Categoría: Madrid CFF

  • La crónica | El Levante U.D. hunde al Madrid CFF en busca de la permanencia

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ El cuadro granota completa la remontada gracias a un golazo de Érika González para doblegar por 2-1 a las de Fuenlabrada.

    La previa |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El sábado 31 de enero, a las doce del mediodía, cuando el invierno todavía aprieta y la Liga F Moeve entra en ese punto de la temporada donde ya no existen partidos neutros ni jornadas de transición, el fútbol femenino español se detendrá en Valencia para mirar de frente a un duelo cargado de urgencias, matices y significados. En el Ciutat de València, bajo la retransmisión de DAZN, Levante UD y Madrid CFF se enfrentarán en un partido que va mucho más allá de los tres puntos, un encuentro donde cada acción tendrá peso clasificatorio, emocional y narrativo. No es un partido cualquiera: es uno de esos choques que definen estados de ánimo, que marcan trayectorias y que, con el paso de las semanas, acaban siendo recordados como momentos de inflexión.

    Porque hay partidos que se juegan desde el balón y otros que se juegan desde el contexto. Y este pertenece claramente a la segunda categoría.

    El Levante UD llega a la cita desde la zona más incómoda de la tabla, desde ese lugar donde el calendario ya no es un aliado y donde cada jornada se convierte en una cuenta atrás. Colista de la Liga F Moeve con cinco puntos, el conjunto granota se encuentra a cuatro de la salvación, una distancia que todavía es remontable, pero que empieza a exigir respuestas inmediatas. No hay margen para seguir aplazando la reacción. No hay espacio para discursos de largo plazo cuando el presente aprieta con tanta fuerza. El Levante juega en casa, sí, pero juega sobre todo contra el tiempo, contra la clasificación y contra la sensación de que cada partido que se escapa pesa el doble.

    El último precedente no ayuda a aliviar esa carga. La derrota ante el Sevilla FC por 4-2 dejó al descubierto muchas de las heridas que arrastra el equipo valenciano esta temporada: fragilidad defensiva en momentos clave, dificultades para sostener el esfuerzo durante los noventa minutos y una sensación persistente de que, incluso cuando compite, siempre acaba pagando demasiado caro cada error. No fue un partido sin respuesta ni sin intención, pero volvió a confirmar que al Levante le está costando transformar el esfuerzo en puntos, y eso, en una liga tan exigente como la actual, es una condena silenciosa.

    Sin embargo, este Levante no es un equipo resignado. Ni mucho menos. El mercado de fichajes de invierno ha sido una declaración de intenciones en sí misma, una manera de decir que el club no acepta el destino como algo inevitable. La llegada de Ariana Arias refuerza esa idea de reacción, de intentar encontrar soluciones nuevas a problemas persistentes. No es solo un refuerzo deportivo; es un mensaje al vestuario, a la afición y a la competición: el Levante quiere pelear, quiere creer, quiere mantenerse con vida.

    Al mismo tiempo, las salidas de Pierina Núñez y Sintia Cabezas reflejan la crudeza del momento. En situaciones límite, los proyectos se ajustan, los planes se redefinen y las plantillas se transforman en busca de un equilibrio que permita sobrevivir. El Levante está en ese punto exacto de la temporada donde cada decisión pesa, donde cada movimiento se analiza no por lo que representa a largo plazo, sino por lo que puede aportar de inmediato. El sábado no se juega solo un partido: se pone a prueba la validez de ese reajuste, la capacidad del equipo para convertir los cambios en una respuesta competitiva real.

    Frente a ese escenario de urgencia aparece el Madrid CFF, un equipo que vive una realidad muy distinta, pero no exenta de tensión. Séptimo clasificado con 26 puntos, el conjunto madrileño se mueve en esa tierra intermedia de la tabla donde el peligro no es la caída, sino la desconexión. A once puntos de los puestos de Champions, el Madrid CFF sabe que el margen para soñar con cotas mayores es reducido, pero también es consciente de que la temporada no puede permitirse una deriva irregular. Cada partido es una oportunidad para reafirmarse, para sostener una identidad competitiva y para evitar que la zona cómoda se convierta en una trampa de conformismo.

    La derrota ante el FC Badalona Women por 0-1 en la última jornada fue un golpe inesperado. No tanto por el resultado en sí, sino por la sensación de freno que dejó. El Madrid CFF venía construyendo una dinámica sólida, apoyada en la regularidad y en un modelo reconocible, y ese tropiezo obligó a revisar certezas. En un campeonato tan apretado, perder implica algo más que ceder puntos: supone abrir interrogantes, reactivar dudas y enfrentarse a la necesidad de responder de inmediato.

    Además, aquel partido estuvo condicionado por una ausencia importante: Bárbara López no pudo estar disponible, y su baja se dejó sentir. No solo por lo que aporta en términos futbolísticos, sino por el peso que tiene dentro del equipo. A eso se sumó la ausencia de Sandra Villafañe, sancionada por acumulación de tarjetas amarillas. Dos nombres propios que alteraron el equilibrio habitual del once y que contextualizan, al menos en parte, el resultado final.

    Pero el fútbol siempre concede segundas oportunidades, y el duelo ante el Levante se presenta como una de ellas. Sandra Villafañe volverá a estar disponible tras cumplir sanción, un regreso que refuerza al equipo tanto en lo deportivo como en lo emocional. En partidos de este tipo, donde el rival se juega la vida y el entorno aprieta, la experiencia y la capacidad para manejar los tiempos se convierten en activos fundamentales.

    El choque, por tanto, se dibuja como un enfrentamiento de necesidades distintas pero igualmente intensas. El Levante necesita puntos para sobrevivir. El Madrid CFF necesita ganar para reafirmarse. Uno pelea contra el descenso; el otro, contra la irregularidad y el riesgo de estancamiento. Ambos llegan heridos por la última jornada. Ambos saben que perder sería algo más que una derrota.

    Y todo ello se producirá a las doce del mediodía, en ese horario tan característico de la Liga F Moeve, donde el fútbol se mezcla con la luz fría del invierno y donde los partidos adquieren un tono casi crudo, sin artificios. No habrá excusas, no habrá margen para esconderse. Solo noventa minutos para exponer argumentos, carácter y ambición.

    Este Levante–Madrid CFF no es un duelo de extremos, pero sí es un partido de alta carga emocional. Un encuentro donde cada balón dividido tendrá un significado distinto según el color de la camiseta. Donde cada ocasión fallada pesará como una losa. Donde cada gesto, cada mirada al banquillo, cada aplauso desde la grada contará una historia paralela.

    Porque cuando enero avanza y la temporada entra en su fase decisiva, el fútbol deja de ser solo un juego. Se convierte en un espejo de las urgencias, de las aspiraciones y de la capacidad de resistir. Y el sábado, en Valencia, Levante UD y Madrid CFF se mirarán de frente sabiendo que, pase lo que pase, nada será exactamente igual después.

    la primera capa de este Levante UD–Madrid CFF se explica desde la urgencia y el contexto clasificatorio, la segunda se despliega sobre un terreno menos evidente, pero igual de decisivo: el tablero táctico y emocional sobre el que se jugará el partido. Porque no todos los equipos compiten igual cuando están contra las cuerdas, ni todos saben gestionar de la misma manera la obligación de ganar. Y en este duelo concreto, esa diferencia puede marcar el rumbo de los noventa minutos.

    El Levante UD llega a este encuentro con la necesidad de alterar el guion habitual. No puede permitirse un partido plano, ni una gestión conservadora del resultado. Cinco puntos en el casillero y la condición de colista no admiten medias tintas: el equipo granota necesita sumar, pero sobre todo necesita sentirse competitivo, reconocerse a sí mismo como un bloque capaz de sostener el esfuerzo durante todo el encuentro. Esa es, quizás, la gran asignatura pendiente de la temporada.

    En los partidos anteriores, el Levante ha mostrado fases de buen fútbol, momentos donde ha sido capaz de discutirle el balón a rivales de entidad y de generar peligro real en campo contrario. El problema ha llegado casi siempre después, cuando el partido se alarga, cuando el rival ajusta y cuando el margen de error se reduce a la mínima expresión. Ahí, en ese territorio intermedio entre la intención y la eficacia, es donde el Levante ha perdido demasiados puntos.

    Ante el Madrid CFF, el plan no puede limitarse a resistir ni a esperar acontecimientos. Jugar en casa obliga, aunque el contexto apriete, a asumir cierta iniciativa. La incorporación de Ariana Arias abre una vía nueva en ese sentido: más presencia, más alternativas, más capacidad para sostener ataques largos y no depender exclusivamente de acciones aisladas. No se trata solo de lo que pueda aportar en términos técnicos, sino de cómo su presencia puede modificar el comportamiento colectivo del equipo, ofreciendo una referencia distinta y obligando al rival a reajustar su planteamiento.

    Defensivamente, el Levante sabe que no puede conceder espacios con facilidad. El Madrid CFF es un equipo cómodo cuando encuentra ritmo, cuando puede alternar posesiones largas con transiciones rápidas y cuando detecta debilidades estructurales en el rival. Por eso, el equilibrio será clave. Replegar demasiado pronto puede significar renunciar al partido; adelantar líneas sin respaldo puede ser una invitación al castigo. El término medio, ese equilibrio tan difícil de encontrar en situaciones límite, será uno de los grandes desafíos para el conjunto granota.

    Enfrente, el Madrid CFF llega con una identidad más asentada, pero también con la obligación de demostrar madurez competitiva. Séptimo en la tabla, lejos tanto del descenso como de los puestos de Champions, el equipo madrileño se mueve en un escenario donde la tentación de la comodidad siempre acecha. Y sin embargo, partidos como este exigen exactamente lo contrario: concentración máxima, lectura del contexto y capacidad para golpear en los momentos adecuados.

    La derrota ante el FC Badalona Women dejó una enseñanza clara: ningún partido está ganado de antemano, y cualquier desconexión se paga. En aquel encuentro, el Madrid CFF tuvo fases de control, pero le faltó contundencia, precisión en los últimos metros y, sobre todo, una respuesta emocional cuando el marcador se puso cuesta arriba. Esa experiencia reciente actúa ahora como advertencia. El equipo sabe que el Levante, pese a su posición en la tabla, no es un rival al que se pueda subestimar.

    El regreso de Sandra Villafañe añade un matiz importante. No solo por su aportación futbolística, sino por lo que representa en términos de orden y jerarquía. En un partido que puede volverse incómodo, trabado, incluso áspero por momentos, disponer de jugadoras capaces de leer el ritmo del encuentro y de enfriar o acelerar según convenga es un valor diferencial. El Madrid CFF necesitará esa pausa, esa capacidad para no dejarse arrastrar por la ansiedad local ni por la urgencia del rival.

    Desde el punto de vista táctico, el partido apunta a un duelo de ritmos. El Levante intentará imprimir intensidad, aprovechar el factor campo y convertir cada acción en una pequeña batalla. El Madrid CFF, por su parte, buscará gestionar, hacer daño cuando tenga espacio y obligar a las locales a tomar decisiones incómodas. Si el marcador se mantiene igualado durante muchos minutos, la presión psicológica puede empezar a jugar un papel determinante, especialmente para un Levante que sabe que el empate puede no ser suficiente.

    Y ahí entra en juego otro elemento clave: el estado emocional de los equipos. El Levante juega con la carga de saberse en una situación límite, pero también con la energía que generan este tipo de partidos, donde todo está en juego y donde una victoria puede cambiarlo todo. El Madrid CFF juega con menos presión clasificatoria, pero con la exigencia interna de no fallar, de no dejar escapar puntos ante un rival directo por la zona media-baja.

    Cada falta, cada saque de esquina, cada decisión arbitral puede amplificar esas emociones. El Ciutat de València, consciente de la importancia del momento, empujará a las suyas, reclamará, presionará. El Madrid CFF deberá convivir con ese ambiente, abstraerse y convertirlo, si es posible, en un factor neutro. No todos los equipos saben hacerlo. No todos los partidos lo permiten.

    A medida que avance el encuentro, el desarrollo estará inevitablemente condicionado por el marcador. Si el Levante se adelanta, el partido puede convertirse en una prueba de resistencia, en un ejercicio de defensa del resultado y de gestión del miedo a perder lo ganado. Si es el Madrid CFF quien golpea primero, el escenario cambiará por completo: las locales se verán obligadas a asumir riesgos mayores, a abrirse, a exponerse, y ahí el partido puede romperse en cualquiera de los dos sentidos.

    En ese posible desorden final, la claridad mental será tan importante como las piernas. La Liga F Moeve se ha caracterizado esta temporada por su competitividad y por la cantidad de partidos que se deciden en detalles mínimos. Este apunta a ser uno de ellos. No habrá grandes diferencias en cuanto a talento individual sobre el césped; lo que marcará la diferencia será la capacidad de cada equipo para interpretar el momento exacto del partido y actuar en consecuencia.

    Porque, al final, este Levante–Madrid CFF no se resolverá solo por quién tenga más posesión o más ocasiones, sino por quién sepa leer mejor el miedo, la urgencia y la esperanza que flotarán en el ambiente. El Levante juega por sobrevivir. El Madrid CFF, por reafirmarse. Y cuando esas dos fuerzas chocan, el resultado nunca es previsible.

    El duelo al detalle |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🏆 Liga F Moeve

    🔷 Temporada 2025–2026

    ✨ 18ª jornada ✨

    🔥 Levante U.D. 🆚 Madrid CFF 🔥

    📅 Sábado 31 de enero de 2026

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 DAZN

    🏟️ Ciudad Deportiva de Buñol, Orriols

    Los onces |

    La jornada decimoctava de la Liga F Moeve quedó grabada como una de esas fechas que trascienden el resultado y el marcador, una de esas jornadas en las que el fútbol se convierte en altavoz y conciencia colectiva antes incluso de que el balón empiece a rodar. Porque antes de cualquier presión alta, de cualquier centro lateral o de cualquier remate al área, el césped fue escenario de un gesto que unió a toda la competición en un mismo latido. Jugadoras, cuerpos técnicos y árbitras, sin distinción de colores ni escudos, portaron los Brazaletes de la Esperanza, una iniciativa impulsada por la Asociación Española Contra el Cáncer junto a la organización de la Liga F para conmemorar el Día Mundial contra el Cáncer. Un símbolo discreto pero poderoso, una declaración silenciosa que recordó que hay batallas que se libran lejos de los focos, que hay millones de personas que conviven cada día con la enfermedad y que el fútbol, cuando quiere, puede ser mucho más que un juego.

    Con ese telón de fondo, cargado de emoción y significado, el balón echó a rodar en Orriols y el partido comenzó a escribir su propia historia. El Madrid CFF no tardó en mostrar sus intenciones. Desde el primer minuto, el conjunto visitante apostó por un planteamiento valiente, directo, sin complejos.

    Presión adelantada, líneas juntas y una idea clara: incomodar al Levante desde el inicio, obligarlo a jugar lejos de la portería rival y marcar el ritmo del encuentro. Las de Sánchez Vera salieron decididas a golpear primero, conscientes de que un arranque fuerte podía condicionar el desarrollo del duelo.

    Las primeras llegadas llevaron sello madrileño. Disparos lejanos, centros laterales y acciones rápidas por banda obligaron a la defensa granota a trabajar con intensidad desde muy temprano. El Levante, empujado por su gente y por la necesidad clasificatoria, trataba de asentarse a través de posesiones más largas, buscando que el balón pasara por el centro del campo antes de lanzarse al ataque. Sin embargo, durante muchos minutos, fueron las jugadoras del Madrid CFF las que parecieron sentirse más cómodas en ese intercambio de golpes, manejando mejor los tiempos y encontrando espacios con mayor facilidad.

    El premio a esa insistencia no tardó en llegar. Corría el minuto 21 cuando una jugada bien construida por el costado derecho terminó rompiendo el equilibrio. Alba Ruiz filtró un balón preciso al área y Anita Marcos, atacando el espacio con determinación, resolvió la acción con un remate eficaz que batió a la guardameta local y puso el 0-1 en el marcador.

    Un gol que adelantaba al conjunto madrileño y que parecía confirmar el buen arranque visitante. La celebración tuvo un significado especial: la canterana del Atlético de Madrid festejó el tanto poniéndose unas gafas imaginarias, el gesto con el que suele dedicar sus goles a sus padres, una imagen cargada de simbolismo en una jornada tan marcada por lo emocional.

    Lejos de descomponerse, el Levante reaccionó. Poco a poco, el equipo local comenzó a ganar presencia en campo contrario, a creérselo, a empujar con mayor continuidad. Las combinaciones por banda y los centros al área empezaron a generar peligro, especialmente gracias a la movilidad de sus delanteras y a la llegada de las segundas líneas. Ana Franco y Alharilla Casado dispusieron de oportunidades claras para igualar el marcador, pero el acierto no acompañó. El Levante crecía en posesión y en sensaciones, mientras el Madrid CFF se replegaba con orden, dispuesto a resistir y a buscar salidas rápidas al contragolpe.

    La primera mitad avanzó con ese pulso constante entre la iniciativa local y la solidez visitante. Antes del descanso, el partido se estabilizó. El Levante empujaba, el Madrid defendía con disciplina y cerraba bien los espacios interiores. El marcador no se movió y las madrileñas se marcharon a vestuarios con una ventaja mínima que reflejaba un primer acto equilibrado, intenso y cargado de matices.

    Las veintidós protagonistas enfilaron el túnel de vestuarios sabiendo que lo exiguo del resultado dotaba de una emoción especial al segundo y definitivo acto. En ese momento, además, el contexto clasificatorio añadía un matiz más al encuentro: el empate provisional que el Atlético de Madrid estaba cosechando en Alcalá de Henares ante el Granada estaba otorgando, de manera momentánea, la quinta plaza al Madrid CFF. Un escenario favorable que, sin embargo, estaba lejos de ser definitivo. El fútbol aún tenía preparado un giro de guion.

    Tras el paso por vestuarios, el Levante dio un paso al frente. El equipo salió con una actitud más agresiva, decidido a imponer ritmo y a instalarse definitivamente en campo rival. Los ajustes realizados reforzaron el centro del campo y aportaron mayor profundidad por las bandas, lo que se tradujo en más llegadas al área y en una presión constante sobre la salida de balón del Madrid CFF. El mensaje era claro: había que ir a por el partido.

    El empate no tardó en llegar y lo hizo en una acción que simbolizó esa determinación local. Un saque de esquina bien ejecutado encontró a Eva Alonso, que ganó la posición y cabeceó a la red desde corta distancia, enviando el esférico lejos del alcance de Paola Ulloa.

    El 11, en el minuto 66, devolvía la igualdad al marcador y encendía a la grada. Todo empezaba de nuevo en Orriols.

    Con el empate, el encuentro entró en una fase abierta, vibrante, de ida y vuelta.

    El Levante buscaba elaborar más sus ataques, combinando por dentro y por fuera, mientras el Madrid CFF trataba de aprovechar cualquier pérdida para lanzar a sus jugadoras más rápidas. El ritmo se elevó, las ocasiones se repartieron y la emoción se apoderó del partido. Cada acción parecía definitiva, cada balón dividido se jugaba como si fuera el último.

    Y entonces llegó el momento que terminó de decantar la balanza. En una transición rápida, Érika González recogió el balón lejos del área, avanzó sin oposición y se animó a probar suerte desde larga distancia. Su golpeo, raso y ajustado, sorprendió a la guardameta visitante y se coló junto al palo izquierdo. Un gol de enorme calidad, un auténtico golazo que desató la euforia en el banquillo local y puso al Levante por delante por primera vez en el partido. Corría el minuto 86 y el duelo entraba ya en su tramo decisivo con el 21 en el marcador.

    A partir de ahí, el partido se transformó en una batalla por la supervivencia. El Madrid CFF volcó todos sus esfuerzos en busca del empate, acumulando jugadoras en campo contrario y probando con centros y disparos lejanos. El Levante, consciente de la importancia del resultado, optó por proteger su ventaja con orden defensivo y salidas rápidas para consumir tiempo y alejar el peligro. Cada despeje era celebrado como un gol, cada segundo ganado se convertía en oro.

    Los últimos minutos estuvieron marcados por la tensión, por las interrupciones y por la sensación de que cualquier detalle podía cambiarlo todo. Las visitantes dispusieron de alguna ocasión para igualar, pero la defensa granota se mostró firme, solidaria, y supo despejar cada amenaza. El pitido final confirmó la remontada del Levante Femenino, una victoria construida desde la paciencia, la reacción y la eficacia en los momentos clave.

    El resultado tiene un impacto directo en la clasificación de la Liga F Moeve. El Levante suma tres puntos vitales que le permiten abandonar momentáneamente la sensación de desahucio deportivo, recortando distancias con la zona de salvación y reforzándose, sobre todo, en lo anímico.

    El Madrid CFF, por su parte, se mantiene en la zona media de la tabla, alrededor de la séptima posición, con la sensación de haber competido de tú a tú pero de haberse quedado sin premio en un partido que tuvo controlado durante muchos minutos.

    Ambos equipos, ya sin tiempo para lamentos ni celebraciones prolongadas, miran ahora a sus próximos compromisos ligueros. El Levante afrontará su siguiente encuentro con la moral reforzada y la convicción de que la salvación es posible si mantiene esta línea competitiva.

    El Madrid CFF, en cambio, buscará reencontrarse con la victoria y recuperar sensaciones, consciente de que la temporada exige regularidad y respuestas inmediatas.

    Más allá del marcador, este Levante–Madrid CFF quedará enmarcado como uno de esos partidos que explican lo que es la Liga F Moeve: competitividad, emoción, giros inesperados y, también, compromiso social.

    Una jornada en la que el fútbol volvió a demostrar que puede ser un espacio para competir y emocionar, pero también para recordar que hay causas que importan y que merecen ser visibilizadas.

    Un partido que, como diría Manu, se juega con los pies, con la cabeza y, sobre todo, con el corazón.

    El Levante Unión Deportiva suma tres nuevos guarismos que le sitúan decimosexto, es decir, colista con 8 unidades, a tan solo nueve de la zona de salvación que actualmente marca la Sociedad Deportiva Eibar con 17.

    Por su parte, un Madrid CFF que aún no ha terminado de adaptarse al estilo de juego propuesto por Sánchez Vera y aglutina ya quince días sin ganar, venía de caer por 0-1 ante el Badalona Women en el Fernando Torres y buscará el quite del perdón en la eliminatoria de cuartos de final de la Copa del la Reina Iberdrola que le medirá en la capital española con las guerreras del Costa Adeje Tenerife Egatesa.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    Levante Unión Deportiva: Laura Coronado; Eden Le Guilly (Maria Gabaldón, min. 72), Eva Alonso, Teresa Mérida, Alharilla; Raiderlin Carrasco, Érika González (Zipporah Agama, min. 91) Gema Soliveres (Carol Martín, min. 59 ), Bascu (Dolores Silva, min. 58); Ariana Arias, Ana Franco.

    Madrid CFF: Paola Ulloa; Mónica, Núria Mendoza, Sandra Villafañe; Allegra Poljak (Nerea Sánchez, min. 82), Ángela Sosa (Freja Olofsson, min. 88), Hildur Antonsdóttir, Alba Ruiz (Natasa Andonova, min. 53); Malou Marcetto, Kamila Melgård; Anita Marcos (Emilia Nautness, min. 52).

    Lugar: Ciudad Deportiva de Buñol – Campo 1
    Árbitra: Ainara Andrea Acevedo Dudley
    Tarjetas Amarillas: Raiderlin Carrasco (min. 14) por parte del Levante.

    Rojas: No hubo

    Goles:

    0-1 Anita Marcos 21’ ⚽️

    1-1 Eva Alonso 66’ ⚽️

    2-1 Érika González 86’ ⚽️

    Vídeo |

  • Oficial | El Atlético anuncia el adiós de Viti

    (Fuente: RFEF)

    ⬛️ Víctor Martín Alba y la huella de un entrenador que elevó al Atlético de Madrid a la élite europea.

    Hay decisiones que no se explican solo con resultados, ni se justifican únicamente con clasificaciones. Hay finales que no nacen de una derrota concreta, sino del desgaste invisible de los ciclos largos, de las exigencias de los grandes escudos y del peso silencioso que implica dirigir desde el banquillo de un club que vive permanentemente entre la obligación de ganar y la necesidad de construir. El Club Atlético de Madrid ha puesto punto final a la etapa de Víctor Martín Alba como entrenador de su primera plantilla femenina.

    Lo hace en un contexto complejo, tras una semifinal de Supercopa perdida en el derbi de semifinales ante el Real Madrid, y lo hace cerrando un periodo que, más allá de la coyuntura actual, deja una huella profunda en la historia reciente del fútbol femenino rojiblanco.

    El anuncio oficial llegó con la sobriedad institucional que caracteriza a los comunicados del Atlético de Madrid, pero con un contenido que sacudió los cimientos del proyecto deportivo femenino.

    “Víctor Martín no continuará como entrenador de la primera plantilla del primer equipo femenino. La actual situación deportiva ha provocado la destitución del técnico, que llegaba a nuestro club en verano de 2024 y ha dirigido al equipo en 65 encuentros oficiales. En su primera temporada consiguió el objetivo del club de devolver al equipo a la UEFA Women’s Champions League y llevó al equipo a la final de la Copa de la Reina.”

    (Fuente: Atlético de Madrid)

    Un párrafo escueto para cerrar una etapa intensa, exigente y profundamente transformadora.

    decisión se hace oficial tres días después de la derrota por 3-1 ante el Real Madrid en las semifinales de la Supercopa de España Iberdrola, disputada en Castellón. Un partido que, más allá del marcador, evidenció el momento delicado que atravesaba el equipo rojiblanco: dudas, desgaste competitivo y una dinámica negativa que se había prolongado durante semanas.

    Con ese tropiezo, el Atlético de Madrid Femenino cumplía dos meses sin conocer la victoria, una racha impropia de un club construido para competir por títulos. En Liga F Moeve, el equipo había caído hasta la quinta posición, alejándose de los puestos de privilegio. En Copa de la Reina, el horizonte inmediato era un exigente cruce de cuartos de final frente al Athletic Club, otro examen de alto voltaje.

    Reducir la salida de Víctor Martín a una mala racha sería injusto y simplista. El Atlético no solo evalúa resultados: evalúa tendencias, sensaciones, liderazgo, proyección y capacidad de sostener un proyecto en el tiempo. Y es precisamente ahí donde el análisis se vuelve más complejo.

    Porque si algo define la etapa de Víctor Martín es que los logros están ahí, son objetivos, cuantificables y, en algunos casos, históricos

    Antes de sentarse en el banquillo del Centro Deportivo Alcalá de Henares o del Estadio Metropolitano, Víctor Martín había construido su carrera lejos de los grandes titulares. Su trayectoria no responde al camino clásico del entrenador mediático, sino al del técnico de método, estudio y convicción.

    Su experiencia como director de metodología del Albacete Balompié, en el fútbol masculino, marcó su ADN profesional: trabajo estructural, desarrollo del talento y obsesión por los procesos. A ello se sumó una etapa internacional poco común en el currículum de entrenadores españoles del fútbol femenino: su paso por Uzbekistán, como segundo entrenador y analista del Metallurg Bekabad, en la Super Liga del país.

    Ese bagaje, silencioso pero sólido, sería clave para lo que estaba por venir.

    punto de inflexión llegó el 24 de enero de 2024, cuando Víctor Martín asumió el cargo de entrenador del Madrid CFF, sustituyendo a María Pry, que se encontraba de baja por maternidad. Lo que en principio parecía una solución provisional se transformó en una de las historias más impactantes del fútbol femenino español reciente.

    En el Estadio Fernando Torres de Fuenlabrada, al frente del club con la cantera exclusivamente femenina más grande de toda Europa, Víctor Martín construyó un equipo competitivo, valiente y reconocible.

    Allí logró una proeza que ya forma parte de la memoria colectiva del campeonato: derrotar por 2-1 al FC Barcelona, poniendo fin a 719 días de imbatibilidad culé. Una victoria que trascendió el resultado y colocó su nombre en la élite del banquillo nacional.

    Además, estuvo muy cerca de clasificar al Madrid CFF para la fase previa de la UEFA Women’s Champions League, un hito que habría sido histórico para la entidad.

    Ese rendimiento no pasó desapercibido. El Atlético de Madrid, en pleno proceso de redefinición de su proyecto femenino, vio en Víctor Martín el perfil ideal: conocimiento profundo del fútbol femenino español, capacidad para potenciar talento joven y una metodología contrastada.

    Su llegada en el verano de 2024 supuso un nuevo comienzo para el equipo rojiblanco.

    No llegó solo. Con él aterrizaron Luany Da Silva y Gio Queiroz, dos futbolistas que ya conocían su modelo de juego y que hoy son piezas estructurales del ataque atlético. Su impacto fue inmediato: verticalidad, desequilibrio, amenaza constante.

    En 65 partidos oficiales, Víctor Martín cumplió con los principales objetivos marcados por el club:
    • Clasificación para la UEFA Women’s Champions League, devolviendo al Atlético a la máxima competición continental.
    • Final de la Copa de la Reina, demostrando competitividad en eliminatorias directas.
    • Consolidación de un estilo reconocible, con protagonismo ofensivo y apuesta por futbolistas jóvenes.

    Todo ello en un contexto de máxima exigencia, con un campeonato doméstico cada vez más competitivo y con rivales en clara expansión presupuestaria y estructural.

    Sin embargo, el fútbol de élite no entiende de méritos pasados. La acumulación de partidos, las lesiones, la presión constante y la necesidad de resultados inmediatos fueron erosionando el día a día del equipo.

    La racha de dos meses sin ganar, la caída al quinto puesto en Liga F y la eliminación en semifinales de Supercopa actuaron como catalizadores de una decisión que, según fuentes del club, se venía madurando internamente.

    Víctor Martín quiso despedirse con palabras breves, pero cargadas de dignidad: “Ha sido un orgullo ser el entrenador del primer equipo femenino y doy las gracias a las jugadoras, club y afición por todo este tiempo juntos.”

    Un mensaje que resume una etapa vivida con intensidad y compromiso.

    Más allá del desenlace, la etapa de Víctor Martín deja una huella clara: elevó el nivel competitivo del equipo, consolidó perfiles clave y devolvió al Atlético de Madrid Femenino al escenario europeo que le corresponde por historia y ambición.

    Su salida no borra lo construido. Al contrario: lo convierte en parte de la narrativa de un club que sigue buscando el equilibrio entre identidad, rendimiento y futuro.

    Uno de los grandes méritos de Víctor Martín al frente del Atlético de Madrid Femenino fue dotar al equipo de una identidad futbolística clara, reconocible incluso en los momentos de dificultad. En un campeonato como la Liga F Moeve, cada vez más fragmentado por estilos, presupuestos y realidades estructurales, el Atlético encontró con Martín una hoja de ruta definida.

    Lejos de una idea conservadora, Viti apostó por equipos largos en ataque, laterales profundos y extremos con libertad para romper líneas. En fases de plenitud física, el Atlético fue uno de los conjuntos más incómodos de la competición para cualquier rival.

    algo caracterizó al técnico madrileño fue su capacidad de adaptación. La primera fase de su etapa estuvo marcada por un planteamiento más ambicioso con balón, buscando dominar territorios y ritmos. Con el paso de los meses —y condicionado por lesiones, carga de partidos y ajustes rivales—, el equipo evolucionó hacia un enfoque más pragmático.
    • Bloques medios compactos frente a rivales directos.
    • Salida limpia desde atrás, pero con alternativas en largo.
    • Mayor peso de las segundas jugadas, especialmente en encuentros de alta exigencia.

    Este proceso de ajuste constante, sin embargo, también tuvo un coste: la pérdida de continuidad en sensaciones, algo que el propio vestuario reconocía internamente como una de las dificultades del tramo final.

    La llegada de Luany Da Silva y Gio Queiroz no fue casualidad ni capricho de mercado. Ambas representaban la extensión natural del modelo que Víctor Martín había desarrollado previamente en el Madrid CFF.
    • Luany, con su potencia, desborde y capacidad para atacar el espacio, se convirtió en un arma diferencial.
    • Gio, con lectura táctica, movilidad y compromiso defensivo, aportó equilibrio al frente ofensivo.

    Hoy, ambas son jugadoras estructurales del Atlético, y su consolidación es uno de los legados más visibles del técnico.

    Puertas adentro, Víctor Martín fue descrito como un entrenador exigente, meticuloso y profundamente implicado. Su liderazgo no se basaba en grandes discursos, sino en el día a día: sesiones detalladas, análisis individualizado y comunicación directa.

    Sin embargo, en clubes de la dimensión del Atlético de Madrid, la gestión emocional adquiere una complejidad adicional. La presión por ganar, la convivencia de perfiles internacionales y la exposición mediática permanente generan tensiones inevitables.

    Fuentes cercanas al equipo apuntan a un desgaste progresivo, más emocional que táctico, fruto de la acumulación de expectativas no siempre satisfechas en el corto plazo.

    Todo entrenador del Atlético convive con la comparación constante. En el fútbol femenino, esa sombra incluye etapas gloriosas, títulos nacionales y noches europeas memorables. El listón histórico es alto y la paciencia, limitada.

    Víctor Martín asumió el cargo en un momento de transición estructural, con una plantilla en reconstrucción y un campeonato en clara evolución. Cumplió objetivos estratégicos, pero el Atlético no solo mira el “qué”, sino el “cómo” y el “cuándo”.

    En ese cruce de exigencias, su proyecto quedó atrapado entre el mérito acumulado y la urgencia inmediata.

    dato es contundente: dos meses sin victoria. En otro contexto podría interpretarse como una mala racha. En el Atlético, se convierte en una alarma estructural.

    La derrota en el derbi de Supercopa ante el Real Madrid no fue el origen, sino el detonante. El equipo había mostrado señales de fragilidad competitiva en semanas anteriores, especialmente en partidos donde tradicionalmente imponía jerarquía.

    La caída al quinto puesto en Liga F Moeve reforzó la percepción de que el ciclo había entrado en una fase de estancamiento.

    Desde el club se insiste en que la decisión fue tomada desde la responsabilidad institucional, pensando en el futuro inmediato y en la necesidad de un revulsivo competitivo. No hubo improvisación, sino una lectura estratégica del momento.

    La Copa de la Reina, con un cruce exigente ante el Athletic Club, aparece en el horizonte como un punto de no retorno para la temporada. La dirección deportiva entendió que el equipo necesitaba un nuevo impulso.

    Lejos de suponer un retroceso, la salida del Atlético consolida a Víctor Martín como un entrenador de primer nivel en el fútbol femenino español y europeo.

    Su trayectoria reciente —Madrid CFF y Atlético— le sitúa como un perfil atractivo para proyectos ambiciosos, tanto dentro como fuera de España. Su conocimiento metodológico, experiencia internacional y capacidad de construcción lo convierten en un técnico preparado para liderar nuevos desafíos.

    Para el Atlético de Madrid Femenino, se abre ahora una nueva etapa. La plantilla mantiene talento, estructura y ambición. La elección del próximo cuerpo técnico marcará el rumbo de un proyecto que no renuncia a nada.

    El reto será reconectar con la identidad histórica, recuperar la competitividad inmediata y, al mismo tiempo, sostener un modelo a medio plazo en un entorno cada vez más exigente.

    Epílogo abierto

    Los ciclos terminan, pero las huellas permanecen. Víctor Martín Alba ya forma parte de la historia del Atlético de Madrid Femenino. No por un título concreto, sino por haber sostenido el proyecto en un momento clave, haber devuelto al club a Europa y haber dejado cimientos sólidos para el futuro.

    El tiempo, como siempre en el fútbol, será el juez definitivo. Pero hoy, con la perspectiva que dan los hechos, su etapa merece algo más que una lectura fría de resultados: merece contexto, memoria y reconocimiento.

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Exclusiva | El Atlético pretende a dos futbolistas

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🟫 La dirección deportiva quiere pescar en el Fernando Torres con dos estrellas que gustan mucho tanto a Beni Rubido como a Viti.

    La actividad en los despachos del Centro Deportivo Alcalá de Henares está siendo frenética en los últimos meses.

    A veces las grandes historias del fútbol femenino no irrumpen con un estruendo inmediato, sino que se van construyendo en silencio, a fuego lento, entre conversaciones discretas, informes de scouting acumulados durante meses y decisiones estratégicas que miran mucho más allá del corto plazo. Hoy, “El Partido de Manu” está en disposición de desvelar una de esas historias que, cuando cristalizan, marcan un punto de inflexión en la planificación deportiva de un gigante de la Liga F Moeve y redefinen el equilibrio competitivo del campeonato.

    Según ha podido saber este medio en exclusiva, el club tres veces campeón de la Liga F Moeve ha puesto en marcha una operación de alto voltaje para incorporar a dos de las futbolistas más determinantes del Madrid CFF, Kamilla Melgård y Malou Marcetto, ambas con contrato en vigor hasta el próximo 30 de junio de 2027, en un movimiento que no solo habla de ambición deportiva, sino también de una lectura profunda del mercado, de las necesidades estructurales de la plantilla y de la evolución del fútbol femenino europeo.

    La información manejada por “El Partido de Manu” confirma que las negociaciones con Kamilla Melgård, centrocampista danesa de enorme impacto ofensivo, se encuentran ya muy avanzadas, hasta el punto de que en los despachos se trabaja con la convicción de que, salvo giro inesperado, la internacional nórdica vestirá la rojiblanca la próxima temporada. En el caso de Malou Marcetto, futbolista que se ha convertido en una auténtica debilidad personal de Víctor Martín Alba, también se han producido contactos directos tras analizar con detenimiento el extraordinario nivel que ofreció durante el curso pasado antes de que una inoportuna lesión frenase su progresión.

    Dos operaciones diferentes en su forma, pero unidas por un mismo hilo conductor: la convicción del club de que ambas encajan a la perfección en el proyecto deportivo que se está construyendo para el futuro inmediato.

    No se trata de movimientos improvisados ni de apuestas coyunturales. El seguimiento de Melgård y Marcetto responde a un trabajo de scouting profundo, prolongado en el tiempo, que comenzó incluso antes de que ambas explotaran definitivamente en la Liga F Moeve.

    Según ha podido saber este medio, el responsable inicial de ese análisis fue el propio Viti, que antes de abandonar el Fernando Torres dejó perfectamente perfiladas ambas operaciones, consciente del potencial diferencial que podían aportar a un equipo llamado a competir por todos los títulos.

    Ese legado, cuidadosamente documentado, fue recogido por Juanjo Vila, quien no solo supo interpretar los informes, sino que potenció de manera extraordinaria las virtudes de ambas futbolistas en el Madrid CFF, contribuyendo de forma decisiva a su crecimiento deportivo y a su consolidación como referencias del campeonato.

    La posible llegada de Malou Marcetto adquiere una relevancia estratégica aún mayor en el contexto actual de las colchoneras. Las ventas invernales de Gaby García al América de México y de Ana Vitória al Corinthians dejaron un vacío evidente en la medular, no solo en términos de talento, sino también de liderazgo, lectura del juego y capacidad para sostener al equipo en los momentos de mayor exigencia. Marcetto, por perfil, por edad y por recorrido, encaja como una pieza casi natural para cubrir ese hueco, aportando equilibrio, inteligencia táctica y una capacidad notable para conectar líneas. Su fichaje no sería únicamente una incorporación más, sino una declaración de intenciones: la apuesta por una futbolista capaz de marcar el ritmo del equipo durante años.

    En paralelo, el desembarco de Kamilla Melgård ofrecería un salto cualitativo en la parcela ofensiva. La danesa, con una capacidad notable para llegar desde segunda línea, interpretar los espacios y aportar cifras goleadoras desde el centro del campo, representa ese tipo de futbolista que eleva el techo competitivo de cualquier plantilla. Consciente de la buena relación institucional que mantiene con el Madrid CFF, el club estaría dispuesto a abonar la cláusula de compensación correspondiente, un gesto que no solo facilitaría la operación, sino que reforzaría los vínculos entre ambas entidades. En el caso de Melgård, además, se subraya su condición de exjugadora del Lyn Fotball Damer, un detalle que ayuda a contextualizar su formación en una de las canteras más reconocidas del fútbol nórdico y a entender su madurez táctica pese a su relativa juventud.

    El scouting de Kamilla Melgård revela a una futbolista total, de enorme inteligencia posicional y con una comprensión del juego que va más allá de los números, aunque estos también la avalen. Melgård es una centrocampista con alma de atacante, capaz de romper líneas con conducciones verticales, de aparecer en el área con un timing casi quirúrgico y de ofrecer soluciones tanto en ataque posicional como en transiciones rápidas. Su golpeo de balón, preciso y tenso, le permite ser una amenaza constante desde media distancia, mientras que su visión de juego facilita la circulación y la generación de ventajas en zonas interiores. No es una jugadora anárquica; al contrario, entiende perfectamente cuándo acelerar y cuándo pausar, cuándo asumir riesgos y cuándo asegurar la posesión. En defensa, sin ser su principal virtud, muestra compromiso, lectura de las líneas de pase y una notable capacidad para replegar y ofrecer ayudas, lo que la convierte en una pieza funcional dentro de sistemas exigentes a nivel táctico.

    Melgård destaca también por su mentalidad competitiva. Formada en un contexto futbolístico que prioriza la disciplina táctica y el trabajo colectivo, la danesa ha sabido adaptarse a la intensidad y al ritmo de la Liga F Moeve, creciendo partido a partido y asumiendo responsabilidades en momentos clave. Su capacidad para aparecer en citas importantes, para no esconderse cuando el balón quema, es uno de los aspectos más valorados por el cuerpo técnico que ha seguido de cerca su evolución. En un equipo con aspiraciones de título, contar con futbolistas que no solo toleren la presión, sino que la conviertan en un estímulo, es un factor diferencial, y Melgård encaja plenamente en ese perfil.

    Por su parte, Malou Marcetto representa la esencia de la centrocampista moderna que equilibra talento, trabajo y lectura del juego.

    Marcetto está firmando una temporada de enorme nivel, consolidándose como una de las piezas más fiables del Madrid CFF. Su juego se caracteriza por una notable capacidad para interpretar los espacios, ofrecer siempre una línea de pase clara y ordenar al equipo desde la base.

    No es una futbolista de fuegos artificiales, pero sí una de esas jugadoras que hacen mejores a las que tienen alrededor. Su precisión en el pase, tanto en corto como en largo, permite al equipo progresar con fluidez, mientras que su inteligencia defensiva le facilita anticiparse, robar balones y cortar líneas de pase sin necesidad de recurrir constantemente a la falta.

    Marcetto aporta, además, una lectura táctica que encaja a la perfección en equipos que aspiran a dominar los partidos. Sabe cuándo incrustarse entre centrales para facilitar la salida de balón, cuándo saltar a la presión para activar al bloque y cuándo temporizar para que el equipo se reordene. Esa capacidad para leer el juego en tiempo real es una de las razones por las que Víctor Martín Alba la considera una pieza clave en su idea de fútbol.

    La confianza del técnico en la recuperación plena de la futbolista tras la lesión es total, y los informes médicos y de rendimiento avalan que Marcetto volverá a ofrecer su mejor versión, incluso con un punto extra de madurez competitiva.

    El contexto en el que se producirían ambas incorporaciones es igualmente relevante. El club tres veces campeón de la Liga F Moeve se encuentra en un momento de redefinición estratégica, con la mirada puesta en consolidar un proyecto que no solo compita a nivel nacional, sino que aspire a dar un salto definitivo en Europa. Para ello, la planificación deportiva ha puesto el foco en futbolistas con experiencia en la liga, conocimiento del entorno y margen de crecimiento.

    Melgård y Marcetto cumplen con creces esos requisitos. Con contrato hasta 2027, su fichaje implicaría una inversión importante, pero también la seguridad de incorporar talento contrastado, minimizando riesgos de adaptación.

    Desde el punto de vista institucional, la operación se ha trabajado con especial cuidado para no deteriorar las relaciones con el Madrid CFF, un club con el que se mantiene un diálogo fluido y respetuoso.

    El abono de la cláusula de compensación en el caso de Kamilla y Malou, es interpretado en ese sentido como un gesto de buena voluntad y de reconocimiento al trabajo de formación y desarrollo realizado por el club madrileño.

    En el caso de Marcetto, las conversaciones han sido más exploratorias, centradas en evaluar tiempos, condiciones y escenarios, siempre con la premisa de actuar con transparencia y respeto.

    El legado del scouting realizado por Viti antes de su salida del Fernando Torres adquiere aquí una dimensión especial.

    Fue él quien, con una mirada amplia y una sensibilidad particular para detectar talento nórdico, puso sobre la mesa los nombres de Melgård y Marcetto, convencido de que su perfil encajaba en el ADN competitivo del club aficionado en Fuenlabrada.

    Juanjo Vila, al recoger ese testigo, no solo mantuvo viva la apuesta, sino que la reforzó con un trabajo diario que permitió a ambas futbolistas explotar sus virtudes y corregir aspectos de su juego.

    Esa continuidad en la visión deportiva es, en muchos sentidos, uno de los grandes valores de la operación que ahora se perfila.

    A nivel deportivo, la llegada conjunta de Melgård y Marcetto permitiría al equipo dar un salto cualitativo en varias dimensiones del juego. En fase ofensiva, Melgård aportaría llegada, gol y capacidad para romper defensas cerradas, mientras que Marcetto ofrecería orden, pausa y claridad en la circulación. En fase defensiva, ambas contribuirían a un mayor equilibrio, con una presión más coordinada y una mejor ocupación de los espacios. En términos de vestuario, su perfil competitivo y su experiencia en la liga las convertirían en referentes naturales, capaces de asumir responsabilidades desde el primer día.

    El análisis detallado de su encaje táctico refuerza la sensación de que no se trata de fichajes aislados, sino de piezas pensadas para un engranaje concreto.

    Melgård podría actuar tanto como interior en un centro del campo de tres como en una posición más adelantada, casi de mediapunta, explotando su capacidad para llegar al área.

    Marcetto, por su parte, se siente cómoda como pivote o como interior de perfil más organizador, ofreciendo siempre una salida limpia de balón y facilitando la transición entre líneas. Esa versatilidad es un valor añadido en una temporada exigente, con múltiples competiciones y la necesidad de rotar sin perder identidad.

    El impacto mediático de la operación tampoco es menor. La incorporación de dos estrellas del Madrid CFF enviaría un mensaje claro al resto de la Liga F Moeve: el club quiere seguir marcando el paso, reforzarse con talento contrastado y construir un proyecto sólido a medio y largo plazo.

    Para “El Partido de Manu”, poder desvelar en exclusiva los detalles de esta doble operación supone también reafirmar su compromiso con una información rigurosa, contextualizada y profundamente conectada con la realidad del fútbol femenino.

    Queda todavía camino por recorrer hasta que las operaciones se cierren de manera definitiva. En el fútbol, y especialmente en el mercado, siempre existen variables imprevisibles que pueden alterar los planes más cuidadosamente trazados.

    Sin embargo, las sensaciones que se desprenden de las conversaciones mantenidas, del estado de las negociaciones y de la voluntad de todas las partes implicadas invitan al optimismo.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    A día de hoy, la percepción interna es clara: si no media un contratiempo muy grande de aquí a mayo, Kamilla Melgård y Malou Marcetto vestirán la rojiblanca la próxima temporada.

    Y será entonces cuando esta historia, tejida durante meses en la sombra, cobre todo su sentido.

    Cuando las decisiones estratégicas se traduzcan en rendimiento sobre el césped, cuando el trabajo silencioso del scouting se vea reflejado en cada pase, en cada llegada al área, en cada recuperación decisiva.

    Vestir la rojiblanca no es solo ponerse una camiseta; es asumir una responsabilidad histórica, un compromiso con una identidad y una ambición que no entiende de medias tintas.

    Melgård y Marcetto están llamadas a formar parte de ese relato, a escribir su nombre en una etapa que aspira a ser recordada.

    El fútbol femenino, una vez más, se prepara para vivir un movimiento que puede marcar época, y “El Partido de Manu” estará ahí para contarlo, con la convicción de que las grandes exclusivas no solo informan, sino que ayudan a comprender el pulso profundo del juego

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • La crónica | Remontada del nuevo Madrid CFF en Ipurúa

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ El Madrid CFF se impuso por 1-3 a la S.D.Eibar en el estadio de Ipurúa en el debut de José Luis Sánchez Vera en el banquillo del conjunto madrileño. Carmen Álvarez adelantó al equipo armero, pero Emilie Nautnes, que marcó un doblete y fue la MVP del partido, y Kamilla Melgard le dieron la vuelta al encuentro.

    La previa |

    (Fuente: Liga F)

    La jornada sabatina de la Liga F Moeve se cerrará el sábado 17 de enero a las 18:30 horario peninsular en un escenario con personalidad propia y un peso simbólico cada vez mayor en el fútbol femenino español: el estadio de Ipurua. Allí, la SD Eibar recibirá al Madrid CFF en un duelo que enfrenta a dos equipos en momentos muy distintos, pero unidos por la necesidad de seguir construyendo identidad y estabilidad en una competición marcada por la igualdad, la exigencia competitiva y los márgenes cada vez más estrechos entre los distintos escalones de la clasificación.

    El encuentro, que podrá seguirse en directo a través de DAZN, se presenta como una prueba de madurez para las armeras y como el primer gran examen del nuevo proyecto deportivo del conjunto madrileño.

    El Eibar llega a esta cita en uno de sus mejores momentos de la temporada. El equipo dirigido desde el banquillo armero ha logrado enlazar una dinámica positiva que le ha permitido cerrar la primera vuelta del campeonato en la décima posición con 17 puntos, una cifra que refleja un rendimiento sostenido y, sobre todo, una notable capacidad para competir en partidos ajustados. Siete puntos de los últimos nueve posibles en Liga F Moeve avalan el crecimiento de un equipo que ha sabido optimizar sus recursos, rentabilizar al máximo cada gol y construir su propuesta desde la solidez defensiva, el orden colectivo y la fiabilidad en los momentos clave de los encuentros.

    El dato goleador del Eibar es tan revelador como significativo: apenas nueve goles a favor en toda la primera vuelta, una cifra baja en términos absolutos, pero extraordinariamente eficiente en términos competitivos.

    Las armeras han convertido la gestión de los resultados cortos en una seña de identidad, demostrando que saben sufrir, cerrar partidos y proteger ventajas mínimas con una disciplina táctica muy trabajada. En un contexto de Liga F en el que muchos equipos apuestan por el intercambio de golpes, el Eibar ha encontrado su fortaleza en el control emocional de los encuentros y en la lectura inteligente de los distintos momentos del juego.

    De cara a este partido, el conjunto vasco llega con pocas dudas en el apartado de bajas. Salvo Malen Uranga, que se perfila como la única ausencia confirmada, el técnico armero podrá contar con el grueso de su plantilla, un factor clave para mantener la continuidad de un bloque que ha ido creciendo con el paso de las jornadas. Ipurua, además, se ha consolidado como un escenario incómodo para los rivales, un estadio en el que el Eibar se siente fuerte, arropado y capaz de competir de tú a tú frente a cualquier adversario.

    Enfrente estará un Madrid CFF inmerso en un proceso de cambio profundo. La semana previa al partido ha estado marcada por la salida de Javier Aguado y la llegada de José Luis Sánchez Vera al banquillo madrileño, un movimiento que supone un punto de inflexión en la temporada del equipo. El técnico madrileño afronta este encuentro como su estreno oficial al frente del Madrid CFF, sin apenas margen de maniobra ni tiempo para implantar de forma completa su modelo de juego, pero con la responsabilidad inmediata de empezar a transmitir nuevas sensaciones y una identidad reconocible.

    El contexto no es sencillo para Sánchez Vera. El Madrid CFF llega a Ipurua con varias bajas de peso que condicionarán la confección del once inicial. Esther Laborde, Nerea Sánchez, Natasa Andonova y Anita Marcos no estarán disponibles, reduciendo las opciones en zonas clave del campo y obligando al nuevo técnico a buscar soluciones dentro de un grupo que todavía está asimilando el cambio de discurso y de metodología. Aun así, el Madrid CFF es un equipo acostumbrado a competir en escenarios exigentes y con una plantilla que, pese a las ausencias, mantiene talento y experiencia suficiente para plantear un partido incómodo al Eibar.

    Desde el punto de vista histórico, el precedente favorece al conjunto madrileño. Ambos equipos se han enfrentado en diez ocasiones, con un balance de siete triunfos para el Madrid CFF y tres para la SD Eibar. Sin embargo, esos números no reflejan necesariamente la realidad actual de ambos proyectos ni el momento de forma con el que llegan a esta jornada. El Eibar ha crecido como bloque, ha ganado estabilidad en la categoría y ha convertido su estilo en una herramienta competitiva eficaz, mientras que el Madrid CFF atraviesa una fase de transición en la que cada partido es una oportunidad para redefinirse.

    El choque de Ipurua se presenta, por tanto, como un enfrentamiento de contrastes. Por un lado, un Eibar que busca prolongar su buen momento, consolidar su posición en la zona media de la tabla y seguir sumando puntos que le permitan mirar el futuro con tranquilidad.

    Por otro, un Madrid CFF que inicia una nueva etapa, con un entrenador recién llegado y la necesidad de obtener resultados que respalden el cambio y devuelvan la confianza a un vestuario que ha vivido semanas de incertidumbre.

    Más allá de los puntos en juego, el partido adquiere un valor simbólico para ambos equipos. Para el Eibar, supone una oportunidad de reafirmar su crecimiento y demostrar que su rendimiento no es fruto de la casualidad, sino de un trabajo sostenido y coherente.

    Para el Madrid CFF, es el primer paso de un camino que debe conducir a una mejora progresiva, tanto en sensaciones como en resultados. Ipurua será testigo de un duelo que, sin el foco mediático de otros encuentros de la jornada, encierra muchas de las claves que definen la actual Liga F Moeve: igualdad, exigencia, proyectos en construcción y la constante necesidad de adaptarse para sobrevivir y crecer en la élite.

    (Fuente: Liga F Moeve j

    El duelo al detalle |

    (Fuente: Getty imágenes)

    🏆 Liga F Moeve | Temporada 2025-2026

    🔥 Sociedad Deportiva Eibar 🆚 Madrid CFF 🔥

    📆 Sábado, 17 de enero de 2026

    🕢 18:30 horario peninsular

    📺 DAZN

    🏟️ Estadio Municipal de Ipurúa, Guipúzcoa

    Los onces |

    El debut de José Luis Sánchez Vera en el banquillo del Madrid CFF no fue un estreno cualquiera, sino una declaración de intenciones, un ejercicio de fe competitiva y una victoria construida desde la convicción cuando el partido parecía inclinarse en contra. En Ipurua, bajo un cielo cargado de viento y de matices, el fútbol volvió a demostrar que no entiende de inercias pasadas ni de jerarquías previas, sino de momentos, decisiones y aciertos en los instantes exactos. Y el Madrid CFF, en la primera noche de su nueva era, supo resistir, golpear y creer.

    Desde los primeros minutos, el conjunto madrileño mostró una actitud reconocible, valiente, decidida a no esconderse pese a las bajas y al cambio reciente en el banquillo. El balón comenzó a circular con intención y las primeras llegadas no tardaron en aparecer. Alba Ruiz fue la encargada de firmar el primer aviso serio, con un envío tenso que obligó a Laura Martí a intervenir con los puños. Fue la primera de una larga serie de acciones de la joven guardameta armera, que acabaría convirtiéndose en una de las grandes protagonistas del encuentro con hasta nueve paradas de mérito, sosteniendo durante muchos minutos a un Eibar que sufría ante el empuje visitante.

    El rechace de aquella primera acción cayó a los pies de Natasa Andonova, que armó el disparo con rapidez, pero el balón se marchó alto, como si todavía estuviera calibrando el punto exacto de mira. Allegra Poljak también se sumó al ataque, probando fortuna desde media distancia, aunque volvió a encontrarse con la seguridad de Laura Martí, firme bajo palos. El Madrid CFF dominaba, acumulaba llegadas y transmitía la sensación de que el gol estaba más cerca de lo que indicaba el marcador.

    El asedio continuó con un lanzamiento lejano de Malou Marcetto desde fuera del área, un disparo potente, bien ejecutado, que no encontró portería por escasos centímetros. Cada intento reforzaba la idea de que el equipo madrileño había salido a mandar, a imponer su ritmo, a demostrar que el cambio de entrenador no era una fractura, sino una oportunidad para reencontrarse con su mejor versión.

    Sin embargo, el fútbol, caprichoso y cruel, decidió recordar una de sus máximas más antiguas: quien perdona, paga.

    La SD Eibar, que apenas había asomado por el área rival, necesitó una sola acción para alterar el guion. Alimata Belem lanzó un balón largo, aparentemente inofensivo, pero Núria Mendoza no logró controlar. El esférico quedó muerto, suspendido en una fracción de segundo que cambió el partido. Carmen Álvarez apareció como una exhalación, leyó antes que nadie la jugada y, con una sangre fría impropia del contexto, superó a Paola Ulloa con una vaselina delicada, precisa, casi poética. El balón describió una parábola perfecta antes de besar la red. Era el 10 en el minuto 23 de juego.
    Esto fue un golpe seco para un Madrid CFF que había hecho méritos de sobra para ir por delante.

    Lejos de descomponerse, el equipo visitante siguió creyendo. Antes del descanso, Andonova volvió a buscar el gol con un disparo que se marchó por encima del larguero, mientras que Patri Ojeda se animó desde fuera del área con un chut potente que obligó a Paola Ulloa a estirarse y desviar a saque de esquina. El descanso llegó con ventaja local, pero con una sensación extraña: el marcador decía una cosa, el partido contaba otra muy distinta.

    Tras la reanudación, ambos entrenadores movieron ficha, conscientes de que el encuentro exigía ajustes. Laura Camino entró en el conjunto eibarrés para aportar energía y sostener el centro del campo, mientras que José Luis Sánchez Vera decidió agitar el ataque dando entrada a Emilie Nautnes por Alba Ruiz.

    Y el fútbol, agradecido con los valientes, premió la decisión casi de inmediato. Solo tres minutos necesitó la delantera noruega para dejar su huella. Kamilla Melgard filtró un pase preciso, quirúrgico, rompiendo líneas. Nautnes atacó el espacio con determinación, anticipándose a su marca, y empujó el balón al fondo de la red con la sencillez de quien entiende el juego desde el instinto. No hubo florituras, solo convicción y acierto

    El 11 en el minuto 49 de juego devolvía la justicia al marcador y encendía definitivamente el partido y todo por decidir, era un duelo apasionante.

    El Eibar trató de recomponerse con la entrada de Amaia Iribarren, buscando más presencia en la medular, más control, más oxígeno. Pero el Madrid CFF ya había olido sangre. A falta de veinte minutos para el final, Kamilla Melgard volvió a aparecer, esta vez con una acción individual desde fuera del área. La centrocampista armó el disparo sin dudarlo, un golpeo seco, tenso, que superó a Laura Martí y se coló en la portería. El balón entró con violencia, como una afirmación, pues era el 12 en el minuto 69 del cara a cara y las visitantes le daban la vuelta a la tortilla a veinte minutos para alcanzar el noventa.

    El Eibar, herido, se lanzó a por el empate con la entrada de Opa Clement, acumulando gente en ataque y asumiendo riesgos. Pero ahí apareció la otra cara del Madrid CFF: la del equipo letal al espacio, preciso en las transiciones. Un balón largo a la espalda de la defensa local encontró a Anita Marcos, que levantó la cabeza y vio la llegada de Emilie Nautnes. La noruega controló el esférico con temple, esperó el momento justo y, cuando Laura Martí salió a achicar, sacó un remate potente, definitivo, imposible de detener para instalar el 13 definitivo en el minuto 77 en lo que fue un doblete para la veintitrés del conjunto aficionado en Fuenlabrada que dejaba ya noqueadas a las armeras con el tramo final en el horizonte.

    La Sociedad Deportiva Eibar lo intentó hasta el final, con orgullo y corazón, pero ya no había tiempo ni fuerzas para reaccionar. El pitido final confirmó el triunfo del Madrid CFF, una victoria trabajada, sufrida y cargada de simbolismo. José Luis Sánchez Vera se estrenó con triunfo, enviando un mensaje claro: este equipo quiere competir, quiere creer y quiere mirar hacia arriba.

    Con este resultado, el Madrid CFF se sitúa en la quinta posición de la Liga F Moeve con 26 puntos, a cinco de los puestos de Liga de Campeones, mientras que el Eibar queda herido en su orgullo tras caer ante el equipo que le apeó de la Copa de la Reina Iberdrola.

    Las de Iñaki Iñaki Goikoetxea buscarán rehacerse el próximo fin de semana en el derbi ante la Real Sociedad de Fútbol que acogerá el Estadio de Zubieta y que emite en en abierto TEN TV.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    Sociedad Deportiva Eibar: Laura Martí; Patri Ojeda (Laura Camino, min 48), Belem (Iara Lacosta, min 82), Masegur (Opah Clement, min 75), Carla Andrés, Garazi; Emma Moreno (Iribarren, min 65), Altonaga (Etxezarreta, min 82), Adela Rico; Sara Martín, Carmen Álvarez.

    Madrid CFF: Paola Ulloa; Nuria Mendoza, Villafañe, Monica (Marina Rivas, min 85); Antonsdottir; Alba Ruiz (Emilie Nautnes, min 46), Malou Rylov (Freja Olofsson, min 90+1), Ángela Sosa, Allegra Poljak (Esther Laborde, min 90+1); Melgard, Andonova (Anita Marcos, min 73).

    Colegiada: Ylenia Sánchez Miguel, que amonestó con tarjeta amarilla a Amarillas: Patri Ojeda (min 29), Garazi (min 49), Monica (min 54), Villafañe (min 66), Antonsdottir (min 88).

    Incidencias: Partido correspondiente a la decimosexta jornada de la Liga Profesional de Fútbol Femenino (Liga F Moeve) que han jugado la Sociedad Deportiva Eibar y el Madrid CFF en el Estadio Municipal de Ipurúa sobre una superficie de hierba natural.

    Goles |

    1-0 Carmen Álvarez 24’ ⚽️
    1-1 Nautness 48’ ⚽️
    1-2 Melgård 69’⚽️
    1-3 Nautness 77’ ⚽️

    Vídeo |

  • Oficial | El Madrid CFF ficha a Sánchez Vera

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    ⬛️ ¡Llegada estelar! El preparador madrileño es campeón de Liga F y ahora se hará cargo el elenco afincado en Fuenlabrada.

    El Madrid Club de Fútbol Femenino ha dado carácter oficial a la contratación de José Luis Sánchez Vera como nuevo director técnico de la primera plantilla.

    El madrileño, 1 de febrero de 1983, es un auténtico referente en los banquillos con más de una década de experiencia y éxitos en la Liga Profesional de Fútbol Femenino y llega tras medio curso de asueto como comentarista en Onda Madrid y Disney Plus tras su marcha de la Real Sociedad de Fútbol.

    Titulado en Magisterio inició su trayectoria profesional en el Club Atlético de Madrid Femenino, con el que conquistó la Liga Iberdrola 2018-2019 en la última jornada después de una lucha de 30 fechas contra el todopoderoso Fútbol Club Barcelona y fue también finalista de la Copa de la Reina.

    Durante la temporada 2020-2021 formó parte del cuerpo técnico de Tiago Mendes, entrenador del Vitória de Guimarães. En el mes de octubre, después de haber dirigido al equipo en tres encuentros, Tiago presentó su dimisión debido a discrepancias con la directiva, una decisión que provocó también la salida de Sánchez Vera del club.

    En enero de 2021 regresó al Atlético de Madrid Femenino para sustituir a Dani González, quien no estaba logrando los resultados esperados por la entidad. Sánchez Vera permaneció en el cargo hasta el final de la temporada: conquistó la Supercopa de España en Almería, derrotando por 3-0 al Levante Unión Deportiva en la gran final, pero el equipo perdió puntos importantes en la Liga y finalizó en cuarta posición, quedándose fuera de los puestos de acceso a la Liga de Campeones y al término del curso, puso fin a su etapa en el club de su vida.

    Tras un periodo de reflexión alejado de los banquillos, el verano de 2022 marcó un nuevo punto de inflexión en la trayectoria de José Luis Sánchez Vera. El fútbol, que nunca se detiene, volvió a llamar a su puerta en forma de reto mayúsculo. En el mes de julio, el Levante U.D. y el técnico madrileño alcanzaron un acuerdo que unía sus caminos durante las dos siguientes temporadas con un objetivo tan ambicioso como complejo: devolver al club valenciano al lugar que históricamente había ocupado en la élite del fútbol femenino nacional.

    La misión no era sencilla. El Levante afrontaba una etapa de profunda transformación institucional y deportiva, marcada por la necesidad de redefinir su identidad competitiva tras varios cursos irregulares. A ello se sumaba una reestructuración casi total de la plantilla, con salidas de gran calado que alteraban el equilibrio del vestuario y obligaban a comenzar prácticamente desde cero. Entre las marchas más significativas destacaba la de Sandie Toletti, centrocampista francesa y pieza capital en el engranaje del equipo, que abandonó la disciplina granota para incorporarse al Real Madrid, símbolo inequívoco de los cambios estructurales que estaba viviendo el fútbol femenino español.

    En ese contexto de reconstrucción, Sánchez Vera aceptó el desafío con la convicción de quien entiende el fútbol como un proceso, no como un resultado inmediato.

    Su llegada al banquillo granota supuso también la configuración de un cuerpo técnico con un marcado carácter identitario. Como segunda entrenadora figuraba Érika Vázquez, histórica futbolista del Athletic Club y una de las grandes pioneras del fútbol femenino profesional en España. Su presencia no era únicamente simbólica: representaba la conexión entre generaciones, la memoria viva de un deporte que había crecido desde la precariedad hasta la profesionalización, y un valor añadido en liderazgo, experiencia y conocimiento del vestuario.

    Desde el primer día, el Levante de Sánchez Vera comenzó a construir una nueva narrativa. Lejos de la urgencia cortoplacista, el equipo fue asentando principios claros: orden táctico, competitividad, solidez defensiva y una apuesta firme por el colectivo como eje vertebrador del proyecto. El camino estuvo plagado de dificultades, ajustes y aprendizaje, pero también de señales inequívocas de crecimiento. Jornada a jornada, el Levante recuperó credibilidad, respeto y ambición.

    Los frutos de ese trabajo no tardaron en llegar. Durante las dos temporadas al frente del conjunto valenciano, Sánchez Vera logró devolver al Levante al primer plano competitivo del panorama nacional. El equipo consiguió la clasificación para la fase previa de la UEFA Women’s Champions League, un hito que reafirmaba la recuperación deportiva del club y lo situaba nuevamente entre los aspirantes a competir en Europa.

    Además, alcanzó el subcampeonato de la Supercopa de España, quedándose a las puertas del título en un torneo que reunía a la élite del fútbol femenino nacional.

    Más allá de los resultados, su etapa en el Levante dejó una huella profunda en la estructura del club. Se consolidó un proyecto reconocible, con identidad propia y una cultura competitiva renovada. El vestuario recuperó confianza, la afición volvió a sentirse representada y el Levante reafirmó su condición de histórico del fútbol femenino español. Era el cierre natural de un ciclo exitoso, y también el preludio de un nuevo desafío.

    Finalizada su etapa en Valencia, Sánchez Vera decidió poner fin a su etapa en el banquillo granota para emprender un nuevo rumbo. El siguiente destino no era menor: la Real Sociedad. En el verano de 2024, el club donostiarra y el entrenador alcanzaron un acuerdo que unía sus caminos por, al menos, tres temporadas. La apuesta era clara y ambiciosa.

    La Real Sociedad buscaba consolidarse de manera definitiva entre los grandes referentes de la Liga F y recuperar protagonismo tanto a nivel nacional como europeo.

    El proyecto reunía todos los ingredientes para ilusionar. Una plantilla de gran nivel, una estructura sólida y un entorno exigente pero comprometido con el crecimiento del fútbol femenino. Para Sánchez Vera, suponía la oportunidad de aplicar su experiencia acumulada en proyectos de reconstrucción y alto rendimiento, con el objetivo de devolver al conjunto txuri-urdin a las posiciones de privilegio de la liga española femenina.

    Sin embargo, el fútbol, en su naturaleza imprevisible, no siempre responde a los planes trazados sobre el papel. Lo que comenzó como un reto ilusionante fue derivando, con el paso de los meses, en una situación cada vez más compleja. El equipo mostró fases de buen juego y competitividad, pero la regularidad nunca terminó de asentarse. Los resultados comenzaron a alejarse de las expectativas iniciales y la clasificación reflejaba una posición incómoda para un club que aspiraba a pelear por plazas europeas.

    El tramo final de la temporada se convirtió en un periodo especialmente delicado. Diez partidos consecutivos sin conocer la victoria encendieron todas las alarmas en Zubieta. La dinámica negativa no solo afectaba al marcador, sino también a la confianza del grupo y al clima general del proyecto. La exigencia histórica de la Real Sociedad y las aspiraciones marcadas por la junta directiva chocaban con una realidad deportiva adversa.

    En abril, el club emitió un comunicado oficial anunciando que José Luis Sánchez Vera no continuaría al frente del equipo una vez finalizara la temporada. La decisión, fruto de un análisis profundo de la situación, ponía fin de manera anticipada a una vinculación que había sido concebida como un proyecto a medio y largo plazo. El objetivo inicial del entrenador —restaurar la solidez del conjunto y recuperar las aspiraciones europeas, incluida la clasificación para la Champions League— no llegó a materializarse.

    La combinación de rendimiento irregular, una posición baja en la tabla y las altas expectativas depositadas por la dirección deportiva terminó por precipitar el desenlace.

    No fue una ruptura abrupta, sino el cierre de una etapa marcada por la dificultad de alinear tiempos, resultados y ambición institucional.

    Así concluyó una etapa más en la carrera de Sánchez Vera, un técnico acostumbrado a navegar entre la exigencia, la reconstrucción y la presión inherente a los proyectos de alto nivel.

    Su trayectoria, marcada por éxitos, desafíos y decisiones complejas, refleja con claridad la evolución del fútbol femenino español: un entorno cada vez más competitivo, profesionalizado y exigente, donde los márgenes de error se reducen y la gestión del proceso es tan determinante como el resultado inmediato.

    Lejos de definir un final, su salida de la Real Sociedad se inscribe como un nuevo capítulo dentro de una carrera que ha demostrado capacidad de adaptación, liderazgo y compromiso con el crecimiento del fútbol femenino. En un deporte en constante transformación, la figura de Sánchez Vera permanece ligada a los procesos de construcción, a los proyectos con identidad y a la convicción de que el fútbol, incluso en la derrota, deja siempre aprendizaje, legado y camino por recorrer.

    El ex del San Roque ha firmado un contrato que le unirá a la entidad que preside Alfredo Ulloa por lo que resta de temporada y una campaña más.

    Ahora, José Luis llega al Madrid CFF, club con la cantera exclusivamente femenina más grande de toda Europa, con el objetivo de hacer reverdecer viejos laureles que se dieron entre 2022 y 2024, cuando estuvo peleando por entrar en la Liga de Campeones Femenina.

    Sánchez Vera debutará en el equipo capitalino jugando a domicilio en Ipurúa frente a la Sociedad Deportiva Eibar en la decimosexta jornada liguera para sustituir en el cargo a Javier Aguado.

    (Fuente: Madrid CFF)
  • Noticia | José Luis Sánchez Vera y el Madrid CFF: cuando el banquillo se convierte en una idea

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ El técnico madrileño remplazará a Javier Aguado en el Fernando Torres de Fuenlabrada.

    El Madrid CFF, semifinalista de la Copa de la Reina en 2021, hará próximamente oficial el fichaje de José Luis Sánchez Vera para el primer equipo tras la destitución de Javier Aguado.

    El club afincado en el Fernando Torres apuesta por un entrenador campeón de Liga F, Supercopa de España y Copa de la Reina Iberdrola para liderar una nueva etapa basada en la identidad, el tiempo y el crecimiento sostenido y llega acompañado por Erika Vázquez, exjugadora del Athletic Club, como asistente técnica.

    Hay fichajes que se explican con una frase. Y hay otros —los importantes— que necesitan una historia.
    El Madrid CFF ha elegido a José Luis Sánchez Vera como nuevo entrenador del primer equipo y, con ello, ha tomado una decisión que va más allá del corto plazo.

    No responde a la urgencia ni al ruido. Responde a una convicción: construir desde el banquillo un proyecto reconocible, coherente y fiel a su identidad.

    Sánchez Vera no llega solo para entrenar, llega para ordenar un relato, sostener un proceso y darle continuidad a una idea de fútbol que el Madrid CFF ha defendido desde su origen, además ya sabe lo que es dirigir a futbolistas del plantel como Anita Marcos, a la que hizo debutar en la élite, Andonova y Nuria Mendoza, estas dos últimas en su era como granota.

    El nuevo mister no llega solo para entrenar. Llega para ordenar un relato, sostener un proceso y darle continuidad a una idea de fútbol que el Madrid CFF ha defendido desde su origen.

    El ex de la Real Sociedad de Fútbol no promete resultados inmediatos. Promete método, trabajo y coherencia y según ha podido saber “El Partido de Manu”, en exclusiva, dirigió en la mañana del 14 de enero de 2026 su primera sesión de trabajo después de ser presentado en Aldehuela.

    Para entender este fichaje hay que entender al club. El Madrid CFF no nació grande, pero sí fiel a una idea. Creció sin atajos, apostando por el fútbol femenino cuando aún no era tendencia y construyendo su camino desde la convicción.

    José Luis Sánchez Vera ha construido una de las trayectorias más singulares, coherentes y reconocibles del fútbol femenino español contemporáneo. Más allá de los títulos, de los ascensos o de los contextos institucionales tan distintos en los que ha trabajado, existe un hilo conductor perfectamente identificable en todos los equipos que ha dirigido: una idea de juego profundamente trabajada, adaptable al contexto competitivo, pero sustentada siempre en una serie de principios estructurales, emocionales y tácticos que definen su manera de entender el fútbol. Analizar el estilo de los equipos de Sánchez Vera no consiste únicamente en describir sistemas o dibujos, sino en comprender una concepción integral del juego que abarca la gestión del vestuario, la preparación del partido, el uso del balón, la ocupación de los espacios, la relación con la presión ambiental y la lectura de cada fase del juego como parte de un todo orgánico.

    Desde sus primeras experiencias en el fútbol femenino de élite, Sánchez Vera mostró una inclinación clara por construir equipos competitivos desde la solidez colectiva. Sus conjuntos rara vez han sido caóticos o desordenados. Incluso en contextos de inferioridad presupuestaria o estructural, sus equipos han transmitido una sensación constante de control, entendiendo el control no como monopolio absoluto de la posesión, sino como capacidad para gobernar los ritmos del partido. Esta es una de las claves fundamentales de su estilo: la prioridad no es tener el balón por tenerlo, sino saber cuándo, dónde y para qué se utiliza. En ese sentido, sus equipos han sido tradicionalmente muy difíciles de desarmar, porque están pensados para minimizar errores no forzados y para maximizar la eficiencia en cada acción.

    Uno de los rasgos más repetidos en los equipos dirigidos por Sánchez Vera es la importancia del orden defensivo como punto de partida del juego. No se trata de una defensa pasiva ni reactiva, sino de una estructura defensiva activa, que condiciona al rival y lo empuja hacia zonas previamente estudiadas.

    Sus equipos suelen defender en bloque medio o medio-bajo, con líneas juntas y distancias cortas entre jugadoras, evitando que el rival pueda progresar por dentro con comodidad. La prioridad es cerrar carriles interiores, proteger la frontal del área y obligar a jugar por fuera, donde se activa una presión orientada, no especialmente alta, pero sí muy coordinada.

    Este comportamiento defensivo no responde a una falta de ambición ofensiva, sino a una lectura muy clara del contexto competitivo del fútbol femenino español, especialmente en las temporadas en las que dirigió a equipos que no partían como favoritos. Sánchez Vera entiende que la defensa no es solo un mecanismo de contención, sino una herramienta para atacar mejor. Al recuperar el balón en zonas concretas y con el rival desorganizado, sus equipos han encontrado muchas de sus mejores situaciones ofensivas. De ahí la importancia que da a la transición defensa-ataque, probablemente una de las fases mejor trabajadas en todos sus proyectos.

    Cuando sus equipos recuperan el balón, la primera decisión es casi siempre vertical. Existe una clara intención de progresar rápidamente si el contexto lo permite, buscando a jugadoras ofensivas bien perfiladas o atacando el espacio libre a la espalda de la defensa rival. No obstante, esta verticalidad no es descontrolada. Si la primera opción no es clara, el equipo no duda en reiniciar, en asegurar la posesión y en reorganizarse. Esta dualidad entre verticalidad y pausa es otra de las señas de identidad del técnico madrileño: saber alternar registros sin perder la identidad.

    En fase ofensiva organizada, los equipos de Sánchez Vera han mostrado una evolución notable a lo largo de los años. En sus primeras etapas, el juego tendía a ser más directo, con ataques relativamente cortos y un peso importante del juego exterior. Las bandas han sido históricamente una vía fundamental para sus equipos, tanto para progresar como para finalizar. Extremos abiertas, laterales con recorrido y centros laterales bien trabajados han formado parte del paisaje habitual de sus equipos. Sin embargo, con el paso del tiempo, se ha percibido una mayor riqueza en el juego interior, con mediocampos más técnicos y una mejor ocupación de los espacios entre líneas.

    Aun así, incluso en sus versiones más elaboradas con balón, Sánchez Vera no ha sido nunca un entrenador de posesiones largas estériles. Sus equipos rara vez encadenan pases sin intención. Cada circulación tiene un objetivo claro: atraer, fijar y liberar espacios. La paciencia con el balón existe, pero siempre subordinada a la búsqueda de ventajas. En ese sentido, se aprecia un trabajo táctico muy detallado en la colocación de las interiores, en los desmarques de ruptura de las delanteras y en la sincronización de los movimientos ofensivos.

    Otro elemento clave en el estilo de los equipos de Sánchez Vera es la importancia del compromiso colectivo. Sus equipos se caracterizan por una altísima implicación defensiva de todas las jugadoras, incluidas las futbolistas más ofensivas. La presión tras pérdida, sin ser asfixiante ni constante, está muy bien medida

    La llegada de Sánchez Vera no supone una ruptura, sino una continuidad elevada. El club no busca un salvador ni un golpe de efecto. Busca un constructor, alguien capaz de consolidar lo logrado y dar un paso más sin perder la esencia.

    Sánchez Vera entiende el banquillo como algo más que un lugar desde el que se dan órdenes. Desde ahí se transmite calma, claridad y confianza. Sus equipos rara vez se descomponen, saben a qué juegan incluso en los momentos difíciles y compiten desde el orden y el compromiso colectivo.

    En un entorno cada vez más exigente, su liderazgo sereno y cercano aporta al Madrid CFF algo fundamental: estabilidad emocional.

    No hay alardes ni dogmas rígidos. El método de trabajo de Sánchez Vera se basa en la pedagogía diaria, en la repetición consciente de conceptos y en la gestión honesta de los roles. Entrenar no es solo preparar partidos, sino educar futbolistas, acompañar procesos y sostener al grupo cuando el contexto aprieta.

    Exigente sin ser opresivo, cercano sin ser complaciente, su liderazgo conecta con una forma de entender el fútbol femenino desde el respeto y el conocimiento profundo del vestuario.

    En esta nueva etapa, que se extenderá por lo que queda de curso más otra campaña completa, el ex del Atlético de Madrid se ha rodeado de gran parte del staff técnico que le secundó en su periplo por el Levante Unión Deportiva.

    Con experiencia en la élite y una sensibilidad especial en el trato con las futbolistas, su presencia añade valor humano y futbolístico a un proyecto que entiende el cuerpo técnico como una pieza clave del crecimiento colectivo.

    El fichaje de un entrenador siempre envía un mensaje. Este es inequívoco: el club cree en el trabajo, cree en el proceso y cree en el talento que ya tiene. Con Sánchez Vera llega un liderazgo que escucha, observa y exige con sentido.

    El objetivo no es correr más, sino pensar mejor. Competir desde la identidad y crecer sin perder el rumbo.

    La serenidad no está reñida con la ambición. Sánchez Vera la entiende como una construcción organizada, no como una carrera descontrolada. Mejorar con el paso de las jornadas, competir contra cualquiera y ser reconocible incluso en la derrota forman parte de su idea de éxito.

    Ese es el reto que asume en el Madrid CFF y también la promesa implícita de esta nueva etapa.

    El fútbol femenino español vive un momento de transición, crecimiento y exigencia.

    En ese escenario, figuras técnicas como Sánchez Vera resultan imprescindibles: entrenadores que entienden el juego, el vestuario y el proceso sin confundir progreso con prisa.

    El Madrid CFF no ha fichado solo a un entrenador, ha adquirido una forma de entender el fútbol, una ética de trabajo y una convicción profunda en el tiempo como herramienta.

    En el fútbol femenino, eso no es un fichaje más, sino una declaración de principios.

  • Oficial | El Madrid CFF prescinde de Javier Aguado

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ ¡Se marcha! El preparador ha estado al frente del equipo blanco y rosa durante quince fechas .

    El final de una etapa nunca es un simple comunicado cuando se trata de un club que ha hecho de la resistencia, la identidad y la supervivencia una forma de vida. La salida de Javier Aguado como primer entrenador del Madrid CFF no es solo el cierre de un ciclo deportivo, es el punto y seguido de una historia construida en silencio, sin focos, sin presupuestos deslumbrantes y sin red, pero con una idea clara de competición, de pertenencia y de dignidad futbolística. En un ecosistema cada vez más polarizado como el de la Liga F, donde la brecha entre los grandes proyectos y los clubes de estructura modesta se ensancha temporada tras temporada, el paso de Aguado por el banquillo del equipo afincado en Fuenlabrada debe analizarse desde una perspectiva profunda, contextualizada y honesta, porque su rendimiento no puede medirse únicamente en resultados puntuales, sino en la capacidad del equipo para sostenerse, competir y mantenerse fiel a una identidad reconocible en condiciones estructuralmente adversas.

    Javier Aguado aterrizó en el Madrid CFF en un contexto complejo, heredando un club que había logrado consolidarse en la élite del fútbol femenino español a base de trabajo, ingenio y una gestión deportiva extremadamente afinada. El Madrid CFF no es un club diseñado para dominar, sino para sobrevivir en un entorno hostil, donde cada temporada es un ejercicio de reinvención. En ese marco, el rendimiento de un entrenador no se evalúa por títulos ni por clasificaciones europeas, sino por su capacidad para maximizar recursos, potenciar futbolistas, construir un equipo competitivo y evitar que la realidad presupuestaria se traduzca en una condena deportiva. Aguado asumió ese reto desde el primer día, con una idea clara de orden, pragmatismo y adaptación constante.

    Desde el punto de vista estrictamente competitivo, el Madrid CFF de Javier Aguado fue un equipo reconocible. No siempre brillante, no siempre vistoso, pero sí consistente en su planteamiento. La prioridad fue, desde el inicio, dotar al equipo de una estructura sólida que le permitiera competir cada partido con opciones reales de sumar puntos, independientemente del rival. En una liga donde muchos equipos modestos se ven arrastrados a propuestas defensivas extremas o a renuncias excesivas, el Madrid CFF de Aguado encontró un punto intermedio: defender bien sin dejar de competir con balón cuando el contexto lo permitía.

    El rendimiento defensivo fue uno de los pilares fundamentales de su etapa. Aguado construyó un equipo que entendía muy bien las distancias entre líneas, que sabía cuándo replegar y cuándo saltar a la presión, y que rara vez se descomponía de manera colectiva. Incluso en partidos ante rivales de enorme potencial ofensivo, el Madrid CFF mostró una capacidad notable para mantenerse dentro del partido durante muchos minutos, evitando goleadas estructurales y compitiendo hasta el tramo final. Esto no es un dato menor en un campeonato donde la diferencia de talento individual puede traducirse en resultados abultados si no existe una organización sólida.

    La evolución del equipo a lo largo de las temporadas bajo la dirección de Aguado también es un aspecto clave para valorar su rendimiento. Lejos de estancarse, el Madrid CFF mostró fases de crecimiento, especialmente en la comprensión del juego con balón. Sin disponer de grandes perfiles creativos de manera constante, el equipo fue capaz de articular ataques coherentes, de encontrar salidas limpias desde atrás en determinados contextos y de aprovechar con inteligencia las transiciones ofensivas. La verticalidad, bien entendida, fue una de las señas de identidad del equipo, no como recurso desesperado, sino como herramienta estratégica.

    El trabajo de Aguado con plantillas profundamente condicionadas por la rotación constante de jugadoras es otro de los grandes indicadores de su rendimiento. El Madrid CFF ha sido históricamente un club vendedor, un trampolín para futbolistas que, tras rendir a buen nivel, daban el salto a proyectos con mayor capacidad económica. Cada verano suponía una reconstrucción casi completa del equipo, obligando al cuerpo técnico a empezar de nuevo, a integrar perfiles jóvenes, a acelerar procesos de adaptación y a competir sin margen de error. En ese contexto, mantener al equipo fuera de los puestos de descenso y, en muchos momentos, en una zona relativamente tranquila de la clasificación, es un mérito considerable.

    La gestión de jugadoras jóvenes fue uno de los aspectos más destacados del paso de Aguado por el club. Bajo su dirección, muchas futbolistas encontraron continuidad, confianza y un marco competitivo que favoreció su crecimiento. El Madrid CFF se consolidó como un espacio donde el talento emergente podía desarrollarse sin la presión extrema de los grandes clubes, pero con un nivel de exigencia alto. Aguado supo equilibrar la necesidad de resultados con la obligación estructural del club de apostar por perfiles jóvenes, algo que no siempre es compatible en una liga tan exigente.

    Desde el punto de vista táctico, el rendimiento del equipo estuvo marcado por la flexibilidad. Aguado no fue un entrenador dogmático. Adaptó sistemas, alturas de bloque y comportamientos según el rival y el momento de la temporada. Se vieron defensas de cuatro y de cinco, mediocampos más físicos o más técnicos según las piezas disponibles, y distintas soluciones ofensivas para paliar la falta de gol en determinados tramos. Esta capacidad de adaptación es especialmente relevante en un equipo que no puede permitirse fichajes correctivos en invierno

  • La crónica | El campeón no levanta el pie del acelerador

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🟧 El líder y último ganador de la Liga F se impuso por 12-1 al Madrid CFF en el Johan Cruyff.

    (Fuente: Liga F)

    El sábado 10 de enero, cuando el reloj marque las siete de la tarde y el invierno ya haya asentado su silencio sobre Sant Joan Despí, el Johan Cruyff volverá a convertirse en un escenario donde el tiempo parece comprimirse, donde pasado, presente y futuro del fútbol femenino español se dan la mano durante noventa minutos que siempre pesan más de lo que indica el calendario. FC Barcelona y Madrid CFF se citan en un partido que, más allá de la clasificación, encierra muchas de las tensiones emocionales, históricas y competitivas que han ido moldeando la Liga F Moeve en los últimos años. Un duelo que se podrá seguir a través de DAZN y Movistar+, pero que, como ocurre con los grandes encuentros, se juega también en la memoria colectiva de una competición que ha crecido a base de relatos como este.

    El Barcelona llega al nuevo año con la obligación autoimpuesta de ganar siempre, una exigencia que no se negocia y que se ha convertido en parte estructural de su identidad. Líderes al cierre del parón navideño, las azulgranas han transitado la primera mitad del curso con la autoridad de quien sabe que cada partido es una reválida pública, un examen permanente frente a rivales que se miden contra el mejor equipo de Europa como si fuera una final. En el Johan Cruyff no se juega solo para sumar tres puntos; se juega para sostener una hegemonía, para reafirmar una manera de entender el fútbol que ha trascendido resultados y ha convertido cada encuentro en una declaración estética y competitiva.

    Pero este Barcelona no llega intacto al regreso liguero. Las ausencias pesan, no solo en lo futbolístico sino en lo simbólico. Patri Guijarro, Salma Paralluelo y Aitana Bonmatí, nombres que definen una era, no estarán disponibles, y su sola mención basta para entender la magnitud del desafío. No es habitual hablar de un Barça sin el pulso de Patri en la base, sin la verticalidad eléctrica de Salma ni la inteligencia total de Aitana, una futbolista que ha elevado el concepto de centrocampista a una categoría casi filosófica. A ello se suma la duda de Cata Coll, una guardameta que representa la continuidad de una portería históricamente exigente y que ha sabido hacer suyo un puesto donde cada error se amplifica bajo el foco del favoritismo. El Barça, aun así, no se detiene. No puede. La estructura está diseñada para resistir, para reinventarse, para seguir avanzando incluso cuando algunas de sus piezas más brillantes faltan al tablero.

    Enfrente estará un Madrid CFF que ha aprendido a vivir sin complejos, que ha hecho de la estabilidad y del trabajo silencioso una forma de competir contra cualquiera. Séptimas en la tabla, con 23 puntos y la mirada puesta en unos puestos europeos que no son una quimera sino una ambición razonable, las madrileñas llegan al Johan Cruyff en uno de los mejores momentos de su temporada. El triunfo antes de Navidad ante el Eibar en la Copa de la Reina no fue solo un billete a la siguiente ronda; fue una confirmación de carácter, una victoria trabajada que reforzó la idea de que este equipo sabe sufrir, sabe levantarse y sabe competir cuando el contexto se vuelve incómodo.

    El Madrid CFF ha perdido solo uno de sus últimos cuatro partidos ligueros, una racha que no se construye por casualidad. Es el resultado de una propuesta coherente, de una plantilla que entiende lo que quiere su entrenador y de un grupo que ha encontrado en la regularidad su principal virtud. Javier Aguado ha dotado al equipo de una identidad reconocible, basada en el orden, en la solidaridad defensiva y en la capacidad de castigar al rival cuando se abren espacios. No es un equipo que viva de fogonazos; es un conjunto que crece partido a partido, que sabe leer los momentos y que no se descompone ante escenarios de máxima exigencia.

    Y el Johan Cruyff lo es. Jugar allí implica asumir que el balón no será siempre propio, que la presión será alta, constante, casi asfixiante, y que cada error puede convertirse en una ocasión en contra. Pero también implica la oportunidad de escribir una página que no todos pueden firmar. El Madrid CFF ya sabe lo que es ganar al Barcelona. Aquella tarde del 21 de mayo de 2023, en el estadio Fernando Torres, permanece como un hito imborrable. No fue solo una victoria por 2-1; fue la demostración de que incluso los gigantes pueden caer, de que el fútbol femenino español tiene espacio para la sorpresa y de que la distancia entre proyectos, aunque real, no es insalvable cuando se conjugan convicción, orden y valentía.

    Ese recuerdo flota inevitablemente en el ambiente, aunque nadie lo mencione en voz alta. Para el Barça, es una advertencia silenciosa: la historia no garantiza el futuro. Para el Madrid CFF, es una fuente de confianza: ya se ha hecho antes, se puede volver a intentar. No se trata de nostalgia ni de revancha, sino de la certeza de que los partidos se juegan, no se heredan. Cada balón dividido, cada transición, cada parada, construirá un relato nuevo, independiente de lo ocurrido hace casi dos años.

    El contexto competitivo añade capas al enfrentamiento. La Liga F Moeve ha entrado en una fase donde cada jornada empieza a pesar doble. El margen de error se reduce, las dinámicas se consolidan y los objetivos se definen con mayor claridad. Para el Barcelona, ganar es una obligación que no admite matices. Cualquier tropiezo se analiza con lupa, se convierte en debate nacional y alimenta el discurso de quienes esperan una grieta en su dominio. Para el Madrid CFF, puntuar en el Johan Cruyff sería un golpe de autoridad, un mensaje claro a sus competidores directos y una inyección de confianza para afrontar la segunda mitad del curso con aspiraciones renovadas.

    El partido se jugará, además, en un contexto emocional particular. El regreso tras el parón navideño siempre es un territorio incierto. Las rutinas se rompen, el ritmo competitivo se interrumpe y el primer partido del año funciona como un termómetro inmediato. No hay tiempo para ajustes progresivos. Desde el primer minuto, el Barcelona buscará imponer su circulación, su presión tras pérdida, su ocupación racional de los espacios. El Madrid CFF, por su parte, tratará de resistir ese primer envite, de no conceder ventajas tempranas y de encontrar, poco a poco, su sitio en el partido.

    En este tipo de encuentros, los detalles adquieren una importancia capital. Una salida limpia desde atrás, una cobertura bien ejecutada, una falta lateral defendida con concentración absoluta. El Barcelona ha construido gran parte de su hegemonía desde la precisión, desde la capacidad de minimizar errores y maximizar virtudes. El Madrid CFF sabe que su margen es menor, que necesitará un partido casi perfecto para competir hasta el final. Pero también sabe que el fútbol no entiende de imposibles cuando se juega con convicción.

    El Johan Cruyff, con su cercanía al césped y su atmósfera particular, amplifica cada acción. El público, acostumbrado a la excelencia, empuja sin estridencias pero con una exigencia constante. No es un estadio hostil, pero sí es un lugar donde el visitante siente que cada segundo sin balón es una prueba de resistencia mental. Para el Madrid CFF, gestionar esa presión será tan importante como cualquier planteamiento táctico.

    A medida que avancen los minutos, el partido irá escribiendo su propio guion. Puede que el Barcelona encuentre pronto el camino al gol y trate de convertir el encuentro en un ejercicio de control. Puede que el Madrid CFF resista, se haga fuerte y logre llevar el partido a un terreno más incómodo, donde el paso del tiempo juegue a su favor. En cualquier caso, será un duelo de voluntades, de interpretaciones del juego y de estados de ánimo.

    Más allá del resultado, este partido habla del momento que vive el fútbol femenino español. De una liga donde el líder convive con proyectos que crecen, que se organizan y que compiten con argumentos. De un campeonato que ya no se explica solo desde la superioridad de uno, sino desde la capacidad de los demás para desafiarla. Barcelona y Madrid CFF representan dos realidades distintas, pero complementarias, necesarias para que la competición siga avanzando.

    Cuando el árbitro señale el final, el marcador dirá una cosa y la clasificación reflejará otra. Pero lo que quedará será la sensación de haber asistido a un nuevo capítulo de una historia en construcción. Un sábado de enero, a las siete de la tarde, en el Johan Cruyff, donde el fútbol femenino volverá a demostrar que su grandeza no depende solo de los títulos, sino de la capacidad de cada partido para contar algo que merezca ser recordado.

    (Fuente: Getty Imágenes)

    ✨ Vuelve la Liga Profesional de Fútbol Femenino ✨

    🏆 Liga F Moeve 2025-2026

    🔥 F.C. Barcelona 🆚 Madrid CFF 🔥

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    📺 DAZN 1 (Dial 70)

    🏟️ Estadi Johan Cruyff , Barcelona

    (Fuente: Getty Imágenes)

    #LigaFMoeve | #BarçaMadridCFF

    Los onces |

    Era su primer gol con el primer equipo. Un momento que jamás olvidará. La celebración, contenida pero emocionada, contrastaba con el cansancio del rival. El Johan respondió con un aplauso sincero. Porque incluso en una goleada descomunal, hay espacio para las historias personales.

    Gemma

    Paredes

    Sydney

    Marta

    Alexia

    Clàudia Serrajordi

    Pajor

    Kika

    Aïcha

    Brugts

    Carla Julià

    Paola Ulloa
    Nuria Mendoza
    Sandra Villafañe
    Mónica Hickmann
    Allegra Poljak
    Malou Marcetto
    Marina Rivas
    Hildur Antonsdóttir
    Kamilla Melgard
    Emilie Nautnes
    Ángela Sosa

    El Barcelona llegaba a este encuentro con una aparente fragilidad que, paradójicamente, lo hacía todavía más temible. No estaban en el once inicial Mapi León, Cata Coll ni Ona Batlle, las tres con el alta médica en la previa pero resguardadas inicialmente en el banquillo. Tampoco figuraban en la convocatoria Laia Aleixandri ni Caroline Graham Hansen, y la enfermería seguía alojando nombres capitales como Aitana Bonmatí, Patri Guijarro y Salma Paralluelo.

    Cualquier otro equipo habría acusado semejante lista de ausencias. Este Barcelona, no.

    Porque el Barça femenino actual no es solo una suma de individualidades excepcionales. Es una estructura, una idea, un modelo de juego tan interiorizado que sobrevive a las lesiones y a las rotaciones. Un equipo que no necesita presentarse con todos sus cromos para imponer su ley. Un colectivo que ha convertido la excelencia en costumbre y la ambición en rutina.

    Las cifras lo avalaban: 42 puntos sobre 45 posibles, una única derrota —el 1-0 en Zubieta ante la Real Sociedad— y la sensación permanente de que cada partido es una oportunidad para enviar un mensaje al resto de la competición. Además, el contexto competitivo empujaba: entre semana esperaba el Atlético de Madrid, en una jornada adelantada por la participación de ambos en la Supercopa de España en Castellón. No había margen para la relajación.

    Enfrente, el Madrid CFF llegaba con la mochila cargada de orgullo, pero también con la crudeza de una Liga que no perdona errores ante los gigantes. El conjunto madrileño, históricamente reconocido como uno de los equipos que mejor presiona de la Liga F, afrontaba el duelo con la intención de competir, de resistir y, sobre todo, de no traicionarse a sí mismo.

    Pero la distancia entre ambos proyectos, hoy por hoy, es abismal. No por falta de trabajo, ni de identidad, ni de compromiso en el club presidido por Alfredo Ulloa, sino por una realidad estructural que atraviesa al fútbol femenino español: presupuestos, profundidad de plantilla, capacidad de rotación y experiencia en la élite europea.

    El reto era mayúsculo. Y el escenario, imponente. El Johan Cruyff, convertido ya en un teatro habitual de exhibiciones, acogía el partido con la sensación de que algo grande podía suceder. Lo que nadie imaginaba —ni siquiera los más optimistas culés— era la magnitud del vendaval que estaba a punto de desatarse.

    Barcelona dejó claro que no había concesiones. Ritmo altísimo, posesión asfixiante, presión tras pérdida milimétrica y una voracidad ofensiva que no admite treguas. El plan de Pere Romeu fue ejecutado con una precisión quirúrgica.

    El Madrid CFF apenas tuvo tiempo para asentarse. Cada intento de salida era abortado. Cada balón dividido caía del lado azulgrana. El equipo madrileño se vio obligado a correr detrás del balón, a defender muy cerca de su área y a resistir una marea que no dejaba respirar.

    No había desconfianza en el Barça, pero sí respeto. Y el respeto, en este equipo, se traduce en no levantar el pie del acelerador.

    Los primeros avisos llegaron pronto. Brugts y Alexia Putellas comenzaron a encontrar espacios, a probar desde fuera, a medir la resistencia visitante. El Madrid CFF sufría, reculaba, trataba de achicar agua. Pero las grietas empezaban a aparecer.

    Corría el minuto 9 cuando el partido dio su primer giro definitivo. Un pase de Serrajordi encontró a Ewa Pajor, que atacó el espacio con determinación. La polaca encaró, regateó a Paola Ulloa y definió a placer para abrir la lata con el 1-0.

    El Johan celebró, pero lo hizo con la naturalidad de quien sabe que aquello era solo el comienzo.

    Lejos de gestionar la ventaja, el Barça apretó más. Quiso más. A los 20 minutos, Alexia puso un centro medido, Serrajordi lo peinó, Ulloa despejó como pudo… y de nuevo apareció Pajor, la depredadora del área, para empujar el balón casi sin querer, 2-0 y el golpe ya era serio.

    Y apenas cuatro minutos después, emergió una de las historias más simbólicas de la tarde.

    Carla Julià, lateral izquierda de formación, tuvo que actuar como extremo derecha por necesidades del guion.

    Lejos de esconderse, la canterana firmó una acción de pura calidad. Ganó el balón, se inventó un caño delicioso y sacó un zurdazo imposible para Paola Ulloa para el 3-0 en el minuto 21.

    El Johan se puso en pie. No solo por el gol, sino por el mensaje: aquí hay futuro, aquí hay cantera, aquí hay jerarquía.

    El Madrid CFF ya estaba grogui. Pero el vendaval no había terminado. Ni mucho menos.

    Cada intento de reacción era sofocado antes de nacer. Cada balón recuperado se perdía casi de inmediato. El campo se inclinaba, y lo hacía de manera irreversible. El Barça había convertido el partido en un monólogo.

    Un ejercicio de dominio absoluto en el que la pelota circulaba con velocidad, los apoyos aparecían siempre a tiempo y la presión tras pérdida funcionaba como una red que atrapaba cualquier conato de salida madrileña. No había espacios. No había pausas. No había refugio.

    El cuarto golpe no tardó en llegar, y lo hizo de la forma más cruel para un equipo que ya estaba al borde del colapso. Una indecisión en la salida de balón del Madrid CFF fue castigada sin contemplaciones. Serrajordi, atenta, intensa y decidida, robó el balón, dejó atrás a Mónica Hickmann con un caño que simbolizaba el desajuste defensivo visitante y definió con un zurdazo seco y colocado para el 4-0 en el 25 de juego.

    No era solo el marcador. Era la forma. El Madrid CFF ya no defendía con orden, sino por instinto. Achicaba agua como podía, pero cada despeje caía en pies azulgranas. Cada línea se hundía un poco más. El plan inicial había quedado pulverizado

    El conjunto local era ya un auténtico huracán. El Johan Cruyff vibraba con cada ataque, consciente de estar presenciando algo extraordinario. Y en medio de ese torbellino apareció otra protagonista.

    En la banda, el cuerpo técnico del Madrid CFF buscaba soluciones que no llegaban. El daño era estructural. El Barça atacaba por fuera y por dentro, con desmarques constantes, con llegadas desde segunda línea y con una movilidad que desbordaba cualquier intento de ajuste.

    Lejos de bajar el ritmo, el Barcelona siguió acelerando. Y de nuevo Carla Julià fue protagonista. La joven futbolista, hiperactiva, incisiva y valiente, firmó una acción que simbolizaba su crecimiento futbolístico. Recibió, levantó la cabeza y puso un centro al corazón del área. Allí, como si el tiempo se detuviera, apareció Ewa Pajor.

    La polaca conectó un remate de cabeza impecable, imposible para la capitana visitante. 5-0 en el minuto 37 del partido.

    El Johan explotó de júbilo. Pajor celebró con rabia contenida. El Madrid CFF, mientras tanto, ya solo pensaba en que el descanso llegara cuanto antes.

    Pero el Barcelona no estaba dispuesto a conceder ni un segundo de alivio. La conexión Serrajordi–Pajor volvió a aparecer, como una pesadilla recurrente para la zaga madrileña. Centro preciso de la catalana, desmarque perfecto de la polaca y remate a la jaula. 6-0. La manita ya era historia, pero el marcador seguía creciendo.

    El tramo final del primer acto se convirtió en una sucesión de escenas difíciles de asimilar. Brugts, en el minuto 43, puso un centro que nadie llegó a tocar, pero que terminó directamente en el fondo de las mallas ante la estupefacción del banquillo visitante. El balón parecía guiado por una fuerza invisible en el 7-0.

    Y cuando parecía que el descanso pondría fin al castigo, llegó uno de esos momentos que resumen la crueldad del fútbol.

    El pitido que señalaba el final del primer tiempo fue casi un alivio. Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con una sensación inequívoca: el Barcelona había firmado una de las primeras partes más demoledoras de su historia, mientras que el Madrid CFF había sido arrollado por una realidad imposible de maquillar.

    El marcador no solo reflejaba superioridad. Reflejaba una brecha estructural, un choque de mundos, un ejercicio de poder absoluto.

    El descanso llegó como un refugio momentáneo para un Madrid CFF noqueado, que necesitaba algo más que instrucciones tácticas para recomponerse. El marcador era una losa, pero el fútbol —incluso en las tardes más crueles— siempre deja espacio para el orgullo, para el gesto simbólico, para la resistencia mínima que dignifica la derrota.

    En el otro vestuario, Pere Romeu no se permitió la complacencia. El técnico azulgrana entendió que el partido ya no se jugaba solo en el resultado, sino en el mensaje. Y el mensaje del Barcelona en este 2026 era inequívoco: no se negocia la ambición.

    El entrenador culé redefinió la defensa tras el descanso. Dio entrada a Ona Batlle y Mapi León, ambas saliendo de lesión. No era solo una cuestión de rotación o de carga de minutos; era una declaración de intenciones. El Barcelona quería seguir compitiendo como si el marcador estuviera en blanco, Sin embargo, el fútbol siempre guarda ironías.

    Apenas cuatro minutos después de la reanudación, el Madrid CFF encontró un pequeño resquicio de luz en medio de la tormenta. Poljak ganó la partida a Batlle, atacando el espacio con decisión. El balón llegó a Nautnes, que se anticipó a Mapi León y batió a Font con frialdad. 7-1en el minuto 49.

    Fue el gol del honor. Un tanto que no cambiaba la historia del partido, pero sí ofrecía una imagen distinta del Madrid CFF: la de un equipo que, aun derrotado, no se rindió del todo. Durante unos instantes, el encuentro pareció entrar en una fase de pausa, casi de cortesía que duró muy poco.
    El Barcelona no tardó en recordar quién mandaba. Tres minutos después, una acción dentro del área terminó con un penalti cometido por Antonsdóttir sobre Carla Julià. La joven canterana, omnipresente durante toda la tarde, volvió a ser determinante.

    Alexia Putellas asumió la responsabilidad. Serenidad, liderazgo y precisión. La capitana no falló y puso el 8-1 en el minuto 52. El Johan volvió a rugir. No había espacio para la duda ni para la compasión. El duelo seguía siendo desigual, sin paliativos.

    Pasada la hora de juego, el partido abrió una ventana para los cambios. Entraron en el campo Ainoa Gómez y Martret, dos nombres llamados a dejar su huella en una tarde que ya era histórica.

    El Barcelona no bajó el ritmo. Al contrario. Cada jugadora que ingresaba lo hacía con la determinación de quien sabe que está ante una oportunidad irrepetible.

    La protagonista absoluta del partido seguía siendo Ewa Pajor. La delantera polaca firmó su cuarto gol tras una gran conducción de Kika Nazareth y un centro preciso de la portuguesa. Pajor atacó el balón con el instinto de las grandes goleadoras y lo envió a la red. 9-1 en el minuto 58.

    Al borde de la hora de juego, cualquier atisbo de emoción había desaparecido. No era una cuestión de rivalidad. Era un ejercicio de poder.

    La comparación era inevitable. Por la mañana, el Atlético de Madrid y la Real Sociedad habían ofrecido un vibrante 5-5, un partido lleno de alternativas, tensión y emoción. En el Johan, en cambio, el guion era otro. Aquí no había suspense. Solo una exhibición.

    El minuto 68 dejó una de esas imágenes que justifican el fútbol más allá del marcador. Ainoa Gómez, canterana, aprovechó un balón suelto en el área tras un córner y lo envió al fondo de la red. 10-1.

    La cuenta no se detuvo ahí. Sydney Schertenleib, que ya había marcado en la primera mitad, volvió a aparecer con un gran disparo desde dentro del área. El balón superó a Paola Ulloa, que poco más podía hacer en una tarde para el olvido por culpa del 11-1.

    La penúltima escena llegó con la firma de Clàudia Pina. La atacante se unió a la fiesta con un testarazo potente, imposible para la guardameta visitante. El público cantó gol por última vez en la velada, cuando el reloj marcaba el minuto 81. 12-1.

    Pudo haber llegado el decimocuarto. La canterana azulgrana estrelló una falta directa en la cruceta, en una de las últimas acciones del partido. No quiso entrar. Quizá el fútbol decidió poner un límite simbólico a una tarde que ya había cruzado todas las fronteras.

    El Madrid CFF estaba exhausto. Cada llegada azulgrana era una amenaza real. La defensa, desbordada desde hacía mucho, ya solo podía esperar el final.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El pitido final certificó una de las mayores goleadas de la historia del Barcelona femenino. La segunda mejor marca del club. La tercera mejor de la Liga F Moeve.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    FC Barcelona: Gemma, Paredes ( 45’ Mapi León), Sydney, Marta, Alexia (60’ Pina), C. Serrajordi (60’ Martret), Pajor, Kika, AÏcha (45’ Ona Batlle), Brugts (61’ Ainoa Gómez), Carla Julià. 

    Madrid CFF: Paola, Mendoza, Villafañe, Monica, Allegra (62’ Alba Ruiz), Marina (73’ Serrano), Marcetto, Hildur, Melgard, Nautnes, Sosa (62’ Freja).

    Árbitra: Olatz Rivera Olmedo

    Goles|

    1-0 Ewa Pajor 9’ ⚽️

    2-0 Ewa Pajor 21’ ⚽️

    3-0 Carla Júlia 25’ ⚽️

    4-0 Sídney 28’ ⚽️

    5-0 Ewa Pajor 38’ ⚽️

    6-0 Brugts 43’ ⚽️

    7-0 Nuria Mendoza (P.P.) 45’⚽️

    7-1 Nautness 49’ ⚽️

    8-1 Alexia Putellas (P.) 52’ ⚽️

    9-1 Ewa Pajor 58’ ⚽️

    10-1 Ainhoa Gómez 68’ ⚽️

    11-1 Sydney 71’ ⚽️

    12-1 Claudia Pina 81’ ⚽️

    Vídeo |

  • Reportaje | Geyse, la delantera que convirtió el gol en su método de supervivencia

    (Fuente: FIFA )

    ⬛️ La internacional brasileña fue una estrella del Madrid CFF en su segunda etapa y se encuentra cedida en Estados Unidos por el Manchester United.

    Hay futbolistas que llegan al gol porque el fútbol las lleva hasta allí.Y hay otras que llegan al fútbol porque la vida, antes, las empujó a sobrevivir.

    (Fuente: FIFA )

    Desde Maragogi, en el estado brasileño de Alagoas, hasta los grandes escenarios del fútbol europeo y norteamericano, su carrera se ha escrito a base de goles, carácter y una relación con el juego profundamente física. Y si hay un lugar donde todo eso adquirió sentido pleno, ese fue el Madrid CFF.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Nacida el 27 de marzo de 1998, Geyse creció en un entorno donde el fútbol no era un refugio estético, sino una herramienta de afirmación. Desde muy joven entendió que para destacar había que imponerse, que el talento debía ir acompañado de impacto. No fue una futbolista de formación académica ni de gesto fino; fue, desde el inicio, una delantera que atacaba el espacio con rabia, que protegía el balón como si cada jugada fuera definitiva y que concebía el área como un territorio que había que conquistar.

    (Fuente: Fútbol Club Barcelona)

    Su debut profesional llegó pronto, y llegó en grande. El 12 de marzo de 2017, con apenas 18 años, se estrenó con el Corinthians, anotando en la victoria por 4-0 ante São Francisco. Aquella temporada cerró con 9 goles en 27 partidos, cifras modestas pero reveladoras de su proceso formativo. En uno de los clubes más exigentes de Brasil aprendió a convivir con la presión, a competir por títulos y a entender que el fútbol de alto nivel no concede treguas. No fue allí donde explotó, pero sí donde templó el carácter que definiría su carrera.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Ese mismo año dio el salto a Europa. Con solo 19 años fichó por un Madrid CFF recién ascendido a la máxima categoría española. Fue una llegada prematura, compleja, casi incómoda. Disputó 11 partidos y marcó 2 goles en un equipo que luchaba por asentarse en la élite y que terminó décimo en la clasificación. La adaptación fue dura, el impacto limitado, pero aquella etapa dejó algo importante: una historia abierta. Geyse no encajó entonces, pero tampoco desapareció del todo.

    (Fuente: Getty imágenes)

    La explosión llegaría lejos de España. En 2018, tras acordar su fichaje por el S.L. Benfica, Geyse protagonizó una de las temporadas goleadoras más descomunales que se recuerdan en el fútbol femenino europeo. Incorporada en septiembre, después de disputar el Mundial sub-20 con Brasil, firmó 16 goles en sus primeros cuatro partidos, un inicio que rompió cualquier expectativa.

    La temporada 2018-2019 la cerró con 51 goles en 29 partidos, incluidos 41 tantos en liga y 9 en la Copa de Portugal, con actuaciones históricas como los 6 goles en un solo encuentro. Fue el eje absoluto del ascenso del club lisboeta y una anomalía estadística difícil de repetir.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Pero el fútbol raramente permite trayectorias limpias. En la temporada siguiente, ya en la élite portuguesa, su protagonismo se redujo de forma drástica: 8 partidos y un solo gol en la primera mitad del curso 2019-20. El contexto cambió, el rol se diluyó y la confianza se resintió. En enero de 2020, el Benfica y Geyse rescindieron contrato de mutuo acuerdo. El contraste entre el estallido y la caída fue abrupto. Y fue entonces cuando Madrid volvió a aparecer, esta vez para quedarse.

    (Fuente: Getty imágenes)

    El regreso al Madrid CFF en enero de 2020 marcó el verdadero punto de inflexión de su carrera. El club atravesaba una situación delicada, instalado en la zona baja de la tabla, necesitado de goles, de carácter y de una referencia ofensiva clara. Geyse llegó sin focos, pero asumió desde el primer día un papel central. A partir de ahí, su figura se fundió con la identidad competitiva del equipo.

    (Fuente: Madrid CFF )

    En el Madrid CFF, Geyse no solo marcó goles: sostuvo al equipo. Se convirtió en la delantera que daba sentido al juego ofensivo, en la futbolista que fijaba centrales, descargaba de espaldas, atacaba el segundo palo y transformaba media ocasión en gol. Su fútbol se volvió más completo y más maduro. En un contexto de supervivencia permanente, aprendió a decidir partidos con poco, a competir cada acción como si fuera la última.

    (Fuente: Madrid CFF )

    La temporada 2020-2021 dejó momentos ya inscritos en la historia del club. El 21 de abril de 2021, en los cuartos de final de la Copa de la Reina, Geyse marcó en la victoria por 2-1 ante el Real Madrid, un gol de enorme carga simbólica.

    En semifinales, ante el FC Barcelona del triplete, disputó los 90 minutos de un partido durísimo que terminó 4-0, pero que confirmó al Madrid CFF como un equipo competitivo, con Geyse como referencia indiscutible.

    (Fuente: Madrid CFF)

    La consagración definitiva llegó en la temporada 2021-2022. El 10 de octubre de 2021, firmó cuatro goles en un inolvidable 5-4 frente al Real Betis, uno de los partidos más memorables de la liga reciente. Fue una exhibición total: potencia, instinto, lectura de espacios y liderazgo. En Copa volvió a aparecer, incluso en la derrota, empatando un partido de cuartos antes de ser expulsada en la prórroga, en una acción que simboliza tanto su intensidad como su carácter competitivo al límite.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Al final del curso, las cifras confirmaron el impacto: 20 goles en liga, máxima goleadora del campeonato, Pichichi compartido con Asisat Oshoala. El Madrid CFF terminó 13.º, pero Geyse terminó en lo más alto del fútbol español. Fue la primera sudamericana en proclamarse máxima goleadora de la liga femenina española, y lo hizo desde un club humilde, sin red y sin privilegios estructurales. Para muchos analistas, esta etapa representa la más importante de su carrera, no por los títulos colectivos, sino por el peso real de su influencia.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Ese rendimiento no pasó desapercibido. El Atlético de Madrid siguió a Geyse con atención real y sostenida durante su etapa en el Madrid CFF.

    (Fuente: UEFA )

    No como un rumor, sino como una oportunidad de mercado concreta. En un momento de transición ofensiva, su perfil encajaba plenamente con la identidad rojiblanca: una delantera capaz de fijar centrales, ganar duelos, sostener al equipo en partidos cerrados y convertir pocas ocasiones en goles. Desde el punto de vista táctico, era una futbolista preparada para rendir de inmediato, tanto en esquemas con doble punta como referencia única. En Alcalá de Henares, su nombre quedó asociado a una delantera curtida en la adversidad, un perfil históricamente valorado en el entorno atlético. Finalmente, el movimiento estratégico del Fútbol Club Barcelona cerró aquella ventana, pero el interés existió, fue sólido y estuvo fundamentado.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Desde el scouting, Geyse es una nueve de impacto. Destaca por su timing de desmarque, su agresividad en el área y su capacidad para proteger el balón de espaldas. Su disparo es seco y rápido, sin adornos. No necesita volumen de ocasiones para marcar. Sin balón, presiona, incomoda y arrastra marcas, aunque esa misma intensidad la ha llevado en ocasiones al límite disciplinario. Es una futbolista de riesgo competitivo alto, pero también de rendimiento alto.

    (Fuente: UEFA)

    En paralelo, su recorrido internacional con Brasil refuerza su estatus. Convocada por primera vez a la sub-20 en 2015, fue campeona y máxima goleadora del Mundial sub-20 de 2018 con 12 goles. Debutó con la selección absoluta en septiembre de 2017 ante Chile y fue convocada para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, consolidándose como una opción fiable en escenarios de máxima exigencia.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Las estadísticas resumen, pero no explican del todo, su trayectoria:
    9 goles en 27 partidos con Corinthians; 2 goles en 11 partidos en su primera etapa en el Madrid CFF;51 goles en 29 partidos con el Benfica en la temporada 2018-19;
    20 goles en liga en la temporada 2021-22 con el Madrid CFF, Pichichi del campeonato;12 goles en un Mundial sub-20 con Brasil

    Pero más allá de los números, Geyse Ferreira deja una huella que se mide en impacto y memoria. Fue la delantera que convirtió la supervivencia en gol, la futbolista que sostuvo a un equipo entero cuando el contexto no ayudaba, la atacante que hizo de la adversidad un escenario propio. Hay jugadoras que pasan por una liga. Y hay otras que, como Geyse en el Madrid CFF, la marcan.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Si bien es cierto que durante etapa en Cataluña no brilló como la afición culé anhelaba, la exjugadora del Benfica sigue siendo una de las grandes figuras del fútbol femenino a nivel mundial y si, como parece el Manchester United no le saca partido, habrá que estar atentos a su futuro y ojalá podamos verla de vuelta en la Liga Profesional de Fútbol Femenino más pronto que tarde.

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  • Reportaje | Anita Marcos, el gol hecho carne

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ Hay futbolistas que nacen con talento, otras que nacen con disciplina y unas pocas que nacen con algo mucho más difícil de enseñar: hambre. Hambre de gol, hambre de competir, hambre de no desaparecer cuando el foco se apaga. Ana Marcos pertenece a esa estirpe. La suya no es una historia de irrupción fulgurante ni de alfombra roja, sino una travesía larga, áspera, construida a base de goles en campos secundarios, de esperas interminables, de decisiones valientes y de una fe innegociable en el área. Porque Ana no llegó al fútbol femenino español por la puerta grande: llegó por la puerta lateral, la misma que defendió de niña antes de colocarse los guantes, antes de volver a pisar el área y antes de entender que su destino estaba allí donde el balón quema.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Nació en Sevilla, pero Sevilla fue apenas un prólogo. A muy corta edad se mudó a Madrid y fue en los barrios donde empezó a forjarse una futbolista que aún no sabía que lo sería. En el Santa María Caridad, el club de su barrio, Ana comenzó jugando en categoría prebenjamín, sin focos, sin promesas, sin discursos. Primero fue lateral izquierdo, aprendiendo a medir tiempos y espacios; después fue guardameta, entendiendo la soledad del error y la responsabilidad de ser la última; más tarde alternó ambas posiciones hasta que el fútbol, con esa lógica silenciosa que solo él conoce, la devolvió definitivamente al lugar donde su instinto era más cruel y más certero: la delantera. No fue una decisión estética ni estratégica, fue una necesidad biológica. Ana necesitaba atacar.

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    En categoría alevín los números empezaron a desbordar cualquier libreta: 63 goles en dos temporadas, ascenso a categoría preferente y convocatoria con la Selección Sub-12 de Madrid. No celebraba mirando a la grada, celebraba hacia dentro, como quien confirma que sigue el camino correcto.

    En infantiles la historia se repitió con aún más peso: 67 goles en dos temporadas, capitana de un equipo mixto, liderazgo natural sin alzar la voz, mandando desde el choque y desde la presencia. Era la futbolista que siempre estaba donde dolía, la que no pedía permiso para rematar, la que no negociaba el esfuerzo.

    (Fuente: Madrid CFF)

    La temporada 2014-2015 supuso el primer aviso serio al sistema. Ana fichó por el C. F. Pozuelo de Alarcón para competir en categoría Sub-16 y lo que ocurrió allí fue directamente extraordinario: 73 goles en 24 partidos. Una cifra que no admite contexto ni excusas. Con solo 14 años fue convocada por el primer equipo para disputar un partido de Copa y recibió también la llamada de la Selección Madrileña Sub-16. El fútbol empezó a pronunciar su nombre con respeto, aunque todavía en voz baja.

    En la 2015-2016, con apenas 15 años, dio un paso que no todas se atreven a dar: fichó por el primer equipo del Torrelodones C. F., en Segunda División. Allí el fútbol ya no era formativo, era adulto, físico, despiadado. Ana respondió como siempre: 26 partidos, 16 goles, regularidad y personalidad. Volvió a ser convocada tanto por la selección Sub-16 de Madrid como por la de España, confirmando que ya no era una promesa, sino una realidad en construcción.

    La temporada 2016-2017 la llevó al Atlético de Madrid, al equipo B, en Segunda División, y allí comenzó uno de los aprendizajes más duros de su carrera: saber esperar. Debutó el 4 de septiembre de 2016 ante el Club Deportivo Tacón en un empate a dos goles y marcó. Siempre marcaba. Cerró el curso con 18 goles en 23 partidos, fue la máxima goleadora del equipo y el filial terminó tercero del grupo V. Fue convocada por la Selección Sub-18 de Madrid para disputar el campeonato territorial, que ganaron gracias a un gol suyo, y debutó también con el primer equipo del Atlético en la final de la Copa de la Reina, entrando en el último minuto de una derrota por 4-1 ante el FC Barcelona. No hubo épica allí, pero sí carácter.

    (Fuente: Getty imágenes)

    En la 2017-2018 explotó definitivamente en cifras: 23 partidos, 23 goles con el Atlético B. El 10 de septiembre de 2017 debutó en Primera División con el primer equipo rojiblanco, entrando en el último minuto ante la Real Sociedad, y volvió a sumar minutos ante el Sporting de Huelva. El Atlético se proclamó campeón de Liga y el equipo B fue segundo, solo por detrás del Tacón. Ana entendió entonces que el fútbol de élite no siempre premia al que más marca, sino al que más resiste.

    (Fuente: Getty imágene)

    La temporada 2018-2019 supuso la confirmación institucional: ficha con el primer equipo, alternando convocatorias con partidos en el filial. Debutó en la Liga de Campeones el 31 de octubre de 2018 ante el Wolfsburgo en una derrota durísima por 6-0, sustituyendo a Olga García, y su entrenador destacó públicamente su capacidad de trabajo y proyección. El 22 de noviembre de 2018 llegó el instante que la colocó para siempre en la memoria rojiblanca: entró en el minuto 62 ante el Rayo Vallecano, con el partido empatado y el liderato en juego, y dos minutos después marcó su primer gol en Primera División con un remate de tacón tras pase de Olga García.

    Un gol bello, inesperado y decisivo. El Atlético volvió a ganar la Liga, Ana dio una asistencia clave en la última jornada ante la Real Sociedad, fue subcampeona de la Copa de la Reina y, con el equipo B, logró el ascenso a la nueva Primera B siendo máxima goleadora con 13 tantos en 13 partidos.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Además, marcó los dos goles del Atlético en la final de la Copa Nacional de la RFFM.

    El 16 de febrero de 2020, tras un partido ante el Levante, sus compañeras la mantearon. El gesto no fue casual. Un día después se hizo oficial su cesión al Celtic Football Club. Debutó el 21 de febrero ante el todopoderoso Glasgow City, titular, mandando un cabezazo al poste. La pandemia detuvo el mundo, regresó al Atlético para disputar los cuartos de final de la Champions ante el Barcelona y en septiembre volvió a Glasgow para continuar su cesión. Allí marcó su primer gol el 1 de noviembre de 2020 ante el Hearts en una victoria por 10-0, firmó un doblete ante el Hibernian y disputó siete partidos de liga antes del parón navideño.

    (Fuente: Getty imágenes)

    En enero de 2021 concluyó su etapa en Escocia tras 9 partidos y 3 goles y fue cedida al Valencia Club de Fútbol.

    Debutó el 24 de enero ante el Deportivo y marcó el único gol del partido ante el Eibar el 22 de mayo. En agosto de 2021 fue traspasada al Sporting de Huelva y allí volvió a sentirse delantera total: 26 partidos de liga, 10 goles, máxima goleadora del equipo. En la Copa de la Reina disputó los cinco encuentros, anotó cuatro goles, firmó un histórico triplete ante el Real Madrid en el campo municipal de La Orden y marcó en el minuto 121 de la prórroga ante el Madrid CFF el gol que clasificó a las espartanas para la fase final. Cerró la temporada como subcampeona de la Copa de la Reina.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Este pasado mercado estival se anunció su incorporación al Madrid CFF, cumpliéndose por fin el viejo anhelo de Alfredo Ulloa, que durante casi una década había perseguido la idea de vestir de rosa y blanco a una futbolista criada en la cultura del gol y del sacrificio. Procedente del Valencia, Ana llegaba al club con la cantera exclusivamente femenina más grande de Europa como una delantera contrastada, campeona de la Liga F en dos ocasiones con el Atlético de Madrid, campeona de Europa Sub-19 en 2017 tras disputar la fase final en Irlanda del Norte, y máxima goleadora del Atlético B entre 2017 y 2019.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Ambidiestra , poderosa en el juego aéreo, inteligente en el desmarque, asociativa y depredadora del área, una delantera moderna, ideal para equipos que buscan juego directo, transiciones rápidas o centros laterales. Una futbolista que no necesita muchas ocasiones, solo la suya.

    Ana Marcos no es la historia de un gol, es la historia de todos los goles que no salieron en portada. De los que se marcaron para sobrevivir, de los que se marcaron para esperar, de los que se marcaron cuando nadie miraba.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    En el firmamento del fútbol femenino español brilla una estrella cuyo nombre resuena con fuerza: Ana “Anita” Marcos.

    Con aproximadamente 30 goles en Primera División, ha esculpido su leyenda desde los campos del Sporting de Huelva hasta los días gloriosos con el Valencia CF, y ahora emprende su nueva odisea en el Madrid CFF, lista para seguir escribiendo capítulos imborrables en la historia del deporte. Cada gol suyo no es solo un número; es un rugido de ambición, un relámpago de talento y una prueba de que la pasión puede transformar la historia en epopeya.

    Su palmarés es un códice de victorias y hazañas. Con el Atlético de Madrid, conquistó la Primera División en las temporadas 2017‑18 y 2018‑19, y llevó a su equipo a finales de Copa de la Reina, dejando una estela de gloria imborrable. En el ámbito internacional, con la Selección Española Sub‑19, se proclamó bicampeona de Europa en 2017 y 2018, confirmando que su nombre estaba destinado a la inmortalidad futbolística.

    La diez no solo juega; forja leyendas. Cada carrera hacia el área rival, cada disparo al arco y cada celebración son versos en un poema épico que inspira a generaciones enteras. Su historia no se mide solo en goles o títulos, sino en la fuerza con la que ha transformado cada desafío en gloria, demostrando que, en el corazón del fútbol femenino, su nombre permanecerá como símbolo de coraje, talento y pasión indomable.

    En un fútbol que corre, que olvida, que pasa página, Anita sigue atacando el primer palo, cayendo y levantándose, esperando el centro como quien espera su momento. Porque el hambre no se negocia, el área no miente y hay futbolistas que no necesitan focos para existir. Ana Marcos sigue ahí. Y cuando llegue el balón, como siempre, no preguntará.

    (Fuente: Liga F Moeve)