
◼️ El Di Stéfano dicta sentencia en la vuelta de los playoffs de la Champions .
El corazón de la capital volverá a latir al ritmo de la gran noche europea cuando el Real Madrid CF reciba al París FC el miércoles 18 de febrero a las 18:45 horas en el estadio Alfredo Di Stéfano, ese escenario que ya ha aprendido a respirar Champions, a saborear la tensión de los himnos y a transformarse en fortaleza cuando la historia llama a la puerta. Será la vuelta del playoff que concede billete a los cuartos de final de la UEFA Women’s Champions League, la frontera simbólica entre las aspirantes y las verdaderas contendientes al trono continental. Y el Real Madrid llega con ventaja, con ese 2-3 conquistado en suelo parisino que no es solo un resultado, sino un acto de autoridad, un aviso de que este equipo quiere dejar de ser promesa para convertirse en realidad consolidada en Europa.
La ida fue una declaración de intenciones. En tierras francesas, el conjunto blanco no se encogió ante el ambiente, ni ante el empuje de un rival con historia, ni ante la presión de saber que en Europa cada error se paga con crudeza. Salió a competir con determinación, con personalidad, con esa mezcla de talento y carácter que empieza a definir a esta generación. Y aparecieron los nombres propios que sostienen la ilusión madridista: Melanie Weir, Athenea del Castillo y Linda Caicedo. Tres goles, tres golpes sobre la mesa, tres razones para creer. Cada tanto fue un mensaje cifrado que atravesó el continente: el Real Madrid está listo para discutir su lugar entre las grandes.
Ese 2-3 otorga una ventaja estratégica clara. A las madridistas les basta la victoria o el empate en casa para sellar el pase. Pero en noches así no se juega a especular. Se juega a imponer. Se juega a dominar. Se juega a escribir. El estadio Alfredo Di Stéfano, convertido en templo de las grandes citas femeninas del club, será testigo de un duelo que no admite medias tintas. Porque aunque el marcador favorece a las blancas, el París FC viaja con la convicción de quien sabe que un gol cambia todo, que una eliminatoria europea nunca está cerrada hasta el último silbido.
El Real Madrid aterriza en esta cita tras haber demostrado también su autoridad doméstica. Viene de imponerse con claridad al Alhama CF ElPozo por 0-3 en la Liga F Moeve, una victoria que refuerza sensaciones y que confirma que el equipo llega con la maquinaria engrasada. En la fase de grupos de la Champions terminó en séptima posición con 11 puntos, una cifra que habla de regularidad, de capacidad competitiva y de un crecimiento sostenido. No fue un tránsito sencillo, pero fue firme. Cada punto sumado fue una piedra más en la construcción de este proyecto europeo.
Sin embargo, no todo son luces en la previa. El parte médico y las ausencias obligan a ajustar el plan. Merle Frohms no estará disponible, una baja sensible bajo palos. Tampoco podrá contar el técnico con Antonia Silva. Y duele especialmente la situación de Tere Abelleira, todavía en proceso de recuperación de su lesión de ligamento cruzado, una ausencia que trasciende lo táctico porque Tere es identidad, es equilibrio, es faro en la sala de máquinas. A ellas se suman Signe Bruun y Lotte Keukelaar, que tampoco podrán participar. Son piezas que condicionan, que obligan a reconfigurar estructuras y a redistribuir responsabilidades. Pero si algo ha demostrado este Real Madrid es que cuando una puerta se cierra, otra jugadora emerge para reclamar su espacio.
Enfrente estará el París FC, dirigido por Sandrine Soubeyrand, una figura histórica del fútbol francés que conoce cada rincón de este tipo de escenarios. El conjunto parisino finalizó la fase de grupos en décima posición con 8 puntos, una trayectoria irregular que, sin embargo, no desmerece su potencial competitivo. Llega además tras encadenar tres derrotas consecutivas en todas las competiciones, una racha que erosiona la confianza pero que también puede convertirse en combustible emocional. Los equipos heridos son imprevisibles. Y el París FC tiene argumentos para soñar con la remontada.
En el partido de ida, Kaja Korosec y Maeline Mendy —que apareció en los minutos finales para recortar distancias— marcaron los goles franceses. Fueron tantos que mantuvieron viva la eliminatoria y que recuerdan que el Real Madrid deberá defender con concentración máxima cada balón parado, cada transición, cada segundo balón en la frontal. La historia también juega su papel. El París FC, conocido hace trece años como Juvisy, no alcanza unos cuartos de final desde entonces. Esa sequía es un aliciente poderoso. Hay generaciones que crecen con el deseo de romper barreras heredadas.
El enfrentamiento del miércoles será el quinto capítulo de esta rivalidad. El balance hasta ahora refleja cuatro duelos previos con una victoria para el Real Madrid, un empate y dos triunfos para las francesas. Un historial equilibrado que subraya la paridad y que convierte esta cita en desempate simbólico, en oportunidad para inclinar la balanza. No se trata solo de avanzar. Se trata de enviar un mensaje al continente.
Y en el horizonte espera el FC Barcelona, gigante europeo, campeón, referencia absoluta del fútbol femenino en el continente. El ganador de esta eliminatoria se cruzará con el conjunto azulgrana en cuartos de final. Ese dato añade una capa adicional de dramatismo y de ambición. Porque eliminar al París FC no solo significaría estar entre las ocho mejores, sino abrir la puerta a un clásico europeo con aroma de revancha, de rivalidad nacional trasladada al escenario continental.
Pero antes de pensar en futuros cruces, el Real Madrid debe sellar su presente. Debe gestionar la ventaja sin renunciar a su identidad. Debe entender que los partidos de vuelta exigen inteligencia emocional. Controlar los tiempos, elegir cuándo acelerar y cuándo pausar, saber sufrir si el rival aprieta. La experiencia en estas lides se construye partido a partido, y cada eliminatoria superada añade una capa de madurez.
La noche promete intensidad desde el primer minuto. El París FC necesitará marcar y eso puede abrir espacios. Ahí, la velocidad de Linda Caicedo puede convertirse en puñal. La capacidad de Athenea para desbordar en uno contra uno puede romper líneas. La visión y el golpeo de Weir pueden marcar la diferencia desde segunda línea. Son recursos que, bien gestionados, pueden inclinar definitivamente la eliminatoria.
Pero también habrá que vigilar el aspecto defensivo. La coordinación en la línea, la gestión de las vigilancias, la concentración en acciones a balón parado. En Europa, los detalles son sentencia. Un despeje mal medido, una marca perdida, un balón dividido no atacado con determinación pueden cambiar el destino de una temporada.
El estadio Alfredo Di Stéfano será más que un escenario; será un actor. El aliento de la afición, el eco del himno, la presión ambiental. Cada elemento suma. El Real Madrid busca alcanzar los cuartos de final por segunda vez en su historia. No es un dato menor. Es la constatación de un crecimiento estructural. De un proyecto que empezó hace pocos años y que ya compite de tú a tú con entidades de larga tradición europea.
Y en esta narrativa épica, cada jugadora escribe su propia línea. Las veteranas aportan temple. Las jóvenes, atrevimiento. El cuerpo técnico, estrategia. La institución, respaldo. Todo converge en una tarde de febrero que puede marcar un antes y un después.
El fútbol femenino europeo vive una expansión sin precedentes. La UEFA Women’s Champions League se ha convertido en escaparate global. Las audiencias crecen. La exigencia aumenta. Y el Real Madrid quiere ocupar su lugar en esa élite. No como invitado ocasional, sino como contendiente habitual.
El París FC, por su parte, representa la resistencia, la tradición francesa que busca recuperar protagonismo. La figura de Sandrine Soubeyrand en el banquillo simboliza ese puente entre pasado y presente. Sabe que necesitará un plan valiente. Presión alta, verticalidad, eficacia. No hay margen para especular.
La clave, probablemente, residirá en el control del centro del campo. En quién imponga el ritmo. En quién consiga que el partido se juegue donde más le conviene. Si el Real Madrid logra instalarse en campo rival, si consigue circular con fluidez y generar superioridades en banda, la eliminatoria puede inclinarse pronto. Si el París FC logra incomodar, forzar pérdidas y activar transiciones rápidas, el nerviosismo puede asomar.
Pero las grandes noches europeas se definen también por la gestión emocional. Por la capacidad de mantener la calma cuando el ruido aumenta. Por la convicción de que el trabajo previo respalda cada decisión. El Real Madrid llega con ventaja, con argumentos y con ambición. El París FC llega con urgencia y con orgullo.
El miércoles 18 de febrero, a las 18:45, el balón volverá a rodar y todo lo dicho se reducirá a noventa minutos —o más— de verdad cruda. El premio: un lugar entre las ocho mejores de Europa y un cruce de alto voltaje ante el FC Barcelona. El desafío: confirmar que el crecimiento del Real Madrid no es anecdótico, sino estructural.
Y cuando el árbitro señale el inicio, cuando el estadio contenga el aliento, cuando cada pase pese como una declaración, sabremos que estamos ante una de esas noches que definen proyectos. Porque en la Champions no se juega solo por avanzar. Se juega por pertenecer. Y el Real Madrid quiere pertenecer a la élite. Con carácter. Con talento. Con historia en construcción
🏆 UEFA Women’s Champions League
🩷 Ronda de Playoffs | Partido de vuelta
🙌🏻 Temporada 2025-2026
🔥 Real Madrid vs Paris Football Club 🔥
📅 Miércoles, 18 de febrero de 2026
⏰ 21:00 horario peninsular
📺 Disney Plus
🏟️ Estadio Alfredo Di Stéfano, Valdebebas

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