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  • La crónica | El Brighton gana a domicilio

    (Fuente: Women’s Super League)

    ⬛️ Goodison Park asistió a un ejercicio de supervivencia competitiva. El Everton llevó el peso del partido, presionó, insistió y empujó hasta el final, pero el fútbol volvió a castigar la falta de colmillo. El Brighton, sólido y paciente, necesitó un solo error para decidir el encuentro y marcharse de Liverpool con un triunfo tan ajustado como valioso, fiel a una máxima innegociable: en partidos cerrados, la eficacia marca la diferencia

    ✍🏻 Manu López Fernández & Paula Valiente

    El Everton Everton cayó por cero a uno ante el Brighton en Goodison Park en un partido con escasas oportunidades, con tan solo dos disparos tres los tres palos de las locales en noventa minutos.

    Antes de que llegue la emoción del fin de semana con la gran final de la Supercopa de España Iberdrola 2026 entre Real Madrid y el Barcelona, así como un vibrante encuentro de Liga F Moeve que medirá a la Real Sociedad con la Sociedad Deportiva Eibar, nos tocaba viajar a Inglaterra.

    Goodison Park acogía una de esas noches de fútbol que no siempre se deciden por el volumen de ocasiones, sino por la precisión en los momentos clave. Everton y Brighton & Hove Albion se enfrentaban en Liverpool en un duelo que prometía intensidad, verticalidad y ritmos altos desde el primer minuto, y que terminó resolviéndose por un único detalle, por un error puntual castigado con la frialdad de un equipo que supo esperar su momento.

    El resultado final, un 0-1 a favor del Brighton, no explica por sí solo la complejidad de un partido igualado, táctico, exigente y muy trabajado por ambos conjuntos, en el que la diferencia estuvo en la eficacia y en la lectura de los tiempos. Un encuentro de márgenes mínimos, de escasez de ocasiones claras, pero de enorme riqueza futbolística para quien supo mirar más allá del marcador.

    Desde el pitido inicial quedó claro que ninguno de los dos equipos iba a especular. Everton y Brighton saltaron al césped con una idea compartida: fútbol intenso, presión alta y búsqueda constante de la verticalidad. No hubo fases de tanteo ni minutos de estudio. El partido arrancó con ritmo, con duelos, con metros disputados y con una sensación permanente de que cualquier error podía ser decisivo.

    Fue el Everton quien, en esos primeros compases, logró imponer su plan con mayor claridad. Las locales apostaron por una presión alta y agresiva, muy bien sincronizada, que les permitió robar en campo rival y encerrar durante varios minutos al Brighton en su propio campo. Brosnan, desde la portería, ordenaba líneas; Blundell y Hayashi sostenían la altura defensiva; y el bloque avanzaba junto, compacto, con la intención de no permitir salidas limpias a las visitantes.

    Durante ese tramo inicial, el Everton dominó la posesión y el territorio. El balón circulaba con rapidez, aunque todavía sin profundidad real. El Brighton, por su parte, supo resistir ese primer envite con orden y paciencia. Las visitantes lograban robar en zonas avanzadas gracias a la agresividad de su primera línea, pero encontraban dificultades para dar continuidad a esas recuperaciones. Faltaba claridad en el primer pase tras robo, y eso mantenía el partido en una fase de igualdad táctica, con intercambios constantes de posesión y sin llegadas claras.

    Esa falta de precisión inicial fue, paradójicamente, el punto de partida para el crecimiento del Brighton. Poco a poco, el conjunto visitante comenzó a ajustar su salida de balón, a ofrecer más líneas de pase y a encontrar a sus centrocampistas en mejores condiciones. La presión del Everton seguía siendo alta, pero ya no era tan eficaz. Las distancias se alargaban ligeramente, y por ahí empezó a respirar el equipo visitante.

    Con el paso de los minutos, el Brighton se hizo con la posesión de forma más sostenida. No era una posesión estéril, pero sí prudente. El balón se movía con criterio, con pocos errores, especialmente en el tercio central del campo. Minami y Vanegas aportaban seguridad atrás; Symonds y Noordam ofrecían equilibrio; y Cankovic comenzaba a aparecer entre líneas, interpretando bien los espacios que dejaba la presión local.

    La diferencia en la presión fue clave para entender esta fase del partido. Mientras el Everton seguía intentando morder arriba, el Brighton supo cuándo pausar, cuándo acelerar y cuándo asegurar la posesión. Sin embargo, ese dominio no se traducía en ocasiones claras. El balón circulaba mayoritariamente lejos del área, y la profundidad era limitada. El Everton defendía bien su área, cerraba líneas interiores y obligaba a las visitantes a jugar por fuera, sin permitir ventajas reales.

    Ante la dificultad para progresar mediante juego combinativo, el Everton comenzó a buscar soluciones más directas.

    Los balones largos se convirtieron en el principal recurso ofensivo, con Payne como referencia habitual. La idea era clara: saltar líneas, ganar segundas jugadas y aprovechar cualquier desajuste defensivo del Brighton.

    Sin embargo, ese plan no terminó de dar frutos. Payne peleó cada envío, pero rara vez pudo girarse o generar situaciones de peligro real. El Brighton defendió bien esos balones, ganó duelos aéreos y mantuvo el orden en la segunda jugada. El partido entró entonces en una fase de igualdad absoluta, sin un dominador claro, con ambos equipos alternando posesiones y sin llegar a imponer un ritmo sostenido.

    Hasta el minuto 20, el guion se mantuvo estable. El Everton, empujado por su público, dio un pequeño paso adelante. Las locales comenzaron a salir con más frecuencia desde su propio campo, a ganar metros y a instalarse durante más tiempo en campo rival. Sin embargo, ese crecimiento territorial no se tradujo en un aumento significativo de las ocasiones. El último pase seguía fallando, y el Brighton se mantenía firme atrás.

    La primera mitad estuvo marcada por el orden defensivo de ambos equipos y por la imprecisión en los últimos metros. Las estadísticas reflejaban fielmente lo que se veía sobre el césped: en los primeros 35 minutos apenas se registraron dos disparos totales. Un dato llamativo, pero coherente con el desarrollo del encuentro.

    No faltaba intensidad ni intención, pero sí claridad. Cada equipo parecía tener claro cómo neutralizar las virtudes del rival. El Everton cerraba bien los espacios interiores y dificultaba la progresión del Brighton; el conjunto visitante, por su parte, defendía con solvencia los intentos directos de las locales y evitaba que el partido se rompiera.

    Era un duelo vibrante para el espectador neutral, un partido de detalles, de ajustes tácticos y de paciencia. Todo apuntaba a que cualquier gol, si llegaba, lo haría a través de un error o de una acción aislada.

    En el tramo final del primer tiempo se produjo un cambio de dinámica. El Everton empezó a acumular más posesión que en todo lo anterior del partido. Las locales encontraron algo más de continuidad con balón, se acercaron con mayor frecuencia al área rival y parecían haber detectado ciertas dudas en la salida del Brighton.

    Goodison Park empezaba a empujar. El Everton vivía sus mejores minutos. Sin embargo, cuando parecía que el Brighton atravesaba su momento más delicado, el conjunto visitante sacó a relucir su mejor virtud: la eficacia.

    Corría el minuto 41 de este partido cuando un grave error de Fernández en la salida de balón cambió el destino del partido. La zaga local perdió el balón en una zona comprometida, y el Brighton no perdonó. Sieke interpretó la jugada con inteligencia, sirviendo un pase de la muerte preciso y tenso. Cankovic apareció desde segunda línea, atacando el espacio con determinación, y definió con la derecha, de forma paralela, desde la frontal del área pequeña. El balón se coló en la red y silenció Goodison Park al establecer el 0-1 al borde del entretiempo.

    Un gol que no premiaba el dominio, sino la concentración. Un gol que resumía el partido hasta ese momento: igualdad, pocos errores y castigo máximo al fallo.

    Las 22 protagonistas se marcharon al túnel de vestuarios con una mínima ventaja para el Brighton. El 0-1 reflejaba la eficacia visitante y dejaba al Everton ante el reto de remontar en casa. Todo quedaba abierto para una segunda parte que prometía más ritmo, más riesgo y más espacio.

    Tras el descanso, ambos equipos regresaron al césped con intensidad y ambición renovadas. El Everton volvió a dominar la posesión durante los primeros diez minutos de la segunda parte, decidido a buscar el empate desde el inicio. El Brighton, sin renunciar a su identidad, optó por un planteamiento más pragmático: pases largos, transiciones rápidas y búsqueda constante de la espalda de la defensa local.

    El ritmo del partido aumentó de forma notable. Hubo más transiciones, más sensación de peligro y más metros por recorrer. Sin embargo, los disparos seguían sin comprometer en exceso a las porteras.

    El Everton insistía, pero una vez más el peligro llegaba principalmente a través de balones largos y acciones aisladas.

    Una de las ocasiones más claras llegó tras un pase peligroso de Vignola que obligó a Minami a intervenir de forma providencial para enviar el balón a córner. Fue una acción que reflejaba el empuje local y la solidez defensiva del Brighton.

    Con el paso de los minutos, el guion se repitió. El Everton seguía buscando el empate, acumulando jugadoras en campo rival y ganando presencia en el área. Alrededor del minuto 80, las locales comenzaron a llegar con más frecuencia y claridad. El Brighton empezaba a sufrir, pero sin perder el orden.

    Nnadozie se convirtió entonces en protagonista. La guardameta visitante tuvo que emplearse a fondo para desviar a córner un disparo de Pacheco desde dentro del área pequeña. Fue la ocasión más clara del Everton en todo el partido, y el momento en el que el empate pareció más cercano.

    En los últimos minutos, el Everton se volcó definitivamente al ataque. Riesgo máximo. Cada pérdida de balón, sin embargo, abría la puerta a los contragolpes del Brighton, que supo gestionar los tiempos, enfriar el partido cuando fue necesario y defender su ventaja con inteligencia.

    El pitido final confirmó lo que el partido había ido construyendo poco a poco. El Everton cayó ante su público por 0-1 frente a un Brighton sólido, competitivo y tremendamente eficaz en el momento clave. Un encuentro marcado por la escasez de ocasiones claras, por el orden defensivo y por la importancia de los detalles.

    El Brighton se llevó tres puntos de enorme valor gracias a su capacidad para resistir, ajustar y golpear cuando tuvo la oportunidad. El Everton, por su parte, se marchó con la sensación de haber competido, de haber tenido momentos de dominio, pero también con la frustración de no haber encontrado el camino al gol.

    (Fuente:
    Brighton & Hove Albion)

    📋 Ficha técnica |

    Everton: Brosnan; Blundell, Fernández, Hayashi, Wheeler; Van Gool (Lawley, 79’), Payne, Katagawa (Pacheco, 62’), Vignola; Momiki (Weir, 90’), Mace.

    Brighton & Hove Albion: Nnadozie; Vanegas, Minami, Kafaji (McLauchlan, 67’), Symonds; Cankovic (Tsunofa, 67’), Seike, Noordam, Olislagers; Haley, Rule (Camacho, 90’).

    Estadio: Goodison Park (Liverpool, Inglaterra)
    Fecha y hora: 23 de enero de 2026, 20:00

    Goles |

    0-1 Cankovic 41’ ⚽️

    Vídeo |

    https://youtu.be/LjOqB0YM6VE?si=RzmboG-pObqJiKlX