Categoría: FIFA Women’s Champions Cup

  • La crónica | El Arsenal conquista el mundo en una final eterna y se convierte en el primer campeón de la FIFA Women’s Champions Cup 2026

    (Fuente: FIFA)

    🔷 El Emirates Stadium fue testigo de una noche fundacional para el fútbol femenino: el Arsenal, campeón de Europa, se proclamó campeón del mundo tras derrotar al Corinthians por 3-2 en una prórroga agónica, en una final épica marcada por cinco goles, un penalti en el descuento, un desenlace dramático y una resistencia heroica que inscribe al club londinense en la historia como el primer vencedor de la FIFA Women’s Champions Cup.

    (Fuente: FIFA )

    Dos continentes, dos culturas futbolísticas, dos maneras de entender la excelencia. Londres se convierte en el centro del planeta fútbol para coronar a las primeras reinas intercontinentales de la historia.

    (Fuente: FIFA)

    El fútbol femenino vive este domingo uno de esos momentos que no admiten distracciones, ni medias tintas, ni ausencias justificadas. Un partido que no se juega únicamente sobre el césped, sino también en la memoria colectiva de este deporte que ha aprendido a crecer rompiendo techos de cristal, frontera a frontera, generación a generación. La final inaugural de la Copa de Campeones Femenina de la FIFA™ enfrenta a Arsenal Women FC y SC Corinthians, dos colosos de dimensiones distintas pero ambición idéntica, en un duelo que no solo entrega un trofeo: otorga un lugar eterno en la historia.

    (Fuente: DAZN )

    No es una final más. No es un cruce intercontinental anecdótico. Es la primera piedra de una competición llamada a redefinir el mapa global del fútbol femenino, el punto de partida de un relato que dentro de diez, veinte o cincuenta años se citará siempre igual: “Todo empezó aquel domingo en el que Arsenal y Corinthians se miraron a los ojos”. Las europeas llegan con el peso de la tradición continental y la autoridad competitiva que da haber conquistado la Liga de Campeones Femenina de la UEFA. Las brasileñas aterrizan con el espíritu irreductible de Sudamérica, el ADN de la CONMEBOL Copa Libertadores Femenina y la convicción de quien ha aprendido a sobrevivir y ganar en contextos hostiles.

    Es una final que enfrenta estructura y fuego, plan y emoción, orden y intuición, pero, sobre todo, dos formas legítimas de entender la grandeza.

    La Copa de Campeones Femenina de la FIFA™ no es solo un nuevo título en el calendario. Es una declaración de intenciones. La constatación de que el fútbol femenino ya no necesita comparaciones ni muletas conceptuales para legitimarse: tiene su propio lenguaje, sus propias épicas y, desde ahora, su propia corona intercontinental.

    En esta primera edición, el formato ha querido ser tan simbólico como contundente: las campeonas continentales enfrentándose directamente por el trono global. No hay camino largo, no hay fases de adaptación: aquí se llega por méritos máximos y se compite desde el primer minuto con la presión de saber que no existe precedente, que cada pase, cada gol y cada decisión arbitral quedarán registrados como los primeros de algo mucho más grande.

    Por eso esta final no solo importa a Arsenal y Corinthians. Importa al fútbol femenino entero. A Europa, a Sudamérica, a África, a Norteamérica, a Asia y a Oceanía. Importa a las niñas que hoy juegan sin saber que este partido existe, pero que mañana crecerán sabiendo que hubo un día en el que el mundo decidió mirar de frente al fútbol femenino sin asteriscos.

    El camino del Arsenal Women FC hacia esta final tiene algo de redención histórica y mucho de reafirmación deportiva. Clasificado al torneo en mayo de 2025 tras una victoria monumental ante el FC Barcelona en la final de la Liga de Campeones Femenina de la UEFA, el conjunto londinense no solo recuperó el trono europeo, sino que se reconectó con su identidad más profunda: la de un club construido para marcar época.

    Aquel triunfo frente al Barcelona no fue un accidente. Fue la culminación de un proceso, la madurez de una plantilla diseñada para competir en todos los registros y la confirmación de que Arsenal sigue siendo uno de los grandes arquitectos del fútbol femenino moderno. Ese título continental le otorgó, además, el pase directo a las semifinales de esta Copa de Campeones, un privilegio que asumió con la naturalidad de quien está acostumbrado a convivir con la élite.

    El 28 de enero, en el estadio de Brentford, las Gunners ofrecieron una exhibición de poderío frente al ASFAR marroquí, uno de los equipos más competitivos del continente africano. Fue un partido que quedó prácticamente resuelto en la primera mitad, no solo por el marcador, sino por las sensaciones.

    Los goles de Stina Blackstenius, Frida Maanum, Mariona Caldentey y Olivia Smith dibujaron un primer tiempo demoledor, en el que Arsenal combinó ritmo alto, precisión quirúrgica y una lectura táctica impecable. ASFAR, un equipo acostumbrado a competir con orden y carácter, se vio superado por la profundidad estructural del conjunto inglés.

    Pero si algo dejó claro ese encuentro fue la riqueza del fondo de armario del Arsenal. Lejos de bajar el nivel tras el descanso, el equipo de Renée Slegers lo sostuvo —e incluso lo elevó— con las entradas de Chloe Kelly, Kim Little y Katie McCabe, tres nombres que en cualquier otro equipo serían indiscutibles titulares. La guinda la puso Alessia Russo, otra suplente de lujo, firmando un doblete que redondeó una goleada tan contundente como simbólica: este Arsenal no depende de una sola pieza, sino de un sistema completo.

    Antes de llegar a estas finales intercontinentales, el Arsenal ya había disputado cuatro partidos oficiales en 2026, repartidos en distintas competiciones. Lejos de acusar la acumulación de esfuerzos, el equipo respondió con victorias de alto impacto, especialmente frente a Aston Villa y Chelsea, dos rivales que siempre exigen el máximo en el contexto del fútbol inglés.

    Con el 2-1, el partido parecía encarrilado, más aún cuando el equipo inglés dispuso de una triple ocasión monumental: Mead remató desde el punto de penalti, Leticia salvó, Foord recogió el rebote y estrelló su disparo en el larguero, y el posterior cabezazo de Russo se marchó por encima, una secuencia que parecía anunciar sentencia pero que terminó convirtiéndose en presagio de drama. Corinthians resistió, se agarró al partido con orgullo y, ya en el tiempo añadido, encontró el camino hacia el empate definitivo del tiempo reglamentario. Tras una falta colgada al área, una sucesión de rechaces y bloqueos heroicos de Wubben-Moy, el balón volvió a caer en zona caliente; en la acción final, Robledo cayó en el área tras un contacto con McCabe, el VAR llamó a la colegiada y, tras la revisión, se señaló penalti. Victoria asumió la responsabilidad en el minuto 94, engañó por completo a Borbe y ejecutó con calma absoluta, enviando el balón raso y centrado mientras la guardameta se vencía a un lado, estableciendo el 2-2 a última hora para forzar la prórroga.

    Esos triunfos no solo sumaron resultados: construyeron confianza. Confirmaron que el Arsenal llegaba a esta final no como invitado ilustre, sino como candidato sólido y consciente de su fortaleza. La sensación que transmite el equipo es la de un grupo que sabe cuándo acelerar, cuándo pausar y cuándo golpear.

    En el plano físico y médico, las noticias son mayoritariamente positivas. Chloe Kelly celebró su regreso tras dos meses de ausencia, ingresando como suplente en la semifinal, un detalle que añade un componente emocional importante al vestuario. Leah Williamson, ausente en ese partido, continúa en evaluación, y su posible participación añade un elemento de expectativa hasta última hora.

    Antes de llegar a estas finales intercontinentales, el Arsenal ya había disputado cuatro partidos oficiales en 2026, repartidos en distintas competiciones. Lejos de acusar la acumulación de esfuerzos, el equipo respondió con victorias de alto impacto, especialmente frente a Aston Villa y Chelsea, dos rivales que siempre exigen el máximo en el contexto del fútbol inglés.

    Esos triunfos no solo sumaron resultados: construyeron confianza. Confirmaron que el Arsenal llegaba a esta final no como invitado ilustre, sino como candidato sólido y consciente de su fortaleza. La sensación que transmite el equipo es la de un grupo que sabe cuándo acelerar, cuándo pausar y cuándo golpear.

    En el plano físico y médico, las noticias son mayoritariamente positivas. Chloe Kelly celebró su regreso tras dos meses de ausencia, ingresando como suplente en la semifinal, un detalle que añade un componente emocional importante al vestuario. Leah Williamson, ausente en ese partido, continúa en evaluación, y su posible participación añade un elemento de expectativa hasta última hora.

    Esta final no enfrenta solo a dos equipos. Enfrenta dos culturas futbolísticas profundamente distintas, cada una con su propia lógica interna y su propio concepto de la excelencia.

    El Arsenal representa la escuela europea: estructura, ocupación racional de espacios, lectura colectiva del juego, automatismos pulidos y una gestión del ritmo que suele inclinar los partidos a su favor. Su fútbol es reconocible, trabajado, coherente de principio a fin.

    Corinthians encarna la esencia sudamericana: intensidad emocional, competitividad feroz, capacidad para improvisar en escenarios caóticos y una relación con el partido que trasciende lo táctico. No es un equipo que se rinda ante el dominio rival; es un equipo que convive con la incomodidad y sabe castigar errores mínimos.

    Cuando estos dos mundos colisionan, el resultado suele ser imprevisible.

    Las protagonistas y los protagonistas lo saben. Lo sienten. Lo verbalizan con una mezcla de respeto y ambición que define a los grandes eventos.

    Steph Catley, defensora del Arsenal, lo expresó con claridad y emoción:

    “Es muy emocionante. Es una gran oportunidad para nosotras como jugadoras, para el club en general, de quedar grabadas en la historia como el primer equipo en ganar este prestigioso trofeo. Obviamente, es la primera vez que los aficionados ven algo así en el fútbol femenino. Por lo tanto, es un paso adelante para todos y esperamos que sea un capítulo increíble”.

    Renée Slegers, directora técnica del Arsenal, añadió una lectura colectiva y de proceso: “En esta competición, frente a los campeones de otros continentes, tuvimos que ganarnos el derecho a llegar a la final. Y creo que el equipo lo hizo de manera brillante. Así que estamos muy emocionadas por la final. La esperamos con ilusión. Es un momento especial para nosotras, para las jugadoras, para el club”.

    Desde el lado brasileño, el respeto no oculta la ambición. Duda Sampaio, mediocampista del Corinthians, fue tan honesta como contundente:

    “Es difícil incluso hablar al respecto porque sabemos lo difícil que será este partido. Será uno de los partidos más complicados de mi carrera. Sabemos lo grande que es el Arsenal en Europa y estamos dando lo mejor para estar listas y dar otro gran partido, como lo hicimos en las semifinales”.

    Y Lucas Piccinato, director técnico del Corinthians, sintetizó el espíritu de su equipo con una declaración que resume años de trabajo:

    “Valoro muchísimo este momento: es la final de una copa de gran prestigio. Lo vivimos con especial ilusión porque sabemos que habrá una gran cantidad de aficionados, pero también creo que nuestros ‘leales’ estarán presentes para apoyarnos. El domingo estaremos listos para dar un gran juego. Creo que el camino recorrido a lo largo de los años nos ha llevado hasta aquí. Ha habido muchos cambios en nuestra plantilla, pero contamos con jugadoras que quieren ganar. En partidos como este, estamos preparadas para llevar a la práctica nuestro plan de juego. Arsenal es uno de los mejores equipos del mundo, pero queremos marcharnos del Reino Unido con el trofeo en las manos y haremos todo lo posible para lograrlo”.

    La dimensión histórica del partido se refleja también en su cobertura internacional. La primera edición del torneo está disponible para los aficionados de todo el mundo mediante una combinación de transmisiones globales en streaming gratuito y broadcasters locales.

    La transmisión gratuita de Corinthians vs. Arsenal estará disponible en FIFA+, con excepciones territoriales concretas: Estados Unidos, Puerto Rico, Samoa Americana, Reino Unido, Irlanda, Jersey, Guernsey, Isla de Man, Marruecos, Brasil, China y Gibraltar. Un despliegue que confirma que este partido no pertenece a un país ni a un continente: pertenece al fútbol femenino global.

    Hay partidos que definen temporadas. Otros definen generaciones. Y algunos, muy pocos, definen eras. Esta final pertenece a esa última categoría. No importa quién levante el trofeo al final del domingo: Arsenal y Corinthians ya han inscrito sus nombres en el prólogo de una historia que seguirá creciendo.

    Porque este partido no es solo fútbol. Es memoria en construcción. Es el testimonio de hasta dónde ha llegado el fútbol femenino y de todo lo que aún está por venir.

    Y en “El Partido de Manu” lo sabemos. Por eso ampliamos equipo, por eso reforzamos mirada, por eso incorporamos nuevas voces capaces de contar el fútbol desde otros lenguajes y otras plataformas. El fichaje de Helena con H, periodista, creadora y una de las voces más influyentes del fútbol femenino en TikTok, no es casualidad: es una apuesta por conectar generaciones, formatos y emociones sin perder rigor ni profundidad.

    (Fuente: FIFA )

    Este domingo, cuando ruede el balón y Arsenal y Corinthians escriban la primera página de esta Copa de Campeones, nos encontrarás ahí, contando cada detalle, cada gesto, cada instante que merezca ser recordado Porque hay finales que se juegan, la mayoría, pero existen algunas, como es el caso, que también se viven.

    El duelo al detalle |

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    ✨ La final ✨

    🏆 FIFA Women’s Champions Cup 2026™

    🔥 Arsenal Women 🆚 S.C. Corinthians 🔥

    🙌 🏴󠁧󠁢󠁥󠁮󠁧󠁿 vs 🇧🇷 🙌

    📅 Domingo, 1 de febrero de 2026

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    📺 DAZN & FIFA Plus

    🏟️ Emirates Stadium, Londres

    Enlace para ver la final aquí |

    https://www.dazn.com/es-es/home/1imb68dmlc47y1feg22d0b7cxa/97dbp7syj54a30eddddy331wk?share_origin=ios&share_page=fixture_page&event_id=1imb68dmlc47y1feg22d0b7cx

    (Fuente: FIFA)

    Los onces |

    El Arsenal, campeón de Europa, se elevó definitivamente a la categoría de mito fundacional del fútbol femenino al proclamarse primer campeón de la historia de la FIFA Women’s Champions Cup 2026™, tras imponerse por 3-2 al Corinthians en una final colosal disputada en el Emirates Stadium, un partido que se extendió hasta los límites físicos y emocionales del deporte y que quedó marcado por cinco goles descritos con exactitud quirúrgica, giros dramáticos constantes y una prórroga eterna que terminó por consagrar a las londinenses como campeonas del mundo. Desde el primer segundo quedó claro que el Arsenal no estaba dispuesto a especular: sacó de centro, ganó un córner en el primer minuto y empezó a empujar con una presión alta y una circulación agresiva, con Mariona Caldentey apareciendo entre líneas, Kim Little gobernando los tiempos y Alessia Russo moviéndose por detrás de Stina Blackstenius. El primer aviso serio llegó pronto, con una volea de Smith tras saque de esquina y un remate posterior de Mariona, pero el partido empezó a abrirse realmente cuando Corinthians respondió con transiciones rápidas lideradas por Duda Sampaio, avisando de que la campeona sudamericana no iba a limitarse a resistir.

    El 10 llegó en el minuto 15 y fue un gol nacido del error y del instinto: Leticia Teles falló en la salida, Blackstenius quedó mano a mano tras anticiparse, su disparo con la izquierda fue repelido por la propia guardameta, pero el rechace quedó muerto en el área pequeña y Olivia Smith, atacando el segundo balón, golpeó hacia el suelo con violencia, provocando un bote incómodo que superó a las defensoras que intentaban salvar sobre la línea y terminó entrando en la portería, un gol de pura insistencia que hizo estallar al Emirates. Arsenal rozó el segundo de inmediato, pero no cerró el partido y eso permitió a Corinthians crecer, ganar metros y encontrar el empate a balón parado.

    El 11 llegó en el minuto 27 de juego tras un córner lanzado desde la derecha: Zanotti atacó el primer palo y cabeceó con potencia, Borbe reaccionó y llegó a tocar el balón, pero no logró blocarlo ni despejarlo con claridad; el esférico botó sobre la línea y Aquino, llegando desde atrás con determinación, terminó de empujarlo con la rodilla para asegurarse de que cruzara completamente, una acción límite que igualó el marcador y devolvió el partido al punto de máxima tensión. Antes del descanso, el Arsenal acumuló ocasiones claras, incluida una oportunidad clarísima de Blackstenius tras un pase atrás de Little en la que la delantera sueca resbaló en el giro y mandó el balón muy desviado, síntoma de que la noche iba a exigir sufrimiento.

    Antes del descanso, el equipo de Jonas Eidevall acumuló llegadas, combinaciones entre Mead, Russo y Blackstenius, y ocasiones claras como la que la delantera sueca desperdició tras una gran acción de Kim Little, pero el 1-1 se mantuvo al intermedio.

    En la reanudación, con Maanum ya sobre el césped y Russo como referencia ofensiva, el Arsenal volvió a golpear, esta vez tras una jugada interminable a la salida de un córner en la que el balón sobrevivió entre rechaces, centros y segundas jugadas hasta que Wubben-Moy, incorporada al ataque, conectó un cabezazo poderoso al segundo palo para el 21, un gol de pura convicción que ponía de nuevo por delante las británicas en el 59, asomados ya a la hora de final disputada y esta no defraudaba a nadie.

    Los fans británicos ya se veían con el título en las manos, pero el tanto sudamericano nos regaló treinta minutos más de puro fútbol.

    . Con el 2-1, el partido parecía encarrilado, más aún cuando el equipo inglés dispuso de una triple ocasión monumental: Mead remató desde el punto de penalti, Leticia salvó, Foord recogió el rebote y estrelló su disparo en el larguero, y el posterior cabezazo de Russo se marchó por encima, una secuencia que parecía anunciar sentencia pero que terminó convirtiéndose en presagio de drama. Corinthians resistió, se agarró al partido con orgullo y, ya en el tiempo añadido, encontró el camino hacia el empate definitivo del tiempo reglamentario. Tras una falta colgada al área, una sucesión de rechaces y bloqueos heroicos de Wubben-Moy, el balón volvió a caer en zona caliente; en la acción final, Robledo cayó en el área tras un contacto con McCabe, el VAR llamó a la colegiada y, tras la revisión, se señaló penalti. Victoria asumió la responsabilidad en el minuto 94, engañó por completo a Borbe y ejecutó con calma absoluta, enviando el balón raso y centrado mientras la guardameta se vencía a un lado, estableciendo el 22 y forzando una prórroga pasada por agua.

    . En el tiempo extra, el cansancio multiplicó los errores y las emociones, Corinthians incluso rozó el gol con un cabezazo de Victoria que tocó en la yema de los dedos de Borbe y se estrelló en el larguero, pero el Arsenal volvió a levantarse una vez más. 

    El gol decisivo, el 32, llegó en el minuto 104 y fue una obra de oportunismo y precisión: tras una falta a favor de Corinthians, Maanum ganó un balón dividido en el centro del campo ante Duda Sampaio, condujo con espacio y abrió rápidamente a la izquierda para Caitlin Foord, que avanzó unos metros, armó el disparo con la zurda y sorprendió a Leticia con un remate seco y potente al primer palo, colándose el balón entre la guardameta y el poste en una acción que desató el delirio absoluto en el Emirates Stadium de Londres.

    A partir de ahí, el partido se transformó en una batalla de resistencia extrema, con Corinthians colgando balones, Arsenal despejando cada centro como si fuera el último y un final interminable marcado por el choque brutal entre Borbe y Wubben-Moy que obligó a una interrupción de más de ocho minutos y a la entrada de Daphne van Domselaar como sustituta por conmoción.

    En un descuento eterno dentro de la prórroga, con trece minutos añadidos, el Arsenal defendió con el alma, despejó una y otra vez, sobrevivió al último saque de banda y, cuando finalmente sonó el silbato definitivo, el estadio entero entendió que había asistido a algo irrepetible: el Arsenal era campeón del mundo, primer vencedor de la FIFA Women’s Champions Cup, tras una final inmortal definida gol a gol, segundo a segundo, y destinada a permanecer para siempre en la historia del fútbol femenino.

    (Fuente: DAZN)

    📋 Ficha técnica |

    ARSENAL FC Women: Borbe; Emily Fox (Holmberg, 64’), Wubben-Moy, Catley, McCabe; Kim Little (Codina, 93’), Mariona Caldentey (Pelova, 105’), Mead (Kelly, 75’); Olivia Smith (Foord, 64’), Russo, Blackstenius (Maanum, 46’).

    Corinthians: Leticia Teles; Zanotti, Erika (Gi Fernandes, 46’), Tarciane, Yasmin; Duda Sampaio, Victoria, Ivana Fuso; Aquino, Jhonson, Robledo.

    Incidencias: – Partido decidido en la prórroga
    – Penalti señalado tras revisión VAR en el tiempo añadido
    – Sustitución por conmoción: Daphne van Domselaar (Arsenal) entra por Borbe en el tiempo añadido de la prórroga
    – Más de 13 minutos de añadido final por atención médica a la guardameta local.

    Árbitra: Stéphanie Frappart (Francia). Mariona Caldentey (Arsenal) y Gi Fernandes (Corinthians) vieron la tarjeta amarilla.

    Goles:

    1-0 Olivia Smith 15’ ⚽️
    1-1 Gabi Zanotti 27’ ⚽️
    2-1 Lotte Wubben-Moy 59’ ⚽️
    2-2 Victoria Alburquerque (P.) 94’ ⚽️
    3-2 Caitlin Foord 104’ ⚽️

    Vídeo:

    https://youtu.be/Co9QUHbOHUM?si=tjpRRz0Z-QV5yo35

    (Fuente: DAZN )
  • La previa | Arsenal vs Corinthians

    (Fuente: FIFA)

    🔷 Arsenal y Corinthians, cuando el mundo se detiene: la final que inaugura una era en el fútbol femenino.

    Dos continentes, dos culturas futbolísticas, dos maneras de entender la excelencia. Londres se convierte en el centro del planeta fútbol para coronar a las primeras reinas intercontinentales de la historia.

    (Fuente: FIFA)

    El fútbol femenino vive este domingo uno de esos momentos que no admiten distracciones, ni medias tintas, ni ausencias justificadas. Un partido que no se juega únicamente sobre el césped, sino también en la memoria colectiva de este deporte que ha aprendido a crecer rompiendo techos de cristal, frontera a frontera, generación a generación. La final inaugural de la Copa de Campeones Femenina de la FIFA™ enfrenta a Arsenal Women FC y SC Corinthians, dos colosos de dimensiones distintas pero ambición idéntica, en un duelo que no solo entrega un trofeo: otorga un lugar eterno en la historia.

    (Fuente: DAZN )

    No es una final más. No es un cruce intercontinental anecdótico. Es la primera piedra de una competición llamada a redefinir el mapa global del fútbol femenino, el punto de partida de un relato que dentro de diez, veinte o cincuenta años se citará siempre igual: “Todo empezó aquel domingo en el que Arsenal y Corinthians se miraron a los ojos”. Las europeas llegan con el peso de la tradición continental y la autoridad competitiva que da haber conquistado la Liga de Campeones Femenina de la UEFA. Las brasileñas aterrizan con el espíritu irreductible de Sudamérica, el ADN de la CONMEBOL Copa Libertadores Femenina y la convicción de quien ha aprendido a sobrevivir y ganar en contextos hostiles.

    Es una final que enfrenta estructura y fuego, plan y emoción, orden y intuición, pero, sobre todo, dos formas legítimas de entender la grandeza.

    La Copa de Campeones Femenina de la FIFA™ no es solo un nuevo título en el calendario. Es una declaración de intenciones. La constatación de que el fútbol femenino ya no necesita comparaciones ni muletas conceptuales para legitimarse: tiene su propio lenguaje, sus propias épicas y, desde ahora, su propia corona intercontinental.

    En esta primera edición, el formato ha querido ser tan simbólico como contundente: las campeonas continentales enfrentándose directamente por el trono global. No hay camino largo, no hay fases de adaptación: aquí se llega por méritos máximos y se compite desde el primer minuto con la presión de saber que no existe precedente, que cada pase, cada gol y cada decisión arbitral quedarán registrados como los primeros de algo mucho más grande.

    Por eso esta final no solo importa a Arsenal y Corinthians. Importa al fútbol femenino entero. A Europa, a Sudamérica, a África, a Norteamérica, a Asia y a Oceanía. Importa a las niñas que hoy juegan sin saber que este partido existe, pero que mañana crecerán sabiendo que hubo un día en el que el mundo decidió mirar de frente al fútbol femenino sin asteriscos.

    El camino del Arsenal Women FC hacia esta final tiene algo de redención histórica y mucho de reafirmación deportiva. Clasificado al torneo en mayo de 2025 tras una victoria monumental ante el FC Barcelona en la final de la Liga de Campeones Femenina de la UEFA, el conjunto londinense no solo recuperó el trono europeo, sino que se reconectó con su identidad más profunda: la de un club construido para marcar época.

    Aquel triunfo frente al Barcelona no fue un accidente. Fue la culminación de un proceso, la madurez de una plantilla diseñada para competir en todos los registros y la confirmación de que Arsenal sigue siendo uno de los grandes arquitectos del fútbol femenino moderno. Ese título continental le otorgó, además, el pase directo a las semifinales de esta Copa de Campeones, un privilegio que asumió con la naturalidad de quien está acostumbrado a convivir con la élite.

    El 28 de enero, en el estadio de Brentford, las Gunners ofrecieron una exhibición de poderío frente al ASFAR marroquí, uno de los equipos más competitivos del continente africano. Fue un partido que quedó prácticamente resuelto en la primera mitad, no solo por el marcador, sino por las sensaciones.

    Los goles de Stina Blackstenius, Frida Maanum, Mariona Caldentey y Olivia Smith dibujaron un primer tiempo demoledor, en el que Arsenal combinó ritmo alto, precisión quirúrgica y una lectura táctica impecable. ASFAR, un equipo acostumbrado a competir con orden y carácter, se vio superado por la profundidad estructural del conjunto inglés.

    Pero si algo dejó claro ese encuentro fue la riqueza del fondo de armario del Arsenal. Lejos de bajar el nivel tras el descanso, el equipo de Renée Slegers lo sostuvo —e incluso lo elevó— con las entradas de Chloe Kelly, Kim Little y Katie McCabe, tres nombres que en cualquier otro equipo serían indiscutibles titulares. La guinda la puso Alessia Russo, otra suplente de lujo, firmando un doblete que redondeó una goleada tan contundente como simbólica: este Arsenal no depende de una sola pieza, sino de un sistema completo.

    Antes de llegar a estas finales intercontinentales, el Arsenal ya había disputado cuatro partidos oficiales en 2026, repartidos en distintas competiciones. Lejos de acusar la acumulación de esfuerzos, el equipo respondió con victorias de alto impacto, especialmente frente a Aston Villa y Chelsea, dos rivales que siempre exigen el máximo en el contexto del fútbol inglés.

    Esos triunfos no solo sumaron resultados: construyeron confianza. Confirmaron que el Arsenal llegaba a esta final no como invitado ilustre, sino como candidato sólido y consciente de su fortaleza. La sensación que transmite el equipo es la de un grupo que sabe cuándo acelerar, cuándo pausar y cuándo golpear.

    En el plano físico y médico, las noticias son mayoritariamente positivas. Chloe Kelly celebró su regreso tras dos meses de ausencia, ingresando como suplente en la semifinal, un detalle que añade un componente emocional importante al vestuario. Leah Williamson, ausente en ese partido, continúa en evaluación, y su posible participación añade un elemento de expectativa hasta última hora.

    Antes de llegar a estas finales intercontinentales, el Arsenal ya había disputado cuatro partidos oficiales en 2026, repartidos en distintas competiciones. Lejos de acusar la acumulación de esfuerzos, el equipo respondió con victorias de alto impacto, especialmente frente a Aston Villa y Chelsea, dos rivales que siempre exigen el máximo en el contexto del fútbol inglés.

    Esos triunfos no solo sumaron resultados: construyeron confianza. Confirmaron que el Arsenal llegaba a esta final no como invitado ilustre, sino como candidato sólido y consciente de su fortaleza. La sensación que transmite el equipo es la de un grupo que sabe cuándo acelerar, cuándo pausar y cuándo golpear.

    En el plano físico y médico, las noticias son mayoritariamente positivas. Chloe Kelly celebró su regreso tras dos meses de ausencia, ingresando como suplente en la semifinal, un detalle que añade un componente emocional importante al vestuario. Leah Williamson, ausente en ese partido, continúa en evaluación, y su posible participación añade un elemento de expectativa hasta última hora.

    Esta final no enfrenta solo a dos equipos. Enfrenta dos culturas futbolísticas profundamente distintas, cada una con su propia lógica interna y su propio concepto de la excelencia.

    El Arsenal representa la escuela europea: estructura, ocupación racional de espacios, lectura colectiva del juego, automatismos pulidos y una gestión del ritmo que suele inclinar los partidos a su favor. Su fútbol es reconocible, trabajado, coherente de principio a fin.

    Corinthians encarna la esencia sudamericana: intensidad emocional, competitividad feroz, capacidad para improvisar en escenarios caóticos y una relación con el partido que trasciende lo táctico. No es un equipo que se rinda ante el dominio rival; es un equipo que convive con la incomodidad y sabe castigar errores mínimos.

    Cuando estos dos mundos colisionan, el resultado suele ser imprevisible.

    Las protagonistas y los protagonistas lo saben. Lo sienten. Lo verbalizan con una mezcla de respeto y ambición que define a los grandes eventos.

    Steph Catley, defensora del Arsenal, lo expresó con claridad y emoción:

    “Es muy emocionante. Es una gran oportunidad para nosotras como jugadoras, para el club en general, de quedar grabadas en la historia como el primer equipo en ganar este prestigioso trofeo. Obviamente, es la primera vez que los aficionados ven algo así en el fútbol femenino. Por lo tanto, es un paso adelante para todos y esperamos que sea un capítulo increíble”.

    Renée Slegers, directora técnica del Arsenal, añadió una lectura colectiva y de proceso: “En esta competición, frente a los campeones de otros continentes, tuvimos que ganarnos el derecho a llegar a la final. Y creo que el equipo lo hizo de manera brillante. Así que estamos muy emocionadas por la final. La esperamos con ilusión. Es un momento especial para nosotras, para las jugadoras, para el club”.

    Desde el lado brasileño, el respeto no oculta la ambición. Duda Sampaio, mediocampista del Corinthians, fue tan honesta como contundente:

    “Es difícil incluso hablar al respecto porque sabemos lo difícil que será este partido. Será uno de los partidos más complicados de mi carrera. Sabemos lo grande que es el Arsenal en Europa y estamos dando lo mejor para estar listas y dar otro gran partido, como lo hicimos en las semifinales”.

    Y Lucas Piccinato, director técnico del Corinthians, sintetizó el espíritu de su equipo con una declaración que resume años de trabajo:

    “Valoro muchísimo este momento: es la final de una copa de gran prestigio. Lo vivimos con especial ilusión porque sabemos que habrá una gran cantidad de aficionados, pero también creo que nuestros ‘leales’ estarán presentes para apoyarnos. El domingo estaremos listos para dar un gran juego. Creo que el camino recorrido a lo largo de los años nos ha llevado hasta aquí. Ha habido muchos cambios en nuestra plantilla, pero contamos con jugadoras que quieren ganar. En partidos como este, estamos preparadas para llevar a la práctica nuestro plan de juego. Arsenal es uno de los mejores equipos del mundo, pero queremos marcharnos del Reino Unido con el trofeo en las manos y haremos todo lo posible para lograrlo”.

    La dimensión histórica del partido se refleja también en su cobertura internacional. La primera edición del torneo está disponible para los aficionados de todo el mundo mediante una combinación de transmisiones globales en streaming gratuito y broadcasters locales.

    La transmisión gratuita de Corinthians vs. Arsenal estará disponible en FIFA+, con excepciones territoriales concretas: Estados Unidos, Puerto Rico, Samoa Americana, Reino Unido, Irlanda, Jersey, Guernsey, Isla de Man, Marruecos, Brasil, China y Gibraltar. Un despliegue que confirma que este partido no pertenece a un país ni a un continente: pertenece al fútbol femenino global.

    Hay partidos que definen temporadas. Otros definen generaciones. Y algunos, muy pocos, definen eras. Esta final pertenece a esa última categoría. No importa quién levante el trofeo al final del domingo: Arsenal y Corinthians ya han inscrito sus nombres en el prólogo de una historia que seguirá creciendo.

    Porque este partido no es solo fútbol. Es memoria en construcción. Es el testimonio de hasta dónde ha llegado el fútbol femenino y de todo lo que aún está por venir.

    Y en “El Partido de Manu” lo sabemos. Por eso ampliamos equipo, por eso reforzamos mirada, por eso incorporamos nuevas voces capaces de contar el fútbol desde otros lenguajes y otras plataformas. El fichaje de Helena con H, periodista, creadora y una de las voces más influyentes del fútbol femenino en TikTok, no es casualidad: es una apuesta por conectar generaciones, formatos y emociones sin perder rigor ni profundidad.

    (Fuente: FIFA )

    Este domingo, cuando ruede el balón y Arsenal y Corinthians escriban la primera página de esta Copa de Campeones, nos encontrarás ahí, contando cada detalle, cada gesto, cada instante que merezca ser recordado Porque hay finales que se juegan, la mayoría, pero existen algunas, como es el caso, que también se viven.

    ✨ La final ✨

    🏆 FIFA Women’s Champions Cup 2026™

    🔥 Arsenal Women 🆚 S.C. Corinthians 🔥

    🙌 🏴󠁧󠁢󠁥󠁮󠁧󠁿 vs 🇧🇷 🙌

    📅 Domingo, 1 de febrero de 2026

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    📺 DAZN & FIFA Plus

    🏟️ Emirates Stadium, Londres

    Enlace para ver la final aquí |

    https://www.dazn.com/es-es/home/1imb68dmlc47y1feg22d0b7cxa/97dbp7syj54a30eddddy331wk?share_origin=ios&share_page=fixture_page&event_id=1imb68dmlc47y1feg22d0b7cxa

  • La crónica | El Arsenal desata la tormenta perfecta y convierte la semifinal en manifiesto

    (Fuente: FIFA)

    ◼️ No fue un partido. Fue una declaración. Una exhibición de jerarquía, ritmo y fútbol total que convirtió la segunda semifinal de la Copa de Campeones Femenina en un relato de una sola dirección. El Arsenal Women, implacable desde el primer minuto, desbordó por completo al ASFAR Rabat Women con un 6-0 rotundo, una goleada que habla tanto de la ambición londinense como del punto exacto en el que el fútbol no admite concesiones. Gol a gol, presión a presión, las ‘Gunners’ firmaron una noche que las impulsa directamente a la gran final ante Corinthians, con la sensación de haber llegado a Londres para mandar.

    El duelo al detalle |

    (Fuente: FIFA)

    🏆 FIFA Women’s Champions Cup 2026™

    🔥 Arsenal Women 🆚 ASFAR 🔥

    🤝 Segunda semifinal

    📅 Miércoles, 28 de enero de 2026

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    📺 APP de DAZN

    🏟️Brentford Community Stadium, Londres

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    Los primeros compases no dejaron goles, pero sí mensajes. El Arsenal movía el balón con paciencia, sin ansiedad, como quien sabe que el tiempo juega a su favor. ASFAR, ordenado, intentaba resistir, consciente de que cada minuto sin encajar reforzaba su confianza.

    Pero había algo en el lenguaje corporal de las londinenses que anticipaba lo inevitable. No había prisas, pero sí determinación. No había nervios, pero sí hambre.

    El Arsenal estaba midiendo. Y cuando un equipo de este calibre mide, es porque ya ha decidido dónde va a golpear.

    El primer gol llegó como llegan los goles de los equipos grandes: sin estridencias, casi sin aviso. Una posesión larga, horizontal, diseñada no para avanzar metros sino para desordenar estructuras. El ASFAR basculaba, cerraba, se ayudaba. Pero cada desplazamiento lateral era una pequeña concesión.

    El balón viajó de un lado a otro hasta que apareció el espacio. No fue un fallo evidente. Fue una microrrotura, una desconexión mínima entre central y lateral, suficiente para que el Arsenal encontrara profundidad. El centro fue preciso, tenso, al corazón del área. Y allí, el remate. Limpio. Inapelable.

    El 1-0 no fue un golpe devastador, pero sí fue el primer aviso serio. La semifinal ya tenía dueño territorial en el minuto 8 de juego, el duelo no era tan equilibrado como el que midió al mediodía al Gotham con el Corinthians (0-1).

    Cuatro minutos más tarde, la ventaja se duplicó cuando Maanum se giró y disparó a bocajarro. Caldentey marcó el tercero poco después, transformando con sangre fría un penalti tras una mano de Zineb Redouani dentro del área para poner el 2-0 en el 12, poco antes del primer cuarto de hora.

    En ese momento, la semifinal empezó a deslizarse peligrosamente hacia un escenario que ASFAR quería evitar a toda costa: el partido largo, el desgaste, la sensación de estar siempre persiguiendo sombras.

    Con dos goles de ventaja, el Arsenal no bajó el ritmo. Tampoco lo desató sin sentido. Hizo lo que hacen los equipos que saben competir: administrar la superioridad sin renunciar a la identidad.

    La circulación fue aún más fluida. Las líneas, más cortas. El ASFAR, por momentos, ya no defendía para robar, sino para limitar daños. Cada llegada inglesa era una amenaza latente.

    La semifinal, poco a poco, empezaba a parecerse a un monólogo para el actual campeón de la Liga de Campeones Femenina.

    El tercer gol llegó justo cuando ASFAR empezaba a pensar en el descanso como refugio. Y llegó de la manera más dolorosa: con fútbol asociativo, con precisión quirúrgica, con la sensación de que el Arsenal estaba jugando en otra dimensión.

    La jugada fue una coreografía perfecta. Pase interior, apoyo, devolución, desmarque.
    El ASFAR quedó partido por la mitad durante un segundo. Fue suficiente. La llegada desde segunda línea culminó la acción con autoridad para poner el 3-0 en el 41 que mataba el encuentro de algún modo.

    pitido que señalaba el final de la primera parte sonó casi como un alivio para ASFAR Rabat. El marcador era duro, pero el castigo podía haber sido mayor. Para el Arsenal, en cambio, el descanso fue una pausa incómoda, una interrupción de un flujo que dominaba por completo.

    Las londinenses se marcharon al vestuario sin euforia. Con la seriedad de quien sabe que el trabajo no está terminado.

    Y lo que vendría después confirmaría que el Arsenal no entiende de medias tintas.

    La imagen de las londinenses al volver al césped fue reveladora. No hubo repliegue conservador ni gesto alguno que indicara administración del resultado. Las líneas siguieron altas, el bloque compacto, la presión activa. El mensaje era claro: no se trata de ganar, sino de cómo se gana.

    En ese punto del partido, el Arsenal ya no competía contra el ASFAR Rabat, sino contra una idea más abstracta: la de no traicionarse a sí mismo. Los equipos grandes no entienden las semifinales como trámites ni las goleadas como excusas para bajar el ritmo. Las entienden como escenarios donde se construye reputación.

    El ASFAR Rabat, consciente de la situación, intentó introducir matices. Adelantó tímidamente su bloque, buscó posesiones más largas, trató de respirar con el balón. Pero cada intento encontraba un obstáculo inmediato. El Arsenal no solo recuperaba rápido: recuperaba bien. Siempre con una jugadora perfilada para el siguiente pase, siempre con una línea de progresión clara.

    A esas alturas, el mayor desafío para el ASFAR no era táctico ni físico, sino psicológico. Defender durante largos tramos, correr detrás del balón, encajar goles sin margen de respuesta va erosionando convicciones. El fútbol de élite no perdona las dudas, y el Arsenal se alimenta de ellas.

    Cada control marroquí era observado. Cada pase lateral, presionado. Cada despeje, devuelto de inmediato. El partido se jugaba casi exclusivamente en campo del ASFAR, que ya no encontraba salida ni refugio.

    El cuarto gol no tuvo la belleza estructural del tercero ni la contundencia psicológica del segundo. Tuvo algo diferente, quizá más revelador: la lógica aplastante del dominio.

    Llegó tras una secuencia prolongada de ataques. Centro lateral rechazado, balón suelto, segunda jugada mal defendida. El Arsenal, atento, atacó el espacio con determinación. El disparo fue potente, directo, sin necesidad de florituras.

    Ese gol fue el que terminó de transformar la semifinal en un ejercicio de control absoluto. No quedaba espacio para el milagro ni para la épica desde el lado marroquí. Solo para la resistencia y el aprendizaje en el minuto 61 de juego.

    Con el 4-0 en el marcador, el Arsenal mostró quizá su rasgo más definitorio: la ausencia total de complacencia. No hubo gestos de exceso ni celebraciones desmedidas. Hubo concentración, orden y continuidad .

    El equipo se movía como una unidad orgánica. Las distancias entre líneas eran mínimas. Las coberturas, automáticas. La ocupación del área rival, constante pero racional. No atacaban todas al mismo tiempo; atacaban las necesarias.

    El ASFAR Rabat seguía intentando competir. Cada duelo ganado era celebrado como una pequeña victoria. Cada posesión larga, una forma de reafirmarse. Pero el Arsenal siempre volvía a tomar el control, como una marea que retrocede solo para volver con más fuerza.

    El quinto tanto llegó cuando el partido ya estaba completamente decantado, pero no por ello perdió significado.

    Al contrario. Fue el gol que convirtió la semifinal en un festival futbolístico sin crueldad.

    La jugada nació desde atrás, con calma, con una circulación que parecía casi didáctica. El ASFAR trató de cerrar espacios, pero el Arsenal encontraba siempre una línea más. El pase final dejó a la atacante en una posición franca. La definición fue precisa, casi serena.

    El 5-0 en el no provocó abatimiento en las marroquíes, sino una resignación digna. Sabían que el rival era superior y lo aceptaron sin renunciar a su identidad en el minuto 66 de la semifinal.

    Llegados a este punto, el ASFAR Rabat ya jugaba otro partido. Uno invisible para el marcador, pero fundamental para su historia. El de mantener la dignidad, el de seguir compitiendo pese a la evidencia.

    El equipo marroquí no se descompuso. No perdió el orden. No recurrió a la dureza. Entendió que aquella noche no era para ganar, sino para aprender. Y esa lectura, en contextos así, también es una victoria silenciosa.

    El sexto gol fue la consecuencia natural de todo lo anterior. No un castigo añadido, sino el cierre lógico de una noche sin concesiones. El Arsenal encontró espacio una vez más, combinó con paciencia y atacó el área con determinación. El remate final puso el broche definitivo cuando el luminoso andaba ya por el minuto 75, a un cuarto de hora para el noventa .

    El marcador ya no importaba. Importaba la sensación. Y la sensación era inequívoca: el Arsenal había convertido la semifinal en un manifiesto futbolístico.

    Cuando la árbitra señaló el final del partido, no hubo saltos ni gestos desmedidos. El Arsenal celebró con sobriedad. Porque los equipos grandes no celebran semifinales; celebran finales.

    Las jugadoras del ASFAR Rabat se saludaron entre sí y con sus rivales. Habían sido superadas, sí, pero también habían formado parte de un escenario que impulsa el crecimiento del fútbol femenino global.

    Y ahora, el último capítulo. En la final aguarda el Corinthians, coloso brasileño, campeón sudamericano, símbolo de otra escuela, de otra cultura futbolística. Europa contra Brasil. Método contra talento. Precisión contra improvisación.

    El Arsenal llega lanzado, con una goleada que no solo lo impulsa, sino que lo define. Ha dicho quién es y cómo quiere competir. Ahora le queda demostrarlo en el escenario definitivo.

    La Copa de Campeones Femenina ya tiene final.
    Y el mundo del fútbol femenino, un nuevo pulso que observar.

    Goles |

    1-0 Blacktenius 8’ ⚽️
    2-0 Frida Maanun 12’ ⚽️
    3-0 Mariona Caldentey (P.) 22’ ⚽️
    4-0 Olivia Smith 41’ ⚽️
    5-0 Alessia Russo 66’ ⚽️
    6-0 Alessia Russo 76’ ⚽️

    📋 Ficha técnica |

    Borbe; Holmberg, Laia Codina, Wubben-Moy, Hinds; Pelova, Caldentey, Maanum, Smith; Mead, Blackstenius 

    Suplentes usadas:
    Caitlin Foord (45′), Kim Little (45′), Katie McCabe (61′), Alessia Russo (60′), Cloe Kelly (77’).

    ASFAR Rabat WomenTitulares:
    Errmichi; Boukhami, Aït El Haj, Rabbah (c), Redouani; Sanaa, Saïd, Erroudany, Benzina; Lahmari, Tagnaout.

    Cambios:El Madani (75′), Gnammi (70′), entre otras sustituciones del banquillo. 

    (Fuente: DAZN)

  • La previa | Arsenal vs ASFAR Rabat Women

    (Fuente: FIFA)

    ◼️ El grito del fútbol femenino: Arsenal Women y ASFAR se batirán el cobre para estar una final en la que ya espera Corinthians.

    Este miércoles, 28 de enero de 2026, a las 19:00 horario peninsular el Brentford Stadium será testigo de un enfrentamiento histórico: Arsenal Women, campeonas de Europa, contra ASFAR, las dominadoras africanas, en la segunda semifinal de la FIFA Women’s Champions Cup. Más que un partido, es un choque de culturas, estilos y ambiciones que promete escribir un nuevo capítulo en la historia del fútbol femenino global.

    La FIFA Women’s Champions Cup 2026 es más que un torneo; es un nuevo paradigma del fútbol femenino de clubes, una competición que une campeonas de todas las confederaciones en una lucha directa por la supremacía mundial. Con seis equipos invitados, representando a UEFA, CAF, CONCACAF, CONMEBOL, AFC y OFC, la cita se concibe como un preludio del futuro Mundial de Clubes Femenino, con premio récord en la historia del fútbol femenino y cobertura global sin precedentes.

    Este torneo simboliza un paso decisivo en la globalización del deporte, donde ya no basta con dominar una liga local o continental; la auténtica hegemonía se mide en enfrentamientos directos entre continentes. En este contexto, la semifinal entre Arsenal y ASFAR representa la verdadera prueba de fuego para ambas escuadras: una batalla donde historia, tradición, audacia y estrategia se entrelazan.

    El Arsenal Women a esta semifinal con la fuerza de su historia: múltiples títulos de liga inglesa, copas nacionales y, especialmente, la UEFA Women’s Champions League 2025, lograda tras derrotar al FC Barcelona por 1–0 en una final que combinó disciplina defensiva y explosión ofensiva.

    Este triunfo europeo marcó el regreso del Arsenal al trono continental 18 años después de su primer título, consolidando a las Gunners como una potencia no solo local, sino global.

    Su última temporada europea mostró la capacidad de manejar partidos de alta tensión: desde goleadas contra Lyon y Real Madrid hasta victorias ajustadas ante rivales de primer nivel. La profundidad de plantilla y la inteligencia táctica son evidentes en cada línea: defensas seguras, mediocampo creativo y delanteras con instinto goleador.

    El estilo del Arsenal basa en posesión, ritmo controlado y transiciones rápidas. Su estructura permite alternar entre presión alta y ataques verticales con extremos veloces. La experiencia continental les otorga capacidad para adaptarse a contextos de alta presión, manejar la ansiedad del partido y neutralizar ataques rivales sin perder agresividad ofensiva.

    Jugadoras clave aportan técnica, visión y liderazgo, equilibrando juventud con veteranía. La cohesión y disciplina táctica son el sello que ha permitido a Arsenal superar obstáculos y mantener un rendimiento sobresaliente en los momentos decisivos de la Champions League.
    ASFAR Women, desde Marruecos, representa el ascenso del fútbol africano femenino. Campeonas nacionales repetidas veces y vencedoras de la CAF Women’s Champions League 2025, ASFAR ha demostrado consistencia y capacidad para enfrentar rivales de alto nivel. Su victoria frente al campeón asiático —Wuhan Chegu Jiangda WFC— en cuartos de final consolidó su posición como contendientes globales.

    La semifinal ante Arsenal no es solo una oportunidad deportiva, sino un momento histórico: por primera vez, un club africano tiene la posibilidad real de disputar una final mundial contra la élite europea, demostrando que el fútbol africano femenino ha alcanzado madurez competitiva y táctica.

    El ASFAR combina intensidad física, disciplina defensiva y velocidad en las transiciones ofensivas. Sus jugadoras clave poseen experiencia internacional, desde mundiales sub‑20 hasta torneos africanos, aportando madurez y calma en momentos de presión.

    Su juego se caracteriza por ataques rápidos, presión alta en zonas estratégicas y robustez en defensa, buscando aprovechar cada desajuste del rival. La capacidad de adaptarse a distintas situaciones de partido y su mentalidad audaz hacen de ASFAR un rival impredecible y peligroso, incluso para equipos consolidados como el Arsenal.

    🏆 FIFA Women’s Champions Cup 2026™

    🔥 Arsenal Women 🆚 ASFAR 🔥

    🤝 Segunda semifinal

    📅 Miércoles, 28 de enero de 2026

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    📺 APP de DAZN

    🏟️Brentford Community Stadium, Londres

    (Fuente: FIFA)
  • La crónica | El Corinthians bate al Gotham en un duelo de poder a poder

    (Fuente: DAZN)

    🔵¡Triunfo sudamericano! As bravas se impusieron por 0-1 al conjunto estadounidense en un desenlace de infarto.

    La previa |

    (Fuente: FIFA)

    Mañana no se juega solo un partido de fútbol. Mañana, cuando Corinthians y Gotham FC salten al césped londinense, el fútbol femenino de clubes entrará en un territorio que hasta ahora solo había podido imaginarse en abstracto. Durante décadas, el deporte avanzó por caminos paralelos, separados por océanos, calendarios, culturas y modelos de crecimiento. Europa construyó su hegemonía continental. Estados Unidos consolidó una industria. Sudamérica defendió el alma, la calle, la pasión y la resiliencia. Todo eso convivía, pero nunca chocaba de frente, nunca se ponía a prueba en igualdad de condiciones, nunca se miraba a los ojos en una semifinal mundial organizada bajo el sello de la FIFA.
    Eso cambia mañana.
    Corinthians y Gotham FC no representan únicamente a dos clubes. Representan dos continentes, dos tradiciones, dos maneras de entender el fútbol femenino y, sobre todo, dos visiones sobre hacia dónde debe caminar el juego en los próximos veinte años. Esta semifinal no es un accidente del calendario. Es una consecuencia histórica. El resultado de una acumulación de procesos, luchas, inversiones, convicciones y sacrificios que desembocan en noventa minutos —o quizá más— que marcarán un antes y un después.
    Corinthians llega a esta semifinal como llega siempre a los grandes escenarios: con el peso de un escudo que no permite medias tintas. En Brasil, Corinthians no es un club más. Es una institución que se define por la resistencia, por la identificación popular, por la idea de que el fútbol no pertenece a una élite sino a la gente. Ese ADN, trasladado al fútbol femenino, ha construido una hegemonía sudamericana pocas veces vista. Desde su consolidación como proyecto competitivo, el Corinthians femenino ha entendido que ganar no es suficiente; hay que ganar representando algo, sosteniendo una identidad reconocible, imponiendo respeto incluso antes de que ruede el balón.
    El Corinthians femenino ha aprendido a convivir con la presión extrema. Cada Libertadores jugada, cada final nacional disputada, cada clásico ganado ha reforzado una mentalidad que hoy es su mayor fortaleza: la convicción absoluta de que los partidos grandes no se negocian, se afrontan. No hay vértigo escénico. No hay complejos ante escudos extranjeros. Hay una certeza interior, casi innegociable, de que el equipo siempre estará en partido, incluso cuando el contexto sea adverso.
    Ese convencimiento se refleja en su manera de competir. Corinthians no necesita dominar el balón durante largos tramos para sentirse cómodo. Tampoco se descompone si debe defender bajo, cerrar espacios, resistir oleadas. Es un equipo que entiende los tiempos del partido con una madurez impropia de quien aún está escribiendo su historia global. Sabe cuándo acelerar, cuándo enfriar, cuándo golpear y cuándo esperar. En torneos cortos, esa lectura del juego es oro puro.
    Frente a ellas estará Gotham FC, la expresión más nítida del nuevo fútbol femenino estadounidense. Gotham no es el equipo que vive de la tradición ni de la nostalgia de la selección campeona del mundo. Es un proyecto moderno, ambicioso, construido con una lógica casi quirúrgica, pensado para competir en contextos internacionales donde ya no basta con el físico, la intensidad o el talento individual. Gotham ha entendido algo fundamental: el fútbol femenino global se ha igualado, y para marcar diferencias hay que dominar todos los registros del juego.
    Gotham llega a esta semifinal con una identidad clara, pero flexible. Es un equipo que puede presionar alto, pero también gestionar la posesión. Que puede imponer ritmo, pero sabe bajar revoluciones cuando el partido lo exige. Que tiene jugadoras acostumbradas a escenarios de máxima exigencia, tanto en clubes como en selecciones, y que ha incorporado una cultura competitiva donde perder no es una opción asumible, sino un problema a corregir.
    A diferencia de Corinthians, Gotham no carga con una herencia popular tan pesada. Su fortaleza no nace de la calle, sino de la estructura. De la planificación. De la convicción de que el fútbol femenino merece ser tratado como un producto de élite, con todos los recursos necesarios para alcanzar el máximo nivel. Eso no lo hace menos pasional; lo hace más metódico. Gotham compite desde el análisis, desde el estudio del rival, desde la preparación minuciosa de cada escenario posible.
    Y ahí reside uno de los grandes atractivos de esta semifinal: el choque de mentalidades. Corinthians juega con el corazón blindado por la experiencia continental. Gotham juega con la cabeza entrenada para escenarios globales. Ninguna de las dos llega por casualidad. Ninguna está fuera de lugar. Ambas se han ganado el derecho a estar aquí desde caminos distintos, pero igual de legítimos.
    El partido, además, se disputa en Londres, un territorio simbólico. Europa, cuna del fútbol moderno y actual epicentro del desarrollo femenino, actúa como escenario neutral de un duelo intercontinental que parecía imposible hace apenas unos años. No es casualidad. Es una declaración de intenciones. El fútbol femenino ya no pertenece a un solo continente. Ya no se explica desde una única narrativa. Es un ecosistema global, y esta semifinal es una de sus primeras manifestaciones puras.
    Desde el punto de vista táctico, el enfrentamiento promete una riqueza pocas veces vista. Corinthians probablemente apostará por un bloque sólido, compacto, con líneas juntas y transiciones rápidas. No buscará un intercambio constante de golpes. Intentará llevar el partido a un terreno donde la experiencia, la lectura emocional y la eficacia marquen la diferencia. Gotham, en cambio, intentará imponer ritmo, amplitud, circulación rápida y presión tras pérdida. Buscará desgastar, mover, obligar a Corinthians a tomar decisiones incómodas.
    La batalla del mediocampo será clave. Ahí se decidirá si el partido se juega a la velocidad que quiere Gotham o al tempo que prefiere Corinthians. También será fundamental la gestión de los momentos posteriores al gol, si lo hay. Corinthians sabe proteger ventajas como pocos equipos. Gotham sabe reaccionar ante la adversidad. El que imponga su narrativa emocional tendrá medio camino recorrido.
    Pero más allá de lo táctico, este partido se juega en una dimensión simbólica. Para Corinthians, ganar significaría demostrar que Sudamérica no solo compite, sino que puede liderar el fútbol femenino global. Que su dominio continental no es un fenómeno aislado, sino una base sólida desde la que aspirar a todo. Para Gotham, alcanzar la final sería la confirmación de que el modelo estadounidense, evolucionado y adaptado, sigue siendo una referencia mundial, ahora también en torneos organizados fuera de su órbita habitual.
    Las jugadoras lo saben. No hace falta que nadie se lo recuerde. En cada entrenamiento previo, en cada charla técnica, en cada momento de concentración, la sensación es la misma: están ante algo que trasciende el resultado inmediato. Están escribiendo historia. Están poniendo cimientos. Están abriendo una puerta que ya no se cerrará.
    Mañana, cuando el balón empiece a rodar, todo lo que hoy es relato se convertirá en acción. El ruido desaparecerá. Quedarán las decisiones, los duelos, los errores, los aciertos. Quedará la verdad del fútbol. Pero pase lo que pase, gane quien gane, esta semifinal ya habrá cumplido una misión irreversible: demostrar que el fútbol femenino de clubes ha entrado definitivamente en su era mundial.
    Con el Emirates Stadium del Arsenal como epicentro simbólico, la FIFA ha lanzado un órdago económico que, aunque todavía lejos de las cifras obscenas del fútbol masculino, marca un antes y un después irreversible en la valoración real del fútbol femenino de clubes. No es solo una cuestión de dinero; es una cuestión de mensaje. De jerarquía. De intenciones. Por primera vez, el máximo organismo del fútbol mundial ha puesto cifras encima de la mesa que obligan a todos —clubes, federaciones y confederaciones— a replantearse el lugar que ocupa el fútbol femenino en la economía global del deporte.
    La cifra ha retumbado en los despachos de medio mundo como un trueno seco y definitivo: 2,3 millones de dólares, algo más de 2,1 millones de euros, para el equipo que levante el trofeo el próximo 1 de febrero. Nunca antes un club femenino había recibido un premio individual tan alto por ganar una competición. Nunca. Es un récord absoluto. El subcampeón, lejos de marcharse con las manos vacías, ingresará un millón de dólares, mientras que los otros dos semifinalistas se asegurarán 200.000. Incluso los equipos que no aspiraban al título desde el inicio, como Auckland United o Wuhan Chegu Jiangda, ya han asegurado 100.000 dólares simplemente por estar presentes. Participar ya no es simbólico. Participar ya paga.
    Son cifras que marean si se observan desde la óptica histórica del fútbol femenino, un deporte que durante décadas sobrevivió entre presupuestos mínimos, salarios invisibles y una precariedad estructural normalizada. FIFA ha decidido romper ese techo de cristal de un solo golpe, con un torneo breve, concentrado, casi quirúrgico, pero con un impacto económico inmediato que supera incluso a competiciones mucho más largas y consolidadas.

    comparación con la UEFA Women’s Champions League resulta inevitable. El organismo europeo ha realizado esfuerzos titánicos en los últimos años, incrementando premios y visibilidad, pero su modelo sigue fragmentando las recompensas en función de victorias, empates y fases superadas. Un equipo que complete un torneo perfecto en Europa puede rondar entre 1,4 y 1,6 millones de euros en total. FIFA, con un torneo relámpago de solo seis equipos, ya supera esa cifra máxima de un plumazo. No es solo una mejora: es un cambio de paradigma.
    Y cuando el foco se desplaza hacia Sudamérica, el relato adquiere una dimensión aún más reveladora. La Copa Libertadores Femenina 2025 otorgó al campeón cerca de dos millones de dólares, una cifra que por fin se acerca a los estándares que FIFA plantea ahora y que confirma algo fundamental: Sudamérica ha entendido que sin inversión no hay crecimiento, y que sin crecimiento no hay futuro competitivo. Corinthians llega a esta semifinal no solo como un gigante deportivo, sino como el producto de una región que ha decidido apostar en serio por su fútbol femenino.
    Sin embargo, la comparación sigue siendo cruel cuando se cruza definitivamente la frontera hacia el fútbol masculino. El ganador de la Champions League masculina de 2026 podría embolsarse solo por disputar la final alrededor de 25 millones de euros, acumulando más de 100 millones a lo largo del torneo. La diferencia sigue siendo abismal. Dolorosa. Innegable. Pero incluso ahí hay una lectura nueva: por primera vez, el fútbol.

    (Fuente: FIFA)

    Los onces |

    El duelo al detalle |

    🏆 FIFA Women’s Champions Cup 2026™

    🤝 Primera semifinal

    📅 Miércoles, 28 de enero de 2026

    ⏰ 13:30 horario peninsular

    📺 APP de DAZN

    🏟️Brentford Community Stadium, Londres

    Hubo un instante —apenas un segundo suspendido en el aire húmedo de Londres— en el que nadie celebró nada. Ni las que habían ganado, ni las que habían perdido, ni siquiera quienes estaban allí para certificar el resultado. El pitido final no fue un estallido: fue un acto solemne. Porque lo que acababa de terminar no era solo un partido. Era el primer partido de la historia de la Intercontinental Femenina. Y eso, incluso antes de entenderlo, se siente.

    El marcador dirá para siempre 0–1. Dirá que Corinthians venció. Dirá que NJ se quedó sin gol. Dirá que fue un resultado corto, austero, casi minimalista. Pero el marcador miente cuando la historia es más grande que los números. Porque esta noche no se jugaba por un título más: se jugaba por el derecho a existir en igualdad de memoria.

    La FIFA lo llamó Women’s Champions Cup. Los documentos oficiales hablarán de formato, de calendarios, de confederaciones. Pero el fútbol —el de verdad— lo bautizó de otra forma: el día en que el mundo femenino se atrevió a mirarse de frente y decir “ya estamos aquí”.

    Londres 2026 no fue una sede. Fue un punto de encuentro. Europa dejó de ser el centro para convertirse en el cruce. América llegó desde dos orillas distintas, con dos formas opuestas de entender el juego y una misma ambición: escribir la primera página.

    El césped estaba perfecto. Como siempre. Como debe estar cuando sabes que no puedes fallar. Porque el error, esta vez, no era perder: era no estar a la altura del momento.

    Desde Sudamérica llegó Corinthians, con su escudo pesado, con su historia cargada de Libertadores, con esa forma tan brasileña de jugar al fútbol femenino: mezcla de rigor competitivo y orgullo popular, de talento trabajado y convicción colectiva. No viajaron solo para ganar. Viajaron para representar a todo un continente que lleva décadas produciendo talento sin pedir permiso.

    Desde Norteamérica apareció NJ, heredero de una liga que profesionalizó antes que nadie, que entendió antes que nadie que el fútbol femenino no era un anexo sino un motor. NJ no era solo un club: era la expresión del modelo, del músculo, de la estructura, del fútbol como industria bien construida. No estaban allí por azar. Estaban allí porque el sistema los había empujado hasta ese lugar.

    Y entre ambos, el vacío. Ese espacio simbólico donde antes no había nada. Donde antes no se enfrentaban campeonas de confederaciones. Donde antes el fútbol femenino miraba con cierta envidia cómo los hombres levantaban trofeos intercontinentales mientras ellas seguían luchando por reconocimiento.

    Esta noche, por primera vez, ese vacío desapareció.

    No hubo himno histórico previo. No hubo nostalgia porque no había pasado. Todo era presente. Todo era estreno. Todo era frágil y poderoso a la vez, como solo lo son las cosas que nacen grandes.

    La Intercontinental Femenina no empezó con una goleada ni con un partido desbordado de épica clásica. Empezó como empiezan las cosas importantes: con tensión, con miedo a equivocarse, con la conciencia de que cada gesto iba a ser observado, archivado, recordado.

    Las jugadoras lo sabían. En la forma de mirar al césped. En la manera de ajustar el brazalete. En cómo se gritaban entre ellas sin estridencias, como si el respeto por el momento obligara a bajar medio tono la voz.

    Porque no se trataba solo de ganar. Se trataba de ser dignas del primer capítulo.

    El fútbol femenino ha tenido muchos “primeros” forzados, improvisados, mal contados. Este no. Este estaba preparado. Este tenía logo, patrocinador, relato global. Este tenía una foto pensada para durar décadas. Y esa foto —la jugadora de Corinthians de rodillas, puños cerrados, grito al cielo— ya no pertenece al partido. Pertenece a la historia.

    Pero antes de llegar ahí, antes del grito, antes del gol, antes incluso del primer pase, hubo algo más importante: la certeza compartida de que nada volvería a ser igual después.

    Porque cuando una competición nace con vocación global, cuando la FIFA pone su sello y el mundo responde, el fútbol femenino deja de pedir sitio. Lo ocupa.

    Y así, sin fuegos artificiales, sin exageraciones impostadas, comenzó el partido que no necesitaba ser perfecto para ser eterno.

    El balón echó a rodar y con él, empezó oficialmente la historia de la Intercontinental Femenina.

    fútbol femenino no llegó hasta aquí por inercia. Llegó por insistencia. Por años de empujar puertas que no estaban cerradas, sino simplemente ignoradas. La Intercontinental Femenina no nació de una idea romántica, sino de una evidencia imposible de seguir esquivando: el juego ya era global, los títulos ya eran continentales, las campeonas ya existían… solo faltaba atreverse a enfrentarlas.

    Durante décadas, el fútbol femenino vivió fragmentado. Europa mirándose a sí misma. América del Norte creciendo hacia dentro. Sudamérica compitiendo con menos focos pero con una identidad feroz. Asia y África llamando a la puerta. Todo existía, pero nada se cruzaba. La historia estaba escrita en paralelo, nunca en común.

    La FIFA entendió —tarde, pero entendió— que no se puede hablar de universalidad sin choque de mundos. Que no hay grandeza sin riesgo. Que no basta con coronar reinas regionales si nunca las sientas en la misma mesa. La Women’s Champions Cup fue concebida como eso: una mesa compartida, incómoda al principio, inevitable después.

    No era una prueba piloto. No era un torneo amistoso de prestigio. Era una declaración estructural. Un mensaje directo a federaciones, clubes, ligas y mercados: el fútbol femenino ya no iba a ser contenido local con relato global, sino competición global con consecuencias reales.

    Por eso el primer partido importaba tanto.

    Corinthians no llegó a Londres por casualidad ni por marketing. Llegó como llega quien sabe competir en torneos largos, quien ha aprendido a sobrevivir a eliminatorias hostiles, a viajes eternos, a arbitrajes distintos, a contextos adversos. El Corinthians femenino es heredero de una cultura que entiende el fútbol como lucha y celebración al mismo tiempo. Un club que no separa el éxito del sufrimiento. Que no concibe ganar sin haber resistido antes.

    Su camino hasta aquí estaba lleno de partidos donde el control nunca fue absoluto, pero la fe sí. Donde cada victoria era menos estética que funcional, menos brillante que sólida. Un equipo construido para no romperse. Para aguantar. Para esperar su momento.

    En el otro lado, NJ representaba algo radicalmente distinto. No mejor ni peor. Distinto. El producto de una liga pensada desde el inicio para sostenerse. Estadios, audiencias, salarios, planificación, ciencia del deporte. NJ era el reflejo de un ecosistema que apostó antes y más fuerte. Un club donde cada detalle está medido, donde la preparación es tan importante como la inspiración.

    Su fútbol habla el idioma de la presión alta, de la ocupación racional del espacio, de la intensidad sostenida. No hay pausas largas. No hay improvisaciones excesivas. Hay método. Hay convicción en el plan.

    Ese choque —resistencia contra estructura, tradición popular contra profesionalización industrial— era el verdadero corazón del partido. No un duelo de jugadoras, sino de formas de entender el camino hasta la élite.

    Y Londres era el lugar perfecto para ese cruce. Ciudad de imperios, de migraciones, de fútbol importado y exportado, de culturas superpuestas. Nadie podía sentirse completamente local. Todas estaban, en cierto modo, de paso. Como si el estadio fuera una frontera neutral donde las identidades podían enfrentarse sin complejos.

    El calentamiento ya dejaba pistas. Corinthians ocupaba su espacio con una seriedad casi ritual. Gestos cortos, miradas largas, silencio concentrado. NJ, en cambio, se movía con energía visible, con comunicación constante, con cuerpos que parecían necesitar entrar rápido en temperatura para no perder filo.

    No había nervios descontrolados. Había conciencia.

    Las capitanas se saludaron con respeto, sin teatralidad. No había rivalidad previa que exagerar. Esta no se heredaba. Esta se estaba creando.

    Cuando el árbitro dio la señal, el balón no salió disparado. Rodó con prudencia. Como si también él entendiera que no era una noche para el vértigo inicial, sino para la construcción lenta de algo que debía sostenerse.

    (Fuente/ “El Partido de Manu”)

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    El partido empezó a existir de verdad cuando dejó de mirarse al espejo.Hasta entonces había sido respeto, cálculo, tanteo. Pero hay un momento —siempre lo hay— en el que el fútbol decide avanzar aunque la historia pese. Ese instante llegó cuando NJ entendió que no bastaba con mover el balón: había que romper algo. Y Corinthians comprendió que no podía limitarse a resistir: debía advertir.

    Fue el Gotham quien dio el primer paso hacia el riesgo. Aceleró una circulación interior, buscó el pase vertical entre líneas, obligó a la defensa brasileña a retroceder dos metros más de lo que quería. No fue una ocasión clara, pero fue una señal. El mensaje era nítido: estamos aquí para mandar.

    Corinthians respondió como responden los equipos que no se asustan: con una falta táctica en campo rival, con una pausa larga antes de sacar, con una mirada al banquillo que decía “todo está bajo control”. El fútbol sudamericano tiene esa sabiduría antigua de saber cuándo no jugar.

    El ritmo empezó a subir sin volverse loco. NJ insistía por las bandas, especialmente por el costado derecho, donde encontraba ventaja física y llegadas constantes al último tercio. Centros tensos, segundos balones, presión tras pérdida. El plan era claro: asfixiar hasta que algo cediera.

    Pero Corinthians no se rindió y esperaba atrás a hilvanar contragolpes ante el dominio territorial de las locales que adolecían de pegada en la zona ofensiva.

    Cada despeje era una exhalación colectiva. Cada recuperación, un pequeño triunfo invisible. El bloque se movía compacto, casi coreografiado, como si el equipo estuviera unido por una cuerda que nadie podía romper sin romperse también.

    El partido empezó entonces a llenarse de detalles. Una entrada al límite. Un choque que dolió más de lo necesario. Una protesta que duró un segundo de más. El fútbol femenino, tantas veces acusado de suavidad injusta, estaba mostrando su versión más adulta y más cruda. No había concesiones.

    NJ tuvo la más clara del primer tramo en una acción que resumía su identidad: presión alta, robo inmediato, disparo desde la frontal. El balón salió rozando el poste. No hubo lamento exagerado. Hubo frustración contenida. Sabían que esas oportunidades no abundarían.

    Corinthians respondió minutos después con una transición lenta pero letal. No corrieron: eligieron. Dos pases, cambio de orientación, llegada al área. El remate fue bloqueado, pero el aviso quedó flotando en el aire como una amenaza tranquila.

    El público empezó a entender que estaba ante un partido que no se entregaría fácilmente. No era un espectáculo de consumo rápido. Era una obra que exigía atención. Silencio cuando tocaba. Murmullo cuando algo se intuía. Aplauso sobrio para una buena acción defensiva. El estadio había entrado en el código del partido.

    El primer tiempo avanzó así, con NJ acumulando posesión sin desordenarse y Corinthians acumulando razones para creer. Cada minuto sin gol era una victoria psicológica para las brasileñas. Cada ataque sin premio, una pregunta que empezaba a pesar en la cabeza norteamericana.

    Al descanso se llegó sin goles, pero con el marcador emocional ya inclinado hacia un lado: el que había sabido sufrir sin perder identidad.

    El túnel de vestuarios fue un paréntesis tenso. No hubo euforia ni alarma. Hubo ajustes. NJ necesitaba más profundidad real. Corinthians sabía que su momento llegaría si el partido se abría un poco más.

    Y el fútbol, que siempre escucha cuando le hablan con honestidad, decidió conceder ese momento.

    La segunda parte comenzó con una NJ más directa, menos paciente. Aumentó el ritmo, forzó situaciones, buscó el error ajeno con insistencia. Corinthians aguantó los primeros envites como quien aguanta una tormenta conocida. Cuerpo bajo, mente fría.

    Hasta que el partido cambió de textura y empezó a sonreír a las sudamericanas de forma paulatina.

    Una pérdida en zona intermedia. Un balón dividido que esta vez cayó del lado brasileño. Un primer control orientado hacia adelante. Y de repente, el campo se hizo largo. Muy largo.

    El gol que desniveló el marcador no llegó por casualidad ni por un acto aislado: nació de una asociación clásica y profunda entre experiencia y lectura colectiva. Cuando el balón circuló hacia el centro del campo y un pase vertical buscó la espalda defensiva, Tamires, veterana del equipo y alma de la construcción brasileña, supo exactamente cuándo y dónde soltar el balón. Su asistencia fue un pase quirúrgico desde el espacio abierto hacia el interior del área, con precisión milimétrica y lectura anticipada de la jugadora que tendría el destino de la historia en sus botas.

    La pelota llegó al pie de Gabi Zenotti justo en el instante en que el tiempo parecía contener la respiración. Zenotti no necesitó ajustar demasiado: su primer toque fue una declaración de intenciones, orientando la trayectoria del balón hacia el lugar donde solo puede ir un disparo hecho con la seguridad de quien conoce el peso del momento. El impacto fue pura técnica, un zurdazo que buscó y encontró el rincón derecho de la portería, dejando sin respuesta a la guardameta Berger, quien llegó a rozar el esférico, pero no pudo evitar la debacle del Gotham amén del 01 en el minuto 83 de juego que rompió al fin el equilibrio reinante.

    Ese 0-1 no fue solo un gol: fue la firma de Tamires y Zenotti en la primera página de una historia que quedará inscrita en las crónicas eternas del fútbol femenino. 

    El Gotham no dejó de creer, sino que el Corinthians empezó a saber cómo doblegar a las norteamericanas, eso fue lo que cambió el duelo que entró en un desenlace frenético.

    El Corinthians se ordenó con la serenidad de quien ha vivido finales antes. Las líneas se ajustaron con una precisión casi matemática. El bloque se hizo corto, pero no bajo; solidario, pero no pasivo. No defendían el área: defendían la historia que acababan de inaugurar.

    NJ reaccionó como reaccionan los equipos con orgullo competitivo. No hubo reproches internos ni miradas perdidas. Hubo ajuste táctico, hubo empuje, hubo fe. Aumentaron la altura de la presión, arriesgaron con laterales más profundos, buscaron superioridades por fuera para castigar el repliegue brasileño.

    El partido entró entonces en su fase más delicada: esa en la que cada pérdida puede ser fatal y cada recuperación puede ser redentora. Corinthians entendió que no necesitaba el segundo gol, pero sí necesitaba evitar el empate con una convicción absoluta.

    El Gotham comprendió que no bastaba con llegar: había que golpear con precisión quirúrgica.

    Las ocasiones no llovieron. Porque los partidos históricos no suelen regalar abundancia. Regalan tensión.

    Un centro despejado in extremis. Un disparo bloqueado con el cuerpo entero. Un córner defendido como si fuera el último. Cada acción llevaba consigo una carga simbólica que trascendía el marcador. El público, ya plenamente consciente de estar asistiendo a algo irrepetible, acompañaba con una mezcla de nervio y respeto. No había ansiedad en las gradas. Había atención.

    El reloj avanzaba con lentitud cruel. Para las locales cada minuto era una oportunidad que se escapaba. Para Corinthians, cada minuto era una confirmación silenciosa. El banquillo brasileño vivía el partido con los puños cerrados, sin aspavientos, como quien sabe que la contención también es una forma de poder.

    Y entonces llegó el tramo final. Ese territorio donde el fútbol se decide más por carácter que por esquema.

    El Gotham lanzó su última ofensiva todo lo que tenía. Balones colgados, llegadas desde segunda línea, duelos aéreos forzados. Corinthians respondió con oficio antiguo: despejes largos, faltas inteligentes, pausas medidas. No se escondieron. Se afirmaron.

    Cuando el árbitro miró el reloj y llevó el silbato a la boca, no hubo carrera hacia adelante ni súplica desesperada. Hubo aceptación. El pitido final fue breve , seco y definitivo en el minuto 98 del cara a cara.

    Las jugadoras de Corinthians se abrazaron sin descontrol, con una emoción densa, casi grave, consciente, como si cada una supiera que aquel gesto no era solo celebración, sino confirmación. Sabían lo que habían ganado, sí, pero sobre todo sabían dónde lo habían ganado, en qué escenario, en qué noche y bajo qué mirada del mundo. NJ, derrotado pero digno, permaneció unos segundos sobre el césped, sin prisas por marcharse, mirando alrededor con esa expresión que solo aparece cuando se comprende que se ha perdido algo importante, pero también que se ha sido parte imprescindible de su construcción. La imagen quedó fijada para siempre: Gabi Zenotti de rodillas, los puños cerrados, el grito abierto al cielo londinense, no celebrando únicamente un gol, sino el camino, la llegada, la elección silenciosa del fútbol que la señaló para escribir el primer nombre. No era solo una futbolista festejando; era una época inaugurándose.

    La Intercontinental Femenina ya tenía relato, ya tenía fecha, ya tenía un escudo vencedor y una memoria propia, y con ello, algo aún más valioso: futuro. Porque desde ese instante, cada campeona continental sabrá que existe algo más allá de su frontera, cada final regional se jugará mirando al horizonte con ambición renovada, y cada niña que contemple esa imagen entenderá que el fútbol femenino no solo se juega, sino que se hereda. Londres no fue testigo de una final cualquiera; fue el escenario exacto del momento en que el fútbol femenino dejó de explicarse en plural disperso y comenzó, por fin, a contarse como una sola historia compartida.

    (Fuente: FIFA)

    Mientras la tarde se cerraba sobre la alegría visitante, Corinthians sabe que la historia no se detiene. Las brasileñas, primeras vencedoras de la Intercontinental Femenina, aguardarán ahora en la gran final a las ganadoras de la segunda semifinal, el duelo que enfrentará al Arsenal, estandarte del fútbol europeo, y al ASFAR, representante del continente africano y símbolo de una expansión imparable. El torneo, recién nacido, ya se prepara para su siguiente cruce de mundos, confirmando que este nuevo escenario no solo ha llegado para quedarse, sino para seguir ampliando el mapa, el relato y la ambición del fútbol femenino global.

    (Fuente: FIFA )

    📋 Alineaciones |

    Gotham FC (4–4–2)

    Titulares: 
    • GK: Ann‑Katrin Berger
    • DF: Bruninha (salió 49’)
    • DF: Emily Sonnett
    • DF: Jess Carter (salió 87’)
    • DF: Lilly Reale
    • MF: Rose Lavelle (capitana, salió 90+4’)
    • MF: Jaelin Howell (salió 87’)
    • MF: Savannah McCaskill
    • MF: Midge Purce
    • FW: Jaedyn Shaw
    • FW: Gabi Portilho (salió 48’)

    Suplentes utilizados:
    • Katie Stengel (48’)
    • Mandy Freeman (49’)
    • Sarah Schupansky (87’)
    • Sofia Cook (87’)
    • Khyah Harper (90+4’) 

    Corinthians (4–3–3)

    Titulares:
    • GK: Lelê
    • DF: Gi Fernandes
    • DF: Thaís Ferreira
    • DF: Letícia Teles
    • DF: Tamires
    • MF: Ana Vitória (salió 66’)
    • MF: Duda Sampaio
    • MF: Andressa Alves
    • FW: Jaqueline (salió 89’)
    • FW: Belén Aquino (salió 76’)
    • FW: Gabi Zanotti (C) (autor del gol)

    Suplentes utilizados:
    • Jhonson (66’)
    • Ivana Fuso (76’)
    • Vic Albuquerque (89’)
    • Dayana Rodríguez (89’) 

    Goles |

    0-1 Gabi Zanotti 83’ ⚽️

  • La previa | Gotham vs Corinthians

    (Fuente: FIFA )

    ⬛️ Estadounidenses y brasileñas abrirán fuego en esta nueva competición y jugarán la primera semifinal.

    Mañana no se juega solo un partido de fútbol. Mañana, cuando Corinthians y Gotham FC salten al césped londinense, el fútbol femenino de clubes entrará en un territorio que hasta ahora solo había podido imaginarse en abstracto. Durante décadas, el deporte avanzó por caminos paralelos, separados por océanos, calendarios, culturas y modelos de crecimiento. Europa construyó su hegemonía continental. Estados Unidos consolidó una industria. Sudamérica defendió el alma, la calle, la pasión y la resiliencia. Todo eso convivía, pero nunca chocaba de frente, nunca se ponía a prueba en igualdad de condiciones, nunca se miraba a los ojos en una semifinal mundial organizada bajo el sello de la FIFA.

    Eso cambia mañana.

    Corinthians y Gotham FC no representan únicamente a dos clubes. Representan dos continentes, dos tradiciones, dos maneras de entender el fútbol femenino y, sobre todo, dos visiones sobre hacia dónde debe caminar el juego en los próximos veinte años. Esta semifinal no es un accidente del calendario. Es una consecuencia histórica. El resultado de una acumulación de procesos, luchas, inversiones, convicciones y sacrificios que desembocan en noventa minutos —o quizá más— que marcarán un antes y un después.

    Corinthians llega a esta semifinal como llega siempre a los grandes escenarios: con el peso de un escudo que no permite medias tintas. En Brasil, Corinthians no es un club más. Es una institución que se define por la resistencia, por la identificación popular, por la idea de que el fútbol no pertenece a una élite sino a la gente. Ese ADN, trasladado al fútbol femenino, ha construido una hegemonía sudamericana pocas veces vista. Desde su consolidación como proyecto competitivo, el Corinthians femenino ha entendido que ganar no es suficiente; hay que ganar representando algo, sosteniendo una identidad reconocible, imponiendo respeto incluso antes de que ruede el balón.

    El Corinthians femenino ha aprendido a convivir con la presión extrema. Cada Libertadores jugada, cada final nacional disputada, cada clásico ganado ha reforzado una mentalidad que hoy es su mayor fortaleza: la convicción absoluta de que los partidos grandes no se negocian, se afrontan. No hay vértigo escénico. No hay complejos ante escudos extranjeros. Hay una certeza interior, casi innegociable, de que el equipo siempre estará en partido, incluso cuando el contexto sea adverso.

    Ese convencimiento se refleja en su manera de competir. Corinthians no necesita dominar el balón durante largos tramos para sentirse cómodo. Tampoco se descompone si debe defender bajo, cerrar espacios, resistir oleadas. Es un equipo que entiende los tiempos del partido con una madurez impropia de quien aún está escribiendo su historia global. Sabe cuándo acelerar, cuándo enfriar, cuándo golpear y cuándo esperar. En torneos cortos, esa lectura del juego es oro puro.

    Frente a ellas estará Gotham FC, la expresión más nítida del nuevo fútbol femenino estadounidense. Gotham no es el equipo que vive de la tradición ni de la nostalgia de la selección campeona del mundo. Es un proyecto moderno, ambicioso, construido con una lógica casi quirúrgica, pensado para competir en contextos internacionales donde ya no basta con el físico, la intensidad o el talento individual. Gotham ha entendido algo fundamental: el fútbol femenino global se ha igualado, y para marcar diferencias hay que dominar todos los registros del juego.

    Gotham llega a esta semifinal con una identidad clara, pero flexible. Es un equipo que puede presionar alto, pero también gestionar la posesión. Que puede imponer ritmo, pero sabe bajar revoluciones cuando el partido lo exige. Que tiene jugadoras acostumbradas a escenarios de máxima exigencia, tanto en clubes como en selecciones, y que ha incorporado una cultura competitiva donde perder no es una opción asumible, sino un problema a corregir.

    A diferencia de Corinthians, Gotham no carga con una herencia popular tan pesada. Su fortaleza no nace de la calle, sino de la estructura. De la planificación. De la convicción de que el fútbol femenino merece ser tratado como un producto de élite, con todos los recursos necesarios para alcanzar el máximo nivel. Eso no lo hace menos pasional; lo hace más metódico. Gotham compite desde el análisis, desde el estudio del rival, desde la preparación minuciosa de cada escenario posible.

    Y ahí reside uno de los grandes atractivos de esta semifinal: el choque de mentalidades. Corinthians juega con el corazón blindado por la experiencia continental. Gotham juega con la cabeza entrenada para escenarios globales. Ninguna de las dos llega por casualidad. Ninguna está fuera de lugar. Ambas se han ganado el derecho a estar aquí desde caminos distintos, pero igual de legítimos.

    El partido, además, se disputa en Londres, un territorio simbólico. Europa, cuna del fútbol moderno y actual epicentro del desarrollo femenino, actúa como escenario neutral de un duelo intercontinental que parecía imposible hace apenas unos años. No es casualidad. Es una declaración de intenciones. El fútbol femenino ya no pertenece a un solo continente. Ya no se explica desde una única narrativa. Es un ecosistema global, y esta semifinal es una de sus primeras manifestaciones puras.

    Desde el punto de vista táctico, el enfrentamiento promete una riqueza pocas veces vista. Corinthians probablemente apostará por un bloque sólido, compacto, con líneas juntas y transiciones rápidas. No buscará un intercambio constante de golpes. Intentará llevar el partido a un terreno donde la experiencia, la lectura emocional y la eficacia marquen la diferencia. Gotham, en cambio, intentará imponer ritmo, amplitud, circulación rápida y presión tras pérdida. Buscará desgastar, mover, obligar a Corinthians a tomar decisiones incómodas.

    La batalla del mediocampo será clave. Ahí se decidirá si el partido se juega a la velocidad que quiere Gotham o al tempo que prefiere Corinthians. También será fundamental la gestión de los momentos posteriores al gol, si lo hay. Corinthians sabe proteger ventajas como pocos equipos. Gotham sabe reaccionar ante la adversidad. El que imponga su narrativa emocional tendrá medio camino recorrido.

    Pero más allá de lo táctico, este partido se juega en una dimensión simbólica. Para Corinthians, ganar significaría demostrar que Sudamérica no solo compite, sino que puede liderar el fútbol femenino global. Que su dominio continental no es un fenómeno aislado, sino una base sólida desde la que aspirar a todo. Para Gotham, alcanzar la final sería la confirmación de que el modelo estadounidense, evolucionado y adaptado, sigue siendo una referencia mundial, ahora también en torneos organizados fuera de su órbita habitual.

    Las jugadoras lo saben. No hace falta que nadie se lo recuerde. En cada entrenamiento previo, en cada charla técnica, en cada momento de concentración, la sensación es la misma: están ante algo que trasciende el resultado inmediato. Están escribiendo historia. Están poniendo cimientos. Están abriendo una puerta que ya no se cerrará.

    Mañana, cuando el balón empiece a rodar, todo lo que hoy es relato se convertirá en acción. El ruido desaparecerá. Quedarán las decisiones, los duelos, los errores, los aciertos. Quedará la verdad del fútbol. Pero pase lo que pase, gane quien gane, esta semifinal ya habrá cumplido una misión irreversible: demostrar que el fútbol femenino de clubes ha entrado definitivamente en su era mundial.

    Con el Emirates Stadium del Arsenal como epicentro simbólico, la FIFA ha lanzado un órdago económico que, aunque todavía lejos de las cifras obscenas del fútbol masculino, marca un antes y un después irreversible en la valoración real del fútbol femenino de clubes. No es solo una cuestión de dinero; es una cuestión de mensaje. De jerarquía. De intenciones. Por primera vez, el máximo organismo del fútbol mundial ha puesto cifras encima de la mesa que obligan a todos —clubes, federaciones y confederaciones— a replantearse el lugar que ocupa el fútbol femenino en la economía global del deporte.

    La cifra ha retumbado en los despachos de medio mundo como un trueno seco y definitivo: 2,3 millones de dólares, algo más de 2,1 millones de euros, para el equipo que levante el trofeo el próximo 1 de febrero. Nunca antes un club femenino había recibido un premio individual tan alto por ganar una competición. Nunca. Es un récord absoluto. El subcampeón, lejos de marcharse con las manos vacías, ingresará un millón de dólares, mientras que los otros dos semifinalistas se asegurarán 200.000. Incluso los equipos que no aspiraban al título desde el inicio, como Auckland United o Wuhan Chegu Jiangda, ya han asegurado 100.000 dólares simplemente por estar presentes. Participar ya no es simbólico. Participar ya paga.

    Son cifras que marean si se observan desde la óptica histórica del fútbol femenino, un deporte que durante décadas sobrevivió entre presupuestos mínimos, salarios invisibles y una precariedad estructural normalizada. FIFA ha decidido romper ese techo de cristal de un solo golpe, con un torneo breve, concentrado, casi quirúrgico, pero con un impacto económico inmediato que supera incluso a competiciones mucho más largas y consolidadas.

    🔥 Gotham Football Club 🆚 Corinthians 🔥

    La comparación con la UEFA Women’s Champions League resulta inevitable. El organismo europeo ha realizado esfuerzos titánicos en los últimos años, incrementando premios y visibilidad, pero su modelo sigue fragmentando las recompensas en función de victorias, empates y fases superadas. Un equipo que complete un torneo perfecto en Europa puede rondar entre 1,4 y 1,6 millones de euros en total. FIFA, con un torneo relámpago de solo seis equipos, ya supera esa cifra máxima de un plumazo. No es solo una mejora: es un cambio de paradigma.

    Y cuando el foco se desplaza hacia Sudamérica, el relato adquiere una dimensión aún más reveladora. La Copa Libertadores Femenina 2025 otorgó al campeón cerca de dos millones de dólares, una cifra que por fin se acerca a los estándares que FIFA plantea ahora y que confirma algo fundamental: Sudamérica ha entendido que sin inversión no hay crecimiento, y que sin crecimiento no hay futuro competitivo. Corinthians llega a esta semifinal no solo como un gigante deportivo, sino como el producto de una región que ha decidido apostar en serio por su fútbol femenino.

    Sin embargo, la comparación sigue siendo cruel cuando se cruza definitivamente la frontera hacia el fútbol masculino. El ganador de la Champions League masculina de 2026 podría embolsarse solo por disputar la final alrededor de 25 millones de euros, acumulando más de 100 millones a lo largo del torneo. La diferencia sigue siendo abismal. Dolorosa. Innegable. Pero incluso ahí hay una lectura nueva: por primera vez, el fútbol.

    Link para ver el partido |

    https://www.dazn.com/es-es/home/q6u9qm6m554u0i3xcc9tbw5kw0/ctnx4vavvxvc25zqllyj8ro8s?share_origin=ios&share_page=fixture_page&event_id=q6u9qm6m554u0i3xcc9tbw5kw0

    🏆 FIFA Women’s Champions Cup 2026™

    🤝 Primera semifinal

    📅 Miércoles, 28 de enero de 2026

    ⏰ 13:30 horario peninsular

    📺 APP de DAZN

    🏟️Brentford Community Stadium, Londres

    (Fuente: FIFA)
  • Oficial | Queda una semana para el arranque de la primera edición de la FIFA Women’s Champions Cup

    (Fuente: FIFA)

    ◼️Apenas siete días separan al fútbol femenino de uno de esos momentos llamados a permanecer en la memoria colectiva, una semana exacta para que Londres se convierta en el epicentro mundial del talento, la ambición y la excelencia competitiva, una cuenta atrás que no mide tiempo sino expectativa, porque lo que está en juego no es solo un título, sino la reafirmación definitiva de una era. La Women’s Champions Cup FIFA London 2026 ya no es una promesa ni un proyecto: es una realidad inminente que reúne a clubes de referencia internacional, a aficiones de distintos continentes y a una ciudad que respira fútbol en cada rincón. El cartel que anuncia “One Week To Go” no es un simple recordatorio; es una declaración de intenciones, un aviso solemne de que el fútbol femenino está preparado para ocupar el escenario global con voz propia, con identidad y con una narrativa que ya no admite discusión.

    Londres, ciudad de símbolos, de historia y de vanguardia, se prepara para acoger un torneo que trasciende lo puramente deportivo. La Women’s Champions Cup FIFA 2026 nace como un punto de encuentro entre culturas futbolísticas, estilos de juego y proyectos que representan diferentes maneras de entender el crecimiento del fútbol femenino profesional. No se trata únicamente de enfrentar a clubes campeones, sino de poner en diálogo trayectorias, modelos de desarrollo y visiones estratégicas que confluyen durante unos días en un mismo escenario con un objetivo común: competir al máximo nivel y dejar huella.

    La imagen oficial del evento condensa esa ambición global. En ella conviven referentes visuales inequívocos de Londres con la fuerza expresiva del fútbol femenino contemporáneo. El mensaje es claro: el torneo no pertenece a un solo país ni a una sola liga, sino a una comunidad internacional que ha empujado durante años para que el fútbol femenino ocupe el lugar que merece. La Women’s Champions Cup FIFA no llega para sustituir nada, sino para sumar, para ampliar horizontes y para ofrecer un escaparate competitivo que refuerza el calendario internacional de clubes desde la excelencia.

    Los clubes participantes representan la diversidad y la riqueza del fútbol femenino actual. Proyectos consolidados en Europa, referentes de otros continentes y entidades que han construido su prestigio a base de inversión, trabajo estructural y una apuesta decidida por el talento femenino. Cada uno llega a Londres con su propia historia, con sus objetivos y con la responsabilidad de representar no solo a su escudo, sino a toda una liga, a toda una afición y a una manera concreta de entender el fútbol. La Women’s Champions Cup FIFA London 2026 no enfrenta solo equipos; enfrenta identidades.

    El torneo se presenta, además, como una oportunidad única para medir fuerzas en un contexto distinto al habitual. Lejos de las competiciones domésticas y de las rutinas semanales, este formato concentra la intensidad, exige una preparación específica y pone a prueba la capacidad de adaptación de los cuerpos técnicos y de las futbolistas. Cada partido adquiere un valor multiplicado, cada detalle cuenta y cada error se paga caro. En este tipo de escenarios es donde emergen las grandes figuras, donde se consolidan liderazgos y donde se escriben capítulos que permanecen en la historia.

    Londres aporta al evento una dimensión simbólica inigualable. Cuna de algunas de las tradiciones futbolísticas más influyentes del mundo y, al mismo tiempo, uno de los epicentros del crecimiento reciente del fútbol femenino, la ciudad actúa como un puente entre pasado y futuro. Acoger la Women’s Champions Cup FIFA 2026 supone reconocer ese papel y reforzar la idea de que el fútbol femenino ya no es una disciplina en construcción, sino un producto deportivo maduro, capaz de generar expectación global, impacto mediático y emoción genuina.

    A una semana del inicio del torneo, la cuenta atrás se vive tanto en los despachos como en los vestuarios. Los clubes ultiman detalles logísticos, afinan planes de viaje y ajustan cargas de trabajo con un objetivo claro: llegar en el mejor estado posible a una competición que no concede margen para la improvisación. Los cuerpos técnicos analizan escenarios, estudian rivales y preparan partidos que, por su carácter internacional, exigen una lectura táctica más amplia y una capacidad de respuesta inmediata ante contextos desconocidos.

    Para las futbolistas, la Women’s Champions Cup FIFA representa algo más que una competición más en el calendario. Es la oportunidad de competir ante una audiencia global, de medirse a referentes internacionales y de formar parte de un escaparate que amplifica cada actuación. La presión es alta, pero también lo es la motivación. Este tipo de torneos no se juegan todos los años, y cada participación se convierte en un hito personal y colectivo.

    El impacto mediático del evento refuerza su dimensión histórica. La Women’s Champions Cup FIFA London 2026 ha sido concebida desde su origen como un producto global, con una narrativa cuidada, una identidad visual potente y una estrategia de comunicación orientada a públicos diversos. La imagen del “One Week To Go” sintetiza esa estrategia: es un mensaje directo, reconocible y cargado de simbolismo, que conecta con aficionados de distintas generaciones y procedencias. No se trata solo de anunciar fechas; se trata de construir emoción.

    Desde el punto de vista institucional, el torneo supone un paso más en la consolidación del fútbol femenino a nivel internacional. La implicación de FIFA en la organización de la Women’s Champions Cup refuerza el compromiso de los organismos rectores con el desarrollo del fútbol femenino de clubes, complementando las competiciones ya existentes y ampliando las oportunidades de crecimiento deportivo y económico. Este tipo de iniciativas contribuyen a reducir brechas, a generar referentes y a ofrecer a las futbolistas escenarios acordes a su nivel competitivo.

    La expectación generada en torno al torneo también se refleja en la respuesta de las aficiones. Londres se prepara para recibir a seguidores procedentes de distintos países, dispuestos a convertir la ciudad en un mosaico de colores, camisetas y acentos. Esa diversidad es uno de los grandes valores del evento: la capacidad de reunir en un mismo espacio a personas unidas por una misma pasión, más allá de fronteras y diferencias culturales. La Women’s Champions Cup FIFA no es solo una competición; es una celebración del fútbol femenino en su expresión más global.

    A siete días del inicio, el mensaje es unánime: todo está listo para que el balón eche a rodar y para que Londres escriba un nuevo capítulo en la historia del fútbol femenino. Los estadios, las infraestructuras, los dispositivos de seguridad y las plataformas de difusión trabajan de forma coordinada para ofrecer un evento a la altura de las expectativas. Cada detalle ha sido diseñado para garantizar que la competición se desarrolle en un entorno de excelencia, respeto y profesionalidad.

    La Women’s Champions Cup FIFA London 2026 llega, además, en un momento especialmente significativo para el fútbol femenino. Tras años de crecimiento sostenido, de récords de audiencia y de avances estructurales, el deporte se encuentra en una fase de consolidación que exige eventos de este calibre para seguir avanzando. Torneos como este no solo reflejan lo que el fútbol femenino ya es, sino que ayudan a proyectar lo que puede llegar a ser.

    Cuando dentro de una semana suene el primer pitido inicial, todo lo que ahora es expectativa se transformará en realidad competitiva. Los discursos darán paso al juego, las imágenes promocionales a las acciones sobre el césped y la cuenta atrás a la emoción pura del fútbol. Solo entonces comenzará a escribirse la historia definitiva de esta edición, una historia que ya parte con una premisa clara: el fútbol femenino ha llegado para quedarse y para ocupar, con pleno derecho, el centro del escenario global.

    Londres será testigo. El mundo mirará. Y el fútbol femenino, una vez más, demostrará que está preparado para los grandes desafíos. Una semana. Solo siete días. Lo suficiente para que la historia vuelva a llamar a la puerta.

    (Fuente: FIFA )

    🔥Presentado en Londres el deslumbrante trofeo de la Copa de Campeones Femenina de la FIFA 🔥

    La exjugadora internacional inglesa Alex Scott MBE y la directora ejecutiva de fútbol de la FIFA, Jill Ellis, presentan el espectacular premio en un evento especial celebrado en Londres.

    Los cuatro clubes clasificados para la fase final de la Copa de Campeones Femenina de la FIFA™ ya conocen el premio por el que lucharán. Hoy se ha presentado el deslumbrante nuevo trofeo que alzará el equipo ganador de la edición inaugural de la competición mundial femenina de clubes de la FIFA.

    Este momento histórico tuvo lugar ante un público muy especial, ya que el alumnado de una escuela próxima al estadio del Brentford, escenario de las semifinales que se jugarán el miércoles 28 de enero, pudo ver en exclusiva el codiciado galardón. Llevaron a cabo la presentación Alex Scott, exinternacional por Inglaterra y leyenda del Arsenal, y Jill Ellis, bicampeona de la Copa Mundial Femenina de la FIFA™ como entrenadora y actual directora general de Fútbol de la FIFA. Ambas son, sin duda, poderosos modelos a seguir para una nueva generación de hinchas del fútbol femenino.

    La estética de la Copa de Campeones Femenina de la FIFA quiere encarnar los valores fundamentales de la competición: unidad mundial y excelencia del fútbol de clubes femenino.

    El trofeo incluye seis mapas, que representan las confederaciones de los países participantes, colocados en torno a un emblema central que refleja tanto el alcance mundial del fútbol femenino de clubes como la importancia internacional del torneo. Esta elegante copa, elaborada con materiales de máxima calidad, es todo un símbolo de prestigio y éxito.

    Se alzará por primera vez en Londres el domingo 1 de febrero de 2026, cuando el primer equipo campeón intercontinental femenino celebre su triunfo frente al público presente para marcar un hito histórico en la evolución del fútbol femenino de clubes.

    (Fuente: FIFA)
  • Oficial | DAZN emitirá la nueva FIFA Women’s Champions Cup 2026™

    (Fuente: UEFA)

    🟣 DAZN, la plataforma global líder de entretenimiento deportivo, emitirá la fase decisiva de la FIFA Women’s Champions Cup 2026™ a nivel global excepto en Brasil, China, Marruecos, Irlanda y Reino Unido, mientras que en Estados Unidos solo se emitirán las semifinales. El torneo se podrá disfrutar en abierto a través de DAZN, lo que reafirma el compromiso de la compañía de hacer más accesible el fútbol a los fans de todo el mundo.

    La edición inaugural de la FIFA Women’s Champions Cup™ coronará a su campeón el 1 de febrero en elEmirates Stadium del Arsenal, después de reunir a los mejores clubes femeninos de cada confederación para competir por un nuevo trofeo internacional. DAZN emitirá la fase final del campeonato completamente gratis, con el objetivo de conectar e inspirar a la próxima generación de aficionados y jugadoras.

     

    Los cruces del torneo permitirán disfrutar con algunos de los mejores equipos del fútbol femenino, incluidas las actuales campeonas de Europa, así como algunas de las potencias emergentes a nivel global.

     

    La primera fase del torneo se ha desarrollado a lo largo de dos rondas eliminatorias. En la primera, las campeonas de la AFC, Wuhan Chegu Jiangda WFC, recibieron a las campeonas de la OFC, Auckland United FC, superando al equipo neozelandés en un duelo muy igualado. El camino del Wuhan Jiangda llegó a su fin de manera sorprendente en la segunda fase, al ser superadas por las campeonas de la CAF, ASFAR. El conjunto marroquí consiguió así el pase a la fase decisiva que se disputará en Londres.

     

    Las dos semifinales tendrán lugar en el Brentford’s Gtech Community Stadium el próximo miércoles 28 de enero. Los aficionados podrán disfrutar de dos enfrentamientos de gran nivel: las campeonas de la Concacaf, Gotham FC (Estados Unidos), se enfrentarán a las campeonas de la CONMEBOL, Corinthians(Brasil), a las 13:30. La sesión de tarde estará protagonizada por el duelo entre las vigentes campeonas de la UEFA Women’s Champions League, Arsenal(Inglaterra), que se medirán al ASFAR (Marruecos), campeonas de la CAF Women’s Champions League 2025, a las 19:00.

     

    El domingo 1 de febrero un escenario único como es el Emirates Stadium londinense acogerá los encuentros definitivos del torneo internacional. Allí, a partir de las 19:00, será coronado el primer campeón intercontinental femenino. En el mismo estadio también se disputará el partido por el tercer y cuarto puesto, que arrancará a las 15:45.

     

    Este anuncio se enmarca dentro del acuerdo a largo plazo entre FIFA y DAZN, que también incluye el relanzamiento de FIFA+ para este año. FIFA+ es una plataforma única que combina contenidos de fútbol de primer nivel en directo y a la carta, resúmenes y contenidos inéditos exclusivos de más de 100 selecciones y clubes femeninos y masculinos. Asimismo, también se podrá disfrutar de un servicio de noticias multicanal en diferentes idiomas.

     

    Con jugadoras de talla mundial, clubes icónicos y un escenario global, la FIFA Women’s Champions Cup supone un momento decisivo para el fútbol femenino de clubes. Estamos encantados de asociarnos con broadcasters de primer nivel, que desempeñarán un papel clave a la hora de llevar la fase final de este nuevo torneo al mundo. Se trata de una competición pionera, ambiciosa, con impacto real y profundamente conectada con los aficionados y las comunidades de todo el planeta”, declaró Jill Ellis, directora de Fútbol de la FIFA.

     

    Shay Segev, CEO de DAZN Group, ha destacado: “DAZN y FIFA comparten la visión de hacer que el fútbol sea accesible e inclusivo para los aficionados de todo el mundo. La FIFA Women’s Champions Cup es un evento histórico para el fútbol global y, al ofrecer acceso gratuito al torneo, DAZN elimina barreras y asegura que el mejor fútbol femenino llegue al público más amplio posible. Este es otro paso adelante en nuestra misión de hacer crecer el deporte y poner en valor a sus increíbles jugadoras”.

    ⬜️ Acerca de DAZN :

    DAZN, el destino de referencia para los fans del fútbol europeo, del fútbol femenino, del boxeo, las MMA y la NFL (fuera de EE. UU.), está construyendo la plataforma definitiva de entretenimiento deportivo, con derechos de competiciones de primer nivel, tecnología de última generación y distribución multiplataforma. DAZN quiere que los aficionados de todo el mundo puedan ver deporte, leer noticias, apostar, jugar, compartir, socializar, comprar entradas y merchandising, todo en un único lugar, con una sola cuenta y monedero y en la misma app.

    Para obtener más información sobre DAZN, sus productos, equipo directivo y actividad, visitawww.dazngroup.com

  • Oficial | Llega la FIFA Women’s Champions Cup

    (Fuente: FIFA)

    📌 Londres 2026: cuando el mundo empezó a latir en femenino.


    #FIFAWCC

    Hubo un tiempo en el que el fútbol femenino soñaba con ser escuchado. Hubo años de resistencia, de estadios secundarios, de horarios invisibles y de epopeyas sin focos. Y luego llegó Londres 2026. Llegó como llegan los acontecimientos que cambian el orden natural de las cosas: sin pedir permiso, con la solemnidad de lo inevitable y con la ambición de quien ya no acepta ser una nota al pie de la historia. La Copa de Campeones Femenina de la FIFA™ no nació para ocupar un hueco en el calendario; nació para ocupar un lugar en la memoria colectiva del fútbol mundial. Y lo hizo reuniendo, por primera vez bajo el sello FIFA, a las campeonas de cada continente, como antaño ocurrió con la vieja Copa Intercontinental masculina, cuando Europa y Sudamérica se miraban a los ojos para decidir quién mandaba en el planeta fútbol.

    En enero de 2026, Londres no será solo una ciudad. Será un símbolo. El punto exacto en el que el fútbol femenino de clubes deja de ser promesa y se convierte, definitivamente, en presente universal.

    (Fuente: UEFA)

    La historia suele avanzar a trompicones, pero hay momentos concretos que funcionan como bisagras del tiempo. Marzo de 2025 fue uno de ellos. En una reunión del Consejo de la FIFA que no ocupó portadas generalistas ni provocó terremotos inmediatos, se aprobó una decisión destinada a transformar el ecosistema del fútbol femenino de clubes: la creación de la Copa de Campeones Femenina de la FIFA™.

    No era un torneo más. No era un experimento piloto. Era una declaración de intenciones. La FIFA, durante décadas centrada casi exclusivamente en el fútbol masculino de clubes y en las competiciones de selecciones, asumía por fin que el crecimiento exponencial del fútbol femenino exigía una estructura global equivalente, un escenario donde las mejores pudieran enfrentarse más allá de las fronteras continentales.

    La idea era clara y, al mismo tiempo, profundamente simbólica: reunir a las seis campeonas continentales de la temporada completa anterior y hacerlas competir por un único trofeo mundial. Sin coeficientes, sin invitaciones arbitrarias, sin jerarquías heredadas. Campeón de Europa contra campeón de Sudamérica. Asia frente a África. Norteamérica mirando de tú a tú al resto del planeta. El mundo, comprimido en un solo torneo.

    Así nació una competición destinada a celebrarse todos los años en los que no haya Copa Mundial Femenina de Clubes, funcionando como puente, como ritual anual de excelencia, como examen definitivo de hegemonía futbolística.

    La Copa de Campeones Femenina de la FIFA™ no es larga. No lo pretende. Su fuerza reside precisamente en su concentración, en su carácter casi ceremonial. Como la vieja Copa Intercontinental masculina, donde cada partido pesaba toneladas de historia, aquí cada minuto importa.

    Seis clubes. Seis continentes. Un solo trofeo.

    El formato de la edición inaugural de 2026 quedó definido con una precisión quirúrgica:

    Primera ronda Segunda ronda Fase final en sede única, con semifinales, partido por el tercer puesto y final

    Nada sobra y nada se diluye en el firmamento del fútbol femenino.

    La competición comenzó incluso antes de que el gran público fuese consciente de ello. El 8 de octubre de 2025, en Wuhan, el fútbol femenino escribió su primera línea oficial en esta nueva era.

    Estadio del Centro Deportivo de Wuhan, en China, fue el escenario donde todo empezó. Allí, lejos todavía de los focos europeos, se disputó la primera ronda de la Copa de Campeones Femenina de la FIFA 2026.

    El partido inaugural enfrentó a dos realidades distintas del fútbol mundial, pero unidas por un mismo sueño:

    Wuhan Chegu Jiangda WFC contra Auckland United FC.

    No fue un partido cualquiera. Fue el primer encuentro oficial en la historia de esta competición. El primer balón que rodó con el sello FIFA y la etiqueta de “campeonas del mundo” en juego.

    Wuhan ganó 1-0, un resultado mínimo, casi simbólico, como si el fútbol quisiera recordar que los grandes relatos suelen empezar con pasos pequeños pero firmes.

    Aquel gol no solo clasificó a un equipo. Inauguró una era.

    segunda ronda, disputada en diciembre de 2025, terminó de perfilar el camino hacia la gloria. Era el último filtro antes de la fase final, el umbral que separa a las aspirantes de las protagonistas de la historia.

    Con ese partido quedó definido el elenco definitivo de clubes que viajarían a Londres. Seis nombres. Seis escudos. Seis tradiciones futbolísticas distintas, condensadas en un mismo relato global.

    Y entonces, con los billetes sellados y el calendario marcado en rojo, el torneo entró en su fase más simbólica: el desembarco en Europa.

    No es casual que la FIFA eligiera Londres como sede de la fase final de la primera Copa de Campeones Femenina. Pocas ciudades pueden mirar al fútbol con la autoridad histórica de la capital inglesa. Aquí se codificaron reglas. Aquí nacieron clubes centenarios. Aquí el fútbol se convirtió en religión urbana.

    Del 28 de enero al 1 de febrero de 2026, Londres acogerá:

    las semifinales el partido por la tercera plaza y la gran final

    Dos estadios, dos atmósferas complementarias:

    Brentford Stadium, moderno, compacto, europeo Arsenal Stadium, monumental, cargado de simbolismo, hogar del campeón continental europeo

    Londres no solo presta sus campos. Presta su memoria. Y eso, en fútbol, vale más que cualquier infraestructura.

    (Fuente: UEFA)

    Miércoles 28 de enero de 2026

    Semifinal 1

    🕕 18:00 (hora local)

    🏟 Brentford Stadium

    Arsenal FC (Europa) vs ASFAR (África)

    Aquí comienza el corazón del torneo. El campeón de Europa frente al campeón africano. Dos realidades futbolísticas separadas por contextos económicos, mediáticos y estructurales, pero unidas por el mismo mérito deportivo: haber conquistado su continente.

    Arsenal no representa solo a Inglaterra ni a Europa. Representa la tradición, la élite, la continuidad histórica del fútbol femenino de clubes en el Viejo Continente. ASFAR, por su parte, encarna la expansión, la resistencia, el crecimiento imparable del fútbol femenino africano.

    No es solo una semifinal. Es un diálogo entre mundos.

    Semifinal 2

    🕧 12:30 (hora local)

    🏟 Brentford Stadium

    Gotham FC (CONCACAF) vs Corinthians (Sudamérica)

    (Fuente: Getty imágenes)

    domingo no es un día cualquiera en Londres. Y menos aún cuando el fútbol llama a la puerta de la historia.

    Partido por la tercera plaza

    🕒 14:45

    🏟 Arsenal Stadium

    Derrotado semifinal 1 vs Derrotado semifinal 2

    Un duelo que, lejos de ser menor, sirve para fijar jerarquías, para medir el orgullo, para cerrar el torneo con dignidad y honor.

    La Gran Final

    🕕 18:00

    🏟 Arsenal Stadium

    Ganador semifinal 1 vs Ganador semifinal 2

    Aquí no hay red. No hay mañana. Solo noventa minutos —o más— para convertirse en el primer club campeón del mundo bajo el sello FIFA en el fútbol femenino.

    Copa de Campeones Femenina de la FIFA 2026 no es solo una competición. Es un mensaje. Un espejo. Una promesa.

    Promesa de continuidad: ya están marcadas las fechas de 2027 y 2029.

    Promesa de jerarquía: los cabezas de serie del futuro se decidirán en función de lo ocurrido aquí.

    Promesa de legado: lo que pase en Londres condicionará cómo se cuente el fútbol femenino dentro de veinte años.

    Toda gran competición necesita protagonistas que sostengan el peso del relato. En la Copa de Campeones Femenina de la FIFA™, esos nombres no llegan por invitación ni por reputación heredada: llegan porque han conquistado su continente. Cada uno trae consigo una cultura futbolística, una memoria colectiva y una manera distinta de entender el juego.

    Arsenal FC – Europa no pide permiso

    Arsenal llega a Londres 2026 no solo como campeón de la UEFA Women’s Champions League, sino como símbolo vivo del fútbol femenino europeo. Europa no es solo el continente con más títulos, más inversión o mayor visibilidad mediática; es el lugar donde el fútbol femenino de clubes aprendió a competir bajo presión constante, semana tras semana, sin margen para el error.

    El Arsenal representa la continuidad histórica. Un club que entendió pronto que el fútbol femenino no era un apéndice, sino una identidad propia. Jugar la fase final en su estadio no es un privilegio: es una declaración simbólica. Europa no llega como invitada de honor; llega como referente.

    Como en las viejas ediciones de la Copa Intercontinental masculina, el campeón europeo carga con un peso invisible: el de ser favorito incluso antes de que el balón ruede. Pero la historia enseña que ese favoritismo, en partidos únicos, puede convertirse en una trampa.

    Corinthians – Sudamérica nunca olvida

    Si Europa representa la estructura, Sudamérica representa la memoria. Corinthians aterriza en Londres con algo que no se entrena: la mística. El club brasileño no solo ha ganado títulos; ha construido una identidad donde el fútbol femenino se vive con la misma pasión visceral que el masculino.

    Corinthians es heredero directo de aquella Sudamérica que, durante décadas, cruzó océanos para disputar finales intercontinentales contra gigantes europeos. En la Copa Intercontinental masculina, los clubes sudamericanos no siempre tenían mejores plantillas, pero casi siempre tenían algo más: hambre histórica.

    En Londres 2026, Corinthians no juega solo por un trofeo. Juega por demostrar que el fútbol femenino sudamericano no es una promesa futura, sino una realidad presente, capaz de competir de tú a tú con cualquiera.

    Gotham FC – El laboratorio del futuro

    Gotham FC representa a CONCACAF, pero también a un modelo. El fútbol femenino norteamericano ha sido, durante años, un laboratorio de profesionalización, marketing, estructuras y visibilidad. Si el fútbol femenino global es hoy un producto atractivo, gran parte de ese camino se construyó en Estados Unidos.

    Gotham llega con la confianza de quien se sabe fuerte en su sistema, pero también con el desafío de medirse fuera de su ecosistema habitual. La Copa de Campeones no se juega en franquicias ni en ligas cerradas; se juega en territorio neutral, donde cada error se paga.

    En ese sentido, su duelo ante Corinthians es algo más que una semifinal: es una colisión de modelos culturales del fútbol femenino.

    ASFAR – África irrumpe en la conversación

    ASFAR no llega a Londres como una nota exótica. Llega como campeón africano, con todo lo que eso implica. África ha sido durante décadas un continente subrepresentado en el relato global del fútbol femenino de clubes, pese a su talento, su pasión y su crecimiento sostenido.

    ASFAR simboliza la ruptura de ese techo narrativo. Su presencia en semifinales, frente al campeón europeo, es una imagen poderosa: África ya no mira desde lejos; participa en el centro del escenario.

    En la Copa Intercontinental masculina, los clubes africanos rara vez tuvieron espacio real. Londres 2026 ofrece al fútbol femenino la oportunidad de escribir una historia distinta.

    Wuhan Chegu Jiangda – El punto de partida

    Wuhan no solo es un club clasificado. Es el primer nombre inscrito en la historia del torneo. Su victoria inaugural ante Auckland United FC lo convierte, para siempre, en el equipo que abrió el camino.

    Asia, representada por Wuhan, simboliza la expansión estratégica del fútbol femenino. Inversión, planificación y ambición se dan la mano en un continente que entiende el deporte como política de futuro. No es casual que la primera ronda se jugara allí. El mensaje fue claro: el fútbol femenino mundial no gira solo alrededor de Europa.

    Auckland United FC – Oceanía y la dignidad competitiva

    Oceanía, tradicionalmente alejada de los grandes focos, encuentra en Auckland United una representación digna, competitiva y necesaria. En torneos globales, la presencia de Oceanía no responde a cuotas simbólicas, sino a la idea fundacional del fútbol: todos los continentes cuentan.

    Auckland no avanzó hasta Londres, pero su presencia en la primera ronda forma parte de la memoria estructural del torneo. Como ocurrió tantas veces en la historia del Mundial de Clubes masculino, no todos los participantes levantan el trofeo, pero todos construyen el camino.

    fase final de la Copa de Campeones Femenina de la FIFA 2026 no se dispersa en semanas interminables. Se concentra en cinco días. Cinco días en los que el fútbol femenino se convierte en el centro del mundo.

    Brentford Stadium acoge las semifinales. Un estadio moderno, íntimo, diseñado para que el fútbol se viva cerca, sin distancia emocional. Arsenal Stadium recibe los partidos decisivos. No hay casualidades: el hogar del campeón europeo se transforma en el altar donde se consagrará al primer campeón del mundo.

    El calendario no es solo una sucesión de fechas; es una coreografía cuidadosamente diseñada para que cada partido tenga su propio peso narrativo.

    Para entender la magnitud de Londres 2026, es imprescindible mirar atrás. Muy atrás.

    Durante décadas, el fútbol mundial de clubes se resolvió en un ritual simple y brutal: el campeón de Europa contra el campeón de Sudamérica. La Copa Intercontinental, luego rebautizada como Mundial de Clubes, no necesitaba largas liguillas para definir jerarquías. Bastaba un partido. O dos. A veces en Tokio, a veces en escenarios neutrales. Siempre con una sensación de final definitiva.

    Aquellos duelos no eran solo partidos. Eran choques civilizatorios del fútbol. Europa aportaba método, estructura, regularidad. Sudamérica aportaba talento, rebeldía, instinto. No siempre ganaba el favorito. Y eso era precisamente lo que hacía grande la competición.

    La Copa de Campeones Femenina de la FIFA 2026 bebe directamente de esa tradición. Arsenal y Corinthians no están ahí por casualidad. Son herederos naturales de aquel relato. Campeón de Europa. Campeón de Sudamérica. Frente a frente. Con el resto del mundo observando.

    Pero hay una diferencia fundamental: aquí no se trata de reproducir un modelo excluyente, sino de expandirlo. Donde antes solo había dos continentes, ahora hay seis. Donde antes había una jerarquía casi inamovible, ahora hay una conversación abierta.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Londres 2026 no solo se decide quién levanta un trofeo. Se decide algo más profundo:

    Se decide si el fútbol femenino de clubes puede sostener una narrativa global propia. Se decide si los campeones continentales pueden competir en igualdad simbólica. Se decide si la historia empieza de verdad aquí.

    El club que gane esta edición inaugural no será solo campeón del mundo. Será el primer nombre. El que aparezca en todos los archivos, en todas las comparaciones futuras, en cada frase que empiece con “como en la primera edición…”.

    La Copa de Campeones Femenina de la FIFA™ no nace para sustituir nada. Nace para completar el mapa. Para darle al fútbol femenino de clubes el escenario que durante años le fue negado.

    (Fuente: Getty imágenes)(

    Londres 2026 no será recordada solo por sus resultados. Será recordada como el momento en que el fútbol femenino dejó de compararse constantemente con el masculino y empezó, por fin, a dialogar con su propia historia.

    Como ocurrió con la vieja Copa Intercontinental, habrá debate, habrá nostalgia, habrá quien diga que antes era distinto. Pero el tiempo hará su trabajo. Y cuando dentro de veinte años alguien hable del primer gran campeón del mundo del fútbol femenino de clubes, volverá inevitablemente a este invierno londinense.

    Porque hubo un día —entre el 28 de enero y el 1 de febrero de 2026— en el que el mundo se reunió para decidir quién mandaba en el fútbol femenino.

    Y desde entonces, nada volvió a ser igual, porque este torneo será el aperitivo, por así decir, de la gran fiesta del balompié femenino que se está cocinando para 2028 amén de la celebración del Mundial de Clubes.

    (Fuente: FIFA)