(Fuente: Atlético de Madrid)

⬜️ La delantera rojiblanca lleva ochenta goles en Primera División y anotó tres dianas ante el DUX Logroño.

Hay meses que pasan sin dejar huella y otros que, sin necesidad de hacer ruido, terminan explicando muchas cosas. Marzo, en la Liga F, ha sido uno de esos meses bisagra donde el campeonato empieza a definir jerarquías, donde cada jornada pesa más y donde las futbolistas llamadas a marcar diferencias dan un paso adelante. En ese escenario competitivo, exigente y cada vez más estrecho, hay un nombre que ha logrado imponerse no solo por números, sino por impacto real en el juego: Amaiur Sarriegi.

Porque cuando se analiza un premio como el ‘Player of the Month’ impulsado por EA Sports, la tentación es quedarse en la superficie, en la estadística rápida, en el titular fácil. Pero el fútbol, especialmente en un contexto de élite como el actual, exige ir más allá. Exige contexto, lectura táctica y comprensión del momento competitivo. Y es ahí donde la delantera del Atlético de Madrid Femenino ha construido una candidatura difícilmente igualable.

Tres goles y una asistencia. Cuatro acciones directas de gol que, por sí solas, ya colocan su nombre entre las más destacadas del mes. Pero lo verdaderamente relevante no es solo el cuánto, sino el cómo y el cuándo. Porque Amaiur no ha aparecido en escenarios cómodos ni en partidos resueltos; lo ha hecho en contextos de exigencia, cuando el equipo necesitaba soluciones, cuando los partidos pedían personalidad y determinación en el último tercio.

Mientras otras candidatas han dejado actuaciones de mérito —la potencia de Salma Paralluelo, la verticalidad de Eva Navarro, la eficacia de Laura Pérez o el impacto ofensivo de Fatou Kanteh—, ninguna ha logrado sostener un nivel de influencia tan constante en el juego de su equipo como la atacante rojiblanca. Porque lo de Amaiur no ha sido una suma de acciones aisladas, sino una presencia continua, una amenaza estructural que ha condicionado a las defensas rivales jornada tras jornada.

Su lectura de los espacios ha sido determinante. Su capacidad para fijar centrales, atacar intervalos y generar ventajas en zonas intermedias ha permitido al Atlético crecer en fase ofensiva. No es solo una finalizadora; es una pieza que da sentido al ataque, que ordena movimientos a su alrededor y que convierte cada posesión en una posibilidad real de peligro. En un fútbol donde cada vez cuesta más generar ocasiones limpias, ese tipo de perfiles son diferenciales.

Pero hay un matiz que termina de explicar su candidatura: la sensación de inevitabilidad. Esa percepción, difícil de medir pero evidente para quien observa el juego con atención, de que algo puede pasar cada vez que entra en contacto con el balón. En marzo, Amaiur ha jugado con esa aura. Ha sido ese tipo de futbolista que obliga al rival a estar en alerta constante, que genera dudas, que empuja líneas hacia atrás y que abre espacios incluso sin intervenir directamente en la jugada final.

Y en un momento de la temporada donde la presión empieza a ser un factor determinante, su rendimiento ha tenido un valor añadido. No solo ha producido; ha transmitido seguridad competitiva. Ha sido referencia, apoyo y solución. Ha entendido cuándo acelerar y cuándo pausar, cuándo asumir el protagonismo y cuándo facilitar el de sus compañeras. Ha jugado, en definitiva, con inteligencia competitiva.

Otras nominadas como Itziar Pinillos u Ona Baradad han firmado meses notables, con cifras y momentos destacados, pero en el análisis global del mes, en esa suma de rendimiento individual, impacto colectivo y peso en el desarrollo de los partidos, la figura de Amaiur emerge con una claridad difícil de discutir.

Porque los premios individuales, especialmente en una competición que busca consolidar su crecimiento y visibilidad, deben servir también como relato. Como reconocimiento a aquellas futbolistas que no solo destacan, sino que explican el juego, que lo elevan y que lo hacen avanzar. Y en ese relato, marzo tiene una protagonista evidente.

Cuando el próximo 6 de abril se anuncie la ganadora, el debate no debería girar en torno a quién ha tenido el momento más brillante, sino a quién ha sido más determinante en el conjunto del mes. Quién ha marcado la diferencia de verdad. Quién ha inclinado el campo a favor de su equipo.

Y si esa es la pregunta, la respuesta conduce inevitablemente al mismo nombre.

Porque hay jugadoras que aparecen. Y hay jugadoras que permanecen en el partido incluso cuando no tienen el balón. Porque hay goleadoras. Y luego están las que cambian el comportamiento de las defensas rivales.

En marzo, en la Liga F Moeve, esa jugadora ha sido Amaiur Sarriegi.

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