Gol femenino | El futuro de Brasil aterriza en Lyon: Giovanna Waksman, joya de 16 años, firma con el Olympique Lyonnais Féminin hasta 2028

(Fuente: Gol Femenino

◼️ El gigante del fútbol femenino europeo vuelve a apostar por el talento emergente. El Olympique Lyonnais Féminin ha cerrado el fichaje de la prometedora brasileña Giovanna Waksman, atacante de apenas 16 años considerada una de las mayores perlas del fútbol sudamericano. La joven futbolista inicia así su salto al escaparate europeo con un contrato hasta 2028 y la ambición de seguir los pasos de otras estrellas que hicieron de Lyon la gran fábrica de campeonas.

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La semana se abre con ese rumor que siempre acompaña a las grandes historias del fútbol: la sensación de que algo está cambiando delante de nuestros ojos. No es un ruido estridente, no es un terremoto inmediato que sacuda todas las estructuras en una sola noche. Es más bien un movimiento constante, como una marea que sube sin que uno se dé cuenta del todo hasta que de repente el agua ya está mucho más arriba de lo que estaba hace apenas unos años. El fútbol femenino vive exactamente en ese punto del camino, en ese instante en el que el crecimiento ya no es una promesa ni una campaña publicitaria, sino una realidad tangible que se manifiesta en los campos de entrenamiento, en los estadios, en las gradas, en las audiencias televisivas y, sobre todo, en la convicción de que el juego está entrando en una nueva dimensión.

Porque mientras en algunos lugares del planeta se discute sobre calendarios globales, inversiones y estructuras de negocio, en otros la revolución ocurre de una manera más silenciosa pero igual de poderosa: con niñas que se ponen unas botas por primera vez, con clubes que descubren que apostar por el fútbol femenino no es una obligación sino una oportunidad, con ciudades que empiezan a sentir que sus equipos pueden aspirar a algo más grande de lo que jamás imaginaron. Todo eso sucede al mismo tiempo. Y en medio de ese mosaico de historias aparece Badalona, aparece Tenerife, aparece Alcalá de Henares, aparece Lyon, aparece el fútbol en su forma más pura: el sueño de competir, de crecer, de mirar al futuro con ambición.

Badalona, por ejemplo, respira estos días una mezcla de ilusión y responsabilidad. La llegada de Mercury13 al accionariado mayoritario del FC Badalona Women no es simplemente una noticia de despacho, no es una transacción más en la larga lista de movimientos corporativos que atraviesan el deporte moderno. Es una señal de que el mapa del fútbol femenino europeo sigue ampliándose. Mercury13 no es un fondo cualquiera. Es la primera plataforma multiclub creada específicamente para invertir en fútbol femenino. Y cuando una estructura de ese calibre decide que su puerta de entrada en España será Badalona, lo hace con un propósito claro: construir algo que vaya más allá de la supervivencia o la estabilidad. Lo que se busca es crecer.

El proyecto llega acompañado de símbolos que ayudan a entender la magnitud de la apuesta. Nike como socio técnico, Fever como patrocinador principal y partner estratégico, un plan de expansión que mira tanto al primer equipo como a la cantera y al posicionamiento internacional del club. En otras palabras: un plan de club grande. Y cuando se habla de club grande, se habla también de escenarios grandes. Por eso uno de los cambios más significativos ya está en marcha: el equipo jugará a partir de la temporada 2026-27 en el Estadi Municipal de Badalona, que está siendo adaptado con césped natural para acoger al equipo femenino en un contexto que refleje las nuevas aspiraciones del proyecto.

Pero el fútbol tiene esa maravillosa costumbre de no esperar a que los proyectos maduren para exigir resultados. Mientras se diseñan las estructuras del futuro, el presente ya está en juego. El Badalona Women ocupa actualmente la octava posición en la Liga F Moeve, una clasificación que habla de competitividad, de resistencia y de un equipo que ha sabido mantenerse en la zona media-alta de una competición cada vez más exigente. Y en medio de esa lucha cotidiana aparece un desafío gigantesco: las semifinales de la Copa frente al FC Barcelona.

No hay prueba más dura ni escenario más desafiante. Pero también es cierto que el fútbol vive de noches inesperadas, de partidos que cambian la narrativa, de momentos en los que un equipo decide que el peso de la historia no es una carga sino una motivación. Badalona sueña con eso. Sueña con demostrar que el nuevo proyecto no es solo una promesa a largo plazo, sino una realidad capaz de competir en el presente.

Mientras tanto, a miles de kilómetros de distancia, en las Islas Canarias, otra historia está creciendo con la paciencia de las cosas que se construyen desde la base. Tenerife vive una explosión silenciosa del fútbol femenino que quizá no llena titulares internacionales, pero que tiene un significado enorme para el futuro del deporte. Hace apenas cuatro años, en 2022, el número de licencias femeninas en la isla rondaba las seiscientas. Hoy ya superan las dos mil.

Tres veces más. En solo cuatro años.

No se trata de un fenómeno aislado. Es el resultado de un trabajo estructural que ha ido construyendo una red cada vez más amplia de oportunidades para las jugadoras jóvenes. El Programa Talento Femenino de la Federación Interinsular de Fútbol de Tenerife ha sido el motor de ese cambio. Bajo su impulso se han organizado competiciones específicas, se han reforzado las estructuras formativas y se ha conseguido algo fundamental: que el fútbol femenino tenga su propio espacio dentro del ecosistema deportivo de las islas.

Hoy la Liga Junior FutFem reúne ya a veintinueve equipos. En La Palma existe una liga sub-14 exclusivamente femenina. En Tenerife se ha creado la categoría Alevín FutFem. Y el crecimiento no se limita a las jugadoras. También alcanza a quienes rodean el juego. Cerca de ochenta entrenadoras tituladas trabajan ya en el territorio, mientras que más de cincuenta árbitras forman parte del comité territorial.

Son cifras que hablan de algo más profundo que un simple aumento de participación. Hablan de una comunidad que está construyendo su propio futuro.

Mientras ese futuro se fortalece en la base, en el escenario internacional se discuten los próximos pasos del fútbol femenino global. Una de las voces más influyentes en ese debate es la de Lauren Holiday, campeona del mundo con Estados Unidos y ahora una de las figuras clave en la dirección estratégica de Mercury13. Holiday ha lanzado una idea que empieza a resonar en todo el mundo: la necesidad de armonizar el calendario del fútbol femenino.

El problema es evidente. La National Women’s Soccer League se disputa entre primavera y otoño en Estados Unidos, mientras que en Europa las competiciones siguen el modelo tradicional de septiembre a mayo. Esa diferencia complica fichajes, genera conflictos con torneos internacionales y limita el desarrollo comercial del deporte. Holiday no defiende necesariamente un modelo único, pero sí una coordinación que permita a las jugadoras moverse con mayor libertad y a las competiciones crecer de manera más eficiente.

Su argumento se apoya también en los números. Los contratos televisivos domésticos de la NWSL alcanzan aproximadamente los sesenta millones de dólares por temporada, mientras que el gran acuerdo doméstico de la Women’s Super League ronda los diecisiete millones y medio anuales. Son cifras que muestran el potencial económico del fútbol femenino y, al mismo tiempo, la necesidad de seguir desarrollando el mercado.

Pero mientras los despachos debaten el futuro global, el presente del fútbol femenino se decide cada semana en el césped. Y uno de esos escenarios está en el Centro Deportivo de Alcalá de Henares, donde el Atlético de Madrid Femenino y el UDG Tenerife se preparan para disputar una semifinal de la Copa de la Reina que tiene historia, memoria y cuentas pendientes.

El Atlético busca su séptima final en la última década. Las rojiblancas han estado presentes en las finales de 2016, 2017, 2018, 2019, 2023 y 2025. Es un dato que resume la regularidad competitiva de un club que ha convertido la Copa en uno de sus territorios favoritos. Cada edición representa una oportunidad de ampliar el legado.

Para el Tenerife, en cambio, la semifinal representa una puerta que todavía no ha conseguido abrir. Ha llegado a esta ronda en cuatro ocasiones y en todas se ha quedado a un paso de la final. Dos de esas eliminaciones llegaron precisamente frente al Atlético, en 2017 y 2018. La historia pesa, pero también alimenta la motivación.

El partido de vuelta tendrá además un componente simbólico que explica por qué esta eliminatoria ya forma parte de la memoria del fútbol femenino español. Se disputará en el Estadio Heliodoro Rodríguez López, que albergará por primera vez una semifinal de la Copa de la Reina. Un estadio histórico que abrirá sus puertas para una noche que puede marcar un antes y un después para el fútbol femenino en Canarias.

Y mientras todas estas historias se cruzan, en otro punto de Europa se escribe una página que habla del futuro. El gigante francés, el Olympique Lyonnais Féminin, ha vuelto a mirar hacia el talento joven para reforzar su proyecto. Esta vez lo ha hecho apostando por una de las grandes promesas del fútbol sudamericano: Giovanna Waksman.

Tiene solo dieciséis años, pero ya está considerada una de las joyas emergentes del fútbol brasileño. Lyon, un club que ha construido su hegemonía europea combinando talento consolidado y apuestas de futuro, ha decidido asegurar su fichaje con un contrato hasta 2028. Es un movimiento que encaja perfectamente en la lógica del club francés: detectar talento antes que nadie, desarrollarlo en un entorno competitivo y convertirlo en parte de una estructura ganadora.

Para Waksman, el salto a Europa representa mucho más que un cambio de camiseta. Significa entrar en una de las academias más exigentes y prestigiosas del fútbol femenino mundial. Significa convivir con jugadoras que han ganado Champions, ligas, títulos internacionales. Significa aprender a competir en un ecosistema donde la excelencia no es una aspiración, sino una obligación diaria.

Y al mismo tiempo, su llegada simboliza algo que define el momento actual del fútbol femenino: la globalización del talento. Brasil produce jugadoras extraordinarias. Europa ofrece competiciones estructuradas y visibilidad internacional. Estados Unidos aporta potencia comercial y desarrollo mediático. Todo empieza a conectarse.

Así es como el fútbol femenino sigue escribiendo su historia en múltiples escenarios a la vez. En Badalona, donde un proyecto nuevo sueña con romper la jerarquía establecida. En Tenerife, donde miles de niñas están construyendo el futuro desde los campos de base. En los despachos internacionales, donde se discute cómo organizar un calendario que permita crecer al deporte. En Alcalá de Henares y en el Heliodoro, donde Atlético y Tenerife pelean por un lugar en la final. En Lyon, donde una adolescente brasileña empieza a recorrer el camino que puede convertirla en estrella.

Todas esas historias forman parte de la misma narrativa. Una narrativa que habla de crecimiento, de oportunidades y de un deporte que cada temporada encuentra nuevas formas de expandirse.

Porque el fútbol femenino vive una época que dentro de unos años probablemente recordaremos como un punto de inflexión. El momento en el que dejó de ser una promesa para convertirse definitivamente en una realidad global.

Y mientras todo eso sucede, el balón sigue rodando.

Siempre el balón.

Porque al final, más allá de inversiones, calendarios y proyectos estratégicos, el fútbol siempre vuelve a su esencia: una jugadora que levanta la cabeza, un pase al espacio, una carrera hacia la portería, una grada que se levanta cuando la pelota se acerca al área.

Ese instante en el que todo puede pasar.Ese instante que explica por qué millones de personas siguen creyendo que el fútbol, en cualquiera de sus formas, sigue siendo el juego más poderoso del mundo.

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