Noches que no se explican con una clasificación ni con una racha.
Noches que existen porque el fútbol, cuando alcanza su máxima expresión, se convierte en relato, en desafío y en identidad.
Este miércoles 17 de diciembre, a las 21:00 horas, el Atlético de Madrid se mide al Olympique Lyonnes en uno de los escenarios más imponentes del fútbol femenino europeo. Un partido que llega con los deberes prácticamente hechos para las rojiblancas, pero con el corazón aún reclamando una última victoria antes del cierre de año. Un encuentro que enfrenta a la historia más laureada de la Champions con un Atlético que se resiste a aceptar los papeles escritos de antemano.
Porque el Atlético no viaja a Lyon para cumplir expediente.
Viaja para medirse a la historia, para recordarse quién es, y para cerrar el año con la cabeza alta, incluso en el territorio donde tantas se han quedado sin voz.
colchoneras llegan a esta última jornada de la fase de grupos virtualmente clasificadas para la siguiente ronda. La aritmética es favorable, el margen es real y la ventaja respecto al Valerenga, tercer clasificado, es de tres puntos. Pero en el vestuario rojiblanco nadie habla de cuentas. Se habla de sensaciones, de orgullo, de recuperar el pulso competitivo tras cuatro encuentros consecutivos sin conocer la victoria.
El empate ante el Eibar (2-2) en la última jornada de Liga F Moeve dejó más preguntas que respuestas. No por falta de actitud, sino por esa sensación incómoda de que el equipo compite, llega, pelea… pero no termina de imponerse como sabe hacerlo. Y Europa, incluso cuando permite margen, no perdona la duda.
El Atlético ocupa actualmente la 11ª posición de la Champions League con 7 puntos, una cifra que habla de regularidad, pero también de oportunidades que se escaparon por detalles. Detalles que ante el Lyon se convierten en fronteras.
Víctor Martín no podrá contar en Lyon con Sheila Guijarro, Gio Queiroz ni Amaiur Sarriegi, tres nombres de peso que tampoco estuvieron disponibles en el último compromiso liguero. Tres ausencias que condicionan la estructura ofensiva y las alternativas desde el banquillo, pero que también obligan al Atlético a mirarse en su profundidad de plantilla, en su identidad colectiva y en su capacidad para reinventarse.
Porque el Atlético, históricamente, no ha sido un equipo que dependa de una sola figura. Ha sido un bloque. Una idea. Una manera de competir. Y esas virtudes son las que se ponen a prueba en escenarios como Lyon.
Hablar del Olympique Lyonnes es hablar del imperio del fútbol femenino europeo.
Ocho veces campeón de la Champions League.
Décadas de hegemonía.
Una estructura que ha marcado el camino de toda una generación.
El conjunto francés llega a esta jornada como segundo clasificado del grupo con 13 puntos, invicto tras cinco partidos. No ha perdido ningún encuentro en lo que va de curso. Su único tropiezo fue un empate vibrante ante la Juventus (3-3), en un partido que parecía perdido y que el Lyon rescató con una segunda mitad imponente, recordándole a Europa que incluso cuando duda, sigue siendo temible.
El Lyon no solo gana.
Sabe cuándo esperar y cuándo golpear.
Sabe manejar los tiempos.
Sabe convertir la presión en costumbre.
En un equipo plagado de nombres propios, hay dos que destacan en esta Champions:
Melchie Dumornay y Fiamma Benítez, ambas con cuatro goles, situadas entre las siete máximas goleadoras actuales de la competición. Talento joven, potencia, lectura ofensiva y capacidad para aparecer cuando el partido lo exige.
El Atlético lo sabe.
Y también sabe que en Europa, neutralizar el talento rival es tan importante como creer en el propio.
Para Víctor Martín, este partido es algo más que una jornada europea. Es una oportunidad para cerrar el año reforzando convicciones, incluso en la dificultad. El técnico rojiblanco ha insistido durante toda la temporada en la idea de proceso, de crecimiento sostenido, de construir un equipo capaz de competir en todos los escenarios.
Y Lyon es, probablemente, el examen más exigente posible.
No se trata solo de resistir.
Se trata de atreverse.
De elegir cuándo sufrir y cuándo morder.
De entender que incluso el rival más poderoso tiene grietas… si se le obliga a mirarse al espejo.
El Atlético de Madrid sabe que no todos los partidos se ganan con el marcador. Algunos se ganan con la actitud. Otros con la memoria. Y otros, simplemente, con la manera de estar.
Cerrar el año en Lyon no es un trámite.
Es una declaración.
Una declaración de que este equipo sigue creyendo.
De que la clasificación no adormece.
De que incluso tras semanas sin victoria, la identidad permanece.
aquí es donde el fútbol deja de ser estadística y se convierte en relato.
Porque cuando el balón empiece a rodar, cuando el estadio francés se ilumine y cuando el Atlético vista de rojiblanco ante la historia, habrá algo que no aparecerá en las fichas técnicas: el pulso emocional de un equipo que no se resigna.
El Atlético no necesita permiso para competir.
Nunca lo ha pedido.
Y si esta noche europea termina con victoria, será porque el equipo entendió que los grandes escenarios no se temen: se honran.
Porque hay partidos que cierran grupos.
Y hay partidos que abren relatos.
Y este, pase lo que pase, pertenece a los segundos.
Hay partidos que no necesitan presentación porque la historia los anuncia antes de que ruede el balón. Encuentros que no se explican únicamente con datos, alineaciones o sistemas, sino con memoria, con legado, con todo aquello que el fútbol europeo ha ido escribiendo durante años de noches grandes. El Olympique Lyonnais–Atlético de Madrid es uno de esos duelos. Un choque que nace del peso de los escudos, de la exigencia continental y de esa sensación inevitable de estar ante un examen de máximo nivel, de esos que miden no solo el talento, sino la identidad.
Este miércoles, el Groupama Stadium se convierte en escenario de una de las grandes citas de la fase de grupos de la UEFA Women’s Champions League. Un templo moderno del fútbol femenino europeo que acoge un enfrentamiento donde el pasado glorioso y el presente competitivo se miran de frente, sin concesiones. Lyon, imperio continental, recibe a un Atlético de Madrid que viaja a Francia con la convicción de quien sabe que, en Europa, competir no es una circunstancia: es una forma de ser.
El Olympique de Lyon no necesita demasiada introducción. Es el club que ha convertido la Champions en costumbre, el nombre que aparece una y otra vez cuando se habla de hegemonía, excelencia y dominio. Ocho títulos europeos sostienen su leyenda. Ocho coronas que han construido una cultura ganadora instalada en cada línea del campo, en cada gesto, en cada decisión. Lyon no solo juega la Champions: la habita. La entiende como su territorio natural.
Juegan en casa, respaldadas por la autoridad que les concede el historial y por la presión inherente a quien siempre está obligado a ganar. Porque en Lyon, en Europa, no basta con competir. No basta con pasar rondas. Hay que vencer… y hay que convencer. Esa es la carga invisible que acompaña a los gigantes: la exigencia permanente de estar a la altura de su propio pasado.
Con una plantilla diseñada para dominar, el conjunto francés buscará imponer desde el primer minuto su idea de fútbol: ritmo alto, posesión sostenida, profundidad por bandas y control absoluto del tempo del partido. Lyon entiende el juego desde la iniciativa, desde la jerarquía, desde el convencimiento de que el balón y el espacio deben estar siempre bajo su control. Juegan para mandar, para someter, para recordar al continente quién ha sido y quién sigue siendo.
Enfrente, sin complejos pero con respeto, estará un Atlético de Madrid que ha aprendido a sobrevivir, a resistir y a crecer en contextos hostiles. Un equipo que no llega como favorito, pero sí como bloque competitivo, incómodo y con carácter. Un Atlético que sabe que estas noches no se juegan solo con el balón en los pies, sino con concentración, sacrificio y una fe colectiva que no se negocia.
Las rojiblancas afrontan el choque conscientes de la dificultad, pero también del valor de cada punto en una fase de grupos que no concede margen para el error. El Atlético llega con la obligación de sumar, sí, pero también con la tranquilidad que da haber demostrado, una y otra vez, que puede competir ante cualquiera cuando mantiene el orden, la intensidad y la disciplina táctica. No es un equipo de fuegos artificiales: es un equipo de convicción.
El conjunto madrileño necesitará un ejercicio casi perfecto de solidez defensiva, concentración máxima durante los 90 minutos y una lectura emocional impecable del partido. Saber sufrir cuando toque, minimizar errores, gestionar los momentos de asedio y aprovechar cada transición, cada balón parado, cada metro que Lyon conceda. En noches así, el margen es mínimo. Pero existe. Y el Atlético vive de hacerlo visible.
En el centro del relato aparece también el talento joven y descarado de futbolistas como Fiamma Benítez, llamada a ser uno de los nombres propios del futuro rojiblanco, símbolo de una nueva generación que no entiende de complejos cuando pisa escenarios grandes. Junto a ella, la experiencia de un bloque que ya ha respirado el aire denso de Europa, que ha vivido eliminatorias, grupos exigentes y estadios que aprietan.
El Atlético no viene a intercambiar golpes. Viene a competir desde su identidad. A mantenerse en pie cuando el partido se incline. A recordar que hay encuentros que no se ganan en el minuto 10, sino en el 80. Que hay noches que se sostienen desde la cabeza, desde el orden y desde la creencia.
Este Lyon–Atlético no es solo un duelo entre un gigante histórico y un aspirante resistente. Es un choque entre la hegemonía y la rebeldía, entre la obligación de ganar y la ambición de creer. Un partido donde el marcador dirá mucho, pero donde el mensaje competitivo dirá aún más. Porque Europa también observa quién compite cuando el contexto es adverso.
El estadio apretará. La Champions mirará. Y en medio, 22 futbolistas disputarán algo más que tres puntos: disputarán respeto, identidad y futuro continental.
Porque la UEFA Women’s Champions League no espera y el Atlético de Madrid lo sabe.
🚨 El Lyon – Atlético de Madrid, correspondiente a la sexta y última jornada de la fase liga de la UEFA Women’s Champions League, podrá seguirse en directo y en exclusiva a través de Disney Plus, plataforma que continúa reforzando su apuesta por el deporte de élite gracias a su colaboración estratégica con ESPN, responsable de la producción y la señal internacional del encuentro. La retransmisión arrancará a las 20:55 horas del martes 17 de diciembre, con una conexión especial desde el OL Stadium de Décines cinco minutos antes del pitido inicial, acercando al espectador el ambiente, la tensión y el contexto de una de las grandes noches europeas del fútbol femenino.
Hay noches que no se juegan: se atraviesan. Hay estadios que no se visitan: se desafían. Y hay partidos que no admiten medias tintas porque están hechos de historia, de memoria y de futuro. Este martes, el fútbol femenino europeo vuelve a citarse con uno de esos encuentros destinados a perdurar, un duelo que podrá seguirse en directo a través de Disney Plus, gracias a su colaboración con ESPN, encargada de llevar al mundo la señal de una noche grande desde Francia.
A las 20:55 horas, cinco minutos antes del pitido inicial, la retransmisión conectará en directo con el OL Stadium de Décines, escenario imponente y casi sagrado del fútbol femenino continental. Pero mucho antes de que la cámara se encienda y el balón eche a rodar, este Lyon – Atlético de Madrid ya se viene jugando desde hace semanas en la cabeza, en el vestuario y en el corazón rojiblanco. Disney Plus y ESPN pondrán la imagen; la emoción, la historia y la tensión ya están servidas.
El Atlético de Madrid Femenino pisa Lyon sabiendo que enfrente no solo estará el Olympique Lyonnais, el club más grande que ha conocido la UEFA Women’s Champions League, sino también el peso de una competición que no perdona y que mide a los equipos en su versión más desnuda. El Lyon recibe al Atlético con el objetivo de cerrar la fase liga invicto, reafirmando una hegemonía que atraviesa generaciones, entrenadoras y plantillas. Las francesas llegan empatadas con el FC Barcelona en lo más alto de la clasificación, con 13 puntos, dominando el relato europeo una vez más.
El Atlético, undécimo con siete puntos, aterriza en Francia con una ambición clara y legítima: clasificarse para los play-offs eliminatorios y demostrar que ya no es un invitado ocasional en la élite, sino un equipo que ha aprendido a competir cuando el contexto se vuelve hostil, cuando el rival impone respeto y cuando el escenario aprieta. En ese filo entre el miedo y la valentía se forjan las identidades.
Porque si algo define a este Atlético es precisamente eso: su capacidad para resistir, insistir y sobrevivir. Es su primera participación en una fase de grupos —ahora fase liga— de la máxima competición continental, y ha llegado hasta aquí tras cruzar un camino áspero, sin atajos ni concesiones. La eliminatoria ante el Häcken fue una prueba de carácter puro: empate 1-1 en Gotemburgo, con gol de Luany; victoria 2-1 en Madrid tras prórroga, con el tanto decisivo de Synne Jensen cuando las piernas pesaban, el reloj quemaba y Europa exigía respuestas. Aquel día, sin saberlo del todo, el Atlético empezó a escribir esta historia que ahora desemboca en Lyon.
El Lyon, en cambio, es la historia. Ocho veces campeón de Europa en once finales disputadas, ambos récords absolutos de la competición. El último título llegó en Turín, en 2022, tras derrotar al Barcelona por 3-1. Desde entonces, el Olympique Lyonnais sigue siendo el baremo con el que se mide todo en Europa. Incluso en la derrota. En 2024 cayó en la final ante el Barça (0-2), su último enfrentamiento con un rival español, poniendo fin a una racha de ocho victorias consecutivas ante equipos de España, incluidas las finales de 2019 y 2022 frente al conjunto azulgrana.
El recuerdo entre Lyon y Atlético es escaso, pero contundente. Temporada 2015/16, octavos de final. Un 9-1 global que todavía resuena en los archivos de la competición: 1-3 en la ida en España y un devastador 6-0 en Francia. Ada Hegerberg, eterna, marcó cuatro goles en aquella eliminatoria. Aquella fue la única experiencia europea del Atlético frente a equipos franceses. Diez años después, el escenario es otro. El Atlético también es otro.
Y así continúa el relato que Disney Plus y ESPN llevarán a cada pantalla: un partido donde los números imponen, las leyendas amenazan y el Atlético se presenta sin complejos, dispuesto a escribir su propio capítulo en el estadio donde Europa aprendió a temblar.
La clasificación añade una última capa al relato. Al Atlético le interesa que el Real Madrid se cuele entre los cuatro mejores del continente para evitar un cruce madrileño en los play-offs. Incluso cayendo en Lyon, las colchoneras avanzarían gracias a una diferencia de goles favorable de diez tantos respecto al Vålerenga, que necesitaría una hecatombe y, además, ganar en Alemania al Bayern de Múnich. Precisamente el Bayern aparece como el rival más probable en el playoff, en un destino que parece escrito a medias.
Pero antes de cálculos, de escenarios y de cuentas finales, está Lyon. El estadio. La camiseta blanca. La historia que pesa. El Atlético entra al OL Stadium sabiendo que no hay nada que perder y todo que ganar. Que este partido no define solo una clasificación, sino una identidad. Competir en Lyon es una declaración de intenciones. Resistir, un acto de fe. Golpear, una forma de rebelión.
Este es ‘El Partido de Manu’. El partido donde el fútbol femenino se mira al espejo. Donde el pasado observa al presente. Donde el Atlético de Madrid desafía al Olimpo europeo con la convicción de quien sabe que, pase lo que pase, ya ha aprendido a vivir en estas noches.
Y cuando suene el himno, cuando ruede el balón en Décines y Disney Plus, junto a ESPN, lleve la imagen al mundo, el Atlético no estará de visita. Estará escribiendo.
🟦 En un duelo que quedará marcado por su intensidad, tensión y final épico, el Atlético de Madrid Femenino logró un empate (2-2) en la Liga de Campeones con un triunfo moral ante el poderoso Bayern de Múnich. Las rojiblancas golpearon primero, resistieron el constante acoso alemán y, pese a ir por detrás en la segunda mitad, consiguiendo rescatar un empate de oro gracias a un golazo en el último suspiro de Fiamma Benítez.
Hay encuentros que no se juegan: se afrontan. Hay noches que no se disputan: se encaran como una declaración de identidad. Y hay clubes que, cuando el calendario aprieta y el margen es mínimo, responden con una mezcla inexplicable de rebeldía, convicción y memoria. En definitiva, el Atlético de Madrid está a un paso de poder gritar al continente que está listo para competir al más alto nivel, que su historia no se mide solo en títulos, sino en gestas, en coraje, en la capacidad de superar lo imposible. La cita con la historia está marcada: vencer al Bayern o rascar un punto , evitaría tener que esperar los resultados adecuados de Lyon, Vålerenga, Twente, Benfica, Roma, St. Pölten y PSG, lo que permitiría afrontar la última jornada a domicilio ante el Olympique con una tranquilidad que nunca está demás.
Atlético aterriza tras un 2–2 ante el Sevilla que supo a poco en la clasificación, pero que dejó uno de esos mensajes anímicos que marcan temporadas: remontar un 0–2 con la furia de quienes se niegan a bajar los brazos ante su gente. Esa resiliencia ha sido la carta de presentación del equipo en Europa: desde la tercera ronda ante el Häcken —igualada al límite por un penalti in extremis de Luany y resuelta en la prórroga con el derechazo inmortal de Synne Jensen— hasta cada fecha de esta fase liga, donde las rojiblancas han demostrado que no están aquí por accidente. Están porque se niegan a marcharse sin pelear hasta el último latido.
Atlético de Madrid y Bayern München nunca se han enfrentado en competición europea, pero esa falta de precedentes no reduce el peso del duelo: lo multiplica. Para las rojiblancas, esta fase liga representa un territorio nuevo, exigente y brutal. Para el Bayern, sin embargo, es costumbre: 12ª participación, 11 temporadas consecutivas, dos semifinales recientes… El gigante bávaro pisa Europa con la autoridad de quien la entiende como parte de su identidad. El Atleti, además, arrastra la herida de cuatro enfrentamientos previos ante equipos alemanes —todos ante el Wolfsburg— resueltos con cuatro derrotas, 2 goles a favor y 25 en contra. Pero Europa no se conquista mirando atrás: se conquista decidiendo que el pasado no dictará tu destino. El Bayern llega a Alcalá con números de coloso: solo 3 derrotas en sus últimos 19 partidos de fase de grupos/fase liga, 25 partidos de los últimos 27 viendo portería, tres victorias consecutivas y dos remontadas recientes tras empezar perdiendo. Es un equipo que no solo compite: respira precisión. Su estilo es reconocible, metódico y asfixiante. Construye desde atrás con una salida limpia que nunca improvisa, atrae rivales, fija alturas y libera interiores. Es un equipo de cuadrantes, de ocupar cada espacio del campo con disciplina táctica, de priorizar el pase exacto antes que la acción precipitada. Sus transiciones ofensivas son letales: recuperan y golpean sin mirar atrás.
Y, quizá su mayor virtud, manejan los partidos con una sangre fría que desconcierta: no se alteran, no se desordenan, no cambian su plan. Lo ejecutan hasta que funciona. Ese es el gigante que pisa Alcalá.y Pero no todo es fortaleza en Múnich: el Bayern ha perdido en tres de sus cuatro visitas a España. Una grieta, pequeña pero real, que el Atlético quiere convertir en su punto de apoyo. Aunque solo ha caído en dos de sus últimos nueve partidos europeos, ambas derrotas fueron precisamente en Alcalá durante esta fase liga. Por eso esta noche se convierte en un examen definitivo, en un punto de inflexión, en la oportunidad de decidir si este estadio será un bastión europeo o una tierra aún en construcción. Para sobrevivir, el Atleti debe presionar alto con valentía, incomodar la salida bávara, castigar los espacios tras pérdida —uno de los pocos puntos vulnerables del rival—, activar rápido a sus delanteras y sostener el orden defensivo sin replegarse en exceso. Y, por encima de todo, resistir emocionalmente cada tramo del partido: el Bayern castiga cualquier duda. El Atlético no estará solo. Lo acompaña una afición que entiende que los grandes relatos no nacen de lo fácil, sino de lo improbable. Una grada que ha visto al equipo superar eliminatorias imposibles, remontar partidos que parecían perdidos y sostener batallas europeas con más coraje que recursos. Esta noche, esa energía será fundamental. Y como diría Manu López, en la voz que ya acompaña cada gran noche rojiblanca: “Esta no es una noche más. Aquí se mide el pulso europeo del Atlético. Aquí se define si este equipo se limita a participar o decide trascender. El Bayern de Múnich llega fuerte, sí, pero llega al campo de un club que ha hecho de la lucha su bandera. Para ganar, el cuadro rojiblanco debe imponerse en las transiciones, activar rápido a sus delanteras y sostener cada tramo con convicción. En cada Champions hay una noche que define a un equipo.
Para el Atlético de Madrid Femenino, en la noche del miércoles , 10 de diciembre de 2025, se puede escribir un nuevo capítulo épico en los anales de la entidad que preside Lola Romero.
En una noche que quedará inscrita con letras de oro en la historia del fútbol europeo femenino, el Atlético de Madrid Femenino protagonizó un debut en la Liga de Campeones que trascendió lo deportivo para convertirse en un relato de épica, resiliencia y carácter indomable. Frente al imponente Bayern de Múnich, un equipo que llegaba con una racha de once victorias consecutivas y un aura casi invencible, las rojiblancas no solo compitieron: enseñaron al mundo lo que significa luchar con alma, con corazón y con la fe intacta hasta el último segundo.
(Fuente: “El Partido de Manu”)
El pitido inicial del árbitro no hizo más que confirmar lo que todos esperaban: este Atlético no había venido a esperar ni a conformarse con un empate. Desde el primer segundo, la intensidad se palpaba en cada rincón del estadio.
Las rojiblancas presionaban, buscaban los espacios, incomodaban la salida del Bayern y, sobre todo, transmitían un mensaje inequívoco: aquí se juega con coraje, aquí nadie se esconde. Apenas habían transcurrido segundos cuando llegó la primera ocasión. Un centro al corazón del área encontró a Mahmutovic, que se elevó con un cabezazo potente; pero la arquera alemana, con una estirada que parecía desafiar la física, desvió el balón, enviando un mensaje claro: el duelo iba a ser de extremos, y cada intervención podía marcar la historia.
Y la historia comenzó a escribirse oficialmente en el minuto 12. Un balón colgado al área del Bayern tocó la mano de Viggosdotir, y aunque la colegiada no señaló nada de inmediato, el VAR entró en acción, revisando la jugada con la precisión que define los momentos que cambian destinos. La decisión fue inapelable: penalti. Frente a la presión, la exjugadora del Manchester United tomó el balón con una serenidad que rozaba la temeridad, se concentró y ejecutó el disparo con precisión milimétrica, enviando el balón al fondo de la red. El 1–0 temblar al C.D. Alcalá de Henares antes del primer cuarto de hora.
El Bayern reaccionó intentando controlar la posesión y alargar sus ataques, pero el posicionamiento impecable del equipo de Víctor Martín redujo el peligro a apenas destellos. Gilles con un testarazo, Dallmann con un disparo raso que rozó el poste, y Damnjanović con un derechazo que se estrelló en el larguero fueron los avisos de que las alemanas no estaban dispuestas a regalar nada. Sin embargo, al descanso, las rojiblancas se marcharon al vestuario con ventaja mínima, conscientes de que cualquier error podría equilibrar el marcador ante un rival de la talla del Bayern, que sumaba más de una decena de victorias consecutivas.
La segunda mitad comenzó con un Bayern decidido a revertir el marcador desde el primer instante. La presión se intensificó, el balón circulaba con rapidez, y cada acción defensiva del Atlético era una batalla ganada. Apenas cinco minutos después del inicio de los segundos cuarenta y cinco, un contacto dentro del área de Silvia Lloris generó un nuevo penalti a favor de las alemanas. Una vez más, el VAR confirmó la decisión y señalizó los once metros, pero Gwinn, al ejecutar el disparo, envió el balón por encima del larguero, desperdiciando una oportunidad que parecía definitiva. Fue un instante de alivio, un respiro para el Atlético, que aprovechó esa vida extra para reorganizarse y preparar la embestida final.
La intensidad del Bayern no disminuyó. Cada recuperación era inmediata, cada pase buscaba profundidad, cada jugada se transformaba en un intento de quebrar la defensa rojiblanca. Y en el minuto 63 llegó el golpe que parecía definitivo: una contra conducida por Bülh terminó en un disparo de Harder, que tras rebotar en Lauren Leal, despistó a Lola Gallardo y se coló en la portería. El 1–1 fue un mazazo, un instante de tensión que habría quebrado a muchos equipos. Pero no al Atlético. Cada jugadora multiplicó su esfuerzo, cada recuperación, cada sprint y cada pase reflejaba la filosofía del equipo: nunca rendirse, nunca bajar los brazos, luchar hasta el último segundo.
El Bayern volvió a golpear en el minuto 78. Otra acción por la izquierda de Bülh terminó en un pase al corazón del área que Harder transformó en gol, dejando el marcador 1–2 que daba pie a la remontada teutona.
El abismo parecía inevitable, y la sensación de derrota latía en el aire. Sin embargo, la épica aún no había dicho su última palabra. Fiamma Benítez, internacional española y símbolo de esta generación de colchoneras, tomó el balón en el último suspiro. Con determinación absoluta, ejecutó un disparo que atravesó la defensa bávara, sorteó cualquier obstáculo y se incrustó en la red. El 2–2 final no era solo un gol: era la manifestación de que este Atlético no conoce la palabra rendirse, que cree en lo imposible y que convierte cada segundo restante en una oportunidad para la gloria.
El empate detuvo la racha de once victorias consecutivas del Bayern y dejó un mensaje claro a toda Europa: el Atlético de Madrid Femenino es un equipo capaz de plantar cara a los más grandes, de desafiar la lógica y de luchar hasta que la última chispa de esperanza se transforme en realidad. La noche de hoy en el Centro Deportivo Alcalá de Henares dejó claro que la grandeza no se mide solo en goles o resultados, sino en carácter, valentía y resiliencia.
Las rojiblancas resistieron, sufrieron, cayeron y se levantaron. Cada acción, cada jugada y cada decisión en el campo era un testimonio de un espíritu que no se doblega. La historia del fútbol femenino europeo añade hoy un capítulo inolvidable: un relato de corazón, épica, pasión y gloria que será recordado durante generaciones.
Con este resultado, que no es baladí, el Atlético de Madrid suma 7 unidades en su casillero particular y se ubica undécimo en la tabla general, es decir en zona de acceso al playoff sin ser cabeza de serie y salvo que suceda una hecatombe de dimensiones bíblicas, tiene una decena de goles de venta respecto al Väleranga, quien podría dejarle fuera si golea al conjunto bávaro en Alemania y las españolas son vapuleadas por el Lyon en Francia.
El Bayern de Múnich de José Barcala ve frenada su buena racha y no pudo vencer en la capital española, es sexto clasificado y según la UEFA se mediría al Real Madrid en su cruce, que en este caso, sería ya de cuartos de final.
🚨 El Atlético de Madrid Femenino encara una de esas noches que separan a los equipos buenos de los eternos. Este miércoles, 10 de diciembre, a las 21:00 horas, el Centro Deportivo Alcalá de Henares se convertirá en el epicentro emocional del fútbol europeo con la penúltima jornada de la fase liga de la UEFA Women’s Champions League, un duelo monumental frente al Bayern de Múnich que será retransmitido en exclusiva por Disney+, la plataforma que posee los derechos oficiales de emisión de la competición hasta 2030. Una cita irrepetible, cargada de tensión, de talento y de historia en construcción . 🚨
El Atlético de Madrid Femenino se asoma al filo de una de las noches más trascendentales de su historia reciente, una de esas veladas que se explican solas, que hierven antes de empezar, que convierten un estadio en un santuario y a un equipo en un grito colectivo. Este miércoles 10 de diciembre, a las 21:00 horas, el Centro Deportivo Alcalá de Henares será el corazón palpitante del fútbol europeo con la penúltima jornada de la fase liga de la UEFA Women’s Champions League, un choque monumental ante el Bayern de Múnich que será retransmitido en exclusiva por Disney+, la plataforma que ostenta los derechos oficiales de la competición hasta 2030, consolidando un proyecto audiovisual que ha elevado el alcance del fútbol femenino a una dimensión global. Todo se reduce a esto: un duelo a vida o muerte por la clasificación, un examen de grandeza y un test de carácter para un Atleti que ha aprendido a construir su prestigio continental a base de resiliencia, talento y goles que han sacudido el mapa europeo.
El conjunto rojiblanco llega a esta noche decisiva en novena posición, instalado en puestos de play-offs con seis puntos, pero con la clasificación aún abierta y un margen de error que ya no existe. La ecuación es clara: el Atleti necesita hacerse fuerte en casa, necesita que Alcalá de Henares ruja como una fortaleza inexpugnable y necesita evitar un final de fase liga que podría ser dramático si no salen bien las cuentas. Lo saben las jugadoras.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) December 9, 2025
Lo sabe Víctor Martín. Y lo sabe una afición que ha convertido cada duelo europeo en casa en un acto de fe que trasciende el deporte. Al otro lado del césped, el desafío es monumental: el Bayern de Múnich, quinto con nueve puntos, aterriza en Madrid en plena escalada competitiva, encendido tras un triunfo 1-3 frente al PSG que reactivó sus posibilidades de clasificarse directamente para los cuartos de final. Las alemanas llegan con hambre de gigante herido, con la autoridad histórica de un club acostumbrado a sobrevivir a cualquier adversidad, con un estilo construido a partir de la potencia ofensiva de Harder, Bühl y Damnjanović y la solidez táctica que caracteriza a la Frauen-Bundesliga.
Ambos mundos chocan en un choque de identidades tan distinto como magnético: el Atleti, equipo que ha conquistado el respeto continental a golpe de contundencia, ha firmado una fase liga de enorme personalidad, con un 6-0 al St. Pölten, un 0-4 en Twente, y derrotas ajustadísimas ante Manchester United (0-1) y Juventus (1-2) que no empañan el gran rendimiento global. El dato es demoledor: el Atleti solo ha recibido tres goles, una de las mejores marcas de toda la competición, únicamente superada por titanes como Barcelona y Chelsea. En la Liga F Moeve, el equipo se presenta cuarto, con siete victorias, cuatro empates y dos derrotas, y con un reciente 2-2 ante el Sevilla tras remontar un 0-2 que evidenció la fortaleza mental del grupo. En ataque, los focos apuntan inevitablemente al cuarteto ofensivo que está marcando diferencias este año: Fiamma Benítez, en un estado de inspiración que ya forma parte del relato europeo del club; Amaiur Sarriegi, brújula y puñal al mismo tiempo; Luany, pura electricidad en carrera; y Synne Jensen, una pieza esencial en la agresividad ofensiva rojiblanca.
Fiamma, especialmente, ha sido protagonista en Europa con seis participaciones de gol, las mismas que la estrella del Bayern, Klara Bühl, configurando un duelo personal que puede definir no solo el partido, sino el camino de toda la fase liga.
Por su parte, el Bayern se presenta con credenciales de aspirante al título, liderando la Frauen-Bundesliga con 11 victorias y un solo empate, arrasando recientemente al Frankfurt con un 0-5 que pocas veces se ve en encuentros de alto nivel en Alemania. Pese a ello, el conjunto muniqués llega con bajas sensibles que condicionan su fondo de armario: Sarah Zadrazil y Lena Oberdorf, ambas fuera por rotura de ligamento cruzado; además de Georgia Stanway, Natalia Padilla Bidas y Kathi Naschenweng, todas ausentes debido a un proceso febril-viral comunicado en el último parte médico del club. Aun así, su once sigue siendo temible, con nombres que no necesitan presentación en la élite europea.
Las posibles alineaciones perfilan un escenario de máxima intensidad: el Atlético podría partir con Lola Gallardo; Rosa Otermín, Silvia Lloris, Lauren, Alexia Fernández; Vilde Bøe Risa, Gaby García; Synne Jensen, Fiamma Benítez, Luany; Amaiur Sarriegi, con un banquillo de lujo donde esperan Júlia Bartel, Ana Vitória o Lydia Rodríguez.
El Bayern, por su lado, baraja un once compuesto por Mahmutović; Giulia Gwinn, Glódís Viggósdóttir, Magdalena Eriksson, Franziska Kett; Arianna Caruso, Momoko Tanikawa; Linda Dallmann, Pernille Harder, Klara Bühl; Jovana Damnjanović, una formación que mezcla jerarquía, equilibrio y amenaza constante en cada transición. El duelo entre Fiamma Benítez y Klara Bühl, ambas máximas generadoras de peligro de la fase, será uno de los grandes puntos de interés, pero no el único: cada segundo balón, cada balón parado, cada gesto técnico y cada microbatalla dentro del campo pueden inclinar la balanza hacia la épica rojiblanca o hacia la contundencia alemana.
Y en un choque donde cada emoción pesa como una losa, donde el más mínimo detalle cambia el guion, la pantalla donde se cuenta la historia importa. Disney+, propietaria de los derechos de la UEFA Women’s Champions League Femenina hasta 2030, retransmite esta batalla en exclusiva, marcando una nueva etapa en la profesionalización del producto audiovisual del fútbol femenino y acercando a millones de espectadores al pulso más puro e intenso de la competición. La plataforma se convierte, así, en testigo de una noche que promete quedar marcada en la memoria.
Pero la historia del fútbol femenino también se escribe fuera del césped. Y es imposible comprender el crecimiento, la visibilidad y la emoción que rodea al deporte sin reconocer la labor de quienes han construido el relato desde abajo, cuando no había focos, cuando no había derechos televisivos multimillonarios, cuando las voces eran pocas pero valientes. Entre ellas, destaca de forma especial “El Partido de Manu”, un proyecto que nació en 2016 como un ejercicio de amor por el fútbol femenino y que, desde la temporada 2018-2019, se especializó de forma íntegra en su difusión, análisis y promoción.
Su creador, Manu López Fernández, no solo acompañó al deporte: fue parte activa de su desarrollo. Su trayectoria lo llevó al Madrid CFF, donde formó parte del departamento de prensa durante tres temporadas, firmando momentos históricos como la victoria por 2-1 ante el FC Barcelona, que puso fin a 719 días de imbatibilidad azulgrana en la Primera División Femenina, un triunfo que aún hoy retumba en cada conversación sobre las grandes gestas del fútbol español. Su posterior salto a medios de relevancia como “AtletiMedia”, referente absoluto de la actualidad rojiblanca, y ‘De Falta Directa’, donde aporta su mirada más personal y apasionada, refleja el camino de un profesional que ha hecho del fútbol femenino no solo su especialidad, sino su propósito. Una voz que también brilló en Vavel, donde firmó más de ochenta artículos en el último año, consolidándose como uno de los cronistas más intensos, sinceros y emocionalmente conectados con el contexto del deporte.
En una noche como esta, donde el Atleti se asoma al borde de la historia, conviene recordar que el fútbol femenino no solo crece por lo que ocurre en el campo, sino también por la dedicación de quienes lo relatan, lo impulsan y lo defienden. Por quienes le dieron espacio antes de que el mundo lo hiciera. Por quienes mantienen viva la llama.
Por quienes, como “El Partido de Manu”, han construido un relato que inspira, que emociona, que explica y que acompaña. Porque el futuro se escribe en noches grandes, sí, pero también en las palabras de quienes creen en él desde el principio.
🟨 La quinta jornada de la fase de liga de la UEFA Women’s Champions League ofrece uno de esos duelos que ningún amante del fútbol debería perderse: Atlético de Madrid y Bayern München se ven por primera vez en Europa en un choque que promete táctica, intensidad, emoción y un guion abierto hasta el último segundo. Una batalla entre la rebeldía rojiblanca y la maquinaria bávara, un cóctel que busca ser histórico .
Hay encuentros que no se juegan: se afrontan. Hay noches que no se disputan: se encaran como una declaración de identidad. Y hay clubes que, cuando el calendario aprieta y el margen es mínimo, responden con una mezcla inexplicable de rebeldía, convicción y memoria.
En definitiva, el Atlético de Madrid está a un paso de poder gritar al continente que está listo para competir al más alto nivel, que su historia no se mide solo en títulos, sino en gestas, en coraje, en la capacidad de superar lo imposible. La cita con la historia está marcada: vencer al Bayern o rascar un punto , evitaría tener que esperar los resultados adecuados de Lyon, Vålerenga, Twente, Benfica, Roma, St. Pölten y PSG, lo que permitiría afrontar la última jornada a domicilio ante el Olympique con una tranquilidad que nunca está demás.
El Atlético aterriza tras un 2–2 ante el Sevilla que supo a poco en la clasificación, pero que dejó uno de esos mensajes anímicos que marcan temporadas: remontar un 0–2 con la furia de quienes se niegan a bajar los brazos ante su gente. Esa resiliencia ha sido la carta de presentación del equipo en Europa: desde la tercera ronda ante el Häcken —igualada al límite por un penalti in extremis de Luany y resuelta en la prórroga con el derechazo inmortal de Synne Jensen— hasta cada fecha de esta fase liga, donde las rojiblancas han demostrado que no están aquí por accidente. Están porque se niegan a marcharse sin pelear hasta el último latido.
Atlético de Madrid y Bayern München nunca se han enfrentado en competición europea, pero esa falta de precedentes no reduce el peso del duelo: lo multiplica. Para las rojiblancas, esta fase liga representa un territorio nuevo, exigente y brutal. Para el Bayern, sin embargo, es costumbre: 12ª participación, 11 temporadas consecutivas, dos semifinales recientes… El gigante bávaro pisa Europa con la autoridad de quien la entiende como parte de su identidad. El Atleti, además, arrastra la herida de cuatro enfrentamientos previos ante equipos alemanes —todos ante el Wolfsburg— resueltos con cuatro derrotas, 2 goles a favor y 25 en contra. Pero Europa no se conquista mirando atrás: se conquista decidiendo que el pasado no dictará tu destino.
El Bayern llega a Alcalá con números de coloso: solo 3 derrotas en sus últimos 19 partidos de fase de grupos/fase liga, 25 partidos de los últimos 27 viendo portería, tres victorias consecutivas y dos remontadas recientes tras empezar perdiendo. Es un equipo que no solo compite: respira precisión. Su estilo es reconocible, metódico y asfixiante. Construye desde atrás con una salida limpia que nunca improvisa, atrae rivales, fija alturas y libera interiores. Es un equipo de cuadrantes, de ocupar cada espacio del campo con disciplina táctica, de priorizar el pase exacto antes que la acción precipitada. Sus transiciones ofensivas son letales: recuperan y golpean sin mirar atrás.
Y, quizá su mayor virtud, manejan los partidos con una sangre fría que desconcierta: no se alteran, no se desordenan, no cambian su plan. Lo ejecutan hasta que funciona. Ese es el gigante que pisa Alcalá.y
Pero no todo es fortaleza en Múnich: el Bayern ha perdido en tres de sus cuatro visitas a España. Una grieta, pequeña pero real, que el Atlético quiere convertir en su punto de apoyo. Aunque solo ha caído en dos de sus últimos nueve partidos europeos, ambas derrotas fueron precisamente en Alcalá durante esta fase liga.
Por eso esta noche se convierte en un examen definitivo, en un punto de inflexión, en la oportunidad de decidir si este estadio será un bastión europeo o una tierra aún en construcción. Para sobrevivir, el Atleti debe presionar alto con valentía, incomodar la salida bávara, castigar los espacios tras pérdida —uno de los pocos puntos vulnerables del rival—, activar rápido a sus delanteras y sostener el orden defensivo sin replegarse en exceso. Y, por encima de todo, resistir emocionalmente cada tramo del partido: el Bayern castiga cualquier duda.
El Atlético no estará solo. Lo acompaña una afición que entiende que los grandes relatos no nacen de lo fácil, sino de lo improbable. Una grada que ha visto al equipo superar eliminatorias imposibles, remontar partidos que parecían perdidos y sostener batallas europeas con más coraje que recursos. Esta noche, esa energía será fundamental.
Y como diría Manu López, en la voz que ya acompaña cada gran noche rojiblanca: “Esta no es una noche más. Aquí se mide el pulso europeo del Atlético. Aquí se define si este equipo se limita a participar o decide trascender. El Bayern de Múnich llega fuerte, sí, pero llega al campo de un club que ha hecho de la lucha su bandera. Para ganar, el cuadro rojiblanco debe imponerse en las transiciones, activar rápido a sus delanteras y sostener cada tramo con convicción. En cada Champions hay una noche que define a un equipo.
(Fuente: Getty imágenes)
Para el Atlético de Madrid Femenino, en la noche del miércoles , 10 de diciembre de 2025, se puede escribir un nuevo capítulo épico en los anales de la entidad que preside Lola Romero.
El conjunto español busca volver a la senda del triunfo frente al tercer clasificado de esta fase liga tras su tropiezo ante el Arsenal en la cuarta jornada de la Liga de Campeones Femenina, y lo hace en un escenario que huele a grandeza, a épica europea y a ese vértigo que solamente aparece cuando un equipo se asoma al abismo y descubre que también allí, exactamente allí, se encuentran las oportunidades más hermosas. Es el primer cruce entre ambos conjuntos en el viejo continente, un choque que llega con los nervios tensos, los pulmones abiertos y el pulso acelerado después de que el conjunto merengue se impusiera por 1-0 a la Real Sociedad en la Liga F Moeve para colocarse segundo en España, justo detrás del Barcelona, como si el campeonato doméstico fuera, en realidad, una antesala emocional de lo que se avecina en Europa.
No hay demasiados precedentes que puedan empujar a encontrar certezas, apenas un eco lejano de un duelo alemán-español reciente que sirve para medir la temperatura competitiva del Madrid en estas noches continentales: la única experiencia previa frente a un rival alemán se produjo precisamente esta temporada, cuando las blancas superaron al Eintracht Frankfurt con un 1-2 fuera de casa y un 3-0 rotundo en el Di Stéfano. Aquella eliminatoria, con aroma a advertencia y a madurez competitiva, dejó la sensación de que el Madrid había aprendido, por fin, a dominar los pequeños detalles que en Europa separan a los valientes de los que acaban lamentando haber llegado tarde a su propio destino. Pero delante estará un gigante herido, un coloso con cicatrices europeas: el Wolfsburg. Un club que ganó sus primeros siete partidos contra equipos españoles, que llegó a imponer respeto casi por inercia, pero que después perdió cuatro de los últimos cinco (con solo una victoria en ese tramo), incluidos los tres últimos. Un equipo que fue eliminado la temporada pasada en cuartos de final por el Barcelona, con una doble exhibición azulgrana (1-4 en Alemania, 6-1 en España), y que ya venía de caer también ante las catalanas por 3-2 en la final de 2023, en aquella ocasión marcada por un segundo tiempo de remontada que quedará escrito para siempre en la memoria del fútbol europeo. Y si eso fuera poco, los alemanes también arrastran una derrota dolorosa en la final de 2020 contra el Lyon (1-3) en el Reale Arena, un estadio español que ya forma parte de su geografía emocional más amarga. Europa, para el Wolfsburg, ha sido un viaje de grandeza, sí, pero también de obstinación, de advertencias constantes sobre lo que implica competir contra los grandes clubes de España.
España… ese territorio que durante años respetaron desde la distancia. El Wolfsburg ganó sus tres primeros partidos oficiales en suelo español sin encajar un solo gol. Una máquina. Una fortaleza. Una estructura que parecía no romperse jamás… hasta que empezó a hacerlo. Porque en sus dos visitas más recientes, los alemanes encajaron once goles, once, una cifra que habla de una fuga emocional y deportiva que aún intentan reparar. Y el destino, tan cruel como poético, quiere que sea precisamente el Real Madrid quien aparezca ahora en su camino, un equipo que atraviesa uno de sus momentos más sólidos desde su creación, que alcanzó los cuartos de final la temporada pasada por primera vez desde su debut en 2021/22, cayendo ante el campeón Arsenal (2-0 en casa, 3-0 fuera), tras clasificarse en un grupo con Chelsea, Twente y Celtic. El Madrid, que lleva cuatro años consecutivos superando la fase de clasificación y que este curso volvió a hacerlo derrotando al Frankfurt con un global de 5-1, llega a este duelo con la convicción serena de quien ha aprendido a sufrir, a resistir y a competir de verdad. Pero enfrente, como un coloso que se niega a desaparecer, está el Wolfsburg. Dos veces campeón de Europa. Dos veces verdugo del Lyon en finales consecutivas. Una institución que ha llegado a seis finales y que ha estado presente en doce de las últimas trece fases de cuartos de final de la competición. Un club que cargó durante años con la etiqueta de inevitable y que sigue siendo, incluso con sus recientes tropiezos, uno de los rivales más difíciles de doblegar en el continente. La temporada pasada también cayó ante el Barcelona (1-4 y 6-1) después de clasificarse segundo por detrás del Lyon y superar a la Roma y al Galatasaray con una solvencia casi matemática.
Y aun así, y quizá por eso mismo, el momento es extraordinario. Porque llega en un tramo del calendario en el que el Real Madrid solo ha perdido uno de sus últimos ocho partidos europeos en casa (seis victorias y un empate), porque este equipo ha marcado en sus últimos diez partidos de fase de grupos o fase liga —el más reciente en la derrota por 2-1 ante el Arsenal— y porque Caroline Weir, si las molestias lo permiten, atraviesa una forma goleadora imperial con cinco tantos en sus últimos cinco encuentros europeos. Porque el Madrid sabe que en el Di Stéfano, especialmente en estas noches, el aire pesa distinto, vibra distinto, ruge distinto. El Wolfsburgo, por su parte, llega con una ráfaga ofensiva que asusta: tras vencer 5-2 al Manchester United, acumula seis victorias en sus últimos ocho partidos de fase liga, marcando cuatro o más goles en cinco de ellos. Lineth Beerensteyn, su agitadora, su futbolista de gasolina infinita, ha marcado en sus últimos tres encuentros europeos, cuatro goles que la convierten en una amenaza constante en zonas donde el Madrid deberá ser quirúrgico para no desangrarse. Y aun así, el equipo alemán tampoco llega en su mejor tramo físico. La persecución al Bayern en Bundesliga les exprime, y la exigencia europea les obliga a gestionar energías en un momento de desgaste inevitable.
El Real Madrid, mientras tanto, afronta el duelo todavía pendiente del estado físico de Weir, Keukelaar y Bruun, tres piezas que podrían modificar por completo el plan de Pau Quesada, en un tramo del curso donde cada ausencia pesa como si fuesen dos. El técnico lo sabe y lo asume con naturalidad competitiva: en Europa no gana el que llega más fresco, sino el que interpreta mejor el contexto. El que es capaz de sufrir cuando toca y acelerar cuando encuentra una grieta. “Buscamos ganar para adelantarlas en la clasificación con el apoyo de nuestra afición. El Wolfsburgo es uno de los mejores equipos de Europa y el partido será muy agresivo; tendremos que igualar su nivel”, decía Quesada en la previa, como quien entiende que está ante un partido que no se juega únicamente con piernas, sino con personalidad. Sara Däbritz, voz templada del vestuario y conocedora de la élite alemana como pocas, reforzaba el mensaje: “Estamos muy motivadas; siempre es especial jugar la Champions y más aún en casa. Sabemos que tienen mucha experiencia internacional y grandes cualidades, especialmente con balón, en transiciones y en el área. Debemos estar sólidas, organizadas y concentradas desde el primer minuto. Queremos disfrutar y ganar el partido”. Un mensaje que no es solo un discurso, sino una declaración emocional de un equipo que sabe que Europa no regala nada y que cada noche como esta es un examen final.
El partido llega en el momento más delicado, más afilado y más decisivo de la fase liga. Con el Madrid sumando 7 puntos tras el empate ante Paris FC, con el Wolfsburg navegando en 9 unidades tras vencer a PSG, Vålerenga y Manchester United, y caer solo frente a Lyon, la clasificación se siente como un cable tensado entre dos precipicios: cada paso importa, cada error se paga, cada impulso puede ser definitivo. Y en este escenario, bajo la luz blanca del Di Stéfano, con la afición afilando la garganta y el equipo sosteniendo una identidad cada vez más reconocible —agresivo en la presión, dinámico con balón, intenso en las transiciones— aparece una noche que no es una noche cualquiera. Es una noche que puede corregir un tropiezo. Es una noche que puede encender un tramo final heroico. Es una noche que puede colocarlo todo patas arriba o, quizá, puede reafirmar que este Real Madrid ya está preparado para discutir el lugar que quiere ocupar en Europa. Una noche que no solo define un resultado: define una ambición.
El club merengue ganó al Wolfsburgo (2-0) en la quinta jornada de la fase de liga de la Champions. María Méndez y Linda Caicedo marcaron los tantos de las madridistas, que se clasifican a la siguiente ronda. Maëlle Lakrar fue expulsada antes del descanso e Iris Ashley también vio la roja en el tramo final.
Hubo noches europeas, y luego estuvo esta. Una de esas en las que el fútbol femenino alcanza la temperatura exacta para convertirse en leyenda, en relato, en un recuerdo que los años no borrarán. El Real Madrid salió al césped con su once de gala, convencido de que la historia no espera a quienes dudan. Y en esa convicción se fraguó una clasificación heroica, tensa, de las que se mastican hasta el último aliento.
El preludio fue de susto. El tiempo apenas había comenzado a latir cuando el conjunto alemán rozó el primero. Una desconexión puntual, un cruce visual que no encontró destino, una falta de entendimiento entre Lakrar y Misa que desató la alarma: Peddemors cazó el regalo y se atrevió con un disparo que por fortuna se marchó alto, como si la noche se negara a encenderse todavía. El Madrid respiró. Europa no concede dos regalos.
La respuesta madridista nació del talento de esas jugadoras que parecen diseñadas para alterar el ritmo del mundo: Caroline Weir, con ese pie zurdo que es patrimonio cultural, soltó un latigazo que obligó al córner. Y a partir de ahí, el conjunto blanco empezó a mover el partido, a templarlo, a decir “estamos aquí, este duelo lo marcamos nosotras”.
Alba Redondo, incisiva y eléctrica; Küver, poderosa en el golpeo; todas fueron encontrando grietas. La guardameta local empezaba a entender que no sería una noche tranquila. Hasta que, en el minuto 18, ocurrió lo inevitable: ese momento en el que todo el fútbol que empuja se convierte en un gesto simple y perfecto.
Eva Navarro colocó el balón en la esquina. Su carrera fue firme, su golpeo medido, su envío cargado de intención. Y allí apareció María Méndez, imponente en el aire, para conectar un testarazo de los que cambian duelos importantes y la exjugadora del Levante Unión Deportiva abría la lata con el 1–0 que daba ventaja al subcampeón de la Copa de la Reina en el 2023.
El segundo rozó la hierba en un par de ocasiones. Linda Caicedo, con la zancada suelta, persiguió su gol como quien persigue una certeza. Alba Redondo, en otro córner, se topó con la madera, porque hasta los postes querían ser protagonistas. El Madrid jugaba, llegaba, intimidaba… pero el fútbol es espejismo cuando se acerca el descanso.
Entonces, la noche le jugó una mala pasada a Lakrar: primero una amarilla; después, apenas unos minutos más tarde, la segunda. Una entrada al límite, un corte a destiempo… y la francesa se marchaba expulsada, dejando al Madrid con un viento en contra que podía convertirse en tormenta. Y aun así, el equipo no tembló. Porque cuando la valentía estructura un grupo, las grietas se convierten en puentes.
Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con una mínima diferencia a favor de las de Pau Quesada, que tras la expulsión por doble amarilla a Lakrar sabían que les tocaría sufrir ante el empuje germano.
Aún restaban cuarenta y cinco minutos y en esto del balompié no se puede dar nada por sentando, sino que se lo digan a la historia reciente de las madrileñas.
Tras el descanso, Pau Quesada tomó la decisión que solo toman los entrenadores valientes: sacar a Alba Redondo para recomponer el bloque con Rocío Gálvez. Un cambio que explicaba el plan: sobrevivir, resistir, esperar el momento. Pero el partido, lejos de atrincherarse, se abrió. El Wolfsburgo, herido y obligado, adelantó líneas, mientras el Madrid buscaba que cada transición fuese una puñalada.
Y ahí brilló una futbolista llamada a reinar donde juegue: Linda Caicedo. La colombiana se convirtió en un vendaval. Probó primero desde la frontal, obligando a Johannes a lucir una parada de nivel. Después apareció por banda, filtró diagonales, rompió líneas. Ella sola mantenía en alerta a toda la zaga alemana. El Madrid tenía menos jugadoras… pero tenía más alma.
El Wolfsburgo respondió con lo que tenía: Popp, siempre Popp. Tres ocasiones consecutivas, cada una más afilada, cada una más cercana al empate. Una volea que quiso ser póster, un disparo cargado de experiencia, un cabezazo que buscó milimétricamente la escuadra. Pero la noche, caprichosa, se negó a vestirse de verde. El fútbol también elige a sus héroes.
Y entonces, cuando el rival parecía encontrar un hilo de esperanza, Linda decidió arrancar la moto. Y cuando Linda arranca, no hay mapa que la contenga. Control orientado, cambio de ritmo, regate a su par, carrera limpia hacia el área, finta a la guardameta, definición sutil que se convirtió en el 2–0 que fue un bálsamo para las locales en el minuto 67 de una contienda vibrante que se adornó con los sabios comentarios de José Luis Sánchez Vera, un maestro del fútbol femenino .
Este gol que es un poema, una pintura, una declaración de intenciones. Europa tomó nota: esta jugadora está hecha para las noches grandes.
El Wolfsburgo se descompuso en la frustración. En los minutos finales, Iris Ashley vio la tarjeta roja tras revisión del VAR por un golpe en la cara.
Ya no había resistencia posible. El Madrid, con diez, con coraje, con corazón, cerró el partido como lo hacen los equipos destinados a trascender: con madurez, con oficio, con una serenidad que no se compra, se construye.
El pitido final no solo certificó la victoria. Certificó una clasificación memorable, una noche mágica que refuerza a un equipo que ya no compite solo: compite y convence, compite y emociona, compite y sueña.
Porque este Madrid, el Madrid del coraje y la fe, el de las diagonales de Linda, los cabezazos de Méndez, los guantes de Misa y el pulso firme de Weir, ha dado un golpe en Europa. Un golpe que resuena. Un golpe que avisa.
Y desde aquí, desde “El Partido de Manu”, solo puedo decirlo como lo siento:
España tiene un equipo en Champions que se comporta como los grandes. Y cuando un equipo se atreve, cuando cree, cuando se defiende con diez y ataca como si tuviera doce, ese equipo no se limita a pasar de ronda. Ese equipo reclama su hueco en la historia.
en el descuento, con todo decidido, Iris Ashley también recibió la cartulina roja de Dowle en un balón dividido contra Johaness.
El Real Madrid se despide de su afición en 2025 dando un paso de gigante hacia terminar en el top cuatro de la fase liga y dependerá de si mismo en la última jornada gracias a las unidades que obran en su casillero de 12 posibles hasta la fecha Y esta noche, el Real Madrid femenino lo reclamó. Con épica, con alma. Con fútbol del que se queda a vivir en la memoria.
(Fuente: UEFA)
El Wolfsburgo que no hace tanto que pelaba por levantar el título ante el Barcelona en los Países Bajos, se marcha de vacío de su visita al Alfredo Di Stéfano y ya es un elenco tan temible, pues solo cuenta con nueve puntos y se vería abocado a jugar un playoff de octavos de final.
Real Madrid (2): Misa; Eva Navarro (Silvia Cristóbal 90+7′), Lakrar, María Méndez, Yasmim; Däbritz, Angeldahl; Feller (Iris Ashley 78′), Weir, Linda Caicedo (Athenea 78′); Alba Redondo (Rocío 46′).
Árbitra: Kirsty Dowle (Inglaterra). Amonestó a Peddemors (minuto 32), Lakrar (minuto 40) y Dijkstra (minuto 53). Expulsó a Lakrar (minuto 45+2) por doble amarilla e Iris Ashley (minuto 90) por roja directa.
Estadio: Alfredo Di Stéfano (Valdebebas). Asistencia: 1.171 espectadores sobre una superficie de hierba natural.
🟨 La centrocampista rojiblanca atendió a la organizadora de la Champions en las horas previas a un duelo crucial frente al gigante bávaro.
Madrid amanece con un pulso distinto cuando la Champions llama a la puerta. La ciudad respira fútbol, memoria y ambición, y en el corazón rojiblanco late una historia que parece escrita para noches como la que se avecina en Alcalá de Henares. Allí, donde el césped vibra cuando el Atlético de Madrid Femenino decide que es el momento de levantarse, llega el coloso bávaro, el Bayern Múnich de las once victorias consecutivas, el equipo que solo ha cedido una vez desde septiembre y que se ha convertido en una auténtica máquina competitiva bajo la batuta del técnico español José Barcala. Allí, frente a ese gigante, emerge la figura de Fiamma Benítez, la atacante que ha conquistado corazones, miradas y esperanzas con la naturalidad de quien nació para esto: para inspirar, para marcar, para crear, para hacer que un niño tiemble de emoción cuando la ve llegar. Para darle vida al fútbol.
Hay historias que parecen casualidades de la vida, pequeños destellos que años después se revelan como señales. Fiamma, con apenas 10 años, pisó Madrid acompañando a sus padres en un viaje de trabajo de su padre. Tenía cuarto de primaria y la mirada curiosa de una niña que aún no sabía que su camino inevitablemente la llevaría a la élite. En una prueba en el Atlético, Amanda Sampedro —sí, la eterna capitana— se acercó al final del entrenamiento y le dijo que ya estaba preparando la ficha. La niña valenciana la miró, sorprendida, ilusionada, pero consciente de algo tan simple como contundente: no podía mudarse a Madrid a mitad de curso. La vida siguió, y con ella vino el Levante, luego el Valencia, y finalmente, el verano de 2024, el momento en que el destino recuperó aquella conversación infantil y la vistió de rojiblanco para siempre.
Hoy, con solo 21 años, Fiamma dice que jamás imaginó verse tan pronto jugando la UEFA Women’s Champions League. Y sin embargo ahí está: seis contribuciones directas al gol en cuatro partidos de esta Fase Liga, tres tantos y tres asistencias que han colocado su nombre en todos los análisis europeos. Ha firmado un comienzo de competición que solo puede explicarse desde su memoria emocional, desde aquella terraza en casa con su padre, cuando corría y celebraba como si el mundo se resumiera en ganarle un partidito bajo el sol. “Aprendí muchísimo con él”, recuerda. Y hoy, cuando pisa el césped, sabe que hay dos personas que caminan a su lado, aunque el estadio esté lleno: sus padres, su motor, su impulso, el recordatorio constante de por qué hace lo que hace. Porque el fútbol también es amor.
Madrid también es ella, aunque no se declare persona de ciudad. Le gustan los pueblos pequeños, las montañas, los rincones donde la vida va más despacio. Le encanta Patones de Arriba, por ejemplo, ese lugar donde el silencio permite respirar. No suele decirlo, pero en su forma de jugar hay algo de eso: una calma interior que convive con la velocidad, un equilibrio emocional que se entrena tanto como los golpes de balón. La selección española, donde ya presume una Nations League conquistada como suplente en la final, ha incorporado una psicóloga que está siendo clave en su crecimiento. Ella lo relata con honestidad: poder hablar, poder ordenar la cabeza, también es competir.
La Champions no espera a nadie y exige siempre el máximo, incluso cuando el equipo llega con dudas. El Atlético encadena dos tropiezos en Liga —derrota ante Costa Adeje Tenerife y empate frente al Sevilla— que han empujado a las rojiblancas fuera de la zona europea. Gaby García, una de las voces fuertes del vestuario, lo resumió con la claridad de quien sabe que estos momentos son los que forjan carácter: “El equipo intenta mantenerse unido. Venimos de dos partidos complicados. Siempre es una pena dejarse puntos, pero nos toca dar un paso adelante, dejarlo atrás y centrarnos en el partido de mañana”. Porque el Bayern no es solo un rival difícil: es un examen completo, físico, táctico y emocional. “Será un partido súper difícil, como todos los de Champions. Tendremos que tener paciencia, calma y hacer nuestro fútbol”, advirtió.
Y al fondo aparece el cuadro bávaro, temible, sólido, lanzado. Desde aquella goleada en Barcelona en la jornada 1, el Bayern no ha vuelto a caer. Ingolstadt, PSG, Hoffenheim, Eintracht Frankfurt… todo lo que ha encontrado por el camino lo ha superado. Líder destacado de la Bundesliga, semifinalista histórica, aspirante eterno a romper su techo en Europa. Barcala ha dotado al equipo de un estilo reconocible, una arquitectura ofensiva que respira identidad. “Le conozco bien, es un gran entrenador”, dijo Ribera, consciente de que enfrentarse a un equipo de Barcala nunca es un trámite: es una cita con la exigencia más alta.
Así llega el Atlético a esta noche crucial, con 6 puntos y la obligación de no descolgarse del top12 europeo, sabiendo además que la última jornada la disputará en Lyon, frente al gigante francés que ha dominado la competición durante más de una década. El Bayern suma 9 y, salvo sorpresa, tiene su continuidad prácticamente asegurada. Pero el Atleti juega en casa, y ese detalle, para ciertos clubes, no es un matiz: es una declaración.
El encuentro en Alcalá será un cruce de caminos entre dos formas de entender el fútbol: la intensidad emocional rojiblanca contra la hegemonía industrial bávara. Pero también será, de alguna manera, la continuación del relato personal de Fiamma. Porque ella, que aprendió a tocar el piano durante la cuarentena con un teclado que trajo su cuñado, sabe que el fútbol se parece a ese instrumento. Hay días en los que todo fluye, cada tecla suena perfecta; y otros en los que una nota falla y el alma se encoge. Es normal, dice. Es frustrante, también. Pero así es como se aprende.
Los niños que la esperan a pie de campo lo saben sin saberlo. Ven en ella algo más que una futbolista: ven una historia posible, un sueño alcanzable, una puerta que se abre. “La emoción de los niños cuando te ven llegar es indescriptible”, dice. Y esa emoción, la de ellos y la del estadio entero, puede ser el soplo de viento necesario para que el Atleti vuelva a creer.
Porque sí, el Bayern llega poderoso; sí, el Atleti llega herido. Pero la Champions siempre ha tenido un extraño magnetismo con los equipos que juegan desde la fe. Y cuando el Atlético decide creer, cuando Alcalá se convierte en un volcán, cuando la grada ruge y las jugadoras sienten que el escudo pesa lo justo para levantarles el alma, ocurren cosas que no explica ninguna estadística.
Esta noche no es un partido. Es una llamada. Es un desafío. Es la oportunidad de mirar a los ojos a uno de los equipos más temidos del continente y decirle: aquí estamos nosotras, aquí está este club, aquí está esta afición, aquí está Fiamma, aquí está la historia que vamos a escribir.
Porque cuando un estadio se prepara para vivir un capítulo grande, se nota en el aire. Y hoy, en Alcalá de Henares, el aire huele a noche grande y Madrid amanece con un pulso distinto cuando la Champions llama a la puerta. La ciudad respira fútbol, memoria y ambición, y en el corazón rojiblanco late una historia que parece escrita para noches como la que se avecina en Alcalá de Henares. Allí, donde el césped vibra cuando el Atlético de Madrid Femenino decide que es el momento de levantarse, llega el coloso bávaro, el Bayern Múnich de las once victorias consecutivas, el equipo que solo ha cedido una vez desde septiembre y que se ha convertido en una auténtica máquina competitiva bajo la batuta del técnico español José Barcala. Allí, frente a ese gigante, emerge la figura de Fiamma Benítez, la atacante que ha conquistado corazones, miradas y esperanzas con la naturalidad de quien nació para esto: para inspirar, para marcar, para crear, para hacer que un niño tiemble de emoción cuando la ve llegar. Para darle vida al fútbol.
Hay historias que parecen casualidades de la vida, pequeños destellos que años después se revelan como señales. Fiamma, con apenas 10 años, pisó Madrid acompañando a sus padres en un viaje de trabajo de su padre. Tenía cuarto de primaria y la mirada curiosa de una niña que aún no sabía que su camino inevitablemente la llevaría a la élite. En una prueba en el Atlético, Amanda Sampedro —sí, la eterna capitana— se acercó al final del entrenamiento y le dijo que ya estaba preparando la ficha. La niña valenciana la miró, sorprendida, ilusionada, pero consciente de algo tan simple como contundente: no podía mudarse a Madrid a mitad de curso. La vida siguió, y con ella vino el Levante, luego el Valencia, y finalmente, el verano de 2024, el momento en que el destino recuperó aquella conversación infantil y la vistió de rojiblanco para siempre.
Hoy, con solo 21 años, Fiamma dice que jamás imaginó verse tan pronto jugando la UEFA Women’s Champions League. Y sin embargo ahí está: seis contribuciones directas al gol en cuatro partidos de esta Fase Liga, tres tantos y tres asistencias que han colocado su nombre en todos los análisis europeos. Ha firmado un comienzo de competición que solo puede explicarse desde su memoria emocional, desde aquella terraza en casa con su padre, cuando corría y celebraba como si el mundo se resumiera en ganarle un partidito bajo el sol. “Aprendí muchísimo con él”, recuerda. Y hoy, cuando pisa el césped, sabe que hay dos personas que caminan a su lado, aunque el estadio esté lleno: sus padres, su motor, su impulso, el recordatorio constante de por qué hace lo que hace. Porque el fútbol también es amor.
Madrid también es ella, aunque no se declare persona de ciudad. Le gustan los pueblos pequeños, las montañas, los rincones donde la vida va más despacio. Le encanta Patones de Arriba, por ejemplo, ese lugar donde el silencio permite respirar. No suele decirlo, pero en su forma de jugar hay algo de eso: una calma interior que convive con la velocidad, un equilibrio emocional que se entrena tanto como los golpes de balón. La selección española, donde ya presume una Nations League conquistada como suplente en la final, ha incorporado una psicóloga que está siendo clave en su crecimiento. Ella lo relata con honestidad: poder hablar, poder ordenar la cabeza, también es competir.
La Champions no espera a nadie y exige siempre el máximo, incluso cuando el equipo llega con dudas. El Atlético encadena dos tropiezos en Liga —derrota ante Costa Adeje Tenerife y empate frente al Sevilla— que han empujado a las rojiblancas fuera de la zona europea. Gaby García, una de las voces fuertes del vestuario, lo resumió con la claridad de quien sabe que estos momentos son los que forjan carácter: “El equipo intenta mantenerse unido. Venimos de dos partidos complicados. Siempre es una pena dejarse puntos, pero nos toca dar un paso adelante, dejarlo atrás y centrarnos en el partido de mañana”. Porque el Bayern no es solo un rival difícil: es un examen completo, físico, táctico y emocional. “Será un partido súper difícil, como todos los de Champions. Tendremos que tener paciencia, calma y hacer nuestro fútbol”, advirtió.
Y al fondo aparece el cuadro bávaro, temible, sólido, lanzado. Desde aquella goleada en Barcelona en la jornada 1, el Bayern no ha vuelto a caer. Ingolstadt, PSG, Hoffenheim, Eintracht Frankfurt… todo lo que ha encontrado por el camino lo ha superado. Líder destacado de la Bundesliga, semifinalista histórica, aspirante eterno a romper su techo en Europa. Barcala ha dotado al equipo de un estilo reconocible, una arquitectura ofensiva que respira identidad. “Le conozco bien, es un gran entrenador”, dijo Ribera, consciente de que enfrentarse a un equipo de Barcala nunca es un trámite: es una cita con la exigencia más alta.
Así llega el Atlético a esta noche crucial, con 6 puntos y la obligación de no descolgarse del top12 europeo, sabiendo además que la última jornada la disputará en Lyon, frente al gigante francés que ha dominado la competición durante más de una década. El Bayern suma 9 y, salvo sorpresa, tiene su continuidad prácticamente asegurada. Pero el Atleti juega en casa, y ese detalle, para ciertos clubes, no es un matiz: es una declaración.
El encuentro en Alcalá será un cruce de caminos entre dos formas de entender el fútbol: la intensidad emocional rojiblanca contra la hegemonía industrial bávara. Pero también será, de alguna manera, la continuación del relato personal de Fiamma. Porque ella, que aprendió a tocar el piano durante la cuarentena con un teclado que trajo su cuñado, sabe que el fútbol se parece a ese instrumento. Hay días en los que todo fluye, cada tecla suena perfecta; y otros en los que una nota falla y el alma se encoge. Es normal, dice. Es frustrante, también. Pero así es como se aprende.
Los niños que la esperan a pie de campo lo saben sin saberlo. Ven en ella algo más que una futbolista: ven una historia posible, un sueño alcanzable, una puerta que se abre. “La emoción de los niños cuando te ven llegar es indescriptible”, dice. Y esa emoción, la de ellos y la del estadio entero, puede ser el soplo de viento necesario para que el Atleti vuelva a creer.
Porque sí, el Bayern llega poderoso; sí, el Atleti llega herido. Pero la Champions siempre ha tenido un extraño magnetismo con los equipos que juegan desde la fe. Y cuando el Atlético decide creer, cuando Alcalá se convierte en un volcán, cuando la grada ruge y las jugadoras sienten que el escudo pesa lo justo para levantarles el alma, ocurren cosas que no explica ninguna estadística.
Esta noche no es un partido. Es una llamada. Es un desafío. Es la oportunidad de mirar a los ojos a uno de los equipos más temidos del continente y decirle: aquí estamos nosotras, aquí está este club, aquí está esta afición, aquí está Fiamma, aquí está la historia que vamos a escribir.
Porque cuando un estadio se prepara para vivir un capítulo grande, se nota en el aire. Y hoy, en Alcalá de Henares, el aire huele a noche grande y no te lo puedes perder o te arrepentirás.
Operación Triunfo 2025 ha celebrado hoy la Gala 12, en la que se ha despedido al undécimo concursante de la edición, Guillo Rist, y se han dado a conocer las cinco voces que estarán en la Gala Final el próximo 15 de diciembre a las 22:00 h para disputarse el triunfo de esta edición: Claudia Arenas, Cristina, Guille Toledano, Olivia, y Tinho. La gala, emitida en directo en España y en seis países de Latinoamérica, ya está disponible a la carta en España y en más de 30 países y territorios de Latinoamérica como parte de la suscripción Prime.
La gala comenzó con los concursantes interpretando junto a Chenoa la canción grupal de la semana, Todo irá bien. A continuación, cantaron los dos semifinalistas, Guillo Rist y Tinho y, tras ellos, actuaron el resto de concursantes, tanto individualmente como en dúos. Después, actuó la artista invitada de la gala, Edurne, que cantó Santa Claus llegó a la ciudad y vivimos la elección del último Favorito de la edición. En este caso, los concursantes más votados fueron Cristina, Guille Toledano y Claudia Arenas, siendo Cristina la Favorita con el 32% de los votos. Después llegó el momento decisivo de la noche. Chenoa reveló el nombre del quinto finalista de OT 2025, Tinho, con el 60% de los votos. De este modo, los concursantes que han llegado a la Final de la edición son: Claudia Arenas, Cristina, Guille Toledano, Olivia y Tinho.
Con los cinco concursantes que actuarán en la Gala Final ya definidos, Operación Triunfo 2025 se prepara para despedir su edición con una última gala en la que el público tendrá la decisión final. Durante esta noche decisiva, los cinco finalistas ofrecerán sus primeras actuaciones, tras las cuales se revelará quiénes ocupan el cuarto y quinto lugar. A continuación, el marcador se pondrá a cero y se abrirá una nueva ronda de votaciones: los tres concursantes más votados reinterpretarán la canción con la que se presentaron en la Gala 0. Tras esta última fase de actuaciones, se cerrarán las votaciones y se anunciará el tercer puesto y, finalmente, al ganador o ganadora de la edición.
SOBRE OPERACIÓN TRIUNFO 2025
Operación Triunfo 2025 se emite en exclusiva en Prime Video en España y en más de 30 países y territorios de Latinoamérica como parte de la suscripción Prime. Los suscriptores de Prime en España pueden disfrutar de ofertas, envíos gratuitos y entretenimiento, todo en una misma suscripción por tan solo 4,99€ al mes o 49,90€ al año. Además, los jóvenes de entre 18 y 22 años y los estudiantes pueden acceder a la suscripción Prime a mitad de precio y disfrutar de todas las ventajas que incluye, como ahorros exclusivos, entregas rápidas y gratuitas y el mejor entretenimiento, con un periodo de prueba gratuito de 90 días.
El talent show musical sigue a un grupo de concursantes que ingresan en una Academia para formarse y demostrar su talento como cantantes y artistas. Cada semana, en una gala con público en directo en Terrassa (Barcelona), los concursantes deben competir y demostrar sus habilidades sobre el escenario. Operación Triunfo se estrenó en 2001, convirtiéndose en un fenómeno nacional, siendo todavía la final de su primera edición el momento más visto de la historia de un programa de televisión en España. Operación Triunfo regresa a Prime Video tras el éxito de su edición de 2023, que se consolidó como un fenómeno social y digital, convirtiéndose en el estreno nacional más visto en la historia de Prime Video en España y en el contenido original local que más suscripciones nuevas ha generado desde el lanzamiento del servicio en España.
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conjunto español busca volver a la senda del triunfo frente al tercer clasificado de esta fase liga tras su tropiezo ante el Arsenal en la cuarta jornada de la Liga de Campeones Femenina, y lo hace en un escenario que huele a grandeza, a épica europea y a ese vértigo que solamente aparece cuando un equipo se asoma al abismo y descubre que también allí, exactamente allí, se encuentran las oportunidades más hermosas. Es el primer cruce entre ambos conjuntos en el viejo continente, un choque que llega con los nervios tensos, los pulmones abiertos y el pulso acelerado después de que el conjunto merengue se impusiera por 1-0 a la Real Sociedad en la Liga F Moeve para colocarse segundo en España, justo detrás del Barcelona, como si el campeonato doméstico fuera, en realidad, una antesala emocional de lo que se avecina en Europa.
No hay demasiados precedentes que puedan empujar a encontrar certezas, apenas un eco lejano de un duelo alemán-español reciente que sirve para medir la temperatura competitiva del Madrid en estas noches continentales: la única experiencia previa frente a un rival alemán se produjo precisamente esta temporada, cuando las blancas superaron al Eintracht Frankfurt con un 1-2 fuera de casa y un 3-0 rotundo en el Di Stéfano. Aquella eliminatoria, con aroma a advertencia y a madurez competitiva, dejó la sensación de que el Madrid había aprendido, por fin, a dominar los pequeños detalles que en Europa separan a los valientes de los que acaban lamentando haber llegado tarde a su propio destino.
Pero delante estará un gigante herido, un coloso con cicatrices europeas: el Wolfsburg. Un club que ganó sus primeros siete partidos contra equipos españoles, que llegó a imponer respeto casi por inercia, pero que después perdió cuatro de los últimos cinco (con solo una victoria en ese tramo), incluidos los tres últimos. Un equipo que fue eliminado la temporada pasada en cuartos de final por el Barcelona, con una doble exhibición azulgrana (1-4 en Alemania, 6-1 en España), y que ya venía de caer también ante las catalanas por 3-2 en la final de 2023, en aquella ocasión marcada por un segundo tiempo de remontada que quedará escrito para siempre en la memoria del fútbol europeo. Y si eso fuera poco, los alemanes también arrastran una derrota dolorosa en la final de 2020 contra el Lyon (1-3) en el Reale Arena, un estadio español que ya forma parte de su geografía emocional más amarga. Europa, para el Wolfsburg, ha sido un viaje de grandeza, sí, pero también de obstinación, de advertencias constantes sobre lo que implica competir contra los grandes clubes de España.
España… ese territorio que durante años respetaron desde la distancia. El Wolfsburg ganó sus tres primeros partidos oficiales en suelo español sin encajar un solo gol. Una máquina. Una fortaleza. Una estructura que parecía no romperse jamás… hasta que empezó a hacerlo. Porque en sus dos visitas más recientes, los alemanes encajaron once goles, once, una cifra que habla de una fuga emocional y deportiva que aún intentan reparar. Y el destino, tan cruel como poético, quiere que sea precisamente el Real Madrid quien aparezca ahora en su camino, un equipo que atraviesa uno de sus momentos más sólidos desde su creación, que alcanzó los cuartos de final la temporada pasada por primera vez desde su debut en 2021/22, cayendo ante el campeón Arsenal (2-0 en casa, 3-0 fuera), tras clasificarse en un grupo con Chelsea, Twente y Celtic. El Madrid, que lleva cuatro años consecutivos superando la fase de clasificación y que este curso volvió a hacerlo derrotando al Frankfurt con un global de 5-1, llega a este duelo con la convicción serena de quien ha aprendido a sufrir, a resistir y a competir de verdad.
Pero enfrente, como un coloso que se niega a desaparecer, está el Wolfsburg. Dos veces campeón de Europa. Dos veces verdugo del Lyon en finales consecutivas. Una institución que ha llegado a seis finales y que ha estado presente en doce de las últimas trece fases de cuartos de final de la competición. Un club que cargó durante años con la etiqueta de inevitable y que sigue siendo, incluso con sus recientes tropiezos, uno de los rivales más difíciles de doblegar en el continente. La temporada pasada también cayó ante el Barcelona (1-4 y 6-1) después de clasificarse segundo por detrás del Lyon y superar a la Roma y al Galatasaray con una solvencia casi matemática.
Y aun así, y quizá por eso mismo, el momento es extraordinario. Porque llega en un tramo del calendario en el que el Real Madrid solo ha perdido uno de sus últimos ocho partidos europeos en casa (seis victorias y un empate), porque este equipo ha marcado en sus últimos diez partidos de fase de grupos o fase liga —el más reciente en la derrota por 2-1 ante el Arsenal— y porque Caroline Weir, si las molestias lo permiten, atraviesa una forma goleadora imperial con cinco tantos en sus últimos cinco encuentros europeos. Porque el Madrid sabe que en el Di Stéfano, especialmente en estas noches, el aire pesa distinto, vibra distinto, ruge distinto.
El Wolfsburgo, por su parte, llega con una ráfaga ofensiva que asusta: tras vencer 5-2 al Manchester United, acumula seis victorias en sus últimos ocho partidos de fase liga, marcando cuatro o más goles en cinco de ellos. Lineth Beerensteyn, su agitadora, su futbolista de gasolina infinita, ha marcado en sus últimos tres encuentros europeos, cuatro goles que la convierten en una amenaza constante en zonas donde el Madrid deberá ser quirúrgico para no desangrarse. Y aun así, el equipo alemán tampoco llega en su mejor tramo físico. La persecución al Bayern en Bundesliga les exprime, y la exigencia europea les obliga a gestionar energías en un momento de desgaste inevitable.
El Real Madrid, mientras tanto, afronta el duelo todavía pendiente del estado físico de Weir, Keukelaar y Bruun, tres piezas que podrían modificar por completo el plan de Pau Quesada, en un tramo del curso donde cada ausencia pesa como si fuesen dos. El técnico lo sabe y lo asume con naturalidad competitiva: en Europa no gana el que llega más fresco, sino el que interpreta mejor el contexto. El que es capaz de sufrir cuando toca y acelerar cuando encuentra una grieta. “Buscamos ganar para adelantarlas en la clasificación con el apoyo de nuestra afición. El Wolfsburgo es uno de los mejores equipos de Europa y el partido será muy agresivo; tendremos que igualar su nivel”, decía Quesada en la previa, como quien entiende que está ante un partido que no se juega únicamente con piernas, sino con personalidad.
Sara Däbritz, voz templada del vestuario y conocedora de la élite alemana como pocas, reforzaba el mensaje: “Estamos muy motivadas; siempre es especial jugar la Champions y más aún en casa. Sabemos que tienen mucha experiencia internacional y grandes cualidades, especialmente con balón, en transiciones y en el área. Debemos estar sólidas, organizadas y concentradas desde el primer minuto. Queremos disfrutar y ganar el partido”. Un mensaje que no es solo un discurso, sino una declaración emocional de un equipo que sabe que Europa no regala nada y que cada noche como esta es un examen final.
El partido llega en el momento más delicado, más afilado y más decisivo de la fase liga. Con el Madrid sumando 7 puntos tras el empate ante Paris FC, con el Wolfsburg navegando en 9 unidades tras vencer a PSG, Vålerenga y Manchester United, y caer solo frente a Lyon, la clasificación se siente como un cable tensado entre dos precipicios: cada paso importa, cada error se paga, cada impulso puede ser definitivo. Y en este escenario, bajo la luz blanca del Di Stéfano, con la afición afilando la garganta y el equipo sosteniendo una identidad cada vez más reconocible —agresivo en la presión, dinámico con balón, intenso en las transiciones— aparece una noche que no es una noche cualquiera.
Es una noche que puede corregir un tropiezo. Es una noche que puede encender un tramo final heroico. Es una noche que puede colocarlo todo patas arriba o, quizá, puede reafirmar que este Real Madrid ya está preparado para discutir el lugar que quiere ocupar en Europa.
Una noche que no solo define un resultado: define una ambición.
◼️ El elenco de Viti se encuentra a un paso de un momento histórico en la UEFA Women’s Champions League. Con una nueva victoria ante el Bayern de Múnich, las rojiblancas podrían asegurar su clasificación para los playoffs, sirviéndole también un empate.
La matemática europea nunca fue tan apasionante, y el Centro Deportivo Alcalá de Henares se prepara para vivir una noche que podría quedar grabada en la memoria de la afición colchonera como un auténtico hito.
El Atlético de Madrid, dos veces campeón de la Copa de la Reina Iberdrola y tres veces ganador de la Primera División Femenina, se encuentra al borde de una página histórica en su todavía joven pero ya gloriosa trayectoria europea. La gesta que se dibuja en el horizonte del Wanda Metropolitano y de la UEFA Women’s Champions League está tan cerca como intensa es la emoción que envuelve a sus jugadoras, cuerpo técnico y aficionados. Con un solo triunfo ante el Bayern de Múnich, el equipo colchonero podría abrir las puertas de los playoffs del torneo más prestigioso del continente, un premio al esfuerzo sostenido, al carácter forjado en la adversidad y a la mentalidad ganadora que define a un club acostumbrado a desafiar las expectativas.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) December 8, 2025
La ecuación no es sencilla, porque la UEFA Women’s Champions League 2025-2026 no regala nada, y la matemática europea exige que, además de vencer al gigante alemán, el Olympique Lyon no sume ante el Vålerenga, Twente, Benfica, Roma, St. Pölten y PSG no alcancen los 9 puntos que podrían comprometer la clasificación.
Cada variable, cada resultado, cada gol y cada parada se convierte en un latido del corazón colectivo rojiblanco, en un instante que podría marcar la historia del club.
Desde la llegada de este proyecto a la élite continental, el Atlético de Madrid ha demostrado que no hay obstáculo demasiado grande ni marcador demasiado adverso que pueda quebrar su espíritu. Las rojiblancas han crecido partido a partido, temporada a temporada, aprendiendo de cada tropiezo y celebrando cada victoria como un escalón hacia la excelencia. Este contexto europeo no es solo una prueba de habilidad y talento; es un examen de resiliencia, de concentración y de ambición. El Bayern, un equipo curtido en la élite alemana y europea, espera como rival de turno, pero el Atlético se presenta con la combinación de juventud, experiencia y hambre que ha definido sus mejores noches. Las jugadoras saben que no es solo un partido: es la oportunidad de escribir un capítulo épico, de confirmar que España no solo está en el mapa del fútbol femenino mundial, sino que tiene representación de elite capaz de medirse y superar a los gigantes históricos del continente.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) December 8, 2025
Europa aguarda. La UEFA Women’s Champions League encara la quinta jornada con un ruido eléctrico, vibrante, casi ancestral: el murmullo de una competición que no perdona, que no entiende de medias tintas, que exige carácter, ambición y una convicción férrea en los momentos decisivos.
Y es precisamente en ese cruce de caminos donde aparece el Atlético de Madrid, con seis puntos conquistados en cuatro batallas y una realidad cristalina: si el equipo rojiblanco gana o empata en la quinta jornada de la Copa de Europa estará matemáticamente en los playoff de la UEFA Women’s Champions League.
Lo inevitable adquiere forma de epopeya. No es solo una jornada: es una frontera. Un umbral. Una declaración de supervivencia y autoridad en la élite continental.
La clasificación actual después de haber ganado por goleada en los Países Bajos dibujó un mapa salvaje donde cada punto es oro y cada detalle puede convertirse en sentencia. Con un formato revolucionado —18 equipos en una liga condensada y cruel, donde solo los cuatro primeros acceden directamente a cuartos y del quinto al duodécimo se juega el playoff más exigente que se recuerda— la Women’s Champions League ha elevado su nivel como jamás se había visto.
En este terreno, la posición del Atlético es admirable: noveno, con 6 puntos, por delante de gigantes históricos que siguen peleando por el aire (Arsenal, Vålerenga, Roma, PSG). Por encima, una maraña tensa de clubes que oscilan entre los 7 y 9 puntos. Por debajo, un abismo que se abre para todas las que no logren sostener el pulso.
Pero el dato clave es mucho más contundente y, a la vez, glorioso: con una victoria o un empate en la quinta jornada, el Atlético no solo seguiría con vida: aseguraría matemáticamente un puesto entre las 12 mejores de Europa, algo que les daría un billete para seguir peleando por el trofeo más importante a nivel de clubes .
Con los números en la mano, el escenario es tan nítido como majestuoso: • Si el Atlético gana al Bayern de Múnich llegará a 9 puntos.
Solo 4 equipos por debajo podrían alcanzar más que esa cifra en el mejor de los casos. Top-12 asegurado. Playoff sellado. Pase europeo garantizado. • Si el Atlético empata → llegará a 7 puntos. Solo 5 equipos podrían rebasar esa marca. También asegura matemáticamente el playoff. • Si el Atlético pierde → 9 equipos podrían todavía superarlo. Sería necesario esperar a la MD6 y depender de otros resultados.
Pero la magia está en lo anterior: no depende de nadie más, Solo depende de sí mismo y está en situación muy buena para sacar a relucir el escudo.
El Atlético se juega, en esencia, su lugar en el tablero europeo que quiere construir. Desde la tenacidad de los partidos grandes hasta la irrupción de nuevas líderes dentro del vestuario, pasando por una temporada marcada por fases de personalidad, presión adelantada y determinación competitiva, el equipo de la capital ha demostrado que su ADN es resistente al miedo.
Europa observa atenta y el conjunto rojiblanco está a punto de responder.
La quinta jornada es más que un partido, es un manifiesto: “Estamos aquí, seguimos aquí, y queremos más”.
Y no se trata únicamente de clasificarse. No se trata de avanzar. Se trata de asentar una identidad. La de un club que, pese a todos los desafíos de los últimos años, sigue siendo una referencia continental. Un club que ya sabe lo que es superar límites. Un club que no se conforma, jamás lo ha hecho.
Desde el séptimo hasta el decimotercer puesto la distancia es microscópica: entre los 7 puntos del Real Madrid y los 4 de Vålerenga apenas hay margen para respirar. Arsenal, OH Leuven, Paris FC… todos pelean por el mismo sueño.
Pero hay una diferencia esencial: ninguno depende de sí mismo de manera tan directa como el Atlético de Madrid.
Los números lo han puesto todo sobre la mesa y el destino, en sus botas.
La Women’s Champions League no es un territorio amable. Es una carrera brutal hacia la excelencia. Pero pocas veces una situación se presenta con una simbología tan poderosa: dos resultados posibles (victoria o empate) equivalen a la clasificación matemática. Dos resultados que representan dos formas de firmar la misma sentencia: seguimos, avanzamos, persistimos.
Lo que está en juego no es solo un playoff. Lo que está en juego es la percepción de Europa sobre lo que significa competir contra el Atlético.
Una victoria sería un golpe de autoridad. Un empate sería una declaración de madurez. Una derrota, sin embargo, prolongaría la incertidumbre, pero nunca la renuncia.
El Atlético de Madrid se acerca a la jornada 5 con la gravedad de los momentos que definen temporadas y, en ocasiones, eras. El fútbol femenino europeo se encuentra en un punto álgido de su historia, con clubes cada vez más fuertes y una competencia feroz. En ese terreno escarpado, aferrado a su espíritu y a su carácter competitivo, el Atlético se prepara para escribir una página más.
Una página que puede ser decisiva. Una página que puede ser inolvidable. Una página que, si el balón rueda con su verdad habitual, llevará un mensaje a toda Europa:
El Atlético está vivo, preparado desde el área técnica por un mister que fue capaz de doblegar por 2-1 al Barcelona en Fuenlabrada en su etapa en el Madrid CFF y que ahora, con mayor exigencia el peso de la entidad, busca dar un paso más y soñar en grande.
(Fuente: UEFA)
Esta gesta no es solo deportiva; es emocional, histórica y simbólica. La posibilidad de jugar los playoffs de la UEFA Women’s Champions League representa el reconocimiento del trabajo de cada jugadora, del cuerpo técnico, de los que gestionan el club y de toda una afición que ha creído incondicionalmente en la visión del Atlético de Madrid .
Cada entrenamiento, cada viaje, cada decisión tomada en el club converge en esta oportunidad que, si se materializa, será recordada como un ejemplo de perseverancia, estrategia y espíritu competitivo. El reloj corre, los rivales se mueven en sus propios escenarios y cada resultado influye en la ecuación final. Y ahí está la esencia del fútbol europeo: un drama, un espectáculo, un desafío intelectual y emocional donde cada cifra cuenta y cada acción puede inclinar la balanza.
En definitiva, el Atlético de Madrid está a un paso de poder gritar al continente que está listo para competir al más alto nivel, que su historia no se mide solo en títulos, sino en gestas, en coraje, en la capacidad de superar lo imposible. La cita con la historia está marcada: vencer al Bayern o rascar un punto , evitaría tener que esperar los resultados adecuados de Lyon, Vålerenga, Twente, Benfica, Roma, St. Pölten y PSG, lo que permitiría afrontar la última jornada a domicilio ante el Olympique con una tranquilidad que nunca está demás.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) December 1, 2025
Porque, como diría Manu López en su estilo inconfundible, esto no es solo fútbol: es pasión, es épica, es la poesía de un Atlético que mira a Europa con ojos de gigante y corazón de guerrero, dispuesto a conquistar cada sueño que se atreve a perseguir.