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  • Oficial | La importancia del Playoff para el Atlético de Madrid

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📌 El tres veces campeón de la Liga F Moeve se juega más de medio curso en el doble cruce ante el United.

    El calendario marca 2026 y, con él, llega uno de esos momentos que definen no solo una temporada, sino una identidad. Los playoffs de la UEFA Women’s Champions League 2025-2026 asoman en el horizonte como un punto de inflexión para un Atlético de Madrid que vuelve a mirar a Europa sin complejos, con cicatrices aún visibles, pero también con la convicción de quien sabe que el pasado no pesa: empuja.

    Europa siempre ha sido un territorio de emociones extremas para el conjunto rojiblanco. Allí donde se han escrito algunas de sus páginas más gloriosas y también algunas de sus noches más crueles. Allí donde el margen de error se reduce a la mínima expresión y cada detalle adquiere un valor incalculable. Allí donde ahora, una vez más, las de José Herrera se juegan mucho más que una clasificación.

    (Fuente: UEFA)

    El camino hasta este cruce no ha sido sencillo ni indulgente. El Atlético llegaba a Francia sabiendo que visitar al Olympique Lyonnais Féminin —ahora Olympique Lyonnes— siempre supone una prueba de máxima exigencia.

    La derrota por 3-0 fue dura, incontestable en el marcador, y estuvo marcada además por la expulsión de Luany, que vio la tarjeta roja directa tras un gesto antirreglamentario que condicionó el resto del encuentro.

    Aquella noche en suelo galo parecía destinada a ser un punto final. Pero no lo fue.

    Porque Europa también enseña a levantarse, y el Atlético lo hizo desde la clasificación general de la primera fase. Su undécima posición en esa etapa inicial del torneo le garantizó billete para los llamados “octavos de final”, una ronda que ya no admite medias tintas y que coloca frente a frente a proyectos consolidados del continente.

    Hay ciudades que, sin proponérselo, se convierten en símbolos. Alcalá de Henares, cuna de Cervantes, es desde hace años uno de los refugios emocionales del Atlético de Madrid Femenino. Allí, donde el equipo ha construido algunas de sus noches europeas más memorables, vuelve a citarse la historia.

    (Fuente: UEFA)

    La expectación es máxima. No solo por el rival, no solo por el momento, sino porque el Atlético ha demostrado que sabe competir en Europa cuando el contexto aprieta. Ya lo hizo en la ronda preliminar, cuando eliminó al BK Häcken con una remontada que quedará grabada en la memoria colectiva: 2-1 en el Centro Deportivo de Alcalá de Henares, en una noche de convicción, orgullo y carácter.

    Ese triunfo fue algo más que una clasificación. Fue una declaración de intenciones.

    El destino, caprichoso, ha querido que el Atlético vuelva a medirse a un club británico en una eliminatoria a 120 minutos —o más—, evocando recuerdos que aún resuenan en la memoria rojiblanca.

    El fútbol europeo del Atlético no puede entenderse sin mirar atrás. En octubre de 2021, todavía bajo los efectos de la pandemia, el conjunto madrileño vivió una de sus eliminaciones más dolorosas. Aquella vez, el verdugo fue el Chelsea, que dejó fuera al Atlético por un global de 3-1 en una eliminatoria marcada por la crueldad del destino.

    Tres penaltis fallados, tres oportunidades perdidas y un golpe emocional que marcó un antes y un después.

    Desde aquella eliminación, el club inició una larga travesía en el desierto.

    Durante varias temporadas, el Atlético no logró finalizar entre los tres primeros de la Primera División Femenina, viendo cómo la Champions se escapaba año tras año en beneficio de rivales directos como el Real Madrid, la Real Sociedad o el Levante U.D.

    Europa se convirtió en un recuerdo lejano y en una aspiración aplazada que no llegaba.

    Para encontrar el último gran momento del Atlético en la Liga de Campeones hay que retroceder a la temporada 2019-2020. Entonces contra todo pronóstico, el equipo alcanzó los cuartos de final en la histórica “Final Four” celebrada en San Mamés y Anoeta .

    Antes de llegar a Bilbao, el Atlético protagonizó una de sus eliminatorias más recordadas al dejar fuera al Manchester City.

    Aquella vez brillaron nombres que ya forman parte de la historia rojiblanca: Toni Duggan, hoy retirada, decisiva en ataque, y Ángela Sosa, alma del equipo y hoy líder del Madrid CFF.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Fue una demostración de que el Atlético sabía competir contra la élite inglesa.

    (Fuente: DAZN )

    Y ese recuerdo, que terminó con el Lyon de Lola Gallardo levantando por séptima ocasión el trofeo, vuelve ahora, como un eco que conecta pasado y presente.

    Mucho ha cambiado desde entonces. Nuevas jugadoras, nuevos liderazgos, un proyecto reconstruido con paciencia y ambición. Pero hay algo que permanece intacto: la voluntad de hacer historia.

    El cruce ante el Manchester United representa mucho más que una eliminatoria.

    Es una prueba de madurez, de crecimiento, de regreso al lugar que el Atlético siente que le pertenece por historia y peso del escudo.

    El hecho de colarse entre los ocho mejores de Europa mediante un acceso a los cuartos de final, que además le emparejarían con el Bayern de Múnich, ya con Edna Imade como nueve, le darían la oportunidad de tumbar a un gigante como es el conjunto bávaro.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    En Alemania ya conocen a este Atlético de Madrid, pues se cruzaron con él en la fase de liga de la competición y empataron (2-2).

    Además, es importante que el equipo de la Liga F Moeve vaya sumando presencias en las rondas decisivas de la UEFA Women’s Champions League para poder opositar así a una plaza en el gran Mundial de Clubes en categoría femenina que se estrenará en dos años, es decir, (2028).

    Actualmente el Arsenal Football Club Women es el mejor equipo del mundo después de llevarse la primera edición de la FIFA Women’s Champions Cup al doblegar en el Emirates Stadium al S.C. Corinthians por 3-2 en la prórroga.

    Más allá del Atlético de Madrid |

    (Fuente: DAZN)

    Pocas veces un listado numérico, una tabla fría de coeficientes y decimales, encierra una batalla tan profunda, tan simbólica y tan estructural como la que refleja el ranking UEFA de federaciones femeninas en la temporada 2025/2026.

    Lo que a primera vista parece un simple pantallazo de la aplicación oficial de la UEFA es, en realidad, la radiografía más precisa del estado de poder del fútbol femenino europeo, el espejo donde se proyectan años de inversión, decisiones políticas, modelos de liga, culturas competitivas y, sobre todo, una pugna histórica entre dos potencias que hoy están separadas por apenas cuatro décimas: Inglaterra y España. Inglaterra lidera con 70.082 puntos, España la persigue con 69.665.

    No es una distancia simbólica, no es un colchón tranquilizador. Es una grieta mínima que anuncia un posible seísmo competitivo si la temporada actual se inclina hacia el lado español.

    El ranking muestra, además, un contexto revelador: Inglaterra y España son las únicas federaciones que mantienen a sus tres clubes vivos en competición europea en este punto del curso, algo que no es casual ni coyuntural, sino estructural. Francia, tercera con 68.666, ya ha perdido uno de sus representantes. Alemania, cuarta con 58.915, sigue siendo poderosa pero ha dejado atrás su hegemonía histórica. Italia, Portugal, Países Bajos, Noruega, Suecia y Bélgica completan un mapa en el que el eje del fútbol femenino europeo se ha desplazado definitivamente hacia el suroeste del continente.

    La vieja Europa central ya no manda; ahora mandan los campeonatos que han entendido que el fútbol femenino no se sostiene solo con tradición, sino con planificación, profesionalización y visibilidad.

    Inglaterra llega a este liderato desde una lógica reconocible. La Women’s Super League es, desde hace años, la liga con mayor músculo financiero, la que mejor ha integrado a los grandes clubes masculinos en el desarrollo femenino, la que antes profesionalizó estructuras y la que ha logrado atraer talento global de manera sostenida. Chelsea, Arsenal y Manchester United no solo compiten; condicionan.

    (Fuente: WSL)

    Cada punto que suman en Europa es el reflejo de una liga que ha convertido la Champions en un objetivo natural, no en una excepción gloriosa. Inglaterra no improvisa: exporta un modelo.

    España, en cambio, ha llegado aquí desde otro lugar. Su ascenso no ha sido lineal ni cómodo. Ha sido más caótico, más político, más emocional.

    La Liga F Moeve, heredera de una profesionalización tardía pero intensa, ha crecido a contracorriente, superando conflictos institucionales, tensiones laborales, desigualdades presupuestarias y una narrativa constante de cuestionamiento. Y, sin embargo, aquí está: a menos de medio punto del liderazgo continental, con tres clubes aún en pie, con una selección campeona del mundo que ha cambiado para siempre la percepción internacional del fútbol español, y con un ecosistema que empieza a ser leído desde fuera como algo más que una promesa.

    El ranking UEFA no premia la estética ni la narrativa; premia resultados.

    Cada victoria, cada empate, cada clasificación, cada ronda superada suma puntos que se agregan durante varias temporadas. Por eso este segundo puesto de España no es un fogonazo: es la consecuencia directa de los títulos del FC Barcelona, de las semifinales recurrentes, de las buenas actuaciones del Atlético de Madrid en ciclos anteriores, del crecimiento del Real Madrid como proyecto estable, y del hecho de que, por primera vez, la liga española compite en profundidad, no solo desde un club hegemónico.

    La temporada actual es, en este sentido, una oportunidad histórica. Para que España arrebate la primera posición del ranking a Inglaterra no hace falta un milagro, pero sí una conjunción precisa de acontecimientos deportivos. La lógica es clara: España debe sumar más puntos que Inglaterra en el cómputo europeo del curso.

    Eso implica que los clubes españoles avancen más rondas, ganen más partidos y, crucialmente, que los clubes ingleses caigan antes o sumen menos. Cada eliminación inglesa y cada victoria española estrechan o invierten la balanza. Con ambos países manteniendo a sus tres representantes, el margen de maniobra existe y es real.

    Si, por ejemplo, un club español alcanza la final de la Champions y otro se queda en semifinales, mientras que Inglaterra pierde uno de sus equipos en cuartos y otro en semifinales, el diferencial puede volcarse. Los coeficientes no entienden de nombres ni de escudos: solo de resultados acumulados.

    Y aquí España juega con una baza clave: la regularidad reciente del FC Barcelona, que ya no solo gana, sino que arrasa, y que suele garantizar una lluvia constante de puntos. A eso se suma un Atlético de Madrid que ha recuperado competitividad continental y un Real Madrid que, aun en construcción, empieza a sumar experiencia europea de manera sostenida.

    Inglaterra, por su parte, depende de que su tridente mantenga el pulso. Chelsea ha sido históricamente fiable, pero no invencible. Arsenal vive una reconstrucción intermitente.

    El Manchester City alterna picos de excelencia con caídas inesperadas. El margen es estrecho y la presión, creciente. Porque liderar el ranking ya no es un privilegio invisible: ahora es un objetivo explícito, una bandera simbólica de supremacía europea.

    Arrebatarle el primer puesto a Inglaterra supondría, para España, mucho más que un cambio de número en una tabla. A nivel deportivo, consolidaría a la Liga F Moeve como la referencia estructural del fútbol femenino europeo. El ranking UEFA no solo determina prestigio: condiciona plazas europeas, accesos directos a fases avanzadas, cabezas de serie y, en última instancia, la capacidad de planificación de los clubes. Ser primera federación implica mayor estabilidad competitiva y menos dependencia de rondas preliminares traicioneras.

    Pero el impacto va más allá del reglamento. Ser número uno en Europa sería la confirmación estadística de algo que ya se percibe en el juego: que España no solo produce talento, sino que lo sostiene, lo potencia y lo hace competir al máximo nivel. Y aquí entra un elemento clave que mencionas y que no es menor: según un estudio reciente, la Liga F Moeve es considerada la tercera mejor competición femenina regular del mundo. Esa clasificación, que suele situar por delante a la NWSL estadounidense y a la WSL inglesa, no se basa únicamente en títulos, sino en equilibrio competitivo, calidad media de los equipos, desarrollo de jugadoras, impacto internacional y regularidad del espectáculo.

    Si España alcanza el primer puesto del ranking UEFA mientras su liga es ya evaluada como la tercera mejor del mundo, el mensaje es potentísimo: la Liga F no solo es formadora ni solo es exportadora de talento, sino que es competitiva, atractiva y decisiva en Europa. Eso reforzaría su posición en negociaciones de derechos audiovisuales, atraerá patrocinadores internacionales, facilitará la llegada de futbolistas de élite y, sobre todo, consolidará un relato que durante años le fue negado: el de ser una liga central, no periférica.

    Desde un punto de vista histórico, sería también una inversión de jerarquías.

    Durante décadas, España miró a Alemania y Francia como modelos inalcanzables, y a Inglaterra como un experimento avanzado. Hoy es Inglaterra la que mira de reojo a España, consciente de que el fútbol femenino español ha encontrado una identidad propia basada en la técnica, la posesión, la lectura táctica y una cantera que no deja de producir talento diferencial.

    El dominio del FC Barcelona no ha empobrecido el ecosistema; lo ha obligado a crecer.

    Este ranking, además, refleja una tendencia más amplia: la concentración del poder europeo. Las diez primeras federaciones muestran una brecha cada vez mayor con el resto. Pero dentro de esa élite, la pelea ya no es coral: es un duelo. Inglaterra contra España. Modelo anglosajón frente a modelo mediterráneo. Inversión privada masiva frente a integración progresiva en estructuras históricas. Ambas vías son válidas, pero solo una puede liderar.

    La temporada actual, por tanto, no es una más. Es un punto de inflexión potencial.

    Cada partido europeo de un club español ya no es solo suyo: es un acto colectivo que empuja a toda una liga y a toda una federación. Cada gol en Champions tiene ahora un peso simbólico añadido.

    Y eso, para una Liga F Moeve que ha luchado tanto por reconocimiento, es una oportunidad irrepetible.

    Si España logra culminar este asalto al primer puesto, el impacto no será efímero.

    No se tratará de un liderazgo anecdótico, sino de la confirmación de un ciclo.

    Un ciclo en el que el fútbol femenino español ha pasado de ser promesa a ser estándar. En el que ya no se compara, sino que se mide a los demás.

    Y en el que el ranking UEFA deja de ser una aspiración lejana para convertirse en una consecuencia lógica de todo lo que se ha construido.

    Lo que muestra esa imagen, en definitiva, no es solo una clasificación. Es el mapa de un cambio de era. Y España está a un paso, a unos cuantos partidos, a unas cuantas noches europeas bien jugadas, de escribir una de las páginas más decisivas de su historia futbolística.

    (Fuente: X)
  • Oficial | España inicia en Castellón el camino hacia la Copa Mundial Femenina de Brasil

    (Fuente: RFEF)

    🔵 Las actuales campeonas del torneo se medirán el martes, 3 de marzo de 2026, a las 19:00 horas en el primer partido de la fase de clasificación.

    La Real Federación Española de Fútbol (RFEF) ha considerado que la celebración de la séptima edición de la Supercopa de España Iberdrola, que se llevó el Fútbol Club Barcelona al derrotar al Real Madrid por 2-0 en la gran final, fue un éxito y redobla su apuesta.

    El ente que preside Rafael Louzán quiere que la Selección Española de Fútbol, actual subcampeona se Europa, abra su camino hacia la Copa del Mundo en ese mismo escenario, léase, Castellón.

    El camino hacia la próxima Copa Mundial Femenina de Fútbol de Brasil comenzará oficialmente en Castellón de la Plana. La Selección española femenina iniciará su andadura en la fase de clasificación mundialista en el estadio SkyFi Castalia, que se convertirá en el epicentro del fútbol femenino internacional el próximo martes 3 de marzo, a las 19:00 horas, con el primer compromiso del combinado nacional en el Grupo C ante Islandia.

    Este encuentro inaugural de la fase clasificatoria supone mucho más que un simple partido. Representa el inicio de un nuevo ciclo competitivo, una nueva hoja de ruta marcada por la ambición deportiva, la continuidad del proyecto y la consolidación de España como una de las grandes potencias del fútbol femenino mundial.

    La elección de Castellón como sede no es casual, sino el resultado de una estrecha y fructífera colaboración institucional entre la Real Federación Española de Fútbol, la Generalitat Valenciana, el Ayuntamiento de Castellón de la Plana y la Federación de Fútbol de la Comunidad Valenciana, todas ellas alineadas en el objetivo común de impulsar y visibilizar el fútbol femenino al más alto nivel.


    El estadio SkyFi Castalia volverá a vestirse de gala para acoger a la Selección española en un momento clave del calendario internacional. El recinto castellonense, que en los últimos años se ha consolidado como un escenario fiable para grandes citas deportivas, será testigo del arranque de una fase de clasificación que se presenta exigente, competitiva y de enorme nivel futbolístico.

    España comparte el Grupo C con Inglaterra, Ucrania e Islandia, un cuarteto que anticipa duelos de alta intensidad y máxima exigencia. En este contexto, comenzar la competición con una victoria se antoja fundamental para marcar territorio desde el primer día y enviar un mensaje claro al resto de rivales: la Selección española quiere volver a estar entre las mejores selecciones del planeta y no está dispuesta a ceder terreno en su camino hacia Brasil.

    El enfrentamiento ante Islandia corresponde a la primera de las seis jornadas de la fase de grupos, un formato que obliga a la regularidad, la concentración y la gestión inteligente de esfuerzos a lo largo de varios meses de competición. Cada punto cuenta, cada partido tiene un peso específico y cada error puede resultar determinante en la lucha por el billete mundialista.

    Un rival exigente para una prueba inicial de nivel
    Islandia se presenta como un rival incómodo, físico y disciplinado, habitual en las grandes citas internacionales y con una identidad futbolística muy definida. El conjunto nórdico ha construido su crecimiento en base a la solidez defensiva, el juego directo y la competitividad en cada duelo, lo que convierte este primer partido en una prueba de madurez para la Selección española.

    Para España, el duelo ante Islandia será una oportunidad para poner en práctica los automatismos trabajados en las últimas concentraciones, afianzar su modelo de juego y comenzar a construir una clasificación que exige excelencia desde el primer minuto. No hay margen para la relajación ni para los experimentos: el objetivo es claro y pasa por sumar los primeros tres puntos ante su afición.

    España regresa como campeona de la UEFA Women’s Nations League
    La Selección española vuelve a la escena internacional tras un hito histórico reciente: la conquista de la UEFA Women’s Nations League, lograda el pasado mes de diciembre. Este título no solo supuso un nuevo éxito para el palmarés del fútbol femenino español, sino que reafirmó la solidez del proyecto deportivo y la capacidad del equipo para competir y ganar ante las mejores selecciones de Europa.

    Ese triunfo ha reforzado la confianza del grupo, ha elevado el nivel de exigencia interna y ha incrementado la ilusión de una afición que se ha acostumbrado a ver a su Selección competir por todo. El arranque de la clasificación mundialista llega, por tanto, en un momento emocionalmente positivo, pero también cargado de responsabilidad: ahora toca refrendar ese estatus en un torneo largo y complejo.

    este partido inaugural consolida a la ciudad como un referente del fútbol femenino nacional. En los últimos años, el estadio SkyFi Castalia ha demostrado su capacidad organizativa y su idoneidad para albergar grandes eventos, tanto por infraestructuras como por respuesta social.

    Hace apenas unos días, el propio SkyFi Castalia acogía con notable éxito la Supercopa Iberdrola, en un evento que dejó imágenes de gradas llenas, ambiente festivo y una organización a la altura de las mejores competiciones nacionales. Aquella cita fue una muestra inequívoca del compromiso de Castellón con el crecimiento del fútbol femenino y de la conexión existente entre la afición y este deporte.

    Este nuevo partido internacional refuerza esa línea de trabajo y sitúa de nuevo a la ciudad en el mapa del fútbol femenino europeo, convirtiéndola en punto de encuentro entre la élite deportiva y una ciudadanía cada vez más implicada.

    Un evento para la afición y para el futuro
    El encuentro ante Islandia será, además, una oportunidad única para la afición castellonense de animar de cerca a la Selección española en un momento clave de su trayectoria. El fútbol femenino vive una etapa de crecimiento sostenido, tanto en visibilidad como en seguimiento, y este tipo de partidos contribuyen de manera decisiva a fortalecer ese vínculo entre la Selección y el territorio.

    Para muchas niñas y jóvenes, ver a las internacionales españolas en directo supone un estímulo, un referente y una fuente de inspiración. Para la ciudad, es una oportunidad de proyectar una imagen moderna, comprometida y alineada con los valores del deporte y la igualdad.

    Un nuevo reto con la mirada puesta en Brasil
    Con este primer compromiso en SkyFi Castalia, la Selección española inicia un nuevo reto internacional con un objetivo inequívoco: clasificarse para la Copa Mundial Femenina de Fútbol de Brasil y volver a competir entre las mejores selecciones del mundo. El camino será largo, exigente y lleno de desafíos, pero también ilusionante.

    Castellón será el punto de partida de una travesía que aspira a culminar en Brasil, y el partido ante Islandia marcará el primer capítulo de una historia que España quiere escribir con ambición, talento y compromiso.

    Grupo C de la fase de clasificación para la Copa Mundial Femenina de Fútbol de Brasil se perfila como uno de los más competitivos del panorama europeo. España deberá medirse a Inglaterra, Ucrania e Islandia, tres selecciones con perfiles distintos, estilos de juego contrastados y trayectorias internacionales consolidadas, lo que obligará al combinado español a mantener un nivel de rendimiento alto y sostenido durante toda la fase.

    Inglaterra, actual campeona de Europa y una de las grandes potencias históricas del fútbol femenino, se presenta como el rival de mayor entidad del grupo. Su experiencia en grandes torneos, su profundidad de plantilla y su fortaleza competitiva convierten cada enfrentamiento ante las “Lionesses” en un desafío de primer nivel. Los duelos entre España e Inglaterra se han consolidado en los últimos años como auténticos clásicos del fútbol femenino europeo, con partidos de enorme intensidad táctica, ritmo elevado y máxima exigencia emocional.

    Ucrania, por su parte, representa un rival en crecimiento, con un bloque joven, dinámico y en constante evolución. Aunque no parte como favorita, su capacidad para competir y su carácter combativo la convierten en una selección peligrosa, especialmente en partidos cerrados y contextos de alta presión.

    Islandia completa el grupo con un perfil muy definido: orden táctico, fortaleza física, disciplina colectiva y un alto grado de competitividad. La selección islandesa ha sido habitual en fases finales de Eurocopas y Mundiales, y su experiencia en este tipo de escenarios la convierte en un rival incómodo, capaz de penalizar cualquier error.

    En este contexto, la fase de clasificación exige a España no solo talento, sino también regularidad, madurez competitiva y capacidad de gestión de los diferentes escenarios que se presenten a lo largo del calendario.

    La fase de clasificación se estructura en seis jornadas, con partidos de ida y vuelta frente a cada rival del grupo. Este formato obliga a las selecciones a mantener un nivel alto durante varios meses, combinando compromisos internacionales con calendarios de clubes cada vez más exigentes.

    Para España, cada partido será determinante. El margen de error es mínimo y cualquier tropiezo puede condicionar el desenlace del grupo. De ahí la importancia estratégica de comenzar la fase con una victoria en casa, ante Islandia, que permita sumar confianza, tranquilidad y una primera ventaja clasificatoria.

    El partido del 3 de marzo en SkyFi Castalia no solo abre el calendario, sino que marca el tono competitivo de todo el proceso. Ganar en el estreno refuerza el mensaje interno y externo de que España afronta esta clasificación con determinación y ambición.

    🏆 Fase clasificación para la Copa del Mundo Brasil 2027

    “La Roja” afronta este nuevo ciclo mundialista desde una posición de madurez deportiva. Lejos quedan los años de crecimiento inicial y aprendizaje. España se ha consolidado como una selección competitiva, reconocida internacionalmente por su modelo de juego, su apuesta por el talento técnico y su capacidad para dominar los partidos a través de la posesión y la inteligencia táctica.

    La reciente conquista de la UEFA Women’s Nations League, lograda en diciembre, supuso un punto de inflexión. No solo por el título en sí, sino por la forma en la que se alcanzó: superando a rivales de máximo nivel, gestionando escenarios complejos y demostrando una notable solidez colectiva.

    Ese éxito ha reforzado la identidad del equipo y ha generado una continuidad natural hacia la fase de clasificación mundialista. El reto ahora es trasladar ese rendimiento a un torneo largo, donde la regularidad es tan importante como el brillo puntual.

    La elección de Castellón de la Plana como sede del partido inaugural no es un hecho aislado, sino parte de una estrategia más amplia de descentralización y proximidad de la Selección con el territorio. La Comunitat Valenciana se ha consolidado en los últimos años como un espacio comprometido con el desarrollo del fútbol femenino, tanto a nivel institucional como social.

    La colaboración entre la Real Federación Española de Fútbol, la Generalitat Valenciana, el Ayuntamiento de Castellón de la Plana y la Federación de Fútbol de la Comunidad Valenciana ha sido clave para que este encuentro sea una realidad. Esta sinergia institucional refuerza el papel del fútbol femenino como herramienta de cohesión social, proyección territorial y promoción del deporte en igualdad.

    SkyFi Castalia se ha convertido en un símbolo de esta apuesta. Su modernización, su ubicación estratégica y su experiencia reciente en grandes eventos lo posicionan como un escenario idóneo para partidos de carácter internacional.

    celebración de la Supercopa Iberdrola en SkyFi Castalia, con apenas unos días de diferencia respecto a este partido internacional, ha dejado una huella significativa. El estadio respondió con solvencia organizativa, las gradas ofrecieron una imagen de apoyo masivo y el evento reforzó la percepción de Castellón como una ciudad preparada para acoger grandes citas del fútbol femenino.

    Ese precedente inmediato aporta valor añadido al partido de la Selección. La experiencia reciente, la implicación del público y la visibilidad mediática generada sitúan este encuentro en un contexto favorable, tanto a nivel deportivo como institucional.

    Además, la repetición de grandes eventos en un mismo escenario contribuye a crear una cultura futbolística específica, en la que la afición identifica el estadio como un lugar de referencia para el fútbol femenino de élite.

    Uno de los elementos clave de este partido será, sin duda, el papel de la afición. La presencia del público en SkyFi Castalia no solo supone un apoyo emocional para la Selección, sino también un factor competitivo relevante. Jugar en casa, con el respaldo de las gradas, puede marcar la diferencia en partidos de máxima igualdad.

    Para la afición castellonense, este encuentro representa una oportunidad excepcional de ver en directo a algunas de las mejores futbolistas del mundo, en un contexto oficial y decisivo. Para muchas familias, niñas y jóvenes deportistas, será una experiencia formativa y motivadora, que refuerza el vínculo entre la élite y la base del fútbol femenino.

    El crecimiento del seguimiento social del fútbol femenino en España tiene en este tipo de partidos uno de sus pilares fundamentales. La cercanía, la identificación y la posibilidad de vivir el evento en primera persona contribuyen a consolidar una afición cada vez más amplia y comprometida.

    El camino hacia Brasil comienza en Castellón, pero su horizonte es global. La Copa Mundial Femenina representa el máximo escenario competitivo del fútbol femenino y estar presente en ella es un objetivo irrenunciable para una selección que ha demostrado estar preparada para competir al más alto nivel.

    El partido ante Islandia es el primer paso de una travesía que exigirá esfuerzo, concentración y compromiso colectivo. Cada convocatoria, cada desplazamiento y cada partido formarán parte de un proceso que España quiere culminar con éxito.

    SkyFi Castalia será el punto de partida, el lugar donde se active oficialmente la maquinaria mundialista. Castellón quedará así vinculada al inicio de un nuevo capítulo en la historia reciente de la Selección española femenina, un capítulo que aspira a escribirse con ambición, competitividad y la mirada fija en Brasil.

    recorrido de la Selección española femenina en las fases de clasificación para la Copa Mundial es, en sí mismo, un reflejo del crecimiento estructural del fútbol femenino en España. Durante décadas, el acceso a los grandes torneos internacionales fue un desafío complejo, condicionado por la falta de profesionalización, recursos limitados y una menor experiencia competitiva frente a selecciones con una tradición más consolidada.

    Sin embargo, en los últimos ciclos mundialistas, España ha dado un salto cualitativo evidente. La mejora en la formación de base, el fortalecimiento de la liga nacional, la irrupción de generaciones de futbolistas con una preparación técnica y táctica sobresaliente y la estabilidad del proyecto federativo han permitido a la Selección competir con regularidad en las fases finales de los grandes torneos.

    Las últimas clasificaciones mundialistas se han caracterizado por una mayor consistencia en el rendimiento, una capacidad creciente para gestionar partidos decisivos y una mentalidad competitiva alineada con los estándares de la élite internacional. En ese contexto, el inicio del camino hacia Brasil no se plantea como una incógnita, sino como la continuación natural de un proceso de consolidación.

    España ya no compite para aprender; compite para ganar, para liderar grupos exigentes y para asumir la responsabilidad que conlleva ser una de las selecciones de referencia del fútbol femenino europeo.

    En cualquier fase de clasificación, el primer partido tiene un valor simbólico y estratégico que va más allá de los tres puntos. Marca el tono del grupo, define el estado emocional del equipo y condiciona la percepción externa del proyecto.

    El duelo ante Islandia en SkyFi Castalia representa ese primer examen. No solo desde el punto de vista futbolístico, sino también desde la capacidad del equipo para gestionar expectativas, asumir el rol de favorito y responder ante su afición. La Selección española llega a este encuentro con el cartel de campeona de la UEFA Women’s Nations League y con la etiqueta de candidata natural a liderar el grupo, una condición que exige responsabilidad y madurez.

    Comenzar con una victoria permitiría a España afrontar las siguientes jornadas con mayor margen de maniobra, pero también reforzaría la confianza interna y la conexión con el entorno. En un grupo tan exigente, cada detalle cuenta desde el inicio.

    enfrentamiento entre España e Islandia se ha convertido en los últimos años en un duelo habitual dentro del panorama europeo. Ambos combinados se han cruzado en distintas competiciones y contextos, ofreciendo partidos de perfiles muy definidos: el dominio técnico y posicional de España frente a la disciplina táctica y el despliegue físico del conjunto islandés.

    Islandia ha demostrado históricamente ser un rival capaz de competir de tú a tú durante largos tramos del partido, obligando a España a desplegar paciencia, precisión y una circulación de balón fluida para encontrar espacios. Estos antecedentes convierten el partido del 3 de marzo en una prueba ideal para medir el estado competitivo de la Selección en el inicio de la clasificación.

    No se trata de un rival desconocido ni de un estreno amable. Precisamente por eso, el encuentro adquiere un valor añadido como test de nivel real.

    El partido en SkyFi Castalia trasciende lo estrictamente deportivo. Su impacto se extiende al ámbito social, institucional y mediático, reforzando el papel del fútbol femenino como motor de visibilidad y transformación.

    Desde el punto de vista mediático, el inicio de la clasificación mundialista genera un interés creciente, tanto a nivel nacional como internacional. La presencia de España como campeona de la Nations League añade un atractivo adicional, situando el foco sobre el rendimiento del equipo y su evolución en este nuevo ciclo.

    A nivel social, el evento refuerza la normalización del fútbol femenino como espectáculo de primer nivel, capaz de llenar estadios, generar audiencias y movilizar a la ciudadanía. Para Castellón, supone una oportunidad de proyección, posicionándose como una ciudad comprometida con el deporte femenino y preparada para acoger eventos de alto impacto.

    Uno de los aspectos más relevantes de este tipo de partidos es su capacidad para conectar la élite con el fútbol base. La presencia de la Selección española en Castellón no solo atrae a aficionados, sino también a clubes, escuelas y jóvenes futbolistas que ven en este evento una referencia directa de hasta dónde puede llegar el fútbol femenino.

    La Comunitat Valenciana cuenta con una red creciente de clubes y programas de desarrollo del fútbol femenino, y la celebración de partidos internacionales actúa como catalizador de ese crecimiento. Ver a la Selección en directo refuerza vocaciones, impulsa la participación y consolida el fútbol femenino como una opción deportiva real y atractiva.

    En este sentido, SkyFi Castalia se convierte en un espacio simbólico, donde confluyen presente y futuro, élite y base, competición y formación.

    El partido ante Islandia es solo el primero de una serie de compromisos que se extenderán a lo largo de los próximos meses. La gestión del calendario será uno de los factores clave del éxito en esta fase de clasificación.

    La acumulación de partidos, los desplazamientos internacionales y la convivencia con las competiciones de clubes obligan a una planificación minuciosa. En este escenario, la profundidad de plantilla, la rotación inteligente y la capacidad para mantener el nivel competitivo serán determinantes.

    España afronta este reto con una base sólida y una estructura cada vez más profesionalizada, pero la exigencia del Grupo C no permite relajaciones. Cada convocatoria, cada concentración y cada partido forman parte de una estrategia global cuyo objetivo final es Brasil.

    El inicio del camino mundialista en Castellón tiene una carga simbólica especial. No solo por el escenario, sino por el momento histórico que vive la Selección española femenina. España ya no es una aspirante; es una realidad consolidada que quiere seguir creciendo y compitiendo al máximo nivel.

    El partido del 3 de marzo en SkyFi Castalia será el punto de partida de un proceso largo, exigente y apasionante. Castellón quedará vinculada para siempre al arranque de esta nueva aventura, como la ciudad que vio dar el primer paso hacia Brasil.

    La Selección española inicia este reto con ambición, responsabilidad y la convicción de que el trabajo realizado en los últimos años debe traducirse en una nueva presencia mundialista. El camino comienza aquí, ante su gente, en un estadio preparado para la ocasión y con un objetivo claro en el horizonte.

    así, en Castellón de la Plana, donde el Mediterráneo acompaña la memoria del fútbol y el estadio SkyFi Castalia se erige como escenario de grandes noches, comienza una nueva travesía para la Selección española femenina. No es un punto de partida cualquiera: es el inicio de un camino que exige excelencia, compromiso y una fe inquebrantable en el trabajo colectivo. Cada pase, cada presión, cada decisión tomada sobre el césped formará parte de una narrativa que aspira a culminar en Brasil, en el mayor escaparate del fútbol mundial.

    España arranca este viaje consciente de lo que representa. Porta el peso de los éxitos recientes, la responsabilidad de un proyecto consolidado y la ilusión de una generación que ha aprendido a competir sin complejos. Pero también lleva consigo algo más profundo: el respaldo de una afición que ha crecido junto al equipo, de un país que ha hecho del fútbol femenino un motivo de orgullo y de unas instituciones que han entendido que el progreso se construye con hechos, no solo con palabras.

    Castellón no será solo una sede; será memoria. Será el lugar donde se encendió la primera llama de la clasificación mundialista, donde la grada empujó, donde el balón empezó a rodar con destino a Brasil. Aquí se escribe el primer párrafo de una historia que aún no conoce su final, pero que ya tiene claro su propósito: competir, creer y volver a situar a España entre las mejores selecciones del mundo.

    Porque los grandes objetivos no se alcanzan de golpe. Se construyen paso a paso, partido a partido, ciudad a ciudad. Y este primer paso, firme y decidido, se da en SkyFi Castalia. Desde Castellón al mundo. Desde el presente al futuro. Con ambición, con identidad y con la convicción de que el camino es tan importante como la meta.

    Aquí empieza todo. Aquí comienza, de nuevo, el sueño mundialista.

    (Fuente: RFEF )

    🔜 NEXT GAME

    🔥 España 🆚 Islandia 🔥

    ✨ Matchday 1 | Día de partido ✨

    📆 Martes, 3 de marzo de 2026

    ⏰ 19:00 horario peninsular

    📺 RTVE

    🏟️ SkyFi Castalia, Castellón

    (Fuente: UEFA)
  • Oficial | La jornada que agitó la Liga F: la Real aprieta arriba, el ONA golpea en Fuenlabrada y la pelea por Europa y la salvación arden

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ La decimoséptima jornada de la Liga F Moeve dejó un paisaje vibrante, lleno de matices y lecturas profundas. Mientras la Real Sociedad dio un paso firme hacia Europa y estrechó el cerco sobre la segunda plaza, Fuenlabrada fue escenario de uno de esos partidos que explican una temporada: el ONA silenció al Madrid CFF con un triunfo de autoridad (0-1), un resultado que sacude aspiraciones, redefine estados de ánimo y recuerda que en esta liga nadie regala nada. Arriba, abajo, en cada estadio, la competición empieza a hablar el lenguaje de los momentos decisivo.

    La Real Sociedad fue uno de los grandes nombres propios del fin de semana. El conjunto guipuzcoano cumplió con solvencia su papel ante la S.D. Eibar y se impuso por 3-0 en Zubieta, una victoria que vale mucho más que tres puntos. Vale distancia. Vale jerarquía. Vale convicción. El equipo de Arturo Ruiz entendió desde el inicio que la jornada ofrecía una oportunidad estratégica y no la dejó escapar. Intza Egiguren abrió el marcador en el primer cuarto de hora, dando tranquilidad a un bloque que supo gestionar el encuentro con madurez. En el tramo final, dos acciones desafortunadas del Eibar, materializadas en goles en propia puerta, redondearon un marcador que refleja el control real del partido. La Real Sociedad no solo ganó: envió un mensaje.

    Se consolida en puestos de privilegio, amplía su colchón sobre sus perseguidores directos y se queda a un solo punto de la segunda plaza, esa frontera simbólica que marca el acceso a la élite continental.

    Esa lectura cobra todavía más fuerza al observar lo ocurrido alrededor. El Costa Adeje Tenerife no pasó del empate sin goles frente al Espanyol, un partido dominado por las insulares pero castigado por la falta de acierto y por un larguero que negó el premio. El punto sabe a poco y aleja al conjunto tinerfeño de la carrera inmediata por Europa, quedando ya a ocho puntos de una Real Sociedad que no afloja. Tampoco sonrió el Atlético de Madrid en la clasificación global de la jornada: pese a su victoria en el derbi ante la SD Eibar, los resultados acumulados le dejan a diez puntos del conjunto donostiarra, obligado ahora a remar contracorriente en una temporada de exigencia máxima.

    Pero si hay un partido que resume la crudeza competitiva de esta Liga F, ese se jugó en Fuenlabrada. El Madrid CFF recibió al ONA con la necesidad de reaccionar, de engancharse a una dinámica que le devolviera a la pelea por los puestos nobles. Enfrente, un rival incómodo, trabajado, consciente de sus armas. El resultado fue un 0-1 que pesa como una losa en el proyecto madrileño y que engrandece al ONA, capaz de competir con rigor, paciencia y colmillo. El gol, obra de Itziar Pinillos, fue suficiente para decidir un encuentro tenso, cerrado, en el que cada duelo parecía definitivo.

    Para el Madrid CFF, la derrota en casa en el estreno de José Luis Sánchez Vera como técnico local es un golpe duro: el equipo se descuelga a once puntos de la zona europea y ve cómo el margen de error se reduce a la mínima expresión.

    En Sevilla, el fútbol volvió a sonreír. El conjunto andaluz rompió una racha negativa de dos derrotas consecutivas con un triunfo coral ante el Levante UD (4-2), colista de la competición. Fue un partido abierto, con alternativas, en el que brilló con luz propia Esther Martín-Pozuelo, autora de un gol de falta directa que levantó al público de sus asientos. El Sevilla respira, recupera confianza y se mantiene en una zona templada de la tabla, aunque todavía lejos de una Real Sociedad que le saca diez puntos y marca el ritmo de la clase media-alta de la liga.

    La jornada también tuvo un fuerte impacto en la zona baja, donde cada punto es oxígeno y cada derrota, una herida profunda.

    El Granada CF confirmó su momento dulce con una victoria por 2-0 ante el Alhama CF El Pozo, encadenando su tercer triunfo consecutivo. Las nazaríes superan ya la barrera de los 20 puntos y se colocan con 22, construyendo una ventaja considerable sobre el descenso. El contraste es duro para el DUX Logroño, que salió muy tocado de su enfrentamiento ante el Deportivo ABANCA en Las Gaunas. La derrota amplía la brecha hasta los once puntos y complica seriamente sus opciones de permanencia, en una liga que no espera a nadie.

    Así transcurrió una jornada diecisiete que no fue una más. Fue una de esas fechas que ordenan el relato del campeonato. La Real Sociedad mira hacia arriba con ambición legítima, el ONA se reivindica con una victoria de enorme valor simbólico y práctico, y la lucha por Europa y por la salvación se va definiendo a base de golpes de realidad. La Liga F Moeve entra en su tramo decisivo con la sensación de que cada partido será una final encubierta, cada gol un punto de inflexión y cada fin de semana una nueva historia por contar.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Y esto, precisamente esto, es lo que hace grande a la Liga F: cuando el calendario aprieta y las emociones se desbordan, cuando nadie se esconde y el césped dicta sentencia. La jornada diecisiete ha pasado, pero ha dejado ecos. Y los próximos capítulos prometen todavía más fuego, más verdad y más fútbol del que se recuerda. Porque aquí, cuando empieza la hora de la verdad, no hay marcha atrás. Solo queda jugar… y creer.

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Reportaje | El vacío de vinilo: cómo la industria del coleccionismo da la espalda al fútbol femenino mientras celebra, sin límites, al masculino

    (Fuente: TikTok)

    ◼️ Mientras los estantes de las tiendas especializadas y las plataformas de comercio electrónico rebosan figuras Funko Pop! de futbolistas masculinos —leyendas históricas, estrellas contemporáneas, jugadores de clubes y selecciones, incluso versiones alternativas, exclusivas y conmemorativas—, el fútbol femenino permanece, una vez más, relegado a la invisibilidad. No es una metáfora: es un vacío físico, tangible, comercial. No existen Funko Pop! oficiales de jugadoras españolas. No existen de Alexia Putellas, Aitana Bonmatí, Jennifer Hermoso, Irene Paredes o Mariona Caldentey. Y esta ausencia resulta todavía más clamorosa cuando se compara con la proliferación de figuras masculinas y con un dato que desmonta cualquier coartada industrial: sí existen muñecas Barbie de futbolistas femeninas, sí existen líneas de juguetes que han apostado por la representación deportiva de las mujeres, y sí existe un público dispuesto a consumirlas. El problema, por tanto, no es la falta de mercado, sino una decisión cultural, simbólica y empresarial que sigue considerando el fútbol femenino como un producto secundario incluso en el terreno del imaginario.

    Para entender la gravedad de esta ausencia conviene detenerse primero en lo que representan los Funko Pop! dentro de la cultura popular contemporánea. No se trata únicamente de figuras de vinilo con cabezas sobredimensionadas y estética reconocible; los Funko Pop! se han convertido en un archivo cultural del presente, una forma de canonizar iconos. Tener un Funko Pop! es, en muchos casos, una forma de certificación simbólica: significa que ese personaje, esa figura pública, ha alcanzado un nivel de relevancia suficiente como para ser inmortalizada en una vitrina, en un escritorio, en una colección personal.

    Funko ha producido figuras de actores secundarios, de personajes efímeros de series, de deportistas retirados hace décadas, de entrenadores, de mascotas, de celebraciones concretas, de versiones alternativas con camisetas conmemorativas o poses específicas. En el fútbol masculino, el catálogo es abrumador: Lionel Messi, Cristiano Ronaldo, Neymar, Mbappé, Haaland, Benzema, Iniesta, Xavi, Ramos, Piqué, Casillas, Beckham, Ronaldinho, Pelé, Maradona. La lista no solo es extensa; es reiterativa. Hay múltiples versiones de los mismos futbolistas, pertenecientes a distintos clubes, selecciones o momentos de su carrera.

    Este despliegue convierte al Funko Pop! en algo más que un juguete: es una declaración de qué —y quién— merece ser recordado, coleccionado, transmitido a las siguientes generaciones como referente cultural.

    En este contexto, la ausencia casi total del fútbol femenino no puede interpretarse como una simple omisión logística o una cuestión de prioridades comerciales inocuas. Es una ausencia que comunica, que construye relato. Cuando una niña o un niño entra en una tienda y ve decenas de futbolistas masculinos convertidos en figuras coleccionables, pero ninguna mujer futbolista, el mensaje es claro aunque no se verbalice: el fútbol, incluso cuando es juguete, sigue siendo cosa de hombres.

    Y este mensaje se produce en un momento histórico en el que el fútbol femenino ha alcanzado cotas inéditas de visibilidad, éxito deportivo y reconocimiento social. España es campeona del mundo. España domina el fútbol europeo a nivel de clubes. Las jugadoras españolas ganan Balones de Oro. Llenan estadios. Protagonizan retransmisiones en prime time. Son referentes mediáticos, deportivos y culturales.

    Sin embargo, ese reconocimiento se detiene abruptamente cuando se entra en el terreno del merchandising simbólico. Ahí, el fútbol femenino vuelve a desaparecer.

    Resulta imposible no establecer una comparación directa. Mientras no existe un solo Funko Pop! oficial de una futbolista española, sí existen figuras de futbolistas masculinos de LaLiga que ni siquiera han tenido un impacto histórico comparable al de muchas jugadoras actuales. Hay figuras de jugadores que no han ganado títulos internacionales, que no han sido referentes generacionales, que no han trascendido más allá de su club o incluso de una etapa concreta.

    La desigualdad no se mide solo en cantidad, sino en el umbral de acceso al reconocimiento. Para un futbolista masculino, basta con ser conocido; para una futbolista, ni siquiera ser campeona del mundo parece suficiente.

    Uno de los argumentos más recurrentes para justificar esta ausencia es el supuesto riesgo comercial.

    Se afirma que las figuras de fútbol femenino “no venderían lo suficiente”. Sin embargo, este razonamiento se desmonta con facilidad cuando se analizan otros sectores de la industria del juguete y del coleccionismo. Aquí entra en juego un elemento clave: Barbie.

    Desde hace años, Barbie ha desarrollado líneas específicas de representación femenina en múltiples ámbitos profesionales y deportivos. Existen muñecas Barbie futbolistas. Existen Barbies inspiradas en jugadoras reales. Existen Barbies con equipaciones de selecciones femeninas. Barbie ha entendido algo que Funko parece ignorar: la representación no solo responde a la demanda existente, también la crea.

    Barbie ha apostado por mostrar a niñas —y también a niños— que una mujer puede ser futbolista, atleta, piloto, científica o presidenta. Y lo ha hecho no desde la excepcionalidad, sino desde la normalización. Las muñecas de futbolistas femeninas no se presentan como rarezas, sino como una opción más dentro del catálogo.

    El resultado no ha sido un fracaso comercial. Al contrario: estas líneas han reforzado la imagen de marca de Barbie como empresa alineada con los valores contemporáneos de igualdad y diversidad, ampliando su base de consumidores y consolidando su relevancia cultural.

    La comparación es inevitable y profundamente incómoda para Funko. Ambas marcas operan en el terreno de la cultura pop. Ambas trabajan con licencias. Ambas dependen de la identificación emocional del público con figuras concretas. La diferencia radica en la voluntad estratégica.

    Barbie ha entendido que el deporte femenino no es una moda pasajera, sino una realidad estructural. Funko, en cambio, sigue actuando como si el fútbol femenino fuera un nicho demasiado pequeño, demasiado específico, demasiado arriesgado. Esta percepción no solo es errónea; es obsoleta.

    Si hay un contexto en el que la ausencia resulta especialmente sangrante es el español. España no solo es campeona del mundo; es, probablemente, el país que más talento ha exportado al fútbol femenino global en los últimos años. Alexia Putellas es una figura reconocida internacionalmente. Aitana Bonmatí es una de las futbolistas más influyentes de la década. Jennifer Hermoso es historia viva del fútbol mundial.

    Que ninguna de ellas tenga una figura Funko Pop! mientras sí existen múltiples versiones de futbolistas masculinos españoles evidencia una desconexión profunda entre la industria del coleccionismo y la realidad deportiva.

    La ausencia de figuras no es un asunto menor. Los objetos culturales moldean imaginarios. Un Funko Pop! no es solo un producto: es una narrativa en miniatura. Cuando las vitrinas se llenan exclusivamente de hombres, el mensaje es claro: ellos son los protagonistas de la historia.

    Las muñecas Barbie futbolistas, en cambio, ofrecen un contrarrelato. Permiten que las niñas se vean reflejadas.

    Permiten que los niños normalicen la presencia de mujeres en el deporte. Generan referentes tangibles, manipulables, cotidianos.

    El coleccionismo no es neutral. Decide qué se conserva, qué se exhibe, qué se revaloriza. Excluir sistemáticamente al fútbol femenino de este espacio equivale a negar su estatus como parte integral de la cultura deportiva contemporánea.

    Funko, como actor dominante en este sector, tiene una responsabilidad que va más allá del balance de beneficios trimestrales. Tiene la capacidad de influir en el relato cultural global. Y hasta ahora, ha decidido no ejercerla en favor del fútbol femenino.

    El argumento de que “llegará más adelante” resulta insuficiente. El fútbol femenino no está empezando. Lleva décadas construyendo su espacio. Lo que ocurre es que, cuando llega el momento de materializar ese reconocimiento en productos icónicos, siempre se pospone.

    Barbie no esperó a que el fútbol femenino fuera hegemónico. Apostó. Funko espera y al esperar, perpetúa la desigualdad.

    La ausencia de Funko Pop! de jugadoras de fútbol femenino, y especialmente de jugadoras españolas, no es un simple descuido de catálogo. Es un síntoma. Un reflejo de cómo incluso en plena era de visibilidad y éxito deportivo, las mujeres siguen teniendo que demostrar el doble para recibir la mitad del reconocimiento simbólico.

    Mientras existan decenas de figuras de futbolistas masculinos y ninguna de campeonas del mundo, el mensaje seguirá siendo claro. Y mientras existan muñecas Barbie futbolistas que sí entienden el poder de la representación, la pregunta será inevitable: ¿por qué una industria sí ha sabido adaptarse y otra sigue mirando hacia otro lado?

    El fútbol femenino ya ha ganado en el campo. Falta que gane, de una vez, en los estantes, ya que actualmente únicos Funko Pop! oficiales vinculados al fútbol femenino son muy escasos y se concentran casi exclusivamente en la selección femenina de Estados Unidos: existen figuras de Megan Rapinoe (con varias versiones), Mia Hamm y Brandi Chastain, todas ellas asociadas a la penúltima nación que se llevó el título mundial y lanzadas como excepciones dentro de la línea Soccer de Funko, mientras que no hay figuras oficiales de jugadoras de clubes femeninos ni de selecciones europeas, y tampoco existe ningún Funko de futbolistas españolas pese a sus éxitos recientes; esta limitada representación contrasta de forma evidente con la amplísima oferta de futbolistas masculinos y confirma que el fútbol femenino sigue siendo tratado por la industria del coleccionismo como una anomalía puntual y no como una parte estructural del imaginario deportivo global, pero ni rastro de las actuales campeonas del mundo, la Nations League y subcampeonas de Europa.

  • Reportaje | Edna Imade es la nómada del gol

    (Fuente: Bayern de Múnich)

    🟧 La campeona de la Liga de Naciones con España tiene tras de sí una historia de superación única.

    Edna Imade (Marruecos, 5 de octubre de 2000) es una futbolista profesional española de origen nigeriano que juega como delantera en el F. C. Bayern de Múnich.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Edna Imade habla de goles, de partidos, de tácticas, de entrenamientos, de cifras que hoy la colocan entre las mejores delanteras de la Liga F, pero cuando baja la voz y elige las palabras con cuidado, cuando el fútbol deja de ser presente y se convierte en consecuencia, siempre aparece la misma figura: su madre. “La verdadera final la ha jugado ella”, dice Edna, y no es una frase hecha, es una convicción que atraviesa toda su vida. Porque antes de que existiera un balón, antes de que hubiera un campo, una portería o una grada, hubo una mujer caminando por el desierto, embarazada, con miedo, con determinación, con una promesa silenciosa hecha a dos hijos que aún no habían nacido: sobrevivir.

    Floren estaba embarazada de mellizos cuando decidió marcharse. Edna y Paul viajaban ya con ella, aún sin saber que su vida iba a comenzar en tránsito. Nigeria quedaba atrás con todo lo que eso significa: la familia, la tierra, la identidad, un marido que nunca pudo acompañarlos y que acabaría encarcelado y deportado. Marruecos fue la primera parada, pero no fue refugio, fue espera, fue dolor, fue miedo. Allí nacieron Edna y su hermano, y allí Floren vivió tres meses que su hija define sin rodeos como “un infierno”. Después llegó la patera, el mar, la incertidumbre, y finalmente España. Algeciras. Tierra firme. Un lugar desconocido que acabaría siendo hogar.

    Edna ha escuchado esa historia mil veces. La ha escuchado hasta aprenderla de memoria, pero no se ha acostumbrado nunca a ella. Cada vez que la cuenta, vuelve a doler. “Llegamos a Algeciras y a partir de ahí nos ayudó mucha gente, Cáritas, personas que no nos conocían de nada”, recuerda. En sus palabras no hay victimismo, hay agradecimiento. “Nunca he pasado hambre, nunca he pasado frío. Todo ha sido gracias a mi madre y a la gente que nos ayudó. Gracias a ellos hoy estoy donde estoy”. En ese “donde estoy” cabe mucho más que una carrera deportiva. Cabe una vida digna. Cabe la posibilidad de soñar.

    Su familia en España se reduce a tres nombres: Floren, Paul y ella. Nada más. Nada menos. “Es la única familia que tengo aquí. Los quiero con toda mi alma”. En ese triángulo se sostiene todo. El fútbol, los estudios, la ambición, la estabilidad emocional. Después de Algeciras llegó Carmona, Sevilla, y con Carmona llegó el balón. Antes probó otras cosas: gimnasia, flamenco. Nada funcionó. “No era nada elástica”, dice entre risas, como si el destino ya estuviera avisando de que su camino iba por otro lado. El patio del recreo fue su primer estadio. Allí entendió que la pelota no era un juego más, era un idioma.

    Jugaba con niños, y jugaba mejor que muchos. Escuchó insultos, etiquetas, palabras que intentan frenar a las niñas que se salen del guion. “Machorra”, “pareces un chico”. No le importó. O no tanto. Porque cuando eliges primero, cuando marcas diferencias, el ruido se apaga. Empezó como central. Alta, fuerte, dominante. “Yo era una bigarda”, dice riéndose, sin perder nunca ese humor que la acompaña incluso cuando habla de lo más duro. Era defensa porque ahí nadie pasaba. Hasta que un día le dijeron que ya no podía seguir jugando con chicos. Y ahí apareció el fútbol sala, el Santa Ana, una nueva etapa que parecía definitiva.

    Pero la vida, como el fútbol, siempre tiene giros inesperados. La Tapia Cup de Málaga cambió su destino. Alguien la vio. Alguien entendió que aquello no era solo potencia, que había fútbol para once. Nervión fue el siguiente paso. Málaga CF después. Cacereño más tarde. Y en Cáceres no solo creció como futbolista, también como persona. Allí estudió, se formó, pensó en el futuro. Técnica en Enseñanza y Animación Sociodeportiva. Quiromasaje. Porque Edna siempre ha sabido algo que no todas las futbolistas tienen claro desde tan jóvenes: el fútbol es frágil. “Es corto. Más aún en mujeres. Lesiones, maternidad… hay que tener un plan B”.

    Ese plan B no le quitó ambición al plan A. Al contrario. Veinte goles en dos temporadas en Cáceres fueron la puerta definitiva. Agosto de 2023. Granada CF. Liga F. El sueño. El mismo que empezó en un patio de colegio, el mismo que parecía imposible para una niña nacida en tránsito, hija de una mujer que cruzó un desierto embarazada. Su debut fue una declaración de intenciones: gol, victoria, Los Cármenes. “Tenía el presentimiento de que iba a marcar”. Y marcó. Su madre estaba allí. Todo tenía sentido.

    paso de Edna Imade por el Granada Club de Fútbol no puede explicarse únicamente con goles, cifras o estadísticas, aunque todas ellas existan y sean relevantes. Su llegada al conjunto nazarí en el verano de 2023 supuso mucho más que un fichaje: fue la materialización de un sueño largamente perseguido, la confirmación de una promesa íntima y silenciosa que la propia Edna se había hecho siendo niña, cuando jugaba descalza en el patio de un colegio andaluz sin saber si algún día existiría un lugar para ella en el fútbol profesional. Granada no fue solo un club; fue un punto de llegada y, al mismo tiempo, un nuevo punto de partida.

    Cuando Edna firmó por el Granada CF, el equipo acababa de ascender a Liga F. El contexto no era sencillo. Un recién ascendido siempre vive entre la ilusión y la incertidumbre, entre el entusiasmo de haber llegado y el vértigo de mantenerse. Para Edna, aquel escenario tenía un significado especial: era su primera experiencia en la élite, la Primera División que había imaginado desde pequeña y que durante años pareció lejana, casi inalcanzable. Llegaba después de dos temporadas sobresalientes en el Cacereño, donde había marcado veinte goles y había demostrado no solo capacidad goleadora, sino también una fortaleza mental poco común. Granada apostó por ella sabiendo que no fichaba únicamente a una delantera, sino a una futbolista construida desde la resistencia.

    La adaptación fue rápida, pero no automática. Edna aterrizó en un vestuario nuevo, con dinámicas distintas, con un nivel de exigencia superior y con la presión añadida de un equipo que sabía que cada punto iba a ser vital para la permanencia. Desde el primer día entendió que su rol no iba a limitarse a marcar goles. Había que correr, presionar, pelear, asumir duelos constantes, convivir con la frustración y sostener al equipo en los momentos de mayor dificultad. En ese contexto, su debut en Liga F fue casi un relato simbólico: Granada recibía a la Real Sociedad en Los Cármenes y Edna, en su estreno en la máxima categoría, marcó el gol de la victoria. Un tanto que no solo valió tres puntos, sino que confirmó que estaba preparada para ese escenario.

    (Fuente: RFEF)

    Aquel gol fue mucho más que una buena carta de presentación. Fue una liberación emocional. Edna lo ha explicado después con palabras sencillas, pero cargadas de significado: tenía el presentimiento de que iba a marcar. No fue una cuestión de arrogancia, sino de intuición, de sentir que todo lo vivido hasta entonces tenía que desembocar en algo así. En la grada estaba su madre, Floren, la misma que había cruzado el Sáhara embarazada, la misma que había llegado en patera a España buscando una vida mejor para sus hijos. Ese gol, celebrado con rabia y emoción, fue también un homenaje silencioso a todo ese camino.

    La temporada, sin embargo, no fue un camino recto. Tras ese inicio prometedor, el Granada CF comenzó a experimentar la dureza de la Liga F. Los partidos se sucedían con una exigencia física y mental enorme, y el equipo entró en una dinámica complicada. Edna, como el resto del grupo, tuvo que aprender a convivir con la frustración, con partidos en los que el esfuerzo no se traducía en resultados, con momentos en los que la confianza se ponía a prueba. Para una futbolista debutante en la élite, ese proceso puede ser devastador. Para Edna, fue formativo.

    Durante ese primer curso, su aportación fue irregular en términos goleadores, pero constante en trabajo y compromiso. Sufrió, aprendió y creció. Hubo partidos en los que tuvo que adaptarse a posiciones distintas, asumir responsabilidades defensivas, jugar de espaldas, pelear cada balón como si fuera el último. No siempre fue reconocida por los números, pero sí por el cuerpo técnico y por sus compañeras, que encontraron en ella una futbolista fiable, fuerte y solidaria. El Granada CF, como equipo, llegó a la última jornada jugándose la permanencia. La presión era máxima. El margen de error, inexistente.

    (Fuente: RFEF)

    Y entonces llegó Ipurua. Última jornada. Partido decisivo ante la SD Eibar. Granada necesitaba ganar para seguir en Liga F. En ese contexto, Edna volvió a aparecer. Marcó uno de los goles del triunfo que certificó la permanencia. Fue un momento de alivio colectivo, de celebración contenida, de emoción acumulada durante meses. Para Edna, aquel gol tuvo un valor especial: significaba que su primer año en Primera División no había sido en vano, que había aportado en el momento más crítico, que su esfuerzo tenía sentido.

    Ese final de temporada marcó un antes y un después en su relación con el club. Edna no solo había debutado en la élite; había ayudado a sostener al Granada CF en ella. La experiencia, dura y exigente, le dejó una enseñanza clara: si quería crecer, debía dar un paso más. Y ese paso llegó en su segunda temporada, ya con el aprendizaje interiorizado y con una confianza renovada.

    El curso siguiente mostró a una Edna Imade distinta. Más madura. Más segura. Más consciente de sus virtudes. Desde el inicio de la temporada, su impacto fue inmediato. Los goles comenzaron a llegar con una regularidad que sorprendió incluso a ella misma. En apenas once jornadas, ya había superado los registros de toda la temporada anterior. Siete goles. Tercera máxima goleadora de la Liga F. Un salto cuantitativo y cualitativo que no se explica por una sola razón, sino por la suma de muchos factores.

    Uno de ellos fue la confianza del cuerpo técnico. La llegada de Arturo Ruiz supuso un cambio importante. El entrenador entendió rápidamente el potencial de Edna y le transmitió un mensaje claro: creía en ella. Esa confianza se tradujo en continuidad, en claridad de rol y en un cambio de posición que resultó decisivo. Edna dejó progresivamente la banda para ocupar posiciones más centradas, más cercanas al área, donde sus cualidades físicas, su potencia y su capacidad para atacar espacios podían marcar la diferencia. El cambio de chip fue inmediato. Edna empezó a sentirse delantera centro. A jugar como tal y a pensar como tal.

    El paso de Edna Imade por el Granada Club de Fútbol no puede explicarse únicamente con goles, cifras o estadísticas, aunque todas ellas existan y sean relevantes. Su llegada al conjunto nazarí en el verano de 2023 supuso mucho más que un fichaje: fue la materialización de un sueño largamente perseguido, la confirmación de una promesa íntima y silenciosa que la propia Edna se había hecho siendo niña, cuando jugaba descalza en el patio de un colegio andaluz sin saber si algún día existiría un lugar para ella en el fútbol profesional. Granada no fue solo un club; fue un punto de llegada y, al mismo tiempo, un nuevo punto de partida.

    Cuando Edna firmó por el Granada CF, el equipo acababa de ascender a Liga F. El contexto no era sencillo. Un recién ascendido siempre vive entre la ilusión y la incertidumbre, entre el entusiasmo de haber llegado y el vértigo de mantenerse. Para Edna, aquel escenario tenía un significado especial: era su primera experiencia en la élite, la Primera División que había imaginado desde pequeña y que durante años pareció lejana, casi inalcanzable. Llegaba después de dos temporadas sobresalientes en el Cacereño, donde había marcado veinte goles y había demostrado no solo capacidad goleadora, sino también una fortaleza mental poco común. Granada apostó por ella sabiendo que no fichaba únicamente a una delantera, sino a una futbolista construida desde la resistencia.

    La adaptación fue rápida, pero no automática. Edna aterrizó en un vestuario nuevo, con dinámicas distintas, con un nivel de exigencia superior y con la presión añadida de un equipo que sabía que cada punto iba a ser vital para la permanencia. Desde el primer día entendió que su rol no iba a limitarse a marcar goles. Había que correr, presionar, pelear, asumir duelos constantes, convivir con la frustración y sostener al equipo en los momentos de mayor dificultad. En ese contexto, su debut en Liga F fue casi un relato simbólico: Granada recibía a la Real Sociedad en Los Cármenes y Edna, en su estreno en la máxima categoría, marcó el gol de la victoria. Un tanto que no solo valió tres puntos, sino que confirmó que estaba preparada para ese escenario.

    Aquel gol fue mucho más que una buena carta de presentación. Fue una liberación emocional. Edna lo ha explicado después con palabras sencillas, pero cargadas de significado: tenía el presentimiento de que iba a marcar. No fue una cuestión de arrogancia, sino de intuición, de sentir que todo lo vivido hasta entonces tenía que desembocar en algo así. En la grada estaba su madre, Floren, la misma que había cruzado el Sáhara embarazada, la misma que había llegado en patera a España buscando una vida mejor para sus hijos. Ese gol, celebrado con rabia y emoción, fue también un homenaje silencioso a todo ese camino.

    La temporada, sin embargo, no fue un camino recto. Tras ese inicio prometedor, el Granada CF comenzó a experimentar la dureza de la Liga F. Los partidos se sucedían con una exigencia física y mental enorme, y el equipo entró en una dinámica complicada. Edna, como el resto del grupo, tuvo que aprender a convivir con la frustración, con partidos en los que el esfuerzo no se traducía en resultados, con momentos en los que la confianza se ponía a prueba. Para una futbolista debutante en la élite, ese proceso puede ser devastador. Para Edna, fue formativo.

    Durante ese primer curso, su aportación fue irregular en términos goleadores, pero constante en trabajo y compromiso. Sufrió, aprendió y creció. Hubo partidos en los que tuvo que adaptarse a posiciones distintas, asumir responsabilidades defensivas, jugar de espaldas, pelear cada balón como si fuera el último. No siempre fue reconocida por los números, pero sí por el cuerpo técnico y por sus compañeras, que encontraron en ella una futbolista fiable, fuerte y solidaria. El Granada CF, como equipo, llegó a la última jornada jugándose la permanencia. La presión era máxima. El margen de error, inexistente.

    Y entonces llegó Ipurua. Última jornada. Partido decisivo ante la SD Eibar. Granada necesitaba ganar para seguir en Liga F. En ese contexto, Edna volvió a aparecer. Marcó uno de los goles del triunfo que certificó la permanencia. Fue un momento de alivio colectivo, de celebración contenida, de emoción acumulada durante meses. Para Edna, aquel gol tuvo un valor especial: significaba que su primer año en Primera División no había sido en vano, que había aportado en el momento más crítico, que su esfuerzo tenía sentido.

    Ese final de temporada marcó un antes y un después en su relación con el club. Edna no solo había debutado en la élite; había ayudado a sostener al Granada CF en ella. La experiencia, dura y exigente, le dejó una enseñanza clara: si quería crecer, debía dar un paso más. Y ese paso llegó en su segunda temporada, ya con el aprendizaje interiorizado y con una confianza renovada.

    El curso siguiente mostró a una Edna Imade distinta. Más madura. Más segura. Más consciente de sus virtudes. Desde el inicio de la temporada, su impacto fue inmediato.

    Los goles comenzaron a llegar con una regularidad que sorprendió incluso a ella misma. En apenas once jornadas, ya había superado los registros de toda la temporada anterior. Siete goles. Tercera máxima goleadora de la Liga F. Un salto cuantitativo y cualitativo que no se explica por una sola razón, sino por la suma de muchos factores.
    paso de Edna Imade por el Granada Club de Fútbol no puede explicarse únicamente con goles, cifras o estadísticas, aunque todas ellas existan y sean relevantes. Su llegada al conjunto nazarí en el verano de 2023 supuso mucho más que un fichaje: fue la materialización de un sueño largamente perseguido, la confirmación de una promesa íntima y silenciosa que la propia Edna se había hecho siendo niña, cuando jugaba descalza en el patio de un colegio andaluz sin saber si algún día existiría un lugar para ella en el fútbol profesional. Granada no fue solo un club; fue un punto de llegada y, al mismo tiempo, un nuevo punto de partida.

    Cuando Edna firmó por el Granada CF, el equipo acababa de ascender a Liga F. El contexto no era sencillo. Un recién ascendido siempre vive entre la ilusión y la incertidumbre, entre el entusiasmo de haber llegado y el vértigo de mantenerse. Para Edna, aquel escenario tenía un significado especial: era su primera experiencia en la élite, la Primera División que había imaginado desde pequeña y que durante años pareció lejana, casi inalcanzable. Llegaba después de dos temporadas sobresalientes en el Cacereño, donde había marcado veinte goles y había demostrado no solo capacidad goleadora, sino también una fortaleza mental poco común. Granada apostó por ella sabiendo que no fichaba únicamente a una delantera, sino a una futbolista construida desde la resistencia.

    La adaptación fue rápida, pero no automática. Edna aterrizó en un vestuario nuevo, con dinámicas distintas, con un nivel de exigencia superior y con la presión añadida de un equipo que sabía que cada punto iba a ser vital para la permanencia. Desde el primer día entendió que su rol no iba a limitarse a marcar goles. Había que correr, presionar, pelear, asumir duelos constantes, convivir con la frustración y sostener al equipo en los momentos de mayor dificultad. En ese contexto, su debut en Liga F fue casi un relato simbólico: Granada recibía a la Real Sociedad en Los Cármenes y Edna, en su estreno en la máxima categoría, marcó el gol de la victoria. Un tanto que no solo valió tres puntos, sino que confirmó que estaba preparada para ese escenario.

    Aquel gol fue mucho más que una buena carta de presentación. Fue una liberación emocional. Edna lo ha explicado después con palabras sencillas, pero cargadas de significado: tenía el presentimiento de que iba a marcar. No fue una cuestión de arrogancia, sino de intuición, de sentir que todo lo vivido hasta entonces tenía que desembocar en algo así. En la grada estaba su madre, Floren, la misma que había cruzado el Sáhara embarazada, la misma que había llegado en patera a España buscando una vida mejor para sus hijos. Ese gol, celebrado con rabia y emoción, fue también un homenaje silencioso a todo ese camino.

    La temporada, sin embargo, no fue un camino recto. Tras ese inicio prometedor, el Granada CF comenzó a experimentar la dureza de la Liga F. Los partidos se sucedían con una exigencia física y mental enorme, y el equipo entró en una dinámica complicada. Edna, como el resto del grupo, tuvo que aprender a convivir con la frustración, con partidos en los que el esfuerzo no se traducía en resultados, con momentos en los que la confianza se ponía a prueba. Para una futbolista debutante en la élite, ese proceso puede ser devastador. Para Edna, fue formativo.

    Durante ese primer curso, su aportación fue irregular en términos goleadores, pero constante en trabajo y compromiso. Sufrió, aprendió y creció. Hubo partidos en los que tuvo que adaptarse a posiciones distintas, asumir responsabilidades defensivas, jugar de espaldas, pelear cada balón como si fuera el último. No siempre fue reconocida por los números, pero sí por el cuerpo técnico y por sus compañeras, que encontraron en ella una futbolista fiable, fuerte y solidaria. El Granada CF, como equipo, llegó a la última jornada jugándose la permanencia. La presión era máxima. El margen de error, inexistente.

    Y entonces llegó Ipurua. Última jornada. Partido decisivo ante la SD Eibar. Granada necesitaba ganar para seguir en Liga F. En ese contexto, Edna volvió a aparecer. Marcó uno de los goles del triunfo que certificó la permanencia. Fue un momento de alivio colectivo, de celebración contenida, de emoción acumulada durante meses. Para Edna, aquel gol tuvo un valor especial: significaba que su primer año en Primera División no había sido en vano, que había aportado en el momento más crítico, que su esfuerzo tenía sentido.

    Ese final de temporada marcó un antes y un después en su relación con el club. Edna no solo había debutado en la élite; había ayudado a sostener al Granada CF en ella. La experiencia, dura y exigente, le dejó una enseñanza clara: si quería crecer, debía dar un paso más. Y ese paso llegó en su segunda temporada, ya con el aprendizaje interiorizado y con una confianza renovada.

    El curso siguiente mostró a una Edna Imade distinta. Más madura. Más segura. Más consciente de sus virtudes. Desde el inicio de la temporada, su impacto fue inmediato. Los goles comenzaron a llegar con una regularidad que sorprendió incluso a ella misma. En apenas once jornadas, ya había superado los registros de toda la temporada anterior. Siete goles. Tercera máxima goleadora de la Liga F. Un salto cuantitativo y cualitativo que no se explica por una sola razón, sino por la suma de muchos factores.

    Uno de ellos fue la confianza del cuerpo técnico. La llegada de Arturo Ruiz supuso un cambio importante. El entrenador entendió rápidamente el potencial de Edna y le transmitió un mensaje claro: creía en ella. Esa confianza se tradujo en continuidad, en claridad de rol y en un cambio de posición que resultó decisivo. Edna dejó progresivamente la banda para ocupar posiciones más centradas, más cercanas al área, donde sus cualidades físicas, su potencia y su capacidad para atacar espacios podían marcar la diferencia. El cambio de chip fue inmediato. Edna empezó a sentirse delantera centro. A jugar como tal. A pensar como tal.

    A nivel colectivo, el Granada CF también dio un paso adelante. El equipo ganó solidez, confianza y estabilidad. Edna encontró una conexión especial con Laura Pérez, máxima asistente de la Liga F. La relación entre ambas se convirtió en uno de los pilares ofensivos del equipo. Tres de los siete goles de Edna llegaron tras asistencias de Laura, pero más allá de los números, lo que se consolidó fue una comprensión mutua, una química que se percibía en cada movimiento, en cada desmarque, en cada pase filtrado.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Ese crecimiento individual y colectivo situó al Granada CF en una posición mucho más cómoda en la clasificación. El equipo se alejó del descenso y comenzó a mirar hacia arriba, sin complejos. Edna, mientras tanto, se convirtió en una de las referencias ofensivas de la Liga F. Su nombre empezó a aparecer en conversaciones, en nominaciones, en análisis. Fue candidata a jugadora del mes. Apareció en el FIFA. Se convirtió en referente para muchas niñas que acudían a Los Cármenes o que la veían en los colegios cuando el club realizaba actividades sociales.

    Pero el paso de Edna por el Granada CF no se mide solo en lo que ocurre dentro del campo. Se mide también en su impacto humano, en su manera de representar los valores del club, en su historia personal, que conecta de forma natural con la identidad de una ciudad acostumbrada a la mezcla, a la resistencia y a la memoria. Edna encajó en Granada porque Granada entendió su historia. Porque es una futbolista que no olvida de dónde viene, que valora cada oportunidad y que no da nada por sentado.

    A nivel personal, su etapa en el Granada CF le permitió consolidarse no solo como futbolista, sino como mujer adulta, consciente de la importancia de la formación, del equilibrio y del futuro. Mientras marcaba goles en Liga F, seguía formándose, ampliando horizontes, pensando en el día después del fútbol. Esa mentalidad, heredada de una madre que tuvo que planificar la supervivencia en circunstancias extremas, se convirtió en uno de sus mayores activos.

    Edna Imade no sabe cuánto durará su etapa en el Granada CF, pero sí sabe que el club ocupa un lugar central en su historia. Fue el equipo que le abrió las puertas de la élite. El lugar donde debutó, sufrió, aprendió y se consolidó. El escenario donde entendió que su sueño no era una excepción, sino una realidad construida con esfuerzo. Granada fue, y es, el espacio donde Edna dejó de ser promesa para convertirse en presente.

    Cada gol suyo en Los Cármenes lleva implícita una historia más larga que el propio partido. Una historia que empieza mucho antes de que el balón ruede. Y en ese relato, el Granada CF no es un capítulo más: es el capítulo en el que Edna Imade se confirmó como futbolista de Primera División, como referente del fútbol femenino y como símbolo de que los sueños, incluso los más improbables, pueden encontrar su lugar.

    La cesión de Edna Imade a la Real Sociedad de Fútbol fue, más que un simple movimiento de mercado, una estación decisiva en una carrera que ya venía marcada por la resistencia, la adaptación y la capacidad de crecer en contextos exigentes. Cuando la delantera llegó a San Sebastián procedente del Bayern de Múnich, lo hizo con la sensación de estar ante una oportunidad que no era menor ni transitoria, sino profundamente formativa. No aterrizaba en un club cualquiera: llegaba a una Real ambiciosa, estructurada, con una identidad futbolística clara y con la exigencia constante de competir en la parte alta de la tabla y en escenarios europeos. Era un entorno ideal para una futbolista que siempre ha entendido el fútbol como un espacio de aprendizaje continuo.

    Desde sus primeros días en Zubieta, Edna asumió que la cesión no era un paréntesis, sino un examen diario. Se integró en un vestuario con jerarquías consolidadas y con un estilo de juego que exigía precisión, lectura táctica y compromiso colectivo. Lejos de limitarse a esperar oportunidades, se ganó minutos desde el trabajo invisible: presión alta, desmarques constantes, capacidad para fijar centrales y una energía que encajó con la identidad competitiva del equipo. Su impacto fue progresivo, pero constante, hasta convertirse en una pieza reconocible dentro del sistema.

    Los números comenzaron a acompañar ese proceso de adaptación. Edna fue acumulando partidos, titularidades y minutos, apareciendo tanto en Liga F como en los compromisos europeos del conjunto txuri-urdin. En el campeonato doméstico firmó una cifra sostenida de goles y asistencias que no solo reflejaban su capacidad para finalizar, sino también su aportación al juego colectivo. Sumó goles decisivos, participó en acciones clave y se convirtió en una amenaza permanente para las defensas rivales, alternando apariciones como referencia ofensiva con movimientos desde zonas intermedias. A lo largo de la temporada, sus registros ofensivos —goles, ocasiones creadas, duelos ganados— hablaron de una futbolista en clara progresión, cada vez más cómoda en contextos de alta exigencia.

    Más allá de los números, su paso por la Real Sociedad estuvo marcado por una evolución evidente en su juego. Edna aprendió a convivir con defensas más cerradas, a interpretar mejor los tiempos del partido y a asumir responsabilidades en escenarios de presión máxima, especialmente en partidos europeos donde el margen de error es mínimo. En Anoeta y fuera de casa, su figura fue creciendo hasta convertirse en una de las delanteras más reconocibles del equipo, no solo por lo que marcaba, sino por lo que generaba para las demás.

    Esa evolución no pasó desapercibida en Múnich. El Bayern siguió de cerca cada paso de su cesión, consciente de que Edna estaba respondiendo al reto con madurez y rendimiento. Y entonces el contexto cambió de forma abrupta. La salida de Lea Schüller, que puso rumbo al Manchester United Women, dejó al Bayern sin una de sus referencias ofensivas y obligó al club alemán a reaccionar con rapidez. En ese escenario, la progresión de Edna y su rendimiento en la Real Sociedad se convirtieron en un argumento irrefutable. El Bayern decidió repescarla antes de tiempo, interrumpiendo la cesión para reincorporarla a su plantilla y cubrir una necesidad inmediata en ataque.

    La decisión fue, en sí misma, una confirmación del impacto de Edna en San Sebastián. No todas las cesiones terminan con una llamada anticipada del club de origen, y menos aún en un gigante europeo como el Bayern de Múnich. Para la Real Sociedad, supuso perder a una futbolista que ya formaba parte del equilibrio ofensivo del equipo; para Edna, fue la prueba definitiva de que su trabajo estaba siendo reconocido al más alto nivel.

    Su etapa en la Real Sociedad, aunque más corta de lo inicialmente previsto, dejó una huella clara. Dejó números, sí, pero sobre todo dejó sensaciones: la de una delantera capaz de competir en contextos de élite, de adaptarse a distintos estilos y de responder cuando el escenario se vuelve exigente. La cesión cumplió su función con creces. Edna se marchó de San Sebastián más completa, más segura y con la certeza de que estaba preparada para dar el siguiente paso.

    Así, su regreso anticipado al Bayern no fue una ruptura, sino una consecuencia lógica. Consecuencia de los goles marcados, de los minutos asumidos, de los partidos competidos y de una progresión que convirtió una cesión en una plataforma de lanzamiento. La Real Sociedad fue el lugar donde Edna Imade confirmó que su crecimiento no tenía techo inmediato; el Bayern, al repescarla antes de tiempo tras la marcha de Lea Schüller al Manchester United Women, simplemente reconoció una realidad que ya se había construido sobre el césped.

    (Fuente: Real Sociedad de Fútbol)

    En el Estadio de Zubieta están inmersos en la lucha por acceder a los puestos ligueros que dan plaza a jugar la ronda preliminar de la Liga de Campeones Femenina la temporada que viene, marchándose al parón navideño en tercera posición con 30 unidades en el zurrón, a tan solo dos de un Real Madrid que sigue la estela del todopoderoso Fútbol Club Barcelona, quien domina la Primera División Femenina como es habitual.

    La exjugadora del Club Polideportivo Cacereño y el Málaga Club de Fútbol podrá despedirse del conjunto guipuzcoano unos días después de Reyes en el compromiso que enfrentará a la Real Sociedad de Fútbol a domicilio (Alcalá de Henares) frente al Club Atlético de Madrid en un duelo directo por la Liga de Campeones que emitirá en abierto TEN TV (12:00 horario peninsular) en abierto a través de la TDT el 10 de enero de 2026.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Hay delanteras que marcan goles. Hay otras que marcan destinos. Edna está hecha para lo segundo.

    La que fuese futbolista del Málaga CFF en la temporada 2019-2020, ha de ser definida como una atacante muy polivalente que puede actuar tanto como referencia en la parcela ofensiva como extremo por ambos costados, sobresaliendo en el rectángulo de juego por su velocidad, gran disparo de larga y media distancia que posee un potente juego aéreo en las acciones a balón parado.

    Ya solo nos quedan noventa minutos para ver a la internacional española en categoría absoluta brillando en la Liga F Moeve y después habrá que conformase con verla defender la elástica de “La Roja”, que no es poco.

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Oficial | Chinchilla es la sucesora de Ajibade

    (Fuente: Atlético de Madrid)

    🟧 La atacante tica ha escogido portar el dorsal número dieciséis que estaba vacante tras la marcha de la nigeriana.

    El Club Atlético de Madrid, campeón de la Supercopa de España en 2021, ya presume de su nuevo fichaje: Priscila Chinchilla.

    La internacional absoluta por Costa Rica fue anunciada como nueva estrella del conjunto capitalino el pasado 3 de enero de 2026 para fortalecer el ataque ante la baja por lesión de Gio Queiroz, ex del Madrid CFF.

    La futbolista llegó en calidad de agente libre tras acabar su vínculo con el Zenit ruso y después se pasar el pertinente reconocimiento médico firmó hasta 2027 e incluso se desplazó a Alcalá de Henares para saludar a sus nuevas compañeras en el gimnasio.

    Pri, como le gusta ser llamada también hizo acto de presencia en el Estadio Metropolitano para efectuar la sesión fotográfica con el chandal del equipo capitalino y adentrarse en el túnel de vestuarios.

    Una vez allí, con el departamento de comunicación presente, posó con su nueva camiseta que llevará el dorsal número 16 a la espalda y el nombre de P. Chinchilla en la parte superior.

    La que fuese jugadora del Pachuca mejicano hereda así un dorsal que había quedado huérfano a la marcha de Rash Ajibade en el mercado estival para incorporarse al PSG, quien al contarle que el Atlético de Madrid, fue eliminado de la Women’s Champions League en la fase de liga.

    Cuando, en la primera jornada de 2021, Rasheedat Ajibade cruzó el túnel hacia el césped con la camiseta rojiblanca del Atlético de Madrid Femenino, pocos podían prever que aquella adquisición modesta en apariencia terminaría convirtiéndose en una de las figuras más determinantes de la historia moderna del club.

    Nacida el 8 de diciembre de 1999 en Nigeria, Ajibade llegó a España con apenas 21 años desde el club noruego Avaldsnes IL para reforzar el ataque atlético. Lo que vino después fue más que una simple adaptación: fue el comienzo de una trayectoria que marcaría un antes y un después en la narrativa rojiblanca y, por extensión, en la historia del fútbol femenino español.

    Ajibade aterrizó en Madrid el 1 de enero de 2021 con un perfil todavía en construcción. El Atlético de Madrid, siempre ambicioso en la Liga F, vio en ella una jugadora con gran potencia física, versatilidad ofensiva (capaz de jugar por las bandas o como centrocampista ofensiva) y una lectura de juego que podía encajar con los esquemas de un equipo acostumbrado a pelear por títulos.

    Su debut llegó apenas cinco días después, en un clásico madrileño disputado frente al Rayo Vallecano. Fue un momento de adaptación más que de impacto inmediato: los minutos fueron escasos, pero suficientes para vislumbrar un talento que iría cruzando etapas con determinación. 

    Desde el principio, Ajibade se conectó con la afición por su ética de trabajo, su compromiso con el club y su deseo de trascender, virtudes que la hicieron querida incluso antes de convertirse en figura. Lo que marcó la diferencia con su paso en el Atlético no fue un único gol o un único partido —sino una trayectoria en constante ascenso, algo inusual en fichajes foráneos jóvenes en la liga española de aquel momento.

    A diferencia de algunas contrataciones extranjeras que explotan de inmediato o se diluyen con el tiempo, Ajibade construyó su legado a través de consistencia, regularidad y evolución continua. En apenas cuatro temporadas y media, llegó a disputar más de 100 partidos con la elástica rojiblanca, cifra que la sitúa entre los jugadores más utilizados de esa etapa moderna del club.

    Pero la influencia de Ajibade no se limitó a sus estadísticas individuales. En la última jornada de la Liga F, con la clasificación para la UEFA Women’s Champions League en juego, fue ella quien marcó el gol decisivo para certificar ese objetivo.

    Este hecho no solo aseguró un hito competitivo para el club —el regreso a la Champions después de varias temporadas— sino que elevó la figura de Ajibade como símbolo de momentos clave.

    Además de sus éxitos en el ámbito de clubes, su estatus internacional con las Super Falcons de Nigeria también creció en paralelo, siendo nominada al premio de Jugadora Africana del Año en los CAF.

    En agosto de 2025, Ajibade tomó un paso trascendental en su carrera al fichar por Paris Saint-Germain Féminines, con un contrato hasta 2027. Este movimiento marcó el final de su etapa en el Atlético de Madrid y el inicio de un nuevo capítulo en una de las ligas más competitivas de Europa. 

    Su salida representó un momento de reflexión para la afición atlética: ver partir a una jugadora que no solo había sido clave dentro del campo, sino que también había encarnado el espíritu competitivo y el estilo de juego que caracteriza al club. Tras esa despedida, la huella que deja Ajibade trasciende estadísticas —es una huella de identidad, resiliencia y crecimiento internacional.

    Más allá de goles y apariciones, Ajibade también simboliza algo más profundo: la internacionalización del Atlético de Madrid Femenino y su capacidad para atraer y desarrollar talento global. Su presencia durante varias temporadas ayudó al club a consolidar una propuesta ofensiva más dinámica y globalizada, abriendo puertas para otras jugadoras africanas y de diversos continentes en la Liga F.

    Su figura también ha sido una inspiración para jugadoras jóvenes de Nigeria y de África en general, demostrando que el camino desde ligas menos mediáticas puede conducir a protagonismo en equipos europeos de primer nivel. El hecho de que haya sido nominada a premios continentales y haya liderado tanto a su selección como a su club en momentos decisivos sitúa su carrera como un puente entre realidades futbolísticas distintas.

    Ahora, la centroamericana coge el relevo de la nigeriana amén de su dorsal y tendrá que luchar con coraje y corazón para encajar en el equipo colchonero, algo que es difícil de conseguir a mitad de temporada y que otras figuras de renombre, caso de Deyna Castellanos (2020), Laurent (2021) o Ajara (2021), no consiguieron a pesar de las grades esperanzas que había depositadas en ella cuando se pusieron la zamarra de un club que es tres veces campeón de la Liga F Moeve.

  • Oficial | ¿Dónde puedo ver el Atlético de Madrid vs Real Sociedad de Fútbol ?

    (Fuente: Getty imágenes)

    ⬛️ El duelo entre campeonas de la Copa de la Reina se podrá seguir en abierto en la TDT.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    La Liga Profesional de Fútbol Femenino regresa a nuestras vidas y lo hace al más puro estilo de Alejandro Sanz, “Pisando fuerte” amén a un Atlético de Madrid versus Real Sociedad de Fútbol.

    TEN TV, que como ya saben recogió el testigo de Gol Play como la casa del fútbol femenino español en abierto, ha confirmado oficialmente que se va a encargar de emitir en directo y abierto el encuentro de la decimoquinta jornada liguera entre madrileñas y guipuzcoanas desde Alcalá de Henares.

    El canal del Grupo Secuoya fue lanzado el 28 de abril de 2016 y debutó el pasado mes de septiembre en la cobertura de la Primera División Femenina con un Espanyol 0-5 Atlético de Madrid en la Ciudad Deportiva Dani Jarque.

    Ahora, el canal de la TDT cuyo slogan es “Mucho por ver” le da la bienvenida al 2026 en la ciudad de Cervantes con un envite clave en la lucha por acceder a los puestos europeos entre las madrileñas y las vascas, cuartas y terceras respectivamente en la tabla clasificatoria y separadas por tan solo cuatro puntos de distancia.

    El cuadro donostiarra de Arturo Ruiz viaja a la capital española con ventaja en el torneo de la regularidad y que además viene de vencer por 3-0 al Deportivo Abanca en su última puesta en escena.

    El Atlético de Madrid que adiestra Víctor Martín Alba va a la caza de las txuri-urdin y busca reaccionar después de haber empatado (2-2) en Ipurúa ante la Sociedad Deportiva Eibar el pasado 14 de diciembre de 2025.

    Los precedentes históricos entre ambas escuadras es favorable para los intereses del Atlético de Madrid por culpa de cinco victorias, cuatro empates y tan solo una derrota en los diez últimos compromisos.

    El más cercano en el tiempo nos dejó un 0-2 favorable a las madrileñas en Zubieta que se gestó a ritmo de samba con los goles de Gio Garbellini y Luany Da Silva durante la 23ª fecha.

    La rivalidad entre ambos equipos existe y nació en la temporada 2017-2018 cuando las colchoneras levantaron la por entonces llamada Liga Iberdrola en la última jornada con una victoria por 2-1 en el Cerro del Espino de Majadahonda con goles de Amanda Sampedro y Esther González que hicieron estéril la diana de Nahikari para las visitantes, un resultado que unido a la derrota del Barcelona con el Levante Unión Deportiva provocaron que se catase el alirón frente a unas 3.000 personas.

    Al año siguiente, caprichos del destino, el Atlético de Madrid tuvo la oportunidad de volver a levantar el título liguero ante las de San Sebastián, esta vez a domicilio, y un doblete de la anteriormente señalada Esther González que dejó en anecdótico el tanto que logró Bea Beltrán para el 1-3 definitivo aquel 6 de mayo de 2018.

    La venganza de la Real Sociedad llegó unos días después cuando ambos equipos se vieron las caras en la gran final de la Copa de la Reina Iberdrola en Granada (1-2), donde las blanquiazules le dieron la vuelta al tanto inicial de Esther con las históricas barracas de Palacios y Nahikari García que desembocaron en el primer trofeo de fútbol femenino que se exhibió en las vitrinas del Reale Arena con orgullo.

    Ahí no terminó el rosario de choques relevantes entre estas entidades que se vieron las caras en las semifinales de la Copa de la Reina en la temporada 2023-2024 y fue el equipo realista el que cumplió el sueño de alcanzar la gran final tras el 1-1 de la ida y el 2-1 del encuentro de vuelta que se celebró en Anoeta y en el que la sociedad de la nieve que formaban Jensen y Franssi vapuleó a las rojiblancas, aunque en el partido por el título las de Natalia Arroyo sufrieron una dura goleada de manos del Barcelona (8-0) en La Romareda.

    Más allá de eso, este 12 de enero de 2025, se podrá disfrutar de un gran espectáculo entre dos de los mejores equipos de la Liga F Moeve en el que brillan figuras como Maca Portales, Lucía Pardo, Luany o Edna Imade e incluso hay jugadoras con pasado en su rival, caso de Gaby García, Ainhoa Moraza y una Amaiur Sarriegui que buscará reivindicarse ante una Real Sociedad de la que fue máximo exponente durante cinco años.

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  • Reportaje | Elena Linari, defender para pertenecer

    (Fuente: UEFA)

    📌 Número especial de “El Partido de Manu” sobre la central del London City Lionesses.

    (Fuente: London City Lionesses)

    Hay futbolistas que construyen su carrera en un solo lugar, que echan raíces profundas y hacen de un escudo su casa para siempre. Y hay otras que entienden el fútbol como un viaje, como un proceso constante de adaptación, aprendizaje y crecimiento.

    Elena Linari pertenece, sin ninguna duda, a este segundo grupo. Su trayectoria no es la de una jugadora que buscó comodidad, sino la de una defensa que eligió exigencia, que se movió por Europa para perfeccionar su juego y que, en ese camino, terminó convirtiéndose en una de las zagueras más fiables y respetadas del fútbol continental.

    (Fuente: UEFA)

    Nacida en Fiesole, Italia, Linari comenzó a competir al máximo nivel cuando todavía era una adolescente. Con apenas 14 años, ya formaba parte del primer equipo del Firenze, un dato que no solo habla de talento precoz, sino también de una personalidad poco común para su edad. En una posición tan expuesta como la defensa, Elena aprendió muy pronto que el fútbol no perdona la duda, que cada decisión tiene consecuencias y que el carácter es tan importante como la técnica.

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    Durante cinco temporadas consecutivas (2008–2013), el Firenze fue su escuela. Allí creció, se equivocó, corrigió y entendió los fundamentos del juego defensivo. No era todavía la central dominante que luego conocería Europa, pero ya mostraba rasgos que definirían toda su carrera: lectura táctica, capacidad de anticipación y una serenidad impropia de su edad. Mientras otras jóvenes promesas buscaban minutos lejos del foco, Linari se curtía en la élite italiana desde muy pronto.

    El siguiente paso fue el Brescia, un club que en aquellos años representaba la ambición del fútbol femenino italiano.

    Entre 2013 y 2016, Elena encontró un entorno más competitivo, más exigente, donde el margen de error se reducía y la presión por ganar era constante. En Brescia empezó a consolidarse como una defensa de primer nivel, aprendiendo a sostener líneas altas, a corregir espacios grandes a su espalda y a asumir responsabilidades en partidos de peso.

    Ese crecimiento la llevó de forma natural a la Fiorentina, uno de los proyectos más sólidos y reconocidos del calcio femenino. Vestir la camiseta violeta no fue solo un salto deportivo, sino también simbólico: Linari ya no era una promesa, sino una futbolista hecha, preparada para competir en escenarios de máxima exigencia. En Florencia, entre 2016 y 2018, pulió su juego aéreo, ganó presencia física y se convirtió en una defensora más completa, capaz de iniciar jugada desde atrás y de liderar la línea defensiva.

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    Pero si hay un punto de inflexión en su carrera, ese llega en 2018, cuando Elena Linari cruza fronteras y aterriza en la Liga F española para vestir la camiseta del Atlético de Madrid. Su fichaje por el conjunto rojiblanco supuso un reconocimiento internacional a su rendimiento y, al mismo tiempo, un desafío enorme: adaptarse a una liga diferente, a un ritmo distinto y a una cultura futbolística donde la intensidad y la presión alta son señas de identidad.

    En el Atlético, Linari vivió dos temporadas (2018–2020) que marcaron profundamente su evolución. En un equipo acostumbrado a competir por títulos y a jugar partidos decisivos cada semana, la italiana aportó orden, jerarquía y fiabilidad. No era la defensa más mediática, pero sí una de las más constantes. Su juego se adaptó a un contexto donde el error se paga caro, y su figura creció dentro de un vestuario lleno de talento y ambición.

    España le enseñó a defender lejos del área, a convivir con partidos abiertos y a interpretar el juego desde una perspectiva más dinámica.

    Lo que Elena Linari no sabía entonces es que su etapa en el Atlético iba a marcarla más allá del fútbol. Porque el Atlético no fue solo un club para ella. Fue un lugar de pertenencia.

    Llegó a un vestuario competitivo, exigente, con una identidad muy marcada. Un equipo que no negocia el esfuerzo, que vive cada partido como una final y que tiene una relación emocional muy intensa con su afición. Linari encajó desde el primer día. No por el idioma, ni por la cultura, sino por los valores. El compromiso, la resiliencia, la idea de competir siempre.

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    En el Atlético, Elena vivió el fútbol desde dentro. Entendió lo que significa representar a un club que se explica tanto desde la derrota como desde la victoria. Y se enamoró. Del escudo, del entorno, de la gente.

    Ese vínculo no fue impostado. Fue real. Tan real que incluso después de salir del club, la relación con el Atlético se mantuvo intacta. Este medio puede confirmar que Elena Linari mantiene una excelente relación con la directiva colchonera, especialmente con María Vargas y Lola Romero, figuras clave en el crecimiento del fútbol femenino rojiblanco. Una relación tan cercana que, cuando Elena ya no pertenecía al club, ambas viajaron a su Florencia natal para visitarla, un gesto poco habitual en el fútbol profesional y que habla del vínculo humano construido.

    Hay imágenes que definen carreras. Y una de ellas ocurrió el 17 de marzo de 2019, en el Metropolitano, en un partido ante el FC Barcelona que terminó con derrota por 0-2. Elena Linari no estaba sobre el césped. Estaba en el banquillo. Pero cuando sonó el himno del Atlético de Madrid, lo cantó. No por compromiso. No por protocolo. Lo cantó porque lo sentía.

    Ese gesto, aparentemente pequeño, explica mucho más que cualquier estadística. Explica pertenencia. Explica identidad. Explica amor por un club que fue casa.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Cuando llegó el momento de salir del Atlético, Elena tenía opciones para quedarse en España. Y no opciones menores.

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    “El Partido de Manu” sabe que el Levante Unión Deportiva, entonces en plena lucha por entrar en Europa, le presentó una oferta muy potente, deportiva y económicamente. Un proyecto sólido, competitivo, que le permitía seguir en una liga que conocía y donde se sentía cómoda.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Y cuando su etapa en Madrid llegó a su fin, Linari volvió a demostrar que no temía al cambio. En 2020, dio el salto a la Division 1 Féminine francesa para incorporarse a los Girondins de Bordeaux, una liga conocida por su rigor táctico y su potencia física.

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    Su paso por el Girondins de Bordeaux fue, sin rodeos, una etapa fallida. No encontró estabilidad. No encontró continuidad. No encontró su lugar. El proyecto no respondió a las expectativas y el contexto no la ayudó. Fue un año duro, de dudas, de desconexión. Un recordatorio de que no todos los riesgos salen bien.

    Ese golpe la devolvió a Italia. Y la Roma fue su refugio y su renacimiento.

    Desde 2020 hasta 2025, Linari fue pilar absoluto del proyecto romano. Allí recuperó confianza, jerarquía y continuidad. Se convirtió en líder, en referencia, en una defensa total. Roma la reconcilió con el fútbol. Le devolvió el sentido.

    Paralelamente, su carrera con la Selección italiana fue creciendo. Linari ha sido una habitual en las convocatorias de Italia, participando en grandes torneos internacionales, aportando experiencia, orden y liderazgo. En la Azzurra ha sido una defensa de confianza, una futbolista de partidos grandes, capaz de sostener estructuras y de competir ante las mejores selecciones del mundo.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Italia encontró en ella una central fiable, con experiencia internacional, capaz de transmitir calma en escenarios de máxima presión. Su recorrido por distintas ligas europeas enriqueció su perfil en la selección, aportando matices tácticos y competitivos que pocas jugadoras pueden ofrecer.

    (Fuente: UEFA)

    A los 30 años, Elena volvió a marcharse. Inglaterra. London City Lionesses. Otra vez el riesgo. Otra vez la exigencia. Otra vez el viaje.

    Elena Linari es una central de inteligencia superior. No vive del choque. Vive del tiempo. Anticipa, lee, corrige. Es una defensa que hace sencillo el juego de sus equipos. Posicionalmente impecable, fiable en área, segura en salida. Lidera desde el orden. No necesita alzar la voz para mandar.

    Elena Linari no es solo una futbolista europea con un gran palmarés. Es una historia de pertenencia, de errores, de amor por un club, de regreso a casa y de felicidad reencontrada. Una carrera que no se mide solo en títulos, sino en huellas.

    Y algunas huellas, como las suyas, no se borran nunca.

    El palmarés de Elena Linari es el reflejo de una carrera larga, coherente y profundamente europea, construida desde la constancia, la fiabilidad defensiva y la capacidad de competir en contextos muy distintos. No es un palmarés explosivo ni concentrado en un solo club, sino extendido en el tiempo y repartido entre Italia y España, lo que lo convierte en uno de los más completos de una defensora italiana de su generación.

    Todo comienza muy pronto, casi de forma prematura, cuando Elena Linari asciende al primer equipo del Firenze siendo prácticamente una adolescente. Con el club toscano logra en la temporada 2009-2010 el título de la Serie A2, equivalente a la segunda división italiana, un campeonato que supone el ascenso y que marca su primer éxito colectivo. Aquel logro tiene un valor especial porque llega en la etapa formativa, cuando todavía estaba construyendo su identidad futbolística y aprendiendo a competir contra jugadoras con mucha más experiencia.

    Su verdadero salto al fútbol de élite llega con el Brescia, uno de los grandes dominadores del fútbol femenino italiano en la década de 2010. Allí, Linari entra de lleno en una dinámica ganadora. Con el conjunto lombardo conquista dos Scudetti de Serie A, en las temporadas 2013-2014 y 2015-2016, participando en un equipo que marcó época por su solidez, regularidad y mentalidad competitiva. A esos títulos de liga se suma la Coppa Italia 2015-2016, completando un doblete nacional que consolida al Brescia como referencia absoluta del calcio femenino. Además, Linari añade a su palmarés dos Supercopas de Italia, las correspondientes a 2014 y 2015, trofeos que enfrentan a los campeones de liga y copa y que confirman la hegemonía del club en esos años.

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    Tras su etapa en Brescia, Elena Linari continúa ampliando su palmarés con la Fiorentina, club con el que vive una de las temporadas más brillantes de su carrera. En la campaña 2016-2017, la defensa italiana se proclama campeona de la Serie A, logrando un Scudetto histórico para el conjunto viola. Ese mismo año, y también en la temporada siguiente, suma dos Copas de Italia consecutivas (2016-2017 y 2017-2018), demostrando una continuidad competitiva muy poco habitual. A estos éxitos se añade la Supercoppa Italiana 2017-2018, cerrando una etapa en Florencia marcada por los títulos y por su consolidación definitiva como una de las mejores centrales del país.

    El siguiente gran hito en su palmarés llega fuera de Italia, con su fichaje por el Atlético de Madrid. En la temporada 2018-2019, Elena Linari se convierte en campeona de la Primera División española, levantando la Liga F con el conjunto rojiblanco. Ese título no solo tiene valor deportivo, sino también simbólico: la convierte en una de las pocas futbolistas italianas en ganar una liga extranjera de primer nivel y la integra en una etapa dorada del Atlético de Madrid Femenino. Aunque su paso por España fue breve, ese campeonato figura como uno de los más significativos de su carrera por el contexto, la exigencia y el peso histórico del club.

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    Después de un paréntesis poco fructífero en Francia, su palmarés vuelve a crecer de forma notable con la AS Roma, club en el que vive uno de los ciclos más exitosos y estables de su trayectoria. Con el conjunto capitalino, Elena Linari conquista dos Scudetti consecutivos, en las temporadas 2022-2023 y 2023-2024, siendo parte fundamental de la zaga de un equipo que se consolida como el nuevo gran dominador del fútbol femenino italiano. A estos títulos de liga se suman dos Copas de Italia, las de 2020-2021 y 2023-2024, trofeos que refuerzan el dominio nacional de la Roma durante ese periodo. Además, Linari añade a su palmarés al menos una Supercoppa Italiana con la camiseta romanista, completando un ciclo de éxitos que la sitúa como una de las futbolistas más laureadas de la historia reciente del club.

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    En el cómputo global de su carrera a nivel de clubes, Elena Linari acumula múltiples títulos de liga en Italia, repartidos entre Brescia, Fiorentina y Roma, además de una liga española con el Atlético de Madrid, varias Copas de Italia y un número significativo de Supercopas italianas, lo que la convierte en una de las defensas con mayor palmarés del fútbol italiano moderno.

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    A nivel internacional, aunque la Selección Italiana no suma títulos oficiales de campeonatos, la trayectoria de Linari con la Azzurra forma parte inseparable de su palmarés competitivo. Ha representado a Italia en dos Copas del Mundo (2019 y 2023), siendo especialmente recordada la actuación del equipo en el Mundial de Francia 2019, donde Italia alcanzó los cuartos de final y recuperó prestigio internacional. También ha disputado varias Eurocopas, entre ellas las ediciones de 2017 y 2022, consolidándose como una habitual en las grandes citas continentales. Con más de un centenar de internacionalidades, su longevidad y regularidad con la selección refuerzan el valor de una carrera marcada no solo por los títulos, sino por la permanencia en la élite.

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    Así, el palmarés de Elena Linari no se resume únicamente en trofeos levantados, sino en una década y media compitiendo al máximo nivel, ganando en distintos países, adaptándose a diferentes culturas futbolísticas y dejando huella en cada club por el que pasó. Un palmarés construido desde atrás, como su juego: sólido, constante y profundamente fiable.

    (Fuente: UEFA!
  • Oficial | Alexia Putellas y el renacer dorado: el nuevo rubio que simboliza una era, una victoria íntima y el inicio del Año Nuevo 2026

    (Fuente: X)

    🔲 La capitana del Barcelona y de la Selección Española de Fútbol deja atrás el platino que marcó una etapa de resistencia para abrazar un rubio cálido, orgánico y luminoso que conecta identidad, madurez, liderazgo y futuro. Un cambio estético que no es moda: es manifiesto.

    Cuando el calendario se detuvo en el umbral del Año Nuevo 2026, Alexia Putellas eligió hablar sin palabras. Lo hizo a través de una imagen, de una textura, de un color que no grita pero permanece. El platino —símbolo de dureza, de filo, de supervivencia— quedó atrás. En su lugar, apareció una melena rubia con reflejos cálidos, viva, en movimiento, acompañada de un corte renovado, más orgánico, más libre, más adulto.

    No fue un simple cambio de look. Fue un acto narrativo.
    Una declaración silenciosa de intenciones.

    Compartido de manera natural en Instagram y X, el nuevo estilo de Alexia desató una reacción inmediata: comentarios, análisis, interpretaciones, capturas, titulares. Porque cuando Alexia cambia, no solo cambia una futbolista.

    Cambia un símbolo. Cambia un tiempo. Cambia una forma de mirar el fútbol femenino desde el centro mismo de su historia reciente.

    Durante años, el rubio platino fue casi una armadura. En Alexia, no era un adorno: era una extensión de su carácter competitivo, de su liderazgo frontal, de su forma de ocupar el espacio. El platino acompañó etapas decisivas: Balones de Oro, lesiones, regresos, silencios, miradas largas al horizonte.

    Era un color extremo, exigente, sin concesiones. Como la propia Alexia en los momentos más duros.

    Pero todo símbolo, cuando cumple su función, debe transformarse y el paso al rubio cálido no supone una renuncia, sino una evolución. Donde antes había dureza visual, ahora hay profundidad. Donde antes el impacto era inmediato, ahora es permanente.

    nuevo tono elegido por Alexia no es casual. Los reflejos dorados y miel conectan con una estética más natural, más vinculada al cuerpo en movimiento, al deporte vivido desde la armonía y no desde la resistencia pura.

    Es un rubio que respira, que dialoga con la piel, con la luz, con el gesto. Que no se impone, pero se recuerda.

    El corte acompaña esa idea: menos rigidez, más fluidez. Menos construcción artificial, más identidad real. Es la imagen de una futbolista que ya no necesita demostrar nada, porque todo está dicho sobre el césped.

    Alexia no hizo un anuncio formal. No hubo comunicado, ni campaña, ni explicación. Simplemente apareció. Y eso, en sí mismo, es poder.

    Las redes sociales se convirtieron en el escenario donde la imagen se expandió como una onda larga. No por provocación, sino por autoridad simbólica. Cada publicación, cada fotografía, fue interpretada como lo que realmente era: un inicio.

    No es la primera vez que Alexia utiliza el cabello como elemento narrativo. En el Mundial de 2023, sorprendió con un tono rosado que muchos interpretaron como una apuesta emocional, una llamada a la épica, un guiño al estilo icónico de Megan Rapinoe.

    Aquel rosa hablaba de desafío, de visibilidad, de ruptura de moldes. Este rubio cálido, en cambio, habla de reconciliación, de estabilidad, de victoria interior.

    Si el rosa fue una llamarada, el dorado es un fuego constante.

    En el fútbol femenino, el cuerpo ha sido históricamente un campo de disputa. Alexia lo sabe. Por eso cada decisión estética suya trasciende lo superficial. No se trata de moda, sino de control del relato.

    Cambiar el pelo es, en su caso, una forma de apropiarse del tiempo, de marcar el ritmo, de decir: estoy aquí, sigo aquí, y soy otra sin dejar de ser yo.

    No es casual que el cambio llegue con el Año Nuevo 2026. El calendario simbólico importa. Alexia inaugura el año con una imagen que no mira atrás con nostalgia, sino con serenidad. El dorado no es pasado: es promesa.

    Promesa de continuidad, de liderazgo renovado, de una figura que sigue siendo central en el Barça, en la selección, en el imaginario colectivo del fútbol femenino europeo y mundial.

    Las reacciones no tardaron en llegar. Aficionadas, periodistas, compañeras, referentes culturales. Porque Alexia no solo juega al fútbol: estructura imaginarios.

    Cada gesto suyo —también este— se convierte en material de análisis, en espejo, en referencia.

    Este nuevo rubio no busca ser tendencia. Busca ser verdad. No grita. No necesita hacerlo. Se instala. Permanece. Acompaña.

    Alexia Putellas entra en 2026 con una imagen que no simboliza ruptura, sino plenitud. Una plenitud construida desde el dolor, el trabajo, la excelencia y la conciencia de su lugar en la historia.

    Porque hay cambios que no anuncian un nuevo comienzo.
    Anuncian algo más complejo y más poderoso

  • Reportaje | Andrea Pereira: el fútbol que no grita, pero sostiene

    (Fuente: UEFA)

    ⬛️ Hay futbolistas que entran en la historia por el ruido y hay otras que lo hacen por el peso.

    (Fuente: UEFA)

    El 2025 comienza a dispersarse como mantequilla untada sobre demasiado pan, como diría Bilbo Bolsón en “El Señor de los Anillos”, pero antes de que se cierre queremos poner en valor la trayectoria de una pionera, de este fútbol femenino moderno, como es Andrea Pereira Cejudo (Barcelona, 19 de septiembre de 1993) es una futbolista española. Juega como defensa en el Club de Fútbol Pachuca Femenil de la Liga MX Femenil. Hasta 2022 fue internacional absoluta con la Selección Española de Fútbol.

    La exjugadora del Club América, uno de los grandes transatlánticos del balompié azteca, formó una gran pareja defensiva con Mapi León en el Barcelona.

    La que fuese rojiblanca no es sólo una central, sino que es estructura u memoria y desde muy joven destacó por una lectura del juego poco común. No era la más rápida, ni la más poderosa, pero siempre llegaba antes. Antes al corte. Antes a la ayuda. Antes a la cobertura que evitaba el problema y era un auténtico seguro de vida.

    Toda gran carrera tiene un punto de partida que no aparece en los palmarés.
    En el caso de Andrea Pereira, ese punto no fue un título, ni una llamada de la selección, ni una final. Fue una fractura de peroné a los 19 años.

    Cuatro meses fuera.
    Cuatro meses viendo el fútbol desde la distancia.
    Cuatro meses entendiendo que el talento, sin resistencia mental, no alcanza.

    Debutó con el primer equipo en la temporada 2011-2012, tras formarse en las categorías inferiores del club. No fue una irrupción explosiva. Fue algo más difícil: una construcción lenta y sólida.

    Durante siete temporadas, Andrea Pereira fue creciendo hasta convertirse en una de las piezas estructurales del Espanyol. Central sobria, fiable, con una lectura del juego muy por encima de la media del campeonato en aquel momento.

    El Espanyol no era un club que luchara por títulos, pero sí un entorno ideal para entender el fútbol desde la responsabilidad. Allí Andrea aprendió: a defender mucho tiempo seguido, sostener partidos largos y convivir con el error sin esconderse

    La lesión de peroné no la debilitó: la ordenó. Volvió con una forma distinta de competir, menos impulsiva, más cerebral.

    En 2012, levantó la Copa de la Reina, uno de los grandes hitos del club. Y no fue casualidad: ya entonces era una futbolista que elevaba el nivel colectivo.

    Su última temporada en el Espanyol fue simbólica: capitana del primer equipo. No por veteranía, sino por ascendencia. Porque ya era una jugadora que hablaba poco, pero colocaba a todas.

    Ese mismo año, con solo 22 años, llegó la llamada de la selección absoluta. No como promesa mediática, sino como central fiable. Como solución.

    Andrea Pereira llegaba a la élite sin ruido, pero con una base que pocas tenían.

    (Fuente: UEFA)

    En julio de 2016, el Atlético de Madrid anunció su fichaje. Procedente del Espanyol, Andrea daba un salto que no era solo deportivo: era ideológico.

    El Atlético femenino estaba construyendo algo grande. Y necesitaba futbolistas que entendieran el esfuerzo como identidad.

    En su primera temporada, Andrea Pereira fue campeona de Liga. Pero más allá del título, se convirtió en una pieza táctica esencial. Central zurda, con capacidad para defender en campo abierto y sostener una línea adelantada.

    En su segunda campaña fue titular indiscutible. El equipo repitió título de Liga. En octubre de 2017 sufrió una lesión muscular en el recto anterior del muslo izquierdo que la apartó un mes, pero regresó sin perder jerarquía.

    El Atlético de Madrid ganó su segunda liga consecutiva con Andrea como una de las columnas invisibles del proyecto.

    (Fuente: UEFA)

    Andrea no necesitó brazalete fijo para liderar. En un vestuario con personalidades fuertes, ella fue el punto de equilibrio. La futbolista que sostiene cuando el partido se rompe.

    El verano de 2018 marca otro punto de inflexión. El Barcelona anuncia el fichaje de Andrea Pereira y, con él, no solo incorpora a una central contrastada, sino a una futbolista que entiende el juego desde la arquitectura.

    El Barça no buscaba solo defender mejor y buscaba defender distinto

    El Barcelona femenino de 2018 estaba en plena transformación. Aspiraba a Europa, pero todavía no dominaba Europa. Necesitaba centrales capaces de:
    • Defender muy lejos del área
    • Sostener posesiones largas
    • Iniciar juego bajo presión
    • Corregir grandes espacios a la espalda

    Andrea Pereira encajó desde el primer día y llegó a formar una gran pareja con Mapi León, algo que no era sencillo y requería inteligencia en lo táctico, lectura y evaluación del riesgo en maridaje con una enorme compensación y Pereira lo hizo todo a la perfección.

    Mientras una atacaba el duelo, la otra cerraba el sistema. Mientras una rompía líneas con pase, la otra sostenía la estructura.

    Esa dupla fue una de las más fiables del continente durante varias temporadas.

    Andrea Pereira llegó al FC Barcelona en el verano de 2018 en un momento decisivo para la historia del club. El Barça quería dejar de competir bien para empezar a mandar, y para eso necesitaba futbolistas capaces de sostener el juego desde atrás, de entender el fútbol no como una sucesión de acciones aisladas, sino como una estructura completa. Andrea encajó desde el primer día. No por impacto mediático, sino por comprensión profunda del juego.

    La temporada 2018-2019 fue, paradójicamente, una de las más importantes de su carrera. No por los títulos, sino por las derrotas. El Barcelona terminó aquel curso como subcampeón de Liga, subcampeón de Copa de la Reina y subcampeón de Europa. Tres finales perdidas. Tres golpes duros. Especialmente la final de la Liga de Campeones ante el Olympique de Lyon, un 4-1 que evidenció la distancia que aún separaba al Barça del equipo más dominante del mundo.

    (Fuente: UEFA)

    Andrea Pereira vivió aquella final desde dentro, defendiendo contra una maquinaria casi perfecta. Y de esa experiencia extrajo una lección que marcaría el futuro del club y de su propia carrera: para ganar Europa no basta con competir. Hay que mandar. Ese aprendizaje, silencioso pero profundo, fue oro. Porque el Barça que perdería aquella final sería el Barça que, poco después, cambiaría para siempre la jerarquía del fútbol femenino europeo.

    La respuesta llegó pronto. La temporada 2019-2020 comenzó con el título de la Supercopa de España, el primer trofeo de un ciclo que transformaría la historia del club. Andrea fue parte activa de ese inicio ganador, aportando estabilidad y fiabilidad defensiva en un equipo que empezaba a reconocerse dominante. Meses después, en mayo de 2020, el Barcelona se proclamó campeón de la Liga Iberdrola tras la cancelación de la competición por la pandemia. Un título extraño, sin celebraciones tradicionales, pero trabajado desde la regularidad y el control absoluto del juego. Andrea seguía siendo una pieza fiable en la rotación defensiva, siempre preparada para sostener el sistema cuando el contexto lo exigía.

    La Copa de la Reina, aplazada hasta febrero de 2021, cerró definitivamente ese ciclo triunfal. El Barça ganó la final al EDF Logroño por 3-0 y levantó el trofeo. Andrea sumaba otro título a una temporada ya histórica, confirmando la confianza institucional que el club había expresado meses antes con su renovación hasta 2023. No era un gesto simbólico: era el reconocimiento a una futbolista que entendía el proyecto desde dentro.

    La culminación llegó en la Liga de Campeones 2020-2021, el gran punto de ruptura del fútbol femenino europeo. El Barcelona no solo ganó la Champions: arrasó. Andrea Pereira fue parte activa del camino, participando en eliminatorias clave como la del Manchester City, formando parte del grupo que alcanzó las semifinales y desempeñando un papel estructural dentro del vestuario. No pudo disputar la final por sanción, pero ese detalle, lejos de empequeñecer su figura, la define con precisión. Andrea representa a ese grupo de futbolistas que ganan incluso cuando no juegan. El 16 de mayo de 2021, el FC Barcelona goleó 0-4 al Chelsea y se proclamó campeón de Europa. Andrea Pereira era campeona de Europa. Sin foco. Sin portada. Pero con el mismo mérito.

    Su juego explica por qué siempre estuvo ahí. Andrea Pereira es una central zurda de enorme inteligencia táctica. Su uso del perfil corporal es excelente, su pase corto y medio es seguro y consciente, y rara vez arriesga sin ventaja. No juega para lucirse, juega para que el equipo funcione. A nivel táctico destaca por su lectura de coberturas, su capacidad para defender en bloque alto, su dominio del timing defensivo y su ajuste constante de la línea. Físicamente no es explosiva, pero sí resistente, coordinada y muy fiable en partidos largos. Y mentalmente aporta algo que no se entrena: liderazgo silencioso, alta tolerancia a la presión y una capacidad poco común para asumir un rol secundario sin perder impacto. Andrea Pereira no es una central de choque. Es una central de control.

    Esa fiabilidad la acompañó también en la selección española. Debutó joven con la absoluta, con solo 22 años, en una generación marcada por una competencia feroz en defensa. Su rol fue siempre claro: estar preparada. No siempre titular, pero nunca fuera del radar. En un contexto donde España evolucionaba hacia un fútbol cada vez más dominante, Andrea aportó experiencia, orden y capacidad para sostener partidos complejos. Fue una futbolista respetada en el vestuario, consciente de que el valor de una carrera no se mide solo en minutos, sino en utilidad colectiva.

    Su palmarés resume una trayectoria construida desde la constancia: campeona de la Copa de la Reina en 2012 con el Espanyol; campeona de Liga en las temporadas 2016-17 y 2017-18 con el Atlético de Madrid; campeona de la Supercopa de España en 2020, de la Liga Iberdrola 2019-20 y de la Copa de la Reina 2021 con el FC Barcelona; y campeona de Europa en 2021. Títulos importantes, sí, pero siempre acompañados de un rol que va más allá de la foto.

    Andrea Pereira no será recordada por goles decisivos ni por gestos grandilocuentes. Será recordada por algo más difícil de medir: haber sostenido el juego cuando el fútbol femenino español crecía a una velocidad vertiginosa. Mientras el foco iluminaba a otras, ella ordenaba la sombra. Mientras el ruido crecía, ella bajaba pulsaciones. Mientras el fútbol cambiaba, ella lo entendía.

    Andrea Pereira representa a una generación de futbolistas que no pidieron permiso para competir. Que se hicieron fuertes en la dificultad. Que aprendieron a resistir antes de aprender a ganar. Y cuando llegó el momento de ganar, estaban preparadas. Porque el fútbol también se construye desde atrás. Desde el silencio. Desde las que no fallan. Y Andrea Pereira, durante más de una década, nunca dejó de estar.

    cuando pasen los años, cuando las cifras se borren y los resúmenes se acorten, quedará algo que no aparece en las estadísticas. Quedará la certeza de que hubo una futbolista que entendió el juego antes de que el juego la entendiera a ella. Que supo esperar cuando todo empujaba a correr. Que sostuvo cuando otros brillaban. Que estuvo cuando no era obligatorio estar.

    Andrea Pereira no fue la voz más alta ni la imagen más repetida. Fue la base. El punto de apoyo. La futbolista que hizo posible que otras volaran porque alguien, atrás, ordenaba el caos. En un fútbol que aprendió a ganar a toda velocidad, ella enseñó que también se gana pensando.

    Su carrera no se explica desde el ruido, sino desde la permanencia. Desde el compromiso diario. Desde la resistencia silenciosa de quien sabe que el verdadero legado no es levantar un trofeo, sino dejar un equipo mejor de lo que lo encontró.

    Porque el fútbol femenino español no solo creció gracias a las que marcaron goles imposibles. Creció gracias a las que sostuvieron los cimientos cuando todavía no había certezas. Y Andrea Pereira fue una de ellas.

    Por eso, cuando el partido se rompe, cuando el estadio calla, cuando el balón quema y el tiempo aprieta, siempre hay una jugadora que aparece donde hace falta. No para celebrar. Para cumplir.

    Y eso, en el fútbol y en la vida, es lo más difícil de todo.

    Ese es el legado de Andrea Pereira que en pleno 2025 se sigue escribiendo con la camiseta del Pachuca.

    (Fuente: UEFA)