Hay partidos que no necesitan presentación porque se explican solos. Partidos que no se anuncian: se presienten. Que no se juegan únicamente en el césped, sino en la memoria, en el peso de los escudos, en la herencia invisible que arrastran quienes saltan al campo sabiendo que noventa minutos pueden reordenar una década de relatos. Atlético de Madrid y Athletic Club vuelven a encontrarse bajo el amparo solemne de la Copa de la Reina, ese torneo que no entiende de inercias ni de jerarquías estables, pero que siempre termina señalando a quienes saben habitar su caos. A las 18:45, cuando el balón empiece a rodar en Alcalá de Henares, no solo comenzará un partido de cuartos de final: se activará una de esas noches que la Copa se reserva para los equipos que han hecho de la historia una responsabilidad.
(Fuente: Liga F Moeve)
El Atlético de Madrid llega a esta cita con la memoria reciente todavía palpitando. Subcampeón vigente del torneo, heredero inmediato de una final que rozó la gloria y que confirmó, una vez más, que el conjunto rojiblanco se ha convertido en uno de los grandes actores estructurales de la Copa de la Reina en la última década.
No es una presencia circunstancial ni un invitado ocasional: es un club que ha aprendido a convivir con la exigencia de ganar, que ha levantado el trofeo en dos ocasiones históricas y que ha construido una relación íntima con este torneo, entendiendo que la Copa no se conquista desde la superioridad, sino desde la resistencia emocional, la lectura de los momentos y la capacidad de sobrevivir cuando el partido se vuelve incómodo. Cada eliminatoria, para el Atlético, es un recordatorio de su propio ADN competitivo, de esa manera de estar que no distingue entre días grandes y días menores.
(Fuente: Liga F Moeve)
Frente a ellas comparece un Athletic Club que camina por la élite con un peso histórico distinto, pero no menos imponente. Si hay un club que representa la tradición, la fidelidad a una idea y la persistencia en la cima del fútbol femenino español, ese es el conjunto rojiblanco de Bilbao. Cinco veces campeón de Liga, cinco conquistas del campeonato doméstico bajo distintas denominaciones, la última en la temporada 2015-2016, cuando la competición aún se llamaba Liga Iberdrola. Cinco títulos que hablan de hegemonía, de continuidad, de generaciones enteras de futbolistas que sostuvieron el escudo del Athletic como una forma de pertenencia, como una identidad que trasciende resultados y modas. Pero también de una espina clavada que el tiempo no ha conseguido arrancar: la Copa de la Reina sigue resistiéndose a su vitrina.
Nunca el Athletic ha logrado levantar el trofeo copero. Ha rozado finales, ha protagonizado campañas memorables, ha construido equipos capaces de competir contra cualquiera, pero siempre ha faltado ese último paso, ese partido definitivo que convierta la regularidad en celebración.
Cada edición renueva esa posibilidad, cada eliminatoria reabre una herida que no cicatriza, y cada cruce de cuartos se vive como una frontera emocional entre la resignación histórica y la redención definitiva. La Copa, tan caprichosa como simbólica, no entiende de merecimientos acumulados, pero sí premia a quienes llegan dispuestos a romper sus propias barreras.
El contexto no puede ser más cargado. Porque no es la primera vez que Atlético de Madrid y Athletic Club se miran a los ojos en este escenario. La Copa tiene memoria, y esa memoria viaja inevitablemente hasta la temporada 2018-2019, cuando ambos equipos se enfrentaron en estos mismos cuartos de final en San Mamés. Aquella tarde, en La Catedral, el Atlético supo interpretar mejor los ritmos, manejar los silencios del partido y golpear con la frialdad de quien entiende que en Copa no gana quien más propone, sino quien menos se equivoca. El 0-2 final dejó al Athletic otra vez a las puertas de un sueño aplazado y reforzó la sensación de que el Atlético había aprendido a moverse con soltura en este tipo de escenarios.
Ese precedente no decide nada, pero lo impregna todo. Porque en la Copa no hay revancha automática ni justicia poética garantizada. Hay noventa minutos —noventa minutos que comenzarán a las 18:45— en los que se mezclan historia, estado de forma, gestión emocional y capacidad de resistir cuando el partido se rompe. Y ahí, tanto Atlético como Athletic saben que cada detalle cuenta.
Los números recientes también dibujan una narrativa clara. Los precedentes históricos favorecen al conjunto dirigido por José Herrera, con seis victorias, dos empates y solo dos derrotas en los últimos once compromisos ante el Athletic Club. Un balance que no sentencia la eliminatoria, pero que marca una tendencia: el Atlético ha sabido encontrar respuestas ante un rival que siempre propone duelos intensos, físicos y emocionales, pero que en demasiadas ocasiones ha chocado con la solidez rojiblanca.
El Atlético aterriza en esta cita tras un empate que dejó sensaciones encontradas. El 1-1 ante el Granada CF en Alcalá, en el estreno de José Herrera en el banquillo madrileño, fue un partido de transiciones emocionales constantes. A los doce minutos, Amaiur sacudió la madera con un disparo que pudo cambiar el guion, y el rechace cayó a los pies de Synne Jensen, que no perdonó para adelantar a las locales. El Atlético parecía haber encontrado el ritmo, pero antes del descanso, Laura Pérez filtró un balón que Andrea Gómez transformó en el empate superando a Lola Gallardo. En la segunda mitad, Andrea Medina, MVP del encuentro, asumió galones, empujó al equipo hacia adelante y sostuvo el pulso competitivo. El debut de Kathrine Møller Kühl añadió una nueva pieza al engranaje, una centrocampista danesa llamada a ofrecer control y pausa, aunque sin fortuna de cara a portería ante una Laura Sánchez que sostuvo al Granada. Sheila Guijarro también rozó el gol en el tramo final, pero el marcador ya no se movió.
Ese empate, lejos de debilitar al Atlético, refuerza una idea clave: este equipo sigue en construcción, pero su suelo competitivo es altísimo. Incluso en días de ajustes, incluso en estrenos de banquillo, el Atlético mantiene una identidad reconocible, una forma de competir que no se negocia.
El Athletic Club, por su parte, llega tras reencontrarse con la victoria en casa en un partido que condensó todas las virtudes y contradicciones del conjunto vasco. La primera ocasión llevó la firma de Daniela Agote, que estrenaba dorsal del primer equipo, un símbolo del relevo constante que define al Athletic. En el minuto 18, un penalti por agarrón de Ainhoa Doménech sobre Naia Landaluze pudo haber cambiado el partido, pero Romane Salvador detuvo el lanzamiento de Nerea Nevado, manteniendo el equilibrio. Tras el descanso, Ane Elexpuru estrelló un disparo en el larguero y Clara Pinedo, tras un pase decisivo de Sara Ortega —MVP del encuentro—, rompió el empate con un disparo de alto nivel técnico.
El tramo final fue una montaña rusa emocional: penalti cometido por la propia Elexpuru, convertido por Laia Ballesté, y un desenlace cruel para el Espanyol, con un autogol de Anna Torrodà que selló el 2-1 definitivo. Un triunfo que devolvió confianza, pero que también recordó lo frágil que puede ser cualquier ventaja.
Todo conduce, inevitablemente, a un cruce que huele a Copa en estado puro. A un partido en el que no bastará con tener más talento ni con acumular más posesión. Será una eliminatoria de nervios, de momentos, de errores mínimos y aciertos definitivos. El Atlético sabe lo que es jugar finales, levantar trofeos, convivir con la presión de ser favorito. El Athletic sabe lo que es sostener una tradición centenaria, cargar con la expectativa de una afición que nunca abandona y perseguir un título que se le resiste como un desafío personal.
Cuando el balón eche a rodar en Alcalá, no habrá pasado ni futuro: solo presente.
El equipo bilbaíno derrotó en octavos al C.E. Europa por 0-3.En Liga F viene ocupan el noveno puesto de la tabla clasificatoria, mientras que el Atlético de Madrid, sufrió de lo lindo en el Estadio José Kubala ante el Alhama ElPozo, empató (1-1) con las azulonas y tuvo que recurrir a la tanda de penales, donde emergió la figura de Patri Larqué para meter a las madrileñas en la siguientefase con un 4-5.
Además, la marcha en la Liga Profesional de Fútbol Femenino no es la más brillante para las locales que son quintas y tienen los puestos europeos a nueve puntos de distancia.
En la primera vuelta de este curso ambos equipos empataron (1-1) en Alcalá de Henares con las dianas de Lauren Leal y Jone Amezaga el 4 de octubre de 2025.
Noventa minutos para decidir si el Atlético sigue escribiendo su relación privilegiada con la Copa o si el Athletic abre, por fin, una puerta que siempre ha encontrado cerrada. Porque la Copa no elige al más fuerte: elige al que sabe escucharla cuando llama. Y esta vez, llama a dos guardianes de la historia.
(Fuente: Liga F Moeve)
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🏆 Copa de la Reina Iberdrola | Temporada 2025-2026
El lunes, 2 de febrero de 2026, no fue un lunes más en el calendario de la Liga F Moeve. No lo fue porque el anuncio del ‘Player of the Month’ de enero trascendió el mero reconocimiento estadístico para convertirse en una declaración de principios.
(Fuente: Liga F Moeve)
Athenea del Castillo, futbolista del Real Madrid CF, extremo por naturaleza y por convicción, fue proclamada jugadora del mes en una competición que ya no premia únicamente el gol, sino la influencia, el impacto competitivo y la capacidad de alterar el curso de los partidos desde la personalidad futbolística.
El galardón, impulsado por EA SPORTS en su apuesta estratégica por el fútbol femenino, volvió a señalar a la Liga F como campeonato pionero en la integración de estándares globales de reconocimiento individual. Una distinción que, desde su implantación, no ha buscado replicar modelos masculinos, sino reinterpretarlos desde la especificidad del juego femenino, de sus ritmos, de sus contextos y de sus protagonistas. En ese escenario, Athenea del Castillo no aparece como una elección coyuntural, sino como una consecuencia natural de un mes en el que su figura se convirtió en eje, desequilibrio y relato.
La votación, abierta el miércoles 21 de enero, reunió una nómina que retrata la pluralidad competitiva del campeonato: Paula Fernández, Érika González, Ariadna Mingueza, Sydney Schertenleib, Anna Torrodà, Elba Vergés y la propia Athenea. Siete nombres, siete contextos, siete formas de entender el juego. El desenlace, sin embargo, no dejó espacio a la duda: la atacante cántabra fue la futbolista que mejor sintetizó rendimiento, impacto y continuidad durante enero.
El premio llega tras un mes de 237 minutos repartidos en tres partidos de Liga F Moeve, con dos goles —ambos frente al Levante UD— y una asistencia ante el Sevilla FC. Cifras que, aisladas, podrían parecer contenidas; cifras que, contextualizadas, explican por qué el fútbol no se mide únicamente en acumulación numérica. Athenea no solo participó en goles: los provocó, los anunció, los aceleró. Su presencia en el campo alteró estructuras defensivas, obligó a repliegues asimétricos y abrió espacios que el Real Madrid supo explotar.
Pero enero no se cerró únicamente en clave liguera. El gol anotado en las semifinales de la Supercopa de España añadió una capa más al relato: la de la futbolista que aparece cuando el escenario se eleva, cuando el foco se intensifica y cuando la exigencia se multiplica. En ese contexto, Athenea no se esconde ni se diluye. Se afirma.
A sus 23 años, la futbolista de Solares acumula ya 1.163 minutos en Liga F Moeve esta temporada, con cuatro goles y seis asistencias, liderando ese apartado en su equipo. Es una cifra que habla de regularidad, pero también de rol. Athenea no es una aparición puntual ni un recurso de rotación: es una pieza estructural del proyecto deportivo del Real Madrid CF femenino. Una jugadora que, desde el costado, construye una identidad reconocible.
El reconocimiento de EA SPORTS no es menor. La mejora de su ítem en el ecosistema digital simboliza algo más profundo: la consolidación de referentes femeninos con peso propio en la cultura global del fútbol. Athenea se suma así a una lista que ya integran Luany, Edna Imade, Claudia Pina y Ewa Pajor, nombres que representan distintas formas de excelencia y que, juntos, componen una cartografía del talento que hoy define a la Liga F Moeve.
Sin embargo, para comprender la dimensión real de este premio, es necesario retroceder. Mirar hacia atrás. Recordar que Athenea del Castillo no surge de la nada ni es producto exclusivo de un gran escudo. Antes de Chamartín, antes de los focos y de los grandes escenarios, hubo barro, hubo resistencia y hubo aprendizaje en contextos menos visibles. Su paso por el Deportivo Abanca forma parte de esa genealogía silenciosa que sostiene el crecimiento del fútbol femenino español.
En A Coruña, Athenea no solo compitió: se forjó. Aprendió a recibir con ventaja en equipos que necesitaban correr más que dominar, a encarar cuando el margen de error era mínimo y a asumir responsabilidades ofensivas incluso en escenarios adversos. Ese bagaje no se borra con el salto a la élite; al contrario, se arrastra como una memoria corporal que reaparece en cada conducción larga, en cada cambio de ritmo y en cada decisión tomada bajo presión.
El ‘Player of the Month’ de enero no premia únicamente lo que Athenea hizo durante cuatro semanas. Premia lo que es capaz de sostener en el tiempo. Premia la coherencia entre pasado y presente. Premia la evolución sin ruptura. En una Liga F Moeve cada vez más competitiva, donde la exigencia física y táctica se eleva jornada tras jornada, la extremo cántabra ha encontrado un lugar desde el que influir sin traicionar su esencia.
Este reconocimiento también interpela al campeonato. La Liga F Moeve no solo celebra a una jugadora; se celebra a sí misma como espacio de desarrollo, como plataforma de visibilidad y como producto deportivo con narrativa propia. La alianza con EA SPORTS refuerza esa proyección internacional y sitúa a las futbolistas en un ecosistema donde el rendimiento tiene eco más allá del césped.
Athenea del Castillo, en este contexto, no es únicamente la jugadora del mes de enero. Es un símbolo de continuidad generacional, de profesionalización sostenida y de identidad futbolística reconocible. Su premio no cierra un ciclo: lo abre. Porque enero ha sido solo una estación en un recorrido que aún tiene capítulos por escribir.
fútbol. Un tramo de la temporada en el que las cifras pueden mentir y los contextos pesan más que los marcadores. El cansancio acumulado, la resaca competitiva de los meses iniciales y la presión por no perder el pulso con la clasificación convierten cada partido en una prueba de madurez colectiva e individual. En ese escenario, Athenea del Castillo no solo sostuvo su rendimiento: lo elevó hasta convertirlo en una herramienta de lectura del juego.
El Real Madrid CF afrontó el mes con una hoja de ruta clara: mantener la regularidad competitiva y reforzar una identidad ofensiva basada en la amplitud, la velocidad en los costados y la ocupación racional de los espacios intermedios. Athenea fue una de las piezas clave de ese plan. No como recurso puntual, sino como vértice desde el que se activaban automatismos reconocibles.
Su primer gran impacto del mes llegó frente al Levante UD. No fue un partido sencillo ni cómodo. El conjunto valenciano propuso un bloque medio-bajo, con ayudas constantes sobre banda y una vigilancia permanente sobre las jugadoras exteriores del Real Madrid. En ese contexto, Athenea no buscó el desborde inmediato. Midió. Esperó. Atrajo. Y cuando el espacio apareció, lo atacó con la precisión de quien entiende el tiempo del juego.
Los dos goles anotados ante el Levante no fueron idénticos, pero sí coherentes con su perfil. Acciones que nacen de su capacidad para interpretar el uno contra uno no como un duelo físico, sino como un ejercicio de lectura corporal. Athenea no necesita una ventaja clara para encarar: le basta una décima de segundo, una leve descoordinación defensiva, un perfil mal orientado. Su arranque corto, casi felino, rompe el equilibrio rival antes de que la ayuda defensiva pueda llegar.
Ese partido sintetizó una de las grandes virtudes de su mes de enero: la eficiencia emocional. Athenea no se acelera con el balón ni se desconecta sin él. Su participación no se limita a la acción final; se extiende a la fase previa, a la fijación de marca, al arrastre de defensoras que liberan carriles interiores para sus compañeras. Es una futbolista que entiende que influir no siempre implica tocar el balón.
Días después, frente al Sevilla FC, su impacto adoptó otra forma. Menos visible para el marcador, pero igual de determinante. La asistencia repartida en ese encuentro nace de una conducción larga, de esas que obligan al bloque rival a retroceder en carrera, desordenándose. Athenea arrastra, temporiza y decide. No fuerza la acción individual cuando el contexto pide pausa. Ese gesto, aparentemente simple, revela una evolución futbolística que va más allá del desborde puro.
Enero también fue un mes de ajustes tácticos. El Real Madrid alternó estructuras, moduló alturas y probó diferentes asociaciones en banda. Athenea se adaptó a cada variante sin perder identidad. En ocasiones, actuó más abierta, pegada a la cal, estirando al máximo el campo. En otras, apareció por dentro, ocupando espacios entre lateral y central, obligando a la defensa rival a elegir entre cerrar o conceder. En esa duda ajena, ella encontró ventaja.
La Supercopa de España añadió un matiz competitivo distinto. El gol anotado en semifinales no fue solo un tanto más en su cuenta personal. Fue una confirmación. El tipo de acción que define carreras: aparecer en un partido de máxima exigencia y responder con determinación. Athenea atacó el espacio con convicción, sin titubeos, demostrando que su juego no se diluye cuando el contexto se vuelve hostil o el margen de error se reduce.
Ese enero confirmó algo que ya se intuía: Athenea del Castillo ha aprendido a competir dentro del sistema sin perder su naturaleza. Su fútbol sigue siendo vertical, agresivo y profundo, pero ahora está sostenido por una comprensión más amplia del juego colectivo. No encadena acciones sin sentido ni fuerza situaciones inexistentes. Selecciona. Y esa selección es una de las claves que explican su impacto sostenido.
Desde el punto de vista defensivo, su aportación también creció durante el mes. No tanto en números, sino en actitud. Athenea entendió cuándo replegar, cuándo cerrar línea de pase y cuándo activar la presión tras pérdida. Su esfuerzo sin balón no responde a una consigna aislada, sino a una lectura global del partido. Sabe cuándo su equipo necesita oxígeno y cuándo necesita intensidad.
Enero fue, en definitiva, el mes en el que Athenea consolidó un estatus. No el de promesa, ni el de talento intermitente, sino el de futbolista determinante en un equipo que aspira a todo. El ‘Player of the Month’ no premia una racha puntual ni una explosión efímera. Reconoce una secuencia de actuaciones coherentes, influyentes y sostenidas en el tiempo.
Mientras el calendario avanzaba, Athenea no se convirtió en un foco de ruido. No reclamó protagonismo mediático ni modificó su comportamiento en el campo. Su fútbol habló por ella. Y lo hizo con un lenguaje claro: el de la jugadora que entiende el ritmo de la competición y sabe cuándo acelerar y cuándo sostener.
En la siguiente entrega, el relato retrocederá para avanzar. Volveremos al origen, al proceso de construcción de Athenea del Castillo como futbolista profesional, con especial atención a su etapa en el Deportivo Abanca, no como anécdota biográfica, sino como cimiento real de su identidad competitiva.
Para entender por qué enero no fue una anomalía en la carrera de Athenea del Castillo, sino una consecuencia lógica, es imprescindible mirar atrás. No hacia los titulares ni hacia los grandes estadios, sino hacia esos contextos donde el fútbol no concede atajos y cada minuto en el campo se gana con insistencia. La futbolista que hoy sostiene el desequilibrio ofensivo del Real Madrid CF no nació en un ecosistema de comodidad competitiva. Se formó, creció y se endureció en escenarios donde el margen de error era mínimo y la exposición, constante.
El Deportivo Abanca no fue un simple punto de paso en su trayectoria. Fue una escuela de supervivencia futbolística. En A Coruña, Athenea entendió pronto que el talento, por sí solo, no basta. Que el desborde pierde sentido si no va acompañado de compromiso, y que la velocidad se convierte en un arma inútil si no se sabe cuándo utilizarla. Aquella etapa, muchas veces resumida de forma superficial, fue en realidad el laboratorio donde se construyó su carácter competitivo.
En el Deportivo Abanca, Athenea no jugaba para destacar: jugaba para sostener. Para dar oxígeno a un equipo que necesitaba transiciones largas, profundidad constante y soluciones individuales cuando el juego colectivo se veía asfixiado. Ese contexto moldeó una futbolista capaz de asumir responsabilidades desde muy joven, acostumbrada a recibir el balón en situaciones de inferioridad numérica y a decidir bajo presión.
Allí aprendió a correr con sentido. A no gastar una conducción si no generaba ventaja. A proteger el balón con el cuerpo cuando la ayuda tardaba en llegar. A entender que el uno contra uno no es un gesto aislado, sino una secuencia que comienza antes del contacto y termina después de la acción. Esa inteligencia competitiva, adquirida en contextos de exigencia estructural, es la que hoy emerge en escenarios de máxima visibilidad.
El salto al Real Madrid CF no borró ese aprendizaje. Lo amplificó. Athenea no llegó como una jugadora por pulir, sino como una futbolista con memoria de esfuerzo. Esa memoria se percibe en su forma de atacar los espacios, en su capacidad para repetir esfuerzos de alta intensidad y en su tolerancia al contacto físico. No rehúye el choque ni se esconde tras el talento. Lo integra.
Con el paso de las temporadas, su juego ha ganado capas. Sigue siendo una extremo de perfil natural, pero ya no responde al estereotipo clásico. Athenea no vive exclusivamente del desborde por fuera. Ha incorporado movimientos interiores, desmarques diagonales y una lectura más fina de las alturas del equipo. Cuando el lateral rival se cierra, ella se abre. Cuando la defensa bascula, ella ataca el intervalo. Cuando el ritmo del partido exige pausa, ella temporiza.
Esa evolución no es casual. Responde a una futbolista que ha sabido escuchar al juego sin traicionarse. Athenea no ha renunciado a su agresividad ofensiva; la ha ordenado. Ha aprendido que no todas las acciones requieren máxima velocidad, y que el desequilibrio también puede generarse desde la amenaza constante, incluso sin tocar el balón.
Su relación con el gol también se ha transformado. En sus primeros años, la finalización era una consecuencia ocasional del desborde. Hoy es una intención clara. Sus dos goles ante el Levante UD en enero son ejemplos de una atacante que ataca el área con convicción, que perfila el cuerpo antes del remate y que no necesita varias oportunidades para ser decisiva. Esa eficacia nace de la repetición, del trabajo silencioso y de una comprensión más madura de su rol.
Pero si hay un rasgo que conecta directamente a la Athenea del Deportivo Abanca con la Athenea del Real Madrid CF es la resiliencia. La capacidad para no desaparecer cuando el partido se complica. Para insistir incluso cuando la defensa rival ajusta, dobla marcas o cambia perfiles. Athenea no interpreta esas situaciones como frenos, sino como desafíos. Y esa mentalidad, forjada lejos del foco, es la que explica su estabilidad emocional en la élite.
Enero de 2026 no fue, por tanto, una revelación. Fue una confirmación. La confirmación de que el recorrido importa. De que el pasado pesa. De que cada sprint en A Coruña, cada duelo perdido y cada partido sin premio visible construyeron una futbolista preparada para responder cuando el escenario lo exige.
El ‘Player of the Month’ reconoce ese recorrido implícitamente. Reconoce que detrás de cada premio hay una biografía competitiva. Que detrás de cada mejora de ítem hay horas invisibles. Y que detrás de cada acción decisiva hay una cadena de aprendizajes que no siempre aparecen en las estadísticas.
En la próxima entrega, el relato se cerrará desde dentro del campo. El scouting de Athenea del Castillo emergerá ya con toda su profundidad, integrado en el discurso, desmenuzando su juego en movimiento, su relación con el espacio, con el tiempo y con el balón, sin compartimentos estancos, como ella misma juega: en continuidad.
Observar a Athenea del Castillo con detenimiento es entender que su fútbol no responde a una sola imagen congelada, sino a una secuencia continua de decisiones. No es una jugadora que se explique desde el gesto aislado, sino desde la acumulación de acciones que, juntas, generan una sensación constante de amenaza. Su verdadero valor no reside únicamente en lo que hace con el balón, sino en todo lo que provoca antes, durante y después de tocarlo.
Athenea es, por naturaleza, una futbolista de ritmo alto. Pero no de velocidad caótica. Su sprint no nace del impulso, sino de la lectura. Antes de acelerar, observa. Perfila el cuerpo. Ajusta la distancia con su defensora directa. Esa microgestión del espacio es una de las claves de su desequilibrio. No necesita recibir en ventaja; la construye en el primer paso.
Cuando recibe abierta, pegada a la banda, su primer control no busca proteger el balón, sino orientar la jugada. Controla hacia delante incluso en espacios reducidos, asumiendo el riesgo como parte de su identidad. Ese gesto obliga a la lateral rival a decidir de inmediato: o encimar o recular. En cualquiera de las dos opciones, Athenea gana información. Si la defensora salta, ella acelera; si duda, ella fija y espera la ayuda interior para atacar el intervalo.
Su cambio de ritmo es corto, eléctrico, casi violento. No necesita recorrer grandes distancias para romper una defensa. Le basta una zancada más rápida que la anterior. Ese arranque, repetido durante todo el partido, va erosionando psicológicamente a las rivales. Incluso cuando no supera el duelo, deja una huella: obliga a bascular, a cerrar, a estar alerta. El simple hecho de que Athenea esté en el campo condiciona la estructura defensiva contraria.
Pero su evolución más significativa aparece cuando el balón no le llega en ventaja. En esos contextos, Athenea ya no fuerza el desborde como única salida. Ha aprendido a soltar, a descargar y a reubicarse. Juega paredes cortas, activa a la lateral o a la interior y ataca el espacio libre con una lectura temporal muy afinada. No corre por correr. Corre cuando sabe que el pase puede llegar.
En el área, su comportamiento ha ganado determinación. Athenea ya no es solo la jugadora que asiste desde línea de fondo. Es la que ataca el segundo palo, la que se cuela entre central y lateral, la que llega desde atrás con el timing justo. Sus goles en enero reflejan esa transformación: finalizaciones limpias, decididas, sin titubeos. No necesita acomodar el balón durante segundos; su gesto es rápido, casi instintivo, fruto de la repetición y la confianza.
Defensivamente, su aportación es menos vistosa, pero igual de relevante. Athenea entiende la presión no como un sprint aislado, sino como una acción coordinada. Cierra líneas de pase, orienta la salida rival hacia zonas menos peligrosas y activa la presión tras pérdida con agresividad medida. No se desconecta tras un error ni se esconde después de una acción fallida. Su respuesta es inmediata, como si el juego no le permitiera detenerse.
Físicamente, sostiene un volumen de esfuerzos alto sin perder lucidez. Su resistencia no es solo aeróbica; es mental. Puede repetir desbordes en el minuto 80 con la misma convicción que en el 10. Esa capacidad, construida en años de contextos exigentes, le permite ser una amenaza constante incluso cuando el partido parece agotarse.
Tácticamente, Athenea ofrece versatilidad sin perder identidad. Puede actuar como extremo puro, como atacante interior o incluso como segunda punta circunstancial cuando el equipo lo requiere. En todas esas posiciones mantiene su esencia: verticalidad, agresividad y lectura del espacio. No necesita reinventarse para adaptarse; adapta su fútbol.
Enero de 2026 fue un escaparate perfecto para este perfil completo. No porque Athenea hiciera algo radicalmente distinto, sino porque lo hizo todo bien. Porque sus acciones tuvieron sentido dentro del colectivo. Porque su talento individual se puso al servicio del plan de partido. Y porque su impacto fue sostenido, no episódico.
El scouting de Athenea no se resume en una lista de virtudes. Se explica en la coherencia de su juego. En la conexión entre lo que fue y lo que es. En la naturalidad con la que asume responsabilidades ofensivas sin perder disciplina táctica. En la forma en la que entiende que el desequilibrio no es solo un acto de rebeldía, sino una herramienta estratégica.
El ‘Player of the Month’ de enero reconoce todo eso sin necesidad de nombrarlo. Reconoce a una futbolista que ya no necesita justificar su presencia en la élite. Que no vive del potencial, sino del rendimiento. Que no depende de un día inspirado, sino de una continuidad construida.
En la quinta y última entrega, el relato se elevará de nuevo al plano colectivo e institucional. Athenea del Castillo como símbolo, la Liga F Moeve como escenario y EA SPORTS como altavoz global. El cierre de una serie que no busca clausurar un hito, sino dejar constancia de su significado.
Su fútbol en el mes de enero no ha dejado dudas: ¡Athenea se lleva el trofeo a Jugadora del Mes! 🌟
Todo premio tiene una trampa silenciosa: la de parecer un punto final. Un instante de celebración que clausura un recorrido y lo convierte en recuerdo. El ‘Player of the Month’ de enero para Athenea del Castillo, sin embargo, funciona justo en sentido contrario. No cierra una historia. La empuja hacia delante. La proyecta. La inscribe dentro de un proceso mayor que trasciende a la propia futbolista.
Porque Athenea no es un caso aislado ni una excepción estadística. Es el producto visible de una Liga F Moeve que ha dejado atrás la fase de supervivencia para instalarse en la de construcción consciente. Un campeonato que ya no solo compite, sino que se explica, se narra y se posiciona. El galardón impulsado por EA SPORTS no es un mero reconocimiento individual: es una herramienta de legitimación cultural.
Que la Liga F fuera elegida como el campeonato femenino pionero en integrar este tipo de premios no es casual. Responde a una estrategia clara: dotar al fútbol femenino de los mismos códigos simbólicos que históricamente han consolidado el relato del fútbol masculino, pero reinterpretados desde su propia identidad. Reconocer a la jugadora del mes es reconocer que el rendimiento femenino merece memoria, archivo y jerarquía.
En ese contexto, Athenea del Castillo representa algo más que un gran mes competitivo. Representa una generación que ha crecido sin pedir permiso. Futbolistas que no reclaman visibilidad desde el discurso, sino desde el rendimiento. Que no se presentan como promesas eternas, sino como realidades sostenidas. Que entienden el fútbol como una profesión y el alto nivel como un espacio que se habita, no que se visita.
La lista de ganadoras anteriores —Luany, Edna Imade, Claudia Pina, Ewa Pajor— dibuja un mapa diverso de talento, perfiles y trayectorias. Athenea se suma a ese mapa aportando una narrativa específica: la de la extremo formada en contextos duros, consolidada en la élite y capaz de influir sin perder autenticidad. Su nombre ya no se asocia únicamente al potencial, sino al impacto real.
El papel de EA SPORTS en este proceso no es menor. La mejora de su ítem, más allá del entorno digital, actúa como un reflejo de algo tangible: el fútbol femenino ya no es solo competición, es también industria cultural. Cada premio, cada actualización, cada narrativa construida amplía el ecosistema y conecta a nuevas generaciones con referentes claros y reconocibles.
Athenea, en ese espejo, aparece como una figura coherente. No hay disonancia entre lo que representa dentro del campo y lo que proyecta fuera. Su fútbol es directo, honesto, exigente. No se esconde tras el artificio ni necesita exagerar gestos para ser visible. Su influencia nace del juego, no del ruido.
El ‘Player of the Month’ de enero llega, además, en un momento clave de la temporada. Cuando el desgaste empieza a pesar, cuando la clasificación se aprieta y cuando cada detalle adquiere valor. No es un premio concedido en el inicio ilusionante ni en el final épico, sino en el tramo donde la regularidad se convierte en virtud suprema. Ahí, Athenea sostuvo.
Y sostuvo porque está preparada para hacerlo. Porque su recorrido la ha entrenado para resistir. Porque su fútbol no depende de contextos ideales. Porque entiende que competir al máximo nivel implica adaptarse sin diluirse. Esa es, quizá, su mayor fortaleza.
Para la Liga F Moeve, este reconocimiento refuerza una idea fundamental: el campeonato ya produce referentes estables. Jugadoras que pueden ser narradas mes a mes sin recurrir a la excepcionalidad. El fútbol femenino español ya no vive de hitos aislados, sino de una continuidad competitiva que permite construir memoria colectiva.
Athenea del Castillo no es la jugadora del mes porque enero fuera extraordinario. Lo es porque enero fue coherente con lo que viene siendo. Y esa coherencia es la base sobre la que se construyen las grandes trayectorias.
El tiempo que empieza ahora no es el del recuerdo, sino el de la confirmación. El de sostener lo alcanzado. El de seguir influyendo. El de convertir cada premio en un punto de apoyo, no en una meta.
Enero queda atrás. El nombre permanece y el juego, como siempre en Athenea del Castillo, no se detiene.
📌 El tres veces campeón de la Liga F Moeve se juega más de medio curso en el doble cruce ante el United.
El calendario marca 2026 y, con él, llega uno de esos momentos que definen no solo una temporada, sino una identidad. Los playoffs de la UEFA Women’s Champions League 2025-2026 asoman en el horizonte como un punto de inflexión para un Atlético de Madrid que vuelve a mirar a Europa sin complejos, con cicatrices aún visibles, pero también con la convicción de quien sabe que el pasado no pesa: empuja.
Europa siempre ha sido un territorio de emociones extremas para el conjunto rojiblanco. Allí donde se han escrito algunas de sus páginas más gloriosas y también algunas de sus noches más crueles. Allí donde el margen de error se reduce a la mínima expresión y cada detalle adquiere un valor incalculable. Allí donde ahora, una vez más, las de José Herrera se juegan mucho más que una clasificación.
(Fuente: UEFA)
El camino hasta este cruce no ha sido sencillo ni indulgente. El Atlético llegaba a Francia sabiendo que visitar al Olympique Lyonnais Féminin —ahora Olympique Lyonnes— siempre supone una prueba de máxima exigencia.
La derrota por 3-0 fue dura, incontestable en el marcador, y estuvo marcada además por la expulsión de Luany, que vio la tarjeta roja directa tras un gesto antirreglamentario que condicionó el resto del encuentro.
Porque Europa también enseña a levantarse, y el Atlético lo hizo desde la clasificación general de la primera fase. Su undécima posición en esa etapa inicial del torneo le garantizó billete para los llamados “octavos de final”, una ronda que ya no admite medias tintas y que coloca frente a frente a proyectos consolidados del continente.
Hay ciudades que, sin proponérselo, se convierten en símbolos. Alcalá de Henares, cuna de Cervantes, es desde hace años uno de los refugios emocionales del Atlético de Madrid Femenino. Allí, donde el equipo ha construido algunas de sus noches europeas más memorables, vuelve a citarse la historia.
(Fuente: UEFA)
La expectación es máxima. No solo por el rival, no solo por el momento, sino porque el Atlético ha demostrado que sabe competir en Europa cuando el contexto aprieta. Ya lo hizo en la ronda preliminar, cuando eliminó al BK Häcken con una remontada que quedará grabada en la memoria colectiva: 2-1 en el Centro Deportivo de Alcalá de Henares, en una noche de convicción, orgullo y carácter.
El destino, caprichoso, ha querido que el Atlético vuelva a medirse a un club británico en una eliminatoria a 120 minutos —o más—, evocando recuerdos que aún resuenan en la memoria rojiblanca.
El fútbol europeo del Atlético no puede entenderse sin mirar atrás. En octubre de 2021, todavía bajo los efectos de la pandemia, el conjunto madrileño vivió una de sus eliminaciones más dolorosas. Aquella vez, el verdugo fue el Chelsea, que dejó fuera al Atlético por un global de 3-1 en una eliminatoria marcada por la crueldad del destino.
Tres penaltis fallados, tres oportunidades perdidas y un golpe emocional que marcó un antes y un después.
Desde aquella eliminación, el club inició una larga travesía en el desierto.
Durante varias temporadas, el Atlético no logró finalizar entre los tres primeros de la Primera División Femenina, viendo cómo la Champions se escapaba año tras año en beneficio de rivales directos como el Real Madrid, la Real Sociedad o el Levante U.D.
Europa se convirtió en un recuerdo lejano y en una aspiración aplazada que no llegaba.
Para encontrar el último gran momento del Atlético en la Liga de Campeones hay que retroceder a la temporada 2019-2020. Entonces contra todo pronóstico, el equipo alcanzó los cuartos de final en la histórica “Final Four” celebrada en San Mamés y Anoeta .
Antes de llegar a Bilbao, el Atlético protagonizó una de sus eliminatorias más recordadas al dejar fuera al Manchester City.
Aquella vez brillaron nombres que ya forman parte de la historia rojiblanca: Toni Duggan, hoy retirada, decisiva en ataque, y Ángela Sosa, alma del equipo y hoy líder del Madrid CFF.
(Fuente: Getty imágenes)
Fue una demostración de que el Atlético sabía competir contra la élite inglesa.
(Fuente: DAZN )
Y ese recuerdo, que terminó con el Lyon de Lola Gallardo levantando por séptima ocasión el trofeo, vuelve ahora, como un eco que conecta pasado y presente.
Mucho ha cambiado desde entonces. Nuevas jugadoras, nuevos liderazgos, un proyecto reconstruido con paciencia y ambición. Pero hay algo que permanece intacto: la voluntad de hacer historia.
Es una prueba de madurez, de crecimiento, de regreso al lugar que el Atlético siente que le pertenece por historia y peso del escudo.
El hecho de colarse entre los ocho mejores de Europa mediante un acceso a los cuartos de final, que además le emparejarían con el Bayern de Múnich, ya con Edna Imade como nueve, le darían la oportunidad de tumbar a un gigante como es el conjunto bávaro.
(Fuente: Liga F Moeve)
En Alemania ya conocen a este Atlético de Madrid, pues se cruzaron con él en la fase de liga de la competición y empataron (2-2).
Además, es importante que el equipo de la Liga F Moeve vaya sumando presencias en las rondas decisivas de la UEFA Women’s Champions League para poder opositar así a una plaza en el gran Mundial de Clubes en categoría femenina que se estrenará en dos años, es decir, (2028).
Actualmente el Arsenal Football Club Women es el mejor equipo del mundo después de llevarse la primera edición de la FIFA Women’s Champions Cup al doblegar en el Emirates Stadium al S.C. Corinthians por 3-2 en la prórroga.
Pocas veces un listado numérico, una tabla fría de coeficientes y decimales, encierra una batalla tan profunda, tan simbólica y tan estructural como la que refleja el ranking UEFA de federaciones femeninas en la temporada 2025/2026.
Lo que a primera vista parece un simple pantallazo de la aplicación oficial de la UEFA es, en realidad, la radiografía más precisa del estado de poder del fútbol femenino europeo, el espejo donde se proyectan años de inversión, decisiones políticas, modelos de liga, culturas competitivas y, sobre todo, una pugna histórica entre dos potencias que hoy están separadas por apenas cuatro décimas: Inglaterra y España. Inglaterra lidera con 70.082 puntos, España la persigue con 69.665.
No es una distancia simbólica, no es un colchón tranquilizador. Es una grieta mínima que anuncia un posible seísmo competitivo si la temporada actual se inclina hacia el lado español.
El ranking muestra, además, un contexto revelador: Inglaterra y España son las únicas federaciones que mantienen a sus tres clubes vivos en competición europea en este punto del curso, algo que no es casual ni coyuntural, sino estructural. Francia, tercera con 68.666, ya ha perdido uno de sus representantes. Alemania, cuarta con 58.915, sigue siendo poderosa pero ha dejado atrás su hegemonía histórica. Italia, Portugal, Países Bajos, Noruega, Suecia y Bélgica completan un mapa en el que el eje del fútbol femenino europeo se ha desplazado definitivamente hacia el suroeste del continente.
La vieja Europa central ya no manda; ahora mandan los campeonatos que han entendido que el fútbol femenino no se sostiene solo con tradición, sino con planificación, profesionalización y visibilidad.
Inglaterra llega a este liderato desde una lógica reconocible. La Women’s Super League es, desde hace años, la liga con mayor músculo financiero, la que mejor ha integrado a los grandes clubes masculinos en el desarrollo femenino, la que antes profesionalizó estructuras y la que ha logrado atraer talento global de manera sostenida. Chelsea, Arsenal y Manchester United no solo compiten; condicionan.
(Fuente: WSL)
Cada punto que suman en Europa es el reflejo de una liga que ha convertido la Champions en un objetivo natural, no en una excepción gloriosa. Inglaterra no improvisa: exporta un modelo.
España, en cambio, ha llegado aquí desde otro lugar. Su ascenso no ha sido lineal ni cómodo. Ha sido más caótico, más político, más emocional.
La Liga F Moeve, heredera de una profesionalización tardía pero intensa, ha crecido a contracorriente, superando conflictos institucionales, tensiones laborales, desigualdades presupuestarias y una narrativa constante de cuestionamiento. Y, sin embargo, aquí está: a menos de medio punto del liderazgo continental, con tres clubes aún en pie, con una selección campeona del mundo que ha cambiado para siempre la percepción internacional del fútbol español, y con un ecosistema que empieza a ser leído desde fuera como algo más que una promesa.
El ranking UEFA no premia la estética ni la narrativa; premia resultados.
Cada victoria, cada empate, cada clasificación, cada ronda superada suma puntos que se agregan durante varias temporadas. Por eso este segundo puesto de España no es un fogonazo: es la consecuencia directa de los títulos del FC Barcelona, de las semifinales recurrentes, de las buenas actuaciones del Atlético de Madrid en ciclos anteriores, del crecimiento del Real Madrid como proyecto estable, y del hecho de que, por primera vez, la liga española compite en profundidad, no solo desde un club hegemónico.
La temporada actual es, en este sentido, una oportunidad histórica. Para que España arrebate la primera posición del ranking a Inglaterra no hace falta un milagro, pero sí una conjunción precisa de acontecimientos deportivos. La lógica es clara: España debe sumar más puntos que Inglaterra en el cómputo europeo del curso.
Eso implica que los clubes españoles avancen más rondas, ganen más partidos y, crucialmente, que los clubes ingleses caigan antes o sumen menos. Cada eliminación inglesa y cada victoria española estrechan o invierten la balanza. Con ambos países manteniendo a sus tres representantes, el margen de maniobra existe y es real.
Si, por ejemplo, un club español alcanza la final de la Champions y otro se queda en semifinales, mientras que Inglaterra pierde uno de sus equipos en cuartos y otro en semifinales, el diferencial puede volcarse. Los coeficientes no entienden de nombres ni de escudos: solo de resultados acumulados.
Y aquí España juega con una baza clave: la regularidad reciente del FC Barcelona, que ya no solo gana, sino que arrasa, y que suele garantizar una lluvia constante de puntos. A eso se suma un Atlético de Madrid que ha recuperado competitividad continental y un Real Madrid que, aun en construcción, empieza a sumar experiencia europea de manera sostenida.
Inglaterra, por su parte, depende de que su tridente mantenga el pulso. Chelsea ha sido históricamente fiable, pero no invencible. Arsenal vive una reconstrucción intermitente.
El Manchester City alterna picos de excelencia con caídas inesperadas. El margen es estrecho y la presión, creciente. Porque liderar el ranking ya no es un privilegio invisible: ahora es un objetivo explícito, una bandera simbólica de supremacía europea.
Arrebatarle el primer puesto a Inglaterra supondría, para España, mucho más que un cambio de número en una tabla. A nivel deportivo, consolidaría a la Liga F Moeve como la referencia estructural del fútbol femenino europeo. El ranking UEFA no solo determina prestigio: condiciona plazas europeas, accesos directos a fases avanzadas, cabezas de serie y, en última instancia, la capacidad de planificación de los clubes. Ser primera federación implica mayor estabilidad competitiva y menos dependencia de rondas preliminares traicioneras.
Pero el impacto va más allá del reglamento. Ser número uno en Europa sería la confirmación estadística de algo que ya se percibe en el juego: que España no solo produce talento, sino que lo sostiene, lo potencia y lo hace competir al máximo nivel. Y aquí entra un elemento clave que mencionas y que no es menor: según un estudio reciente, la Liga F Moeve es considerada la tercera mejor competición femenina regular del mundo. Esa clasificación, que suele situar por delante a la NWSL estadounidense y a la WSL inglesa, no se basa únicamente en títulos, sino en equilibrio competitivo, calidad media de los equipos, desarrollo de jugadoras, impacto internacional y regularidad del espectáculo.
Si España alcanza el primer puesto del ranking UEFA mientras su liga es ya evaluada como la tercera mejor del mundo, el mensaje es potentísimo: la Liga F no solo es formadora ni solo es exportadora de talento, sino que es competitiva, atractiva y decisiva en Europa. Eso reforzaría su posición en negociaciones de derechos audiovisuales, atraerá patrocinadores internacionales, facilitará la llegada de futbolistas de élite y, sobre todo, consolidará un relato que durante años le fue negado: el de ser una liga central, no periférica.
Desde un punto de vista histórico, sería también una inversión de jerarquías.
Durante décadas, España miró a Alemania y Francia como modelos inalcanzables, y a Inglaterra como un experimento avanzado. Hoy es Inglaterra la que mira de reojo a España, consciente de que el fútbol femenino español ha encontrado una identidad propia basada en la técnica, la posesión, la lectura táctica y una cantera que no deja de producir talento diferencial.
El dominio del FC Barcelona no ha empobrecido el ecosistema; lo ha obligado a crecer.
Este ranking, además, refleja una tendencia más amplia: la concentración del poder europeo. Las diez primeras federaciones muestran una brecha cada vez mayor con el resto. Pero dentro de esa élite, la pelea ya no es coral: es un duelo. Inglaterra contra España. Modelo anglosajón frente a modelo mediterráneo. Inversión privada masiva frente a integración progresiva en estructuras históricas. Ambas vías son válidas, pero solo una puede liderar.
La temporada actual, por tanto, no es una más. Es un punto de inflexión potencial.
Cada partido europeo de un club español ya no es solo suyo: es un acto colectivo que empuja a toda una liga y a toda una federación. Cada gol en Champions tiene ahora un peso simbólico añadido.
Y eso, para una Liga F Moeve que ha luchado tanto por reconocimiento, es una oportunidad irrepetible.
Si España logra culminar este asalto al primer puesto, el impacto no será efímero.
No se tratará de un liderazgo anecdótico, sino de la confirmación de un ciclo.
Un ciclo en el que el fútbol femenino español ha pasado de ser promesa a ser estándar. En el que ya no se compara, sino que se mide a los demás.
Y en el que el ranking UEFA deja de ser una aspiración lejana para convertirse en una consecuencia lógica de todo lo que se ha construido.
Lo que muestra esa imagen, en definitiva, no es solo una clasificación. Es el mapa de un cambio de era. Y España está a un paso, a unos cuantos partidos, a unas cuantas noches europeas bien jugadas, de escribir una de las páginas más decisivas de su historia futbolística.
🔷 La RFEF retrasa a las 18:45 el Atlético de Madrid–Athletic Club de cuartos de final de la Copa de la Reina, un duelo cargado de memoria, títulos y cuentas pendientes que Teledeporte llevará a toda España.
Existen decisiones que, sobre el papel, apenas alteran el curso del tiempo. Quince minutos. Un cuarto de hora. Un pequeño ajuste en el reloj de la competición. Pero en el fútbol —y especialmente en la Copa de la Reina— el tiempo no es solo una unidad de medida: es relato, es liturgia, es expectativa compartida. Y por eso la Real Federación Española de Fútbol ha comunicado oficialmente al Atlético de Madrid, al Athletic Club y a RTVE que el encuentro correspondiente a los cuartos de final de la Copa de la Reina, que ambos equipos disputarán el próximo miércoles 4 de febrero de 2026, retrasará su inicio de las 18:30 a las 18:45 horas (horario peninsular), una modificación que no altera la esencia del duelo, pero sí refuerza su solemnidad y su puesta en escena para todo el país a través de Teledeporte.
Porque este no es un partido cualquiera. No lo es por los escudos que lo protagonizan, no lo es por la ronda que se disputa, no lo es por la historia que se arrastra ni por la que está a punto de escribirse. Atlético de Madrid y Athletic Club vuelven a cruzarse en una eliminatoria de Copa, ese territorio donde el pasado siempre comparece y donde cada minuto —sea a las seis y media o a las siete menos cuarto — pesa como una losa o vuela como una promesa.
El Atlético de Madrid llega a esta cita con la memoria reciente todavía palpitando. Es el actual subcampeón del torneo, heredero inmediato de una final que rozó la gloria y que confirmó, una vez más, que el conjunto rojiblanco se ha convertido en uno de los grandes actores estructurales de la Copa de la Reina en la última década.
No es una presencia circunstancial ni un invitado ocasional: es un club que sabe ganar finales y que ha levantado el trofeo en dos ocasiones históricas, ambas grabadas a fuego en su identidad.
La primera, en 2016, cuando el Atlético de Madrid conquistó la Copa de la Reina frente al todopoderoso FC Barcelona en Las Rozas, en una final que supuso un golpe sobre la mesa del fútbol femenino español y que confirmó que el proyecto rojiblanco había llegado para competir sin complejos contra cualquiera. La segunda, en 2023, ya en el Estadio Municipal de Butarque (Leganés), en una noche de madurez competitiva, oficio y ambición, en la que el Atlético volvió a tocar metal y a inscribir su nombre entre los campeones eternos del torneo.
Frente a ellas, el Athletic Club comparece con un peso histórico distinto, pero no menos imponente. Porque si hay un club que representa la tradición, la fidelidad a una idea y la persistencia en la élite, ese es el conjunto rojiblanco de Bilbao. Cinco veces campeón de Liga, cinco conquistas del campeonato doméstico bajo distintas denominaciones, la última de ellas en la temporada 2015-2016, cuando la competición aún respondía al nombre de Liga Iberdrola. Cinco títulos que hablan de hegemonía, de continuidad, de generaciones enteras de futbolistas que han sostenido el escudo del Athletic en lo más alto del fútbol femenino español.
Y, sin embargo, hay una espina que sigue clavada. La Copa de la Reina, ese torneo tan caprichoso como simbólico, se le resiste al Athletic Club.
Nunca ha logrado alzarse con el trofeo, pese a haber rozado finales, protagonizado grandes campañas y firmado temporadas memorables. Cada edición es una nueva oportunidad para romper esa barrera invisible, para reconciliar la historia liguera con la gloria copera, para convertir la regularidad en celebración.
No es la primera vez que Atlético de Madrid y Athletic Club se encuentran frente a frente en este escenario. La Copa tiene memoria, y la memoria viaja inevitablemente hasta la temporada 2018-2019, cuando ambos equipos se enfrentaron en esta misma ronda de cuartos de final, en un escenario que impone respeto por sí solo: San Mamés.
Aquella tarde, en La Catedral, el Atlético de Madrid supo interpretar mejor el contexto, manejar los tempos y golpear cuando era necesario, llevándose la eliminatoria por 0-2 y dejando al Athletic a las puertas de un sueño que, una vez más, quedó aplazado.
Ese precedente no decide nada, pero lo impregna todo. Porque en Copa no hay revancha automática ni justicia poética garantizada: hay noventa minutos —ahora noventa minutos que comenzarán a las 18:45— en los que se mezclan la historia, el estado de forma, la gestión emocional y la capacidad de resistir cuando el partido se rompe. Y ahí, tanto Atlético como Athletic saben que cada detalle cuenta.
El ajuste horario comunicado por la RFEF, consensuado con los clubes y con RTVE, refuerza precisamente esa dimensión de gran evento. Quince minutos más tarde, quince minutos más de espera, quince minutos más para que el país se asome a Teledeporte y entienda que lo que está a punto de comenzar no es solo un partido de cuartos de final, sino un cruce de trayectorias, una colisión de relatos, una página más en la historia de la Copa de la Reina.
🗓️ 𝗢𝗧𝗦𝗔𝗜𝗟𝗔
Un mes muy completo y lleno de derbis. Goazen, neskak!
Cuando el balón eche a rodar a las 18:45 del miércoles 4 de febrero de 2026, el reloj ya habrá hecho su parte. El resto quedará en manos de dos equipos que no necesitan presentación, de dos camisetas que pesan, de dos aficiones que saben que en la Copa no hay red. Porque a veces, quince minutos no cambian la historia. Pero otras, simplemente la engrandecen.
🔷 Hay nombres que ya no pertenecen solo al fútbol, sino a la historia. Alexia Putellas es uno de ellos. Nike ha presentado oficialmente la marca personal de la doble Balón de Oro, un proyecto que trasciende el terreno de juego y consolida su figura como icono global del deporte, la cultura y la inspiración, con una identidad creativa desarrollada por DoubleYou.
La marca personal y el logo de Alexia Putellas, un lanzamiento que no solo representa un paso más en la carrera de la futbolista española, sino que marca un hito simbólico dentro del ecosistema global del deporte y la cultura contemporánea. Se trata de una iniciativa que consolida a Alexia como algo más que una deportista de élite: la sitúa definitivamente en el territorio de los iconos, aquellas figuras capaces de trascender su disciplina para convertirse en símbolos reconocibles a escala mundial.
La campaña ha sido desarrollada creativamente por la agencia DoubleYou y producida por Canadá, y se articula en torno a un spot de televisión y una pieza audiovisual concebida para los canales globales de Nike, reforzando así la dimensión internacional del proyecto.
El lanzamiento de la marca personal de Alexia Putellas no llega de manera casual ni responde únicamente a criterios comerciales. Es el resultado natural de una trayectoria deportiva excepcional, construida a lo largo de más de una década en la élite, y de un impacto cultural que ha acompañado —y en muchos momentos impulsado— la transformación del fútbol femenino en los últimos años. Nike, como marca históricamente asociada a los grandes nombres del deporte mundial, reconoce en Alexia no solo a una campeona, sino a una figura generacional capaz de representar valores universales como el liderazgo, la resiliencia, la excelencia y la autenticidad.
More Than Eleven also received an exclusive package featuring the Nike Phantom 6 Low Elite, along with a special letter from Alexia. pic.twitter.com/58ZTsnzN96
Ganadora de múltiples títulos nacionales e internacionales, campeona de Europa con su club, campeona del mundo y doble Balón de Oro, Alexia Putellas ha construido una de las trayectorias más sólidas y coherentes del fútbol contemporáneo. Su carrera está marcada por la regularidad en el alto rendimiento, la influencia decisiva en los momentos clave y una capacidad única para liderar dentro y fuera del terreno de juego. A lo largo de los años, su figura ha ido creciendo de forma orgánica, convirtiéndose en referente para nuevas generaciones de futbolistas y en una voz autorizada dentro del debate sobre el presente y el futuro del deporte femenino.
Ese impacto trasciende ampliamente lo estrictamente deportivo. Alexia Putellas se ha consolidado como un referente cultural, una figura reconocida más allá del fútbol y una de las principales embajadoras de la visibilidad, el crecimiento y la profesionalización del deporte femenino a nivel global. Su imagen está asociada a la lucha por la igualdad, al reconocimiento del talento femenino y a una manera de entender el liderazgo basada en el ejemplo, el trabajo colectivo y la coherencia personal. En ese contexto, la creación de su propia marca dentro del universo Nike supone un paso lógico: es la formalización de una identidad que ya existía en el imaginario colectivo.
La campaña ideada por DoubleYou propone una aproximación sensorial, simbólica y profundamente conceptual, alejándose deliberadamente de los códigos tradicionales de la publicidad deportiva de Nike. En lugar de recurrir a la épica clásica basada en la velocidad, la potencia o la acumulación de gestos técnicos, la pieza apuesta por un lenguaje más introspectivo, casi ritual, que pone el foco en la construcción de identidad y legado. El spot, dirigido por Julieta Lasarte, se articula alrededor de una acción cargada de significado: la propia Alexia lacra una carta con su propio sello para presentar su nuevo símbolo personal.
Ese gesto, aparentemente sencillo, funciona como una poderosa metáfora. Lacrar una carta implica autenticidad, propiedad, intención y permanencia. Es un acto que remite a la tradición, al compromiso y a la voluntad de dejar una huella reconocible. Según explica la agencia, la acción simboliza el momento en el que Alexia sella su identidad, reafirma su historia y proyecta su legado hacia el futuro. No se trata solo de un logo o de una firma visual, sino de la cristalización de un recorrido vital y profesional que ha marcado una época.
El nuevo símbolo personal de Alexia Putellas nace así como una extensión natural de su historia. No pretende imponer una narrativa artificial, sino ordenar y amplificar valores que ya estaban presentes en su trayectoria: la constancia, la inteligencia en el juego, el liderazgo silencioso, la conexión con el equipo y la capacidad de influir en el desarrollo del partido desde múltiples registros. La campaña evita el exceso de palabras y confía en la fuerza de los símbolos, en los silencios y en una puesta en escena cuidada que refuerza la idea de que estamos ante un momento fundacional.
Con este lanzamiento, Alexia Putellas se incorpora a un grupo extremadamente selecto de futbolistas que cuentan con una marca personal propia dentro del ecosistema Nike, compartiendo espacio con figuras como Kylian Mbappé, Vinícius Júnior o Erling Haaland. No es una comparación menor ni meramente estética: supone el reconocimiento explícito de Alexia como una de las grandes caras globales del fútbol actual, al mismo nivel que algunas de las principales estrellas del fútbol masculino. En términos de posicionamiento, la decisión de Nike envía un mensaje claro sobre la centralidad del fútbol femenino en la estrategia futura de la marca.
La elección de DoubleYou como agencia creativa tampoco es casual. La relación entre Nike y DoubleYou forma parte de la historia reciente de la publicidad española e internacional. Ambas compañías han colaborado en proyectos que han dejado una huella profunda en la industria, combinando innovación creativa, narrativa emocional y una comprensión profunda del deporte como fenómeno cultural. Uno de los hitos más recordados de esa relación se remonta a 2004, cuando Nike y DoubleYou se alzaron con el Gran Premio en la competición Cyber de Cannes Lions por la emblemática campaña de la San Silvestre Vallecana, un reconocimiento que marcó un antes y un después en la publicidad digital deportiva.
Ese legado compartido se percibe en la campaña de Alexia Putellas. Hay una voluntad clara de ir más allá del impacto inmediato y de construir una pieza con vocación de permanencia, capaz de dialogar tanto con el presente como con la memoria colectiva. La producción de Canadá refuerza esa ambición, aportando una factura visual sobria, elegante y cargada de matices, en la que cada plano parece diseñado para reforzar el carácter simbólico del relato.
El lanzamiento de la marca personal de Alexia Putellas se produce, además, en un momento especialmente significativo de su carrera. Tras superar una de las lesiones más graves que puede sufrir una futbolista y regresar a la élite con determinación y liderazgo, Alexia encarna como pocas figuras la idea de resiliencia y reconstrucción. Ese contexto añade una capa adicional de significado al proyecto: la marca no solo celebra lo conseguido, sino que mira hacia adelante, hacia todo lo que aún está por escribir.
En ese sentido, Nike no presenta simplemente un producto o una identidad visual, sino una declaración de principios. La marca apuesta por una narrativa que reconoce el valor del tiempo, del proceso y del legado, y que sitúa a Alexia Putellas como una figura central en la historia del deporte contemporáneo. La campaña no grita, no impone, no acelera. Observa, simboliza y sella. Como la propia carrera de Alexia.
La creación de esta marca personal refuerza también la posición de Alexia como referente transversal, capaz de conectar con públicos diversos más allá del fútbol. Su imagen dialoga con la moda, la cultura urbana, el activismo social y el liderazgo femenino, ampliando el alcance del deporte y contribuyendo a redefinir los referentes culturales de una nueva generación. Nike, fiel a su tradición de asociarse con atletas que marcan época, encuentra en Alexia una voz auténtica y coherente para representar ese cruce de caminos entre deporte, identidad y cultura.
Así, el lanzamiento de la marca personal y el logo de Alexia Putellas no es un punto de llegada, sino un nuevo punto de partida. Un sello que certifica lo ya logrado y, al mismo tiempo, abre la puerta a nuevas narrativas, nuevos proyectos y nuevas formas de influencia. En un fútbol que sigue transformándose, Alexia no solo juega el presente: lo firma, lo lacra y lo deja preparado para el futuro.
El modelo elegido son las Nike Phantom Luna 2026, unas botas concebidas como una extensión visual y simbólica de la identidad de Alexia Putellas. Presentan una parte delantera del upper en un rosa intenso y brillante que evoluciona progresivamente hacia un tono más claro, cercano al lavanda, a medida que se acerca al talón. Los detalles metalizados en plateado realzan el logotipo de Nike, mientras que la suela incorpora un degradado rosado y plateado que refuerza el carácter premium y distintivo del diseño.
En la zona del talón aparece el logotipo personal de Alexia, donde la A y el 11 —sus señas de identidad— se entrelazan hasta formar el símbolo de una corona, en alusión directa a su apodo y a su condición de referente absoluto del fútbol mundial. La apuesta de Nike por Alexia es firme y estratégica: más allá del lanzamiento de las botas, la marca pondrá a la venta una colección exclusiva de ropa que llevará su logotipo, ampliando así su universo personal dentro del ecosistema Nike y consolidando su estatus como icono global.
Aunque las cifras oficiales no se han hecho públicas, se estima que atletas de este nivel pueden generar millones de euros adicionales a su salario y patrocinios habituales a través de estas iniciativas. Las regalías se calculan como un porcentaje de las ventas netas de cada producto, mientras que los bonos por metas alcanzadas y la venta de colecciones exclusivas amplían considerablemente el potencial de ganancias. Por tanto, la apuesta de Nike por Alexia no solo refuerza su imagen, sino que también abre la puerta a un flujo de ingresos sostenible y de largo plazo.
Alexia Putellas no només és la capitana del FC Barcelona: és ànima, és exemple i és amor pels colors. 🫡💙❤️
Avui ha fet un gest que quedarà per sempre al cor del barcelonisme: regalar una carta a cada aficionat, escrita amb paraules que abracen, que curen, que recorden per què… pic.twitter.com/PT1gSo6vim
La relación de Nike con DoubleYou no es casual. Ambas compañías han marcado hitos en la publicidad española e internacional, desde campañas icónicas hasta premios como el Gran Premio Cyber de Cannes Lions de 2004 por la San Silvestre Vallecana. Ese legado creativo se refleja hoy en la campaña de Alexia Putellas, combinando narrativa, diseño y un profundo sentido de identidad que la eleva más allá de un simple producto comercial.
Después de la campaña brutal con Nike y una emotiva carta, Alexia Putellas ofreció la Supercopa de España a la afición culer. Este sexto título ha costado por el contexto vivido y hay que darle el valor que merece. Como siempre, de diez la respuesta del Estadi Johan Cruyff. pic.twitter.com/J9hSNoWJFH
En definitiva, la presentación de la marca personal y las Nike Phantom Luna 2026 marca un nuevo capítulo en la historia de Alexia Putellas. No es solo una celebración de su carrera, sino la materialización de un legado que ya es global. Con su logotipo, su calzado y su colección de ropa, Alexia no solo firma contratos: sella su historia, proyecta su influencia y confirma su estatus de reina del fútbol mundial.
La internacional española estrenó sus nuevas botas en la decimoctava jornada de la Liga F Moeve 2025-2026 en un duelo que el Fútbol Club Barcelona jugó ante el Sevilla en el Estadi Johan Cruyff y que las subcampeonas de la Liga de Campeones Femenina por 4-0 para seguir liderando la competición regular en España
🔷 El Emirates Stadium fue testigo de una noche fundacional para el fútbol femenino: el Arsenal, campeón de Europa, se proclamó campeón del mundo tras derrotar al Corinthians por 3-2 en una prórroga agónica, en una final épica marcada por cinco goles, un penalti en el descuento, un desenlace dramático y una resistencia heroica que inscribe al club londinense en la historia como el primer vencedor de la FIFA Women’s Champions Cup.
Dos continentes, dos culturas futbolísticas, dos maneras de entender la excelencia. Londres se convierte en el centro del planeta fútbol para coronar a las primeras reinas intercontinentales de la historia.
(Fuente: FIFA)
El fútbol femenino vive este domingo uno de esos momentos que no admiten distracciones, ni medias tintas, ni ausencias justificadas. Un partido que no se juega únicamente sobre el césped, sino también en la memoria colectiva de este deporte que ha aprendido a crecer rompiendo techos de cristal, frontera a frontera, generación a generación. La final inaugural de la Copa de Campeones Femenina de la FIFA™ enfrenta a Arsenal Women FC y SC Corinthians, dos colosos de dimensiones distintas pero ambición idéntica, en un duelo que no solo entrega un trofeo: otorga un lugar eterno en la historia.
(Fuente: DAZN )
No es una final más. No es un cruce intercontinental anecdótico. Es la primera piedra de una competición llamada a redefinir el mapa global del fútbol femenino, el punto de partida de un relato que dentro de diez, veinte o cincuenta años se citará siempre igual: “Todo empezó aquel domingo en el que Arsenal y Corinthians se miraron a los ojos”. Las europeas llegan con el peso de la tradición continental y la autoridad competitiva que da haber conquistado la Liga de Campeones Femenina de la UEFA. Las brasileñas aterrizan con el espíritu irreductible de Sudamérica, el ADN de la CONMEBOL Copa Libertadores Femenina y la convicción de quien ha aprendido a sobrevivir y ganar en contextos hostiles.
Es una final que enfrenta estructura y fuego, plan y emoción, orden y intuición, pero, sobre todo, dos formas legítimas de entender la grandeza.
La Copa de Campeones Femenina de la FIFA™ no es solo un nuevo título en el calendario. Es una declaración de intenciones. La constatación de que el fútbol femenino ya no necesita comparaciones ni muletas conceptuales para legitimarse: tiene su propio lenguaje, sus propias épicas y, desde ahora, su propia corona intercontinental.
En esta primera edición, el formato ha querido ser tan simbólico como contundente: las campeonas continentales enfrentándose directamente por el trono global. No hay camino largo, no hay fases de adaptación: aquí se llega por méritos máximos y se compite desde el primer minuto con la presión de saber que no existe precedente, que cada pase, cada gol y cada decisión arbitral quedarán registrados como los primeros de algo mucho más grande.
Por eso esta final no solo importa a Arsenal y Corinthians. Importa al fútbol femenino entero. A Europa, a Sudamérica, a África, a Norteamérica, a Asia y a Oceanía. Importa a las niñas que hoy juegan sin saber que este partido existe, pero que mañana crecerán sabiendo que hubo un día en el que el mundo decidió mirar de frente al fútbol femenino sin asteriscos.
El camino del Arsenal Women FC hacia esta final tiene algo de redención histórica y mucho de reafirmación deportiva. Clasificado al torneo en mayo de 2025 tras una victoria monumental ante el FC Barcelona en la final de la Liga de Campeones Femenina de la UEFA, el conjunto londinense no solo recuperó el trono europeo, sino que se reconectó con su identidad más profunda: la de un club construido para marcar época.
Aquel triunfo frente al Barcelona no fue un accidente. Fue la culminación de un proceso, la madurez de una plantilla diseñada para competir en todos los registros y la confirmación de que Arsenal sigue siendo uno de los grandes arquitectos del fútbol femenino moderno. Ese título continental le otorgó, además, el pase directo a las semifinales de esta Copa de Campeones, un privilegio que asumió con la naturalidad de quien está acostumbrado a convivir con la élite.
El 28 de enero, en el estadio de Brentford, las Gunners ofrecieron una exhibición de poderío frente al ASFAR marroquí, uno de los equipos más competitivos del continente africano. Fue un partido que quedó prácticamente resuelto en la primera mitad, no solo por el marcador, sino por las sensaciones.
Los goles de Stina Blackstenius, Frida Maanum, Mariona Caldentey y Olivia Smith dibujaron un primer tiempo demoledor, en el que Arsenal combinó ritmo alto, precisión quirúrgica y una lectura táctica impecable. ASFAR, un equipo acostumbrado a competir con orden y carácter, se vio superado por la profundidad estructural del conjunto inglés.
Pero si algo dejó claro ese encuentro fue la riqueza del fondo de armario del Arsenal. Lejos de bajar el nivel tras el descanso, el equipo de Renée Slegers lo sostuvo —e incluso lo elevó— con las entradas de Chloe Kelly, Kim Little y Katie McCabe, tres nombres que en cualquier otro equipo serían indiscutibles titulares. La guinda la puso Alessia Russo, otra suplente de lujo, firmando un doblete que redondeó una goleada tan contundente como simbólica: este Arsenal no depende de una sola pieza, sino de un sistema completo.
Antes de llegar a estas finales intercontinentales, el Arsenal ya había disputado cuatro partidos oficiales en 2026, repartidos en distintas competiciones. Lejos de acusar la acumulación de esfuerzos, el equipo respondió con victorias de alto impacto, especialmente frente a Aston Villa y Chelsea, dos rivales que siempre exigen el máximo en el contexto del fútbol inglés.
Con el 2-1, el partido parecía encarrilado, más aún cuando el equipo inglés dispuso de una triple ocasión monumental: Mead remató desde el punto de penalti, Leticia salvó, Foord recogió el rebote y estrelló su disparo en el larguero, y el posterior cabezazo de Russo se marchó por encima, una secuencia que parecía anunciar sentencia pero que terminó convirtiéndose en presagio de drama. Corinthians resistió, se agarró al partido con orgullo y, ya en el tiempo añadido, encontró el camino hacia el empate definitivo del tiempo reglamentario. Tras una falta colgada al área, una sucesión de rechaces y bloqueos heroicos de Wubben-Moy, el balón volvió a caer en zona caliente; en la acción final, Robledo cayó en el área tras un contacto con McCabe, el VAR llamó a la colegiada y, tras la revisión, se señaló penalti. Victoria asumió la responsabilidad en el minuto 94, engañó por completo a Borbe y ejecutó con calma absoluta, enviando el balón raso y centrado mientras la guardameta se vencía a un lado, estableciendo el 2-2 a última hora para forzar la prórroga.
Esos triunfos no solo sumaron resultados: construyeron confianza. Confirmaron que el Arsenal llegaba a esta final no como invitado ilustre, sino como candidato sólido y consciente de su fortaleza. La sensación que transmite el equipo es la de un grupo que sabe cuándo acelerar, cuándo pausar y cuándo golpear.
En el plano físico y médico, las noticias son mayoritariamente positivas. Chloe Kelly celebró su regreso tras dos meses de ausencia, ingresando como suplente en la semifinal, un detalle que añade un componente emocional importante al vestuario. Leah Williamson, ausente en ese partido, continúa en evaluación, y su posible participación añade un elemento de expectativa hasta última hora.
Antes de llegar a estas finales intercontinentales, el Arsenal ya había disputado cuatro partidos oficiales en 2026, repartidos en distintas competiciones. Lejos de acusar la acumulación de esfuerzos, el equipo respondió con victorias de alto impacto, especialmente frente a Aston Villa y Chelsea, dos rivales que siempre exigen el máximo en el contexto del fútbol inglés.
Esos triunfos no solo sumaron resultados: construyeron confianza. Confirmaron que el Arsenal llegaba a esta final no como invitado ilustre, sino como candidato sólido y consciente de su fortaleza. La sensación que transmite el equipo es la de un grupo que sabe cuándo acelerar, cuándo pausar y cuándo golpear.
En el plano físico y médico, las noticias son mayoritariamente positivas. Chloe Kelly celebró su regreso tras dos meses de ausencia, ingresando como suplente en la semifinal, un detalle que añade un componente emocional importante al vestuario. Leah Williamson, ausente en ese partido, continúa en evaluación, y su posible participación añade un elemento de expectativa hasta última hora.
Esta final no enfrenta solo a dos equipos. Enfrenta dos culturas futbolísticas profundamente distintas, cada una con su propia lógica interna y su propio concepto de la excelencia.
El Arsenal representa la escuela europea: estructura, ocupación racional de espacios, lectura colectiva del juego, automatismos pulidos y una gestión del ritmo que suele inclinar los partidos a su favor. Su fútbol es reconocible, trabajado, coherente de principio a fin.
Corinthians encarna la esencia sudamericana: intensidad emocional, competitividad feroz, capacidad para improvisar en escenarios caóticos y una relación con el partido que trasciende lo táctico. No es un equipo que se rinda ante el dominio rival; es un equipo que convive con la incomodidad y sabe castigar errores mínimos.
Cuando estos dos mundos colisionan, el resultado suele ser imprevisible.
Las protagonistas y los protagonistas lo saben. Lo sienten. Lo verbalizan con una mezcla de respeto y ambición que define a los grandes eventos.
Steph Catley, defensora del Arsenal, lo expresó con claridad y emoción:
“Es muy emocionante. Es una gran oportunidad para nosotras como jugadoras, para el club en general, de quedar grabadas en la historia como el primer equipo en ganar este prestigioso trofeo. Obviamente, es la primera vez que los aficionados ven algo así en el fútbol femenino. Por lo tanto, es un paso adelante para todos y esperamos que sea un capítulo increíble”.
Renée Slegers, directora técnica del Arsenal, añadió una lectura colectiva y de proceso: “En esta competición, frente a los campeones de otros continentes, tuvimos que ganarnos el derecho a llegar a la final. Y creo que el equipo lo hizo de manera brillante. Así que estamos muy emocionadas por la final. La esperamos con ilusión. Es un momento especial para nosotras, para las jugadoras, para el club”.
Desde el lado brasileño, el respeto no oculta la ambición. Duda Sampaio, mediocampista del Corinthians, fue tan honesta como contundente:
“Es difícil incluso hablar al respecto porque sabemos lo difícil que será este partido. Será uno de los partidos más complicados de mi carrera. Sabemos lo grande que es el Arsenal en Europa y estamos dando lo mejor para estar listas y dar otro gran partido, como lo hicimos en las semifinales”.
Y Lucas Piccinato, director técnico del Corinthians, sintetizó el espíritu de su equipo con una declaración que resume años de trabajo:
“Valoro muchísimo este momento: es la final de una copa de gran prestigio. Lo vivimos con especial ilusión porque sabemos que habrá una gran cantidad de aficionados, pero también creo que nuestros ‘leales’ estarán presentes para apoyarnos. El domingo estaremos listos para dar un gran juego. Creo que el camino recorrido a lo largo de los años nos ha llevado hasta aquí. Ha habido muchos cambios en nuestra plantilla, pero contamos con jugadoras que quieren ganar. En partidos como este, estamos preparadas para llevar a la práctica nuestro plan de juego. Arsenal es uno de los mejores equipos del mundo, pero queremos marcharnos del Reino Unido con el trofeo en las manos y haremos todo lo posible para lograrlo”.
La dimensión histórica del partido se refleja también en su cobertura internacional. La primera edición del torneo está disponible para los aficionados de todo el mundo mediante una combinación de transmisiones globales en streaming gratuito y broadcasters locales.
La transmisión gratuita de Corinthians vs. Arsenal estará disponible en FIFA+, con excepciones territoriales concretas: Estados Unidos, Puerto Rico, Samoa Americana, Reino Unido, Irlanda, Jersey, Guernsey, Isla de Man, Marruecos, Brasil, China y Gibraltar. Un despliegue que confirma que este partido no pertenece a un país ni a un continente: pertenece al fútbol femenino global.
Hay partidos que definen temporadas. Otros definen generaciones. Y algunos, muy pocos, definen eras. Esta final pertenece a esa última categoría. No importa quién levante el trofeo al final del domingo: Arsenal y Corinthians ya han inscrito sus nombres en el prólogo de una historia que seguirá creciendo.
Porque este partido no es solo fútbol. Es memoria en construcción. Es el testimonio de hasta dónde ha llegado el fútbol femenino y de todo lo que aún está por venir.
Y en “El Partido de Manu” lo sabemos. Por eso ampliamos equipo, por eso reforzamos mirada, por eso incorporamos nuevas voces capaces de contar el fútbol desde otros lenguajes y otras plataformas. El fichaje de Helena con H, periodista, creadora y una de las voces más influyentes del fútbol femenino en TikTok, no es casualidad: es una apuesta por conectar generaciones, formatos y emociones sin perder rigor ni profundidad.
(Fuente: FIFA )
Este domingo, cuando ruede el balón y Arsenal y Corinthians escriban la primera página de esta Copa de Campeones, nos encontrarás ahí, contando cada detalle, cada gesto, cada instante que merezca ser recordado Porque hay finales que se juegan, la mayoría, pero existen algunas, como es el caso, que también se viven.
— Corinthians Futebol Feminino (@SCCPFutFeminino) February 1, 2026
El Arsenal, campeón de Europa, se elevó definitivamente a la categoría de mito fundacional del fútbol femenino al proclamarse primer campeón de la historia de la FIFA Women’s Champions Cup 2026™, tras imponerse por 3-2 al Corinthians en una final colosal disputada en el Emirates Stadium, un partido que se extendió hasta los límites físicos y emocionales del deporte y que quedó marcado por cinco goles descritos con exactitud quirúrgica, giros dramáticos constantes y una prórroga eterna que terminó por consagrar a las londinenses como campeonas del mundo. Desde el primer segundo quedó claro que el Arsenal no estaba dispuesto a especular: sacó de centro, ganó un córner en el primer minuto y empezó a empujar con una presión alta y una circulación agresiva, con Mariona Caldentey apareciendo entre líneas, Kim Little gobernando los tiempos y Alessia Russo moviéndose por detrás de Stina Blackstenius. El primer aviso serio llegó pronto, con una volea de Smith tras saque de esquina y un remate posterior de Mariona, pero el partido empezó a abrirse realmente cuando Corinthians respondió con transiciones rápidas lideradas por Duda Sampaio, avisando de que la campeona sudamericana no iba a limitarse a resistir.
El 1–0 llegó en el minuto 15 y fue un gol nacido del error y del instinto: Leticia Teles falló en la salida, Blackstenius quedó mano a mano tras anticiparse, su disparo con la izquierda fue repelido por la propia guardameta, pero el rechace quedó muerto en el área pequeña y Olivia Smith, atacando el segundo balón, golpeó hacia el suelo con violencia, provocando un bote incómodo que superó a las defensoras que intentaban salvar sobre la línea y terminó entrando en la portería, un gol de pura insistencia que hizo estallar al Emirates. Arsenal rozó el segundo de inmediato, pero no cerró el partido y eso permitió a Corinthians crecer, ganar metros y encontrar el empate a balón parado.
ONE NIL TO THE ARSENAL 🔥
Olivia Smith is in the right place at the right time to nestle it into the bottom left!
El 1–1 llegó en el minuto 27 de juego tras un córner lanzado desde la derecha: Zanotti atacó el primer palo y cabeceó con potencia, Borbe reaccionó y llegó a tocar el balón, pero no logró blocarlo ni despejarlo con claridad; el esférico botó sobre la línea y Aquino, llegando desde atrás con determinación, terminó de empujarlo con la rodilla para asegurarse de que cruzara completamente, una acción límite que igualó el marcador y devolvió el partido al punto de máxima tensión. Antes del descanso, el Arsenal acumuló ocasiones claras, incluida una oportunidad clarísima de Blackstenius tras un pase atrás de Little en la que la delantera sueca resbaló en el giro y mandó el balón muy desviado, síntoma de que la noche iba a exigir sufrimiento.
— Corinthians Futebol Feminino (@SCCPFutFeminino) February 1, 2026
Antes del descanso, el equipo de Jonas Eidevall acumuló llegadas, combinaciones entre Mead, Russo y Blackstenius, y ocasiones claras como la que la delantera sueca desperdició tras una gran acción de Kim Little, pero el 1-1 se mantuvo al intermedio.
En la reanudación, con Maanum ya sobre el césped y Russo como referencia ofensiva, el Arsenal volvió a golpear, esta vez tras una jugada interminable a la salida de un córner en la que el balón sobrevivió entre rechaces, centros y segundas jugadas hasta que Wubben-Moy, incorporada al ataque, conectó un cabezazo poderoso al segundo palo para el 2–1, un gol de pura convicción que ponía de nuevo por delante las británicas en el 59, asomados ya a la hora de final disputada y esta no defraudaba a nadie.
AND WE'RE BACK AHEAD!! 💪
Emily Fox's cross is headed into the back of the net by Lotte Wubben-Moy!! 🔥
Los fans británicos ya se veían con el título en las manos, pero el tanto sudamericano nos regaló treinta minutos más de puro fútbol.
. Con el 2-1, el partido parecía encarrilado, más aún cuando el equipo inglés dispuso de una triple ocasión monumental: Mead remató desde el punto de penalti, Leticia salvó, Foord recogió el rebote y estrelló su disparo en el larguero, y el posterior cabezazo de Russo se marchó por encima, una secuencia que parecía anunciar sentencia pero que terminó convirtiéndose en presagio de drama. Corinthians resistió, se agarró al partido con orgullo y, ya en el tiempo añadido, encontró el camino hacia el empate definitivo del tiempo reglamentario. Tras una falta colgada al área, una sucesión de rechaces y bloqueos heroicos de Wubben-Moy, el balón volvió a caer en zona caliente; en la acción final, Robledo cayó en el área tras un contacto con McCabe, el VAR llamó a la colegiada y, tras la revisión, se señaló penalti. Victoria asumió la responsabilidad en el minuto 94, engañó por completo a Borbe y ejecutó con calma absoluta, enviando el balón raso y centrado mientras la guardameta se vencía a un lado, estableciendo el 2–2 y forzando una prórroga pasada por agua.
2T | 51 min: Vic Albuquerque bateu e empatou a partida para as Brabas.
— Corinthians Futebol Feminino (@SCCPFutFeminino) February 1, 2026
. En el tiempo extra, el cansancio multiplicó los errores y las emociones, Corinthians incluso rozó el gol con un cabezazo de Victoria que tocó en la yema de los dedos de Borbe y se estrelló en el larguero, pero el Arsenal volvió a levantarse una vez más.
El gol decisivo, el 3–2, llegó en el minuto 104 y fue una obra de oportunismo y precisión: tras una falta a favor de Corinthians, Maanum ganó un balón dividido en el centro del campo ante Duda Sampaio, condujo con espacio y abrió rápidamente a la izquierda para Caitlin Foord, que avanzó unos metros, armó el disparo con la zurda y sorprendió a Leticia con un remate seco y potente al primer palo, colándose el balón entre la guardameta y el poste en una acción que desató el delirio absoluto en el Emirates Stadium de Londres.
FOOORDDDYYY!!! 🔥
Caitlin Foord smashes it home to put us back in the lead!!! 💪
A partir de ahí, el partido se transformó en una batalla de resistencia extrema, con Corinthians colgando balones, Arsenal despejando cada centro como si fuera el último y un final interminable marcado por el choque brutal entre Borbe y Wubben-Moy que obligó a una interrupción de más de ocho minutos y a la entrada de Daphne van Domselaar como sustituta por conmoción.
En un descuento eterno dentro de la prórroga, con trece minutos añadidos, el Arsenal defendió con el alma, despejó una y otra vez, sobrevivió al último saque de banda y, cuando finalmente sonó el silbato definitivo, el estadio entero entendió que había asistido a algo irrepetible: el Arsenal era campeón del mundo, primer vencedor de la FIFA Women’s Champions Cup, tras una final inmortal definida gol a gol, segundo a segundo, y destinada a permanecer para siempre en la historia del fútbol femenino.
(Fuente: DAZN)
📋 Ficha técnica |
ARSENAL FC Women: Borbe; Emily Fox (Holmberg, 64’), Wubben-Moy, Catley, McCabe; Kim Little (Codina, 93’), Mariona Caldentey (Pelova, 105’), Mead (Kelly, 75’); Olivia Smith (Foord, 64’), Russo, Blackstenius (Maanum, 46’).
Incidencias: – Partido decidido en la prórroga – Penalti señalado tras revisión VAR en el tiempo añadido – Sustitución por conmoción: Daphne van Domselaar (Arsenal) entra por Borbe en el tiempo añadido de la prórroga – Más de 13 minutos de añadido final por atención médica a la guardameta local.
Árbitra: Stéphanie Frappart (Francia). Mariona Caldentey (Arsenal) y Gi Fernandes (Corinthians) vieron la tarjeta amarilla.
🔷 Hay partidos que no solo se ganan, se declaran. El Manchester City firmó en el Etihad Stadium una de esas actuaciones que definen una temporada, desbordando al Chelsea con un inapelable 5–1 que sacudió la Barclays Women’s Super League y confirmó un cambio de jerarquía. El equipo de Andrée Jeglertz fue una máquina perfectamente engrasada de principio a fin, con una Kerolin descomunal como rostro del triunfo, y dejó al descubierto, sin concesiones, todas las grietas de un rival que salió severamente castigado.
✨ Crónica | Colaboración especial de Manu López, Helena Pérez y Paula Valiente
Había citas señaladas en rojo en el calendario de la WSL, y esta lo estaba con trazo grueso. El líder recibía al vigente campeón en el Etihad Stadium, con un contexto que elevaba el duelo a categoría de punto de inflexión. El Manchester City llegaba en lo más alto de la tabla, con nueve puntos de margen, mientras que el Chelsea, tercero, aterrizaba en Mánchester consciente de que una derrota podía transformar la lucha por el título en una carrera de fondo, larga y cuesta arriba.
El escenario estuvo a la altura del momento. El Etihad respondió con gradas llenas y ese ambiente especial que se genera cuando el fútbol femenino ocupa un escaparate mayor. No era un partido más: era una prueba de madurez para el City y un examen de supervivencia para el Chelsea.
Andrée Jeglertz no dudó y volvió a confiar en el once que le ha dado estabilidad, continuidad y sentido a su temporada. Yamashita bajo palos; Casparij y Greenwood en los laterales; Knaak y Rose en el eje de la zaga; Blindkilde y Hasegawa como corazón del equipo; Kerolin y Hemp abiertas para desequilibrar; Miedema como nexo entre líneas y Khadija Shaw como referencia ofensiva. Un once reconocible, trabajado y con automatismos tan claros como consolidados.
el segundo saque de esquina consecutivo, la pelota quedó suelta en la frontal y apareció Kerolin, quien conectó una volea potente con la pierna izquierda, tras varios rebotes que desorientaron a la defensa, para abrir el marcador en el minuto 14 y establecer el 1-0. Este gol no solo adelantaba al City, sino que también rompía la estrategia inicial del Chelsea, obligándolas a subir líneas y arriesgar más en la presión, mientras las locales mantenían el control del ritmo y la posesión con paciencia.
Lejos de hundirse, el Chelsea tuvo un breve intento de reacción. Durante unos 10 minutos, adelantó líneas y empezó a encontrar espacios en la frontal. Kaptein incluso llegó a marcar, tras una acción bien trenzada con Lauren James, pero la colegiada anuló el tanto por fuera de juego. Fue un aviso hacia el equipo local, quizá el único real en toda la primera parte. A partir de ahí, pudimos ver el verdadero valor de Ayaka Yamashita. La guardameta del City se mostró segura, firme, decisiva. Keira Walsh probó suerte desde fuera del área con un disparo potente; Yamashita voló para desviarlo. Lauren James lo intentó con un zurdazo ajustado pero, otra vez, Yamashita apareció bien colocada con una parada segura. Cada parada de la guardameta del City era un pequeño golpe anímico para el Chelsea y un refuerzo para el equipo local, que se sentía cómodo defendiendo y letal al contragolpe. Pasada la media hora, el Manchester City volvió a tomar el control absoluto. Kerolin tuvo varias ocasiones claras en apenas unos minutos. Primero con un disparo rechazado, luego con otro remate que obligó a Hampton a intervenir. El Chelsea resistía como podía, acumulando cuerpos en el área, pero el partido se jugaba donde quería el City. Y cuando parecía que el descanso podía llegar con un 1–0 ajustado, apareció la contundencia. Minuto 36. Una acción aparentemente inofensiva se convierte en un mazazo. El balón llega al área del Chelsea, hay un pequeño desajuste, una duda, un metro concedido que Khadija Shaw detecta al instante. La delantera jamaicana controla dentro del área y, casi sin oposición, arma un remate potente con la izquierda. El disparo sale raso, cruzado, imposible para Hampton para duplicar la renta hasta el 2-0 más allá de la primera media hora de este gran duelo.
El Chelsea intentó reaccionar de inmediato, pero la presión del City en la salida de balón y su capacidad para jugar por fuera de los centrales imposibilitaba que las visitantes encontraran espacios para generar peligro. Durante los últimos minutos de la primera mitad, el City continuó moviendo el balón con precisión, buscando desbordar por las bandas y jugando al límite de la última línea defensiva, mientras el Chelsea apenas conseguía rematar entre los tres palos.
Tras el paso por vestuarios, el Chelsea regresó al césped con cambios y con la intención evidente de alterar el guion, pero el Manchester City tardó muy poco en dejar claro que no pensaba conceder ni un centímetro. La sensación era casi física para el combinado de Bompastor: el líder no quería jugar aadministrar la ventaja, iba a ampliarla. Desde el saque inicial de la segunda parte, el City volvió a presionar alto, a cerrar líneas de pase y a convertir cada recuperación en una amenaza directa. El Chelsea apenas pudo completar dos posesiones largas consecutivas durante los primeros minutos de la vuelta de vestuarios.
La balanza se volcó definitivamente en el minuto 49. Ocurrió la acción que resumía a la perfección la diferencia entre ambos equipos. El Chelsea perdió el balón en zona comprometida y, en cuestión de segundos, Kerolin arrancó en carrera desde campo propio. La brasileña avanzó metros con potencia, con Keira Walsh persiguiéndola en un esfuerzo desesperado. El Etihad se levantó de sus asientos al ver el escenario: Kerolin, el espacio y la portera como último obstáculo. La delantera no se precipitó. Esperó el momento justo, observó la salida de Hampton y, con una definición exquisita en el uno contra uno, elevó el balón por encima de laguardameta cuando esta se vencía al suelo. El esférico describió una parábola perfecta antes de caer mansamente en la red. El marcador ya mostraba una clara diferencia amén al 3-0 en el 50.
El golpe aún no había terminado de asimilarse cuando llegó el siguiente. Apenas cinco minutos después, el Manchester City volvió a encontrar el camino del gol con una jugada de manual. Miedemarecibió en el centro del campo, levantó la cabeza y filtró un pase preciso hacia Lauren Hemp. La inglesa emprendió una de esas cabalgadas que definen su juego: velocidad, determinación y verticalidad. Recorrió todo el costado izquierdo, ganó línea de fondo y, ya dentro del área, puso un centro tenso, medido, al corazón del área pequeña. Allí apareció de nuevo Kerolin. Sin marca, con ventaja y con una gran confianza. La brasileña solo tuvo que ajustar el pie izquierdo para empujar el balón al fondo de la red y festejar el 4-0 en el 54, se estaba saliendo la ex del Madrid CFF.
El Chelsea logró recortar distancias en el minuto 68 gracias a un derechazo potente de Alisha Thompsondesde la frontal, imposible para Yamashita, estableciendo el 4-1 que le ponía algo de emoción al encuentro a poco más de veinte para alcanzar el noventa, era el 68, quizá demasiado tarde para las visitantes.
Saque de esquina para el Manchester City. El balón voló al área y Vivianne Miedema, apareciendo desde atrás, se elevó entre defensoras para marcar un cabezazo a bocajarro. El remate fue seco, potente. Hampton apenas tuvo tiempo para reaccionar y encajó el definitivo 5–1 cuando el reloj ya marcaba el 72 de un partido único.
El City firmaba la ‘manita’ y el Etihad celebraba una actuación para el recuerdo.
Los últimos ritmos del partido fueron un ejercicio de gestión y dominio por parte del City. Hubo tiempo para más llegadas, para disparos lejanos y para que el público disfrutara de una tarde redonda.
El Chelsea, agotado física y mentalmente, trató de resistir sin encajar más goles. El pitido final llegó casi como un alivio para las visitantes y como una confirmación para las locales.
El Manchester City no solo había ganado; había mandado un mensaje claro al resto de la liga: van a luchar cómo sea para ser ellas quienes levanten copa de la Barclays Women’s Super League.
A 5-⭐️ performance by Manchester City sees the home side extend their lead on the WSL table to 11 points 🤯 pic.twitter.com/UVIY0guP9K
Manchester City: A. Yamashita, K. Casparij, J. Rose, R. Knaak, (c) A. Greenwood (Leila Ouahabi 100’), L. Blindkilde (Samantha Coffey 64’), Y. Hasegawa, Kerolin(aoba fujino 64’ – Laura Coombs 91’), V. Miedema (Grace Clinton 76’), L. Hemp, K. Shaw (Mary Fowler 76’) Chelsea: Hampton, (c) M. Bright, N. Girma, E. Carpenter, S. Baltimore, V. Buurman (S. Kerr 50’), E. Cuthbert (S. Nüsken 50’), W. H. M. Kaptein, K. Walsh (Aggie Beever-Jones 73’), A. Thompson, L. James (Johanna RyttingKaneryd 64’)
✨ El Costa Adeje Tenerife y la Real Sociedad empataron (1-1) en el Heliodoro Rodríguez López. Un duelo en el que adelantaron las locales con un tanto de Iratxe Pérez. A la media hora, Nahia Aparicio puso las tablas en el marcador. Claudia Florentino fue la MVP del partido.
Hay partidos que no necesitan un contexto artificial para elevarse. No requieren una épica impostada ni una narrativa forzada. Hay encuentros que, por la simple confluencia de trayectorias, ambiciones, estados de forma y escenario, se explican solos. El Costa Adeje Tenerife – Real Sociedad de este domingo pertenece a esa estirpe. A esa rara categoría de duelos que no solo ordenan una clasificación, sino que interpelan directamente al sentido profundo de una temporada.
Porque lo que ocurre este domingo en el Heliodoro Rodríguez López no es solo un enfrentamiento entre el 4º y el 3º clasificado de la Liga F Moeve. No es únicamente una batalla por tres puntos. Es una declaración de intenciones. Un examen de madurez. Un cruce de caminos entre dos proyectos que ya no se esconden. Que ya no miran de reojo. Que ya no se conforman con competir bien.
Aquí se juega Europa. Aquí se juega la Champions. Aquí se juega el derecho a soñar sin complejos.
Hay estadios que imponen por su tamaño. Otros, por su modernidad. El Heliodoro Rodríguez López impone por algo mucho más difícil de medir: su peso simbólico.
El fútbol femenino en Tenerife ha encontrado en este recinto un aliado, un refugio, un amplificador emocional. Cuando el Costa Adeje Tenerife pisa este césped, no juega solo. Juega con una isla entera detrás. Con una grada que entiende el proceso, que ha visto crecer al equipo, que ha acompañado cada paso desde la consolidación hasta la ambición declarada.
Domingo, 13:00h peninsular. Mediodía en Canarias. Luz limpia. Césped perfecto. Un estadio que sabe que no todos los partidos son iguales, y que este no lo es.
Porque el Heliodoro no acoge un partido más. Acoge una final anticipada por Europa.
El Costa Adeje Tenerife llega a esta cita como 4º clasificado, con 29 puntos, a ocho de su rival, sí. Pero las cifras, desnudas, no cuentan toda la verdad.
Porque este equipo, en este 2026, no conoce la derrota.
Porque este equipo ha aprendido a competir desde la adversidad. Porque este equipo ha convertido la regularidad en identidad. Porque este equipo ha dejado de ser sorpresa para ser aspirante.
Yerai Martín lo verbalizó con una frase que resume toda una filosofía:
“Si queremos estar, el domingo tenemos que ser un equipo muy completo.”
No hay consigna más clara. No hay mensaje más honesto. No hay trampa. El Costa Adeje no se engaña. Sabe que para mirar de frente a la Real Sociedad necesita perfección competitiva. Necesita atacar bien, defender mejor, sufrir juntos y golpear con convicción.
Nombres que no son accesorios. Que forman parte del armazón del equipo. Que alteran planes, rotaciones, automatismos.
Pero hay una noticia que se siente casi como un refuerzo: Fatou Dembele vuelve. Tras cumplir sanción, estará disponible ante las donostiarras. Y su presencia no es menor. Es físico. Es intimidación. Es lectura defensiva. Es liderazgo silencioso.
Este Costa Adeje no se define por lo que pierde, sino por cómo se adapta. Yerai Martín ha construido un grupo capaz de reconfigurarse sin perder el alma. Capaz de competir con menos recursos pero con más cohesión y eso, en partidos como este, vale oro, seamos sinceros
Enfrente, una Real Sociedad que llega como 3ª clasificada, con 37 puntos, tras un convincente 3-0 ante el Eibar. Un resultado que no solo suma, sino que refuerza confianza.
El equipo de Arturo Ruiz ha dejado atrás cualquier atisbo de irregularidad. Ha encontrado estabilidad. Ha consolidado una idea. Ha aprendido a cerrar partidos. A gestionar ventajas. A dominar tiempos.
La Real Sociedad ya no es promesa. Es realidad, pero tiene bajas claves como las de María Molina y Lezeta.
Cuando acabe el partido, la clasificación se moverá. Pero más allá de los números, algo habrá cambiado.
Si gana el Costa Adeje, el mensaje será claro: estamos aquí para quedarnos. Si gana la Real, la afirmación será contundente: este proyecto va en serio. Si hay empate, la tensión se prolongará… y la Liga F ganará en emoción.
Pero nadie saldrá indemne, porque estos partidos dejan huella.
El majestuoso Heliodoro Rodríguez López amaneció con esa luz que solo existe en las islas cuando el fútbol decide convertirse en algo más que un deporte. No era un domingo cualquiera. No lo era por la hora, por el rival ni por la clasificación, sino porque el Costa Adeje Tenerife y la Real Sociedad se habían citado en ese punto exacto de la temporada donde ya no valen los discursos de crecimiento ni las excusas de proceso. Allí, sobre el césped histórico del Heliodoro, se jugaba algo mucho más incómodo y mucho más hermoso: la posibilidad real de mirar a la Champions sin pedir permiso. El empate final, un 1-1 que dejó a ambos invictos en este inicio de 2026, no fue un resultado neutro. Fue un relato lleno de matices, de golpes emocionales, de momentos que pudieron cambiarlo todo y no lo hicieron, y de esa sensación amarga que solo aparece cuando sabes que has tenido una oportunidad histórica entre las manos… y se te ha escurrido entre los dedos.
Y al final, cuando el balón eche a rodar y el Heliodoro respire fútbol femenino del grande, todo se reducirá a una verdad simple y brutal:
Aquí no se juega solo un partido. Aquí se juega el derecho a mirar a Europa sin bajar la cabeza. Aquí se juega la identidad. Aquí se juega el futuro inmediato.
Noventa minutos. Once contra once. Una isla frente a una ambición histórica.
Que ruede el balón. Que hable el fútbol. Que el Heliodoro dicte sentencia.
Porque hay domingos que no se olvidan y este promete ser uno de ellos.
futbolista del Costa Adeje Tenerife Egatesa, Yerliane Moreno, continúa dando pasos firmes en su regreso a la dinámica competitiva del equipo. La centrocampista fue titular el pasado fin de semana frente al RCD Espanyol, después de haber sumado minutos previamente en casa ante el Athletic Club, mostrando una evolución positiva y consolidando su presencia en el centro del campo blanquiazul. La internacional venezolana afronta este tramo del curso con ilusión y ambición, con el objetivo de recuperar regularidad y asentarse nuevamente como una pieza importante en el esquema del técnico Yerai Martín. Los problemas físicos han sido uno de los principales obstáculos en su temporada, un reto tanto a nivel físico como mental, que Moreno está dejando atrás: “Son cosas que las futbolistas pasamos durante nuestra carrera deportiva, me ha tocado pasar a mí y ahora estoy intentando estabilizarme, volver a tener minutos y tener esa regularidad con el equipo que me va a ayudar a estar otra vez en mi máximo nivel”. Conocida como “La Pantera” por su garra, intensidad y carácter competitivo, la centrocampista también valoró su importancia dentro de la plantilla y lo que puede aportar al grupo ahora que vuelve a sentirse disponible:“Lo que siempre me ha caracterizado es el trabajo, la lucha, el lograr ganar esas segundas jugadas, esos balones sueltos y aportar mi granito de arena donde se pueda. Estoy a disposición del equipo y del cuerpo técnico para lo que sea necesario”. El Costa Adeje Tenerife Egatesa afronta este domingo un nuevo compromiso de máxima exigencia, recibiendo a la Real Sociedad a las 12:00 horas en el Heliodoro Rodríguez López. El conjunto tinerfeño, cuarto clasificado, se mide a un gran rival que actualmente ocupa la tercera posición de la tabla, en un duelo directo en la zona alta con tres puntos importantísimos en juego. Sobre este partido y la importancia de jugar en casa, con el apoyo de la afición, Yerliane destacó: “La Real Sociedad es un gran equipo, viene en una buena dinámica y no va a ser nada fácil el partido, pero confío en el equipo, estamos preparando el encuentro esta semana a conciencia y queremos sacar un buen resultado en nuestra casa”. Con muchas ganas de sumar minutos en el Heliodoro, la centrocampista blanquiazul reconoce sus ganas por disputar minutos delante de la afición tinerfeña: “Tengo muchas ansias por estar dentro del campo cuando juguemos en casa, siento como la gente me sigue apoyando a pesar de no haber jugado tantos minutos, siempre los escucho desde fuera y para mi eso significa mucha felicidad” En cuanto a los objetivos para lo que resta de temporada, Yerliane Moreno se muestra ambiciosa, pero con los pies en el suelo. “Para esta segunda vuelta pido que el equipo siga haciendo las cosas tan bien como hasta ahora, seguir sumando y estar en la parte alta de la clasificación es muy importante, con trabajo y sacando esa garra que nos caracteriza en cada partido. En lo personal, me gustaría conseguir esa estabilidad y conseguir jugar muchos minutos de aquí al final de temporada”. La futbolista confía en seguir sumando minutos que le permitan recuperar sensaciones y confianza, pasos clave para volver a ofrecer su mejor versión. Con trabajo, paciencia y la garra que la caracteriza, Yerliane Moreno continúa dando pasos firmes para volver a ser una pieza clave dentro de un Costa Adeje Tenerife Egatesa que quiere hacerse fuerte en casa y seguir creciendo junto a la afición blanquiazul.
(Fuente: Liga F Moeve)
El choque con aroma europeo |
(Fuente: Liga F Moeve)
🙌🏻 Partidazo
🏆 Liga F Moeve | 2025-2016
🔥 Costa Adeje Tenerife Egatesa 🆚 Real Sociedad de Fútbol 🔥
🗓️ Domingo, 1 de febrero de 2026
🕢 13:00 horario peninsular
📺 DAZN
📻 Atlántico Radio
🏟️ Heliodoro Rodríguez López, Santa Cruz de Tenerife
El tropiezo del nuevo Atlético de Madrid de José Herrera en Alcalá de Henares (1–1) ante el Granada C.F. les puso en bandeja a guerreras y donostiarras aprovechar su duelo directo para eliminar, en caso de victoria, a las colchoneras de la pelea por acceder a la Copa de Europa el próximo curso, una situación que no se dio y da una vida extra a las madrileñas.
Desde el primer instante el partido se presentó con una tensión soterrada, casi contenida, como si ambos equipos fueran conscientes de que un solo error podía tener consecuencias que trascendieran el marcador. La Real Sociedad fue la primera en enseñar los dientes, buscando profundidad y velocidad, obligando a Noelia Ramos a intervenir en la primera llegada visitante, una acción que resolvió con la seguridad de quien entiende perfectamente el contexto del partido, atrapando el balón sin conceder segundas oportunidades ni alimentar fantasmas. Fue una intervención sencilla en lo técnico, pero enorme en lo simbólico, porque sirvió para mandar un mensaje claro: el Heliodoro no iba a ser terreno blando.
El Costa Adeje respondió pronto, empujado por su gente, por ese murmullo constante de grada que en Tenerife no aprieta con estridencia, pero sí con una fe inquebrantable. Patri Gavira se elevó en el área para cabecear un balón que se marchó fuera, pero que confirmó que las locales no iban a esconderse, que no iban a esperar, que habían salido al campo con la convicción de que este partido no se jugaba para sobrevivir, sino para disputarlo de tú a tú.
Y entonces, apenas dos minutos después, llegó el momento que encendió el estadio y que durante muchos minutos pareció escribir un destino distinto. Natalia Ramos, con la pausa de quien entiende el fútbol como una conversación y no como un grito, conectó con Iratxe Pérez. La delantera recibió, se giró con inteligencia, leyó el espacio, y desde la frontal del área se sacó un disparo violento, seco, imposible de defender. Un zapatazo que no solo rompió la red, sino que rompió el guion previsto, porque ese gol no fue una casualidad: fue la materialización de una idea, de un equipo que sabe cómo atacar, que sabe cómo atraer, que sabe cómo golpear.
El Heliodoro explotó. El Costa Adeje se ponía por delante en el duelo directo por la Champions, y durante unos instantes el sueño pareció adquirir una forma tangible al abrir la lata con el 1–0 en el minuto 17 que dio alas al representativo cámara antes del ecuador de la primera mitad, dejando un baile de la heroína Iratxe que no pasó inadvertido.
Pero los partidos grandes nunca permiten la complacencia. Y la Real Sociedad, equipo hecho, maduro, competitivo, respondió como responden los conjuntos que están acostumbrados a estos escenarios. No hubo nervios, no hubo prisas. Hubo paciencia.
Tras un saque de esquina, el balón quedó muerto en una zona peligrosa. Paula Fernández lo leyó antes que nadie, levantó la cabeza y encontró a Nahia Aparicio completamente sola. La central, con sangre fría impropia de quien juega tan cerca de su propia portería, recortó, ajustó el cuerpo y envió el balón al palo largo. Noelia Ramos voló, estiró todo lo que pudo, pero no llegó. El empate subió al marcador como un jarro de agua fría, pero también como una advertencia: la Real Sociedad no iba a conceder nada y el 1–1 subió al marcador sobre el minuto 29, a poco más de un cuarto de hora para el entretiempo.
El partido entró entonces en una fase densa, cargada de duelos, de choques, de disputas que no siempre se veían, pero que se sentían. El Costa Adeje, lejos de venirse abajo, interpretó el empate como un estímulo. Antes del descanso apretó, subió líneas, creyó de nuevo. Y volvió a aparecer Iratxe Pérez, incansable, insistente, valiente. Tuvo en sus botas el segundo, pero el balón se perdió por el lateral de la red, como si el fútbol decidiera reservar ese margen de crueldad que distingue a los grandes partidos de los épicos. También Natalia Ramos probó fortuna a balón parado, con un lanzamiento de falta directa que se marchó fuera, recordando que no todas las intenciones se convierten en recompensa.
El descanso llegó con el 1-1, pero también con la sensación de que el Costa Adeje había hecho méritos suficientes para algo más, mientras la Real Sociedad confirmaba su capacidad para sobrevivir en escenarios hostiles sin perder identidad.
Tras la reanudación, el conjunto donostiarra intentó dar un paso adelante, consciente de que el empate, aunque no era un mal resultado, tampoco cerraba definitivamente la pelea. Klára Cahynová lo intentó desde lejos, pero su disparo se marchó completamente fuera, en una acción que simbolizó bien la segunda mitad: muchas intenciones, pocas grietas.
Yerai Martín entendió que el partido pedía algo más y movió el banquillo con valentía. La entrada de Paulina Gramaglia y Sandra Castelló buscaba oxígeno, creatividad, presencia en campo rival.
El Costa Adeje lo intentó de todas las formas posibles, pero se encontró con una Real Sociedad organizada, solidaria, casi quirúrgica en su manera de defender.
La zaga donostiarra se mostró inexpugnable, cerrando líneas de pase, achicando espacios, negando cualquier resquicio de esperanza. Y en el centro de todo emergió la figura de Claudia Florentino, imperial, dominante, líder silenciosa, elegida con justicia como MVP del encuentro. Cada cruce, cada anticipación, cada despeje suyo fue un recordatorio de por qué estos partidos se deciden muchas veces lejos de las áreas contrarias.
El Costa Adeje no dejó de creer. Sakina Ouzraoui lo intentó desde la banda con un envío que buscaba complicar a Alazne Estensoro, pero la guardameta atrapó el balón sin problemas, transmitiendo una serenidad que fue clave para sostener a su equipo en los momentos de mayor empuje local. Yerai Martín agotó sus opciones con la entrada de Violeta Quiles y Koko, quemando las últimas balas con la desesperación legítima de quien sabe que estos partidos no vuelven, que estas oportunidades no se repiten con facilidad.
La última gran ocasión fue para Fatou Dembele. Un disparo lejano, valiente, cargado de fe, que se marchó por encima del larguero. Fue casi un símbolo. Un intento final que resumió todo el partido del Costa Adeje: coraje, ambición, entrega… y ese pequeño margen que separa la hazaña del empate.
El pitido final dejó el marcador en tablas y la clasificación prácticamente intacta. La Real Sociedad se mantiene tercera con 38 puntos.
El Costa Adeje Tenerife sigue cuarto con 30, unidades, es decir, un guarismos por encima del Atlético de Madrid, que acumula ya más de una decena de partidos sin ganar, pero aún está vivo en la lucha europea.
El empate favoreció un poco más a las de San Sebastián que tiene un colchón de ocho puntos respecto al equipo insular, parecen ser muchos, pero esta superioridad de las Arturo Ruiz no se plasmó en el verde y podrían quedar cortos, se verá.
Ambos equipos continúan invictos en este inicio de 2026, confirmándose como dos de los conjuntos más en forma de la Liga F Moeve, como proyectos sólidos, fiables, competitivos.
Pero el fútbol no se mide solo en estadísticas. Se mide en sensaciones. Y para el Costa Adeje, este empate supo a oportunidad perdida. No por demérito, no por falta de ambición, sino porque durante muchos minutos el partido estuvo donde quería, porque el escenario era perfecto, porque el Heliodoro empujó, porque el gol llegó pronto, porque la Champions pareció asomarse por una rendija. Y cuando eso ocurre, cuando el fútbol te deja mirar tan de cerca, el empate duele un poco más.
🔚 AMAITU DAAAAAAAAAAAA!!! Puntu oso baliotsua lortu duguna gaurkoan aurkari zuzen baten aurka. AUPA REAL!!! 💙 pic.twitter.com/UxYqtLXW7b
No es una derrota. No lo es. Pero tampoco es una victoria. Es ese punto intermedio que obliga a seguir, que exige no soltarse, que recuerda que los grandes sueños no se construyen en un solo día, sino en la suma de muchos domingos como este. El Costa Adeje no perdió. Pero dejó escapar algo intangible: la posibilidad de cambiar el relato de la temporada de un solo golpe.
El Heliodoro se vació lentamente, con aplausos, con orgullo, con la certeza de que este equipo representa algo más que una posición en la tabla. Pero también con ese silencio final que acompaña siempre a las ocasiones que no vuelven. Porque el fútbol, como la vida, no siempre premia al que más lo desea.
A veces solo deja constancia de que lo intentó. Y eso, aunque no llena vitrinas, construye identidad y el Costa Adeje Tenerife, pase lo que pase, ya la tiene.
El Costa Adeje Tenerife Egatesa firmó así un empate intenso ante un rival directo, dejando buenas sensaciones por la actitud, el juego y la competitividad mostrada a lo largo de los 96 minutos de partido. El Heliodoro vibró con cada acción, celebrando el gol de Iratxe y la entrega de las blanquiazules hasta el último instante, próxima estación viajar a Fuenlabrada para jugar los cuartos de final de la Copa de la Reina frente al Madrid CFF y en deje mismo torneo , que es muy bello , la Real Sociedad se medirá al ONA en Zubieta.
(Fuente: Costa Adeje Tenerife Egatesa)
📋 Ficha técnica |
Costa Adeje Tenerife Egatesa: Noelia Ramos, Fatou.D, Moreno (Koko Ange 86´), Paola H.D. (S. Castelló 58´), S. Ouzraoui (V. Quiles 80´), Aleksandra, N. Ramos, Clau Blanco; Elba; Iratxe (Gramaglia 58´), Patri Gavira Real Sociedad: A. Estenssoro, Florentino, Moraza, Apari, P. Fernández, Mirari, Lucía (N. Eizagirre 80´), Intza (Emma 80´), Lavogez (Andreia 61´), Cahynová, Aira (Cecilia 91´).
Árbitra: Lorena del Mar Trujillano asistida por Nahia Alonso y Rocío López y como cuarta árbitra Andrea Piñana. Amonestaron a las locales con amarilla; Koko Ange (88´) y visitantes con amarilla: Andreia (70´) Incidencias: Decimooctava jornada de Liga F Moeve, disputado en el Heliodoro Rodríguez López ante 1.823 espectadores
Goles |
1-0 Iratxe Pérez 17’ ⚽️ 1-1 Nahia Aparicio 28’ ⚽️
Vídeo |
🟰 Iratxe Pérez y Apari le dan un punto a Costa Adeje Tenerife y Real Sociedad en el Heliodoro Rodríguez López
El proyecto de Media Res es la primera serie del contrato general de dos años de Lindelof con HBO
HBO ha encargado ocho episodios de THE CHAIN, una nueva miniserie original escrita y producida por el ganador del Emmy® Damon Lindelof, uno de los creadores más influyentes de la televisión contemporánea y responsable de títulos clave como The Leftovers y Watchmen. Lindelof ejercerá además como showrunner, un rol que no asumía desde Watchmen, y el proyecto se enmarca dentro de un contrato general de dos años que el creador ha firmado con HBO y que está vigente desde septiembre de 2025.
THE CHAIN está basada en la aclamada novela superventas del New York Times del mismo nombre, escrita por Adrian McKinty, y supone el primer proyecto derivado del acuerdo entre HBO y el estudio Media Res, nominado a los premios Emmy®, que participa como coproductor. Aunque por el momento no se han revelado detalles concretos sobre la adaptación, se ha confirmado que Lindelof ampliará la mitología del inquietante thriller original de McKinty, explorando nuevas capas narrativas y psicológicas más allá del material literario.
En el apartado creativo, la miniserie original de HBO THE CHAIN cuenta con Damon Lindelof como guionista y productor ejecutivo. La historia del episodio piloto ha sido desarrollada por Lindelof junto a Carly Wray y Breannah Gibson, mientras que el guion del primer episodio está firmado por Lindelof y Wray. Por parte de Media Res, Michael Ellenberg y Lindsey Springer figuran como productores ejecutivos, al igual que Shane Salerno. El propio Adrian McKinty, autor de la novela original, participa también como coproductor ejecutivo, reforzando el vínculo creativo con el material de origen.
Desde HBO, Francesca Orsi, vicepresidenta ejecutiva de programación y directora de series dramáticas y películas del canal, ha destacado la relevancia del proyecto y de su creador:
«Nos sentimos honrados por nuestra continua colaboración con Damon Lindelof, uno de los creadores más singulares y distintivos de nuestro tiempo. THE CHAIN promete continuar su legado de sumergirnos en las profundidades del cerebro humano y ofrecernos una experiencia no solo emocionalmente atrevida, sino, en última instancia, transformadora».
Por su parte, Damon Lindelof ha explicado su conexión inmediata con la obra de McKinty y su entusiasmo por el regreso a HBO como showrunner:
«Desde el momento en que escuché la premisa original y descabellada del libro de Adrian, me quedé impactado, sorprendido y enfadado por no haberlo pensado yo mismo. Siempre he querido adaptar un gran thriller y este tiene todos los toques oscuros, extraños y emocionantes que despiertan mi imaginación. Me siento muy afortunado de volver a trabajar con Francesca, Casey y Michael, quienes me llevaron a HBO hace quince años, y estoy deseando hacer de THE CHAIN un eslabón memorable en su extraordinario legado».
Damon Lindelof, nacido en Nueva Jersey, es hijo de una maestra y un banquero, y —según él mismo admite— escritor desde su nacimiento, aunque tardó más de 25 años en descubrirlo. En 2004 se asoció con J. J. Abrams para crear Perdidos (Lost), una de las series más influyentes del siglo XXI (y, como él mismo recuerda con ironía, “no, no estaban muertos todo el tiempo”). Tras su paso por la gran pantalla como guionista y productor en títulos como Star Trek, Prometheus, Guerra Mundial Z y Tomorrowland, regresó a la televisión en 2014 como showrunner de The Leftovers, una serie de culto de HBO que defiende afirmando que “no es tan deprimente como dice todo el mundo”. Más recientemente firmó la aclamada miniserie Watchmen, también para HBO, de la que asegura con la misma vehemencia que “no es tan confusa como dice todo el mundo”. Esta biografía, por cierto, también la ha escrito él.
El proyecto cuenta con el respaldo de Media Res, un estudio de televisión y productora cinematográfica nominada a los premios Emmy®, especializada en el desarrollo, producción y financiación de contenidos de alta calidad para el mercado global. Tras una inversión estratégica de RedBird IMI, Media Res ha reforzado su colaboración con talentos creativos, cadenas y plataformas de primer nivel. Fundada por Michael Ellenberg, su programación actual incluye la cuarta temporada de The Morning Show (Apple TV), ganadora de premios Emmy, SAG y Critics Choice; la segunda temporada de Pachinko, también en Apple TV, reconocida por los premios Peabody, el American Film Institute y los Critics Choice Awards; la próxima comedia de Peacock The Miniature Wife, con Elizabeth Banks y Matthew Macfadyen, y la futura serie dramática de Apple TV The Dealer, protagonizada y producida por Jessica Chastain junto a Adam Driver, ambientada en el exclusivo mundo del mercado del arte de alta gama. Entre sus trabajos anteriores destacan I’m a Virgo (Amazon Prime Video), Extrapolations (Apple TV) y Scenes From A Marriage (HBO).
Con THE CHAIN, HBO, Damon Lindelof y Media Res unen fuerzas para dar forma a una miniserie de suspense psicológico llamada a convertirse en uno de los proyectos televisivos más ambiciosos y comentados de los próximos años.
A las 12:00 del domingo 1 de febrero, cuando el invierno todavía aprieta pero el fútbol femenino español empieza a oler a momentos decisivos, el balón rodará en Badalona con una promesa silenciosa: no será un partido más. FC Badalona Women – SD Eibar, en directo por DAZN, es uno de esos encuentros que no necesita cartel de derbi ni urgencias clasificatorias extremas para tener alma, narrativa y peso competitivo. Es, en esencia, uno de esos partidos que se ganan antes de jugarse, se resisten durante 90 minutos y se recuerdan por lo que dicen del carácter de dos equipos hechos a base de convicción.
La Liga F Moeve entra en febrero con una tabla que empieza a separar realidades, pero también con una zona media que se ha convertido en territorio de nadie… o de todos. En ese paisaje aparece el FC Badalona Women, 8º clasificado con 23 puntos, instalado en una temporada que no grita, pero sostiene. No deslumbra en los resúmenes virales, no vive de goleadas escandalosas, pero ha construido algo mucho más difícil: fiabilidad.
El dato es demoledor y simbólico a partes iguales: el Badalona no ha perdido ni ha encajado un solo gol en este inicio de 2026. No es casualidad, no es suerte y no es una racha aislada. Es la consecuencia lógica de un equipo que ha entendido que, en una liga cada vez más igualada, defender bien es una forma de atacar al futuro.
El 0-1 subió al marcador justo antes del descanso, premiando la insistencia del Eibar y castigando la falta de contundencia local en los metros finales. Fue un gol de los que duelen, de los que obligan a recomponerse mentalmente en el vestuario.
Enfrente estará la SD Eibar, un equipo que ha hecho del equilibrio su bandera y de la constancia su salvavidas. Las armeras llegan con once puntos de colchón sobre el descenso, una distancia que no garantiza tranquilidad, pero sí margen para competir sin la soga al cuello. El tropiezo reciente ante la Real Sociedad (3-0) no ha borrado lo construido durante meses: un equipo incómodo, tácticamente disciplinado y difícil de romper.
Jugar en Badalona no es sencillo. No por el ruido, no por la presión ambiental, sino por la sensación de control que transmite el equipo local cuando consigue imponer su ritmo. El FC Badalona Women ha entendido algo fundamental en el fútbol moderno: no todos los partidos se ganan con balón, pero muchos se pierden sin orden.
El equipo catalán ha hecho de la estructura defensiva su punto de partida. Líneas juntas, lectura constante de las segundas jugadas y una obsesión casi quirúrgica por no conceder espacios entre central y lateral. El resultado es un bloque que no regala ventajas, que obliga al rival a repetir esfuerzos y que castiga cualquier error con una precisión casi quirúrgica.
La llegada en este mercado invernal de Isabelle Hoekstra no responde a una urgencia, sino a una idea. La futbolista se alternará entre el filial y el primer equipo, una decisión que habla tanto de planificación como de visión de futuro. No es un fichaje para romper jerarquías, sino para ensanchar el ecosistema competitivo del club, reforzar entrenamientos y elevar el nivel de exigencia interno.
Ese tipo de movimientos suelen pasar desapercibidos para el gran público, pero son los que, a medio plazo, marcan la diferencia entre sobrevivir y crecer.
Si el Badalona representa la calma organizada, la SD Eibar simboliza la resiliencia estructural. El conjunto dirigido por Iñaki Goikoetxea ha construido su temporada desde la pragmática honestidad: saber quién eres, aceptar tus límites y competir cada partido como si fuera una negociación permanente con el marcador.
El colchón de once puntos sobre el descenso no ha llegado por casualidad. Ha llegado porque el Eibar maximiza sus goles, minimiza errores y entiende cuándo un empate es oro y cuándo una derrota puede ser asumible si no te descompone el proyecto.
Eso sí, la derrota ante la Real Sociedad fue un golpe de realidad. No tanto por el resultado, sino por la forma. Un 3-0 que evidenció las dificultades del equipo cuando se ve obligado a llevar la iniciativa o cuando el rival acelera el partido más allá de lo previsto.
En el mercado invernal, el Eibar ha optado por la continuidad. Ninguna incorporación, ninguna revolución. Solo una salida: Alena Pěčková, que se ha desvinculado del club. Una decisión que refuerza la idea de que el cuerpo técnico confía en el grupo actual para cumplir el objetivo principal: permanecer.
Este Badalona – Eibar no se decidirá por acumulación de ocasiones. Se decidirá por detalles microscópicos: una mala orientación corporal, un despeje mal perfilado, una falta lateral mal defendida. Son dos equipos que conceden poco y que necesitan poco para hacer daño.
El Badalona buscará imponer su guion habitual: ritmo controlado, paciencia, circulación segura y esperar el error del rival. El Eibar, en cambio, se sentirá cómodo en un escenario de partido largo, donde el reloj juegue a su favor y la ansiedad empiece a filtrarse en la grada.
Será un duelo de tempos, de lecturas tácticas, de entrenadores moviendo piezas sin hacer ruido. Un partido donde el primer gol, si llega, puede cambiarlo todo… o no cambiar nada.
Que este partido se emita por DAZN no es un detalle menor. Es la confirmación de que la Liga F también se explica desde estos encuentros, desde estas narrativas que no siempre ocupan titulares, pero que sostienen la competición semana a semana.
Porque el fútbol femenino no solo crece con finales y clásicos. Crece con partidos como este, donde la identidad pesa más que el nombre, donde el trabajo invisible se convierte en protagonista y donde cada punto cuenta una historia distinta.
El domingo, a las 12:00, alguien sumará tres puntos. Puede que nadie marque hasta el minuto 80. Puede que un error lo cambie todo. Puede que el empate sea justo y lógico. Pero pase lo que pase, este Badalona – Eibar dirá mucho más de lo que refleje el marcador.
Dirá en qué punto está un Badalona que quiere consolidarse como algo más que una revelación silenciosa. Dirá si el Eibar sabe levantarse sin perder su esencia. Y dirá, sobre todo, que la Liga F Moeve sigue construyéndose desde partidos como este: duros, honestos, tácticos y profundamente humanos.
El fútbol, cuando se juega sin red, cuando se vive con la urgencia del presente y la memoria del pasado reciente, cuando cada duelo es una afirmación de identidad, adquiere una dimensión que va mucho más allá del marcador. En la mañana en la que el FC Badalona Women y la SD Eibar se citaron en territorio catalán, el balón no solo ponía tres puntos en juego: ponía a prueba una racha, un proyecto y una manera de entender el crecimiento competitivo en la élite. Y lo que terminó sucediendo, ese 2-1 que mantuvo invicto al conjunto badalonés en 2026, fue una de esas historias que se escriben con pulso firme, sufrimiento, resistencia, carácter colectivo y la aparición decisiva de nombres propios destinados a marcar época.
Desde el primer pitido, el encuentro se presentó como un choque frontal entre dos equipos con ambiciones distintas pero con una convicción común: no especular. El FC Badalona Women, asentado ya en la categoría y en pleno proceso de maduración como bloque competitivo, saltó al césped con la determinación de quien sabe que las rachas se alimentan desde la iniciativa. La SD Eibar, por su parte, compareció con el poso de un equipo acostumbrado a competir cada balón como si fuera el último, con una estructura reconocible, con automatismos claros y con una idea muy definida: hacer del orden y la agresividad bien entendida su mejor arma para golpear.
El arranque fue un intercambio de intenciones. No de golpes, pero sí de avisos. El Badalona quiso desde el inicio asumir la posesión, mover el balón con criterio desde atrás y buscar superioridades por los costados, especialmente a través de la movilidad de sus interiores y la profundidad de sus laterales. El Eibar, bien plantado, optó por un bloque medio, sin replegar en exceso, preparado para saltar a la presión en cuanto detectara una conducción larga o un pase horizontal mal perfilado.
En ese contexto, la primera en intentar romper el guion fue Sara Martín, que actuó como referencia ofensiva adelantada del conjunto local. Su velocidad fue un recurso constante para estirar a la defensa armera, obligando a las centrales visitantes a vivir en alerta permanente. Cada desmarque suyo, cada carrera al espacio, servía para ganar metros y oxígeno, aunque no siempre encontraba el último pase necesario para convertir la amenaza en ocasión clara.
Al otro lado, el Eibar comenzó a encontrar situaciones interesantes gracias a la capacidad de sus jugadoras de banda para cargar el área. Cristina Cubedo, que partía desde una posición más retrasada pero con libertad para incorporarse, protagonizó una de las primeras llegadas de peligro con un testarazo que obligó a la defensa local a emplearse a fondo. No fue un remate limpio, pero sí una advertencia de lo que estaba por venir: Cubedo no solo estaba para defender, estaba para liderar.
El partido entró entonces en una fase de tensión creciente. Ninguno de los dos equipos quería conceder metros innecesarios, y cada duelo individual se vivía con intensidad máxima. Las disputas en el centro del campo eran constantes, con segundas jugadas muy peleadas y con una sensación de que el primer gol, cuando llegara, iba a tener un peso emocional enorme.
La ocasión más clara del primer tiempo llegó superados los veinte minutos, y fue un auténtico ejercicio de supervivencia defensiva para el Badalona. Un centro preciso desde la banda izquierda de Garazi encontró la cabeza de Carmen Álvarez, que se elevó con potencia para peinar el balón y dirigirlo hacia portería. Todo parecía destinado al gol, pero María Valenzuela emergió como una figura decisiva. La guardameta granadina, con reflejos felinos y una lectura perfecta de la trayectoria, sacó una mano salvadora para desviar el esférico a saque de esquina. No fue una parada más: fue una intervención que sostuvo al equipo, que evitó el golpe psicológico y que reforzó la confianza de las suyas.
Lejos de conformarse, Carmen Álvarez volvió a encontrar espacio minutos después. Esta vez, completamente sola, encaró un nuevo remate que parecía imparable. De nuevo, Valenzuela apareció con una intervención formidable, enviando el balón a córner y confirmando que el Badalona tenía en su portería un seguro de vida. Cada parada era celebrada como un gol por la grada, consciente de que ese tipo de acciones cambian partidos.
Mientras tanto, el Badalona intentaba crecer con balón, pero le costaba encontrar continuidad en campo rival. El Eibar cerraba bien los espacios interiores y obligaba a las locales a buscar soluciones desde fuera, donde los centros no siempre encontraban rematadora. Aun así, el partido se mantenía abierto, vibrante, con una sensación de igualdad real pese a las ocasiones visitantes.
Cuando el descanso parecía acercarse con el empate sin goles, llegó el golpe. Un envío desde el pico del área, medido con precisión quirúrgica, encontró a Laura Camino atacando el primer palo. La delantera armera se anticipó a su marca y conectó un remate de cabeza impecable, seco, imposible para Valenzuela y abrió la lata en el minuto 46 del alargue.
El paso por vestuarios marcó un punto de inflexión. El Badalona regresó al césped con otra energía, con una marcha más, con la convicción de que el partido no estaba perdido. Marc Ballester ajustó líneas, pidió más agresividad tras pérdida y una circulación más rápida para desorganizar el bloque visitante. El mensaje fue claro: había que empatar pronto para no dejar que el Eibar se sintiera cómodo defendiendo la ventaja.
Y el equipo respondió. Apenas nueve minutos después de la reanudación, llegó la jugada que cambió el signo del encuentro. Cristina Cubedo, adelantando líneas con una personalidad impropia de una central convencional, avanzó con la pelota controlada hasta campo rival. Atrajo rivales, leyó el desmarque y filtró un pase perfecto para Irina Uribe. La delantera, con sangre fría, no dudó. Armó un disparo potente, cruzado, que superó a Eunate Astralaga y se coló en la portería visitante para poner el empate en el minuto 54 de juego .
El 1–1 estalló en el estadio como una liberación colectiva. Era el premio al paso adelante, a la fe y a la valentía.
El gol reforzó al Badalona, que pasó a dominar el partido con mayor claridad. El balón era suyo, el ritmo también. El Eibar intentó reaccionar, buscando de nuevo a Carmen Álvarez, pero la delantera no terminaba de encontrar el acierto que había tenido en la primera mitad.
Las locales, por su parte, crecían con cada acción, con cada duelo ganado, con cada transición bien defendida. Pasada la hora de juego, el partido vivió uno de sus momentos más tensos.
Tras la revisión en el Football Video Support, la colegiada decidió mostrar la segunda tarjeta amarilla a María Llompart por un codazo sobre Arena Altonaga en una acción de control. La expulsión dejó al Badalona con una jugadora menos y obligó a reajustar de nuevo el plan. El encuentro entraba en un terreno imprevisible.
Con las fuerzas igualadas en número tras la posterior expulsión de Carla Andrés por doble amarilla, el choque se convirtió en una batalla de nervios, de detalles, de resistencia física y mental. El Eibar introdujo a Emma Moreno para ganar presencia arriba, buscando un último empujón ofensivo. Cada balón parado se vivía con tensión máxima.
Y cuando el empate parecía asentarse, cuando el reparto de puntos comenzaba a asumir forma definitiva, llegó la jugada que decidió todo. Minuto 85. Saque de esquina botado por Sonia Majarín, tenso, al corazón del área. Allí apareció Cristina Cubedo. La central, ex del Costa Adeje Tenerife y el Villarreal, se elevó con potencia, con determinación, con la autoridad de quien sabe que ese es su momento. El cabezazo fue impecable, directo al fondo de la red, inapelable para Astralaga. El 2–1 desató la locura. Cubedo, MVP indiscutible, culminaba una actuación total: liderazgo, visión, gol decisivo.ñ
El Eibar lo intentó en los minutos finales, empujó con lo que tenía, pero el Badalona supo resistir. Defendió con orden, con sacrificio, con esa madurez que define a los equipos que crecen. El pitido final certificó una victoria de enorme valor: tres puntos, una remontada, una nueva demostración de carácter y la confirmación de que el Badalona Women es un equipo difícil de doblegar, aunque tomes ventaja y este resultado fue una muestra de ello.
Con este triunfo, las locales escalan hasta la séptima posición con 26 puntos y mantienen su condición de invictas en 2026, algo que les permite superar al Madrid CFF de Sánchez Vera.
(Fuente: Liga F Moeve)
El Eibar, por su parte, se queda con 17 puntos en la tabla clasificatoria y es decimotercero en la élite tras un partido en el que compitió de tú a tú, pero en el que acabó cediendo ante la épica local, próxima estación, recibir al Granada en Guipúzcoa.
(Fuente: Liga F Moeve)
📋 Ficha técnica |
FC Badalona Women: María; Itzi Pinillos, Cubedo, Sonia Majarín, Barclais; Llompart, Ana González (Jankovska, min. 69) , Lorena Navarro; Julve (Sofie Junge, min. 88), Irina Uribe (Lice Chamorro, min. 77), Banini (Kullashi, min. 77)
Entrenador: Marc Ballester
D Eibar: Astralaga; Laura Camino, Carla Andrés, Masegur, Belem, Garazi; Adela Rico, Altonaga, Iribarren (Emma Moreno, min. 77); Sara Martín (Iara Lacosta, min. 83), Carmen Álvarez (Opah Clement, min. 83).
Entrenador: Iñaki Goikoetxea
Tarjetas amarillas: Llompart (min. 28 y 65), Cubedo (min. 42), Adela Rico (min. 61), Ana González (min. 62), Carla Andrés ( min. 83 y 90+6) Lugar: Estadio Nou Municipal del Palamós Árbitra: Raquel Suárez
El domingo 1 de febrero a las doce en punto del mediodía, cuando el invierno atlántico aún muerde el aire de A Coruña y el cielo de Riazor se abre como un telón solemne, el fútbol femenino español se detiene para contemplar uno de esos partidos que trascienden la simple suma de puntos y se instalan en el territorio de los símbolos. Deportivo Abanca y Real Madrid CF se citan en un escenario cargado de memoria, con el océano como testigo eterno y un estadio que, una vez más, se vestirá de gala para recibir a uno de los gigantes del campeonato. No es un partido más de la Liga F Moeve; es un duelo que habla de crecimiento, de ambición, de resistencia y de jerarquías, de un proyecto gallego que se ha ganado el respeto desde la solidez y de un proyecto blanco que persigue, casi con obsesión, la excelencia y la persecución imposible del FC Barcelona.
Riazor vuelve a ser epicentro del relato. El estadio herculino, acostumbrado a noches europeas, ascensos, descensos y resurrecciones, acoge ahora una cita que simboliza la normalización del fútbol femenino en los grandes templos del país. A las doce del mediodía, con la luz cayendo de forma limpia sobre el césped, el Deportivo Abanca recibe al Real Madrid CF en un contexto que invita al orgullo local y a la exigencia máxima. El conjunto gallego llega con el aval de los resultados recientes, tras un contundente 0-4 en Las Gaunas ante el DUX Logroño, una victoria que no solo reforzó su posición clasificatoria, sino que confirmó una identidad competitiva muy clara: un equipo que sabe cuándo sufrir, cuándo golpear y cómo interpretar los partidos desde la inteligencia colectiva.
El Deportivo Abanca es, a estas alturas del campeonato, el sexto mejor local de la categoría. No es un dato menor. En una Liga F Moeve cada vez más igualada, convertir tu estadio en un bastión es una declaración de intenciones. Riazor no es solo césped y gradas; es una idea. Es presión ambiental, es orden táctico, es un equipo que entiende que en casa no se negocian ni la intensidad ni la concentración. Las jugadoras de Fran Alonso —o mejor dicho, el bloque deportivista en su conjunto— han construido su fiabilidad desde atrás, apoyándose en una estructura que prioriza el equilibrio y la solidaridad defensiva, incluso en contextos de exigencia máxima como el que plantea la visita del Real Madrid.
Las ausencias, sin embargo, dibujan un contexto complejo. Cris Martínez continúa de baja por maternidad, una ausencia que va más allá del plano deportivo y que recuerda la realidad humana que convive con la élite. A ella se suman Paula Monteagudo, Carlota Suárez, Lía, Henar, Bárbara Latorre y Millene Cabral, un listado amplio que condiciona las rotaciones, los automatismos y la profundidad de banquillo. Aun así, el Deportivo ha demostrado esta temporada una capacidad notable para reinventarse, para redistribuir responsabilidades y para convertir cada baja en una oportunidad de crecimiento colectivo. No hay dramatismo en el discurso; hay adaptación.
Enfrente aparece el Real Madrid CF, segundo clasificado de la Liga F Moeve con 38 puntos, instalado en esa incómoda tierra de nadie que separa la ambición del título de la realidad incontestable del FC Barcelona. Diez puntos de distancia con las azulgranas tras la derrota en la final de la Supercopa (2-0) que aún resuena como un recordatorio cruel de la brecha existente. El equipo blanco llega a Riazor con la herida todavía abierta, con la necesidad de reafirmarse en el día a día del campeonato, sabiendo que cualquier tropiezo no solo complica la clasificación, sino que erosiona la narrativa de crecimiento continuo que el club ha construido desde su irrupción en la élite femenina.
Pau Quesada afronta el encuentro con bajas de enorme peso específico. Merle Frohms no estará bajo palos, una ausencia que altera la jerarquía defensiva desde el primer pase. Antonia Silva tampoco estará disponible, restando experiencia y liderazgo en la zaga. Tere Abelleira continúa recuperándose del cruzado, una ausencia que sigue siendo profundamente simbólica en el centro del campo madridista, donde su capacidad para ordenar, pausar y dar sentido al juego sigue siendo irremplazable. A ello se suma la baja de Hanna Bennison, una pieza que aporta dinamismo y llegada desde segunda línea. El Real Madrid llega, por tanto, con talento suficiente para competir, pero con ajustes obligatorios que ponen a prueba la profundidad real de la plantilla.
El antecedente inmediato entre ambos equipos invita a la cautela desde la perspectiva gallega y a la autoridad desde la óptica blanca. En la primera vuelta, el Real Madrid se impuso por 4-0 en su estadio, en un partido que reflejó la diferencia de pegada y de control de los momentos clave. Sin embargo, Riazor no es Valdebebas. El contexto cambia, el ritmo emocional se transforma y el Deportivo Abanca ha demostrado que sabe competir desde otra lógica cuando actúa como local. El fútbol, especialmente en esta liga, no entiende de sentencias previas.
El partido se podrá seguir en directo a través de DAZN y Movistar+, una doble ventana que amplifica su alcance y subraya la importancia del duelo en la agenda del fútbol femenino nacional. No es solo un escaparate para las protagonistas sobre el césped; es también una oportunidad para seguir consolidando audiencias, relatos y referentes. Cada pase, cada duelo, cada transición rápida o repliegue intenso se convierte en material narrativo para una competición que sigue escribiendo su historia jornada a jornada.
Hay algo profundamente simbólico en este enfrentamiento. El Deportivo Abanca representa la resistencia, el proyecto que crece desde la constancia y la identidad territorial. El Real Madrid CF encarna la ambición, la obligación de ganar, el peso del escudo y la exigencia permanente. Cuando ambos mundos colisionan, el resultado suele ser un partido cargado de matices, de silencios tensos y de momentos que se deciden en detalles mínimos: una pérdida en salida, una acción a balón parado, una transición mal defendida.
El césped de Riazor será juez imparcial. Allí se medirán no solo dos equipos, sino dos estados de ánimo. El Deportivo quiere confirmar que su posición como uno de los mejores locales no es casualidad, que puede mirar a los ojos a cualquiera. El Real Madrid necesita reafirmar su condición de aspirante permanente, demostrar que la derrota en la Supercopa no ha dejado secuelas profundas y que el campeonato doméstico sigue siendo un territorio donde imponer jerarquía.
A las doce del mediodía, cuando el balón eche a rodar, todo el contexto previo se diluirá en noventa minutos de verdad competitiva. Las bajas, los números, los antecedentes y los discursos quedarán suspendidos en el aire de Riazor. Solo quedará el fútbol. Y en esa pureza del juego, Deportivo Abanca y Real Madrid CF escribirán un nuevo capítulo de una Liga F Moeve que sigue creciendo, partido a partido, estadio a estadio, relato a relato.
La mañana avanza en A Coruña con esa cadencia lenta que solo conocen las ciudades que viven de cara al mar. Riazor empieza a llenarse mucho antes de que el balón ruede, no solo de aficionados, sino de una sensación compartida: la de estar asistiendo a algo que ya no es excepcional, sino necesario. El fútbol femenino ha dejado de pedir permiso en estos escenarios y ahora exige su espacio con la naturalidad de quien sabe que pertenece a este lugar. El murmullo de las gradas, el ritual de las camisetas, los pasos sobre el hormigón del estadio, todo forma parte de una liturgia que el Deportivo Abanca ha recuperado para sí y que hoy se pone a prueba ante uno de los escudos más imponentes del continente.
El Deportivo Abanca salta a este partido con la serenidad de quien ha entendido perfectamente cuál es su papel en la liga y cómo maximizarlo. No hay complejos, pero tampoco hay ingenuidad. El equipo gallego sabe que el Real Madrid CF no concede nada gratis, que cada error se paga con intereses altos y que los partidos ante las blancas exigen una precisión casi quirúrgica en cada decisión. Por eso, el Deportivo no se traiciona. No renuncia a su identidad, pero la adapta. Juega con el tiempo, con los espacios, con la ansiedad del rival cuando el marcador no se mueve. Riazor es un escenario grande, sí, pero también es un refugio donde el equipo sabe manejar los ritmos como pocos.
La victoria en Las Gaunas ante el DUX Logroño no fue solo un resultado contundente; fue una declaración silenciosa de madurez competitiva. Ganar 0-4 fuera de casa, con autoridad y sin fisuras, es algo que no se improvisa. Es el reflejo de un grupo que ha interiorizado automatismos, que se siente cómodo defendiendo bajo cuando toca y que sabe castigar con dureza cuando el rival se descompone. Ese partido fue, en muchos sentidos, un ensayo general para citas como la de hoy. Porque enfrentar al Real Madrid exige exactamente eso: orden, convicción y la capacidad de interpretar cuándo el partido pide calma y cuándo pide valentía.
Las ausencias en el Deportivo Abanca no se esconden, pero tampoco se dramatizan. Cris Martínez, baja por maternidad, representa ese punto de humanidad que atraviesa al fútbol femenino de manera transversal. Su ausencia es sentida, pero también es celebrada desde otro lugar: el de la vida que continúa más allá del césped. Paula Monteagudo, Carlota Suárez, Lía, Henar, Bárbara Latorre y Millene Cabral completan una lista que podría haber desestabilizado a cualquier equipo, pero que el Deportivo ha asumido como parte del camino. Aquí no hay discursos victimistas; hay una fe profunda en el colectivo y en la capacidad del grupo para sostenerse incluso cuando las piezas faltan.
En el banquillo, la gestión emocional es tan importante como la táctica. Porque partidos como este no se juegan solo con las piernas. Se juegan con la cabeza, con la capacidad de aislarse del ruido, de no dejarse llevar por el peso del escudo rival ni por la magnitud del escenario. El Deportivo Abanca entiende que su partido empieza mucho antes del pitido inicial y que cada gesto, cada decisión, cada repliegue bien ejecutado va construyendo una narrativa que incomoda al rival.
El Real Madrid CF, por su parte, llega a Riazor con la mochila cargada de exigencias. Ser segundo no basta. Nunca basta cuando el escudo impone una obligación casi permanente de victoria. Los 38 puntos en la clasificación saben a poco cuando la distancia con el FC Barcelona es de diez, y la derrota en la final de la Supercopa todavía escuece. Aquel 2-0 no fue solo una derrota; fue un recordatorio de que el camino hacia la cima sigue siendo empinado y que cada paso en falso tiene consecuencias no solo deportivas, sino simbólicas.
Pau Quesada se enfrenta a un rompecabezas complejo. La baja de Merle Frohms altera el primer eslabón de la cadena defensiva, esa portera que no solo detiene, sino que ordena, que transmite seguridad y que permite al equipo defender más alto. Sin ella, el Real Madrid debe ajustar su salida de balón, su altura defensiva y su gestión del riesgo. Antonia Silva, ausente también, deja un hueco de liderazgo en la zaga, una de esas jugadoras que sostienen al equipo incluso cuando no aparecen en las estadísticas.
Y luego está Tere Abelleira. Su recuperación del cruzado sigue siendo una herida abierta en el corazón futbolístico del Real Madrid. Porque Tere no es solo una centrocampista; es una idea. Es la pausa, el tempo, la capacidad de leer el partido desde una altura privilegiada. Sin ella, el equipo blanco ha tenido que redistribuir funciones, acelerar procesos y asumir riesgos que, en partidos como este, pueden marcar la diferencia. A su ausencia se suma la de Hanna Bennison, una jugadora capaz de romper líneas, de aportar energía y llegada desde la segunda línea, justo lo que se necesita cuando el rival se encierra y el marcador no se mueve.
Aun así, el Real Madrid CF no llega debilitado. Llega exigido. Y esa exigencia puede ser un arma de doble filo. Porque obliga a ganar, sí, pero también genera una tensión interna que, si no se gestiona bien, puede convertirse en precipitación. En Riazor, la paciencia es una virtud escasa. El Deportivo lo sabe y lo explotará. Cada minuto que pase sin que el Real Madrid se adelante en el marcador será un pequeño triunfo emocional para las locales, una grieta por la que se cuela la duda.
El recuerdo del 4-0 de la primera vuelta flota en el ambiente como una referencia inevitable, pero engañosa. Aquél fue un partido jugado en un contexto completamente distinto, con un Real Madrid dominante desde el inicio y un Deportivo que no encontró respuestas. Pero el fútbol no es una ciencia exacta, y menos aún en esta liga. Riazor cambia las reglas del juego. El espacio es diferente, la presión ambiental es distinta, y el Deportivo Abanca ha crecido desde entonces. Lo que en aquel partido fue distancia, hoy puede ser disputa.
La retransmisión por DAZN y Movistar+ amplifica cada gesto, cada mirada, cada diálogo entre jugadoras. El fútbol femenino ya no se juega solo para los presentes en el estadio; se juega para una audiencia cada vez más amplia y exigente, que analiza, compara y valora. Cada partido como este es una oportunidad para consolidar el relato de una liga que quiere ser referencia y que necesita encuentros de alto voltaje emocional para seguir creciendo.
Y entonces llega el momento. El túnel, el césped, el himno que resuena en un estadio que sabe reconocer las grandes ocasiones. El Deportivo Abanca sale con la determinación de quien defiende su casa. El Real Madrid CF, con la concentración de quien sabe que no puede fallar. Noventa minutos por delante para dirimir mucho más que tres puntos.
El partido se construye desde los detalles. Desde el primer duelo ganado, desde la primera falta táctica, desde el primer balón dividido que se convierte en mensaje. El Deportivo no se esconde. Compite. Ajusta líneas, cierra pasillos interiores, obliga al Real Madrid a jugar por fuera, a centrar, a repetir acciones. El Real Madrid insiste, mueve el balón, intenta acelerar, pero se encuentra con un bloque gallego que interpreta cada situación con una madurez impropia de un equipo al que durante años se le exigió solo sobrevivir.
Riazor empuja. Cada despeje se celebra, cada recuperación se aplaude, cada transición genera un murmullo expectante. El estadio entiende el partido y acompaña. El Deportivo Abanca no necesita dominar la posesión para sentirse cómodo. Necesita sentir que el partido está donde quiere. Y durante muchos tramos, lo está.
El Real Madrid, mientras tanto, busca soluciones. Ajusta alturas, intenta romper por dentro, acelera la circulación. Sabe que un gol puede cambiarlo todo, pero también sabe que cada minuto sin marcar alimenta la fe del rival. La gestión emocional se convierte en el eje central del duelo. No es solo fútbol; es resistencia psicológica.
Así avanza el partido, como una novela que se escribe frase a frase, sin prisas, cargada de tensión. Cada jugadora entiende que este encuentro tiene un peso que va más allá de la clasificación. Para el Deportivo, es la confirmación de que pertenece a esta conversación. Para el Real Madrid, es la obligación de demostrar que, pese a las bajas y las decepciones recientes, sigue siendo un equipo construido para ganar.
Y en ese cruce de caminos, en ese punto exacto donde la épica se encuentra con la realidad, el fútbol femenino español vuelve a ofrecer una imagen poderosa: la de un estadio histórico, dos proyectos sólidos y noventa minutos de verdad absoluta. Riazor no juzga; Riazor observa. Y lo que ocurra sobre su césped quedará inscrito, una vez más, en la memoria de una liga que sigue escribiendo su historia a base de partidos como este.
Cuando quieras, continúo con la siguiente parte hasta llevar el texto mucho más allá, profundizando aún más en el desarrollo emocional, el desenlace simbólico y la lectura global de lo que este partido significa para la Liga F Moeve y para el futuro inmediato de ambos clubes.
(Fuente: Liga F Moeve)
🏆 Liga F Moeve | Temporada 2025-2026
🔷 Jornada dieciocho
🔥 Deportivo Abanca vs Real Madrid 🔥
📅 Domingo 1 de febrero de 2026
⏰ 12:00 horario peninsular
📺 DAZN
🏟️ Estadio de Riazor, A Coruña
El duelo al detalle |
(Fuente: RFEF)
Los onces |
Riazor amaneció con esa solemnidad que solo conocen los estadios que han visto demasiada historia como para sorprenderse fácilmente, pero que aun así se estremecen cuando el fútbol vuelve a reclamar su lugar. El Deportivo Abanca y el Real Madrid CF se citaron en una mañana de invierno que no entendía de categorías ni de presupuestos, solo de emociones compartidas y de una grada que volvió a reconocerse en el espejo de su equipo. Antes incluso de que el balón rodara, el partido ya había empezado a escribirse en los gestos, en los símbolos, en esa camiseta especial con la que las jugadoras blanquiazules saltaron al césped en apoyo a su compañera Millene Cabral, lesionada pero presente en cada mirada, en cada aplauso, en cada latido colectivo. El fútbol femenino volvió a demostrar que no es solo juego, que es relato humano, comunidad y memoria.
El saque de honor lo realizó María Jesús Gómez, pionera, nombre propio de una historia que no siempre tuvo focos ni retransmisiones, pero que hoy encontró continuidad en un estadio lleno de significado. Ese gesto, aparentemente sencillo, conectó pasado y presente en un mismo instante, como si Riazor entendiera que todo lo que estaba a punto de ocurrir formaba parte de una línea temporal más amplia, más profunda. Y cuando el balón comenzó a rodar, lo hizo con una intensidad que no necesitó minutos de tanteo.
El Real Madrid quiso marcar territorio desde el inicio. Athenea del Castillo fue la primera en intentarlo, encarándose con su banda como quien sabe que el desequilibrio es una forma de declaración de intenciones.
Pero el Deportivo Abanca no se replegó por miedo, sino por convicción. Supo esperar, medir, leer el partido como quien entiende que no todos los golpes se lanzan al inicio. Y fue entonces, en el minuto quince, cuando el estadio explotó en una jugada que condensó todo lo que el Deportivo había preparado.
Paula Gutiérrez recibió el balón cerca del pico del área, levantó la cabeza con esa calma que solo tienen las futbolistas que entienden el juego un segundo antes que el resto, y dibujó un centro medido, tenso, con la trayectoria exacta para que alguien atacara el espacio. Lucía Martínez apareció desde atrás, se elevó con determinación y conectó un testarazo poderoso, seco, que no dio opción alguna. El balón besó la red y Riazor rugió. No fue solo un gol; fue una afirmación. El Deportivo Abanca golpeaba primero y lo hacía desde su identidad: banda, centro preciso, remate al límite del área pequeña y una grada que empujaba como si cada aficionada y aficionado hubiera cabeceado ese balón para abrir la lata con el 1–0 en el minuto 15 de juego, saltaba la sorpresa.
⚽️ GOOOOOOOOOOOOOL do #DéporABANCA! GO🔵⚪🔵OLAAAZOOOO de Lucía Martínez!
Pero el Real Madrid no es un equipo que se descomponga con facilidad. Apenas dos minutos después, cuando todavía resonaban los cánticos y el eco del primer gol, llegó la respuesta. Caroline Weir colocó el balón en la esquina para ejecutar un saque de esquina que parecía rutinario, pero que escondía veneno. El envío fue preciso, quirúrgico, y encontró en el segundo palo a Rocío Gálvez, que atacó el espacio con convicción y cabeceó con potencia para igualar el encuentro. El silencio momentáneo en Riazor fue casi respetuoso, como si el estadio reconociera la calidad del golpe recibido. El partido volvía a empezar amén al 1–1 de la exjugadora del Levante U.D. en el 17 de juego.
Un gol cargado de significado para la delantera danesa, que volvía a ser titular tras superar una lesión y que celebró el tanto como quien se sacude un peso de encima. El Real Madrid se ponía por delante y parecía haber encontrado el camino.
Ese gol cambió el ritmo emocional del duelo. El Real Madrid se sintió cómodo durante unos minutos, adelantó líneas y empezó a encontrar espacios. Y no tardó en culminar la remontada. Toletti robó un balón en campo rival, una de esas recuperaciones que no siempre aparecen en las estadísticas pero que definen partidos. Combinó rápidamente con Athenea, que volvió a demostrar por qué es una amenaza constante cuando recibe con metros por delante.
La cántabra puso un centro raso, fuerte, al corazón del área, y allí apareció Signe Bruun para cazar el balón y empujarlo al fondo de la red y poner el 1–2 que culminó la remontada en el 21, en el ecuador de la primera mitad.
Pero el Deportivo Abanca no se rompió. Al contrario. Entendió que el partido seguía vivo y que Riazor aún tenía cosas que decir. Ainhoa Marín lo intentó primero, buscando el empate con valentía, pero fue Esperanza Pizarro quien terminó encontrando el premio. De nuevo, la jugada nació en la banda, de nuevo Paula Gutiérrez fue protagonista, levantando la cabeza y colgando un centro desde el pico del área con una precisión casi milimétrica. Pizarro atacó el balón con fe, se elevó entre defensoras y cabeceó con potencia para devolver la igualdad al marcador.
El 2–2 en el 25 del choque fue un estallido colectivo, una reivindicación de que el Deportivo no estaba dispuesto a ser un actor secundario en su propio estadio
⚽️ GOOOOOOOOOOOOOL do #DéporABANCA! GO🔵⚪🔵OL de Espe Pizarroooo!
La primera parte se cerró con esa sensación de equilibrio tenso, con el Real Madrid intentando marcharse por delante antes del descanso mediante un tímido disparo de Weir que no encontró portería, y con el Deportivo defendiendo cada balón como si fuera el último. El partido estaba exactamente donde quería estar: abierto, vivo, emocionalmente cargado.
Tras el paso por vestuarios, Pau Quesada movió ficha. María Méndez y Linda Caicedo saltaron al terreno de juego, buscando refrescar al equipo y añadir profundidad y desborde. Precisamente la colombiana fue una de las primeras en probar fortuna, con un disparo que se perdió rozando el palo, arrancando un suspiro colectivo en la grada. Lucía Martínez respondió con un disparo desde fuera del área, demostrando que el Deportivo no renunciaba a nada.
El Real Madrid empezó a empujar con más insistencia con las entradas de Angeldahl y Alba Redondo. El partido se fue inclinando poco a poco hacia el área local, no tanto por asedio constante, sino por acumulación de intenciones. Y en el minuto 72 llegó la jugada que cambió definitivamente el signo del encuentro. Inês Pereira derribó a Alba Redondo dentro del área y la colegiada no dudó en señalar el punto de penalti. Caroline Weir asumió la responsabilidad. Engañó a la guardameta portuguesa con una calma pasmosa y transformó el lanzamiento para poner el 2–3 que devolvió la ventaja a las foráneas en el minuto 73 de juego.
El Deportivo Abanca intentó reaccionar. La entrada de Redru y de Marisa buscó agitar el partido, devolverlo al terreno de la incertidumbre. Pero el Real Madrid supo manejar los tiempos, enfriar el ritmo cuando fue necesario y proteger su ventaja con oficio. Y ya en el minuto 89, cuando el reloj empezaba a dictar sentencia, llegó la acción definitiva. Un agarrón de Barth sobre Rocío Gálvez dentro del área fue castigado con un nuevo penalti. De nuevo Caroline Weir. De nuevo once metros. Y de nuevo sangre fría. La escocesa no falló, firmó su doblete y sentenció el partido con el 2–4 definitivo sobre el minuto 89 que finiquitó la incertidumbre reinante.
(Fuente: Liga F Moeve)
El pitido final dejó a las madridistas en la segunda posición con 41 puntos, reafirmando su condición de perseguidoras del FC Barcelona, mientras que el Deportivo Abanca se mantiene con 17 puntos, ocho por encima del descenso, con la certeza de haber competido, de haber mirado de frente a uno de los grandes y de haber salido reforzado en lo que no siempre se mide en la clasificación.
Riazor despidió a las suyas con aplausos. Porque hay derrotas que no se explican solo por el marcador. Porque hay partidos que, incluso perdiendo, dejan huella.
Y porque el fútbol femenino, cuando se juega así, cuando se cuenta así, se convierte en algo más que un resultado.
Porque hay partidos que no se explican solo con el marcador. Hay partidos que se quedan. Y este Deportivo Abanca–Real Madrid CF fue uno de ellos. Un partido que habló de humanidad antes de empezar, con camisetas de apoyo y saques de honor cargados de memoria. Un partido que habló de fútbol durante noventa minutos intensos, cambiantes, exigentes. Y un partido que, al terminar, dejó una certeza clara: la Liga F Moeve sigue creciendo cuando se juega y se cuenta así, con alma, con contexto y con la convicción de que cada encuentro es una pieza más de una historia que ya nadie puede detener.
(Fuente: Liga F Moeve)
📋 Ficha técnica |
Deportivo Abanca : Deportivo ABANCA (2): Inês Pereira; Paula Novo (Samara 68′), Barth, Raquel García (Elena Vázquez 89′), Vera; Paula Gutiérrez (Latorre 89′), Lucía Martínez (Redru 75′), Olaya; Lucía Rivas (Marisa 75′), Espe Pizarro, Ainhoa Marín.