Categoría: Fútbol Europeo

  • Oficial | La jornada que agitó la Liga F: la Real aprieta arriba, el ONA golpea en Fuenlabrada y la pelea por Europa y la salvación arden

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ La decimoséptima jornada de la Liga F Moeve dejó un paisaje vibrante, lleno de matices y lecturas profundas. Mientras la Real Sociedad dio un paso firme hacia Europa y estrechó el cerco sobre la segunda plaza, Fuenlabrada fue escenario de uno de esos partidos que explican una temporada: el ONA silenció al Madrid CFF con un triunfo de autoridad (0-1), un resultado que sacude aspiraciones, redefine estados de ánimo y recuerda que en esta liga nadie regala nada. Arriba, abajo, en cada estadio, la competición empieza a hablar el lenguaje de los momentos decisivo.

    La Real Sociedad fue uno de los grandes nombres propios del fin de semana. El conjunto guipuzcoano cumplió con solvencia su papel ante la S.D. Eibar y se impuso por 3-0 en Zubieta, una victoria que vale mucho más que tres puntos. Vale distancia. Vale jerarquía. Vale convicción. El equipo de Arturo Ruiz entendió desde el inicio que la jornada ofrecía una oportunidad estratégica y no la dejó escapar. Intza Egiguren abrió el marcador en el primer cuarto de hora, dando tranquilidad a un bloque que supo gestionar el encuentro con madurez. En el tramo final, dos acciones desafortunadas del Eibar, materializadas en goles en propia puerta, redondearon un marcador que refleja el control real del partido. La Real Sociedad no solo ganó: envió un mensaje.

    Se consolida en puestos de privilegio, amplía su colchón sobre sus perseguidores directos y se queda a un solo punto de la segunda plaza, esa frontera simbólica que marca el acceso a la élite continental.

    Esa lectura cobra todavía más fuerza al observar lo ocurrido alrededor. El Costa Adeje Tenerife no pasó del empate sin goles frente al Espanyol, un partido dominado por las insulares pero castigado por la falta de acierto y por un larguero que negó el premio. El punto sabe a poco y aleja al conjunto tinerfeño de la carrera inmediata por Europa, quedando ya a ocho puntos de una Real Sociedad que no afloja. Tampoco sonrió el Atlético de Madrid en la clasificación global de la jornada: pese a su victoria en el derbi ante la SD Eibar, los resultados acumulados le dejan a diez puntos del conjunto donostiarra, obligado ahora a remar contracorriente en una temporada de exigencia máxima.

    Pero si hay un partido que resume la crudeza competitiva de esta Liga F, ese se jugó en Fuenlabrada. El Madrid CFF recibió al ONA con la necesidad de reaccionar, de engancharse a una dinámica que le devolviera a la pelea por los puestos nobles. Enfrente, un rival incómodo, trabajado, consciente de sus armas. El resultado fue un 0-1 que pesa como una losa en el proyecto madrileño y que engrandece al ONA, capaz de competir con rigor, paciencia y colmillo. El gol, obra de Itziar Pinillos, fue suficiente para decidir un encuentro tenso, cerrado, en el que cada duelo parecía definitivo.

    Para el Madrid CFF, la derrota en casa en el estreno de José Luis Sánchez Vera como técnico local es un golpe duro: el equipo se descuelga a once puntos de la zona europea y ve cómo el margen de error se reduce a la mínima expresión.

    En Sevilla, el fútbol volvió a sonreír. El conjunto andaluz rompió una racha negativa de dos derrotas consecutivas con un triunfo coral ante el Levante UD (4-2), colista de la competición. Fue un partido abierto, con alternativas, en el que brilló con luz propia Esther Martín-Pozuelo, autora de un gol de falta directa que levantó al público de sus asientos. El Sevilla respira, recupera confianza y se mantiene en una zona templada de la tabla, aunque todavía lejos de una Real Sociedad que le saca diez puntos y marca el ritmo de la clase media-alta de la liga.

    La jornada también tuvo un fuerte impacto en la zona baja, donde cada punto es oxígeno y cada derrota, una herida profunda.

    El Granada CF confirmó su momento dulce con una victoria por 2-0 ante el Alhama CF El Pozo, encadenando su tercer triunfo consecutivo. Las nazaríes superan ya la barrera de los 20 puntos y se colocan con 22, construyendo una ventaja considerable sobre el descenso. El contraste es duro para el DUX Logroño, que salió muy tocado de su enfrentamiento ante el Deportivo ABANCA en Las Gaunas. La derrota amplía la brecha hasta los once puntos y complica seriamente sus opciones de permanencia, en una liga que no espera a nadie.

    Así transcurrió una jornada diecisiete que no fue una más. Fue una de esas fechas que ordenan el relato del campeonato. La Real Sociedad mira hacia arriba con ambición legítima, el ONA se reivindica con una victoria de enorme valor simbólico y práctico, y la lucha por Europa y por la salvación se va definiendo a base de golpes de realidad. La Liga F Moeve entra en su tramo decisivo con la sensación de que cada partido será una final encubierta, cada gol un punto de inflexión y cada fin de semana una nueva historia por contar.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Y esto, precisamente esto, es lo que hace grande a la Liga F: cuando el calendario aprieta y las emociones se desbordan, cuando nadie se esconde y el césped dicta sentencia. La jornada diecisiete ha pasado, pero ha dejado ecos. Y los próximos capítulos prometen todavía más fuego, más verdad y más fútbol del que se recuerda. Porque aquí, cuando empieza la hora de la verdad, no hay marcha atrás. Solo queda jugar… y creer.

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • La crónica || Itzi Pinillos dinamita al Madrid CFF en Fuenlabrada

    (Fuente: Liga F Moeve )

    ⬛️ El Badalona Women ganó por 0-1 al Madrid CFF. Itziar Pinillos, ex del conjunto madrileño, marcó el único tanto del encuentro. Por su parte, Sonia Majarín fue la MVP del choque. Las catalanas todavía no han encajado ningún gol en este inicio de año, mientras que Sánchez Vera no pudo ganar como local.

    La previa |

    LigaFMoeve | #MadridCFFFCBadalona

    (Fuente: Liga F Moeve )

    Hay domingos que no necesitan artificio.Domingos que no piden fuegos artificiales ni proclamas grandilocuentes, porque el propio calendario, el propio césped y las propias historias que se cruzan ya contienen todo lo necesario para ser memorables. El 25 de enero es uno de ellos.

    A las cuatro de la tarde, cuando el sol de invierno apenas consigue templar las gradas del Fernando Torres, el fútbol femenino español se detiene para observar un partido que, sin titulares ruidosos ni focos excesivos, concentra muchas de las claves emocionales, competitivas y estructurales de la Liga F: identidad, reconstrucción, resistencia y futuro.

    Madrid CFF y FC Badalona Women se enfrentan separados por apenas seis puntos, pero también por dos maneras muy distintas de sobrevivir y crecer en una liga cada vez más exigente. El choque no es uno más. Es un partido de procesos. De discursos que empiezan a tomar forma. De proyectos que se miran a los ojos sabiendo que cada jornada puede marcar una frontera invisible entre la estabilidad y la incertidumbre.

    Y, por encima de todo, es el estreno de Sánchez Vera en casa, un técnico que respira fútbol femenino por todos los poros de su cuerpo.
    El Estadio Fernando Torres no es un gran coliseo moderno. No necesita serlo. Es uno de esos campos que respiran fútbol femenino desde la cercanía, desde la grada baja, desde el sonido seco del balón golpeando el césped y desde la conversación constante entre jugadoras y banquillos.

    El Fernando Torres ha sido durante años territorio de resistencia del Madrid CFF, un club construido lejos del ruido, con una identidad clara: competir siempre, independientemente del contexto, del presupuesto o de la narrativa externa. No es casualidad que aquí se hayan forjado temporadas enteras a base de puntos que no salían en los resúmenes, pero sí en las clasificaciones.

    Este domingo, el estadio adquiere un matiz distinto. No es solo un partido más como local. Es la primera vez que Sánchez Vera se presenta ante su afición, tras un debut notable lejos de casa.

    Pocos entrenadores conocen tan bien la Liga F como David Sánchez Vera. Su trayectoria es la de alguien que entiende el fútbol femenino desde dentro, desde la gestión del vestuario, desde el matiz emocional y desde la lectura táctica sin estridencias.

    Su llegada al Madrid CFF no es un golpe de efecto, sino una apuesta por el orden, la claridad y el crecimiento progresivo.

    El triunfo por 1-3 en Riazor ante el Deportivo Abanca fue algo más que tres puntos. Fue una declaración inicial de intenciones. Un equipo que supo sufrir, que fue pragmático cuando tocó y que mostró una versión reconocible incluso en fase temprana de adaptación.

    Pero los proyectos no se validan solo fuera.
    Se consolidan en casa.

    Este partido es el primer examen emocional de Sánchez Vera en el Fernando Torres. No tanto por el resultado, sino por el mensaje: cómo quiere que juegue su equipo, qué ritmo impone, qué tipo de partido acepta y cuál rechaza.

    Madrid CFF llega a esta jornada inmerso en una temporada de transición, pero no de renuncia. El equipo madrileño ha sabido, históricamente, adaptarse a los cambios sin perder su esencia competitiva.

    No es un conjunto diseñado para monopolizar el balón durante noventa minutos, pero tampoco uno que rehúya la propuesta. Su fortaleza ha estado siempre en el equilibrio: líneas juntas, compromiso defensivo, solidaridad en el esfuerzo y capacidad para castigar errores ajenos.

    Con Sánchez Vera, el Madrid CFF busca ordenar ese ADN, dotarlo de mayor continuidad y reducir los tramos de desconexión que, en temporadas anteriores, han penalizado partidos igualados.

    El encuentro ante el Badalona se presenta como un laboratorio perfecto: un rival incómodo, defensivamente sólido, que no concede espacios gratuitos y que obliga a tener paciencia, precisión y convicción.

    El FC Badalona Women llega al Fernando Torres situado en la novena posición con 20 puntos, una cifra que no deslumbra, pero que habla de un equipo que ha sabido rascar puntos donde otros se han dejado llevar.

    Diez goles a favor en lo que va de campeonato pueden parecer pocos, pero también explican una realidad: el Badalona ha hecho de la solidez defensiva su seña de identidad. No necesita grandes cifras ofensivas para competir. Necesita orden, concentración y la capacidad de mantenerse en partido hasta el último tramo.

    Este es un equipo que incómoda, que ralentiza, que fuerza errores y que entiende muy bien cuándo el partido debe romperse… y cuándo no.

    un mercado invernal siempre complejo para los equipos de mitad de tabla, el Badalona ha apostado por una sola incorporación: Isabella Hoekstra.

    No es un fichaje masivo ni una revolución de plantilla. Es una apuesta quirúrgica. Una futbolista llamada a aportar verticalidad, lectura de espacios y energía en un equipo que prioriza el orden, pero que necesita oxígeno en los metros finales.

    Su adaptación será clave no solo para este partido, sino para el tramo decisivo de la temporada. En escenarios como el Fernando Torres, donde cada error se paga y cada acierto se amplifica, las jugadoras recién llegadas suelen medir su impacto real.

    Todo apunta a un choque de ritmos contenidos.
    El Madrid CFF tratará de llevar la iniciativa, de instalarse en campo rival y de encontrar grietas en una defensa catalana que rara vez se desordena.

    El Badalona, por su parte, apostará por bloques compactos, ayudas constantes y transiciones calculadas, buscando aprovechar cualquier desconexión o pérdida en zonas sensibles.

    No será un partido de ida y vuelta constante. Será un duelo de lectura. De tempos. De concentración.

    Y ahí, en ese terreno invisible, se deciden muchas temporadas.

    No se juegan solo tres puntos.
    Se juega la sensación de pertenencia.
    La confianza de un vestuario en un nuevo discurso.
    La confirmación de que el trabajo silencioso también tiene recompensa.

    Para el Madrid CFF, ganar significaría asentar el inicio de una nueva etapa, convertir el estreno en casa en un punto de apoyo y mirar la clasificación con mayor serenidad.

    Para el Badalona, puntuar supondría reafirmar su modelo, demostrar que su solidez no es circunstancial y que puede competir en cualquier escenario.

    Y es aquí donde entra “El Partido de Manu”.
    No como un simple altavoz, sino como un guardián del relato, como una voz que entiende que el fútbol femenino no se explica solo con estadísticas, sino con memoria, con emoción y con justicia narrativa.

    En un ecosistema donde aún queda mucho por conquistar, espacios como “El Partido de Manu” han asumido una responsabilidad que va más allá del análisis: preservar la épica cotidiana, dignificar cada partido, cada estadio modesto, cada debut silencioso.

    Porque el fútbol femenino crece cuando alguien se detiene a mirarlo de verdad.
    Cuando alguien lo cuenta sin condescendencia.
    Cuando alguien entiende que un Madrid CFF – Badalona un domingo de enero también es historia.

    Y este domingo, en el Fernando Torres, el balón volverá a rodar sabiendo que hay quien lo observa, quien lo explica y quien lo convierte en relato. Eso, en sí mismo, ya es una victoria.

    (Fuente: Liga F Moeve )

    Así hemos vivido el Madrid CFF versus ONA |

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    🏆 Liga F Moeve | Temporada 2025-2026

    🔥 Madrid CFF 🆚 ONA 🔥

    🗓️ Domingo, 24 de enero de 2026

    🟠 Matchday 17 | Día de partido

    📺 DAZN

    🏟️ Estadio Fernando Torres , Fuenlabrada

    Los XI |

    Silencio, tensión y eficacia: el FC Badalona Women asalta Madrid y deja abierta la batalla de la Liga F Moeve, con estas primeras líneas se podría resumir lo que hemos vivido al sur de la capital española en la penúltima entrega de una jornada que se clausuró con el triunfo del Granada por 2-0 a un Alhama que no consigue remontar y salir del temible descenso.

    El fútbol, incluso en su versión más competitiva, sabe detenerse cuando la memoria lo exige. Antes de que el balón comenzara a rodar, el estadio guardó un respetuoso y sentido minuto de silencio en recuerdo de las víctimas de los recientes accidentes ferroviarios. Un silencio espeso, solemne, compartido por jugadoras, cuerpos técnicos y aficiones, que recordó que el deporte también es un espacio de duelo colectivo. Tras ese instante de recogimiento, el fútbol regresó con toda su crudeza competitiva, y lo hizo para ofrecer un partido de márgenes estrechos, de resistencia defensiva y de una eficacia quirúrgica que terminó inclinando la balanza.

    El partido arrancaba condicionado por ausencias y novedades importantes en ambos conjuntos. El FC Badalona Women no pudo contar con Berta Pulladas, baja sensible en defensa debido a problemas en la rodilla, mientras que el Madrid CFF afrontó el choque sin Sandra Villafañe, pieza clave del equipo y habitual en todos los minutos disputados hasta la fecha, sancionada por acumulación de tarjetas amarillas.

    Como nota positiva para las visitantes, el encuentro supuso el regreso de Canales a la portería del Badalona tras superar la lesión que la había apartado de los terrenos de juego antes de Navidad.

    Desde el primer minuto se percibió que el encuentro no iba a conceder concesiones. El Madrid CFF, séptimo clasificado de la Liga F Moeve y aún en proceso de adaptación al ideario de su nuevo técnico, David Sánchez Vera, asumió la iniciativa con la intención de imponer ritmo y presencia en campo contrario. Enfrente, un FC Badalona Women que ha construido su identidad en este inicio de 2026 desde el orden, la solidaridad defensiva y una convicción colectiva que le ha permitido mantenerse invicto en defensa durante varias jornadas.

    La primera advertencia seria llegó pronto y llevó la firma de una de las futbolistas más determinantes del conjunto visitante. Mônica Hickmann, poderosa en el juego aéreo, conectó un cabezazo desde el interior del área tras un preciso envío de falta de Ángela Sosa. Fue un aviso claro: el Badalona no había viajado a Madrid para resistir sin más, sino para competir cada balón como si fuera decisivo.

    El Madrid CFF trató de responder con posesiones largas, buscando abrir el campo y desgastar a un bloque visitante que se mostraba compacto, solidario y extraordinariamente disciplinado. Las líneas del FC Badalona Women se movían al unísono, reduciendo espacios entre centrales y laterales, obligando a las madrileñas a circular por fuera y a recurrir al centro lateral como principal vía de ataque. Sin embargo, los envíos no encontraban rematadoras claras, bien por la anticipación de la zaga visitante, bien por la falta de ventajas en el área.

    El partido avanzaba con esa sensación de dominio territorial local que no termina de traducirse en ocasiones claras. Cada pérdida del Madrid CFF era aprovechada por el Badalona para respirar, para ganar metros y para recordar que el encuentro estaba abierto. En ese contexto de equilibrio tenso, apareció la jugada que terminaría marcando el destino del choque.

    Corría el tramo final de la primera mitad cuando Sonia Majarín, omnipresente durante todo el partido y posteriormente reconocida como la MVP del encuentro, recibió el balón en banda zurda. Con tiempo para perfilarse y levantar la cabeza, puso un centro medido, tenso y preciso al segundo palo. Allí apareció Itziar Pinillos, con la determinación de quien sabe que esa acción puede cambiar un partido. La exjugadora del Madrid CFF atacó el espacio con inteligencia y, con un remate certero, envió el balón al fondo de la red, superando a Paola Ulloa pese a su estirada para así abrir la lata amén del 01 en el minuto 43 de una primera parte que agonizaba.

    El gol no solo adelantó al FC Badalona Women en el marcador; también reforzó su plan de partido. A partir de ese momento, el conjunto visitante se sintió aún más cómodo defendiendo en bloque bajo, gestionando tiempos y seleccionando con cuidado cuándo presionar y cuándo replegar.

    Antes del descanso, Itziar Pinillos volvió a poner en jaque a la defensa local con otra acción peligrosa que obligó a Paola Ulloa a emplearse a fondo, esta vez con la ayuda del poste, para evitar el segundo tanto. La dieciséis visitante se había convertido en un auténtico quebradero de cabeza para la zaga madrileña.

    Tras el paso por vestuarios, el guion no cambió en esencia, pero sí en intensidad. El Madrid CFF regresó al césped consciente de que necesitaba acelerar, asumir riesgos y encontrar soluciones diferentes. El Badalona, por su parte, entendió que el partido se jugaría en la gestión emocional, en la capacidad de resistir sin perder el orden ni la concentración.

    Las visitantes estuvieron cerca de ampliar la ventaja en los primeros compases del segundo tiempo. Irina Uribe probó fortuna con un lanzamiento que se perdió rozando el larguero, ante la mirada atenta de la capitana local. Minutos después, la propia Uribe volvió a aparecer con un remate peligroso que obligó a Paola Ulloa a tirar de reflejos para mantener con vida a su equipo. Cada acercamiento del Badalona era un recordatorio de que el 0-1 no garantizaba nada, pero sí premiaba la precisión.

    Sánchez Vera decidió entonces mover el banquillo. La entrada de Anita Marcos por Emilie Nautnes y de Alba Ruiz por Esther Laborde buscaba dar un paso adelante, aumentar la presencia ofensiva y encontrar mayor profundidad. Los cambios aportaron energía, pero se toparon una y otra vez con una defensa visitante que se comportó como un auténtico muro. Las centrales ganaban duelos, las laterales cerraban espacios y el bloque medio trabajaba sin balón con una disciplina admirable.

    Los centros al área se sucedían sin éxito. Tan solo Kamilla Melgard logró cazar un balón en el segundo palo, pero su disparo se marchó muy desviado, reflejo de la frustración creciente en las filas locales. El tiempo corría en contra del Madrid CFF, y cada minuto que pasaba reforzaba la sensación de que el Badalona tenía el partido exactamente donde quería.

    En el tramo final, el encuentro ganó en nervio. Isabelle Hoekstra debutó con el equipo visitante, sumando minutos y experiencia en un contexto exigente. Paula Sánchez, recién ingresada al terreno de juego, estuvo cerca de sentenciar el duelo con un remate desde dentro del área que Paola Ulloa atrapó sin excesivos problemas, firmando otra intervención de mérito. Fue la última gran ocasión del partido.

    El Madrid CFF lo intentó hasta el final, empujado más por el corazón que por la claridad, pero se encontró siempre con Antonia Canales, segura bajo palos, que cortó de raíz las últimas opciones de empate. El pitido final confirmó lo que el desarrollo del partido había ido anunciando: victoria mínima, pero de enorme valor, para el FC Badalona Women.

    Con este resultado, el Madrid CFF se queda en la 7ª posición de la Liga F Moeve con 26 puntos, encajando la primera derrota de Sánchez Vera desde su llegada al banquillo. Una derrota que no borra el trabajo realizado, pero que subraya el camino que aún queda por recorrer en términos de eficacia y soluciones ofensivas ante bloques cerrados.

    El Badalona Women, por su parte, consolida su crecimiento y se sitúa en mitad de tabla, ubicándose octavo con 23 puntos, manteniendo además un dato que habla de su solidez: todavía no ha encajado ningún gol en este inicio de 2026. Un equipo que compite, que cree en su plan y que ha demostrado que puede mirar de frente a cualquiera.

    ( Fuente: Liga F Moeve)

    La Liga F Moeve avanza hacia su decimoctava jornada con la sensación de que nada está escrito, de que cada partido es un ejercicio de resistencia y convicción. Este duelo dejó claro que los detalles deciden, que el orden también gana partidos y que la temporada entra en un tramo donde cada punto pesa como oro. La expectativa ya está servida.

    La historia continúa y este medio, con más de En las últimas dos semanas, el medio ha registrado 886 visualizaciones, lo que supone una media de más de 63 visitas diarias, un dato que no solo refleja crecimiento, sino constancia y fidelidad. Una cifra que cobra aún más valor si se entiende como la consecuencia directa de una labor incansable, sostenida y profundamente comprometida con el fútbol femenino desde mucho antes de que la Primera División fuese reconocida como profesional en 2022.

    Años de trabajo silencioso, de cobertura diaria sin focos ni grandes recursos, de contar historias cuando todavía no generaban titulares ni métricas, y de construir un espacio informativo con rigor, memoria y convicción.

    Este promedio no es un pico puntual: es el resultado de una trayectoria, de una apuesta editorial firme y de un compromiso con el crecimiento y la dignificación del fútbol femenino que se mantiene intacto jornada tras jornada.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    Madrid CFF : Paola Ulloa; Melgard, Nuria Mendoza, Esther Laborde (Alba Ruiz, min. 57), Monica, Allegra Poljak; Andonova (Marina Rivas, min. 73, Ángela Sosa, Hildur Antonsdottir; Marcetto, Nautnes (Anita Marcos, min. 57)
    Entrenador: Sánchez Vera
    FC Badalona Women: Canales; Itzi, Majarin, Nerea Carmona, Barclais (Haoekstra, min. ; Llompart, Ana González, Cubedo; Julve (Lorena, min. 71), Irina (Kullashi, min 86), Banini (Paula, min. 81)
    Entrenador: Marc Ballester
    Tarjetas amarillas: Canales (min. 10), Itzi (min. 39), S. Majarín (min. 79), Llompart (min. 87), Cubedo (min. 87).
    Lugar: Estadio Fernando Torres
    Árbitra: Melissa López

    Goles |

    0-1 Itzi Pinillos 42’ ⚽️

    Vídeo:

  • Noticia | José Herrera ya ejerce como técnico para el Atlético de Madrid

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ José Ángel Herrera no ha perdido ni un minuto desde que asumió el mando. El nuevo técnico del Atlético de Madrid Femenino ha iniciado su etapa con una declaración de intenciones clara: presencia, análisis y mirada larga hacia la cantera. Apenas un día después de su nombramiento, el entrenador canario ya seguía de cerca el rendimiento del filial rojiblanco, evidenciando que su proyecto empieza desde la base y se construye con conocimiento del ecosistema del club.

    José Ángel Herrera, el heredero de Víctor Martín Alba en el banquillo local del Centro Deportivo Alcalá de Henares se ha tomado muy en serio su nombramiento.

    Menos de 24 horas después de asumir el reto de preparar al bicampeón de la Copa de la Reina, nuestros queridos compañeros del medio “Woso Promises Magazine” le han captado en las gradas del feudo colchonero junto a Amanda Sampedro, coordinadora de “La Academia”, en el encuentro de jornada dieciséis en Primera RFEF (Segunda División) que enfrentaba al Atlético de Madrid con el Real Oviedo y que finalizó con 1-1 en el luminoso.

    Este documento histórico fue recogido por la fotógrafa Estefanía Lora y en él se pudo ver al ex del Granada y el Costa Adeje Tenerife tomando notas de lo que hacía el filial, donde brillan futbolistas como Daniela Miñambres, Natalia Peñalvo, Noa Ortega, ex del Barcelona, Lydia Rodríguez o una Naara Miranda que pasó por el Madrid CFF.

    Natural de Santa Cruz de Tenerife es un joven de 36 años al que no le tiembla el pulso en hacer un hueco en la primera plantilla a figuras incipientes, ya que en su etapa en el Municipal de Adeje le dio la alternativa a un total de siete integrantes del equipo “B”.

    El ex del Al Hilal Saudi Women Football Club agitará el avispero para intentar revertir la mala dinámica de las madrileñas en la Liga Profesional de Fútbol Femenino y todavía no descarta poder finalizar el curso en el podium de la Liga F Moeve, a pedal de que la Real Sociedad se ha escapado en 10 puntos.

  • La crónica | El Manchester City sale más líder de Londres

    (Fuente: Manchester City Women)

    ⬛️ El Manchester City logró una importante victoria por 1-2 en su visita al London City Lionesses, un triunfo que le permite colocarse con nueve puntos de ventaja sobre el segundo clasificado, cuando aún restan nueve jornadas por disputarse.

    ✍🏻 Manu López Fernández & Paula Valiente

    Los Xl |

    London City Lionesses saltó al césped del Copperjax Community Stadium con un once de absoluta convicción, diseñado para competir de tú a tú con el gigante:

    Lete (77) en la portería; línea defensiva para Fernández (2), Pattinson (3), Pérez (6) y Corrales (7); en la sala de máquinas, Asllani (9), Godfrey (14) y Roddar (16); arriba, con ambición y carácter, Goodwin (23), Sangaré (26) y Kennedy (33).

    Un equipo construido para resistir, para morder y para creer que los partidos grandes también se ganan desde la personalidad colectiva.

    London City Lionesses saltó al césped del Copperjax Community Stadium con un once de absoluta convicción, diseñado para competir de tú a tú con el gigante:

    Lete (77) en la portería; línea defensiva para Fernández (2), Pattinson (3), Pérez (6) y Corrales (7); en la sala de máquinas, Asllani (9), Godfrey (14) y Roddar (16); arriba, con ambición y carácter, Goodwin (23), Sangaré (26) y Kennedy (33).

    Un equipo construido para resistir, para morder y para creer que los partidos grandes también se ganan desde la personalidad colectiva.

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    El arranque del partido fue un ejercicio de autoridad absoluta del Manchester City. Durante los primeros diez minutos, el líder impuso su ley con una presión asfixiante en campo rival, una telaraña perfectamente sincronizada que atrapó una y otra vez los intentos del London City por salir jugando. Las locales, superadas en intensidad y ritmo, se vieron obligadas a renunciar a la elaboración corta y a recurrir de forma constante al pase largo, buscando oxígeno ante un rival que no concedía ni un segundo para pensar.

    El plan del London City era claro: bloque medio, líneas muy juntas y especial atención a cerrar los carriles interiores, permitiendo cierto espacio a las centrales rivales, pero negando con firmeza cualquier progresión cómoda por dentro. Sin embargo, ese equilibrio defensivo duró poco. El City, paciente pero implacable, encontró el resquicio justo cuando el partido empezaba a asentarse.

    El primer golpe llegó en el minuto 11, en una acción que condensó toda la jerarquía del conjunto mancuniano. Tras una recuperación, el balón viajó rápido hasta las botas de Vivianne Miedema, que detectó al instante el desajuste en la línea defensiva local. Su pase largo, raso y perfectamente medido encontró la carrera de Keroline, que atacó el espacio con potencia y convicción. La brasileña, ex del Madrid CFF, leyó mejor que nadie el adelantamiento defensivo del London City y, con sangre fría, superó a Lete con un disparo raso y preciso con la pierna derecha.

    El 01 abría la lata y confirmaba lo que ya se intuía: el City había llegado para mandar.

    El gol no hizo sino agrandar la figura de las visitantes. Verse por delante antes del primer cuarto de hora reforzó su dominio y acentuó las dudas locales. Aun así, el London City tuvo un breve destello de reacción. Un buen pase de Kosovare Asllani encontró a Goodwin, que se escoró en exceso y no pudo culminar la jugada, bien contenida además por una defensa cityzen atenta y contundente.

    Fue, sin embargo, un espejismo. El guion volvió rápidamente a su cauce natural: posesión prolongada y control territorial del Manchester City, frente a un London City replegado en bloque medio-bajo, tratando de sobrevivir y esperando su oportunidad al contragolpe. Y esas oportunidades llegaron. En una transición rápida, Goodwin arrancó desde el centro del campo y estuvo muy cerca de igualar el marcador, pero se topó con una intervención decisiva de Yamashita, que sostuvo a las suyas con reflejos felinos. Poco después, la propia Goodwin volvió a rozar el empate con un cabezazo potentísimo que se estrelló con violencia en el travesaño, haciendo temblar el estadio.

    Ese tramo del partido parecía anunciar un posible crecimiento local, pero nunca llegó a consolidarse. El City siguió dominando con autoridad, administrando el balón con inteligencia y desactivando cualquier intento serio de presión alta del London City.

    Las mancunianas salían limpias desde atrás, sin sobresaltos, y enfriaron el encuentro hasta llegar al descanso con ventaja mínima pero sensación de control total. Al término de los primeros 45 minutos, el 0-1 obligaba al equipo de Eder Maestre a asumir riesgos si quería cambiar el destino del partido.

    Tras el paso por vestuarios, el choque mutó. El ritmo se aceleró, el campo se estiró y ambos equipos comenzaron a pisar área rival con mayor frecuencia. Cinco minutos después de la reanudación, el London City empezó a crecer, esta vez con balón, logrando encadenar posesiones más largas. En una de esas acciones, Corrales puso un centro raso que encontró a Asllani en buena posición, pero la sueca elevó en exceso el disparo y la ocasión se perdió entre lamentos.

    Ese aviso fue el preludio de los mejores minutos de las locales. El London City comenzó a amenazar de verdad, obligando a Yamashita a multiplicarse bajo palos. La posesión se fue equilibrando y el City pasó largos minutos defendiendo en su propio campo. Durante el primer cuarto de hora de la segunda parte, el partido se jugó mayoritariamente en terreno mancuniano. Eso sí, cada salida visitante seguía siendo un recordatorio de su enorme pegada.

    Pasada la hora de partido, el London City encontró al fin su recompensa. En una acción que destiló calidad y determinación, Asllani filtró un pase delicioso para Godfrey.

    La atacante, con personalidad, se deshizo de su marca con una bicicleta, se acomodó el balón a la derecha y conectó un disparo violento, un auténtico zambombazo imposible para Yamashita.

    El 11 llegó en el minuto 69, con justicia casi poética, y el estadio entró en ebullición. Quedaban veinte minutos y el partido estaba cargado de tensión, emoción y promesas de desenlace grande.

    El empate espoleó todavía más a las locales. El London City vivió entonces sus mejores momentos, acumulando llegadas y transmitiendo la sensación de que podía culminar la remontada. Pero ese atrevimiento chocó con su gran pecado: la falta de pegada. Y en Inglaterra, ante un gigante como el City, los errores se pagan.

    Cuando el dominio local era evidente, el Manchester City activó su instinto campeón. En el minuto 80, las visitantes despertaron y en apenas diez minutos generaron más peligro que en los 35 anteriores. Primero avisó Khadija Shaw con un potente remate de cabeza. Después, Miedema y Hemp estuvieron a punto de marcar, pero un disparo fue despejado bajo palos en una acción desesperada. El rebote cayó de nuevo a Shaw, que no perdonó. Con la pierna derecha, envió el balón al fondo de la red en el minuto 86, firmando el 12 definitivo y silenciando al estadio cuando el margen de reacción ya era mínimo.

    A partir de ahí, el Manchester City se mostró impenetrable. Gestionó los últimos minutos con oficio, solidez y temple, desesperando a un Eder Maestre que veía cómo se escapaba un premio que había parecido posible durante muchos minutos.

    Con esta victoria, el Manchester City refuerza su condición de líder indiscutible, se aleja a nueve puntos del segundo clasificado cuando aún restan nueve jornadas y da un paso gigantesco en la lucha por el campeonato. El London City Lionesses, pese a la derrota, dejó una imagen notable, especialmente en una segunda parte valiente y ambiciosa en la que puso contra las cuerdas al mejor equipo del campeonato.

    Porque hay derrotas que construyen y victorias que sentencian. Y en este duelo, el City no solo ganó un partido: reafirmó su destino.

    📋 Ficha técnica |

    London City Lionesses: Lete, Fernández, Pattinson, Pérez, Corrales, Asllani, Godfrey (Parris, 79′), Roddar, Goodwin (Fransi, 86′), Sangaré, Kennedy.

    Manchester City: Yamashita, Rose, Knaak, Greenwood, Casparij, Blindkilde Brown (Coffey, 76′), Hasegawa, Hemp, Kerolin (Beney, 90+2′), Miedema, Shaw.

    Goles |

    0-1 Kerolin Nicoli 11’ ⚽️
    1-1 Goodwin 69’ ⚽️
    1-2 B. Shaw 86’ ⚽️

    Estadio: CopperJax Community Stadium
    Fecha y Hora: 12:55 – 25/01/2025

  • La crónica | La Real Sociedad se lleva el derbi guipuzcoano y va a por más

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ El equipo txuri-urdin ganó por 3-0 a la SD Eibar para quedarse con el derbi guipuzcoano. Intza Eguiguren, Ane Etxezarreta, en propia puerta, y Eunate Astralaga, también en propia puerta, marcaron los tantos del cuadro donostiarra. Nerea Eizagirre fue la MVP del duelo para ampliar la ventaja por la tercera plaza.

    La previa |

    (Fuente: Liga F Moeve )

    En Zubieta no se juega solo un partido. Se pone en escena una forma de entender el fútbol, una identidad construida a base de paciencia, cantera y resistencia. La decimoséptima jornada de la Liga F propone un duelo que trasciende la clasificación: Real Sociedad y Sociedad Deportiva Eibar se citan en un enfrentamiento que es territorial, emocional y profundamente simbólico. Dos proyectos distintos, dos caminos hacia la élite, un mismo horizonte de legitimidad competitiva. Noventa minutos que no entienden de etiquetas ni presupuestos, sino de convicción.
    La decimoséptima jornada de la Liga F marca un punto de inflexión claro en el calendario. Superado el ecuador del campeonato, los equipos comienzan a mirarse en el espejo con mayor crudeza. Ya no hay margen para el autoengaño ni para las excusas estructurales. Cada punto empieza a tener valor doble: por lo que suma y por lo que evita que sumen los demás.
    En ese escenario, el duelo entre la Real Sociedad y el Eibar adquiere un significado especial. No se trata únicamente de un enfrentamiento entre dos equipos vascos. Es la colisión entre dos modelos que han sabido ganarse su espacio en la máxima categoría desde premisas distintas, pero con un denominador común: la fidelidad a una idea.
    La Real llega con la obligación silenciosa de mirar hacia arriba. El Eibar, con la urgencia estratégica de mirar hacia atrás sin perder la dignidad competitiva. Y entre ambos, una Liga F cada vez más exigente, más igualada en la zona media y más implacable con los errores.
    Hablar de la Real Sociedad femenina es hablar de continuidad. De un proyecto que no ha buscado atajos ni soluciones artificiales. Zubieta como epicentro, la cantera como columna vertebral y una progresión sostenida que ha llevado al equipo a consolidarse como uno de los conjuntos más fiables del campeonato.
    La Real ya no es una sorpresa. Tampoco una promesa. Es una realidad competitiva que se ha ganado el derecho a ser exigida. Y esa exigencia es, precisamente, el mayor reto de esta temporada.
    Llegada la jornada 17, la Real se encuentra en una posición que invita a soñar, pero también a ser prudente. El equipo ha mostrado solidez en casa, una notable capacidad para controlar los ritmos del partido y una mejora progresiva en la gestión de los finales cerrados.
    Sin embargo, también ha dejado entrever algunas fragilidades: dificultades para romper bloques bajos, dependencia de determinados perfiles creativos y momentos puntuales de desconexión defensiva cuando el partido se acelera.
    Este derbi llega, por tanto, como una prueba de madurez. No solo por el rival, sino por lo que exige el contexto: ganar cuando se espera que ganes.
    El campo de Zubieta no es un estadio al uso, pero se ha convertido en un espacio de identidad. Allí la Real se siente cómoda, reconocible, dominante. El césped, las dimensiones, el entorno: todo favorece un fútbol elaborado, paciente, de asociaciones cortas y presión tras pérdida.
    Ante el Eibar, esa condición de local debe traducirse en iniciativa desde el primer minuto. La Real sabe que el partido se jugará, en gran medida, en campo contrario.
    El Eibar femenino representa uno de los relatos más genuinos del fútbol femenino reciente. Un club acostumbrado a desafiar pronósticos, a convivir con presupuestos ajustados y a competir desde la organización y el compromiso colectivo.
    Su presencia en la Liga F no es un accidente. Es el resultado de una planificación coherente, de un vestuario convencido y de una estructura que ha sabido adaptarse a la máxima exigencia sin renunciar a su esencia.
    Llegados a este punto del campeonato, el Eibar vive en una zona de la clasificación que obliga a sumar con regularidad. Cada desplazamiento es una oportunidad y un riesgo. Cada partido, una final encubierta.
    El equipo ha demostrado que sabe sufrir. Que puede competir ante rivales superiores en teoría. Que entiende los partidos largos, los contextos incómodos y los escenarios de desgaste emocional.
    Ante la Real Sociedad , el Eibar no llegará a especular, pero sí a resistir. A incomodar.

    A convertir el partido en algo que no favorezca al rival.
    Si algo define al Eibar es su sentido del bloque. Las ayudas defensivas, la solidaridad en el esfuerzo y la claridad en los roles son rasgos constantes. No hay protagonismos excesivos. No hay jerarquías impostadas. Todo se construye desde el grupo.
    En un derbi como este, esa mentalidad puede ser un arma poderosa.
    Aunque no cuenta con décadas de historia, el enfrentamiento entre Real Sociedad y Eibar femenino ha ido cargándose de significado en cada temporada. No es un derbi de odio ni de confrontación extrema. Es un derbi de afirmación.
    Para la Real, supone reafirmar su estatus. Para el Eibar, demostrar que pertenece a este nivel. Para el fútbol vasco femenino, una oportunidad de visibilizar su crecimiento, su diversidad y su capacidad competitiva.
    Cada duelo entre ambos deja imágenes de intensidad, respeto y compromiso. Y eso, en sí mismo, ya es una victoria para la competición.
    La Real buscará monopolizar la posesión. Construcción desde atrás, laterales con recorrido, interiores que interpreten bien los espacios y una delantera móvil que permita generar superioridades entre líneas.
    La clave estará en la velocidad de circulación. Si el balón se mueve con fluidez, el Eibar sufrirá. Si el ritmo es previsible, el bloque armero se sentirá cómodo.
    Especial atención al juego por bandas, donde la Real suele encontrar profundidad y centros al segundo palo.
    El Eibar planteará un bloque medio-bajo, compacto, con líneas juntas y vigilancias constantes. El objetivo no será robar alto, sino cerrar pasillos interiores y forzar a la Real a jugar por fuera.
    En transición, el equipo buscará ataques rápidos, directos, sin demasiadas elaboraciones. Cada salida será oro.

    Después de habernos mudado temporalmente a Inglaterra para vivir la emoción de la Barclays Women Super League entre el London City y el Manchester City Women que terminó 1-2, no nos podíamos perder la habitual cita dominical con TEN TV para narrar lo que sucediera en el Estadio de Zubieta entre la Real Sociedad de Fútbol y la Sociedad Deportiva Eibar que estuvo, al más puro estilo vasco, pasado por agua.

    Los onces |

    El duelo en profundidad |

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    🔜 NEXT GAME

    🏆 Liga F Moeve

    😍 Temporada 2025-2026

    🔥 Real Sociedad de Fútbol 🆚 Sociedad Deportiva Eibar 🔥

    🗓️ Sábado, 24 de enero de 2026

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 TEN TV

    🏟️ Estadio de Zubieta, San Sebastián

    El fútbol, cuando es derbi, nunca empieza con el pitido inicial. Empieza mucho antes. Empieza en la piel, en la memoria compartida, en la manera en la que un estadio se prepara para latir distinto. Y así ocurrió en Zubieta, donde la Real Sociedad y el Eibar se reencontraron en un nuevo capítulo del derbi guipuzcoano femenino, un partido que no entiende de clasificaciones cuando el balón empieza a rodar, pero que sí sabe de símbolos, de identidad y de pertenencia.

    Antes incluso de que la pelota se colocara en el centro del campo, el encuentro ya estaba cargado de significado. Cecilia Marcos, una de esas futbolistas que representan la continuidad silenciosa de un proyecto, recibió una camiseta conmemorativa por sus 100 partidos defendiendo la elástica txuri-urdin. No fue un gesto protocolario más. Fue un reconocimiento a la constancia, al compromiso sostenido en el tiempo, a esa clase de futbolistas que no siempre ocupan titulares, pero sin las cuales no se entiende el crecimiento de un club. Cecilia recibió el aplauso sincero de su gente, de quienes la han visto crecer, caer y volver a levantarse con la misma camiseta puesta.

    Y acto seguido, el estadio guardó silencio. Un silencio profundo, respetuoso, de esos que pesan más que cualquier ruido. Un minuto de silencio en memoria de las víctimas de los accidentes ferroviarios, que convirtió el fútbol en lo que también sabe ser: un espacio común para el duelo, la memoria y la humanidad compartida. En ese instante, el derbi dejó de ser derbi. Fue comunidad. Fue respeto. Fue vida recordando a la ausencia.

    Con ese clima emocional, con esa carga simbólica previa, comenzó el partido. Y la Real Sociedad, dirigida por Arturo Ruiz, salió al césped como quien sabe que un derbi no se juega, se impone. Desde el primer minuto, las donostiarras mostraron una versión dominante, madura, consciente de su momento competitivo y de su posición en la tabla. Control del esférico, circulación paciente, amplitud por bandas y una presión alta que asfixiaba cualquier intento de salida limpia del Eibar.

    Las txuri-urdin no tenían prisa, pero sí intención. Y cuando un equipo junta esas dos virtudes, el partido suele inclinarse de su lado.

    El Eibar, dirigido por Iñaki Goikoetxea, trataba de resistir, de encontrar oxígeno en cada recuperación, de sostenerse desde el orden defensivo y la solidaridad colectiva. Pero el ritmo impuesto por la Real era alto, y el balón siempre parecía volver a los pies locales tras cada intento armero de sacudirse la presión.

    A los diecisiete minutos, el partido encontró su primer punto de inflexión. Una acción que resumió a la perfección lo que estaba siendo el encuentro. Nerea Eizagirre, la futbolista que entiende el juego con un segundo de ventaja sobre el resto, levantó la cabeza y vio lo que otras no ven. Un envío largo, medido, quirúrgico, encontró la carrera de Intza Eguiguren. La extremo controló con la naturalidad de quien sabe exactamente qué hacer antes incluso de recibir. Un solo toque. Eso fue todo lo que necesitó para superar a Eunate Astralaga y mandar el balón al fondo de la red para abrir la lata al firmar el 10 que hizo estallar de júbilo al respetable.

    No fue un gol de rabia ni de potencia. Fue un gol de lectura, de sincronía, de precisión. De esos goles que nacen en la pizarra, pero se ejecutan con alma. Intza celebró con rabia contenida, consciente de lo que significa marcar en un derbi, consciente de que esos goles se recuerdan distinto.

    La Real Sociedad, lejos de conformarse, olió la sangre. El segundo pudo llegar apenas unos minutos después en una jugada prácticamente calcada. De nuevo el espacio a la espalda, de nuevo la ruptura, de nuevo la sensación de que el Eibar sufría cada balón largo como si fuera una amenaza existencial. Lucía Pardo, muy activa en el frente de ataque, tuvo el 2-0 en sus botas, pero esta vez Eunate Astralaga respondió con una intervención decisiva, enviando el balón a saque de esquina y sosteniendo a su equipo en el partido.

    La guardameta armera empezaba a convertirse en una de las protagonistas involuntarias del encuentro. Porque cuando un portero acumula intervenciones en un derbi, suele ser síntoma de que algo no va del todo bien delante.

    Aún así, el Eibar resistía. Con sufrimiento, sí, pero aguantaba estoicamente bajo la lluvia.

    La Real seguía insistiendo, encontrando espacios entre líneas, cargando el área con determinación. Y de nuevo Lucía Pardo, la ex del Madrid CFF, estuvo a punto de ampliar la ventaja con un disparo desde dentro del área que parecía condenado al gol. Pero Carla Andrés, en un gesto defensivo de puro instinto, sacó el balón bajo la misma línea de gol, evitando que el marcador reflejara ya una diferencia mayor.

    Ese tipo de acciones también construyen partidos y construyen relatos.

    El descanso llegó con el 1-0 en el marcador, pero con la sensación de que la Real había sido claramente superior. Sin embargo, el fútbol —y más aún un derbi— rara vez responde a sensaciones. Responde a momentos. Y el Eibar salió en la segunda mitad con la intención de crear el suyo.

    Las armeras dieron un paso adelante tras el paso por vestuarios. Ajustaron líneas, apretaron un poco más arriba y comenzaron a disputar los duelos con mayor agresividad. El partido se equilibró durante algunos minutos, y el Eibar encontró su mejor ocasión en una acción que nació de la presión. Carmen Álvarez robó un balón a Nahia Aparicio y puso un centro tenso al segundo palo. Arene Altonaga no llegó a conectar el remate, pero sí lo hizo Laura Camino. El disparo de la futbolista cántabra se marchó fuera, pero fue un aviso. Un recordatorio de que el partido seguía vivo.

    La Real respondió como responden los equipos grandes: sin precipitarse. Mantuvo su estructura, su plan, su confianza. Y cuando el Eibar empezó a mostrar signos de desgaste, volvió a golpear.

    Emma Ramírez tuvo el segundo en una acción bien trabajada, pero de nuevo Eunate Astralaga apareció para sostener a las suyas. La portera estaba firmando un partido de mucho mérito, manteniendo a su equipo con opciones a pesar de la superioridad rival.

    Pero el fútbol, a veces, es cruel. Y otras veces, simplemente es fútbol.En una acción aparentemente inofensiva, Emma Ramírez, lateral del conjunto donostiarra, fue clave al meter un centro raso al área. Ane Etxezarreta, al intentar despejar, no pudo evitar que el balón se introdujera en su propia portería, dando pié a un autogol en el minuto 79 del duelo que era el 20 y ponía todo de cara para las locales.

    No hay peor golpe en un derbi que ese. Porque no es solo encajar un gol. Es encajarlo de esa manera. Es sentir que todo el esfuerzo previo se diluye en un instante desafortunado.

    La Real Sociedad ponía tierra de por medio con el dos a cero y el partido salvo milagro, comenzaba a decidirse.

    Iñaki Goikoetxea movió el banquillo. Dio entrada a Iara Lacosta, buscando una chispa, una épica tardía, algo que reenganchara emocionalmente al Eibar al encuentro. Pero las locales supieron gestionar los últimos minutos con inteligencia, con oficio, con la calma de quien sabe que tiene el partido donde quiere.

    Y aún hubo tiempo para más. A falta de dos minutos para el final, un centro de Cecilia Marcos —sí, la misma que había sido homenajeada antes del partido— se le escapó de las manos a Eunate Astralaga. La guardameta no consiguió atrapar el balón y la pelota terminó en el fondo de la red para celebrar el 30 ya sobre el 88 y nos dejó una imagen de impacto en la que la guardameta visitante se rompió la camiseta llena de impotencia y emuló a Hulk.

    El fútbol tiene estas ironías. Cecilia cerraba el partido con una acción decisiva en el día de sus 100 partidos. El círculo se completaba.

    El Eibar lo intentó en el tramo final, más con orgullo que con opciones reales. Pero no hubo tiempo para más. El pitido final certificó la victoria de la Real Sociedad, que se llevó el derbi guipuzcoano con autoridad, con fútbol y con una lectura madura del encuentro.

    Las de Arturo Ruiz festejaron por todo lo alto el hecho de que cada vez son un equipo más candidato a jugar en Europa el próximo año, acumula ya 37 unidades en su casillero particular por culpa de once victorias y dejan a la Sociedad Deportiva Eibar en una situación frágil al caer hasta la decimotercera posición en el torneo de la regularidad con 17 puntos.

    Las armeras piensan revertir la situación el próximo fin de semana al jugar nuevamente a domicilio contra el Badalona Women.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    Real Sociedad de Fútbol: Julia Arrula, Lucía, Apari, Moraza, Aiara, P. Fernández (E. Guridi, min. 83), Cahynová, Intza (Cecilia, min. 83), N. Eizagirre (cap.) (Florentino, min. 83), L. Pardo (Emma, min. 60) y Lavogez (Mirari, min. 76).

    SD Eibar: Astralaga, L. Camino, Etxezarreta (Patri Ojeda, min. 87), A. Belem, Carla, Garazi (Elena Valej, min. 87), Sara M., Altonaga (cap.) (Iribarren, min. 69), Adela, E. Moreno (Iara, min. 80) y Carmen Á. (O. Clement, min. 69).

    Árbitra: Ainara Acevedo. Ha amonestado a la local Lavogez y a la visitante Sara Martín con tarjeta amarilla.

    Incidencias: Partido entre la Real Sociedad de Fútbol y la Sociedad Deportiva Eibar que se corresponde con la decimoséptima jornada de la Liga Profesional de Fútbol Femenino que se ha celebrado en el Estadio de Zubieta sobre una superficie de hierba natural.

    Goles |

    1-0 Intza 17’ ⚽️
    2-0 Ane Etxezarreta (P.P.) 79’ ⚽️
    3-0 Eunate Astralaga (P.P.) 88’ ⚽️

    Vídeo |

  • La crónica | El Espanyol y el Costa Adeje Tenerife firman las tablas en Barcelona

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🟫 El conjunto perico y el tinerfeño se repartieron los puntos (0-0) en la Ciudad Deportiva Dani Jarque. Sakina Ouzraoui fue la MVP del encuentro. Las locales suman su sexta portería a 0 del curso para mantenerse en la décima posición, mientras que, el cuadro canario se sitúa cuarto clasificado en la tabla. 

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    🏆 Liga F Moeve | Temporada 2025-2026

    🔥 Espanyol 🆚 Club Deportivo Tenerife Femenino 🔥

    📅 Domingo, 25 de enero de 2026

    ✨ Día de Partido | Matchday 17

    📺 DAZN

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📻 Atlántico Radio

    🏟️ Ciudad Deportiva Dani Jarque

    (Fuente: Costa Adeje Tenerife Egatesa)

    Los onces |

    El Costa Adeje Tenerife Egatesa no se explica desde un nombre propio ni desde una cifra aislada.

    Se explica desde una manera de competir que ha ido tomando forma con el paso de las jornadas, desde una identidad reconocible que hoy lo sostiene en la parte alta de la clasificación y que lo ha convertido, por méritos propios, en uno de los proyectos más sólidos y fiables de la Liga F Moeve. La cuarta posición en la tabla, con solo dos derrotas encajadas hasta el momento, no es una casualidad ni un espejismo de calendario: es la consecuencia directa de un modelo que crece desde lo colectivo, que se alimenta del compromiso de todas y que encuentra en el grupo su principal fortaleza.

    Hay equipos que viven de una futbolista diferencial y otros que se construyen desde la suma constante. El Costa Adeje Tenerife Egatesa pertenece, sin matices, a este segundo grupo. Un equipo que no depende de una sola goleadora, que no se resiente cuando una pieza cae y que ha logrado convertir la rotación en virtud, el banquillo en impulso y la competencia interna en un motor que no se detiene. Basta con un dato para entender la magnitud de ese trabajo coral: catorce futbolistas distintas han visto portería esta temporada en Liga F Moeve —quince si se suma el gol de Cinta Rodríguez en Copa de la Reina—, una cifra solo al alcance del FC Barcelona y que refleja mejor que cualquier discurso la riqueza ofensiva del conjunto blanquiazul.

    Ese reparto de responsabilidades no diluye liderazgos, los redefine. En ese contexto emerge con fuerza la figura de Natalia Ramos, tinerfeña, centrocampista con llegada, futbolista que ha dado un paso al frente en términos ofensivos sin perder un ápice de su rigor competitivo. Cinco goles en Liga F Moeve la convierten en la máxima realizadora del equipo, empatada con Carlota Suárez, hoy ausente por una lesión de larga duración, y su impacto va mucho más allá de las cifras. Natalia representa esa evolución silenciosa que no se mide solo en estadísticas, sino en lectura de juego, en llegada desde segunda línea y en la capacidad de interpretar cuándo el equipo necesita pausa y cuándo necesita colmillo.

    “Nos caracteriza que todas estamos aportando”, resumía la propia Natalia con naturalidad, casi como si describiera una evidencia. “Esa competitividad es clave para seguir avanzando. El míster nos pide que las jugadoras que entran desde el banquillo intenten cambiar los partidos y aportar el máximo al grupo, y el otro día se vio reflejado”. No hay frases vacías en ese mensaje: hay una idea de equipo asumida, interiorizada, trabajada día a día. Y cuando la futbolista añade que “las que están dentro siempre necesitan esa ayuda”, está dibujando con precisión el retrato de un vestuario que entiende el fútbol como una construcción común.

    Ese carácter colectivo se refleja también en nombres como Iratxe, otra tinerfeña que vive una temporada especial, marcada por la emoción y por la recompensa al trabajo constante. Dos goles en la competición, uno de ellos en un escenario tan simbólico como el Heliodoro Rodríguez López, donde se estrenó como goleadora en Liga F en una jornada cargada de significado. “Todos saben lo que significa para mí el Heliodoro”, confesaba tras el partido, consciente de que hay goles que valen más por lo que representan que por lo que suman. Aportar desde el banquillo, responder cuando el cuerpo técnico lo demanda y hacerlo en casa, en un estadio que forma parte de la memoria colectiva del fútbol tinerfeño, es una manera de reivindicar el valor de las futbolistas que nunca bajan los brazos.

    El Espanyol de Sara Monforte valora muy positivamente su desempeño en este difícil choque y seguirá ubicado en la décima mejor posición de la élite y buscará volver a triunfar delante del Athletic Club en Lezema en el que será el partido en abierto de TEN TV .

    Iratxe lo explicaba con una claridad que habla de la cultura interna del grupo: “Durante toda la semana trabajamos todas como si fuéramos a jugar desde el minuto uno. Es fundamental que las jugadoras que entramos después estemos a la altura de lo que determina el cuerpo técnico”. Y cuando aborda el tema de las goleadoras, vuelve a aparecer la palabra clave: sumar. “Da igual quién marque. Nos alegramos muchísimo por quien hace el gol porque eso es lo realmente importante para el grupo”. No es un discurso aprendido, es una convicción compartida.

    El banquillo, precisamente, se ha convertido en una de las grandes armas del Costa Adeje Tenerife Egatesa. No como recurso de emergencia, sino como parte estructural del plan. Jugadoras como Koko Ange, que vio portería saliendo desde la suplencia, o Violeta Quiles, decisiva con dos asistencias en el último encuentro, ejemplifican ese nivel competitivo que no decae con los cambios. Cada relevo mantiene la intensidad, respeta el plan de partido y aporta matices distintos sin romper la armonía del conjunto.

    A todo ello se suma una solidez defensiva que nace, de nuevo, del trabajo colectivo. Defender no es una tarea exclusiva de la última línea, sino una responsabilidad compartida que empieza en la presión alta y termina en la seguridad bajo palos. Yerai Martín ha construido un sistema en el que todas entienden cuándo apretar, cuándo temporizar y cuándo cerrar espacios, y el resultado es un equipo difícil de superar. Trece goles encajados convierten al Costa Adeje Tenerife Egatesa en el tercer conjunto menos goleado del campeonato, solo por detrás del FC Barcelona y el Real Madrid, una cifra que habla de regularidad, concentración y compromiso.

    En la portería, Nay Cáceres y Noelia Ramos se alternan la titularidad con un rendimiento sobresaliente, ofreciendo garantías plenas y elevando el nivel competitivo interno. No hay jerarquías inamovibles, hay meritocracia. Y esa competencia sana se traslada al resto del campo, donde cada futbolista, tenga más o menos minutos, se siente parte imprescindible del engranaje.

    Con ese bagaje llegaba el conjunto tinerfeño a la Ciudad Deportiva Dani Jarque, en una mañana fría de Barcelona y con la ambición intacta. El empate sin goles ante el RCD Espanyol dejó una sensación agridulce, porque el punto suma, pero el juego y las ocasiones invitaban a algo más. Desde el inicio, el Costa Adeje mostró su intención de controlar el partido. A los cuatro minutos, una jugada coral desembocó en Sakina Ouzraoui, que tras una acción individual de calidad generó la primera ocasión clara del encuentro. Era el aviso de un equipo que se sentía cómodo con balón y que imponía su ritmo.

    El dominio visitante se fue consolidando con el paso de los minutos. Natalia Ramos probó fortuna a balón parado, Clau Blanco lo intentó desde la distancia y el Espanyol resistía, buscando hacer daño en acciones aisladas. En el minuto 24, un agarrón dentro del área sobre Patri Gavira desató las protestas del banquillo tinerfeño, que solicitó la revisión en el FVS. La colegiada Elena Peláez consideró que no había infracción suficiente y el juego continuó, alimentando la sensación de frustración en un equipo que había hecho méritos para adelantarse.

    El conjunto local trató de equilibrar el choque a balón parado, especialmente en un saque de esquina bien ejecutado por Lucía Vallejo que no encontró rematadora por centímetros. A pesar de la intensidad y del control alterno en determinadas fases, el descanso llegó con el 0-0 inicial y con todo por decidir.

    El Costa Adeje sabía que la jornada ofrecía una oportunidad. La derrota del Atlético de Madrid por 5-0 ante el FC Barcelona abría una ventana para consolidar posiciones y seguir mirando hacia arriba. El segundo tiempo arrancó sin cambios y con la misma tónica. En el minuto 64 llegó la acción más controvertida del partido: Sakina Ouzraoui anotó de cabeza, pero el gol fue anulado por un supuesto fuera de juego de Clau Blanco al inicio de la jugada, una decisión difícil de entender y que encendió aún más los ánimos.

    Yerai Martín movió el banquillo dando entrada a Koko Ange y Violeta Quiles para ganar velocidad y profundidad. Las ocasiones se sucedieron. Sakina volvió a probar de falta directa y Cinta Rodríguez se encontró con el palo en una acción que pudo cambiar el signo del encuentro. El Espanyol también vio cómo se le anulaba un gol por fuera de juego en el tramo final, esta vez correctamente señalado, en un desenlace marcado por las interrupciones y la tensión.

    El pitido final dejó el 0-0 en el marcador y la sensación de que el Costa Adeje Tenerife Egatesa había hecho lo suficiente para algo más. Un punto que sabe a poco por el esfuerzo y las ocasiones, pero que refuerza la idea de un equipo competitivo en cualquier escenario.

    Tras este empate, el Costa Adeje Tenerife Egatesa se mantiene en la cuarta posición de la Liga F Moeve, consolidado en la zona alta y reafirmando su condición de proyecto sólido, coral y ambicioso. El RCD Espanyol, por su parte, suma un punto que le permite seguir peleando en la zona media de la tabla, valorando la solidez defensiva mostrada ante uno de los equipos más en forma del campeonato.

    Porque al final, más allá de resultados concretos, lo que define al Costa Adeje Tenerife Egatesa es su manera de competir. Un equipo en mayúsculas, construido desde el trabajo diario, donde el talento individual se pone siempre al servicio del grupo y donde cada futbolista, juegue el tiempo que juegue, entiende que forma parte de algo más grande. Y eso, en una liga cada vez más exigente, es una de las mayores garantías de futuro.

    Este reparto de puntos en Barcelona es un paso atrás para el representativo canario en su esperanza por alcanzar la tercera plaza que da acceso a la fase previa de la Copa de Europa el próximo curso y se mantiene cuarto con 29 unidades en su poder, solo dos por encima del Atlético de Madrid y su síguete parada le llevará a jugar ante un rival directo por este objetivo como es la Real Sociedad en el Heliodoro Rodríguez López.

    (Fuente: Costa Adeje Tenerife Egatesa)

    📋 Ficha técnica |

    Espanyol:Salvador, Simona, L. Vallejo, Ainoa (C), Del Álamo, Baudet, Ona (P. Arana 69’), Ballesté, Torrodá, Doménech y A. Doménech (Browne 69’).
    Costa Adeje Tenerife Egatesa: Noelia Ramos, Cinta R., Moreno (V. Quiles 77’), S. Ouzraoui (Iratxe 88’), Aleksandra, S. Castelló, Ramos, Clau Blanco; Elba; Patri Gavira (C) y Gramaglia (Koko Ange 68’)
    Goles: No hay goles.
    Árbitra: Elena Peláez asistida por Adriana García y Estefanía Benito. Amonestaron a las locales Ainoa, Caracas, Domenech y Ballesté y a las visitantes Cinta Rodríguez

    Incidencias: Decimoséptima jornada de Liga F Moeve, disputado en la Ciudad Deportiva Dani Jarque sobre una superficie de hierba natural .

    Vídeo |

  • Noticia | Castellón acogerá el España vs Islandia

    (Fuente: UEFA)

    ⬛️ ¡Lo confirmó la COPE! El duelo es clasificatorio para el Mundial de Brasil en 2027.

    La noticia irrumpe como un relámpago en mitad del calendario internacional, con la fuerza de los anuncios que no solo informan, sino que marcan territorio, fijan memoria y anticipan historia. La selección española femenina de fútbol regresará a la acción competitiva el próximo 3 de marzo, y lo hará en Castellón, frente a Islandia, en un encuentro correspondiente a la clasificación para el Mundial femenino de 2027.

    Un partido que no es uno más. Un duelo que no es una simple fecha subrayada en rojo. Es una declaración de intenciones. Y es, también, el fruto del periodismo bien ejercido, del que persigue, contrasta y comunica con rigor y pasión. Así lo adelantó Andrea Peláez, periodista zamorana, voz autorizada del fútbol femenino en España, profesional que lleva años narrando esta revolución desde dentro, sin ruido, sin atajos y con una credibilidad que hoy resulta incontestable.

    España vuelve a competir. España vuelve a casa. España vuelve a mirar al futuro con la convicción de quien ya no pide permiso para estar entre las grandes, sino que exige respeto por derecho propio. Castellón será el escenario de un nuevo capítulo de una selección que ha aprendido a convivir con la excelencia, con la presión y con la responsabilidad de representar no solo a un equipo, sino a toda una generación de futbolistas que han cambiado la historia del deporte español. El choque ante Islandia se enmarca en el camino hacia el Mundial de 2027, una cita que ya se vislumbra en el horizonte como el siguiente gran reto de una selección que ha conquistado Europa, que ha alcanzado la cima del fútbol mundial y que ahora se enfrenta al desafío más complejo de todos: sostener la grandeza.

    Islandia no es un rival cualquiera. Nunca lo ha sido. Es una selección forjada en la resistencia, en el orden, en la disciplina táctica y en una identidad competitiva que la ha convertido en un adversario incómodo para cualquiera. Cada enfrentamiento con el combinado islandés exige precisión, madurez y una lectura profunda del partido. España lo sabe. El cuerpo técnico lo sabe. Las futbolistas lo saben. Y la afición, cada vez más formada y exigente, también lo sabe. Por eso este partido no se presenta como un trámite, sino como una prueba de carácter, una oportunidad para reafirmar principios y una ocasión para seguir construyendo una narrativa que ya es patrimonio colectivo del deporte español.

    El valor simbólico de Castellón como sede no es menor. El fútbol femenino internacional vuelve a desplegarse lejos de los grandes focos habituales, acercándose al territorio, a la afición de proximidad, a la España que ha acompañado este proceso desde la base, desde los campos modestos, desde las gradas humildes que hoy se llenan con orgullo. Cada partido de la selección femenina en suelo español es un acto de justicia histórica, un reconocimiento a quienes creyeron cuando creer era un ejercicio de fe. Castellón acogerá a una selección que ya no sorprende, que ya no irrumpe, que permanece.

    En este contexto, el anuncio del partido adquiere una dimensión especial al estar firmado informativamente por Andrea Peláez, una de las periodistas que mejor ha entendido, explicado y dignificado el crecimiento del fútbol femenino en España. Su nombre no es casual en esta historia. No es accesorio. Es estructural. Andrea Peláez representa a una generación de profesionales que no llegaron al fútbol femenino por oportunidad, sino por convicción. Periodista formada, rigurosa, con una voz reconocible y una mirada profunda, ha sabido construir un relato que combina información, análisis y sensibilidad sin caer jamás en la condescendencia ni en el ruido superficial.

    Desde Zamora, desde una tierra históricamente ajena a los grandes focos mediáticos, Andrea Peláez ha demostrado que el periodismo deportivo no depende del código postal, sino del compromiso, del trabajo diario y de una ética profesional innegociable. Su trayectoria es la de quien ha estado cuando no había cámaras, cuando las audiencias eran residuales y cuando contar estas historias requería algo más que micrófonos: requería creer. Hoy, cuando el fútbol femenino ocupa portadas, parrillas y debates, su figura se alza como una referencia respetada por clubes, jugadoras, federaciones y audiencias.

    Que sea su firma la que anticipe este España–Islandia no es solo una noticia; es una constatación. Andrea Peláez no informa desde fuera: forma parte del ecosistema. Su trabajo ha contribuido a normalizar, a prestigiar y a elevar el relato del fútbol femenino a la categoría que siempre mereció. En un entorno mediático a menudo dominado por la urgencia y el titular fácil, su periodismo apuesta por el contexto, por la memoria y por el respeto a las protagonistas. Y eso, en un deporte que ha tenido que luchar contra el olvido, es un valor incalculable.

    El partido del 3 de marzo será también un punto de encuentro entre generaciones. Las campeonas consolidadas, las líderes silenciosas, las jóvenes que empujan con fuerza y las que sueñan desde la grada compartirán un mismo escenario. Cada convocatoria, cada alineación y cada minuto sobre el césped forma parte de un proceso que va mucho más allá del resultado inmediato. España ya no compite solo para ganar partidos: compite para dejar legado.

    La clasificación para el Mundial de 2027 exige regularidad, ambición y una lectura inteligente de cada ventana internacional.

    No hay margen para la complacencia. Cada partido cuenta. Cada gol suma. Cada detalle importa. En ese contexto, Islandia aparece como una prueba de fuego temprana, una oportunidad para medir el pulso competitivo del equipo y para seguir afinando automatismos en un ciclo que apenas comienza a escribirse.

    La expectación es máxima. La afición responde. Los medios especializados analizan. Y el fútbol femenino español sigue avanzando, consciente de que cada paso es observado, celebrado y también exigido. Este partido no es un punto de llegada, sino una estación más en un viaje que aún promete emociones, desafíos y conquistas.

    Y en medio de todo ello, el periodismo cumple su función esencial: contar lo que ocurre, explicar por qué ocurre y otorgar sentido a lo que está por venir. Andrea Peláez encarna esa misión con una naturalidad que solo poseen quienes entienden su oficio como un servicio público. Su nombre, asociado a esta noticia, no es solo una firma: es una garantía.

    El 3 de marzo de 2025 , Castellón será fútbol. Será la selección. Será clasificación mundialista. Será memoria y futuro.

    Y será, también, una nueva prueba de que el fútbol femenino español ya no necesita reivindicarse: se narra, se analiza y se celebra como lo que es: élite, historia y presente.

    (Fuente: RFEF)
  • La previa | Real Sociedad vs S.D. Eibar

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ Cuando el derbi se convierte en espejo: la Real Sociedad y el Eibar, frente a frente en una jornada que interpela al fútbol vasco.

    En Zubieta no se juega solo un partido. Se pone en escena una forma de entender el fútbol, una identidad construida a base de paciencia, cantera y resistencia. La decimoséptima jornada de la Liga F propone un duelo que trasciende la clasificación: Real Sociedad y Sociedad Deportiva Eibar se citan en un enfrentamiento que es territorial, emocional y profundamente simbólico. Dos proyectos distintos, dos caminos hacia la élite, un mismo horizonte de legitimidad competitiva. Noventa minutos que no entienden de etiquetas ni presupuestos, sino de convicción.

    La decimoséptima jornada de la Liga F marca un punto de inflexión claro en el calendario. Superado el ecuador del campeonato, los equipos comienzan a mirarse en el espejo con mayor crudeza. Ya no hay margen para el autoengaño ni para las excusas estructurales. Cada punto empieza a tener valor doble: por lo que suma y por lo que evita que sumen los demás.

    En ese escenario, el duelo entre la Real Sociedad y el Eibar adquiere un significado especial. No se trata únicamente de un enfrentamiento entre dos equipos vascos. Es la colisión entre dos modelos que han sabido ganarse su espacio en la máxima categoría desde premisas distintas, pero con un denominador común: la fidelidad a una idea.

    La Real llega con la obligación silenciosa de mirar hacia arriba. El Eibar, con la urgencia estratégica de mirar hacia atrás sin perder la dignidad competitiva. Y entre ambos, una Liga F cada vez más exigente, más igualada en la zona media y más implacable con los errores.

    Hablar de la Real Sociedad femenina es hablar de continuidad. De un proyecto que no ha buscado atajos ni soluciones artificiales. Zubieta como epicentro, la cantera como columna vertebral y una progresión sostenida que ha llevado al equipo a consolidarse como uno de los conjuntos más fiables del campeonato.

    La Real ya no es una sorpresa. Tampoco una promesa. Es una realidad competitiva que se ha ganado el derecho a ser exigida. Y esa exigencia es, precisamente, el mayor reto de esta temporada.

    Llegada la jornada 17, la Real se encuentra en una posición que invita a soñar, pero también a ser prudente. El equipo ha mostrado solidez en casa, una notable capacidad para controlar los ritmos del partido y una mejora progresiva en la gestión de los finales cerrados.

    Sin embargo, también ha dejado entrever algunas fragilidades: dificultades para romper bloques bajos, dependencia de determinados perfiles creativos y momentos puntuales de desconexión defensiva cuando el partido se acelera.

    Este derbi llega, por tanto, como una prueba de madurez. No solo por el rival, sino por lo que exige el contexto: ganar cuando se espera que ganes.

    El campo de Zubieta no es un estadio al uso, pero se ha convertido en un espacio de identidad. Allí la Real se siente cómoda, reconocible, dominante. El césped, las dimensiones, el entorno: todo favorece un fútbol elaborado, paciente, de asociaciones cortas y presión tras pérdida.

    Ante el Eibar, esa condición de local debe traducirse en iniciativa desde el primer minuto. La Real sabe que el partido se jugará, en gran medida, en campo contrario.

    El Eibar femenino representa uno de los relatos más genuinos del fútbol femenino reciente. Un club acostumbrado a desafiar pronósticos, a convivir con presupuestos ajustados y a competir desde la organización y el compromiso colectivo.

    Su presencia en la Liga F no es un accidente. Es el resultado de una planificación coherente, de un vestuario convencido y de una estructura que ha sabido adaptarse a la máxima exigencia sin renunciar a su esencia.

    Llegados a este punto del campeonato, el Eibar vive en una zona de la clasificación que obliga a sumar con regularidad. Cada desplazamiento es una oportunidad y un riesgo. Cada partido, una final encubierta.

    El equipo ha demostrado que sabe sufrir. Que puede competir ante rivales superiores en teoría. Que entiende los partidos largos, los contextos incómodos y los escenarios de desgaste emocional.

    Ante la Real, el Eibar no llegará a especular, pero sí a resistir. A incomodar. A convertir el partido en algo que no favorezca al rival.

    Si algo define al Eibar es su sentido del bloque. Las ayudas defensivas, la solidaridad en el esfuerzo y la claridad en los roles son rasgos constantes. No hay protagonismos excesivos. No hay jerarquías impostadas. Todo se construye desde el grupo.

    En un derbi como este, esa mentalidad puede ser un arma poderosa.

    Aunque no cuenta con décadas de historia, el enfrentamiento entre Real Sociedad y Eibar femenino ha ido cargándose de significado en cada temporada. No es un derbi de odio ni de confrontación extrema. Es un derbi de afirmación.

    Para la Real, supone reafirmar su estatus. Para el Eibar, demostrar que pertenece a este nivel. Para el fútbol vasco femenino, una oportunidad de visibilizar su crecimiento, su diversidad y su capacidad competitiva.

    Cada duelo entre ambos deja imágenes de intensidad, respeto y compromiso. Y eso, en sí mismo, ya es una victoria para la competición.

    La Real buscará monopolizar la posesión. Construcción desde atrás, laterales con recorrido, interiores que interpreten bien los espacios y una delantera móvil que permita generar superioridades entre líneas.

    La clave estará en la velocidad de circulación. Si el balón se mueve con fluidez, el Eibar sufrirá. Si el ritmo es previsible, el bloque armero se sentirá cómodo.

    Especial atención al juego por bandas, donde la Real suele encontrar profundidad y centros al segundo palo.

    El Eibar planteará un bloque medio-bajo, compacto, con líneas juntas y vigilancias constantes. El objetivo no será robar alto, sino cerrar pasillos interiores y forzar a la Real a jugar por fuera.

    En transición, el equipo buscará ataques rápidos, directos, sin demasiadas elaboraciones. Cada salida será oro.

    🔜 NEXT GAME

    🏆 Liga F Moeve

    😍 Temporada 2025-2026

    🔥 Real Sociedad de Fútbol 🆚 Sociedad Deportiva Eibar 🔥

    🗓️ Sábado, 24 de enero de 2026

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 TEN TV

    🏟️ Estadio de Zubieta, San Sebastián

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • La crónica | El Barcelona retiene la Supercopa

    (Fuente: RFEF)

    ⬛️ Las azulgranas se impusieron por 2-0 al Real Madrid CF en la final de la Supercopa de España, que se disputó en el estadio de Castalia, en Castellón. Los goles de Esmee Brugts y de Alexia Putellas, de penalti, decidieron el encuentro. La presidenta de Liga F Moeve, Beatriz Álvarez, estuvo presente en el palco.

    La previa |

    (Fuente: RTVE)

    La Supercopa de España vuelve a citarse con la historia en un escenario que ya no admite medias tintas ni discursos tibios. Cuando FC Barcelona y Real Madrid se encuentran en una final, y más aún cuando lo hacen con un título en juego, el fútbol femenino español deja de ser únicamente competición para convertirse en relato, en símbolo y en espejo de una evolución que ha transformado el mapa del deporte en la última década. Esta final no es una más. No puede serlo. No lo es por el contexto, no lo es por las ausencias, no lo es por el momento de ambos proyectos y, sobre todo, no lo es porque llega cargada de memoria reciente, de cuentas pendientes y de una sensación inequívoca: lo que ocurra sobre el césped tendrá un eco que irá mucho más allá de los noventa minutos.

    El FC Barcelona afronta esta final con la posibilidad de conquistar su quinta Supercopa de España de manera consecutiva —2020, 2022, 2023, 2024 y 2025—, una secuencia que no solo engrosaría su palmarés, sino que reforzaría una hegemonía ya incuestionable y que le ha permitido convertirse en la gran referencia histórica de la competición. No se trata únicamente de números, de títulos o de estadísticas acumuladas; se trata de una forma de estar, de competir y de entender las finales como un territorio propio. El Barça llega a esta cita sabiendo que es el rival a batir, el espejo en el que todos se miran y el listón que obliga al resto a crecer. Y esa condición, lejos de relajar, exige una versión aún más elevada, porque cada partido decisivo se convierte en una defensa del legado.

    Sin embargo, el camino hacia esta final no ha sido plácido ni exento de contratiempos. Pere Romeu, entrenador azulgrana, no podrá contar con Aitana Bonmatí, una ausencia que trasciende lo meramente futbolístico y que afecta al corazón mismo del juego del Barça. Aitana no es solo talento, es ritmo, pausa, lectura y liderazgo silencioso. Su lesión obliga a replantear matices, a redistribuir responsabilidades y a confiar en una estructura colectiva que, precisamente, se ha construido para resistir incluso la falta de sus pilares más reconocibles. A esta baja se suma la de Kika Nazareth, expulsada con roja directa en el encuentro de semifinales, una circunstancia que añade un componente emocional a la previa y que priva al equipo de una futbolista capaz de romper partidos desde la creatividad y la energía.

    Pese a todo, el mensaje del vestuario azulgrana ha sido claro desde el primer momento. Tras certificar el pase a la final, Pere Romeu no rehuyó el peso simbólico del enfrentamiento y verbalizó lo que flota en el ambiente cada vez que aparece el Real Madrid al otro lado del campo: “Jugar y ganar una final al Real Madrid es muy motivante porque es un equipo que siempre nos exige dar una versión muy buena de nosotras. Creo que será una grandísima final e intentaremos llevar la Supercopa a casa”. No hay arrogancia en sus palabras, pero tampoco falsa modestia. Hay conciencia del desafío y respeto por un rival que, con el paso del tiempo, ha aprendido a mirar al Barça no solo desde la aspiración, sino desde la convicción de que es posible competirle.

    Porque si esta final tiene una narrativa distinta a otras es, precisamente, por el crecimiento sostenido del Real Madrid. El conjunto blanco afronta su tercera final, la segunda en la Supercopa de España, con un objetivo tan claro como histórico: inaugurar su palmarés. Para una entidad acostumbrada a ganar, a convertir los títulos en costumbre, este punto de partida en el fútbol femenino tiene una carga simbólica enorme. No se trata únicamente de levantar un trofeo; se trata de abrir una puerta, de romper un techo psicológico y de demostrar que el proyecto está preparado para dar el salto definitivo.

    El Real Madrid llega a esta final con la memoria reciente como aliada. La temporada pasada, en el encuentro liguero disputado en el Lluís Companys, las blancas lograron una victoria tan inesperada como contundente, un 1-3 que supuso un golpe sobre la mesa y que cambió la percepción de muchos sobre la distancia real entre ambos equipos. Aquella noche no fue solo una victoria; fue una declaración de intenciones, una demostración de que el Barça, incluso en su mejor versión histórica, puede ser vulnerado si el rival ejecuta el plan con precisión quirúrgica, valentía y convicción.

    Ese recuerdo planea sobre esta final como una sombra estimulante para unas y como una advertencia para otras. El Barça sabe que el Real Madrid ya ha demostrado que puede ganarle. El Real Madrid sabe que puede volver a hacerlo. Y esa certeza compartida eleva la tensión competitiva a un nivel superior, porque elimina el factor sorpresa y obliga a ambos cuerpos técnicos a afinar cada detalle.

    En el banquillo blanco, Pau Quesada no podrá contar con dos ausencias ya conocidas y sensibles: Frohms y Tere Abelleira. Dos bajas que afectan tanto a la estructura defensiva como al equilibrio del centro del campo y que condicionan los automatismos de un equipo que ha ido encontrando su identidad desde la solidez y el control de los tempos. A ello se suma una circunstancia poco habitual pero significativa: tras la victoria en semifinales, fue Antonio Rodríguez quien ejerció de entrenador debido a la baja de Pau Quesada por motivos personales. Su discurso, lejos de la euforia, reflejó la mentalidad con la que el Real Madrid quiere afrontar este tipo de citas: “Es una competición muy corta, muy rápida, planteas 90 minutos, con penaltis. Ahora hay que descansar, pero yo estoy pensando desde ya en la final”.

    Esa frase resume a la perfección el espíritu de esta Supercopa. No hay margen para la especulación, no hay tiempo para corregir errores en jornadas posteriores. Todo se decide en un partido, o incluso en una tanda de penaltis, y eso convierte cada acción en definitiva. Cada duelo individual, cada transición, cada balón parado puede inclinar la balanza. En ese contexto, la gestión emocional adquiere una importancia capital, y ahí el Barça parte con la ventaja de la experiencia acumulada, mientras que el Real Madrid se aferra al hambre y a la sensación de estar ante una oportunidad irrepetible.

    La final se presenta, además, como un choque de estilos que ya no son antagónicos, sino evolutivos. El FC Barcelona sigue siendo fiel a una identidad basada en la posesión, en la presión alta y en la ocupación racional de los espacios, pero ha aprendido a convivir con escenarios más abiertos y a resolver partidos desde la madurez. El Real Madrid, por su parte, ha dejado atrás la etiqueta de equipo reactivo para convertirse en un conjunto capaz de dominar fases del juego, de alternar registros y de castigar con eficacia cuando encuentra grietas en el sistema rival.

    Todo ello convierte esta final en un acontecimiento que trasciende la propia Supercopa. Es un termómetro del momento actual del fútbol femenino español, una fotografía de dos proyectos que representan polos distintos pero cada vez más cercanos, y una oportunidad para seguir construyendo una rivalidad que ya no necesita justificaciones externas para ser considerada un clásico.

    Aquí no hay únicamente un título en juego. Hay reputación, memoria, futuro y un mensaje que quedará grabado en la temporada. El Barça persigue la continuidad de una era dorada, la confirmación de que su dominio no es circunstancial sino estructural. El Real Madrid busca el punto de inflexión, el día en que todo cambie y en que la palabra “todavía” deje de acompañar a su palmarés.

    Cuando el balón eche a rodar, todo lo anterior quedará suspendido durante noventa minutos —o los que sean necesarios—, pero nada desaparecerá del todo. Porque esta final ya se ha empezado a jugar mucho antes del pitido inicial, en la cabeza de las futbolistas, en la planificación de los entrenadores y en la expectativa de un público que sabe que está a punto de presenciar algo más que un partido. Está a punto de asistir a un nuevo capítulo de una historia que se escribe, precisamente, en noches como esta.

    La continuidad de esta previa exige adentrarse todavía más en las capas que sostienen este enfrentamiento, porque una final entre FC Barcelona y Real Madrid no se explica únicamente desde la coyuntura inmediata ni desde la alineación del día del partido. Se explica desde un proceso histórico reciente, desde una rivalidad que ha ido construyéndose casi a contrarreloj y desde la necesidad mutua de ambos clubes de legitimarse en el presente y proyectarse hacia el futuro del fútbol femenino europeo.

    El FC Barcelona llega a esta final con la serenidad de quien ha transitado este camino en innumerables ocasiones, pero también con la presión inherente a quien sabe que cada título ya no se celebra únicamente como una conquista, sino como una obligación. El barcelonismo femenino ha normalizado la excelencia hasta el punto de que cualquier desenlace que no sea levantar el trofeo se percibe como una anomalía. Esa normalización es, al mismo tiempo, la mayor fortaleza y el mayor riesgo del proyecto. Fortalecimiento, porque dota al equipo de una mentalidad ganadora inquebrantable; riesgo, porque cualquier fisura es amplificada por el contexto y por la expectativa externa.

    En este escenario, la ausencia de Aitana Bonmatí adquiere una dimensión casi simbólica. No es habitual que el Barça afronte una final de esta magnitud sin una de sus grandes referencias, y eso obliga a reinterpretar el relato. Ya no se trata solo de demostrar superioridad futbolística, sino de exhibir profundidad de plantilla, capacidad de adaptación y madurez competitiva. El mensaje implícito es claro: el FC Barcelona no depende de una sola futbolista, por determinante que sea, sino de una estructura colectiva que se ha ido puliendo durante años de exigencia máxima.

    Pere Romeu, en este sentido, representa una figura clave. Su gestión del grupo ha estado marcada por la continuidad de una idea heredada, pero también por la introducción de matices que buscan sostener el rendimiento en contextos cada vez más complejos. Esta final es, también, una prueba para su liderazgo en el banquillo azulgrana, porque las grandes finales no se deciden únicamente desde la pizarra, sino desde la capacidad de transmitir calma, convicción y claridad en los momentos de mayor tensión.

    El Real Madrid, en cambio, se presenta en esta cita desde un lugar emocional radicalmente distinto. Cada final disputada hasta ahora ha sido una experiencia de aprendizaje, una acumulación de frustraciones contenidas y de sensaciones a medio camino entre el orgullo por haber llegado y la decepción por no haber culminado. Esa mochila pesa, pero también empuja. Porque inaugurar el palmarés no es solo una meta deportiva; es un acto fundacional. Es el momento en que el proyecto deja de ser promesa para convertirse en realidad tangible.

    El recuerdo del triunfo en el Lluís Companys sigue funcionando como un anclaje psicológico poderoso. Aquella victoria no fue fruto del azar ni de un contexto excepcional, sino de un plan ejecutado con una precisión que sorprendió incluso a quienes mejor conocían al equipo blanco. Desde entonces, cada enfrentamiento con el Barça se afronta desde una lógica distinta: ya no se trata de resistir y esperar, sino de competir de tú a tú, de asumir riesgos y de creer en la propia capacidad para decidir el partido.

    Las bajas de Frohms y Tere Abelleira, sin embargo, introducen un elemento de incertidumbre que obliga al Real Madrid a reinventarse parcialmente. Frohms aporta seguridad bajo palos y experiencia en escenarios de máxima exigencia, mientras que Tere Abelleira es una pieza fundamental en la organización del juego, en la salida de balón y en la lectura táctica. Su ausencia obliga a redistribuir roles y a confiar en alternativas que, aunque preparadas, deberán demostrar su temple en una final de este calibre.

    El papel de Antonio Rodríguez en la semifinal, sustituyendo circunstancialmente a Pau Quesada, dejó una imagen significativa del espíritu del equipo. Su discurso fue el de alguien consciente de la excepcionalidad del momento, pero también de la necesidad de mantener los pies en el suelo. En una competición tan corta, tan concentrada, cada decisión adquiere un valor exponencial. No hay tiempo para reconstruirse tras un error; solo para reaccionar con rapidez y determinación.

    Esta final se mueve, además, en un terreno simbólico especialmente delicado. El Clásico femenino ha pasado en pocos años de ser una promesa a convertirse en una realidad consolidada, con audiencias, impacto mediático y una carga emocional comparable a la del fútbol masculino. Cada enfrentamiento alimenta una narrativa que ya no necesita ser justificada desde la comparación, sino que se sostiene por sí misma. Y en ese contexto, la Supercopa actúa como un escaparate privilegiado, un escenario donde el fútbol femenino español se presenta ante el mundo como un producto maduro, competitivo y profundamente atractivo.

    Desde el punto de vista táctico, el partido se anticipa como un duelo de ajustes constantes. El Barça buscará imponer su habitual dominio territorial, pero deberá hacerlo con especial cuidado en las transiciones defensivas, consciente de que el Real Madrid ha demostrado ser letal cuando encuentra espacios a la espalda de la presión. La gestión de los tiempos será clave: saber cuándo acelerar, cuándo pausar y cuándo asumir que el partido exige pragmatismo.

    El Real Madrid, por su parte, intentará repetir la fórmula que ya le dio éxito, pero con la dificultad añadida de que el factor sorpresa ha desaparecido.

    El Barça espera un rival valiente, agresivo y dispuesto a disputar la posesión. Eso obliga a las blancas a ser todavía más precisas, a minimizar errores no forzados y a aprovechar cada oportunidad con una eficacia casi quirúrgica.

    En el trasfondo de todo ello late una pregunta que nadie formula en voz alta, pero que todos intuyen: ¿estamos ante una final que puede marcar un antes y un después? Para el FC Barcelona, ganar supondría reafirmar una hegemonía que ya roza lo legendario y enviar un mensaje inequívoco de continuidad. Para el Real Madrid, levantar el trofeo significaría romper una barrera psicológica y abrir una nueva etapa en su historia reciente.

    El fútbol, en su esencia, se alimenta de estos momentos liminares, de estas fronteras entre lo que ha sido y lo que puede llegar a ser. Esta final de la Supercopa no es solo un partido; es un punto de inflexión potencial, un espacio donde el relato puede bifurcarse y donde cada gesto, cada decisión y cada gol tendrá un peso específico en la memoria colectiva.

    A medida que se acerca el pitido inicial, la sensación de inevitabilidad crece. Todo está dispuesto para que el escenario, los protagonistas y la historia confluyan en un mismo punto. El balón será el juez último, pero el contexto ya ha hecho su trabajo: ha cargado de significado cada metro del campo, cada camiseta y cada mirada cómplice entre compañeras.

    La Supercopa espera, el Clásico se prepara y el fútbol femenino español contiene la respiración, consciente de que, pase lo que pase, esta final no será una más. Y eso, precisamente, es lo que la convierte en épica.

    (Fuente: RFEF)

    La final bajo la lupa |

    (Fuente: RFEF)

    🔜 NEXT GAME

    🏆 Supercopa de España Iberdrola 2026

    ✨La final ✨

    🔥 Real Madrid 🆚 Fútbol Club Barcelona 🔥

    🗓️ Sábado, 24 de enero de 2026

    📺 La 2 de RTVE

    📻 RNE

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    🏟️ SkyFi Castalia, Castellón

    Los onces |

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    La gran final de la Supercopa de España Iberdrola 2026 echó a andar en Castellón con todos los focos apuntando a un clásico de máxima exigencia entre el Fútbol Club Barcelona y el Real Madrid, dos proyectos consolidados, dos estilos reconocibles y dos onces de altísimo nivel que reflejaron, desde el primer minuto, la magnitud del escenario.

    El Barcelona, fiel a su identidad dominante y a la continuidad de su bloque campeón, compareció con Cata Coll bajo palos; línea defensiva para Ona Batlle, Paredes, María León y Brugts; en la sala de máquinas, el control y la pausa de Patri Guijarro junto a Vicky López, con Aitana Bonmatí como faro creativo; y en ataque, la movilidad de Graham Hansen, el desequilibrio de Clàudia Pina y el liderazgo de Alexia Putellas, capitana y referencia emocional del equipo de Pere Romeu.

    Enfrente, el Real Madrid respondió con una alineación diseñada para competir desde la solidez y el talento individual. Misa Rodríguez, capitana, defendió la portería; defensa para Athenea del Castillo, Sara Dábriz, Weir y Yasmim; en el centro del campo, músculo y criterio con Maite Oroz Méndez y Filippa Angeldahl; por delante, la energía de Linda Caicedo y Eva Navarro, con Caroline Weir y Feller como amenazas constantes, bajo la dirección de Pau Quesada.

    Así arrancó una final llamada a marcar época, con dos onces que explicaban por sí solos por qué la Supercopa de España Iberdrola es ya uno de los grandes escaparates del fútbol femenino europeo.

    Tras eliminar al Athletic Club y al Atlético de Madrid respectivamente, el FC Barcelona y el Real Madrid CF saltaron al terreno de juego del estadio de Castalia con la idea de conseguir llevarse la Supercopa de España.

    Antes del inicio del choque se guardó un emotivo minuto de silencio en memoria de las víctimas de los accidentes ferroviarios. Linda Caicedo no tardó en animarse en busca del gol, pero el conjunto culé intentó tener pronto el dominio del balón. La más clara llegó a los veinte minutos de juego, con un zapatazo de Vicky López desde fuera del área que sacó Misa Rodríguez con una buena mano abajo. Precisamente, tras ese saque de esquina llegó el primer tanto del duelo. Un córner botado por Mapi León lo peinó Esmee Brugts desde el primer palo para abrir el marcador con el 10 en el minuto 28 para acabar con una resistencia blanca que apunto estuvo de salir bien rumbo a la media hora.

    Las azulgranas lo siguieron intentando, pero Misa sacó un remate de Patri Guijarro, que fue la MVP del duelo. En campo contrario, el conjunto blanco pidió una posible falta de Linda Caicedo, que la colegiada no otorgó tras la revisión. Ewa Pajor tuvo la última de la primera mitad con un testarazo que se perdió arriba.

    Tras el paso por vestuarios, las madridistas intentaron dar un paso hacia delante. Athenea tuvo el empate, pero Cata Coll salvó el gol con una gran parada. Aunque la más clara para las culé llegó cerca de la media hora de juego. Ewa Pajor se plantó sola ante Misa, pero la canaria sacó un gran mano. El rechace le cayó a Graham, pero el cabezazo de la extremo noruega se estrelló en el larguero. La guardameta canaria también atrapó en dos tiempos un potente disparo de Ona Batlle desde fuera del área. 

    Fue el Real Madrid el que dio un paso adelante en busca del empate y estuvo muy cerca de lograrlo Primero, con Ona Batlle cortando de forma salvadora un centro que ya esperaba Linda Caicedo en boca de gol. Y después, con un lanzamiento desde la frontal de Däbritz que rozó la parte superior del travesaño para ponerle emoción a la final.

    Linda Caicedo a la banda izquierda y su equipo lo agradeció, comenzando con buen pie tras la pausa. Athenea firmó el primer remate que Cata Coll atrapó sin demasiados problemas. El cansancio empezó a hacer mella claramente a las madridistas con el paso de los minutos y el Barcelona encadenó dos avisos muy serios. Graham Hansen remató a lateral de la red en una de las pocas acciones mal defendidas por el Real Madrid hasta el momento. Muy poco después, la noruega pudo encarrilar mucho la final para las culés, pero su cabezazo a puerta vacía después de una gran parada de Misa a Pajor se topó con el larguero.

    El asedio blaugrana seguía intensificándose ante un equipo madridista que reclamaba cambios desde el banquillo. Misa se hizo grande para detener un chut lejano de Ona Batlle en dos tiempos y sacar una buena mano a otro disparo desde la frontal de Claudia Pina. La misma protagonista marró una situación clara de cabeza a centro de Vicky López, justo antes de que llegase el tan necesitado triple cambio en el bando blanco.

    El Barcelona metió una marcha más y jugadoras como Claudia Pina empezaron a hacer mucho daño entre unas líneas del Real Madrid, que cada vez dejaban más huecos. Misa tuvo que volver a ser salvadora para detener una internada por la derecha de Vicky López. Alexia, inmediatamente después, volvió a buscar portería sin éxito. Linda Caicedo trató de dar la réplica rápidamente en la otra portería, pero su disparo tampoco logró encontrar los tres palos. Muy poco después, la colombiana volvió a plantarse ante Cata Coll, pero Ona Batlle salvó a su equipo interponiéndose en el mano a mano.

    El marcador llegó apretado a la recta final y el Real Madrid se volcó con todo en busca del empate que forzase los penaltis.

    Las esperanzas se pudieron ir al traste tras un córner a favor, pero Misa se inventó una parada milagrosa para desbaratar el mano a mano contra Pajor que parecía destinado a traducirse en el cero a dos y Signe Brunn entró para dinamizar el ataque blanco, sin fortuna ni ocasión de inquietar a Cata Coll.

    El choque seguía abierto, y Sheila García, Lotte Keukelaar y Sandie Toletti entraron al terreno de juego para intentar buscar el empate. De nuevo, Misa se convertía en salvadora, mientras que, el Real Madrid CF pidió una pena máxima por una posible mano de Irene Paredes dentro del área, pero, y tras la revisión, la colegiada no pitó la acción. Las espadas estaban en todo lo alto, y, otra vez, Misa sacó un chut de Ewa Pajor, que buscaba sentenciar la final. Las madridistas, que habían metido a Pau Comendador y Signe Bruun, lo intentaron con un centro-chut de Eva Navarro que se quedó sin problemas Cata Coll. A falta de un minuto para el final, Sheila García arrolló a Alexia Putellas dentro del área. La capitana blaugrana no falló desde los once metros para poner el 2-0 definitivo en el electrónico cuando el reloj deambulaba por el minuto 92 y el resto del alargue fue un puro trámite.

    (Fuente: RFEF)

    Así, tras el pitido final, el Barcelona vuelve a conquistar el título de la Supercopa de España, es el sexto de su historia, solo el Atlético de Madrid en 2021 se interpuso en su dictadura y el Real Madrid comienza a ver cómo perder finales, ya van tres, empieza a tornarse en una mala costumbre en Valdebebas. 

    La próxima semana el mejor club del siglo XX buscará volver a sonreír al reencontrarse con una Liga F Moeve que le medirá ante el Deportivo en Riazor.

    (Fuente: RFEF)

    📋 Ficha técnica |

    Barcelona (2): Cata Coll; Ona Battle, Paredes, Mapi, Brugts (Aïcha 72′); Vicky López (Salma Paralluelo 72′), Guijarro, Alexia Putellas; Graham Hansen (Serrajordi 59′), Pajor, Claudia Pina (Sydney 83′).

    Real Madrid (0): Misa; Eva Navarro, María Méndez, Lakrar, Yasmim (Shei 67′); Däbritz, Angeldahl (Toletti 67′); Weir (Pau Comendador 82′), Linda Caicedo, Athenea del Castillo.

    Goles |

    1-0 Brugts 28’ ⚽️

    2-0 Alexia Putellas (P.) 93’ ⚽️

    ÁRBITRA: Eugenia Gil.

    Árbitras asistentes: Silvia Fernández y Rita Cabañero.

    Cuarta árbitra: Lorena Trujillano.

    Quinta árbitra: Lorena Navas.

    Tarjetas amarillas: Maëlle Lakrar (90’+7) y Eva Navarro (90’+8) por parte del Real Madrid.

    Vídeo: https://x.com/fcbfemeni/status/2015167790773092506?s=46

    INCIDENCIAS : Final de la Supercopa de España Femenina Iberdrola 2026, disputada en el Estadio Castalia de Castellón de la Plana con una asistencia de 12.593 espectadores sobre una superficie de hierba natural.

  • Oficial | José Herrera ya es colchonero

    (Fuente: Atlético de Madrid)

    ⬛️ El canario llega a Alcalá de Henares tras su buen hacer en el representativo canario.

    El Club Atlético de Madrid, tres veces campeón de la Liga F Moeve, ha anunciado oficialmente que ha sido capaz de alcanzar un acuerdo en firme con José Ángel Herrera Martín para que este se convierta en el primer entrenador del equipo femenino.

    La operación se ha rubricado con celeridad tras la abrupta salida de Víctor Martín Alba al acumular una docena de encuentros sin conocer el triunfo y va a unir al ex de Málaga City Academy y el Granada Club de Fútbol con la entidad que preside Lola Romero hasta el próximo 30 de junio de 2026, como mínimo,

    El nuevo inquilino del banquillo local en Alcalá de Henares viene avalado por su gran actuación al frente del Costa Adeje Tenerife Egatesa, donde sucedió a Francis Díaz.

    A sus 36 años de edad tuvo su última experiencia profesional en el Al Hilal SFC de Arabia Saudí, pero en su etapa con las guerreras e incluso llegó a derrotar de azul y blanco al Real Madrid por 0-1 en el Estadio Alfredo Di Stéfano y peleó por entrar en Europa en una batalla a tres con su nuevo club y la Real Sociedad de Fútbol.

    En un fútbol cada vez más marcado por la lógica del “siguiente paso”, José Herrera demostró algo poco habitual: respeto por el proceso. Tenerife no fue para él un simple trampolín profesional. Fue una escuela, un espacio de crecimiento mutuo entre entrenador y club.

    Su etapa dejó estructuras, metodologías y una cultura competitiva que trascendió los resultados inmediatos. El Tenerife no fue mejor solo mientras Herrera estuvo en el banquillo; fue mejor porque durante ese tiempo aprendió a competir de otra manera.

    Quizá el mayor error sería medir la figura de José Herrera únicamente por los títulos que no ganó. El fútbol femenino español necesita entrenadores como él: constructores, educadores, arquitectos de procesos sostenibles.

    Su paso por el Costa Adeje Tenerife representa una de esas historias que, con el tiempo, se convierten en referencia. No por el ruido que generaron, sino por la solidez del legado.

    Su Tenerife nunca fue un equipo sometido al azar. Incluso en la derrota, había una lógica reconocible, una narrativa futbolística que permitía entender el porqué del resultado. Esa coherencia es un lujo en ligas donde muchos proyectos se diluyen entre urgencias clasificatorias y cambios constantes de rumbo.

    Herrera concibió el fútbol como una sucesión de decisiones bien entrenadas, no como una acumulación de impulsos. Cada ajuste tenía sentido; cada variante respondía a un análisis previo. No había improvisación vacía, sino adaptación consciente.

    Uno de los rasgos más notables de su gestión fue la lectura del ritmo. El Tenerife sabía cuándo pausar y cuándo acelerar, cuándo enfriar un partido y cuándo desordenarlo. Esa comprensión del tempo es una de las habilidades más difíciles de enseñar y una de las más reveladoras de un entrenador maduro.

    Durante demasiado tiempo, en el análisis del fútbol femenino se ha asociado la solidez defensiva de los equipos modestos con una idea casi peyorativa de supervivencia. El Tenerife de José Herrera desmontó ese prejuicio.

    Defender, para aquel equipo, no fue aguantar. Fue dominar zonas, condicionar trayectorias, reducir ventajas rivales hasta hacerlas irrelevantes. El bloque defensivo no vivía anclado al área; respiraba, se desplazaba, se activaba según el estímulo correcto.

    Las líneas estaban trabajadas para cerrar carriles interiores, obligando a rivales técnicamente superiores a tomar decisiones incómodas. El equipo sabía orientar la presión, temporizar duelos, proteger el segundo balón. Esa disciplina no nace de la imposición, sino de la convicción colectiva.

    El Tenerife no defendía porque no podía atacar. Defendía porque había entendido que ese era el camino más honesto hacia la competitividad real.

    Si la fase defensiva fue el cimiento, la ofensiva fue el espacio donde José Herrera dejó entrever su ambición. Nunca aceptó el relato de que su equipo debía renunciar al balón por sistema. El Tenerife atacó cuando pudo y como pudo, pero siempre con una idea clara.

    No fue un equipo de posesiones estériles, pero tampoco de balones largos desesperados. Supo progresar por bandas, activar segundas líneas y castigar pérdidas rivales con transiciones bien ejecutadas. Cada ataque tenía una intención reconocible, incluso cuando no culminaba en ocasión.

    El gol al Real Madrid no fue una excepción estilística. Fue una confirmación. Aquella jugada condensó meses de trabajo: lectura del espacio, sincronización de movimientos, ejecución precisa bajo presión.

    Uno de los mayores logros de José Herrera fue convertir el resultado corto en un territorio de excelencia. En una liga donde los grandes suelen imponerse por acumulación, el Tenerife aprendió a ganar por detalles, y a defender esos detalles con inteligencia.

    El 1-0 no fue un marcador angustioso para su equipo; fue un escenario cómodo. Herrera entrenó a su plantilla para convivir con esa ventaja mínima sin caer en el pánico ni en el repliegue absoluto. El equipo sabía defender hacia adelante, consumir tiempo con balón y elegir bien cuándo interrumpir el ritmo del rival.

    Ese control emocional del resultado es uno de los indicadores más claros de madurez competitiva y el Tenerife lo alcanzó.

    La racha de cinco triunfos consecutivos merece un análisis específico porque sintetiza la obra de Herrera. No fueron cinco partidos iguales. Hubo encuentros de dominio territorial, partidos de resistencia, duelos abiertos y otros cerrados hasta el último minuto.

    Lo común fue la coherencia del plan. El Tenerife nunca pareció un equipo improvisado. Supo ajustar alturas, modificar roles dentro del mismo sistema y responder a las propuestas rivales sin perder su identidad.

    Esa capacidad para sostener el rendimiento sin depender de un único registro es lo que separa a los equipos competitivos de los equipos ocasionales.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    José Herrera entendió algo fundamental: en el fútbol femenino, entrenar es enseñar. No solo se gestionan partidos; se construyen futbolistas. Su metodología priorizó la comprensión del juego por encima del automatismo ciego.

    Las jugadoras no ejecutaban órdenes; interpretan escenarios. Sabían por qué hacían lo que hacían. Ese conocimiento empodera, genera confianza y eleva el nivel colectivo.

    El Tenerife fue un equipo que aprendió a leerse a sí mismo y al rival. Esa alfabetización futbolística es uno de los legados más duraderos de Herrera.

    En un entorno donde el liderazgo suele confundirse con el volumen, José Herrera ejerció una autoridad distinta. No necesitó gestos teatrales ni discursos inflamados. Su liderazgo fue sereno, constante, creíble.

    La plantilla confió en él porque vio coherencia. Las decisiones difíciles se explicaron. Los errores se corrigieron sin humillación. Los éxitos se compartieron sin personalismos.

    Ese clima permitió que el grupo creciera incluso en la adversidad. La confianza no se rompió en las derrotas ni se desbordó en las victorias.

    Entrenar en Tenerife no es solo dirigir un equipo; es representar una comunidad. Herrera comprendió ese vínculo y lo respetó. Su discurso nunca fue ajeno al contexto insular, a la sensación de competir desde los márgenes.

    El equipo se convirtió en un símbolo de resistencia competitiva, en una expresión futbolística de la isla: ordenada, trabajadora, orgullosa, pero también ambiciosa.

    La historia del fútbol femenino español no se escribe solo con campeonatos. Se escribe con procesos que ensancharon el ecosistema. José Herrera pertenece a esa generación de entrenadores que consolidaron la Liga F desde abajo, dotándola de profundidad y credibilidad.

    Su Tenerife elevó el estándar. Obligó a los grandes a prepararse mejor. Demostró que el orden, la inteligencia y el trabajo podían reducir brech

    Más allá del césped, Herrera representa una idea de entrenador que el fútbol necesita: reflexivo, paciente, formador y competitivo. Un técnico que no se define por la urgencia del éxito inmediato, sino por la solidez del camino recorrido.

    No todas las conquistas dejan trofeos. Algunas dejan huella. La de José Herrera en Tenerife fue una de ellas. Silenciosa, persistente, honesta.

    Desde una isla, sin focos desmedidos, sin presupuestos desorbitados, se construyó un equipo que creyó, compitió y ganó cuando parecía imposible, siendo también parte de la épica.

    Lejos de los grandes centros de poder futbolístico, Tenerife se convirtió, bajo Herrera, en un laboratorio competitivo. Allí se ensayaron soluciones adaptadas a la escasez, se optimizaron recursos, se maximizó el rendimiento colectivo.

    Cada sesión de entrenamiento tenía una finalidad clara. No había espacio para el ruido ni para la dispersión. El trabajo era específico, contextualizado, medido. El cuerpo técnico no buscaba deslumbrar, sino construir rendimiento sostenible.

    Ese enfoque convirtió al Tenerife en una referencia implícita para otros proyectos emergentes de la Liga F, que encontraron en su modelo una prueba de que la competitividad no es patrimonio exclusivo del presupuesto.

    Lejos de los grandes centros de poder futbolístico, Tenerife se convirtió, bajo Herrera, en un laboratorio competitivo. Allí se ensayaron soluciones adaptadas a la escasez, se optimizaron recursos, se maximizó el rendimiento colectivo.

    Cada sesión de entrenamiento tenía una finalidad clara. No había espacio para el ruido ni para la dispersión. El trabajo era específico, contextualizado, medido. El cuerpo técnico no buscaba deslumbrar, sino construir rendimiento sostenible.

    5Ese enfoque convirtió al Tenerife en una referencia implícita para otros proyectos emergentes de la Liga F, que encontraron en su modelo una prueba de que la competitividad no es patrimonio exclusivo del presupuesto.

    José Herrera nunca buscó protagonismo mediático. Su figura creció desde el segundo plano, desde el respeto ganado en el día a día. No necesitó discursos altisonantes ni gestos grandilocuentes.

    Esa discreción fue coherente con su manera de entender el fútbol: el equipo por encima del individuo, el proceso por encima del titular, el trabajo por encima del relato.

    Paradójicamente, esa misma discreción es la que dota a su figura de una autoridad duradera.

    No todas las epopeyas necesitan himnos ni desfiles. Algunas se escriben en silencio, partido a partido, entrenamiento a entrenamiento. La de José Herrera en la UDG Tenerife fue una de ellas.

    Desde una isla, con recursos limitados pero ideas firmes, se desafió el orden establecido. Se ganó sin alardes. Se compitió sin complejos y se dejó huella sin ruido.

    Eso, en el fútbol contemporáneo, es una forma superior de grandeza.

    Ahora, el técnico insular coge las riendas de un Atlético de Madrid que atraviesa una crisis de resultados, es quinto en la tabla a seis puntos de poder dar caza a la Real Sociedad en el tercer lugar que da acceso a la fase previa de la Liga de Campeones Femenina y a 10 de su eterno rival, el Real Madrid, que es segundo por detrás del todopoderoso Fútbol Club Barcelona.

    El debut de Herrera como máximo responsable técnico llegará el próximo sábado, 30 de enero de 2026, a las 12:00 horario peninsular, en el Centro Deportivo de Alcalá de Henares ante el Granada y su primer gran objetivo sea superar el playoff de “octavos” de final de la UEFA Women’s Champions League a uno de los equipos más laureados de la Barclays Women’s Super League como es el Manchester United.

    (Fuente: Instagram)