
◼️ ¡Triunfo merengue! Las de Pau Quesada se impusieron por 2-0 a un Costa Adeje Tenerife Egatesa muy mermado tras la expulsión de Moreno.
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El domingo, 22 de febrero de 2026, a las 12:00 horas, el Estadio Alfredo Di Stéfano se convertirá en el epicentro competitivo de la Liga F con un duelo que trasciende la mera jornada liguera: el segundo clasificado frente al cuarto, dos proyectos consolidados, dos dinámicas en plenitud y un pulso directo por el control del tramo decisivo del campeonato. Real Madrid recibe al Club Deportivo Tenerife Femenino.
El choque que será emitido en directo por DAZN y que condensa aspiraciones europeas, identidades tácticas bien definidas y una narrativa competitiva que ha ido creciendo temporada tras temporada.
La clasificación no engaña. El segundo contra el cuarto. Una diferencia de puntos que marca distancias, pero no jerarquías definitivas. El Real Madrid llega impulsado por la inercia de cuatro victorias consecutivas entre todas las competiciones, incluida su reciente clasificación para los cuartos de final de la UEFA Women’s Champions League, un logro que no solo fortalece su confianza sino que robustece su cultura competitiva. El equipo blanco ha encadenado tres porterías a cero en ese tramo, síntoma inequívoco de un bloque que ha afinado su estructura defensiva y que ha elevado sus estándares en la gestión de los momentos del partido.
Enfrente, el Costa Adeje Tenerife se presenta como uno de los conjuntos más sólidos y coherentes del curso. Invicto en 2026, con cuatro victorias y tres empates en siete compromisos oficiales, el cuadro dirigido por Yerai Martín ha cimentado su crecimiento en la estabilidad defensiva: tres porterías a cero consecutivas y apenas dos goles encajados en ese mismo período. Los números no son circunstanciales; responden a una estructura táctica trabajada, a una defensa coordinada y a una gestión inteligente de los ritmos de juego.
Este partido no es solo un enfrentamiento entre dos aspirantes a puestos europeos. Es, en términos estratégicos, una prueba de madurez. Para el Real Madrid, consolidar el segundo puesto implica reforzar su candidatura a cerrar la temporada en posiciones de Champions y mantener la presión sobre el liderato. Para el conjunto tinerfeño, asaltar el Di Stéfano supondría reducir la brecha y enviar un mensaje rotundo: su proyecto no es coyuntural, sino estructural.
El precedente inmediato de la primera vuelta añade una capa adicional de expectación. En el Heliodoro Rodríguez López, el marcador reflejó un 0-0 que sintetizó el equilibrio táctico entre ambos. Aquel partido fue una batalla de estructuras: líneas compactas, vigilancia constante sobre los espacios interiores y una prioridad compartida por minimizar riesgos. La igualdad fue máxima, y ese recuerdo pesa en la preparación psicológica de esta nueva cita.
El conjunto madridista ha encontrado en las últimas semanas un punto de equilibrio entre su vocación ofensiva y una disciplina defensiva cada vez más refinada. Las tres porterías a cero en los últimos cuatro encuentros no son solo un dato estadístico; evidencian una mejora en la coordinación entre líneas, en la presión tras pérdida y en la defensa del área propia.
Tácticamente, el equipo blanco ha evolucionado hacia un modelo de control territorial. Su estructura base, generalmente articulada en torno a un 4-3-3 o variantes que mutan en fase ofensiva hacia un 3-2-5, le permite ocupar con amplitud los carriles exteriores y generar superioridades en zonas intermedias. La circulación desde primera línea se ha vuelto más paciente y precisa, favoreciendo ataques posicionales largos que desgastan al rival.
Sin embargo, este encuentro llega condicionado por ausencias sensibles: Tere Abelleira, Signe Bruun y Lotte Keukelaar no estarán disponibles. La baja de Abelleira, especialmente, altera la gestión del ritmo en la base de la jugada. Su capacidad para ordenar la salida de balón y equilibrar las transiciones es un factor diferencial. Sin ella, el cuerpo técnico deberá redistribuir responsabilidades en la medular, potenciando perfiles capaces de sostener la posesión sin comprometer la estabilidad.
La ausencia de Signe Bruun incide en la referencia ofensiva. Su presencia como punta fija, capaz de fijar centrales y generar espacios a su alrededor, no será sustituida de manera directa; se prevé mayor movilidad en la última línea, intercambios constantes y un ataque más dinámico. Keukelaar, por su parte, representa profundidad y desborde; su baja obliga a reforzar los mecanismos colectivos para generar amplitud.
El conjunto tinerfeño se ha consolidado como uno de los bloques más difíciles de desarticular del campeonato. Su invicto en 2026 responde a un patrón claro: orden estructural, repliegue coordinado y transiciones verticales bien ejecutadas. Las cifras defensivas son elocuentes: solo dos goles encajados en siete encuentros y tres porterías a cero consecutivas.
La propuesta de Yerai Martín se basa en la compacidad. Las líneas se mueven en sincronía, reduciendo espacios entre centrales y mediocentros, obligando al rival a circular por fuera y defendiendo con intensidad los centros laterales. En fase ofensiva, el equipo no renuncia al balón, pero prioriza la eficiencia sobre la acumulación. Cada avance busca progresar con sentido, evitando pérdidas en zonas comprometidas.
Las ausencias de María Estella, Pisco, Aithiara Carballo y Carlota Suárez condicionan el plan. Son bajas que afectan tanto a la rotación como a la profundidad de plantilla. No obstante, la fortaleza del Tenerife radica en su engranaje colectivo más que en individualidades aisladas. La cohesión del bloque ha permitido que el rendimiento no fluctúe en exceso pese a las contingencias.
Este enfrentamiento refleja la evolución del fútbol femenino español. El crecimiento competitivo de clubes históricos y la consolidación de proyectos insulares como el del Costa Adeje Tenerife han elevado el nivel medio de la liga. Cada duelo entre aspirantes europeos es, en cierto modo, una declaración de ambición colectiva.
El 0-0 de la primera vuelta en el Heliodoro no fue un simple empate; fue una muestra de respeto mutuo. Ahora, en el Di Stéfano, el escenario cambia, pero la exigencia permanece intacta. El estadio blanco, acostumbrado a citas de alta tensión, será el marco de un partido que puede redefinir la tabla en su zona noble.
Si el Real Madrid logra adelantarse pronto, obligará al Tenerife a modificar su plan, asumir riesgos y abrir espacios. En ese contexto, la transición ofensiva blanca puede resultar letal. Si, por el contrario, el conjunto insular sostiene el empate durante largos tramos, la presión se trasladará al equipo local, que deberá mantener paciencia y precisión para evitar precipitaciones.
Un empate mantendría la distancia clasificatoria, pero reforzaría la narrativa de equilibrio entre ambos. Una victoria visitante reconfiguraría la lucha por la segunda plaza. Una victoria madridista consolidaría su posición y ampliaría la brecha.
El domingo a las 12:00 horas no se jugarán solo tres puntos. Se pondrán en juego inercias, discursos competitivos y aspiraciones europeas. El Real Madrid llega con el impulso de su clasificación continental y una defensa blindada. El Costa Adeje Tenerife aterriza en el Di Stéfano con una racha inmaculada en 2026 y una estructura que concede mínimos resquicios.
Segundo contra cuarto. Dinámica ascendente frente a solidez invicta. El precedente de un 0-0 que dejó todo abierto. Las ausencias que obligan a reinventar planes. La presión de la tabla. El orgullo competitivo.
Todo converge en un partido que promete tensión estratégica, rigor táctico y emoción sostenida hasta el último minuto. Un duelo de alto voltaje en la Liga F que puede marcar el rumbo del campeonato en su fase decisiva.
Sobre el rival, el entrenador blanquiazul señaló que: “El Alfredo Di Stéfano es una salida muy exigente; solo han perdido un partido en casa en Liga F. Para lograr un resultado positivo debemos ofrecer nuestra mejor versión: ser sólidas en defensa, no conceder nada y tener personalidad con balón para saber cómo hacerles daño. En la ida ya demostramos que es posible. Habrá momentos difíciles por la calidad de su plantilla, pero necesitamos un partido muy completo”.
Los onces |
El choque en profundidad |

El Costa Adeje Tenerife afrontaba este domingo un reto más que difícil; visitar la casa de las segundas clasificadas en liga. Cierto es que el equipo blanquiazul se ha hecho fuerte esta temporada lejos del Heliodoro y eso quizás le daba más esperanzas al equipo de Yerai Martín
Apenas se habían disputado cinco minutos cuando el conjunto local solicitó la revisión en el FVS por una entrada de Moreno sobre Caicedo. Tras consultar la acción, la colegiada mostró tarjeta roja directa a la jugadora tinerfeña por un claro pisotón que acarreó la lesión de Linda Caicedo unos momentos después.
Y el Tenerife, que había salido con hasta 4 centrales en la alineación, se puso el mono de trabajo y comenzó a duplicarse en el Alfredo Di Estéfano. Al partido le costó romper en ritmo. Primero fue la expulsión, luego la posterior lesión de Linda Caicedo y más tarde una atención a la portera Nay Cáceres. Habían pasado 20 minutos y casi no se había jugado. Buena noticia para el equipo visitante.
Poco a poco el encuentro fue tornando hacia un monólogo del Real Madrid, aunque sin que fuera un asedio constante por parte del equipo que jugaba en superioridad. Nay Cáceres salvó un gol con una buena parada a Feller en el minuto 30 de juego que mantuvo el cero a cero.
Entre medias, cuando el partido parecía entrar en esa meseta engañosa en la que el balón circula pero no hiere, cuando el dominio territorial del Real Madrid se sostenía más en la posesión que en la profundidad y el Tenerife aguardaba con esa paciencia que no es resignación sino cálculo, llegó el aviso. Y no fue un aviso cualquiera, no fue un disparo lejano ni una acción aislada, sino una transición ofensiva dibujada con intención, con lectura táctica y con la determinación de quien sabe que en escenarios grandes cada contra es una declaración de intenciones. Lo inició Natalia Ramos, faro silencioso del centro del campo insular, centrocampista de lectura fina y zancada poderosa, que entendió el contexto mejor que nadie: robo, primer control orientado, cabeza levantada y aceleración vertical para atacar el espacio que el Real Madrid había dejado a la espalda de su doble pivote.
Natalia no se precipitó; temporizó lo justo, atrajo una marca y, cuando sintió que la estructura blanca basculaba hacia su zona, filtró el balón con la precisión quirúrgica de quien domina el timing. Lo puso a correr por banda a Violeta Quiles, que arrancó como una flecha, explotando ese carril exterior que en transición se convierte en autopista si la lateral rival no llega a cerrar. La carrera de Violeta no fue sólo velocidad, fue convicción: condujo con la cabeza alta, midiendo el perfil corporal de las centrales, leyendo la caída de sus compañeras, sintiendo cómo el área empezaba a poblarse de camisetas azules.
Se metió en el área con determinación, atacando el intervalo entre central y lateral, generando una superioridad dinámica que obligó a la defensa blanca a retroceder hacia su propia portería. Y ahí, en ese segundo suspendido en el tiempo, el partido se abrió como una bifurcación: tenía el pase franco al punto de penalti, donde Iratxe aparecía libre, perfilada para el remate, con el cuerpo listo para orientar el disparo; era la opción académica, el manual de la transición bien ejecutada. Pero Violeta eligió el riesgo calculado, la lectura alternativa, la jugada que castiga el repliegue profundo: levantó la cabeza y envió el balón al segundo palo, donde Aleksandra Zaremba cargaba desde atrás, atacando la espalda de la defensa con ese movimiento que desarma estructuras cuando el bloque se hunde demasiado.
El envío fue tenso, con intención, buscando el desmarque de ruptura al lado débil, ese sector que tantas veces queda desprotegido cuando la línea defensiva se obsesiona con el primer foco del balón. Aleksandra ya armaba la pierna, ya se intuía el remate, ya el estadio contenía la respiración, pero en el último instante, cuando la acción parecía culminar en golpeo, apareció la defensa blanca con una intervención providencial, un cruce in extremis que evitó el contacto limpio y desactivó la ocasión. Fue un corte de esos que no siempre salen en las estadísticas con la relevancia que merecen, pero que cambian inercias y sostienen partidos.
Sin embargo, más allá del desenlace puntual, la jugada dejó un mensaje claro: el Tenerife no estaba allí para resistir, estaba para competir. Había detectado el espacio, había ejecutado con criterio y había rozado el golpe. El Real Madrid, hasta entonces cómodo en su circulación, entendió que cada pérdida en campo rival podía convertirse en una amenaza directa, que el equilibrio tras pérdida debía ser más agresivo, que las vigilancias preventivas no eran una recomendación sino una necesidad táctica. Aquella contra no subió al marcador, pero sí alteró la temperatura emocional del encuentro. Fue el primer gran aviso, la señal de que el partido no se decidiría sólo por posesión o nombre, sino por precisión en los detalles, por lectura en las transiciones y por la capacidad de cada equipo para interpretar los espacios que el otro dejara al descubierto.
Las 22 protagonistas ganaron el túnel de vestuarios con el marcador aún pendiente de ser inaugurado amén a un gran sacrificio del representativo canario, hoy vestido de morado, pero aún restaban cuarenta y cinco minutos por delante en Valdebebas y se le haría cuesta arriba a las visitantes.
Las guerreras cerraron filas y redoblaron esfuerzos para frenar las acometidas madridistas, que no lograron generar excesivo peligro sobre la portería defendida por Nay Cáceres, pero que tras volver al césped lo harían de forma muy rápida.
La segunda mitad arrancó con una acción desafortunada en la que Alba Redondo logró deshacerse de su marca y abrír la lata con el
1–0 en el minuto 46 después de una triangulación de la recién entrada Weir y Angeldahl, poniendo fin a la resistencia insular.
El 1-0 dio alas al Real Madrid para seguir insistiendo en busca de más. Athenea, tras una jugada embarullada en el área, se quedó a centímetros de empujar el balón a la portería. Alba Redondo, después de una gran triangulación entre Weir y Angeldahl, disparó al lateral de la red. La sueca fue protagonista de la sentencia. Eva Navarro chutó desde lejos a la salida de un córner y Angeldahl cazó el rechace de la parada de Nay Cáceres para reventar la pelota y establecer el 2–0 definitivo en el minuto 58 del duelo.
El desgaste era evidente. Las transiciones, que en la primera mitad habían sido eléctricas, empezaban a pesar en las piernas. El repliegue requería un esfuerzo extra. Y ahí apareció la figura de Yerai Martín, leyendo el escenario con mirada de entrenador que comprende que la energía también se gestiona desde el banquillo. No esperó a que el partido se le escapara por agotamiento. Introdujo un triple cambio en el 66’, una declaración táctica y anímica: Koko Ange, Gramaglia y Castelló saltaron al campo para renovar la intensidad, para inyectar oxígeno competitivo, para sostener la estructura cuando el cuerpo pedía tregua.
Salieron Aleksandra, Violeta Quiles y Paola, tres futbolistas que habían vaciado el depósito. Aleksandra había sido referencia en la ruptura, castigando la espalda de la defensa rival con movimientos constantes, obligando a las centrales a vivir en alerta permanente. Violeta había recorrido su carril con una disciplina admirable, alternando profundidad ofensiva con repliegue solidario, multiplicándose en cada transición. Paola, desde su sector, había sostenido duelos, ofrecido apoyos y cerrado líneas interiores con un trabajo táctico que no siempre se ve, pero que equilibra sistemas. Las tres se marcharon con la sensación del deber cumplido, con el sudor como prueba de compromiso.
Los cambios no alteraron la identidad del equipo. El Tenerife siguió compitiendo desde la raza y el corazón, dos conceptos que no son eslóganes sino estructuras invisibles que sostienen a un colectivo cuando el contexto aprieta. La solidez defensiva se convirtió en prioridad estratégica. Las líneas se compactaron. El bloque redujo espacios entre centrales y pivotes. Se extremaron las ayudas en banda. Cada balón colgado al área era defendido como si fuera el último. Y, cuando había posibilidad de transición, el equipo no renunciaba a correr. La contra seguía siendo el argumento ofensivo más viable, aunque cada metro ganado implicaba un esfuerzo titánico.
La inferioridad numérica, sin embargo, condicionaba cada acción. Defender con una jugadora menos obliga a reajustar coberturas, a multiplicar basculaciones, a asumir que el rival encontrará superioridades en algún sector. El desgaste mental se suma al físico. Cada desplazamiento largo del adversario obliga a un sprint extra. Cada circulación lateral exige un cierre coordinado para no abrir grietas. Y aun así, el Tenerife no bajó la cabeza. Se reorganizó con disciplina, aceptó el sufrimiento como parte del guion y mantuvo la competitividad hasta el límite.
En el minuto 76 llegó el último movimiento desde el banquillo tinerfeño. Bicho ingresó en lugar de Natalia Ramos. La capitana del centro del campo había sostenido el equilibrio durante buena parte del encuentro, ofreciendo criterio en salida y agresividad en la recuperación. Su relevo respondió tanto al desgaste como a la necesidad de refrescar piernas en una zona donde cada balón era una batalla. Bicho entró con energía, con esa mentalidad de quien entiende que veinte minutos pueden cambiar un partido si se juegan con intensidad máxima. Se posicionó con orden, ofreció líneas de pase cortas y trató de temporizar cuando el equipo necesitaba respirar.
El tramo final fue un ejercicio de resistencia competitiva. El cuadro blanquiazul derrochó entrega, cerró filas y convirtió cada acción defensiva en una pequeña victoria. No hubo desconexiones. No hubo resignación. Hubo comunicación constante, brazos señalando marcas, voces corrigiendo posiciones, miradas de complicidad que reforzaban el mensaje interno: hasta el último segundo.
El conjunto blanco intentó aprovechar la superioridad, mover el balón con paciencia, encontrar el espacio libre. Pero se encontró con un bloque que defendía con el alma, que achicaba agua sin perder la estructura, que entendía que competir también es resistir.
En ataque, las opciones eran más esporádicas, pero cada recuperación generaba esperanza. Un balón largo, una conducción valiente, una falta lateral forzada con inteligencia. El Tenerife buscó sorprender, buscó ese error del adversario que permitiera igualar fuerzas en el marcador aunque no en número. No llegó el premio. El pitido final selló el resultado sin recompensar el esfuerzo desplegado. Pero en el análisis profundo, más allá del marcador, quedó la imagen de un equipo que supo sufrir, que gestionó el cansancio con cambios valientes, que compitió en inferioridad sin perder la dignidad táctica ni la ambición emocional.
Con este gran resultado en clave merengue, el Real Madrid sigue firme en su empeño por seguir la estela del todopoderoso Fútbol Club Barcelona Femenino y se mantiene firme en la segunda plaza liguera con 50 unidades en su casillero particular, catorce guarismos por encima de las guerreras del Costa Adeje Tenerife Femenino, que es cuarto gracias a sus 36 puntos, pero que puede ver como la Real Sociedad tiene la opción de apagar su sueño de jugar la previa de la Liga de Campeones Femenina el próximo curso y por detrás, que no es menor, el vencedor del duelo entre el Sevilla y el Atlético de Madrid apretaría mucho la porfia por esa posición.
El próximo desafío del conjunto azul y blanco llegará dentro de dos semanas ante el Levante Unión Deportiva en el Heliodoro Rodríguez López.

📋 Ficha técnica |
Real Madrid CF: Misa, Eva Navarro, M. Méndez, Lakrar, Holmgaard, Toletti (Pau C. 90’), Dabritz, Angeldahl (Irune 63’), Athenea (Sheila 77’), Linda C. (Redondo 9’) y Feller (Weir 46’).
Costa Adeje Tenerife Egatesa: Nay Cáceres, Elba, Cinta R., Fatou . D, Patri Gavira, Aleksandra (Koko 66’), Moreno, N. Ramos (Bicho 76’), Paola H.D. (S. Castelló 66’), V. Quiles (Gramaglia 66’) e Iratxe (Clau Blanco 56’).
Árbitra: María Eugenia Gil asistida por Rita Cabañero y Elena Martínez. Amonestaron a las visitante Natalia Ramos (43’) con amarilla; Moreno con roja directa (7’)
Incidencias: Vigesimoprimera jornada de Liga F Moeve, disputado en el Alfredo Di Stéfano de Valdebebas (Madrid).
Goles |
1-0 Alba Redonda 46’ ⚽️
2-0 Angeldahl 58’ ⚽️
Vídeo |
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