🟫 La Copa del Mundo Femenina da un salto sin precedentes: por primera vez, Netflix será el hogar absoluto del torneo, combinando la emoción del directo con docuseries exclusivas que pondrán rostro, voz y alma a las mejores futbolistas del planeta.
It's showtime! 🎬
Tune in for the FIFA Women's World Cup 2027™ Official Tournament Launch Show. #FIFAWWC
Netflix no solo retransmitirá fútbol en directo: cambiará la manera de vivirlo. La plataforma desarrollará docuseries originales y contenidos exclusivos que capturarán la esencia de las grandes estrellas del fútbol femenino, recorriendo sus trayectorias personales y profesionales, su impacto social y el alcance global de un deporte en plena expansión. Historias de esfuerzo, liderazgo y transformación que irán mucho más allá del césped.
Por primera vez en su historia, Netflix adquiere los derechos audiovisuales completos del Mundial Femenino de la FIFA, consolidando el torneo como el mayor evento internacional de una sola disciplina dentro del deporte femenino. Un acuerdo estratégico que supone un impulso decisivo para la visibilidad, la profesionalización y la proyección internacional del fútbol practicado por mujeres.
La colaboración promete una experiencia integral para los aficionados: todos los partidos en vivo, acceso multiplataforma y producciones documentales de alto nivel, pensadas para emocionar tanto a los seguidores históricos como a nuevas audiencias. Además, el contenido estará disponible en varios idiomas, con retransmisiones en inglés y español, reforzando el carácter verdaderamente global del campeonato.
Este hito marca un antes y un después. No se trata solo de derechos televisivos, sino de un reconocimiento cultural y mediático sin precedentes al talento, la dedicación y la influencia de las jugadoras que están redefiniendo el deporte.
Netflix y la FIFA elevan el Mundial Femenino a un nuevo plano narrativo, donde cada partido es espectáculo y cada historia, legado.
Con 2027 ya en el horizonte, el fútbol femenino se prepara para una Copa del Mundo llamada a ser histórica. Más visible, más accesible y más poderosa que nunca. El balón aún no ha empezado a rodar, pero la cuenta atrás ya ha comenzado… y promete un Mundial que nadie querrá perderse.
⬛️ La decimoséptima jornada de la Liga F Moeve dejó un paisaje vibrante, lleno de matices y lecturas profundas. Mientras la Real Sociedad dio un paso firme hacia Europa y estrechó el cerco sobre la segunda plaza, Fuenlabrada fue escenario de uno de esos partidos que explican una temporada: el ONA silenció al Madrid CFF con un triunfo de autoridad (0-1), un resultado que sacude aspiraciones, redefine estados de ánimo y recuerda que en esta liga nadie regala nada. Arriba, abajo, en cada estadio, la competición empieza a hablar el lenguaje de los momentos decisivo.
La Real Sociedad fue uno de los grandes nombres propios del fin de semana. El conjunto guipuzcoano cumplió con solvencia su papel ante la S.D. Eibar y se impuso por 3-0 en Zubieta, una victoria que vale mucho más que tres puntos. Vale distancia. Vale jerarquía. Vale convicción. El equipo de Arturo Ruiz entendió desde el inicio que la jornada ofrecía una oportunidad estratégica y no la dejó escapar. Intza Egiguren abrió el marcador en el primer cuarto de hora, dando tranquilidad a un bloque que supo gestionar el encuentro con madurez. En el tramo final, dos acciones desafortunadas del Eibar, materializadas en goles en propia puerta, redondearon un marcador que refleja el control real del partido. La Real Sociedad no solo ganó: envió un mensaje.
Se consolida en puestos de privilegio, amplía su colchón sobre sus perseguidores directos y se queda a un solo punto de la segunda plaza, esa frontera simbólica que marca el acceso a la élite continental.
Esa lectura cobra todavía más fuerza al observar lo ocurrido alrededor. El Costa Adeje Tenerife no pasó del empate sin goles frente al Espanyol, un partido dominado por las insulares pero castigado por la falta de acierto y por un larguero que negó el premio. El punto sabe a poco y aleja al conjunto tinerfeño de la carrera inmediata por Europa, quedando ya a ocho puntos de una Real Sociedad que no afloja. Tampoco sonrió el Atlético de Madrid en la clasificación global de la jornada: pese a su victoria en el derbi ante la SD Eibar, los resultados acumulados le dejan a diez puntos del conjunto donostiarra, obligado ahora a remar contracorriente en una temporada de exigencia máxima.
Pero si hay un partido que resume la crudeza competitiva de esta Liga F, ese se jugó en Fuenlabrada. El Madrid CFF recibió al ONA con la necesidad de reaccionar, de engancharse a una dinámica que le devolviera a la pelea por los puestos nobles. Enfrente, un rival incómodo, trabajado, consciente de sus armas. El resultado fue un 0-1 que pesa como una losa en el proyecto madrileño y que engrandece al ONA, capaz de competir con rigor, paciencia y colmillo. El gol, obra de Itziar Pinillos, fue suficiente para decidir un encuentro tenso, cerrado, en el que cada duelo parecía definitivo.
Para el Madrid CFF, la derrota en casa en el estreno de José Luis Sánchez Vera como técnico local es un golpe duro: el equipo se descuelga a once puntos de la zona europea y ve cómo el margen de error se reduce a la mínima expresión.
En Sevilla, el fútbol volvió a sonreír. El conjunto andaluz rompió una racha negativa de dos derrotas consecutivas con un triunfo coral ante el Levante UD (4-2), colista de la competición. Fue un partido abierto, con alternativas, en el que brilló con luz propia Esther Martín-Pozuelo, autora de un gol de falta directa que levantó al público de sus asientos. El Sevilla respira, recupera confianza y se mantiene en una zona templada de la tabla, aunque todavía lejos de una Real Sociedad que le saca diez puntos y marca el ritmo de la clase media-alta de la liga.
La jornada también tuvo un fuerte impacto en la zona baja, donde cada punto es oxígeno y cada derrota, una herida profunda.
💫 Un centro 𝐞𝐬𝐩𝐞𝐜𝐭𝐚𝐜𝐮𝐥𝐚𝐫 de Sonia Majarín para el gol de 𝐈𝐭𝐳𝐢 𝐏𝐢𝐧𝐢𝐥𝐥𝐨𝐬
El Granada CF confirmó su momento dulce con una victoria por 2-0 ante el Alhama CF El Pozo, encadenando su tercer triunfo consecutivo. Las nazaríes superan ya la barrera de los 20 puntos y se colocan con 22, construyendo una ventaja considerable sobre el descenso. El contraste es duro para el DUX Logroño, que salió muy tocado de su enfrentamiento ante el Deportivo ABANCA en Las Gaunas. La derrota amplía la brecha hasta los once puntos y complica seriamente sus opciones de permanencia, en una liga que no espera a nadie.
Así transcurrió una jornada diecisiete que no fue una más. Fue una de esas fechas que ordenan el relato del campeonato. La Real Sociedad mira hacia arriba con ambición legítima, el ONA se reivindica con una victoria de enorme valor simbólico y práctico, y la lucha por Europa y por la salvación se va definiendo a base de golpes de realidad. La Liga F Moeve entra en su tramo decisivo con la sensación de que cada partido será una final encubierta, cada gol un punto de inflexión y cada fin de semana una nueva historia por contar.
(Fuente: Liga F Moeve)
Y esto, precisamente esto, es lo que hace grande a la Liga F: cuando el calendario aprieta y las emociones se desbordan, cuando nadie se esconde y el césped dicta sentencia. La jornada diecisiete ha pasado, pero ha dejado ecos. Y los próximos capítulos prometen todavía más fuego, más verdad y más fútbol del que se recuerda. Porque aquí, cuando empieza la hora de la verdad, no hay marcha atrás. Solo queda jugar… y creer.
⬛️ El Badalona Women ganó por 0-1 al Madrid CFF. Itziar Pinillos, ex del conjunto madrileño, marcó el único tanto del encuentro. Por su parte, Sonia Majarín fue la MVP del choque. Las catalanas todavía no han encajado ningún gol en este inicio de año, mientras que Sánchez Vera no pudo ganar como local.
Hay domingos que no necesitan artificio.Domingos que no piden fuegos artificiales ni proclamas grandilocuentes, porque el propio calendario, el propio césped y las propias historias que se cruzan ya contienen todo lo necesario para ser memorables. El 25 de enero es uno de ellos.
A las cuatro de la tarde, cuando el sol de invierno apenas consigue templar las gradas del Fernando Torres, el fútbol femenino español se detiene para observar un partido que, sin titulares ruidosos ni focos excesivos, concentra muchas de las claves emocionales, competitivas y estructurales de la Liga F: identidad, reconstrucción, resistencia y futuro.
Madrid CFF y FC Badalona Women se enfrentan separados por apenas seis puntos, pero también por dos maneras muy distintas de sobrevivir y crecer en una liga cada vez más exigente. El choque no es uno más. Es un partido de procesos. De discursos que empiezan a tomar forma. De proyectos que se miran a los ojos sabiendo que cada jornada puede marcar una frontera invisible entre la estabilidad y la incertidumbre.
Y, por encima de todo, es el estreno de Sánchez Vera en casa, un técnico que respira fútbol femenino por todos los poros de su cuerpo. El Estadio Fernando Torres no es un gran coliseo moderno. No necesita serlo. Es uno de esos campos que respiran fútbol femenino desde la cercanía, desde la grada baja, desde el sonido seco del balón golpeando el césped y desde la conversación constante entre jugadoras y banquillos.
El Fernando Torres ha sido durante años territorio de resistencia del Madrid CFF, un club construido lejos del ruido, con una identidad clara: competir siempre, independientemente del contexto, del presupuesto o de la narrativa externa. No es casualidad que aquí se hayan forjado temporadas enteras a base de puntos que no salían en los resúmenes, pero sí en las clasificaciones.
Este domingo, el estadio adquiere un matiz distinto. No es solo un partido más como local. Es la primera vez que Sánchez Vera se presenta ante su afición, tras un debut notable lejos de casa.
Pocos entrenadores conocen tan bien la Liga F como David Sánchez Vera. Su trayectoria es la de alguien que entiende el fútbol femenino desde dentro, desde la gestión del vestuario, desde el matiz emocional y desde la lectura táctica sin estridencias.
Su llegada al Madrid CFF no es un golpe de efecto, sino una apuesta por el orden, la claridad y el crecimiento progresivo.
El triunfo por 1-3 en Riazor ante el Deportivo Abanca fue algo más que tres puntos. Fue una declaración inicial de intenciones. Un equipo que supo sufrir, que fue pragmático cuando tocó y que mostró una versión reconocible incluso en fase temprana de adaptación.
Pero los proyectos no se validan solo fuera. Se consolidan en casa.
Este partido es el primer examen emocional de Sánchez Vera en el Fernando Torres. No tanto por el resultado, sino por el mensaje: cómo quiere que juegue su equipo, qué ritmo impone, qué tipo de partido acepta y cuál rechaza.
Madrid CFF llega a esta jornada inmerso en una temporada de transición, pero no de renuncia. El equipo madrileño ha sabido, históricamente, adaptarse a los cambios sin perder su esencia competitiva.
No es un conjunto diseñado para monopolizar el balón durante noventa minutos, pero tampoco uno que rehúya la propuesta. Su fortaleza ha estado siempre en el equilibrio: líneas juntas, compromiso defensivo, solidaridad en el esfuerzo y capacidad para castigar errores ajenos.
Con Sánchez Vera, el Madrid CFF busca ordenar ese ADN, dotarlo de mayor continuidad y reducir los tramos de desconexión que, en temporadas anteriores, han penalizado partidos igualados.
El encuentro ante el Badalona se presenta como un laboratorio perfecto: un rival incómodo, defensivamente sólido, que no concede espacios gratuitos y que obliga a tener paciencia, precisión y convicción.
El FC Badalona Women llega al Fernando Torres situado en la novena posición con 20 puntos, una cifra que no deslumbra, pero que habla de un equipo que ha sabido rascar puntos donde otros se han dejado llevar.
Diez goles a favor en lo que va de campeonato pueden parecer pocos, pero también explican una realidad: el Badalona ha hecho de la solidez defensiva su seña de identidad. No necesita grandes cifras ofensivas para competir. Necesita orden, concentración y la capacidad de mantenerse en partido hasta el último tramo.
Este es un equipo que incómoda, que ralentiza, que fuerza errores y que entiende muy bien cuándo el partido debe romperse… y cuándo no.
un mercado invernal siempre complejo para los equipos de mitad de tabla, el Badalona ha apostado por una sola incorporación: Isabella Hoekstra.
No es un fichaje masivo ni una revolución de plantilla. Es una apuesta quirúrgica. Una futbolista llamada a aportar verticalidad, lectura de espacios y energía en un equipo que prioriza el orden, pero que necesita oxígeno en los metros finales.
Su adaptación será clave no solo para este partido, sino para el tramo decisivo de la temporada. En escenarios como el Fernando Torres, donde cada error se paga y cada acierto se amplifica, las jugadoras recién llegadas suelen medir su impacto real.
Todo apunta a un choque de ritmos contenidos. El Madrid CFF tratará de llevar la iniciativa, de instalarse en campo rival y de encontrar grietas en una defensa catalana que rara vez se desordena.
El Badalona, por su parte, apostará por bloques compactos, ayudas constantes y transiciones calculadas, buscando aprovechar cualquier desconexión o pérdida en zonas sensibles.
No será un partido de ida y vuelta constante. Será un duelo de lectura. De tempos. De concentración.
Y ahí, en ese terreno invisible, se deciden muchas temporadas.
No se juegan solo tres puntos. Se juega la sensación de pertenencia. La confianza de un vestuario en un nuevo discurso. La confirmación de que el trabajo silencioso también tiene recompensa.
Para el Madrid CFF, ganar significaría asentar el inicio de una nueva etapa, convertir el estreno en casa en un punto de apoyo y mirar la clasificación con mayor serenidad.
Para el Badalona, puntuar supondría reafirmar su modelo, demostrar que su solidez no es circunstancial y que puede competir en cualquier escenario.
Y es aquí donde entra “El Partido de Manu”. No como un simple altavoz, sino como un guardián del relato, como una voz que entiende que el fútbol femenino no se explica solo con estadísticas, sino con memoria, con emoción y con justicia narrativa.
En un ecosistema donde aún queda mucho por conquistar, espacios como “El Partido de Manu” han asumido una responsabilidad que va más allá del análisis: preservar la épica cotidiana, dignificar cada partido, cada estadio modesto, cada debut silencioso.
Porque el fútbol femenino crece cuando alguien se detiene a mirarlo de verdad. Cuando alguien lo cuenta sin condescendencia. Cuando alguien entiende que un Madrid CFF – Badalona un domingo de enero también es historia.
Y este domingo, en el Fernando Torres, el balón volverá a rodar sabiendo que hay quien lo observa, quien lo explica y quien lo convierte en relato. Eso, en sí mismo, ya es una victoria.
Silencio, tensión y eficacia: el FC Badalona Women asalta Madrid y deja abierta la batalla de la Liga F Moeve, con estas primeras líneas se podría resumir lo que hemos vivido al sur de la capital española en la penúltima entrega de una jornada que se clausuró con el triunfo del Granada por 2-0 a un Alhama que no consigue remontar y salir del temible descenso.
El fútbol, incluso en su versión más competitiva, sabe detenerse cuando la memoria lo exige. Antes de que el balón comenzara a rodar, el estadio guardó un respetuoso y sentido minuto de silencio en recuerdo de las víctimas de los recientes accidentes ferroviarios. Un silencio espeso, solemne, compartido por jugadoras, cuerpos técnicos y aficiones, que recordó que el deporte también es un espacio de duelo colectivo. Tras ese instante de recogimiento, el fútbol regresó con toda su crudeza competitiva, y lo hizo para ofrecer un partido de márgenes estrechos, de resistencia defensiva y de una eficacia quirúrgica que terminó inclinando la balanza.
El partido arrancaba condicionado por ausencias y novedades importantes en ambos conjuntos. El FC Badalona Women no pudo contar con Berta Pulladas, baja sensible en defensa debido a problemas en la rodilla, mientras que el Madrid CFF afrontó el choque sin Sandra Villafañe, pieza clave del equipo y habitual en todos los minutos disputados hasta la fecha, sancionada por acumulación de tarjetas amarillas.
Como nota positiva para las visitantes, el encuentro supuso el regreso de Canales a la portería del Badalona tras superar la lesión que la había apartado de los terrenos de juego antes de Navidad.
Desde el primer minuto se percibió que el encuentro no iba a conceder concesiones. El Madrid CFF, séptimo clasificado de la Liga F Moeve y aún en proceso de adaptación al ideario de su nuevo técnico, David Sánchez Vera, asumió la iniciativa con la intención de imponer ritmo y presencia en campo contrario. Enfrente, un FC Badalona Women que ha construido su identidad en este inicio de 2026 desde el orden, la solidaridad defensiva y una convicción colectiva que le ha permitido mantenerse invicto en defensa durante varias jornadas.
La primera advertencia seria llegó pronto y llevó la firma de una de las futbolistas más determinantes del conjunto visitante. Mônica Hickmann, poderosa en el juego aéreo, conectó un cabezazo desde el interior del área tras un preciso envío de falta de Ángela Sosa. Fue un aviso claro: el Badalona no había viajado a Madrid para resistir sin más, sino para competir cada balón como si fuera decisivo.
El Madrid CFF trató de responder con posesiones largas, buscando abrir el campo y desgastar a un bloque visitante que se mostraba compacto, solidario y extraordinariamente disciplinado. Las líneas del FC Badalona Women se movían al unísono, reduciendo espacios entre centrales y laterales, obligando a las madrileñas a circular por fuera y a recurrir al centro lateral como principal vía de ataque. Sin embargo, los envíos no encontraban rematadoras claras, bien por la anticipación de la zaga visitante, bien por la falta de ventajas en el área.
El partido avanzaba con esa sensación de dominio territorial local que no termina de traducirse en ocasiones claras. Cada pérdida del Madrid CFF era aprovechada por el Badalona para respirar, para ganar metros y para recordar que el encuentro estaba abierto. En ese contexto de equilibrio tenso, apareció la jugada que terminaría marcando el destino del choque.
Corría el tramo final de la primera mitad cuando Sonia Majarín, omnipresente durante todo el partido y posteriormente reconocida como la MVP del encuentro, recibió el balón en banda zurda. Con tiempo para perfilarse y levantar la cabeza, puso un centro medido, tenso y preciso al segundo palo. Allí apareció Itziar Pinillos, con la determinación de quien sabe que esa acción puede cambiar un partido. La exjugadora del Madrid CFF atacó el espacio con inteligencia y, con un remate certero, envió el balón al fondo de la red, superando a Paola Ulloa pese a su estirada para así abrir la lata amén del 0–1 en el minuto 43 de una primera parte que agonizaba.
💫 Un centro 𝐞𝐬𝐩𝐞𝐜𝐭𝐚𝐜𝐮𝐥𝐚𝐫 de Sonia Majarín para el gol de 𝐈𝐭𝐳𝐢 𝐏𝐢𝐧𝐢𝐥𝐥𝐨𝐬
El gol no solo adelantó al FC Badalona Women en el marcador; también reforzó su plan de partido. A partir de ese momento, el conjunto visitante se sintió aún más cómodo defendiendo en bloque bajo, gestionando tiempos y seleccionando con cuidado cuándo presionar y cuándo replegar.
⚽️ 𝗚𝗢𝗢𝗢𝗟 d'Itzi! 💪🏼 Ens avancem al marcador gràcies al gol d'Itzi en rematar la centrada de Sonia Majarín des de la banda esquerra de l'atac.
Antes del descanso, Itziar Pinillos volvió a poner en jaque a la defensa local con otra acción peligrosa que obligó a Paola Ulloa a emplearse a fondo, esta vez con la ayuda del poste, para evitar el segundo tanto. La dieciséis visitante se había convertido en un auténtico quebradero de cabeza para la zaga madrileña.
⏸️ 𝗠𝗜𝗧𝗝𝗔 𝗣𝗔𝗥𝗧
⚔️ Final dels primers 45 minuts, marxem amb l'avantatge al marcador.
Tras el paso por vestuarios, el guion no cambió en esencia, pero sí en intensidad. El Madrid CFF regresó al césped consciente de que necesitaba acelerar, asumir riesgos y encontrar soluciones diferentes. El Badalona, por su parte, entendió que el partido se jugaría en la gestión emocional, en la capacidad de resistir sin perder el orden ni la concentración.
Las visitantes estuvieron cerca de ampliar la ventaja en los primeros compases del segundo tiempo. Irina Uribe probó fortuna con un lanzamiento que se perdió rozando el larguero, ante la mirada atenta de la capitana local. Minutos después, la propia Uribe volvió a aparecer con un remate peligroso que obligó a Paola Ulloa a tirar de reflejos para mantener con vida a su equipo. Cada acercamiento del Badalona era un recordatorio de que el 0-1 no garantizaba nada, pero sí premiaba la precisión.
Sánchez Vera decidió entonces mover el banquillo. La entrada de Anita Marcos por Emilie Nautnes y de Alba Ruiz por Esther Laborde buscaba dar un paso adelante, aumentar la presencia ofensiva y encontrar mayor profundidad. Los cambios aportaron energía, pero se toparon una y otra vez con una defensa visitante que se comportó como un auténtico muro. Las centrales ganaban duelos, las laterales cerraban espacios y el bloque medio trabajaba sin balón con una disciplina admirable.
Los centros al área se sucedían sin éxito. Tan solo Kamilla Melgard logró cazar un balón en el segundo palo, pero su disparo se marchó muy desviado, reflejo de la frustración creciente en las filas locales. El tiempo corría en contra del Madrid CFF, y cada minuto que pasaba reforzaba la sensación de que el Badalona tenía el partido exactamente donde quería.
En el tramo final, el encuentro ganó en nervio. Isabelle Hoekstra debutó con el equipo visitante, sumando minutos y experiencia en un contexto exigente. Paula Sánchez, recién ingresada al terreno de juego, estuvo cerca de sentenciar el duelo con un remate desde dentro del área que Paola Ulloa atrapó sin excesivos problemas, firmando otra intervención de mérito. Fue la última gran ocasión del partido.
El Madrid CFF lo intentó hasta el final, empujado más por el corazón que por la claridad, pero se encontró siempre con Antonia Canales, segura bajo palos, que cortó de raíz las últimas opciones de empate. El pitido final confirmó lo que el desarrollo del partido había ido anunciando: victoria mínima, pero de enorme valor, para el FC Badalona Women.
Con este resultado, el Madrid CFF se queda en la 7ª posición de la Liga F Moeve con 26 puntos, encajando la primera derrota de Sánchez Vera desde su llegada al banquillo. Una derrota que no borra el trabajo realizado, pero que subraya el camino que aún queda por recorrer en términos de eficacia y soluciones ofensivas ante bloques cerrados.
El Badalona Women, por su parte, consolida su crecimiento y se sitúa en mitad de tabla, ubicándose octavo con 23 puntos, manteniendo además un dato que habla de su solidez: todavía no ha encajado ningún gol en este inicio de 2026. Un equipo que compite, que cree en su plan y que ha demostrado que puede mirar de frente a cualquiera.
( Fuente: Liga F Moeve)
La Liga F Moeve avanza hacia su decimoctava jornada con la sensación de que nada está escrito, de que cada partido es un ejercicio de resistencia y convicción. Este duelo dejó claro que los detalles deciden, que el orden también gana partidos y que la temporada entra en un tramo donde cada punto pesa como oro. La expectativa ya está servida.
La historia continúa y este medio, con más de En las últimas dos semanas, el medio ha registrado 886 visualizaciones, lo que supone una media de más de 63 visitas diarias, un dato que no solo refleja crecimiento, sino constancia y fidelidad. Una cifra que cobra aún más valor si se entiende como la consecuencia directa de una labor incansable, sostenida y profundamente comprometida con el fútbol femenino desde mucho antes de que la Primera División fuese reconocida como profesional en 2022.
Años de trabajo silencioso, de cobertura diaria sin focos ni grandes recursos, de contar historias cuando todavía no generaban titulares ni métricas, y de construir un espacio informativo con rigor, memoria y convicción.
Este promedio no es un pico puntual: es el resultado de una trayectoria, de una apuesta editorial firme y de un compromiso con el crecimiento y la dignificación del fútbol femenino que se mantiene intacto jornada tras jornada.
(Fuente: Liga F Moeve)
📋 Ficha técnica |
Madrid CFF : Paola Ulloa; Melgard, Nuria Mendoza, Esther Laborde (Alba Ruiz, min. 57), Monica, Allegra Poljak; Andonova (Marina Rivas, min. 73, Ángela Sosa, Hildur Antonsdottir; Marcetto, Nautnes (Anita Marcos, min. 57) Entrenador: Sánchez Vera FC Badalona Women: Canales; Itzi, Majarin, Nerea Carmona, Barclais (Haoekstra, min. ; Llompart, Ana González, Cubedo; Julve (Lorena, min. 71), Irina (Kullashi, min 86), Banini (Paula, min. 81) Entrenador: Marc Ballester Tarjetas amarillas: Canales (min. 10), Itzi (min. 39), S. Majarín (min. 79), Llompart (min. 87), Cubedo (min. 87). Lugar: Estadio Fernando Torres Árbitra: Melissa López
Goles |
0-1 Itzi Pinillos 42’ ⚽️
Vídeo:
🔝 La asistencia de Sonia Majarín y el gol de Itzi Pinillos vale por una victoria
⬛️ José Ángel Herrera no ha perdido ni un minuto desde que asumió el mando. El nuevo técnico del Atlético de Madrid Femenino ha iniciado su etapa con una declaración de intenciones clara: presencia, análisis y mirada larga hacia la cantera. Apenas un día después de su nombramiento, el entrenador canario ya seguía de cerca el rendimiento del filial rojiblanco, evidenciando que su proyecto empieza desde la base y se construye con conocimiento del ecosistema del club.
José Ángel Herrera, el heredero de Víctor Martín Alba en el banquillo local del Centro Deportivo Alcalá de Henares se ha tomado muy en serio su nombramiento.
Menos de 24 horas después de asumir el reto de preparar al bicampeón de la Copa de la Reina, nuestros queridos compañeros del medio “Woso Promises Magazine” le han captado en las gradas del feudo colchonero junto a Amanda Sampedro, coordinadora de “La Academia”, en el encuentro de jornada dieciséis en Primera RFEF (Segunda División) que enfrentaba al Atlético de Madrid con el Real Oviedo y que finalizó con 1-1 en el luminoso.
Este documento histórico fue recogido por la fotógrafa Estefanía Lora y en él se pudo ver al ex del Granada y el Costa Adeje Tenerife tomando notas de lo que hacía el filial, donde brillan futbolistas como Daniela Miñambres, Natalia Peñalvo, Noa Ortega, ex del Barcelona, Lydia Rodríguez o una Naara Miranda que pasó por el Madrid CFF.
Natural de Santa Cruz de Tenerife es un joven de 36 años al que no le tiembla el pulso en hacer un hueco en la primera plantilla a figuras incipientes, ya que en su etapa en el Municipal de Adeje le dio la alternativa a un total de siete integrantes del equipo “B”.
El ex del Al Hilal Saudi Women Football Club agitará el avispero para intentar revertir la mala dinámica de las madrileñas en la Liga Profesional de Fútbol Femenino y todavía no descarta poder finalizar el curso en el podium de la Liga F Moeve, a pedal de que la Real Sociedad se ha escapado en 10 puntos.
⬛️ El Manchester City logró una importante victoria por 1-2 en su visita al London City Lionesses, un triunfo que le permite colocarse con nueve puntos de ventaja sobre el segundo clasificado, cuando aún restan nueve jornadas por disputarse.
London City Lionesses saltó al césped del Copperjax Community Stadium con un once de absoluta convicción, diseñado para competir de tú a tú con el gigante:
Lete (77) en la portería; línea defensiva para Fernández (2), Pattinson (3), Pérez (6) y Corrales (7); en la sala de máquinas, Asllani (9), Godfrey (14) y Roddar (16); arriba, con ambición y carácter, Goodwin (23), Sangaré (26) y Kennedy (33).
Un equipo construido para resistir, para morder y para creer que los partidos grandes también se ganan desde la personalidad colectiva.
London City Lionesses saltó al césped del Copperjax Community Stadium con un once de absoluta convicción, diseñado para competir de tú a tú con el gigante:
Lete (77) en la portería; línea defensiva para Fernández (2), Pattinson (3), Pérez (6) y Corrales (7); en la sala de máquinas, Asllani (9), Godfrey (14) y Roddar (16); arriba, con ambición y carácter, Goodwin (23), Sangaré (26) y Kennedy (33).
Un equipo construido para resistir, para morder y para creer que los partidos grandes también se ganan desde la personalidad colectiva.
(Fuente: “El Partido de Manu”)
El arranque del partido fue un ejercicio de autoridad absoluta del Manchester City. Durante los primeros diez minutos, el líder impuso su ley con una presión asfixiante en campo rival, una telaraña perfectamente sincronizada que atrapó una y otra vez los intentos del London City por salir jugando. Las locales, superadas en intensidad y ritmo, se vieron obligadas a renunciar a la elaboración corta y a recurrir de forma constante al pase largo, buscando oxígeno ante un rival que no concedía ni un segundo para pensar.
El plan del London City era claro: bloque medio, líneas muy juntas y especial atención a cerrar los carriles interiores, permitiendo cierto espacio a las centrales rivales, pero negando con firmeza cualquier progresión cómoda por dentro. Sin embargo, ese equilibrio defensivo duró poco. El City, paciente pero implacable, encontró el resquicio justo cuando el partido empezaba a asentarse.
El primer golpe llegó en el minuto 11, en una acción que condensó toda la jerarquía del conjunto mancuniano. Tras una recuperación, el balón viajó rápido hasta las botas de Vivianne Miedema, que detectó al instante el desajuste en la línea defensiva local. Su pase largo, raso y perfectamente medido encontró la carrera de Keroline, que atacó el espacio con potencia y convicción. La brasileña, ex del Madrid CFF, leyó mejor que nadie el adelantamiento defensivo del London City y, con sangre fría, superó a Lete con un disparo raso y preciso con la pierna derecha.
El gol no hizo sino agrandar la figura de las visitantes. Verse por delante antes del primer cuarto de hora reforzó su dominio y acentuó las dudas locales. Aun así, el London City tuvo un breve destello de reacción. Un buen pase de Kosovare Asllani encontró a Goodwin, que se escoró en exceso y no pudo culminar la jugada, bien contenida además por una defensa cityzen atenta y contundente.
Fue, sin embargo, un espejismo. El guion volvió rápidamente a su cauce natural: posesión prolongada y control territorial del Manchester City, frente a un London City replegado en bloque medio-bajo, tratando de sobrevivir y esperando su oportunidad al contragolpe. Y esas oportunidades llegaron. En una transición rápida, Goodwin arrancó desde el centro del campo y estuvo muy cerca de igualar el marcador, pero se topó con una intervención decisiva de Yamashita, que sostuvo a las suyas con reflejos felinos. Poco después, la propia Goodwin volvió a rozar el empate con un cabezazo potentísimo que se estrelló con violencia en el travesaño, haciendo temblar el estadio.
Ese tramo del partido parecía anunciar un posible crecimiento local, pero nunca llegó a consolidarse. El City siguió dominando con autoridad, administrando el balón con inteligencia y desactivando cualquier intento serio de presión alta del London City.
Las mancunianas salían limpias desde atrás, sin sobresaltos, y enfriaron el encuentro hasta llegar al descanso con ventaja mínima pero sensación de control total. Al término de los primeros 45 minutos, el 0-1 obligaba al equipo de Eder Maestre a asumir riesgos si quería cambiar el destino del partido.
Tras el paso por vestuarios, el choque mutó. El ritmo se aceleró, el campo se estiró y ambos equipos comenzaron a pisar área rival con mayor frecuencia. Cinco minutos después de la reanudación, el London City empezó a crecer, esta vez con balón, logrando encadenar posesiones más largas. En una de esas acciones, Corrales puso un centro raso que encontró a Asllani en buena posición, pero la sueca elevó en exceso el disparo y la ocasión se perdió entre lamentos.
Ese aviso fue el preludio de los mejores minutos de las locales. El London City comenzó a amenazar de verdad, obligando a Yamashita a multiplicarse bajo palos. La posesión se fue equilibrando y el City pasó largos minutos defendiendo en su propio campo. Durante el primer cuarto de hora de la segunda parte, el partido se jugó mayoritariamente en terreno mancuniano. Eso sí, cada salida visitante seguía siendo un recordatorio de su enorme pegada.
Pasada la hora de partido, el London City encontró al fin su recompensa. En una acción que destiló calidad y determinación, Asllani filtró un pase delicioso para Godfrey.
La atacante, con personalidad, se deshizo de su marca con una bicicleta, se acomodó el balón a la derecha y conectó un disparo violento, un auténtico zambombazo imposible para Yamashita.
El 1–1 llegó en el minuto 69, con justicia casi poética, y el estadio entró en ebullición. Quedaban veinte minutos y el partido estaba cargado de tensión, emoción y promesas de desenlace grande.
El empate espoleó todavía más a las locales. El London City vivió entonces sus mejores momentos, acumulando llegadas y transmitiendo la sensación de que podía culminar la remontada. Pero ese atrevimiento chocó con su gran pecado: la falta de pegada. Y en Inglaterra, ante un gigante como el City, los errores se pagan.
Cuando el dominio local era evidente, el Manchester City activó su instinto campeón. En el minuto 80, las visitantes despertaron y en apenas diez minutos generaron más peligro que en los 35 anteriores. Primero avisó Khadija Shaw con un potente remate de cabeza. Después, Miedema y Hemp estuvieron a punto de marcar, pero un disparo fue despejado bajo palos en una acción desesperada. El rebote cayó de nuevo a Shaw, que no perdonó. Con la pierna derecha, envió el balón al fondo de la red en el minuto 86, firmando el 1–2 definitivo y silenciando al estadio cuando el margen de reacción ya era mínimo.
A partir de ahí, el Manchester City se mostró impenetrable. Gestionó los últimos minutos con oficio, solidez y temple, desesperando a un Eder Maestre que veía cómo se escapaba un premio que había parecido posible durante muchos minutos.
Con esta victoria, el Manchester City refuerza su condición de líder indiscutible, se aleja a nueve puntos del segundo clasificado cuando aún restan nueve jornadas y da un paso gigantesco en la lucha por el campeonato. El London City Lionesses, pese a la derrota, dejó una imagen notable, especialmente en una segunda parte valiente y ambiciosa en la que puso contra las cuerdas al mejor equipo del campeonato.
Porque hay derrotas que construyen y victorias que sentencian. Y en este duelo, el City no solo ganó un partido: reafirmó su destino.
⬛️ El equipo txuri-urdin ganó por 3-0 a la SD Eibar para quedarse con el derbi guipuzcoano. Intza Eguiguren, Ane Etxezarreta, en propia puerta, y Eunate Astralaga, también en propia puerta, marcaron los tantos del cuadro donostiarra. Nerea Eizagirre fue la MVP del duelo para ampliar la ventaja por la tercera plaza.
En Zubieta no se juega solo un partido. Se pone en escena una forma de entender el fútbol, una identidad construida a base de paciencia, cantera y resistencia. La decimoséptima jornada de la Liga F propone un duelo que trasciende la clasificación: Real Sociedad y Sociedad Deportiva Eibar se citan en un enfrentamiento que es territorial, emocional y profundamente simbólico. Dos proyectos distintos, dos caminos hacia la élite, un mismo horizonte de legitimidad competitiva. Noventa minutos que no entienden de etiquetas ni presupuestos, sino de convicción. La decimoséptima jornada de la Liga F marca un punto de inflexión claro en el calendario. Superado el ecuador del campeonato, los equipos comienzan a mirarse en el espejo con mayor crudeza. Ya no hay margen para el autoengaño ni para las excusas estructurales. Cada punto empieza a tener valor doble: por lo que suma y por lo que evita que sumen los demás. En ese escenario, el duelo entre la Real Sociedad y el Eibar adquiere un significado especial. No se trata únicamente de un enfrentamiento entre dos equipos vascos. Es la colisión entre dos modelos que han sabido ganarse su espacio en la máxima categoría desde premisas distintas, pero con un denominador común: la fidelidad a una idea. La Real llega con la obligación silenciosa de mirar hacia arriba. El Eibar, con la urgencia estratégica de mirar hacia atrás sin perder la dignidad competitiva. Y entre ambos, una Liga F cada vez más exigente, más igualada en la zona media y más implacable con los errores. Hablar de la Real Sociedad femenina es hablar de continuidad. De un proyecto que no ha buscado atajos ni soluciones artificiales. Zubieta como epicentro, la cantera como columna vertebral y una progresión sostenida que ha llevado al equipo a consolidarse como uno de los conjuntos más fiables del campeonato. La Real ya no es una sorpresa. Tampoco una promesa. Es una realidad competitiva que se ha ganado el derecho a ser exigida. Y esa exigencia es, precisamente, el mayor reto de esta temporada. Llegada la jornada 17, la Real se encuentra en una posición que invita a soñar, pero también a ser prudente. El equipo ha mostrado solidez en casa, una notable capacidad para controlar los ritmos del partido y una mejora progresiva en la gestión de los finales cerrados. Sin embargo, también ha dejado entrever algunas fragilidades: dificultades para romper bloques bajos, dependencia de determinados perfiles creativos y momentos puntuales de desconexión defensiva cuando el partido se acelera. Este derbi llega, por tanto, como una prueba de madurez. No solo por el rival, sino por lo que exige el contexto: ganar cuando se espera que ganes. El campo de Zubieta no es un estadio al uso, pero se ha convertido en un espacio de identidad. Allí la Real se siente cómoda, reconocible, dominante. El césped, las dimensiones, el entorno: todo favorece un fútbol elaborado, paciente, de asociaciones cortas y presión tras pérdida. Ante el Eibar, esa condición de local debe traducirse en iniciativa desde el primer minuto. La Real sabe que el partido se jugará, en gran medida, en campo contrario. El Eibar femenino representa uno de los relatos más genuinos del fútbol femenino reciente. Un club acostumbrado a desafiar pronósticos, a convivir con presupuestos ajustados y a competir desde la organización y el compromiso colectivo. Su presencia en la Liga F no es un accidente. Es el resultado de una planificación coherente, de un vestuario convencido y de una estructura que ha sabido adaptarse a la máxima exigencia sin renunciar a su esencia. Llegados a este punto del campeonato, el Eibar vive en una zona de la clasificación que obliga a sumar con regularidad. Cada desplazamiento es una oportunidad y un riesgo. Cada partido, una final encubierta. El equipo ha demostrado que sabe sufrir. Que puede competir ante rivales superiores en teoría. Que entiende los partidos largos, los contextos incómodos y los escenarios de desgaste emocional. Ante la Real Sociedad , el Eibar no llegará a especular, pero sí a resistir. A incomodar.
A convertir el partido en algo que no favorezca al rival. Si algo define al Eibar es su sentido del bloque. Las ayudas defensivas, la solidaridad en el esfuerzo y la claridad en los roles son rasgos constantes. No hay protagonismos excesivos. No hay jerarquías impostadas. Todo se construye desde el grupo. En un derbi como este, esa mentalidad puede ser un arma poderosa. Aunque no cuenta con décadas de historia, el enfrentamiento entre Real Sociedad y Eibar femenino ha ido cargándose de significado en cada temporada. No es un derbi de odio ni de confrontación extrema. Es un derbi de afirmación. Para la Real, supone reafirmar su estatus. Para el Eibar, demostrar que pertenece a este nivel. Para el fútbol vasco femenino, una oportunidad de visibilizar su crecimiento, su diversidad y su capacidad competitiva. Cada duelo entre ambos deja imágenes de intensidad, respeto y compromiso. Y eso, en sí mismo, ya es una victoria para la competición. La Real buscará monopolizar la posesión. Construcción desde atrás, laterales con recorrido, interiores que interpreten bien los espacios y una delantera móvil que permita generar superioridades entre líneas. La clave estará en la velocidad de circulación. Si el balón se mueve con fluidez, el Eibar sufrirá. Si el ritmo es previsible, el bloque armero se sentirá cómodo. Especial atención al juego por bandas, donde la Real suele encontrar profundidad y centros al segundo palo. El Eibar planteará un bloque medio-bajo, compacto, con líneas juntas y vigilancias constantes. El objetivo no será robar alto, sino cerrar pasillos interiores y forzar a la Real a jugar por fuera. En transición, el equipo buscará ataques rápidos, directos, sin demasiadas elaboraciones. Cada salida será oro.
Después de habernos mudado temporalmente a Inglaterra para vivir la emoción de la Barclays Women Super League entre el London City y el Manchester City Women que terminó 1-2, no nos podíamos perder la habitual cita dominical con TEN TV para narrar lo que sucediera en el Estadio de Zubieta entre la Real Sociedad de Fútbol y la Sociedad Deportiva Eibar que estuvo, al más puro estilo vasco, pasado por agua.
🔥 Real Sociedad de Fútbol 🆚 Sociedad Deportiva Eibar 🔥
🗓️ Sábado, 24 de enero de 2026
⏰ 12:00 horario peninsular
📺 TEN TV
🏟️ Estadio de Zubieta, San Sebastián
El fútbol, cuando es derbi, nunca empieza con el pitido inicial. Empieza mucho antes. Empieza en la piel, en la memoria compartida, en la manera en la que un estadio se prepara para latir distinto. Y así ocurrió en Zubieta, donde la Real Sociedad y el Eibar se reencontraron en un nuevo capítulo del derbi guipuzcoano femenino, un partido que no entiende de clasificaciones cuando el balón empieza a rodar, pero que sí sabe de símbolos, de identidad y de pertenencia.
Antes incluso de que la pelota se colocara en el centro del campo, el encuentro ya estaba cargado de significado. Cecilia Marcos, una de esas futbolistas que representan la continuidad silenciosa de un proyecto, recibió una camiseta conmemorativa por sus 100 partidos defendiendo la elástica txuri-urdin. No fue un gesto protocolario más. Fue un reconocimiento a la constancia, al compromiso sostenido en el tiempo, a esa clase de futbolistas que no siempre ocupan titulares, pero sin las cuales no se entiende el crecimiento de un club. Cecilia recibió el aplauso sincero de su gente, de quienes la han visto crecer, caer y volver a levantarse con la misma camiseta puesta.
Y acto seguido, el estadio guardó silencio. Un silencio profundo, respetuoso, de esos que pesan más que cualquier ruido. Un minuto de silencio en memoria de las víctimas de los accidentes ferroviarios, que convirtió el fútbol en lo que también sabe ser: un espacio común para el duelo, la memoria y la humanidad compartida. En ese instante, el derbi dejó de ser derbi. Fue comunidad. Fue respeto. Fue vida recordando a la ausencia.
Con ese clima emocional, con esa carga simbólica previa, comenzó el partido. Y la Real Sociedad, dirigida por Arturo Ruiz, salió al césped como quien sabe que un derbi no se juega, se impone. Desde el primer minuto, las donostiarras mostraron una versión dominante, madura, consciente de su momento competitivo y de su posición en la tabla. Control del esférico, circulación paciente, amplitud por bandas y una presión alta que asfixiaba cualquier intento de salida limpia del Eibar.
Las txuri-urdin no tenían prisa, pero sí intención. Y cuando un equipo junta esas dos virtudes, el partido suele inclinarse de su lado.
El Eibar, dirigido por Iñaki Goikoetxea, trataba de resistir, de encontrar oxígeno en cada recuperación, de sostenerse desde el orden defensivo y la solidaridad colectiva. Pero el ritmo impuesto por la Real era alto, y el balón siempre parecía volver a los pies locales tras cada intento armero de sacudirse la presión.
A los diecisiete minutos, el partido encontró su primer punto de inflexión. Una acción que resumió a la perfección lo que estaba siendo el encuentro. Nerea Eizagirre, la futbolista que entiende el juego con un segundo de ventaja sobre el resto, levantó la cabeza y vio lo que otras no ven. Un envío largo, medido, quirúrgico, encontró la carrera de Intza Eguiguren. La extremo controló con la naturalidad de quien sabe exactamente qué hacer antes incluso de recibir. Un solo toque. Eso fue todo lo que necesitó para superar a Eunate Astralaga y mandar el balón al fondo de la red para abrir la lata al firmar el 1–0 que hizo estallar de júbilo al respetable.
No fue un gol de rabia ni de potencia. Fue un gol de lectura, de sincronía, de precisión. De esos goles que nacen en la pizarra, pero se ejecutan con alma. Intza celebró con rabia contenida, consciente de lo que significa marcar en un derbi, consciente de que esos goles se recuerdan distinto.
La Real Sociedad, lejos de conformarse, olió la sangre. El segundo pudo llegar apenas unos minutos después en una jugada prácticamente calcada. De nuevo el espacio a la espalda, de nuevo la ruptura, de nuevo la sensación de que el Eibar sufría cada balón largo como si fuera una amenaza existencial. Lucía Pardo, muy activa en el frente de ataque, tuvo el 2-0 en sus botas, pero esta vez Eunate Astralaga respondió con una intervención decisiva, enviando el balón a saque de esquina y sosteniendo a su equipo en el partido.
La guardameta armera empezaba a convertirse en una de las protagonistas involuntarias del encuentro. Porque cuando un portero acumula intervenciones en un derbi, suele ser síntoma de que algo no va del todo bien delante.
Aún así, el Eibar resistía. Con sufrimiento, sí, pero aguantaba estoicamente bajo la lluvia.
La Real seguía insistiendo, encontrando espacios entre líneas, cargando el área con determinación. Y de nuevo Lucía Pardo, la ex del Madrid CFF, estuvo a punto de ampliar la ventaja con un disparo desde dentro del área que parecía condenado al gol. Pero Carla Andrés, en un gesto defensivo de puro instinto, sacó el balón bajo la misma línea de gol, evitando que el marcador reflejara ya una diferencia mayor.
Ese tipo de acciones también construyen partidos y construyen relatos.
El descanso llegó con el 1-0 en el marcador, pero con la sensación de que la Real había sido claramente superior. Sin embargo, el fútbol —y más aún un derbi— rara vez responde a sensaciones. Responde a momentos. Y el Eibar salió en la segunda mitad con la intención de crear el suyo.
Las armeras dieron un paso adelante tras el paso por vestuarios. Ajustaron líneas, apretaron un poco más arriba y comenzaron a disputar los duelos con mayor agresividad. El partido se equilibró durante algunos minutos, y el Eibar encontró su mejor ocasión en una acción que nació de la presión. Carmen Álvarez robó un balón a Nahia Aparicio y puso un centro tenso al segundo palo. Arene Altonaga no llegó a conectar el remate, pero sí lo hizo Laura Camino. El disparo de la futbolista cántabra se marchó fuera, pero fue un aviso. Un recordatorio de que el partido seguía vivo.
La Real respondió como responden los equipos grandes: sin precipitarse. Mantuvo su estructura, su plan, su confianza. Y cuando el Eibar empezó a mostrar signos de desgaste, volvió a golpear.
Emma Ramírez tuvo el segundo en una acción bien trabajada, pero de nuevo Eunate Astralaga apareció para sostener a las suyas. La portera estaba firmando un partido de mucho mérito, manteniendo a su equipo con opciones a pesar de la superioridad rival.
Pero el fútbol, a veces, es cruel. Y otras veces, simplemente es fútbol.En una acción aparentemente inofensiva, Emma Ramírez, lateral del conjunto donostiarra, fue clave al meter un centro raso al área. Ane Etxezarreta, al intentar despejar, no pudo evitar que el balón se introdujera en su propia portería, dando pié a un autogol en el minuto 79 del duelo que era el 2–0 y ponía todo de cara para las locales.
No hay peor golpe en un derbi que ese. Porque no es solo encajar un gol. Es encajarlo de esa manera. Es sentir que todo el esfuerzo previo se diluye en un instante desafortunado.
La Real Sociedad ponía tierra de por medio con el dos a cero y el partido salvo milagro, comenzaba a decidirse.
Iñaki Goikoetxea movió el banquillo. Dio entrada a Iara Lacosta, buscando una chispa, una épica tardía, algo que reenganchara emocionalmente al Eibar al encuentro. Pero las locales supieron gestionar los últimos minutos con inteligencia, con oficio, con la calma de quien sabe que tiene el partido donde quiere.
Y aún hubo tiempo para más. A falta de dos minutos para el final, un centro de Cecilia Marcos —sí, la misma que había sido homenajeada antes del partido— se le escapó de las manos a Eunate Astralaga. La guardameta no consiguió atrapar el balón y la pelota terminó en el fondo de la red para celebrar el 3–0 ya sobre el 88 y nos dejó una imagen de impacto en la que la guardameta visitante se rompió la camiseta llena de impotencia y emuló a Hulk.
El fútbol tiene estas ironías. Cecilia cerraba el partido con una acción decisiva en el día de sus 100 partidos. El círculo se completaba.
El Eibar lo intentó en el tramo final, más con orgullo que con opciones reales. Pero no hubo tiempo para más. El pitido final certificó la victoria de la Real Sociedad, que se llevó el derbi guipuzcoano con autoridad, con fútbol y con una lectura madura del encuentro.
Las de Arturo Ruiz festejaron por todo lo alto el hecho de que cada vez son un equipo más candidato a jugar en Europa el próximo año, acumula ya 37 unidades en su casillero particular por culpa de once victorias y dejan a la Sociedad Deportiva Eibar en una situación frágil al caer hasta la decimotercera posición en el torneo de la regularidad con 17 puntos.
Las armeras piensan revertir la situación el próximo fin de semana al jugar nuevamente a domicilio contra el Badalona Women.
(Fuente: Liga F Moeve)
📋 Ficha técnica |
Real Sociedad de Fútbol: Julia Arrula, Lucía, Apari, Moraza, Aiara, P. Fernández (E. Guridi, min. 83), Cahynová, Intza (Cecilia, min. 83), N. Eizagirre (cap.) (Florentino, min. 83), L. Pardo (Emma, min. 60) y Lavogez (Mirari, min. 76).
SD Eibar: Astralaga, L. Camino, Etxezarreta (Patri Ojeda, min. 87), A. Belem, Carla, Garazi (Elena Valej, min. 87), Sara M., Altonaga (cap.) (Iribarren, min. 69), Adela, E. Moreno (Iara, min. 80) y Carmen Á. (O. Clement, min. 69).
Árbitra: Ainara Acevedo. Ha amonestado a la local Lavogez y a la visitante Sara Martín con tarjeta amarilla.
Incidencias: Partido entre la Real Sociedad de Fútbol y la Sociedad Deportiva Eibar que se corresponde con la decimoséptima jornada de la Liga Profesional de Fútbol Femenino que se ha celebrado en el Estadio de Zubieta sobre una superficie de hierba natural.
🟫 El conjunto perico y el tinerfeño se repartieron los puntos (0-0) en la Ciudad Deportiva Dani Jarque. Sakina Ouzraoui fue la MVP del encuentro. Las locales suman su sexta portería a 0 del curso para mantenerse en la décima posición, mientras que, el cuadro canario se sitúa cuarto clasificado en la tabla.
El Costa Adeje Tenerife Egatesa no se explica desde un nombre propio ni desde una cifra aislada.
Se explica desde una manera de competir que ha ido tomando forma con el paso de las jornadas, desde una identidad reconocible que hoy lo sostiene en la parte alta de la clasificación y que lo ha convertido, por méritos propios, en uno de los proyectos más sólidos y fiables de la Liga F Moeve. La cuarta posición en la tabla, con solo dos derrotas encajadas hasta el momento, no es una casualidad ni un espejismo de calendario: es la consecuencia directa de un modelo que crece desde lo colectivo, que se alimenta del compromiso de todas y que encuentra en el grupo su principal fortaleza.
Hay equipos que viven de una futbolista diferencial y otros que se construyen desde la suma constante. El Costa Adeje Tenerife Egatesa pertenece, sin matices, a este segundo grupo. Un equipo que no depende de una sola goleadora, que no se resiente cuando una pieza cae y que ha logrado convertir la rotación en virtud, el banquillo en impulso y la competencia interna en un motor que no se detiene. Basta con un dato para entender la magnitud de ese trabajo coral: catorce futbolistas distintas han visto portería esta temporada en Liga F Moeve —quince si se suma el gol de Cinta Rodríguez en Copa de la Reina—, una cifra solo al alcance del FC Barcelona y que refleja mejor que cualquier discurso la riqueza ofensiva del conjunto blanquiazul.
Ese reparto de responsabilidades no diluye liderazgos, los redefine. En ese contexto emerge con fuerza la figura de Natalia Ramos, tinerfeña, centrocampista con llegada, futbolista que ha dado un paso al frente en términos ofensivos sin perder un ápice de su rigor competitivo. Cinco goles en Liga F Moeve la convierten en la máxima realizadora del equipo, empatada con Carlota Suárez, hoy ausente por una lesión de larga duración, y su impacto va mucho más allá de las cifras. Natalia representa esa evolución silenciosa que no se mide solo en estadísticas, sino en lectura de juego, en llegada desde segunda línea y en la capacidad de interpretar cuándo el equipo necesita pausa y cuándo necesita colmillo.
“Nos caracteriza que todas estamos aportando”, resumía la propia Natalia con naturalidad, casi como si describiera una evidencia. “Esa competitividad es clave para seguir avanzando. El míster nos pide que las jugadoras que entran desde el banquillo intenten cambiar los partidos y aportar el máximo al grupo, y el otro día se vio reflejado”. No hay frases vacías en ese mensaje: hay una idea de equipo asumida, interiorizada, trabajada día a día. Y cuando la futbolista añade que “las que están dentro siempre necesitan esa ayuda”, está dibujando con precisión el retrato de un vestuario que entiende el fútbol como una construcción común.
Ese carácter colectivo se refleja también en nombres como Iratxe, otra tinerfeña que vive una temporada especial, marcada por la emoción y por la recompensa al trabajo constante. Dos goles en la competición, uno de ellos en un escenario tan simbólico como el Heliodoro Rodríguez López, donde se estrenó como goleadora en Liga F en una jornada cargada de significado. “Todos saben lo que significa para mí el Heliodoro”, confesaba tras el partido, consciente de que hay goles que valen más por lo que representan que por lo que suman. Aportar desde el banquillo, responder cuando el cuerpo técnico lo demanda y hacerlo en casa, en un estadio que forma parte de la memoria colectiva del fútbol tinerfeño, es una manera de reivindicar el valor de las futbolistas que nunca bajan los brazos.
El Espanyol de Sara Monforte valora muy positivamente su desempeño en este difícil choque y seguirá ubicado en la décima mejor posición de la élite y buscará volver a triunfar delante del Athletic Club en Lezema en el que será el partido en abierto de TEN TV .
Iratxe lo explicaba con una claridad que habla de la cultura interna del grupo: “Durante toda la semana trabajamos todas como si fuéramos a jugar desde el minuto uno. Es fundamental que las jugadoras que entramos después estemos a la altura de lo que determina el cuerpo técnico”. Y cuando aborda el tema de las goleadoras, vuelve a aparecer la palabra clave: sumar. “Da igual quién marque. Nos alegramos muchísimo por quien hace el gol porque eso es lo realmente importante para el grupo”. No es un discurso aprendido, es una convicción compartida.
El banquillo, precisamente, se ha convertido en una de las grandes armas del Costa Adeje Tenerife Egatesa. No como recurso de emergencia, sino como parte estructural del plan. Jugadoras como Koko Ange, que vio portería saliendo desde la suplencia, o Violeta Quiles, decisiva con dos asistencias en el último encuentro, ejemplifican ese nivel competitivo que no decae con los cambios. Cada relevo mantiene la intensidad, respeta el plan de partido y aporta matices distintos sin romper la armonía del conjunto.
A todo ello se suma una solidez defensiva que nace, de nuevo, del trabajo colectivo. Defender no es una tarea exclusiva de la última línea, sino una responsabilidad compartida que empieza en la presión alta y termina en la seguridad bajo palos. Yerai Martín ha construido un sistema en el que todas entienden cuándo apretar, cuándo temporizar y cuándo cerrar espacios, y el resultado es un equipo difícil de superar. Trece goles encajados convierten al Costa Adeje Tenerife Egatesa en el tercer conjunto menos goleado del campeonato, solo por detrás del FC Barcelona y el Real Madrid, una cifra que habla de regularidad, concentración y compromiso.
En la portería, Nay Cáceres y Noelia Ramos se alternan la titularidad con un rendimiento sobresaliente, ofreciendo garantías plenas y elevando el nivel competitivo interno. No hay jerarquías inamovibles, hay meritocracia. Y esa competencia sana se traslada al resto del campo, donde cada futbolista, tenga más o menos minutos, se siente parte imprescindible del engranaje.
Con ese bagaje llegaba el conjunto tinerfeño a la Ciudad Deportiva Dani Jarque, en una mañana fría de Barcelona y con la ambición intacta. El empate sin goles ante el RCD Espanyol dejó una sensación agridulce, porque el punto suma, pero el juego y las ocasiones invitaban a algo más. Desde el inicio, el Costa Adeje mostró su intención de controlar el partido. A los cuatro minutos, una jugada coral desembocó en Sakina Ouzraoui, que tras una acción individual de calidad generó la primera ocasión clara del encuentro. Era el aviso de un equipo que se sentía cómodo con balón y que imponía su ritmo.
El dominio visitante se fue consolidando con el paso de los minutos. Natalia Ramos probó fortuna a balón parado, Clau Blanco lo intentó desde la distancia y el Espanyol resistía, buscando hacer daño en acciones aisladas. En el minuto 24, un agarrón dentro del área sobre Patri Gavira desató las protestas del banquillo tinerfeño, que solicitó la revisión en el FVS. La colegiada Elena Peláez consideró que no había infracción suficiente y el juego continuó, alimentando la sensación de frustración en un equipo que había hecho méritos para adelantarse.
El conjunto local trató de equilibrar el choque a balón parado, especialmente en un saque de esquina bien ejecutado por Lucía Vallejo que no encontró rematadora por centímetros. A pesar de la intensidad y del control alterno en determinadas fases, el descanso llegó con el 0-0 inicial y con todo por decidir.
El Costa Adeje sabía que la jornada ofrecía una oportunidad. La derrota del Atlético de Madrid por 5-0 ante el FC Barcelona abría una ventana para consolidar posiciones y seguir mirando hacia arriba. El segundo tiempo arrancó sin cambios y con la misma tónica. En el minuto 64 llegó la acción más controvertida del partido: Sakina Ouzraoui anotó de cabeza, pero el gol fue anulado por un supuesto fuera de juego de Clau Blanco al inicio de la jugada, una decisión difícil de entender y que encendió aún más los ánimos.
Yerai Martín movió el banquillo dando entrada a Koko Ange y Violeta Quiles para ganar velocidad y profundidad. Las ocasiones se sucedieron. Sakina volvió a probar de falta directa y Cinta Rodríguez se encontró con el palo en una acción que pudo cambiar el signo del encuentro. El Espanyol también vio cómo se le anulaba un gol por fuera de juego en el tramo final, esta vez correctamente señalado, en un desenlace marcado por las interrupciones y la tensión.
El pitido final dejó el 0-0 en el marcador y la sensación de que el Costa Adeje Tenerife Egatesa había hecho lo suficiente para algo más. Un punto que sabe a poco por el esfuerzo y las ocasiones, pero que refuerza la idea de un equipo competitivo en cualquier escenario.
Tras este empate, el Costa Adeje Tenerife Egatesa se mantiene en la cuarta posición de la Liga F Moeve, consolidado en la zona alta y reafirmando su condición de proyecto sólido, coral y ambicioso. El RCD Espanyol, por su parte, suma un punto que le permite seguir peleando en la zona media de la tabla, valorando la solidez defensiva mostrada ante uno de los equipos más en forma del campeonato.
Porque al final, más allá de resultados concretos, lo que define al Costa Adeje Tenerife Egatesa es su manera de competir. Un equipo en mayúsculas, construido desde el trabajo diario, donde el talento individual se pone siempre al servicio del grupo y donde cada futbolista, juegue el tiempo que juegue, entiende que forma parte de algo más grande. Y eso, en una liga cada vez más exigente, es una de las mayores garantías de futuro.
Este reparto de puntos en Barcelona es un paso atrás para el representativo canario en su esperanza por alcanzar la tercera plaza que da acceso a la fase previa de la Copa de Europa el próximo curso y se mantiene cuarto con 29 unidades en su poder, solo dos por encima del Atlético de Madrid y su síguete parada le llevará a jugar ante un rival directo por este objetivo como es la Real Sociedad en el Heliodoro Rodríguez López.
(Fuente: Costa Adeje Tenerife Egatesa)
📋 Ficha técnica |
Espanyol:Salvador, Simona, L. Vallejo, Ainoa (C), Del Álamo, Baudet, Ona (P. Arana 69’), Ballesté, Torrodá, Doménech y A. Doménech (Browne 69’). Costa Adeje Tenerife Egatesa: Noelia Ramos, Cinta R., Moreno (V. Quiles 77’), S. Ouzraoui (Iratxe 88’), Aleksandra, S. Castelló, Ramos, Clau Blanco; Elba; Patri Gavira (C) y Gramaglia (Koko Ange 68’) Goles: No hay goles. Árbitra: Elena Peláez asistida por Adriana García y Estefanía Benito. Amonestaron a las locales Ainoa, Caracas, Domenech y Ballesté y a las visitantes Cinta Rodríguez
Incidencias: Decimoséptima jornada de Liga F Moeve, disputado en la Ciudad Deportiva Dani Jarque sobre una superficie de hierba natural .
La noticia irrumpe como un relámpago en mitad del calendario internacional, con la fuerza de los anuncios que no solo informan, sino que marcan territorio, fijan memoria y anticipan historia. La selección española femenina de fútbol regresará a la acción competitiva el próximo 3 de marzo, y lo hará en Castellón, frente a Islandia, en un encuentro correspondiente a la clasificación para el Mundial femenino de 2027.
Un partido que no es uno más. Un duelo que no es una simple fecha subrayada en rojo. Es una declaración de intenciones. Y es, también, el fruto del periodismo bien ejercido, del que persigue, contrasta y comunica con rigor y pasión. Así lo adelantó Andrea Peláez, periodista zamorana, voz autorizada del fútbol femenino en España, profesional que lleva años narrando esta revolución desde dentro, sin ruido, sin atajos y con una credibilidad que hoy resulta incontestable.
España vuelve a competir. España vuelve a casa. España vuelve a mirar al futuro con la convicción de quien ya no pide permiso para estar entre las grandes, sino que exige respeto por derecho propio. Castellón será el escenario de un nuevo capítulo de una selección que ha aprendido a convivir con la excelencia, con la presión y con la responsabilidad de representar no solo a un equipo, sino a toda una generación de futbolistas que han cambiado la historia del deporte español. El choque ante Islandia se enmarca en el camino hacia el Mundial de 2027, una cita que ya se vislumbra en el horizonte como el siguiente gran reto de una selección que ha conquistado Europa, que ha alcanzado la cima del fútbol mundial y que ahora se enfrenta al desafío más complejo de todos: sostener la grandeza.
Islandia no es un rival cualquiera. Nunca lo ha sido. Es una selección forjada en la resistencia, en el orden, en la disciplina táctica y en una identidad competitiva que la ha convertido en un adversario incómodo para cualquiera. Cada enfrentamiento con el combinado islandés exige precisión, madurez y una lectura profunda del partido. España lo sabe. El cuerpo técnico lo sabe. Las futbolistas lo saben. Y la afición, cada vez más formada y exigente, también lo sabe. Por eso este partido no se presenta como un trámite, sino como una prueba de carácter, una oportunidad para reafirmar principios y una ocasión para seguir construyendo una narrativa que ya es patrimonio colectivo del deporte español.
El valor simbólico de Castellón como sede no es menor. El fútbol femenino internacional vuelve a desplegarse lejos de los grandes focos habituales, acercándose al territorio, a la afición de proximidad, a la España que ha acompañado este proceso desde la base, desde los campos modestos, desde las gradas humildes que hoy se llenan con orgullo. Cada partido de la selección femenina en suelo español es un acto de justicia histórica, un reconocimiento a quienes creyeron cuando creer era un ejercicio de fe. Castellón acogerá a una selección que ya no sorprende, que ya no irrumpe, que permanece.
En este contexto, el anuncio del partido adquiere una dimensión especial al estar firmado informativamente por Andrea Peláez, una de las periodistas que mejor ha entendido, explicado y dignificado el crecimiento del fútbol femenino en España. Su nombre no es casual en esta historia. No es accesorio. Es estructural. Andrea Peláez representa a una generación de profesionales que no llegaron al fútbol femenino por oportunidad, sino por convicción. Periodista formada, rigurosa, con una voz reconocible y una mirada profunda, ha sabido construir un relato que combina información, análisis y sensibilidad sin caer jamás en la condescendencia ni en el ruido superficial.
Desde Zamora, desde una tierra históricamente ajena a los grandes focos mediáticos, Andrea Peláez ha demostrado que el periodismo deportivo no depende del código postal, sino del compromiso, del trabajo diario y de una ética profesional innegociable. Su trayectoria es la de quien ha estado cuando no había cámaras, cuando las audiencias eran residuales y cuando contar estas historias requería algo más que micrófonos: requería creer. Hoy, cuando el fútbol femenino ocupa portadas, parrillas y debates, su figura se alza como una referencia respetada por clubes, jugadoras, federaciones y audiencias.
Que sea su firma la que anticipe este España–Islandia no es solo una noticia; es una constatación. Andrea Peláez no informa desde fuera: forma parte del ecosistema. Su trabajo ha contribuido a normalizar, a prestigiar y a elevar el relato del fútbol femenino a la categoría que siempre mereció. En un entorno mediático a menudo dominado por la urgencia y el titular fácil, su periodismo apuesta por el contexto, por la memoria y por el respeto a las protagonistas. Y eso, en un deporte que ha tenido que luchar contra el olvido, es un valor incalculable.
El partido del 3 de marzo será también un punto de encuentro entre generaciones. Las campeonas consolidadas, las líderes silenciosas, las jóvenes que empujan con fuerza y las que sueñan desde la grada compartirán un mismo escenario. Cada convocatoria, cada alineación y cada minuto sobre el césped forma parte de un proceso que va mucho más allá del resultado inmediato. España ya no compite solo para ganar partidos: compite para dejar legado.
La clasificación para el Mundial de 2027 exige regularidad, ambición y una lectura inteligente de cada ventana internacional.
No hay margen para la complacencia. Cada partido cuenta. Cada gol suma. Cada detalle importa. En ese contexto, Islandia aparece como una prueba de fuego temprana, una oportunidad para medir el pulso competitivo del equipo y para seguir afinando automatismos en un ciclo que apenas comienza a escribirse.
La expectación es máxima. La afición responde. Los medios especializados analizan. Y el fútbol femenino español sigue avanzando, consciente de que cada paso es observado, celebrado y también exigido. Este partido no es un punto de llegada, sino una estación más en un viaje que aún promete emociones, desafíos y conquistas.
Y en medio de todo ello, el periodismo cumple su función esencial: contar lo que ocurre, explicar por qué ocurre y otorgar sentido a lo que está por venir. Andrea Peláez encarna esa misión con una naturalidad que solo poseen quienes entienden su oficio como un servicio público. Su nombre, asociado a esta noticia, no es solo una firma: es una garantía.
El 3 de marzo de 2025 , Castellón será fútbol. Será la selección. Será clasificación mundialista. Será memoria y futuro.
🇪🇸Y por cierto, según sabemos en COPE, el partido que hoy ha anunciado Louzán que jugará la Selección Española femenina en Castalia será el de la J1 de Clasificación para el Mundial 2027:
Y será, también, una nueva prueba de que el fútbol femenino español ya no necesita reivindicarse: se narra, se analiza y se celebra como lo que es: élite, historia y presente.
En Zubieta no se juega solo un partido. Se pone en escena una forma de entender el fútbol, una identidad construida a base de paciencia, cantera y resistencia. La decimoséptima jornada de la Liga F propone un duelo que trasciende la clasificación: Real Sociedad y Sociedad Deportiva Eibar se citan en un enfrentamiento que es territorial, emocional y profundamente simbólico. Dos proyectos distintos, dos caminos hacia la élite, un mismo horizonte de legitimidad competitiva. Noventa minutos que no entienden de etiquetas ni presupuestos, sino de convicción.
La decimoséptima jornada de la Liga F marca un punto de inflexión claro en el calendario. Superado el ecuador del campeonato, los equipos comienzan a mirarse en el espejo con mayor crudeza. Ya no hay margen para el autoengaño ni para las excusas estructurales. Cada punto empieza a tener valor doble: por lo que suma y por lo que evita que sumen los demás.
En ese escenario, el duelo entre la Real Sociedad y el Eibar adquiere un significado especial. No se trata únicamente de un enfrentamiento entre dos equipos vascos. Es la colisión entre dos modelos que han sabido ganarse su espacio en la máxima categoría desde premisas distintas, pero con un denominador común: la fidelidad a una idea.
La Real llega con la obligación silenciosa de mirar hacia arriba. El Eibar, con la urgencia estratégica de mirar hacia atrás sin perder la dignidad competitiva. Y entre ambos, una Liga F cada vez más exigente, más igualada en la zona media y más implacable con los errores.
Hablar de la Real Sociedad femenina es hablar de continuidad. De un proyecto que no ha buscado atajos ni soluciones artificiales. Zubieta como epicentro, la cantera como columna vertebral y una progresión sostenida que ha llevado al equipo a consolidarse como uno de los conjuntos más fiables del campeonato.
La Real ya no es una sorpresa. Tampoco una promesa. Es una realidad competitiva que se ha ganado el derecho a ser exigida. Y esa exigencia es, precisamente, el mayor reto de esta temporada.
Llegada la jornada 17, la Real se encuentra en una posición que invita a soñar, pero también a ser prudente. El equipo ha mostrado solidez en casa, una notable capacidad para controlar los ritmos del partido y una mejora progresiva en la gestión de los finales cerrados.
Sin embargo, también ha dejado entrever algunas fragilidades: dificultades para romper bloques bajos, dependencia de determinados perfiles creativos y momentos puntuales de desconexión defensiva cuando el partido se acelera.
Este derbi llega, por tanto, como una prueba de madurez. No solo por el rival, sino por lo que exige el contexto: ganar cuando se espera que ganes.
El campo de Zubieta no es un estadio al uso, pero se ha convertido en un espacio de identidad. Allí la Real se siente cómoda, reconocible, dominante. El césped, las dimensiones, el entorno: todo favorece un fútbol elaborado, paciente, de asociaciones cortas y presión tras pérdida.
Ante el Eibar, esa condición de local debe traducirse en iniciativa desde el primer minuto. La Real sabe que el partido se jugará, en gran medida, en campo contrario.
El Eibar femenino representa uno de los relatos más genuinos del fútbol femenino reciente. Un club acostumbrado a desafiar pronósticos, a convivir con presupuestos ajustados y a competir desde la organización y el compromiso colectivo.
Su presencia en la Liga F no es un accidente. Es el resultado de una planificación coherente, de un vestuario convencido y de una estructura que ha sabido adaptarse a la máxima exigencia sin renunciar a su esencia.
Llegados a este punto del campeonato, el Eibar vive en una zona de la clasificación que obliga a sumar con regularidad. Cada desplazamiento es una oportunidad y un riesgo. Cada partido, una final encubierta.
El equipo ha demostrado que sabe sufrir. Que puede competir ante rivales superiores en teoría. Que entiende los partidos largos, los contextos incómodos y los escenarios de desgaste emocional.
Ante la Real, el Eibar no llegará a especular, pero sí a resistir. A incomodar. A convertir el partido en algo que no favorezca al rival.
Si algo define al Eibar es su sentido del bloque. Las ayudas defensivas, la solidaridad en el esfuerzo y la claridad en los roles son rasgos constantes. No hay protagonismos excesivos. No hay jerarquías impostadas. Todo se construye desde el grupo.
En un derbi como este, esa mentalidad puede ser un arma poderosa.
Aunque no cuenta con décadas de historia, el enfrentamiento entre Real Sociedad y Eibar femenino ha ido cargándose de significado en cada temporada. No es un derbi de odio ni de confrontación extrema. Es un derbi de afirmación.
Para la Real, supone reafirmar su estatus. Para el Eibar, demostrar que pertenece a este nivel. Para el fútbol vasco femenino, una oportunidad de visibilizar su crecimiento, su diversidad y su capacidad competitiva.
Cada duelo entre ambos deja imágenes de intensidad, respeto y compromiso. Y eso, en sí mismo, ya es una victoria para la competición.
La Real buscará monopolizar la posesión. Construcción desde atrás, laterales con recorrido, interiores que interpreten bien los espacios y una delantera móvil que permita generar superioridades entre líneas.
La clave estará en la velocidad de circulación. Si el balón se mueve con fluidez, el Eibar sufrirá. Si el ritmo es previsible, el bloque armero se sentirá cómodo.
Especial atención al juego por bandas, donde la Real suele encontrar profundidad y centros al segundo palo.
El Eibar planteará un bloque medio-bajo, compacto, con líneas juntas y vigilancias constantes. El objetivo no será robar alto, sino cerrar pasillos interiores y forzar a la Real a jugar por fuera.
En transición, el equipo buscará ataques rápidos, directos, sin demasiadas elaboraciones. Cada salida será oro.
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🏆 Liga F Moeve
😍 Temporada 2025-2026
🔥 Real Sociedad de Fútbol 🆚 Sociedad Deportiva Eibar 🔥
La historia del Real Madrid Femenino lo es la epopeya de una paradoja moderna: un club que nació con la promesa implícita de la victoria, con el peso simbólico del escudo más ganador del mundo del fútbol, y que sin embargo vive atrapado en una espera que ya no puede explicarse con la juventud del proyecto, ni con la herencia recibida, ni siquiera con la comparación constante con el Barcelona; es una espera que se ha transformado en un relato propio, incómodo y persistente, una sucesión de finales perdidas, de partidos que definen épocas y que siempre acaban del mismo modo, con el Real Madrid mirando al cielo, preguntándose qué falta, por qué nunca alcanza, por qué cuando el título está a noventa minutos —o a una tanda de penaltis— el tiempo se le vuelve en contra.
Han pasado dos años y ocho meses desde aquel 27 de mayo de 2023 en el que el Real Madrid Femenino tuvo el trofeo de la Copa de la Reina al alcance de la mano y lo dejó escapar ante el Atlético de Madrid, su rival capitalino, en una final que condensó como pocas la esencia de este equipo: talento evidente, momentos de dominio, ventajas mal gestionadas y un desenlace cruel en la tanda de penaltis.
Aquella noche, en la que el Atlético levantó el título y el Real Madrid volvió a quedarse en la orilla, no fue solo una derrota; fue el inicio de una narrativa que, lejos de cerrarse con el paso del tiempo, se ha ido agravando con cada nueva oportunidad perdida.
Desde entonces, el reloj no se ha detenido. El club ha cambiado piezas, ha ajustado el proyecto, ha invertido más, ha proclamado ambición y ha reiterado su compromiso con la sección femenina.
Y, sin embargo, el resultado final sigue siendo el mismo. En 2025, la Supercopa de España volvió a colocar al Real Madrid ante un escenario de máxima exigencia, esta vez frente al Barcelona, el gran antagonista de su historia reciente, el espejo incómodo en el que siempre se refleja. La derrota en aquella final no fue solo una derrota deportiva; fue la confirmación de una jerarquía que el Real Madrid no ha logrado romper, un recordatorio de que competir no es lo mismo que ganar, y de que la distancia entre ambos clubes no se mide solo en presupuestos o en nombres propios, sino en cultura competitiva, en convicción y en una idea clara de cómo se ganan los partidos que definen títulos.
Y cuando parecía que el tiempo, al menos, podía traer una revancha simbólica, llegó Castellón en 2026. De nuevo la Supercopa.
De nuevo una final. De nuevo el Real Madrid con la oportunidad de reescribir su historia. Y de nuevo la derrota, esta vez por 0-2, seca, concluyente, sin el dramatismo de los penaltis pero con una contundencia aún más dolorosa, porque dejó la sensación de que el equipo ni siquiera había llegado a rozar el control emocional y futbolístico que exigen este tipo de citas. Castellón no fue una tragedia puntual; fue la confirmación de una tendencia.
¿Por qué el Real Madrid Femenino es incapaz de ganar un título? La pregunta, formulada así, resulta incómoda, casi provocadora, pero ya no puede esquivarse. No se trata de una sequía puntual ni de una mala racha. Se trata de un patrón. Y los patrones, en el fútbol de alto nivel, siempre tienen causas profundas.
La primera es cultural. El Real Madrid masculino se ha construido históricamente desde la épica, desde la remontada, desde la mística del último minuto, desde la fe inquebrantable en que el escudo, por sí solo, inclina el destino. El Real Madrid Femenino, en cambio, ha nacido en un ecosistema completamente distinto, donde la épica no se hereda: se construye.
Y esa construcción requiere tiempo, memoria colectiva, referentes históricos y una narrativa compartida que todavía no existe. El problema es que el club ha intentado acelerar ese proceso desde la estructura, sin que la cultura competitiva haya madurado al mismo ritmo.
El segundo factor es identitario. El Real Madrid Femenino aún no tiene un estilo reconocible que lo sostenga en los momentos límite.
No hay una forma clara de jugar que actúe como refugio cuando la presión aprieta. En las finales, cuando el partido entra en fases de caos, de tensión, de error mínimo, el equipo no se agarra a una identidad sólida, sino que fluctúa, se fragmenta, duda. Y en el fútbol de élite, dudar es perder.
El tercer factor es psicológico. Las finales se juegan antes de saltar al campo. Y el Real Madrid Femenino llega a ellas con un lastre acumulado: la memoria de la Copa de la Reina de 2023, la derrota ante el Barcelona en la Supercopa de 2025, la caída en Castellón en 2026. Cada final perdida se convierte en una cicatriz que condiciona la siguiente. No es una cuestión de miedo, es una cuestión de carga emocional. El equipo no juega solo contra el rival; juega contra su propio pasado reciente.
Existe también una dimensión estructural que rara vez se aborda con honestidad: el Real Madrid no ha decidido aún qué quiere ser en el fútbol femenino. Quiere competir, pero sin romper el mercado. Quiere ganar, pero sin asumir riesgos desproporcionados. Quiere crecer, pero sin acelerar procesos.
Esa indefinición estratégica se traduce en un proyecto que avanza, sí, pero sin la contundencia que exige la élite. En un contexto donde otros clubes han entendido que el éxito requiere decisiones radicales, el Real Madrid ha optado por la evolución gradual y la evolución gradual rara vez gana finales.
La comparación con el Fútbol Club Barcelona es inevitable, pero también injusta si se hace en términos puramente económicos. El Barcelona no solo ha invertido; ha construido una cultura, una identidad, una estructura formativa y una continuidad técnica que el Real Madrid no tiene.
El Atlético de Madrid, por su parte, ha demostrado algo igual de valioso: saber competir en finales, incluso cuando no parte como favorito. El Real Madrid, en cambio, sigue siendo un equipo que llega a las finales, pero no las gobierna.
La derrota en la Copa de la Reina de 2023 fue una oportunidad histórica perdida. Dos años y ocho meses después, sigue siendo el símbolo fundacional del fracaso competitivo del proyecto. La Supercopa de 2025 ante el Barcelona consolidó la jerarquía ajena. Castellón 2026 certificó que el problema no era circunstancial, sino estructural.
Lo más grave no es perder. Lo verdaderamente grave es normalizar la derrota. Y el entorno del Real Madrid empieza, peligrosamente, a asumir que llegar a la final ya es suficiente.
Ese es el umbral psicológico que separa a los grandes proyectos de los proyectos ganadores. Los equipos que ganan títulos no celebran finales; celebran trofeos. Los equipos que no los ganan convierten las finales en su techo simbólico.
El Real Madrid vive exactamente ahí: en el techo de la final. Siempre cerca. Siempre presente. Siempre competitivo. Nunca campeón.
La paradoja es cruel: el club que más títulos ha ganado en la historia del fútbol vive, en su sección femenina, la experiencia contraria. La espera. La frustración. La sensación de que el tiempo pasa y la historia no arranca. La idea de que el proyecto crece, pero el palmarés no.
Y el tiempo, en el deporte de élite, no es neutro. Dos años y ocho meses pueden parecer poco en términos históricos, pero son una eternidad en términos deportivos cuando se encadenan finales perdidas. Cada temporada sin título refuerza la narrativa del “todavía no”. Cada derrota alimenta el relato del “algún día”. Y los proyectos que viven del “algún día” suelen quedarse atrapados en él.
El Real Madrid Femenino no está lejos de ganar un título. Pero tampoco está cerca. Está en ese espacio intermedio que es el más peligroso de todos: el de los equipos que compiten sin dominar, que ilusionan sin culminar, que prometen sin concretar.
Ese espacio donde se construyen las frustraciones largas, no las derrotas puntuales.
Castellón 2026 no es solo una final perdida. Es un espejo. Y el reflejo es claro: mientras el club no transforme su cultura competitiva, su identidad futbolística y su ambición estructural, seguirá llegando a finales sin ganarlas. Seguirá acumulando relatos sin trofeos. Seguirá escribiendo historias sin finales felices.
El Real Madrid no compite en el vacío; compite en un ecosistema global que ha cambiado radicalmente en menos de una década. Mientras que algunos clubes europeos han entendido que el éxito sostenido requiere paciencia estratégica, inversión inteligente y construcción cultural, el Madrid parece atrapado en un dilema moderno: quiere ganar rápido y a la vez construir lentamente. Esa tensión entre urgencia y planificación se traduce en finales que se pierden por detalles mínimos, en penaltis fallados, en goles encajados cuando la concentración debería ser absoluta. El talento está ahí: jugadoras de élite, internacionales consolidadas y promesas jóvenes que podrían ser decisivas en cualquier otro club. Sin embargo, el talento aislado nunca ha sido suficiente para ganar finales, y menos aún cuando el entorno psicológico y táctico no está alineado con la exigencia de la cita.
La comparación con clubes de élite europeos revela aún más el reto del Real Madrid. En Inglaterra, el Chelsea y el Arsenal han invertido en continuidad de proyectos técnicos, en identidad de juego y en mentalidad de campeón, y sus resultados se reflejan en títulos nacionales e internacionales. En Alemania, el Wolfsburgo y el Bayern Múnich construyen estructuras que combinan cantera, plantilla profesional y estabilidad de entrenador, generando equipos capaces de decidir partidos con autoridad. En Francia, el Lyon ha consolidado una cultura de victoria que va mucho más allá de la individualidad de sus futbolistas. Frente a estos modelos, el Real Madrid Femenino aún parece un proyecto en construcción: llega a finales, pelea, emociona, pero no domina ni impone. Y en el fútbol femenino de élite, no dominar es perder.
Cada derrota reciente del Real Madrid se convierte, además, en una lección que debe ser interpretada con rigor, y sin embargo el patrón se repite.
La Copa de la Reina de 2023 ante el Atlético de Madrid, la Supercopa de España 2025 contra el Barcelona y la Supercopa 2026 en Castellón contra un rival que supo imponerse con claridad muestran una constante: el Madrid llega con capacidad, con ilusión y con recursos, pero no consigue traducir esa ventaja relativa en resultado. En cada uno de estos partidos, el problema no fue técnico, sino estratégico y psicológico: cómo sostener la ventaja, cómo gestionar la presión, cómo imponer una narrativa propia en un contexto donde todos los elementos externos —afición, rival, historia— presionan simultáneamente.
La psicología de las finales es otro factor clave. Los equipos campeones internalizan que una final no se juega únicamente en el campo, sino también en la mente. Cada pase, cada balón dividido, cada decisión arbitral es un examen, y solo los que dominan la dimensión emocional logran convertir esa presión en ventaja. El Real Madrid Femenino, hasta ahora, ha mostrado fragilidad en esa área. Los penaltis fallados ante el Atlético en 2023, el colapso parcial frente al Barcelona en 2025 y la incapacidad de controlar Castellón 2026 son síntomas de que el aprendizaje no se ha consolidado. Dos años y ocho meses después de la primera final perdida, el club sigue pagando el precio de la presión acumulada y la falta de mentalidad ganadora instalada en su ADN competitivo.
Pero no todo es desesperanza. La evidencia de que el talento existe, de que la plantilla tiene calidad, de que la estructura está en crecimiento, indica que el Real Madrid Femenino aún puede reescribir su historia. La clave será transformar estas lecciones dolorosas en cambios profundos: consolidar una identidad futbolística clara que sea innegociable en los momentos de tensión, asumir decisiones de mercado valientes que refuercen la jerarquía dentro del equipo, y construir una cultura que enseñe a ganar cuando importa. Hasta ahora, cada final perdida ha sido un espejo que refleja lo que falta; la oportunidad de futuro será convertir ese espejo en una guía.
El desafío de transformar potencial en títulos es también un desafío de narrativa. Mientras el entorno mediático y los aficionados recuerden solo las finales perdidas, la presión sobre el equipo se intensifica. La sección femenina del Real Madrid no solo compite por trofeos; compite por redefinir lo que significa portar el escudo en un contexto donde la historia reciente no le sonríe. Cada partido decisivo se convierte en una prueba de identidad, en un examen de capacidad para trascender la frustración histórica. Y esa es, quizás, la prueba más difícil de todas: ganar no solo a rivales, sino también al peso simbólico de la propia historia del club.
Castellón 2026 confirma que el reto no es solo técnico. El 2-0 ante un rival que impuso su narrativa demuestra que el Madrid todavía carece de consistencia en los momentos decisivos.
La memoria de las derrotas pasadas pesa más que la energía de las nuevas oportunidades, y la presión acumulada puede bloquear incluso el talento más evidente. Los dos años y ocho meses transcurridos desde la final de la Copa de la Reina de 2023 han servido para acumular experiencia, pero no para consolidar un proyecto ganador. Cada nueva temporada ofrece la posibilidad de redimir esas derrotas, pero el tiempo no se detiene; la historia continúa escribiéndose y la espera se convierte en un elemento definitorio de la narrativa del club.
La transformación necesaria es profunda. No basta con cambiar jugadoras o entrenadores; se requiere una redefinición estratégica que combine inversión, identidad, cultura y psicología. Ganar títulos exige más que talento individual; exige un engranaje colectivo que funcione incluso bajo presión extrema. Hasta que eso ocurra, el Real Madrid Femenino seguirá siendo un gigante atrapado en la frontera entre competir y ganar, entre soñar y levantar un trofeo.
El relato del Real Madrid Femenino es la historia de un club que no sabe cómo cerrar finales, que acumula penaltis fallados, goles encajados y oportunidades desperdiciadas. Dos años y ocho meses después de la final de la Copa de la Reina de 2023, la narrativa sigue siendo dolorosamente la misma: llega, pelea, emociona, pero no gana. La sección femenina ha alcanzado alturas en cuanto a visibilidad, profesionalización y talento, pero la esencia de la victoria sigue escapando, recordando a todos que en el fútbol femenino de élite, competir no es suficiente. Ganar es la única medida definitiva.
Mientras los líderes del club, las jugadoras y los entrenadores analicen estas derrotas, el verdadero desafío será no repetir los errores de la historia reciente. Castellón 2026 debe ser leído no solo como un marcador adverso, sino como un llamado urgente a la transformación. El Real Madrid Femenino tiene todo para cambiar su destino, pero el tiempo corre y la paciencia del escudo no es infinita. Cada nueva final es una oportunidad para reescribir la historia, y el club deberá decidir si aprende de las derrotas o sigue atrapado en la narrativa de la espera eterna. proyecto incompleto por casualidad; su estructura y evolución reflejan las complejidades de un club que intenta crecer rápidamente en un ecosistema ya maduro.
Mientras otros clubes europeos han construido secciones femeninas con décadas de identidad y éxito acumulado, el Madrid ha iniciado su camino hace relativamente poco tiempo, incorporando al equipo del Club Deportivo Tacón en 2020 y elevándolo al estatus de primer equipo bajo el escudo más reconocido del mundo.
Esa incorporación fue estratégica y necesaria, pero implicó asumir un proyecto en construcción, con carencias de cultura interna y de continuidad táctica que solo pueden corregirse a largo plazo. La paradoja es que, pese a todo el talento individual y a los recursos disponibles, los resultados no se reflejan en títulos: la memoria de las finales perdidas, la presión mediática y la comparación constante con los rivales consolidan un patrón que parece perpetuarse.
La cantera, que en otros clubes actúa como base de identidad y sostenibilidad, aún no ha dado frutos decisivos en el Real Madrid Femenino.
La sección juvenil tiene talento, pero la integración de jugadoras jóvenes en momentos de máxima exigencia es limitada y no siempre acompañada de un proceso de maduración que permita sostener la presión de finales. En clubes como Lyon, Wolfsburgo o Chelsea, la transición entre categorías inferiores y primer equipo está perfectamente estructurada: las jugadoras crecen con la cultura de la victoria incorporada, con una mentalidad competitiva que no se fractura en los momentos decisivos. En el Real Madrid, en cambio, la cantera aún no ha generado líderes capaces de asumir la responsabilidad en finales, y la sección femenina depende en exceso de la experiencia de fichajes externos.
Esa dependencia crea desequilibrios en la identidad del equipo: talento, sí, pero cohesión limitada, liderazgo emergente sin consolidar y una narrativa colectiva que todavía no domina los momentos críticos.
La comparación europea es demoledora en términos de estrategia y resultados. En Inglaterra, Chelsea, Arsenal y Manchester City han construido proyectos sostenibles, con entrenadores que permanecen años, con plantillas reforzadas con precisión y con academias que funcionan como motores de identidad y competitividad.
En Alemania, Wolfsburgo y Bayern de Múnich combinan experiencia, juventud y continuidad táctica para garantizar que cada final no sea una sorpresa, sino un escenario donde la planificación se traduce en victoria. En Francia, el Lyon ha demostrado que la cultura de éxito no depende únicamente del talento, sino de un proyecto integral que controla todos los elementos del club: planificación, cantera, fichajes, mentalidad y estilo de juego. Frente a estos ejemplos, el Real Madrid Femenino sigue siendo un proyecto en crecimiento: capaz de llegar a finales, pero aún incapaz de dominarlas y de consolidarse como vencedor.
Las finales perdidas se han convertido en un patrón claro. La Copa de la Reina 2023 frente al Atlético de Madrid mostró que el Madrid tiene capacidad para competir, pero no para controlar la narrativa del partido. Los penaltis fallados no fueron un accidente; fueron consecuencia de una preparación psicológica insuficiente y de una incapacidad para asumir la presión máxima. La Supercopa de España 2025 frente al Barcelona evidenció lo mismo: talento y esfuerzo, sí, pero falta de control, de liderazgo y de identidad táctica para sostener la ventaja.
Y Castellón 2026 confirmó la tendencia: 0-2 frente a un rival sólido, capaz de imponer su narrativa, mientras el Madrid volvía a quedar atrapado en la dinámica de reacción en lugar de acción. Dos años y ocho meses después de la primera gran final perdida, el patrón sigue intacto.
El aspecto psicológico es clave. Las jugadoras del Real Madrid Femenino no solo juegan contra rivales, sino contra la memoria de derrotas recientes. Cada penalti fallado, cada partido perdido en los últimos minutos, cada final en la que el título se escapa alimenta un peso emocional que condiciona la actuación. Los equipos campeones no solo dominan en el campo; dominan la mente. Cada pase, cada decisión, cada acción está permeada por la convicción de que el resultado se puede controlar. El Madrid aún carece de esa fortaleza mental colectiva, y mientras no la desarrolle, las finales seguirán siendo obstáculos insalvables.
Pero no todo es desesperanza. La plantilla tiene potencial, la estructura está creciendo, los recursos son abundantes y la visibilidad del proyecto es máxima. Esto significa que la posibilidad de cambiar la narrativa existe. Para lograrlo, el club debe consolidar un estilo de juego claro, asumir decisiones estratégicas audaces en el mercado, reforzar el liderazgo interno y, sobre todo, entrenar la resiliencia mental de sus jugadoras para que los partidos decisivos dejen de ser una carga emocional. La historia reciente —Copa de la Reina 2023, Supercopa 2025, Castellón 2026— debe servir como espejo y como guía, no como condena.
El tiempo sigue corriendo, y los dos años y ocho meses transcurridos desde la final de 2023 son un recordatorio de que la espera ya no puede prolongarse indefinidamente. Cada nueva final será, inevitablemente, comparada con las derrotas anteriores. Cada oportunidad perdida refuerza la narrativa del “todavía no” y de la eterna espera de un título que confirme que el proyecto ha alcanzado la madurez necesaria. Pero cada nueva oportunidad también es un reto, un examen de aprendizaje y de capacidad de transformación. Castellón 2026, con su derrota por 0-2, no debe ser un final; debe ser un punto de inflexión.
El Real Madrid Femenino está en un momento de bifurcación histórica. Puede seguir acumulando finales perdidas y perpetuar la narrativa de la espera, o puede transformar el dolor de la derrota en motor de cambio. La clave está en consolidar un proyecto integral: identidad de juego, planificación estratégica, mentalidad de campeón, liderazgo interno y gestión eficaz de la cantera. Hasta que eso ocurra, el patrón seguirá repitiéndose: llegar a finales, emocionar, luchar, y no ganar. La historia reciente demuestra que el talento y la inversión no son suficientes. La victoria requiere algo más profundo: cultura, coherencia y resiliencia.
El relato del Real Madrid Femenino es, por tanto, la historia de un gigante que aún no ha aprendido a cerrar finales, que acumula frustraciones en lugar de títulos, y que se enfrenta a un reto histórico: transformar el potencial en éxito tangible. Dos años y ocho meses después de la Copa de la Reina 2023, las finales siguen llegando y las oportunidades continúan, pero la lección es clara: solo un proyecto integral, audaz y decidido podrá romper la maldición de la espera y convertir al Real Madrid Femenino en un club campeón. Cada partido decisivo es una oportunidad de redención, y el tiempo corre con implacable exigencia.
La historia del Real Madrid Femenino en finales recientes no se entiende sin analizar a sus rivales, porque cada derrota refleja no solo limitaciones propias, sino la capacidad de los adversarios para imponerse con claridad. En la Copa de la Reina 2023, el Atlético de Madrid no fue un rival cualquiera: su experiencia en finales y su capacidad para gestionar la presión convirtió la tanda de penaltis en un desafío psicológico imposible de superar para el Madrid. Los números hablan por sí mismos: el Real Madrid falló dos penaltis cruciales —Olga Carmona y Teresa Abelleira— mientras que Lola Gallardo, portera atlética, detuvo dos de los tres lanzamientos, construyendo la base de una victoria épica para su club. Esa final marcó un punto de inflexión: el Madrid había competido, había dominado fases del juego, pero cuando la tensión alcanzó su punto máximo, el resultado se decidió fuera del campo de juego, en la mente y en los nervios de las jugadoras.
La Supercopa de España 2025 frente al Barcelona consolidó un patrón diferente pero igualmente doloroso. El Barcelona no solo contaba con una plantilla de élite y con experiencia acumulada en competiciones internacionales, sino que su identidad futbolística estaba claramente definida: presión alta, juego colectivo, aprovechamiento de los espacios y control emocional en los momentos decisivos. El Real Madrid, por el contrario, mostró fases de brillantez individual, pero careció de consistencia táctica y mental, dejando que la narrativa del partido fuera dictada por el rival. El resultado no fue un accidente: fue la consecuencia de la incapacidad de sostener ventajas, de controlar la ansiedad y de imponer un plan que resistiera la presión de la final.
Castellón 2026, con la derrota por 0-2, confirmó la tendencia. A diferencia de la Copa de 2023, esta vez el partido no llegó a la tanda de penaltis; el resultado fue más concluyente, reflejo de un equipo rival que supo imponer su juego y aprovechar los errores del Madrid. Este marcador evidencia algo crucial: el problema del Real Madrid no es solo la presión de los momentos críticos, sino también la falta de capacidad para sostener la intensidad, la concentración y la organización durante todo el partido. Dos años y ocho meses después de aquella primera final perdida, el patrón sigue siendo el mismo: talento, recursos y oportunidades, pero incapacidad para convertirlos en trofeos.
Los penaltis fallados se convierten en un símbolo de esta fragilidad. Cada lanzamiento errado es una metáfora de la tensión acumulada, del aprendizaje incompleto y de la presión histórica que pesa sobre el club. No se trata de casualidad ni de mala suerte: los penaltis reflejan preparación, carácter y mentalidad competitiva, y en este terreno, el Madrid ha mostrado vulnerabilidad repetida.
La lectura estratégica de esos errores podría transformar la narrativa si se aplican cambios concretos: entrenamiento psicológico intensivo, refuerzo de liderazgo en el vestuario, y simulación de situaciones de máxima presión durante la temporada. Sin intervención decidida, las finales futuras podrían seguir reproduciendo la misma secuencia dolorosa.
En cuanto a la proyección de títulos, el panorama es mixto pero con oportunidades claras. El Real Madrid Femenino tiene recursos financieros, visibilidad y acceso a talento de primer nivel.
La clave será convertir esas ventajas en coherencia competitiva. Si el club consolida un proyecto estratégico integral, define su identidad de juego y fortalece la resiliencia psicológica de sus jugadoras, es posible proyectar que en los próximos tres a cinco años pueda romper el patrón de finales perdidas y conquistar su primer gran título. Pero la ventana de oportunidad no es infinita: la competencia europea y nacional sigue creciendo, y cada año sin título aumenta la presión y complica la gestión de expectativas internas y externas.
Más allá de las estadísticas y los resultados, existe un componente cultural que condiciona al Real Madrid Femenino: la comparación constante con la sección masculina, que ha ganado todo lo imaginable. Esa presión simbólica es un arma de doble filo.
Por un lado, inspira y da recursos; por otro, genera expectativas que el proyecto femenino aún no puede cumplir de manera sostenida. Dos años y ocho meses después de la Copa de 2023, el Madrid sigue siendo un gigante que impresiona, que emociona, pero que no levanta trofeos. Cada final perdida refuerza esta narrativa y aumenta la urgencia de una transformación profunda y sostenida.
El desafío estratégico es claro: consolidar un estilo de juego definido, garantizar continuidad técnica en el cuerpo técnico, formar líderes en la plantilla, integrar la cantera de manera efectiva y entrenar la resiliencia psicológica para que los momentos de máxima presión no se conviertan en un muro insalvable.
Castellón 2026 debe leerse no como un fracaso aislado, sino como un llamado a la acción urgente. La narrativa de la espera eterna solo terminará cuando estos cambios se materialicen y el Real Madrid Femenino logre no solo competir, sino ganar cuando importa.
En la perspectiva europea, la sección femenina del Madrid todavía está en una fase de consolidación. Comparado con rivales como Barcelona, Lyon, Wolfsburgo o Chelsea, el proyecto es joven, pero tiene todos los recursos para crecer. La pregunta es si la dirección del club y las jugadoras sabrán internalizar las lecciones de finales recientes y traducirlas en victorias tangibles. Cada nueva final será un examen, cada derrota un espejo de lo que falta, y cada oportunidad ganada un cambio radical en la narrativa histórica del club.
La historia reciente demuestra que el talento y los recursos no bastan; ganar títulos exige coherencia, cultura competitiva, liderazgo y fortaleza mental. El Real Madrid Femenino lo tiene todo para transformar su historia, pero el tiempo corre, la competencia aumenta y la espera ya es larga. Dos años y ocho meses después de aquella Copa de la Reina de 2023, la narrativa se mantiene, pero la oportunidad de cambio es tangible y urgente. Solo un proyecto integral, decidido y bien ejecutado puede romper el patrón de finales perdidas y convertir al Real Madrid Femenino en un club campeón, capaz de transformar la ilusión en trofeos y la espera en victoria.
El Real Madrid Femenino sigue siendo un gigante con pies de barro, un club que ha alcanzado la élite, que emociona y que compite como pocos, pero que aún no ha aprendido a levantar un trofeo cuando todo está en juego. Dos años y ocho meses después de aquella final de la Copa de la Reina de 2023 ante el Atlético de Madrid, la historia reciente —Supercopa de España 2025 ante el Barcelona, Supercopa 2026 en Castellón— confirma un patrón doloroso: finales alcanzadas, oportunidades desaprovechadas, ilusión que no se traduce en títulos. Cada derrota refleja no solo fallos tácticos o errores individuales, sino la falta de consolidación de un proyecto integral que combine identidad, liderazgo, resiliencia y cultura de victoria.
🔥 Ahora sí: arranca el 𝗰𝗮𝗹𝗲𝗻𝘁𝗮𝗺𝗶𝗲𝗻𝘁𝗼 y la cuenta atrás.
Pero la grandeza del Real Madrid no se mide solo por los trofeos, sino por la capacidad de aprender del fracaso, de transformar la presión en determinación y de convertir la historia de la espera en una narrativa de conquista. La sección femenina tiene todas las herramientas para romper el patrón: talento, recursos, visibilidad y la motivación de un escudo que no permite mediocridad. El desafío es monumental, porque ganar no es un accidente ni una casualidad; es el resultado de coherencia, estrategia, mentalidad y capacidad de imponer tu narrativa incluso bajo la máxima presión.
🥊 ¡𝗘𝗻𝗳𝗿𝗲𝗻𝘁𝗲!
En su segunda pelea seguida por el títulooo… Y buscando estrenar el palmarés del cluuub…
El tiempo sigue corriendo, y cada nueva final será una prueba de todo lo aprendido. Castellón 2026 es un recordatorio de lo que falta, no un epitafio. La pregunta ya no es si el Real Madrid Femenino puede ganar, sino cuándo logrará transformar la ilusión y el potencial en títulos que queden para la historia. Porque el club tiene la obligación histórica y simbólica de convertir la espera en victoria, de demostrar que incluso los gigantes pueden aprender a sostenerse en la cima, de que la gloria no es solo un recuerdo del pasado masculino, sino un horizonte alcanzable en femenino.
Y cuando eso ocurra, cada derrota, cada penalti fallado y cada final perdida dejará de ser una cicatriz y se convertirá en la antesala de la grandeza definitiva.
El Real Madrid Femenino está a un paso de la transformación; depende de su capacidad para aprender de la historia, para consolidar su proyecto y para convertir la épica en trofeos. Dos años y ocho meses después de aquel 27 de mayo de 2023, la espera continúa, pero la esperanza nunca ha sido más tangible.
La victoria, finalmente, aguarda al gigante que ha aprendido a levantarse de cada caída, pues por todos es sabido que Florentino Pérez prometió abrir el Estadio Santiago Bernabéu cuando su sección femenina conquiste un trofeo