Reportaje | El sueño blanco es una misión (im)posible

(Fuente: RFEF)

🟫 El conjunto blanco buscará en Castellón dar la sorpresa ante el subcampeón de Europa.

En las horas previas a la última “batalla” entre Real Madrid y Barcelona se produjo el tradicional posado de las dos capitanas junto al trofeo de la Supercopa de España Iberdrola.

En esta edición de 2026 que se disputa en el Estadio de Castalia, feudo donde, según David Menayo, de Marca, Mar Prieto, hizo historia con la Selección Española, Misa Rodríguez sostuvo la elástica merengue con una misión “imposible” entre manos.

La arquera canaria sabe que el mejor club del siglo XX está ante una oportunidad única, tuvo dos y falló, (Copa de la Reina 2023 y Supercopa de España 2025) de hacer historia.

Llegados a este punto la pregunta es casi obligatoria y es que este sábado, 24 de enero de 2026, quizá sea el
día que el imposible empezó a resquebrajarse: ¿puede el Real Madrid Femenino vencer al Barcelona?

Durante años, la pregunta ha flotado sobre el fútbol femenino español como una provocación retórica, casi como un desafío filosófico más que deportivo. ¿Puede el Real Madrid Femenino ganarle al Fútbol Club Barcelona? No empatarle. No competirle durante tramos. No resistirle con dignidad. Ganarle. Doblegarlo. Superarlo en el marcador y, con ello, alterar el orden natural que ha gobernado la élite del fútbol femenino europeo en la última década. La respuesta ya no pertenece al terreno de la utopía. Tampoco es aún una certeza. Se mueve en ese espacio intermedio donde nacen las grandes transformaciones: el de lo posible que exige valentía, estructura y tiempo.

Desde que el Real Madrid decidió entrar en el fútbol femenino de élite —no como un gesto simbólico, sino como una apuesta estratégica—, la sombra del FC Barcelona ha sido tan alargada como inevitable. El Barça no solo ha dominado la Liga F; ha redefinido los estándares del fútbol femenino mundial. Ha ganado Champions, ha construido una identidad reconocible y ha convertido la excelencia en costumbre. Frente a eso, el Real Madrid inició su camino desde una posición incómoda: la del gigante que llega tarde a un banquete ya servido.

Sin embargo, la historia del deporte no la escriben quienes llegan primero, sino quienes saben aprender más rápido. Y ahí es donde empieza a cambiar el relato.

El Real Madrid Femenino no nació para ser un actor secundario. Tampoco para resignarse a la comparación constante. Su evolución ha sido más lenta de lo que muchos esperaban, pero también más sólida de lo que algunos reconocen. Y en ese crecimiento, silencioso pero constante, se esconden las claves que permiten plantear hoy, con rigor y sin ironía, la gran pregunta.

¿Puede ganar el Real Madrid Femenino al Fútbol Club Barcelona?
La respuesta exige mirar atrás, analizar el presente y proyectar el futuro con honestidad.

El dominio azulgrana no admite discusión. No es fruto de una generación puntual ni de una ventaja coyuntural. Es el resultado de una planificación iniciada mucho antes que la de sus competidores, basada en tres pilares irrefutables: cantera, modelo de juego y continuidad estructural.

Mientras otros clubes aún debatían si el fútbol femenino debía profesionalizarse, el Barça ya había entendido que la profesionalización no era una meta, sino un punto de partida. La Masia femenina no solo ha producido talento; ha producido futbolistas con una comprensión del juego que va más allá de lo técnico. El Barça juega como piensa. Y piensa rápido.

Ese dominio se ha traducido en resultados abrumadores. Goleadas repetidas al Real Madrid. Finales decididas antes del descanso. Partidos en los que la diferencia no estaba solo en el marcador, sino en la sensación de inevitabilidad. Durante varias temporadas, el Clásico femenino fue un ejercicio de resistencia para el Real Madrid y de reafirmación para el Barça.

Pero el fútbol, incluso en sus etapas más desequilibradas, nunca es estático.

El Real Madrid ha aprendido, a veces a golpes, que competir contra el Barça no consiste en imitarlo, sino en encontrar una identidad propia que reduzca la distancia sin traicionar su esencia. Y ese proceso ha sido más complejo de lo que muchos imaginaban.

Construir un equipo femenino de élite no es solo fichar grandes nombres. Es crear una cultura competitiva, una red de captación, un entorno de confianza y una estructura técnica capaz de sostener el crecimiento. En ese sentido, el Real Madrid ha pasado de la improvisación inicial a una fase de consolidación que empieza a dar frutos.

Hoy, el Real Madrid Femenino ya no es un equipo en construcción permanente. Es un proyecto en fase de madurez temprana.

La diferencia con el Barça sigue siendo notable, pero ya no es abismal en todos los registros. Y eso, en el fútbol de alto nivel, es un cambio trascendental.

Desde el punto de vista táctico, el enfrentamiento entre ambos equipos ha evolucionado de manera significativa. En los primeros Clásicos, el Real Madrid sufría especialmente en tres aspectos: la presión tras pérdida del Barça, la ocupación de los espacios interiores y la incapacidad para sostener la posesión bajo estrés.

El Barça ahogaba al Real Madrid en campo propio, recuperaba rápido y atacaba con una fluidez que hacía inútil cualquier intento de repliegue pasivo. El resultado era una sensación constante de inferioridad, incluso antes de que el marcador se abriera.

Con el paso de las temporadas, el Real Madrid ha empezado a corregir esos déficits. No los ha eliminado por completo, pero los ha mitigado con ajustes inteligentes.

La mejora en la salida de balón ha sido uno de los avances más visibles. Donde antes había despejes precipitados, ahora hay intentos de progresión organizada. Donde antes el miedo al error paralizaba, ahora existe una mayor tolerancia al riesgo controlado.

La medular del Real Madrid ha ganado en equilibrio. La presencia de centrocampistas con mayor capacidad física y lectura táctica ha permitido competir mejor los duelos y reducir la exposición en transiciones defensivas, uno de los grandes castigos históricos ante el Barça.

En defensa, el equipo ha aprendido a bascular con mayor sincronización, a cerrar líneas de pase interiores y a asumir que defender al Barça implica aceptar fases largas sin balón, pero sin perder la estructura.

Todo esto no garantiza la victoria. Pero sí crea el escenario mínimo indispensable para que la victoria sea posible.

En el plano individual, la brecha también se ha estrechado. Durante años, el Barça contaba con varias futbolistas que, por sí solas, marcaban diferencias insalvables. Hoy sigue teniendo estrellas mundiales, pero el Real Madrid ha logrado reunir un núcleo de jugadoras capaces de competir al máximo nivel europeo.

La portería ha ganado fiabilidad. La línea defensiva ha sumado experiencia internacional. El centro del campo ha encontrado perfiles complementarios. Y en ataque, el Real Madrid dispone de talento suficiente para castigar cualquier desajuste, incluso en un rival tan dominador como el Barça.

La clave, sin embargo, no está solo en los nombres. Está en el rendimiento colectivo en los momentos críticos.

El Barça ha construido su hegemonía sobre una premisa innegociable: juega igual gane por uno que por cinco. No se altera. No se acelera innecesariamente. No duda. Esa convicción, adquirida a base de títulos, es una ventaja psicológica enorme.

El Real Madrid, en cambio, ha tenido que aprender a gestionar la frustración. A no descomponerse tras un gol encajado. A entender que competir no siempre implica dominar, pero sí resistir con inteligencia.

En los Clásicos más recientes, se han visto señales claras de evolución. Tramos de partido en los que el Real Madrid ha logrado igualar la posesión, generar ocasiones claras y, sobre todo, mantenerse vivo hasta fases avanzadas del encuentro.

Eso, frente al Barça, ya es una conquista y que el Real Madrid ya sabe lo que es vencerle lo hizo el pasado curso en Montjuic por 1-3 en un partido de la Liga F.

El componente psicológico es, quizá, el último gran muro que debe derribar el Real Madrid . Porque el fútbol no se juega solo con las piernas, sino con la memoria.

Durante mucho tiempo, el Clásico femenino ha estado condicionado por el recuerdo de derrotas abultadas. Ese recuerdo pesa. Se filtra en las decisiones, en la gestión del riesgo, en la confianza para ejecutar una acción decisiva.

Romper esa inercia exige algo más que un buen planteamiento táctico. Exige un partido perfecto en lo emocional. Exige creer, incluso cuando el contexto invita a dudar.

El día que el Real Madrid logre adelantarse en el marcador ante el Barça y sostener esa ventaja sin pánico, ese día el relato cambiará para siempre. No solo por el resultado, sino por lo que simboliza.

Porque vencer al Barça no es solo ganar un partido. Es desactivar un mito y es incluso demostrar que la hegemonía, por muy sólida que parezca, no es eterna.

El F.C. Barcelona y el Real Madrid son los protagonistas de la final de la Supercopa de España, que se está disputando desde el martes 20 hasta el sábado 24 de enero en Castellón. El equipo blanco viene de ganar por 3-1 al Atlético de Madrid y las culés por el mismo resultado al Athletic Club.

Este año ha dado la casualidad que tanto los participantes como el sorteo han coincidido al cien por cien con el torneo masculino, que se disputó hace unos días en Arabia Saudí.

Aunque las jugadoras se negaron, a través de la AFE (Asociación de Futbolistas Españoles), a disputar este torneo en un país que discrimina a la mujer. Ellas han jugado en Castellón y el FC Barcelona se ha plantado en otra final, esta vez contra en Real Madrid.

FC Barcelona ha ganado el torneo en cinco de las seis ocasiones que se ha disputado y lo ha hecho con una goleada tras otra. La menor fue por 3-0 a la Real Sociedad en la temporada 2022-23, pero también la mayor por 10-1 en la 19-20. El Atlético de Madrid cayó por 7-0 en la 21-22, el Levante por el mismo resultado dos años después y la pasada temporada fue el Real Madrid el que sufrió una ‘manita’: 5-0, es una reedición de esa única vez que se ha dado un Clásico en la final. En total, cinco finales, cinco victorias, 32 goles a favor y solo uno en contra. Una auténtica barbaridad.

El Barça, además, ha vencido en 21 de las 22 ocasiones que se ha enfrentado al Real Madrid, desde la creación de la sección femenina. Solo en la pasada temporada, en el Estadi Lluis Companys, las blancas lograron una victoria histórica por 1-3, como contábamos antes. El balance es demoledor: 82 goles de las culés y 11 de las merengues.

La gran ausente de la convocatoria del Barça es Aitana Bonmatí, pero aun así es difícil destacar solo algunas jugadoras del equipo. Desde Cata Coll en la portería hasta las máximas goleadoras, la polaca Ewa Pajor, con 15, y Claudia Pina, con 14. Pero la lista es interminable: Mapi León, Vicky López, Alexia Putellas, Caroline Graham Jensen, Patri Guijarro, Irene Paredes, Ona Batlle… Es una constelación de estrellas que dirige de forma magistral Pere Romeu desde 2024, cuando pasó de ser asistente de Jonatan Giráldez a primer técnico.

El Real Madrid tiene más peligro en la delantera, con las internacionales españolas Athenea del Castillo, Alba Redondo y Eva Navarro y la colombiana Linda Caicedo. También pueden aportar su criterio y llegada desde segunda línea la escocesa Caroline Weir y la alemana Sara Däbritz.

La gran ausente sigue siendo Tere Abelleira, recuperándose de una lesión en el ligamento cruzado de la rodilla.

El Comité Técnico de Árbitros ha confirmado que Eugenia Gil Soriano, colegiada gallega de 30 años, será la encargada de impartir justicia en la final de la Supercopa de España.

tras haber dirigido la final de Copa de la Reina 2024 en La Romareda y la primera semifinal de esta misma Supercopa en Leganés. Su designación refuerza el compromiso del arbitraje femenino con la profesionalidad y el rigor en los partidos más exigentes del calendario.

El equipo arbitral se completa con Silvia Fernández y Rita Cabañero como asistentes, mientras que Lorena Trujillano ejercerá de cuarta árbitra y Lorena Novas será la quinta. Todas ellas aportarán su experiencia para garantizar un encuentro justo y seguro.

Barcelona y Real Madrid llegan a esta final tras una temporada intensa. El conjunto blaugrana defiende título y suma ya cinco Supercopas en su palmarés, mientras que el Real Madrid buscará dar la sorpresa tras el contundente 5-0 del año pasado. La cita promete emoción, calidad y máxima igualdad sobre el césped.

La expectación es máxima para un clásico que sigue consolidando al fútbol femenino como referente de espectáculo y competitividad. Todo listo para una final donde el arbitraje también será protagonista.

El esperado duelo entre Barcelona y Real Madrid se disputará este sábado a las 19:00, repitiendo el clásico que ya protagonizaron ambos equipos en la pasada edición.

El encuentro entre el FC Barcelona y el Real Madrid, correspondiente a la final de la Supercopa de España femenina 2026, se emite en España en abierto a través de La 2 y Teledeporte.

Por lo tanto, el partido se emitirá online, también de manera gratuita, en RTVE Play, la plataforma de streaming de la cadena pública.

Sea como fuere, lo único cierto es que blancas y culés van a protagonizar la primera gran final la temporada 2025-2026 y la emoción embarga cada hogar en España, mientras que el tiempo será testigo de si el Madrid es capaz de lograr lo ‘imposible’ o si realmente el subcampeón de Europa sigue dominando la Supercopa de España, algo que hizo hace un año en Butarque.

🏆 Supercopa de España Iberdrola 2026

✨La final ✨

🔥 Real Madrid 🆚 Fútbol Club Barcelona 🔥

🗓️ Sábado, 24 de enero de 2026

📺 La 2 de RTVE

📻 RNE

⏰ 19:00 horario peninsular

🏟️ SkyFi Castalia, Castellón

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