
⬛️ La centrocampista se marcha al América donde firmará por dos años.
El Club Atlético de Madrid, actualmente cuarto en la tabla clasificatoria de la Liga Profesional de Fútbol Femenino ha anunciado que ha sido capaz de alcanzar un acuerdo con el América Femenil para ejecutar el traspaso de Gaby García.
Como habéis podido leer en artículos anteriores escritos en este medio, la exjugadora del Deportivo Abanca ya se encontraba en territorio azteca a la espera de cerrar su llegada al conjunto azulcrema.
Según la información que sabiamente aportó nuestra compañera de AS, Marta Griñan, la futbolista natural de Tunapuy se ligará con la entidad que preside Héctor González por dos temporadas con opción a un curso adicional.
La exjugadora de la Real Sociedad de Fútbol es la primera baja que sufre el conjunto colchonero en este mercado de invierno tras la llegada de Priscila Chinchilla, ex del Zenit para reforzar el ataque.
A sus 28 años de edad la vinotinto se despide de Alcalá de Henares, donde llegó en 2023 y lo hará habiendo jugado un total de 88 partidos de índole oficial en los que fue capaz de marcar 11 tantos y levantó la Copa de la Reina en Butarque frente al Real Madrid.
Hay decisiones que no se miden solo en minutos jugados ni en estadísticas frías. Hay futbolistas cuya importancia no se entiende únicamente desde el pase, el corte o la llegada al área, sino desde algo más difícil de cuantificar: el orden invisible que sostienen. Gaby García fue durante años una de esas futbolistas para el Atlético de Madrid Femenino. No siempre la más mediática, no siempre la más celebrada, pero casi siempre la que hacía que todo tuviera sentido. Por eso su marcha al América Femenil no es solo una salida más en la planificación deportiva; es una grieta estructural que obliga a replantear el corazón del equipo. Y en esa grieta aparece, de nuevo, la figura de Víctor Martín, un entrenador que ya ha demostrado que entiende el fútbol no como una suma de piezas, sino como un organismo vivo que debe adaptarse para sobrevivir.
La línea medular del Atlético de Madrid Femenino ha sido históricamente un espacio de equilibrio. Un territorio donde el equipo encontraba su identidad competitiva, su capacidad para resistir, para morder, para sostener partidos largos y emocionalmente exigentes. Gaby García representaba esa idea como pocas. No era una centrocampista de fuegos artificiales, pero sí una futbolista que sabía cuándo acelerar y cuándo frenar, cuándo cerrar una herida y cuándo abrir una vía de escape. Su fútbol era una forma de liderazgo silencioso, de esas que se notan más cuando desaparecen que cuando están.
La pregunta, por tanto, no es simplemente quién ocupará su puesto en el once. La pregunta es cómo se recompone un centro del campo cuando se va la futbolista que daba coherencia al sistema. Y esa pregunta no tiene una respuesta única, ni inmediata, ni cómoda. Obliga a Víctor Martín a mirar su plantilla no como un catálogo de nombres, sino como un mapa de posibilidades.
Porque el Atlético no pierde solo una mediocentro. Pierde una referencia posicional, una correctora de errores ajenos, una futbolista capaz de interpretar el partido desde la pausa. Y eso condiciona todo: la altura de la línea defensiva, la agresividad de la presión, la libertad de las interiores, incluso el perfil de las delanteras que mejor encajan.
Víctor Martín no es un entrenador de soluciones rápidas. Su trayectoria demuestra que cree en los procesos, en la lectura profunda del contexto y en la adaptación progresiva. Por eso, la recomposición de la medular no pasa necesariamente por buscar una “nueva Gaby García”, porque ese tipo de comparaciones suelen ser trampas conceptuales. Pasa por redefinir el centro del campo como un espacio colectivo, donde varias futbolistas compartan responsabilidades que antes recaían en una sola.
En ese escenario, el nombre de Vilde Bøe Risa emerge como uno de los pilares sobre los que puede reconstruirse el equilibrio. La centrocampista noruega no es una copia funcional de Gaby García, pero sí una futbolista con una comprensión táctica del juego que la convierte en una pieza clave. Su capacidad para interpretar espacios, para colocarse bien sin necesidad de correr más de la cuenta, para ofrecer siempre una línea de pase limpia, encaja en la idea de un Atlético que quiere seguir siendo competitivo sin perder orden.
Bøe Risa aporta algo fundamental en este nuevo contexto: serenidad. Y la serenidad en el centro del campo es un valor estratégico. Permite que el equipo no se parta, que las transiciones no se conviertan en un intercambio de golpes constante, que la defensa no quede expuesta. Con ella, Víctor Martín puede optar por un doble pivote más posicional, donde la noruega actúe como eje sobre el que giran las demás.
Pero el Atlético no puede ni debe reconstruir su medular desde una única figura. El adiós de Gaby García abre la puerta a una redistribución de roles, y ahí aparece Ana Vitória. La brasileña es una centrocampista de otro registro, más asociativa, más creativa, con mayor tendencia a mirar hacia adelante. En el nuevo escenario, su papel puede adquirir una dimensión diferente. Ya no solo como interior que conecta líneas, sino como una futbolista que asume más peso en la salida de balón, especialmente si el equipo decide apostar por una estructura más flexible.
El reto con Ana Vitória no es futbolístico, sino de equilibrio. Porque darle más protagonismo implica protegerla mejor a su espalda. Y ahí entra la lectura táctica de Víctor Martín: cómo combinar perfiles para que el talento no se convierta en vulnerabilidad.
En este proceso de recomposición, las futbolistas jóvenes dejan de ser un complemento para convertirse en una posibilidad real. Júlia Bartel, por ejemplo, representa una oportunidad estratégica. Su juventud no es una desventaja, sino una ventaja en un momento de redefinición. Bartel no carga con la mochila de “sustituir a nadie”. Puede crecer en un sistema que se está reformulando, aprender roles mixtos, adaptarse a distintas alturas del campo.
Víctor Martín ha demostrado en otras etapas que sabe acompañar este tipo de procesos. No se trata de lanzar a una joven al vacío, sino de integrarla progresivamente en una estructura que la proteja y la potencie. Bartel puede ser interior, puede ser mediapunta, puede incluso retrasar su posición en determinados contextos. Esa versatilidad es oro en un centro del campo que busca nuevas respuestas.
La recomposición de la medular también obliga a repensar el sistema. El Atlético de Madrid Femenino ha oscilado entre el 4-3-3 y el 4-2-3-1, dependiendo de rivales y momentos de la temporada. Sin Gaby García, el 4-3-3 tradicional pierde a su ancla más fiable, pero gana en dinamismo si se ajustan las piezas. Un doble pivote puede ofrecer más control en fases defensivas, mientras libera a una tercera centrocampista para pisar zonas de influencia ofensiva.
Aquí aparece otra variable fundamental: el contexto emocional del equipo. Gaby García no solo era una futbolista importante por su juego, sino por lo que representaba dentro del vestuario. Su marcha obliga a que otras líderes emerjan. Y el liderazgo en el centro del campo no siempre se expresa con brazaletes, sino con decisiones en momentos críticos del partido.
Víctor Martín sabe que recomponer una medular no es solo una cuestión táctica. Es una cuestión de jerarquías, de confianza, de asumir responsabilidades. En ese sentido, el entrenador tiene ante sí una oportunidad tan compleja como estimulante: construir un centro del campo más coral, menos dependiente de una sola figura, pero igual de competitivo.
Porque el Atlético de Madrid Femenino no puede permitirse perder identidad. Su ADN competitivo se basa en la solidez, en la capacidad de sufrir sin descomponerse, en la lectura inteligente de los partidos. La nueva medular debe seguir sosteniendo esos valores, aunque cambien los nombres y los matices.
El adiós de Gaby García no marca el final de una etapa, sino el inicio de otra. Y las etapas nuevas siempre generan incertidumbre. Pero también generan espacio para la creatividad, para la evolución, para descubrir soluciones que antes no eran necesarias.
Víctor Martín no busca replicar el pasado. Busca interpretarlo y transformarlo. Entiende que el fútbol es un organismo que se adapta o se rompe. Y en esa adaptación, el centro del campo será el laboratorio donde se defina el futuro inmediato del Atlético de Madrid.
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El Atlético de Madrid Femenino llega a Alcalá de Henares consciente de que el partido ante la Real Sociedad no es uno más. No es un entrenamiento, no es una jornada más de Liga F Moeve; es un duelo definitorio, un choque que puede determinar quién ocupa la tercera plaza y quién tiene la posibilidad de disputar la fase previa de la Liga de Campeones Femenina el curso siguiente.
Para Víctor Martín, el desafío va más allá de preparar un once competitivo: consiste en recomponer el corazón del equipo, la medular, después de la marcha de Gaby García, la venezolana que durante años sostuvo la organización del juego con un equilibrio silencioso pero crucial. Cada decisión que tome el entrenador este sábado tendrá repercusiones inmediatas y a largo plazo, porque el partido exige equilibrio, creatividad, resistencia y liderazgo, todo a la vez.
Sin Gaby, el Atlético pierde a quien dictaba el ritmo, quien interpretaba el juego como si cada pase, cada desplazamiento, cada ajuste de posición fuera un acto de arquitectura futbolística. La primera adaptación pasa por reconocer que la medular debe transformarse en un sistema más coral, donde la responsabilidad no recaiga en un solo punto, sino que se distribuya entre varias piezas que se complementen. Vilde Bøe Risa se perfila como la ancla. Su lectura del espacio, su inteligencia posicional y su capacidad para proteger la espalda de compañeras que se incorporan al ataque la convierten en el eje sobre el que se puede reconstruir la organización del equipo. Ante la Real Sociedad, que tradicionalmente presiona con intensidad en el centro del campo y busca cortar la salida de balón desde atrás, Risa puede actuar como un muro de contención, equilibrando la línea defensiva y ofreciendo seguridad para que las interiores se proyecten con confianza.
Ana Vitória, por su parte, puede asumir un rol más creativo, con libertad para conectar líneas y asistir a las delanteras. Víctor Martín debe establecer mecanismos claros de protección para que la brasileña no quede expuesta en las transiciones rápidas que la Real Sociedad suele generar. El Atlético necesitará que cada movimiento ofensivo tenga soporte defensivo inmediato: es un reto de coordinación, comunicación y timing. Ana Vitória debe entender que la libertad que se le otorga viene acompañada de responsabilidad colectiva, y la conexión con Risa será fundamental para que cada pase hacia adelante no suponga una pérdida que rompa la estructura.
El entrenador también tiene a su disposición a Júlia Bartel, joven con proyección y capacidad de adaptación. Bartel puede ocupar un rol flexible, alternando entre interior más defensiva o mediapunta que conecte el centro del campo con el ataque. Su energía, su ritmo y su lectura intuitiva serán vitales para mantener la intensidad que exige un partido clave en Alcalá de Henares, donde el calor del público local y la presión del rival pueden tensionar cualquier estructura inestable. Víctor Martín puede planificar movimientos de rotación en el centro, permitiendo que Bartel cubra espacios dejados por Ana Vitória o complemente a Risa en tareas de recuperación.
El planteamiento táctico general también debe ajustarse. El Atlético podría optar por un 4-3-3 ligeramente modificado, con Risa como pivote central, Ana Vitória e interiores más ofensivas situadas por delante, o incluso un 4-2-3-1 donde el doble pivote combine experiencia y juventud, proporcionando seguridad defensiva y creatividad ofensiva al mismo tiempo. La clave será la transición entre fases: cómo se construye desde atrás, cómo se conecta con las alas y cómo se protege el espacio entre líneas cuando la Real Sociedad presiona alto. Víctor Martín deberá insistir en que las jugadoras comprendan sus zonas, que los apoyos sean inmediatos y que la medular no se descomponga en ningún momento crítico.
El aspecto emocional es igualmente decisivo. La ausencia de Gaby García puede percibirse como un vacío difícil de suplir, no solo en lo táctico sino en lo psicológico. Aquí Víctor Martín debe ser entrenador y líder emocional: comunicar confianza, reforzar el sentido de equipo y asegurar que cada centrocampista comprenda que ahora su voz, sus movimientos y su visión de juego son esenciales para la victoria. No se trata de reemplazar a Gaby, sino de crear una red de responsabilidad compartida que mantenga la cohesión bajo presión.
El sábado 10 de enero, a las 12:00, el Atlético enfrentará a una Real Sociedad que llega con argumentos sólidos en transición, con velocidad por fuera y creatividad por dentro. La medular rojiblanca tendrá que equilibrar agresividad y control, presión y paciencia, anticipación y cobertura. Cada balón perdido, cada pase impreciso, puede ser castigado por un rival que conoce los espacios. Por eso la elección de Risa, Ana Vitória y Bartel como ejes estratégicos no es casual; es una declaración de intención: el Atlético quiere sostenerse, avanzar y, al mismo tiempo, generar oportunidades claras para sus delanteras.
El trabajo de Víctor Martín incluye también la adaptación de las interiores y de las bandas. Las jugadoras que tradicionalmente cubrían parte de la presión de Gaby García deberán ampliar su radio de acción, anticipar situaciones de peligro y convertirse en prolongaciones de la medular. El concepto de juego se amplía: ya no es un triángulo en el centro, sino una red flexible que respira, se ajusta y protege tanto la posesión como la estructura defensiva. La coordinación será esencial: si Risa sube, Bartel baja; si Ana Vitória recibe presión, las interiores deben ofrecerse como apoyo; si el equipo pierde el balón, la transición defensiva debe ser inmediata.
Cada balón parado se convierte en un test para la medular reconstruida. La Real Sociedad aprovechará cualquier desajuste, cualquier hueco dejado por la ausencia de Gaby García, para intentar marcar la diferencia. Víctor Martín debe prever estas situaciones y entrenarlas, distribuyendo responsabilidades de marcaje, cobertura y anticipación. La comunicación será clave: gritos, señas, lecturas rápidas de juego y confianza en la capacidad de cada jugadora para ejecutar su rol bajo presión.
El partido de Alcalá de Henares no solo define puntos en la tabla, sino también el primer ensayo real de la medular sin su referencia histórica. Es un laboratorio táctico y psicológico al mismo tiempo. Cada pase, cada presión, cada desplazamiento medido tendrá consecuencias inmediatas. Víctor Martín sabe que el margen de error es mínimo y que la capacidad de adaptación del equipo marcará no solo el resultado del sábado, sino la confianza con la que se afrontarán los partidos restantes hacia la tercera plaza.
La recomposición de la medular pasa también por la gestión de minutos y energías. La intensidad de Liga F Moeve exige que las futbolistas mantengan un equilibrio físico y mental constante. Bartel y otras jóvenes deben entender cuándo acelerar y cuándo mantener la estructura; Risa y Ana Vitória deben calibrar esfuerzo, recuperación y lectura del rival para sostener el equipo durante los 90 minutos. Cada decisión en el centro del campo repercute directamente en la capacidad ofensiva y defensiva, y Víctor Martín debe anticipar escenarios de presión alta, transiciones rápidas y ataques posicionales de la Real Sociedad.
Finalmente, el duelo del sábado tiene un componente simbólico que excede el contexto deportivo: representa el primer gran desafío tras la marcha de Gaby García, un momento que puede consolidar la transición del equipo hacia una medular más coral y resiliente. Si el Atlético consigue organizar su centro del campo, mantener equilibrio, controlar fases críticas y generar peligro constante, el mensaje será claro: el equipo no depende de un solo nombre, sino de una estructura dinámica, inteligente y colectiva.
Víctor Martín, desde su posición en el banquillo, debe ser director de orquesta, estratega y líder emocional. La adaptación de la medular no es una reacción improvisada, sino un plan que combina experiencia, juventud, inteligencia táctica y comunicación constante. Cada jugadora debe entender que su papel es esencial y que juntas pueden llenar el vacío dejado por Gaby García con creatividad, coordinación y determinación.
El resultado del partido puede abrir o cerrar la puerta a la tercera plaza, pero más allá de los puntos, el verdadero desafío está en demostrar que la línea medular del Atlético de Madrid Femenino puede reinventarse, sostener al equipo y marcar la diferencia. Si Risa, Ana Vitória, Bartel y el resto de las centrocampistas ejecutan su rol con precisión, inteligencia y liderazgo, el Atlético no solo se adaptará al adiós de su venezolana estrella, sino que saldrá fortalecido, con una medular más coral, flexible y lista para afrontar el resto de la temporada con ambición europea.
Aunque, para ser sinceros, todo parece indicar que Ana Vitória, ex del PSG, concretará en las próximas fechas su partida rumbo al Corinthians ante la falta de minutos en el esquema del ex director técnico del Madrid CFF.

