
📌 ¡Nadie resiste tus ganas de vencer! Las dirigidas por Pau Quesada empataron a 1-1 con un agónico gol de la escocesa.
Manuel Blanco Romasanta
El primer asesino en serie español
🌕 La Maldición del Lobishome: La leyenda de Manuel Blanco Romasanta
Dicen que hay tierras donde la niebla no solo cubre los caminos, sino también las almas. Galicia, a mediados del siglo XIX, era un lugar donde la superstición y la fe caminaban de la mano, donde el bosque tenía voz y los ríos guardaban secretos. Fue allí donde nació una historia que aún hoy hiela la sangre y enciende la imaginación: la del lobishome, el hombre lobo gallego, el primer asesino en serie de España y el único caso reconocido de licantropía clínica en nuestra historia. Su nombre: Manuel Blanco Romasanta.
Romasanta vino al mundo en 1809, en un pequeño pueblo orensano, envuelto en un enigma desde su primer aliento. En su partida de nacimiento figuraba como Manuela, pero con el paso de los años su cuerpo desveló una verdad ambigua: aquel niño rubio que todos creían niña era un ser entre dos naturalezas.
La ciencia moderna lo explicaría como hermafroditismo, un cuerpo femenino atravesado por una tormenta de hormonas masculinas. Pero en aquel tiempo, los aldeanos solo veían en él algo distinto, una sombra entre lo humano y lo salvaje. Y las sombras, en la Galicia profunda, nunca fueron bien recibidas.
Manuel creció pequeño de estatura —no llegaba al metro cuarenta— pero grande en inteligencia. Aprendió a leer y a escribir, algo inusual entre campesinos y artesanos de su época. Se casó joven, ejerció como sastre y, tras enviudar, cambió la aguja por los caminos, convirtiéndose en buhonero, vendedor ambulante y conocedor de sendas olvidadas, aldeas remotas y montes donde el silencio pesaba más que el aire.
destino cambió en 1844, cuando fue acusado de matar a un alguacil leonés. Huyó de la justicia y se perdió entre los montes de Galicia y Portugal. Cuando regresó a Allariz, ya no era el mismo. El pueblo lo acogió de nuevo, confiado en aquel hombre pequeño, de palabra fácil y mirada esquiva, que conocía todos los caminos. Nadie imaginaba que en su interior dormía una fiera.
Fue entonces cuando comenzaron las desapariciones.
Manuela García Blanco y su hija fueron las primeras. Buscaban un futuro mejor, una casa donde servir, un horizonte en Santander. Romasanta, siempre servicial, se ofreció a guiarlas. Jamás llegaron a su destino.
Después vinieron Benita García, Josefa García y Antonia Rua. Mujeres humildes, confiadas, que partieron con el “tendero” y nunca regresaron. Algunas llevaban consigo a sus hijos pequeños. Ninguno fue visto con vida de nuevo.
Romasanta volvía al pueblo semanas después con historias de trabajos conseguidos y cartas falsificadas que aseguraban la felicidad de las ausentes. Vendía pertenencias de las desaparecidas, hablaba de viajes, de curas y de caminos, y nadie sospechaba… hasta que la verdad comenzó a oler a muerte.
El rumor corrió como un lamento entre los montes: el “tendero” traficaba con sebo humano, lo vendía en Portugal para fabricar jabones y ungüentos. Había regresado el mito del sacamantecas, el monstruo del folclore, y esta vez tenía nombre y rostro.
Romasanta huyó, pero la luna siempre encuentra a los suyos. El 2 de julio de 1852 fue capturado en la provincia de Toledo y llevado de nuevo a Allariz. Allí, entre muros húmedos y rostros de incredulidad, el hombre confesó.
Reconoció haber matado a nueve de las diecisiete víctimas que se le atribuían.
Pero su defensa fue una de las más insólitas que haya escuchado tribunal alguno.
“No soy culpable, señor juez. Estoy maldito.
La primera vez que me transformé fue en la montaña de Couso.
Dos lobos me rodearon, y al caer al suelo me revolqué tres veces…
Cuando me levanté, yo mismo era uno de ellos.
Goles:
0-1 Azzaro (P.) 41′ ⚽
1-1 Caroline Weir 97′ ⚽
Estuve cinco días vagando con los otros dos, hasta que recuperé mi cuerpo.
El que usted ve ahora.”
Así habló el licántropo de Allariz, asegurando que durante años había vivido bajo la maldición, cazando junto a dos lobos que también eran hombres, Antonio y don Genaro, dos valencianos transformados por el mismo destino.
Ante el tribunal, el fiscal le pidió que se transformara allí mismo, pero Romasanta respondió que la maldición había expirado, que ya no podría volver a hacerlo.
El caso, conocido como Causa número 1178: Causa contra el hombre lobo, llenó más de dos mil páginas manuscritas y se convirtió en uno de los juicios más célebres del siglo XIX.
El 6 de abril de 1853 se dictó sentencia.
El tribunal condenó a Manuel Blanco Romasanta a pena de muerte por garrote vil, además de pagar mil reales por cada víctima.
Pero su abogado, desesperado, llevó el caso más allá del entendimiento humano.
Consultó a un supuesto hipnólogo francés, el profesor Philips, quien defendió que Romasanta sufría licantropía clínica, una enfermedad mental que lo llevaba a creerse lobo y lo hacía actuar sin control.
El eco de aquel argumento llegó hasta el Palacio Real.
La reina Isabel II, intrigada por el caso, intervino personalmente y conmutó la pena de muerte por cadena perpetua, para que la ciencia pudiera estudiar al hombre que decía transformarse con la luna llena.
Así, el “hombre lobo gallego” salvó la vida… aunque nunca escapó de su leyenda.
El final de Romasanta se perdió entre rumores y nieblas, como corresponde a los mitos.
Unos dicen que murió en la prisión de Allariz, asesinado por sus compañeros.
Otros, que logró fugarse y desapareció entre los bosques que tanto conocía.
Algunos historiadores afirman que murió en 1863, en una prisión de Ceuta, consumido por un cáncer de estómago.
Nadie lo sabe con certeza, más hay noches en Ourense, cuando la niebla se adhiere a los árboles y la luna se asoma entre las nubes, en que los aldeanos aseguran escuchar un aullido lejano.
Dicen que es el eco del hombre que fue dos veces: hombre y bestia, verdugo y víctima, mito y verdad.
Manuel Blanco Romasanta, el lobishome de Allariz.
Ni los siglos ni la razón han podido silenciar su historia.Porque hay leyendas que no mueren… solo esperan la próxima luna llena.
https://youtu.be/GcTrZvvrtd4?si=Fx2Y8H9qnL29RBnG
La previa |

Real Madrid afrontará un nuevo desafío en la Copa de la Reina: un viaje cargado de historia, ambición y revancha.
El destino ha querido que su camino comience en Barcelona, frente al RCD Espanyol, en una eliminatoria a partido único que marcará el cierre competitivo de 2025 para las de Pau Quesada. Entre el 19 y el 21 de diciembre, el conjunto blanco se medirá a uno de los clubes más laureados del torneo, con seis títulos en sus vitrinas y el deseo de revivir viejas gestas ante un rival que sueña con alcanzar, por fin, la gloria copera.
El Espanyol, que llega a estos octavos de final tras eliminar al Valencia (1-2), vuelve a asomar su espíritu combativo en una competición que en su día lo vio reinar. Aquellas tardes doradas de finales de los 90 y principios de los 2000 aún resuenan en la memoria periquita. Ahora, bajo un nuevo impulso, las blanquiazules buscan demostrar que su historia no es pasado, sino promesa. En Liga, ya ofrecieron resistencia ante el propio Real Madrid, cayendo apenas por un autogol, síntoma de que la eliminatoria no admitirá concesiones.
Para el Real Madrid, la cita tiene un valor simbólico y emocional: será el último partido del año, un cierre de ciclo y una antesala de lo que viene. Quesada y sus jugadoras quieren convertir esta edición en la consagración definitiva del proyecto. La Copa de la Reina ha sido, hasta ahora, la espina clavada de un equipo acostumbrado a competir con los mejores, pero que aún busca levantar su primer gran título.
El curso pasado, el Madrid rozó la final, cayendo en semifinales ante el Barcelona. Y su mejor registro sigue siendo aquella final de 2022-23, perdida cruelmente en los penaltis frente al Atlético de Madrid. Hoy, sin embargo, el espíritu es otro: más maduro, más intenso, más decidido.
En el horizonte ya se dibujan los cuartos en febrero, las semifinales en marzo y la gran final el 16 de mayo, la fecha que todas las madridistas han subrayado en rojo. Pero antes, deberán superar la primera prueba de fuego: una batalla copera en territorio rival, contra un Espanyol que quiere renacer y un Real Madrid que persigue su destino.
Real Madrid afrontará un nuevo desafío en la Copa de la Reina: un viaje cargado de historia, ambición y revancha.
El destino ha querido que su camino comience en Barcelona, frente al RCD Espanyol, en una eliminatoria a partido único que marcará el cierre competitivo de 2025 para las de Pau Quesada. Entre el 19 y el 21 de diciembre, el conjunto blanco se medirá a uno de los clubes más laureados del torneo, con seis títulos en sus vitrinas y el deseo de revivir viejas gestas ante un rival que sueña con alcanzar, por fin, la gloria copera.
El Espanyol, que llega a estos octavos de final tras eliminar al Valencia (1-2), vuelve a asomar su espíritu combativo en una competición que en su día lo vio reinar. Aquellas tardes doradas de finales de los 90 y principios de los 2000 aún resuenan en la memoria periquita. Ahora, bajo un nuevo impulso, las blanquiazules buscan demostrar que su historia no es pasado, sino promesa. En Liga, ya ofrecieron resistencia ante el propio Real Madrid, cayendo apenas por un autogol, síntoma de que la eliminatoria no admitirá concesiones.
Para el Real Madrid, la cita tiene un valor simbólico y emocional: será el último partido del año, un cierre de ciclo y una antesala de lo que viene. Quesada y sus jugadoras quieren convertir esta edición en la consagración definitiva del proyecto. La Copa de la Reina ha sido, hasta ahora, la espina clavada de un equipo acostumbrado a competir con los mejores, pero que aún busca levantar su primer gran título.
El curso pasado, el Madrid rozó la final, cayendo en semifinales ante el Barcelona. Y su mejor registro sigue siendo aquella final de 2022-23, perdida cruelmente en los penaltis frente al Atlético de Madrid. Hoy, sin embargo, el espíritu es otro: más maduro, más intenso, más decidido.
En el horizonte ya se dibujan los cuartos en febrero, las semifinales en marzo y la gran final el 16 de mayo, la fecha que todas las madridistas han subrayado en rojo. Pero antes, deberán superar la primera prueba de fuego: una batalla copera en territorio rival, contra un Espanyol que quiere renacer y un Real Madrid que persigue su destino.
El partido al detalle |

🏆 UEFA Women’s Champions League
🔥 Real Madrid C.F. 🆚 París Football Club 🔥
🗓️ Martes, 11 de noviembre de 2025
❤️ Fase de liga | Día de partido
⏰ 21:00 horario peninsular
📺 Disney Plus
🏟️ Alfredo Di Stéfano, Valdebebas
Los onces |
El estadio late como un corazón gigante bajo el cielo nocturno. Cada grito, cada silbido, cada cántico se entrelaza con la brisa, transformando el aire en electricidad pura. Hoy, el Real Madrid y el Paris Football Club no solo juegan un partido: chocan dos mundos, dos estilos, dos historias que convergen en el césped.
Las gradas son un mar de blanco y azul, de pasión y orgullo, y cada bufanda ondea como una bandera de guerra pacífica. Las jugadoras entran al campo y el silencio se rompe en un rugido colectivo, como si la atmósfera misma reconociera la magnitud del momento. Cada pase, cada control, cada carrera es observado con el corazón en la garganta; cada balón disputado parece un latido del propio estadio.
La luz de los focos dibuja sombras épicas sobre el césped, y hasta el aire parece temblar ante la intensidad de lo que está por venir. Esta no es solo una eliminatoria; es un duelo de titanes modernos, un choque de talento, estrategia y voluntad, donde la historia de la Champions se escribe gol a gol, esfuerzo a esfuerzo, épica a épica.
Y en cada esquina del campo, en cada gesto de las aficionadas y aficionados, se siente un mensaje claro: esta noche, el fútbol femenino se transforma en leyenda.
El Estadio Alfredo Di Stéfano se convirtió anoche en un hervidero de tensión y pasión continental, en un escenario donde la UEFA Women’s Champions League volvió a demostrar por qué cada balón disputado, cada regate y cada parada pueden convertirse en historia. El Real Madrid y el Paris Football Club firmaron un duelo bronco, eléctrico y dramático, un partido marcado más por la intensidad que por el fútbol fluido, pero que terminó ofreciendo un final de película: un empate in extremis (1-1) que deja a las blancas invictas y con la sensación de haber sobrevivido a un envite que rozó la derrota.
El primer acto arrancó con la expectación propia de un duelo europeo. La vuelta de Linda Caicedo al once titular de Pau Quesada, tras casi un mes de ausencia, aportó un soplo de aire fresco al ataque madridista. La colombiana, siempre valiente, bajó hasta recibir casi en su propia área y protagonizó los primeros remates del Real Madrid, abriendo grietas en la defensa gala. Sin embargo, el París FC no tardó en mostrar sus credenciales; Clara Matéo, siempre peligrosa por banda, desbordó con velocidad y calidad, poniendo un balón medido para Le Moguedec, que, con todo a favor, no logró concretar la ocasión.
El partido tardó en coger temperatura debido a los constantes parones: Le Moguedec y Picard tuvieron que recibir atención médica en varias ocasiones, y la tensión se palpaba tanto en el campo como en las gradas, donde los 1.179 espectadores no dejaban de vivir cada acción con el corazón en la garganta. Poco a poco, el Real Madrid comenzó a imponerse en el control del juego, con avisos de Alba Redondo y Däbritz, mientras Linda Caicedo brillaba con regates eléctricos que la defensa francesa apenas podía seguir. Un disparo de la colombiana, que se estrelló contra el travesaño, recordó al público el talento que había faltado durante semanas.
Pero en el minuto 41, la balanza se inclinó a favor de las visitantes. Una acción polémica en el área local terminó en penalti: Angeldahl derribó a Scott, y pese a las protestas madridistas por una supuesta falta previa, el VAR validó la decisión. Azzaro no perdonó y colocó el balón junto a Misa, poniendo al Real Madrid contra las cuerdas justo antes del descanso.
La primera mitad concluyó con un interminable añadido de nueve minutos, en los que las locales no lograron inquietar a Chavas, que emergió como un muro infranqueable bajo los tres palos.
El segundo tiempo arrancó con cambios tácticos de Pau Quesada: la entrada de Yasmim al lateral izquierdo buscaba oxigenar al equipo y generar mayor presencia ofensiva. Las ocasiones se sucedieron por ambos bandos: Feller perdonó una buena combinación por la derecha, mientras Scott falló un remate que podía haber cambiado por completo la historia del encuentro. Por su parte, Hocine se elevó con precisión en un balón parado colgado por Weir para evitar un disparo de Alba Redondo, manteniendo al París FC con vida en un duelo que cada minuto se hacía más eléctrico.
El reloj avanzaba, pero el gol no llegaba. Alba Redondo volvió a cabecear fuera en un envío lateral de Yasmim, y Pau Quesada apostó por la frescura de Iris Ashley y Athenea. Linda Caicedo, incansable, buscó perforar la defensa gala desde la derecha, colgando un centro que superó a Chavas pero que ninguna compañera pudo rematar. La desesperación y la urgencia se palpaban en cada acción, mientras el Real Madrid buscaba con determinación el empate que rescatara la honra y la tranquilidad de la parroquia madridista.
La épica no tardó en llegar. A punto de cumplirse el minuto 97, cuando los minutos parecían haberse estirado hasta el infinito, Weir cazó un balón suelto tras un bote dentro del área del París FC y con un remate preciso, imposible para Chavas, puso el definitivo 1–1. El Alfredo Di Stéfano estalló en un grito colectivo; un punto salvado en el último suspiro que refleja la perseverancia, el coraje y la resiliencia de un equipo acostumbrado a escribir su propia historia en la élite europea.
Con este empate, el Real Madrid suma 7 puntos y se mantiene a solo dos del líder Olympique de Lyon, proyectando ya la vista hacia el próximo desafío: el Clásico frente al FC Barcelona, que se jugará el sábado 15 a las 16:00 en el Olímpico de Montjuïc. La Champions volverá con otra exigente salida al Emirates Stadium frente al Arsenal, escenario donde el año pasado se truncó el sueño europeo de las blancas, pero donde ahora hay hambre de revancha y épica.
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📋 Ficha técnica:
Real Madrid (1): Misa; Eva Navarro, Lakrar (Rocío 63′), María Méndez, Holmgaard (Yasmim 46′); Angeldahl (Keukelaar 73′), Däbritz; Feller (Athenea 57′), Weir, Linda Caicedo; Alba Redondo (Iris Ashley 57′).
Paris FC (1): Chavas; N’Dongala, Hocine, Greboval, Bogaert; Picard (Scott 24′ [Sangare 73′]), Korosec, Le Moguedec (Jedlinska 73′); Garbino, Azzaro, Mateo.
Árbitra: Frida Klarlund (Noruega).
Amonestadas: Linda Caicedo (45+2), Weir (45+2), Misa (70), Bogaert (87), Mateo (90+7).
Estadio: Alfredo Di Stéfano, Valdebebas.
Asistencia: 1.179 espectadores.
Vídeo |






































