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  • La crónica | La Real Sociedad asalta Nervión

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ◼️ El conjunto vasco venció por 0-2 al Sevilla Fútbol Club para mantenerse en la 3ª posición de Liga F Moeve con 34 puntos, seis por encima del cuarto clasificado. Esther Sullastres, en propia puerta, y Nerea Eizagirre, que fue la MVP del partido marcaron los tantos del cuadro txuri-urdin.

    A las 16:00 horas de este domingo 18 de enero, cuando el sol de invierno caiga oblicuo sobre el césped del Estadio Jesús Navas y la ciudad de Sevilla empiece a entrar en ese estado de calma tensa que precede a los grandes acontecimientos, el fútbol femenino español cerrará su fin de semana con un partido que, bajo una apariencia de jornada regular, esconde una carga competitiva, simbólica y clasificatoria enorme. Sevilla FC y Real Sociedad se enfrentan en un duelo que no solo mide dos proyectos consolidados de la Primera División, sino que se conecta de manera directa y casi inevitable con lo ocurrido apenas unas horas antes en otro punto del país: la contundente victoria del Costa Adeje Tenerife por 5-0 ante el Athletic Club. Un resultado que ha sacudido la zona alta de la tabla y que ha comprimido, hasta límites casi asfixiantes, la pelea por las posiciones que conducen a Europa, a la élite continental, a esa Liga de Campeones que ya no es un sueño lejano sino una posibilidad real para varios clubes que han decidido dejar de mirar hacia abajo y empezar a hacerlo hacia arriba.

    Porque este Sevilla–Real Sociedad no se juega en el vacío. Se juega con la clasificación en la mano, con el eco de los goles del Heliodoro aún resonando en los despachos y vestuarios, con la sensación de que cada punto empieza a pesar más que nunca y de que cada jornada es un pequeño punto de inflexión en una temporada que está alcanzando su madurez competitiva. El Tenerife, con su exhibición ante el Athletic, ha lanzado un mensaje nítido: está preparado para competir por algo más grande. Y ese mensaje interpela directamente a equipos como la Real Sociedad, que desde hace años coquetea con la élite y quiere dar el salto definitivo, y también al Sevilla, que ha construido un proyecto ambicioso, estable y reconocible, decidido a no resignarse al papel de comparsa en la lucha por los puestos nobles.

    El contexto es fundamental para entender la magnitud de este partido. El triunfo del Tenerife no es solo una goleada aislada; es una declaración de intenciones que reordena mentalmente la clasificación. El Athletic Club, rival directo en esa franja alta-media, ha quedado tocado, y eso abre una ventana de oportunidad para quienes sepan aprovecharla. En ese escenario, Sevilla y Real Sociedad saltan al campo sabiendo que los tres puntos no son solo tres puntos: son una respuesta, una reafirmación, una forma de decir “seguimos aquí” en una carrera en la que ya no basta con competir bien, sino que hay que ganar, y hacerlo con convicción.

    El Sevilla FC llega a esta cita con la necesidad de reaccionar. La derrota ante el Real Madrid CF por 2-0 en la última jornada fue un golpe duro, no tanto por el resultado en sí, comprensible ante uno de los gigantes del campeonato, sino por la sensación de que el equipo de David Losada no logró imponer su personalidad durante demasiados tramos del encuentro. Las sevillistas habían encadenado una serie de actuaciones sólidas que las habían colocado en una posición expectante, pero el tropiezo en Valdebebas recordó que, en esta liga, el margen de error es mínimo. Volver a la senda del triunfo no es solo una cuestión de puntos, sino de identidad, de recuperar esa confianza colectiva que se construye a partir del juego y de la competitividad.

    David Losada ha sido, desde su llegada, un arquitecto paciente. Ha moldeado un Sevilla reconocible, intenso, valiente, capaz de competir de tú a tú con prácticamente cualquier rival. Sin embargo, para este partido deberá hacerlo sin dos piezas importantes: Gemma Gili y Jassina Blom, ambas bajas confirmadas. La ausencia de Gemma Gili, futbolista de jerarquía, lectura táctica y capacidad para ordenar el centro del campo, supone un reto estratégico considerable. Su liderazgo silencioso, su capacidad para aparecer en los momentos clave y para equilibrar al equipo en fases de dominio rival no es fácil de sustituir. Jassina Blom, por su parte, aporta dinamismo, llegada y una energía constante que suele contagiar al grupo. Sin ellas, el Sevilla deberá reinventarse, encontrar nuevas sinergias y apoyarse aún más en el colectivo.

    Pero si algo ha demostrado este Sevilla es que sabe crecer desde la adversidad. El Jesús Navas se ha convertido en un fortín emocional, en un espacio donde el equipo se siente respaldado, donde la presión se transforma en estímulo. Las jugadoras saben que este es uno de esos partidos que definen temporadas, que marcan el pulso anímico de un grupo. Ganar a la Real Sociedad no sería solo un triunfo ante un rival directo; sería un golpe sobre la mesa, una manera de reivindicar que el Sevilla está preparado para luchar por algo más que la permanencia holgada.

    Enfrente estará una Real Sociedad que llega a Sevilla con la moral alta, pese al empate 5-5 frente al Atlético de Madrid en la última jornada. Aquel partido fue una montaña rusa emocional, un espectáculo ofensivo que dejó claro que el conjunto donostiarra tiene talento, carácter y una capacidad de respuesta admirable. Empatar cinco veces con uno de los equipos más poderosos del campeonato no es casualidad; es el reflejo de un equipo que cree en su idea y que no se rinde, incluso cuando el partido parece escaparse.

    Eso sí, la Real Sociedad afronta este duelo en un momento de transición. La salida de Edna Imade ha dejado un vacío evidente en la estructura ofensiva. Edna no solo aportaba goles; ofrecía profundidad, amenaza constante y una referencia clara en ataque. Sin ella, el equipo de Arturo Ruiz ha tenido que redistribuir responsabilidades, buscar nuevas soluciones y apostar por un juego más coral. Hasta ahora, la respuesta ha sido positiva, pero el desafío de Sevilla pondrá a prueba esa adaptación.

    Arturo Ruiz, joven técnico pero ya curtido en este tipo de escenarios, ha sido claro en su mensaje: “Vamos a intentar llevarnos los tres puntos en Sevilla”. No es una frase hecha. Es una declaración de intenciones que encaja con la filosofía de un entrenador que no concibe los partidos desde la especulación. La Real Sociedad quiere ser protagonista, incluso lejos de Zubieta. Quiere imponer su ritmo, su circulación, su capacidad para encontrar espacios entre líneas. Sin embargo, también tendrá que gestionar bajas importantes: María Molina y Maren Lezeta no estarán disponibles, lo que limita las opciones en determinadas zonas del campo y obliga a una gestión cuidadosa de los esfuerzos.

    La historia entre ambos equipos añade una capa más de profundidad al relato. Sevilla FC y Real Sociedad se han enfrentado en veintiún ocasiones, con un balance que refleja la igualdad y la rivalidad creciente: siete triunfos para las sevillistas, cuatro empates y diez victorias para el conjunto donostiarra. No es un historial desequilibrado; es una narrativa de alternancias, de partidos cerrados, de momentos decisivos. Cada nuevo enfrentamiento reescribe esa historia, añade un capítulo más a una rivalidad que, sin ser clásica, ha ido ganando peso específico en la última década.

    Y todo esto ocurre bajo la sombra alargada del 5-0 del Tenerife al Athletic Club. Ese resultado ha sido una sacudida en la clasificación y en la percepción general del campeonato. El Tenerife no solo ganó; dominó, convenció y se posicionó como un aspirante real a las plazas europeas. Para Sevilla y Real Sociedad, ese marcador actúa como un recordatorio incómodo: no hay margen para la complacencia. Mientras unos celebran, otros se ven obligados a reaccionar. La lucha por entrar en la Liga de Campeones, aunque aún lejana en términos matemáticos, ya se ha instalado en el imaginario colectivo de varios clubes, y cada partido se analiza desde esa óptica.

    El Athletic Club, derrotado de manera contundente, pierde terreno en esa carrera, y eso abre una puerta que alguien tendrá que cruzar. El Sevilla, con su proyecto en crecimiento, y la Real Sociedad, con su ambición histórica, saben que estos son los partidos que marcan la diferencia. No basta con competir bien contra los grandes; hay que ganar los duelos directos, hay que sumar de tres cuando el calendario ofrece estas oportunidades.

    El encuentro, además, se podrá seguir en directo a través de DAZN y Movistar+, lo que garantiza una visibilidad máxima y una atención mediática acorde a la importancia del choque. No es un detalle menor. La exposición, la narrativa, el relato que se construye alrededor de estos partidos también influye en la percepción de los proyectos. Ganar en un escenario televisado, con audiencia nacional, refuerza la identidad y el discurso interno de los clubes.

    Desde el punto de vista táctico, se espera un partido intenso, con fases muy diferenciadas. El Sevilla intentará aprovechar el empuje inicial, la energía del público y la verticalidad de sus transiciones. La Real Sociedad, por su parte, buscará controlar el ritmo, imponer su circulación y castigar cualquier desajuste defensivo. Las ausencias obligarán a ambos técnicos a ajustar piezas, a tomar decisiones que pueden ser determinantes. En partidos así, los detalles —una presión bien ejecutada, una acción a balón parado, un error no forzado— adquieren una relevancia casi desproporcionada.

    Pero más allá de lo táctico, este Sevilla versus Real Sociedad es un partido de estados de ánimo, de convicciones profundas. Es el tipo de encuentro que define discursos internos, que refuerza o cuestiona certezas. Para el Sevilla, ganar significaría confirmar que el tropiezo ante el Real Madrid fue solo un accidente en el camino. Para la Real Sociedad, sumar tres puntos en Sevilla sería una demostración de madurez, una prueba de que el equipo puede competir y ganar lejos de casa incluso en momentos de transición.

    Y todo ello se entrelaza con la imagen del Tenerife celebrando goles, con el Athletic intentando recomponerse, con la clasificación apretándose en la zona alta. La Primera División femenina vive un momento de efervescencia competitiva, y partidos como este son el mejor reflejo de esa realidad. No hay partidos de trámite. No hay jornadas inocuas. Cada encuentro es una pieza más de un puzzle complejo en el que todos luchan por posicionarse.

    Cuando el árbitro dé el pitido inicial en el Jesús Navas, no solo comenzará un partido; se activará una cadena de significados, de consecuencias que irán más allá de los noventa minutos.

    Sevilla y Real Sociedad jugarán por los puntos, sí, pero también por algo más intangible: por el derecho a sentirse parte de la conversación europea, por la legitimidad de soñar con la Liga de Campeones en una temporada en la que el Tenerife ya ha demostrado que los sueños, cuando se trabajan, pueden empezar a tomar forma de goleada.

    El duelo al detalle |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🏆 Liga F Moeve | Temporada 2025-2026

    😍 Duelo de la zona alta

    🔥 Sevilla Fútbol Club vs Real Sociedad de Fútbol 🔥

    ✨ Matchday 17 | Día de partido

    🗓️ Domingo, 19 de enero de 2026

    ⏰ 16:30 horario peninsular

    📺 DAZN

    🏟️ Estadio Jesús Navas, Sevilla

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Los onces |

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El sol caía sobre la ciudad con esa luz engañosa que no quema pero pesa, una luz que se posa sobre el césped como si también quisiera ver el partido, como si supiera que hay tardes que no se juegan solo por tres puntos, sino por algo más profundo, algo que no siempre aparece en la clasificación pero que queda grabado en la memoria de quienes estuvieron allí y de quienes, incluso a kilómetros de distancia, sintieron que ese encuentro tenía algo distinto. Sevilla y Real Sociedad se miraban de frente, dos maneras de entender el fútbol, dos historias que se cruzan, dos ambiciones que no siempre se proclaman a gritos pero que se notan en la forma de pisar el campo, en la tensión de los primeros controles, en la forma en la que una portera ajusta los guantes o una capitana mira de reojo al banquillo antes del pitido inicial.

    Saltaron al terreno de juego con la idea clara de hacerse con los tres puntos, pero también con la certeza íntima de que nadie iba a regalar nada. El Sevilla, arropado por su gente, sabía que cada partido en casa es una batalla por la dignidad competitiva, por sostener el relato de un equipo que quiere crecer desde la resistencia y el orden. La Real Sociedad, el club txuri-urdin, llegaba con el poso de los equipos que se saben fuertes, que se saben en buena dinámica, que han aprendido a dominar los tiempos sin necesidad de acelerarlos, con esa calma peligrosa que solo tienen los conjuntos que se sienten seguros de su plan.

    Desde los primeros minutos quedó claro el guion inicial. La Real quiso mandar, quiso ser protagonista con balón, quiso instalarse en campo rival y convertir el partido en una sucesión de oleadas controladas. El Sevilla aceptó el desafío desde la solidez, desde la concentración, desde esa idea tan sevillista de resistir primero para elegir luego el momento de golpear. No había pasado demasiado tiempo cuando llegó la primera sacudida del partido, una de esas acciones que no acaban en gol pero que avisan, que anuncian que la tarde va a exigir atención plena.

    Un saque de esquina botado con intención, con rosca medida, con esa trayectoria que invita a la central a abandonar su zona y atacar el espacio. Claudia Florentino apareció desde atrás, poderosa, decidida, ganando la posición dentro del área. El remate fue limpio, franco, con todo el cuerpo acompañando el gesto, pero el balón se perdió por encima del larguero. No fue una ocasión cualquiera: fue una declaración de intenciones. La Real Sociedad había venido a jugar cerca del área, a hacer daño en acciones a balón parado, a demostrar que también sabe imponer su físico y su timing.

    El Sevilla no se descompuso. Siguió fiel a su estructura, con líneas juntas, con una vigilancia constante sobre las segundas jugadas. Pero la Real insistía. Otro córner, otra acción ensayada, otra pelota colgada con veneno. Esta vez fue Mirari quien se animó, la ariete que no duda cuando huele balón suelto. El remate salió mordido, tocó en Fatou Kanteh, desvió su trayectoria y obligó a la defensa sevillista a conceder otro saque de esquina. Era un asedio medido, sin estridencias, pero constante.

    Cecilia Marcos comenzaba a generar peligro por el costado, apareciendo entre líneas, girándose con inteligencia, obligando a la zaga local a bascular una y otra vez. Cada vez que recibía, el estadio contenía el aliento, consciente de que ahí había desequilibrio, pausa, último pase. En el otro lado del tablero, Rosa Márquez intentaba poner orden, darle sentido al juego de las hispalenses, conectar defensa y ataque, ser ese faro que permite respirar cuando el rival aprieta.

    Y entonces apareció ella. Esther Sullastres. Imperial. Atenta. Concentrada. Con esa serenidad que solo tienen las porteras que entienden el partido como un ejercicio de paciencia. Cada centro lateral encontraba sus manos o su voz, cada balón dividido tenía su grito de mando, cada acercamiento de la Real se topaba con la sensación de que para marcar había que hacer algo extraordinario. No bastaba con llegar; había que convencer al destino.

    La Real probó también desde fuera. Lucía Pardo armó la pierna con decisión, un disparo potente, seco, de esos que buscan sorprender, que buscan el bote traicionero. Pero la guardameta sevillista se quedó el remate con seguridad, sin alardes, sin conceder segundas opciones. Era su partido. Lo estaba sintiendo. Lo estaba jugando desde la cabeza antes incluso que desde los reflejos.

    Precisamente Lucía Pardo volvió a aparecer poco después, esta vez tras un envío al área que parecía llevar su nombre. El balón cruzó el área, buscó su desmarque, encontró su cuerpo, pero la zaga sevillista se mostró infranqueable. Cada despeje era una victoria pequeña, cada bloqueo un recordatorio de que el fútbol también se gana defendiendo.

    Así fueron cayendo los minutos, con la Real llevando la iniciativa y el Sevilla resistiendo con orgullo, con disciplina, con una solidaridad que se palpaba en cada ayuda defensiva. No hubo goles, pero hubo partido. No hubo celebración, pero hubo tensión. El pitido que marcó el final de los primeros cuarenta y cinco minutos llegó como un suspiro colectivo: 0-0 en el marcador, todo por decidir, todo abierto.

    El paso por vestuarios fue un punto de inflexión silencioso. Arturo Ruiz, desde el banquillo visitante, entendió que el partido pedía un matiz distinto, una chispa nueva, una variación que rompiera el equilibrio sin romper el plan. Decidió mover ficha. Intza entró por Lucía Pardo. Cambio de ritmo, cambio de perfil, cambio de amenaza. Pero el fútbol, caprichoso, no espera a que los entrenadores desarrollen sus ideas con calma.

    Nada más arrancar la segunda parte, llegó el golpe inesperado. Andreia Jacinto cayó lesionada. Un cambio obligado. Un contratiempo que obligaba a reajustar piezas sobre la marcha. Klára Cahynová entró en su lugar, asumiendo la responsabilidad con la naturalidad de quien sabe que los partidos importantes no avisan antes de exigirte.

    El Sevilla trató de estirarse, de ganar metros, de sacudirse por momentos el dominio vasco. Pero la Real no perdió la compostura. Siguió tocando, siguió esperando, siguió construyendo su oportunidad con paciencia de orfebre. El partido avanzaba hacia esa zona peligrosa en la que un detalle lo cambia todo, en la que un rebote, un mal despeje, una décima de segundo de duda puede decidirlo.

    Y entonces llegó la jugada que rompió el equilibrio, que alteró el relato, que convirtió la tarde en una historia que ya no podía contarse en voz baja. Cerca de la media hora de juego, Emma Ramírez metió una pelota dentro del área. No fue un centro espectacular, no fue una acción aislada de genialidad. Fue fútbol.

    Fue insistencia. Fue leer el momento. El esférico quedó suelto, flotando en esa tierra de nadie que separa la gloria del despeje salvador.

    Lo que ocurrió después pertenece a esa categoría de goles que no se celebran de inmediato porque antes hay un segundo de incredulidad. El disparo salió con intención, buscando portería, buscando premio. La pelota se estrelló en el palo, con ese sonido seco que paraliza el tiempo. El rebote fue cruel, caprichoso, injusto incluso. Golpeó en la espalda de Esther Sullastres, que había hecho un partido monumental, y terminó entrando en la portería para abrir la lata con el 01 en el minuto 61 de juego .

    No hubo error. No hubo fallo. Hubo mala fortuna. De esa que no entiende de méritos.

    El estadio se quedó mudo por un instante. La Real Sociedad de Fútbol celebró. El Sevilla miró al suelo. El fútbol había decidido inclinarse.

    gol no solo alteró el marcador, alteró el estado de ánimo del partido. Alteró las respiraciones, los gestos, las miradas que se cruzaban entre las futbolistas buscando una explicación que el fútbol nunca concede. Esther Sullastres permaneció unos segundos en el suelo, no por dolor físico, sino por ese impacto invisible que dejan los goles crueles, los que llegan después de haberlo hecho todo bien. Se levantó con dignidad, ajustó de nuevo los guantes, miró al frente. No había reproche en su gesto, solo la aceptación estoica de quien entiende que ser portera es convivir con la injusticia sin perder el carácter.

    La Real Sociedad, consciente de lo que acababa de suceder, entendió que ese era el momento exacto para dar un paso más.

    El cero a uno no era solo ventaja, era legitimación del plan. Era la confirmación de que la paciencia había tenido recompensa. Y como hacen los equipos que están en buena dinámica, no se conformaron. No bajaron el ritmo. No se refugiaron en el resultado. Buscaron el segundo con la misma naturalidad con la que habían buscado el primero.

    El Sevilla, herido pero no derrotado, trató de reaccionar desde el orgullo. Las sevillistas comenzaron a adelantar líneas, a arriesgar un poco más en la presión, a buscar envíos rápidos que rompieran la estructura visitante. Cada balón largo era una súplica, cada llegada al área una esperanza. Pero la Real Sociedad estaba cómoda. Se sentía fuerte. Se sentía madura.

    En medio de ese intercambio de intenciones llegó la polémica. Una acción dentro del área que levantó los brazos del banquillo visitante y encendió los murmullos en la grada. Una disputa, un contacto, una caída. El conjunto vasco pidió penalti con convicción, con la seguridad de quien cree haber visto la oportunidad de cerrar el partido desde los once metros. El tiempo se detuvo otra vez, esta vez no por un disparo al palo, sino por la espera.

    El Football Video Support entró en escena. La colegiada caminó hacia la banda, revisó la acción, la observó desde todos los ángulos. Fueron segundos largos, tensos, incómodos. El fútbol moderno tiene estas pausas que parecen eternas, estos momentos en los que el público ya no sabe si protestar, si esperar, si respirar. Finalmente, la decisión fue clara: no había penalti. El juego continuaría. La Real aceptó la resolución sin excesivo dramatismo. Sabía que el partido seguía estando donde quería.

    Y entonces apareció la futbolista que convierte los partidos buenos en partidos recordados. La líder silenciosa. La centrocampista que entiende el juego como un espacio para mandar incluso cuando no se toca el balón. Nerea Eizagirre, la MVP del partido, decidió que era el momento de dejar su firma.

    La jugada nació en la banda. Intza, recién ingresada, interpretó el espacio con inteligencia. No centró por centrar. Esperó el movimiento. Midió el tiempo. El envío fue tenso, preciso, dirigido al segundo palo, ese lugar al que llegan las que saben leer el fútbol antes que nadie. Y allí estaba Nerea. Llegando. Atacando el espacio con determinación. Golpeando el balón con el alma.

    El remate fue limpio, inapelable. No hubo rebote. No hubo fortuna. Hubo ejecución. El balón besó la red y el 02 subió al marcador como una sentencia allá por el minuto 72 de la contienda.

    Fue un gol de líder, de capitana emocional, de futbolista que entiende que los partidos importantes se cierran cuando el rival aún respira.

    La Real Sociedad celebró con contención, con abrazos sinceros pero sin estridencias. Sabían que habían hecho el trabajo. Sabían que habían sido superiores sin necesidad de humillar.

    Sabían que ese gol no solo valía tres puntos, sino una declaración de estatus. El Sevilla, mientras tanto, acusó el golpe. Dos goles en contra, uno cruel y otro definitivo, pesan como una losa en las piernas.

    Aún así, las sevillistas no dejaron de intentarlo. Empujadas por su público, por ese orgullo que no se negocia, buscaron recortar distancias en los minutos finales. Hubo centros, hubo llegadas, hubo intentos desesperados. Pero ya no era el mismo partido. La Real había bajado la persiana con oficio, gestionando el tiempo, leyendo cada situación con la serenidad de quien sabe que el reloj también juega.

    El pitido final llegó sin sobresaltos, pero con significado. Confirmó el triunfo de las de Arturo Ruiz, un triunfo trabajado, maduro, de equipo que ha aprendido a competir en escenarios complejos. La Real Sociedad seguía en buena dinámica, consolidada en la tercera posición de la Liga F Moeve con 34 puntos, seis por encima de su perseguidor. No era solo una cifra. Era una declaración de regularidad, de ambición sostenida.

    Mientras las jugadoras se saludaban, mientras el césped comenzaba a vaciarse de tensión, quedaba la sensación de haber asistido a algo más que un partido. Quedaba el recuerdo de Esther Sullastres, gigante incluso en la derrota. Quedaba el liderazgo de Nerea Eizagirre, marcando el camino. Quedaba la certeza de que hay equipos que crecen cuando el calendario aprieta.

    Cuando el estadio empezó a vaciarse y el murmullo se transformó en pasos dispersos, el partido seguía latiendo en el aire. Hay encuentros que acaban con el pitido final y hay otros que continúan durante horas, porque no se explican solo por el marcador, sino por todo lo que han puesto en juego. Este Sevilla–Real Sociedad pertenecía a ese segundo grupo. No fue un choque de fuegos artificiales ni un intercambio salvaje de golpes; fue una partida larga, estratégica, de esas que se deciden cuando una entiende mejor que la otra qué momento está viviendo.

    El Sevilla se quedó en el césped unos instantes más. Algunas jugadoras con las manos en las caderas, otras mirando al suelo, otras levantando la vista hacia la grada como buscando una respuesta que el fútbol no siempre devuelve. No había sensación de desastre, pero sí de oportunidad perdida. Porque el equipo había competido. Porque había resistido durante muchos minutos a uno de los conjuntos más sólidos del campeonato. Porque había tenido en Esther Sullastres a una guardiana extraordinaria que sostuvo el partido hasta que el azar decidió intervenir.

    La portera sevillista simbolizó como pocas la crudeza de este deporte. Noventa minutos impecables, una actuación de manual, y un gol encajado que no pertenece al error sino a la fatalidad. El balón que golpea el palo, rebota en la espalda y entra es una imagen que persigue, que se repite en la cabeza, que no se olvida fácilmente. Pero también es una imagen que define a quienes saben convivir con ella y seguir adelante. Sullastres lo hizo. Sin aspavientos. Sin dramatismo. Como se hacen las cosas importantes.

    Enfrente, la Real Sociedad caminaba con otro gesto. No de euforia desbordada, sino de satisfacción serena. La satisfacción de quien reconoce el valor de lo conseguido porque sabe lo difícil que es. Ganar fuera de casa, en un campo exigente, dominando sin imponerse a la fuerza, golpeando cuando el partido lo pide, es una señal inequívoca de madurez competitiva.

    El equipo de Arturo Ruiz no ganó porque tuviera más ocasiones claras, ni porque arrasara, ni porque desbordara. Ganó porque entendió el partido desde el primer minuto. Porque supo que el 0-0 inicial no era un problema. Porque aceptó que había que insistir sin desesperarse. Porque confió en que el fútbol, tarde o temprano, suele premiar a quien más tiempo permanece en campo rival con orden y paciencia.

    Y cuando el partido pidió decisiones, las tomó. El cambio de Intza no fue un gesto menor. Fue lectura. Fue comprensión del ritmo. Fue aportar una amenaza distinta cuando el Sevilla empezaba a encontrar cierta estabilidad. Y de esa decisión nació el segundo gol, el que cerró el encuentro, el que convirtió el dominio en victoria.

    El tanto de Nerea Eizagirre merece detener el tiempo. No solo por la ejecución, sino por lo que representa. Llegar al segundo palo, atacar el espacio justo, rematar con convicción cuando el partido se está jugando en los márgenes, es un gesto de futbolista grande. De esas que aparecen cuando hay que aparecer. De esas que no necesitan acumular protagonismo durante todo el partido para ser determinantes cuando llega el momento exacto.

    Nerea no solo marcó un gol. Firmó un liderazgo. Confirmó su estatus. Demostró por qué es la brújula emocional y futbolística de esta Real Sociedad que ha dejado de ser promesa para convertirse en realidad sostenida. No es casualidad que fuera la MVP. Hay premios que no necesitan explicación.

    El contexto engrandece aún más el triunfo. Tercera posición de la Liga F Moeve. Treinta y cuatro puntos. Seis de ventaja sobre su perseguidor. No es una cifra aislada. Es una fotografía del momento. Es la constatación de que este equipo ha construido algo sólido, reconocible, respetado. Que ya no se habla de la Real Sociedad como sorpresa, sino como actor principal. Que cada jornada suma no solo puntos, sino credibilidad.

    Y en ese crecimiento hay una palabra que define el partido de Sevilla: continuidad. La Real no fue brillante a ratos y ausente a otros. Fue constante. No tuvo picos exagerados ni valles profundos. Supo que el partido era largo y lo jugó como tal. Esa es una virtud que solo se adquiere con experiencia y con convicción en la idea.

    Para el Sevilla, el encuentro deja lecturas duras pero necesarias. La sensación de haber hecho muchas cosas bien y no haber obtenido recompensa es una de las más difíciles de gestionar. Pero también es una señal de que el camino no está equivocado. Competir así contra uno de los equipos más en forma del campeonato no es un accidente. Es una base. Es un punto de partida.

    El fútbol femenino, además, gana cuando se juegan partidos así. Intensos, tácticos, con respeto mutuo, con protagonistas claras, con narrativas que van más allá del resultado. Porque estos encuentros construyen memoria colectiva. Construyen referentes. Construyen historias que se cuentan después, cuando ya no importan tanto los puntos, sino lo que se aprendió en el proceso.

    Y al final, cuando todo se apaga, cuando el césped vuelve a ser solo césped y las camisetas regresan al vestuario, queda una imagen grabada. La Real Sociedad marchándose de Sevilla con paso firme, con la sensación de haber superado una prueba más en su camino. Y el Sevilla quedándose con la certeza de que, incluso en la derrota, hay partidos que te hacen crecer.

    Porque el fútbol no siempre premia al que más lo merece. Pero siempre deja huella en quien lo entiende.

    Y este partido, jugado sin alardes pero con verdad, quedará como uno de esos encuentros que explican una temporada. De esos que, cuando todo termine, alguien recordará y dirá: ahí, en Sevilla, la Real Sociedad confirmó que estaba preparada. Y el Sevilla demostró que no se rinde, ni siquiera cuando el destino decide jugar en contra.

    Así se escriben las historias que no necesitan épica impostada.
    Así se construyen los equipos que aspiran a algo más.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    Sevilla Fútbol Club: Sullastres, Débora, Alice (Hagel, 91’), Isa Álvarez, Raquel (Andrea Álvarez, 83’), Alicia, Iris (Júlia Torres, 83’), Rosa Márquez, Cortés (Esther, 62’), Inma Gabarro y Kanteh (Wifi, 83’).

    Real Sociedad de Fútbol: Estensoro, Florentino, Moraza, Apari, Paula Fernández, Lucía Pardo (Intza, DES), Andreia Jacinto (Cahynová, 51’) Emma (Guridi, 83’), Lavogez, Cecilia Marcos (Aiara, 69’) y Mirari.

    Incidencias: Encuentro correspondiente a la jornada 16ª de la Liga F, disputado en el Estadio Jesús Navas de la Ciudad Deportiva José Ramón Cisneros Palacios de Sevilla sobre una superficie de hierba natural.

    Goles |

    0-1 Esther Sullastres (P.P.) 61’ ⚽️
    0-2 Nerea Eizaguirre 72’ ⚽️

    Vídeo |

  • La crónica | El Real Madrid torpedea al Sevilla

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🟫 ¡Triunfo merengue! El equipo de Pau Quesada se impusieron por 2-0 a un Sevilla que fue de más a menos.

    La previa |

    (Fuente: Getty imágenes)

    Este sábado 10 de enero de 2026, a las 17:00 horas, cuando la tarde empiece a caer sobre Valdebebas y el frío invernal envuelva el estadio Alfredo Di Stéfano, la Liga F Moeve volverá a ofrecer uno de esos partidos que explican por sí solos el momento de una competición que no deja de crecer en intensidad, calidad y significado. Real Madrid CF y Sevilla FC se citan en un duelo que va mucho más allá de la jornada que marca el calendario. Es un choque entre dos equipos en plena forma, dos proyectos que han sabido resistir los golpes, aprender de las caídas y construir una identidad competitiva que hoy los sitúa como protagonistas de la temporada. Un partido que no necesita artificios para justificarse, porque su peso reside en todo lo que lo rodea: la clasificación, las dinámicas, la historia compartida y la sensación de que cada minuto puede ser decisivo.

    El Real Madrid llega a esta cita asentado en la segunda posición de la tabla con 32 puntos, mirando de frente a la cabeza de la clasificación y consciente de que cada jornada es una oportunidad para reforzar su candidatura a todo. Seis partidos consecutivos sin perder entre todas las competiciones han consolidado la sensación de un equipo que ha encontrado equilibrio, madurez y una confianza que se transmite desde el primer pase. No se trata únicamente de resultados, sino de cómo se han construido. El Real Madrid ha aprendido a dominar partidos desde diferentes registros, a sufrir cuando el contexto lo exige y a imponer su ritmo cuando el escenario lo permite. Ese aprendizaje, acumulado partido a partido, ha convertido al conjunto blanco en uno de los equipos más sólidos y fiables del campeonato.

    El Alfredo Di Stéfano, escenario habitual de las grandes tardes del fútbol femenino madridista, será testigo de un nuevo capítulo en esa evolución. Jugar en casa, con la familiaridad del entorno y la certeza de conocer cada rincón del terreno de juego, añade un matiz especial a un partido que exige máxima concentración desde el primer minuto. El Real Madrid sabe que no puede permitirse concesiones, porque enfrente tendrá a un rival que llega sin complejos, con argumentos sólidos y con la convicción de que este tipo de encuentros son oportunidades para dar un salto cualitativo.

    El Sevilla FC aterriza en Madrid como sexto clasificado con 24 puntos, a solo seis de los puestos de Champions, y con una racha liguera que invita al optimismo. Aunque el equipo hispalense llega tras caer en los octavos de final de la Copa de la Reina, esa eliminación no ha empañado el gran momento que vive en la competición doméstica, donde no conoce la derrota desde el pasado 19 de octubre. Seis partidos ligueros consecutivos sin perder son la prueba de un crecimiento sostenido, de un equipo que ha sabido reinventarse tras los momentos difíciles y que ha encontrado en la regularidad su principal fortaleza.

    Este Sevilla no es un invitado inesperado en la parte noble de la tabla, sino un equipo que ha trabajado para estar ahí. Cada punto sumado ha sido una declaración de intenciones, una forma de demostrar que el proyecto tiene bases firmes y que la ambición no es una palabra vacía. La cercanía de los puestos de Champions actúa como un motor silencioso, como una meta que se intuye alcanzable si el equipo mantiene su nivel competitivo. Visitar el Alfredo Di Stéfano no es una misión sencilla, pero tampoco es un obstáculo insalvable para un Sevilla que ha demostrado saber competir lejos de casa.

    Las palabras de Sara Holmgaard en la previa del encuentro resumen a la perfección el espíritu con el que el Real Madrid afronta este duelo: “Tenemos que empezar el partido con un nivel muy alto, jugar muy rápido y ser fuertes en defensa”. No es una frase lanzada al azar, sino una declaración de principios. Empezar fuerte, imponer ritmo y sostenerse desde la solidez defensiva son las claves que han permitido al conjunto blanco encadenar resultados positivos y mantenerse en la pelea por los objetivos más ambiciosos. Holmgaard pone voz a una idea colectiva, a una convicción compartida por un vestuario que sabe que la exigencia no da tregua.

    La historia entre Real Madrid y Sevilla FC añade una dimensión extra al enfrentamiento. Ambos conjuntos se han visto las caras en once ocasiones, con un balance favorable al equipo merengue: ocho victorias, un empate y dos triunfos para el conjunto hispalense. Es una estadística que marca tendencia, pero que no determina el presente. El fútbol, especialmente en una competición tan viva como la Liga F, no entiende de certezas absolutas. Aun así, los precedentes pesan, y más aún cuando los recuerdos más recientes son contundentes. La pasada temporada, el Real Madrid se impuso en ambos duelos, primero con un 4-1 y después con un rotundo 0-4, resultados que dejaron claro el potencial ofensivo del equipo blanco y su capacidad para castigar cualquier error.

    Pero el Sevilla que llega a este partido no es exactamente el mismo que cayó la temporada pasada. Ha ganado experiencia, ha reforzado su identidad y ha aprendido a competir desde la paciencia. Su racha liguera sin derrotas es una muestra de ello. Cada partido ha sido una prueba superada, un paso más en un camino que se construye desde la constancia. La eliminación copera, lejos de hundir al equipo, puede actuar como un elemento catalizador, como una herida que empuja a reaccionar y a concentrar todas las energías en la competición doméstica.

    El choque de dinámicas convierte este partido en un duelo de alto voltaje. El Real Madrid llega con la seguridad que otorga una racha positiva en todas las competiciones y con la ambición de no perder terreno en la lucha por la cima. El Sevilla, por su parte, aterriza con la confianza que nace de saberse competitivo, de no perder desde hace meses en Liga y de estar a solo seis puntos de un objetivo tan ilusionante como la Champions. Dos rachas, dos impulsos, dos maneras de entender el momento que se encontrarán sobre el césped del Alfredo Di Stéfano.

    El factor televisivo amplifica aún más la importancia del encuentro. DAZN y Movistar+ ofrecerán el partido en directo, llevando este duelo a miles de hogares y confirmando el crecimiento del fútbol femenino como producto deportivo de primer nivel. No es solo un partido más en la parrilla, es una cita marcada para quienes siguen la Liga F con atención, para quienes entienden que estos enfrentamientos construyen la narrativa de la temporada. El espectador no solo asistirá a un choque entre dos equipos en forma, sino a un relato en tiempo real, a una historia que se escribirá minuto a minuto.

    En el césped, cada duelo individual tendrá un significado especial. Cada carrera, cada disputa, cada balón dividido será una pequeña batalla dentro de una guerra más amplia. El Real Madrid buscará imponer su ritmo desde el inicio, mover el balón con velocidad y aprovechar los espacios, mientras que el Sevilla intentará resistir, leer el partido y castigar cualquier concesión. Será un pulso táctico, físico y emocional, donde la gestión de los momentos será tan importante como la calidad individual.

    La clasificación añade presión, pero también ilusión. Para el Real Madrid, una victoria supondría reforzar su posición en la segunda plaza y seguir presionando a los equipos que ocupan la cima. Para el Sevilla, puntuar en Valdebebas sería un golpe de autoridad, una confirmación de que su racha no es circunstancial y de que puede mirar de frente a los grandes de la Liga. Cada punto cuenta, cada resultado deja huella, y ambos equipos lo saben.

    Este partido no se entiende sin el contexto de una Liga F Moeve cada vez más competitiva, donde los márgenes son mínimos y donde cualquier detalle puede cambiar el rumbo de la temporada. Real Madrid y Sevilla representan dos modelos distintos, pero igualmente ambiciosos. Uno, consolidado en la élite y con la presión constante de ganar. El otro, en pleno crecimiento, con el hambre de quien sabe que está ante una oportunidad histórica. Ese contraste es lo que convierte este duelo en algo especial.

    Cuando el reloj marque las 17:00 y el balón empiece a rodar, todo lo demás quedará en suspenso. Las rachas, los precedentes, las declaraciones previas se diluirán para dejar paso a la verdad del juego.

    Noventa minutos donde el talento, la disciplina y el carácter marcarán la diferencia. Noventa minutos en los que cada acción contará y en los que el espectador sentirá que algo importante está en juego.

    Noventa minutos donde el talento, la disciplina y el carácter marcarán la diferencia. Noventa minutos en los que cada acción contará y en los que el espectador sentirá que algo importante está en juego.

    Porque este Real Madrid CF – Sevilla FC no es solo un partido de Liga F. Es una invitación a detenerse, a mirar con atención y a dejarse atrapar por una competición que no deja de crecer.

    El choque en profundidad |

    (Fuente: UEFA)

    😍 Espectáculo

    🔜 NEXT GAME

    🏆 Liga F Moeve 2025-2026

    🚀 Matchday 15 |Día de partido

    🔥 Real Madrid 🆚 Sevilla Fútbol Club 🔥

    ⏰ 17:00 horario peninsular

    📺 Movistar Plus Vamos 2

    🏟️ Estadio Alfredo Di Stéfano, Valdebebas

    Desde los primeros instantes en Valdebebas, el partido se dibujó como un ejercicio de paciencia y jerarquía para el Real Madrid, que asumió el mando del balón y del territorio con naturalidad, mientras el Sevilla FC Femenino trataba de ordenar sus líneas, ajustar alturas y resistir el primer oleaje blanco en un escenario exigente como el Alfredo Di Stéfano. Las madridistas se instalaron pronto en campo rival, moviendo la pelota con fluidez, alternando apoyos cortos y cambios de orientación, buscando abrir una defensa visitante que, pese a las dificultades iniciales, logró sostenerse durante los primeros minutos gracias a su disciplina táctica y a la lectura defensiva de su última línea.

    En ese contexto de dominio territorial del conjunto local, la primera acción que alteró el guion llegó desde el talento individual de Linda Caicedo, que en una arrancada eléctrica fue capaz de superar rivales y romper líneas, dejando una primera advertencia de lo que estaba por venir. Fue una jugada aislada, pero suficiente para encender la grada y recordar que, incluso cuando el equipo todavía no había encontrado su mejor ritmo colectivo, la calidad diferencial podía desequilibrar el encuentro en cualquier momento.

    Sin embargo, contra lo que podía esperarse por la inercia inicial, el Sevilla logró crecer con el paso de los minutos. Las hispalenses, lejos de replegarse en exceso, comenzaron a manejar la posesión durante el primer cuarto de hora, enlazando pases con criterio y obligando al Real Madrid a ajustar su presión. Kanteh empezó a aparecer como referencia ofensiva, ofreciendo desmarques y fijando a la zaga blanca, y fue precisamente ella quien protagonizó la primera situación clara del partido al rematar desviado un centro lateral de Morcillo. La acción estaba invalidada por fuera de juego, pero sirvió para generar las primeras protestas en la grada y para reflejar cierto nerviosismo en un Real Madrid que, por momentos, parecía desconectado de la intensidad que el encuentro requería.

    Ese tramo del partido dejó una sensación incómoda para el público local, que reclamaba mayor determinación a las suyas. El Sevilla se sentía cómodo por momentos, encontraba apoyos interiores con Iris Arnaiz y Rosa Márquez, y lograba que el partido se jugase lejos de su área, algo fundamental para sus intereses. Pero el fútbol, tantas veces, se decide en acciones puntuales, y cuando el Real Madrid activó su talento diferencial, el escenario cambió de forma abrupta.

    La reacción blanca no se hizo esperar, y llegó de la manera más brillante posible. Caroline Weir recibió entre líneas un pase preciso de Holmgaard, orientó el control con maestría y dejó atrás a Iris Arnaiz con una ruleta de manual que levantó al público de sus asientos. La escocesa, con la pausa que define a las grandes futbolistas, avanzó unos metros y filtró un pase milimétrico al espacio para Linda Caicedo. La colombiana atacó el balón con decisión y, con un zurdazo certero, batió a Sullastres para firmar el 1-0 en el minuto 23, alcanzando su gol número 30 con la camiseta del Real Madrid. El tanto llegó en un momento en el que el Sevilla estaba atravesando su mejor fase, y tuvo un efecto psicológico inmediato en el desarrollo del encuentro.

    La celebración fue reveladora: lejos de conformarse, Athenea del Castillo reclamó a sus compañeras ir a por más, consciente de que el golpe había abierto una grieta en la estructura defensiva visitante. El gol, más que tranquilizar al Real Madrid, activó su versión más agresiva. El equipo elevó la presión, aceleró la circulación del balón y empezó a encontrar espacios entre líneas con mayor facilidad.

    Cinco minutos después, esa sensación de dominio se tradujo en el segundo tanto. Athenea del Castillo, incisiva y desequilibrante desde la banda, encontró a Caroline Weir en una llegada desde segunda línea. La escocesa definió con precisión para poner el 2-0 en el minuto 28, certificando el mejor momento del Real Madrid en el partido. Las blancas se sentían cómodas, mandaban en el ritmo y amenazaban con un resultado más amplio antes del descanso.

    Weir volvió a probar fortuna poco después en un lanzamiento de falta directa que obligó a Sullastres a intervenir con solvencia para despejar el balón, una acción que empezó a dibujar el papel clave que tendría la guardameta sevillista en el desarrollo posterior del encuentro. El Sevilla, tocado pero no hundido, logró llegar al descanso con solo dos goles de desventaja, un resultado que aún le permitía aferrarse a la esperanza.

    Las jugadoras se marcharon a vestuarios con una cómoda ventaja para un Real Madrid que estaba sabiendo aprovechar el contexto de la jornada, marcada por el empate a cinco goles entre Atlético de Madrid y Real Sociedad en Alcalá de Henares, un resultado que abría una oportunidad clara para consolidarse en la zona alta de la clasificación. El subcampeón de la Copa de la Reina de 2023 tenía ante sí la posibilidad de comenzar 2026 con autoridad, y la segunda mitad se presentaba como una oportunidad para sentenciar.

    Tras la reanudación, el Real Madrid volvió a golpear, esta vez a balón parado. Nada más comenzar el segundo tiempo, Esther Martín-Pozuelo evitó el tercer tanto sacando un balón sobre la misma línea de gol tras un saque de esquina, en una acción defensiva crucial que mantuvo al Sevilla con vida. Fue un aviso claro de lo que estaba por venir: el conjunto blanco salió decidido a cerrar el partido cuanto antes.

    El ritmo del encuentro tras el descanso fue alto y dinámico. El Real Madrid se volcó en ataque, acumulando llegadas y obligando al Sevilla a un esfuerzo defensivo constante. Las locales llegaban con frecuencia al área rival, combinando por dentro y por fuera, mientras que las visitantes trataban de resistir y encontrar alguna salida aislada, casi siempre a través de Kanteh, que fue la principal vía ofensiva sevillista en este periodo.

    Las ocasiones se sucedían, pero el tercer gol se resistía. Sullastres se convirtió en la gran protagonista del Sevilla, interviniendo con acierto en varias acciones y sosteniendo a su equipo en los momentos más delicados. El partido pudo quedar definitivamente sentenciado en el minuto 80, cuando Athenea del Castillo, tras una acción individual de mucho talento, provocó un penalti de Raquel Morcillo dentro del área. Angeldahl asumió la responsabilidad desde los once metros, pero la guardameta sevillista volvió a imponerse, deteniendo el lanzamiento y manteniendo el 2-0 en el marcador.

    El penalti fallado no frenó el empuje del Real Madrid, que siguió buscando el tercer tanto con insistencia. Athenea volvió a rozar el gol en una nueva ocasión, pero Sullastres achicó bien los espacios y el disparo se marchó fuera, prolongando la resistencia de un Sevilla que, pese al sufrimiento, no bajó los brazos en ningún momento.

    El pitido final certificó un triunfo sólido del Real Madrid en el Alfredo Di Stéfano en el primer partido de Liga F de 2026.

    Un triunfo que pudo ser más amplio por las numerosas ocasiones generadas, especialmente en la segunda mitad, pero que reflejó la superioridad blanca a lo largo del encuentro. El Sevilla FC Femenino, pese a la derrota, mostró momentos de reacción y se sostuvo en el partido gracias a las intervenciones de Sullastres y al esfuerzo colectivo, aunque volvió a marcharse sin premio en un contexto complicado para el proyecto de David Losada.

    Con estos tres puntos, el Real Madrid alcanza los 35 en la clasificación, consolidándose en la segunda plaza del campeonato de la regularidad y reafirmando su candidatura a pelear en la zona alta. El Sevilla, por su parte, se marcha de vacío de Valdebebas y se mantiene sexto con 24 puntos, a la espera de que se complete el grueso de la jornada, todavía en busca de la estabilidad necesaria para dar un paso adelante competitivo.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    📋 Ficha técnica |

    Real Madrid (2): Misa; Eva Navarro (Shei García 70′), María Méndez, Andersson, Holmgaard; Däbritz, Angeldahl; Athenea, Weir (Pau Comendador 70′), Linda Caicedo (Irune 61′); Alba Redondo (Iris Ashley 61′).

    Sevilla (0): Sullastres; Débora (Marques 60′), Eva Llamas, Isa Álvarez, Esther Martín; Alicia Redondo (Hagel 78′), Iris Arnaiz (Cortés 60′); Kanteh (Andrea Álvarez 70′), Rosa Márquez, Morcillo; Gabarro (Alba Cerrato 70′).

    Árbitra: Sánchez Miguel (Colegio Catalán). Amonestó a Iris (minuto 42), Débora (minuto 49), Esther Martín (minuto 62) e Iris Ashley (minuto 79).

    Estadio: Alfredo Di Stéfano (Valdebebas). Asistencia: 1.435 espectadores en una superficie de hierba natural.

    Goles |

    1-0 Linda Caicedo 22’ ⚽️

    2-0 Caroline Weir 28’ ⚽️

    Vídeo |

    https://youtu.be/Vdhwk2c_suU?si=z4tRqNNCTxk13qR2

  • La previa | Real Madrid vs Sevilla Fútbol Club

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬜️ El conjunto merengue recibe al cuadro hispalense en un cara a cara de máxima tensión

    Publicidad de Prime Video

    Prime Video desvela el tráiler oficial de la película Los hermanos demolición

    Prime Video ha desvelado el tráiler oficial de su nueva película Original Los hermanos demolición, una comedia de acción potenciada por la química arrolladora de su dúo protagonista, Dave Bautista (Trap House) y Jason Momoa (Aquaman y el reino perdido). Los hermanos demolición es una historia sobre la hermandad, la familia, la redención, la masculinidad y el enfrentarse a las partes de tu pasado de las que intentaste huir. La películaha conseguido unir a ambos actores, que siempre habían querido trabajar juntos. Sorprendentemente emotiva y con mucho humor a lo largo del camino, Los hermanos demolición se estrenará el 28 de enero de 2026 enPrime Video, en más de 240 países y territorios de todo el mundo.

    En esta comedia de acción, dos hermanastros distanciados, Jonny (Jason Momoa) y James (Dave Bautista), se ven obligados a reunirse tras la misteriosa muerte de su padre. Mientras se disponen a descubrir la verdad, salen a la luz secretos ocultos y se ponen a prueba las lealtades, desvelando una conspiración que puede destrozar a su familia. Juntos, están dispuestos a destruir cualquier cosa que se interponga en su camino. 

     

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Este sábado 10 de enero de 2026, a las 17:00 horas, cuando la tarde empiece a caer sobre Valdebebas y el frío invernal envuelva el estadio Alfredo Di Stéfano, la Liga F Moeve volverá a ofrecer uno de esos partidos que explican por sí solos el momento de una competición que no deja de crecer en intensidad, calidad y significado. Real Madrid CF y Sevilla FC se citan en un duelo que va mucho más allá de la jornada que marca el calendario. Es un choque entre dos equipos en plena forma, dos proyectos que han sabido resistir los golpes, aprender de las caídas y construir una identidad competitiva que hoy los sitúa como protagonistas de la temporada. Un partido que no necesita artificios para justificarse, porque su peso reside en todo lo que lo rodea: la clasificación, las dinámicas, la historia compartida y la sensación de que cada minuto puede ser decisivo.

    El Real Madrid llega a esta cita asentado en la segunda posición de la tabla con 32 puntos, mirando de frente a la cabeza de la clasificación y consciente de que cada jornada es una oportunidad para reforzar su candidatura a todo. Seis partidos consecutivos sin perder entre todas las competiciones han consolidado la sensación de un equipo que ha encontrado equilibrio, madurez y una confianza que se transmite desde el primer pase. No se trata únicamente de resultados, sino de cómo se han construido. El Real Madrid ha aprendido a dominar partidos desde diferentes registros, a sufrir cuando el contexto lo exige y a imponer su ritmo cuando el escenario lo permite. Ese aprendizaje, acumulado partido a partido, ha convertido al conjunto blanco en uno de los equipos más sólidos y fiables del campeonato.

    El Alfredo Di Stéfano, escenario habitual de las grandes tardes del fútbol femenino madridista, será testigo de un nuevo capítulo en esa evolución. Jugar en casa, con la familiaridad del entorno y la certeza de conocer cada rincón del terreno de juego, añade un matiz especial a un partido que exige máxima concentración desde el primer minuto. El Real Madrid sabe que no puede permitirse concesiones, porque enfrente tendrá a un rival que llega sin complejos, con argumentos sólidos y con la convicción de que este tipo de encuentros son oportunidades para dar un salto cualitativo.

    El Sevilla FC aterriza en Madrid como sexto clasificado con 24 puntos, a solo seis de los puestos de Champions, y con una racha liguera que invita al optimismo. Aunque el equipo hispalense llega tras caer en los octavos de final de la Copa de la Reina, esa eliminación no ha empañado el gran momento que vive en la competición doméstica, donde no conoce la derrota desde el pasado 19 de octubre. Seis partidos ligueros consecutivos sin perder son la prueba de un crecimiento sostenido, de un equipo que ha sabido reinventarse tras los momentos difíciles y que ha encontrado en la regularidad su principal fortaleza.

    Este Sevilla no es un invitado inesperado en la parte noble de la tabla, sino un equipo que ha trabajado para estar ahí. Cada punto sumado ha sido una declaración de intenciones, una forma de demostrar que el proyecto tiene bases firmes y que la ambición no es una palabra vacía. La cercanía de los puestos de Champions actúa como un motor silencioso, como una meta que se intuye alcanzable si el equipo mantiene su nivel competitivo. Visitar el Alfredo Di Stéfano no es una misión sencilla, pero tampoco es un obstáculo insalvable para un Sevilla que ha demostrado saber competir lejos de casa.

    Las palabras de Sara Holmgaard en la previa del encuentro resumen a la perfección el espíritu con el que el Real Madrid afronta este duelo: “Tenemos que empezar el partido con un nivel muy alto, jugar muy rápido y ser fuertes en defensa”. No es una frase lanzada al azar, sino una declaración de principios. Empezar fuerte, imponer ritmo y sostenerse desde la solidez defensiva son las claves que han permitido al conjunto blanco encadenar resultados positivos y mantenerse en la pelea por los objetivos más ambiciosos. Holmgaard pone voz a una idea colectiva, a una convicción compartida por un vestuario que sabe que la exigencia no da tregua.

    La historia entre Real Madrid y Sevilla FC añade una dimensión extra al enfrentamiento. Ambos conjuntos se han visto las caras en once ocasiones, con un balance favorable al equipo merengue: ocho victorias, un empate y dos triunfos para el conjunto hispalense. Es una estadística que marca tendencia, pero que no determina el presente. El fútbol, especialmente en una competición tan viva como la Liga F, no entiende de certezas absolutas. Aun así, los precedentes pesan, y más aún cuando los recuerdos más recientes son contundentes. La pasada temporada, el Real Madrid se impuso en ambos duelos, primero con un 4-1 y después con un rotundo 0-4, resultados que dejaron claro el potencial ofensivo del equipo blanco y su capacidad para castigar cualquier error.

    Pero el Sevilla que llega a este partido no es exactamente el mismo que cayó la temporada pasada. Ha ganado experiencia, ha reforzado su identidad y ha aprendido a competir desde la paciencia. Su racha liguera sin derrotas es una muestra de ello. Cada partido ha sido una prueba superada, un paso más en un camino que se construye desde la constancia. La eliminación copera, lejos de hundir al equipo, puede actuar como un elemento catalizador, como una herida que empuja a reaccionar y a concentrar todas las energías en la competición doméstica.

    El choque de dinámicas convierte este partido en un duelo de alto voltaje. El Real Madrid llega con la seguridad que otorga una racha positiva en todas las competiciones y con la ambición de no perder terreno en la lucha por la cima. El Sevilla, por su parte, aterriza con la confianza que nace de saberse competitivo, de no perder desde hace meses en Liga y de estar a solo seis puntos de un objetivo tan ilusionante como la Champions. Dos rachas, dos impulsos, dos maneras de entender el momento que se encontrarán sobre el césped del Alfredo Di Stéfano.

    El factor televisivo amplifica aún más la importancia del encuentro. DAZN y Movistar+ ofrecerán el partido en directo, llevando este duelo a miles de hogares y confirmando el crecimiento del fútbol femenino como producto deportivo de primer nivel. No es solo un partido más en la parrilla, es una cita marcada para quienes siguen la Liga F con atención, para quienes entienden que estos enfrentamientos construyen la narrativa de la temporada. El espectador no solo asistirá a un choque entre dos equipos en forma, sino a un relato en tiempo real, a una historia que se escribirá minuto a minuto.

    En el césped, cada duelo individual tendrá un significado especial. Cada carrera, cada disputa, cada balón dividido será una pequeña batalla dentro de una guerra más amplia. El Real Madrid buscará imponer su ritmo desde el inicio, mover el balón con velocidad y aprovechar los espacios, mientras que el Sevilla intentará resistir, leer el partido y castigar cualquier concesión. Será un pulso táctico, físico y emocional, donde la gestión de los momentos será tan importante como la calidad individual.

    La clasificación añade presión, pero también ilusión. Para el Real Madrid, una victoria supondría reforzar su posición en la segunda plaza y seguir presionando a los equipos que ocupan la cima. Para el Sevilla, puntuar en Valdebebas sería un golpe de autoridad, una confirmación de que su racha no es circunstancial y de que puede mirar de frente a los grandes de la Liga. Cada punto cuenta, cada resultado deja huella, y ambos equipos lo saben.

    Este partido no se entiende sin el contexto de una Liga F Moeve cada vez más competitiva, donde los márgenes son mínimos y donde cualquier detalle puede cambiar el rumbo de la temporada. Real Madrid y Sevilla representan dos modelos distintos, pero igualmente ambiciosos. Uno, consolidado en la élite y con la presión constante de ganar. El otro, en pleno crecimiento, con el hambre de quien sabe que está ante una oportunidad histórica. Ese contraste es lo que convierte este duelo en algo especial.

    Cuando el reloj marque las 17:00 y el balón empiece a rodar, todo lo demás quedará en suspenso. Las rachas, los precedentes, las declaraciones previas se diluirán para dejar paso a la verdad del juego.

    Es la promesa de un duelo intenso, de ritmo alto, de defensas exigidas al límite y de ataques dispuestos a romper cualquier equilibrio. Es, en definitiva, uno de esos encuentros que recuerdan por qué el fútbol femenino merece ser visto, seguido y celebrado. Y cuando llegue el pitido final, gane quien gane, quedará la sensación de haber asistido a una cita imprescindible, de esas que no se explican del todo con palabras, pero que se quedan grabadas en la memoria de quien decidió no perdérsela.

    Noventa minutos donde el talento, la disciplina y el carácter marcarán la diferencia. Noventa minutos en los que cada acción contará y en los que el espectador sentirá que algo importante está en juego.

    Porque este Real Madrid CF – Sevilla FC no es solo un partido de Liga F. Es una invitación a detenerse, a mirar con atención y a dejarse atrapar por una competición que no deja de crecer.

    😍 Espectáculo

    🏆 Liga F Moeve 2025-2026

    🚀 Matchday 15 |Día de partido

    🔥 Real Madrid 🆚 Sevilla Fútbol Club 🔥

    ⏰ 17:00 horario peninsular

    📺 Movistar Plus Vamos 2

    🏟️ Estadio Alfredo Di Stéfano, Valdebebas

    (Fuente: Getty imágenes)

  • Reportaje | Ángela Sosa Martín

    (Fuente: Getty imágenes)

    La internacional española en categoría absoluta milita actualmente en el Madrid CFF y fue la mejor jugadora de la Liga F en la temporada 2017-2018.

    Ángela Sosa Martín (Sevilla, 16 de enero de 1993) es una futbolista española que destaca por su polivalencia en el centro del campo, donde puede desempeñarse con solvencia en cualquiera de sus posiciones. Actualmente milita en el Madrid CFF y es internacional absoluta con la Selección Española de Fútbol.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Ampliamente conocida por este medio (“El Partido de Manu”) la andaluza nos concedió una entrevista antes de marcharse del Atlético de Madrid para recalar en el Real Betis Balompié Féminas.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Ángela Sosa creció desde pequeña rodeada de balones, aunque sus primeros pasos en el deporte no estuvieron ligados al fútbol, sino al atletismo. No fue hasta más adelante cuando decidió orientarse definitivamente hacia el fútbol, iniciando su formación en la cantera del Sporting de Huelva. Sin embargo, su debut en categoría sénior se produjo con el Sevilla FC en 2009.

    Aquella temporada coincidió con una ampliación de la Superliga femenina, competición a la que el Sevilla FC fue invitado junto a otros clubes. En la primera fase, el conjunto sevillista quedó encuadrado en el grupo C, finalizando en quinta posición de un total de siete equipos, lo que le dejó fuera de la lucha por el título. En la segunda fase, el Sevilla concluyó en segunda posición, también entre siete participantes, logrando así la clasificación para la Copa de la Reina, donde el equipo fue eliminado en los octavos de final.

    En la temporada 2010/11, el Sevilla FC terminó cuarto en el grupo C, igualmente compuesto por siete equipos, y en la segunda fase finalizó en la quinta posición del mismo grupo. Para la campaña 2011/12, el formato de la competición cambió a un grupo único de 18 equipos, un contexto en el que el Sevilla no logró mantener la categoría y descendió a Segunda División.

    Lejos de abandonar el proyecto, Ángela Sosa tuvo un papel destacado en la temporada 2011/12 con el objetivo de regresar a la máxima categoría.

    El 13 de mayo de 2012 protagonizó uno de los momentos más recordados de aquella etapa al marcar un gol olímpico en el campo del Oiartzun y, en el partido decisivo del curso, asumió la responsabilidad de lanzar y convertir un penalti, a pesar de su juventud, contribuyendo de forma decisiva al regreso del equipo a Primera División.

    En la temporada 2012/13, el Sevilla FC logró mantener la categoría tras finalizar la liga en la duodécima posición. Ángela Sosa fue una de las futbolistas más destacadas del equipo, participando en 23 encuentros y anotando tres goles, consolidándose como una pieza importante en el centro del campo sevillista.

    El 1 de agosto de 2013, con apenas 20 años, Sosa alcanzó un acuerdo para incorporarse al Sporting de Huelva, denominado esa temporada Fundación Cajasol por motivos de patrocinio.

    El club onubense resaltó en su comunicado oficial su notable capacidad para la creación de juego, su calidad técnica y su excelente golpeo de balón. La campaña resultó muy positiva tanto a nivel colectivo como individual: Sosa contribuyó con nueve goles y ayudó al equipo a clasificarse para la Copa de la Reina. Su rendimiento le valió además ser una de las tres futbolistas nominadas en su demarcación en el Fútbol Draft, y diversos medios de comunicación la señalaron como una de las piezas clave del éxito del conjunto.

    En la temporada siguiente dio el salto al Atlético de Madrid, con un traspaso que se hizo oficial el 25 de julio de 2014.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Debutó con el conjunto rojiblanco el 7 de septiembre de 2014 en un empate sin goles frente al Rayo Vallecano. Su primer gol llegó el 4 de noviembre de ese mismo año, en la victoria por 3-1 ante la Fundación Albacete.

    (Fuente: Laliga)

    El 26 de abril de 2015, el Atlético de Madrid logró por primera vez en su historia la clasificación para la Liga de Campeones Femenina de la UEFA al finalizar la liga en segunda posición. En la Copa de la Reina, el equipo fue eliminado en semifinales por el Sporting de Huelva, antiguo club de Sosa. A lo largo de esa temporada, Ángela Sosa y Silvia Meseguer fueron las únicas futbolistas que disputaron la totalidad de los partidos de liga, reflejo de su importancia y regularidad dentro del equipo.

    Ángela Sosa destaca por su visión de juego y excelente precisión de pase, con un índice estimado alrededor del 87 %, lo que la convierte en una gestora ideal de la posesión. Domina tanto los pases cortos que rompen líneas como los que llegan al área rival con criterio .
    Tiene una gran capacidad para regatear en espacios reducidos, con agilidad, control y dominio del balón muy superiores (scores también cercanos a 86–88 según métricas proxy). Es difícil de despojar y capaz de crear ventaja en duelos uno a uno.
    Su capacidad física es una de las áreas más débiles: carece de fortaleza en duelos físicos y presenta puntuaciones bajas en saltos o juegos aéreos (aproximadamente 47 en precisión de cabeza). Esto se hace especialmente notorio en centros al área o despejes de balón parado.
    Desde su llegada al Levante U.D. en julio de 2023, asumió el papel de referente del centro del campo y capitana. Adaptó rápidamente sus cualidades técnicas al sistema del Levante, encajando como creadora desde el primer momento y demostrando confianza y liderazgo .

    (Fuente: Laliga)

    En el centro del campo es ideal para equipos que priorizan la posesión, el control del ritmo y la creación desde líneas intermedias. Su liderazgo y lectura de juego la convierten en una pieza clave de valor intangible dentro de cualquier plantilla. Sin embargo, su menor fortaleza física y baja capacidad aérea suponen limitaciones tácticas en ciertos contextos.

    (Fuente: Laliga)

    Ángela Sosa destaca por su visión de juego y excelente precisión de pase, con un índice estimado alrededor del 87 %, lo que la convierte en una gestora ideal de la posesión. Domina tanto los pases cortos que rompen líneas como los que llegan al área rival con criterio .

    (Fuente: Getty imágenes)


    Tiene una gran capacidad para regatear en espacios reducidos, con agilidad, control y dominio del balón muy superiores (scores también cercanos a 86–88 según métricas proxy).

    (Fuente: Getty imágenes)

    Es difícil de despojar y capaz de crear ventaja en duelos uno a uno.
    Su capacidad física es una de las áreas más débiles: carece de fortaleza en duelos físicos y presenta puntuaciones bajas en saltos o juegos aéreos (aproximadamente 47 en precisión de cabeza). Esto se hace especialmente notorio en centros al área o despejes de balón parado.
    Desde su llegada al Levante U.D. en julio de 2023, asumió el papel de referente del centro del campo y capitana. Adaptó rápidamente sus cualidades técnicas al sistema del Levante, encajando como creadora desde el primer momento y demostrando confianza y liderazgo.

    En el centro del campo es ideal para equipos que priorizan la posesión, el control del ritmo y la creación desde líneas intermedias. Su liderazgo y lectura de juego la convierten en una pieza clave de valor intangible dentro de cualquier plantilla. Sin embargo, su menor fortaleza física y baja capacidad aérea suponen limitaciones tácticas en ciertos contextos.

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    La temporada 2024/2025 fue el reflejo de esa recuperación total. Disputó 21 partidos en Liga F, anotando un gol y repartiendo dos asistencias, consolidándose nuevamente como jugadora de confianza en los momentos clave. Su experiencia en el Levante permitió al equipo mantener un nivel competitivo alto, a pesar de las dificultades, y su presencia en el campo ofreció un ejemplo de liderazgo silencioso y determinante, recordando que el fútbol femenino, más allá del talento, requiere sacrificio, consistencia y compromiso.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Finalmente, la temporada 2025/2026 marcó un nuevo capítulo en la carrera de Ángela Sosa, con su traspaso al Madrid CFF. Su incorporación fue recibida como un refuerzo clave para el club madrileño, que busca consolidarse entre los equipos de la parte alta de la clasificación.

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    Desde el inicio, Sosa ha sido titular indiscutible, participando en cinco partidos y anotando un gol. Su rol en el equipo vuelve a tener pinceladas de liderazgo, aportando experiencia, control del juego y capacidad para desequilibrar en zona ofensiva. Con contrato hasta junio de 2026, su llegada simboliza no solo un paso importante en su carrera, sino también una inyección de calidad y madurez para un proyecto que aspira a consolidarse en la élite de la Liga F.

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    Más allá de las estadísticas, Ángela Sosa representa una generación de futbolistas que ha vivido la transformación del fútbol femenino español: desde canteras humildes y competiciones irregulares hasta estadios llenos, reconocimiento internacional y un nivel profesional consolidado. Su trayectoria es un ejemplo de constancia, talento y resiliencia, y su influencia trasciende los goles y las asistencias. Es el reflejo de cómo el esfuerzo, la disciplina y la pasión por el fútbol pueden convertir a una futbolista en referente dentro y fuera del campo, dejando una huella imborrable en la historia de la Liga F y en la memoria de todos los aficionados al fútbol femenino en España.

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    Ángela Sosa debutó con la Selección Española sub-17 el 21 de octubre de 2008, en la victoria frente a Croacia durante la fase de clasificación del Campeonato Europeo. En esta categoría disputó un total de tres partidos.

    A pesar de su destacado rendimiento con el Atlético de Madrid, su ausencia en las convocatorias de la selección absoluta fue objeto de debate entre varios especialistas en fútbol femenino. Finalmente, Sosa debutó con la Selección Absoluta el 8 de noviembre de 2018 en un amistoso contra Polonia, que España ganó 3-1.

    El 20 de mayo de 2019, Jorge Vilda anunció la lista de convocadas para el Mundial, en la que Sosa no fue incluida, una decisión que generó numerosas críticas por parte de la prensa deportiva. Tras el Mundial, fue convocada en agosto para un partido amistoso tras la baja por lesión de una compañera, pero tuvo que renunciar debido a una cirugía menor que ya tenía programada.

    Su primer partido oficial con la selección absoluta llegó el 8 de octubre de 2019, en la victoria por 1-5 ante la República Checa, en la segunda jornada de clasificación para la Eurocopa 2021, entrando como suplente en el minuto 71.

    Y es que Ángela Sosa no necesita presentación: campeona de Liga F con el Atlético de Madrid, vencedora de la Supercopa de España y medallista en competiciones nacionales, además de haber sido una pieza clave en la selección española desde la sub-17 hasta la absoluta. Su recorrido deja claro que hablamos de una mediocentro de talla internacional, capaz de marcar diferencias en cualquier terreno de juego.

    Desde “El Partido de Manu” podemos confirmar que, pese a los vaivenes de su carrera, la exjugadora del Betis aún tiene mucho fútbol en sus botas. Tanto es así que el Madrid CFF estaría valorando seriamente ofrecerle una renovación por un año más, siempre que ambas partes lo consideren oportuno.

    Porque Ángela Sosa no solo acumula títulos y experiencia: sigue siendo un referente dentro y fuera del campo, y su pasión por el juego sigue intacta. Y eso, amigos, es lo que marca la diferencia entre una carrera brillante y una leyenda viva del fútbol femenino español.

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  • Reportaje | Maca, volver a casa para brillar y cumplir el sueño de su niñez

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    ⬛️ Macarena Portales y el Atlético de Madrid: una historia de amor que nació en la cuna, se curtió en el exilio y regresó para quedarse y jugar la Champions.

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    La historia de Amanda Sampedro dijimos que era puro sentimiento rojiblanco, lo de Macarena Portales pertenece a una dimensión todavía más profunda: la pasión heredada, la que no se aprende ni se negocia, la que simplemente se lleva dentro desde antes de entender qué es el fútbol.

    Macarena Portales nació en Madrid el 2 de agosto de 1998, en una ciudad donde el balón marca rutinas y los colores se transmiten de generación en generación. En su caso, el rojo y el blanco fueron familia, barrio y cultura. El Atlético de Madrid no fue un club al que llegar más tarde: fue un punto de partida.

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    Criada en Fuenlabrada, Maca comenzó jugando fútbol sala en Alcorcón y Móstoles. Aquellos pabellones, donde el balón corre más rápido que las ideas, moldearon su esencia futbolística: técnica, velocidad mental, descaro y valentía para encarar. Antes de aprender a correr la banda, aprendió a pensar rápido.

    Con solo 13 años, dio el salto al fútbol 7 y al fútbol 11 para integrarse en la cantera del Atlético de Madrid. Allí empezó a entender que vestir ese escudo significaba algo más que jugar bien: significaba competir cada día, respetar el esfuerzo y no rendirse nunca. Se formó como extrema, aprendió a jugar por ambos costados y absorbió una identidad que ya era suya.

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    En 2013, se proclamó campeona de España sub-16 con la selección madrileña y recibió uno de los premios a mejor deportista de la Unión de Federaciones Deportivas Madrileñas. Era el primer gran aviso: Maca no solo sentía el fútbol, también estaba preparada para él.

    Tras cinco años en el Atlético, en 2015 llegó una de las decisiones más complejas de su carrera: fichar por el Madrid CFF cuando este aún estaba en Segunda División y pese a todo la paisana de Fernando Torres, los dos nacieron en la misma localidad, aprendió el fútbol de la resistencia: partidos trabados, defensas cerradas, campos exigentes. Allí empezó a forjar carácter competitivo, a entender que el talento debía imponerse incluso cuando el contexto no acompañaba.

    Ese aprendizaje le abrió las puertas del Fundación Albacete, donde debutó en Primera División. El salto a la élite fue inmediato y exigente. Maca se ganó minutos, confianza y continuidad, demostrando que podía competir al máximo nivel.

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    La temporada siguiente jugó en el Zaragoza C. F. F., donde disputó 18 partidos de liga y marcó tres goles. Fue una etapa de consolidación, de crecimiento silencioso, de entender mejor los tiempos del juego y la importancia de cada acción.

    En 2018, fichó por el Sevilla FC, un club donde su fútbol encontró un escaparate ideal. En Nervión destacaron su gran técnica, capacidad de desborde y velocidad, actuando desde ambos costados del ataque. Jugó 18 partidos y anotó un gol, pero, más allá de los números, dejó huella por su estilo reconocible y su atrevimiento constante.

    Sevilla supuso una confirmación: Maca ya no era solo una promesa, era una futbolista de Primera División plenamente reconocible.

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    Entre 2019 y 2021, Macarena Portales regresó al Madrid CFF, ya convertida en una jugadora madura, con recorrido y experiencia en la élite. Sin embargo, el contexto del fútbol femenino español todavía arrastraba desigualdades estructurales.

    Afectada por la lista de compensación del convenio colectivo, Maca no podía fichar por otro club español sin que este indemnizara al Madrid CFF con 25.000 euros. Aquella situación, ajena al césped, condicionó su carrera y la obligó a mirar fuera y ahí entró la Serie A.

    En 2021, Maca fichó por el Inter de Milán, convirtiéndose en una de las futbolistas españolas que buscaron en el extranjero la libertad que no encontraban en casa. En la Serie A italiana, disputó 16 partidos, adaptándose a otro ritmo, otro idioma y otra cultura futbolística.

    Italia le dio perspectiva. Le permitió crecer lejos del ruido, reforzar su madurez y comprobar que su fútbol también era válido fuera de España. Aquella experiencia, breve pero intensa, la fortaleció mentalmente.

    Su sueño de vestir la camiseta que habían defendido jugadoras como Priscila Borja, también con pasado en el Madrid CFF, le distanciaba de seguir los pasos de la brasileña Ludmila Da Silva, ahora en Estados Unidos, pero solo era una cuestión de percepción.

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    De 2022 a 2024, Macarena Portales defendió la camiseta del Valencia C. F. y esa narrativa fue la de dos temporadas de estabilidad, de continuidad competitiva y de liderazgo silencioso. Maca se convirtió en una jugadora fiable, capaz de aportar equilibrio, profundidad y compromiso en contextos difíciles.

    La ex del Madrid CFF no dejaba de crecer en territorio nacional y pese a su dilatada trayectoria aún era joven y sobre todo veloz, una cualidad difícil de encontrar en la Primera División Femenina.

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    En Valencia consolidó su versión más completa: menos impulsiva, más inteligente, sin perder nunca el desborde que la definía.

    En la temporada 2023-2024 fue seducida por el proyecto del Badalona y allí vestida de azul dio un gran salto a nivel cualitativo a las órdenes de Ferrán Cabello.

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    En el cuadro catalán aumentó sus prestaciones, pero sus números no se explicaban únicamente en goles o asistencias, sino en una suma constante de presencias, acciones repetidas, esfuerzos acumulados y decisiones tomadas en cada partido que, vistas en conjunto, dibujaban el retrato de una jugadora imprescindible. En Badalona, Maca no fue una cifra aislada en una estadística colectiva: fue una constante. Su temporada se construyó a base de partidos completos o casi completos, de titularidades reiteradas, de minutos sostenidos semana tras semana, de una presencia casi ininterrumpida en las convocatorias y de una confianza del cuerpo técnico que se tradujo en continuidad real, no simbólica.

    Desde las primeras jornadas, su nombre apareció con regularidad en el once inicial, ocupando indistintamente cualquiera de los dos costados del ataque, lo que ya marcaba un primer dato relevante: la versatilidad. Maca acumuló números en forma de adaptabilidad, algo que no siempre se cuantifica en tablas estadísticas pero que define el valor real de una futbolista. Jugó abierta, jugó a pie natural y a pierna cambiada, apareció como extrema clásica y como interior exteriorizada, y en todos esos registros sostuvo un volumen alto de intervenciones ofensivas. Sus partidos se movieron en cifras constantes de centros intentados, de duelos uno contra uno buscados, de conducciones largas para estirar al equipo y de apoyos cortos para facilitar la salida limpia desde atrás.

    En términos de participación ofensiva, Maca fue una de las jugadoras del Levante Badalona con mayor número de acciones decisivas previas al último pase. No siempre figuró como asistente directa, pero sí como origen. Sus números reales estuvieron en la secuencia: recibir, atraer, fijar al lateral y al extremo rival, soltar en ventaja y volver a ofrecer línea de pase. Esa repetición, jornada tras jornada, elevó su conteo de intervenciones útiles por partido y convirtió su banda en una zona de producción constante. Cada encuentro sumaba nuevas acciones al acumulado invisible de su temporada: desbordes que acababan en córner, centros forzados que generaban segundas jugadas, faltas provocadas en campo rival que permitían al equipo respirar y ordenarse.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    En el apartado físico, los números de Maca se reflejaron en su capacidad para sostener esfuerzos largos. Sus partidos raramente se redujeron a apariciones puntuales. Acumuló tramos largos de juego sin sustitución, lo que habla de confianza, pero también de resistencia. Sus kilómetros recorridos por encuentro, especialmente en fase defensiva, la situaron entre las jugadoras exteriores más comprometidas del equipo. No fue una extrema desconectada del repliegue. Sumó números en retornos, en ayudas al lateral, en persecuciones largas cuando el bloque se veía obligado a correr hacia atrás. Esa suma silenciosa de esfuerzos construyó una temporada completa, no brillante en destellos aislados, pero sí sólida en continuidad.

    En términos de goles, su aportación no se midió tanto en grandes cifras como en momentos concretos. Sus números anotadores fueron funcionales al equipo: goles que abrían partidos, que empataban encuentros o que consolidaban ventajas mínimas.

    No acumuló estadísticas infladas, pero sí eficacia contextual. Cada tanto suyo tuvo peso específico dentro del relato de los partidos. A ello se añadieron cifras de disparos generados por partido, muchos de ellos tras conducción propia, otros tras llegadas al segundo palo, una de sus especialidades menos visibles pero más constantes.

    (Fuente: Liga F)

    En cuanto a asistencias, su temporada en Badalona dejó números que reflejan una verdad clara: Maca fue generadora más que ejecutora. Sus pases previos al gol, los llamados penúltimos pases, se repitieron con frecuencia. En más de una ocasión, su acción previa rompió líneas y permitió que la jugada terminara en gol aunque su nombre no apareciera en la estadística final. Ese tipo de números, que no siempre se registran oficialmente, definieron su impacto real. Fue una jugadora que sumó valor en cada posesión prolongada, en cada ataque posicional, en cada transición rápida donde su velocidad servía para ganar metros y tiempo.

    Defensivamente, Maca acumuló cifras notables en robos en campo rival y en intercepciones en banda. No por volumen exagerado, sino por oportunidad. Sus robos solían producirse tras lectura, no tras choque, lo que indica inteligencia táctica.

    Esa faceta elevó su conteo de recuperaciones útiles, aquellas que permiten atacar inmediatamente después. A lo largo de la temporada, ese número creció hasta convertirla en una de las exteriores más completas del equipo, capaz de sumar en ambas fases sin perder identidad ofensiva.

    En cuanto a disciplina y fiabilidad, sus números fueron también elocuentes. Pocas sanciones, escasas ausencias por motivos no físicos, regularidad en entrenamientos y partidos. Su ratio de disponibilidad fue alto, un dato clave en una plantilla que necesitaba estabilidad. Cuando el Levante Badalona buscó continuidad, Maca fue uno de los nombres recurrentes. Ese número, el de la confianza, no aparece en ninguna tabla, pero se mide en alineaciones consecutivas y en minutos sostenidos.

    La temporada también dejó cifras emocionales, aunque no se puedan medir con exactitud. El número de veces que pidió el balón en momentos difíciles, la cantidad de acciones que asumió cuando el equipo necesitaba oxígeno, los partidos en los que fue punto de apoyo para las más jóvenes. Esos números no se cuentan, pero se sienten. Y en Badalona, Maca fue una futbolista que acumuló presencia, peso y significado.

    (Fuente: Liga F)

    Su paso por el Levante Badalona puede resumirse en una idea numérica clara: suma. Suma partidos, suma minutos, suma acciones, suma soluciones. No fue una jugadora de estadísticas aisladas, sino de volumen sostenido. Cada jornada añadió una capa más a una temporada que, vista en frío, muestra una línea ascendente de confianza y rendimiento. Y vista en caliente, explica por qué su nombre volvió a aparecer en el radar del Atlético de Madrid.

    Porque cuando se analizan los números de Maca en Badalona en versión texto, sin columnas ni gráficos, lo que aparece es el retrato de una futbolista completa, constante y preparada. Una jugadora que no necesitó cifras espectaculares para demostrar que estaba lista para volver. Que convirtió cada partido en una unidad de medida. Que transformó el acumulado de pequeños números en una gran cifra final: la de estar preparada para regresar a casa.

    (Fuente: Liga F)

    Macarena Portales volvió al Atlético de Madrid no como una niña de cantera, sino como una futbolista hecha, curtida, consciente de lo que significa vestir esa camiseta. Volvió con experiencia en España e Italia, con cicatrices deportivas y con la certeza de que su sitio siempre estuvo allí.

    (Fuente: RFEF)

    Su regreso es una historia de identidad, de resistencia y de justicia poética. Porque algunas futbolistas no llegan al Atlético: regresan.

    Hoy, Maca representa la banda, el desborde, el sacrificio y la pasión. Representa a todas las que tuvieron que marcharse para poder volver. Y representa, sobre todo, una idea muy concreta del Atlético de Madrid: la de quienes nunca dejan de creer.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El final de una historia no siempre coincide con el último partido ni con el último fichaje. A veces el final verdadero es un punto de quietud, un instante en el que todo lo vivido adquiere sentido de golpe, como si cada paso anterior hubiera estado conduciendo exactamente a ese lugar. El regreso de Macarena Portales al Atlético de Madrid pertenece a esa categoría de finales que no cierran, sino que completan. No es un punto y aparte. Es una frase que por fin encuentra su verbo.

    Porque para entender de verdad lo que significa que Maca vuelva al Atlético no basta con mirar la cronología de su carrera ni con repasar los clubes que marcaron su camino. Hay que entender el peso de lo recorrido, el desgaste acumulado, la suma de partidos jugados sin foco, la paciencia aprendida a base de no rendirse. Hay que comprender que hay futbolistas cuyo valor no se mide en picos de brillo inmediato, sino en trayectorias que resisten el tiempo. Y Macarena Portales es una de ellas.

    Su regreso no responde a una necesidad puntual ni a una urgencia de mercado. Responde a una lógica profunda, casi inevitable. A la lógica de un club que reconoce a quienes han demostrado, lejos de casa, que entienden lo que significa competir cada semana. A la lógica de una futbolista que nunca dejó de ser atlética, incluso cuando el escudo que llevaba en el pecho era otro. Porque hay identidades que no se sustituyen: se ponen en pausa.

    Durante años, Maca fue sumando partidos como quien va dejando señales en un camino largo. Cada temporada añadió una capa nueva a su juego. Cada contexto distinto le enseñó algo que luego reaparecería, silenciosamente, en su forma de competir. Aprendió a sobrevivir en estructuras precarias, a destacar sin protección, a sostener equipos desde la banda cuando el partido pedía pulmón más que aplauso. Aprendió que el fútbol no siempre devuelve lo que das de inmediato, pero que siempre acaba devolviéndolo si insistes lo suficiente.

    En Badalona, esa insistencia alcanzó una forma definitiva. No porque fuera el lugar más visible ni el más cómodo, sino porque fue el escenario perfecto para demostrarlo todo sin decirlo. Allí, Maca convirtió cada partido en una declaración implícita. No levantó la voz, no exigió protagonismo, no reclamó titulares. Jugó. Jugó mucho. Jugó bien. Jugó siempre. Y en esa repetición constante se escondía el mensaje más poderoso: estaba preparada.

    Preparada físicamente, porque sostuvo el esfuerzo sin caer. Preparada tácticamente, porque supo leer cada partido con una madurez que solo dan los años. Preparada mentalmente, porque no se desconectó cuando el contexto apretó. Y preparada emocionalmente, porque entendió que aquel tramo final de su camino no era un destino menor, sino una prueba definitiva. Badalona no fue una estación de paso. Fue un espejo.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Cuando el Atlético volvió a mirar su nombre, no vio nostalgia. Vio coherencia. Vio números que no gritaban, pero que se acumulaban con una solidez imposible de ignorar. Vio una futbolista que había aprendido a sumar sin restar, a competir sin reclamar, a sostener sin desaparecer. Vio a alguien que conocía la casa, pero que ya no necesitaba aprenderla. Porque el Atlético no se aprende dos veces. Se lleva dentro o no se lleva.

    El regreso de Maca también habla de algo más grande que una carrera individual. Habla de una generación de futbolistas que crecieron en un fútbol que todavía no estaba preparado para ellas. De jugadoras que tuvieron que construir su camino sin garantías, sin estabilidad, sin la certeza de que el esfuerzo sería recompensado. Maca pertenece a esa generación intermedia, puente entre dos épocas. La que tuvo que irse para poder volver. La que entendió que el talento, sin constancia, no basta. Y que la constancia, sin identidad, tampoco.

    (Fuente: Getty Imágenes)

    Por eso su vuelta al Atlético tiene algo de reparación simbólica. No como ajuste de cuentas, sino como cierre natural. Como reconocimiento a una forma de estar en el fútbol que encaja perfectamente con la historia del club. El Atlético siempre ha sido el lugar de quienes no se rinden cuando el camino se empina. El lugar de quienes entienden que el orgullo no se negocia, que la camiseta pesa y que hay que estar dispuesto a sostenerla incluso cuando quema.

    Maca vuelve sabiendo todo eso. Vuelve sin ingenuidad, pero sin perder la pasión. Vuelve con la serenidad de quien ya ha demostrado lo que tenía que demostrar. Vuelve para competir, para sumar, para estar. No vuelve a buscarse. Vuelve a ofrecerse.

    Y en ese gesto hay algo profundamente épico. No una épica de grandes gestos, sino de coherencia vital. La épica de quien nunca dejó de creer, incluso cuando tuvo que seguir creyendo lejos. La épica de quien entendió que el camino largo también conduce a casa.

    Porque hay historias que no necesitan un final feliz estridente. Les basta con llegar al lugar correcto. Y Macarena Portales, después de todo lo vivido, ha llegado exactamente ahí.

    Y cuando una futbolista vuelve al lugar donde todo empezó, no lo hace para recuperar el tiempo perdido, porque el tiempo nunca se pierde cuando se vive de verdad. Lo hace para resignificarlo. Para darle sentido. Para mirar hacia atrás sin nostalgia y hacia delante sin miedo. El regreso de Macarena Portales al Atlético de Madrid es eso: una resignificación completa de su recorrido. No hay arrepentimiento en lo vivido, no hay atajos imaginados, no hay versiones alternativas de la historia. Hay aceptación, orgullo y una certeza madura de haber hecho lo que había que hacer para llegar hasta aquí con la cabeza alta.

    Porque Maca no vuelve buscando protección. Vuelve ofreciendo fiabilidad. No vuelve para que le expliquen qué significa competir en un club exigente, porque lleva años haciéndolo en contextos donde cada partido era una reválida. Vuelve con el conocimiento íntimo de quien ha jugado sabiendo que el error se paga caro, que la titularidad no se regala y que el respeto se gana con continuidad. Y esa continuidad es, precisamente, la cifra más poderosa de su carrera.

    Hay futbolistas cuya trayectoria se explica con picos. Apariciones fulgurantes, temporadas brillantes, momentos icónicos. La de Maca se explica con una línea larga y firme. Una línea que atraviesa clubes, ciudades, países y realidades distintas sin romperse. Esa línea está hecha de partidos jugados aunque el cuerpo doliera, de minutos asumidos cuando el contexto no acompañaba, de decisiones tomadas sin aplauso. Y esa línea, cuando se observa completa, conduce inevitablemente al mismo punto: el Atlético de Madrid.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    El Atlético no es un club que entienda el fútbol como una suma de talentos aislados. Lo entiende como una estructura emocional, como un compromiso colectivo que se sostiene en el tiempo. Por eso hay regresos que encajan con naturalidad, sin necesidad de forzarlos. El de Maca es uno de ellos. Porque su manera de jugar, de competir y de sostenerse encaja con una idea muy concreta de lo que significa vestir esa camiseta. Una idea donde el esfuerzo no se negocia, donde la identidad se demuestra cada semana y donde el orgullo no se declama: se ejerce.

    Cuando Maca pisa de nuevo el entorno rojiblanco, no lo hace con la ansiedad de quien siente que tiene que demostrarlo todo en el primer minuto. Lo hace con la serenidad de quien sabe que su carrera ya habla por ella. Sabe que cada entrenamiento es una oportunidad, no un juicio. Sabe que cada partido suma, no define. Esa calma es fruto de los años, de los viajes, de los contextos exigentes. Es fruto de haber entendido que el fútbol no siempre recompensa rápido, pero sí recompensa bien.

    Su regreso también es una victoria silenciosa para todas las futbolistas que han recorrido caminos similares. Para las que se marcharon jóvenes sin saber si volverían. Para las que tuvieron que demostrar su valía una y otra vez en escenarios distintos. Para las que entendieron que el crecimiento no siempre es visible desde fuera. Maca vuelve llevando consigo esas historias, esas trayectorias paralelas, esa memoria colectiva de un fútbol femenino que se construyó a base de insistir.

    (Fuente: “El Partido de Manu@)

    Y hay algo profundamente atlético en eso. Porque el Atlético de Madrid siempre ha sido refugio de quienes creen cuando otros dudan. De quienes resisten cuando el contexto aprieta. De quienes entienden que la grandeza no siempre está en ganar fácil, sino en no rendirse nunca. Maca encarna esa idea sin necesidad de subrayarla. La encarna en su forma de correr la banda, en su manera de volver a defender cuando las piernas pesan, en su decisión de seguir ofreciéndose incluso cuando el balón no llega.

    El cierre de esta historia no es un punto final, sino un punto de equilibrio. Un lugar donde todo lo vivido adquiere coherencia. Donde la niña de cantera y la futbolista adulta se reconocen sin conflicto. Donde el pasado no pesa como carga, sino como base. Maca vuelve sabiendo que no necesita repetir nada. Solo continuar.

    Y eso, en el fondo, es lo más épico de todo. No el regreso en sí, sino la manera en que se produce. Sin ruido. Sin urgencia. Sin dramatismo. Con la naturalidad de quien ha recorrido el camino completo y puede, por fin, sentarse a jugar donde siempre quiso estar.

    Porque hay historias que no necesitan ser exageradas para ser grandes. Les basta con ser honestas. Y la de Macarena Portales lo es. Honesta en su recorrido, honesta en sus números, honesta en su identidad. Una historia que no se explica con un instante, sino con una suma larga de momentos. Una historia que no termina, sino que se asienta.

    Y mientras el Atlético sigue construyendo su presente y su futuro, Maca ya forma parte de ese relato. No como promesa, no como apuesta, sino como certeza. Como una futbolista que entiende el juego, el club y el significado profundo de vestir una camiseta que no se lleva solo sobre el pecho, sino dentro.

    Porque al final, cuando se apagan los focos y se revisa el camino completo, lo que queda no son los titulares ni las cifras aisladas. Lo que queda es la coherencia. Y en esa coherencia, Macarena Portales ha encontrado su lugar definitivo.

    (Fuente; Atlético de Madrid)

    Y en ese punto exacto donde la coherencia se impone al ruido, donde el recorrido pesa más que el destello, aparece la dimensión más profunda del regreso de Macarena Portales al Atlético de Madrid: la de la pertenencia consciente. Porque no todas las futbolistas que vuelven lo hacen sabiendo exactamente quiénes son. Muchas regresan buscando algo que perdieron por el camino. Maca no. Maca vuelve sabiendo lo que ganó en cada etapa, incluso en aquellas que parecían alejarla del lugar al que ahora regresa. Vuelve con la claridad de quien ya no necesita preguntarse si este es su sitio, porque lo ha comprobado en ausencia.

    El fútbol, cuando se vive durante tantos años en contextos cambiantes, enseña una lección que no aparece en los manuales: la identidad no se construye solo donde empiezas, sino también donde resistes. Y Maca resistió. Resistió en clubes donde el margen de error era mínimo. Resistió en temporadas donde la estabilidad era un lujo. Resistió en ligas donde cada partido exigía demostrar de nuevo lo que ya se había demostrado mil veces. Y en esa resistencia fue moldeando una versión de sí misma mucho más sólida que cualquier promesa temprana.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Por eso, cuando vuelve al Atlético, no trae consigo la ansiedad de quien quiere convencer, sino la serenidad de quien sabe que su juego ya convence por acumulación. Sus números no necesitan ser explicados con grandilocuencia porque se sostienen solos. No hay picos artificiales ni rachas que maquillen el recorrido. Hay temporadas completas, hay minutos de verdad, hay partidos jugados de principio a fin. Hay una fiabilidad que se ha convertido en su rasgo más reconocible.

    En el Atlético, esa fiabilidad adquiere un valor especial. Porque es un club que exige presencia constante, que no se conforma con apariciones esporádicas, que necesita futbolistas dispuestas a sostener el esfuerzo incluso cuando el partido no invita al lucimiento. Maca encaja ahí porque ha aprendido a hacerlo. Porque sus números en Badalona, y antes en Valencia, en Italia, en cada estación de su camino, hablan de una jugadora que no desaparece cuando el contexto se vuelve incómodo. Al contrario: aparece más.

    Hay algo casi invisible, pero profundamente determinante, en la manera en que Maca entiende el juego. No concibe la banda como un espacio aislado, sino como una arteria del equipo. Sabe cuándo debe estirar, cuándo debe cerrar, cuándo debe acelerar y cuándo debe frenar. Esa lectura, que se traduce en números de posicionamiento, de apoyos, de retornos y de intervenciones sin balón, es una de las razones por las que su regreso no es solo lógico, sino necesario. El Atlético no recupera solo una extrema. Recupera una futbolista que entiende el fútbol como un sistema interconectado.

    (Fuente: Atlético de Madrid)

    Y esa comprensión no surge de la nada. Surge de haber jugado en equipos con necesidades distintas, de haber sido solución en contextos diversos, de haber tenido que adaptarse sin perder identidad. Maca nunca dejó de ser la futbolista de banda con desborde y velocidad, pero aprendió a añadir capas a su juego. Aprendió a decidir mejor, a medir esfuerzos, a elegir momentos. Aprendió, en definitiva, a competir.

    (Fuente: Atlético de Madrid)

    Cuando se observa su trayectoria completa, se entiende que su regreso al Atlético no es un gesto romántico, sino un acto de madurez. No vuelve para reencontrarse con la niña que fue, sino para consolidar a la futbolista que es. Vuelve para aportar desde la experiencia, desde la lectura, desde la constancia. Vuelve sabiendo que el escudo pesa, pero también sabiendo que ella está preparada para sostener ese peso.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Y hay algo profundamente simbólico en ese gesto. Porque el Atlético de Madrid, históricamente, ha sido el lugar de quienes entienden el valor del esfuerzo prolongado. De quienes saben que las victorias más importantes no siempre son las más inmediatas. De quienes construyen desde abajo, desde la repetición, desde la convicción. Maca encaja en esa historia no porque haya nacido atlética —que lo hizo—, sino porque ha vivido como tal incluso cuando no vestía de rojiblanco.

    (Fuente: Liga F)

    Su regreso también redefine el concepto de éxito. No como una línea recta, sino como un recorrido coherente. No como una llegada temprana, sino como una permanencia merecida. Maca no vuelve porque el tiempo le haya dado la razón de forma automática. Vuelve porque nunca dejó de trabajar para que ese regreso tuviera sentido. Porque cada partido jugado lejos de casa fue una inversión. Porque cada temporada sumó algo que hoy la convierte en una futbolista más completa.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Y así, sin necesidad de proclamas, su historia se asienta como una de esas que explican mejor que ninguna qué significa el fútbol cuando se vive desde dentro. No como espectáculo puntual, sino como oficio, como vocación, como identidad. Maca no es una futbolista de relatos grandilocuentes, sino de trayectorias sólidas. Y esas trayectorias, cuando encuentran su punto de retorno, generan una épica distinta. Más silenciosa. Más profunda. Más duradera.

    (Fuente: Atlético de Madrid)

    El cierre de esta historia no necesita fuegos artificiales. Le basta con la imagen de una futbolista entrando al campo con la certeza de estar donde siempre quiso estar y donde siempre trabajó para estar. Le basta con la idea de continuidad. Con la sensación de que todo encaja. Con la convicción de que el camino largo también conduce a casa.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Porque al final, cuando se repasan los números, los partidos, las temporadas y los contextos, lo que queda es una verdad simple y poderosa: Macarena Portales nunca dejó de ser Atlético. Solo estaba completando el camino necesario para volver siéndolo de verdad.

    (Fuente: Liga F Moeve)

    Y ese regreso, construido paso a paso, partido a partido, es mucho más que un final. Es una afirmación. Una de esas que no se gritan, pero que resuenan durante mucho tiempo.

    (Fuente: Liga F Moeve)
  • Reportaje | Amanda Sampedro: Puro ADN de coraje y corazón

    (Fuente: Liga Iberdrola)

    ⬛️ La centrocampista internacional española es sentimiento rojiblanco por los cuatro costados, aunque colgó las botas en Nervión,

    (Fuente: Atlético de Madrid)

    Pónganse en pie y aplaudan mientras que leen este reportaje en forma de tributo que “El Partido de Manu” le ha querido dedicar a unas de las estrellas más importantes de la Selección Española de Fútbol y el Atlético de Madrid, una jugadora que ha dejado huella en la eternidad.

    Cuando el Atlético de Madrid aprendió a latir con nombre propio, Amanda Sampedro Bustos.

    (Fuente: Getty imágenes)

    imposible pensar en la historia del Atlético de Madrid Femenino sin que aparezca su nombre como un latido constante. Como una respiración que nunca se detuvo del todo, ni siquiera cuando parecía que se había marchado. Amanda Sampedro no fue solo una futbolista.

    (Fuente: UEFA)

    Fue una forma de entender el juego, una manera de estar, una conciencia colectiva vestida de rojiblanco. En el verano de 2022, cuando se produjo la separación más dolorosa que recuerda la historia reciente del club, algo se rompió en el alma del Atleti. Pero hay vínculos que no entienden de contratos ni de despedidas. Hay amores que no se jubilan. Y el de Amanda con el Atlético de Madrid es eterno.

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    Hay despedidas que no son finales. Hay adioses que no clausuran nada, que no cierran puertas, que no apagan luces. Hay separaciones que, por más que duelan, no logran borrar lo esencial. El verano de 2022 fue uno de esos momentos que se quedan tatuados en la memoria colectiva del Atlético de Madrid Femenino. Fue el verano en el que Amanda Sampedro hizo las maletas y se marchó a Sevilla. Fue el verano en el que el club dijo adiós a su capitana eterna, a su jugadora franquicia, a su espejo. Fue imposible que no doliera. Fue imposible que no se sintiera como una pérdida irreparable.

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    “Siempre serás mi adiós más difícil”, escribió Amanda. Y no era una frase hecha. No era una despedida protocolaria. Era la confesión de alguien que se estaba arrancando un trozo de sí misma. Porque Amanda no dejó el Atlético: Amanda fue el Atlético durante más de una década. Un trocito de su escudo. Una extensión de su identidad. Una futbolista que no se explica sin el rojiblanco, y un club que no se entiende sin ella.

    La futbolista criada en “La Academia”, nombre con el que se conoce a las categorías inferiores del equipo rojiblanco, era una centrocampista muy experimentada, pasó dos décadas defendiendo los colores colchoneros y destacaba por su carácter polivalente, puede actuar en la zona de creación o en la banda derecha de forma indistinta y posee un gran físico que complementa con una capacidad innata y privilegiada para filtrar pases a la espalda de las defensas rivales.

    Sampedro cuenta con un envidiable palmarés que se forjó mientras se ganaba un lugar en el Paseo de las Leyendas del Estadio Wanda Metropolitano merced a una Copa de la Reina que levantó en 2016, tres títulos ligueros consecutivos, léase, 2016-2017, 2017-2018 y 2018-2019 a los que acompaña una Supercopa de España conquistada en Almería en 2021 al derrotar en semifinales al Fútbol Club Barcelona, en la tanda de penaltis, y al Levante Unión Deportiva por 3-0 en la gran final.

    Fue internacional absoluta con la actuales campeonas del mundo, subcampeones de Europa y dos veces ganadora de la Liga de Naciones y llegó a formar parte de las 23 elegidas por Jorge Vilda para defender a la nación ibérica en la Copa del Mundo de Francia en 2019, jugando un total de 53 partidos internacionales entre 2015 y 2023, lapso temporal en el que marcó 11 goles.

    Amanda Sampedro disputó 202 partidos oficiales con el Atlético de Madrid Femenino, siendo una de las jugadoras con más encuentros en la historia del club y quedando igualada con Carmen Menayo como segunda con más apariciones, solo por detrás de Silvia Meseguer (205 partidos), llegando incluso a marcar 77 dianas .

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    Cuando años después confesó que aquella despedida fue más dura que su retirada del fútbol, no hacía falta subrayar nada. Bastaba con escucharla. “Yo siempre he estado y estaré para ayudar al Atlético. Nunca me he sentido fuera del Atlético”. Y ahí estaba toda la verdad. Porque Amanda, incluso lejos del Cerro del Espino o del Metropolitano, seguía siendo referencia, guía, apoyo, refugio. Seguía atendiendo llamadas, aconsejando a compañeras, ejerciendo de capitana sin brazalete. Porque hay cargos que no se quitan nunca.

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    Amanda Sampedro Bustos nació en Madrid el 26 de junio de 1993. Madrileña. Atlética. Dos palabras que en su caso son inseparables. Antes de ser futbolista fue una niña que veía partidos con su padre por la televisión.

    Una niña que se apuntó a un equipo de fútbol sala de su colegio, el Mater Amabilis, porque vio un cartel. Una niña que empezó a jugar en el equipo de su barrio, el Mar Abierto, rodeada de niños, siendo la única chica. Una niña que jugó en la primera división autonómica masculina. Una niña que soñaba con vestir la camiseta del Atlético de Madrid y que, pese a tener otras ofertas, supo esperar. Porque algunos sueños no admiten atajos.

    Llegó al Atlético en 2002. Tenía nueve años. Entrenaba con el Atlético Femenino y jugaba en el Mar Abierto hasta que la reglamentación le impidió seguir compitiendo con chicos. Incluso tuvo la oportunidad de fichar por el Rayo Vallecano masculino. Pero su padre la convenció de quedarse. No fue solo una decisión deportiva. Fue una decisión de vida. Fue quedarse en casa.

    El 23 de septiembre de 2007, con apenas 14 años, debutó con el primer equipo del Atlético de Madrid. Entró al campo sustituyendo a Recarte ante el Irex Puebla. Aquel día, el equipo remontó en el descuento. Ganó 1-2. Como si el destino ya estuviera avisando. Volvió a tener minutos la jornada siguiente. Y más adelante. Y marcó su primer gol en Copa de la Reina en junio de 2008. Todo iba rápido. Demasiado rápido para una adolescente. Pero Amanda nunca tuvo prisa. Tenía convicción.

    En la temporada 2009-10 alternó el primer equipo con el filial. En la 2010-11, regresó del Mundial sub-17 y se asentó definitivamente. Jugó 22 partidos de Liga. El Atlético fue quinto. Llegaron a semifinales de Copa. Y Amanda empezó a ser algo más que una promesa. Empezó a ser un pilar.

    Con solo 18 años, en la temporada 2011-12, fue nombrada capitana. Dieciocho años. Treinta y tres partidos de liga. Siete goles. Premio Fútbol Draft. Y una certeza: el Atlético ya tenía líder. No por voz. No por gesto. Por ejemplo.

    A partir de ahí, la historia se convierte en un río imparable. Temporadas completas, titularidades incontestables, regularidad extrema, premios individuales, reconocimiento interno y externo. Amanda jugaba todos los partidos. Amanda marcaba. Amanda asistía. Amanda sostenía. Mientras el club crecía, mientras el fútbol femenino español empezaba a asomar tímidamente en la escena mediática, Amanda estaba ahí. Sin ruido. Sin focos. Construyendo.

    Compaginó su carrera como futbolista con la de entrenadora de las categorías inferiores. Se formó. Entrenó a benjamines, alevines. Estudió. Se licenció en Fisioterapia. Probó el periodismo. Estudia Nutrición Deportiva. Porque Amanda siempre entendió el fútbol como algo integral. Como una responsabilidad.

    En la temporada 2014-15 llegó la primera gran conquista estructural: la clasificación para la Liga de Campeones. En 2015 debutó en Europa. En 2016 levantó su primer título: la Copa de la Reina ante el Barcelona. En 2017 llegó la Liga invicta. El Atlético campeón sin perder un partido. Amanda marcó en el último encuentro. Como si no supiera desaparecer de los momentos importantes.

    En 2018 repitieron el título de Liga. En 2019 llegó el hito de San Mamés. El récord del Metropolitano. La placa en el Paseo de las Leyendas. Los autobuses de Nike. La imagen de marca. Pero Amanda seguía siendo la misma. La que corría hacia atrás. La que ordenaba. La que entendía el juego.

    (Fuente: UEFA)

    Jugó más de 400 partidos con el Atlético. Ganó tres Ligas y una Copa. Fue la jugadora con más partidos en la historia del club. Fue capitana durante más de una década. Fue puente entre generaciones. Fue memoria viva.

    (Fuente: Liga F)

    Y luego llegó el desgaste. La pandemia. Las rotaciones. La suplencia. Los cambios de entrenador. La última temporada. El homenaje. La despedida. Sevilla.

    Pero ni Sevilla rompió el vínculo. Fue capitana allí desde el primer día. Dos temporadas. Zona media. Profesionalidad intacta. Y en julio de 2024, la retirada. Sorprendió a todos. Menos a ella. Porque Amanda no sabe estar a medias. Porque Amanda necesitaba estar al cien por cien. Porque la familia llamaba. Porque la vida también juega.

    En enero de 2025, el regreso. Coordinadora de alto rendimiento de la Academia femenina del Atlético de Madrid. En marzo, el premio Almudena Grandes. Porque las historias verdaderas siempre vuelven a casa.

    (Fuente: Liga Iberdrola)

    Amanda Sampedro es Atlético de Madrid. No por pasado. Por presente y por futuro. Porque hay personas que no pertenecen a los clubes: son los clubes. Y el Atlético de Madrid Femenino, sin Amanda, habría sido otro. Menos coherente. Menos humano. Menos suyo.

    Hay jugadoras que ganan títulos. Hay otras que construyen historia. Amanda hizo ambas cosas. Y lo hizo sin pedir nada a cambio. Por eso su nombre no se despide, sino que se pronuncia en presente.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Porque Amanda nunca se fue y jamás lo hará, ahora es la Coordinadora de alto rendimiento en la Academia del Atlético de Madrid Femenino
    Tras retirarse oficialmente del fútbol profesional en julio de 2024, Amanda regresó a su casa rojiblanca en enero de 2025 para asumir un nuevo rol clave en la formación de jugadoras jóvenes.


    Desde entonces, trabaja como coordinadora de los equipos femeninos de alto rendimiento de la Academia (incluyendo Femenino B, Femenino C y Juvenil A), acompañando el desarrollo técnico y profesional de las promesas del club y transmitiendo su experiencia como futbolista histórica del Atlético de Madrid.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Aunque ha ocupado este cargo en 2025 y ha tenido un papel activo en la Academia durante buena parte del año, recientemente el club anunció que Amanda seguirá en su rol al concluir la presente temporada.

    Solo el tiempo diría si, tal y como se comenta entre los que siguen la actualidad rojiblanca, el club le da en un futuro, no sabemos si cercano o lejano, la oportunidad de transmitir su sapiencia como inquilina de un banquillo colchonero.

    Porque al final de todo, cuando se apagan los focos, cuando se archivan las estadísticas, cuando el fútbol deja de ser ruido y vuelve a ser memoria, los clubes no se explican por los títulos que levantaron, sino por las personas que los encarnaron. El Atlético de Madrid, ese club que aprendió a vivir entre la herida y el orgullo, entre la derrota digna y la victoria sudada, solo ha tenido muy pocas figuras capaces de representarlo de manera total, absoluta, sin fisuras. Y entre ellas, en dos épocas distintas, en dos contextos diferentes, pero con una raíz idéntica, aparecen dos nombres escritos con la misma tinta emocional: Fernando Torres y Amanda Sampedro.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Compararlos no es un ejercicio de nostalgia ni una concesión al romanticismo fácil. Es una necesidad histórica, porque ambos fueron algo más que futbolistas.

    Fueron símbolos fundacionales de una manera de ser del Atlético de Madrid. Porque los dos crecieron en casa, porque los dos entendieron el escudo antes que el contrato, porque los dos supieron lo que era marcharse cuando no querían hacerlo y regresar cuando el alma lo reclamaba. Porque los dos llevaron el club tatuado en la piel incluso cuando no vestían la camiseta. Porque los dos, en definitiva, no jugaron para el Atlético: fueron el Atlético.

    (Fuente; Getty imágenes)

    Fernando Torres fue el niño del barrio que soñaba con el Calderón desde Fuenlabrada, el chaval que entró en la cantera siendo un crío y que acabó llevando el brazalete de capitán en uno de los momentos más oscuros de la historia moderna del club. Amanda Sampedro fue la niña madrileña que veía fútbol con su padre, que jugó con chicos porque no había otro camino, que esperó al Atlético aunque otras puertas se abrieran antes, que debutó con 14 años y que, con 18, ya sostenía un vestuario entero sobre sus hombros. Dos infancias distintas. Un mismo destino.

    A Torres le tocó ser capitán en Segunda División, cargar con la responsabilidad de rescatar al club del abismo, marcar goles que valían algo más que puntos, porque valían esperanza. A Amanda le tocó capitanear un proyecto que todavía no existía del todo, construir una sección femenina casi desde la nada, dotarla de identidad, de cultura, de exigencia, cuando el fútbol femenino apenas tenía escaparate y casi ninguna protección. A los dos les tocó liderar sin red.

    Fernando Torres aprendió a perder antes de aprender a ganar. Amanda Sampedro también. Porque el Atlético de Madrid no regala nada. Ni siquiera a los suyos. Porque ser referente en el Atleti no significa brillar siempre, sino resistir siempre. Y ahí está la clave de su similitud más profunda: la resistencia.

    Torres se fue al Liverpool porque el Atlético no podía darle lo que merecía. Amanda se fue al Sevilla porque el Atlético, en ese momento, ya no sabía cómo encajarla. Ninguno de los dos se marchó por desamor. Se marcharon porque a veces el amor también necesita distancia para sobrevivir. Y en ambos casos, la herida fue compartida. El club sangró. La afición sangró. Ellos sangraron más.

    “El Niño” volvió cuando ya no era necesario que volviera. Volvió cuando ya lo había ganado todo fuera. Volvió para cerrar un círculo, para demostrar que el éxito no siempre está en el último trofeo, sino en el último gesto. Amanda Sampedro volvió de otra manera, sin botas, sin foco, sin ovación multitudinaria, pero con una mochila llena de experiencia, para formar a otras, para cuidar lo que ella ayudó a crear. Volvió porque el Atlético siempre termina llamando a los suyos.

    A Torres se le recuerda por el gol al Barça, por la carrera en el Camp Nou, por levantar Europa con el niño interior intacto.

    (Fuente: Getty imágenes)

    A Amanda se la recordará por los partidos jugados, por las Ligas ganadas, por el brazalete eterno, pero sobre todo por algo que no aparece en ningún resumen: por haber sido el pegamento emocional de un equipo durante más de una década. Por haber sido la voz cuando no había micrófonos. Por haber sido la mano cuando no había focos.

    Ambos entendieron el liderazgo no como un privilegio, sino como una carga. Ambos pagaron el precio de representar demasiado. Ambos supieron lo que era escuchar críticas injustas precisamente por ser de casa. Ambos cargaron con una exigencia que a otros se les perdonaba. Porque al hijo se le exige más. Porque al símbolo se le permite menos.

    Fernando Torres y Amanda Sampedro pertenecen a esa estirpe rarísima de futbolistas que no se explican por su pico de rendimiento, sino por su trayectoria completa, por su coherencia vital. Ninguno fue perfecto. Ninguno lo necesitó. Porque el Atlético nunca buscó ídolos inmaculados, sino referentes humanos. Y ahí es donde los dos alcanzan una dimensión casi mítica.

    Cuando Torres lloró en su despedida, lloraba un club entero. Cuando Amanda se marchó en 2022, algo se rompió en el alma del Atlético Femenino. No fue solo una salida deportiva. Fue la sensación de que una época se cerraba sin que nadie estuviera preparado. Exactamente lo mismo que ocurrió con Fernando.

    Y sin embargo, en ambos casos, el tiempo ha sido justo. El tiempo ha colocado a cada uno en el lugar que merece. Torres como leyenda transversal del club, como puente entre generaciones, como símbolo masculino de una identidad que no se negocia. Amanda como la gran madre fundacional del Atlético de Madrid Femenino, como la jugadora sin la cual no se puede contar su historia, como la capitana que sostuvo el proyecto cuando todavía no tenía cimientos sólidos.

    (Fuente: Getty imágenes)

    Hay clubes que tienen muchos grandes jugadores. Hay clubes que tienen pocas leyendas. El Atlético de Madrid tiene algunas, pero muy claras. Y entre ellas, Fernando Torres y Amanda Sampedro ocupan un espacio propio, casi sagrado, porque representan algo que no se entrena ni se compra: la pertenencia.

    (Fuente: Laliga)

    Cuando dentro de muchos años alguien pregunte qué significó el Atlético de Madrid en el fútbol masculino del cambio de siglo, aparecerá el nombre de Torres. Cuando alguien quiera entender cómo se construyó el Atlético de Madrid Femenino moderno, el nombre de Amanda será inevitable. No como nota al pie. Como columna vertebral.

    Porque hay futbolistas que pasan. Y hay futbolistas que se quedan para siempre, incluso cuando ya no juegan. Porque hay goles que se celebran. Y hay carreras que se honran. Porque hay jugadores que ganan títulos. Y hay otros que dan sentido a los títulos.

    Fernando Torres y Amanda Sampedro pertenecen a esa última categoría. A la más difícil. A la más valiosa. A la que no necesita defensa porque el tiempo se encarga de protegerla.

    El Atlético de Madrid sería otro sin Fernando Torres y el Atlético de Madrid Femenino no sería el mismo sin Amanda Sampedro.Y eso, en un club como este, es lo más grande que se puede decir de alguien.

    (Fuente: Getty imágenes)

  • La crónica | La épica de las guerreras mete al Tenerife en cuartos de final

    (Fuente: Costa Adeje Tenerife)

    ⬛️ El representativo canario se deshizo del Sevilla por 1-2 gracias a un gol de Cinta en la segunda mitad.

    La previa |

    La Copa de la Reina Iberdrola vuelve a desplegar su mística este sábado en el Estadio Jesús Navas, donde Sevilla Fútbol Club y el Costa Adeje Tenerife Egatesa se enfrentan en una eliminatoria de octavos de final a partido único que promete tensión, emoción y épica. Dos equipos en crecimiento, dos estados de ánimo al alza y una sola plaza en cuartos en un cruce que condensa todo lo que hace grande al torneo del KO.

    Este mágico fútbol no entiende de trayectorias largas cuando la Copa de la Reina irrumpe en el calendario. Entiende de noventa minutos, de detalles, de estados de ánimo y de esa frontera invisible entre la ilusión y la eliminación.

    En ese escenario se presenta el Sevilla FC este sábado a partir de las 12:00 horas, decidido a prolongar su momento ascendente y a convertir el Estadio Jesús Navas en un fortín copero ante un Costa Adeje Tenerife Egatesa que aterriza en la capital andaluza con memoria, ambición y una historia íntimamente ligada a esta competición.

    El conjunto hispalense llega a la cita reforzado por una racha de resultados que ha devuelto la confianza y el convencimiento a un equipo que ha sabido crecer desde la solidez.

    El reciente triunfo liguero ante el Alhama CF, trabajado, paciente y maduro, unido al valioso empate frente al Atlético de Madrid, ha confirmado que el Sevilla ha aprendido a competir en registros que antes se le escapaban. Ya no es solo un equipo de intenciones, sino de respuestas. Concede menos, gestiona mejor los tiempos y sabe sobrevivir en partidos cerrados, una cualidad imprescindible cuando la Copa no concede segundas oportunidades.

    Ese crecimiento tiene nombres propios y una estructura cada vez más reconocible. Rosa Márquez se ha consolidado como el auténtico eje del juego sevillista, la futbolista que ordena, equilibra y da sentido a cada posesión.

    A su alrededor, el equipo se siente más cómodo, más compacto y más seguro. En defensa, la jerarquía de Eva Llamas lidera una zaga que ha ganado fiabilidad, mientras que bajo palos Esther Sullastres se ha erigido en una figura determinante, capaz de sostener al equipo en los momentos de máxima exigencia y de marcar la diferencia cuando el partido se rompe.

    En ataque, el Sevilla ha encontrado soluciones sin necesidad de fuegos artificiales. La movilidad y la inteligencia de Inma Gabarro entre líneas, el trabajo constante por bandas y la aportación decisiva de las jugadoras que emergen desde el banquillo —con Alba Cerrato como ejemplo reciente— han ampliado el abanico de recursos de un equipo que ha aprendido que competir bien también es una forma de dominar.

    Pero enfrente estará un Costa Adeje Tenerife Egatesa que entiende la Copa de la Reina como un territorio propio. El conjunto blanquiazul visita Sevilla este sábado 20 de diciembre a las 11:00 hora canaria con la ambición intacta y con el recuerdo reciente de una contundente victoria liguera en ese mismo escenario, aunque consciente de que el contexto es completamente distinto. La Copa no admite comparaciones ni antecedentes: exige máxima concentración y una lectura perfecta de cada fase del partido.

    Para las guerreras, la cita tiene además un componente especial. Será el estreno oficial de Adrián Albéniz al frente del primer equipo, un debut de alto voltaje en una eliminatoria que pondrá a prueba el carácter y la personalidad del grupo. El técnico ha transmitido un mensaje claro desde su llegada: competir, creer y asumir la Copa como una oportunidad. “Queremos ir a Sevilla y sacar esta eliminatoria adelante. La Copa es una competición diferente, que nos hace mucha ilusión”, ha señalado, advirtiendo también de la evolución del rival y de la necesidad de estar atentas en todo momento.

    Esa ambición conecta con el ADN de un club que ha hecho del torneo del KO una seña de identidad. El Costa Adeje Tenerife Egatesa ha alcanzado las semifinales en tres ocasiones y ha sido un habitual en las rondas finales, construyendo una relación especial con una competición que siempre despierta algo más en el vestuario. Así lo expresó su capitana, Patri Gavira, al recordar que la Copa “siempre es especial para este club” y al reivindicar el deseo de dar ese “campanazo” que tanto identifica a las guerreras.

    La portería blanquiazul será uno de los focos emocionales del encuentro. Noelia Ramos regresa a Sevilla, una ciudad clave en su trayectoria, con sentimientos encontrados pero con el objetivo claro. “Volver siempre es especial, pero mañana todo eso se queda a un lado”, afirmó la guardameta, consciente de que en una eliminatoria a partido único la unión y la convicción lo son todo. Ramos ha subrayado la importancia de centrarse en el propio equipo, de mantener una energía positiva y de pelear hasta el final, apelando además al apoyo de una afición que nunca falla y que sueña con recibir en Navidad el regalo de una clasificación histórica.

    El duelo, que podrá seguirse en directo por Televisión Canaria y a través de la narración de Atlántico Radio y La Radio Canaria, se presenta como un choque de dinámicas positivas, de estilos en evolución y de ambiciones legítimas. Sevilla y Costa Adeje Tenerife se miran frente a frente en un mediodía que promete ser largo, intenso y cargado de significado.

    La Copa de la Reina vuelve a llamar a la puerta, y solo uno responderá para seguir soñando.

    🏆 Copa de la Reina Iberdrola 2025-2026

    🔥 Sevilla 🆚 Costa Adeje Tenerife Egatesa 🔥

    ✨ Eliminatoria de octavos de final ✨

    🗓️ Sábado, 20 de diciembre de 2025

    📺 Radiotelevisión Canaria

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    🏟️ Estadio Jesús Navas, Sevilla

    El duelo al detalle |

    (Fuente: Costa Adeje Tenerife Egatesa)

    Los onces |

    La Copa de la Reina no entiende de estabilidad, ni de proyectos a largo plazo, ni de planes quinquenales ni de hojas de Excel. La Copa es un espejo deformado en el que los equipos se miran sin maquillaje y descubren, a veces con dolor, quiénes son realmente cuando todo tiembla. Es el torneo donde el escudo pesa más que el presupuesto, donde la camiseta se empapa antes que el currículum y donde el miedo se disfraza de prudencia… hasta que alguien decide romper el guión .

    El turno de compromisos de esta edición de la Copa de la Reina Iberdrola había arrancado el viernes con un duelo desigual, casi académico, entre el C.E. Europa y el Athletic Club. El 0-3 reflejó una lógica aplastante, la diferencia de categorías, de ritmo, de costumbre competitiva.

    Un partido que cumplió con el trámite, pero no con el mito. Porque la Copa presume de igualdad, sí, pero no siempre puede sostenerla.

    Había que esperar al sábado.
    Había que esperar a Nervión.
    Había que esperar a ese Sevilla–Tenerife que no prometía ruido… y acabó siendo terremoto.

    Porque si hubo un partido que honró a rajatabla la máxima copera de la igualdad, de la imprevisibilidad y del vértigo, fue el que protagonizaron el Sevilla Fútbol Club y el Costa Adeje Tenerife Egatesa sobre el césped del estadio Jesús Navas. Un partido que no se jugó solo con balón, sino con emociones cruzadas, contextos inestables y decisiones tomadas al filo del abismo.

    Agárrense. Esto no es solo una crónica, si no una historia de resiliencia que engrandece al fútbol femenino en su más pura esencia.

    El Costa Adeje Tenerife llegó a Sevilla envuelto en una semana convulsa, de esas que remueven el estómago del vestuario y obligan a mirarse a los ojos antes de saltar al campo. La inesperada salida de Eder Maestre, arquitecto del proyecto durante varias temporadas, había dejado al equipo insular en una tierra de nadie emocional. Un interinaje compartido entre Adrián Albéniz y Antonio González, mientras Sergio Batista, desde los despachos, buscaba un nuevo timonel para el banquillo.

    Un terremoto institucional justo antes de viajar a la Copa.
    Un regalo envenenado para cualquiera.

    Desde Sevilla se olió sangre. Porque el fútbol, cuando huele fragilidad, no suele tener piedad. Las locales sabían que el rival llegaba herido, con la estructura tocada, con la incertidumbre rondando cada entrenamiento. Y la tentación era clara: pescar en río revuelto, golpear pronto, imponer jerarquía, convertir la eliminatoria en un trámite.

    Pero el fútbol —y la Copa— suelen reírse de quienes creen tener el guion controlado.

    El Tenerife salió al partido con algo que no se compra ni se ensaya en una semana: personalidad. Pese al ruido exterior, pese al cambio en el banquillo, las guerreras asumieron el control en los primeros compases. Balón, ritmo, circulación paciente. No era un dominio abrumador, pero sí una declaración de intenciones: aquí no hemos venido a sobrevivir.

    El Sevilla, por su parte, aguardaba. Ordenado, atento, sabedor de que la Copa premia la eficacia más que la estética y entonces, cuando el partido parecía inclinarse hacia el lado visitante, llegó el primer latigazo en el minuto 9 de juego que ponía por delante a las locales en el amanecer del encuentro, que se describe en el siguiente párrafo.

    Inma Gabarro recogió el balón con hambre. La canterana, cedida por el Everton, una futbolista que juega con la osadía de quien todavía no ha aprendido a tener miedo, encaró, insistió, creyó. La defensa blanquiazul dudó una décima de segundo, y en la Copa, una décima es una eternidad. Tras un rebote caprichoso, de esos que nadie dibuja en la pizarra, el balón acabó superando a Nay Cáceres para abrir la lata con el 10 en el marcador .

    Nervión celebró. El Sevilla golpeaba primero. Y todo parecía encajar en el relato habitual: gol tempranero, rival tocado anímicamente, partido encaminado.

    Pero quien conozca la historia reciente del Tenerife sabe que este equipo no se rinde por inercia, más la alegría sevillista duró lo que tarda la Copa en ajustar cuentas.

    Apenas dos minutos después, el Tenerife ya estaba avisando. Y en el minuto 12, llegó el empate. Amani, atenta, feroz, oportunista, cazó un rechace tras un saque de esquina. Cheza no pudo blocar, el balón quedó vivo y la centrocampista blanquiazul lo convirtió en justicia poética, 11 y todo arrancaba desde cero.

    En un primer cuarto de hora frenético, eléctrico, sin tiempo para respirar. Dos goles, dos estilos, dos equipos que se miraban sin parpadear. Esto sí era Copa. Esto sí era imprevisible. El cóctel perfecto: emoción, errores, rebotes, tensión.

    Tras el empate, el Sevilla dio un paso adelante. Ajustó líneas, empezó a tener más balón, a jugar más tiempo en campo contrario.

    El Tenerife, en cambio, empezó a sufrir para conectar con sus delanteras. Las carrileras no encontraban profundidad, y las transiciones se diluían antes de llegar a zona de peligro.

    El partido entró entonces en una fase espesa. Centro del campo poblado, pocas concesiones, mucho respeto. Era una eliminatoria a partido único, y ambos equipos lo sabían. Cada pérdida podía ser mortal. Cada error, definitivo.

    Durante muchos minutos, el encuentro fue un ajedrez sin sacrificios. Nadie quería ser el primero en desordenarse. El Sevilla no encontraba claridad. El Tenerife, sin balón, se defendía con orden, pero sin capacidad para amenazar con continuidad.

    Hasta que, en los últimos cinco minutos del primer tiempo, el equipo insular volvió a asomar la cabeza. Saques de esquina encadenados, balones colgados, nervios en el área sevillista. En el 42, Gramaglia estuvo a punto de romper el empate con un remate que heló la sangre en Nervión.

    El descanso llegó con tablas y una sensación peligrosa por demás para las hispalenses, seamos sinceros.
    Porque el Sevilla, una vez más, había demostrado ser un equipo incapaz de cerrar partidos. Un defecto que ya había pagado caro en la Liga F Moeve, como aquella tarde ante el Atlético de Madrid, cuando dejó escapar un 0-2 al descanso que acabó en empate tras un autogol de Isa Álvarez y este torneo no pasa por alto tales desconexiones.

    Apenas habían pasado tres minutos del segundo periodo cuando el Tenerife confirmó que las buenas sensaciones no eran las mejores cuando la mítica Cinta Rodríguez, del Sporting de Huelva, colgó un centro desde la banda. El balón se fue cerrando, envenenándose, creciendo en amenaza con cada metro recorrido. Cheza dudó. Y la duda, en la Copa, se paga y el balón acabó besando la red para significar el 12 que culminaba la remontada de las del Heliodoro Rodríguez López que tienen en su ADN la resistencia.

    Remontada. Silencio en Nervión. El reloj marcaba que el mediodía ya se había superado en la Península, pero para el Sevilla el tiempo parecía haberse detenido.

    El gol fue gasolina para el Costa Adeje Tenerife. Lejos de encerrarse, lejos de contemporizar, el equipo visitante vivió sus mejores minutos del partido. Confianza, energía, sensación de que el partido estaba donde querían.

    En el 55, Gramaglia tuvo el tercero. Cheza, esta vez sí, respondió con acierto. Era la frontera entre la sentencia y la vida.

    A diferencia del primer tiempo, el bajón de ritmo posterior tuvo un dueño claro: el Tenerife. El equipo insular entendió el partido. Supo manejar su ventaja, defender con orden y amenazar al contragolpe y al balón parado.

    El Sevilla, en cambio, entró en una fase de frustración. El balón no llegaba limpio, las ideas se nublaban y los minutos caían como losas. Las de David Losada empujaban, sí, pero sin filo. Con más corazón que cabeza.

    A medida que el reloj avanzaba, el miedo se transformaba en ansiedad y ese temor, en errores.

    El Sevilla se lanzó a la desesperada en los últimos minutos. Centros laterales, segundas jugadas, balones al área. Nervión empujaba. La Copa estaba a punto de escaparse.

    Y entonces apareció Nay Cáceres en el minuto 83 de juego con una intervención monumental a disparo de Rosa Márquez. Un minuto después, intervención decisiva para evitar un gol en propia puerta de Sandra Castelló. Dos acciones que sostuvieron al Tenerife cuando el partido se rompía.

    El Sevilla atacaba con todo. Pero el Tenerife resistía. No sufrió mucho más el equipo blanquiazul, hoy de morado, aunque le faltó precisión en alguna contra para cerrar definitivamente el encuentro. No hizo falta.

    El pitido final confirmó lo impensable días antes. El Costa Adeje Tenerife Egatesa se metió en los cuartos de final de la Copa de la Reina en la semana más convulsa de su temporada.

    Sin entrenador principal, con un vestuario zarandeado por la incertidumbre, el equipo encontró en la Copa un refugio, una razón para creer, una demostración de carácter.

    El Sevilla, por su parte, quedó eliminado de un torneo que ya le había exigido sufrimiento extremo para dejar en el camino al Real Oviedo en el Carlos Tartiere. Otra herida abierta. Otra pregunta sin respuesta.

    Porque al final, la Copa no pregunta quién manda ni quién planifica mejor.
    La Copa no mira clasificaciones ni contratos.
    La Copa se fija en quién resiste cuando el suelo tiembla.

    Y el Tenerife, esta vez, resistió. Resistió a la inestabilidad, al cambio, al ruido. Resistió al gol temprano, al empuje de Nervión, al miedo a perderlo todo en una semana. Resistió con fútbol cuando tocó, con oficio cuando fue necesario y con una portera que entendió que hay días en los que una parada vale más que cien discursos.

    El Sevilla, en cambio, volvió a mirarse en el espejo incómodo de la Copa y a descubrir que el problema no es llegar, sino saber quedarse.

    La Copa de la Reina no consuela.
    No explica.
    No espera, solo señala.
    Y este sábado, en Nervión, señaló al equipo que, cuando todo parecía romperse, decidió creer.

    La Copa sigue.
    El Tenerife también.
    Y nosotros, afortunadamente, tenemos otra historia que contar.

    Porque si esto es solo el principio…
    que nadie se levante del sillón.

    📋 Ficha técnica |

    Sevilla FC: Cheza, Débora (Alba Cerrato 71’), Eva Llamas, Isa Álvarez, Esther M.P. (Milla Cortés 63’), Alicia, Iris, Rosas M., Kanteh (Andrea Álvarez 71’), Raquel e Inma Gabarro.
    Costa Adeje Tenerife Egatesa: Nay Cáceres, Aleksandra, Cinta R., Elba, Patri Gavira (c), Clau Blanco, N. Ramos, Amani, Paola H.D. (S. Castelló 72’), S. Ouzraoui (Iratxe 82’) y Gramaglia.

    Árbitra: Alicia Espinosa, asistida por Belinda Castillo y Miram Martín. Amonestó a las locales Iris Arnaiz (74’) y a las visitantes N. Ramos (54’), Ouzraoui (62’), Clau Blanco (66’).
    Incidencias: Eliminatoria de octavos de final de Copa de la Reina disputado a partido único en el Estadio Jesús Navas de Sevilla sobre una superficie de hierba natural.

    Goles |

    1-0 Inma Gabarro 9’ ⚽️
    1-1 Amani 12’ ⚽️
    1-2 Cinta Rodríguez 47’⚽️

  • La previa | Sevilla vs C.D. Tenerife

    (Fuente: Liga F Moeve)

    ⬛️ Un mediodía de Copa, orgullo y ambición: Sevilla y Costa Adeje Tenerife se citan en un duelo a vida o muerte con aroma a historia.

    La Copa de la Reina Iberdrola vuelve a desplegar su mística este sábado en el Estadio Jesús Navas, donde Sevilla Fútbol Club y el Costa Adeje Tenerife Egatesa se enfrentan en una eliminatoria de octavos de final a partido único que promete tensión, emoción y épica. Dos equipos en crecimiento, dos estados de ánimo al alza y una sola plaza en cuartos en un cruce que condensa todo lo que hace grande al torneo del KO.

    fútbol no entiende de trayectorias largas cuando la Copa de la Reina irrumpe en el calendario. Entiende de noventa minutos, de detalles, de estados de ánimo y de esa frontera invisible entre la ilusión y la eliminación. En ese escenario se presenta el Sevilla FC este sábado a partir de las 12:00 horas, decidido a prolongar su momento ascendente y a convertir el Estadio Jesús Navas en un fortín copero ante un Costa Adeje Tenerife Egatesa que aterriza en la capital andaluza con memoria, ambición y una historia íntimamente ligada a esta competición.

    El conjunto hispalense llega a la cita reforzado por una racha de resultados que ha devuelto la confianza y el convencimiento a un equipo que ha sabido crecer desde la solidez. El reciente triunfo liguero ante el Alhama CF, trabajado, paciente y maduro, unido al valioso empate frente al Atlético de Madrid, ha confirmado que el Sevilla ha aprendido a competir en registros que antes se le escapaban. Ya no es solo un equipo de intenciones, sino de respuestas. Concede menos, gestiona mejor los tiempos y sabe sobrevivir en partidos cerrados, una cualidad imprescindible cuando la Copa no concede segundas oportunidades.

    Ese crecimiento tiene nombres propios y una estructura cada vez más reconocible. Rosa Márquez se ha consolidado como el auténtico eje del juego sevillista, la futbolista que ordena, equilibra y da sentido a cada posesión. A su alrededor, el equipo se siente más cómodo, más compacto y más seguro. En defensa, la jerarquía de Eva Llamas lidera una zaga que ha ganado fiabilidad, mientras que bajo palos Esther Sullastres se ha erigido en una figura determinante, capaz de sostener al equipo en los momentos de máxima exigencia y de marcar la diferencia cuando el partido se rompe.

    En ataque, el Sevilla ha encontrado soluciones sin necesidad de fuegos artificiales. La movilidad y la inteligencia de Inma Gabarro entre líneas, el trabajo constante por bandas y la aportación decisiva de las jugadoras que emergen desde el banquillo —con Alba Cerrato como ejemplo reciente— han ampliado el abanico de recursos de un equipo que ha aprendido que competir bien también es una forma de dominar.

    Pero enfrente estará un Costa Adeje Tenerife Egatesa que entiende la Copa de la Reina como un territorio propio. El conjunto blanquiazul visita Sevilla este sábado 20 de diciembre a las 11:00 hora canaria con la ambición intacta y con el recuerdo reciente de una contundente victoria liguera en ese mismo escenario, aunque consciente de que el contexto es completamente distinto. La Copa no admite comparaciones ni antecedentes: exige máxima concentración y una lectura perfecta de cada fase del partido.

    Para las guerreras, la cita tiene además un componente especial. Será el estreno oficial de Adrián Albéniz al frente del primer equipo, un debut de alto voltaje en una eliminatoria que pondrá a prueba el carácter y la personalidad del grupo. El técnico ha transmitido un mensaje claro desde su llegada: competir, creer y asumir la Copa como una oportunidad. “Queremos ir a Sevilla y sacar esta eliminatoria adelante. La Copa es una competición diferente, que nos hace mucha ilusión”, ha señalado, advirtiendo también de la evolución del rival y de la necesidad de estar atentas en todo momento.

    Esa ambición conecta con el ADN de un club que ha hecho del torneo del KO una seña de identidad. El Costa Adeje Tenerife Egatesa ha alcanzado las semifinales en tres ocasiones y ha sido un habitual en las rondas finales, construyendo una relación especial con una competición que siempre despierta algo más en el vestuario. Así lo expresó su capitana, Patri Gavira, al recordar que la Copa “siempre es especial para este club” y al reivindicar el deseo de dar ese “campanazo” que tanto identifica a las guerreras.

    La portería blanquiazul será uno de los focos emocionales del encuentro. Noelia Ramos regresa a Sevilla, una ciudad clave en su trayectoria, con sentimientos encontrados pero con el objetivo claro. “Volver siempre es especial, pero mañana todo eso se queda a un lado”, afirmó la guardameta, consciente de que en una eliminatoria a partido único la unión y la convicción lo son todo. Ramos ha subrayado la importancia de centrarse en el propio equipo, de mantener una energía positiva y de pelear hasta el final, apelando además al apoyo de una afición que nunca falla y que sueña con recibir en Navidad el regalo de una clasificación histórica.

    El duelo, que podrá seguirse en directo por Televisión Canaria y a través de la narración de Atlántico Radio y La Radio Canaria, se presenta como un choque de dinámicas positivas, de estilos en evolución y de ambiciones legítimas. Sevilla y Costa Adeje Tenerife se miran frente a frente en un mediodía que promete ser largo, intenso y cargado de significado.

    La Copa de la Reina vuelve a llamar a la puerta, y solo uno responderá para seguir soñando.

    🏆 Copa de la Reina Iberdrola 2025-2026

    🔜 NEXT GAME

    🔥 Sevilla 🆚 Costa Adeje Tenerife Egatesa 🔥

    ✨ Eliminatoria de octavos de final ✨

    🗓️ Sábado, 20 de diciembre de 2025

    📺 Radiotelevisión Canaria

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    🏟️ Estadio Jesús Navas, Sevilla

  • La crónica | El Atlético le pone un punto de fe

    (Fuente: Liga F Moeve)

    🟦 El Atlético de Madrid y el Sevilla se repartieron los puntos en Alcalá (2-2). El conjunto hispalense marcó los dos primeros goles del choque, por medio de Raquel Morcillo y Rosa Márquez, pero Amaiur Sarriegi, que fue la MVP del encuentro, e Isa Álvarez, en propia, anotaron los tantos de las colchoneras.

    La previa |

    (Fuente: UEFA)

    Existen mañanas de fútbol que no necesitan prólogo.
    Que no piden contexto.
    Que se imponen solas.
    El calendario señala el sábado 6 de diciembre como una fecha cualquiera, pero el calendario emocional del fútbol femenino español sabe que no es así.
    A las 12:00, en el Centro Deportivo Alcalá de Henares, volverá a rugir un Atlético de Madrid – Sevilla Fútbol Club, uno de esos encuentros que no se ven: se sienten.
    Ni la frialdad del horario, ni la rutina de la jornada, ni el trajín de un diciembre cargado de simbolismos impiden que este duelo se presente como uno de los grandes reclamos de esta Liga F Moeve 2025-2026, que continúa escribiendo capítulos inolvidables en su consolidación como una de las competiciones más atractivas del continente.
    A las rojiblancas les sigue doliendo la derrota del pasado fin de semana en el Heliodoro Rodríguez López.
    No fue una caída más.
    Fue un golpe que llegó en el momento más cruel, en el minuto más hiriente, en ese umbral donde el fútbol tiene la mala costumbre de decidir partidos y emociones.
    El 2-1 en Tenerife dejó heridas, pero no fracturas.
    El Atlético llega cuarto (24 puntos), mirando de frente una zona europea que se resiste, que se mueve, que late al ritmo de un Real Madrid que suma 26 y recibe a una Real Sociedad en pleno estado de gracia.
    Pero Víctor Martín conoce la materia con la que se construyen los equipos competitivos:
    la ambición no se negocia, la reacción no se aplaza, la identidad no se pierde.
    Por eso, esta semana en Alcalá no se ha hablado de lamentos.
    Se ha hablado de respuesta.
    De orgullo.
    De “este partido no se nos escapa”.
    Sin Gio Queiroz, baja confirmada.
    Con Fiamma Benítez, que regresa con un brillo especial en la mirada tras conquistar la Nations League con España.
    Con Lauren, con Amaiur, con Luany, con un vestuario que sabe que este sábado no se juega solo un partido: se juega un mensaje.
    Si hay un equipo que representa la solidez, el impulso y la sensación de crecimiento, ese es el Sevilla Fútbol Club.
    Séptimo (20 puntos), cuatro por detrás del Atlético, pero con tres victorias consecutivas, dos de ellas sin encajar y una superioridad que ya ha dejado huella en la competición.
    Hace dos semanas derrotó al Deportivo Abanca por 3-1, con una Inma Gabarro desatada, cedida por el Everton pero jugando como si llevara el escudo del Sevilla tatuado en la piel.
    El otro gol lo marcó Fatou Kanteh, un vendaval con botas, una futbolista capaz de romper un partido sin previo aviso.
    No estarán Gemma Gili ni Jassina Blom, en fase final de recuperación del cruzado.
    Andrea Álvarez es duda.
    Pero las bajas no han mermado el alma sevillista: solo han reforzado su carácter.
    David Losada habla de convicción, de competitividad, de creérselo.
    Este Sevilla no llega como invitado.
    Llega como aspirante.
    Los números dicen que de los últimos diez enfrentamientos entre rojiblancas y sevillistas, el Atlético ganó seis, empató tres y solo cedió uno.

    Pero hay un recuerdo que define mejor la relación entre ambos clubes:
    el 15 de septiembre de 2020, cuando se inauguró el entonces Centro Deportivo Wanda Alcalá de Henares con un 3-0 inolvidable.
    Ángela Sosa, Ludmila y Charlyn firmaron los goles.
    2.300 aficionados desafiaran la lluvia.
    La nueva casa rojiblanca nació con alma de fortaleza, precisamente a las de Nervión.
    Sin embargo, la historia no asegura nada, pues no marca, no de defiende, ni siquiera corre.
    La Liga F Moeve vive un momento en el que la imprevisibilidad es ley, en el que los gigantes pueden tambalearse y los aspirantes pueden cambiar su destino en un solo fin de semana.
    La responsabilidad de dirigir este partido recae en la vizcaína Olatz Rivera Olmedo, una colegiada que conoce bien la exigencia de los duelos de élite.
    El choque podrá seguirse a través de DAZN 2 (dial 71 de Movistar Plus+), según adelantó El Partido de Manu.
    No será uno de los tres encuentros ofrecidos en abierto cada jornada:
    será un partido reservado, íntimo, cuidado, de producción completa y de aroma a fútbol grande.
    Este partido tiene peso propio.
    Para el Atlético, es obligatorio.
    Para el Sevilla, es una oportunidad.
    Para los aficionados, es una cita con el fútbol femenino en su forma más genuina.
    Choque de ambición, duelo de talento y una batalla de detalles.
    Habrá quienes lo vean desde la distancia, quienes se asomen por curiosidad, quienes lo sigan por rutina.
    Pero quienes lo vivan —quienes lo sientan— sabrán que los 90 minutos de este sábado tienen una electricidad especial.
    Porque hay partidos que construyen jornadas.
    Otros que construyen temporadas.
    Y unos pocos, como este, que construyen memoria.

    🏆 Liga F Moeve 2025-2026

    🔥 Atlético de Madrid 🆚 Sevilla
    Fútbol Club 🔥

    ❤️ Matchday 13 | Día de partido

    🗓️ Sábado, 6 de diciembre de 2025

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 DAZN 2

    🏟️ Centro Deportivo Alcalá de Henares, Madrid

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    Existen mañanas de fútbol que no necesitan prólogo.
    Que no piden contexto.
    Que se imponen solas.
    El calendario señala el sábado 6 de diciembre como una fecha cualquiera, pero el calendario emocional del fútbol femenino español sabe que no es así.

    A las 12:00, en el Centro Deportivo Alcalá de Henares, volverá a rugir un Atlético de Madrid – Sevilla Fútbol Club, uno de esos encuentros que no se ven: se sienten.

    Ni la frialdad del horario, ni la rutina de la jornada, ni el trajín de un diciembre cargado de simbolismos impiden que este duelo se presente como uno de los grandes reclamos de esta Liga F Moeve 2025-2026, que continúa escribiendo capítulos inolvidables en su consolidación como una de las competiciones más atractivas del continente.

    A las rojiblancas les sigue doliendo la derrota del pasado fin de semana en el Heliodoro Rodríguez López.
    No fue una caída más.
    Fue un golpe que llegó en el momento más cruel, en el minuto más hiriente, en ese umbral donde el fútbol tiene la mala costumbre de decidir partidos y emociones.

    El 2-1 en Tenerife dejó heridas, pero no fracturas.
    El Atlético llega cuarto (24 puntos), mirando de frente una zona europea que se resiste, que se mueve, que late al ritmo de un Real Madrid que suma 26 y recibe a una Real Sociedad en pleno estado de gracia.

    Pero Víctor Martín conoce la materia con la que se construyen los equipos competitivos:
    la ambición no se negocia, la reacción no se aplaza, la identidad no se pierde.

    Por eso, esta semana en Alcalá no se ha hablado de lamentos.
    Se ha hablado de respuesta.
    De orgullo.
    De “este partido no se nos escapa”.

    Sin Gio Queiroz, baja confirmada.
    Con Fiamma Benítez, que regresa con un brillo especial en la mirada tras conquistar la Nations League con España.
    Con Lauren, con Amaiur, con Luany, con un vestuario que sabe que este sábado no se juega solo un partido: se juega un mensaje.

    Si hay un equipo que representa la solidez, el impulso y la sensación de crecimiento, ese es el Sevilla Fútbol Club.
    Séptimo (20 puntos), cuatro por detrás del Atlético, pero con tres victorias consecutivas, dos de ellas sin encajar y una superioridad que ya ha dejado huella en la competición.

    Hace dos semanas derrotó al Deportivo Abanca por 3-1, con una Inma Gabarro desatada, cedida por el Everton pero jugando como si llevara el escudo del Sevilla tatuado en la piel.
    El otro gol lo marcó Fatou Kanteh, un vendaval con botas, una futbolista capaz de romper un partido sin previo aviso.

    No estarán Gemma Gili ni Jassina Blom, en fase final de recuperación del cruzado.
    Andrea Álvarez es duda.
    Pero las bajas no han mermado el alma sevillista: solo han reforzado su carácter.

    David Losada habla de convicción, de competitividad, de creérselo.
    Este Sevilla no llega como invitado.
    Llega como aspirante.

    Los números dicen que de los últimos diez enfrentamientos entre rojiblancas y sevillistas, el Atlético ganó seis, empató tres y solo cedió uno.


    Pero hay un recuerdo que define mejor la relación entre ambos clubes:
    el 15 de septiembre de 2020, cuando se inauguró el entonces Centro Deportivo Wanda Alcalá de Henares con un 3-0 inolvidable.
    Ángela Sosa, Ludmila y Charlyn firmaron los goles.
    2.300 aficionados desafiaran la lluvia.
    La nueva casa rojiblanca nació con alma de fortaleza, precisamente a las de Nervión

    Sin embargo, la historia no asegura nada, pues no marca, no de defiende, ni siquiera corre.

    La Liga F Moeve vive un momento en el que la imprevisibilidad es ley, en el que los gigantes pueden tambalearse y los aspirantes pueden cambiar su destino en un solo fin de semana.

    La responsabilidad de dirigir este partido recae en la vizcaína Olatz Rivera Olmedo, una colegiada que conoce bien la exigencia de los duelos de élite.

    El choque podrá seguirse a través de DAZN 2 (dial 71 de Movistar Plus+), según adelantó El Partido de Manu.
    No será uno de los tres encuentros ofrecidos en abierto cada jornada:
    será un partido reservado, íntimo, cuidado, de producción completa y de aroma a fútbol grande.

    Este partido tiene peso propio.
    Para el Atlético, es obligatorio.
    Para el Sevilla, es una oportunidad.
    Para los aficionados, es una cita con el fútbol femenino en su forma más genuina.

    Choque de ambición, duelo de talento y una batalla de detalles.

    Habrá quienes lo vean desde la distancia, quienes se asomen por curiosidad, quienes lo sigan por rutina.
    Pero quienes lo vivan —quienes lo sientan— sabrán que los 90 minutos de este sábado tienen una electricidad especial.

    Porque hay partidos que construyen jornadas.
    Otros que construyen temporadas.
    Y unos pocos, como este, que construyen memoria.

    El encuentro al detalle |

    #LigaFMoeve| #AtletiSevillaFC

    (Fuente: “El Partido de Manu”)

    Los onces |

    Hay partidos que no se construyen desde el resultado, sino desde la fe. Desde esa sensación íntima, rojiblanca y heredada, de que el Atlético de Madrid Femenino nunca se entrega, nunca baja la mirada, nunca renuncia a lo imposible. Y en el Centro Deportivo Alcalá de Henares, en una tarde en la que el Sevilla FC quiso desequilibrar el destino con dos golpes certeros, el conjunto madrileño decidió que, más allá del marcador, el encuentro debía escribirse bajo un único principio: el Atlético siempre vuelve. El Atlético le pone un punto de fe.

    en el Centro Deportivo Alcalá de Henares, el Atlético de Madrid escribió una de esas mañanas circulares, donde todo empezó y terminó del mismo modo: con un punto de fe, con esa determinación rojiblanca capaz de arrancar esperanza incluso cuando el viento sopla en contra.

    El duelo amaneció con el Atlético proponiendo, buscando, soñando. A los pocos minutos, Rosa Otermín, siempre atenta para detectar grietas donde nadie más las ve, controló un balón en el costado zurdo y soltó un pase quirúrgico hacia Andrea Medina. La lateral, pura electricidad y lectura ofensiva, levantó la cabeza, calculó el tiempo y envió un centro duro al corazón del área. Allí esperaba Gaby García, que se inventó un remate desde dentro del área. El balón salió raso, astuto, venenoso. Pero Esther Sullastres, monumental en la tarde, se estiró hacia abajo para sacar una mano que ya anunciaba su papel en el choque.


    Era el primer aviso de un Atlético que todavía no imaginaba el drama y la épica que se iban a desencadenar.

    Y como suele suceder en los partidos grandes, cuando una oportunidad no entra, la ley del fútbol castiga.
    El Sevilla encontró su momento: Débora García envió un balón al área, la defensa rojiblanca lo rechazó, pero la pelota cayó justo donde más duele. Allí estaba Raquel Morcillo, con la mecha encendida, para sacar un disparo seco, brutal, que se incrustó en la portería de Lola Gallardo en el minuto 16 de juego para abrir la lata con el 01.

    Tres minutos después, el golpe se hizo doble. Esther Martín-Pozuelo, desde la frontal, vio aparecer a Rosa Márquez. La sevillista acomodó el cuerpo, ajustó el pie derecho y soltó un disparo sublime que tocó en el larguero antes de caer dentro e hizo enmudecer al respetable con el 02 en el minuto 19 de juego.

    Era el segundo. Era el mazazo.
    Era el momento donde muchos bajan los brazos, pero este Atlético no estaba por la labor y lo demostró.

    Las locales apretaron, tiraron de orgullo, de orgullo y más orgullo. Intentaron rebajar la diferencia antes del descanso, pero el marcador se mantuvo imperturbable. Las rojiblancas se marcharon al vestuario con dos goles de ventaja para la andaluza … y con una decisión más grande aún que ese resultado: seguir creyendo.

    Nada más volver, el partido tomó un giro emocional. Un centro preciso al área encontró la cabeza de Amaiur Sarriegui. La delantera,que acabaría convertida en MVP, cabeceó con potencia, pero allí volvió a aparecer el muro, la gigante, la inagotable Esther Sullastres.
    La ocasión pareció cantar gol, pero como si el destino quisiera prolongar el suspense, apareció Martín-Pozuelo sobre la línea para sacar el rechace en el último suspiro.

    La insistencia tuvo premio en el minuto 58 Luany, incisiva por banda, mandó un envío raso y perfecto hacia el área. Allí estaba Amaiur, anteriormente citada , atenta, lista, voraz. La delantera de San Sebastián remató de primeras, con el alma y con la puntería exacta para superar por fin a Sullastres y recortar distancias hasta el 12 que activó ese halo de ilusión que este curso ya se vivió, por ejemplo, en la previa de la Liga de Campeones ante el BK Häcken sueco.

    Víctor Martín, leyendo el pulso emocional del encuentro, introdujo a Carmen Menayo para reforzar la retaguardia y a Sheila Guijarro para preparar el asalto final. El plan era simple: meter al Sevilla en su área y obligarle a resistir.

    Qué sorpresa ha sido esta! Un centro de falta de las rojiblancas que no tenía peligro para el Sevilla, puso el empate a dos, con gol en propia de Isa Álvarez. El peligro ahora cambiaba de banda en esta segunda parte, la dupla Luany-Amaiur volvía loca a la defensa, misma jugada del uno a dos, aunque esta vez se fue por encima del larguero.

    Solo siete minutos después, llegó el segundo gol rojiblanco… uno de esos tantos que solo aparecen cuando un equipo se niega a rendirse.
    Una falta colgada al área, un despeje de Isa Álvarez, un bote extraño. Un balón que, caprichoso, sorprende a Sullastres y se cuela dentro. La guardameta se estiró, voló incluso, pero el destino ya había tomado una decisión: el Atlético de Madrid, con la colaboración involuntaria de Isa Álvarez vio como el despeje de la exjugadora del Costa Adeje Tenerife se envenenó en dirección a su propio arco sorprendía a Esther Sullastres para instalar el 22 definitivo en el luminoso cuando el reloj deambulaba ya por el 65 de la contienda

    No cesaban las oportunidades, el buen rollo y la jugada ensayada de Vilde Bøe Risa y Andrea Medina en una falta terminaba en córner de milagro por la salvada de la portera. Acto seguido un remate de Gaby García también lo atrapó la portera catalana del Sevilla.

    Está claro que la primera parte del Atlético de Madrid era una mala niebla, todo cambió en el descanso, la charla de Víctor Martín cambió la cara de las jugadoras que salieron con todo. Se demostró y todo esfuerzo tiene su recompensa.

    En la última fase de un partido que ha tenido de todo, el Atlético de Madrid siguió generando ocasiones, incomodando al Sevilla. Las de Losada estaban completamente anuladas, tratando de despejar todo lo que llegaba a su área. Medina, tras un buen saque de falta, tuvo otra gran ocasión, pero Sullastres, de forma providencial, evitó su diana.

    Reparto de puntos que David Losada hubiera firmado antes del partido, pero que le deja contrariado después de desaprovechar un cero a dos favorable en un escenario tan complicado, resultado evidente que en Nervión necesitan mejorar futbolísticamente.

    Mientras tanto, en Nervión se tiene la tranquilidad de que el equipo no está en la parte baja y es séptimo con 21 unidades en el zurrón, próxima estación, recibir al Alhama ElPozo en el Estadio Jesús Navas.

    El Atlético de Madrid se queda con 25 puntos, cuarto en la Liga F Moeve, a solo uno de los puestos europeos, pero más allá de la clasificación, más allá del número, más allá del resultado.

    Esa fe que sostiene partidos, que devuelve vida, que abre puertas cuando todas parecen cerradas.
    Esa fe que nació en la primera ocasión del encuentro… y que terminó, circularmente, deteniendo la última en las manos de Sullastres, recordando a todos que lo importante no es caer, sino levantarse.

    Porque si algo dejó claro esta tarde es que, incluso cuando el partido da la espalda, el Atlético le pone un punto de fe a una jornada de la que no se podrán extraer conclusiones hasta que el Tenerife, Real Madrid y Real Sociedad de Fútbol hayan entrado en concurso.

    (Fuente: Liga F Moeve )

    📋 Ficha técnica |

    ATLÉTICO DE MADRID: Lola Gallardo; Alexia (Menayo, 61′), Lauren Leal, Silvia Lloris, Medina; Gaby, Boe Risa (Julia Bartel, 87′), Fianma Benítez; Luany, Rosa Otermín (Sheila Guijarro, 61′) y Amaiur Sarriegi.

    SEVILLA FC: Sullastres; Débora García, Eva Llamas, Isa Álvarez, Esther Martín-Pozuelo; Alicia (Chantal Hagel, 71′), Iris Arnaiz, Rosa Márquez; Fatou Kanteh (Alice Marques, 71′), Raquel (Wifi, 81′) e Inma Gabarro (Alba Cerrato, 81′).

    Árbitra: Olatz Rivera Olmedo (comité vasco). Amonestó a las locales Rosa Otermín y Silvia Lloris y a las visitantes Iris Arnaiz y Alice Marques con tarjeta amarilla.

    Incidencias | Partido correspondiente a la decimotercera jornada de la Liga F Moeve disputado en el Centro Deportivo Alcalá de Henares sobre una superficie de hierba natural ante 1.000 espectadores.

    Goles |

    0-1 Raquel Morcillo 16’ ⚽️
    0-2 Rosa Márquez 19’ ⚽️
    1-2 Amaiur Sarriegui 57’ ⚽️
    2-2 Isa Álvarez Tenorio (P.P) 64’ ⚽️

    Vídeo |

  • La previa | Liga F Moeve (Atlético de Madrid vs Sevilla Fútbol Club)

    (Fuente: “El Partido de Manu”) Creatividad: Ruth

    🟦 La mañana en la que la Liga F Moeve vuelve a latir más fuerte con un partido grande en Alcalá .

    Existen mañanas de fútbol que no necesitan prólogo.
    Que no piden contexto.
    Que se imponen solas.
    El calendario señala el sábado 6 de diciembre como una fecha cualquiera, pero el calendario emocional del fútbol femenino español sabe que no es así.

    A las 12:00, en el Centro Deportivo Alcalá de Henares, volverá a rugir un Atlético de Madrid – Sevilla Fútbol Club, uno de esos encuentros que no se ven: se sienten.

    Ni la frialdad del horario, ni la rutina de la jornada, ni el trajín de un diciembre cargado de simbolismos impiden que este duelo se presente como uno de los grandes reclamos de esta Liga F Moeve 2025-2026, que continúa escribiendo capítulos inolvidables en su consolidación como una de las competiciones más atractivas del continente.

    A las rojiblancas les sigue doliendo la derrota del pasado fin de semana en el Heliodoro Rodríguez López.
    No fue una caída más.
    Fue un golpe que llegó en el momento más cruel, en el minuto más hiriente, en ese umbral donde el fútbol tiene la mala costumbre de decidir partidos y emociones.

    El 2-1 en Tenerife dejó heridas, pero no fracturas.
    El Atlético llega cuarto (24 puntos), mirando de frente una zona europea que se resiste, que se mueve, que late al ritmo de un Real Madrid que suma 26 y recibe a una Real Sociedad en pleno estado de gracia.

    Pero Víctor Martín conoce la materia con la que se construyen los equipos competitivos:
    la ambición no se negocia, la reacción no se aplaza, la identidad no se pierde.

    Por eso, esta semana en Alcalá no se ha hablado de lamentos.
    Se ha hablado de respuesta.
    De orgullo.
    De “este partido no se nos escapa”.

    Sin Gio Queiroz, baja confirmada.
    Con Fiamma Benítez, que regresa con un brillo especial en la mirada tras conquistar la Nations League con España.
    Con Lauren, con Amaiur, con Luany, con un vestuario que sabe que este sábado no se juega solo un partido: se juega un mensaje.

    Si hay un equipo que representa la solidez, el impulso y la sensación de crecimiento, ese es el Sevilla Fútbol Club.
    Séptimo (20 puntos), cuatro por detrás del Atlético, pero con tres victorias consecutivas, dos de ellas sin encajar y una superioridad que ya ha dejado huella en la competición.

    Hace dos semanas derrotó al Deportivo Abanca por 3-1, con una Inma Gabarro desatada, cedida por el Everton pero jugando como si llevara el escudo del Sevilla tatuado en la piel.
    El otro gol lo marcó Fatou Kanteh, un vendaval con botas, una futbolista capaz de romper un partido sin previo aviso.

    No estarán Gemma Gili ni Jassina Blom, en fase final de recuperación del cruzado.
    Andrea Álvarez es duda.
    Pero las bajas no han mermado el alma sevillista: solo han reforzado su carácter.

    David Losada habla de convicción, de competitividad, de creérselo.
    Este Sevilla no llega como invitado.
    Llega como aspirante.

    Los números dicen que de los últimos diez enfrentamientos entre rojiblancas y sevillistas, el Atlético ganó seis, empató tres y solo cedió uno.


    Pero hay un recuerdo que define mejor la relación entre ambos clubes:
    el 15 de septiembre de 2020, cuando se inauguró el entonces Centro Deportivo Wanda Alcalá de Henares con un 3-0 inolvidable.
    Ángela Sosa, Ludmila y Charlyn firmaron los goles.
    2.300 aficionados desafiaran la lluvia.
    La nueva casa rojiblanca nació con alma de fortaleza, precisamente a las de Nervión

    Sin embargo, la historia no asegura nada, pues no marca, no de defiende, ni siquiera corre.

    La Liga F Moeve vive un momento en el que la imprevisibilidad es ley, en el que los gigantes pueden tambalearse y los aspirantes pueden cambiar su destino en un solo fin de semana.

    La responsabilidad de dirigir este partido recae en la vizcaína Olatz Rivera Olmedo, una colegiada que conoce bien la exigencia de los duelos de élite.

    El choque podrá seguirse a través de DAZN 2 (dial 71 de Movistar Plus+), según adelantó El Partido de Manu.
    No será uno de los tres encuentros ofrecidos en abierto cada jornada:
    será un partido reservado, íntimo, cuidado, de producción completa y de aroma a fútbol grande.

    Este partido tiene peso propio.
    Para el Atlético, es obligatorio.
    Para el Sevilla, es una oportunidad.
    Para los aficionados, es una cita con el fútbol femenino en su forma más genuina.

    Choque de ambición, duelo de talento y una batalla de detalles.

    Habrá quienes lo vean desde la distancia, quienes se asomen por curiosidad, quienes lo sigan por rutina.
    Pero quienes lo vivan —quienes lo sientan— sabrán que los 90 minutos de este sábado tienen una electricidad especial.

    Porque hay partidos que construyen jornadas.
    Otros que construyen temporadas.
    Y unos pocos, como este, que construyen memoria.

    🏆 Liga F Moeve 2025-2026

    🔥 Atlético de Madrid 🆚 Sevilla
    Fútbol Club 🔥

    ❤️ Matchday 13 | Día de partido

    🗓️ Sábado, 6 de diciembre de 2025

    ⏰ 12:00 horario peninsular

    📺 DAZN 2

    🏟️ Centro Deportivo Alcalá de Henares, Madrid

    (Fuente: Liga F Moeve)