La operación se ha acelerado en las últimas fechas ante el interés del Club Atlético de Madrid por la ocho y va a unir a la exjugadora del Dijon con la entidad que preside Yongmee Michele Kang hasta el próximo 30dejuniode2028, como mínimo.
La de Egedal llegó al Madrid CFF el 24 de junio de 2024 tras su buen hacer en Francia y fue captada para el proyecto por Víctor Martín antes de convertirse en mister rojiblanco.
La canterana de Brøndby IF ha vestido la camiseta rosa y blanca en 40 partidos oficiales en la Liga Profesional de Fútbol Femenino, siendo pieza clave para Juanjo Vila.
Esta temporada acumulaba 415 minutos de 1.620 posibles, además de contribuir al rendimiento goleador del equipo con cuatro dianas y dos asistencias en el elenco que ahora dirige José Luis Sánchez Vera.
Hablar de Marcetto es hacerlo de una centrocampista de perfil ofensivo destaca por su buen trato de balón y facilidad para llegar al área desde la segunda línea y su poderío aéreo en las acciones a balón parado.
Tras unirse a London City Lionesses, Marcetto dijo: “Estoy muy emocionada y muy feliz de estar aquí. Las instalaciones son excelentes y las personas que he conocido me han hecho sentir muy bienvenida, aclaró.
“Inglaterra me recuerda y me hace pensar en fútbol. Es el país del fútbol más grande, en mi opinión. El fútbol femenino está creciendo aquí y va a ser una liga muy competitiva en la que jugar; estoy muy emocionada de estar aquí y empezar. “Londres es una ciudad genial. Soy de Copenhague, así que creo que encajaré muy bien. Estoy muy feliz de estar aquí, confesó la internacional danesa.
La partida de Malou Marcetto al multimillonario proyecto londinense representa una nueva fuga de talento de la Liga F Moeve en beneficio de la Women’s Super League.
El debut de Rilov bajo la dirección de Eder Maestre podría llegar ante el Everton el próximo domingo, 8 de febrero de 2026, en la capital británicasi el técnico insular lo estima oportuno.
El sábado 31 de enero, a las doce del mediodía, cuando el invierno todavía aprieta y la Liga F Moeve entra en ese punto de la temporada donde ya no existen partidos neutros ni jornadas de transición, el fútbol femenino español se detendrá en Valencia para mirar de frente a un duelo cargado de urgencias, matices y significados. En el Ciutat de València, bajo la retransmisión de DAZN, Levante UD y Madrid CFF se enfrentarán en un partido que va mucho más allá de los tres puntos, un encuentro donde cada acción tendrá peso clasificatorio, emocional y narrativo. No es un partido cualquiera: es uno de esos choques que definen estados de ánimo, que marcan trayectorias y que, con el paso de las semanas, acaban siendo recordados como momentos de inflexión.
Porque hay partidos que se juegan desde el balón y otros que se juegan desde el contexto. Y este pertenece claramente a la segunda categoría.
El Levante UD llega a la cita desde la zona más incómoda de la tabla, desde ese lugar donde el calendario ya no es un aliado y donde cada jornada se convierte en una cuenta atrás. Colista de la Liga F Moeve con cinco puntos, el conjunto granota se encuentra a cuatro de la salvación, una distancia que todavía es remontable, pero que empieza a exigir respuestas inmediatas. No hay margen para seguir aplazando la reacción. No hay espacio para discursos de largo plazo cuando el presente aprieta con tanta fuerza. El Levante juega en casa, sí, pero juega sobre todo contra el tiempo, contra la clasificación y contra la sensación de que cada partido que se escapa pesa el doble.
El último precedente no ayuda a aliviar esa carga. La derrota ante el Sevilla FC por 4-2 dejó al descubierto muchas de las heridas que arrastra el equipo valenciano esta temporada: fragilidad defensiva en momentos clave, dificultades para sostener el esfuerzo durante los noventa minutos y una sensación persistente de que, incluso cuando compite, siempre acaba pagando demasiado caro cada error. No fue un partido sin respuesta ni sin intención, pero volvió a confirmar que al Levante le está costando transformar el esfuerzo en puntos, y eso, en una liga tan exigente como la actual, es una condena silenciosa.
Sin embargo, este Levante no es un equipo resignado. Ni mucho menos. El mercado de fichajes de invierno ha sido una declaración de intenciones en sí misma, una manera de decir que el club no acepta el destino como algo inevitable. La llegada de Ariana Arias refuerza esa idea de reacción, de intentar encontrar soluciones nuevas a problemas persistentes. No es solo un refuerzo deportivo; es un mensaje al vestuario, a la afición y a la competición: el Levante quiere pelear, quiere creer, quiere mantenerse con vida.
Al mismo tiempo, las salidas de Pierina Núñez y Sintia Cabezas reflejan la crudeza del momento. En situaciones límite, los proyectos se ajustan, los planes se redefinen y las plantillas se transforman en busca de un equilibrio que permita sobrevivir. El Levante está en ese punto exacto de la temporada donde cada decisión pesa, donde cada movimiento se analiza no por lo que representa a largo plazo, sino por lo que puede aportar de inmediato. El sábado no se juega solo un partido: se pone a prueba la validez de ese reajuste, la capacidad del equipo para convertir los cambios en una respuesta competitiva real.
Frente a ese escenario de urgencia aparece el Madrid CFF, un equipo que vive una realidad muy distinta, pero no exenta de tensión. Séptimo clasificado con 26 puntos, el conjunto madrileño se mueve en esa tierra intermedia de la tabla donde el peligro no es la caída, sino la desconexión. A once puntos de los puestos de Champions, el Madrid CFF sabe que el margen para soñar con cotas mayores es reducido, pero también es consciente de que la temporada no puede permitirse una deriva irregular. Cada partido es una oportunidad para reafirmarse, para sostener una identidad competitiva y para evitar que la zona cómoda se convierta en una trampa de conformismo.
La derrota ante el FC Badalona Women por 0-1 en la última jornada fue un golpe inesperado. No tanto por el resultado en sí, sino por la sensación de freno que dejó. El Madrid CFF venía construyendo una dinámica sólida, apoyada en la regularidad y en un modelo reconocible, y ese tropiezo obligó a revisar certezas. En un campeonato tan apretado, perder implica algo más que ceder puntos: supone abrir interrogantes, reactivar dudas y enfrentarse a la necesidad de responder de inmediato.
Además, aquel partido estuvo condicionado por una ausencia importante: Bárbara López no pudo estar disponible, y su baja se dejó sentir. No solo por lo que aporta en términos futbolísticos, sino por el peso que tiene dentro del equipo. A eso se sumó la ausencia de Sandra Villafañe, sancionada por acumulación de tarjetas amarillas. Dos nombres propios que alteraron el equilibrio habitual del once y que contextualizan, al menos en parte, el resultado final.
Pero el fútbol siempre concede segundas oportunidades, y el duelo ante el Levante se presenta como una de ellas. Sandra Villafañe volverá a estar disponible tras cumplir sanción, un regreso que refuerza al equipo tanto en lo deportivo como en lo emocional. En partidos de este tipo, donde el rival se juega la vida y el entorno aprieta, la experiencia y la capacidad para manejar los tiempos se convierten en activos fundamentales.
El choque, por tanto, se dibuja como un enfrentamiento de necesidades distintas pero igualmente intensas. El Levante necesita puntos para sobrevivir. El Madrid CFF necesita ganar para reafirmarse. Uno pelea contra el descenso; el otro, contra la irregularidad y el riesgo de estancamiento. Ambos llegan heridos por la última jornada. Ambos saben que perder sería algo más que una derrota.
Y todo ello se producirá a las doce del mediodía, en ese horario tan característico de la Liga F Moeve, donde el fútbol se mezcla con la luz fría del invierno y donde los partidos adquieren un tono casi crudo, sin artificios. No habrá excusas, no habrá margen para esconderse. Solo noventa minutos para exponer argumentos, carácter y ambición.
Este Levante–Madrid CFF no es un duelo de extremos, pero sí es un partido de alta carga emocional. Un encuentro donde cada balón dividido tendrá un significado distinto según el color de la camiseta. Donde cada ocasión fallada pesará como una losa. Donde cada gesto, cada mirada al banquillo, cada aplauso desde la grada contará una historia paralela.
Porque cuando enero avanza y la temporada entra en su fase decisiva, el fútbol deja de ser solo un juego. Se convierte en un espejo de las urgencias, de las aspiraciones y de la capacidad de resistir. Y el sábado, en Valencia, Levante UD y Madrid CFF se mirarán de frente sabiendo que, pase lo que pase, nada será exactamente igual después.
la primera capa de este Levante UD–Madrid CFF se explica desde la urgencia y el contexto clasificatorio, la segunda se despliega sobre un terreno menos evidente, pero igual de decisivo: el tablero táctico y emocional sobre el que se jugará el partido. Porque no todos los equipos compiten igual cuando están contra las cuerdas, ni todos saben gestionar de la misma manera la obligación de ganar. Y en este duelo concreto, esa diferencia puede marcar el rumbo de los noventa minutos.
El Levante UD llega a este encuentro con la necesidad de alterar el guion habitual. No puede permitirse un partido plano, ni una gestión conservadora del resultado. Cinco puntos en el casillero y la condición de colista no admiten medias tintas: el equipo granota necesita sumar, pero sobre todo necesita sentirse competitivo, reconocerse a sí mismo como un bloque capaz de sostener el esfuerzo durante todo el encuentro. Esa es, quizás, la gran asignatura pendiente de la temporada.
En los partidos anteriores, el Levante ha mostrado fases de buen fútbol, momentos donde ha sido capaz de discutirle el balón a rivales de entidad y de generar peligro real en campo contrario. El problema ha llegado casi siempre después, cuando el partido se alarga, cuando el rival ajusta y cuando el margen de error se reduce a la mínima expresión. Ahí, en ese territorio intermedio entre la intención y la eficacia, es donde el Levante ha perdido demasiados puntos.
Ante el Madrid CFF, el plan no puede limitarse a resistir ni a esperar acontecimientos. Jugar en casa obliga, aunque el contexto apriete, a asumir cierta iniciativa. La incorporación de Ariana Arias abre una vía nueva en ese sentido: más presencia, más alternativas, más capacidad para sostener ataques largos y no depender exclusivamente de acciones aisladas. No se trata solo de lo que pueda aportar en términos técnicos, sino de cómo su presencia puede modificar el comportamiento colectivo del equipo, ofreciendo una referencia distinta y obligando al rival a reajustar su planteamiento.
Defensivamente, el Levante sabe que no puede conceder espacios con facilidad. El Madrid CFF es un equipo cómodo cuando encuentra ritmo, cuando puede alternar posesiones largas con transiciones rápidas y cuando detecta debilidades estructurales en el rival. Por eso, el equilibrio será clave. Replegar demasiado pronto puede significar renunciar al partido; adelantar líneas sin respaldo puede ser una invitación al castigo. El término medio, ese equilibrio tan difícil de encontrar en situaciones límite, será uno de los grandes desafíos para el conjunto granota.
Enfrente, el Madrid CFF llega con una identidad más asentada, pero también con la obligación de demostrar madurez competitiva. Séptimo en la tabla, lejos tanto del descenso como de los puestos de Champions, el equipo madrileño se mueve en un escenario donde la tentación de la comodidad siempre acecha. Y sin embargo, partidos como este exigen exactamente lo contrario: concentración máxima, lectura del contexto y capacidad para golpear en los momentos adecuados.
La derrota ante el FC Badalona Women dejó una enseñanza clara: ningún partido está ganado de antemano, y cualquier desconexión se paga. En aquel encuentro, el Madrid CFF tuvo fases de control, pero le faltó contundencia, precisión en los últimos metros y, sobre todo, una respuesta emocional cuando el marcador se puso cuesta arriba. Esa experiencia reciente actúa ahora como advertencia. El equipo sabe que el Levante, pese a su posición en la tabla, no es un rival al que se pueda subestimar.
El regreso de Sandra Villafañe añade un matiz importante. No solo por su aportación futbolística, sino por lo que representa en términos de orden y jerarquía. En un partido que puede volverse incómodo, trabado, incluso áspero por momentos, disponer de jugadoras capaces de leer el ritmo del encuentro y de enfriar o acelerar según convenga es un valor diferencial. El Madrid CFF necesitará esa pausa, esa capacidad para no dejarse arrastrar por la ansiedad local ni por la urgencia del rival.
Desde el punto de vista táctico, el partido apunta a un duelo de ritmos. El Levante intentará imprimir intensidad, aprovechar el factor campo y convertir cada acción en una pequeña batalla. El Madrid CFF, por su parte, buscará gestionar, hacer daño cuando tenga espacio y obligar a las locales a tomar decisiones incómodas. Si el marcador se mantiene igualado durante muchos minutos, la presión psicológica puede empezar a jugar un papel determinante, especialmente para un Levante que sabe que el empate puede no ser suficiente.
Y ahí entra en juego otro elemento clave: el estado emocional de los equipos. El Levante juega con la carga de saberse en una situación límite, pero también con la energía que generan este tipo de partidos, donde todo está en juego y donde una victoria puede cambiarlo todo. El Madrid CFF juega con menos presión clasificatoria, pero con la exigencia interna de no fallar, de no dejar escapar puntos ante un rival directo por la zona media-baja.
Cada falta, cada saque de esquina, cada decisión arbitral puede amplificar esas emociones. El Ciutat de València, consciente de la importancia del momento, empujará a las suyas, reclamará, presionará. El Madrid CFF deberá convivir con ese ambiente, abstraerse y convertirlo, si es posible, en un factor neutro. No todos los equipos saben hacerlo. No todos los partidos lo permiten.
A medida que avance el encuentro, el desarrollo estará inevitablemente condicionado por el marcador. Si el Levante se adelanta, el partido puede convertirse en una prueba de resistencia, en un ejercicio de defensa del resultado y de gestión del miedo a perder lo ganado. Si es el Madrid CFF quien golpea primero, el escenario cambiará por completo: las locales se verán obligadas a asumir riesgos mayores, a abrirse, a exponerse, y ahí el partido puede romperse en cualquiera de los dos sentidos.
En ese posible desorden final, la claridad mental será tan importante como las piernas. La Liga F Moeve se ha caracterizado esta temporada por su competitividad y por la cantidad de partidos que se deciden en detalles mínimos. Este apunta a ser uno de ellos. No habrá grandes diferencias en cuanto a talento individual sobre el césped; lo que marcará la diferencia será la capacidad de cada equipo para interpretar el momento exacto del partido y actuar en consecuencia.
Porque, al final, este Levante–Madrid CFF no se resolverá solo por quién tenga más posesión o más ocasiones, sino por quién sepa leer mejor el miedo, la urgencia y la esperanza que flotarán en el ambiente. El Levante juega por sobrevivir. El Madrid CFF, por reafirmarse. Y cuando esas dos fuerzas chocan, el resultado nunca es previsible.
La jornada decimoctava de la Liga F Moeve quedó grabada como una de esas fechas que trascienden el resultado y el marcador, una de esas jornadas en las que el fútbol se convierte en altavoz y conciencia colectiva antes incluso de que el balón empiece a rodar. Porque antes de cualquier presión alta, de cualquier centro lateral o de cualquier remate al área, el césped fue escenario de un gesto que unió a toda la competición en un mismo latido. Jugadoras, cuerpos técnicos y árbitras, sin distinción de colores ni escudos, portaron los Brazaletes de la Esperanza, una iniciativa impulsada por la Asociación Española Contra el Cáncer junto a la organización de la Liga F para conmemorar el Día Mundial contra el Cáncer. Un símbolo discreto pero poderoso, una declaración silenciosa que recordó que hay batallas que se libran lejos de los focos, que hay millones de personas que conviven cada día con la enfermedad y que el fútbol, cuando quiere, puede ser mucho más que un juego.
Con ese telón de fondo, cargado de emoción y significado, el balón echó a rodar en Orriols y el partido comenzó a escribir su propia historia. El Madrid CFF no tardó en mostrar sus intenciones. Desde el primer minuto, el conjunto visitante apostó por un planteamiento valiente, directo, sin complejos.
Presión adelantada, líneas juntas y una idea clara: incomodar al Levante desde el inicio, obligarlo a jugar lejos de la portería rival y marcar el ritmo del encuentro. Las de Sánchez Vera salieron decididas a golpear primero, conscientes de que un arranque fuerte podía condicionar el desarrollo del duelo.
Las primeras llegadas llevaron sello madrileño. Disparos lejanos, centros laterales y acciones rápidas por banda obligaron a la defensa granota a trabajar con intensidad desde muy temprano. El Levante, empujado por su gente y por la necesidad clasificatoria, trataba de asentarse a través de posesiones más largas, buscando que el balón pasara por el centro del campo antes de lanzarse al ataque. Sin embargo, durante muchos minutos, fueron las jugadoras del Madrid CFF las que parecieron sentirse más cómodas en ese intercambio de golpes, manejando mejor los tiempos y encontrando espacios con mayor facilidad.
El premio a esa insistencia no tardó en llegar. Corría el minuto 21 cuando una jugada bien construida por el costado derecho terminó rompiendo el equilibrio. Alba Ruiz filtró un balón preciso al área y Anita Marcos, atacando el espacio con determinación, resolvió la acción con un remate eficaz que batió a la guardameta local y puso el 0-1 en el marcador.
Un gol que adelantaba al conjunto madrileño y que parecía confirmar el buen arranque visitante. La celebración tuvo un significado especial: la canterana del Atlético de Madrid festejó el tanto poniéndose unas gafas imaginarias, el gesto con el que suele dedicar sus goles a sus padres, una imagen cargada de simbolismo en una jornada tan marcada por lo emocional.
Lejos de descomponerse, el Levante reaccionó. Poco a poco, el equipo local comenzó a ganar presencia en campo contrario, a creérselo, a empujar con mayor continuidad. Las combinaciones por banda y los centros al área empezaron a generar peligro, especialmente gracias a la movilidad de sus delanteras y a la llegada de las segundas líneas. Ana Franco y Alharilla Casado dispusieron de oportunidades claras para igualar el marcador, pero el acierto no acompañó. El Levante crecía en posesión y en sensaciones, mientras el Madrid CFF se replegaba con orden, dispuesto a resistir y a buscar salidas rápidas al contragolpe.
La primera mitad avanzó con ese pulso constante entre la iniciativa local y la solidez visitante. Antes del descanso, el partido se estabilizó. El Levante empujaba, el Madrid defendía con disciplina y cerraba bien los espacios interiores. El marcador no se movió y las madrileñas se marcharon a vestuarios con una ventaja mínima que reflejaba un primer acto equilibrado, intenso y cargado de matices.
Las veintidós protagonistas enfilaron el túnel de vestuarios sabiendo que lo exiguo del resultado dotaba de una emoción especial al segundo y definitivo acto. En ese momento, además, el contexto clasificatorio añadía un matiz más al encuentro: el empate provisional que el Atlético de Madrid estaba cosechando en Alcalá de Henares ante el Granada estaba otorgando, de manera momentánea, la quinta plaza al Madrid CFF. Un escenario favorable que, sin embargo, estaba lejos de ser definitivo. El fútbol aún tenía preparado un giro de guion.
Tras el paso por vestuarios, el Levante dio un paso al frente. El equipo salió con una actitud más agresiva, decidido a imponer ritmo y a instalarse definitivamente en campo rival. Los ajustes realizados reforzaron el centro del campo y aportaron mayor profundidad por las bandas, lo que se tradujo en más llegadas al área y en una presión constante sobre la salida de balón del Madrid CFF. El mensaje era claro: había que ir a por el partido.
El empate no tardó en llegar y lo hizo en una acción que simbolizó esa determinación local. Un saque de esquina bien ejecutado encontró a Eva Alonso, que ganó la posición y cabeceó a la red desde corta distancia, enviando el esférico lejos del alcance de Paola Ulloa.
El 1–1, en el minuto 66, devolvía la igualdad al marcador y encendía a la grada. Todo empezaba de nuevo en Orriols.
Con el empate, el encuentro entró en una fase abierta, vibrante, de ida y vuelta.
El Levante buscaba elaborar más sus ataques, combinando por dentro y por fuera, mientras el Madrid CFF trataba de aprovechar cualquier pérdida para lanzar a sus jugadoras más rápidas. El ritmo se elevó, las ocasiones se repartieron y la emoción se apoderó del partido. Cada acción parecía definitiva, cada balón dividido se jugaba como si fuera el último.
Y entonces llegó el momento que terminó de decantar la balanza. En una transición rápida, Érika González recogió el balón lejos del área, avanzó sin oposición y se animó a probar suerte desde larga distancia. Su golpeo, raso y ajustado, sorprendió a la guardameta visitante y se coló junto al palo izquierdo. Un gol de enorme calidad, un auténtico golazo que desató la euforia en el banquillo local y puso al Levante por delante por primera vez en el partido. Corría el minuto 86 y el duelo entraba ya en su tramo decisivo con el 2–1 en el marcador.
A partir de ahí, el partido se transformó en una batalla por la supervivencia. El Madrid CFF volcó todos sus esfuerzos en busca del empate, acumulando jugadoras en campo contrario y probando con centros y disparos lejanos. El Levante, consciente de la importancia del resultado, optó por proteger su ventaja con orden defensivo y salidas rápidas para consumir tiempo y alejar el peligro. Cada despeje era celebrado como un gol, cada segundo ganado se convertía en oro.
Los últimos minutos estuvieron marcados por la tensión, por las interrupciones y por la sensación de que cualquier detalle podía cambiarlo todo. Las visitantes dispusieron de alguna ocasión para igualar, pero la defensa granota se mostró firme, solidaria, y supo despejar cada amenaza. El pitido final confirmó la remontada del Levante Femenino, una victoria construida desde la paciencia, la reacción y la eficacia en los momentos clave.
El resultado tiene un impacto directo en la clasificación de la Liga F Moeve. El Levante suma tres puntos vitales que le permiten abandonar momentáneamente la sensación de desahucio deportivo, recortando distancias con la zona de salvación y reforzándose, sobre todo, en lo anímico.
El Madrid CFF, por su parte, se mantiene en la zona media de la tabla, alrededor de la séptima posición, con la sensación de haber competido de tú a tú pero de haberse quedado sin premio en un partido que tuvo controlado durante muchos minutos.
Ambos equipos, ya sin tiempo para lamentos ni celebraciones prolongadas, miran ahora a sus próximos compromisos ligueros. El Levante afrontará su siguiente encuentro con la moral reforzada y la convicción de que la salvación es posible si mantiene esta línea competitiva.
El Madrid CFF, en cambio, buscará reencontrarse con la victoria y recuperar sensaciones, consciente de que la temporada exige regularidad y respuestas inmediatas.
Más allá del marcador, este Levante–Madrid CFF quedará enmarcado como uno de esos partidos que explican lo que es la Liga F Moeve: competitividad, emoción, giros inesperados y, también, compromiso social.
Una jornada en la que el fútbol volvió a demostrar que puede ser un espacio para competir y emocionar, pero también para recordar que hay causas que importan y que merecen ser visibilizadas.
Un partido que, como diría Manu, se juega con los pies, con la cabeza y, sobre todo, con el corazón.
El Levante Unión Deportiva suma tres nuevos guarismos que le sitúan decimosexto, es decir, colista con 8 unidades, a tan solo nueve de la zona de salvación que actualmente marca la Sociedad Deportiva Eibar con 17.
Por su parte, un Madrid CFF que aún no ha terminado de adaptarse al estilo de juego propuesto por Sánchez Vera y aglutina ya quince días sin ganar, venía de caer por 0-1 ante el Badalona Women en el Fernando Torres y buscará el quite del perdón en la eliminatoria de cuartos de final de la Copa del la Reina Iberdrola que le medirá en la capital española con las guerreras del Costa Adeje Tenerife Egatesa.
(Fuente: Liga F Moeve)
📋 Ficha técnica |
Levante Unión Deportiva: Laura Coronado; Eden Le Guilly (Maria Gabaldón, min. 72), Eva Alonso, Teresa Mérida, Alharilla; Raiderlin Carrasco, Érika González (Zipporah Agama, min. 91) Gema Soliveres (Carol Martín, min. 59 ), Bascu (Dolores Silva, min. 58); Ariana Arias, Ana Franco.
Madrid CFF: Paola Ulloa; Mónica, Núria Mendoza, Sandra Villafañe; Allegra Poljak (Nerea Sánchez, min. 82), Ángela Sosa (Freja Olofsson, min. 88), Hildur Antonsdóttir, Alba Ruiz (Natasa Andonova, min. 53); Malou Marcetto, Kamila Melgård; Anita Marcos (Emilia Nautness, min. 52).
Lugar: Ciudad Deportiva de Buñol – Campo 1 Árbitra: Ainara Andrea Acevedo Dudley Tarjetas Amarillas: Raiderlin Carrasco (min. 14) por parte del Levante.
Rojas: No hubo
Goles:
0-1 Anita Marcos 21’ ⚽️
1-1 Eva Alonso 66’ ⚽️
2-1 Érika González 86’ ⚽️
Vídeo |
🔝 Érika lidera la remontada del Levante UD para creer en la salvación
⬛️ El Badalona Women ganó por 0-1 al Madrid CFF. Itziar Pinillos, ex del conjunto madrileño, marcó el único tanto del encuentro. Por su parte, Sonia Majarín fue la MVP del choque. Las catalanas todavía no han encajado ningún gol en este inicio de año, mientras que Sánchez Vera no pudo ganar como local.
Hay domingos que no necesitan artificio.Domingos que no piden fuegos artificiales ni proclamas grandilocuentes, porque el propio calendario, el propio césped y las propias historias que se cruzan ya contienen todo lo necesario para ser memorables. El 25 de enero es uno de ellos.
A las cuatro de la tarde, cuando el sol de invierno apenas consigue templar las gradas del Fernando Torres, el fútbol femenino español se detiene para observar un partido que, sin titulares ruidosos ni focos excesivos, concentra muchas de las claves emocionales, competitivas y estructurales de la Liga F: identidad, reconstrucción, resistencia y futuro.
Madrid CFF y FC Badalona Women se enfrentan separados por apenas seis puntos, pero también por dos maneras muy distintas de sobrevivir y crecer en una liga cada vez más exigente. El choque no es uno más. Es un partido de procesos. De discursos que empiezan a tomar forma. De proyectos que se miran a los ojos sabiendo que cada jornada puede marcar una frontera invisible entre la estabilidad y la incertidumbre.
Y, por encima de todo, es el estreno de Sánchez Vera en casa, un técnico que respira fútbol femenino por todos los poros de su cuerpo. El Estadio Fernando Torres no es un gran coliseo moderno. No necesita serlo. Es uno de esos campos que respiran fútbol femenino desde la cercanía, desde la grada baja, desde el sonido seco del balón golpeando el césped y desde la conversación constante entre jugadoras y banquillos.
El Fernando Torres ha sido durante años territorio de resistencia del Madrid CFF, un club construido lejos del ruido, con una identidad clara: competir siempre, independientemente del contexto, del presupuesto o de la narrativa externa. No es casualidad que aquí se hayan forjado temporadas enteras a base de puntos que no salían en los resúmenes, pero sí en las clasificaciones.
Este domingo, el estadio adquiere un matiz distinto. No es solo un partido más como local. Es la primera vez que Sánchez Vera se presenta ante su afición, tras un debut notable lejos de casa.
Pocos entrenadores conocen tan bien la Liga F como David Sánchez Vera. Su trayectoria es la de alguien que entiende el fútbol femenino desde dentro, desde la gestión del vestuario, desde el matiz emocional y desde la lectura táctica sin estridencias.
Su llegada al Madrid CFF no es un golpe de efecto, sino una apuesta por el orden, la claridad y el crecimiento progresivo.
El triunfo por 1-3 en Riazor ante el Deportivo Abanca fue algo más que tres puntos. Fue una declaración inicial de intenciones. Un equipo que supo sufrir, que fue pragmático cuando tocó y que mostró una versión reconocible incluso en fase temprana de adaptación.
Pero los proyectos no se validan solo fuera. Se consolidan en casa.
Este partido es el primer examen emocional de Sánchez Vera en el Fernando Torres. No tanto por el resultado, sino por el mensaje: cómo quiere que juegue su equipo, qué ritmo impone, qué tipo de partido acepta y cuál rechaza.
Madrid CFF llega a esta jornada inmerso en una temporada de transición, pero no de renuncia. El equipo madrileño ha sabido, históricamente, adaptarse a los cambios sin perder su esencia competitiva.
No es un conjunto diseñado para monopolizar el balón durante noventa minutos, pero tampoco uno que rehúya la propuesta. Su fortaleza ha estado siempre en el equilibrio: líneas juntas, compromiso defensivo, solidaridad en el esfuerzo y capacidad para castigar errores ajenos.
Con Sánchez Vera, el Madrid CFF busca ordenar ese ADN, dotarlo de mayor continuidad y reducir los tramos de desconexión que, en temporadas anteriores, han penalizado partidos igualados.
El encuentro ante el Badalona se presenta como un laboratorio perfecto: un rival incómodo, defensivamente sólido, que no concede espacios gratuitos y que obliga a tener paciencia, precisión y convicción.
El FC Badalona Women llega al Fernando Torres situado en la novena posición con 20 puntos, una cifra que no deslumbra, pero que habla de un equipo que ha sabido rascar puntos donde otros se han dejado llevar.
Diez goles a favor en lo que va de campeonato pueden parecer pocos, pero también explican una realidad: el Badalona ha hecho de la solidez defensiva su seña de identidad. No necesita grandes cifras ofensivas para competir. Necesita orden, concentración y la capacidad de mantenerse en partido hasta el último tramo.
Este es un equipo que incómoda, que ralentiza, que fuerza errores y que entiende muy bien cuándo el partido debe romperse… y cuándo no.
un mercado invernal siempre complejo para los equipos de mitad de tabla, el Badalona ha apostado por una sola incorporación: Isabella Hoekstra.
No es un fichaje masivo ni una revolución de plantilla. Es una apuesta quirúrgica. Una futbolista llamada a aportar verticalidad, lectura de espacios y energía en un equipo que prioriza el orden, pero que necesita oxígeno en los metros finales.
Su adaptación será clave no solo para este partido, sino para el tramo decisivo de la temporada. En escenarios como el Fernando Torres, donde cada error se paga y cada acierto se amplifica, las jugadoras recién llegadas suelen medir su impacto real.
Todo apunta a un choque de ritmos contenidos. El Madrid CFF tratará de llevar la iniciativa, de instalarse en campo rival y de encontrar grietas en una defensa catalana que rara vez se desordena.
El Badalona, por su parte, apostará por bloques compactos, ayudas constantes y transiciones calculadas, buscando aprovechar cualquier desconexión o pérdida en zonas sensibles.
No será un partido de ida y vuelta constante. Será un duelo de lectura. De tempos. De concentración.
Y ahí, en ese terreno invisible, se deciden muchas temporadas.
No se juegan solo tres puntos. Se juega la sensación de pertenencia. La confianza de un vestuario en un nuevo discurso. La confirmación de que el trabajo silencioso también tiene recompensa.
Para el Madrid CFF, ganar significaría asentar el inicio de una nueva etapa, convertir el estreno en casa en un punto de apoyo y mirar la clasificación con mayor serenidad.
Para el Badalona, puntuar supondría reafirmar su modelo, demostrar que su solidez no es circunstancial y que puede competir en cualquier escenario.
Y es aquí donde entra “El Partido de Manu”. No como un simple altavoz, sino como un guardián del relato, como una voz que entiende que el fútbol femenino no se explica solo con estadísticas, sino con memoria, con emoción y con justicia narrativa.
En un ecosistema donde aún queda mucho por conquistar, espacios como “El Partido de Manu” han asumido una responsabilidad que va más allá del análisis: preservar la épica cotidiana, dignificar cada partido, cada estadio modesto, cada debut silencioso.
Porque el fútbol femenino crece cuando alguien se detiene a mirarlo de verdad. Cuando alguien lo cuenta sin condescendencia. Cuando alguien entiende que un Madrid CFF – Badalona un domingo de enero también es historia.
Y este domingo, en el Fernando Torres, el balón volverá a rodar sabiendo que hay quien lo observa, quien lo explica y quien lo convierte en relato. Eso, en sí mismo, ya es una victoria.
Silencio, tensión y eficacia: el FC Badalona Women asalta Madrid y deja abierta la batalla de la Liga F Moeve, con estas primeras líneas se podría resumir lo que hemos vivido al sur de la capital española en la penúltima entrega de una jornada que se clausuró con el triunfo del Granada por 2-0 a un Alhama que no consigue remontar y salir del temible descenso.
El fútbol, incluso en su versión más competitiva, sabe detenerse cuando la memoria lo exige. Antes de que el balón comenzara a rodar, el estadio guardó un respetuoso y sentido minuto de silencio en recuerdo de las víctimas de los recientes accidentes ferroviarios. Un silencio espeso, solemne, compartido por jugadoras, cuerpos técnicos y aficiones, que recordó que el deporte también es un espacio de duelo colectivo. Tras ese instante de recogimiento, el fútbol regresó con toda su crudeza competitiva, y lo hizo para ofrecer un partido de márgenes estrechos, de resistencia defensiva y de una eficacia quirúrgica que terminó inclinando la balanza.
El partido arrancaba condicionado por ausencias y novedades importantes en ambos conjuntos. El FC Badalona Women no pudo contar con Berta Pulladas, baja sensible en defensa debido a problemas en la rodilla, mientras que el Madrid CFF afrontó el choque sin Sandra Villafañe, pieza clave del equipo y habitual en todos los minutos disputados hasta la fecha, sancionada por acumulación de tarjetas amarillas.
Como nota positiva para las visitantes, el encuentro supuso el regreso de Canales a la portería del Badalona tras superar la lesión que la había apartado de los terrenos de juego antes de Navidad.
Desde el primer minuto se percibió que el encuentro no iba a conceder concesiones. El Madrid CFF, séptimo clasificado de la Liga F Moeve y aún en proceso de adaptación al ideario de su nuevo técnico, David Sánchez Vera, asumió la iniciativa con la intención de imponer ritmo y presencia en campo contrario. Enfrente, un FC Badalona Women que ha construido su identidad en este inicio de 2026 desde el orden, la solidaridad defensiva y una convicción colectiva que le ha permitido mantenerse invicto en defensa durante varias jornadas.
La primera advertencia seria llegó pronto y llevó la firma de una de las futbolistas más determinantes del conjunto visitante. Mônica Hickmann, poderosa en el juego aéreo, conectó un cabezazo desde el interior del área tras un preciso envío de falta de Ángela Sosa. Fue un aviso claro: el Badalona no había viajado a Madrid para resistir sin más, sino para competir cada balón como si fuera decisivo.
El Madrid CFF trató de responder con posesiones largas, buscando abrir el campo y desgastar a un bloque visitante que se mostraba compacto, solidario y extraordinariamente disciplinado. Las líneas del FC Badalona Women se movían al unísono, reduciendo espacios entre centrales y laterales, obligando a las madrileñas a circular por fuera y a recurrir al centro lateral como principal vía de ataque. Sin embargo, los envíos no encontraban rematadoras claras, bien por la anticipación de la zaga visitante, bien por la falta de ventajas en el área.
El partido avanzaba con esa sensación de dominio territorial local que no termina de traducirse en ocasiones claras. Cada pérdida del Madrid CFF era aprovechada por el Badalona para respirar, para ganar metros y para recordar que el encuentro estaba abierto. En ese contexto de equilibrio tenso, apareció la jugada que terminaría marcando el destino del choque.
Corría el tramo final de la primera mitad cuando Sonia Majarín, omnipresente durante todo el partido y posteriormente reconocida como la MVP del encuentro, recibió el balón en banda zurda. Con tiempo para perfilarse y levantar la cabeza, puso un centro medido, tenso y preciso al segundo palo. Allí apareció Itziar Pinillos, con la determinación de quien sabe que esa acción puede cambiar un partido. La exjugadora del Madrid CFF atacó el espacio con inteligencia y, con un remate certero, envió el balón al fondo de la red, superando a Paola Ulloa pese a su estirada para así abrir la lata amén del 0–1 en el minuto 43 de una primera parte que agonizaba.
💫 Un centro 𝐞𝐬𝐩𝐞𝐜𝐭𝐚𝐜𝐮𝐥𝐚𝐫 de Sonia Majarín para el gol de 𝐈𝐭𝐳𝐢 𝐏𝐢𝐧𝐢𝐥𝐥𝐨𝐬
El gol no solo adelantó al FC Badalona Women en el marcador; también reforzó su plan de partido. A partir de ese momento, el conjunto visitante se sintió aún más cómodo defendiendo en bloque bajo, gestionando tiempos y seleccionando con cuidado cuándo presionar y cuándo replegar.
⚽️ 𝗚𝗢𝗢𝗢𝗟 d'Itzi! 💪🏼 Ens avancem al marcador gràcies al gol d'Itzi en rematar la centrada de Sonia Majarín des de la banda esquerra de l'atac.
Antes del descanso, Itziar Pinillos volvió a poner en jaque a la defensa local con otra acción peligrosa que obligó a Paola Ulloa a emplearse a fondo, esta vez con la ayuda del poste, para evitar el segundo tanto. La dieciséis visitante se había convertido en un auténtico quebradero de cabeza para la zaga madrileña.
⏸️ 𝗠𝗜𝗧𝗝𝗔 𝗣𝗔𝗥𝗧
⚔️ Final dels primers 45 minuts, marxem amb l'avantatge al marcador.
Tras el paso por vestuarios, el guion no cambió en esencia, pero sí en intensidad. El Madrid CFF regresó al césped consciente de que necesitaba acelerar, asumir riesgos y encontrar soluciones diferentes. El Badalona, por su parte, entendió que el partido se jugaría en la gestión emocional, en la capacidad de resistir sin perder el orden ni la concentración.
Las visitantes estuvieron cerca de ampliar la ventaja en los primeros compases del segundo tiempo. Irina Uribe probó fortuna con un lanzamiento que se perdió rozando el larguero, ante la mirada atenta de la capitana local. Minutos después, la propia Uribe volvió a aparecer con un remate peligroso que obligó a Paola Ulloa a tirar de reflejos para mantener con vida a su equipo. Cada acercamiento del Badalona era un recordatorio de que el 0-1 no garantizaba nada, pero sí premiaba la precisión.
Sánchez Vera decidió entonces mover el banquillo. La entrada de Anita Marcos por Emilie Nautnes y de Alba Ruiz por Esther Laborde buscaba dar un paso adelante, aumentar la presencia ofensiva y encontrar mayor profundidad. Los cambios aportaron energía, pero se toparon una y otra vez con una defensa visitante que se comportó como un auténtico muro. Las centrales ganaban duelos, las laterales cerraban espacios y el bloque medio trabajaba sin balón con una disciplina admirable.
Los centros al área se sucedían sin éxito. Tan solo Kamilla Melgard logró cazar un balón en el segundo palo, pero su disparo se marchó muy desviado, reflejo de la frustración creciente en las filas locales. El tiempo corría en contra del Madrid CFF, y cada minuto que pasaba reforzaba la sensación de que el Badalona tenía el partido exactamente donde quería.
En el tramo final, el encuentro ganó en nervio. Isabelle Hoekstra debutó con el equipo visitante, sumando minutos y experiencia en un contexto exigente. Paula Sánchez, recién ingresada al terreno de juego, estuvo cerca de sentenciar el duelo con un remate desde dentro del área que Paola Ulloa atrapó sin excesivos problemas, firmando otra intervención de mérito. Fue la última gran ocasión del partido.
El Madrid CFF lo intentó hasta el final, empujado más por el corazón que por la claridad, pero se encontró siempre con Antonia Canales, segura bajo palos, que cortó de raíz las últimas opciones de empate. El pitido final confirmó lo que el desarrollo del partido había ido anunciando: victoria mínima, pero de enorme valor, para el FC Badalona Women.
Con este resultado, el Madrid CFF se queda en la 7ª posición de la Liga F Moeve con 26 puntos, encajando la primera derrota de Sánchez Vera desde su llegada al banquillo. Una derrota que no borra el trabajo realizado, pero que subraya el camino que aún queda por recorrer en términos de eficacia y soluciones ofensivas ante bloques cerrados.
El Badalona Women, por su parte, consolida su crecimiento y se sitúa en mitad de tabla, ubicándose octavo con 23 puntos, manteniendo además un dato que habla de su solidez: todavía no ha encajado ningún gol en este inicio de 2026. Un equipo que compite, que cree en su plan y que ha demostrado que puede mirar de frente a cualquiera.
( Fuente: Liga F Moeve)
La Liga F Moeve avanza hacia su decimoctava jornada con la sensación de que nada está escrito, de que cada partido es un ejercicio de resistencia y convicción. Este duelo dejó claro que los detalles deciden, que el orden también gana partidos y que la temporada entra en un tramo donde cada punto pesa como oro. La expectativa ya está servida.
La historia continúa y este medio, con más de En las últimas dos semanas, el medio ha registrado 886 visualizaciones, lo que supone una media de más de 63 visitas diarias, un dato que no solo refleja crecimiento, sino constancia y fidelidad. Una cifra que cobra aún más valor si se entiende como la consecuencia directa de una labor incansable, sostenida y profundamente comprometida con el fútbol femenino desde mucho antes de que la Primera División fuese reconocida como profesional en 2022.
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Este promedio no es un pico puntual: es el resultado de una trayectoria, de una apuesta editorial firme y de un compromiso con el crecimiento y la dignificación del fútbol femenino que se mantiene intacto jornada tras jornada.
(Fuente: Liga F Moeve)
📋 Ficha técnica |
Madrid CFF : Paola Ulloa; Melgard, Nuria Mendoza, Esther Laborde (Alba Ruiz, min. 57), Monica, Allegra Poljak; Andonova (Marina Rivas, min. 73, Ángela Sosa, Hildur Antonsdottir; Marcetto, Nautnes (Anita Marcos, min. 57) Entrenador: Sánchez Vera FC Badalona Women: Canales; Itzi, Majarin, Nerea Carmona, Barclais (Haoekstra, min. ; Llompart, Ana González, Cubedo; Julve (Lorena, min. 71), Irina (Kullashi, min 86), Banini (Paula, min. 81) Entrenador: Marc Ballester Tarjetas amarillas: Canales (min. 10), Itzi (min. 39), S. Majarín (min. 79), Llompart (min. 87), Cubedo (min. 87). Lugar: Estadio Fernando Torres Árbitra: Melissa López
Goles |
0-1 Itzi Pinillos 42’ ⚽️
Vídeo:
🔝 La asistencia de Sonia Majarín y el gol de Itzi Pinillos vale por una victoria
La actividad en los despachos del Centro Deportivo Alcalá de Henares está siendo frenética en los últimos meses.
A veces las grandes historias del fútbol femenino no irrumpen con un estruendo inmediato, sino que se van construyendo en silencio, a fuego lento, entre conversaciones discretas, informes de scouting acumulados durante meses y decisiones estratégicas que miran mucho más allá del corto plazo. Hoy, “El Partido de Manu” está en disposición de desvelar una de esas historias que, cuando cristalizan, marcan un punto de inflexión en la planificación deportiva de un gigante de la Liga F Moeve y redefinen el equilibrio competitivo del campeonato.
Según ha podido saber este medio en exclusiva, el club tres veces campeón de la Liga F Moeve ha puesto en marcha una operación de alto voltaje para incorporar a dos de las futbolistas más determinantes del Madrid CFF, Kamilla Melgård y Malou Marcetto, ambas con contrato en vigor hasta el próximo 30 de junio de 2027, en un movimiento que no solo habla de ambición deportiva, sino también de una lectura profunda del mercado, de las necesidades estructurales de la plantilla y de la evolución del fútbol femenino europeo.
La información manejada por “El Partido de Manu” confirma que las negociaciones con Kamilla Melgård, centrocampista danesa de enorme impacto ofensivo, se encuentran ya muy avanzadas, hasta el punto de que en los despachos se trabaja con la convicción de que, salvo giro inesperado, la internacional nórdica vestirá la rojiblanca la próxima temporada. En el caso de Malou Marcetto, futbolista que se ha convertido en una auténtica debilidad personal de Víctor Martín Alba, también se han producido contactos directos tras analizar con detenimiento el extraordinario nivel que ofreció durante el curso pasado antes de que una inoportuna lesión frenase su progresión.
Dos operaciones diferentes en su forma, pero unidas por un mismo hilo conductor: la convicción del club de que ambas encajan a la perfección en el proyecto deportivo que se está construyendo para el futuro inmediato.
No se trata de movimientos improvisados ni de apuestas coyunturales. El seguimiento de Melgård y Marcetto responde a un trabajo de scouting profundo, prolongado en el tiempo, que comenzó incluso antes de que ambas explotaran definitivamente en la Liga F Moeve.
Según ha podido saber este medio, el responsable inicial de ese análisis fue el propio Viti, que antes de abandonar el Fernando Torres dejó perfectamente perfiladas ambas operaciones, consciente del potencial diferencial que podían aportar a un equipo llamado a competir por todos los títulos.
Ese legado, cuidadosamente documentado, fue recogido por Juanjo Vila, quien no solo supo interpretar los informes, sino que potenció de manera extraordinaria las virtudes de ambas futbolistas en el Madrid CFF, contribuyendo de forma decisiva a su crecimiento deportivo y a su consolidación como referencias del campeonato.
La posible llegada de Malou Marcetto adquiere una relevancia estratégica aún mayor en el contexto actual de las colchoneras. Las ventas invernales de Gaby García al América de México y de Ana Vitória al Corinthians dejaron un vacío evidente en la medular, no solo en términos de talento, sino también de liderazgo, lectura del juego y capacidad para sostener al equipo en los momentos de mayor exigencia. Marcetto, por perfil, por edad y por recorrido, encaja como una pieza casi natural para cubrir ese hueco, aportando equilibrio, inteligencia táctica y una capacidad notable para conectar líneas. Su fichaje no sería únicamente una incorporación más, sino una declaración de intenciones: la apuesta por una futbolista capaz de marcar el ritmo del equipo durante años.
En paralelo, el desembarco de Kamilla Melgård ofrecería un salto cualitativo en la parcela ofensiva. La danesa, con una capacidad notable para llegar desde segunda línea, interpretar los espacios y aportar cifras goleadoras desde el centro del campo, representa ese tipo de futbolista que eleva el techo competitivo de cualquier plantilla. Consciente de la buena relación institucional que mantiene con el Madrid CFF, el club estaría dispuesto a abonar la cláusula de compensación correspondiente, un gesto que no solo facilitaría la operación, sino que reforzaría los vínculos entre ambas entidades. En el caso de Melgård, además, se subraya su condición de exjugadora del Lyn Fotball Damer, un detalle que ayuda a contextualizar su formación en una de las canteras más reconocidas del fútbol nórdico y a entender su madurez táctica pese a su relativa juventud.
El scouting de Kamilla Melgård revela a una futbolista total, de enorme inteligencia posicional y con una comprensión del juego que va más allá de los números, aunque estos también la avalen. Melgård es una centrocampista con alma de atacante, capaz de romper líneas con conducciones verticales, de aparecer en el área con un timing casi quirúrgico y de ofrecer soluciones tanto en ataque posicional como en transiciones rápidas. Su golpeo de balón, preciso y tenso, le permite ser una amenaza constante desde media distancia, mientras que su visión de juego facilita la circulación y la generación de ventajas en zonas interiores. No es una jugadora anárquica; al contrario, entiende perfectamente cuándo acelerar y cuándo pausar, cuándo asumir riesgos y cuándo asegurar la posesión. En defensa, sin ser su principal virtud, muestra compromiso, lectura de las líneas de pase y una notable capacidad para replegar y ofrecer ayudas, lo que la convierte en una pieza funcional dentro de sistemas exigentes a nivel táctico.
Melgård destaca también por su mentalidad competitiva. Formada en un contexto futbolístico que prioriza la disciplina táctica y el trabajo colectivo, la danesa ha sabido adaptarse a la intensidad y al ritmo de la Liga F Moeve, creciendo partido a partido y asumiendo responsabilidades en momentos clave. Su capacidad para aparecer en citas importantes, para no esconderse cuando el balón quema, es uno de los aspectos más valorados por el cuerpo técnico que ha seguido de cerca su evolución. En un equipo con aspiraciones de título, contar con futbolistas que no solo toleren la presión, sino que la conviertan en un estímulo, es un factor diferencial, y Melgård encaja plenamente en ese perfil.
Por su parte, Malou Marcetto representa la esencia de la centrocampista moderna que equilibra talento, trabajo y lectura del juego.
Marcetto está firmando una temporada de enorme nivel, consolidándose como una de las piezas más fiables del Madrid CFF. Su juego se caracteriza por una notable capacidad para interpretar los espacios, ofrecer siempre una línea de pase clara y ordenar al equipo desde la base.
No es una futbolista de fuegos artificiales, pero sí una de esas jugadoras que hacen mejores a las que tienen alrededor. Su precisión en el pase, tanto en corto como en largo, permite al equipo progresar con fluidez, mientras que su inteligencia defensiva le facilita anticiparse, robar balones y cortar líneas de pase sin necesidad de recurrir constantemente a la falta.
Marcetto aporta, además, una lectura táctica que encaja a la perfección en equipos que aspiran a dominar los partidos. Sabe cuándo incrustarse entre centrales para facilitar la salida de balón, cuándo saltar a la presión para activar al bloque y cuándo temporizar para que el equipo se reordene. Esa capacidad para leer el juego en tiempo real es una de las razones por las que Víctor Martín Alba la considera una pieza clave en su idea de fútbol.
La confianza del técnico en la recuperación plena de la futbolista tras la lesión es total, y los informes médicos y de rendimiento avalan que Marcetto volverá a ofrecer su mejor versión, incluso con un punto extra de madurez competitiva.
El contexto en el que se producirían ambas incorporaciones es igualmente relevante. El club tres veces campeón de la Liga F Moeve se encuentra en un momento de redefinición estratégica, con la mirada puesta en consolidar un proyecto que no solo compita a nivel nacional, sino que aspire a dar un salto definitivo en Europa. Para ello, la planificación deportiva ha puesto el foco en futbolistas con experiencia en la liga, conocimiento del entorno y margen de crecimiento.
Melgård y Marcetto cumplen con creces esos requisitos. Con contrato hasta 2027, su fichaje implicaría una inversión importante, pero también la seguridad de incorporar talento contrastado, minimizando riesgos de adaptación.
Desde el punto de vista institucional, la operación se ha trabajado con especial cuidado para no deteriorar las relaciones con el Madrid CFF, un club con el que se mantiene un diálogo fluido y respetuoso.
El abono de la cláusula de compensación en el caso de Kamilla y Malou, es interpretado en ese sentido como un gesto de buena voluntad y de reconocimiento al trabajo de formación y desarrollo realizado por el club madrileño.
En el caso de Marcetto, las conversaciones han sido más exploratorias, centradas en evaluar tiempos, condiciones y escenarios, siempre con la premisa de actuar con transparencia y respeto.
El legado del scouting realizado por Viti antes de su salida del Fernando Torres adquiere aquí una dimensión especial.
Fue él quien, con una mirada amplia y una sensibilidad particular para detectar talento nórdico, puso sobre la mesa los nombres de Melgård y Marcetto, convencido de que su perfil encajaba en el ADN competitivo del club aficionado en Fuenlabrada.
Juanjo Vila, al recoger ese testigo, no solo mantuvo viva la apuesta, sino que la reforzó con un trabajo diario que permitió a ambas futbolistas explotar sus virtudes y corregir aspectos de su juego.
Esa continuidad en la visión deportiva es, en muchos sentidos, uno de los grandes valores de la operación que ahora se perfila.
A nivel deportivo, la llegada conjunta de Melgård y Marcetto permitiría al equipo dar un salto cualitativo en varias dimensiones del juego. En fase ofensiva, Melgård aportaría llegada, gol y capacidad para romper defensas cerradas, mientras que Marcetto ofrecería orden, pausa y claridad en la circulación. En fase defensiva, ambas contribuirían a un mayor equilibrio, con una presión más coordinada y una mejor ocupación de los espacios. En términos de vestuario, su perfil competitivo y su experiencia en la liga las convertirían en referentes naturales, capaces de asumir responsabilidades desde el primer día.
El análisis detallado de su encaje táctico refuerza la sensación de que no se trata de fichajes aislados, sino de piezas pensadas para un engranaje concreto.
Melgård podría actuar tanto como interior en un centro del campo de tres como en una posición más adelantada, casi de mediapunta, explotando su capacidad para llegar al área.
Marcetto, por su parte, se siente cómoda como pivote o como interior de perfil más organizador, ofreciendo siempre una salida limpia de balón y facilitando la transición entre líneas. Esa versatilidad es un valor añadido en una temporada exigente, con múltiples competiciones y la necesidad de rotar sin perder identidad.
El impacto mediático de la operación tampoco es menor. La incorporación de dos estrellas del Madrid CFF enviaría un mensaje claro al resto de la Liga F Moeve: el club quiere seguir marcando el paso, reforzarse con talento contrastado y construir un proyecto sólido a medio y largo plazo.
Para “El Partido de Manu”, poder desvelar en exclusiva los detalles de esta doble operación supone también reafirmar su compromiso con una información rigurosa, contextualizada y profundamente conectada con la realidad del fútbol femenino.
Queda todavía camino por recorrer hasta que las operaciones se cierren de manera definitiva. En el fútbol, y especialmente en el mercado, siempre existen variables imprevisibles que pueden alterar los planes más cuidadosamente trazados.
Sin embargo, las sensaciones que se desprenden de las conversaciones mantenidas, del estado de las negociaciones y de la voluntad de todas las partes implicadas invitan al optimismo.
(Fuente: Liga F Moeve)
A día de hoy, la percepción interna es clara: si no media un contratiempo muy grande de aquí a mayo, Kamilla Melgård y Malou Marcetto vestirán la rojiblanca la próxima temporada.
Y será entonces cuando esta historia, tejida durante meses en la sombra, cobre todo su sentido.
Cuando las decisiones estratégicas se traduzcan en rendimiento sobre el césped, cuando el trabajo silencioso del scouting se vea reflejado en cada pase, en cada llegada al área, en cada recuperación decisiva.
Vestir la rojiblanca no es solo ponerse una camiseta; es asumir una responsabilidad histórica, un compromiso con una identidad y una ambición que no entiende de medias tintas.
Melgård y Marcetto están llamadas a formar parte de ese relato, a escribir su nombre en una etapa que aspira a ser recordada.
El fútbol femenino, una vez más, se prepara para vivir un movimiento que puede marcar época, y “El Partido de Manu” estará ahí para contarlo, con la convicción de que las grandes exclusivas no solo informan, sino que ayudan a comprender el pulso profundo del juego
🟫 Con apenas 22 años, Lauren Leal ya ha recorrido un camino que muchas futbolistas solo imaginan. Nacida en Votorantim, en el corazón del estado de São Paulo, su fútbol creció entre la intensidad brasileña y una madurez competitiva poco común para su edad. Hoy, asentada en la zaga del Atlético de Madrid y convertida en internacional absoluta con Brasil, Lauren representa a una nueva generación de defensoras: sobria, contundente y con personalidad. La medalla de plata conquistada en los Juegos Olímpicos de París 2024 no es un punto de llegada, sino la confirmación de una carrera que avanza con paso firme y ambición europea.
Hay futbolistas que a pesar no ser canteranas de un club casan a la perfección con la idiosincrasia de la entidad la que defienden, este es el caso de la brasileña Lauren Leal y el Atlético de Madrid.
Lauren Eduarda Leal Costa (Votorantim, São Paulo; 13 de septiembre de 2002 fue uno de los grandes descubrimientos que aportó a la Primera División Femenina el Madrid CFF, experto en la captación de talento foráneo.
(Fuente: Liga F Moeve)
Lauren Eduarda Leal Costa aprendió a defender antes incluso de saber que ese verbo definiría su vida. En Votorantim, una ciudad del interior del estado de São Paulo donde el fútbol se respira como parte del paisaje cotidiano, Lauren creció jugando en la calle, en espacios improvisados donde el balón no entiende de jerarquías ni de géneros, solo de carácter. Aquellas primeras pachangas, marcadas por el asfalto, por porterías imaginarias y por rivales mayores y más fuertes, moldearon una futbolista precozmente competitiva, acostumbrada a sobrevivir, a anticiparse y a resistir. En ese entorno informal, donde cada partido era una prueba de personalidad, Lauren empezó a forjar la dureza mental que más tarde definiría su carrera profesional.
El salto del juego callejero a una estructura organizada llegó de la mano del Centro Olímpico de São Paulo, un proyecto deportivo impulsado por el Ayuntamiento de la ciudad con el objetivo de detectar, formar y potenciar talento joven. Allí, Lauren encontró por primera vez un espacio donde su energía competitiva se canalizó a través de entrenamientos sistemáticos, conceptos tácticos y una rutina que exigía disciplina. El Centro Olímpico no solo le ofreció un marco deportivo, sino también una primera toma de contacto con lo que significaba pertenecer a un proyecto colectivo, representar unos colores y asumir responsabilidades dentro de un grupo. Fue un punto de inflexión en su formación, el lugar donde dejó de ser solo una niña que jugaba bien al fútbol para empezar a construir una identidad como defensora.
Su progresión no pasó desapercibida y pronto llamó la atención del São Paulo Futebol Clube, una de las entidades más prestigiosas del fútbol brasileño, que la incorporó a su cantera. En 2017, Lauren formó parte del equipo sub-15 del club paulista en una temporada que resultaría histórica. A pesar de competir en una categoría superior, el sub-17, aquel grupo logró proclamarse campeón del Campeonato Paulense sub-17 en su primer año de participación, un éxito que situó a varias de sus integrantes, incluida Lauren, en el radar del fútbol nacional. Su papel en aquel equipo fue creciendo con rapidez, no solo por sus cualidades defensivas, sino por su capacidad de liderazgo, su lectura del juego y su serenidad en momentos de presión.
Con el paso de los años, Lauren se consolidó como una pieza central en las categorías juveniles del São Paulo FC, hasta convertirse en capitana. Bajo su liderazgo, el equipo vivió una de las etapas más exitosas de su historia formativa, conquistando un triple campeonato interestatal que incluyó la Copa Nike, la Fiesta Sudamericana y el Campeonato Brasileño juvenil. Aquellos títulos no solo reforzaron su currículum deportivo, sino que terminaron de definir su perfil como una futbolista preparada para asumir galones desde la retaguardia, con una personalidad que trascendía su edad. Lauren ha señalado en diversas ocasiones que el apoyo constante de su familia fue determinante para sostener ese crecimiento, especialmente en una etapa vital en la que compatibilizar estudios, entrenamientos y competición exigía sacrificios diarios.
En 2018, Lauren volvió temporalmente al Centro Olímpico en calidad de cedida para disputar la temporada, aunque no llegó a debutar en la liga. Fue un periodo menos visible en términos competitivos, pero relevante en su proceso de maduración. La experiencia le permitió entrenar con continuidad, corregir aspectos de su juego y prepararse para el siguiente gran salto. Ese llegó en 2020, cuando regresó al São Paulo FC, esta vez para integrarse en el primer equipo. El contexto era exigente: el club atravesaba una fase de crecimiento en el fútbol femenino y aspiraba a competir de tú a tú con las grandes potencias del país.
Lauren respondió desde el primer momento. En su temporada de regreso, el São Paulo alcanzó las semifinales del Campeonato Brasileño, los cuartos de final del campeonato estatal y el subcampeonato de la Copa Paulista, consolidándose como uno de los equipos más competitivos del panorama nacional. Para una defensora joven, asumir un rol relevante en un equipo que peleaba en todas las competiciones supuso una prueba de madurez superada con solvencia. Su rendimiento le permitió ganarse la continuidad en la plantilla para la temporada siguiente, en la que disputó 27 partidos en la Série A1, la máxima categoría del fútbol femenino brasileño.
La campaña de 2021 fue especialmente intensa. El São Paulo FC mantuvo una dura rivalidad con el Corinthians, el gran dominador del fútbol femenino brasileño, y peleó hasta el final por el título del campeonato paulista. La final, disputada a doble partido, terminó escapándose, pero dejó la sensación de que el equipo había dado un paso adelante competitivo. Para Lauren, aquella temporada confirmó su capacidad para sostener un alto nivel de exigencia durante un calendario cargado de partidos, enfrentándose a delanteras de primer nivel y respondiendo con regularidad.
Fue en ese contexto cuando decidió afrontar uno de los movimientos más determinantes de su carrera: su primera experiencia en el extranjero. Aprovechando el parón invernal, Lauren viajó a España para incorporarse al Madrid CFF como uno de los cinco refuerzos del club madrileño para la segunda parte de la temporada 2021-22. El salto no era menor. Cambiaba de continente, de idioma y de cultura futbolística, pasando de un entorno conocido a una liga en plena expansión, cada vez más competitiva y exigente tácticamente.
(Fuente: Madrid CFF)
En el Madrid CFF, Lauren se encontró con un vestuario marcado por la presencia de varias compatriotas brasileñas como Mónica, Daiane y Antonia, lo que facilitó su adaptación inicial. Bajo la dirección de María Pry, se integró rápidamente en la dinámica del equipo y empezó a sumar minutos hasta convertirse en titular. Disputó 11 partidos en esa primera media temporada, dejando una impresión sólida como defensora central, destacando por su contundencia en el uno contra uno, su juego aéreo y su capacidad para anticiparse.
(Fuente: Madrid CFF )
La temporada siguiente confirmó su asentamiento en la Liga F.Lauren mantuvo la titularidad tanto con María Pry como posteriormente con Víctor Martín, que asumió el cargo tras la baja de Pry por maternidad. El cambio en el banquillo no alteró su estatus dentro del equipo, una señal clara de la confianza que generaba su rendimiento. En un campeonato cada vez más profesionalizado, Lauren se consolidó como una defensora fiable, capaz de adaptarse a distintos sistemas y de asumir responsabilidades en una línea defensiva exigida constantemente.
(Fuente: Madrid CFF)
El verano de 2024 marcó su regreso a Europa y el inicio de una nueva etapa en España con su fichaje por el Atlético de Madrid. La llegada al club rojiblanco representó un salto cualitativo en su carrera, incorporándose a una entidad con aspiraciones constantes a los títulos y a la clasificación europea. Lauren se hizo con un puesto en el once inicial de manera inmediata, mostrando una rápida adaptación al sistema y a las exigencias del equipo.
Bajo la dirección de Víctor Martín, el Atlético de Madrid firmó una temporada notable, clasificándose para la Liga de Campeones en la última jornada y alcanzando la final de la Copa de la Reina. Aunque el equipo cayó en la ronda previa de la competición europea y en las semifinales de la Supercopa, el balance general fue positivo, y Lauren se consolidó como una pieza clave en la defensa. Su regularidad, su capacidad para liderar la línea defensiva y su experiencia internacional la convirtieron en un valor seguro para el proyecto rojiblanco.
En julio de 2023, su carrera dio un nuevo giro con su fichaje por el Kansas City Current de la NWSL, la liga estadounidense. La operación supuso un paso ambicioso hacia uno de los campeonatos más competitivos del mundo, pero la experiencia no se desarrolló como esperaba. Lauren tuvo pocas oportunidades y solo disputó cinco encuentros, en los que, aun así, logró marcar un gol. A pesar del escaso protagonismo, la etapa en Estados Unidos le permitió conocer otro modelo de competición, más físico y directo, y añadir una nueva capa de aprendizaje a su trayectoria.
Paralelamente, su carrera internacional dio un impulso definitivo con la selección brasileña. Lauren formó parte del equipo que conquistó la medalla de plata en los Juegos Olímpicos de París 2024, un hito que la situó definitivamente en la élite del fútbol mundial. Aquella experiencia olímpica no solo reforzó su palmarés, sino que confirmó su estatus como una de las defensoras más fiables de su generación, capaz de competir al máximo nivel en los escenarios más exigentes.
La medalla de plata olímpica en París no fue un episodio aislado ni un golpe de fortuna dentro de la trayectoria de Lauren Leal, sino la consecuencia lógica de un proceso de crecimiento sostenido que había comenzado muchos años antes, en escenarios mucho menos glamurosos. En la selección brasileña, Lauren encontró un contexto distinto al de los clubes, marcado por la presión histórica de representar a una potencia mundial y por la necesidad constante de responder en torneos cortos, donde el margen de error es mínimo. Su inclusión en la convocatoria olímpica respondió a un perfil muy concreto: una defensora capaz de interpretar el juego desde la anticipación, con temple para sostener partidos largos y con una madurez competitiva impropia de su edad. En París, Brasil construyó un equipo equilibrado, y Lauren fue parte de una defensa que supo resistir en momentos críticos, consolidando su presencia en el panorama internacional.
Esa experiencia olímpica tuvo un impacto directo en su regreso a la competición de clubes. Cuando Lauren se incorporó definitivamente a la dinámica del Atlético de Madrid tras el verano de 2024, lo hizo con un estatus reforzado. Ya no era únicamente una defensora joven con recorrido internacional, sino una futbolista contrastada, acostumbrada a escenarios de máxima exigencia. Desde los primeros entrenamientos quedó patente que su rol iba más allá del rendimiento individual. Lauren aportó una calma estructural a la línea defensiva, una capacidad para ordenar, corregir y sostener al equipo desde atrás que encajó perfectamente con la idea de juego de Víctor Martín.
El Atlético de Madrid de esa temporada se construyó sobre una base de solidez, equilibrio y competitividad. En ese contexto, Lauren se convirtió en una pieza fundamental para interpretar distintos registros defensivos según el rival. En partidos donde el equipo necesitaba defender en bloque bajo, su lectura de los espacios y su capacidad para temporizar resultaron decisivas. En encuentros de mayor iniciativa rojiblanca, su fiabilidad en campo abierto y su precisión en el pase permitieron al equipo adelantar líneas sin asumir riesgos innecesarios. Su adaptación fue tan natural que rápidamente se integró en las sociedades defensivas del equipo, entendiendo automatismos y jerarquías sin necesidad de largos procesos de aclimatación.
A lo largo de la temporada, el Atlético fue creciendo en consistencia competitiva. La clasificación para la Liga de Campeones en la última jornada tuvo un componente emocional elevado, fruto de una carrera de fondo en la que cada punto resultó determinante. Lauren fue titular en los partidos clave de ese tramo final, asumiendo la responsabilidad de sostener resultados ajustados y de competir bajo presión. La final de la Copa de la Reina, aunque terminó con derrota, supuso otro escaparate de alto nivel en el que la defensora brasileña volvió a demostrar su capacidad para rendir en escenarios de máxima exposición.
Más allá de los resultados colectivos, la etapa en el Atlético consolidó a Lauren como una futbolista plenamente integrada en el fútbol europeo. Su evolución táctica fue evidente. Si en sus primeros años destacaba principalmente por su potencia física y su agresividad defensiva, con el paso del tiempo fue incorporando matices que enriquecieron su juego. La lectura de las trayectorias rivales, la gestión de los tiempos defensivos y la toma de decisiones en salida de balón se convirtieron en aspectos diferenciales. Lauren aprendió a defender no solo desde el choque, sino desde la inteligencia posicional, anticipándose a las jugadas antes de que se desarrollaran.
Ese crecimiento no fue casual. Desde sus primeros pasos en el fútbol organizado, Lauren había demostrado una notable capacidad para absorber conceptos y adaptarse a contextos diversos. El tránsito por el fútbol brasileño, con su mezcla de técnica y competitividad, le dio una base sólida. La experiencia en España añadió rigor táctico y exigencia colectiva. El breve paso por la NWSL estadounidense le aportó un contacto directo con un fútbol más físico y vertical. Cada etapa, incluso aquellas que no resultaron plenamente satisfactorias en términos de minutos, contribuyó a construir una defensora más completa.
En ese sentido, su paso por el Kansas City Current, aunque breve y con escaso protagonismo, representó un aprendizaje relevante. En un entorno donde la competencia interna era feroz y las oportunidades limitadas, Lauren tuvo que gestionar la frustración, mantener la profesionalidad y aprovechar cada minuto disponible. El gol que anotó en sus cinco apariciones fue un recordatorio de su capacidad para impactar incluso en contextos adversos. Lejos de suponer un retroceso, aquella experiencia reforzó su resiliencia y su determinación para seguir creciendo.
La resiliencia ha sido, precisamente, uno de los rasgos definitorios de su carrera. Desde los inicios en la calle hasta las grandes citas internacionales, Lauren ha construido su trayectoria a base de constancia, sacrificio y una ética de trabajo que ha sido reconocida por entrenadores y compañeras. El apoyo familiar, al que ella misma ha aludido en repetidas ocasiones, fue un pilar fundamental en los momentos de transición y de incertidumbre.
(Fuente: Atlético de Madrid)
Ese entorno estable le permitió tomar decisiones valientes, como abandonar Brasil para probar suerte en Europa o asumir un rol secundario temporalmente en Estados Unidos con la convicción de que el trabajo acabaría dando frutos.
En el vestuario, Lauren se ha ganado el respeto por su comportamiento profesional y su carácter competitivo. No se trata de una líder estridente, sino de una futbolista que predica con el ejemplo.
Su manera de entrenar, su concentración en los partidos y su disposición para asumir responsabilidades defensivas han hecho de ella una referencia silenciosa. En equipos con una mezcla de juventud y experiencia, ese tipo de liderazgo resulta especialmente valioso, porque contribuye a estabilizar dinámicas y a sostener el rendimiento colectivo en momentos de dificultad.
Desde el punto de vista táctico, Lauren se ha consolidado como una defensora central moderna, capaz de adaptarse a diferentes esquemas. Puede actuar en una línea de cuatro, donde su capacidad para cerrar espacios laterales resulta clave, o en una defensa de tres, donde su lectura del juego y su timing en las coberturas le permiten asumir riesgos controlados. Su juego aéreo, tanto en defensa como en acciones a balón parado ofensivas, añade una dimensión extra a su perfil. Sin ser una futbolista especialmente mediática, su impacto en el juego se mide en detalles: despejes decisivos, duelos ganados, líneas bien trazadas.
La proyección de Lauren Leal apunta a una carrera larga y estable en la élite. Con apenas veintidós años, ya ha acumulado experiencias que muchas futbolistas no alcanzan hasta el final de su trayectoria. Su presente en el Atlético de Madrid la sitúa en un entorno competitivo que puede potenciar aún más sus virtudes y ofrecerle continuidad en competiciones europeas. Al mismo tiempo, su rol en la selección brasileña la coloca como una pieza importante en el proceso de renovación generacional de la Canarinha, un equipo que combina talento joven con la presión permanente de aspirar a todos los títulos.
(Fuente: Liga F)
El fútbol femenino brasileño ha vivido en los últimos años una transformación profunda, y Lauren es un producto claro de ese cambio. Formada en estructuras que han ido profesionalizándose progresivamente, ha sabido aprovechar las oportunidades que se le han presentado y adaptarse a un mercado global cada vez más exigente. Su historia conecta con la de muchas futbolistas de su generación, que han tenido que salir de su país para encontrar estabilidad competitiva y visibilidad internacional. En ese tránsito, Lauren ha logrado mantener una identidad clara, sin perder las raíces que marcaron sus primeros pasos.
Mirando hacia el futuro, el margen de crecimiento sigue siendo amplio. A nivel individual, la mejora continua en la salida de balón, la comunicación defensiva y la gestión de los ritmos de partido pueden convertirla en una defensora aún más completa. A nivel colectivo, su presencia en proyectos ambiciosos le permitirá seguir acumulando experiencias en fases finales, partidos decisivos y torneos internacionales. Cada una de esas vivencias contribuirá a reforzar un perfil que ya es sólido, pero que todavía tiene recorrido para alcanzar cotas mayores.
La trayectoria profesional de Lauren Leal no se explica únicamente por los títulos conquistados o por los equipos en los que ha militado. Se entiende, sobre todo, como el resultado de una construcción paciente, de una carrera que ha avanzado paso a paso, sin atajos, enfrentando desafíos y aprendiendo de cada contexto. Desde las calles de Votorantim hasta los estadios europeos, pasando por los grandes torneos internacionales, Lauren ha demostrado que el talento necesita estructura, pero también carácter. Y en ese equilibrio entre ambas dimensiones reside la esencia de una futbolista que, sin estridencias, se ha ganado un lugar propio en el fútbol de élite.
(Fuente: Liga F Moeve)
La relación de Lauren Leal con la selección brasileña comenzó de forma temprana y constante, como una prolongación natural de su crecimiento en el fútbol formativo. Ya a comienzos de 2017 empezó a ser convocada de manera regular con la selección sub-17, entrando en una dinámica internacional que aceleró su maduración competitiva. Aquellas primeras llamadas no solo reconocían su rendimiento a nivel de clubes, sino que confirmaban que su perfil encajaba en la idea de una Brasil que buscaba defensoras con personalidad, capacidad física y lectura táctica desde edades tempranas.
En marzo de 2018, Lauren formó parte del equipo que disputó el Campeonato Sudamericano Sub-17, un torneo clave en el calendario continental. Participó en tres encuentros, dos correspondientes a la fase de grupos y uno en el cuadrangular final, en un campeonato exigente en el que Brasil fue creciendo a medida que avanzaban las jornadas. El equipo terminó proclamándose campeón sudamericano, reafirmando la hegemonía brasileña en la categoría y asegurando la clasificación para el Mundial Sub-17 que se disputaría ese mismo año en Uruguay. Para Lauren, aquel título supuso su primer gran éxito internacional, una confirmación de que podía competir y rendir en contextos de presión continental.
Ese mismo 2018 fue especialmente intenso en su calendario internacional. Antes incluso del Mundial, Lauren fue convocada para disputar un torneo amistoso en Sudáfrica, una experiencia que amplió su exposición internacional y la enfrentó a estilos de juego distintos, fuera del eje sudamericano. Aquellos partidos amistosos tuvieron un valor formativo notable, permitiéndole adquirir experiencia en viajes largos, concentraciones prolongadas y contextos competitivos alejados de su entorno habitual.
En noviembre llegó la cita mundialista en Uruguay. Lauren formó parte de la convocatoria definitiva para el Mundial Sub-17, un hito relevante en su carrera pese a que no llegó a debutar en el torneo. Brasil fue eliminada en la fase de grupos, en un campeonato que no cumplió las expectativas generadas tras el título sudamericano. Para Lauren, aquella experiencia, aunque frustrante desde el punto de vista deportivo, resultó valiosa en términos de aprendizaje. Vivir un Mundial desde dentro, aunque fuera sin minutos, le permitió entender la dimensión real de las grandes competiciones y la exigencia que conllevan.
El salto a la categoría sub-20 llegó al año siguiente, confirmando la confianza que la estructura federativa brasileña depositaba en su proyección. En 2019 fue convocada para disputar un torneo amistoso en Estados Unidos, un escenario de alto nivel competitivo. Su debut oficial con la sub-20 se produjo el 9 de diciembre de 2019 frente a Francia, una de las grandes potencias del fútbol femenino mundial. Aquel estreno marcó un nuevo paso en su progresión internacional, enfrentándose a rivales de primer nivel en una etapa aún formativa.
Meses después, Lauren participó en la Liga Sudamericana Sub-20, un torneo que servía como preparación para el Campeonato Sudamericano de la categoría. En ese campeonato continental, Brasil inició su participación con normalidad y Lauren disputó tres de los cuatro encuentros de la primera fase, mostrando regularidad y confianza en la zaga. Sin embargo, el torneo fue cancelado de manera abrupta a causa de la pandemia de Covid-19, un episodio que interrumpió la continuidad competitiva de toda una generación de futbolistas. Para Lauren, como para muchas otras, supuso un paréntesis forzoso en un momento clave de desarrollo.
Cuando las actividades juveniles se retomaron en 2021, Lauren regresó a la selección sub-20 con un rol aún más relevante. Disputó varios encuentros amistosos y, con solo 18 años, llegó a portar el brazalete de capitana, una muestra clara de su liderazgo y de la autoridad que había construido dentro del grupo. Ese mismo año, a finales de temporada, dio un paso decisivo al debutar con la selección absoluta de Brasil, alternando convocatorias entre la sub-20 y el primer equipo. Esa transición progresiva evidenció la confianza del cuerpo técnico en su capacidad para adaptarse a distintos niveles de exigencia.
En 2022, Lauren volvió a ser protagonista en el Sudamericano Sub-20 disputado en Chile. A lo largo del torneo fue sumando minutos y experiencia, apareciendo en varios encuentros clave y contribuyendo al rendimiento sólido del equipo. Brasil se proclamó campeón del campeonato, reafirmando su dominio continental y consolidando a una generación que venía acumulando éxitos desde las categorías inferiores. Lauren añadió así un nuevo título internacional a su palmarés juvenil, confirmando su regularidad en competiciones de alto nivel.
Ese mismo año llegó una de las citas más importantes de su etapa formativa: el Mundial Sub-20 de 2022. En ese torneo, Lauren defendió la camiseta de Brasil en todos los partidos del certamen, asumiendo un rol central en la estructura defensiva del equipo. Su presencia constante reflejó la confianza plena del cuerpo técnico en su rendimiento. Brasil completó un campeonato sólido y terminó colgándose la medalla de bronce, cerrando el torneo con una actuación consistente. Para Lauren, aquel Mundial supuso la culminación de su recorrido por las categorías inferiores, dejando una huella clara como una defensora fiable, madura y preparada para asentarse definitivamente en la élite internacional.
Ese largo recorrido por las selecciones juveniles no solo aportó títulos y experiencias, sino que moldeó de manera decisiva su perfil competitivo. Lauren aprendió a convivir con la presión, a adaptarse a diferentes roles dentro del equipo y a asumir responsabilidades desde edades tempranas. Todo ese bagaje se trasladó de forma natural a su consolidación posterior en la selección absoluta, donde su presencia dejó de ser una apuesta de futuro para convertirse en una realidad sostenida
El palmarés de Lauren Leal es la consecuencia directa de una carrera construida con continuidad desde las categorías formativas hasta la élite, y refleja una presencia constante en equipos competitivos, acostumbrados a pelear por títulos y posiciones de privilegio. Desde muy joven, su trayectoria quedó vinculada a proyectos ganadores, tanto a nivel de clubes como de selecciones, lo que reforzó su mentalidad competitiva y su familiaridad con escenarios de máxima exigencia.
Sus primeros éxitos llegaron en el fútbol base brasileño, en el seno del São Paulo FC, donde formó parte de una generación especialmente dominante. Con el conjunto paulista conquistó el Campeonato Paulense sub-17 en 2017, un título de enorme valor simbólico al tratarse de su primer año compitiendo en esa categoría. Aquel logro fue el punto de partida de una etapa especialmente prolífica en las divisiones inferiores del club, en la que Lauren ejerció como capitana y referente defensiva. Posteriormente, sumó un triple campeonato interestatal en categorías juveniles, levantando la Copa Nike, la Fiesta Sudamericana y el Campeonato Brasileño juvenil, una trilogía de títulos que confirmó el potencial de aquel grupo y consolidó su estatus como una de las defensoras más prometedoras del país.
A nivel internacional, su palmarés comenzó a crecer de manera significativa con las selecciones juveniles de Brasil. En 2018 se proclamó campeona del Campeonato Sudamericano Sub-17, un título continental que aseguró la clasificación para el Mundial de la categoría y que supuso su primer gran éxito con la camiseta de la Canarinha. Ese campeonato marcó su irrupción definitiva en el panorama sudamericano y la integró en una generación habituada a competir y ganar desde edades tempranas.
El ciclo de éxitos continuó en la categoría sub-20. En 2022, Lauren se proclamó campeona del Campeonato Sudamericano Sub-20 disputado en Chile, reafirmando la hegemonía brasileña en el continente y cerrando una etapa formativa especialmente exitosa. Ese mismo año, completó un Mundial Sub-20 sobresaliente, en el que disputó todos los encuentros del torneo y ayudó a Brasil a conquistar la medalla de bronce, un resultado que confirmó la solidez del equipo y su fiabilidad en la élite juvenil mundial.
El salto a la selección absoluta añadió una dimensión aún mayor a su palmarés. En 2024, Lauren formó parte del combinado brasileño que alcanzó la final de los Juegos Olímpicos de París y se colgó la medalla de plata, uno de los logros más importantes de su carrera hasta la fecha. Aquella medalla olímpica situó definitivamente su nombre en el mapa del fútbol internacional, certificando su capacidad para rendir en el escenario más exigente del deporte mundial.
(Fuente; Liga F Moeve )
A nivel de clubes en el fútbol profesional, aunque algunos títulos se le resistieron, Lauren acumuló experiencias de alto nivel que también forman parte de su bagaje competitivo. Con el São Paulo FC fue subcampeona del Campeonato Paulista en 2021 tras una exigente final frente al Corinthians. En el Atlético de Madrid, alcanzó la final de la Copa de la Reina y logró la clasificación para la Liga de Campeones, hitos que, sin traducirse en trofeos, reflejan su participación activa en proyectos que compiten en la élite del fútbol europeo.
En conjunto, el palmarés de Lauren Leal dibuja el perfil de una futbolista habituada a competir por objetivos ambiciosos desde sus primeros pasos, con títulos continentales, medallas internacionales y finales nacionales que respaldan una carrera coherente, ascendente y sostenida en el tiempo.
La historia de Lauren Leal no se explica únicamente a través de estadísticas, convocatorias o trofeos. Se entiende, sobre todo, desde la coherencia de un recorrido que nunca se desvió de su esencia. Desde aquellas primeras carreras en las calles de Votorantim hasta los grandes estadios europeos y olímpicos, su fútbol ha mantenido intacta una misma idea: competir sin concesiones, defender con convicción y crecer sin perder identidad. Cada paso ha sido consecuencia del anterior, sin atajos ni artificios, construido desde el trabajo silencioso y la determinación.
Lauren representa a una generación que ya no pide permiso para estar, sino que se gana su espacio con rendimiento. Ha aprendido a resistir, a adaptarse y a liderar desde la retaguardia, entendiendo que los grandes equipos también se edifican desde atrás. En un fútbol cada vez más veloz y expuesto, su figura encarna la fiabilidad, la lectura del juego y la fortaleza mental que separa a las buenas futbolistas de las imprescindibles.
El presente la sitúa en la élite, pero su trayectoria sugiere que aún no ha alcanzado su techo. Con una medalla olímpica al cuello, experiencia en tres continentes y una madurez competitiva forjada desde muy joven, Lauren Leal no es una promesa: es una realidad consolidada con ambición de legado. Y mientras el balón siga rodando, su historia seguirá escribiéndose con la misma determinación con la que empezó, en silencio, defendiendo cada metro como si fuera el último.
⬛️ El Madrid CFF se impuso por 1-3 a la S.D.Eibar en el estadio de Ipurúa en el debut de José Luis Sánchez Vera en el banquillo del conjunto madrileño. Carmen Álvarez adelantó al equipo armero, pero Emilie Nautnes, que marcó un doblete y fue la MVP del partido, y Kamilla Melgard le dieron la vuelta al encuentro.
La jornada sabatina de la Liga F Moeve se cerrará el sábado 17 de enero a las 18:30 horario peninsular en un escenario con personalidad propia y un peso simbólico cada vez mayor en el fútbol femenino español: el estadio de Ipurua. Allí, la SD Eibar recibirá al Madrid CFF en un duelo que enfrenta a dos equipos en momentos muy distintos, pero unidos por la necesidad de seguir construyendo identidad y estabilidad en una competición marcada por la igualdad, la exigencia competitiva y los márgenes cada vez más estrechos entre los distintos escalones de la clasificación.
El encuentro, que podrá seguirse en directo a través de DAZN, se presenta como una prueba de madurez para las armeras y como el primer gran examen del nuevo proyecto deportivo del conjunto madrileño.
El Eibar llega a esta cita en uno de sus mejores momentos de la temporada. El equipo dirigido desde el banquillo armero ha logrado enlazar una dinámica positiva que le ha permitido cerrar la primera vuelta del campeonato en la décima posición con 17 puntos, una cifra que refleja un rendimiento sostenido y, sobre todo, una notable capacidad para competir en partidos ajustados. Siete puntos de los últimos nueve posibles en Liga F Moeve avalan el crecimiento de un equipo que ha sabido optimizar sus recursos, rentabilizar al máximo cada gol y construir su propuesta desde la solidez defensiva, el orden colectivo y la fiabilidad en los momentos clave de los encuentros.
El dato goleador del Eibar es tan revelador como significativo: apenas nueve goles a favor en toda la primera vuelta, una cifra baja en términos absolutos, pero extraordinariamente eficiente en términos competitivos.
Las armeras han convertido la gestión de los resultados cortos en una seña de identidad, demostrando que saben sufrir, cerrar partidos y proteger ventajas mínimas con una disciplina táctica muy trabajada. En un contexto de Liga F en el que muchos equipos apuestan por el intercambio de golpes, el Eibar ha encontrado su fortaleza en el control emocional de los encuentros y en la lectura inteligente de los distintos momentos del juego.
De cara a este partido, el conjunto vasco llega con pocas dudas en el apartado de bajas. Salvo Malen Uranga, que se perfila como la única ausencia confirmada, el técnico armero podrá contar con el grueso de su plantilla, un factor clave para mantener la continuidad de un bloque que ha ido creciendo con el paso de las jornadas. Ipurua, además, se ha consolidado como un escenario incómodo para los rivales, un estadio en el que el Eibar se siente fuerte, arropado y capaz de competir de tú a tú frente a cualquier adversario.
Enfrente estará un Madrid CFF inmerso en un proceso de cambio profundo. La semana previa al partido ha estado marcada por la salida de Javier Aguado y la llegada de José Luis Sánchez Vera al banquillo madrileño, un movimiento que supone un punto de inflexión en la temporada del equipo. El técnico madrileño afronta este encuentro como su estreno oficial al frente del Madrid CFF, sin apenas margen de maniobra ni tiempo para implantar de forma completa su modelo de juego, pero con la responsabilidad inmediata de empezar a transmitir nuevas sensaciones y una identidad reconocible.
El contexto no es sencillo para Sánchez Vera. El Madrid CFF llega a Ipurua con varias bajas de peso que condicionarán la confección del once inicial. Esther Laborde, Nerea Sánchez, Natasa Andonova y Anita Marcos no estarán disponibles, reduciendo las opciones en zonas clave del campo y obligando al nuevo técnico a buscar soluciones dentro de un grupo que todavía está asimilando el cambio de discurso y de metodología. Aun así, el Madrid CFF es un equipo acostumbrado a competir en escenarios exigentes y con una plantilla que, pese a las ausencias, mantiene talento y experiencia suficiente para plantear un partido incómodo al Eibar.
Desde el punto de vista histórico, el precedente favorece al conjunto madrileño. Ambos equipos se han enfrentado en diez ocasiones, con un balance de siete triunfos para el Madrid CFF y tres para la SD Eibar. Sin embargo, esos números no reflejan necesariamente la realidad actual de ambos proyectos ni el momento de forma con el que llegan a esta jornada. El Eibar ha crecido como bloque, ha ganado estabilidad en la categoría y ha convertido su estilo en una herramienta competitiva eficaz, mientras que el Madrid CFF atraviesa una fase de transición en la que cada partido es una oportunidad para redefinirse.
El choque de Ipurua se presenta, por tanto, como un enfrentamiento de contrastes. Por un lado, un Eibar que busca prolongar su buen momento, consolidar su posición en la zona media de la tabla y seguir sumando puntos que le permitan mirar el futuro con tranquilidad.
Por otro, un Madrid CFF que inicia una nueva etapa, con un entrenador recién llegado y la necesidad de obtener resultados que respalden el cambio y devuelvan la confianza a un vestuario que ha vivido semanas de incertidumbre.
Más allá de los puntos en juego, el partido adquiere un valor simbólico para ambos equipos. Para el Eibar, supone una oportunidad de reafirmar su crecimiento y demostrar que su rendimiento no es fruto de la casualidad, sino de un trabajo sostenido y coherente.
Para el Madrid CFF, es el primer paso de un camino que debe conducir a una mejora progresiva, tanto en sensaciones como en resultados. Ipurua será testigo de un duelo que, sin el foco mediático de otros encuentros de la jornada, encierra muchas de las claves que definen la actual Liga F Moeve: igualdad, exigencia, proyectos en construcción y la constante necesidad de adaptarse para sobrevivir y crecer en la élite.
El debut de José Luis Sánchez Vera en el banquillo del Madrid CFF no fue un estreno cualquiera, sino una declaración de intenciones, un ejercicio de fe competitiva y una victoria construida desde la convicción cuando el partido parecía inclinarse en contra. En Ipurua, bajo un cielo cargado de viento y de matices, el fútbol volvió a demostrar que no entiende de inercias pasadas ni de jerarquías previas, sino de momentos, decisiones y aciertos en los instantes exactos. Y el Madrid CFF, en la primera noche de su nueva era, supo resistir, golpear y creer.
Desde los primeros minutos, el conjunto madrileño mostró una actitud reconocible, valiente, decidida a no esconderse pese a las bajas y al cambio reciente en el banquillo. El balón comenzó a circular con intención y las primeras llegadas no tardaron en aparecer. Alba Ruiz fue la encargada de firmar el primer aviso serio, con un envío tenso que obligó a Laura Martí a intervenir con los puños. Fue la primera de una larga serie de acciones de la joven guardameta armera, que acabaría convirtiéndose en una de las grandes protagonistas del encuentro con hasta nueve paradas de mérito, sosteniendo durante muchos minutos a un Eibar que sufría ante el empuje visitante.
El rechace de aquella primera acción cayó a los pies de Natasa Andonova, que armó el disparo con rapidez, pero el balón se marchó alto, como si todavía estuviera calibrando el punto exacto de mira. Allegra Poljak también se sumó al ataque, probando fortuna desde media distancia, aunque volvió a encontrarse con la seguridad de Laura Martí, firme bajo palos. El Madrid CFF dominaba, acumulaba llegadas y transmitía la sensación de que el gol estaba más cerca de lo que indicaba el marcador.
El asedio continuó con un lanzamiento lejano de Malou Marcetto desde fuera del área, un disparo potente, bien ejecutado, que no encontró portería por escasos centímetros. Cada intento reforzaba la idea de que el equipo madrileño había salido a mandar, a imponer su ritmo, a demostrar que el cambio de entrenador no era una fractura, sino una oportunidad para reencontrarse con su mejor versión.
Sin embargo, el fútbol, caprichoso y cruel, decidió recordar una de sus máximas más antiguas: quien perdona, paga.
La SD Eibar, que apenas había asomado por el área rival, necesitó una sola acción para alterar el guion. Alimata Belem lanzó un balón largo, aparentemente inofensivo, pero Núria Mendoza no logró controlar. El esférico quedó muerto, suspendido en una fracción de segundo que cambió el partido. Carmen Álvarez apareció como una exhalación, leyó antes que nadie la jugada y, con una sangre fría impropia del contexto, superó a Paola Ulloa con una vaselina delicada, precisa, casi poética. El balón describió una parábola perfecta antes de besar la red. Era el 1–0 en el minuto 23 de juego. Esto fue un golpe seco para un Madrid CFF que había hecho méritos de sobra para ir por delante.
Lejos de descomponerse, el equipo visitante siguió creyendo. Antes del descanso, Andonova volvió a buscar el gol con un disparo que se marchó por encima del larguero, mientras que Patri Ojeda se animó desde fuera del área con un chut potente que obligó a Paola Ulloa a estirarse y desviar a saque de esquina. El descanso llegó con ventaja local, pero con una sensación extraña: el marcador decía una cosa, el partido contaba otra muy distinta.
Tras la reanudación, ambos entrenadores movieron ficha, conscientes de que el encuentro exigía ajustes. Laura Camino entró en el conjunto eibarrés para aportar energía y sostener el centro del campo, mientras que José Luis Sánchez Vera decidió agitar el ataque dando entrada a Emilie Nautnes por Alba Ruiz.
Y el fútbol, agradecido con los valientes, premió la decisión casi de inmediato. Solo tres minutos necesitó la delantera noruega para dejar su huella. Kamilla Melgard filtró un pase preciso, quirúrgico, rompiendo líneas. Nautnes atacó el espacio con determinación, anticipándose a su marca, y empujó el balón al fondo de la red con la sencillez de quien entiende el juego desde el instinto. No hubo florituras, solo convicción y acierto
El 1–1 en el minuto 49 de juego devolvía la justicia al marcador y encendía definitivamente el partido y todo por decidir, era un duelo apasionante.
🎯 ¡Emilie Nautnes: salir al campo y empatar el partido!
El Eibar trató de recomponerse con la entrada de Amaia Iribarren, buscando más presencia en la medular, más control, más oxígeno. Pero el Madrid CFF ya había olido sangre. A falta de veinte minutos para el final, Kamilla Melgard volvió a aparecer, esta vez con una acción individual desde fuera del área. La centrocampista armó el disparo sin dudarlo, un golpeo seco, tenso, que superó a Laura Martí y se coló en la portería. El balón entró con violencia, como una afirmación, pues era el 1–2 en el minuto 69 del cara a cara y las visitantes le daban la vuelta a la tortilla a veinte minutos para alcanzar el noventa.
El Eibar, herido, se lanzó a por el empate con la entrada de Opa Clement, acumulando gente en ataque y asumiendo riesgos. Pero ahí apareció la otra cara del Madrid CFF: la del equipo letal al espacio, preciso en las transiciones. Un balón largo a la espalda de la defensa local encontró a Anita Marcos, que levantó la cabeza y vio la llegada de Emilie Nautnes. La noruega controló el esférico con temple, esperó el momento justo y, cuando Laura Martí salió a achicar, sacó un remate potente, definitivo, imposible de detener para instalar el 1–3 definitivo en el minuto 77 en lo que fue un doblete para la veintitrés del conjunto aficionado en Fuenlabrada que dejaba ya noqueadas a las armeras con el tramo final en el horizonte.
La Sociedad Deportiva Eibar lo intentó hasta el final, con orgullo y corazón, pero ya no había tiempo ni fuerzas para reaccionar. El pitido final confirmó el triunfo del Madrid CFF, una victoria trabajada, sufrida y cargada de simbolismo. José Luis Sánchez Vera se estrenó con triunfo, enviando un mensaje claro: este equipo quiere competir, quiere creer y quiere mirar hacia arriba.
𝗙𝗜𝗡𝗔𝗔𝗔𝗔𝗟 ¡Remontada en Ipurúa bajo la lluvia y +3!
Con este resultado, el Madrid CFF se sitúa en la quinta posición de la Liga F Moeve con 26 puntos, a cinco de los puestos de Liga de Campeones, mientras que el Eibar queda herido en su orgullo tras caer ante el equipo que le apeó de la Copa de la Reina Iberdrola.
Las de Iñaki Iñaki Goikoetxea buscarán rehacerse el próximo fin de semana en el derbi ante la Real Sociedad de Fútbol que acogerá el Estadio de Zubieta y que emite en en abierto TEN TV.
(Fuente: Liga F Moeve)
📋 Ficha técnica |
Sociedad Deportiva Eibar: Laura Martí; Patri Ojeda (Laura Camino, min 48), Belem (Iara Lacosta, min 82), Masegur (Opah Clement, min 75), Carla Andrés, Garazi; Emma Moreno (Iribarren, min 65), Altonaga (Etxezarreta, min 82), Adela Rico; Sara Martín, Carmen Álvarez.
Madrid CFF: Paola Ulloa; Nuria Mendoza, Villafañe, Monica (Marina Rivas, min 85); Antonsdottir; Alba Ruiz (Emilie Nautnes, min 46), Malou Rylov (Freja Olofsson, min 90+1), Ángela Sosa, Allegra Poljak (Esther Laborde, min 90+1); Melgard, Andonova (Anita Marcos, min 73).
Colegiada: Ylenia Sánchez Miguel, que amonestó con tarjeta amarilla a Amarillas: Patri Ojeda (min 29), Garazi (min 49), Monica (min 54), Villafañe (min 66), Antonsdottir (min 88).
Incidencias: Partido correspondiente a la decimosexta jornada de la Liga Profesional de Fútbol Femenino (Liga F Moeve) que han jugado la Sociedad Deportiva Eibar y el Madrid CFF en el Estadio Municipal de Ipurúa sobre una superficie de hierba natural.
El madrileño, 1 de febrero de 1983, es un auténtico referente en los banquillos con más de una década de experiencia y éxitos en la Liga Profesional de Fútbol Femenino y llega tras medio curso de asueto como comentarista en Onda Madrid y Disney Plus tras su marcha de la Real Sociedad de Fútbol.
Titulado en Magisterio inició su trayectoria profesional en el Club Atlético de Madrid Femenino, con el que conquistó la Liga Iberdrola 2018-2019 en la última jornada después de una lucha de 30 fechas contra el todopoderoso Fútbol Club Barcelona y fue también finalista de la Copa de la Reina.
Durante la temporada 2020-2021 formó parte del cuerpo técnico de Tiago Mendes, entrenador del Vitória de Guimarães. En el mes de octubre, después de haber dirigido al equipo en tres encuentros, Tiago presentó su dimisión debido a discrepancias con la directiva, una decisión que provocó también la salida de Sánchez Vera del club.
En enero de 2021 regresó al Atlético de Madrid Femenino para sustituir a Dani González, quien no estaba logrando los resultados esperados por la entidad. Sánchez Vera permaneció en el cargo hasta el final de la temporada: conquistó la Supercopa de España en Almería, derrotando por 3-0 al Levante Unión Deportiva en la gran final, pero el equipo perdió puntos importantes en la Liga y finalizó en cuarta posición, quedándose fuera de los puestos de acceso a la Liga de Campeones y al término del curso, puso fin a su etapa en el club de su vida.
Tras un periodo de reflexión alejado de los banquillos, el verano de 2022 marcó un nuevo punto de inflexión en la trayectoria de José Luis Sánchez Vera. El fútbol, que nunca se detiene, volvió a llamar a su puerta en forma de reto mayúsculo. En el mes de julio, el Levante U.D. y el técnico madrileño alcanzaron un acuerdo que unía sus caminos durante las dos siguientes temporadas con un objetivo tan ambicioso como complejo: devolver al club valenciano al lugar que históricamente había ocupado en la élite del fútbol femenino nacional.
La misión no era sencilla. El Levante afrontaba una etapa de profunda transformación institucional y deportiva, marcada por la necesidad de redefinir su identidad competitiva tras varios cursos irregulares. A ello se sumaba una reestructuración casi total de la plantilla, con salidas de gran calado que alteraban el equilibrio del vestuario y obligaban a comenzar prácticamente desde cero. Entre las marchas más significativas destacaba la de Sandie Toletti, centrocampista francesa y pieza capital en el engranaje del equipo, que abandonó la disciplina granota para incorporarse al Real Madrid, símbolo inequívoco de los cambios estructurales que estaba viviendo el fútbol femenino español.
En ese contexto de reconstrucción, Sánchez Vera aceptó el desafío con la convicción de quien entiende el fútbol como un proceso, no como un resultado inmediato.
Su llegada al banquillo granota supuso también la configuración de un cuerpo técnico con un marcado carácter identitario. Como segunda entrenadora figuraba Érika Vázquez, histórica futbolista del Athletic Club y una de las grandes pioneras del fútbol femenino profesional en España. Su presencia no era únicamente simbólica: representaba la conexión entre generaciones, la memoria viva de un deporte que había crecido desde la precariedad hasta la profesionalización, y un valor añadido en liderazgo, experiencia y conocimiento del vestuario.
Desde el primer día, el Levante de Sánchez Vera comenzó a construir una nueva narrativa. Lejos de la urgencia cortoplacista, el equipo fue asentando principios claros: orden táctico, competitividad, solidez defensiva y una apuesta firme por el colectivo como eje vertebrador del proyecto. El camino estuvo plagado de dificultades, ajustes y aprendizaje, pero también de señales inequívocas de crecimiento. Jornada a jornada, el Levante recuperó credibilidad, respeto y ambición.
Los frutos de ese trabajo no tardaron en llegar. Durante las dos temporadas al frente del conjunto valenciano, Sánchez Vera logró devolver al Levante al primer plano competitivo del panorama nacional. El equipo consiguió la clasificación para la fase previa de la UEFA Women’s Champions League, un hito que reafirmaba la recuperación deportiva del club y lo situaba nuevamente entre los aspirantes a competir en Europa.
Además, alcanzó el subcampeonato de la Supercopa de España, quedándose a las puertas del título en un torneo que reunía a la élite del fútbol femenino nacional.
Más allá de los resultados, su etapa en el Levante dejó una huella profunda en la estructura del club. Se consolidó un proyecto reconocible, con identidad propia y una cultura competitiva renovada. El vestuario recuperó confianza, la afición volvió a sentirse representada y el Levante reafirmó su condición de histórico del fútbol femenino español. Era el cierre natural de un ciclo exitoso, y también el preludio de un nuevo desafío.
Finalizada su etapa en Valencia, Sánchez Vera decidió poner fin a su etapa en el banquillo granota para emprender un nuevo rumbo. El siguiente destino no era menor: la Real Sociedad. En el verano de 2024, el club donostiarra y el entrenador alcanzaron un acuerdo que unía sus caminos por, al menos, tres temporadas. La apuesta era clara y ambiciosa.
La Real Sociedad buscaba consolidarse de manera definitiva entre los grandes referentes de la Liga F y recuperar protagonismo tanto a nivel nacional como europeo.
El proyecto reunía todos los ingredientes para ilusionar. Una plantilla de gran nivel, una estructura sólida y un entorno exigente pero comprometido con el crecimiento del fútbol femenino. Para Sánchez Vera, suponía la oportunidad de aplicar su experiencia acumulada en proyectos de reconstrucción y alto rendimiento, con el objetivo de devolver al conjunto txuri-urdin a las posiciones de privilegio de la liga española femenina.
Sin embargo, el fútbol, en su naturaleza imprevisible, no siempre responde a los planes trazados sobre el papel. Lo que comenzó como un reto ilusionante fue derivando, con el paso de los meses, en una situación cada vez más compleja. El equipo mostró fases de buen juego y competitividad, pero la regularidad nunca terminó de asentarse. Los resultados comenzaron a alejarse de las expectativas iniciales y la clasificación reflejaba una posición incómoda para un club que aspiraba a pelear por plazas europeas.
El tramo final de la temporada se convirtió en un periodo especialmente delicado. Diez partidos consecutivos sin conocer la victoria encendieron todas las alarmas en Zubieta. La dinámica negativa no solo afectaba al marcador, sino también a la confianza del grupo y al clima general del proyecto. La exigencia histórica de la Real Sociedad y las aspiraciones marcadas por la junta directiva chocaban con una realidad deportiva adversa.
En abril, el club emitió un comunicado oficial anunciando que José Luis Sánchez Vera no continuaría al frente del equipo una vez finalizara la temporada. La decisión, fruto de un análisis profundo de la situación, ponía fin de manera anticipada a una vinculación que había sido concebida como un proyecto a medio y largo plazo. El objetivo inicial del entrenador —restaurar la solidez del conjunto y recuperar las aspiraciones europeas, incluida la clasificación para la Champions League— no llegó a materializarse.
La combinación de rendimiento irregular, una posición baja en la tabla y las altas expectativas depositadas por la dirección deportiva terminó por precipitar el desenlace.
No fue una ruptura abrupta, sino el cierre de una etapa marcada por la dificultad de alinear tiempos, resultados y ambición institucional.
Así concluyó una etapa más en la carrera de Sánchez Vera, un técnico acostumbrado a navegar entre la exigencia, la reconstrucción y la presión inherente a los proyectos de alto nivel.
Su trayectoria, marcada por éxitos, desafíos y decisiones complejas, refleja con claridad la evolución del fútbol femenino español: un entorno cada vez más competitivo, profesionalizado y exigente, donde los márgenes de error se reducen y la gestión del proceso es tan determinante como el resultado inmediato.
Lejos de definir un final, su salida de la Real Sociedad se inscribe como un nuevo capítulo dentro de una carrera que ha demostrado capacidad de adaptación, liderazgo y compromiso con el crecimiento del fútbol femenino. En un deporte en constante transformación, la figura de Sánchez Vera permanece ligada a los procesos de construcción, a los proyectos con identidad y a la convicción de que el fútbol, incluso en la derrota, deja siempre aprendizaje, legado y camino por recorrer.
El ex del San Roque ha firmado un contrato que le unirá a la entidad que preside Alfredo Ulloa por lo que resta de temporada y una campaña más.
Ahora, José Luis llega al Madrid CFF, club con la cantera exclusivamente femenina más grande de toda Europa, con el objetivo de hacer reverdecer viejos laureles que se dieron entre 2022 y 2024, cuando estuvo peleando por entrar en la Liga de Campeones Femenina.
Sánchez Vera debutará en el equipo capitalino jugando a domicilio en Ipurúa frente a la Sociedad Deportiva Eibar en la decimosexta jornada liguera para sustituir en el cargo a Javier Aguado.
⬛️ El técnico madrileño remplazará a Javier Aguado en el Fernando Torres de Fuenlabrada.
El Madrid CFF, semifinalista de la Copa de la Reina en 2021, hará próximamente oficialel fichaje de José Luis Sánchez Vera para el primer equipo tras la destitución de Javier Aguado.
El club afincado en el Fernando Torres apuesta por un entrenador campeón de Liga F, Supercopa de España y Copa de la Reina Iberdrola para liderar una nueva etapa basada en la identidad, el tiempo y el crecimiento sostenido y llega acompañado por Erika Vázquez, exjugadora del Athletic Club, como asistente técnica.
Hay fichajes que se explican con una frase. Y hay otros —los importantes— que necesitan una historia. El Madrid CFF ha elegido a José Luis Sánchez Vera como nuevo entrenador del primer equipo y, con ello, ha tomado una decisión que va más allá del corto plazo.
No responde a la urgencia ni al ruido. Responde a una convicción: construir desde el banquillo un proyecto reconocible, coherente y fiel a su identidad.
Sánchez Vera no llega solo para entrenar, llega para ordenar un relato, sostener un proceso y darle continuidad a una idea de fútbol que el Madrid CFF ha defendido desde su origen, además ya sabe lo que es dirigir a futbolistas del plantel como Anita Marcos, a la que hizo debutar en la élite, Andonova y Nuria Mendoza, estas dos últimas en su era como granota.
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El nuevo mister no llega solo para entrenar. Llega para ordenar un relato, sostener un proceso y darle continuidad a una idea de fútbol que el Madrid CFF ha defendido desde su origen.
El ex de la Real Sociedad de Fútbol no promete resultados inmediatos. Promete método, trabajo y coherencia y según ha podido saber “El Partido de Manu”, en exclusiva, dirigió en la mañana del 14 de enero de 2026 su primera sesión de trabajo después de ser presentado en Aldehuela.
Para entender este fichaje hay que entender al club. El Madrid CFF no nació grande, pero sí fiel a una idea. Creció sin atajos, apostando por el fútbol femenino cuando aún no era tendencia y construyendo su camino desde la convicción.
José Luis Sánchez Vera ha construido una de las trayectorias más singulares, coherentes y reconocibles del fútbol femenino español contemporáneo. Más allá de los títulos, de los ascensos o de los contextos institucionales tan distintos en los que ha trabajado, existe un hilo conductor perfectamente identificable en todos los equipos que ha dirigido: una idea de juego profundamente trabajada, adaptable al contexto competitivo, pero sustentada siempre en una serie de principios estructurales, emocionales y tácticos que definen su manera de entender el fútbol. Analizar el estilo de los equipos de Sánchez Vera no consiste únicamente en describir sistemas o dibujos, sino en comprender una concepción integral del juego que abarca la gestión del vestuario, la preparación del partido, el uso del balón, la ocupación de los espacios, la relación con la presión ambiental y la lectura de cada fase del juego como parte de un todo orgánico.
Desde sus primeras experiencias en el fútbol femenino de élite, Sánchez Vera mostró una inclinación clara por construir equipos competitivos desde la solidez colectiva. Sus conjuntos rara vez han sido caóticos o desordenados. Incluso en contextos de inferioridad presupuestaria o estructural, sus equipos han transmitido una sensación constante de control, entendiendo el control no como monopolio absoluto de la posesión, sino como capacidad para gobernar los ritmos del partido. Esta es una de las claves fundamentales de su estilo: la prioridad no es tener el balón por tenerlo, sino saber cuándo, dónde y para qué se utiliza. En ese sentido, sus equipos han sido tradicionalmente muy difíciles de desarmar, porque están pensados para minimizar errores no forzados y para maximizar la eficiencia en cada acción.
Uno de los rasgos más repetidos en los equipos dirigidos por Sánchez Vera es la importancia del orden defensivo como punto de partida del juego. No se trata de una defensa pasiva ni reactiva, sino de una estructura defensiva activa, que condiciona al rival y lo empuja hacia zonas previamente estudiadas.
Sus equipos suelen defender en bloque medio o medio-bajo, con líneas juntas y distancias cortas entre jugadoras, evitando que el rival pueda progresar por dentro con comodidad. La prioridad es cerrar carriles interiores, proteger la frontal del área y obligar a jugar por fuera, donde se activa una presión orientada, no especialmente alta, pero sí muy coordinada.
Este comportamiento defensivo no responde a una falta de ambición ofensiva, sino a una lectura muy clara del contexto competitivo del fútbol femenino español, especialmente en las temporadas en las que dirigió a equipos que no partían como favoritos. Sánchez Vera entiende que la defensa no es solo un mecanismo de contención, sino una herramienta para atacar mejor. Al recuperar el balón en zonas concretas y con el rival desorganizado, sus equipos han encontrado muchas de sus mejores situaciones ofensivas. De ahí la importancia que da a la transición defensa-ataque, probablemente una de las fases mejor trabajadas en todos sus proyectos.
Cuando sus equipos recuperan el balón, la primera decisión es casi siempre vertical. Existe una clara intención de progresar rápidamente si el contexto lo permite, buscando a jugadoras ofensivas bien perfiladas o atacando el espacio libre a la espalda de la defensa rival. No obstante, esta verticalidad no es descontrolada. Si la primera opción no es clara, el equipo no duda en reiniciar, en asegurar la posesión y en reorganizarse. Esta dualidad entre verticalidad y pausa es otra de las señas de identidad del técnico madrileño: saber alternar registros sin perder la identidad.
En fase ofensiva organizada, los equipos de Sánchez Vera han mostrado una evolución notable a lo largo de los años. En sus primeras etapas, el juego tendía a ser más directo, con ataques relativamente cortos y un peso importante del juego exterior. Las bandas han sido históricamente una vía fundamental para sus equipos, tanto para progresar como para finalizar. Extremos abiertas, laterales con recorrido y centros laterales bien trabajados han formado parte del paisaje habitual de sus equipos. Sin embargo, con el paso del tiempo, se ha percibido una mayor riqueza en el juego interior, con mediocampos más técnicos y una mejor ocupación de los espacios entre líneas.
Aun así, incluso en sus versiones más elaboradas con balón, Sánchez Vera no ha sido nunca un entrenador de posesiones largas estériles. Sus equipos rara vez encadenan pases sin intención. Cada circulación tiene un objetivo claro: atraer, fijar y liberar espacios. La paciencia con el balón existe, pero siempre subordinada a la búsqueda de ventajas. En ese sentido, se aprecia un trabajo táctico muy detallado en la colocación de las interiores, en los desmarques de ruptura de las delanteras y en la sincronización de los movimientos ofensivos.
Otro elemento clave en el estilo de los equipos de Sánchez Vera es la importancia del compromiso colectivo. Sus equipos se caracterizan por una altísima implicación defensiva de todas las jugadoras, incluidas las futbolistas más ofensivas. La presión tras pérdida, sin ser asfixiante ni constante, está muy bien medida
La llegada de Sánchez Vera no supone una ruptura, sino una continuidad elevada. El club no busca un salvador ni un golpe de efecto. Busca un constructor, alguien capaz de consolidar lo logrado y dar un paso más sin perder la esencia.
Sánchez Vera entiende el banquillo como algo más que un lugar desde el que se dan órdenes. Desde ahí se transmite calma, claridad y confianza. Sus equipos rara vez se descomponen, saben a qué juegan incluso en los momentos difíciles y compiten desde el orden y el compromiso colectivo.
En un entorno cada vez más exigente, su liderazgo sereno y cercano aporta al Madrid CFF algo fundamental: estabilidad emocional.
No hay alardes ni dogmas rígidos. El método de trabajo de Sánchez Vera se basa en la pedagogía diaria, en la repetición consciente de conceptos y en la gestión honesta de los roles. Entrenar no es solo preparar partidos, sino educar futbolistas, acompañar procesos y sostener al grupo cuando el contexto aprieta.
Exigente sin ser opresivo, cercano sin ser complaciente, su liderazgo conecta con una forma de entender el fútbol femenino desde el respeto y el conocimiento profundo del vestuario.
En esta nueva etapa, que se extenderá por lo que queda de curso más otra campaña completa, el ex del Atlético de Madrid se ha rodeado de gran parte del staff técnico que le secundó en su periplo por el Levante Unión Deportiva.
Con experiencia en la élite y una sensibilidad especial en el trato con las futbolistas, su presencia añade valor humano y futbolístico a un proyecto que entiende el cuerpo técnico como una pieza clave del crecimiento colectivo.
El fichaje de un entrenador siempre envía un mensaje. Este es inequívoco: el club cree en el trabajo, cree en el proceso y cree en el talento que ya tiene. Con Sánchez Vera llega un liderazgo que escucha, observa y exige con sentido.
El objetivo no es correr más, sino pensar mejor. Competir desde la identidad y crecer sin perder el rumbo.
La serenidad no está reñida con la ambición. Sánchez Vera la entiende como una construcción organizada, no como una carrera descontrolada. Mejorar con el paso de las jornadas, competir contra cualquiera y ser reconocible incluso en la derrota forman parte de su idea de éxito.
Ese es el reto que asume en el Madrid CFF y también la promesa implícita de esta nueva etapa.
El fútbol femenino español vive un momento de transición, crecimiento y exigencia.
En ese escenario, figuras técnicas como Sánchez Vera resultan imprescindibles: entrenadores que entienden el juego, el vestuario y el proceso sin confundir progreso con prisa.
El Madrid CFF no ha fichado solo a un entrenador, ha adquirido una forma de entender el fútbol, una ética de trabajo y una convicción profunda en el tiempo como herramienta.
En el fútbol femenino, eso no es un fichaje más, sino una declaración de principios.
El final de una etapa nunca es un simple comunicado cuando se trata de un club que ha hecho de la resistencia, la identidad y la supervivencia una forma de vida. La salida de Javier Aguado como primer entrenador del Madrid CFF no es solo el cierre de un ciclo deportivo, es el punto y seguido de una historia construida en silencio, sin focos, sin presupuestos deslumbrantes y sin red, pero con una idea clara de competición, de pertenencia y de dignidad futbolística. En un ecosistema cada vez más polarizado como el de la Liga F, donde la brecha entre los grandes proyectos y los clubes de estructura modesta se ensancha temporada tras temporada, el paso de Aguado por el banquillo del equipo afincado en Fuenlabrada debe analizarse desde una perspectiva profunda, contextualizada y honesta, porque su rendimiento no puede medirse únicamente en resultados puntuales, sino en la capacidad del equipo para sostenerse, competir y mantenerse fiel a una identidad reconocible en condiciones estructuralmente adversas.
Javier Aguado aterrizó en el Madrid CFF en un contexto complejo, heredando un club que había logrado consolidarse en la élite del fútbol femenino español a base de trabajo, ingenio y una gestión deportiva extremadamente afinada. El Madrid CFF no es un club diseñado para dominar, sino para sobrevivir en un entorno hostil, donde cada temporada es un ejercicio de reinvención. En ese marco, el rendimiento de un entrenador no se evalúa por títulos ni por clasificaciones europeas, sino por su capacidad para maximizar recursos, potenciar futbolistas, construir un equipo competitivo y evitar que la realidad presupuestaria se traduzca en una condena deportiva. Aguado asumió ese reto desde el primer día, con una idea clara de orden, pragmatismo y adaptación constante.
Desde el punto de vista estrictamente competitivo, el Madrid CFF de Javier Aguado fue un equipo reconocible. No siempre brillante, no siempre vistoso, pero sí consistente en su planteamiento. La prioridad fue, desde el inicio, dotar al equipo de una estructura sólida que le permitiera competir cada partido con opciones reales de sumar puntos, independientemente del rival. En una liga donde muchos equipos modestos se ven arrastrados a propuestas defensivas extremas o a renuncias excesivas, el Madrid CFF de Aguado encontró un punto intermedio: defender bien sin dejar de competir con balón cuando el contexto lo permitía.
El rendimiento defensivo fue uno de los pilares fundamentales de su etapa. Aguado construyó un equipo que entendía muy bien las distancias entre líneas, que sabía cuándo replegar y cuándo saltar a la presión, y que rara vez se descomponía de manera colectiva. Incluso en partidos ante rivales de enorme potencial ofensivo, el Madrid CFF mostró una capacidad notable para mantenerse dentro del partido durante muchos minutos, evitando goleadas estructurales y compitiendo hasta el tramo final. Esto no es un dato menor en un campeonato donde la diferencia de talento individual puede traducirse en resultados abultados si no existe una organización sólida.
La evolución del equipo a lo largo de las temporadas bajo la dirección de Aguado también es un aspecto clave para valorar su rendimiento. Lejos de estancarse, el Madrid CFF mostró fases de crecimiento, especialmente en la comprensión del juego con balón. Sin disponer de grandes perfiles creativos de manera constante, el equipo fue capaz de articular ataques coherentes, de encontrar salidas limpias desde atrás en determinados contextos y de aprovechar con inteligencia las transiciones ofensivas. La verticalidad, bien entendida, fue una de las señas de identidad del equipo, no como recurso desesperado, sino como herramienta estratégica.
El trabajo de Aguado con plantillas profundamente condicionadas por la rotación constante de jugadoras es otro de los grandes indicadores de su rendimiento. El Madrid CFF ha sido históricamente un club vendedor, un trampolín para futbolistas que, tras rendir a buen nivel, daban el salto a proyectos con mayor capacidad económica. Cada verano suponía una reconstrucción casi completa del equipo, obligando al cuerpo técnico a empezar de nuevo, a integrar perfiles jóvenes, a acelerar procesos de adaptación y a competir sin margen de error. En ese contexto, mantener al equipo fuera de los puestos de descenso y, en muchos momentos, en una zona relativamente tranquila de la clasificación, es un mérito considerable.
La gestión de jugadoras jóvenes fue uno de los aspectos más destacados del paso de Aguado por el club. Bajo su dirección, muchas futbolistas encontraron continuidad, confianza y un marco competitivo que favoreció su crecimiento. El Madrid CFF se consolidó como un espacio donde el talento emergente podía desarrollarse sin la presión extrema de los grandes clubes, pero con un nivel de exigencia alto. Aguado supo equilibrar la necesidad de resultados con la obligación estructural del club de apostar por perfiles jóvenes, algo que no siempre es compatible en una liga tan exigente.
Desde el punto de vista táctico, el rendimiento del equipo estuvo marcado por la flexibilidad. Aguado no fue un entrenador dogmático. Adaptó sistemas, alturas de bloque y comportamientos según el rival y el momento de la temporada. Se vieron defensas de cuatro y de cinco, mediocampos más físicos o más técnicos según las piezas disponibles, y distintas soluciones ofensivas para paliar la falta de gol en determinados tramos. Esta capacidad de adaptación es especialmente relevante en un equipo que no puede permitirse fichajes correctivos en invierno
El sábado 10 de enero, cuando el reloj marque las siete de la tarde y el invierno ya haya asentado su silencio sobre Sant Joan Despí, el Johan Cruyff volverá a convertirse en un escenario donde el tiempo parece comprimirse, donde pasado, presente y futuro del fútbol femenino español se dan la mano durante noventa minutos que siempre pesan más de lo que indica el calendario. FC Barcelona y Madrid CFF se citan en un partido que, más allá de la clasificación, encierra muchas de las tensiones emocionales, históricas y competitivas que han ido moldeando la Liga F Moeve en los últimos años. Un duelo que se podrá seguir a través de DAZN y Movistar+, pero que, como ocurre con los grandes encuentros, se juega también en la memoria colectiva de una competición que ha crecido a base de relatos como este.
El Barcelona llega al nuevo año con la obligación autoimpuesta de ganar siempre, una exigencia que no se negocia y que se ha convertido en parte estructural de su identidad. Líderes al cierre del parón navideño, las azulgranas han transitado la primera mitad del curso con la autoridad de quien sabe que cada partido es una reválida pública, un examen permanente frente a rivales que se miden contra el mejor equipo de Europa como si fuera una final. En el Johan Cruyff no se juega solo para sumar tres puntos; se juega para sostener una hegemonía, para reafirmar una manera de entender el fútbol que ha trascendido resultados y ha convertido cada encuentro en una declaración estética y competitiva.
Pero este Barcelona no llega intacto al regreso liguero. Las ausencias pesan, no solo en lo futbolístico sino en lo simbólico. Patri Guijarro, Salma Paralluelo y Aitana Bonmatí, nombres que definen una era, no estarán disponibles, y su sola mención basta para entender la magnitud del desafío. No es habitual hablar de un Barça sin el pulso de Patri en la base, sin la verticalidad eléctrica de Salma ni la inteligencia total de Aitana, una futbolista que ha elevado el concepto de centrocampista a una categoría casi filosófica. A ello se suma la duda de Cata Coll, una guardameta que representa la continuidad de una portería históricamente exigente y que ha sabido hacer suyo un puesto donde cada error se amplifica bajo el foco del favoritismo. El Barça, aun así, no se detiene. No puede. La estructura está diseñada para resistir, para reinventarse, para seguir avanzando incluso cuando algunas de sus piezas más brillantes faltan al tablero.
Enfrente estará un Madrid CFF que ha aprendido a vivir sin complejos, que ha hecho de la estabilidad y del trabajo silencioso una forma de competir contra cualquiera. Séptimas en la tabla, con 23 puntos y la mirada puesta en unos puestos europeos que no son una quimera sino una ambición razonable, las madrileñas llegan al Johan Cruyff en uno de los mejores momentos de su temporada. El triunfo antes de Navidad ante el Eibar en la Copa de la Reina no fue solo un billete a la siguiente ronda; fue una confirmación de carácter, una victoria trabajada que reforzó la idea de que este equipo sabe sufrir, sabe levantarse y sabe competir cuando el contexto se vuelve incómodo.
El Madrid CFF ha perdido solo uno de sus últimos cuatro partidos ligueros, una racha que no se construye por casualidad. Es el resultado de una propuesta coherente, de una plantilla que entiende lo que quiere su entrenador y de un grupo que ha encontrado en la regularidad su principal virtud. Javier Aguado ha dotado al equipo de una identidad reconocible, basada en el orden, en la solidaridad defensiva y en la capacidad de castigar al rival cuando se abren espacios. No es un equipo que viva de fogonazos; es un conjunto que crece partido a partido, que sabe leer los momentos y que no se descompone ante escenarios de máxima exigencia.
Y el Johan Cruyff lo es. Jugar allí implica asumir que el balón no será siempre propio, que la presión será alta, constante, casi asfixiante, y que cada error puede convertirse en una ocasión en contra. Pero también implica la oportunidad de escribir una página que no todos pueden firmar. El Madrid CFF ya sabe lo que es ganar al Barcelona. Aquella tarde del 21 de mayo de 2023, en el estadio Fernando Torres, permanece como un hito imborrable. No fue solo una victoria por 2-1; fue la demostración de que incluso los gigantes pueden caer, de que el fútbol femenino español tiene espacio para la sorpresa y de que la distancia entre proyectos, aunque real, no es insalvable cuando se conjugan convicción, orden y valentía.
Ese recuerdo flota inevitablemente en el ambiente, aunque nadie lo mencione en voz alta. Para el Barça, es una advertencia silenciosa: la historia no garantiza el futuro. Para el Madrid CFF, es una fuente de confianza: ya se ha hecho antes, se puede volver a intentar. No se trata de nostalgia ni de revancha, sino de la certeza de que los partidos se juegan, no se heredan. Cada balón dividido, cada transición, cada parada, construirá un relato nuevo, independiente de lo ocurrido hace casi dos años.
El contexto competitivo añade capas al enfrentamiento. La Liga F Moeve ha entrado en una fase donde cada jornada empieza a pesar doble. El margen de error se reduce, las dinámicas se consolidan y los objetivos se definen con mayor claridad. Para el Barcelona, ganar es una obligación que no admite matices. Cualquier tropiezo se analiza con lupa, se convierte en debate nacional y alimenta el discurso de quienes esperan una grieta en su dominio. Para el Madrid CFF, puntuar en el Johan Cruyff sería un golpe de autoridad, un mensaje claro a sus competidores directos y una inyección de confianza para afrontar la segunda mitad del curso con aspiraciones renovadas.
El partido se jugará, además, en un contexto emocional particular. El regreso tras el parón navideño siempre es un territorio incierto. Las rutinas se rompen, el ritmo competitivo se interrumpe y el primer partido del año funciona como un termómetro inmediato. No hay tiempo para ajustes progresivos. Desde el primer minuto, el Barcelona buscará imponer su circulación, su presión tras pérdida, su ocupación racional de los espacios. El Madrid CFF, por su parte, tratará de resistir ese primer envite, de no conceder ventajas tempranas y de encontrar, poco a poco, su sitio en el partido.
En este tipo de encuentros, los detalles adquieren una importancia capital. Una salida limpia desde atrás, una cobertura bien ejecutada, una falta lateral defendida con concentración absoluta. El Barcelona ha construido gran parte de su hegemonía desde la precisión, desde la capacidad de minimizar errores y maximizar virtudes. El Madrid CFF sabe que su margen es menor, que necesitará un partido casi perfecto para competir hasta el final. Pero también sabe que el fútbol no entiende de imposibles cuando se juega con convicción.
El Johan Cruyff, con su cercanía al césped y su atmósfera particular, amplifica cada acción. El público, acostumbrado a la excelencia, empuja sin estridencias pero con una exigencia constante. No es un estadio hostil, pero sí es un lugar donde el visitante siente que cada segundo sin balón es una prueba de resistencia mental. Para el Madrid CFF, gestionar esa presión será tan importante como cualquier planteamiento táctico.
A medida que avancen los minutos, el partido irá escribiendo su propio guion. Puede que el Barcelona encuentre pronto el camino al gol y trate de convertir el encuentro en un ejercicio de control. Puede que el Madrid CFF resista, se haga fuerte y logre llevar el partido a un terreno más incómodo, donde el paso del tiempo juegue a su favor. En cualquier caso, será un duelo de voluntades, de interpretaciones del juego y de estados de ánimo.
Más allá del resultado, este partido habla del momento que vive el fútbol femenino español. De una liga donde el líder convive con proyectos que crecen, que se organizan y que compiten con argumentos. De un campeonato que ya no se explica solo desde la superioridad de uno, sino desde la capacidad de los demás para desafiarla. Barcelona y Madrid CFF representan dos realidades distintas, pero complementarias, necesarias para que la competición siga avanzando.
Cuando el árbitro señale el final, el marcador dirá una cosa y la clasificación reflejará otra. Pero lo que quedará será la sensación de haber asistido a un nuevo capítulo de una historia en construcción. Un sábado de enero, a las siete de la tarde, en el Johan Cruyff, donde el fútbol femenino volverá a demostrar que su grandeza no depende solo de los títulos, sino de la capacidad de cada partido para contar algo que merezca ser recordado.
(Fuente: Getty Imágenes)
✨ Vuelve la Liga Profesional de Fútbol Femenino ✨
🏆 Liga F Moeve 2025-2026
🔥 F.C. Barcelona 🆚 Madrid CFF 🔥
⏰ 19:00 horario peninsular
📺 DAZN 1 (Dial 70)
🏟️ Estadi Johan Cruyff , Barcelona
(Fuente: Getty Imágenes)
#LigaFMoeve | #BarçaMadridCFF
Los onces |
Era su primer gol con el primer equipo. Un momento que jamás olvidará. La celebración, contenida pero emocionada, contrastaba con el cansancio del rival. El Johan respondió con un aplauso sincero. Porque incluso en una goleada descomunal, hay espacio para las historias personales.
El Barcelona llegaba a este encuentro con una aparente fragilidad que, paradójicamente, lo hacía todavía más temible. No estaban en el once inicial Mapi León, Cata Coll ni Ona Batlle, las tres con el alta médica en la previa pero resguardadas inicialmente en el banquillo. Tampoco figuraban en la convocatoria Laia Aleixandri ni Caroline Graham Hansen, y la enfermería seguía alojando nombres capitales como Aitana Bonmatí, Patri Guijarro y Salma Paralluelo.
Cualquier otro equipo habría acusado semejante lista de ausencias. Este Barcelona, no.
Porque el Barça femenino actual no es solo una suma de individualidades excepcionales. Es una estructura, una idea, un modelo de juego tan interiorizado que sobrevive a las lesiones y a las rotaciones. Un equipo que no necesita presentarse con todos sus cromos para imponer su ley. Un colectivo que ha convertido la excelencia en costumbre y la ambición en rutina.
Las cifras lo avalaban: 42 puntos sobre 45 posibles, una única derrota —el 1-0 en Zubieta ante la Real Sociedad— y la sensación permanente de que cada partido es una oportunidad para enviar un mensaje al resto de la competición. Además, el contexto competitivo empujaba: entre semana esperaba el Atlético de Madrid, en una jornada adelantada por la participación de ambos en la Supercopa de España en Castellón. No había margen para la relajación.
Enfrente, el Madrid CFF llegaba con la mochila cargada de orgullo, pero también con la crudeza de una Liga que no perdona errores ante los gigantes. El conjunto madrileño, históricamente reconocido como uno de los equipos que mejor presiona de la Liga F, afrontaba el duelo con la intención de competir, de resistir y, sobre todo, de no traicionarse a sí mismo.
Pero la distancia entre ambos proyectos, hoy por hoy, es abismal. No por falta de trabajo, ni de identidad, ni de compromiso en el club presidido por Alfredo Ulloa, sino por una realidad estructural que atraviesa al fútbol femenino español: presupuestos, profundidad de plantilla, capacidad de rotación y experiencia en la élite europea.
El reto era mayúsculo. Y el escenario, imponente. El Johan Cruyff, convertido ya en un teatro habitual de exhibiciones, acogía el partido con la sensación de que algo grande podía suceder. Lo que nadie imaginaba —ni siquiera los más optimistas culés— era la magnitud del vendaval que estaba a punto de desatarse.
Barcelona dejó claro que no había concesiones. Ritmo altísimo, posesión asfixiante, presión tras pérdida milimétrica y una voracidad ofensiva que no admite treguas. El plan de Pere Romeu fue ejecutado con una precisión quirúrgica.
El Madrid CFF apenas tuvo tiempo para asentarse. Cada intento de salida era abortado. Cada balón dividido caía del lado azulgrana. El equipo madrileño se vio obligado a correr detrás del balón, a defender muy cerca de su área y a resistir una marea que no dejaba respirar.
No había desconfianza en el Barça, pero sí respeto. Y el respeto, en este equipo, se traduce en no levantar el pie del acelerador.
Los primeros avisos llegaron pronto. Brugts y Alexia Putellas comenzaron a encontrar espacios, a probar desde fuera, a medir la resistencia visitante. El Madrid CFF sufría, reculaba, trataba de achicar agua. Pero las grietas empezaban a aparecer.
Corría el minuto 9 cuando el partido dio su primer giro definitivo. Un pase de Serrajordi encontró a Ewa Pajor, que atacó el espacio con determinación. La polaca encaró, regateó a Paola Ulloa y definió a placer para abrir la lata con el 1-0.
El Johan celebró, pero lo hizo con la naturalidad de quien sabe que aquello era solo el comienzo.
Lejos de gestionar la ventaja, el Barça apretó más. Quiso más. A los 20 minutos, Alexia puso un centro medido, Serrajordi lo peinó, Ulloa despejó como pudo… y de nuevo apareció Pajor, la depredadora del área, para empujar el balón casi sin querer, 2-0 y el golpe ya era serio.
Y apenas cuatro minutos después, emergió una de las historias más simbólicas de la tarde.
Carla Julià, lateral izquierda de formación, tuvo que actuar como extremo derecha por necesidades del guion.
Lejos de esconderse, la canterana firmó una acción de pura calidad. Ganó el balón, se inventó un caño delicioso y sacó un zurdazo imposible para Paola Ulloa para el 3-0 en el minuto 21.
Cada intento de reacción era sofocado antes de nacer. Cada balón recuperado se perdía casi de inmediato. El campo se inclinaba, y lo hacía de manera irreversible. El Barça había convertido el partido en un monólogo.
Un ejercicio de dominio absoluto en el que la pelota circulaba con velocidad, los apoyos aparecían siempre a tiempo y la presión tras pérdida funcionaba como una red que atrapaba cualquier conato de salida madrileña. No había espacios. No había pausas. No había refugio.
El cuarto golpe no tardó en llegar, y lo hizo de la forma más cruel para un equipo que ya estaba al borde del colapso. Una indecisión en la salida de balón del Madrid CFF fue castigada sin contemplaciones. Serrajordi, atenta, intensa y decidida, robó el balón, dejó atrás a Mónica Hickmann con un caño que simbolizaba el desajuste defensivo visitante y definió con un zurdazo seco y colocado para el 4-0 en el 25 de juego.
No era solo el marcador. Era la forma. El Madrid CFF ya no defendía con orden, sino por instinto. Achicaba agua como podía, pero cada despeje caía en pies azulgranas. Cada línea se hundía un poco más. El plan inicial había quedado pulverizado
El conjunto local era ya un auténtico huracán. El Johan Cruyff vibraba con cada ataque, consciente de estar presenciando algo extraordinario. Y en medio de ese torbellino apareció otra protagonista.
En la banda, el cuerpo técnico del Madrid CFF buscaba soluciones que no llegaban. El daño era estructural. El Barça atacaba por fuera y por dentro, con desmarques constantes, con llegadas desde segunda línea y con una movilidad que desbordaba cualquier intento de ajuste.
Lejos de bajar el ritmo, el Barcelona siguió acelerando. Y de nuevo Carla Julià fue protagonista. La joven futbolista, hiperactiva, incisiva y valiente, firmó una acción que simbolizaba su crecimiento futbolístico. Recibió, levantó la cabeza y puso un centro al corazón del área. Allí, como si el tiempo se detuviera, apareció Ewa Pajor.
La polaca conectó un remate de cabeza impecable, imposible para la capitana visitante. 5-0 en el minuto 37 del partido.
El Johan explotó de júbilo. Pajor celebró con rabia contenida. El Madrid CFF, mientras tanto, ya solo pensaba en que el descanso llegara cuanto antes.
Pero el Barcelona no estaba dispuesto a conceder ni un segundo de alivio. La conexión Serrajordi–Pajor volvió a aparecer, como una pesadilla recurrente para la zaga madrileña. Centro preciso de la catalana, desmarque perfecto de la polaca y remate a la jaula. 6-0. La manita ya era historia, pero el marcador seguía creciendo.
El tramo final del primer acto se convirtió en una sucesión de escenas difíciles de asimilar. Brugts, en el minuto 43, puso un centro que nadie llegó a tocar, pero que terminó directamente en el fondo de las mallas ante la estupefacción del banquillo visitante. El balón parecía guiado por una fuerza invisible en el 7-0.
Y cuando parecía que el descanso pondría fin al castigo, llegó uno de esos momentos que resumen la crueldad del fútbol.
El pitido que señalaba el final del primer tiempo fue casi un alivio. Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con una sensación inequívoca: el Barcelona había firmado una de las primeras partes más demoledoras de su historia, mientras que el Madrid CFF había sido arrollado por una realidad imposible de maquillar.
El marcador no solo reflejaba superioridad. Reflejaba una brecha estructural, un choque de mundos, un ejercicio de poder absoluto.
El descanso llegó como un refugio momentáneo para un Madrid CFF noqueado, que necesitaba algo más que instrucciones tácticas para recomponerse. El marcador era una losa, pero el fútbol —incluso en las tardes más crueles— siempre deja espacio para el orgullo, para el gesto simbólico, para la resistencia mínima que dignifica la derrota.
En el otro vestuario, Pere Romeu no se permitió la complacencia. El técnico azulgrana entendió que el partido ya no se jugaba solo en el resultado, sino en el mensaje. Y el mensaje del Barcelona en este 2026 era inequívoco: no se negocia la ambición.
El entrenador culé redefinió la defensa tras el descanso. Dio entrada a Ona Batlle y Mapi León, ambas saliendo de lesión. No era solo una cuestión de rotación o de carga de minutos; era una declaración de intenciones. El Barcelona quería seguir compitiendo como si el marcador estuviera en blanco, Sin embargo, el fútbol siempre guarda ironías.
Apenas cuatro minutos después de la reanudación, el Madrid CFF encontró un pequeño resquicio de luz en medio de la tormenta. Poljak ganó la partida a Batlle, atacando el espacio con decisión. El balón llegó a Nautnes, que se anticipó a Mapi León y batió a Font con frialdad. 7-1en el minuto 49.
Gol de Nautnes. Gol del Madrid CFF. ⚽️ 7-1 | ⏱️ 49’ | #BarçaMadridCFF
Fue el gol del honor. Un tanto que no cambiaba la historia del partido, pero sí ofrecía una imagen distinta del Madrid CFF: la de un equipo que, aun derrotado, no se rindió del todo. Durante unos instantes, el encuentro pareció entrar en una fase de pausa, casi de cortesía que duró muy poco. El Barcelona no tardó en recordar quién mandaba. Tres minutos después, una acción dentro del área terminó con un penalti cometido por Antonsdóttir sobre Carla Julià. La joven canterana, omnipresente durante toda la tarde, volvió a ser determinante.
Alexia Putellas asumió la responsabilidad. Serenidad, liderazgo y precisión. La capitana no falló y puso el 8-1 en el minuto 52. El Johan volvió a rugir. No había espacio para la duda ni para la compasión. El duelo seguía siendo desigual, sin paliativos.
Pasada la hora de juego, el partido abrió una ventana para los cambios. Entraron en el campo Ainoa Gómez y Martret, dos nombres llamados a dejar su huella en una tarde que ya era histórica.
El Barcelona no bajó el ritmo. Al contrario. Cada jugadora que ingresaba lo hacía con la determinación de quien sabe que está ante una oportunidad irrepetible.
La protagonista absoluta del partido seguía siendo Ewa Pajor. La delantera polaca firmó su cuarto gol tras una gran conducción de Kika Nazareth y un centro preciso de la portuguesa. Pajor atacó el balón con el instinto de las grandes goleadoras y lo envió a la red. 9-1 en el minuto 58.
Al borde de la hora de juego, cualquier atisbo de emoción había desaparecido. No era una cuestión de rivalidad. Era un ejercicio de poder.
La comparación era inevitable. Por la mañana, el Atlético de Madrid y la Real Sociedad habían ofrecido un vibrante 5-5, un partido lleno de alternativas, tensión y emoción. En el Johan, en cambio, el guion era otro. Aquí no había suspense. Solo una exhibición.
El minuto 68 dejó una de esas imágenes que justifican el fútbol más allá del marcador. Ainoa Gómez, canterana, aprovechó un balón suelto en el área tras un córner y lo envió al fondo de la red. 10-1.
La cuenta no se detuvo ahí. Sydney Schertenleib, que ya había marcado en la primera mitad, volvió a aparecer con un gran disparo desde dentro del área. El balón superó a Paola Ulloa, que poco más podía hacer en una tarde para el olvido por culpa del 11-1.
La penúltima escena llegó con la firma de Clàudia Pina. La atacante se unió a la fiesta con un testarazo potente, imposible para la guardameta visitante. El público cantó gol por última vez en la velada, cuando el reloj marcaba el minuto 81. 12-1.
Pudo haber llegado el decimocuarto. La canterana azulgrana estrelló una falta directa en la cruceta, en una de las últimas acciones del partido. No quiso entrar. Quizá el fútbol decidió poner un límite simbólico a una tarde que ya había cruzado todas las fronteras.
El Madrid CFF estaba exhausto. Cada llegada azulgrana era una amenaza real. La defensa, desbordada desde hacía mucho, ya solo podía esperar el final.
(Fuente: Liga F Moeve)
El pitido final certificó una de las mayores goleadas de la historia del Barcelona femenino. La segunda mejor marca del club. La tercera mejor de la Liga F Moeve.
(Fuente: Liga F Moeve)
📋 Ficha técnica |
FC Barcelona: Gemma, Paredes ( 45’ Mapi León), Sydney, Marta, Alexia (60’ Pina), C. Serrajordi (60’ Martret), Pajor, Kika, AÏcha (45’ Ona Batlle), Brugts (61’ Ainoa Gómez), Carla Julià.
Madrid CFF: Paola, Mendoza, Villafañe, Monica, Allegra (62’ Alba Ruiz), Marina (73’ Serrano), Marcetto, Hildur, Melgard, Nautnes, Sosa (62’ Freja).