Categoría: Fútbol Europeo |

  • Reportaje | Eva Navarro es la perla de Yecla

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ La internacional española en categoría absoluta es campeona del Mundial de 2023 y dos veces ganadora de la Nations League.

    (Fuente: RFEF)

    Eva Navarro siempre ha sido una jugadora especial. Con un regate endiablado y un gran centro, entiende el juego y además tiene gol, unas características que la hacen única.

    (Fuente: Real Madrid)

    Eva María Navarro García nació en Yecla el 27 de enero de 2001 y, aunque el tiempo y la élite se hayan encargado de pulir su nombre hasta dejarlo en “Eva Navarro”, hay algo que no ha cambiado desde el primer día: la sensación de que cada vez que acelera con el balón pegado al pie está pasando algo importante. Hoy es jugadora del Real Madrid, internacional absoluta con España desde 2019, campeona del mundo en 2023, campeona de Europa y del mundo en categoría sub-17, campeona de la Copa de la Reina con el Atlético de Madrid en 2023 y, desde ahora, una de las protagonistas de la gran final de la Supercopa de España Iberdrola 2026, a la que el Real Madrid se ha clasificado tras imponerse por 3-1 al Atlético de Madrid en Castellón en una semifinal cargada de simbolismo para ella. Pero para entender a Eva Navarro hay que ir mucho más atrás, a una carrera que no ha sido lineal, que ha convivido con la precocidad, con las expectativas desmedidas y con dos lesiones de ligamento cruzado que habrían detenido a muchas futbolistas y que, sin embargo, no han conseguido apagar su fútbol.

    Eva empezó jugando fútbol sala en Yecla, en el A.D. Albatros, un detalle que explica muchas cosas de su manera de relacionarse con el balón. El control orientado en espacios reducidos, la naturalidad para jugar de espaldas, la capacidad para girarse en un palmo y salir lanzada hacia adelante no son casualidad. Antes de llegar al fútbol federado pasó por equipos de empresa y más tarde por el Pinoso, donde estuvo tres temporadas y empezó a dejar claro que su talento iba muy por delante de su edad. En 2015 dio el salto al Sporting Plaza Argel y debutó en la temporada 2015-16 en Segunda División. Tenía apenas 14 años y ya competía contra jugadoras adultas, algo que marcaría su carrera desde muy pronto: Eva siempre ha jugado contra rivales mayores, más fuertes y más experimentadas, y eso la obligó a aprender rápido, a decidir rápido y a asumir responsabilidades antes de tiempo.

    En la temporada 2016-2017 pasó a formar parte del primer equipo del Sporting Plaza Argel. Aquel curso terminó con el campeonato de su grupo y una presencia en el play-off de ascenso que se truncó ante el Madrid Club de Fútbol Femenino. Un año después, en la 2017-18, la historia se repitió: campeonas de grupo y eliminación en el play-off, esta vez frente al Málaga CF.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Al finalizar esa temporada ya se hablaba de Eva Navarro como una de las grandes joyas del fútbol español. El Real Madrid, que aún no tenía sección femenina pero ya planificaba su desembarco, intentó su fichaje, aunque la operación se frustró por su inclusión en la lista de compensación por derechos formativos del Convenio Colectivo. Aquello, que podría haber sido un paso decisivo en su carrera, se pospuso varios años, aunque el destino terminaría llevándola a Chamartín más adelante.

    En 2018 fichó por el Levante UD y debutó en Primera División, un salto enorme para una futbolista que aún no había cumplido los 18 años. Su estreno llegó el 9 de septiembre de 2018 ante el Rayo Vallecano. En su primera temporada disputó 22 partidos, la mayoría como suplente, y marcó un único gol, pero un gol con carga simbólica: fue en el derbi valenciano disputado en Mestalla el 22 de abril de 2019, un escenario que no estaba al alcance de cualquiera y que para Eva supuso una presentación en sociedad a gran escala. Aquel Levante fue tercero en Liga y en la Copa de la Reina cayó en cuartos de final ante el Sevilla en la tanda de penaltis. Más allá de los números, lo importante fue la sensación de progresión constante y la confirmación de que podía competir en la élite. Su rendimiento le abrió la puerta de la selección absoluta, con la que debutaría ese mismo año.

    La temporada 2019-2020 fue, hasta ese momento, la mejor de su carrera a nivel de cifras. Marcó ocho goles en veinte partidos antes de que la competición se detuviera por la pandemia de la Covid-19. El Levante volvió a terminar tercero en Liga, cayó en octavos de Copa ante el Sevilla y fue eliminado en semifinales de la Supercopa por la Real Sociedad. Eva ya no era solo una promesa: era una realidad ofensiva, una jugadora capaz de marcar diferencias desde la banda, de atacar el espacio, de finalizar y de asistir. En la 2020-21 el Levante alcanzó la final de la Supercopa. Eva fue protagonista en la semifinal ante el EDF Logroño, dando el pase de la muerte en el primer gol y marcando el segundo en la victoria. En la final cayeron ante el Atlético de Madrid, pero su crecimiento parecía imparable. Hasta marzo de 2021.

    En ese mes sufrió la rotura del ligamento cruzado anterior. Había jugado 17 partidos y marcado tres goles cuando la lesión la apartó del campo durante meses. El Levante, que terminaría tercero de nuevo y se clasificaría para la Liga de Campeones, decidió renovarle el contrato a pesar de la gravedad de la lesión, una muestra de confianza en su talento y en su capacidad de recuperación. El equipo alcanzó la final de la Copa de la Reina, que perdió ante el FC Barcelona, con Eva todavía en proceso de rehabilitación. Regresó a los terrenos de juego en octubre de 2021, pero la mala fortuna volvió a golpearla en diciembre, cuando, tras disputar siete partidos, sufrió una recaída que la dejó de nuevo fuera de combate. Aquella segunda lesión fue un golpe durísimo. Tras cuatro temporadas en el club granota, acumuló 70 partidos y 14 goles, y el Levante terminó la Liga en sexta posición. Eva, mientras tanto, afrontaba el reto más complicado de su carrera: volver otra vez.

    En 2022 fichó por el Atlético de Madrid. El anuncio de su llegada vino acompañado de una descripción que la retrataba bien: velocidad, habilidad con el balón, uno contra uno, capacidad para jugar en cualquiera de las bandas. Llegaba tras un año sin jugar, con muchas dudas externas y con la necesidad de sentirse futbolista de nuevo. Su debut se produjo el 4 de diciembre de 2022 ante el Valencia CF, entrando desde el banquillo por Hanna Lundkvist en una victoria por 0-1.

    A partir de ahí empezó a ganar peso en el equipo, primero con Óscar Fernández y después con Manolo Cano. Marcó dos goles ante el Villarreal y otro ante el Sevilla, y la afición la eligió como mejor jugadora del equipo en enero de 2023, un reconocimiento que hablaba tanto de su rendimiento como de la conexión emocional con la grada tras todo lo vivido.

    La temporada 2023-2024 fue la de su consolidación en el Atlético. Fue titular, tuvo una buena primera vuelta y, aunque su impacto disminuyó en la segunda, terminó siendo decisiva. El equipo cayó en semifinales de la Supercopa en enero y vivió un mes de febrero complicado, con malos resultados en Liga que lo alejaron de los puestos de cabeza.

    Tras la eliminación copera y un nuevo tropiezo liguero, Manolo Cano fue destituido y el segundo entrenador, Arturo Ruiz, asumió el cargo. El Atlético encadenó varias victorias y logró el objetivo de clasificarse para la Liga de Campeones al terminar tercero. Eva marcó un gol decisivo en la penúltima jornada y fue la máxima asistente del equipo, con ocho pases de gol, un dato que refleja su evolución hacia una futbolista más completa, menos obsesionada con el gol y más influyente en el juego colectivo.

    Paralelamente, su trayectoria con la selección española ha sido tan extensa como brillante. Debutó con la sub-17 con solo 15 años en el Europeo de 2016, participando como suplente ante Alemania y sumando minutos ante Italia.

    España terminó subcampeona tras caer en los penaltis ante Alemania. En el Mundial sub-17 de 2016 debutó como suplente ante Jordania, fue titular ante Nueva Zelanda y marcó su primer gol saliendo desde el banquillo contra México. Volvió a marcar en cuartos ante Alemania y fue elegida mejor jugadora del partido por el tercer puesto, en el que abrió el marcador y dio una asistencia ante Venezuela para lograr la medalla de bronce.

    En el Europeo sub-17 de 2017 fue una de las jugadoras clave. Asistió en la Ronda Élite, marcó en la fase final, volvió a sufrir una derrota en los penaltis ante Alemania en la final y se clasificó para el Mundial de ese mismo año. En 2018 alcanzó el cénit en la categoría: marcó goles, dio asistencias, fue decisiva en semifinales y firmó dos goles en la final ante Alemania para proclamarse campeona de Europa. Fue incluida en el Equipo del Torneo, terminó como segunda máxima goleadora y uno de sus goles fue elegido posteriormente como el tercer mejor de la temporada por la UEFA.

    Ese mismo verano debutó con la sub-20 en el Mundial de 2018. Asistió ante Paraguay, fue alternando titularidades y suplencias y disputó la final ante Japón, que España perdió por 3-1. También participó en el Mundial sub-17 de Uruguay, donde capitaneó a la selección y fue campeona del mundo.

    Marcó, asistió, lideró desde el brazalete y volvió a demostrar una madurez impropia de su edad.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    En 2019 debutó con la sub-19 y fue importante en la clasificación para el Europeo. Ese mismo año, el 17 de mayo, debutó con la selección absoluta en un amistoso ante Camerún, sustituyendo a Alba Redondo. Desde entonces su camino con la absoluta ha estado marcado por la intermitencia, condicionada por las lesiones, pero también por momentos clave. Marcó en partidos de clasificación, volvió tras largas recuperaciones y, en 2023, regresó a una convocatoria absoluta a pocos meses del Mundial tras rendir a buen nivel con el Atlético de Madrid.

    Fue incluida en la lista definitiva para el Mundial de Australia y Nueva Zelanda. No jugó el primer partido, debutó en el segundo ante Zambia y dio dos asistencias que ayudaron a sellar el liderato del grupo. Tuvo minutos en octavos, cuartos y semifinales, y aunque no jugó la final, formó parte del grupo que conquistó el primer Mundial de la historia del fútbol femenino español. Un título que resume bien su carrera: no siempre en el foco, pero siempre sumando.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Ahora, ya como jugadora del Real Madrid, Eva Navarro afronta una nueva etapa. El club blanco ha logrado la clasificación para la gran final de la Supercopa de España Iberdrola 2026 tras vencer por 3-1 al Atlético de Madrid en Castellón, un partido con una fuerte carga emocional para ella, enfrentándose a su pasado reciente. Eva llega a esa final como una futbolista más madura, más completa y con una comprensión del juego mucho más profunda que la de aquella adolescente que deslumbraba en Segunda División.

    El scouting de Eva Navarro dibuja a una atacante de perfil vertical, especialista en el uno contra uno, con una arrancada potente y una zancada larga que le permite ganar metros con facilidad. Puede jugar en ambas bandas, aunque se siente especialmente cómoda partiendo desde la izquierda para perfilarse hacia dentro.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Tiene buen golpeo con ambas piernas, es capaz de finalizar desde media distancia y ha mejorado notablemente su toma de decisiones en el último tercio. No es una extrema clásica de centrar constantemente: le gusta conducir, atraer rivales y filtrar el último pase. Defensivamente ha crecido en compromiso táctico, entiende mejor cuándo replegar y cuándo saltar a la presión. Su principal virtud sigue siendo la capacidad para desequilibrar en escenarios de máxima exigencia, algo que se aprecia especialmente en partidos grandes.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    En su palmarés figuran el Mundial absoluto de 2023, el Mundial sub-17, el Europeo sub-17, la Copa de la Reina 2023 con el Atlético de Madrid, varios subcampeonatos europeos en categorías inferiores y ahora la posibilidad de sumar un nuevo título con el Real Madrid en la Supercopa. Eva Navarro es, en definitiva, una futbolista marcada por la resiliencia, por la capacidad de levantarse y por un talento que, pese a los obstáculos, siempre encuentra la manera de volver a aparecer.

    En Castellón dio un paso más hacia un presente que empieza a parecerse mucho al futuro que se le auguraba cuando todo comenzó en una pista de fútbol sala en Yecla.

    (Fuente: RFEF)
  • Exclusiva | El Atlético pretende a dos futbolistas

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🟫 La dirección deportiva quiere pescar en el Fernando Torres con dos estrellas que gustan mucho tanto a Beni Rubido como a Viti.

    La actividad en los despachos del Centro Deportivo Alcalá de Henares está siendo frenética en los últimos meses.

    A veces las grandes historias del fútbol femenino no irrumpen con un estruendo inmediato, sino que se van construyendo en silencio, a fuego lento, entre conversaciones discretas, informes de scouting acumulados durante meses y decisiones estratégicas que miran mucho más allá del corto plazo. Hoy, “El Partido de Manu” está en disposición de desvelar una de esas historias que, cuando cristalizan, marcan un punto de inflexión en la planificación deportiva de un gigante de la Liga F Moeve y redefinen el equilibrio competitivo del campeonato.

    Según ha podido saber este medio en exclusiva, el club tres veces campeón de la Liga F Moeve ha puesto en marcha una operación de alto voltaje para incorporar a dos de las futbolistas más determinantes del Madrid CFF, Kamilla Melgård y Malou Marcetto, ambas con contrato en vigor hasta el próximo 30 de junio de 2027, en un movimiento que no solo habla de ambición deportiva, sino también de una lectura profunda del mercado, de las necesidades estructurales de la plantilla y de la evolución del fútbol femenino europeo.

    La información manejada por “El Partido de Manu” confirma que las negociaciones con Kamilla Melgård, centrocampista danesa de enorme impacto ofensivo, se encuentran ya muy avanzadas, hasta el punto de que en los despachos se trabaja con la convicción de que, salvo giro inesperado, la internacional nórdica vestirá la rojiblanca la próxima temporada. En el caso de Malou Marcetto, futbolista que se ha convertido en una auténtica debilidad personal de Víctor Martín Alba, también se han producido contactos directos tras analizar con detenimiento el extraordinario nivel que ofreció durante el curso pasado antes de que una inoportuna lesión frenase su progresión.

    Dos operaciones diferentes en su forma, pero unidas por un mismo hilo conductor: la convicción del club de que ambas encajan a la perfección en el proyecto deportivo que se está construyendo para el futuro inmediato.

    No se trata de movimientos improvisados ni de apuestas coyunturales. El seguimiento de Melgård y Marcetto responde a un trabajo de scouting profundo, prolongado en el tiempo, que comenzó incluso antes de que ambas explotaran definitivamente en la Liga F Moeve.

    Según ha podido saber este medio, el responsable inicial de ese análisis fue el propio Viti, que antes de abandonar el Fernando Torres dejó perfectamente perfiladas ambas operaciones, consciente del potencial diferencial que podían aportar a un equipo llamado a competir por todos los títulos.

    Ese legado, cuidadosamente documentado, fue recogido por Juanjo Vila, quien no solo supo interpretar los informes, sino que potenció de manera extraordinaria las virtudes de ambas futbolistas en el Madrid CFF, contribuyendo de forma decisiva a su crecimiento deportivo y a su consolidación como referencias del campeonato.

    La posible llegada de Malou Marcetto adquiere una relevancia estratégica aún mayor en el contexto actual de las colchoneras. Las ventas invernales de Gaby García al América de México y de Ana Vitória al Corinthians dejaron un vacío evidente en la medular, no solo en términos de talento, sino también de liderazgo, lectura del juego y capacidad para sostener al equipo en los momentos de mayor exigencia. Marcetto, por perfil, por edad y por recorrido, encaja como una pieza casi natural para cubrir ese hueco, aportando equilibrio, inteligencia táctica y una capacidad notable para conectar líneas. Su fichaje no sería únicamente una incorporación más, sino una declaración de intenciones: la apuesta por una futbolista capaz de marcar el ritmo del equipo durante años.

    En paralelo, el desembarco de Kamilla Melgård ofrecería un salto cualitativo en la parcela ofensiva. La danesa, con una capacidad notable para llegar desde segunda línea, interpretar los espacios y aportar cifras goleadoras desde el centro del campo, representa ese tipo de futbolista que eleva el techo competitivo de cualquier plantilla. Consciente de la buena relación institucional que mantiene con el Madrid CFF, el club estaría dispuesto a abonar la cláusula de compensación correspondiente, un gesto que no solo facilitaría la operación, sino que reforzaría los vínculos entre ambas entidades. En el caso de Melgård, además, se subraya su condición de exjugadora del Lyn Fotball Damer, un detalle que ayuda a contextualizar su formación en una de las canteras más reconocidas del fútbol nórdico y a entender su madurez táctica pese a su relativa juventud.

    El scouting de Kamilla Melgård revela a una futbolista total, de enorme inteligencia posicional y con una comprensión del juego que va más allá de los números, aunque estos también la avalen. Melgård es una centrocampista con alma de atacante, capaz de romper líneas con conducciones verticales, de aparecer en el área con un timing casi quirúrgico y de ofrecer soluciones tanto en ataque posicional como en transiciones rápidas. Su golpeo de balón, preciso y tenso, le permite ser una amenaza constante desde media distancia, mientras que su visión de juego facilita la circulación y la generación de ventajas en zonas interiores. No es una jugadora anárquica; al contrario, entiende perfectamente cuándo acelerar y cuándo pausar, cuándo asumir riesgos y cuándo asegurar la posesión. En defensa, sin ser su principal virtud, muestra compromiso, lectura de las líneas de pase y una notable capacidad para replegar y ofrecer ayudas, lo que la convierte en una pieza funcional dentro de sistemas exigentes a nivel táctico.

    Melgård destaca también por su mentalidad competitiva. Formada en un contexto futbolístico que prioriza la disciplina táctica y el trabajo colectivo, la danesa ha sabido adaptarse a la intensidad y al ritmo de la Liga F Moeve, creciendo partido a partido y asumiendo responsabilidades en momentos clave. Su capacidad para aparecer en citas importantes, para no esconderse cuando el balón quema, es uno de los aspectos más valorados por el cuerpo técnico que ha seguido de cerca su evolución. En un equipo con aspiraciones de título, contar con futbolistas que no solo toleren la presión, sino que la conviertan en un estímulo, es un factor diferencial, y Melgård encaja plenamente en ese perfil.

    Por su parte, Malou Marcetto representa la esencia de la centrocampista moderna que equilibra talento, trabajo y lectura del juego.

    Marcetto está firmando una temporada de enorme nivel, consolidándose como una de las piezas más fiables del Madrid CFF. Su juego se caracteriza por una notable capacidad para interpretar los espacios, ofrecer siempre una línea de pase clara y ordenar al equipo desde la base.

    No es una futbolista de fuegos artificiales, pero sí una de esas jugadoras que hacen mejores a las que tienen alrededor. Su precisión en el pase, tanto en corto como en largo, permite al equipo progresar con fluidez, mientras que su inteligencia defensiva le facilita anticiparse, robar balones y cortar líneas de pase sin necesidad de recurrir constantemente a la falta.

    Marcetto aporta, además, una lectura táctica que encaja a la perfección en equipos que aspiran a dominar los partidos. Sabe cuándo incrustarse entre centrales para facilitar la salida de balón, cuándo saltar a la presión para activar al bloque y cuándo temporizar para que el equipo se reordene. Esa capacidad para leer el juego en tiempo real es una de las razones por las que Víctor Martín Alba la considera una pieza clave en su idea de fútbol.

    La confianza del técnico en la recuperación plena de la futbolista tras la lesión es total, y los informes médicos y de rendimiento avalan que Marcetto volverá a ofrecer su mejor versión, incluso con un punto extra de madurez competitiva.

    El contexto en el que se producirían ambas incorporaciones es igualmente relevante. El club tres veces campeón de la Liga F Moeve se encuentra en un momento de redefinición estratégica, con la mirada puesta en consolidar un proyecto que no solo compita a nivel nacional, sino que aspire a dar un salto definitivo en Europa. Para ello, la planificación deportiva ha puesto el foco en futbolistas con experiencia en la liga, conocimiento del entorno y margen de crecimiento.

    Melgård y Marcetto cumplen con creces esos requisitos. Con contrato hasta 2027, su fichaje implicaría una inversión importante, pero también la seguridad de incorporar talento contrastado, minimizando riesgos de adaptación.

    Desde el punto de vista institucional, la operación se ha trabajado con especial cuidado para no deteriorar las relaciones con el Madrid CFF, un club con el que se mantiene un diálogo fluido y respetuoso.

    El abono de la cláusula de compensación en el caso de Kamilla y Malou, es interpretado en ese sentido como un gesto de buena voluntad y de reconocimiento al trabajo de formación y desarrollo realizado por el club madrileño.

    En el caso de Marcetto, las conversaciones han sido más exploratorias, centradas en evaluar tiempos, condiciones y escenarios, siempre con la premisa de actuar con transparencia y respeto.

    El legado del scouting realizado por Viti antes de su salida del Fernando Torres adquiere aquí una dimensión especial.

    Fue él quien, con una mirada amplia y una sensibilidad particular para detectar talento nórdico, puso sobre la mesa los nombres de Melgård y Marcetto, convencido de que su perfil encajaba en el ADN competitivo del club aficionado en Fuenlabrada.

    Juanjo Vila, al recoger ese testigo, no solo mantuvo viva la apuesta, sino que la reforzó con un trabajo diario que permitió a ambas futbolistas explotar sus virtudes y corregir aspectos de su juego.

    Esa continuidad en la visión deportiva es, en muchos sentidos, uno de los grandes valores de la operación que ahora se perfila.

    A nivel deportivo, la llegada conjunta de Melgård y Marcetto permitiría al equipo dar un salto cualitativo en varias dimensiones del juego. En fase ofensiva, Melgård aportaría llegada, gol y capacidad para romper defensas cerradas, mientras que Marcetto ofrecería orden, pausa y claridad en la circulación. En fase defensiva, ambas contribuirían a un mayor equilibrio, con una presión más coordinada y una mejor ocupación de los espacios. En términos de vestuario, su perfil competitivo y su experiencia en la liga las convertirían en referentes naturales, capaces de asumir responsabilidades desde el primer día.

    El análisis detallado de su encaje táctico refuerza la sensación de que no se trata de fichajes aislados, sino de piezas pensadas para un engranaje concreto.

    Melgård podría actuar tanto como interior en un centro del campo de tres como en una posición más adelantada, casi de mediapunta, explotando su capacidad para llegar al área.

    Marcetto, por su parte, se siente cómoda como pivote o como interior de perfil más organizador, ofreciendo siempre una salida limpia de balón y facilitando la transición entre líneas. Esa versatilidad es un valor añadido en una temporada exigente, con múltiples competiciones y la necesidad de rotar sin perder identidad.

    El impacto mediático de la operación tampoco es menor. La incorporación de dos estrellas del Madrid CFF enviaría un mensaje claro al resto de la Liga F Moeve: el club quiere seguir marcando el paso, reforzarse con talento contrastado y construir un proyecto sólido a medio y largo plazo.

    Para “El Partido de Manu”, poder desvelar en exclusiva los detalles de esta doble operación supone también reafirmar su compromiso con una información rigurosa, contextualizada y profundamente conectada con la realidad del fútbol femenino.

    Queda todavía camino por recorrer hasta que las operaciones se cierren de manera definitiva. En el fútbol, y especialmente en el mercado, siempre existen variables imprevisibles que pueden alterar los planes más cuidadosamente trazados.

    Sin embargo, las sensaciones que se desprenden de las conversaciones mantenidas, del estado de las negociaciones y de la voluntad de todas las partes implicadas invitan al optimismo.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    A día de hoy, la percepción interna es clara: si no media un contratiempo muy grande de aquí a mayo, Kamilla Melgård y Malou Marcetto vestirán la rojiblanca la próxima temporada.

    Y será entonces cuando esta historia, tejida durante meses en la sombra, cobre todo su sentido.

    Cuando las decisiones estratégicas se traduzcan en rendimiento sobre el césped, cuando el trabajo silencioso del scouting se vea reflejado en cada pase, en cada llegada al área, en cada recuperación decisiva.

    Vestir la rojiblanca no es solo ponerse una camiseta; es asumir una responsabilidad histórica, un compromiso con una identidad y una ambición que no entiende de medias tintas.

    Melgård y Marcetto están llamadas a formar parte de ese relato, a escribir su nombre en una etapa que aspira a ser recordada.

    El fútbol femenino, una vez más, se prepara para vivir un movimiento que puede marcar época, y “El Partido de Manu” estará ahí para contarlo, con la convicción de que las grandes exclusivas no solo informan, sino que ayudan a comprender el pulso profundo del juego

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • La crónica | El Real Madrid pasa a la final de la Supercopa de España en Castellón

    (Fuente: RFEF)

    ◼️Al Real Madrid le bastaron 20 minutos arrolladores para golear y sentenciar el derbi de semifinales de la Supercopa por 3-1. Athenea, Weir y Linda fueron las autoras de los tres tantos de las madridistas para doblegar a un Atlético en crisis.

    La previa |

    (Fuente: Getty imágenes)

    Castellón se prepara para convertirse en el epicentro del fútbol femenino español, donde este fin de semana se disputará la primera semifinal de la Supercopa de España Iberdrola 2026, un derbi capitalino que promete emociones al límite y un espectáculo que trasciende el mero resultado. Real Madrid y Atlético de Madrid se enfrentan en un choque que entrega al vencedor un pasaporte directo a la gran final, un duelo que combina rivalidad histórica, intensidad táctica y la presencia de algunas de las jugadoras más destacadas de la Liga F Moeve.

    El estadio se engalana para recibir a dos equipos que, pese a compartir ciudad y ambición, representan filosofías de juego opuestas: el Real Madrid apuesta por la posesión, la amplitud y la construcción desde atrás, mientras que el Atlético mantiene su ADN caracterizado por presión alta, intensidad en la recuperación y transiciones veloces que han definido su éxito en la última década. La tensión es palpable en cada entrenamiento, en cada declaración de las protagonistas y en la expectativa de una afición que conoce de memoria la pasión de estos enfrentamientos.

    Históricamente, los derbis madrileños femeninos han ofrecido partidos intensos, donde cada acción puede definir el resultado. Desde que el Real Madrid consolidó su proyecto femenino de élite en 2020, los choques con el Atlético se han convertido en auténticas pruebas de carácter y táctica. 

    En los últimos cinco enfrentamientos directos, los resultados se han repartido entre ambos equipos, aunque el Atlético ha logrado imponerse en momentos decisivos, sobre todo en semifinales de Copa de la Reina y jornadas clave de Liga F, donde su solidez defensiva y efectividad en transiciones rápidas marcaron la diferencia.

    Los precedentes históricos entre ambos equipos, que son enemigos irreconciliables, son favorables para los intereses rojiblancos amén de seis victorias, cuatro empates y cuatro derrotas en los catorce derbis anteriores.

    Sin embargo, el Real Madrid ha demostrado que la calidad individual de jugadoras como Linda Caicedo, Caroline Weir y Sara Däbritz es capaz de romper cualquier esquema defensivo con combinaciones rápidas, movimientos entre líneas y precisión en los metros finales.

    Este derbi, más allá de la supremacía local, representa un pulso entre proyectos distintos: el Real Madrid en consolidación, con inversión y planificación a largo plazo, frente al Atlético, que ha mantenido un modelo ganador que combina veteranía, juventud y resultados constantes en finales y semifinales. 

    El Real Madrid llega a Castellón con un bloque equilibrado, donde la seguridad en portería de Misa Rodríguez, líder y capitana del equipo, será fundamental para contener la verticalidad y rapidez del Atlético. En defensa, jugadoras como Maëlle Lakrar, María Méndez y Yasmim formarán un muro que deberá soportar las internadas veloces de Luany Da Silva Fiamma Benítez, mientras que Bella Andersson aportará velocidad y capacidad de anticipación en la cobertura lateral. El mediocampo es uno de los puntos fuertes del equipo, con Sandie Toletti y Sara Däbritz coordinando la salida de balón, gestionando la presión rival y conectando con las delanteras. Hanna Bennison y Filippa Angeldahl equilibran recuperación y apoyo ofensivo, permitiendo que la línea de ataque pueda desplegarse con libertad.

    En la delantera, Linda Caicedo es la referencia de velocidad y desequilibrio, capaz de generar superioridad en uno contra uno, mientras que Caroline Weir aporta visión de juego y capacidad de remate desde fuera del área, complementando la amenaza de Signe Bruun, que llega en plena recuperación de su lesión, y Eva Navarro, especialista en desequilibrar a la defensa con movimientos inteligentes,

    Por su parte, el Atlético de Madrid confía en su experiencia y cohesión de grupo para imponerse en un duelo donde la intensidad física será clave. Lola Gallardo, capitana y guardameta, será la garantía defensiva, ofreciendo seguridad y liderazgo a todo el bloque. La defensa combina experiencia y juventud, con Andrea Medina, Lauren Leal, Xènia Pérez y Silvia Lloris formando un muro difícil de superar, mientras que Rosa Otermín aporta salida limpia por el lateral. En el centro del campo, Vilde Bøe Risa y Júlia Bartel equilibran control de juego y capacidad ofensiva, imponiendo el ritmo del partido y generando transiciones rápidas hacia el ataque. La línea ofensiva, encabezada por Luany Da Silva , Fiamma Benítez y Amaiur Sarriegi, representa un constante peligro, complementada por la desequilibrante Jensen por banda, capaz de generar superioridad numérica y asistir en los momentos decisivos.

    La experiencia de Víctor Martín, entrenador del Atlético, garantiza un planteamiento sólido que combina orden táctico, presión coordinada y lectura de los momentos clave del derbi.

    Tácticamente, el choque se presenta como un duelo de contrastes. El Atlético buscará imponer su presión alta y recuperación inmediata, intentando explotar cualquier pérdida de balón madridista. Las transiciones rápidas serán fundamentales, con el objetivo de sorprender a la defensa blanca antes de que se reorganice. 

    Por su parte, el Real Madrid intentará controlar la posesión, mover el balón con criterio, abrir espacios y aprovechar la movilidad de sus delanteras para desarmar la presión rival. Las bandas serán escenario de constantes batallas: Caicedo y Weir frente a Maca Portales y Amaiur Sarriegi, donde cada acción puede abrir el camino hacia el gol. La defensa de áreas y la capacidad de concentración de porteras y centrales serán determinantes: un solo error puede cambiar el destino del derbi y definir qué equipo avanza a la final.

    El aspecto psicológico también jugará un papel importante. Ambos equipos han demostrado fortaleza mental en instancias decisivas. La capacidad de mantener la calma bajo presión, la resiliencia tras un gol en contra y la gestión de momentos de tensión marcarán la diferencia. La historia reciente muestra que los derbis madrileños suelen resolverse en detalles: jugadas a balón parado, errores individuales o decisiones tácticas puntuales. La lectura del juego y la capacidad de adaptación de cada entrenadora serán decisivas. El Real Madrid, con su enfoque en posesión y combinaciones rápidas, deberá equilibrar creatividad con disciplina defensiva.

    El Atlético, con su intensidad y solidez táctica, buscará aprovechar cada contragolpe y dominar el ritmo del partido.

    repercusión mediática y el seguimiento de aficionados añade un componente extra de presión y espectáculo. Redes sociales, medios de comunicación y la expectación de la Liga F Moeve convierten a Castellón en un escenario donde cada jugada se analiza y cada gol se celebra con intensidad. Las declaraciones previas de las protagonistas subrayan la motivación máxima: Amaiur Sarriegi destaca la importancia de mantener el orden táctico, mientras que Linda Caicedo resalta la necesidad de imponer su juego ofensivo y aprovechar las oportunidades que surjan. 

    Cada entrenadora ha estudiado al detalle al rival, buscando debilidades y maximizando fortalezas para un partido que promete ser recordado como un clásico moderno del fútbol femenino español.

    En conclusión, este derbi de semifinal de la Supercopa de España Iberdrola no es solo un partido; es un choque de estilos, una confrontación de proyectos y un espectáculo de fútbol de alto nivel. Real Madrid y Atlético de Madrid se juegan más que un pase a la final: se juegan prestigio, rivalidad y la posibilidad de consolidar sus nombres en la historia reciente del fútbol femenino. Con plantillas equilibradas, figuras capaces de cambiar el destino del encuentro y tácticas que prometen tensión en cada metro del campo, Castellón se prepara para un domingo inolvidable donde la pasión, la técnica y la estrategia se funden en un derbi que marcará el rumbo de la Supercopa 2026.

    Y cuando el balón eche a rodar en Castellón, ya no habrá espacio para la teoría ni para la estadística.

    Todo quedará reducido a noventa minutos —o quizá más— en los que el orgullo de dos escudos, la ambición de dos proyectos y el carácter de dos vestuarios se pondrán a prueba sin red.

    El Real Madrid saltará al césped con la convicción de quien quiere escribir su nombre con letras definitivas en la historia de las grandes noches, decidido a imponer su juego, su talento y su identidad. El Atlético de Madrid lo hará con la mirada de quien conoce este terreno, de quien ha sobrevivido a finales, a derrotas y a conquistas, y sabe que los títulos no se piden: se arrancan.

    Será entonces cuando cada carrera de Linda Caicedo, cada golpeo de Caroline Weir, cada parada de Misa Rodríguez o cada orden de Lola Gallardo desde el área cobren un significado mayor que el propio partido.

    ocasión clara y el rugido tras un gol recuerden por qué el fútbol femenino español vive uno de los momentos más apasionantes de su historia. En Castellón no se jugará solo una semifinal; se disputará un capítulo más de un derbi que ya es patrimonio emocional del fútbol nacional.

    Al final, solo una avanzará hacia la gran final de la Supercopa de España Iberdrola. La otra tendrá que asumir que incluso en la derrota se forjan los equipos que regresan más fuertes. Pero pase lo que pase, este Real Madrid-Atlético de Madrid ya ha ganado su sitio en la memoria: como un duelo de máxima exigencia, de talento desbordado y de emociones sin concesiones.

    (Fuente: “Liga F Moeve)

    El duelo en detalle |

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    Los onces |

    Once inicial:
    • 1. Lola (C)
    • 3. Medina
    • 4. Lauren
    • 6. Vilde
    • 7. Synne
    • 15. Silvia
    • 17. Júlia
    • 20. Amaiur
    • 21. Fiamma
    • 22. Luany
    • 23. Alexia

    Entrenador: Víctor Martín

    (Fuente: Getty imágenes)

    La Supercopa de España Femenina abre fuego en Castellón con un clásico moderno: Real Madrid y Atlético se miden por un puesto en la final

    Castellón acoge la Semifinal 1 de la Supercopa de España Femenina, una cita que enfrenta a Real Madrid y Atlético de Madrid en un duelo de máxima exigencia, cargado de talento internacional, identidad competitiva y un trasfondo histórico que sigue escribiéndose temporada tras temporada.

    El torneo, organizado por la RFEF y patrocinado por Iberdrola, vuelve a situar al fútbol femenino español en el primer plano mediático con un escenario neutral y una eliminatoria directa que no admite margen de error.

    El Real Madrid, talento y control desde la posesión

    El conjunto blanco comparece con Misa Rodríguez como capitana y líder bajo palos, respaldada por una estructura sólida en defensa y una medular de enorme jerarquía. Däbritz, Weir y Angeldahl marcan el pulso del juego interior, mientras que el desborde y la profundidad llegan por fuera con Athenea y Eva Navarro. En punta, Alba Redondo asume la responsabilidad ofensiva.

    Once inicial del Real Madrid:
    Misa (C); Athenea, Däbritz, Weir, Redondo, M. Méndez, Angeldahl, Linda C., Eva Navarro, Holmgaard y Lakrar.
    Entrenador: Antonio Rodríguez.

    El plan blanco pasa por dominar el balón, imponer ritmo y castigar entre líneas, con especial atención a las llegadas desde segunda línea y a la capacidad asociativa de su tridente creativo.

    El Atlético de Madrid, identidad competitiva y presión alta

    El Atlético afronta la semifinal fiel a su ADN: intensidad, orden y verticalidad. Lola Gallardo, capitana y referente, lidera a un equipo equilibrado que combina juventud y experiencia. En el centro del campo, Silvia y Júlia sostienen al equipo, mientras que el talento ofensivo se reparte entre Amaiur, Fiamma y Luany, con Alexia completando el frente de ataque.

    Once inicial del Atlético de Madrid:
    Lola (C); Medina, Lauren, Vilde, Synne, Silvia, Júlia, Amaiur, Fiamma, Luany y Alexia.
    Entrenador: Víctor Martín.

    El conjunto rojiblanco apuesta por un bloque compacto, presión tras pérdida y transiciones rápidas, buscando hacer daño a campo abierto y aprovechar cualquier desajuste defensivo del rival.

    Un duelo con aroma a título

    Real Madrid y Atlético de Madrid se reencuentran en un contexto de máxima presión, con una final en juego y el prestigio de levantar el primer título del año. Dos estilos, dos proyectos y una misma ambición: conquistar Castellón y avanzar hacia la Supercopa.

    (Fuente: RFEF)

    El escenario está listo. El balón, preparado. Y el fútbol femenino español, una vez más, en el centro de todas las miradas

    El Real Madrid salía con el mejor equipo que podía disponer el técnico. Misa protegía la portería, escoltada por la línea de cuatro que formaban Holmgaard y Navarro en los laterales y Méndez y Lakrar en el eje. Dabritz aparecía en el centro del campo junto a Angeldahl, que volvía al once como Weir. Athenea caía a una banda, a la otra lo hacía Linda y en punta aparecía Redondo.

    Y las blancas dominaron desde el primer momento. De hecho, Athenea no tardó en batir a Lola Gallardo para abrir la lata con el 1-0 en el minuto 6 de juego, empezaba muy bien el partido para las merengues.

    La exjugadora del Deportivo estaba en racha después de haberle hecho un doblete al Levante Unión Deportiva en Orriols.

    Habría más. El Atlético había salido dispuesto a dominar y a combinar. Se equivocaron claramente. De un error al intentar jugar el balón atrás llegó el primero y, de la misma forma, tras un saque de banda, llegó el segundo. Se quedó largo el pase y lo aprovechó Weir a la carrera, anticipándose a una Gallardo que salió de su área, para marcar a portería vacía para así duplicar la renta hasta el 2-0 antes del primer cuarto de hora.

    no tardaría en llegar el tercero. Faltaba Linda Caicedo por aparecer. Arrancó desde su campo, condujo sin oposición por el carril central y, desde unos 25 metros, la pegó. No fue un disparo muy potente, ni muy alto. Sí que buscó el palo y el esférico botó delante de Lola, que no pudo atraparlo y vio con impotencia con el 3-0 llegaba en el 18 y antes del ecuador de la primets mitad ya estaba todo prácticamente hecho para las de Valdebebas.

    El Atlético estaba prácticamente en la lona, pues nada salía bien ante la desesperación de Víctor Martín.

    Luany aprovechó un impás médico (la atención de su compañera Bøe Risa) para llamar al resto de su equipo, hacer un círculo en el centro del campo y pedir más. Más intensidad, más compromiso, más competitividad. El aguacero que estaba cayendo en Castellón en ese momento no era nada comparado con el baño que le estaba dando el rival tanto en lo físico como en lo táctico, pero en el tramo final de la primera parte llegó la reacción visitante.

    El Atlético lo intentó con más corazón que con cabeza, una fórmula que deja demasiado al azar y que muchas veces acaba mal. En esta ocasión lo que provocó es que aumentara la vehemencia del choque, llevando los duelos y encontronazos muchas veces al límite, con jugadoras calentándose en exceso y dejando el fútbol en un segundo plano.

    El equipo dirigido por Víctor Martín logró irse al descanso liderando la posesión (60%), una estadística inocua cuando no va acompañada de la salsa de gol. Amaiur lo rozó en dos ocasiones, una estrellando su disparo en el lateral de la red y otro topándose con una imponente Méndez, cada vez más líder de la defensa —y del equipo—. La última de la primera parte fue de Fiamma, que tras una buena internada de Luany por banda derecha ganando la espalda a Holmgaard, resolvió la jugada con un disparo que rozó la madera. Ni los dos minutos de añadido dieron pie para que el Atlético recortara distancias y se metiera en la lucha por la semifinal y el escenario tenía un nuevo decorad, sin lugar a dudas.

    Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con una cómoda renta para el Real Madrid, pero el Atleti quiso vender cara su piel y eso le puso cierta dosis de emoción al segundo tiempo en Castellón.

    La incorporación al escenario de Feller y Menayo. Misa, que jugaba su partido 200 con el Real Madrid, sacó un derechazo de Bøe Risa con un vuelo sin motor y el palo repelió un remate de Caicedo tras una excelsa jugada por el carril zurdo donde volvió a desdibujar a Alexia.

    El arbitraje tuvo su dosis de protagonismo, pues Paola Cebollada acudió al FSV para revisar una posible manos de Lloris dentro del área que entendió que no eran susceptibles de sanción; y una posible tarjeta roja para Feller que se quedó en amarilla.

    El pasar del tiempo permitió al banquillo blanco dosificar esfuerzos y comenzar a preparar la final. Antonio dio descanso a Weir, Alba, Athenea y Holmgaard, probó a Feller de ‘9’ y dio minutos a Sheila García, ex del Atlético de Madrid, como extremo.

    La incombustible fue Caicedo, que siguió intentándolo cada vez que agarró el esférico en línea de tres cuartos. La colombiana lo probó con la izquierda y con la derecha, por dentro y por fuera y, aunque estuvo cerca, no logró ampliar su cuenta individual.

    A falta de 20 minutos para el final, el Atlético animó el partido. Luany, que no cesó en su empeño, recortó distancias en una jugada individual en la que recortó a Irune dentro del área y definió ante Misa con un toque con el exterior de su bota zurda en una acción de gran calidad de la exjugadora del Madrid CFF que sirvió para instalar el 3-1 definitivo en el luminoso sobre el 72 de juego.

    A partir de ese instante final, cuando el reloj ya había consumido cada segundo posible y el murmullo del estadio comenzaba a transformarse en un ruido espeso, casi solemne, el partido quedó definitivamente sellado en la memoria colectiva. No hubo más sustituciones, no hubo más interrupciones, no hubo margen para un último giro de guion. El césped de la Supercopa de España femenina Iberdrola quedó marcado por las huellas de un encuentro que fue mucho más que una semifinal: fue una declaración de intenciones, un examen emocional y competitivo, y una frontera clara entre el presente inmediato y el futuro que aguarda a ambos proyectos.

    El Real Madrid, firme, resiliente, consciente de la magnitud del momento, resistió los últimos envites de un Atlético de Madrid herido, empujado más por el orgullo que por la claridad futbolística. El pitido final no solo confirmó un resultado; confirmó un estado. Confirmó que el conjunto blanco está preparado para mirar de frente a la historia y pelear por el primer gran título de su sección femenina. Confirmó también que el Atlético, pese a su tradición, su carácter competitivo y su innegable talento, deberá detenerse, analizarse y reconstruirse desde la autocrítica para no permitir que esta eliminación se convierta en una herida estructural.

    Cuando la colegiada señaló el final del encuentro, el silencio duró apenas una fracción de segundo. Después, el estallido. Las jugadoras del Real Madrid se abrazaron en el centro del campo con una mezcla de alivio, emoción contenida y ambición renovada. No era una celebración desbordada; era una celebración consciente. Cada gesto, cada mirada, transmitía la sensación de que este equipo sabe exactamente dónde está y hacia dónde quiere ir.

    Para el Atlético de Madrid, en cambio, el final fue un golpe seco. Algunas futbolistas se quedaron inmóviles, mirando al vacío. Otras se llevaron las manos a la cara. No había lágrimas exageradas ni dramatismos impostados, pero sí un dolor profundo, el que nace de sentir que se ha escapado una oportunidad importante y de saber que el margen de reacción, a partir de ahora, será mínimo.

    La Supercopa no concede treguas. Es un torneo corto, intenso, cruel en su formato, donde cada error se magnifica y cada acierto se convierte en oro puro. Y en ese contexto, el Real Madrid fue más certero, más sólido en los momentos clave y, sobre todo, más fiel a su plan.

    pase a la final de la Supercopa de España femenina Iberdrola no es un simple trámite para el Real Madrid. Es un paso más en un proceso que, temporada tras temporada, ha ido construyendo una identidad reconocible. Este equipo ya no vive únicamente de la comparación constante con otros gigantes del fútbol femenino español; empieza a escribir su propio relato.

    La posibilidad de levantar su primera Supercopa supone un punto de inflexión. No solo por el trofeo en sí, sino por lo que simboliza: la confirmación de que el proyecto ha madurado, de que el crecimiento no es solo estructural o institucional, sino competitivo y emocional. Llegar a una final implica saber gestionar la presión, convivir con la exigencia y responder cuando el partido lo pide.

    El Real Madrid sabe que enfrente tendrá a un rival de máxima entidad. Athletic Club o FC Barcelona, dos equipos con identidades muy definidas y con una trayectoria contrastada en este tipo de escenarios. No habrá concesiones, no habrá favoritismos claros. La final será una batalla de estilos, de convicciones y de detalles.

    Pero si algo ha demostrado este Real Madrid es que no rehúye ese tipo de partidos. Los busca. Los necesita. Los entiende como el escenario natural para seguir creciendo.

    La Supercopa de España femenina se ha convertido, en apenas unos años, en un escaparate privilegiado del fútbol femenino nacional. No es solo un título; es una narrativa condensada del estado de la competición. Cada edición deja imágenes, debates, emociones y certezas que acompañan al aficionado durante toda la temporada.

    La final que se avecina no será una excepción. Será, de nuevo, una oportunidad para reivindicar el talento, la intensidad y la calidad del fútbol femenino español. Será una invitación abierta a seguir mirando, a seguir apoyando, a seguir creyendo en una competición que no deja de crecer en impacto, nivel y relevancia mediática.

    El Real Madrid llega con hambre de historia. Athletic Club y FC Barcelona, con la autoridad que les concede su pasado reciente. Tres maneras distintas de entender el juego, tres culturas futbolísticas, un mismo objetivo: levantar un título que ya es parte esencial del calendario.

    Para el Atlético de Madrid, esta eliminación no puede quedarse únicamente en el terreno de la decepción momentánea. Es un punto de inflexión que exige reflexión profunda. El club rojiblanco ha construido, durante años, una identidad basada en la competitividad extrema, la intensidad emocional y la capacidad de resistencia. Sin embargo, el fútbol evoluciona, y con él las exigencias tácticas, físicas y mentales.

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    La Supercopa ha dejado al descubierto áreas de mejora evidentes. Ajustes defensivos, mayor fluidez en la circulación, mejor gestión de los momentos de partido y, sobre todo, una mayor capacidad para transformar el dominio territorial en ocasiones claras. No se trata de cuestionar el proyecto, sino de entender que el margen de error, en el fútbol de élite actual, es cada vez más estrecho.

    El Atlético tiene talento, tiene experiencia y tiene una base sólida. Pero necesitará utilizar estos próximos días como un laboratorio de corrección y crecimiento. No hay tiempo para lamentaciones prolongadas; el calendario aprieta y la exigencia no espera.

    horizonte inmediato ya está marcado en rojo. El próximo 31 de enero de 2026, a las 18:00 (horario peninsular), el Atlético de Madrid volverá a competir en la Primera División Femenina. Lo hará ante el Granada Club de Fútbol, en Alcalá de Henares, en un encuentro que será mucho más que una jornada liguera.

    Ese partido representará el inicio de una nueva etapa tras el golpe de la Supercopa. Será una prueba de carácter, de capacidad de reacción y de madurez competitiva. El Atlético no solo deberá sumar puntos; deberá enviar un mensaje. A sí mismo y al resto de la competición.

    El Granada, por su parte, no será un rival complaciente. Cada temporada en la élite es una lucha constante, y cualquier concesión se paga caro. El Atlético necesitará llegar con las ideas claras, con un plan definido y con la convicción de que este tropiezo no define su temporada, sino que puede convertirse en el impulso necesario para crecer.

    de los grandes aprendizajes que deja esta semifinal es que el fútbol no se mide únicamente en resultados inmediatos. Se mide en procesos, en trayectorias, en la capacidad de aprender de las derrotas y de gestionar las victorias con humildad. El Real Madrid ha sabido aprovechar su momento. El Atlético debe aprender del suyo.

    Ambos equipos, desde realidades distintas, forman parte de un ecosistema competitivo que enriquece a la Primera División Femenina y al fútbol español en su conjunto. Cada enfrentamiento entre ellos eleva el nivel, exige más y deja enseñanzas que trascienden el marcador.

    La Supercopa actúa, en ese sentido, como un espejo acelerado. Muestra virtudes y carencias sin filtros, obliga a reaccionar y marca tendencias que se prolongan durante el curso.

    Para el espectador, para quien sigue el fútbol femenino con pasión y compromiso, este desenlace no es un punto final. Es un punto y seguido. La Supercopa de España femenina Iberdrola continúa, y lo hace con una final que promete emociones, intensidad y fútbol de alto nivel.

    Seguir disfrutando de este torneo es seguir apostando por una competición que no deja de ofrecer relatos potentes, partidos vibrantes y protagonistas que merecen cada foco mediático que reciben. Es entender que cada edición suma un capítulo más a una historia colectiva que se está escribiendo a gran velocidad.

    La final será el escenario perfecto para confirmar todo lo que esta Supercopa representa: ambición, crecimiento, rivalidad sana y un compromiso absoluto con la excelencia deportiva.

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    La noche se cerró con luces que se apagaban lentamente, con conversaciones que continuaban en las gradas y con análisis que ya empezaban a tomar forma. El Real Madrid se marchó con la certeza de haber dado un paso decisivo. El Atlético, con la obligación de mirar hacia dentro y reconstruirse desde la exigencia.

    Así es el fútbol. Así es la Supercopa. Un escenario donde no hay espacio para la indiferencia, donde cada partido deja cicatrices o trofeos, y donde el futuro se construye, partido a partido, a partir de lo que se aprende en noches como esta.

    El camino sigue, la final espera e incluso la La Liga F Moeve llama y el conjunto rojiblanco aún tiene mucho que decir.

    Y el fútbol femenino español, una vez más, demuestra que está muy vivo, que exige atención constante y que siempre ofrece motivos para seguir mirando, analizando y creyendo.

    (Fuente: RFEF)

    📋 Ficha técnica |

    Real Madrid: Misa Rodríguez, Athenea del Castillo (Sheila García, 66′), Sara Däbritz (Toletti, 82′), Caroline Weir (Naomie Feller, 46′), Alba Redondo (Irune Dorado, 59′), María Méndez, Ingrid Angeldal, Linda Caicedo, Eva Navarro, Sara Holmgaard (Yasmin Assis, 66′), Maëlle Lakrar.

    Suplentes: Laia López, Rocío Gálvez, Paula Comendador, Sandie Rose Toletti, Signe Bruun, Yasmim Assis, Sheila García, Naomie Feller, Bella Astrid Andersson, Irune Dorado, Iris Ashley Santiago.

    Entrenador: Pau Quesada. (Antonio Rodríguez, segundo entrenador, ha dirigido al equipo debido a la ausencia por motivos personales de Pau Quesada).

    Atlético de Madrid: Andrea Medina, Lauren Leal, Vilde Risa, Synne Jensen, Silvia Lloris (Sheila Guijarro, 91′), Júlia Bartel (Carmen Menayo, 46′), Amaiur Sarriegi (Chinchilla, 82′), Fiamma Benítez, Luany Da Silva, Alexia Fernández.

    Suplentes: Patricia Larque, Alba de Isidro, Xenia Pérez, Sheila Guijarro, Carmen Menayo, Rosa María Otermin, Priscila Chinchilla, Macarena Portales, Natalia Peñalvo, Lydia Rodríguez, Daniela Miñambres.

    ÁRBITRO: Paola Cebollada.

    Árbitros asistentes: Iragartze Fernández y Raquel Díaz.

    Cuarto árbitro: Elena Peláez.

    Quinto árbitro: Alexia Mayer.

    Amarillas: Feller, 57. Caicedo, 57′. Sara Däbritz, 64′. Medina, 84′.

    ESTADIO: Semifinal de la Supercopa de España Femenina Iberdrola 2026, disputada en el Nuevo Estadio Skyfi Castalia, Castellón sobre una superficie de hierba natural.

    Goles |

    1-0 Athenea del Castillo 6’ ⚽️
    2-0 Caroline Weir 15’ ⚽️
    3-0 Linda Caicedo 18’ ⚽️
    3-1 Luany Da Silva 71’ ⚽️

    Vídeo:

  • Oficial | La Liga F Moeve abre el procedimiento de solicitud de ofertas para la comercialización de los derechos audiovisuales en abierto

    (Fuente: Liga F Moeve )

    🟫 La Liga Profesional de Fútbol Femenino (LIGA F), de conformidad con lo establecido en el Real Decreto-ley 5/2015, de 30 de abril de 2026, ha iniciado el procedimiento de solicitud de ofertas para la comercialización de determinados derechos audiovisuales en abierto del Campeonato Nacional de Primera División de Fútbol Femenino para la temporada 2025/2026, con la posibilidad de realizar ofertas también para la temporada 2026/2027.

    El procedimiento tiene por objeto la comercialización de un lote de hasta cuatro partidos por jornada para su emisión en abierto, en directo y en régimen de no exclusividad, toda vez que la emisión de los contenidos audiovisuales de este lote también estará disponible en DAZN.

    El plazo para la presentación de ofertas finalizará el 27 de enero de 2026 a las 14:00 horas.

    Asimismo, los operadores interesados podrán realizar consultas por escrito hasta el 22 de enero de 2026, que deberán remitirse en los términos previstos en las bases. Las respuestas serán publicadas por LIGA F el 23 de enero de 2026 en su página web oficial.

    Una vez concluido el proceso, LIGA F informará del resultado del procedimiento a través de sus canales oficiales.

    Las bases del procedimiento, junto con los formularios necesarios para la presentación de ofertas, se encuentran disponibles en los siguientes enlaces:

    Ahora, en los siguientes párrafos os vamos a explicar de forma clara y concisa en qué consiste esta nueva medida que ha tomado el ente que preside desde 2022 Beatriz Álvarez Mesa.

    La Primera División Femenina impulsa una nueva licitación para reforzar y unificar la difusión en abierto de la competición

    La Liga F ha iniciado un nuevo proceso de licitación de los derechos audiovisuales en abierto con el objetivo de reordenar, fortalecer y profesionalizar el modelo de difusión gratuita de la competición, en un contexto de crecimiento sostenido del fútbol femenino y de consolidación del campeonato como producto deportivo de primer nivel.

    En la actualidad, los encuentros de Liga F en abierto cuentan con una presencia regular en distintas plataformas y operadores, como TEN TV, Gol Play y diversas cadenas autonómicas, que han contribuido de manera significativa a la visibilidad del campeonato. Sin embargo, este esquema responde a acuerdos fragmentados y de carácter parcial, sin un marco común que permita desarrollar una estrategia audiovisual unificada y reconocible a nivel estatal.

    La apertura de este nuevo proceso de licitación no obedece a una ruptura con el modelo actual, sino a la voluntad de evolucionar hacia una explotación más ordenada y estratégica de los derechos en abierto, alineada con los objetivos de crecimiento, estabilidad y valorización de la Liga F.

    Entre los principales objetivos de esta licitación se encuentran:

    – Centralizar la gestión de los derechos en abierto bajo un contrato marco que garantice coherencia y continuidad.

    – Establecer condiciones homogéneas de emisión, producción y promoción de los partidos. Reforzar la identidad audiovisual de la competición y su relato deportivo a lo largo de la temporada.

    – Mejorar la planificación de horarios y encuentros destacados para maximizar audiencias y visibilidad.

    La Liga F busca así pasar de un modelo basado en emisiones puntuales a un proyecto editorial sólido, que no solo ofrezca partidos en directo, sino que contribuya a construir competición, generar interés continuado y acercar el fútbol femenino a nuevos públicos objetivos.

    Este proceso se enmarca en una estrategia global de derechos audiovisuales en la que el fútbol en abierto actúa como escaparate fundamental y complementario a la emisión en plataformas de pago. Un modelo equilibrado entre visibilidad gratuita y contenido premium permite ampliar la base de audiencia, fortalecer la notoriedad de clubes y futbolistas y elevar el valor global del producto de la Liga F.

    Con esta licitación, la Liga F reafirma su compromiso con el desarrollo del fútbol femenino profesional en España, apostando por un modelo de difusión en abierto más robusto, reconocible y alineado con los estándares de las grandes competiciones deportivas.

    El nuevo marco permitirá seguir garantizando el acceso gratuito a encuentros de la Liga F, al tiempo que se avanza hacia una mayor estabilidad, calidad audiovisual y proyección mediática de la competición.

    Esta buena nueva llega tan solo unos días después de que se haya producido una revolución en el balompié masculino anunciase que la Primera RFEF Versus e-learning (Segunda División “B” desembarca en RTVE en su modalidad de fútbol en abierto.

    (Fuente: RTVE)

    RTVE ha llegado a un acuerdo con la Real Federación Española de Fútbol (RFEF) para la emisión de un partido por jornada durante la segunda vuelta del campeonato de la Primera Federación Versus e-Learning, categoría formada por dos grupos, y que engloba a un gran número de capitales de provincia que verán a sus equipos por primera vez en abierto y en RTVE.

    La emisión de esta categoría se inicia en Teledeporteeste domingo 18 de enero, a las 18:15 horas, con el duelo entre la AD Mérida y el Real Madrid Castilla. Será el debut del nuevo entrenador del segundo equipo del Real Madrid Julian López Lerma, que reconoce a uno de los equipos con más solera de nuestro país, el Mérida.

    Con la vocación de servicio público y de legar a todos las aficiones del territorio nacional, el acuerdo incluye, además del mencinado partido por jornada, todos los resúmenes de la competición, que enriquecerán la parrilla de fin de semana de Teledeporte y RTVE Play, y además serán ofrecidos por los bloques de deportes de los diferentes centros territoriales.

    Por ultimo, todos los sábados y domingo por la noche, alrededor de las 22:00 horas, Teledeporte mostrará las principales imágenes de la jornada de la competición, completando la oferta de resúmenes de LALIGA EA SPORTS y LALIGA HYPERMOTION en ‘Estudio Estadio’, el programa que vuelve a ser referencia las noches del fin de semana.

    Una apuesta por el fútbol más popular y más puro, que recorre todos los rincones de nuestro país, mezclando los clubes más modestos con los más profesionales.

    En resumen, todo esto persigue obtener un paquete audiovisual que, a diferencia del actual, que cuenta con el partido de TEN TV en abierto en la TDT y otros tres duelos “gratuitos” que escoge DAZN para los usuarios que estén registrados en su plataforma, pase directamente a los uno innovador que incluya cuatro envites que seguirán el estilo de la cadena del Grupo Secuoya, es decir, que se televisen en la TDT .

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • La previa | Derbi de altura en Castellón: Real Madrid y Atlético se juegan el pase a la final de la Supercopa Iberdrola 2026

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    ⬛️ Castellón se prepara para convertirse en el epicentro del fútbol femenino español, donde este fin de semana se disputará la primera semifinal de la Supercopa de España Iberdrola 2026, un derbi capitalino que promete emociones al límite y un espectáculo que trasciende el mero resultado. Real Madrid y Atlético de Madrid se enfrentan en un choque que entrega al vencedor un pasaporte directo a la gran final, un duelo que combina rivalidad histórica, intensidad táctica y la presencia de algunas de las jugadoras más destacadas de la Liga F Moeve. El estadio se engalana para recibir a dos equipos que, pese a compartir ciudad y ambición, representan filosofías de juego opuestas: el Real Madrid apuesta por la posesión, la amplitud y la construcción desde atrás, mientras que el Atlético mantiene su ADN caracterizado por presión alta, intensidad en la recuperación y transiciones veloces que han definido su éxito en la última década. La tensión es palpable en cada entrenamiento, en cada declaración de las protagonistas y en la expectativa de una afición que conoce de memoria la pasión de estos enfrentamientos.

    (Fuente: RFEF)

    Castellón se prepara para convertirse en el epicentro del fútbol femenino español, donde este fin de semana se disputará la primera semifinal de la Supercopa de España Iberdrola 2026, un derbi capitalino que promete emociones al límite y un espectáculo que trasciende el mero resultado. Real Madrid y Atlético de Madrid se enfrentan en un choque que entrega al vencedor un pasaporte directo a la gran final, un duelo que combina rivalidad histórica, intensidad táctica y la presencia de algunas de las jugadoras más destacadas de la Liga F Moeve.

    (Fuente: Getty imágenes)

    El estadio se engalana para recibir a dos equipos que, pese a compartir ciudad y ambición, representan filosofías de juego opuestas: el Real Madrid apuesta por la posesión, la amplitud y la construcción desde atrás, mientras que el Atlético mantiene su ADN caracterizado por presión alta, intensidad en la recuperación y transiciones veloces que han definido su éxito en la última década. La tensión es palpable en cada entrenamiento, en cada declaración de las protagonistas y en la expectativa de una afición que conoce de memoria la pasión de estos enfrentamientos.

    Históricamente, los derbis madrileños femeninos han ofrecido partidos intensos, donde cada acción puede definir el resultado. Desde que el Real Madrid consolidó su proyecto femenino de élite en 2020, los choques con el Atlético se han convertido en auténticas pruebas de carácter y táctica.

    En los últimos cinco enfrentamientos directos, los resultados se han repartido entre ambos equipos, aunque el Atlético ha logrado imponerse en momentos decisivos, sobre todo en semifinales de Copa de la Reina y jornadas clave de Liga F, donde su solidez defensiva y efectividad en transiciones rápidas marcaron la diferencia.

    Los precedentes históricos entre ambos equipos, que son enemigos irreconciliables, son favorables para los intereses rojiblancos amén de seis victorias, cuatro empates y cuatro derrotas en los catorce derbis anteriores.

    Sin embargo, el Real Madrid ha demostrado que la calidad individual de jugadoras como Linda Caicedo, Caroline Weir y Sara Däbritz es capaz de romper cualquier esquema defensivo con combinaciones rápidas, movimientos entre líneas y precisión en los metros finales.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Este derbi, más allá de la supremacía local, representa un pulso entre proyectos distintos: el Real Madrid en consolidación, con inversión y planificación a largo plazo, frente al Atlético, que ha mantenido un modelo ganador que combina veteranía, juventud y resultados constantes en finales y semifinales.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El Real Madrid llega a Castellón con un bloque equilibrado, donde la seguridad en portería de Misa Rodríguez, líder y capitana del equipo, será fundamental para contener la verticalidad y rapidez del Atlético. En defensa, jugadoras como Maëlle Lakrar, María Méndez y Yasmim formarán un muro que deberá soportar las internadas veloces de Luany Da Silva Fiamma Benítez, mientras que Bella Andersson aportará velocidad y capacidad de anticipación en la cobertura lateral. El mediocampo es uno de los puntos fuertes del equipo, con Sandie Toletti y Sara Däbritz coordinando la salida de balón, gestionando la presión rival y conectando con las delanteras. Hanna Bennison y Filippa Angeldahl equilibran recuperación y apoyo ofensivo, permitiendo que la línea de ataque pueda desplegarse con libertad.

    (Fuente: Getty imágenes)

    En la delantera, Linda Caicedo es la referencia de velocidad y desequilibrio, capaz de generar superioridad en uno contra uno, mientras que Caroline Weir aporta visión de juego y capacidad de remate desde fuera del área, complementando la amenaza de Signe Bruun, que llega en plena recuperación de su lesión, y Eva Navarro, especialista en desequilibrar a la defensa con movimientos inteligentes.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Por su parte, el Atlético de Madrid confía en su experiencia y cohesión de grupo para imponerse en un duelo donde la intensidad física será clave. Lola Gallardo, capitana y guardameta, será la garantía defensiva, ofreciendo seguridad y liderazgo a todo el bloque. La defensa combina experiencia y juventud, con Andrea Medina, Lauren Leal, Xènia Pérez y Silvia Lloris formando un muro difícil de superar, mientras que Rosa Otermín aporta salida limpia por el lateral. En el centro del campo, Vilde Bøe Risa y Júlia Bartel equilibran control de juego y capacidad ofensiva, imponiendo el ritmo del partido y generando transiciones rápidas hacia el ataque. La línea ofensiva, encabezada por Luany Da Silva , Fiamma Benítez y Amaiur Sarriegi, representa un constante peligro, complementada por la desequilibrante Jensen por banda, capaz de generar superioridad numérica y asistir en los momentos decisivos.

    La experiencia de Víctor Martín, entrenador del Atlético, garantiza un planteamiento sólido que combina orden táctico, presión coordinada y lectura de los momentos clave del derbi.

    Tácticamente, el choque se presenta como un duelo de contrastes. El Atlético buscará imponer su presión alta y recuperación inmediata, intentando explotar cualquier pérdida de balón madridista. Las transiciones rápidas serán fundamentales, con el objetivo de sorprender a la defensa blanca antes de que se reorganice.

    Por su parte, el Real Madrid intentará controlar la posesión, mover el balón con criterio, abrir espacios y aprovechar la movilidad de sus delanteras para desarmar la presión rival. Las bandas serán escenario de constantes batallas: Caicedo y Weir frente a Maca Portales y Amaiur Sarriegi, donde cada acción puede abrir el camino hacia el gol. La defensa de áreas y la capacidad de concentración de porteras y centrales serán determinantes: un solo error puede cambiar el destino del derbi y definir qué equipo avanza a la final.

    El aspecto psicológico también jugará un papel importante. Ambos equipos han demostrado fortaleza mental en instancias decisivas. La capacidad de mantener la calma bajo presión, la resiliencia tras un gol en contra y la gestión de momentos de tensión marcarán la diferencia. La historia reciente muestra que los derbis madrileños suelen resolverse en detalles: jugadas a balón parado, errores individuales o decisiones tácticas puntuales. La lectura del juego y la capacidad de adaptación de cada entrenadora serán decisivas. El Real Madrid, con su enfoque en posesión y combinaciones rápidas, deberá equilibrar creatividad con disciplina defensiva.

    El Atlético, con su intensidad y solidez táctica, buscará aprovechar cada contragolpe y dominar el ritmo del partido.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    La repercusión mediática y el seguimiento de aficionados añade un componente extra de presión y espectáculo. Redes sociales, medios de comunicación y la expectación de la Liga F Moeve convierten a Castellón en un escenario donde cada jugada se analiza y cada gol se celebra con intensidad. Las declaraciones previas de las protagonistas subrayan la motivación máxima: Amaiur Sarriegi destaca la importancia de mantener el orden táctico, mientras que Linda Caicedo resalta la necesidad de imponer su juego ofensivo y aprovechar las oportunidades que surjan.

    Cada entrenadora ha estudiado al detalle al rival, buscando debilidades y maximizando fortalezas para un partido que promete ser recordado como un clásico moderno del fútbol femenino español.

    En conclusión, este derbi de semifinal de la Supercopa de España Iberdrola no es solo un partido; es un choque de estilos, una confrontación de proyectos y un espectáculo de fútbol de alto nivel. Real Madrid y Atlético de Madrid se juegan más que un pase a la final: se juegan prestigio, rivalidad y la posibilidad de consolidar sus nombres en la historia reciente del fútbol femenino. Con plantillas equilibradas, figuras capaces de cambiar el destino del encuentro y tácticas que prometen tensión en cada metro del campo, Castellón se prepara para un domingo inolvidable donde la pasión, la técnica y la estrategia se funden en un derbi que marcará el rumbo de la Supercopa 2026.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Y cuando el balón eche a rodar en Castellón, ya no habrá espacio para la teoría ni para la estadística.

    Todo quedará reducido a noventa minutos —o quizá más— en los que el orgullo de dos escudos, la ambición de dos proyectos y el carácter de dos vestuarios se pondrán a prueba sin red.

    (Fuente: RFEF)

    El Real Madrid saltará al césped con la convicción de quien quiere escribir su nombre con letras definitivas en la historia de las grandes noches, decidido a imponer su juego, su talento y su identidad. El Atlético de Madrid lo hará con la mirada de quien conoce este terreno, de quien ha sobrevivido a finales, a derrotas y a conquistas, y sabe que los títulos no se piden: se arrancan.

    Será entonces cuando cada carrera de Linda Caicedo, cada golpeo de Caroline Weir, cada parada de Misa Rodríguez o cada orden de Lola Gallardo desde el área cobren un significado mayor que el propio partido.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Cuando la presión, el silencio previo a una ocasión clara y el rugido tras un gol recuerden por qué el fútbol femenino español vive uno de los momentos más apasionantes de su historia. En Castellón no se jugará solo una semifinal; se disputará un capítulo más de un derbi que ya es patrimonio emocional del fútbol nacional.

    Al final, solo una avanzará hacia la gran final de la Supercopa de España Iberdrola. La otra tendrá que asumir que incluso en la derrota se forjan los equipos que regresan más fuertes. Pero pase lo que pase, este Real Madrid-Atlético de Madrid ya ha ganado su sitio en la memoria: como un duelo de máxima exigencia, de talento desbordado y de emociones sin concesiones.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Porque hay partidos que deciden títulos… y hay derbis que definen una época. Este, sin duda, aspira a ser ambos.

    🔜 NEXT GAME

    🏆 Supercopa de España Iberdrola |

    ✨ Primera semifinal ✨


    🔥 Real Madrid 🆚 Atlético de Madrid 🔥

    📅 Martes, 20 de enero de 2026

    ⏰ 19:15 horario peninsular

    📺 Teledeporte

    🏟️ SkyFi Castalia, Castellón

  • Oficial | Gio Queiroz se acerca al regreso: el Atlético de Madrid Femenino celebra su primer entrenamiento sobre el césped tras la grave lesión de peroné

    (Fuente: Atlético de Madrid)

    🟣 Tras meses de recuperación tras una fractura de peroné sufrida en la Liga de Campeones Femenina, Gio Queiroz ha completado su primer entrenamiento sobre el césped en Alcalá de Henares. El Atlético de Madrid Femenino observa con esperanza cómo su atacante se aproxima a la reincorporación plena, reforzando la ilusión de la afición rojiblanca y la competitividad del equipo en la Liga F Moeve, Copa de la Reina y en Europa.

    El Club Atlético de Madrid ha dado un paso decisivo hacia la recuperación de uno de sus activos más valiosos del ataque femenino, Gio Queiroz. La joven futbolista, que sufrió una grave lesión de peroné el pasado 17 de octubre de 2025 durante un encuentro de la Liga de Campeones Femenina frente al Manchester United Women, ha iniciado la fase final de su proceso de rehabilitación con un primer entrenamiento sobre el césped de Alcalá de Henares.

    El vídeo publicado en las redes sociales oficiales del club muestra a Queiroz en una sesión supervisada por el cuerpo técnico y médico del Atlético de Madrid, realizando ejercicios específicos diseñados para evaluar su movilidad, fuerza y confianza en el terreno de juego. La imagen de la atacante avanzando con seguridad y control sobre el césped supone un hito simbólico y práctico: tras varios meses de ausencia, el retorno al grupo parece cada vez más cercano, y el club transmite un mensaje de optimismo y prudencia en la gestión de su recuperación.

    La lesión se produjo en un partido de máxima exigencia, en el que Queiroz sufrió una entrada contundente por parte de la defensora neerlandesa Dominique Janssen.

    La fractura de peroné supuso un periodo prolongado de recuperación, implicando sesiones intensivas de fisioterapia, fortalecimiento muscular y readaptación progresiva al entrenamiento con balón. Desde entonces, la futbolista ha seguido un protocolo riguroso diseñado para minimizar riesgos, garantizar la recuperación total de la articulación y permitirle reincorporarse a la competición sin limitaciones físicas.

    Gio Queiroz, exjugadora del Madrid CFF, se incorporó al Atlético de Madrid con la expectativa de reforzar el ataque y aportar desequilibrio en la delantera. Su trayectoria destaca por una combinación de velocidad, habilidad técnica y capacidad de definición, cualidades que la convirtieron en pieza clave del club madrileño y en una de las figuras emergentes de la Liga F Moeve.

    La interrupción de su temporada por la lesión generó un vacío en la plantilla, que exigió ajustes tácticos y estrategias alternativas por parte del cuerpo técnico. Ahora, la progresiva reincorporación de Queiroz anticipa la vuelta a la dinámica ofensiva habitual, con posibilidades de incrementar el potencial goleador y la competitividad del equipo tanto en el campeonato nacional como en las competiciones europeas.

    La coordinación entre fisioterapeutas, preparadores físicos y entrenadores ha permitido que Gio Queiroz avance con seguridad hacia su reincorporación plena.

    El club, consciente de la relevancia de esta etapa, ha compartido el vídeo con la afición, no solo como un anuncio de esperanza, sino como un testimonio del trabajo constante detrás de cada regreso al césped. La publicación refleja la filosofía rojiblanca: paciencia, profesionalidad y compromiso con la salud de sus futbolistas. La imagen de Gio Queiroz entrenando sobre el césped simboliza no solo su recuperación física, sino también su fortaleza mental y su determinación por volver a contribuir al Atlético de Madrid Femenino.

    El primer entrenamiento de la atacante ha sido supervisado minuciosamente por el equipo médico del club, que ha evaluado su respuesta a los ejercicios de carrera, cambios de dirección y contacto con el balón. Cada gesto y cada movimiento son analizados para garantizar que la jugadora pueda retomar su actividad sin riesgo de recaída.

    A nivel deportivo, la vuelta de Queiroz supondrá un refuerzo significativo para el cuerpo técnico, que podrá volver a contar con una jugadora capaz de desbordar defensas, crear situaciones de gol y aportar soluciones en fases críticas de los partidos. Su regreso es especialmente relevante para la planificación de la segunda mitad de la temporada en la Liga F Moeve y para los desafíos en competiciones europeas, donde cada incorporación de calidad puede marcar la diferencia.

    El Atlético de Madrid Femenino mantiene un seguimiento continuo del progreso de Gio Queiroz, alternando sesiones individuales de entrenamiento con actividades progresivas de grupo, para garantizar que la reintegración al equipo se produzca de forma natural y segura. Cada fase de recuperación es documentada y analizada, asegurando que los parámetros de movilidad, fuerza y resistencia cumplan los estándares establecidos por el cuerpo médico del club.

    Más allá de los aspectos físicos, el regreso de Queiroz también tiene un impacto emocional y motivacional. Su presencia en el césped genera un impulso positivo dentro del vestuario, incrementa la moral del equipo y refuerza la conexión con la afición, que sigue de cerca su recuperación y celebra cada avance como un logro compartido. El Atlético de Madrid ha subrayado la importancia de gestionar adecuadamente esta etapa, combinando entusiasmo y prudencia, para maximizar el rendimiento futuro de su jugadora y garantizar su plena recuperación.

    Gio Queiroz, consciente del impacto de su lesión y de la responsabilidad que implica su regreso, ha mostrado un compromiso absoluto durante todo el proceso. Su determinación, disciplina y actitud positiva frente a la rehabilitación son valoradas tanto por sus compañeros como por el cuerpo técnico. La comunicación constante con los preparadores físicos y médicos ha permitido ajustar los ejercicios y progresiones a sus necesidades individuales, asegurando que cada paso hacia la reincorporación se produzca con garantías.

    El Atlético de Madrid Femenino, tres veces campeón de la Liga F Moeve, ve en la recuperación de Queiroz un símbolo de resiliencia y planificación deportiva. La gestión de lesiones graves forma parte de la estrategia del club para mantener su competitividad y proteger el bienestar de sus futbolistas. La coordinación entre departamentos, la planificación detallada de la recuperación y la comunicación abierta con la jugadora son elementos clave que han permitido que Gio Queiroz alcance esta fase avanzada de rehabilitación.

    El retorno al césped marca un antes y un después en la temporada del Atlético de Madrid Femenino. La combinación de experiencia, talento y capacidad de recuperación de Gio Queiroz representa un activo estratégico para los objetivos del club, tanto en la Liga F Moeve como en competiciones internacionales. La progresiva incorporación al entrenamiento colectivo permitirá ajustar los automatismos, fortalecer la química con sus compañeras y optimizar la eficacia en el ataque, elementos fundamentales para mantener el nivel competitivo del equipo en todas las competiciones.

    En resumen, el primer entrenamiento sobre el césped de Gio Queiroz es mucho más que un simple retorno físico: simboliza esfuerzo, disciplina y esperanza. El Atlético de Madrid Femenino celebra este avance con prudencia y entusiasmo, consciente de que el proceso de recuperación completa requiere tiempo, supervisión y dedicación. La afición rojiblanca puede anticipar un regreso que no solo reforzará el ataque del equipo, sino que también inspirará a todos los que siguen de cerca la trayectoria de la jugadora.

    El club continuará informando puntualmente sobre la evolución de Gio Queiroz, acompañando su camino de regreso a la competición oficial con una estrategia meticulosa y una visión de futuro clara. Cada sesión de entrenamiento, cada mejora en movilidad y fuerza, y cada contacto con el balón representa un paso más hacia su plena reincorporación y el fortalecimiento del Atlético de Madrid como uno de los referentes de la Liga F Moeve y del fútbol femenino europeo.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    La recuperación de Gio Queiroz es, en última instancia, un relato de paciencia, profesionalidad y compromiso, que refleja la cultura de excelencia que define al Atlético de Madrid Femenino. La combinación de talento, disciplina y resiliencia permitirá que la atacante retome su papel en el equipo, aportando capacidad ofensiva, desequilibrio en el ataque y liderazgo dentro del vestuario. La expectativa por su regreso genera ilusión, marca un hito en la temporada y refuerza la narrativa de un club comprometido con la salud, la seguridad y el rendimiento de sus futbolistas.

    Con su primer entrenamiento sobre el césped de Alcalá de Henares, Gio Queiroz avanza de manera decisiva hacia su retorno competitivo, ofreciendo a la afición y al club la certeza de que su regreso está cada vez más cerca. La planificación, el seguimiento médico y la supervisión técnica han sido elementos esenciales en este proceso, garantizando que cada paso hacia la recuperación sea seguro y eficiente. La combinación de prudencia y determinación marca la pauta de un regreso que promete ser fundamental para los objetivos deportivos del Atlético de Madrid Femenino en la presente temporada.

    La trayectoria de Gio Queiroz, marcada por talento, esfuerzo y profesionalidad, encuentra ahora un nuevo capítulo: el retorno al ataque del Atlético de Madrid Femenino tras una lesión que exigió paciencia y disciplina extremas. Cada sesión de entrenamiento, cada ejercicio y cada contacto con el balón reflejan un progreso constante y la promesa de un regreso completo, que fortalecerá al equipo, inspirará a la afición y reafirmará el compromiso del club con la excelencia deportiva y la salud de sus futbolistas.

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Oficial | Misa hará historia en el SkyFi Castalia

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️La internacional absoluta por España y campeona del Mundial 2023 cumplirá un nuevo hito como merengue en Castellón.

    (Fuente: Real Madrid TV)

    Misa alcanzó contra el Granada las 80 porterías a cero con el Real Madrid y ha viajado a Castellón sabiendo que podrá ampliar su leyenda como merengue, con el que cumplirá 200 encuentros. en la primera semifinal de la Supercopa de España Iberdrola, precisamente ante el Atlético de Madrid, con el que fue campeona de la Liga F en 2017, 2018 y 2019, si Pau Quesada estima oportuno ponerla en el once titular.

    La ganadora del Trofeo Zamora en 2021 y 2023 protagonizó hace ya cinco años un episodio conocido como “Misma pasión” al ser víctima de un deplorable acoso en redes sociales tras celebrar una victoria europea del equipo masculino a costa del Liverpool (3-1) en plena pandemia del coronavirus.

    La canaria festejó ese éxito al compartir en su cuenta de Twitter, ahora X, una imagen suya junto con la de Marco Asensio, autor del segundo gol ante los ingleses. «Misma pasión», escribió en el tuit en el que citaba al equipo masculino y femenino del Madrid.

    La publicación poco duró en Twitter ya que la portera del conjunto blanco se vio obligada a borrarla después de recibir numerosos insultos machistas e hirientes que no se pueden tolerar en pleno siglo XXI.

    Marco Asensio no vivió ajeno a lo que Misa Rodríguez tuvo que sufrir que sufrir por celebrar la victoria ante el Liverpool y el gol que marcó. El futbolista del primer equipo masculino quiso mostrar su apoyo a su compañera y colgó un mensaje de apoyo en la redes sociales para salir en su defensa. «Misma pasión. Que nada ni nadie te impida decir los que piensas», escribió el por entonces jugador blanco.

    Este desafortunado episodio reforzó su vínculo madridista y desde entonces se ha convertido en un símbolo para la afición del Estadio Alfredo Di Stéfano, ayudada por sus grandes intervenciones y el amor que demostró por la entidad desde su llegada.

    Ahora, favorecida por la lesión de su compañera Frohms, ha recuperado la titularidad en el conjunto blanco y buscará en Castellón ser bicentenaria en el choque de semifinales ante el Atlético de Madrid (19:15 horario peninsular, Teledeporte) y querrá celebrarlo con el pase a la gran final, pero antes tendría que frenar el empuje ofensivo de las colchoneras, que bajo el liderazgo ofensivo de Luany Da Silva o Amaiur Sarriegui, dos goleadoras asiduas, anhelan por encima de todo, poner fin a una racha de nueve compromisos oficiales sin ganar.

    Sea como fuere, este choque de trenes entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid es una cita ineludible para los amantes del fútbol femenino español, pues una plaza en el partido por el título está en liza y la emoción es desbordante, de eso no hay duda.

    (Fuente; Liga F Moeve)
  • Oficial | Noventa minutos para tocar la historia: Real Madrid y Atlético se citan en Castalia con una final de la Supercopa en juego

    ⬛️ El fútbol no siempre concede segundas oportunidades, pero sí señala escenarios donde todo puede cambiar. Castalia, estadio de memoria popular y tradición competitiva, acoge una semifinal de Supercopa de España que trasciende el formato y el calendario. Real Madrid y Atlético de Madrid se enfrentan en un derbi sin red, a partido único, con una final en el horizonte y con la certeza de que solo una de las dos saldrá reforzada de una noche que promete tensión, emoción y relato. Pau Quesada y Misa Rodríguez pusieron voz, pulso y contexto a una cita que ya pertenece al imaginario de la temporada.

    La Supercopa de España no concede margen para la especulación. Es un torneo breve, incisivo, diseñado para separar con rapidez a quienes sostienen el pulso competitivo bajo presión de quienes necesitan tiempo para construir certezas. En ese formato comprimido, cada error pesa más, cada acierto se amplifica y cada decisión adquiere una dimensión definitiva.

    Para el Real Madrid, esta semifinal ante el Atlético no es solo un acceso a una final. Es una prueba de madurez, de identidad y de capacidad para sostener su discurso futbolístico cuando el contexto aprieta. Para el Atlético, es la oportunidad de volver a demostrar que en los escenarios cerrados, donde la táctica y el carácter se imponen, sigue siendo un rival incómodo, feroz y plenamente competitivo.

    El formato de partido único elimina cualquier cálculo. No hay vuelta, no hay corrección posterior. Noventa minutos —y lo que venga después— para imponer una idea, resistir la del rival y escribir el siguiente capítulo de un derbi que ya no entiende de dinámicas largas, sino de momentos decisivos.

    La elección de Castalia como sede no es menor. Castellón no es una plaza neutra; es una ciudad con una relación histórica con el fútbol, con un estadio que ha vivido ascensos, descensos y noches de identidad colectiva. Llevar allí una semifinal de Supercopa femenina no es solo una decisión logística, es una declaración de intenciones: descentralizar, expandir y conectar el fútbol femenino de élite con territorios donde la pasión es genuina y constante.

    Pau Quesada lo expresó con claridad al valorar el escenario como “magnífico”, destacando no solo la entidad del rival, sino el contexto que rodea al partido. Castalia, recordó, es un estadio que se llenaba incluso en categorías inferiores, un símbolo de fidelidad y pertenencia. Ese mismo espíritu es el que se espera en una noche donde las gradas no solo acompañarán, sino que amplificarán cada acción del juego.

    El llamamiento es claro: que el estadio se llene, que acudan escuelas de fútbol femenino, familias, aficionados de ambos equipos y público neutral. Que Castalia sea una fiesta del fútbol, un escaparate donde la Supercopa no sea solo un trofeo, sino una experiencia compartida.

    Hablar de Real Madrid–Atlético es hablar de un partido que se explica por sí mismo. Un derbi no entiende de clasificaciones previas ni de etiquetas externas. Es un enfrentamiento que se rige por códigos propios, donde la emoción y el contexto suelen neutralizar cualquier favoritismo teórico.

    Quesada fue tajante al respecto: “A partido único cualquier rival te puede ganar. No hay favoritos en el derbi”. Sus palabras no responden a la prudencia habitual del discurso previo, sino a una lectura realista de los precedentes recientes, donde los resultados han oscilado entre victorias, empates y derrotas, reflejando la igualdad estructural de este cruce.

    En un derbi, la gestión emocional es tan importante como el planteamiento táctico. La capacidad para sostener el plan cuando el rival aprieta, para no descomponerse en los tramos de mayor exigencia y para interpretar correctamente los momentos del partido marca la diferencia. Y ahí, la experiencia acumulada en este tipo de encuentros adquiere un valor incalculable.

    Real Madrid llega a esta semifinal con una sensación de crecimiento constante, aunque no exenta de desafíos. Quesada reconoció que el equipo ha tenido ritmo y continuidad, pero también partidos en los que el rival ha llevado al límite cada fase del juego. En esos contextos, apuntó, se hace necesaria una mayor contundencia y madurez, aspectos que forman parte del proceso natural de un grupo que sigue evolucionando.

    Lejos de mostrar inquietud, el técnico transmitió tranquilidad. Su discurso se apoya en el trabajo diario, en la profesionalidad del grupo y en la convicción de que incluso cuando los resultados no acompañan o el juego se atasca, el compromiso y la ética competitiva de las jugadoras sostienen el proyecto.

    Esa confianza no nace de la retórica, sino de la observación cotidiana. De lunes a sábado, insistió, el equipo trabaja con una intensidad que le permite afrontar estos escenarios con seguridad. La semifinal no es un examen aislado, sino la consecuencia de hábitos construidos en cada entrenamiento, en cada partido de liga, en cada momento no marcado en rojo en el calendario.

    Uno de los mensajes más relevantes del discurso de Quesada fue la naturalización del torneo. La Supercopa no se aborda como un paréntesis, sino como una extensión del trabajo habitual. Los partidos se encaran del mismo modo, independientemente del contexto o del rival. Esa coherencia metodológica es, para el cuerpo técnico, una garantía de preparación real.

    “No porque el Barça esté a diez puntos”, explicó, se altera la exigencia interna. Cada once inicial asume el partido como un examen, ya sea ante el Levante en liga o ante el Atlético en una semifinal. La presión y la intensidad no se negocian. Cambia el escenario, pero no el compromiso.

    Esa mentalidad es especialmente relevante en torneos cortos, donde la capacidad de replicar comportamientos estables en contextos extraordinarios suele marcar la diferencia entre avanzar o quedarse en el camino.
    análisis del rival fue preciso y sin adornos. Quesada subrayó dos rasgos fundamentales del Atlético: su capacidad para mover el balón y su velocidad en los metros finales. Jugadoras como Fiamma representan una amenaza constante en la búsqueda de espacios, en la ruptura y en la transición ofensiva.

    Controlar esos aspectos será clave para el Real Madrid, pero el planteamiento no pasa únicamente por neutralizar, sino por imponer su propio estilo. El técnico se mostró convencido de que el equipo llega preparado para ello, con las ideas claras y con la confianza necesaria para llevar el partido al terreno que más le conviene.

    La semifinal, por tanto, se perfila como un duelo de identidades: la propuesta de posesión y ritmo frente a la capacidad atlética y la verticalidad. Un choque donde cada ajuste táctico puede inclinar la balanza.

    Más allá del resultado, la semifinal representa una nueva oportunidad para consolidar el crecimiento del fútbol femenino en España. La descentralización de las sedes, la ocupación de estadios históricos y la visibilidad de partidos de alto nivel contribuyen a normalizar una realidad que ya no es promesa, sino presente.

    Quesada lo expresó desde una perspectiva integradora: que vengan aficionados de ambos equipos, que el estadio se llene, que el espectáculo sea compartido. El derbi como confrontación deportiva, sí, pero también como celebración de un deporte que sigue ampliando su base social.

    Pau Quesada compareció en la rueda de prensa previa con el tono de quien entiende la magnitud del momento, pero no se deja arrastrar por él. No hubo grandilocuencia impostada ni refugio en tópicos. Su primera valoración del encuentro situó la semifinal exactamente donde debe estar: como un escenario privilegiado, exigente y estimulante.

    “Unas semifinales es un escenario magnífico”, señaló, subrayando tanto el contexto competitivo como la entidad del rival. Castalia, el Atlético, la Supercopa y el formato a partido único conforman, en su visión, un conjunto que “lo tiene todo para disfrutar del partido, de los 90 minutos e ir a por ello”. En esa frase se condensa una idea clave: disfrutar no es relajarse, sino asumir la exigencia máxima con ambición y determinación.

    La sensación que transmite el técnico es la de un grupo preparado para convivir con la presión, para reconocerla y convertirla en motor competitivo. No hay ansiedad por el resultado inmediato, sino deseo de que el balón eche a rodar, de que el partido empiece y permita al equipo expresarse.

    Uno de los puntos más relevantes de su intervención fue el análisis honesto del rendimiento del equipo a lo largo de la temporada. Quesada no se refugió en una lectura complaciente. Reconoció que el Real Madrid ha tenido ritmo y continuidad, pero también encuentros en los que el rival ha elevado tanto la exigencia que ha obligado al equipo a explorar sus propios límites.

    “Hay partidos en los que el rival te lleva al límite”, explicó, apuntando a la necesidad de mayor contundencia y madurez en determinados tramos. No se trata de una crítica aislada, sino de una reflexión estructural: los partidos grandes no se ganan solo desde la propuesta, sino desde la capacidad de gestionar momentos adversos, de sostener el plan cuando el margen de error se reduce al mínimo.

    Ese aprendizaje, insistió, forma parte del proceso. Y en ese proceso, el cuerpo técnico encuentra tranquilidad en el trabajo diario. La referencia constante al lunes a sábado no es casual: es ahí donde se construyen las respuestas que luego aparecen —o no— en los escenarios decisivos.

    Quesada puso el acento en aquello que no siempre se ve desde fuera: la ética de trabajo del grupo. “Es un grupo magnífico de jugadoras”, afirmó, destacando que incluso cuando los resultados no se dan o el juego se atasca, el compromiso y la profesionalidad del vestuario ofrecen garantías.

    Ese tipo de discurso no busca justificar tropiezos, sino contextualizarlos. En proyectos en crecimiento, la regularidad no se mide únicamente en marcadores, sino en la estabilidad del trabajo, en la coherencia del día a día y en la capacidad del grupo para sostener una identidad incluso en fases menos brillantes.

    Para el entrenador, esa es la base sobre la que se construye la confianza. No una confianza ciega, sino una confianza fundamentada en hábitos sólidos y en la respuesta colectiva ante la dificultad.

    Uno de los momentos más significativos de la rueda de prensa llegó al abordar el contexto externo, concretamente las referencias a su nombre en otros ámbitos del club. Quesada fue claro y directo: el día a día del equipo es “magnífico” y la comunión interna es difícil de encontrar.

    “Tenemos unas semifinales dentro”, afirmó, como recordatorio de que el presente competitivo exige máxima concentración. El fútbol, explicó, no permite perder el foco por elementos ajenos al trabajo inmediato. En un calendario exigente y en un contexto de alta exposición, la capacidad de aislarse del ruido externo se convierte en una ventaja competitiva.

    Ese mensaje no solo habla de su gestión personal, sino de la cultura que intenta consolidar en el vestuario: atención plena al aquí y ahora, respeto por el proceso y claridad absoluta en las prioridades.

    En su análisis del formato del torneo, Quesada dejó una de las reflexiones más estructurales de la comparecencia. La Supercopa, pese a su carácter rápido y decisivo, no altera la manera de encarar los partidos. No hay preparación especial en términos emocionales ni metodológicos. Lo que se hace en una semifinal se entrena y se exige también en un partido de liga aparentemente ordinario.

    “Esos pequeños hábitos de los días que no están marcados en rojo en el calendario”, explicó, son los que permiten demostrar si un equipo está realmente preparado. La frase encierra una visión profunda del alto rendimiento: los momentos extraordinarios no se improvisan, se reproducen.

    La presión, la intensidad y la profesionalidad no dependen del rival ni de la distancia en la clasificación. Cada once que salta al campo asume el partido como un examen, independientemente de que enfrente esté el Levante o el Atlético en una semifinal.

    Preguntado por el papel de favorito, Quesada desactivó el concepto con contundencia. En un derbi y a partido único, sostuvo, la etiqueta carece de valor real. Los precedentes recientes lo confirman: victorias, empates y derrotas se han repartido sin una tendencia clara.

    “No sirve para nada”, sentenció sobre la palabra favorito. Más allá de la frase, la idea de fondo es clara: confiar en supuestas jerarquías previas es una trampa en partidos de este tipo. La única certeza es la incertidumbre, y la única respuesta válida es la preparación.

    Ese enfoque conecta con una visión pragmática del fútbol: lo que ocurre en el campo se decide en la gestión de los detalles, no en los relatos previos.

    Preguntado por el papel de favorito, Quesada desactivó el concepto con contundencia. En un derbi y a partido único, sostuvo, la etiqueta carece de valor real. Los precedentes recientes lo confirman: victorias, empates y derrotas se han repartido sin una tendencia clara.

    “No sirve para nada”, sentenció sobre la palabra favorito. Más allá de la frase, la idea de fondo es clara: confiar en supuestas jerarquías previas es una trampa en partidos de este tipo. La única certeza es la incertidumbre, y la única respuesta válida es la preparación.

    Ese enfoque conecta con una visión pragmática del fútbol: lo que ocurre en el campo se decide en la gestión de los detalles, no en los relatos previos.

    El técnico cerró su intervención volviendo al escenario. Castalia no es solo un campo neutral; es un espacio con tradición, con memoria futbolística y con una afición acostumbrada a responder. Quesada expresó su deseo de que el estadio se llene, de que acudan seguidores de ambos equipos y de que el fútbol femenino aproveche esta oportunidad para seguir ampliando su alcance social.

    La mención a las escuelas de fútbol femenino no es anecdótica. Representa una mirada a largo plazo, una comprensión de que estos partidos no solo se juegan para ganar un trofeo, sino para inspirar, consolidar y normalizar.

    Y, con una sonrisa implícita en el discurso, añadió un matiz final: “si son más madridistas, mejor”. Una frase que humaniza el mensaje y conecta con la esencia del derbi.

    Hay cifras que no necesitan adornos. Doscientos partidos con una misma camiseta no son un dato estadístico; son una declaración de pertenencia, de constancia y de compromiso sostenido en el tiempo. Este martes, en el escenario de una semifinal de Supercopa y en medio de un derbi de máxima exigencia, Misa Rodríguez alcanzará esa cifra redonda con la camiseta del Real Madrid, convirtiendo el partido en un hito personal y colectivo.

    No es una efeméride menor. En un club joven en su sección femenina, donde muchas historias aún se están escribiendo, alcanzar los 200 partidos sitúa a Misa en una dimensión simbólica: la de referente estructural, la de futbolista que ha atravesado distintas etapas del proyecto y que hoy ejerce como capitana en uno de los momentos de mayor madurez competitiva del equipo.

    Misa compareció ante los medios con la serenidad de quien se siente preparada. Su primera valoración fue directa, sin rodeos: “Tenemos muchas ganas de que empiece ya el partido de mañana”. En esa frase se resume el estado anímico del vestuario: foco, ilusión y una voluntad clara de darlo todo en un escenario que exige máxima concentración.

    No hubo exceso de emoción ni dramatización del contexto. La capitana habló desde la normalidad del alto rendimiento, desde la convicción de un grupo que sabe lo que se juega, pero que no se deja paralizar por ello. El foco está puesto en el partido, en la ejecución y en la posibilidad de volver a alcanzar una final, un objetivo que el Real Madrid ya reconoce como parte de su horizonte natural.

    La evolución de Misa en esta temporada no es casual. Ella misma explicó que el trabajo comenzó mucho antes de que rodara el balón. “A nivel personal me preparé muy bien este verano”, señaló, subrayando la importancia de la planificación, la autocrítica y la búsqueda consciente de su mejor versión.

    Esa preparación ha tenido un reflejo claro en el rendimiento y en el rol que desempeña dentro del equipo. Portar el brazalete de capitana no es un elemento decorativo; implica liderazgo, responsabilidad y una presencia constante en los momentos clave. Para Misa, esta temporada está siendo “muy especial”, no solo por el rendimiento individual, sino por la vivencia colectiva del día a día junto a sus compañeras.

    Su discurso se aleja del yo para centrarse en el nosotras. Disfrutar del trabajo diario, acompañar al grupo y crecer juntas forman parte de una visión madura del liderazgo, basada más en la coherencia que en el protagonismo.

    Uno de los mensajes más repetidos por la capitana fue la tranquilidad del vestuario. Lejos de nerviosismo o ansiedad, el grupo afronta la semifinal con confianza. “Estamos muy tranquilas, con ganas de que ruede el balón”, afirmó, subrayando una sensación de preparación interior que no siempre es visible desde fuera.

    Esa calma no es pasividad. Es la consecuencia de un trabajo sostenido, de una convivencia diaria que ha fortalecido los vínculos y de una claridad colectiva respecto a lo que se quiere hacer en el campo. La confianza en poder llegar a “una final más” no nace de la presunción, sino de la experiencia reciente y del convencimiento de que el equipo tiene herramientas para competir al máximo nivel.

    Misa también valoró de forma positiva el hecho de que la Supercopa se dispute fuera de Madrid. Tras ediciones anteriores concentradas en la capital, llevar el torneo a otras comunidades autónomas amplía el alcance del fútbol femenino y refuerza su carácter nacional.

    “Es bonito que se haga en otras comunidades”, destacó, reconociendo la importancia de acercar este tipo de partidos a nuevos públicos. Castalia, en ese sentido, se convierte en un punto de encuentro entre tradición futbolística y presente competitivo, un escenario donde el fútbol femenino sigue consolidando su espacio propio.

    Al igual que su entrenador, Misa evitó cualquier referencia a favoritismos. La semifinal se reduce a una certeza: son 90 minutos, y serán muy difíciles. En ese marco, las jerarquías previas pierden relevancia. Lo único que importa es lo que ocurra sobre el césped.

    “Ojalá estar donde merecemos estar”, expresó, proyectando una aspiración que va más allá del resultado inmediato. Merecer estar en la final implica competir, sostener la identidad y responder en los momentos decisivos. Es una idea que conecta con el discurso del cuerpo técnico y que refuerza la coherencia interna del proyecto.

    En un club que sigue construyendo su historia en el fútbol femenino, Misa Rodríguez representa la continuidad. Ha sido testigo y protagonista de la evolución del equipo, de sus primeras grandes citas y de su consolidación entre la élite nacional.

    Los 200 partidos no son un punto de llegada, sino una marca en el camino. Una señal de que el proyecto avanza, de que existen referentes claros y de que la identidad del Real Madrid femenino se apoya en futbolistas que han crecido junto al escudo.

    No se trata solo de un partido; es un derbi con todas las letras. Real Madrid y Atlético de Madrid se enfrentan en una ciudad neutral, Castellón, pero la intensidad de la rivalidad trasciende la geografía. Cada encuentro entre estos dos clubes refleja décadas de competición, historia de ciudad, orgullo de afición y narrativa deportiva que trasciende los resultados individuales.

    El Real Madrid femenino, con un proyecto relativamente reciente, se enfrenta a un Atlético que ya ha consolidado su experiencia en escenarios decisivos. Ese contraste añade un componente de lectura histórica al choque: juventud y construcción frente a madurez y consolidación, ambición frente a jerarquía. Pero la cancha es democrática: a los 90 minutos todo se iguala, y la historia solo sirve como telón de fondo.

    Los últimos enfrentamientos reflejan la naturaleza imprevisible del derbi. La estadística se mueve entre victorias, empates y derrotas para ambos equipos, con márgenes estrechos y partidos definidos por detalles tácticos o individuales. Esa igualdad explica por qué Pau Quesada y Misa Rodríguez evitan hablar de favoritos: en un derbi y a partido único, las etiquetas externas carecen de sentido.

    Los precedentes muestran, además, cómo ambos equipos son capaces de adaptarse, de variar su propuesta y de reaccionar ante escenarios cambiantes. Esa capacidad de respuesta será crucial en Castalia: quién sepa imponerse, controlar los momentos críticos y leer correctamente los tiempos del partido dominará el resultado final.

    El Real Madrid llega con un plan definido: controlar el ritmo, imponer posesión y mantener la solidez defensiva frente a la verticalidad rival. La premisa principal es limitar los espacios para las delanteras atléticas, especialmente aquellas con velocidad y capacidad de desmarque como Fiamma, y neutralizar la transición rápida del Atlético.

    Al mismo tiempo, el equipo busca imponer su estilo: presión alta coordinada, circulación rápida y búsqueda constante de superioridades en zona de ataque. Cada línea tiene responsabilidades claras: la defensa debe anticipar, el medio debe conectar, y la delantera debe ser eficiente y decisiva en las ocasiones que se generen.

    Quesada enfatizó la importancia de la madurez y la contundencia en momentos críticos, recordando que el control emocional y la inteligencia táctica pueden inclinar la balanza en un partido donde cada detalle cuenta.

    Atlético presenta un desafío inverso: velocidad, movilidad y precisión en la última zona. Su estrategia se basa en encontrar huecos, explotar desmarques y buscar ruptura inmediata tras recuperación de balón. El equipo madrileño combina la verticalidad con la coordinación colectiva para generar presión y oportunidades rápidas.

    El derbi, por tanto, será una prueba de contraste: posesión y método frente a intensidad y ruptura. Los pequeños detalles —errores de control, pérdidas en zona crítica o decisiones en transición— tendrán un peso enorme en el desenlace.

    aspecto psicológico de un derbi a partido único es tan determinante como el táctico. La presión, la ansiedad o la euforia pueden aparecer de manera abrupta. El Real Madrid, liderado por Quesada y Misa, ha trabajado en la gestión de la tensión, en la concentración y en la capacidad de aislarse de factores externos.

    Los mensajes del técnico y de la capitana reflejan una cultura de calma activa: energía concentrada en el juego, confianza en los hábitos de entrenamiento y atención plena a cada jugada. Ese enfoque puede marcar la diferencia frente a un Atlético que también ha demostrado experiencia en la gestión de escenarios de alta presión.

    Más allá de lo estrictamente deportivo, esta semifinal es un mensaje para el fútbol femenino: descentralización de los torneos, visibilidad de partidos de élite fuera de la capital y consolidación de referentes en el campo. Castalia se convierte en un escaparate para aficiones, escuelas de fútbol y público neutral, fortaleciendo la percepción de que el fútbol femenino es espectáculo, historia y cultura deportiva.

    El Real Madrid y el Atlético no solo compiten por un lugar en la final: proyectan su influencia, consolidan su imagen y contribuyen a normalizar la competitividad femenina en estadios de primera categoría. Cada acción en el césped tiene un eco más allá del resultado.

    La combinación de historia, estrategia y psicología condensa la tensión de un torneo a partido único. La semifinal en Castalia será un choque de estilos, liderazgos y experiencias. Cada equipo tiene su narrativa: uno construye, otro impone; uno madura en el día a día, otro capitaliza la experiencia. Pero el resultado se definirá por la ejecución, la claridad táctica y la determinación en los momentos críticos.

    En ese sentido, el Real Madrid tiene claros sus objetivos: imponer identidad, controlar el balón, limitar los espacios del rival y sostener la calma cuando el partido exija su máximo nivel. El Atlético tiene su propia hoja de ruta: buscar ruptura, velocidad y eficacia en transición. El choque será un examen no solo de talento individual, sino de coordinación colectiva y de resiliencia psicológica.

    Castalia se prepara para vivir una noche histórica. El césped, las gradas, cada pasillo del estadio se llenan de significado. No es un simple encuentro: es un derbi de máxima tensión, una semifinal de Supercopa que condensa la temporada en noventa minutos de puro fútbol. El Real Madrid y el Atlético se citan en un escenario que mezcla historia y modernidad, tradición y ambición, pasión y profesionalidad. Cada jugadora que pise el terreno de juego estará escribiendo un capítulo más en la narrativa de sus equipos y, en el caso de Misa Rodríguez, de su propia leyenda.

    El estadio, que en otras épocas se llenaba incluso con partidos de Tercera, vuelve a abrir sus puertas a un espectáculo de élite. El llamado es a las aficiones de ambos clubes, a las escuelas de fútbol femenino y a quienes aman este deporte: que la pasión colectiva sea el aliento que eleve a las jugadoras y marque el pulso de una semifinal que promete tensión, dramatismo y épica.

    el corazón de este Real Madrid se encuentra Misa Rodríguez, capitana y referente. Alcanzar los 200 partidos con el club es mucho más que un número; es la representación tangible de constancia, dedicación y evolución. Su liderazgo se percibe en cada palabra, en cada gesto y en la confianza que transmite al vestuario. La cifra redonda coincide con uno de los momentos de mayor exigencia competitiva del club: una semifinal de Supercopa ante un rival directo y a partido único, donde el resultado define la posibilidad de tocar la final.

    Misa no solo encarna el presente, sino que simboliza la construcción de identidad de un equipo que busca consolidarse entre la élite. Su mensaje de calma, concentración y disfrute del trabajo diario resume la filosofía que ha sostenido al Real Madrid durante esta temporada: la combinación de esfuerzo, profesionalidad y cohesión como fórmula para afrontar los retos más difíciles.

    el corazón de este Real Madrid se encuentra Misa Rodríguez, capitana y referente. Alcanzar los 200 partidos con el club es mucho más que un número; es la representación tangible de constancia, dedicación y evolución. Su liderazgo se percibe en cada palabra, en cada gesto y en la confianza que transmite al vestuario. La cifra redonda coincide con uno de los momentos de mayor exigencia competitiva del club: una semifinal de Supercopa ante un rival directo y a partido único, donde el resultado define la posibilidad de tocar la final.

    Misa no solo encarna el presente, sino que simboliza la construcción de identidad de un equipo que busca consolidarse entre la élite. Su mensaje de calma, concentración y disfrute del trabajo diario resume la filosofía que ha sostenido al Real Madrid durante esta temporada: la combinación de esfuerzo, profesionalidad y cohesión como fórmula para afrontar los retos más difíciles.

    El Real Madrid–Atlético es más que un partido: es un choque de estilos y filosofía. Por un lado, el Real Madrid apuesta por la posesión, la construcción pausada y el control de los espacios; por otro, el Atlético responde con intensidad, verticalidad y velocidad en la transición. Los noventa minutos definirán quién puede sostener mejor su propuesta y quién consigue imponer su narrativa en el césped.

    La gestión de la presión será determinante. En un derbi y a partido único, cualquier detalle, cualquier decisión individual o colectiva puede definir el desenlace. La concentración, la capacidad de leer el juego y la serenidad ante la adversidad son tan importantes como la calidad técnica.

    simboliza la expansión del fútbol femenino en España. Llevar la Supercopa a Castellón permite conectar con nuevas audiencias, visibilizar el talento de las jugadoras y consolidar una narrativa de crecimiento que trasciende la competición. Cada acción, cada gol y cada intervención refuerza la idea de que el fútbol femenino no es solo un espectáculo deportivo, sino también un fenómeno cultural y social en expansión.

    Castalia se convierte en un escenario donde la historia y el presente se entrelazan. La pasión de la afición, la concentración de las jugadoras y la tensión de los noventa minutos se mezclan para crear un relato épico que quedará en la memoria colectiva.

    Todo lo anterior converge hacia un objetivo: la final de la Supercopa. No es un concepto abstracto ni una ambición lejana; es el destino inmediato. El Real Madrid y el Atlético compiten por alcanzarla, y cada acción sobre el césped es un paso hacia esa meta. La semifinal es la frontera que separa la posibilidad de la realidad. Y en esa frontera, solo la preparación, la cohesión y la capacidad de imponer identidad decidirán quién cruza al otro lado.

    Para Misa Rodríguez, para Pau Quesada y para todas las jugadoras, la final no es solo un objetivo: es la confirmación de un proyecto, la recompensa de un trabajo diario y la oportunidad de dejar una huella imborrable en la historia del club.

    La narrativa no está completa sin la afición. Castalia espera llenar sus gradas, y el aliento colectivo será un motor fundamental. Que vengan seguidores de ambos clubes, que se sientan parte del espectáculo y que conviertan cada acción en un pulso emocional compartido. La semifinal no se juega solo entre once contra once: la grada será parte del relato, amplificando cada instante y elevando la épica de un encuentro que ya pertenece al imaginario del fútbol femenino español.

    El mensaje de Quesada y Misa es claro: profesionalidad, concentración y disfrute del juego. Pero también es una invitación: que la pasión y la fidelidad se unan para construir un recuerdo que trascienda el marcador y quede grabado en la memoria de todos.

    La semifinal de Supercopa en Castalia es, en definitiva, un relato de historia, identidad, profesionalidad y emoción concentrada en 90 minutos. Es la síntesis de una temporada, la prueba de carácter de un equipo en construcción y la confirmación del crecimiento del fútbol femenino en España.

    Cada jugada, cada decisión y cada intervención sobre el césped tiene un peso simbólico. Cada mirada de Misa Rodríguez, cada instrucción de Pau Quesada y cada aplauso de la afición se suman a la narrativa de un derbi que no se olvida. Y al final de la noche, solo una pregunta tendrá respuesta inmediata: quién merece estar en la final.

    Ese será el capítulo final de la noche, pero también un nuevo inicio en la historia de un club que sigue construyendo su identidad, una jugadora que sigue consolidando su legado y una afición que sigue ampliando su pasión.

    El conjunto blanco ha participado en cuatro ediciones de la Supercopa hasta la fecha, donde siempre ha tenido al Barcelona como verdugo. Cayeron ante las azulgrana en semifinales en 2022 (0-1, en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas); en 2023 (1-3, en el estadio Romano de Mérida); en 2024 (0-4, en el estadio Butarque de Leganés); y en la final de 2025 (0-5, en el estadio Butarque de Leganés).

    🔜 NEXT GAME

    🏆 Supercopa de España Iberdrola |


    ✨ Primera semifinal ✨

    🔥 Real Madrid 🆚 Atlético de Madrid 🔥

    📅 Martes, 20 de enero de 2026

    ⏰ 19:15 horario peninsular

    📺 Teledeporte

    🏟️ SkyFi Castalia, Castellón

  • Oficial | El Atlético de Madrid ya sueña con la Supercopa Iberdrola: épica rojiblanca en Castellón

    (Fuente: RFEF)

    ⬛️ El Atlético de Madrid activa el modo Supercopa Iberdrola con la mirada puesta en la gloria. Este martes 20 de enero, a las 19:15 horas, las rojiblancas se medirán al Real Madrid en una semifinal que promete ser un choque de titanes, un derbi madrileño cargado de emoción, tensión y ambición, donde cada pase, cada carrera y cada decisión sobre el césped del Estadio Castalia de Castellón de la Plana puede marcar la diferencia entre la gloria y la derrota. Bajo la batuta de Víctor Martín, el equipo colchonero busca proyectar la versión más competitiva, sólida y equilibrada de la temporada, mientras jugadoras como Amaiur Sarriegi transmiten la ilusión y la unión de un vestuario dispuesto a dejarlo todo por un título que puede redefinir la historia reciente del club.

    El Atlético de Madrid activa oficialmente su modo Supercopa de España Iberdrola. Este martes 20 de enero, a las 19:15 horas, el Estadio Castalia de Castellón de la Plana se convertirá en el escenario de un derbi madrileño que ya se perfila como uno de los encuentros más intensos y apasionantes de la temporada.

    Las rojiblancas se medirán al Real Madrid en la primera semifinal de un torneo que no solo representa un título, sino también la oportunidad de consolidar su ambición, demostrar su solidez y reafirmar la identidad que las ha definido desde hace años: un Atlético de Madrid competitivo, disciplinado y capaz de sobreponerse a cualquier adversidad.

    El torneo, que en apenas unas ediciones ha logrado consolidarse como uno de los hitos del calendario femenino español, ofrece a los equipos participantes no solo la posibilidad de levantar un trofeo, sino de situarse en el epicentro de la narrativa futbolística nacional. Para el Atlético de Madrid, la Supercopa Iberdrola no es una competición más; es un terreno donde se conjugan historia, rivalidad y el desafío de superar los límites que cada temporada impone. Desde su creación, el club ha forjado una reputación de resiliencia y competitividad, y esta edición llega como la oportunidad de reafirmar ese legado, de dejar una huella imborrable y de disputar un derbi que, por su intensidad y significado, trasciende la estadística y el resultado.

    La preparación para el torneo comenzó el lunes 19 de enero en el Centro Deportivo Alcalá de Henares, donde el equipo rojiblanco realizó una sesión de entrenamiento que sirvió como antesala de lo que se espera sea un choque de máxima exigencia física y táctica. Víctor Martín, técnico del Atlético de Madrid, ofreció sus impresiones a los medios, enfatizando la necesidad de equilibrio: “Va a ser un partido de máximo nivel y tendremos que estar bien en los momentos que no tengamos la posesión. Hay que estar muy conectadas a las situaciones que va dando el partido, tanto en ataque como en defensa”.

    La reflexión del técnico trasciende la simple preparación física: es un llamamiento a la concentración, al análisis constante del juego y a la adaptación instantánea a las circunstancias del partido. Cada balón perdido, cada espacio concedido o cada oportunidad de ataque será crucial en un encuentro donde los detalles serán determinantes. En este contexto, la disciplina táctica y la conexión entre líneas se presentan como factores decisivos para poder superar a un rival que, por su nombre y ambición, no se conformará con menos que la victoria.

    Entre las jugadoras, Amaiur Sarriegi encarna la ilusión y el compromiso del vestuario. Sus palabras reflejan no solo la expectativa por la competición, sino la cohesión del grupo: “Al ser una nueva competición lo que nos genera es ilusión y ganas. Veo al vestuario más unido que nunca”. La importancia del encuentro, según la propia futbolista, radica en la combinación de factores: “Es un derbi, es una semifinal de Supercopa y hay un título en juego. Creo que no hay favoritos, será un derbi muy disputado en el que marquen la diferencia los pequeños detalles”.

    El derbi madrileño entre Atlético y Real Madrid posee un trasfondo histórico y emocional que lo convierte en mucho más que un simple partido. A lo largo de los últimos años, ambos equipos han protagonizado enfrentamientos memorables, caracterizados por la intensidad, la rivalidad y la pasión de sus aficiones. Cada encuentro es una narrativa en sí misma: la tensión del duelo directo, la exigencia táctica, la velocidad de las transiciones y la precisión en los últimos metros son elementos que construyen un relato donde la gloria se define por la constancia y la determinación.

    El Atlético de Madrid llega a Castellón con la intención de desplegar una versión de sí mismo que ha sido constante a lo largo de la temporada. Bajo la dirección de Víctor Martín, el equipo ha mostrado equilibrio, capacidad de presión y un juego asociativo que permite combinar la agresividad defensiva con la creatividad ofensiva. La preparación física y psicológica de las jugadoras busca garantizar que cada acción en el terreno de juego sea ejecutada con claridad, disciplina y determinación, conscientes de que un título como la Supercopa Iberdrola exige no solo talento, sino inteligencia táctica, resistencia y unidad grupal.

    La Supercopa de España Iberdrola no solo es un título; es un escenario donde se ponen a prueba los talentos individuales y la cohesión de equipo, y el Atlético de Madrid femenino llega con un plantel lleno de figuras que, temporada tras temporada, han demostrado su capacidad de elevarse en los momentos decisivos. Jugadoras como Amaiur Sarriegi, Silvia Lloris , Luany y Carmen Menayo no solo representan calidad técnica, sino también liderazgo, resiliencia y compromiso.

    Cada una aporta matices diferentes al juego: Sarriegi, con su visión de juego y capacidad de anticipación, es capaz de interceptar jugadas clave y generar transiciones rápidas que pueden desequilibrar a cualquier rival; Silva Lloris combina contundencia defensiva con una salida limpia desde el fondo; Luany , con su despliegue físico y precisión en el pase, se convierte en una pieza vital para sostener el equilibrio entre defensa y ataque; y Carmen Menayo ofrece experiencia, lectura de juego y personalidad para mantener la calma en los momentos de máxima presión.

    A lo largo de la temporada, el Atlético de Madrid ha construido un estilo reconocible: presión alta, líneas compactas y una capacidad constante de adaptación a diferentes rivales.

    El equipo rojiblanco ha demostrado que sabe leer los partidos, ajustarse a los contextos de juego y mantener la solidez incluso en los momentos de adversidad. Cada victoria ha sido fruto de una planificación meticulosa, de la combinación entre talento individual y esfuerzo colectivo, y del liderazgo de Víctor Martín, quien ha logrado que sus jugadoras entiendan que la competencia no se gana solo con calidad técnica, sino con disciplina, inteligencia táctica y compromiso emocional.

    El derbi frente al Real Madrid representa, en este sentido, un desafío que trasciende la táctica. La rivalidad entre ambos clubes ha crecido en intensidad con cada enfrentamiento, convirtiendo cada partido en un acontecimiento que genera expectativas tanto en la afición como en los medios. El Real Madrid, con su propio estilo de juego, plantea un reto complejo: velocidad en transición, posesión cuidadosa y un enfoque ofensivo que obliga al Atlético a mantener concentración absoluta durante los 90 minutos. La estrategia rojiblanca para este encuentro, tal como anticipa Víctor Martín, pasa por la conexión entre líneas, el equilibrio constante entre defensa y ataque y la capacidad de aprovechar los momentos de desequilibrio que inevitablemente surgirán en un derbi.

    El Atlético de Madrid también cuenta con una ventaja que va más allá del talento individual: la química entre sus jugadoras. El vestuario, según palabras de Amaiur Sarriegi, se encuentra más unido que nunca, un factor que puede ser decisivo en partidos de alta tensión. La unión del grupo permite que las jugadoras se apoyen mutuamente en situaciones críticas, que mantengan la moral alta y que respondan con eficacia ante cualquier adversidad. En un partido donde los pequeños detalles marcarán la diferencia, esa cohesión emocional y psicológica se convierte en un recurso invaluable, capaz de transformar una acción defensiva en un contraataque letal o un error en una recuperación que cambie el ritmo del encuentro.

    En cuanto al planteamiento táctico, el Atlético de Madrid ha trabajado intensamente para afrontar un rival que combina creatividad ofensiva con solidez defensiva. Las sesiones de entrenamiento en Alcalá de Henares han incluido simulaciones de presión alta, ejercicios de transición rápida y ensayos de jugadas estratégicas en las que la sincronización y la precisión son determinantes.

    Cada jugadora conoce su rol, pero también comprende la importancia de la flexibilidad: adaptarse a los movimientos del rival, anticipar las situaciones y tomar decisiones instantáneas que puedan generar ventajas. Este nivel de preparación refleja la profesionalidad del equipo y la seriedad con la que afronta un torneo que, por su carácter eliminatorio, no permite margen de error.

    El derbi madrileño en la Supercopa Iberdrola no es solo un enfrentamiento entre dos equipos; es un choque de identidades, estilos y ambiciones. Para el Atlético de Madrid, representa la oportunidad de reafirmar su posición como uno de los clubes más competitivos del fútbol femenino español, de demostrar que su proyecto va más allá de la temporada y de dejar una huella imborrable en la historia reciente del club. Cada pase, cada recuperación, cada disparo a portería será observado con atención, no solo por la afición, sino por aquellos que siguen el desarrollo del fútbol femenino con pasión y criterio, conscientes de que un derbi de estas características tiene capacidad de cambiar el relato de toda una temporada.

    La historia reciente de los enfrentamientos entre el Atlético de Madrid y el Real Madrid en el fútbol femenino ha ido construyéndose a golpe de partidos intensos, de duelos cerrados y de emociones contenidas hasta el último minuto. No es una rivalidad que se base únicamente en la proximidad geográfica o en el peso institucional de ambos clubes, sino en la ambición compartida de dominar el panorama nacional y de consolidarse como referentes en una disciplina que ha crecido de manera exponencial en los últimos años. Cada derbi ha dejado imágenes imborrables: disputas al límite, celebraciones contenidas, silencios tensos en las gradas y miradas que reflejan la magnitud de lo que está en juego. En este contexto, la semifinal de la Supercopa Iberdrola adquiere una dimensión especial, casi fundacional, porque no solo decide el acceso a una final, sino que contribuye a escribir un nuevo capítulo en la historia de esta rivalidad.

    La Supercopa Iberdrola, concebida como un escaparate del máximo nivel competitivo del fútbol femenino español, se ha consolidado como una competición de prestigio creciente. Para los clubes participantes, supone una oportunidad única de medir fuerzas en un formato corto, exigente y sin margen de error. Cada edición ha elevado el listón, tanto en términos de calidad futbolística como de atención mediática, y ha servido para proyectar el talento de las jugadoras y la solidez de los proyectos deportivos. En este escenario, el Atlético de Madrid comparece con la responsabilidad que otorga su trayectoria y con la convicción de que está preparado para competir de tú a tú contra cualquier rival.

    El viaje a Castellón de la Plana no es un simple desplazamiento logístico; es el tránsito simbólico hacia un territorio donde todo se decide en noventa minutos. La expedición rojiblanca parte con la serenidad de quien ha trabajado con rigor y con la ilusión de un grupo que cree firmemente en sus posibilidades. En cada maleta, además del material deportivo, viajan las horas de entrenamiento, las charlas tácticas, las correcciones minuciosas y las conversaciones internas que refuerzan la confianza colectiva. El Estadio Castalia espera como un escenario neutral, pero cargado de significado, dispuesto a acoger un duelo que promete intensidad desde el primer minuto.

    En la víspera del partido, el ambiente es de expectación contenida. No hay lugar para la euforia desmedida, pero tampoco para la duda. El mensaje es claro: competir como se ha hecho desde el inicio de la temporada, tal y como subrayó Víctor Martín en rueda de prensa. Esa continuidad en el rendimiento, esa coherencia entre discurso y hechos, es una de las principales fortalezas del Atlético de Madrid. El equipo sabe quién es, sabe cómo quiere jugar y sabe qué necesita para ganar. En un torneo corto como la Supercopa Iberdrola, esa claridad de ideas puede marcar la diferencia entre avanzar o quedarse en el camino.

    La preparación psicológica ha sido uno de los ejes centrales en los días previos al encuentro. Víctor Martín ha insistido en la importancia de gestionar las emociones, de mantener la cabeza fría y de interpretar correctamente cada fase del partido. En un derbi, los impulsos pueden jugar una mala pasada, y por ello el cuerpo técnico ha trabajado en la necesidad de transformar la tensión en energía positiva, de canalizar la adrenalina hacia la concentración y de entender que la paciencia puede ser tan decisiva como la agresividad bien entendida.

    El Atlético de Madrid quiere competir, pero también quiere dominar los tiempos del partido, imponer su ritmo y obligar al rival a jugar en escenarios incómodos.

    El Real Madrid, consciente de la magnitud del reto, se presenta como un adversario exigente, con capacidad para alternar posesiones largas con ataques verticales y con jugadoras capaces de decidir un partido en una sola acción. Este contexto obliga al Atlético a extremar la atención defensiva, a cerrar líneas de pase y a ser contundente en las disputas. Al mismo tiempo, el equipo rojiblanco sabe que deberá ser valiente con balón, aprovechar los espacios y no renunciar a su identidad ofensiva. La Supercopa no se gana solo resistiendo; se gana también atacando con criterio, confianza y determinación.

    La afición colchonera, aunque no siempre visible en masa en las gradas, acompaña al equipo con una fidelidad que se percibe en cada mensaje, en cada muestra de apoyo y en cada conversación previa al partido. El Atlético de Madrid femenino ha construido una relación sólida con su hinchada, basada en el esfuerzo, la cercanía y la sensación de pertenencia. Cada jugadora es consciente de que representa algo más que un escudo: representa una historia, una forma de entender el fútbol y una lucha constante por mantenerse en la élite. Esa responsabilidad, lejos de ser una carga, se convierte en un motor que impulsa al equipo en los momentos decisivos.

    El martes 20 de enero, cuando el balón eche a rodar en el Estadio Castalia, comenzará un partido que promete ser mucho más que una semifinal. Será una prueba de carácter, de madurez y de ambición. Será un derbi madrileño con aroma a historia, un enfrentamiento donde cada acción contará y donde los pequeños detalles, tal y como anticipó Amaiur Sarriegi, pueden decidir el destino de un título. El Atlético de Madrid ya sueña con la Supercopa Iberdrola, y ese sueño se alimenta de trabajo, de unión y de la convicción de que, en noches como esta, la épica no se anuncia: se construye minuto a minuto sobre el césped.

    La memoria competitiva del Atlético de Madrid femenino está construida sobre noches decisivas, sobre partidos en los que la presión no paralizó, sino que afiló los sentidos y reforzó la identidad colectiva. Semifinales, finales, encuentros límite en los que el margen de error se redujo a la mínima expresión y en los que el equipo supo responder con carácter, orden y una fe inquebrantable en su manera de competir. Esa memoria no se enseña en una pizarra ni se entrena únicamente en el césped; se transmite en el vestuario, en las miradas cómplices entre compañeras, en la experiencia acumulada de quienes ya han vivido situaciones similares y saben que, cuando todo se equilibra, el fútbol termina premiando a quien mejor entiende el contexto emocional del partido.

    La Supercopa Iberdrola, en ese sentido, representa un desafío particular. No hay fase de grupos, no hay margen para corregir errores en jornadas posteriores. Todo se condensa en un único encuentro, en una semifinal que puede abrir la puerta a la gloria o cerrar de golpe el camino al título. El Atlético de Madrid afronta este formato con una mentalidad que ha ido puliendo con el paso del tiempo: respeto máximo al rival, confianza absoluta en el trabajo realizado y una lectura inteligente de los momentos del partido. Saber cuándo acelerar, cuándo pausar, cuándo asumir riesgos y cuándo protegerse es parte de ese aprendizaje que diferencia a los equipos competitivos de los verdaderamente ganadores.

    En las horas previas al encuentro, el discurso interno es uniforme. No hay mensajes contradictorios ni promesas grandilocuentes. La consigna es clara y directa: competir, estar juntas, sostener el plan de partido y confiar en que las oportunidades llegarán. Víctor Martín ha construido su liderazgo desde la coherencia y la serenidad, evitando el ruido externo y focalizando toda la atención en lo que ocurre dentro del grupo. Su manera de entender el fútbol se refleja en un Atlético de Madrid reconocible, que no renuncia a la intensidad, pero que tampoco se deja arrastrar por el vértigo de los partidos grandes.

    El Estadio Castalia, testigo neutral del derbi madrileño, se prepara para acoger una semifinal que atraerá miradas más allá de los aficionados habituales. La Supercopa Iberdrola se ha convertido en un escaparate del crecimiento del fútbol femenino, y partidos como este refuerzan esa percepción. La calidad sobre el césped, la tensión competitiva y la carga simbólica del enfrentamiento contribuyen a consolidar una competición que ya no necesita presentaciones. Para las jugadoras, saltar al campo en este contexto supone asumir una responsabilidad añadida: la de representar no solo a su club, sino también el nivel de una liga que ha sabido evolucionar y ganar protagonismo.

    El Atlético de Madrid llega a esta cita con la determinación de quien entiende que las oportunidades no se repiten indefinidamente. Cada temporada ofrece nuevos retos, nuevos rivales y nuevos escenarios, y cada título tiene un valor único. La Supercopa Iberdrola no es un trofeo menor; es una declaración de intenciones, una forma de marcar territorio y de enviar un mensaje claro al resto de competidores. Ganarla implica demostrar regularidad, fortaleza mental y capacidad para rendir en los momentos de máxima exigencia.

    En este contexto, el papel de las líderes del vestuario adquiere una relevancia especial. Son ellas quienes, en los momentos de duda, sostienen al grupo; quienes recuerdan la importancia de mantener la calma y de confiar en el plan establecido. Son también quienes entienden que un derbi no se gana solo con talento, sino con sacrificio, solidaridad defensiva y una atención permanente a los detalles. Cada repliegue, cada cobertura, cada duelo individual suma en la construcción de un resultado que, llegado el tramo final, puede depender de una sola acción.

    El Real Madrid, como rival, exige al Atlético de Madrid su mejor versión. No hay espacio para la complacencia ni para la improvisación. Cada fase del juego estará sometida a una exigencia máxima, y cualquier desconexión puede resultar decisiva. Por ello, el mensaje de Víctor Martín sobre la necesidad de estar “muy conectadas” cobra un significado especial. La conexión no es solo táctica; es emocional, es colectiva, es la capacidad de sentir el partido como un todo y de responder de manera coordinada a cada estímulo.

    Cuando llegue el momento de pisar el césped, el Atlético de Madrid sabrá que no está solo. Detrás de cada jugadora hay un proyecto, una afición y una historia que empuja. La Supercopa Iberdrola aparece en el horizonte como un objetivo tangible, pero también como un símbolo de todo el camino recorrido. El sueño rojiblanco no nace el día del partido; se construye en cada entrenamiento, en cada decisión y en cada gesto de compromiso. Y en Castellón, frente al Real Madrid, ese sueño buscará tomar forma en noventa minutos que prometen ser intensos, exigentes y cargados de significado.

    cuenta atrás avanza inexorablemente y, a medida que se acerca la hora del partido, el tiempo parece adquirir una densidad distinta. Cada minuto previo al pitido inicial se vive con una intensidad especial, como si el reloj marcara algo más que segundos: marca expectativas, nervios contenidos y la conciencia plena de que todo está a punto de comenzar. En el interior del Atlético de Madrid femenino no hay lugar para la improvisación. Todo está previsto, medido y trabajado, pero aun así existe ese espacio intangible que solo aparece antes de los grandes partidos, ese silencio cargado de significado en el que cada jugadora se reencuentra consigo misma y con el motivo que la ha traído hasta aquí.

    El vestuario, en esas horas previas, se convierte en un refugio y en un punto de partida. Las miradas se cruzan con complicidad, las palabras son pocas pero precisas, y los gestos adquieren una relevancia casi simbólica. Ajustarse las botas, colocarse la camiseta, escuchar las últimas indicaciones del cuerpo técnico… todo forma parte de un ritual que se repite, pero que nunca es exactamente igual. Porque no todos los partidos son iguales, y esta semifinal de la Supercopa Iberdrola no es una más en el calendario. Es un derbi, es una eliminatoria, es la posibilidad real de jugar una final y de pelear por un título.

    Víctor Martín, fiel a su estilo, transmite serenidad. No necesita elevar la voz ni recurrir a grandes discursos. Su mensaje es claro, directo y coherente con todo lo trabajado durante la temporada. Recuerda los principios básicos, insiste en la importancia del equilibrio, en la necesidad de estar juntas cuando el rival tenga el balón y de ser valientes cuando aparezcan los espacios. Habla de concentración, de paciencia y de confianza. Sabe que el partido tendrá fases, que habrá momentos de dominio y otros de resistencia, y que la clave estará en interpretar correctamente cada uno de ellos.

    La salida al césped del Estadio Castalia es uno de esos instantes que quedan grabados en la memoria. El terreno de juego aparece como un escenario imponente, preparado para acoger una batalla deportiva que concentra talento, ambición y orgullo. Las jugadoras del Atlético de Madrid pisan el campo con paso firme, conscientes de la responsabilidad que asumen, pero también del privilegio que supone disputar un partido de esta magnitud. Frente a ellas, el Real Madrid, un rival que exige respeto y máxima atención desde el primer segundo.

    El derbi madrileño, incluso en terreno neutral, conserva toda su carga emocional. No importa el lugar; importa lo que representa. Dos escudos, dos proyectos y dos maneras de entender el crecimiento del fútbol femenino se enfrentan con un objetivo común: alcanzar la final de la Supercopa Iberdrola. En ese contexto, las palabras de Amaiur Sarriegi resuenan con fuerza: no hay favoritos. Y no los hay porque, en partidos así, las jerarquías previas se diluyen y todo se decide en el césped, en la capacidad de competir, de resistir y de aprovechar los pequeños detalles.

    El Atlético de Madrid sabe que esos detalles pueden aparecer en cualquier momento: una recuperación alta, una acción a balón parado, una transición rápida o una jugada individual. Para estar preparadas, las rojiblancas han trabajado cada escenario posible, conscientes de que la Supercopa no concede segundas oportunidades. La intensidad defensiva, la solidaridad entre líneas y la precisión en los últimos metros serán factores determinantes para inclinar la balanza.

    A nivel simbólico, este partido representa también una reafirmación del camino recorrido por el Atlético de Madrid femenino. Un camino construido con paciencia, con esfuerzo y con una identidad clara. La Supercopa Iberdrola aparece como una meta deseable, pero también como un reflejo del crecimiento sostenido del equipo. Competir en este escenario, con esta exigencia y frente a este rival, es la confirmación de que el proyecto rojiblanco sigue vivo, ambicioso y plenamente comprometido con la excelencia.

    Cuando el árbitro se dispone a señalar el inicio del encuentro, el silencio previo se transforma en expectación. Todo está listo. Las semanas de trabajo, las sesiones de entrenamiento, las charlas tácticas y las reflexiones individuales confluyen en ese instante preciso. El balón está a punto de echar a rodar y, con él, se activan las emociones, la tensión competitiva y la posibilidad real de escribir una nueva página en la historia del club.

    El Atlético de Madrid ya sueña con la Supercopa Iberdrola, pero sabe que los sueños, en el fútbol, solo se sostienen con hechos. Y el primer paso para convertir ese sueño en realidad comienza aquí, en Castellón, en un derbi madrileño que promete ser intenso, igualado y profundamente significativo. Todo está preparado para que la épica encuentre su escenario y para que, una vez más, el fútbol decida.

    partir del pitido inicial, todo lo construido previamente deja de ser teoría para convertirse en realidad tangible. El partido se despliega como un relato vivo, cambiante, en el que cada acción adquiere un valor multiplicado por el contexto. El Atlético de Madrid es consciente de que una semifinal de la Supercopa Iberdrola no se juega únicamente con las piernas, sino también con la cabeza y con el corazón. La gestión de los ritmos, la lectura de los espacios y la capacidad de mantener la concentración a lo largo de los noventa minutos serán tan importantes como la calidad técnica o el acierto de cara a portería.

    En este tipo de encuentros, el paso del tiempo no se mide solo en minutos, sino en sensaciones. Hay fases en las que el dominio territorial puede inclinarse hacia uno u otro lado, momentos en los que el balón parece quemar y otros en los que la paciencia se convierte en la mejor aliada. El Atlético de Madrid ha trabajado para sentirse cómodo en todos esos escenarios. Sabe defender en bloque bajo si es necesario, pero también sabe adelantar líneas, presionar alto y asumir la iniciativa cuando el partido lo exige. Esa versatilidad táctica es uno de los grandes activos del equipo y una de las razones por las que llega a esta semifinal con argumentos sólidos.

    El derbi frente al Real Madrid, además, plantea un duelo psicológico permanente. Cada choque, cada disputa y cada decisión arbitral tiene un impacto emocional que puede alterar el desarrollo del partido. En ese contexto, la experiencia acumulada por el Atlético de Madrid en competiciones de alto nivel se convierte en un factor diferencial. Saber convivir con la presión, aceptar los momentos de dificultad y no perder la fe en el plan de partido es una lección aprendida a lo largo de los años y transmitida de generación en generación dentro del vestuario.

    El valor de una posible victoria trasciende el acceso a la final. Significaría confirmar que el Atlético de Madrid sigue siendo un equipo preparado para competir por títulos, capaz de imponerse en escenarios de máxima exigencia y de responder cuando el margen de error es inexistente. Significaría también reforzar la identidad del grupo, consolidar la confianza y enviar un mensaje claro al resto de competidores: el Atlético está aquí para luchar por todo.

    Pero incluso en el caso de que el partido se decida por detalles mínimos, el enfoque del equipo rojiblanco permanece inalterable. La Supercopa Iberdrola es un reflejo de un proceso más amplio, de un proyecto que no se define por un solo resultado, sino por una manera constante de competir. Esa perspectiva no resta ambición; al contrario, la fortalece. Porque entender el fútbol desde la continuidad y no desde la urgencia permite afrontar los grandes partidos con una mezcla equilibrada de hambre y serenidad.

    La posible final aparece en el horizonte como una recompensa, pero no como una obsesión. El mensaje interno es claro: el camino se construye partido a partido, acción a acción. Antes de pensar en levantar un trofeo, hay que merecerlo sobre el césped. Y para merecerlo, el Atlético de Madrid deberá mostrar su versión más comprometida, solidaria y competitiva. La que ha definido su trayectoria reciente y la que le ha permitido mantenerse en la élite del fútbol femenino español.

    En ese sentido, la Supercopa Iberdrola funciona también como un espejo del crecimiento colectivo. Cada edición reúne a equipos con proyectos sólidos, con estructuras profesionales y con una visión clara de futuro. El Atlético de Madrid no es ajeno a esa evolución y participa en ella con la responsabilidad de un club histórico y con la ambición de seguir marcando el paso. Llegar a la final sería un paso más en ese camino, una confirmación de que el trabajo realizado tiene sentido y proyección.

    A medida que el partido avanza, la narrativa se va escribiendo sola. Hay silencios que pesan, ocasiones que se celebran casi como goles y esfuerzos defensivos que valen tanto como una acción ofensiva decisiva. En esos momentos, el Atlético de Madrid se reconoce a sí mismo: un equipo que no se rinde, que compite hasta el último segundo y que entiende el fútbol como un ejercicio colectivo de resistencia y ambición.

    La Supercopa Iberdrola, en definitiva, no es solo un torneo. Es un escenario donde se ponen a prueba los proyectos, las identidades y las convicciones. Para el Atlético de Madrid femenino, esta semifinal frente al Real Madrid es una oportunidad de reafirmarse, de demostrar que el sueño está respaldado por trabajo y de seguir escribiendo una historia que no se conforma con el pasado, sino que mira de frente al futuro.

    🔜 NEXT GAME

    🏆 Supercopa de España Iberdrola |

    ✨ Primera semifinal ✨

    🔥 Real Madrid 🆚 Atlético de Madrid 🔥

    📅 Martes, 20 de enero de 2026

    ⏰ 19:15 horario peninsular

    📺 Teledeporte

    🏟️ SkyFi Castalia, Castellón

  • Oficial | Un derbi madrileño para arrancar la Supercopa de España 2026

    (Fuente: RFEF)

    ◼️ El Real Madrid CF y el Atlético de Madrid se medirán el martes 20 de enero a las 19:15h en el estadio de Castalia (Castellón) para darle el pistoletazo de salida a la Supercopa de España. El encuentro de semifinales se podrá ver en directo a través de RTVE y TV3. La final será el sábado 24 de mayo

    La Supercopa de España femenina de 2026 levanta el telón en Castellón de la Plana con la solemnidad de los grandes acontecimientos y con la promesa de una semana que aspira a quedar grabada en la memoria colectiva del fútbol femenino español. Del 20 al 24 de enero, la capital de la Plana Alta se convierte en epicentro deportivo, institucional y emocional de una competición que ya no es solo un título en juego, sino un símbolo de la evolución, la visibilidad y la madurez de un fútbol que ha aprendido a caminar, a resistir y a brillar bajo los focos. La cuarta edición del formato concentrado de la Supercopa llega envuelta en narrativa, con cuatro clubes históricos, una sede comprometida y una semifinal inaugural que reúne todos los ingredientes de un clásico moderno: Real Madrid CF y Atlético de Madrid frente a frente, un derbi que trasciende lo competitivo para instalarse en el territorio de lo identitario.

    El martes 20 de enero, a las 19:15 horas, el Estadio de Castalia acogerá el primer gran choque del torneo y decidirá el nombre del primer finalista del primer título oficial de la temporada. No es un partido más. Es un duelo que condensa rivalidad, trayectorias cruzadas, urgencias deportivas y una historia reciente marcada por la alternancia, la igualdad y la tensión permanente. El Real Madrid y el Atlético de Madrid vuelven a mirarse a los ojos en un escenario neutral, con un trofeo en el horizonte inmediato y con la presión añadida de saber que cada detalle, cada acción y cada decisión puede inclinar el relato hacia un lado u otro.

    El conjunto blanco llega a Castellón como segundo clasificado de la Liga F Moeve, respaldado por una dinámica positiva y por la sensación de haber encontrado estabilidad competitiva en el tramo central de la temporada. El equipo dirigido desde el banquillo por un proyecto que busca consolidarse entre la élite afronta la Supercopa como una oportunidad para reafirmar su crecimiento y para sumar un título que aún se le resiste. Sin embargo, el camino hacia la final no estará exento de obstáculos. El Real Madrid comparece en la cita con un parte médico que condiciona su planificación y obliga a reajustes significativos. Las bajas de Merle Frohms, Antonia Silva, Tere Abelleira —aún inmersa en la recuperación de su lesión de ligamento cruzado—, Signe Bruun y Lotte Keukelaar reducen el margen de maniobra y exigen soluciones desde la profundidad de la plantilla y desde la gestión emocional del grupo.

    Aun así, el equipo blanco se presenta con argumentos futbolísticos sólidos, con una identidad reconocible y con la ambición intacta. La Supercopa representa una prueba de madurez, un escenario ideal para medir la capacidad del Real Madrid de competir en eliminatorias directas, donde el contexto pesa tanto como el juego y donde la experiencia, la lectura de los tiempos y la gestión de los momentos críticos resultan determinantes. La semifinal ante el Atlético no solo es una puerta hacia la final, sino también un termómetro para calibrar el estado real del proyecto en el marco de las grandes citas.

    Enfrente estará un Atlético de Madrid que llega a Castellón con un discurso distinto, marcado por la necesidad y por el deseo de reencontrarse con su mejor versión en una temporada irregular. Fuera de los puestos europeos en la clasificación liguera, el conjunto rojiblanco encuentra en la Supercopa una oportunidad para redefinir su relato competitivo, para sacudirse dudas y para reconectar con una competición que ya sabe lo que es ganar. El recuerdo del título conquistado en la temporada 2020/2021, con una contundente victoria por 3-0 ante el Levante UD, sigue formando parte del imaginario reciente del club y actúa como recordatorio de que el Atlético es un equipo construido para competir en escenarios de máxima exigencia.

    El equipo colchonero afronta la semifinal con una única baja confirmada, la de Gio Queiroz, lo que permite al cuerpo técnico trabajar con un bloque prácticamente completo y con múltiples alternativas tácticas. Esa disponibilidad se convierte en un factor diferencial en un partido donde el equilibrio se presume extremo y donde la capacidad de variar registros puede resultar decisiva. El Atlético llega, además, reforzado por el precedente más inmediato: fue el conjunto rojiblanco quien se llevó los tres puntos en el último enfrentamiento entre ambos equipos, disputado en la segunda jornada de la Liga F Moeve.

    Aquel encuentro, celebrado en Alcalá, condensó muchas de las constantes que definen este derbi. Lauren Leal adelantó al Atlético en la primera mitad, Sara Däbritz igualó el marcador tras el descanso con una falta directa que evidenció la calidad individual del conjunto blanco, y cuando el partido parecía encaminarse hacia el reparto de puntos, apareció Luany para inclinar la balanza del lado rojiblanco y sellar una victoria que tuvo un profundo impacto anímico. Ese triunfo no solo reforzó la confianza del Atlético, sino que volvió a subrayar una tendencia estadística que pesa sobre el imaginario colectivo del enfrentamiento.

    Real Madrid y Atlético de Madrid se han medido en catorce ocasiones oficiales desde la creación de la sección blanca, con un balance que refleja la competitividad y la paridad del duelo: cuatro victorias para el Real Madrid, cuatro empates y seis triunfos para el Atlético. Más revelador aún es el dato reciente: el club blanco solo ha logrado una victoria en los últimos ocho enfrentamientos frente a su rival capitalino, una estadística que añade presión y que convierte la semifinal de Castellón en una oportunidad para romper dinámicas y reescribir inercias.

    El contexto competitivo se amplía con la mirada puesta en la otra semifinal, que enfrentará al FC Barcelona y al Athletic Club el miércoles 21 de enero a las 19:00 horas. Dos estilos, dos tradiciones y dos maneras de entender el fútbol femenino que completan un cartel de alto nivel y que garantizan que la final del sábado 24 de enero, programada también a las 19:00 horas, reunirá a dos equipos que habrán superado pruebas de máxima exigencia. La Supercopa se presenta, así, como un concentrado de rivalidades, historias cruzadas y proyectos deportivos en distintos momentos de su evolución.

    Más allá del césped, la Supercopa de España femenina de 2026 se desarrolla en un contexto marcado por la emoción y por la responsabilidad institucional. La Semana de las Supercampeonas, organizada con motivo de la celebración del torneo, estaba concebida como un espacio de encuentro entre fútbol, historia y sociedad, con actividades culturales y educativas destinadas a reforzar el vínculo entre la competición y la ciudadanía. Sin embargo, la actualidad ha impuesto un tono distinto. El trágico accidente ferroviario ocurrido en Córdoba ha provocado la suspensión del acto de inauguración de la exposición sobre la historia de la Supercopa, prevista para las 17:00 horas en la Casa del Caragols de Castellón de la Plana, así como la cancelación de la visita al CEIP Bisbe Climent en la que iba a participar la seleccionadora nacional, Sonia Bermúdez.

    La Real Federación Española de Fútbol ha querido trasladar, en este contexto, su más sentido pésame a los familiares y amigos de las personas fallecidas, así como su apoyo y ánimo a todas las personas afectadas por el suceso. Un gesto que subraya que el deporte no vive ajeno a la realidad social y que la Supercopa, pese a su carácter festivo y competitivo, se celebra desde el respeto y la empatía.

    En el plano estrictamente deportivo, el Comité Técnico de Árbitros de la RFEF ha designado a Paola Cebollada y a Elisabeth Calvo para dirigir las semifinales del torneo, una elección que refuerza el protagonismo del arbitraje femenino en las grandes citas. Paola Cebollada, colegiada aragonesa, será la encargada de impartir justicia en el derbi del martes entre Real Madrid y Atlético de Madrid, a partir de las 19:15 horas. Estará asistida por Iragartze Fernández y Raquel Díaz en las bandas, con Elena Peláez como cuarta árbitra y Alexia Mayer como quinta, configurando un equipo arbitral experimentado y preparado para gestionar un partido de alta intensidad emocional y competitiva.

    El miércoles, en la semifinal entre FC Barcelona y Athletic Club, la responsabilidad recaerá sobre Elisabeth Calvo, árbitra madrileña, que contará con Andrada Alomán y Victoria Miralles como asistentes, Alicia Espinosa como cuarta árbitra y Adriana García como quinta. Dos equipos arbitrales que simbolizan el avance y la consolidación del arbitraje femenino en el fútbol español y que tendrán un papel clave en el desarrollo de un torneo donde cada decisión adquiere una dimensión especial.

    La Supercopa de España femenina de 2026 arranca, por tanto, con un derbi madrileño que es mucho más que una semifinal. Es el punto de partida de una semana que aspira a celebrar el fútbol, a honrar su historia reciente y a proyectar su futuro. Castellón se prepara para acoger emociones, rivalidades y relatos que se escribirán a noventa minutos —o más— y que volverán a demostrar que el fútbol femenino español ha alcanzado un grado de madurez que le permite mirar de frente a sus grandes escenarios. Y en el centro de ese escenario, Real Madrid y Atlético de Madrid se disponen a disputar algo más que un billete para la final: se disponen a disputar un nuevo capítulo de una rivalidad que ya forma parte esencial del patrimonio competitivo del fútbol femenino nacional.

    El martes cae la noche sobre Castellón de la Plana con la sensación de que algo trascendente está a punto de suceder. El Estadio de Castalia, escenario habitual de batallas deportivas y testigo de innumerables historias, se transforma en el corazón palpitante del fútbol femenino español. Las gradas se preparan para acoger a dos aficiones que, aun lejos de la capital, trasladan consigo la intensidad emocional de un derbi que nunca entiende de distancias ni de neutralidades. La Supercopa no concede margen para la espera ni para el tanteo prolongado: es una competición diseñada para el impacto inmediato, para la tensión sostenida desde el primer minuto, y el Real Madrid CF y el Atlético de Madrid lo saben desde el mismo instante en que pisan el césped.

    El partido se construye desde las narrativas que rodean a ambos equipos. Para el Real Madrid, la Supercopa representa una oportunidad de reafirmación institucional y deportiva. Desde la creación de la sección femenina, el club blanco ha recorrido un camino acelerado, marcado por la inversión, la profesionalización y la ambición de situarse en la cúspide del fútbol nacional e internacional. Cada participación en un torneo oficial de estas características se convierte en un examen público, en una oportunidad para demostrar que el proyecto no solo crece en términos estructurales, sino que también es capaz de responder en los momentos de máxima exigencia.

    La ausencia de varias futbolistas clave obliga al Real Madrid a mirar hacia dentro, a activar recursos internos y a confiar en la solidez del colectivo. La baja de Merle Frohms afecta a la portería, una posición de enorme peso psicológico en partidos de eliminación directa. La ausencia de Antonia Silva condiciona el eje defensivo, mientras que la de Tere Abelleira priva al equipo de una pieza fundamental en la organización del juego, una futbolista capaz de equilibrar, ordenar y dar sentido al ritmo del partido. A estas ausencias se suman las de Signe Bruun y Lotte Keukelaar, reduciendo opciones ofensivas y obligando a redefinir roles en la zona de ataque.

    Sin embargo, el Real Madrid se presenta con la convicción de que los grandes equipos se construyen también desde la adversidad. La Supercopa se convierte en un escenario para que otras jugadoras asuman protagonismo, para que el colectivo se imponga sobre las individualidades y para que el equipo demuestre que su crecimiento no depende únicamente de nombres propios. El derbi ante el Atlético es, en este sentido, una prueba de carácter, una oportunidad para romper la tendencia reciente y para enviar un mensaje al resto de competidores.

    Atlético de Madrid, por su parte, aterriza en Castellón con un discurso más introspectivo, marcado por la necesidad de reencontrarse con sensaciones positivas en un curso que no ha seguido el guion esperado. Acostumbrado a pelear por los puestos altos de la tabla y a competir en escenarios europeos, el conjunto rojiblanco atraviesa un momento de transición que ha generado dudas y preguntas. La Supercopa aparece como un punto de inflexión potencial, como un espacio donde redefinir objetivos y recuperar la identidad competitiva que ha caracterizado históricamente al club.

    La experiencia acumulada en este tipo de torneos se convierte en un activo de valor incalculable para el Atlético. Saber gestionar la presión, entender los tiempos del partido y asumir que cada error puede ser definitivo forma parte del ADN competitivo del conjunto rojiblanco. El recuerdo del título conquistado en la temporada 2020/2021 no es solo una anécdota histórica, sino una referencia tangible de que el Atlético sabe cómo recorrer el camino hasta el final cuando el formato lo exige. Aquella final ante el Levante UD, resuelta con un contundente 3-0, permanece como un hito que refuerza la confianza del vestuario y que alimenta la ambición de repetir la gesta.

    El derbi se convierte, además, en un duelo de estilos y de lecturas tácticas. El Real Madrid busca construir desde la posesión, desde la iniciativa y desde la ocupación racional de los espacios, mientras que el Atlético se siente cómodo alternando fases de control con transiciones rápidas, aprovechando la velocidad y la agresividad en campo contrario. En un partido de estas características, el equilibrio entre riesgo y seguridad se vuelve determinante, y cada decisión desde el banquillo puede alterar el desarrollo del encuentro.

    La historia reciente entre ambos equipos añade capas de tensión al relato. Catorce enfrentamientos oficiales, un balance favorable al Atlético y una tendencia reciente que pesa sobre el Real Madrid configuran un escenario donde la estadística se convierte en un elemento narrativo más. El dato de que el club blanco solo haya ganado uno de los últimos ocho derbis no pasa desapercibido y actúa como un estímulo adicional para un equipo que busca cambiar su relación con este tipo de partidos. Para el Atlético, en cambio, esa misma estadística refuerza la confianza y consolida la sensación de que el derbi es un terreno donde suele moverse con soltura.

    El último precedente, el partido de la segunda jornada de la Liga F Moeve, se convierte en referencia obligada. Aquel encuentro en Alcalá dejó imágenes y sensaciones que aún resuenan en la memoria de ambas plantillas. El gol inicial de Lauren Leal marcó el tono del partido, la respuesta de Sara Däbritz desde la estrategia evidenció la calidad individual del Real Madrid y la aparición decisiva de Luany en los minutos finales confirmó la capacidad del Atlético para resolver partidos ajustados. Ese choque sintetizó muchas de las constantes que se esperan en Castellón: igualdad, alternancia en el dominio y desenlaces que se deciden por detalles.

    La Supercopa, sin embargo, introduce variables nuevas. No hay margen para el error, no existe la posibilidad de corregir en jornadas posteriores y el contexto emocional se intensifica. Cada duelo se vive como una final anticipada, y el peso del resultado se proyecta más allá del propio torneo. Ganar la Supercopa no solo significa levantar un título, sino también enviar un mensaje al resto de la competición, reforzar la autoestima del grupo y construir un relato positivo que acompañe al equipo durante el resto de la temporada.

    Mientras el foco mediático se centra en el derbi, el torneo avanza con la certeza de que el miércoles se vivirá otro enfrentamiento de alto voltaje entre el FC Barcelona y el Athletic Club. Dos equipos con identidades muy marcadas, con trayectorias históricas profundas y con ambiciones claras de alcanzar la final. El Barcelona, dominador del panorama nacional e internacional en las últimas temporadas, afronta la Supercopa con la exigencia de quien parte como favorito en cada competición que disputa. El Athletic, por su parte, representa la tradición, la resistencia y la capacidad de competir desde la identidad propia, dispuesto a desafiar jerarquías y a reivindicar su lugar entre los grandes.

    La final del sábado 24 de enero se vislumbra en el horizonte como el colofón de una semana intensa, cargada de emociones y de simbolismo. Dos semifinales, cuatro equipos, un único título y un escenario que se consolida como sede de referencia para el fútbol femenino. Castellón de la Plana asume el reto con responsabilidad institucional y con la voluntad de ofrecer un entorno a la altura de la competición, reforzando la conexión entre el territorio y el deporte femenino de élite.

    En paralelo a lo deportivo, la Supercopa de España femenina se desarrolla bajo el prisma de la responsabilidad social y del compromiso institucional. La suspensión de los actos previstos dentro de la Semana de las Supercampeonas, como el acto inaugural de la exposición histórica y la visita al CEIP Bisbe Climent, introduce un tono de sobriedad y de respeto que atraviesa el conjunto del evento. La Real Federación Española de Fútbol ha querido dejar claro que el fútbol no es ajeno a la realidad y que, en momentos de duelo, la prioridad es acompañar y mostrar solidaridad con las personas afectadas.

    Este contexto dota a la competición de una dimensión adicional, recordando que el deporte, además de espectáculo y competición, es también un espacio de encuentro, de valores y de humanidad. La Supercopa se celebra desde el respeto, con la conciencia de que cada partido se juega en un marco más amplio, donde la emoción deportiva convive con la empatía y la responsabilidad colectiva.

    El papel del arbitraje adquiere especial relevancia en este escenario. La designación de Paola Cebollada y Elisabeth Calvo para dirigir las semifinales subraya el compromiso de la RFEF con el desarrollo y la visibilidad del arbitraje femenino en las grandes citas. Paola Cebollada, al frente del derbi madrileño, afronta un desafío de máxima exigencia, consciente de que cada decisión será analizada con lupa y de que la gestión emocional del partido resultará tan importante como la aplicación del reglamento. Su equipo arbitral, compuesto por Iragartze Fernández, Raquel Díaz, Elena Peláez y Alexia Mayer, conforma un bloque preparado para responder a las demandas de un partido de alta tensión.

    El miércoles, Elisabeth Calvo liderará el equipo arbitral en la segunda semifinal, acompañada por Andrada Alomán, Victoria Miralles, Alicia Espinosa y Adriana García. Dos designaciones que reflejan la confianza del Comité Técnico de Árbitros en el talento y la preparación de sus colegiadas, y que refuerzan la imagen de una Supercopa alineada con los valores de igualdad y profesionalización que definen al fútbol femenino actual.

    A medida que avanza la semana, la Supercopa de España femenina se consolida como algo más que un torneo de pretemporada avanzada o un título menor. Es un escaparate, un punto de encuentro y un termómetro del estado del fútbol femenino en España. Cada edición suma capas de significado, construye tradición y refuerza la sensación de que el camino recorrido ha merecido la pena. En Castellón, el fútbol femenino se mira a sí mismo con orgullo, consciente de sus avances y de sus retos, dispuesto a seguir creciendo desde la competición, la visibilidad y el compromiso.

    Y en el centro de todo, el derbi madrileño del martes se erige como el primer gran capítulo de una historia que se escribirá a lo largo de cinco días intensos. Noventa minutos, quizá más, decidirán qué equipo avanza hacia la final y cuál deberá regresar a casa con la sensación de una oportunidad perdida. En ese margen estrecho se concentrarán años de historia reciente, expectativas, frustraciones y sueños. La Supercopa arranca, y con ella, un nuevo episodio del fútbol femenino español dispuesto a dejar huella.

    La Supercopa de España femenina avanza hacia su desenlace con la solemnidad de los torneos que entienden su propio peso histórico. Cada jornada en Castellón de la Plana añade densidad narrativa a una competición que ya no se explica únicamente por el valor del trofeo, sino por todo lo que lo rodea, lo que lo precede y lo que lo proyecta hacia el futuro. El fútbol femenino español se reconoce a sí mismo en este formato concentrado, en esta sucesión de partidos que obligan a convivir con la presión, con la exposición mediática y con la exigencia de rendir cuando el margen de error desaparece por completo.

    El derbi madrileño que abre la Supercopa se convierte, inevitablemente, en el eje emocional del torneo. Real Madrid y Atlético de Madrid no solo se juegan el pase a la final, sino también una parte de su relato de la temporada. Para el equipo blanco, la semifinal representa la posibilidad de consolidar un proceso de crecimiento que busca traducirse en títulos y en legitimidad competitiva. Para el conjunto rojiblanco, el partido adquiere tintes de reivindicación, de reafirmación identitaria y de reconexión con una esencia competitiva que históricamente ha definido al club.

    El fútbol femenino español ha aprendido, en los últimos años, a convivir con estos relatos cruzados, con esta acumulación de significados que convierten cada gran partido en algo más que un simple enfrentamiento deportivo. La Supercopa actúa como espejo de esa evolución. Ya no se trata únicamente de jugar bien, sino de gestionar la expectativa, de responder ante la mirada de una audiencia cada vez más amplia y de asumir que cada gesto, cada resultado y cada decisión forman parte de un ecosistema en constante observación.

    En este contexto, Castellón se transforma en una ciudad anfitriona que asume su papel con naturalidad y compromiso. El Estadio de Castalia no es solo un recinto deportivo, sino un espacio simbólico donde confluyen trayectorias, aspiraciones y memorias. Durante cinco días, la ciudad se integra en el pulso del fútbol femenino nacional, acogiendo a equipos, cuerpos técnicos, árbitras, personal federativo y aficiones que comparten un mismo objetivo: vivir y construir una competición que ya forma parte del calendario emocional del deporte español.

    La final del sábado 24 de enero, fijada para las 19:00 horas, se presenta como el punto culminante de este viaje. Dos equipos llegarán hasta ese último partido tras superar pruebas exigentes, conscientes de que la Supercopa no concede premios menores ni reconoce trayectorias pasadas. La final se decide en noventa minutos —o en lo que el reglamento determine— y exige una concentración absoluta, una gestión perfecta de los tiempos y una capacidad para sostener la presión hasta el último instante. Ganar la Supercopa significa inaugurar el palmarés de la temporada, pero también inscribir el nombre del club en una narrativa que se construye año a año.

    La presencia del FC Barcelona y del Athletic Club en la otra semifinal completa un cartel que refuerza la dimensión histórica del torneo. El Barcelona, referente indiscutible del fútbol femenino contemporáneo, llega a Castellón con la responsabilidad implícita de quien ha marcado una era. Cada partido del conjunto azulgrana se analiza desde el prisma de la excelencia, y cada competición se convierte en un nuevo examen para un proyecto que ha elevado el listón competitivo a niveles inéditos. El Athletic Club, por su parte, encarna la tradición, el arraigo y la fidelidad a una identidad que ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos sin perder su esencia. Su presencia en la Supercopa es también una reivindicación de la diversidad de modelos que conviven en el fútbol femenino español.

    El torneo, además, se desarrolla bajo una conciencia institucional que atraviesa todas sus capas. La suspensión de los actos previstos dentro de la Semana de las Supercampeonas, motivada por el trágico accidente ferroviario ocurrido en Córdoba, imprime un tono de respeto y sobriedad que acompaña a la competición. La Real Federación Española de Fútbol ha querido subrayar, con su mensaje de condolencia y apoyo, que el fútbol no se entiende al margen de la realidad social y que, incluso en el marco de un gran evento deportivo, la empatía y la humanidad ocupan un lugar central.

    Este gesto institucional no resta importancia al torneo, sino que lo contextualiza. La Supercopa se celebra desde el respeto, con la conciencia de que el deporte forma parte de una sociedad compleja, atravesada por alegrías y tragedias. En ese equilibrio entre celebración y recogimiento se construye también la madurez del fútbol femenino, capaz de asumir su visibilidad y su responsabilidad en igual medida.

    El arbitraje, elemento esencial en cualquier competición de alto nivel, adquiere una relevancia especial en este escenario. Las designaciones de Paola Cebollada y Elisabeth Calvo para dirigir las semifinales simbolizan el avance del arbitraje femenino y su integración plena en los grandes eventos del calendario nacional. No se trata solo de impartir justicia, sino de gestionar partidos de alta carga emocional, de mantener el control en contextos de máxima presión y de garantizar que el desarrollo del juego se ajuste a los principios de equidad y rigor que exige la competición.

    Paola Cebollada, al frente del derbi madrileño, asume una responsabilidad que va más allá de lo técnico. Su actuación, respaldada por un equipo arbitral experimentado, será clave para sostener el ritmo del partido y para garantizar que el protagonismo recaiga en las futbolistas. Elisabeth Calvo, en la segunda semifinal, afronta un desafío similar, consciente de que cada decisión se inscribe en un contexto de máxima exposición mediática. Ambas colegiadas representan una generación de árbitras que han crecido al mismo ritmo que el fútbol femenino y que hoy forman parte indiscutible de sus grandes escenarios.

    A medida que la Supercopa se acerca a su desenlace, el torneo reafirma su condición de punto de encuentro entre pasado, presente y futuro. El recuerdo del título conquistado por el Atlético de Madrid en la temporada 2020/2021 convive con la ambición de clubes que buscan estrenar su palmarés. La historia reciente se entrelaza con los nuevos relatos que se escriben en Castellón, y cada partido añade una página más a un libro que sigue en construcción.

    La Supercopa de España femenina no es solo el primer título de la temporada. Es una declaración de intenciones, un escaparate del nivel competitivo alcanzado y una celebración del camino recorrido. En Castellón de la Plana, durante cinco días, el fútbol femenino español se mira a sí mismo con ambición y con memoria, consciente de que cada edición del torneo refuerza su legitimidad y su proyección.

    Cuando el balón ruede en la final del sábado, todo lo vivido en las jornadas previas convergerá en un único objetivo. Las semifinales, las historias cruzadas, las decisiones arbitrales, los contextos emocionales y las expectativas acumuladas encontrarán su síntesis en noventa minutos decisivos. Solo un equipo levantará el trofeo, pero todos los participantes formarán parte de una Supercopa que vuelve a confirmar que el fútbol femenino español ha alcanzado una dimensión irreversible.

    Así, la edición de 2026 queda marcada desde su inicio por un derbi madrileño de alto voltaje, por una organización comprometida, por un contexto institucional sensible y por la certeza de que cada partido disputado en Castellón contribuye a consolidar una competición que ya es patrimonio del deporte español. La Supercopa se juega, se siente y se recuerda. Y en ese recuerdo colectivo, cada palabra, cada acción y cada resultado ocupan un lugar que trasciende el marcador.