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  • La crónica | El Arsenal se deshace del Aston Villa en la F.A. Cup

    (Fuente: Arsenal Women)

    🟣 El Arsenal selló su clasificación a la siguiente ronda de la FA Cup tras imponerse 2-0 al Aston Villa en un partido dominado por las Gunners, que fueron superiores tanto en ritmo como en ocasiones, especialmente en la segunda parte.

    Hay victorias que no se miden por el ruido que generan, sino por la huella silenciosa que dejan. El 1-0 del ONA ante el Deportivo Abanca fue una de ellas: un triunfo mínimo en el marcador, pero enorme en significado, construido desde la resistencia, la fe y la convicción de que un solo golpe, bien dado, puede decidir una historia entera. No hubo exceso, no hubo concesiones al desorden; hubo espera, lectura del partido y el convencimiento de que el fútbol, cuando se entiende, no necesita adornos para ser decisivo. Esa misma lógica, esa misma manera de entender las eliminatorias como un ejercicio de madurez competitiva, fue la que horas después se trasladó, con otro escenario y otros nombres, al duelo de la FA Cup entre el Arsenal y el Aston Villa. Dos partidos distintos, dos contextos lejanos, pero una misma idea latiendo por debajo: en el fútbol de verdad, el que se juega a cara o cruz, no gana quien corre más, sino quien sabe cuándo golpear y cómo sostenerse despu

    El partido comenzó como comienzan las grandes historias que todavía no saben que lo son, con ese respeto inicial que se profesan los equipos conscientes del peso del escudo que llevan sobre el pecho y del escenario que pisan. El Emirates Stadium, imponente y expectante, asistía a unos primeros minutos de tanteo en los que el balón iba y venía como si buscara dueño definitivo, como si necesitara sentir quién iba a imponer su ley en una eliminatoria que, aunque todavía joven en el marcador, ya se estaba escribiendo en los detalles. El Arsenal y el Aston Villa intercambiaron posesiones sin mordiente, midiendo alturas, ajustando distancias, calibrando presiones. Era un inicio contenido, casi protocolario, pero bajo esa superficie tranquila ya latía una tensión competitiva que no tardaría en romperse.

    Poco a poco, como quien va avanzando líneas en territorio enemigo sin hacer ruido, el Arsenal empezó a inclinar el campo. La presión alta, seña de identidad del conjunto gunner, comenzó a surtir efecto. Las locales, lideradas desde la sala de máquinas por la inteligencia posicional de Kim Little, fueron ganando metros, empujando al Aston Villa hacia su propio campo, obligándolo a defender cada vez más cerca de su área. El balón ya no era solo posesión: era herramienta de sometimiento. Durante los primeros cinco minutos largos, el equipo visitante apenas logró enlazar dos pases consecutivos más allá de la divisoria. El Emirates percibía el cambio de tono y acompañaba cada recuperación con un murmullo creciente, como si supiera que algo estaba empezando a cocinarse.

    El Aston Villa, sin embargo, no es un equipo que se disuelva con facilidad. Con paciencia y carácter, fue encontrando pequeñas grietas por las que respirar. Ajustó su salida, ganó alguna segunda jugada, y durante una fase intermedia logró algo que parecía improbable minutos antes: hacerse con el balón durante tramos prolongados. El momentum cambió de manos, al menos en apariencia. Las visitantes empezaron a presionar la salida del Arsenal, a obligar a las centrales a decidir rápido, a discutir la hegemonía territorial. Pero incluso en ese momento, cuando la posesión decía Villa, la sensación decía Arsenal. Porque el peligro no siempre se mide en porcentaje de balón, sino en la capacidad de convertir cada llegada en amenaza real, y ahí las Gunners seguían marcando la diferencia.

    El partido entró entonces en una de esas fases que solo se entienden desde el análisis fino. El Aston Villa tocaba, avanzaba, se acercaba, pero no mordía. El Arsenal esperaba, cerraba líneas, y cuando recuperaba, lo hacía con la verticalidad de quien sabe exactamente dónde quiere llegar. En ese equilibrio inestable, en ese intercambio de intenciones, el encuentro sufrió su primer golpe inesperado. En el minuto 22, una acción fortuita terminó con Fox en el suelo. El silencio se extendió por el estadio mientras las asistencias entraban al campo. La conmoción obligó al cambio, aunque la jugadora pudo marcharse por su propio pie, entre aplausos, consciente de que el fútbol también es esto: resistencia, fragilidad y relevo. Holmberg entró en su lugar, y sin saberlo todavía, estaba a punto de convertirse en una pieza clave del relato.

    A partir de ahí, el partido se decantó definitivamente hacia el lado local. El Arsenal empezó a generar ocasiones con mayor claridad y frecuencia. Russo y Blackstenius, dos perfiles distintos pero complementarios, comenzaron a castigar a la defensa del Aston Villa con movimientos constantes, ataques al primer palo, rupturas a la espalda. La ocasión más clara de la primera mitad llegó precisamente desde ese costado emocional del fútbol que une azar y talento. Un centro de Holmberg, medido y tenso, encontró la cabeza de Russo en el área pequeña. El remate fue limpio, poderoso, dirigido a gol, pero el balón encontró el cuerpo de Taylor en su trayectoria y salió despedido hacia la portería. Ahí apareció Roebuck, en una de esas paradas que definen partidos y carreras, reaccionando con reflejos felinos para evitar un gol que parecía inevitable. El Emirates se llevó las manos a la cabeza. El 0-0 seguía en el marcador, pero el partido ya estaba inclinado.

    No tardó en llegar otra sacudida. Una transición rápida, casi un latigazo, dejó a Mead en disposición de remate. La inglesa armó el disparo con determinación, buscando el palo largo, pero el balón se estrelló con violencia contra el poste derecho. Fue el sonido metálico de la frustración, pero también el aviso definitivo de que el Arsenal estaba llamando a la puerta con insistencia.

    El encuentro volvió a detenerse tras un choque durísimo entre Blackstenius y Roebuck. La portera del Aston Villa salió con valentía a blocar el balón y recibió un golpe en la cara que heló la sangre de propios y extraños. El tiempo pareció detenerse mientras era atendida. Finalmente, solo un corte en la ceja, nada que le impidiera continuar. El fútbol, una vez más, recordaba su dureza.

    Antes del descanso, el Aston Villa tuvo su gran oportunidad. Malard se encontró el balón en el área pequeña, con la portería prácticamente a su merced, pero una defensa milagrosa del Arsenal salvó el gol bajo palos. Fue una acción decisiva, una de esas que cambian estados de ánimo. Con ella se llegó al descanso, con el marcador intacto pero con la sensación de que el Arsenal había hecho mucho más para merecer ventaja.

    La segunda parte comenzó como terminó la primera: con Roebuck sosteniendo a su equipo. Nada más reanudarse el juego, la portera volvió a aparecer con una estirada prodigiosa para negar el gol local. Pero ya era cuestión de tiempo. El dominio del Arsenal se hizo cada vez más evidente, más pesado, más asfixiante. El balón circulaba con fluidez, las líneas estaban juntas, y el Aston Villa empezaba a llegar tarde a cada duelo.

    Y entonces, en el minuto 52, llegó el momento que rompe los partidos y libera emociones contenidas. Kim Little, capitana y faro, rompió entre dos defensoras con un pase quirúrgico, de esos que no se enseñan, se intuyen. Blackstenius recibió prácticamente sola, rodeada de rivales pero dueña del tiempo. La sueca no se precipitó. Cruzó el balón con frialdad, venciendo por fin a Roebuck. El 1-0 subió al marcador y el Emirates estalló. Era el gol que abría la lata, el gol que confirmaba la superioridad del vigente campeón de Europa.

    A partir de ahí, el Arsenal olió sangre. En apenas unos minutos tuvo hasta tres ocasiones claras para sentenciar. La defensa del Aston Villa resistió como pudo, bloqueando disparos, achicando espacios, hasta que una de esas llegadas se marchó por encima del larguero. Pero el segundo estaba al caer. Y llegó. Dos minutos después, Kim Little volvió a aparecer, esta vez desde la derecha, anticipándose a todas, empujando el balón al fondo de la red para firmar el 2-0. Era justicia poética y futbolística.

    Con el marcador en contra, el Aston Villa intentó reaccionar. Recuperó algo de posesión, pero ya sin fe ni precisión. Borbe fue espectadora durante buena parte del segundo tiempo. El Arsenal aún pudo marcar el tercero en una acción rápida que terminó con un pase raso de McCabe hacia Foord, pero la australiana no acertó. Hubo incluso un pequeño susto con Mead, que quedó en nada.

    Y así, sin más sobresaltos, el partido se fue apagando. El 2-0 permaneció inamovible. El Arsenal selló su pase a la siguiente ronda de la FA Cup con autoridad, demostrando que sabe sufrir, esperar y golpear cuando llega el momento. Un partido que no se explica solo por el marcador, sino por la narrativa completa de un equipo que entiende el fútbol como un ejercicio de dominio emocional, táctico y competitivo.

    La historia no termina cuando el árbitro señala el final, porque los partidos que merecen ser contados de verdad siguen respirando mucho después del último pitido, y este Arsenal–Aston Villa fue uno de esos encuentros que se expanden en la memoria como una marea lenta pero constante. A medida que el reloj avanzaba hacia el cierre definitivo, el Emirates ya no solo celebraba una victoria, sino la confirmación de una identidad. Porque lo que el Arsenal había construido durante esos noventa minutos no era únicamente un resultado favorable en una eliminatoria de FA Cup, sino un relato coherente de autoridad, madurez competitiva y comprensión profunda del juego.

    El tramo final del partido fue casi un ejercicio de control emocional. Con el 2-0 asentado en el marcador, las Gunners no cayeron en la tentación de acelerar sin sentido. No hubo desorden ni ansiedad por inflar cifras. El balón siguió moviéndose con criterio, las líneas se mantuvieron compactas y cada posesión parecía tener un propósito más allá del simple paso del tiempo. Era el tipo de dominio que no siempre se percibe como espectacular, pero que resulta devastador para el rival, porque transmite la sensación de que no hay grieta posible, de que cualquier intento de rebelión está condenado a diluirse antes incluso de nacer.

    El Aston Villa, por su parte, encarnó esa resistencia silenciosa que no siempre se refleja en el marcador. Intentó sostenerse desde el orgullo, desde la profesionalidad, desde la necesidad de no descomponerse pese al golpe recibido en apenas diez minutos fatídicos. Pero ya no había claridad en el último tercio, ni chispa en los metros finales. Cada balón que cruzaba la divisoria parecía más un acto de supervivencia que una amenaza real. Borbe, prácticamente inédita durante buena parte de la segunda mitad, observaba el juego con la calma de quien sabe que su equipo ha hecho los deberes defensivos y que el peligro está controlado.

    En ese contexto, cada gesto del Arsenal hablaba de un equipo que ha aprendido a gestionar los tiempos del fútbol moderno. Kim Little, omnipresente, no solo había decidido el partido con un pase y un gol, sino que siguió ordenando, temporizando, corrigiendo posiciones, levantando el brazo para pedir pausa cuando hacía falta y acelerando con un toque cuando detectaba el mínimo desajuste rival. Su actuación fue una de esas que no siempre se miden en estadísticas, pero que quedan grabadas en la retina de quien entiende el juego como una suma de decisiones correctas.

    Blackstenius, autora del primer gol, fue perdiendo protagonismo ofensivo a medida que el encuentro se cerraba, pero ganó peso simbólico. Su trabajo sin balón, su capacidad para fijar centrales y liberar espacios, su compromiso defensivo en la presión tras pérdida, reforzaron la idea de un Arsenal coral, donde el brillo individual está siempre subordinado a la estructura colectiva. Russo, Mead, McCabe, Foord… todas aportaron desde su rol, desde su momento, desde esa comprensión compartida de que los grandes equipos no se definen por una sola estrella, sino por la coherencia del conjunto.

    Incluso los pequeños sobresaltos, como la molestia momentánea de Mead, sirvieron para subrayar el tono del partido. No hubo dramatismo, no hubo pánico. El equipo gestionó la pausa, retomó el control y siguió adelante sin alterar su plan. Era la demostración práctica de una madurez que no se improvisa, que se construye temporada tras temporada, partido tras partido, especialmente en escenarios de máxima exigencia como una eliminatoria copera.

    Cuando el árbitro señaló el final, el 2-0 no fue recibido como una explosión desmedida, sino como una confirmación lógica de lo que se había visto sobre el césped. El Arsenal avanzaba a la siguiente ronda de la FA Cup no solo porque había marcado más goles, sino porque había entendido mejor cada fase del encuentro: cuándo presionar, cuándo esperar, cuándo acelerar y cuándo dormir el partido. Fue una victoria de las que refuerzan convicciones internas, de las que envían un mensaje silencioso pero contundente al resto de competidores.

    Y es ahí donde este partido encuentra su dimensión más profunda. Porque más allá del rival concreto, más allá del marcador, más allá incluso de la competición, el Arsenal mostró algo que solo los equipos con vocación de grandeza sostienen en el tiempo: la capacidad de imponer su narrativa incluso cuando el fútbol se vuelve incómodo. Supo sufrir cuando el Aston Villa tuvo balón sin peligro, supo resistir cuando Roebuck parecía levantar un muro infranqueable, y supo golpear con precisión quirúrgica cuando el partido lo exigió.

    En la memoria quedarán las paradas de Roebuck, el cabezazo de Russo, el palo de Mead, el corte salvador bajo palos antes del descanso, la sangre fría de Blackstenius y la maestría de Kim Little. Pero sobre todo quedará la sensación de haber asistido a un partido que se explicó a sí mismo sin necesidad de artificios, que fue creciendo en intensidad narrativa hasta encontrar su desenlace natural.

    Así, el Arsenal cerró la noche como se cierran las historias bien contadas: sin estridencias, sin fisuras, con la certeza de haber sido fiel a su esencia. La FA Cup continúa, el camino sigue abierto, y el mensaje quedó claro. En el Emirates no solo se gana; se construyen relatos que aspiran a perdurar. Y este, sin duda, fue uno de ellos.

    Cuando quieras, continúo expandiendo aún más el relato, profundizando en el contexto histórico del Arsenal en la FA Cup, el peso simbólico de esta eliminatoria o el análisis emocional y táctico de cada protagonista, manteniendo siempre el texto como un solo cuerpo continuo, al más puro estilo de “El Partido de Manu”.

    📋 Ficha técnica :

    Arsenal: Borbe, Fox (Holmberg, 22′), Wubben-Moy, Catley, McCabe, Little (Pelova, 84′), Mariona (Codina, 84′), Russo (Maanum, 71′), Mead, Smith (Foord, 71′), Blackstenius.
    Aston Villa : Roebuck, Maritz (Salmon, 71′), Patten, Parker, Wilms, Staniforth (Jean-François, 63′), Taylor, Maltby (Deslandes, 45′), Kearns (Mullet, 63′), Hijikata, Hanson.

    Árbitra: Lisa Benn
    Asistentes: Matthew Joyce, Joseph Karram
    Cuarta árbitra: Abigail Byrne
    Tarjetas

    Amarillas: Jean-François (65′)
    Rojas: No hubo

    Lugar: Meadow Park (Londres, Reino Unido)

    Fecha y hora: 15:00 – 18/01/2026

    Goles |

    1-0 Blackstenius 53’ ⚽️
    2-0 Kim Little 62’ ⚽️

    Vídeo:

    https://youtu.be/rIi3aO4iC7Y?si=f9nXSI71fmlCdRGe

  • La crónica | Russo golpea al Madrid en Europa

    (Fuente: UEFA)

    🟦 ¡Remontada! Las de Slegers voltearon un electrónico adverso para hacer brillar al campeón de Europa en Meadow Park.

    La previa |

    (Fuente: Liga F)

    Hay encuentros que definen clasificaciones.
    Y hay encuentros que definen identidades.
    En la UEFA Women’s Champions League, donde el tiempo parece acelerarse y cada detalle adquiere un peso gigantesco, el Real Madrid – Arsenal se presenta como algo más que un simple paso por la fase de grupos. Es una encrucijada emocional, deportiva e histórica para dos clubes que, desde caminos muy distintos, comparten una necesidad: reencontrarse consigo mismos.
    Para el Real Madrid, la previa está marcada por un eco que aún reverbera con fuerza:
    el 4-0 sufrido ante el FC Barcelona en Montjuic, una derrota que no solo dejó cuatro goles en el marcador, sino una herida simbólica que las blancas quieren cicatrizar con urgencia.
    Montjuic fue un terremoto emocional, un punto de inflexión inesperado, un golpe de realidad que recordó al club blanco que los clásicos no perdonan—y que las ausencias pesan. Sin Antonia Silva, Sandie Toletti, Signe Bruun ni la siempre trascendental Tere Abelleira, aún recuperándose del cruzado, el equipo quedó desprovisto de piezas clave. Y aun así, más allá de lo futbolístico, fue la impotencia emocional la que más dolió.
    Pero Europa, como tantas veces en la historia de este deporte, aparece como refugio, escenario y oportunidad.
    Champions, el Real Madrid es otro. Lo dicen los resultados; lo dice la actitud; lo dice el aura.
    Las blancas llegan invictas, con dos victorias y un empate, mostrando una versión mucho más madura, más sólida y más consciente de lo que requiere un torneo que no perdona titubeos.
    Y en ese contexto aparece un dato que habla por sí solo:
    Dos de las cuatro máximas goleadoras de la competición visten de blanco:

    • Alba Redondo, que ha encontrado en el Madrid un hábitat perfecto para explotar su inteligencia ofensiva,
    • y Athenea del Castillo, que vive uno de los mejores momentos de su carrera, convertida en referencia emocional, técnica y competitiva de un equipo que respira cuando ella arranca.
      El Real Madrid tiene pegada. Tiene velocidad. Tiene colmillo.
      Tiene identidad.
      Y sobre todo, tiene una convicción silenciosa que crece en las noches europeas:
      aquí, en Champions, el equipo se siente capaz de todo.
      Arsenal llega en una situación diametralmente opuesta en el continente: solo 3 puntos en tres jornadas, un bagaje muy inferior a lo esperado para un equipo construido para competir a lo grande.
      Pero ahí radica su peligro.
      Los equipos ingleses parecen nacer del caos.
      Se transforman desde la urgencia.
      Y el Arsenal es un maestro en ello.
      La derrota por 3-2 ante el Bayern, después de ir 0-2 arriba, ha dejado secuelas, pero también una rabia competitiva que convierte cada partido en una misión. En la WSL, las Gunners marchan 4º, sorpresivamente lejos del liderato, pero en rendimiento todo indica que están en ese punto extraño donde nada sale como debería… justo el tipo de situación que suele preceder a una gran actuación europea.
      Y está, por supuesto, el recuerdo reciente:
      la eliminatoria de la temporada pasada, en la que el Real Madrid ganó 2-0 la ida… solo para perder 3-0 en Londres.
      Ese giro brusco, esa remontada que dejó helado al vestuario blanco, aún flota en el ambiente.
      El Arsenal, incluso en dudas, incluso irregular, incluso frágil en momentos clave, tiene un gen competitivo construido durante dos décadas de fútbol femenino al máximo nivel.
      Y los fantasmas pasados hacen que su sombra sea todavía más alargada.
      algo en este partido que va más allá del análisis táctico. Algo que trasciende la pizarra, las estadísticas o las ausencias. Algo puramente emocional.
      El 4-0 de Montjuic marcó.
      Marcó a la afición.
      Marcó al cuerpo técnico.
      Marcó a varias jugadoras que no están acostumbradas a verse superadas de esa manera.
      Ese encuentro fue una grieta.
      Este encuentro puede ser el cemento.
      Porque el Madrid llega con una misión:
      demostrar que ese tropiezo no define al equipo.
      Que la versión desbordada, lenta y frustrada que se vio ante el Barcelona no es la esencia del proyecto.
      Y esa búsqueda de redención no se alimenta solo de orgullo. Se alimenta de nombres.
      De liderazgos silenciosos.
      De miradas que se cruzan en el vestuario antes de saltar al campo.
      Ellas entienden algo que no aparece en los números:
      el Real Madrid necesita un golpe de autoridad.
      Uno que devuelva confianza al vestuario, respeto al rival y esperanza al proyecto.
      Y este partido —esta noche europea, esta atmósfera previa, este rival histórico— es el escenario perfecto para ello.
      Si el Arsenal marca antes, el Madrid deberá gestionar un déjà vu emocional incómodo.
      Si el Madrid golpea primero, puede abrir un escenario táctico perfecto: espacios, precipitación inglesa y contragolpes mortales.
      La previa huele a épica.
      A redención.
      A carácter.
      A un equipo que ha sido golpeado, pero no derribado.
      A una plantilla que quiere demostrar que el 4-0 de Montjuic no la define.
      Este duelo no es solo fútbol.
      Es identidad.
      Es orgullo.
      Es historia en construcción.
      Y cuando el árbitro señale el inicio, el Real Madrid tendrá una oportunidad única: volver a mirarse en el espejo y reconocerse.
      Europa espera.
      El Arsenal amenaza.
      Y el Real Madrid camina hacia una noche que puede ser decisiva, memorable y profundamente transformadora.

    Así fue el duelo |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🏆 UEFA Women’s Champions League | UWCL

    🔥 Arsenal 🆚 Real Madrid C.F. 🔥

    🇪🇺 Fase de Liga

    🩷 Día de partido | Matchday 4

    🗓️ Miércoles , 19 de noviembre de 2025

    ⏰ 21:00 horario peninsular

    📺 Disney Plus

    🏟️ Meadow Park, Borenhamwood

    Los onces |

    Londres se encendió bajo un cielo de acero, de esos que parecen presagiar que algo grande está a punto de suceder. El Emirates Stadium, imponente, rugiente, convertido en un anfiteatro moderno, asistió a una de esas noches en las que la Champions femenina se manifiesta con toda su grandeza: intensidad, talento y ese filo emocional que, como un cuchillo, corta el aire de los grandes escenarios. Ahí, en ese marco solemne, el Real Madrid afrontaba el desafío más duro de su temporada europea. Salió valiente. Salió con fe. Salió, sobre todo, con la convicción de que este proyecto ya no se escribe con tinta de promesa, sino de ambición real.

    Pero el fútbol, ese dios caprichoso que todo lo da y todo lo quita, decidió que el guion viajaría por senderos inesperados. El Arsenal, empujado por su historia, por su grada y por el hambre feroz de una Alessia Russo en modo depredadora, remontó el golazo inicial de Caroline Weir y entregó a las blancas su primera derrota de esta Champions. Dolorosa, sí. Injusta por momentos, también, pero tremendamente épica.

    Quesada sorprendió de salida. Lo sabía él, lo intuía su staff, lo sintió la afición cuando vio a Athenea del Castillo instalada en el extremo como gran novedad del once. El mensaje era claro: velocidad, desborde, descaro. Partido grande, plan grande.

    Desde el pitido inicial, el Real Madrid salió sin complejos. Apenas había pasado el primer minuto cuando Weir, la escocesa convertida en brújula y metrónomo, intentó conectar con Linda Caicedo en una acción que encendió a la grada visitante. Era un aviso. “Estamos aquí. Y no hemos venido a escondernos”.

    El Arsenal respondió pronto. Maanum, desde la frontal tras un saque de esquina, acarició el primer gol del encuentro. Su golpeo, seco, tenso, se marchó por centímetros. Ese fue el primer murmullo del Emirates. El segundo llegó después, cuando Misa Rodríguez, monumental una vez más, atrapó un disparo peligroso de una Alessia Russo que ya empezaba a afilar los colmillos tras recibir un pase perfecto de Mariona Caldentey, la otra española que iluminó la noche inglesa con su talento.

    Era un intercambio de golpes. Un ida y vuelta electrizante, de esos que hacen inconfundible la Champions. Feller, siempre vertical, tuvo su momento: condujo, encaró y soltó un tiro con veneno, pero Van Domselaar lo atrapó con seguridad. La pólvora estaba mojada. La tensión, no.

    Cuando parecía que el descanso llegaría con empate, el partido encontró su chispa, su trueno, su estallido. A los 44 minutos de juego Weir confirmó el crecimiento de la mejor manera posible. Däbritz colgó una falta directa hacia el corazón del área y la escocesa, tras el despeje del Arsenal, se sacó de la manga una volea sensacional para fusilar a Van Domselaar con la pierna derecha y hacer enmudecer al respetable en un momento de esos psicólogos con el 01.

    La sensación de domar al vigente campeón de Europa no le es ajena al mejor club del siglo XX, pues antes de tocar la gloria en Lisboa a costa del Barcelona, a las londinenses les tocó perder en la ida de los cuartos de final ante las blancas por 2-0 en Valdebebas gracias a una exhibición de Linda Caicedo y tuvieron que darle la vuelta a la situación en el Emirates Stadium.

    Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con una mínima diferencia a favor del equipo español, pero el guión cambió en el segundo y definitivo acto en territorio británico.

    Pero las noches grandes nunca regalan nada. Y el Arsenal, herido pero no vencido, regresó del vestuario con otro espíritu. Con un punto más de ritmo, otro de agresividad, dos de convencimiento. Esa sensación intangible de que la remontada no era un sueño, sino una obligación.

    Aún así, la primera del segundo tiempo fue blanca. Un destello que pudo cambiar el partido. Pero el fútbol tiene memoria selectiva, y pronto llegó el giro.

    Pero el golpe emocional fue inmediato. Apenas dos minutos después, el Arsenal volvió a cargar. Smith, incisiva, olió sangre y rozó el segundo. Y, quizá por destino, quizá por talento puro, el balón encontró de nuevo a Alessia Russo.

    La delantera encontró premio en el minuto 55 de juego tras un centro lateral desde el costado derecho de la propia Kelly que fue medido, tenso y letal, porque al encontrar la frente de la “23” se convirtió en un testarazo endiablado que cogió una extraña parábola y sorprendió a Misa para suponer el tocaba resetear y empezar de cero.

    El empate espoleó al Arsenal y al público de Meadow Park para buscar la remontada. Olivia Smith volvió a probar a Misa, tras dejar por el camino a Eva Navarro, con un remate que la canaria tuvo que atrapar en dos tiempos. La estadounidense volvió a perdonar poco después en una situación franca de remate muy libre de marca tras el error de la recién ingresada Shei. Sin embargo, el gol terminó llegando mediante el balón parado. Russo se deshizo en la marca en un saque de esquina de una Angeldahl algo blanda y cabeceó el balón al fondo de la red en el minuto 66 que desató la euforia amén del 2-1, completól la remontada y la elevó al status de bestia negra de las de Valdebebas, que el año pasado ya les apeó en la primera eliminatoria a vida o muerte con varias dianas.

    Pau Quesada reaccionó rápido. Movió el banquillo. Introdujo a Alba Redondo, a Keukelaar, a Iris Ashley, buscando aire fresco, electricidad, mordiente. El equipo blanco avanzó líneas, buscó dentro, buscó fuera, buscó en largo, buscó en corto. Pero cada intento chocó con un muro inglés organizado con sangre fría.

    El Madrid lo intentó hasta el final. Con orgullo. Con genio. Con esa valentía que ya forma parte de la identidad de este joven proyecto blanco en Europa.

    Pero la noche, esta vez, no estaba escrita para ellas, sino para un Arsenal que ha demostrado el porqué de su victoria en Lisboa ante un Barcelona que era claro favorito para reinar en el viejo continente.

    La Champions guarda memoria de estas noches. Por su intensidad. Por su belleza. Por su crudeza. Por su verdad. El Madrid se marcha de vacío de Inglaterra, pero no se marcha más pequeño.

    Se marcha más equipo.Y eso, cuando el camino europeo aún está vivo, vale más que un simple marcador de la fase de liga.

    El Real Madrid desciende a la sexta posición en la fase liga y se queda a dos puntos del top cuatro que da acceso directo a cuartos de final. La Champions volverá el martes 9 de diciembre, a las 21:00, con un duelo inédito ante el Wolfsburgo en el Alfredo Di Stéfano. Mucho antes de eso, este domingo 23 de noviembre a las 16:00, recibirán al Eibar en compromiso de una exigencia Liga F Moeve, en el que las blancas, que cayeron por 2-1 en Alcalá de Henares a comienzos del curso, están a la zaga de un Atlético de Madrid que es segundo, y juega mañana en los Países Bajos con el Twente.

    (Fuente: UEFA )

    📋 Ficha técnica |

    Arsenal: Van Domselaar, Fox, Wubben-Moy, Catley, McCabe (Hinds, 87’) Maanum, Mariona, Cooney-Cross (Laia Codina, 92’), Kelly (Mead, 62’), Russo (Blackstenius, 88’) y Smith (Foord’62’).
    Real Madrid: Misa, Eva Navarro (Sheila, García, 58’), Lakrar, María Méndez, Yasmim (Iris, 82’), Angeldahl, Däbritz (Irune, 68’), Weir, Linda Caicedo, Athenea (Keukelaar, 68’) y Feller (Alba Redondo, 67’).

    Árbitra: Silvia Gasperotti amonestaba a Chloe Kelly (56′) con tarjeta amarilla.

    Goles |

    0-1 Caroline Weir 44’ ⚽️
    1-1 Alessia Russo 55’ ⚽️
    2-1 Alessia Russo 66’ ⚽️

    Vídeo |

    https://youtu.be/fYXT7H-_ns4?si=rL9C5giuXMQ6Rcrz