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  • La crónica | El Arsenal conquista el mundo en una final eterna y se convierte en el primer campeón de la FIFA Women’s Champions Cup 2026

    (Fuente: FIFA)

    🔷 El Emirates Stadium fue testigo de una noche fundacional para el fútbol femenino: el Arsenal, campeón de Europa, se proclamó campeón del mundo tras derrotar al Corinthians por 3-2 en una prórroga agónica, en una final épica marcada por cinco goles, un penalti en el descuento, un desenlace dramático y una resistencia heroica que inscribe al club londinense en la historia como el primer vencedor de la FIFA Women’s Champions Cup.

    (Fuente: FIFA )

    Dos continentes, dos culturas futbolísticas, dos maneras de entender la excelencia. Londres se convierte en el centro del planeta fútbol para coronar a las primeras reinas intercontinentales de la historia.

    (Fuente: FIFA)

    El fútbol femenino vive este domingo uno de esos momentos que no admiten distracciones, ni medias tintas, ni ausencias justificadas. Un partido que no se juega únicamente sobre el césped, sino también en la memoria colectiva de este deporte que ha aprendido a crecer rompiendo techos de cristal, frontera a frontera, generación a generación. La final inaugural de la Copa de Campeones Femenina de la FIFA™ enfrenta a Arsenal Women FC y SC Corinthians, dos colosos de dimensiones distintas pero ambición idéntica, en un duelo que no solo entrega un trofeo: otorga un lugar eterno en la historia.

    (Fuente: DAZN )

    No es una final más. No es un cruce intercontinental anecdótico. Es la primera piedra de una competición llamada a redefinir el mapa global del fútbol femenino, el punto de partida de un relato que dentro de diez, veinte o cincuenta años se citará siempre igual: “Todo empezó aquel domingo en el que Arsenal y Corinthians se miraron a los ojos”. Las europeas llegan con el peso de la tradición continental y la autoridad competitiva que da haber conquistado la Liga de Campeones Femenina de la UEFA. Las brasileñas aterrizan con el espíritu irreductible de Sudamérica, el ADN de la CONMEBOL Copa Libertadores Femenina y la convicción de quien ha aprendido a sobrevivir y ganar en contextos hostiles.

    Es una final que enfrenta estructura y fuego, plan y emoción, orden y intuición, pero, sobre todo, dos formas legítimas de entender la grandeza.

    La Copa de Campeones Femenina de la FIFA™ no es solo un nuevo título en el calendario. Es una declaración de intenciones. La constatación de que el fútbol femenino ya no necesita comparaciones ni muletas conceptuales para legitimarse: tiene su propio lenguaje, sus propias épicas y, desde ahora, su propia corona intercontinental.

    En esta primera edición, el formato ha querido ser tan simbólico como contundente: las campeonas continentales enfrentándose directamente por el trono global. No hay camino largo, no hay fases de adaptación: aquí se llega por méritos máximos y se compite desde el primer minuto con la presión de saber que no existe precedente, que cada pase, cada gol y cada decisión arbitral quedarán registrados como los primeros de algo mucho más grande.

    Por eso esta final no solo importa a Arsenal y Corinthians. Importa al fútbol femenino entero. A Europa, a Sudamérica, a África, a Norteamérica, a Asia y a Oceanía. Importa a las niñas que hoy juegan sin saber que este partido existe, pero que mañana crecerán sabiendo que hubo un día en el que el mundo decidió mirar de frente al fútbol femenino sin asteriscos.

    El camino del Arsenal Women FC hacia esta final tiene algo de redención histórica y mucho de reafirmación deportiva. Clasificado al torneo en mayo de 2025 tras una victoria monumental ante el FC Barcelona en la final de la Liga de Campeones Femenina de la UEFA, el conjunto londinense no solo recuperó el trono europeo, sino que se reconectó con su identidad más profunda: la de un club construido para marcar época.

    Aquel triunfo frente al Barcelona no fue un accidente. Fue la culminación de un proceso, la madurez de una plantilla diseñada para competir en todos los registros y la confirmación de que Arsenal sigue siendo uno de los grandes arquitectos del fútbol femenino moderno. Ese título continental le otorgó, además, el pase directo a las semifinales de esta Copa de Campeones, un privilegio que asumió con la naturalidad de quien está acostumbrado a convivir con la élite.

    El 28 de enero, en el estadio de Brentford, las Gunners ofrecieron una exhibición de poderío frente al ASFAR marroquí, uno de los equipos más competitivos del continente africano. Fue un partido que quedó prácticamente resuelto en la primera mitad, no solo por el marcador, sino por las sensaciones.

    Los goles de Stina Blackstenius, Frida Maanum, Mariona Caldentey y Olivia Smith dibujaron un primer tiempo demoledor, en el que Arsenal combinó ritmo alto, precisión quirúrgica y una lectura táctica impecable. ASFAR, un equipo acostumbrado a competir con orden y carácter, se vio superado por la profundidad estructural del conjunto inglés.

    Pero si algo dejó claro ese encuentro fue la riqueza del fondo de armario del Arsenal. Lejos de bajar el nivel tras el descanso, el equipo de Renée Slegers lo sostuvo —e incluso lo elevó— con las entradas de Chloe Kelly, Kim Little y Katie McCabe, tres nombres que en cualquier otro equipo serían indiscutibles titulares. La guinda la puso Alessia Russo, otra suplente de lujo, firmando un doblete que redondeó una goleada tan contundente como simbólica: este Arsenal no depende de una sola pieza, sino de un sistema completo.

    Antes de llegar a estas finales intercontinentales, el Arsenal ya había disputado cuatro partidos oficiales en 2026, repartidos en distintas competiciones. Lejos de acusar la acumulación de esfuerzos, el equipo respondió con victorias de alto impacto, especialmente frente a Aston Villa y Chelsea, dos rivales que siempre exigen el máximo en el contexto del fútbol inglés.

    Con el 2-1, el partido parecía encarrilado, más aún cuando el equipo inglés dispuso de una triple ocasión monumental: Mead remató desde el punto de penalti, Leticia salvó, Foord recogió el rebote y estrelló su disparo en el larguero, y el posterior cabezazo de Russo se marchó por encima, una secuencia que parecía anunciar sentencia pero que terminó convirtiéndose en presagio de drama. Corinthians resistió, se agarró al partido con orgullo y, ya en el tiempo añadido, encontró el camino hacia el empate definitivo del tiempo reglamentario. Tras una falta colgada al área, una sucesión de rechaces y bloqueos heroicos de Wubben-Moy, el balón volvió a caer en zona caliente; en la acción final, Robledo cayó en el área tras un contacto con McCabe, el VAR llamó a la colegiada y, tras la revisión, se señaló penalti. Victoria asumió la responsabilidad en el minuto 94, engañó por completo a Borbe y ejecutó con calma absoluta, enviando el balón raso y centrado mientras la guardameta se vencía a un lado, estableciendo el 2-2 a última hora para forzar la prórroga.

    Esos triunfos no solo sumaron resultados: construyeron confianza. Confirmaron que el Arsenal llegaba a esta final no como invitado ilustre, sino como candidato sólido y consciente de su fortaleza. La sensación que transmite el equipo es la de un grupo que sabe cuándo acelerar, cuándo pausar y cuándo golpear.

    En el plano físico y médico, las noticias son mayoritariamente positivas. Chloe Kelly celebró su regreso tras dos meses de ausencia, ingresando como suplente en la semifinal, un detalle que añade un componente emocional importante al vestuario. Leah Williamson, ausente en ese partido, continúa en evaluación, y su posible participación añade un elemento de expectativa hasta última hora.

    Antes de llegar a estas finales intercontinentales, el Arsenal ya había disputado cuatro partidos oficiales en 2026, repartidos en distintas competiciones. Lejos de acusar la acumulación de esfuerzos, el equipo respondió con victorias de alto impacto, especialmente frente a Aston Villa y Chelsea, dos rivales que siempre exigen el máximo en el contexto del fútbol inglés.

    Esos triunfos no solo sumaron resultados: construyeron confianza. Confirmaron que el Arsenal llegaba a esta final no como invitado ilustre, sino como candidato sólido y consciente de su fortaleza. La sensación que transmite el equipo es la de un grupo que sabe cuándo acelerar, cuándo pausar y cuándo golpear.

    En el plano físico y médico, las noticias son mayoritariamente positivas. Chloe Kelly celebró su regreso tras dos meses de ausencia, ingresando como suplente en la semifinal, un detalle que añade un componente emocional importante al vestuario. Leah Williamson, ausente en ese partido, continúa en evaluación, y su posible participación añade un elemento de expectativa hasta última hora.

    Esta final no enfrenta solo a dos equipos. Enfrenta dos culturas futbolísticas profundamente distintas, cada una con su propia lógica interna y su propio concepto de la excelencia.

    El Arsenal representa la escuela europea: estructura, ocupación racional de espacios, lectura colectiva del juego, automatismos pulidos y una gestión del ritmo que suele inclinar los partidos a su favor. Su fútbol es reconocible, trabajado, coherente de principio a fin.

    Corinthians encarna la esencia sudamericana: intensidad emocional, competitividad feroz, capacidad para improvisar en escenarios caóticos y una relación con el partido que trasciende lo táctico. No es un equipo que se rinda ante el dominio rival; es un equipo que convive con la incomodidad y sabe castigar errores mínimos.

    Cuando estos dos mundos colisionan, el resultado suele ser imprevisible.

    Las protagonistas y los protagonistas lo saben. Lo sienten. Lo verbalizan con una mezcla de respeto y ambición que define a los grandes eventos.

    Steph Catley, defensora del Arsenal, lo expresó con claridad y emoción:

    “Es muy emocionante. Es una gran oportunidad para nosotras como jugadoras, para el club en general, de quedar grabadas en la historia como el primer equipo en ganar este prestigioso trofeo. Obviamente, es la primera vez que los aficionados ven algo así en el fútbol femenino. Por lo tanto, es un paso adelante para todos y esperamos que sea un capítulo increíble”.

    Renée Slegers, directora técnica del Arsenal, añadió una lectura colectiva y de proceso: “En esta competición, frente a los campeones de otros continentes, tuvimos que ganarnos el derecho a llegar a la final. Y creo que el equipo lo hizo de manera brillante. Así que estamos muy emocionadas por la final. La esperamos con ilusión. Es un momento especial para nosotras, para las jugadoras, para el club”.

    Desde el lado brasileño, el respeto no oculta la ambición. Duda Sampaio, mediocampista del Corinthians, fue tan honesta como contundente:

    “Es difícil incluso hablar al respecto porque sabemos lo difícil que será este partido. Será uno de los partidos más complicados de mi carrera. Sabemos lo grande que es el Arsenal en Europa y estamos dando lo mejor para estar listas y dar otro gran partido, como lo hicimos en las semifinales”.

    Y Lucas Piccinato, director técnico del Corinthians, sintetizó el espíritu de su equipo con una declaración que resume años de trabajo:

    “Valoro muchísimo este momento: es la final de una copa de gran prestigio. Lo vivimos con especial ilusión porque sabemos que habrá una gran cantidad de aficionados, pero también creo que nuestros ‘leales’ estarán presentes para apoyarnos. El domingo estaremos listos para dar un gran juego. Creo que el camino recorrido a lo largo de los años nos ha llevado hasta aquí. Ha habido muchos cambios en nuestra plantilla, pero contamos con jugadoras que quieren ganar. En partidos como este, estamos preparadas para llevar a la práctica nuestro plan de juego. Arsenal es uno de los mejores equipos del mundo, pero queremos marcharnos del Reino Unido con el trofeo en las manos y haremos todo lo posible para lograrlo”.

    La dimensión histórica del partido se refleja también en su cobertura internacional. La primera edición del torneo está disponible para los aficionados de todo el mundo mediante una combinación de transmisiones globales en streaming gratuito y broadcasters locales.

    La transmisión gratuita de Corinthians vs. Arsenal estará disponible en FIFA+, con excepciones territoriales concretas: Estados Unidos, Puerto Rico, Samoa Americana, Reino Unido, Irlanda, Jersey, Guernsey, Isla de Man, Marruecos, Brasil, China y Gibraltar. Un despliegue que confirma que este partido no pertenece a un país ni a un continente: pertenece al fútbol femenino global.

    Hay partidos que definen temporadas. Otros definen generaciones. Y algunos, muy pocos, definen eras. Esta final pertenece a esa última categoría. No importa quién levante el trofeo al final del domingo: Arsenal y Corinthians ya han inscrito sus nombres en el prólogo de una historia que seguirá creciendo.

    Porque este partido no es solo fútbol. Es memoria en construcción. Es el testimonio de hasta dónde ha llegado el fútbol femenino y de todo lo que aún está por venir.

    Y en “El Partido de Manu” lo sabemos. Por eso ampliamos equipo, por eso reforzamos mirada, por eso incorporamos nuevas voces capaces de contar el fútbol desde otros lenguajes y otras plataformas. El fichaje de Helena con H, periodista, creadora y una de las voces más influyentes del fútbol femenino en TikTok, no es casualidad: es una apuesta por conectar generaciones, formatos y emociones sin perder rigor ni profundidad.

    (Fuente: FIFA )

    Este domingo, cuando ruede el balón y Arsenal y Corinthians escriban la primera página de esta Copa de Campeones, nos encontrarás ahí, contando cada detalle, cada gesto, cada instante que merezca ser recordado Porque hay finales que se juegan, la mayoría, pero existen algunas, como es el caso, que también se viven.

    El duelo al detalle |

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    ✨ La final ✨

    🏆 FIFA Women’s Champions Cup 2026™

    🔥 Arsenal Women 🆚 S.C. Corinthians 🔥

    🙌 🏴󠁧󠁢󠁥󠁮󠁧󠁿 vs 🇧🇷 🙌

    📅 Domingo, 1 de febrero de 2026

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    📺 DAZN & FIFA Plus

    🏟️ Emirates Stadium, Londres

    Enlace para ver la final aquí |

    https://www.dazn.com/es-es/home/1imb68dmlc47y1feg22d0b7cxa/97dbp7syj54a30eddddy331wk?share_origin=ios&share_page=fixture_page&event_id=1imb68dmlc47y1feg22d0b7cx

    (Fuente: FIFA)

    Los onces |

    El Arsenal, campeón de Europa, se elevó definitivamente a la categoría de mito fundacional del fútbol femenino al proclamarse primer campeón de la historia de la FIFA Women’s Champions Cup 2026™, tras imponerse por 3-2 al Corinthians en una final colosal disputada en el Emirates Stadium, un partido que se extendió hasta los límites físicos y emocionales del deporte y que quedó marcado por cinco goles descritos con exactitud quirúrgica, giros dramáticos constantes y una prórroga eterna que terminó por consagrar a las londinenses como campeonas del mundo. Desde el primer segundo quedó claro que el Arsenal no estaba dispuesto a especular: sacó de centro, ganó un córner en el primer minuto y empezó a empujar con una presión alta y una circulación agresiva, con Mariona Caldentey apareciendo entre líneas, Kim Little gobernando los tiempos y Alessia Russo moviéndose por detrás de Stina Blackstenius. El primer aviso serio llegó pronto, con una volea de Smith tras saque de esquina y un remate posterior de Mariona, pero el partido empezó a abrirse realmente cuando Corinthians respondió con transiciones rápidas lideradas por Duda Sampaio, avisando de que la campeona sudamericana no iba a limitarse a resistir.

    El 10 llegó en el minuto 15 y fue un gol nacido del error y del instinto: Leticia Teles falló en la salida, Blackstenius quedó mano a mano tras anticiparse, su disparo con la izquierda fue repelido por la propia guardameta, pero el rechace quedó muerto en el área pequeña y Olivia Smith, atacando el segundo balón, golpeó hacia el suelo con violencia, provocando un bote incómodo que superó a las defensoras que intentaban salvar sobre la línea y terminó entrando en la portería, un gol de pura insistencia que hizo estallar al Emirates. Arsenal rozó el segundo de inmediato, pero no cerró el partido y eso permitió a Corinthians crecer, ganar metros y encontrar el empate a balón parado.

    El 11 llegó en el minuto 27 de juego tras un córner lanzado desde la derecha: Zanotti atacó el primer palo y cabeceó con potencia, Borbe reaccionó y llegó a tocar el balón, pero no logró blocarlo ni despejarlo con claridad; el esférico botó sobre la línea y Aquino, llegando desde atrás con determinación, terminó de empujarlo con la rodilla para asegurarse de que cruzara completamente, una acción límite que igualó el marcador y devolvió el partido al punto de máxima tensión. Antes del descanso, el Arsenal acumuló ocasiones claras, incluida una oportunidad clarísima de Blackstenius tras un pase atrás de Little en la que la delantera sueca resbaló en el giro y mandó el balón muy desviado, síntoma de que la noche iba a exigir sufrimiento.

    Antes del descanso, el equipo de Jonas Eidevall acumuló llegadas, combinaciones entre Mead, Russo y Blackstenius, y ocasiones claras como la que la delantera sueca desperdició tras una gran acción de Kim Little, pero el 1-1 se mantuvo al intermedio.

    En la reanudación, con Maanum ya sobre el césped y Russo como referencia ofensiva, el Arsenal volvió a golpear, esta vez tras una jugada interminable a la salida de un córner en la que el balón sobrevivió entre rechaces, centros y segundas jugadas hasta que Wubben-Moy, incorporada al ataque, conectó un cabezazo poderoso al segundo palo para el 21, un gol de pura convicción que ponía de nuevo por delante las británicas en el 59, asomados ya a la hora de final disputada y esta no defraudaba a nadie.

    Los fans británicos ya se veían con el título en las manos, pero el tanto sudamericano nos regaló treinta minutos más de puro fútbol.

    . Con el 2-1, el partido parecía encarrilado, más aún cuando el equipo inglés dispuso de una triple ocasión monumental: Mead remató desde el punto de penalti, Leticia salvó, Foord recogió el rebote y estrelló su disparo en el larguero, y el posterior cabezazo de Russo se marchó por encima, una secuencia que parecía anunciar sentencia pero que terminó convirtiéndose en presagio de drama. Corinthians resistió, se agarró al partido con orgullo y, ya en el tiempo añadido, encontró el camino hacia el empate definitivo del tiempo reglamentario. Tras una falta colgada al área, una sucesión de rechaces y bloqueos heroicos de Wubben-Moy, el balón volvió a caer en zona caliente; en la acción final, Robledo cayó en el área tras un contacto con McCabe, el VAR llamó a la colegiada y, tras la revisión, se señaló penalti. Victoria asumió la responsabilidad en el minuto 94, engañó por completo a Borbe y ejecutó con calma absoluta, enviando el balón raso y centrado mientras la guardameta se vencía a un lado, estableciendo el 22 y forzando una prórroga pasada por agua.

    . En el tiempo extra, el cansancio multiplicó los errores y las emociones, Corinthians incluso rozó el gol con un cabezazo de Victoria que tocó en la yema de los dedos de Borbe y se estrelló en el larguero, pero el Arsenal volvió a levantarse una vez más. 

    El gol decisivo, el 32, llegó en el minuto 104 y fue una obra de oportunismo y precisión: tras una falta a favor de Corinthians, Maanum ganó un balón dividido en el centro del campo ante Duda Sampaio, condujo con espacio y abrió rápidamente a la izquierda para Caitlin Foord, que avanzó unos metros, armó el disparo con la zurda y sorprendió a Leticia con un remate seco y potente al primer palo, colándose el balón entre la guardameta y el poste en una acción que desató el delirio absoluto en el Emirates Stadium de Londres.

    A partir de ahí, el partido se transformó en una batalla de resistencia extrema, con Corinthians colgando balones, Arsenal despejando cada centro como si fuera el último y un final interminable marcado por el choque brutal entre Borbe y Wubben-Moy que obligó a una interrupción de más de ocho minutos y a la entrada de Daphne van Domselaar como sustituta por conmoción.

    En un descuento eterno dentro de la prórroga, con trece minutos añadidos, el Arsenal defendió con el alma, despejó una y otra vez, sobrevivió al último saque de banda y, cuando finalmente sonó el silbato definitivo, el estadio entero entendió que había asistido a algo irrepetible: el Arsenal era campeón del mundo, primer vencedor de la FIFA Women’s Champions Cup, tras una final inmortal definida gol a gol, segundo a segundo, y destinada a permanecer para siempre en la historia del fútbol femenino.

    (Fuente: DAZN)

    📋 Ficha técnica |

    ARSENAL FC Women: Borbe; Emily Fox (Holmberg, 64’), Wubben-Moy, Catley, McCabe; Kim Little (Codina, 93’), Mariona Caldentey (Pelova, 105’), Mead (Kelly, 75’); Olivia Smith (Foord, 64’), Russo, Blackstenius (Maanum, 46’).

    Corinthians: Leticia Teles; Zanotti, Erika (Gi Fernandes, 46’), Tarciane, Yasmin; Duda Sampaio, Victoria, Ivana Fuso; Aquino, Jhonson, Robledo.

    Incidencias: – Partido decidido en la prórroga
    – Penalti señalado tras revisión VAR en el tiempo añadido
    – Sustitución por conmoción: Daphne van Domselaar (Arsenal) entra por Borbe en el tiempo añadido de la prórroga
    – Más de 13 minutos de añadido final por atención médica a la guardameta local.

    Árbitra: Stéphanie Frappart (Francia). Mariona Caldentey (Arsenal) y Gi Fernandes (Corinthians) vieron la tarjeta amarilla.

    Goles:

    1-0 Olivia Smith 15’ ⚽️
    1-1 Gabi Zanotti 27’ ⚽️
    2-1 Lotte Wubben-Moy 59’ ⚽️
    2-2 Victoria Alburquerque (P.) 94’ ⚽️
    3-2 Caitlin Foord 104’ ⚽️

    Vídeo:

    https://youtu.be/Co9QUHbOHUM?si=tjpRRz0Z-QV5yo35

    (Fuente: DAZN )
  • La previa | Arsenal vs Corinthians

    (Fuente: FIFA)

    🔷 Arsenal y Corinthians, cuando el mundo se detiene: la final que inaugura una era en el fútbol femenino.

    Dos continentes, dos culturas futbolísticas, dos maneras de entender la excelencia. Londres se convierte en el centro del planeta fútbol para coronar a las primeras reinas intercontinentales de la historia.

    (Fuente: FIFA)

    El fútbol femenino vive este domingo uno de esos momentos que no admiten distracciones, ni medias tintas, ni ausencias justificadas. Un partido que no se juega únicamente sobre el césped, sino también en la memoria colectiva de este deporte que ha aprendido a crecer rompiendo techos de cristal, frontera a frontera, generación a generación. La final inaugural de la Copa de Campeones Femenina de la FIFA™ enfrenta a Arsenal Women FC y SC Corinthians, dos colosos de dimensiones distintas pero ambición idéntica, en un duelo que no solo entrega un trofeo: otorga un lugar eterno en la historia.

    (Fuente: DAZN )

    No es una final más. No es un cruce intercontinental anecdótico. Es la primera piedra de una competición llamada a redefinir el mapa global del fútbol femenino, el punto de partida de un relato que dentro de diez, veinte o cincuenta años se citará siempre igual: “Todo empezó aquel domingo en el que Arsenal y Corinthians se miraron a los ojos”. Las europeas llegan con el peso de la tradición continental y la autoridad competitiva que da haber conquistado la Liga de Campeones Femenina de la UEFA. Las brasileñas aterrizan con el espíritu irreductible de Sudamérica, el ADN de la CONMEBOL Copa Libertadores Femenina y la convicción de quien ha aprendido a sobrevivir y ganar en contextos hostiles.

    Es una final que enfrenta estructura y fuego, plan y emoción, orden y intuición, pero, sobre todo, dos formas legítimas de entender la grandeza.

    La Copa de Campeones Femenina de la FIFA™ no es solo un nuevo título en el calendario. Es una declaración de intenciones. La constatación de que el fútbol femenino ya no necesita comparaciones ni muletas conceptuales para legitimarse: tiene su propio lenguaje, sus propias épicas y, desde ahora, su propia corona intercontinental.

    En esta primera edición, el formato ha querido ser tan simbólico como contundente: las campeonas continentales enfrentándose directamente por el trono global. No hay camino largo, no hay fases de adaptación: aquí se llega por méritos máximos y se compite desde el primer minuto con la presión de saber que no existe precedente, que cada pase, cada gol y cada decisión arbitral quedarán registrados como los primeros de algo mucho más grande.

    Por eso esta final no solo importa a Arsenal y Corinthians. Importa al fútbol femenino entero. A Europa, a Sudamérica, a África, a Norteamérica, a Asia y a Oceanía. Importa a las niñas que hoy juegan sin saber que este partido existe, pero que mañana crecerán sabiendo que hubo un día en el que el mundo decidió mirar de frente al fútbol femenino sin asteriscos.

    El camino del Arsenal Women FC hacia esta final tiene algo de redención histórica y mucho de reafirmación deportiva. Clasificado al torneo en mayo de 2025 tras una victoria monumental ante el FC Barcelona en la final de la Liga de Campeones Femenina de la UEFA, el conjunto londinense no solo recuperó el trono europeo, sino que se reconectó con su identidad más profunda: la de un club construido para marcar época.

    Aquel triunfo frente al Barcelona no fue un accidente. Fue la culminación de un proceso, la madurez de una plantilla diseñada para competir en todos los registros y la confirmación de que Arsenal sigue siendo uno de los grandes arquitectos del fútbol femenino moderno. Ese título continental le otorgó, además, el pase directo a las semifinales de esta Copa de Campeones, un privilegio que asumió con la naturalidad de quien está acostumbrado a convivir con la élite.

    El 28 de enero, en el estadio de Brentford, las Gunners ofrecieron una exhibición de poderío frente al ASFAR marroquí, uno de los equipos más competitivos del continente africano. Fue un partido que quedó prácticamente resuelto en la primera mitad, no solo por el marcador, sino por las sensaciones.

    Los goles de Stina Blackstenius, Frida Maanum, Mariona Caldentey y Olivia Smith dibujaron un primer tiempo demoledor, en el que Arsenal combinó ritmo alto, precisión quirúrgica y una lectura táctica impecable. ASFAR, un equipo acostumbrado a competir con orden y carácter, se vio superado por la profundidad estructural del conjunto inglés.

    Pero si algo dejó claro ese encuentro fue la riqueza del fondo de armario del Arsenal. Lejos de bajar el nivel tras el descanso, el equipo de Renée Slegers lo sostuvo —e incluso lo elevó— con las entradas de Chloe Kelly, Kim Little y Katie McCabe, tres nombres que en cualquier otro equipo serían indiscutibles titulares. La guinda la puso Alessia Russo, otra suplente de lujo, firmando un doblete que redondeó una goleada tan contundente como simbólica: este Arsenal no depende de una sola pieza, sino de un sistema completo.

    Antes de llegar a estas finales intercontinentales, el Arsenal ya había disputado cuatro partidos oficiales en 2026, repartidos en distintas competiciones. Lejos de acusar la acumulación de esfuerzos, el equipo respondió con victorias de alto impacto, especialmente frente a Aston Villa y Chelsea, dos rivales que siempre exigen el máximo en el contexto del fútbol inglés.

    Esos triunfos no solo sumaron resultados: construyeron confianza. Confirmaron que el Arsenal llegaba a esta final no como invitado ilustre, sino como candidato sólido y consciente de su fortaleza. La sensación que transmite el equipo es la de un grupo que sabe cuándo acelerar, cuándo pausar y cuándo golpear.

    En el plano físico y médico, las noticias son mayoritariamente positivas. Chloe Kelly celebró su regreso tras dos meses de ausencia, ingresando como suplente en la semifinal, un detalle que añade un componente emocional importante al vestuario. Leah Williamson, ausente en ese partido, continúa en evaluación, y su posible participación añade un elemento de expectativa hasta última hora.

    Antes de llegar a estas finales intercontinentales, el Arsenal ya había disputado cuatro partidos oficiales en 2026, repartidos en distintas competiciones. Lejos de acusar la acumulación de esfuerzos, el equipo respondió con victorias de alto impacto, especialmente frente a Aston Villa y Chelsea, dos rivales que siempre exigen el máximo en el contexto del fútbol inglés.

    Esos triunfos no solo sumaron resultados: construyeron confianza. Confirmaron que el Arsenal llegaba a esta final no como invitado ilustre, sino como candidato sólido y consciente de su fortaleza. La sensación que transmite el equipo es la de un grupo que sabe cuándo acelerar, cuándo pausar y cuándo golpear.

    En el plano físico y médico, las noticias son mayoritariamente positivas. Chloe Kelly celebró su regreso tras dos meses de ausencia, ingresando como suplente en la semifinal, un detalle que añade un componente emocional importante al vestuario. Leah Williamson, ausente en ese partido, continúa en evaluación, y su posible participación añade un elemento de expectativa hasta última hora.

    Esta final no enfrenta solo a dos equipos. Enfrenta dos culturas futbolísticas profundamente distintas, cada una con su propia lógica interna y su propio concepto de la excelencia.

    El Arsenal representa la escuela europea: estructura, ocupación racional de espacios, lectura colectiva del juego, automatismos pulidos y una gestión del ritmo que suele inclinar los partidos a su favor. Su fútbol es reconocible, trabajado, coherente de principio a fin.

    Corinthians encarna la esencia sudamericana: intensidad emocional, competitividad feroz, capacidad para improvisar en escenarios caóticos y una relación con el partido que trasciende lo táctico. No es un equipo que se rinda ante el dominio rival; es un equipo que convive con la incomodidad y sabe castigar errores mínimos.

    Cuando estos dos mundos colisionan, el resultado suele ser imprevisible.

    Las protagonistas y los protagonistas lo saben. Lo sienten. Lo verbalizan con una mezcla de respeto y ambición que define a los grandes eventos.

    Steph Catley, defensora del Arsenal, lo expresó con claridad y emoción:

    “Es muy emocionante. Es una gran oportunidad para nosotras como jugadoras, para el club en general, de quedar grabadas en la historia como el primer equipo en ganar este prestigioso trofeo. Obviamente, es la primera vez que los aficionados ven algo así en el fútbol femenino. Por lo tanto, es un paso adelante para todos y esperamos que sea un capítulo increíble”.

    Renée Slegers, directora técnica del Arsenal, añadió una lectura colectiva y de proceso: “En esta competición, frente a los campeones de otros continentes, tuvimos que ganarnos el derecho a llegar a la final. Y creo que el equipo lo hizo de manera brillante. Así que estamos muy emocionadas por la final. La esperamos con ilusión. Es un momento especial para nosotras, para las jugadoras, para el club”.

    Desde el lado brasileño, el respeto no oculta la ambición. Duda Sampaio, mediocampista del Corinthians, fue tan honesta como contundente:

    “Es difícil incluso hablar al respecto porque sabemos lo difícil que será este partido. Será uno de los partidos más complicados de mi carrera. Sabemos lo grande que es el Arsenal en Europa y estamos dando lo mejor para estar listas y dar otro gran partido, como lo hicimos en las semifinales”.

    Y Lucas Piccinato, director técnico del Corinthians, sintetizó el espíritu de su equipo con una declaración que resume años de trabajo:

    “Valoro muchísimo este momento: es la final de una copa de gran prestigio. Lo vivimos con especial ilusión porque sabemos que habrá una gran cantidad de aficionados, pero también creo que nuestros ‘leales’ estarán presentes para apoyarnos. El domingo estaremos listos para dar un gran juego. Creo que el camino recorrido a lo largo de los años nos ha llevado hasta aquí. Ha habido muchos cambios en nuestra plantilla, pero contamos con jugadoras que quieren ganar. En partidos como este, estamos preparadas para llevar a la práctica nuestro plan de juego. Arsenal es uno de los mejores equipos del mundo, pero queremos marcharnos del Reino Unido con el trofeo en las manos y haremos todo lo posible para lograrlo”.

    La dimensión histórica del partido se refleja también en su cobertura internacional. La primera edición del torneo está disponible para los aficionados de todo el mundo mediante una combinación de transmisiones globales en streaming gratuito y broadcasters locales.

    La transmisión gratuita de Corinthians vs. Arsenal estará disponible en FIFA+, con excepciones territoriales concretas: Estados Unidos, Puerto Rico, Samoa Americana, Reino Unido, Irlanda, Jersey, Guernsey, Isla de Man, Marruecos, Brasil, China y Gibraltar. Un despliegue que confirma que este partido no pertenece a un país ni a un continente: pertenece al fútbol femenino global.

    Hay partidos que definen temporadas. Otros definen generaciones. Y algunos, muy pocos, definen eras. Esta final pertenece a esa última categoría. No importa quién levante el trofeo al final del domingo: Arsenal y Corinthians ya han inscrito sus nombres en el prólogo de una historia que seguirá creciendo.

    Porque este partido no es solo fútbol. Es memoria en construcción. Es el testimonio de hasta dónde ha llegado el fútbol femenino y de todo lo que aún está por venir.

    Y en “El Partido de Manu” lo sabemos. Por eso ampliamos equipo, por eso reforzamos mirada, por eso incorporamos nuevas voces capaces de contar el fútbol desde otros lenguajes y otras plataformas. El fichaje de Helena con H, periodista, creadora y una de las voces más influyentes del fútbol femenino en TikTok, no es casualidad: es una apuesta por conectar generaciones, formatos y emociones sin perder rigor ni profundidad.

    (Fuente: FIFA )

    Este domingo, cuando ruede el balón y Arsenal y Corinthians escriban la primera página de esta Copa de Campeones, nos encontrarás ahí, contando cada detalle, cada gesto, cada instante que merezca ser recordado Porque hay finales que se juegan, la mayoría, pero existen algunas, como es el caso, que también se viven.

    ✨ La final ✨

    🏆 FIFA Women’s Champions Cup 2026™

    🔥 Arsenal Women 🆚 S.C. Corinthians 🔥

    🙌 🏴󠁧󠁢󠁥󠁮󠁧󠁿 vs 🇧🇷 🙌

    📅 Domingo, 1 de febrero de 2026

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    📺 DAZN & FIFA Plus

    🏟️ Emirates Stadium, Londres

    Enlace para ver la final aquí |

    https://www.dazn.com/es-es/home/1imb68dmlc47y1feg22d0b7cxa/97dbp7syj54a30eddddy331wk?share_origin=ios&share_page=fixture_page&event_id=1imb68dmlc47y1feg22d0b7cxa

  • La crónica | El Corinthians bate al Gotham en un duelo de poder a poder

    (Fuente: DAZN)

    🔵¡Triunfo sudamericano! As bravas se impusieron por 0-1 al conjunto estadounidense en un desenlace de infarto.

    La previa |

    (Fuente: FIFA)

    Mañana no se juega solo un partido de fútbol. Mañana, cuando Corinthians y Gotham FC salten al césped londinense, el fútbol femenino de clubes entrará en un territorio que hasta ahora solo había podido imaginarse en abstracto. Durante décadas, el deporte avanzó por caminos paralelos, separados por océanos, calendarios, culturas y modelos de crecimiento. Europa construyó su hegemonía continental. Estados Unidos consolidó una industria. Sudamérica defendió el alma, la calle, la pasión y la resiliencia. Todo eso convivía, pero nunca chocaba de frente, nunca se ponía a prueba en igualdad de condiciones, nunca se miraba a los ojos en una semifinal mundial organizada bajo el sello de la FIFA.
    Eso cambia mañana.
    Corinthians y Gotham FC no representan únicamente a dos clubes. Representan dos continentes, dos tradiciones, dos maneras de entender el fútbol femenino y, sobre todo, dos visiones sobre hacia dónde debe caminar el juego en los próximos veinte años. Esta semifinal no es un accidente del calendario. Es una consecuencia histórica. El resultado de una acumulación de procesos, luchas, inversiones, convicciones y sacrificios que desembocan en noventa minutos —o quizá más— que marcarán un antes y un después.
    Corinthians llega a esta semifinal como llega siempre a los grandes escenarios: con el peso de un escudo que no permite medias tintas. En Brasil, Corinthians no es un club más. Es una institución que se define por la resistencia, por la identificación popular, por la idea de que el fútbol no pertenece a una élite sino a la gente. Ese ADN, trasladado al fútbol femenino, ha construido una hegemonía sudamericana pocas veces vista. Desde su consolidación como proyecto competitivo, el Corinthians femenino ha entendido que ganar no es suficiente; hay que ganar representando algo, sosteniendo una identidad reconocible, imponiendo respeto incluso antes de que ruede el balón.
    El Corinthians femenino ha aprendido a convivir con la presión extrema. Cada Libertadores jugada, cada final nacional disputada, cada clásico ganado ha reforzado una mentalidad que hoy es su mayor fortaleza: la convicción absoluta de que los partidos grandes no se negocian, se afrontan. No hay vértigo escénico. No hay complejos ante escudos extranjeros. Hay una certeza interior, casi innegociable, de que el equipo siempre estará en partido, incluso cuando el contexto sea adverso.
    Ese convencimiento se refleja en su manera de competir. Corinthians no necesita dominar el balón durante largos tramos para sentirse cómodo. Tampoco se descompone si debe defender bajo, cerrar espacios, resistir oleadas. Es un equipo que entiende los tiempos del partido con una madurez impropia de quien aún está escribiendo su historia global. Sabe cuándo acelerar, cuándo enfriar, cuándo golpear y cuándo esperar. En torneos cortos, esa lectura del juego es oro puro.
    Frente a ellas estará Gotham FC, la expresión más nítida del nuevo fútbol femenino estadounidense. Gotham no es el equipo que vive de la tradición ni de la nostalgia de la selección campeona del mundo. Es un proyecto moderno, ambicioso, construido con una lógica casi quirúrgica, pensado para competir en contextos internacionales donde ya no basta con el físico, la intensidad o el talento individual. Gotham ha entendido algo fundamental: el fútbol femenino global se ha igualado, y para marcar diferencias hay que dominar todos los registros del juego.
    Gotham llega a esta semifinal con una identidad clara, pero flexible. Es un equipo que puede presionar alto, pero también gestionar la posesión. Que puede imponer ritmo, pero sabe bajar revoluciones cuando el partido lo exige. Que tiene jugadoras acostumbradas a escenarios de máxima exigencia, tanto en clubes como en selecciones, y que ha incorporado una cultura competitiva donde perder no es una opción asumible, sino un problema a corregir.
    A diferencia de Corinthians, Gotham no carga con una herencia popular tan pesada. Su fortaleza no nace de la calle, sino de la estructura. De la planificación. De la convicción de que el fútbol femenino merece ser tratado como un producto de élite, con todos los recursos necesarios para alcanzar el máximo nivel. Eso no lo hace menos pasional; lo hace más metódico. Gotham compite desde el análisis, desde el estudio del rival, desde la preparación minuciosa de cada escenario posible.
    Y ahí reside uno de los grandes atractivos de esta semifinal: el choque de mentalidades. Corinthians juega con el corazón blindado por la experiencia continental. Gotham juega con la cabeza entrenada para escenarios globales. Ninguna de las dos llega por casualidad. Ninguna está fuera de lugar. Ambas se han ganado el derecho a estar aquí desde caminos distintos, pero igual de legítimos.
    El partido, además, se disputa en Londres, un territorio simbólico. Europa, cuna del fútbol moderno y actual epicentro del desarrollo femenino, actúa como escenario neutral de un duelo intercontinental que parecía imposible hace apenas unos años. No es casualidad. Es una declaración de intenciones. El fútbol femenino ya no pertenece a un solo continente. Ya no se explica desde una única narrativa. Es un ecosistema global, y esta semifinal es una de sus primeras manifestaciones puras.
    Desde el punto de vista táctico, el enfrentamiento promete una riqueza pocas veces vista. Corinthians probablemente apostará por un bloque sólido, compacto, con líneas juntas y transiciones rápidas. No buscará un intercambio constante de golpes. Intentará llevar el partido a un terreno donde la experiencia, la lectura emocional y la eficacia marquen la diferencia. Gotham, en cambio, intentará imponer ritmo, amplitud, circulación rápida y presión tras pérdida. Buscará desgastar, mover, obligar a Corinthians a tomar decisiones incómodas.
    La batalla del mediocampo será clave. Ahí se decidirá si el partido se juega a la velocidad que quiere Gotham o al tempo que prefiere Corinthians. También será fundamental la gestión de los momentos posteriores al gol, si lo hay. Corinthians sabe proteger ventajas como pocos equipos. Gotham sabe reaccionar ante la adversidad. El que imponga su narrativa emocional tendrá medio camino recorrido.
    Pero más allá de lo táctico, este partido se juega en una dimensión simbólica. Para Corinthians, ganar significaría demostrar que Sudamérica no solo compite, sino que puede liderar el fútbol femenino global. Que su dominio continental no es un fenómeno aislado, sino una base sólida desde la que aspirar a todo. Para Gotham, alcanzar la final sería la confirmación de que el modelo estadounidense, evolucionado y adaptado, sigue siendo una referencia mundial, ahora también en torneos organizados fuera de su órbita habitual.
    Las jugadoras lo saben. No hace falta que nadie se lo recuerde. En cada entrenamiento previo, en cada charla técnica, en cada momento de concentración, la sensación es la misma: están ante algo que trasciende el resultado inmediato. Están escribiendo historia. Están poniendo cimientos. Están abriendo una puerta que ya no se cerrará.
    Mañana, cuando el balón empiece a rodar, todo lo que hoy es relato se convertirá en acción. El ruido desaparecerá. Quedarán las decisiones, los duelos, los errores, los aciertos. Quedará la verdad del fútbol. Pero pase lo que pase, gane quien gane, esta semifinal ya habrá cumplido una misión irreversible: demostrar que el fútbol femenino de clubes ha entrado definitivamente en su era mundial.
    Con el Emirates Stadium del Arsenal como epicentro simbólico, la FIFA ha lanzado un órdago económico que, aunque todavía lejos de las cifras obscenas del fútbol masculino, marca un antes y un después irreversible en la valoración real del fútbol femenino de clubes. No es solo una cuestión de dinero; es una cuestión de mensaje. De jerarquía. De intenciones. Por primera vez, el máximo organismo del fútbol mundial ha puesto cifras encima de la mesa que obligan a todos —clubes, federaciones y confederaciones— a replantearse el lugar que ocupa el fútbol femenino en la economía global del deporte.
    La cifra ha retumbado en los despachos de medio mundo como un trueno seco y definitivo: 2,3 millones de dólares, algo más de 2,1 millones de euros, para el equipo que levante el trofeo el próximo 1 de febrero. Nunca antes un club femenino había recibido un premio individual tan alto por ganar una competición. Nunca. Es un récord absoluto. El subcampeón, lejos de marcharse con las manos vacías, ingresará un millón de dólares, mientras que los otros dos semifinalistas se asegurarán 200.000. Incluso los equipos que no aspiraban al título desde el inicio, como Auckland United o Wuhan Chegu Jiangda, ya han asegurado 100.000 dólares simplemente por estar presentes. Participar ya no es simbólico. Participar ya paga.
    Son cifras que marean si se observan desde la óptica histórica del fútbol femenino, un deporte que durante décadas sobrevivió entre presupuestos mínimos, salarios invisibles y una precariedad estructural normalizada. FIFA ha decidido romper ese techo de cristal de un solo golpe, con un torneo breve, concentrado, casi quirúrgico, pero con un impacto económico inmediato que supera incluso a competiciones mucho más largas y consolidadas.

    comparación con la UEFA Women’s Champions League resulta inevitable. El organismo europeo ha realizado esfuerzos titánicos en los últimos años, incrementando premios y visibilidad, pero su modelo sigue fragmentando las recompensas en función de victorias, empates y fases superadas. Un equipo que complete un torneo perfecto en Europa puede rondar entre 1,4 y 1,6 millones de euros en total. FIFA, con un torneo relámpago de solo seis equipos, ya supera esa cifra máxima de un plumazo. No es solo una mejora: es un cambio de paradigma.
    Y cuando el foco se desplaza hacia Sudamérica, el relato adquiere una dimensión aún más reveladora. La Copa Libertadores Femenina 2025 otorgó al campeón cerca de dos millones de dólares, una cifra que por fin se acerca a los estándares que FIFA plantea ahora y que confirma algo fundamental: Sudamérica ha entendido que sin inversión no hay crecimiento, y que sin crecimiento no hay futuro competitivo. Corinthians llega a esta semifinal no solo como un gigante deportivo, sino como el producto de una región que ha decidido apostar en serio por su fútbol femenino.
    Sin embargo, la comparación sigue siendo cruel cuando se cruza definitivamente la frontera hacia el fútbol masculino. El ganador de la Champions League masculina de 2026 podría embolsarse solo por disputar la final alrededor de 25 millones de euros, acumulando más de 100 millones a lo largo del torneo. La diferencia sigue siendo abismal. Dolorosa. Innegable. Pero incluso ahí hay una lectura nueva: por primera vez, el fútbol.

    (Fuente: FIFA)

    Los onces |

    El duelo al detalle |

    🏆 FIFA Women’s Champions Cup 2026™

    🤝 Primera semifinal

    📅 Miércoles, 28 de enero de 2026

    ⏰ 13:30 horario peninsular

    📺 APP de DAZN

    🏟️Brentford Community Stadium, Londres

    Hubo un instante —apenas un segundo suspendido en el aire húmedo de Londres— en el que nadie celebró nada. Ni las que habían ganado, ni las que habían perdido, ni siquiera quienes estaban allí para certificar el resultado. El pitido final no fue un estallido: fue un acto solemne. Porque lo que acababa de terminar no era solo un partido. Era el primer partido de la historia de la Intercontinental Femenina. Y eso, incluso antes de entenderlo, se siente.

    El marcador dirá para siempre 0–1. Dirá que Corinthians venció. Dirá que NJ se quedó sin gol. Dirá que fue un resultado corto, austero, casi minimalista. Pero el marcador miente cuando la historia es más grande que los números. Porque esta noche no se jugaba por un título más: se jugaba por el derecho a existir en igualdad de memoria.

    La FIFA lo llamó Women’s Champions Cup. Los documentos oficiales hablarán de formato, de calendarios, de confederaciones. Pero el fútbol —el de verdad— lo bautizó de otra forma: el día en que el mundo femenino se atrevió a mirarse de frente y decir “ya estamos aquí”.

    Londres 2026 no fue una sede. Fue un punto de encuentro. Europa dejó de ser el centro para convertirse en el cruce. América llegó desde dos orillas distintas, con dos formas opuestas de entender el juego y una misma ambición: escribir la primera página.

    El césped estaba perfecto. Como siempre. Como debe estar cuando sabes que no puedes fallar. Porque el error, esta vez, no era perder: era no estar a la altura del momento.

    Desde Sudamérica llegó Corinthians, con su escudo pesado, con su historia cargada de Libertadores, con esa forma tan brasileña de jugar al fútbol femenino: mezcla de rigor competitivo y orgullo popular, de talento trabajado y convicción colectiva. No viajaron solo para ganar. Viajaron para representar a todo un continente que lleva décadas produciendo talento sin pedir permiso.

    Desde Norteamérica apareció NJ, heredero de una liga que profesionalizó antes que nadie, que entendió antes que nadie que el fútbol femenino no era un anexo sino un motor. NJ no era solo un club: era la expresión del modelo, del músculo, de la estructura, del fútbol como industria bien construida. No estaban allí por azar. Estaban allí porque el sistema los había empujado hasta ese lugar.

    Y entre ambos, el vacío. Ese espacio simbólico donde antes no había nada. Donde antes no se enfrentaban campeonas de confederaciones. Donde antes el fútbol femenino miraba con cierta envidia cómo los hombres levantaban trofeos intercontinentales mientras ellas seguían luchando por reconocimiento.

    Esta noche, por primera vez, ese vacío desapareció.

    No hubo himno histórico previo. No hubo nostalgia porque no había pasado. Todo era presente. Todo era estreno. Todo era frágil y poderoso a la vez, como solo lo son las cosas que nacen grandes.

    La Intercontinental Femenina no empezó con una goleada ni con un partido desbordado de épica clásica. Empezó como empiezan las cosas importantes: con tensión, con miedo a equivocarse, con la conciencia de que cada gesto iba a ser observado, archivado, recordado.

    Las jugadoras lo sabían. En la forma de mirar al césped. En la manera de ajustar el brazalete. En cómo se gritaban entre ellas sin estridencias, como si el respeto por el momento obligara a bajar medio tono la voz.

    Porque no se trataba solo de ganar. Se trataba de ser dignas del primer capítulo.

    El fútbol femenino ha tenido muchos “primeros” forzados, improvisados, mal contados. Este no. Este estaba preparado. Este tenía logo, patrocinador, relato global. Este tenía una foto pensada para durar décadas. Y esa foto —la jugadora de Corinthians de rodillas, puños cerrados, grito al cielo— ya no pertenece al partido. Pertenece a la historia.

    Pero antes de llegar ahí, antes del grito, antes del gol, antes incluso del primer pase, hubo algo más importante: la certeza compartida de que nada volvería a ser igual después.

    Porque cuando una competición nace con vocación global, cuando la FIFA pone su sello y el mundo responde, el fútbol femenino deja de pedir sitio. Lo ocupa.

    Y así, sin fuegos artificiales, sin exageraciones impostadas, comenzó el partido que no necesitaba ser perfecto para ser eterno.

    El balón echó a rodar y con él, empezó oficialmente la historia de la Intercontinental Femenina.

    fútbol femenino no llegó hasta aquí por inercia. Llegó por insistencia. Por años de empujar puertas que no estaban cerradas, sino simplemente ignoradas. La Intercontinental Femenina no nació de una idea romántica, sino de una evidencia imposible de seguir esquivando: el juego ya era global, los títulos ya eran continentales, las campeonas ya existían… solo faltaba atreverse a enfrentarlas.

    Durante décadas, el fútbol femenino vivió fragmentado. Europa mirándose a sí misma. América del Norte creciendo hacia dentro. Sudamérica compitiendo con menos focos pero con una identidad feroz. Asia y África llamando a la puerta. Todo existía, pero nada se cruzaba. La historia estaba escrita en paralelo, nunca en común.

    La FIFA entendió —tarde, pero entendió— que no se puede hablar de universalidad sin choque de mundos. Que no hay grandeza sin riesgo. Que no basta con coronar reinas regionales si nunca las sientas en la misma mesa. La Women’s Champions Cup fue concebida como eso: una mesa compartida, incómoda al principio, inevitable después.

    No era una prueba piloto. No era un torneo amistoso de prestigio. Era una declaración estructural. Un mensaje directo a federaciones, clubes, ligas y mercados: el fútbol femenino ya no iba a ser contenido local con relato global, sino competición global con consecuencias reales.

    Por eso el primer partido importaba tanto.

    Corinthians no llegó a Londres por casualidad ni por marketing. Llegó como llega quien sabe competir en torneos largos, quien ha aprendido a sobrevivir a eliminatorias hostiles, a viajes eternos, a arbitrajes distintos, a contextos adversos. El Corinthians femenino es heredero de una cultura que entiende el fútbol como lucha y celebración al mismo tiempo. Un club que no separa el éxito del sufrimiento. Que no concibe ganar sin haber resistido antes.

    Su camino hasta aquí estaba lleno de partidos donde el control nunca fue absoluto, pero la fe sí. Donde cada victoria era menos estética que funcional, menos brillante que sólida. Un equipo construido para no romperse. Para aguantar. Para esperar su momento.

    En el otro lado, NJ representaba algo radicalmente distinto. No mejor ni peor. Distinto. El producto de una liga pensada desde el inicio para sostenerse. Estadios, audiencias, salarios, planificación, ciencia del deporte. NJ era el reflejo de un ecosistema que apostó antes y más fuerte. Un club donde cada detalle está medido, donde la preparación es tan importante como la inspiración.

    Su fútbol habla el idioma de la presión alta, de la ocupación racional del espacio, de la intensidad sostenida. No hay pausas largas. No hay improvisaciones excesivas. Hay método. Hay convicción en el plan.

    Ese choque —resistencia contra estructura, tradición popular contra profesionalización industrial— era el verdadero corazón del partido. No un duelo de jugadoras, sino de formas de entender el camino hasta la élite.

    Y Londres era el lugar perfecto para ese cruce. Ciudad de imperios, de migraciones, de fútbol importado y exportado, de culturas superpuestas. Nadie podía sentirse completamente local. Todas estaban, en cierto modo, de paso. Como si el estadio fuera una frontera neutral donde las identidades podían enfrentarse sin complejos.

    El calentamiento ya dejaba pistas. Corinthians ocupaba su espacio con una seriedad casi ritual. Gestos cortos, miradas largas, silencio concentrado. NJ, en cambio, se movía con energía visible, con comunicación constante, con cuerpos que parecían necesitar entrar rápido en temperatura para no perder filo.

    No había nervios descontrolados. Había conciencia.

    Las capitanas se saludaron con respeto, sin teatralidad. No había rivalidad previa que exagerar. Esta no se heredaba. Esta se estaba creando.

    Cuando el árbitro dio la señal, el balón no salió disparado. Rodó con prudencia. Como si también él entendiera que no era una noche para el vértigo inicial, sino para la construcción lenta de algo que debía sostenerse.

    (Fuente/ “El Partido de Manu”)

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    El partido empezó a existir de verdad cuando dejó de mirarse al espejo.Hasta entonces había sido respeto, cálculo, tanteo. Pero hay un momento —siempre lo hay— en el que el fútbol decide avanzar aunque la historia pese. Ese instante llegó cuando NJ entendió que no bastaba con mover el balón: había que romper algo. Y Corinthians comprendió que no podía limitarse a resistir: debía advertir.

    Fue el Gotham quien dio el primer paso hacia el riesgo. Aceleró una circulación interior, buscó el pase vertical entre líneas, obligó a la defensa brasileña a retroceder dos metros más de lo que quería. No fue una ocasión clara, pero fue una señal. El mensaje era nítido: estamos aquí para mandar.

    Corinthians respondió como responden los equipos que no se asustan: con una falta táctica en campo rival, con una pausa larga antes de sacar, con una mirada al banquillo que decía “todo está bajo control”. El fútbol sudamericano tiene esa sabiduría antigua de saber cuándo no jugar.

    El ritmo empezó a subir sin volverse loco. NJ insistía por las bandas, especialmente por el costado derecho, donde encontraba ventaja física y llegadas constantes al último tercio. Centros tensos, segundos balones, presión tras pérdida. El plan era claro: asfixiar hasta que algo cediera.

    Pero Corinthians no se rindió y esperaba atrás a hilvanar contragolpes ante el dominio territorial de las locales que adolecían de pegada en la zona ofensiva.

    Cada despeje era una exhalación colectiva. Cada recuperación, un pequeño triunfo invisible. El bloque se movía compacto, casi coreografiado, como si el equipo estuviera unido por una cuerda que nadie podía romper sin romperse también.

    El partido empezó entonces a llenarse de detalles. Una entrada al límite. Un choque que dolió más de lo necesario. Una protesta que duró un segundo de más. El fútbol femenino, tantas veces acusado de suavidad injusta, estaba mostrando su versión más adulta y más cruda. No había concesiones.

    NJ tuvo la más clara del primer tramo en una acción que resumía su identidad: presión alta, robo inmediato, disparo desde la frontal. El balón salió rozando el poste. No hubo lamento exagerado. Hubo frustración contenida. Sabían que esas oportunidades no abundarían.

    Corinthians respondió minutos después con una transición lenta pero letal. No corrieron: eligieron. Dos pases, cambio de orientación, llegada al área. El remate fue bloqueado, pero el aviso quedó flotando en el aire como una amenaza tranquila.

    El público empezó a entender que estaba ante un partido que no se entregaría fácilmente. No era un espectáculo de consumo rápido. Era una obra que exigía atención. Silencio cuando tocaba. Murmullo cuando algo se intuía. Aplauso sobrio para una buena acción defensiva. El estadio había entrado en el código del partido.

    El primer tiempo avanzó así, con NJ acumulando posesión sin desordenarse y Corinthians acumulando razones para creer. Cada minuto sin gol era una victoria psicológica para las brasileñas. Cada ataque sin premio, una pregunta que empezaba a pesar en la cabeza norteamericana.

    Al descanso se llegó sin goles, pero con el marcador emocional ya inclinado hacia un lado: el que había sabido sufrir sin perder identidad.

    El túnel de vestuarios fue un paréntesis tenso. No hubo euforia ni alarma. Hubo ajustes. NJ necesitaba más profundidad real. Corinthians sabía que su momento llegaría si el partido se abría un poco más.

    Y el fútbol, que siempre escucha cuando le hablan con honestidad, decidió conceder ese momento.

    La segunda parte comenzó con una NJ más directa, menos paciente. Aumentó el ritmo, forzó situaciones, buscó el error ajeno con insistencia. Corinthians aguantó los primeros envites como quien aguanta una tormenta conocida. Cuerpo bajo, mente fría.

    Hasta que el partido cambió de textura y empezó a sonreír a las sudamericanas de forma paulatina.

    Una pérdida en zona intermedia. Un balón dividido que esta vez cayó del lado brasileño. Un primer control orientado hacia adelante. Y de repente, el campo se hizo largo. Muy largo.

    El gol que desniveló el marcador no llegó por casualidad ni por un acto aislado: nació de una asociación clásica y profunda entre experiencia y lectura colectiva. Cuando el balón circuló hacia el centro del campo y un pase vertical buscó la espalda defensiva, Tamires, veterana del equipo y alma de la construcción brasileña, supo exactamente cuándo y dónde soltar el balón. Su asistencia fue un pase quirúrgico desde el espacio abierto hacia el interior del área, con precisión milimétrica y lectura anticipada de la jugadora que tendría el destino de la historia en sus botas.

    La pelota llegó al pie de Gabi Zenotti justo en el instante en que el tiempo parecía contener la respiración. Zenotti no necesitó ajustar demasiado: su primer toque fue una declaración de intenciones, orientando la trayectoria del balón hacia el lugar donde solo puede ir un disparo hecho con la seguridad de quien conoce el peso del momento. El impacto fue pura técnica, un zurdazo que buscó y encontró el rincón derecho de la portería, dejando sin respuesta a la guardameta Berger, quien llegó a rozar el esférico, pero no pudo evitar la debacle del Gotham amén del 01 en el minuto 83 de juego que rompió al fin el equilibrio reinante.

    Ese 0-1 no fue solo un gol: fue la firma de Tamires y Zenotti en la primera página de una historia que quedará inscrita en las crónicas eternas del fútbol femenino. 

    El Gotham no dejó de creer, sino que el Corinthians empezó a saber cómo doblegar a las norteamericanas, eso fue lo que cambió el duelo que entró en un desenlace frenético.

    El Corinthians se ordenó con la serenidad de quien ha vivido finales antes. Las líneas se ajustaron con una precisión casi matemática. El bloque se hizo corto, pero no bajo; solidario, pero no pasivo. No defendían el área: defendían la historia que acababan de inaugurar.

    NJ reaccionó como reaccionan los equipos con orgullo competitivo. No hubo reproches internos ni miradas perdidas. Hubo ajuste táctico, hubo empuje, hubo fe. Aumentaron la altura de la presión, arriesgaron con laterales más profundos, buscaron superioridades por fuera para castigar el repliegue brasileño.

    El partido entró entonces en su fase más delicada: esa en la que cada pérdida puede ser fatal y cada recuperación puede ser redentora. Corinthians entendió que no necesitaba el segundo gol, pero sí necesitaba evitar el empate con una convicción absoluta.

    El Gotham comprendió que no bastaba con llegar: había que golpear con precisión quirúrgica.

    Las ocasiones no llovieron. Porque los partidos históricos no suelen regalar abundancia. Regalan tensión.

    Un centro despejado in extremis. Un disparo bloqueado con el cuerpo entero. Un córner defendido como si fuera el último. Cada acción llevaba consigo una carga simbólica que trascendía el marcador. El público, ya plenamente consciente de estar asistiendo a algo irrepetible, acompañaba con una mezcla de nervio y respeto. No había ansiedad en las gradas. Había atención.

    El reloj avanzaba con lentitud cruel. Para las locales cada minuto era una oportunidad que se escapaba. Para Corinthians, cada minuto era una confirmación silenciosa. El banquillo brasileño vivía el partido con los puños cerrados, sin aspavientos, como quien sabe que la contención también es una forma de poder.

    Y entonces llegó el tramo final. Ese territorio donde el fútbol se decide más por carácter que por esquema.

    El Gotham lanzó su última ofensiva todo lo que tenía. Balones colgados, llegadas desde segunda línea, duelos aéreos forzados. Corinthians respondió con oficio antiguo: despejes largos, faltas inteligentes, pausas medidas. No se escondieron. Se afirmaron.

    Cuando el árbitro miró el reloj y llevó el silbato a la boca, no hubo carrera hacia adelante ni súplica desesperada. Hubo aceptación. El pitido final fue breve , seco y definitivo en el minuto 98 del cara a cara.

    Las jugadoras de Corinthians se abrazaron sin descontrol, con una emoción densa, casi grave, consciente, como si cada una supiera que aquel gesto no era solo celebración, sino confirmación. Sabían lo que habían ganado, sí, pero sobre todo sabían dónde lo habían ganado, en qué escenario, en qué noche y bajo qué mirada del mundo. NJ, derrotado pero digno, permaneció unos segundos sobre el césped, sin prisas por marcharse, mirando alrededor con esa expresión que solo aparece cuando se comprende que se ha perdido algo importante, pero también que se ha sido parte imprescindible de su construcción. La imagen quedó fijada para siempre: Gabi Zenotti de rodillas, los puños cerrados, el grito abierto al cielo londinense, no celebrando únicamente un gol, sino el camino, la llegada, la elección silenciosa del fútbol que la señaló para escribir el primer nombre. No era solo una futbolista festejando; era una época inaugurándose.

    La Intercontinental Femenina ya tenía relato, ya tenía fecha, ya tenía un escudo vencedor y una memoria propia, y con ello, algo aún más valioso: futuro. Porque desde ese instante, cada campeona continental sabrá que existe algo más allá de su frontera, cada final regional se jugará mirando al horizonte con ambición renovada, y cada niña que contemple esa imagen entenderá que el fútbol femenino no solo se juega, sino que se hereda. Londres no fue testigo de una final cualquiera; fue el escenario exacto del momento en que el fútbol femenino dejó de explicarse en plural disperso y comenzó, por fin, a contarse como una sola historia compartida.

    (Fuente: FIFA)

    Mientras la tarde se cerraba sobre la alegría visitante, Corinthians sabe que la historia no se detiene. Las brasileñas, primeras vencedoras de la Intercontinental Femenina, aguardarán ahora en la gran final a las ganadoras de la segunda semifinal, el duelo que enfrentará al Arsenal, estandarte del fútbol europeo, y al ASFAR, representante del continente africano y símbolo de una expansión imparable. El torneo, recién nacido, ya se prepara para su siguiente cruce de mundos, confirmando que este nuevo escenario no solo ha llegado para quedarse, sino para seguir ampliando el mapa, el relato y la ambición del fútbol femenino global.

    (Fuente: FIFA )

    📋 Alineaciones |

    Gotham FC (4–4–2)

    Titulares: 
    • GK: Ann‑Katrin Berger
    • DF: Bruninha (salió 49’)
    • DF: Emily Sonnett
    • DF: Jess Carter (salió 87’)
    • DF: Lilly Reale
    • MF: Rose Lavelle (capitana, salió 90+4’)
    • MF: Jaelin Howell (salió 87’)
    • MF: Savannah McCaskill
    • MF: Midge Purce
    • FW: Jaedyn Shaw
    • FW: Gabi Portilho (salió 48’)

    Suplentes utilizados:
    • Katie Stengel (48’)
    • Mandy Freeman (49’)
    • Sarah Schupansky (87’)
    • Sofia Cook (87’)
    • Khyah Harper (90+4’) 

    Corinthians (4–3–3)

    Titulares:
    • GK: Lelê
    • DF: Gi Fernandes
    • DF: Thaís Ferreira
    • DF: Letícia Teles
    • DF: Tamires
    • MF: Ana Vitória (salió 66’)
    • MF: Duda Sampaio
    • MF: Andressa Alves
    • FW: Jaqueline (salió 89’)
    • FW: Belén Aquino (salió 76’)
    • FW: Gabi Zanotti (C) (autor del gol)

    Suplentes utilizados:
    • Jhonson (66’)
    • Ivana Fuso (76’)
    • Vic Albuquerque (89’)
    • Dayana Rodríguez (89’) 

    Goles |

    0-1 Gabi Zanotti 83’ ⚽️

  • La previa | Gotham vs Corinthians

    (Fuente: FIFA )

    ⬛️ Estadounidenses y brasileñas abrirán fuego en esta nueva competición y jugarán la primera semifinal.

    Mañana no se juega solo un partido de fútbol. Mañana, cuando Corinthians y Gotham FC salten al césped londinense, el fútbol femenino de clubes entrará en un territorio que hasta ahora solo había podido imaginarse en abstracto. Durante décadas, el deporte avanzó por caminos paralelos, separados por océanos, calendarios, culturas y modelos de crecimiento. Europa construyó su hegemonía continental. Estados Unidos consolidó una industria. Sudamérica defendió el alma, la calle, la pasión y la resiliencia. Todo eso convivía, pero nunca chocaba de frente, nunca se ponía a prueba en igualdad de condiciones, nunca se miraba a los ojos en una semifinal mundial organizada bajo el sello de la FIFA.

    Eso cambia mañana.

    Corinthians y Gotham FC no representan únicamente a dos clubes. Representan dos continentes, dos tradiciones, dos maneras de entender el fútbol femenino y, sobre todo, dos visiones sobre hacia dónde debe caminar el juego en los próximos veinte años. Esta semifinal no es un accidente del calendario. Es una consecuencia histórica. El resultado de una acumulación de procesos, luchas, inversiones, convicciones y sacrificios que desembocan en noventa minutos —o quizá más— que marcarán un antes y un después.

    Corinthians llega a esta semifinal como llega siempre a los grandes escenarios: con el peso de un escudo que no permite medias tintas. En Brasil, Corinthians no es un club más. Es una institución que se define por la resistencia, por la identificación popular, por la idea de que el fútbol no pertenece a una élite sino a la gente. Ese ADN, trasladado al fútbol femenino, ha construido una hegemonía sudamericana pocas veces vista. Desde su consolidación como proyecto competitivo, el Corinthians femenino ha entendido que ganar no es suficiente; hay que ganar representando algo, sosteniendo una identidad reconocible, imponiendo respeto incluso antes de que ruede el balón.

    El Corinthians femenino ha aprendido a convivir con la presión extrema. Cada Libertadores jugada, cada final nacional disputada, cada clásico ganado ha reforzado una mentalidad que hoy es su mayor fortaleza: la convicción absoluta de que los partidos grandes no se negocian, se afrontan. No hay vértigo escénico. No hay complejos ante escudos extranjeros. Hay una certeza interior, casi innegociable, de que el equipo siempre estará en partido, incluso cuando el contexto sea adverso.

    Ese convencimiento se refleja en su manera de competir. Corinthians no necesita dominar el balón durante largos tramos para sentirse cómodo. Tampoco se descompone si debe defender bajo, cerrar espacios, resistir oleadas. Es un equipo que entiende los tiempos del partido con una madurez impropia de quien aún está escribiendo su historia global. Sabe cuándo acelerar, cuándo enfriar, cuándo golpear y cuándo esperar. En torneos cortos, esa lectura del juego es oro puro.

    Frente a ellas estará Gotham FC, la expresión más nítida del nuevo fútbol femenino estadounidense. Gotham no es el equipo que vive de la tradición ni de la nostalgia de la selección campeona del mundo. Es un proyecto moderno, ambicioso, construido con una lógica casi quirúrgica, pensado para competir en contextos internacionales donde ya no basta con el físico, la intensidad o el talento individual. Gotham ha entendido algo fundamental: el fútbol femenino global se ha igualado, y para marcar diferencias hay que dominar todos los registros del juego.

    Gotham llega a esta semifinal con una identidad clara, pero flexible. Es un equipo que puede presionar alto, pero también gestionar la posesión. Que puede imponer ritmo, pero sabe bajar revoluciones cuando el partido lo exige. Que tiene jugadoras acostumbradas a escenarios de máxima exigencia, tanto en clubes como en selecciones, y que ha incorporado una cultura competitiva donde perder no es una opción asumible, sino un problema a corregir.

    A diferencia de Corinthians, Gotham no carga con una herencia popular tan pesada. Su fortaleza no nace de la calle, sino de la estructura. De la planificación. De la convicción de que el fútbol femenino merece ser tratado como un producto de élite, con todos los recursos necesarios para alcanzar el máximo nivel. Eso no lo hace menos pasional; lo hace más metódico. Gotham compite desde el análisis, desde el estudio del rival, desde la preparación minuciosa de cada escenario posible.

    Y ahí reside uno de los grandes atractivos de esta semifinal: el choque de mentalidades. Corinthians juega con el corazón blindado por la experiencia continental. Gotham juega con la cabeza entrenada para escenarios globales. Ninguna de las dos llega por casualidad. Ninguna está fuera de lugar. Ambas se han ganado el derecho a estar aquí desde caminos distintos, pero igual de legítimos.

    El partido, además, se disputa en Londres, un territorio simbólico. Europa, cuna del fútbol moderno y actual epicentro del desarrollo femenino, actúa como escenario neutral de un duelo intercontinental que parecía imposible hace apenas unos años. No es casualidad. Es una declaración de intenciones. El fútbol femenino ya no pertenece a un solo continente. Ya no se explica desde una única narrativa. Es un ecosistema global, y esta semifinal es una de sus primeras manifestaciones puras.

    Desde el punto de vista táctico, el enfrentamiento promete una riqueza pocas veces vista. Corinthians probablemente apostará por un bloque sólido, compacto, con líneas juntas y transiciones rápidas. No buscará un intercambio constante de golpes. Intentará llevar el partido a un terreno donde la experiencia, la lectura emocional y la eficacia marquen la diferencia. Gotham, en cambio, intentará imponer ritmo, amplitud, circulación rápida y presión tras pérdida. Buscará desgastar, mover, obligar a Corinthians a tomar decisiones incómodas.

    La batalla del mediocampo será clave. Ahí se decidirá si el partido se juega a la velocidad que quiere Gotham o al tempo que prefiere Corinthians. También será fundamental la gestión de los momentos posteriores al gol, si lo hay. Corinthians sabe proteger ventajas como pocos equipos. Gotham sabe reaccionar ante la adversidad. El que imponga su narrativa emocional tendrá medio camino recorrido.

    Pero más allá de lo táctico, este partido se juega en una dimensión simbólica. Para Corinthians, ganar significaría demostrar que Sudamérica no solo compite, sino que puede liderar el fútbol femenino global. Que su dominio continental no es un fenómeno aislado, sino una base sólida desde la que aspirar a todo. Para Gotham, alcanzar la final sería la confirmación de que el modelo estadounidense, evolucionado y adaptado, sigue siendo una referencia mundial, ahora también en torneos organizados fuera de su órbita habitual.

    Las jugadoras lo saben. No hace falta que nadie se lo recuerde. En cada entrenamiento previo, en cada charla técnica, en cada momento de concentración, la sensación es la misma: están ante algo que trasciende el resultado inmediato. Están escribiendo historia. Están poniendo cimientos. Están abriendo una puerta que ya no se cerrará.

    Mañana, cuando el balón empiece a rodar, todo lo que hoy es relato se convertirá en acción. El ruido desaparecerá. Quedarán las decisiones, los duelos, los errores, los aciertos. Quedará la verdad del fútbol. Pero pase lo que pase, gane quien gane, esta semifinal ya habrá cumplido una misión irreversible: demostrar que el fútbol femenino de clubes ha entrado definitivamente en su era mundial.

    Con el Emirates Stadium del Arsenal como epicentro simbólico, la FIFA ha lanzado un órdago económico que, aunque todavía lejos de las cifras obscenas del fútbol masculino, marca un antes y un después irreversible en la valoración real del fútbol femenino de clubes. No es solo una cuestión de dinero; es una cuestión de mensaje. De jerarquía. De intenciones. Por primera vez, el máximo organismo del fútbol mundial ha puesto cifras encima de la mesa que obligan a todos —clubes, federaciones y confederaciones— a replantearse el lugar que ocupa el fútbol femenino en la economía global del deporte.

    La cifra ha retumbado en los despachos de medio mundo como un trueno seco y definitivo: 2,3 millones de dólares, algo más de 2,1 millones de euros, para el equipo que levante el trofeo el próximo 1 de febrero. Nunca antes un club femenino había recibido un premio individual tan alto por ganar una competición. Nunca. Es un récord absoluto. El subcampeón, lejos de marcharse con las manos vacías, ingresará un millón de dólares, mientras que los otros dos semifinalistas se asegurarán 200.000. Incluso los equipos que no aspiraban al título desde el inicio, como Auckland United o Wuhan Chegu Jiangda, ya han asegurado 100.000 dólares simplemente por estar presentes. Participar ya no es simbólico. Participar ya paga.

    Son cifras que marean si se observan desde la óptica histórica del fútbol femenino, un deporte que durante décadas sobrevivió entre presupuestos mínimos, salarios invisibles y una precariedad estructural normalizada. FIFA ha decidido romper ese techo de cristal de un solo golpe, con un torneo breve, concentrado, casi quirúrgico, pero con un impacto económico inmediato que supera incluso a competiciones mucho más largas y consolidadas.

    🔥 Gotham Football Club 🆚 Corinthians 🔥

    La comparación con la UEFA Women’s Champions League resulta inevitable. El organismo europeo ha realizado esfuerzos titánicos en los últimos años, incrementando premios y visibilidad, pero su modelo sigue fragmentando las recompensas en función de victorias, empates y fases superadas. Un equipo que complete un torneo perfecto en Europa puede rondar entre 1,4 y 1,6 millones de euros en total. FIFA, con un torneo relámpago de solo seis equipos, ya supera esa cifra máxima de un plumazo. No es solo una mejora: es un cambio de paradigma.

    Y cuando el foco se desplaza hacia Sudamérica, el relato adquiere una dimensión aún más reveladora. La Copa Libertadores Femenina 2025 otorgó al campeón cerca de dos millones de dólares, una cifra que por fin se acerca a los estándares que FIFA plantea ahora y que confirma algo fundamental: Sudamérica ha entendido que sin inversión no hay crecimiento, y que sin crecimiento no hay futuro competitivo. Corinthians llega a esta semifinal no solo como un gigante deportivo, sino como el producto de una región que ha decidido apostar en serio por su fútbol femenino.

    Sin embargo, la comparación sigue siendo cruel cuando se cruza definitivamente la frontera hacia el fútbol masculino. El ganador de la Champions League masculina de 2026 podría embolsarse solo por disputar la final alrededor de 25 millones de euros, acumulando más de 100 millones a lo largo del torneo. La diferencia sigue siendo abismal. Dolorosa. Innegable. Pero incluso ahí hay una lectura nueva: por primera vez, el fútbol.

    Link para ver el partido |

    https://www.dazn.com/es-es/home/q6u9qm6m554u0i3xcc9tbw5kw0/ctnx4vavvxvc25zqllyj8ro8s?share_origin=ios&share_page=fixture_page&event_id=q6u9qm6m554u0i3xcc9tbw5kw0

    🏆 FIFA Women’s Champions Cup 2026™

    🤝 Primera semifinal

    📅 Miércoles, 28 de enero de 2026

    ⏰ 13:30 horario peninsular

    📺 APP de DAZN

    🏟️Brentford Community Stadium, Londres

    (Fuente: FIFA)
  • Oficial | El Atlético comunica el traspaso de Ana Vitória

    (Fuente: Liga F)

    ⬜️ La internacional brasileña deja el equipo rojiblanco para firmar por el Corinthians.

    El Club Atlético de Madrid, bicampeón de la Copa de la Reina Iberdrola, ha informado oficialmente de la marcha de su plantilla de Ana Vitória Angélica Kliemaschewsk de Araújo tras alcanzar un acuerdo para su traspaso.

    Este movimiento no puede coger por sorpresa a los lectores, pues este medio ya lo adelantó en exclusiva en un artículo en el que también aseguró que Silvia Lloris no iría a Rayadas de Monterrey.

    La exjugadora del PSG es la segunda baja que sufre el vigente subcampeón de la Copa de la Reina después de la salida de Gaby García al América y despeja el centro del campo, donde hay efectivos de sobra para los planes de Víctor Martín Alba.

    La internacional brasileña será recordada por un gol que le hizo al Real Madrid en el Alfredo Di Stéfano en un 2-3 que ayudó al equipo a alcanzar la tercera plaza hace dos temporadas, aunque luego se cayó en la fase previa ante el Rosenborg en Londres.

    La que fuese estrella del Benfica (2019-2023) deja la Primera División Femenina tras casi dos años, llegó en enero de 2024 desde Francia y en ese lapso temporal ha podido disputar un total de 51 encuentros de índole oficial como la elástica colchonera y desde la entidad que preside Lola Romero se le ha querido agradecer los servicios prestados y su entrega en cada compromiso.

    La internacional absoluta por Brasil fue finalista en los Juegos Olímpicos de París 2024 y a sus 25 años regresa al Corinthians, donde ya exhibió su talento en la campaña 2017-2018.

    Por último, hemos de hacer constar que la venta de la jugadora natural de Rondonópolis es la última que se prevé en la capital española, a la que llegó recientemente la ex del Zenit, Priscila Chinchilla, para apuntalar la parcela ofensiva ante la baja larga duración de Gio Queiroz.

    (Fuente: Atlético de Madrid)
  • Reportaje | Geyse, la delantera que convirtió el gol en su método de supervivencia

    (Fuente: FIFA )

    ⬛️ La internacional brasileña fue una estrella del Madrid CFF en su segunda etapa y se encuentra cedida en Estados Unidos por el Manchester United.

    Hay futbolistas que llegan al gol porque el fútbol las lleva hasta allí.Y hay otras que llegan al fútbol porque la vida, antes, las empujó a sobrevivir.

    (Fuente: FIFA )

    Desde Maragogi, en el estado brasileño de Alagoas, hasta los grandes escenarios del fútbol europeo y norteamericano, su carrera se ha escrito a base de goles, carácter y una relación con el juego profundamente física. Y si hay un lugar donde todo eso adquirió sentido pleno, ese fue el Madrid CFF.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Nacida el 27 de marzo de 1998, Geyse creció en un entorno donde el fútbol no era un refugio estético, sino una herramienta de afirmación. Desde muy joven entendió que para destacar había que imponerse, que el talento debía ir acompañado de impacto. No fue una futbolista de formación académica ni de gesto fino; fue, desde el inicio, una delantera que atacaba el espacio con rabia, que protegía el balón como si cada jugada fuera definitiva y que concebía el área como un territorio que había que conquistar.

    (Fuente: Fútbol Club Barcelona)

    Su debut profesional llegó pronto, y llegó en grande. El 12 de marzo de 2017, con apenas 18 años, se estrenó con el Corinthians, anotando en la victoria por 4-0 ante São Francisco. Aquella temporada cerró con 9 goles en 27 partidos, cifras modestas pero reveladoras de su proceso formativo. En uno de los clubes más exigentes de Brasil aprendió a convivir con la presión, a competir por títulos y a entender que el fútbol de alto nivel no concede treguas. No fue allí donde explotó, pero sí donde templó el carácter que definiría su carrera.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Ese mismo año dio el salto a Europa. Con solo 19 años fichó por un Madrid CFF recién ascendido a la máxima categoría española. Fue una llegada prematura, compleja, casi incómoda. Disputó 11 partidos y marcó 2 goles en un equipo que luchaba por asentarse en la élite y que terminó décimo en la clasificación. La adaptación fue dura, el impacto limitado, pero aquella etapa dejó algo importante: una historia abierta. Geyse no encajó entonces, pero tampoco desapareció del todo.

    (Fuente: Getty imágenes)

    La explosión llegaría lejos de España. En 2018, tras acordar su fichaje por el S.L. Benfica, Geyse protagonizó una de las temporadas goleadoras más descomunales que se recuerdan en el fútbol femenino europeo. Incorporada en septiembre, después de disputar el Mundial sub-20 con Brasil, firmó 16 goles en sus primeros cuatro partidos, un inicio que rompió cualquier expectativa.

    La temporada 2018-2019 la cerró con 51 goles en 29 partidos, incluidos 41 tantos en liga y 9 en la Copa de Portugal, con actuaciones históricas como los 6 goles en un solo encuentro. Fue el eje absoluto del ascenso del club lisboeta y una anomalía estadística difícil de repetir.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Pero el fútbol raramente permite trayectorias limpias. En la temporada siguiente, ya en la élite portuguesa, su protagonismo se redujo de forma drástica: 8 partidos y un solo gol en la primera mitad del curso 2019-20. El contexto cambió, el rol se diluyó y la confianza se resintió. En enero de 2020, el Benfica y Geyse rescindieron contrato de mutuo acuerdo. El contraste entre el estallido y la caída fue abrupto. Y fue entonces cuando Madrid volvió a aparecer, esta vez para quedarse.

    (Fuente: Getty imágenes)

    El regreso al Madrid CFF en enero de 2020 marcó el verdadero punto de inflexión de su carrera. El club atravesaba una situación delicada, instalado en la zona baja de la tabla, necesitado de goles, de carácter y de una referencia ofensiva clara. Geyse llegó sin focos, pero asumió desde el primer día un papel central. A partir de ahí, su figura se fundió con la identidad competitiva del equipo.

    (Fuente: Madrid CFF )

    En el Madrid CFF, Geyse no solo marcó goles: sostuvo al equipo. Se convirtió en la delantera que daba sentido al juego ofensivo, en la futbolista que fijaba centrales, descargaba de espaldas, atacaba el segundo palo y transformaba media ocasión en gol. Su fútbol se volvió más completo y más maduro. En un contexto de supervivencia permanente, aprendió a decidir partidos con poco, a competir cada acción como si fuera la última.

    (Fuente: Madrid CFF )

    La temporada 2020-2021 dejó momentos ya inscritos en la historia del club. El 21 de abril de 2021, en los cuartos de final de la Copa de la Reina, Geyse marcó en la victoria por 2-1 ante el Real Madrid, un gol de enorme carga simbólica.

    En semifinales, ante el FC Barcelona del triplete, disputó los 90 minutos de un partido durísimo que terminó 4-0, pero que confirmó al Madrid CFF como un equipo competitivo, con Geyse como referencia indiscutible.

    (Fuente: Madrid CFF)

    La consagración definitiva llegó en la temporada 2021-2022. El 10 de octubre de 2021, firmó cuatro goles en un inolvidable 5-4 frente al Real Betis, uno de los partidos más memorables de la liga reciente. Fue una exhibición total: potencia, instinto, lectura de espacios y liderazgo. En Copa volvió a aparecer, incluso en la derrota, empatando un partido de cuartos antes de ser expulsada en la prórroga, en una acción que simboliza tanto su intensidad como su carácter competitivo al límite.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Al final del curso, las cifras confirmaron el impacto: 20 goles en liga, máxima goleadora del campeonato, Pichichi compartido con Asisat Oshoala. El Madrid CFF terminó 13.º, pero Geyse terminó en lo más alto del fútbol español. Fue la primera sudamericana en proclamarse máxima goleadora de la liga femenina española, y lo hizo desde un club humilde, sin red y sin privilegios estructurales. Para muchos analistas, esta etapa representa la más importante de su carrera, no por los títulos colectivos, sino por el peso real de su influencia.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Ese rendimiento no pasó desapercibido. El Atlético de Madrid siguió a Geyse con atención real y sostenida durante su etapa en el Madrid CFF.

    (Fuente: UEFA )

    No como un rumor, sino como una oportunidad de mercado concreta. En un momento de transición ofensiva, su perfil encajaba plenamente con la identidad rojiblanca: una delantera capaz de fijar centrales, ganar duelos, sostener al equipo en partidos cerrados y convertir pocas ocasiones en goles. Desde el punto de vista táctico, era una futbolista preparada para rendir de inmediato, tanto en esquemas con doble punta como referencia única. En Alcalá de Henares, su nombre quedó asociado a una delantera curtida en la adversidad, un perfil históricamente valorado en el entorno atlético. Finalmente, el movimiento estratégico del Fútbol Club Barcelona cerró aquella ventana, pero el interés existió, fue sólido y estuvo fundamentado.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Desde el scouting, Geyse es una nueve de impacto. Destaca por su timing de desmarque, su agresividad en el área y su capacidad para proteger el balón de espaldas. Su disparo es seco y rápido, sin adornos. No necesita volumen de ocasiones para marcar. Sin balón, presiona, incomoda y arrastra marcas, aunque esa misma intensidad la ha llevado en ocasiones al límite disciplinario. Es una futbolista de riesgo competitivo alto, pero también de rendimiento alto.

    (Fuente: UEFA)

    En paralelo, su recorrido internacional con Brasil refuerza su estatus. Convocada por primera vez a la sub-20 en 2015, fue campeona y máxima goleadora del Mundial sub-20 de 2018 con 12 goles. Debutó con la selección absoluta en septiembre de 2017 ante Chile y fue convocada para los Juegos Olímpicos de Tokio 2020, consolidándose como una opción fiable en escenarios de máxima exigencia.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Las estadísticas resumen, pero no explican del todo, su trayectoria:
    9 goles en 27 partidos con Corinthians; 2 goles en 11 partidos en su primera etapa en el Madrid CFF;51 goles en 29 partidos con el Benfica en la temporada 2018-19;
    20 goles en liga en la temporada 2021-22 con el Madrid CFF, Pichichi del campeonato;12 goles en un Mundial sub-20 con Brasil

    Pero más allá de los números, Geyse Ferreira deja una huella que se mide en impacto y memoria. Fue la delantera que convirtió la supervivencia en gol, la futbolista que sostuvo a un equipo entero cuando el contexto no ayudaba, la atacante que hizo de la adversidad un escenario propio. Hay jugadoras que pasan por una liga. Y hay otras que, como Geyse en el Madrid CFF, la marcan.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Si bien es cierto que durante etapa en Cataluña no brilló como la afición culé anhelaba, la exjugadora del Benfica sigue siendo una de las grandes figuras del fútbol femenino a nivel mundial y si, como parece el Manchester United no le saca partido, habrá que estar atentos a su futuro y ojalá podamos verla de vuelta en la Liga Profesional de Fútbol Femenino más pronto que tarde.

    (Fuente: Getty imágenes)