Categoría: Fútbol Europeo

  • Oficial | Recapitulación del 2025 en la Liga F Moeve

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🟧 Cuando el calendario de 2025 se apaga y el fútbol femenino español mira hacia el futuro, la Liga F no cierra un año cualquiera. Cierra un ciclo. Cierra un tiempo de consolidación, de madurez competitiva, de contradicciones estructurales, pero también de avances irreversibles. Cierra un año en el que el balón rodó con más talento, más intensidad y más exigencia que nunca, mientras alrededor del césped se libraba otra batalla silenciosa: la del reconocimiento, la visibilidad, la estabilidad y el respeto. La Liga F de 2025 no puede explicarse únicamente con resultados, clasificaciones o títulos. Se explica con historias, con nombres propios, con estadios que empezaron a llenarse, con niñas que se vieron reflejadas en referentes reales y con futbolistas que, semana tras semana, sostuvieron el crecimiento del campeonato incluso cuando el contexto no siempre acompañó.

    (Fuente: Atlético de Madrid)

    Porque 2025 fue el año en el que la Liga F confirmó que ya no es una promesa, sino una realidad competitiva. El nivel futbolístico alcanzó cotas históricas. Los partidos dejaron de ser previsibles. La distancia entre la élite y la clase media se redujo. Equipos que antes sobrevivían ahora compiten. Futbolistas jóvenes irrumpieron con personalidad. Veteranas sostuvieron el pulso con jerarquía. Y el campeonato se convirtió, definitivamente, en un producto deportivo de primer nivel, aunque todavía pendiente de una estructura mediática y económica acorde a su valor real.

    El curso 2024-2025, que marcó buena parte del año natural, dejó imágenes que ya forman parte del imaginario colectivo del fútbol femenino español. Estadios llenos en partidos clave. Remontadas que hablaron de carácter. Golazos que recorrieron redes sociales. Clásicos con tensión real. Derbis que se jugaron como finales. Y, sobre todo, una sensación compartida: la Liga F es emocionante porque es competitiva, porque es imprevisible y porque sus protagonistas juegan con una verdad que conecta con el público.

    El FC Barcelona volvió a ser el referente, pero ya no desde la comodidad. Cada victoria fue trabajada, cada partido exigió concentración máxima. El dominio azulgrana se sostuvo sobre talento, sí, pero también sobre una exigencia interna que elevó el nivel general del campeonato. Porque competir contra el Barça obliga a crecer. Obliga a mejorar. Obliga a no rendirse antes de tiempo. Y en 2025, muchos equipos dejaron de ir a “resistir” y empezaron a ir a “jugar”.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El Real Madrid dio pasos firmes hacia la consolidación. Ya no fue solo un proyecto en construcción, sino un equipo capaz de sostener ritmos altos, competir en escenarios hostiles y asumir la presión de tener que ganar. El Atlético de Madrid recuperó su ADN competitivo, ese que no se mide solo en títulos, sino en identidad, en intensidad, en saber sufrir y en nunca bajar los brazos. La Real Sociedad confirmó su modelo de cantera y fútbol reconocible. El Levante, el Madrid CFF, el Athletic Club, el Tenerife o el Granada aportaron personalidad, valentía y propuestas distintas que enriquecieron la Liga.

    2025 fue también el año de las futbolistas. De las que marcaron diferencias y de las que sostuvieron silenciosamente el crecimiento del campeonato. Del liderazgo de Alexia Putellas en su regreso pleno. De la madurez de Patri Guijarro. De la irrupción definitiva de jóvenes que ya no piden paso, sino que lo toman. De delanteras que convirtieron cada jornada en una amenaza constante. De defensoras que elevaron el nivel táctico y físico del campeonato. De porteras que decidieron partidos y sostuvieron proyectos enteros.

    (Fuente: RFEF)

    Pero más allá del césped, la Liga F vivió en 2025 un año de contrastes. El crecimiento deportivo no siempre fue acompañado por estabilidad institucional. La negociación de derechos televisivos, la visibilidad mediática irregular, la necesidad de horarios dignos y la falta de una narrativa unificada siguieron siendo asignaturas pendientes. Y aun así, el fútbol femenino resistió. Resistió porque sus protagonistas creen. Porque sus clubes apuestan. Porque su afición responde. Porque el talento es demasiado evidente como para ser ignorado.

    Cada jornada de 2025 dejó pequeñas grandes historias. Partidos jugados bajo la lluvia con gradas llenas. Minutos de silencio que se convirtieron en aplausos. Celebraciones que nacieron del esfuerzo colectivo. Niñas pidiendo camisetas al final de los encuentros. Familias enteras descubriendo que el fútbol femenino no es una alternativa, sino fútbol en mayúsculas. Y todo eso construye algo más grande que una clasificación: construye cultura deportiva.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El año natural también estuvo marcado por la conexión inevitable entre Liga F y selección. Muchas futbolistas llevaron el pulso competitivo del campeonato al escenario internacional. Y eso reforzó una idea clave: no hay éxito internacional sin una liga fuerte. Cada partido disputado en España es una inversión en el futuro del fútbol femenino. Cada mejora en condiciones, cada avance estructural, cada paso hacia la profesionalización real tiene impacto directo en el rendimiento, la salud y la longevidad de las carreras deportivas.

    2025 fue, además, un año de reivindicación silenciosa. Las futbolistas siguieron entrenando, compitiendo y mejorando mientras alrededor se debatía su valor. Y respondieron como siempre: jugando mejor. Demostrando que el fútbol femenino no necesita discursos vacíos, sino apoyo real. Que no necesita comparaciones, sino oportunidades. Que no pide privilegios, sino condiciones justas.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    La Liga F cerró el año con la sensación de estar en una encrucijada histórica. Porque el talento ya está. El nivel competitivo ya está. El interés del público ya está. Lo que falta es dar el siguiente paso con valentía y compromiso. Apostar de verdad por horarios accesibles. Garantizar emisiones estables. Construir relatos que expliquen, emocionen y fidelicen. Entender que el fútbol femenino no es una moda, sino una parte esencial del presente y del futuro del deporte.

    (Fuente: Liga F Moeve)5

    El nivel físico alcanzado en 2025 fue uno de los indicadores más claros de esa evolución. Los partidos sostuvieron intensidades altas durante más minutos. Las distancias recorridas aumentaron. Las segundas partes dejaron de ser un espacio de supervivencia para convertirse en un territorio donde se deciden encuentros. Eso no ocurre por casualidad. Ocurre cuando hay preparación, profesionalidad y ambición.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El aspecto táctico también dio un salto evidente. La variedad de registros se amplió. Equipos que dominan desde la posesión convivieron con otros que explotan la transición, el balón parado o el repliegue ordenado. No hay un único modelo ganador. Y eso enriquece la competición, la hace imprevisible, obliga a pensar y a adaptarse. Obliga, en definitiva, a competir mejor.

    Pero quizá el cambio más profundo fue emocional. La Liga F empezó a creerse lo que es. Y cuando una competición se cree a sí misma, cambia la manera en que se presenta al mundo. Cambia el lenguaje, cambia la ambición, cambia la relación con el entorno. Ya no se habla solo de “dar visibilidad”, sino de exigir espacio. No se pide atención: se reclama coherencia.

    Las futbolistas, protagonistas absolutas de este proceso, cerraron 2025 con una mezcla de cansancio y orgullo. Cansancio por un año exigente, intenso, sin tregua. Orgullo por haber sostenido el crecimiento incluso cuando no todo acompañó. Por haber competido cada jornada sabiendo que cada partido es una oportunidad para consolidar lo construido.

    El fútbol femenino español llegó a este final de año con referentes claros, pero también con una base amplia y diversa. Ya no depende de dos o tres nombres. Tiene profundidad. Tiene generaciones que se solapan. Tiene futuro. Y eso es lo que convierte a la Liga F en algo más que una competición: la convierte en un proyecto de país deportivo.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Mirar a 2026 es mirar a una oportunidad. A un año que debe ser el de la consolidación definitiva. El de la estabilidad televisiva. El de los estadios más llenos. El de las canteras reforzadas. El de las futbolistas protegidas y escuchadas. El de una Liga F que se crea su propio relato y lo defienda con orgullo. Porque si algo ha demostrado 2025 es que el fútbol femenino no retrocede. Avanza incluso cuando el viento no siempre sopla a favor.

    Este cierre de año no es un punto final. Es una coma larga. Una pausa para mirar atrás con orgullo y hacia adelante con ambición. La Liga F de 2025 deja goles, partidos y títulos. Pero deja, sobre todo, una certeza: el fútbol femenino español merece apoyo, respeto y continuidad. No como promesa, sino como realidad.

    Y 2026 no debe ser solo el año que viene. Debe ser el año en el que todo lo construido encuentre el respaldo que necesita para no detenerse nunca.

    (Fuente: UEFA)
  • Oficial | Fútbol y estudios, una combinación con vistas al futuro

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📌 Compaginar el fútbol profesional con los estudios es una realidad cada vez más presente en Liga F. Gracias al II Convenio Colectivo firmado la pasada temporada entre Liga F y los sindicatos FUTPRO, Futbolistas ON y CCOO, la formación académica se ha convertido en un pilar fundamental para el desarrollo integral de las futbolistas. Un compromiso que, en esta campaña, se traduce en la concesión de 33 becas de ayuda al estudio.

    • Cuando el fútbol también educa: las becas que sostienen el futuro de las futbolistas de Liga F

    En el fútbol femenino español hay goles que no suben al marcador, ascensos que no aparecen en la clasificación y títulos que no se celebran con confeti. Son victorias silenciosas, íntimas, que se libran lejos del césped, entre apuntes subrayados, madrugones interminables y una certeza compartida por muchas jugadoras: el fútbol no es eterno. En ese espacio, donde la élite deportiva convive con la realidad laboral futura, se inscriben las becas de formación impulsadas por Liga F, un programa que ha permitido que 33 futbolistas de siete clubes —Atlético de Madrid, Athletic Club, Real Sociedad, RCD Espanyol, SD Eibar, Deportivo Abanca y Granada CF— puedan seguir construyendo su futuro académico sin renunciar al presente competitivo.

    No se trata solo de ayudas económicas. Es una declaración de intenciones. Un mensaje claro en un ecosistema que durante décadas obligó a elegir: o estudias, o juegas. Hoy, en cambio, el fútbol femenino español empieza a decir algo distinto: se puede —y se debe— hacer ambas cosas.

    Durante años, el relato del fútbol femenino ha estado marcado por la precariedad, la falta de profesionalización y la incertidumbre. Incluso hoy, en plena consolidación de Liga F como competición profesional, la realidad sigue siendo desigual. No todas las carreras deportivas garantizan estabilidad económica a largo plazo. No todas las trayectorias están blindadas frente a lesiones graves. No todas las futbolistas llegan a la élite mediática.

    Por eso, la formación académica no es un complemento: es una necesidad estructural. Y en ese contexto, las becas de Liga F actúan como un andamio invisible que sostiene carreras paralelas. Mientras los focos iluminan los partidos del fin de semana, entre semana hay jugadoras que cambian las botas por apuntes, los vestuarios por aulas y las sesiones de vídeo por prácticas universitarias.

    Entre ellas está Lucía Martínez, centrocampista del Deportivo Abanca, criminóloga en formación y ejemplo de una generación que se niega a hipotecar su futuro.

    Lucía Martínez (Madrid, 27 de noviembre de 2001) no concibe el fútbol como una burbuja aislada del mundo real. Quizá por eso, incluso cuando su carrera deportiva empezó a exigirle cada vez más, nunca dejó de mirar más allá del césped. “En el fútbol femenino nos sentimos muy agradecidas de contar con esta beca”, explica con serenidad, consciente de que no todas las generaciones anteriores tuvieron esa oportunidad.

    La centrocampista llegó al Deportivo Abanca en el mercado de invierno de 2024. Aterrizó en Galicia con la temporada ya en marcha, sin tiempo para adaptaciones progresivas, y aun así fue una pieza clave en un equipo que, en apenas seis meses, logró el ascenso a Liga F. El salto a la máxima categoría coincidió con un momento vital exigente: entrenamientos de élite, viajes, presión competitiva… y estudios universitarios presenciales.

    Porque Lucía no eligió el camino fácil.

    “Yo opté por la universidad de manera presencial cuando apenas empezaba en el fútbol profesional”, recuerda. Una decisión que, en su contexto, implicaba renuncias diarias. Mientras muchas compañeras optaban por modalidades online —más flexibles, menos exigentes en lo logístico— ella decidió mantenerse en el aula física, convencida de que esa experiencia formativa también la construiría como persona.

    La clave, dice, ha sido la disciplina cotidiana. No las gestas heroicas, sino la constancia. “Entrenando por las mañanas y estudiando por las tardes, cada día un poco, se puede sacar”. No hay romanticismo en su discurso. Hay método. Hay sacrificio. Hay una aceptación madura de que nada valioso llega sin esfuerzo.

    Elegir Criminología no fue casual. Es una disciplina que exige análisis, comprensión de contextos sociales complejos, capacidad de observación y pensamiento crítico. Virtudes que, curiosamente, también definen su juego sobre el campo. Lucía es una centrocampista que lee bien los partidos, que interpreta los espacios, que anticipa. En el aula, ocurre algo similar: analiza conductas, estudia sistemas, intenta entender por qué ocurren las cosas.

    Para ella, el estudio no es solo un plan B. Es una parte esencial de su identidad. “Más allá del fútbol, muchas jugadoras necesitamos un plan alternativo. Por si te lesionas, por si el fútbol se acaba antes de lo esperado, o simplemente para cuando termine tu carrera deportiva”.

    En ese sentido, la beca de Liga F representa mucho más que un apoyo económico. “Te puede asegurar un futuro lejos del fútbol. Es una apuesta total por la formación y, sobre todo, por el crecimiento personal de cada una”. La palabra crecimiento aparece varias veces en su discurso. No habla solo de títulos ni de salidas profesionales. Habla de evolucionar, de ampliar horizontes, de no quedar atrapada en una única identidad.

    Lucía es consciente de su rol como referente, especialmente para las futbolistas más jóvenes que empiezan a asomarse al profesionalismo. A ellas les lanza un mensaje directo, sin adornos: “No hay que olvidarse nunca de que el fútbol, en algún momento, acaba”.

    No lo dice desde el miedo, sino desde la lucidez. Y añade una idea poderosa, casi filosófica: “Siempre hay que tener la posibilidad de ser una persona camaleónica, de adaptarse. De que si el día de mañana no te apetece seguir con lo que ha sido tu vida en los últimos años, tengas la opción real de iniciar otra etapa”.

    Esa capacidad de transformación es, quizá, una de las grandes conquistas del fútbol femenino actual. Ya no se trata solo de jugar mejor, de llenar estadios o de ganar visibilidad mediática. Se trata de construir trayectorias vitales completas, donde el deporte no anule el resto de dimensiones de la persona.

    El caso de Lucía no es una excepción aislada. Forma parte de un ecosistema en crecimiento, donde cada vez más clubes y estructuras entienden que cuidar a una futbolista no es solo prevenir lesiones o mejorar su rendimiento físico. Es también acompañarla en su desarrollo académico y personal.

    Las becas de Liga F funcionan como una política de cuidado a largo plazo. Reconocen una realidad incómoda pero necesaria: el fútbol femenino, aunque profesional, sigue siendo frágil en muchos aspectos. Y frente a esa fragilidad, la educación actúa como red de seguridad.

    En clubes como el Deportivo Abanca, ese acompañamiento se traduce en comprensión, flexibilidad y apoyo institucional. No siempre es fácil cuadrar horarios, exámenes, viajes y entrenamientos. Pero cuando existe voluntad estructural, el equilibrio es posible.

    Lucía no idealiza el proceso. Hay días de cansancio extremo, semanas en las que todo se acumula, momentos de duda. Pero también hay una satisfacción profunda en saber que cada paso que da, tanto dentro como fuera del campo, suma.

    no aparecen en las estadísticas. No generan titulares inmediatos ni se celebran con aplausos. Son silenciosas, íntimas, y a menudo incomprendidas desde fuera. Parar, por ejemplo. Detener una carrera deportiva cuando todo empuja a seguir. Escuchar al cuerpo, pero sobre todo a la cabeza. En un entorno históricamente marcado por la exigencia constante y la autoexplotación emocional, Anna Torrodà tomó una de las decisiones más valientes que puede tomar una futbolista profesional: priorizarse.

    Corría febrero de 2024 cuando la centrocampista catalana decidió hacer una pausa por salud mental. No abandonó el fútbol para siempre, pero sí se permitió algo que durante mucho tiempo fue un tabú: reconocer que no estaba bien. Y en ese proceso, hubo algo que nunca estuvo en duda. “Nunca ha estado en mi cabeza el dejar de estudiar”.

    Anna Torrodà (Barcelona, 21 de enero de 2000) habla de los estudios con la misma claridad con la que analiza un partido. Sin rodeos. Sin romanticismos innecesarios. “Nosotras tenemos que seguir trabajando después del fútbol, y el tener algo de estudios lo veo imprescindible”. No es una frase aprendida. Es una convicción construida con el tiempo, con la experiencia y con la observación de muchas compañeras que, al colgar las botas, se encontraron sin red.

    Mientras su carrera deportiva atravesaba uno de los momentos más delicados, sus estudios siguieron siendo una constante. CAFYD (Ciencias de la Actividad Física y del Deporte) es el grado que cursa en modalidad semipresencial, una fórmula que, aunque más flexible que la presencial pura, no está exenta de sacrificios.

    “Las prácticas las hago presencial y la teoría online, y poco a poco me lo estoy sacando”, explica. Ese “poco a poco” es clave. No hay prisas. No hay comparaciones. Hay un ritmo propio, adaptado a una realidad compleja donde los fines de semana rara vez son libres y donde el descanso suele ser negociable.

    “No hay finde que descanse”, confiesa sin dramatizar. Relata, casi como una anécdota, cómo una asignatura le coincidió con un fin de semana sin liga y aprovechó ese pequeño respiro para viajar a Madrid y completar prácticas presenciales. La escena es reveladora: mientras el calendario deportivo concede una tregua mínima, la formación ocupa inmediatamente ese espacio.

    En ese contexto, la beca de Liga F adquiere una dimensión especial. No es solo un apoyo económico. Es una señal de reconocimiento institucional a una realidad muchas veces invisibilizada. “Para mí es un lujo que Liga F nos dé esta ayuda”, afirma con gratitud.

    Porque estudiar cuesta dinero, pero también cuesta energía, tiempo y estabilidad emocional. Y cuando una futbolista atraviesa un proceso de recuperación mental, cada apoyo cuenta. La beca no elimina las dificultades, pero las hace más llevaderas. Reduce la presión. Permite respirar.

    Anna no se limita a estudiar por estudiar. Tiene claro que quiere seguir vinculada al deporte una vez finalice su etapa como jugadora. Por eso, además de CAFYD, está cursando el UEFA B de entrenadora. Una doble vía que le abre múltiples escenarios: entrenadora, preparadora física, formadora.

    “Ya sea a nivel de entrenadora o preparadora física, que siempre me ha encantado, donde salga la oportunidad”, comenta. No hay una obsesión por el cargo ni por el estatus. Hay un deseo genuino de permanecer en un entorno que conoce, desde otro rol, con otras herramientas.

    RCD Espanyol ha jugado un papel clave en este proceso. Lejos de poner obstáculos, el club ha facilitado su crecimiento formativo y le ha abierto las puertas del cuerpo técnico. Actualmente forma parte del staff del Infantil S13 A, una experiencia que le permite aplicar lo aprendido y empezar a construir una identidad profesional más allá del césped.

    “El que una mujer quiera ser entrenadora está muy bien visto en el club”, explica con ilusión. Cuando comunicó su intención de formarse como técnica, la respuesta fue unánime: apoyo total. Desde el entrenador del primer equipo hasta la dirección deportiva, pasando por su propia entrenadora, todos celebraron la iniciativa.

    Este respaldo no es menor. Durante décadas, el acceso de las mujeres a los banquillos ha estado lleno de barreras implícitas. Falta de referentes, de oportunidades, de confianza institucional. Cada paso que da una futbolista hacia la formación como entrenadora es también un paso colectivo.

    historia de Anna Torrodà es especialmente significativa porque rompe varios estigmas al mismo tiempo. Demuestra que parar no es fracasar, que cuidar la salud mental es compatible con la ambición profesional y que la formación no es una distracción, sino una herramienta de empoderamiento.

    Su mensaje a las futbolistas más jóvenes es claro y contundente: “El fútbol dura lo que dura, así que nunca abandonaría los estudios”. No hay medias tintas. No hay promesas irreales. Hay una verdad sencilla, dicha desde la experiencia.

    En un deporte que durante años exigió sacrificios unilaterales, Anna representa una nueva forma de estar. Una futbolista que se escucha, que se cuida y que entiende que su valor no se agota en los 90 minutos.

    Aunque sus trayectorias, edades y disciplinas académicas sean distintas, hay algo que une a las 33 jugadoras beneficiarias de las becas de Liga F: la conciencia de que el fútbol, por muy profesional que sea, no puede ser el único pilar sobre el que se construya una vida.

    En la próxima parte del reportaje, esa idea tomará forma a través de otra historia marcada por la vocación, el esfuerzo diario y la gestión del tiempo extremo: la de Eunate Astralaga, portera de la SD Eibar, estudiante de Enfermería y campeona de la Nations League.

    Hay carreras universitarias que exigen tiempo. Otras, presencia. Algunas, ambas cosas de forma casi incompatible con el deporte de alto rendimiento. Enfermería pertenece a esa categoría especialmente compleja, donde la teoría no basta y la práctica es innegociable. Clases presenciales, laboratorios, prácticas clínicas, turnos exigentes. Y aun así, Eunate Astralaga no dudó.

    “Es complicado porque es una carrera muy práctica, donde tienes que estar bastante en clase”, explica con naturalidad. La dificultad no está solo en el contenido académico, sino en la logística diaria. Entrenar por las mañanas, como exige el fútbol profesional, y estar en el aula a horas similares es, en muchos casos, un rompecabezas imposible. Pero Eunate decidió intentarlo.

    Eunate Astralaga (Berango, 30 de noviembre de 2005) forma parte de una generación de futbolistas que ya no vive la formación como una rareza individual, sino como un camino compartido. En sus clases de Enfermería coinciden otras jugadoras de Liga F. “Con Daniela Agote este año he estado en varias clases. Con Nerea Nevado entramos juntas… poco a poco lo intentamos llevar. Te motiva porque no te ves sola”.

    La frase es reveladora. No verse sola cambia todo. Convierte la dificultad en reto colectivo, el cansancio en complicidad, el esfuerzo en algo compartido. En un deporte donde durante años muchas futbolistas tuvieron que esconder que estudiaban —por miedo a parecer menos comprometidas—, ahora la formación se vive como algo que suma.

    La guardameta, cedida actualmente en la SD Eibar, tomó una decisión estratégica desde el inicio de la carrera: completar el primer año entero y luego dividir el segundo en dos cursos. Un ritmo más lento que el de sus compañeras de clase, sí, pero infinitamente más sostenible.

    “Tus compañeras completan la carrera antes, pero yo seguiré así para intentar sacármelo”, afirma con convicción. No hay frustración en sus palabras. Hay aceptación. Entiende que su camino es distinto, y que comparar tiempos no tiene sentido cuando las circunstancias tampoco lo son.

    Esa madurez resulta especialmente llamativa teniendo en cuenta su edad. A sus 19 años, Eunate ya ha sido campeona de la Nations League con la Selección española, ha debutado en la élite y se ha consolidado como una de las porteras con mayor proyección del fútbol español. Y aun así, no concibe el éxito deportivo como excusa para abandonar la formación.

    Cuando habla de la beca de Liga F, lo hace sin rodeos: “Es una gozada que nos puedan ayudar de esa manera”. En su caso, la ayuda no es simbólica. Es concreta. Reduce el estrés económico, permite organizar mejor el calendario académico y, sobre todo, envía un mensaje claro: estudiar no penaliza tu carrera deportiva.

    Eunate tiene muy interiorizada esa idea desde casa. “Mis padres me lo han inculcado, y yo siempre lo he querido. Por si el fútbol va mal, tener algo a lo que agarrarte”. No es una visión pesimista, sino realista. El fútbol, incluso en su versión más exitosa, está lleno de incertidumbre. Lesiones, cambios de club, decisiones técnicas, ciclos que se cierran de forma abrupta.

    La Enfermería, en cambio, representa estabilidad, vocación y una forma distinta de cuidar. Curar fuera del campo lo que dentro se rompe.

    La SD Eibar ha sido un aliado fundamental en este proceso. “Siempre que necesito ir a clase, sí o sí, me han apoyado”, agradece. No es un detalle menor. En un deporte donde los horarios son rígidos y las exigencias constantes, contar con un club que entienda la formación como parte del proyecto integral de la jugadora marca la diferencia.

    Ese apoyo se traduce en permisos, comprensión y una cultura interna que no penaliza la ambición académica. Porque estudiar Enfermería no es un capricho: es una elección que requiere compromiso institucional.

    Como Lucía y Anna, Eunate también es consciente de su papel como referente. Su consejo a las futbolistas más jóvenes es honesto y empático: “Por mucho que cueste, que creas que no tienes tiempo o que no se puede compaginar, que lo intenten sacar”. Reconoce que hay días en los que estudiar no apetece, pero ofrece una lectura distinta: “Aunque estudiar a veces no apetezca, viene bien para despejarse”.

    Esa frase resume una verdad poco contada: la formación no solo prepara para el futuro, también equilibra el presente. Ofrece una identidad complementaria, una salida mental, una sensación de control en un entorno donde muchas decisiones no dependen de ti.

    Lucía Martínez, Anna Torrodà y Eunate Astralaga no son excepciones aisladas. Son el rostro visible de un cambio de paradigma en el fútbol femenino español. Las becas de Liga F no solo ayudan a 33 jugadoras concretas. Están sentando un precedente cultural.

    Durante años, la narrativa dominante exigía una entrega total al fútbol, incluso a costa del futuro. Hoy, la élite femenina empieza a cuestionar ese modelo. Empieza a decir que el rendimiento deportivo no está reñido con el crecimiento académico. Que una futbolista puede aspirar a más de una cosa sin que eso reste compromiso.

    Los siete clubes implicados —Atlético de Madrid, Athletic Club, Real Sociedad, RCD Espanyol, SD Eibar, Deportivo Abanca y Granada CF— forman parte de una red que, poco a poco, entiende que el éxito no se mide solo en puntos, sino también en vidas sostenibles.

    Durante demasiado tiempo, el fútbol femenino vivió atrapado en una contradicción silenciosa. Por un lado, se exigía profesionalidad absoluta: rendimiento, sacrificio, disponibilidad total. Por otro, no se ofrecían estructuras sólidas que garantizasen un futuro más allá del césped. El resultado fue una generación de futbolistas obligadas a vivir en el corto plazo, a estirar carreras sin red y a enfrentarse, al final, a un vacío difícil de llenar.

    Las becas de formación impulsadas por Liga F no solucionan todos los problemas estructurales del fútbol femenino español, pero sí representan un punto de inflexión. Un cambio de mirada. Una forma distinta de entender qué significa cuidar a una futbolista profesional.

    El paso de la semi-profesionalidad a una liga reconocida como profesional ha sido un avance histórico. Sin embargo, la profesionalización real no se mide únicamente en salarios, retransmisiones o patrocinios. Se mide también en la capacidad de las instituciones para pensar en el después. En aceptar que una carrera deportiva es limitada en el tiempo y que el éxito no debería pagarse con incertidumbre futura.

    Las 33 jugadoras beneficiarias de estas becas no representan una élite aislada. Son el reflejo de una realidad amplia: futbolistas que entrenan como profesionales, compiten al máximo nivel y, al mismo tiempo, estudian grados universitarios exigentes, másteres, ciclos formativos o titulaciones técnicas. Lo hacen porque quieren, pero también porque saben que lo necesitan.

    En ese sentido, la educación deja de ser un plan de emergencia para convertirse en parte del proyecto vital de la futbolista.

    El paso de la semi-profesionalidad a una liga reconocida como profesional ha sido un avance histórico. Sin embargo, la profesionalización real no se mide únicamente en salarios, retransmisiones o patrocinios. Se mide también en la capacidad de las instituciones para pensar en el después. En aceptar que una carrera deportiva es limitada en el tiempo y que el éxito no debería pagarse con incertidumbre futura.

    Las 33 jugadoras beneficiarias de estas becas no representan una élite aislada. Son el reflejo de una realidad amplia: futbolistas que entrenan como profesionales, compiten al máximo nivel y, al mismo tiempo, estudian grados universitarios exigentes, másteres, ciclos formativos o titulaciones técnicas. Lo hacen porque quieren, pero también porque saben que lo necesitan.

    En ese sentido, la educación deja de ser un plan de emergencia para convertirse en parte del proyecto vital de la futbolista.

    Durante años, muchas futbolistas ocultaron que estudiaban. Temían ser percibidas como menos ambiciosas, menos centradas, menos “profesionales”. Hoy, ese estigma empieza a romperse. No del todo, pero de forma visible.

    Que una centrocampista estudie Criminología, que otra pause su carrera por salud mental mientras se forma como entrenadora, que una portera de la selección curse Enfermería sin renunciar a la élite… todo eso envía un mensaje poderoso: no hay una única forma válida de ser futbolista profesional.

    El fútbol femenino gana cuando sus jugadoras son personas completas, con intereses diversos, con herramientas para decidir, con capacidad crítica y con opciones reales cuando el balón deja de rodar.

    Quizá el mayor valor de estas becas no esté en el presente, sino en el futuro. En las niñas y adolescentes que hoy empiezan a jugar al fútbol con referentes distintos. Referentes que no solo marcan goles o levantan títulos, sino que hablan abiertamente de estudiar, de parar cuando hace falta, de pensar a largo plazo.

    El mensaje es claro: no tienes que elegir entre tus sueños. Puedes amar el fútbol y, al mismo tiempo, construirte fuera de él. Puedes aspirar a la élite sin hipotecar tu futuro. Puedes ser ambiciosa sin ser imprudente.

    Ese cambio cultural es lento, pero ya está en marcha.

    En un contexto donde el deporte profesional tiene cada vez más impacto social, iniciativas como estas sitúan a Liga F en una posición relevante. No como simple organizadora de una competición, sino como agente activo en la construcción de un modelo más justo y sostenible.

    Invertir en formación es invertir en estabilidad. En salud mental. En igualdad real. Porque durante décadas, el fútbol masculino contó con redes económicas que permitían una transición más cómoda tras la retirada. El femenino, no. Corregir esa desigualdad no es un gesto simbólico: es una cuestión de justicia estructural.

    Las becas de Liga F no aparecen en los resúmenes de los domingos ni en las estadísticas oficiales. No suman puntos ni títulos. Pero sostienen algo mucho más profundo: vidas.

    Sostienen a Lucía cuando vuelve a casa tras entrenar y se sienta a estudiar Criminología.
    Sostienen a Anna cuando decide cuidarse y seguir formándose para quedarse en el fútbol desde otro lugar.
    Sostienen a Eunate cuando encadena entrenamientos, clases prácticas y sueños que van más allá de la portería.

    En un deporte que durante demasiado tiempo pidió todo y ofreció poco, estas historias demuestran que otra forma de hacer las cosas es posible. Que el fútbol femenino no solo puede competir al máximo nivel, sino también educar, acompañar y dejar legado.

    Porque cuando el último partido se juega, cuando las botas se cuelgan y el estadio se queda en silencio, lo que permanece no son los goles. Son las personas que el fútbol ayudó a construir.

    Y en ese futuro, gracias a estas becas, muchas futbolistas ya no caminan solas.

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Exclusiva | Silvia Lloris dice no a Rayadas y el Atlético se reafirma como su casa mientras Ana Vitória mira a Brasil: dos decisiones, un mismo vestuario y un punto de inflexión en el proyecto rojiblanco

    (Fuente : UEFA)

    ⬛️ “Manu, la propuesta existió, pero Silvia no se moverá del Atlético de Madrid.”

    (Fuente: Liga F Moeve )

    En el fútbol femenino moderno, cada mercado de fichajes no solo mueve nombres, contratos y cifras. Mueve mensajes. Mensajes hacia dentro del vestuario, hacia la afición y hacia el futuro inmediato de un club. Y en el Atlético de Madrid , en pleno proceso de redefinición deportiva tras una temporada de transición, dos decisiones tomadas en paralelo dibujan con claridad el momento que vive la entidad rojiblanca: la continuidad firme de Silvia Lloris como pilar del proyecto y la posible salida de Ana Vitória, una de las futbolistas más talentosas de la plantilla, rumbo a Brasil.

    Dos historias distintas. Dos trayectorias que se cruzan en Alcalá de Henares y ofrecen lecturas que se explican mejor or que ningún discurso oficial hacia dónde camina el Atlético de Madrid Femenino en el corto y medio plazo.

    Así se zanja una de las informaciones que había comenzado a circular en los últimos días en el entorno del mercado internacional: el interés real y concreto de Rayadas de Monterrey por Silvia Lloris.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Un interés que no era un simple tanteo, ni una llamada exploratoria, sino una propuesta formal desde uno de los clubes más poderosos de la Liga MX Femenil, presidido por José Antonio Noriega y con una estructura económica capaz de seducir a cualquier futbolista joven, pero Silvia Lloris ha dicho no. Y ese “no” tiene un valor enorme.

    Silvia Lloris (Murcia, 15 de mayo de 2004) pertenece a esa rara estirpe de futbolistas que parecen llegar antes de tiempo al lugar que les corresponde. Nacida en El Palmar, su carrera ha sido un proceso acelerado pero firme, sin atajos artificiales ni saltos al vacío. Cada paso ha tenido sentido. Cada decisión ha respondido a una lógica deportiva.

    Debutó en Primera División con el Levante Unión Deportiva con apenas 16 años, en una liga históricamente exigente con las centrales jóvenes. Lo hizo sin complejos. Sin esconderse. Y desde entonces su nombre empezó a circular con naturalidad entre los departamentos de scouting de clubes nacionales e internacionales.

    Defensa central de formación, Lloris es una futbolista tácticamente muy completa: puede actuar como lateral en línea de cuatro, como central en defensa de tres y, en contextos determinados, incluso como mediocentro defensivo. Su lectura del juego, su capacidad para anticipar y su serenidad en salida de balón la han convertido en una jugadora diferencial para su edad.

    Pero si hay algo que define a Silvia Lloris es su mentalidad competitiva que la hace aún más grande.

    El palmarés internacional de Silvia Lloris impresiona, especialmente cuando se contextualiza con su edad. Campeona del Mundo sub-20 y doble campeona de Europa sub-19, su crecimiento ha estado acompañado de una presencia constante en las grandes citas del fútbol formativo internacional.

    (Fuente: Getty imágenes)

    No es casualidad que haya entrenado ya con la Selección Española absoluta. No como premio simbólico, sino como parte de un seguimiento real. En los informes técnicos de la RFEF, su nombre aparece desde hace tiempo subrayado en rojo.

    Y sin embargo, lejos de dejarse llevar por cantos de sirena o proyectos que prometen protagonismo inmediato, Lloris ha elegido continuar creciendo en un entorno que conoce, que le exige y que le proyecta: el Atlético de Madrid.

    (Fuente: Getty imágenes)

    El interés de Rayadas de Monterrey no surge de la nada. El club mexicano lleva años apostando fuerte por talento joven europeo, especialmente por futbolistas con recorrido internacional y perfil de liderazgo futuro. Silvia Lloris encaja a la perfección en ese modelo.

    La propuesta existió, fue real, valorada y descartada por la quince a pesar del gran salto en lo económico que hubiera supuesto para ella.

    Para el Atlético de Madrid Femenino, la continuidad de Silvia Lloris es una victoria silenciosa pero estructural. No solo se asegura talento, sino que envía un mensaje al resto del vestuario y al entorno: el club quiere construir, no solo retener.

    En un proyecto que busca estabilidad tras años de cambios, Lloris representa el tipo de futbolista sobre la que se puede edificar una defensa durante una década.

    Y mientras una puerta se cierra con firmeza, otra comienza a entreabrirse en el mismo vestuario.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    En el otro lado de la moneda se encuentra Ana Vitória Angélica Kliemaschewsk de Araújo (Rondonópolis, Brasil, 6 de marzo de 2000). La “diez” del Atlético de Madrid. Una futbolista de talento indiscutible, internacional con Brasil desde 2020 y con experiencia en clubes de primer nivel como el PSG y el Benfica.

    Su llegada al Atlético generó expectativas altas. Muy altas. Y no sin motivos: visión de juego, calidad técnica, golpeo, pausa y liderazgo natural.

    Pero el fútbol no siempre responde al talento de forma lineal, depende de otros muchos factores.

    Pero la decisión final no estuvo marcada por lo económico ni por la tentación de un rol más protagonista inmediato. Estuvo marcada por una idea clara: Silvia Lloris se ve a sí misma triunfando en el Atlético de Madrid.

    Quiere consolidarse como titular. Quiere crecer en una de las ligas más competitivas del mundo. Quiere seguir llamando a la puerta de la selección absoluta desde Europa. Y quiere hacerlo vistiendo de rojiblanco.

    En un mercado donde cada vez es más habitual que las jóvenes promesas den saltos prematuros, esta decisión es una declaración de intenciones.

    esquema de Víctor Martín Alba, Ana Vitória no ha logrado asentarse como titular indiscutible. Por delante en la rotación aparecen nombres como Júlia Bartel y Fiamma Benítez, dos futbolistas con perfiles distintos pero con mayor continuidad en el modelo del técnico rojiblanco.

    La brasileña ha alternado titularidades con suplencias, participaciones parciales y partidos en los que su influencia ha sido menor de la esperada. No por falta de calidad, sino por encaje táctico y momentos de partido.

    Y cuando una futbolista de 26 años, en plena madurez deportiva, siente que su rol no se ajusta a su potencial, el mercado deja de ser una amenaza para convertirse en una opción.

    Ana Vitória no ve con malos ojos poner rumbo al Corinthians. El club brasileño, uno de los gigantes del fútbol femenino sudamericano, ya ha movido ficha. La futbolista ha visitado las instalaciones, ha hablado con personas clave del proyecto y contempla seriamente la posibilidad de regresar a su país natal.

    No sería una aventura desconocida. Ya defendió esos colores en la temporada 2017-2018, una etapa formativa que ahora podría cerrarse como círculo completo, pero desde otro estatus: el de una futbolista internacional, madura y preparada para liderar.

    A sus 26 años, Ana Vitória espera que los clubes alcancen un acuerdo que facilite su salida. No hay conflicto. No hay ruptura. Hay una lectura realista de la situación.

    La continuidad de Silvia Lloris y la posible salida de Ana Vitória no son hechos aislados. Son síntomas.

    El Atlético de Madrid Femenino está redefiniendo su identidad: apuesta por juventud con proyección, por perfiles que encajen a largo plazo y por una idea de equipo donde el rol es tan importante como el talento.

    Silvia Lloris representa el futuro que ya es presente. Ana Vitória, el talento que busca el contexto adecuado para brillar.

    Y entre ambas historias, el Atlético se juega algo más que dos nombres propios: se juega la coherencia de su proyecto.

    En el fútbol moderno —y especialmente en el femenino de élite— la defensa ya no es una línea de contención, sino el primer escalón del juego ofensivo. Y ahí es donde Silvia Lloris se convierte en una pieza estratégica para el Atlético de Madrid.

    No es solo una central que defiende bien. Es una futbolista que interpreta el juego desde atrás, que entiende cuándo romper líneas, cuándo temporizar y cuándo ordenar. Su capacidad para jugar perfilada, para sacar el balón limpio bajo presión y para corregir espacios largos la convierten en una central adaptada a cualquier registro.

    En un Atlético que ha alternado sistemas —línea de cuatro, defensa de tres, variantes híbridas—, Lloris ofrece algo fundamental: versatilidad sin pérdida de rendimiento.

    Eso explica por qué su figura va más allá del presente inmediato.

    La campeonas del mundo sub-20 no se improvisan. España no gana títulos formativos por casualidad, y Silvia Lloris no es una excepción dentro de una generación excepcional: es una de sus líderes silenciosas.

    En los torneos internacionales ha demostrado algo que los técnicos valoran por encima de casi todo: regularidad emocional. No se esconde en los partidos grandes. No se acelera cuando el escenario aprieta. No pierde el foco.

    Ese tipo de central es oro puro en un vestuario joven y el Atlético de Madrid lo sabe, mimando día a día a este diamante en bruto.

    Que Silvia Lloris haya rechazado una propuesta internacional potente envía un mensaje interno muy poderoso: el Atlético no es un club de paso.

    En una Liga F que lucha por retener talento frente a ligas emergentes con músculo económico, estas decisiones refuerzan el relato competitivo del campeonato español.

    Para las más jóvenes del vestuario, Lloris marca un camino: crecer aquí también es una opción válida. Consolidarse aquí también tiene premio. Y dar el salto a la absoluta desde aquí es posible.

    Si la historia de Silvia Lloris habla de continuidad, la de Ana Vitória habla de búsqueda.

    Porque el talento de la brasileña no está en duda. Nunca lo ha estado. Ni en París, ni en Lisboa, ni en Madrid. Su capacidad para filtrar pases, para encontrar espacios entre líneas y para dar pausa al juego la convierten en una futbolista diferente.

    Pero el fútbol no es solo talento. Es rol, confianza y sistema, por citar algunos ejemplos.

    La irrupción de Júlia Bartel y la consolidación de Fiamma Benítez han cambiado el ecosistema creativo del Atlético. Ambas aportan intensidad, movilidad y una presión alta que encaja a la perfección en la idea de Víctor Martín.

    Ana Vitória, en cambio, es una futbolista de tempo. De balón al pie. De ritmo controlado. Y cuando el equipo prioriza transiciones rápidas y presión tras pérdida, su perfil queda más expuesto.

    No es un problema de calidad, sino de encaje en la entidad y la diez ya parece haber cumplido una época en el tres veces campeón de la Liga F Moeve.

    Corinthians no es cualquier destino. Es uno de los clubes más grandes del continente. Un entorno donde Ana Vitória no sería una pieza más, sino una referencia.

    El regreso a Brasil no se interpreta como un paso atrás, sino como una reconexión con su mejor versión. Un contexto donde su talento puede volver a ser central, donde el juego se adapte más a sus virtudes y donde su liderazgo tenga peso específico.

    Que ya haya visitado las instalaciones no es un detalle menor. Es un gesto que habla de intención.

    Para el Atlético de Madrid, facilitar o no la salida de Ana Vitória no es solo una cuestión de mercado. Es una decisión de modelo.

    Retener talento que no encaja puede generar fricción. Liberarlo para reforzar otras áreas puede fortalecer al grupo. Y en un proyecto que busca equilibrio entre juventud, experiencia y competitividad, cada movimiento cuenta.

    Si se produce el acuerdo, no será una derrota, más bien una transición ordenada.

    Silvia Lloris y Ana Vitória representan dos momentos vitales distintos, pero una misma realidad: el Atlético está definiendo quién quiere ser.

    Apuesta por el crecimiento a largo plazo. Por futbolistas que aceptan el proceso. Por roles claros. Y por una identidad reconocible.

    No es casualidad que una joven campeona del mundo diga “me quedo” y que una internacional consolidada explore nuevos caminos. Es la consecuencia lógica de un vestuario en movimiento.

    Lloris ha elegido el camino largo. El exigente. El que no garantiza titulares inmediatos, pero sí crecimiento real. Ha elegido competir cada fin de semana contra las mejores, formarse en silencio y construir una carrera sólida desde la convicción.

    Ana Vitória, por su parte, ha elegido escucharse. Entender su momento vital. Apostar por un contexto que valore lo que es y lo que puede seguir siendo.

    El Atlético de Madrid Femenino, en medio de ambas decisiones, está aprendiendo a decidir sin miedo.

    Y eso, en el fútbol femenino actual, es una señal inequívoca de madurez.

    Aquí no hay vencedores ni vencidos.
    Hay decisiones, proyecto e identidad.

    Y eso, al final, es lo que define a los clubes que aspiran a volver a la cima.

  • Oficial | Yerai Martín dirigirá al Tenerife hasta final de curso

    (Fuente: Costa Adeje Tenerife Egatesa)

    ⬛️ El preparador vasco se hará cargo de las guerreras hasta el 30 de junio de 2026.

    El Club Deportivo Tenerife Femenino, actual quinto clasificado de la Liga Profesional de Fútbol Femenino , ha designado a Yerai Martín Ramos como nuevo entrenador del primer equipo azul y blanco.

    El representativo canario tenía un tándem de técnicos interinos desde la marcha de Eder Maestre, ahora en el London City inglés, y se ha fijado en el vasco para ocupar el banquillo del Heliodoro Rodríguez López

    El ex del Rancing Power F.C. de Portugal llega de la mano de Jordi Torres, director deportivo que coincidió con él en Guipúzcoa y firmar por la entidad que preside D. Sergio Batista hasta el próximo 30 de junio de 2026, como mínimo.

    Formado íntegramente en el fútbol base guipuzcoano, Yerai Martín inició su carrera en los banquillos en clubes como el Usurbil F.T. y la S.D. Euskalduna, donde logró ascensos en categorías juveniles. Posteriormente se incorporó al Antiguoko K.E., uno de los clubes de referencia en la cantera del País Vasco, cuna de futbolistas y entrenadores de prestigio como Xabi Alonso, Mikel Arteta o Andoni Iraola. En la entidad donostiarra dirigió distintos equipos hasta asumir la coordinación de sus cuatro primeros conjuntos: División de Honor Juvenil, Liga Nacional Juvenil, Liga Vasca Juvenil y Liga Vasca Cadete.

    El estilo de juego de Yerai Martín al frente del Eibar Femenino se caracterizó por una identidad muy definida, pragmática y profundamente competitiva, pensada para optimizar al máximo los recursos del club y competir con garantías en la Liga F. Su propuesta no se basó en la posesión ni en el dominio continuo del balón, sino en la organización colectiva, el orden táctico y la eficacia en los momentos clave del partido, construyendo un equipo difícil de desbordar y muy incómodo para cualquier rival, especialmente para los de mayor presupuesto.

    Defensivamente, su Eibar tuvo como gran seña de identidad un bloque medio-bajo compacto, con líneas muy juntas y distancias cortas entre sectores, priorizando siempre el equilibrio y la protección del área. La estructura defensiva estaba cuidadosamente trabajada, con ayudas constantes, buena defensa de centros laterales y una clara vocación por minimizar riesgos. El equipo rara vez se partía, lo que le permitía sostenerse durante muchos minutos incluso bajo presión rival.

    En cuanto a la estructura táctica, Yerai Martín utilizó principalmente sistemas como el 4-2-3-1 y el 4-4-2, apoyándose en un doble pivote de perfil defensivo, extremos con un alto compromiso en el repliegue y laterales contenidos, más pendientes de cerrar su zona que de proyectarse de forma constante. Todo el engranaje estaba diseñado para mantener la solidez y evitar desajustes.

    En fase ofensiva, el equipo apostó por un fútbol directo y vertical, con salidas de balón sencillas, sin asumir riesgos innecesarios. El Eibar buscó explotar las transiciones rápidas tras recuperación, atacando espacios, utilizando los costados y recurriendo con frecuencia al centro lateral y al segundo balón. No necesitaba acumular muchas ocasiones para generar peligro, ya que su plan estaba orientado a castigar errores rivales y maximizar cada llegada.

    Uno de los aspectos más destacados del trabajo de Yerai Martín fue la gestión de los partidos. Su equipo mostró una gran madurez competitiva, sabiendo interpretar los diferentes momentos del encuentro, proteger ventajas y mantener la concentración hasta el final. Los cambios solían tener un carácter estratégico, pensados más para sostener el resultado y reforzar el equilibrio que para alterar radicalmente el plan inicial.

    Entre las principales virtudes de su modelo destacan la solidez defensiva, el compromiso colectivo, la disciplina táctica, la fortaleza mental y la capacidad de adaptación al rival. Como contrapunto, su propuesta tuvo limitaciones cuando el equipo debía asumir el protagonismo con balón, encontrando mayores dificultades ante bloques bajos y dependiendo en exceso del acierto en transiciones ofensivas.

    En conjunto, el Eibar de Yerai Martín fue un equipo reconocible, ordenado y fiable, construido para competir, resistir y consolidarse en la élite del fútbol femenino, un perfil de entrenador especialmente valioso en proyectos que priorizan la estabilidad, el trabajo y el rendimiento colectivo por encima del talento individual.

    En su etapa al frente de la SD Eibar, Yerai Martín firmó un balance de 90 partidos dirigidos en competición liguera, con 31 victorias, 29 empates y 30 derrotas, sumando 122 puntos y destacando especialmente por la solidez defensiva de sus equipos, con un total de 34 porterías a cero repartidas en tres temporadas.
    En la campaña 2025/26, el técnico asumió un nuevo desafío internacional en el Racing Power FC de Portugal, incorporándose al equipo a principios de septiembre, coincidiendo con el inicio de la competición.

    En apenas diez jornadas de liga, logró tres victorias, cuatro empates y tres derrotas, con nueve goles a favor y siete en contra, situando al conjunto portugués durante seis jornadas en posición de Champions y dejándolo a solo cuatro puntos de dichos puestos al término de su etapa.

    Además, Martín obtuvo el galardón de mejor técnico del mes del campeonato nacional portugués en septiembre, confirmando así su buen hacer durante su etapa en el país luso. Entre los resultados más destacados figuran los empates sin goles ante el SL Benfica —los únicos puntos cedidos por el conjunto lisboeta en liga— y el Sporting Clube de Braga, club participante en competiciones europeas.
    El técnico vasco tendrá como segundo entrenador a Luis Patiño, quien ya ejerciera esa figura durante la temporada pasada asistiendo a Eder Maestre y continuaba realizando diferentes funciones dentro del cuerpo técnico del primer equipo del Club Deportivo Tenerife Femenino en el presente curso. Patiño, con una trayectoria previa en el club, ha demostrado su capacidad y conocimiento de la plantilla y del proyecto y su elección reafirma el compromiso de la entidad con el desarrollo del talento dentro de su estructura.

    Yerai Martín estará al frente del equipo dirigiendo su primera sesión de entrenamiento el próximo viernes 2 de enero a las 16: 00h. La presentación oficial ante los medios de comunicación será el mismo día a las 11:00 horario peninsular en la sala de prensa del Heliodoro Rodríguez López.

  • Reportaje | Cuando el silencio grita más fuerte: Lola Gallardo, el Atlético y la historia de SAR, el aficionado que nunca dejó de escuchar al fútbol con el corazón

    (Fuente: Liga F Moeve

    ⬛️ En un estadio donde el ruido lo envuelve todo —el murmullo previo, el golpe seco del balón, el estallido del gol— existe una historia construida desde el silencio. La de Sergio Javier Fernández García, 43 años, sordera bilateral profunda del 73%, conocido por todos como SAR. Una historia que comenzó con Abel Resino, encontró su reflejo definitivo en Lola Gallardo y terminó fundiéndose para siempre con los colores rojiblancos del Atlético de Madrid Femenino. Desde la temporada 2012-2013, desde que Lola se enfundó la elastina colchonera, SAR no ha faltado a una sola cita como local. Ni una. Porque hay sonidos que no se escuchan con los oídos, pero retumban para siempre en el alma.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Uno encuentra historias que no se explican con datos, ni con estadísticas, ni siquiera con títulos. Hay historias que se cuentan mejor desde el latido, desde la emoción, desde ese lugar intangible donde el fútbol deja de ser un juego para convertirse en identidad. La historia de Sergio Javier Fernández García —SAR para todos— pertenece a ese territorio sagrado.

    Un territorio donde el silencio no es ausencia, sino otra forma de presencia.

    Donde una portera, Lola Gallardo, se convierte en referente vital. Donde un club, el Atlético de Madrid, es casa. Y donde el fútbol femenino deja de ser una disciplina para convertirse en un lenguaje universal.

    SAR nació en una sociedad que durante demasiado tiempo no supo escuchar a quienes no podían oír. Con una sordera bilateral profunda del 73%, su relación con el mundo siempre estuvo mediada por miradas, gestos, vibraciones, intuiciones. Pero el fútbol apareció pronto en su vida como un idioma sin barreras. Un idioma que no necesitaba sonido para ser entendido. De joven, como tantos otros, empezó a fijarse en Abel Resino. No era casualidad. Abel, portero sobrio, seguro, silencioso, representaba esa figura casi estoica que transmite calma incluso cuando todo alrededor parece ruido. En la portería, como en la vida, hay quienes hablan poco pero dicen mucho.

    Aquella admiración temprana por Abel Resino fue el primer hilo invisible que unió a SAR con la portería, con la figura del guardián, con esa posición tan solitaria como determinante. Años después, ese hilo encontraría su continuidad natural en una mujer que marcaría su vida para siempre: Lola Gallardo.

    Cuando Lola Gallardo llegó al Atlético de Madrid Femenino en la temporada 2012-2013, el proyecto aún estaba construyéndose, buscándose a sí mismo, reclamando su lugar en la historia. Nadie podía imaginar entonces que aquella guardameta andaluza, joven pero con una personalidad arrolladora, iba a convertirse no solo en una de las grandes referentes del club, sino en un símbolo emocional para aficionados como SAR. Desde el primer momento, algo conectó. No fue un gesto concreto, ni una parada espectacular. Fue la manera de estar. La forma de mandar sin gritar. La capacidad de transmitir seguridad desde el silencio.

    Para alguien como SAR, que ha aprendido a leer el mundo sin sonido, Lola representaba una figura reconocible. Una líder que no necesitaba palabras para hacerse entender. Cada colocación, cada orden dada con la mirada, cada salida valiente, cada choque asumido como parte del oficio, era un mensaje claro. El fútbol también se puede sentir desde dentro.

    Desde aquel momento, SAR no volvió a perderse un solo partido como local del Atlético de Madrid Femenino. Ni uno. Da igual el rival, la hora, el contexto, la clasificación, el clima o el estado de ánimo. Estar allí se convirtió en un acto casi ritual. El estadio pasó a ser un espacio donde el silencio no pesaba, donde la comunión con el equipo se producía a otro nivel.

    Donde el fútbol femenino, tantas veces invisibilizado, encontraba en su mirada una validación profunda.

    El paso de los años consolidó esa relación. Lola Gallardo creció con el club, y el club creció con ella. Llegaron los títulos, las noches históricas, los partidos que cambiaron la percepción del fútbol femenino en España.

    Y SAR estuvo allí. Siempre. Viviendo cada encuentro con una intensidad que no necesita decibelios. Aprendiendo a leer el partido en los cuerpos, en las trayectorias, en las reacciones del banquillo. En las celebraciones que no hacen ruido, pero lo dicen todo.

    Hubo un momento clave en esa historia compartida: la marcha de Lola al Olympique de Lyon.

    Para muchos, un paso lógico. Para otros, una despedida dolorosa. Para SAR, una mezcla de orgullo y vacío. Ver a su referente dar el salto al club más poderoso del fútbol femenino europeo era la confirmación de que aquel vínculo no estaba basado en la cercanía, sino en la admiración profunda.

    En Lyon, Lola Gallardo alcanzó la cima. La temporada 2019-2020 quedó marcada para siempre en su carrera con la conquista de la UEFA Women’s Champions League. Un título que no solo engrandeció su palmarés, sino que reafirmó su lugar en la élite mundial.

    SAR siguió cada paso de aquella aventura europea como pudo. Sin sonido, pero con atención absoluta. Sabía que aquel éxito también era, de alguna manera, compartido. Porque cuando un referente triunfa, quienes se reflejan en él también avanzan un poco más.

    Y entonces llegó el regreso. El retorno a casa. A Alcalá de Henares. Al Atlético de Madrid. A la capitanía. Lola Gallardo volvió no solo como portera, sino como emblema. Como líder total. Como referencia para una nueva generación. Y SAR volvió a ocupar su lugar en la grada, como si nunca se hubiera ido. Como si el tiempo se hubiera plegado sobre sí mismo.

    Bajo la dirección de Víctor Martín Alba, el Atlético de Madrid Femenino entró en una nueva etapa. Un proyecto renovado, con nuevas ideas, nuevas jugadoras, nuevas ambiciones. Pero con un pilar inamovible: la figura de Lola Gallardo. Para SAR, verla portar el brazalete era la confirmación de todo aquello que había sentido desde el principio. El liderazgo también puede ser silencioso. También puede ser inclusivo. También puede ser profundamente humano.

    Cada partido en casa se convirtió en una ceremonia. SAR llegaba con antelación, observaba el calentamiento, analizaba gestos, posiciones, dinámicas. No necesitaba escuchar las consignas para entenderlas. El fútbol se había convertido en un lenguaje corporal, casi coreográfico y Lola Gallardo seguía siendo el centro de gravedad emocional.

    La historia de SAR no es solo la de un aficionado fiel. Es la de una forma distinta de vivir el deporte. Es la prueba de que el fútbol femenino no solo rompe barreras de género, sino también barreras sensoriales. Que el estadio puede ser un lugar de pertenencia incluso cuando el mundo no siempre ha sido accesible. Que una jugadora puede inspirar no solo por lo que gana, sino por cómo está.

    En una sociedad que mide la pasión en ruido, SAR demuestra que el compromiso verdadero no necesita estridencias. Que estar siempre es una forma de amar. Que no perderse ni un solo partido como local durante más de una década no es una anécdota, sino una declaración de principios. Y que Lola Gallardo, más allá de títulos y estadísticas, ha sido para él un faro constante.

    Porque hay historias que no se escuchan. Se sienten. Y esta, la de SAR, Lola Gallardo y el Atlético de Madrid Femenino, es una de ellas. Una historia donde el silencio grita más fuerte que cualquier cántico. Una historia que demuestra que el fútbol, cuando es auténtico, no necesita sonido para cambiar vidas.

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Oficial | La Liga F Moeve escoge los mejores momentos de 2025

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📌 Termina el año y desde Liga F recopilamos los mejores momentos del 2025. Los tres títulos del FC Barcelona, los ascensos del Alhama CF ElPozo y el DUX Logroño, el Balón de Oro de Aitana, la apuesta por los grandes estadios, los 36.276 espectadores del Lluís Companys y la victoria de España en la Nations, rezó el informe.

    Este 2025 que vive ya sus últimos capítulos ha conseguido convertirse en el año en el que la Liga F Moeve (Primera División Femenina) se consolidó de manera definitiva.

    El año 2025 quedará grabado como uno de los grandes puntos de inflexión en la historia reciente del fútbol femenino español. Un año de consolidación, de crecimiento sostenido y de confirmación de que la Liga F Moeve ya no es solo un proyecto en construcción, sino una realidad sólida que avanza con paso firme hacia la élite europea. Un curso en el que los títulos, los récords de asistencia, los ascensos emocionantes, el liderazgo internacional de sus futbolistas y el impacto social del juego se entrelazaron para ofrecer una fotografía completa de un ecosistema en plena expansión.

    Fue un año donde el FC Barcelona volvió a ejercer su hegemonía, levantando tres de los cuatro títulos posibles, pero también un curso en el que la competitividad del campeonato, la irrupción de nuevos escenarios, la vuelta de clubes históricos a la máxima categoría y el éxito de la Selección Española terminaron de redondear una temporada inolvidable.

    Un año que, más allá de los resultados, confirmó algo mucho más importante: el fútbol femenino español ya es un espectáculo de masas.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Hablar de 2025 en clave de Liga F Moeve implica, inevitablemente, hablar del Barcelona. El conjunto azulgrana volvió a marcar el ritmo competitivo del fútbol nacional, conquistando tres de los cuatro títulos en disputa y reafirmando su condición de referente absoluto dentro y fuera de nuestras fronteras.

    Más allá de los trofeos, el Barça volvió a ser sinónimo de identidad, de fútbol asociativo, de dominio del balón y de una cultura competitiva que se ha convertido en modelo. Su temporada volvió a construirse desde la excelencia diaria, desde una plantilla profunda y versátil, y desde una estructura que entiende el fútbol femenino como una apuesta estratégica y no coyuntural.

    Sin embargo, 2025 también evidenció que la distancia se acorta. El crecimiento del Real Madrid CF, la ambición de clubes como el Atlético de Madrid, el Athletic Club o la Real Sociedad, y la aparición de proyectos cada vez más sólidos en la zona media-alta de la tabla elevan el nivel competitivo de la Liga F y obligan al campeón a reinventarse continuamente.

    La hegemonía sigue siendo azulgrana, pero la Liga ya no es un monólogo.

    el FC Barcelona fue el motor colectivo, Aitana Bonmatí volvió a ser el faro individual que iluminó el fútbol mundial. Por tercer año consecutivo, la centrocampista de Sant Pere de Ribes se proclamó mejor futbolista del mundo, conquistando el Balón de Oro en el mes de octubre y el The Best en diciembre, un doblete que ya forma parte de la historia del deporte.

    Aitana firmó una temporada sencillamente extraordinaria. No solo por los números —26 goles y 18 asistencias en todas las competiciones— sino por su influencia permanente en el juego, por su capacidad para decidir partidos grandes y por su liderazgo silencioso dentro y fuera del campo.

    Fue elegida mejor jugadora de la Champions League, en una edición en la que el FC Barcelona rozó el título europeo, y mejor futbolista de la Eurocopa, pese a que España se quedó a las puertas del campeonato. A estos reconocimientos se sumó también el Golden Woman, consolidando un palmarés individual que ya la sitúa entre las grandes leyendas del fútbol femenino.

    Aitana no solo ganó premios; representó una forma de entender el juego, una generación que ha crecido en igualdad de exigencia y que hoy domina el panorama internacional.

    La temporada 2024/2025 también estuvo marcada por el regreso a la máxima categoría de dos clubes que simbolizan la resiliencia y el trabajo bien hecho: Alhama CF ElPozo y el DUX Logroño.

    El conjunto murciano protagonizó una de las historias más emocionantes del curso. Tras una temporada marcada por la regularidad y la competitividad extrema, el Alhama logró el ascenso directo a Liga F Moeve en la última jornada, en una lucha cerrada con el Deportivo Alavés.

    El empate ante el AEM SE Lleida (1-1) en la fecha final fue suficiente para certificar el regreso a la élite, dos años después de su paso por la máxima categoría en la temporada 2022/2023. Un ascenso celebrado como una conquista colectiva, fruto de un proyecto serio, comprometido y profundamente arraigado a su entorno.

    Por su parte, el DUX Logroño volvió a la élite tras un playoff impecable, demostrando oficio, personalidad y una clara identidad competitiva. El conjunto riojano superó en semifinales al AEM SE Lleida, con una victoria por 3-1 en la ida y una ajustada derrota por 1-0 en la vuelta, antes de imponerse con autoridad al Cacereño en la gran final.

    El 0-3 en Cáceres y el posterior 3-1 en Las Gaunas sellaron el regreso del conjunto vinotinto a una Liga F Moeve que ya conoce bien, tras haber militado tres temporadas en la máxima categoría. Un ascenso que simboliza también la estabilidad de un club que ha sabido resistir, reinventarse y volver más fuerte.

    hubo una imagen icónica de 2025, fue la de los grandes estadios abiertos al fútbol femenino. Una tendencia que ya no es anecdótica, sino estructural, y que confirma el crecimiento sostenido del interés social por la Liga F Moeve.

    Durante el año, numerosos clubes apostaron por trasladar partidos del equipo femenino a los principales escenarios del fútbol español:
    • Mestalla abrió sus puertas para el derbi valenciano
    • El Ciutat de València se consolidó como escenario habitual del Levante UD
    • San Mamés volvió a vibrar con el Athletic Club
    • Anoeta acogió grandes citas de la Real Sociedad
    • El Estadi Olímpic Lluís Companys se convirtió en el gran escenario del Barça
    • El Nuevo Los Cármenes se sumó a la apuesta del Granada CF

    A ellos se suman proyectos que ya han hecho de los grandes estadios una realidad estable:
    Ipurúa, Riazor, el Heliodoro Rodríguez López y Las Gaunas.

    No se trata solo de cifras. Se trata de normalización, de visibilidad, de identidad compartida entre club, ciudad y equipo femenino.

    El Clásico entre el F.C, Barcelona y Real Madrid del mes de noviembre fue el partido con más público del año en Liga F Moeve. 36.276 espectadores llenaron las gradas del Lluís Companys para presenciar la victoria azulgrana por 4-0, en un duelo que reforzó el liderazgo del Barça en la tabla.

    Un registro que superó incluso a los 35.812 aficionados que, en marzo, asistieron al primer triunfo histórico del conjunto blanco ante las blaugranas (1-3). Dos cifras que confirman el impacto social del Clásico femenino y el crecimiento sostenido del interés por el campeonato.

    El fútbol femenino ya no necesita eventos excepcionales para llenar estadios: los llena por derecho propio.

    broche de oro a 2025 lo puso la Selección Española de Fútbol, que se proclamó campeona de la Nations League en un Metropolitano histórico, con 55.853 espectadores en las gradas.

    Tras el 0-0 del partido de ida, España firmó una actuación memorable ante Alemania en el encuentro de vuelta. Un doblete de Claudia Pina y un gol de Vicky López sellaron el 3-0 definitivo y confirmaron la hegemonía continental de ‘La Roja’.

    El título tuvo un significado especial: fue el primer gran trofeo de Sonia Bermúdez como seleccionadora nacional, y una confirmación del talento que nutre la Liga F Moeve. Hasta 18 futbolistas del campeonato español formaron parte de la convocatoria campeona.

    Un año en el que España también alcanzó la final de la Eurocopa, cayendo en los penaltis ante Inglaterra en Basilea, pero dejando una huella imborrable en el torneo.

    El 2025 no fue solo un año de resultados. Fue el año en que la Liga F Moeve se miró al espejo y se reconoció como una gran competición europea. Un año de estadios llenos, de referentes mundiales, de clubes comprometidos y de una afición que responde.

    El fútbol femenino español no vive una moda. Vive una transformación irreversible.

    Y este año fue, sin duda, el año en que ese crecimiento dejó de ser promesa para convertirse en realidad.

  • Oficial | Es l fútbol femenino nacional brilla en el ranking IFFHS

    (Fuente: Getty imágenes)

    ⬛️ La Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol nombra a Aitana Bonmatí como mejor jugadora en un ranking colmado de jugadoras españolas.

    Que España ocupe el primer puesto en el ranking de mejores selecciones del mundo según la FIFA no es fruto de la casualidad y los méritos siguen hablando por sí solos. Tras coronarse como campeonas de la UEFA Women’s Nations League, nuestras internacionales siguen recibiendo reconocimientos que las colocan en la cima del fútbol femenino.

    La IFFHS (Federación Internacional de Historia y Estadística del Fútbol) ha destacado, a lo largo de esta semana, a las mejores jugadoras a nivel internacional, coronando a Aitana Bonmatí en el primer puesto de un ranking en en que sus perseguidoras son Mariona Carldentey (2ª), Alexia Putellas (3ª), Patri Guijarro (4ª) y Vicky López (5ª).

    Vicky López, además, ha sido elegida como la del mundo con una diferencia de casi 70 puntos sobre la segunda clasificada, Linda Caicedo. En el once idealde esta categoría destaca también la presencia de Aicha Camara, internacional sub-19, en el lateral diestro.

    Y El fútbol femenino nacional sigue brillando a nivel mundial y, muestra de ello, cinco internacionales absolutas han asaltado el once ideal elegido por la IFFHSIrene ParedesAlexia PutellasPatri GuijarroAitana Bonmatí y Mariona Caldentey; completando así un final de 2025 dorado para la Selección.

  • Reportaje | Geyse, la delantera que convirtió el gol en su método de supervivencia

    (Fuente: FIFA )

    ⬛️ La internacional brasileña fue una estrella del Madrid CFF en su segunda etapa y se encuentra cedida en Estados Unidos por el Manchester United.

    Hay futbolistas que llegan al gol porque el fútbol las lleva hasta allí.Y hay otras que llegan al fútbol porque la vida, antes, las empujó a sobrevivir.

    (Fuente: FIFA )

    Desde Maragogi, en el estado brasileño de Alagoas, hasta los grandes escenarios del fútbol europeo y norteamericano, su carrera se ha escrito a base de goles, carácter y una relación con el juego profundamente física. Y si hay un lugar donde todo eso adquirió sentido pleno, ese fue el Madrid CFF.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Nacida el 27 de marzo de 1998, Geyse creció en un entorno donde el fútbol no era un refugio estético, sino una herramienta de afirmación. Desde muy joven entendió que para destacar había que imponerse, que el talento debía ir acompañado de impacto. No fue una futbolista de formación académica ni de gesto fino; fue, desde el inicio, una delantera que atacaba el espacio con rabia, que protegía el balón como si cada jugada fuera definitiva y que concebía el área como un territorio que había que conquistar.

    (Fuente: Fútbol Club Barcelona)

    Su debut profesional llegó pronto, y llegó en grande. El 12 de marzo de 2017, con apenas 18 años, se estrenó con el Corinthians, anotando en la victoria por 4-0 ante São Francisco. Aquella temporada cerró con 9 goles en 27 partidos, cifras modestas pero reveladoras de su proceso formativo. En uno de los clubes más exigentes de Brasil aprendió a convivir con la presión, a competir por títulos y a entender que el fútbol de alto nivel no concede treguas. No fue allí donde explotó, pero sí donde templó el carácter que definiría su carrera.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Ese mismo año dio el salto a Europa. Con solo 19 años fichó por un Madrid CFF recién ascendido a la máxima categoría española. Fue una llegada prematura, compleja, casi incómoda. Disputó 11 partidos y marcó 2 goles en un equipo que luchaba por asentarse en la élite y que terminó décimo en la clasificación. La adaptación fue dura, el impacto limitado, pero aquella etapa dejó algo importante: una historia abierta. Geyse no encajó entonces, pero tampoco desapareció del todo.

    (Fuente: Getty imágenes)

    La explosión llegaría lejos de España. En 2018, tras acordar su fichaje por el S.L. Benfica, Geyse protagonizó una de las temporadas goleadoras más descomunales que se recuerdan en el fútbol femenino europeo. Incorporada en septiembre, después de disputar el Mundial sub-20 con Brasil, firmó 16 goles en sus primeros cuatro partidos, un inicio que rompió cualquier expectativa.

    La temporada 2018-2019 la cerró con 51 goles en 29 partidos, incluidos 41 tantos en liga y 9 en la Copa de Portugal, con actuaciones históricas como los 6 goles en un solo encuentro. Fue el eje absoluto del ascenso del club lisboeta y una anomalía estadística difícil de repetir.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Pero el fútbol raramente permite trayectorias limpias. En la temporada siguiente, ya en la élite portuguesa, su protagonismo se redujo de forma drástica: 8 partidos y un solo gol en la primera mitad del curso 2019-20. El contexto cambió, el rol se diluyó y la confianza se resintió. En enero de 2020, el Benfica y Geyse rescindieron contrato de mutuo acuerdo. El contraste entre el estallido y la caída fue abrupto. Y fue entonces cuando Madrid volvió a aparecer, esta vez para quedarse.

    (Fuente: Getty imágenes)

    El regreso al Madrid CFF en enero de 2020 marcó el verdadero punto de inflexión de su carrera. El club atravesaba una situación delicada, instalado en la zona baja de la tabla, necesitado de goles, de carácter y de una referencia ofensiva clara. Geyse llegó sin focos, pero asumió desde el primer día un papel central. A partir de ahí, su figura se fundió con la identidad competitiva del equipo.

    (Fuente: Madrid CFF )

    En el Madrid CFF, Geyse no solo marcó goles: sostuvo al equipo. Se convirtió en la delantera que daba sentido al juego ofensivo, en la futbolista que fijaba centrales, descargaba de espaldas, atacaba el segundo palo y transformaba media ocasión en gol. Su fútbol se volvió más completo y más maduro. En un contexto de supervivencia permanente, aprendió a decidir partidos con poco, a competir cada acción como si fuera la última.

    (Fuente: Madrid CFF )

    La temporada 2020-2021 dejó momentos ya inscritos en la historia del club. El 21 de abril de 2021, en los cuartos de final de la Copa de la Reina, Geyse marcó en la victoria por 2-1 ante el Real Madrid, un gol de enorme carga simbólica.

    En semifinales, ante el FC Barcelona del triplete, disputó los 90 minutos de un partido durísimo que terminó 4-0, pero que confirmó al Madrid CFF como un equipo competitivo, con Geyse como referencia indiscutible.

    (Fuente: Madrid CFF)

    La consagración definitiva llegó en la temporada 2021-2022. El 10 de octubre de 2021, firmó cuatro goles en un inolvidable 5-4 frente al Real Betis, uno de los partidos más memorables de la liga reciente. Fue una exhibición total: potencia, instinto, lectura de espacios y liderazgo. En Copa volvió a aparecer, incluso en la derrota, empatando un partido de cuartos antes de ser expulsada en la prórroga, en una acción que simboliza tanto su intensidad como su carácter competitivo al límite.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Al final del curso, las cifras confirmaron el impacto: 20 goles en liga, máxima goleadora del campeonato, Pichichi compartido con Asisat Oshoala. El Madrid CFF terminó 13.º, pero Geyse terminó en lo más alto del fútbol español. Fue la primera sudamericana en proclamarse máxima goleadora de la liga femenina española, y lo hizo desde un club humilde, sin red y sin privilegios estructurales. Para muchos analistas, esta etapa representa la más importante de su carrera, no por los títulos colectivos, sino por el peso real de su influencia.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Ese rendimiento no pasó desapercibido. El Atlético de Madrid siguió a Geyse con atención real y sostenida durante su etapa en el Madrid CFF.

    (Fuente: UEFA )

    No como un rumor, sino como una oportunidad de mercado concreta. En un momento de transición ofensiva, su perfil encajaba plenamente con la identidad rojiblanca: una delantera capaz de fijar centrales, ganar duelos, sostener al equipo en partidos cerrados y convertir pocas ocasiones en goles. Desde el punto de vista táctico, era una futbolista preparada para rendir de inmediato, tanto en esquemas con doble punta como referencia única. En Alcalá de Henares, su nombre quedó asociado a una delantera curtida en la adversidad, un perfil históricamente valorado en el entorno atlético. Finalmente, el movimiento estratégico del Fútbol Club Barcelona cerró aquella ventana, pero el interés existió, fue sólido y estuvo fundamentado.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Desde el scouting, Geyse es una nueve de impacto. Destaca por su timing de desmarque, su agresividad en el área y su capacidad para proteger el balón de espaldas. Su disparo es seco y rápido, sin adornos. No necesita volumen de ocasiones para marcar. Sin balón, presiona, incomoda y arrastra marcas, aunque esa misma intensidad la ha llevado en ocasiones al límite disciplinario. Es una futbolista de riesgo competitivo alto, pero también de rendimiento alto.

    (Fuente: UEFA)

    En paralelo, su recorrido internacional con Brasil refuerza su estatus. Convocada por primera vez a la sub-20 en 2015, fue campeona y máxima goleadora del Mundial sub-20 de 2018 con 12 goles. Debutó con la selección absoluta en septiembre de 2017 ante Chile y fue convocada para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, consolidándose como una opción fiable en escenarios de máxima exigencia.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Las estadísticas resumen, pero no explican del todo, su trayectoria:
    9 goles en 27 partidos con Corinthians; 2 goles en 11 partidos en su primera etapa en el Madrid CFF;51 goles en 29 partidos con el Benfica en la temporada 2018-19;
    20 goles en liga en la temporada 2021-22 con el Madrid CFF, Pichichi del campeonato;12 goles en un Mundial sub-20 con Brasil

    Pero más allá de los números, Geyse Ferreira deja una huella que se mide en impacto y memoria. Fue la delantera que convirtió la supervivencia en gol, la futbolista que sostuvo a un equipo entero cuando el contexto no ayudaba, la atacante que hizo de la adversidad un escenario propio. Hay jugadoras que pasan por una liga. Y hay otras que, como Geyse en el Madrid CFF, la marcan.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Si bien es cierto que durante etapa en Cataluña no brilló como la afición culé anhelaba, la exjugadora del Benfica sigue siendo una de las grandes figuras del fútbol femenino a nivel mundial y si, como parece el Manchester United no le saca partido, habrá que estar atentos a su futuro y ojalá podamos verla de vuelta en la Liga Profesional de Fútbol Femenino más pronto que tarde.

    (Fuente: Getty imágenes)

  • Reportaje | Anita Marcos, el gol hecho carne

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ Hay futbolistas que nacen con talento, otras que nacen con disciplina y unas pocas que nacen con algo mucho más difícil de enseñar: hambre. Hambre de gol, hambre de competir, hambre de no desaparecer cuando el foco se apaga. Ana Marcos pertenece a esa estirpe. La suya no es una historia de irrupción fulgurante ni de alfombra roja, sino una travesía larga, áspera, construida a base de goles en campos secundarios, de esperas interminables, de decisiones valientes y de una fe innegociable en el área. Porque Ana no llegó al fútbol femenino español por la puerta grande: llegó por la puerta lateral, la misma que defendió de niña antes de colocarse los guantes, antes de volver a pisar el área y antes de entender que su destino estaba allí donde el balón quema.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Nació en Sevilla, pero Sevilla fue apenas un prólogo. A muy corta edad se mudó a Madrid y fue en los barrios donde empezó a forjarse una futbolista que aún no sabía que lo sería. En el Santa María Caridad, el club de su barrio, Ana comenzó jugando en categoría prebenjamín, sin focos, sin promesas, sin discursos. Primero fue lateral izquierdo, aprendiendo a medir tiempos y espacios; después fue guardameta, entendiendo la soledad del error y la responsabilidad de ser la última; más tarde alternó ambas posiciones hasta que el fútbol, con esa lógica silenciosa que solo él conoce, la devolvió definitivamente al lugar donde su instinto era más cruel y más certero: la delantera. No fue una decisión estética ni estratégica, fue una necesidad biológica. Ana necesitaba atacar.

    (Fuente: Getty imágenes)

    En categoría alevín los números empezaron a desbordar cualquier libreta: 63 goles en dos temporadas, ascenso a categoría preferente y convocatoria con la Selección Sub-12 de Madrid. No celebraba mirando a la grada, celebraba hacia dentro, como quien confirma que sigue el camino correcto.

    En infantiles la historia se repitió con aún más peso: 67 goles en dos temporadas, capitana de un equipo mixto, liderazgo natural sin alzar la voz, mandando desde el choque y desde la presencia. Era la futbolista que siempre estaba donde dolía, la que no pedía permiso para rematar, la que no negociaba el esfuerzo.

    (Fuente: Madrid CFF)

    La temporada 2014-2015 supuso el primer aviso serio al sistema. Ana fichó por el C. F. Pozuelo de Alarcón para competir en categoría Sub-16 y lo que ocurrió allí fue directamente extraordinario: 73 goles en 24 partidos. Una cifra que no admite contexto ni excusas. Con solo 14 años fue convocada por el primer equipo para disputar un partido de Copa y recibió también la llamada de la Selección Madrileña Sub-16. El fútbol empezó a pronunciar su nombre con respeto, aunque todavía en voz baja.

    En la 2015-2016, con apenas 15 años, dio un paso que no todas se atreven a dar: fichó por el primer equipo del Torrelodones C. F., en Segunda División. Allí el fútbol ya no era formativo, era adulto, físico, despiadado. Ana respondió como siempre: 26 partidos, 16 goles, regularidad y personalidad. Volvió a ser convocada tanto por la selección Sub-16 de Madrid como por la de España, confirmando que ya no era una promesa, sino una realidad en construcción.

    La temporada 2016-2017 la llevó al Atlético de Madrid, al equipo B, en Segunda División, y allí comenzó uno de los aprendizajes más duros de su carrera: saber esperar. Debutó el 4 de septiembre de 2016 ante el Club Deportivo Tacón en un empate a dos goles y marcó. Siempre marcaba. Cerró el curso con 18 goles en 23 partidos, fue la máxima goleadora del equipo y el filial terminó tercero del grupo V. Fue convocada por la Selección Sub-18 de Madrid para disputar el campeonato territorial, que ganaron gracias a un gol suyo, y debutó también con el primer equipo del Atlético en la final de la Copa de la Reina, entrando en el último minuto de una derrota por 4-1 ante el FC Barcelona. No hubo épica allí, pero sí carácter.

    (Fuente: Getty imágenes)

    En la 2017-2018 explotó definitivamente en cifras: 23 partidos, 23 goles con el Atlético B. El 10 de septiembre de 2017 debutó en Primera División con el primer equipo rojiblanco, entrando en el último minuto ante la Real Sociedad, y volvió a sumar minutos ante el Sporting de Huelva. El Atlético se proclamó campeón de Liga y el equipo B fue segundo, solo por detrás del Tacón. Ana entendió entonces que el fútbol de élite no siempre premia al que más marca, sino al que más resiste.

    (Fuente: Getty imágene)

    La temporada 2018-2019 supuso la confirmación institucional: ficha con el primer equipo, alternando convocatorias con partidos en el filial. Debutó en la Liga de Campeones el 31 de octubre de 2018 ante el Wolfsburgo en una derrota durísima por 6-0, sustituyendo a Olga García, y su entrenador destacó públicamente su capacidad de trabajo y proyección. El 22 de noviembre de 2018 llegó el instante que la colocó para siempre en la memoria rojiblanca: entró en el minuto 62 ante el Rayo Vallecano, con el partido empatado y el liderato en juego, y dos minutos después marcó su primer gol en Primera División con un remate de tacón tras pase de Olga García.

    Un gol bello, inesperado y decisivo. El Atlético volvió a ganar la Liga, Ana dio una asistencia clave en la última jornada ante la Real Sociedad, fue subcampeona de la Copa de la Reina y, con el equipo B, logró el ascenso a la nueva Primera B siendo máxima goleadora con 13 tantos en 13 partidos.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Además, marcó los dos goles del Atlético en la final de la Copa Nacional de la RFFM.

    El 16 de febrero de 2020, tras un partido ante el Levante, sus compañeras la mantearon. El gesto no fue casual. Un día después se hizo oficial su cesión al Celtic Football Club. Debutó el 21 de febrero ante el todopoderoso Glasgow City, titular, mandando un cabezazo al poste. La pandemia detuvo el mundo, regresó al Atlético para disputar los cuartos de final de la Champions ante el Barcelona y en septiembre volvió a Glasgow para continuar su cesión. Allí marcó su primer gol el 1 de noviembre de 2020 ante el Hearts en una victoria por 10-0, firmó un doblete ante el Hibernian y disputó siete partidos de liga antes del parón navideño.

    (Fuente: Getty imágenes)

    En enero de 2021 concluyó su etapa en Escocia tras 9 partidos y 3 goles y fue cedida al Valencia Club de Fútbol.

    Debutó el 24 de enero ante el Deportivo y marcó el único gol del partido ante el Eibar el 22 de mayo. En agosto de 2021 fue traspasada al Sporting de Huelva y allí volvió a sentirse delantera total: 26 partidos de liga, 10 goles, máxima goleadora del equipo. En la Copa de la Reina disputó los cinco encuentros, anotó cuatro goles, firmó un histórico triplete ante el Real Madrid en el campo municipal de La Orden y marcó en el minuto 121 de la prórroga ante el Madrid CFF el gol que clasificó a las espartanas para la fase final. Cerró la temporada como subcampeona de la Copa de la Reina.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Este pasado mercado estival se anunció su incorporación al Madrid CFF, cumpliéndose por fin el viejo anhelo de Alfredo Ulloa, que durante casi una década había perseguido la idea de vestir de rosa y blanco a una futbolista criada en la cultura del gol y del sacrificio. Procedente del Valencia, Ana llegaba al club con la cantera exclusivamente femenina más grande de Europa como una delantera contrastada, campeona de la Liga F en dos ocasiones con el Atlético de Madrid, campeona de Europa Sub-19 en 2017 tras disputar la fase final en Irlanda del Norte, y máxima goleadora del Atlético B entre 2017 y 2019.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Ambidiestra , poderosa en el juego aéreo, inteligente en el desmarque, asociativa y depredadora del área, una delantera moderna, ideal para equipos que buscan juego directo, transiciones rápidas o centros laterales. Una futbolista que no necesita muchas ocasiones, solo la suya.

    Ana Marcos no es la historia de un gol, es la historia de todos los goles que no salieron en portada. De los que se marcaron para sobrevivir, de los que se marcaron para esperar, de los que se marcaron cuando nadie miraba.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    En el firmamento del fútbol femenino español brilla una estrella cuyo nombre resuena con fuerza: Ana “Anita” Marcos.

    Con aproximadamente 30 goles en Primera División, ha esculpido su leyenda desde los campos del Sporting de Huelva hasta los días gloriosos con el Valencia CF, y ahora emprende su nueva odisea en el Madrid CFF, lista para seguir escribiendo capítulos imborrables en la historia del deporte. Cada gol suyo no es solo un número; es un rugido de ambición, un relámpago de talento y una prueba de que la pasión puede transformar la historia en epopeya.

    Su palmarés es un códice de victorias y hazañas. Con el Atlético de Madrid, conquistó la Primera División en las temporadas 2017‑18 y 2018‑19, y llevó a su equipo a finales de Copa de la Reina, dejando una estela de gloria imborrable. En el ámbito internacional, con la Selección Española Sub‑19, se proclamó bicampeona de Europa en 2017 y 2018, confirmando que su nombre estaba destinado a la inmortalidad futbolística.

    La diez no solo juega; forja leyendas. Cada carrera hacia el área rival, cada disparo al arco y cada celebración son versos en un poema épico que inspira a generaciones enteras. Su historia no se mide solo en goles o títulos, sino en la fuerza con la que ha transformado cada desafío en gloria, demostrando que, en el corazón del fútbol femenino, su nombre permanecerá como símbolo de coraje, talento y pasión indomable.

    En un fútbol que corre, que olvida, que pasa página, Anita sigue atacando el primer palo, cayendo y levantándose, esperando el centro como quien espera su momento. Porque el hambre no se negocia, el área no miente y hay futbolistas que no necesitan focos para existir. Ana Marcos sigue ahí. Y cuando llegue el balón, como siempre, no preguntará.

    (Fuente: Liga F Moeve)

  • Oficial | El reencuentro que vivirá el Atlético en Europa

    (Fuente: UEFA)

    🟧 El conjunto rojiblanco se medirá a una “vieja conocido” por una plaza en cuartos de final.

    El mercado de fichajes empieza a agitarse a nivel internacional y eso va a afectar a la Liga de Campeones Femenina en los nuevos playoffs.

    El Manchester United Women es actualmente cuarto en la WSL (Women’s Super League) con 21 puntos y según determinó el sorteo de la UEFA se enfrentará al Club Atlético de Madrid.

    El conjunto británico ha anunciado oficialmente este sábado, 27 de diciembre de 2025, que ha alcanzado un acuerdo en firme con la franquicia estadounidense del San Diego Wave para el traspaso de Hanna Lundkvist (Suecia, 17 de julio de 2002).

    La joven de 23 años de edad jugó en el conjunto rojiblanco desde 2022 hasta 2024, un lapso temporal que le sirvió a la canterana del AIK Fotboll para vestir la zamarra colchonera durante 41 encuentros de índole oficial incluso llegó a alzar la Copa de la Reina en 2023 ante el Real Madrid.

    La 27 fue reclutada por Óscar Fernández, ex del Madrid CFF, en el mercado invernal de 2021 y debutó en un compromiso de Liga F ante el Villarreal.

    Tras la marcha del técnico del banquillo su protagonismo se fue reduciendo paulatinamente y además fue víctima de una lesión grave antes de la Copa del Mundo 2023 de Australia y Nueva Zelanda.

    La exjugadora del Hammarby IF se mudó a California para jugar como local en el Snapdragon Stadium del San Diego, anteriormente citado.

    Lundkvist ha de ser descrita como una lateral moderna y muy versátil que puede actuar tanto de lateral diestro como en el zurdo sin bajar el rendimiento y sobresale en el césped por su gran lectura táctica y poderío físico en un sistema de cuatro zagueras.

    El equipo de Víctor Martín puede contrarrestar su juego doblando su banda izquierda y si el esférico llega a sus botas realizar una presión coordina, atacando su espalda en las acciones de ataque.

    El reencuentro de la internacional absoluta por Suecia, con la que jugó la pasada Eurocopa de Suiza 2025, volverá a pisar Alcalá de Henares el próximo jueves, 12 de febrero de 2026, a partir de las 21:00 horas en un duelo que emite Disney Plus, al igual que la vuelta en Inglaterra.

    Resulta crucial para el Atlético de Madrid eliminar al United en ese playoff de la UEFA Women’s Champions League para así estar presente en los cuartos de final ante el Bayern de Múnich para acumular puntos en el coeficiente de cara al Mundial de Clubes de 2028.