Categoría: Primera Iberdrola

  • Oficial | El Atlético “ruega” la cancelación de las entradas de los aficionados asuntes

    (Fuente: Atlético de Madrid)

    🟫 La medida se toma teniendo en cuenta la limitación de aforo en Alcalá de Henares.

    El Club Atlético de Madrid, bicampeón de la Copa de la Reina Iberdrola, se ha dirigido por correo electrónico a sus socios con vistas al trascendental duelo frente a la Real Sociedad, un encuentro marcado en rojo dentro del calendario rojiblanco.

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    La visita del conjunto donostiarra se presenta como un partido clave en la lucha por los puestos europeos del equipo madrileño, más allá de que todavía reste más de media temporada por disputarse. Conscientes de la importancia del choque y de la elevada demanda de entradas, desde la entidad presidida por Lola Romero se ha hecho un llamamiento a la responsabilidad de los socios.

    En el mensaje remitido, el club solicita a aquellos aficionados que ya hayan canjeado su invitación y finalmente no puedan acudir al encuentro, que lo comuniquen con antelación para proceder a la anulación de dichas entradas. El objetivo no es otro que permitir que otro seguidor rojiblanco pueda ocupar ese asiento y disfrutar del ambiente que se espera en las gradas, especialmente teniendo en cuenta la limitación de aforo.

    Y es que el Centro Deportivo Alcalá de Henares, escenario del partido, cuenta con una capacidad máxima de 2.700 espectadores, una cifra que suele quedarse corta dada la habitual respuesta de la afición para acompañar al equipo dirigido por Víctor Martín Alba.

    “Una vez más, nuestros socios se han volcado con el equipo y esperamos un gran ambiente en las gradas del Centro Deportivo Alcalá de Henares, además de varias sorpresas para los asistentes”, señalaba el comunicado enviado por el club.

    (Fuente: Atlético de Madrid)M.

    Por ello, el Atlético de Madrid recuerda que, en caso de no poder asistir tras haber canjeado la invitación, los socios deberán enviar un correo electrónico a ticketing@atleticodemadrid.com , con el asunto “Anular invitación”, antes de mañana viernes 9 de enero a las 20:00 horas.

    Asimismo, el club advierte de que, dado el carácter limitado del aforo y por respeto al resto de socios, aquellos casos en los que un socio no acuda al partido tras haber reservado su entrada podrán conllevar la restricción del derecho a canjear futuras invitaciones durante la presente temporada, en cualquiera de los equipos y categorías de la entidad.

    El Atlético de Madrid versus Real Sociedad, que además se emitirá gratis y en abierto a través de TEN TV desde las 12:00 horas en la TDT, ofrecerá numerosos alicientes para los asistentes: firmas de Gio Queiroz y Luany Da Silva al término del encuentro, la visita de Indi y Mady, sorpresas durante el descanso y el reparto de banderas conmemorativas.

    En lo estrictamente deportivo, el conjunto rojiblanco está prácticamente “obligado” a sumar los tres puntos. Actualmente cuarto en la clasificación de la Liga F Moeve con 26 puntos, el Atlético se encuentra a cuatro unidades de la Real Sociedad y a seis de la segunda plaza, ocupada por el Real Madrid, que se ha convertido en el gran objetivo del tres veces campeón de la Primera División Femenina de aquí a final de temporada.

    Un partido decisivo, dentro y fuera del campo, que vuelve a poner de manifiesto el creciente respaldo de la afición al fútbol femenino rojiblanco.

    (Fuente: X)
  • Oficial | Regresa la Liga F Moeve después de Navidad

    (Fuente: Liga F Moeve )

    🟫 Los clubes de Liga F Moeve regresan a la competición este fin de semana (10-11 de enero) tras el parón navideño. El FC Barcelona es líder de la competición con 39 puntos, mientras que el DUX Logroño, 6 puntos, y el Levante UD, con 2 puntos, ocupan los puestos de descenso, y todavía no conocen la victoria.

    Publicidad de Amazon Prime Video

    🟦 Amazon MGM Studios confirma nuevos miembros del reparto de la próxima serie de Tomb Raider, entre los que se encuentran Sigourney Weaver y Jason Isaacs

    Como se anunció anteriormente, la serie de Prime Video estará protagonizada por Sophie Turner como Lara Croft, con Phoebe Waller-Bridge como creadora, guionista, productora ejecutiva y co-showrunner junto a Chad Hodge como co-showrunner y productor ejecutivo.

    Amazon MGM Studios ha anunciado a los nuevos miembros del reparto que participarán en la nueva serie Tomb Raider de Prime Video. Entre ellos se encuentran nombres como Sigourney Weaver (Avatar), Jason Isaacs (The White Lotus), Celia Imrie (La diplomática) y Bill Paterson (La casa del dragón), entre otros. La serie está basada en la mítica franquicia de videojuegos que sigue las aventuras de la famosa arqueóloga Lara Croft.

    La actriz Sophie Turner (Juego de tronos) ha confesado: “He sido fan de Tomb Raider y del personaje de Lara desde hace mucho tiempo. Siempre me ha parecido una mujer muy valiente en un mundo dominado por hombres. ¡Un verdadero ejemplo a seguir!”

    La creadora, guionista, productora ejecutiva y co-showrunner Phoebe Waller-Bridge (Fleabag) ha declarado: “Tomb Raider cuenta con una gran cantidad de personajes icónicos. Estoy encantada de haber podido llevar a la pantalla a algunos de los favoritos tanto personales como de los fans, y al mismo tiempo presentar a algunos nuevos granujas creados por nosotros. ¡Ni en mis mejores sueños me imaginé este reparto!”

    Peter Friedlander, Head of Amazon MGM Studios, ha comentado: “Tomb Raider siempre se ha caracterizado por su narrativa audaz y sus personajes inolvidables, y estos nuevos miembros del reparto aportan una profundidad y una solemnidad increíbles a la serie. Con talentos como Sigourney Weaver y Jason Isaacs uniéndose al elenco, estamos elevando este mundo de formas nuevas y emocionantes, y no podemos esperar a que nuestra audiencia global de Prime Video descubra este próximo capítulo de Tomb Raider”.

    El reparto confirmado para los icónicos personajes de la franquicia de videojuegos Tomb Raider está formado por: Martin Bobb-Semple (All American: Homecoming) como Zip, el amigo de toda la vida de Lara Croft y su soporte tecnológico; Jason Isaacs interpretará a Atlas DeMornay, el tío de Lara; y Bill Paterson tendrá el papel de Winston, el mayordomo de la familia Croft.

    Completan el reparto Jack Bannon (Pulso) como Gerry, el piloto personal de Lara y un coleccionista compulsivo de snacks; John Heffernan (Un caballero en Moscú) será David, un funcionario gubernamental agotado que se ve envuelto en el inusual mundo de Lara; Celia Imrie interpreta a Francine, la directora de desarrollo del Museo Británico, enfocada únicamente en recaudar fondos y copas de champán; Paterson Joseph (Wonka) será Thomas Warner, un alto funcionario del gobierno encargado de limpiar un caos monumental; Sasha Luss (Latency) como Sasha, una nueva adversaria de Lara, feroz y profundamente competitiva; Juliette Motamed (Halo) será Georgia, una conservadora dedicada y meticulosa del Museo Británico, comprometida con la preservación “correcta” de la historia; Sigourney Weaver en el papel de Evelyn Wallis, una mujer misteriosa y de gran influencia, interesada en explotar el talento de Lara; y August Wittgenstein (Infiel) interpretará a Lukas, un saqueador ilegal que comparte más historia con Lara de lo que parece.

    Como se anunció anteriormente, la serie está protagonizada por Sophie Turner como Lara Croft y liderada por Phoebe Waller-Bridge (Fleabag), quien ejerce como creadora, guionista, productora ejecutiva y co-showrunner, junto a Chad Hodge como co-showrunner y productor ejecutivo. A ellos se une Jonathan Van Tulleken, que dirigirá la serie y actuará también como productor ejecutivo.

    La serie cuenta con la producción ejecutiva de Amazon MGM Studios, Crystal Dynamics, Phoebe Waller-Bridge y Jenny Robins a través de Wells Street Films; Dmitri M. Johnson, Michael Lawrence Goldberg y Timothy I. Stevenson a través de Story Kitchen; Michael Scheel; y Legendary Television. La coproducción ejecutiva está a cargo de Matt McInnis y Jan R. Martin como productores.

    La serie de Tomb Raider se podrá ver en exclusiva en Prime Video. Los suscriptores de Prime en España pueden disfrutar de ofertas, envíos gratuitos y entretenimiento, todo en una misma suscripción por tan solo 4,99€ al mes o 49,90€ al año. Además, se ofrece a los estudiantes una suscripción con descuento por solo 24.95€ al año a través de Prime Student, que incluye una prueba gratuita de 90 días.

    El regreso del campeonato, la batalla por Europa y la lucha por sobrevivir: la Liga F Moeve se reanuda para cerrar la primera vuelta y abrir un 2026 decisivo.

    Tras el parón navideño, la Liga F Moeve vuelve a latir con fuerza. Regresa el fútbol, regresan las urgencias, las ilusiones renovadas y las cuentas pendientes. El campeonato doméstico femenino afronta este fin de semana una jornada clave, la decimoquinta, que no solo pone el punto final a la primera vuelta, sino que marca el inicio de un segundo tramo de temporada en el que cada punto comienza a pesar como una losa… o a valer su peso en oro.

    Han pasado semanas de reflexión, ajustes y promesas de año nuevo. Algunas plantillas han aprovechado el parón para curar heridas físicas y emocionales; otras, para reforzarse, reordenarse o simplemente tomar aire. Pero a partir de ahora ya no hay margen para el error. La Liga F Moeve entra en su fase decisiva y lo hace con todos los frentes abiertos: el liderato, la pelea por Europa, la zona media comprimida y una lucha por la permanencia que amenaza con convertirse en un drama de largo recorrido.

    El Fútbol Club Barcelona fue el último equipo en marcharse de vacaciones… y también el primero en dejar claro que, una temporada más, será el rival a batir. Las azulgranas cerraron el año como líderes indiscutibles del campeonato, con 39 puntos, un balance casi inmaculado y la sensación de haber construido una ventaja no solo numérica, sino también psicológica.

    El conjunto blaugrana ha vuelto a imponer su sello: dominio del balón, presión alta, profundidad por bandas y una capacidad ofensiva que desborda cualquier esquema defensivo. Pero más allá de los números, el Barça ha transmitido autoridad. Cada jornada ha sido una declaración de intenciones, y su duelo de este sábado ante el Madrid CFF servirá para medir si el parón ha alterado, siquiera mínimamente, ese estado de gracia.

    Porque en la Liga F Moeve nadie regala nada. Y menos aún cuando el calendario empieza a apretar.

    Si el liderato parece tener dueña, la pelea por las plazas europeas es un auténtico campo de minas. El Real Madrid CF y la Real Sociedad ocupan actualmente las dos primeras posiciones que dan acceso a competición continental, pero lo hacen con una ventaja mínima y con varios equipos respirándoles en la nuca.

    El Atlético de Madrid, el Costa Adeje Tenerife, el Sevilla FC y el Madrid CFF forman un grupo perseguidor que no se resigna. Cada jornada es una oportunidad para asaltar el podio, y cualquier tropiezo puede tener consecuencias irreversibles.

    En este contexto, el gran foco del fin de semana apunta directamente al Atlético de Madrid – Real Sociedad, uno de esos partidos que trascienden la clasificación y se convierten en un auténtico examen de madurez competitiva.

    Este sábado, el Centro Deportivo Alcalá de Henares será escenario de un choque mayúsculo. Rojiblancas y donostiarras se ven las caras con una plaza europea en juego, en un duelo que puede marcar un antes y un después en la temporada de ambos conjuntos.

    El Atlético de Madrid llega con la necesidad de reafirmar su proyecto. Tras un inicio irregular, el conjunto colchonero ha ido encontrando estabilidad, pero necesita dar un golpe sobre la mesa ante un rival directo. Ganar a la Real Sociedad no solo significaría sumar tres puntos vitales, sino también enviar un mensaje al resto de aspirantes.

    La Real, por su parte, ha sido una de las grandes revelaciones del curso. Sólida, competitiva, valiente y con una identidad muy marcada, el equipo donostiarra quiere demostrar que su presencia en la zona noble no es casualidad. Sacar algo positivo de Madrid sería reafirmar su candidatura europea.

    Es, sin duda, uno de esos partidos que definen temporadas.

    Otro de los grandes encuentros de la jornada se vivirá en Valdebebas. El Real Madrid CF recibe al Sevilla FC en un choque de estilos y necesidades distintas, pero con un denominador común: la ambición.

    Las blancas saben que no pueden permitirse relajaciones si quieren mantener su posición privilegiada en la tabla. Cada partido en casa es una obligación, pero también una trampa si no se afronta con la máxima concentración.

    El Sevilla, por su parte, se ha consolidado como uno de los equipos más incómodos del campeonato. Competitivo, ordenado y con talento para castigar cualquier error, el conjunto andaluz quiere seguir soñando con Europa y sabe que dar la sorpresa en Madrid puede cambiarlo todo.

    En la zona media de la tabla, el Athletic Club es uno de los nombres propios del momento. El conjunto bilbaíno llega a esta jornada en plena racha positiva, tras tres victorias consecutivas, una dinámica que ha disparado la confianza y ha devuelto la sonrisa a San Mamés.

    Las rojiblancas reciben al FC Badalona Women con el objetivo de prolongar ese buen momento y cerrar la primera vuelta con sensaciones inmejorables. La solidez defensiva, el compromiso colectivo y la conexión con su afición están siendo claves en esta reacción que ha reactivado al equipo.

    La clasificación refleja una Liga F Moeve tremendamente igualada en su tramo central. RCD Espanyol y FC Badalona Women, ambos con 16 puntos, comparten una zona donde cada jornada puede suponer un salto cualitativo o una caída peligrosa.

    El Espanyol recibe al Granada CF en un duelo que puede marcar el rumbo de ambos equipos en el inicio de la segunda vuelta. El Badalona, por su parte, afronta una prueba exigente en Bilbao, consciente de que cualquier punto lejos de casa tiene un valor incalculable.

    Si la pelea por Europa es feroz, la batalla por evitar el descenso es directamente despiadada. Aquí no hay margen para el error ni para las medias tintas. Cada punto puede ser la diferencia entre la salvación y el abismo.

    El Alhama CF ElPozo marca actualmente la permanencia, pero lo hace con una ventaja mínima. Por detrás, la SD Eibar, el Granada CF y el Deportivo Abanca viven en una tensión constante, conscientes de que cualquier mala racha puede arrastrarlas a la zona roja.

    Y justo ahí aparece el DUX Logroño, un equipo que todavía no conoce la victoria en la temporada. El conjunto riojano ha sufrido, ha competido y ha resistido, pero necesita resultados urgentes. Está a solo tres puntos del Alhama, y este domingo tiene una oportunidad de oro.

    El duelo entre el DUX Logroño y el Levante UD es, sin exagerar, una auténtica final por la supervivencia. Dos equipos heridos, necesitados y conscientes de que el tiempo empieza a agotarse.

    El Logroño busca su primer triunfo del curso, ese que puede cambiarlo todo: la dinámica, la confianza, el discurso. El Levante, colista con apenas dos puntos, necesita reaccionar ya si no quiere que la distancia sea insalvable.

    No es solo un partido. Es una prueba de carácter, de fe y de resistencia emocional.

    La decimoquinta jornada de la Liga F Moeve no es una más. Es el cierre de una primera vuelta que ha confirmado la competitividad del campeonato y el inicio de un año que promete emociones fuertes, giros inesperados y finales de infarto.

    Cada estadio, cada balón dividido, cada gol puede tener consecuencias que se arrastren hasta el final de temporada. Porque a partir de ahora, ya no hay excusas. La Liga F Moeve entra en su momento de la verdad.

    Sábado 10 de enero
    • 12:00h | Alhama CF ElPozo – SD Eibar
    • 12:00h | Atlético de Madrid – Real Sociedad
    • 15:00h | Athletic Club – FC Badalona Women
    • 17:00h | Real Madrid CF – Sevilla FC
    • 19:00h | FC Barcelona – Madrid CFF

    Domingo 11 de enero
    • 12:00h | Deportivo Abanca – Costa Adeje Tenerife
    • 12:00h | DUX Logroño – Levante UD
    • 12:00h | RCD Espanyol – Granada CF

  • Oficial | El Atlético de Madrid traspasa a Gaby García

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ La centrocampista se marcha al América donde firmará por dos años.

    El Club Atlético de Madrid, actualmente cuarto en la tabla clasificatoria de la Liga Profesional de Fútbol Femenino ha anunciado que ha sido capaz de alcanzar un acuerdo con el América Femenil para ejecutar el traspaso de Gaby García.

    Como habéis podido leer en artículos anteriores escritos en este medio, la exjugadora del Deportivo Abanca ya se encontraba en territorio azteca a la espera de cerrar su llegada al conjunto azulcrema.

    Según la información que sabiamente aportó nuestra compañera de AS, Marta Griñan, la futbolista natural de Tunapuy se ligará con la entidad que preside Héctor González por dos temporadas con opción a un curso adicional.

    La exjugadora de la Real Sociedad de Fútbol es la primera baja que sufre el conjunto colchonero en este mercado de invierno tras la llegada de Priscila Chinchilla, ex del Zenit para reforzar el ataque.

    A sus 28 años de edad la vinotinto se despide de Alcalá de Henares, donde llegó en 2023 y lo hará habiendo jugado un total de 88 partidos de índole oficial en los que fue capaz de marcar 11 tantos y levantó la Copa de la Reina en Butarque frente al Real Madrid.

    Hay decisiones que no se miden solo en minutos jugados ni en estadísticas frías. Hay futbolistas cuya importancia no se entiende únicamente desde el pase, el corte o la llegada al área, sino desde algo más difícil de cuantificar: el orden invisible que sostienen. Gaby García fue durante años una de esas futbolistas para el Atlético de Madrid Femenino. No siempre la más mediática, no siempre la más celebrada, pero casi siempre la que hacía que todo tuviera sentido. Por eso su marcha al América Femenil no es solo una salida más en la planificación deportiva; es una grieta estructural que obliga a replantear el corazón del equipo. Y en esa grieta aparece, de nuevo, la figura de Víctor Martín, un entrenador que ya ha demostrado que entiende el fútbol no como una suma de piezas, sino como un organismo vivo que debe adaptarse para sobrevivir.

    La línea medular del Atlético de Madrid Femenino ha sido históricamente un espacio de equilibrio. Un territorio donde el equipo encontraba su identidad competitiva, su capacidad para resistir, para morder, para sostener partidos largos y emocionalmente exigentes. Gaby García representaba esa idea como pocas. No era una centrocampista de fuegos artificiales, pero sí una futbolista que sabía cuándo acelerar y cuándo frenar, cuándo cerrar una herida y cuándo abrir una vía de escape. Su fútbol era una forma de liderazgo silencioso, de esas que se notan más cuando desaparecen que cuando están.

    La pregunta, por tanto, no es simplemente quién ocupará su puesto en el once. La pregunta es cómo se recompone un centro del campo cuando se va la futbolista que daba coherencia al sistema. Y esa pregunta no tiene una respuesta única, ni inmediata, ni cómoda. Obliga a Víctor Martín a mirar su plantilla no como un catálogo de nombres, sino como un mapa de posibilidades.

    Porque el Atlético no pierde solo una mediocentro. Pierde una referencia posicional, una correctora de errores ajenos, una futbolista capaz de interpretar el partido desde la pausa. Y eso condiciona todo: la altura de la línea defensiva, la agresividad de la presión, la libertad de las interiores, incluso el perfil de las delanteras que mejor encajan.

    Víctor Martín no es un entrenador de soluciones rápidas. Su trayectoria demuestra que cree en los procesos, en la lectura profunda del contexto y en la adaptación progresiva. Por eso, la recomposición de la medular no pasa necesariamente por buscar una “nueva Gaby García”, porque ese tipo de comparaciones suelen ser trampas conceptuales. Pasa por redefinir el centro del campo como un espacio colectivo, donde varias futbolistas compartan responsabilidades que antes recaían en una sola.

    En ese escenario, el nombre de Vilde Bøe Risa emerge como uno de los pilares sobre los que puede reconstruirse el equilibrio. La centrocampista noruega no es una copia funcional de Gaby García, pero sí una futbolista con una comprensión táctica del juego que la convierte en una pieza clave. Su capacidad para interpretar espacios, para colocarse bien sin necesidad de correr más de la cuenta, para ofrecer siempre una línea de pase limpia, encaja en la idea de un Atlético que quiere seguir siendo competitivo sin perder orden.

    Bøe Risa aporta algo fundamental en este nuevo contexto: serenidad. Y la serenidad en el centro del campo es un valor estratégico. Permite que el equipo no se parta, que las transiciones no se conviertan en un intercambio de golpes constante, que la defensa no quede expuesta. Con ella, Víctor Martín puede optar por un doble pivote más posicional, donde la noruega actúe como eje sobre el que giran las demás.

    Pero el Atlético no puede ni debe reconstruir su medular desde una única figura. El adiós de Gaby García abre la puerta a una redistribución de roles, y ahí aparece Ana Vitória. La brasileña es una centrocampista de otro registro, más asociativa, más creativa, con mayor tendencia a mirar hacia adelante. En el nuevo escenario, su papel puede adquirir una dimensión diferente. Ya no solo como interior que conecta líneas, sino como una futbolista que asume más peso en la salida de balón, especialmente si el equipo decide apostar por una estructura más flexible.

    El reto con Ana Vitória no es futbolístico, sino de equilibrio. Porque darle más protagonismo implica protegerla mejor a su espalda. Y ahí entra la lectura táctica de Víctor Martín: cómo combinar perfiles para que el talento no se convierta en vulnerabilidad.

    En este proceso de recomposición, las futbolistas jóvenes dejan de ser un complemento para convertirse en una posibilidad real. Júlia Bartel, por ejemplo, representa una oportunidad estratégica. Su juventud no es una desventaja, sino una ventaja en un momento de redefinición. Bartel no carga con la mochila de “sustituir a nadie”. Puede crecer en un sistema que se está reformulando, aprender roles mixtos, adaptarse a distintas alturas del campo.

    Víctor Martín ha demostrado en otras etapas que sabe acompañar este tipo de procesos. No se trata de lanzar a una joven al vacío, sino de integrarla progresivamente en una estructura que la proteja y la potencie. Bartel puede ser interior, puede ser mediapunta, puede incluso retrasar su posición en determinados contextos. Esa versatilidad es oro en un centro del campo que busca nuevas respuestas.

    La recomposición de la medular también obliga a repensar el sistema. El Atlético de Madrid Femenino ha oscilado entre el 4-3-3 y el 4-2-3-1, dependiendo de rivales y momentos de la temporada. Sin Gaby García, el 4-3-3 tradicional pierde a su ancla más fiable, pero gana en dinamismo si se ajustan las piezas. Un doble pivote puede ofrecer más control en fases defensivas, mientras libera a una tercera centrocampista para pisar zonas de influencia ofensiva.

    Aquí aparece otra variable fundamental: el contexto emocional del equipo. Gaby García no solo era una futbolista importante por su juego, sino por lo que representaba dentro del vestuario. Su marcha obliga a que otras líderes emerjan. Y el liderazgo en el centro del campo no siempre se expresa con brazaletes, sino con decisiones en momentos críticos del partido.

    Víctor Martín sabe que recomponer una medular no es solo una cuestión táctica. Es una cuestión de jerarquías, de confianza, de asumir responsabilidades. En ese sentido, el entrenador tiene ante sí una oportunidad tan compleja como estimulante: construir un centro del campo más coral, menos dependiente de una sola figura, pero igual de competitivo.

    Porque el Atlético de Madrid Femenino no puede permitirse perder identidad. Su ADN competitivo se basa en la solidez, en la capacidad de sufrir sin descomponerse, en la lectura inteligente de los partidos. La nueva medular debe seguir sosteniendo esos valores, aunque cambien los nombres y los matices.

    El adiós de Gaby García no marca el final de una etapa, sino el inicio de otra. Y las etapas nuevas siempre generan incertidumbre. Pero también generan espacio para la creatividad, para la evolución, para descubrir soluciones que antes no eran necesarias.

    Víctor Martín no busca replicar el pasado. Busca interpretarlo y transformarlo. Entiende que el fútbol es un organismo que se adapta o se rompe. Y en esa adaptación, el centro del campo será el laboratorio donde se defina el futuro inmediato del Atlético de Madrid.

    El Atlético de Madrid Femenino llega a Alcalá de Henares consciente de que el partido ante la Real Sociedad no es uno más. No es un entrenamiento, no es una jornada más de Liga F Moeve; es un duelo definitorio, un choque que puede determinar quién ocupa la tercera plaza y quién tiene la posibilidad de disputar la fase previa de la Liga de Campeones Femenina el curso siguiente.

    Para Víctor Martín, el desafío va más allá de preparar un once competitivo: consiste en recomponer el corazón del equipo, la medular, después de la marcha de Gaby García, la venezolana que durante años sostuvo la organización del juego con un equilibrio silencioso pero crucial. Cada decisión que tome el entrenador este sábado tendrá repercusiones inmediatas y a largo plazo, porque el partido exige equilibrio, creatividad, resistencia y liderazgo, todo a la vez.

    Sin Gaby, el Atlético pierde a quien dictaba el ritmo, quien interpretaba el juego como si cada pase, cada desplazamiento, cada ajuste de posición fuera un acto de arquitectura futbolística. La primera adaptación pasa por reconocer que la medular debe transformarse en un sistema más coral, donde la responsabilidad no recaiga en un solo punto, sino que se distribuya entre varias piezas que se complementen. Vilde Bøe Risa se perfila como la ancla. Su lectura del espacio, su inteligencia posicional y su capacidad para proteger la espalda de compañeras que se incorporan al ataque la convierten en el eje sobre el que se puede reconstruir la organización del equipo. Ante la Real Sociedad, que tradicionalmente presiona con intensidad en el centro del campo y busca cortar la salida de balón desde atrás, Risa puede actuar como un muro de contención, equilibrando la línea defensiva y ofreciendo seguridad para que las interiores se proyecten con confianza.

    Ana Vitória, por su parte, puede asumir un rol más creativo, con libertad para conectar líneas y asistir a las delanteras. Víctor Martín debe establecer mecanismos claros de protección para que la brasileña no quede expuesta en las transiciones rápidas que la Real Sociedad suele generar. El Atlético necesitará que cada movimiento ofensivo tenga soporte defensivo inmediato: es un reto de coordinación, comunicación y timing. Ana Vitória debe entender que la libertad que se le otorga viene acompañada de responsabilidad colectiva, y la conexión con Risa será fundamental para que cada pase hacia adelante no suponga una pérdida que rompa la estructura.

    El entrenador también tiene a su disposición a Júlia Bartel, joven con proyección y capacidad de adaptación. Bartel puede ocupar un rol flexible, alternando entre interior más defensiva o mediapunta que conecte el centro del campo con el ataque. Su energía, su ritmo y su lectura intuitiva serán vitales para mantener la intensidad que exige un partido clave en Alcalá de Henares, donde el calor del público local y la presión del rival pueden tensionar cualquier estructura inestable. Víctor Martín puede planificar movimientos de rotación en el centro, permitiendo que Bartel cubra espacios dejados por Ana Vitória o complemente a Risa en tareas de recuperación.

    El planteamiento táctico general también debe ajustarse. El Atlético podría optar por un 4-3-3 ligeramente modificado, con Risa como pivote central, Ana Vitória e interiores más ofensivas situadas por delante, o incluso un 4-2-3-1 donde el doble pivote combine experiencia y juventud, proporcionando seguridad defensiva y creatividad ofensiva al mismo tiempo. La clave será la transición entre fases: cómo se construye desde atrás, cómo se conecta con las alas y cómo se protege el espacio entre líneas cuando la Real Sociedad presiona alto. Víctor Martín deberá insistir en que las jugadoras comprendan sus zonas, que los apoyos sean inmediatos y que la medular no se descomponga en ningún momento crítico.

    El aspecto emocional es igualmente decisivo. La ausencia de Gaby García puede percibirse como un vacío difícil de suplir, no solo en lo táctico sino en lo psicológico. Aquí Víctor Martín debe ser entrenador y líder emocional: comunicar confianza, reforzar el sentido de equipo y asegurar que cada centrocampista comprenda que ahora su voz, sus movimientos y su visión de juego son esenciales para la victoria. No se trata de reemplazar a Gaby, sino de crear una red de responsabilidad compartida que mantenga la cohesión bajo presión.

    El sábado 10 de enero, a las 12:00, el Atlético enfrentará a una Real Sociedad que llega con argumentos sólidos en transición, con velocidad por fuera y creatividad por dentro. La medular rojiblanca tendrá que equilibrar agresividad y control, presión y paciencia, anticipación y cobertura. Cada balón perdido, cada pase impreciso, puede ser castigado por un rival que conoce los espacios. Por eso la elección de Risa, Ana Vitória y Bartel como ejes estratégicos no es casual; es una declaración de intención: el Atlético quiere sostenerse, avanzar y, al mismo tiempo, generar oportunidades claras para sus delanteras.

    El trabajo de Víctor Martín incluye también la adaptación de las interiores y de las bandas. Las jugadoras que tradicionalmente cubrían parte de la presión de Gaby García deberán ampliar su radio de acción, anticipar situaciones de peligro y convertirse en prolongaciones de la medular. El concepto de juego se amplía: ya no es un triángulo en el centro, sino una red flexible que respira, se ajusta y protege tanto la posesión como la estructura defensiva. La coordinación será esencial: si Risa sube, Bartel baja; si Ana Vitória recibe presión, las interiores deben ofrecerse como apoyo; si el equipo pierde el balón, la transición defensiva debe ser inmediata.

    Cada balón parado se convierte en un test para la medular reconstruida. La Real Sociedad aprovechará cualquier desajuste, cualquier hueco dejado por la ausencia de Gaby García, para intentar marcar la diferencia. Víctor Martín debe prever estas situaciones y entrenarlas, distribuyendo responsabilidades de marcaje, cobertura y anticipación. La comunicación será clave: gritos, señas, lecturas rápidas de juego y confianza en la capacidad de cada jugadora para ejecutar su rol bajo presión.

    El partido de Alcalá de Henares no solo define puntos en la tabla, sino también el primer ensayo real de la medular sin su referencia histórica. Es un laboratorio táctico y psicológico al mismo tiempo. Cada pase, cada presión, cada desplazamiento medido tendrá consecuencias inmediatas. Víctor Martín sabe que el margen de error es mínimo y que la capacidad de adaptación del equipo marcará no solo el resultado del sábado, sino la confianza con la que se afrontarán los partidos restantes hacia la tercera plaza.

    La recomposición de la medular pasa también por la gestión de minutos y energías. La intensidad de Liga F Moeve exige que las futbolistas mantengan un equilibrio físico y mental constante. Bartel y otras jóvenes deben entender cuándo acelerar y cuándo mantener la estructura; Risa y Ana Vitória deben calibrar esfuerzo, recuperación y lectura del rival para sostener el equipo durante los 90 minutos. Cada decisión en el centro del campo repercute directamente en la capacidad ofensiva y defensiva, y Víctor Martín debe anticipar escenarios de presión alta, transiciones rápidas y ataques posicionales de la Real Sociedad.

    Finalmente, el duelo del sábado tiene un componente simbólico que excede el contexto deportivo: representa el primer gran desafío tras la marcha de Gaby García, un momento que puede consolidar la transición del equipo hacia una medular más coral y resiliente. Si el Atlético consigue organizar su centro del campo, mantener equilibrio, controlar fases críticas y generar peligro constante, el mensaje será claro: el equipo no depende de un solo nombre, sino de una estructura dinámica, inteligente y colectiva.

    Víctor Martín, desde su posición en el banquillo, debe ser director de orquesta, estratega y líder emocional. La adaptación de la medular no es una reacción improvisada, sino un plan que combina experiencia, juventud, inteligencia táctica y comunicación constante. Cada jugadora debe entender que su papel es esencial y que juntas pueden llenar el vacío dejado por Gaby García con creatividad, coordinación y determinación.

    El resultado del partido puede abrir o cerrar la puerta a la tercera plaza, pero más allá de los puntos, el verdadero desafío está en demostrar que la línea medular del Atlético de Madrid Femenino puede reinventarse, sostener al equipo y marcar la diferencia. Si Risa, Ana Vitória, Bartel y el resto de las centrocampistas ejecutan su rol con precisión, inteligencia y liderazgo, el Atlético no solo se adaptará al adiós de su venezolana estrella, sino que saldrá fortalecido, con una medular más coral, flexible y lista para afrontar el resto de la temporada con ambición europea.

    Aunque, para ser sinceros, todo parece indicar que Ana Vitória, ex del PSG, concretará en las próximas fechas su partida rumbo al Corinthians ante la falta de minutos en el esquema del ex director técnico del Madrid CFF.

  • Oficial | Ya se puede votar para elegir el Team of the Year (2025) en la Liga F Moeve

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🟧 Este miércoles 7 de enero, EA SPORTS dio a conocer los nominados y nominadas al equipo del año, premios conocidos como TOTY (Team of the Year), donde los aficionados podrán elegir a los mejores del 2025 hasta el 11 de enero. Liga F Moeve está representada con siete clubes y dieciséis futbolistas.

    EA SPORTS FC Team of the Year 2025: el reconocimiento global que conecta a la afición con las estrellas del fútbol femenino y eleva el impacto de Liga F Moeve

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Hay momentos en el fútbol que no se anuncian con un pitido inicial ni se deciden con un gol en el último minuto, pero que, cuando ocurren, dejan una huella igual de profunda. Momentos que no se juegan sobre el césped, pero que determinan cómo se mira el juego, quién ocupa el centro del relato y quién deja de ser una nota al margen. El Team of the Year femenino de EA SPORTS FC 2025 es uno de esos momentos. No porque sea un premio más, ni porque pertenezca únicamente al universo del videojuego, sino porque funciona como un espejo global en el que el fútbol femenino se observa a sí mismo y, esta vez, se reconoce con nitidez, con orgullo y con una certeza que ya no admite discusión: está aquí para quedarse, y Liga F Moeve es una de sus grandes protagonistas.

    Cuando EA SPORTS abrió las votaciones el miércoles 7 de enero, no solo activó uno de los eventos más esperados del calendario digital. Activó una conversación mundial. Millones de aficionados y aficionadas comenzaron a mirar listas, a debatir nombres, a comparar trayectorias, a defender colores y a votar con algo más que un clic. Porque votar en el Team of the Year no es solo elegir una carta para el juego; es tomar partido por una forma de entender el fútbol, por una liga, por una historia que se ha ido escribiendo durante años, muchas veces en silencio, muchas veces a contracorriente.

    El Team of the Year nació como un reconocimiento, pero con el tiempo se ha convertido en un lenguaje común. Un idioma que hablan quienes consumen fútbol desde la grada, desde la televisión, desde el móvil o desde la consola. Un espacio donde el rendimiento deportivo se traduce en iconos, donde el talento se convierte en referencia y donde la excelencia deja de ser abstracta para tomar forma concreta, votable, compartida. Durante mucho tiempo, ese idioma fue casi exclusivamente masculino. No por falta de fútbol femenino, sino porque el sistema tardó en mirarlo de frente. Pero cuando lo hizo, cuando el fútbol femenino entró de manera estructural en el universo EA SPORTS FC, ya no hubo marcha atrás.

    La creación del Team of the Year femenino no fue un gesto cosmético. Fue una consecuencia lógica de una realidad que había superado cualquier resistencia cultural. El fútbol femenino crecía en audiencias, en profesionalización, en impacto social y en calidad competitiva. Las grandes citas internacionales llenaban estadios, las ligas nacionales se fortalecían y las futbolistas se convertían en referentes globales. El videojuego, que siempre ha sido reflejo de su tiempo, entendió que no podía seguir contando solo una parte de la historia.

    Desde entonces, cada edición del TOTY femenino ha ido ganando peso, legitimidad y profundidad. Al principio fue una ventana. Después, un escaparate. Hoy es un archivo vivo del fútbol femenino contemporáneo. Una forma de fijar la memoria anual del juego, de decirle al mundo quiénes fueron las futbolistas que marcaron el ritmo, que sostuvieron equipos, que decidieron partidos y que construyeron relatos colectivos.

    Y en esa memoria, Liga F Moeve aparece cada vez con más fuerza.

    La edición de 2025 no es una excepción brillante; es una confirmación. Dieciséis futbolistas nominadas procedentes de siete clubes distintos de la liga española. Athletic Club, Atlético de Madrid, FC Barcelona, Real Madrid CF, Costa Adeje Tenerife, Real Sociedad y FC Badalona Women. Nombres que no responden a una única lógica de poder, sino a un ecosistema diverso, competitivo y reconocible. Y entre esas dieciséis futbolistas, diez españolas. Diez jugadoras formadas, consolidadas o proyectadas desde una liga que ha sabido crecer sin perder identidad.

    Este dato, por sí solo, ya explica muchas cosas. Explica que Liga F Moeve no es solo una liga que importa talento, sino una liga que lo crea. Que no vive únicamente de grandes nombres internacionales, sino que produce futbolistas capaces de competir en la élite mundial. Que conecta de forma natural con la selección nacional y que alimenta un círculo virtuoso entre base, rendimiento y reconocimiento.

    El Team of the Year no pregunta por presupuestos ni por historias institucionales. Pregunta por impacto. Por presencia. Por influencia real en el juego. Y cuando los votos empiezan a acumularse, cuando las miradas se dirigen una y otra vez hacia las mismas futbolistas, lo que emerge es una verdad sencilla y poderosa: la liga española está en el centro del fútbol femenino global porque su fútbol se ve, se entiende y se valora.

    No es casualidad que el corazón del Team of the Year femenino 2025 lata al ritmo de centrocampistas formadas o consolidadas en Liga F Moeve. El estilo de juego español, basado en el control del balón, la inteligencia táctica y la lectura colectiva, ha encontrado en el fútbol femenino un espacio de expresión plena. Alexia Putellas, Aitana Bonmatí, Patri Guijarro, Vicky López, Fiamma Benítez, Caroline Weir. Nombres distintos, generaciones distintas, roles distintos. Una misma capacidad para ordenar el juego y para explicar por qué esta liga marca tendencia.

    Pero el relato no se agota en el centro del campo. La defensa también tiene nombre propio. Futbolistas que sostienen estructuras, que interpretan el juego desde la anticipación y que entienden el fútbol como un ejercicio de responsabilidad colectiva. Y arriba, el gol. El desequilibrio. La emoción. Delanteras que deciden partidos, que conectan con la grada, que hacen del fútbol un espectáculo sin renunciar a la eficacia. Desde figuras consolidadas a talentos emergentes, desde clubes dominantes a proyectos históricos, la Liga F aparece completa, reconocible, plural.

    El Team of the Year femenino tiene un impacto que va mucho más allá de la semana de votaciones. Es un fenómeno mediático que multiplica la visibilidad de las jugadoras, que coloca a las ligas en conversaciones globales y que genera una narrativa compartida entre aficionados de distintos países. Durante esos días, los nombres de las futbolistas circulan por redes sociales, medios de comunicación y comunidades digitales. Se debaten, se defienden, se comparan. Y en ese proceso, la liga a la que pertenecen se convierte en parte del argumento.

    Desde el punto de vista económico, el impacto es silencioso pero real. Una nominación al Team of the Year refuerza la marca personal de una futbolista, aumenta su proyección internacional y la sitúa en un escaparate que atrae patrocinadores, medios y oportunidades. Para clubes y ligas, supone una validación de su proyecto y una herramienta estratégica en un mercado cada vez más competitivo.

    Pero quizá el impacto más profundo sea el cultural. El Team of the Year femenino normaliza la excelencia. Sitúa a las futbolistas en el mismo plano simbólico que durante décadas ocupó exclusivamente el fútbol masculino. Para las nuevas generaciones, crecer votando, jugando y celebrando cartas TOTY femeninas no es un acto excepcional; es lo normal. Y esa normalidad es revolucionaria.

    Liga F Moeve entiende bien ese valor. Por eso su presencia en el Team of the Year no se vive solo como un logro, sino como una responsabilidad. Estar en el centro del relato implica sostenerlo, cuidarlo y proyectarlo hacia el futuro. Implica seguir invirtiendo en estructuras, en profesionalización, en sostenibilidad. Implica no conformarse con haber llegado, sino asumir que el verdadero reto es permanecer.

    El fútbol femenino ha recorrido un camino largo y, en muchos tramos, invisible. Ha crecido a base de convicción, de trabajo y de una pasión que no siempre encontró altavoz. Hoy, iniciativas como el Team of the Year femenino de EA SPORTS FC funcionan como ese altavoz global que durante tanto tiempo faltó. No sustituyen al fútbol real, pero lo amplifican. No crean talento, pero lo reconocen. No escriben la historia desde cero, pero ayudan a fijarla.

    Y cuando esa historia se mira desde España, desde Liga F Moeve, la imagen es clara. Una liga que ya no necesita presentaciones. Una liga que no pide sitio, sino que lo ocupa. Una liga que ha entendido que el fútbol femenino no es una promesa futura, sino un presente sólido, competitivo y emocionante.

    El Team of the Year femenino 2025 no es el final de nada. Es una estación más en un viaje que continúa. Pero es una estación importante. De esas que, con el tiempo, se recuerdan como el momento en que muchas cosas dejaron de ser discusión y pasaron a ser evidencia.

    Porque cuando el mundo vota, cuando el mundo elige, cuando el mundo reconoce, y Liga F Moeve está ahí, en el centro de la conversación, el mensaje es inequívoco: el fútbol femenino ya no camina a la sombra de nadie. Y la liga española es una de las luces que marcan el camino.

    ese camino que hoy ilumina Liga F Moeve no nació de un día para otro. Se construyó a base de partidos jugados en campos secundarios, de futbolistas que entrenaban sin focos, de clubes que sostuvieron proyectos cuando aún no había retorno inmediato, de aficiones pequeñas pero fieles que entendieron antes que nadie que el fútbol femenino no necesitaba permiso para existir, solo espacio para crecer. El Team of the Year femenino recoge ahora ese recorrido y lo traduce en una imagen global, reconocible, compartida en todos los rincones del mundo donde alguien enciende una consola o abre una aplicación para votar.

    Porque ahí reside una de las grandes verdades de este reconocimiento: no es un premio que baja desde una torre de marfil, sino una elección construida desde abajo, desde la suma de miles de miradas distintas que coinciden en algo esencial. Que el fútbol femenino importa. Que estas jugadoras importan. Que las ligas que las sostienen importan. Y cuando esa suma de miradas señala de forma tan clara hacia Liga F Moeve, el mensaje trasciende cualquier frontera.

    El Team of the Year femenino no entiende de contextos locales, pero los necesita. No pregunta de dónde viene cada jugadora, pero convierte su origen en parte del relato. Cada voto es una pequeña declaración de intenciones. Cada nominación, un gesto de complicidad. Cada elección final, una forma de decirle al fútbol femenino que ya no camina solo. Que hay una comunidad global dispuesta a sostenerlo, a discutirlo, a celebrarlo.

    En ese espacio simbólico, Liga F Moeve ha encontrado algo más que visibilidad. Ha encontrado pertenencia. Pertenece al grupo de ligas que marcan el pulso del fútbol femenino moderno. Pertenece al relato de excelencia que se escribe año a año. Pertenece al presente del juego y, por extensión, a su futuro inmediato.

    No se trata únicamente de títulos, de presupuestos o de estrellas mediáticas. Se trata de coherencia. De identidad. De un modelo que ha sabido crecer sin perder su esencia, que ha entendido que el espectáculo no está reñido con el rigor, que la emoción no está reñida con la táctica y que el fútbol femenino, cuando se le permite ser, es capaz de generar relatos tan poderosos como cualquier otro.

    El Team of the Year femenino de EA SPORTS FC 2025 actúa como una cápsula del tiempo. Dentro de unos años, cuando se mire atrás, esta edición servirá para entender dónde estaba el fútbol femenino en este momento exacto. Y cuando alguien pregunte qué ligas sostenían ese crecimiento, qué campeonatos alimentaban ese nivel competitivo, qué países exportaban talento y estilo, la respuesta incluirá, sin matices ni asteriscos, a Liga F Moeve.

    Quizá esa sea la victoria más importante. No la que se celebra con confeti ni la que se mide en trofeos, sino la que se consolida en la percepción colectiva. La de ser reconocida como una liga que no solo acompaña el crecimiento del fútbol femenino, sino que lo impulsa. Que no espera a que el futuro llegue, sino que lo construye partido a partido, jugadora a jugadora, voto a voto.

    El fútbol femenino ha aprendido a convivir con la paciencia, pero también con la determinación. Ha aprendido a avanzar sin estridencias, pero sin dar un paso atrás.

    Y hoy, cuando el Team of the Year femenino coloca el foco sobre tantas futbolistas de Liga F Moeve, lo que se ilumina no es solo su talento individual, sino el camino compartido que las ha traído hasta aquí.

    Porque el reconocimiento, cuando llega, no borra el esfuerzo previo. Lo valida. Y cuando ese reconocimiento es global, popular y transversal, como el del Team of the Year, la validación se convierte en certeza.

    Certeza de que el fútbol femenino ya no necesita explicarse.
    Certeza de que Liga F Moeve no es una promesa, sino una realidad consolidada.
    Certeza de que el juego, cuando se abre a todas sus voces, es más rico, más justo y más emocionante.

    Y así, sin ruido, sin necesidad de grandes proclamaciones, el Team of the Year femenino 2025 deja una verdad escrita entre líneas, clara y definitiva:

    El fútbol femenino no está llamando a la puerta del mundo, sino que ya está dentro y la Liga F Moeve, hoy, juega en el centro del salón.

    🔥 Vota aquí |

    https://toty.easports.com/en-gb?utm_campaign=fc26_hd_ww_ic_socsp_twt_fc-26-toty-partner-ligaf-x&utm_source=twitter&utm_medium=social&cid=87783&ts=1767815563265

  • Reportaje | La continuidad de Silvia Lloris es el mejor regalo de Reyes del Atlético de Madrid

    (Fuente: DAZN )

    🟦 Silvia Lloris elige quedarse: el compromiso que refuerza el alma campeona del Atlético de Madrid.

    (Fuente: UEFA)

    Cuando el mercado ofrecía una salida dorada rumbo a Rayadas de Monterrey, Silvia Lloris decidió mirar al escudo y quedarse. En pleno invierno, su continuidad se convirtió en el mejor regalo posible para un Atlético de Madrid bicampeón de la Copa de la Reina: una futbolista que entiende el proyecto, siente el club y vuelve a demostrar que, más allá de las ofertas, hay decisiones que se toman con el corazón y con la ambición intacta de seguir haciendo historia en rojiblanco.

    Silvia Lloris (Murcia, 15 de mayo de 2004) ha tenido que tomar una de las decisiones más importantes de su carrera deportiva en este parón navideño en la Liga Profesional de Fútbol Femenino, permanecer para pertenecer.

    La campeona de Europa en categoría sub-20 con la Selección Española de Fútbol fue objeto de deseo del Real Madrid cuando brillaba en las filas de un Levante Unión Deportiva y ella eligió mudarse a la capital española, pero para vestir la colchonera.

    Silvia Lloris y la decisión que vale un título más: quedarse para seguir construyendo la historia del Atlético de Madrid, así se puede resumir lo que la futbolista murciana eligió entre turrones y guirnaldas en 2025.

    Hay decisiones que no necesitan ser explicadas porque se entienden solas. Decisiones que no se anuncian con estruendo, ni con comunicados grandilocuentes, pero que resuenan durante años en la memoria colectiva de un club.

    En el fútbol, donde el ruido del mercado suele taparlo todo, elegir quedarse es, muchas veces, el acto más revolucionario de todos. Y eso es exactamente lo que ha hecho Silvia Lloris. En pleno mercado invernal, con la posibilidad real de cruzar el Atlántico y vestir la camiseta de Rayadas de Monterrey, una de las grandes potencias del fútbol femenino en América, la centrocampista valenciana miró al escudo, al vestuario, al proyecto y decidió permanecer en el Atlético de Madrid.

    Una elección que trasciende lo contractual y que se convierte, por derecho propio, en el mejor regalo posible para un club que ya sabe lo que es ganar, resistir y volver a ganar: el bicampeón de la Copa de la Reina.

    Porque quedarse no siempre es lo más fácil. Quedarse implica renunciar a la comodidad de un nuevo comienzo, a la promesa de un salario mayor, a la experiencia exótica de otro fútbol y otro continente.

    Quedarse es asumir el peso de la responsabilidad, aceptar el desafío de seguir compitiendo en un entorno exigente, convivir con la presión diaria de un escudo que no permite relajaciones. En el Atlético de Madrid, quedarse es comprometerse con una forma de entender el fútbol y la vida. Y Silvia Lloris, que llegó al club para crecer y terminó convirtiéndose en una pieza esencial del engranaje rojiblanco, ha vuelto a demostrar que su relación con el Atlético no es circunstancial, sino profundamente identitaria.

    El contexto no podía ser más simbólico. El Atlético de Madrid Femenino atraviesa una etapa de madurez competitiva, una fase en la que los títulos ya no son una excepción, sino una obligación. El doblete reciente en la Copa de la Reina no solo consolidó al equipo como uno de los grandes dominadores del fútbol español, sino que reforzó una idea: este Atlético no se conforma con el presente, quiere seguir ampliando su legado.

    Y en ese proyecto, las jugadoras que entienden el peso de la historia y el valor del compromiso son tan importantes como cualquier fichaje de relumbrón. La continuidad de Silvia Lloris encaja exactamente ahí, en esa lógica invisible que no siempre aparece en las estadísticas, pero que sostiene a los equipos campeones.

    (Fuente: UEFA?

    Hablar de Silvia Lloris es hablar de una futbolista que ha sabido crecer desde la discreción. No es una jugadora de grandes titulares estridentes ni de gestos sobreactuados. Su fútbol se explica mejor desde la constancia, la inteligencia táctica y la capacidad para interpretar los tiempos del partido.

    El vestuario rojiblanco entiende bien el valor de estas decisiones. En un fútbol femenino que crece a gran velocidad, donde las carreras son cada vez más internacionales y los movimientos de mercado más frecuentes, las jugadoras que deciden quedarse se convierten en referentes silenciosos. No porque rechacen el progreso, sino porque eligen construirlo desde dentro. Silvia Lloris se suma así a esa estirpe de futbolistas que entienden que los títulos no se sostienen solo con talento, sino con continuidad, con conocimiento mutuo, con automatismos que solo se adquieren con el tiempo.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    En un fútbol cada vez más acelerado, Lloris aporta pausa. En un deporte donde el físico y la intensidad son imprescindibles, ella añade lectura, orden y equilibrio. Su rol en el centro del campo del Atlético ha sido el de esas jugadoras que cosen al equipo sin reclamar protagonismo, que sostienen la estructura para que otras puedan brillar. Y ese tipo de futbolistas son, casi siempre, las más difíciles de sustituir.

    El interés de Rayadas de Monterrey no era casual. El club mexicano lleva años construyendo un proyecto ambicioso, con inversión, identidad y resultados. La Liga MX Femenil se ha convertido en un destino atractivo para futbolistas europeas, no solo por las condiciones económicas, sino por la competitividad creciente y el impacto mediático. Para Silvia Lloris, la opción de marcharse representaba un salto internacional, una experiencia vital distinta y un reconocimiento implícito a su rendimiento. Tenía sentido. Era una oportunidad legítima. Y, sin embargo, no fue suficiente para romper el vínculo con el Atlético de Madrid.

    El mercado invernal suele ser un periodo de incertidumbre, de rumores, de movimientos que alteran equilibrios. Para el Atlético de Madrid, esta vez, ha sido también un momento de reafirmación. Mantener a Silvia Lloris no es solo retener a una futbolista clave; es consolidar una idea de club. Es decirle al fútbol que el proyecto rojiblanco tiene argumentos suficientes para convencer, para seducir desde dentro, para ofrecer algo más que un contrato.

    (Fuente: Atlético de Madrid)

    Porque hay algo en el Atlético que no se puede explicar desde fuera. Algo que se aprende en el día a día, en los entrenamientos, en los viajes, en los partidos sufridos, en las remontadas imposibles y en las derrotas que duelen más que en ningún otro sitio. El Atlético no es un club que prometa caminos fáciles. Es un club que exige compromiso total, que te pide estar incluso cuando el cuerpo y la cabeza dicen basta.

    Quedarse en el Atlético es aceptar esa exigencia como parte de la identidad propia. Y Silvia Lloris ha demostrado que esa identidad ya forma parte de ella.

    La Copa de la Reina, competición fetiche para el Atlético de Madrid, funciona aquí como telón de fondo emocional. El bicampeonato no solo habla de un equipo ganador, sino de un grupo que ha sabido reinventarse, adaptarse a los cambios y mantener la ambición intacta. En ese contexto, cada decisión individual tiene un impacto colectivo. La continuidad de Lloris refuerza la sensación de estabilidad, de proyecto sólido, de vestuario comprometido. Es un mensaje hacia dentro, para las compañeras, y hacia fuera, para rivales y aficionados: este Atlético no se desarma en invierno, no se debilita cuando llegan las ofertas. Al contrario, se reafirma.

    (Fuente: DAZN)

    Desde el punto de vista deportivo, su permanencia ofrece certezas a un equipo que aspira a todo. Lloris conoce el sistema, entiende los mecanismos defensivos y ofensivos, se adapta a distintos roles en el centro del campo y aporta una regularidad fundamental en una temporada larga y exigente. Pero más allá de lo táctico, su presencia aporta liderazgo tranquilo, ejemplo diario y una conexión con el club que no se improvisa. En un fútbol cada vez más profesionalizado, ese tipo de liderazgo es oro puro.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Hay también una lectura simbólica que no debe pasarse por alto. El Atlético de Madrid ha construido gran parte de su identidad reciente sobre la idea de resistencia, de lucha contra contextos adversos, de fidelidad a unos valores que van más allá del resultado inmediato. En el femenino, esa identidad se ha traducido en un proyecto que, pese a las dificultades estructurales del fútbol español, ha sabido mantenerse en la élite y competir de tú a tú con cualquiera. La decisión de Silvia Lloris encaja perfectamente en ese relato. Es una elección que habla de pertenencia, de confianza en el camino elegido y de ambición a largo plazo.

    Para la afición, su continuidad es un motivo de orgullo. En un tiempo en el que los ídolos parecen efímeros, ver a una jugadora apostar por el club refuerza el vínculo emocional con el equipo. La grada entiende estas cosas. Entiende que no todas las decisiones se miden en cifras, que hay gestos que construyen identidad. Y quedarse, cuando se podría haber partido, es uno de esos gestos que se recuerdan.

    En el futuro, cuando se repasen las trayectorias, esta decisión aparecerá como uno de esos puntos de inflexión silenciosos.

    No habrá una fecha exacta ni una foto icónica, pero sí la certeza de que, en un invierno concreto, una jugadora decidió quedarse y eso fortaleció a un equipo campeón. El Atlético de Madrid seguirá compitiendo, ganando y perdiendo, como todos.

    Pero lo hará con la tranquilidad de saber que tiene futbolistas que creen en el proyecto tanto como el club cree en ellas.

    Silvia Lloris ha elegido quedarse. Y en el Atlético de Madrid, donde la palabra compromiso tiene un peso específico, esa elección vale tanto como un título. Es el mejor regalo para un bicampeón de la Copa de la Reina que no se conforma con mirar al pasado, sino que sigue escribiendo su historia con decisiones firmes, silenciosas y profundamente rojiblancas.

    (Fuente: UEFA)

    consolidarse durante cuatro temporadas en el Levante UD, donde acumuló un total de 77 partidos oficiales y se convirtió en una de las defensoras más fiables del proyecto granota, su carrera dio un giro decisivo en el verano de 2024, cuando el Atlético de Madrid apostó por su fichaje como parte de una renovación estratégica de la línea defensiva. Su etapa en Valencia había estado marcada por una progresión constante, por la asimilación temprana de responsabilidades competitivas y por una madurez impropia de su edad, hasta el punto de convertirse en una futbolista reconocible tanto por su regularidad como por su carácter competitivo, una seña de identidad que terminaría encajando de manera natural con el ADN rojiblanco.

    Su llegada al Atlético coincidió con un periodo de transición en el club, en el que se buscaba reforzar la estructura defensiva con perfiles jóvenes pero contrastados, capaces de sostener el ritmo competitivo de la Liga F y, al mismo tiempo, de asumir la exigencia europea. Tras su participación en el Mundial sub-20, del que regresó con un notable crecimiento competitivo y una experiencia internacional que amplió su lectura del juego, se hizo rápidamente con el puesto de titular. No fue una adaptación progresiva ni una irrupción tímida: desde sus primeros encuentros dejó claro que estaba preparada para liderar desde atrás, imponiendo presencia, orden y una intensidad que elevó el nivel de la zaga colchonera.

    Bajo la dirección de Víctor Martín, el Atlético de Madrid encontró en ella una defensora capaz de sostener el sistema desde múltiples registros. Su temporada de debut se cerró con cuatro goles, una cifra especialmente significativa para una futbolista cuya posición principal es la defensa, pero que explica bien una de sus mayores virtudes: la capacidad para influir en ambas áreas. Su aportación ofensiva no responde únicamente a situaciones aisladas de balón parado, sino a una lectura inteligente de los tiempos de llegada, a una agresividad bien medida para atacar segundos balones y a una determinación clara cuando detecta espacios en la frontal o en el segundo palo.

    El curso colectivo del Atlético estuvo marcado por luces y sombras, pero también por una notable resiliencia competitiva. El equipo logró clasificarse para la Liga de Campeones en la última jornada de liga, culminando una remontada clasificatoria que reforzó la identidad competitiva del grupo. Además, alcanzó la final de la Copa de la Reina, demostrando solvencia en eliminatorias a partido único, aunque se quedó a las puertas del éxito. En el plano europeo, la eliminación en la ronda previa de la Liga de Campeones y la caída en semifinales de la Supercopa dejaron un sabor agridulce, pero también expusieron el margen de crecimiento de un proyecto en el que ella fue una de las piezas más fiables a lo largo de la temporada.

    Desde el punto de vista del scouting, su perfil responde al de una defensora moderna, completa y con un alto grado de competitividad. En el plano defensivo destaca por su agresividad controlada en el duelo, tanto en campo abierto como en espacios reducidos. Es una futbolista que no rehúye el contacto, que mide bien cuándo anticipar y cuándo temporizar, y que rara vez queda mal perfilada en situaciones de uno contra uno. Su lectura corporal de la atacante rival le permite orientar las acciones hacia zonas menos peligrosas, cerrando líneas de pase interiores y obligando a jugar por fuera, donde se siente especialmente cómoda defendiendo.

    En el juego aéreo es dominante, no solo por capacidad física sino por timing y determinación. Ataca el balón con convicción, tanto en acciones defensivas como ofensivas, y transmite seguridad al resto de la línea cuando el equipo defiende en bloque bajo. Esta fortaleza se traslada también a las jugadas de estrategia ofensiva, donde su capacidad para ganar el primer contacto y prolongar la acción genera segundas jugadas que el equipo sabe aprovechar.

    Con balón, su evolución ha sido especialmente notable desde sus últimas temporadas en el Levante hasta su consolidación en el Atlético. No es una defensora limitada a despejar o jugar en corto por compromiso: posee una salida de balón limpia, con capacidad para romper líneas mediante pases tensos al interior o cambios de orientación bien ejecutados. Su toma de decisiones es, en general, madura y eficiente; rara vez se precipita, entiende cuándo acelerar el juego y cuándo pausar para reorganizar al equipo. Esta fiabilidad en la circulación permite al Atlético iniciar ataques desde atrás sin renunciar al control, incluso bajo presión alta del rival.

    A nivel táctico, interpreta con solvencia distintos sistemas defensivos. Puede rendir tanto en una línea de cuatro como en una defensa de tres centrales, adaptándose a los ajustes del entrenador sin perder eficacia. En defensa adelantada muestra una buena coordinación con la línea, controla bien la espalda y corrige con rapidez cuando el equipo pierde el balón en zonas comprometidas. En bloque bajo, se muestra disciplinada, mantiene la concentración durante largos tramos sin balón y no pierde la referencia del marcaje ni del espacio.

    Su carácter competitivo es uno de sus grandes diferenciales. Transmite liderazgo desde el comportamiento, no tanto desde el gesto exagerado, sino desde la constancia, la fiabilidad y la intensidad sostenida. Es una futbolista que eleva el nivel de exigencia del entorno, que no desconecta y que responde bien en escenarios de máxima presión, como finales o partidos decisivos por objetivos. Esa mentalidad se refleja también en su regularidad física, con una notable capacidad para sostener el ritmo competitivo a lo largo de la temporada.

    En el plano emocional, su perfil encaja con el de una futbolista que entiende el peso del escudo y la responsabilidad de competir en un club como el Atlético de Madrid. Su adaptación rápida al contexto rojiblanco no fue casual, sino consecuencia de una personalidad competitiva alineada con los valores históricos del club: intensidad, compromiso colectivo y mentalidad ganadora. Esta identificación con el entorno ha facilitado su integración en el vestuario y su crecimiento como referente defensivo a medio plazo.

    Su margen de mejora sigue siendo amplio. En el aspecto ofensivo, puede incrementar aún más su influencia si afina la selección de momentos para incorporarse al ataque y mejora la precisión en el último pase tras conducción. Defensivamente, el reto pasa por seguir puliendo la gestión del riesgo en anticipaciones muy agresivas ante rivales de máxima velocidad, especialmente en competiciones europeas donde el ritmo es más alto y el error se penaliza con mayor severidad.

    En conjunto, su primer año en el Atlético de Madrid confirma que su fichaje no fue una apuesta de futuro sin retorno inmediato, sino una incorporación de rendimiento presente.

    Con apenas unas temporadas en la élite, ya se ha consolidado como una defensora titular en un equipo aspirante a títulos, con impacto real en los resultados y una identidad de juego reconocible. Su trayectoria, desde la regularidad silenciosa en el Levante hasta la exposición máxima en el Atlético y en competiciones internacionales, dibuja el perfil de una futbolista destinada a ser protagonista en los próximos años del fútbol femenino español.

    consolidación de su figura en el Atlético de Madrid no puede entenderse únicamente desde el rendimiento inmediato, sino desde la forma en la que ha ido ampliando su radio de influencia dentro del equipo. A medida que avanzó la temporada, su papel dejó de limitarse a la ejecución estricta de tareas defensivas para convertirse en un eje de equilibrio estructural. El equipo comenzó a apoyarse en su fiabilidad para sostener riesgos ofensivos mayores, sabiendo que detrás existía una futbolista capaz de corregir, ordenar y sostener situaciones de transición defensiva complejas. Esa confianza colectiva se tradujo en un Atlético más atrevido con balón, especialmente en los tramos decisivos de la temporada en los que se jugaba la clasificación europea.

    En el contexto del modelo de Víctor Martín, su perfil encaja especialmente bien por su capacidad para interpretar el juego desde la inteligencia posicional. No es una defensora rígida ni mecánica; entiende el fútbol como un sistema de relaciones y no como una suma de acciones aisladas. Cuando el Atlético construye desde atrás, su colocación suele ser ligeramente escalonada respecto a su pareja de central o al lateral más cercano, facilitando líneas de pase diagonales que rompen la primera presión rival. Esa pequeña ventaja posicional, casi imperceptible para el espectador casual, es clave para evitar pérdidas en zonas comprometidas y para permitir que el equipo progrese con control.

    (Fuente: Teledeporte)

    Uno de los aspectos más interesantes de su evolución es la gestión de los ritmos del partido. En encuentros de alta exigencia emocional, como eliminatorias o partidos decisivos por objetivos, ha demostrado una notable capacidad para enfriar el juego cuando el contexto lo exige. No se precipita en la salida de balón, no busca pases heroicos innecesarios y prioriza la seguridad colectiva sobre el lucimiento individual. Esta madurez competitiva, adquirida en parte durante su experiencia en el Levante y reforzada en torneos internacionales de categorías inferiores, la sitúa en un escalón distinto al de otras defensoras jóvenes que aún están en proceso de aprendizaje emocional.

    Su contribución goleadora, con cuatro tantos en su primera temporada como colchonera, merece un análisis específico porque revela mucho de su mentalidad. No se trata de goles circunstanciales ni fortuitos, sino de acciones en las que demuestra determinación, lectura del espacio y valentía para asumir protagonismo ofensivo. En acciones a balón parado, su comportamiento es agresivo pero inteligente: ataca el primer palo con potencia cuando la jugada lo requiere, pero también sabe fijar defensoras para liberar espacios a compañeras con mejor remate. En jugadas de segunda línea, aparece con timing preciso, aprovechando rechaces o desajustes defensivos para finalizar con contundencia.

    Desde el punto de vista físico, su rendimiento se apoya en una base sólida que le permite sostener duelos continuos sin perder claridad mental. No es una futbolista explosiva en el sentido clásico, pero sí posee una potencia funcional muy bien aplicada al juego real. Su zancada es eficiente, su capacidad para repetir esfuerzos es alta y su resistencia le permite mantener la intensidad defensiva incluso en los minutos finales, cuando muchos partidos se deciden. Esta fortaleza física, combinada con una buena lectura del juego, reduce la necesidad de acciones desesperadas y minimiza el riesgo de faltas innecesarias cerca del área.

    En el juego uno contra uno, especialmente ante delanteras móviles, muestra una virtud cada vez más valorada en el fútbol femenino moderno: la capacidad para defender sin lanzarse. Sabe temporizar, orientar y esperar el momento adecuado para intervenir, utilizando el cuerpo y el posicionamiento antes que el tackle agresivo. Esta cualidad no solo reduce el riesgo de ser superada, sino que permite que el bloque defensivo se reorganice y que las ayudas lleguen en el momento justo. En este sentido, su comprensión del juego colectivo supera con claridad la media de su generación.

    Cuando el Atlético defiende en bloque medio o bajo, su concentración es constante. No se desconecta de la jugada, mantiene siempre la referencia visual de balón y marca, y ajusta su posición en función de los movimientos del resto de la línea. Esta disciplina táctica fue especialmente visible en los partidos de Copa de la Reina, donde el margen de error era mínimo y cada acción defensiva podía decantar una eliminatoria. Su fiabilidad en estos escenarios contribuyó de manera directa a que el equipo alcanzara la final del torneo.

    La experiencia de la ronda previa de la Liga de Campeones, pese a la eliminación, supuso también un aprendizaje relevante en su proceso de crecimiento. En esos partidos, el ritmo, la exigencia técnica y la velocidad de ejecución fueron superiores a los de la competición doméstica. Lejos de verse superada, respondió con personalidad, asumiendo responsabilidades y manteniendo un nivel competitivo acorde al contexto. Estas vivencias, aunque dolorosas desde el punto de vista colectivo, son fundamentales para el desarrollo de futbolistas llamadas a competir de manera habitual en el escenario europeo.

    En comparación con otras defensoras de la Liga F, su perfil destaca por el equilibrio entre contundencia y criterio. No es la central más veloz ni la más técnica, pero combina ambas facetas con una eficacia notable. Frente a defensoras más agresivas pero menos ordenadas, ofrece fiabilidad. Frente a perfiles más elegantes pero menos intensos, aporta carácter. Esa síntesis la convierte en una pieza muy valiosa para equipos con aspiraciones altas, donde el error individual tiene un coste elevado.

    A nivel de liderazgo, su influencia se manifiesta de forma progresiva. No necesita llevar el brazalete para ejercer autoridad; su liderazgo se construye desde el ejemplo, desde la regularidad y desde la exigencia silenciosa. Corrige, orienta y acompaña a sus compañeras, especialmente a las más jóvenes, contribuyendo a una cohesión defensiva que se ha convertido en una de las fortalezas del Atlético en los momentos clave de la temporada.

    Mirando al futuro, su proyección apunta a un rol cada vez más central en el proyecto rojiblanco y en el panorama del fútbol femenino español. Si mantiene esta línea de crecimiento, está llamada a ser una defensora de referencia tanto a nivel de club como en el contexto internacional. Su combinación de juventud, experiencia acumulada, mentalidad competitiva y margen de mejora la sitúa en una posición privilegiada para seguir evolucionando en un entorno de máxima exigencia.

    Su historia, desde la constancia silenciosa en el Levante hasta la exposición total en el Atlético de Madrid, es la de una futbolista que ha sabido construir su carrera desde la coherencia y el trabajo. No ha necesitado atajos ni picos de rendimiento aislados; su crecimiento ha sido sostenido, lógico y respaldado por el rendimiento en el campo. En un fútbol cada vez más analizado y exigente, perfiles como el suyo adquieren un valor diferencial: futbolistas capaces de sostener proyectos, de competir en escenarios límite y de representar una idea clara de juego y de carácter.

    siguiente paso en su evolución tiene que ver con la forma en la que ha comenzado a asumir, de manera casi natural, un rol de correctora global dentro del sistema. A medida que el Atlético fue afinando automatismos y elevando el nivel de riesgo ofensivo, su figura se volvió esencial para equilibrar al equipo en fase de pérdida. Es la futbolista que detecta antes que nadie cuándo una jugada se rompe, cuándo una presión ha sido superada y cuándo es necesario retroceder unos metros para proteger el espacio a la espalda. Esa lectura temprana, muchas veces invisible para el espectador, es uno de los rasgos que diferencian a las defensoras buenas de las realmente determinantes.

    En situaciones de transición defensiva, su comportamiento es especialmente valioso. No entra en pánico ni se precipita; analiza rápidamente la disposición de las atacantes rivales y el posicionamiento de sus propias compañeras para decidir si debe salir al duelo o temporizar. Esta capacidad de decidir en décimas de segundo reduce el impacto de los contraataques rivales y permite que el equipo recupere su estructura. En un fútbol cada vez más rápido y vertical, esta virtud se convierte en un activo estratégico de primer nivel.

    Otro aspecto que ha experimentado una evolución notable es su comunicación dentro del campo. Sin ser una futbolista estridente, su lenguaje corporal y sus indicaciones son claras, constantes y eficaces. Ordena la línea defensiva, ajusta alturas y corrige perfiles, especialmente en momentos de acumulación de centros laterales o de ataques sostenidos del rival. Esta comunicación no solo mejora el rendimiento colectivo, sino que transmite seguridad al resto del equipo, un factor psicológico clave en partidos de alta presión.

    En la salida de balón bajo presión, su serenidad es uno de sus mayores valores. Cuando el rival aprieta con agresividad, no se limita a jugar en horizontal o a despejar sin criterio. Analiza el posicionamiento de las mediocampistas, detecta apoyos interiores y es capaz de filtrar pases que superan líneas, rompiendo la presión y permitiendo que el equipo avance con ventaja. En este sentido, su juego conecta con una tendencia clara del fútbol femenino de élite, donde las defensoras ya no son meras ejecutoras defensivas, sino piezas fundamentales en la construcción del juego.

    Su relación con el lateral del mismo perfil es otro punto fuerte del sistema. Entiende cuándo debe cerrar hacia dentro para permitir la proyección ofensiva de su compañera y cuándo debe mantenerse abierta para proteger el carril. Esta coordinación reduce los desajustes y permite al Atlético atacar con mayor profundidad sin quedar excesivamente expuesto. En defensas de tres centrales, su capacidad para interpretar el rol de central exterior o central más fija amplía las posibilidades tácticas del equipo.

    El contexto competitivo de la temporada también ha servido para reforzar su carácter. Los momentos de frustración, como la eliminación europea o la derrota en la final de la Copa de la Reina, lejos de debilitarla, parecen haber consolidado su mentalidad. En declaraciones posteriores a esos partidos, su discurso se centró más en el aprendizaje y en la responsabilidad colectiva que en la decepción, una muestra de madurez emocional que no siempre es habitual en futbolistas jóvenes con protagonismo creciente.

    Desde el punto de vista del scouting avanzado, su perfil presenta indicadores muy interesantes en términos de consistencia. Mantiene un alto porcentaje de duelos defensivos ganados, una tasa baja de errores no forzados y una fiabilidad elevada en pases bajo presión. Estos datos, combinados con el análisis visual, refuerzan la percepción de que su impacto va más allá de acciones puntuales destacadas; su valor reside en la acumulación de pequeñas decisiones correctas a lo largo de los noventa minutos.

    En el plano internacional, su experiencia en categorías inferiores y su rendimiento en contextos de máxima exigencia la sitúan como una candidata natural a integrarse de forma estable en dinámicas de selección absoluta. Su perfil encaja bien en sistemas que priorizan el orden defensivo, la salida limpia de balón y la capacidad para sostener partidos largos y complejos. Además, su experiencia europea, aunque todavía limitada en número de partidos, aporta un bagaje valioso de cara a futuros ciclos competitivos.

    La comparación con defensoras históricas del Atlético de Madrid permite entender mejor su impacto potencial. Sin replicar exactamente el estilo de ninguna, comparte con las grandes referentes rojiblancas del pasado reciente una combinación de intensidad, fiabilidad y compromiso colectivo. Su capacidad para adaptarse a distintos contextos de partido y para mantener un nivel alto de concentración la coloca en una línea de continuidad con esas figuras que han marcado época en el club.

    A nivel formativo, su trayectoria es un ejemplo de progresión bien gestionada. No quemó etapas de manera precipitada ni se estancó en contextos cómodos. Cada cambio de escenario supuso un desafío mayor, asumido con naturalidad y respaldado por el rendimiento. Este recorrido refuerza la idea de que su crecimiento no es coyuntural, sino estructural, basado en hábitos de trabajo, en inteligencia competitiva y en una comprensión profunda del juego.

    El futuro inmediato plantea nuevos retos: la consolidación definitiva en competiciones europeas, la posibilidad de asumir mayores responsabilidades dentro del vestuario y la exigencia de mantener el nivel en un entorno donde la competencia interna es alta. Sin embargo, su perfil invita al optimismo. Ha demostrado capacidad para adaptarse, para aprender de los errores y para crecer en escenarios de máxima presión.

    En una época en la que el fútbol femenino español sigue ampliando su visibilidad y su nivel competitivo, figuras como la suya representan un tipo de futbolista especialmente valioso: sólida, fiable, con carácter y con una comprensión del juego que va más allá de lo puramente físico o técnico. Su historia no es la de una irrupción fugaz, sino la de una construcción paciente y coherente, destinada a sostener proyectos ambiciosos y a dejar huella a largo plazo.

    El palmarés de Silvia Lloris no se explica desde la acumulación masiva de títulos, sino desde una trayectoria construida en escenarios de alta exigencia competitiva, con presencia constante en fases finales y en equipos protagonistas del fútbol femenino español. Formada y consolidada en la élite con el Levante UD, disputó durante cuatro temporadas un total de 77 encuentros oficiales, participando en campañas en las que el conjunto granota se mantuvo como un rival incómodo para los grandes y como un habitual de la zona media-alta de la tabla, asentándose en la Liga F y compitiendo con regularidad en eliminatorias nacionales. Su crecimiento en ese contexto le permitió adquirir experiencia estructural, continuidad competitiva y una madurez táctica que sería determinante para el siguiente salto de su carrera.

    Ese salto llegó en el verano de 2024 con su fichaje por el Atlético de Madrid, un movimiento que la situó de lleno en la pelea por los grandes objetivos. En su primera temporada como rojiblanca se convirtió rápidamente en titular tras su regreso del Mundial sub-20, asentándose como una de las defensoras más fiables del equipo. A nivel colectivo, ese curso dejó hitos relevantes en su palmarés: clasificación para la Liga de Campeones lograda en la última jornada de liga, subcampeonato de la Copa de la Reina tras alcanzar la final y presencia en la Supercopa de España, donde el Atlético alcanzó las semifinales. Aunque la eliminación en la ronda previa de la Champions impidió ampliar su experiencia continental, esa participación forma parte ya de su bagaje competitivo en torneos UEFA, un valor añadido en la carrera de cualquier futbolista de su perfil.

    En el plano internacional, su palmarés se completa con su participación en competiciones de selecciones inferiores, destacando su presencia en el Mundial sub-20, una experiencia que reforzó su carácter competitivo y su exposición al máximo nivel internacional, y que terminó de consolidarla como una futbolista preparada para asumir responsabilidades en clubes aspirantes a títulos.

    Sus estadísticas como rojiblanca refuerzan la dimensión de su impacto. En su primer año con el Atlético de Madrid firmó cuatro goles oficiales desde la defensa, una cifra notable que subraya su influencia en ambas áreas. Más allá del número, varios de esos tantos tuvieron un peso simbólico y emocional importante, especialmente el golazo de larga distancia que marcó en Alcalá de Henares en el derbi ante el Real Madrid. Un disparo lejano, potente y preciso, que superó a Misa Rodríguez y que se convirtió en una de las imágenes de la temporada, pese a que el Atlético terminó cayendo por 1-2 en un partido marcado por el doblete de Linda Caicedo. Aquel gol no solo evidenció su calidad técnica y su personalidad para asumir riesgos, sino también su capacidad para aparecer en los grandes escenarios, incluso cuando el contexto era adverso.

    El valor de su permanencia en el Atlético de Madrid adquiere una dimensión especial si se tiene en cuenta el fuerte interés mostrado por clubes internacionales como Monterrey. En un mercado cada vez más globalizado y competitivo, donde las ofertas económicas y deportivas llegan desde múltiples frentes, su decisión de quedarse refuerza la identidad del proyecto rojiblanco y envía un mensaje claro de compromiso y ambición compartida. Apostar por continuar no es solo una elección profesional, es una declaración de intenciones: la de una futbolista que cree en el crecimiento del equipo, que quiere ser parte central de su evolución y que entiende que los proyectos sólidos se construyen con continuidad, carácter y liderazgo.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Silvia Lloris representa ese tipo de futbolista que da sentido a los procesos largos, que convierte la confianza del club en rendimiento sobre el césped y que encarna una idea de pertenencia cada vez más valiosa en el fútbol moderno. Su palmarés, todavía en construcción, no se mide únicamente en trofeos levantados, sino en finales jugadas, clasificaciones logradas, partidos decisivos disputados y decisiones firmes tomadas en momentos clave. Que haya decidido quedarse cuando otros llamaban a su puerta no es un detalle menor: es una victoria silenciosa del Atlético de Madrid y una promesa de que lo mejor de su historia rojiblanca aún está por escribirse.

    (Fuente: Liga F Moeve)

  • Noticia | Gaby ya tendría fecha de debut en la Liga MX Femenil

    (Fuente: Getty imágenes)

    🔲 La pivote sudamericana vive sus últimos momentos como rojiblanca y ya se encuentra en México para cerrar su traspaso.

    La salida de Gabriela Antonia García Segura (2 de abril de 1997; TunapuyVenezuela), comienza a darse por sentada en Madrid.

    Su llegada a España se produjo en 2017 cuando el Deportivo Abanca la sedujo y firmó procedente del Estudiantes de Guárico Fútbol Club y en Galicia se exhibió con la camiseta del cuadro gallego en el que por entonces también militaban estrellas de la talla de Misa Rodríguez, Teresa Abelleira o Athenea del Castillo.

    La internacional absoluta por Venezuela se salió en la Ciudad Deportiva de Abegondo y fue “robada” por la Real Sociedad de Fútbol que entrenaba Natalia Arroyo.

    La actual directora técnica del Aston Villa explotó las virtudes de la mediocampista y su despliegue llamó la atención de un Atlético de Madrid que pagó su traspaso con el aval de su antiguo representante Roberto Ricobaldi, quien pasó a la disciplina colchonera al igual que la ex del Deportivo de La Coruña.

    El tres veces campeón de la Liga Profesional de Fútbol Femenino destacó su juego aéreo y la definió como «polivalente en medio campo, contundente en defensa y con mucha calidad en el juego ofensivo».

    En el club rojiblanco fue titular habitual en la posición de mediocentro y fue elegida mejor jugadora del mes de enero de 2024.

    Cayeron eliminadas en la semifinal de la Supercopa y en el mes de febrero tuvieron varios duelos directos en liga en los que no se obtuvieron buenos resultados y se distanciaron de los puestos de cabeza. Tras la eliminación de Copa en semifinales y un mal resultado liguero Manolo Cano fue destituido y lo sustituyó el entrenador del segundo filial Arturo Ruiz. Encadenaron varias victorias consecutivas y finalmente lograron el objetivo de clasificarse para la Liga de Campeones tras ser terceras en liga.

    En su segundo año siguió siendo la pivote defensivo titular del equipo, siendo una de las jugadoras con más minutos disputados.

    El Atlético de Madrid, dirigido este año por Víctor Martín, se clasificó para la Liga de Campeones en la última jornada y alcanzó la final de la Copa de la Reina, aunque cayó en la ronda previa de la competición europea y en la semifinal de la Supercopa de España.

    En su tercera temporada de rojiblanca volvió a ser titular indiscutible, siendo una de las futbolistas que más minutos acumula sobre el terreno de juego.

    De 28 años, la futbolista ya se habría sometido a los exámenes médicos correspondientes, paso previo a firmar su contrato con el equipo de Ángel Villacampa para reforzar al América en el mercado invernal.

    García quedaba libre el próximo 30 de junio de 2026 y todo hacía indicar que Lola Romero no tendría previsto proponerle una extensión de su vínculo, al encontrarse trabajando en la llegada de una centrocampista nórdica a petición de Víctor Martín Alba, por lo que su partida no será tan traumática.

    En lo que llevamos de campaña, casi toda la primera vuelta en la Liga F Moeve, la ocho ha disputado 21 encuentros entre todas las competiciones para hacer un total de ochenta con el actual subcampeón de la Copa de la Reina Iberdrola e incluso celebró cinco dianas que sumadas a las de otros años hacen un global de once.

    A pesar de que ha sido una titular asidua desde su aterrizaje, muchos son los que piensan que podría haber tenido un papel aún más importante, defraudando al respetable en ocasiones, algo que también sucedió con otra ex realista como es Maitane López, ahora en Estados Unidos.

    Según indica el periodista azteca Andrés Islas, la vinotinto se encuentra ya en la zona de Coapa, donde se ubica el Centro de Alto Rendimiento del Club América y aguarda a que en Madrid notifiquen oficialmente su adiós para empezar a pensar en clave azulcrema y su debut llegaría en la segunda jornada del Torneo Clausura donde Las Águilas se batirán el cobre ante el Tijuana el próximo sábado, 11 de enero de 2026, a las 05:00 horario peninsular en el Estadio Caliente.

    El periplo de Gaby en el Atlético de Madrid es agua pasada y en los despachos se trabaja a destajo para intentar que su traspaso no agite la tranquilidad de Viti y según hemos podido saber en “El Partido de Manu”, se explora la opción de comprar a Júlia Bartel toda vez que la exjugadora del Barcelona termine su cesión en la capital de parte del Chelsea Football Club, en una operación a la que hemos de estar pendientes en los próximos meses.

  • Reportaje | Amaiur Sarriegui, el futuro de los goles

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🟧 La veinte colchonera es analizada al detalle en “El Partido de Manu” en un relato periodístico sin igual.

    (Fuente: Puma)

    Uno de los grandes atractivos de los que dispone el Atlético de Madrid en el curso 2025-2026 es ver a Amaiur Sarriegui vestida de rojo y blanco.

    La llegada de la futbolista del año 2000 fue adelantada por este medio, cuando nadie hablaba del tema el pasado 22 de abril de 2025.

    Descrita como la fuerza emergente del actual subcampeón de la Copa de la Reina Iberdrola, la de Tolosa se ha consolidado como una de las figuras con mayor potencial, presente y futuro del balompié practicado por mujeres en España.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Amaiur Sarriegi Isasa (San Sebastián, 13 de diciembre de 2000) es a sus 26 años de edad una atacante icónica de la Liga F Moeve.

    (Fuente: UEFA)

    Su trayectoria es ascendente en el fútbol femenino español. Nacida en Tolosa, su recorrido profesional la llevó desde las canteras vascas hasta vestir la camiseta del Atlético de Madrid Femenino, uno de los equipos más competitivos de Europa.

    Técnica depurada, visión de juego y personalidad firme son algunas de las características que definen a Sarriegi. Sin embargo, su historia no solo se resume en estadísticas. Detrás de cada pase decisivo y cada sprint se encuentra una jugadora que ha trabajado con disciplina para transformar su pasión en excelencia deportiva.

    Amaiur Sarriegi no llegó al fútbol de élite por azar ni por un golpe de fortuna. Su camino, como el de tantas futbolistas formadas lejos de los grandes focos, se construyó desde abajo, con paciencia, constancia y una progresión sostenida que fue moldeando a una jugadora completa, competitiva y preparada para asumir retos mayores. Su historia comienza en el País Vasco, una tierra con una profunda tradición futbolística y con uno de los ecosistemas de fútbol femenino más sólidos del Estado, donde clubes históricos han trabajado durante décadas en la formación de talento desde edades tempranas.

    Sus primeros pasos los dio en el Añorga KKE, uno de los clubes de referencia del fútbol femenino vasco en categorías inferiores. El Añorga no es solo un equipo, sino una auténtica cantera de futbolistas, un espacio de formación integral donde muchas jugadoras han aprendido no solo a competir, sino a entender el juego, a convivir en un vestuario exigente y a desarrollar una mentalidad profesional desde edades muy tempranas. En ese entorno comenzó a forjarse Amaiur, destacando pronto por su capacidad técnica, su inteligencia en el juego y una personalidad competitiva que la diferenciaba dentro del grupo.

    Durante sus años en categorías inferiores, su crecimiento fue constante. En la categoría cadete, Amaiur dio un salto evidente en rendimiento y madurez futbolística. Ya no era solo una promesa, sino una jugadora capaz de marcar diferencias, de asumir responsabilidades y de influir en el juego colectivo. Su lectura de los espacios, su llegada desde segunda línea y su capacidad para finalizar jugadas empezaron a convertirla en una pieza clave para su equipo. Ese rendimiento no pasó desapercibido y le abrió la puerta al equipo B del Añorga, un paso decisivo que marcaba la transición entre el fútbol formativo y el competitivo.

    El salto al filial supuso un cambio importante. El ritmo de juego, la exigencia física y la responsabilidad eran mayores, pero Amaiur respondió con naturalidad. Su adaptación fue rápida, mostrando una madurez impropia de su edad y una capacidad notable para entender lo que requería cada partido. Esa progresión le permitió alcanzar uno de los primeros hitos de su carrera: el debut con el primer equipo del Añorga en Primera Nacional durante la temporada 2015-2016. Era el premio a años de trabajo silencioso y, al mismo tiempo, el inicio de una nueva etapa en la que empezaba a asomarse al fútbol sénior de máximo nivel.

    Ese debut no fue anecdótico. Supuso una confirmación de que estaba preparada para competir en categorías superiores. Amaiur no se limitó a cumplir, sino que empezó a consolidarse como una futbolista fiable, capaz de aportar tanto en el juego ofensivo como en el equilibrio del equipo. Su presencia en el campo transmitía seguridad y ambición, dos cualidades que terminarían definiendo su carrera.

    El siguiente gran paso llegó en el verano de 2017, cuando fichó por el Athletic Club B, uno de los filiales más competitivos y exigentes del fútbol femenino español. Integrarse en la estructura del Athletic no es una cuestión menor. El club bilbaíno posee una identidad muy marcada, una filosofía reconocible y una presión constante por el rendimiento, incluso en sus equipos filiales. Para Amaiur, aquel fichaje representaba una oportunidad extraordinaria para seguir creciendo, pero también un desafío que exigía regularidad, carácter y capacidad de adaptación.

    Durante tres temporadas, Amaiur defendió la camiseta del Athletic Club B en Primera Nacional, convirtiéndose en una de las jugadoras más determinantes del equipo. Su rendimiento fue notablemente constante, una cualidad especialmente valorada en el fútbol de formación avanzada. Temporada tras temporada, logró superar la barrera de los diez goles, una cifra muy significativa para una futbolista con perfil de centrocampista ofensiva o mediapunta, capaz de generar juego y, al mismo tiempo, de finalizarlo.

    Más allá de los números, su influencia en el equipo fue creciendo. Amaiur se convirtió en una futbolista alrededor de la cual giraba gran parte del juego ofensivo del filial. Su capacidad para aparecer entre líneas, para filtrar pases decisivos y para llegar al área en el momento justo la transformaron en una amenaza constante para las defensas rivales. Esa regularidad goleadora hablaba no solo de talento, sino de una mentalidad competitiva sólida y de una comprensión profunda del juego.

    La temporada 2018-2019 supuso un punto de inflexión colectivo. El Athletic Club B logró el ascenso a la nueva categoría Reto Iberdrola, la Segunda División femenina de España, un logro que situaba al equipo en un escenario más exigente y con mayor visibilidad. Amaiur fue una pieza importante en ese ascenso, aportando goles, liderazgo y continuidad en el rendimiento. El salto de categoría confirmaba que su progresión no se había detenido y que estaba preparada para competir en un entorno todavía más competitivo.

    El curso 2019-2020 fue, en muchos aspectos, uno de los más significativos de su etapa en el filial rojiblanco. A nivel individual, firmó una temporada sobresaliente, marcando 13 goles y convirtiéndose en la máxima goleadora del equipo. Su capacidad para decidir partidos, para aparecer en los momentos clave y para asumir galones dentro del vestuario quedó patente a lo largo del campeonato. A nivel colectivo, el Athletic Club B se proclamó campeón de su grupo, en una temporada que quedaría marcada para siempre por la irrupción de la pandemia de Covid-19, que obligó a suspender la competición cuando aún restaban ocho jornadas por disputarse.

    Aquel campeonato tuvo un sabor agridulce. Por un lado, confirmaba el excelente trabajo del equipo y el crecimiento de jugadoras como Amaiur; por otro, la suspensión de la competición privó al grupo de cerrar la temporada sobre el terreno de juego. Sin embargo, el rendimiento mostrado hasta ese momento fue suficiente para validar el éxito del proyecto y el nivel competitivo del filial.

    Esa misma temporada trajo consigo otro hito fundamental en la carrera de Amaiur Sarriegi: su debut con el primer equipo del Athletic Club en Primera División. El 19 de octubre, frente al Real Betis, Amaiur dio el salto definitivo a la élite del fútbol femenino español. No era un paso menor. Vestir la camiseta del primer equipo del Athletic en la máxima categoría supone una responsabilidad enorme, tanto por la historia del club como por la exigencia de su afición y de su estructura deportiva.

    A lo largo de esa temporada, Amaiur disputó cuatro partidos en Primera División, una experiencia que le permitió conocer de primera mano el nivel de la élite, el ritmo de los partidos, la exigencia táctica y la importancia de cada detalle. Aquellos minutos fueron una inversión de futuro, un aprendizaje acelerado que completaba su etapa formativa y la preparaba para afrontar nuevos retos.

    El recorrido de Amaiur Sarriegi hasta ese punto es el reflejo de una progresión construida con coherencia. Desde el Añorga KKE hasta el Athletic Club, pasando por filiales, ascensos, campeonatos y debuts en la máxima categoría, su carrera no ha estado marcada por atajos, sino por una evolución sostenida. Cada etapa cumplió una función concreta en su desarrollo como futbolista: la formación técnica, la adaptación al fútbol sénior, la regularidad competitiva, el liderazgo dentro del equipo y, finalmente, el contacto con la élite.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Este camino explica, en gran medida, la jugadora que es hoy. Una futbolista con fundamentos sólidos, con experiencia en diferentes contextos competitivos y con una mentalidad preparada para asumir desafíos mayores. Su historia también es representativa de una generación de futbolistas que han crecido al mismo tiempo que lo hacía el fútbol femenino en España, aprovechando estructuras cada vez más profesionalizadas, pero sin perder el vínculo con los clubes de base que hicieron posible su desarrollo.

    En un fútbol cada vez más exigente y globalizado, el recorrido de Amaiur Sarriegi pone en valor la importancia de la formación, la paciencia y la constancia. No se trata solo de talento, sino de saber construir una carrera paso a paso, entendiendo cada etapa como una oportunidad de aprendizaje. Desde los campos del Añorga hasta los estadios de Primera División, su trayectoria es la de una futbolista que ha sabido crecer sin perder la esencia, preparada para seguir escribiendo capítulos importantes en su carrera deportiva.

    Desde su llegada a San Sebastián, Amaiur Sarriegi no solo se incorporó a la Real Sociedad Femenina como una futbolista más: comenzó, casi sin que nadie lo supiera aún, un proceso de construcción identitaria que terminaría marcando una era. Su historia en el club txuri-urdin es la de una delantera que creció a la par que el equipo, que maduró mientras la Real reclamaba su lugar entre la élite y que, a través de goles, movimientos, liderazgo y momentos decisivos, acabó convirtiéndose en uno de los nombres propios del fútbol femenino español de la primera mitad de la década.

    La temporada 2020-2021 supuso un punto de inflexión tanto para la Real Sociedad como para la propia Amaiur. Su fichaje por el club donostiarra, procedente del Athletic Club, se produjo en un contexto complejo: el fútbol femenino vivía una transformación estructural, con plantillas en proceso de profesionalización y con equipos que buscaban consolidar proyectos ambiciosos sin perder identidad.

    Desde el primer día, Amaiur encajó en la idea de juego de la Real. No fue un encaje inmediato desde el nombre, sino desde el perfil futbolístico: una delantera móvil, con capacidad para atacar el espacio, con olfato goleador y una lectura del juego que le permitía asociarse y generar ventajas más allá del área. Aquella primera temporada fue, sencillamente, explosiva.

    En 26 partidos de liga marcó 12 goles, una cifra que no solo la colocó entre las máximas goleadoras del campeonato, sino que la convirtió en una de las grandes revelaciones de toda la Primera División. Cada tanto suyo parecía confirmar que la Real había acertado con una apuesta que combinaba presente y futuro. No eran goles aislados o circunstanciales: eran goles que sostenían puntos, que abrían partidos cerrados y que transmitían una sensación de fiabilidad ofensiva que el equipo llevaba tiempo buscando.

    la primera temporada fue la de la sorpresa, la 2021-22 fue la de la confirmación absoluta. Amaiur no solo mantuvo el nivel: lo elevó. El club lo entendió así desde el principio y decidió convertirla en una de las caras visibles del proyecto. Su renovación hasta 2025 fue un mensaje claro al vestuario y a la competición: la Real quería crecer alrededor de futbolistas como ella.

    El gesto simbólico fue igual de potente: se le otorgó el dorsal número 7, un número históricamente reservado a jugadoras con peso específico, con liderazgo y con responsabilidad ofensiva. Amaiur asumió ese rol sin estridencias, pero con una madurez que sorprendió incluso dentro del club.

    En el terreno de juego, la respuesta fue rotunda. Firmó la mejor temporada de su carrera hasta ese momento amén de 17 goles y 9 asistencias.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Pero más allá de las cifras individuales, su impacto fue decisivo en el rendimiento colectivo. La Real Sociedad alcanzó la segunda posición en la clasificación liguera, firmando la mejor temporada de su historia hasta ese momento y logrando la primera clasificación para la UEFA Women’s Champions League.

    Amaiur fue protagonista directa de ese hito. Sus goles no llegaron en contextos cómodos, sino en partidos clave, ante rivales directos, en momentos donde la presión era máxima. Supo convivir con el foco mediático y con las expectativas crecientes, demostrando una capacidad competitiva que la consolidó como una de las delanteras más fiables del campeonato.

    La temporada 2022-2023 no fue una repetición mecánica de la anterior. Fue, en realidad, el curso en el que Amaiur terminó de definirse como atacante total. Ya no era solo una goleadora: era una futbolista que entendía los tiempos del partido, que sabía cuándo acelerar y cuándo pausar, cuándo atacar el primer palo y cuándo aparecer entre líneas.

    Combinó con regularidad en liga, mantuvo su cuota goleadora y se convirtió en una amenaza constante para cualquier esquema defensivo. Su movilidad desordenaba a las defensas rivales; sus desmarques generaban espacios para las segundas líneas; su trabajo aéreo añadía una dimensión extra al ataque realista.

    Ese curso confirmó que su proyección no era coyuntural. Amaiur se consolidó como una de las piezas creativas y finales del conjunto donostiarra, participando de forma activa en la rotación ofensiva del primer equipo y manteniendo una regularidad que muy pocas delanteras jóvenes eran capaces de sostener en la élite.

    La Real Sociedad no solo tenía una goleadora: tenía una futbolista alrededor de la cual se podía estructurar el juego ofensivo.

    temporada 2023-24 representó para Amaiur Sarriegi un punto de inflexión menos evidente en los titulares, pero profundamente significativo en su evolución como futbolista. Fue un curso marcado por los contrastes: la Real Sociedad vivió una campaña irregular en liga, pero alcanzó uno de los hitos más importantes de su historia reciente al clasificarse para la final de la Copa de la Reina. En ese contexto complejo, Amaiur volvió a demostrar que su valor iba mucho más allá de las cifras puramente goleadoras.

    Desde el inicio del campeonato, la delantera asumió un rol de referencia estable dentro del once. Ya no era la jugadora revelación ni la joven promesa en crecimiento: era una futbolista consolidada, una de las líderes silenciosas del vestuario, una pieza imprescindible en el engranaje ofensivo del equipo. Su titularidad habitual fue la confirmación de la confianza absoluta del cuerpo técnico en su capacidad para sostener el ataque incluso en los momentos más delicados.

    Participó en 23 partidos de liga, una cifra que refleja su continuidad y fiabilidad física en una temporada exigente. En términos goleadores, cerró el curso con 2 goles en competición liguera, un registro modesto en comparación con campañas anteriores, pero que no debe analizarse de forma aislada. La Real Sociedad atravesó una fase de reajuste colectivo, con cambios en dinámicas ofensivas, menor producción global y una mayor exigencia táctica para las delanteras, obligadas a trabajar más lejos del área y a priorizar el juego asociativo.

    En ese escenario, Amaiur destacó por su versatilidad. Supo adaptarse a distintos roles: como referencia ofensiva, como segunda punta, como apoyo constante para las llegadas desde segunda línea. Su lectura del juego y su capacidad para ofrecer soluciones en ataque combinado fueron fundamentales para sostener al equipo en los tramos más irregulares del campeonato.

    La liga terminó con la Real Sociedad en séptima posición, un resultado que quedó por debajo de las expectativas generadas en años anteriores. Sin embargo, el verdadero relato de la temporada se escribió en la Copa de la Reina. Partido a partido, eliminatoria a eliminatoria, el equipo fue creciendo en competitividad, carácter y ambición, hasta alcanzar una final histórica.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Amaiur fue una figura clave en ese camino. No siempre desde el gol, pero sí desde el trabajo invisible: fijando centrales, liberando espacios, presionando la salida de balón rival y apareciendo en los momentos donde el equipo necesitaba respirar. Su liderazgo, cada vez más evidente, se expresó en gestos, en actitud y en una conexión especial con la grada, que reconocía en ella a una futbolista comprometida con el escudo.

    Ese curso fue, en definitiva, el de la consistencia. El de una delantera joven que entendió que crecer también implica atravesar momentos menos brillantes sin perder influencia ni identidad. Esa regularidad y esa madurez acabaron otorgándole una visibilidad creciente más allá de San Sebastián, reforzando su estatus dentro del panorama nacional.

    La temporada 2024-25 fue el cierre de un ciclo. Sin que todavía se supiera oficialmente que sería su último año como txuri-urdin, el curso estuvo impregnado de una sensación de culminación, de madurez plena, de futbolista preparada para un nuevo desafío.

    Desde el primer tramo de la temporada, Amaiur recuperó protagonismo goleador. Volvió a sentirse cómoda en el área, a encontrar espacios con naturalidad y a imponer su instinto en los metros finales. A lo largo del curso, firmó 13 goles en todas las competiciones, una cifra que reflejó no solo su eficacia, sino también su capacidad para aparecer en partidos decisivos.

    Entre sus actuaciones más destacadas se encuentra un doblete ante el Granada CF, una exhibición de oportunismo, lectura del área y contundencia que recordó a la mejor versión de la delantera. Además, fue protagonista en competiciones del KO, marcando goles decisivos en la Supercopa y en la Copa de la Reina, confirmando su condición de jugadora para las grandes citas.

    La Real Sociedad cerró la temporada en sexta posición en la Liga F, un resultado competitivo que devolvió al equipo a la zona noble del campeonato tras el curso anterior. En la Supercopa, el conjunto donostiarra volvió a alcanzar las semifinales, consolidando su presencia habitual entre los equipos más fuertes del fútbol femenino español.

    Amaiur fue, una vez más, una de las referencias ofensivas del equipo. Su rol combinó experiencia y ambición: lideró a las más jóvenes, sostuvo al equipo en los momentos de dificultad y asumió la responsabilidad cuando el balón quemaba. Ya no necesitaba reivindicarse; su trayectoria hablaba por ella.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El 4 de julio de 2025 se confirmó oficialmente su fichaje por el Atlético de Madrid, poniendo fin a una etapa de cinco temporadas en la Real Sociedad. El anuncio no fue solo una noticia de mercado: fue el cierre de un capítulo fundamental en la historia reciente del club y en la carrera de la futbolista.

    Amaiur se marchó dejando un legado tangible y simbólico. En cifras, acumuló 55 goles con la camiseta txuri-urdin, repartidos a lo largo de competiciones nacionales e internacionales. En impacto, dejó algo más difícil de cuantificar: una forma de entender el juego ofensivo, una referencia para futuras generaciones y la certeza de que la Real Sociedad había sido capaz de formar y sostener a una de las delanteras más completas del campeonato durante un lustro.

    Su paso por San Sebastián fue el de una futbolista que llegó para crecer y acabó marchándose como una de las grandes protagonistas de la historia moderna del club. Fue testigo y partícipe de la primera clasificación para la Champions League, de finales coperas, de noches europeas y de temporadas que consolidaron a la Real Sociedad de Fútbol como un proyecto estable y ambicioso.

    La historia de Amaiur en la Real Sociedad no se explica únicamente a través de goles o clasificaciones. Se explica desde la evolución: de revelación a líder, de promesa a referencia, de joven talento a futbolista madura preparada para asumir nuevos retos en uno de los grandes del país.

    San Sebastián fue el escenario donde se construyó una delantera total. Y aunque su camino continuó lejos de Zubieta, la huella que dejó permanece inscrita en la memoria colectiva del club, en las gradas de Anoeta y en cada aficionada y aficionado que la vio crecer, celebrar, resistir y despedirse con la serenidad de quien sabe que ha cumplido una etapa esencial de su carrera.

    Para comprender en toda su dimensión la etapa de Amaiur Sarriegi en la Real Sociedad es imprescindible entender el contexto del club en el que se desarrolló. La Real no era, en 2020, un gigante consolidado del fútbol femenino español, pero sí un proyecto en plena ebullición: una estructura que apostaba por la estabilidad, por la identidad de juego y por la construcción a medio y largo plazo.

    Amaiur llegó en el momento exacto. Su crecimiento individual se entrelazó con el crecimiento colectivo del equipo. No fue una futbolista que aterrizara en un ecosistema ya terminado, sino una que ayudó a definirlo. La Real Sociedad fue evolucionando desde un equipo competitivo hacia un conjunto con ambición europea, y Amaiur estuvo presente en cada uno de esos pasos.

    En ese sentido, su figura se convirtió en un símbolo del proyecto. Representaba la apuesta por el talento nacional, por jugadoras capaces de asumir responsabilidades desde jóvenes y por un modelo ofensivo que no se limitaba a la eficacia, sino que buscaba también la propuesta, la presión alta y el protagonismo con balón.

    Uno de los aspectos más relevantes —y a menudo menos visibles— de la trayectoria de Amaiur en la Real Sociedad fue su evolución táctica. En su primera temporada, su rol estaba claramente definido: atacar el área, finalizar jugadas, aprovechar espacios y ser la referencia ofensiva. Con el paso de los años, su papel se volvió mucho más complejo.

    Los distintos cuerpos técnicos fueron adaptando su posición y funciones según las necesidades del equipo. Amaiur aprendió a jugar:

    como delantera centro clásica, fijando centrales y atacando centros laterales; como segunda punta, cayendo a zonas intermedias para asociarse; e incluso como atacante que partía desde banda, generando superioridades y liberando el carril central.

    Su movilidad se convirtió en un problema constante para las defensas rivales. No era una delantera estática: sabía cuándo abandonar el área para atraer marcas y cuándo aparecer en el momento justo. Esa inteligencia táctica fue clave para que la Real Sociedad pudiera variar registros ofensivos sin perder profundidad.

    Especialmente a partir de la temporada 2022-23, su influencia en el juego sin balón fue tan importante como su aportación directa en goles. Presionaba con criterio, lideraba la primera línea defensiva y entendía perfectamente cuándo activar al bloque. Ese trabajo silencioso explica por qué su presencia en el once fue innegociable incluso en temporadas con menor producción goleadora.

    Amaiur nunca fue una futbolista de grandes gestos mediáticos ni de declaraciones grandilocuentes. Su liderazgo fue siempre orgánico, construido desde el día a día, desde el ejemplo y desde la constancia. Con el paso de las temporadas, se convirtió en una de las voces respetadas del vestuario, especialmente para las jugadoras más jóvenes que llegaban al primer equipo.

    Ese liderazgo se manifestó de múltiples formas:

    en su compromiso con los entrenamientos, en su actitud en los momentos de dificultad, en su capacidad para asumir responsabilidades sin necesidad de ser la protagonista constante.

    Cuando la Real Sociedad atravesó fases irregulares, Amaiur fue una de las futbolistas que sostuvo al grupo desde la estabilidad emocional. No era solo una delantera que marcaba goles; era una jugadora que entendía los tiempos del proyecto y que sabía convivir con la exigencia sin romper el equilibrio interno.

    Toda etapa histórica se construye a partir de momentos concretos. En el caso de Amaiur, su paso por la Real Sociedad estuvo marcado por una serie de partidos que quedaron grabados en la memoria colectiva del club.

    La temporada 2021-2022, en particular, dejó varias actuaciones que explican por qué fue considerada una de las delanteras más determinantes del campeonato. Sus goles en encuentros directos por la zona alta de la tabla no solo aportaron puntos: enviaron un mensaje claro al resto de la liga. La Real Sociedad no era una aspirante circunstancial; era un equipo preparado para competir por todo.

    En competiciones del KO, Amaiur demostró una capacidad especial para aparecer en los momentos decisivos. Ya fuera en eliminatorias de Copa de la Reina o en partidos de Supercopa, su instinto competitivo se intensificaba. Goles que rompían empates, acciones que cambiaban inercias y una presencia constante en las áreas rivales en los tramos finales de los partidos.

    Ese gen competitivo fue especialmente visible en su última temporada, cuando sus tantos en Supercopa y Copa de la Reina reafirmaron su condición de futbolista para grandes escenarios. No todos los goles pesan lo mismo, y muchos de los suyos tuvieron un valor simbólico añadido.

    conexión entre Amaiur y la afición de la Real Sociedad se construyó de forma progresiva y sincera. No fue inmediata ni impostada. Se forjó a través del tiempo, de la regularidad y del compromiso visible en el campo.

    Anoeta —y, antes, Zubieta— fue testigo de su crecimiento. La grada reconocía en ella a una futbolista que sentía el escudo, que celebraba los goles con intensidad contenida y que asumía las derrotas con responsabilidad. Esa identificación generó un vínculo especial, basado más en el respeto que en la idolatría, pero no por ello menos profundo.

    Con el paso de los años, su figura se convirtió en una de las más representativas del equipo. No solo por su rendimiento, sino porque simbolizaba una etapa de crecimiento colectivo que la afición vivió con orgullo: clasificaciones históricas, noches europeas y la sensación de que la Real Sociedad Femenina había llegado para quedarse entre las mejores.

    Cuando se anunció su fichaje por el Atlético de Madrid, el sentimiento dominante no fue el de sorpresa, sino el de comprensión. Tras cinco temporadas de crecimiento continuo, Amaiur había alcanzado un punto de madurez que pedía un nuevo desafío. La Real Sociedad había sido el lugar donde se había consolidado como futbolista de élite; el siguiente paso exigía otro contexto competitivo.

    El adiós no estuvo marcado por rupturas ni conflictos. Fue un cierre de ciclo natural, casi inevitable. La Real perdía a una de sus grandes referentes, pero lo hacía con la satisfacción de haber sido parte fundamental de su desarrollo. Amaiur, por su parte, se marchaba dejando una huella clara, sin deudas pendientes.

    El anuncio del fichaje por el Atlético de Madrid cerró un ciclo de cinco años con la Real. No fue un adiós dramático, pero sí cargado de simbolismo.

    Representó el paso de una futbolista que creció dentro de un proyecto a otra etapa donde su capacidad y experiencia serían puestas a prueba en un club con aspiraciones europeas más consolidadas.

    El 4 de julio de 2025 marcó oficialmente la transición. Los medios, afición y compañeros reconocieron su impacto, no solo por goles y asistencias, sino por el carácter, la profesionalidad y la influencia silenciosa en el vestuario. Su marcha dejó un hueco que tardaría en cubrirse, y un ejemplo a seguir para las jóvenes promesas que la miraban como referente.

    Cinco temporadas, 55 goles, finales, clasificación europea y un liderazgo silencioso conforman un recorrido que no termina con su salida. La Real Sociedad sigue evolucionando, pero lleva consigo la marca de una futbolista que definió una era, inspiró a las jóvenes y consolidó un proyecto ambicioso.

    (Fuente: Getty imágenes)

    El paso de Amaiur Sarriegi por San Sebastián es, sin duda, un capítulo que quedará en los libros de historia del club, no como un episodio aislado, sino como la historia de una delantera que creció con su equipo, que enfrentó desafíos y que, al marcharse, lo hizo dejando una huella imborrable.

    (Fuente: UEFA)

    principios de julio de 2025, el Atlético de Madrid confirmó la llegada de Amaiur Sarriegi, cerrando un fichaje que no solo tenía un significado individual, sino también estratégico para el club colchonero. La incorporación de la delantera no se interpretó únicamente como un refuerzo más en la plantilla, sino como una apuesta táctica y conceptual: el Atlético buscaba una jugadora capaz de aportar movilidad, gol y conectividad con el mediocampo, elementos que en la ofensiva rojiblanca se habían identificado como áreas a potenciar.

    La presentación oficial del fichaje subrayó varias intenciones clave. En primer lugar, se destacó su capacidad para sumarse a la línea ofensiva de manera flexible, no limitada a ser una finalizadora estática, sino una futbolista capaz de combinar con interiores, desplazarse a bandas, atraer marcas y abrir espacios para compañeras. En segundo lugar, se enfatizó su experiencia en competición nacional e internacional, incluyendo Champions League, finales de Copa de la Reina y Supercopas, lo que reforzaba la idea de traer a alguien acostumbrado a la presión y a la exigencia de los grandes escenarios.

    A nivel de percepción pública, el fichaje tuvo un impacto inmediato. La afición colchonera vio en Amaiur a una jugadora contrastada, con historial goleador y capacidad de generar desequilibrio, aspectos que encajaban perfectamente con la identidad competitiva que el club busca proyectar en la Liga F y en competiciones europeas.

    inicio de la temporada 2025-26 mostró que, aunque Amaiur ya había demostrado calidad y experiencia, la adaptación a un nuevo entorno no es inmediata. La dinámica del Atlético, la presión mediática, el volumen de partidos y la intensidad de entrenamientos exigieron ajustes físicos, tácticos y mentales.

    En las primeras jornadas, su participación combinó titularidad con apariciones desde el banquillo, un patrón que permitió al cuerpo técnico integrar su perfil sin alterar la fluidez del sistema ya establecido. Esta rotación temprana fue una herramienta clave: permitía a Amaiur sumar minutos, familiarizarse con compañeras y responsabilidades, y al mismo tiempo mantener la competitividad del equipo en cada partido.

    A nivel individual, los entrenamientos iniciales se centraron en:

    Sincronización con las interiores: aprender los tiempos y distancias de pases y desmarques. Movilidad ofensiva: ajustar los desmarques y la profundidad a la presión defensiva rival. Defensa posicional: adaptarse a la línea de presión alta del Atlético y a la organización defensiva tras pérdida.

    Este proceso evidenció que, aunque su adaptación requería paciencia, el impacto positivo era inmediato, especialmente en términos de participación en goles y asistencias.

    medida que avanzaban las primeras jornadas de la Liga F 2025-26, quedó claro que Amaiur Sarriegi no solo estaba adaptándose físicamente, sino también mental y tácticamente al entorno rojiblanco. La presión de jugar en un club con aspiraciones europeas y la exigencia de rendir de inmediato pueden resultar abrumadoras para cualquier futbolista, incluso para una con experiencia internacional y varios años en la élite como Amaiur. Sin embargo, su proceso de integración mostró tres cualidades fundamentales: paciencia, versatilidad y visión de juego.

    En cada entrenamiento, su capacidad de entender los movimientos del equipo, tanto en fase ofensiva como defensiva, se convirtió en una herramienta clave para Víctor Martín. Los entrenadores destacaban su rapidez para asimilar esquemas de presión, transición y rotación ofensiva, aspectos que no siempre son fáciles de dominar para una jugadora que llega de otro sistema táctico.

    El cuerpo técnico también reconoció su inteligencia en la toma de decisiones. Su lectura del juego le permitió entender cuándo debía arrastrar centrales, cuándo bajar a recibir entre líneas o cuándo buscar desmarques interiores. Esa versatilidad no solo incrementaba la profundidad ofensiva del Atlético, sino que además abría alternativas estratégicas para Víctor Martín, capaz de variar esquemas sin alterar la identidad ofensiva del equipo.

    este primer tramo de la temporada, Amaiur combinó titularidad con participaciones desde el banquillo, un patrón que resultó fundamental para su adaptación. La alternancia entre arrancar los partidos y entrar en segunda mitad permitió que la delantera:

    Sumara minutos de calidad sin la presión de jugar siempre como referencia absoluta, Gestionara su físico y carga de trabajo, dado el ritmo intenso de la Liga F, Se adaptara progresivamente a la dinámica colectiva de ataque y defensa del equipo.

    Además, la rotación le permitió observar y aprender de otras jugadoras con roles complementarios, consolidando su conocimiento de los movimientos colectivos y las sinergias necesarias para rendir en el esquema colchonero.

    El entrenador Víctor Martín valoró estas cualidades de manera positiva, considerando a Amaiur una opción recurrente en la rotación ofensiva. Su presencia en el banquillo no era vista como un castigo, sino como un recurso táctico y una forma de mantener el equilibrio competitivo del equipo a lo largo de la temporada.

    Aunque en fase de adaptación, la aportación directa de Amaiur al marcador fue notable desde los primeros encuentros. Su capacidad de generar peligro se tradujo en goles y asistencias clave, que no solo aumentaban las opciones ofensivas del Atlético, sino que también servían como indicador de que la jugadora estaba encontrando su sitio en la plantilla.

    Entre sus aportaciones más destacadas de las primeras jornadas se cuentan: Finalizaciones tras desmarques interiores, que reflejaban su instinto goleador y la capacidad de encontrar espacios entre las líneas rivales. Asistencias a compañeras desde posiciones centrales y de banda, demostrando su comprensión de los movimientos del equipo y su visión de juego. Participación en fases de presión alta, donde su movilidad complicaba la salida de balón de los rivales y generaba oportunidades de gol a través de recuperaciones rápidas.

    Estos primeros indicadores mostraban que Amaiur no era solo una incorporación para cubrir un hueco en la plantilla, sino una jugadora capaz de añadir nuevas dimensiones al ataque rojiblanco.

    La percepción de la afición colchonera respecto a Amaiur se consolidó positivamente durante esta primera temporada. Más allá de goles y asistencias, los seguidores reconocieron su compromiso con el club, su actitud profesional y su capacidad para integrarse en la dinámica del equipo.

    Tras catorce jornadas ligueras, casi ls totalidad de la primera vuelta, la veinte ha demostrado estar ya como en casa en Alcalá de Henares y la ausencia de Gio Queiroz por una grave lesión en el peroné provocarán que la exjugadora del Athletic Club tenga que dar un paso al frente y echarse el equipo a las espaldas en lo que a conversión de goles se refiere

    Amaiur no solo impactó en el terreno de juego; también se convirtió en referente silencioso dentro del vestuario, apoyando a jugadoras jóvenes y nuevas incorporaciones con su profesionalidad, disciplina y actitud ejemplar. Su experiencia en finales, competiciones europeas y partidos de alta presión le permitió aportar seguridad y liderazgo, consolidando un vínculo positivo con la afición, que la identificó como una jugadora comprometida, capaz de generar soluciones y aportar valor colectivo. Su primera temporada en el Atlético de Madrid fue, en esencia, un proceso de adaptación convertido en consolidación, en el que demostró que puede ser decisiva, versátil, inteligente tácticamente y capaz de liderar con el ejemplo, proyectándose como una pieza clave para las próximas temporadas, una delantera total que combina gol, visión de juego, movilidad y liderazgo silencioso, destinada a dejar una huella indeleble tanto en el club como en el fútbol femenino español.

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Oficial | Chinchilla es la sucesora de Ajibade

    (Fuente: Atlético de Madrid)

    🟧 La atacante tica ha escogido portar el dorsal número dieciséis que estaba vacante tras la marcha de la nigeriana.

    El Club Atlético de Madrid, campeón de la Supercopa de España en 2021, ya presume de su nuevo fichaje: Priscila Chinchilla.

    La internacional absoluta por Costa Rica fue anunciada como nueva estrella del conjunto capitalino el pasado 3 de enero de 2026 para fortalecer el ataque ante la baja por lesión de Gio Queiroz, ex del Madrid CFF.

    La futbolista llegó en calidad de agente libre tras acabar su vínculo con el Zenit ruso y después se pasar el pertinente reconocimiento médico firmó hasta 2027 e incluso se desplazó a Alcalá de Henares para saludar a sus nuevas compañeras en el gimnasio.

    Pri, como le gusta ser llamada también hizo acto de presencia en el Estadio Metropolitano para efectuar la sesión fotográfica con el chandal del equipo capitalino y adentrarse en el túnel de vestuarios.

    Una vez allí, con el departamento de comunicación presente, posó con su nueva camiseta que llevará el dorsal número 16 a la espalda y el nombre de P. Chinchilla en la parte superior.

    La que fuese jugadora del Pachuca mejicano hereda así un dorsal que había quedado huérfano a la marcha de Rash Ajibade en el mercado estival para incorporarse al PSG, quien al contarle que el Atlético de Madrid, fue eliminado de la Women’s Champions League en la fase de liga.

    Cuando, en la primera jornada de 2021, Rasheedat Ajibade cruzó el túnel hacia el césped con la camiseta rojiblanca del Atlético de Madrid Femenino, pocos podían prever que aquella adquisición modesta en apariencia terminaría convirtiéndose en una de las figuras más determinantes de la historia moderna del club.

    Nacida el 8 de diciembre de 1999 en Nigeria, Ajibade llegó a España con apenas 21 años desde el club noruego Avaldsnes IL para reforzar el ataque atlético. Lo que vino después fue más que una simple adaptación: fue el comienzo de una trayectoria que marcaría un antes y un después en la narrativa rojiblanca y, por extensión, en la historia del fútbol femenino español.

    Ajibade aterrizó en Madrid el 1 de enero de 2021 con un perfil todavía en construcción. El Atlético de Madrid, siempre ambicioso en la Liga F, vio en ella una jugadora con gran potencia física, versatilidad ofensiva (capaz de jugar por las bandas o como centrocampista ofensiva) y una lectura de juego que podía encajar con los esquemas de un equipo acostumbrado a pelear por títulos.

    Su debut llegó apenas cinco días después, en un clásico madrileño disputado frente al Rayo Vallecano. Fue un momento de adaptación más que de impacto inmediato: los minutos fueron escasos, pero suficientes para vislumbrar un talento que iría cruzando etapas con determinación. 

    Desde el principio, Ajibade se conectó con la afición por su ética de trabajo, su compromiso con el club y su deseo de trascender, virtudes que la hicieron querida incluso antes de convertirse en figura. Lo que marcó la diferencia con su paso en el Atlético no fue un único gol o un único partido —sino una trayectoria en constante ascenso, algo inusual en fichajes foráneos jóvenes en la liga española de aquel momento.

    A diferencia de algunas contrataciones extranjeras que explotan de inmediato o se diluyen con el tiempo, Ajibade construyó su legado a través de consistencia, regularidad y evolución continua. En apenas cuatro temporadas y media, llegó a disputar más de 100 partidos con la elástica rojiblanca, cifra que la sitúa entre los jugadores más utilizados de esa etapa moderna del club.

    Pero la influencia de Ajibade no se limitó a sus estadísticas individuales. En la última jornada de la Liga F, con la clasificación para la UEFA Women’s Champions League en juego, fue ella quien marcó el gol decisivo para certificar ese objetivo.

    Este hecho no solo aseguró un hito competitivo para el club —el regreso a la Champions después de varias temporadas— sino que elevó la figura de Ajibade como símbolo de momentos clave.

    Además de sus éxitos en el ámbito de clubes, su estatus internacional con las Super Falcons de Nigeria también creció en paralelo, siendo nominada al premio de Jugadora Africana del Año en los CAF.

    En agosto de 2025, Ajibade tomó un paso trascendental en su carrera al fichar por Paris Saint-Germain Féminines, con un contrato hasta 2027. Este movimiento marcó el final de su etapa en el Atlético de Madrid y el inicio de un nuevo capítulo en una de las ligas más competitivas de Europa. 

    Su salida representó un momento de reflexión para la afición atlética: ver partir a una jugadora que no solo había sido clave dentro del campo, sino que también había encarnado el espíritu competitivo y el estilo de juego que caracteriza al club. Tras esa despedida, la huella que deja Ajibade trasciende estadísticas —es una huella de identidad, resiliencia y crecimiento internacional.

    Más allá de goles y apariciones, Ajibade también simboliza algo más profundo: la internacionalización del Atlético de Madrid Femenino y su capacidad para atraer y desarrollar talento global. Su presencia durante varias temporadas ayudó al club a consolidar una propuesta ofensiva más dinámica y globalizada, abriendo puertas para otras jugadoras africanas y de diversos continentes en la Liga F.

    Su figura también ha sido una inspiración para jugadoras jóvenes de Nigeria y de África en general, demostrando que el camino desde ligas menos mediáticas puede conducir a protagonismo en equipos europeos de primer nivel. El hecho de que haya sido nominada a premios continentales y haya liderado tanto a su selección como a su club en momentos decisivos sitúa su carrera como un puente entre realidades futbolísticas distintas.

    Ahora, la centroamericana coge el relevo de la nigeriana amén de su dorsal y tendrá que luchar con coraje y corazón para encajar en el equipo colchonero, algo que es difícil de conseguir a mitad de temporada y que otras figuras de renombre, caso de Deyna Castellanos (2020), Laurent (2021) o Ajara (2021), no consiguieron a pesar de las grades esperanzas que había depositadas en ella cuando se pusieron la zamarra de un club que es tres veces campeón de la Liga F Moeve.

  • Oficial | El Atlético de Madrid desafía al invierno: nieve, resistencia y un duelo con aroma europeo en el horizonte

    (Fuente: Instagram de Maca Portales )

    📌 El Atlético de Madrid Femenino vive uno de los momentos más decisivos de su curso mientras el invierno golpea con dureza la península Ibérica. Esta mañana, el Centro Deportivo Alcalá de Henares —templo donde las rojiblancas disputan sus batallas ligueras, coperas y europeas— apareció bajo un manto de nieve que parecía haber detenido el tiempo y haber congelado toda previsión meteorológica. La imagen, captada por Macarena Portales Nieto, canterana del club que regresó a la disciplina rojiblanca tras su paso por el Badalona, en un intercambio con Sonia García Majarín durante el pasado mercado veraniego, fue compartida con la afición rojiblanca al llegar al entrenamiento dirigido por Víctor Martín Alba, y se ha convertido en símbolo de la dureza y la belleza de este enero que reta a todas las certezas.  

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Hoy, más que nunca, la narrativa del Atlético de Madrid Femenino no puede escribirse sin el telón de fondo de esta ola de frío que arrecia desde el Artártico y que, en combinación con la borrasca fría aislada Francis, ha dejado a gran parte de España bajo aviso de nevadas en cotas bajas. La Agencia Estatal de Meteorología ha señalado que este episodio continuará afectando especialmente al centro, norte y este peninsular hasta mañana, con heladas que se extenderán por encima de los -4 y -6 grados en amplias zonas del interior.

    En Alcalá de Henares, la nieve que cubre hoy el estadio no es solo una curiosidad visual —es una metáfora poderosa de lo que está por venir: frío, presión, exigencia competitiva y la necesidad de resistencia anímica y física. Para un equipo que compite en tres frentes —Liga F Moeve, Copa de la Reina Iberdrola y UEFA Women’s Champions League— cada día de entrenamiento cuenta y cada prueba climatológica se convierte en parte de la preparación mental para duelos definitivos.

    Entrenar en esas condiciones no solo requiere adaptación táctica o física, sino también un temple sólido. Y por eso la imagen de Macarena Portales Nieto, compartida también por figuras como Fiamma Benítez, ha resonado tanto: no es solo una foto, es una declaración de actitud.  

    La imagen del estadio nevado no es un hecho aislado. Toda España mantiene la mirada puesta en el cielo este 5 de enero, primer lunes de 2026, ante la posibilidad de nevadas en cotas bajas en amplias zonas del país. La Agencia Estatal de Meteorología (Aemet) ha advertido durante el fin de semana de un episodio de inestabilidad provocado por la interacción entre la borrasca fría aislada Francis, situada al sur de la Península, y la entrada de una masa de aire muy frío de origen ártico.

    El organismo ha alertado especialmente a zonas del centro, norte y este peninsular, con avisos activos hasta el martes 6 de enero. Madrid, inmersa en este escenario, no queda al margen: heladas generalizadas, temperaturas mínimas bajo cero y la posibilidad de nevadas débiles en cotas bajas han condicionado la rutina diaria… y también la deportiva.

    La fotografía tomada por Macarena Portales Nieto resume ese momento de transición. Canterana rojiblanca, conocedora del escudo y del significado de entrenar incluso cuando el contexto aprieta, Portales regresó al club el pasado verano como parte de una operación estratégica con el Badalona. Su llegada al entrenamiento, con el estadio completamente blanco, simboliza también el regreso a las esencias: trabajo, sacrificio y pertenencia.

    La escena no tardó en trasladarse a las redes sociales. Fiamma Benítez, internacional absoluta con la Selección Española, compartió la nevada en Instagram. La centrocampista llega además a esta semana tras haber conquistado recientemente la segunda edición de la UEFA Women’s Nations League, tras derrotar a Alemania por 3-0 en el estadio Metropolitano con un doblete de Claudia Pina y otro tanto de Vicky López. Su publicación unió dos mundos: el éxito internacional y la crudeza del día a día con su club.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El sábado, Alcalá de Henares acogerá un partido que va mucho más allá de la jornada quince.

    El Atlético de Madrid recibe a la Real Sociedad en un enfrentamiento directo por las plazas europeas de la próxima temporada. No es una exageración hablar de final anticipada: la clasificación se comprime, los márgenes se estrechan y cada duelo directo empieza a decidir destinos.

    (Fuente: Getty imágenes)

    El Atlético llega a este punto de la temporada con la necesidad de convertir su estadio en un fortín. El frío no detiene la ambición. La nieve no congela el objetivo. Al contrario: endurece el carácter competitivo de un equipo que sabe que Europa no se concede, se conquista.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    La Real Sociedad, ordenada, competitiva y con un proyecto consolidado, representa uno de los rivales más incómodos de la categoría. Superarla supondría no solo sumar tres puntos, sino enviar un mensaje al resto de aspirantes.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Las condiciones meteorológicas han obligado al cuerpo técnico encabezado por Víctor Martín Alba a ajustar la planificación semanal. Cargas controladas, sesiones adaptadas y un trabajo mental constante para mantener la concentración en un contexto inestable.

    Este tipo de semanas ponen a prueba algo más que el estado físico. Exigen liderazgo, compromiso colectivo y una fortaleza emocional que se construye con el tiempo. Jugadoras con experiencia internacional, como Fiamma Benítez, marcan el camino dentro del vestuario, transmitiendo que la adversidad forma parte del proceso competitivo.

    La nevada de este enero de 2026 no alcanza la magnitud de lo vivido en enero de 2021, cuando la borrasca Filomena paralizó Madrid y gran parte del país. Aquel episodio quedó grabado en la historia reciente del fútbol femenino español.

    En aquel invierno, el Atlético de Madrid se vio obligado a suspender su partido de Primera Iberdrola frente al Valencia Club de Fútbol Femenino, previsto entre el 10 y el 11 de enero de 2021. La acumulación de nieve, el estado impracticable de las instalaciones y la imposibilidad de garantizar la seguridad de los desplazamientos obligaron a aplazar el encuentro, en una jornada marcada por múltiples suspensiones en el fútbol femenino nacional.

    Aquella Filomena fue más que una anécdota meteorológica: fue una prueba de resistencia para clubes, jugadoras y estructuras aún en proceso de profesionalización. Cinco años después, la comparación surge de manera inevitable, aunque el escenario actual es menos persistente y más dinámico.

    El Centro Deportivo Alcalá de Henares ha sido, desde su consolidación como casa rojiblanca, mucho más que un recinto deportivo. Es un lugar de construcción de identidad. Allí se han celebrado noches europeas, se han vivido eliminaciones dolorosas, se han levantado victorias de prestigio y se ha consolidado un proyecto que ha convertido al Atlético de Madrid en una referencia del fútbol femenino español.

    Hoy, cubierto por la nieve, el estadio ofrece una imagen casi irreal. Las gradas silenciosas, las líneas del campo apenas perceptibles bajo el manto blanco, las huellas sobre el césped natural como único rastro humano. No hay público. No hay balón. Pero hay mensaje.

    El mensaje de que el fútbol, incluso en su versión más profesionalizada, sigue estando sometido a la naturaleza. Y de que los equipos que aspiran a competir por todo deben saber convivir con ella

    La autora de la imagen no es una fotógrafa ocasional. Es Macarena Portales Nieto, canterana del Atlético de Madrid. Una jugadora que conoce el club desde dentro, que entiende lo que significa entrenar en invierno, competir con frío y crecer en escenarios que no siempre son cómodos.

    Su regreso al Atlético el pasado verano, procedente del Badalona, formó parte de un movimiento estratégico que incluyó la salida de Sonia García Majarín. No fue solo una operación deportiva. Fue una decisión que reforzó el vínculo entre el club y su base, entre el presente competitivo y la memoria formativa.

    Que sea una canterana quien capture esta imagen no es casual, es coherente y tiene un relato.

    La fotografía no tardó en trascender el ámbito interno. Fiamma Benítez, centrocampista del Atlético e internacional absoluta con la Selección Española, compartió también la imagen de la nevada en sus redes sociales. Su publicación añadió una capa más al relato.

    Fiamma llega a este momento tras haber conquistado recientemente la segunda edición de la UEFA Women’s Nations League, en una final celebrada en el estadio Metropolitano en la que España se impuso a Alemania por 3-0 con un doblete de Claudia Pina y un gol de Vicky López. Del éxtasis europeo al frío cotidiano del club. De la celebración al trabajo.

    Esa transición resume la exigencia del fútbol de élite y es que la

    Liga F Moeve 2025-2026 entra en un tramo decisivo. La 15ª jornada no es una más. Es una frontera. El Atlético de Madrid recibe a la Real Sociedad en un duelo directo por los puestos europeos. La clasificación está comprimida. Los márgenes son mínimos. Los errores, caros.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Para el Atlético, este partido representa una oportunidad y una obligación. Ganar supondría dar un paso firme hacia Europa. Perder, complicar seriamente el objetivo. Empatar, dejar la sensación de oportunidad perdida.

    La Real Sociedad llega como un rival sólido, reconocible, con un bloque trabajado y una identidad clara. Un equipo incómodo, competitivo, acostumbrado a jugar partidos de alta exigencia y esto no permite distracciones de ningún tipo.

    Mientras la nieve cubre el estadio, el cuerpo técnico trabaja en silencio. Víctor Martín Alba lidera una semana atípica, marcada por la adaptación constante. Ajustes en horarios, control de cargas, planificación flexible y, sobre todo, gestión emocional.

    Entrenar con frío extremo no es solo una cuestión física. Es mental. Exige concentración, compromiso y una comunicación constante entre cuerpo técnico y jugadoras. En semanas así se forja el carácter de los equipos que, como el Atlético de Madrid, no improvisa, sino que planifica.

    Cualquier nevada en Madrid activa un recuerdo colectivo: Filomena. Enero de 2021 quedó grabado en la historia reciente del deporte español. Durante varios días, la capital quedó paralizada por una nevada histórica que afectó a todas las competiciones.

    En el fútbol femenino, el Atlético de Madrid Femenino se vio obligado a suspender su partido de Primera Iberdrola frente al Valencia Club de Fútbol Femenino, previsto entre el 10 y el 11 de enero. El estado impracticable de las instalaciones y la imposibilidad de garantizar desplazamientos seguros obligaron al aplazamiento.

    Aquella suspensión fue más que un contratiempo. Fue un símbolo de las dificultades estructurales que aún afrontaba el fútbol femenino en su proceso de profesionalización.

    Cinco años después, el contexto es distinto. La Aemet insiste: este episodio no presenta la persistencia ni la intensidad de Filomena. No hay bloqueo prolongado ni acumulaciones masivas durante días. Pero el recuerdo actúa como advertencia.

    El Atlético ha aprendido. Hoy cuenta con protocolos más sólidos, recursos más amplios y una estructura preparada para responder. La nieve ya no paraliza; obliga a ada

    Bajo el manto blanco, Alcalá de Henares parece contener la respiración. En cuatro días, el silencio se romperá. Volverán los cánticos, el ruido del balón, la tensión del partido. La nieve será solo un recuerdo… o una metáfora.

    Porque el sábado, ante la Real Sociedad, no se jugará solo un partido. Se jugará una parte del futuro.

    Hay semanas que definen temporadas. Hay imágenes que condensan meses de trabajo. Hay inviernos que ponen a prueba los proyectos.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El Atlético de Madrid atraviesa uno de esos momentos. Con frío, con presión y con un objetivo claro. La nieve ha cubierto su estadio. No ha congelado su ambición.

    El sábado, cuando el balón ruede, el invierno ya habrá hablado y entonces será el turno de las colchoneras.

  • Oficial | ¿Dónde puedo ver el Atlético de Madrid vs Real Sociedad de Fútbol ?

    (Fuente: Getty imágenes)

    ⬛️ El duelo entre campeonas de la Copa de la Reina se podrá seguir en abierto en la TDT.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    La Liga Profesional de Fútbol Femenino regresa a nuestras vidas y lo hace al más puro estilo de Alejandro Sanz, “Pisando fuerte” amén a un Atlético de Madrid versus Real Sociedad de Fútbol.

    TEN TV, que como ya saben recogió el testigo de Gol Play como la casa del fútbol femenino español en abierto, ha confirmado oficialmente que se va a encargar de emitir en directo y abierto el encuentro de la decimoquinta jornada liguera entre madrileñas y guipuzcoanas desde Alcalá de Henares.

    El canal del Grupo Secuoya fue lanzado el 28 de abril de 2016 y debutó el pasado mes de septiembre en la cobertura de la Primera División Femenina con un Espanyol 0-5 Atlético de Madrid en la Ciudad Deportiva Dani Jarque.

    Ahora, el canal de la TDT cuyo slogan es “Mucho por ver” le da la bienvenida al 2026 en la ciudad de Cervantes con un envite clave en la lucha por acceder a los puestos europeos entre las madrileñas y las vascas, cuartas y terceras respectivamente en la tabla clasificatoria y separadas por tan solo cuatro puntos de distancia.

    El cuadro donostiarra de Arturo Ruiz viaja a la capital española con ventaja en el torneo de la regularidad y que además viene de vencer por 3-0 al Deportivo Abanca en su última puesta en escena.

    El Atlético de Madrid que adiestra Víctor Martín Alba va a la caza de las txuri-urdin y busca reaccionar después de haber empatado (2-2) en Ipurúa ante la Sociedad Deportiva Eibar el pasado 14 de diciembre de 2025.

    Los precedentes históricos entre ambas escuadras es favorable para los intereses del Atlético de Madrid por culpa de cinco victorias, cuatro empates y tan solo una derrota en los diez últimos compromisos.

    El más cercano en el tiempo nos dejó un 0-2 favorable a las madrileñas en Zubieta que se gestó a ritmo de samba con los goles de Gio Garbellini y Luany Da Silva durante la 23ª fecha.

    La rivalidad entre ambos equipos existe y nació en la temporada 2017-2018 cuando las colchoneras levantaron la por entonces llamada Liga Iberdrola en la última jornada con una victoria por 2-1 en el Cerro del Espino de Majadahonda con goles de Amanda Sampedro y Esther González que hicieron estéril la diana de Nahikari para las visitantes, un resultado que unido a la derrota del Barcelona con el Levante Unión Deportiva provocaron que se catase el alirón frente a unas 3.000 personas.

    Al año siguiente, caprichos del destino, el Atlético de Madrid tuvo la oportunidad de volver a levantar el título liguero ante las de San Sebastián, esta vez a domicilio, y un doblete de la anteriormente señalada Esther González que dejó en anecdótico el tanto que logró Bea Beltrán para el 1-3 definitivo aquel 6 de mayo de 2018.

    La venganza de la Real Sociedad llegó unos días después cuando ambos equipos se vieron las caras en la gran final de la Copa de la Reina Iberdrola en Granada (1-2), donde las blanquiazules le dieron la vuelta al tanto inicial de Esther con las históricas barracas de Palacios y Nahikari García que desembocaron en el primer trofeo de fútbol femenino que se exhibió en las vitrinas del Reale Arena con orgullo.

    Ahí no terminó el rosario de choques relevantes entre estas entidades que se vieron las caras en las semifinales de la Copa de la Reina en la temporada 2023-2024 y fue el equipo realista el que cumplió el sueño de alcanzar la gran final tras el 1-1 de la ida y el 2-1 del encuentro de vuelta que se celebró en Anoeta y en el que la sociedad de la nieve que formaban Jensen y Franssi vapuleó a las rojiblancas, aunque en el partido por el título las de Natalia Arroyo sufrieron una dura goleada de manos del Barcelona (8-0) en La Romareda.

    Más allá de eso, este 12 de enero de 2025, se podrá disfrutar de un gran espectáculo entre dos de los mejores equipos de la Liga F Moeve en el que brillan figuras como Maca Portales, Lucía Pardo, Luany o Edna Imade e incluso hay jugadoras con pasado en su rival, caso de Gaby García, Ainhoa Moraza y una Amaiur Sarriegui que buscará reivindicarse ante una Real Sociedad de la que fue máximo exponente durante cinco años.

    (Fuente: Getty imágenes)