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  • La crónica | Reparto de puntos en la lucha por la Champions

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El Costa Adeje Tenerife y la Real Sociedad empataron (1-1) en el Heliodoro Rodríguez López. Un duelo en el que adelantaron las locales con un tanto de Iratxe Pérez. A la media hora, Nahia Aparicio puso las tablas en el marcador. Claudia Florentino fue la MVP del partido.

    La previa |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Hay partidos que no necesitan un contexto artificial para elevarse. No requieren una épica impostada ni una narrativa forzada. Hay encuentros que, por la simple confluencia de trayectorias, ambiciones, estados de forma y escenario, se explican solos. El Costa Adeje Tenerife – Real Sociedad de este domingo pertenece a esa estirpe. A esa rara categoría de duelos que no solo ordenan una clasificación, sino que interpelan directamente al sentido profundo de una temporada.

    Porque lo que ocurre este domingo en el Heliodoro Rodríguez López no es solo un enfrentamiento entre el 4º y el 3º clasificado de la Liga F Moeve. No es únicamente una batalla por tres puntos. Es una declaración de intenciones. Un examen de madurez. Un cruce de caminos entre dos proyectos que ya no se esconden. Que ya no miran de reojo. Que ya no se conforman con competir bien.

    Aquí se juega Europa.
    Aquí se juega la Champions.
    Aquí se juega el derecho a soñar sin complejos.

    Hay estadios que imponen por su tamaño. Otros, por su modernidad. El Heliodoro Rodríguez López impone por algo mucho más difícil de medir: su peso simbólico.

    El fútbol femenino en Tenerife ha encontrado en este recinto un aliado, un refugio, un amplificador emocional. Cuando el Costa Adeje Tenerife pisa este césped, no juega solo. Juega con una isla entera detrás. Con una grada que entiende el proceso, que ha visto crecer al equipo, que ha acompañado cada paso desde la consolidación hasta la ambición declarada.

    Domingo, 13:00h peninsular. Mediodía en Canarias. Luz limpia. Césped perfecto. Un estadio que sabe que no todos los partidos son iguales, y que este no lo es.

    Porque el Heliodoro no acoge un partido más. Acoge una final anticipada por Europa.

    El Costa Adeje Tenerife llega a esta cita como 4º clasificado, con 29 puntos, a ocho de su rival, sí. Pero las cifras, desnudas, no cuentan toda la verdad.

    Porque este equipo, en este 2026, no conoce la derrota.

    Porque este equipo ha aprendido a competir desde la adversidad.
    Porque este equipo ha convertido la regularidad en identidad.
    Porque este equipo ha dejado de ser sorpresa para ser aspirante.

    Yerai Martín lo verbalizó con una frase que resume toda una filosofía:

    “Si queremos estar, el domingo tenemos que ser un equipo muy completo.”

    No hay consigna más clara. No hay mensaje más honesto. No hay trampa. El Costa Adeje no se engaña. Sabe que para mirar de frente a la Real Sociedad necesita perfección competitiva. Necesita atacar bien, defender mejor, sufrir juntos y golpear con convicción.

    Nombres que no son accesorios. Que forman parte del armazón del equipo. Que alteran planes, rotaciones, automatismos.

    Pero hay una noticia que se siente casi como un refuerzo: Fatou Dembele vuelve. Tras cumplir sanción, estará disponible ante las donostiarras. Y su presencia no es menor. Es físico. Es intimidación. Es lectura defensiva. Es liderazgo silencioso.

    Este Costa Adeje no se define por lo que pierde, sino por cómo se adapta. Yerai Martín ha construido un grupo capaz de reconfigurarse sin perder el alma. Capaz de competir con menos recursos pero con más cohesión y eso, en partidos como este, vale oro, seamos sinceros

    Enfrente, una Real Sociedad que llega como 3ª clasificada, con 37 puntos, tras un convincente 3-0 ante el Eibar. Un resultado que no solo suma, sino que refuerza confianza.

    El equipo de Arturo Ruiz ha dejado atrás cualquier atisbo de irregularidad. Ha encontrado estabilidad. Ha consolidado una idea. Ha aprendido a cerrar partidos. A gestionar ventajas. A dominar tiempos.

    La Real Sociedad ya no es promesa. Es realidad, pero tiene bajas claves como las de María Molina y Lezeta.

    Cuando acabe el partido, la clasificación se moverá. Pero más allá de los números, algo habrá cambiado.

    Si gana el Costa Adeje, el mensaje será claro: estamos aquí para quedarnos.
    Si gana la Real, la afirmación será contundente: este proyecto va en serio.
    Si hay empate, la tensión se prolongará… y la Liga F ganará en emoción.

    Pero nadie saldrá indemne, porque estos partidos dejan huella.

    El majestuoso Heliodoro Rodríguez López amaneció con esa luz que solo existe en las islas cuando el fútbol decide convertirse en algo más que un deporte. No era un domingo cualquiera. No lo era por la hora, por el rival ni por la clasificación, sino porque el Costa Adeje Tenerife y la Real Sociedad se habían citado en ese punto exacto de la temporada donde ya no valen los discursos de crecimiento ni las excusas de proceso. Allí, sobre el césped histórico del Heliodoro, se jugaba algo mucho más incómodo y mucho más hermoso: la posibilidad real de mirar a la Champions sin pedir permiso. El empate final, un 1-1 que dejó a ambos invictos en este inicio de 2026, no fue un resultado neutro. Fue un relato lleno de matices, de golpes emocionales, de momentos que pudieron cambiarlo todo y no lo hicieron, y de esa sensación amarga que solo aparece cuando sabes que has tenido una oportunidad histórica entre las manos… y se te ha escurrido entre los dedos.

    Y al final, cuando el balón eche a rodar y el Heliodoro respire fútbol femenino del grande, todo se reducirá a una verdad simple y brutal:

    Aquí no se juega solo un partido.
    Aquí se juega el derecho a mirar a Europa sin bajar la cabeza.
    Aquí se juega la identidad.
    Aquí se juega el futuro inmediato.

    Noventa minutos.
    Once contra once.
    Una isla frente a una ambición histórica.

    Que ruede el balón.
    Que hable el fútbol.
    Que el Heliodoro dicte sentencia.

    Porque hay domingos que no se olvidan y este promete ser uno de ellos.

    futbolista del Costa Adeje Tenerife Egatesa, Yerliane Moreno, continúa dando pasos firmes en su regreso a la dinámica competitiva del equipo. La centrocampista fue titular el pasado fin de semana frente al RCD Espanyol, después de haber sumado minutos previamente en casa ante el Athletic Club, mostrando una evolución positiva y consolidando su presencia en el centro del campo blanquiazul.
    La internacional venezolana afronta este tramo del curso con ilusión y ambición, con el objetivo de recuperar regularidad y asentarse nuevamente como una pieza importante en el esquema del técnico Yerai Martín.
    Los problemas físicos han sido uno de los principales obstáculos en su temporada, un reto tanto a nivel físico como mental, que Moreno está dejando atrás: “Son cosas que las futbolistas pasamos durante nuestra carrera deportiva, me ha tocado pasar a mí y ahora estoy intentando estabilizarme, volver a tener minutos y tener esa regularidad con el equipo que me va a ayudar a estar otra vez en mi máximo nivel”.
    Conocida como “La Pantera” por su garra, intensidad y carácter competitivo, la centrocampista también valoró su importancia dentro de la plantilla y lo que puede aportar al grupo ahora que vuelve a sentirse disponible:“Lo que siempre me ha caracterizado es el trabajo, la lucha, el lograr ganar esas segundas jugadas, esos balones sueltos y aportar mi granito de arena donde se pueda. Estoy a disposición del equipo y del cuerpo técnico para lo que sea necesario”.
    El Costa Adeje Tenerife Egatesa afronta este domingo un nuevo compromiso de máxima exigencia, recibiendo a la Real Sociedad a las 12:00 horas en el Heliodoro Rodríguez López. El conjunto tinerfeño, cuarto clasificado, se mide a un gran rival que actualmente ocupa la tercera posición de la tabla, en un duelo directo en la zona alta con tres puntos importantísimos en juego.
    Sobre este partido y la importancia de jugar en casa, con el apoyo de la afición, Yerliane destacó: “La Real Sociedad es un gran equipo, viene en una buena dinámica y no va a ser nada fácil el partido, pero confío en el equipo, estamos preparando el encuentro esta semana a conciencia y queremos sacar un buen resultado en nuestra casa”.
    Con muchas ganas de sumar minutos en el Heliodoro, la centrocampista blanquiazul reconoce sus ganas por disputar minutos delante de la afición tinerfeña: “Tengo muchas ansias por estar dentro del campo cuando juguemos en casa, siento como la gente me sigue apoyando a pesar de no haber jugado tantos minutos, siempre los escucho desde fuera y para mi eso significa mucha felicidad”
    En cuanto a los objetivos para lo que resta de temporada, Yerliane Moreno se muestra ambiciosa, pero con los pies en el suelo. “Para esta segunda vuelta pido que el equipo siga haciendo las cosas tan bien como hasta ahora, seguir sumando y estar en la parte alta de la clasificación es muy importante, con trabajo y sacando esa garra que nos caracteriza en cada partido. En lo personal, me gustaría conseguir esa estabilidad y conseguir jugar muchos minutos de aquí al final de temporada”.
    La futbolista confía en seguir sumando minutos que le permitan recuperar sensaciones y confianza, pasos clave para volver a ofrecer su mejor versión. Con trabajo, paciencia y la garra que la caracteriza, Yerliane Moreno continúa dando pasos firmes para volver a ser una pieza clave dentro de un Costa Adeje Tenerife Egatesa que quiere hacerse fuerte en casa y seguir creciendo junto a la afición blanquiazul.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El choque con aroma europeo |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🙌🏻 Partidazo

    🏆 Liga F Moeve | 2025-2016

    🔥 Costa Adeje Tenerife Egatesa 🆚 Real Sociedad de Fútbol 🔥

    🗓️ Domingo, 1 de febrero de 2026

    🕢 13:00 horario peninsular

    📺 DAZN

    📻 Atlántico Radio

    🏟️ Heliodoro Rodríguez López, Santa Cruz de Tenerife

    Los XI |

    El tropiezo del nuevo Atlético de Madrid de José Herrera en Alcalá de Henares (11) ante el Granada C.F. les puso en bandeja a guerreras y donostiarras aprovechar su duelo directo para eliminar, en caso de victoria, a las colchoneras de la pelea por acceder a la Copa de Europa el próximo curso, una situación que no se dio y da una vida extra a las madrileñas.

    Desde el primer instante el partido se presentó con una tensión soterrada, casi contenida, como si ambos equipos fueran conscientes de que un solo error podía tener consecuencias que trascendieran el marcador. La Real Sociedad fue la primera en enseñar los dientes, buscando profundidad y velocidad, obligando a Noelia Ramos a intervenir en la primera llegada visitante, una acción que resolvió con la seguridad de quien entiende perfectamente el contexto del partido, atrapando el balón sin conceder segundas oportunidades ni alimentar fantasmas. Fue una intervención sencilla en lo técnico, pero enorme en lo simbólico, porque sirvió para mandar un mensaje claro: el Heliodoro no iba a ser terreno blando.

    El Costa Adeje respondió pronto, empujado por su gente, por ese murmullo constante de grada que en Tenerife no aprieta con estridencia, pero sí con una fe inquebrantable. Patri Gavira se elevó en el área para cabecear un balón que se marchó fuera, pero que confirmó que las locales no iban a esconderse, que no iban a esperar, que habían salido al campo con la convicción de que este partido no se jugaba para sobrevivir, sino para disputarlo de tú a tú.

    Y entonces, apenas dos minutos después, llegó el momento que encendió el estadio y que durante muchos minutos pareció escribir un destino distinto. Natalia Ramos, con la pausa de quien entiende el fútbol como una conversación y no como un grito, conectó con Iratxe Pérez. La delantera recibió, se giró con inteligencia, leyó el espacio, y desde la frontal del área se sacó un disparo violento, seco, imposible de defender. Un zapatazo que no solo rompió la red, sino que rompió el guion previsto, porque ese gol no fue una casualidad: fue la materialización de una idea, de un equipo que sabe cómo atacar, que sabe cómo atraer, que sabe cómo golpear.

    El Heliodoro explotó. El Costa Adeje se ponía por delante en el duelo directo por la Champions, y durante unos instantes el sueño pareció adquirir una forma tangible al abrir la lata con el 10 en el minuto 17 que dio alas al representativo cámara antes del ecuador de la primera mitad, dejando un baile de la heroína Iratxe que no pasó inadvertido.

    Pero los partidos grandes nunca permiten la complacencia. Y la Real Sociedad, equipo hecho, maduro, competitivo, respondió como responden los conjuntos que están acostumbrados a estos escenarios. No hubo nervios, no hubo prisas. Hubo paciencia.

    Tras un saque de esquina, el balón quedó muerto en una zona peligrosa. Paula Fernández lo leyó antes que nadie, levantó la cabeza y encontró a Nahia Aparicio completamente sola. La central, con sangre fría impropia de quien juega tan cerca de su propia portería, recortó, ajustó el cuerpo y envió el balón al palo largo. Noelia Ramos voló, estiró todo lo que pudo, pero no llegó. El empate subió al marcador como un jarro de agua fría, pero también como una advertencia: la Real Sociedad no iba a conceder nada y el 11 subió al marcador sobre el minuto 29, a poco más de un cuarto de hora para el entretiempo.

    El partido entró entonces en una fase densa, cargada de duelos, de choques, de disputas que no siempre se veían, pero que se sentían. El Costa Adeje, lejos de venirse abajo, interpretó el empate como un estímulo. Antes del descanso apretó, subió líneas, creyó de nuevo. Y volvió a aparecer Iratxe Pérez, incansable, insistente, valiente. Tuvo en sus botas el segundo, pero el balón se perdió por el lateral de la red, como si el fútbol decidiera reservar ese margen de crueldad que distingue a los grandes partidos de los épicos. También Natalia Ramos probó fortuna a balón parado, con un lanzamiento de falta directa que se marchó fuera, recordando que no todas las intenciones se convierten en recompensa.

    El descanso llegó con el 1-1, pero también con la sensación de que el Costa Adeje había hecho méritos suficientes para algo más, mientras la Real Sociedad confirmaba su capacidad para sobrevivir en escenarios hostiles sin perder identidad.

    Tras la reanudación, el conjunto donostiarra intentó dar un paso adelante, consciente de que el empate, aunque no era un mal resultado, tampoco cerraba definitivamente la pelea. Klára Cahynová lo intentó desde lejos, pero su disparo se marchó completamente fuera, en una acción que simbolizó bien la segunda mitad: muchas intenciones, pocas grietas.

    Yerai Martín entendió que el partido pedía algo más y movió el banquillo con valentía. La entrada de Paulina Gramaglia y Sandra Castelló buscaba oxígeno, creatividad, presencia en campo rival.

    El Costa Adeje lo intentó de todas las formas posibles, pero se encontró con una Real Sociedad organizada, solidaria, casi quirúrgica en su manera de defender.

    La zaga donostiarra se mostró inexpugnable, cerrando líneas de pase, achicando espacios, negando cualquier resquicio de esperanza. Y en el centro de todo emergió la figura de Claudia Florentino, imperial, dominante, líder silenciosa, elegida con justicia como MVP del encuentro. Cada cruce, cada anticipación, cada despeje suyo fue un recordatorio de por qué estos partidos se deciden muchas veces lejos de las áreas contrarias.

    El Costa Adeje no dejó de creer. Sakina Ouzraoui lo intentó desde la banda con un envío que buscaba complicar a Alazne Estensoro, pero la guardameta atrapó el balón sin problemas, transmitiendo una serenidad que fue clave para sostener a su equipo en los momentos de mayor empuje local. Yerai Martín agotó sus opciones con la entrada de Violeta Quiles y Koko, quemando las últimas balas con la desesperación legítima de quien sabe que estos partidos no vuelven, que estas oportunidades no se repiten con facilidad.

    La última gran ocasión fue para Fatou Dembele. Un disparo lejano, valiente, cargado de fe, que se marchó por encima del larguero. Fue casi un símbolo. Un intento final que resumió todo el partido del Costa Adeje: coraje, ambición, entrega… y ese pequeño margen que separa la hazaña del empate.

    El pitido final dejó el marcador en tablas y la clasificación prácticamente intacta. La Real Sociedad se mantiene tercera con 38 puntos.

    El Costa Adeje Tenerife sigue cuarto con 30, unidades, es decir, un guarismos por encima del Atlético de Madrid, que acumula ya más de una decena de partidos sin ganar, pero aún está vivo en la lucha europea.

    El empate favoreció un poco más a las de San Sebastián que tiene un colchón de ocho puntos respecto al equipo insular, parecen ser muchos, pero esta superioridad de las Arturo Ruiz no se plasmó en el verde y podrían quedar cortos, se verá.

    Ambos equipos continúan invictos en este inicio de 2026, confirmándose como dos de los conjuntos más en forma de la Liga F Moeve, como proyectos sólidos, fiables, competitivos.

    Pero el fútbol no se mide solo en estadísticas. Se mide en sensaciones. Y para el Costa Adeje, este empate supo a oportunidad perdida. No por demérito, no por falta de ambición, sino porque durante muchos minutos el partido estuvo donde quería, porque el escenario era perfecto, porque el Heliodoro empujó, porque el gol llegó pronto, porque la Champions pareció asomarse por una rendija. Y cuando eso ocurre, cuando el fútbol te deja mirar tan de cerca, el empate duele un poco más.

    No es una derrota. No lo es. Pero tampoco es una victoria. Es ese punto intermedio que obliga a seguir, que exige no soltarse, que recuerda que los grandes sueños no se construyen en un solo día, sino en la suma de muchos domingos como este. El Costa Adeje no perdió. Pero dejó escapar algo intangible: la posibilidad de cambiar el relato de la temporada de un solo golpe.

    El Heliodoro se vació lentamente, con aplausos, con orgullo, con la certeza de que este equipo representa algo más que una posición en la tabla. Pero también con ese silencio final que acompaña siempre a las ocasiones que no vuelven. Porque el fútbol, como la vida, no siempre premia al que más lo desea.

    A veces solo deja constancia de que lo intentó. Y eso, aunque no llena vitrinas, construye identidad y el Costa Adeje Tenerife, pase lo que pase, ya la tiene.

    El Costa Adeje Tenerife Egatesa firmó así un empate intenso ante un rival directo, dejando buenas sensaciones por la actitud, el juego y la competitividad mostrada a lo largo de los 96 minutos de partido. El Heliodoro vibró con cada acción, celebrando el gol de Iratxe y la entrega de las blanquiazules hasta el último instante, próxima estación viajar a Fuenlabrada para jugar los cuartos de final de la Copa de la Reina frente al Madrid CFF y en deje mismo torneo , que es muy bello , la Real Sociedad se medirá al ONA en Zubieta.

    (Fuente: Costa Adeje Tenerife Egatesa)

    📋 Ficha técnica |

    Costa Adeje Tenerife Egatesa: Noelia Ramos, Fatou.D, Moreno (Koko Ange 86´), Paola H.D. (S. Castelló 58´), S. Ouzraoui (V. Quiles 80´), Aleksandra, N. Ramos, Clau Blanco; Elba; Iratxe (Gramaglia 58´), Patri Gavira
    Real Sociedad: A. Estenssoro, Florentino, Moraza, Apari, P. Fernández, Mirari, Lucía (N. Eizagirre 80´), Intza (Emma 80´), Lavogez (Andreia 61´), Cahynová, Aira (Cecilia 91´).

    Árbitra: Lorena del Mar Trujillano asistida por Nahia Alonso y Rocío López y como cuarta árbitra Andrea Piñana. Amonestaron a las locales con amarilla; Koko Ange (88´) y visitantes con amarilla: Andreia (70´)
    Incidencias: Decimooctava jornada de Liga F Moeve, disputado en el Heliodoro Rodríguez López ante 1.823 espectadores

    Goles |

    1-0 Iratxe Pérez 17’ ⚽️
    1-1 Nahia Aparicio 28’ ⚽️

    Vídeo |

  • La crónica | La Real Sociedad se lleva el derbi guipuzcoano y va a por más

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ El equipo txuri-urdin ganó por 3-0 a la SD Eibar para quedarse con el derbi guipuzcoano. Intza Eguiguren, Ane Etxezarreta, en propia puerta, y Eunate Astralaga, también en propia puerta, marcaron los tantos del cuadro donostiarra. Nerea Eizagirre fue la MVP del duelo para ampliar la ventaja por la tercera plaza.

    La previa |

    (Fuente: Liga F Moeve )

    En Zubieta no se juega solo un partido. Se pone en escena una forma de entender el fútbol, una identidad construida a base de paciencia, cantera y resistencia. La decimoséptima jornada de la Liga F propone un duelo que trasciende la clasificación: Real Sociedad y Sociedad Deportiva Eibar se citan en un enfrentamiento que es territorial, emocional y profundamente simbólico. Dos proyectos distintos, dos caminos hacia la élite, un mismo horizonte de legitimidad competitiva. Noventa minutos que no entienden de etiquetas ni presupuestos, sino de convicción.
    La decimoséptima jornada de la Liga F marca un punto de inflexión claro en el calendario. Superado el ecuador del campeonato, los equipos comienzan a mirarse en el espejo con mayor crudeza. Ya no hay margen para el autoengaño ni para las excusas estructurales. Cada punto empieza a tener valor doble: por lo que suma y por lo que evita que sumen los demás.
    En ese escenario, el duelo entre la Real Sociedad y el Eibar adquiere un significado especial. No se trata únicamente de un enfrentamiento entre dos equipos vascos. Es la colisión entre dos modelos que han sabido ganarse su espacio en la máxima categoría desde premisas distintas, pero con un denominador común: la fidelidad a una idea.
    La Real llega con la obligación silenciosa de mirar hacia arriba. El Eibar, con la urgencia estratégica de mirar hacia atrás sin perder la dignidad competitiva. Y entre ambos, una Liga F cada vez más exigente, más igualada en la zona media y más implacable con los errores.
    Hablar de la Real Sociedad femenina es hablar de continuidad. De un proyecto que no ha buscado atajos ni soluciones artificiales. Zubieta como epicentro, la cantera como columna vertebral y una progresión sostenida que ha llevado al equipo a consolidarse como uno de los conjuntos más fiables del campeonato.
    La Real ya no es una sorpresa. Tampoco una promesa. Es una realidad competitiva que se ha ganado el derecho a ser exigida. Y esa exigencia es, precisamente, el mayor reto de esta temporada.
    Llegada la jornada 17, la Real se encuentra en una posición que invita a soñar, pero también a ser prudente. El equipo ha mostrado solidez en casa, una notable capacidad para controlar los ritmos del partido y una mejora progresiva en la gestión de los finales cerrados.
    Sin embargo, también ha dejado entrever algunas fragilidades: dificultades para romper bloques bajos, dependencia de determinados perfiles creativos y momentos puntuales de desconexión defensiva cuando el partido se acelera.
    Este derbi llega, por tanto, como una prueba de madurez. No solo por el rival, sino por lo que exige el contexto: ganar cuando se espera que ganes.
    El campo de Zubieta no es un estadio al uso, pero se ha convertido en un espacio de identidad. Allí la Real se siente cómoda, reconocible, dominante. El césped, las dimensiones, el entorno: todo favorece un fútbol elaborado, paciente, de asociaciones cortas y presión tras pérdida.
    Ante el Eibar, esa condición de local debe traducirse en iniciativa desde el primer minuto. La Real sabe que el partido se jugará, en gran medida, en campo contrario.
    El Eibar femenino representa uno de los relatos más genuinos del fútbol femenino reciente. Un club acostumbrado a desafiar pronósticos, a convivir con presupuestos ajustados y a competir desde la organización y el compromiso colectivo.
    Su presencia en la Liga F no es un accidente. Es el resultado de una planificación coherente, de un vestuario convencido y de una estructura que ha sabido adaptarse a la máxima exigencia sin renunciar a su esencia.
    Llegados a este punto del campeonato, el Eibar vive en una zona de la clasificación que obliga a sumar con regularidad. Cada desplazamiento es una oportunidad y un riesgo. Cada partido, una final encubierta.
    El equipo ha demostrado que sabe sufrir. Que puede competir ante rivales superiores en teoría. Que entiende los partidos largos, los contextos incómodos y los escenarios de desgaste emocional.
    Ante la Real Sociedad , el Eibar no llegará a especular, pero sí a resistir. A incomodar.

    A convertir el partido en algo que no favorezca al rival.
    Si algo define al Eibar es su sentido del bloque. Las ayudas defensivas, la solidaridad en el esfuerzo y la claridad en los roles son rasgos constantes. No hay protagonismos excesivos. No hay jerarquías impostadas. Todo se construye desde el grupo.
    En un derbi como este, esa mentalidad puede ser un arma poderosa.
    Aunque no cuenta con décadas de historia, el enfrentamiento entre Real Sociedad y Eibar femenino ha ido cargándose de significado en cada temporada. No es un derbi de odio ni de confrontación extrema. Es un derbi de afirmación.
    Para la Real, supone reafirmar su estatus. Para el Eibar, demostrar que pertenece a este nivel. Para el fútbol vasco femenino, una oportunidad de visibilizar su crecimiento, su diversidad y su capacidad competitiva.
    Cada duelo entre ambos deja imágenes de intensidad, respeto y compromiso. Y eso, en sí mismo, ya es una victoria para la competición.
    La Real buscará monopolizar la posesión. Construcción desde atrás, laterales con recorrido, interiores que interpreten bien los espacios y una delantera móvil que permita generar superioridades entre líneas.
    La clave estará en la velocidad de circulación. Si el balón se mueve con fluidez, el Eibar sufrirá. Si el ritmo es previsible, el bloque armero se sentirá cómodo.
    Especial atención al juego por bandas, donde la Real suele encontrar profundidad y centros al segundo palo.
    El Eibar planteará un bloque medio-bajo, compacto, con líneas juntas y vigilancias constantes. El objetivo no será robar alto, sino cerrar pasillos interiores y forzar a la Real a jugar por fuera.
    En transición, el equipo buscará ataques rápidos, directos, sin demasiadas elaboraciones. Cada salida será oro.

    Después de habernos mudado temporalmente a Inglaterra para vivir la emoción de la Barclays Women Super League entre el London City y el Manchester City Women que terminó 1-2, no nos podíamos perder la habitual cita dominical con TEN TV para narrar lo que sucediera en el Estadio de Zubieta entre la Real Sociedad de Fútbol y la Sociedad Deportiva Eibar que estuvo, al más puro estilo vasco, pasado por agua.

    Los onces |

    El duelo en profundidad |

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    🔜 NEXT GAME

    🏆 Liga F Moeve

    😍 Temporada 2025-2026

    🔥 Real Sociedad de Fútbol 🆚 Sociedad Deportiva Eibar 🔥

    🗓️ Sábado, 24 de enero de 2026

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 TEN TV

    🏟️ Estadio de Zubieta, San Sebastián

    El fútbol, cuando es derbi, nunca empieza con el pitido inicial. Empieza mucho antes. Empieza en la piel, en la memoria compartida, en la manera en la que un estadio se prepara para latir distinto. Y así ocurrió en Zubieta, donde la Real Sociedad y el Eibar se reencontraron en un nuevo capítulo del derbi guipuzcoano femenino, un partido que no entiende de clasificaciones cuando el balón empieza a rodar, pero que sí sabe de símbolos, de identidad y de pertenencia.

    Antes incluso de que la pelota se colocara en el centro del campo, el encuentro ya estaba cargado de significado. Cecilia Marcos, una de esas futbolistas que representan la continuidad silenciosa de un proyecto, recibió una camiseta conmemorativa por sus 100 partidos defendiendo la elástica txuri-urdin. No fue un gesto protocolario más. Fue un reconocimiento a la constancia, al compromiso sostenido en el tiempo, a esa clase de futbolistas que no siempre ocupan titulares, pero sin las cuales no se entiende el crecimiento de un club. Cecilia recibió el aplauso sincero de su gente, de quienes la han visto crecer, caer y volver a levantarse con la misma camiseta puesta.

    Y acto seguido, el estadio guardó silencio. Un silencio profundo, respetuoso, de esos que pesan más que cualquier ruido. Un minuto de silencio en memoria de las víctimas de los accidentes ferroviarios, que convirtió el fútbol en lo que también sabe ser: un espacio común para el duelo, la memoria y la humanidad compartida. En ese instante, el derbi dejó de ser derbi. Fue comunidad. Fue respeto. Fue vida recordando a la ausencia.

    Con ese clima emocional, con esa carga simbólica previa, comenzó el partido. Y la Real Sociedad, dirigida por Arturo Ruiz, salió al césped como quien sabe que un derbi no se juega, se impone. Desde el primer minuto, las donostiarras mostraron una versión dominante, madura, consciente de su momento competitivo y de su posición en la tabla. Control del esférico, circulación paciente, amplitud por bandas y una presión alta que asfixiaba cualquier intento de salida limpia del Eibar.

    Las txuri-urdin no tenían prisa, pero sí intención. Y cuando un equipo junta esas dos virtudes, el partido suele inclinarse de su lado.

    El Eibar, dirigido por Iñaki Goikoetxea, trataba de resistir, de encontrar oxígeno en cada recuperación, de sostenerse desde el orden defensivo y la solidaridad colectiva. Pero el ritmo impuesto por la Real era alto, y el balón siempre parecía volver a los pies locales tras cada intento armero de sacudirse la presión.

    A los diecisiete minutos, el partido encontró su primer punto de inflexión. Una acción que resumió a la perfección lo que estaba siendo el encuentro. Nerea Eizagirre, la futbolista que entiende el juego con un segundo de ventaja sobre el resto, levantó la cabeza y vio lo que otras no ven. Un envío largo, medido, quirúrgico, encontró la carrera de Intza Eguiguren. La extremo controló con la naturalidad de quien sabe exactamente qué hacer antes incluso de recibir. Un solo toque. Eso fue todo lo que necesitó para superar a Eunate Astralaga y mandar el balón al fondo de la red para abrir la lata al firmar el 10 que hizo estallar de júbilo al respetable.

    No fue un gol de rabia ni de potencia. Fue un gol de lectura, de sincronía, de precisión. De esos goles que nacen en la pizarra, pero se ejecutan con alma. Intza celebró con rabia contenida, consciente de lo que significa marcar en un derbi, consciente de que esos goles se recuerdan distinto.

    La Real Sociedad, lejos de conformarse, olió la sangre. El segundo pudo llegar apenas unos minutos después en una jugada prácticamente calcada. De nuevo el espacio a la espalda, de nuevo la ruptura, de nuevo la sensación de que el Eibar sufría cada balón largo como si fuera una amenaza existencial. Lucía Pardo, muy activa en el frente de ataque, tuvo el 2-0 en sus botas, pero esta vez Eunate Astralaga respondió con una intervención decisiva, enviando el balón a saque de esquina y sosteniendo a su equipo en el partido.

    La guardameta armera empezaba a convertirse en una de las protagonistas involuntarias del encuentro. Porque cuando un portero acumula intervenciones en un derbi, suele ser síntoma de que algo no va del todo bien delante.

    Aún así, el Eibar resistía. Con sufrimiento, sí, pero aguantaba estoicamente bajo la lluvia.

    La Real seguía insistiendo, encontrando espacios entre líneas, cargando el área con determinación. Y de nuevo Lucía Pardo, la ex del Madrid CFF, estuvo a punto de ampliar la ventaja con un disparo desde dentro del área que parecía condenado al gol. Pero Carla Andrés, en un gesto defensivo de puro instinto, sacó el balón bajo la misma línea de gol, evitando que el marcador reflejara ya una diferencia mayor.

    Ese tipo de acciones también construyen partidos y construyen relatos.

    El descanso llegó con el 1-0 en el marcador, pero con la sensación de que la Real había sido claramente superior. Sin embargo, el fútbol —y más aún un derbi— rara vez responde a sensaciones. Responde a momentos. Y el Eibar salió en la segunda mitad con la intención de crear el suyo.

    Las armeras dieron un paso adelante tras el paso por vestuarios. Ajustaron líneas, apretaron un poco más arriba y comenzaron a disputar los duelos con mayor agresividad. El partido se equilibró durante algunos minutos, y el Eibar encontró su mejor ocasión en una acción que nació de la presión. Carmen Álvarez robó un balón a Nahia Aparicio y puso un centro tenso al segundo palo. Arene Altonaga no llegó a conectar el remate, pero sí lo hizo Laura Camino. El disparo de la futbolista cántabra se marchó fuera, pero fue un aviso. Un recordatorio de que el partido seguía vivo.

    La Real respondió como responden los equipos grandes: sin precipitarse. Mantuvo su estructura, su plan, su confianza. Y cuando el Eibar empezó a mostrar signos de desgaste, volvió a golpear.

    Emma Ramírez tuvo el segundo en una acción bien trabajada, pero de nuevo Eunate Astralaga apareció para sostener a las suyas. La portera estaba firmando un partido de mucho mérito, manteniendo a su equipo con opciones a pesar de la superioridad rival.

    Pero el fútbol, a veces, es cruel. Y otras veces, simplemente es fútbol.En una acción aparentemente inofensiva, Emma Ramírez, lateral del conjunto donostiarra, fue clave al meter un centro raso al área. Ane Etxezarreta, al intentar despejar, no pudo evitar que el balón se introdujera en su propia portería, dando pié a un autogol en el minuto 79 del duelo que era el 20 y ponía todo de cara para las locales.

    No hay peor golpe en un derbi que ese. Porque no es solo encajar un gol. Es encajarlo de esa manera. Es sentir que todo el esfuerzo previo se diluye en un instante desafortunado.

    La Real Sociedad ponía tierra de por medio con el dos a cero y el partido salvo milagro, comenzaba a decidirse.

    Iñaki Goikoetxea movió el banquillo. Dio entrada a Iara Lacosta, buscando una chispa, una épica tardía, algo que reenganchara emocionalmente al Eibar al encuentro. Pero las locales supieron gestionar los últimos minutos con inteligencia, con oficio, con la calma de quien sabe que tiene el partido donde quiere.

    Y aún hubo tiempo para más. A falta de dos minutos para el final, un centro de Cecilia Marcos —sí, la misma que había sido homenajeada antes del partido— se le escapó de las manos a Eunate Astralaga. La guardameta no consiguió atrapar el balón y la pelota terminó en el fondo de la red para celebrar el 30 ya sobre el 88 y nos dejó una imagen de impacto en la que la guardameta visitante se rompió la camiseta llena de impotencia y emuló a Hulk.

    El fútbol tiene estas ironías. Cecilia cerraba el partido con una acción decisiva en el día de sus 100 partidos. El círculo se completaba.

    El Eibar lo intentó en el tramo final, más con orgullo que con opciones reales. Pero no hubo tiempo para más. El pitido final certificó la victoria de la Real Sociedad, que se llevó el derbi guipuzcoano con autoridad, con fútbol y con una lectura madura del encuentro.

    Las de Arturo Ruiz festejaron por todo lo alto el hecho de que cada vez son un equipo más candidato a jugar en Europa el próximo año, acumula ya 37 unidades en su casillero particular por culpa de once victorias y dejan a la Sociedad Deportiva Eibar en una situación frágil al caer hasta la decimotercera posición en el torneo de la regularidad con 17 puntos.

    Las armeras piensan revertir la situación el próximo fin de semana al jugar nuevamente a domicilio contra el Badalona Women.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    Real Sociedad de Fútbol: Julia Arrula, Lucía, Apari, Moraza, Aiara, P. Fernández (E. Guridi, min. 83), Cahynová, Intza (Cecilia, min. 83), N. Eizagirre (cap.) (Florentino, min. 83), L. Pardo (Emma, min. 60) y Lavogez (Mirari, min. 76).

    SD Eibar: Astralaga, L. Camino, Etxezarreta (Patri Ojeda, min. 87), A. Belem, Carla, Garazi (Elena Valej, min. 87), Sara M., Altonaga (cap.) (Iribarren, min. 69), Adela, E. Moreno (Iara, min. 80) y Carmen Á. (O. Clement, min. 69).

    Árbitra: Ainara Acevedo. Ha amonestado a la local Lavogez y a la visitante Sara Martín con tarjeta amarilla.

    Incidencias: Partido entre la Real Sociedad de Fútbol y la Sociedad Deportiva Eibar que se corresponde con la decimoséptima jornada de la Liga Profesional de Fútbol Femenino que se ha celebrado en el Estadio de Zubieta sobre una superficie de hierba natural.

    Goles |

    1-0 Intza 17’ ⚽️
    2-0 Ane Etxezarreta (P.P.) 79’ ⚽️
    3-0 Eunate Astralaga (P.P.) 88’ ⚽️

    Vídeo |

  • La previa | Real Sociedad vs S.D. Eibar

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ Cuando el derbi se convierte en espejo: la Real Sociedad y el Eibar, frente a frente en una jornada que interpela al fútbol vasco.

    En Zubieta no se juega solo un partido. Se pone en escena una forma de entender el fútbol, una identidad construida a base de paciencia, cantera y resistencia. La decimoséptima jornada de la Liga F propone un duelo que trasciende la clasificación: Real Sociedad y Sociedad Deportiva Eibar se citan en un enfrentamiento que es territorial, emocional y profundamente simbólico. Dos proyectos distintos, dos caminos hacia la élite, un mismo horizonte de legitimidad competitiva. Noventa minutos que no entienden de etiquetas ni presupuestos, sino de convicción.

    La decimoséptima jornada de la Liga F marca un punto de inflexión claro en el calendario. Superado el ecuador del campeonato, los equipos comienzan a mirarse en el espejo con mayor crudeza. Ya no hay margen para el autoengaño ni para las excusas estructurales. Cada punto empieza a tener valor doble: por lo que suma y por lo que evita que sumen los demás.

    En ese escenario, el duelo entre la Real Sociedad y el Eibar adquiere un significado especial. No se trata únicamente de un enfrentamiento entre dos equipos vascos. Es la colisión entre dos modelos que han sabido ganarse su espacio en la máxima categoría desde premisas distintas, pero con un denominador común: la fidelidad a una idea.

    La Real llega con la obligación silenciosa de mirar hacia arriba. El Eibar, con la urgencia estratégica de mirar hacia atrás sin perder la dignidad competitiva. Y entre ambos, una Liga F cada vez más exigente, más igualada en la zona media y más implacable con los errores.

    Hablar de la Real Sociedad femenina es hablar de continuidad. De un proyecto que no ha buscado atajos ni soluciones artificiales. Zubieta como epicentro, la cantera como columna vertebral y una progresión sostenida que ha llevado al equipo a consolidarse como uno de los conjuntos más fiables del campeonato.

    La Real ya no es una sorpresa. Tampoco una promesa. Es una realidad competitiva que se ha ganado el derecho a ser exigida. Y esa exigencia es, precisamente, el mayor reto de esta temporada.

    Llegada la jornada 17, la Real se encuentra en una posición que invita a soñar, pero también a ser prudente. El equipo ha mostrado solidez en casa, una notable capacidad para controlar los ritmos del partido y una mejora progresiva en la gestión de los finales cerrados.

    Sin embargo, también ha dejado entrever algunas fragilidades: dificultades para romper bloques bajos, dependencia de determinados perfiles creativos y momentos puntuales de desconexión defensiva cuando el partido se acelera.

    Este derbi llega, por tanto, como una prueba de madurez. No solo por el rival, sino por lo que exige el contexto: ganar cuando se espera que ganes.

    El campo de Zubieta no es un estadio al uso, pero se ha convertido en un espacio de identidad. Allí la Real se siente cómoda, reconocible, dominante. El césped, las dimensiones, el entorno: todo favorece un fútbol elaborado, paciente, de asociaciones cortas y presión tras pérdida.

    Ante el Eibar, esa condición de local debe traducirse en iniciativa desde el primer minuto. La Real sabe que el partido se jugará, en gran medida, en campo contrario.

    El Eibar femenino representa uno de los relatos más genuinos del fútbol femenino reciente. Un club acostumbrado a desafiar pronósticos, a convivir con presupuestos ajustados y a competir desde la organización y el compromiso colectivo.

    Su presencia en la Liga F no es un accidente. Es el resultado de una planificación coherente, de un vestuario convencido y de una estructura que ha sabido adaptarse a la máxima exigencia sin renunciar a su esencia.

    Llegados a este punto del campeonato, el Eibar vive en una zona de la clasificación que obliga a sumar con regularidad. Cada desplazamiento es una oportunidad y un riesgo. Cada partido, una final encubierta.

    El equipo ha demostrado que sabe sufrir. Que puede competir ante rivales superiores en teoría. Que entiende los partidos largos, los contextos incómodos y los escenarios de desgaste emocional.

    Ante la Real, el Eibar no llegará a especular, pero sí a resistir. A incomodar. A convertir el partido en algo que no favorezca al rival.

    Si algo define al Eibar es su sentido del bloque. Las ayudas defensivas, la solidaridad en el esfuerzo y la claridad en los roles son rasgos constantes. No hay protagonismos excesivos. No hay jerarquías impostadas. Todo se construye desde el grupo.

    En un derbi como este, esa mentalidad puede ser un arma poderosa.

    Aunque no cuenta con décadas de historia, el enfrentamiento entre Real Sociedad y Eibar femenino ha ido cargándose de significado en cada temporada. No es un derbi de odio ni de confrontación extrema. Es un derbi de afirmación.

    Para la Real, supone reafirmar su estatus. Para el Eibar, demostrar que pertenece a este nivel. Para el fútbol vasco femenino, una oportunidad de visibilizar su crecimiento, su diversidad y su capacidad competitiva.

    Cada duelo entre ambos deja imágenes de intensidad, respeto y compromiso. Y eso, en sí mismo, ya es una victoria para la competición.

    La Real buscará monopolizar la posesión. Construcción desde atrás, laterales con recorrido, interiores que interpreten bien los espacios y una delantera móvil que permita generar superioridades entre líneas.

    La clave estará en la velocidad de circulación. Si el balón se mueve con fluidez, el Eibar sufrirá. Si el ritmo es previsible, el bloque armero se sentirá cómodo.

    Especial atención al juego por bandas, donde la Real suele encontrar profundidad y centros al segundo palo.

    El Eibar planteará un bloque medio-bajo, compacto, con líneas juntas y vigilancias constantes. El objetivo no será robar alto, sino cerrar pasillos interiores y forzar a la Real a jugar por fuera.

    En transición, el equipo buscará ataques rápidos, directos, sin demasiadas elaboraciones. Cada salida será oro.

    🔜 NEXT GAME

    🏆 Liga F Moeve

    😍 Temporada 2025-2026

    🔥 Real Sociedad de Fútbol 🆚 Sociedad Deportiva Eibar 🔥

    🗓️ Sábado, 24 de enero de 2026

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 TEN TV

    🏟️ Estadio de Zubieta, San Sebastián

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • La crónica | La Real Sociedad asalta Nervión

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️ El conjunto vasco venció por 0-2 al Sevilla Fútbol Club para mantenerse en la 3ª posición de Liga F Moeve con 34 puntos, seis por encima del cuarto clasificado. Esther Sullastres, en propia puerta, y Nerea Eizagirre, que fue la MVP del partido marcaron los tantos del cuadro txuri-urdin.

    A las 16:00 horas de este domingo 18 de enero, cuando el sol de invierno caiga oblicuo sobre el césped del Estadio Jesús Navas y la ciudad de Sevilla empiece a entrar en ese estado de calma tensa que precede a los grandes acontecimientos, el fútbol femenino español cerrará su fin de semana con un partido que, bajo una apariencia de jornada regular, esconde una carga competitiva, simbólica y clasificatoria enorme. Sevilla FC y Real Sociedad se enfrentan en un duelo que no solo mide dos proyectos consolidados de la Primera División, sino que se conecta de manera directa y casi inevitable con lo ocurrido apenas unas horas antes en otro punto del país: la contundente victoria del Costa Adeje Tenerife por 5-0 ante el Athletic Club. Un resultado que ha sacudido la zona alta de la tabla y que ha comprimido, hasta límites casi asfixiantes, la pelea por las posiciones que conducen a Europa, a la élite continental, a esa Liga de Campeones que ya no es un sueño lejano sino una posibilidad real para varios clubes que han decidido dejar de mirar hacia abajo y empezar a hacerlo hacia arriba.

    Porque este Sevilla–Real Sociedad no se juega en el vacío. Se juega con la clasificación en la mano, con el eco de los goles del Heliodoro aún resonando en los despachos y vestuarios, con la sensación de que cada punto empieza a pesar más que nunca y de que cada jornada es un pequeño punto de inflexión en una temporada que está alcanzando su madurez competitiva. El Tenerife, con su exhibición ante el Athletic, ha lanzado un mensaje nítido: está preparado para competir por algo más grande. Y ese mensaje interpela directamente a equipos como la Real Sociedad, que desde hace años coquetea con la élite y quiere dar el salto definitivo, y también al Sevilla, que ha construido un proyecto ambicioso, estable y reconocible, decidido a no resignarse al papel de comparsa en la lucha por los puestos nobles.

    El contexto es fundamental para entender la magnitud de este partido. El triunfo del Tenerife no es solo una goleada aislada; es una declaración de intenciones que reordena mentalmente la clasificación. El Athletic Club, rival directo en esa franja alta-media, ha quedado tocado, y eso abre una ventana de oportunidad para quienes sepan aprovecharla. En ese escenario, Sevilla y Real Sociedad saltan al campo sabiendo que los tres puntos no son solo tres puntos: son una respuesta, una reafirmación, una forma de decir “seguimos aquí” en una carrera en la que ya no basta con competir bien, sino que hay que ganar, y hacerlo con convicción.

    El Sevilla FC llega a esta cita con la necesidad de reaccionar. La derrota ante el Real Madrid CF por 2-0 en la última jornada fue un golpe duro, no tanto por el resultado en sí, comprensible ante uno de los gigantes del campeonato, sino por la sensación de que el equipo de David Losada no logró imponer su personalidad durante demasiados tramos del encuentro. Las sevillistas habían encadenado una serie de actuaciones sólidas que las habían colocado en una posición expectante, pero el tropiezo en Valdebebas recordó que, en esta liga, el margen de error es mínimo. Volver a la senda del triunfo no es solo una cuestión de puntos, sino de identidad, de recuperar esa confianza colectiva que se construye a partir del juego y de la competitividad.

    David Losada ha sido, desde su llegada, un arquitecto paciente. Ha moldeado un Sevilla reconocible, intenso, valiente, capaz de competir de tú a tú con prácticamente cualquier rival. Sin embargo, para este partido deberá hacerlo sin dos piezas importantes: Gemma Gili y Jassina Blom, ambas bajas confirmadas. La ausencia de Gemma Gili, futbolista de jerarquía, lectura táctica y capacidad para ordenar el centro del campo, supone un reto estratégico considerable. Su liderazgo silencioso, su capacidad para aparecer en los momentos clave y para equilibrar al equipo en fases de dominio rival no es fácil de sustituir. Jassina Blom, por su parte, aporta dinamismo, llegada y una energía constante que suele contagiar al grupo. Sin ellas, el Sevilla deberá reinventarse, encontrar nuevas sinergias y apoyarse aún más en el colectivo.

    Pero si algo ha demostrado este Sevilla es que sabe crecer desde la adversidad. El Jesús Navas se ha convertido en un fortín emocional, en un espacio donde el equipo se siente respaldado, donde la presión se transforma en estímulo. Las jugadoras saben que este es uno de esos partidos que definen temporadas, que marcan el pulso anímico de un grupo. Ganar a la Real Sociedad no sería solo un triunfo ante un rival directo; sería un golpe sobre la mesa, una manera de reivindicar que el Sevilla está preparado para luchar por algo más que la permanencia holgada.

    Enfrente estará una Real Sociedad que llega a Sevilla con la moral alta, pese al empate 5-5 frente al Atlético de Madrid en la última jornada. Aquel partido fue una montaña rusa emocional, un espectáculo ofensivo que dejó claro que el conjunto donostiarra tiene talento, carácter y una capacidad de respuesta admirable. Empatar cinco veces con uno de los equipos más poderosos del campeonato no es casualidad; es el reflejo de un equipo que cree en su idea y que no se rinde, incluso cuando el partido parece escaparse.

    Eso sí, la Real Sociedad afronta este duelo en un momento de transición. La salida de Edna Imade ha dejado un vacío evidente en la estructura ofensiva. Edna no solo aportaba goles; ofrecía profundidad, amenaza constante y una referencia clara en ataque. Sin ella, el equipo de Arturo Ruiz ha tenido que redistribuir responsabilidades, buscar nuevas soluciones y apostar por un juego más coral. Hasta ahora, la respuesta ha sido positiva, pero el desafío de Sevilla pondrá a prueba esa adaptación.

    Arturo Ruiz, joven técnico pero ya curtido en este tipo de escenarios, ha sido claro en su mensaje: “Vamos a intentar llevarnos los tres puntos en Sevilla”. No es una frase hecha. Es una declaración de intenciones que encaja con la filosofía de un entrenador que no concibe los partidos desde la especulación. La Real Sociedad quiere ser protagonista, incluso lejos de Zubieta. Quiere imponer su ritmo, su circulación, su capacidad para encontrar espacios entre líneas. Sin embargo, también tendrá que gestionar bajas importantes: María Molina y Maren Lezeta no estarán disponibles, lo que limita las opciones en determinadas zonas del campo y obliga a una gestión cuidadosa de los esfuerzos.

    La historia entre ambos equipos añade una capa más de profundidad al relato. Sevilla FC y Real Sociedad se han enfrentado en veintiún ocasiones, con un balance que refleja la igualdad y la rivalidad creciente: siete triunfos para las sevillistas, cuatro empates y diez victorias para el conjunto donostiarra. No es un historial desequilibrado; es una narrativa de alternancias, de partidos cerrados, de momentos decisivos. Cada nuevo enfrentamiento reescribe esa historia, añade un capítulo más a una rivalidad que, sin ser clásica, ha ido ganando peso específico en la última década.

    Y todo esto ocurre bajo la sombra alargada del 5-0 del Tenerife al Athletic Club. Ese resultado ha sido una sacudida en la clasificación y en la percepción general del campeonato. El Tenerife no solo ganó; dominó, convenció y se posicionó como un aspirante real a las plazas europeas. Para Sevilla y Real Sociedad, ese marcador actúa como un recordatorio incómodo: no hay margen para la complacencia. Mientras unos celebran, otros se ven obligados a reaccionar. La lucha por entrar en la Liga de Campeones, aunque aún lejana en términos matemáticos, ya se ha instalado en el imaginario colectivo de varios clubes, y cada partido se analiza desde esa óptica.

    El Athletic Club, derrotado de manera contundente, pierde terreno en esa carrera, y eso abre una puerta que alguien tendrá que cruzar. El Sevilla, con su proyecto en crecimiento, y la Real Sociedad, con su ambición histórica, saben que estos son los partidos que marcan la diferencia. No basta con competir bien contra los grandes; hay que ganar los duelos directos, hay que sumar de tres cuando el calendario ofrece estas oportunidades.

    El encuentro, además, se podrá seguir en directo a través de DAZN y Movistar+, lo que garantiza una visibilidad máxima y una atención mediática acorde a la importancia del choque. No es un detalle menor. La exposición, la narrativa, el relato que se construye alrededor de estos partidos también influye en la percepción de los proyectos. Ganar en un escenario televisado, con audiencia nacional, refuerza la identidad y el discurso interno de los clubes.

    Desde el punto de vista táctico, se espera un partido intenso, con fases muy diferenciadas. El Sevilla intentará aprovechar el empuje inicial, la energía del público y la verticalidad de sus transiciones. La Real Sociedad, por su parte, buscará controlar el ritmo, imponer su circulación y castigar cualquier desajuste defensivo. Las ausencias obligarán a ambos técnicos a ajustar piezas, a tomar decisiones que pueden ser determinantes. En partidos así, los detalles —una presión bien ejecutada, una acción a balón parado, un error no forzado— adquieren una relevancia casi desproporcionada.

    Pero más allá de lo táctico, este Sevilla versus Real Sociedad es un partido de estados de ánimo, de convicciones profundas. Es el tipo de encuentro que define discursos internos, que refuerza o cuestiona certezas. Para el Sevilla, ganar significaría confirmar que el tropiezo ante el Real Madrid fue solo un accidente en el camino. Para la Real Sociedad, sumar tres puntos en Sevilla sería una demostración de madurez, una prueba de que el equipo puede competir y ganar lejos de casa incluso en momentos de transición.

    Y todo ello se entrelaza con la imagen del Tenerife celebrando goles, con el Athletic intentando recomponerse, con la clasificación apretándose en la zona alta. La Primera División femenina vive un momento de efervescencia competitiva, y partidos como este son el mejor reflejo de esa realidad. No hay partidos de trámite. No hay jornadas inocuas. Cada encuentro es una pieza más de un puzzle complejo en el que todos luchan por posicionarse.

    Cuando el árbitro dé el pitido inicial en el Jesús Navas, no solo comenzará un partido; se activará una cadena de significados, de consecuencias que irán más allá de los noventa minutos.

    Sevilla y Real Sociedad jugarán por los puntos, sí, pero también por algo más intangible: por el derecho a sentirse parte de la conversación europea, por la legitimidad de soñar con la Liga de Campeones en una temporada en la que el Tenerife ya ha demostrado que los sueños, cuando se trabajan, pueden empezar a tomar forma de goleada.

    El duelo al detalle |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🏆 Liga F Moeve | Temporada 2025-2026

    😍 Duelo de la zona alta

    🔥 Sevilla Fútbol Club vs Real Sociedad de Fútbol 🔥

    ✨ Matchday 17 | Día de partido

    🗓️ Domingo, 19 de enero de 2026

    ⏰ 16:30 horario peninsular

    📺 DAZN

    🏟️ Estadio Jesús Navas, Sevilla

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Los onces |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El sol caía sobre la ciudad con esa luz engañosa que no quema pero pesa, una luz que se posa sobre el césped como si también quisiera ver el partido, como si supiera que hay tardes que no se juegan solo por tres puntos, sino por algo más profundo, algo que no siempre aparece en la clasificación pero que queda grabado en la memoria de quienes estuvieron allí y de quienes, incluso a kilómetros de distancia, sintieron que ese encuentro tenía algo distinto. Sevilla y Real Sociedad se miraban de frente, dos maneras de entender el fútbol, dos historias que se cruzan, dos ambiciones que no siempre se proclaman a gritos pero que se notan en la forma de pisar el campo, en la tensión de los primeros controles, en la forma en la que una portera ajusta los guantes o una capitana mira de reojo al banquillo antes del pitido inicial.

    Saltaron al terreno de juego con la idea clara de hacerse con los tres puntos, pero también con la certeza íntima de que nadie iba a regalar nada. El Sevilla, arropado por su gente, sabía que cada partido en casa es una batalla por la dignidad competitiva, por sostener el relato de un equipo que quiere crecer desde la resistencia y el orden. La Real Sociedad, el club txuri-urdin, llegaba con el poso de los equipos que se saben fuertes, que se saben en buena dinámica, que han aprendido a dominar los tiempos sin necesidad de acelerarlos, con esa calma peligrosa que solo tienen los conjuntos que se sienten seguros de su plan.

    Desde los primeros minutos quedó claro el guion inicial. La Real quiso mandar, quiso ser protagonista con balón, quiso instalarse en campo rival y convertir el partido en una sucesión de oleadas controladas. El Sevilla aceptó el desafío desde la solidez, desde la concentración, desde esa idea tan sevillista de resistir primero para elegir luego el momento de golpear. No había pasado demasiado tiempo cuando llegó la primera sacudida del partido, una de esas acciones que no acaban en gol pero que avisan, que anuncian que la tarde va a exigir atención plena.

    Un saque de esquina botado con intención, con rosca medida, con esa trayectoria que invita a la central a abandonar su zona y atacar el espacio. Claudia Florentino apareció desde atrás, poderosa, decidida, ganando la posición dentro del área. El remate fue limpio, franco, con todo el cuerpo acompañando el gesto, pero el balón se perdió por encima del larguero. No fue una ocasión cualquiera: fue una declaración de intenciones. La Real Sociedad había venido a jugar cerca del área, a hacer daño en acciones a balón parado, a demostrar que también sabe imponer su físico y su timing.

    El Sevilla no se descompuso. Siguió fiel a su estructura, con líneas juntas, con una vigilancia constante sobre las segundas jugadas. Pero la Real insistía. Otro córner, otra acción ensayada, otra pelota colgada con veneno. Esta vez fue Mirari quien se animó, la ariete que no duda cuando huele balón suelto. El remate salió mordido, tocó en Fatou Kanteh, desvió su trayectoria y obligó a la defensa sevillista a conceder otro saque de esquina. Era un asedio medido, sin estridencias, pero constante.

    Cecilia Marcos comenzaba a generar peligro por el costado, apareciendo entre líneas, girándose con inteligencia, obligando a la zaga local a bascular una y otra vez. Cada vez que recibía, el estadio contenía el aliento, consciente de que ahí había desequilibrio, pausa, último pase. En el otro lado del tablero, Rosa Márquez intentaba poner orden, darle sentido al juego de las hispalenses, conectar defensa y ataque, ser ese faro que permite respirar cuando el rival aprieta.

    Y entonces apareció ella. Esther Sullastres. Imperial. Atenta. Concentrada. Con esa serenidad que solo tienen las porteras que entienden el partido como un ejercicio de paciencia. Cada centro lateral encontraba sus manos o su voz, cada balón dividido tenía su grito de mando, cada acercamiento de la Real se topaba con la sensación de que para marcar había que hacer algo extraordinario. No bastaba con llegar; había que convencer al destino.

    La Real probó también desde fuera. Lucía Pardo armó la pierna con decisión, un disparo potente, seco, de esos que buscan sorprender, que buscan el bote traicionero. Pero la guardameta sevillista se quedó el remate con seguridad, sin alardes, sin conceder segundas opciones. Era su partido. Lo estaba sintiendo. Lo estaba jugando desde la cabeza antes incluso que desde los reflejos.

    Precisamente Lucía Pardo volvió a aparecer poco después, esta vez tras un envío al área que parecía llevar su nombre. El balón cruzó el área, buscó su desmarque, encontró su cuerpo, pero la zaga sevillista se mostró infranqueable. Cada despeje era una victoria pequeña, cada bloqueo un recordatorio de que el fútbol también se gana defendiendo.

    Así fueron cayendo los minutos, con la Real llevando la iniciativa y el Sevilla resistiendo con orgullo, con disciplina, con una solidaridad que se palpaba en cada ayuda defensiva. No hubo goles, pero hubo partido. No hubo celebración, pero hubo tensión. El pitido que marcó el final de los primeros cuarenta y cinco minutos llegó como un suspiro colectivo: 0-0 en el marcador, todo por decidir, todo abierto.

    El paso por vestuarios fue un punto de inflexión silencioso. Arturo Ruiz, desde el banquillo visitante, entendió que el partido pedía un matiz distinto, una chispa nueva, una variación que rompiera el equilibrio sin romper el plan. Decidió mover ficha. Intza entró por Lucía Pardo. Cambio de ritmo, cambio de perfil, cambio de amenaza. Pero el fútbol, caprichoso, no espera a que los entrenadores desarrollen sus ideas con calma.

    Nada más arrancar la segunda parte, llegó el golpe inesperado. Andreia Jacinto cayó lesionada. Un cambio obligado. Un contratiempo que obligaba a reajustar piezas sobre la marcha. Klára Cahynová entró en su lugar, asumiendo la responsabilidad con la naturalidad de quien sabe que los partidos importantes no avisan antes de exigirte.

    El Sevilla trató de estirarse, de ganar metros, de sacudirse por momentos el dominio vasco. Pero la Real no perdió la compostura. Siguió tocando, siguió esperando, siguió construyendo su oportunidad con paciencia de orfebre. El partido avanzaba hacia esa zona peligrosa en la que un detalle lo cambia todo, en la que un rebote, un mal despeje, una décima de segundo de duda puede decidirlo.

    Y entonces llegó la jugada que rompió el equilibrio, que alteró el relato, que convirtió la tarde en una historia que ya no podía contarse en voz baja. Cerca de la media hora de juego, Emma Ramírez metió una pelota dentro del área. No fue un centro espectacular, no fue una acción aislada de genialidad. Fue fútbol.

    Fue insistencia. Fue leer el momento. El esférico quedó suelto, flotando en esa tierra de nadie que separa la gloria del despeje salvador.

    Lo que ocurrió después pertenece a esa categoría de goles que no se celebran de inmediato porque antes hay un segundo de incredulidad. El disparo salió con intención, buscando portería, buscando premio. La pelota se estrelló en el palo, con ese sonido seco que paraliza el tiempo. El rebote fue cruel, caprichoso, injusto incluso. Golpeó en la espalda de Esther Sullastres, que había hecho un partido monumental, y terminó entrando en la portería para abrir la lata con el 01 en el minuto 61 de juego .

    No hubo error. No hubo fallo. Hubo mala fortuna. De esa que no entiende de méritos.

    El estadio se quedó mudo por un instante. La Real Sociedad de Fútbol celebró. El Sevilla miró al suelo. El fútbol había decidido inclinarse.

    gol no solo alteró el marcador, alteró el estado de ánimo del partido. Alteró las respiraciones, los gestos, las miradas que se cruzaban entre las futbolistas buscando una explicación que el fútbol nunca concede. Esther Sullastres permaneció unos segundos en el suelo, no por dolor físico, sino por ese impacto invisible que dejan los goles crueles, los que llegan después de haberlo hecho todo bien. Se levantó con dignidad, ajustó de nuevo los guantes, miró al frente. No había reproche en su gesto, solo la aceptación estoica de quien entiende que ser portera es convivir con la injusticia sin perder el carácter.

    La Real Sociedad, consciente de lo que acababa de suceder, entendió que ese era el momento exacto para dar un paso más.

    El cero a uno no era solo ventaja, era legitimación del plan. Era la confirmación de que la paciencia había tenido recompensa. Y como hacen los equipos que están en buena dinámica, no se conformaron. No bajaron el ritmo. No se refugiaron en el resultado. Buscaron el segundo con la misma naturalidad con la que habían buscado el primero.

    El Sevilla, herido pero no derrotado, trató de reaccionar desde el orgullo. Las sevillistas comenzaron a adelantar líneas, a arriesgar un poco más en la presión, a buscar envíos rápidos que rompieran la estructura visitante. Cada balón largo era una súplica, cada llegada al área una esperanza. Pero la Real Sociedad estaba cómoda. Se sentía fuerte. Se sentía madura.

    En medio de ese intercambio de intenciones llegó la polémica. Una acción dentro del área que levantó los brazos del banquillo visitante y encendió los murmullos en la grada. Una disputa, un contacto, una caída. El conjunto vasco pidió penalti con convicción, con la seguridad de quien cree haber visto la oportunidad de cerrar el partido desde los once metros. El tiempo se detuvo otra vez, esta vez no por un disparo al palo, sino por la espera.

    El Football Video Support entró en escena. La colegiada caminó hacia la banda, revisó la acción, la observó desde todos los ángulos. Fueron segundos largos, tensos, incómodos. El fútbol moderno tiene estas pausas que parecen eternas, estos momentos en los que el público ya no sabe si protestar, si esperar, si respirar. Finalmente, la decisión fue clara: no había penalti. El juego continuaría. La Real aceptó la resolución sin excesivo dramatismo. Sabía que el partido seguía estando donde quería.

    Y entonces apareció la futbolista que convierte los partidos buenos en partidos recordados. La líder silenciosa. La centrocampista que entiende el juego como un espacio para mandar incluso cuando no se toca el balón. Nerea Eizagirre, la MVP del partido, decidió que era el momento de dejar su firma.

    La jugada nació en la banda. Intza, recién ingresada, interpretó el espacio con inteligencia. No centró por centrar. Esperó el movimiento. Midió el tiempo. El envío fue tenso, preciso, dirigido al segundo palo, ese lugar al que llegan las que saben leer el fútbol antes que nadie. Y allí estaba Nerea. Llegando. Atacando el espacio con determinación. Golpeando el balón con el alma.

    El remate fue limpio, inapelable. No hubo rebote. No hubo fortuna. Hubo ejecución. El balón besó la red y el 02 subió al marcador como una sentencia allá por el minuto 72 de la contienda.

    Fue un gol de líder, de capitana emocional, de futbolista que entiende que los partidos importantes se cierran cuando el rival aún respira.

    La Real Sociedad celebró con contención, con abrazos sinceros pero sin estridencias. Sabían que habían hecho el trabajo. Sabían que habían sido superiores sin necesidad de humillar.

    Sabían que ese gol no solo valía tres puntos, sino una declaración de estatus. El Sevilla, mientras tanto, acusó el golpe. Dos goles en contra, uno cruel y otro definitivo, pesan como una losa en las piernas.

    Aún así, las sevillistas no dejaron de intentarlo. Empujadas por su público, por ese orgullo que no se negocia, buscaron recortar distancias en los minutos finales. Hubo centros, hubo llegadas, hubo intentos desesperados. Pero ya no era el mismo partido. La Real había bajado la persiana con oficio, gestionando el tiempo, leyendo cada situación con la serenidad de quien sabe que el reloj también juega.

    El pitido final llegó sin sobresaltos, pero con significado. Confirmó el triunfo de las de Arturo Ruiz, un triunfo trabajado, maduro, de equipo que ha aprendido a competir en escenarios complejos. La Real Sociedad seguía en buena dinámica, consolidada en la tercera posición de la Liga F Moeve con 34 puntos, seis por encima de su perseguidor. No era solo una cifra. Era una declaración de regularidad, de ambición sostenida.

    Mientras las jugadoras se saludaban, mientras el césped comenzaba a vaciarse de tensión, quedaba la sensación de haber asistido a algo más que un partido. Quedaba el recuerdo de Esther Sullastres, gigante incluso en la derrota. Quedaba el liderazgo de Nerea Eizagirre, marcando el camino. Quedaba la certeza de que hay equipos que crecen cuando el calendario aprieta.

    Cuando el estadio empezó a vaciarse y el murmullo se transformó en pasos dispersos, el partido seguía latiendo en el aire. Hay encuentros que acaban con el pitido final y hay otros que continúan durante horas, porque no se explican solo por el marcador, sino por todo lo que han puesto en juego. Este Sevilla–Real Sociedad pertenecía a ese segundo grupo. No fue un choque de fuegos artificiales ni un intercambio salvaje de golpes; fue una partida larga, estratégica, de esas que se deciden cuando una entiende mejor que la otra qué momento está viviendo.

    El Sevilla se quedó en el césped unos instantes más. Algunas jugadoras con las manos en las caderas, otras mirando al suelo, otras levantando la vista hacia la grada como buscando una respuesta que el fútbol no siempre devuelve. No había sensación de desastre, pero sí de oportunidad perdida. Porque el equipo había competido. Porque había resistido durante muchos minutos a uno de los conjuntos más sólidos del campeonato. Porque había tenido en Esther Sullastres a una guardiana extraordinaria que sostuvo el partido hasta que el azar decidió intervenir.

    La portera sevillista simbolizó como pocas la crudeza de este deporte. Noventa minutos impecables, una actuación de manual, y un gol encajado que no pertenece al error sino a la fatalidad. El balón que golpea el palo, rebota en la espalda y entra es una imagen que persigue, que se repite en la cabeza, que no se olvida fácilmente. Pero también es una imagen que define a quienes saben convivir con ella y seguir adelante. Sullastres lo hizo. Sin aspavientos. Sin dramatismo. Como se hacen las cosas importantes.

    Enfrente, la Real Sociedad caminaba con otro gesto. No de euforia desbordada, sino de satisfacción serena. La satisfacción de quien reconoce el valor de lo conseguido porque sabe lo difícil que es. Ganar fuera de casa, en un campo exigente, dominando sin imponerse a la fuerza, golpeando cuando el partido lo pide, es una señal inequívoca de madurez competitiva.

    El equipo de Arturo Ruiz no ganó porque tuviera más ocasiones claras, ni porque arrasara, ni porque desbordara. Ganó porque entendió el partido desde el primer minuto. Porque supo que el 0-0 inicial no era un problema. Porque aceptó que había que insistir sin desesperarse. Porque confió en que el fútbol, tarde o temprano, suele premiar a quien más tiempo permanece en campo rival con orden y paciencia.

    Y cuando el partido pidió decisiones, las tomó. El cambio de Intza no fue un gesto menor. Fue lectura. Fue comprensión del ritmo. Fue aportar una amenaza distinta cuando el Sevilla empezaba a encontrar cierta estabilidad. Y de esa decisión nació el segundo gol, el que cerró el encuentro, el que convirtió el dominio en victoria.

    El tanto de Nerea Eizagirre merece detener el tiempo. No solo por la ejecución, sino por lo que representa. Llegar al segundo palo, atacar el espacio justo, rematar con convicción cuando el partido se está jugando en los márgenes, es un gesto de futbolista grande. De esas que aparecen cuando hay que aparecer. De esas que no necesitan acumular protagonismo durante todo el partido para ser determinantes cuando llega el momento exacto.

    Nerea no solo marcó un gol. Firmó un liderazgo. Confirmó su estatus. Demostró por qué es la brújula emocional y futbolística de esta Real Sociedad que ha dejado de ser promesa para convertirse en realidad sostenida. No es casualidad que fuera la MVP. Hay premios que no necesitan explicación.

    El contexto engrandece aún más el triunfo. Tercera posición de la Liga F Moeve. Treinta y cuatro puntos. Seis de ventaja sobre su perseguidor. No es una cifra aislada. Es una fotografía del momento. Es la constatación de que este equipo ha construido algo sólido, reconocible, respetado. Que ya no se habla de la Real Sociedad como sorpresa, sino como actor principal. Que cada jornada suma no solo puntos, sino credibilidad.

    Y en ese crecimiento hay una palabra que define el partido de Sevilla: continuidad. La Real no fue brillante a ratos y ausente a otros. Fue constante. No tuvo picos exagerados ni valles profundos. Supo que el partido era largo y lo jugó como tal. Esa es una virtud que solo se adquiere con experiencia y con convicción en la idea.

    Para el Sevilla, el encuentro deja lecturas duras pero necesarias. La sensación de haber hecho muchas cosas bien y no haber obtenido recompensa es una de las más difíciles de gestionar. Pero también es una señal de que el camino no está equivocado. Competir así contra uno de los equipos más en forma del campeonato no es un accidente. Es una base. Es un punto de partida.

    El fútbol femenino, además, gana cuando se juegan partidos así. Intensos, tácticos, con respeto mutuo, con protagonistas claras, con narrativas que van más allá del resultado. Porque estos encuentros construyen memoria colectiva. Construyen referentes. Construyen historias que se cuentan después, cuando ya no importan tanto los puntos, sino lo que se aprendió en el proceso.

    Y al final, cuando todo se apaga, cuando el césped vuelve a ser solo césped y las camisetas regresan al vestuario, queda una imagen grabada. La Real Sociedad marchándose de Sevilla con paso firme, con la sensación de haber superado una prueba más en su camino. Y el Sevilla quedándose con la certeza de que, incluso en la derrota, hay partidos que te hacen crecer.

    Porque el fútbol no siempre premia al que más lo merece. Pero siempre deja huella en quien lo entiende.

    Y este partido, jugado sin alardes pero con verdad, quedará como uno de esos encuentros que explican una temporada. De esos que, cuando todo termine, alguien recordará y dirá: ahí, en Sevilla, la Real Sociedad confirmó que estaba preparada. Y el Sevilla demostró que no se rinde, ni siquiera cuando el destino decide jugar en contra.

    Así se escriben las historias que no necesitan épica impostada.
    Así se construyen los equipos que aspiran a algo más.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    Sevilla Fútbol Club: Sullastres, Débora, Alice (Hagel, 91’), Isa Álvarez, Raquel (Andrea Álvarez, 83’), Alicia, Iris (Júlia Torres, 83’), Rosa Márquez, Cortés (Esther, 62’), Inma Gabarro y Kanteh (Wifi, 83’).

    Real Sociedad de Fútbol: Estensoro, Florentino, Moraza, Apari, Paula Fernández, Lucía Pardo (Intza, DES), Andreia Jacinto (Cahynová, 51’) Emma (Guridi, 83’), Lavogez, Cecilia Marcos (Aiara, 69’) y Mirari.

    Incidencias: Encuentro correspondiente a la jornada 16ª de la Liga F, disputado en el Estadio Jesús Navas de la Ciudad Deportiva José Ramón Cisneros Palacios de Sevilla sobre una superficie de hierba natural.

    Goles |

    0-1 Esther Sullastres (P.P.) 61’ ⚽️
    0-2 Nerea Eizaguirre 72’ ⚽️

    Vídeo |

  • La crónica | Locura en un duelo de infarto entre campeonas

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬜️ ¡Tablas! El Atlético de Madrid y la Real Sociedad empataron 5-5 en un duelo de poder a poder que engrandece la Primera División Femenina.

    La previa |

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    El Atlético de Madrid llega a esta batalla en la 4ª posición de la Liga F Moeve con 26 puntos, sabiendo que una victoria no solo le permitiría recortar distancias, sino también lanzar un mensaje de autoridad tras un mes de diciembre irregular en lo liguero. Las rojiblancas se fueron al parón navideño sin conocer la victoria en sus dos últimos compromisos de Liga, aunque sí con el orgullo intacto tras el triunfo en la tanda de penaltis ante el Alhama en la Copa de la Reina, una clasificación que sostuvo al equipo en la competición del KO y reforzó su carácter competitivo en momentos de máxima presión. El inicio de año supone, por tanto, un examen de madurez para un Atlético que sabe que estos partidos son los que definen temporadas y marcan jerarquías.

    Enfrente estará una Real Sociedad lanzada, tercera clasificada con 30 puntos, que también selló su billete para los cuartos de final de la Copa de la Reina y que llega a Madrid en uno de los mejores momentos de su curso. El conjunto dirigido por Arturo Ruiz ha encontrado una línea de regularidad y confianza que le ha permitido firmar una racha notable, con solo una derrota en sus últimos nueve encuentros, un dato que refleja la solidez y la fiabilidad de un equipo que ha sabido competir tanto en escenarios favorables como en contextos adversos. Para las donostiarras, ganar en casa de un rival directo supondría un golpe casi definitivo en la pelea por las plazas de privilegio.

    El mercado invernal también ha dejado su huella en ambos vestuarios, añadiendo un componente emocional y simbólico a la previa. En el Atlético de Madrid se ha producido la baja de Gaby García, mientras que la llegada de Priscilla Chinchilla representa una apuesta por reforzar el frente ofensivo y aportar nuevas soluciones a un equipo que busca reencontrarse con su mejor versión. En la Real Sociedad, el duelo estará marcado por las despedidas: Violeta Quiles ya no forma parte del proyecto y Edna Imade disputará su último partido como txuri-urdin, un detalle que añade un plus de emoción y motivación a un encuentro ya de por sí cargado de significado.

    El CTA de la RFEF ha estimado oportuno que la encarga de impartir justicia en este duelo sea Elena Peláez Arnillas, colegiada de 31 años que es natural de Palencia y pertenece al Comité Castellano-Leonés.

    Y como telón de fondo, la historia. Porque más allá del presente inmediato, los enfrentamientos entre Atlético de Madrid y Real Sociedad dibujan un relato que habla de hegemonía rojiblanca, pero también de resistencia y evolución donostiarra. Desde la temporada 2010/2011, ambos equipos se han visto las caras en numerosas ocasiones y el balance es contundente: 21 victorias del Atlético de Madrid, 6 empates y 8 triunfos de la Real Sociedad.

    Un dato que recuerda el peso histórico del conjunto madrileño en este cruce, pero que no garantiza nada cuando el balón empieza a rodar y el contexto es tan exigente como el actual

    Y como telón de fondo, la historia. Porque más allá del presente inmediato, los enfrentamientos entre Atlético de Madrid y Real Sociedad dibujan un relato que habla de hegemonía rojiblanca, pero también de resistencia y evolución donostiarra. Desde la temporada 2010/2011, ambos equipos se han visto las caras en numerosas ocasiones y el balance es contundente: 21 victorias del Atlético de Madrid, 6 empates y 8 triunfos de la Real Sociedad. Un dato que recuerda el peso histórico del conjunto madrileño en este cruce, pero que no garantiza nada cuando el balón empieza a rodar y el contexto es tan exigente como el actua

    Con todo ello sobre la mesa, el partido se presenta como mucho más que tres puntos: es una prueba de carácter, una oportunidad para marcar territorio y un capítulo clave en la carrera por estar entre la élite europea la próxima temporada. Noventa minutos de máxima intensidad, de detalles que deciden, de duelos individuales y decisiones colectivas que pueden inclinar la balanza de toda una campaña. El sábado, en Madrid, el fútbol femenino español vivirá uno de esos partidos que no se olvidan, de los que se juegan con la cabeza, el corazón y la historia empujando desde la grada.

    El duelo al detalle |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🏆 Liga F Moeve | Temporada 2025-2026

    🔜 NEXT GAME

    ✨ Duelo por Europa ✨

    🔥 Atlético de Madrid 🆚 Real
    Sociedad de Fútbol 🔥

    📅 Sábado, 10 de enero de 2026

    🤩 Matchday 15 | Día de Partido

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 TEN TV

    🏟️ Centro Deportivo Alcalá de Henares, Madrid

    (Fuente: “El Partido de Manu)

    Los onces |

    XI del ATM | Lola Gallardo, Medina, Lauren Leal , Silva Lloris, Alexia Fernández, Vilde Bøe Risa, Júlia Bartel, Fiamma Benítez, Jensen, Luany y Amaiur Sarriegui

    XI de la RSO | Julia Arrula, Ainhoa Moraza, Apari, Paula Fernández, Andreia Jacinto, Lucía Rodríguez, Intza, Emma Ramírez, Aiara, Cahynová y Edna Imade.

    La Liga F Moeve tenía razón cuando diseñó un cartel para promocionar este evento con un tablero de ajedrez en el que habían diferentes piezas sobre un techo con el logo de la Liga de Campeones Femenina, pues eso era lo que estaba en liza sobre el césped de Alcalá de Henares y parece que las jugadoras de ambos equipos lo sabían al regalarnos un partido de alto voltaje que pasa ya a los libros de historia de la Liga Profesional de Fútbol Femenino.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El club rojiblanco lleno de ausencias tras las salidas de Gaby y Ana, en la Real, la vuelta de Edna al Bayern por fin de cesión, volvían a la competición tras el parón navideño. En mención especial tenemos el debut de Priscila Chinchilla como nueva jugadora del Atlético de Madrid. 

    Antes del inicio de partido se guardó un minuto de silencio por la muerte en el sufragio de Indonesia, del entrenador de fútbol femenino del Valencia Club de Fútbol, Fernando Martín, tal y como había declarado la patronal para todos los compromisos que cerrarán esta primera vuelta.

    El adiós de Edna Imade a la Primera División Femenina será largamente recordado por todo lo que ha dejado antes de partir a Alemania para unirse al club que tiene sus derechos desde el pasado mercado estival, el Bayern de Múnich, que la ha repescado a mitad de año.

    Participando en ataque el Atlético de Madrid, se llevó un mazazo en los primeros minutos de juego cuando un centro al área de Aiara para la Real Sociedad de Fútbol fue la génesis de una acción desdicha en la que un fallo de comunicación entre Lauren Leal y Lola Gallardo a la hora de proteger el esférico provocó un mal despeje de la central brasileña que le entregó el balón a Intza, que no desperdició el regalo de la exjugadora del Madrid CFF para abrir la lata con el 0-1 en el 6 de encuentro.

    Las de Víctor Martín, no obstante, encajaron bien el golpe y se lanzaron a por el empate. Fiamma chutó alto a los diez minutos y Jensen no falló en un contragolpe. Recibió el balón de Bartel para romper a Lucía Rodríguez con una bicicleta finalizada hacia fuera con un espectacular zurdazo a la escuadra contraria que fue imposible para la guardameta visitante y el 1-1 hacía que todo volviera a empezar de cero en el minuto 11 para delirio de un grupo de peñas que se situaron en el único fondo del Centro Deportivo Alcalá de Henares que cuenta con grada.

    Había partido. Mucho más del que cualquiera de las personas asistentes a Alcalá pudieran imaginar en ese momento. 

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    La propia Jensen forzó una buena estirada de Arrula poco después y fue Luany la que aprovechó una mala entrega de Moraza a su portera para robar el cuero y subir el 2-1 al marcador en una acción de pilla de la exjugadora del Gremio para adelantar a las de Viti en el 23, pura samba.

    De nuevo un error en la defensa rojiblanca, en este caso Silvia Lloris dejaba sola a una jugadora rival sola en banda derecha que ponía un perfecto para una definición maravillosa de Edna Imade  para poner el empate con el 2-2 en el 29. Llegaba con un córner, aparentemente sin peligro que se envenenó en beneficio de la ariete guipuzcoana, todo estaba equilibrado.

    Si parpadeabas, te lo perdías. Moraza dio un pase en largo a Andreia, Lloris falló en el despeje y la portuguesa encontró a Emma en el extremo diestro, desde donde puso un centro delicioso que Edna, al primer toque, convirtió en gol. La delantera con orígenes Marroquíes y nigerianos ponía en ventaja al campeón de la Copa de la Reina en 2019 en el 31 de este primer encuentro de 2026.

    Las 22 protagonistas se marcharon al túnel de vestuarios con una entrevista a pie de campo con Lucía Rodríguez y el estreno del dron para enriquecer la cobertura que ofrecía en abierto Gol Play a través de la TDT y todo estaba pendiente de resolución de cara al segundo y definitivo acto en Álcala de Henares, pues la renta donostiarra era exigua.

    Tras la reanudación, no tardó en reaccionar el bicampeón de la Copa de la Reina gracias a un gol espectacular de Julia Bartel en una acción de pizarra a la salida de un córner que botó Vilde Bøe Risa y la nórdica se asoció velozmente con Alexia Fernández para que la exjugadora del Granada encontrase libre de marca a la centrocampista del Chelsea que marcó el 3-3 en el minuto 47.

    Amaiur Sarriegui y culminaba por fin la remontada del Atlético de Madrid, 4-3, desde la banda izquierda de Andrea Medina venía el peligro, intentó despejar la defensa rival que puso un caramelito a la española que enganchó con fuerza y acabó en la red, era el tanto con el que la dorsal veinte le pidió perdón a su ex, mientras el respetable agitaba las banderas que se habían repartido en los prolegómenos de un Centro Deportivo de Alcalá que estaba casi lleno.

    Festival de goles y no solo goles, sino de golazos, ponía distancia Jensen, con un doblete en el partido que hacía fuerte al Atlético de Madrid y ya estaban a dos goles de distancia amén del 5-3.

    Duró poco la alegría un minuto más tarde en el 65, la Real Sociedad ponía en el 5-4, la falta de comunicación en defensa puso la desesperación en un centro bajo que aprovechó Emma Ramírez para ajusticiar a Lola Gallardo prácticamente a renglón seguido, era el minuto 64 para dar esperanza a las de Arturo Ruiz que quería darle un disgusto a su ex equipo.

    Ante su despedida inminente de la Real Sociedad, Edna quería dejar huella hasta el final y vaya si lo aprovechó, el agujero que dejó Medina en banda, dejó a la jugadora de la Real Sociedad poner un centro, sola, rematado por Edna Imade , que hacía un hat-trick y ponía el empate en un tanteador que reflejaba un impresionante 5-5 en el minuto 78 que resultaría definitivo.

    Lola Gallardo también tuvo su momento de gloria cuando en el 89 sacó la mano para desviar a córner un potente chut de la propia Imade cuando el esférico ya se colaba

    La mañana estuvo llena de goles y es difícil de explicar para alguien que no haha visto el encuentro o no esté leyendo esta crónica, porque este partido fue único.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Con este empate a cinco, que se recomienda incluso ver en diferido a través de la app de DAZN, la Real Sociedad suma ya 31 unidades en su casillero en la despedida de la exjugadora del Cacereño y le sirve para mantener los cuatro guarismos de distancia con un Atlético de Madrid que aglutina 27 puntos en su casillero y ya piensa en el próximo duelo que le obliga a viajar a Cataluña para medirse ante el todopoderoso Fútbol Club Barcelona en el Johan Cruyff.

    • Ficha técnica |

    Atlético de Madrid: Gallardo (cap.), Alexia, Lloris, Lauren Leal (Xènia, min. 76), Medina, Bøe Risa (M. Portales, min. 76), J. Bartel, Luany (P. Chinchilla, min. 92), Fiamma, Jensen y Amaiur (Celia, min. 86).

    Real Sociedad: J. Arrula, Emma {Arola A., min. 70 (L. Pardo, min. 96)}, Lucía, Apari, Moraza (cap.) (Florentino, min. 89), Aiara, Cahynová, P. Fernández, Andreia, Intza (N. Eizagirre, min. 70) y Edna Imade.

    Árbitra: Elena Peláez. Ha amonestado a la local Medina y a la visitante Lucía Rodríguez con tarjeta amarilla.

    Incidencias: Partido correspondiente a la decimoquinta jornada de la Liga F Moeve 2025-2026 que han disputado el Atlético de Madrid y la Real Sociedad de Fútbol en el Centro Deportivo Alcalá de Henares sobre una superficie de hierba natural.

    Goles |

    0-1 Intza 6’ ⚽️
    1-1 Jensen 11’ ⚽️
    2-1 Luany Da Silva 24’ ⚽️
    2-2 Edna Imade 29’ ⚽️
    2-3 Edna Imade 32’ ⚽️
    3-3 Júlia Bartel 48’ ⚽️
    4-3 Amaiur Sarriegui 57’ ⚽️
    5-3 Jensen 64’ ⚽️
    5-4 Emma Ramírez 68’ ⚽️
    5-5 Edna Imade 79’ ⚽️

    Vídeo |

    https://youtu.be/tBAiDy5SIGI?si=m6kTH2IUwty2yLhK

  • Oficial | Atlético y Real Sociedad, dos convocatorias frente a frente: transición, identidad y una batalla que va mucho más allá de los tres punto

    (Fuente: Atlético de Madrid)

    ⬜️ Priscila Chinchilla se estrena con el conjunto rojiblanco y Edna Imade se despide del conjunto vasco.

    El duelo entre el Atlético de Madrid y la Real Sociedad se juega antes de saltar al césped. En las convocatorias de ambos equipos se esconden relatos de reconstrucción, de continuidad, de ausencias que pesan y de nombres que emergen para sostener proyectos con ambición.

    Dos listas que no solo anuncian un partido de Liga F, sino un choque de momentos vitales, de identidades bien definidas al y de caminos que se cruzan en plena exigencia competitiva.

    El enfrentamiento entre el Atlético de Madrid Femenino y la Real Sociedad se presenta como uno de esos partidos que explican una temporada entera, y las convocatorias de ambos equipos funcionan como un espejo perfecto de sus respectivos estados de ánimo. En el lado rojiblanco, la lista para este encuentro llega marcada por el empate 2-2 ante la SD Eibar, un resultado que dejó sensaciones ambiguas y que aceleró la necesidad de reajustar piezas en un equipo que vive en pleno proceso de transición. Las salidas de Gaby García, traspasada al América, y de Ana Vitória, rumbo al Corinthians, han cerrado dos etapas importantes en la estructura del vestuario, dejando vacíos que no se llenan únicamente con nombres, sino con tiempo, liderazgo y nuevos equilibrios. A todo ello se suma la lesión de larga duración de Gio Queiroz, una ausencia que ha golpeado directamente al plan ofensivo y ha obligado al club a reaccionar con rapidez. Ara

    En ese contexto aparece Priscila Chinchilla, incorporada para reforzar el ataque y ya integrada en la convocatoria como una solución inmediata más que como una apuesta a medio plazo. Su presencia simboliza la urgencia competitiva del Atlético, la necesidad de encontrar nuevas vías para amenazar en ataque y de recuperar la energía y la verticalidad perdidas. Junto a ella, el regreso de Alexia Fernández aporta experiencia y orden a una defensa que viene de sufrir y que deberá elevar su nivel ante un rival exigente. La continuidad de futbolistas jóvenes como Celia, Alba o Claudia confirma que el cuerpo técnico mantiene su apuesta por un bloque en crecimiento, mientras que la repetición de Luany en la lista refuerza la sensación de que ya no se trata de una aparición puntual, sino de una alternativa real en el frente ofensivo. La presencia de Miñambres completa una convocatoria diseñada para un partido largo, con necesidad de fondo de armario y capacidad de adaptación.

    En el otro lado del tablero, la Real Sociedad llega con una convocatoria que respira coherencia, estabilidad y fidelidad a un modelo que lleva años construyéndose. La presencia de Estensoro y Arrula en la portería garantiza seguridad y continuidad, mientras que una defensa liderada por nombres como Moraza, Claudia Florentino, Apari y Lucía Rodríguez refleja experiencia, solidez y un profundo conocimiento del juego. El centro del campo vuelve a ser el corazón del equipo txuri-urdin, con futbolistas como Emma Ramírez, Aira, Paula Fernández y Guridi sosteniendo el equilibrio, acompañadas por el talento joven de Jacinto e Intza y por la creatividad y jerarquía de Nerea Eizaguirre, auténtico faro del juego ofensivo.

    La convocatoria de la Real se completa con un ataque variado y lleno de matices, donde conviven la experiencia internacional de Lavogez, la potencia de Cahynová, la inteligencia de movimientos de Lucía Pardo y la frescura de Mirari, junto a la amplitud que aportan Cecilia Marcos y Arola Aparicio. Edna Imade emerge como uno de los nombres más peligrosos de la lista, una futbolista capaz de romper partidos desde la velocidad y el desborde, y que encarna a la perfección el perfil ofensivo de una Real Sociedad que sabe competir sin renunciar a su identidad.

    Así, el partido se dibuja como un choque de narrativas. El Atlético de Madrid, en plena reconfiguración, buscando respuestas inmediatas sin perder su ADN competitivo. La Real Sociedad, asentada en un proyecto sólido, confiada en su modelo y en una convocatoria que mezcla experiencia y talento joven con naturalidad.

    Dos listas que hablan de caminos distintos, pero que convergen en un mismo punto: la necesidad de competir, de imponer carácter y de demostrar que, más allá de las ausencias y los nombres propios, la identidad sigue siendo el arma más poderosa en la Liga F Moeve.

  • Oficial | Teledeporte emitirá el Atlético vs Athletic Club y el Barcelona – Real Madrid

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🟢 El canal temático de RTVE dará cobertura a duelo entre rojiblancas y al nuevo clásico del fútbol femenino español.

    El pasado 7 de enero de 2026, en la Ciudad del Fútbol de Las Rozas, la Real Federación Española de Fútbol, sorteó los duelos de cuartos de final de la Copa de la Reina Iberdrola.

    (Fuente: RFEF)

    En dicho evento quedaron algunos interrogantes por despejar amén de los horarios y la pertinente cobertura televisiva para ellos.

    El ente que preside Rafael Louzán ha emitido un comunicado de prensa en el que revela que los ocho emparejamientos resultantes contarán con cobertura televisiva, algo impensable hace tan solo unos cursos, lo que demuestra que el fútbol femenino si suscita interés.

    Hay competiciones que no se juegan solo con balón. Hay torneos que se disputan con memoria, con herencia, con el peso de los años y con la emoción de cada paso dado por quienes construyeron el camino antes. La Copa de S. M. la Reina Iberdrola es una de ellas. Un torneo que no entiende de rutina ni de previsión, que se alimenta de lo inesperado y que convierte cada eliminatoria en un relato único, irrepetible, profundamente ligado a la identidad del fútbol femenino español.

    Los cuartos de final ya están aquí. Y lo hacen con una hoja de ruta clara, definida, oficial, marcada por el sorteo celebrado el pasado 7 de enero, y visualizada en una imagen que resume lo que está por venir: escudos históricos, horarios señalados en rojo y la promesa de cuatro duelos que volverán a colocar a la Copa en el centro del escenario.

    Durante dos noches consecutivas, el miércoles 4 de febrero y el jueves 5 de febrero, los ocho equipos supervivientes del torneo saltarán al césped con un único objetivo: alcanzar las semifinales de la competición más antigua y simbólica del fútbol femenino nacional.

    Y lo harán con una certeza compartida: la Copa no se juega, se sobrevive.

    Hablar de la Copa de la Reina es hablar de las raíces del fútbol femenino español. Es hablar de un torneo que ha crecido en paralelo al propio desarrollo de la competición doméstica, que ha sabido adaptarse a los tiempos sin perder su esencia, y que hoy, bajo el paraguas de la RFEF y con el impulso de patrocinadores como Iberdrola, vive uno de sus momentos de mayor visibilidad y prestigio.

    Cada ronda es una ceremonia. Cada cruce, una oportunidad para reivindicar trayectorias, para ajustar cuentas pendientes o para abrir capítulos inéditos. Los cuartos de final no son una excepción. Al contrario: son el punto exacto donde la Copa se vuelve seria, donde ya no hay margen para el error y donde cada decisión pesa.

    En este contexto, la hoja de ruta ya está marcada. Los horarios, definidos. Las cámaras, preparadas. Y la audiencia, expectante.

    La competición arrancará el miércoles 4 de febrero, una jornada que abrirá el telón de los cuartos de final con dos partidos de enorme peso simbólico y deportivo. Dos enfrentamientos que resumen la diversidad, la riqueza y la intensidad del fútbol femenino español.

    El primer latido de los cuartos de final llegará desde Madrid. A las 18:30 horas, el balón echará a rodar en un duelo que respira tradición, carácter y respeto mutuo: Atlético de Madrid frente a Athletic Club.

    Dos clubes históricos. Dos formas de entender el fútbol. Dos escudos que no necesitan presentación.

    El Atlético de Madrid, uno de los grandes protagonistas de la Copa en la última década, afronta esta eliminatoria con el recuerdo aún fresco de noches coperas memorables. El conjunto rojiblanco ha hecho de este torneo un territorio reconocible, un espacio donde ha sabido crecer, competir y levantar títulos.

    Frente a él, el Athletic Club, emblema del fútbol femenino estatal, referencia indiscutible de cantera, identidad y fidelidad a un modelo propio. Las leonas llegan a los cuartos con la convicción de quien sabe que la Copa es un escenario donde su historia pesa y su camiseta impone.

    El duelo, además, podrá seguirse en directo y en abierto a través de Teledeporte, reafirmando el compromiso del ente público con el fútbol femenino y con una competición que forma parte del patrimonio deportivo nacional.

    Apenas media hora después, a las 19:00 horas, llegará el segundo duelo del miércoles. Un enfrentamiento que simboliza el crecimiento sostenido de proyectos consolidados en la élite: Madrid CFF frente a CD Tenerife Femenino.

    El Madrid CFF, habitual protagonista de las fases avanzadas del torneo en los últimos años, afronta esta cita como una oportunidad para seguir afianzando su papel competitivo en el panorama nacional. La Copa se ha convertido para el conjunto madrileño en un espacio de reivindicación, donde el equipo ha demostrado personalidad, ambición y una identidad reconocible.

    Enfrente estará el CD Tenerife Femenino, representante del fútbol canario y ejemplo de constancia y trabajo a largo plazo. El conjunto isleño llega a los cuartos con la ilusión intacta y la motivación de quien sabe que cada eliminatoria copera es una oportunidad para hacer historia.

    Un duelo de estilos, de ritmos y de emociones, que completará una primera jornada de cuartos marcada por la diversidad de propuestas futbolísticas y por la igualdad competitiva, siendo cubierto por RadioTelevisión Canaria.

    Si el miércoles abre el camino, el jueves 5 de febrero de 20 lo culmina. Dos partidos.

    Dos historias. Y un cierre que, como manda la tradición, reservará el foco principal para el gran clásico del fútbol español.

    La tarde del jueves arrancará a las 19:00 horas con un duelo que enfrenta a dos proyectos sólidos, reconocibles y profundamente competitivos: Real Sociedad frente al ONA.

    La Real Sociedad, club con una arraigada tradición futbolística y una clara apuesta por su sección femenina, afronta esta eliminatoria con la ambición de volver a situarse entre las mejores del torneo. El conjunto txuri-urdin ha hecho de la Copa un escenario donde su fútbol asociativo y su competitividad suelen emerger con fuerza.

    El Badalona Women, por su parte, representa la evolución constante, la adaptación y la ambición de un proyecto que no renuncia a competir de tú a tú ante cualquier rival. La Copa ofrece al conjunto catalán una plataforma ideal para mostrar su crecimiento y su capacidad para desafiar pronósticos.

    Un partido que se podrá seguir a través de los canales oficiales de la RFEF, consolidando la apuesta federativa por la difusión integral de la competición.

    Y como colofón, como cierre perfecto para dos noches de fútbol copero, llegará el partido que trasciende la competición: el Clásico.

    A las 21:00 horas, el Real Madrid CF y el Fútbol Club Barcelona se enfrentarán en los cuartos de final de la Copa de la Reina Iberdrola. Un duelo que concentra miradas, atención mediática y una carga simbólica que va más allá del pase a semifinales.

    El Clásico es siempre un acontecimiento. En la Copa, lo es aún más. Porque aquí no hay margen para el error. Porque aquí no hay ida y vuelta. Porque aquí, un solo partido decide quién sigue y quién se despide.

    El encuentro podrá seguirse en directo a través de Teledeporte, garantizando una cobertura amplia, detallada y accesible para toda la audiencia.

    La imagen oficial que acompaña estos cuartos de final no es solo un cartel. Es una declaración de intenciones. En ella, los escudos se alinean, los horarios se ordenan y la Copa preside el relato. Es el punto de partida visual de una eliminatoria que promete emociones fuertes, noches memorables y nuevos capítulos para la historia del torneo.

    Bajo el lema #CopaDeLaReinaIberdrola, la competición se prepara para vivir uno de sus momentos más esperados. Ocho equipos. Cuatro partidos. Dos días y un solo objetivo compartido: seguir soñando.
    Los cuartos de final no son un final. Son un umbral. El lugar donde la Copa comienza a mostrar su verdadero rostro. Donde los detalles deciden. Donde cada acción puede convertirse en recuerdo.

    En estas dos jornadas el balompié practicado por mujeres estará en el primer plano y quizá por eso sea la segunda profesión que eligen las jóvenes a día de hoy, según un reciente estudio de Addeco.

    La Copa de la Reina Iberdrola vuelve a llamar y el fútbol, como siempre, responde.

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • La previa | Atlético de Madrid vs Real Sociedad: noventa minutos para cambiar el destino, un pulso directo por la Champions que mide pasado, presente y ambición

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🚨El fútbol femenino vuelve a latir con fuerza en el arranque del nuevo año y lo hace con un partido que trasciende la jornada y el calendario. Este sábado 10 de enero a las 12:00 horas, el Centro Deportivo Alcalá de Henares se convierte en escenario de un duelo decisivo por Europa, un choque de altura entre Atlético de Madrid y Real Sociedad, cuarto contra tercero, separados por apenas cuatro puntos y con la Champions League del próximo curso como horizonte inmediato. El encuentro podrá seguirse en directo a través de DAZN, GolPlay, TEN y EITB, una señal clara de la magnitud de una cita que reúne tensión competitiva, contexto histórico y un presente cargado de matices. 🚨

    #LigaFMoeve #AtletiRealSociedad

    El Atlético de Madrid llega a esta batalla en la 4ª posición de la Liga F Moeve con 26 puntos, sabiendo que una victoria no solo le permitiría recortar distancias, sino también lanzar un mensaje de autoridad tras un mes de diciembre irregular en lo liguero. Las rojiblancas se fueron al parón navideño sin conocer la victoria en sus dos últimos compromisos de Liga, aunque sí con el orgullo intacto tras el triunfo en la tanda de penaltis ante el Alhama en la Copa de la Reina, una clasificación que sostuvo al equipo en la competición del KO y reforzó su carácter competitivo en momentos de máxima presión. El inicio de año supone, por tanto, un examen de madurez para un Atlético que sabe que estos partidos son los que definen temporadas y marcan jerarquías.

    Enfrente estará una Real Sociedad lanzada, tercera clasificada con 30 puntos, que también selló su billete para los cuartos de final de la Copa de la Reina y que llega a Madrid en uno de los mejores momentos de su curso. El conjunto dirigido por Arturo Ruiz ha encontrado una línea de regularidad y confianza que le ha permitido firmar una racha notable, con solo una derrota en sus últimos nueve encuentros, un dato que refleja la solidez y la fiabilidad de un equipo que ha sabido competir tanto en escenarios favorables como en contextos adversos. Para las donostiarras, ganar en casa de un rival directo supondría un golpe casi definitivo en la pelea por las plazas de privilegio.

    El mercado invernal también ha dejado su huella en ambos vestuarios, añadiendo un componente emocional y simbólico a la previa. En el Atlético de Madrid se ha producido la baja de Gaby García, mientras que la llegada de Priscilla Chinchilla representa una apuesta por reforzar el frente ofensivo y aportar nuevas soluciones a un equipo que busca reencontrarse con su mejor versión. En la Real Sociedad, el duelo estará marcado por las despedidas: Violeta Quiles ya no forma parte del proyecto y Edna Imade disputará su último partido como txuri-urdin, un detalle que añade un plus de emoción y motivación a un encuentro ya de por sí cargado de significado.

    El CTA de la RFEF ha estimado oportuno que la encarga de impartir justicia en este duelo sea Elena Peláez Arnillas, colegiada de 31 años que es natural de Palencia y pertenece al Comité Castellano-Leonés.

    Y como telón de fondo, la historia. Porque más allá del presente inmediato, los enfrentamientos entre Atlético de Madrid y Real Sociedad dibujan un relato que habla de hegemonía rojiblanca, pero también de resistencia y evolución donostiarra. Desde la temporada 2010/2011, ambos equipos se han visto las caras en numerosas ocasiones y el balance es contundente: 21 victorias del Atlético de Madrid, 6 empates y 8 triunfos de la Real Sociedad. Un dato que recuerda el peso histórico del conjunto madrileño en este cruce, pero que no garantiza nada cuando el balón empieza a rodar y el contexto es tan exigente como el actual.

    Con todo ello sobre la mesa, el partido se presenta como mucho más que tres puntos: es una prueba de carácter, una oportunidad para marcar territorio y un capítulo clave en la carrera por estar entre la élite europea la próxima temporada. Noventa minutos de máxima intensidad, de detalles que deciden, de duelos individuales y decisiones colectivas que pueden inclinar la balanza de toda una campaña. El sábado, en Madrid, el fútbol femenino español vivirá uno de esos partidos que no se olvidan, de los que se juegan con la cabeza, el corazón y la historia empujando desde la grada.

    🏆 Liga F Moeve | Temporada 2025-2026

    🔜 NEXT GAME

    ✨ Duelo por Europa ✨

    🔥 Atlético de Madrid 🆚 Real
    Sociedad de Fútbol 🔥

    📅 Sábado, 10 de enero de 2026

    🤩 Matchday 15 | Día de Partido

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 TEN TV

    🏟️ Centro Deportivo Alcalá de Henares, Madrid

  • Oficial | Atlético de Madrid Femenino y Real Sociedad se enfrentan en un duelo de titanes en la 15ª jornada de la Liga F Moeve

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    🟫 En un duelo que promete ser más que un simple partido, Atlético de Madrid Femenino y Real Sociedad medirán fuerzas en la 15ª jornada de la Liga F Moeve, en un enfrentamiento donde la historia reciente, la intensidad táctica y la ambición por los puestos altos de la tabla se entrelazan. Con ambos equipos peleando por consolidarse en los primeros puestos, cada balón, cada acción ofensiva y cada transición defensiva adquirirá un valor épico, convirtiendo el encuentro en un espectáculo que encarna la esencia del fútbol femenino español.


    Tutankamón

    Cada año trae consigo nuevas formas de reencontrarnos con el pasado. Unas veces, a través de descubrimientos arqueológicos que obligan a reescribir cronologías, y otras, mediante grandes proyectos museísticos que devuelven al primer plano figuras que creíamos sobradamente conocidas. En 2025, la historia ha vuelto a concentrar su atención en un nombre propio: Tutankamón.

    La inauguración del Gran Museo Egipcio (GEM), cerca de las pirámides de Guiza, ha sido el detonante de este renovado interés. Concebido como el mayor museo del mundo dedicado a una sola civilización, el GEM ofrece una experiencia inédita: por primera vez desde el descubrimiento de su tumba en 1922, se exhiben todas las piezas relacionadas con Tutankamón en un mismo lugar.

    El recinto albergará en total alrededor de 45.000 objetos, de los cuales cerca de 5.000 corresponden a los tesoros dorados del joven faraón hallados en su tumba intacta. Hasta ahora, estas piezas —que van desde su icónica máscara funeraria hasta amuletos, mobiliario y carros ceremoniales— estaban dispersas en distintas salas o guardadas en los almacenes del antiguo museo. Ahora conviven en una misma exposición.

    Tutankamón fue un rey de la dinastía XVIII del antiguo Egipto que ascendió al trono alrededor del año 1333 a. C., con apenas 8 o 9 años de edad, y reinó hasta aproximadamente 1323 a. C. Originalmente llamado Tutankatón, su nombre reflejaba la reforma religiosa de su padre, Akenatón, que había intentado imponer el culto exclusivo al dios solar Atón. Sin embargo, Tutankamón y sus consejeros principales —entre ellos, el influyente Ay y el general Horemheb— restauraron la antigua religión y el culto tradicional a los antiguos dioses, especialmente a Amon, revirtiendo las reformas del período de Amarna y devolviendo la capital a Tebas.

    El joven rey también emitió decretos para reparar templos dañados, restituir cultos y privilegios sacerdotales, así como para devolver las antiguas tradiciones al lugar que siempre habían ocupado. Aunque su reinado fue breve y su gobierno estuvo condicionado por sus asesores, estas acciones fueron clave para restablecer la ortodoxia religiosa en Egipto tras años de profundos cambios. Tutankamón murió inesperadamente hacia los 18 o 19 años, lo que explica que su tumba en el Valle de los Reyes fuera relativamente modesta en comparación con las de otros faraones, y que su legado político quedara eclipsado por el de figuras más poderosas.

    Sin embargo, la excepcional conservación de su tumba —descubierta por Howard Carter en 1922— convirtió su sepultura en uno de los hallazgos arqueológicos más importantes del siglo XX y en la razón principal por la que hoy es el faraón más famoso del mundo.

    Este año, otros personajes del pasado también han ocupado espacios relevantes en la agenda cultural y social.

    El auge global del desarrollo personal, por ejemplo, nos ha llevado a revisar a los autores estoicos, con Zenón de Citio o Epicteto como figuras principales. La filosofía estoica, con su énfasis en la virtud como bien supremo, el control de las pasiones y la resiliencia ante las adversidades, ha encontrado un público contemporáneo necesitado de herramientas para enfrentar una época de incertidumbres políticas, sociales y ambientales.

    También, más contemporánea, Frida Kahlo ha vuelto a situarse en el centro de atención al convertirse una obra suya ‘El sueño (La cama)’ en la más cara jamás vendida por una mujer, y la más cara jamás vendida por un artista latinoamericano. Este acontecimiento ha reabierto discusiones sobre la valoración del arte latinoamericano y el legado de las artistas mujeres en el panorama global, al mismo tiempo que ha llevado a nuevas generaciones a redescubrir su obra más allá de la anécdota biográfica.

    Y, cómo no, el salto de Miguel de Cervantes a la gran pantalla, en ‘El cautivo’ (2025) de Alejandro Amenábar, ha sido uno de los acontecimientos culturales más comentados del año. La película explora uno de los episodios menos conocidos de su vida: el cautiverio en Argel.

    Pero el caso de Tutankamón destaca por una razón fundamental: su historia sirve de puente entre la arqueología, el patrimonio y la divulgación contemporánea. El despliegue de su ajuar funerario en un mismo espacio, acompañado de recursos actualizados, permite comprender el sentido profundo de aquellos objetos que durante décadas fueron percibidos como simples obras maestras del arte antiguo.

    (Fuente: I.A.)

    El Atlético de Madrid Femenino llega a este enfrentamiento cargado de historia, de experiencia reciente y de un deseo inquebrantable de reafirmarse en casa. Su temporada ha estado marcada por altibajos, momentos de brillantez ofensiva y fases en las que la solidez defensiva ha puesto a prueba su temple, pero el ADN del equipo rojiblanco —esa mezcla de garra, ambición y carácter— le ha permitido mantenerse entre los favoritos de la Liga F Moeve.

    Con 26 puntos acumulados y una cuarta posición que lo mantiene cerca del podio, las rojiblancas saben que una victoria no solo significaría tres puntos más, sino un golpe de autoridad frente a un rival directo y una reafirmación de su capacidad para dominar los duelos de altura. En sus enfrentamientos previos con la Real Sociedad, el Atlético ha sabido imponer su juego con eficacia, con victorias ajustadas y contundentes que han cimentado la confianza de jugadoras y afición. La memoria colectiva de estos duelos se traduce en un impulso añadido: cada balón dividido, cada carrera por banda, cada pase filtrado y cada disparo a portería se convierte en una oportunidad para reafirmar la supremacía y mantener la ventaja psicológica que el club ha forjado con años de competitividad intensa. La afición, consciente de la importancia de cada segundo, de cada jugada y de cada grito compartido, se convertirá en un factor determinante que empuje a las jugadoras rojiblancas a mantener la concentración, a exigir la perfección táctica y a luchar por la victoria desde el primer instante.

    Frente a ellas, la Real Sociedad presenta un perfil diferente pero igualmente peligroso, una mezcla de disciplina táctica, rigor defensivo y capacidad para sorprender al adversario en el momento preciso. Con 30 puntos y el tercer puesto en la tabla, las donostiarras se acercan al partido con la determinación de quien ha construido su temporada sobre la consistencia, la lectura fría de los tiempos del juego y la capacidad para ejecutar transiciones rápidas que se convierten en armas letales frente a defensas adelantadas. La Real Sociedad ha demostrado una inteligencia competitiva que combina la paciencia en la construcción, la precisión en el último pase y la eficacia en la definición de oportunidades. Su estrategia se basa en neutralizar al rival, aprovechar desajustes momentáneos y mantener un orden defensivo que permita, al menor descuido del adversario, golpear con contundencia. Esa dualidad entre la potencia ofensiva del Atlético y la capacidad de reacción, control y contraataque de la Real Sociedad promete un duelo de estilos que elevará la tensión del encuentro a niveles épicos.

    El choque entre ambas escuadras no se reduce únicamente a la estadística ni al puesto en la tabla: es un enfrentamiento que refleja la esencia misma de la Liga F Moeve, donde la intensidad, la pasión y la estrategia se combinan en cada acción. El Atlético de Madrid, con su ADN combativo, buscará dominar el balón, controlar el ritmo del juego y generar ocasiones de peligro mediante combinaciones rápidas, cambios de orientación y una presión constante que intente desbordar la organización defensiva rival. La Real Sociedad, por su parte, se apoyará en su solidez, en su capacidad para leer el juego y en la eficiencia de sus transiciones para castigar cualquier error, buscando un equilibrio entre defensa férrea y ataque calculado que pueda poner en aprietos a un Atlético expuesto en su afán ofensivo. Cada pase, cada corte defensivo y cada disparo a puerta cobrará una dimensión más amplia: se convertirá en un acto que puede decidir no solo un partido, sino la percepción de fuerza y superioridad de un equipo frente a otro.

    La épica de este enfrentamiento reside también en la narrativa que se desprende del contexto histórico y reciente: el Atlético de Madrid ha conseguido victorias memorables frente a la Real Sociedad, demostrando capacidad de imponer su juego incluso en campos difíciles; la Real Sociedad, en cambio, llega con hambre de romper esa tendencia y de demostrar que su consistencia y estrategia pueden doblegar incluso al equipo más combativo. Cada jugadora siente la responsabilidad de honrar la camiseta que defiende, de cumplir con el plan táctico diseñado por su cuerpo técnico y de interpretar con precisión la dinámica emocional del encuentro. La presión, la motivación y la ambición se combinan en cada acción, generando un partido donde la historia se escribirá en tiempo real, donde cada balón dividido y cada transición rápida puede convertirse en una escena épica digna de recordar.

    Más allá de la táctica, los números y las estadísticas, este duelo simboliza la esencia del fútbol femenino en España: la posibilidad de presenciar un espectáculo lleno de pasión, rivalidad y talento. La jornada 15 de la Liga F Moeve promete un enfrentamiento que se definirá por la intensidad con la que ambos equipos jueguen, por la capacidad de resistir bajo presión, por la eficacia en la definición y por la inteligencia táctica para leer los momentos decisivos. Cuando el árbitro dé el pitido inicial, comenzará un relato vibrante donde Atlético y Real Sociedad se batirán no solo por los puntos, sino por la supremacía simbólica, por la demostración de fuerza y por la posibilidad de grabar un capítulo épico en la historia reciente del fútbol femenino español. Que ruede el balón, que se enciendan los corazones y que todos los amantes del fútbol sean testigos de un partido que, sin duda, será recordado como un duelo de titanes, donde cada jugadora será protagonista de una narrativa que combina historia, emoción y ambición en cada minuto.

    🏆 Liga F Moeve | Temporada 2025-2026

    ✨ Duelo por Europa ✨

    🔥 Atlético de Madrid 🆚 Real
    Sociedad de Fútbol 🔥

    📅 Sábado, 10 de enero de 2026

    🤩 Matchday 15 | Día de Partido

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 TEN TV

    🏟️ Centro Deportivo Alcalá de Henares, Madrid

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Reportaje | Edna Imade es la nómada del gol

    (Fuente: Bayern de Múnich)

    🟧 La campeona de la Liga de Naciones con España tiene tras de sí una historia de superación única.

    Edna Imade (Marruecos, 5 de octubre de 2000) es una futbolista profesional española de origen nigeriano que juega como delantera en el F. C. Bayern de Múnich.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Edna Imade habla de goles, de partidos, de tácticas, de entrenamientos, de cifras que hoy la colocan entre las mejores delanteras de la Liga F, pero cuando baja la voz y elige las palabras con cuidado, cuando el fútbol deja de ser presente y se convierte en consecuencia, siempre aparece la misma figura: su madre. “La verdadera final la ha jugado ella”, dice Edna, y no es una frase hecha, es una convicción que atraviesa toda su vida. Porque antes de que existiera un balón, antes de que hubiera un campo, una portería o una grada, hubo una mujer caminando por el desierto, embarazada, con miedo, con determinación, con una promesa silenciosa hecha a dos hijos que aún no habían nacido: sobrevivir.

    Floren estaba embarazada de mellizos cuando decidió marcharse. Edna y Paul viajaban ya con ella, aún sin saber que su vida iba a comenzar en tránsito. Nigeria quedaba atrás con todo lo que eso significa: la familia, la tierra, la identidad, un marido que nunca pudo acompañarlos y que acabaría encarcelado y deportado. Marruecos fue la primera parada, pero no fue refugio, fue espera, fue dolor, fue miedo. Allí nacieron Edna y su hermano, y allí Floren vivió tres meses que su hija define sin rodeos como “un infierno”. Después llegó la patera, el mar, la incertidumbre, y finalmente España. Algeciras. Tierra firme. Un lugar desconocido que acabaría siendo hogar.

    Edna ha escuchado esa historia mil veces. La ha escuchado hasta aprenderla de memoria, pero no se ha acostumbrado nunca a ella. Cada vez que la cuenta, vuelve a doler. “Llegamos a Algeciras y a partir de ahí nos ayudó mucha gente, Cáritas, personas que no nos conocían de nada”, recuerda. En sus palabras no hay victimismo, hay agradecimiento. “Nunca he pasado hambre, nunca he pasado frío. Todo ha sido gracias a mi madre y a la gente que nos ayudó. Gracias a ellos hoy estoy donde estoy”. En ese “donde estoy” cabe mucho más que una carrera deportiva. Cabe una vida digna. Cabe la posibilidad de soñar.

    Su familia en España se reduce a tres nombres: Floren, Paul y ella. Nada más. Nada menos. “Es la única familia que tengo aquí. Los quiero con toda mi alma”. En ese triángulo se sostiene todo. El fútbol, los estudios, la ambición, la estabilidad emocional. Después de Algeciras llegó Carmona, Sevilla, y con Carmona llegó el balón. Antes probó otras cosas: gimnasia, flamenco. Nada funcionó. “No era nada elástica”, dice entre risas, como si el destino ya estuviera avisando de que su camino iba por otro lado. El patio del recreo fue su primer estadio. Allí entendió que la pelota no era un juego más, era un idioma.

    Jugaba con niños, y jugaba mejor que muchos. Escuchó insultos, etiquetas, palabras que intentan frenar a las niñas que se salen del guion. “Machorra”, “pareces un chico”. No le importó. O no tanto. Porque cuando eliges primero, cuando marcas diferencias, el ruido se apaga. Empezó como central. Alta, fuerte, dominante. “Yo era una bigarda”, dice riéndose, sin perder nunca ese humor que la acompaña incluso cuando habla de lo más duro. Era defensa porque ahí nadie pasaba. Hasta que un día le dijeron que ya no podía seguir jugando con chicos. Y ahí apareció el fútbol sala, el Santa Ana, una nueva etapa que parecía definitiva.

    Pero la vida, como el fútbol, siempre tiene giros inesperados. La Tapia Cup de Málaga cambió su destino. Alguien la vio. Alguien entendió que aquello no era solo potencia, que había fútbol para once. Nervión fue el siguiente paso. Málaga CF después. Cacereño más tarde. Y en Cáceres no solo creció como futbolista, también como persona. Allí estudió, se formó, pensó en el futuro. Técnica en Enseñanza y Animación Sociodeportiva. Quiromasaje. Porque Edna siempre ha sabido algo que no todas las futbolistas tienen claro desde tan jóvenes: el fútbol es frágil. “Es corto. Más aún en mujeres. Lesiones, maternidad… hay que tener un plan B”.

    Ese plan B no le quitó ambición al plan A. Al contrario. Veinte goles en dos temporadas en Cáceres fueron la puerta definitiva. Agosto de 2023. Granada CF. Liga F. El sueño. El mismo que empezó en un patio de colegio, el mismo que parecía imposible para una niña nacida en tránsito, hija de una mujer que cruzó un desierto embarazada. Su debut fue una declaración de intenciones: gol, victoria, Los Cármenes. “Tenía el presentimiento de que iba a marcar”. Y marcó. Su madre estaba allí. Todo tenía sentido.

    paso de Edna Imade por el Granada Club de Fútbol no puede explicarse únicamente con goles, cifras o estadísticas, aunque todas ellas existan y sean relevantes. Su llegada al conjunto nazarí en el verano de 2023 supuso mucho más que un fichaje: fue la materialización de un sueño largamente perseguido, la confirmación de una promesa íntima y silenciosa que la propia Edna se había hecho siendo niña, cuando jugaba descalza en el patio de un colegio andaluz sin saber si algún día existiría un lugar para ella en el fútbol profesional. Granada no fue solo un club; fue un punto de llegada y, al mismo tiempo, un nuevo punto de partida.

    Cuando Edna firmó por el Granada CF, el equipo acababa de ascender a Liga F. El contexto no era sencillo. Un recién ascendido siempre vive entre la ilusión y la incertidumbre, entre el entusiasmo de haber llegado y el vértigo de mantenerse. Para Edna, aquel escenario tenía un significado especial: era su primera experiencia en la élite, la Primera División que había imaginado desde pequeña y que durante años pareció lejana, casi inalcanzable. Llegaba después de dos temporadas sobresalientes en el Cacereño, donde había marcado veinte goles y había demostrado no solo capacidad goleadora, sino también una fortaleza mental poco común. Granada apostó por ella sabiendo que no fichaba únicamente a una delantera, sino a una futbolista construida desde la resistencia.

    La adaptación fue rápida, pero no automática. Edna aterrizó en un vestuario nuevo, con dinámicas distintas, con un nivel de exigencia superior y con la presión añadida de un equipo que sabía que cada punto iba a ser vital para la permanencia. Desde el primer día entendió que su rol no iba a limitarse a marcar goles. Había que correr, presionar, pelear, asumir duelos constantes, convivir con la frustración y sostener al equipo en los momentos de mayor dificultad. En ese contexto, su debut en Liga F fue casi un relato simbólico: Granada recibía a la Real Sociedad en Los Cármenes y Edna, en su estreno en la máxima categoría, marcó el gol de la victoria. Un tanto que no solo valió tres puntos, sino que confirmó que estaba preparada para ese escenario.

    (Fuente: RFEF)

    Aquel gol fue mucho más que una buena carta de presentación. Fue una liberación emocional. Edna lo ha explicado después con palabras sencillas, pero cargadas de significado: tenía el presentimiento de que iba a marcar. No fue una cuestión de arrogancia, sino de intuición, de sentir que todo lo vivido hasta entonces tenía que desembocar en algo así. En la grada estaba su madre, Floren, la misma que había cruzado el Sáhara embarazada, la misma que había llegado en patera a España buscando una vida mejor para sus hijos. Ese gol, celebrado con rabia y emoción, fue también un homenaje silencioso a todo ese camino.

    La temporada, sin embargo, no fue un camino recto. Tras ese inicio prometedor, el Granada CF comenzó a experimentar la dureza de la Liga F. Los partidos se sucedían con una exigencia física y mental enorme, y el equipo entró en una dinámica complicada. Edna, como el resto del grupo, tuvo que aprender a convivir con la frustración, con partidos en los que el esfuerzo no se traducía en resultados, con momentos en los que la confianza se ponía a prueba. Para una futbolista debutante en la élite, ese proceso puede ser devastador. Para Edna, fue formativo.

    Durante ese primer curso, su aportación fue irregular en términos goleadores, pero constante en trabajo y compromiso. Sufrió, aprendió y creció. Hubo partidos en los que tuvo que adaptarse a posiciones distintas, asumir responsabilidades defensivas, jugar de espaldas, pelear cada balón como si fuera el último. No siempre fue reconocida por los números, pero sí por el cuerpo técnico y por sus compañeras, que encontraron en ella una futbolista fiable, fuerte y solidaria. El Granada CF, como equipo, llegó a la última jornada jugándose la permanencia. La presión era máxima. El margen de error, inexistente.

    (Fuente: RFEF)

    Y entonces llegó Ipurua. Última jornada. Partido decisivo ante la SD Eibar. Granada necesitaba ganar para seguir en Liga F. En ese contexto, Edna volvió a aparecer. Marcó uno de los goles del triunfo que certificó la permanencia. Fue un momento de alivio colectivo, de celebración contenida, de emoción acumulada durante meses. Para Edna, aquel gol tuvo un valor especial: significaba que su primer año en Primera División no había sido en vano, que había aportado en el momento más crítico, que su esfuerzo tenía sentido.

    Ese final de temporada marcó un antes y un después en su relación con el club. Edna no solo había debutado en la élite; había ayudado a sostener al Granada CF en ella. La experiencia, dura y exigente, le dejó una enseñanza clara: si quería crecer, debía dar un paso más. Y ese paso llegó en su segunda temporada, ya con el aprendizaje interiorizado y con una confianza renovada.

    El curso siguiente mostró a una Edna Imade distinta. Más madura. Más segura. Más consciente de sus virtudes. Desde el inicio de la temporada, su impacto fue inmediato. Los goles comenzaron a llegar con una regularidad que sorprendió incluso a ella misma. En apenas once jornadas, ya había superado los registros de toda la temporada anterior. Siete goles. Tercera máxima goleadora de la Liga F. Un salto cuantitativo y cualitativo que no se explica por una sola razón, sino por la suma de muchos factores.

    Uno de ellos fue la confianza del cuerpo técnico. La llegada de Arturo Ruiz supuso un cambio importante. El entrenador entendió rápidamente el potencial de Edna y le transmitió un mensaje claro: creía en ella. Esa confianza se tradujo en continuidad, en claridad de rol y en un cambio de posición que resultó decisivo. Edna dejó progresivamente la banda para ocupar posiciones más centradas, más cercanas al área, donde sus cualidades físicas, su potencia y su capacidad para atacar espacios podían marcar la diferencia. El cambio de chip fue inmediato. Edna empezó a sentirse delantera centro. A jugar como tal y a pensar como tal.

    El paso de Edna Imade por el Granada Club de Fútbol no puede explicarse únicamente con goles, cifras o estadísticas, aunque todas ellas existan y sean relevantes. Su llegada al conjunto nazarí en el verano de 2023 supuso mucho más que un fichaje: fue la materialización de un sueño largamente perseguido, la confirmación de una promesa íntima y silenciosa que la propia Edna se había hecho siendo niña, cuando jugaba descalza en el patio de un colegio andaluz sin saber si algún día existiría un lugar para ella en el fútbol profesional. Granada no fue solo un club; fue un punto de llegada y, al mismo tiempo, un nuevo punto de partida.

    Cuando Edna firmó por el Granada CF, el equipo acababa de ascender a Liga F. El contexto no era sencillo. Un recién ascendido siempre vive entre la ilusión y la incertidumbre, entre el entusiasmo de haber llegado y el vértigo de mantenerse. Para Edna, aquel escenario tenía un significado especial: era su primera experiencia en la élite, la Primera División que había imaginado desde pequeña y que durante años pareció lejana, casi inalcanzable. Llegaba después de dos temporadas sobresalientes en el Cacereño, donde había marcado veinte goles y había demostrado no solo capacidad goleadora, sino también una fortaleza mental poco común. Granada apostó por ella sabiendo que no fichaba únicamente a una delantera, sino a una futbolista construida desde la resistencia.

    La adaptación fue rápida, pero no automática. Edna aterrizó en un vestuario nuevo, con dinámicas distintas, con un nivel de exigencia superior y con la presión añadida de un equipo que sabía que cada punto iba a ser vital para la permanencia. Desde el primer día entendió que su rol no iba a limitarse a marcar goles. Había que correr, presionar, pelear, asumir duelos constantes, convivir con la frustración y sostener al equipo en los momentos de mayor dificultad. En ese contexto, su debut en Liga F fue casi un relato simbólico: Granada recibía a la Real Sociedad en Los Cármenes y Edna, en su estreno en la máxima categoría, marcó el gol de la victoria. Un tanto que no solo valió tres puntos, sino que confirmó que estaba preparada para ese escenario.

    Aquel gol fue mucho más que una buena carta de presentación. Fue una liberación emocional. Edna lo ha explicado después con palabras sencillas, pero cargadas de significado: tenía el presentimiento de que iba a marcar. No fue una cuestión de arrogancia, sino de intuición, de sentir que todo lo vivido hasta entonces tenía que desembocar en algo así. En la grada estaba su madre, Floren, la misma que había cruzado el Sáhara embarazada, la misma que había llegado en patera a España buscando una vida mejor para sus hijos. Ese gol, celebrado con rabia y emoción, fue también un homenaje silencioso a todo ese camino.

    La temporada, sin embargo, no fue un camino recto. Tras ese inicio prometedor, el Granada CF comenzó a experimentar la dureza de la Liga F. Los partidos se sucedían con una exigencia física y mental enorme, y el equipo entró en una dinámica complicada. Edna, como el resto del grupo, tuvo que aprender a convivir con la frustración, con partidos en los que el esfuerzo no se traducía en resultados, con momentos en los que la confianza se ponía a prueba. Para una futbolista debutante en la élite, ese proceso puede ser devastador. Para Edna, fue formativo.

    Durante ese primer curso, su aportación fue irregular en términos goleadores, pero constante en trabajo y compromiso. Sufrió, aprendió y creció. Hubo partidos en los que tuvo que adaptarse a posiciones distintas, asumir responsabilidades defensivas, jugar de espaldas, pelear cada balón como si fuera el último. No siempre fue reconocida por los números, pero sí por el cuerpo técnico y por sus compañeras, que encontraron en ella una futbolista fiable, fuerte y solidaria. El Granada CF, como equipo, llegó a la última jornada jugándose la permanencia. La presión era máxima. El margen de error, inexistente.

    Y entonces llegó Ipurua. Última jornada. Partido decisivo ante la SD Eibar. Granada necesitaba ganar para seguir en Liga F. En ese contexto, Edna volvió a aparecer. Marcó uno de los goles del triunfo que certificó la permanencia. Fue un momento de alivio colectivo, de celebración contenida, de emoción acumulada durante meses. Para Edna, aquel gol tuvo un valor especial: significaba que su primer año en Primera División no había sido en vano, que había aportado en el momento más crítico, que su esfuerzo tenía sentido.

    Ese final de temporada marcó un antes y un después en su relación con el club. Edna no solo había debutado en la élite; había ayudado a sostener al Granada CF en ella. La experiencia, dura y exigente, le dejó una enseñanza clara: si quería crecer, debía dar un paso más. Y ese paso llegó en su segunda temporada, ya con el aprendizaje interiorizado y con una confianza renovada.

    El curso siguiente mostró a una Edna Imade distinta. Más madura. Más segura. Más consciente de sus virtudes. Desde el inicio de la temporada, su impacto fue inmediato.

    Los goles comenzaron a llegar con una regularidad que sorprendió incluso a ella misma. En apenas once jornadas, ya había superado los registros de toda la temporada anterior. Siete goles. Tercera máxima goleadora de la Liga F. Un salto cuantitativo y cualitativo que no se explica por una sola razón, sino por la suma de muchos factores.
    paso de Edna Imade por el Granada Club de Fútbol no puede explicarse únicamente con goles, cifras o estadísticas, aunque todas ellas existan y sean relevantes. Su llegada al conjunto nazarí en el verano de 2023 supuso mucho más que un fichaje: fue la materialización de un sueño largamente perseguido, la confirmación de una promesa íntima y silenciosa que la propia Edna se había hecho siendo niña, cuando jugaba descalza en el patio de un colegio andaluz sin saber si algún día existiría un lugar para ella en el fútbol profesional. Granada no fue solo un club; fue un punto de llegada y, al mismo tiempo, un nuevo punto de partida.

    Cuando Edna firmó por el Granada CF, el equipo acababa de ascender a Liga F. El contexto no era sencillo. Un recién ascendido siempre vive entre la ilusión y la incertidumbre, entre el entusiasmo de haber llegado y el vértigo de mantenerse. Para Edna, aquel escenario tenía un significado especial: era su primera experiencia en la élite, la Primera División que había imaginado desde pequeña y que durante años pareció lejana, casi inalcanzable. Llegaba después de dos temporadas sobresalientes en el Cacereño, donde había marcado veinte goles y había demostrado no solo capacidad goleadora, sino también una fortaleza mental poco común. Granada apostó por ella sabiendo que no fichaba únicamente a una delantera, sino a una futbolista construida desde la resistencia.

    La adaptación fue rápida, pero no automática. Edna aterrizó en un vestuario nuevo, con dinámicas distintas, con un nivel de exigencia superior y con la presión añadida de un equipo que sabía que cada punto iba a ser vital para la permanencia. Desde el primer día entendió que su rol no iba a limitarse a marcar goles. Había que correr, presionar, pelear, asumir duelos constantes, convivir con la frustración y sostener al equipo en los momentos de mayor dificultad. En ese contexto, su debut en Liga F fue casi un relato simbólico: Granada recibía a la Real Sociedad en Los Cármenes y Edna, en su estreno en la máxima categoría, marcó el gol de la victoria. Un tanto que no solo valió tres puntos, sino que confirmó que estaba preparada para ese escenario.

    Aquel gol fue mucho más que una buena carta de presentación. Fue una liberación emocional. Edna lo ha explicado después con palabras sencillas, pero cargadas de significado: tenía el presentimiento de que iba a marcar. No fue una cuestión de arrogancia, sino de intuición, de sentir que todo lo vivido hasta entonces tenía que desembocar en algo así. En la grada estaba su madre, Floren, la misma que había cruzado el Sáhara embarazada, la misma que había llegado en patera a España buscando una vida mejor para sus hijos. Ese gol, celebrado con rabia y emoción, fue también un homenaje silencioso a todo ese camino.

    La temporada, sin embargo, no fue un camino recto. Tras ese inicio prometedor, el Granada CF comenzó a experimentar la dureza de la Liga F. Los partidos se sucedían con una exigencia física y mental enorme, y el equipo entró en una dinámica complicada. Edna, como el resto del grupo, tuvo que aprender a convivir con la frustración, con partidos en los que el esfuerzo no se traducía en resultados, con momentos en los que la confianza se ponía a prueba. Para una futbolista debutante en la élite, ese proceso puede ser devastador. Para Edna, fue formativo.

    Durante ese primer curso, su aportación fue irregular en términos goleadores, pero constante en trabajo y compromiso. Sufrió, aprendió y creció. Hubo partidos en los que tuvo que adaptarse a posiciones distintas, asumir responsabilidades defensivas, jugar de espaldas, pelear cada balón como si fuera el último. No siempre fue reconocida por los números, pero sí por el cuerpo técnico y por sus compañeras, que encontraron en ella una futbolista fiable, fuerte y solidaria. El Granada CF, como equipo, llegó a la última jornada jugándose la permanencia. La presión era máxima. El margen de error, inexistente.

    Y entonces llegó Ipurua. Última jornada. Partido decisivo ante la SD Eibar. Granada necesitaba ganar para seguir en Liga F. En ese contexto, Edna volvió a aparecer. Marcó uno de los goles del triunfo que certificó la permanencia. Fue un momento de alivio colectivo, de celebración contenida, de emoción acumulada durante meses. Para Edna, aquel gol tuvo un valor especial: significaba que su primer año en Primera División no había sido en vano, que había aportado en el momento más crítico, que su esfuerzo tenía sentido.

    Ese final de temporada marcó un antes y un después en su relación con el club. Edna no solo había debutado en la élite; había ayudado a sostener al Granada CF en ella. La experiencia, dura y exigente, le dejó una enseñanza clara: si quería crecer, debía dar un paso más. Y ese paso llegó en su segunda temporada, ya con el aprendizaje interiorizado y con una confianza renovada.

    El curso siguiente mostró a una Edna Imade distinta. Más madura. Más segura. Más consciente de sus virtudes. Desde el inicio de la temporada, su impacto fue inmediato. Los goles comenzaron a llegar con una regularidad que sorprendió incluso a ella misma. En apenas once jornadas, ya había superado los registros de toda la temporada anterior. Siete goles. Tercera máxima goleadora de la Liga F. Un salto cuantitativo y cualitativo que no se explica por una sola razón, sino por la suma de muchos factores.

    Uno de ellos fue la confianza del cuerpo técnico. La llegada de Arturo Ruiz supuso un cambio importante. El entrenador entendió rápidamente el potencial de Edna y le transmitió un mensaje claro: creía en ella. Esa confianza se tradujo en continuidad, en claridad de rol y en un cambio de posición que resultó decisivo. Edna dejó progresivamente la banda para ocupar posiciones más centradas, más cercanas al área, donde sus cualidades físicas, su potencia y su capacidad para atacar espacios podían marcar la diferencia. El cambio de chip fue inmediato. Edna empezó a sentirse delantera centro. A jugar como tal. A pensar como tal.

    A nivel colectivo, el Granada CF también dio un paso adelante. El equipo ganó solidez, confianza y estabilidad. Edna encontró una conexión especial con Laura Pérez, máxima asistente de la Liga F. La relación entre ambas se convirtió en uno de los pilares ofensivos del equipo. Tres de los siete goles de Edna llegaron tras asistencias de Laura, pero más allá de los números, lo que se consolidó fue una comprensión mutua, una química que se percibía en cada movimiento, en cada desmarque, en cada pase filtrado.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Ese crecimiento individual y colectivo situó al Granada CF en una posición mucho más cómoda en la clasificación. El equipo se alejó del descenso y comenzó a mirar hacia arriba, sin complejos. Edna, mientras tanto, se convirtió en una de las referencias ofensivas de la Liga F. Su nombre empezó a aparecer en conversaciones, en nominaciones, en análisis. Fue candidata a jugadora del mes. Apareció en el FIFA. Se convirtió en referente para muchas niñas que acudían a Los Cármenes o que la veían en los colegios cuando el club realizaba actividades sociales.

    Pero el paso de Edna por el Granada CF no se mide solo en lo que ocurre dentro del campo. Se mide también en su impacto humano, en su manera de representar los valores del club, en su historia personal, que conecta de forma natural con la identidad de una ciudad acostumbrada a la mezcla, a la resistencia y a la memoria. Edna encajó en Granada porque Granada entendió su historia. Porque es una futbolista que no olvida de dónde viene, que valora cada oportunidad y que no da nada por sentado.

    A nivel personal, su etapa en el Granada CF le permitió consolidarse no solo como futbolista, sino como mujer adulta, consciente de la importancia de la formación, del equilibrio y del futuro. Mientras marcaba goles en Liga F, seguía formándose, ampliando horizontes, pensando en el día después del fútbol. Esa mentalidad, heredada de una madre que tuvo que planificar la supervivencia en circunstancias extremas, se convirtió en uno de sus mayores activos.

    Edna Imade no sabe cuánto durará su etapa en el Granada CF, pero sí sabe que el club ocupa un lugar central en su historia. Fue el equipo que le abrió las puertas de la élite. El lugar donde debutó, sufrió, aprendió y se consolidó. El escenario donde entendió que su sueño no era una excepción, sino una realidad construida con esfuerzo. Granada fue, y es, el espacio donde Edna dejó de ser promesa para convertirse en presente.

    Cada gol suyo en Los Cármenes lleva implícita una historia más larga que el propio partido. Una historia que empieza mucho antes de que el balón ruede. Y en ese relato, el Granada CF no es un capítulo más: es el capítulo en el que Edna Imade se confirmó como futbolista de Primera División, como referente del fútbol femenino y como símbolo de que los sueños, incluso los más improbables, pueden encontrar su lugar.

    La cesión de Edna Imade a la Real Sociedad de Fútbol fue, más que un simple movimiento de mercado, una estación decisiva en una carrera que ya venía marcada por la resistencia, la adaptación y la capacidad de crecer en contextos exigentes. Cuando la delantera llegó a San Sebastián procedente del Bayern de Múnich, lo hizo con la sensación de estar ante una oportunidad que no era menor ni transitoria, sino profundamente formativa. No aterrizaba en un club cualquiera: llegaba a una Real ambiciosa, estructurada, con una identidad futbolística clara y con la exigencia constante de competir en la parte alta de la tabla y en escenarios europeos. Era un entorno ideal para una futbolista que siempre ha entendido el fútbol como un espacio de aprendizaje continuo.

    Desde sus primeros días en Zubieta, Edna asumió que la cesión no era un paréntesis, sino un examen diario. Se integró en un vestuario con jerarquías consolidadas y con un estilo de juego que exigía precisión, lectura táctica y compromiso colectivo. Lejos de limitarse a esperar oportunidades, se ganó minutos desde el trabajo invisible: presión alta, desmarques constantes, capacidad para fijar centrales y una energía que encajó con la identidad competitiva del equipo. Su impacto fue progresivo, pero constante, hasta convertirse en una pieza reconocible dentro del sistema.

    Los números comenzaron a acompañar ese proceso de adaptación. Edna fue acumulando partidos, titularidades y minutos, apareciendo tanto en Liga F como en los compromisos europeos del conjunto txuri-urdin. En el campeonato doméstico firmó una cifra sostenida de goles y asistencias que no solo reflejaban su capacidad para finalizar, sino también su aportación al juego colectivo. Sumó goles decisivos, participó en acciones clave y se convirtió en una amenaza permanente para las defensas rivales, alternando apariciones como referencia ofensiva con movimientos desde zonas intermedias. A lo largo de la temporada, sus registros ofensivos —goles, ocasiones creadas, duelos ganados— hablaron de una futbolista en clara progresión, cada vez más cómoda en contextos de alta exigencia.

    Más allá de los números, su paso por la Real Sociedad estuvo marcado por una evolución evidente en su juego. Edna aprendió a convivir con defensas más cerradas, a interpretar mejor los tiempos del partido y a asumir responsabilidades en escenarios de presión máxima, especialmente en partidos europeos donde el margen de error es mínimo. En Anoeta y fuera de casa, su figura fue creciendo hasta convertirse en una de las delanteras más reconocibles del equipo, no solo por lo que marcaba, sino por lo que generaba para las demás.

    Esa evolución no pasó desapercibida en Múnich. El Bayern siguió de cerca cada paso de su cesión, consciente de que Edna estaba respondiendo al reto con madurez y rendimiento. Y entonces el contexto cambió de forma abrupta. La salida de Lea Schüller, que puso rumbo al Manchester United Women, dejó al Bayern sin una de sus referencias ofensivas y obligó al club alemán a reaccionar con rapidez. En ese escenario, la progresión de Edna y su rendimiento en la Real Sociedad se convirtieron en un argumento irrefutable. El Bayern decidió repescarla antes de tiempo, interrumpiendo la cesión para reincorporarla a su plantilla y cubrir una necesidad inmediata en ataque.

    La decisión fue, en sí misma, una confirmación del impacto de Edna en San Sebastián. No todas las cesiones terminan con una llamada anticipada del club de origen, y menos aún en un gigante europeo como el Bayern de Múnich. Para la Real Sociedad, supuso perder a una futbolista que ya formaba parte del equilibrio ofensivo del equipo; para Edna, fue la prueba definitiva de que su trabajo estaba siendo reconocido al más alto nivel.

    Su etapa en la Real Sociedad, aunque más corta de lo inicialmente previsto, dejó una huella clara. Dejó números, sí, pero sobre todo dejó sensaciones: la de una delantera capaz de competir en contextos de élite, de adaptarse a distintos estilos y de responder cuando el escenario se vuelve exigente. La cesión cumplió su función con creces. Edna se marchó de San Sebastián más completa, más segura y con la certeza de que estaba preparada para dar el siguiente paso.

    Así, su regreso anticipado al Bayern no fue una ruptura, sino una consecuencia lógica. Consecuencia de los goles marcados, de los minutos asumidos, de los partidos competidos y de una progresión que convirtió una cesión en una plataforma de lanzamiento. La Real Sociedad fue el lugar donde Edna Imade confirmó que su crecimiento no tenía techo inmediato; el Bayern, al repescarla antes de tiempo tras la marcha de Lea Schüller al Manchester United Women, simplemente reconoció una realidad que ya se había construido sobre el césped.

    (Fuente: Real Sociedad de Fútbol)

    En el Estadio de Zubieta están inmersos en la lucha por acceder a los puestos ligueros que dan plaza a jugar la ronda preliminar de la Liga de Campeones Femenina la temporada que viene, marchándose al parón navideño en tercera posición con 30 unidades en el zurrón, a tan solo dos de un Real Madrid que sigue la estela del todopoderoso Fútbol Club Barcelona, quien domina la Primera División Femenina como es habitual.

    La exjugadora del Club Polideportivo Cacereño y el Málaga Club de Fútbol podrá despedirse del conjunto guipuzcoano unos días después de Reyes en el compromiso que enfrentará a la Real Sociedad de Fútbol a domicilio (Alcalá de Henares) frente al Club Atlético de Madrid en un duelo directo por la Liga de Campeones que emitirá en abierto TEN TV (12:00 horario peninsular) en abierto a través de la TDT el 10 de enero de 2026.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Hay delanteras que marcan goles. Hay otras que marcan destinos. Edna está hecha para lo segundo.

    La que fuese futbolista del Málaga CFF en la temporada 2019-2020, ha de ser definida como una atacante muy polivalente que puede actuar tanto como referencia en la parcela ofensiva como extremo por ambos costados, sobresaliendo en el rectángulo de juego por su velocidad, gran disparo de larga y media distancia que posee un potente juego aéreo en las acciones a balón parado.

    Ya solo nos quedan noventa minutos para ver a la internacional española en categoría absoluta brillando en la Liga F Moeve y después habrá que conformase con verla defender la elástica de “La Roja”, que no es poco.

    (Fuente: Liga F Moeve)