🟣 Tras meses de recuperación tras una fractura de peroné sufrida en la Liga de Campeones Femenina, Gio Queiroz ha completado su primer entrenamiento sobre el césped en Alcalá de Henares. El Atlético de Madrid Femenino observa con esperanza cómo su atacante se aproxima a la reincorporación plena, reforzando la ilusión de la afición rojiblanca y la competitividad del equipo en la Liga F Moeve, Copa de la Reina y en Europa.
El Club Atlético de Madrid ha dado un paso decisivo hacia la recuperación de uno de sus activos más valiosos del ataque femenino, Gio Queiroz. La joven futbolista, que sufrió una grave lesión de peroné el pasado 17 de octubre de 2025 durante un encuentro de la Liga de Campeones Femenina frente al Manchester United Women, ha iniciado la fase final de su proceso de rehabilitación con un primer entrenamiento sobre el césped de Alcalá de Henares.
El vídeo publicado en las redes sociales oficiales del club muestra a Queiroz en una sesión supervisada por el cuerpo técnico y médico del Atlético de Madrid, realizando ejercicios específicos diseñados para evaluar su movilidad, fuerza y confianza en el terreno de juego. La imagen de la atacante avanzando con seguridad y control sobre el césped supone un hito simbólico y práctico: tras varios meses de ausencia, el retorno al grupo parece cada vez más cercano, y el club transmite un mensaje de optimismo y prudencia en la gestión de su recuperación.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) January 19, 2026
La lesión se produjo en un partido de máxima exigencia, en el que Queiroz sufrió una entrada contundente por parte de la defensora neerlandesa Dominique Janssen.
La fractura de peroné supuso un periodo prolongado de recuperación, implicando sesiones intensivas de fisioterapia, fortalecimiento muscular y readaptación progresiva al entrenamiento con balón. Desde entonces, la futbolista ha seguido un protocolo riguroso diseñado para minimizar riesgos, garantizar la recuperación total de la articulación y permitirle reincorporarse a la competición sin limitaciones físicas.
Gio Queiroz, exjugadora del Madrid CFF, se incorporó al Atlético de Madrid con la expectativa de reforzar el ataque y aportar desequilibrio en la delantera. Su trayectoria destaca por una combinación de velocidad, habilidad técnica y capacidad de definición, cualidades que la convirtieron en pieza clave del club madrileño y en una de las figuras emergentes de la Liga F Moeve.
La interrupción de su temporada por la lesión generó un vacío en la plantilla, que exigió ajustes tácticos y estrategias alternativas por parte del cuerpo técnico. Ahora, la progresiva reincorporación de Queiroz anticipa la vuelta a la dinámica ofensiva habitual, con posibilidades de incrementar el potencial goleador y la competitividad del equipo tanto en el campeonato nacional como en las competiciones europeas.
La coordinación entre fisioterapeutas, preparadores físicos y entrenadores ha permitido que Gio Queiroz avance con seguridad hacia su reincorporación plena.
El club, consciente de la relevancia de esta etapa, ha compartido el vídeo con la afición, no solo como un anuncio de esperanza, sino como un testimonio del trabajo constante detrás de cada regreso al césped. La publicación refleja la filosofía rojiblanca: paciencia, profesionalidad y compromiso con la salud de sus futbolistas. La imagen de Gio Queiroz entrenando sobre el césped simboliza no solo su recuperación física, sino también su fortaleza mental y su determinación por volver a contribuir al Atlético de Madrid Femenino.
El primer entrenamiento de la atacante ha sido supervisado minuciosamente por el equipo médico del club, que ha evaluado su respuesta a los ejercicios de carrera, cambios de dirección y contacto con el balón. Cada gesto y cada movimiento son analizados para garantizar que la jugadora pueda retomar su actividad sin riesgo de recaída.
A nivel deportivo, la vuelta de Queiroz supondrá un refuerzo significativo para el cuerpo técnico, que podrá volver a contar con una jugadora capaz de desbordar defensas, crear situaciones de gol y aportar soluciones en fases críticas de los partidos. Su regreso es especialmente relevante para la planificación de la segunda mitad de la temporada en la Liga F Moeve y para los desafíos en competiciones europeas, donde cada incorporación de calidad puede marcar la diferencia.
El Atlético de Madrid Femenino mantiene un seguimiento continuo del progreso de Gio Queiroz, alternando sesiones individuales de entrenamiento con actividades progresivas de grupo, para garantizar que la reintegración al equipo se produzca de forma natural y segura. Cada fase de recuperación es documentada y analizada, asegurando que los parámetros de movilidad, fuerza y resistencia cumplan los estándares establecidos por el cuerpo médico del club.
Más allá de los aspectos físicos, el regreso de Queiroz también tiene un impacto emocional y motivacional. Su presencia en el césped genera un impulso positivo dentro del vestuario, incrementa la moral del equipo y refuerza la conexión con la afición, que sigue de cerca su recuperación y celebra cada avance como un logro compartido. El Atlético de Madrid ha subrayado la importancia de gestionar adecuadamente esta etapa, combinando entusiasmo y prudencia, para maximizar el rendimiento futuro de su jugadora y garantizar su plena recuperación.
Gio Queiroz, consciente del impacto de su lesión y de la responsabilidad que implica su regreso, ha mostrado un compromiso absoluto durante todo el proceso. Su determinación, disciplina y actitud positiva frente a la rehabilitación son valoradas tanto por sus compañeros como por el cuerpo técnico. La comunicación constante con los preparadores físicos y médicos ha permitido ajustar los ejercicios y progresiones a sus necesidades individuales, asegurando que cada paso hacia la reincorporación se produzca con garantías.
El Atlético de Madrid Femenino, tres veces campeón de la Liga F Moeve, ve en la recuperación de Queiroz un símbolo de resiliencia y planificación deportiva. La gestión de lesiones graves forma parte de la estrategia del club para mantener su competitividad y proteger el bienestar de sus futbolistas. La coordinación entre departamentos, la planificación detallada de la recuperación y la comunicación abierta con la jugadora son elementos clave que han permitido que Gio Queiroz alcance esta fase avanzada de rehabilitación.
El retorno al césped marca un antes y un después en la temporada del Atlético de Madrid Femenino. La combinación de experiencia, talento y capacidad de recuperación de Gio Queiroz representa un activo estratégico para los objetivos del club, tanto en la Liga F Moeve como en competiciones internacionales. La progresiva incorporación al entrenamiento colectivo permitirá ajustar los automatismos, fortalecer la química con sus compañeras y optimizar la eficacia en el ataque, elementos fundamentales para mantener el nivel competitivo del equipo en todas las competiciones.
En resumen, el primer entrenamiento sobre el césped de Gio Queiroz es mucho más que un simple retorno físico: simboliza esfuerzo, disciplina y esperanza. El Atlético de Madrid Femenino celebra este avance con prudencia y entusiasmo, consciente de que el proceso de recuperación completa requiere tiempo, supervisión y dedicación. La afición rojiblanca puede anticipar un regreso que no solo reforzará el ataque del equipo, sino que también inspirará a todos los que siguen de cerca la trayectoria de la jugadora.
El club continuará informando puntualmente sobre la evolución de Gio Queiroz, acompañando su camino de regreso a la competición oficial con una estrategia meticulosa y una visión de futuro clara. Cada sesión de entrenamiento, cada mejora en movilidad y fuerza, y cada contacto con el balón representa un paso más hacia su plena reincorporación y el fortalecimiento del Atlético de Madrid como uno de los referentes de la Liga F Moeve y del fútbol femenino europeo.
(Fuente: Liga F Moeve)
La recuperación de Gio Queiroz es, en última instancia, un relato de paciencia, profesionalidad y compromiso, que refleja la cultura de excelencia que define al Atlético de Madrid Femenino. La combinación de talento, disciplina y resiliencia permitirá que la atacante retome su papel en el equipo, aportando capacidad ofensiva, desequilibrio en el ataque y liderazgo dentro del vestuario. La expectativa por su regreso genera ilusión, marca un hito en la temporada y refuerza la narrativa de un club comprometido con la salud, la seguridad y el rendimiento de sus futbolistas.
Con su primer entrenamiento sobre el césped de Alcalá de Henares, Gio Queiroz avanza de manera decisiva hacia su retorno competitivo, ofreciendo a la afición y al club la certeza de que su regreso está cada vez más cerca. La planificación, el seguimiento médico y la supervisión técnica han sido elementos esenciales en este proceso, garantizando que cada paso hacia la recuperación sea seguro y eficiente. La combinación de prudencia y determinación marca la pauta de un regreso que promete ser fundamental para los objetivos deportivos del Atlético de Madrid Femenino en la presente temporada.
La trayectoria de Gio Queiroz, marcada por talento, esfuerzo y profesionalidad, encuentra ahora un nuevo capítulo: el retorno al ataque del Atlético de Madrid Femenino tras una lesión que exigió paciencia y disciplina extremas. Cada sesión de entrenamiento, cada ejercicio y cada contacto con el balón reflejan un progreso constante y la promesa de un regreso completo, que fortalecerá al equipo, inspirará a la afición y reafirmará el compromiso del club con la excelencia deportiva y la salud de sus futbolistas.
⬛️ El conjunto tinerfeño goleó por 5-0 al Athletic Club en el Heliodoro Rodríguez López en uno de los grandes partidos de la Jornada 16 de Liga F Moeve. Por su parte, el FC Badalona Women venció por 1-0 al Deportivo Abanca, y el Granada CF ganó por 1-0 al DUX Logroño, que sigue siendo el único equipo que no conoce la victoria.
La decimosexta jornada de la Liga F Moeve se presentó como un umbral simbólico y competitivo, una frontera invisible pero determinante entre lo que fue y lo que aspira a ser la temporada 2025/2026 del fútbol femenino español. Con el inicio de la segunda vuelta, el campeonato entró en una fase donde las inercias dejan de ser promesas y pasan a convertirse en obligaciones, donde cada punto pesa más que nunca y donde los relatos empiezan a adquirir una forma definitiva. El fin de semana del sábado 17 y domingo 18 de enero no fue uno más en el calendario: fue una declaración colectiva del estado real de la competición, un espejo fiel de sus tensiones, sus aspiraciones y sus batallas abiertas, desde la lucha por el título hasta la pelea descarnada por la permanencia.
Todos los encuentros pudieron seguirse a través de DAZN, plataforma que volvió a ejercer como columna vertebral audiovisual del campeonato, consolidando su papel central en la difusión del fútbol femenino de élite en España. Además, el partido entre el Alhama CF ElPozo y el FC Barcelona amplió su alcance al emitirse también en Gol Play, TEN y 3Cat, reforzando la visibilidad de una jornada que se desplegó de manera coral, simultánea y total. La Liga F volvió a mostrarse como un producto sólido, diverso y cargado de matices, capaz de ofrecer relatos múltiples en cada franja horaria y en cada estadio.
La jornada arrancó el sábado con dos partidos que ya anticiparon la intensidad emocional y competitiva del fin de semana. En el Estadi Ciutat de València, el Levante UD recibió al Real Madrid CF en un encuentro marcado desde antes de que rodara el balón por el recuerdo y la emoción. Antes del inicio del choque, ambos equipos y el público presente guardaron un minuto de silencio en memoria de Delia Bullido, exjefa de comunicación del Levante UD, en un gesto que recordó una vez más que el fútbol femenino es también comunidad, memoria y vínculo humano. El respeto y la solemnidad dieron paso a un partido vibrante, lleno de ritmo, de alternativas y de detalles que acabaron decantando la balanza.
El Real Madrid volvió a demostrar su capacidad para competir en escenarios exigentes y su madurez creciente dentro de la Liga F Moeve. Apenas once minutos necesitó el conjunto blanco para abrir el marcador. Athenea del Castillo, incisiva, veloz y decisiva, aprovechó una acción ofensiva para adelantar a su equipo y marcar el tono del partido. La futbolista cántabra, que acabaría siendo reconocida como la MVP del encuentro, no se conformó con ese primer golpe y volvió a aparecer poco después para firmar el segundo tanto tras recibir un pase medido de Sara Däbritz. El Real Madrid parecía encarrilar el partido con autoridad, pero el Levante UD se negó a aceptar un papel secundario.
Las locales reaccionaron con carácter y orgullo. Érika González estuvo a punto de recortar distancias con un potente disparo que se estrelló en el larguero, un aviso que preludió el gol levantinista. El rechace cayó en los pies de Dolores Silva, que desde larga distancia se sacó un lanzamiento preciso para batir a la guardameta madridista y devolver a su equipo al partido. El Ciutat de València volvió a creer, y antes del descanso, Érika González volvió a encontrarse con la madera, en una de esas acciones que pueden cambiar el signo de un encuentro.
La segunda parte mantuvo el mismo guion de intensidad y alternativas. El Real Madrid buscó sentenciar y tuvo en las botas de Pau Comendador una ocasión clara para el tercer tanto, pero nuevamente el larguero se interpuso en el camino del gol. El Levante UD lo intentó hasta el pitido final, empujado por su afición y por la sensación de que el empate era posible, pero el marcador ya no se movió. El triunfo por 1-2 permitió al conjunto blanco iniciar la segunda vuelta con una victoria de peso, mientras que el Levante se quedó con la sensación de haber competido de tú a tú ante uno de los grandes del campeonato.
De manera paralela, en la Ciudad Deportiva del Granada CF, el conjunto nazarí continuó construyendo uno de los relatos más sólidos del inicio de 2026. El Granada CF se impuso por 1-0 al DUX Logroño en un partido trabajado, intenso y cargado de simbolismo. Antes del inicio del choque, Cristina Postigo recibió una camiseta conmemorativa por alcanzar los 150 encuentros como granadinista, un reconocimiento que reforzó el vínculo entre el club y una futbolista que representa la identidad y la constancia del proyecto andaluz.
El partido comenzó con un DUX Logroño atrevido, que salió mejor y generó la primera ocasión clara con un remate de Mawete que se marchó fuera por poco. El conjunto riojano, que vivía además el debut de Salomé Prat, mostró personalidad y ambición en los primeros compases. Laura Sánchez tuvo que emplearse a fondo para enviar a córner un peligroso disparo de falta directa de Milagros Martín, en una acción que evidenció la igualdad del duelo. Sin embargo, fue el Granada CF quien logró golpear primero y de manera definitiva.
El único tanto del encuentro llegó desde el punto de penalti. Laura Pérez recibió un agarrón de Annelie Leitner dentro del área, y la colegiada no dudó en señalar la pena máxima. La propia Laura Pérez asumió la responsabilidad y convirtió el lanzamiento con seguridad, adelantando al conjunto nazarí en el marcador. En la segunda mitad, el Granada supo gestionar su ventaja con inteligencia. Manoly Baquerizo, incansable por banda y elegida MVP del choque, fue una constante amenaza, mientras que Ariadna Mingueza estuvo cerca de ampliar la ventaja. El DUX Logroño lo intentó, pero no encontró el camino del gol. Con esta victoria, el Granada CF arrancó el año con dos triunfos en dos partidos y sin encajar goles, consolidando una dinámica que refuerza sus aspiraciones.
La tarde del sábado continuó en Alcalá de Henares con uno de los resultados más significativos de la jornada. El Atlético de Madrid cayó por 0-1 ante el RCD Espanyol en un partido que volvió a poner de manifiesto la capacidad del conjunto blanquiazul para competir en escenarios complejos. Las de Sara Monforte salieron mejor al partido y lograron incluso anotar un tanto que fue anulado por una falta previa de Ángeles del Álamo sobre Lauren Leal, una decisión que generó protestas pero que mantuvo el marcador intacto.
El Atlético trató de imponer su juego y tuvo ocasiones claras para adelantarse. Amaiur estuvo muy cerca de marcar con un cabezazo que se estrelló en la madera, mientras que Jensen probó fortuna con un disparo que encontró la segura respuesta de Romane Salvador. El partido se movía en márgenes estrechos, con alternativas y tensión creciente. En la segunda mitad, el Espanyol encontró el premio a su insistencia. Anna Torrodà, que firmó una actuación sobresaliente y fue elegida MVP del encuentro, ejecutó una falta directa magistral que sorprendió a Lola Gallardo y se coló en la portería rojiblanca para establecer el 0-1.
El gol obligó al Atlético a lanzarse al ataque en busca del empate. Andrea Medina tuvo una ocasión clara desde dentro del área, pero su remate se marchó por encima del larguero. Las rojiblancas lo intentaron hasta el final, pero el Espanyol supo resistir con orden y personalidad para llevarse tres puntos de enorme valor. La derrota dejó al Atlético con sensaciones encontradas, mientras que el conjunto catalán reforzó su discurso competitivo con una victoria de prestigio.
La jornada sabatina se cerró en Ipurua, donde el Madrid CFF firmó una victoria importante por 1-3 ante la SD Eibar en el estreno de José Luis Sánchez Vera en el banquillo del equipo madrileño. El partido comenzó con dominio visitante en cuanto a ocasiones, pero fue el Eibar quien golpeó primero. Carmen Álvarez aprovechó una pelota a la espalda de la defensa y superó a Paola Ulloa con una vaselina perfecta, desatando la alegría local.
El Madrid CFF no se descompuso y salió decidido tras el descanso. En apenas tres minutos, Emilie Nautnes igualó el encuentro tras recibir un pase de Kamilla Melgard, iniciando una remontada que marcaría el resto del partido. Poco después, la propia Melgard se sacó un potente disparo desde fuera del área para poner el 1-2 en el marcador. El Eibar intentó reaccionar, pero el golpe fue duro. El definitivo 1-3 llegó nuevamente de las botas de Emilie Nautnes, que completó su doblete al contragolpe tras recibir un pase de Anita Marcos, que regresaba a la competición tras superar su lesión. La noruega fue reconocida como la MVP del choque en una noche que marcó un nuevo comienzo para el Madrid CFF.
El domingo amaneció con la sensación de que la decimosexta jornada de la Liga F Moeve aún tenía capítulos decisivos por escribir, historias capaces de redefinir la lectura global del campeonato y de proyectar nuevas tensiones hacia la segunda vuelta. Tras una jornada sabatina cargada de contrastes, el fútbol femenino español volvió a desplegarse en distintos puntos del mapa con una misma pulsión competitiva, consciente de que cada resultado empezaba a adquirir un valor estructural dentro de la clasificación. La Liga entraba en una fase donde los matices dejan de ser anecdóticos y pasan a ser determinantes, donde la regularidad se convierte en virtud y donde el margen para el error se estrecha de manera irreversible.
En el Artés Carrasco, el Alhama CF ElPozo recibió al FC Barcelona en un partido que concentró miradas, focos y análisis. El conjunto murciano, instalado en la zona baja de la clasificación pero aferrado a su identidad competitiva, afrontó el encuentro con un plan claro y con la convicción de que resistir también es una forma de competir. El FC Barcelona, por su parte, compareció como líder indiscutible del campeonato, consciente de que cada desplazamiento es una prueba de su capacidad para sostener la excelencia en contextos diversos y exigentes. El partido pudo verse tanto en DAZN como en Gol Play, TEN y 3Cat, ampliando su alcance y reforzando su condición de cita destacada del fin de semana.
Desde el inicio, el Alhama CF ElPozo dejó claro que no iba a conceder espacios ni facilidades. Sol Belotto se erigió en protagonista bajo palos, frustrando una y otra vez los intentos azulgranas y sosteniendo a su equipo en los primeros compases del encuentro. El Barcelona acumuló posesión, generó llegadas y buscó el desequilibrio, pero se encontró con una defensa ordenada y con una guardameta inspirada que retrasó el primer golpe. No fue hasta el minuto 22 cuando el conjunto catalán logró romper la resistencia local. Kika Nazareth, omnipresente y decisiva, ejecutó un saque de esquina preciso que encontró a Claudia Pina en el segundo palo. La atacante controló el balón con temple y fusiló a la portera con un disparo potente que inauguró el marcador.
El gol no descompuso al Alhama, que se mantuvo fiel a su plan de partido y logró llegar al descanso con una desventaja mínima. El esfuerzo colectivo, la concentración defensiva y la capacidad para sufrir mantuvieron viva la esperanza local durante buena parte del encuentro. En la segunda mitad, Sol Belotto volvió a convertirse en un muro, evitando que el Barcelona ampliara su ventaja en varias acciones claras. Sin embargo, la calidad individual del conjunto azulgrana terminó imponiéndose. Graham Hansen aprovechó un pase medido de Vicky López para doblar la ventaja y cerrar el partido. Kika Nazareth, determinante en la generación de juego y en la estrategia, fue reconocida como la MVP del choque. Pese a la derrota, el Alhama CF ElPozo continuó marcando la permanencia, reforzando la idea de que su lucha sigue viva y definida por la competitividad.
A la misma hora, en el Estadi Municipal de Badalona, el FC Badalona Women y el Deportivo Abanca protagonizaron un duelo directo, cargado de tensión y de importancia clasificatoria. El conjunto catalán no pudo comenzar mejor el encuentro. A los dos minutos de juego, Irina Uribe aprovechó un balón largo de María Llompart y una mala salida de Inês Pereira para enviar el balón al fondo de la red y adelantar a su equipo. El gol tempranero condicionó el desarrollo del partido y obligó al Deportivo a asumir riesgos desde muy pronto.
El Badalona buscó ampliar su ventaja y estuvo cerca de hacerlo con un disparo de Elena Julve que no encontró portería. En el área contraria, María Valenzuela se mostró segura para neutralizar un intento de Paula Gutiérrez, manteniendo el equilibrio defensivo de su equipo. Antes del descanso, María Llompart estuvo a punto de firmar el segundo tanto con un remate que se marchó rozando el poste, en una acción que pudo haber cambiado el guion del encuentro.
En la segunda mitad, el Deportivo Abanca dio un paso al frente en busca del empate. Las gallegas aumentaron la intensidad ofensiva, pero se encontraron con una zaga catalana sólida, bien organizada y liderada por una imperial Cristina Cubedo, que fue reconocida como la MVP del partido. Cada intento visitante fue neutralizado con orden y contundencia, en un ejercicio de resistencia colectiva que permitió al Badalona sostener su ventaja. Itziar Pinillos logró anotar el segundo tanto para el conjunto local, pero la acción fue anulada, manteniendo el marcador en un ajustado 1-0 que no se movió hasta el final. El triunfo reforzó la posición del Badalona y dejó al Deportivo con la sensación de haber rozado el empate sin llegar a concretarlo.
El domingo continuó en el Heliodoro Rodríguez López, escenario de una de las actuaciones más contundentes y simbólicas de la jornada. El Costa Adeje Tenerife firmó un triunfo rotundo por 5-0 ante el Athletic Club en un partido que tuvo múltiples lecturas. Para el conjunto canario, supuso una exhibición colectiva y la confirmación de un crecimiento sostenido. Para Yerai Martín, fue la primera victoria al frente del equipo, un hito que añadió una capa emocional al encuentro. El Athletic, por su parte, se vio superado en un escenario donde el rival fue capaz de convertir cada oportunidad en una declaración de intenciones.
El Costa Adeje Tenerife se adelantó a los dieciocho minutos con un gran gol de Paola Hernández, que aprovechó un centro al área de Sakina Diki para batir a la guardameta visitante. El tanto desató al equipo local, que comenzó a jugar con confianza y determinación. El Athletic intentó reaccionar por medio de Clara Pinedo, pero se encontró con una defensa sólida que neutralizó cada intento. El paso por vestuarios no alteró el dominio local. A la hora de juego, Elba Vergés amplió la ventaja tras aprovechar un error de Olatz Santana, dejando el partido muy cuesta arriba para las visitantes.
La sentencia llegó poco después en las botas de Aleksandra Zaremba, que confirmó el recital ofensivo del conjunto canario. El cuarto tanto tuvo la firma de Koko, que aprovechó un pase de Violeta Quiles, quien debutaba con el Costa Adeje Tenerife en una noche inolvidable. El festival goleador se cerró con el tanto de Iratxe, que estableció el 5-0 definitivo y selló una victoria que resonó en toda la clasificación. El Heliodoro celebró un triunfo que reforzó la autoestima del equipo y subrayó su capacidad para competir al máximo nivel.
La decimosexta jornada se cerró en Sevilla, con un duelo que tenía implicaciones directas en la lucha por los puestos de Champions. El Sevilla FC recibió a la Real Sociedad en un partido que terminó con victoria visitante por 0-2 y que permitió al conjunto donostiarra ampliar a seis puntos su ventaja en la clasificación. Las de Arturo Ruiz salieron mejor al partido, buscando con insistencia la portería defendida por Sullastres. La guardameta sevillista se convirtió en protagonista en los primeros compases, sosteniendo a su equipo con intervenciones de mérito que evitaron un marcador más amplio.
Antes del descanso, Lucía Pardo estuvo cerca de inaugurar el marcador, pero nuevamente se encontró con una inspirada Sullastres. El Sevilla resistió y llegó al intermedio con opciones intactas, pero la Real Sociedad mantuvo su plan y su convicción. La entrada de Intza tras el descanso añadió frescura y profundidad al ataque txuri-urdin. A la hora de juego, Claire Lavogez aprovechó un balón suelto dentro del área para adelantar a su equipo. El esférico tocó en la espalda de Sullastres antes de entrar, en una acción desafortunada para la guardameta que no empañó su gran actuación.
El 0-2 definitivo llegó desde el segundo palo. Nerea Eizagirre, capitana y referente de la Real Sociedad, remató con precisión un envío medido desde la banda de Intza para confirmar la victoria. La centrocampista fue reconocida como la MVP del duelo, liderando a su equipo en un partido clave para consolidar sus aspiraciones europeas. El pitido final certificó una victoria que reforzó la candidatura donostiarra y cerró una jornada cargada de significado.
Con todos los partidos disputados, la decimosexta jornada de la Liga F Moeve se consolidó como un punto de inflexión en la temporada. Los resultados dibujaron nuevas jerarquías, reforzaron proyectos y expusieron debilidades. La segunda vuelta comenzó con claridad, con mensajes contundentes y con la certeza de que cada partido será, a partir de ahora, una batalla decisiva. El fútbol femenino español volvió a demostrar su riqueza narrativa, su competitividad y su capacidad para ofrecer emociones intensas en cada fin de semana. La Liga F avanzó un paso más, consciente de que su historia se escribe jornada a jornada, partido a partido, y que cada capítulo cuenta.
🟫 La jornada 16 cierra un bloque competitivo intenso, ordena la clasificación antes del parón y permite al fútbol femenino español tomar aire antes de volver a latir con fuerza en Castellón, donde entre el 20 y el 24 de enero Atlético de Madrid, Real Madrid, Fútbol Club Barcelona y Athletic Club se disputarán la Supercopa de España Iberdrola 2026.
Liga F Moeve se detiene. Lo hace tras una jornada 16 que no solo deja resultados y una clasificación clara, sino que fotografía el estado real del campeonato en uno de sus puntos más significativos de la temporada. No es un simple alto en el camino. Es una pausa consciente, casi necesaria, después de semanas de máxima exigencia, viajes, desgaste físico y tensión competitiva. Un punto y seguido que invita a desconectar ligeramente, pero nunca a mirar hacia otro lado, porque en menos de 48 horas el fútbol femenino español volverá a reclamar el foco con la Supercopa de España Iberdrola 2026, que se celebrará en Castellón entre el 20 y el 24 de enero, con cuatro protagonistas que condensan poder, historia y ambición: FC Barcelona, Real Madrid, Atlético de Madrid y Athletic Club.
Antes de que ese nuevo relato comience, la Liga deja sobre la mesa una verdad difícil de discutir: el campeonato ya tiene una jerarquía definida, con el FC Barcelona marcando el ritmo desde lo más alto, el Real Madrid consolidado como alternativa firme, una zona europea comprimida y una lucha por la permanencia que promete tensión hasta el último suspiro.
Tras dieciséis jornadas —diecisiete partidos disputados en algunos casos— la clasificación de la Liga F Moeve refleja no solo los puntos acumulados, sino la identidad competitiva de cada proyecto.
El Fútbol Club Barcelona encabeza la tabla con 48 puntos en 17 partidos y un diferencial goleador que impresiona: +77. Más allá de la cifra, el dato resume una temporada en la que el conjunto azulgrana ha vuelto a convertir la excelencia en costumbre. Gana, domina, golea y transmite la sensación de estar siempre un paso por delante del resto. No hay ansiedad en su juego, no hay urgencia: hay convicción, automatismos y una plantilla que parece moverse en otra velocidad competitiva.
El liderazgo del Barça no es coyuntural. Es estructural. Y esta primera mitad de campeonato vuelve a situarlo como el rival a batir en todos los frentes, incluida una Supercopa en la que llegará, una vez más, como referencia.
En la segunda posición aparece el Real Madrid CF, con 38 puntos en 17 partidos y un diferencial de +25. El equipo blanco ha dado un paso más en su proceso de maduración. Ya no se trata solo de competir o de consolidarse en la élite: ahora el Real Madrid administra ventajas, sabe sufrir y resuelve partidos cerrados, como demuestra su victoria a domicilio ante el Levante UD en esta jornada.
El segundo puesto no es casual. Es la consecuencia de una plantilla más profunda, de un discurso competitivo más estable y de una ambición que ya no se esconde. La Supercopa será una prueba inmediata para medir hasta dónde ha llegado este Real Madrid frente a los grandes escenarios.
regularidad como bandera
El tercer escalón del podio lo ocupa la Real Sociedad, con 34 puntos en 16 partidos y un diferencial positivo de +17. El conjunto donostiarra ha construido su temporada desde la regularidad, la fiabilidad defensiva y la capacidad para competir cada partido como si fuera único. No siempre brilla, pero casi nunca falla.
Justo detrás aparece el Costa Adeje Tenerife, cuarto con 28 puntos en 16 partidos y +16 de diferencia de goles. El equipo tinerfeño es, quizá, una de las historias más sólidas del curso. Su contundente victoria por 5-0 en esta jornada no solo refuerza su posición, sino que confirma que el proyecto sigue creciendo desde una identidad clara y un rendimiento colectivo notable.
Quinto en la clasificación, el Atlético de Madrid suma 27 puntos en 17 partidos, con un diferencial de +12. Su posición es tan incómoda como reveladora. Está cerca de la zona noble, pero no termina de instalarse en ella con la autoridad que su historia reciente sugiere.
La derrota en esta jornada por 1-0 deja al conjunto rojiblanco ante una realidad clara: cada partido cuenta, cada error pesa, y la Supercopa se presenta como una oportunidad inmediata para resetear sensaciones, competir por un título y recuperar impulso emocional.
sexto al duodécimo puesto se despliega una franja de la tabla marcada por la irregularidad y la lucha constante. • Madrid CFF (6.º, 26 puntos) • Sevilla FC (7.º, 24 puntos) • Athletic Club (8.º, 23 puntos) • FC Badalona Women (9.º, 20 puntos) • RCD Espanyol (10.º, 19 puntos) • Granada CF (11.º, 19 puntos) • SD Eibar (12.º, 17 puntos)
Son equipos que alternan momentos de alto nivel con fases de dificultad, pero que mantienen una idea común: competir siempre, incluso cuando el contexto no acompaña. El Athletic Club, octavo, será uno de los protagonistas de la Supercopa, y lo hará desde una posición liguera que no refleja del todo su potencial competitivo.
la parte baja, la clasificación se aprieta y duele: • Deportivo Abanca (13.º, 14 puntos) • Alhama CF ElPozo (14.º, 9 puntos) • Dux Logroño (15.º, 6 puntos) • Levante UD (16.º, 5 puntos)
Cada jornada es una final. Cada gol encajado o fallado puede marcar una temporada. El Levante, pese a competir, sigue sin encontrar premio suficiente. El DUX Logroño resiste. El Alhama lucha. El Deportivo intenta reconstruirse. El parón llega aquí como un arma de doble filo: descanso físico, sí, pero también tiempo para pensar.
La jornada 16 dejó resultados ajustados, marcadores cortos en muchos casos y una sensación general de liga madura, competitiva y exigente: • Granada CF 1 – 0 DUX Logroño • Levante UD 1 – 2 Real Madrid CF • Atlético de Madrid 0 – 1 RCD Espanyol • SD Eibar 1 – 3 Madrid CFF • Deportivo Abanca 0 – 2 FC Barcelona • FC Badalona Women 1 – 0 Deportivo Abanca • Costa Adeje Tenerife 5 – 0 Athletic Club • Sevilla FC 0 – 2 Real Sociedad
Marcadores que explican posiciones, pero también dinámicas. El Barça gana incluso cuando no necesita brillar. El Real Madrid responde fuera de casa. La Real Sociedad golpea con autoridad. El Costa Adeje firma la goleada de la jornada. El Atlético tropieza. Y en la zona baja, cada victoria se celebra como oxígeno puro.
Con la clasificación ordenada y la jornada cerrada, la Liga F Moeve entra ahora en un tiempo de pausa activa. No es desconexión total. Es recuperación física, ajuste mental y reencuadre emocional. Las futbolistas bajan pulsaciones, los cuerpos técnicos analizan, los clubes respiran.
Pero el calendario no permite relajarse demasiado. Porque el fútbol femenino español no se apaga: cambia de escenario.
Entre el 20 y el 24 de enero, Castellón será el epicentro del fútbol femenino nacional con la disputa de la Supercopa de España Iberdrola 2026. Cuatro equipos. Cuatro estilos. Cuatro historias que se cruzan en un formato breve, intenso y sin margen de error: • FC Barcelona • Real Madrid • Atlético de Madrid • Athletic Club
La Supercopa no es solo un título. Es estado de ánimo, es escaparate, es termómetro competitivo. Llega justo después del parón liguero, cuando el cuerpo agradece el descanso, pero la mente necesita estímulo. Y no hay estímulo mayor que un torneo corto, con rivales directos y un trofeo en juego.
Para el Barça, es la oportunidad de reafirmar su dominio. Para el Real Madrid, de medir su crecimiento. Para el Atlético, de reencontrarse consigo mismo. Para el Athletic, de demostrar que su identidad sigue viva en los grandes escenarios.
La jornada 16 no cierra nada, pero lo explica casi todo. Define jerarquías, anticipa batallas y prepara el terreno para lo que viene. La Liga F Moeve se toma un respiro, consciente de que ha ofrecido intensidad, emoción y competitividad. Ahora toca desconectar ligeramente, recuperar energías y mirar hacia Castellón.
Porque en menos de 48 horas, el balón volverá a rodar y cuando lo haga, ya no será el turno de la Liga F, sino de Supercopa. Y será, una vez más, fútbol femenino en estado puro.
◼️ El conjunto vasco venció por 0-2 al Sevilla Fútbol Club para mantenerse en la 3ª posición de Liga F Moeve con 34 puntos, seis por encima del cuarto clasificado. Esther Sullastres, en propia puerta, y Nerea Eizagirre, que fue la MVP del partido marcaron los tantos del cuadro txuri-urdin.
A las 16:00 horas de este domingo 18 de enero, cuando el sol de invierno caiga oblicuo sobre el césped del Estadio Jesús Navas y la ciudad de Sevilla empiece a entrar en ese estado de calma tensa que precede a los grandes acontecimientos, el fútbol femenino español cerrará su fin de semana con un partido que, bajo una apariencia de jornada regular, esconde una carga competitiva, simbólica y clasificatoria enorme. Sevilla FC y Real Sociedad se enfrentan en un duelo que no solo mide dos proyectos consolidados de la Primera División, sino que se conecta de manera directa y casi inevitable con lo ocurrido apenas unas horas antes en otro punto del país: la contundente victoria del Costa Adeje Tenerife por 5-0 ante el Athletic Club. Un resultado que ha sacudido la zona alta de la tabla y que ha comprimido, hasta límites casi asfixiantes, la pelea por las posiciones que conducen a Europa, a la élite continental, a esa Liga de Campeones que ya no es un sueño lejano sino una posibilidad real para varios clubes que han decidido dejar de mirar hacia abajo y empezar a hacerlo hacia arriba.
Porque este Sevilla–Real Sociedad no se juega en el vacío. Se juega con la clasificación en la mano, con el eco de los goles del Heliodoro aún resonando en los despachos y vestuarios, con la sensación de que cada punto empieza a pesar más que nunca y de que cada jornada es un pequeño punto de inflexión en una temporada que está alcanzando su madurez competitiva. El Tenerife, con su exhibición ante el Athletic, ha lanzado un mensaje nítido: está preparado para competir por algo más grande. Y ese mensaje interpela directamente a equipos como la Real Sociedad, que desde hace años coquetea con la élite y quiere dar el salto definitivo, y también al Sevilla, que ha construido un proyecto ambicioso, estable y reconocible, decidido a no resignarse al papel de comparsa en la lucha por los puestos nobles.
El contexto es fundamental para entender la magnitud de este partido. El triunfo del Tenerife no es solo una goleada aislada; es una declaración de intenciones que reordena mentalmente la clasificación. El Athletic Club, rival directo en esa franja alta-media, ha quedado tocado, y eso abre una ventana de oportunidad para quienes sepan aprovecharla. En ese escenario, Sevilla y Real Sociedad saltan al campo sabiendo que los tres puntos no son solo tres puntos: son una respuesta, una reafirmación, una forma de decir “seguimos aquí” en una carrera en la que ya no basta con competir bien, sino que hay que ganar, y hacerlo con convicción.
El Sevilla FC llega a esta cita con la necesidad de reaccionar. La derrota ante el Real Madrid CF por 2-0 en la última jornada fue un golpe duro, no tanto por el resultado en sí, comprensible ante uno de los gigantes del campeonato, sino por la sensación de que el equipo de David Losada no logró imponer su personalidad durante demasiados tramos del encuentro. Las sevillistas habían encadenado una serie de actuaciones sólidas que las habían colocado en una posición expectante, pero el tropiezo en Valdebebas recordó que, en esta liga, el margen de error es mínimo. Volver a la senda del triunfo no es solo una cuestión de puntos, sino de identidad, de recuperar esa confianza colectiva que se construye a partir del juego y de la competitividad.
David Losada ha sido, desde su llegada, un arquitecto paciente. Ha moldeado un Sevilla reconocible, intenso, valiente, capaz de competir de tú a tú con prácticamente cualquier rival. Sin embargo, para este partido deberá hacerlo sin dos piezas importantes: Gemma Gili y Jassina Blom, ambas bajas confirmadas. La ausencia de Gemma Gili, futbolista de jerarquía, lectura táctica y capacidad para ordenar el centro del campo, supone un reto estratégico considerable. Su liderazgo silencioso, su capacidad para aparecer en los momentos clave y para equilibrar al equipo en fases de dominio rival no es fácil de sustituir. Jassina Blom, por su parte, aporta dinamismo, llegada y una energía constante que suele contagiar al grupo. Sin ellas, el Sevilla deberá reinventarse, encontrar nuevas sinergias y apoyarse aún más en el colectivo.
Pero si algo ha demostrado este Sevilla es que sabe crecer desde la adversidad. El Jesús Navas se ha convertido en un fortín emocional, en un espacio donde el equipo se siente respaldado, donde la presión se transforma en estímulo. Las jugadoras saben que este es uno de esos partidos que definen temporadas, que marcan el pulso anímico de un grupo. Ganar a la Real Sociedad no sería solo un triunfo ante un rival directo; sería un golpe sobre la mesa, una manera de reivindicar que el Sevilla está preparado para luchar por algo más que la permanencia holgada.
Enfrente estará una Real Sociedad que llega a Sevilla con la moral alta, pese al empate 5-5 frente al Atlético de Madrid en la última jornada. Aquel partido fue una montaña rusa emocional, un espectáculo ofensivo que dejó claro que el conjunto donostiarra tiene talento, carácter y una capacidad de respuesta admirable. Empatar cinco veces con uno de los equipos más poderosos del campeonato no es casualidad; es el reflejo de un equipo que cree en su idea y que no se rinde, incluso cuando el partido parece escaparse.
Eso sí, la Real Sociedad afronta este duelo en un momento de transición. La salida de Edna Imade ha dejado un vacío evidente en la estructura ofensiva. Edna no solo aportaba goles; ofrecía profundidad, amenaza constante y una referencia clara en ataque. Sin ella, el equipo de Arturo Ruiz ha tenido que redistribuir responsabilidades, buscar nuevas soluciones y apostar por un juego más coral. Hasta ahora, la respuesta ha sido positiva, pero el desafío de Sevilla pondrá a prueba esa adaptación.
Arturo Ruiz, joven técnico pero ya curtido en este tipo de escenarios, ha sido claro en su mensaje: “Vamos a intentar llevarnos los tres puntos en Sevilla”. No es una frase hecha. Es una declaración de intenciones que encaja con la filosofía de un entrenador que no concibe los partidos desde la especulación. La Real Sociedad quiere ser protagonista, incluso lejos de Zubieta. Quiere imponer su ritmo, su circulación, su capacidad para encontrar espacios entre líneas. Sin embargo, también tendrá que gestionar bajas importantes: María Molina y Maren Lezeta no estarán disponibles, lo que limita las opciones en determinadas zonas del campo y obliga a una gestión cuidadosa de los esfuerzos.
La historia entre ambos equipos añade una capa más de profundidad al relato. Sevilla FC y Real Sociedad se han enfrentado en veintiún ocasiones, con un balance que refleja la igualdad y la rivalidad creciente: siete triunfos para las sevillistas, cuatro empates y diez victorias para el conjunto donostiarra. No es un historial desequilibrado; es una narrativa de alternancias, de partidos cerrados, de momentos decisivos. Cada nuevo enfrentamiento reescribe esa historia, añade un capítulo más a una rivalidad que, sin ser clásica, ha ido ganando peso específico en la última década.
Y todo esto ocurre bajo la sombra alargada del 5-0 del Tenerife al Athletic Club. Ese resultado ha sido una sacudida en la clasificación y en la percepción general del campeonato. El Tenerife no solo ganó; dominó, convenció y se posicionó como un aspirante real a las plazas europeas. Para Sevilla y Real Sociedad, ese marcador actúa como un recordatorio incómodo: no hay margen para la complacencia. Mientras unos celebran, otros se ven obligados a reaccionar. La lucha por entrar en la Liga de Campeones, aunque aún lejana en términos matemáticos, ya se ha instalado en el imaginario colectivo de varios clubes, y cada partido se analiza desde esa óptica.
El Athletic Club, derrotado de manera contundente, pierde terreno en esa carrera, y eso abre una puerta que alguien tendrá que cruzar. El Sevilla, con su proyecto en crecimiento, y la Real Sociedad, con su ambición histórica, saben que estos son los partidos que marcan la diferencia. No basta con competir bien contra los grandes; hay que ganar los duelos directos, hay que sumar de tres cuando el calendario ofrece estas oportunidades.
El encuentro, además, se podrá seguir en directo a través de DAZN y Movistar+, lo que garantiza una visibilidad máxima y una atención mediática acorde a la importancia del choque. No es un detalle menor. La exposición, la narrativa, el relato que se construye alrededor de estos partidos también influye en la percepción de los proyectos. Ganar en un escenario televisado, con audiencia nacional, refuerza la identidad y el discurso interno de los clubes.
Desde el punto de vista táctico, se espera un partido intenso, con fases muy diferenciadas. El Sevilla intentará aprovechar el empuje inicial, la energía del público y la verticalidad de sus transiciones. La Real Sociedad, por su parte, buscará controlar el ritmo, imponer su circulación y castigar cualquier desajuste defensivo. Las ausencias obligarán a ambos técnicos a ajustar piezas, a tomar decisiones que pueden ser determinantes. En partidos así, los detalles —una presión bien ejecutada, una acción a balón parado, un error no forzado— adquieren una relevancia casi desproporcionada.
Pero más allá de lo táctico, este Sevilla versus Real Sociedad es un partido de estados de ánimo, de convicciones profundas. Es el tipo de encuentro que define discursos internos, que refuerza o cuestiona certezas. Para el Sevilla, ganar significaría confirmar que el tropiezo ante el Real Madrid fue solo un accidente en el camino. Para la Real Sociedad, sumar tres puntos en Sevilla sería una demostración de madurez, una prueba de que el equipo puede competir y ganar lejos de casa incluso en momentos de transición.
Y todo ello se entrelaza con la imagen del Tenerife celebrando goles, con el Athletic intentando recomponerse, con la clasificación apretándose en la zona alta. La Primera División femenina vive un momento de efervescencia competitiva, y partidos como este son el mejor reflejo de esa realidad. No hay partidos de trámite. No hay jornadas inocuas. Cada encuentro es una pieza más de un puzzle complejo en el que todos luchan por posicionarse.
Cuando el árbitro dé el pitido inicial en el Jesús Navas, no solo comenzará un partido; se activará una cadena de significados, de consecuencias que irán más allá de los noventa minutos.
Sevilla y Real Sociedad jugarán por los puntos, sí, pero también por algo más intangible: por el derecho a sentirse parte de la conversación europea, por la legitimidad de soñar con la Liga de Campeones en una temporada en la que el Tenerife ya ha demostrado que los sueños, cuando se trabajan, pueden empezar a tomar forma de goleada.
El duelo al detalle |
(Fuente: Liga F Moeve)
🏆 Liga F Moeve | Temporada 2025-2026
😍 Duelo de la zona alta
🔥 Sevilla Fútbol Club vs Real Sociedad de Fútbol 🔥
El sol caía sobre la ciudad con esa luz engañosa que no quema pero pesa, una luz que se posa sobre el césped como si también quisiera ver el partido, como si supiera que hay tardes que no se juegan solo por tres puntos, sino por algo más profundo, algo que no siempre aparece en la clasificación pero que queda grabado en la memoria de quienes estuvieron allí y de quienes, incluso a kilómetros de distancia, sintieron que ese encuentro tenía algo distinto. Sevilla y Real Sociedad se miraban de frente, dos maneras de entender el fútbol, dos historias que se cruzan, dos ambiciones que no siempre se proclaman a gritos pero que se notan en la forma de pisar el campo, en la tensión de los primeros controles, en la forma en la que una portera ajusta los guantes o una capitana mira de reojo al banquillo antes del pitido inicial.
Saltaron al terreno de juego con la idea clara de hacerse con los tres puntos, pero también con la certeza íntima de que nadie iba a regalar nada. El Sevilla, arropado por su gente, sabía que cada partido en casa es una batalla por la dignidad competitiva, por sostener el relato de un equipo que quiere crecer desde la resistencia y el orden. La Real Sociedad, el club txuri-urdin, llegaba con el poso de los equipos que se saben fuertes, que se saben en buena dinámica, que han aprendido a dominar los tiempos sin necesidad de acelerarlos, con esa calma peligrosa que solo tienen los conjuntos que se sienten seguros de su plan.
Desde los primeros minutos quedó claro el guion inicial. La Real quiso mandar, quiso ser protagonista con balón, quiso instalarse en campo rival y convertir el partido en una sucesión de oleadas controladas. El Sevilla aceptó el desafío desde la solidez, desde la concentración, desde esa idea tan sevillista de resistir primero para elegir luego el momento de golpear. No había pasado demasiado tiempo cuando llegó la primera sacudida del partido, una de esas acciones que no acaban en gol pero que avisan, que anuncian que la tarde va a exigir atención plena.
Un saque de esquina botado con intención, con rosca medida, con esa trayectoria que invita a la central a abandonar su zona y atacar el espacio. Claudia Florentino apareció desde atrás, poderosa, decidida, ganando la posición dentro del área. El remate fue limpio, franco, con todo el cuerpo acompañando el gesto, pero el balón se perdió por encima del larguero. No fue una ocasión cualquiera: fue una declaración de intenciones. La Real Sociedad había venido a jugar cerca del área, a hacer daño en acciones a balón parado, a demostrar que también sabe imponer su físico y su timing.
El Sevilla no se descompuso. Siguió fiel a su estructura, con líneas juntas, con una vigilancia constante sobre las segundas jugadas. Pero la Real insistía. Otro córner, otra acción ensayada, otra pelota colgada con veneno. Esta vez fue Mirari quien se animó, la ariete que no duda cuando huele balón suelto. El remate salió mordido, tocó en Fatou Kanteh, desvió su trayectoria y obligó a la defensa sevillista a conceder otro saque de esquina. Era un asedio medido, sin estridencias, pero constante.
Cecilia Marcos comenzaba a generar peligro por el costado, apareciendo entre líneas, girándose con inteligencia, obligando a la zaga local a bascular una y otra vez. Cada vez que recibía, el estadio contenía el aliento, consciente de que ahí había desequilibrio, pausa, último pase. En el otro lado del tablero, Rosa Márquez intentaba poner orden, darle sentido al juego de las hispalenses, conectar defensa y ataque, ser ese faro que permite respirar cuando el rival aprieta.
Y entonces apareció ella. Esther Sullastres. Imperial. Atenta. Concentrada. Con esa serenidad que solo tienen las porteras que entienden el partido como un ejercicio de paciencia. Cada centro lateral encontraba sus manos o su voz, cada balón dividido tenía su grito de mando, cada acercamiento de la Real se topaba con la sensación de que para marcar había que hacer algo extraordinario. No bastaba con llegar; había que convencer al destino.
La Real probó también desde fuera. Lucía Pardo armó la pierna con decisión, un disparo potente, seco, de esos que buscan sorprender, que buscan el bote traicionero. Pero la guardameta sevillista se quedó el remate con seguridad, sin alardes, sin conceder segundas opciones. Era su partido. Lo estaba sintiendo. Lo estaba jugando desde la cabeza antes incluso que desde los reflejos.
Precisamente Lucía Pardo volvió a aparecer poco después, esta vez tras un envío al área que parecía llevar su nombre. El balón cruzó el área, buscó su desmarque, encontró su cuerpo, pero la zaga sevillista se mostró infranqueable. Cada despeje era una victoria pequeña, cada bloqueo un recordatorio de que el fútbol también se gana defendiendo.
Así fueron cayendo los minutos, con la Real llevando la iniciativa y el Sevilla resistiendo con orgullo, con disciplina, con una solidaridad que se palpaba en cada ayuda defensiva. No hubo goles, pero hubo partido. No hubo celebración, pero hubo tensión. El pitido que marcó el final de los primeros cuarenta y cinco minutos llegó como un suspiro colectivo: 0-0 en el marcador, todo por decidir, todo abierto.
DESCANSO | No se mueve el marcador al término de la primera mitad:
El paso por vestuarios fue un punto de inflexión silencioso. Arturo Ruiz, desde el banquillo visitante, entendió que el partido pedía un matiz distinto, una chispa nueva, una variación que rompiera el equilibrio sin romper el plan. Decidió mover ficha. Intza entró por Lucía Pardo. Cambio de ritmo, cambio de perfil, cambio de amenaza. Pero el fútbol, caprichoso, no espera a que los entrenadores desarrollen sus ideas con calma.
Nada más arrancar la segunda parte, llegó el golpe inesperado. Andreia Jacinto cayó lesionada. Un cambio obligado. Un contratiempo que obligaba a reajustar piezas sobre la marcha. Klára Cahynová entró en su lugar, asumiendo la responsabilidad con la naturalidad de quien sabe que los partidos importantes no avisan antes de exigirte.
El Sevilla trató de estirarse, de ganar metros, de sacudirse por momentos el dominio vasco. Pero la Real no perdió la compostura. Siguió tocando, siguió esperando, siguió construyendo su oportunidad con paciencia de orfebre. El partido avanzaba hacia esa zona peligrosa en la que un detalle lo cambia todo, en la que un rebote, un mal despeje, una décima de segundo de duda puede decidirlo.
Y entonces llegó la jugada que rompió el equilibrio, que alteró el relato, que convirtió la tarde en una historia que ya no podía contarse en voz baja. Cerca de la media hora de juego, Emma Ramírez metió una pelota dentro del área. No fue un centro espectacular, no fue una acción aislada de genialidad. Fue fútbol.
Fue insistencia. Fue leer el momento. El esférico quedó suelto, flotando en esa tierra de nadie que separa la gloria del despeje salvador.
Lo que ocurrió después pertenece a esa categoría de goles que no se celebran de inmediato porque antes hay un segundo de incredulidad. El disparo salió con intención, buscando portería, buscando premio. La pelota se estrelló en el palo, con ese sonido seco que paraliza el tiempo. El rebote fue cruel, caprichoso, injusto incluso. Golpeó en la espalda de Esther Sullastres, que había hecho un partido monumental, y terminó entrando en la portería para abrir la lata con el 0–1 en el minuto 61 de juego .
No hubo error. No hubo fallo. Hubo mala fortuna. De esa que no entiende de méritos.
El estadio se quedó mudo por un instante. La Real Sociedad de Fútbol celebró. El Sevilla miró al suelo. El fútbol había decidido inclinarse.
gol no solo alteró el marcador, alteró el estado de ánimo del partido. Alteró las respiraciones, los gestos, las miradas que se cruzaban entre las futbolistas buscando una explicación que el fútbol nunca concede. Esther Sullastres permaneció unos segundos en el suelo, no por dolor físico, sino por ese impacto invisible que dejan los goles crueles, los que llegan después de haberlo hecho todo bien. Se levantó con dignidad, ajustó de nuevo los guantes, miró al frente. No había reproche en su gesto, solo la aceptación estoica de quien entiende que ser portera es convivir con la injusticia sin perder el carácter.
La Real Sociedad, consciente de lo que acababa de suceder, entendió que ese era el momento exacto para dar un paso más.
El cero a uno no era solo ventaja, era legitimación del plan. Era la confirmación de que la paciencia había tenido recompensa. Y como hacen los equipos que están en buena dinámica, no se conformaron. No bajaron el ritmo. No se refugiaron en el resultado. Buscaron el segundo con la misma naturalidad con la que habían buscado el primero.
El Sevilla, herido pero no derrotado, trató de reaccionar desde el orgullo. Las sevillistas comenzaron a adelantar líneas, a arriesgar un poco más en la presión, a buscar envíos rápidos que rompieran la estructura visitante. Cada balón largo era una súplica, cada llegada al área una esperanza. Pero la Real Sociedad estaba cómoda. Se sentía fuerte. Se sentía madura.
En medio de ese intercambio de intenciones llegó la polémica. Una acción dentro del área que levantó los brazos del banquillo visitante y encendió los murmullos en la grada. Una disputa, un contacto, una caída. El conjunto vasco pidió penalti con convicción, con la seguridad de quien cree haber visto la oportunidad de cerrar el partido desde los once metros. El tiempo se detuvo otra vez, esta vez no por un disparo al palo, sino por la espera.
El Football Video Support entró en escena. La colegiada caminó hacia la banda, revisó la acción, la observó desde todos los ángulos. Fueron segundos largos, tensos, incómodos. El fútbol moderno tiene estas pausas que parecen eternas, estos momentos en los que el público ya no sabe si protestar, si esperar, si respirar. Finalmente, la decisión fue clara: no había penalti. El juego continuaría. La Real aceptó la resolución sin excesivo dramatismo. Sabía que el partido seguía estando donde quería.
Y entonces apareció la futbolista que convierte los partidos buenos en partidos recordados. La líder silenciosa. La centrocampista que entiende el juego como un espacio para mandar incluso cuando no se toca el balón. Nerea Eizagirre, la MVP del partido, decidió que era el momento de dejar su firma.
La jugada nació en la banda. Intza, recién ingresada, interpretó el espacio con inteligencia. No centró por centrar. Esperó el movimiento. Midió el tiempo. El envío fue tenso, preciso, dirigido al segundo palo, ese lugar al que llegan las que saben leer el fútbol antes que nadie. Y allí estaba Nerea. Llegando. Atacando el espacio con determinación. Golpeando el balón con el alma.
El remate fue limpio, inapelable. No hubo rebote. No hubo fortuna. Hubo ejecución. El balón besó la red y el 0–2 subió al marcador como una sentencia allá por el minuto 72 de la contienda.
Fue un gol de líder, de capitana emocional, de futbolista que entiende que los partidos importantes se cierran cuando el rival aún respira.
La Real Sociedad celebró con contención, con abrazos sinceros pero sin estridencias. Sabían que habían hecho el trabajo. Sabían que habían sido superiores sin necesidad de humillar.
Sabían que ese gol no solo valía tres puntos, sino una declaración de estatus. El Sevilla, mientras tanto, acusó el golpe. Dos goles en contra, uno cruel y otro definitivo, pesan como una losa en las piernas.
Aún así, las sevillistas no dejaron de intentarlo. Empujadas por su público, por ese orgullo que no se negocia, buscaron recortar distancias en los minutos finales. Hubo centros, hubo llegadas, hubo intentos desesperados. Pero ya no era el mismo partido. La Real había bajado la persiana con oficio, gestionando el tiempo, leyendo cada situación con la serenidad de quien sabe que el reloj también juega.
El pitido final llegó sin sobresaltos, pero con significado. Confirmó el triunfo de las de Arturo Ruiz, un triunfo trabajado, maduro, de equipo que ha aprendido a competir en escenarios complejos. La Real Sociedad seguía en buena dinámica, consolidada en la tercera posición de la Liga F Moeve con 34 puntos, seis por encima de su perseguidor. No era solo una cifra. Era una declaración de regularidad, de ambición sostenida.
Mientras las jugadoras se saludaban, mientras el césped comenzaba a vaciarse de tensión, quedaba la sensación de haber asistido a algo más que un partido. Quedaba el recuerdo de Esther Sullastres, gigante incluso en la derrota. Quedaba el liderazgo de Nerea Eizagirre, marcando el camino. Quedaba la certeza de que hay equipos que crecen cuando el calendario aprieta.
Cuando el estadio empezó a vaciarse y el murmullo se transformó en pasos dispersos, el partido seguía latiendo en el aire. Hay encuentros que acaban con el pitido final y hay otros que continúan durante horas, porque no se explican solo por el marcador, sino por todo lo que han puesto en juego. Este Sevilla–Real Sociedad pertenecía a ese segundo grupo. No fue un choque de fuegos artificiales ni un intercambio salvaje de golpes; fue una partida larga, estratégica, de esas que se deciden cuando una entiende mejor que la otra qué momento está viviendo.
El Sevilla se quedó en el césped unos instantes más. Algunas jugadoras con las manos en las caderas, otras mirando al suelo, otras levantando la vista hacia la grada como buscando una respuesta que el fútbol no siempre devuelve. No había sensación de desastre, pero sí de oportunidad perdida. Porque el equipo había competido. Porque había resistido durante muchos minutos a uno de los conjuntos más sólidos del campeonato. Porque había tenido en Esther Sullastres a una guardiana extraordinaria que sostuvo el partido hasta que el azar decidió intervenir.
La portera sevillista simbolizó como pocas la crudeza de este deporte. Noventa minutos impecables, una actuación de manual, y un gol encajado que no pertenece al error sino a la fatalidad. El balón que golpea el palo, rebota en la espalda y entra es una imagen que persigue, que se repite en la cabeza, que no se olvida fácilmente. Pero también es una imagen que define a quienes saben convivir con ella y seguir adelante. Sullastres lo hizo. Sin aspavientos. Sin dramatismo. Como se hacen las cosas importantes.
Enfrente, la Real Sociedad caminaba con otro gesto. No de euforia desbordada, sino de satisfacción serena. La satisfacción de quien reconoce el valor de lo conseguido porque sabe lo difícil que es. Ganar fuera de casa, en un campo exigente, dominando sin imponerse a la fuerza, golpeando cuando el partido lo pide, es una señal inequívoca de madurez competitiva.
El equipo de Arturo Ruiz no ganó porque tuviera más ocasiones claras, ni porque arrasara, ni porque desbordara. Ganó porque entendió el partido desde el primer minuto. Porque supo que el 0-0 inicial no era un problema. Porque aceptó que había que insistir sin desesperarse. Porque confió en que el fútbol, tarde o temprano, suele premiar a quien más tiempo permanece en campo rival con orden y paciencia.
Y cuando el partido pidió decisiones, las tomó. El cambio de Intza no fue un gesto menor. Fue lectura. Fue comprensión del ritmo. Fue aportar una amenaza distinta cuando el Sevilla empezaba a encontrar cierta estabilidad. Y de esa decisión nació el segundo gol, el que cerró el encuentro, el que convirtió el dominio en victoria.
El tanto de Nerea Eizagirre merece detener el tiempo. No solo por la ejecución, sino por lo que representa. Llegar al segundo palo, atacar el espacio justo, rematar con convicción cuando el partido se está jugando en los márgenes, es un gesto de futbolista grande. De esas que aparecen cuando hay que aparecer. De esas que no necesitan acumular protagonismo durante todo el partido para ser determinantes cuando llega el momento exacto.
Nerea no solo marcó un gol. Firmó un liderazgo. Confirmó su estatus. Demostró por qué es la brújula emocional y futbolística de esta Real Sociedad que ha dejado de ser promesa para convertirse en realidad sostenida. No es casualidad que fuera la MVP. Hay premios que no necesitan explicación.
El contexto engrandece aún más el triunfo. Tercera posición de la Liga F Moeve. Treinta y cuatro puntos. Seis de ventaja sobre su perseguidor. No es una cifra aislada. Es una fotografía del momento. Es la constatación de que este equipo ha construido algo sólido, reconocible, respetado. Que ya no se habla de la Real Sociedad como sorpresa, sino como actor principal. Que cada jornada suma no solo puntos, sino credibilidad.
Y en ese crecimiento hay una palabra que define el partido de Sevilla: continuidad. La Real no fue brillante a ratos y ausente a otros. Fue constante. No tuvo picos exagerados ni valles profundos. Supo que el partido era largo y lo jugó como tal. Esa es una virtud que solo se adquiere con experiencia y con convicción en la idea.
Para el Sevilla, el encuentro deja lecturas duras pero necesarias. La sensación de haber hecho muchas cosas bien y no haber obtenido recompensa es una de las más difíciles de gestionar. Pero también es una señal de que el camino no está equivocado. Competir así contra uno de los equipos más en forma del campeonato no es un accidente. Es una base. Es un punto de partida.
El fútbol femenino, además, gana cuando se juegan partidos así. Intensos, tácticos, con respeto mutuo, con protagonistas claras, con narrativas que van más allá del resultado. Porque estos encuentros construyen memoria colectiva. Construyen referentes. Construyen historias que se cuentan después, cuando ya no importan tanto los puntos, sino lo que se aprendió en el proceso.
Y al final, cuando todo se apaga, cuando el césped vuelve a ser solo césped y las camisetas regresan al vestuario, queda una imagen grabada. La Real Sociedad marchándose de Sevilla con paso firme, con la sensación de haber superado una prueba más en su camino. Y el Sevilla quedándose con la certeza de que, incluso en la derrota, hay partidos que te hacen crecer.
Porque el fútbol no siempre premia al que más lo merece. Pero siempre deja huella en quien lo entiende.
Y este partido, jugado sin alardes pero con verdad, quedará como uno de esos encuentros que explican una temporada. De esos que, cuando todo termine, alguien recordará y dirá: ahí, en Sevilla, la Real Sociedad confirmó que estaba preparada. Y el Sevilla demostró que no se rinde, ni siquiera cuando el destino decide jugar en contra.
Así se escriben las historias que no necesitan épica impostada. Así se construyen los equipos que aspiran a algo más.
(Fuente: Liga F Moeve)
📋 Ficha técnica |
Sevilla Fútbol Club: Sullastres, Débora, Alice (Hagel, 91’), Isa Álvarez, Raquel (Andrea Álvarez, 83’), Alicia, Iris (Júlia Torres, 83’), Rosa Márquez, Cortés (Esther, 62’), Inma Gabarro y Kanteh (Wifi, 83’).
Real Sociedad de Fútbol: Estensoro, Florentino, Moraza, Apari, Paula Fernández, Lucía Pardo (Intza, DES), Andreia Jacinto (Cahynová, 51’) Emma (Guridi, 83’), Lavogez, Cecilia Marcos (Aiara, 69’) y Mirari.
Incidencias: Encuentro correspondiente a la jornada 16ª de la Liga F, disputado en el Estadio Jesús Navas de la Ciudad Deportiva José Ramón Cisneros Palacios de Sevilla sobre una superficie de hierba natural.
🟫 El conjunto catalán ganó por 1-0 al Deportivo Abanca, que solo ha sumado un punto fuera de casa. Un tanto de Irina Uribe a los dos minutos de partido decidió el choque. Cristina Cubedo fue la MVP del partido gracias a su solidez atrás. Las locales se quedan en mitad de tabla con 20 puntos en su casillero.
El reloj marcará el mediodía cuando el balón eche a rodar en el Estadi Municipal de Badalona, pero lo que se pondrá en juego va mucho más allá de noventa minutos. FC Badalona Women y Deportivo Abanca se citan en un duelo de frontera, de esos que no suelen ocupar grandes titulares antes de comenzar la temporada, pero que, llegada la segunda vuelta, se convierten en auténticos puntos de inflexión. Apenas tres puntos separan a ambos equipos en la clasificación, una distancia mínima que condensa semanas de trabajo, resiliencia y decisiones tácticas que han ido modelando el carácter de dos proyectos muy distintos, pero enfrentados ahora por una misma necesidad: consolidarse en la élite.
El partido, retransmitido en directo por DAZN, será una de esas mañanas que definen trayectorias. Para el FC Badalona Women, la oportunidad de confirmar su crecimiento competitivo y convertir su solidez defensiva en un argumento definitivo. Para el Deportivo Abanca, la obligación de romper una estadística incómoda, casi asfixiante, que le ha acompañado durante toda la temporada lejos de Abegondo: es el peor equipo visitante de la Liga F Moeve, con apenas un punto sumado en siete salidas.
Hablar del FC Badalona Women esta temporada es hablar de orden, disciplina y madurez competitiva. El equipo dirigido por Marc Ballester ha construido su camino desde atrás, con una propuesta que no siempre deslumbra, pero que rara vez se descompone. Los números son contundentes y, a estas alturas del campeonato, ya no pueden considerarse casualidad: ocho porterías a cero en lo que va de Liga F Moeve. Ocho partidos en los que el rival no encontró la manera de perforar una estructura defensiva bien trabajada, solidaria y mentalmente fuerte.
La pasada jornada dejó una muestra más de esa identidad. El empate sin goles ante el Athletic Club no fue un ejercicio de supervivencia, sino una demostración de que el Badalona sabe competir contra rivales de mayor tradición y potencial ofensivo. Supo sufrir cuando tocó, sostuvo el pulso físico y táctico, y volvió a casa con la sensación de que el plan funciona. En una liga tan exigente como la Liga F Moeve, esa sensación es oro puro.
Marc Ballester ha logrado algo que no es sencillo en proyectos relativamente jóvenes: dotar al equipo de una personalidad reconocible. El Badalona no se descompone cuando no tiene el balón, no pierde el orden en los tramos de dominio rival y ha aprendido a gestionar los tiempos del partido con una madurez impropia de su recorrido en la categoría. Cada línea sabe lo que tiene que hacer, cada jugadora entiende su rol, y eso se traduce en una regularidad que explica por qué el equipo se mantiene en una zona tranquila de la tabla, mirando más hacia arriba que hacia el abismo.
Jugar en Badalona ya no es un trámite para nadie. El Estadi Municipal se ha convertido en un campo incómodo, estrecho en lo emocional, donde el equipo local crece y el rival suele encontrar dificultades para imponer su ritmo. No es solo una cuestión de dimensiones o césped; es una cuestión de confianza colectiva. El Badalona se siente fuerte en casa, se reconoce en su entorno y ha sabido convertir ese factor en puntos.
El apoyo del entorno, cada vez más fiel, ha ido acompañando ese proceso. No hablamos de un estadio lleno en términos absolutos, pero sí de una grada que entiende el momento, que empuja en los momentos de sufrimiento y que celebra cada despeje, cada duelo ganado, como si fuera un gol. En partidos como este, ante un rival directo, ese detalle puede marcar diferencia.
En el apartado médico, el FC Badalona Women llega al encuentro con una noticia positiva: Núria Garrote será la única baja del equipo local. Una ausencia sensible, sí, pero asumida dentro de una plantilla que ha demostrado saber adaptarse a las circunstancias. La continuidad en las alineaciones ha sido una de las claves del rendimiento del equipo, y todo apunta a que Ballester apostará por un once muy reconocible, con automatismos ya interiorizados y una estructura que prioriza el equilibrio por encima de todo.
La línea defensiva, sostenida por un bloque medio-bajo muy bien trabajado, volverá a ser el primer pilar. A partir de ahí, el Badalona buscará sus momentos, sabiendo que no necesita dominar para ser peligroso, que su fortaleza está en castigar el error rival y en aprovechar cada transición con inteligencia.
el Badalona llega al partido con la serenidad que otorga la solidez, el Deportivo Abanca lo hace desde una paradoja constante. Por un lado, el equipo gallego cuenta con un colchón de ocho puntos sobre los puestos de descenso, una distancia que, en términos clasificatorios, ofrece cierto margen de maniobra. Por otro, su rendimiento como visitante ha sido tan pobre que cada salida se vive como una cuenta pendiente, como una losa que el equipo necesita sacudirse cuanto antes para no comprometer su tranquilidad futura.
Un solo punto en siete partidos fuera de casa es una estadística que pesa. No solo en la clasificación, sino en la cabeza de las jugadoras. Cada desplazamiento arrastra la memoria de lo anterior, la sensación de que algo siempre falla lejos de casa, de que el equipo pierde parte de su identidad cuando abandona su entorno habitual.
Sin embargo, el Deportivo Abanca no llega a Badalona en crisis. Todo lo contrario. El mensaje de Fran Alonso en la previa ha sido claro, directo y cargado de convicción: “Estamos en un buen momento de forma y de confianza a pesar de las lesiones. Veo al equipo muy bien”.
No son palabras vacías. El técnico sabe que, más allá de los números, el equipo compite, genera, se mantiene vivo en los partidos. El problema no ha sido la actitud, sino la capacidad para sostener los encuentros lejos de casa hasta el final, para convertir buenas fases de juego en puntos reales.
hay un aspecto que ha marcado la temporada del Deportivo Abanca, ese ha sido el acumulado de bajas. La lista para este partido es extensa y obliga a un ejercicio constante de adaptación. No estarán disponibles Merle Barth, Cris Martínez (por maternidad), Carlota Suárez, Henar Muiña, Michi Apóstol, Millene Cabral ni Marisa García. Siete ausencias que, sobre el papel, debilitan cualquier plan.
Pero el Deportivo Abanca ha aprendido a convivir con esa realidad. Ha encontrado soluciones internas, ha dado minutos a jugadoras menos habituales y ha construido una identidad que no depende exclusivamente de nombres propios. La profundidad de plantilla se ha puesto a prueba semana tras semana, y aunque el margen de error es menor, el equipo ha sabido mantenerse competitivo.
Fran Alonso ha insistido durante toda la temporada en la importancia del bloque, del compromiso colectivo y de la lectura emocional de los partidos. En un encuentro como el de Badalona, esa fortaleza mental será clave. El Deportivo necesitará resistir los primeros envites, gestionar la presión ambiental y no precipitarse si el gol no llega pronto.
Más allá de los sistemas o los nombres, este partido enfrenta dos estados de ánimo. El del Badalona, confiado, sólido, consciente de sus virtudes. Y el del Deportivo Abanca, resiliente, competitivo, decidido a romper una dinámica que no refleja del todo su nivel real.
El equipo local sabe que una victoria supondría algo más que tres puntos. Sería un golpe de autoridad, una forma de ampliar distancias con un rival directo y de reforzar la idea de que su proyecto está preparado para mirar hacia cotas más ambiciosas. Para el Deportivo, puntuar en Badalona significaría cerrar una herida abierta, demostrar que también puede competir lejos de casa y dar un paso casi definitivo hacia la tranquilidad clasificatoria.
La retransmisión por DAZN añade una dimensión adicional al encuentro. No se trata solo de un partido más en la parrilla; es una oportunidad para mostrar la profundidad competitiva de la Liga F Moeve, esa zona media donde cada punto se pelea con la misma intensidad que un puesto europeo o una permanencia agónica.
El fútbol femenino español ha crecido precisamente gracias a este tipo de partidos, donde el relato no se sostiene en nombres mediáticos, sino en proyectos, en entrenadoras y entrenadores que construyen desde la base, en jugadoras que entienden el juego como una suma de detalles.
Cuando el árbitro señale el inicio, todo el contexto quedará atrás. Quedará el césped, el ruido seco del balón, las instrucciones desde la banda, las miradas de reojo al marcador. El Badalona intentará imponer su orden. El Deportivo buscará romper su maleficio como visitante. Y durante noventa minutos, la Liga F Moeve mostrará, una vez más, por qué cada jornada es una historia en sí misma.
estadio de Palamós se presentó en la tarde de ayer como un escenario cargado de expectativas, donde las gradas, impregnadas de un ambiente que mezclaba la emoción con la tensión, aguardaban el inicio de un duelo que prometía intensidad y espectáculo. El FC Badalona Women recibía al Deportivo Abanca en un enfrentamiento que, a simple vista, podía parecer una confrontación más dentro de la Segunda RFEF Femenina, pero que en realidad encerraba mucho más que tres puntos: la necesidad de consolidar posiciones, de afianzar la moral del grupo y de demostrar que cada acción, cada pase, cada decisión en el terreno de juego, podía ser determinante para el rumbo de la temporada.
Desde los primeros minutos, el partido se configuró como un tablero de ajedrez, donde la estrategia, la anticipación y la capacidad de reacción rápida marcarían la diferencia entre la victoria y la frustración.
Tan solo habían transcurrido dos minutos desde el pitido inicial cuando el balón comenzó a moverse con una velocidad que sorprendió a las defensas. María Llompart, con la visión precisa que la caracteriza, envió un balón largo que parecía destinado a un simple intercambio de posiciones, pero que pronto se convirtió en la jugada decisiva del encuentro.
La pelota, flotando con una parábola exacta sobre el terreno, encontró la inesperada complicidad de la arquera visitante, Inês Pereira. La portera lusa salió decidida a interceptar la trayectoria, pero el balón, con un efecto sutil y traicionero, se quedó suelto justo en el límite de su alcance. Allí apareció Irina Uribe, cuya reacción fue inmediata y demoledora.
La atacante catalana, con una combinación de rapidez, precisión y determinación, se adelantó al desenlace del error, controló el balón con la templanza de quien sabe que cada centímetro cuenta y definió con un disparo que, lejos de ser un simple remate, se transformó en un acto de clase y eficacia que terminó atravesando la portería para marcar el 1–0 que abrió la lata en el minuto 2 de juego .
La grada estalló en un clamor que reflejaba tanto la alegría de las locales como la tensión de las visitantes, conscientes de que aquel instante podía inclinar la balanza a favor de un equipo u otro.
Tras este golpe inicial, el Deportivo Abanca trató de recomponerse y tomar control del juego, pero la reacción de las locales fue inmediata.
Elena Julve buscó rápidamente el segundo gol con un disparo que obligó a Inês Pereira a mostrar toda su capacidad bajo los palos, evitando que el marcador se ampliara y manteniendo a su equipo con vida. Ainhoa Marín también se animó en el área contraria, intentando superar a la zaga del Badalona Women, pero se encontró con una defensa organizada, disciplinada y decidida a no conceder espacios. María Valenzuela, bajo los palos del equipo catalán, se mantuvo imperial, atrapando un lanzamiento lejano de Paula Gutiérrez que parecía tener destino de gol, reafirmando la solidez de la portería local.
La intensidad se mantuvo en todo momento. Las espadas estaban por todo lo alto, y en una de esas acciones, el travesaño evitó que Elena Julve pusiera el segundo, una diana que podría haber sentenciado el partido prematuramente. Itziar Pinillos, por su parte, mostró su capacidad para sumarse al ataque tras una jugada de estrategia, buscando el desequilibrio en un partido que se volvía cada vez más físico y táctico. Antes del descanso, María Llompart estuvo cerca de firmar su segundo aporte en la jornada, enviando un disparo cruzado que rozó la perfección, pero que finalmente se marchó fuera, recordando que incluso los instantes más prometedores pueden truncarse por milímetros. Paula Gutiérrez tuvo la última ocasión de la primera mitad para las visitantes, pero María Valenzuela volvió a imponer su autoridad con una intervención que demostraba que aquel encuentro estaba lejos de definirse de manera sencilla.
Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con una mínima diferencia a favor del ONA, pero aún restaban cuarenta y cinco minutos por delante en Cataluña.
El inicio del segundo tiempo trajo consigo la misma dinámica: un Deportivo Abanca que intentaba progresar, que buscaba abrir el cerrojo defensivo del Badalona Women, pero que se topaba constantemente con una defensa férrea. Cristina Cubedo y Berta Pujadas, eje de la zaga catalana, se mostraban infranqueables, cortando cada intento de infiltración y anulando cualquier combinación que pudiera poner en peligro el arco local. La presión sobre el balón era constante, y cada intervención, cada despeje, cada anticipación se sentía decisiva en el desarrollo del partido. Cerca de la media hora de la segunda mitad, el entrenador visitante decidió introducir a Lucía Rivas en sustitución de Bárbara Latorre, buscando una chispa que pudiera transformar la dinámica ofensiva, pero Inês Pereira respondió con un paradón que mantenía intacta la ventaja local.
Mientras tanto, Itziar Pinillos volvió a ser protagonista con un remate que obligó a la portera a realizar una estirada impecable, demostrando que, a pesar de la desventaja en el marcador, el Deportivo Abanca no se resignaba y continuaba buscando el empate con insistencia y determinación.
Del otro lado, María Valenzuela continuaba siendo una muralla bajo los palos, atrapando un potente disparo de Lucía Rivas que, de haber entrado, habría puesto a las visitantes en plena remontada.
La tensión creció a medida que se acercaban los minutos finales. Cada balón disputado, cada duelo individual y cada decisión arbitral podían tener repercusiones determinantes.
La central Berta Pujadas, junto con Cristina Cubedo, seguía mostrando su dominio absoluto, interceptando pases, bloqueando disparos y ejerciendo un control absoluto sobre el área defensiva. Itziar Pinillos logró marcar, sí, pero el tanto fue anulado tras la revisión del Football Video Support por fuera de juego, un golpe psicológico que ilustraba la delgada línea que separa la gloria de la frustración en el fútbol femenino de alto nivel.
Los últimos minutos fueron un acoso constante del Deportivo Abanca sobre la portería catalana. Sin embargo, la organización, la disciplina táctica y la determinación del Badalona Women mantuvieron el marcador intacto, sellando una victoria merecida que les permitió escalar hasta la 9ª posición liguera al sumar ya 20 unidades en su casillero particular , mientras que el cuadro gallego se quedaba en la 13ª plaza con 14 puntos en su poder y buscará la reválida el próximo fin de semana al medirse al DUX Logroño en Las Gaunas.
Este resultado, más allá de la tabla, dejó claro que en Palamós no se regalaba nada y que cada acción debía ser ejecutada con máxima precisión y concentración.
(Fuente: Liga F Moeve)
📋 Ficha técnica |
ONA: María López; Itzi Pinillos, Cristina Cubedo, Berta Pujadas, Sonia Majarín; Ana González (Nerea Carmona, 92′), María Llompart (Sarah Jankovska, 92′), Lorena Navarro (Paula Sánchez, 66′); Elena Julve, Estefanía Banini (Celya Barclais, 85′), Irina Uribe (Loreta Kullashi, 85′
Árbitro: Olatz Rivera Olmedo (País Vasco). Mostró la cartulina amarilla a Sonia Majarín del Badalona; también a Espe Pizarro del Deportivo.
Incidencias : Partido correspondiente a la decimosexta jornada de la Liga F Moeve entre el ONA y el Deportivo Abanca que se ha celebrado en el Estadio Municipal de Badalona sobre una superficie de hierba natural.
Goles:
1-0 Irina Uribe 2’ ⚽️
Vídeo |
👏 El FC Badalona Women se lleva la victoria gracias al tempranero gol de Irina Uribe
El fútbol no entiende de calendarios, pero sí de símbolos. Y el domingo 18 de enero, a las 12:00 del mediodía, el Heliodoro Rodríguez López volverá a ejercer de altar futbolístico para acoger algo más que un partido de Liga F: el estreno en casa de Yerai Martín como entrenador del Costa Adeje Tenerife. No es un detalle menor. Es, en realidad, el punto de partida de un nuevo relato. Porque cada cambio en el banquillo implica una reescritura tácita del guion. Nuevas jerarquías, nuevas miradas, nuevas palabras en el vestuario. Y también nuevas expectativas en la grada. El Heliodoro, testigo de ascensos, permanencias sufridas y tardes de orgullo insular, abre sus puertas para una cita que mezcla ilusión renovada y exigencia inmediata. Enfrente, además, no llega un rival cualquiera. El Athletic Club, uno de los grandes nombres históricos del fútbol femenino español, aterriza en Tenerife con la seguridad que otorgan los resultados recientes y con la convicción de que este equipo ha recuperado su identidad competitiva. La victoria en el Alfredo Di Stéfano ante el Real Madrid (0-1) no fue solo un triunfo de tres puntos: fue una declaración de intenciones. El estreno de Yerai Martín al frente del Costa Adeje Tenerife no pudo ser más representativo de lo que es este equipo: lucha, resistencia y carácter. El empate (1-1) en Riazor ante el Deportivo Abanca fue un resultado que, sin ser definitivo, dejó sensaciones muy claras. El Costa Adeje compitió. Supo sufrir. Y, sobre todo, mostró una estructura reconocible incluso en un contexto de transición. Ahora, el reto se multiplica. No es lo mismo debutar fuera de casa que hacerlo ante tu gente. No es lo mismo preparar un partido desde la urgencia que hacerlo desde la expectativa. Yerai Martín afronta su primer partido como local con un condicionante claro: el Heliodoro exige valentía, pero también orden. Su discurso, medido y coherente, apunta a una idea clara: recuperar la solidez sin renunciar a la ambición. El técnico es consciente de las limitaciones actuales de la plantilla, especialmente en el apartado físico, pero también sabe que el Costa Adeje Tenerife es un equipo capaz de competir desde la convicción colectiva. En la previa, Mari Jose puso voz al sentir del vestuario con una frase que resume a la perfección el estado emocional del grupo: “Empezar el año consiguiendo los tres puntos en el Heliodoro sería magnífico”. No es una frase grandilocuente. Es, precisamente, lo contrario: una afirmación sencilla, directa, honesta. Pero en esa sencillez se esconde una ambición profunda. Porque el Costa Adeje Tenerife sabe que cada punto en casa es oro. Y porque el vestuario es plenamente consciente de que el margen de error se estrecha a medida que avanza la temporada. La capitana, referencia dentro y fuera del campo, simboliza la continuidad en un momento de cambio. Su liderazgo será clave en un partido donde el componente emocional puede jugar un papel determinante. El contexto deportivo no es sencillo. La enfermería condiciona, una vez más, la preparación del encuentro. María Estella, Pisco, Aithiara Carballo, Ariana Arias, Carlota Suárez e Iratxe Pérez no estarán disponibles para este compromiso. Seis ausencias de peso que obligan a ajustar piezas y redefinir automatismos. A esta lista se suma una situación especialmente delicada: Violeta Quiles, que continúa ganando ritmo competitivo tras superar una grave lesión de ligamento cruzado. Su presencia, aunque aún limitada, es una esperanza a medio plazo más que una solución inmediata. La gestión de los esfuerzos será clave. Yerai Martín deberá hilar fino, equilibrar intensidad y prudencia, y confiar en una plantilla que ha demostrado, en más de una ocasión, que sabe sobreponerse a la adversidad. Si el Costa Adeje Tenerife busca consolidar un nuevo camino, el Athletic Club llega al Heliodoro en plena reafirmación. El conjunto bilbaíno ha recuperado esa sensación tan característica de equipo incómodo, competitivo y solidario. Un bloque que no concede nada y que sabe aprovechar sus momentos. La victoria en el Di Stéfano ante el Real Madrid fue un punto de inflexión. No solo por el rival, sino por la forma. Un partido trabajado, maduro, en el que el Athletic supo interpretar cada fase del juego. Tras el encuentro, Javi Lerga fue claro: “ “El equipo está compitiendo muy bien. Somos capaces de ganar a cualquiera”. No todo son buenas noticias para el conjunto rojiblanco. Adriana Nanclares, una de las piezas clave, es duda tras retirarse lesionada en el último compromiso. Su presencia o ausencia puede alterar el plan inicial del Athletic, especialmente en la salida de balón y en la organización defensiva. Además, Irene Oguiza, Estefa, Patricia Zugasti y Jone Amezaga serán bajas confirmadas. Ausencias que obligan a reajustes, pero que no merman en exceso la competitividad de un equipo acostumbrado a reinventarse desde el colectivo. El partido se presenta como un choque de narrativas. El Costa Adeje Tenerife, desde la necesidad de sumar y la ilusión de un nuevo comienzo. El Athletic Club, desde la seguridad que otorga el trabajo bien hecho y los resultados recientes. Será un duelo donde la gestión de los tiempos resultará decisiva. Donde cada transición puede marcar diferencias. Donde el Heliodoro puede convertirse en un aliado fundamental si el equipo local consigue engancharse pronto al partido. encuentro ante el Athletic Club marcará el regreso del Costa Adeje Tenerife Egatesa y de su afición al Heliodoro Rodríguez López en este 2026. Una cita especial para volver a disfrutar del equipo en casa, para la que el club ha puesto en marcha una promoción destinada a los abonados del CD Tenerife y de La Laguna Tenerife, quienes podrán acceder de forma gratuita al partido mostrando su carnet en los accesos de la grada que elijan, tanto en Tribuna como en San Sebastián. Las localidades para el público general ya están a la venta a través de la web oficial del CD Tenerife Femenino y de Tomaticket, con precios de 6 euros en San Sebastián Baja y 12 euros en Tribuna Baja. Asimismo, el día del encuentro las taquillas del Heliodoro Rodríguez López abrirán desde las 8:00 horas para la venta presencial, con precios de 7 y 13 euros, respectivamente. Desde el club se recuerda que los fieles blanquiazules abonados al CD Tenerife Femenino pueden acceder con su abono de la temporada, como es habitual en cada jornada de Liga F Moeve y hace un llamamiento a la afición tinerfeña para que se una y contribuya a generar un gran ambiente en las gradas, apoyando al equipo en un duelo señalado en el calendario y determinante para comenzar con buen pie la segunda vuelta de la competición.
La derrota del Atlético de Madrid (0-1) en Alcalá de Henares frente al Espanyol de Barcelona habría una ventana de oportunidad para las guerras del Costa Adeje Tenerife Egatesa en la lucha por entrar en Europa, pero las insulares recibían a un Athletic Club que estaba envalentonado tras haber ganado al Real Madrid (0-1) en Valdebebas, por lo que su misión no era nada sencilla.
El Heliodoro Rodríguez López amaneció ese día con una de esas atmósferas que no necesitan ser explicadas, solo respiradas. El cielo de Santa Cruz, limpio y abierto, parecía haberse puesto de acuerdo con el césped para anunciar que allí iba a suceder algo importante, algo que iba más allá de una simple decimosexta jornada de Liga F Moeve. No era una final, no había títulos en juego, pero sí había identidad, orgullo, memoria y una necesidad casi visceral de dejar huella. El Costa Adeje Tenerife y el Athletic Club se citaban en un escenario histórico, cargado de simbolismo, donde cada partido femenino es también una reivindicación silenciosa, un paso más en la consolidación de un proyecto que ha aprendido a competir sin complejos.
Desde mucho antes del pitido inicial, el estadio ya transmitía esa sensación de partido grande. No por el ruido ensordecedor, sino por el murmullo constante, por la manera en la que la afición local ocupaba su sitio con una mezcla de calma y expectativa, consciente de que el equipo había crecido, de que ya no se trataba solo de resistir ante gigantes históricos, sino de mirarlos de frente. Enfrente estaba el Athletic Club, un nombre que pesa, que arrastra tradición, carácter competitivo y una forma muy reconocible de entender el fútbol femenino: intensidad, rigor, fe hasta el último segundo. Las bilbaínas llegaban con la intención de imponer su ritmo, de hacer del partido un ejercicio de constancia y presión. El Tenerife, en cambio, estaba preparado para convertir el Heliodoro en su territorio emocional.
Cuando la colegiada señaló el inicio, apenas habían pasado unos segundos cuando se entendió que el guion no iba a ser conservador. No hubo fase de estudio, no hubo tanteo. El Costa Adeje Tenerife salió como salen los equipos que creen en lo que hacen, que han interiorizado automatismos y que juegan con la convicción de que cada balón dividido puede ser una oportunidad para golpear primero. Apenas dos minutos marcaba el cronómetro cuando llegó el primer aviso, y no fue una acción aislada, sino una declaración de intenciones.
Sakina Diki, eléctrica desde el primer contacto, recibió el balón en banda con espacio para pensar, algo que el Athletic pagaría caro durante toda la tarde. La atacante levantó la cabeza, midió la llegada de Paola Hernández desde segunda línea y ejecutó el pase con la precisión de quien entiende el fútbol no solo como desborde, sino como lectura del tiempo. Paola controló con templanza, acomodó el cuerpo y se sacó un derechazo seco, violento, de esos que nacen del convencimiento. El balón se perdió rozando el palo de la meta defendida por Olatz Santana, lo suficiente para que el estadio contuviera el aliento y para que el Athletic entendiera que allí no iba a haber concesiones.
La respuesta bilbaína no tardó en llegar, porque si algo define al Athletic es su capacidad para reaccionar sin dramatismos. Clara Pinedo se filtró dentro del área tras una jugada bien trenzada y probó fortuna con un disparo que llevaba intención, pero se encontró con una Noelia Ramos segura, firme, transmitiendo tranquilidad desde la portería. Poco después, Maite Valero conectó un testarazo que obligó de nuevo a la guardameta local a intervenir, esta vez atrapando el balón con solvencia, como quien quiere dejar claro que la portería tenía dueña.
El partido entró entonces en una fase de igualdad máxima, de intercambio de golpes sin que ninguno lograra imponer un dominio absoluto. El balón viajaba con velocidad, las disputas en el centro del campo eran intensas y cada recuperación se celebraba como un pequeño triunfo. El Athletic intentaba avanzar con juego interior, buscando la movilidad de sus centrocampistas, mientras el Tenerife apostaba por la verticalidad, por explotar las bandas y por activar constantemente a Sakina Diki, que comenzaba a convertirse en un problema irresoluble para la defensa visitante.
Y entonces, en el minuto 18, llegó la jugada que cambió el partido, esa acción que suele pasar desapercibida en los resúmenes rápidos pero que en realidad es el origen de todo. Natalia Ramos, omnipresente, leyó una intención en el centro del campo, anticipó el pase y robó un balón que no parecía especialmente peligroso. Pero el fútbol, como la vida, se decide muchas veces en esos gestos mínimos. Natalia levantó la cabeza apenas una fracción de segundo y encontró a Sakina Diki abierta en banda, con metros por delante y el tiempo justo para pensar.
La atacante no dudó. Avanzó, fijó a su defensora y, en el momento exacto, metió un centro al punto de penalti. No fue un centro bombeado ni desesperado, fue un envío tenso, medido, diseñado para que alguien llegara desde atrás. Y allí apareció Paola Hernández. La centrocampista, que ya había avisado dos minutos antes, controló el esférico con una serenidad impropia de un área abarrotada, se perfiló y conectó un derechazo limpio, directo, que se coló en el fondo de la red. No hubo rebote, no hubo dudas. Gol.
El Heliodoro estalló. No de forma atronadora, sino con esa explosión contenida que nace del orgullo, del reconocimiento a una jugada bien ejecutada, a un plan que funciona. Paola Hernández, que acabaría siendo la MVP del encuentro, levantó los brazos mientras sus compañeras la rodeaban. El 1-0 no era solo una ventaja en el marcador; era la confirmación de que el Tenerife estaba preparado para mandar en el partido.
Tras el gol, el Athletic trató de reaccionar. Sara Ortega asumió responsabilidades, pidió el balón y buscó generar peligro desde la frontal, pero se encontró una y otra vez con una zaga local bien plantada, sólida, compacta, que no concedía espacios. Clara Pinedo volvió a intentarlo con un disparo lejano, buscando sorprender, pero sin fortuna. Mientras tanto, Olatz Santana tuvo que emplearse a fondo para evitar el posible doblete de Paola Hernández, demostrando que, pese al marcador, el Athletic seguía vivo.
El tiempo avanzaba y el Costa Adeje Tenerife gestionaba la ventaja con inteligencia. No renunciaba al ataque, pero tampoco se desordenaba. Cada balón era jugado con sentido, cada repliegue se hacía en bloque. Cuando la colegiada señaló el final de los primeros cuarenta y cinco minutos, el 1–0 campeaba en el marcador como una promesa de algo mayor, como el primer capítulo de una historia que todavía estaba lejos de terminar.
Y lo que estaba por venir convertiría aquella tarde en una de esas que se recuerdan durante años.
Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con una mínima diferencia a favor del Costa Adeje , pero todo estaba abierto de cara al segundo tiempo en Santa Cruz de Tenerife.
⏸️ 𝗔𝗧𝗦𝗘𝗗𝗘𝗡𝗔𝗟𝗗𝗜𝗔
El gol de Paola decanta al descanso el encuentro a favor de las locales en el Heliodoro.
La segunda mitad comenzó sin ruido artificial, sin necesidad de proclamas grandilocuentes, pero con una certeza silenciosa que se percibía tanto en el césped como en la grada: el partido estaba vivo, peligrosamente vivo para el Athletic Club, y el Costa Adeje Tenerife lo sabía. No había euforia descontrolada en las locales, no había gestos de conformismo. Había, en cambio, una concentración casi quirúrgica, esa que distingue a los equipos que entienden cuándo un partido puede romperse y cuándo conviene tensarlo un poco más antes de asestar el golpe definitivo.
Desde el banquillo, el cuerpo técnico del Tenerife movió ficha con rapidez. Cinta Rodríguez entró por Fatou Dembele, una sustitución que no buscaba alterar el dibujo de manera radical, sino reforzar una idea muy concreta: sostener el bloque defensivo sin perder salida limpia de balón. Era una decisión de madurez competitiva, de equipo que sabe que defender bien también es una forma de atacar, porque obliga al rival a exponerse, a adelantar líneas, a asumir riesgos que luego pueden convertirse en oportunidades mortales.
El Athletic Club salió decidido a cambiar el signo del encuentro. No podía permitirse especular, no podía esperar a que el partido se le escapara entre los dedos. Las bilbaínas adelantaron metros, aumentaron la presión y comenzaron a cargar el juego hacia el área local con mayor frecuencia. Sin embargo, el primer aviso serio de la segunda parte volvió a llevar sello canario. Natalia Ramos, siempre atenta, se animó con un disparo que se marchó directamente al lateral de la red, una acción que, sin ser gol, volvió a sacudir emocionalmente el partido, recordándole al Athletic que cualquier despiste podía resultar fatal.
En la otra área, el duelo de hermanas vivía uno de esos capítulos que solo el fútbol puede regalar. Daniela Agote encontró espacio para armar el disparo, buscó el palo largo con intención, y allí apareció Noelia Ramos, volando, estirando el brazo con una mano prodigiosa que evitó el empate. Fue una parada de esas que no solo detienen un balón, sino que refuerzan la moral de todo un equipo. La grada lo entendió al instante y respondió con aplausos largos, sentidos, conscientes de que aquella intervención podía marcar el rumbo de lo que estaba por venir.
El partido se convirtió entonces en un toma y daca constante. El Athletic empujaba con corazón, con fe, con la determinación de quien se niega a aceptar una derrota sin luchar. El Tenerife, lejos de replegarse en exceso, aceptaba el intercambio, confiando en su velocidad, en su capacidad para castigar cada pérdida.
Elba Vergés se erigió en una figura clave bajo palos cuando evitó el tanto de Sara Ortega con una intervención decisiva, demostrando que la concentración defensiva local era total, absoluta.
Y cuando el Athletic parecía empezar a encontrar resquicios, cuando el partido se tensaba al límite, apareció de nuevo Sakina Diki para recordar que aquella tarde estaba destinada a ser suya. La atacante se internó por banda, desbordó, armó el disparo y vio cómo el larguero escupía un balón que ya se cantaba como gol.
El Heliodoro se levantó de sus asientos, con ese gesto colectivo que mezcla incredulidad y admiración. No había sido gol, pero era una advertencia clara: el segundo estaba más cerca de lo que parecía.
Ese aviso no tardó en convertirse en realidad. Corría el minuto 68 cuando Natalia Ramos, incansable, volvió a cargar el área con un envío que no parecía excesivamente peligroso. El balón flotó, Olatz Santana salió a atraparlo, pero no logró hacerse con él. Fue un instante mínimo, una décima de segundo en la que el fútbol decide castigar. Elba Vergés, atenta, voraz, olió el error y se lanzó sobre el balón con determinación, empujándolo al fondo de la red para hacer el 2–0 que fue el preludio de la goleada.
Ese fue el instante exacto en el que el partido dejó de ser una posibilidad abierta para convertirse en una certeza irreversible, el momento en el que el Costa Adeje Tenerife terminó de quebrar cualquier resistencia emocional del Athletic Club. No llegó desde la prisa ni desde el desorden, sino desde la lectura perfecta del contexto, desde esa intuición que solo tienen los equipos que saben cuándo acelerar y cuándo golpear.
La jugada nació con el Athletic intentando estirarse, buscando con más corazón que claridad un gol que las devolviera al partido. Ese pequeño paso adelante, esa necesidad de arriesgar, fue el espacio que el Tenerife llevaba esperando desde hacía minutos.
El balón cayó en zona intermedia, se movió con rapidez, sin conducción innecesaria, hasta llegar a Koko. La atacante recibió de espaldas, sintiendo la presión a su alrededor, y en lugar de forzar, hizo lo más difícil y lo más inteligente: levantar la cabeza en medio del caos.
En ese instante apareció Aleksandra Zaremba. No irrumpió con estridencia, no pidió el balón a gritos; simplemente atacó el espacio con una carrera limpia, diagonal, perfectamente sincronizada con el gesto de su compañera. Fue un movimiento de delantera pura, de futbolista que entiende que los goles se fabrican un segundo antes de tocar el balón. Koko filtró el pase con suavidad, preciso, rompiendo la línea defensiva del Athletic, que llegó tarde, descompuesta, consciente ya de que algo se había roto.
Zaremba controló con el cuerpo orientado hacia portería, sin perder velocidad, sin permitir que la duda entrara en la jugada. Olatz Santana intentó achicar espacios, salir con valentía, pero el destino de la acción ya estaba escrito. La delantera del Tenerife levantó ligeramente la mirada, lo justo para elegir, y definió con frialdad absoluta, colocando el balón lejos del alcance de la guardameta vasca para poner el 3-0 en el minuto 85 de juego.
El Athletic Club empezó a dar síntomas de cansancio después de haber jugado y ganado entre semana al Real Madrid, dejándose ir en el tramo final de manera evidente.
El 4-0 llegó cuando el partido ya había entrado en esa fase en la que el tiempo parece detenerse para el equipo que manda y acelerarse para el que sufre, cuando cada posesión del Costa Adeje Tenerife se convertía en una amenaza y cada intento del Athletic Club nacía con la sensación de ser el último. No fue un gol fruto del exceso ni de la relajación del rival; fue, una vez más, la consecuencia directa de un equipo que entendió que no debía bajar el ritmo, que la ambición también es una forma de respeto.
La jugada se gestó sin estridencias, como tantas otras durante la segunda mitad. El balón circuló por el centro del campo, con apoyos cortos, con paciencia, obligando al Athletic a bascular, a correr detrás de una sombra. En ese vaivén constante apareció Koko, que hasta ese momento ya había dejado huella en el partido con su participación decisiva en el tercer gol. Recibió en una zona aparentemente inofensiva, con metros por delante y una defensora intentando perfilarla hacia fuera.
Koko no se precipitó. Condujo unos pasos, levantó la cabeza y leyó el espacio con una claridad que solo tienen las futbolistas que están completamente conectadas con el partido. El Athletic trató de cerrar líneas, de achicar espacios a la desesperada, pero el desgaste ya era evidente. Y en ese contexto, Koko decidió que era su momento.
Armó el golpeo con determinación, sin necesidad de demasiada carrera previa, buscando sorprender más que potencia. El disparo salió limpio, tenso, viajando hacia la portería con una trayectoria que mezclaba intención y convicción. Olatz Santana reaccionó, se estiró, intentó llegar, pero el balón la superó y terminó alojándose en el fondo de la red.
El 4-0 cayó como una sentencia definitiva. No hubo protestas, no hubo gestos de incredulidad. Solo la constatación de que el Costa Adeje Tenerife estaba firmando una de esas tardes redondas en las que todo fluye, en las que cada decisión parece la correcta. Koko celebró con rabia contenida, señalando al cielo, abrazada por sus compañeras, consciente de que aquel gol era el premio a una actuación completa, generosa, decisiva.
En la grada, el aplauso fue largo, sostenido, casi agradecido. Porque el 4-0 no era solo un número más en el marcador en el 92 de encuentro. Era la confirmación de una superioridad aplastante, el reflejo de un equipo que no se conformó con ganar, que quiso dominar hasta el final, que entendió que el fútbol, cuando se juega así, también puede ser una celebración colectiva.
El 5-0 fue mucho más que el último gol de la tarde. Fue el epílogo perfecto, el cierre emocional de un partido que ya se había convertido en relato, en memoria, en algo que trascendía lo estrictamente deportivo. Llegó cuando el encuentro ya estaba decidido, sí, pero precisamente por eso adquirió un valor distinto, casi simbólico, porque habló de superación, de regreso y de justicia futbolística.
La jugada comenzó lejos del foco inmediato del área, con el Costa Adeje Tenerife moviendo el balón con calma, sin prisa, como quien sabe que el tiempo ya juega a su favor. En ese contexto apareció Violeta Quiles. Su presencia sobre el césped ya era una historia en sí misma. Volvía a competir tras superar una durísima lesión de cruzado, y cada toque suyo tenía algo de celebración íntima, de victoria personal. Cuando recibió el balón, no forzó, no buscó el aplauso fácil. Hizo lo que había hecho siempre: jugar sencillo, jugar bien.
Violeta levantó la cabeza y vio el desmarque de Iratxe Pérez. Fue un movimiento limpio, honesto, atacando el espacio con determinación, creyendo en la jugada incluso antes de que el pase existiera. El envío de Quiles fue preciso, medido, con la fuerza justa para romper la línea defensiva y dejar a su compañera en ventaja. No fue un pase espectacular, fue algo mejor: fue el pase correcto.
Iratxe controló con calma, sin que el peso del marcador ni del momento la empujara a precipitarse. Olatz Santana salió a su encuentro intentando achicar, pero ya no había margen para la reacción. La delantera del Tenerife definió con serenidad, colocando el balón lejos del alcance de la guardameta, sellando el 5–0 ya sobre el 97 con un gesto técnico tan sencillo como definitivo.
Cuando el balón cruzó la línea, el Heliodoro reaccionó de una manera especial. No fue solo alegría; fue emoción. Las compañeras corrieron hacia Iratxe, pero también hacia Violeta, conscientes de lo que significaba esa jugada, ese pase, ese gol. Había abrazos largos, miradas cómplices, sonrisas que hablaban de todo lo vivido para llegar hasta allí.
El 5-0 no fue una humillación para el rival ni una exageración del resultado. Fue un cierre justo, humano, casi poético. El gol que resumió una tarde perfecta y que dejó claro que aquel Costa Adeje Tenerife no solo había ganado un partido: había escrito una historia.
Con esta gran alegría para el conjunto insular, que quizá era difícil de pronosticar, el Club Deportivo Tenerife suma ya 28 unidades que le permiten adelantar al Atlético de Madrid en la tabla y le da crédito al nuevo proyecto que está gestando Yerai Martín y la próxima semana se medirá al Espanyol en la Ciudad Deportiva Dani Jarque.
El Athletic Club de Javi Lerga tendrá que resetear su mente tras este duro correctivo y se mantendrá octavo en la Liga F Moeve, teniendo por delante un choque de enjundia dentro de quince días en Lezama también ante las pericas, pues ya jugaron su partido de la 17ª fecha de manera anticipada por la celebración de la Supercopa de España.
(Fuente: Liga F Moeve)
📋 Ficha técnica |
Costa Adeje Tenerife Egatesa: 63´), S. Ouzraoui (V. Quiles 83´); Aleksandra (Iratxe 89’); S. Castelló. Ramos; Clau Blanco; Elba; Patri Gavira, Gramagia (Koko Ange 63´)
Árbitra: Beatriz Cuesta asistida por Iria Rosendo y Marta Villanueva; 4ª árbitra Amy Peñalver. Amonestaron a las locales con amarilla: Aleksandra (24´); Fatou.D (32´). Clau Blanco (44´) y a las visitantes: L. Baños (44´). M. Zubieta (64’).
Incidencias: Partido correspondiente a la decimosexta jornada de Liga F Moeve, disputado en el Estadio Heliodoro Rodríguez López con 1.422 espectadores entre el Costa Adeje Tenerife y el Athletic Club sobre una superficie de hierba natural.
🟫 Con apenas 22 años, Lauren Leal ya ha recorrido un camino que muchas futbolistas solo imaginan. Nacida en Votorantim, en el corazón del estado de São Paulo, su fútbol creció entre la intensidad brasileña y una madurez competitiva poco común para su edad. Hoy, asentada en la zaga del Atlético de Madrid y convertida en internacional absoluta con Brasil, Lauren representa a una nueva generación de defensoras: sobria, contundente y con personalidad. La medalla de plata conquistada en los Juegos Olímpicos de París 2024 no es un punto de llegada, sino la confirmación de una carrera que avanza con paso firme y ambición europea.
Hay futbolistas que a pesar no ser canteranas de un club casan a la perfección con la idiosincrasia de la entidad la que defienden, este es el caso de la brasileña Lauren Leal y el Atlético de Madrid.
Lauren Eduarda Leal Costa (Votorantim, São Paulo; 13 de septiembre de 2002 fue uno de los grandes descubrimientos que aportó a la Primera División Femenina el Madrid CFF, experto en la captación de talento foráneo.
(Fuente: Liga F Moeve)
Lauren Eduarda Leal Costa aprendió a defender antes incluso de saber que ese verbo definiría su vida. En Votorantim, una ciudad del interior del estado de São Paulo donde el fútbol se respira como parte del paisaje cotidiano, Lauren creció jugando en la calle, en espacios improvisados donde el balón no entiende de jerarquías ni de géneros, solo de carácter. Aquellas primeras pachangas, marcadas por el asfalto, por porterías imaginarias y por rivales mayores y más fuertes, moldearon una futbolista precozmente competitiva, acostumbrada a sobrevivir, a anticiparse y a resistir. En ese entorno informal, donde cada partido era una prueba de personalidad, Lauren empezó a forjar la dureza mental que más tarde definiría su carrera profesional.
El salto del juego callejero a una estructura organizada llegó de la mano del Centro Olímpico de São Paulo, un proyecto deportivo impulsado por el Ayuntamiento de la ciudad con el objetivo de detectar, formar y potenciar talento joven. Allí, Lauren encontró por primera vez un espacio donde su energía competitiva se canalizó a través de entrenamientos sistemáticos, conceptos tácticos y una rutina que exigía disciplina. El Centro Olímpico no solo le ofreció un marco deportivo, sino también una primera toma de contacto con lo que significaba pertenecer a un proyecto colectivo, representar unos colores y asumir responsabilidades dentro de un grupo. Fue un punto de inflexión en su formación, el lugar donde dejó de ser solo una niña que jugaba bien al fútbol para empezar a construir una identidad como defensora.
Su progresión no pasó desapercibida y pronto llamó la atención del São Paulo Futebol Clube, una de las entidades más prestigiosas del fútbol brasileño, que la incorporó a su cantera. En 2017, Lauren formó parte del equipo sub-15 del club paulista en una temporada que resultaría histórica. A pesar de competir en una categoría superior, el sub-17, aquel grupo logró proclamarse campeón del Campeonato Paulense sub-17 en su primer año de participación, un éxito que situó a varias de sus integrantes, incluida Lauren, en el radar del fútbol nacional. Su papel en aquel equipo fue creciendo con rapidez, no solo por sus cualidades defensivas, sino por su capacidad de liderazgo, su lectura del juego y su serenidad en momentos de presión.
Con el paso de los años, Lauren se consolidó como una pieza central en las categorías juveniles del São Paulo FC, hasta convertirse en capitana. Bajo su liderazgo, el equipo vivió una de las etapas más exitosas de su historia formativa, conquistando un triple campeonato interestatal que incluyó la Copa Nike, la Fiesta Sudamericana y el Campeonato Brasileño juvenil. Aquellos títulos no solo reforzaron su currículum deportivo, sino que terminaron de definir su perfil como una futbolista preparada para asumir galones desde la retaguardia, con una personalidad que trascendía su edad. Lauren ha señalado en diversas ocasiones que el apoyo constante de su familia fue determinante para sostener ese crecimiento, especialmente en una etapa vital en la que compatibilizar estudios, entrenamientos y competición exigía sacrificios diarios.
En 2018, Lauren volvió temporalmente al Centro Olímpico en calidad de cedida para disputar la temporada, aunque no llegó a debutar en la liga. Fue un periodo menos visible en términos competitivos, pero relevante en su proceso de maduración. La experiencia le permitió entrenar con continuidad, corregir aspectos de su juego y prepararse para el siguiente gran salto. Ese llegó en 2020, cuando regresó al São Paulo FC, esta vez para integrarse en el primer equipo. El contexto era exigente: el club atravesaba una fase de crecimiento en el fútbol femenino y aspiraba a competir de tú a tú con las grandes potencias del país.
Lauren respondió desde el primer momento. En su temporada de regreso, el São Paulo alcanzó las semifinales del Campeonato Brasileño, los cuartos de final del campeonato estatal y el subcampeonato de la Copa Paulista, consolidándose como uno de los equipos más competitivos del panorama nacional. Para una defensora joven, asumir un rol relevante en un equipo que peleaba en todas las competiciones supuso una prueba de madurez superada con solvencia. Su rendimiento le permitió ganarse la continuidad en la plantilla para la temporada siguiente, en la que disputó 27 partidos en la Série A1, la máxima categoría del fútbol femenino brasileño.
La campaña de 2021 fue especialmente intensa. El São Paulo FC mantuvo una dura rivalidad con el Corinthians, el gran dominador del fútbol femenino brasileño, y peleó hasta el final por el título del campeonato paulista. La final, disputada a doble partido, terminó escapándose, pero dejó la sensación de que el equipo había dado un paso adelante competitivo. Para Lauren, aquella temporada confirmó su capacidad para sostener un alto nivel de exigencia durante un calendario cargado de partidos, enfrentándose a delanteras de primer nivel y respondiendo con regularidad.
Fue en ese contexto cuando decidió afrontar uno de los movimientos más determinantes de su carrera: su primera experiencia en el extranjero. Aprovechando el parón invernal, Lauren viajó a España para incorporarse al Madrid CFF como uno de los cinco refuerzos del club madrileño para la segunda parte de la temporada 2021-22. El salto no era menor. Cambiaba de continente, de idioma y de cultura futbolística, pasando de un entorno conocido a una liga en plena expansión, cada vez más competitiva y exigente tácticamente.
(Fuente: Madrid CFF)
En el Madrid CFF, Lauren se encontró con un vestuario marcado por la presencia de varias compatriotas brasileñas como Mónica, Daiane y Antonia, lo que facilitó su adaptación inicial. Bajo la dirección de María Pry, se integró rápidamente en la dinámica del equipo y empezó a sumar minutos hasta convertirse en titular. Disputó 11 partidos en esa primera media temporada, dejando una impresión sólida como defensora central, destacando por su contundencia en el uno contra uno, su juego aéreo y su capacidad para anticiparse.
(Fuente: Madrid CFF )
La temporada siguiente confirmó su asentamiento en la Liga F.Lauren mantuvo la titularidad tanto con María Pry como posteriormente con Víctor Martín, que asumió el cargo tras la baja de Pry por maternidad. El cambio en el banquillo no alteró su estatus dentro del equipo, una señal clara de la confianza que generaba su rendimiento. En un campeonato cada vez más profesionalizado, Lauren se consolidó como una defensora fiable, capaz de adaptarse a distintos sistemas y de asumir responsabilidades en una línea defensiva exigida constantemente.
(Fuente: Madrid CFF)
El verano de 2024 marcó su regreso a Europa y el inicio de una nueva etapa en España con su fichaje por el Atlético de Madrid. La llegada al club rojiblanco representó un salto cualitativo en su carrera, incorporándose a una entidad con aspiraciones constantes a los títulos y a la clasificación europea. Lauren se hizo con un puesto en el once inicial de manera inmediata, mostrando una rápida adaptación al sistema y a las exigencias del equipo.
Bajo la dirección de Víctor Martín, el Atlético de Madrid firmó una temporada notable, clasificándose para la Liga de Campeones en la última jornada y alcanzando la final de la Copa de la Reina. Aunque el equipo cayó en la ronda previa de la competición europea y en las semifinales de la Supercopa, el balance general fue positivo, y Lauren se consolidó como una pieza clave en la defensa. Su regularidad, su capacidad para liderar la línea defensiva y su experiencia internacional la convirtieron en un valor seguro para el proyecto rojiblanco.
En julio de 2023, su carrera dio un nuevo giro con su fichaje por el Kansas City Current de la NWSL, la liga estadounidense. La operación supuso un paso ambicioso hacia uno de los campeonatos más competitivos del mundo, pero la experiencia no se desarrolló como esperaba. Lauren tuvo pocas oportunidades y solo disputó cinco encuentros, en los que, aun así, logró marcar un gol. A pesar del escaso protagonismo, la etapa en Estados Unidos le permitió conocer otro modelo de competición, más físico y directo, y añadir una nueva capa de aprendizaje a su trayectoria.
Paralelamente, su carrera internacional dio un impulso definitivo con la selección brasileña. Lauren formó parte del equipo que conquistó la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de París 2024, un hito que la situó definitivamente en la élite del fútbol mundial. Aquella experiencia olímpica no solo reforzó su palmarés, sino que confirmó su estatus como una de las defensoras más fiables de su generación, capaz de competir al máximo nivel en los escenarios más exigentes.
La medalla de plata olímpica en París no fue un episodio aislado ni un golpe de fortuna dentro de la trayectoria de Lauren Leal, sino la consecuencia lógica de un proceso de crecimiento sostenido que había comenzado muchos años antes, en escenarios mucho menos glamurosos. En la selección brasileña, Lauren encontró un contexto distinto al de los clubes, marcado por la presión histórica de representar a una potencia mundial y por la necesidad constante de responder en torneos cortos, donde el margen de error es mínimo. Su inclusión en la convocatoria olímpica respondió a un perfil muy concreto: una defensora capaz de interpretar el juego desde la anticipación, con temple para sostener partidos largos y con una madurez competitiva impropia de su edad. En París, Brasil construyó un equipo equilibrado, y Lauren fue parte de una defensa que supo resistir en momentos críticos, consolidando su presencia en el panorama internacional.
Esa experiencia olímpica tuvo un impacto directo en su regreso a la competición de clubes. Cuando Lauren se incorporó definitivamente a la dinámica del Atlético de Madrid tras el verano de 2024, lo hizo con un estatus reforzado. Ya no era únicamente una defensora joven con recorrido internacional, sino una futbolista contrastada, acostumbrada a escenarios de máxima exigencia. Desde los primeros entrenamientos quedó patente que su rol iba más allá del rendimiento individual. Lauren aportó una calma estructural a la línea defensiva, una capacidad para ordenar, corregir y sostener al equipo desde atrás que encajó perfectamente con la idea de juego de Víctor Martín.
El Atlético de Madrid de esa temporada se construyó sobre una base de solidez, equilibrio y competitividad. En ese contexto, Lauren se convirtió en una pieza fundamental para interpretar distintos registros defensivos según el rival. En partidos donde el equipo necesitaba defender en bloque bajo, su lectura de los espacios y su capacidad para temporizar resultaron decisivas. En encuentros de mayor iniciativa rojiblanca, su fiabilidad en campo abierto y su precisión en el pase permitieron al equipo adelantar líneas sin asumir riesgos innecesarios. Su adaptación fue tan natural que rápidamente se integró en las sociedades defensivas del equipo, entendiendo automatismos y jerarquías sin necesidad de largos procesos de aclimatación.
A lo largo de la temporada, el Atlético fue creciendo en consistencia competitiva. La clasificación para la Liga de Campeones en la última jornada tuvo un componente emocional elevado, fruto de una carrera de fondo en la que cada punto resultó determinante. Lauren fue titular en los partidos clave de ese tramo final, asumiendo la responsabilidad de sostener resultados ajustados y de competir bajo presión. La final de la Copa de la Reina, aunque terminó con derrota, supuso otro escaparate de alto nivel en el que la defensora brasileña volvió a demostrar su capacidad para rendir en escenarios de máxima exposición.
Más allá de los resultados colectivos, la etapa en el Atlético consolidó a Lauren como una futbolista plenamente integrada en el fútbol europeo. Su evolución táctica fue evidente. Si en sus primeros años destacaba principalmente por su potencia física y su agresividad defensiva, con el paso del tiempo fue incorporando matices que enriquecieron su juego. La lectura de las trayectorias rivales, la gestión de los tiempos defensivos y la toma de decisiones en salida de balón se convirtieron en aspectos diferenciales. Lauren aprendió a defender no solo desde el choque, sino desde la inteligencia posicional, anticipándose a las jugadas antes de que se desarrollaran.
Ese crecimiento no fue casual. Desde sus primeros pasos en el fútbol organizado, Lauren había demostrado una notable capacidad para absorber conceptos y adaptarse a contextos diversos. El tránsito por el fútbol brasileño, con su mezcla de técnica y competitividad, le dio una base sólida. La experiencia en España añadió rigor táctico y exigencia colectiva. El breve paso por la NWSL estadounidense le aportó un contacto directo con un fútbol más físico y vertical. Cada etapa, incluso aquellas que no resultaron plenamente satisfactorias en términos de minutos, contribuyó a construir una defensora más completa.
En ese sentido, su paso por el Kansas City Current, aunque breve y con escaso protagonismo, representó un aprendizaje relevante. En un entorno donde la competencia interna era feroz y las oportunidades limitadas, Lauren tuvo que gestionar la frustración, mantener la profesionalidad y aprovechar cada minuto disponible. El gol que anotó en sus cinco apariciones fue un recordatorio de su capacidad para impactar incluso en contextos adversos. Lejos de suponer un retroceso, aquella experiencia reforzó su resiliencia y su determinación para seguir creciendo.
La resiliencia ha sido, precisamente, uno de los rasgos definitorios de su carrera. Desde los inicios en la calle hasta las grandes citas internacionales, Lauren ha construido su trayectoria a base de constancia, sacrificio y una ética de trabajo que ha sido reconocida por entrenadores y compañeras. El apoyo familiar, al que ella misma ha aludido en repetidas ocasiones, fue un pilar fundamental en los momentos de transición y de incertidumbre.
(Fuente: Atlético de Madrid)
Ese entorno estable le permitió tomar decisiones valientes, como abandonar Brasil para probar suerte en Europa o asumir un rol secundario temporalmente en Estados Unidos con la convicción de que el trabajo acabaría dando frutos.
En el vestuario, Lauren se ha ganado el respeto por su comportamiento profesional y su carácter competitivo. No se trata de una líder estridente, sino de una futbolista que predica con el ejemplo.
Su manera de entrenar, su concentración en los partidos y su disposición para asumir responsabilidades defensivas han hecho de ella una referencia silenciosa. En equipos con una mezcla de juventud y experiencia, ese tipo de liderazgo resulta especialmente valioso, porque contribuye a estabilizar dinámicas y a sostener el rendimiento colectivo en momentos de dificultad.
Desde el punto de vista táctico, Lauren se ha consolidado como una defensora central moderna, capaz de adaptarse a diferentes esquemas. Puede actuar en una línea de cuatro, donde su capacidad para cerrar espacios laterales resulta clave, o en una defensa de tres, donde su lectura del juego y su timing en las coberturas le permiten asumir riesgos controlados. Su juego aéreo, tanto en defensa como en acciones a balón parado ofensivas, añade una dimensión extra a su perfil. Sin ser una futbolista especialmente mediática, su impacto en el juego se mide en detalles: despejes decisivos, duelos ganados, líneas bien trazadas.
La proyección de Lauren Leal apunta a una carrera larga y estable en la élite. Con apenas veintidós años, ya ha acumulado experiencias que muchas futbolistas no alcanzan hasta el final de su trayectoria. Su presente en el Atlético de Madrid la sitúa en un entorno competitivo que puede potenciar aún más sus virtudes y ofrecerle continuidad en competiciones europeas. Al mismo tiempo, su rol en la selección brasileña la coloca como una pieza importante en el proceso de renovación generacional de la Canarinha, un equipo que combina talento joven con la presión permanente de aspirar a todos los títulos.
(Fuente: Liga F)
El fútbol femenino brasileño ha vivido en los últimos años una transformación profunda, y Lauren es un producto claro de ese cambio. Formada en estructuras que han ido profesionalizándose progresivamente, ha sabido aprovechar las oportunidades que se le han presentado y adaptarse a un mercado global cada vez más exigente. Su historia conecta con la de muchas futbolistas de su generación, que han tenido que salir de su país para encontrar estabilidad competitiva y visibilidad internacional. En ese tránsito, Lauren ha logrado mantener una identidad clara, sin perder las raíces que marcaron sus primeros pasos.
Mirando hacia el futuro, el margen de crecimiento sigue siendo amplio. A nivel individual, la mejora continua en la salida de balón, la comunicación defensiva y la gestión de los ritmos de partido pueden convertirla en una defensora aún más completa. A nivel colectivo, su presencia en proyectos ambiciosos le permitirá seguir acumulando experiencias en fases finales, partidos decisivos y torneos internacionales. Cada una de esas vivencias contribuirá a reforzar un perfil que ya es sólido, pero que todavía tiene recorrido para alcanzar cotas mayores.
La trayectoria profesional de Lauren Leal no se explica únicamente por los títulos conquistados o por los equipos en los que ha militado. Se entiende, sobre todo, como el resultado de una construcción paciente, de una carrera que ha avanzado paso a paso, sin atajos, enfrentando desafíos y aprendiendo de cada contexto. Desde las calles de Votorantim hasta los estadios europeos, pasando por los grandes torneos internacionales, Lauren ha demostrado que el talento necesita estructura, pero también carácter. Y en ese equilibrio entre ambas dimensiones reside la esencia de una futbolista que, sin estridencias, se ha ganado un lugar propio en el fútbol de élite.
(Fuente: Liga F Moeve)
La relación de Lauren Leal con la selección brasileña comenzó de forma temprana y constante, como una prolongación natural de su crecimiento en el fútbol formativo. Ya a comienzos de 2017 empezó a ser convocada de manera regular con la selección sub-17, entrando en una dinámica internacional que aceleró su maduración competitiva. Aquellas primeras llamadas no solo reconocían su rendimiento a nivel de clubes, sino que confirmaban que su perfil encajaba en la idea de una Brasil que buscaba defensoras con personalidad, capacidad física y lectura táctica desde edades tempranas.
En marzo de 2018, Lauren formó parte del equipo que disputó el Campeonato Sudamericano Sub-17, un torneo clave en el calendario continental. Participó en tres encuentros, dos correspondientes a la fase de grupos y uno en el cuadrangular final, en un campeonato exigente en el que Brasil fue creciendo a medida que avanzaban las jornadas. El equipo terminó proclamándose campeón sudamericano, reafirmando la hegemonía brasileña en la categoría y asegurando la clasificación para el Mundial Sub-17 que se disputaría ese mismo año en Uruguay. Para Lauren, aquel título supuso su primer gran éxito internacional, una confirmación de que podía competir y rendir en contextos de presión continental.
Ese mismo 2018 fue especialmente intenso en su calendario internacional. Antes incluso del Mundial, Lauren fue convocada para disputar un torneo amistoso en Sudáfrica, una experiencia que amplió su exposición internacional y la enfrentó a estilos de juego distintos, fuera del eje sudamericano. Aquellos partidos amistosos tuvieron un valor formativo notable, permitiéndole adquirir experiencia en viajes largos, concentraciones prolongadas y contextos competitivos alejados de su entorno habitual.
En noviembre llegó la cita mundialista en Uruguay. Lauren formó parte de la convocatoria definitiva para el Mundial Sub-17, un hito relevante en su carrera pese a que no llegó a debutar en el torneo. Brasil fue eliminada en la fase de grupos, en un campeonato que no cumplió las expectativas generadas tras el título sudamericano. Para Lauren, aquella experiencia, aunque frustrante desde el punto de vista deportivo, resultó valiosa en términos de aprendizaje. Vivir un Mundial desde dentro, aunque fuera sin minutos, le permitió entender la dimensión real de las grandes competiciones y la exigencia que conllevan.
El salto a la categoría sub-20 llegó al año siguiente, confirmando la confianza que la estructura federativa brasileña depositaba en su proyección. En 2019 fue convocada para disputar un torneo amistoso en Estados Unidos, un escenario de alto nivel competitivo. Su debut oficial con la sub-20 se produjo el 9 de diciembre de 2019 frente a Francia, una de las grandes potencias del fútbol femenino mundial. Aquel estreno marcó un nuevo paso en su progresión internacional, enfrentándose a rivales de primer nivel en una etapa aún formativa.
Meses después, Lauren participó en la Liga Sudamericana Sub-20, un torneo que servía como preparación para el Campeonato Sudamericano de la categoría. En ese campeonato continental, Brasil inició su participación con normalidad y Lauren disputó tres de los cuatro encuentros de la primera fase, mostrando regularidad y confianza en la zaga. Sin embargo, el torneo fue cancelado de manera abrupta a causa de la pandemia de Covid-19, un episodio que interrumpió la continuidad competitiva de toda una generación de futbolistas. Para Lauren, como para muchas otras, supuso un paréntesis forzoso en un momento clave de desarrollo.
Cuando las actividades juveniles se retomaron en 2021, Lauren regresó a la selección sub-20 con un rol aún más relevante. Disputó varios encuentros amistosos y, con solo 18 años, llegó a portar el brazalete de capitana, una muestra clara de su liderazgo y de la autoridad que había construido dentro del grupo. Ese mismo año, a finales de temporada, dio un paso decisivo al debutar con la selección absoluta de Brasil, alternando convocatorias entre la sub-20 y el primer equipo. Esa transición progresiva evidenció la confianza del cuerpo técnico en su capacidad para adaptarse a distintos niveles de exigencia.
En 2022, Lauren volvió a ser protagonista en el Sudamericano Sub-20 disputado en Chile. A lo largo del torneo fue sumando minutos y experiencia, apareciendo en varios encuentros clave y contribuyendo al rendimiento sólido del equipo. Brasil se proclamó campeón del campeonato, reafirmando su dominio continental y consolidando a una generación que venía acumulando éxitos desde las categorías inferiores. Lauren añadió así un nuevo título internacional a su palmarés juvenil, confirmando su regularidad en competiciones de alto nivel.
Ese mismo año llegó una de las citas más importantes de su etapa formativa: el Mundial Sub-20 de 2022. En ese torneo, Lauren defendió la camiseta de Brasil en todos los partidos del certamen, asumiendo un rol central en la estructura defensiva del equipo. Su presencia constante reflejó la confianza plena del cuerpo técnico en su rendimiento. Brasil completó un campeonato sólido y terminó colgándose la medalla de bronce, cerrando el torneo con una actuación consistente. Para Lauren, aquel Mundial supuso la culminación de su recorrido por las categorías inferiores, dejando una huella clara como una defensora fiable, madura y preparada para asentarse definitivamente en la élite internacional.
Ese largo recorrido por las selecciones juveniles no solo aportó títulos y experiencias, sino que moldeó de manera decisiva su perfil competitivo. Lauren aprendió a convivir con la presión, a adaptarse a diferentes roles dentro del equipo y a asumir responsabilidades desde edades tempranas. Todo ese bagaje se trasladó de forma natural a su consolidación posterior en la selección absoluta, donde su presencia dejó de ser una apuesta de futuro para convertirse en una realidad sostenida
El palmarés de Lauren Leal es la consecuencia directa de una carrera construida con continuidad desde las categorías formativas hasta la élite, y refleja una presencia constante en equipos competitivos, acostumbrados a pelear por títulos y posiciones de privilegio. Desde muy joven, su trayectoria quedó vinculada a proyectos ganadores, tanto a nivel de clubes como de selecciones, lo que reforzó su mentalidad competitiva y su familiaridad con escenarios de máxima exigencia.
Sus primeros éxitos llegaron en el fútbol base brasileño, en el seno del São Paulo FC, donde formó parte de una generación especialmente dominante. Con el conjunto paulista conquistó el Campeonato Paulense sub-17 en 2017, un título de enorme valor simbólico al tratarse de su primer año compitiendo en esa categoría. Aquel logro fue el punto de partida de una etapa especialmente prolífica en las divisiones inferiores del club, en la que Lauren ejerció como capitana y referente defensiva. Posteriormente, sumó un triple campeonato interestatal en categorías juveniles, levantando la Copa Nike, la Fiesta Sudamericana y el Campeonato Brasileño juvenil, una trilogía de títulos que confirmó el potencial de aquel grupo y consolidó su estatus como una de las defensoras más prometedoras del país.
A nivel internacional, su palmarés comenzó a crecer de manera significativa con las selecciones juveniles de Brasil. En 2018 se proclamó campeona del Campeonato Sudamericano Sub-17, un título continental que aseguró la clasificación para el Mundial de la categoría y que supuso su primer gran éxito con la camiseta de la Canarinha. Ese campeonato marcó su irrupción definitiva en el panorama sudamericano y la integró en una generación habituada a competir y ganar desde edades tempranas.
El ciclo de éxitos continuó en la categoría sub-20. En 2022, Lauren se proclamó campeona del Campeonato Sudamericano Sub-20 disputado en Chile, reafirmando la hegemonía brasileña en el continente y cerrando una etapa formativa especialmente exitosa. Ese mismo año, completó un Mundial Sub-20 sobresaliente, en el que disputó todos los encuentros del torneo y ayudó a Brasil a conquistar la medalla de bronce, un resultado que confirmó la solidez del equipo y su fiabilidad en la élite juvenil mundial.
El salto a la selección absoluta añadió una dimensión aún mayor a su palmarés. En 2024, Lauren formó parte del combinado brasileño que alcanzó la final de los Juegos Olímpicos de París y se colgó la medalla de plata, uno de los logros más importantes de su carrera hasta la fecha. Aquella medalla olímpica situó definitivamente su nombre en el mapa del fútbol internacional, certificando su capacidad para rendir en el escenario más exigente del deporte mundial.
(Fuente; Liga F Moeve )
A nivel de clubes en el fútbol profesional, aunque algunos títulos se le resistieron, Lauren acumuló experiencias de alto nivel que también forman parte de su bagaje competitivo. Con el São Paulo FC fue subcampeona del Campeonato Paulista en 2021 tras una exigente final frente al Corinthians. En el Atlético de Madrid, alcanzó la final de la Copa de la Reina y logró la clasificación para la Liga de Campeones, hitos que, sin traducirse en trofeos, reflejan su participación activa en proyectos que compiten en la élite del fútbol europeo.
En conjunto, el palmarés de Lauren Leal dibuja el perfil de una futbolista habituada a competir por objetivos ambiciosos desde sus primeros pasos, con títulos continentales, medallas internacionales y finales nacionales que respaldan una carrera coherente, ascendente y sostenida en el tiempo.
La historia de Lauren Leal no se explica únicamente a través de estadísticas, convocatorias o trofeos. Se entiende, sobre todo, desde la coherencia de un recorrido que nunca se desvió de su esencia. Desde aquellas primeras carreras en las calles de Votorantim hasta los grandes estadios europeos y olímpicos, su fútbol ha mantenido intacta una misma idea: competir sin concesiones, defender con convicción y crecer sin perder identidad. Cada paso ha sido consecuencia del anterior, sin atajos ni artificios, construido desde el trabajo silencioso y la determinación.
Lauren representa a una generación que ya no pide permiso para estar, sino que se gana su espacio con rendimiento. Ha aprendido a resistir, a adaptarse y a liderar desde la retaguardia, entendiendo que los grandes equipos también se edifican desde atrás. En un fútbol cada vez más veloz y expuesto, su figura encarna la fiabilidad, la lectura del juego y la fortaleza mental que separa a las buenas futbolistas de las imprescindibles.
El presente la sitúa en la élite, pero su trayectoria sugiere que aún no ha alcanzado su techo. Con una medalla olímpica al cuello, experiencia en tres continentes y una madurez competitiva forjada desde muy joven, Lauren Leal no es una promesa: es una realidad consolidada con ambición de legado. Y mientras el balón siga rodando, su historia seguirá escribiéndose con la misma determinación con la que empezó, en silencio, defendiendo cada metro como si fuera el último.
El fútbol no entiende de calendarios, pero sí de símbolos. Y el domingo 18 de enero, a las 12:00 del mediodía, el Heliodoro Rodríguez López volverá a ejercer de altar futbolístico para acoger algo más que un partido de Liga F: el estreno en casa de Yerai Martín como entrenador del Costa Adeje Tenerife. No es un detalle menor. Es, en realidad, el punto de partida de un nuevo relato.
Porque cada cambio en el banquillo implica una reescritura tácita del guion. Nuevas jerarquías, nuevas miradas, nuevas palabras en el vestuario. Y también nuevas expectativas en la grada. El Heliodoro, testigo de ascensos, permanencias sufridas y tardes de orgullo insular, abre sus puertas para una cita que mezcla ilusión renovada y exigencia inmediata.
Enfrente, además, no llega un rival cualquiera. El Athletic Club, uno de los grandes nombres históricos del fútbol femenino español, aterriza en Tenerife con la seguridad que otorgan los resultados recientes y con la convicción de que este equipo ha recuperado su identidad competitiva.
La victoria en el Alfredo Di Stéfano ante el Real Madrid (0-1) no fue solo un triunfo de tres puntos: fue una declaración de intenciones.
El estreno de Yerai Martín al frente del Costa Adeje Tenerife no pudo ser más representativo de lo que es este equipo: lucha, resistencia y carácter. El empate (1-1) en Riazor ante el Deportivo Abanca fue un resultado que, sin ser definitivo, dejó sensaciones muy claras. El Costa Adeje compitió. Supo sufrir. Y, sobre todo, mostró una estructura reconocible incluso en un contexto de transición.
Ahora, el reto se multiplica. No es lo mismo debutar fuera de casa que hacerlo ante tu gente. No es lo mismo preparar un partido desde la urgencia que hacerlo desde la expectativa. Yerai Martín afronta su primer partido como local con un condicionante claro: el Heliodoro exige valentía, pero también orden.
Su discurso, medido y coherente, apunta a una idea clara: recuperar la solidez sin renunciar a la ambición. El técnico es consciente de las limitaciones actuales de la plantilla, especialmente en el apartado físico, pero también sabe que el Costa Adeje Tenerife es un equipo capaz de competir desde la convicción colectiva.
En la previa, Mari Jose puso voz al sentir del vestuario con una frase que resume a la perfección el estado emocional del grupo:
“Empezar el año consiguiendo los tres puntos en el Heliodoro sería magnífico”.
No es una frase grandilocuente. Es, precisamente, lo contrario: una afirmación sencilla, directa, honesta. Pero en esa sencillez se esconde una ambición profunda. Porque el Costa Adeje Tenerife sabe que cada punto en casa es oro. Y porque el vestuario es plenamente consciente de que el margen de error se estrecha a medida que avanza la temporada.
La capitana, referencia dentro y fuera del campo, simboliza la continuidad en un momento de cambio. Su liderazgo será clave en un partido donde el componente emocional puede jugar un papel determinante.
El contexto deportivo no es sencillo. La enfermería condiciona, una vez más, la preparación del encuentro. María Estella, Pisco, Aithiara Carballo, Ariana Arias, Carlota Suárez e Iratxe Pérez no estarán disponibles para este compromiso. Seis ausencias de peso que obligan a ajustar piezas y redefinir automatismos.
A esta lista se suma una situación especialmente delicada: Violeta Quiles, que continúa ganando ritmo competitivo tras superar una grave lesión de ligamento cruzado. Su presencia, aunque aún limitada, es una esperanza a medio plazo más que una solución inmediata.
La gestión de los esfuerzos será clave. Yerai Martín deberá hilar fino, equilibrar intensidad y prudencia, y confiar en una plantilla que ha demostrado, en más de una ocasión, que sabe sobreponerse a la adversidad.
Si el Costa Adeje Tenerife busca consolidar un nuevo camino, el Athletic Club llega al Heliodoro en plena reafirmación. El conjunto bilbaíno ha recuperado esa sensación tan característica de equipo incómodo, competitivo y solidario. Un bloque que no concede nada y que sabe aprovechar sus momentos.
La victoria en el Di Stéfano ante el Real Madrid fue un punto de inflexión. No solo por el rival, sino por la forma. Un partido trabajado, maduro, en el que el Athletic supo interpretar cada fase del juego. Tras el encuentro, Javi Lerga fue claro: “ “El equipo está compitiendo muy bien. Somos capaces de ganar a cualquiera”.
No todo son buenas noticias para el conjunto rojiblanco. Adriana Nanclares, una de las piezas clave, es duda tras retirarse lesionada en el último compromiso. Su presencia o ausencia puede alterar el plan inicial del Athletic, especialmente en la salida de balón y en la organización defensiva.
Además, Irene Oguiza, Estefa, Patricia Zugasti y Jone Amezaga serán bajas confirmadas. Ausencias que obligan a reajustes, pero que no merman en exceso la competitividad de un equipo acostumbrado a reinventarse desde el colectivo.
El partido se presenta como un choque de narrativas. El Costa Adeje Tenerife, desde la necesidad de sumar y la ilusión de un nuevo comienzo. El Athletic Club, desde la seguridad que otorga el trabajo bien hecho y los resultados recientes.
Será un duelo donde la gestión de los tiempos resultará decisiva. Donde cada transición puede marcar diferencias. Donde el Heliodoro puede convertirse en un aliado fundamental si el equipo local consigue engancharse pronto al partido.
encuentro ante el Athletic Club marcará el regreso del Costa Adeje Tenerife Egatesa y de su afición al Heliodoro Rodríguez López en este 2026. Una cita especial para volver a disfrutar del equipo en casa, para la que el club ha puesto en marcha una promoción destinada a los abonados del CD Tenerife y de La Laguna Tenerife, quienes podrán acceder de forma gratuita al partido mostrando su carnet en los accesos de la grada que elijan, tanto en Tribuna como en San Sebastián. Las localidades para el público general ya están a la venta a través de la web oficial del CD Tenerife Femenino y de Tomaticket, con precios de 6 euros en San Sebastián Baja y 12 euros en Tribuna Baja. Asimismo, el día del encuentro las taquillas del Heliodoro Rodríguez López abrirán desde las 8:00 horas para la venta presencial, con precios de 7 y 13 euros, respectivamente. Desde el club se recuerda que los fieles blanquiazules abonados al CD Tenerife Femenino pueden acceder con su abono de la temporada, como es habitual en cada jornada de Liga F Moeve y hace un llamamiento a la afición tinerfeña para que se una y contribuya a generar un gran ambiente en las gradas, apoyando al equipo en un duelo señalado en el calendario y determinante para comenzar con buen pie la segunda vuelta de la competición.
🏆 Liga F Moeve | Temporada 2025-2026
😍 Matchday 17 | Día de partido
🔥 Costa Adeje Tenerife Egatesa 🆚 Athletic Club 🔥
📆 Domingo, 18 de enero de 2026
⏰ 12:00 horario peninsular
📺 DAZN 2 (Dial 71)
📻 Atlántico Radio
🏟️ Heliodoro Rodríguez López, Santa Cruz de Tenerife
⬛️ El Madrid CFF se impuso por 1-3 a la S.D.Eibar en el estadio de Ipurúa en el debut de José Luis Sánchez Vera en el banquillo del conjunto madrileño. Carmen Álvarez adelantó al equipo armero, pero Emilie Nautnes, que marcó un doblete y fue la MVP del partido, y Kamilla Melgard le dieron la vuelta al encuentro.
La jornada sabatina de la Liga F Moeve se cerrará el sábado 17 de enero a las 18:30 horario peninsular en un escenario con personalidad propia y un peso simbólico cada vez mayor en el fútbol femenino español: el estadio de Ipurua. Allí, la SD Eibar recibirá al Madrid CFF en un duelo que enfrenta a dos equipos en momentos muy distintos, pero unidos por la necesidad de seguir construyendo identidad y estabilidad en una competición marcada por la igualdad, la exigencia competitiva y los márgenes cada vez más estrechos entre los distintos escalones de la clasificación.
El encuentro, que podrá seguirse en directo a través de DAZN, se presenta como una prueba de madurez para las armeras y como el primer gran examen del nuevo proyecto deportivo del conjunto madrileño.
El Eibar llega a esta cita en uno de sus mejores momentos de la temporada. El equipo dirigido desde el banquillo armero ha logrado enlazar una dinámica positiva que le ha permitido cerrar la primera vuelta del campeonato en la décima posición con 17 puntos, una cifra que refleja un rendimiento sostenido y, sobre todo, una notable capacidad para competir en partidos ajustados. Siete puntos de los últimos nueve posibles en Liga F Moeve avalan el crecimiento de un equipo que ha sabido optimizar sus recursos, rentabilizar al máximo cada gol y construir su propuesta desde la solidez defensiva, el orden colectivo y la fiabilidad en los momentos clave de los encuentros.
El dato goleador del Eibar es tan revelador como significativo: apenas nueve goles a favor en toda la primera vuelta, una cifra baja en términos absolutos, pero extraordinariamente eficiente en términos competitivos.
Las armeras han convertido la gestión de los resultados cortos en una seña de identidad, demostrando que saben sufrir, cerrar partidos y proteger ventajas mínimas con una disciplina táctica muy trabajada. En un contexto de Liga F en el que muchos equipos apuestan por el intercambio de golpes, el Eibar ha encontrado su fortaleza en el control emocional de los encuentros y en la lectura inteligente de los distintos momentos del juego.
De cara a este partido, el conjunto vasco llega con pocas dudas en el apartado de bajas. Salvo Malen Uranga, que se perfila como la única ausencia confirmada, el técnico armero podrá contar con el grueso de su plantilla, un factor clave para mantener la continuidad de un bloque que ha ido creciendo con el paso de las jornadas. Ipurua, además, se ha consolidado como un escenario incómodo para los rivales, un estadio en el que el Eibar se siente fuerte, arropado y capaz de competir de tú a tú frente a cualquier adversario.
Enfrente estará un Madrid CFF inmerso en un proceso de cambio profundo. La semana previa al partido ha estado marcada por la salida de Javier Aguado y la llegada de José Luis Sánchez Vera al banquillo madrileño, un movimiento que supone un punto de inflexión en la temporada del equipo. El técnico madrileño afronta este encuentro como su estreno oficial al frente del Madrid CFF, sin apenas margen de maniobra ni tiempo para implantar de forma completa su modelo de juego, pero con la responsabilidad inmediata de empezar a transmitir nuevas sensaciones y una identidad reconocible.
El contexto no es sencillo para Sánchez Vera. El Madrid CFF llega a Ipurua con varias bajas de peso que condicionarán la confección del once inicial. Esther Laborde, Nerea Sánchez, Natasa Andonova y Anita Marcos no estarán disponibles, reduciendo las opciones en zonas clave del campo y obligando al nuevo técnico a buscar soluciones dentro de un grupo que todavía está asimilando el cambio de discurso y de metodología. Aun así, el Madrid CFF es un equipo acostumbrado a competir en escenarios exigentes y con una plantilla que, pese a las ausencias, mantiene talento y experiencia suficiente para plantear un partido incómodo al Eibar.
Desde el punto de vista histórico, el precedente favorece al conjunto madrileño. Ambos equipos se han enfrentado en diez ocasiones, con un balance de siete triunfos para el Madrid CFF y tres para la SD Eibar. Sin embargo, esos números no reflejan necesariamente la realidad actual de ambos proyectos ni el momento de forma con el que llegan a esta jornada. El Eibar ha crecido como bloque, ha ganado estabilidad en la categoría y ha convertido su estilo en una herramienta competitiva eficaz, mientras que el Madrid CFF atraviesa una fase de transición en la que cada partido es una oportunidad para redefinirse.
El choque de Ipurua se presenta, por tanto, como un enfrentamiento de contrastes. Por un lado, un Eibar que busca prolongar su buen momento, consolidar su posición en la zona media de la tabla y seguir sumando puntos que le permitan mirar el futuro con tranquilidad.
Por otro, un Madrid CFF que inicia una nueva etapa, con un entrenador recién llegado y la necesidad de obtener resultados que respalden el cambio y devuelvan la confianza a un vestuario que ha vivido semanas de incertidumbre.
Más allá de los puntos en juego, el partido adquiere un valor simbólico para ambos equipos. Para el Eibar, supone una oportunidad de reafirmar su crecimiento y demostrar que su rendimiento no es fruto de la casualidad, sino de un trabajo sostenido y coherente.
Para el Madrid CFF, es el primer paso de un camino que debe conducir a una mejora progresiva, tanto en sensaciones como en resultados. Ipurua será testigo de un duelo que, sin el foco mediático de otros encuentros de la jornada, encierra muchas de las claves que definen la actual Liga F Moeve: igualdad, exigencia, proyectos en construcción y la constante necesidad de adaptarse para sobrevivir y crecer en la élite.
El debut de José Luis Sánchez Vera en el banquillo del Madrid CFF no fue un estreno cualquiera, sino una declaración de intenciones, un ejercicio de fe competitiva y una victoria construida desde la convicción cuando el partido parecía inclinarse en contra. En Ipurua, bajo un cielo cargado de viento y de matices, el fútbol volvió a demostrar que no entiende de inercias pasadas ni de jerarquías previas, sino de momentos, decisiones y aciertos en los instantes exactos. Y el Madrid CFF, en la primera noche de su nueva era, supo resistir, golpear y creer.
Desde los primeros minutos, el conjunto madrileño mostró una actitud reconocible, valiente, decidida a no esconderse pese a las bajas y al cambio reciente en el banquillo. El balón comenzó a circular con intención y las primeras llegadas no tardaron en aparecer. Alba Ruiz fue la encargada de firmar el primer aviso serio, con un envío tenso que obligó a Laura Martí a intervenir con los puños. Fue la primera de una larga serie de acciones de la joven guardameta armera, que acabaría convirtiéndose en una de las grandes protagonistas del encuentro con hasta nueve paradas de mérito, sosteniendo durante muchos minutos a un Eibar que sufría ante el empuje visitante.
El rechace de aquella primera acción cayó a los pies de Natasa Andonova, que armó el disparo con rapidez, pero el balón se marchó alto, como si todavía estuviera calibrando el punto exacto de mira. Allegra Poljak también se sumó al ataque, probando fortuna desde media distancia, aunque volvió a encontrarse con la seguridad de Laura Martí, firme bajo palos. El Madrid CFF dominaba, acumulaba llegadas y transmitía la sensación de que el gol estaba más cerca de lo que indicaba el marcador.
El asedio continuó con un lanzamiento lejano de Malou Marcetto desde fuera del área, un disparo potente, bien ejecutado, que no encontró portería por escasos centímetros. Cada intento reforzaba la idea de que el equipo madrileño había salido a mandar, a imponer su ritmo, a demostrar que el cambio de entrenador no era una fractura, sino una oportunidad para reencontrarse con su mejor versión.
Sin embargo, el fútbol, caprichoso y cruel, decidió recordar una de sus máximas más antiguas: quien perdona, paga.
La SD Eibar, que apenas había asomado por el área rival, necesitó una sola acción para alterar el guion. Alimata Belem lanzó un balón largo, aparentemente inofensivo, pero Núria Mendoza no logró controlar. El esférico quedó muerto, suspendido en una fracción de segundo que cambió el partido. Carmen Álvarez apareció como una exhalación, leyó antes que nadie la jugada y, con una sangre fría impropia del contexto, superó a Paola Ulloa con una vaselina delicada, precisa, casi poética. El balón describió una parábola perfecta antes de besar la red. Era el 1–0 en el minuto 23 de juego. Esto fue un golpe seco para un Madrid CFF que había hecho méritos de sobra para ir por delante.
Lejos de descomponerse, el equipo visitante siguió creyendo. Antes del descanso, Andonova volvió a buscar el gol con un disparo que se marchó por encima del larguero, mientras que Patri Ojeda se animó desde fuera del área con un chut potente que obligó a Paola Ulloa a estirarse y desviar a saque de esquina. El descanso llegó con ventaja local, pero con una sensación extraña: el marcador decía una cosa, el partido contaba otra muy distinta.
Tras la reanudación, ambos entrenadores movieron ficha, conscientes de que el encuentro exigía ajustes. Laura Camino entró en el conjunto eibarrés para aportar energía y sostener el centro del campo, mientras que José Luis Sánchez Vera decidió agitar el ataque dando entrada a Emilie Nautnes por Alba Ruiz.
Y el fútbol, agradecido con los valientes, premió la decisión casi de inmediato. Solo tres minutos necesitó la delantera noruega para dejar su huella. Kamilla Melgard filtró un pase preciso, quirúrgico, rompiendo líneas. Nautnes atacó el espacio con determinación, anticipándose a su marca, y empujó el balón al fondo de la red con la sencillez de quien entiende el juego desde el instinto. No hubo florituras, solo convicción y acierto
El 1–1 en el minuto 49 de juego devolvía la justicia al marcador y encendía definitivamente el partido y todo por decidir, era un duelo apasionante.
🎯 ¡Emilie Nautnes: salir al campo y empatar el partido!
El Eibar trató de recomponerse con la entrada de Amaia Iribarren, buscando más presencia en la medular, más control, más oxígeno. Pero el Madrid CFF ya había olido sangre. A falta de veinte minutos para el final, Kamilla Melgard volvió a aparecer, esta vez con una acción individual desde fuera del área. La centrocampista armó el disparo sin dudarlo, un golpeo seco, tenso, que superó a Laura Martí y se coló en la portería. El balón entró con violencia, como una afirmación, pues era el 1–2 en el minuto 69 del cara a cara y las visitantes le daban la vuelta a la tortilla a veinte minutos para alcanzar el noventa.
El Eibar, herido, se lanzó a por el empate con la entrada de Opa Clement, acumulando gente en ataque y asumiendo riesgos. Pero ahí apareció la otra cara del Madrid CFF: la del equipo letal al espacio, preciso en las transiciones. Un balón largo a la espalda de la defensa local encontró a Anita Marcos, que levantó la cabeza y vio la llegada de Emilie Nautnes. La noruega controló el esférico con temple, esperó el momento justo y, cuando Laura Martí salió a achicar, sacó un remate potente, definitivo, imposible de detener para instalar el 1–3 definitivo en el minuto 77 en lo que fue un doblete para la veintitrés del conjunto aficionado en Fuenlabrada que dejaba ya noqueadas a las armeras con el tramo final en el horizonte.
La Sociedad Deportiva Eibar lo intentó hasta el final, con orgullo y corazón, pero ya no había tiempo ni fuerzas para reaccionar. El pitido final confirmó el triunfo del Madrid CFF, una victoria trabajada, sufrida y cargada de simbolismo. José Luis Sánchez Vera se estrenó con triunfo, enviando un mensaje claro: este equipo quiere competir, quiere creer y quiere mirar hacia arriba.
𝗙𝗜𝗡𝗔𝗔𝗔𝗔𝗟 ¡Remontada en Ipurúa bajo la lluvia y +3!
Con este resultado, el Madrid CFF se sitúa en la quinta posición de la Liga F Moeve con 26 puntos, a cinco de los puestos de Liga de Campeones, mientras que el Eibar queda herido en su orgullo tras caer ante el equipo que le apeó de la Copa de la Reina Iberdrola.
Las de Iñaki Iñaki Goikoetxea buscarán rehacerse el próximo fin de semana en el derbi ante la Real Sociedad de Fútbol que acogerá el Estadio de Zubieta y que emite en en abierto TEN TV.
(Fuente: Liga F Moeve)
📋 Ficha técnica |
Sociedad Deportiva Eibar: Laura Martí; Patri Ojeda (Laura Camino, min 48), Belem (Iara Lacosta, min 82), Masegur (Opah Clement, min 75), Carla Andrés, Garazi; Emma Moreno (Iribarren, min 65), Altonaga (Etxezarreta, min 82), Adela Rico; Sara Martín, Carmen Álvarez.
Madrid CFF: Paola Ulloa; Nuria Mendoza, Villafañe, Monica (Marina Rivas, min 85); Antonsdottir; Alba Ruiz (Emilie Nautnes, min 46), Malou Rylov (Freja Olofsson, min 90+1), Ángela Sosa, Allegra Poljak (Esther Laborde, min 90+1); Melgard, Andonova (Anita Marcos, min 73).
Colegiada: Ylenia Sánchez Miguel, que amonestó con tarjeta amarilla a Amarillas: Patri Ojeda (min 29), Garazi (min 49), Monica (min 54), Villafañe (min 66), Antonsdottir (min 88).
Incidencias: Partido correspondiente a la decimosexta jornada de la Liga Profesional de Fútbol Femenino (Liga F Moeve) que han jugado la Sociedad Deportiva Eibar y el Madrid CFF en el Estadio Municipal de Ipurúa sobre una superficie de hierba natural.
El sábado 17 de enero de 2026, a las 16:30 horas, el Centro Deportivo Alcalá de Henares volverá a latir al ritmo de un partido que va mucho más allá de los tres puntos. Atlético de Madrid y RCD Espanyol se citan en un cruce cargado de urgencias, emociones contenidas y necesidad de reafirmación, con el mismo objetivo inmediato: lograr la primera victoria del año en la Liga F.
El encuentro será retransmitido en directo por DAZN y Movistar Plus y llega acompañado de una atmósfera especial diseñada para que la afición sea protagonista de principio a fin. Porque no será una tarde cualquiera. Antes y después del balón rodando, el club rojiblanco ha preparado una jornada de comunión total con su gente: firma de autógrafos de Lola Gallardo y Vilde Bøe Risa tras el partido, visita de Indy y Mady, las inseparables mascotas, y una sorpresa en el descanso que promete convertir el estadio en un hervidero emociona.
Un mensaje claro: ahora, más que nunca, este equipo necesita a su afición empujando en la misma dirección. El Atlético llega herido, pero no vencido. La dura derrota ante el Fútbol Club Barcelona (5-0) en la pasada jornada dejó cicatrices, sí, pero también un mensaje interno inequívoco. “Necesitamos más que nunca a nuestra afición. Ojalá tengamos el mismo ambiente que el otro día”, afirmó Lola Gallardo tras el encuentro. Palabras que no son retórica: son una llamada a filas. Las rojiblancas ocupan actualmente la cuarta plaza con 27 puntos, a cuatro de los puestos de Champions League, pero atraviesan una racha inquietante en la competición doméstica, sin ganar desde el 16 de noviembre. Enero aprieta, la clasificación no espera y cada jornada empieza a tener aroma de final anticipada.
El equipo de Viti y sabe que está obligado a reaccionar. No solo por la tabla, sino por identidad. El Atlético necesita reencontrarse con su versión más dominante, la que asfixia arriba, la que gobierna desde el centro del campo y la que convierte cada balón dividido en una declaración de intenciones. No será sencillo, además, por las ausencias de peso: Gio Queiroz no estarán disponibles para el duelo, dos futbolistas determinantes en la profundidad y el desequilibrio ofensivo. Aun así, el bloque rojiblanco confía en su fondo de armario, en el liderazgo de sus veteranas y en el empuje de una afición que sabe convertir la presión en energía positiva. Enfrente estará un RCD Espanyol que viaja a Madrid con menos urgencias clasificatorias, pero con ambición intacta. El conjunto perico dispone de un colchón de diez puntos sobre los puestos de descenso, una ventaja valiosa que permite trabajar con algo más de calma, aunque sin caer en la complacencia. “Debemos ir a hacer daño, a intentar sumar, e incluso ganar”, subrayó su entrenadora, Sara Monforte, en la previa. Un aviso serio.
Eso sí, el equipo blanquiazul también llega condicionado por las bajas: Amaia Martínez, Laura Martínez y Olivia Fergusson están descartadas, mientras que Júlia Guerra es duda hasta última hora. Aún con esas ausencias, el Espanyol confía en su orden táctico, en su capacidad para resistir sin balón y en la velocidad de sus transiciones para castigar cualquier desajuste rojiblanco. Sabe, además, que el contexto puede jugar a su favor si logra enfriar el partido y trasladar la ansiedad a la grada. El precedente más reciente entre ambos equipos invita al optimismo rojiblanco. En el encuentro de la primera vuelta, el Atlético de Madrid firmó una actuación imponente y goleó por 0-5 en la Ciudad Deportiva Dani Jarque, dejando una imagen de superioridad absoluta. Aquella tarde fue una exhibición de contundencia, ritmo y pegada. Pero el fútbol rara vez se repite de forma exacta. Enero transforma escenarios, cambia dinámicas y obliga a demostrar cada punto como si fuera el último. Por eso este partido es mucho más que una revancha o una continuidad estadística. Es un examen emocional. Para el Atlético, supone medir su capacidad de levantarse, de transformar la necesidad en orgullo competitivo y de volver a creer desde el juego y el carácter. Para el Espanyol, es una oportunidad de oro para reafirmar su crecimiento, sumar en un campo exigente y demostrar que su temporada no es casualidad. El balón echará a rodar a las 16:30 horas. Antes, durante y después, el Centro Deportivo Alcalá de Henares será escenario de una tarde pensada para la memoria: fútbol, cercanía, símbolos y emoción compartida. En enero no hay margen para la tibieza. Solo vale competir, resistir y golpear. Atlético de Madrid y RCD Espanyol se citan en un duelo de urgencias y convicciones, con la temporada marcando el pulso y la historia esperando un nuevo capítulo. Aquí no hay promesas. Hay 90 minutos y todo por decidir en un compromiso de alto voltaje que harían bien en no ignorar.
Desde el pitido inicial, el encuentro quedó marcado por una acción que pudo alterar por completo el guion previsto. El Espanyol Femenino encontró el camino hacia el gol en los primeros compases del partido, cuando Ainoa Campo aprovechó una acción dentro del área para batir a Lola Gallardo. El balón terminó en el fondo de la red y durante unos instantes el silencio se apoderó del estadio, pero la celebración perica quedó congelada por la intervención de la colegiada tinerfeña Lorena Trujillano, que señaló una falta clara y previa de Ángeles del Álamo sobre Lauren Leal. Una infracción evidente, producida en la disputa inicial de la jugada, que invalidó el tanto y devolvió el partido al punto de partida. Fue un aviso temprano, una llamada de atención para el Atlético de Madrid, que entendió desde ese momento que el duelo no admitiría concesiones ni desconexiones.
A partir de esa acción anulada, el partido comenzó a asentarse sobre los parámetros que buscaba el conjunto rojiblanco. El Atlético, empujado por su condición de local y por la necesidad de imponer su jerarquía, fue creciendo con el paso de los minutos, asumiendo el control del balón y del ritmo del juego. El equipo de Víctor Martín empezó a manejar el esférico con mayor criterio, ensanchando el campo y buscando continuamente las bandas para generar superioridades. La circulación se volvió más fluida, las líneas se adelantaron y el Espanyol se vio obligado a replegar, consciente de que cualquier pérdida en campo propio podía resultar letal.
El dominio atlético no fue inmediato ni arrollador, pero sí progresivo y constante.
Cada posesión larga servía para ir minando la resistencia defensiva del conjunto perico, que trataba de mantenerse ordenado, compacto y solidario en el esfuerzo. El Atlético alternaba ataques elaborados con envíos más directos, buscando la movilidad de sus jugadoras ofensivas y la llegada desde segunda línea. En una de esas acciones, tras un centro lateral bien ejecutado, el balón se estrelló contra el poste, dejando el eco metálico como prueba del peligro generado. El rechace terminó marchándose fuera, pero la sensación era clara: el Atlético estaba cada vez más cerca de encontrar el premio a su insistencia.
Pese al dominio territorial rojiblanco, el Espanyol demostró personalidad y capacidad competitiva para sostenerse en el partido durante la primera mitad. Lejos de limitarse a defender, el conjunto visitante supo elegir sus momentos para salir al ataque y generar incertidumbre en la zaga local. Ona Baradad protagonizó una de esas acciones, enganchando un balón que, sin demasiada potencia, logró encontrar portería y obligar a Lola Gallardo a mantenerse alerta bajo palos. Fue una llegada tímida en apariencia, pero significativa en el contexto del partido, recordando que el Espanyol no renunciaba a nada.
La jugadora más incisiva del conjunto perico volvió a ser Ainoa Campo, que dispuso de una doble oportunidad para adelantar a las suyas. En la primera, resolvió de manera individual, armando un disparo con mucho peligro que pasó cerca del objetivo, evidenciando su capacidad para generar ocasiones incluso en escenarios de menor dominio. Poco después, llegó la más clara del Espanyol en la primera parte: un gran centro medido encontró a Ángeles del Álamo dentro del área pequeña, pero su remate, en una posición inmejorable, se marchó por encima del travesaño. Fue una ocasión que pudo cambiar el signo del encuentro y que reflejó, una vez más, la delgada línea que separa el acierto del castigo en partidos de este nivel.
El Atlético, consciente de esos avisos, no bajó la intensidad ni la concentración. El equipo rojiblanco entendió que, más allá del control del balón, debía afinar en los metros finales y cerrar los espacios a la espalda de su defensa. La línea defensiva se mantuvo firme, con Lauren Leal recuperándose de la acción inicial y ofreciendo solidez en los duelos, mientras el centro del campo trataba de imponer pausa y criterio para evitar transiciones peligrosas. Cada recuperación se convertía en una nueva oportunidad para volver a cargar el área rival, para insistir, para desgastar.
El ritmo del partido se estabilizó en un intercambio de intenciones claro: el Atlético proponía, dominaba y buscaba el gol con paciencia; el Espanyol resistía, competía y trataba de aprovechar cada error o cada espacio concedido. La primera parte avanzó con esa tensión latente, con la sensación permanente de que cualquier detalle podía decantar la balanza.
No hubo más goles ni decisiones determinantes antes del descanso, pero sí la certeza de que el partido estaba lejos de resolverse y que el segundo acto exigiría un punto más de precisión, valentía y carácter por parte de ambos conjuntos.
Las 22 protagonistas se marcharon al entretiempo con el marcador aún pendiente de ser inaugurado y todo habría de decidirse en el segundo y definitivo acto en la capital española.
— Atlético de Madrid Femenino (@AtletiFemenino) January 17, 2026
En el incio de la segunda mitad de tiempo mantuvo la misma dinámica con la que había terminado la primera parte, con dominio de las rojiblancas. Nada más reanudarse el juego, Amaiur Sarriegi probó fortuna con un remate con la pierna derecha desde fuera del área que se marchó desviado.
Pese a la insistencia del Atlético de Madrid, fue el Espanyol quien logró adelantarse en el marcador gracias a una acción a balón parado. En el minuto 55, una falta al borde del área, señalada por mano de Carmen Menayo, les dió ventaja en el marcador a las azulonas. Anna Torrodà ejecutó perfectamente el libre directo con la pierna derecha, enviando el balón a la escuadra izquierda y poniendo el 0–1 en el marcador que hacía saltar la banca en Alcalá de Henares antes de alcanzar la hora de partido.
A pesar del contratiempo, las rojiblancas no se vinieron abajo, sino que intensificó aún más la presión en busca del empate. Las ocasiones empezaron a llegar con mayor frecuencia, como en el minuto 62, cuando un centro de Andrea Medina encontró la cabeza de Fiamma Benítez, aunque finálmente su remate se marchó rozando el palo derecho de la portería visitante. Poco después, Synne Jensen también lo intentó de cabeza, pero sin fortuna, al Atlético le falta finura en la parcela ofensiva en los últimos tiempos.
Con el partido entrando en su fase decisiva, el Atlético de Madrid redobló su apuesta. Lejos de conformarse con el dominio territorial y la acumulación de llegadas, el conjunto rojiblanco intensificó la presión y elevó el ritmo de juego en busca de un desenlace favorable. Cada acción se jugaba con mayor urgencia, cada balón dividido se disputaba como si fuera el último, y el Espanyol comenzaba a acusar el desgaste físico y mental de un esfuerzo sostenido durante muchos minutos.
El empuje atlético encontró una oportunidad clara en el minuto 73, cuando una acción señalada como juego peligroso de Simona Botero concedió a las locales una falta en una zona muy comprometida. La jugada, ejecutada con rapidez e inteligencia, terminó con el balón en el centro del área, donde Synne Jensen apareció con determinación para rematar con la pierna izquierda. El disparo, tras botar previamente, se elevó más de lo deseado y terminó marchándose demasiado alto, pero la ocasión dejó una sensación inequívoca: el gol estaba cada vez más cerca, y el Atlético comenzaba a cercar con insistencia la portería visitante.
El Espanyol, consciente del momento crítico del encuentro, trató de ganar oxígeno mediante interrupciones, posesiones más largas y ajustes defensivos. Sin embargo, el empuje rojiblanco no disminuyó. El Atlético jugaba ya instalado en campo rival, acumulando efectivos en zonas ofensivas y obligando a la defensa perica a multiplicarse para cerrar espacios y despejar balones comprometidos. Cada centro lateral, cada balón parado, cada segunda jugada elevaba la tensión en el área visitante.
La polémica llegó en el minuto 83, en una acción que encendió a la grada y detuvo el pulso del partido. Luany cayó dentro del área tras un contacto que, a primera vista, pareció suficiente para señalar pena máxima. La colegiada decidió detener el juego y acudir al VAR para revisar la acción, mientras el estadio contenía la respiración. Las imágenes se sucedieron durante largos segundos, aumentando la expectación y la presión ambiental. Finalmente, tras la revisión, se determinó que no existían los elementos necesarios para decretar penalti. La decisión fue recibida con protestas desde la grada y gestos de incredulidad entre las jugadoras rojiblancas, que sentían que el partido se les escapaba por detalles mínimos.
Lejos de descomponerse, el Atlético respondió con carácter. Los últimos minutos se convirtieron en un asedio prácticamente continuo sobre la portería del Espanyol. Primero, un remate de cabeza tras un centro preciso obligó a la guardameta visitante a intervenir con reflejos, blocando el balón y evitando lo que parecía el gol del empate. Fue una parada clave, de esas que sostienen a un equipo en los momentos más delicados.
Poco después, Synne Jensen volvió a asumir responsabilidades. La atacante recogió el balón fuera del área y, sin pensarlo, armó un disparo raso, potente y bien dirigido, que obligó nuevamente a la portera del Espanyol a estirarse para desviar el esférico y mantener intacta la igualdad en el marcador. Fue otra ocasión clara, otro aviso serio, otra muestra de que el Atlético no estaba dispuesto a rendirse.
El reloj avanzaba inexorablemente, y cada segundo jugaba en contra de las rojiblancas.
Aún así, el equipo mantuvo la fe, la intensidad y la convicción hasta el último instante, empujando con orgullo y determinación, consciente de que había hecho méritos suficientes para algo más. El Espanyol resistía como podía, defendiendo con todo y encontrando en su portera y en el sacrificio colectivo los argumentos necesarios para sostener el resultado en un final de partido cargado de tensión, emoción y sensación de oportunidad perdida para el conjunto local.
La derrota ante el Espanyol supone un frenazo significativo para las aspiraciones del Atlético de Madrid Femenino, no solo en la lucha directa por los puestos de Liga de Campeones, sino también en su objetivo de consolidarse entre las primeras posiciones de la clasificación. El conjunto rojiblanco deja escapar una oportunidad clave para afianzarse en la zona alta de la tabla tras un partido en el que volvió a asumir el protagonismo, dominó amplias fases del juego y acumuló llegadas, pero en el que volvió a verse penalizado por la falta de acierto en los metros finales y por un gol encajado a balón parado, una losa demasiado pesada en un contexto de máxima igualdad.
(Fuente: Liga F Moeve)
Con este resultado, el Espanyol suma tres puntos de enorme valor que le permiten tomar aire en la clasificación y reforzar su posición en la zona media, alejándose de los puestos de peligro y ganando margen respecto a sus rivales directos.
Las pericas son actualmente novenas con 19 unidades en su haber y da un golpe de efecto al vencer en un feudo tan complicado como es el Centro Deportivo Alcalá de Henares.
El Atlético, por su parte, se queda descolgado del grupo que marca las plazas de Champions pues cuarto con 27 puntos, a cuatro de dar caca a una Real Sociedad que tiene dos encuentros pendientes y está viendo cómo sus competidores directos se distancian y obligándole a mirar de reojo tanto hacia arriba como hacia atrás en una tabla cada vez más comprimida. La sensación es de oportunidad perdida, pero el calendario ofrece una vía inmediata para reaccionar: entre semana, el Atlético de Madrid afronta la semifinal de la Supercopa de España ante el Real Madrid, un derbi de máxima exigencia que se presenta como el escenario ideal para dar un golpe de efecto, recuperar las buenas sensaciones y reforzar la confianza de un equipo que necesita una respuesta anímica y competitiva para reconducir su temporada.
(Fuente: Liga F Moeve)
📋 Ficha técnica |
Atlético de Madrid : Lola Gallardo; Alexia, Lauren Leal, Menayo, Andrea Medina; Vilde Boe Risa (Natalia Martín, min. 77), Julia Bartel; Luany (Maracarena Portales, min. 86), Iannuzzi, Jensen; Sarriegi (Sheila Guijarro, min. 77)
Espanyol: Salvador; Vallejo, Balleste, Botero, Caracas (Ainhoa Dómenech, min. 87); Campo (Arana, min. 66), Torroda; Baradad (Torras, min. 66), Cristina Baudet Lucena, Ariadna Doménech (Judith Pablos, min. 86); Ángeles (Browne, min. 77).
Árbitra: Lorena del Mar Trujillano Gallardo Tarjetas Amarillas: Ángeles (min. 9), Botero (min. 73), Carmen Menayo (min. 79), Caracas (min. 86), Lola Gallardo (min. 92), Baudet (min.
Incidencias: Partido correspondiente a la decimosexta jornada de la Liga Profesional de Fútbol Femenino (Liga F Moeve) entre el Atlético de Madrid y el Espanyol de Barcelona que se ha celebrado en el Centro Deportivo Alcalá de Henares sobre una superficie de hierba natural.
Goles |
0-1 Anna Torrodá 55’ ⚽️
Vídeo |
📈 El RCD Espanyol suma en Alcalá su quinta visita consecutiva sin perder