    En un deporte que durante demasiado tiempo pidió todo y ofreció poco, estas historias demuestran que otra forma de hacer las cosas es posible. Que el fútbol femenino no solo puede competir al máximo nivel, sino también educar, acompañar y dejar legado.

    Porque cuando el último partido se juega, cuando las botas se cuelgan y el estadio se queda en silencio, lo que permanece no son los goles. Son las personas que el fútbol ayudó a construir.

    Y en ese futuro, gracias a estas becas, muchas futbolistas ya no caminan solas.

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Exclusiva | Silvia Lloris dice no a Rayadas y el Atlético se reafirma como su casa mientras Ana Vitória mira a Brasil: dos decisiones, un mismo vestuario y un punto de inflexión en el proyecto rojiblanco

    (Fuente : UEFA)

    ⬛️ “Manu, la propuesta existió, pero Silvia no se moverá del Atlético de Madrid.”

    (Fuente: Liga F Moeve )

    En el fútbol femenino moderno, cada mercado de fichajes no solo mueve nombres, contratos y cifras. Mueve mensajes. Mensajes hacia dentro del vestuario, hacia la afición y hacia el futuro inmediato de un club. Y en el Atlético de Madrid , en pleno proceso de redefinición deportiva tras una temporada de transición, dos decisiones tomadas en paralelo dibujan con claridad el momento que vive la entidad rojiblanca: la continuidad firme de Silvia Lloris como pilar del proyecto y la posible salida de Ana Vitória, una de las futbolistas más talentosas de la plantilla, rumbo a Brasil.

    Dos historias distintas. Dos trayectorias que se cruzan en Alcalá de Henares y ofrecen lecturas que se explican mejor or que ningún discurso oficial hacia dónde camina el Atlético de Madrid Femenino en el corto y medio plazo.

    Así se zanja una de las informaciones que había comenzado a circular en los últimos días en el entorno del mercado internacional: el interés real y concreto de Rayadas de Monterrey por Silvia Lloris.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Un interés que no era un simple tanteo, ni una llamada exploratoria, sino una propuesta formal desde uno de los clubes más poderosos de la Liga MX Femenil, presidido por José Antonio Noriega y con una estructura económica capaz de seducir a cualquier futbolista joven, pero Silvia Lloris ha dicho no. Y ese “no” tiene un valor enorme.

    Silvia Lloris (Murcia, 15 de mayo de 2004) pertenece a esa rara estirpe de futbolistas que parecen llegar antes de tiempo al lugar que les corresponde. Nacida en El Palmar, su carrera ha sido un proceso acelerado pero firme, sin atajos artificiales ni saltos al vacío. Cada paso ha tenido sentido. Cada decisión ha respondido a una lógica deportiva.

    Debutó en Primera División con el Levante Unión Deportiva con apenas 16 años, en una liga históricamente exigente con las centrales jóvenes. Lo hizo sin complejos. Sin esconderse. Y desde entonces su nombre empezó a circular con naturalidad entre los departamentos de scouting de clubes nacionales e internacionales.

    Defensa central de formación, Lloris es una futbolista tácticamente muy completa: puede actuar como lateral en línea de cuatro, como central en defensa de tres y, en contextos determinados, incluso como mediocentro defensivo. Su lectura del juego, su capacidad para anticipar y su serenidad en salida de balón la han convertido en una jugadora diferencial para su edad.

    Pero si hay algo que define a Silvia Lloris es su mentalidad competitiva que la hace aún más grande.

    El palmarés internacional de Silvia Lloris impresiona, especialmente cuando se contextualiza con su edad. Campeona del Mundo sub-20 y doble campeona de Europa sub-19, su crecimiento ha estado acompañado de una presencia constante en las grandes citas del fútbol formativo internacional.

    (Fuente: Getty imágenes)

    No es casualidad que haya entrenado ya con la Selección Española absoluta. No como premio simbólico, sino como parte de un seguimiento real. En los informes técnicos de la RFEF, su nombre aparece desde hace tiempo subrayado en rojo.

    Y sin embargo, lejos de dejarse llevar por cantos de sirena o proyectos que prometen protagonismo inmediato, Lloris ha elegido continuar creciendo en un entorno que conoce, que le exige y que le proyecta: el Atlético de Madrid.

    (Fuente: Getty imágenes)

    El interés de Rayadas de Monterrey no surge de la nada. El club mexicano lleva años apostando fuerte por talento joven europeo, especialmente por futbolistas con recorrido internacional y perfil de liderazgo futuro. Silvia Lloris encaja a la perfección en ese modelo.

    La propuesta existió, fue real, valorada y descartada por la quince a pesar del gran salto en lo económico que hubiera supuesto para ella.

    Para el Atlético de Madrid Femenino, la continuidad de Silvia Lloris es una victoria silenciosa pero estructural. No solo se asegura talento, sino que envía un mensaje al resto del vestuario y al entorno: el club quiere construir, no solo retener.

    En un proyecto que busca estabilidad tras años de cambios, Lloris representa el tipo de futbolista sobre la que se puede edificar una defensa durante una década.

    Y mientras una puerta se cierra con firmeza, otra comienza a entreabrirse en el mismo vestuario.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    En el otro lado de la moneda se encuentra Ana Vitória Angélica Kliemaschewsk de Araújo (Rondonópolis, Brasil, 6 de marzo de 2000). La “diez” del Atlético de Madrid. Una futbolista de talento indiscutible, internacional con Brasil desde 2020 y con experiencia en clubes de primer nivel como el PSG y el Benfica.

    Su llegada al Atlético generó expectativas altas. Muy altas. Y no sin motivos: visión de juego, calidad técnica, golpeo, pausa y liderazgo natural.

    Pero el fútbol no siempre responde al talento de forma lineal, depende de otros muchos factores.

    Pero la decisión final no estuvo marcada por lo económico ni por la tentación de un rol más protagonista inmediato. Estuvo marcada por una idea clara: Silvia Lloris se ve a sí misma triunfando en el Atlético de Madrid.

    Quiere consolidarse como titular. Quiere crecer en una de las ligas más competitivas del mundo. Quiere seguir llamando a la puerta de la selección absoluta desde Europa. Y quiere hacerlo vistiendo de rojiblanco.

    En un mercado donde cada vez es más habitual que las jóvenes promesas den saltos prematuros, esta decisión es una declaración de intenciones.

    esquema de Víctor Martín Alba, Ana Vitória no ha logrado asentarse como titular indiscutible. Por delante en la rotación aparecen nombres como Júlia Bartel y Fiamma Benítez, dos futbolistas con perfiles distintos pero con mayor continuidad en el modelo del técnico rojiblanco.

    La brasileña ha alternado titularidades con suplencias, participaciones parciales y partidos en los que su influencia ha sido menor de la esperada. No por falta de calidad, sino por encaje táctico y momentos de partido.

    Y cuando una futbolista de 26 años, en plena madurez deportiva, siente que su rol no se ajusta a su potencial, el mercado deja de ser una amenaza para convertirse en una opción.

    Ana Vitória no ve con malos ojos poner rumbo al Corinthians. El club brasileño, uno de los gigantes del fútbol femenino sudamericano, ya ha movido ficha. La futbolista ha visitado las instalaciones, ha hablado con personas clave del proyecto y contempla seriamente la posibilidad de regresar a su país natal.

    No sería una aventura desconocida. Ya defendió esos colores en la temporada 2017-2018, una etapa formativa que ahora podría cerrarse como círculo completo, pero desde otro estatus: el de una futbolista internacional, madura y preparada para liderar.

    A sus 26 años, Ana Vitória espera que los clubes alcancen un acuerdo que facilite su salida. No hay conflicto. No hay ruptura. Hay una lectura realista de la situación.

    La continuidad de Silvia Lloris y la posible salida de Ana Vitória no son hechos aislados. Son síntomas.

    El Atlético de Madrid Femenino está redefiniendo su identidad: apuesta por juventud con proyección, por perfiles que encajen a largo plazo y por una idea de equipo donde el rol es tan importante como el talento.

    Silvia Lloris representa el futuro que ya es presente. Ana Vitória, el talento que busca el contexto adecuado para brillar.

    Y entre ambas historias, el Atlético se juega algo más que dos nombres propios: se juega la coherencia de su proyecto.

    En el fútbol moderno —y especialmente en el femenino de élite— la defensa ya no es una línea de contención, sino el primer escalón del juego ofensivo. Y ahí es donde Silvia Lloris se convierte en una pieza estratégica para el Atlético de Madrid.

    No es solo una central que defiende bien. Es una futbolista que interpreta el juego desde atrás, que entiende cuándo romper líneas, cuándo temporizar y cuándo ordenar. Su capacidad para jugar perfilada, para sacar el balón limpio bajo presión y para corregir espacios largos la convierten en una central adaptada a cualquier registro.

    En un Atlético que ha alternado sistemas —línea de cuatro, defensa de tres, variantes híbridas—, Lloris ofrece algo fundamental: versatilidad sin pérdida de rendimiento.

    Eso explica por qué su figura va más allá del presente inmediato.

    La campeonas del mundo sub-20 no se improvisan. España no gana títulos formativos por casualidad, y Silvia Lloris no es una excepción dentro de una generación excepcional: es una de sus líderes silenciosas.

    En los torneos internacionales ha demostrado algo que los técnicos valoran por encima de casi todo: regularidad emocional. No se esconde en los partidos grandes. No se acelera cuando el escenario aprieta. No pierde el foco.

    Ese tipo de central es oro puro en un vestuario joven y el Atlético de Madrid lo sabe, mimando día a día a este diamante en bruto.

    Que Silvia Lloris haya rechazado una propuesta internacional potente envía un mensaje interno muy poderoso: el Atlético no es un club de paso.

    En una Liga F que lucha por retener talento frente a ligas emergentes con músculo económico, estas decisiones refuerzan el relato competitivo del campeonato español.

    Para las más jóvenes del vestuario, Lloris marca un camino: crecer aquí también es una opción válida. Consolidarse aquí también tiene premio. Y dar el salto a la absoluta desde aquí es posible.

    Si la historia de Silvia Lloris habla de continuidad, la de Ana Vitória habla de búsqueda.

    Porque el talento de la brasileña no está en duda. Nunca lo ha estado. Ni en París, ni en Lisboa, ni en Madrid. Su capacidad para filtrar pases, para encontrar espacios entre líneas y para dar pausa al juego la convierten en una futbolista diferente.

    Pero el fútbol no es solo talento. Es rol, confianza y sistema, por citar algunos ejemplos.

    La irrupción de Júlia Bartel y la consolidación de Fiamma Benítez han cambiado el ecosistema creativo del Atlético. Ambas aportan intensidad, movilidad y una presión alta que encaja a la perfección en la idea de Víctor Martín.

    Ana Vitória, en cambio, es una futbolista de tempo. De balón al pie. De ritmo controlado. Y cuando el equipo prioriza transiciones rápidas y presión tras pérdida, su perfil queda más expuesto.

    No es un problema de calidad, sino de encaje en la entidad y la diez ya parece haber cumplido una época en el tres veces campeón de la Liga F Moeve.

    Corinthians no es cualquier destino. Es uno de los clubes más grandes del continente. Un entorno donde Ana Vitória no sería una pieza más, sino una referencia.

    El regreso a Brasil no se interpreta como un paso atrás, sino como una reconexión con su mejor versión. Un contexto donde su talento puede volver a ser central, donde el juego se adapte más a sus virtudes y donde su liderazgo tenga peso específico.

    Que ya haya visitado las instalaciones no es un detalle menor. Es un gesto que habla de intención.

    Para el Atlético de Madrid, facilitar o no la salida de Ana Vitória no es solo una cuestión de mercado. Es una decisión de modelo.

    Retener talento que no encaja puede generar fricción. Liberarlo para reforzar otras áreas puede fortalecer al grupo. Y en un proyecto que busca equilibrio entre juventud, experiencia y competitividad, cada movimiento cuenta.

    Si se produce el acuerdo, no será una derrota, más bien una transición ordenada.

    Silvia Lloris y Ana Vitória representan dos momentos vitales distintos, pero una misma realidad: el Atlético está definiendo quién quiere ser.

    Apuesta por el crecimiento a largo plazo. Por futbolistas que aceptan el proceso. Por roles claros. Y por una identidad reconocible.

    No es casualidad que una joven campeona del mundo diga “me quedo” y que una internacional consolidada explore nuevos caminos. Es la consecuencia lógica de un vestuario en movimiento.

    Lloris ha elegido el camino largo. El exigente. El que no garantiza titulares inmediatos, pero sí crecimiento real. Ha elegido competir cada fin de semana contra las mejores, formarse en silencio y construir una carrera sólida desde la convicción.

    Ana Vitória, por su parte, ha elegido escucharse. Entender su momento vital. Apostar por un contexto que valore lo que es y lo que puede seguir siendo.

    El Atlético de Madrid Femenino, en medio de ambas decisiones, está aprendiendo a decidir sin miedo.

    Y eso, en el fútbol femenino actual, es una señal inequívoca de madurez.

    Aquí no hay vencedores ni vencidos.
    Hay decisiones, proyecto e identidad.

    Y eso, al final, es lo que define a los clubes que aspiran a volver a la cima.

  • Oficial | Yerai Martín dirigirá al Tenerife hasta final de curso

    (Fuente: Costa Adeje Tenerife Egatesa)

    ⬛️ El preparador vasco se hará cargo de las guerreras hasta el 30 de junio de 2026.

    El Club Deportivo Tenerife Femenino, actual quinto clasificado de la Liga Profesional de Fútbol Femenino , ha designado a Yerai Martín Ramos como nuevo entrenador del primer equipo azul y blanco.

    El representativo canario tenía un tándem de técnicos interinos desde la marcha de Eder Maestre, ahora en el London City inglés, y se ha fijado en el vasco para ocupar el banquillo del Heliodoro Rodríguez López

    El ex del Rancing Power F.C. de Portugal llega de la mano de Jordi Torres, director deportivo que coincidió con él en Guipúzcoa y firmar por la entidad que preside D. Sergio Batista hasta el próximo 30 de junio de 2026, como mínimo.

    Formado íntegramente en el fútbol base guipuzcoano, Yerai Martín inició su carrera en los banquillos en clubes como el Usurbil F.T. y la S.D. Euskalduna, donde logró ascensos en categorías juveniles. Posteriormente se incorporó al Antiguoko K.E., uno de los clubes de referencia en la cantera del País Vasco, cuna de futbolistas y entrenadores de prestigio como Xabi Alonso, Mikel Arteta o Andoni Iraola. En la entidad donostiarra dirigió distintos equipos hasta asumir la coordinación de sus cuatro primeros conjuntos: División de Honor Juvenil, Liga Nacional Juvenil, Liga Vasca Juvenil y Liga Vasca Cadete.

    El estilo de juego de Yerai Martín al frente del Eibar Femenino se caracterizó por una identidad muy definida, pragmática y profundamente competitiva, pensada para optimizar al máximo los recursos del club y competir con garantías en la Liga F. Su propuesta no se basó en la posesión ni en el dominio continuo del balón, sino en la organización colectiva, el orden táctico y la eficacia en los momentos clave del partido, construyendo un equipo difícil de desbordar y muy incómodo para cualquier rival, especialmente para los de mayor presupuesto.

    Defensivamente, su Eibar tuvo como gran seña de identidad un bloque medio-bajo compacto, con líneas muy juntas y distancias cortas entre sectores, priorizando siempre el equilibrio y la protección del área. La estructura defensiva estaba cuidadosamente trabajada, con ayudas constantes, buena defensa de centros laterales y una clara vocación por minimizar riesgos. El equipo rara vez se partía, lo que le permitía sostenerse durante muchos minutos incluso bajo presión rival.

    En cuanto a la estructura táctica, Yerai Martín utilizó principalmente sistemas como el 4-2-3-1 y el 4-4-2, apoyándose en un doble pivote de perfil defensivo, extremos con un alto compromiso en el repliegue y laterales contenidos, más pendientes de cerrar su zona que de proyectarse de forma constante. Todo el engranaje estaba diseñado para mantener la solidez y evitar desajustes.

    En fase ofensiva, el equipo apostó por un fútbol directo y vertical, con salidas de balón sencillas, sin asumir riesgos innecesarios. El Eibar buscó explotar las transiciones rápidas tras recuperación, atacando espacios, utilizando los costados y recurriendo con frecuencia al centro lateral y al segundo balón. No necesitaba acumular muchas ocasiones para generar peligro, ya que su plan estaba orientado a castigar errores rivales y maximizar cada llegada.

    Uno de los aspectos más destacados del trabajo de Yerai Martín fue la gestión de los partidos. Su equipo mostró una gran madurez competitiva, sabiendo interpretar los diferentes momentos del encuentro, proteger ventajas y mantener la concentración hasta el final. Los cambios solían tener un carácter estratégico, pensados más para sostener el resultado y reforzar el equilibrio que para alterar radicalmente el plan inicial.

    Entre las principales virtudes de su modelo destacan la solidez defensiva, el compromiso colectivo, la disciplina táctica, la fortaleza mental y la capacidad de adaptación al rival. Como contrapunto, su propuesta tuvo limitaciones cuando el equipo debía asumir el protagonismo con balón, encontrando mayores dificultades ante bloques bajos y dependiendo en exceso del acierto en transiciones ofensivas.

    En conjunto, el Eibar de Yerai Martín fue un equipo reconocible, ordenado y fiable, construido para competir, resistir y consolidarse en la élite del fútbol femenino, un perfil de entrenador especialmente valioso en proyectos que priorizan la estabilidad, el trabajo y el rendimiento colectivo por encima del talento individual.

    En su etapa al frente de la SD Eibar, Yerai Martín firmó un balance de 90 partidos dirigidos en competición liguera, con 31 victorias, 29 empates y 30 derrotas, sumando 122 puntos y destacando especialmente por la solidez defensiva de sus equipos, con un total de 34 porterías a cero repartidas en tres temporadas.
    En la campaña 2025/26, el técnico asumió un nuevo desafío internacional en el Racing Power FC de Portugal, incorporándose al equipo a principios de septiembre, coincidiendo con el inicio de la competición.

    En apenas diez jornadas de liga, logró tres victorias, cuatro empates y tres derrotas, con nueve goles a favor y siete en contra, situando al conjunto portugués durante seis jornadas en posición de Champions y dejándolo a solo cuatro puntos de dichos puestos al término de su etapa.

    Además, Martín obtuvo el galardón de mejor técnico del mes del campeonato nacional portugués en septiembre, confirmando así su buen hacer durante su etapa en el país luso. Entre los resultados más destacados figuran los empates sin goles ante el SL Benfica —los únicos puntos cedidos por el conjunto lisboeta en liga— y el Sporting Clube de Braga, club participante en competiciones europeas.
    El técnico vasco tendrá como segundo entrenador a Luis Patiño, quien ya ejerciera esa figura durante la temporada pasada asistiendo a Eder Maestre y continuaba realizando diferentes funciones dentro del cuerpo técnico del primer equipo del Club Deportivo Tenerife Femenino en el presente curso. Patiño, con una trayectoria previa en el club, ha demostrado su capacidad y conocimiento de la plantilla y del proyecto y su elección reafirma el compromiso de la entidad con el desarrollo del talento dentro de su estructura.

    Yerai Martín estará al frente del equipo dirigiendo su primera sesión de entrenamiento el próximo viernes 2 de enero a las 16: 00h. La presentación oficial ante los medios de comunicación será el mismo día a las 11:00 horario peninsular en la sala de prensa del Heliodoro Rodríguez López.

  • Reportaje | Toni Duggan, carácter, gol y escudo: una historia escrita a base de coraje

    (Fuente: UEFA)

    🟧 Llegó desde Inglaterra con el prestigio de quien ya había conquistado Europa y el carácter de quien no entiende el fútbol sin lucha. Toni Duggan no vino al Atlético de Madrid para pasar, sino para quedarse en la memoria. En cada carrera, en cada choque y en cada celebración, dejó una forma de competir que conectó con la esencia rojiblanca: orgullo, rebeldía y compromiso hasta el último minuto. Su paso por el Atlético no se mide solo en goles, sino en huella, en liderazgo silencioso y en esa manera innegociable de entender el escudo como una causa.

    (Fuente: Europa Press)

    Antes de ser rojiblanca, Toni Duggan ya era una futbolista hecha a base de carácter, títulos y noches grandes. Pero fue en el Atlético de Madrid donde su fútbol encontró un escenario acorde a su temperamento. La delantera inglesa llegó para competir, para elevar el nivel y para asumir el peso de un escudo que exige más que talento. Su paso por el Atlético marcó el punto de madurez de una carrera internacional, el lugar donde experiencia y ambición se encontraron para escribir un capítulo reconocible, intenso y profundamente atlético.

    (Fuente: Atlético de Madrid)

    Hay futbolistas que pasan por los clubes. Y hay otras que, incluso en un tiempo breve, dejan una manera de competir. Toni Duggan pertenece a ese segundo grupo. Su carrera, extensa y marcada por la élite, encontró en el Atlético de Madrid un punto de inflexión emocional y competitivo: el lugar donde su carácter inglés se fundió con la identidad rojiblanca, donde su fútbol encontró una trinchera acorde a su temperamento.

    Nacida en Liverpool el 25 de julio de 1991, Duggan creció en una ciudad que respira fútbol desde la infancia. Antes de los focos, antes de las finales y las noches europeas, hubo barro, hubo equipos mixtos, hubo una niña que no entendía el deporte sin intensidad. En los Jellytots empezó a forjarse una jugadora que nunca supo competir a medio gas. A los once años, el Everton llamó a su puerta. Y ya no se iría nunca del todo de ese fútbol de choque, ritmo y determinación que marcaría toda su carrera.

    Su irrupción en el primer equipo del Everton en la temporada 2007-08 fue tan temprana como contundente. Apenas una adolescente, Duggan aprovechó las lesiones del ataque titular para hacerse un hueco en un equipo que competía de tú a tú con el Arsenal hegemónico de la época. Su debut europeo, el 9 de agosto de 2007, llegó con victoria ante el Gintra, y apenas dos días después marcó su primer gol continental ante el Glentoran. No era solo una debutante: era una futbolista sin miedo al escenario.

    Ese descaro se transformó pronto en impacto real. El gol en el descuento ante el Watford que clasificó al Everton para la final de la Premier League Cup fue una declaración de intenciones. En aquella final, saliendo desde el banquillo, participó en la victoria que rompió dos años de invencibilidad del Arsenal. Duggan no necesitaba ser titular para cambiar partidos: entendía los momentos.

    A partir de ahí, su crecimiento fue sostenido. Subcampeonatos ligueros, finales, noches europeas y reconocimientos individuales marcaron una etapa en la que su nombre dejó de asociarse a la juventud para ligarse a la fiabilidad. En 2009 fue elegida Jugadora Joven del Año por la FA, y su papel en la FA Cup de la temporada 2009-10 fue decisivo, con goles clave y una influencia constante en los momentos grandes.

    Duggan nunca fue una delantera de área pura ni una mediapunta clásica. Su fútbol habitaba un terreno intermedio, incómodo para las defensas. Zurda natural, potente en carrera, con una capacidad extraordinaria para atacar el espacio y un golpeo seco, su mayor virtud siempre fue la lectura competitiva. Sabía cuándo acelerar, cuándo chocar, cuándo arrastrar marcas. No pedía el balón para adornarse: lo pedía para hacer daño.

    Ese perfil la acompañó en la transición hacia la recién creada Women’s Super League, donde el Everton siguió siendo competitivo y donde Duggan consolidó su estatus nacional. En 2012 fue elegida mejor jugadora inglesa sub-23 y debutó con la selección absoluta. Inglaterra ya no miraba al futuro: miraba al presente.

    Con la selección inglesa, Duggan fue una pieza reconocible durante más de una década. Internacional absoluta desde 2012, participó en las Eurocopas de 2013 y 2017 y en los Mundiales de 2015 y 2019. En Canadá 2015 formó parte del equipo que conquistó la medalla de bronce, un hito para el fútbol femenino inglés moderno.

    Antes incluso, su talento ya había sido reconocido en categorías inferiores. Campeona de Europa Sub-19 en 2009, marcando en la final, y jugadora del equipo ideal del Mundial Sub-20 de 2008 con apenas 17 años, Duggan fue durante años sinónimo de competitividad internacional. No siempre titular indiscutible, pero sí siempre una jugadora de confianza, utilizada para cambiar ritmos, sostener partidos o castigar defensas cansadas.

    julio de 2017 llegó uno de los giros más significativos de su carrera: su fichaje por el FC Barcelona. Fue la primera inglesa en vestir la camiseta azulgrana desde Gary Lineker, y su llegada simbolizó la apertura definitiva del proyecto culé a perfiles internacionales consolidados.

    La adaptación no fue sencilla. El idioma, el modelo de entrenamiento, la menor carga física y la mayor exigencia táctica supusieron un proceso de ajuste. Pero Duggan entendió el juego. En su primera temporada ganó la Copa de la Reina, marcó once goles en Liga y fue una de las máximas realizadoras del equipo. En Europa, el Barça alcanzó los cuartos de final, cayendo ante el Olympique de Lyon.

    La temporada 2018-2019 elevó aún más el listón. Duggan fue parte del equipo que alcanzó la primera final de la Champions League en la historia del club. Marcó cinco goles en la competición y vivió desde dentro la consolidación de un Barça que empezaba a dominar Europa. En Liga volvió a ser subcampeona, esta vez por detrás del Atlético de Madrid, al que marcaría en dos escenarios históricos, incluido el Metropolitano ante más de 60.000 espectadores.

    El 31 de julio de 2019, Toni Duggan fichó por el Atlético de Madrid. No fue un movimiento más. Ella misma lo explicó: le impresionó el apoyo al equipo femenino, el Metropolitano, la cultura del club. En el Atlético encontró algo que reconocía como propio: una manera de competir.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Su debut liguero llegó el 7 de septiembre ante el Sporting de Huelva. Los primeros meses fueron de adaptación. Lesiones, cambio de entrenador, un contexto táctico distinto. Pero cuando Duggan encontró su sitio, su impacto fue inmediato. Marcó su primer gol ante la Real Sociedad y, apenas una semana después, fue clave en la histórica eliminación del Manchester City en la Liga de Campeones.

    Ese tramo de la temporada mostró a la Duggan más reconocible: agresiva en la presión, solidaria en el esfuerzo defensivo, incisiva cuando atacaba el espacio. Un doblete ante el Deportivo Abanca confirmó su crecimiento. Las lesiones volvieron a frenar su continuidad, pero no su influencia. En una temporada marcada por la pandemia, disputó 15 partidos de Liga, marcó cinco goles y dio una asistencia. El Atlético fue subcampeón.

    Más allá de los números, su valor fue otro. Duggan aportó experiencia europea, liderazgo silencioso y una mentalidad competitiva que encajó con la identidad del club. Fue elegida en el once ideal de la jornada 8 y dejó su sello en Supercopa, Liga, Champions y Copa de la Reina.

    Ver a Toni Duggan era entender el fútbol como combate. No desde la violencia, sino desde la determinación. Su zancada larga le permitía atacar espacios con potencia; su lectura del desmarque rompía líneas; su golpeo zurdo era seco, sin florituras. No era una regateadora de repetición, pero sí una futbolista eficaz en el uno contra uno cuando el contexto lo exigía.

    Tácticamente, entendía bien los sistemas híbridos. Podía partir desde banda, actuar como segunda punta o caer a zonas intermedias para liberar espacios. En el Atlético, destacó especialmente por su trabajo sin balón, por su capacidad para iniciar la presión y por su compromiso defensivo, cualidades muy valoradas en un equipo que basaba parte de su éxito en la solidez colectiva. Y lo largo de su carrera, Duggan conquistó:

    Pero su legado no se mide solo en títulos. Se mide en credibilidad competitiva, en haber sido siempre una futbolista de grandes escenarios, en haber llevado su carácter a cada camiseta que vistió.

    • 1 Liga inglesa
    • 2 FA Cup
    • 3 Copas de la Liga inglesa
    • 1 Copa de la Reina
    • Medalla de bronce en el Mundial 2015
    • Campeona de Europa Sub-17

    El 18 de septiembre de 2024, Toni Duggan anunció su retirada. Lo hizo sin estridencias, fiel a su forma de ser. Se marchó una futbolista que entendió el juego como una responsabilidad y el escudo como un compromiso.

    En el Atlético de Madrid dejó algo más que goles: dejó una manera de competir. Y eso, en un club como el Atlético, es dejar huella.

    paso de Toni Duggan por el Atlético de Madrid no puede entenderse como un simple tramo final de su carrera europea. Fue, en muchos sentidos, un espejo condensado de todo lo que había sido como futbolista: adaptación constante, lucha contra las lesiones, impacto en momentos clave y una relación honesta con la exigencia competitiva. El Atlético no era un destino cómodo; era un entorno que pedía carácter. Y Duggan nunca negoció eso.

    Su llegada coincidió con una etapa de transición en el club. El Atlético había dominado la Liga en años anteriores, había llenado el Metropolitano y se encontraba redefiniendo su identidad tras cambios estructurales y deportivos. En ese contexto, Duggan no llegó como estrella mediática, sino como jugadora de jerarquía silenciosa, una figura reconocible para los vestuarios grandes.

    En los entrenamientos, según relataron personas del entorno, destacaba por su intensidad constante. No entendía las sesiones a medio ritmo. Cada ejercicio era una réplica del partido. Ese perfil, profundamente británico, conectó pronto con una plantilla acostumbrada al sacrificio. En el campo, su rol fue mutando: a veces más cerca del área, otras partiendo desde banda izquierda, otras cayendo a la mediapunta para asociarse y permitir llegadas de segunda línea.

    En el Atlético, Duggan combinó madurez, profesionalidad y liderazgo silencioso. Su visión de juego le permitió adaptarse a distintas posiciones ofensivas, alternando la mediapunta con la función de segunda punta o extremo, según lo requería el sistema de juego. Siempre buscó atacar espacios, romper líneas defensivas y facilitar la llegada de compañeras, combinando inteligencia táctica con instinto goleador. Sus goles no fueron solo momentos de celebración; fueron actos de lectura avanzada del juego, anticipando movimientos y creando desequilibrio constante.

    Si hay un lugar donde la carrera de Toni Duggan cobra sentido completo es la Liga de Campeones. Desde su debut adolescente con el Everton hasta las semifinales y finales con el Barcelona y el Atlético, Europa fue el hábitat natural de una futbolista diseñada para partidos de tensión máxima.

    La eliminatoria ante el Manchester City en la temporada 2019-2020 fue uno de los momentos más simbólicos de su etapa rojiblanca. Enfrentarse a un exequipo, hacerlo con la camiseta del Atlético y ser decisiva en la clasificación a cuartos no fue una casualidad. Duggan entendía esos contextos. Sabía leer cuándo el partido pedía pausa y cuándo exigía colmillo.

    En ese cruce, su aportación no fue solo goleadora. Fue estructural. Ayudó a sostener el bloque, a temporizar ataques, a forzar faltas, a incomodar la salida rival. El Atlético avanzó, y con él avanzó la idea de que Duggan, aun sin continuidad absoluta por las lesiones, seguía siendo una futbolista de grandes noches.

    Uno de los hilos menos visibles, pero más determinantes, de la carrera de Toni Duggan fue su relación con el cuerpo. Desde joven convivió con molestias, recaídas y procesos de recuperación largos. Nunca fue una jugadora blindada físicamente, pero sí una profesional meticulosa.

    En el Atlético, como antes en el Barcelona y en Inglaterra, supo gestionar los tiempos. Cuando no podía aportar desde el césped, lo hacía desde el vestuario. Su experiencia internacional era un activo. Su lectura del juego, una herramienta constante para el cuerpo técnico.

    Ese perfil explica por qué, pese a no disputar todos los encuentros, su presencia fue valorada internamente. No era una futbolista de estadísticas deslumbrantes, pero sí una jugadora que elevaba el nivel competitivo del grupo.

    El recorrido de Duggan con la selección inglesa merece una lectura específica. Nunca fue la futbolista más mediática ni la cara visible del proyecto, pero estuvo presente en todos los ciclos relevantes del crecimiento de Inglaterra como potencia mundial.

    Desde su debut en 2012 hasta su participación en el Mundial de 2019, Duggan fue una futbolista de selección en el sentido más clásico: convocable, fiable, adaptable a distintos sistemas. En Canadá 2015, el torneo que marcó un antes y un después para las Lionesses, aportó profundidad de plantilla y experiencia en un grupo que terminó colgándose el bronce.

    En las Eurocopas de 2013 y 2017 fue parte de un equipo en evolución, todavía en construcción, que empezaba a competir de tú a tú con las grandes potencias. No siempre titular, pero sí recurrente, Duggan representó a una generación puente: la que sostuvo a Inglaterra antes de su explosión definitiva en la década siguiente.

    Analizar a Toni Duggan solo desde los goles sería injusto. Su verdadero valor estaba en los detalles invisibles. En cómo orientaba el cuerpo para perfilar el disparo. En cómo temporizaba una conducción para permitir la llegada de una compañera. En cómo elegía el momento exacto para atacar el segundo palo.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Defensivamente, era una delantera comprometida. Cerraba líneas de pase, forzaba salidas largas, incomodaba centrales. En equipos como el Atlético, donde la presión colectiva era clave, ese trabajo multiplicaba su valor.

    Técnicamente, no era exuberante, pero sí eficaz. Control orientado correcto, pase sencillo bien ejecutado, disparo sin apenas armado. Su fútbol no buscaba el aplauso, buscaba el resultado.

    (Fuente: Atlético de Madrid)

    Tras su etapa en España, Duggan regresó al Everton, el club donde todo había empezado. Fue un regreso cargado de simbolismo. Ya no era la niña precoz ni la joven promesa, sino una futbolista veterana, con kilómetros europeos y una carrera completa a sus espaldas.

    En ese último tramo, su rol fue distinto. Menos protagonismo, más gestión. Menos impacto mediático, más transmisión de cultura competitiva. Jugó su última temporada como delantera o mediapunta en la FA Women’s Super League, cerrando el círculo donde se había abierto casi dos décadas atrás.

    El 18 de septiembre de 2024, Toni Duggan anunció su retirada de las competiciones. Lo hizo como había vivido su carrera: sin estridencias, sin grandes campañas de despedida. Un mensaje directo, honesto, consciente de haberlo dado todo.

    (Fuente: UEFA)

    Se retiraba una futbolista que había jugado Mundiales, Eurocopas, finales europeas y partidos históricos. Pero, sobre todo, se retiraba una competidora.

    En el Atlético de Madrid, el legado de Toni Duggan no se mide en temporadas ni en cifras absolutas. Se mide en identidad. En haber representado una manera de competir que encajó con el ADN del club. En haber sido inglesa sin dejar de ser atlética. En haber entendido que vestir esa camiseta implicaba algo más que jugar bien.

    Su paso por el Atlético fue breve, sí. Pero fue intenso, reconocible y honesto. Y en el fútbol, eso es dejar huella.

    En el fútbol moderno está lleno de nombres que se pierden entre estadísticas y titulares. Pero algunos se quedan grabados no solo por lo que hicieron con el balón, sino por cómo lo hicieron. Toni Duggan pertenece a esa categoría de futbolistas que trascienden los números. Su paso por el Atlético de Madrid no fue el más largo, pero sí el más simbólico de un tramo final de carrera lleno de intensidad y carácter.

    Defensivamente, la inglesa era un ejemplo de presión y solidaridad. No se limitaba a esperar la transición: cerraba espacios, forzaba errores y ayudaba a construir desde el primer toque, una característica que conectaba a la perfección con la filosofía rojiblanca. En ese sentido, Toni Duggan encarnó el equilibrio entre talento y compromiso colectivo, el tipo de futbolista que un club como el Atlético siempre necesita.

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  • Reportaje | Ivana Andrés, la central que sostuvo el tiempo

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    ⬛️ De Valencia al mundo: la carrera de una capitana sin ruido que levantó el trofeo de la Copa del Mundo en Sídney aquel 20 de agosto de 2023.

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    No todas las futbolistas construyen su carrera desde el impacto inmediato. Algunas lo hacen desde la permanencia. Desde estar. Desde sostener. Ivana Andrés pertenece a ese grupo reducido de jugadoras cuya importancia no siempre se mide en focos, sino en procesos. Central de formación, capitana por naturaleza y líder sin estridencias, su trayectoria resume como pocas la evolución del fútbol femenino español en la última década.

    Hay gestos que valen más que mil palabras. El 20 de agosto de 2023, Ivana Andrés alzó la Copa del Mundo FIFA con la Selección Española. En la imagen no había estridencias. No había gritos mediáticos, ni celebraciones virales, ni portadas diseñadas para capturar el momento exacto de un gol decisivo. Solo estaba ella, serena, con el brazalete de capitana en la muñeca y la pelota de la gloria sobre sus manos. Ese gesto resumía más de una década de trabajo invisible, de liderazgo silencioso, de fiabilidad sostenida y de coherencia absoluta.

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    Para entender a Ivana Andrés no basta con mirar ese momento. No se trata de un talento precoz que irrumpió con fuerza en titulares o de una jugadora que aceleró el juego con regates imposibles. Su historia se entiende desde la constancia. Desde la capacidad de sostener. Desde estar siempre, incluso cuando nadie miraba. El relato de Ivana es el de las futbolistas imprescindibles, las que permiten que todo lo demás ocurra. Las que sostienen el equipo, el proyecto y, finalmente, la historia.

    Ese día, al levantar la Copa del Mundo, Ivana no solo celebraba un título. Celebraba una carrera construida en silencio, desde la estabilidad, la lectura táctica y la autoridad moral.

    Celebraba el reconocimiento a una futbolista que, durante años, fue más importante dentro del vestuario que en los flashes de la prensa. Celebraba la culminación de un proceso largo: de una joven que llegó al Valencia CF en 2009, cuando el fútbol femenino español aún caminaba con dificultad, hasta convertirse en referente nacional e internacional, líder y capitana de la Selección Española de Fútbol.

    comprender la dimensión del recorrido de Ivana Andrés, es necesario retroceder al momento en que irrumpió en el Valencia CF. La temporada 2009/10 no es solo el inicio de su carrera; es un retrato del fútbol femenino español en construcción.

    En aquel entonces, el panorama era radicalmente distinto al actual. Los campos de entrenamiento eran modestos, muchas veces de césped sintético irregular; los horarios de los partidos estaban supeditados a la disponibilidad de instalaciones compartidas con categorías masculinas; y los presupuestos de los clubes eran mínimos, lo que significaba que gran parte de las futbolistas combinaban su carrera deportiva con estudios o trabajos. La profesionalización era una aspiración, no una realidad.

    El Valencia CF Femenino, aunque un club históricamente relevante, no era una excepción. Su estructura estaba en fase de consolidación. Existían entrenadores con vocación y visión, pero la estabilidad dependía más de la pasión que de recursos sólidos. En este entorno, las jóvenes jugadoras aprendían a adaptarse, a improvisar y a sobrevivir. Cada entrenamiento era una lección de resiliencia, cada partido una prueba de madurez temprana.

    Ivana llegó con apenas 16 años, pero con una claridad poco habitual: entendía el fútbol como control y anticipación, no como exhibición física o destello individual. No era la más rápida, ni la más alta, ni la más espectacular. Pero desde el primer momento mostró una cualidad que sería su sello durante toda su carrera: regularidad. En un contexto donde las fluctuaciones eran la norma —errores, lesiones, equipos descompensados—, su constancia era diferencial. Podía no brillar, pero no fallaba. Podía no destacar, pero sostenía.

    El fútbol femenino español de entonces se enfrentaba a múltiples desafíos. Los clubes competían en ligas que aún buscaban estabilidad competitiva. La cobertura mediática era mínima: los partidos rara vez se retransmitían y los reportajes se limitaban a notas breves en diarios locales. Las futbolistas eran conocidas principalmente en sus ciudades, no a nivel nacional, y la narrativa sobre ellas solía centrarse en la precariedad, no en la calidad deportiva.

    En ese contexto, aprender significaba más que técnica: significaba entender la categoría, leer el juego y construir hábitos que sobrevivieran al caos. Ivana Andrés hizo eso con naturalidad. Sus primeras temporadas fueron discretas en estadísticas, pero determinantes en aprendizaje. Ganó minutos de manera progresiva, asimiló la intensidad de la Liga Nacional y desarrolló un criterio defensivo adelantado a su edad. Cada partido era un laboratorio de posicionamiento, comunicación y control del juego.

    La joven central valenciana no se caracterizaba por entradas espectaculares ni por duelos físicos constantes. Su arma era la colocación, la anticipación y la capacidad de leer el peligro antes de que apareciera. Su presencia en el campo generaba seguridad al equipo: las compañeras sabían que podían confiar en que los espacios estarían bien cubiertos, que las transiciones estarían organizadas y que la defensa mantendría su integridad incluso en momentos complicados.

    Ese aprendizaje silencioso no era reconocido por portadas ni premios. Pero era fundamental. Porque el fútbol femenino español necesitaba figuras como Ivana: futbolistas que no solo jugaran, sino que sostuvieran. La categoría juvenil y la Liga Nacional no ofrecían lujo; ofrecían formación y oportunidades para entender el fútbol desde la calma y la cabeza. Ivana abrazó ese camino con disciplina y sin ruido.

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    Entre 2009 y 2014, su progresión fue constante. Cada año acumulaba minutos, ganaba confianza y empezaba a ser percibida no solo como una promesa, sino como una jugadora fiable. Su evolución estaba marcada por la madurez, no por el protagonismo mediático. En un fútbol que aún luchaba por profesionalizarse, esa madurez era una ventaja competitiva.

    Su llegada coincidía con un momento crucial: la transformación silenciosa de la Liga Femenina Española, que empezaba a consolidar clubes, estructurar competiciones y profesionalizar recursos de manera gradual. En ese período, el Valencia CF se posicionaba como un club capaz de ofrecer continuidad y formación de calidad, lo que permitió a Ivana consolidar sus bases tácticas y su carácter.

    Aprender en ese contexto era aprender a sostener, a no depender de circunstancias externas, a adaptarse a cada rival y a cada partido. La joven central entendió desde el principio que su valor no residía en acciones individuales llamativas, sino en la consistencia, la lectura del juego y la capacidad de ser un referente silencioso dentro del equipo.

    De esta manera, los años formativos de Ivana Andrés no solo fueron el inicio de una carrera deportiva, sino también una lección sobre cómo se construye la fiabilidad: minuto a minuto, entrenamiento a entrenamiento, partido a partido. Era la primera vez que se sentía la semilla de un liderazgo que, años después, sería reconocido con el brazalete de capitana en clubes y en la Selección.

    En paralelo a su evolución en el club, Ivana Andrés comenzó a destacar en las categorías inferiores de la selección española. Ya había participado en torneos Sub-17 y Sub-19, y su desempeño reflejaba la misma regularidad que mostraba en Valencia. Su capacidad para leer el juego, su serenidad y su liderazgo natural le valieron un reconocimiento progresivo que, años más tarde, la consolidaría como referente de la Selección Absoluta.

    En resumen, antes de ser internacional y antes de levantar títulos, Ivana se formó en un fútbol que exigía resistencia, inteligencia y coherencia. Su carrera no comenzó con un golpe de talento, sino con una aceptación temprana de la disciplina silenciosa que el fútbol femenino requería en España. Lo que entonces parecía rutina, más tarde se convertiría en una virtud esencial: la capacidad de sostener equipos, proyectos y, finalmente, la historia misma del fútbol femenino español.

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    Cuando Ivana Andrés debutó con el primer equipo del Valencia CF Femenino en la temporada 2010/11, ya había demostrado que su talento no se medía en destellos individuales, sino en consistencia y regularidad. Tenía apenas 17 años, pero la madurez que mostraba sobre el césped la distinguía de muchas jugadoras con más experiencia. No era una central físicamente dominante ni de entradas espectaculares; era, sobre todo, una central que entendía el juego antes de que este sucediera. Esa comprensión del fútbol le permitió adaptarse rápidamente a la exigencia de la categoría y a la presión de un club que aspiraba a consolidarse en la élite española.

    Los primeros años fueron, ante todo, un periodo de aprendizaje. Cada partido era un desafío: enfrentarse a delanteras veteranas, leer sistemas tácticos cada vez más complejos y asumir responsabilidades defensivas que, a veces, recaían sobre jugadoras mucho más experimentadas. Ivana no era una futbolista que necesitara acaparar protagonismo; su fortaleza residía en la constancia de sus decisiones y la seguridad que transmitía al equipo. Sus entrenadores pronto comprendieron que, aunque no destacara con estadísticas llamativas, podía ser el eje sobre el que sostener la defensa.

    Durante esta etapa, la joven central desarrolló un rasgo que definiría toda su carrera: la anticipación. A diferencia de muchas defensoras de su generación, que confiaban en la fuerza física o en la agresividad de la entrada, Ivana aprendió a posicionarse con precisión, a leer el movimiento del rival y a interceptar situaciones antes de que se convirtieran en peligro. Esta capacidad le permitió acumular minutos de forma constante y ganar la confianza del cuerpo técnico y de sus compañeras.

    En paralelo a su desarrollo defensivo, Ivana comenzó a forjar su liderazgo silencioso. Aunque aún no llevaba el brazalete, su presencia sobre el campo era evidente. Corría, ordenaba, ajustaba el posicionamiento de sus compañeras y transmitía seguridad. No lo hacía mediante discursos o arengas, sino con la coherencia de su juego. Las futbolistas jóvenes que llegaban al primer equipo la observaban y aprendían, y las veteranas encontraban en ella un soporte confiable que permitía organizar la defensa con tranquilidad.

    Durante estos años, el Valencia CF Femenino se enfrentaba a un entorno competitivo que estaba en pleno proceso de profesionalización. Los clubes grandes comenzaban a invertir de manera más sistemática, pero la Liga seguía marcada por la irregularidad de presupuestos, recursos y cobertura mediática. En este contexto, la fiabilidad individual era un valor estratégico. Ivana ofrecía justamente eso: una futbolista que podía sostener el equipo incluso cuando las circunstancias externas eran complicadas.

    (Fuente: Getty imágenes)

    El estilo de Ivana también se fue definiendo en esta etapa. No buscaba el protagonismo mediante recuperaciones espectaculares ni incursiones ofensivas; priorizaba la seguridad, la colocación y la protección del espacio. Su juego se basaba en evitar que el peligro llegara a su área, en lugar de reaccionar cuando ya estaba presente. Esta mentalidad defensiva le permitió acumular muy pocas tarjetas, mantener la solidez de la defensa y generar confianza en el resto del equipo.

    A medida que pasaban las temporadas, Ivana empezó a ser percibida no solo como una futbolista confiable, sino también como una jugadora estratégica para el proyecto valencianista. Su capacidad para adaptarse a distintos sistemas tácticos y su madurez competitiva la convirtieron en un recurso indispensable. Ya no era simplemente una promesa juvenil; era una futbolista que podía sostener al equipo en momentos críticos, capaz de organizar la línea defensiva y de transmitir serenidad a sus compañeras.

    Los entrenadores del Valencia, conscientes de su potencial, comenzaron a otorgarle más responsabilidades dentro del campo. Aunque la capitanía formal aún no llegaba, Ivana ejercía un liderazgo tácito: corregía, ordenaba y asumía la iniciativa en situaciones de tensión. Su influencia era silenciosa pero efectiva, y pronto se convirtió en un referente para todas las jugadoras del vestuario.

    En estos primeros años, Ivana también aprendió a gestionar la presión externa. La cobertura mediática era limitada, pero los partidos de la Liga empezaban a atraer atención y expectación. La joven central entendió que su mejor defensa era mantener la calma, rendir siempre y no dejarse llevar por el ruido. Esa filosofía le permitiría, más adelante, liderar equipos en contextos mucho más exigentes y mediáticos, como el Real Madrid Femenino o la Selección Española.

    Por último, cabe destacar que esta etapa formativa también fue clave para consolidar la capacidad de adaptación de Ivana. En un fútbol femenino español que cambiaba año tras año, con reglamentos nuevos, competiciones europeas en expansión y equipos en transformación, Ivana aprendió a ajustar su juego sin perder identidad. Esa habilidad sería fundamental cuando años después se enfrentara a retos distintos: un Levante en la parte alta de la Liga, un proyecto emergente en el Real Madrid y, finalmente, su primera experiencia fuera de España en la Serie A italiana.

    En resumen, los primeros años de Ivana Andrés en el Valencia CF Femenino fueron mucho más que simples aprendizajes técnicos. Fueron una lección de paciencia, regularidad y liderazgo silencioso. En un entorno marcado por la precariedad y la falta de recursos, su capacidad para sostener el equipo se convirtió en su principal virtud. Cada partido, cada entrenamiento y cada temporada acumulada fue construyendo los cimientos de una carrera que, años después, la llevaría a levantar la Copa del Mundo como capitana de España.

    Esta etapa temprana demuestra que no todas las futbolistas construyen su historia desde la espectacularidad. Algunas lo hacen desde la constancia, desde la disciplina y desde la capacidad de influir en el equipo sin necesidad de que todos lo vean. Ivana Andrés pertenece a este grupo. Y es precisamente esa combinación de fiabilidad, lectura táctica y liderazgo silencioso la que define su trayectoria y la prepara para los capítulos siguientes de su carrera: la capitanía formal, la consolidación en clubes mayores y, finalmente, la gloria internacional.

    Cuando Ivana Andrés debutó con el primer equipo del Valencia CF Femenino en la temporada 2010/11, ya había demostrado que su talento no se medía en destellos individuales, sino en consistencia y regularidad. Tenía apenas 17 años, pero la madurez que mostraba sobre el césped la distinguía de muchas jugadoras con más experiencia. No era una central físicamente dominante ni de entradas espectaculares; era, sobre todo, una central que entendía el juego antes de que este sucediera. Esa comprensión del fútbol le permitió adaptarse rápidamente a la exigencia de la categoría y a la presión de un club que aspiraba a consolidarse en la élite española.

    Los primeros años fueron, ante todo, un periodo de aprendizaje. Cada partido era un desafío: enfrentarse a delanteras veteranas, leer sistemas tácticos cada vez más complejos y asumir responsabilidades defensivas que, a veces, recaían sobre jugadoras mucho más experimentadas. Ivana no era una futbolista que necesitara acaparar protagonismo; su fortaleza residía en la constancia de sus decisiones y la seguridad que transmitía al equipo. Sus entrenadores pronto comprendieron que, aunque no destacara con estadísticas llamativas, podía ser el eje sobre el que sostener la defensa.

    Durante esta etapa, la joven central desarrolló un rasgo que definiría toda su carrera: la anticipación. A diferencia de muchas defensoras de su generación, que confiaban en la fuerza física o en la agresividad de la entrada, Ivana aprendió a posicionarse con precisión, a leer el movimiento del rival y a interceptar situaciones antes de que se convirtieran en peligro. Esta capacidad le permitió acumular minutos de forma constante y ganar la confianza del cuerpo técnico y de sus compañeras.

    En paralelo a su desarrollo defensivo, Ivana comenzó a forjar su liderazgo silencioso. Aunque aún no llevaba el brazalete, su presencia sobre el campo era evidente. Corría, ordenaba, ajustaba el posicionamiento de sus compañeras y transmitía seguridad. No lo hacía mediante discursos o arengas, sino con la coherencia de su juego. Las futbolistas jóvenes que llegaban al primer equipo la observaban y aprendían, y las veteranas encontraban en ella un soporte confiable que permitía organizar la defensa con tranquilidad.

    Durante estos años, el Valencia CF Femenino se enfrentaba a un entorno competitivo que estaba en pleno proceso de profesionalización. Los clubes grandes comenzaban a invertir de manera más sistemática, pero la Liga seguía marcada por la irregularidad de presupuestos, recursos y cobertura mediática. En este contexto, la fiabilidad individual era un valor estratégico. Ivana ofrecía justamente eso: una futbolista que podía sostener el equipo incluso cuando las circunstancias externas eran complicadas.

    En paralelo a su evolución en el club, Ivana Andrés comenzó a destacar en las categorías inferiores de la selección española. Ya había participado en torneos Sub-17 y Sub-19, y su desempeño reflejaba la misma regularidad que mostraba en Valencia. Su capacidad para leer el juego, su serenidad y su liderazgo natural le valieron un reconocimiento progresivo que, años más tarde, la consolidaría como referente de la Selección Absoluta.

    El estilo de Ivana también se fue definiendo en esta etapa. No buscaba el protagonismo mediante recuperaciones espectaculares ni incursiones ofensivas; priorizaba la seguridad, la colocación y la protección del espacio. Su juego se basaba en evitar que el peligro llegara a su área, en lugar de reaccionar cuando ya estaba presente. Esta mentalidad defensiva le permitió acumular muy pocas tarjetas, mantener la solidez de la defensa y generar confianza en el resto del equipo.

    A medida que pasaban las temporadas, Ivana empezó a ser percibida no solo como una futbolista confiable, sino también como una jugadora estratégica para el proyecto valencianista. Su capacidad para adaptarse a distintos sistemas tácticos y su madurez competitiva la convirtieron en un recurso indispensable. Ya no era simplemente una promesa juvenil; era una futbolista que podía sostener al equipo en momentos críticos, capaz de organizar la línea defensiva y de transmitir serenidad a sus compañeras.

    Los entrenadores del Valencia, conscientes de su potencial, comenzaron a otorgarle más responsabilidades dentro del campo. Aunque la capitanía formal aún no llegaba, Ivana ejercía un liderazgo tácito: corregía, ordenaba y asumía la iniciativa en situaciones de tensión. Su influencia era silenciosa pero efectiva, y pronto se convirtió en un referente para todas las jugadoras del vestuario.

    En estos primeros años, Ivana también aprendió a gestionar la presión externa. La cobertura mediática era limitada, pero los partidos de la Liga empezaban a atraer atención y expectación. La joven central entendió que su mejor defensa era mantener la calma, rendir siempre y no dejarse llevar por el ruido. Esa filosofía le permitiría, más adelante, liderar equipos en contextos mucho más exigentes y mediáticos, como el Real Madrid Femenino o la Selección Española.

    Por último, cabe destacar que esta etapa formativa también fue clave para consolidar la capacidad de adaptación de Ivana. En un fútbol femenino español que cambiaba año tras año, con reglamentos nuevos, competiciones europeas en expansión y equipos en transformación, Ivana aprendió a ajustar su juego sin perder identidad. Esa habilidad sería fundamental cuando años después se enfrentara a retos distintos: un Levante en la parte alta de la Liga, un proyecto emergente en el Real Madrid y, finalmente, su primera experiencia fuera de España en la Serie A italiana.

    En resumen, los primeros años de Ivana Andrés en el Valencia CF Femenino fueron mucho más que simples aprendizajes técnicos. Fueron una lección de paciencia, regularidad y liderazgo silencioso. En un entorno marcado por la precariedad y la falta de recursos, su capacidad para sostener el equipo se convirtió en su principal virtud. Cada partido, cada entrenamiento y cada temporada acumulada fue construyendo los cimientos de una carrera que, años después, la llevaría a levantar la Copa del Mundo como capitana de España.

    Esta etapa temprana demuestra que no todas las futbolistas construyen su historia desde la espectacularidad. Algunas lo hacen desde la constancia, desde la disciplina y desde la capacidad de influir en el equipo sin necesidad de que todos lo vean. Ivana Andrés pertenece a este grupo. Y es precisamente esa combinación de fiabilidad, lectura táctica y liderazgo silencioso la que define su trayectoria y la prepara para los capítulos siguientes de su carrera: la capitanía formal, la consolidación en clubes mayores y, finalmente, la gloria internacional.

    En esta fase, Ivana asumió formalmente el brazalete de capitana, no porque buscara protagonismo, sino porque era la futbolista que mejor representaba la estabilidad y el equilibrio dentro del vestuario. Su liderazgo no era discursivo ni ruidoso; se ejercía con hechos. Ordenaba, corregía y sostenía desde el campo. Su influencia no dependía del volumen de voz, sino de la coherencia de sus decisiones. Cada jugada, cada intervención, cada colocación era una enseñanza tácita para sus compañeras.

    La capitanía de Ivana no consistía en hablar más que nadie; consistía en hacer mejor a quienes la rodeaban. Era capaz de mejorar la lectura del juego de sus compañeras, de orientar la defensa y de reducir los riesgos de forma silenciosa. Esa capacidad de liderazgo funcional se convirtió en su sello: un poder que no se impone, sino que se acepta.

    Valencia vivió uno de sus períodos más estables en este tiempo. El club no solo competía de manera regular en la Liga, sino que también alcanzó momentos históricos, como la final de la Copa de la Reina de 2015. Ivana fue un pilar fundamental en ese éxito. No firmó goles decisivos ni intervenciones espectaculares que quedaran grabadas en la memoria colectiva; lo hizo con seguridad, orden y control táctico. En esos partidos, su presencia se percibía como un ancla: mientras ella estaba en el campo, el equipo respiraba con más confianza.

    La final de 2015 representa, en muchos sentidos, un punto simbólico en la carrera de Ivana. Fue la primera gran cita nacional en la que su liderazgo y capacidad defensiva se vieron reflejados en un resultado tangible, aunque finalmente el equipo no lograra alzar el título. Su actuación y la confianza que generaba fueron suficientes para consolidar su posición como referente del equipo.

    que distingue a Ivana no es solo su capacidad defensiva, sino su influencia en el vestuario. Incluso cuando otras jugadoras eran más mediáticas o talentosas en el plano individual, ella era la figura que equilibraba el grupo. Su liderazgo se basaba en la coherencia, la constancia y la fiabilidad, y esas cualidades generaban respeto. Las decisiones que tomaba sobre el césped y fuera de él no necesitaban ser comentadas: hablaban por sí mismas.

    Ese tipo de liderazgo tiene un efecto multiplicador. Ivana hacía mejores a sus compañeras porque les ofrecía seguridad y ejemplo constante. Su manera de leer el juego, su colocación precisa y su capacidad de anticipación no solo neutralizaban al rival, sino que también permitían al equipo mantener la estructura y responder con tranquilidad a situaciones de presión.

    Durante estos años, Ivana empezó a consolidarse en la Selección Española Absoluta. Su regularidad y capacidad de liderazgo silencioso la llevaron a entrar en la órbita nacional de manera definitiva. Ya no era solo una promesa; era una central fiable a nivel internacional, capaz de competir contra rivales de máxima exigencia. Su participación en torneos internacionales sub-19 y su progresión natural hacia la Absoluta reflejaban que su desarrollo no dependía únicamente del club: su nivel de rendimiento era consistente en cualquier contexto competitivo.

    A nivel táctico, Ivana seguía desarrollando su estilo característico. No necesitaba intervenir en cada acción para demostrar dominio. Su fortaleza residía en prevenir el peligro mediante colocación, lectura y control del espacio. En duelos individuales, confiaba más en la posición que en la fuerza o la entrada arriesgada. Su juego aéreo era correcto, suficiente para sostener al equipo sin ser necesariamente dominante. Y en la salida de balón, prefería la seguridad del pase corto a asumir riesgos innecesarios.

    Lo más importante de este período es que Ivana aprendió a liderar sin alterar su estilo de juego. No cambió su manera de defender ni de organizar. Ajustó matices, pero nunca perdió identidad. Esa coherencia le permitió sostener equipos en momentos críticos, siendo una referencia clara dentro y fuera del campo.

    La etapa 2014–2018 no solo consolidó a Ivana como líder y central fiable; también la preparó para retos mayores. La consistencia demostrada en Valencia la convirtió en una futbolista atractiva para clubes de mayor nivel competitivo. Su perfil —experiencia, liderazgo, fiabilidad— empezaba a situarla en la agenda de equipos con aspiraciones europeas y proyectos más ambiciosos.

    A su salida en 2018, tras casi una década en Valencia, no se trató de una ruptura sino de un final de ciclo natural. Su paso por el club dejó una impronta clara: había sido el eje que sostuvo al equipo durante años difíciles, el referente silencioso en vestuarios complejos y la central que había aprendido a liderar sin necesidad de protagonismo.

    Estos cuatro años representan la madurez de la futbolista y del liderazgo de Ivana Andrés. Se consolidó como una central capaz de sostener equipos, de influir sin imponerse y de liderar en contextos de presión. Cada entrenamiento, cada partido y cada decisión dentro del campo contribuyeron a construir la figura de una capitana funcional: discreta, constante y esencial.

    Este período de Valencia marca el inicio de la siguiente fase de su carrera: el salto a equipos con mayores exigencias competitivas, primero el Levante Unión Deportiva y luego el Real Madrid Femenino, donde su liderazgo y fiabilidad serían puestos a prueba en contextos aún más complejos y mediáticos.

    Cuando Ivana Andrés dejó el Valencia CF en 2018, se enfrentó a un desafío que marcaría la siguiente etapa de su carrera: incorporarse al Levante UD Femenino, un club en la parte alta de la Liga F y con aspiraciones europeas. Si en Valencia había sido el eje defensivo y emocional de un equipo en proceso de consolidación, en Levante debía demostrar que su rendimiento no dependía del contexto ni de la estabilidad previa. La prueba era doble: competir en un nivel superior y adaptarse a un nuevo vestuario, con estructuras tácticas más exigentes y rivales más potentes.

    Desde el primer partido, Ivana mostró que su estilo de juego —basado en lectura del juego, posicionamiento y control del espacio— no necesitaba ser modificado para ser efectivo en un contexto más competitivo. La Serie A española de entonces era más táctica, con defensas organizadas y delanteras veloces; Levante requería de una central que pudiera mantener la estructura defensiva y dar seguridad en la salida de balón. Ivana cumplió con creces, convirtiéndose rápidamente en pieza clave de la línea defensiva.

    Lo que distingue su rendimiento en Levante fue la capacidad de adaptación sin pérdida de identidad. No era necesario cambiar su manera de defender; bastaba con ajustar matices según el esquema del equipo o la estrategia del rival. Su comprensión del juego se tradujo en anticipación, cobertura de espacios y organización de la defensa, garantizando que el bloque defensivo funcionara como una unidad cohesionada, incluso ante delanteras de alto nivel.

    La esencia del juego de Ivana reside en la lectura táctica. Mientras muchas centrales dependen de la fuerza o de la agresividad de las entradas, ella se adelantaba al peligro mediante colocación estratégica y comunicación constante. Esta habilidad adquirió especial relevancia en Levante, donde la exigencia ofensiva de los rivales era mayor. Su capacidad para interpretar la situación permitió a sus compañeras actuar con confianza, sabiendo que los espacios estaban bien cubiertos y que los riesgos se gestionaban de manera inteligente.

    Su estilo de juego refleja un principio clave: la central no necesita acumular acciones defensivas para dominar un partido. Ivana demostraba que la influencia de una futbolista puede ser silenciosa pero determinante. Su colocación, orientación del juego y protección de espacios reducían al mínimo las situaciones de peligro, y su comunicación constante fortalecía la cohesión defensiva.

    En Levante, Ivana asumió un rol de liderazgo que no dependía del brazalete. Su experiencia y capacidad para sostener equipos la convirtieron en referente del vestuario desde el primer día. Ordenaba, ajustaba y dirigía a sus compañeras, no mediante imposición, sino con autoridad natural. Su liderazgo era aceptado y respetado, algo que se volvió evidente cuando el equipo enfrentaba momentos complicados dentro y fuera del campo.

    Además, su paso por Levante confirmó que su rendimiento no dependía de un entorno familiar o de años de estabilidad en un club. La misma futbolista que había liderado Valencia ahora demostraba su consistencia en un equipo distinto, con compañeras y entrenadores nuevos, en un contexto táctico más exigente y con rivales que exigían mayor concentración y rapidez de decisión.

    En términos tácticos, la etapa de Levante permitió a Ivana perfeccionar su estilo característico. Aprendió a leer no solo los movimientos del rival, sino también las transiciones rápidas y las variantes ofensivas más directas, adaptando su posicionamiento para mantener el equilibrio del equipo. Su juego aéreo se mantuvo sólido, sus intervenciones fueron precisas y su participación en la salida de balón se centró en garantizar seguridad antes que arriesgar. Cada partido reafirmaba su reputación como una central que combina eficacia, previsión y liderazgo silencioso.

    Esta etapa también le permitió consolidar su imagen como referente nacional. Su regularidad y fiabilidad en Levante reforzaron su posición en la Selección Española, confirmando que era una central de élite capaz de rendir en contextos distintos, siempre con coherencia y equilibrio. Los entrenadores nacionales podían confiar en que, en cualquier escenario, Ivana aportaría seguridad defensiva y estabilidad emocional al equipo.

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    El paso por Levante no solo consolidó su reputación; la preparó para el siguiente desafío de su carrera: incorporarse al Real Madrid Femenino, un proyecto naciente con grandes ambiciones y un nivel de exposición mediática sin precedentes. En Levante, Ivana había demostrado que podía sostener equipos en contextos competitivos, liderar sin necesidad de imposición y adaptarse a sistemas tácticos complejos. Todas estas virtudes serían esenciales para su éxito en un club que, en 2020, buscaba construir un proyecto sólido desde cero.

    En este sentido, Levante fue la confirmación de que Ivana Andrés no solo era una futbolista fiable, sino también una central capaz de elevar la estabilidad y el rendimiento de cualquier equipo en el que jugara. La etapa valenciana y granota juntas muestran un patrón claro: regularidad, lectura táctica, liderazgo silencioso y capacidad de adaptación. Cuatro pilares que definirían toda su trayectoria, incluso en contextos más exigentes y mediáticos.

    (Fuente: Getty imágenes)

    En resumen, los años 2018–2020 representan la consolidación definitiva de Ivana Andrés como central moderna y referente nacional. Su etapa en Levante fue crucial: confirmó que su rendimiento era consistente en cualquier escenario, perfeccionó su lectura táctica y reforzó su liderazgo funcional. Todo esto la preparó para su salto al Real Madrid, donde su capacidad de sostener equipos y liderar vestuarios se pondría a prueba en un proyecto ambicioso y bajo un foco mediático sin precedentes.

    El Real Madrid Femenino nació como proyecto en 2020 con un objetivo ambicioso: consolidarse de inmediato como referente en España y aspirar a competir en Europa. La llegada de Ivana Andrés no fue casualidad. El club decidió confiarle la primera capitanía de su historia, un gesto que reflejaba perfectamente su perfil: liderazgo silencioso, fiabilidad extrema y capacidad de sostener equipos. Ser capitana del Real Madrid naciente significaba asumir responsabilidad dentro y fuera del campo, y Ivana lo hizo con la misma serenidad que había mostrado toda su carreraz.

    Fue la primera capitana de un club histórico implica una presión añadida. La atención mediática era constante, los objetivos deportivos eran elevados y el proyecto requería construir identidad desde cero. En este contexto, Ivana no buscó protagonismo; se centró en mantener la coherencia del grupo y fortalecer la estructura defensiva. Su liderazgo se expresaba de manera funcional: ajustaba la línea defensiva, orientaba a sus compañeras y tomaba decisiones en los momentos críticos. Cada gesto, cada intervención era un mensaje silencioso que reforzaba la confianza del equipo.

    El vestuario del Real Madrid era diverso y competitivo. Llegaban jugadoras internacionales con experiencia, talento y ego, pero Ivana supo integrar y liderar sin imponerse, creando un ambiente donde la autoridad se ganaba por coherencia, constancia y respeto. Su capacidad para liderar sin necesidad de ser protagonista mediática se convirtió en un activo crucial para el club en sus primeras temporadas.

    El primer año del Real Madrid Femenino supuso un periodo de adaptación. Ivana debió equilibrar la exigencia competitiva con la necesidad de cohesión interna en un grupo recién formado. Su experiencia previa en Valencia y Levante le permitió sostener al equipo en situaciones de tensión, siendo el punto de referencia en defensa y la voz de calma en momentos de dificultad.

    Con cada temporada, el proyecto blanco fue consolidándose. La presencia de Ivana en el centro de la defensa se mantuvo constante, aunque el protagonismo sobre el césped fluctuó con la llegada de talento internacional y la competencia por el puesto. Sin embargo, su peso interno en el vestuario permaneció intacto. Las compañeras sabían que podían contar con su lectura del juego, su organización de la línea defensiva y su capacidad para mantener la calma en partidos decisivos.

    Durante su etapa en el Real Madrid, Ivana contribuyó a que el club se consolidara como habitual en la parte alta de la Liga F y lograra participaciones regulares en competiciones europeas. Su rol fue especialmente relevante en los momentos de mayor exigencia táctica, cuando el equipo debía enfrentarse a rivales fuertes en la Champions League. Su estilo de juego, basado en anticipación, colocación y seguridad en la salida de balón, garantizaba que la defensa funcionara como un bloque sólido, permitiendo al equipo competir al más alto nivel.

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    Aunque no siempre estaba en el centro del foco mediático, su influencia se percibía en la consistencia del equipo. Cada partido era una demostración de cómo la regularidad, la lectura del juego y el liderazgo silencioso podían marcar la diferencia, incluso en un entorno lleno de talento y expectativas.años en el Real Madrid consolidaron a Ivana como una central de élite y una líder natural, capaz de adaptarse a proyectos ambiciosos y equipos con estructuras complejas. Su experiencia, disciplina y capacidad de influencia interna la convirtieron en una figura codiciada en el mercado. Al terminar su etapa en 2024, su salida no fue una ruptura: fue el cierre de un ciclo exitoso que dejó una impronta profunda en el club y en el vestuario.

    Su rendimiento y su carácter la situaron en la agenda de varios grandes clubes, incluido el Atlético de Madrid, que valoraba su experiencia, liderazgo y fiabilidad como activos estratégicos. Sin embargo, Ivana tomó la decisión de buscar nuevos horizontes fuera de España, una elección que anticipaba su capacidad de adaptación y su deseo de asumir desafíos internacionales.

    En resumen, la etapa 2020–2024 en el Real Madrid Femenino representa la consolidación de Ivana Andrés como líder y central de élite en contextos de máxima exigencia.

    Ser la primera capitana de un proyecto histórico implicó combinar responsabilidad, disciplina y capacidad de integración. Aunque su protagonismo sobre el césped fluctuó, su influencia en el vestuario y su capacidad de sostener al equipo permanecieron intactas. Esta fase no solo refleja su madurez como futbolista, sino también su preparación para dar el salto al fútbol internacional, donde sus virtudes serían puestas a prueba en nuevos contextos y ligas más exigentes.

    En 2024, Ivana Andrés decidió dar un paso histórico en su carrera: su primera experiencia fuera de España, incorporándose al Inter de Milán Femenino. Después de más de una década en la Liga F, de Valencia a Levante y de Levante al Real Madrid, Ivana se enfrentaba a un desafío distinto: un país nuevo, una liga con características tácticas y físicas distintas, y un entorno cultural y profesional desconocido. Para muchos, la transición podría haber sido complicada, pero para Ivana fue un escenario ideal para demostrar que su liderazgo y fiabilidad no conocen límites.

    La Serie A femenina se caracteriza por ser una liga más física y directa que la española. Los equipos tienden a jugar con bloques compactos, presionando en campo rival y explotando la fuerza en los duelos individuales. Para una central que basa su juego en lectura del juego, colocación y anticipación, esto podría parecer un desafío. Sin embargo, Ivana trasladó sus virtudes a este contexto con rapidez: su posicionamiento preciso le permitió neutralizar el juego directo y anticipar ataques antes de que se convirtieran en peligro.

    Su experiencia internacional también fue crucial. Ivana comprendía la importancia de liderar en situaciones de presión, organizar la defensa y mantener la cohesión del equipo. En un vestuario nuevo y multicultural, estas habilidades se tradujeron en autoridad natural: compañeras de distintas nacionalidades seguían su lectura del juego y su manera de mantener la calma bajo presión. Su liderazgo no se impone, pero se reconoce; su influencia es tácita, pero determinante.

    En el Inter, Ivana no solo cumple su rol defensivo; eleva el rendimiento de quienes la rodean. Su presencia aporta confianza y seguridad, especialmente en fases de transición rápida o contra rivales que juegan con intensidad física. La central española demuestra que la consistencia y la lectura táctica pueden ser igual de efectivas que la fuerza bruta, incluso en ligas más directas y exigentes físicamente.

    Su juego aéreo se mantiene sólido, y su capacidad de orientar el bloque defensivo permite al Inter mantener líneas compactas y minimizar riesgos. En la salida de balón, prioriza el pase seguro, evitando pérdidas innecesarias, una cualidad que la hace indispensable en un equipo en crecimiento y con aspiraciones europeas. Cada intervención refleja su filosofía: anticipar, ordenar y sostener, asegurando que la defensa funcione como un sistema cohesionado.

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    El vestuario del Inter representa un desafío adicional: culturas, idiomas y estilos de juego distintos. Para Ivana, liderar aquí requiere empatía y comunicación no verbal, además de la autoridad que ya ejercía en España. Su capacidad para adaptarse y generar confianza se convierte en un activo esencial. Las jugadoras confían en que, con ella, el equipo mantendrá equilibrio y seguridad defensiva, incluso en los partidos más exigentes.

    Esta experiencia internacional añade un nuevo matiz a su carrera: demuestra que su liderazgo no depende de la familiaridad con el entorno ni del reconocimiento mediático. Su influencia es universal: se reconoce en cualquier vestuario, en cualquier país, en cualquier contexto competitivo.

    En Italia, Ivana también consolida su preparación para la culminación de su carrera internacional. Su paso por la Serie A refuerza su capacidad de adaptación y refina sus herramientas defensivas: lectura de juego, colocación, comunicación y anticipación. Estas habilidades serán determinantes cuando, pocos meses después, lidere a la Selección Española en el Mundial 2023, levantando la Copa del Mundo como capitana.

    La experiencia en el Inter evidencia un principio central en su carrera: el talento sostenido y el liderazgo silencioso son cualidades que trascienden contextos, ligas y fronteras. No importa si juega en España o en Italia, en Valencia, Levante, Real Madrid o Inter: su capacidad de sostener equipos y organizar defensas permanece constante, y su influencia en vestuarios se mantiene intacta.

    En resumen, la etapa 2024–presente en el Inter de Milán marca la expansión internacional de Ivana Andrés, un capítulo en el que sus virtudes se trasladan a un nuevo país y a un contexto táctico distinto. Su adaptación inmediata, su lectura táctica superior y su liderazgo funcional demuestran que es una central de élite con influencia más allá de las fronteras, preparada para afrontar los retos internacionales que culminarán en su momento más alto: levantar la Copa del Mundo con la Selección Española.

    La historia de Ivana Andrés con la Selección Española no se entiende sin considerar la paciencia, la constancia y la progresión sostenida que marcaron toda su carrera. Desde categorías inferiores hasta la Absoluta, Ivana construyó un recorrido que refleja su filosofía: estar siempre lista, sin necesidad de protagonismo mediático, y liderar desde la coherencia.

    Ivana comenzó a destacar en la Selección Sub-17 y Sub-19, sumando experiencias que sentarían las bases de su madurez defensiva y liderazgo silencioso. En estos equipos, participó en torneos europeos y mundiales juveniles, ganando títulos y medallas que anticipaban su futuro en la Absoluta:
    • Campeona de Europa Sub-17: 2009 y 2010
    • Bronce en el Mundial Sub-17: 2010

    Estos logros tempranos le ofrecieron exposición internacional, pero también le enseñaron la importancia del trabajo colectivo, la regularidad y la resiliencia frente a la presión de torneos de alto nivel. Desde sus primeros pasos en la Selección, Ivana demostró que el liderazgo no depende de la edad ni del protagonismo, sino de la coherencia, la fiabilidad y la capacidad de sostener al equipo.

    lo largo de los años, Ivana consolidó su presencia en la Selección Absoluta. Su progresión fue constante: fue acumulando minutos, aprendiendo a liderar en contextos complejos y adaptándose a entrenadores, sistemas tácticos y compañeras distintas. Su estilo, basado en anticipación, colocación y comunicación, se adaptó perfectamente a un equipo que empezaba a aspirar a metas históricas, como la Eurocopa y el Mundial.

    A diferencia de algunas figuras mediáticas, Ivana no buscó protagonismo externo. Su influencia se percibía dentro del grupo: ordenaba, ajustaba, dirigía y calmaba. Su liderazgo se consolidó no solo en partidos de alto nivel, sino también en entrenamientos, vestuarios y momentos de tensión, convirtiéndola en un referente silencioso pero imprescindible.

    El Mundial 2023 fue la culminación de todo su recorrido. España llegaba con aspiraciones históricas, pero también con la presión de un país que esperaba un resultado memorable. Ivana asumió la capitanía en un momento en que la responsabilidad no podía delegarse: debía liderar a sus compañeras, mantener la calma en situaciones críticas y sostener la estructura defensiva frente a rivales de máximo nivel.

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    Su rendimiento fue constante durante todo el torneo. No necesitó protagonismo ofensivo ni goles espectaculares; su valor residía en organizar la defensa, anticipar jugadas y transmitir seguridad al equipo. Cada intervención era un recordatorio de que la fiabilidad puede ser tan decisiva como la creatividad o la velocidad.
    El gesto más simbólico de la carrera de Ivana llegó con la entrega de la Copa del Mundo. No era solo un trofeo: era la síntesis de más de una década de trabajo silencioso, de liderazgo funcional y de fiabilidad sostenida. En la imagen, no hay teatralidad ni ruido; hay recorrido, constancia y coherencia. Ivana se convierte en la capitana que mejor representa a un grupo equilibrado, donde la unión y la solidez colectiva triunfan sobre el protagonismo individual.

    Levantando la Copa, Ivana no solo celebraba el título, sino también la culminación de su filosofía futbolística: el liderazgo sin necesidad de ser visto, la consistencia por encima del brillo efímero y la capacidad de sostener equipos en los momentos más críticos.

    Mundial 2023 consolidó a Ivana Andrés no solo como una futbolista de élite, sino como una figura histórica dentro del fútbol femenino español. Su carrera demuestra que no todas las leyendas se construyen con goles o jugadas icónicas. Algunas, como Ivana, se construyen con trabajo diario, disciplina, coherencia y la capacidad de hacer mejores a las demás.

    Su influencia se percibe en cada generación que llega a la Selección: jóvenes defensas que aprenden de su colocación, delanteras que confían en su capacidad de anticipación y compañeras que encuentran en su liderazgo un modelo de estabilidad y serenidad. Ivana representa la épica silenciosa del fútbol femenino: la de las que sostienen, las que permiten que todo lo demás ocurra.

    (Fuente: UEFA)

    En resumen, el Mundial 2023 fue la cima natural de su carrera internacional. La culminación de un recorrido que comenzó en categorías juveniles, se consolidó en clubes históricos y se fortaleció en contextos exigentes, tanto en España como en Italia. Levantar la Copa del Mundo como capitana es el reconocimiento final a una futbolista que siempre estuvo, siempre lideró y siempre sostuvo, incluso cuando el foco mediático miraba a otras.

    La carrera de Ivana Andrés no se mide únicamente por trofeos, estadísticas o titulares mediáticos. Se mide por coherencia, regularidad y liderazgo silencioso, cualidades que la han definido desde su llegada al Valencia CF Femenino hasta su consagración internacional. Sin embargo, el palmarés de Ivana refleja también su éxito colectivo y la importancia de su influencia en cada equipo en el que ha jugado.

    Palmarés con la Selección Española

    Su trayectoria internacional comenzó desde categorías inferiores, donde ya se distinguía por su capacidad de anticipación y liderazgo:
    • Campeona de Europa Sub-17: 2009 y 2010
    • Bronce en el Mundial Sub-17: 2010

    Pero la cima llegó con la Selección Absoluta:
    • Copa del Mundo FIFA 2023: capitana y referente del equipo campeón

    Este título representa mucho más que un logro deportivo. Simboliza la culminación de una carrera construida con paciencia, trabajo diario y liderazgo funcional. La imagen de Ivana levantando la Copa es un recordatorio de que la influencia silenciosa puede ser decisiva en la historia.

    Palmarés en clubes :

    (Fuente: Getty imágenes)

    En su recorrido por clubes españoles e internacionales, Ivana ha aportado estabilidad y liderazgo en contextos muy distintos:
    • Valencia CF: finalista de la Copa de la Reina 2015
    • Real Madrid Femenino: consolidación en la Liga F y participaciones europeas
    • Inter de Milán: aporte a la estabilidad defensiva y jerarquía en la Serie A.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Si bien no todos estos logros implican títulos de campeón, reflejan su capacidad para hacer mejores a los equipos, para sostener proyectos y para ser la pieza sobre la que se construye la estab
    Más allá de los resultados, el legado de Ivana se encuentra en su estilo de juego y su filosofía de liderazgo:
    • Lectura táctica y colocación: neutraliza al rival antes de que el peligro se materialice.
    • Liderazgo silencioso: ordena, corrige y transmite confianza sin necesidad de protagonismo.
    • Regularidad sostenida: su rendimiento no depende del club ni del contexto, sino de su preparación y disciplina.
    • Adaptabilidad: capaz de liderar en España o en Italia, en equipos emergentes o consolidados, con diferentes sistemas tácticos y vestuarios multiculturales.

    Ivana Andrés pertenece al grupo de futbolistas cuya importancia no siempre se ve en portadas o estadísticas, pero que son esenciales para construir la historia de un club o de una selección. Su carrera reivindica el valor de la constancia, la coherencia y la capacidad de liderazgo funcional.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Desde Valencia hasta el Mundial 2023, Ivana ha demostrado que el fútbol no solo se recuerda por goles espectaculares o jugadas icónicas, sino también por aquellas futbolistas que permiten que todo lo demás ocurra. Su influencia se transmite a nuevas generaciones: defensas jóvenes que aprenden posicionamiento, compañeras que confían en su juicio y entrenadores que reconocen la fiabilidad como un activo estratégico.

    En un fútbol femenino que ha pasado de la precariedad a la élite internacional, Ivana es símbolo de continuidad, estabilidad y liderazgo. Su legado es silencioso, pero profundo: la futbolista que sostiene, la central que hace mejores a sus compañeras y la capitana que no necesita protagonismo para marcar la diferencia.

    (Fuente: Getty imágenes)

    En resumen, el legado de Ivana Andrés combina logros deportivos, influencia silenciosa y coherencia profesional. No será recordada por un gol decisivo en una final, sino por haber sido la pieza central de equipos y vestuarios, por su capacidad de sostener el juego y por liderar con equilibrio y serenidad. Su trayectoria demuestra que, en el fútbol moderno, la consistencia y la fiabilidad son virtudes tan valiosas como la creatividad o la velocidad.

    Con más de una década de carrera, títulos internacionales y experiencias en España e Italia, Ivana Andrés deja un mensaje claro para futuras generaciones: el liderazgo verdadero no siempre se ve, pero siempre se siente.

    (Fuente: Getty imágenes)

    La historia de Ivana Andrés es, sobre todo, una historia de coherencia, fiabilidad y liderazgo silencioso. Desde su llegada al Valencia CF Femenino en 2009/10 hasta su consagración internacional levantando la Copa del Mundo con España en 2023, su carrera no se ha contado a través de destellos mediáticos, sino mediante la constancia, la preparación y la capacidad de sostener equipos. Cada etapa de su recorrido refleja un aprendizaje, una adaptación y un compromiso con el juego colectivo que la distingue en la historia del fútbol femenino español.

    En Valencia, Ivana Andrés comenzó como una joven promesa. Sus primeras temporadas estuvieron marcadas por la paciencia y el aprendizaje, por entender la categoría y encontrar su lugar en un fútbol femenino todavía en construcción. No destacaba por fuerza física ni por intervenciones espectaculares, sino por regularidad y lectura del juego. Esa fiabilidad fue la base sobre la que construiría su liderazgo futuro.

    Entre 2014 y 2018, se consolidó como capitana y eje emocional del equipo, liderando con coherencia y sin estridencias. Su rol en la final de la Copa de la Reina 2015 simboliza esta etapa: fue el punto de referencia en defensa, el soporte silencioso del vestuario y la futbolista que hacía mejores a sus compañeras simplemente con su presencia.

    El salto al Levante UD supuso un desafío distinto: demostrar que su rendimiento no dependía del contexto y que podía adaptarse a un equipo con mayores exigencias competitivas. Allí confirmó su capacidad de leer el juego, anticipar peligros y liderar sin imposición, consolidándose como central de élite y referente nacional.

    El siguiente capítulo, el Real Madrid Femenino, la convirtió en la primera capitana de un proyecto histórico. Entre 2020 y 2024, Ivana no solo organizó defensas y sostuvo equipos, sino que también lideró un vestuario diverso y competitivo. Su protagonismo sobre el césped fluctuó con la llegada de talento internacional, pero su peso interno permaneció constante, demostrando que el liderazgo no siempre se refleja en minutos de juego, sino en la influencia diaria sobre el equipo.

    En 2024, Ivana dio un paso internacional al Inter de Milán. En la Serie A, más física y directa que la Liga F, trasladó sus virtudes a un nuevo contexto: anticipación, colocación, comunicación y liderazgo silencioso. Su capacidad de adaptación y su influencia en un vestuario multicultural demostraron que su estilo y su fiabilidad trascienden fronteras, consolidándola como una central moderna, completa.

    El punto más alto de su carrera llegó en 2023, cuando España se proclamó campeona del mundo y Ivana, como capitana, levantó la Copa del Mundo. Ese gesto no solo simboliza un triunfo deportivo: es la síntesis de una vida dedicada al liderazgo funcional, al trabajo constante y a la fiabilidad. En su imagen levantando el trofeo, no hay teatralidad ni ruido, sino recorrido, tiempo acumulado y coherencia, cualidades que definen su legado.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Ivana Andrés no será recordada por goles decisivos ni jugadas icónicas que ocupen portadas; será recordada por haber sostenido equipos, haber hecho mejores a sus compañeras y haber liderado con discreción y eficacia. Su carrera reivindica el valor de la regularidad, la paciencia y la coherencia en un fútbol cada vez más acelerado y mediático.

    Su influencia se percibe en cada generación que llega a la Selección y en cada equipo donde ha jugado. Defensoras jóvenes aprenden posicionamiento, delanteras confían en su juicio y entrenadores valoran la seguridad que ofrece a cualquier proyecto. En un fútbol femenino que ha pasado de la precariedad a la élite, Ivana es un símbolo de estabilidad, liderazgo y profesionalidad, demostrando que el verdadero impacto no siempre se ve, pero siempre se siente.

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    El recorrido de Ivana Andrés sirve como ejemplo para futuras generaciones: la grandeza puede construirse desde la constancia y la coherencia, desde la capacidad de sostener equipos y liderar sin necesidad de protagonismo. Su trayectoria demuestra que el fútbol femenino no solo se hace con talento brillante, sino también con liderazgo silencioso, visión táctica y compromiso diario.

    (Fuente: Getty imágenes)

    En el balance final, Ivana Andrés representa la esencia de la central que sostiene, la capitana que lidera sin estridencias y la futbolista que hace historia desde la regularidad y la coherencia.

    Su carrera es una invitación a valorar a quienes, sin ruidos ni flashes, construyen los cimientos sobre los que otros pueden brillar. Y esa, sin duda, es una historia que merece ser contada, celebrada y recordada.

    (Fuente: Getty imágenes)