
◼️ Russo y Mariona desatan la tormenta perfecta: el Arsenal aplasta al Leuven y cita al Chelsea en cuartos tras vencer en el Emirates por 3-1.
Publicidad de Disney Plus
La nueva serie original de Disney+, Si es martes, es asesinato, llegará en exclusiva a la plataforma el próximo 31 de marzo, consolidando la apuesta del servicio por la ficción española de alto nivel dentro del género de misterio y crimen. Protagonizada por Álex García, Inma Cuesta, Ana Wagener, Pedro Casablanc y Biel Montoro, la serie combina intriga, humor y tensión en un escenario tan reconocible como evocador: la ciudad de Lisboa, convertida en tablero de un enigma criminal que sacude las vacaciones de un grupo de turistas españoles.
Antes de su estreno en plataforma, la serie celebrará su presentación mundial en la 29ª edición del Festival de Málaga, que tendrá lugar del 6 al 15 de marzo. Si es martes, es asesinato se proyectará fuera de concurso dentro de las proyecciones especiales de la sección oficial, reforzando su posicionamiento como una de las apuestas más destacadas de la temporada en el panorama audiovisual español.
La producción está desarrollada en colaboración con el grupo LAZONA, responsable de éxitos como Ocho apellidos vascos, y cuenta con un sólido equipo creativo. La serie ha sido creada por Carlos Vila, artífice de Los misterios de Laura, y está dirigida por Salvador Calvo, ganador del Goya a Mejor Dirección por Adú y responsable de títulos como 1898. Los últimos de Filipinas, Valle de Sombras y La Fiera. La dirección se completa con Abigail Schaaff, conocida por su trabajo en El Ministerio del Tiempo. La cabecera de la serie, ya disponible junto con el póster oficial, ha sido creada con ilustraciones de Laura Pacheco, aportando una identidad visual distintiva y coherente con el tono de misterio de la ficción.
Rodada íntegramente en Lisboa, la serie aprovecha algunos de los enclaves más emblemáticos de la capital portuguesa como telón de fondo, integrando la ciudad en la narrativa como un elemento más del suspense. Además del reparto principal, el elenco se completa con intérpretes de reconocido prestigio como Luisa Gavasa, ganadora del Goya a Mejor Actriz de Reparto por La Novia; Carmen Ruiz; Belén López; Saida Benzal; Gorka Lasaosa; Xavi Lite; Carla Campra; Mia Zafra; Raquel Pérez; Álvaro de Juana y Sonia Castelo. La producción incorpora también talento portugués, con la participación de Paulo Pires y Adriano Carvalho, reforzando la autenticidad local del relato.
La trama arranca con un viaje organizado a Lisboa protagonizado por un variado grupo de turistas españoles que buscan disfrutar de una semana de descanso en un hotel con cierto aire decadente. Sin embargo, lo que prometía ser una escapada convencional se transforma abruptamente cuando uno de los viajeros aparece muerto al día siguiente de su llegada. El crimen desencadena una investigación improvisada por parte de cuatro miembros del grupo, apasionados de las novelas policiacas y los misterios, que deciden aplicar sus conocimientos detectivescos para descubrir quién está detrás del asesinato, incluso si el responsable pudiera encontrarse entre ellos mismos.
A medida que avanzan en sus pesquisas, los protagonistas deberán enfrentarse no solo a la policía local y a una creciente lista de sospechosos, sino también a la amenaza de ser expulsados del viaje y a los secretos personales que cada uno oculta. Con el tiempo en su contra y la presión de tener que abandonar la ciudad, el grupo se verá obligado a acelerar la resolución del enigma antes de que el asesino pueda escapar impune.
Con esta combinación de misterio clásico, tensión contemporánea y un entorno internacional cuidadosamente integrado en la narrativa, Si es martes, es asesinato se perfila como una de las propuestas más sólidas de la temporada en la ficción española, reforzando la estrategia de producción original de Disney+ y ampliando su catálogo con una historia que promete intriga, giros inesperados y un marcado componente coral.
Encuentro de ida |
El duelo al detalle |

Bajo un cielo plomizo, rasgado por ráfagas de viento que parecían bajar desde el norte de Londres con vocación de sabotaje, el templo del Arsenal Women volvió a latir en clave continental. No era una noche cualquiera de calendario europeo: era la confirmación de un estatus, la defensa de una corona, la administración de una ventaja que en el fútbol jamás se puede dar por descontada hasta que el árbitro decreta el final. El 4-0 logrado en Bélgica la semana anterior ante el OH Leuven Women había dibujado una eliminatoria aparentemente sentenciada, pero la historia de la UEFA Women’s Champions League está escrita con tinta de advertencias: ningún partido de vuelta es un simple trámite, ningún rival europeo se entrega antes de competir, ningún campeón puede permitirse la relajación cuando el escudo pesa lo que pesa.
La lluvia no fue un detalle ambiental: fue un personaje. Densa, persistente, incómoda. Golpeaba los rostros, empapaba las camisetas, aceleraba el balón sobre un césped que, por momentos, parecía más una pista de patinaje que un terreno diseñado para la precisión técnica. El viento añadía un elemento caótico, alterando trayectorias aéreas, traicionando cálculos defensivos, obligando a las porteras a recalibrar cada intervención. Era una noche de resistencia física y mental, una prueba de jerarquía competitiva. Y en ese escenario, el 3-1 final —7-1 en el global— no solo confirmó el pase a cuartos, sino que reafirmó la identidad de un equipo que entiende la Champions como un territorio propio y que ya vislumbra en el horizonte un duelo eléctrico frente al Chelsea Women, rival londinense, adversario histórico, examen de máxima exigencia.
Sin embargo, durante los primeros compases, el partido tuvo matices que desafiaron la narrativa cómoda del trámite.
El Leuven, liberado por la desventaja acumulada, decidió competir sin miedo. Más suelto, más valiente que en la ida, buscó presionar alto, incomodar la salida desde atrás, aprovechar cualquier error provocado por el viento traicionero. Y a los veinte minutos, el fútbol estuvo a punto de escribir un giro inesperado. Un balón largo, aparentemente controlable, descendió con una trayectoria alterada por la meteorología. Laia Codina midió mal el bote, quizá engañada por el efecto del viento, y Jada Conijnenberg leyó la oportunidad como lo hacen las delanteras que huelen sangre. Se filtró a la espalda de la defensa y se plantó sola ante Daphne van Domselaar. El estadio contuvo la respiración. El disparo fue firme, decidido, buscando el ángulo. Pero Van Domselaar se erigió en muralla: achicó con valentía, extendió el brazo en el momento exacto y desvió el remate con una intervención de puro instinto y técnica depurada. Aquella parada no alteró el marcador global, pero sí evitó que el encuentro entrara en una dimensión psicológica distinta. Fue un recordatorio de que las campeonas no solo atacan: también sobreviven.
El gol del Arsenal llegó poco después y tuvo la firma de la eficacia. La jugada nació desde la circulación paciente, moviendo al Leuven de lado a lado, obligándolo a bascular en un terreno pesado. El balón terminó en zona intermedia, en ese espacio incómodo entre lateral y central donde las delanteras inteligentes hacen daño. Alessia Russo atacó ese intervalo con determinación. Recibió perfilada, apenas necesitó un toque para acomodar el esférico y, ante la salida de Lowiese Seynhaeve, optó por la sorpresa. En lugar de buscar el palo largo, eligió el corto. Un disparo raso, potente, ejecutado con precisión quirúrgica, que se coló entre la guardameta y el poste. La lluvia aceleró la superficie del balón; la portera reaccionó tarde y se abrió la lata en el minuto 23 de la primera mitad por medio de una Alessia Russo que hizo el 1–0.
El 5-0 en el global. Fue un gol de lectura rápida, de mentalidad depredadora, de delantera que no necesita dos ocasiones para marcar. Russo no celebró con exageración: abrió los brazos, miró al cielo oscuro, consciente de que la tarea estaba encarrilada pero no terminada.
Lejos de hundirse, el Leuven respondió con dignidad competitiva. Tras la media hora, construyó su mejor secuencia ofensiva de la eliminatoria. Toques rápidos en tres cuartos, apoyos constantes, movilidad coordinada para desordenar la línea defensiva local. La acción culminó en los pies de Sara Pusztai, que encontró espacio en la frontal. El disparo fue más colocado que potente, buscando el rincón. Van Domselaar llegó a tocarlo, pero el balón, resbaladizo por la lluvia, se le escapó bajo el guante y terminó cruzando la línea y así se equilibró la balanza amén al 1–1 de Sára Pusztai en el minuto 29 del cara a cara.
Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con una renta global muy favorable para las británicas, pero aún restaban cuarenta y cinco minutos por delante en el Reino Unido.
El empate no alteraba el destino global, pero sí premiaba la valentía visitante y recordaba que la Champions castiga cualquier mínima imprecisión.
El encuentro entró entonces en un tramo espeso, condicionado por el estado del campo y la meteorología. Las combinaciones eran más difíciles, los controles exigían concentración absoluta, los centros se convertían en lotería aérea. En ese contexto, la jerarquía debía imponerse a través de detalles. Y el detalle decisivo llegó superada la hora de juego. Caitlin Foord, incisiva toda la noche, encaró por banda con potencia y determinación. Superó a su defensora, ganó línea de fondo y forzó el contacto dentro del área. El penalti fue claro. Sin protestas convincentes, sin dudas.
La ex culé, Mariona Caldentey, tomó el balón con una serenidad que contrastaba con la tormenta que azotaba el estadio. Colocó el esférico con cuidado, retrocedió los pasos reglamentarios, fijó la mirada en Seynhaeve. La carrera fue breve, el golpeo preciso: interior del pie, raso, ajustado al palo derecho. La portera se lanzó al lado contrario. La red volvió a vibrar con el 2–1 uen el minuto 65 de partido.
La arquera se lanzó al lado contrario. La red volvió a vibrar. 2-1. Un penalti ejecutado con maestría técnica y fortaleza mental, de esos que demuestran por qué las campeonas gestionan mejor los momentos críticos.
A partir de ahí, el Arsenal olió el cierre definitivo. El Leuven, desgastado física y emocionalmente, comenzó a conceder espacios.
Russo y Foord pusieron a prueba de nuevo a Seynhaeve, que evitó un marcador más abultado durante varios minutos.
Pero cuando el reloj se acercaba a los noventa, llegó el golpe final, la rúbrica estética. Balón en tres cuartos, recepción de Russo de espaldas. Control orientado con el muslo, giro eléctrico sobre su eje, un amague que dejó a la central descolocada. En un espacio mínimo, generó la ventaja. El disparo, cruzado y potente, salió desde el giro con una violencia técnica admirable y se incrustó en la red sin opción de respuesta para la guardameta visitante para que en el minuto 90 fuera Alessia Russo la que celebrase su doblete y instalara el definitivo 3–1 en este encuentro de vuelta.
El pitido final no trajo sorpresa, pero sí confirmó una narrativa: el Arsenal, incluso bajo lluvia y viento, incluso ante un rival que compitió con orgullo, supo gestionar la eliminatoria con profesionalidad y carácter.
El 7-1 global no es solo un número; es la expresión de una superioridad sostenida en dos partidos, de una plantilla que combina talento individual y disciplina colectiva, de un proyecto que entiende que cada ronda es un paso más hacia la defensa del título continental.
Ahora, el siguiente capítulo ya tiene nombre propio: Chelsea. Un duelo londinense en cuartos de final que trasciende lo deportivo, que mezcla rivalidad doméstica y ambición europea, que promete intensidad táctica y emocional. Si esta noche sirvió para algo más que certificar el pase, fue para recordar que las campeonas no negocian su identidad ni siquiera bajo tormenta. En condiciones extremas, cuando el viento desordena y la lluvia complica, sobreviven las que saben quiénes son.
Y este Arsenal, bajo el cielo oscuro de Londres, volvió a demostrar que en la Champions no compite para participar: compite para reinar.
Goles |
1-0 Alessia Russo 23’ ⚽️
1-1 Sára Pusztai 32’ ⚽️
2-1 Mariona Caldentey (P.) 63’ ⚽️
3-1 Alessia Russo 90’ ⚽️
Vídeo |



