
◼️ La atacante cántabra se adjudica el galardón por primera vez y sucede a la culé Ewa Pajor.
El lunes, 2 de febrero de 2026, no fue un lunes más en el calendario de la Liga F Moeve. No lo fue porque el anuncio del ‘Player of the Month’ de enero trascendió el mero reconocimiento estadístico para convertirse en una declaración de principios.

Athenea del Castillo, futbolista del Real Madrid CF, extremo por naturaleza y por convicción, fue proclamada jugadora del mes en una competición que ya no premia únicamente el gol, sino la influencia, el impacto competitivo y la capacidad de alterar el curso de los partidos desde la personalidad futbolística.
El galardón, impulsado por EA SPORTS en su apuesta estratégica por el fútbol femenino, volvió a señalar a la Liga F como campeonato pionero en la integración de estándares globales de reconocimiento individual. Una distinción que, desde su implantación, no ha buscado replicar modelos masculinos, sino reinterpretarlos desde la especificidad del juego femenino, de sus ritmos, de sus contextos y de sus protagonistas. En ese escenario, Athenea del Castillo no aparece como una elección coyuntural, sino como una consecuencia natural de un mes en el que su figura se convirtió en eje, desequilibrio y relato.
La votación, abierta el miércoles 21 de enero, reunió una nómina que retrata la pluralidad competitiva del campeonato: Paula Fernández, Érika González, Ariadna Mingueza, Sydney Schertenleib, Anna Torrodà, Elba Vergés y la propia Athenea. Siete nombres, siete contextos, siete formas de entender el juego. El desenlace, sin embargo, no dejó espacio a la duda: la atacante cántabra fue la futbolista que mejor sintetizó rendimiento, impacto y continuidad durante enero.
El premio llega tras un mes de 237 minutos repartidos en tres partidos de Liga F Moeve, con dos goles —ambos frente al Levante UD— y una asistencia ante el Sevilla FC. Cifras que, aisladas, podrían parecer contenidas; cifras que, contextualizadas, explican por qué el fútbol no se mide únicamente en acumulación numérica. Athenea no solo participó en goles: los provocó, los anunció, los aceleró. Su presencia en el campo alteró estructuras defensivas, obligó a repliegues asimétricos y abrió espacios que el Real Madrid supo explotar.
Pero enero no se cerró únicamente en clave liguera. El gol anotado en las semifinales de la Supercopa de España añadió una capa más al relato: la de la futbolista que aparece cuando el escenario se eleva, cuando el foco se intensifica y cuando la exigencia se multiplica. En ese contexto, Athenea no se esconde ni se diluye. Se afirma.
A sus 23 años, la futbolista de Solares acumula ya 1.163 minutos en Liga F Moeve esta temporada, con cuatro goles y seis asistencias, liderando ese apartado en su equipo. Es una cifra que habla de regularidad, pero también de rol. Athenea no es una aparición puntual ni un recurso de rotación: es una pieza estructural del proyecto deportivo del Real Madrid CF femenino. Una jugadora que, desde el costado, construye una identidad reconocible.
El reconocimiento de EA SPORTS no es menor. La mejora de su ítem en el ecosistema digital simboliza algo más profundo: la consolidación de referentes femeninos con peso propio en la cultura global del fútbol. Athenea se suma así a una lista que ya integran Luany, Edna Imade, Claudia Pina y Ewa Pajor, nombres que representan distintas formas de excelencia y que, juntos, componen una cartografía del talento que hoy define a la Liga F Moeve.
Sin embargo, para comprender la dimensión real de este premio, es necesario retroceder. Mirar hacia atrás. Recordar que Athenea del Castillo no surge de la nada ni es producto exclusivo de un gran escudo. Antes de Chamartín, antes de los focos y de los grandes escenarios, hubo barro, hubo resistencia y hubo aprendizaje en contextos menos visibles. Su paso por el Deportivo Abanca forma parte de esa genealogía silenciosa que sostiene el crecimiento del fútbol femenino español.
En A Coruña, Athenea no solo compitió: se forjó. Aprendió a recibir con ventaja en equipos que necesitaban correr más que dominar, a encarar cuando el margen de error era mínimo y a asumir responsabilidades ofensivas incluso en escenarios adversos. Ese bagaje no se borra con el salto a la élite; al contrario, se arrastra como una memoria corporal que reaparece en cada conducción larga, en cada cambio de ritmo y en cada decisión tomada bajo presión.
El ‘Player of the Month’ de enero no premia únicamente lo que Athenea hizo durante cuatro semanas. Premia lo que es capaz de sostener en el tiempo. Premia la coherencia entre pasado y presente. Premia la evolución sin ruptura. En una Liga F Moeve cada vez más competitiva, donde la exigencia física y táctica se eleva jornada tras jornada, la extremo cántabra ha encontrado un lugar desde el que influir sin traicionar su esencia.
Este reconocimiento también interpela al campeonato. La Liga F Moeve no solo celebra a una jugadora; se celebra a sí misma como espacio de desarrollo, como plataforma de visibilidad y como producto deportivo con narrativa propia. La alianza con EA SPORTS refuerza esa proyección internacional y sitúa a las futbolistas en un ecosistema donde el rendimiento tiene eco más allá del césped.
Athenea del Castillo, en este contexto, no es únicamente la jugadora del mes de enero. Es un símbolo de continuidad generacional, de profesionalización sostenida y de identidad futbolística reconocible. Su premio no cierra un ciclo: lo abre. Porque enero ha sido solo una estación en un recorrido que aún tiene capítulos por escribir.
fútbol. Un tramo de la temporada en el que las cifras pueden mentir y los contextos pesan más que los marcadores. El cansancio acumulado, la resaca competitiva de los meses iniciales y la presión por no perder el pulso con la clasificación convierten cada partido en una prueba de madurez colectiva e individual. En ese escenario, Athenea del Castillo no solo sostuvo su rendimiento: lo elevó hasta convertirlo en una herramienta de lectura del juego.
El Real Madrid CF afrontó el mes con una hoja de ruta clara: mantener la regularidad competitiva y reforzar una identidad ofensiva basada en la amplitud, la velocidad en los costados y la ocupación racional de los espacios intermedios. Athenea fue una de las piezas clave de ese plan. No como recurso puntual, sino como vértice desde el que se activaban automatismos reconocibles.
Su primer gran impacto del mes llegó frente al Levante UD. No fue un partido sencillo ni cómodo. El conjunto valenciano propuso un bloque medio-bajo, con ayudas constantes sobre banda y una vigilancia permanente sobre las jugadoras exteriores del Real Madrid. En ese contexto, Athenea no buscó el desborde inmediato. Midió. Esperó. Atrajo. Y cuando el espacio apareció, lo atacó con la precisión de quien entiende el tiempo del juego.
Los dos goles anotados ante el Levante no fueron idénticos, pero sí coherentes con su perfil. Acciones que nacen de su capacidad para interpretar el uno contra uno no como un duelo físico, sino como un ejercicio de lectura corporal. Athenea no necesita una ventaja clara para encarar: le basta una décima de segundo, una leve descoordinación defensiva, un perfil mal orientado. Su arranque corto, casi felino, rompe el equilibrio rival antes de que la ayuda defensiva pueda llegar.
Ese partido sintetizó una de las grandes virtudes de su mes de enero: la eficiencia emocional. Athenea no se acelera con el balón ni se desconecta sin él. Su participación no se limita a la acción final; se extiende a la fase previa, a la fijación de marca, al arrastre de defensoras que liberan carriles interiores para sus compañeras. Es una futbolista que entiende que influir no siempre implica tocar el balón.
Días después, frente al Sevilla FC, su impacto adoptó otra forma. Menos visible para el marcador, pero igual de determinante. La asistencia repartida en ese encuentro nace de una conducción larga, de esas que obligan al bloque rival a retroceder en carrera, desordenándose. Athenea arrastra, temporiza y decide. No fuerza la acción individual cuando el contexto pide pausa. Ese gesto, aparentemente simple, revela una evolución futbolística que va más allá del desborde puro.
Enero también fue un mes de ajustes tácticos. El Real Madrid alternó estructuras, moduló alturas y probó diferentes asociaciones en banda. Athenea se adaptó a cada variante sin perder identidad. En ocasiones, actuó más abierta, pegada a la cal, estirando al máximo el campo. En otras, apareció por dentro, ocupando espacios entre lateral y central, obligando a la defensa rival a elegir entre cerrar o conceder. En esa duda ajena, ella encontró ventaja.
La Supercopa de España añadió un matiz competitivo distinto. El gol anotado en semifinales no fue solo un tanto más en su cuenta personal. Fue una confirmación. El tipo de acción que define carreras: aparecer en un partido de máxima exigencia y responder con determinación. Athenea atacó el espacio con convicción, sin titubeos, demostrando que su juego no se diluye cuando el contexto se vuelve hostil o el margen de error se reduce.
Ese enero confirmó algo que ya se intuía: Athenea del Castillo ha aprendido a competir dentro del sistema sin perder su naturaleza. Su fútbol sigue siendo vertical, agresivo y profundo, pero ahora está sostenido por una comprensión más amplia del juego colectivo. No encadena acciones sin sentido ni fuerza situaciones inexistentes. Selecciona. Y esa selección es una de las claves que explican su impacto sostenido.
Desde el punto de vista defensivo, su aportación también creció durante el mes. No tanto en números, sino en actitud. Athenea entendió cuándo replegar, cuándo cerrar línea de pase y cuándo activar la presión tras pérdida. Su esfuerzo sin balón no responde a una consigna aislada, sino a una lectura global del partido. Sabe cuándo su equipo necesita oxígeno y cuándo necesita intensidad.
Enero fue, en definitiva, el mes en el que Athenea consolidó un estatus. No el de promesa, ni el de talento intermitente, sino el de futbolista determinante en un equipo que aspira a todo. El ‘Player of the Month’ no premia una racha puntual ni una explosión efímera. Reconoce una secuencia de actuaciones coherentes, influyentes y sostenidas en el tiempo.
Mientras el calendario avanzaba, Athenea no se convirtió en un foco de ruido. No reclamó protagonismo mediático ni modificó su comportamiento en el campo. Su fútbol habló por ella. Y lo hizo con un lenguaje claro: el de la jugadora que entiende el ritmo de la competición y sabe cuándo acelerar y cuándo sostener.
En la siguiente entrega, el relato retrocederá para avanzar. Volveremos al origen, al proceso de construcción de Athenea del Castillo como futbolista profesional, con especial atención a su etapa en el Deportivo Abanca, no como anécdota biográfica, sino como cimiento real de su identidad competitiva.
Para entender por qué enero no fue una anomalía en la carrera de Athenea del Castillo, sino una consecuencia lógica, es imprescindible mirar atrás. No hacia los titulares ni hacia los grandes estadios, sino hacia esos contextos donde el fútbol no concede atajos y cada minuto en el campo se gana con insistencia. La futbolista que hoy sostiene el desequilibrio ofensivo del Real Madrid CF no nació en un ecosistema de comodidad competitiva. Se formó, creció y se endureció en escenarios donde el margen de error era mínimo y la exposición, constante.
El Deportivo Abanca no fue un simple punto de paso en su trayectoria. Fue una escuela de supervivencia futbolística. En A Coruña, Athenea entendió pronto que el talento, por sí solo, no basta. Que el desborde pierde sentido si no va acompañado de compromiso, y que la velocidad se convierte en un arma inútil si no se sabe cuándo utilizarla. Aquella etapa, muchas veces resumida de forma superficial, fue en realidad el laboratorio donde se construyó su carácter competitivo.
En el Deportivo Abanca, Athenea no jugaba para destacar: jugaba para sostener. Para dar oxígeno a un equipo que necesitaba transiciones largas, profundidad constante y soluciones individuales cuando el juego colectivo se veía asfixiado. Ese contexto moldeó una futbolista capaz de asumir responsabilidades desde muy joven, acostumbrada a recibir el balón en situaciones de inferioridad numérica y a decidir bajo presión.
Allí aprendió a correr con sentido. A no gastar una conducción si no generaba ventaja. A proteger el balón con el cuerpo cuando la ayuda tardaba en llegar. A entender que el uno contra uno no es un gesto aislado, sino una secuencia que comienza antes del contacto y termina después de la acción. Esa inteligencia competitiva, adquirida en contextos de exigencia estructural, es la que hoy emerge en escenarios de máxima visibilidad.
El salto al Real Madrid CF no borró ese aprendizaje. Lo amplificó. Athenea no llegó como una jugadora por pulir, sino como una futbolista con memoria de esfuerzo. Esa memoria se percibe en su forma de atacar los espacios, en su capacidad para repetir esfuerzos de alta intensidad y en su tolerancia al contacto físico. No rehúye el choque ni se esconde tras el talento. Lo integra.
Con el paso de las temporadas, su juego ha ganado capas. Sigue siendo una extremo de perfil natural, pero ya no responde al estereotipo clásico. Athenea no vive exclusivamente del desborde por fuera. Ha incorporado movimientos interiores, desmarques diagonales y una lectura más fina de las alturas del equipo. Cuando el lateral rival se cierra, ella se abre. Cuando la defensa bascula, ella ataca el intervalo. Cuando el ritmo del partido exige pausa, ella temporiza.
Esa evolución no es casual. Responde a una futbolista que ha sabido escuchar al juego sin traicionarse. Athenea no ha renunciado a su agresividad ofensiva; la ha ordenado. Ha aprendido que no todas las acciones requieren máxima velocidad, y que el desequilibrio también puede generarse desde la amenaza constante, incluso sin tocar el balón.
Su relación con el gol también se ha transformado. En sus primeros años, la finalización era una consecuencia ocasional del desborde. Hoy es una intención clara. Sus dos goles ante el Levante UD en enero son ejemplos de una atacante que ataca el área con convicción, que perfila el cuerpo antes del remate y que no necesita varias oportunidades para ser decisiva. Esa eficacia nace de la repetición, del trabajo silencioso y de una comprensión más madura de su rol.
Pero si hay un rasgo que conecta directamente a la Athenea del Deportivo Abanca con la Athenea del Real Madrid CF es la resiliencia. La capacidad para no desaparecer cuando el partido se complica. Para insistir incluso cuando la defensa rival ajusta, dobla marcas o cambia perfiles. Athenea no interpreta esas situaciones como frenos, sino como desafíos. Y esa mentalidad, forjada lejos del foco, es la que explica su estabilidad emocional en la élite.
Enero de 2026 no fue, por tanto, una revelación. Fue una confirmación. La confirmación de que el recorrido importa. De que el pasado pesa. De que cada sprint en A Coruña, cada duelo perdido y cada partido sin premio visible construyeron una futbolista preparada para responder cuando el escenario lo exige.
El ‘Player of the Month’ reconoce ese recorrido implícitamente. Reconoce que detrás de cada premio hay una biografía competitiva. Que detrás de cada mejora de ítem hay horas invisibles. Y que detrás de cada acción decisiva hay una cadena de aprendizajes que no siempre aparecen en las estadísticas.
En la próxima entrega, el relato se cerrará desde dentro del campo. El scouting de Athenea del Castillo emergerá ya con toda su profundidad, integrado en el discurso, desmenuzando su juego en movimiento, su relación con el espacio, con el tiempo y con el balón, sin compartimentos estancos, como ella misma juega: en continuidad.
Observar a Athenea del Castillo con detenimiento es entender que su fútbol no responde a una sola imagen congelada, sino a una secuencia continua de decisiones. No es una jugadora que se explique desde el gesto aislado, sino desde la acumulación de acciones que, juntas, generan una sensación constante de amenaza. Su verdadero valor no reside únicamente en lo que hace con el balón, sino en todo lo que provoca antes, durante y después de tocarlo.
Athenea es, por naturaleza, una futbolista de ritmo alto. Pero no de velocidad caótica. Su sprint no nace del impulso, sino de la lectura. Antes de acelerar, observa. Perfila el cuerpo. Ajusta la distancia con su defensora directa. Esa microgestión del espacio es una de las claves de su desequilibrio. No necesita recibir en ventaja; la construye en el primer paso.
Cuando recibe abierta, pegada a la banda, su primer control no busca proteger el balón, sino orientar la jugada. Controla hacia delante incluso en espacios reducidos, asumiendo el riesgo como parte de su identidad. Ese gesto obliga a la lateral rival a decidir de inmediato: o encimar o recular. En cualquiera de las dos opciones, Athenea gana información. Si la defensora salta, ella acelera; si duda, ella fija y espera la ayuda interior para atacar el intervalo.
Su cambio de ritmo es corto, eléctrico, casi violento. No necesita recorrer grandes distancias para romper una defensa. Le basta una zancada más rápida que la anterior. Ese arranque, repetido durante todo el partido, va erosionando psicológicamente a las rivales. Incluso cuando no supera el duelo, deja una huella: obliga a bascular, a cerrar, a estar alerta. El simple hecho de que Athenea esté en el campo condiciona la estructura defensiva contraria.
Pero su evolución más significativa aparece cuando el balón no le llega en ventaja. En esos contextos, Athenea ya no fuerza el desborde como única salida. Ha aprendido a soltar, a descargar y a reubicarse. Juega paredes cortas, activa a la lateral o a la interior y ataca el espacio libre con una lectura temporal muy afinada. No corre por correr. Corre cuando sabe que el pase puede llegar.
En el área, su comportamiento ha ganado determinación. Athenea ya no es solo la jugadora que asiste desde línea de fondo. Es la que ataca el segundo palo, la que se cuela entre central y lateral, la que llega desde atrás con el timing justo. Sus goles en enero reflejan esa transformación: finalizaciones limpias, decididas, sin titubeos. No necesita acomodar el balón durante segundos; su gesto es rápido, casi instintivo, fruto de la repetición y la confianza.
Defensivamente, su aportación es menos vistosa, pero igual de relevante. Athenea entiende la presión no como un sprint aislado, sino como una acción coordinada. Cierra líneas de pase, orienta la salida rival hacia zonas menos peligrosas y activa la presión tras pérdida con agresividad medida. No se desconecta tras un error ni se esconde después de una acción fallida. Su respuesta es inmediata, como si el juego no le permitiera detenerse.
Físicamente, sostiene un volumen de esfuerzos alto sin perder lucidez. Su resistencia no es solo aeróbica; es mental. Puede repetir desbordes en el minuto 80 con la misma convicción que en el 10. Esa capacidad, construida en años de contextos exigentes, le permite ser una amenaza constante incluso cuando el partido parece agotarse.
Tácticamente, Athenea ofrece versatilidad sin perder identidad. Puede actuar como extremo puro, como atacante interior o incluso como segunda punta circunstancial cuando el equipo lo requiere. En todas esas posiciones mantiene su esencia: verticalidad, agresividad y lectura del espacio. No necesita reinventarse para adaptarse; adapta su fútbol.
Enero de 2026 fue un escaparate perfecto para este perfil completo. No porque Athenea hiciera algo radicalmente distinto, sino porque lo hizo todo bien. Porque sus acciones tuvieron sentido dentro del colectivo. Porque su talento individual se puso al servicio del plan de partido. Y porque su impacto fue sostenido, no episódico.
El scouting de Athenea no se resume en una lista de virtudes. Se explica en la coherencia de su juego. En la conexión entre lo que fue y lo que es. En la naturalidad con la que asume responsabilidades ofensivas sin perder disciplina táctica. En la forma en la que entiende que el desequilibrio no es solo un acto de rebeldía, sino una herramienta estratégica.
El ‘Player of the Month’ de enero reconoce todo eso sin necesidad de nombrarlo. Reconoce a una futbolista que ya no necesita justificar su presencia en la élite. Que no vive del potencial, sino del rendimiento. Que no depende de un día inspirado, sino de una continuidad construida.
En la quinta y última entrega, el relato se elevará de nuevo al plano colectivo e institucional. Athenea del Castillo como símbolo, la Liga F Moeve como escenario y EA SPORTS como altavoz global. El cierre de una serie que no busca clausurar un hito, sino dejar constancia de su significado.
Todo premio tiene una trampa silenciosa: la de parecer un punto final. Un instante de celebración que clausura un recorrido y lo convierte en recuerdo. El ‘Player of the Month’ de enero para Athenea del Castillo, sin embargo, funciona justo en sentido contrario. No cierra una historia. La empuja hacia delante. La proyecta. La inscribe dentro de un proceso mayor que trasciende a la propia futbolista.
Porque Athenea no es un caso aislado ni una excepción estadística. Es el producto visible de una Liga F Moeve que ha dejado atrás la fase de supervivencia para instalarse en la de construcción consciente. Un campeonato que ya no solo compite, sino que se explica, se narra y se posiciona. El galardón impulsado por EA SPORTS no es un mero reconocimiento individual: es una herramienta de legitimación cultural.
Que la Liga F fuera elegida como el campeonato femenino pionero en integrar este tipo de premios no es casual. Responde a una estrategia clara: dotar al fútbol femenino de los mismos códigos simbólicos que históricamente han consolidado el relato del fútbol masculino, pero reinterpretados desde su propia identidad. Reconocer a la jugadora del mes es reconocer que el rendimiento femenino merece memoria, archivo y jerarquía.
En ese contexto, Athenea del Castillo representa algo más que un gran mes competitivo. Representa una generación que ha crecido sin pedir permiso. Futbolistas que no reclaman visibilidad desde el discurso, sino desde el rendimiento. Que no se presentan como promesas eternas, sino como realidades sostenidas. Que entienden el fútbol como una profesión y el alto nivel como un espacio que se habita, no que se visita.
La lista de ganadoras anteriores —Luany, Edna Imade, Claudia Pina, Ewa Pajor— dibuja un mapa diverso de talento, perfiles y trayectorias. Athenea se suma a ese mapa aportando una narrativa específica: la de la extremo formada en contextos duros, consolidada en la élite y capaz de influir sin perder autenticidad. Su nombre ya no se asocia únicamente al potencial, sino al impacto real.
El papel de EA SPORTS en este proceso no es menor. La mejora de su ítem, más allá del entorno digital, actúa como un reflejo de algo tangible: el fútbol femenino ya no es solo competición, es también industria cultural. Cada premio, cada actualización, cada narrativa construida amplía el ecosistema y conecta a nuevas generaciones con referentes claros y reconocibles.
Athenea, en ese espejo, aparece como una figura coherente. No hay disonancia entre lo que representa dentro del campo y lo que proyecta fuera. Su fútbol es directo, honesto, exigente. No se esconde tras el artificio ni necesita exagerar gestos para ser visible. Su influencia nace del juego, no del ruido.
El ‘Player of the Month’ de enero llega, además, en un momento clave de la temporada. Cuando el desgaste empieza a pesar, cuando la clasificación se aprieta y cuando cada detalle adquiere valor. No es un premio concedido en el inicio ilusionante ni en el final épico, sino en el tramo donde la regularidad se convierte en virtud suprema. Ahí, Athenea sostuvo.
Y sostuvo porque está preparada para hacerlo. Porque su recorrido la ha entrenado para resistir. Porque su fútbol no depende de contextos ideales. Porque entiende que competir al máximo nivel implica adaptarse sin diluirse. Esa es, quizá, su mayor fortaleza.
Para la Liga F Moeve, este reconocimiento refuerza una idea fundamental: el campeonato ya produce referentes estables. Jugadoras que pueden ser narradas mes a mes sin recurrir a la excepcionalidad. El fútbol femenino español ya no vive de hitos aislados, sino de una continuidad competitiva que permite construir memoria colectiva.
Athenea del Castillo no es la jugadora del mes porque enero fuera extraordinario. Lo es porque enero fue coherente con lo que viene siendo. Y esa coherencia es la base sobre la que se construyen las grandes trayectorias.
El tiempo que empieza ahora no es el del recuerdo, sino el de la confirmación. El de sostener lo alcanzado. El de seguir influyendo. El de convertir cada premio en un punto de apoyo, no en una meta.
Enero queda atrás. El nombre permanece y el juego, como siempre en Athenea del Castillo, no se detiene.































