Categoría: Supercopa de España Iberdrola

  • Reportaje | El Real Madrid Femenino y la eternidad sin trofeo: crónica de un gigante que no sabe ganar cuando importa

    (Fuente: RFEF)

    ⬛️ El mejor club del siglo XX ha participado en tres finales y en todas se llevó la plata.

    La historia del Real Madrid Femenino lo es la epopeya de una paradoja moderna: un club que nació con la promesa implícita de la victoria, con el peso simbólico del escudo más ganador del mundo del fútbol, y que sin embargo vive atrapado en una espera que ya no puede explicarse con la juventud del proyecto, ni con la herencia recibida, ni siquiera con la comparación constante con el Barcelona; es una espera que se ha transformado en un relato propio, incómodo y persistente, una sucesión de finales perdidas, de partidos que definen épocas y que siempre acaban del mismo modo, con el Real Madrid mirando al cielo, preguntándose qué falta, por qué nunca alcanza, por qué cuando el título está a noventa minutos —o a una tanda de penaltis— el tiempo se le vuelve en contra.

    Han pasado dos años y ocho meses desde aquel 27 de mayo de 2023 en el que el Real Madrid Femenino tuvo el trofeo de la Copa de la Reina al alcance de la mano y lo dejó escapar ante el Atlético de Madrid, su rival capitalino, en una final que condensó como pocas la esencia de este equipo: talento evidente, momentos de dominio, ventajas mal gestionadas y un desenlace cruel en la tanda de penaltis.

    Aquella noche, en la que el Atlético levantó el título y el Real Madrid volvió a quedarse en la orilla, no fue solo una derrota; fue el inicio de una narrativa que, lejos de cerrarse con el paso del tiempo, se ha ido agravando con cada nueva oportunidad perdida.

    Desde entonces, el reloj no se ha detenido. El club ha cambiado piezas, ha ajustado el proyecto, ha invertido más, ha proclamado ambición y ha reiterado su compromiso con la sección femenina.

    Y, sin embargo, el resultado final sigue siendo el mismo. En 2025, la Supercopa de España volvió a colocar al Real Madrid ante un escenario de máxima exigencia, esta vez frente al Barcelona, el gran antagonista de su historia reciente, el espejo incómodo en el que siempre se refleja. La derrota en aquella final no fue solo una derrota deportiva; fue la confirmación de una jerarquía que el Real Madrid no ha logrado romper, un recordatorio de que competir no es lo mismo que ganar, y de que la distancia entre ambos clubes no se mide solo en presupuestos o en nombres propios, sino en cultura competitiva, en convicción y en una idea clara de cómo se ganan los partidos que definen títulos.

    Y cuando parecía que el tiempo, al menos, podía traer una revancha simbólica, llegó Castellón en 2026. De nuevo la Supercopa.

    De nuevo una final. De nuevo el Real Madrid con la oportunidad de reescribir su historia. Y de nuevo la derrota, esta vez por 0-2, seca, concluyente, sin el dramatismo de los penaltis pero con una contundencia aún más dolorosa, porque dejó la sensación de que el equipo ni siquiera había llegado a rozar el control emocional y futbolístico que exigen este tipo de citas. Castellón no fue una tragedia puntual; fue la confirmación de una tendencia.

    ¿Por qué el Real Madrid Femenino es incapaz de ganar un título? La pregunta, formulada así, resulta incómoda, casi provocadora, pero ya no puede esquivarse. No se trata de una sequía puntual ni de una mala racha. Se trata de un patrón. Y los patrones, en el fútbol de alto nivel, siempre tienen causas profundas.

    La primera es cultural. El Real Madrid masculino se ha construido históricamente desde la épica, desde la remontada, desde la mística del último minuto, desde la fe inquebrantable en que el escudo, por sí solo, inclina el destino. El Real Madrid Femenino, en cambio, ha nacido en un ecosistema completamente distinto, donde la épica no se hereda: se construye.

    Y esa construcción requiere tiempo, memoria colectiva, referentes históricos y una narrativa compartida que todavía no existe. El problema es que el club ha intentado acelerar ese proceso desde la estructura, sin que la cultura competitiva haya madurado al mismo ritmo.

    El segundo factor es identitario. El Real Madrid Femenino aún no tiene un estilo reconocible que lo sostenga en los momentos límite.

    No hay una forma clara de jugar que actúe como refugio cuando la presión aprieta. En las finales, cuando el partido entra en fases de caos, de tensión, de error mínimo, el equipo no se agarra a una identidad sólida, sino que fluctúa, se fragmenta, duda. Y en el fútbol de élite, dudar es perder.

    El tercer factor es psicológico. Las finales se juegan antes de saltar al campo. Y el Real Madrid Femenino llega a ellas con un lastre acumulado: la memoria de la Copa de la Reina de 2023, la derrota ante el Barcelona en la Supercopa de 2025, la caída en Castellón en 2026. Cada final perdida se convierte en una cicatriz que condiciona la siguiente. No es una cuestión de miedo, es una cuestión de carga emocional. El equipo no juega solo contra el rival; juega contra su propio pasado reciente.

    Existe también una dimensión estructural que rara vez se aborda con honestidad: el Real Madrid no ha decidido aún qué quiere ser en el fútbol femenino. Quiere competir, pero sin romper el mercado. Quiere ganar, pero sin asumir riesgos desproporcionados. Quiere crecer, pero sin acelerar procesos.

    Esa indefinición estratégica se traduce en un proyecto que avanza, sí, pero sin la contundencia que exige la élite. En un contexto donde otros clubes han entendido que el éxito requiere decisiones radicales, el Real Madrid ha optado por la evolución gradual y la evolución gradual rara vez gana finales.

    La comparación con el Fútbol Club Barcelona es inevitable, pero también injusta si se hace en términos puramente económicos. El Barcelona no solo ha invertido; ha construido una cultura, una identidad, una estructura formativa y una continuidad técnica que el Real Madrid no tiene.

    El Atlético de Madrid, por su parte, ha demostrado algo igual de valioso: saber competir en finales, incluso cuando no parte como favorito. El Real Madrid, en cambio, sigue siendo un equipo que llega a las finales, pero no las gobierna.

    La derrota en la Copa de la Reina de 2023 fue una oportunidad histórica perdida. Dos años y ocho meses después, sigue siendo el símbolo fundacional del fracaso competitivo del proyecto. La Supercopa de 2025 ante el Barcelona consolidó la jerarquía ajena. Castellón 2026 certificó que el problema no era circunstancial, sino estructural.

    Lo más grave no es perder. Lo verdaderamente grave es normalizar la derrota. Y el entorno del Real Madrid empieza, peligrosamente, a asumir que llegar a la final ya es suficiente.

    Ese es el umbral psicológico que separa a los grandes proyectos de los proyectos ganadores. Los equipos que ganan títulos no celebran finales; celebran trofeos. Los equipos que no los ganan convierten las finales en su techo simbólico.

    El Real Madrid vive exactamente ahí: en el techo de la final. Siempre cerca. Siempre presente. Siempre competitivo. Nunca campeón.

    La paradoja es cruel: el club que más títulos ha ganado en la historia del fútbol vive, en su sección femenina, la experiencia contraria. La espera. La frustración. La sensación de que el tiempo pasa y la historia no arranca. La idea de que el proyecto crece, pero el palmarés no.

    Y el tiempo, en el deporte de élite, no es neutro. Dos años y ocho meses pueden parecer poco en términos históricos, pero son una eternidad en términos deportivos cuando se encadenan finales perdidas. Cada temporada sin título refuerza la narrativa del “todavía no”. Cada derrota alimenta el relato del “algún día”. Y los proyectos que viven del “algún día” suelen quedarse atrapados en él.

    El Real Madrid Femenino no está lejos de ganar un título. Pero tampoco está cerca. Está en ese espacio intermedio que es el más peligroso de todos: el de los equipos que compiten sin dominar, que ilusionan sin culminar, que prometen sin concretar.

    Ese espacio donde se construyen las frustraciones largas, no las derrotas puntuales.

    Castellón 2026 no es solo una final perdida. Es un espejo. Y el reflejo es claro: mientras el club no transforme su cultura competitiva, su identidad futbolística y su ambición estructural, seguirá llegando a finales sin ganarlas. Seguirá acumulando relatos sin trofeos. Seguirá escribiendo historias sin finales felices.

    El Real Madrid no compite en el vacío; compite en un ecosistema global que ha cambiado radicalmente en menos de una década. Mientras que algunos clubes europeos han entendido que el éxito sostenido requiere paciencia estratégica, inversión inteligente y construcción cultural, el Madrid parece atrapado en un dilema moderno: quiere ganar rápido y a la vez construir lentamente. Esa tensión entre urgencia y planificación se traduce en finales que se pierden por detalles mínimos, en penaltis fallados, en goles encajados cuando la concentración debería ser absoluta. El talento está ahí: jugadoras de élite, internacionales consolidadas y promesas jóvenes que podrían ser decisivas en cualquier otro club. Sin embargo, el talento aislado nunca ha sido suficiente para ganar finales, y menos aún cuando el entorno psicológico y táctico no está alineado con la exigencia de la cita.

    La comparación con clubes de élite europeos revela aún más el reto del Real Madrid. En Inglaterra, el Chelsea y el Arsenal han invertido en continuidad de proyectos técnicos, en identidad de juego y en mentalidad de campeón, y sus resultados se reflejan en títulos nacionales e internacionales. En Alemania, el Wolfsburgo y el Bayern Múnich construyen estructuras que combinan cantera, plantilla profesional y estabilidad de entrenador, generando equipos capaces de decidir partidos con autoridad. En Francia, el Lyon ha consolidado una cultura de victoria que va mucho más allá de la individualidad de sus futbolistas. Frente a estos modelos, el Real Madrid Femenino aún parece un proyecto en construcción: llega a finales, pelea, emociona, pero no domina ni impone. Y en el fútbol femenino de élite, no dominar es perder.

    Cada derrota reciente del Real Madrid se convierte, además, en una lección que debe ser interpretada con rigor, y sin embargo el patrón se repite.

    La Copa de la Reina de 2023 ante el Atlético de Madrid, la Supercopa de España 2025 contra el Barcelona y la Supercopa 2026 en Castellón contra un rival que supo imponerse con claridad muestran una constante: el Madrid llega con capacidad, con ilusión y con recursos, pero no consigue traducir esa ventaja relativa en resultado. En cada uno de estos partidos, el problema no fue técnico, sino estratégico y psicológico: cómo sostener la ventaja, cómo gestionar la presión, cómo imponer una narrativa propia en un contexto donde todos los elementos externos —afición, rival, historia— presionan simultáneamente.

    La psicología de las finales es otro factor clave. Los equipos campeones internalizan que una final no se juega únicamente en el campo, sino también en la mente. Cada pase, cada balón dividido, cada decisión arbitral es un examen, y solo los que dominan la dimensión emocional logran convertir esa presión en ventaja. El Real Madrid Femenino, hasta ahora, ha mostrado fragilidad en esa área. Los penaltis fallados ante el Atlético en 2023, el colapso parcial frente al Barcelona en 2025 y la incapacidad de controlar Castellón 2026 son síntomas de que el aprendizaje no se ha consolidado. Dos años y ocho meses después de la primera final perdida, el club sigue pagando el precio de la presión acumulada y la falta de mentalidad ganadora instalada en su ADN competitivo.

    Pero no todo es desesperanza. La evidencia de que el talento existe, de que la plantilla tiene calidad, de que la estructura está en crecimiento, indica que el Real Madrid Femenino aún puede reescribir su historia. La clave será transformar estas lecciones dolorosas en cambios profundos: consolidar una identidad futbolística clara que sea innegociable en los momentos de tensión, asumir decisiones de mercado valientes que refuercen la jerarquía dentro del equipo, y construir una cultura que enseñe a ganar cuando importa. Hasta ahora, cada final perdida ha sido un espejo que refleja lo que falta; la oportunidad de futuro será convertir ese espejo en una guía.

    El desafío de transformar potencial en títulos es también un desafío de narrativa. Mientras el entorno mediático y los aficionados recuerden solo las finales perdidas, la presión sobre el equipo se intensifica. La sección femenina del Real Madrid no solo compite por trofeos; compite por redefinir lo que significa portar el escudo en un contexto donde la historia reciente no le sonríe. Cada partido decisivo se convierte en una prueba de identidad, en un examen de capacidad para trascender la frustración histórica. Y esa es, quizás, la prueba más difícil de todas: ganar no solo a rivales, sino también al peso simbólico de la propia historia del club.

    Castellón 2026 confirma que el reto no es solo técnico. El 2-0 ante un rival que impuso su narrativa demuestra que el Madrid todavía carece de consistencia en los momentos decisivos.

    La memoria de las derrotas pasadas pesa más que la energía de las nuevas oportunidades, y la presión acumulada puede bloquear incluso el talento más evidente. Los dos años y ocho meses transcurridos desde la final de la Copa de la Reina de 2023 han servido para acumular experiencia, pero no para consolidar un proyecto ganador. Cada nueva temporada ofrece la posibilidad de redimir esas derrotas, pero el tiempo no se detiene; la historia continúa escribiéndose y la espera se convierte en un elemento definitorio de la narrativa del club.

    La transformación necesaria es profunda. No basta con cambiar jugadoras o entrenadores; se requiere una redefinición estratégica que combine inversión, identidad, cultura y psicología. Ganar títulos exige más que talento individual; exige un engranaje colectivo que funcione incluso bajo presión extrema. Hasta que eso ocurra, el Real Madrid Femenino seguirá siendo un gigante atrapado en la frontera entre competir y ganar, entre soñar y levantar un trofeo.

    El relato del Real Madrid Femenino es la historia de un club que no sabe cómo cerrar finales, que acumula penaltis fallados, goles encajados y oportunidades desperdiciadas. Dos años y ocho meses después de la final de la Copa de la Reina de 2023, la narrativa sigue siendo dolorosamente la misma: llega, pelea, emociona, pero no gana. La sección femenina ha alcanzado alturas en cuanto a visibilidad, profesionalización y talento, pero la esencia de la victoria sigue escapando, recordando a todos que en el fútbol femenino de élite, competir no es suficiente. Ganar es la única medida definitiva.

    Mientras los líderes del club, las jugadoras y los entrenadores analicen estas derrotas, el verdadero desafío será no repetir los errores de la historia reciente. Castellón 2026 debe ser leído no solo como un marcador adverso, sino como un llamado urgente a la transformación. El Real Madrid Femenino tiene todo para cambiar su destino, pero el tiempo corre y la paciencia del escudo no es infinita. Cada nueva final es una oportunidad para reescribir la historia, y el club deberá decidir si aprende de las derrotas o sigue atrapado en la narrativa de la espera eterna.
    proyecto incompleto por casualidad; su estructura y evolución reflejan las complejidades de un club que intenta crecer rápidamente en un ecosistema ya maduro.

    Mientras otros clubes europeos han construido secciones femeninas con décadas de identidad y éxito acumulado, el Madrid ha iniciado su camino hace relativamente poco tiempo, incorporando al equipo del Club Deportivo Tacón en 2020 y elevándolo al estatus de primer equipo bajo el escudo más reconocido del mundo.

    Esa incorporación fue estratégica y necesaria, pero implicó asumir un proyecto en construcción, con carencias de cultura interna y de continuidad táctica que solo pueden corregirse a largo plazo. La paradoja es que, pese a todo el talento individual y a los recursos disponibles, los resultados no se reflejan en títulos: la memoria de las finales perdidas, la presión mediática y la comparación constante con los rivales consolidan un patrón que parece perpetuarse.

    La cantera, que en otros clubes actúa como base de identidad y sostenibilidad, aún no ha dado frutos decisivos en el Real Madrid Femenino.

    La sección juvenil tiene talento, pero la integración de jugadoras jóvenes en momentos de máxima exigencia es limitada y no siempre acompañada de un proceso de maduración que permita sostener la presión de finales. En clubes como Lyon, Wolfsburgo o Chelsea, la transición entre categorías inferiores y primer equipo está perfectamente estructurada: las jugadoras crecen con la cultura de la victoria incorporada, con una mentalidad competitiva que no se fractura en los momentos decisivos. En el Real Madrid, en cambio, la cantera aún no ha generado líderes capaces de asumir la responsabilidad en finales, y la sección femenina depende en exceso de la experiencia de fichajes externos.

    Esa dependencia crea desequilibrios en la identidad del equipo: talento, sí, pero cohesión limitada, liderazgo emergente sin consolidar y una narrativa colectiva que todavía no domina los momentos críticos.

    La comparación europea es demoledora en términos de estrategia y resultados. En Inglaterra, Chelsea, Arsenal y Manchester City han construido proyectos sostenibles, con entrenadores que permanecen años, con plantillas reforzadas con precisión y con academias que funcionan como motores de identidad y competitividad.

    En Alemania, Wolfsburgo y Bayern de Múnich combinan experiencia, juventud y continuidad táctica para garantizar que cada final no sea una sorpresa, sino un escenario donde la planificación se traduce en victoria. En Francia, el Lyon ha demostrado que la cultura de éxito no depende únicamente del talento, sino de un proyecto integral que controla todos los elementos del club: planificación, cantera, fichajes, mentalidad y estilo de juego. Frente a estos ejemplos, el Real Madrid Femenino sigue siendo un proyecto en crecimiento: capaz de llegar a finales, pero aún incapaz de dominarlas y de consolidarse como vencedor.

    Las finales perdidas se han convertido en un patrón claro. La Copa de la Reina 2023 frente al Atlético de Madrid mostró que el Madrid tiene capacidad para competir, pero no para controlar la narrativa del partido. Los penaltis fallados no fueron un accidente; fueron consecuencia de una preparación psicológica insuficiente y de una incapacidad para asumir la presión máxima. La Supercopa de España 2025 frente al Barcelona evidenció lo mismo: talento y esfuerzo, sí, pero falta de control, de liderazgo y de identidad táctica para sostener la ventaja.

    Y Castellón 2026 confirmó la tendencia: 0-2 frente a un rival sólido, capaz de imponer su narrativa, mientras el Madrid volvía a quedar atrapado en la dinámica de reacción en lugar de acción. Dos años y ocho meses después de la primera gran final perdida, el patrón sigue intacto.

    (Fuente: CSD)

    El aspecto psicológico es clave. Las jugadoras del Real Madrid Femenino no solo juegan contra rivales, sino contra la memoria de derrotas recientes. Cada penalti fallado, cada partido perdido en los últimos minutos, cada final en la que el título se escapa alimenta un peso emocional que condiciona la actuación. Los equipos campeones no solo dominan en el campo; dominan la mente. Cada pase, cada decisión, cada acción está permeada por la convicción de que el resultado se puede controlar. El Madrid aún carece de esa fortaleza mental colectiva, y mientras no la desarrolle, las finales seguirán siendo obstáculos insalvables.

    Pero no todo es desesperanza. La plantilla tiene potencial, la estructura está creciendo, los recursos son abundantes y la visibilidad del proyecto es máxima. Esto significa que la posibilidad de cambiar la narrativa existe. Para lograrlo, el club debe consolidar un estilo de juego claro, asumir decisiones estratégicas audaces en el mercado, reforzar el liderazgo interno y, sobre todo, entrenar la resiliencia mental de sus jugadoras para que los partidos decisivos dejen de ser una carga emocional. La historia reciente —Copa de la Reina 2023, Supercopa 2025, Castellón 2026— debe servir como espejo y como guía, no como condena.

    El tiempo sigue corriendo, y los dos años y ocho meses transcurridos desde la final de 2023 son un recordatorio de que la espera ya no puede prolongarse indefinidamente. Cada nueva final será, inevitablemente, comparada con las derrotas anteriores. Cada oportunidad perdida refuerza la narrativa del “todavía no” y de la eterna espera de un título que confirme que el proyecto ha alcanzado la madurez necesaria. Pero cada nueva oportunidad también es un reto, un examen de aprendizaje y de capacidad de transformación. Castellón 2026, con su derrota por 0-2, no debe ser un final; debe ser un punto de inflexión.

    El Real Madrid Femenino está en un momento de bifurcación histórica. Puede seguir acumulando finales perdidas y perpetuar la narrativa de la espera, o puede transformar el dolor de la derrota en motor de cambio. La clave está en consolidar un proyecto integral: identidad de juego, planificación estratégica, mentalidad de campeón, liderazgo interno y gestión eficaz de la cantera. Hasta que eso ocurra, el patrón seguirá repitiéndose: llegar a finales, emocionar, luchar, y no ganar. La historia reciente demuestra que el talento y la inversión no son suficientes. La victoria requiere algo más profundo: cultura, coherencia y resiliencia.

    El relato del Real Madrid Femenino es, por tanto, la historia de un gigante que aún no ha aprendido a cerrar finales, que acumula frustraciones en lugar de títulos, y que se enfrenta a un reto histórico: transformar el potencial en éxito tangible. Dos años y ocho meses después de la Copa de la Reina 2023, las finales siguen llegando y las oportunidades continúan, pero la lección es clara: solo un proyecto integral, audaz y decidido podrá romper la maldición de la espera y convertir al Real Madrid Femenino en un club campeón. Cada partido decisivo es una oportunidad de redención, y el tiempo corre con implacable exigencia.

    La historia del Real Madrid Femenino en finales recientes no se entiende sin analizar a sus rivales, porque cada derrota refleja no solo limitaciones propias, sino la capacidad de los adversarios para imponerse con claridad. En la Copa de la Reina 2023, el Atlético de Madrid no fue un rival cualquiera: su experiencia en finales y su capacidad para gestionar la presión convirtió la tanda de penaltis en un desafío psicológico imposible de superar para el Madrid. Los números hablan por sí mismos: el Real Madrid falló dos penaltis cruciales —Olga Carmona y Teresa Abelleira— mientras que Lola Gallardo, portera atlética, detuvo dos de los tres lanzamientos, construyendo la base de una victoria épica para su club. Esa final marcó un punto de inflexión: el Madrid había competido, había dominado fases del juego, pero cuando la tensión alcanzó su punto máximo, el resultado se decidió fuera del campo de juego, en la mente y en los nervios de las jugadoras.

    La Supercopa de España 2025 frente al Barcelona consolidó un patrón diferente pero igualmente doloroso. El Barcelona no solo contaba con una plantilla de élite y con experiencia acumulada en competiciones internacionales, sino que su identidad futbolística estaba claramente definida: presión alta, juego colectivo, aprovechamiento de los espacios y control emocional en los momentos decisivos. El Real Madrid, por el contrario, mostró fases de brillantez individual, pero careció de consistencia táctica y mental, dejando que la narrativa del partido fuera dictada por el rival. El resultado no fue un accidente: fue la consecuencia de la incapacidad de sostener ventajas, de controlar la ansiedad y de imponer un plan que resistiera la presión de la final.

    Castellón 2026, con la derrota por 0-2, confirmó la tendencia. A diferencia de la Copa de 2023, esta vez el partido no llegó a la tanda de penaltis; el resultado fue más concluyente, reflejo de un equipo rival que supo imponer su juego y aprovechar los errores del Madrid. Este marcador evidencia algo crucial: el problema del Real Madrid no es solo la presión de los momentos críticos, sino también la falta de capacidad para sostener la intensidad, la concentración y la organización durante todo el partido. Dos años y ocho meses después de aquella primera final perdida, el patrón sigue siendo el mismo: talento, recursos y oportunidades, pero incapacidad para convertirlos en trofeos.

    Los penaltis fallados se convierten en un símbolo de esta fragilidad. Cada lanzamiento errado es una metáfora de la tensión acumulada, del aprendizaje incompleto y de la presión histórica que pesa sobre el club. No se trata de casualidad ni de mala suerte: los penaltis reflejan preparación, carácter y mentalidad competitiva, y en este terreno, el Madrid ha mostrado vulnerabilidad repetida.

    La lectura estratégica de esos errores podría transformar la narrativa si se aplican cambios concretos: entrenamiento psicológico intensivo, refuerzo de liderazgo en el vestuario, y simulación de situaciones de máxima presión durante la temporada. Sin intervención decidida, las finales futuras podrían seguir reproduciendo la misma secuencia dolorosa.

    En cuanto a la proyección de títulos, el panorama es mixto pero con oportunidades claras. El Real Madrid Femenino tiene recursos financieros, visibilidad y acceso a talento de primer nivel.

    La clave será convertir esas ventajas en coherencia competitiva. Si el club consolida un proyecto estratégico integral, define su identidad de juego y fortalece la resiliencia psicológica de sus jugadoras, es posible proyectar que en los próximos tres a cinco años pueda romper el patrón de finales perdidas y conquistar su primer gran título. Pero la ventana de oportunidad no es infinita: la competencia europea y nacional sigue creciendo, y cada año sin título aumenta la presión y complica la gestión de expectativas internas y externas.

    Más allá de las estadísticas y los resultados, existe un componente cultural que condiciona al Real Madrid Femenino: la comparación constante con la sección masculina, que ha ganado todo lo imaginable. Esa presión simbólica es un arma de doble filo.

    Por un lado, inspira y da recursos; por otro, genera expectativas que el proyecto femenino aún no puede cumplir de manera sostenida. Dos años y ocho meses después de la Copa de 2023, el Madrid sigue siendo un gigante que impresiona, que emociona, pero que no levanta trofeos. Cada final perdida refuerza esta narrativa y aumenta la urgencia de una transformación profunda y sostenida.

    El desafío estratégico es claro: consolidar un estilo de juego definido, garantizar continuidad técnica en el cuerpo técnico, formar líderes en la plantilla, integrar la cantera de manera efectiva y entrenar la resiliencia psicológica para que los momentos de máxima presión no se conviertan en un muro insalvable.

    Castellón 2026 debe leerse no como un fracaso aislado, sino como un llamado a la acción urgente. La narrativa de la espera eterna solo terminará cuando estos cambios se materialicen y el Real Madrid Femenino logre no solo competir, sino ganar cuando importa.

    En la perspectiva europea, la sección femenina del Madrid todavía está en una fase de consolidación. Comparado con rivales como Barcelona, Lyon, Wolfsburgo o Chelsea, el proyecto es joven, pero tiene todos los recursos para crecer. La pregunta es si la dirección del club y las jugadoras sabrán internalizar las lecciones de finales recientes y traducirlas en victorias tangibles. Cada nueva final será un examen, cada derrota un espejo de lo que falta, y cada oportunidad ganada un cambio radical en la narrativa histórica del club.

    La historia reciente demuestra que el talento y los recursos no bastan; ganar títulos exige coherencia, cultura competitiva, liderazgo y fortaleza mental. El Real Madrid Femenino lo tiene todo para transformar su historia, pero el tiempo corre, la competencia aumenta y la espera ya es larga. Dos años y ocho meses después de aquella Copa de la Reina de 2023, la narrativa se mantiene, pero la oportunidad de cambio es tangible y urgente. Solo un proyecto integral, decidido y bien ejecutado puede romper el patrón de finales perdidas y convertir al Real Madrid Femenino en un club campeón, capaz de transformar la ilusión en trofeos y la espera en victoria.

    El Real Madrid Femenino sigue siendo un gigante con pies de barro, un club que ha alcanzado la élite, que emociona y que compite como pocos, pero que aún no ha aprendido a levantar un trofeo cuando todo está en juego. Dos años y ocho meses después de aquella final de la Copa de la Reina de 2023 ante el Atlético de Madrid, la historia reciente —Supercopa de España 2025 ante el Barcelona, Supercopa 2026 en Castellón— confirma un patrón doloroso: finales alcanzadas, oportunidades desaprovechadas, ilusión que no se traduce en títulos. Cada derrota refleja no solo fallos tácticos o errores individuales, sino la falta de consolidación de un proyecto integral que combine identidad, liderazgo, resiliencia y cultura de victoria.

    Pero la grandeza del Real Madrid no se mide solo por los trofeos, sino por la capacidad de aprender del fracaso, de transformar la presión en determinación y de convertir la historia de la espera en una narrativa de conquista. La sección femenina tiene todas las herramientas para romper el patrón: talento, recursos, visibilidad y la motivación de un escudo que no permite mediocridad. El desafío es monumental, porque ganar no es un accidente ni una casualidad; es el resultado de coherencia, estrategia, mentalidad y capacidad de imponer tu narrativa incluso bajo la máxima presión.

    El tiempo sigue corriendo, y cada nueva final será una prueba de todo lo aprendido. Castellón 2026 es un recordatorio de lo que falta, no un epitafio. La pregunta ya no es si el Real Madrid Femenino puede ganar, sino cuándo logrará transformar la ilusión y el potencial en títulos que queden para la historia. Porque el club tiene la obligación histórica y simbólica de convertir la espera en victoria, de demostrar que incluso los gigantes pueden aprender a sostenerse en la cima, de que la gloria no es solo un recuerdo del pasado masculino, sino un horizonte alcanzable en femenino.

    Y cuando eso ocurra, cada derrota, cada penalti fallado y cada final perdida dejará de ser una cicatriz y se convertirá en la antesala de la grandeza definitiva.

    El Real Madrid Femenino está a un paso de la transformación; depende de su capacidad para aprender de la historia, para consolidar su proyecto y para convertir la épica en trofeos. Dos años y ocho meses después de aquel 27 de mayo de 2023, la espera continúa, pero la esperanza nunca ha sido más tangible.

    La victoria, finalmente, aguarda al gigante que ha aprendido a levantarse de cada caída, pues por todos es sabido que Florentino Pérez prometió abrir el Estadio Santiago Bernabéu cuando su sección femenina conquiste un trofeo

  • La crónica | El Barcelona retiene la Supercopa

    (Fuente: RFEF)

    ⬛️ Las azulgranas se impusieron por 2-0 al Real Madrid CF en la final de la Supercopa de España, que se disputó en el estadio de Castalia, en Castellón. Los goles de Esmee Brugts y de Alexia Putellas, de penalti, decidieron el encuentro. La presidenta de Liga F Moeve, Beatriz Álvarez, estuvo presente en el palco.

    La previa |

    (Fuente: RTVE)

    La Supercopa de España vuelve a citarse con la historia en un escenario que ya no admite medias tintas ni discursos tibios. Cuando FC Barcelona y Real Madrid se encuentran en una final, y más aún cuando lo hacen con un título en juego, el fútbol femenino español deja de ser únicamente competición para convertirse en relato, en símbolo y en espejo de una evolución que ha transformado el mapa del deporte en la última década. Esta final no es una más. No puede serlo. No lo es por el contexto, no lo es por las ausencias, no lo es por el momento de ambos proyectos y, sobre todo, no lo es porque llega cargada de memoria reciente, de cuentas pendientes y de una sensación inequívoca: lo que ocurra sobre el césped tendrá un eco que irá mucho más allá de los noventa minutos.

    El FC Barcelona afronta esta final con la posibilidad de conquistar su quinta Supercopa de España de manera consecutiva —2020, 2022, 2023, 2024 y 2025—, una secuencia que no solo engrosaría su palmarés, sino que reforzaría una hegemonía ya incuestionable y que le ha permitido convertirse en la gran referencia histórica de la competición. No se trata únicamente de números, de títulos o de estadísticas acumuladas; se trata de una forma de estar, de competir y de entender las finales como un territorio propio. El Barça llega a esta cita sabiendo que es el rival a batir, el espejo en el que todos se miran y el listón que obliga al resto a crecer. Y esa condición, lejos de relajar, exige una versión aún más elevada, porque cada partido decisivo se convierte en una defensa del legado.

    Sin embargo, el camino hacia esta final no ha sido plácido ni exento de contratiempos. Pere Romeu, entrenador azulgrana, no podrá contar con Aitana Bonmatí, una ausencia que trasciende lo meramente futbolístico y que afecta al corazón mismo del juego del Barça. Aitana no es solo talento, es ritmo, pausa, lectura y liderazgo silencioso. Su lesión obliga a replantear matices, a redistribuir responsabilidades y a confiar en una estructura colectiva que, precisamente, se ha construido para resistir incluso la falta de sus pilares más reconocibles. A esta baja se suma la de Kika Nazareth, expulsada con roja directa en el encuentro de semifinales, una circunstancia que añade un componente emocional a la previa y que priva al equipo de una futbolista capaz de romper partidos desde la creatividad y la energía.

    Pese a todo, el mensaje del vestuario azulgrana ha sido claro desde el primer momento. Tras certificar el pase a la final, Pere Romeu no rehuyó el peso simbólico del enfrentamiento y verbalizó lo que flota en el ambiente cada vez que aparece el Real Madrid al otro lado del campo: “Jugar y ganar una final al Real Madrid es muy motivante porque es un equipo que siempre nos exige dar una versión muy buena de nosotras. Creo que será una grandísima final e intentaremos llevar la Supercopa a casa”. No hay arrogancia en sus palabras, pero tampoco falsa modestia. Hay conciencia del desafío y respeto por un rival que, con el paso del tiempo, ha aprendido a mirar al Barça no solo desde la aspiración, sino desde la convicción de que es posible competirle.

    Porque si esta final tiene una narrativa distinta a otras es, precisamente, por el crecimiento sostenido del Real Madrid. El conjunto blanco afronta su tercera final, la segunda en la Supercopa de España, con un objetivo tan claro como histórico: inaugurar su palmarés. Para una entidad acostumbrada a ganar, a convertir los títulos en costumbre, este punto de partida en el fútbol femenino tiene una carga simbólica enorme. No se trata únicamente de levantar un trofeo; se trata de abrir una puerta, de romper un techo psicológico y de demostrar que el proyecto está preparado para dar el salto definitivo.

    El Real Madrid llega a esta final con la memoria reciente como aliada. La temporada pasada, en el encuentro liguero disputado en el Lluís Companys, las blancas lograron una victoria tan inesperada como contundente, un 1-3 que supuso un golpe sobre la mesa y que cambió la percepción de muchos sobre la distancia real entre ambos equipos. Aquella noche no fue solo una victoria; fue una declaración de intenciones, una demostración de que el Barça, incluso en su mejor versión histórica, puede ser vulnerado si el rival ejecuta el plan con precisión quirúrgica, valentía y convicción.

    Ese recuerdo planea sobre esta final como una sombra estimulante para unas y como una advertencia para otras. El Barça sabe que el Real Madrid ya ha demostrado que puede ganarle. El Real Madrid sabe que puede volver a hacerlo. Y esa certeza compartida eleva la tensión competitiva a un nivel superior, porque elimina el factor sorpresa y obliga a ambos cuerpos técnicos a afinar cada detalle.

    En el banquillo blanco, Pau Quesada no podrá contar con dos ausencias ya conocidas y sensibles: Frohms y Tere Abelleira. Dos bajas que afectan tanto a la estructura defensiva como al equilibrio del centro del campo y que condicionan los automatismos de un equipo que ha ido encontrando su identidad desde la solidez y el control de los tempos. A ello se suma una circunstancia poco habitual pero significativa: tras la victoria en semifinales, fue Antonio Rodríguez quien ejerció de entrenador debido a la baja de Pau Quesada por motivos personales. Su discurso, lejos de la euforia, reflejó la mentalidad con la que el Real Madrid quiere afrontar este tipo de citas: “Es una competición muy corta, muy rápida, planteas 90 minutos, con penaltis. Ahora hay que descansar, pero yo estoy pensando desde ya en la final”.

    Esa frase resume a la perfección el espíritu de esta Supercopa. No hay margen para la especulación, no hay tiempo para corregir errores en jornadas posteriores. Todo se decide en un partido, o incluso en una tanda de penaltis, y eso convierte cada acción en definitiva. Cada duelo individual, cada transición, cada balón parado puede inclinar la balanza. En ese contexto, la gestión emocional adquiere una importancia capital, y ahí el Barça parte con la ventaja de la experiencia acumulada, mientras que el Real Madrid se aferra al hambre y a la sensación de estar ante una oportunidad irrepetible.

    La final se presenta, además, como un choque de estilos que ya no son antagónicos, sino evolutivos. El FC Barcelona sigue siendo fiel a una identidad basada en la posesión, en la presión alta y en la ocupación racional de los espacios, pero ha aprendido a convivir con escenarios más abiertos y a resolver partidos desde la madurez. El Real Madrid, por su parte, ha dejado atrás la etiqueta de equipo reactivo para convertirse en un conjunto capaz de dominar fases del juego, de alternar registros y de castigar con eficacia cuando encuentra grietas en el sistema rival.

    Todo ello convierte esta final en un acontecimiento que trasciende la propia Supercopa. Es un termómetro del momento actual del fútbol femenino español, una fotografía de dos proyectos que representan polos distintos pero cada vez más cercanos, y una oportunidad para seguir construyendo una rivalidad que ya no necesita justificaciones externas para ser considerada un clásico.

    Aquí no hay únicamente un título en juego. Hay reputación, memoria, futuro y un mensaje que quedará grabado en la temporada. El Barça persigue la continuidad de una era dorada, la confirmación de que su dominio no es circunstancial sino estructural. El Real Madrid busca el punto de inflexión, el día en que todo cambie y en que la palabra “todavía” deje de acompañar a su palmarés.

    Cuando el balón eche a rodar, todo lo anterior quedará suspendido durante noventa minutos —o los que sean necesarios—, pero nada desaparecerá del todo. Porque esta final ya se ha empezado a jugar mucho antes del pitido inicial, en la cabeza de las futbolistas, en la planificación de los entrenadores y en la expectativa de un público que sabe que está a punto de presenciar algo más que un partido. Está a punto de asistir a un nuevo capítulo de una historia que se escribe, precisamente, en noches como esta.

    La continuidad de esta previa exige adentrarse todavía más en las capas que sostienen este enfrentamiento, porque una final entre FC Barcelona y Real Madrid no se explica únicamente desde la coyuntura inmediata ni desde la alineación del día del partido. Se explica desde un proceso histórico reciente, desde una rivalidad que ha ido construyéndose casi a contrarreloj y desde la necesidad mutua de ambos clubes de legitimarse en el presente y proyectarse hacia el futuro del fútbol femenino europeo.

    El FC Barcelona llega a esta final con la serenidad de quien ha transitado este camino en innumerables ocasiones, pero también con la presión inherente a quien sabe que cada título ya no se celebra únicamente como una conquista, sino como una obligación. El barcelonismo femenino ha normalizado la excelencia hasta el punto de que cualquier desenlace que no sea levantar el trofeo se percibe como una anomalía. Esa normalización es, al mismo tiempo, la mayor fortaleza y el mayor riesgo del proyecto. Fortalecimiento, porque dota al equipo de una mentalidad ganadora inquebrantable; riesgo, porque cualquier fisura es amplificada por el contexto y por la expectativa externa.

    En este escenario, la ausencia de Aitana Bonmatí adquiere una dimensión casi simbólica. No es habitual que el Barça afronte una final de esta magnitud sin una de sus grandes referencias, y eso obliga a reinterpretar el relato. Ya no se trata solo de demostrar superioridad futbolística, sino de exhibir profundidad de plantilla, capacidad de adaptación y madurez competitiva. El mensaje implícito es claro: el FC Barcelona no depende de una sola futbolista, por determinante que sea, sino de una estructura colectiva que se ha ido puliendo durante años de exigencia máxima.

    Pere Romeu, en este sentido, representa una figura clave. Su gestión del grupo ha estado marcada por la continuidad de una idea heredada, pero también por la introducción de matices que buscan sostener el rendimiento en contextos cada vez más complejos. Esta final es, también, una prueba para su liderazgo en el banquillo azulgrana, porque las grandes finales no se deciden únicamente desde la pizarra, sino desde la capacidad de transmitir calma, convicción y claridad en los momentos de mayor tensión.

    El Real Madrid, en cambio, se presenta en esta cita desde un lugar emocional radicalmente distinto. Cada final disputada hasta ahora ha sido una experiencia de aprendizaje, una acumulación de frustraciones contenidas y de sensaciones a medio camino entre el orgullo por haber llegado y la decepción por no haber culminado. Esa mochila pesa, pero también empuja. Porque inaugurar el palmarés no es solo una meta deportiva; es un acto fundacional. Es el momento en que el proyecto deja de ser promesa para convertirse en realidad tangible.

    El recuerdo del triunfo en el Lluís Companys sigue funcionando como un anclaje psicológico poderoso. Aquella victoria no fue fruto del azar ni de un contexto excepcional, sino de un plan ejecutado con una precisión que sorprendió incluso a quienes mejor conocían al equipo blanco. Desde entonces, cada enfrentamiento con el Barça se afronta desde una lógica distinta: ya no se trata de resistir y esperar, sino de competir de tú a tú, de asumir riesgos y de creer en la propia capacidad para decidir el partido.

    Las bajas de Frohms y Tere Abelleira, sin embargo, introducen un elemento de incertidumbre que obliga al Real Madrid a reinventarse parcialmente. Frohms aporta seguridad bajo palos y experiencia en escenarios de máxima exigencia, mientras que Tere Abelleira es una pieza fundamental en la organización del juego, en la salida de balón y en la lectura táctica. Su ausencia obliga a redistribuir roles y a confiar en alternativas que, aunque preparadas, deberán demostrar su temple en una final de este calibre.

    El papel de Antonio Rodríguez en la semifinal, sustituyendo circunstancialmente a Pau Quesada, dejó una imagen significativa del espíritu del equipo. Su discurso fue el de alguien consciente de la excepcionalidad del momento, pero también de la necesidad de mantener los pies en el suelo. En una competición tan corta, tan concentrada, cada decisión adquiere un valor exponencial. No hay tiempo para reconstruirse tras un error; solo para reaccionar con rapidez y determinación.

    Esta final se mueve, además, en un terreno simbólico especialmente delicado. El Clásico femenino ha pasado en pocos años de ser una promesa a convertirse en una realidad consolidada, con audiencias, impacto mediático y una carga emocional comparable a la del fútbol masculino. Cada enfrentamiento alimenta una narrativa que ya no necesita ser justificada desde la comparación, sino que se sostiene por sí misma. Y en ese contexto, la Supercopa actúa como un escaparate privilegiado, un escenario donde el fútbol femenino español se presenta ante el mundo como un producto maduro, competitivo y profundamente atractivo.

    Desde el punto de vista táctico, el partido se anticipa como un duelo de ajustes constantes. El Barça buscará imponer su habitual dominio territorial, pero deberá hacerlo con especial cuidado en las transiciones defensivas, consciente de que el Real Madrid ha demostrado ser letal cuando encuentra espacios a la espalda de la presión. La gestión de los tiempos será clave: saber cuándo acelerar, cuándo pausar y cuándo asumir que el partido exige pragmatismo.

    El Real Madrid, por su parte, intentará repetir la fórmula que ya le dio éxito, pero con la dificultad añadida de que el factor sorpresa ha desaparecido.

    El Barça espera un rival valiente, agresivo y dispuesto a disputar la posesión. Eso obliga a las blancas a ser todavía más precisas, a minimizar errores no forzados y a aprovechar cada oportunidad con una eficacia casi quirúrgica.

    En el trasfondo de todo ello late una pregunta que nadie formula en voz alta, pero que todos intuyen: ¿estamos ante una final que puede marcar un antes y un después? Para el FC Barcelona, ganar supondría reafirmar una hegemonía que ya roza lo legendario y enviar un mensaje inequívoco de continuidad. Para el Real Madrid, levantar el trofeo significaría romper una barrera psicológica y abrir una nueva etapa en su historia reciente.

    El fútbol, en su esencia, se alimenta de estos momentos liminares, de estas fronteras entre lo que ha sido y lo que puede llegar a ser. Esta final de la Supercopa no es solo un partido; es un punto de inflexión potencial, un espacio donde el relato puede bifurcarse y donde cada gesto, cada decisión y cada gol tendrá un peso específico en la memoria colectiva.

    A medida que se acerca el pitido inicial, la sensación de inevitabilidad crece. Todo está dispuesto para que el escenario, los protagonistas y la historia confluyan en un mismo punto. El balón será el juez último, pero el contexto ya ha hecho su trabajo: ha cargado de significado cada metro del campo, cada camiseta y cada mirada cómplice entre compañeras.

    La Supercopa espera, el Clásico se prepara y el fútbol femenino español contiene la respiración, consciente de que, pase lo que pase, esta final no será una más. Y eso, precisamente, es lo que la convierte en épica.

    (Fuente: RFEF)

    La final bajo la lupa |

    (Fuente: RFEF)

    🔜 NEXT GAME

    🏆 Supercopa de España Iberdrola 2026

    ✨La final ✨

    🔥 Real Madrid 🆚 Fútbol Club Barcelona 🔥

    🗓️ Sábado, 24 de enero de 2026

    📺 La 2 de RTVE

    📻 RNE

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    🏟️ SkyFi Castalia, Castellón

    Los onces |

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    La gran final de la Supercopa de España Iberdrola 2026 echó a andar en Castellón con todos los focos apuntando a un clásico de máxima exigencia entre el Fútbol Club Barcelona y el Real Madrid, dos proyectos consolidados, dos estilos reconocibles y dos onces de altísimo nivel que reflejaron, desde el primer minuto, la magnitud del escenario.

    El Barcelona, fiel a su identidad dominante y a la continuidad de su bloque campeón, compareció con Cata Coll bajo palos; línea defensiva para Ona Batlle, Paredes, María León y Brugts; en la sala de máquinas, el control y la pausa de Patri Guijarro junto a Vicky López, con Aitana Bonmatí como faro creativo; y en ataque, la movilidad de Graham Hansen, el desequilibrio de Clàudia Pina y el liderazgo de Alexia Putellas, capitana y referencia emocional del equipo de Pere Romeu.

    Enfrente, el Real Madrid respondió con una alineación diseñada para competir desde la solidez y el talento individual. Misa Rodríguez, capitana, defendió la portería; defensa para Athenea del Castillo, Sara Dábriz, Weir y Yasmim; en el centro del campo, músculo y criterio con Maite Oroz Méndez y Filippa Angeldahl; por delante, la energía de Linda Caicedo y Eva Navarro, con Caroline Weir y Feller como amenazas constantes, bajo la dirección de Pau Quesada.

    Así arrancó una final llamada a marcar época, con dos onces que explicaban por sí solos por qué la Supercopa de España Iberdrola es ya uno de los grandes escaparates del fútbol femenino europeo.

    Tras eliminar al Athletic Club y al Atlético de Madrid respectivamente, el FC Barcelona y el Real Madrid CF saltaron al terreno de juego del estadio de Castalia con la idea de conseguir llevarse la Supercopa de España.

    Antes del inicio del choque se guardó un emotivo minuto de silencio en memoria de las víctimas de los accidentes ferroviarios. Linda Caicedo no tardó en animarse en busca del gol, pero el conjunto culé intentó tener pronto el dominio del balón. La más clara llegó a los veinte minutos de juego, con un zapatazo de Vicky López desde fuera del área que sacó Misa Rodríguez con una buena mano abajo. Precisamente, tras ese saque de esquina llegó el primer tanto del duelo. Un córner botado por Mapi León lo peinó Esmee Brugts desde el primer palo para abrir el marcador con el 10 en el minuto 28 para acabar con una resistencia blanca que apunto estuvo de salir bien rumbo a la media hora.

    Las azulgranas lo siguieron intentando, pero Misa sacó un remate de Patri Guijarro, que fue la MVP del duelo. En campo contrario, el conjunto blanco pidió una posible falta de Linda Caicedo, que la colegiada no otorgó tras la revisión. Ewa Pajor tuvo la última de la primera mitad con un testarazo que se perdió arriba.

    Tras el paso por vestuarios, las madridistas intentaron dar un paso hacia delante. Athenea tuvo el empate, pero Cata Coll salvó el gol con una gran parada. Aunque la más clara para las culé llegó cerca de la media hora de juego. Ewa Pajor se plantó sola ante Misa, pero la canaria sacó un gran mano. El rechace le cayó a Graham, pero el cabezazo de la extremo noruega se estrelló en el larguero. La guardameta canaria también atrapó en dos tiempos un potente disparo de Ona Batlle desde fuera del área. 

    Fue el Real Madrid el que dio un paso adelante en busca del empate y estuvo muy cerca de lograrlo Primero, con Ona Batlle cortando de forma salvadora un centro que ya esperaba Linda Caicedo en boca de gol. Y después, con un lanzamiento desde la frontal de Däbritz que rozó la parte superior del travesaño para ponerle emoción a la final.

    Linda Caicedo a la banda izquierda y su equipo lo agradeció, comenzando con buen pie tras la pausa. Athenea firmó el primer remate que Cata Coll atrapó sin demasiados problemas. El cansancio empezó a hacer mella claramente a las madridistas con el paso de los minutos y el Barcelona encadenó dos avisos muy serios. Graham Hansen remató a lateral de la red en una de las pocas acciones mal defendidas por el Real Madrid hasta el momento. Muy poco después, la noruega pudo encarrilar mucho la final para las culés, pero su cabezazo a puerta vacía después de una gran parada de Misa a Pajor se topó con el larguero.

    El asedio blaugrana seguía intensificándose ante un equipo madridista que reclamaba cambios desde el banquillo. Misa se hizo grande para detener un chut lejano de Ona Batlle en dos tiempos y sacar una buena mano a otro disparo desde la frontal de Claudia Pina. La misma protagonista marró una situación clara de cabeza a centro de Vicky López, justo antes de que llegase el tan necesitado triple cambio en el bando blanco.

    El Barcelona metió una marcha más y jugadoras como Claudia Pina empezaron a hacer mucho daño entre unas líneas del Real Madrid, que cada vez dejaban más huecos. Misa tuvo que volver a ser salvadora para detener una internada por la derecha de Vicky López. Alexia, inmediatamente después, volvió a buscar portería sin éxito. Linda Caicedo trató de dar la réplica rápidamente en la otra portería, pero su disparo tampoco logró encontrar los tres palos. Muy poco después, la colombiana volvió a plantarse ante Cata Coll, pero Ona Batlle salvó a su equipo interponiéndose en el mano a mano.

    El marcador llegó apretado a la recta final y el Real Madrid se volcó con todo en busca del empate que forzase los penaltis.

    Las esperanzas se pudieron ir al traste tras un córner a favor, pero Misa se inventó una parada milagrosa para desbaratar el mano a mano contra Pajor que parecía destinado a traducirse en el cero a dos y Signe Brunn entró para dinamizar el ataque blanco, sin fortuna ni ocasión de inquietar a Cata Coll.

    El choque seguía abierto, y Sheila García, Lotte Keukelaar y Sandie Toletti entraron al terreno de juego para intentar buscar el empate. De nuevo, Misa se convertía en salvadora, mientras que, el Real Madrid CF pidió una pena máxima por una posible mano de Irene Paredes dentro del área, pero, y tras la revisión, la colegiada no pitó la acción. Las espadas estaban en todo lo alto, y, otra vez, Misa sacó un chut de Ewa Pajor, que buscaba sentenciar la final. Las madridistas, que habían metido a Pau Comendador y Signe Bruun, lo intentaron con un centro-chut de Eva Navarro que se quedó sin problemas Cata Coll. A falta de un minuto para el final, Sheila García arrolló a Alexia Putellas dentro del área. La capitana blaugrana no falló desde los once metros para poner el 2-0 definitivo en el electrónico cuando el reloj deambulaba por el minuto 92 y el resto del alargue fue un puro trámite.

    (Fuente: RFEF)

    Así, tras el pitido final, el Barcelona vuelve a conquistar el título de la Supercopa de España, es el sexto de su historia, solo el Atlético de Madrid en 2021 se interpuso en su dictadura y el Real Madrid comienza a ver cómo perder finales, ya van tres, empieza a tornarse en una mala costumbre en Valdebebas. 

    La próxima semana el mejor club del siglo XX buscará volver a sonreír al reencontrarse con una Liga F Moeve que le medirá ante el Deportivo en Riazor.

    (Fuente: RFEF)

    📋 Ficha técnica |

    Barcelona (2): Cata Coll; Ona Battle, Paredes, Mapi, Brugts (Aïcha 72′); Vicky López (Salma Paralluelo 72′), Guijarro, Alexia Putellas; Graham Hansen (Serrajordi 59′), Pajor, Claudia Pina (Sydney 83′).

    Real Madrid (0): Misa; Eva Navarro, María Méndez, Lakrar, Yasmim (Shei 67′); Däbritz, Angeldahl (Toletti 67′); Weir (Pau Comendador 82′), Linda Caicedo, Athenea del Castillo.

    Goles |

    1-0 Brugts 28’ ⚽️

    2-0 Alexia Putellas (P.) 93’ ⚽️

    ÁRBITRA: Eugenia Gil.

    Árbitras asistentes: Silvia Fernández y Rita Cabañero.

    Cuarta árbitra: Lorena Trujillano.

    Quinta árbitra: Lorena Navas.

    Tarjetas amarillas: Maëlle Lakrar (90’+7) y Eva Navarro (90’+8) por parte del Real Madrid.

    Vídeo: https://x.com/fcbfemeni/status/2015167790773092506?s=46

    INCIDENCIAS : Final de la Supercopa de España Femenina Iberdrola 2026, disputada en el Estadio Castalia de Castellón de la Plana con una asistencia de 12.593 espectadores sobre una superficie de hierba natural.

  • La previa | Real Madrid vs Fútbol Club Barcelona (Final de la Supercopa de España 2026)

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️ La Supercopa de España Femenina 2026 alcanza su momento cumbre este sábado en el estadio Skyfi Castalia de Castellón, donde FC Barcelona y Real Madrid, primer y segundo clasificado de Liga F Moeve, disputarán, a partir de las 19:00 horas (La2 y postpartido en Teledeporte), la gran Final en busca del primer título de la temporada. Madridistas y culés reeditarán el duelo de la pasada temporada, tras deshacerse en semifinales del Atlético de Madrid y Athletic Club, respectivamente.

    La Supercopa de España vuelve a citarse con la historia en un escenario que ya no admite medias tintas ni discursos tibios. Cuando FC Barcelona y Real Madrid se encuentran en una final, y más aún cuando lo hacen con un título en juego, el fútbol femenino español deja de ser únicamente competición para convertirse en relato, en símbolo y en espejo de una evolución que ha transformado el mapa del deporte en la última década. Esta final no es una más. No puede serlo. No lo es por el contexto, no lo es por las ausencias, no lo es por el momento de ambos proyectos y, sobre todo, no lo es porque llega cargada de memoria reciente, de cuentas pendientes y de una sensación inequívoca: lo que ocurra sobre el césped tendrá un eco que irá mucho más allá de los noventa minutos.

    El FC Barcelona afronta esta final con la posibilidad de conquistar su quinta Supercopa de España de manera consecutiva —2020, 2022, 2023, 2024 y 2025—, una secuencia que no solo engrosaría su palmarés, sino que reforzaría una hegemonía ya incuestionable y que le ha permitido convertirse en la gran referencia histórica de la competición. No se trata únicamente de números, de títulos o de estadísticas acumuladas; se trata de una forma de estar, de competir y de entender las finales como un territorio propio. El Barça llega a esta cita sabiendo que es el rival a batir, el espejo en el que todos se miran y el listón que obliga al resto a crecer. Y esa condición, lejos de relajar, exige una versión aún más elevada, porque cada partido decisivo se convierte en una defensa del legado.

    Sin embargo, el camino hacia esta final no ha sido plácido ni exento de contratiempos. Pere Romeu, entrenador azulgrana, no podrá contar con Aitana Bonmatí, una ausencia que trasciende lo meramente futbolístico y que afecta al corazón mismo del juego del Barça. Aitana no es solo talento, es ritmo, pausa, lectura y liderazgo silencioso. Su lesión obliga a replantear matices, a redistribuir responsabilidades y a confiar en una estructura colectiva que, precisamente, se ha construido para resistir incluso la falta de sus pilares más reconocibles. A esta baja se suma la de Kika Nazareth, expulsada con roja directa en el encuentro de semifinales, una circunstancia que añade un componente emocional a la previa y que priva al equipo de una futbolista capaz de romper partidos desde la creatividad y la energía.

    Pese a todo, el mensaje del vestuario azulgrana ha sido claro desde el primer momento. Tras certificar el pase a la final, Pere Romeu no rehuyó el peso simbólico del enfrentamiento y verbalizó lo que flota en el ambiente cada vez que aparece el Real Madrid al otro lado del campo: “Jugar y ganar una final al Real Madrid es muy motivante porque es un equipo que siempre nos exige dar una versión muy buena de nosotras. Creo que será una grandísima final e intentaremos llevar la Supercopa a casa”. No hay arrogancia en sus palabras, pero tampoco falsa modestia. Hay conciencia del desafío y respeto por un rival que, con el paso del tiempo, ha aprendido a mirar al Barça no solo desde la aspiración, sino desde la convicción de que es posible competirle.

    Porque si esta final tiene una narrativa distinta a otras es, precisamente, por el crecimiento sostenido del Real Madrid. El conjunto blanco afronta su tercera final, la segunda en la Supercopa de España, con un objetivo tan claro como histórico: inaugurar su palmarés. Para una entidad acostumbrada a ganar, a convertir los títulos en costumbre, este punto de partida en el fútbol femenino tiene una carga simbólica enorme. No se trata únicamente de levantar un trofeo; se trata de abrir una puerta, de romper un techo psicológico y de demostrar que el proyecto está preparado para dar el salto definitivo.

    El Real Madrid llega a esta final con la memoria reciente como aliada. La temporada pasada, en el encuentro liguero disputado en el Lluís Companys, las blancas lograron una victoria tan inesperada como contundente, un 1-3 que supuso un golpe sobre la mesa y que cambió la percepción de muchos sobre la distancia real entre ambos equipos. Aquella noche no fue solo una victoria; fue una declaración de intenciones, una demostración de que el Barça, incluso en su mejor versión histórica, puede ser vulnerado si el rival ejecuta el plan con precisión quirúrgica, valentía y convicción.

    Ese recuerdo planea sobre esta final como una sombra estimulante para unas y como una advertencia para otras. El Barça sabe que el Real Madrid ya ha demostrado que puede ganarle. El Real Madrid sabe que puede volver a hacerlo. Y esa certeza compartida eleva la tensión competitiva a un nivel superior, porque elimina el factor sorpresa y obliga a ambos cuerpos técnicos a afinar cada detalle.

    En el banquillo blanco, Pau Quesada no podrá contar con dos ausencias ya conocidas y sensibles: Frohms y Tere Abelleira. Dos bajas que afectan tanto a la estructura defensiva como al equilibrio del centro del campo y que condicionan los automatismos de un equipo que ha ido encontrando su identidad desde la solidez y el control de los tempos. A ello se suma una circunstancia poco habitual pero significativa: tras la victoria en semifinales, fue Antonio Rodríguez quien ejerció de entrenador debido a la baja de Pau Quesada por motivos personales. Su discurso, lejos de la euforia, reflejó la mentalidad con la que el Real Madrid quiere afrontar este tipo de citas: “Es una competición muy corta, muy rápida, planteas 90 minutos, con penaltis. Ahora hay que descansar, pero yo estoy pensando desde ya en la final”.

    Esa frase resume a la perfección el espíritu de esta Supercopa. No hay margen para la especulación, no hay tiempo para corregir errores en jornadas posteriores. Todo se decide en un partido, o incluso en una tanda de penaltis, y eso convierte cada acción en definitiva. Cada duelo individual, cada transición, cada balón parado puede inclinar la balanza. En ese contexto, la gestión emocional adquiere una importancia capital, y ahí el Barça parte con la ventaja de la experiencia acumulada, mientras que el Real Madrid se aferra al hambre y a la sensación de estar ante una oportunidad irrepetible.

    La final se presenta, además, como un choque de estilos que ya no son antagónicos, sino evolutivos. El FC Barcelona sigue siendo fiel a una identidad basada en la posesión, en la presión alta y en la ocupación racional de los espacios, pero ha aprendido a convivir con escenarios más abiertos y a resolver partidos desde la madurez. El Real Madrid, por su parte, ha dejado atrás la etiqueta de equipo reactivo para convertirse en un conjunto capaz de dominar fases del juego, de alternar registros y de castigar con eficacia cuando encuentra grietas en el sistema rival.

    Todo ello convierte esta final en un acontecimiento que trasciende la propia Supercopa. Es un termómetro del momento actual del fútbol femenino español, una fotografía de dos proyectos que representan polos distintos pero cada vez más cercanos, y una oportunidad para seguir construyendo una rivalidad que ya no necesita justificaciones externas para ser considerada un clásico.

    Aquí no hay únicamente un título en juego. Hay reputación, memoria, futuro y un mensaje que quedará grabado en la temporada. El Barça persigue la continuidad de una era dorada, la confirmación de que su dominio no es circunstancial sino estructural. El Real Madrid busca el punto de inflexión, el día en que todo cambie y en que la palabra “todavía” deje de acompañar a su palmarés.

    Cuando el balón eche a rodar, todo lo anterior quedará suspendido durante noventa minutos —o los que sean necesarios—, pero nada desaparecerá del todo. Porque esta final ya se ha empezado a jugar mucho antes del pitido inicial, en la cabeza de las futbolistas, en la planificación de los entrenadores y en la expectativa de un público que sabe que está a punto de presenciar algo más que un partido. Está a punto de asistir a un nuevo capítulo de una historia que se escribe, precisamente, en noches como esta.

    La continuidad de esta previa exige adentrarse todavía más en las capas que sostienen este enfrentamiento, porque una final entre FC Barcelona y Real Madrid no se explica únicamente desde la coyuntura inmediata ni desde la alineación del día del partido. Se explica desde un proceso histórico reciente, desde una rivalidad que ha ido construyéndose casi a contrarreloj y desde la necesidad mutua de ambos clubes de legitimarse en el presente y proyectarse hacia el futuro del fútbol femenino europeo.

    El FC Barcelona llega a esta final con la serenidad de quien ha transitado este camino en innumerables ocasiones, pero también con la presión inherente a quien sabe que cada título ya no se celebra únicamente como una conquista, sino como una obligación. El barcelonismo femenino ha normalizado la excelencia hasta el punto de que cualquier desenlace que no sea levantar el trofeo se percibe como una anomalía. Esa normalización es, al mismo tiempo, la mayor fortaleza y el mayor riesgo del proyecto. Fortalecimiento, porque dota al equipo de una mentalidad ganadora inquebrantable; riesgo, porque cualquier fisura es amplificada por el contexto y por la expectativa externa.

    En este escenario, la ausencia de Aitana Bonmatí adquiere una dimensión casi simbólica. No es habitual que el Barça afronte una final de esta magnitud sin una de sus grandes referencias, y eso obliga a reinterpretar el relato. Ya no se trata solo de demostrar superioridad futbolística, sino de exhibir profundidad de plantilla, capacidad de adaptación y madurez competitiva. El mensaje implícito es claro: el FC Barcelona no depende de una sola futbolista, por determinante que sea, sino de una estructura colectiva que se ha ido puliendo durante años de exigencia máxima.

    Pere Romeu, en este sentido, representa una figura clave. Su gestión del grupo ha estado marcada por la continuidad de una idea heredada, pero también por la introducción de matices que buscan sostener el rendimiento en contextos cada vez más complejos. Esta final es, también, una prueba para su liderazgo en el banquillo azulgrana, porque las grandes finales no se deciden únicamente desde la pizarra, sino desde la capacidad de transmitir calma, convicción y claridad en los momentos de mayor tensión.

    El Real Madrid, en cambio, se presenta en esta cita desde un lugar emocional radicalmente distinto. Cada final disputada hasta ahora ha sido una experiencia de aprendizaje, una acumulación de frustraciones contenidas y de sensaciones a medio camino entre el orgullo por haber llegado y la decepción por no haber culminado. Esa mochila pesa, pero también empuja. Porque inaugurar el palmarés no es solo una meta deportiva; es un acto fundacional. Es el momento en que el proyecto deja de ser promesa para convertirse en realidad tangible.

    El recuerdo del triunfo en el Lluís Companys sigue funcionando como un anclaje psicológico poderoso. Aquella victoria no fue fruto del azar ni de un contexto excepcional, sino de un plan ejecutado con una precisión que sorprendió incluso a quienes mejor conocían al equipo blanco. Desde entonces, cada enfrentamiento con el Barça se afronta desde una lógica distinta: ya no se trata de resistir y esperar, sino de competir de tú a tú, de asumir riesgos y de creer en la propia capacidad para decidir el partido.

    Las bajas de Frohms y Tere Abelleira, sin embargo, introducen un elemento de incertidumbre que obliga al Real Madrid a reinventarse parcialmente. Frohms aporta seguridad bajo palos y experiencia en escenarios de máxima exigencia, mientras que Tere Abelleira es una pieza fundamental en la organización del juego, en la salida de balón y en la lectura táctica. Su ausencia obliga a redistribuir roles y a confiar en alternativas que, aunque preparadas, deberán demostrar su temple en una final de este calibre.

    El papel de Antonio Rodríguez en la semifinal, sustituyendo circunstancialmente a Pau Quesada, dejó una imagen significativa del espíritu del equipo. Su discurso fue el de alguien consciente de la excepcionalidad del momento, pero también de la necesidad de mantener los pies en el suelo. En una competición tan corta, tan concentrada, cada decisión adquiere un valor exponencial. No hay tiempo para reconstruirse tras un error; solo para reaccionar con rapidez y determinación.

    Esta final se mueve, además, en un terreno simbólico especialmente delicado. El Clásico femenino ha pasado en pocos años de ser una promesa a convertirse en una realidad consolidada, con audiencias, impacto mediático y una carga emocional comparable a la del fútbol masculino. Cada enfrentamiento alimenta una narrativa que ya no necesita ser justificada desde la comparación, sino que se sostiene por sí misma. Y en ese contexto, la Supercopa actúa como un escaparate privilegiado, un escenario donde el fútbol femenino español se presenta ante el mundo como un producto maduro, competitivo y profundamente atractivo.

    Desde el punto de vista táctico, el partido se anticipa como un duelo de ajustes constantes. El Barça buscará imponer su habitual dominio territorial, pero deberá hacerlo con especial cuidado en las transiciones defensivas, consciente de que el Real Madrid ha demostrado ser letal cuando encuentra espacios a la espalda de la presión. La gestión de los tiempos será clave: saber cuándo acelerar, cuándo pausar y cuándo asumir que el partido exige pragmatismo.

    El Real Madrid, por su parte, intentará repetir la fórmula que ya le dio éxito, pero con la dificultad añadida de que el factor sorpresa ha desaparecido. El Barça espera un rival valiente, agresivo y dispuesto a disputar la posesión. Eso obliga a las blancas a ser todavía más precisas, a minimizar errores no forzados y a aprovechar cada oportunidad con una eficacia casi quirúrgica.

    En el trasfondo de todo ello late una pregunta que nadie formula en voz alta, pero que todos intuyen: ¿estamos ante una final que puede marcar un antes y un después? Para el FC Barcelona, ganar supondría reafirmar una hegemonía que ya roza lo legendario y enviar un mensaje inequívoco de continuidad. Para el Real Madrid, levantar el trofeo significaría romper una barrera psicológica y abrir una nueva etapa en su historia reciente.

    El fútbol, en su esencia, se alimenta de estos momentos liminares, de estas fronteras entre lo que ha sido y lo que puede llegar a ser. Esta final de la Supercopa no es solo un partido; es un punto de inflexión potencial, un espacio donde el relato puede bifurcarse y donde cada gesto, cada decisión y cada gol tendrá un peso específico en la memoria colectiva.

    A medida que se acerca el pitido inicial, la sensación de inevitabilidad crece. Todo está dispuesto para que el escenario, los protagonistas y la historia confluyan en un mismo punto. El balón será el juez último, pero el contexto ya ha hecho su trabajo: ha cargado de significado cada metro del campo, cada camiseta y cada mirada cómplice entre compañeras.

    La Supercopa espera, el Clásico se prepara y el fútbol femenino español contiene la respiración, consciente de que, pase lo que pase, esta final no será una más. Y eso, precisamente, es lo que la convierte en épica.

    🏆 Supercopa de España Iberdrola 2026

    ✨La final ✨

    🔥 Real Madrid 🆚 Fútbol Club Barcelona 🔥

    🗓️ Sábado, 24 de enero de 2026

    📺 La 2 de RTVE

    📻 RNE

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    🏟️ SkyFi Castalia, Castellón

  • Reportaje | El sueño blanco es una misión (im)posible

    (Fuente: RFEF)

    🟫 El conjunto blanco buscará en Castellón dar la sorpresa ante el subcampeón de Europa.

    En las horas previas a la última “batalla” entre Real Madrid y Barcelona se produjo el tradicional posado de las dos capitanas junto al trofeo de la Supercopa de España Iberdrola.

    En esta edición de 2026 que se disputa en el Estadio de Castalia, feudo donde, según David Menayo, de Marca, Mar Prieto, hizo historia con la Selección Española, Misa Rodríguez sostuvo la elástica merengue con una misión “imposible” entre manos.

    La arquera canaria sabe que el mejor club del siglo XX está ante una oportunidad única, tuvo dos y falló, (Copa de la Reina 2023 y Supercopa de España 2025) de hacer historia.

    Llegados a este punto la pregunta es casi obligatoria y es que este sábado, 24 de enero de 2026, quizá sea el
    día que el imposible empezó a resquebrajarse: ¿puede el Real Madrid Femenino vencer al Barcelona?

    Durante años, la pregunta ha flotado sobre el fútbol femenino español como una provocación retórica, casi como un desafío filosófico más que deportivo. ¿Puede el Real Madrid Femenino ganarle al Fútbol Club Barcelona? No empatarle. No competirle durante tramos. No resistirle con dignidad. Ganarle. Doblegarlo. Superarlo en el marcador y, con ello, alterar el orden natural que ha gobernado la élite del fútbol femenino europeo en la última década. La respuesta ya no pertenece al terreno de la utopía. Tampoco es aún una certeza. Se mueve en ese espacio intermedio donde nacen las grandes transformaciones: el de lo posible que exige valentía, estructura y tiempo.

    Desde que el Real Madrid decidió entrar en el fútbol femenino de élite —no como un gesto simbólico, sino como una apuesta estratégica—, la sombra del FC Barcelona ha sido tan alargada como inevitable. El Barça no solo ha dominado la Liga F; ha redefinido los estándares del fútbol femenino mundial. Ha ganado Champions, ha construido una identidad reconocible y ha convertido la excelencia en costumbre. Frente a eso, el Real Madrid inició su camino desde una posición incómoda: la del gigante que llega tarde a un banquete ya servido.

    Sin embargo, la historia del deporte no la escriben quienes llegan primero, sino quienes saben aprender más rápido. Y ahí es donde empieza a cambiar el relato.

    El Real Madrid Femenino no nació para ser un actor secundario. Tampoco para resignarse a la comparación constante. Su evolución ha sido más lenta de lo que muchos esperaban, pero también más sólida de lo que algunos reconocen. Y en ese crecimiento, silencioso pero constante, se esconden las claves que permiten plantear hoy, con rigor y sin ironía, la gran pregunta.

    ¿Puede ganar el Real Madrid Femenino al Fútbol Club Barcelona?
    La respuesta exige mirar atrás, analizar el presente y proyectar el futuro con honestidad.

    El dominio azulgrana no admite discusión. No es fruto de una generación puntual ni de una ventaja coyuntural. Es el resultado de una planificación iniciada mucho antes que la de sus competidores, basada en tres pilares irrefutables: cantera, modelo de juego y continuidad estructural.

    Mientras otros clubes aún debatían si el fútbol femenino debía profesionalizarse, el Barça ya había entendido que la profesionalización no era una meta, sino un punto de partida. La Masia femenina no solo ha producido talento; ha producido futbolistas con una comprensión del juego que va más allá de lo técnico. El Barça juega como piensa. Y piensa rápido.

    Ese dominio se ha traducido en resultados abrumadores. Goleadas repetidas al Real Madrid. Finales decididas antes del descanso. Partidos en los que la diferencia no estaba solo en el marcador, sino en la sensación de inevitabilidad. Durante varias temporadas, el Clásico femenino fue un ejercicio de resistencia para el Real Madrid y de reafirmación para el Barça.

    Pero el fútbol, incluso en sus etapas más desequilibradas, nunca es estático.

    El Real Madrid ha aprendido, a veces a golpes, que competir contra el Barça no consiste en imitarlo, sino en encontrar una identidad propia que reduzca la distancia sin traicionar su esencia. Y ese proceso ha sido más complejo de lo que muchos imaginaban.

    Construir un equipo femenino de élite no es solo fichar grandes nombres. Es crear una cultura competitiva, una red de captación, un entorno de confianza y una estructura técnica capaz de sostener el crecimiento. En ese sentido, el Real Madrid ha pasado de la improvisación inicial a una fase de consolidación que empieza a dar frutos.

    Hoy, el Real Madrid Femenino ya no es un equipo en construcción permanente. Es un proyecto en fase de madurez temprana.

    La diferencia con el Barça sigue siendo notable, pero ya no es abismal en todos los registros. Y eso, en el fútbol de alto nivel, es un cambio trascendental.

    Desde el punto de vista táctico, el enfrentamiento entre ambos equipos ha evolucionado de manera significativa. En los primeros Clásicos, el Real Madrid sufría especialmente en tres aspectos: la presión tras pérdida del Barça, la ocupación de los espacios interiores y la incapacidad para sostener la posesión bajo estrés.

    El Barça ahogaba al Real Madrid en campo propio, recuperaba rápido y atacaba con una fluidez que hacía inútil cualquier intento de repliegue pasivo. El resultado era una sensación constante de inferioridad, incluso antes de que el marcador se abriera.

    Con el paso de las temporadas, el Real Madrid ha empezado a corregir esos déficits. No los ha eliminado por completo, pero los ha mitigado con ajustes inteligentes.

    La mejora en la salida de balón ha sido uno de los avances más visibles. Donde antes había despejes precipitados, ahora hay intentos de progresión organizada. Donde antes el miedo al error paralizaba, ahora existe una mayor tolerancia al riesgo controlado.

    La medular del Real Madrid ha ganado en equilibrio. La presencia de centrocampistas con mayor capacidad física y lectura táctica ha permitido competir mejor los duelos y reducir la exposición en transiciones defensivas, uno de los grandes castigos históricos ante el Barça.

    En defensa, el equipo ha aprendido a bascular con mayor sincronización, a cerrar líneas de pase interiores y a asumir que defender al Barça implica aceptar fases largas sin balón, pero sin perder la estructura.

    Todo esto no garantiza la victoria. Pero sí crea el escenario mínimo indispensable para que la victoria sea posible.

    En el plano individual, la brecha también se ha estrechado. Durante años, el Barça contaba con varias futbolistas que, por sí solas, marcaban diferencias insalvables. Hoy sigue teniendo estrellas mundiales, pero el Real Madrid ha logrado reunir un núcleo de jugadoras capaces de competir al máximo nivel europeo.

    La portería ha ganado fiabilidad. La línea defensiva ha sumado experiencia internacional. El centro del campo ha encontrado perfiles complementarios. Y en ataque, el Real Madrid dispone de talento suficiente para castigar cualquier desajuste, incluso en un rival tan dominador como el Barça.

    La clave, sin embargo, no está solo en los nombres. Está en el rendimiento colectivo en los momentos críticos.

    El Barça ha construido su hegemonía sobre una premisa innegociable: juega igual gane por uno que por cinco. No se altera. No se acelera innecesariamente. No duda. Esa convicción, adquirida a base de títulos, es una ventaja psicológica enorme.

    El Real Madrid, en cambio, ha tenido que aprender a gestionar la frustración. A no descomponerse tras un gol encajado. A entender que competir no siempre implica dominar, pero sí resistir con inteligencia.

    En los Clásicos más recientes, se han visto señales claras de evolución. Tramos de partido en los que el Real Madrid ha logrado igualar la posesión, generar ocasiones claras y, sobre todo, mantenerse vivo hasta fases avanzadas del encuentro.

    Eso, frente al Barça, ya es una conquista y que el Real Madrid ya sabe lo que es vencerle lo hizo el pasado curso en Montjuic por 1-3 en un partido de la Liga F.

    El componente psicológico es, quizá, el último gran muro que debe derribar el Real Madrid . Porque el fútbol no se juega solo con las piernas, sino con la memoria.

    Durante mucho tiempo, el Clásico femenino ha estado condicionado por el recuerdo de derrotas abultadas. Ese recuerdo pesa. Se filtra en las decisiones, en la gestión del riesgo, en la confianza para ejecutar una acción decisiva.

    Romper esa inercia exige algo más que un buen planteamiento táctico. Exige un partido perfecto en lo emocional. Exige creer, incluso cuando el contexto invita a dudar.

    El día que el Real Madrid logre adelantarse en el marcador ante el Barça y sostener esa ventaja sin pánico, ese día el relato cambiará para siempre. No solo por el resultado, sino por lo que simboliza.

    Porque vencer al Barça no es solo ganar un partido. Es desactivar un mito y es incluso demostrar que la hegemonía, por muy sólida que parezca, no es eterna.

    El F.C. Barcelona y el Real Madrid son los protagonistas de la final de la Supercopa de España, que se está disputando desde el martes 20 hasta el sábado 24 de enero en Castellón. El equipo blanco viene de ganar por 3-1 al Atlético de Madrid y las culés por el mismo resultado al Athletic Club.

    Este año ha dado la casualidad que tanto los participantes como el sorteo han coincidido al cien por cien con el torneo masculino, que se disputó hace unos días en Arabia Saudí.

    Aunque las jugadoras se negaron, a través de la AFE (Asociación de Futbolistas Españoles), a disputar este torneo en un país que discrimina a la mujer. Ellas han jugado en Castellón y el FC Barcelona se ha plantado en otra final, esta vez contra en Real Madrid.

    FC Barcelona ha ganado el torneo en cinco de las seis ocasiones que se ha disputado y lo ha hecho con una goleada tras otra. La menor fue por 3-0 a la Real Sociedad en la temporada 2022-23, pero también la mayor por 10-1 en la 19-20. El Atlético de Madrid cayó por 7-0 en la 21-22, el Levante por el mismo resultado dos años después y la pasada temporada fue el Real Madrid el que sufrió una ‘manita’: 5-0, es una reedición de esa única vez que se ha dado un Clásico en la final. En total, cinco finales, cinco victorias, 32 goles a favor y solo uno en contra. Una auténtica barbaridad.

    El Barça, además, ha vencido en 21 de las 22 ocasiones que se ha enfrentado al Real Madrid, desde la creación de la sección femenina. Solo en la pasada temporada, en el Estadi Lluis Companys, las blancas lograron una victoria histórica por 1-3, como contábamos antes. El balance es demoledor: 82 goles de las culés y 11 de las merengues.

    La gran ausente de la convocatoria del Barça es Aitana Bonmatí, pero aun así es difícil destacar solo algunas jugadoras del equipo. Desde Cata Coll en la portería hasta las máximas goleadoras, la polaca Ewa Pajor, con 15, y Claudia Pina, con 14. Pero la lista es interminable: Mapi León, Vicky López, Alexia Putellas, Caroline Graham Jensen, Patri Guijarro, Irene Paredes, Ona Batlle… Es una constelación de estrellas que dirige de forma magistral Pere Romeu desde 2024, cuando pasó de ser asistente de Jonatan Giráldez a primer técnico.

    El Real Madrid tiene más peligro en la delantera, con las internacionales españolas Athenea del Castillo, Alba Redondo y Eva Navarro y la colombiana Linda Caicedo. También pueden aportar su criterio y llegada desde segunda línea la escocesa Caroline Weir y la alemana Sara Däbritz.

    La gran ausente sigue siendo Tere Abelleira, recuperándose de una lesión en el ligamento cruzado de la rodilla.

    El Comité Técnico de Árbitros ha confirmado que Eugenia Gil Soriano, colegiada gallega de 30 años, será la encargada de impartir justicia en la final de la Supercopa de España.

    tras haber dirigido la final de Copa de la Reina 2024 en La Romareda y la primera semifinal de esta misma Supercopa en Leganés. Su designación refuerza el compromiso del arbitraje femenino con la profesionalidad y el rigor en los partidos más exigentes del calendario.

    El equipo arbitral se completa con Silvia Fernández y Rita Cabañero como asistentes, mientras que Lorena Trujillano ejercerá de cuarta árbitra y Lorena Novas será la quinta. Todas ellas aportarán su experiencia para garantizar un encuentro justo y seguro.

    Barcelona y Real Madrid llegan a esta final tras una temporada intensa. El conjunto blaugrana defiende título y suma ya cinco Supercopas en su palmarés, mientras que el Real Madrid buscará dar la sorpresa tras el contundente 5-0 del año pasado. La cita promete emoción, calidad y máxima igualdad sobre el césped.

    La expectación es máxima para un clásico que sigue consolidando al fútbol femenino como referente de espectáculo y competitividad. Todo listo para una final donde el arbitraje también será protagonista.

    El esperado duelo entre Barcelona y Real Madrid se disputará este sábado a las 19:00, repitiendo el clásico que ya protagonizaron ambos equipos en la pasada edición.

    El encuentro entre el FC Barcelona y el Real Madrid, correspondiente a la final de la Supercopa de España femenina 2026, se emite en España en abierto a través de La 2 y Teledeporte.

    Por lo tanto, el partido se emitirá online, también de manera gratuita, en RTVE Play, la plataforma de streaming de la cadena pública.

    Sea como fuere, lo único cierto es que blancas y culés van a protagonizar la primera gran final la temporada 2025-2026 y la emoción embarga cada hogar en España, mientras que el tiempo será testigo de si el Madrid es capaz de lograr lo ‘imposible’ o si realmente el subcampeón de Europa sigue dominando la Supercopa de España, algo que hizo hace un año en Butarque.

    🏆 Supercopa de España Iberdrola 2026

    ✨La final ✨

    🔥 Real Madrid 🆚 Fútbol Club Barcelona 🔥

    🗓️ Sábado, 24 de enero de 2026

    📺 La 2 de RTVE

    📻 RNE

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    🏟️ SkyFi Castalia, Castellón

  • Oficial | RTVE, comprometida con el deporte femenino

    (Fuente RFEF)

    ⬛️ RNE vibra con la Supercopa femenina: despliegue especial para la gran final Real Madrid-Barcelona en Castellón

    La Supercopa de España femenina la resolverá un clásico: Real Madrid-Barcelona. Será este sábado 24 de enero, a partir de las 19:00 horas, en el Estadio de Castalia (Castellón). RNE ha preparado un dispositivo especial para seguir esta gran final en directo enRadio Nacional y Radio Exterior, y que también se podrá ver en La 2 y RTVE Play.

    La Supercopa de España Iberdrola será la segunda final que enfrentará al Real Madrid y el Fútbol Club Barcelona después de que el curso pasado este título se disputara en el Estadio Municipal de Butarque (Leganés) y a las blaugranas se llevasen el gato al agua amén a un contundente 5-0.

    Si Las blaugranas, que vencieron en semifinales al Athletic (3-1), buscarán en Castellón su sexto título y quinto consecutivo en la competición. Mientras, sus rivales merengues aspiran a conquistar el primer título en toda su historia después de imponer su ley por 3-1 al Atlético de Madrid en una eliminatoria que le acabó costando el puesto a Víctor Martín Alba al frente de las colchoneras.

    El área de Deportes de RNE ha realizado un despliegue como nunca para que sus oyentes no se pierdan ni un detalle de la edición XIII de la Supercopa, con seguimiento de los equipos protagonistas del torneo, emisión de las semifinales del martes y el miércoles, entrevistas, contenidos propios en las redes sociales de ‘Tablero Deportivo’… Y, este sábado, la gran final, con un gran programa especial desde Castellón.

    Hasta allí han viajado Silvia Verde, subdirectora de ‘Tablero Deportivo’, y Lucas García, encargado de narrar el encuentro.

    Junto a ellos en Castalia, Patricia Campos, jugadora y entrenadora que ya estuvo en los micrófonos de la cadena pública en las dos semifinales y también comentará la final.

    La 2 también emitirá en directo el encuentro, desde las 19:00 horas, con narración de Alicia Arévalo. Además, la segunda parte de la gran final se podrá seguir en simultáneo en La 2 y Teledeporte (que emite este sábado las semifinales de la Copa de la Reina de Voleibol), Asimismo, en RTVE.es, la sección de Deportes de RTVE Noticias seguirá el choque, con las últimas noticias y la crónica, y RTVE Play emitirá en directo el partido, rezaba la nota de prensa difundida desde Pozuelo de Alarcón.

    RTVE está potenciando desde hace meses la presencia del deporte femenino en sus canales, con una cobertura más equitativa y destacada. Un trabajo realizado por el área de Deportes, que se ha visto reflejado en un incremento de la retransmisión de pruebas deportivas protagonizadas por mujeres y un aumento del liderazgo de mujeres en sus puestos de responsabilidad, también en RNE y Deportes.

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    🔥 Real Madrid 🆚 Fútbol Club Barcelona 🔥

    🗓️ Sábado, 24 de enero de 2026

    📺 La 2 de RTVE

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    ⏰ 19:00 horario peninsular

    🏟️ SkyFi Castalia, Castellón

    Barcelona y Real Madrid, protagonistas de la final de la Supercopa femenina RTVE
  • La crónica | El Barcelona resiste un primer zarpazo del Athletic Club

    (Fuente: RFEF )

    🟫 El Fútbol Club Barcelona disputará la Final de la Supercopa de España ante el Real Madrid el próximo sábado 24 de enero a las 19h (RTVE), tras imponerse al Athletic Club por 3-1, en un disputado encuentro en el que las leonas se adelantaron de penalti y la réplica la pusieron Ona Batlle, Irene Paredes y Ewa Pajor.

    La previa |

    El duelo al detalle |

    Los onces:

    (Fuente: RFEF)
    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    🏆 Supercopa de España Iberdrola |

    😍 Segunda semifinal 😍

    🔥 Fútbol Club Barcelona 🆚 Athletic Club 🔥

    📅 Miércoles, 21 de enero de 2026

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    📺 Teledeporte

    🏟️ SkyFi Castalia, Castellón

    Hay partidos que no se explican únicamente desde el marcador. Encuentros que no se entienden si uno se limita a leer el resultado final, porque en su interior se esconden matices, quiebros emocionales y momentos de verdad que solo aparecen cuando el fútbol deja de ser un ejercicio técnico para convertirse en un examen de carácter. La semifinal de la Supercopa de España entre el FC Barcelona y el Athletic Club fue uno de esos partidos. Un duelo que exigió al campeón algo más que talento. Le exigió memoria, resistencia y la convicción profunda de quien sabe que para seguir mandando hay que aprender, una y otra vez, a sufrir.

    El FC Barcelona selló su clasificación para la final tras imponerse por 3-1 a un Athletic Club valiente, disciplinado y orgulloso, en un encuentro disputado, áspero por momentos y emocionalmente exigente, que terminó confirmando a las azulgrana como aspirantes firmes a su sexto título de Supercopa, el primero de la temporada 2025/2026. En la otra orilla ya esperaba el Real Madrid, vencedor horas antes ante el Atlético de Madrid, listo para disputar su segunda final consecutiva del torneo y decidido a desafiar la hegemonía establecida.

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    Pero antes de pensar en la final, el Barça tuvo que atravesar un camino incómodo. Porque el Athletic no compareció como invitado. Compareció como competidor.

    Desde el inicio, el partido respondió al guion que ambos técnicos habían imaginado. El FC Barcelona se hizo con el control del esférico, asumió la iniciativa y trató de instalarse en campo rival mediante una circulación paciente, buscando desordenar a una defensa rojiblanca muy bien organizada. Las bilbaínas, fieles a su identidad, formaron un bloque compacto, solidario, con ayudas constantes y una lectura clara del espacio. No había ansiedad. Había orden. Y había un plan.

    Las azulgrana acumulaban posesión, pero no profundidad. Triangulaban, movían el balón de lado a lado, intentaban filtrar pases interiores, pero se encontraban con una zaga férrea y con una Olatz Santana que, sin necesidad de grandes intervenciones, transmitía seguridad. El Athletic, mientras tanto, aguardaba su momento, consciente de que su partido no estaba en dominar, sino en resistir y castigar cualquier desajuste.

    Ese momento llegó en el minuto 25. En una transición rápida, Maite Zubieta atacó el espacio con decisión. Mapi León llegó al cruce forzada y terminó derribando a la centrocampista rojiblanca dentro del área. La colegiada señaló penalti sin dudar. Nerea Nevado asumió la responsabilidad y, con un disparo ajustadísimo al palo, batió a la guardameta azulgrana para adelantar al Athletic Club y encender la ilusión de la afición rojiblanca al abrir la lata amén del 01 más allá del ecuador de la primera mitad.

    El cero a uno solo alteró el marcador; alteró el estado emocional del partido. El Barça, por primera vez, se vio obligado a remar contracorriente. Durante unos minutos, el golpe fue evidente. El Athletic, espoleado por el gol, sacó su garra, creyó en el guion y trató de frenar a un FC Barcelona herido, consciente de que el campeón había sido tocado en su orgullo.

    Pero si algo define a los grandes equipos es su capacidad de reacción. Y la respuesta de las de Pere Romeu no se hizo esperar. El balón empezó a circular con mayor velocidad, las líneas se adelantaron y la determinación se impuso al nerviosismo. En apenas cuatro minutos, el Barça transformó la adversidad en ventaja.

    En el minuto 35, Alexia Putellas estrelló un disparo en el palo. La jugada no murió ahí. El balón volvió a circular, llegó a la frontal y fue Ona Batlle quien, con convicción, mandó el esférico al fondo de las mallas para establecer el empate. El 11 fue un gol de insistencia, de fe, de no rendirse ante la mala fortuna.

    Y apenas cuatro minutos después, llegó el golpe definitivo de la primera mitad. Claudia Pina cabeceó un córner que obligó a Olatz Santana a lucirse. El rechace cayó en el lugar menos recomendable para una defensa: el área pequeña. Allí apareció Irene Paredes, imperial, para empujar el balón a la red y firmar el 21, culminando la remontada antes del descanso, era el minuto 34 de juego.

    El partido parecía encarrilado, pero aún guardaba un giro más. En el tiempo añadido de la primera mitad, la colegiada mostró tarjeta roja directa a Kika Nazareth por golpear con el codo en el rostro de Landaluze en una pugna aérea. El FC Barcelona se marchaba al vestuario con ventaja en el marcador, sí, pero con una futbolista menos y con toda una segunda parte por delante.

    La reanudación dibujó un escenario completamente distinto. El Barça, consciente del contexto, optó por una versión más conservadora, más pragmática. No renunció al balón, pero sí ajustó riesgos. El Athletic, en superioridad numérica, trató de asumir el protagonismo, buscó amplitud, acumuló centros y empujó con la fe de quien sabe que el empate aún era posible.

    Durante varios minutos, el partido transitó por un terreno incómodo para las azulgrana.

    El Athletic Club dominaba territorialmente, generaba sensación de peligro y obligaba al Barça a defender con concentración máxima. Cada despeje era celebrado como un pequeño triunfo. Cada falta recibida, un segundo ganado al reloj.

    Y entonces, cuando el Athletic más creía, llegó el golpe que terminó por decidir la semifinal. Minuto 68. Una recuperación en campo propio. Un primer pase limpio. Una transición ejecutada con precisión quirúrgica. Ewa Pajor levantó la cabeza y encontró a Ona Batlle lanzada por el costado derecho. La lateral catalana ganó metros, se internó en el área y, lejos de optar por el disparo, devolvió el pase a la futbolista polaca, que apareció desde el centro para fusilar por bajo a Olatz Santana y establecer el 31 definitivo cuando el reloj deambulaba ya por el minuto 68 para domar a las leonas.

    Fue el gol de la sentencia. El gol que rompió definitivamente la resistencia rojiblanca. El Athletic lo intentó hasta el final, fiel a su identidad, pero el esfuerzo acumulado y el golpe emocional terminaron por pesar demasiado. El FC Barcelona, ya con el partido bajo control, gestionó los últimos minutos con oficio, inteligencia y madurez competitiva.

    El pitido final confirmó lo inevitable. El FC Barcelona estaba en la final de la Supercopa de España. No por aplastamiento, no por inercia, sino por saber adaptarse, reaccionar y golpear en los momentos clave.

    Una victoria que no se explica solo desde el talento, sino desde la capacidad de leer el partido y sobrevivir cuando el contexto se vuelve adverso.

    Ahora, el horizonte se abre hacia un duelo cargado de simbolismo. El Real Madrid espera. El rival eterno. El aspirante que quiere derribar el trono. El equipo que llega a su segunda final consecutiva tras superar al Atlético de Madrid y que sueña con cambiar la historia reciente.

    El próximo sábado 24 de enero, a las 19:00 horas, con RTVE como testigo, el FC Barcelona buscará su sexto título de Supercopa. El Real Madrid buscará algo más que un trofeo: buscará un golpe de autoridad.

    Y en ese cruce, no habrá pasado ni futuro. Solo presente. Solo noventa minutos para decidir quién escribe la primera gran página de la temporada.

    Porque las finales no se juegan.
    Las finales se conquistan.
    Y el Barcelona, una vez más, ya ha demostrado que está dispuesto a hacerlo.

    (Fuente: RFEF)

    📋 Ficha técnica |

    FC BARCELONA: Cata Coll, Irene Paredes, María León, Claudia Pina (Schertenleib 81′), Alexia Putellas, Clara Serrajordi (Patri Guijarro, 57′), Ewa Pajor (Aïcha Camara, 72′), Kika Nazareth Ramos, Vicky López (Graham Hansen 57′), Ona Batlle, Esmee Brugts (Salma Paralluelo, 72′).

    Suplentes: Gemma Font, Meritxell Font, Sydney Schertenleib, Salma Paralluelo, Marta Torrejón, Caroline Graham Hansen, Patri Guijarro, Aïcha Camara, Martine Fenger, Carla Julià Martínez.

    ATHLETIC CLUB: Olatz Santana, Maddi Torre (Ane Campos, 78′), Naia Landaluce, Maite Valero (Aguirregomezcorta, 85′), Maite Zubieta, Ane Azkona, Nerea Nevado, Maitane Vilariño (Sara Ortega, 62′), Ane Elexpuru, Daniela Agote (Leire Baños 85′), Elene Gurtubay (Pinedo 78′).

    Suplentes: Ziara Vega, Marta San Andrián, Leire Baños, Clara Pinedo, Sara Ortega, Ane Campos, Eider Arana, Nerea Venito, Oihana Aguirregomezcorta.

    ÁRBITRO: Elisabeth Calvo.

    Árbitros asistentes: Andrada Aloman y Victoria Miralles.

    Cuarto árbitro: Alicia Espinosa.

    Quinto árbitro: Adriana García.

    Roja: Kika Nazareth (40 + 3′)

    Goles |

    0-1 Nerea Nevado 25’ ⚽️
    1-1 Ona Battle 34’ ⚽️
    2-1 Irene Paredes 38’ ⚽️
    3-1 Ewa Pajor 68’ ⚽️

    ESTADIO: Semifinal de la Supercopa de España Femenina Iberdrola 2026, disputada en Nuevo Estadio Skyfi Castalia, Castellón

    Vídeo |

  • La previa | Barcelona vs Athletic Club

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️ Cuando la historia llama a la puerta de la final

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     Prime Video estrena el 13 de febrero la película Original italiana Love Me Love Me en exclusiva para todo el mundo. Basada en la primera novela fenómeno literario de la autora Stefania S., que ha acumulado 23 millones de lecturas en Wattpad, la película cuenta con un reparto internacional encabezado por Mia Jenkins (Hanna), el actor español Pepe Barroso Silva (Those About to Die) y Luca Melucci (Maschile Plurale), además de Andrea Guo (Maxton Hall: Un mundo entre nosotros)Michelangelo Vizzini (Non dirloa nessuno)Madior Fall (La Dolce Villa) y Vanessa Donghi.

     

    Tras la muerte de su hermano, June se muda a Milán en busca de un nuevo comienzo y se matrícula en un prestigioso colegio internacional. Allí encuentra cierta estabilidad saliendo con Will, el alumno ejemplar y perfecto del colegio. Sin embargo, ese frágil equilibrio se ve alterado por una rivalidad intensa con James, el mejor amigo de Will: un chico carismático y problemático que oculta una peligrosa segunda vida en peleas clandestinas de MMA. Lo que empieza como rechazo se transforma en una atracción imposible de ignorar, obligando a June a elegir entre la seguridad y un amor que pone en duda todo lo que creía desear.

     

    Love Me Love Me está dirigida por Roger Kumble (After. En mil pedazos), escrita por Veronica Galli (Love Club) y Serena Tateo(Sbratz), y coproducida por Lotus Production (una compañía de Leone Film Group) y Amazon MGM Studios, con la colaboración de WEBTOON Productions.

     

    Love Me Love Me estará disponible en Prime Video como parte de la suscripción Prime. Los suscriptores Prime en España pueden disfrutar de ofertas, envíos gratuitos y entretenimiento, todo en una misma suscripción por tan solo 4,99€ al mes o 49,90€ al año.

    Qué podemos esperar de la semifinal |

    (Fuente: Liga F Moeve €

    Hay partidos que no se explican con una alineación. Hay eliminatorias que no necesitan introducción porque se sostienen solas sobre el peso de sus nombres. Y hay noches —como la que espera al estadio de Castalia— en las que el fútbol femenino español se mira al espejo de su propia historia para preguntarse hasta dónde ha llegado… y hacia dónde quiere seguir caminando.

    El miércoles 21 de enero, a las 19:00 horas, FC Barcelona y Athletic Club se enfrentarán en la segunda semifinal de la Supercopa de España Iberdrola 2026, con un billete directo a la final en juego y con el Real Madrid ya aguardando al otro lado del cuadro. No es un cruce más. No lo es por los nombres, no lo es por la trayectoria, no lo es por el momento que atraviesa cada equipo ni por el escenario que los rodea. Es, sencillamente, una de esas citas que resumen una era.

    Castalia será el punto de encuentro entre dos clubes que representan dos formas distintas —y complementarias— de entender el fútbol femenino en España.

    El que ha convertido la excelencia en costumbre frente al que ha hecho de la resistencia, la identidad y la pertenencia una bandera irrenunciable. El que vive instalado en la cima frente al que sigue llamando a la puerta con la convicción de quien sabe que la historia también se escribe a base de paciencia.

    Durante años, la Supercopa fue poco más que un aperitivo de temporada. Hoy es un trofeo con entidad propia, un escenario de máxima exigencia y un termómetro inmediato de ambiciones. Llegar hasta aquí ya no es un regalo; es el resultado de un camino competitivo sostenido. Y ganar, directamente, es una declaración de poder.

    El Fútbol Club Barcelona aterriza en Castellón como líder de la Liga F Moeve, con la autoridad que le otorgan los números, el juego y la inercia de un proyecto que ha redefinido los estándares del fútbol femenino europeo. Las azulgranas no solo compiten: dominan. No solo ganan: convencen. Y no solo levantan títulos: los encadenan.

    Enfrente, un Athletic Club que vive uno de sus momentos más sólidos de los últimos años. Sin ruido, sin focos excesivos, sin atajos. Las bilbaínas se han instalado en la zona media-alta de la clasificación liguera, construyendo un equipo reconocible, competitivo y difícil de someter. Un conjunto que no necesita la posesión para sentirse cómodo y que ha hecho de la fiabilidad defensiva una seña de identidad.

    Hablar del Barcelona femenino en una semifinal es casi una redundancia. El club azulgrana ha convertido este tipo de citas en su hábitat natural. Desde la profesionalización del proyecto, desde la apuesta estructural y desde la consolidación de una identidad futbolística innegociable, el Barça ha vivido instalado en las rondas finales de todas las competiciones que ha disputado.

    No es casualidad que las de Pere Romeu lleguen a esta Supercopa con cinco títulos ya en sus vitrinas: 2019/2020, 2021/2022, 2022/2023, 2023/2024 y 2024/2025. Cinco coronas que no solo hablan de talento, sino de continuidad, de exigencia interna y de una cultura competitiva que no admite relajaciones.

    El Barcelona afronta esta semifinal con buenas noticias en el apartado médico. La recuperación de Salma Paralluelo devuelve al ataque una pieza diferencial, capaz de romper partidos desde la potencia, el desmarque y la verticalidad. También regresa Patri Guijarro, el metrónomo del centro del campo, la jugadora que ordena, equilibra y conecta todas las fases del juego.

    No estará, eso sí, Aitana Bonmatí, baja de larga duración. Una ausencia mayúscula, tanto por lo que representa en el juego como por lo que simboliza en el liderazgo competitivo del equipo. Pero si algo ha demostrado este Barcelona es que incluso las ausencias más dolorosas se convierten en oportunidades para reafirmar el carácter colectivo.

    Athletic Club no llega a Castalia como invitado. Llega como aspirante. Como un equipo que sabe perfectamente quién es y qué puede ofrecer en un contexto de máxima exigencia. Las de Javier Lerga han construido un bloque sólido, trabajado y con un profundo sentido de pertenencia.

    El conjunto bilbaíno afronta la semifinal con bajas importantes: Irene Oguiza, Estefa, Patricia Zugasti y Jone Amezaga no estarán disponibles. Pérdidas sensibles que obligarán a reajustar piezas, pero que no alteran la esencia de un equipo que se siente cómodo en los partidos largos, incómodos y tácticos.

    El Athletic ha demostrado esta temporada ser uno de los equipos más fiables a nivel defensivo de la Liga F Moeve. Orden, solidaridad, intensidad en los duelos y una lectura colectiva del juego que le permite competir de tú a tú ante rivales de mayor potencial ofensivo.

    No es un equipo que se descomponga. No es un equipo que regale metros. Y no es un equipo que negocie el esfuerzo.

    Barcelona y Athletic se han enfrentado 29 veces a lo largo de su historia, El balance es claramente favorable al conjunto blaugrana: 22 victorias, 3 empates y 3 triunfos del Athletic Club.

    La última victoria bilbaína data del 18 de febrero de 2018, cuando se impuso por 0-1.

    Esta misma temporada, ambos equipos ya se vieron las caras en San Mamés, en la segunda jornada de Liga. Aquella tarde, el Barcelona se llevó los tres puntos con un contundente 1-8 que reflejó la diferencia de pegada… pero no explica por sí solo la complejidad del duelo que ahora se avecina.

    Porque las semifinales no entienden de precedentes. Porque el contexto lo cambia todo. Y porque el Athletic llega ahora con un bloque más maduro, más compacto y con menos complejos.

    El estadio de Castalia será el juez imparcial de un choque cargado de simbolismo. Un escenario neutral que acoge una Supercopa que ya es evento de primer nivel, con retransmisión en directo por RTVE a través de Teledeporte y TV3, y con la atención mediática puesta en cada detalle.

    No será solo un partido. Será una prueba de carácter. Para el Barcelona, la confirmación de que sigue siendo el referente absoluto. Para el Athletic, la oportunidad de disputar su primera final de Supercopa y de derribar una barrera histórica.

    Al otro lado del cuadro, el Real Madrid ya ha hecho los deberes.

    Su victoria por 3-1 ante el Atlético de Madrid lo ha instalado en la final del sábado 24 de enero de 2026, a las 19:00 horas. Un dato que altera inevitablemente el enfoque de esta semifinal.

    Porque no se trata solo de ganar. Se trata de ganar para medirse al eterno rival o de ganar para escribir una página inédita. El Barcelona sabe lo que supone una final ante el Madrid. El Athletic sueña con lo que significaría llegar hasta allí.

    No habrá mañana. No habrá red. No habrá margen de error. Solo noventa minutos —y lo que venga después— para decidir quién se gana el derecho a pelear por un título y quién se queda a las puertas.

    Barcelona y Athletic Club . Dos históricos. Dos escudos que no necesitan presentación. Dos maneras de entender el fútbol femenino que confluyen en una misma noche.

    En Castalia, la historia no se recuerda, sino que se pone a prueba y el último billete para el partido por el título está en liza, en el horizonte, esperando al ganador.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🏆 Supercopa de España Iberdrola |

    😍 Segunda semifinal 😍

    🔥 Fútbol Club Barcelona 🆚 Athletic Club 🔥

    📅 Miércoles, 21 de enero de 2026

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    📺 Teledeporte

    🏟️ SkyFi Castalia, Castellón

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • La crónica | El Real Madrid pasa a la final de la Supercopa de España en Castellón

    (Fuente: RFEF)

    ◼️Al Real Madrid le bastaron 20 minutos arrolladores para golear y sentenciar el derbi de semifinales de la Supercopa por 3-1. Athenea, Weir y Linda fueron las autoras de los tres tantos de las madridistas para doblegar a un Atlético en crisis.

    La previa |

    (Fuente: Getty imágenes)

    Castellón se prepara para convertirse en el epicentro del fútbol femenino español, donde este fin de semana se disputará la primera semifinal de la Supercopa de España Iberdrola 2026, un derbi capitalino que promete emociones al límite y un espectáculo que trasciende el mero resultado. Real Madrid y Atlético de Madrid se enfrentan en un choque que entrega al vencedor un pasaporte directo a la gran final, un duelo que combina rivalidad histórica, intensidad táctica y la presencia de algunas de las jugadoras más destacadas de la Liga F Moeve.

    El estadio se engalana para recibir a dos equipos que, pese a compartir ciudad y ambición, representan filosofías de juego opuestas: el Real Madrid apuesta por la posesión, la amplitud y la construcción desde atrás, mientras que el Atlético mantiene su ADN caracterizado por presión alta, intensidad en la recuperación y transiciones veloces que han definido su éxito en la última década. La tensión es palpable en cada entrenamiento, en cada declaración de las protagonistas y en la expectativa de una afición que conoce de memoria la pasión de estos enfrentamientos.

    Históricamente, los derbis madrileños femeninos han ofrecido partidos intensos, donde cada acción puede definir el resultado. Desde que el Real Madrid consolidó su proyecto femenino de élite en 2020, los choques con el Atlético se han convertido en auténticas pruebas de carácter y táctica. 

    En los últimos cinco enfrentamientos directos, los resultados se han repartido entre ambos equipos, aunque el Atlético ha logrado imponerse en momentos decisivos, sobre todo en semifinales de Copa de la Reina y jornadas clave de Liga F, donde su solidez defensiva y efectividad en transiciones rápidas marcaron la diferencia.

    Los precedentes históricos entre ambos equipos, que son enemigos irreconciliables, son favorables para los intereses rojiblancos amén de seis victorias, cuatro empates y cuatro derrotas en los catorce derbis anteriores.

    Sin embargo, el Real Madrid ha demostrado que la calidad individual de jugadoras como Linda Caicedo, Caroline Weir y Sara Däbritz es capaz de romper cualquier esquema defensivo con combinaciones rápidas, movimientos entre líneas y precisión en los metros finales.

    Este derbi, más allá de la supremacía local, representa un pulso entre proyectos distintos: el Real Madrid en consolidación, con inversión y planificación a largo plazo, frente al Atlético, que ha mantenido un modelo ganador que combina veteranía, juventud y resultados constantes en finales y semifinales. 

    El Real Madrid llega a Castellón con un bloque equilibrado, donde la seguridad en portería de Misa Rodríguez, líder y capitana del equipo, será fundamental para contener la verticalidad y rapidez del Atlético. En defensa, jugadoras como Maëlle Lakrar, María Méndez y Yasmim formarán un muro que deberá soportar las internadas veloces de Luany Da Silva Fiamma Benítez, mientras que Bella Andersson aportará velocidad y capacidad de anticipación en la cobertura lateral. El mediocampo es uno de los puntos fuertes del equipo, con Sandie Toletti y Sara Däbritz coordinando la salida de balón, gestionando la presión rival y conectando con las delanteras. Hanna Bennison y Filippa Angeldahl equilibran recuperación y apoyo ofensivo, permitiendo que la línea de ataque pueda desplegarse con libertad.

    En la delantera, Linda Caicedo es la referencia de velocidad y desequilibrio, capaz de generar superioridad en uno contra uno, mientras que Caroline Weir aporta visión de juego y capacidad de remate desde fuera del área, complementando la amenaza de Signe Bruun, que llega en plena recuperación de su lesión, y Eva Navarro, especialista en desequilibrar a la defensa con movimientos inteligentes,

    Por su parte, el Atlético de Madrid confía en su experiencia y cohesión de grupo para imponerse en un duelo donde la intensidad física será clave. Lola Gallardo, capitana y guardameta, será la garantía defensiva, ofreciendo seguridad y liderazgo a todo el bloque. La defensa combina experiencia y juventud, con Andrea Medina, Lauren Leal, Xènia Pérez y Silvia Lloris formando un muro difícil de superar, mientras que Rosa Otermín aporta salida limpia por el lateral. En el centro del campo, Vilde Bøe Risa y Júlia Bartel equilibran control de juego y capacidad ofensiva, imponiendo el ritmo del partido y generando transiciones rápidas hacia el ataque. La línea ofensiva, encabezada por Luany Da Silva , Fiamma Benítez y Amaiur Sarriegi, representa un constante peligro, complementada por la desequilibrante Jensen por banda, capaz de generar superioridad numérica y asistir en los momentos decisivos.

    La experiencia de Víctor Martín, entrenador del Atlético, garantiza un planteamiento sólido que combina orden táctico, presión coordinada y lectura de los momentos clave del derbi.

    Tácticamente, el choque se presenta como un duelo de contrastes. El Atlético buscará imponer su presión alta y recuperación inmediata, intentando explotar cualquier pérdida de balón madridista. Las transiciones rápidas serán fundamentales, con el objetivo de sorprender a la defensa blanca antes de que se reorganice. 

    Por su parte, el Real Madrid intentará controlar la posesión, mover el balón con criterio, abrir espacios y aprovechar la movilidad de sus delanteras para desarmar la presión rival. Las bandas serán escenario de constantes batallas: Caicedo y Weir frente a Maca Portales y Amaiur Sarriegi, donde cada acción puede abrir el camino hacia el gol. La defensa de áreas y la capacidad de concentración de porteras y centrales serán determinantes: un solo error puede cambiar el destino del derbi y definir qué equipo avanza a la final.

    El aspecto psicológico también jugará un papel importante. Ambos equipos han demostrado fortaleza mental en instancias decisivas. La capacidad de mantener la calma bajo presión, la resiliencia tras un gol en contra y la gestión de momentos de tensión marcarán la diferencia. La historia reciente muestra que los derbis madrileños suelen resolverse en detalles: jugadas a balón parado, errores individuales o decisiones tácticas puntuales. La lectura del juego y la capacidad de adaptación de cada entrenadora serán decisivas. El Real Madrid, con su enfoque en posesión y combinaciones rápidas, deberá equilibrar creatividad con disciplina defensiva.

    El Atlético, con su intensidad y solidez táctica, buscará aprovechar cada contragolpe y dominar el ritmo del partido.

    repercusión mediática y el seguimiento de aficionados añade un componente extra de presión y espectáculo. Redes sociales, medios de comunicación y la expectación de la Liga F Moeve convierten a Castellón en un escenario donde cada jugada se analiza y cada gol se celebra con intensidad. Las declaraciones previas de las protagonistas subrayan la motivación máxima: Amaiur Sarriegi destaca la importancia de mantener el orden táctico, mientras que Linda Caicedo resalta la necesidad de imponer su juego ofensivo y aprovechar las oportunidades que surjan. 

    Cada entrenadora ha estudiado al detalle al rival, buscando debilidades y maximizando fortalezas para un partido que promete ser recordado como un clásico moderno del fútbol femenino español.

    En conclusión, este derbi de semifinal de la Supercopa de España Iberdrola no es solo un partido; es un choque de estilos, una confrontación de proyectos y un espectáculo de fútbol de alto nivel. Real Madrid y Atlético de Madrid se juegan más que un pase a la final: se juegan prestigio, rivalidad y la posibilidad de consolidar sus nombres en la historia reciente del fútbol femenino. Con plantillas equilibradas, figuras capaces de cambiar el destino del encuentro y tácticas que prometen tensión en cada metro del campo, Castellón se prepara para un domingo inolvidable donde la pasión, la técnica y la estrategia se funden en un derbi que marcará el rumbo de la Supercopa 2026.

    Y cuando el balón eche a rodar en Castellón, ya no habrá espacio para la teoría ni para la estadística.

    Todo quedará reducido a noventa minutos —o quizá más— en los que el orgullo de dos escudos, la ambición de dos proyectos y el carácter de dos vestuarios se pondrán a prueba sin red.

    El Real Madrid saltará al césped con la convicción de quien quiere escribir su nombre con letras definitivas en la historia de las grandes noches, decidido a imponer su juego, su talento y su identidad. El Atlético de Madrid lo hará con la mirada de quien conoce este terreno, de quien ha sobrevivido a finales, a derrotas y a conquistas, y sabe que los títulos no se piden: se arrancan.

    Será entonces cuando cada carrera de Linda Caicedo, cada golpeo de Caroline Weir, cada parada de Misa Rodríguez o cada orden de Lola Gallardo desde el área cobren un significado mayor que el propio partido.

    ocasión clara y el rugido tras un gol recuerden por qué el fútbol femenino español vive uno de los momentos más apasionantes de su historia. En Castellón no se jugará solo una semifinal; se disputará un capítulo más de un derbi que ya es patrimonio emocional del fútbol nacional.

    Al final, solo una avanzará hacia la gran final de la Supercopa de España Iberdrola. La otra tendrá que asumir que incluso en la derrota se forjan los equipos que regresan más fuertes. Pero pase lo que pase, este Real Madrid-Atlético de Madrid ya ha ganado su sitio en la memoria: como un duelo de máxima exigencia, de talento desbordado y de emociones sin concesiones.

    (Fuente: “Liga F Moeve)

    El duelo en detalle |

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    Los onces |

    Once inicial:
    • 1. Lola (C)
    • 3. Medina
    • 4. Lauren
    • 6. Vilde
    • 7. Synne
    • 15. Silvia
    • 17. Júlia
    • 20. Amaiur
    • 21. Fiamma
    • 22. Luany
    • 23. Alexia

    Entrenador: Víctor Martín

    (Fuente: Getty imágenes)

    La Supercopa de España Femenina abre fuego en Castellón con un clásico moderno: Real Madrid y Atlético se miden por un puesto en la final

    Castellón acoge la Semifinal 1 de la Supercopa de España Femenina, una cita que enfrenta a Real Madrid y Atlético de Madrid en un duelo de máxima exigencia, cargado de talento internacional, identidad competitiva y un trasfondo histórico que sigue escribiéndose temporada tras temporada.

    El torneo, organizado por la RFEF y patrocinado por Iberdrola, vuelve a situar al fútbol femenino español en el primer plano mediático con un escenario neutral y una eliminatoria directa que no admite margen de error.

    El Real Madrid, talento y control desde la posesión

    El conjunto blanco comparece con Misa Rodríguez como capitana y líder bajo palos, respaldada por una estructura sólida en defensa y una medular de enorme jerarquía. Däbritz, Weir y Angeldahl marcan el pulso del juego interior, mientras que el desborde y la profundidad llegan por fuera con Athenea y Eva Navarro. En punta, Alba Redondo asume la responsabilidad ofensiva.

    Once inicial del Real Madrid:
    Misa (C); Athenea, Däbritz, Weir, Redondo, M. Méndez, Angeldahl, Linda C., Eva Navarro, Holmgaard y Lakrar.
    Entrenador: Antonio Rodríguez.

    El plan blanco pasa por dominar el balón, imponer ritmo y castigar entre líneas, con especial atención a las llegadas desde segunda línea y a la capacidad asociativa de su tridente creativo.

    El Atlético de Madrid, identidad competitiva y presión alta

    El Atlético afronta la semifinal fiel a su ADN: intensidad, orden y verticalidad. Lola Gallardo, capitana y referente, lidera a un equipo equilibrado que combina juventud y experiencia. En el centro del campo, Silvia y Júlia sostienen al equipo, mientras que el talento ofensivo se reparte entre Amaiur, Fiamma y Luany, con Alexia completando el frente de ataque.

    Once inicial del Atlético de Madrid:
    Lola (C); Medina, Lauren, Vilde, Synne, Silvia, Júlia, Amaiur, Fiamma, Luany y Alexia.
    Entrenador: Víctor Martín.

    El conjunto rojiblanco apuesta por un bloque compacto, presión tras pérdida y transiciones rápidas, buscando hacer daño a campo abierto y aprovechar cualquier desajuste defensivo del rival.

    Un duelo con aroma a título

    Real Madrid y Atlético de Madrid se reencuentran en un contexto de máxima presión, con una final en juego y el prestigio de levantar el primer título del año. Dos estilos, dos proyectos y una misma ambición: conquistar Castellón y avanzar hacia la Supercopa.

    (Fuente: RFEF)

    El escenario está listo. El balón, preparado. Y el fútbol femenino español, una vez más, en el centro de todas las miradas

    El Real Madrid salía con el mejor equipo que podía disponer el técnico. Misa protegía la portería, escoltada por la línea de cuatro que formaban Holmgaard y Navarro en los laterales y Méndez y Lakrar en el eje. Dabritz aparecía en el centro del campo junto a Angeldahl, que volvía al once como Weir. Athenea caía a una banda, a la otra lo hacía Linda y en punta aparecía Redondo.

    Y las blancas dominaron desde el primer momento. De hecho, Athenea no tardó en batir a Lola Gallardo para abrir la lata con el 1-0 en el minuto 6 de juego, empezaba muy bien el partido para las merengues.

    La exjugadora del Deportivo estaba en racha después de haberle hecho un doblete al Levante Unión Deportiva en Orriols.

    Habría más. El Atlético había salido dispuesto a dominar y a combinar. Se equivocaron claramente. De un error al intentar jugar el balón atrás llegó el primero y, de la misma forma, tras un saque de banda, llegó el segundo. Se quedó largo el pase y lo aprovechó Weir a la carrera, anticipándose a una Gallardo que salió de su área, para marcar a portería vacía para así duplicar la renta hasta el 2-0 antes del primer cuarto de hora.

    no tardaría en llegar el tercero. Faltaba Linda Caicedo por aparecer. Arrancó desde su campo, condujo sin oposición por el carril central y, desde unos 25 metros, la pegó. No fue un disparo muy potente, ni muy alto. Sí que buscó el palo y el esférico botó delante de Lola, que no pudo atraparlo y vio con impotencia con el 3-0 llegaba en el 18 y antes del ecuador de la primets mitad ya estaba todo prácticamente hecho para las de Valdebebas.

    El Atlético estaba prácticamente en la lona, pues nada salía bien ante la desesperación de Víctor Martín.

    Luany aprovechó un impás médico (la atención de su compañera Bøe Risa) para llamar al resto de su equipo, hacer un círculo en el centro del campo y pedir más. Más intensidad, más compromiso, más competitividad. El aguacero que estaba cayendo en Castellón en ese momento no era nada comparado con el baño que le estaba dando el rival tanto en lo físico como en lo táctico, pero en el tramo final de la primera parte llegó la reacción visitante.

    El Atlético lo intentó con más corazón que con cabeza, una fórmula que deja demasiado al azar y que muchas veces acaba mal. En esta ocasión lo que provocó es que aumentara la vehemencia del choque, llevando los duelos y encontronazos muchas veces al límite, con jugadoras calentándose en exceso y dejando el fútbol en un segundo plano.

    El equipo dirigido por Víctor Martín logró irse al descanso liderando la posesión (60%), una estadística inocua cuando no va acompañada de la salsa de gol. Amaiur lo rozó en dos ocasiones, una estrellando su disparo en el lateral de la red y otro topándose con una imponente Méndez, cada vez más líder de la defensa —y del equipo—. La última de la primera parte fue de Fiamma, que tras una buena internada de Luany por banda derecha ganando la espalda a Holmgaard, resolvió la jugada con un disparo que rozó la madera. Ni los dos minutos de añadido dieron pie para que el Atlético recortara distancias y se metiera en la lucha por la semifinal y el escenario tenía un nuevo decorad, sin lugar a dudas.

    Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con una cómoda renta para el Real Madrid, pero el Atleti quiso vender cara su piel y eso le puso cierta dosis de emoción al segundo tiempo en Castellón.

    La incorporación al escenario de Feller y Menayo. Misa, que jugaba su partido 200 con el Real Madrid, sacó un derechazo de Bøe Risa con un vuelo sin motor y el palo repelió un remate de Caicedo tras una excelsa jugada por el carril zurdo donde volvió a desdibujar a Alexia.

    El arbitraje tuvo su dosis de protagonismo, pues Paola Cebollada acudió al FSV para revisar una posible manos de Lloris dentro del área que entendió que no eran susceptibles de sanción; y una posible tarjeta roja para Feller que se quedó en amarilla.

    El pasar del tiempo permitió al banquillo blanco dosificar esfuerzos y comenzar a preparar la final. Antonio dio descanso a Weir, Alba, Athenea y Holmgaard, probó a Feller de ‘9’ y dio minutos a Sheila García, ex del Atlético de Madrid, como extremo.

    La incombustible fue Caicedo, que siguió intentándolo cada vez que agarró el esférico en línea de tres cuartos. La colombiana lo probó con la izquierda y con la derecha, por dentro y por fuera y, aunque estuvo cerca, no logró ampliar su cuenta individual.

    A falta de 20 minutos para el final, el Atlético animó el partido. Luany, que no cesó en su empeño, recortó distancias en una jugada individual en la que recortó a Irune dentro del área y definió ante Misa con un toque con el exterior de su bota zurda en una acción de gran calidad de la exjugadora del Madrid CFF que sirvió para instalar el 3-1 definitivo en el luminoso sobre el 72 de juego.

    A partir de ese instante final, cuando el reloj ya había consumido cada segundo posible y el murmullo del estadio comenzaba a transformarse en un ruido espeso, casi solemne, el partido quedó definitivamente sellado en la memoria colectiva. No hubo más sustituciones, no hubo más interrupciones, no hubo margen para un último giro de guion. El césped de la Supercopa de España femenina Iberdrola quedó marcado por las huellas de un encuentro que fue mucho más que una semifinal: fue una declaración de intenciones, un examen emocional y competitivo, y una frontera clara entre el presente inmediato y el futuro que aguarda a ambos proyectos.

    El Real Madrid, firme, resiliente, consciente de la magnitud del momento, resistió los últimos envites de un Atlético de Madrid herido, empujado más por el orgullo que por la claridad futbolística. El pitido final no solo confirmó un resultado; confirmó un estado. Confirmó que el conjunto blanco está preparado para mirar de frente a la historia y pelear por el primer gran título de su sección femenina. Confirmó también que el Atlético, pese a su tradición, su carácter competitivo y su innegable talento, deberá detenerse, analizarse y reconstruirse desde la autocrítica para no permitir que esta eliminación se convierta en una herida estructural.

    Cuando la colegiada señaló el final del encuentro, el silencio duró apenas una fracción de segundo. Después, el estallido. Las jugadoras del Real Madrid se abrazaron en el centro del campo con una mezcla de alivio, emoción contenida y ambición renovada. No era una celebración desbordada; era una celebración consciente. Cada gesto, cada mirada, transmitía la sensación de que este equipo sabe exactamente dónde está y hacia dónde quiere ir.

    Para el Atlético de Madrid, en cambio, el final fue un golpe seco. Algunas futbolistas se quedaron inmóviles, mirando al vacío. Otras se llevaron las manos a la cara. No había lágrimas exageradas ni dramatismos impostados, pero sí un dolor profundo, el que nace de sentir que se ha escapado una oportunidad importante y de saber que el margen de reacción, a partir de ahora, será mínimo.

    La Supercopa no concede treguas. Es un torneo corto, intenso, cruel en su formato, donde cada error se magnifica y cada acierto se convierte en oro puro. Y en ese contexto, el Real Madrid fue más certero, más sólido en los momentos clave y, sobre todo, más fiel a su plan.

    pase a la final de la Supercopa de España femenina Iberdrola no es un simple trámite para el Real Madrid. Es un paso más en un proceso que, temporada tras temporada, ha ido construyendo una identidad reconocible. Este equipo ya no vive únicamente de la comparación constante con otros gigantes del fútbol femenino español; empieza a escribir su propio relato.

    La posibilidad de levantar su primera Supercopa supone un punto de inflexión. No solo por el trofeo en sí, sino por lo que simboliza: la confirmación de que el proyecto ha madurado, de que el crecimiento no es solo estructural o institucional, sino competitivo y emocional. Llegar a una final implica saber gestionar la presión, convivir con la exigencia y responder cuando el partido lo pide.

    El Real Madrid sabe que enfrente tendrá a un rival de máxima entidad. Athletic Club o FC Barcelona, dos equipos con identidades muy definidas y con una trayectoria contrastada en este tipo de escenarios. No habrá concesiones, no habrá favoritismos claros. La final será una batalla de estilos, de convicciones y de detalles.

    Pero si algo ha demostrado este Real Madrid es que no rehúye ese tipo de partidos. Los busca. Los necesita. Los entiende como el escenario natural para seguir creciendo.

    La Supercopa de España femenina se ha convertido, en apenas unos años, en un escaparate privilegiado del fútbol femenino nacional. No es solo un título; es una narrativa condensada del estado de la competición. Cada edición deja imágenes, debates, emociones y certezas que acompañan al aficionado durante toda la temporada.

    La final que se avecina no será una excepción. Será, de nuevo, una oportunidad para reivindicar el talento, la intensidad y la calidad del fútbol femenino español. Será una invitación abierta a seguir mirando, a seguir apoyando, a seguir creyendo en una competición que no deja de crecer en impacto, nivel y relevancia mediática.

    El Real Madrid llega con hambre de historia. Athletic Club y FC Barcelona, con la autoridad que les concede su pasado reciente. Tres maneras distintas de entender el juego, tres culturas futbolísticas, un mismo objetivo: levantar un título que ya es parte esencial del calendario.

    Para el Atlético de Madrid, esta eliminación no puede quedarse únicamente en el terreno de la decepción momentánea. Es un punto de inflexión que exige reflexión profunda. El club rojiblanco ha construido, durante años, una identidad basada en la competitividad extrema, la intensidad emocional y la capacidad de resistencia. Sin embargo, el fútbol evoluciona, y con él las exigencias tácticas, físicas y mentales.

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    La Supercopa ha dejado al descubierto áreas de mejora evidentes. Ajustes defensivos, mayor fluidez en la circulación, mejor gestión de los momentos de partido y, sobre todo, una mayor capacidad para transformar el dominio territorial en ocasiones claras. No se trata de cuestionar el proyecto, sino de entender que el margen de error, en el fútbol de élite actual, es cada vez más estrecho.

    El Atlético tiene talento, tiene experiencia y tiene una base sólida. Pero necesitará utilizar estos próximos días como un laboratorio de corrección y crecimiento. No hay tiempo para lamentaciones prolongadas; el calendario aprieta y la exigencia no espera.

    horizonte inmediato ya está marcado en rojo. El próximo 31 de enero de 2026, a las 18:00 (horario peninsular), el Atlético de Madrid volverá a competir en la Primera División Femenina. Lo hará ante el Granada Club de Fútbol, en Alcalá de Henares, en un encuentro que será mucho más que una jornada liguera.

    Ese partido representará el inicio de una nueva etapa tras el golpe de la Supercopa. Será una prueba de carácter, de capacidad de reacción y de madurez competitiva. El Atlético no solo deberá sumar puntos; deberá enviar un mensaje. A sí mismo y al resto de la competición.

    El Granada, por su parte, no será un rival complaciente. Cada temporada en la élite es una lucha constante, y cualquier concesión se paga caro. El Atlético necesitará llegar con las ideas claras, con un plan definido y con la convicción de que este tropiezo no define su temporada, sino que puede convertirse en el impulso necesario para crecer.

    de los grandes aprendizajes que deja esta semifinal es que el fútbol no se mide únicamente en resultados inmediatos. Se mide en procesos, en trayectorias, en la capacidad de aprender de las derrotas y de gestionar las victorias con humildad. El Real Madrid ha sabido aprovechar su momento. El Atlético debe aprender del suyo.

    Ambos equipos, desde realidades distintas, forman parte de un ecosistema competitivo que enriquece a la Primera División Femenina y al fútbol español en su conjunto. Cada enfrentamiento entre ellos eleva el nivel, exige más y deja enseñanzas que trascienden el marcador.

    La Supercopa actúa, en ese sentido, como un espejo acelerado. Muestra virtudes y carencias sin filtros, obliga a reaccionar y marca tendencias que se prolongan durante el curso.

    Para el espectador, para quien sigue el fútbol femenino con pasión y compromiso, este desenlace no es un punto final. Es un punto y seguido. La Supercopa de España femenina Iberdrola continúa, y lo hace con una final que promete emociones, intensidad y fútbol de alto nivel.

    Seguir disfrutando de este torneo es seguir apostando por una competición que no deja de ofrecer relatos potentes, partidos vibrantes y protagonistas que merecen cada foco mediático que reciben. Es entender que cada edición suma un capítulo más a una historia colectiva que se está escribiendo a gran velocidad.

    La final será el escenario perfecto para confirmar todo lo que esta Supercopa representa: ambición, crecimiento, rivalidad sana y un compromiso absoluto con la excelencia deportiva.

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    La noche se cerró con luces que se apagaban lentamente, con conversaciones que continuaban en las gradas y con análisis que ya empezaban a tomar forma. El Real Madrid se marchó con la certeza de haber dado un paso decisivo. El Atlético, con la obligación de mirar hacia dentro y reconstruirse desde la exigencia.

    Así es el fútbol. Así es la Supercopa. Un escenario donde no hay espacio para la indiferencia, donde cada partido deja cicatrices o trofeos, y donde el futuro se construye, partido a partido, a partir de lo que se aprende en noches como esta.

    El camino sigue, la final espera e incluso la La Liga F Moeve llama y el conjunto rojiblanco aún tiene mucho que decir.

    Y el fútbol femenino español, una vez más, demuestra que está muy vivo, que exige atención constante y que siempre ofrece motivos para seguir mirando, analizando y creyendo.

    (Fuente: RFEF)

    📋 Ficha técnica |

    Real Madrid: Misa Rodríguez, Athenea del Castillo (Sheila García, 66′), Sara Däbritz (Toletti, 82′), Caroline Weir (Naomie Feller, 46′), Alba Redondo (Irune Dorado, 59′), María Méndez, Ingrid Angeldal, Linda Caicedo, Eva Navarro, Sara Holmgaard (Yasmin Assis, 66′), Maëlle Lakrar.

    Suplentes: Laia López, Rocío Gálvez, Paula Comendador, Sandie Rose Toletti, Signe Bruun, Yasmim Assis, Sheila García, Naomie Feller, Bella Astrid Andersson, Irune Dorado, Iris Ashley Santiago.

    Entrenador: Pau Quesada. (Antonio Rodríguez, segundo entrenador, ha dirigido al equipo debido a la ausencia por motivos personales de Pau Quesada).

    Atlético de Madrid: Andrea Medina, Lauren Leal, Vilde Risa, Synne Jensen, Silvia Lloris (Sheila Guijarro, 91′), Júlia Bartel (Carmen Menayo, 46′), Amaiur Sarriegi (Chinchilla, 82′), Fiamma Benítez, Luany Da Silva, Alexia Fernández.

    Suplentes: Patricia Larque, Alba de Isidro, Xenia Pérez, Sheila Guijarro, Carmen Menayo, Rosa María Otermin, Priscila Chinchilla, Macarena Portales, Natalia Peñalvo, Lydia Rodríguez, Daniela Miñambres.

    ÁRBITRO: Paola Cebollada.

    Árbitros asistentes: Iragartze Fernández y Raquel Díaz.

    Cuarto árbitro: Elena Peláez.

    Quinto árbitro: Alexia Mayer.

    Amarillas: Feller, 57. Caicedo, 57′. Sara Däbritz, 64′. Medina, 84′.

    ESTADIO: Semifinal de la Supercopa de España Femenina Iberdrola 2026, disputada en el Nuevo Estadio Skyfi Castalia, Castellón sobre una superficie de hierba natural.

    Goles |

    1-0 Athenea del Castillo 6’ ⚽️
    2-0 Caroline Weir 15’ ⚽️
    3-0 Linda Caicedo 18’ ⚽️
    3-1 Luany Da Silva 71’ ⚽️

    Vídeo:

  • La previa | Derbi de altura en Castellón: Real Madrid y Atlético se juegan el pase a la final de la Supercopa Iberdrola 2026

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    ⬛️ Castellón se prepara para convertirse en el epicentro del fútbol femenino español, donde este fin de semana se disputará la primera semifinal de la Supercopa de España Iberdrola 2026, un derbi capitalino que promete emociones al límite y un espectáculo que trasciende el mero resultado. Real Madrid y Atlético de Madrid se enfrentan en un choque que entrega al vencedor un pasaporte directo a la gran final, un duelo que combina rivalidad histórica, intensidad táctica y la presencia de algunas de las jugadoras más destacadas de la Liga F Moeve. El estadio se engalana para recibir a dos equipos que, pese a compartir ciudad y ambición, representan filosofías de juego opuestas: el Real Madrid apuesta por la posesión, la amplitud y la construcción desde atrás, mientras que el Atlético mantiene su ADN caracterizado por presión alta, intensidad en la recuperación y transiciones veloces que han definido su éxito en la última década. La tensión es palpable en cada entrenamiento, en cada declaración de las protagonistas y en la expectativa de una afición que conoce de memoria la pasión de estos enfrentamientos.

    (Fuente: RFEF)

    Castellón se prepara para convertirse en el epicentro del fútbol femenino español, donde este fin de semana se disputará la primera semifinal de la Supercopa de España Iberdrola 2026, un derbi capitalino que promete emociones al límite y un espectáculo que trasciende el mero resultado. Real Madrid y Atlético de Madrid se enfrentan en un choque que entrega al vencedor un pasaporte directo a la gran final, un duelo que combina rivalidad histórica, intensidad táctica y la presencia de algunas de las jugadoras más destacadas de la Liga F Moeve.

    (Fuente: Getty imágenes)

    El estadio se engalana para recibir a dos equipos que, pese a compartir ciudad y ambición, representan filosofías de juego opuestas: el Real Madrid apuesta por la posesión, la amplitud y la construcción desde atrás, mientras que el Atlético mantiene su ADN caracterizado por presión alta, intensidad en la recuperación y transiciones veloces que han definido su éxito en la última década. La tensión es palpable en cada entrenamiento, en cada declaración de las protagonistas y en la expectativa de una afición que conoce de memoria la pasión de estos enfrentamientos.

    Históricamente, los derbis madrileños femeninos han ofrecido partidos intensos, donde cada acción puede definir el resultado. Desde que el Real Madrid consolidó su proyecto femenino de élite en 2020, los choques con el Atlético se han convertido en auténticas pruebas de carácter y táctica.

    En los últimos cinco enfrentamientos directos, los resultados se han repartido entre ambos equipos, aunque el Atlético ha logrado imponerse en momentos decisivos, sobre todo en semifinales de Copa de la Reina y jornadas clave de Liga F, donde su solidez defensiva y efectividad en transiciones rápidas marcaron la diferencia.

    Los precedentes históricos entre ambos equipos, que son enemigos irreconciliables, son favorables para los intereses rojiblancos amén de seis victorias, cuatro empates y cuatro derrotas en los catorce derbis anteriores.

    Sin embargo, el Real Madrid ha demostrado que la calidad individual de jugadoras como Linda Caicedo, Caroline Weir y Sara Däbritz es capaz de romper cualquier esquema defensivo con combinaciones rápidas, movimientos entre líneas y precisión en los metros finales.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Este derbi, más allá de la supremacía local, representa un pulso entre proyectos distintos: el Real Madrid en consolidación, con inversión y planificación a largo plazo, frente al Atlético, que ha mantenido un modelo ganador que combina veteranía, juventud y resultados constantes en finales y semifinales.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El Real Madrid llega a Castellón con un bloque equilibrado, donde la seguridad en portería de Misa Rodríguez, líder y capitana del equipo, será fundamental para contener la verticalidad y rapidez del Atlético. En defensa, jugadoras como Maëlle Lakrar, María Méndez y Yasmim formarán un muro que deberá soportar las internadas veloces de Luany Da Silva Fiamma Benítez, mientras que Bella Andersson aportará velocidad y capacidad de anticipación en la cobertura lateral. El mediocampo es uno de los puntos fuertes del equipo, con Sandie Toletti y Sara Däbritz coordinando la salida de balón, gestionando la presión rival y conectando con las delanteras. Hanna Bennison y Filippa Angeldahl equilibran recuperación y apoyo ofensivo, permitiendo que la línea de ataque pueda desplegarse con libertad.

    (Fuente: Getty imágenes)

    En la delantera, Linda Caicedo es la referencia de velocidad y desequilibrio, capaz de generar superioridad en uno contra uno, mientras que Caroline Weir aporta visión de juego y capacidad de remate desde fuera del área, complementando la amenaza de Signe Bruun, que llega en plena recuperación de su lesión, y Eva Navarro, especialista en desequilibrar a la defensa con movimientos inteligentes.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Por su parte, el Atlético de Madrid confía en su experiencia y cohesión de grupo para imponerse en un duelo donde la intensidad física será clave. Lola Gallardo, capitana y guardameta, será la garantía defensiva, ofreciendo seguridad y liderazgo a todo el bloque. La defensa combina experiencia y juventud, con Andrea Medina, Lauren Leal, Xènia Pérez y Silvia Lloris formando un muro difícil de superar, mientras que Rosa Otermín aporta salida limpia por el lateral. En el centro del campo, Vilde Bøe Risa y Júlia Bartel equilibran control de juego y capacidad ofensiva, imponiendo el ritmo del partido y generando transiciones rápidas hacia el ataque. La línea ofensiva, encabezada por Luany Da Silva , Fiamma Benítez y Amaiur Sarriegi, representa un constante peligro, complementada por la desequilibrante Jensen por banda, capaz de generar superioridad numérica y asistir en los momentos decisivos.

    La experiencia de Víctor Martín, entrenador del Atlético, garantiza un planteamiento sólido que combina orden táctico, presión coordinada y lectura de los momentos clave del derbi.

    Tácticamente, el choque se presenta como un duelo de contrastes. El Atlético buscará imponer su presión alta y recuperación inmediata, intentando explotar cualquier pérdida de balón madridista. Las transiciones rápidas serán fundamentales, con el objetivo de sorprender a la defensa blanca antes de que se reorganice.

    Por su parte, el Real Madrid intentará controlar la posesión, mover el balón con criterio, abrir espacios y aprovechar la movilidad de sus delanteras para desarmar la presión rival. Las bandas serán escenario de constantes batallas: Caicedo y Weir frente a Maca Portales y Amaiur Sarriegi, donde cada acción puede abrir el camino hacia el gol. La defensa de áreas y la capacidad de concentración de porteras y centrales serán determinantes: un solo error puede cambiar el destino del derbi y definir qué equipo avanza a la final.

    El aspecto psicológico también jugará un papel importante. Ambos equipos han demostrado fortaleza mental en instancias decisivas. La capacidad de mantener la calma bajo presión, la resiliencia tras un gol en contra y la gestión de momentos de tensión marcarán la diferencia. La historia reciente muestra que los derbis madrileños suelen resolverse en detalles: jugadas a balón parado, errores individuales o decisiones tácticas puntuales. La lectura del juego y la capacidad de adaptación de cada entrenadora serán decisivas. El Real Madrid, con su enfoque en posesión y combinaciones rápidas, deberá equilibrar creatividad con disciplina defensiva.

    El Atlético, con su intensidad y solidez táctica, buscará aprovechar cada contragolpe y dominar el ritmo del partido.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    La repercusión mediática y el seguimiento de aficionados añade un componente extra de presión y espectáculo. Redes sociales, medios de comunicación y la expectación de la Liga F Moeve convierten a Castellón en un escenario donde cada jugada se analiza y cada gol se celebra con intensidad. Las declaraciones previas de las protagonistas subrayan la motivación máxima: Amaiur Sarriegi destaca la importancia de mantener el orden táctico, mientras que Linda Caicedo resalta la necesidad de imponer su juego ofensivo y aprovechar las oportunidades que surjan.

    Cada entrenadora ha estudiado al detalle al rival, buscando debilidades y maximizando fortalezas para un partido que promete ser recordado como un clásico moderno del fútbol femenino español.

    En conclusión, este derbi de semifinal de la Supercopa de España Iberdrola no es solo un partido; es un choque de estilos, una confrontación de proyectos y un espectáculo de fútbol de alto nivel. Real Madrid y Atlético de Madrid se juegan más que un pase a la final: se juegan prestigio, rivalidad y la posibilidad de consolidar sus nombres en la historia reciente del fútbol femenino. Con plantillas equilibradas, figuras capaces de cambiar el destino del encuentro y tácticas que prometen tensión en cada metro del campo, Castellón se prepara para un domingo inolvidable donde la pasión, la técnica y la estrategia se funden en un derbi que marcará el rumbo de la Supercopa 2026.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Y cuando el balón eche a rodar en Castellón, ya no habrá espacio para la teoría ni para la estadística.

    Todo quedará reducido a noventa minutos —o quizá más— en los que el orgullo de dos escudos, la ambición de dos proyectos y el carácter de dos vestuarios se pondrán a prueba sin red.

    (Fuente: RFEF)

    El Real Madrid saltará al césped con la convicción de quien quiere escribir su nombre con letras definitivas en la historia de las grandes noches, decidido a imponer su juego, su talento y su identidad. El Atlético de Madrid lo hará con la mirada de quien conoce este terreno, de quien ha sobrevivido a finales, a derrotas y a conquistas, y sabe que los títulos no se piden: se arrancan.

    Será entonces cuando cada carrera de Linda Caicedo, cada golpeo de Caroline Weir, cada parada de Misa Rodríguez o cada orden de Lola Gallardo desde el área cobren un significado mayor que el propio partido.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Cuando la presión, el silencio previo a una ocasión clara y el rugido tras un gol recuerden por qué el fútbol femenino español vive uno de los momentos más apasionantes de su historia. En Castellón no se jugará solo una semifinal; se disputará un capítulo más de un derbi que ya es patrimonio emocional del fútbol nacional.

    Al final, solo una avanzará hacia la gran final de la Supercopa de España Iberdrola. La otra tendrá que asumir que incluso en la derrota se forjan los equipos que regresan más fuertes. Pero pase lo que pase, este Real Madrid-Atlético de Madrid ya ha ganado su sitio en la memoria: como un duelo de máxima exigencia, de talento desbordado y de emociones sin concesiones.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Porque hay partidos que deciden títulos… y hay derbis que definen una época. Este, sin duda, aspira a ser ambos.

    🔜 NEXT GAME

    🏆 Supercopa de España Iberdrola |

    ✨ Primera semifinal ✨


    🔥 Real Madrid 🆚 Atlético de Madrid 🔥

    📅 Martes, 20 de enero de 2026

    ⏰ 19:15 horario peninsular

    📺 Teledeporte

    🏟️ SkyFi Castalia, Castellón

  • Oficial | Misa hará historia en el SkyFi Castalia

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️La internacional absoluta por España y campeona del Mundial 2023 cumplirá un nuevo hito como merengue en Castellón.

    (Fuente: Real Madrid TV)

    Misa alcanzó contra el Granada las 80 porterías a cero con el Real Madrid y ha viajado a Castellón sabiendo que podrá ampliar su leyenda como merengue, con el que cumplirá 200 encuentros. en la primera semifinal de la Supercopa de España Iberdrola, precisamente ante el Atlético de Madrid, con el que fue campeona de la Liga F en 2017, 2018 y 2019, si Pau Quesada estima oportuno ponerla en el once titular.

    La ganadora del Trofeo Zamora en 2021 y 2023 protagonizó hace ya cinco años un episodio conocido como “Misma pasión” al ser víctima de un deplorable acoso en redes sociales tras celebrar una victoria europea del equipo masculino a costa del Liverpool (3-1) en plena pandemia del coronavirus.

    La canaria festejó ese éxito al compartir en su cuenta de Twitter, ahora X, una imagen suya junto con la de Marco Asensio, autor del segundo gol ante los ingleses. «Misma pasión», escribió en el tuit en el que citaba al equipo masculino y femenino del Madrid.

    La publicación poco duró en Twitter ya que la portera del conjunto blanco se vio obligada a borrarla después de recibir numerosos insultos machistas e hirientes que no se pueden tolerar en pleno siglo XXI.

    Marco Asensio no vivió ajeno a lo que Misa Rodríguez tuvo que sufrir que sufrir por celebrar la victoria ante el Liverpool y el gol que marcó. El futbolista del primer equipo masculino quiso mostrar su apoyo a su compañera y colgó un mensaje de apoyo en la redes sociales para salir en su defensa. «Misma pasión. Que nada ni nadie te impida decir los que piensas», escribió el por entonces jugador blanco.

    Este desafortunado episodio reforzó su vínculo madridista y desde entonces se ha convertido en un símbolo para la afición del Estadio Alfredo Di Stéfano, ayudada por sus grandes intervenciones y el amor que demostró por la entidad desde su llegada.

    Ahora, favorecida por la lesión de su compañera Frohms, ha recuperado la titularidad en el conjunto blanco y buscará en Castellón ser bicentenaria en el choque de semifinales ante el Atlético de Madrid (19:15 horario peninsular, Teledeporte) y querrá celebrarlo con el pase a la gran final, pero antes tendría que frenar el empuje ofensivo de las colchoneras, que bajo el liderazgo ofensivo de Luany Da Silva o Amaiur Sarriegui, dos goleadoras asiduas, anhelan por encima de todo, poner fin a una racha de nueve compromisos oficiales sin ganar.

    Sea como fuere, este choque de trenes entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid es una cita ineludible para los amantes del fútbol femenino español, pues una plaza en el partido por el título está en liza y la emoción es desbordante, de eso no hay duda.

    (Fuente; Liga F Moeve)