⬛️La Liga Profesional de Fútbol Femenino, a través de su responsable de prensa, María Rodrigo, ha querido cerrar el año 2025 con un mensaje cercano, institucional y profundamente agradecido dirigido a todos los medios de comunicación que forman parte de su base de datos oficial, entre los que se encuentra “El Partido de Manu”, presente y comprometido con la competición desde 2022. Una nota informativa que, más allá del protocolo, se convierte en una declaración de principios sobre el momento que vive el fútbol femenino español, sobre el camino recorrido y, sobre todo, sobre el que queda por delante en un ecosistema que no deja de crecer, consolidarse y ganar espacio en la agenda mediática y social del deporte nacional.
En su mensaje, María Rodrigo traslada el agradecimiento explícito de la Liga F Moeve a los medios por el acompañamiento constante durante todo el año, por el respaldo diario y por la visibilidad que otorgan al campeonato, un apoyo que considera clave para seguir avanzando en el crecimiento sostenido del fútbol femenino y en la consolidación definitiva de la competición como uno de los grandes activos del deporte español. Un reconocimiento que no es retórico, sino que se apoya en la realidad de una Liga F cada vez más seguida, más competitiva, más diversa y más reconocible para el gran público.
“Gracias por acompañarnos durante este año y por el apoyo y la visibilidad que dais al fútbol femenino, claves para seguir avanzando en su crecimiento y en la consolidación de la competición”, subraya la responsable de prensa de la Liga F Moeve en una nota que respira cercanía y complicidad con los profesionales que, jornada tras jornada, partido tras partido, construyen el relato del campeonato desde radios, televisiones, medios digitales, prensa escrita y proyectos independientes.
Un mensaje que conecta directamente con el claim de la competición, convertido ya en una seña de identidad: “Vamos Ganando”. Un lema que no solo define resultados deportivos, sino también avances estructurales, sociales y mediáticos. “Como dice nuestro claim: ‘Vamos Ganando’, y hacerlo con vuestro apoyo lo hace aún más especial”, añade Rodrigo, antes de desear unas felices fiestas y emplazar a todos a reencontrarse muy pronto, ya en 2026, con más fútbol y nuevas historias que contar.
La nota navideña de la Liga F Moeve no se limita únicamente al agradecimiento institucional, sino que incorpora también una vertiente más lúdica y participativa, pensada para reforzar el vínculo con la afición, especialmente con los más jóvenes. En este contexto, la Primera División Femenina recuerda que mantiene activo en sus redes sociales un sorteo de un ejemplar del videojuego EA FC 26, uno de los productos más deseados por los seguidores del fútbol y una herramienta clave para que nuevas generaciones se acerquen al deporte femenino desde el ámbito del entretenimiento digital. Además, la Liga F aprovecha estas fechas tan señaladas para lanzar un guiño directo a los niños y niñas, animándoles a incluir en su carta a los Reyes Magos algunos de los productos oficiales de la competición.
Entre ellos destaca el balón oficial de la Liga F Moeve, disponible en “El Corte Inglés” a un precio especialmente accesible: 20 euros por unidad en su versión de verano, el denominado Balón Blanco, y tan solo 7 euros el balón oficial de la temporada pasada, una oportunidad única para que el fútbol femenino entre en los parques, colegios y campos de barrio de toda España. A ello se suma el juego de mesa oficial de la competición, disponible por 36 euros con el envío incluido, una propuesta pensada para disfrutar en familia y seguir difundiendo los valores, los equipos y las protagonistas de la Liga F más allá del césped.
Este espíritu festivo y divulgativo se complementa con una mirada al terreno de juego, al espectáculo puro, al talento que ha definido el año 2025 en la Liga F Moeve. Junto a la nota informativa, la organización adjunta un texto especial y un vídeo de YouTube que recopilan los mejores goles del año.
Esta es una selección que no solo sirve como resumen audiovisual, sino como declaración de intenciones sobre la calidad del campeonato. “El 2025 llega a su fin y desde Liga F recopilamos los mejores goles del año. Una serie de tantos que dejan claro la calidad del campeonato”, señala el texto que acompaña al vídeo, una pieza que pone rostro y nombre propio al talento que ha brillado durante los últimos doce meses.
Olga Carmona, Salma Paralluelo, Edna Imade, Aiara Agirrezabala, Aitana Bonmatí, Isina Corte, Nerea Nevado, Caroline Weir y Claudia Pina son las protagonistas de esta colección de goles que ya forman parte de la memoria reciente de la competición. Goles distintos entre sí, ejecutados desde recursos técnicos variados, en contextos diferentes, pero unidos por un denominador común: la excelencia futbolística y la capacidad de emocionar. El año 2025 ha dejado en la Liga F Moeve recuerdos imborrables y momentos que trascienden el marcador, desde disparos lejanos que desafían la lógica hasta acciones de tacón, voleas imposibles y definiciones cargadas de talento y personalidad.
El primer gol destacado es el de Olga Carmona frente al Athletic Club, una acción que resume a la perfección el carácter competitivo de la lateral zurda. Carmona robó un balón en el centro del campo y no se lo pensó dos veces. Con decisión, armó un zurdazo potente y preciso que sorprendió a Nanclares y se coló en el fondo de la red. Un gol que no solo fue decisivo para darle la victoria al conjunto blanco, sino que quedó grabado en la retina por producirse en un escenario tan emblemático como San Mamés, uno de los templos del fútbol español.
También ocupa un lugar destacado el gol de Salma Paralluelo al Atlético de Madrid, una demostración más de que la futbolista aragonesa es sinónimo de gol y de recursos ofensivos. La jugada nació de un centro de Aitana Bonmatí al punto de penalti, donde apareció Salma para ejecutar un espectacular taconazo que superó a su defensora y dejó sin opciones a Lola Gallardo. Un gesto técnico de altísimo nivel, ejecutado con naturalidad, que simboliza la confianza y el instinto goleador de una de las grandes figuras del fútbol español.
Edna Imade también se ganó su sitio entre los mejores goles del año con un tanto al Deportivo Abanca cuando todavía militaba en el Granada CF. La atacante aprovechó un pase de Lauri Requena para internarse en el área, recortar a su defensora con sutileza y mandar el balón directamente a la escuadra. Un gol de bella factura que, además, tuvo un valor competitivo incuestionable, ya que sirvió para sumar tres puntos fundamentales para su equipo.
La Real Sociedad aparece representada gracias al gol de Aiara Agirrezabala al Madrid CFF, en un partido que supuso una carta de presentación inmejorable para la lateral en la primera jornada de la Liga F Moeve. Agirrezabala firmó un doblete, pero fue su segundo tanto el que se coló en esta selección, una volea imparable al filo del descanso tras aprovechar un rechace de la zaga local. Un disparo seco, potente, ejecutado con convicción, que dejó sin respuesta a la portera rival.
Si hay un gol que simboliza la creatividad sin límites, ese es el de Aitana Bonmatí al DUX Logroño. La triple Balón de Oro volvió a demostrar por qué es una de las futbolistas más determinantes del panorama internacional. Tras un envío de Vicky López al área, Aitana resolvió la acción con un remate de espuela, un recurso técnico impredecible que hizo imposible la estirada de Miralles y dejó sin reacción a la zaga vinotinto. Un gol que sintetiza talento, improvisación y excelencia.
El ascenso del club riojano a la máxima categoría también tuvo su reflejo en esta recopilación gracias al tanto de Isina Corte al Deportivo Abanca. La delantera inició la jugada, combinó con Paula Partido y recibió de nuevo el balón para definir con un taconazo marca de la casa. Un gol que confirma su adaptación a la élite y su capacidad para marcar diferencias desde el primer momento.
Otro de los grandes momentos del año fue el gol de falta directa de Nerea Nevado al Real Madrid CF. Aunque el Athletic Club terminó cayendo en San Mamés, el mejor gol del partido llevó la firma de la lateral zurda, que se inventó un lanzamiento prácticamente sin ángulo para sorprender a Frohms y recortar distancias en el marcador. Un disparo preciso, valiente y ejecutado con una lectura perfecta de la situación.
La calidad internacional de la Liga F Moeve queda reflejada en el gol de Caroline Weir a la SD Eibar. La futbolista escocesa recibió un pase de Eva Navarro y, desde el pico del área, se sacó un zurdazo potentísimo que se coló en la red haciendo inútil la estirada de Eunate Astralaga. Un gol que confirma el talento diferencial de Weir y su capacidad para decidir partidos con acciones individuales de alto nivel.
Cierra esta selección el gol de Claudia Pina al FC Badalona Women, en un derbi catalán que se llevó el FC Barcelona gracias a una acción de pura determinación. Pina recibió un pase de Mapi León y no se lo pensó dos veces. Armó un derechazo potente que superó a María Valenzuela tras tocar en el larguero, desatando la celebración y confirmando su olfato goleador en partidos de máxima exigencia.
Todos estos goles, reunidos en un mismo vídeo, funcionan como un resumen emocional y deportivo de un año intenso, repleto de historias, de crecimiento colectivo y de consolidación competitiva. Un año en el que la Liga F Moeve ha seguido avanzando en visibilidad, en profesionalización y en reconocimiento, apoyada en el trabajo constante de los clubes, las futbolistas, los cuerpos técnicos y, de manera muy especial, de los medios de comunicación que amplifican cada logro y cada paso adelante.
Con la mirada ya puesta en el futuro inmediato, la Liga F Moeve se prepara para volver a nuestras vidas el próximo 10 de enero de 2025, fecha en la que se celebrará la decimoquinta jornada del calendario liguero tras el parón navideño.
Una jornada que se abrirá el viernes a las 12:00 horas con el encuentro entre Alhama ElPozo y Sociedad Deportiva Eibar, que podrá seguirse en directo a través de DAZN, y que se clausurará el domingo con el RCD Espanyol frente al Granada CF, también a las 12:00 horas y en la misma plataforma. Entre ambos duelos, el foco mediático y deportivo se situará en el que está llamado a ser el partido más importante de la jornada, el Atlético de Madrid – Real Sociedad de Fútbol, que se disputará el sábado a las 12:00 horas, en horario peninsular, y que contará con una cobertura especial al ofrecerse en abierto a través de TEN TV, canal disponible en la TDT, así como en DAZN en su versión de pago y en ETB1, el canal autonómico del País Vasco, confirmando una vez más el compromiso de la Liga F Moeve con la máxima difusión de su competición y con el acceso del gran público al mejor fútbol femenino.
Este duelo de máxima exigencia y enorme trascendencia clasificatoria, ya que será clave en la lucha por la segunda y la tercera posición de la tabla, plazas que otorgan acceso a disputar la fase previa de la Liga de Campeones en la próxima temporada.
Un objetivo estratégico para ambos conjuntos, conscientes de la importancia deportiva, económica y simbólica de regresar o consolidarse en la élite europea.
El encuentro adquiere, además, una dimensión especial en clave rojiblanca, ya que el Atlético de Madrid afronta en esta misma temporada los octavos de final de la Liga de Campeones, una ronda que se disputa bajo el formato de playoff, y en la que las colchoneras se medirán a un rival de máximo nivel continental como el Manchester United, en una eliminatoria que pondrá a prueba la madurez competitiva del proyecto atlético y su ambición europea.
En este contexto, el choque ante la Real Sociedad se presenta como una cita fundamental para reforzar sensaciones, enviar un mensaje a sus rivales directos y sostener la regularidad en un tramo decisivo del campeonato.
El partido entre el Atlético de Madrid y la Real Sociedad de Fútbol contará con una amplia cobertura televisiva, ya que se ofrecerá en abierto a través de TEN TV, canal disponible en la TDT, además de su emisión en DAZN, en su versión de pago, y en ETB1, el canal autonómico del País Vasco, reforzando una vez más el compromiso de la Liga F Moeve con la máxima difusión de su competición, con el acceso del gran público al fútbol femenino y con la visibilidad de los encuentros que marcan el pulso competitivo del campeonato.
🔲 Mientras el Costa Adeje Tenerife es un ejemplo a seguir en el fútbol femenino y llena el Heliodoro, con 2.457 espectadores de media en cada partido, su eterno rival no es más que un recuerdo ante la pasividad de Miguel Ángel Ramírez.
Las Islas Canarias respiran fútbol por los cuatro costados, no estamos descubriendo la fórmula secreta de la Coca-Cola, pero hay mucho trabajo por hacer en territorio insular en lo que a fútbol femenino se refiere y no será por el empeño que le pone D. Sergio Batista con su Costa Adeje Tenerife, el problema está marcado en amarillo.
La Unión Deportiva Las Palmas por la que han pasado grandes estrellas como Jesé Rodríguez, Juan Carlos Valerón, Pedri o Jonathan Viera es el único elenco importante, el Real Madrid se salvó de la quema en 2020, que en pleno siglo XXI no tiene sección de fútbol femenino.
España levantó la Copa del Mundo en categoría absoluta el pasado 20 de agosto de 2023 en Sídney a costa de Inglaterra por 1-0 con un gol de la jugadora del PSG Olga Carmona.
Aquella mañana muchos equipos como el Madrid CFF, del quien les escribe ha formado parte durante tres años, se congratularon del éxito de la nación ibérica, pero hubo una entidad que no pudo sentir esa proeza como propia y si, por increíble que parezca, les hablamos de Las Palmas.
El conjunto pio pio ha sido adelantado por la izquierda por el Club Deportivo Tenerife Femenino, quien este pasado verano se alió con el antiguo Granadilla Tenerife Egatesa para incorporar al club azul y blanco al Costa Adeje, semifinalista de la Copa de la Reina en 2022, que ha coqueteado en varias ocasiones con entrar en Europa, algo que irrita a los habitantes de Gran Canaria sobremanera, así de simple.
Se puede decir, con un tono reivindicativo y no titubeante que Las Palmas y el fútbol femenino es la asignatura pendiente de un gigante adormecido, que debe reaccionar para dejar de avergonzar a la sociedad que corea ya de memoria nombres como el de Jenni Hermoso, Aitana Bonmatí, Alexia Putellas o Vicky López e incluso acude a las tiendas de Adidas para comparar camisetas con estas serigrafías y es que la profesión de futbolista es la segunda más elegida por las niñas en la actualidad por detrás de medicina, según reveló un estudio de Adecco en septiembre de 2025.
Existen promesas que resuenan como himnos de esperanza. Y hay promesas que, con el paso del tiempo, se convierten en un eco doloroso, un lamento uniforme que recuerda a quienes lo escuchan que el compromiso no estuvo jamás acompañado de la valentía necesaria para materializarlo.
Así comienza la historia de la Unión Deportiva Las Palmas con el fútbol femenino: no como epopeya de conquista, sino como crónica de **una deuda histórica, una promesa no cumplida y un olvido institucional que ya pesa como una losa sobre la grandeza de una entidad que se precia de ser casa de todos los canarios.
Para entender el presente hay que mirar al pasado con honestidad radical. UD Las Palmas, club con casi 76 años de historia y uno de los emblemas del fútbol español en el Atlántico, tuvo un equipo femenino en la temporada 2009-2010 y 2010-2011. Compitió en la Superliga Femenina, la máxima categoría de aquel momento, donde la élite del fútbol femenino español buscaba consolidar su profesionalización.
Pero esos dos años de existencia no fueron acompañados de una hoja de ruta sólida ni de inversiones planificadas. Tras descender, la sección se disolvió por completo. La excusa oficial apuntaba a problemas económicos, a un contexto poco favorable y a la sensación de que “no había base organizativa” para sostener la actividad deportiva.
Ese ha sido el primer gran fallo de la institución por mucho que se deje pasar como si nada.
No es menor: en un momento en que el fútbol femenino empezaba a dar sus primeros pasos de profesionalización y visibilidad, Las Palmas retrocedió, renunció a construir, y dejó escapar una oportunidad histórica que otros clubes supieron aprovechar.
Y mientras el Club Deportivo Tenerife, Real Unión Tenerife, y otros proyectos canarios femeninos fueron consolidándose a nivel nacional y profesional, Las Palmas apagó la chispa de forma aberrante.
Desde entonces, la etiqueta de “club sin equipo femenino” se ha convertido en un estigma, especialmente porque la estructura masculina del club ha seguido creciendo en infraestructura, marketing, derechos televisivos y presencia social, mientras que el fútbol femenino quedaba relegado a un cajón polvoriento del olvido institucional.
El siguiente gran capítulo de esta historia llegó en 2022. En marzo de ese año, el presidente de la UD Las Palmas, Miguel Ángel Ramírez, anunció públicamente que “La UD Las Palmas contará de nuevo con un equipo femenino. Entra dentro de nuestros próximos proyectos.”
Este tipo de declaraciones —que se hiceron eco en los medios y encendieron la esperanza de aficionadas, futbolistas canarias y la afición en general— son en teoría una declaración de intenciones: una promesa con fecha, un plan trazado, una nueva era que se acerca.
Pero, como veremos más adelante, las palabras se quedaron en el aire, qué triste no cumplir con lo pactado.
La frase de Ramírez, repetida incluso como titular en periódicos deportivos y portales de noticias, creó expectativas legítimas. Porque después de años de ausencia total de compromiso con el fútbol femenino, era más que bienvenida una postura que, al menos sobre el papel, mostraba voluntad de revertir el error histórico y nada cambia ni tiene pinta de hacerlo a corto plazo, es lamentable, con perdón por el ataque de sinceridad.
Y ese anuncio en 2022 supuso una chispa de ilusión, la realidad que siguió fue de un estancamiento absoluto que desbordó todo tipo de lógica deportiva, social y ética.
En 2023, la propia entidad, a través de declaraciones del presidente, descartó momentáneamente la posibilidad de crear la sección femenina debido a la falta de recursos y al coste que supondría su puesta en marcha, alegando que “no se generan los mismos ingresos” en el fútbol femenino y que el club no estaba en disposición de asumir ese reto en ese momento. 
Es decir, años después del anuncio público, la respuesta oficial fue una narrativa que, en esencia, dice que no hay Unión Deportiva Las Palmas en clave femenina.
Todo ello en un contexto en el que el club ha continuado creciendo, agrandando sus secciones de fútbol base masculino, invirtiendo en infraestructura, derechos televisivos y programas de formación —todo sin que el fútbol femenino se convierta en una prioridad. El contraste es innegable.
Y ante esa comparación, la teoría se vuelve crítica: ¿hasta qué punto la falta de recursos es excusa y hasta qué punto es una decisión deliberada de no asignar prioridades? Ya no cuela, lo siento.
Sin embargo, incluso ante este crecimiento sostenido, Las Palmas no solo no ha consolidado su proyecto femenino, sino que ha retrocedido en su propio compromiso institucional.
Mientras otros clubes canarios como CD Tenerife han potenciado su estructura femenina —y otros equipos regionales como Granadilla han alcanzado el primer nivel— la UD Las Palmas ha permanecido en la sombra, con palabras de buena voluntad y ausencia de acciones concretas. 
Esa contradicción no puede leerse como falta de recursos (porque el vehículo principal del club, su primer equipo masculino, sigue siendo una prioridad absoluta) sino como falta de voluntad estratégica para invertir humanidad, dinero, fuerza organizativa y presencia institucional en un proyecto que no solo es socialmente necesario, sino que también es una oportunidad deportiva y de identidad regional.
Porque, si en algo se han aplicado con diligencia las últimas décadas, ha sido en acciones de marketing, campañas, apariciones mediáticas y proyectos que generan visibilidad externa. Pero en términos de estructurar un equipo femenino propio y crecer con coherencia institucional, la respuesta ha sido sistemáticamente tibia.
La narrativa que dice “queremos, pero no podemos” ha llegado a sonar como una mezcla de excusa y discurso preparado, sin el peso de un plan serio, sin objetivos medibles, sin cronograma, sin estructura organizativa establecida.
Porque invertir en fútbol femenino no significa de pronto dedicar millones de euros. Significa:
✔️ planificar un proyecto a largo plazo; ✔️ integrar las estructuras de cantera femenina en la entidad; ✔️ comprometerse con plantillas, técnicos y cuerpos organizativos femeninos: ✔️ destinar presupuesto sostenible; ✔️ construir una identidad femenina dentro de la marca UD Las Palmas, que no es poco.
Todo ello puede hacerse con planificación, acuerdos con entidades educativas, con fundaciones, políticas públicas y alianzas estratégicas que no dependen exclusivamente de inyecciones económicas milagrosas.
Y sin embargo, el discurso oficial repetido en publicaciones del club y entrevistas apunta únicamente a razones económicas: “no tenemos los recursos para asumirlo ahora mismo”. 
Si eso fuera cierto, entonces residuos de la estructura masculina también tendrían que desaparecer. Pero no es así: el primer equipo masculino sigue con tiempos y prioridades perfectamente definidos, incluso en épocas de transición deportiva (ascensos, descensos, planificación de temporada, campañas de abonados, etc.).
Clubes de tamaño similar, con estructuras menos potentes que Las Palmas, han dado pasos firmes hacia la profesionalización femenina. Y eso independientemente de la ciudad, la base social o la capacidad económica.
Pero la UD Las Palmas, por razones que aquí exploramos con rigor crítico, no ha hecho lo mismo. Incluso después de haber anunciado la voluntad de hacerlo.
Eso ha generado una narrativa de contradicción institucional, porque en otras áreas —como infraestructura, derechos de explotación, marketing, expansión internacional— el club ha actuado con determinación. Entonces, ¿por qué no con el fútbol femenino?
La respuesta, para muchos, es dolorosamente clara: porque no se ha considerado una prioridad estratégica real.
Una promesa hecha por un presidente de club —especialmente expresada públicamente— tiene peso. Tiene responsabilidad. Tiene consecuencias.
Cuando en 2022 se dijo que “La UD Las Palmas contará de nuevo con un equipo femenino”, esa frase quedó en los titulares. Quedó en las expectativas de las jugadoras jóvenes canarias. Quedó en la memoria de quienes creían ver un cambio de rumbo. 
Pero con el paso del tiempo, esas expectativas se convirtieron en frustración. En silencio institucional. En excusas económicas. En relatos de impotencia en lugar de narrativas de oportunidad.
La crítica dura, legítima y necesaria, no surge de un enfado estéril: sino de la constatación de lo que pudo haber sido y no fue. De lo que se prometió y nunca se materializó. De la voluntad expresada y la voluntad ejecutada —dos cosas distintas—.
Y en esa dicotomía, la institución ha fallado a su comunidad. Ha fallado a las generaciones de futbolistas canarias que merecían una casa, un proyecto, una oportunidad. Ha fallado a quienes ven en el fútbol femenino no solo un deporte, sino una forma de representación, de inclusión y de justicia social.
Un club tan grande como es la UD Las Palmas puede —y debe— hacer todo esto. Porque si algo ha demostrado el fútbol femenino es que la falta de visibilidad o recursos no es un destino inmutable. Otros clubes lo están logrando, y la evidencia es clara.
Pero para hacerlo, hace falta algo más que palabras bonitas en una rueda de prensa. Hace falta coraje institucional. Hace falta aceptar que las promesas tienen consecuencias y que un liderazgo sin acciones concretas es una promesa rota.
Este reportaje no es un ataque sin fundamentos. Es un llamado a la responsabilidad histórica. A la coherencia entre discurso e impacto. A la justicia deportiva.
Porque en Canarias, en Las Palmas de Gran Canaria y en todo el archipiélago, las jugadoras han demostrado con fútbol, con garra y con crecimiento constante que merecen un proyecto que las represente.
Y la UD Las Palmas, entidad centenaria y estandarte de la afición canaria, tiene ante sí una elección: seguir siendo un gigante adormecido ante el fútbol femenino… o levantarse con valentía y decir, con hechos, que sí: que la tierra amarilla también tiene un lugar para ella.
Porque las promesas bonitas se las lleva el viento. Pero los equipos —verdaderos, estructurados, integrados— quedan para siempre.
Deben creerme cuando les digo que hubo un tiempo —y no es una metáfora, ni una licencia poética— en el que el fútbol femenino en Canarias no pedía permiso para existir. Simplemente existía. Competía. Resistía. Y, en silencio, hacía historia. Antes de que el foco mediático se girara tímidamente hacia ellas, antes de que la palabra “profesionalización” entrara en el diccionario cotidiano del deporte español, las mujeres ya jugaban al fútbol en las islas con una dignidad que hoy merece memoria, respeto y reivindicación.
Porque el pasado glorioso del fútbol femenino canario no se escribe desde el marketing ni desde los despachos. Se escribe desde el barro, desde los viajes interminables en guaguas prestadas, desde campos sin gradas, desde camisetas heredadas, desde botas compartidas. Y en ese pasado, la Unión Deportiva Las Palmas no fue ajena. Aunque hoy parezca increíble, hubo un momento en el que el escudo amarillo también latió en femenino.
Corría el final de la década de los 2000 cuando la Unión Deportiva Las Palmas decidió, al menos durante un instante, mirar de frente a una realidad que ya crecía con fuerza: el fútbol femenino reclamaba espacio, estructura y legitimidad. No era una moda. No era una imposición externa. Era una consecuencia natural del talento que brotaba en los barrios, en los colegios, en los campos de tierra de Gran Canaria.
Así nació la UD Las Palmas Femenino, un proyecto que llegó a competir en la Superliga Femenina, la máxima categoría del fútbol español en aquel momento. No hablamos de regionales, ni de competiciones simbólicas. Hablamos de la élite. De enfrentarse a clubes consolidados, de viajar a la Península, de representar a Canarias en un mapa donde casi nadie lo hacía.
Aquellas futbolistas —cuyos nombres deberían estar grabados en piedra en la memoria colectiva del club— defendieron el escudo amarillo cuando hacerlo no daba prestigio, ni dinero, ni titulares. Lo hicieron por amor al juego, por orgullo, por la convicción íntima de que estaban abriendo una puerta para las que vendrían después.
Ese fue el pasado glorioso: el tiempo en el que Las Palmas sí estuvo, aunque fuera de forma imperfecta, incompleta, y precaria, pero al menos estuvo .
La gloria se alcanzó sin focos, épica o aplausos y no fue un camino fácil. Nunca lo es para las pioneras. Aquella UD Las Palmas Femenino vivió entre la ilusión y la fragilidad estructural. Competía en igualdad deportiva, pero en desigualdad absoluta de medios. Cada temporada era una batalla por sobrevivir. Cada partido, una reivindicación silenciosa.
Y aún así, resistieron contra viento u marea, creciendo ante la adversidad, como titanes.
Se repusieron a los viajes imposibles. Resistieron a la indiferencia mediática. Resistieron a la falta de inversión. Resistieron a la sensación constante de ser un proyecto secundario.
Eso también es gloria. Una gloria que no se mide en títulos, sino en haber estado cuando nadie más quería estar.
Porque mientras otros grandes clubes ni siquiera se planteaban la existencia de un equipo femenino, la UD Las Palmas —aunque de manera frágil— dio el paso. Y eso importa. Importa mucho. Porque demuestra que sí se pudo, que sí hubo voluntad en algún momento, que no es cierto que el fútbol femenino sea ajeno al ADN del club.
El problema no fue haber estado, si no haberse ido cuando no tocaba.
El abandono como ruptura histórica El descenso deportivo llegó. Y con él, la decisión más dolorosa: disolver la sección femenina. No reconstruir. No replantear. No resistir. Desaparece y ahí algo se quebró de golpe.
Porque los clubes verdaderamente grandes no se definen solo por sus éxitos, sino por cómo protegen a sus proyectos cuando llegan las dificultades. Y la UD Las Palmas, en ese punto, eligió el camino más fácil: cortar, borrar, mirar hacia otro lado.
Esa orfandad no fue solo deportiva, también tuvo un tinte simbólico. Fue un mensaje devastador para las futbolistas canarias: “cuando las cosas se ponen difíciles, vosotros sois prescindibles”. Y ese mensaje, aunque nunca se dijo en voz alta, caló durante años.
El pasado glorioso quedó entonces congelado en la memoria. Como una fotografía antigua que nadie quiere colgar en el salón. Como una historia que incomoda porque recuerda que otra UD Las Palmas fue posible.
Las pioneras que sostuvieron el escudo se encuentran hoy en día en el cajón del olvido. Hablar del pasado glorioso es también hablar de ellas. De las jugadoras. De las entrenadoras. De los cuerpos técnicos que sostuvieron aquel proyecto con convicción y dignidad. Mujeres que defendieron el escudo sin contratos profesionales, sin seguridad, sin promesas de futuro.
Ellas son la prueba viviente de que el fútbol femenino en Canarias no empezó ayer, ni nació con la Liga F, ni apareció por generación espontánea. Viene de lejos. Tiene raíces profundas. Y esas raíces también pasan por la UD Las Palmas.
Cada vez que hoy se argumenta que “no hay base”, que “no hay estructura”, que “no es el momento”, esas palabras chocan de frente con la realidad histórica: ya hubo base, ya hubo equipo, ya hubo estructura, aunque fuera mínima. Lo que faltó fue continuidad, compromiso y visión.
Y eso no es una limitación económica, no se engañen, por que es una decisión política y deportiva que ya no se sostiene por más tiempo.
Recordar el pasado glorioso no es nostalgia vacía, ni mucho menos, es, claramente un acto de justicia. Es negarse a aceptar el relato cómodo de que la UD Las Palmas nunca tuvo relación con el fútbol femenino. La tuvo y, sin saber porqué, la perdió.
Por eso este pasado no debe ser enterrado, sino recuperado como punto de partida.
Porque si alguna vez existió una UD Las Palmas Femenino capaz de competir en la élite con recursos mínimos, ¿qué no podría hacerse hoy, con un club más fuerte, más estable y más consciente de su impacto social?
Porque la historia ya habló La historia ya demostró que sí se puede. Que el escudo amarillo sí supo latir en femenino. Que hubo un tiempo en el que la UD Las Palmas entendió que representar a Canarias era representar a toda Canarias, no solo a una parte.
Ese pasado no es una anécdota, sino un espejo en el que la directiva haría bien en mirarse, pues un club con tanta relevancia no puede tener mentalidad de elenco mediocre, ese escudo no lo merece.
Hubo generaciones que crecieron soñando con ser futbolistas, con la ilusión de vestir los colores de su ciudad, de su isla, de su club. Pero hubo un obstáculo que nadie anunció en el reglamento: la UD Las Palmas no tenía equipo femenino. Ni siquiera uno oficial. Solo palabras, titulares rotos y promesas que se evaporaban antes de que la temporada comenzara.
La infancia de las que esperaban un hogar amarillo. Piensa en las niñas que, desde los barrios de Vegueta, Triana o Tamaraceite, miraban con admiración el estadio, los entrenamientos del primer equipo masculino y soñaban con un futuro en el verde. Para ellas, el club no era solo un símbolo: era un espejo, una posibilidad tangible de profesionalizar su pasión. Pero el espejo estaba roto. Las puertas estaban cerradas. El escudo que debía representar su territorio, su orgullo y su esfuerzo, no estaba disponible para ellas.
No existía proyecto, no existían entrenamientos estructurados dentro del club, no existía una progresión clara hacia la élite. Las niñas con talento tenían que buscar alternativas: clubes pequeños, asociaciones, equipos satélite, desplazamientos interminables a otros municipios… o rendirse ante la falta de oportunidades.
El impacto en la identidad y la autoestima deportiva de futbolistas como Misa Rodríguez, ahora el el Real Madrid, hubiera aumentado si la internacional absoluta por España hubiera tenido la oportunidad de ser del equipo de su tierra.
Niñas como ella crecieron ilusión, sí, pero también con frustración. Porque el fútbol femenino no es solo un deporte; es un vehículo de identidad. Es sentir que perteneces a algo más grande que tú, que tus logros tienen un reflejo en tu comunidad. Y cuando ese reflejo no existe, cuando el club que representa a tu ciudad no abre sus puertas, las consecuencias son profundas: • Pérdida de motivación: muchas niñas talentosas abandonaron la práctica del fútbol al no ver un futuro realista. • Desigualdad simbólica: mientras los niños tenían un club estructurado, con cantera y referentes claros, las niñas tenían que inventar su camino. • Desconexión social: la sensación de que el club “no cuenta contigo” cala en la percepción de justicia deportiva y pertenencia.
El efecto no fue solo individual. Fue colectivo. Un vacío de décadas que hoy se percibe como una herida abierta en la memoria deportiva canaria. Cada generación que crece sin escudo pierde también la oportunidad de alimentar la identidad del club con talento femenino local.
Pero incluso en la ausencia, hubo heroínas anónimas. Niñas que entrenaban en el Llamoro, en equipos de barrio, en asociaciones pequeñas.
Chicas que viajaban horas para disputar un partido en Tenerife o Lanzarote. Niñas que sostenían con su esfuerzo diario la bandera de la pasión futbolística canaria, sin reconocimiento institucional, sin el escudo que debía ser suyo.
Ellas son las verdaderas protagonistas de este capítulo del fútbol en Las Palmas. No los presidentes ni los comunicados oficiales. Ellas son la prueba de que el talento existe, aunque el club no haya querido verlo, estructurarlo ni celebrarlo.
Son las niñas que crecieron sin un hogar amarillo, y que hoy reclaman, silenciosa y justicieramente, una oportunidad que debería haber llegado hace años.
El costo social y deportivo del vacío Este vacío no se mide solo en títulos o resultados; se mide en vidas deportivas truncadas, en sueños diferidos, en potencial desperdiciado. Cada futbolista femenina que podría haber vestido la UD Las Palmas y hoy brilla en otro club representa un talento que el club perdió por inacción.
El silencio institucional se convierte, así, en un acto político de omisión: un mensaje implícito a las niñas de Canarias de que su pasión no es prioridad, de que su escudo no existe, de que su esfuerzo no tendrá reconocimiento en la entidad que debería ser su referente.
La elección del Estadio de Gran Canaria como sede de la gran final de la Copa de la Reina 2025-2026 ha encendido un debate que va más allá de lo meramente logístico. Para muchos, representa un hito en la visibilidad del fútbol femenino en las Islas Canarias, un reconocimiento al creciente prestigio de la competición y una oportunidad para consolidar a la isla como centro neurálgico del deporte nacional.
Para otros, sin embargo, plantea interrogantes sobre la implicación real de sus gestores y el compromiso de la infraestructura con el balompié femenino, en contraste con el entusiasmo y la dedicación que se observa en clubes como el Costa Adeje Tenerife, que han logrado conquistar a la afición local a pesar de limitaciones históricas y estructurales.
El Estadio de Gran Canaria, con su capacidad para más de 32.000 espectadores y su ubicación estratégica en Las Palmas, ofrece un marco espectacular para una final de la segunda competición más importante del fútbol femenino español.
Su diseño moderno y la experiencia acumulada en eventos de gran calibre convierten al estadio en un escaparate perfecto para mostrar la fuerza y el crecimiento del fútbol femenino. No obstante, la decisión de otorgarle la final ha sido objeto de críticas veladas y explícitas: algunos consideran que, pese a las buenas intenciones, la gestión del recinto no ha mostrado un interés consistente por promover el fútbol femenino local, generando cierta desconexión entre el potencial del estadio y la realidad de la competición.
Más allá de la polémica, la designación del estadio pone de relieve la apuesta del Cabildo de Gran Canaria por atraer a la isla eventos de relevancia nacional e internacional. La Copa de la Reina 2025-26 no es un simple partido; es un símbolo del empuje del fútbol femenino en España, un torneo que llega en un momento histórico en el que la selección nacional ha alcanzado la cima del balompié mundial, bicampeona de la Liga de Naciones y consolidada como la mejor del mundo en el ránking FIFA.
La final en Gran Canaria será, por tanto, una cita cargada de significado: no solo definirá un campeón, sino que también servirá como plataforma de visibilidad para jugadoras, clubes y aficionados que buscan reconocimiento y consolidación de su proyecto deportivo.
El proceso de elección del estadio, respaldado por la Federación Interinsular de Fútbol de Las Palmas y el Cabildo, refleja una estrategia clara de promoción deportiva. La candidatura de la isla se integra dentro de los actos del centenario del ente federativo provincial presidido por José Juan Arencibia, una celebración que combina tradición, identidad local y proyección hacia el futuro. Aunque el anuncio oficial aún estaba pendiente al cierre de los preparativos, las expectativas son altas: se espera que la final no solo cumpla con los estándares deportivos, sino que también deje un legado tangible en términos de infraestructura, afición y repercusión mediática.
Sin embargo, no todo son luces. La falta de implicación directa del propietario del estadio en la promoción del fútbol femenino ha sido objeto de críticas, planteando preguntas sobre la sostenibilidad de eventos de este calibre en infraestructuras que no priorizan el desarrollo de la disciplina. Esta situación contrasta con la experiencia vivida por el Costa Adeje Tenerife en el Heliodoro Rodríguez López, donde la fusión con el CD Tenerife y la presencia constante de la afición han generado un ecosistema de apoyo genuino que se refleja tanto en la asistencia como en la motivación de las jugadoras. La diferencia es clara: un estadio no hace un evento; son las personas, la cultura deportiva y la implicación de clubes y federaciones las que transforman un recinto en un símbolo del fútbol femenino.
Aún así, la final en Gran Canaria representa un paso adelante indiscutible que debe convencer a la directiva amarilla de volver a ser parte de nuestro querido balompié femenino.
Es una oportunidad para demostrar que la isla puede albergar grandes citas con éxito, proyectando la imagen del fútbol femenino más allá de las fronteras locales. La repercusión mediática del torneo, la cobertura televisiva y la presencia de afición de toda España tienen el potencial de consolidar a Gran Canaria como una sede recurrente de eventos de alto nivel, sentando un precedente para futuros campeonatos y contribuyendo al posicionamiento estratégico del archipiélago en el mapa deportivo nacional.
El evento también plantea un desafío logístico y organizativo de gran envergadura. La final deberá combinar seguridad, comodidad para los espectadores, visibilidad para los medios de comunicación y, sobre todo, una experiencia memorable para las jugadoras que competirán por un título que ha ganado prestigio año tras año.
La coordinación entre la Federación Española de Fútbol, la Federación Interinsular, el Cabildo y los equipos participantes será clave para garantizar que la cita cumpla con todas las expectativas y que la afición pueda disfrutar de un espectáculo digno de la magnitud del fútbol femenino en 2025.
Finalmente, más allá de la crítica o la controversia, el Estadio de Gran Canaria se prepara para un momento histórico. La final de la Copa de la Reina 2025-2026 no será solo un partido; será un hito simbólico del crecimiento del fútbol femenino, de la proyección de las Islas Canarias y de la capacidad de un territorio para combinar tradición, infraestructura y ambición deportiva.
La decisión de situar el evento en este estadio coloca a Gran Canaria en el epicentro de la atención nacional, ofreciendo la posibilidad de dejar una huella duradera que vaya más allá del resultado en el césped y que fortalezca el ecosistema del fútbol femenino en la región.
En este contexto, la clave será aprovechar la oportunidad: demostrar que la isla puede albergar competiciones de primer nivel, consolidar la afición local, garantizar visibilidad mediática y, sobre todo, transmitir la pasión que el fútbol femenino despierta en cada rincón del país.
La final en Gran Canaria tiene todos los ingredientes para convertirse en un punto de inflexión, un momento que, bien gestionado, permitirá que las futuras generaciones de jugadoras y aficionados vean en las Islas Canarias un referente del deporte femenino, capaz de combinar espectáculo, emoción y compromiso social, hay todavía mucho margen de mejora para Las Palmas que anhelamos se de paulatinamente, sin prisa, pero sin pausa, ya se llega tarde.
Así es el Estadio de Gran Canaria. (Imagen: Wikipedia)
⬛️ ¡Corazón en vilo en el Fernando Torres! El Madrid CFF un sufrido pase a los cuartos de final de la Copa de la Reina Iberdrola tras imponerse por 3-2 a la SD Eibar en un duelo vibrante que se decidió en los instantes finales, con emoción, goles y un espectáculo que recordó por qué esta competición es un torneo donde cada segundo cuenta y nada está escrito hasta el pitido final.
El fútbol tiene días que no necesitan explicación, porque se sostienen sobre una verdad simple y poderosa: cuando la Copa aparece en el calendario, todo lo demás se detiene. La Copa de la Reina no entiende de jerarquías fijas ni de clasificaciones que se consultan de reojo; no distingue entre favoritos y aspirantes más allá de lo que ocurre en el césped durante noventa minutos —o los que hagan falta— y convierte cada eliminatoria en un relato autónomo, irrepetible, cargado de tensión, ilusión y sentido competitivo. Este domingo, 21 de enero, a partir de las doce del mediodía, el Estadio Fernando Torres de Fuenlabrada será el escenario donde Madrid CFF y Sociedad Deportiva Eibar se enfrenten en un cruce de octavos de final que va mucho más allá de una simple ronda copera. Es un partido que resume la esencia del fútbol femenino actual: crecimiento, ambición, identidad y la certeza de que cada oportunidad hay que exprimirla como si fuera la última.
Fuenlabrada vuelve a vestirse de Copa, y eso nunca es un detalle menor. El Fernando Torres no es un estadio neutro para el Madrid CFF; es su casa emocional, el lugar donde el club ha construido buena parte de su trayectoria en la élite, donde ha aprendido a competir sin estridencias, a consolidarse temporada tras temporada en la Liga F Moeve y a hacerse respetar desde la coherencia y el trabajo diario. Allí, lejos de los grandes focos mediáticos, el Madrid CFF ha levantado una identidad reconocible, sostenida en el esfuerzo colectivo, en la cercanía con su gente y en una manera honesta de entender el fútbol. En ese contexto, la Copa de la Reina adquiere un valor especial: no es una distracción ni una obligación incómoda, sino una oportunidad real de seguir creciendo, de medir el pulso del equipo en un escenario donde no hay margen para el error. El conjunto madrileño llega a este cruce copero tras cerrar el año natural con una sensación agridulce. La derrota por 0-2 ante el Athletic Club, en el sur de la capital, fue un golpe que dejó huella, no tanto por el resultado en sí como por la percepción de que el equipo no consiguió transformar su propuesta en puntos. Sin embargo, la clasificación liguera refleja un proyecto sólido: séptimas en la Liga F Moeve, con 23 puntos en su haber, las jugadoras del Madrid CFF se mantienen firmes en la zona media-alta de la tabla, compitiendo con regularidad y demostrando que son un rival incómodo para cualquiera. La Copa aparece ahora como ese espacio paralelo donde reencontrarse con las mejores sensaciones, donde cerrar el año competitivo con una sonrisa distinta y donde el margen de mejora se convierte en una urgencia estimulante.
En la tercera ronda, el Madrid CFF ya dejó claro que no está dispuesto a tomarse el torneo a la ligera. La contundente victoria por 1-7 ante el Sporting de Huelva en Andalucía no fue solo una goleada; fue una declaración de intenciones. El equipo entendió el partido desde el primer minuto, impuso su ritmo, castigó cada error del rival y mostró una versión reconocible, intensa y ambiciosa. Ese es el Madrid CFF que quiere reaparecer este domingo, consciente de que en la Copa no basta con ser superior sobre el papel: hay que demostrarlo en cada disputa, en cada transición y en cada acción a balón parado. Pero enfrente estará una Sociedad Deportiva Eibar que llega a Fuenlabrada con la mochila ligera y el espíritu competitivo intacto. Undécimas en la Primera División Femenina, con 14 puntos en el zurrón, las armeras afrontan este cruce copero sin la presión que acompaña al favorito, pero con una ambición clara y legítima: seguir avanzando y hacer historia. El empate 2-2 logrado en Ipurúa ante el Atlético de Madrid en su último compromiso liguero no solo reforzó la moral del grupo, sino que confirmó que este Eibar sabe competir, sabe sufrir y sabe levantarse en escenarios exigentes. Con la liga en pausa y el foco puesto exclusivamente en la Copa de la Reina, el equipo dirigido por Iñaki Goikoetxea ha preparado el partido como una oportunidad única para cerrar el año competitivo con una actuación que trascienda el resultado.
El Eibar conoce bien al rival al que se enfrenta. Demasiado bien. Esta temporada, ambos equipos se verán las caras hasta en cuatro ocasiones, y las dos primeras ya han dejado un patrón que las armeras quieren romper. En pretemporada, en Burgos, el Madrid CFF se impuso por 2-1 en un partido ajustado, con un gol de Carmen Álvarez para el Eibar que evidenció que la distancia entre ambos no es insalvable. En la segunda jornada de liga, ya en el Fernando Torres, el encuentro volvió a caer del lado madrileño, esta vez por 1-0, decidido desde el punto de penalti. Dos partidos, dos derrotas por la mínima, dos sensaciones de estar cerca pero no lo suficiente. Este domingo, el Eibar regresa a Fuenlabrada con la convicción de que la tercera puede ser la vencida. Las estadísticas no sonríen al conjunto armero. En los últimos tiempos, solo ha logrado una victoria ante el Madrid CFF, y el Fernando Torres no ha sido un escenario especialmente propicio. Pero la Copa de la Reina no se construye sobre estadísticas, sino sobre momentos. Y el Eibar llega a este partido con la tranquilidad de quien no tiene nada que perder y mucho que ganar. La temporada pasada, las armeras se quedaron a las puertas en la tercera ronda, eliminadas por el DUX Logroño por 1-0 en un partido marcado por la igualdad y los detalles. Este año, el objetivo es claro: superar ese techo, alcanzar unos cuartos de final ilusionantes y seguir batiendo récords dentro de un proyecto que no deja de crecer.
Iñaki Goikoetxea ha dotado a su equipo de una identidad reconocible, basada en el orden, la solidaridad defensiva y la valentía para competir de tú a tú cuando el contexto lo permite. El Eibar no es un equipo que se esconda; sabe cuándo replegarse, pero también cuándo saltar líneas y castigar al rival. En Fuenlabrada, las armeras no especularán desde el inicio. Buscarán incomodar, llevar el partido a un terreno incómodo para el Madrid CFF y explotar cualquier duda que pueda aparecer en el conjunto local. En una eliminatoria a partido único, cada pequeño detalle cuenta, y el Eibar lo sabe. Para el Madrid CFF, la clave estará en gestionar el peso del favoritismo. Jugar en casa, con tu gente, con la obligación implícita de avanzar, puede convertirse en una presión silenciosa si el partido no se encarrila pronto. Por eso, el equipo madrileño necesitará personalidad desde el primer minuto, imponer su ritmo, dominar las áreas y evitar que el Eibar gane confianza con el paso de los minutos. En la Copa, los partidos suelen decidirse en acciones puntuales: una falta lateral, un córner mal defendido, una transición rápida o un error en salida de balón. La concentración será un factor determinante.
Más allá de lo táctico, este será un partido profundamente mental. Cómo gestione el Madrid CFF la ansiedad si el gol no llega, cómo responda el Eibar si encaja primero, quién sea capaz de controlar los momentos de pausa y de aceleración… Todo eso formará parte de una batalla invisible que puede inclinar la balanza. Porque en la Copa de la Reina no siempre gana quien más domina, sino quien mejor interpreta el contexto. El encuentro, además, contará con un valor añadido que no conviene pasar por alto: será retransmitido en directo, de manera gratuita y accesible para todos los públicos, a través del canal oficial de YouTube de la RFEF. Una invitación abierta al espectador para sentarse frente a la pantalla y disfrutar de un partido que representa a la perfección el momento que vive el fútbol femenino español. Sin barreras, sin excusas, con la Copa como protagonista absoluta.
Este Madrid CFF versus SD Eibar es, en el fondo, un choque de narrativas. La del equipo que quiere reafirmarse, sacudirse la última derrota y avanzar con paso firme en un torneo que premia la valentía. Y la del conjunto que viaja sin complejos, dispuesto a romper estadísticas, a desafiar el guion y a convertir una mañana de domingo en un recuerdo imborrable. Cuando el balón eche a rodar en el Fernando Torres, ya no importará la clasificación, ni los precedentes, ni las etiquetas. Importará quién esté dispuesto a dar un paso más cuando el partido lo exija.
Hay encuentros que se explican solos y otros que hay que sentirlos. Este es uno de esos partidos que se viven con el estómago encogido, con la atención puesta en cada detalle, con la certeza de que la Copa de la Reina siempre guarda espacio para lo inesperado. El domingo, en Fuenlabrada, Madrid CFF y SD Eibar no solo se jugarán un billete a los cuartos de final. Se jugarán una historia.
Y esas, cuando se escriben en Copa, merecen ser vistas hasta el último segundo.
Fuenlabrada amaneció con ese aire especial que solo acompaña a los días de Copa. No era un partido más. No podía serlo.
Nuestro querido fútbol tiene esa rara virtud de detener el tiempo cuando la Copa aparece en el calendario. No importa la clasificación, ni la racha reciente, ni siquiera el contexto de la temporada: cuando el sorteo empareja a dos equipos y la eliminatoria es a vida o muerte, todo se reduce a noventa minutos —o a los que hagan falta— en los que cada gesto pesa más que nunca. La Copa de la Reina Iberdrola es, en esencia, un estado de ánimo. Una competición que no se explica desde la lógica fría de los números, sino desde la emoción, desde la tensión acumulada en cada duelo, desde la sensación de que cualquier detalle puede cambiar el rumbo de una temporada. Y eso fue exactamente lo que se vivió en la mañana dominical del 21 de diciembre de 2025 en el Estadio Fernando Torres de Fuenlabrada, donde el. Madrid CFF y la Sociedad Deportiva Eibar se citaron con la historia en un cruce de octavos de final que destiló todo aquello que hace grande a esta competición.
Fuenlabrada amaneció con ese aire especial que solo acompaña a los días de Copa. No era un partido más. No podía serlo. El Estadio Fernando Torres, propiedad del Club de Fútbol Fuenlabrada y convertido desde 2022 en el hogar funcional del Madrid CFF gracias a la alianza firmada con el club madrileño, volvía a vestirse de gala para acoger una eliminatoria copera.
Ese recinto, tantas veces testigo del crecimiento silencioso del Madrid CFF, se ha transformado con los años en algo más que un estadio: es un refugio emocional, un lugar donde el proyecto ha aprendido a competir, a resistir y a construirse lejos de los grandes focos, pero con una identidad clara y reconocible. Allí, a las doce en punto del mediodía, con la cobertura de RFEF TV a través de YouTube, el balón echó a rodar en busca de un billete a los cuartos de final, esa ronda donde la Copa deja de ser promesa para convertirse en posibilidad real.
El arranque del partido confirmó que el Eibar no había viajado a Fuenlabrada para especular.
Vestidas de blanco, las guipuzcoanas asumieron la iniciativa en los primeros compases, manejando el balón con criterio y empujando al Madrid CFF hacia su propio campo. El plan era claro: posesiones largas, circulación paciente y presión tras pérdida para evitar que las locales pudieran desplegar su juego. Durante esos minutos iniciales, las capitalinas se vieron obligadas a replegarse, a proteger el área defendida por Paola Ulloa y a resistir sin conceder ocasiones claras.
El Eibar dominaba territorialmente, pero ese dominio no se traducía en peligro real. Faltaba profundidad, faltaba el último pase, faltaba ese punto de precisión que separa la sensación de control de la amenaza tangible.
Con el paso de los minutos, el partido empezó a girar lentamente. Y lo hizo desde una figura clave: Ángela Sosa Martín. La exjugadora del Levante UD, consciente de que el Madrid CFF necesitaba recuperar el control del centro del campo, retrasó su posición para ofrecer superioridad en la medular. Su inteligencia táctica y su capacidad para interpretar los tiempos del partido resultaron decisivas.
A partir de ahí, el conjunto dirigido por Javier Aguado comenzó a equilibrar la balanza, a ganar metros y a someter progresivamente a un Eibar que, fiel a su identidad, se replegó con orden y solidaridad defensiva.
El duelo empezó a recordar inevitablemente al vivido semanas atrás en la Liga F Moeve. Un partido cerrado, áspero, decidido por pequeños detalles.
Y fue precisamente uno de esos detalles el que rompió la igualdad. En el minuto 19, una acción aparentemente intrascendente terminó marcando el rumbo de la eliminatoria. Carla Andrés, que había firmado una actuación sobresaliente ante el Atlético de Madrid en Ipurúa, llegó tarde dentro del área y pisó a Bárbara López. La colegiada no dudó y señaló el punto de penalti. El Fernando Torres contuvo el aliento.
Ángela Sosa tomó inicialmente el esférico, pero lo cedió a la delantera natural de Ayamonte. Era una escena cargada de simbolismo: la jugadora que había provocado la acción asumía la responsabilidad de ejecutarla. El golpeo desde los once metros fue tan ajustado que se estrelló contra la madera. Durante una fracción de segundo, el estadio quedó en silencio. Pero el fútbol, caprichoso como pocos, ofreció una segunda oportunidad. El balón salió repelido por el poste y, en el rechace, la delantera formada en el Sporting de Huelva reaccionó con una rapidez felina para, con el interior de su bota derecha, batir a Laura Martí y el 1–0 subió al marcador para adelantar al Madrid CFF al borde del ecuador de la primera mitad.
El gol alteró el guión previsto. El Eibar, obligado a dar un paso adelante, buscó reaccionar de inmediato. Las armeras trataron de explotar las transiciones rápidas, apoyándose en el liderazgo de Laura Camino y Clément para ganar metros y generar peligro.
Hubo momentos de ida y vuelta, fases de un partido eléctrico en el que ambos equipos parecían dispuestos a asumir riesgos. Sin embargo, las tentativas visitantes no llegaron a comprometer seriamente a Paola Ulloa, bien protegida por una zaga local concentrada y expeditiva.
El Madrid CFF, por su parte, gestionó los minutos posteriores al gol con inteligencia. Sin necesidad de monopolizar la posesión, supo enfriar el ritmo cuando fue necesario y acelerar en los momentos adecuados.
La solidez defensiva y la disciplina táctica permitieron a las de Fuenlabrada llegar al descanso con una ventaja mínima, pero valiosísima.
Las 22 protagonistas enfilaron el túnel de vestuarios con la sensación de que la eliminatoria estaba completamente abierta, de que aún quedaban cuarenta y cinco minutos —o más— para decidirlo todo.
El descanso no rebajó la tensión. Si algo caracteriza a los partidos de Copa es esa sensación permanente de filo, de equilibrio inestable que puede romperse en cualquier instante. El Eibar regresó al césped con la determinación de quien sabe que no tiene nada que perder.
El Madrid CFF, consciente del peso del favoritismo y del valor de la renta obtenida, entendió que la clave pasaba por no conceder espacios ni alimentar la ansiedad si el segundo gol no llegaba pronto.
El Fernando Torres, escenario tantas veces mencionado en relatos de crecimiento y resistencia, volvía a ser testigo de una de esas mañanas que explican la esencia del fútbol femenino actual. Un estadio que, como recordó “El Partido de Manu” en un reportaje reciente sobre la trayectoria de Amanda Sampedro, ha visto pasar generaciones, esfuerzos silenciosos y momentos que no siempre ocupan titulares, pero que construyen historia.
El segundo acto fue una batalla tanto mental como táctica. El Eibar intentó llevar el partido a un terreno incómodo, buscando que el Madrid CFF se viera obligado a tomar decisiones bajo presión. Las armeras alternaron fases de presión alta con repliegues ordenados, tratando de sorprender y de forzar el error. El Madrid CFF respondió con personalidad y Allegra duplicó la renta local hasta en 2–0 en el minuto 60 al aparecer desde la segunda línea y finalizar con la derecha lejos del alcance de la guardameta y llevó la tranquilidad a las gradas.
⚽️ Allegra, con su derecha y libre de marca amplía distancias en el luminoso del Fernando Torres
Una calma que duró más bien poco, porque acto seguido, se produjo un disparo al poste de Altonaga y la 7 visitante no se quedó conforme y en el 80 recortó diferencias amén del 2-1 que le ponía picante al tramo final en en una acción que les describimos en el siguiente párrafo.
La jugada nace en una fase prolongada de ataque armero, cuando el Madrid CFF ya defendía más cerca de su área, intentando proteger la ventaja y gestionar el tiempo. El Eibar mueve el balón de lado a lado, sin precipitarse, buscando abrir una grieta en un bloque que hasta ese momento había resistido con orden.
El balón llega a zona derecha, desde donde sale un centro tenso al corazón del área en un córner , no especialmente limpio, pero sí venenoso. La defensa local no logra despejar con contundencia y el esférico queda muerto en el área pequeña, en ese territorio donde el fútbol se decide por centímetros y por hambre.
Ahí aparece Arene, más rápida que todas, atacando el espacio con decisión. Anticipa a su marca, mete el cuerpo justo lo necesario y, casi sin armar la pierna, empuja el balón a la red ante la salida de Paola Ulloa, habría emoción.
El Fernando Torres enmudeció durante un segundo. El banquillo del Eibar estalló. Las jugadoras se abrazaron como quien sabe que acaba de prender fuego a una eliminatoria.
Porque ese 2–1 no solo recortaba distancias: devolvía la Copa al partido, metía el miedo en el cuerpo al favorito y confirmaba que las armeras habían venido a creer hasta el final. Un gol de oportunismo, de convicción, de estar donde hay que estar cuando la Copa te da una sola oportunidad y Altonaga no la dejó escapar.
⚽️ Se acerca el Eibar con el tanto de Arene en el 80’.
El Madrid CFF reaccionó a la velocidad del rayo y en una acción al contragolpe fue Nautness la que recortó a Martí dentro del área y envió el esférico a la jaula para poner el 3–1 en el 87, pero ahí no acabó todo.
⚽️ El equipo local no quiere sustos y anota el tercero.
El gol del tres a dos para la Sociedad Deportiva Eibar llegó en un momento en el que el partido estaba plenamente abierto, con el Madrid CFF todavía con ventaja pero el Eibar muy metido en el duelo tras haber recortado previamente el marcador con el dos a uno y un nuevo saque de esquina fue cabezazo al fondo de las mallas por Carla Andrés que puso el 3–2 definitivo en el 90, pero los tres de añadido no dieron mucho más de sí y con sufrimiento las locales sacaron el billete para los cuartos de final.
Cuando el silbato final resonó en el Fernando Torres, el corazón de Fuenlabrada todavía latía al ritmo de la emoción de la Copa. Tres goles, dos equipos, noventa minutos de tensión, y un añadido que se hizo eterno para quienes estaban en la grada y para quienes lo vivieron frente a la pantalla: el Madrid CFF había logrado mantener la ventaja mínima, pero lo había hecho tras un vendaval armero que dejó claro que en la Copa nadie regala nada, que cada segundo puede cambiar la historia y que la gloria siempre se escribe con sacrificio, carácter y determinación.
El 3-2 definitivo no fue solo un marcador: fue un relato de valentía y resistencia. Fue el eco de un estadio que abrazó a su equipo en cada carrera, en cada despeje y en cada parada decisiva. Fue la evidencia de que la Copa de la Reina no entiende de favoritismos, de nombres ni de estadísticas; solo de quienes se atreven a luchar hasta el último segundo.
Las jugadoras del Madrid CFF celebraron con la emoción contenida de quienes saben que ganar en la Copa es mucho más que un resultado: es reafirmar una identidad, es honrar la historia reciente del club, es dar un paso más hacia la consolidación de un proyecto que se construye con paciencia y trabajo diario. Y el Eibar, pese a la derrota, se marchó con la cabeza alta, con la certeza de que había hecho temblar al favorito y de que su ambición sigue intacta, lista para futuras batallas.
El Fernando Torres volvió a ser testigo de lo que hace grande al fútbol femenino: intensidad, emoción, pasión y momentos que permanecen en la memoria mucho después de que se apague la luz del estadio. La Copa de la Reina 2025-2026 había regalado otra historia épica, y este Madrid CFF vs Sociedad Deportiva Eibar quedará en la memoria de todos como un ejemplo de que en la Copa, cada instante cuenta, cada acción pesa y cada segundo puede ser legendario.
Porque en la Copa de la Reina, los héroes no siempre son quienes marcan, sino quienes resisten, luchan y creen hasta el último pitido. Y hoy, en Fuenlabrada, se escribió una página más que digna de la historia.
Las armeras descansarán hasta el 2 de enero, cuando retomarán los entrenamientos por la tarde para comenzar a preparar el primer encuentro liguero. El Eibar cerrará, pues, la primera vuelta el 10 de enero en tierras murcianas, contra el Alhama Elpozo.
Madrid CFF: Paola Ulloa , Esther, Villafañe, Marcetto (Andonova, min 79), Bárbara (Mônica, min 69), Melgård, Antonsdóttir (Nautnes, min 69), Allegra (Zaira, min 90), N. Mendoza, Sosa Martín, Marina (Alba Ruiz, min 79).
Sociedad Deportiva Eibar: Laura Martí, Garazi, Carla, Ojeda (Sara Martín, min 46), Arene (Elena Valej, min 90), L. Camino, Belem, Iara, Adela, Mireia (Iribarren, min 87), Opa Clement (Carmen, min 59).
Goles:
1-0 Bárbara López (P.) 19’ ⚽️
2-0 Allegra 60’ ⚽️
2-1 Arene Altonaga 80’ ⚽️
3-1 Emilie Nautness 87’ ⚽️
3-2 Carla Andrés 90’ ⚽️
Árbitra: María Gloria Planes Terol que estuvo asistida en bandas por Alexia Mayer Calvo y Mercedes Parra Cuenca, con Patricia Luna Varo como cuarta. Tarjetas: amarilla a Antonsdóttir por parte del Madrid CFF y a Adela Rico por parte de la Sociedad Deportiva Eibar.
Incidencias: Partido correspondiente a octavos de final de la Copa de la Reina Iberdrola 2025-2026 entre el Madrid CFF y la Sociedad Deportiva Eibar que se ha celebrado en el Estadio Fernando Torres sobre una superficie de hierba natural.
La Copa de la Reina Iberdrola vuelve a desplegar su mística este sábado en el Estadio Jesús Navas, donde Sevilla Fútbol Club y el Costa Adeje Tenerife Egatesa se enfrentan en una eliminatoria de octavos de final a partido único que promete tensión, emoción y épica. Dos equipos en crecimiento, dos estados de ánimo al alza y una sola plaza en cuartos en un cruce que condensa todo lo que hace grande al torneo del KO.
Este mágico fútbol no entiende de trayectorias largas cuando la Copa de la Reina irrumpe en el calendario. Entiende de noventa minutos, de detalles, de estados de ánimo y de esa frontera invisible entre la ilusión y la eliminación.
En ese escenario se presenta el Sevilla FC este sábado a partir de las 12:00 horas, decidido a prolongar su momento ascendente y a convertir el Estadio Jesús Navas en un fortín copero ante un Costa Adeje Tenerife Egatesa que aterriza en la capital andaluza con memoria, ambición y una historia íntimamente ligada a esta competición.
El conjunto hispalense llega a la cita reforzado por una racha de resultados que ha devuelto la confianza y el convencimiento a un equipo que ha sabido crecer desde la solidez.
El reciente triunfo liguero ante el Alhama CF, trabajado, paciente y maduro, unido al valioso empate frente al Atlético de Madrid, ha confirmado que el Sevilla ha aprendido a competir en registros que antes se le escapaban. Ya no es solo un equipo de intenciones, sino de respuestas. Concede menos, gestiona mejor los tiempos y sabe sobrevivir en partidos cerrados, una cualidad imprescindible cuando la Copa no concede segundas oportunidades.
Ese crecimiento tiene nombres propios y una estructura cada vez más reconocible. Rosa Márquez se ha consolidado como el auténtico eje del juego sevillista, la futbolista que ordena, equilibra y da sentido a cada posesión.
A su alrededor, el equipo se siente más cómodo, más compacto y más seguro. En defensa, la jerarquía de Eva Llamas lidera una zaga que ha ganado fiabilidad, mientras que bajo palos Esther Sullastres se ha erigido en una figura determinante, capaz de sostener al equipo en los momentos de máxima exigencia y de marcar la diferencia cuando el partido se rompe.
En ataque, el Sevilla ha encontrado soluciones sin necesidad de fuegos artificiales. La movilidad y la inteligencia de Inma Gabarro entre líneas, el trabajo constante por bandas y la aportación decisiva de las jugadoras que emergen desde el banquillo —con Alba Cerrato como ejemplo reciente— han ampliado el abanico de recursos de un equipo que ha aprendido que competir bien también es una forma de dominar.
Pero enfrente estará un Costa Adeje Tenerife Egatesa que entiende la Copa de la Reina como un territorio propio. El conjunto blanquiazul visita Sevilla este sábado 20 de diciembre a las 11:00 hora canaria con la ambición intacta y con el recuerdo reciente de una contundente victoria liguera en ese mismo escenario, aunque consciente de que el contexto es completamente distinto. La Copa no admite comparaciones ni antecedentes: exige máxima concentración y una lectura perfecta de cada fase del partido.
Para las guerreras, la cita tiene además un componente especial. Será el estreno oficial de Adrián Albéniz al frente del primer equipo, un debut de alto voltaje en una eliminatoria que pondrá a prueba el carácter y la personalidad del grupo. El técnico ha transmitido un mensaje claro desde su llegada: competir, creer y asumir la Copa como una oportunidad. “Queremos ir a Sevilla y sacar esta eliminatoria adelante. La Copa es una competición diferente, que nos hace mucha ilusión”, ha señalado, advirtiendo también de la evolución del rival y de la necesidad de estar atentas en todo momento.
Esa ambición conecta con el ADN de un club que ha hecho del torneo del KO una seña de identidad. El Costa Adeje Tenerife Egatesa ha alcanzado las semifinales en tres ocasiones y ha sido un habitual en las rondas finales, construyendo una relación especial con una competición que siempre despierta algo más en el vestuario. Así lo expresó su capitana, Patri Gavira, al recordar que la Copa “siempre es especial para este club” y al reivindicar el deseo de dar ese “campanazo” que tanto identifica a las guerreras.
La portería blanquiazul será uno de los focos emocionales del encuentro. Noelia Ramos regresa a Sevilla, una ciudad clave en su trayectoria, con sentimientos encontrados pero con el objetivo claro. “Volver siempre es especial, pero mañana todo eso se queda a un lado”, afirmó la guardameta, consciente de que en una eliminatoria a partido único la unión y la convicción lo son todo. Ramos ha subrayado la importancia de centrarse en el propio equipo, de mantener una energía positiva y de pelear hasta el final, apelando además al apoyo de una afición que nunca falla y que sueña con recibir en Navidad el regalo de una clasificación histórica.
El duelo, que podrá seguirse en directo por Televisión Canaria y a través de la narración de Atlántico Radio y La Radio Canaria, se presenta como un choque de dinámicas positivas, de estilos en evolución y de ambiciones legítimas. Sevilla y Costa Adeje Tenerife se miran frente a frente en un mediodía que promete ser largo, intenso y cargado de significado.
La Copa de la Reina vuelve a llamar a la puerta, y solo uno responderá para seguir soñando.
La Copa de la Reina no entiende de estabilidad, ni de proyectos a largo plazo, ni de planes quinquenales ni de hojas de Excel. La Copa es un espejo deformado en el que los equipos se miran sin maquillaje y descubren, a veces con dolor, quiénes son realmente cuando todo tiembla. Es el torneo donde el escudo pesa más que el presupuesto, donde la camiseta se empapa antes que el currículum y donde el miedo se disfraza de prudencia… hasta que alguien decide romper el guión .
El turno de compromisos de esta edición de la Copa de la Reina Iberdrola había arrancado el viernes con un duelo desigual, casi académico, entre el C.E. Europa y el Athletic Club. El 0-3 reflejó una lógica aplastante, la diferencia de categorías, de ritmo, de costumbre competitiva.
Un partido que cumplió con el trámite, pero no con el mito. Porque la Copa presume de igualdad, sí, pero no siempre puede sostenerla.
Había que esperar al sábado. Había que esperar a Nervión. Había que esperar a ese Sevilla–Tenerife que no prometía ruido… y acabó siendo terremoto.
Porque si hubo un partido que honró a rajatabla la máxima copera de la igualdad, de la imprevisibilidad y del vértigo, fue el que protagonizaron el Sevilla Fútbol Club y el Costa Adeje Tenerife Egatesa sobre el césped del estadio Jesús Navas. Un partido que no se jugó solo con balón, sino con emociones cruzadas, contextos inestables y decisiones tomadas al filo del abismo.
Agárrense. Esto no es solo una crónica, si no una historia de resiliencia que engrandece al fútbol femenino en su más pura esencia.
El Costa Adeje Tenerife llegó a Sevilla envuelto en una semana convulsa, de esas que remueven el estómago del vestuario y obligan a mirarse a los ojos antes de saltar al campo. La inesperada salida de Eder Maestre, arquitecto del proyecto durante varias temporadas, había dejado al equipo insular en una tierra de nadie emocional. Un interinaje compartido entre Adrián Albéniz y Antonio González, mientras Sergio Batista, desde los despachos, buscaba un nuevo timonel para el banquillo.
Un terremoto institucional justo antes de viajar a la Copa. Un regalo envenenado para cualquiera.
Desde Sevilla se olió sangre. Porque el fútbol, cuando huele fragilidad, no suele tener piedad. Las locales sabían que el rival llegaba herido, con la estructura tocada, con la incertidumbre rondando cada entrenamiento. Y la tentación era clara: pescar en río revuelto, golpear pronto, imponer jerarquía, convertir la eliminatoria en un trámite.
Pero el fútbol —y la Copa— suelen reírse de quienes creen tener el guion controlado.
El Tenerife salió al partido con algo que no se compra ni se ensaya en una semana: personalidad. Pese al ruido exterior, pese al cambio en el banquillo, las guerreras asumieron el control en los primeros compases. Balón, ritmo, circulación paciente. No era un dominio abrumador, pero sí una declaración de intenciones: aquí no hemos venido a sobrevivir.
El Sevilla, por su parte, aguardaba. Ordenado, atento, sabedor de que la Copa premia la eficacia más que la estética y entonces, cuando el partido parecía inclinarse hacia el lado visitante, llegó el primer latigazo en el minuto 9 de juego que ponía por delante a las locales en el amanecer del encuentro, que se describe en el siguiente párrafo.
Inma Gabarro recogió el balón con hambre. La canterana, cedida por el Everton, una futbolista que juega con la osadía de quien todavía no ha aprendido a tener miedo, encaró, insistió, creyó. La defensa blanquiazul dudó una décima de segundo, y en la Copa, una décima es una eternidad. Tras un rebote caprichoso, de esos que nadie dibuja en la pizarra, el balón acabó superando a Nay Cáceres para abrir la lata con el 1–0 en el marcador .
💫 Bernadette Amani igualaba el tanto inicial de Inma Gabarro.
Nervión celebró. El Sevilla golpeaba primero. Y todo parecía encajar en el relato habitual: gol tempranero, rival tocado anímicamente, partido encaminado.
Pero quien conozca la historia reciente del Tenerife sabe que este equipo no se rinde por inercia, más la alegría sevillista duró lo que tarda la Copa en ajustar cuentas.
Apenas dos minutos después, el Tenerife ya estaba avisando. Y en el minuto 12, llegó el empate. Amani, atenta, feroz, oportunista, cazó un rechace tras un saque de esquina. Cheza no pudo blocar, el balón quedó vivo y la centrocampista blanquiazul lo convirtió en justicia poética, 1–1 y todo arrancaba desde cero.
En un primer cuarto de hora frenético, eléctrico, sin tiempo para respirar. Dos goles, dos estilos, dos equipos que se miraban sin parpadear. Esto sí era Copa. Esto sí era imprevisible. El cóctel perfecto: emoción, errores, rebotes, tensión.
Tras el empate, el Sevilla dio un paso adelante. Ajustó líneas, empezó a tener más balón, a jugar más tiempo en campo contrario.
El Tenerife, en cambio, empezó a sufrir para conectar con sus delanteras. Las carrileras no encontraban profundidad, y las transiciones se diluían antes de llegar a zona de peligro.
El partido entró entonces en una fase espesa. Centro del campo poblado, pocas concesiones, mucho respeto. Era una eliminatoria a partido único, y ambos equipos lo sabían. Cada pérdida podía ser mortal. Cada error, definitivo.
Durante muchos minutos, el encuentro fue un ajedrez sin sacrificios. Nadie quería ser el primero en desordenarse. El Sevilla no encontraba claridad. El Tenerife, sin balón, se defendía con orden, pero sin capacidad para amenazar con continuidad.
Hasta que, en los últimos cinco minutos del primer tiempo, el equipo insular volvió a asomar la cabeza. Saques de esquina encadenados, balones colgados, nervios en el área sevillista. En el 42, Gramaglia estuvo a punto de romper el empate con un remate que heló la sangre en Nervión.
El descanso llegó con tablas y una sensación peligrosa por demás para las hispalenses, seamos sinceros. Porque el Sevilla, una vez más, había demostrado ser un equipo incapaz de cerrar partidos. Un defecto que ya había pagado caro en la Liga F Moeve, como aquella tarde ante el Atlético de Madrid, cuando dejó escapar un 0-2 al descanso que acabó en empate tras un autogol de Isa Álvarez y este torneo no pasa por alto tales desconexiones.
Apenas habían pasado tres minutos del segundo periodo cuando el Tenerife confirmó que las buenas sensaciones no eran las mejores cuando la mítica Cinta Rodríguez, del Sporting de Huelva, colgó un centro desde la banda. El balón se fue cerrando, envenenándose, creciendo en amenaza con cada metro recorrido. Cheza dudó. Y la duda, en la Copa, se paga y el balón acabó besando la red para significar el 1–2 que culminaba la remontada de las del Heliodoro Rodríguez López que tienen en su ADN la resistencia.
Remontada. Silencio en Nervión. El reloj marcaba que el mediodía ya se había superado en la Península, pero para el Sevilla el tiempo parecía haberse detenido.
El gol fue gasolina para el Costa Adeje Tenerife. Lejos de encerrarse, lejos de contemporizar, el equipo visitante vivió sus mejores minutos del partido. Confianza, energía, sensación de que el partido estaba donde querían.
En el 55, Gramaglia tuvo el tercero. Cheza, esta vez sí, respondió con acierto. Era la frontera entre la sentencia y la vida.
A diferencia del primer tiempo, el bajón de ritmo posterior tuvo un dueño claro: el Tenerife. El equipo insular entendió el partido. Supo manejar su ventaja, defender con orden y amenazar al contragolpe y al balón parado.
El Sevilla, en cambio, entró en una fase de frustración. El balón no llegaba limpio, las ideas se nublaban y los minutos caían como losas. Las de David Losada empujaban, sí, pero sin filo. Con más corazón que cabeza.
A medida que el reloj avanzaba, el miedo se transformaba en ansiedad y ese temor, en errores.
El Sevilla se lanzó a la desesperada en los últimos minutos. Centros laterales, segundas jugadas, balones al área. Nervión empujaba. La Copa estaba a punto de escaparse.
Y entonces apareció Nay Cáceres en el minuto 83 de juego con una intervención monumental a disparo de Rosa Márquez. Un minuto después, intervención decisiva para evitar un gol en propia puerta de Sandra Castelló. Dos acciones que sostuvieron al Tenerife cuando el partido se rompía.
El Sevilla atacaba con todo. Pero el Tenerife resistía. No sufrió mucho más el equipo blanquiazul, hoy de morado, aunque le faltó precisión en alguna contra para cerrar definitivamente el encuentro. No hizo falta.
El pitido final confirmó lo impensable días antes. El Costa Adeje Tenerife Egatesa se metió en los cuartos de final de la Copa de la Reina en la semana más convulsa de su temporada.
Sin entrenador principal, con un vestuario zarandeado por la incertidumbre, el equipo encontró en la Copa un refugio, una razón para creer, una demostración de carácter.
El Sevilla, por su parte, quedó eliminado de un torneo que ya le había exigido sufrimiento extremo para dejar en el camino al Real Oviedo en el Carlos Tartiere. Otra herida abierta. Otra pregunta sin respuesta.
FINAL | Derrota por la mínima en los octavos de Copa:
Porque al final, la Copa no pregunta quién manda ni quién planifica mejor. La Copa no mira clasificaciones ni contratos. La Copa se fija en quién resiste cuando el suelo tiembla.
Y el Tenerife, esta vez, resistió. Resistió a la inestabilidad, al cambio, al ruido. Resistió al gol temprano, al empuje de Nervión, al miedo a perderlo todo en una semana. Resistió con fútbol cuando tocó, con oficio cuando fue necesario y con una portera que entendió que hay días en los que una parada vale más que cien discursos.
El Sevilla, en cambio, volvió a mirarse en el espejo incómodo de la Copa y a descubrir que el problema no es llegar, sino saber quedarse.
La Copa de la Reina no consuela. No explica. No espera, solo señala. Y este sábado, en Nervión, señaló al equipo que, cuando todo parecía romperse, decidió creer.
La Copa sigue. El Tenerife también. Y nosotros, afortunadamente, tenemos otra historia que contar.
Porque si esto es solo el principio… que nadie se levante del sillón.
📋 Ficha técnica |
Sevilla FC: Cheza, Débora (Alba Cerrato 71’), Eva Llamas, Isa Álvarez, Esther M.P. (Milla Cortés 63’), Alicia, Iris, Rosas M., Kanteh (Andrea Álvarez 71’), Raquel e Inma Gabarro. Costa Adeje Tenerife Egatesa: Nay Cáceres, Aleksandra, Cinta R., Elba, Patri Gavira (c), Clau Blanco, N. Ramos, Amani, Paola H.D. (S. Castelló 72’), S. Ouzraoui (Iratxe 82’) y Gramaglia.
Árbitra: Alicia Espinosa, asistida por Belinda Castillo y Miram Martín. Amonestó a las locales Iris Arnaiz (74’) y a las visitantes N. Ramos (54’), Ouzraoui (62’), Clau Blanco (66’). Incidencias: Eliminatoria de octavos de final de Copa de la Reina disputado a partido único en el Estadio Jesús Navas de Sevilla sobre una superficie de hierba natural.
La Copa de la Reina Iberdrola no entiende de escudos blindados ni de jerarquías inamovibles. La Copa es enero, es frío en las manos y fuego en el pecho, es una eliminatoria que se juega como si fuera la última. Este sábado 20 de enero de 2025, a partir de las 19:00 horas, la Ciudad Deportiva Dani Jarque será escenario de un cruce que es mucho más que un partido: Espanyol y Real Madrid se citan en los octavos de final en una noche que promete épica, identidad y verdad. Lo cuenta Teledeporte, lo abraza RTVE y lo decide el fútbol.
Hay competiciones que se heredan. La Copa de la Reina se hereda como se heredan las historias que se cuentan a media voz en los vestuarios, como se heredan los recuerdos que no salen en los palmarés pero que pesan más que una medalla. La Copa no es una liga; la Copa no perdona. En la Copa no hay mañana. La Copa es una frontera.
Enero es su mes natural. Enero y sus tardes que anochecen antes de tiempo. Enero y el césped que cruje. Enero y el murmullo de la grada que sabe que lo que viene no se repite. Y en ese enero, la Copa llama a la puerta de la Ciudad Deportiva Dani Jarque, un lugar donde el Espanyol ha construido algo más que un proyecto: ha levantado un refugio, una identidad, una manera de estar en el fútbol.
El sorteo emparejó a Espanyol y Real Madrid en octavos. Dos mundos. Dos ritmos. Dos relatos que chocan en una eliminatoria a partido único. Noventa minutos. Penaltis si hace falta. La Copa en estado puro.
No es un estadio monumental, pero es un hogar. La Dani Jarque es un espacio donde el Espanyol femenino se reconoce, se fortalece y se atreve. Allí, el equipo perico ha aprendido a competir sin complejos, a sostener partidos largos, a resistir cuando toca y a morder cuando el rival se descuida.
Para el Espanyol, recibir al Real Madrid no es un trámite. Es una declaración. Es la oportunidad de medirse ante uno de los grandes nombres del fútbol español en un contexto que iguala las fuerzas: la Copa. El césped, la cercanía, el viento, la grada… todo suma cuando el partido se juega en casa.
Hay algo profundamente copero en este escenario. No hay artificio. Hay fútbol.
El Espanyol llega a esta eliminatoria desde la convicción. Convicción de grupo. Convicción de proyecto. Convicción de que la Copa es un espacio legítimo para soñar.
No es un equipo que se esconda. El Espanyol sabe quién es y juega desde ahí. Defiende junto, compite cada duelo y entiende que el partido se construye desde la paciencia. En Copa, eso vale oro.
Hay una idea clara: incomodar al Real Madrid. Negarle los ritmos cómodos. Obligarle a mirar el reloj. Llevarle a un terreno donde el talento necesita esfuerzo y donde cada balón dividido cuenta como una final.
El Espanyol no tiene nada que perder y todo que ganar. Esa es una de las verdades más peligrosas del fútbol.
El Real Madrid llega a la Dani Jarque con el peso de la expectativa. En la Copa no basta con presentarse; hay que imponerse. El club blanco afronta cada competición con la obligación de llegar lejos, y la Copa de la Reina no es una excepción.
Este Real Madrid es un equipo construido para dominar. Para tener la pelota, para marcar el ritmo, para decidir los partidos desde el control. Pero la Copa le exige algo más: adaptación. Porque no todos los partidos se ganan desde el guion.
En eliminatorias como esta, el Real Madrid necesita encontrar equilibrio entre su propuesta ofensiva y la gestión emocional del partido. La paciencia será clave. La concentración, innegociable. Un error, un despiste, una transición mal defendida, y la Copa no perdona.
Hay partidos que se juegan con la cabeza antes que con las piernas. Este es uno de ellos.
El Espanyol sabe que el Real Madrid llegará con balón, con estructura, con talento. Sabe que habrá momentos de resistencia. Y sabe, también, que habrá un instante. Un balón parado. Un error. Un segundo balón. La Copa vive de esos instantes.
El Real Madrid, por su parte, sabe que la ansiedad puede ser su mayor enemigo. Que el reloj corre igual para todos. Que cada minuto sin gol alimenta la fe del rival.
La gestión del tiempo será tan importante como la gestión del espacio.
Toda eliminatoria se decide en pequeños duelos invisibles. En la presión tras pérdida. En la segunda jugada. En la capacidad de sostener el bloque.
El Espanyol buscará cerrar pasillos interiores, proteger su área y lanzar ataques rápidos cuando recupere. El Real Madrid tratará de ensanchar el campo, mover el balón con velocidad y encontrar superioridades entre líneas.
Será un choque de ritmos. De paciencia contra urgencia. De resistencia contra ambición.
Si algo enseña la Copa de la Reina año tras año es que no hay lógica que valga. Hay noches donde el favorito cae. Hay tardes donde un equipo escribe una página para siempre.
El Espanyol quiere una de esas noches. El Real Madrid quiere evitarla.
Y en medio, el fútbol. Ese deporte que no entiende de presupuestos cuando el balón echa a rodar.
Que este partido se emita en directo por Teledeporte no es un detalle menor. Es una declaración de intenciones. La Copa merece ser contada. Merece cámaras, merece relato, merece memoria.
RTVE acompaña una eliminatoria que representa lo mejor del fútbol femenino español: competitividad, identidad, emoción y verdad.
Porque hay partidos que no solo se juegan. Se narran. Se recuerdan. Se heredan.
Habrá un momento —siempre lo hay— en el que el partido deje de ser táctico y se vuelva emocional. Un momento en el que la grada empuje, en el que una jugadora corra un metro más de lo que pensaba, en el que el cansancio se convierta en orgullo.
Ahí se decide la Copa, en ese instante donde el fútbol se parece a la vida: cuando toca elegir entre rendirse o creer.
Cuando el árbitro señale el final, alguien habrá ganado algo más que un billete a cuartos. Habrá ganado una historia.
El Espanyol quiere que esa historia se escriba en su casa, con su gente, en enero. El Real Madrid quiere que la Copa siga siendo un camino, no un muro.
Y tú, desde casa o desde la grada, serás testigo de algo que solo ocurre una vez.
Porque la Copa de la Reina Iberdrola no se explica. La Copa se siente.
Y este sábado, en la Ciudad Deportiva Dani Jarque, vuelve a llamar a la puerta del invierno.
La Copa de la Reina Iberdrola vuelve a desplegar su mística este sábado en el Estadio Jesús Navas, donde Sevilla Fútbol Club y el Costa Adeje Tenerife Egatesa se enfrentan en una eliminatoria de octavos de final a partido único que promete tensión, emoción y épica. Dos equipos en crecimiento, dos estados de ánimo al alza y una sola plaza en cuartos en un cruce que condensa todo lo que hace grande al torneo del KO.
fútbol no entiende de trayectorias largas cuando la Copa de la Reina irrumpe en el calendario. Entiende de noventa minutos, de detalles, de estados de ánimo y de esa frontera invisible entre la ilusión y la eliminación. En ese escenario se presenta el Sevilla FC este sábado a partir de las 12:00 horas, decidido a prolongar su momento ascendente y a convertir el Estadio Jesús Navas en un fortín copero ante un Costa Adeje Tenerife Egatesa que aterriza en la capital andaluza con memoria, ambición y una historia íntimamente ligada a esta competición.
El conjunto hispalense llega a la cita reforzado por una racha de resultados que ha devuelto la confianza y el convencimiento a un equipo que ha sabido crecer desde la solidez. El reciente triunfo liguero ante el Alhama CF, trabajado, paciente y maduro, unido al valioso empate frente al Atlético de Madrid, ha confirmado que el Sevilla ha aprendido a competir en registros que antes se le escapaban. Ya no es solo un equipo de intenciones, sino de respuestas. Concede menos, gestiona mejor los tiempos y sabe sobrevivir en partidos cerrados, una cualidad imprescindible cuando la Copa no concede segundas oportunidades.
Ese crecimiento tiene nombres propios y una estructura cada vez más reconocible. Rosa Márquez se ha consolidado como el auténtico eje del juego sevillista, la futbolista que ordena, equilibra y da sentido a cada posesión. A su alrededor, el equipo se siente más cómodo, más compacto y más seguro. En defensa, la jerarquía de Eva Llamas lidera una zaga que ha ganado fiabilidad, mientras que bajo palos Esther Sullastres se ha erigido en una figura determinante, capaz de sostener al equipo en los momentos de máxima exigencia y de marcar la diferencia cuando el partido se rompe.
En ataque, el Sevilla ha encontrado soluciones sin necesidad de fuegos artificiales. La movilidad y la inteligencia de Inma Gabarro entre líneas, el trabajo constante por bandas y la aportación decisiva de las jugadoras que emergen desde el banquillo —con Alba Cerrato como ejemplo reciente— han ampliado el abanico de recursos de un equipo que ha aprendido que competir bien también es una forma de dominar.
Pero enfrente estará un Costa Adeje Tenerife Egatesa que entiende la Copa de la Reina como un territorio propio. El conjunto blanquiazul visita Sevilla este sábado 20 de diciembre a las 11:00 hora canaria con la ambición intacta y con el recuerdo reciente de una contundente victoria liguera en ese mismo escenario, aunque consciente de que el contexto es completamente distinto. La Copa no admite comparaciones ni antecedentes: exige máxima concentración y una lectura perfecta de cada fase del partido.
Para las guerreras, la cita tiene además un componente especial. Será el estreno oficial de Adrián Albéniz al frente del primer equipo, un debut de alto voltaje en una eliminatoria que pondrá a prueba el carácter y la personalidad del grupo. El técnico ha transmitido un mensaje claro desde su llegada: competir, creer y asumir la Copa como una oportunidad. “Queremos ir a Sevilla y sacar esta eliminatoria adelante. La Copa es una competición diferente, que nos hace mucha ilusión”, ha señalado, advirtiendo también de la evolución del rival y de la necesidad de estar atentas en todo momento.
Esa ambición conecta con el ADN de un club que ha hecho del torneo del KO una seña de identidad. El Costa Adeje Tenerife Egatesa ha alcanzado las semifinales en tres ocasiones y ha sido un habitual en las rondas finales, construyendo una relación especial con una competición que siempre despierta algo más en el vestuario. Así lo expresó su capitana, Patri Gavira, al recordar que la Copa “siempre es especial para este club” y al reivindicar el deseo de dar ese “campanazo” que tanto identifica a las guerreras.
La portería blanquiazul será uno de los focos emocionales del encuentro. Noelia Ramos regresa a Sevilla, una ciudad clave en su trayectoria, con sentimientos encontrados pero con el objetivo claro. “Volver siempre es especial, pero mañana todo eso se queda a un lado”, afirmó la guardameta, consciente de que en una eliminatoria a partido único la unión y la convicción lo son todo. Ramos ha subrayado la importancia de centrarse en el propio equipo, de mantener una energía positiva y de pelear hasta el final, apelando además al apoyo de una afición que nunca falla y que sueña con recibir en Navidad el regalo de una clasificación histórica.
El duelo, que podrá seguirse en directo por Televisión Canaria y a través de la narración de Atlántico Radio y La Radio Canaria, se presenta como un choque de dinámicas positivas, de estilos en evolución y de ambiciones legítimas. Sevilla y Costa Adeje Tenerife se miran frente a frente en un mediodía que promete ser largo, intenso y cargado de significado.
La Copa de la Reina vuelve a llamar a la puerta, y solo uno responderá para seguir soñando.
El C.E. Europa, club histórico catalán con profundas raíces en Gràcia, llega a este duelo con la ambición de escribir una página dorada en su historia. Tras lograr el ascenso a la Primera Federación Femenina en la temporada 2024-25, el club ha consolidado un proyecto femenino que combina juventud y experiencia, donde el talento local convive con incorporaciones estratégicas que buscan dar un golpe de autoridad en la Copa de la Reina. La plantilla ha demostrado capacidad para brillar en contextos de eliminación directa, con un rendimiento destacado en las primeras rondas del torneo, anotando 6 goles sin encajar ninguno, una señal de que cuando el escenario es de todo o nada, las jugadoras del Europa saben elevar su nivel competitivo. En la Primera Federación Femenina 2025-26, su rendimiento ha sido más irregular, reflejando las dificultades propias de un club que busca consolidarse en la categoría. Con 3 victorias, 2 empates y 7 derrotas, y un balance de 18 goles a favor y 24 en contra, el Europa ha mostrado un ataque capaz de generar ocasiones pero con margen de mejora en defensa. Su promedio de 1,5 goles por partido indica un potencial ofensivo que puede ser letal si se combina con disciplina táctica. En liga, el Europa ha protagonizado encuentros abiertos, con un 67% de partidos en los que ambos equipos marcaron, un reflejo de partidos intensos y competitivos donde la emoción se mantiene hasta el último minuto.
Athletic Club, por su parte, llega como uno de los referentes históricos del fútbol femenino español. Compite en la Liga F 2025-26, la máxima categoría, y mantiene un rendimiento sólido que lo posiciona en la parte alta de la tabla, consolidando su estatus de favorito en cualquier enfrentamiento de eliminación directa. La plantilla rojiblanca combina experiencia y juventud, con jugadoras capaces de definir partidos en momentos clave y un bloque defensivo sólido que garantiza consistencia en el juego. Recientemente, las leonas cerraron el año con una victoria clave ante el Madrid CFF, demostrando capacidad para mantener concentración y gestionar la presión en partidos decisivos. Tácticamente, el choque promete un enfrentamiento de estilos complementarios y contrastantes. El Europa suele apostar por un 4-3-3 flexible, donde las laterales se incorporan al ataque generando amplitud y profundidad, mientras el mediocampo busca controlar el ritmo y generar superioridad numérica en zonas claves. La capacidad de transición rápida es uno de sus mayores activos, y será determinante para aprovechar cualquier desajuste del Athletic. Por su parte, el Athletic mantiene su 4-2-3-1 característico, con presión alta constante, transiciones verticales y superioridad en el centro del campo mediante la combinación de sus interiores y mediapunta. Su velocidad por bandas y capacidad para sorprender en segunda jugada son armas clave que pueden desnivelar el marcador en cualquier momento.
duelo no solo se define por estadísticas y tácticas, sino también por la carga emocional que ambos equipos llevan a la cancha. Para las jugadoras del Europa, enfrentarse al Athletic es una oportunidad única para demostrar que la ambición catalana puede imponerse frente a la experiencia vasca. Para el Athletic, cada balón, cada entrada y cada decisión táctica refuerza la idea de que la Copa de la Reina Iberdrola es un torneo de eliminación directa donde solo los más concentrados sobreviven, y donde la historia del club y la tradición de excelencia pesan tanto como los goles. el C.E. Europa, varias jugadoras destacan como piezas determinantes. La delantera central, Clara Puig, ha anotado 5 de los 18 goles del equipo en liga y es experta en movimientos de ruptura detrás de la defensa rival. Su capacidad de definición bajo presión será vital para enfrentar a la defensa rojiblanca. En el mediocampo, Laia Roca, capitana y referente táctico, es la encargada de distribuir el juego y mantener la cohesión entre defensa y ataque. Su visión y precisión en pases largos serán determinantes para romper líneas. En defensa, Marta Soler combina liderazgo y contundencia en el uno contra uno, esencial para contrarrestar la velocidad y verticalidad de las delanteras del Athletic.
El Athletic Club cuenta con figuras que pueden marcar la diferencia. La delantera Irene García, con su velocidad explosiva y capacidad de finalización, es un peligro constante para cualquier defensa. La mediocentro defensiva Maite Etxebarria actúa como escudo frente a los ataques rivales, recuperando balones y iniciando transiciones rápidas. La capitana y central Ane Goikoetxea ofrece experiencia y liderazgo, siendo fundamental para mantener la estructura defensiva frente a un Europa atrevido y dinámico. Desde la óptica estadística, la diferencia de nivel competitivo es clara: el Athletic compite en la máxima categoría y ha mantenido un rendimiento estable que lo posiciona como favorito, mientras que el Europa, aunque menos experimentado en esta categoría, ha mostrado capacidad para elevar su nivel en situaciones de eliminación directa. Las cifras de goles, victorias y rendimiento en Copa indican que, aunque el Athletic es favorito en teoría, el partido puede ser abierto y con oportunidades para ambos equipos.
La estadística refuerza la idea de que en un KO, el factor emocional y la eficacia en momentos clave pueden volcar el resultado.
historial reciente entre ambos equipos, aunque limitado, ha mostrado intensidad y momentos de tensión que anticipan un duelo apasionante. Cada enfrentamiento previo ha servido como aprendizaje, y ahora, con un pase a los cuartos de final en juego, la presión se multiplica. Este partido es más que un choque de clubes: es un relato épico donde la ambición del Europa y la experiencia del Athletic se enfrentan, y donde cada espectador puede sentirse parte de la historia. Desde el punto de vista del aficionado, “El Partido de Manu” encontrará en este duelo todos los ingredientes para vivirlo como si estuviera en la grada: emoción, drama, intensidad y decisiones tácticas que pueden marcar el destino de la eliminatoria. La transmisión en Betevé, disponible en el dial 166 de Movistar Plus, permitirá disfrutar de todos los matices, desde la colocación defensiva hasta las transiciones rápidas y los tiros a puerta, ofreciendo una experiencia completa y absorbente. ⸻
Con todo preparado, el C.E. Europa vs Athletic Club de este viernes no es solo un partido; es una historia épica que se escribe en tiempo real. La Copa de la Reina Iberdrola 2025-26 encuentra en este duelo su símbolo de competitividad, emoción y espectáculo, y cada acción se convierte en un capítulo más de un relato donde el fútbol femenino español demuestra que no solo crece en calidad, sino que emociona, conmueve y atrapa. Por exigencias del calendario, la atención futbolística se centrará en estos octavos de final, sirviendo para clausurar la acción balompédica de 2025, dejando a todos los equipos, aficionados y narradores como “El Partido de Manu” listos para disfrutar de un cierre de año cargado de épica, pasión y fútbol femenino en su máxima expresión.
El Europa no se descompuso. No cambió su plan. Siguió resistiendo, compactando espacios, buscando alguna transición que le permitiera volver a creer. Llegó el descanso con todo abierto, con la sensación de que el partido seguía vivo y de que cualquier detalle podía cambiarlo.
La Copa de la Reina Iberdrola despidió 2025 como solo saben hacerlo los torneos que entienden el fútbol como un acto de fe: poniendo frente a frente a un equipo que representa la historia y la jerarquía del fútbol femenino español y a otro que encarna la ilusión, la resistencia y la belleza de quien sabe que no siempre se juega para ganar, sino para vivir algo que merezca ser recordado.
El Nou Sardenya, un estadio que no necesita grandeza arquitectónica para convertirse en lugar sagrado, fue durante noventa minutos el epicentro emocional del fútbol femenino. Allí, ante 2.043 personas —récord absoluto de asistencia para el primer equipo femenino del CE Europa—, se escribió una página que no quedará definida por el marcador, sino por todo lo que ocurrió alrededor de él.
El contexto ya lo decía todo antes de que rodara el balón. El CE Europa, único representante catalán junto al Deportivo Alavés en Primera Federación Iberdrola, recibía a un Athletic Club acostumbrado a las grandes noches, a las eliminatorias que no conceden segundas oportunidades, a los escenarios donde el escudo pesa tanto como el balón. La diferencia de categorías era evidente, pero la Copa nunca ha entendido de lógicas estrictas. Menos aún cuando el partido se disputa sobre hierba artificial, una superficie que iguala, incomoda y obliga a reaprender cada control, cada bote y cada disputa.
A las leonas les costó entrar en el partido, no por falta de ambición, sino porque el fútbol también es adaptación y el Europa supo desde el primer segundo cuál debía ser su papel: orden, bloque bajo, líneas juntas, fe absoluta en el plan.
Durante muchos minutos el partido se jugó donde quiso el conjunto catalán. El Athletic tenía el balón, sí, pero no encontraba grietas. El primer acercamiento visitante no llegó hasta el minuto 17, con un disparo de Vilariño que Janet atajó con solvencia, como una declaración de intenciones de lo que estaba por venir.
Poco después, Clara Pinedo estrelló un balón en el palo derecho de la portería local y ese sonido seco, metálico, fue el punto de inflexión emocional del encuentro. A partir de ahí, Janet se convirtió en la gran protagonista de la primera mitad. Paradas abajo, reflejos a bocajarro, seguridad en el juego aéreo. Cada intervención alimentaba la grada, cada balón blocado reforzaba la sensación de que algo especial podía estar gestándose en Gràcia.
La memoria también jugaba su partido. El Europa venía de eliminar al DUX Logroño en la ronda anterior, el Athletic Club arrastraba el recuerdo reciente de una eliminación temprana ante el CP Cacereño, y la afición local, sin necesidad de decirlo en voz alta, empezaba a permitirse soñar. Pero la Copa de la Reina exige algo más que ilusión. Exige talento en los momentos clave, y ahí apareció Daniela Agote. La MVP del Europeo sub-19 de Lituania 2024 entendió el partido como lo hacen las futbolistas distintas. En el minuto 34, tras un nuevo asedio rojiblanco, se perfiló desde la frontal y sacó un derechazo seco, raso, pegado a la cepa del palo, imposible para Janet.
El 0–1 no fue solo un gol; fue la ruptura del hechizo, la recompensa a una insistencia paciente en una primera parte muy táctica, densa, poco atractiva para el espectador neutral pero fascinante para quien entiende el fútbol como un juego de ajedrez emocional.
Mientras las protagonistas ganaban el túnel de vestuarios, el estadio respiraba. Estos partidos desgastan, incluso a quien los observa, porque no se miran solo con los ojos, se sienten con el cuerpo.
La segunda mitad comenzó sin cambios, con el Athletic decidido a controlar el ritmo, a evitar que el encuentro se desordenara. No hubo ocasiones claras durante muchos minutos. El balón era rojiblanco, pero el Europa seguía defendiendo con disciplina y orgullo, esperando ese error que a veces llega cuando el favorito se impacienta. No llegó. Javi Lerga entendió el momento y movió el banquillo con precisión quirúrgica: Azkona y Sara Ortega entraron por Campos y Vilariño, más tarde Gurtubay sustituyó a Pinedo. No fue una revolución, fue una reafirmación del plan. El Athletic no quiso sentenciar de golpe; quiso hacerlo bien.
El golpe definitivo llegó en el minuto 81. Valero recogió el balón en la frontal, levantó la cabeza y ejecutó un lanzamiento que superó por alto a Janet.
El 0–2 fue el instante en el que el sueño empezó a desvanecerse para el Europa, no por falta de fe, sino porque el fútbol profesional castiga cualquier concesión. Obligadas a adelantar líneas, las locales dejaron espacios y el Athletic, ya sin urgencias, gestionó los minutos finales con oficio. La guinda llegó en el 89, cuando Azkona, desde el punto de penalti, cruzó un zurdazo que volvió a batir a Janet para establecer el definitivo 0–3 que fue una bocanada de aire fresco para las leonas.
El marcador certificó la clasificación del Athletic Club como primer aspirante a la corona en cuartos de final, pero no explicó todo lo que había ocurrido. Explicó que las leonas supieron competir, adaptarse y aprender de experiencias pasadas. Explicó que el CE Europa vivió una tarde histórica, que llenó su estadio, que se midió sin complejos a un gigante y que despertó de un sueño precioso y merecido. La Copa de la Reina Iberdrola siguió su camino, con más partidos por delante y más historias por escribir, pero el Nou Sardenya ya quedó marcado para siempre. Porque hay derrotas que no empequeñecen, sino que engrandecen, y hay victorias que no solo se miden en goles, sino en memoria. Y aquella tarde, en Barcelona, el fútbol femenino ganó algo que no aparece en las estadísticas: un recuerdo imborrable.
90’ | 🏁 FINAL
S’acaba el nostre camí a la Copa. Molt orgulloses! 💙👏
Árbitra: Elisabeth Calvo Valentín (Comité Madrileño). Amonestó a la local Ainhoa.
Incidencias: 2.043 espectadores en el Estadio Nou Sardenya de Barcelona en la eliminatoria a partido único correspondiente a los octavos de final de la Copa de la Reina Iberdrola que se celebró en una superficie de hierba artificial .
La Copa despide el año. Pero no se va. Lo que hace es sembrar un caldo de cultivo que nos brindará tensión y emoción en 2026.
Ocho duelos. Ocho partidos a vida o muerte. Ocho historias que empiezan sabiendo que solo cuatro continuarán su camino hacia un trofeo que se levantará ya en 2026. El calendario se detiene, el año se apaga poco a poco, pero la Copa enciende su propia llama justo antes de que caigan las uvas.
Este fin de semana se disputan los octavos de final, con la entrada en escena de los ocho primeros clasificados de la Liga F Moeve de la temporada pasada, equipos que se incorporan a la competición en esta ronda y que saben que, en la Copa, no hay margen para el error al tratarse de un partido único, sin margen para el error y sin red .
Con ella vuelve ese territorio del fútbol donde la lógica se diluye, donde el escudo no garantiza nada y donde cada minuto se juega con el corazón en la mano. Vuelve la competición donde todo es posible, donde las llamadas “sorpresas” han dejado de ser una excepción para convertirse en una tradición, donde David no solo se atreve a mirar a Goliat a los ojos, sino que en más de una ocasión ha terminado derrotándolo. La Copa de la Reina Iberdrola no es un torneo más del calendario: es un estado de ánimo, un refugio emocional para quienes creen que el fútbol todavía puede ser imprevisible.
Basta con mirar atrás para entenderlo. Ahí permanece intacto el recuerdo de aquel Madrid CFF eliminando al Real Madrid en los cuartos de final de 2021, rompiendo jerarquías y discursos prefabricados. O la final inolvidable de Butarque en 2023, cuando el Atlético de Madrid firmó una de las remontadas más increíbles que se recuerdan: del 0-2 al 2-2 entre el minuto 88 y el 95, con un golazo de falta de Estefanía Banini —hoy en el Badalona— que forzó la prórroga antes de que la tanda de penaltis coronara a las rojiblancas. Momentos que ya no pertenecen solo a la historia de la competición, sino a la memoria colectiva del fútbol femenino español.
La Copa de la Reina Iberdrola despide el año, pero no se marcha. Lo que hace es sembrar emoción antes de que el calendario cambie de hoja. Ocho partidos a vida o muerte deciden este fin de semana qué equipos seguirán persiguiendo el trofeo a lo largo de 2026. Ocho duelos a partido único, sin margen para el error, sin red de seguridad. Noventa minutos —o más— en los que el fútbol se convierte en una moneda lanzada al aire.
En esta ronda de octavos de final ya entran en escena los ocho primeros clasificados de la pasada Liga F Moeve, equipos que se estrenan en la competición y que saben que la Copa no entiende de trayectorias recientes ni de presupuestos. Aquí solo importa lo que sucede cuando el balón empieza a rodar.
El telón se levanta el viernes a las 19:00 horas en Barcelona, con el duelo entre el CE Europa y el Athletic Club, retransmitido por Betevé. Las locales, uno de los dos equipos de Primera Federación que siguen vivos en la competición, llegan lanzadas tras derrotar a la SE AEM por 1-3 en la ronda anterior. El Europa no está aquí para completar el cuadro: está aquí para creer. Enfrente estará un Athletic Club que se estrena en esta edición gracias al cuarto puesto logrado la pasada temporada en liga, pero que todavía tiene muy presente la eliminación del curso pasado frente al CP Cacereño en esta misma ronda. La Copa no perdona despistes, y el Athletic lo sabe. El Europa, sin nada que perder, representa ese espíritu indomable que tantas veces ha escrito páginas inolvidables en este torneo.
El domingo concentra el grueso de la emoción, con cuatro partidos que se reparten entre la mañana y la tarde. A las 12:00 horas, el Madrid CFF recibe a la SD Eibar en un encuentro retransmitido por RFEF.tv. El conjunto madrileño llega como el equipo más en forma de los dieciseisavos, tras una contundente victoria por 1-7 ante el Sporting Club de Huelva que dejó claro que la Copa vuelve a ser un territorio familiar para ellas. El Madrid CFF ha construido parte de su identidad en esta competición y sabe cómo manejar los partidos sin mañana. La SD Eibar, octava clasificada en la pasada Liga F Moeve, se estrena en la Copa con la ambición de un equipo que ha aprendido a competir en la élite y que no renuncia a nada, consciente de que la historia no juega, pero pesa.
A la misma hora, RC Deportivo y Real Sociedad se cruzan en Riazor en un partido con aroma a Copa clásica, retransmitido por la Televisión de Galicia y ETB. Es el único duelo de octavos de final en el que ambos equipos cuentan con al menos una Copa de la Reina en su palmarés. Historia frente a historia, tradición frente a tradición. La Real Sociedad llega con un proyecto consolidado y la etiqueta de favorita, pero el Deportivo juega en casa, arropado por su gente y por el deseo de volver a sentirse protagonista en una competición que no olvida a quienes la respetan.
Ya por la tarde, a las 19:00 horas y a través de RFEF.tv, el Alhama ElPozo se mide al Atlético de Madrid. Las murcianas afrontan el partido en un momento delicado, inmersas en la peor racha de partidos consecutivos perdidos de la liga, con seis derrotas seguidas. Pero la Copa ofrece algo que la clasificación no concede: una oportunidad de redención inmediata. Enfrente estará un Atlético de Madrid que tiene entre ceja y ceja volver a una final que conoce bien. Vigentes subcampeonas, las rojiblancas saben lo que es sufrir, remontar y resistir cuando el partido parece escaparse. La final de 2023 sigue viva en su memoria y alimenta la ambición de un equipo que saldrá desde el primer minuto decidido a imponer su jerarquía, sabiendo que en la Copa nadie regala nada.
Al mismo tiempo, Teledeporte retransmitirá el cruce entre el Deportivo Alavés y el Fútbol Club Barcelona, el que a priori es el duelo más desequilibrado de la ronda. El conjunto vasco, de Primera Federación, se enfrenta a uno de los mejores equipos del mundo, vigente campeón de Liga y Copa y líder intratable del presente campeonato regular.
Sobre el papel, el favoritismo es claro. Sobre el césped, la Copa siempre se reserva el derecho a escribir su propio guión. El Alavés jugará el partido de su vida; el Barça, uno más… hasta que deja de serlo.
La Copa de la Reina Iberdrola no entiende de pronósticos cerrados ni de discursos prefabricados. Es la competición donde una falta directa en el minuto 95 puede cambiarlo todo, donde una portera puede convertirse en heroína, donde una grada pequeña puede sonar como un estadio entero.
Es el torneo que recuerda, año tras año, por qué el fútbol femenino emociona, conecta y permanece.
Cuando el año se apaga y el calendario se prepara para cambiar de número, la Copa aparece para recordarnos que el fútbol todavía puede ser imprevisible, que lo imposible no solo puede suceder, sino que suele hacerlo. Por eso, cuando llegue el fin de semana y ruede el balón, no será solo un partido lo que esté en juego. Será la magia de una competición que se resiste a ser domesticada.
Que nadie mire el reloj y nadie cambie de canal, porque cuando suena la Copa de la Reina Iberdrola, el fútbol deja de ser lógico… y vuelve a ser eterno.
La FIFA ha dado un paso histórico que el fútbol femenino esperaba desde hace años: la confirmación oficial del primer Mundial de Clubes Femenino, que se disputará del 5 al 30 de enero de 2028.
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Este torneo no es solo un calendario más en el mundo del fútbol; es un escenario global donde los mejores clubes medirán su verdadero nivel, consolidando al fútbol femenino de clubes como un fenómeno internacional capaz de competir al más alto nivel y de proyectar talento, identidad y profesionalización a escala mundial. La noticia, anunciada tras la reunión del Consejo de la FIFA en Doha, Catar, no solo marca fechas, sino que abre una era de oportunidades inéditas y desafíos estratégicos que transformarán la manera en que clubes, jugadoras, ligas y aficionados conciben la competición. Desde Europa hasta Oceanía, pasando por América y África, cada confederación se prepara para participar en un torneo que será el espejo de la evolución del fútbol femenino: competitivo, global, diverso y profesional.
(Fuente: UEFA)4
El Mundial de Clubes Femenino FIFA 2028 se jugará con 16 equipos, siguiendo un formato similar al torneo masculino ampliado: cuatro grupos de cuatro clubes que avanzarán a una fase de eliminación directa desde los cuartos de final. Seis equipos disputarán una fase de play-in por tres plazas que completarán el cuadro principal, un mecanismo pensado para equilibrar oportunidades y asegurar la representación de todos los continentes. Europa tendrá cinco plazas directas, Asia, África, CONCACAF y Sudamérica contarán con dos cada una, y Oceanía se integrará a través del play-in. La estructura no solo garantiza diversidad geográfica, sino que consolida a las principales competiciones continentales —Champions League Femenina, CONCACAF W Champions Cup, Copa Libertadores Femenina, AFC Women’s Champions League, CAF Women’s Champions League y OFC Women’s Champions League— como la puerta de acceso al escenario mundial.
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El calendario de enero es estratégico: coincide con el parón de la Champions League Femenina y con la pretemporada de la NWSL estadounidense, permitiendo que los clubes de Estados Unidos lleguen con ventaja física, mientras que las ligas europeas, incluida la Liga F española, deberán gestionar cargas competitivas y rotación de plantillas. Esta superposición obliga a los clubes europeos a planificar cada partido, cada entrenamiento y cada recuperación con un enfoque integral que considere competencia local, europea y mundial. No es solo un torneo: es una prueba de visión estratégica, de gestión institucional, de profundidad de plantilla y de preparación mental, donde la diferencia entre participar y soñar la marcará la capacidad de cada club para planificar y ejecutar un proyecto sostenible.
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Para España, la oportunidad histórica es enorme. El FC Barcelona parte como referencia por su palmarés reciente y su profundidad de plantilla, pero clubes como Atlético de Madrid y Real Madrid se encuentran en la antesala de un salto cualitativo. Para el Atlético, la clasificación requiere consolidar la regularidad europea: no basta con competir en Liga F, sino que debe superar eliminatorias de Champions, acumular experiencia y ranking UEFA, y combinar su identidad táctico-defensiva con eficacia ofensiva en transiciones rápidas y estrategia fija. La plantilla debe contar con entre 18 y 20 jugadoras de alto nivel, capaces de sostener jornadas consecutivas de máxima exigencia. Para el Real Madrid, la meta es similar: transformar proyectos recientes en resultados europeos concretos mediante consolidación táctica, equilibrio entre juventud y experiencia, fichajes estratégicos y preparación mental para escenarios de máxima presión.
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La fase de play-in añade un factor estratégico clave. Equipos de Oceanía, África y otros continentes deben preparar cada partido como una final, con precisión táctica, condición física y fortaleza mental. Europa, aunque tiene cinco plazas directas, no puede subestimar a estos equipos que llegan con hambre y confianza, capaces de generar sorpresas. América, con fuerza física y talento emergente; Asia y África, con innovación táctica; y Oceanía, con capacidad de adaptación, completan un ecosistema global donde cada victoria, cada estrategia y cada fase superada adquiere un valor histórico.
(Fuente: Liga F Moeve)-
La planificación estratégica de clubes como Atlético y Real Madrid exige análisis de rivales, sistemas tácticos flexibles, gestión de cargas y preparación psicológica.
Para clasificarse al Mundial de Clubes Femenino FIFA 2028 no hay atajos ni invitaciones: todo pasa por el rendimiento deportivo sostenido en competiciones oficiales. La FIFA ha diseñado un sistema que premia mérito, continuidad y competitividad real. Explicado de forma clara y directa, esto es lo que hay que hacer:
En el caso de Europa, que tendrá cinco plazas directas, la clasificación está ligada de manera inequívoca a la UEFA Women’s Champions League. Para entrar en el Mundial, un club europeo debe clasificarse repetidamente para la Champions, superar fases y acumular ranking UEFA. No basta con jugarla una vez ni con caer en grupos: la FIFA y la UEFA priorizarán a los clubes que lleguen lejos, especialmente a cuartos, semifinales o finales, durante varias temporadas consecutivas antes de 2028.
Por tanto, el primer requisito es ser competitivo en tu liga nacional. En España, eso significa terminar cada temporada en puestos Champions de la Liga F. Sin eso, no hay Europa; y sin Europa, no hay Mundial. La regularidad doméstica es el suelo mínimo del proyecto.
El segundo requisito es convertir esa presencia europea en resultados. La Champions no se valora por participación, sino por recorrido. Cada victoria, cada fase superada y cada eliminación tardía suma puntos y prestigio. Un club que encadena varias fases de grupos sin avanzar queda fuera de la conversación; uno que alcanza cuartos o semifinales entra directamente en el radar del Mundial.
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El tercer elemento clave es la continuidad. El Mundial de Clubes no premiará una gran temporada aislada, sino un ciclo competitivo completo. Los clubes que jueguen Champions en 2025-26, 2026-27 y 2027-28 y mantengan un nivel alto tendrán ventaja clara sobre los que aparezcan de forma intermitente.
Además, la FIFA tiene en cuenta la capacidad estructural del club: plantillas amplias, estabilidad institucional, cumplimiento de licencias, profesionalización del proyecto y capacidad para competir en enero sin desvirtuar la competición. No es solo ganar partidos: es demostrar que el club está preparado para un torneo global.
En otras confederaciones el principio es el mismo. En Sudamérica, clasifican los mejores de la Copa Libertadores Femenina. En CONCACAF, los campeones y finalistas de la W Champions Cup. En Asia y África, los clubes que dominen sus respectivas Champions continentales. Oceanía entra a través de un play-in, donde seis clubes luchan por tres plazas finales. En todos los casos, el criterio es idéntico: rendimiento deportivo en torneos oficiales.
No existe una “repesca” por nombre, ni cupos por audiencia, ni plazas por historia. El mensaje de la FIFA es claro: el Mundial es para los mejores equipos del mundo en ese momento, no para los más famosos.
En resumen, para clasificarse hay que competir al máximo nivel en la liga nacional,clasificarse de forma constante para la competición continental, avanzar rondas y llegar lejos, se debe sostener el nivel durante varias temporadas, y demostrar solidez deportiva e institucional.
El Mundial de Clubes Femenino 2028 no se alcanza con un año brillante, sino con un proyecto que resiste, crece y gana. Esa es la verdadera clasificación.
(Fuente: Liga F Moeve)
La consistencia física y mental se convierte en un factor determinante, y la capacidad de adaptación durante partidos críticos puede decidir la clasificación. La profundidad de plantilla, la rotación eficiente, la recuperación física y la gestión emocional de las jugadoras son factores decisivos que marcarán la diferencia entre competir y destacarse.
(Fuente: UEFA)
El impacto en las ligas nacionales será profundo. La Liga F deberá ajustar calendarios, gestionar descansos y coordinar recursos para que los clubes compitan al máximo nivel. La NWSL llegará en pretemporada, con ventaja física y táctica, obligando a los europeos a optimizar preparación. Cada decisión de entrenamiento, descanso, rotación de jugadoras y fichaje estratégico se convierte en parte de un rompecabezas global que determina si un club podrá disputar el Mundial con legitimidad.
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La dimensión económica y mediática del torneo es extraordinaria. Participar significará visibilidad internacional, oportunidades de patrocinio, desarrollo de marca y consolidación del proyecto institucional. Para las jugadoras, es la posibilidad de dejar un legado histórico y proyectar su carrera a nivel global.
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Para los aficionados, es la oportunidad de vivir un espectáculo sin precedentes, conectando emociones, identidad y pasión por el fútbol femenino en un escenario mundial. Cada victoria, cada fase alcanzada y cada estrategia implementada tendrán un valor simbólico, estratégico y cultural.
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El Atlético de Madrid y el Real Madrid deben integrar todos estos elementos: regularidad en liga, consistencia europea, identidad táctica, profundidad de plantilla, estabilidad institucional, preparación física y mental, gestión de fichajes y calendario. Cada eliminatoria europea, cada jornada de Liga F y cada preparación táctica será un paso hacia el objetivo global. La fase de play-in, los cuartos, semifinales y finales serán pruebas de madurez institucional, capacidad táctica y fortaleza mental. Solo los clubes que dominen estos factores podrán competir con legitimidad en un torneo que redefine la competitividad del fútbol femenino a nivel mundial.
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Este Mundial no solo mide calidad futbolística; mide visión estratégica, planificación, cohesión institucional y capacidad de adaptación. Representa un cambio histórico, un escenario donde Europa, América, Asia, África y Oceanía convergen para demostrar que el fútbol femenino puede competir, emocionar y proyectar talento a escala global. La profesionalización, la igualdad y la visibilidad alcanzan una nueva dimensión, transformando el fútbol femenino de clubes en un fenómeno global.
(Fuente: Liga F Moeve )
Y cuando el balón ruede en enero de 2028, quedará claro que este torneo ha llevado al fútbol femenino a otra dimensión. No es simplemente un Mundial de Clubes; es la apertura de un capítulo histórico donde la ambición se materializa, la excelencia se premia y la visibilidad alcanza su máximo nivel. Con cada jugadora, cada club y cada aficionado formando parte de esta narrativa global, el fútbol femenino deja de ser promesa y se convierte en realidad absoluta: una era de grandeza, igualdad y proyección mundial donde los estándares del deporte se reescriben y la historia se vive en tiempo real. A partir de 2028, el fútbol femenino de clubes no tiene límites: entra en otra dimensión, y el mundo entero será testigo de su esplendor.
🟨 Disney+ retransmitirá en directo el sorteo de la fase eliminatoria de la UEFA Women’s Champions League 2025/26 mañana, jueves 18 de diciembre, permitiendo a los aficionados la oportunidad de ver cómo los mejores clubes de Europa descubren sus próximos desafíos.
La UEFA Women’s Champions League 2025/2026 entra en su territorio sagrado: Disney+ abre en directo la puerta al sorteo que marcará el destino de Europa.
Hay días en el calendario del fútbol que no se juegan sobre el césped, pero pesan como finales. Días en los que no hay goles, ni paradas imposibles, ni celebraciones frente a la grada, pero sí decisiones, cruces, caminos y destinos. Lo Días que dibujan la historia antes de que empiece a escribirse con botas, camisetas y sudor.
Este jueves, 18 de diciembre de 2025, a las 13:00 horas (hora española), desde Nyon (Suiza), el fútbol femenino europeo vivirá uno de esos momentos. Un instante detenido en el tiempo.
Un ritual casi sagrado. El sorteo de la fase eliminatoria de la UEFA Women’s Champions League 2025/26, retransmitido en directo por Disney+, marcará el rumbo definitivo de la competición más prestigiosa del continente.
Será el momento en el que los mejores clubes de Europa —los gigantes históricos, los proyectos emergentes, las potencias consolidadas y los aspirantes hambrientos— descubran su próximo desafío. El instante exacto en el que el sueño se hace concreto. El punto donde la teoría se transforma en camino.
Porque a partir de aquí, ya no hay vuelta atrás.
Nyon no es un estadio. No hay gradas, ni cánticos, ni mosaicos. Pero pocas salas han decidido tanto la historia del fútbol europeo como la sede de la UEFA a orillas del lago Lemán.
Desde allí se han trazado las rutas hacia finales inolvidables, se han cruzado dinastías antes de tiempo, se han abierto oportunidades históricas y se han cerrado caminos de forma abrupta. Allí se dibujan los cuadros que luego incendian Europa.
Este jueves, esa sala volverá a ser protagonista. A las 13:00h, las bolas empezarán a girar. Los nombres se cruzarán. Los silencios pesarán más que los aplausos.
Y millones de aficionados, conectados en directo a través de Disney+, asistirán a un momento que ya forma parte del espectáculo global del fútbol femenino.
retransmisión en directo del sorteo en Disney+ no es un detalle menor. Es un símbolo. Una declaración de intenciones.
La UEFA Women’s Champions League ya no es un torneo de nicho. Es un producto global, una competición que reclama su lugar en el centro del escenario, con producción, narrativa y alcance mundial.
Disney+, como parte de todas sus suscripciones existentes, permitirá que aficionados de toda Europa y del mundo vean en directo cómo se construye el futuro inmediato del torneo. Un gesto que confirma que el fútbol femenino no solo se juega: se cuenta, se celebra y se comparte en prime time.
Porque hoy en día , el sorteo también es espectáculo.
edición 2025/26 de la UEFA Women’s Champions League ha supuesto un punto de inflexión estructural. La introducción de una fase de liga inaugural, con un formato más exigente, más largo y más competitivo, ha elevado el nivel del torneo desde el primer día.
Ya no hay margen para empezar despacio. Ya no existen partidos de transición. Cada punto cuenta. Cada jornada pesa.
Este miércoles concluye esa fase de liga, dejando un mapa claro, jerarquizado y ferozmente competitivo.
Solo cuatro equipos han logrado el privilegio máximo: evitar el play-off y acceder directamente a los cuartos de final.
Un premio reservado a la excelencia sostenida. A la regularidad. A la autoridad.
Ser uno de los cuatro primeros significa algo más que descanso competitivo: significa estatus, respeto y ventaja estratégica.
Son los equipos que han demostrado estar preparados para luchar por todo. Los que han sobrevivido al desgaste. Los que llegan a febrero con el pulso firme.
Para los otros ocho clasificados, el camino será más largo. Más peligroso. Más emocional.
Los equipos que finalicen entre la quinta y la duodécima posición deberán disputar un play-off a doble partido, una eliminatoria sin red, con ida y vuelta, donde cada error se paga y cada acierto se recuerda.
Ahí no hay margen para especular. Ahí se entra sabiendo que solo ocho seguirán vivos.
El play-off es la frontera entre la ilusión y la caída. Entre febrero y el olvido. Entre la historia y la estadística.
Algunos gigantes ya están confirmados en la fase eliminatoria, ya sea con billete directo a cuartos o con presencia asegurada en el play-off.
Nombres que pesan. Escudos que imponen. Historias que no necesitan presentación.
El Fútbol Club Barcelona es el referente absoluto del fútbol femenino europeo en la última década. El equipo que ha redefinido el estándar. El modelo que todos persiguen.
El Barça llega una vez más como favorito natural, con una identidad reconocible, una plantilla repleta de talento diferencial y la experiencia de quien sabe cómo se ganan este tipo de partidos.
Europa siempre mira al Barcelona y el F.C. Bayern de Múnich es el campeón alemán, sólido competitivo y estructurado Un equipo que ha aprendido a sufrir, a resistir y a crecer en Europa.
El Bayern representa el poder de la Bundesliga femenina: físico, disciplina, ritmo alto y ambición constante. Un rival que nadie quiere cruzarse cuando la eliminatoria se vuelve áspera.
Hablar del Olympique de Lyon es hablar de la historia misma de la competición. El club más laureado. La dinastía. El ADN europeo.
Aunque el torneo haya evolucionado y el contexto sea más competitivo que nunca, Lyon sigue siendo Lyon. Y en las noches de eliminatoria, su camiseta pesa como pocas.
crecimiento del United en Europa ya no es promesa: es realidad. Un proyecto que ha madurado, que compite y que ha aprendido a mirar de frente a las grandes potencias.
La Women’s Champions League también es el escenario donde el fútbol inglés busca consolidar su hegemonía emergente. Y el United quiere ser protagonista.
El Wolfsburgo es otro nombre imprescindible en cualquier relato europeo. Finales, semifinales, eliminatorias épicas.
Wolfsburg es sinónimo de experiencia, competitividad y capacidad para elevar su nivel cuando llega febrero. Un rival incómodo, siempre peligroso, siempre preparado.
La fase eliminatoria arrancará en febrero, con dos semanas que ya están marcadas en rojo en el calendario del fútbol femenino. • 11 y 12 de febrero • 18 y 19 de febrero
Serán los días del play-off. Las noches de ida y vuelta. Los viajes, las remontadas, los goles fuera de casa, las decisiones arbitrales, los silencios tensos y los abrazos finales.
Ahí se decidirá quién entra en el club de los ocho mejores de Europa.
Y todo, en directo en Disney+.
Superado el play-off, llegará el momento de los cuartos de final, la frontera donde la Champions se convierte en obsesión. • 24 y 25 de marzo – partidos de ida • 1 y 2 de abril – partidos de vuelta
Aquí ya no hay sorpresas pequeñas. Aquí solo quedan clubes preparados para soportar la presión máxima. Aquí cada detalle decide.
Los cuartos de final son el escenario donde se forjan las leyendas. Donde una parada puede valer una semifinal. Donde un gol en el minuto 89 puede cambiar la historia de un club.
UEFA Women’s Champions League 2025/26 es más que un torneo. Es un reflejo del momento que vive el fútbol femenino europeo.
Más inversión. Más profesionalización. Más audiencias. Más exigencia.
Cada partido es un escaparate. Cada eliminatoria, un examen. Cada retransmisión, una oportunidad de crecer.
Disney+ no solo emite partidos: emite relatos, construye contexto, acerca a nuevas audiencias y consolida la Champions femenina como un producto cultural y deportivo de primer nivel.
Antes de que ruede el balón en febrero, el sorteo ya es un partido en sí mismo.
Un cruce puede cambiar la temporada. Un emparejamiento puede adelantar una final. Una bola puede abrir un camino o cerrarlo de golpe.
Los entrenadores mirarán pantallas. Las jugadoras seguirán el directo desde concentraciones y domicilios. Los aficionados soñarán, temerán, imaginarán.
Porque en ese momento, todo es posible.
Este jueves, durante unos minutos, el fútbol femenino europeo se detendrá.
Nyon hablará, Disney+ lo contará. Y el camino hacia la gloria quedará trazado.
Luego vendrán los partidos. Las noches largas. Las eliminatorias que se deciden por detalles mínimos.
Pero todo empieza aquí. Con un sorteo. Con una sala en Suiza. Con Europa mirando al mismo punto.
La UEFA Women’s Champions League no promete certezas. Promete emociones.
Y en esta edición 2025/26, el torneo ha demostrado que ya no hay atajos. Que Europa es un territorio salvaje. Que ganar exige algo más que talento.
Este jueves se escribe el índice de los próximos capítulos.
El resto, como siempre, lo decidirá el fútbol y en Europa hay fútbol femenino de verdad, con mayúsculas .