Categoría: Levante U.D.

  • La crónica | Lloris mantiene la esperanza atlética por entrar en Champions

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️ ¡Triunfo colchonero! Las de José Herrera se impusieron por 0-1 al cuadro granota con una diana de Lloris, que cumple la ley del ex.

    Publicidad de HBO Max

    La serie ROOSTER se articula como una comedia de largo aliento con una densidad emocional poco habitual dentro del género, ambientada en un campus universitario que funciona no solo como escenario sino como organismo vivo, un microcosmos donde se cruzan ambiciones intelectuales, heridas familiares no cerradas, batallas generacionales y una constante fricción entre el prestigio académico y la fragilidad humana. En el centro de todo se encuentra la relación profundamente complicada entre un autor consagrado, interpretado por Steve Carell, y su hija adulta, a la que da vida Charly Clive, una relación marcada por la admiración, el resentimiento, la culpa y una incapacidad crónica para comunicarse sin hacerse daño. La serie parte de una premisa aparentemente sencilla, casi clásica, pero la expande hasta convertirla en un estudio prolongado sobre el ego creativo, la herencia emocional y la dificultad de reinventarse cuando el mundo —y quienes te rodean— ya no te leen con la misma reverencia.

    El personaje de Carell es un escritor reconocido, probablemente asociado durante décadas a una obra que lo convirtió en una figura respetada dentro y fuera del ámbito universitario. Su presencia en el campus no es accidental ni decorativa: encarna un tipo de autoridad intelectual que está empezando a resquebrajarse. En un entorno donde las nuevas generaciones cuestionan los cánones, revisan los privilegios y demandan una conexión más honesta entre discurso y conducta, él representa una voz que fue central y ahora resulta incómoda, a veces incluso anacrónica. No es un villano ni un héroe caído, sino alguien que ha construido su identidad alrededor de su talento y su reputación, y que empieza a descubrir que ambas cosas ya no bastan para sostenerlo todo. Steve Carell, cuya carrera ha sabido moverse entre la comedia más física y el drama contenido, encuentra aquí un terreno especialmente fértil para trabajar la contradicción: un hombre capaz de una enorme lucidez intelectual y, al mismo tiempo, emocionalmente torpe, defensivo, a menudo infantil cuando se ve confrontado.

    La hija, interpretada por Charly Clive, no es un simple contrapunto generacional ni una figura reactiva. Su personaje está construido desde la ambivalencia. Ha crecido a la sombra de una figura pública que, dentro de casa, fue probablemente ausente, absorbida por su obra, por su carrera, por la necesidad constante de validación externa. Su llegada o permanencia en el campus no responde únicamente a una lógica académica o profesional, sino a una mezcla de circunstancias vitales que la obligan a convivir —literal o simbólicamente— con el padre del que intenta distanciarse. Ella carga con la herida de no haber sido vista cuando más lo necesitaba, pero también con el peso de haber heredado una sensibilidad creativa que no sabe muy bien cómo utilizar sin sentirse una impostora. La serie explota esa tensión sin caer en el melodrama: cada conversación entre ambos está llena de silencios, ironías mal entendidas, reproches que se disfrazan de chistes y afecto que solo emerge cuando ya es demasiado tarde.

    El campus universitario funciona como una extensión de este conflicto íntimo. Es un espacio donde la teoría se enfrenta constantemente a la práctica, donde se predican valores progresistas mientras se reproducen jerarquías antiguas, y donde la comedia nace de la distancia entre lo que los personajes creen representar y lo que realmente son. Aulas, despachos, residencias, cafeterías y auditorios se convierten en escenarios recurrentes de enfrentamientos sutiles, alianzas inesperadas y pequeños desastres cotidianos. La universidad no es idealizada ni demonizada; se presenta como una institución en transición, atrapada entre su historia y la presión por adaptarse a un presente cambiante, lo que la convierte en un marco perfecto para explorar los temas centrales de la serie.

    En este ecosistema coral adquieren especial relevancia los personajes interpretados por Danielle Deadwyler, Phil Dunster, John C. McGinley y Lauren Tsai, cada uno aportando una perspectiva distinta sobre el poder, la vulnerabilidad y el deseo de pertenecer. Danielle Deadwyler encarna a una figura con autoridad moral e intelectual, posiblemente una colega del protagonista o una responsable académica que entiende mejor que nadie las contradicciones del sistema. Su personaje no solo sirve de contrapeso ético, sino que introduce una mirada más contemporánea sobre lo que significa liderar en un entorno históricamente dominado por hombres como el autor de Carell. Su presencia obliga a los demás a replantearse discursos aprendidos y pone en evidencia las grietas entre la retórica y la acción.

    Phil Dunster aporta una energía distinta, más impulsiva, quizá encarnando a un profesor joven, ambicioso o a una figura que se mueve con soltura entre el cinismo y el entusiasmo. Su personaje representa una generación intermedia, lo suficientemente cercana a los estudiantes como para entender sus códigos, pero todavía atrapada en la necesidad de ascender dentro de una estructura que no siempre premia la autenticidad. En sus interacciones con el protagonista y con la hija se reflejan dinámicas de competencia, admiración y oportunismo que enriquecen el tejido narrativo y multiplican las posibilidades cómicas.

    John C. McGinley, con su presencia característica y su dominio del ritmo verbal, probablemente encarna una figura institucional clásica: alguien que lleva décadas en el campus, que ha visto pasar modas ideológicas y reformas administrativas, y que ha desarrollado una coraza de sarcasmo para sobrevivir. Su personaje actúa como memoria viva de la universidad, un testigo irónico que entiende perfectamente las debilidades del protagonista y, al mismo tiempo, comparte con él una nostalgia mal disimulada por un tiempo en el que todo parecía más simple, o al menos menos expuesto al escrutinio constante.

    Lauren Tsai introduce una sensibilidad más introspectiva y contemporánea, conectada con los estudiantes o con los márgenes del campus. Su personaje puede funcionar como espejo de la hija, alguien que observa el conflicto padre-hija desde fuera y que, sin proponérselo, revela verdades incómodas a través de su propia vulnerabilidad. En ella se condensan muchas de las preguntas que atraviesan la serie: cómo encontrar una voz propia en un mundo saturado de opiniones, cómo relacionarse con figuras de autoridad que no siempre saben escuchar y cómo construir identidad sin traicionar las propias contradicciones.

    ROOSTER no se limita a encadenar situaciones cómicas; su ambición reside en sostener una conversación prolongada sobre la creación artística y sus costes personales. El protagonista es un autor que ha convertido su experiencia vital en material narrativo, y la serie no elude la pregunta fundamental: ¿qué ocurre cuando las personas que te rodean se reconocen —o se sienten traicionadas— en tu obra? La hija no solo ha vivido con un padre ausente, sino con un padre que ha tenido la capacidad de reinterpretar la realidad y fijarla por escrito, imponiendo su versión de los hechos. Esa asimetría de poder narrativo es uno de los conflictos más profundos de la serie y se explora con una inteligencia que evita soluciones fáciles.

    El tono, marca de la casa de Bill Lawrence, se mueve entre la comedia verbal afilada y momentos de emoción sincera que nunca buscan el subrayado. Hay espacio para el absurdo, para los malentendidos y para la sátira institucional, pero también para silencios incómodos y escenas que dejan respirar el dolor de los personajes. La influencia de trabajos anteriores de Lawrence se percibe en la capacidad para humanizar a personajes defectuosos sin absolverlos, y en la convicción de que la comedia puede ser una herramienta poderosa para hablar de temas incómodos sin perder ligereza.

    Matt Tarses aporta a este universo una sensibilidad particular hacia los personajes jóvenes y hacia la incomodidad social, reforzando la idea de que ROOSTER es, en el fondo, una serie sobre personas que no terminan de encajar en los lugares que han elegido —o que otros han elegido por ellas—. La combinación de ambos creadores genera un equilibrio entre estructura y caos, entre planificación narrativa y la sensación de que las cosas podrían desmoronarse en cualquier momento, como ocurre en la vida real.

    Desde el punto de vista industrial, el respaldo de Warner Bros. Television y de Doozer garantiza un nivel de ambición y cuidado en la producción que se traduce en guiones densos, personajes bien definidos y un universo que puede expandirse a lo largo de varias temporadas sin agotarse. El hecho de que tanto Doozer como Tarses mantengan contratos generales con el estudio permite una coherencia creativa y una libertad para explorar arcos narrativos de largo recorrido, alejados de soluciones episódicas cerradas. ROOSTER se concibe claramente como una serie que confía en la inteligencia del espectador, que no teme la acumulación de capas y que entiende el campus universitario como un escenario ideal para hablar del mundo contemporáneo.

    A medida que avanza la narrativa, la relación entre padre e hija no se resuelve de manera lineal ni concluyente. Cada pequeño acercamiento viene seguido de una nueva distancia, cada gesto de comprensión abre una herida distinta. La serie se permite el lujo de no ofrecer catarsis inmediata, apostando por una evolución lenta, a veces frustrante, pero profundamente honesta. El humor surge precisamente de esa incapacidad para hacerlo bien, de la torpeza con la que los personajes intentan expresar afecto, pedir perdón o simplemente admitir que no tienen todas las respuestas.

    En última instancia, ROOSTER es una reflexión sobre el legado, no solo en términos artísticos o académicos, sino emocionales. Qué dejamos en los demás cuando perseguimos una vocación con intensidad, qué sacrificios consideramos aceptables y quién paga el precio de nuestras decisiones. La universidad, con su obsesión por la transmisión del conocimiento, se convierte en el lugar perfecto para plantear estas preguntas, y la relación entre el autor y su hija actúa como hilo conductor de una historia que habla de padres e hijos, de maestros y alumnos, de quienes enseñan y de quienes aprenden, a menudo sin darse cuenta de que los roles pueden invertirse.

    La serie no pretende ofrecer respuestas cerradas ni moralejas explícitas. Su fuerza reside en la observación minuciosa de comportamientos, en la acumulación de pequeños momentos que, juntos, construyen un retrato complejo y profundamente humano. ROOSTER se presenta así como una comedia sofisticada, emocionalmente ambiciosa y narrativamente rica, capaz de dialogar con el presente sin perder de vista las contradicciones que siempre han acompañado a las instituciones, a la creación artística y a las relaciones familiares más difíciles.

    Los onces |

    Levante UD – Atlético de Madrid

    Liga F | Jornada – Temporada 2025/2026

    Fecha: 8 de febrero de 2026
    Hora: 12:00
    Estadio: Ciudad Deportiva de Buñol

    Levante UD

    Titulares:
    Coronado (PT); Alma, Teresa, Eva Alonso, Gema; Bascu, Ari Arias; Gabaldón, Alharilla (C), Agama; Carol.

    Suplentes:
    Tarazona (PS), E. Le Guilly, Dolores, Ali, N. Traoré, Inés, D. Luque, Álvarez (PS).

    Entrenador: Andrés París.

    Atlético de Madrid

    Titulares:
    Lola Gallardo (C, PT); Medina, Lauren Leal, Bøe Risa, Jensen; Menayo, Silvia Lloris, J. Bartel; Amairau, Fiamma, Alexia.

    Suplentes:
    P. Larqué (PS), Xènia, Sheila, Kühl, R. Otermín, P. Chinchilla, Luany, Natalia, Lydia.

    Entrenador: José Herrera.

    Equipo arbitral
    • Árbitra principal: Olatz Rivera
    • Asistente 1: Nahia Alonso
    • Asistente 2: Haizea Castresana
    • Cuarta árbitra: Florencia Andrea Muñoz

    Actos oficiales: Las jugadoras posarán al inicio del encuentro con la camiseta de Érika.

    Competición: Liga F Moeve– Temporada 2025/2026
    Delegada de partido: Sara Serrat.

    El cielo de Valencia amaneció limpio, casi insolente, como si quisiera negar desde primera hora cualquier posibilidad de duda, de titubeo, de medias tintas. Era uno de esos días en los que el fútbol no pide permiso, simplemente sucede. El estadio, aún con el hormigón frío y las gradas silenciosas, parecía contener la respiración desde mucho antes de que rodara el balón, consciente de que allí se iba a escribir uno de esos partidos que no necesitan marcador abultado para dejar huella. Levante U.D. y Atlético de Madrid se encontraban una vez más, dos formas de entender la resistencia, dos equipos construidos desde la identidad y el carácter, frente a frente en un duelo que prometía tensión, detalles mínimos y una verdad incómoda: que a veces un solo golpe basta para decidirlo todo.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🏆 Liga F Moeve |

    🙌🏻 Temporada 2025-2026

    ✨ Jornada diecinueve ✨

    🔥 Levante Unión Deportiva 🆚 Atlético de Madrid 🔥

    📅 Domingo, 8 de febrero de 2026

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 DAZN 1 (Dial 70 de Movistar Plus)

    🏟️ Ciudad Deportiva de Buñol, Orriols TV

    (Fuente: “El Partido de Manu”€

    No le hizo falta, eso sí, hacerlo demasiado para que el Atlético abriera el marcador: un rechace en un córner a los siete minutos dejó el balón muerto en el área para que Jensen lo rematara y Silvia Lloris se apuntara el tanto del 01 al tocar el esférico lejos del alcance de Laura Coronado para abrir la lata a las primeras de cambio.

    Durante un segundo, el estadio quedó suspendido en una especie de silencio incrédulo. No fue un silencio vacío, sino cargado de comprensión. Se había marcado un gol temprano, sí, pero no un gol cualquiera. Era un gol que hablaba de jerarquía, de lectura táctica, de una futbolista que entendió el momento exacto para ser decisiva. Silvia Lloris celebró con mesura, rodeada de compañeras que la abrazaron más por reconocimiento que por euforia. Sabían lo que ese tanto significaba, sabían que a partir de ahí el partido iba a transformarse.

    El Levante acusó el golpe sin descomponerse. No hubo nerviosismo, no hubo gestos de desesperación. Al contrario, el equipo granota asumió el reto con una dignidad admirable. Adelantó líneas, buscó más presencia en campo rival, intentó cargar el juego por las bandas para estirar al Atlético, obligarlo a defender más cerca de su área. El partido entró entonces en una fase de combate táctico, de ajustes constantes, donde cada duelo individual se convertía en una pequeña batalla dentro de una guerra mucho más grande.

    El Atlético, fiel a su naturaleza, no reculó en exceso. Supo defender con balón, enfriar el ritmo cuando fue necesario, elegir los momentos para acelerar. Cada recuperación era celebrada como un pequeño triunfo colectivo. Cada despeje, cada ayuda defensiva, cada basculación correcta construía ese muro invisible que tantos puntos ha dado históricamente al equipo rojiblanco. No era un partido para florituras; era un partido para saber sufrir.

    El Levante tuvo sus momentos. Alguna llegada peligrosa, algún centro que obligó a la defensa atlética a extremar la concentración, algún disparo desde la frontal que se fue desviado por poco. La grada empujaba, consciente de que un solo gol podía cambiarlo todo, de que el margen era mínimo, pero existente. Sin embargo, el Atlético no concedió errores graves. La línea defensiva se mostró sólida, compacta, con una lectura excelente de las segundas jugadas.

    El mediocampo trabajó en la sombra, robando, incomodando, impidiendo que el Levante encontrara continuidad.

    Con el paso de los minutos, el partido se volvió más físico, más áspero, sin perder nunca el respeto. Cada choque tenía intención, cada disputa llevaba implícito un mensaje. El tiempo avanzaba, pero la sensación era que todo seguía pendiendo de un hilo finísimo, donde las intervenciones de Laura Coronado sostenían a las de Andrés París.

    El partido, en ese punto, ya no era únicamente una sucesión de acciones encadenadas por el reglamento, sino un estado de ánimo que se desplazaba por el campo, una sensación compartida que iba mutando con cada intervención decisiva, con cada control orientado, con cada parada que parecía imposible hasta que dejaba de serlo. La portera catalana del Levante había convertido su área en un territorio de resistencia emocional, en un espacio donde el Atlético chocaba una y otra vez contra la evidencia de que el fútbol, incluso cuando se juega bien, no siempre concede recompensa inmediata.

    Cada estirada suya añadía un segundo más de fe al Levante y, paradójicamente, un punto más de determinación al Atlético, que lejos de frustrarse parecía entender que ese tipo de partidos solo se ganan desde la insistencia paciente.

    Amaiur, que ya había medido dos veces la elasticidad y los reflejos de la guardameta, seguía apareciendo como un hilo conductor constante. No se limitaba a finalizar; bajaba a recibir, arrastraba marcas, ofrecía apoyos cortos que daban continuidad al juego. Su presencia no era ruidosa, pero sí permanente, como una amenaza que no desaparece aunque no se materialice. Cada vez que tocaba el balón, la defensa del Levante reajustaba posiciones, consciente de que un solo despiste podía resultar letal. La donostiarra jugaba con esa ventaja psicológica, con la seguridad de quien sabe que, tarde o temprano, volverá a tener su oportunidad.

    El Atlético, mientras tanto, se permitía algo que no siempre había tenido en fases recientes de la temporada: jugar sin prisa. No había precipitación en la circulación, no había envíos largos sin sentido, no había gestos de ansiedad. El balón viajaba con intención, pero también con pausa. Jensen se ofrecía constantemente, interpretando cuándo acelerar y cuándo retener. Alexia se movía entre líneas con esa lectura privilegiada que no necesita correr más que nadie para estar siempre donde duele. Las laterales se incorporaban con criterio, midiendo el riesgo, sabiendo que cada subida debía tener respaldo.

    En uno de esos ataques prolongados, el Levante logró despejar como pudo un balón que había rondado el área durante demasiados segundos. La pelota cayó en la frontal, volvió a ser recogida por el Atlético y el ciclo se repitió, como si el partido hubiera entrado en una espiral controlada. El público local vivía ese tramo con una mezcla de inquietud y admiración, consciente de que su equipo estaba sufriendo, pero también orgulloso de la manera en que resistía. Cada despeje era celebrado casi como un gol; cada parada, como un acto de justicia futbolística.

    La portera catalana seguía acumulando intervenciones que justificaban de sobra su posición entre las mejores del torneo. No eran paradas para la galería, no había gestos exagerados ni teatralidad innecesaria. Todo en ella transmitía eficacia: el paso corto previo al disparo, la colocación exacta, el blocaje firme cuando el balón lo permitía, el despeje lateral cuando no había otra opción. En un campeonato donde muchas guardametas se ven expuestas durante largos tramos, ella había convertido esa exposición en un argumento a su favor, en una carta de presentación que hablaba de carácter y constancia.

    El Atlético, lejos de perder el hilo, parecía crecerse ante esa oposición. Había algo casi desafiante en su manera de insistir, como si cada parada reforzara la convicción de que el camino era el correcto. Las combinaciones volvían a aparecer, los triángulos se formaban con naturalidad, los apoyos llegaban siempre a tiempo. Era un disfrute contenido, consciente de que el marcador seguía siendo corto, pero disfrute al fin y al cabo. Un disfrute que nacía no solo de atacar bien, sino de sentirse reconocible, fiel a una idea.

    El Levante, por su parte, intentaba sacudirse ese dominio con transiciones rápidas, con envíos directos que buscaran sorprender a una defensa atlética bien plantada. Hubo alguna carrera que obligó a retroceder con velocidad, algún balón largo que exigió atención máxima, pero el Atlético respondió con solvencia, cerrando espacios y evitando que esas acciones aisladas se convirtieran en una amenaza sostenida. El partido seguía abierto, sí, pero cada minuto que pasaba reforzaba la sensación de que el guion estaba siendo controlado desde la serenidad rojiblanca.

    Amaiur volvió a aparecer cerca del área, esta vez con menos espacio, más rodeada, obligada a inventar en un palmo de terreno. Protegió el balón, buscó el giro, intentó el disparo rápido, pero la defensa logró encimar lo suficiente para incomodarla. Aun así, la jugada no murió ahí. El balón quedó suelto, fue recuperado por el Atlético, y el ataque volvió a empezar, como una ola que retrocede solo para coger más fuerza.

    Ese era el partido en ese tramo: repetición, insistencia, desgaste. No había golpes definitivos, pero sí una acumulación constante de pequeños impactos. El Levante resistía con orgullo, sostenido por una portera en estado de gracia. El Atlético atacaba con convicción, apoyado en una circulación que empezaba a parecerse peligrosamente a la de sus mejores momentos.

    Y en medio de todo, el tiempo avanzaba. Los minutos se acumulaban sin que el marcador se moviera, pero con la certeza de que algo estaba siendo construido, de que ese partido no iba a olvidarse fácilmente, independientemente de su resultado final. Porque había duelos que trascendían el gol, enfrentamientos que elevaban el nivel colectivo, momentos en los que el fútbol femenino mostraba, sin necesidad de artificios, toda su riqueza táctica y emocional.

    La figura de la portera catalana, quinta con más paradas del torneo en apenas diez partidos, ya no era solo un dato estadístico: era una presencia narrativa, una protagonista silenciosa que sostenía a su equipo con cada intervención. La de Amaiur, incansable, persistente, creativa, era la otra cara de esa moneda, la del talento que insiste hasta encontrar la grieta.

    Y el Atlético, entre ambas, volvía a sentirse equipo. Volvía a tocar, a moverse, a disfrutar. Aunque el gol se resistiera, aunque el marcador no reflejara todavía ese dominio intermitente, había algo profundamente valioso en esos minutos: la sensación de que el fútbol, cuando se juega bien, siempre deja huella.

    Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con una exigua renta en favor de las de José Herrera, pero aún restaban cuarenta y cinco minutos por delante en Orriols, todo era posible.

    La segunda mitad arrancó con un cambio perceptible en el aire, como si el partido hubiera decidido mutar su naturaleza sin previo aviso. Las futbolistas del Levante, dirigidas desde la banda por Andrés París con una mezcla de urgencia y convicción, dieron un paso decidido hacia delante, no tanto por necesidad clasificatoria como por orgullo competitivo.

    Ya no bastaba con resistir: había que morder, incomodar, empujar el partido hacia un territorio más incómodo para el Atlético de Madrid. Ese giro de actitud se notó desde el primer balón disputado tras el descanso, desde la primera presión alta, desde la manera en que las granotas empezaron a ganar metros sin pedir permiso.

    Apenas habían transcurrido dos minutos desde la reanudación cuando el estadio contuvo la respiración por primera vez en la segunda mitad. El Levante encontró profundidad por banda, y María Gabaldón, con tiempo y espacio, cargó un envío tenso desde el costado que atravesó el área con veneno. Carol Marín atacó el balón con determinación, anticipándose a su marca y conectando un remate dentro del área que llevaba dirección de empate. El disparo fue limpio, bien armado, de esos que obligan a la portera a tomar una decisión en décimas de segundo. Y Lola Gallardo respondió como lo hacen las guardametas que entienden el peso específico de cada acción.

    La arquera sevillana reaccionó con reflejos y jerarquía, metiendo una mano firme, abajo, desviando el balón cuando ya se intuía el gol en la grada. Fue una parada de esas que no solo sostienen un resultado, sino que envían un mensaje silencioso al equipo: todavía no. El balón quedó suelto tras la intervención, y Zipporah Agama, siempre atenta al rechace, cazó la oportunidad con instinto, pero su remate se marchó sin encontrar portería, quizá precipitado, quizá condicionado por la inmediatez del momento.

    El Levante no se detuvo ahí. Había olido sangre, había detectado un instante de vulnerabilidad, y decidió insistir. Poco después, Alma Velasco probó fortuna con un zapatazo lejano, un disparo violento que buscaba sorprender por potencia más que por colocación. De nuevo, Lola Gallardo apareció, esta vez auxiliada por el palo, que escupió el balón tras rozarlo lo justo. La secuencia fue un reflejo perfecto de lo que estaba siendo el arranque de la segunda mitad: el Levante empujando con convicción, el Atlético resistiendo con oficio, y la portera rojiblanca convirtiéndose en un muro emocional.

    La réplica visitante llegó en los pies de Amaiur, que seguía siendo la referencia ofensiva más clara del Atlético. La donostiarra encontró espacio para armar el disparo tras una transición bien lanzada, pero esta vez la fortuna no estuvo de su lado. El remate salió mordido, sin la precisión necesaria para inquietar de verdad a Laura Coronado, que atrapó sin excesivos problemas. Era un intercambio de golpes, un partido que había dejado atrás la fase de control para entrar en un terreno más imprevisible, más roto.

    Con el paso de los minutos, esa sensación de desorden controlado fue creciendo. A la media hora de juego de la segunda mitad, Andrés París decidió mover ficha y dio entrada a Dolores Silva para reforzar el centro del campo, buscando equilibrio, pausa y una mayor capacidad de gestión en un partido que amenazaba con desbordarse. El cambio tuvo efecto inmediato en la estructura del Levante, que ganó presencia interior y empezó a repartir mejor los esfuerzos, sin renunciar a seguir buscando el empate.

    El partido, a esas alturas, estaba completamente roto. Las transiciones se sucedían sin demasiados intermediarios, los espacios aparecían y desaparecían con rapidez, y cada ataque parecía tener potencial de convertirse en definitivo. El Levante volvió a intentarlo a balón parado, con una falta directa ejecutada por Bascu que superó la barrera pero se perdió por encima del larguero. El gesto de la futbolista local, llevándose las manos a la cabeza, resumía la sensación de que el empate estaba cerca, pero seguía resistiéndose.

    La respuesta del Atlético fue inmediata y pudo haber sido la sentencia. Jensen apareció en segunda línea, encontró el balón franco y golpeó con intención, buscando cerrar el partido. Pero Laura Coronado, siempre bien colocada, se quedó con el cuero, evitando que el marcador se ampliara. La arquera local también atrapó poco después un nuevo zapatazo de falta directa, esta vez sin apenas problemas, demostrando que su concentración no había decaído pese al desgaste acumulado.

    Desde la banda, Andrés París quemó sus últimas balas ofensivas con la entrada de Naolia Traoré e Inés Rizo, apostando por piernas frescas y mayor presencia en los últimos metros. El mensaje era claro: el Levante no se conformaba con la derrota por la mínima. Quería, al menos, poner en aprietos al Atlético hasta el último segundo. Y fue Bascu, de nuevo, quien asumió la responsabilidad, probando con un chut lejano que obligó a Lola Gallardo a intervenir una vez más, atrapando el balón con seguridad.

    La portera sevillana también se mostró firme ante un envío peligroso de Alharilla, desactivando otra acción que había generado inquietud en el área rojiblanca. Cada intervención suya era celebrada por sus compañeras como un gol invisible, consciente el equipo de que estaba sosteniendo una victoria tan trabajada como valiosa.

    El último acto del partido llegó cargado de tensión. En la jugada final del choque, el Levante reclamó un posible penalti, apelando a un contacto dentro del área que, a su juicio, merecía algo más. La colegiada, bien posicionada, decretó que no había nada punible, y su decisión fue definitiva. El pitido final selló el 0-1, un resultado corto, ajustado, pero coherente con el desarrollo de un encuentro marcado por los detalles.

    Con esa victoria, el Atlético de Madrid consolidó su posición en la zona alta de la tabla de la Liga F Moeve, es quinto con 31 unidades en su haber y acaba reafirmando su candidatura a pelear por los puestos de privilegio y manteniendo una línea de resultados que le permite mirar con ambición el tramo decisivo de la temporada. No fue un triunfo brillante en lo numérico, pero sí en lo competitivo, de esos que construyen equipos sólidos y fiables.

    Por su parte, el Levante Unión Deportiva es incapaz de hacerle daño al tres veces campeón de la Liga F Moeve y sigue siendo decimosexto, colista, en la Primera División Femenina con tan solo ocho puntos en el zurrón, pero se ve beneficiado por la victoria del Costa Adeje Tenerife Egatesa por 1-0 delante del Alhama ElPozo.

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    Así se cerró un partido que no necesitó un marcador amplio para dejar huella. Un encuentro decidido por un gol temprano, sostenido por porteras decisivas y definido por la resistencia, la insistencia y la fe en una idea. Un Levante valiente, un Atlético eficaz, y noventa minutos que explican por qué la Liga F Moeve es, cada jornada, un ejercicio de exigencia y emoción constante.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    Levante UD: Laura Coronado, Alharilla, Eva Alonso, Teresa Mérida (Inés, 76’), Velasco, Soliveres (Dolores Silva, 60’), Marín de la Fuente, Bascu, Gabaldón, Ari Arias y Agama (Traoré, 76’).

    Atlético de Madrid: Lola Gallardo, Carmen Menayo, Silvia Lloris, Lauren Leal, Alexia, Andrea Medina (Rosa Otermín, 89’), Bôe Risa, Júlia Bartel (Kühl, 64’), Fiamma, Amaiur (Luany, 64’) y Jensen (Sheila, 75’).

    Árbitra: Olatz Rivera
    Amonestaciones: Teresa Mérida, Alma, Bascu (Levante) Amaiur, Bartel, Bôe Risa (Atlético de Madrid)
    Expulsó al técnico local Andrés París con tarjeta roja.

    Goles:

    0-1 Silvia Lloris 7’ ⚽️

    Vídeo |

  • La previa | Levante U.D. vs Atlético de Madrid

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🔷 Las de José Herrera viajan a Orriols en un duelo de urgencias donde ganar es imperativo.

    Publicidad de HBO Max

    La serie ROOSTER se articula como una comedia de largo aliento con una densidad emocional poco habitual dentro del género, ambientada en un campus universitario que funciona no solo como escenario sino como organismo vivo, un microcosmos donde se cruzan ambiciones intelectuales, heridas familiares no cerradas, batallas generacionales y una constante fricción entre el prestigio académico y la fragilidad humana. En el centro de todo se encuentra la relación profundamente complicada entre un autor consagrado, interpretado por Steve Carell, y su hija adulta, a la que da vida Charly Clive, una relación marcada por la admiración, el resentimiento, la culpa y una incapacidad crónica para comunicarse sin hacerse daño. La serie parte de una premisa aparentemente sencilla, casi clásica, pero la expande hasta convertirla en un estudio prolongado sobre el ego creativo, la herencia emocional y la dificultad de reinventarse cuando el mundo —y quienes te rodean— ya no te leen con la misma reverencia.

    El personaje de Carell es un escritor reconocido, probablemente asociado durante décadas a una obra que lo convirtió en una figura respetada dentro y fuera del ámbito universitario. Su presencia en el campus no es accidental ni decorativa: encarna un tipo de autoridad intelectual que está empezando a resquebrajarse. En un entorno donde las nuevas generaciones cuestionan los cánones, revisan los privilegios y demandan una conexión más honesta entre discurso y conducta, él representa una voz que fue central y ahora resulta incómoda, a veces incluso anacrónica. No es un villano ni un héroe caído, sino alguien que ha construido su identidad alrededor de su talento y su reputación, y que empieza a descubrir que ambas cosas ya no bastan para sostenerlo todo. Steve Carell, cuya carrera ha sabido moverse entre la comedia más física y el drama contenido, encuentra aquí un terreno especialmente fértil para trabajar la contradicción: un hombre capaz de una enorme lucidez intelectual y, al mismo tiempo, emocionalmente torpe, defensivo, a menudo infantil cuando se ve confrontado.

    La hija, interpretada por Charly Clive, no es un simple contrapunto generacional ni una figura reactiva. Su personaje está construido desde la ambivalencia. Ha crecido a la sombra de una figura pública que, dentro de casa, fue probablemente ausente, absorbida por su obra, por su carrera, por la necesidad constante de validación externa. Su llegada o permanencia en el campus no responde únicamente a una lógica académica o profesional, sino a una mezcla de circunstancias vitales que la obligan a convivir —literal o simbólicamente— con el padre del que intenta distanciarse. Ella carga con la herida de no haber sido vista cuando más lo necesitaba, pero también con el peso de haber heredado una sensibilidad creativa que no sabe muy bien cómo utilizar sin sentirse una impostora. La serie explota esa tensión sin caer en el melodrama: cada conversación entre ambos está llena de silencios, ironías mal entendidas, reproches que se disfrazan de chistes y afecto que solo emerge cuando ya es demasiado tarde.

    El campus universitario funciona como una extensión de este conflicto íntimo. Es un espacio donde la teoría se enfrenta constantemente a la práctica, donde se predican valores progresistas mientras se reproducen jerarquías antiguas, y donde la comedia nace de la distancia entre lo que los personajes creen representar y lo que realmente son. Aulas, despachos, residencias, cafeterías y auditorios se convierten en escenarios recurrentes de enfrentamientos sutiles, alianzas inesperadas y pequeños desastres cotidianos. La universidad no es idealizada ni demonizada; se presenta como una institución en transición, atrapada entre su historia y la presión por adaptarse a un presente cambiante, lo que la convierte en un marco perfecto para explorar los temas centrales de la serie.

    En este ecosistema coral adquieren especial relevancia los personajes interpretados por Danielle Deadwyler, Phil Dunster, John C. McGinley y Lauren Tsai, cada uno aportando una perspectiva distinta sobre el poder, la vulnerabilidad y el deseo de pertenecer. Danielle Deadwyler encarna a una figura con autoridad moral e intelectual, posiblemente una colega del protagonista o una responsable académica que entiende mejor que nadie las contradicciones del sistema. Su personaje no solo sirve de contrapeso ético, sino que introduce una mirada más contemporánea sobre lo que significa liderar en un entorno históricamente dominado por hombres como el autor de Carell. Su presencia obliga a los demás a replantearse discursos aprendidos y pone en evidencia las grietas entre la retórica y la acción.

    Phil Dunster aporta una energía distinta, más impulsiva, quizá encarnando a un profesor joven, ambicioso o a una figura que se mueve con soltura entre el cinismo y el entusiasmo. Su personaje representa una generación intermedia, lo suficientemente cercana a los estudiantes como para entender sus códigos, pero todavía atrapada en la necesidad de ascender dentro de una estructura que no siempre premia la autenticidad. En sus interacciones con el protagonista y con la hija se reflejan dinámicas de competencia, admiración y oportunismo que enriquecen el tejido narrativo y multiplican las posibilidades cómicas.

    John C. McGinley, con su presencia característica y su dominio del ritmo verbal, probablemente encarna una figura institucional clásica: alguien que lleva décadas en el campus, que ha visto pasar modas ideológicas y reformas administrativas, y que ha desarrollado una coraza de sarcasmo para sobrevivir. Su personaje actúa como memoria viva de la universidad, un testigo irónico que entiende perfectamente las debilidades del protagonista y, al mismo tiempo, comparte con él una nostalgia mal disimulada por un tiempo en el que todo parecía más simple, o al menos menos expuesto al escrutinio constante.

    Lauren Tsai introduce una sensibilidad más introspectiva y contemporánea, conectada con los estudiantes o con los márgenes del campus. Su personaje puede funcionar como espejo de la hija, alguien que observa el conflicto padre-hija desde fuera y que, sin proponérselo, revela verdades incómodas a través de su propia vulnerabilidad. En ella se condensan muchas de las preguntas que atraviesan la serie: cómo encontrar una voz propia en un mundo saturado de opiniones, cómo relacionarse con figuras de autoridad que no siempre saben escuchar y cómo construir identidad sin traicionar las propias contradicciones.

    ROOSTER no se limita a encadenar situaciones cómicas; su ambición reside en sostener una conversación prolongada sobre la creación artística y sus costes personales. El protagonista es un autor que ha convertido su experiencia vital en material narrativo, y la serie no elude la pregunta fundamental: ¿qué ocurre cuando las personas que te rodean se reconocen —o se sienten traicionadas— en tu obra? La hija no solo ha vivido con un padre ausente, sino con un padre que ha tenido la capacidad de reinterpretar la realidad y fijarla por escrito, imponiendo su versión de los hechos. Esa asimetría de poder narrativo es uno de los conflictos más profundos de la serie y se explora con una inteligencia que evita soluciones fáciles.

    El tono, marca de la casa de Bill Lawrence, se mueve entre la comedia verbal afilada y momentos de emoción sincera que nunca buscan el subrayado. Hay espacio para el absurdo, para los malentendidos y para la sátira institucional, pero también para silencios incómodos y escenas que dejan respirar el dolor de los personajes. La influencia de trabajos anteriores de Lawrence se percibe en la capacidad para humanizar a personajes defectuosos sin absolverlos, y en la convicción de que la comedia puede ser una herramienta poderosa para hablar de temas incómodos sin perder ligereza.

    Matt Tarses aporta a este universo una sensibilidad particular hacia los personajes jóvenes y hacia la incomodidad social, reforzando la idea de que ROOSTER es, en el fondo, una serie sobre personas que no terminan de encajar en los lugares que han elegido —o que otros han elegido por ellas—. La combinación de ambos creadores genera un equilibrio entre estructura y caos, entre planificación narrativa y la sensación de que las cosas podrían desmoronarse en cualquier momento, como ocurre en la vida real.

    Desde el punto de vista industrial, el respaldo de Warner Bros. Television y de Doozer garantiza un nivel de ambición y cuidado en la producción que se traduce en guiones densos, personajes bien definidos y un universo que puede expandirse a lo largo de varias temporadas sin agotarse. El hecho de que tanto Doozer como Tarses mantengan contratos generales con el estudio permite una coherencia creativa y una libertad para explorar arcos narrativos de largo recorrido, alejados de soluciones episódicas cerradas. ROOSTER se concibe claramente como una serie que confía en la inteligencia del espectador, que no teme la acumulación de capas y que entiende el campus universitario como un escenario ideal para hablar del mundo contemporáneo.

    A medida que avanza la narrativa, la relación entre padre e hija no se resuelve de manera lineal ni concluyente. Cada pequeño acercamiento viene seguido de una nueva distancia, cada gesto de comprensión abre una herida distinta. La serie se permite el lujo de no ofrecer catarsis inmediata, apostando por una evolución lenta, a veces frustrante, pero profundamente honesta. El humor surge precisamente de esa incapacidad para hacerlo bien, de la torpeza con la que los personajes intentan expresar afecto, pedir perdón o simplemente admitir que no tienen todas las respuestas.

    En última instancia, ROOSTER es una reflexión sobre el legado, no solo en términos artísticos o académicos, sino emocionales. Qué dejamos en los demás cuando perseguimos una vocación con intensidad, qué sacrificios consideramos aceptables y quién paga el precio de nuestras decisiones. La universidad, con su obsesión por la transmisión del conocimiento, se convierte en el lugar perfecto para plantear estas preguntas, y la relación entre el autor y su hija actúa como hilo conductor de una historia que habla de padres e hijos, de maestros y alumnos, de quienes enseñan y de quienes aprenden, a menudo sin darse cuenta de que los roles pueden invertirse.

    La serie no pretende ofrecer respuestas cerradas ni moralejas explícitas. Su fuerza reside en la observación minuciosa de comportamientos, en la acumulación de pequeños momentos que, juntos, construyen un retrato complejo y profundamente humano. ROOSTER se presenta así como una comedia sofisticada, emocionalmente ambiciosa y narrativamente rica, capaz de dialogar con el presente sin perder de vista las contradicciones que siempre han acompañado a las instituciones, a la creación artística y a las relaciones familiares más difíciles.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Vídeo |

    https://youtu.be/FqKImghDLKY?si=e25K1I-Fd-JZPWFH

    (Fuente: Atlético de Madrid)

    El domingo 8 de febrero a las 12:00 horas no es simplemente una cita más en el calendario de la Liga F. El Levante UD–Atlético de Madrid que se disputará en la Ciudad Deportiva de Buñol y que podrá seguirse en directo a través de DAZN y Movistar+ se presenta como uno de esos partidos que, sin ocupar portadas internacionales ni decidir títulos de manera inmediata, concentran una enorme carga simbólica dentro del ecosistema del fútbol femenino español. Es un duelo que habla de urgencias, de reconstrucciones, de objetivos que se han ido reajustando con el paso de las jornadas y, sobre todo, de cómo dos proyectos históricos de la liga afrontan un tramo decisivo de la temporada desde posiciones muy distintas, pero con una presión comparable.

    A la misma hora del mediodía dominical saltará al campo un Levante UD que llega clasificado como colista, una etiqueta que, sin embargo, no explica del todo la realidad competitiva del equipo granota. Las levantinistas se mantienen en la última posición, sí, pero a tan solo un punto de la salvación, un margen mínimo que convierte cada partido en una final anticipada y que mantiene viva la sensación de que el trabajo realizado en las últimas semanas puede tener recompensa. La victoria lograda en la jornada anterior frente al Madrid CFF por 2-1 supuso un punto de inflexión emocional y deportivo. No solo por los tres puntos, sino por la confirmación de que el Levante sigue teniendo recursos competitivos, capacidad de respuesta y un vestuario que no se ha rendido pese a las dificultades acumuladas.

    Ese triunfo, no obstante, tuvo un sabor agridulce. La lesión de Érika González, una de las piezas ofensivas más importantes del equipo, volvió a poner sobre la mesa una realidad que ha perseguido al Levante durante toda la temporada: la fragilidad física de una plantilla que ha tenido que convivir con un número elevado de bajas. A la ausencia de Érika se suman las de Alma Velasco, Karen Castellanos y Núria Escoms, configurando un escenario complejo para el cuerpo técnico, que se ve obligado a reinventar soluciones ofensivas semana tras semana. No se trata únicamente de sustituir nombres, sino de reconfigurar automatismos, roles y jerarquías dentro del campo.

    En este contexto cobra especial relevancia la llegada de refuerzos que, más allá de su aportación futbolística, están teniendo un impacto anímico notable. Ariana Arias es un ejemplo claro de ello. Sus primeras palabras como jugadora levantinista, destacando lo arropada que se ha sentido desde el primer minuto, reflejan un vestuario que, pese a la posición en la tabla, mantiene una identidad colectiva fuerte. En un equipo que pelea por la permanencia, esa cohesión interna puede marcar la diferencia entre resistir o caer. El Levante ha pasado en los últimos años de ser un habitual de la zona alta a verse inmerso en una lucha por sobrevivir, y ese cambio de estatus no siempre es fácil de digerir ni para el club ni para su entorno.

    El partido ante el Atlético de Madrid se enmarca, además, en un calendario que no concede tregua. Cada jornada que pasa sin sumar de tres incrementa la presión, pero también redefine los márgenes de error. Para el Levante, enfrentarse a un rival de la entidad del conjunto rojiblanco supone una oportunidad doble: puntuar ante un equipo teóricamente superior y enviar un mensaje al resto de rivales directos por la salvación. No es la primera vez que el Levante se agarra a este tipo de partidos para cambiar dinámicas. Históricamente, el club ha demostrado una notable capacidad para competir en escenarios adversos, apoyándose en un modelo de juego solidario y en una lectura muy pragmática de los partidos.

    Enfrente estará un Atlético de Madrid que llega a Buñol en un momento peculiar de su temporada. Las rojiblancas se encuentran a diez puntos de los puestos de Champions, una distancia que, a estas alturas del curso, obliga a asumir que el gran objetivo liguero se ha desplazado. El Atlético ya no mira tanto hacia arriba como hacia dentro, hacia la necesidad de consolidar una identidad competitiva y de cerrar la temporada con sensaciones que permitan construir el futuro inmediato. En este sentido, la reciente victoria ante el Athletic Club por 4-1, que certificó la clasificación para las semifinales de la Copa de la Reina, ha supuesto un importante impulso emocional.

    La Copa se ha convertido, de manera casi natural, en el gran catalizador del proyecto rojiblanco esta temporada. En una Liga F muy exigente, con varios equipos marcando un ritmo alto y sostenido, el Atlético ha encontrado en el torneo del KO un espacio donde reencontrarse con su versión más reconocible: un equipo intenso, vertical, con talento diferencial en zonas ofensivas y capaz de competir en eliminatorias de alto voltaje. Ese contexto copero, sin embargo, plantea interrogantes de cara al compromiso liguero del domingo. La gestión de esfuerzos, las posibles rotaciones y el estado físico de la plantilla son factores clave en la planificación del encuentro.

    Todo apunta a que Maca Portales y Gio Queiroz serán baja para el Atlético, dos ausencias que condicionan especialmente el frente ofensivo. La profundidad de plantilla del conjunto madrileño permite paliar estas pérdidas, pero también obliga a ajustar piezas y roles en un sistema que ha ido variando a lo largo del curso. El Atlético llega a este partido con la obligación implícita de no descolgarse de la pelea por los puestos europeos, aunque el margen sea estrecho, y con la responsabilidad de confirmar que el buen rendimiento en Copa no es un espejismo aislado.

    El antecedente más reciente entre ambos equipos favorece claramente al Atlético de Madrid. En el partido de la primera vuelta, disputado en Alcalá de Henares, las rojiblancas se impusieron con un contundente 4-0. Aquel encuentro reflejó la distancia que existía entonces entre ambos proyectos, tanto en términos de eficacia como de confianza. Sin embargo, el fútbol rara vez se rige por la lógica estricta de los resultados anteriores. El contexto actual es muy distinto, especialmente para el Levante, que ha ido creciendo en competitividad y que ha aprendido a sobrevivir en partidos cerrados, donde cada detalle adquiere una importancia capital.

    Este Levante–Atlético de Madrid es también una radiografía del momento estructural de la Liga F. Por un lado, un club histórico que lucha por no perder la categoría, afectado por lesiones y por una transición deportiva complicada, pero que sigue apostando por la identidad y por el desarrollo de jugadoras que sienten el escudo. Por otro, un Atlético que atraviesa una fase de reajuste, intentando redefinir su lugar entre la élite nacional y europea en un contexto de creciente competencia y profesionalización. Ambos equipos representan, desde extremos distintos de la tabla, los desafíos que afronta el fútbol femenino español en su proceso de consolidación.

    El partido del domingo al mediodía adquiere así un valor que trasciende los tres puntos. Para el Levante, puede ser una confirmación de que la permanencia es un objetivo alcanzable, de que el trabajo silencioso de las últimas semanas empieza a dar frutos y de que el equipo es capaz de competir contra cualquiera cuando las circunstancias lo exigen. Para el Atlético, es una prueba de madurez, de capacidad para sostener el rendimiento en Liga pese al desgaste emocional y físico de la Copa, y de compromiso con una temporada que todavía tiene capítulos importantes por escribir.

    En este tipo de encuentros, los detalles suelen ser determinantes. La gestión de los primeros minutos, la capacidad para resistir los momentos de dominio rival, la eficacia en las áreas y la lectura emocional del partido marcarán el desenlace. El Levante sabe que no puede permitirse desconexiones, que cada error se paga caro en la zona baja de la tabla. El Atlético, por su parte, es consciente de que cualquier relajación puede convertirse en un problema serio en un campo donde la necesidad aprieta y donde el rival juega con la urgencia como aliada.

    El domingo 8 de febrero, a las 12:00 horas, el fútbol femenino español volverá a ofrecer uno de esos partidos que no siempre acaparan titulares, pero que explican mejor que muchos otros la complejidad y la riqueza de la competición. Un duelo de realidades cruzadas, de objetivos tensionados y de proyectos que, desde lugares distintos, buscan respuestas en el césped. Un partido que, gane quien gane, dejará huella en el camino de ambos equipos en esta Liga F cada vez más exigente y apasionante.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🏆 Liga F Moeve |

    🙌🏻 Temporada 2025-2026

    ✨ Jornada diecinueve ✨

    🔥 Levante Unión Deportiva 🆚 Atlético de Madrid 🔥

    📅 Domingo, 8 de febrero de 2026

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 DAZN 1 (Dial 70 de Movistar Plus)

    🏟️ Ciudad Deportiva de Buñol, Orriols

    (Fuente: Liga F Moeve)

  • La crónica | El Levante U.D. hunde al Madrid CFF en busca de la permanencia

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ El cuadro granota completa la remontada gracias a un golazo de Érika González para doblegar por 2-1 a las de Fuenlabrada.

    La previa |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El sábado 31 de enero, a las doce del mediodía, cuando el invierno todavía aprieta y la Liga F Moeve entra en ese punto de la temporada donde ya no existen partidos neutros ni jornadas de transición, el fútbol femenino español se detendrá en Valencia para mirar de frente a un duelo cargado de urgencias, matices y significados. En el Ciutat de València, bajo la retransmisión de DAZN, Levante UD y Madrid CFF se enfrentarán en un partido que va mucho más allá de los tres puntos, un encuentro donde cada acción tendrá peso clasificatorio, emocional y narrativo. No es un partido cualquiera: es uno de esos choques que definen estados de ánimo, que marcan trayectorias y que, con el paso de las semanas, acaban siendo recordados como momentos de inflexión.

    Porque hay partidos que se juegan desde el balón y otros que se juegan desde el contexto. Y este pertenece claramente a la segunda categoría.

    El Levante UD llega a la cita desde la zona más incómoda de la tabla, desde ese lugar donde el calendario ya no es un aliado y donde cada jornada se convierte en una cuenta atrás. Colista de la Liga F Moeve con cinco puntos, el conjunto granota se encuentra a cuatro de la salvación, una distancia que todavía es remontable, pero que empieza a exigir respuestas inmediatas. No hay margen para seguir aplazando la reacción. No hay espacio para discursos de largo plazo cuando el presente aprieta con tanta fuerza. El Levante juega en casa, sí, pero juega sobre todo contra el tiempo, contra la clasificación y contra la sensación de que cada partido que se escapa pesa el doble.

    El último precedente no ayuda a aliviar esa carga. La derrota ante el Sevilla FC por 4-2 dejó al descubierto muchas de las heridas que arrastra el equipo valenciano esta temporada: fragilidad defensiva en momentos clave, dificultades para sostener el esfuerzo durante los noventa minutos y una sensación persistente de que, incluso cuando compite, siempre acaba pagando demasiado caro cada error. No fue un partido sin respuesta ni sin intención, pero volvió a confirmar que al Levante le está costando transformar el esfuerzo en puntos, y eso, en una liga tan exigente como la actual, es una condena silenciosa.

    Sin embargo, este Levante no es un equipo resignado. Ni mucho menos. El mercado de fichajes de invierno ha sido una declaración de intenciones en sí misma, una manera de decir que el club no acepta el destino como algo inevitable. La llegada de Ariana Arias refuerza esa idea de reacción, de intentar encontrar soluciones nuevas a problemas persistentes. No es solo un refuerzo deportivo; es un mensaje al vestuario, a la afición y a la competición: el Levante quiere pelear, quiere creer, quiere mantenerse con vida.

    Al mismo tiempo, las salidas de Pierina Núñez y Sintia Cabezas reflejan la crudeza del momento. En situaciones límite, los proyectos se ajustan, los planes se redefinen y las plantillas se transforman en busca de un equilibrio que permita sobrevivir. El Levante está en ese punto exacto de la temporada donde cada decisión pesa, donde cada movimiento se analiza no por lo que representa a largo plazo, sino por lo que puede aportar de inmediato. El sábado no se juega solo un partido: se pone a prueba la validez de ese reajuste, la capacidad del equipo para convertir los cambios en una respuesta competitiva real.

    Frente a ese escenario de urgencia aparece el Madrid CFF, un equipo que vive una realidad muy distinta, pero no exenta de tensión. Séptimo clasificado con 26 puntos, el conjunto madrileño se mueve en esa tierra intermedia de la tabla donde el peligro no es la caída, sino la desconexión. A once puntos de los puestos de Champions, el Madrid CFF sabe que el margen para soñar con cotas mayores es reducido, pero también es consciente de que la temporada no puede permitirse una deriva irregular. Cada partido es una oportunidad para reafirmarse, para sostener una identidad competitiva y para evitar que la zona cómoda se convierta en una trampa de conformismo.

    La derrota ante el FC Badalona Women por 0-1 en la última jornada fue un golpe inesperado. No tanto por el resultado en sí, sino por la sensación de freno que dejó. El Madrid CFF venía construyendo una dinámica sólida, apoyada en la regularidad y en un modelo reconocible, y ese tropiezo obligó a revisar certezas. En un campeonato tan apretado, perder implica algo más que ceder puntos: supone abrir interrogantes, reactivar dudas y enfrentarse a la necesidad de responder de inmediato.

    Además, aquel partido estuvo condicionado por una ausencia importante: Bárbara López no pudo estar disponible, y su baja se dejó sentir. No solo por lo que aporta en términos futbolísticos, sino por el peso que tiene dentro del equipo. A eso se sumó la ausencia de Sandra Villafañe, sancionada por acumulación de tarjetas amarillas. Dos nombres propios que alteraron el equilibrio habitual del once y que contextualizan, al menos en parte, el resultado final.

    Pero el fútbol siempre concede segundas oportunidades, y el duelo ante el Levante se presenta como una de ellas. Sandra Villafañe volverá a estar disponible tras cumplir sanción, un regreso que refuerza al equipo tanto en lo deportivo como en lo emocional. En partidos de este tipo, donde el rival se juega la vida y el entorno aprieta, la experiencia y la capacidad para manejar los tiempos se convierten en activos fundamentales.

    El choque, por tanto, se dibuja como un enfrentamiento de necesidades distintas pero igualmente intensas. El Levante necesita puntos para sobrevivir. El Madrid CFF necesita ganar para reafirmarse. Uno pelea contra el descenso; el otro, contra la irregularidad y el riesgo de estancamiento. Ambos llegan heridos por la última jornada. Ambos saben que perder sería algo más que una derrota.

    Y todo ello se producirá a las doce del mediodía, en ese horario tan característico de la Liga F Moeve, donde el fútbol se mezcla con la luz fría del invierno y donde los partidos adquieren un tono casi crudo, sin artificios. No habrá excusas, no habrá margen para esconderse. Solo noventa minutos para exponer argumentos, carácter y ambición.

    Este Levante–Madrid CFF no es un duelo de extremos, pero sí es un partido de alta carga emocional. Un encuentro donde cada balón dividido tendrá un significado distinto según el color de la camiseta. Donde cada ocasión fallada pesará como una losa. Donde cada gesto, cada mirada al banquillo, cada aplauso desde la grada contará una historia paralela.

    Porque cuando enero avanza y la temporada entra en su fase decisiva, el fútbol deja de ser solo un juego. Se convierte en un espejo de las urgencias, de las aspiraciones y de la capacidad de resistir. Y el sábado, en Valencia, Levante UD y Madrid CFF se mirarán de frente sabiendo que, pase lo que pase, nada será exactamente igual después.

    la primera capa de este Levante UD–Madrid CFF se explica desde la urgencia y el contexto clasificatorio, la segunda se despliega sobre un terreno menos evidente, pero igual de decisivo: el tablero táctico y emocional sobre el que se jugará el partido. Porque no todos los equipos compiten igual cuando están contra las cuerdas, ni todos saben gestionar de la misma manera la obligación de ganar. Y en este duelo concreto, esa diferencia puede marcar el rumbo de los noventa minutos.

    El Levante UD llega a este encuentro con la necesidad de alterar el guion habitual. No puede permitirse un partido plano, ni una gestión conservadora del resultado. Cinco puntos en el casillero y la condición de colista no admiten medias tintas: el equipo granota necesita sumar, pero sobre todo necesita sentirse competitivo, reconocerse a sí mismo como un bloque capaz de sostener el esfuerzo durante todo el encuentro. Esa es, quizás, la gran asignatura pendiente de la temporada.

    En los partidos anteriores, el Levante ha mostrado fases de buen fútbol, momentos donde ha sido capaz de discutirle el balón a rivales de entidad y de generar peligro real en campo contrario. El problema ha llegado casi siempre después, cuando el partido se alarga, cuando el rival ajusta y cuando el margen de error se reduce a la mínima expresión. Ahí, en ese territorio intermedio entre la intención y la eficacia, es donde el Levante ha perdido demasiados puntos.

    Ante el Madrid CFF, el plan no puede limitarse a resistir ni a esperar acontecimientos. Jugar en casa obliga, aunque el contexto apriete, a asumir cierta iniciativa. La incorporación de Ariana Arias abre una vía nueva en ese sentido: más presencia, más alternativas, más capacidad para sostener ataques largos y no depender exclusivamente de acciones aisladas. No se trata solo de lo que pueda aportar en términos técnicos, sino de cómo su presencia puede modificar el comportamiento colectivo del equipo, ofreciendo una referencia distinta y obligando al rival a reajustar su planteamiento.

    Defensivamente, el Levante sabe que no puede conceder espacios con facilidad. El Madrid CFF es un equipo cómodo cuando encuentra ritmo, cuando puede alternar posesiones largas con transiciones rápidas y cuando detecta debilidades estructurales en el rival. Por eso, el equilibrio será clave. Replegar demasiado pronto puede significar renunciar al partido; adelantar líneas sin respaldo puede ser una invitación al castigo. El término medio, ese equilibrio tan difícil de encontrar en situaciones límite, será uno de los grandes desafíos para el conjunto granota.

    Enfrente, el Madrid CFF llega con una identidad más asentada, pero también con la obligación de demostrar madurez competitiva. Séptimo en la tabla, lejos tanto del descenso como de los puestos de Champions, el equipo madrileño se mueve en un escenario donde la tentación de la comodidad siempre acecha. Y sin embargo, partidos como este exigen exactamente lo contrario: concentración máxima, lectura del contexto y capacidad para golpear en los momentos adecuados.

    La derrota ante el FC Badalona Women dejó una enseñanza clara: ningún partido está ganado de antemano, y cualquier desconexión se paga. En aquel encuentro, el Madrid CFF tuvo fases de control, pero le faltó contundencia, precisión en los últimos metros y, sobre todo, una respuesta emocional cuando el marcador se puso cuesta arriba. Esa experiencia reciente actúa ahora como advertencia. El equipo sabe que el Levante, pese a su posición en la tabla, no es un rival al que se pueda subestimar.

    El regreso de Sandra Villafañe añade un matiz importante. No solo por su aportación futbolística, sino por lo que representa en términos de orden y jerarquía. En un partido que puede volverse incómodo, trabado, incluso áspero por momentos, disponer de jugadoras capaces de leer el ritmo del encuentro y de enfriar o acelerar según convenga es un valor diferencial. El Madrid CFF necesitará esa pausa, esa capacidad para no dejarse arrastrar por la ansiedad local ni por la urgencia del rival.

    Desde el punto de vista táctico, el partido apunta a un duelo de ritmos. El Levante intentará imprimir intensidad, aprovechar el factor campo y convertir cada acción en una pequeña batalla. El Madrid CFF, por su parte, buscará gestionar, hacer daño cuando tenga espacio y obligar a las locales a tomar decisiones incómodas. Si el marcador se mantiene igualado durante muchos minutos, la presión psicológica puede empezar a jugar un papel determinante, especialmente para un Levante que sabe que el empate puede no ser suficiente.

    Y ahí entra en juego otro elemento clave: el estado emocional de los equipos. El Levante juega con la carga de saberse en una situación límite, pero también con la energía que generan este tipo de partidos, donde todo está en juego y donde una victoria puede cambiarlo todo. El Madrid CFF juega con menos presión clasificatoria, pero con la exigencia interna de no fallar, de no dejar escapar puntos ante un rival directo por la zona media-baja.

    Cada falta, cada saque de esquina, cada decisión arbitral puede amplificar esas emociones. El Ciutat de València, consciente de la importancia del momento, empujará a las suyas, reclamará, presionará. El Madrid CFF deberá convivir con ese ambiente, abstraerse y convertirlo, si es posible, en un factor neutro. No todos los equipos saben hacerlo. No todos los partidos lo permiten.

    A medida que avance el encuentro, el desarrollo estará inevitablemente condicionado por el marcador. Si el Levante se adelanta, el partido puede convertirse en una prueba de resistencia, en un ejercicio de defensa del resultado y de gestión del miedo a perder lo ganado. Si es el Madrid CFF quien golpea primero, el escenario cambiará por completo: las locales se verán obligadas a asumir riesgos mayores, a abrirse, a exponerse, y ahí el partido puede romperse en cualquiera de los dos sentidos.

    En ese posible desorden final, la claridad mental será tan importante como las piernas. La Liga F Moeve se ha caracterizado esta temporada por su competitividad y por la cantidad de partidos que se deciden en detalles mínimos. Este apunta a ser uno de ellos. No habrá grandes diferencias en cuanto a talento individual sobre el césped; lo que marcará la diferencia será la capacidad de cada equipo para interpretar el momento exacto del partido y actuar en consecuencia.

    Porque, al final, este Levante–Madrid CFF no se resolverá solo por quién tenga más posesión o más ocasiones, sino por quién sepa leer mejor el miedo, la urgencia y la esperanza que flotarán en el ambiente. El Levante juega por sobrevivir. El Madrid CFF, por reafirmarse. Y cuando esas dos fuerzas chocan, el resultado nunca es previsible.

    El duelo al detalle |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🏆 Liga F Moeve

    🔷 Temporada 2025–2026

    ✨ 18ª jornada ✨

    🔥 Levante U.D. 🆚 Madrid CFF 🔥

    📅 Sábado 31 de enero de 2026

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 DAZN

    🏟️ Ciudad Deportiva de Buñol, Orriols

    Los onces |

    La jornada decimoctava de la Liga F Moeve quedó grabada como una de esas fechas que trascienden el resultado y el marcador, una de esas jornadas en las que el fútbol se convierte en altavoz y conciencia colectiva antes incluso de que el balón empiece a rodar. Porque antes de cualquier presión alta, de cualquier centro lateral o de cualquier remate al área, el césped fue escenario de un gesto que unió a toda la competición en un mismo latido. Jugadoras, cuerpos técnicos y árbitras, sin distinción de colores ni escudos, portaron los Brazaletes de la Esperanza, una iniciativa impulsada por la Asociación Española Contra el Cáncer junto a la organización de la Liga F para conmemorar el Día Mundial contra el Cáncer. Un símbolo discreto pero poderoso, una declaración silenciosa que recordó que hay batallas que se libran lejos de los focos, que hay millones de personas que conviven cada día con la enfermedad y que el fútbol, cuando quiere, puede ser mucho más que un juego.

    Con ese telón de fondo, cargado de emoción y significado, el balón echó a rodar en Orriols y el partido comenzó a escribir su propia historia. El Madrid CFF no tardó en mostrar sus intenciones. Desde el primer minuto, el conjunto visitante apostó por un planteamiento valiente, directo, sin complejos.

    Presión adelantada, líneas juntas y una idea clara: incomodar al Levante desde el inicio, obligarlo a jugar lejos de la portería rival y marcar el ritmo del encuentro. Las de Sánchez Vera salieron decididas a golpear primero, conscientes de que un arranque fuerte podía condicionar el desarrollo del duelo.

    Las primeras llegadas llevaron sello madrileño. Disparos lejanos, centros laterales y acciones rápidas por banda obligaron a la defensa granota a trabajar con intensidad desde muy temprano. El Levante, empujado por su gente y por la necesidad clasificatoria, trataba de asentarse a través de posesiones más largas, buscando que el balón pasara por el centro del campo antes de lanzarse al ataque. Sin embargo, durante muchos minutos, fueron las jugadoras del Madrid CFF las que parecieron sentirse más cómodas en ese intercambio de golpes, manejando mejor los tiempos y encontrando espacios con mayor facilidad.

    El premio a esa insistencia no tardó en llegar. Corría el minuto 21 cuando una jugada bien construida por el costado derecho terminó rompiendo el equilibrio. Alba Ruiz filtró un balón preciso al área y Anita Marcos, atacando el espacio con determinación, resolvió la acción con un remate eficaz que batió a la guardameta local y puso el 0-1 en el marcador.

    Un gol que adelantaba al conjunto madrileño y que parecía confirmar el buen arranque visitante. La celebración tuvo un significado especial: la canterana del Atlético de Madrid festejó el tanto poniéndose unas gafas imaginarias, el gesto con el que suele dedicar sus goles a sus padres, una imagen cargada de simbolismo en una jornada tan marcada por lo emocional.

    Lejos de descomponerse, el Levante reaccionó. Poco a poco, el equipo local comenzó a ganar presencia en campo contrario, a creérselo, a empujar con mayor continuidad. Las combinaciones por banda y los centros al área empezaron a generar peligro, especialmente gracias a la movilidad de sus delanteras y a la llegada de las segundas líneas. Ana Franco y Alharilla Casado dispusieron de oportunidades claras para igualar el marcador, pero el acierto no acompañó. El Levante crecía en posesión y en sensaciones, mientras el Madrid CFF se replegaba con orden, dispuesto a resistir y a buscar salidas rápidas al contragolpe.

    La primera mitad avanzó con ese pulso constante entre la iniciativa local y la solidez visitante. Antes del descanso, el partido se estabilizó. El Levante empujaba, el Madrid defendía con disciplina y cerraba bien los espacios interiores. El marcador no se movió y las madrileñas se marcharon a vestuarios con una ventaja mínima que reflejaba un primer acto equilibrado, intenso y cargado de matices.

    Las veintidós protagonistas enfilaron el túnel de vestuarios sabiendo que lo exiguo del resultado dotaba de una emoción especial al segundo y definitivo acto. En ese momento, además, el contexto clasificatorio añadía un matiz más al encuentro: el empate provisional que el Atlético de Madrid estaba cosechando en Alcalá de Henares ante el Granada estaba otorgando, de manera momentánea, la quinta plaza al Madrid CFF. Un escenario favorable que, sin embargo, estaba lejos de ser definitivo. El fútbol aún tenía preparado un giro de guion.

    Tras el paso por vestuarios, el Levante dio un paso al frente. El equipo salió con una actitud más agresiva, decidido a imponer ritmo y a instalarse definitivamente en campo rival. Los ajustes realizados reforzaron el centro del campo y aportaron mayor profundidad por las bandas, lo que se tradujo en más llegadas al área y en una presión constante sobre la salida de balón del Madrid CFF. El mensaje era claro: había que ir a por el partido.

    El empate no tardó en llegar y lo hizo en una acción que simbolizó esa determinación local. Un saque de esquina bien ejecutado encontró a Eva Alonso, que ganó la posición y cabeceó a la red desde corta distancia, enviando el esférico lejos del alcance de Paola Ulloa.

    El 11, en el minuto 66, devolvía la igualdad al marcador y encendía a la grada. Todo empezaba de nuevo en Orriols.

    Con el empate, el encuentro entró en una fase abierta, vibrante, de ida y vuelta.

    El Levante buscaba elaborar más sus ataques, combinando por dentro y por fuera, mientras el Madrid CFF trataba de aprovechar cualquier pérdida para lanzar a sus jugadoras más rápidas. El ritmo se elevó, las ocasiones se repartieron y la emoción se apoderó del partido. Cada acción parecía definitiva, cada balón dividido se jugaba como si fuera el último.

    Y entonces llegó el momento que terminó de decantar la balanza. En una transición rápida, Érika González recogió el balón lejos del área, avanzó sin oposición y se animó a probar suerte desde larga distancia. Su golpeo, raso y ajustado, sorprendió a la guardameta visitante y se coló junto al palo izquierdo. Un gol de enorme calidad, un auténtico golazo que desató la euforia en el banquillo local y puso al Levante por delante por primera vez en el partido. Corría el minuto 86 y el duelo entraba ya en su tramo decisivo con el 21 en el marcador.

    A partir de ahí, el partido se transformó en una batalla por la supervivencia. El Madrid CFF volcó todos sus esfuerzos en busca del empate, acumulando jugadoras en campo contrario y probando con centros y disparos lejanos. El Levante, consciente de la importancia del resultado, optó por proteger su ventaja con orden defensivo y salidas rápidas para consumir tiempo y alejar el peligro. Cada despeje era celebrado como un gol, cada segundo ganado se convertía en oro.

    Los últimos minutos estuvieron marcados por la tensión, por las interrupciones y por la sensación de que cualquier detalle podía cambiarlo todo. Las visitantes dispusieron de alguna ocasión para igualar, pero la defensa granota se mostró firme, solidaria, y supo despejar cada amenaza. El pitido final confirmó la remontada del Levante Femenino, una victoria construida desde la paciencia, la reacción y la eficacia en los momentos clave.

    El resultado tiene un impacto directo en la clasificación de la Liga F Moeve. El Levante suma tres puntos vitales que le permiten abandonar momentáneamente la sensación de desahucio deportivo, recortando distancias con la zona de salvación y reforzándose, sobre todo, en lo anímico.

    El Madrid CFF, por su parte, se mantiene en la zona media de la tabla, alrededor de la séptima posición, con la sensación de haber competido de tú a tú pero de haberse quedado sin premio en un partido que tuvo controlado durante muchos minutos.

    Ambos equipos, ya sin tiempo para lamentos ni celebraciones prolongadas, miran ahora a sus próximos compromisos ligueros. El Levante afrontará su siguiente encuentro con la moral reforzada y la convicción de que la salvación es posible si mantiene esta línea competitiva.

    El Madrid CFF, en cambio, buscará reencontrarse con la victoria y recuperar sensaciones, consciente de que la temporada exige regularidad y respuestas inmediatas.

    Más allá del marcador, este Levante–Madrid CFF quedará enmarcado como uno de esos partidos que explican lo que es la Liga F Moeve: competitividad, emoción, giros inesperados y, también, compromiso social.

    Una jornada en la que el fútbol volvió a demostrar que puede ser un espacio para competir y emocionar, pero también para recordar que hay causas que importan y que merecen ser visibilizadas.

    Un partido que, como diría Manu, se juega con los pies, con la cabeza y, sobre todo, con el corazón.

    El Levante Unión Deportiva suma tres nuevos guarismos que le sitúan decimosexto, es decir, colista con 8 unidades, a tan solo nueve de la zona de salvación que actualmente marca la Sociedad Deportiva Eibar con 17.

    Por su parte, un Madrid CFF que aún no ha terminado de adaptarse al estilo de juego propuesto por Sánchez Vera y aglutina ya quince días sin ganar, venía de caer por 0-1 ante el Badalona Women en el Fernando Torres y buscará el quite del perdón en la eliminatoria de cuartos de final de la Copa del la Reina Iberdrola que le medirá en la capital española con las guerreras del Costa Adeje Tenerife Egatesa.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    Levante Unión Deportiva: Laura Coronado; Eden Le Guilly (Maria Gabaldón, min. 72), Eva Alonso, Teresa Mérida, Alharilla; Raiderlin Carrasco, Érika González (Zipporah Agama, min. 91) Gema Soliveres (Carol Martín, min. 59 ), Bascu (Dolores Silva, min. 58); Ariana Arias, Ana Franco.

    Madrid CFF: Paola Ulloa; Mónica, Núria Mendoza, Sandra Villafañe; Allegra Poljak (Nerea Sánchez, min. 82), Ángela Sosa (Freja Olofsson, min. 88), Hildur Antonsdóttir, Alba Ruiz (Natasa Andonova, min. 53); Malou Marcetto, Kamila Melgård; Anita Marcos (Emilia Nautness, min. 52).

    Lugar: Ciudad Deportiva de Buñol – Campo 1
    Árbitra: Ainara Andrea Acevedo Dudley
    Tarjetas Amarillas: Raiderlin Carrasco (min. 14) por parte del Levante.

    Rojas: No hubo

    Goles:

    0-1 Anita Marcos 21’ ⚽️

    1-1 Eva Alonso 66’ ⚽️

    2-1 Érika González 86’ ⚽️

    Vídeo |

  • La crónica | El Real Madrid suda para sonreír en Buñol

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ ¡Triunfo blanco! Las de Pau Quesada se impusieron por 1-2 a un combativo Levante Unión Deportiva.

    La previa |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    A las puertas del mediodía del sábado 17 de enero de 2026 con las cámaras de DAZN y Movistar+ enfocando la Ciudad Deportiva de Buñol, Levante U.D. y Real Madrid Club de Fútbol se citan en un duelo que contrapone urgencia y ambición, supervivencia y aspiraciones de grandeza, en uno de esos partidos capaces de condensar toda la épica de una temporada en noventa minutos: el fin de semana se abre en territorio granota con un Levante UD que, pese a ser colista de la Liga F Moeve, llega impulsado anímicamente tras conquistar en Las Gaunas su primera victoria del curso ante el DUX Logroño (2-3).

    Fue un triunfo liberador logrado además en un contexto de adversidad, sin poder contar con Laura Coronado, Sintia Cabezas, Paulina Ali, Karen Castellanos ni Núria Escoms, y que ahora sueña con convertir ese primer golpe sobre la mesa en el inicio de una reacción que devuelva orgullo y puntos a un proyecto históricamente combativo, mientras enfrente aparece un Real Madrid segundo clasificado, herido pero no derrotado, que llega tras un exigente compromiso intersemanal ante el Athletic Club en el que cayó por la mínima (0-1) en Valdebebas.

    Este es un resultado que ha encendido el deseo de respuesta inmediata en un equipo acostumbrado a mirar hacia arriba y que afrontó ese encuentro con bajas de peso como Merle Frohms, Antonia Silva, Tere Abelleira —en plena recuperación de su lesión de cruzado—, Signe Bruun, Naomie Feller por molestias y Lotte Keukelaar, condicionantes que no han mermado su condición de aspirante firme a todo; la historia reciente entre ambos añade más leña a la narrativa, con catorce enfrentamientos previos que reflejan un equilibrio cargado de tensión competitiva, cinco victorias para el Real Madrid CF, un empate y cinco triunfos para las granotas, antecedentes que convierten cada duelo en una batalla sin guion cerrado, donde el contexto actual magnifica cada acción, cada duelo individual y cada decisión táctica, con un Levante que se agarra a Buñol como a un bastión emocional y un Real Madrid que busca reafirmar su jerarquía lejos de casa, en un escenario donde la épica no es un adorno retórico sino una posibilidad real que late desde el pitido inicial.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Los onces |

    El Levante UD saltó al césped con Tarazona bajo palos; línea defensiva para E. Le Guilly, Teresa, Eva Alonso y Bascu; en la medular, Érika y Ana Franco llevaron el timón junto a Dolores; mientras que en ataque Alharilla, como capitana, acompañó a Rocío Carrasco y Carol en la referencia ofensiva para medirse al Real Madrid.

    El Real Madrid respondió con Misa como capitana y guardiana de la portería; zaga para Shei, Lakrar, Andersson y Holmgaard; en el centro del campo, Bennison, Irune y Däbritz asumieron el control del juego; y arriba, Athenea y Linda Caicedo escoltaron a Redondo como referencia ofensiva.

    El duelo al detalle |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🏆 Liga F Moeve | Temporada 2025-2026

    ✨ Partidazo ✨

    🔥 Levante Unión Deportiva 🆚 Real Madrid Club de Fútbol 🔥

    😍 Jornada 16 😍

    🗓️ Sábado, 17 de enero de 2026

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 DAZN 2 (Dial 71)

    🏟️ Ciudad Deportiva de Buñol, Valencia

    Había partidos que, aun antes de que el balón comenzara a rodar, ya estaban escritos en una tinta distinta. Encuentros que no necesitaban una final, un título o una clasificación directa para adquirir una relevancia que iba mucho más allá de los números fríos de la tabla. El Levante Unión Deportiva y el Real Madrid se citaban en la Ciudad Deportiva de Buñol en uno de esos duelos que el calendario disfraza de rutinarios, pero que el contexto se encarga de convertir en un examen de carácter, fe y jerarquía.

    Porque no se enfrentaban solo el colista y el segundo clasificado. Se medían dos estados de ánimo, dos urgencias emocionales y dos formas muy distintas de convivir con la presión.

    El Levante, hundido en la decimosexta posición, con apenas cinco puntos en su casillero, llegaba herido pero no vencido, alimentado por una victoria reciente que había sacudido los cimientos de la lógica: el 2-3 ante el DUX Logroño había sido más que tres puntos; había sido un grito de supervivencia.

    El Real Madrid, por su parte, aterrizaba en Valencia con la herida aún abierta del tropiezo frente al Athletic Club, un cero a uno que no le había hecho perder su privilegiada cierta dosis de confianza, pero no la segunda plaza, sostenida por 38 puntos, pero que sí había dejado preguntas flotando en el ambiente blanco.

    El líder seguía siendo el Fútbol Club Barcelona, ese coloso que parecía jugar otra liga, pero cada jornada era una oportunidad para no descolgarse, para mantener viva la persecución, para demostrar que el proyecto blanco no solo aspiraba a consolidarse, sino también a competir con ambición real. Y en ese camino, no había margen para el error, ni siquiera ante un rival que luchaba por no caer al abismo.

    Buñol amaneció gris, encapotado, con un frío húmedo que se colaba en los huesos y una lluvia persistente que no hacía prisioneros. El clima, lejos de amedrentar, parecía anunciar que la tarde sería de esas que se recuerdan más por lo que se siente que por lo que se ve. Ni el agua ni el viento lograron disuadir a quienes entendían que allí, en ese rectángulo de césped castigado, se iba a librar una batalla honesta.

    Había regresos que dotaban al partido de una carga simbólica especial. Pau Quesada volvía a una casa que conocía bien, reencontrándose con un pasado reciente, con pasillos recorridos mil veces y con miradas que mezclaban respeto y nostalgia. En el césped, el Levante recuperaba a figuras clave, entre ellas Alba Redondo, nombre propio del fútbol español, referente, goleadora, bandera de una identidad competitiva que el conjunto granota se negaba a perder pese a la adversidad.

    Desde el pitido inicial, el Real Madrid asumió el rol que le correspondía por jerarquía y contexto. Dominio territorial, circulación rápida, intención clara de imponer ritmo y someter al rival desde la posesión. Y en ese guion, Athenea del Castillo emergió como la chispa que encendía cada ataque. La cántabra, eléctrica, vertical, inconformista, comenzó a castigar el costado con una determinación que anunciaba algo grande.

    No tardó en llegar el primer aviso. Athenea encaró, buscó el perfil zurdo, probó desde fuera. El Levante respondía con orden, con repliegue, con solidaridad defensiva, pero cada acción blanca era una advertencia. Hasta que, en el minuto once, el suspense se convirtió en celebración.

    Athenea recibió dentro del área, armó el disparo con la zurda y soltó un latigazo que parecía destinado a besar el larguero. El balón golpeó la cruzeta con violencia, picó en el suelo y, tras una fracción de segundo que se hizo eterna, botó más allá de la línea de gol. El estadio contuvo el aliento y lo soltó de golpe, era el 0-1 en el minuto 10 de juego.

    con suspense, con incertidumbre, con esa pausa dramática que engrandece el momento. El Real Madrid golpeaba primero.

    Pero lejos de conformarse, el conjunto blanco entendió que aquel escenario exigía contundencia. El Levante no era un rival resignado. Tarazona comenzó a multiplicarse bajo palos, desviando un disparo raso de Däbritz desde la frontal, reaccionando con reflejos felinos ante cada intento. La portera granota sostenía a su equipo, mientras el partido empezaba a ganar en intensidad y en matices.

    Las locales, lejos de encerrarse sin más, buscaron sus oportunidades. Carol Marín, con picardía y valentía, trató de sorprender a Misa con un gol olímpico que estuvo a punto de desatar la locura. El Levante entendía que el balón parado podía ser su tabla de salvación, su forma de equilibrar una balanza que en juego abierto se inclinaba hacia el lado visitante.

    Y fue precisamente tras una acción a balón parado favorable al Levante cuando llegó la jugada que marcaría el primer acto del partido. El fútbol, caprichoso, volvió a demostrar que en cuestión de segundos todo puede cambiar.

    Linda Caicedo tomó el balón en su propio campo y arrancó como si el césped se abriera ante ella. Potencia, zancada, decisión. Nadie pudo frenar su carrera. La colombiana atravesó líneas, levantó la cabeza y filtró un pase en profundidad hacia Shei Garcia.

    El centro no encontró inicialmente a Alba Redondo, pero la manchega, con el instinto que la define, ganó el rebote, protegió la pelota y habilitó a Däbritz. La alemana, con temple y visión, asistió al segundo palo, donde Athenea apareció de nuevo, oportunista, letal, para empujar el balón al fondo de la red para celebrar el 02 en el 25 que parecía ponerlo todo de cara para las visitantes y nada estuvo más lejos de la realidad.

    El fútbol rara vez se pliega dócilmente a los pronósticos y se haría patente en este Levante versus Real Madrid.

    Durante unos minutos, el Real Madrid creyó tener el encuentro bajo control. La circulación era fluida, el bloque estaba alto, las líneas bien juntas. Sin embargo, algo empezó a cambiar.

    El Levante U.D. dejó de esperar y comenzó a morder. Adelantó metros, apretó en la salida, forzó errores. El fútbol, ese deporte que tantas veces se decide por estados de ánimo, comenzó a girar lentamente.

    Dolores Silva empezó a aparecer con mayor frecuencia, mandando, ordenando, levantando la cabeza incluso en medio del caos. Érika González se ofrecía en cada balón dividido como si fuera el último. Alba Redondo, vigilada de cerca, no dejó de arrastrar marcas y de incomodar. El Levante entendió que no podía competir desde la paciencia infinita, sino desde la agresividad controlada y entonces las de Andrés París encontraron el premio.

    En el minuto 32 de juego se produjo un disparo potente de la asturiana Érika González obligó a Misa a intervenir. El rechace quedó muerto en el área, suspendido en el tiempo durante una milésima de segundo que solo las futbolistas con instinto saben aprovechar. Dolores Silva apareció desde atrás, con determinación, con fe, con rabia acumulada. La exjugadora del Sporting de Braga armó la diestra y cruzó el balón lejos del alcance de la guardameta madridista. El esférico besó la red y Buñol explotó por culpa del 12 que llevó la firma de la centrocampista portuguesa y dio vida a las locales.

    El tanto cambió definitivamente el tono del partido y las granotas comenzaron a creer en sus posibilidades.

    El Real Madrid, sorprendido por la respuesta, perdió durante algunos minutos la serenidad que había mostrado. Las imprecisiones se multiplicaron. Las transiciones defensivas se volvieron más largas. Y el público, empapado pero entregado, empujaba cada acción local como si fuera la última oportunidad de aferrarse a la esperanza.

    El Levante olió la sangre. Cada balón largo se convirtió en una amenaza. Cada duelo era disputado con una intensidad que desbordaba el marcador.

    El Real Madrid comenzó a mirar el reloj, consciente de que aquel primer acto se estaba complicando más de lo previsto.

    En los minutos finales del primer tiempo, el conjunto de Andrés París estuvo muy cerca de igualar la contienda. Ana Franco protagonizó una de las acciones más peligrosas, ganándole la espalda a Andersson en una carrera larga, de esas que nacen del convencimiento absoluto. El disparo final se marchó desviado, pero el aviso fue serio. Demasiado serio.

    El Real Madrid entendió entonces que la ventaja era frágil, que el partido exigía algo más que talento individual, algo más que jerarquía en la tabla. Exigía temple. Exigía carácter. Exigía entender que el rival no estaba dispuesto a aceptar su papel de colista sin luchar cada centímetro de césped.

    El pitido que señalaba el descanso llegó casi como un alivio para las visitantes. Las veintidós protagonistas enfilaron el túnel de vestuarios bajo una lluvia persistente, con sensaciones completamente opuestas. El Levante se marchaba con la convicción de que la remontada era posible. El Real Madrid, con la certeza de que nada estaba ganado.

    La segunda mitad aguardaba como un territorio incierto, un espacio donde el fútbol suele despojarse de máscaras y mostrar su verdad más cruda.

    La segunda parte arrancó con un Levante dominador que hizo sufrir a las blancas por momentos. La polémica llegó pronto con una posible mano que el FVS tuvo que revisar tras solicitar Andrés París la revisión. Sin embargo, las grandotas bajaron su intensidad y el Real Madrid recuperó el control. Linda Caicedo rozó el palo con un disparo raso en el 51 de partido.

    Quesada no dudó en mover el banquillo, dando entrada a Pau Comendador, Iris Ashley, Eva Navarro o Angeldahl. La sueca, con un centro que se envenenó para Tarazona, estuvo cerca de encontrar portería en una de sus primeras apariciones.

    El partido entró en la recta final con el resultado completamente abierto. El Real Madrid trató de aplicar control y encadenar posesiones largas. Pau Comendador rozó la sentencia de volea, pero su chut acabó en el travesaño. Angeldahl, con un disparo lejano que desvió Tarazona, y Silvia Cristóbal, con un cabezazo desviado en el área pequeña, tampoco consiguieron el tercero.

    El Levante Unión Deportiva , comandado por una colosal Érika González que lo seguía intentando de todas las maneras, no tiró la toalla en ningún momento. Agama, con todo a favor a diez minutos del final, marró una ocasión clarísima delante de Misa.

    Le Guilly, con un chut que llegó manso a las manos de la portera canaria, bajó la persiana a la matinal de fútbol en Valencia.

    Con este sufrido resultado, en el que el conjunto capitalino fue más efectivo que brillante, el Real Madrid conquistó los tres guarismos que estaban en liza y suma ya 38 unidades que le permiten afianzarse en la segunda plaza liguera.

    Las madridistas ahora ponen el foco en la Supercopa de España. El martes 20, a las 19:15, disputarán la semifinal contra el Atlético de Madrid en Castellón.

    En caso de ganar el derbi, jugarían la final por segundo año consecutivo ante el vencedor del partido entre el Barcelona y el Athletic el próximo sábado, 24 de enero de 2026, a partir de las 19:00 horario peninsular.

    El esfuerzo granota cae en saco roto esta vez y las chicas de Andrés París buscarán redimirse el próximo fin de semana al batirse el cobre con el Sevilla en Nervión y mientras tanto seguirá siendo el colista en la élite con tan solo 5 puntos en el zurrón, la salvación es harto compleja ya.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    Levante (1): Tarazona; Alharilla, Eva Alonso, Tere Mérida, Le Guilly; Aida Estévez, Carol Marín (Agama 79′), Dolores Silva, Raiderlin; Ana Franco, Érika.

    Real Madrid (2): Misa; Shei (Silvia Cristóbal 76′), Andersson; Lakrar, Holmgaard; Bennison (Pau Comendador 60′), Irune; Athenea, Däbritz (Angeldahl 67′), Linda Caicedo (Eva Navarro 67′); Alba Redondo (Iris Ashley 60′).

    Árbitra: López Osorio (Colegio Extremeño). Amonestó a Raiderlin (minuto 26), Irune (minuto 82) e Iris Ashley (minuto 94) con tarjeta amarilla.

    Incidencias: Partido correspondiente a la decimosexta jornada de la Liga Profesional de Fútbol Femenino (Liga F Moeve) que ha enfrentado al Levante Unión Deportiva y el Real Madrid sobre el césped natural de la Ciudad Deportiva de Buñol.

    Goles:

    0-1 Athenea del Castillo 10’ ⚽️
    0-2 Athenea del Castillo 25’ ⚽️
    1-2 Dolores Silva 32’ ⚽️

    Vídeo |

  • La previa | Levante U.D. vs Real Madrid C.F.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🟣 Buñol se prepara para un pulso de fe y jerarquía en la Liga F Moeve.

    (Fuente: Liga F)

    A las puertas del mediodía del sábado 17 de enero de 2026 con las cámaras de DAZN y Movistar+ enfocando la Ciudad Deportiva de Buñol, Levante U.D. y Real Madrid Club de Fútbol se citan en un duelo que contrapone urgencia y ambición, supervivencia y aspiraciones de grandeza, en uno de esos partidos capaces de condensar toda la épica de una temporada en noventa minutos: el fin de semana se abre en territorio granota con un Levante UD que, pese a ser colista de la Liga F Moeve, llega impulsado anímicamente tras conquistar en Las Gaunas su primera victoria del curso ante el DUX Logroño (2-3).

    Fue un triunfo liberador logrado además en un contexto de adversidad, sin poder contar con Laura Coronado, Sintia Cabezas, Paulina Ali, Karen Castellanos ni Núria Escoms, y que ahora sueña con convertir ese primer golpe sobre la mesa en el inicio de una reacción que devuelva orgullo y puntos a un proyecto históricamente combativo, mientras enfrente aparece un Real Madrid segundo clasificado, herido pero no derrotado, que llega tras un exigente compromiso intersemanal ante el Athletic Club en el que cayó por la mínima (0-1) en su estadio.

    Este es un resultado que ha encendido el deseo de respuesta inmediata en un equipo acostumbrado a mirar hacia arriba y que afrontó ese encuentro con bajas de peso como Merle Frohms, Antonia Silva, Tere Abelleira —en plena recuperación de su lesión de cruzado—, Signe Bruun, Naomie Feller por molestias y Lotte Keukelaar, condicionantes que no han mermado su condición de aspirante firme a todo; la historia reciente entre ambos añade más leña a la narrativa, con catorce enfrentamientos previos que reflejan un equilibrio cargado de tensión competitiva, cinco victorias para el Real Madrid CF, un empate y cinco triunfos para las granotas, antecedentes que convierten cada duelo en una batalla sin guion cerrado, donde el contexto actual magnifica cada acción, cada duelo individual y cada decisión táctica, con un Levante que se agarra a Buñol como a un bastión emocional y un Real Madrid que busca reafirmar su jerarquía lejos de casa, en un escenario donde la épica no es un adorno retórico sino una posibilidad real que late desde el pitido inicial.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🏆 Liga F Moeve | Temporada 2025-2026

    ✨ Partidazo ✨

    🔥 Levante Unión Deportiva 🆚 Real Madrid Club de Fútbol 🔥

    😍 Jornada 16 😍

    🗓️ Sábado, 17 de enero de 2026

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 DAZN 2 (Dial 71)

    🏟️ Ciudad Deportiva de Buñol, Valencia

    (Fuente: Liga F Moeve)

  • La crónica | Primera alegría granota

    (Fuente : Liga F Moeve)

    🟧 Érika González mete al Levante en la lucha por la salvación tras vencer por 2-3 en Las Gaunas.

    La previa |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    No es un partido más. No puede serlo. No lo será. Porque cuando el balón eche a rodar en Logroño, no solo se enfrentarán el DUX Logroño y el Levante UD. Se enfrentarán dos estados de ánimo, dos urgencias, dos silencios acumulados durante meses y una misma necesidad compartida: ganar por primera vez. Ganar para respirar. Ganar para creer. Ganar para no desaparecer demasiado pronto de una temporada que, para ambas entidades, se ha convertido ya en una carrera de fondo con el corazón acelerado desde el primer kilómetro.

    La Liga F Moeve alcanza uno de esos puntos de inflexión que no siempre se reflejan en la clasificación, pero que determinan el destino de los equipos. Este DUX Logroño – Levante UD es uno de ellos. Un partido que, aunque se dispute en enero, se vive como si fuera mayo. Un duelo que huele a final anticipada, a choque directo por la supervivencia, a esos encuentros que nadie quiere jugar… pero que todos recuerdan cuando la historia termina.

    Porque los números son tan fríos como contundentes: son los dos únicos equipos que aún no conocen la victoria en lo que va de campeonato. Porque la clasificación no miente: 15ª posición para el DUX Logroño con 6 puntos, 16ª para el Levante UD con solo 2. Porque el margen de error es mínimo. Porque perder no solo es dejar de sumar, es ceder terreno anímico, confianza y tiempo. Y porque empatar, aunque alivie, sabe a poco cuando el calendario no espera.

    Las Gaunas será escenario de una mañana de fútbol cargada de tensión. Un estadio que conoce el sufrimiento, que ha vivido ascensos soñados y descensos dolorosos, y que ahora vuelve a ser refugio y trinchera.

    El DUX Logroño sabe que su salvación pasa por hacerse fuerte en casa, por convertir su estadio en un lugar incómodo, en una frontera que no se cruce sin pagar peaje. El Levante UD, por su parte, llega con la urgencia de quien necesita romper una dinámica antes de que se convierta en condena.

    La Liga F Moeve 2024-2025 ha demostrado, una vez más, que la igualdad en la zona baja es tan feroz como imprevisible. Cada punto vale oro. Cada gol es una moneda de cambio. Cada jornada sin ganar pesa el doble. En ese escenario, DUX Logroño y Levante UD han ido acumulando frustraciones, pequeños golpes, partidos que se escaparon por detalles, por errores, por falta de acierto… o simplemente por no haber sabido cerrar los momentos clave.

    El DUX Logroño ha convivido durante meses con la sensación de estar siempre cerca, pero nunca lo suficientemente lejos del peligro. Ha sumado empates que supieron a alivio momentáneo, pero que no terminaron de cambiar la narrativa. Seis puntos que mantienen viva la esperanza, sí, pero que no permiten despistes. Cada jornada sin victoria es una oportunidad perdida para dar un golpe encima de la mesa.

    El Levante UD vive una situación todavía más extrema. Dos puntos en el casillero, una mochila cada vez más pesada y una racha que ha encendido todas las alarmas. Cuatro derrotas consecutivas, y lo que es aún más preocupante: sin marcar un solo gol en esos encuentros. El silencio ofensivo se ha convertido en una losa. Un equipo histórico del fútbol femenino español, acostumbrado a competir, a luchar por objetivos ambiciosos, se encuentra ahora mirando hacia abajo, buscando respuestas en medio de la tormenta.

    mercado de invierno ha sido, para el conjunto riojano, algo más que una ventana de fichajes. Ha sido una declaración de intenciones. Una sacudida al vestuario. Un mensaje claro: aquí no se baja los brazos.

    La salida de Natalia Cebolla marcó el inicio de una etapa nueva. Una decisión difícil, cargada de simbolismo, que evidenció que el club estaba dispuesto a tomar decisiones valientes para cambiar el rumbo. Y a partir de ahí, llegó la revolución.

    Cuatro incorporaciones que no solo refuerzan la plantilla, sino que amplían el horizonte competitivo del equipo. Milagros Martín, Margarita Giménez y Catalina Ongaro, tres futbolistas argentinas que aportan carácter, intensidad y una cultura futbolística donde competir es una forma de vida. Y Dona Scannapiedo, delantera francesa, llamada a ser una referencia ofensiva en un equipo que necesita goles como el aire que respira.

    Todas ellas podrían debutar o, al menos, entrar en la convocatoria de Héctor Blanco, un técnico que ha asumido el reto de reconstruir al equipo en pleno vuelo. Blanco sabe que este partido no es solo una oportunidad para sumar tres puntos. Es el momento de integrar a las nuevas piezas, de enviar un mensaje al grupo, de demostrar que el DUX Logroño está vivo, que tiene argumentos y que no se resigna a su posición.

    La afición lo sabe. El vestuario lo siente. Las Gaunas será un hervidero de nervios, ilusión y expectativa. Porque una victoria no solo permitiría al DUX Logroño distanciarse del último puesto, sino también iniciar una nueva narrativa: la del equipo que reaccionó a tiempo.

    Hablar del Levante UD femenino es hablar de una de las entidades más representativas del fútbol femenino español. Un club acostumbrado a pelear por Europa, a levantar títulos, a ser referente. Por eso, ver al equipo en la última posición, sin victorias y con apenas dos puntos, resulta tan impactante como doloroso para su entorno.

    La dinámica negativa ha golpeado la confianza del grupo. Cuatro derrotas consecutivas que han ido erosionando la moral, y una sequía goleadora que se ha convertido en obsesión. Porque cuando el gol no llega, todo pesa más: los errores defensivos, las decisiones arbitrales, las ocasiones falladas, los minutos que pasan sin premio.

    Pero el Levante UD no es un equipo rendido. Viaja a Logroño con la determinación de quien sabe que este partido puede marcar un antes y un después. Ganar en Las Gaunas supondría mucho más que tres puntos: sería romper la racha, recuperar autoestima y engancharse de lleno a la pelea por la salvación.

    El vestuario granota sabe que no hay excusas. Que el margen se estrecha. Que el tiempo corre. Y que, en partidos como este, no importa el pasado ni el escudo, sino el presente y la capacidad de competir noventa minutos al límite.

    allá de lo táctico, este DUX Logroño – Levante UD es un duelo profundamente psicológico. La gestión de los nervios, la presión del resultado, el miedo a perder y la ansiedad por ganar jugarán un papel determinante.

    El primer gol, si llega, puede cambiarlo todo. Puede liberar a quien lo marque y hundir al rival… o generar todavía más tensión. Cada duelo, cada balón dividido, cada decisión arbitral será vivida con el corazón en la boca. No habrá tiempo para especular. No habrá margen para errores groseros.

    Héctor Blanco deberá encontrar el equilibrio entre la prudencia y la ambición. Integrar caras nuevas sin romper la estructura. Dar confianza sin perder solidez. El Levante, por su parte, necesitará paciencia, pero también colmillo. Saber sufrir, pero también atreverse.

    El escenario no es menor. Las Gaunas es un estadio que empuja, que aprieta, que entiende de batallas difíciles. La afición del DUX Logroño sabe lo que está en juego y responderá. Porque en partidos así, el público también juega.

    DAZN llevará este duelo a todos los hogares, mostrando una realidad de la Liga F que va más allá de los focos habituales. La lucha por la permanencia, el fútbol de supervivencia, la épica de quienes pelean desde abajo también construyen la grandeza de una competitiva.

    Cuando el árbitro pite el inicio, se acabará el análisis. Se acabarán las cuentas. Se acabará el pasado reciente. Quedarán solo once contra once, un balón y una verdad incómoda: alguien saldrá reforzado y alguien quedará aún más tocado.

    Para el DUX Logroño, ganar significaría confirmar que el cambio era necesario y acertado. Para el Levante UD, supondría volver a creer. Para ambos, perder sería un golpe durísimo. Para la Liga F Moeve, este partido es un recordatorio de que la emoción no solo vive en la parte alta de la tabla.

    Porque hay encuentros que no deciden títulos, pero definen destinos. Y este, en Las Gaunas, es uno de ellos.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🏆 Liga F Moeve | Temporada 2025-2026

    🔜 NEXT GAME

    ✨ Duelo por la permanencia ✨

    🔥 DUX Logroño 🆚 Levante Unión Deportiva🔥

    🗓️ Domingo, 11 de enero de 2026

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 DAZN

    🏟️ Estadio Municipal de Las Gaunas

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El duelo al detalle |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Los onces |

    • Miralles
    • ⁠Colomina
    • ⁠Marta Masferrer
    • ⁠Cata
    • ⁠Scannapieto
    • ⁠Isina
    • ⁠Mila Martín
    • ⁠Falfan
    • Mawete
    • ⁠Sandra
    • Rebecca

    • Tarazona
    • Teresa Mérida
    • Eva Alonso
    • Bascu
    • Érika
    • Ana Franco
    • Dolores Silva
    • María Gabaldón
    • Alharilla
    • Carrasco
    • Carol

    El balón empezó a rodar en Las Gaunas con el peso de toda una temporada concentrado en cada pase, en cada carrera, en cada gesto de ansiedad apenas disimulada. El DUX Logroño y el Levante Unión Deportiva llegaban al mediodía riojano agarrados a la misma urgencia, a la misma necesidad de romper una palabra que se había vuelto incómoda, casi prohibida: victoria.

    Ninguno de los dos la conocía aún en la Liga F Moeve y el choque se presentaba como una frontera emocional, como ese tipo de partido que no solo suma o resta puntos, sino que redefine estados de ánimo, discursos internos y miradas al calendario. El césped de Las Gaunas, todavía frío por la mañana de enero, iba a ser testigo de una batalla sin red.

    El DUX Logroño saltó al campo con un once que era, en sí mismo, una declaración de intenciones. Héctor Blanco apostó desde el inicio por tres de los rostros nuevos del mercado invernal: Catalina Ongaro, Dona Scannapieco y Milagros Martín. Tres futbolistas llamadas a cambiar el pulso ofensivo de un equipo que necesitaba energía, fe y determinación.

    Frente a ellas, un Levante UD herido, pero no resignado, consciente de que cada jornada sin ganar estrechaba un poco más el margen de maniobra. Antes de que el fútbol tomara la palabra, el estadio guardó un respetuoso minuto de silencio en memoria de Fernando Martín y sus tres hijos, y de Delia Bullido, exjefa de prensa del conjunto granota. Fue un instante de recogimiento absoluto, de esos que recuerdan que el deporte también se detiene para honrar la vida y la memoria, y que dejó un poso de solemnidad que acompañó al partido desde el primer segundo.

    Cuando el balón se puso en juego, fue el Levante UD quien pareció entender antes la dimensión del momento. Las visitantes salieron con un punto más de agresividad, adelantaron líneas y comenzaron a mover la pelota con intención, buscando los espacios a la espalda de la defensa riojana. El DUX Logroño trataba de asentarse, de no precipitarse, pero el Levante olió pronto la inseguridad inicial y decidió morder.

    Apenas habían transcurrido siete minutos cuando llegó el primer golpe del partido, un golpe que silenció momentáneamente Las Gaunas y recordó a las locales lo cruel que puede ser el fútbol cuando no se está atento desde el inicio.

    Érika González recibió el balón en una zona intermedia del ataque levantinista, levantó la cabeza y vio el desmarque de Raiderlin Carrasco. El envío fue preciso, medido, de esos que no necesitan fuerza sino intención. La pelota viajó al interior del área y Carrasco, con la frialdad de quien sabe que no habrá muchas oportunidades, armó un zurdazo seco, raso, que sorprendió a la defensa riojana y se coló lejos del alcance de Miralles en el minuto 7 de juego.

    El 0-1 subió al marcador como un mazazo temprano, como una confirmación de que el Levante había venido a jugarse algo más que el orgullo.

    El gol no calmó a las visitantes, al contrario, las reafirmó. Durante varios minutos siguieron dominando el ritmo del partido, encontrando espacios y generando la sensación de que el segundo tanto podía llegar en cualquier momento.

    De hecho, Érika González estuvo muy cerca de firmarlo. La asturiana, omnipresente desde el inicio, se desmarcó con inteligencia y conectó un remate que se perdió por muy poco junto al palo, arrancando un suspiro colectivo en la grada.

    El DUX Logroño sufría, trataba de recomponerse, de no perder la cabeza, mientras el Levante mostraba una versión sólida, segura, consciente de que estaba ante una oportunidad inmejorable para romper su mala racha.

    Poco a poco, sin embargo, el conjunto riojano fue encontrando oxígeno. No fue un dominio claro ni inmediato, pero sí una progresiva sensación de que el partido podía equilibrarse si lograban sobrevivir al primer vendaval. Dona Scannapieco fue una de las primeras en rebelarse contra el guion.

    La delantera francesa recibió de espaldas, se giró y probó fortuna con un disparo que se marchó alto, pero que sirvió para enviar un mensaje: el DUX Logroño también estaba en el partido.

    Ese intento fue el inicio de una fase en la que las locales comenzaron a creer un poco más, a adelantar metros y a mirar con más frecuencia la portería de Andrea Tarazona.

    Antes del descanso, el DUX Logroño vivió sus mejores minutos del primer tiempo. Mawete, siempre peligrosa en el juego aéreo, estuvo a punto de firmar el empate tras un cabezazo que parecía destinado a la red, pero la zaga levantinista logró despejar el balón prácticamente bajo la misma línea de gol, en una acción que pudo cambiar el signo del encuentro. Poco después, Sandra García se animó con un disparo tras un envío de falta lateral.

    El chut llevaba intención, pero Tarazona se mostró segura y blocó el balón sin demasiados apuros, transmitiendo tranquilidad a su defensa.

    Cuando parecía que el descanso iba a llegar con la mínima ventaja visitante, el Levante UD volvió a golpear.

    Bascu encontró un espacio entre líneas y filtró un balón preciso para Ana Franco, que apareció desde segunda línea para ampliar la ventaja de las de Orriols en el 49.

    El 0-2 fue un jarro de agua fría para Las Gaunas, una sensación de déjà vu para un DUX Logroño que había vivido demasiadas veces esta temporada el castigo justo cuando empezaba a reaccionar. Pero si algo definió a este partido fue su capacidad para romper inercias, para desafiar lógicas aparentemente establecidas.

    Lejos de rendirse, el conjunto riojano encontró en el golpe una razón para reaccionar. Catalina Ongaro, una de las caras nuevas, fue el símbolo de esa fe inquebrantable.

    La argentina no dio un balón por perdido, fue a por una pelota que parecía morir en el área y, con determinación y picardía, logró recortar distancias antes del descanso amén del 1-2 en el minuto 51 del alargue.

    Su gol no solo devolvió al DUX Logroño al partido, sino que encendió la grada, despertó al equipo y cambió por completo el clima emocional del encuentro.

    Y cuando todavía resonaba el eco de ese tanto, llegó el momento que nadie esperaba tan pronto. Milagros Martín desbordó por la izquierda, levantó la cabeza y puso un envío medido al corazón del área.

    Allí apareció Mawete, que no perdonó. Su remate fue certero, contundente, imposible para Tarazona y logró la remontada en el 56 de un duelo muy disputado e intenso.

    El 2-2 al término del primer tiempo fue una explosión colectiva, una liberación. En cuestión de minutos, el DUX Logroño había pasado del abatimiento a la euforia, del 0-2 al empate, demostrando que, al menos en espíritu, estaba muy lejos de ser un equipo rendido.

    El descanso llegó con las espadas en todo lo alto y con la sensación de que cualquier cosa podía pasar. La segunda parte comenzó con un ritmo algo más contenido, fruto quizá del desgaste emocional de los primeros cuarenta y cinco minutos.

    Ana Franco fue la primera en avisar tras la reanudación con un cabezazo desde dentro del área que Miralles atrapó con mucha seguridad, en una acción que recordó que el Levante seguía teniendo argumentos para hacer daño.

    El partido entró entonces en una fase de alternativas, de intentos, de pequeñas batallas en cada metro del campo. El DUX Logroño movió el banquillo buscando energía y soluciones. Margarita Giménez debutó con la camiseta riojana, sumándose a una mañana cargada de estrenos, y Mia Asenjo aportó frescura en ataque.

    Precisamente Asenjo tuvo una buena ocasión con un disparo que se marchó por encima de la portería de Tarazona, en uno de esos remates que nacen de la fe y del deseo de ser protagonista.

    La tensión era palpable. Cada falta se protestaba, cada córner se defendía como si fuera el último. Rebeca llegó incluso a celebrar un gol que habría desatado la locura en Las Gaunas, pero la acción fue invalidada por posición de fuera de juego, devolviendo el partido a ese delicado equilibrio que amenazaba con romperse en cualquier momento.

    Ambos equipos lo intentaban, conscientes de que un empate sabía a poco, pero también de que un error podía ser definitivo.

    Y el error, o más bien el acierto, llegó cuando el reloj empezaba a apretar. A falta de cuatro minutos para el final, el Levante UD encontró el camino al gol definitivo. Raiderlin Carrasco volvió a ser protagonista, esta vez como asistente, encontrando a Érika González en una posición franca para instalar el 2-3 definitivo en el luminoso sobre el 86 de la contienda .

    La asturiana, que había sido un martillo constante durante todo el partido, controló, armó la pierna derecha y sacó un disparo ajustado al primer palo. Miralles se estiró, pero el balón iba demasiado colocado. El 2-3 fue un golpe seco, definitivo, de esos que dejan sin aire.

    El silencio se apoderó de Las Gaunas durante unos segundos eternos.

    El DUX Logroño lo intentó en los minutos finales, empujado más por el corazón que por la claridad, pero el Levante supo resistir, cerrar espacios y proteger una ventaja que valía oro. Cuando el árbitro señaló el final, las visitantes celebraron una victoria largamente esperada, la primera de la temporada, un triunfo que les permite apretar la lucha por la permanencia y recuperar la fe.

    Para el DUX Logroño, la derrota fue cruel, especialmente por la forma en la que se produjo y por el esfuerzo realizado para remontar un 0-2 adverso.

    Pero también dejó señales de vida, destellos de un equipo que no se rinde, que compite y que, con las nuevas incorporaciones, empieza a construir una identidad más combativa.

    El fútbol, caprichoso y despiadado, dictó sentencia en una mañana de emociones desbordadas.
    El Levante UD se marchó de Logroño con los tres puntos y con la sensación de haber encontrado, al fin, un punto de apoyo en mitad del abismo.

    El DUX Logroño se quedó con las manos vacías, pero con la certeza de que, mientras exista esa capacidad de levantarse, la historia aún no está escrita.

    El antiguo EDF Logroño es penúltimo, decimoquinto con solo 6 puntos en su casillero particular de 45 unidades posibles hasta la fecha.

    Porque hay partidos que se pierden en el marcador, pero que siembran algo más profundo.

    Y hay victorias, como esta del Levante en Las Gaunas, que no solo suman, sino que devuelven la vida a las de Orriols que sonríen por primera vez este curso y sueñan con la salvación que ahora se encuentra a tan solo a cuatro guarismos de la salvación que marca el Alhama ElPozo al término de la primera vuelta con nueve puntos.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    DUX Logroño: M. Miralles, M. Masferrer, Rebeca, Milagros Martín (Iria Castro, 79’), Andrea Colomina (Margarita Giménez, 57’), Sandra Perera (Paula Partido, 87’), D. Falfán, Catalina Ongaro (Justina Morcillo, 80’), Isina (C), F. Musolo Mawete, D. Scannapieco (Mía Asenjo, 57’).
    Levante UD: Andrea Tarazona, Teresa Mérida, Eva Alonso, María Gabaldón (E. Le Guilly, 71’), Alharilla (C), Dolores Silva, Carolina Marín, Ainhoa Bascuñán (Zipporah Agama, 80’), Raiderlin Carrasco, Érika González, Ana Franco.

    Amonestaciones: Érika González (min. 77), Carolina Marín (min. 90) Ana Franco (min. 95), Levante UD; Sandra Perera (min. 77), DUX Logroño con tarjeta amarilla.

    Incidencias: Partido correspondiente a la decimoquinta jornada de la Liga Profesional de Fútbol Femenino (Liga F Moeve) que han disputado el DUX Logroño y el Levante Unión Deportiva en el Estadio Municipal de Las Gaunas sobre una superficie se hierba natural.

    Goles |

    0-1 Raiderlin Carrasco 7’ ⚽️
    0-2 Ana Franco 45’ ⚽️
    1-2 Catalina Ongaro 46’ ⚽️
    2-2 Flavine Mawete 56’ ⚽️
    2-3 Érika González 86’ ⚽️

    Vídeo |

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • La crónica | Agote impulsa a las leonas

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬜️ ¡Triunfo vizcaíno! Las de Javier Lerga se impusieron por 1-0 a un conjunto granota que está en caída libre.

    La previa |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    En una mañana fría de diciembre, cuando Lezama amanece cubierta por ese manto de humedad que precede a los grandes días, el fútbol femenino español vuelve a encenderse con un duelo que, más allá de la clasificación, respira historia, orgullo y resistencia. Athletic Club y Levante UD, dos clubes fundacionales del desarrollo del fútbol femenino en España, se cruzan en un momento decisivo de la Liga F Moeve 2025-2026, en situaciones radicalmente distintas pero unidas por una misma urgencia: reafirmarse, reivindicarse, ganar.

    El conjunto de Javi Lerga llega a este partido con uno de los momentos de forma más sólidos de los últimos años.
    Sólo una derrota en los últimos nueve encuentros.
    Una evolución táctica palpable.
    Una identidad que vuelve a ser reconocible: presión, ritmo, intensidad, orgullo.

    El Athletic parece haber recuperado ese ADN competitivo que durante décadas hizo de Lezama una fortaleza emocional y futbolística. Y aunque el curso arrancó entre incógnitas, lesiones y cuestionamientos, el equipo ha respondido donde más importa: sobre el césped.

    No estarán Estefa ni Jone Amezaga, dos futbolistas cuya ausencia se nota tanto en el juego como en el alma del equipo.
    Amezaga, por su desborde y frescura.
    Estefa, por su orden y su pausa.

    Son dos golpes sensibles, pero a estas alturas la plantilla bilbaína ha demostrado una resiliencia que trasciende los nombres propios. El Athletic está creciendo desde el colectivo, desde esa mezcla tan suya de cantera, madurez y convicción.

    La escuadra rojiblanca busca su tercera victoria del curso, un resultado que podría impulsarla hacia una zona media estable y reforzar esa narrativa de reconstrucción que Lerga ha ido tejiendo con paciencia, trabajo y claridad.

    Lezama lo sabe. Y cuando Lezama sabe algo… ruge.

    El Levante U.D, llega a la cita desde el lugar más incómodo de la tabla:
    colista con sólo 2 puntos,
    sin conocer la victoria,
    y arrastrando una temporada marcada por lesiones, ausencias y un arranque que nunca logró despegar.

    Pero esta frase encierra una trampa:
    el Levante no es un colista cualquiera.

    Es un club histórico, campeón, un vivero de talento, un símbolo de dignidad y constancia dentro del fútbol femenino español. Y precisamente por eso su situación actual se siente casi irreconocible, como si una camiseta acostumbrada a competir en Europa hubiese quedado atrapada en un túnel sin luz.

    Ante el Barça (0-4), las levantinistas afrontaron el partido sin ninguna de sus dos porteras titulares:
    • Andrea Tarazona
    • Laura Coronado

    Tampoco estuvieron las centrocampistas Bascu ni Núria Escoms, dos futbolistas capaces de dar aire, tempo y equilibrio al equipo.

    Andrés París está teniendo que reconstruir su idea jornada tras jornada, entre parches, urgencias y la necesidad psicológica de cortar una dinámica que amenaza con instalarse en la plantilla.

    Athletic Club y Levante UD se han enfrentado 27 veces:
    • 11 victorias para el Athletic
    • 4 empates
    • 12 triunfos del Levante

    Un historial casi simétrico, que demuestra que este duelo nunca ha sido uno más. Se juegue en Valencia o en Bizkaia, estos encuentros suelen ser tensos, intensos, cargados de duelos individuales y marcados por la emoción.

    El equilibrio histórico añade un ingrediente más a un partido donde los dos llegan con realidades opuestas pero igual necesidad de puntos y de convicción.

    La afición rojiblanca, acostumbrada a disfrutar y sufrir a partes iguales, sabe que este tipo de partidos marcan temporadas. Lezama no sólo aprieta: acompaña, empuja, sostiene. El Athletic se hace fuerte en casa porque su gente entiende cada gesto, cada duelo, cada esfuerzo.

    Es el tipo de escenario donde el fútbol femenino se vuelve puro, de raíz, de verdad.

    Un domingo de diciembre.
    Una mañana de fútbol.
    Una Liga F Moeve que está viviendo una de sus temporadas más competitivas.
    Dos clubes históricos frente a frente.
    Dos trayectorias opuestas chocando en un punto exacto del calendario que puede cambiar dinámicas, emociones y destinos.

    Esto no es un partido más.
    Es un capítulo más en la historia del fútbol femenino español.
    Es el Athletic queriendo reconstruirse.
    Es el Levante queriendo renacer.
    Es fútbol en su estado más esencial: urgente, dramático, emocional, auténtico.

    Y a las 12:00h, cuando el balón empiece a rodar y las respiraciones se detengan durante un segundo, empezará una batalla deportiva que honrará la historia de ambos escudos.

    #LigaFMoeve | #AthleticLevante

    Y entonces, como si pulsara un botón secreto, filtró un pase que no es un pase, sino una flecha, una idea, una invitación a cambiar el partido.
    El balón viajó entre dos defensoras, arrastrando la atención, abriendo un espacio que no existía medio segundo antes.

    🏆 Liga F Moeve |

    🔥 Athletic Club 🆚 Levante Unión Deportiva 🔥

    📅 Domingo, 7 de diciembre de 2025

    ❤️ Matchday 13 | Día de partido

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 DAZN

    🏟️ Instalaciones de Lezema, Vizcaya

    Los onces |

    El encuentro al detalle |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Los grandes partidos no se anuncian: se sienten. Y cuando el calendario marcó este Athletic Club – Levante UD, en Lezama se abrió una grieta en el tiempo. No una simple jornada de diciembre, no un trámite más de la Liga F Moeve, sino un capítulo de esos que forman parte de la memoria colectiva del fútbol femenino español. Un duelo que lleva veinte años explicando por qué esta liga es grande, por qué este deporte es futuro y, sobre todo, por qué nosotros ya estábamos aquí cuando nadie más estaba, cuando la competición aún se llamaba Liga Iberdrola en aquella 2018-2019, cuando cubrir un partido era casi un acto de fe y resistencia, y el profesionalismo era apenas un horizonte lejano.

    en 2025, con estadios llenos, cámaras múltiples, etiquetas oficiales y narrativas épicas, este Athletic–Levante sigue siendo el mismo clásico de siempre: uno que huele a historia, a barro, a orgullo, a viaje largo, a bufandas que cuentan heridas.
    Lezama se preparó como en los días importantes. El viento frío entraba desde Artxanda, las familias buscaban sitio en la barandilla metálica, y las jugadoras bilbaínas salieron a calentar con esa mezcla de determinación y calma que sólo tienen los equipos que saben que les espera una batalla.

    Era un día marcado, subrayado y rodeado: tercera victoria posible,
    segunda consecutiva,
    una oportunidad real para encender la temporada.
    Pero también era el día en que el Levante Unión Deportiva llegaba como colista, con apenas 2 puntos, con trece jornadas sin ganar y el peso de una historia que nunca se ha llevado bien con la resignación.

    Con el estreno de Elene Gurtubay como titular en Liga F Moeve, el Athletic salió decidido. Y lo hizo a lo grande: balón, ritmo y un primer aviso que pudo ser algo más que un preludio.
    Nerea Nevado probó fortuna con un centro-chut que exigió a una Andrea Tarazona imperial. La arquera levantinista apareció por primera vez para decir que, aunque el Levante sufría, ella no iba a permitir que el partido se rompiera temprano.

    La respuesta granota fue un latigazo:
    Sintia Cabezas, que corre como si el campo fuera una pendiente cuesta abajo sólo para ella, rompió líneas, se llevó a las centrales y obligó a Adriana Nanclares a un mano a mano de esos que resumen todo un plan defensivo. Nanclares, firme, fría, enorme, rechazó con la autoridad de las guardametas que sostienen temporadas enteras con un gesto.

    El partido se abrió. Y cuando digo que se abrió, me refiero a ese fútbol de ida y vuelta que explica por qué este duelo es un clásico:baile táctico, golpes, réplicas, rechaces, carreras,
    el tiempo avanzando sin descanso,
    las gradas conteniendo la respiración.

    Fue entonces cuando Daniela Agote, quien sería MVP del encuentro, empezó a enseñar los dientes. Carrera brutal por banda, quiebro a Alharilla, disparo cruzado… y otra vez Tarazona, milagrosa, deteniendo lo que parecía imposible. Y si una parada era poco, llegaron dos más, consecutivas, casi mágicas, casi crueles: el centro de Nevado, cabezazo de Leire Baños, parada sobre la línea, balón muerto en el área pequeña, otro remate, otra parada.
    Era un asedio del Athletic Club y una resistencia heroica del Levante, un guion antiguo, repetido, reconocible para quienes cubrimos este clásico desde la prehistoria del profesionalismo.

    El Levante también tuvo la suya antes del descanso. Érika González probó desde la frontal, buscando el rincón con un disparo tenso. Pero ahí estaba Nanclares, otra vez protagonista, desviando con mano dura, firme, casi orgullosa. Era un partido de porteras, de nervios, de detalles, de esos que se deciden en el alambre.

    Y así murió la primera parte: con las dos aficiones mirando al campo como quien mira una hoguera antigua, sabiendo que lo que viene después puede cambiar el destino de los dos equipos.

    La segunda parte no empezó: entró. Entró como entran las segundas mitades en los clásicos: con ese murmullo de tensión, de necesidad, de “la siguiente jugada puede ser decisiva”.
    El Athletic Club de Bilbao empujó, siguió empujando, siguió creyendo. Y el Levante, fiel a su historia de orgullo, de garra, de supervivencia, resistió, mordió y respondió.

    Hubo avisos muy serios por parte de las locales que sabían que tenían que ponerle más corazón a cada disputa y lo consiguieron de forma gradual.
    Sara Ortega rozó el palo con un remate precioso.


    Tarazona volvió a aparecer para blocar otro disparo desde la frontal que se envenenó, era un acoso y derribo.
    El Levante U.D. intentaba respirar, pero el Athletic Club ahogaba, insistía, dominaba.

    Hasta que llegó el minuto 70.
    El minuto que divide la tarde entre “lo que fue” y “lo que será”.
    El minuto que tendrá nombre propio durante toda la semana: el minuto de Daniela Agote.

    La jugada nació donde se gestan las grandes decisiones del fútbol vasco: en la banda izquierda, con Nerea Nevado, esa futbolista que entiende el ritmo del equipo mejor que nadie.
    La once alzó la cabeza y esperó lo justo, lo perfecto, lo necesario. No un segundo más, no un segundo menos.

    Ahí apareció Daniela Agote, quien irrumpió en la zona de peligro amén a un bello control orientado con la derecha, un toque de seda que preparaba el disparo.
    Dos pasos dentro del área y una defensora a su espalda intentando recuperarse, no la iban a acogotar, ni mucho menos.
    Tarazona terminó adelantándose lo justo, como quien huele el peligro antes de verlo.

    Lezama callaba, el tiempo se ralentizó y la dorsal número treinta envió el esférico a la jaula para abrir la lata con el 10 y celebrar rugiendo como lo que es, una leona, en el minuto 68 de juego de un compromiso que fue frenético, eléctrico, único.

    Javier Lerga sonrió desde la banda como el que ve consumado su plan a la perfección, porque este no fue un gol cualquiera: es una diana que explica el partido, la temporada, el proyecto y la esencia del Athletic Club.

    Quedaba defender y para defender, el Athletic Club tenía a Nanclares.
    Raiderlin Carrasco, ex del Sporting de Huelva, probó suerte desde el contragolpe con un disparo violento, seco, cargado de rabia y esperanza.
    Nanclares, enorme, respondió con una mano imposible, desviando lo que pudo ser el empate.
    Era la parada que certificaba el triunfo.

    Andrés París lanzó a Inés Rizo y Naolia Traoré buscando luz donde había sombras, pero el Athletic ya estaba en modo muralla. Aguantó, sufrió, resistió y protegió un triunfo que vale más que tres puntos:
    vale impulso, calma, relato, crecimiento.

    Al resonar del pitido final, el Athletic Club alcanzó los 16 puntos, subió a la 9.ª posición y firmó su segunda victoria consecutiva, tercera del curso que le permite sumar ya 16 unidades tras un arranque de temporada indigno para una entidad así.
    El Levante Unión Deportiva , por su parte, sigue colista, decimosexto, con apenas 2 puntos que llevarse a la boca y lleva ya trece jornadas sin conocer la victoria.

    Son ya muchas las voces que, como en su día hiciera todo un maestro de esto como es José Luis Sánchez Vera, ex de la Real Sociedad, el propio Levantep o el Atlético de Madrid, creen firmemente que la apuesta que realizaron en Orriols por reflotar al equipo masculino, puede llevar a las valencianas al ostracismo y el pozo de una Primera RFEF, que no es lugar para un proyecto que hace dos años luchaba por entrar en Europa, seamos claros.

    Pero esta crónica no termina en la clasificación, finaliza donde empezó:
    en la memoria.

    En aquellos días de 2018, cuando casi nadie contaba estos partidos, y la Liga Iberdrola era aún una promesa frágil sostenida por jugadoras que entrenaban de noche y viajaban de día.
    En aquellos campos donde éramos cuatro, y uno era el utillero.
    En esas crónicas escritas al borde de la carretera, sin focos, sin cámaras, pero con convicción.

    Hoy, en 2025, la Liga F Moeve es grande, es visible, es poderosa.
    Pero no olvidamos, no podemos.
    Porque fuimos pioneros en el respaldo al fútbol femenino,
    cubriéndolo cuando todavía no era profesional,cuando aún no había titulares,cuando este Athletic–Levante ya era un clásico para quienes amaban de verdad este deporte.

    Este duelo entre vascas y granotas no fue un clásico más, fue una oda al balompié en su más pura esencia y es que así se escribe la Liga F Moeve.
    Así se cuenta la historia, es que hacemos día a día en cada crónica en un sitio web que hija de la pasión del que sabe tiene nombre de mujer y en el que no descaremos hasta que el fútbol femenino reciba el respaldo y respeto que sobradamente merece, por las que fueron, las que son e incluso las que están por venir.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    Athletic Club: Adriana Nanclares, Naia Landaluce, Bibiane Gabrielle Schulze, Maite Zubieta (Ane Campos, 63’), Ane Azkona (c) (Irene Oguiza, 75’), Leire Baños (Maite Valero, 75’), Nerea Nevado, Sara Ortega, Ane Elexpuru (Nerea Benito, 87’), Daniela Agote, Elene Gurtubay (Clara Pinedo, 63’).

    Levante Unión Deportiva: Andrea Tarazona, Eden Le Guilly (Naolia Traoré, 86’), Teresa Merida, Eva Alonso, Gema Soliveres (Alma Velasco, 54’), Erika González, Ana Franco de la Vega (Raiderlín Carrasco, 66’), Dolores Silva, María Alharilla (c), Sintia Vanesa Cabezas (Inés Rizo, 86’), Carolina Marín (Ainhoa Estévez, 66’).

    Tarjetas amarillas: Elene Gurtubay (45’), Ainhoa Estévez (72’), Sintia Vanesa Cabezas (77’) e Inés Rizo (89’).

    Árbitra: María Eugenia Gil.

    Asistentes: Rita Cabañero y Elena Contreras.

    Cuarta árbitra: Alejandra Raza.

    Incidencias | Partido correspondiente a la decimotercera fecha de la Liga F Moeve 2025-2026 entre el Athletic Club y el Levante Unión Deportiva que se ha celebrado en las instalaciones de Lezama sobre una superficie de hierba natural.

    Goles |

    1-0 Daniela Agote 68’ ⚽️

    Vídeo |

  • La crónica | Pajor lidera la exhibición culé en el Ciutat de Valéncia

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬜️ El conjunto azulgrana se impuso por 0-4 al Levante UD ante los 6.222 espectadores que acudieron a las gradas del estadio Ciutat de València. Ewa Pajor, Kika Nazareth, que fue la MVP del encuentro, Claudia Pina, de penalti, y Alexia Putellas, también desde los once metros, marcaron los goles del cuadro culé.

    La previa |

    (Fuente: UEFA)

    #LigaFMoeve | #LevanteBarça

    🏆 Liga F Moeve 2025-2026

    🔥 Levante Unión Deportiva 🆚 F.C. Barcelona 🔥

    ❤️ Matchday 12 | Día de partido

    🗓️ Domingo, 23 de noviembre de 2025

    ⏰ 18:00 horario peninsular

    📺 DAZN

    🏟️ Estadio Ciutat de Valéncia

    En el corazón de Orriols, donde el Ciutat de València se levanta como una fortaleza de hierro y memoria, el domingo se jugará algo más que un partido. Allí, donde tantas veces el Levante ha resistido contra viento, marea y gigantes, el equipo granota afronta uno de los mayores retos de su temporada: recibir al FC Barcelona, líder sólido y maquinaria de élite continental. Dos puntos frente a treinta. La pesadilla frente al sueño. La desesperación frente al absolutismo competitivo blaugrana.

    Pero este deporte —y más aún el fútbol femenino español, que tantas epopeyas ha regalado en la última década— vive de noches inesperadas, de pulsos imposibles, de historias que se escriben contra el sentido común. Y ese guion improbable es exactamente el que el Levante intentará sostener sobre el césped.

    puntos de 33 posibles. Ninguna victoria en las primeras once jornadas.
    Los números hablan de una temporada durísima, exigente, casi cruel para un Levante que no encuentra continuidad, que no consigue explotar sus virtudes y que vive al límite cada jornada. La llegada de Andrés París al banquillo supuso un intento por reactivar la identidad, pero el estreno ante el Deportivo Abanca (1–0) mostró un equipo aún herido, aún en reconstrucción, con bajas clave y con una plantilla que no ha conseguido enlazar un mismo once competitivo durante varias semanas.

    La lista de ausencias ante el Depor fue devastadora:
    Andrea Tarazona, Sintia Cabezas, Paulina Ali, Gema Soliveres, Bascu, Núria Escoms, Ana Franco y Zipporah Agama.
    Jugadoras que representan solidez defensiva, criterio en la medular, pólvora arriba y, sobre todo, profundidad de banquillo. Sin ellas, París se vio obligado a recomponer una estructura que no ha terminado de respirar. El Levante ha luchado, sí, pero sin continuidad, sin precisión en las áreas, sin esa chispa que en temporadas anteriores hacía de su fútbol una amenaza constante.

    Aun así, esta jornada es distinta. Ni las bajas ni la lógica matemática importan tanto. Lo que se busca es un punto de inflexión emocional. Un partido que marque un antes y un después. Una actuación colectiva que devuelva al vestuario la sensación de pertenencia, de fuerza, de orgullo. Si existe un escenario para hacerlo, ese es el Ciutat de Valéncia.

    El Barça aterriza en Valencia como líder de la Liga F Moeve con 30 puntos de 33, con solo una derrota en once jornadas, con un estilo incomparable en España y con un talento que no requiere presentación. Sin embargo, llega con matices. El reciente empate ante el Chelsea (1–1) en Champions ha evidenciado que el conjunto blaugrana es formidable, sí, pero no infalible. Que su dominio puede sufrir desgastes. Que la temporada empieza a acumular kilómetros de alta exigencia.

    La baja de Patri y Salma, especialmente, dibuja un Barcelona que mantiene su esencia —posesión, ritmo, amplitud, presión tras pérdida— pero que pierde mordiente vertical, transición explosiva y llegada desde segunda línea.

    El Barça sigue siendo un gigante, pero uno que llega a Valencia con una plantilla tocada y con la obligación de gestionar esfuerzos antes de las últimas semanas intensas.

    La ausencia de Salma obliga a buscar caminos más asociativos, menos verticales, lo que puede enredar el partido si el Levante cierra pasillos centrales. Sin Patri, la distribución recae en una construcción más coral.

    El Barça sabe que, si el partido se convierte en un intercambio táctico, tiene todas las ventajas. Si se convierte en una batalla emocional, el Levante tendrá opciones de incomodar.

    El fútbol suele juzgar realidades como si fueran sentencias inamovibles, pero este deporte ha demostrado demasiadas veces que una sola noche puede transformarlo todo. Si el Levante puntúa —si compite, si vibra, si recupera su espíritu— el impacto emocional podría ser gigantesco. No solo para salir de la zona baja, sino para recuperar identidad.

    Para el Barça, en cambio, el objetivo es otro: cerrar la jornada como líder sólido, sin fisuras, manteniendo la distancia y recuperando sensaciones tras el choque europeo. Un pinchazo, incluso un empate, podría volver a abrir la Liga y aumentar el ruido competitivo.

    Barça se marcha al parón con 33 puntos, seis por encima del segundo, con un fútbol que mezcla ciencia y magia, colmillo y poesía. Pajor ya es amenaza constante. Pina renace. Kika Nazareth vive en un estado de gracia insultante. Alexia sigue siendo brújula emocional. Laia, equilibrio. Las demás, engranajes perfectos de una maquinaria que parece no tener techo.

    En este estadio, el Levante ha caído, ha renacido, ha marcado goles imposibles y ha sobrevivido a tormentas. Es un campo que huele a resistencia, donde el público entiende cuándo su equipo sufre y cuándo necesita un empujón emocional. Y el domingo, más que nunca, el equipo necesitará a su gente.

    Porque enfrente está el Barça. El más grande. El más temido. El rival que convierte la victoria granota en una hazaña.
    Y precisamente por eso, este partido sabe a algo distinto.
    A épica.
    A desafío.
    A una oportunidad para escribir un capítulo inolvidable.

    Así vivimos el último partido de la jornada |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Los onces |

    Hay noches de fútbol. Y hay noches que atraviesan el fútbol. Noches que no sólo se juegan, sino que se sienten. Que te rodean, te encogen el pecho y te obligan a entender que, a veces, un partido es más que un partido. El Ciutat de València, con sus 6.222 almas, se preparaba para un duelo que iba mucho más allá de la clasificación, más allá de los puntos, más allá del miedo a un Barça imparable. Había una vibración emocional antes del pitido inicial, una especie de electricidad triste, un murmullo compartido.

    Las jugadoras de Levante UD y FC Barcelona, lado a lado, sosteniendo una pancarta contra la violencia machista, miraron hacia la grada en un gesto que decía más que cualquier himno. Luego llegó ese minuto de silencio que no fue silencioso: se escucharon respiraciones temblorosas, un sollozo aislado, un suspiro profundo que comenzó en el fondo de la grada y pareció recorrer de manera invisible todo el estadio. Fue un silencio con peso. Un silencio que acompañaba heridas. Un silencio que decía: aquí estamos. Juntas.

    Cuando el balón echó a rodar, ya todos sabíamos —aunque no quisiéramos reconocerlo— que aquella noche no sería una más en la Liga F Moeve. Y la competición respondió. Respondió con su corazón más puro.

    El Barcelona apareció en el Ciutat como lo hacen los grandes emperadores antes de entrar en una batalla que saben que controlan antes de empezar: no de forma arrogante, sino con una calma que intimida más que cualquier grito. Pajor, Pina, Kika, Alexia… nombres que suenan a arte, a historia, a presente luminoso.

    El Levante, herido, último, pero jamás arrodillado, se colocaba en su trinchera, sabiendo que cada balón sería un pulso contra la lógica. Había orgullo en cada gesto de Teresa Mérida, en la valentía de Alma Velasco, en la mirada firme de Anna Álvarez que, en su debut, sabía que aquella noche iba a ponerla a prueba como pocas veces en su carrera.

    A los catorce minutos ocurrió la primera pincelada maestra, esa que sólo las que ven el fútbol a cámara lenta pueden crear. Kika Nazareth, que jugaba entre líneas con la naturalidad de quien respira, recibió el balón en la frontal, levantó la cabeza, vio un espacio minúsculo donde el resto veía una muralla, y filtró un pase que parecía escrito por dentro.

    El balón viajó como si supiera exactamente qué debía ser. Pajor lo entendió antes que nadie. La polaca no controló: domó. Se perfiló, acomodó el cuerpo y golpeó con una frialdad que heló la sangre. Un disparo seco, sin adornos, sin dudas. Anna Álvarez voló como si su vida dependiera de ello, pero la pelota ya había elegido su destino: la red para hacer el 01 antes del primer cuarto de hora.

    El cero a uno como un puñetazo envuelto en terciopelo. El Barça no gritó. No necesitaba hacerlo. Su fútbol era la celebración.

    Pero el Levante no se desmoronó. No. Se mantuvo como quien atraviesa una tormenta sin paraguas pero sin perder la dignidad. El equipo azulgrana pudo sentenciar antes del descanso: penalti de Alma Velasco sobre Sydney Schertenleib. Era una jugada de inflexión. Claudia Pina se situó ante el punto de penalti.
    Respiró y retrocedió tres pasos.
    Miró el balón y lo mandó demasiado alto para dejar con vida a las locales.

    La grada explotó en un rugido de alivio. Esas cosas no se celebran. Se sobreviven. El Levante, de repente, sentía que todavía le quedaba aliento para seguir vivo.

    El descanso trajo un detalle táctico que no siempre aparece en los titulares, pero que transforma partidos: Laia Aleixandri entró al campo y reordenó el universo. Su entrada en el centro del campo dio equilibrio, mando y sentido. Y el Barça —ese Barça que cuando encuentra armonía se convierte en un fenómeno casi natural— se activó como si alguien hubiera pulsado un interruptor invisible.

    Cuatro minutos después, el partido volvió a inclinarse a favor del subcampeón de Europa Claudia Pina, que necesitaba reivindicarse, que necesitaba gritar desde dentro que el penalti fallado no la definía, levantó la cabeza y vio a Kika Nazareth en movimiento. Y cuando Kika se mueve, pasan cosas.

    El pase fue quirúrgico. Kika controló con un temple que parecía desafiar la gravedad y la prisa. Dio un paso, otro. Ajustó el cuerpo. Engañó a Anna Álvarez sin apenas gesto. Y colocó el balón donde viven los goles bonitos para poner el 02 en el minuto 51 que provocó desazón en el público local.

    Pero esa noche, el Levante todavía tenía una historia que contar. Érika González recibió un balón fuera del área, levantó la vista y decidió que el miedo no iba a escribirse en su guion. Le pegó con el alma. Con rabia. Con todas las frustraciones acumuladas en una temporada que se ha vuelto cuesta arriba.

    El larguero estalló en un sonido seco, brutal, que dejó a Gemma Font congelada. Por un segundo, el Ciutat creyó que aquello era un punto de inflexión.
    Por un segundo, el Barça se vio vulnerable.
    Por un segundo, la historia pudo cambiar, más fue un espejismo.

    La respuesta blaugrana llegó desde los pies de Kika, que volvió a aparecer como si estuviera jugando su propio partido dentro del partido. Su chut raso lo atajó Anna en dos tiempos, pero en la acción había un detalle que el Barça no dejó pasar: contacto de Teresa Mérida. Las jugadoras pidieron revisión. La colegiada acudió al monitor. El Ciutat contuvo el aliento tras la señalización de un penalti que fue aprovechado por la joven y talentosa Claudia Pina para poner el 03 que era ya una semi sentencia en el 72 del duelo.

    La respuesta blaugrana llegó desde los pies de Kika, que volvió a aparecer como si estuviera jugando su propio partido dentro del partido. Su chut raso lo atajó Anna en dos tiempos, pero en la acción había un detalle que el Barça no dejó pasar: contacto de Teresa Mérida. Las jugadoras pidieron revisión. La colegiada acudió al monitor. El Ciutat contuvo el aliento.

    La once no falló tras un nuevo penalti e instauró el 04 definitivo que la reivindicó en el 98 como una emperatriz que no necesita coronas para que el mundo recuerde quién es por siglos y centurias.

    El Levante, con apenas 2 puntos, vuelve a quedar marcado por una realidad cruel. Pero no está muerto. Ni rendido. Ha mostrado dolor, sí. Pero también orgullo. Y esa madera de Érika, esa parada de Anna, ese rugido del Ciutat… hablan de un equipo que aún tiene alma para pelear y se tendrá que reinventar durante la fecha FIFA para afrontar con garantías el próximo partido ante el Athletic Club en Lezama, pero de momento, la situación es dramática.

    La Liga F Moeve ganó enteros en el último partido de la duodécima jornada , porque emocionó y venció porque, en noches como esta, el fútbol femenino se muestra en su forma más pura, valiente y extraordinaria.**

    Y en ese eco final del Ciutat de València, cuando las jugadoras ya caminan hacia el túnel y el silencio vuelve a caer como una manta sobre el césped, uno entiende que esta Liga no sólo crece:
    se vive.
    Se vibra.
    Se ama.

    Y partidos así —intensos, dolorosos, hermosos— son la prueba de ello, nos leemos ya en la gran final de la Liga de Naciones entre Alemania y España, toca cambiar el chip.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    Levante Unión Deportiva: Álvarez; Alma, Le Guilly, Merida, Gabaldón; Alharilla (Ana Franco, Min 68), Carol (D. Luque, Min 85), Dolores, Alonso, Sintia (R. Vargas, Min 68); Érika (N. Traoré, Min 86).

    Barcelona : Gemma; Aïcha, Marta, Paredes, O. Batlle (C. Martínez, Min 65); Vicky, Serrajordi (Laia Aleixandri, Min 46), Sydney (Alexia, Min 73); Kika, Pajor (Graham, Min 65), Pina (Aitana, Min 73).

    Àrbitra: Trujillano Gallardo.

    Goles |

    0-1 Ewa Pajor 14’ ⚽️
    0-2 Kika Nazareth 56’ ⚽️
    0-3 Claudia Pina (P.) 71’ ⚽️
    0-4 Alexia Putellas (P.) 97’ ⚽️

    Incidencias | Partido correspondiente a la duodécima jornada de la Liga F Moeve 2025-2026 entre el Levante Unión Deportiva y el Barcelona que se ha celebrado en el Ciutat de València sobre una superficie de hierba natural.

    Vídeo |

    https://youtu.be/JwilV2LaMBE?si=IHIsQL7qgEAKV8s-

  • La crónica | Marisa hurga en la herida granota para abrir la undécima fecha

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ ¡Triunfo gallego! Las de Fran Alonso se impusieron por 1-0 a las de Orriols en A Coruña.

    La previa |

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    Hay estadios que no entienden de clasificaciones, ni de inercias, ni de estados de ánimo. Hay templos —pocos— que transforman partidos de noviembre en noches de marzo, duelos de barro en epopeyas que marcan temporadas. Riazor, con su mezcla de historia, viento y latidos, es uno de ellos. Y este fin de semana se abre para acoger un choque que desprende el magnetismo de las grandes urgencias: Deportivo Abanca vs. Levante UD Femenino, un duelo que, a estas alturas, ya vale media vida.

    Porque no es un partido. Es una necesidad. Para unas, reafirmarse. Para otras, resucitar.

    Deportivo Abanca llega a la cita con una frontera dibujada a fuego: 7 puntos, justo los mismos que marcan la permanencia, con solo dos de colchón sobre el infierno del descenso. No es ventaja; es un paracaídas medio roto. Pero en A Coruña hay algo que no se está rompiendo: la convicción.

    Fran Alonso, técnico de verbo templado y mirada larga, lo dejó claro en rueda de prensa.

    “Tenemos que afrontar el partido con confianza porque en realidad, el trabajo que están haciendo las jugadoras es muy bueno.”

    Lo dice con credenciales. Lo dice porque lo ve. Lo dice porque, pese a las dificultades, su Depor compite, muerde, corre y se vacía. Pero también lo dice porque sabe que este partido es un punto crítico en la hoja de ruta.

    Cuatro piezas que en un equipo que vive al límite pesan más que en cualquier otro. Cuatro nombres que obligarán a reinventarse, a mezclar jóvenes y veteranas, y a pedir un esfuerzo más a un bloque que ya ha demostrado compromiso férreo.

    El Depor, sin embargo, tiene una arma que no figura en los partes médicos ni en las fichas técnicas: su gente. Riazor, con su mar a dos pasos y su historia en las paredes. Riazor, que cuando huele debilidad se convierte en un refugio blindado y, cuando percibe esperanza, empuja como un vendaval del Atlántico.

    Enfrente llega un Levante UD colista, con apenas 2 puntos, sin victorias y con la sensación de que el traje se ha ido estrechando jornada tras jornada. El equipo granota camina sobre el alambre, mirando abajo y entendiendo que cada semana es un examen de supervivencia.

    Por eso la noticia no está solo en la clasificación, sino en el banquillo:

    Un cambio que lo altera todo. Porque cuando debuta un técnico, lo hace también una idea nueva, una energía nueva, un discurso que busca encender a un vestuario que necesita creer. Los equipos que cambian de entrenador suelen competir como si se jugaran la final de la Champions. Y el Levante, que aún no ha probado la victoria en el curso, necesita que la chispa llegue ya.

    El Levante llega al norte con un libreto desconocido, un plan sorpresa que Fran Alonso todavía no ha visto en vídeo. La incógnita es parte del peligro. Nadie sabe si París apostará por bloque bajo y contragolpe, si meterá líneas adelantadas o si buscará una presión furiosa para intentar descolocar al Depor desde el primer pase. Lo único seguro es que este Levante va a salir mordiendo.

    Y el mensaje interno en el vestuario visitante es claro:

    “Si no empezamos a sumar ya, luego ya no habrá tiempo.”

    Este es el clásico partido que un aficionado neutral marcaría con rotulador rojo. No por nombre, no por glamour: por dramatismo.

    El Depor juega para seguir respirando.

    El Levante juega para no quedarse sin aire. Si las locales ganan, darán un salto emocional que puede cambiar la trayectoria del curso.

    Si el Levante puntúa, se mete definitivamente en la pelea por la salvación.

    Si el Levante gana, cambia la Liga.

    Es así de sencillo. Y así de duro.

    Riazor será un escenario perfecto para una tarde que huele a épica.

    Y cuando el Depor juega épicas, el fútbol femenino español suele ganar partidos que se recuerdan.

    Pero si hay un equipo herido que quiere levantarse, también suele ser el Levante.

    Duelo de urgencias. Duelo de identidad. Duelo de necesidad.

    El tipo de encuentro que no decide un título… pero sí una temporada.

    El encuentro al detalle |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    LigaFMoeve | #DéporABANCALevante

    🔜 𝙉𝙀𝙓𝙏 𝙂𝘼𝙈𝙀

    🏆 Liga F Moeve 2025-2026

    🔥 Deportivo Abanca 🆚 Levante Unión Deportiva 🔥

    🩷 Matchday 11 | Día de partido

    📅 Viernes, 14 de noviembre de 2025

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    📺 DAZN

    🏟️ Estadio de Riazor

    Los onces |

    El Deportivo Abanca venció por 1-0 al Levante Unión Deportiva en el duelo que abrió la undécima jornada de Liga F Moeve.

    Marisa, a pase de Ainhoa Marín, que fue la MVP del encuentro, anotó el único tanto del partido para certificar el triunfo local, y amargar el estreno de Andrés París como nuevo técnico granota.

    El duelo llegaba marcado por la angustia. El Levante U.D.colista, encontraba en la figura de Andrés París un nuevo arquitecto para reconstruir una identidad deshilachada.

    El Deportivo Abanca, mientras tanto, defendía la permanencia con uñas, dientes y una grada que acompañó desde el primer silbido de María Gloria Planes Terol.

    Las granotas salieron valientes, con energía renovada, con ese típico impulso de los equipos que estrenan entrenador. Pero muy pronto quedó claro que Riazor quería que fuera día de Depor, y el partido se tiñó de blanquiazul.

    El Depor tocaba, movía y buscaba espacios. El balón merodeaba la portería de Laura Coronado, que tuvo que reaccionar pronto para despejar un envío venenoso al área pequeña. La presión gallega crecía minuto a minuto.

    Marisa, siempre presente, siempre inquieta, conectó un testarazo que rozó la opción del primer gol. Y entre ataques y rechaces, Esperanza Pizarro, pura electricidad en las botas, empezaba a encender pequeñas alarmas en la defensa levantinista. Su primer chut —un latigazo que se marchó por encima del larguero— fue un aviso del vendaval que se venía.

    El Levante, herido pero no rendido, quiso responder. Eden Le Guilly probó desde lejos, intentando sorprender a Inês Pereira. Fue un disparo más de esperanza que de peligro, pero hizo bajar un silencio leve en la grada. Los partidos de nervios son así: cualquier balón que se acerca al área vale un escalofrío.

    Los minutos finales del primer tiempo fueron un asedio en toda regla. El Deportivo atacaba con sentido, con llegada, con ambición. Era un equipo que sabía que los puntos valen oro en el mes de noviembre.

    Primero, Laura Coronado realizó una parada en dos tiempos sensacional ante Olaya. Riazor se levantó. Luego, Eva Alonso, providencial, taponó un chut de Pizarro que olía a gol.

    Los minutos pasaron y no había manera de resquebrajar el equilibrio y las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con el resultado gafas, quedando todo pendiente de resolución en el segundo y definitivo acto en suelo galaico.

    El Depor volvió del vestuario como un martillo pilón que no quería dar opción a las de verde.


    Nada más arrancar la segunda mitad, el conjunto gallego aceleró. Olaya Rodríguez probó desde fuera del área con un tiro ajustado que lamió el palo. El Depor jugaba como un equipo que sabe que el gol está cerca.

    Y entonces llegó la acción que hizo temblar a medio estadio amén a un disparo con la diestra de la asturiana Érika González que fue pura potencia, pero no encontró puerta a pesar de ser una de esas acciones que pueden cambiar un duelo parejo, pero acabó estrellándose con virulencia en la maderera para dejar al público local sin aliento por unos segundos, la fortuna se alió con las locales.

    Las grandes jugadoras no solo aparecen; reaparecen cuando más se necesitan. Y en el minuto 55, Ainhoa Marín, que estaba firmando un auténtico partidazo, dibujó una delicatesen desde la banda zurda y tuvo la templanza de enviar un esférico medido, de color amarillo por ser invierno, hacia una Marisa que armó su pierna derecha y conectó un misil con cierta rabia que hizo estéril la estirada de Laura Coronado y acabó besando las mallas para abrir la lata con el 1-0 en el minuto 56 que fue una obra de arte de la delantera cedida por el Real Madrid que levantó de sus asientos al público de Riazor.

    Cinco minutos después, Esperanza Pizarro, en plena inspiración, casi firma uno de los tantos del año: un gol olímpico que se quedó a centímetros de enredarse en la red. Coronado y el viento gallego frustraron una obra maestra que ya se celebraba en la grada, pero la oportunidad se fue al limbo.

    Andrés París lo vio claro: o cambiaba algo, o el Depor se adueñaría del partido.
    Dentro Inés Rizo.
    Dentro Naolia Traoré.
    Más pólvora. Más piernas. Más revolución.

    Y la revolución, durante unos minutos dio sus frutos y las visitantes dieron un paso adelante en busca de la igualada y dejó hueco a unos últimos diez minutos épicos que fueron puro drama en clave blanquiazul.

    El Levante U.D. colgaba centros a la desesperada. Balón por aire, balón por bajo, balón dividido. Todo valía.

    Pero este Depor, que a veces sufre, esta vez se hizo fuerte.
    La defensa —Samara, Raquel, Barth, Paula Novo— fue un muro.
    Y cuando hubo dudas, Inês Pereira estuvo firme y nada más digno de ser resaltado tuvo lugar antes del final.

    Con esta exigua renta, que vale un potosí, el Deportivo Abanca escala provisionalmente hasta la undécima plaza liguera con 10 unidades en su haber, ocho más que un Levante Unión Deportiva que no es capaz de reaccionar con la llegada del míster, Andrés París, sigue siendo colista de la Primera División Femenina 2025-20206.

    El nuevo director técnico sabe que tiene por delante una salvación cada vez más utópica, próxima estación, recibir al Fútbol Club Barcelona en Buñol.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    Deportivo Abanca: Inês Pereira; Samara Ortiz, Raquel García, Barth, Paula Novo; Henar (Lucía Martínez, 79’), Paula Gutiérrez (Paula Redru, 91’), Olaya, Espe Pizarro (Michi Apostol, 79’), Ainhoa Marín (Bárbara, 91’) y Marisa (Millene, 68’).

    Levante UD: Laura Coronado; E. Le Guilly, Alma (N. Traoré, 68’), Teresa, Eva Alonso, Núñez (Inés, 67’), Érika, Dolores, Gabaldón (Alharilla, 68’), R. Carrasco (D. Luque 87’) y Carol.

    Árbitra: María Gloria Planes (Murcia). Amonestó a Henar (Depor) y a Dolores, Alharilla y E. Le Guilly (Levante UD) con tarjeta amarilla .

    Incidencias: Estadio de Riazor (A Coruña). Jornada 11 de La Liga F Moeve que han jugado el Deportivo Abanca y el Levante U.D. ante 857 espectadores sobre una superficie de hierba natural.

    Goles :

    1-0 Marisa 56’ ⚽️

    Vídeo:

    https://youtu.be/hc8GfktGkUw?si=6aZV5qLySAadJAVp

  • La crónica | Las Gloriosas desafían al temporal y sellan una victoria histórica: el Alavés tumba al Levante y avanza en la Copa de la Reina

    (Fuente: Deportivo Alavés Gloriosas)

    ▶️ En una tarde de viento, agua y coraje, el equipo vitoriano se impuso con fútbol, fe y carácter para firmar una clasificación que sabe a mucho más que un pase: sabe a orgullo albiazul.

    Publicidad de Netflix

    🔺NETFLIX DESVELA LA FECHA DE ESTRENO, EL TEASER Y PRIMERAS IMÁGENES DE AGATHA CHRISTIE: LAS SIETE ESFERAS

    Netflix ha anunciado hoy la fecha de estreno, el teaser tráiler y las primeras imágenes de Agatha Christie: Las siete esferas, que llegará a Netflix el próximo 15 de enero.

    La serie está protagonizada por Mia McKenna Bruce (How To Have Sex) como Lady Eileen “Bundle” Brent, Helena Bonham Carter (Los niños de Winton, Nolly) como Lady Caterham, Martin Freeman (El vigilante nocturno, Black Panther) como Battle, Corey Mylchreest (La reina Carlota: Una historia de Los Bridgerton) como Gerry Wade, Ed Bluemel (Killing Eve, Sex Education) como Jimmy Thesinger, y Nabhaan Rizwan (KAOS) como Ronnie Devereux.

    Inglaterra, 1925. En una lujosa fiesta en una casa de campo, una broma parece haber salido terriblemente —y mortalmente— mal. La tarea de resolver el misterio recaerá en la menos esperada de las detectives: la vivaz e inquisitiva Lady Eileen “Bundle” Brent, quien deberá desentrañar una escalofriante conspiración que cambiará su vida y pondrá al descubierto los secretos más oscuros de la alta sociedad inglesa. Una ingeniosa, épica y trepidante adaptación de la reina del crimen, Agatha Christie, que cobra vida en una nueva y emocionante versión para Netflix.

    Agatha Christie: Las siete esferas ha sido escrita por Chris Chibnall (Broadchurch, Doctor Who), creador de Broadchurch, y cuenta con la producción ejecutiva de Suzanne Mackie (The Crown), a través de su compañía Orchid Pictures, y Chris Sussman (Good Omens). Chris Sweeney (The Tourist, Back to Life) dirige y también ejerce como productor ejecutivo.

    Chris Chibnall producirá ejecutivamente la serie a través de su compañía Imaginary Friends, mientras que James Prichard, de Agatha Christie Limited, también participa como productor ejecutivo. Andy Stebbing se suma como productor ejecutivo y Joanna Crow continúa como productora de la serie.

    Los onces |

    En una tarde de viento, agua y coraje, el equipo vitoriano se impuso con fútbol, fe y carácter para firmar una clasificación que sabe a mucho más que un pase: sabe a orgullo albiazul.

    El microclima de Ibaia volvió a hacer de las suyas. Viento arremolinado, lluvia en diagonal, un frío cortante que parecía querer congelar hasta las ideas. Pero ni la tormenta ni la leyenda del Levante pudieron con el alma del Deportivo Alavés Gloriosas, que firmó una jornada redonda, de esas que se graban en la memoria colectiva del club.


    Un 3-0 contundente, trabajado, hermoso y simbólico que mete al conjunto vitoriano en los octavos de final de la Copa de la Reina, derribando a todo un histórico de la Liga F Moeve con una lección de valentía, fútbol vertical y precisión quirúrgica.

    El temporal fue rival, escenario y metáfora. Porque las Gloriosas no solo domaron al viento, también domaron a un Levante crepuscular, con más nombre que alma y con las cicatrices de un pasado glorioso que ya suena a eco.

    partido arrancó como suelen hacerlo los días imposibles en Ibaia: con el balón corriendo más que las jugadoras, con los despejes convertidos en aventuras y con los técnicos gritando para hacerse oír entre las ráfagas. Pero el Alavés, lejos de achicarse, salió a mandar.
    Andrea Esteban apostó por un plan reconocible: tres piezas sólidas en el centro, bandas amplias y el eje del juego girando hacia el costado izquierdo, donde Merche Izal y Raquel Gil formaron un binomio demoledor.

    El Levante Unión Deportiva , con la solera que le da su nombre, intentó hacerse fuerte desde la posesión, pero la sensación era clara: el alma albiazul rugía más. El bloque granota resistía, pero cada minuto que pasaba aumentaba la sensación de que la tormenta —de goles— estaba al caer.

    Durante la primera media hora, eso sí, el partido se mantuvo en una especie de guerra fría futbolística. Un remate tímido de Castellanos en el 7’, una respuesta de Gaste en el 26’ y poco más. Todo lo demás era empuje, lucha, caídas en el barro y la búsqueda desesperada de precisión en un césped en el que cada pase parecía una batalla ganada.

    Hasta que llegó el minuto 39.
    Un robo altísimo, una presión asfixiante y una aparición quirúrgica: Ainhoa Guallar cazó el balón dentro del área y, sin titubear, mandó el cuero a la red para abrir la lata con el 10 en el minuto 39 de la primera mitad.

    El tanto fue una explosión de alegría en Ibaia, valía oro y se produjo en un momento psicológico al producirse al borde del entretiempo.

    Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con exigua renta para las vitorianas, pero aún restaban cuarenta y cinco minutos por jugar en el País Vasco.

    El tanto cambió todo. El Alavés se soltó, se creyó más y mejor. El Levante, en cambio, se fue diluyendo como el agua sobre la hierba. Érika, la más inspirada de las valencianas, intentó tirar del carro, pero sus fogonazos fueron fuegos de artificio ante un equipo vitoriano en plena ebullición.

    Tras el descanso, el guion se mantuvo: las Gloriosas mandaban, el Levante sobrevivía. Pero en el 65’ llegó el gran susto. Núñez, recién ingresada, se plantó sola ante Sofía Fuente, que respondió con una parada monumental, de esas que cambian destinos.
    Esa intervención fue el punto de inflexión. Un aviso del destino.

    Cinco minutos después, Carmen Sobrón rompió el fuera de juego, controló con clase y picó el balón con sutileza ante Coronado para dejar un golazo antológico digo de ser aplaudido y era el 20 en el minuto 70 que ponía a las granotas contra las cuerdas y al borde del abismo.

    El público lo entendió al instante: aquello ya era historia.Y por si quedaba alguna duda, en el 74’ Merche Izal cazó un rechace tras un disparo de Almudena para firmar el 30 que ya era muy contundente .
    Llegó el éxtasis. El marcador de los sueños. El grito que ahogaba la lluvia.

    Con el 3-0, Ibaia se convirtió en un festival. Paula León, recién entrada, quiso su parte de gloria: en el 81’, con un disparo seco y raso, hizo el definitivo 40 en el luminoso con el que la delantera cedida por el Madrid CFF le echó sal a la herida de las valencianas que han vivido tiempos mejores.

    El único nubarrón fue la lesión de Nayadet, que se marchó con gestos de dolor, aunque todo apunta a que se quedará en un susto.

    El resto fue celebración, orgullo y conciencia de que este equipo está para mucho más que resistir.
    Las Gloriosas se ganaron su billete a los octavos y lo hicieron jugando al fútbol, desafiando a la lógica y demostrando que el espíritu albiazul no entiende de divisiones ni de meteorología.

    A finales de diciembre, cuando vuelva a rodar el balón de la Copa en Ibaia, el Alavés estará ahí, entre los dieciséis mejores del país, dispuesto a seguir escribiendo capítulos que se lean con el corazón acelerado.

    📋 Ficha técnica :

    Deportivo Alavés Gloriosas: Sofía; Gaste (Laia, 81’), Pichi, Altamira, Merche Izal; Nayadet, Navajas (Almudena, 72’), Viles (Claudia Fernández, 81’); Guallar, Raquel (Paula León, 61’) y Carmen Sobrón (Elene, 81’).
    Levante UD: Coronado; Gabaldón (Luque, 72’), Le Guilly, Eva Alonso, Alma, Carrasco; Carol (Traoré, 71’), Dolores, Érika (Inés, 76’); Castellanos (Núñez, 46’) y Agama (Kalu, 46’).

    El único nubarrón fue la lesión de Nayadet, que se marchó con gestos de dolor, aunque todo apunta a que se quedará en un susto.

    El resto fue celebración, orgullo y conciencia de que este equipo está para mucho más que resistir.
    Las Gloriosas se ganaron su billete a los octavos y lo hicieron jugando al fútbol, desafiando a la lógica y demostrando que el espíritu albiazul no entiende de divisiones ni de meteorología.

    A finales de diciembre, cuando vuelva a rodar el balón de la Copa en Ibaia, el Alavés estará ahí, entre los dieciséis mejores del país, dispuesto a seguir escribiendo capítulos que se lean con el corazón acelerado.

    📋 Ficha técnica

    Deportivo Alavés Gloriosas: Sofía; Gaste (Laia, 81’), Pichi, Altamira, Merche Izal; Nayadet, Navajas (Almudena, 72’), Viles (Claudia Fernández, 81’); Guallar, Raquel (Paula León, 61’) y Carmen Sobrón (Elene, 81’).

    Árbitra: Acevedo Dudley. Amonestó a Carrasco (57’) con tarjeta amarilla.

    Incidencias: Partido correspondiente a la tercera ronda de la Copa de la Reina Iberdrola 2025-2026, disputado en la Ciudad Deportiva José Luis Compañón (Ibaia) sobre césped natural.

    Goles |

    1-0 Guallar 39’ ⚽️
    2-0 Carmen Sobrón 70’ ⚽️
    3-0 Izal 74’ ⚽️
    4-0 Paula León 81’ ⚽️

    Dicen que en Ibaia el tiempo tiene vida propia. Que allí el viento no sopla, ruge. Que la lluvia no cae, golpea. Y que, entre tanta adversidad, solo los equipos con alma sobreviven.
    El Deportivo Alavés Gloriosas no solo sobrevivió: reinó.
    Y lo hizo con ese aire de epopeya que solo tienen los triunfos nacidos de la fe, del trabajo y del barro.

    Las Gloriosas no solo ganaron un partido, sino que dieron la campanada al tumbar un equipo histórico de la Liga F Moeve, categoría superior a la suya, y ya esperan un nuevo rival en los octavos de final del torneo copero.