Categoría: Copa de la Reina

  • La previa | Atlético vs Athletic Club

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🔲 Cuando la Copa llama a las guardianas de la historia.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Hay partidos que no necesitan presentación porque se explican solos. Partidos que no se anuncian: se presienten. Que no se juegan únicamente en el césped, sino en la memoria, en el peso de los escudos, en la herencia invisible que arrastran quienes saltan al campo sabiendo que noventa minutos pueden reordenar una década de relatos. Atlético de Madrid y Athletic Club vuelven a encontrarse bajo el amparo solemne de la Copa de la Reina, ese torneo que no entiende de inercias ni de jerarquías estables, pero que siempre termina señalando a quienes saben habitar su caos. A las 18:45, cuando el balón empiece a rodar en Alcalá de Henares, no solo comenzará un partido de cuartos de final: se activará una de esas noches que la Copa se reserva para los equipos que han hecho de la historia una responsabilidad.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El Atlético de Madrid llega a esta cita con la memoria reciente todavía palpitando. Subcampeón vigente del torneo, heredero inmediato de una final que rozó la gloria y que confirmó, una vez más, que el conjunto rojiblanco se ha convertido en uno de los grandes actores estructurales de la Copa de la Reina en la última década.

    No es una presencia circunstancial ni un invitado ocasional: es un club que ha aprendido a convivir con la exigencia de ganar, que ha levantado el trofeo en dos ocasiones históricas y que ha construido una relación íntima con este torneo, entendiendo que la Copa no se conquista desde la superioridad, sino desde la resistencia emocional, la lectura de los momentos y la capacidad de sobrevivir cuando el partido se vuelve incómodo. Cada eliminatoria, para el Atlético, es un recordatorio de su propio ADN competitivo, de esa manera de estar que no distingue entre días grandes y días menores.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Frente a ellas comparece un Athletic Club que camina por la élite con un peso histórico distinto, pero no menos imponente. Si hay un club que representa la tradición, la fidelidad a una idea y la persistencia en la cima del fútbol femenino español, ese es el conjunto rojiblanco de Bilbao. Cinco veces campeón de Liga, cinco conquistas del campeonato doméstico bajo distintas denominaciones, la última en la temporada 2015-2016, cuando la competición aún se llamaba Liga Iberdrola. Cinco títulos que hablan de hegemonía, de continuidad, de generaciones enteras de futbolistas que sostuvieron el escudo del Athletic como una forma de pertenencia, como una identidad que trasciende resultados y modas. Pero también de una espina clavada que el tiempo no ha conseguido arrancar: la Copa de la Reina sigue resistiéndose a su vitrina.

    (Fuente: Turismo Madrid)

    Nunca el Athletic ha logrado levantar el trofeo copero. Ha rozado finales, ha protagonizado campañas memorables, ha construido equipos capaces de competir contra cualquiera, pero siempre ha faltado ese último paso, ese partido definitivo que convierta la regularidad en celebración.

    Cada edición renueva esa posibilidad, cada eliminatoria reabre una herida que no cicatriza, y cada cruce de cuartos se vive como una frontera emocional entre la resignación histórica y la redención definitiva. La Copa, tan caprichosa como simbólica, no entiende de merecimientos acumulados, pero sí premia a quienes llegan dispuestos a romper sus propias barreras.

    El contexto no puede ser más cargado. Porque no es la primera vez que Atlético de Madrid y Athletic Club se miran a los ojos en este escenario. La Copa tiene memoria, y esa memoria viaja inevitablemente hasta la temporada 2018-2019, cuando ambos equipos se enfrentaron en estos mismos cuartos de final en San Mamés. Aquella tarde, en La Catedral, el Atlético supo interpretar mejor los ritmos, manejar los silencios del partido y golpear con la frialdad de quien entiende que en Copa no gana quien más propone, sino quien menos se equivoca. El 0-2 final dejó al Athletic otra vez a las puertas de un sueño aplazado y reforzó la sensación de que el Atlético había aprendido a moverse con soltura en este tipo de escenarios.

    Ese precedente no decide nada, pero lo impregna todo. Porque en la Copa no hay revancha automática ni justicia poética garantizada. Hay noventa minutos —noventa minutos que comenzarán a las 18:45— en los que se mezclan historia, estado de forma, gestión emocional y capacidad de resistir cuando el partido se rompe. Y ahí, tanto Atlético como Athletic saben que cada detalle cuenta.

    Los números recientes también dibujan una narrativa clara. Los precedentes históricos favorecen al conjunto dirigido por José Herrera, con seis victorias, dos empates y solo dos derrotas en los últimos once compromisos ante el Athletic Club. Un balance que no sentencia la eliminatoria, pero que marca una tendencia: el Atlético ha sabido encontrar respuestas ante un rival que siempre propone duelos intensos, físicos y emocionales, pero que en demasiadas ocasiones ha chocado con la solidez rojiblanca.

    El Atlético aterriza en esta cita tras un empate que dejó sensaciones encontradas. El 1-1 ante el Granada CF en Alcalá, en el estreno de José Herrera en el banquillo madrileño, fue un partido de transiciones emocionales constantes. A los doce minutos, Amaiur sacudió la madera con un disparo que pudo cambiar el guion, y el rechace cayó a los pies de Synne Jensen, que no perdonó para adelantar a las locales. El Atlético parecía haber encontrado el ritmo, pero antes del descanso, Laura Pérez filtró un balón que Andrea Gómez transformó en el empate superando a Lola Gallardo. En la segunda mitad, Andrea Medina, MVP del encuentro, asumió galones, empujó al equipo hacia adelante y sostuvo el pulso competitivo. El debut de Kathrine Møller Kühl añadió una nueva pieza al engranaje, una centrocampista danesa llamada a ofrecer control y pausa, aunque sin fortuna de cara a portería ante una Laura Sánchez que sostuvo al Granada. Sheila Guijarro también rozó el gol en el tramo final, pero el marcador ya no se movió.

    Ese empate, lejos de debilitar al Atlético, refuerza una idea clave: este equipo sigue en construcción, pero su suelo competitivo es altísimo. Incluso en días de ajustes, incluso en estrenos de banquillo, el Atlético mantiene una identidad reconocible, una forma de competir que no se negocia.

    El Athletic Club, por su parte, llega tras reencontrarse con la victoria en casa en un partido que condensó todas las virtudes y contradicciones del conjunto vasco. La primera ocasión llevó la firma de Daniela Agote, que estrenaba dorsal del primer equipo, un símbolo del relevo constante que define al Athletic. En el minuto 18, un penalti por agarrón de Ainhoa Doménech sobre Naia Landaluze pudo haber cambiado el partido, pero Romane Salvador detuvo el lanzamiento de Nerea Nevado, manteniendo el equilibrio. Tras el descanso, Ane Elexpuru estrelló un disparo en el larguero y Clara Pinedo, tras un pase decisivo de Sara Ortega —MVP del encuentro—, rompió el empate con un disparo de alto nivel técnico.

    El tramo final fue una montaña rusa emocional: penalti cometido por la propia Elexpuru, convertido por Laia Ballesté, y un desenlace cruel para el Espanyol, con un autogol de Anna Torrodà que selló el 2-1 definitivo. Un triunfo que devolvió confianza, pero que también recordó lo frágil que puede ser cualquier ventaja.

    Todo conduce, inevitablemente, a un cruce que huele a Copa en estado puro. A un partido en el que no bastará con tener más talento ni con acumular más posesión. Será una eliminatoria de nervios, de momentos, de errores mínimos y aciertos definitivos. El Atlético sabe lo que es jugar finales, levantar trofeos, convivir con la presión de ser favorito. El Athletic sabe lo que es sostener una tradición centenaria, cargar con la expectativa de una afición que nunca abandona y perseguir un título que se le resiste como un desafío personal.

    Cuando el balón eche a rodar en Alcalá, no habrá pasado ni futuro: solo presente.

    El equipo bilbaíno derrotó en octavos al C.E. Europa por 0-3. En Liga F viene ocupan el noveno puesto de la tabla clasificatoria, mientras que el Atlético de Madrid, sufrió de lo lindo en el Estadio José Kubala ante el Alhama ElPozo, empató (1-1) con las azulonas y tuvo que recurrir a la tanda de penales, donde emergió la figura de Patri Larqué para meter a las madrileñas en la siguiente fase con un 4-5.

    Además, la marcha en la Liga Profesional de Fútbol Femenino no es la más brillante para las locales que son quintas y tienen los puestos europeos a nueve puntos de distancia.

    En la primera vuelta de este curso ambos equipos empataron (1-1) en Alcalá de Henares con las dianas de Lauren Leal y Jone Amezaga el 4 de octubre de 2025.

    Noventa minutos para decidir si el Atlético sigue escribiendo su relación privilegiada con la Copa o si el Athletic abre, por fin, una puerta que siempre ha encontrado cerrada. Porque la Copa no elige al más fuerte: elige al que sabe escucharla cuando llama. Y esta vez, llama a dos guardianes de la historia.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🔜 NEXT GAME

    🏆 Copa de la Reina Iberdrola | Temporada 2025-2026

    ✨ Cuartos de final ✨

    🔥 Atlético de Madrid 🆚 Athletic Club 🔥

    📅 Miércoles, 4 de febrero de 2026

    ⏰ 18:45 horario peninsular

    📺 Teledeporte (RTVE )

    🏟️ Centro Deportivo Alcalá de Henares, Madrid

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Oficial | Quince minutos que no cambian la historia… pero la engrandecen

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    🔷 La RFEF retrasa a las 18:45 el Atlético de Madrid–Athletic Club de cuartos de final de la Copa de la Reina, un duelo cargado de memoria, títulos y cuentas pendientes que Teledeporte llevará a toda España.

    Existen decisiones que, sobre el papel, apenas alteran el curso del tiempo. Quince minutos. Un cuarto de hora. Un pequeño ajuste en el reloj de la competición. Pero en el fútbol —y especialmente en la Copa de la Reina— el tiempo no es solo una unidad de medida: es relato, es liturgia, es expectativa compartida. Y por eso la Real Federación Española de Fútbol ha comunicado oficialmente al Atlético de Madrid, al Athletic Club y a RTVE que el encuentro correspondiente a los cuartos de final de la Copa de la Reina, que ambos equipos disputarán el próximo miércoles 4 de febrero de 2026, retrasará su inicio de las 18:30 a las 18:45 horas (horario peninsular), una modificación que no altera la esencia del duelo, pero sí refuerza su solemnidad y su puesta en escena para todo el país a través de Teledeporte.

    Porque este no es un partido cualquiera. No lo es por los escudos que lo protagonizan, no lo es por la ronda que se disputa, no lo es por la historia que se arrastra ni por la que está a punto de escribirse. Atlético de Madrid y Athletic Club vuelven a cruzarse en una eliminatoria de Copa, ese territorio donde el pasado siempre comparece y donde cada minuto —sea a las seis y media o a las siete menos cuarto — pesa como una losa o vuela como una promesa.

    El Atlético de Madrid llega a esta cita con la memoria reciente todavía palpitando. Es el actual subcampeón del torneo, heredero inmediato de una final que rozó la gloria y que confirmó, una vez más, que el conjunto rojiblanco se ha convertido en uno de los grandes actores estructurales de la Copa de la Reina en la última década.

    No es una presencia circunstancial ni un invitado ocasional: es un club que sabe ganar finales y que ha levantado el trofeo en dos ocasiones históricas, ambas grabadas a fuego en su identidad.

    La primera, en 2016, cuando el Atlético de Madrid conquistó la Copa de la Reina frente al todopoderoso FC Barcelona en Las Rozas, en una final que supuso un golpe sobre la mesa del fútbol femenino español y que confirmó que el proyecto rojiblanco había llegado para competir sin complejos contra cualquiera. La segunda, en 2023, ya en el Estadio Municipal de Butarque (Leganés), en una noche de madurez competitiva, oficio y ambición, en la que el Atlético volvió a tocar metal y a inscribir su nombre entre los campeones eternos del torneo.

    Frente a ellas, el Athletic Club comparece con un peso histórico distinto, pero no menos imponente. Porque si hay un club que representa la tradición, la fidelidad a una idea y la persistencia en la élite, ese es el conjunto rojiblanco de Bilbao. Cinco veces campeón de Liga, cinco conquistas del campeonato doméstico bajo distintas denominaciones, la última de ellas en la temporada 2015-2016, cuando la competición aún respondía al nombre de Liga Iberdrola. Cinco títulos que hablan de hegemonía, de continuidad, de generaciones enteras de futbolistas que han sostenido el escudo del Athletic en lo más alto del fútbol femenino español.

    Y, sin embargo, hay una espina que sigue clavada. La Copa de la Reina, ese torneo tan caprichoso como simbólico, se le resiste al Athletic Club.

    Nunca ha logrado alzarse con el trofeo, pese a haber rozado finales, protagonizado grandes campañas y firmado temporadas memorables. Cada edición es una nueva oportunidad para romper esa barrera invisible, para reconciliar la historia liguera con la gloria copera, para convertir la regularidad en celebración.

    No es la primera vez que Atlético de Madrid y Athletic Club se encuentran frente a frente en este escenario. La Copa tiene memoria, y la memoria viaja inevitablemente hasta la temporada 2018-2019, cuando ambos equipos se enfrentaron en esta misma ronda de cuartos de final, en un escenario que impone respeto por sí solo: San Mamés.

    Aquella tarde, en La Catedral, el Atlético de Madrid supo interpretar mejor el contexto, manejar los tempos y golpear cuando era necesario, llevándose la eliminatoria por 0-2 y dejando al Athletic a las puertas de un sueño que, una vez más, quedó aplazado.

    Ese precedente no decide nada, pero lo impregna todo. Porque en Copa no hay revancha automática ni justicia poética garantizada: hay noventa minutos —ahora noventa minutos que comenzarán a las 18:45— en los que se mezclan la historia, el estado de forma, la gestión emocional y la capacidad de resistir cuando el partido se rompe. Y ahí, tanto Atlético como Athletic saben que cada detalle cuenta.

    El ajuste horario comunicado por la RFEF, consensuado con los clubes y con RTVE, refuerza precisamente esa dimensión de gran evento. Quince minutos más tarde, quince minutos más de espera, quince minutos más para que el país se asome a Teledeporte y entienda que lo que está a punto de comenzar no es solo un partido de cuartos de final, sino un cruce de trayectorias, una colisión de relatos, una página más en la historia de la Copa de la Reina.

    Cuando el balón eche a rodar a las 18:45 del miércoles 4 de febrero de 2026, el reloj ya habrá hecho su parte. El resto quedará en manos de dos equipos que no necesitan presentación, de dos camisetas que pesan, de dos aficiones que saben que en la Copa no hay red. Porque a veces, quince minutos no cambian la historia. Pero otras, simplemente la engrandecen.

  • Oficial | Ya hay canal para el Barcelona vs Atlético de Madrid

    (Fuente: Atlético de Madrid)

    🟧 El fútbol femenino español se detiene. Este miércoles, el Estadi Johan Cruyff se convierte en el epicentro de la emoción, la historia y la ambición: Barcelona y Atlético de Madrid se enfrentan en un clásico que trasciende el marcador, donde cada pase, cada parada y cada gol es una declaración de poderío y de identidad. No es solo un partido: es la cita obligada de la Liga F Moeve, el choque que explica por qué este deporte ya no es promesa, sino presente imparable.

    La Liga F Moeve vuelve a detener el tiempo. Lo hace cuando el calendario se pliega a la grandeza de los nombres propios, cuando el fútbol femenino español se mira al espejo de su propia historia y reconoce que hay partidos que no necesitan artificio alguno para elevarse a la categoría de acontecimiento. Fútbol Club Barcelona contra Atlético de Madrid no es solo un enfrentamiento entre dos clubes, ni siquiera entre dos aspirantes al título: es el clásico contemporáneo del balompié femenino en España, la rivalidad que ha definido una era, el pulso que ha marcado el crecimiento competitivo, mediático y emocional de una liga que hoy se sabe observada, seguida y respetada.

    (Fuente: DAZN)

    Este miércoles 14 de enero de 2025, a las 19:00 horas en el Estadi Johan Cruyff, el fútbol femenino español vuelve a citarse con uno de esos duelos que explican por sí solos por qué el camino recorrido ha merecido la pena. El partido, adelantado en el calendario por la participación de ambos clubes en la próxima Supercopa de España Iberdrola que se disputará en Castellón del 20 al 24 de enero de 2026, llega además con el aliciente añadido de saberse visible, accesible y abierto. La confirmación oficial de la cobertura televisiva, con DAZN emitiendo el encuentro tanto en Movistar Ellas Vamos (dial 66) como en abierto a través de su aplicación —con el único requisito de disponer de una cuenta gratuita— convierte este clásico en una invitación directa al gran público, en una ventana privilegiada para que miles de personas se asomen, quizá por primera vez, a la élite del fútbol femenino nacional.

    No es un detalle menor. La visibilidad ha sido siempre una de las grandes batallas de esta disciplina, y que uno de los tres partidos emitidos en abierto cada jornada sea precisamente este Barcelona–Atlético de Madrid es una declaración de intenciones. La Liga F Moeve entiende que su producto estrella no puede esconderse, que debe mostrarse sin complejos, confiando en la fuerza de su relato y en la calidad de sus protagonistas.

    Porque protagonistas hay muchas, y de primerísimo nivel. Sobre el césped del Johan Cruyff se cruzarán trayectorias, generaciones y estilos que han moldeado la identidad competitiva de la liga. Desde la seguridad bajo palos de Cata Coll y Lola Gallardo hasta la jerarquía defensiva de Laia Aleixandri y Andrea Medina; desde el talento precoz y desbordante de Vicky López hasta la experiencia y el colmillo internacional de futbolistas como Maca Portales o Ewa Pajor; desde la potencia, el descaro y la promesa de Luany hasta ese ecosistema coral que el Barcelona ha perfeccionado hasta convertirlo en un modelo exportable. No es solo una suma de nombres, es una constelación de historias que se entrecruzan durante noventa minutos.

    El contexto competitivo no podría ser más elocuente. El equipo dirigido por Pere Romeu llega a la cita como líder sólido de la Primera División Femenina, con 42 puntos de 45 posibles, una cifra que habla de regularidad, de hambre y de una ambición intacta incluso después de haberlo ganado casi todo. Solo la Real Sociedad, en Zubieta y por la mínima, ha sido capaz de arañarles tres puntos en lo que va de temporada. El resto ha sido un dominio casi absoluto, una sucesión de victorias que culminó recientemente con una goleada histórica por 12-1 ante el Madrid CFF, un resultado que no solo elevó la moral del vestuario, sino que envió un mensaje claro al resto de aspirantes: el Barcelona no negocia su condición de favorito.

    Ganar este partido adelantado tendría además un efecto clasificatorio directo. Una victoria azulgrana dejaría prácticamente descartado al Atlético de Madrid de una hipotética pelea por el título, abriendo una brecha que, a estas alturas del curso, podría resultar insalvable. No es solo un clásico, es un cruce de caminos para la temporada.

    Enfrente, el Atlético de Madrid de Víctor Martín llega con la urgencia de quien sabe que este tipo de partidos pueden redefinir dinámicas. Las rojiblancas atraviesan una fase irregular, con resultados que no terminan de consolidar sus aspiraciones, pero también con destellos de un potencial ofensivo que sigue siendo temible. El reciente empate 5-5 ante la Real Sociedad en Alcalá de Henares es el mejor ejemplo de esa dualidad: una capacidad goleadora incuestionable, combinada con una fragilidad defensiva que les ha impedido dar el salto definitivo en la clasificación. Cuartas con 27 puntos, a cuatro de las donostiarras, las colchoneras saben que sumar en Barcelona no solo sería un golpe anímico monumental, sino una forma de reengancharse a la lucha por la tercera plaza.

    Pero si este partido se juega también en la memoria colectiva es porque la historia entre ambos clubes pesa, y pesa mucho. El balance global favorece al Barcelona, con 29 victorias, 10 empates y solo 7 triunfos rojiblancos, pero reducir esta rivalidad a una estadística sería injusto. Hay enfrentamientos que marcan épocas, y este es uno de ellos.

    Todo comenzó a adquirir un tono casi legendario en la temporada 2016-2017, cuando el Atlético de Madrid arrebató el título liguero al Barcelona en la última jornada, inaugurando una etapa de hegemonía rojiblanca que se prolongaría durante tres temporadas consecutivas. Aquellas ligas, culminadas en escenarios de máxima tensión, forjaron el carácter competitivo de ambos equipos y elevaron el nivel de exigencia de la competición. La temporada 2018-2019, con aquel 1-3 en Zubieta que coronó a las entonces entrenadas por Sánchez Vera, quedó grabada como uno de los grandes hitos de la historia del fútbol femenino español.

    Desde entonces, el Barcelona ha construido una dinastía, pero el Atlético ha sido siempre ese rival incómodo, ese espejo que devuelve la imagen de un pasado no tan lejano en el que las fuerzas estaban más equilibradas. Las rojiblancas fueron uno de los últimos equipos capaces de derrotar al actual subcampeón de Europa, con aquel inolvidable 4-3 en Alcalá de Henares en la temporada 2020-2021.

    También le eliminaron en las semifinales de la Supercopa de España 2021 en Almería, en una tanda de penaltis agónica que desembocó en una final ganada al Levante UD por 3-0, una final que trascendió lo deportivo y dejó una de las imágenes más emotivas que se recuerdan: Virginia Torrecilla y Amanda Sampedro levantando juntas el trofeo, símbolo de resistencia, de compañerismo y de humanidad, en plena recuperación de la centrocampista balear de un tumor cerebral.

    Más recientemente, ambos equipos se midieron en la final de la Copa de la Reina, con victoria blaugrana por 2-0 en Huesca, reafirmando la supremacía actual del Barcelona, pero sin borrar la sensación de que cada enfrentamiento entre estos dos gigantes es una historia abierta. En la primera vuelta de la presente temporada, el 0-6 en Alcalá de Henares fue un golpe duro para el Atlético, una herida que sigue escociendo y que añade un componente de revancha emocional a este nuevo capítulo.

    Y así, con todo ese bagaje a cuestas, el Johan Cruyff se prepara para volver a ser escenario de un duelo que trasciende el resultado. Porque estos partidos no se juegan solo para ganar tres puntos; se juegan para reafirmar identidades, para medir proyectos, para escribir una línea más en una rivalidad que ha acompañado el crecimiento del fútbol femenino español desde sus cimientos modernos.

    Cuando el balón eche a rodar, lo hará cargado de pasado y de futuro. De las gradas al césped, de las pantallas a los hogares, este Barcelona–Atlético de Madrid volverá a recordarnos que hay encuentros que explican una liga entera. Que hay clásicos que no necesitan ser anunciados, porque se anuncian solos.

    Y que, durante noventa minutos, el fútbol femenino español volverá a ocupar el centro del escenario, con la convicción de quien sabe que ya no es promesa, sino presente incontestable.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🔜 NEXT GAME

    🏆 Liga F Moeve | Temporada 2025-2026

    🔥F.C. Barcelona 🆚 Atlético de Madrid 🔥

    ✨ Choque de campeonas ✨

    📅 Miércoles, 14 de enero de 2026

    🩵 Matchday 17 | Día de partido

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    📺 DAZN 1 (Dial 70)

    🏟️ Estadi Johan Cruyff, Barcelona

    (Fuente: Liga F Moeve)

  • Oficial | El Atlético vs Athletic Club y el Real Madrid vs Barcelona, son los principales atractivos de la Copa de la Reina en los cuartos de final

    (Fuente: Getty imágenes)

    ⬛️ El emparejamiento entre equipos rojiblancos y el duelo entre culés y merengues despiertan gran expectación.

    La Copa de S.M. la Reina Iberdrola 2025-2026 ha entrado oficialmente en su tramo decisivo. El sorteo de los cuartos de final, celebrado bajo el amparo de la Real Federación Española de Fútbol, ha dibujado un escenario de máxima exigencia deportiva, enorme carga simbólica y profunda trascendencia competitiva, confirmando una vez más que el torneo del K.O. del fútbol femenino español sigue siendo el espacio donde confluyen la tradición, la épica, la oportunidad y el vértigo.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Con los ocho equipos clasificados ya definidos, el campeonato afronta una ronda que no solo decidirá los nombres de los semifinalistas, sino que reordenará el relato de la temporada, pondrá a prueba proyectos consolidados y ofrecerá a clubes históricos y emergentes la posibilidad de escribir una página imborrable en su trayectoria. El sorteo ha deparado los siguientes emparejamientos de cuartos de final:
    • Club Atlético de Madrid vs Athletic Club
    • Real Sociedad de Fútbol vs ONA
    • Real Madrid CF vs FC Barcelona
    • Madrid CFF vs CD Tenerife Femenino

    (Fuente: RFEF)

    El Salón Luis Aragonés, escenario en el que se ha celebrado el sorteo, ha contando con la presencia de Lola Romero, directora de fútbol femenino del Club Atlético de Madrid, y Marina Rivas, jugadora del Madrid CFF, quienes, además, han ejercido como manos inocentes para conformar los cruces.

    Romero habló del prestigio que tiene la Copa de la Reina, el primer título que el club consiguió en la élite del fútbol nacional, y también recordó con cariño la final que ganaron de manera agónica ante el Real Madrid en el año 2023 bajo la lluvia de Butarque.

    Por su parte, Rivas habló sobre la actuación de las suyas en la pasada edición, cayendo por la mínima ante el, a la postre, campeón; y se mostró con mucha ambición por lo que se vislumbra en el horizonte.  

    Al pertenecer todos los conjuntos clasificados a la Liga F, el sorteo ha consistido en establecer los partidos de cuartos de final teniendo en cuenta la primera bola extraída para saber cuál de ellos ejercerá como local. Los enfrentamientos establecidos para los cuartos de final se disputarán los días 3, 4 y 5 del próximo mes de febrero de 2026 con horarios y cobertura televisiva aún por confirmar.

    Cuatro eliminatorias, un solo partido, margen mínimo para el error y una conclusión inequívoca: la Copa de la Reina 2025-2026 ya no admite especulación. Cada balón, cada decisión y cada minuto adquieren ahora valor de sentencia.

    La Copa de la Reina no es un torneo más. Es, desde su creación, el espacio donde el fútbol femenino español ha aprendido a narrarse a sí mismo, donde generaciones de futbolistas han encontrado su primera gran oportunidad y donde los grandes clubes han consolidado su legado. En la edición 2025-2026, ese ADN se mantiene intacto, pero con un contexto distinto: el crecimiento estructural del fútbol femenino, la profesionalización plena de la Liga F, la internacionalización de las plantillas y una atención mediática sin precedentes.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Estos cuartos de final representan, por tanto, una fotografía exacta del momento actual del fútbol femenino español: conviven los gigantes históricos, los proyectos en expansión, los clubes de identidad clara y aquellos que han convertido la Copa en su territorio natural. No hay invitadas. Todas las clasificadas han llegado aquí por mérito propio y todas saben que, a partir de ahora, el torneo no perdona.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El primer emparejamiento del sorteo enfrenta a Club Atlético de Madrid y Athletic Club, dos entidades profundamente ligadas a la historia de la Copa de la Reina y al desarrollo del fútbol femenino en España. Es un cruce que trasciende lo deportivo y se adentra en el terreno de la identidad, el carácter y la tradición.

    El Atlético de Madrid llega a estos cuartos como uno de los proyectos más reconocibles del panorama nacional, con una trayectoria reciente marcada por títulos, finales y una competitividad constante en todas las competiciones. La Copa ha sido, históricamente, un torneo fetiche para el conjunto rojiblanco, que ha sabido utilizarla tanto como plataforma de consolidación como de reivindicación en momentos de transición.

    Frente a él estará el Athletic Club, símbolo de cantera, pertenencia y continuidad, uno de los clubes que mejor representan la esencia del fútbol femenino español. Su relación con la Copa de la Reina es profunda y duradera, marcada por finales memorables, eliminatorias épicas y una capacidad recurrente para elevar su rendimiento en este tipo de contextos.

    Este cruce promete ser una batalla de estilos y emociones: la intensidad rojiblanca frente a la solidez y el orgullo zurigorri. Un partido donde el ritmo, la presión y la gestión emocional jugarán un papel determinante. No hay antecedentes recientes que permitan establecer un favorito claro en formato eliminatorio. La Copa iguala, equilibra y despoja de jerarquías.

    Enfrente aparece el Badalona, heredero de una tradición copera que ha sabido reinventarse y adaptarse a los nuevos tiempos. Su presencia en estos cuartos no es casualidad, sino el reflejo de un proyecto que ha encontrado en la Copa un espacio ideal para competir sin complejos. Para el club catalán, esta eliminatoria representa una oportunidad histórica de dar un salto cualitativo y reafirmar su lugar en la élite.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    La segunda eliminatoria empareja a Real Sociedad de Fútbol y el ONA dos proyectos con trayectorias muy distintas, pero unidos por una ambición común: seguir creciendo a través de la Copa.

    La Real Sociedad se ha consolidado en los últimos años como uno de los clubes más fiables y competitivos del fútbol femenino español, con un modelo reconocible, apuesta firme por el talento joven y una relación cada vez más estrecha con su afición. La Copa de la Reina ha sido escenario de momentos importantes para el conjunto txuri-urdin, que ve en esta edición una oportunidad real de volver a situarse entre las mejores.

    Será un duelo marcado por el equilibrio táctico, la paciencia y la gestión de los momentos clave. En eliminatorias así, la Copa suele premiar a quien mejor interpreta el contexto, más allá del nombre o el escudo.

    El sorteo ha querido reservar uno de sus momentos más impactantes para los cuartos de final: Real Madrid CF y FC Barcelona se enfrentarán en una eliminatoria directa, con todo lo que ello implica a nivel deportivo, simbólico y mediático.

    El Clásico del fútbol femenino español es ya uno de los grandes acontecimientos del calendario internacional, y su aparición en una ronda de cuartos de final de la Copa de la Reina eleva el torneo a una dimensión extraordinaria. No es solo un partido; es un evento que concentra atención global, narrativa histórica y una rivalidad en constante evolución.

    El FC Barcelona llega como referente absoluto del fútbol femenino europeo, con una trayectoria reciente que ha marcado estándares y ha redefinido la excelencia competitiva. La Copa de la Reina, sin embargo, siempre ha sido un territorio exigente incluso para los grandes dominadores, y el formato de partido único introduce un factor de riesgo ineludible.

    El Real Madrid, por su parte, afronta esta eliminatoria como una oportunidad de reafirmación y crecimiento, consciente de que la Copa es el escenario ideal para desafiar jerarquías y acelerar procesos. El Clásico copero es, para el conjunto blanco, una prueba de madurez competitiva y un termómetro de su evolución.

    Este enfrentamiento concentrará focos, audiencias y expectativas, pero también exigirá una gestión emocional impecable. En la Copa, el Clásico no admite redención: solo hay un camino, y es ganar.

    La cuarta eliminatoria de cuartos enfrenta a Madrid CFF y C.D. Tenerife Femenino, dos clubes que han construido su identidad desde la constancia, el trabajo y la capacidad de competir desde contextos complejos.

    El Madrid CFF es, desde hace años, un habitual del ecosistema competitivo de la Copa, un club que ha sabido utilizar este torneo para visibilizar talento, desafiar pronósticos y consolidar su proyecto. Jugar los cuartos de final supone una nueva oportunidad de avanzar y de seguir escribiendo su propia historia copera.

    El Costa Adeje Tenerife Egatesa llega con la ilusión intacta y la experiencia acumulada de haber competido en escenarios exigentes.

    La Copa ha sido tradicionalmente un espacio fértil para el conjunto canario, capaz de crecerse ante rivales de mayor presupuesto y de convertir cada eliminatoria en un reto emocional y deportivo.

    Este cruce encarna como pocos el espíritu del torneo: igualdad, ambición y la posibilidad real de alcanzar unas semifinales históricas. En partidos así, la Copa suele recordar que el fútbol no entiende de etiquetas.

    Con los cuartos de final ya definidos, la Copa de la Reina Iberdrola 2025-2026 entra en una fase donde cada detalle cuenta. El formato de eliminatoria directa, la acumulación de partidos, la gestión de plantillas y el componente emocional adquieren un peso específico. No hay margen para el error ni espacio para la especulación.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Estos cuartos de final reúnen todos los ingredientes que han convertido a la Copa en un torneo único: rivalidades históricas, proyectos emergentes, clásicos de alcance global y eliminatorias donde el contexto puede cambiarlo todo en noventa minutos.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Más allá de los emparejamientos, este sorteo confirma una realidad incuestionable: la Copa de la Reina es el gran relato coral del fútbol femenino español. Un torneo que no solo reparte títulos, sino que construye memoria, impulsa proyectos y conecta generaciones.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    La edición 2025-2026 se adentra en su tramo decisivo con un cuadro que refleja la diversidad, la riqueza y el nivel competitivo alcanzado por el fútbol femenino en España. Desde los grandes referentes hasta los clubes que sueñan con su primera semifinal, todos comparten ahora un mismo horizonte: seguir vivos en la Copa de la Reina Iberdrola.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Estos cuartos de final no son solo una ronda más. Son una radiografía exacta del momento que vive el fútbol femenino en España: competitivo, diverso, emocionalmente poderoso y cada vez más seguido.

    El camino hacia el título ya está marcado. A partir de ahora, la Copa de la Reina no promete nada: lo exige todo.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    La Copa de la Reina Iberdrola 2025-2026 entra así en una fase donde la historia y el futuro se dan la mano, donde cada partido puede convertirse en un recuerdo imborrable y donde el torneo reafirma su condición de corazón emocional del calendario.

    El camino hacia el título ya está trazado. La historia, como siempre, está por escribirse.

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Reportaje | La “promesa” amarilla que está en el cajón del olvido desde 2022

    (Fuente: Archivo de Zona Amarilla)

    🔲 Mientras el Costa Adeje Tenerife es un ejemplo a seguir en el fútbol femenino y llena el Heliodoro, con 2.457 espectadores de media en cada partido, su eterno rival no es más que un recuerdo ante la pasividad de Miguel Ángel Ramírez.

    Las Islas Canarias respiran fútbol por los cuatro costados, no estamos descubriendo la fórmula secreta de la Coca-Cola, pero hay mucho trabajo por hacer en territorio insular en lo que a fútbol femenino se refiere y no será por el empeño que le pone D. Sergio Batista con su Costa Adeje Tenerife, el problema está marcado en amarillo.

    La Unión Deportiva Las Palmas por la que han pasado grandes estrellas como Jesé Rodríguez, Juan Carlos Valerón, Pedri o Jonathan Viera es el único elenco importante, el Real Madrid se salvó de la quema en 2020, que en pleno siglo XXI no tiene sección de fútbol femenino.

    España levantó la Copa del Mundo en categoría absoluta el pasado 20 de agosto de 2023 en Sídney a costa de Inglaterra por 1-0 con un gol de la jugadora del PSG Olga Carmona.

    Aquella mañana muchos equipos como el Madrid CFF, del quien les escribe ha formado parte durante tres años, se congratularon del éxito de la nación ibérica, pero hubo una entidad que no pudo sentir esa proeza como propia y si, por increíble que parezca, les hablamos de Las Palmas.

    El conjunto pio pio ha sido adelantado por la izquierda por el Club Deportivo Tenerife Femenino, quien este pasado verano se alió con el antiguo Granadilla Tenerife Egatesa para incorporar al club azul y blanco al Costa Adeje, semifinalista de la Copa de la Reina en 2022, que ha coqueteado en varias ocasiones con entrar en Europa, algo que irrita a los habitantes de Gran Canaria sobremanera, así de simple.

    Se puede decir, con un tono reivindicativo y no titubeante que Las Palmas y el fútbol femenino es la asignatura pendiente de un gigante adormecido, que debe reaccionar para dejar de avergonzar a la sociedad que corea ya de memoria nombres como el de Jenni Hermoso, Aitana Bonmatí, Alexia Putellas o Vicky López e incluso acude a las tiendas de Adidas para comparar camisetas con estas serigrafías y es que la profesión de futbolista es la segunda más elegida por las niñas en la actualidad por detrás de medicina, según reveló un estudio de Adecco en septiembre de 2025.

    Existen promesas que resuenan como himnos de esperanza. Y hay promesas que, con el paso del tiempo, se convierten en un eco doloroso, un lamento uniforme que recuerda a quienes lo escuchan que el compromiso no estuvo jamás acompañado de la valentía necesaria para materializarlo.

    Así comienza la historia de la Unión Deportiva Las Palmas con el fútbol femenino: no como epopeya de conquista, sino como crónica de **una deuda histórica, una promesa no cumplida y un olvido institucional que ya pesa como una losa sobre la grandeza de una entidad que se precia de ser casa de todos los canarios.

    Para entender el presente hay que mirar al pasado con honestidad radical. UD Las Palmas, club con casi 76 años de historia y uno de los emblemas del fútbol español en el Atlántico, tuvo un equipo femenino en la temporada 2009-2010 y 2010-2011. Compitió en la Superliga Femenina, la máxima categoría de aquel momento, donde la élite del fútbol femenino español buscaba consolidar su profesionalización.

    Pero esos dos años de existencia no fueron acompañados de una hoja de ruta sólida ni de inversiones planificadas. Tras descender, la sección se disolvió por completo. La excusa oficial apuntaba a problemas económicos, a un contexto poco favorable y a la sensación de que “no había base organizativa” para sostener la actividad deportiva.

    Ese ha sido el primer gran fallo de la institución por mucho que se deje pasar como si nada.

    No es menor: en un momento en que el fútbol femenino empezaba a dar sus primeros pasos de profesionalización y visibilidad, Las Palmas retrocedió, renunció a construir, y dejó escapar una oportunidad histórica que otros clubes supieron aprovechar.

    Y mientras el Club Deportivo Tenerife, Real Unión Tenerife, y otros proyectos canarios femeninos fueron consolidándose a nivel nacional y profesional, Las Palmas apagó la chispa de forma aberrante.

    Desde entonces, la etiqueta de “club sin equipo femenino” se ha convertido en un estigma, especialmente porque la estructura masculina del club ha seguido creciendo en infraestructura, marketing, derechos televisivos y presencia social, mientras que el fútbol femenino quedaba relegado a un cajón polvoriento del olvido institucional.

    El siguiente gran capítulo de esta historia llegó en 2022. En marzo de ese año, el presidente de la UD Las Palmas, Miguel Ángel Ramírez, anunció públicamente que “La UD Las Palmas contará de nuevo con un equipo femenino. Entra dentro de nuestros próximos proyectos.”

    Este tipo de declaraciones —que se hiceron eco en los medios y encendieron la esperanza de aficionadas, futbolistas canarias y la afición en general— son en teoría una declaración de intenciones: una promesa con fecha, un plan trazado, una nueva era que se acerca.

    Pero, como veremos más adelante, las palabras se quedaron en el aire, qué triste no cumplir con lo pactado.

    La frase de Ramírez, repetida incluso como titular en periódicos deportivos y portales de noticias, creó expectativas legítimas. Porque después de años de ausencia total de compromiso con el fútbol femenino, era más que bienvenida una postura que, al menos sobre el papel, mostraba voluntad de revertir el error histórico y nada cambia ni tiene pinta de hacerlo a corto plazo, es lamentable, con perdón por el ataque de sinceridad.

    Y ese anuncio en 2022 supuso una chispa de ilusión, la realidad que siguió fue de un estancamiento absoluto que desbordó todo tipo de lógica deportiva, social y ética.

    En 2023, la propia entidad, a través de declaraciones del presidente, descartó momentáneamente la posibilidad de crear la sección femenina debido a la falta de recursos y al coste que supondría su puesta en marcha, alegando que “no se generan los mismos ingresos” en el fútbol femenino y que el club no estaba en disposición de asumir ese reto en ese momento. 

    Es decir, años después del anuncio público, la respuesta oficial fue una narrativa que, en esencia, dice que no hay Unión Deportiva Las Palmas en clave femenina.

    Todo ello en un contexto en el que el club ha continuado creciendo, agrandando sus secciones de fútbol base masculino, invirtiendo en infraestructura, derechos televisivos y programas de formación —todo sin que el fútbol femenino se convierta en una prioridad. El contraste es innegable.

    Y ante esa comparación, la teoría se vuelve crítica: ¿hasta qué punto la falta de recursos es excusa y hasta qué punto es una decisión deliberada de no asignar prioridades? Ya no cuela, lo siento.

    Sin embargo, incluso ante este crecimiento sostenido, Las Palmas no solo no ha consolidado su proyecto femenino, sino que ha retrocedido en su propio compromiso institucional.

    Mientras otros clubes canarios como CD Tenerife han potenciado su estructura femenina —y otros equipos regionales como Granadilla han alcanzado el primer nivel— la UD Las Palmas ha permanecido en la sombra, con palabras de buena voluntad y ausencia de acciones concretas. 

    Esa contradicción no puede leerse como falta de recursos (porque el vehículo principal del club, su primer equipo masculino, sigue siendo una prioridad absoluta) sino como falta de voluntad estratégica para invertir humanidad, dinero, fuerza organizativa y presencia institucional en un proyecto que no solo es socialmente necesario, sino que también es una oportunidad deportiva y de identidad regional.

    Porque, si en algo se han aplicado con diligencia las últimas décadas, ha sido en acciones de marketing, campañas, apariciones mediáticas y proyectos que generan visibilidad externa. Pero en términos de estructurar un equipo femenino propio y crecer con coherencia institucional, la respuesta ha sido sistemáticamente tibia.

    La narrativa que dice “queremos, pero no podemos” ha llegado a sonar como una mezcla de excusa y discurso preparado, sin el peso de un plan serio, sin objetivos medibles, sin cronograma, sin estructura organizativa establecida.

    Porque invertir en fútbol femenino no significa de pronto dedicar millones de euros. Significa:

    ✔️ planificar un proyecto a largo plazo;
    ✔️ integrar las estructuras de cantera femenina en la entidad;
    ✔️ comprometerse con plantillas, técnicos y cuerpos organizativos femeninos:
    ✔️ destinar presupuesto sostenible;
    ✔️ construir una identidad femenina dentro de la marca UD Las Palmas, que no es poco.

    Todo ello puede hacerse con planificación, acuerdos con entidades educativas, con fundaciones, políticas públicas y alianzas estratégicas que no dependen exclusivamente de inyecciones económicas milagrosas.

    Y sin embargo, el discurso oficial repetido en publicaciones del club y entrevistas apunta únicamente a razones económicas: “no tenemos los recursos para asumirlo ahora mismo”. 

    Si eso fuera cierto, entonces residuos de la estructura masculina también tendrían que desaparecer. Pero no es así: el primer equipo masculino sigue con tiempos y prioridades perfectamente definidos, incluso en épocas de transición deportiva (ascensos, descensos, planificación de temporada, campañas de abonados, etc.).

    Clubes de tamaño similar, con estructuras menos potentes que Las Palmas, han dado pasos firmes hacia la profesionalización femenina. Y eso independientemente de la ciudad, la base social o la capacidad económica.

    Pero la UD Las Palmas, por razones que aquí exploramos con rigor crítico, no ha hecho lo mismo. Incluso después de haber anunciado la voluntad de hacerlo.

    Eso ha generado una narrativa de contradicción institucional, porque en otras áreas —como infraestructura, derechos de explotación, marketing, expansión internacional— el club ha actuado con determinación. Entonces, ¿por qué no con el fútbol femenino?

    La respuesta, para muchos, es dolorosamente clara: porque no se ha considerado una prioridad estratégica real.

    Una promesa hecha por un presidente de club —especialmente expresada públicamente— tiene peso. Tiene responsabilidad. Tiene consecuencias.

    Cuando en 2022 se dijo que “La UD Las Palmas contará de nuevo con un equipo femenino”, esa frase quedó en los titulares. Quedó en las expectativas de las jugadoras jóvenes canarias. Quedó en la memoria de quienes creían ver un cambio de rumbo. 

    Pero con el paso del tiempo, esas expectativas se convirtieron en frustración. En silencio institucional. En excusas económicas. En relatos de impotencia en lugar de narrativas de oportunidad.

    La crítica dura, legítima y necesaria, no surge de un enfado estéril: sino de la constatación de lo que pudo haber sido y no fue.
    De lo que se prometió y nunca se materializó.
    De la voluntad expresada y la voluntad ejecutada —dos cosas distintas—.

    Y en esa dicotomía, la institución ha fallado a su comunidad. Ha fallado a las generaciones de futbolistas canarias que merecían una casa, un proyecto, una oportunidad. Ha fallado a quienes ven en el fútbol femenino no solo un deporte, sino una forma de representación, de inclusión y de justicia social.

    Un club tan grande como es la UD Las Palmas puede —y debe— hacer todo esto. Porque si algo ha demostrado el fútbol femenino es que la falta de visibilidad o recursos no es un destino inmutable. Otros clubes lo están logrando, y la evidencia es clara.

    Pero para hacerlo, hace falta algo más que palabras bonitas en una rueda de prensa. Hace falta coraje institucional. Hace falta aceptar que las promesas tienen consecuencias y que un liderazgo sin acciones concretas es una promesa rota.

    Este reportaje no es un ataque sin fundamentos. Es un llamado a la responsabilidad histórica. A la coherencia entre discurso e impacto. A la justicia deportiva.

    Porque en Canarias, en Las Palmas de Gran Canaria y en todo el archipiélago, las jugadoras han demostrado con fútbol, con garra y con crecimiento constante que merecen un proyecto que las represente.

    Y la UD Las Palmas, entidad centenaria y estandarte de la afición canaria, tiene ante sí una elección: seguir siendo un gigante adormecido ante el fútbol femenino… o levantarse con valentía y decir, con hechos, que sí: que la tierra amarilla también tiene un lugar para ella.

    Porque las promesas bonitas se las lleva el viento.
    Pero los equipos —verdaderos, estructurados, integrados— quedan para siempre.

    Deben creerme cuando les digo que hubo un tiempo —y no es una metáfora, ni una licencia poética— en el que el fútbol femenino en Canarias no pedía permiso para existir. Simplemente existía. Competía. Resistía. Y, en silencio, hacía historia. Antes de que el foco mediático se girara tímidamente hacia ellas, antes de que la palabra “profesionalización” entrara en el diccionario cotidiano del deporte español, las mujeres ya jugaban al fútbol en las islas con una dignidad que hoy merece memoria, respeto y reivindicación.

    Porque el pasado glorioso del fútbol femenino canario no se escribe desde el marketing ni desde los despachos. Se escribe desde el barro, desde los viajes interminables en guaguas prestadas, desde campos sin gradas, desde camisetas heredadas, desde botas compartidas. Y en ese pasado, la Unión Deportiva Las Palmas no fue ajena. Aunque hoy parezca increíble, hubo un momento en el que el escudo amarillo también latió en femenino.

    Corría el final de la década de los 2000 cuando la Unión Deportiva Las Palmas decidió, al menos durante un instante, mirar de frente a una realidad que ya crecía con fuerza: el fútbol femenino reclamaba espacio, estructura y legitimidad. No era una moda. No era una imposición externa. Era una consecuencia natural del talento que brotaba en los barrios, en los colegios, en los campos de tierra de Gran Canaria.

    Así nació la UD Las Palmas Femenino, un proyecto que llegó a competir en la Superliga Femenina, la máxima categoría del fútbol español en aquel momento. No hablamos de regionales, ni de competiciones simbólicas. Hablamos de la élite. De enfrentarse a clubes consolidados, de viajar a la Península, de representar a Canarias en un mapa donde casi nadie lo hacía.

    Aquellas futbolistas —cuyos nombres deberían estar grabados en piedra en la memoria colectiva del club— defendieron el escudo amarillo cuando hacerlo no daba prestigio, ni dinero, ni titulares. Lo hicieron por amor al juego, por orgullo, por la convicción íntima de que estaban abriendo una puerta para las que vendrían después.

    Ese fue el pasado glorioso: el tiempo en el que Las Palmas sí estuvo, aunque fuera de forma imperfecta, incompleta, y precaria, pero al menos estuvo .

    La gloria se alcanzó sin focos, épica o aplausos y no fue un camino fácil. Nunca lo es para las pioneras. Aquella UD Las Palmas Femenino vivió entre la ilusión y la fragilidad estructural. Competía en igualdad deportiva, pero en desigualdad absoluta de medios. Cada temporada era una batalla por sobrevivir. Cada partido, una reivindicación silenciosa.

    Y aún así, resistieron contra viento u marea, creciendo ante la adversidad, como titanes.

    Se repusieron a los viajes imposibles.
    Resistieron a la indiferencia mediática.
    Resistieron a la falta de inversión.
    Resistieron a la sensación constante de ser un proyecto secundario.

    Eso también es gloria.
    Una gloria que no se mide en títulos, sino en haber estado cuando nadie más quería estar.

    Porque mientras otros grandes clubes ni siquiera se planteaban la existencia de un equipo femenino, la UD Las Palmas —aunque de manera frágil— dio el paso. Y eso importa. Importa mucho. Porque demuestra que sí se pudo, que sí hubo voluntad en algún momento, que no es cierto que el fútbol femenino sea ajeno al ADN del club.

    El problema no fue haber estado, si no haberse ido cuando no tocaba.

    El abandono como ruptura histórica
    El descenso deportivo llegó. Y con él, la decisión más dolorosa: disolver la sección femenina. No reconstruir. No replantear. No resistir. Desaparece y ahí algo se quebró de golpe.

    Porque los clubes verdaderamente grandes no se definen solo por sus éxitos, sino por cómo protegen a sus proyectos cuando llegan las dificultades. Y la UD Las Palmas, en ese punto, eligió el camino más fácil: cortar, borrar, mirar hacia otro lado.

    Esa orfandad no fue solo deportiva, también tuvo un tinte simbólico. Fue un mensaje devastador para las futbolistas canarias: “cuando las cosas se ponen difíciles, vosotros sois prescindibles”. Y ese mensaje, aunque nunca se dijo en voz alta, caló durante años.

    El pasado glorioso quedó entonces congelado en la memoria. Como una fotografía antigua que nadie quiere colgar en el salón. Como una historia que incomoda porque recuerda que otra UD Las Palmas fue posible.

    Las pioneras que sostuvieron el escudo se encuentran hoy en día en el cajón del olvido.
    Hablar del pasado glorioso es también hablar de ellas. De las jugadoras. De las entrenadoras. De los cuerpos técnicos que sostuvieron aquel proyecto con convicción y dignidad. Mujeres que defendieron el escudo sin contratos profesionales, sin seguridad, sin promesas de futuro.

    Ellas son la prueba viviente de que el fútbol femenino en Canarias no empezó ayer, ni nació con la Liga F, ni apareció por generación espontánea. Viene de lejos. Tiene raíces profundas. Y esas raíces también pasan por la UD Las Palmas.

    Cada vez que hoy se argumenta que “no hay base”, que “no hay estructura”, que “no es el momento”, esas palabras chocan de frente con la realidad histórica: ya hubo base, ya hubo equipo, ya hubo estructura, aunque fuera mínima. Lo que faltó fue continuidad, compromiso y visión.

    Y eso no es una limitación económica, no se engañen, por que es una decisión política y deportiva que ya no se sostiene por más tiempo.

    Recordar el pasado glorioso no es nostalgia vacía, ni mucho menos, es, claramente un acto de justicia. Es negarse a aceptar el relato cómodo de que la UD Las Palmas nunca tuvo relación con el fútbol femenino. La tuvo y, sin saber porqué, la perdió.

    Por eso este pasado no debe ser enterrado, sino recuperado como punto de partida.

    Porque si alguna vez existió una UD Las Palmas Femenino capaz de competir en la élite con recursos mínimos, ¿qué no podría hacerse hoy, con un club más fuerte, más estable y más consciente de su impacto social?

    Porque la historia ya habló
    La historia ya demostró que sí se puede.
    Que el escudo amarillo sí supo latir en femenino.
    Que hubo un tiempo en el que la UD Las Palmas entendió que representar a Canarias era representar a toda Canarias, no solo a una parte.

    Ese pasado no es una anécdota, sino un espejo en el que la directiva haría bien en mirarse, pues un club con tanta relevancia no puede tener mentalidad de elenco mediocre, ese escudo no lo merece.

    Hubo generaciones que crecieron soñando con ser futbolistas, con la ilusión de vestir los colores de su ciudad, de su isla, de su club. Pero hubo un obstáculo que nadie anunció en el reglamento: la UD Las Palmas no tenía equipo femenino. Ni siquiera uno oficial. Solo palabras, titulares rotos y promesas que se evaporaban antes de que la temporada comenzara.

    La infancia de las que esperaban un hogar amarillo. Piensa en las niñas que, desde los barrios de Vegueta, Triana o Tamaraceite, miraban con admiración el estadio, los entrenamientos del primer equipo masculino y soñaban con un futuro en el verde. Para ellas, el club no era solo un símbolo: era un espejo, una posibilidad tangible de profesionalizar su pasión. Pero el espejo estaba roto. Las puertas estaban cerradas. El escudo que debía representar su territorio, su orgullo y su esfuerzo, no estaba disponible para ellas.

    No existía proyecto, no existían entrenamientos estructurados dentro del club, no existía una progresión clara hacia la élite. Las niñas con talento tenían que buscar alternativas: clubes pequeños, asociaciones, equipos satélite, desplazamientos interminables a otros municipios… o rendirse ante la falta de oportunidades.

    El impacto en la identidad y la autoestima deportiva de futbolistas como Misa Rodríguez, ahora el el Real Madrid, hubiera aumentado si la internacional absoluta por España hubiera tenido la oportunidad de ser del equipo de su tierra.

    Niñas como ella crecieron ilusión, sí, pero también con frustración. Porque el fútbol femenino no es solo un deporte; es un vehículo de identidad. Es sentir que perteneces a algo más grande que tú, que tus logros tienen un reflejo en tu comunidad. Y cuando ese reflejo no existe, cuando el club que representa a tu ciudad no abre sus puertas, las consecuencias son profundas:
    • Pérdida de motivación: muchas niñas talentosas abandonaron la práctica del fútbol al no ver un futuro realista.
    • Desigualdad simbólica: mientras los niños tenían un club estructurado, con cantera y referentes claros, las niñas tenían que inventar su camino.
    • Desconexión social: la sensación de que el club “no cuenta contigo” cala en la percepción de justicia deportiva y pertenencia.

    El efecto no fue solo individual. Fue colectivo. Un vacío de décadas que hoy se percibe como una herida abierta en la memoria deportiva canaria. Cada generación que crece sin escudo pierde también la oportunidad de alimentar la identidad del club con talento femenino local.

    Pero incluso en la ausencia, hubo heroínas anónimas. Niñas que entrenaban en el Llamoro, en equipos de barrio, en asociaciones pequeñas.

    Chicas que viajaban horas para disputar un partido en Tenerife o Lanzarote. Niñas que sostenían con su esfuerzo diario la bandera de la pasión futbolística canaria, sin reconocimiento institucional, sin el escudo que debía ser suyo.

    Ellas son las verdaderas protagonistas de este capítulo del fútbol en Las Palmas. No los presidentes ni los comunicados oficiales. Ellas son la prueba de que el talento existe, aunque el club no haya querido verlo, estructurarlo ni celebrarlo.

    Son las niñas que crecieron sin un hogar amarillo, y que hoy reclaman, silenciosa y justicieramente, una oportunidad que debería haber llegado hace años.

    El costo social y deportivo del vacío
    Este vacío no se mide solo en títulos o resultados; se mide en vidas deportivas truncadas, en sueños diferidos, en potencial desperdiciado. Cada futbolista femenina que podría haber vestido la UD Las Palmas y hoy brilla en otro club representa un talento que el club perdió por inacción.

    El silencio institucional se convierte, así, en un acto político de omisión: un mensaje implícito a las niñas de Canarias de que su pasión no es prioridad, de que su escudo no existe, de que su esfuerzo no tendrá reconocimiento en la entidad que debería ser su referente.

    La elección del Estadio de Gran Canaria como sede de la gran final de la Copa de la Reina 2025-2026 ha encendido un debate que va más allá de lo meramente logístico. Para muchos, representa un hito en la visibilidad del fútbol femenino en las Islas Canarias, un reconocimiento al creciente prestigio de la competición y una oportunidad para consolidar a la isla como centro neurálgico del deporte nacional.

    Para otros, sin embargo, plantea interrogantes sobre la implicación real de sus gestores y el compromiso de la infraestructura con el balompié femenino, en contraste con el entusiasmo y la dedicación que se observa en clubes como el Costa Adeje Tenerife, que han logrado conquistar a la afición local a pesar de limitaciones históricas y estructurales.

    El Estadio de Gran Canaria, con su capacidad para más de 32.000 espectadores y su ubicación estratégica en Las Palmas, ofrece un marco espectacular para una final de la segunda competición más importante del fútbol femenino español.

    Su diseño moderno y la experiencia acumulada en eventos de gran calibre convierten al estadio en un escaparate perfecto para mostrar la fuerza y el crecimiento del fútbol femenino. No obstante, la decisión de otorgarle la final ha sido objeto de críticas veladas y explícitas: algunos consideran que, pese a las buenas intenciones, la gestión del recinto no ha mostrado un interés consistente por promover el fútbol femenino local, generando cierta desconexión entre el potencial del estadio y la realidad de la competición.

    Más allá de la polémica, la designación del estadio pone de relieve la apuesta del Cabildo de Gran Canaria por atraer a la isla eventos de relevancia nacional e internacional. La Copa de la Reina 2025-26 no es un simple partido; es un símbolo del empuje del fútbol femenino en España, un torneo que llega en un momento histórico en el que la selección nacional ha alcanzado la cima del balompié mundial, bicampeona de la Liga de Naciones y consolidada como la mejor del mundo en el ránking FIFA.

    La final en Gran Canaria será, por tanto, una cita cargada de significado: no solo definirá un campeón, sino que también servirá como plataforma de visibilidad para jugadoras, clubes y aficionados que buscan reconocimiento y consolidación de su proyecto deportivo.

    El proceso de elección del estadio, respaldado por la Federación Interinsular de Fútbol de Las Palmas y el Cabildo, refleja una estrategia clara de promoción deportiva. La candidatura de la isla se integra dentro de los actos del centenario del ente federativo provincial presidido por José Juan Arencibia, una celebración que combina tradición, identidad local y proyección hacia el futuro. Aunque el anuncio oficial aún estaba pendiente al cierre de los preparativos, las expectativas son altas: se espera que la final no solo cumpla con los estándares deportivos, sino que también deje un legado tangible en términos de infraestructura, afición y repercusión mediática.

    Sin embargo, no todo son luces. La falta de implicación directa del propietario del estadio en la promoción del fútbol femenino ha sido objeto de críticas, planteando preguntas sobre la sostenibilidad de eventos de este calibre en infraestructuras que no priorizan el desarrollo de la disciplina. Esta situación contrasta con la experiencia vivida por el Costa Adeje Tenerife en el Heliodoro Rodríguez López, donde la fusión con el CD Tenerife y la presencia constante de la afición han generado un ecosistema de apoyo genuino que se refleja tanto en la asistencia como en la motivación de las jugadoras. La diferencia es clara: un estadio no hace un evento; son las personas, la cultura deportiva y la implicación de clubes y federaciones las que transforman un recinto en un símbolo del fútbol femenino.

    Aún así, la final en Gran Canaria representa un paso adelante indiscutible que debe convencer a la directiva amarilla de volver a ser parte de nuestro querido balompié femenino.

    Es una oportunidad para demostrar que la isla puede albergar grandes citas con éxito, proyectando la imagen del fútbol femenino más allá de las fronteras locales. La repercusión mediática del torneo, la cobertura televisiva y la presencia de afición de toda España tienen el potencial de consolidar a Gran Canaria como una sede recurrente de eventos de alto nivel, sentando un precedente para futuros campeonatos y contribuyendo al posicionamiento estratégico del archipiélago en el mapa deportivo nacional.

    El evento también plantea un desafío logístico y organizativo de gran envergadura. La final deberá combinar seguridad, comodidad para los espectadores, visibilidad para los medios de comunicación y, sobre todo, una experiencia memorable para las jugadoras que competirán por un título que ha ganado prestigio año tras año.

    La coordinación entre la Federación Española de Fútbol, la Federación Interinsular, el Cabildo y los equipos participantes será clave para garantizar que la cita cumpla con todas las expectativas y que la afición pueda disfrutar de un espectáculo digno de la magnitud del fútbol femenino en 2025.

    Finalmente, más allá de la crítica o la controversia, el Estadio de Gran Canaria se prepara para un momento histórico. La final de la Copa de la Reina 2025-2026 no será solo un partido; será un hito simbólico del crecimiento del fútbol femenino, de la proyección de las Islas Canarias y de la capacidad de un territorio para combinar tradición, infraestructura y ambición deportiva.

    La decisión de situar el evento en este estadio coloca a Gran Canaria en el epicentro de la atención nacional, ofreciendo la posibilidad de dejar una huella duradera que vaya más allá del resultado en el césped y que fortalezca el ecosistema del fútbol femenino en la región.

    En este contexto, la clave será aprovechar la oportunidad: demostrar que la isla puede albergar competiciones de primer nivel, consolidar la afición local, garantizar visibilidad mediática y, sobre todo, transmitir la pasión que el fútbol femenino despierta en cada rincón del país.

    La final en Gran Canaria tiene todos los ingredientes para convertirse en un punto de inflexión, un momento que, bien gestionado, permitirá que las futuras generaciones de jugadoras y aficionados vean en las Islas Canarias un referente del deporte femenino, capaz de combinar espectáculo, emoción y compromiso social, hay todavía mucho margen de mejora para Las Palmas que anhelamos se de paulatinamente, sin prisa, pero sin pausa, ya se llega tarde.

    Así es el Estadio de Gran Canaria. (Imagen: Wikipedia)

  • Reportaje | Patri Larqué es la heroína silenciosa del Atlético

    (Fuente: Getty imágenes)

    ⬛️ La arquera aragonesa fue clave en el José Kubala, detuvo dos penaltis, para conseguir que el conjunto rojiblanco eliminara al Alhama y se metiera en los cuartos de final de Copa.

    (Fuente: RFEF)

    El Club Atlético de Madrid supo sufrir, a base de coraje y corazón, en el Estadio Municipal José Kubala (Murcia) para deshacerse del Alhama Club de Fútbol ElPozo en los octavos de final de final de la Copa de la Reina Iberdrola 2025-2026.

    Las rojiblancas se pusieron por delante al cuarto de hora de juego con un gol de cabeza de la centrocampista venezolana Gaby García y el encuentro parecía estar bajo control para las de Alcalá de Henares hasta que en el minuto 93 Luany Da Silva Rosa, ex del Madrid CFF fue expulsada con roja directa por juego peligroso sobre Judith Caravaca.

    Este contratiempo le dio alas al cuadro azulón que metió al campeón de la Supercopa de España en 2021 en su área y obtuvo su recompensa ya sobre el 95 con un gol en propia puerta de Silvia Lloris, cuando esta intentó despejar el remate de Belén Martínez y se alcanzó la prórroga.

    En un ambiente hostil y en inferioridad numérica el Atlético de Madrid pudo haber temblado, pero las de Viti no lo hicieron e incluso marcaron un nuevo gol que fue anulado por fuera de juego y así se desembocó en una tanda de penaltis en la que emergió la figura de la protagonista de este post, P. Larqué .

    Patricia Larqué Juste (Zuera, 2 de mayo de 1992) es una futbolista española que juega de guardameta y su equipo actual es el Atlético de Madrid de la Primera División de España.

    Natural de Zuera, es hija del que fuese alcalde de la localidad, José Manuel Larqué. Empezó a jugar baloncesto hasta que su compañera Nuria Mallada la animó a jugar al fútbol, donde empezó jugando de centrocampista hasta que se lesionó y probó a jugar de portera, donde destacó y ya se quedó en esa posición. En 2008 fichó por el Transportes Alcaine (Zaragoza CFF ) al desaparecer el equipo de Zuera.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Suplente de Pilar Velilla, debutó con 17 años en Primera División el 10 de octubre de 2009 ante la Sociedad Deportiva Eibar con victoria por 0-4, y volvió a jugar el siguiente partido en Valladolid, manteniendo de nuevo la portería a cero.

    En 2017 fichó por el Santa Teresa, ya desparecido, donde fue la guardameta titular alternándose con Yolanda Aguirre, pero el equipo fue colista y descendió de categoría. Esa temporada el Zaragoza C. F. F. también descendió y Larqué regresó a su ex-equipo para intentar regresar a Primera División. Lograron ganar su grupo con comodidad, pero en los play-off fueron eliminados por el Club Deportivo Tacón, actual Real Madrid.

    Tras no lograr el ascenso jugó tres años en el Rayo Vallecano en Primera División. La primera temporada tuvo grandes actuaciones, como en la segunda jornada en la que lograron un empate ante el F. C. Barcelona en el Estadio de Vallecas y fue elegida mejor jugadora de la jornada.

    Sus buenas actuaciones hicieron que fuese convocada con la selección española, y contribuyó a que lograsen mantenerse en la zona media de la tabla.
    Su segunda temporada en el Rayo estuvo marcada por la falta de apoyo por parte de la directiva rayista, que protagonizó varios capítulos polémicos, como problemas en la renovaciones de las jugadoras o avituallamientos poco profesionales.

    Estuvieron toda la temporada luchando por mantener la categoría, y con buenas intervenciones suyas, como ante el Atlético de Madrid a final de temporada lo lograron finalmente.


    Sin embargo en la temporada 2021-2022 continuaron los problemas con la directiva, como la ausencia de contratos laborales y el impago de las nóminas y los alquileres de las viviendas de las jugadoras o la ausencia de equipo médico en los partidos.

    Con la salida de varias jugadoras importantes el equipo no pudo repetir el milagro de la temporada anterior y envuelto en polémicas descendieron a Segunda División.
    A pesar de tener otra temporada más de contrato, Larqué, tras una dura temporada, dejó el club.
    De ahí pasó al recién ascendido Deportivo Alavés, donde alternó la titularidad con Jana Xin Hanseler, y tampoco pudo mantenerse en Primera División.


    En 2023, tras varios intentos fallidos de cerrar la operación años atrás, fichó por el Atlético de Madrid, que la definió como «una portera ágil y rápida bajo palos, con un gran juego de pies».

    Suplente de Lola Gallardo, debutó con el Atlético de Madrid el 21 de octubre de 2023 con victoria por 0-2 en el campo del Sporting de Huelva.

    Asumió su rol de suplente de Lola Gallardo y dispuso de pocos minutos, pero renovó su contrato con la entidad rojiblanca. Lograron el objetivo de clasificarse para la Liga de Campeones tras ser terceras en la Liga F.


    En la temporada 2024-2025 mantuvo su rol como suplente pero con muy buen rendimiento. Mantuvo la portería imbatida en los 3 partidos de liga que disputó y sólo encajó goles ante el Barcelona en la Supercopa de España. El Atlético de Madrid, dirigido este año por Víctor Martín, se clasificó para la Liga de Campeones en la última jornada y alcanzó la final de la Copa de la Reina, aunque cayó en la ronda previa de la competición europea y en la semifinal de la Supercopa ante el Fútbol Club Barcelona, pero ella ya no se rindió y siguió trabajando en la sombra hasta ganarse la renovación hasta 2026.

    (Fuente: Liga F)

    El Atlético no tiembla en Murcia. Y no tiembla no porque no sintiera el frío del miedo recorriéndole la espalda, no porque no viera de cerca el abismo ni porque no escuchara el eco de una eliminación que habría dolido como una cicatriz temprana, sino precisamente porque supo sostenerse cuando todo invitaba al temblor. Porque hay noches en las que la fortaleza no se mide por la brillantez, ni por la autoridad, ni siquiera por la victoria en sí misma, sino por la capacidad de permanecer en pie cuando el suelo se mueve, cuando el estadio empuja en contra, cuando el reloj avanza sin ofrecer respuestas y cuando el fútbol, caprichoso y cruel, parece dispuesto a poner a prueba la identidad de un escudo centenario.

    Murcia fue ese lugar. El Estadio Municipal José Kubala fue ese escenario donde el Atlético de Madrid entendió que la Copa de la Reina no se conquista desde la comodidad, sino desde la resistencia.

    Acceder a los cuartos de final no fue un trámite, fue un acto de supervivencia emocional, una demostración de que este equipo, incluso en sus noches más grises, incluso lejos de su casa, incluso cuando el balón no fluye como dicta el guion, posee una cualidad que no se entrena y no se compra: carácter competitivo. El Atlético no tiembla en Murcia porque aprendió, a lo largo de su historia, que las eliminatorias no siempre se ganan con fútbol, sino con alma.

    El empate, la prórroga, la tanda de penaltis… todo forma parte del relato, pero el cierre de esta historia va más allá del marcador. Va de una mentalidad.

    Va de entender que la Copa es un territorio donde no basta con llegar, donde cada ronda exige dejar algo en el camino, donde avanzar implica sufrir.

    El Atlético avanzó porque aceptó ese sufrimiento como parte del viaje. Porque no se desesperó cuando el gol no llegaba. Porque no se descompuso cuando el Alhama respondió con valentía. Porque no perdió la compostura cuando el reloj marcaba los últimos minutos y la eliminación asomaba como una sombra alargada.

    No temblar no significa no dudar. Significa seguir adelante a pesar de la duda. Y en Murcia, el Atlético dudó, claro que dudó. Dudó cuando el balón no encontraba rematadora. Dudó cuando cada contra del Alhama parecía un aviso. Dudó cuando la prórroga se alargaba y las fuerzas flaqueaban. Pero nunca se rompió. Nunca dejó de creer que, de una manera u otra, la noche acabaría inclinándose a su favor. Esa fe, silenciosa pero firme, es la que distingue a los equipos que aspiran a todo de los que se quedan por el camino.

    Acceder a los cuartos de final de la Copa de la Reina Iberdrola 2025-2026 es, para el Atlético de Madrid, algo más que un objetivo cumplido. Es una reafirmación. Una señal interna de que el proyecto sigue vivo, de que la ambición no se negocia, de que el escudo pesa incluso cuando las piernas no responden. En un calendario exigente, en una temporada donde cada partido acumula desgaste físico y mental, este tipo de victorias construyen algo invisible pero decisivo: confianza. La confianza de saber que, llegado el momento límite, este equipo sabe competir.

    Murcia deja una enseñanza clara. No todas las noches serán brillantes. No todas las victorias serán limpias. No todos los caminos hacia el título estarán iluminados. Habrá campos complicados, rivales valientes, contextos adversos. Y ahí, precisamente ahí, es donde el Atlético demuestra quién es. Un equipo que no se esconde. Que no renuncia. Que no se deja llevar por la frustración. Que entiende que el fútbol femenino, como cualquier deporte de alto nivel, se decide muchas veces en la cabeza antes que en las botas.

    El acceso a cuartos no borra las dificultades vividas, pero las resignifica. Las convierte en aprendizaje. Las transforma en argumento para el futuro. Cada minuto sufrido en el José Kubala será recordado cuando lleguen las siguientes rondas, cuando la exigencia aumente, cuando la Copa reclame aún más. Porque las competiciones se ganan también acumulando experiencias límite, superándolas, saliendo reforzado de ellas.

    El Atlético no tiembla en Murcia porque encontró liderazgo cuando más lo necesitaba. Liderazgo en la calma, en la gestión de los tiempos, en la aceptación del escenario. Porque supo entender que no era una noche para el lucimiento individual, sino para la resistencia colectiva. Cada despeje, cada ayuda defensiva, cada carrera de repliegue fue una pequeña victoria dentro de la gran batalla. Y cuando llegó el momento definitivo, cuando el fútbol se redujo a once metros, el equipo ya estaba preparado mentalmente para sostener la presión.

    Hay victorias que se celebran con euforia desbordada y hay otras que se celebran con una satisfacción más íntima, más profunda. La de Murcia pertenece a este segundo grupo. No fue una noche de fuegos artificiales, fue una noche de convicción. Una noche que refuerza el relato de un Atlético que quiere llegar lejos, que sabe que la Copa no regala nada y que está dispuesto a pagar el precio emocional que exige cada ronda.

    Acceder a los cuartos de final es seguir vivo. Es mantener intacta la posibilidad de soñar. Es confirmar que, pase lo que pase, este equipo estará donde se decide todo. La Copa de la Reina avanza, el camino se estrecha, los rivales serán cada vez más duros. Pero Murcia deja una certeza: si el Atlético fue capaz de no temblar en una noche así, lejos de casa, bajo presión máxima, con todo en contra, entonces está preparado para lo que venga.

    El fútbol femenino español necesita partidos como este. Necesita relatos donde el sufrimiento también tenga valor, donde la épica no sea exclusiva de las finales, donde una tanda de penaltis en octavos de final pueda convertirse en un capítulo inolvidable.

    Murcia ya forma parte de esa memoria y el Atlético de Madrid, con su acceso a cuartos, suma una página más a su historia copera, escrita no con letras doradas, sino con sudor, nervio y carácter.

    El Atlético no tiembla en Murcia porque entiende que el camino hacia los títulos está lleno de noches incómodas. Porque sabe que quien quiere levantar trofeos debe aprender a sobrevivir primero. Porque asumió que la Copa no perdona la fragilidad emocional. Y porque, cuando llegó el momento de mirar al miedo a los ojos, eligió avanzar.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Cuartos de final. Dos palabras que resumen una noche entera. Dos palabras que justifican el sufrimiento. Dos palabras que mantienen viva la ilusión.

    El Atlético sigue adelante. No porque fuera mejor durante ciento veinte minutos. No porque dominara con claridad. Sino porque, cuando todo se decidió en el límite, no tembló y en el fútbol, como en la vida, eso lo es todo.

    (Fuente: Getty imágenes)
  • La crónica | El Atlético no tiembla en Murcia y accede a cuartos de final

    (Fuente: RFEF)

    🔲 El Atlético vence en penaltis al Alhama ElPozo en el José Kubala en la tanda de penaltis (3-4) tras empatar 1-1 con el conjunto murciano y jugar más de media hora con diez después de la expulsión de Luany.

    La previa |

    La Copa de la Reina no entiende de inercias ni de escudos blindados. Es un torneo que se construye desde la intemperie emocional, desde el error que castiga sin aviso y desde la valentía del que decide creer cuando todo parece perdido. Por eso el duelo entre el Alhama ElPozo y el Atlético de Madrid Femenino, correspondiente a los octavos de final, trasciende la lógica habitual del favorito contra el aspirante. Se juega el domingo 21 de diciembre a las 19:00 horas en el estadio José Kubala, sobre césped artificial, en eliminatoria única y con un contexto que convierte el encuentro en un espejo de lo que hoy es —y hacia dónde camina— el fútbol femenino español.

    El Atlético de Madrid llega a Murcia con la etiqueta inevitable de gigante. Subcampeón de la última edición tras caer en la final frente al FC Barcelona, habitual en la fase final del torneo y representante español en la Champions League Femenina, el conjunto rojiblanco afronta esta Copa con la obligación implícita de competir hasta el final. Pero la obligación no siempre es una aliada. A veces pesa. A veces bloquea. Y el momento que atraviesan las de Víctor Martín invita más a la prudencia que a la arrogancia.

    La derrota reciente por 4-0 ante el Olympique de Lyon en la última jornada de la fase liga de la Champions no fue solo un golpe en lo clasificatorio.

    Fue, sobre todo, un recordatorio de que el Atlético vive una etapa de transición emocional y futbolística. A ese revés europeo se suma un empate previo en la máxima competición continental y una racha de tres partidos consecutivos sin ganar en la Liga F Moeve. No es una crisis abierta, pero sí un tramo de temporada en el que las certezas se han diluido y las sensaciones no acompañan al talento de la plantilla.

    Frente a ellas estará un Alhama ElPozo que vive una realidad diametralmente opuesta en términos de expectativas, pero no necesariamente en términos de ambición.

    El conjunto murciano llega a esta eliminatoria inmerso en una dinámica muy negativa en la Liga F, con seis derrotas consecutivas que han erosionado la confianza y han encendido las alarmas en lo clasificatorio. Sin embargo, la Copa representa otro universo. Un espacio de oportunidad. Un refugio emocional en el que reencontrarse con lo que este equipo fue capaz de construir no hace tanto.

    Porque el Alhama no es un recién llegado sin memoria. Su historia reciente está marcada por una de las gestas más recordadas del fútbol femenino español moderno. La temporada 2022-2023 quedó grabada a fuego para este club y para toda una región. Aquella Copa de la Reina, disputada en formato “Final Four” en el estadio de Butarque, fue el escenario donde el Alhama compartió foco con gigantes históricos, compitió sin complejos y demostró que los sueños también pueden llevar acento murciano. El Atlético de Madrid fue entonces quien, de la mano de Manolo Cano, logró colarse en la final y levantar el trofeo frente al Real Madrid en un ejercicio de resistencia y fe. Pero para el Alhama, el simple hecho de estar allí, de mirar de frente a los grandes y sentirse parte del relato, supuso un antes y un después.

    Ese recuerdo no garantiza nada en el presente, pero alimenta una idea poderosa: los gigantes también caen. Y la Copa es el lugar donde esa verdad se manifiesta con mayor crudeza.

    El partido se jugará en el José Kubala, un estadio que el Alhama ha elegido conscientemente como escenario para intentar equilibrar fuerzas. El césped artificial no es un detalle menor. Cambia los ritmos, altera los botes, exige adaptación constante y penaliza al equipo que no entra rápido en el partido. Para un Atlético acostumbrado a contextos de máxima exigencia europea, pero mayoritariamente sobre hierba natural, el reto no es técnico, sino mental. Aceptar el contexto sin protestar. Entender que el partido no será brillante, sino áspero. Y competir desde ahí.

    En Murcia se respira algo más que expectación. Se respira la sensación de que este encuentro puede ser algo más que un trámite para el Atlético y algo más que un premio para el Alhama. Es una de esas noches que activan la mística copera, esa que no entiende de clasificaciones ni de dinámicas previas. Esa que se alimenta del ruido del público, del nervio del favorito y de la fe del que no tiene nada que perder.

    Desde el punto de vista táctico, el choque promete contrastes claros. El Alhama de Jovi García previsiblemente apostará por un bloque compacto, solidario, con líneas muy juntas y un plan de partido orientado a minimizar espacios. No habrá concesiones innecesarias. Cada metro será defendido como si fuera propio. El objetivo será llevar el partido vivo el mayor tiempo posible, incomodar al Atlético, obligarlo a tomar decisiones precipitadas y castigar cualquier relajación.

    La experiencia de jugadoras como Estefa será fundamental para ordenar al equipo en los momentos de mayor sufrimiento. Su lectura del juego, su capacidad para temporizar y su liderazgo silencioso pueden marcar la diferencia en un contexto de máxima exigencia emocional. El desparpajo de Javiera Toro, con su capacidad para romper líneas y aportar energía en ataque, será uno de los principales argumentos ofensivos del conjunto murciano. Y bajo palos, la fiabilidad de Elena de Toro se antoja imprescindible. En una eliminatoria a partido único, la portera siempre es una protagonista potencial. Un penalti detenido, una mano imposible o una salida valiente pueden cambiar el signo de toda una temporada.

    Jovi García es consciente de que su equipo necesita rozar la perfección para tener opciones reales. No basta con competir bien durante fases del partido. Será necesario mantener la concentración durante los noventa minutos, gestionar los momentos de inferioridad emocional y aceptar que habrá tramos de sufrimiento. Pero también sabe que la presión recae íntegramente sobre el Atlético. Y esa presión, bien gestionada, puede convertirse en aliada del que juega en casa.

    El Atlético de Madrid, por su parte, afronta el duelo con una obligación que va más allá del resultado. Necesita recuperar sensaciones, reconectar con su identidad competitiva y demostrar que, incluso en momentos de duda, sigue siendo un equipo reconocible. Víctor Martín deberá decidir hasta qué punto rota su once o apuesta por un bloque más reconocible que recupere automatismos. La Copa suele ser terreno fértil para las rotaciones, pero también un espacio donde los errores se pagan caros. Encontrar el equilibrio entre dar minutos y no perder jerarquía será una de las claves del planteamiento rojiblanco.

    El Atlético tiene calidad de sobra para dominar el juego. Tiene jugadoras capaces de marcar diferencias individuales, de acelerar el ritmo cuando el partido lo exige y de interpretar los momentos. Pero la Copa no perdona la falta de intensidad ni la desconexión emocional. No basta con tener el balón. Hay que saber qué hacer con él cuando el rival se cierra, cuando el campo no ayuda y cuando el reloj avanza sin que el marcador se mueva.

    En ese contexto, futbolistas como Synne Jensen están llamadas a ser determinantes. Su capacidad para atacar el espacio, para ofrecer desmarques constantes y para amenazar la espalda de la defensa rival puede abrir grietas en un bloque que se espera muy cerrado. El liderazgo de las veteranas del vestuario, ese que no siempre se ve pero que se siente en los momentos de duda, será igualmente clave. En partidos así, el colmillo competitivo y el temple pesan tanto como la calidad técnica.

    Más allá de lo estrictamente deportivo, este partido es también un reflejo del momento que vive el fútbol femenino español. La convivencia entre proyectos modestos que luchan por consolidarse en la élite y clubes históricos que compiten en Europa define una liga cada vez más plural, más exigente y más atractiva. El Alhama representa la resistencia. La identidad de un club que ha sabido crecer desde la base, que ha vivido ascensos y descensos, alegrías y golpes, y que no renuncia a soñar incluso cuando el presente aprieta.

    El Atlético encarna la ambición estructural. La necesidad de responder siempre como favorito. La exigencia constante de competir al máximo nivel, incluso cuando las circunstancias no acompañan del todo. Es un club que ha hecho de la regularidad su seña de identidad en los últimos años, pero que ahora transita una etapa de reajuste en la que cada partido es una prueba de carácter.

    La Copa de la Reina, en ese sentido, actúa como un espejo. No entiende de dinámicas previas ni de presupuestos. Solo exige noventa minutos de verdad.

    Y ahí es donde el Alhama se agarra a la mística copera, a la posibilidad de escribir la página más brillante de su historia reciente. Dar la sorpresa ante un equipo Champions no es solo una hazaña deportiva. Es una declaración de intenciones. Un mensaje al vestuario, a la afición y a toda la Región de Murcia de que este club tiene alma y ambición.

    El partido se mantuvo en un equilibrio delicado, donde cada error podía ser decisivo. La coordinación defensiva del Atlético, la solidez en el centro del campo y la movilidad del ataque permitieron mantener la ventaja ante un Alhama que dio un paso adelante de manera muy evidente, pero a las de Jovi García les faltaba pegada a veinte minutos para el final que le permitieran soñar con forzar la prórroga.

    Para el Atlético, mientras tanto, cada partido es una oportunidad para recomponerse. Para cerrar heridas. Para recordar quién es y de dónde viene. Despedir 2025 con los deberes hechos, avanzando de ronda y recuperando sensaciones, es un objetivo tan necesario como simbólico. La Copa puede ser refugio o tormenta. Puede servir para reencontrarse o para profundizar las dudas. Todo dependerá de la actitud con la que se afronte el reto.

    El formato de eliminatoria única eleva la tensión hasta el límite. No hay margen de error. No hay partido de vuelta para corregir fallos. Cada decisión, cada despeje, cada balón dividido adquiere un valor desproporcionado.

    El césped artificial, el ambiente local y la necesidad del Alhama de ofrecer una alegría a su afición convierten el escenario en un pequeño volcán emocional.

    Las estadísticas y los precedentes pasarán a un segundo plano en cuanto ruede el balón. Quedará el ruido del público, el tacto extraño del balón sobre el sintético, la tensión en cada despeje y la sensación constante de que cualquier detalle puede cambiarlo todo. El Alhama buscará el partido de su vida. El Atlético, la reafirmación de su jerarquía.

    Y en medio, la Copa de la Reina volverá a recordarnos por qué es el torneo donde el fútbol femenino español se mira al espejo de la emoción. Porque hay noches que no se repiten. Porque hay partidos que marcan trayectorias. Porque hay escenarios donde la fe compite de tú a tú con el talento.

    Murcia se prepara para una noche que puede ser histórica o simplemente inolvidable. El José Kubala será juez y testigo de un duelo donde nadie regalará nada y donde todo estará en juego. El Alhama cree. El Atlético responde. Y la Copa exige verdad.

    🔜 NEXT GAME

    🏆 Copa de la Reina Iberdrola 2025-2026

    🔥 Alhama ElPozo 🆚 Atlético de Madrid 🔥

    ⚔️ Eliminatoria de octavos de final ⚔️

    📅 Domingo , 21  de diciembre de 2025

    🚀 Día de partido | Matchday 

    📺 RFEF TV (YouTube)

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    🏟️ Estadio José Kubala, Murcia 

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Los onces |

    El encuentro al detalle |

    (Fuente: Alhama ElPozo)

    No todas las noches nacen para ser explicadas. Algunas existen únicamente para ser sentidas, para instalarse en la memoria colectiva sin pedir permiso, para quedarse adheridas a la piel como ese frío húmedo que, poco a poco, fue cayendo sobre el estadio José Kubala mientras las luces se encendían y el murmullo crecía. No era una noche de focos deslumbrantes ni de escenarios monumentales. Era, precisamente, una de esas noches que la Copa de la Reina elige con mimo: imperfecta, áspera, incómoda, profundamente honesta. Una noche hecha para poner a prueba algo más que el fútbol.

    Murcia no ofrecía alfombra roja, pero sí un contexto que pesa. El césped artificial, siempre traicionero, esperaba como un juez silencioso. Cada bote prometía ser distinto, cada control exigía adaptación inmediata. Aquí no hay margen para la que duda, para la que se queja, para la que llega tarde al partido mental. Aquí se sobrevive o se cae. Y el balón, quieto aún en el centro del campo, parecía saberlo.

    El Alhama ElPozo y el Atlético de Madrid estaban a punto de enfrentarse por un billete a los cuartos de final de la Copa de la Reina, pero en realidad se jugaban algo más profundo, más íntimo, más difícil de cuantificar. Se jugaban una noche de sentido. Para unas, la posibilidad de reencontrarse con lo que fueron y con lo que todavía quieren ser. Para otras, la necesidad urgente de reafirmarse, de recordar que la jerarquía no se hereda, se defiende. La Copa no concede treguas ni ofrece atajos. La Copa pregunta. Y solo responde el campo.

    El Atlético llegaba con la mochila cargada de historia. Dos títulos coperos, presencia constante en las rondas finales, etiqueta de gigante inevitable. Equipo Champions, equipo acostumbrado a competir contra las mejores de Europa. Pero también llegaba con dudas recientes, con heridas aún abiertas, con esa sensación incómoda de que el fútbol, a veces, se vuelve esquivo justo cuando más se le necesita. La derrota contundente en Lyon todavía resonaba en la memoria, no como un accidente, sino como un aviso. En la Copa, esos avisos suelen convertirse en amenazas reales.

    El Alhama, en cambio, llegaba desde otro lugar. Desde la urgencia, desde la necesidad de agarrarse a algo que le devolviera la fe. Las dinámicas ligueras habían sido crueles, los resultados no acompañaban, la confianza se había ido erosionando semana tras semana. Pero la Copa no pregunta cómo llegas. Pregunta qué estás dispuesto a dar ahora. Y el Alhama, arropado por su gente, había elegido este partido como refugio emocional, como espacio de resistencia, como oportunidad para recordar que su historia reciente también tiene páginas de valentía.

    Porque este club sabe lo que es mirar de frente a los grandes. Sabe lo que es sentirse parte del relato. Aquella Final Four de 2023 sigue viva en la memoria colectiva como un recordatorio de que los sueños, cuando se sostienen con convicción, también pueden llevar acento murciano. Nada de eso garantizaba nada esta noche, pero alimentaba una idea poderosa, casi peligrosa: los gigantes también caen. Y la Copa es el lugar donde esa verdad se manifiesta con mayor crudeza.

    Las gradas del José Kubala no rugían como un gran estadio, pero vibraban. Cada asiento ocupaba una historia distinta, una ilusión propia, una esperanza compartida. Había quien había venido a ver a su equipo competir sin complejos. Había quien soñaba con una gesta. Y había, sobre todo, una sensación colectiva de que algo podía pasar. No una certeza. Una posibilidad. Y en el fútbol, pocas cosas son más peligrosas que una posibilidad bien creída.

    Cuando las jugadoras saltaron al campo, el tiempo pareció comprimirse. Las miradas eran largas, concentradas, cargadas de significado. No había sonrisas innecesarias ni gestos de distracción. El Atlético sabía que no podía permitirse empezar mal. El Alhama sabía que debía entrar al partido como si cada minuto fuera el último. En las eliminatorias a partido único no hay reconstrucción posible. No hay mañana para corregir errores. Todo ocurre aquí y ahora.

    El pitido inicial no rompió el silencio; lo transformó. El murmullo se volvió tensión. El balón empezó a rodar y, con él, se desvanecieron los discursos previos, las etiquetas, las comparaciones.

    Solo quedaron el ruido seco de las botas sobre el sintético, los primeros choques, las carreras tensas, la sensación constante de que cualquier detalle podía inclinar la balanza. La Copa reclamaba su peaje habitual: intensidad, adaptación, verdad.

    El Alhama salió a competir como quien defiende un territorio propio. Sin complejos, sin concesiones. Cada balón dividido era una declaración de intenciones. Cada repliegue, un acto de supervivencia consciente. No se trataba de tener el balón, sino de sostener el partido. De incomodar. De alargar la duda en la mente del favorito. De convertir la noche en un terreno incómodo para quien venía obligado a ganar.

    El Atlético, mientras tanto, intentaba imponer jerarquía desde el control, desde la paciencia, desde la calidad. Pero la Copa no siempre se deja domesticar. El campo no ayudaba, el ritmo era irregular y el contexto exigía algo más que talento. Exigía carácter. Exigía aceptar que no habría brillo inmediato, que el partido no se ganaría con una sola acción, que sería necesario ensuciarse, adaptarse, sufrir.

    Así empezó la noche. Sin promesas de espectáculo, sin concesiones al confort. Con la Copa de la Reina recordando, una vez más, por qué es el torneo donde el fútbol femenino español se desnuda por completo. Porque hay noches que no se juegan solo con las piernas. Hay noches que se juegan con la cabeza, con el corazón y con la memoria. Y Murcia estaba preparada para comprobar quién estaba dispuesto a entregarlo todo cuando la Copa exige verdad.

    Víctor Martín salió con un once de garantías en el Patri Larqué fue la encargada de sostener al equipo bajo palos, transmitiendo seguridad desde el primer minuto.

    Por delante, la zaga se estructuró con Carmen Menayo y Silvia Lloris como pareja de centrales, firmes en el juego aéreo y atentas a las coberturas, mientras que Andrea Medina y Alexia Fernández ocuparon los laterales, aportando recorrido y profundidad en ambas bandas.

    El centro del campo tuvo el mando de Gaby García, Fiamma Benítez y Júlia Bartel, un triángulo equilibrado que combinó criterio en la salida de balón, intensidad en la presión y llegada al área rival.

    En la parcela ofensiva, el ataque estuvo formado por Synne Jensen, Amaiur y Luany, una línea de tres dinámica y vertical, siempre dispuesta a atacar los espacios y a poner en aprietos a la defensa rival.

    Por su parte, el Alhama alineaba a Sol Beloto bajo los tres palos, mostrando seguridad y reflejos decisivos cuando el equipo lo necesitó.

    La línea defensiva estuvo formada por Judith Caravaca y Yannel Correa como centrales, sólidas en el juego aéreo y en la anticipación, mientras que Aitana Zumarraga y Astrid Álvarez ocuparon los laterales, combinando solidez defensiva con proyección ofensiva por las bandas.

    En el centro del campo, Aldrith Quintero, Encarni y Kuki tomaron el control del juego, equilibrando la distribución del balón, la presión sobre el rival y la llegada desde segunda línea.

    El ataque se estructuró con Vega Montesinos, Raquel y Yiyi, un tridente ofensivo con movilidad y capacidad para generar ocasiones, buscando constantemente desbordar la defensa rival.

    Era una tarde-noche muy desapacible en la Región de Murcia. La intensa lluvia caía sin descanso sobre la hierba artificial del Estadio Municipal José Kubala, convirtiendo el terreno de juego en un campo donde el barro y el agua se disputaban el protagonismo con el balón. Bajo estas condiciones extremas, cada pase, cada control y cada arrancada se convertían en un reto, obligando a las jugadoras a afinar su técnica, mantener la concentración y mostrar su resistencia física y mental. Para el Atlético de Madrid, esta situación no era desconocida. El equipo rojiblanco había lidiado en el pasado con terrenos similares y había escrito páginas gloriosas de su historia en circunstancias adversas. Nombres como Deborah García, Priscila Booeja o Amanda Sampedro todavía resonaban en la memoria de los aficionados. Este último nombre, Sampedro, había sido objeto de un reportaje en profundidad por este medio pocas horas antes de la cita copera, recordando su influencia dentro y fuera del campo, su carácter competitivo y su capacidad de liderazgo que tantas veces había inclinado la balanza a favor del Atlético en momentos cruciales.

    Con el pitido inicial, el partido se convirtió en un duelo de voluntades, donde la condición física, la estrategia y la capacidad de adaptación marcarían la diferencia. Bajo los palos, Sol Belotto asumió la responsabilidad de la portería, enfrentándose a tiros complicados y salidas arriesgadas con una serenidad que transmitía confianza a sus compañeras. Su actuación fue fundamental para mantener la solidez defensiva del equipo, anticipando centros y reaccionando con rapidez ante cualquier intento de perforar su arco.

    La defensa estuvo compuesta por Judith Caravaca y Yannel Correa como centrales. Ambas demostraron una gran capacidad de lectura del juego y un dominio físico notable, especialmente en las disputas aéreas. Su coordinación y comunicación fueron vitales para sostener la línea defensiva, impidiendo que las atacantes rivales encontraran espacios cómodos. Aitana Zumarraga y Astrid Álvarez completaban el cuarteto defensivo actuando como laterales, aportando no solo seguridad en sus zonas sino también proyección ofensiva. Cada incursión por banda era un intento de generar superioridad y de conectar con las jugadoras del centro del campo y el ataque, en un intento de equilibrar la necesidad de defender con la obligación de crear ocasiones.

    El centro del campo fue el corazón del equipo. Aldrith Quintero, Encarni y Kuki asumieron roles complementarios, distribuyendo el balón con criterio y manteniendo la presión sobre el rival cuando la posesión se perdía. Su capacidad de transición, tanto en defensa como en ataque, fue un factor decisivo para controlar el ritmo del encuentro. Quintero, con su fuerza y visión de juego, se encargó de recuperar balones y dar salida limpia; Encarni mostró inteligencia táctica y capacidad de conducción; mientras que Kuki añadió llegada desde segunda línea, combinando remates con pases clave.

    En la delantera, Vega Montesinos, Raquel y Yiyi formaron un tridente dinámico y vertical. Su movilidad constante y su disposición a atacar los espacios libres desafiaron continuamente a la defensa contraria. Cada movimiento, cada desmarque y cada intento de combinación ofreció alternativas ofensivas, aunque la lluvia y el barro complicaron la ejecución técnica, convirtiendo cada acción en un desafío de precisión y resistencia.

    El partido transcurrió con un ritmo intenso, marcado por la necesidad de adaptarse a las condiciones climáticas adversas. Cada intervención, ya fuera defensiva u ofensiva, estaba cargada de esfuerzo físico y concentración mental. La lluvia obligó a los equipos a replantear su estrategia: los balones largos y los cambios de orientación se volvieron más frecuentes, y la importancia del juego aéreo y de la anticipación creció de manera exponencial. La resistencia física se combinaba con la táctica, y las jugadoras se vieron obligadas a adaptarse a un terreno irregular, que hacía que los controles fueran impredecibles y los desmarques aún más valiosos.

    Los minutos iniciales mostraron a un Atlético decidido a imponer su estilo pese a las dificultades. La presión alta, característica del equipo, generó pérdidas tempranas en el rival, que intentaba adaptarse a un terreno resbaladizo. Sol Belotto, por su parte, tuvo que intervenir en varias ocasiones para neutralizar intentos de tiro desde media distancia, demostrando seguridad en los balones aéreos y en el uno contra uno. Cada parada era recibida con un aplauso contenido de las jugadoras y un impulso para seguir luchando en condiciones extremas.

    En el centro del campo, la coordinación entre Quintero, Encarni y Kuki permitió recuperar numerosos balones y generar transiciones rápidas. Su capacidad para mantener la compostura bajo presión y para combinarse con los laterales Zumarraga y Álvarez facilitó que el Atlético pudiera superar líneas rivales y buscar profundidad por las bandas, aunque los charcos y la lluvia ralentizaban el ritmo de los ataques. Vega Montesinos, Raquel y Yiyi intentaban aprovechar cada balón suelto, buscando espacios entre los defensores, mientras que los movimientos de apoyo y los desmarques constantes ofrecían alternativas de pase incluso en situaciones complicadas.

    A medida que el partido avanzaba, se evidenció la importancia del carácter del equipo. La resistencia física se combinó con la resiliencia mental, recordando a los rojiblancos de antaño que habían dejado su sello en condiciones similares. Las jugadoras mostraron determinación, coraje y solidaridad en cada acción, reflejando que la historia del club no se escribe solo en victorias, sino también en la capacidad de luchar cuando todo parece adverso.

    El barro y la lluvia afectaban tanto al control del balón como a la toma de decisiones. Cada pase largo debía calibrarse con precisión; cada intento de regate se convertía en un riesgo. No obstante, la inteligencia táctica del equipo permitió superar muchas de estas dificultades, con movimientos coordinados, apoyo constante y decisiones rápidas. La defensa mantuvo un nivel alto de concentración, cerrando espacios y minimizando errores, mientras que el centro del campo ofrecía soluciones para mantener la posesión y generar ataques, incluso cuando el terreno parecía jugar en contra.

    El primer momento determinante llegó en el minuto 16, cuando una acción a balón parado puso en movimiento a Fiamma Benítez en el corazón del área rival. La venezolana Gaby García, completamente libre de marca tras un error defensivo gravísimo de Yanel Correa, conectó un frentazo imposible de detener para Sol Belotto, inaugurando el marcador con el 01 para las favoritas.

    La jugada evidenció no solo la capacidad ofensiva del Atlético, sino también la necesidad de concentración absoluta en defensa, un recordatorio de que cualquier descuido podía resultar letal en un escenario tan exigente.

    Tras adelantarse en el marcador, el Atlético de Madrid pareció liberarse de un peso y empezó a dominar el ritmo del partido. El Alhama, por su parte, no mostró un plan alternativo claro y se mostró incapaz de generar ocasiones de peligro sobre la portería de Larqué.

    Las oportunidades más claras para ampliar la renta rojiblanca llevaron la firma de Amaiur Sarriegui y Luany, aunque en esta ocasión no estuvieron especialmente acertadas en la definición. Synne Jensen también tuvo momentos de protagonismo, pero la eficacia ofensiva brillaba por su ausencia, recordando a los más veteranos a aquella eliminatoria del pasado curso ante el Cacereño, que se resolvió en la prórroga, aunque con la diferencia de que esta vez el marcador favorecía al Atlético y la sensación era de control absoluto.

    El público, todavía desorientado por el ritmo y la intensidad de la lluvia, apenas pudo celebrar un par de ocasiones antes del descanso. Solo un disparo de Fiamma Benítez, despejado con acierto por Sol Belotto, logró levantar a los espectadores de sus asientos y mantener la tensión antes del entretiempo. La exigua renta de 0-1 era valiosa, pero exigía concentración máxima y disciplina táctica en el segundo acto, especialmente frente a un Alhama que, pese a no haber mostrado alternativas claras, podía sorprender con balones largos o acciones a balón parado.

    El segundo tiempo comenzó con un Atlético decidido a controlar el balón y a aprovechar cualquier debilidad defensiva. La lluvia no cesaba y el barro hacía que cada pase, cada regate y cada salto fueran imprevisibles. Sin embargo, la coordinación entre Quintero, Encarni y Kuki permitió mantener la posesión y distribuir el juego hacia las bandas, donde Zumarraga y Álvarez ofrecían apoyo constante a las jugadoras ofensivas. El tridente de ataque, a pesar de las dificultades, continuó moviéndose con inteligencia, buscando espacios y desmarques que pusieran en aprietos a la defensa rival.

    La intensidad física del partido se combinaba con la táctica. Cada acción defensiva, cada interceptación y cada pase al hueco era un recordatorio de la importancia de la concentración, especialmente en un terreno resbaladizo donde un fallo podía costar caro. Sol Belotto seguía mostrando seguridad bajo palos, mientras que Caravaca y Correa mantenían el equilibrio defensivo, cerrando espacios y anticipándose a los movimientos rivales.

    El Atlético, consciente de que debía conservar la ventaja, ajustó su presión y su posicionamiento. La línea defensiva se retrasó ligeramente para evitar contragolpes y permitir que los centrocampistas se sumaran al ataque con mayor libertad.

    Las jugadas a balón parado seguían siendo una amenaza, y cada córner o falta lateral generaba tensión en el área rival. Las jugadoras del Alhama intentaban reaccionar, pero la falta de coordinación y el terreno húmedo limitaban su capacidad de generar peligro real.

    A medida que el reloj avanzaba, el partido se convirtió en un auténtico test de resistencia. Cada jugadora debía combinar técnica, táctica y físico, mientras la lluvia caía sin cesar y el barro condicionaba el ritmo. El Atlético supo adaptarse mejor a las condiciones adversas, demostrando experiencia y solidez mental. Cada recuperación, cada desmarque y cada pase preciso reafirmaban que el equipo estaba preparado para competir en cualquier circunstancia, siguiendo el legado de las leyendas rojiblancas que habían dejado su huella en condiciones similares.

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    La segunda mitad también ofreció momentos de emoción y tensión. Fiamma Benítez volvió a generar peligro con su capacidad de llegada y su disparo potente, aunque la portera Belotto respondió con seguridad. Vega Montesinos, Raquel y Yiyi continuaron buscando la portería rival, moviéndose con dinamismo y aprovechando cualquier resquicio defensivo. Sin embargo, la eficacia ofensiva seguía siendo limitada, recordando que las condiciones del terreno y la presión defensiva hacían muy difícil concretar las ocasiones.

    Parecía que la noche en Murcia iba a ser una más de esas en las que el Atlético de Madrid Femenino controlaba el partido con la comodidad que da la superioridad, la experiencia y la calidad individual de sus jugadoras. Tras la primera mitad, la sensación era que las rojiblancas tenían el encuentro dominado, con un marcador favorable que les permitía respirar con tranquilidad y planificar un segundo tiempo sin sobresaltos. Sin embargo, la Copa de la Reina tiene sus propias leyes, y aquella tarde dejó claro que la historia escrita no garantiza nada, que en este torneo los giros inesperados y las sorpresas son moneda corriente, y que la gloria se paga con sangre, sudor y nervios al límite. El Alhama, consciente de la superioridad inicial de su rival, se refugiaba, esperaba su momento y, con paciencia, buscaba hilos de esperanza en cada balón dividido, en cada pérdida de balón, en cada detalle que pudiera romper la tela de seguridad que el Atlético había tejido en los primeros 45 minutos. La tensión crecía, casi invisible, hasta que un instante cambió por completo la dinámica del encuentro.

    El minuto 93 quedó marcado en el recuerdo como un punto de inflexión dramático, un instante en el que la comodidad de las colchoneras se evaporó como arena entre los dedos. Luany, la exjugadora del Madrid CFF, cometió un juego peligroso sobre Judith Caravaca y vio la tarjeta roja directa. La decisión de la colegiada, severa y categórica, provocó un temblor en la defensa atlética y una explosión de confianza en el Alhama. Aquel instante transformó un partido que parecía controlado en una pesadilla de incertidumbre para las visitantes, que de repente se encontraron con diez jugadoras sobre el campo, con media hora de tensión por delante y un rival crecido por la superioridad numérica que empujaba con fuerza implacable hacia la portería de Patri Larqué. El Alhama olió sangre, la recta final se convirtió en un asedio, un martilleo constante, un acoso que parecía dispuesto a derribar los muros rojiblancos, y el premio no tardó en llegar.

    En el minuto 95, cuando la desesperación y la ansiedad se mezclaban en el banquillo del Atlético, llegó el empate. Un disparo de Belén Martínez desde el área, tocado por Silvia Lloris, se introdujo en la portería rojiblanca para consumar un autogol que suponía el 11 definitivo en el último suspiro.

    La confusión y la impotencia se reflejaban en los rostros de las colchoneras mientras el Alhama celebraba un empate que sabía a victoria momentánea. Aquella acción no solo nivelaba el marcador, sino que también trastocaba los planes de Víctor Martín, quien veía cómo el control que había ostentado su equipo se desvanecía en cuestión de segundos. La presión subía como un manto de incertidumbre, la adrenalina se disparaba y la idea de una prórroga inevitable comenzaba a instalarse en la mente de todas.

    (Fuente: Alhama ElPozo)

    El partido se adentró en la prórroga con un Atlético ya nervioso, consciente de que cada segundo perdido podría costarles caro. La tensión era palpable, los movimientos eran más rápidos, los pases más forzados y la ansiedad comenzaba a morder el ánimo de las jugadoras.

    La prórroga no fue un mero trámite; fue un compendio de oportunidades, de decisiones al límite, de acciones que podían cambiar la historia de un torneo entero. Un gol anulado a las rojiblancas por un fuera de juego discutible elevó aún más la sensación de injusticia momentánea, mientras que una ocasión clarísima de Marta Gestera para el Alhama mantenía a todos al borde del asiento.

    Cada pase, cada despeje, cada regate parecía cargado de un peso descomunal, y la tanda de penaltis comenzó a perfilarse como el único escenario posible para decidir quién avanzaría.

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    Cuando llegó la tanda de penaltis, el silencio se volvió absoluto, solo roto por el eco de los pasos de las jugadoras y el sonido seco del balón al ser lanzado.

    (Fuente: “El Partido de Manu”) Creatividad: Ruth

    La primera serie fue un duelo de nervios y precisión. Para el Atlético, Boe Risa, Fiamma, Gaby García, Silvia Lloris y Ana Vitoria marcaron con temple y determinación, mientras que Sol Bellotto, arquera del Alhama, logró detener el lanzamiento de Macarena Portales, encendiendo una chispa de esperanza en su equipo. El Alhama respondió con Nuria, Anita, Quintero y Estefa transformando sus penales en ocasiones de ilusión, hasta que el destino del partido quedó en manos de la última serie. Patri Larqué emergió como heroína del momento, primero deteniendo el disparo de Astrid Álvarez y luego el de Marta Gestera, consumando una victoria que resonaba con coraje, corazón y carácter inquebrantable.

    El triunfo del Atlético no fue un triunfo cualquiera. Fue la recompensa a la paciencia, al temple y a la capacidad de sobreponerse a la adversidad.

    Las rojiblancas habían sobrevivido a una embestida inesperada, a un momento de inferioridad numérica que podría haber truncado cualquier aspiración, y habían demostrado, una vez más, que en la Copa de la Reina no hay rendiciones anticipadas, que cada minuto cuenta, que cada jugada puede convertirse en historia. La euforia no solo llenó el rostro de las jugadoras, sino que impregnó la grada y los corazones de todos aquellos que siguen con pasión a este equipo.

    Con una mezcla de alivio y orgullo, las colchoneras sellaron su pase a los cuartos de final, cerrando un 2025 que, a pesar de las dificultades, terminaba con una sonrisa y la satisfacción de haber superado un compromiso que antaño les habría sido esquivo.

    Tras su victoria en los once metros , el siempre corajudo Atlético de Madrid  se une en la siguiente ronda al Athletic Club, Costa Adeje Tenerife, Badalona, Real Madrid, Real Sociedad, Madrid CFF y Fútbol Club Barcelona en los cuartos de final.

    El siguiente capítulo de este magnífico torneo queda aún pendiente de la celebración del sorteo protocolario en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, un evento que todavía no tiene fecha de celebración y se espera que la RFEF lo haga público lo antes posible para que así los fans puedan organizar su agenda.

    La gran final, para la que todavía restan varias eliminatorias, se trasladará posiblemente a Gran Canaria, un lugar huérfano de fútbol femenino desde que, incomprensiblemente, la U.D. Las Palmas cerró la sección en junio de 2011.

    El favorito es el actual campeón, un cuadro azulgrana que venció por 1-6 al Deportivo Alavés, al que no pudimos cubrir como nos hubiera gustado al coincidir en el tiempo con el cara a cara de las madrileñas, que dejó a más de uno, me incluyo, pendiente una revisión en la unidad de cardiología, así es este equipo, en los próximos días.

    (Fuente: RFEF)

    📋 Ficha técnica |

    Alhama ElPozo: Sol, Astrid, Yanel (Núria Martínez), Judith Caravaca, Aitana, Kuki, Aldrith (Gestera), Encarni (Patricia Miñano), Yiyi (Estefa), Raquel Pinel (Belén Martinez).

    Atlético de Madrid: P. Larqué, Medina, Lloris, Menayo (Xénia Pérez), Alexia Fernández, Gaby García, Júlia Bartel (Maca), Fiamma Benítez, Luany, Jensen (Celia Gómez), Amaiur Sarriegui.

    Colegiada: Andrea Firvida Fernández

    Martín (52′,Amarilla), Encarni (57′,Amarilla), Aitana Zumárraga (65′,Amarilla), Judith Caravaca (84′,Amarilla), Xènia Pérez (85′,Amarilla), Luany (89′,Amarilla), Patricia Larqué (93′,Amarilla), Luany (93′,Roja), Belén Martínez (108′,Amarilla), Marta Gestera (119′,Amarilla), Ana Velázquez (121′,Amarilla).

    Incidencias: Partido correspondiente a la ronda de octavos de final de la Copa de la Reina Iberdrola 2025-2026 entre el Alhama ElPozo y el Atlético de Madrid que se ha celebrado a las 19:00 horario peninsular sobre el césped artificial del Estadio Municipal José Kubala en la Región de Murcia.

    Goles:

    0-1 Gaby García 16’ ⚽️

    1-1 Silvia Lloris (P.P.) 95’ ⚽️

    Penaltis:

    0-1 Vilde Bøe Risa’ ⚽️

    1-1 Nuria’ ⚽️

    1-2 Fiamma Benítez’ ⚽️

    2-2 Anita’ ⚽️

    2-3 Gaby García’ ⚽️

    3-3 Aldrith Quintero’ ⚽️

    ❌ Maca Portales’ ⚽️

    3-4 Silvia Lloris’ ⚽️

    4-4 Estefanía Lima’ ⚽️

    4-5 Ana Vitoria’ ⚽️

    ❌ Marta Gestera’ ⚽️

    Vídeo |

  • La crónica | Edna Imade conquista Riazor rumbo a cuartos de final

    (Fuente: RFEF)

    ⬛️ Imparable y contundente, la Real Sociedad venció al Deportivo Abanca (1-4) y avanza con autoridad hacia los cuartos de final de la Copa de la Reina.

    La previa |

    (Fuente: 11 inicial)

    #CopaDeLaReinaIberdrola | #FutFemRFEF

    En el corazón del invierno español, cuando el calendario marca la recta final de diciembre y la mayoría de ligas descansan o se reanuda la competición tras una pausa invernal, la Copa de SM la Reina —el torneo nacional de fútbol femenino con más historia y prestigio en España— entra en su fase de octavos de final con un choque que evoca destino, rivalidad y búsqueda de gloria: Deportivo Abanca recibiendo a la Real Sociedad en el mítico Estadio ABANCA‑Riazor.

    Este enfrentamiento tiene todos los ingredientes dramáticos del deporte: repetición de un duelo copero que ya se vivió en la temporada anterior, la ambición de un equipo que quiere demostrar que puede romper viejos guiones, y la presencia de una Real Sociedad que busca confirmar su crecimiento como potencia constante en el fútbol femenino español.

    El sorteo de los octavos de final, celebrado en Las Rozas (Ciudad del Fútbol), emparejó una vez más a Deportivo Abanca y Real Sociedad en un cruce que recuerda al de la pasada temporada 2024, cuando las donostiarras se impusieron por la mínima en un encuentro igualado y vibrante. 

    Esta repetición no es casualidad; es una narración copera que vuelve a poner frente a frente a dos clubes con trayectorias diferentes pero con una ambición idéntica: avanzar en la Copa y vivir la épica de seguir compitiendo en un torneo donde cualquier equipo puede dejar su huella.

    Deportivo Abanca llega a esta cita tras superar la ronda previa de la Copa contra el Guiniguada Apolinario CD de Las Palmas por un contundente 1‑3, demostrando que su ambición no conoce límites y que su participación en el torneo va más allá de un simple trámite. 

    La temporada del Dépor en Liga F Moeve ha tenido altibajos, con momentos de lucha intensa por la permanencia frente a equipos de mayor presupuesto. Sin embargo, cada victoria, cada balón disputado y cada entrada defensiva han alimentado una moral de equipo combativo: aquel que no se rinde, aquel que cuando juega en Riazor siente el latido de una afición que cuenta los segundos para ver rodar el balón. 

    El conjunto de Fran Alonso es un equipo que basa su fútbol en la intensidad, la solidaridad defensiva y la capacidad de generar ocasiones por velocidad en transición y por banda. En esta eliminatoria, una de sus mayores armas será la presión organizada, la búsqueda de espacios en el campo rival y tratar de sorprender en las acciones a balón parado o conducciones profundas que desorganicen a la defensa rival. 

    No obstante, el Deportivo Abanca llega con algunas bajas sensibles por lesión, como Paula Monteagudo y Henar Muiña, lo que obliga al entrenador a ajustar ideas y planteamientos para compensar ausencias importantes en el once titular.

    La historia reciente contra la Real Sociedad ofrece un punto de motivación extra: en la pasada Copa las gallegas estuvieron cerca de dar la sorpresa y quieren intentar alterar un resultado que dejó un sabor agridulce, donde la mínima diferencia marcó el destino.

    Para la Real Sociedad, este partido representa continuidad de un proyecto sólido que ha ido creciendo con paso firme en los últimos años. El club donostiarra ha consolidado una filosofía que combina posesión, equilibrio táctico y eficacia ofensiva, siendo protagonista constante en la parte alta de Liga F y ahora también en la Copa. 

    Las realistas llegan a Riazor con la intención de marcar territorio desde el primer instante, imponer su estilo de juego y convertir posesión en oportunidades claras de peligro. La campaña copera de la Real empieza en octavos, ya que al haber terminado entre los equipos mejor ubicados en Liga F la temporada anterior no tuvo que disputar ninguna ronda previa.

    Este equipo ha demostrado madurez competitiva, una defensa organizada y una capacidad para encontrar soluciones en el último tercio del campo que lo convierten en uno de los claros aspirantes a soñar con la victoria final en el torneo del KO.

    Además, la Real Sociedad ha mostrado solidez en competiciones de liga y copa anteriores contra rivales de calidad, lo que refuerza su condición de favorito en este duelo, aunque el Dépor está dispuesto a desafiar ese favoritismo en cada segundo de juego.

    La batalla por el mediocampo será decisiva, ya que quien consiga controlar esa zona clave podrá decidir el ritmo del juego y encontrar ventajas para sus atacantes.

    Más allá de la táctica, este partido es una historia de corazón, de suspense y de orgullo regional. El Deportivo Abanca, con su afición desde las gradas de Riazor, y la Real Sociedad, con su tradición futbolística vasca, lucharán por cada balón como si el destino estuviera escrito en cada pase.

    Para las jugadoras del Dépor, ganar supondría un impulso moral enorme, una confirmación de que pueden competir de tú a tú con equipos de mayor trayectoria copera. Para las de la Real, pasar de ronda significaría seguir construyendo un legado de estabilidad, ambición y potencial para soñar incluso con instancias más profundas del torneo. 
    La eliminatoria se emitirá en varios canales autonómicos y nacionales, con cobertura en ETB1 y TVG 2, ofreciendo a los aficionados la posibilidad de seguir en directo uno de los duelos más atractivos de esta fase de la Copa de la Reina.

    Este Deportivo Abanca vs Real Sociedad no es solo una eliminatoria más en la Copa de la Reina. Es una narrativa tejida con retorno de rivalidad, ambición de triunfo, estrategias futbolísticas y el innegable deseo de ambas aficiones por ver a su equipo avanzar en un torneo donde cada balón cuenta más que el anterior.

    El 21 de diciembre, a las 12:00 en ABANCA‑Riazor, no solo se juegan octavos de final: se juega una historia de orgullo competitivo, de fútbol de temperamento y de pasión que quedará en la memoria de todos los que vivan este duelo.

    Vive el duelo en “El Partido de Manu” |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🏆 Copa de la Reina Iberdrola 2025-2026

    ✨ Ronda de octavos de final ✨

    🔥 Deportivo Abanca 🆚 Real Sociedad de Fútbol 🔥

    🗓️ Domingo, 21 de diciembre de 2025

    📺 ETB1

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    🏟️Estadio ABANCA‑Riazor, A Coruña

    Los onces|

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Riazor amaneció con ese frío que no es meteorológico, sino emocional. Ese frío que precede a los días importantes, a las citas que se anuncian como oportunidad y acaban convirtiéndose en examen. El Deportivo Abanca se presentaba en los octavos de final de la Copa de la Reina con el discurso aprendido de la ilusión, con el estadio abierto, con rotaciones anunciadas y con la promesa —más intuida que proclamada— de competir. La Real Sociedad, en cambio, llegó sin ruido, sin necesidad de proclamas, con la seguridad tranquila de quien sabe que el torneo empieza para ella cuando otros ya vienen fatigados.

    Fran Alonso había deslizado en la previa la palabra rotaciones, y cumplió parcialmente. Bajo palos apareció Yohana, relevo natural de Inês Pereira, y en el eje de la zaga Elena Vázquez se sumó a Raquel García para recomponer una defensa que buscaba aire nuevo. Hasta ahí llegó la novedad. El resto del once era reconocible, habitual, competitivo: pocas reservas y muchas intenciones. El mensaje era claro: este no era un partido para esconderse. El Dépor quería jugarlo.

    Y lo jugó. Al menos, durante un tiempo.

    La primera mitad fue un ejercicio de posesión blanquiazul, de voluntad territorial, de orgullo doméstico. El Deportivo quiso mandar, quiso la pelota, quiso ser protagonista en su casa. Pero el fútbol —como la Copa— no premia la intención, sino la eficacia. Y ahí, la Real Sociedad es un equipo hecho, maduro, con colmillo. Avisó Edna Imade a los cuarenta segundos, con un disparo desde muy lejos tras un regalo impropio de una eliminatoria copera. Era una advertencia temprana, casi pedagógica: cualquier error se paga. Respondió el Dépor con un contragolpe por la izquierda, un centro tibio de Bárbara Latorre y la sensación de que había partido.

    El Deportivo dominaba la posesión, pero no el daño. Movía el balón con paciencia, encontraba a Ainhoa Marín en todas partes —defendiendo, atacando, ordenando—, intentaba progresar con triangulaciones y cambios de orientación. Sin embargo, en la línea divisoria del campo parecía levantarse un muro invisible. La Real permitía salir jugando… hasta cierto punto. A partir de ahí, cerraba líneas, basculaba, esperaba. No se descomponía. No se aceleraba. No se desesperaba.

    El equipo de Arturo Ruiz entendió el partido desde el pragmatismo. Bloque medio, orden, paciencia y un mensaje claro: deja que el rival se desgaste con la pelota y castígalo cuando baje la guardia. Tardó ocho minutos en hacerlo. Un balón filtrado a la espalda de las centrales, una ruptura limpia, y Intza Eguiguren ajustó su remate al palo con precisión quirúrgica. 01 en el minuto 9 para demostrar que madrugar había merecido la pena.

    El gol no cambió el guion. El Deportivo siguió queriendo. Siguió intentando. Pero cada ataque parecía exigirle un esfuerzo triple al que necesitaba la Real Sociedad para generar peligro. La movilidad interior de las donostiarras, la calidad técnica en espacios reducidos, provocaban desajustes constantes que el Dépor intentaba corregir con corazón más que con cabeza. En una de esas recuperaciones, Bárbara Latorre tuvo el empate. Se plantó sola ante Julia Arrula y buscó una vaselina tan elegante como inocua. No hubo gol. Y en Copa, las oportunidades no convertidas suelen tener respuesta.

    El descanso llegó con el 0-1, con Riazor aún vivo, con la sensación de que el partido estaba abierto. En paralelo, otro monitor seguía el Madrid CFF-Eibar, porque esta Copa se juega en varios frentes y el despliegue informativo es parte del relato.

    Pero en A Coruña quedaban cuarenta y cinco minutos que iban a decir mucho más de lo que parecía.

    La segunda mitad empezó como la primera o un incluso peor merced a un resbalón de Marina Artero dejó a Cecilia Marcos sola ante Yohana. Esta vez, la portera blanquiazul respondió. Yohana se hizo grande. Volvió a aparecer ante Edna. Detuvo. Sostuvo. Dio aire. Durante varios minutos fue el único dique que evitó que el partido se rompiera antes de tiempo. El Dépor ya concedía demasiado, y la Real Sociedad empezaba a oler sangre.

    Perdonó una. Perdonó dos. Pero no perdonó la tercera. En el minuto 57, un envío lateral de Cecilia encontró la cabeza de Edna Imade. El salto, el timing, el impacto llevó sintonía de gol y el 02 hacía justicia futbolística y herida abierta. La internacional española, ex del Cacereño, firmaba un gol que no solo ampliaba la ventaja, sino que profundizaba en una grieta interna. Porque este tanto llegó cuando ya se hablaba —en voz baja, pero constante— del desgaste del discurso de Fran Alonso, cuestionado incluso desde dentro, como este medio había adelantado.

    Yohana siguió resistiendo. Evitó el tercero en dos remates consecutivos, tan claros que algunas jugadoras realistas ya celebraban. Pero el Dépor necesitaba algo más que paradas. Necesitaba fe. Y el banquillo reaccionó. Fran Alonso movió piezas: Vera Martínez, Lucía Martínez y Lucía Rivas entraron buscando agitar el partido, encontrar una chispa, provocar un error.

    Y lo encontró. En el minuto 70, Paula Gutiérrez armó un disparo lejano, lleno de intención y de rabia. El balón salió como un misil, besó la madera y se coló en la escuadra para celebrar el 12 con el que Riazor rugió. Por un instante, el estadio volvió a creer. Por un instante, la Copa volvió a parecer posible.

    La Real Sociedad de Fútbol , vestida de naranja, se sostuvo gracias a Arrula, que sacó una mano abajo prodigiosa en un mano a mano y voló después ante un disparo peligroso de Millene Cabral. Eran los mejores minutos del Dépor. El único tramo en el que el partido se jugó como quería, pero la alegría duró poco.

    A tan solo trece minutos del final, otro centro desde la izquierda encontró a Edna Imade y la futbolista propiedad del Bayern de Múnich le dio motivos a Sonia Bermúdez para que la siga convocando con España y puso el 13 en el 77 que era su doblete particular y la sentencia emocional para una defensa que hacía aguas ante la exjugadora del Granada y el golpe fue directo al mentón de las locales.

    Metidos ya en el descuento, con el Deportivo ya roto, Lucía Pardo firmó el 14 definitivo. Era el epílogo lógico de una historia que había ido escribiéndose con paciencia y contundencia desde el primer minuto.

    Las gallegas buscaron hasta el final, pero fueron las vascas las que volvieron a golpear, pues la remontada era a esas alturas del todo improbable.

    La Real Sociedad se paseó hasta los cuartos de final y el Deportivo Abanca se despidió del torneo.

    Fran Alonso salió de Riazor con más preguntas que respuestas, sosteniéndose en una cuerda que cada partido parece tensarse un poco más.

    El círculo se cerró como empezó: con Riazor frío, con el marcador como espejo y con la Copa recordando que no espera a nadie.

    📋 Ficha técnica |

    Dépor Abanca: Yohana; Paula Novo, Raquel García (Vera Martínez, min 60), Elena Vázquez, Samara Ortiz (Lucía Rivas, min 60); Marina Artero, Paula Gutiérrez (Eva Dios, min 77), Olaya Enrique; Ainhoa Marín, Bárbara Latorre (Lucía Martínez, min 60), Millene (Espe Pizarro, min 77).

    Real Sociedad: Julia Arrula; Emma Ramírez (Ainhoa Vicente, min 60), Lucía María, Claudia Florentino, Aiara Agirrezabala; Claire Maire (Lucía Pardo, min 77), Elene Guridi (Arola Aparicio, min 60), Klara Cahynova, Cecilia Marcos (Andreia De Jesús, min 60); Edna Imade, Intza Eguiguren (Nerea Eizaguirre, min 77).

    Ábitra: Ylenia Sánchez Miguel. Amonestó a la local Paula Novo y a las visitantes Claudia Florentino y Nerea Eizaguirre con amarilla.

    Incidencias: Encuentro correspondiente a los octavos de final de la Copa de la Reina, disputado ante 547 espectadores sobre una superficie de hierba natural.

    Goles |

    0-1 Intza Eguiguren 9’ ⚽️

    0-2 Edna Imade 57’ ⚽️

    1-2 Paula Gutierrez 70’ ⚽️

    1-3 Edna Imade 77’ ⚽️

    1-4 Lucía Pardo 93’ ⚽️

    Vídeo |

  • La crónica | El Madrid CFF se mete en cuartos de final con sufrimiento

    (Fuente: RFEF)

    ⬛️ ¡Corazón en vilo en el Fernando Torres! El Madrid CFF un sufrido pase a los cuartos de final de la Copa de la Reina Iberdrola tras imponerse por 3-2 a la SD Eibar en un duelo vibrante que se decidió en los instantes finales, con emoción, goles y un espectáculo que recordó por qué esta competición es un torneo donde cada segundo cuenta y nada está escrito hasta el pitido final.

    La previa |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El fútbol tiene días que no necesitan explicación, porque se sostienen sobre una verdad simple y poderosa: cuando la Copa aparece en el calendario, todo lo demás se detiene. La Copa de la Reina no entiende de jerarquías fijas ni de clasificaciones que se consultan de reojo; no distingue entre favoritos y aspirantes más allá de lo que ocurre en el césped durante noventa minutos —o los que hagan falta— y convierte cada eliminatoria en un relato autónomo, irrepetible, cargado de tensión, ilusión y sentido competitivo. Este domingo, 21 de enero, a partir de las doce del mediodía, el Estadio Fernando Torres de Fuenlabrada será el escenario donde Madrid CFF y Sociedad Deportiva Eibar se enfrenten en un cruce de octavos de final que va mucho más allá de una simple ronda copera. Es un partido que resume la esencia del fútbol femenino actual: crecimiento, ambición, identidad y la certeza de que cada oportunidad hay que exprimirla como si fuera la última.

    Fuenlabrada vuelve a vestirse de Copa, y eso nunca es un detalle menor. El Fernando Torres no es un estadio neutro para el Madrid CFF; es su casa emocional, el lugar donde el club ha construido buena parte de su trayectoria en la élite, donde ha aprendido a competir sin estridencias, a consolidarse temporada tras temporada en la Liga F Moeve y a hacerse respetar desde la coherencia y el trabajo diario. Allí, lejos de los grandes focos mediáticos, el Madrid CFF ha levantado una identidad reconocible, sostenida en el esfuerzo colectivo, en la cercanía con su gente y en una manera honesta de entender el fútbol. En ese contexto, la Copa de la Reina adquiere un valor especial: no es una distracción ni una obligación incómoda, sino una oportunidad real de seguir creciendo, de medir el pulso del equipo en un escenario donde no hay margen para el error.
    El conjunto madrileño llega a este cruce copero tras cerrar el año natural con una sensación agridulce. La derrota por 0-2 ante el Athletic Club, en el sur de la capital, fue un golpe que dejó huella, no tanto por el resultado en sí como por la percepción de que el equipo no consiguió transformar su propuesta en puntos. Sin embargo, la clasificación liguera refleja un proyecto sólido: séptimas en la Liga F Moeve, con 23 puntos en su haber, las jugadoras del Madrid CFF se mantienen firmes en la zona media-alta de la tabla, compitiendo con regularidad y demostrando que son un rival incómodo para cualquiera. La Copa aparece ahora como ese espacio paralelo donde reencontrarse con las mejores sensaciones, donde cerrar el año competitivo con una sonrisa distinta y donde el margen de mejora se convierte en una urgencia estimulante.

    En la tercera ronda, el Madrid CFF ya dejó claro que no está dispuesto a tomarse el torneo a la ligera. La contundente victoria por 1-7 ante el Sporting de Huelva en Andalucía no fue solo una goleada; fue una declaración de intenciones. El equipo entendió el partido desde el primer minuto, impuso su ritmo, castigó cada error del rival y mostró una versión reconocible, intensa y ambiciosa. Ese es el Madrid CFF que quiere reaparecer este domingo, consciente de que en la Copa no basta con ser superior sobre el papel: hay que demostrarlo en cada disputa, en cada transición y en cada acción a balón parado.
    Pero enfrente estará una Sociedad Deportiva Eibar que llega a Fuenlabrada con la mochila ligera y el espíritu competitivo intacto. Undécimas en la Primera División Femenina, con 14 puntos en el zurrón, las armeras afrontan este cruce copero sin la presión que acompaña al favorito, pero con una ambición clara y legítima: seguir avanzando y hacer historia. El empate 2-2 logrado en Ipurúa ante el Atlético de Madrid en su último compromiso liguero no solo reforzó la moral del grupo, sino que confirmó que este Eibar sabe competir, sabe sufrir y sabe levantarse en escenarios exigentes. Con la liga en pausa y el foco puesto exclusivamente en la Copa de la Reina, el equipo dirigido por Iñaki Goikoetxea ha preparado el partido como una oportunidad única para cerrar el año competitivo con una actuación que trascienda el resultado.

    El Eibar conoce bien al rival al que se enfrenta. Demasiado bien. Esta temporada, ambos equipos se verán las caras hasta en cuatro ocasiones, y las dos primeras ya han dejado un patrón que las armeras quieren romper. En pretemporada, en Burgos, el Madrid CFF se impuso por 2-1 en un partido ajustado, con un gol de Carmen Álvarez para el Eibar que evidenció que la distancia entre ambos no es insalvable. En la segunda jornada de liga, ya en el Fernando Torres, el encuentro volvió a caer del lado madrileño, esta vez por 1-0, decidido desde el punto de penalti. Dos partidos, dos derrotas por la mínima, dos sensaciones de estar cerca pero no lo suficiente. Este domingo, el Eibar regresa a Fuenlabrada con la convicción de que la tercera puede ser la vencida.
    Las estadísticas no sonríen al conjunto armero. En los últimos tiempos, solo ha logrado una victoria ante el Madrid CFF, y el Fernando Torres no ha sido un escenario especialmente propicio. Pero la Copa de la Reina no se construye sobre estadísticas, sino sobre momentos. Y el Eibar llega a este partido con la tranquilidad de quien no tiene nada que perder y mucho que ganar. La temporada pasada, las armeras se quedaron a las puertas en la tercera ronda, eliminadas por el DUX Logroño por 1-0 en un partido marcado por la igualdad y los detalles. Este año, el objetivo es claro: superar ese techo, alcanzar unos cuartos de final ilusionantes y seguir batiendo récords dentro de un proyecto que no deja de crecer.

    Iñaki Goikoetxea ha dotado a su equipo de una identidad reconocible, basada en el orden, la solidaridad defensiva y la valentía para competir de tú a tú cuando el contexto lo permite. El Eibar no es un equipo que se esconda; sabe cuándo replegarse, pero también cuándo saltar líneas y castigar al rival. En Fuenlabrada, las armeras no especularán desde el inicio. Buscarán incomodar, llevar el partido a un terreno incómodo para el Madrid CFF y explotar cualquier duda que pueda aparecer en el conjunto local. En una eliminatoria a partido único, cada pequeño detalle cuenta, y el Eibar lo sabe.
    Para el Madrid CFF, la clave estará en gestionar el peso del favoritismo. Jugar en casa, con tu gente, con la obligación implícita de avanzar, puede convertirse en una presión silenciosa si el partido no se encarrila pronto. Por eso, el equipo madrileño necesitará personalidad desde el primer minuto, imponer su ritmo, dominar las áreas y evitar que el Eibar gane confianza con el paso de los minutos. En la Copa, los partidos suelen decidirse en acciones puntuales: una falta lateral, un córner mal defendido, una transición rápida o un error en salida de balón. La concentración será un factor determinante.

    Más allá de lo táctico, este será un partido profundamente mental. Cómo gestione el Madrid CFF la ansiedad si el gol no llega, cómo responda el Eibar si encaja primero, quién sea capaz de controlar los momentos de pausa y de aceleración… Todo eso formará parte de una batalla invisible que puede inclinar la balanza. Porque en la Copa de la Reina no siempre gana quien más domina, sino quien mejor interpreta el contexto.
    El encuentro, además, contará con un valor añadido que no conviene pasar por alto: será retransmitido en directo, de manera gratuita y accesible para todos los públicos, a través del canal oficial de YouTube de la RFEF. Una invitación abierta al espectador para sentarse frente a la pantalla y disfrutar de un partido que representa a la perfección el momento que vive el fútbol femenino español. Sin barreras, sin excusas, con la Copa como protagonista absoluta.


    Este Madrid CFF versus SD Eibar es, en el fondo, un choque de narrativas. La del equipo que quiere reafirmarse, sacudirse la última derrota y avanzar con paso firme en un torneo que premia la valentía. Y la del conjunto que viaja sin complejos, dispuesto a romper estadísticas, a desafiar el guion y a convertir una mañana de domingo en un recuerdo imborrable. Cuando el balón eche a rodar en el Fernando Torres, ya no importará la clasificación, ni los precedentes, ni las etiquetas. Importará quién esté dispuesto a dar un paso más cuando el partido lo exija.

    Hay encuentros que se explican solos y otros que hay que sentirlos. Este es uno de esos partidos que se viven con el estómago encogido, con la atención puesta en cada detalle, con la certeza de que la Copa de la Reina siempre guarda espacio para lo inesperado. El domingo, en Fuenlabrada, Madrid CFF y SD Eibar no solo se jugarán un billete a los cuartos de final. Se jugarán una historia.

    Y esas, cuando se escriben en Copa, merecen ser vistas hasta el último segundo.

    El duelo al detalle |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🔜 NEXT GAME

    🏆 Copa de la Reina Iberdrola 2025-2026

    🤍 Eliminatoria de octavos de final

    🔥 Madrid CFF 🆚 Sociedad
    Deportiva Eibar 🔥

    🗓️ Domingo, 21 de diciembre de 2025

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 RFEF TV (YouTube)

    🏟️ Estadio Fernando Torres, Fuenlabrada

    Los onces |

    #CopaDeLaReinaIberdrola | #FutFemRFEF

    Fuenlabrada amaneció con ese aire especial que solo acompaña a los días de Copa. No era un partido más. No podía serlo.

    Nuestro querido fútbol tiene esa rara virtud de detener el tiempo cuando la Copa aparece en el calendario. No importa la clasificación, ni la racha reciente, ni siquiera el contexto de la temporada: cuando el sorteo empareja a dos equipos y la eliminatoria es a vida o muerte, todo se reduce a noventa minutos —o a los que hagan falta— en los que cada gesto pesa más que nunca. La Copa de la Reina Iberdrola es, en esencia, un estado de ánimo. Una competición que no se explica desde la lógica fría de los números, sino desde la emoción, desde la tensión acumulada en cada duelo, desde la sensación de que cualquier detalle puede cambiar el rumbo de una temporada. Y eso fue exactamente lo que se vivió en la mañana dominical del 21 de diciembre de 2025 en el Estadio Fernando Torres de Fuenlabrada, donde el. Madrid CFF y la Sociedad Deportiva Eibar se citaron con la historia en un cruce de octavos de final que destiló todo aquello que hace grande a esta competición.

    Fuenlabrada amaneció con ese aire especial que solo acompaña a los días de Copa. No era un partido más. No podía serlo. El Estadio Fernando Torres, propiedad del Club de Fútbol Fuenlabrada y convertido desde 2022 en el hogar funcional del Madrid CFF gracias a la alianza firmada con el club madrileño, volvía a vestirse de gala para acoger una eliminatoria copera.

    Ese recinto, tantas veces testigo del crecimiento silencioso del Madrid CFF, se ha transformado con los años en algo más que un estadio: es un refugio emocional, un lugar donde el proyecto ha aprendido a competir, a resistir y a construirse lejos de los grandes focos, pero con una identidad clara y reconocible. Allí, a las doce en punto del mediodía, con la cobertura de RFEF TV a través de YouTube, el balón echó a rodar en busca de un billete a los cuartos de final, esa ronda donde la Copa deja de ser promesa para convertirse en posibilidad real.

    El arranque del partido confirmó que el Eibar no había viajado a Fuenlabrada para especular.

    Vestidas de blanco, las guipuzcoanas asumieron la iniciativa en los primeros compases, manejando el balón con criterio y empujando al Madrid CFF hacia su propio campo. El plan era claro: posesiones largas, circulación paciente y presión tras pérdida para evitar que las locales pudieran desplegar su juego. Durante esos minutos iniciales, las capitalinas se vieron obligadas a replegarse, a proteger el área defendida por Paola Ulloa y a resistir sin conceder ocasiones claras.

    El Eibar dominaba territorialmente, pero ese dominio no se traducía en peligro real. Faltaba profundidad, faltaba el último pase, faltaba ese punto de precisión que separa la sensación de control de la amenaza tangible.

    Con el paso de los minutos, el partido empezó a girar lentamente. Y lo hizo desde una figura clave: Ángela Sosa Martín. La exjugadora del Levante UD, consciente de que el Madrid CFF necesitaba recuperar el control del centro del campo, retrasó su posición para ofrecer superioridad en la medular. Su inteligencia táctica y su capacidad para interpretar los tiempos del partido resultaron decisivas.

    A partir de ahí, el conjunto dirigido por Javier Aguado comenzó a equilibrar la balanza, a ganar metros y a someter progresivamente a un Eibar que, fiel a su identidad, se replegó con orden y solidaridad defensiva.

    El duelo empezó a recordar inevitablemente al vivido semanas atrás en la Liga F Moeve. Un partido cerrado, áspero, decidido por pequeños detalles.

    Y fue precisamente uno de esos detalles el que rompió la igualdad. En el minuto 19, una acción aparentemente intrascendente terminó marcando el rumbo de la eliminatoria. Carla Andrés, que había firmado una actuación sobresaliente ante el Atlético de Madrid en Ipurúa, llegó tarde dentro del área y pisó a Bárbara López. La colegiada no dudó y señaló el punto de penalti. El Fernando Torres contuvo el aliento.

    Ángela Sosa tomó inicialmente el esférico, pero lo cedió a la delantera natural de Ayamonte. Era una escena cargada de simbolismo: la jugadora que había provocado la acción asumía la responsabilidad de ejecutarla. El golpeo desde los once metros fue tan ajustado que se estrelló contra la madera. Durante una fracción de segundo, el estadio quedó en silencio. Pero el fútbol, caprichoso como pocos, ofreció una segunda oportunidad. El balón salió repelido por el poste y, en el rechace, la delantera formada en el Sporting de Huelva reaccionó con una rapidez felina para, con el interior de su bota derecha, batir a Laura Martí y el 10 subió al marcador para adelantar al Madrid CFF al borde del ecuador de la primera mitad.

    El gol alteró el guión previsto. El Eibar, obligado a dar un paso adelante, buscó reaccionar de inmediato. Las armeras trataron de explotar las transiciones rápidas, apoyándose en el liderazgo de Laura Camino y Clément para ganar metros y generar peligro.

    Hubo momentos de ida y vuelta, fases de un partido eléctrico en el que ambos equipos parecían dispuestos a asumir riesgos. Sin embargo, las tentativas visitantes no llegaron a comprometer seriamente a Paola Ulloa, bien protegida por una zaga local concentrada y expeditiva.

    El Madrid CFF, por su parte, gestionó los minutos posteriores al gol con inteligencia. Sin necesidad de monopolizar la posesión, supo enfriar el ritmo cuando fue necesario y acelerar en los momentos adecuados.

    La solidez defensiva y la disciplina táctica permitieron a las de Fuenlabrada llegar al descanso con una ventaja mínima, pero valiosísima.

    Las 22 protagonistas enfilaron el túnel de vestuarios con la sensación de que la eliminatoria estaba completamente abierta, de que aún quedaban cuarenta y cinco minutos —o más— para decidirlo todo.

    El descanso no rebajó la tensión. Si algo caracteriza a los partidos de Copa es esa sensación permanente de filo, de equilibrio inestable que puede romperse en cualquier instante. El Eibar regresó al césped con la determinación de quien sabe que no tiene nada que perder.

    El Madrid CFF, consciente del peso del favoritismo y del valor de la renta obtenida, entendió que la clave pasaba por no conceder espacios ni alimentar la ansiedad si el segundo gol no llegaba pronto.

    El Fernando Torres, escenario tantas veces mencionado en relatos de crecimiento y resistencia, volvía a ser testigo de una de esas mañanas que explican la esencia del fútbol femenino actual. Un estadio que, como recordó “El Partido de Manu” en un reportaje reciente sobre la trayectoria de Amanda Sampedro, ha visto pasar generaciones, esfuerzos silenciosos y momentos que no siempre ocupan titulares, pero que construyen historia.

    El segundo acto fue una batalla tanto mental como táctica. El Eibar intentó llevar el partido a un terreno incómodo, buscando que el Madrid CFF se viera obligado a tomar decisiones bajo presión. Las armeras alternaron fases de presión alta con repliegues ordenados, tratando de sorprender y de forzar el error. El Madrid CFF respondió con personalidad y Allegra duplicó la renta local hasta en 20 en el minuto 60 al aparecer desde la segunda línea y finalizar con la derecha lejos del alcance de la guardameta y llevó la tranquilidad a las gradas.

    Una calma que duró más bien poco, porque acto seguido, se produjo un disparo al poste de Altonaga y la 7 visitante no se quedó conforme y en el 80 recortó diferencias amén del 2-1 que le ponía picante al tramo final en en una acción que les describimos en el siguiente párrafo.

    La jugada nace en una fase prolongada de ataque armero, cuando el Madrid CFF ya defendía más cerca de su área, intentando proteger la ventaja y gestionar el tiempo. El Eibar mueve el balón de lado a lado, sin precipitarse, buscando abrir una grieta en un bloque que hasta ese momento había resistido con orden.

    El balón llega a zona derecha, desde donde sale un centro tenso al corazón del área en un córner , no especialmente limpio, pero sí venenoso. La defensa local no logra despejar con contundencia y el esférico queda muerto en el área pequeña, en ese territorio donde el fútbol se decide por centímetros y por hambre.

    Ahí aparece Arene, más rápida que todas, atacando el espacio con decisión. Anticipa a su marca, mete el cuerpo justo lo necesario y, casi sin armar la pierna, empuja el balón a la red ante la salida de Paola Ulloa, habría emoción.

    El Fernando Torres enmudeció durante un segundo. El banquillo del Eibar estalló. Las jugadoras se abrazaron como quien sabe que acaba de prender fuego a una eliminatoria.

    Porque ese 21 no solo recortaba distancias: devolvía la Copa al partido, metía el miedo en el cuerpo al favorito y confirmaba que las armeras habían venido a creer hasta el final. Un gol de oportunismo, de convicción, de estar donde hay que estar cuando la Copa te da una sola oportunidad y Altonaga no la dejó escapar.

    El Madrid CFF reaccionó a la velocidad del rayo y en una acción al contragolpe fue Nautness la que recortó a Martí dentro del área y envió el esférico a la jaula para poner el 31 en el 87, pero ahí no acabó todo.

    El gol del tres a dos para la Sociedad Deportiva Eibar llegó en un momento en el que el partido estaba plenamente abierto, con el Madrid CFF todavía con ventaja pero el Eibar muy metido en el duelo tras haber recortado previamente el marcador con el dos a uno y un nuevo saque de esquina fue cabezazo al fondo de las mallas por Carla Andrés que puso el 32 definitivo en el 90, pero los tres de añadido no dieron mucho más de sí y con sufrimiento las locales sacaron el billete para los cuartos de final.

    Cuando el silbato final resonó en el Fernando Torres, el corazón de Fuenlabrada todavía latía al ritmo de la emoción de la Copa. Tres goles, dos equipos, noventa minutos de tensión, y un añadido que se hizo eterno para quienes estaban en la grada y para quienes lo vivieron frente a la pantalla: el Madrid CFF había logrado mantener la ventaja mínima, pero lo había hecho tras un vendaval armero que dejó claro que en la Copa nadie regala nada, que cada segundo puede cambiar la historia y que la gloria siempre se escribe con sacrificio, carácter y determinación.

    El 3-2 definitivo no fue solo un marcador: fue un relato de valentía y resistencia. Fue el eco de un estadio que abrazó a su equipo en cada carrera, en cada despeje y en cada parada decisiva. Fue la evidencia de que la Copa de la Reina no entiende de favoritismos, de nombres ni de estadísticas; solo de quienes se atreven a luchar hasta el último segundo.

    Las jugadoras del Madrid CFF celebraron con la emoción contenida de quienes saben que ganar en la Copa es mucho más que un resultado: es reafirmar una identidad, es honrar la historia reciente del club, es dar un paso más hacia la consolidación de un proyecto que se construye con paciencia y trabajo diario. Y el Eibar, pese a la derrota, se marchó con la cabeza alta, con la certeza de que había hecho temblar al favorito y de que su ambición sigue intacta, lista para futuras batallas.

    El Fernando Torres volvió a ser testigo de lo que hace grande al fútbol femenino: intensidad, emoción, pasión y momentos que permanecen en la memoria mucho después de que se apague la luz del estadio. La Copa de la Reina 2025-2026 había regalado otra historia épica, y este Madrid CFF vs Sociedad Deportiva Eibar quedará en la memoria de todos como un ejemplo de que en la Copa, cada instante cuenta, cada acción pesa y cada segundo puede ser legendario.

    Porque en la Copa de la Reina, los héroes no siempre son quienes marcan, sino quienes resisten, luchan y creen hasta el último pitido. Y hoy, en Fuenlabrada, se escribió una página más que digna de la historia.

    Las armeras descansarán hasta el 2 de enero, cuando retomarán los entrenamientos por la tarde para comenzar a preparar el primer encuentro liguero. El Eibar cerrará, pues, la primera vuelta el 10 de enero en tierras murcianas, contra el Alhama Elpozo.

    📋 Ficha técnica |

    Madrid CFF: Paola Ulloa , Esther, Villafañe, Marcetto (Andonova, min 79), Bárbara (Mônica, min 69), Melgård, Antonsdóttir (Nautnes, min 69), Allegra (Zaira, min 90), N. Mendoza, Sosa Martín, Marina (Alba Ruiz, min 79).

    Sociedad Deportiva Eibar: Laura Martí, Garazi, Carla, Ojeda (Sara Martín, min 46), Arene (Elena Valej, min 90), L. Camino, Belem, Iara, Adela, Mireia (Iribarren, min 87), Opa Clement (Carmen, min 59).

    Goles:

    1-0 Bárbara López (P.) 19’ ⚽️

    2-0 Allegra 60’ ⚽️

    2-1 Arene Altonaga 80’ ⚽️

    3-1 Emilie Nautness 87’ ⚽️

    3-2 Carla Andrés 90’ ⚽️

    Árbitra: María Gloria Planes Terol que estuvo asistida en bandas por Alexia Mayer Calvo y Mercedes Parra Cuenca, con Patricia Luna Varo como cuarta.
    Tarjetas: amarilla a Antonsdóttir por parte del Madrid CFF y a Adela Rico por parte de la Sociedad Deportiva Eibar.

    Vídeo |

    Incidencias: Partido correspondiente a octavos de final de la Copa de la Reina Iberdrola 2025-2026 entre el Madrid CFF y la Sociedad Deportiva Eibar que se ha celebrado en el Estadio Fernando Torres sobre una superficie de hierba natural.

  • La previa | Madrid CFF vs Sociedad Deportiva Eibar

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ El Estadio Fernando Torres de Fuenlabrada se prepara para una de esas mañanas que definen temporadas y despiertan emociones profundas: Madrid CFF y Sociedad Deportiva Eibar se enfrentan este domingo, desde las 12:00 horas, en un cruce de octavos de final de la Copa de la Reina donde no hay margen para el error, solo lugar para la ambición, la fe y el fútbol sin red que convierte cada minuto en una historia irrepetible.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    #CopaDeLaReinaIberdrola | #FutFemRFEF

    El fútbol tiene días que no necesitan explicación, porque se sostienen sobre una verdad simple y poderosa: cuando la Copa aparece en el calendario, todo lo demás se detiene. La Copa de la Reina no entiende de jerarquías fijas ni de clasificaciones que se consultan de reojo; no distingue entre favoritos y aspirantes más allá de lo que ocurre en el césped durante noventa minutos —o los que hagan falta— y convierte cada eliminatoria en un relato autónomo, irrepetible, cargado de tensión, ilusión y sentido competitivo. Este domingo, 21 de enero, a partir de las doce del mediodía, el Estadio Fernando Torres de Fuenlabrada será el escenario donde Madrid CFF y Sociedad Deportiva Eibar se enfrenten en un cruce de octavos de final que va mucho más allá de una simple ronda copera. Es un partido que resume la esencia del fútbol femenino actual: crecimiento, ambición, identidad y la certeza de que cada oportunidad hay que exprimirla como si fuera la última.

    Fuenlabrada vuelve a vestirse de Copa, y eso nunca es un detalle menor. El Fernando Torres no es un estadio neutro para el Madrid CFF; es su casa emocional, el lugar donde el club ha construido buena parte de su trayectoria en la élite, donde ha aprendido a competir sin estridencias, a consolidarse temporada tras temporada en la Liga F Moeve y a hacerse respetar desde la coherencia y el trabajo diario. Allí, lejos de los grandes focos mediáticos, el Madrid CFF ha levantado una identidad reconocible, sostenida en el esfuerzo colectivo, en la cercanía con su gente y en una manera honesta de entender el fútbol. En ese contexto, la Copa de la Reina adquiere un valor especial: no es una distracción ni una obligación incómoda, sino una oportunidad real de seguir creciendo, de medir el pulso del equipo en un escenario donde no hay margen para el error.

    El conjunto madrileño llega a este cruce copero tras cerrar el año natural con una sensación agridulce. La derrota por 0-2 ante el Athletic Club, en el sur de la capital, fue un golpe que dejó huella, no tanto por el resultado en sí como por la percepción de que el equipo no consiguió transformar su propuesta en puntos. Sin embargo, la clasificación liguera refleja un proyecto sólido: séptimas en la Liga F Moeve, con 23 puntos en su haber, las jugadoras del Madrid CFF se mantienen firmes en la zona media-alta de la tabla, compitiendo con regularidad y demostrando que son un rival incómodo para cualquiera. La Copa aparece ahora como ese espacio paralelo donde reencontrarse con las mejores sensaciones, donde cerrar el año competitivo con una sonrisa distinta y donde el margen de mejora se convierte en una urgencia estimulante.

    En la tercera ronda, el Madrid CFF ya dejó claro que no está dispuesto a tomarse el torneo a la ligera. La contundente victoria por 1-7 ante el Sporting de Huelva en Andalucía no fue solo una goleada; fue una declaración de intenciones. El equipo entendió el partido desde el primer minuto, impuso su ritmo, castigó cada error del rival y mostró una versión reconocible, intensa y ambiciosa. Ese es el Madrid CFF que quiere reaparecer este domingo, consciente de que en la Copa no basta con ser superior sobre el papel: hay que demostrarlo en cada disputa, en cada transición y en cada acción a balón parado.

    Pero enfrente estará una Sociedad Deportiva Eibar que llega a Fuenlabrada con la mochila ligera y el espíritu competitivo intacto. Undécimas en la Primera División Femenina, con 14 puntos en el zurrón, las armeras afrontan este cruce copero sin la presión que acompaña al favorito, pero con una ambición clara y legítima: seguir avanzando y hacer historia. El empate 2-2 logrado en Ipurúa ante el Atlético de Madrid en su último compromiso liguero no solo reforzó la moral del grupo, sino que confirmó que este Eibar sabe competir, sabe sufrir y sabe levantarse en escenarios exigentes. Con la liga en pausa y el foco puesto exclusivamente en la Copa de la Reina, el equipo dirigido por Iñaki Goikoetxea ha preparado el partido como una oportunidad única para cerrar el año competitivo con una actuación que trascienda el resultado.

    El Eibar conoce bien al rival al que se enfrenta. Demasiado bien. Esta temporada, ambos equipos se verán las caras hasta en cuatro ocasiones, y las dos primeras ya han dejado un patrón que las armeras quieren romper. En pretemporada, en Burgos, el Madrid CFF se impuso por 2-1 en un partido ajustado, con un gol de Carmen Álvarez para el Eibar que evidenció que la distancia entre ambos no es insalvable. En la segunda jornada de liga, ya en el Fernando Torres, el encuentro volvió a caer del lado madrileño, esta vez por 1-0, decidido desde el punto de penalti. Dos partidos, dos derrotas por la mínima, dos sensaciones de estar cerca pero no lo suficiente. Este domingo, el Eibar regresa a Fuenlabrada con la convicción de que la tercera puede ser la vencida.

    Las estadísticas no sonríen al conjunto armero. En los últimos tiempos, solo ha logrado una victoria ante el Madrid CFF, y el Fernando Torres no ha sido un escenario especialmente propicio. Pero la Copa de la Reina no se construye sobre estadísticas, sino sobre momentos. Y el Eibar llega a este partido con la tranquilidad de quien no tiene nada que perder y mucho que ganar. La temporada pasada, las armeras se quedaron a las puertas en la tercera ronda, eliminadas por el DUX Logroño por 1-0 en un partido marcado por la igualdad y los detalles. Este año, el objetivo es claro: superar ese techo, alcanzar unos cuartos de final ilusionantes y seguir batiendo récords dentro de un proyecto que no deja de crecer.

    Iñaki Goikoetxea ha dotado a su equipo de una identidad reconocible, basada en el orden, la solidaridad defensiva y la valentía para competir de tú a tú cuando el contexto lo permite. El Eibar no es un equipo que se esconda; sabe cuándo replegarse, pero también cuándo saltar líneas y castigar al rival. En Fuenlabrada, las armeras no especularán desde el inicio. Buscarán incomodar, llevar el partido a un terreno incómodo para el Madrid CFF y explotar cualquier duda que pueda aparecer en el conjunto local. En una eliminatoria a partido único, cada pequeño detalle cuenta, y el Eibar lo sabe.

    Para el Madrid CFF, la clave estará en gestionar el peso del favoritismo. Jugar en casa, con tu gente, con la obligación implícita de avanzar, puede convertirse en una presión silenciosa si el partido no se encarrila pronto. Por eso, el equipo madrileño necesitará personalidad desde el primer minuto, imponer su ritmo, dominar las áreas y evitar que el Eibar gane confianza con el paso de los minutos. En la Copa, los partidos suelen decidirse en acciones puntuales: una falta lateral, un córner mal defendido, una transición rápida o un error en salida de balón. La concentración será un factor determinante.

    Más allá de lo táctico, este será un partido profundamente mental. Cómo gestione el Madrid CFF la ansiedad si el gol no llega, cómo responda el Eibar si encaja primero, quién sea capaz de controlar los momentos de pausa y de aceleración… Todo eso formará parte de una batalla invisible que puede inclinar la balanza. Porque en la Copa de la Reina no siempre gana quien más domina, sino quien mejor interpreta el contexto.

    El encuentro, además, contará con un valor añadido que no conviene pasar por alto: será retransmitido en directo, de manera gratuita y accesible para todos los públicos, a través del canal oficial de YouTube de la RFEF. Una invitación abierta al espectador para sentarse frente a la pantalla y disfrutar de un partido que representa a la perfección el momento que vive el fútbol femenino español. Sin barreras, sin excusas, con la Copa como protagonista absoluta.

    Este Madrid CFF – SD Eibar es, en el fondo, un choque de narrativas. La del equipo que quiere reafirmarse, sacudirse la última derrota y avanzar con paso firme en un torneo que premia la valentía. Y la del conjunto que viaja sin complejos, dispuesto a romper estadísticas, a desafiar el guion y a convertir una mañana de domingo en un recuerdo imborrable. Cuando el balón eche a rodar en el Fernando Torres, ya no importará la clasificación, ni los precedentes, ni las etiquetas. Importará quién esté dispuesto a dar un paso más cuando el partido lo exija.

    Hay encuentros que se explican solos y otros que hay que sentirlos. Este es uno de esos partidos que se viven con el estómago encogido, con la atención puesta en cada detalle, con la certeza de que la Copa de la Reina siempre guarda espacio para lo inesperado. El domingo, en Fuenlabrada, Madrid CFF y SD Eibar no solo se jugarán un billete a los cuartos de final. Se jugarán una historia. Y esas, cuando se escriben en Copa, merecen ser vistas hasta el último segundo.

    (Fuente: Liga F Moeve )

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    🗓️ Domingo, 21 de diciembre de 2025

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 RFEF TV (YouTube)

    🏟️ Estadio Fernando Torres, Fuenlabrada

    (Fuente: Liga F Moeve)